BARROS Y ESPINILLAS
Un da asoleado nos levantamos,
nos dirigimos al bao y, Oh
desgracia!, vemos que nuestra
cara est llena de granos.
Pero no hay de qu preocuparse:
durante la pubertad, nuestro
organismo
produce
enormes
cantidades de hormonas que
suelen alterar el funcionamiento
de las glndulas sebceas (estas
glndulas segregan una delgada
capa de grasa, el sebo, que se
encarga de mantener la piel lisa y
suave).
Cuando ocurre esto, un exceso de
sebo
bloquea
las
glndulas
sudorparas y los folculos pilosos
(por donde sale el pelo), por lo
que las oportunistas bacterias
empiezan alimentarse de los
cidos grasos que quedan atrapados en los conductos... y un enorme grano
hace su aparicin.
Posteriormente, nuestro cuerpo se da cuenta de la emergencia que tenemos
en la cara y enva una instruccin a los leucocitos o glbulos blancos para que
combatan la infeccin, y a otros soldados del sistema inmune, llamados
fagocitos y que tienen la funcin de comerse a las bacterias.
Entonces, en el grano se forma una mezcla de sebo, aceite, clulas muertas,
bacterias y fagocitos, mejor conocida como pus.
Lo primero que se nos ocurre es exprimirnos el barro o la espinilla, pero, oh
desgracia!, es lo peor que podemos hacer!, porque daaremos los alrededores
del grano y no permitiremos que los fagocitos acaben con l.
As que la mejor recomendacin es no exprimirse los granos, sino dejarlos
madurar y lavarse con agua y jabn, pero no muy frecuentemente porque se
reseca la piel y eso produce un exceso de aceite que las bacterias agradecern
cumplidamente.
Para los adolescentes debera ser un orgullo tener barros; eso los distingue de
sus padres, que se moriran de ganas de portar un smbolo tan evidente de
juventud.
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Juan Tonda y Julieta Fierro, Barros y espinillas en El libro de las cochinadas,
Jos Luis Peredo, ilus. Mxico, SEP-ADN, 2006.