El ttulo se quedara corto.
Sentirs un calor mortfero el cual empaar la nica ventana de tu
cuarto, pero es producto de la insaciable sed que recorre cada fibra
de nuestros cuerpos y los corroe. Es placer mutuo lo que emana en
este solsticio de verano imbuyndonos de un desgarrador xtasis
de ternura. Si me lo permites, te tomar por tus piernas para
levantarte, chocar mi cuerpo contra el tuyo rozando la virtud que
da respuesta a mis interrogantes, y morder el dulce brillo de tus
labios, tus labios... Probar la sazn de cada centmetro en ellos.
Pondr a prueba las debilidades que tiene mi lengua y no le
permitir flirtear con la tuya; convirtela en tu esclava. Sodomzala
si es necesario; murdela, escpela, hlala, pero cuando oponga
resistencia no la destruyas. Suavzala, acarciala como si de un
adis fuese; recorrer como si de una travesa se tratase, la
canicular reaccin que producen nuestros apaados movimientos.
Olvida momentneamente lo digno del romance y s miEquidna. Te
golpear de espalda contra la pared, pero lo nico que recordars
ser el tacto de mi saliva recorriendo el paraso que esconde tu
cuello; es el castillo en el que quiero adentrarme con la esperanza
de saciar mi lucidez. No encarnar juicio alguno de mis deliberadas
manos haciendo de las suyas, y seguramente tu pcara y seductora
sonrisa me dice que no cabe lugar en el mundo para oponer
resistencia a tales actos. Te tumbar en las sbanas y raptar tu
camisa como lo hace la bestia con la damisela sin chance de ser
recuperada, tendr a mi disposicin las curvas que me llevan a la
locura; es como si flotase rompiendo la ley de la gravedad. Habr un
sudor fro vacilando por tus hirvientes venas, y resbalar sin
propsito alguno en un vaivn de desgarradoras caricias. Contar
parsimonioso con mi aliento y audaz lengua cada uno de los lunares
que piden a gritos ser acariciados, postrar el sabor tibio de mis
labios en cada uno de ellos. Me deslizar torpemente hacia tu
vientre y escalar sin oposicin alguna, tan ansioso con el estallido
que produce el sombro apretar de un gatillo hasta el fugaz designio
de morder tu habla. Incluso la cortar y no ser con el filo de un
tormentoso cuchillo. Tal vez lo utilizara para prepararte el desayuno
en la maana cuando esta odisea llegue a su acto final. Sers la
protagonista y en medio de la obra todo se empaar, empezando
por nuestros ojos y luego nuestros pmulos, sentirs hervir tu piel
sin siquiera haber experimentado la furia del averno; la pyro que
golpea intensamente en espontaneidad con nuestros torpes y vagos
movimientos surte efecto al querer enloquecernos. Te permitir
jugar con los botones de mi camisa, aun sabiendo que vas a
despojarme de ella mientras yo abocar gentil, casual y
delicadamente el vaco donde se acurruca tu tmida lengua. Primero
me arraigar a ti como en un incesante devenir elctrico que
poseer cada poro de tu cuerpo, acto seguido la sonda cerebral se
ver materializada cuando postre mi dedo ndice sobre tu boca, no
para acallarte, porque los sollozos y gemidos que saldrn de tu
vientre no habr quien los detenga, as que no pongas resistencia
alguna ya que al tratar de controlarte menos lo logrars. Deslizar
mi dedo sobre tu cuello y sin detenerme, libre dejar descenderlo
sobre tu pecho. Segundos despus tu abdomen ser el afortunado
de recibir el placer de tal andromana que se acumula en mis
entraas. Como un manitico dar vuelta a tu mundo y ser ahora
tu nariz la que perciba la fragancia que tu cuerpo ha prestado a las
sbanas. De nuevo har presencia de mi tacto y resbalar mi dedo
por tu espalda al mismo tiempo que sta se arquea creando la
disyuncin de la realidad con la fantasa. Parecer ponderado para
no crear el quilombo de lo no-saciable y empaparte tal vez, del
frenes que nos espera. Te levantar por los dos brazos y te llevar
de espaldas contra mi pecho, tus ojos estarn cerrados para
contener los alaridos enjaulados que tu voz tal vez podra dejar salir.
Puedes rasguar la limitada rea de mi espalda que tus manos
pueden palpar desde la posicin en la que te imaginas, y esa ser
la seal para cuando el mismo cosmos se haya apoderado de ti.
Besar tu cuello; creme, no me detendr ah. Mis manos vacas
buscarn saciar de forma banal su abrupto recorrido, y te lo juro,
tendrs las contracciones ms horripilantes y excitantes que nadie
podr presenciar. Har caso omiso cuando quiera ir de lleno a por ti
y las nicas palabras que tu extasiada voz pronunciarn sern que
me detenga, sin embargo t y yo sabemos que eso no suceder.
Aguda y escaza, sin respiracin alguna tus fauces intentarn liberar
bestialmente (pero sin conseguirlo), los alaridos del xtasis de
placer. Desnudo estar tu ser, mas t conservars los cabales
restantes al prolongar nuestra cita con el clmax. No iremos as
despacito a paso tortuga, empero, ser a lo etreo y vacilante;
avanzaremos con sutileza durante este prlogo hasta crear la
sinfona imprudentemente perfecta producida por el vasto repertorio
de sonidos, y el morbo que la habitacin entera presenciar.