BIBLIOTECA
A|
Esta coleccin se vende solamene
en su casa editora
LIBRERA
ANACONDA
LA CASA
de
QUE MAS BARATO VENDr
Santiago Glusber
1543
-CORRIENTES-
U. T.
354
Mayo
Las mejores obras de los
trri*
-<-sm^ clebres c|u$ Xj
te
Catlogo
154
"*
EDITORIAL-AMRICA
Director: R.
BLANCO-FOIMBONA
PUBLICACIONES:
I
Biblioteca
Andrs
Bello (literatura).
II
Biblioteca
Ayacucho
(historia).
III
Biblioteca de Ciencias polticas
so-
ciales.
IV
Biblioteca
de
la
Juventud hispano-
americana-
V
Biblioteca de obras varias (espaoles
hispano-americanos).
VI
Biblioteca de historia colonial de Amrica.
VII
Biblioteca de autores clebres (extranjeros)De venta
en todat la buena librera de tpaa y Amrica
ImpreoU de )uao Puoyo, Luda,
29.
Teif. 14-30. Madrid
EL
DOCTOR
BEB
BIBLIOTECA ANDRS BELLO
Obras publicadas
( 3.50 ptas. tomo).
M. Gutirrez Njera: Sus mejores poesas.
M. Daz Rodrguez: Sangre patricia y (Cuentos de color,
Jos Mart; Los Estados Uttidos.
IV. Jos Enrique Rod: Cinco ensayos.
V. F. Garca Godo y: La literatura americana de nuestros dias.
VI. Nicols Heredm: La sensibilidad en la poesa castellana.
VII. M. Gonzlez Prada: Pginas libres.
VIH. TuLio M. Cestero: Hombres y ptedras.
IX. Andrs Bello: Historia de las Literaturas de Grecia y Roma.
X, Domingo F. Sarmiento: Facundo. (Civilizacin y barbarie.)
XI. R. Blanco-Fombona: Ll Hombre de Oro (Novela).
XII. Rubn Daro: Sus mejores Cuentos y sus mejores Cantos.
XIII. Carlos Arturo Torres: Los dolos del Foro. (Ensayo so1.
II.
III.
bre las supersticiones- polticas.)
Coll: El tostillo de Elsinor.
Julin del Cas. l: Sus mejores poemas.
XIV. PEoro-EMiLio
XV.
XVI Armando Donoso: La sombra
de Goethe.
4 pesetas.
XVII, Alberto Ghiraldo: Triunjos nuevos.
XVIII. Gonzalo Zaldumbide: La evolucin de Gabriel d'Annuneio.
XIX.Jos
R.^facl Pocaterra: Vidas oscuras. (Novela.) 4 pesetas.
(Novela.)
XXI. Javier de Van a: Guri y otras novelas
XXll. Jean Paul (Juan Pablo Echage): Teatro argentino.
XXIll. R. Blanco-Fombona: El Hombre de Hierro. (Novela.)
XXIV. Luis Mara Jorln: Los Atormentadcs. (Novela.)
XXV. C. Arturo Torres: Estudios de critica moderna. 4 ptas.
XXVI. Salvador Daz Mirn: Lascas. Precio: 2,75 pesetas.
XXVII. Carlos Pekeyra: Bolvar y Washington. 4,50 pesetas.)
XXVIll. Rafael M. Mlrchn: Estudios Crticos.
XXIX-XXX. Bernardo G. Barros: La caricatura contempornea,
XXXi-XXXII-Js Enrique Rod: Motivos de Proteo.
XXXilI. Manuel Gutirrez Njera: Cuentos color de humo y
Cuentos frgth s.
XXXIV. Miguel Eduardo Pardo: Todo un pueblo. (Novela.)
XXXV. Daz Rodrguez: De mis romeras y Sensaciones de viaje.
XXXVI. Enrique Jos Varona: Violetas y Ortigas. {Notas criticas
sobre Renn, Sainte-Beuve, Emerson, Tolsttoy, Nietzsche,
Castelar, Heredia, etc.)
XXXVII. F. Garca Godoy: Americanismo literario. (Estudios
crticos de Jos Mart, Jos Enrique Rod, F. Garca Caldern, R. Blanco-Fombona.
XXXVllI A. A. Vasseur: El Vino de la Sombra. 2,75 pesetas.
XXXI X.Juan Montalvo: Mercurial Eclesistica (Libro de las
verdades) y Un vejestorio ridiculo los Acadmicos de Jir-
XX. ^Jess Castellanos: La Conjura.
ieafuera.
Jos Enrique Rod: El mirador de Frtpero.
Blanco-Fombona: Cancionero del amor injelia. 2,50 p.
XLIII. Rafakl Mara Baralt: Letras espaolas. (Primera mitad
del skI XIX.)
XLIV. Eduardo Puado: La ilusin yanqui. (VrBi\xcc\6n^ prlogo
y notas de Carlos Pereyra.)
XLV.Jot Rafakl Pocaterra: El doctor Beb. (Novela.)
XL-XLI
XLIl.
R.
BIBLIOTECA ANDRS BELL.O
JOS RAFAEL POCATERRA
EL
DOCTOR BEBE
(NOVELA)
ANACONDA
DE
^SMITIA60 emSBEXQj
Is.4as5
J?/
EDITORIAL-AMRICA
MADRID
CONCESIONARIA EXCLUSIVA PARA LA VENTA".
SOCIEDAD ESPAOLA DE LIBRERA
FERRAZ, 25
PC?
Maracaibo: 12 de Noviembre 1917.
Blanco-Fombona.
Sr. D. Rufino
Madrid.
Mi querido
editor
y compaero:
Ahora recibo su esquelita del 30 de Septiembre. Muchas gracias por el envo del recorte guatemalteco
Por
y por el benvolo comentario de
este correo despacho, certificado,
usted.
un ejem-
plar de Poltica Feminista (que ahora se llama
y slo lamento no haber termiTierra del sol amadla, que
ltima
novela
mi
nado
El Doctor Beb)
es sta, la que usted tanto conoce.
hombre de
Yo no
seguir los
claros rumbos que desde El hombre de hierro,
modestamente llamado noveln por su autor,
Le, casi de lance, El
puedo
oro.
decirle otra cosa: slo aspiro
viene tomando nuestra literatura, pesar de las
trescientas ocas
miliares
El
americanas que nos son ya fa-
y hasta indispensables para
hombre de
hierro fu
vivir...
para mi una revela-
8
Clon;
JOS RAFAEL POC ATERRA
yo ca en
ese
camino de Damasco desde
el
asno cansino, campanilleador y pueblerino, en
que vena... La lectura de ese libro me hizo romper cuartillas y hacer trizas la papelera ridicula
de los veinte aos, con la atenuante de que no
publiqu Jams nada de aquello; senta ese pudor
instintivo de los seres deformes
para desnudarse
Ahora no: al sol, al aire. " Tee mos un rbol, un panal y un nido.** Qu gran
labor es la suya! Dios lo ayude y m no me
ante los dems.
olvide.
Suyo afmo.
Jos Rafael Pocaterra,
A UN AMIGO
Estas pginas nacieron
y formaron
lado; algunas las recogi tu lpiz de
libro
mis
tu
labios,
todas las arranc tu estimulo la larga pereza
del clima
y de
la ciudad.
mi vista,
y de composi-
veces, releyendo lo escrito, salta
al par de otros defectos de forma
cin, la desnudez, la flacura casi, de estas vidas
que corren por las pginas de
la novela, sencilla-
mente, como el agua de las calles por sus caeras;
y no murindsc nadie de amor en
ni hay mrtires de
folletn
me
ella
melodrama ni perversos de
asalta el temor de que el jovcncito
intelectual, la seorita
romntica el
critico
ha-
cedor de frases, envenenados por esc Uteraturis-
mo agudo
de prosas "preciosas"
y juegos mala-
bares de palabras, no gocen el solaz de la risa un
triste, un poco alegre, pero siempre sincera,
que junta en un romance desaliado y usual al-
poco
gunas vidas venezolanas: gentes observadas en
JOS RAFAEL POCATERRA
lO
la calle,
en la esquina, en
en su vivir
la iglesia,
intimo, desde la acera de enfrente.
Yo no aspiro ser criollista del Distrito Federal ni formar atmsferas criollas fuerza de
terminologas populares de "floraciones rojas
de cafeto" ; no, seor: cuando yo
me puse
bir este libro, qu lejos estaban de
mi
escri-
los "her-
mticos" de Las Gradillas y las bibliografas de la
camaradera letradal Mis personajes piensan en
venezolano, hablan en venezolano, obran en ve-
y como tengo la desgracia de no ser
Barbey d' Aurevilly hijo del Cisne las-
nezolano,
nieto de
civo, es justo
que se
me considere, y
lo
deseo en
extremo, fuera de la literatura.
En
cuanto al escenario donde se desenvuelve
la farsa, lo
racas,
mismo que Valencia pudiera ser Co'
Maracaibo Ciudad Bolvar.
pues, preferencias malsanas.
De
No
hay,
igual manera, si
alguno se viere retratado en estas pginas, no
lo
considere oficiosidad del autor, quien no se ha
propuesto retratar personas, sino fijar
Como no
tipos.
eres ni general, ni doctor, ni siquiera
poeta, te dedico este libro con los mejores votos
mi amigo; poni en tu mesa, al
lado de tus folletos de estadstica y no muy ret
rado del ramo de claveles que te manda tu novia.
de mi afecto: eres
y.
/?.
Todava las tertulias de las Belzares iban los
de costumbre, aunque ya muy mermadas sus relaciones. n Valencia no se halla qu hacer de
noche: por eso las amistades perduran y se hacen consuetudinarias; y cuando en la torre da el
lnguido doble de las nueve por el descanso de
las
la
benditas nimas, las calles rectas y largas de
ciudad adormecida apenas recogen el eco de
un paso apurado: un hijo de familia retrasado,
algn marido que fu
la botica,
quiz alguien
de malas costumbres que sale esa hora.
Las Belzares no contaban seguramente las mismas relaciones de sus buenos tiempos. Carmen y
Josefina saban algo de costura, bordaban disparates y sus vidas corran paralelas los montonos das de provincia. La ltima era la ms espiritual de la casa: los once aos regresaba de la
escuela seguida de sus "conquistas" y llamaba
"groseros" los requebradores de esquina; siendo menor, ella aconsejaba su hermana Carmen
JOS RAFAL POCATERRA
12
Teresa, quien una timidez natura! slo le permita acompaarse en la guitarra canciones alusivas.
Misia Justina, viuda autntica, hacia trece aos
que se dorma durante las visitas, bajo el mismo
cuadro de "Los diferentes estados de la edad del
hombre", en su mecedor de Viena. Bella, la mayor, que los treinta y siete era muy recatada,
mientras sus hermanitas cuchicheaban con los novios en las ventanas, continuaba impertrrita un
de soles de Maracaibo que nunca terminaba, como una alegora del Pudor velando por la
Familia. Muy poco amiga del matrimonio, su
decir, una seorita digna no debe casarse por
casarse, sino escoger muy bien el hombre que
pueda hacerla feliz, y entre contraer un mal enY no es
lace y quedarse, prefera esto ltimo.
tejido
por
falta...!
aada
con tono enigmtico misia
Justina.
Verdaderamente, se hablaba en familia de lo
prendados que haban estado de Bella un ingls
de la luz elctrica, el sobrino de don Manuel
padre Bentez antes
de ordenarse. Pero ella los haba despreciado.
Haba que oira: |Dios mol Quin se casa con
un extranjero: un hombre que no profesa nues-
Salvarsn, Luis Mara, y el
tra religin; salen
dad; pero,
como
ruborizndose
muy buenos
dice
,
el
maridos, es ver-
seor vicario agregaba
un padre debe ensear rezar
sus hijos; y Luis Mara
el
pobre! no sabe cundo
EL
casarse, el negfocio
DOCTOR BEB
no
le da,
I3
y tiene sus cosas...
Del padre Bentez, por respeto religioso, nunca
deca nada. Se contentaba con suspirar recor-
dando
acompandose la
rompa con su hermosa voz de ba-
otras pocas en que,
guitarra, l
rtono:
Que
y no arrimarse
pan secas.
el bailar
es comer
el
la jota jota,
las nias
que quieren,
cuando van bailando
de gusto se mueren...
El reloj del tiempo de misia Justina se atrasaba un ao cada seis meses; eso fu el 92, cuando
el Legalismo. Don Jos Antonio Belzares era administrador de Rentas. Qu tiempos! Andueza
le
hubiera dado una aduana. Eran amigos del
colegio; ipero luego vino el bandido de Crespo!
que haba sociedad: las muchachas
se casaban por docenas, los hombres no eran tan
Entonces
resbalosos, haba moralidad en las costumbres.
Hoy, en vez de
nes, se paran
cir
visitar, se meten en los botiquide plantn en las esquinas de-
malas palabras. Las pobrecitas muchachas se
componen, se asoman
la
ventana, y nada, no les
dicen ni por ah te pudras.
No
faltaba razn
misia Justina para estas y otras penosas reflexio-
nes que se alternaban conforme bajaran subieran los valores matrimoniales.
Cuando
los novios
JOS RAFAEL POCATERRA
14
pasaban esos
tres
cuatro das de despego
causa de celillos de exigencias intempestivas,
negadas
al
principio, naturalmente, deca
que
hasta la palabra de caballero haba venido menos.
Romper
antes un compromiso? Eso era casi
sagrado y slo fuertes motivos... Hoy cambian de
novia como de camisa. Qu perdido est esto
de Crespo para acal
Aquella noche Pepito Salcedo Gutirrez, novio de Carmen Teresa, ausente haca cuatro das,
fu el primero en llegar con un cartucho de bombones guindado de un dedo.
Bella teja junto la luz; Josefina, con un libro
entre las manos, cada instante volva sus ojos
azorados y negrsimos hacia la ventana, al sentir
pasos en la acera; y reanudaba la lectura de su
novela, viendo que no apareca el esperado, fal-
tando ya un cuarto para
[Santas
Pepito en
la
y buenas!
puerta de
las
ocho.
exclam
alegremente
la sala.
Felices los ojos repuso Josefina.
Por qu tan perdido? pregunt
mente
tmida-
Bella.
Pepito sentse enfticamente, alzse los pan*
talones dejando ver una cuarta de media:
Muy ocupado en
ta
la oficina. Trabajamos hasde noche. (Suspir.) [Es una calamidad la po-
ltica!
Las mujeres
le
admiraron.
De veras,
|y
tan expuesto!
EL
DOCTOR BEB
I5
Torn sonrer con seguridad irnica. Se inform de la salud de todos. No muy buena: misia Justina, con el hgado; toda la santa noche ponindole fomentos, hasta la una que se le calm.
Y... Carmen Teresa?
se atrevi al fin inquirir, despus de deplorar aquel hgado de la
seora.
E^t con mucho dolor de cabeza.
Una neuralgia atroz.
Como
asista
ella
mam
y es tan ner-
viosa...
Tom
antipirina, y nada.
Se ba
la
cabeza
con agua de colonia, y tampoco le hizo bien...
En fin, que aqu hemos estado de tribulaciones...
Si hubiera sabido...
desliz
al
Pepito
fin
entre la marejada de palabras de Josefina.
la
...
Vino
el
doctor: nada. Esta maanita, ya
hora del desayuno, se
le
calm un poco con
vendas de agua sedativa que
le
aconsej don
Matas Feo.
Y est recogida?
Las dos mujeres, junto
al
mismo tiempo
el
mismo
la
lmpara, referan
asunto.
Pepito senta un vago malestar ante aquella
locuacidad, y quiso calmarla con bombones.
En fin, los aprovecharemos nosotros y les
distribuy sendos puados.
Josefina,
con
el libro
entreabierto,
chupando
melindrosa una almendra, se acercaba en ratos
la
ventana.
JOS RAFAEL POCATERRA
l6
Usted
no ha visto Guillermo?
le
pre-
gunt media voz.
Hoy no. Ayer.
Adonde?
En barbera de Luis Osorio. Desde cunla
do no viene?
Tiene
tres das.
En aquel momento Carmen Teresa, vestida de
blanco, con aire lnguido y gesto de enferma
malcriada, vino sentarse cerca de l.
Ya
fina
te
pusiste
corriendo hacia
buena? le pregunt Josela
ventana, en donde, asido
un sujeto de lensombrero de Panam.
Bella bordaba silenciosa y atenta; comparaba
un dibujo con otro; los ojos bajos, se abstraa de
los dilogos: uno muy vivo, casi alterado, en la
ventana; otro, quejoso y melanclico, en las dos
mecedoras.
Carmen Teresa, con su vestido blanco, tomaba un delicioso aire sentimental. Era de esas mujeres plidas de ojos grandes y claros que parelos
hierros, se haba detenido
tes y
cen agobiadas bajo
Pepito
la
la
abundante cabellera.
contemplaba oyendo
el relato
quejo-
so de sus quebrantos, los reproches por su falta
de afecto,
quererle
las reflexiones obligadas:
as..."
"t
no
"yo no deba
lo mereces..."
"mam por
eso dice..."
El
coma bombones y le ofreca con
como quien oye llover.
extendida,
la
mano
EL DOCTOR BEBE
No,
A
no...
aadi con
los ojos
prendo. T quieres burlarte de
m...
comno me
lo
la verdad...
dices
iPero,
muy
hija,
por Diosl
ocupado que
S,
ests; ayer
che, casa de las Montesillo; el
te en
hmedos
muy poco, muy poco; yo
te importa
ti
coche y
ni
en
la
no-
domingo anduvis-
una vez pasaste por aqu.
como un susurro, des-
El dilogo continuaba
pus como un
arrullo, y
para atender
al
cuando Bella se levant
llamado de su madre, que con
gemidos dolorosos peda no s qu desde
el
cuarto, los dos, tras el abanico abierto, se haban
olvidado de los tres das, de
sefina, que,
muy
neuralgia y de Joresista dbil-
Y despus de un debate largo, largusimo,
mente en
Bella!
la
de manos cogidas, se
No, no, mira que viene ah
la ventana.
sofocada, vino reunirse con los dems.
Pepito, en pie, jugando con su foete, se despeda.
Ah se me olvidaba dijo
maestro de escuela, este de
de pronto
el
la esquina...
Verd?
Eso
velada;
un
es,
S, s
ojo:
Verd; est invitando...
interrumpi Josefina
debe
ser divertido
T debes
ir,
va dar una
aadi guiando
Bella.
La aludida se turb un poco.
Verd al pasar haca saludos exagerados y
minaba diferente.
ca-
JOS RAFAEL POC ATERRA
l8
No faltaba ms dijo sta estar local
Iremos tres con mam.
S est buena...
Primero Dios!
Hasta maana, pues y Pepito torn des,
las
pedirse, fjando en su novia unos ojos i^randes y
sin expresin, ojos bovinos, que se movan torpe
y lentamente como siguiendo el vuelo perezoso
de las ideas.
Todava por la ventana hubo nueva despedida.
Despus se alej entre la humareda del cigarro,
silbando un comps de la machicha.
Bella dej el tejido.
tristona
men
de
la sala
Daban
baaba
las
diez.
los rostros: el
La luz
de Car-
Teresa, lnguido siempre, enfermizo, lleno
de
cuyo
de su lectura
sin duda una herona raptada por bandidos
y el de la hermana mayor, serio y triste,
con esa tristeza de la cesanta amorosa tan caracterstica en las mujeres que tienen hermanas
de sufrimientos
pueriles; el
semblante se retrataba
Josefina, en
el inters
afortunadas.
Un
borracho que lleg
la
esquina gritaba
obscenidades.
Las muchachas cerraron
las
ventanas.
II
Cuando Pepito
lleg la oficina,
tumbre, Pedro pasaba
critorio
el
plumero
como de
al
cos-
ltimo es-
silbando un pasodoble. Las cuatro me-
de trabajo, de
modelos y para diversos fines, ya despojadas de la capa de polvo que
cuotidianamente se tenda sobre los mismos papeles y enseres, convidaban al reposo, aumentando ms an la paz del despacho algunos volmenes de la ltima obra de Juvenal Anzola y
del postrer episodio de Tosta Garca, que yacan
en cada una, todava vrgenes de lectura.
Del techo-raso, en donde las goteras trazaran
caprichosos mapas; de las pesadas y desteidas
cortinas; de los escaparates entreabiertos, que dejaban ver un orden horizontal de legajos, caa
aquella modorra de las cosas habituales, tpica
en las oficinas pblicas y en los comercios de
viejo. En una repisa de pino dos vasos y una pimpina causaban alguna impresin de frescura,
sas
distintos
mientras por las ventanas abiertas la calle caldea-
JOS RAFAEL POCATERRA
20
ba al sol de las tres de la tarde. Unos pasos que
resonaban en el corredor, acaso el recuerdo desagradable de una cuenta insolvente, hicieron volver la cabeza Pepito con aire inquieto. Sera el
cobrador, seguramente, y ya estaba ah
tabique. Pues bien, que chillel
No
tras del
le atendera;
y queriendo fijar su atencin, reley en la pgina tercera de El Cronista un aviso de la Cartila-
ge Company, donde un doctor yanqui ofreca
mediante cierto aparato y treinta dlares "hace
crecer usted como una palmera". Pepito admir lo prctico de aquella gente. El tena ese
criterio de clis para dar opiniones terminantes
sobre todas las cosas y para abrumar la ignorancia de su mam cuando discutan: "los yanquis
no saban sino vender tocino", "los curas son
cuervos de sotana", "Pars es el cerebro del
mundo", "Venezuela es un pas perdido", "toda
mujer se da". Como buen venezolano, careciendo de todo, tena bien burlarse de todo. Hijo
de un comerciante quebrado, que luego se mezcl en la poltica, llevndose la tumba algunas
canas y siete mil pesos de la renta de Instruccin, habitaba con su madre una casita de siete
pesos de alquiler, con unos cuantos muebles sin
juego y el escritorio del antiguo negocio, con su
baranda, suerte de palos transversales, que parca el esqueleto
en
la
amo
casa
la
el
de un ahorcado. Todava
exista
gato tuerto que comparti con su
responsabilidad de
la
quiebra.
EL DOCTOR BEBE
apellido, Salcedo Gutirrez, sirvi Pepi-
Su
to para ingresar en la poltica
de
21
como
escribiente
Direccin de Estadstica, mediante un se-
la
cretario general
carcter oficial
que fu amigo de su pap; y este
y ciento sesenta bolvares de
al Club y reuniode Salcedo Gutirrez. Su
sueldo, haban incorporado
nes distinguidas
al hijo
madre era de apellido
como
firmar
su
Barrios, pero l prefera
padre, porque lo consideraba
y adems, su padre no haba
sido un annimo en poltica... Era una familia ve-
ms
aristocrtico,
nida menos despus de
La
infancia
mango
la
de Pepito,
muerte de su
jefe.
descalzo, teido de
de das entepancadas en el pozo del Jabillo;
en procesin desde el sitio de El Socorro hasta
el Morro, tras una jugada de metras de ladrillo
que casi siempre terminaba en la polica, discurri as, con intervalos de colegios distintos los
cuales le llevaba su madre despus de splicas
los directores para que lo tuvieran gratis, regresando su casa zurrado, con las narices estropeadas, sabiendo muchsimas desvergenzas. Se
echaba llorar en brazos de la pobre seora, y
sta terminaba llorando con l. As que su educacin fu esa mezcla de vagabundera y sentimentalismo, base de la educacin venezolana,
terreno magnfico para los productos que hoy
colman el comercio, las universidades y las oficinas; especie de epicenos capaces de todo lo
hasta las orejas, en pescas
ros tirando
JOS RAFAKL POCATERRA
22
malo y
lo
bueno, juventud sin fisonoma, con am-
biciones ineducadas, que se emborracha ios
doce aos y padece de sfilis los catorce, casi
siempre servil, ahogada de compromisos por una
magnificencia cursi, primer paso los futuros expoliadores de la poltica si la suerte les lleva
lomos, los politicastros de aldea que pululan
por los tribunales, de
muy mala
conducta, pero
con muy buen corazn.
sin
embargo, cunto cost misia Efgcnia
hijo! Ropa de tropu, capede alpargata siete reales docena, sones,
bolas de nieve, cartas personas pudientes: "Una
madre desgraciada, etc ", reclamos de esa eterna
pensin por un vago procerato, y Ojue es como
una prolongacin del presupuestismo en la familia; dcimos de lotera penosamente comprados,
suficientes novenas santos eficaces: toda una
educacin de aquel
la
lladas
dolorosa procesin de miserias que se arrodilla-
ba horas enteras ante el Santsimo soportaba
la grosera innata de los porteros para conseguir
una escuela.
Pepito los veinte aos saba leer mal, confunda
la c
con
la
s,
y en esplndida letra cursi-
va copiaba versos de Julio Flores en los lbumes
de
las
muchachas de
locarse
pero
la
barrio.
Hubiera podido co-
como dependiente en
botica tena muy malos
algn comercio;
olores, el aire
de
enferma los pulmones, y un hijo
de Prudencio Salcedo Gutirrez no iba estar
las cigarreras
EL
como un
DOCTOR BEB
23
turco vendiendo varas de cinta. As lo
declar misia Efgenia un vecino que le insinuaba estas labores para emplear los robustos
aos de Pepito. El aspiraba al bachillerato. Su
madre, en esfuerzo supremo, llev como flor
de su vida las aspiraciones del hijo, y en un brus-
co cambio de Gobierno seccional, despus de
arrodillarse, de capa, sollozando un "Prudencio"
y algunas reminiscencias, logr verlo empleado.
Entonces se consagr l por entero; l era
de su pade su padre";
odi lo que l odiaba, am lo que l amaba. Sus
privaciones eran las mismas, pero las compensaDios en
la
reducida
dre, los ojos
casita: "las cejas
de su padre,
la
nariz
ba el goce de saber Pepito en la sociedad^ y
desde la oscura ventanita de su casa llenbase de
orgullo
al
verlo pasar en coche, la pierna cruza-
da, el pantaln recogido mostrando un
pedazo
de media y el rolando de piel de Rusia, con
aquel aire de quien est habituado fastidiarse
en carruaje.
Vinieron luego tres novias que ascendan en
muchacha ingenua y momenudo y que se abre en
todo
hombre
como la ltima flor de la
la vida de
infancia; ella no pide nada, no exige nada, quie-
categora: primero la
desta que se ruboriza
mucho, sufre sus ocultos amores, pasa y desla joven honrada que aspira
casarse, que manda "vesos" y pide perdn por
sin tomar en cuenta los amola "hoctografa"
re
aparece; despus
JOS RAFAEL POCATERRA
24
de la escuela haca la seorita
mayor de edad, amores unipersonales que tienen
mucho de candor infantil y de- vicios solitarios
Carmen Teresa pareci fijar aquel devaneo que
paseaba por Camoruco los domingos, atisbaba
tras las columnas de la iglesia fumaba cigarrillos en la esquina acompaado de un poeta inofensivo. Era pobre, pero decente, y adems tena
las simpatas de misia Justina.
res unipersonales
Vinieron tambin
las
deudas: cuarenta misera-
bles pesos no alcanzan para vivir un
hombre
que tiene deberes de sociedad. Y cuando exasperada la pobre seora le haca ver sus vacos
econmicos, le rogaba ms puntualidad, l, colrico, arqueando las cejas de su padre, lanzando
rayos de indignacin por los ojos de su padre,
gritaba ante la angustiada seora:
Buenol
No me
friegues* ms la paciencia:
pongo hoy mismo mi
renuncia.
{Qu
carayl
ver dnde consigues para comer.
Pero
T
hijo! por
Dios!
si yo...
que quieres es que yo ande como
cualquier negro, y eso nunca! Yo tengo que llevar un apellido y que vea la gente quines son
los Salcedo Gutirrez. Acaso yo soy Verd, que
vive con quince pesosl Yo tengo compromisos,
lo
yo tengo gastos.
Pero oye, hijo, clmate.
Entonces l, imitando la voz de su atribulada
madre, responda furioso:
EL DOCTOR BEB
S,
25
clmate! |Te complaces mortificando
uno y despus... nadal renunciar, me empear
el Gobierno para que me acepte la renuncia,
y... yo s lo que debo hacer...! Maldita sea!
grit ya encerrado en su cuarto, despus de tirar
con
el
almuerzo
al
murmurando
patio. All continu
largo rato.
La
casita pareca aniquilada;
muy contenido de
la
apenas un sollozo
seora rompa
el silencio...
El en el fondo tena razn, ella le molestaba
ms; haba heredado
el
de
mal carcter de su padre,
y ella lo exacerbaba...
Aquellas escenas concluan todas del mismo
modo: l dorma siesta; quejbase ese da de dolor de cabeza por la incomodidad; almorzaba
opparamente en la calle, y esto le vala una dos
semanas de descanso, pues misia Efgenia araba
el mar en esos das antes que molestar Pepito.
All est el
Pedro,
cochero!
el portero,
vestido de prendas usadas,
complacase en mortificar los de
la oficina,
por
odio de piel y de jerarqua: era l quien pona en
los pupitres, con verdadera delectacin, los papeluchos que contenan alusiones; marcaba con lpiz azul aquello
de "en caso contrario
me
ver
obligado publicar su nombre y apellido"; repeta con voz desptica las rdenes superiores,
y
llevaba en alto,
como bandera de
escndalo, las
JOS RAFAEL POCATERRA
20
cuentas frecuentsi mas y ya sucias que llegaban
su portera haca diez y ocho aos. Su larg^a experiencia de portero dbale cierta irnica maldad
que terminaba ante una chupa en buen uso en
unos zapatos no muy perforados. En aquellos das
Pepito le negara an chaleco deshilvanado, y estaba de malas; as que repiti en alta voz, para
ser escuchado por algunos que entraban y otros
que murmuraban
afuera:
que est viniendo hace ocho
que si no le paga le pasa la cuenta al
presidente, porque l y que no le tiene confianza
empleado pblico!
El
cochero!
El
das, dice
Voy para
all
contest Pepito, enrojecin-
dosele ligeramente una oreja; y para reponerse
hurgaba papeles de su gaveta como quien solicita
un dato.
El cobrador, detrs del tabique, ensartaba que*
jas
de
insulto: "S,
eso es
muy
sabroso, cansar
la
"Meterle una tarde y una noche de tra"y
bajo..."
ni pa el cebo de las bovinas alcanzan
pareja..."
los reales." "Estos patiquines del
una
Gobierno son
pila..."
Una pila? y Pepito, indignado, ya con ambas orejas encendidas,
sali.
Todos
se volvieron.
{Pepito tena tan mal carcter! El director de Estadstica, especie
ba
rones
tres,
asustado;
de cabra silenciosa que rumia-
con voz nasal en ese momento: "va-
al dictar
hembras diez y
el
siete", alz la
cabeza
otro escribiente, recin colocado,
EL DOCTOR BEBE
raeti
con prudencia
en
la nariz
27
el
cuadro de na-
cimientos; y hasta Pedro, regocijado, prometase
recrear en una de trompicones y araazos.
El cochero era un mocetn robusto, de hermosas pulpas; portaba en una mano su chaparro
grueso y nudoso y con la izquierda presentaba
las cuentas la juventud florida, por no fatigar
la de las riendas.
Pepito, con voz temblona fea voz de emocin, haciendo una mueca con pretensiones de
sonrisa
exclam provocando una respuesta
cordial:
Gu, Mariano! eras t?
Pero
la
respuesta fu seca y humillante
como
un chaparrazo:
S, yo;
yo que tengo ya ms de ocho das
viniendo aqu; "que venga
el
sbado, que venga
dido
el
el
jueves, que venga
quince"; que ya he per-
por culpa suya, y que le voy
cuenta al presidente pa que vea qu
tres carreras
presenta
la
gente tiene.
Pero
chico...
Ningn chico: usted me paga nos echaaqu mismo.
mos una
Mariano se pone
argy pobre
varilla
bravo.. .1
mozo,
lvido,
el
pero sonriendo con un lado de
boca, una sonrisa forzada,
tiesa,
llena
la
de miedo;
y como solicitando un apoyo de mediacin en los
dems, se volva hacia ellos; pero los dems eran
cobradores de Dachary, de "El Faisn" y de
JOS RAFAEL POC ATERRA
28
Mosser. Pedro sonrea burlonamente, y como una
cabra asombrada, la cara espantosamente plida
del director,
ms excit
del joven, quien una
hacia
angustiosa cobarda
la
mano
invisible
empujaba
el tabique...
Balbuce de nuevo:
Mariano,
Mariano se pone bravo...!
como todo cochero, cobraba en ca-
rcter y desliz razones:
Una cosa es
me
usted
la
dice m
amistad y otra es
y no
el
negocio;
sin cierta turbacin, el
director de Estadstica sintise designado y co-
gido por
ble
no
es
cia...
la
la
solapa para servir de ejemplo tangi-
cochero
Mariano, "la pareja negra", que
porque sea ma, pero es lo mejor de Valeny estamos hasta la una, y hasta las seis de
al
maana
tambin...
si
demasiado complaciente
soy yo; usted cree que cargar en una victoria
dos hombres, dos mujeres y hasta tres cuando
la gana de meterse...!
Pero es que este Mariano se pone bravo...
Tulia le da
No, seor, no es que
venga ac, seor y trajo
yo
me pongo
al
centro del grupo,
bravo;
siempre cogido por
siempre,
al
la solapa y con mayor miedo
director de Estadstica . Usted no
cree que yo tengo razn?
S, Mar?no, s tienes; pero mira
agreg
deshacindose con disimulo y cogiendo camino
hacia
el
cmo
l te
dentro.
tabique
l te paga,
y con aquel
paga
l te
paga, t veras
estribillo se
meti
EL DOCTOR BEB
29
Gu, ya lo creo que me paga. No es que me
pongo bravo,
es
que yo reclamo
cochera;
si
no,
Yo
yo dejaba perd eso.
tengo asco siete pesos,
que
lo ajeno; si fuera
pero yo tengo que entrega cuentas en
mo...
no
la
le
diez, ni cien
ni
sea.
dijo
con voz
No, no es que me caliento.
T sabes que cuando yo tengo te
pago... y
Pero es que
t te calientas
suavsima Pepito.
hasta te adelanto.
Usted? No
jile!
Cundo me ha adelantao
usted un centavo m?
No, aquello era una chanza;
as se
lo
explic
entre dos sonrisas miedosas.
Le ech
cia el
el
brazo y se lo llev bromeando ha-
extremo del corredor.
jAh! Mariano
amarraste...
All,
epuya!
este, hijo
Todava
en voz baja,
Anoche
le relat
quejosamente cosas
ntimas: compromisos... el da del Carmen...
una
muchacha se la mostr; el auriga
meti en su dedo oscuro y velludo, valun-
sortija para la
la
la
te dura...
dola: "sesenta pesos"
dico, la botica...
Acosta...
la vieja
Una cuenta
enferma;
el
m-
casa de Ladislao
Luego hablaron de mujeres. Apartados
ambos, Pepito, relatndole un lance hipottico,
exclamaba en acento alto, para ser odo de los
que distancia presenciaban la escena:
Porque yo soy hombre
para cualquiera
etc.
JOS RAFAEL POCATERRA
30
El negfro, con la sortija en ei dedo, diciendo
algo chistoso, se fu.
Pepito regres
la ofcina.
En
la
antesala le
el paso dos jovencitos y un vejete: eran
cobradores de Dachary, de Mosser y de "El
cerraban
los
Faisn".
Seis sesenta y cuatro!
Venga
el
sbado.
Ochenta redondosl El quince sin
Qued el vejete.
Una cena... tres
tostadas...
falta.
dos cafeses;
total,
cuarenta y seis centavos... Yo paso por all esta
es preciso que no me trabajen tanto
tarde.
cobrndome
esas porqueras... Dgaselo as "Ei
Faisn"!
Dio un portazo tremendo.
El director, que en ese momento lea los nacimientos, peg un salto. Crey que era un tiro:
Cmo usted es tan violento, amigo Salcedo!
El escribiente se abismaba en el cuadro esta-
dstico.
Pepito se irgui:
No, lo que yo hice fu llamarlo al botn.
Usted no se fij?
Y ante la admiracin de los cagatintas, con
fra calma, relat las cosas horribles que le haba
dicho; las incitaciones la clera que el auriga
evada; daba golpes en la mesa y se paseaba con
violencias verbales.
Yo, por respeto usted,
adems,
la oficina...
que estaba
no fuera saberlo
el
ah, y
general
EL
DOCTOR BEB
Prez Pantoja; pero, francamente, tuve ganas de
meterle una bala por los dientes. Lo que tiene
es que yo
me
s contener!
S contest
el
director
lo
mejor es
la
prudencia en esos casos; ese es un bicho; usted
lo humill...
III
La estacin del gran ferrocarril de Venezuela
porque en Venezuela, entre otras cosas grandes,
tenemos un ferrocarril se hallaba concurridsima: hasta Cabrera, Guacara y Los Guayos haban
salido comisiones presentarle
la bienvenida al
doctor Beb, nuevo presidente que Castro enviaba como genuino representante suyo en el
Estado, para conciliar los intereses encontrados
que all se debatan. Entre ellos, onda rumorosa
de opinin que ora engrosaba un bando, ora acuda otros, la generalidad esperaba que la balanza determinara una oscilacin cualquiera; y en
efecto, los das
de
la
aclamacin haban demos-
trado en paseos cvicos, luengos discursos y sentimentales telegramas, que los presupuestvoros
haban hallado
el
camino. Eran das fabulosos: se
hablaba de millones adquiridos en dos meses, de
consulados y aduanas otorgados por simpata, de
amorcillos traviesos, revoltosos, que iban caer
rotas las
alitas, tras el histrico
biombo chinesco,
EL DOCTOR BEBE
33
en algn baile que pareca "cosa de hadas".
por eso cada cual,
al
egregio Restaurador, "el bien
pensaba en
el
restablecerse el "Jefe", el
amado
caudillo",
puesto, en el dinero, bien, con
mayor ingenuidad, vislumbraba la casa amueblada, la hacienda de caa y el camino del porvenir
alfombrado con billetes de banco.
Eran das amables; ola Bay Rum; un vaho
tibio dilataba las naricitas y pona en la mente
sueos de ambicin: era El; y no con aquel desagradable furor que los padres de la Iglesia asignan al demonio Asmodeo para antes del anticristo; muy distinto: repartiendo dinero manos
llenas; los
cheques se firmaban en blanco;
la
pa-
rentela entraba figurar^ y las fulanas tendran
envidia y pap comprara una casita y se mandara hacer otro flux. Sueo color de rosa que
borraba los speros contornos de
gares y que perfilaba tras
las
cosas vul-
barbas cerdosas y el
semblante abotargado del general perspectivas
las
Adems, tras de eso la
disculpa se presenta con muchos nios hambrea
de
triunfo y
de
felicidad.
dos, el infierno de los das blancos y un pap sin
empleo y de palt levita verde. El Constitucional^
de cuatro pliegos nutridos de lectura, surga
media noche en el corazn de Caracas y echaba
volar diez y seis mil ejemplares pregonando
las excelencias del vencedor de tres revoluciones, del
enorme Restaurador que, cado como un
de su caballo en Tocu-
estircol bajo el vientre
JOS RAFAEL POCATERRA
34
yito,
aplastado
como un guiapo en
las
aceras
madrugada del 29 de Octubre, se incorporaba en la pluma de los escritores ven ezola nos para sombrear el Continente.
Las primicias virginales eran las nicas flores de
aquella planta servil que la Venezuela de la Aclamacin abon con todos los desperdicios hacinados en el corral domstico. La Aclamacin fu
un sbado de la higiene nacional: aqu no se botaba basura desde el 46.
El jefe de estacin, de barbas rubias, paseaba
por el andn, donde unas doscientas personas se
impacientaban. A poco el encargado de la Preside
la
Casa Amarilla
la
dencia; el secretario general, el jefe civil del disotros empleados y algunos seores quienes sus deberes sociales imponan tales actitudes,
trito,
se aglomeraron en primer trmino.
Dos
policas
un poco ms all, con la carabina recostada en la
pared y un cohete en cada mano, esperaban. Asi-
mismo una docena de msicos
estiraba el hocico
hacia las boquillas, hacindose sostener
tura con un granuja
dente, ora
Detrs,
al
que ora admiraba
al
presi-
estrombn.
empujado por
en veces con
la parti-
el
la
polica culatazos, y
plan del machete,
el
pueblo so-
berano chiflaba cosas soeces.
Largo, metido en ms de un palmo dentro de
su cuello almidonado, las melenas lacias y aceitosas destilando caspa sobre las
cronista
hombreras, un
de saln tomaba notas sobre
la
pared:
EL DOCTOR BEB
"Ms de dos mil personas, todo
el
35
Valencia social,
presidido por nuestro querido y progresista naagistrado", etc. Por sobre el hombro, otro intelectual,
de
menguado y de cabellera crespa, con redingot
dril, al leer las
Pero
chico!
ltimas frases las improb:
T nunca
sers sino secretario
de una Jefatura civil.
Por qu?
No trabaje! Ests viendo este viejo cado
y le pones "nuestro querido magistrado".
Y eso qu tiene? Se va disgustar el doctor Beb?
Ya lo creo! El "progresista" debe ser uno no
ms. Quin ha visto dos progresistas? Y tiene
una susceptibilidad de solterona.
Es que este seor me ha hecho servicios...
Y t se los has hecho l: no pusiste ms de
cincuenta telegramas cuando se aporre la raba-
dilla?
No
le llamaste
honorable y digno? Qutale
eso de querido: pon "nuestro magistrado, etc."
El del cuello tach lo indicado y se sonri:
tampoco le gustaba. Qu haba hecho en
Carabobo? Ni un almuerzo, ni una ordencita; era
un avaro... Nadie le ha mordido un fuerte nunca!
Y l gastando sus piropos, que en tiempo de otros
presidentes, un "sensato" bien metido, aquello
de "cabeza y machete", colado en prosa decadente, eran cien bolvares seguritos para una comisin del Servicio Pblico. A l no le gustaba,
pero por consecuencia...
JOS RAFAEL POC ATERRA
36
No seas zoquete:
la
mejor consecuencia es
la
que no tiene consecuencia.
Rieron. Buscaron cigarros entre los dems.
rumor se perciba hacia
Un
la lnea.
El tren.
Y
el
estrujndose, pisotendose, el presidente,
secretario, el gobernador,
los
partiquinos y
personajes que no hablan se precipitaron.
Pero era una carreta que pasaba
el
puente
Morillo.
Un grupo
distante, la puerta del botiqun,
hablaba con cierto
tentos.
Todos
azul, cuello
la
calor.
Eran
oficiales
descon-
misma indumentaria: dormn
de celuloide, zapatos amarillos con
cortaduras para los callos.
De
lejos se oan
con-
ceptos enconados, se injuriaba los plumferos,
los escribidores
plomo, que se
les
de no s qu, que no van al
agua el guarapo, que se les
caen los pantalones. En cambio, todos ellos haban dado carreras por el Alto de Uzlar y Mucu-
campaa con las
de don Juan Jos Gonzlez. Casi todos
"hombres de causa", crean en los godos y en las
glorias del gran partido. El Gobierno no recompensaba servicios: cada uno de aquellos hombres
haba pasado caos crecidos media noche, pegaba asaltos, con una guerrilla someta el Estado
y fusilaba hasta al padre Arocha si era preciso.
Les rodeaba una atmsfera de pavor donde
germinaban cosas heroicas.
raparo, todos haban estado en
gallinas
EL
DOCTOR BEB
37
Los dos intelectuales buscaron
algunos seores comerciantes, ms
refug^io entre
pacficos:
all
gustbase un aire sereno, casi lnguido, que evocaba hileras de gneros, cuartos de caf, pipotes
barrigudos y tranquilos. El dilogo corra preciso
y detallado como un folio de jornal:
con paz Venezuela no necesita
la paz todo trance.
Aquella declaracin gust. Estaba en boca de
un seor que haba contribuido todas las perS, la
paz;
ms nada. Debemos sostener
turbaciones y que usaba
conspiracin por agua
la
comn.
Pero el asombro fu grande cuando don Perfecto Delgado, exaltado y coloradsimo, afrm
S, la paz,
media voz con un tono de ainenaza:
amigo Oronoz, la paz de los sepulcros!
Del grupo, un viejecito suspir tristemente.
Sus negocios iban mal, muy mal... Con aquel estribillo y la lstima ajena, escondido tras siete
piezas de madapoln, amasaba sosegadamente el
diario
de su
familia.
que tienen
ms sereno y hablan de esos seis
ocho mil pesos perdidos sin quejarse; los dependientes de primera cate^jora que aprueban con
la sonrisa y el gesto las opiniones de su principal,
un
otros terciaron: los capitalistas
criterio
y hasta un prestamista rubicundo hizo algunas
consideraciones acerca de
De
pronto,
Pepito: le
al
abrirse un
acompaaban
la
miseria.
poco
la fila,
apareci
varios amigos; su caer-
JOS RAFAEL POCATERRA
38
dita; ! diriga la palabra todos y se mova nerviosamente. Trataba de establecer entre l y el
Gobierno,
rriente
de
all
parado y sudando, una como couna como atmsfera propicia
frialdad,
discurso que le traa preado en pde una independencia de ideas poco comunes... Unos pasos retirados, Verd se mante"
al
reactivo
rrafos
donde una
Cuando desde
na grave, detrs de su eterna corbata,
rosa
salmn abra
tres ptalos.
ocho das antes Pepito se aprendiera aquel discurso, l haba hecho elogios en casa de las Belzares augurndole un triunfo, un verdadero triun-
Ya Carmen
fo.
cortada por
la
Teresa
lo conoca:
emocin y por
las
con voz entre-
comas que con
parsimonia dramtica habale distribuido Verd,
Pepito leylo
tomar
la
familia despus
de hacrselo
varias veces por misia Efigenia.
al dedillo.
Lo saba
As que cuando rompieron los acordes
Himno Nacional y media docena de cohetes
elev sobre la hmeda atmsfera del Cabriales,
del
se
solidariamente rodeado por sus amigos, bajo
mirada tutelar de Verd,
tor
Beb descendiera
ran todos, aue se le
del
aguard que
vagn, que
le
el
la
doc-
saluda-
preguntara por su salud, por
su viaje, y que en corporacin cerrada se dirigiera los coches, por entre los cuales circulaban
bandadas de granujas injuriados por
All
con un gesto
El doctor Beb,
lo
los
cocheros
detuvo.
caderudo y amable, hizo
graciosamente. Tena cierta sensualidad en
alto
el an-
EL
DOCTOR BEB
39
debido quiz sus formas mrbidas, poco vi.
compuestas de presas gordas y sanas. Verd
tirle del palt Pepito. Era el momento.
dar,
riles,
Ciudadano
De
presidente!
pronto reson
el
Himno
cena de cohetes revent en
se encabritaban;
atrocidades, y
el
y otra media doLos caballos
el aire.
dos cocheros decanse gritos
allegro del "Gloria al Bravo Pue-
como de susto ante los chits,
que algunos oyentes enhirecidos dirigan
blo" se acall
chiist
la or-
questa importuna.
iQue no tiren ms cohetesl que no
tiren
ms
cohetes!
Los pirotcnicos estaban en pleno entusiasmo,
necesidad de que fuera un polica y les
hubo
y
insultara nombre del jefe civil.
Por
fin
rein silencio.
Verd susurraba por
lo bajo:
Ahora!
dao...
Era uno
Ciu... da...
Chits!...
pre...
si...
deeente!
que mandaba
callar
Verd. Esto provoc sonrisas.
El Ejecutivo y la ciudadana resollaban grueso.
Ciudadano presidente, seores!
al
cabo, sudoroso, con el cuello tumbado,
dedos cados
lvido, las
manos temblonas y
como
patas de una gallina en viaje, Pepito
las
los
dijo el primer prrafo sin vacilar. All se excusa-
ba de ser
"acaso
rabobo, pero no
el
ms humilde hijo de Camenos ingenuo", y terminaba
el
JOS RAFAEL POCATaRRA
con aquello de *este heroico y sufrido Estado".
Lo interrumpi una salva de aplausos.
Lo de sufrido era alusivo al Gobierno cado y
de un sabor independiente. Los pueblos altivos
tienen perspicacia para recog^er las frases de intencin. Y en medio de un rumor aprobatorio,
comenz el otro prrafo. Prometa ser breve en
obsequio de las fatig^as del viaje; Verd ansioso
esperaba la frase de efecto que haba preparado
y que, arrastrada penosamente por sobre consideraciones histrico-polticas, colmadas de adjetivos, lleg al fin: "maana empuaris, seor doctor, el timn de la nave del Estado, y daris curso
las virtudes cvicas,
tolado de
la instruccin
humano
del saber
entre las cuales
aplaudir.
asombrados. Pepito, con
hilo del discurso... "y..."
humano
Tosi, sac
el
apos-
y...**
Verd rompi
*del saber
el
es la fuente primordial
la
Todos
se volvieron
emocin, perdi
"del saber
humano
el
y...**
y..."
pauelo, se puso intensamente
plido.
Una
sonrisa leve sali los labios del doctor
Beb. Se
oan
rumores
impacientes y frases
crueles:
jHum! |HumI Huml
Se tranc muserl
haciendo ms fuerza que un parihuele
el
Est
lero!
Verd, rojo hasta
el
blanco de los ojos,
le es-
EL DOCTOR BEB
tripaba un caiio un vecino con
4I
enorme fuerza
nerviosa y apuntaba enronquecido:
con
de
voto de los pueblos!
el
...
|y
ungido con
ungido
el
voto
los pueblos!
exclam uno.
iQue se
Que no se
calle!
calle!
iChits! Chits!
y ungido por el voto de los pueblos
el infeliz mientras tres gotas de sudor
"...
empat
gordsimas
le
perlaban
la frente
trazaris
una
nueva era de honrada administracin, secundan-
do
as la
labor grandiosa de ese hombre, de
hombre... de ese
hombre que hoy
fatiga"
ese
y se
volva hacia Verd.
Todos rean ante el azoramiento del maestro
de escuela, que involuntariamente se vea designado por Pepito en busca de ilacin. Este empat:
"...
los corceles
de
la
fama".
Hubo una
orejas.
pero
la
pausa. Verd echaba llamas por las
La gente crey terminado el discurso;
voz quebrada del orador se enronqueci,
se torn brusca y
descomunal, y en un esfuerzo
supremo de memoria, vocifer con un desafuero
que le violent los puos de la camisa fuera de
las mangas y entre un reguero de saliva:
Acompaadme,
seores, en un viva el ge-
neral Cipriano Castro, Restaurador
de Venezuela.
Viva el doctor Manuel Beb! Viva
la
Viva! Viva! Viva! berre todo
Repblica!
el
mundo.
Pepito cay en brazos del doctor Beb, y asi
JOS RAFAEL POCATERRA
42
fu,
de pecho en pecho, estrechando una emo*
feliz, hasta que Ver-
cin desmesurada, sonredo,
d logr atraparle y meterse con
en
un
la
cor-
coche.
xito
n plcto
dijo enderezndole
bata.
El joven orador tena ese aire, mitad susto, mi-
tad alegra, que se observa en las paridas novicias.
Se
le
saludaba amablemente.
en larga hilera de carruajes
la
comitiva hizo
su entrada por la calle Real.
En
ventana de
la
las Montesillos,
Carmen y
el paso de Pepito. Tras ellas
asomaba con timidez curiosa la hermana mayor.
Verd sac la mano hizo un gesto de triunfo.
Josefina esperaban
Pepito sonri amorosamente.
Llegado su alojamiento
verborrea no tuvo
lmites.
el
doctor Beb,
Era hist'ica,
financiera, era religiosa, era sentimental.
ad
Una
la
era
ni-
ms gransegundo
de
decita, nombre de las escuelas
grado, dijo un discurso y present un ramo de
ita chill
un soneto
hoc; otra
flores.
Cada ambicionzuela tomaba formas distintas: ya
un nio precoz hablaba de la Repblica futura,
presentado por su pap; ora se obsequiaba un
lunch en
daba
el
Club, donde algn orador retardado
luz felizmente.
Una semana, con
sus co-
rrespondientes retretas extraordinarias y fuegos
de artificio, dur aquello. Los peridicos se lie-
L DOCTOR BEBE
43
naban con reseas de actos sociales y con el aviso del bacalao. Decan: ^Valencia despierta la
vida de
la cultura".
Pero Verd
do una velada
se encarg de hacerla dormir danartstico-literaria.
VI
"...Toda vez que
necesidades..." una
el
Gobierno, atento
las
coma en Gobiernol
Pepito, bajo la mirada del doctor Beb, puso
el
signo requerido. Este continu el oficio pre-
sentado
"...
la firma:
Toda vez que
Gobierno*, coma, "aten-
el
to las necesidades del pueblo
representar, representa...
que representa..."
s, amigo Sal-
es con
cedo.
Pepito, con las orejas encarnadsimas, se ex-
cusaba vagamente.
Es verdad...
representar... representa... Per-
done, doctor; uno escribe
tan
as,
de carrera,
que... la ortografa... le sale mala.
Es cuestin
su subalterno; y
de
fijarse
como
dijo
notara
la
simplemente
confusin del
joven corrigiendo aquella importuna c que se haba
enganchado su ignorancia, agreg dulce*
mente:
-
Usted tiene muy buena
letra.
EL DOCTOR BEB
45
Pepito, esa tarde, al salir de la oficina, ponder en grupo de amigos la ilustracin del doctor Beb, con quien haba hablado de letras; era
un hombre ledo, indudablemente.
Ah!
si
ustedes conocieran
al
hombre como
yo, con esa intimidad, as con esa confianza, pues.
refiri
una consulta que
le hiciera
prop-
de actualidad.
sito
Pepito estaba muy bien con el hombre, juzgar
por aquellas manifestaciones que l deca en la
de
calle,
cierto personaje poltico
en
las
me
doctor
barberas, en las tertulias...
dijo:
"Amigo Salcedo, usted
El
que
es el
puede hacerme eso..." **Qu opina usted del
asunto, amigo Salcedo?" O bien, indignado contra todos los de la oficina, dicindoles cosas que
slo por la cuarta parte de ellas l pusiera inconjoven co-
tinenti su renuncia, se volva hacia su
laborador,
como
"A
diz le llamaba:
ver,
amigo
Salcedo, ver, amigo Salcedo, hgase usted car-
go de
la
cuestin;
no, no saldremos nunca
si
de
esto", etc.
Las Belzares estaban encantadas, Pepito tena
mucho
porvenir.
gurada; jpero
Carmen Teresa
la otra...!
quebradero de cabeza, con
intempestivas!
Hoy una
muchacha, de da en
la
tena ase-
{Aquella Josefna era un
con
maana
flatos
cosa,
da, tena
un
alegras
otra; la
carcter...;
para
colmo, emprenda amores con un bicho.
Sagi-ado Corazn de Jess!
ne remedio; t eres
loca.
Esto ya no
Dios todo
tie-
lo dispone.
JOS RAFAEL POC ATERRA
46
padre estuviera vivo!
|S tu
El,
un hombre tan
decente, tan distinguido.
Pasaba un da
daba alaridos declarndose vctima, y terminaba, entre el asombro
lloroso de la seora, con amenazas incoherentes.
La nia
sin
mesaba
se
los cabellos.
comer, se deshaca
Por
la
noche, en
la
los rizos,
ventana, escondidas, rela-
de lentes y de sombrero de Panam escenas terribles: toda la familia en contra de
ellos, el convento, el abandono, el impace. En
su ardiente imaginacin, los folletines cobraban
relieve propio, y alternando con besitos dbil-
taba
al
sujeto
mente evadidos y protestas fogossimas, se haca
protagonista de una novela de amores contrariados, y se enardeca s misma en una lucha sentimental, que por otra parte no se empeaba mucho en sostener su mam. Intimamente, por lejanas benevolencias, misiajustina consideraba aquello
cosas de
la
juventud. Josefina protestaba enr-
"A l es quien yo
ms nadie que l!" Verdadesaba de otro candidato que pro-
gicamente, furiosamente:
quiero,
l,
ramente, no se
vocara
tal
exacerbacin.
La buena seora, empeada en su loable propsito de casar
libres los capridios
litares
Carmen Teresa, dejaba casi
de la otra hija, como esos mi-
imprudentes que por comprometer
la
ac-
cin de una guerrilla hacen perecer parte del ejrcito.
As sostuvo los principios de
la familia.
Una
matrona, pesar de todo. Verd, que de vez
EL DOCTOR BEBE
en cuando atrevase
Yo admiro,
ir
de
misia Justina,
47
visita
las
dijraselo:
virtudes de la
venezolanu, especialmente de la valenciaPorque en Venezuela ocurre con las costumbres lo mismo que con las hallacas: dondequiefa.Tiilia
na.
ra
son mejores.
Muy
verdad es eso, Verd, por ms que
digan...
Calumnia,
quiera que
me
seora, torpe calumnia!
cual-
dijera eso, argirale: ah tiene us-
ted, difamador, ah tiene usted
una honorable
matrona, una honesta madre de familia rodea-
da de su prole, misia Justina Garca de Belzares!
Muchas
gracias,
Verd
responda
la
ma-
trona.
Con
el xito
de
las frases
hechas,
Verd sus-
piraba conceptos acerca de una sociedad
como
de antao, gala y prez de la sultana del Tacarigua, hoy tan venida menos causa de los
malos Gobiernos. Sobre todo, de Crespo para
la
ac.
Bella sumase en una admiracin muda,
tando los puntos de un
sol,
inspiraba
remaVerd
loas tremendas las virtudes domsticas
fera: la
la vista
guir
la
que premeda con
mientras hablaba; conformbase con seurdimbre del tejido, y en tanto emita
Instruccin y el Trabajo. El
la
conceptos ccn voz reposada cual conviene un
institutor. Algunas veces llevaba libros que sola
JOS RAFAEL POCATERRA
48
Bella. Josefina burlbase
lea
de
de
las lecturas
su hermana:
Qu ridiculez! Unas necedades de un tal
Severo Catalina, que tiene ms de Catalina que
de Severo, las majaderas de doa Mara del
Pilar Sinus.
Carmen Teresa celebraba
aquellas donosuras;
por hbito, por carcter quiz, se adhera en
todo su hermana. Ella quien le aconsejaba los
quien regaaba Pepi-
trajes y las palabras, ella
to
la
reprenda
como
una chicuela, y desde
misia Justina hasta Petronila, una negra que las
haba cargado todas en
la casa,
ceanse ios
caprichos de aquella muchachpta frescachona y
violenta que daba carreras antes de baarse can-
tando todo pulmn,
la
vela en
al sentir
la
mano y
la
sala valientemente,
sbana sobre
ruidos nocturnos en el corredor.
Esa tarde, un papelito de una de
los
con
camisa,
la
las
Montesi-
para Josefina haba provocado discusiones al
" Chica: dile tu mam que si te deja
con nosotras al Cinematgrafo, para kirie
ser ledo:
ir
buscar esta tarde y comes aqui que nosotras mismas con pap te llevamos, si no tienes sombrero
te
pones
el
azul de Isolina que no ba porque
mucho una muela,
duele
|Ay, qu
No
me
bueno!
si
besa
Ana
la
al
invitaban
no hubiera sido por
la
le
Luisa".
grit palmotcando.
contrario y
parece tanto;
Justina observ que
que
te
como
misia
suplefalta;
muela de
Isolina...
EL DOCTOR BEBE
49
Ah,
sil Cundo no ibas salir t con tus
]No ve que yo nada ms soy en Valencia
amiga de ellasl
Pero nia! T no ests viendo el papel?
Verdaderamente se atrevi terciar Bella.
cosas!
Pero Josefina se volvi como una leona:
T no te metas, a pasguata!
Oye, Finita, ven ac suplicaba Carmen Teresa desde el cuarto en donde se lavaba
Oye,
Finita!
La haban armado gorda misia Justina y
la hija
rebelde: decanse stiras tremendas; Josefina oy
un descocada y dos tres refranes; la seora,
entre una marejada de argumentos, sintise tratada de vieja pasada y ridicula. La mayor se
refugi desde el comienzo en la sala y se puso
abrumada, como
dos campanas de escndalo continuaran sonndole en los odos: pas-
tejer
si
guata, pasguata.
A todas estas, la sirviente
peraba en
Ya
el
las
Montesillo es-
misia Justina se abalanzaba sobre su hija,
enfurecida, cuando
tir,
de
anteportn asombrada.
Carmen Teresa,
medio
ves-
se llev abrazada su hermanita, que, hecha
un mar de lgrimas, chillaba horriblemente.
Finita, nia,
por Dios! Que te oye
cha. Finita! Ests loca!
haca carios, le aseguraba que
ira,
que
defenda, que no llorara ms, que su
temeraria...
la
mucha-
y queriendo calmarla,
ella
mam
le
la
era
JOS RAFAEL POC ATERRA
50
Entretanto Bella deca despachando la
sir-
viente:
Dgale Ana
Luisa que Finita tiene mucho
que
nosotras
tambin; que las espera
gusto en
esta tarde; muchos saludos por all, carios las
muchachas; dile eso, que tenemos mucho gusto
y la llev casi hasta el portn, queriendo apagar
ir,
con
el
Muy
recado los gritos de Josefna.
empolvadas, metidas en dos levitas largas,
de sotanas de color cuyas piezas unan encajes, bajo dos sombreros enormes, los codos ligeramente arqueados causa del guante, cubiertas de gaarandingas y de flores y seguidas de su
pap, Ana Luisa y Amelia Montesillo estallaron
suerte
en besos
al
mismo
entrar.
Las lneas angulares
que en el semblante de la primera prensaban la
piel de los pmulos y de las quijadas, se haban
curvado en el de la otra, gastando las facciones
como el puo de un bastn de plomo.
Don
Cruz, entorpecido, cohibido, trataba de
enganchar
el
sombrero en una repisa.
Qu buena moza, chica.
De veras?
Quin
te hizo el vestido?
Mam repuso modestamente
Las mujeres vieron atentamente
Muy
chic, chica;
Ests dando
muy
el palo!
la
aludida.
el traje.
bien adornado.
EL DOCTOR BEB
|Tonta!
jYa s que tienes muchas
Yo? No s qu cosas sern.
La que no conozca, que compre.
No, francamente, no s y Ana Luisa
cosasl...
te
te
los ojos
candidos haciendo con
el
abra
abanico un ges-
to aprendido en una postal.
una discusin de
de
Por ltimo, despus
sombreros, por entre cuyas plumas se asomaron media docena de amigas, pudo hablar don
Cruz:
Hace
calor
vio
el cielo
y asegur:
es
la
Carnicula.
Muchsimo agreg misia Justina, con quien
haca pendant su mecedor y dgame, cmo
est Ana Josefa?
Bien por conforme. Es decir, bien no:
;
lo
antier se purg, ayer
no
ninguno; es una tapia.
le
Hoy
haba hecho defecto
le
iban poner unas
ayudas.
Las muchachas formaban grupo aparte- Sin embargo, sufran tanto
de don Cruz con las
que eran tan chics. Pero
las hijas
de su pap! ellas
don Cruz no se correga, soltaba temos, escupa
por el colmillo. Su educacin era una alarma, y
eso que tenan al pobre hombre como embozalado: la mujer le daba pisotones de aviso por debajo de la mesa; sus hijas le quitaban la palabra
de la boca temiendo una de las suyas; y tan contenido le tenan, que cuando por cualquier cirllanezas
JOS RAFAEL POCATERRA
52
cunstancia se descuidaban, las soltaba todas an-
de que
tes
le quitaran la palabra.
Pues
bueno continu impasible, haciendo
corao que no vea los ojos fulg-urantes de sus hijas
yo le dije las muchachas: cmo vamos
perder los tres reales del billete; ya que Isolina
no puede ir... Convdense una amiguita...!
Misia Justina dirig-i su hija una mirada horrible y movi la cabeza.
Las Montesillo,
nas,
muy
besbanse con
ruborosas,
Finita,
muy
charlata-
que acababa de
sa-
lirles.
As me gusta vertel
Conquista segural
-Y....?
Pero
la
nia hizo un gesto prudente y las
tres
cuchichearon.
Ay, nia! cosas horribles.
Ana Luisa, acurdate que no
lo
bamos
decir.
Eso no importa: Finita y Carmen
de
Ya creo, no
son
como
casa.
faltaba ms....
lo
Caramba contigo agreg por todo descargo
Amelia, preparando Carmen Teresa con pala"eso debe ser embuste", "t sabes
bras vagas
cmo son
aqu".
T conoces Manuel Menndez?
chica; de don Jos del Carmen: uno
S,
hijo
que anda "con su sombrero colocado
asi".
EL DOCTOR BEB
Y luciendo todo
del
lAh!
lo
S...
que Dios no
baile,
el
53
le dio.
Carmen Teresa
concluy Josefina volvindose su hermana en
inteligencia risuea
Esta,
el
del baile.
levemente cortada, se acord
Aja, bueno; qu pas?
trapo
Las Montesillo soltaron
(Es ms graciosol
el
al fn:
reir.
lo
Divertidsimo!
Quin, Manuelito?
Manuelito es un
cuento...
No,
necio.
Ah! es aquel que
Un imbcil; yo nunca hice caso.
Figrate que
santo de
novia que
nia,
el
t...
le
antier, el
ahora
la
tiene...
Una
Una
Cleofe Nez...
tal
fulana
de
la
calle
San Jos
ayud
Amelia.
...y
le
mand de
termin
la
primera.
No
le
veo
la
regalo un prendedor
gracia tu cuento, chica
ob-
serv Josefina.
Vers
el
prendedor era una P de oro, y
padre, que es medio bruto, lo corri de la
...
el
casa.
De
la carcajada dbil de Carmen Teresa, hasms violenta de las Montesillo, corra la convulsiva risa de Josefina.
Los viejos volvironse risueos, con el frescor
ta la
JOS RAFAEL POCATERRA
54
qu e dan
al
rostro
de
los
padres
If
s alegras
juve-
niles.
Qu divertidasl
Feliz edad suspir misia Justina sobndose
la rabadilla.
Moran
ltimas risas en sollozos sbitos
las
retrocesos
la hilaridad,
cuando, sombrero en
mano, don Cruz se despeda:
Vaya, pues. Esto ya va largo. Me llevo las
muchachas; aunque ya nosotros somos gente al
agua, misia Justina. A m me gusta mucho la lin-
terna mgica.
El cinematgrafo, pap.
Bueno,
el
tereque ese. Miren que esos mu-
sas saben! Usted
as
como
no
lo
como
usted y
ha visto? Sale
yo, caminan,
la
gente
comen,
y,
con perdn sea dicho, hasta hacen necesarias
delante de uno.
Pap, por Diosl
Las cosas de pap!
Pero aquello dio que reir. Misia Justina no ha-
de don Cruz, que era tan
de lo que sabe
manifest mucha complacencia
llaba mal
sencilleces
bueno. El
insista
"esa gente".
en su elogio
en llevar las muchachas divertirse.
Eso es muy barato y uno goza. Pero esas
representaciones de tteres y reyes, no embro"
men! Yo gozo con las muchachas.
Finita no quera
tedes...
ir,
pero por tratarse de us-
EL DOCTOR BEB
55
Muchas gracias.
Y estas
con
mas que se quieren tanto unas
hijas
otras.
As debe de
cuando pelean.
ser.
la
Lo que yo les diga stas
madre lo mismo; miren
misia Justina y sus hijas:
all
no se oye nunca
un alboroto, esa es educacin.
Pero cualquiera creera que nosotras...
Ya lo creo si me cuestan un sentido: que
las monjas de Curasao; para casa de las monjas
de Curasao, que la madre de don Simn, para
la madie de don Simn; que las clases de
pintura... no me diga! Antes uno daba el Catn y
el Fleury, saba poner su nombre, se jaguaba la
boca y se baaba todos los domingos.
Pues Finita cort misia Justina viendo el
azoramiento de las muchachas tiene mucho gusto en ir; ella no quera y que porque le daba
pena con usted la frecuencia de las invitaciones.
Porque estas muchachas mas son asl Penosas...
Pero por fin yo me empe y Bella tambin.
Nadie se haba acordado de ella, y entonces
casa de
preguntaron una:
Dnde est?
Fu hora
la
de
la
adoracin.
No
falta
nunca.
La pobre...
A Carmen no
que
ella
Luisa,
no va
la
invitamos porque sabemos
dijo con carcter de excusa Ana
JOS RAFAEL POCATERRA
56
Se despidieron por turnos. Don Cruz repiti
l tena mucho gusto y ech abajo la repisa
que
al
coger su sombrero.
de nuevo besos.
Estallaron
Adis, negra.
Ado.
Muchas cosas por
Del mismo modo.
no
Salieron,
espejo de
all.
sin antes darse
Que se diviertan
por
el
De
postigo de
pronto
Oye,
un vistazo en
el
consola.
la
las
la
les grit
Carmen Teresa
ventana.
detuvo:
Finita.
Esta se devolvi disgustada.
Una vez
cerca,
aqulla le advirti media voz:
Llevas
la
manera
abierta.
Las Montesillo y su pap se impacientaban.
iVlgame Dios, otra parada!
Qu
jQu moneras!
Quin tiene culpa?
Quin va tener? T que
fastidio!
la
la
vitar
gente
Toda
la
te
pones
in-
cursi.
tarde fu de ventana.
Se tocaron
val-
de Daz Pea, cuatro manos. Despus de comida don Cruz las llev al teatro,
ses criollos
no antes de cerciorarse
si
el
programa era mo-
EL DOCTOR BEBE
57
Pero se trataba de La Pasin del Seor'
La seora Montesillo supo que algunas veces
salan en las vistas cosas indecentes: una mujer
ral...
bandose, dos enamorados
sin
miramientos...
Advirtiles desde su severidad que
malas las vistas, podan
ir.
Para
ella la
no eran
si
moral era
comprendan y podan
fe de lo cuidadosamente que tapaba algunos
desnudos en los cromos, expurgaba los peridicos antes de que los leyeran y no permita libros
de cierta ndole en su casa. Algunos eclesisticos, entre ellos el padre Bentez, tenan gran inlo
primero; sus hijas
asi lo
dar
fluencia en la familia.
Como Cruz
era tan des-
cuidado!
Por lnea materna misia Ana Josefa era Rodrguez Prez; los Rodrguez Prez en
tres
genera-
ciones representaban una familia de Baruta, gentes
muy
distinguidas en aquella sociedad.
casado con Montesillo, algo inferior
cierto,
pero por otra parte un sujeto
Haba
ella,
es
muy hono-
de buenas costumbres. Ella educaba sus hijas lo Rodrguez Prez: Religin y
Gente Decente. A la casa de Rodrguez Prez
no entraba todo el mundo: de ah que no aceptara con mucho agrado algunas personas con
quienes por deberes sociales tena que codearse.
Usaba timbre, y en un cuadrito la entrada
lease: "Dios bendiga este hogar", bordado por
las nias cuando se estaban educando.
rable, agricultor
JOS RAFAEL POCATERRA
58
Oye,
ese
Vulvete con disimulo de
es...
aqu un momentico.
Josefina,
entre arabas Montesillo, desde una
butaca volvise hacia
ba cuatro hombres.
el
De
palco presidencial: hadistintas fisonomas,
obstante, todos cuatro tenan el
mismo
aire
no
im-
bcil.
Cul?...
El de
la
derecha
tuya...
Ese?
Del patio muchos le contemplaban. Era ms
divertido que el cinematgrafo. Tras el joven
magistrado algunos no menos jvenes se inclinaban galantes como tras un escote... En ese momento, la mirada del presidente se detuvo en
localidad, djole algo y
compaero de
entonces ambos tornaron
mirarla. Era con
Baj los ojos.
ella.
Inclinse ste un punto su
ella.
Ana
Luisa
decales no s qu; ella, para poder fruncir gra-
ciosamente los labios y abrir mucho los ojos en
mirada ingenua hacia el proscenio, contestaba
sin sentido...
Con
el rabillo del
ojo observ que
no dejaba de verla, y dos tres veces habl
de nuevo al otro.
Al apagarse las luces, vagamente perciba la
l
mirada del doctor Beb.
No
era tan feo: un bi-
gotico bien cuidado ornaba su labio, tena buen
y busc algunos parecidos en las figuras
que desfilaban por el teln... Uno de los sayones
que entre las rechiflas de galera aporreaba
color...
EL
Nuestro Seor en
DOCTOR BEB
la pelcula
59
de La Pasin era
exacto Guillermo. Slo que no llevaba lentes,
y en vez del sombrero de
Panam tocbase con
un casco romano. La pelcula contristaba
nimos: un Jess flaco
como un
arenque, atado
columna, reciba latigazos imitados
la
los
tras la tela
con golpes dados en un cajn. La sonoridad de
carnes de Nuestro Seor causaba profunda lstima y pona odios en aquellos corazones cristianos... Algunas lgrimas acudieron los ojos de
las
mujeres.
Ay, chica, pobrecito; mira cmo
le
dan!
Mira, chica, ya se cay.
Pero Josefina senta una angustia mortal de
ver Guillermo entre los sayones, quienes de
chiquita rompa los rostros en la Historia Sagrada...
Un rumor de
sadismo de
las
distintas
modalidades acusaba
el
multitudes ante aquellos suplicios
grotescos y las contorsiones con que el yanqui
que haca de Jess apareca en las terrazas del
Pretorio.
De
un golpe, por sobre
tradicin, pasaba por
la
calle
de
la historia
la
la
Amargura, se
daba
tres cadas, desfilaban las piadosas mujeres,
por
ltimo le enclavaban la cruz, le propiy
naban la esponja, le daban un lanzazo, se mora,
y surgiendo luego en apoteosis complicada sobre
nubes de algodn absorbente, suba al seno del
Padre,
como
se nos dice en la antigua exgesis.
El pblico, emocionado, aplauda.
6o
JOS RAFAEL POC ATERRA
Aquella impresin se borraba con otras cosas
que vengan su pap", "escenas cmicas de hombres en
chistosas: "perros inteligentes'*, "nios
pantaloncillos".
La proverbial orquesta atacaba los valses en
moda: Siempre invicto, Copey, Quin paga el
palo?...
Don Cruz fumaba
en
Las tres
el pasillo.
mu-
chachas paseaban de brazo.
Viste? Es mismo de ayer tarde.
Nia, horas en esquinal
el
tres
la
Tan antiptico.
Pero,
jqu
hija,
Es una
sombrero
el
de
Beatricita!
torta.
No tendr otro.
De veras. A
de
Mira cmo
Quin?
Te haces
La pobre
Adis...
Ado... contestaron desde
falta
pan...
te ve-..
t la tonta!
Elisa.
el
fondo de un
palco.
Mozalbetes rizados recostbanse
las
baran-
tomando posturas de retrato, con
postizo de nfasis amanerado que tienen
das, al paso,
ese aire
los elegantes
de provincia. Tras
ellos
un poeta
grasicnto asombase para despreciar el pas.
Ya con se van
(Tres!...
tres...
EL DOCTOR BEB
Es decir, de
la
6l
ltima estacin, porque ya
est madura.
Pero, nia, ese vestido de punticos es como
aquello que cuentan de
la
tnica de Nuestro
Seor.
Desde que
Dicen que
Y
la
conozco...
por eso se cansan.
que escupe uno cuando
los novios
misia Rita
habla.
no enjfancha
me parece!
Mira,
Otra vez.
No sean
|Vaya, presidenta! Te das ya humos...
Oye, una escuela de corte y costura para m
Para de corte nada
Si
ste...
chica...
tontas!
la
ms...
ti,
Dejemos
que cosan las Melindres... Chica,
]qu tamaos! Han engordado lo largo.
A Joaquincito Ruda cuando se case le van
tener que poner escaleras...
O vivir en casa de alto. Ella en los bajos.
Y las dos tas en el entresuelo.
Pobres... son muy buenas!
Bonsimas. Y que gustaron
ca versos Patricio Garca
mucho. Les hacuando "La Primera
Piedra".
Mira...
y qu mirada!
Pero Josefina, mortificadsima, haba visto
Guillermo en galera. Una desilusin! Su
tena razn: un... cualquiera! Las
de aquellas miradas se
le
mam
bromas despus
metan cabeza adentro.
JOS RAFAEL POC ATERRA
02
Con optimismo de veinte aos dio por hecha la
conquista... Un tropel de cosas confusas, como
una red de caminos un mismo punto, llevbanla
por vas sentimentales, sociales y prcticas haY no vio Los perros contraban-
cia aquel palco.
El corazn gobierna la cabeza; slo advirti, por las carcajadas de don Cruz, detalles
fugaces de Los percances de Estefana: una infeliz quien un dirigible arranca las enaguas en
distas ni
plena
calle.
A la salida, rodeado de sus amigos y empleados (todava no exista el Himno eucarstico de
Carabobo), el doctor Beb esperaba al pie de la
escalera. Desfilaron algunas familias.
de edad, gordsima, temiendo
el
Una seora
tropel,
sali
adelante cojeando de una manera lamentable.
precedan dos nias flacas y tristes.
Al pasar Josefina entre las Montesillo, stas
dieron con
el codo... Ella
Beb
Le
le
sonri ruborizada.
sombrero cortsmente.
Todava en la calle, sac la cabeza del coche
para verla marcharse y ella se volvi dos tres
veces para hablar don Cruz.
En la esquina del Colegio Nacional hall
Guillermo. Pas sin darle las buenas noches. Se
l doctor
alz su
acord del sayn barrigudo con tnica plegada
hasta las rodillas.
Lo encontr
ridculo.
Al siguiente da cuando lo vio venir se quit
la ventana. Por la noche, l pas corriendo un
trueno con dos mujeres, cantando aquello de
de
EL
DOCTOR BEBE
"Costas
las
63
de Levante...
playas las de Lloret".
El coche de
por
las tardes.
Beb comenz
Los vecinos
vandera que viva en
la
recorrer la calle
lo notaron.
cochera de
la
Una
la-
esquina, y
con quien Guillermo llevaba relaciones, le insinu algo. Este le dirigi entonces una carta lla-
mndola "prfida" y ella le contest devolvindole un montn de cartas y papelitos, el retrato
y varios pelos pegados en una tarjeta. A los pocos das El Cronista^ en la seccin "Remitidos",
publicaba un soneto firmado X Z y dedicado "A
una ingrata".
Como
el
nuevo Gobierno tena ya diez das de
grupo de comerciantes quebrados
existencia, el
de
ga,
arribistas
cuya cabeza mantenase Goena-
por especial aptitud, se haba insinuado coel saludo de deber al magistrado;
menzando por
obligadas en fuerza de la
que es necesario asegurar
"para que no se metan con uno"; y merced pretextos ms menos lcitos, la reunin casual, en-
seguanse
las visitas
situacin comercial
tre
algunos ntimos,
las
cosas "en confianza" y
puramente familiares. Casi ninguno de los patanes que se allegan posiciones polticas resiste
al encanto de sobar cojines y de hablar con nias decentes. Cmo,
de quien
cmo
rehusar
al
atractivo
seora y sus hijas, les
enciende ms luces en su obse-
les presenta su
recibe en su sala,
quio y les pone delante una sonrisa y un amable
gesto de complacencia!... La ms burda psicolo-
puede darnos dea del intenso placer con
que han de verse cristalizados, en mujeres her-
ga
EL DOCTOR BEB
65
mosas, antes imposibles, y en caballeros galanantes desdeosos,
tes,
de
de
la
choza, de
la
los
sueos calenturientos
barriada lejana de en
medio
la calle.
En aquel especie de palenque que cada nuevo orden de cosas se abre en Valencia y en cuya
liza se va consumiendo el decoro de antao, las
Montesillo llevronse
el trofeo,
lo instalaron
en
de su sala, bajo el retrato que don
Juan Antonio Michelena hiciera del abuelo Prez
Estropajosa; le dieron de almorzar, le agasajaron
el
mejor
sitio
de todas suertes y misia Ana Josefa logr, instancias del padre Bentez, un decreto de Fomento disponiendo mil bolvares para la capilla de
San Benedicto, que, decir de la seora, era un
santo como de la familia.
Don Cruz no tuvo reparo en ofrecer dos
tres reuniones y asistir con las muchachas un
baile,
una comida, un paseo
Despus
la
la
Laguna...
atmsfera ntima se condens en ex-
pansivas visitas y en extender sus simpatas amistosas por las relaciones de aquella familia quien
Beb deba ya
tantos servicios...
Eran habituales
casa para
de
la
las
las
peregrinaciones que de su
Montesillo emprendan misia
Justina y sus hijas. Josefina, particularmente, se
pasaba das enteros con sus amigas. Beb demostraba algn inters por ella, y querindole
hacer grata
que
la casa,
se
la
les tocara guitarra.
mandaban
buscar para
Aquello llevaba buen
5
JOS RAFAEL POCATERRA
66
camino; sin embargo, todava
muy vagamente,
pareca que Isolina Montesillo tambin le haca
buena sangre. Ambas se hallaban en ese perodo
en que, estando enamoradas de un mismo hombre,
cmense besos sin saber por qu. Pero misia
Justina, que era una madre prudente, se enferm
del hgado, determinando la fugaz escena en que
los carios
entre
careta de "afecto"
hombre y mujer
se quitan la
para convertirse en lo que
verdaderamente son. Viene luego
palabra in-
la
coherente, penosamente arrastrada.
as
vino
la
de Beb en una de esas aburri-
das reuniones de cerveza nacional y dulce de
higos donde se dicen tonteras, se pierden dos
de sueo y que se caracterizan con
Muy bonita la fiesteaquel resumen piadoso:
tres horas
cita,
muy
sencilla.
As, sencillamente,
frases
entrecortadas,
Beb
redact, despus
piropos
de
su
de
tierra...
Desde que la viera en el teatro... "Se acordaba ella?... Ciertamente, l no supo qu
daban.
De veras?
Y tan de
suspir colocando con
manos en
tacto blando
La Pasin del Seor.
Y ma torn decir con voz suavsima.
Es usted apasionado?
Desde esa noche...
No
veras!...
las
la
lo era.
Sin duda
la pelcula...
las rodillas.
EL DOCTOR BEB
Qu mejor
pelcula!...
&]
(Aqu se cort: com-
prendi que haba dicho una necedad.)
Cmo deca?
No... que... usted, t, slo t tenas
mi aten-
cin.
De veras?
Pavorosamente cursi se desliz aquel dilo^fo.
Las muchachas bromeaban de lejos. Isolina tuvo
una
aleg'ra sbita,
y con
el
extempornea, mal simulada,
esfuerzo le dolieron las muelas. Pepito,
nerviossimo,
entre una
ta
al
de
lado de su novia. Misia Justina,
las
Melindre, que sufra de sor-
dera, y la seora Montesillo,
do muy
seria,
que se haba queda-
pona en aquel sof distante donde
su hija hablaba con Beb, los cinco sentidos y
las tres potencias; en mientes ofreca un fuerte
pan de San Antonio.
al acompaarles Beb hasta la
puerta, se empe en que aceptaran su coche.
Carmen Teresa sufra una ligera tos. Haba sereno. Por un momento, ante la victoria presidencial,
para
el
Esa noche,
vacilaron. Josefina acogi gozosa tal idea, pero
Pepito dio un codazo Carmen Teresa y ella y
mam se opusieron.
su
No, doctor; muchsimas gracias por
cin. Es cerca.
Iremos
pie...
la
aten-
Pepe nos acom-
paa.
En ese caso, de ningn modo... l tambin
ira!
coche.
luego de
insistir
nuevamente despidi su
JOS RAFAEL POCATERRA
68
Hasta su casa
las
Josefna, dicindole
condujo. Iba adelante con
una vez ms cuanto ya
le di-
de las Montesillo. Pero ahora
nimo ms ligero, y ella, apoyada en su
brazo, pareca abandonarse en aquel aire de sentimentalismo y de medias palabras: "... los hombres eran ingratos..." "... no haba felicidad en
jera en la sala
senta el
este mundo..."
Las estrellas
daban una
altas y brillantes
metlica las calles desiertas. Algunos perros
draban en los portones.
gallos cantaban
"...
No
De tiempo
luz
la-
en tiempo los
prolongando su canto muy
lejos.
todos... algunos resisten y se consu-
men por una
pasin nica que acaba primero con
con
las ilusiones y despus
de Prez Escrich le
Al bajar una acera l
frase
la vida..."
Aquella
sali bastante bien.
la sinti casi
encima,
causa de cierto tropezn... Sonrieron.
Qu aceras, Dios mo!
Se compondrn repuso con
Un poco
alejados,
rumoraban
suficiencia.
atrs misia Jus-
Pepito y Carmen Teresa. Entonces, faltando apenas dos cuadras para llegar, ella suspir:
tina,
-Ya...
l,
apretndole
el
brazo,
como en un mo-
mento de fiebre, le dijo ternuras confusas; frases
hechas que el deseo sacuda como un len entre
peridicos, inclinndose mucho, bes la mano
que se apoyaba en su antebrazo. Ella la retir
prontamente. Estaban frente
la casa.
EL DOCTOR BEB
Qu corto
el
camino!
69
exclam
con voz
grotesca.
As es
amor de
el
los
hombres
suspir
de
nuevo envolvindole en una mirada hmeda.
Beb regres con Pepito. Se mostr
tan con-
tento esa noche, que apendole el tratamiento
comenz
Habl
tutearle...
del porvenir
de
se interesaba por ellos.
tud: su
amor
siempre
los jvenes., l
Castro tena una gran vir-
la juventud...
Largamente disert
acerca del elemento joveriy del hogar, de
la ins-
econmica en que se vive. Haca su
autobiografa... todo lo deba esfuerzos protabilidad
pios...
Algo afectuoso germinaba en aquellas frases
que Pepito recoga con aquiescencia de monoslabos. Despus dej entreverle que pensaba hacer algunos cambios en las oficinas, y quiz lo
mejorara...
Bueno, chico, hasta maana.
Hasta maana, mi doctor.
Y
con un regocijo inmenso en
el
alma, el ci-
garro en
la boca, y el paso acelerado de un cazador de fortuna, se alej calle abajo, la luz
metlica de las estrellas.
Un mes ms
pacho de
la
tarde Pepito fu llamado
Secretara general.
Como
al
des-
de cos-
tumbre, crey que se trataba de hacer alguna
JOS RAFAEL POCATERRA
nota indicacin; sin embargo, entr algo inquieto.
Lo he mandado llamar comenz Beb,
pasando con l hacia el juego de sillones que en
un extremo del saln han desteido ios traseros
polticos de la parroquia
para hablarle seriamente de un asunto en el cual quiero inmiscuir-
me, y quiero inmiscuirme en provecho suyo...
suyo y de los de su casa.
Yo agradezco mucho se atrevi inte misia Justina me ha dicho...
De eso iba precisamente hablarte voz
le
rrumpir
la
presidencial, suavizndose,
llegaba
al
tono del
tuteo.
En aquel momento, Pedro, como una sombra
fatdica, dijo
desde
la
puerta:
Aqu est Lpez.
Ah que pase inmediatamente... y
Beb,
al encuentro de un homde aspecto menguado, que anda-
alzndose de sbito, fu
brecito barroso,
ba como sobre algodones.
A sus rdenes, doctor dijo con acento sumiso.
En un ngulo del despacho hablaron mucho
por lo que acababa de or,
trataba de explicarse aquel exordio.
rato. Pepito, intrigado
De
pronto se alz desptica
la
voz del presi-
dente:
Es eso, jno saben sino coger
repreientan
el
puesto
ni sirven
el sueldo!...
para nada!
no
EL DOCTOR BEBE
Pero
la
mujer...
balbuceaba
el
emplea-
ducho.
No, no, yo estoy mejor informado de
lo
usted se figural yo s todo lo que pasa en
la
pblica y no voy saber lo
San
que
Reque usted hace en
BlasI
Pero mujer...
No me diga ms nada.
Pero mujer... gagueaba
Le repito que una palabra msl A ver
la
el infeliz.
la
ni
dijo volvindose Pepito.
Este se alz
como movido por
Llame usted
y dgale
or
al
y design
el
resorte.
Jefatura civil
de San Blas
general Picdrahita que destituya
al
hombrecito
nombre secretario...
Se detuvo. Pens
zando
la
sin verlo
hizo un gesto
al
se-
que
vago apla-
telefonema. Luego, con aire imperativo,
despidi
al
destituido.
Hemos terminado.
Lvido, retrocediendo
puerta, el pobre
de espaldas hasta
hombre hizo una
la
cortesa abyec-
ta y sali.
Miren
hombre! le doy el cargo, le aumenperdono dos tres vagabunderas, va y se saca una muchacha de una casa de
familia respetable! Un gran bribn! Y yo le tenal
to el sueldo, le
go dicho mis empleados:
la
primera condicin,
moralidad.
Pepito tembl. Aquella maldita Miso era tan
JOS RAFAEL POCATERRA
72
escandalosa... Pero volvi tranquilizarse cuan-
do Beb,
apoy con
tras
la
algunas consideraciones que l
doctrina de "qu hora es?
usted quiera", abord de nuevo
la
que
interrumpida
la
conversacin:
Bien, yo voy depurar esto y demarc un
permetro he pensado nombrarlo usted di;
rector
de
aumentar
Seccin de Estadstica, y le voy
sueldofslo que, como en el presu-
la
el
puesto figuran cuatrocientos bolvares, yo
dar
le
doscientos ms por otro respecto.
Por otro respecto! Por otro respecto
ascen-
de aquel modo... Tena la confianza de Beb.
Cada da, prdigamente, las Belzares reciban
da
atenciones de ste, que Pepito agradeca, solidario
con
la familia
como "ms
viejo en la casa".
Ahora aquella proteccin se extenda hasta
l,
y de qu modol Ya no era la Escuela de corte
y costura para Bella, la inspectora de Escuelas
para misia Justina, y
la
solitario para Josefina
pulsera, la
Carmen
cadena y
Teresa...
el
Tam-
onda de bienestar. Refieren algunos viajeros que en la pampa argentina veces sopla cierto aire que exacerba el
sistema nervioso; en Venezuela cuando "sopla
brisa" las gentes le toman al favorecido un caribin hasta
llegaba
la
o sbito y entraable.
ellos les
saludo era ms expresivo, llovanle
soplaba: el
las invitacio-
nes para toda suerte de actos y el nombre de
Belzares ocupaba sitio primero en la "lista de
las
las
EL DOCTOR BEB
73
damas que concurrieron". Tambin hasta l, adems del afecto de muchos amigos y del aprecio
de todo el mundo, llegaba una direccin con su
carpeta y un subalterno a quien dar con voz imperiosa las rdenes tantas veces recibidas. Estar
arriba: coche, dinero,
unos cuantos,
Miso
la
diversiones, despreciar
ira
emburrar caas. Es-
la troje donde
duermen las gallinas, que las que estn encima...
Beb sigui con acento suave, con modales
tar arriba:
popular fbula de
la
persuasivos:
Tambin,
sonriendo
sera
y esto ac en confianza agreg
meretriz
crees que
, no
como una
bueno pensar en casarte?
Pepito pensaba en lo de
las gallinas.
Con voz meliflua contest vagamente:
S, cmo nol Yo no pienso en otra
cosa.
Esa
quiere,
muchacha tan virtuosa, tanto que lo
la misma familia tan buena, esa es una
gente inmejorable.
Pero es
Mire, Pepito, esa gente es muy buena. Ninque...
guno como usted
lo sabe.
Yo
deseo ayudarlas de
todos modos, y naturalmente, usted tambin,
que adems es buen amigo mo; yo no quiero
que, por falta de unos centavos, eso no se haga.
Eso no era
as,
como
si
dijramos,
pero Pepito, adormecido por
la
muy
grato;
voz insinuante de
aquel hombre quien vea adorable entre su flux
de casimir
claro,
seducido por un magistrado tan
JOS RAFAEL POCATERRA
74
de almbar, habl fogosamente de su amor
por Carmen Teresa, de lo que ella era para l, de
lo caro que salen los muebles, d lo "virtuosas
que son esas muchachas", de sus pocos medios...
lleno
Por
medios no se preocupe.
los
No, que iba l preocuparse por los gastos,
tratndose de un
Con
hombre como
el
doctor!
sensualidades veladas uno, casi enterneci-
do
el otro, hablaron de aquel enlace y consideraron algunas ideas generales acerca de la nece-
sidad de tomar estado, sobre todo cierta edad
en que ya
el
hombre
necesita de los goces puros
del matrimonio.
Beb con tono enigmtico
tambin pensaba... Eso
le
dej entrever que
ira con calma,
que en el marido concurran
muchas condiciones de que yo carezco.
La tranquilidad afirm Pepito...
l
s,
se
deca; se requiere
Las Belzares, radiantes, supironlo esa misma
muy tarde, en camisa, sentadas en
borde de las camas, comentaron la noticia.
Indudablemente que la Divina Providencia haba
noche. Hasta
el
tomado cartas en el asunto. No lo estaba diciendo todo lo que ocurra como por encanto? Las
amistades aumentaron en nmero y en afectos.
Josefina
la
idolatraban sus amiguitas. Era un
ngel, un ngel cado del ciclo en plena calle del
Mercado, compartiendo
al
lado de
Beb
el culto
EL DOCTOR BEB
75
que Carabobo renda su joven magistrado. Larga hilera de coches desfilaba por la avenida, entre una polvareda, bajo el alegre sol de los domingos. El lbum de recortes y calcomanas fu
sustituido por otro en que se lean versos de Valds Pacheco, aforismos del doctor Antoln Reyes
y unas "Emociones de Biscuit" por Crquer Garca.
No
se trataban con las Montesillo: notaran
cierta reserva en aquellas "ridiculas",
Josefina.
como
Verd, recibido por dos veces en
rredor, tuvo bien ausentarse,
no
deca
el
co-
sin antes decir
una irona tremenda que por fortuna nadie entendi. Misia Justina
para reemplazar
el
compr una gorra marrn
solideo que haba coronado
desde el 86 su viudez autntica. Dieron bailecitos con mermelada y entre ambos novios se costeaba
la
cerveza.
La madre de Pepito preparaba una mistela deliciosa, que Beb tena la pena de no saborear
causa de sus frecuentes irritaciones intestinales.
Aquel enamoramiento comentbalo
la
socie-
dad, y pona envidiosos los otros empleados
que tenan muchachas buenas mozas en su fami-
cuando de medioda la sirviente se presentaba la oficina presidencial portando una jarra de
guanabanada caratillo de arroz con su rajita de
lia,
canela; entre la servilleta, un
papelito rogaba:
"Mi negro, no dejes tu amor esperando como
anoche", bien: "Dime cmo sigues del estoma-
JOS RAFAEL POCATERRA
76
go; yo estoy
muy
triste;
mndame
otra jarra
la
que est all."
Suavemente, la luz de l pantalla donde Bella
bordaba, un sueecillo abata de tiempo en tiempo la cabeza de la mam, balo el cromo de "Los
diferentes estados de la edad del hombre"; las
muchachas conversaban con sus novios en los extremos de la sata, la delicia de una media luz
que pona sombras movibles en el empapelado.
Peridicamente, el hgado de misia Justina
tena la benevolencia de afectarse. Bella asista
entonces los coloquios, pero los novios sentan
una sed abrasadora y la servicial muchacha iba
en busca de sendos vasos de agua.
Prximo
el
matrimonio de Carmen Teresa, no
era preciso aquella intransigente vigilancia, y
tra-
tndose de Beb, su reputacin circunspecta
ale-
jaba toda prevencin.
Ese es un caballero deca misia Justina enque
cortaban
voz Ese es un
tre eructos
caballero;
me
le
la
hace recordar Belzares.
As, que aquel noviazgo asilado en la ventana
de celosa pareca presidir el bienestar de la familia. Tena algo de paternal. Las hermanas de
Josefina llamaban familiarmente Beb cua. Era
un apodo de lo ms comprometedor.
T no me quieres tanto como dices suspiraba Josefina de manos cocidas.
Te adoro.
Si me adoras, por qu me exiges eso?...
EL DOCTOR BEB
77
Pues.. .porque te quiero mucho... muchsimo.
Oye, qu tienes? No confas en m? Crees que
sera capaz de engaarte?
No, mi amor; pero quin sabe... responda
con un mohn.
Entonces l se inclinaba: tras el abanico, uno
de esos besos glotones que estrujan
una sus bocas, y
como
los
labios
el tinajero estaba lejos
Bella se demoraba, aquel beso, venciendo dbiles resistencias,
bajaba por
brazos desde
punta de los dedos:
la
compra carne,
se
aqu...
el cuello, recorra los
"...
aqu, ni aqu, ni
ni
tampoco; pero
aqu no
aqu, ni
aqu... si".
era una cosquilla tremenda.
Con
sus caricias
inocentes hacan golpear en veces los batientes
de
la
ventana, y se quedaban entonces perplejos,
exclamaba
asustados,
jHace un
Bajo
el
con voz grotesca:
calor...!
corpino, el corazn de Josefina saltaba.
Las manos pequeitas y gordas se cruzaban sobre
el pecho:
En
la
boca no ms, mi amor; en
la
boca
no ms.
Pero, Dios mol
Cmo
contener aquella ola
de ternura que turbaba sus sentidos y que pona
en sus miembros un perezoso abandono. Sin
darse cuenta negaba los labios para otorgar
luego mucho ms, y desfalleca plida, con los
ojos cerrados, rodendolo con sus brazos y suplicndole:
JOS RAF/EL POCATERRA
78
Ayl No,
mi bien; sultame, negrito, sul-
tame.
En
los das inmediatos al
hermana,
alas.
matrimonio de su
apasionamiento de Josefina cobr
el
Aquellos aprestos de ropa blanca, aquel
de Carmen Teresa, cuyos ojos se
humedecan menudo, toda la atmsfera sensual
de las bodas, le llenaba la imaginacin de ternuras locas, en abandonos pudorosos... la envidia
de las amigas... el rumor ds los coches... las flores... el dulce misterio que envuelve las desposadas y que poetisa las mismas mquinas de Singer: la felicidad! Esa felicidad que llena de
esperanzas las doncellas y cuyo culto no exaire lnguido
tingue
ni
las
primeras canas
ni las ltimas
pa-
siones.
Por acaso, un
de medicina cado en sus
manos, cierta reticencia de las novelas, aquel
algo misterioso de los cuentos de infancia y toda
la sabidura de la escuela, evocbanle cosas agradablemente extraas, con las formas inmediatas;
libro
despus de aquellas caricias en lentas meditaciones forjaba escenas de abandono, estrechando las
almohadas, mordiendo
las
sbanas; sus ojos se
inundaban de lgrimas que corran por su ardorosa piel.
Comenz
bordar
de un
figurn el dibujo
de
un gentil cazador, pero cierta puntada convirti
la
escopeta en una escoba. Rabi.
Rompi
la la-
bor. Pas un da contrariadsima; para mayor
EL DOCTOR BEBE
fastidio,
todo
el
una
visita
que se fu
de una
donde llamaba
carta
de reproches
la
la
ella el vestido
Tuvo jaqueca. Por
la
msa de nueve
ella le
Pero,
encantaba
nia, y eso
el
esto,
de moticas. Era honoche le declar que
lo odiaba, le hall ridicula la corbata y
que
en
cruel y sin
santuario de Mara Auxiliadora.
estrenndose
rrible.
retuvo
tristsimos
Beb "monstruo
entraas* por no haber ido
el
cinco
medioda, interrumpiendo los primeros
prrafos
en
las
79
confes
mocho Hernndez.
qu es?
deca
asom-
brado.
Esol Eso es que
no
no
usted
me
quiero ver ms, que usted es
lo
quiero ya.
Y destroz
que
que yo
es odioso,
lo
un...
un abanico.
Contra su costumbre. Beb
falt tres
noches
Era seis de Julio y el matrimonio de
Pepito estaba fijado para el diez y seis, da del
Carmen. Pero esa tarde, bajo la jarra del carala visita.
tortuosa y atrabiliaria de Josefina
peda un perdn tan melanclico, tan sumiso,
tillo, la letra
que Beb
sonri...
Era,
indudablemente, un se-
ductor.
En aquel momento entraba Pepito con
varios
paquetes.
Oye
le dijo
Beb chasqueando
la
lengua
para extraerse de las muelas una hilacha de gfua-
nbana
que
como con cunto
te falta?
tendrs t para lo
JOS RAFAEL POC ATERRA
8o
Metiendo en
la
cuenta
el
cura y los san-
dwiches?
con todo repuso despus de sacarse con
molesta incrustacin.
Unos...
mir
techo un
de
y
S,
el pulgar y el ndice aquella
rato
al
pronto,
como
resolvindose
dijo,
con seiscientos
tengo!
Pesos? preguntle alarmado Beb.
No, bolvares.
Ah! Entonces dle
Luis que te extienda
eso en tres resoluciones: dos cargo de Fomento
y otra para una comisin del servicio, y te vienes para que me acompaes ver los trabajos del
Morro.
Detvose un punto reflexionando, y agreg:
Mira, no; mejor es que figure en Fomento
otra tambin;
como
la
eso hay que publicarlo... Po-
nes un telegrama para El Constitucional^
mismo Gumersindo. Duque
dir-
puede
escribir, participando que se han erogado seiscientos bolvares para el Fomento y tal. T sabes
cmo es. Ah! no te olvides decir algo del
hombre.
Bueno, bueno; un palo de telegramal
Volvise guiando el ojo desde la puerta.
Se resolvi por fin la chica de Las Cocui
geselo
al
te lo
citas?
No;
todava est con que ella es una mucha-
cha honrada y que slo
con una sonrisa cnica.
la
necesidad...
repuso
EL DOCTOR BEB
Ah, caramba, doctor. De esa
8
cabulla tengo
rollo. Mire: una vez enamoraba yo una
muchacha de buena familia, pero venida menos;
(estaba admirado de lo virtuosa que era! Murindose de hambre, que no hay boca ms elocuente
que la boca del estmag-o, mire que yo le daba,
la instaba de todos modos, hasta le ofrec ca-
yo un
sarme... Nadal Era
una piedra!
ver las piernas, hasta que por
de aquella
virtud.
Cul era?
Que tena
el
tnico rotol
No
fin
di
se dejaba ni
con
la
causa
VI
Vivieron los primeros meses de matrimonio en
una pequea quinta de Camoruco Viejo, medio
oculta entre guamos, dos cuadras del ro, donde
se oa ciertas horas
motoras que cruzan
el
trueno lejano de
las loco-
la va all abajo.
de muebles de mimmedioda y veladas leyendo los
peridicos de Caracas que l traa todas las tar-
Una modesta
existencia
bre, cocktail al
des de
la oficina.
El cielo, infinitamente lmpido, recortado por
que como una ola de piedra azul deslas alturas de Brbula abriendo
paso un aire impregnado de sales; la fresca visin de las vegas del ro; la inmvil actitud de los
rboles; los caminos de tierra muy roja por entre
los cerros
cienden desde
herbazales
muy
verdes, y aquella dulce paz
de
noches de luna que pone blancos los senderos y negros los matorrales como en un panorama fotogrfico; todo ese vago encanto de los
las
temperamentos urbanos, entre rboles
altos
EL DOCTOR BEB
agua
despertados
fresca,
la
repique matutino de
por
el
dan
lejos,
adormeci
tierno y reservado
de
los
la
vida de
de
ciudad
que queprimeros das el amor
luna de miel.
Algunas veces, ya en
el aire los
la
las iglesias
las
ltimas faces
cuarto menguante, se reunan en
mar
83
la familia.
el
del
corredor to-
Josefina casi siempre
estaba con su hermana casada. Bella bordaba en
su casa pensando en Verd. Misia Justina conti-
nuaba mal del hgado. Templaron el viejsimo
Pleyel. Finita al principio moli el instrumento,
pero prefera estar en Camoruco, gozando las
apacibles siestas, bandose en el ro, comiendo
mangos, pudiendo pasear sin cors, entonando
con
los ojos
entrecerrados, en la reunin de
milia, al lado
En
que
de su novio, canciones
estas soledades
me
recuerdan, que
me
recuerdan...
y aquel recuerdo se distenda en
la
fa-
alusivas:
guitarra con
adormecedora
el
bordoneo de
lentitud.
Mediaba Agosto. Un viento persistente comenzaba batir los ceibos; los ltimos aguaceros lavaban el polvo de las hojas y encharcaban
los caminos.
msica de una serenata llevada para Beb improvis un baile casi de familia
hasta muy tarde. En la madrugada, los compases
Cierta noche,
de un
hacia
la
vals anunciaron
la
que
la
msica se alejaba
ciudad. Josefina la escuchaba
pensativa
JOS RAFAEL POCATERRA
84
y callada. Beb, del lado afuera, veala tambin
en silencio. Era un antiguo vals de Waldteufel,
muy
un vals
viejo,
odo muchas veces,
reado distradamente en horas de
tara-
fastidio,
pero
que escuchado as, de lejos, desde la sombra,
la hora en que se mueren los postreros entusiasmos del baile, evocaba cosas idas de otros
tiempos en la cadencia de su coda y en las graves notas con que la primera parte gema dolores
confusos estallaban en el sollozo ahogado de
los violines.
Qu
Beb
el
triste es...
suspir
se apoder de la
balconete, surga
obscuro en que
muy
ella.
mano
que, apoyada en
blanca de entre
que aquella msica
le
pona
el chai
Senta tambin
ella se envolva.
con una mebesando la mano
triste,
lancola incoherente, y exclam,
apresada:
tan bonito como
Muy bonito
repuso, tratando dbilmente de
Es
esto.
vals,
tarde...
zafarse.
Pero l, sin contestar, le besaba uno uno
dedos de uas corvas y parejas.
los
Te vas trasnochar...
El estaba tan cerca de su rostro que
la
bes en
los labios.
Vete, mi amor; mira que sienten que estamos
suplic.
aqu
No; yo me desped de
que me
acercaba por
la
ellos y
ventana.
no advirtieron
EL DOCTOR BEB
85
Pero saben que estoy levantada.
1 sonri picarescamente:
No seas
Esos tienen sueo.
Vete,
pues.
Pero ltimo de verdad, bribn dijo ametontal
El ltimo.. .1
el
nazndolo con
el
dedo
todos los tuyos son el
ltimol
Hubo una
confusin en
la
cuenta. Era necesa-
rio volver sumar.
Esos nmeros que se salen de columna encalamocan las fracciones y se suman pesos por cntimos...
Quieto, picaro!
Vlgame Dios!
no se equivoca!
No, seor;
Si
con
los
dedos es que uno
deca rindose.
la
gente decente no cuenta con
los dedos.
Cmo no? Y entonces, pues?
media voz:
manos tampoco!
Ella se defenda
Ni con
las
Salt vivamente hacia atrs:
Y con los brazos, menosl
En
la
lucha, la manteleta descubri el brazo
blanco, torneado, provocador en su actitud defensiva.
Fu preciso hacer
ron negociaciones:
las
las
paces.
Se
entabla-
partes contratantes se obli-
gaban retirar toda actitud beligerante, fijando
una entente cordial al da siguiente, en el mismo
sitio
y igual hora; se estipul condicin indis-
86
JOS RAFAEL POCATERRA
pensable y
como prenda de seguridad que no
llevaran escolta.
Pero bueno, hombre, una guardia de honor.
El honor no necesita guardia.
La
frase feliz destruy aquella precaucin di-
plomtica.
Adis,
una pirueta
caramelito
le
dijo
Beb haciendo
ridicula.
Adis,
mi
amor
cuerpo por sobre
el
repuso
Antes de darse cuenta
chndola por
ella
sacando
el
antepecho del balconete.
la cintura,
ojos, el cuello, la boca,
haba saltado estre-
cubrindola de besos los
que devolva aquellos be-
sos y protestaba con voz angustiosa.
Se haban violado los tratados.
El
era
un
traidor.
No,
no...
Dios mo! djame... no seas loco!
mira que nos oyen... maana... pero sultame,
ests
maltratando!...
sultame,
mi
me
amor su-
plicaba.
l, casi
ete,
suspendido de los hierros del balcon-
jadeaba, y con los labios convulsos,
la
cu-
de besos cada nueva resistencia, la colmaba de caricias y casi no terminaba las palabras,
exasperado y obsceno como un animal... De pronto sus brazos se aflojaron, las manos quedaron
suspensas y con un suspiro de rabioso cansancio
exclam sordamente:
Est bueno! Sanseacab, ya veo que no
bra
me
quieres.
DOCTOR BEB
EL
Ella, sin contestar,
la
87
refugiada en un extremo de
ventana, lo miraba ruborizada.
Yo
peta
que
t...
bueno! Sanseacab
re-
como velando una amenaza.
Pero, mi amor, eres muy exigente!
Es que t no eres capaz por m del menor
t
ni
sacrificio.
No seas
qu te he negado yo?
he negado yo?
injusto;
qu
ver, dime;
te
Todo.
Todo?... Mentira!
Pero yo s lo que debo hacer; yo soy que
tengo
culpa... continu
como siguiendo una
el
la
reflexin sorda.
Entonces, advirtiendo aquel tono de voz casi
colrico, se acerc confiada los balaustres:
Oye, mi amor.
l no
contest.
Con
la
cabeza gacha, dando
golpecitos en los hierros, afectaba un aire de distraccin y
de resentimiento.
Ests bravo? pregunt tmidamente.
Beb guardaba
fundo disgusto.
Un semblante de protodo cobarde, era cruel
silencio.
Como
para con los seres dbiles.
Entonces
ella se
donadas manos, se
acerc ms;
las llev
le
tom
las
tiernamente
aban-
las
me-
jillas:
Ten
juicio,
amor; comprende que yo tengo
razn.
El, exasperado, la rechaz.
88
JOS RAFAEL POCATERRA
Djame...
no quiero cariosl Djamel
Su voz temblaba de despecho. Pero era tan
mimosa aquella queja con que ella se defenda,
inspiraba en el seno confuso de las ideas
tal
per-
que una lstima sensual, veces ms
voluptuosa que todas las posesiones, iba germinando en l, un estado de nimo incoherente,
pueril. Como un nio, como un nio estrech
contra su hombro la mano posada en su cuello,
besando la otra con un beso suave, dulce, como
inspirado en un sentimiento reposado y casi respetuoso. La ternura invadales, y ms que ternura, ese cansancio indefinido del da siguiente de
plejidad,
las fiestas.
Josefina habl entonces, quedamente, con ra-
zonamientos
sutiles.
quera convencerlo
as,
cariosa, suavemente; estaba tan triste por aquel
vals,
y tambin por algo... por algo que no po-
da, que no saba cmo explicar y que surga en
pequeas frases, en breves expresiones.
Ya casi finalizaba la noche, cuando Beb se
alej
de
la
ventana, volvindose varias veces para
ver aquella sombra amorosa cuya mirada senta
de s.
muchas noches ms, despus de la visita
oficial, en aquella ventana que daba al parque
vecino, acusado apenas por la sombra movible de
los rboles, se entablaba el mismo dilogo que
siempre les dejaba como incompletos.
tras
El se lo manifestara
as.
La vida no era todas
EL DOCTOR BEB
89
que cercan nuestro
campo de accin, lleno de obstculos, de cortapisas sociales, de prejuicios religiosos. El amor!
aada tenindola esEso s es bueno
cosas convencionales
esas
trechamente
El
amor!...
una misma
abrazada, besndole los prpados.
Pasaban horas enteras abstrados en
caricia
que veces desmayaba en
de pronto ante
xitud infnta, se interrumpa
la-
al-
guna agresin concreta. Que ella se inculpara
ms tarde, que ella se admirara del terreno reco*
rrido tientas, con los ojos cerrados, guiada por
unos brazos desconocidos; acaso no era el amor
de sus heronas, el amor de Miss Dora, de Amanda la de Osear, de Mara la de Efram, de las heronas de Corazn de Oro, de las apasionadas inglesas de Carlota Braem.
Por otra parte, si como deca el padre Bentez,
diablo estaba en aquellas cosas, qu mal haba
el
cuando no lo vea pasar.
Pero aquellos das serenos se interrumpieron.
Una noche, ya en mitad de la visita, jugando con
unas rosas, so pretexto de celillos por su amiga
Isolina que antes ponanle l ufano, Beb declar q'\e se fastidiaba, que ya era imposible
aquella majadera!...
Cada
rato es estol
Pues bueno,
s,
lo
has querido!...
Antes de terminar la frase, ella haba destrozado la flor con que jugaba, muy encorvada; sin decir
una palabra, psose ver
el
cielo claro
de
JOS RAFAEL POCATERRA
90
luna por donde pasaban tropeles de nubes. Sin-
dolor de cabeza. Fu recogerse... Beb, luego de charlar cosas indiferentes con el matrimo-
ti
nio por cuyas ternezas desfilaba todo el reino
animal: "ratoncito mo... mi pichoncito", se despidi.
casa de las
moas enormes, acompaada al piano por Ana Luisa, mientras Beb
bajo el retrato de Rodrguez Prez se adormeca
Varias noches estuvo de visita
Montesillo.Isolina, con dos
en deleites musicales, persista con ese falsete
moderato tan proverbial de
las
educandas de
Tarbes:
Connais-tu
le
pays
fleurit Voranger...
atacaba piezas fuertes cuatro manos.
Algunas veces, la hermanita menor, destornillando el taburete, encarambase hacia el cuaderno de"Bombonircs des Pianistes" para moler la
Mandolinata acompaarse con una monotona
"Himne de I'enfant son
Beb hallaba encantadoras
atroz
sobaba
reveil".
aquellas veladas;
los cojines, sonrea la seora, departa
afablemente con don Cruz y hasta se atreva
volver las hojas de las partituras. Le deleitaba
hallarse en aquella sala
de elegancia burguesa,
como-
entre gentes bien presentadas que olan
didad.
EL DOCTOR BEB
QI
Pepito adopt un aire reservado en
la oficina.
Transcurriera una semana y ya haba advertido
cierto enfriamiento en sus relaciones; por ltimo,
una vez preguntara Beb
Esos
se,
el
oficios
mayor:
que desde ayer deban firmar-
telegrama circular de los distritos?
Es que como
al oficial
el director
no vino ayer
tarde...
Dgale usted que digo yo que es necesario
ms atencin
las cosas.
Y volvi
la
espalda
amostazado.
Cuando Pepito
entr,
subalterno de repetirle
el
buen cuidado tuvo su
recado con una como
lstima deprimente.
Fu
y
l,
dar excusas:
Beb no
contest.
una nota para
la crcel
el
Luego
jefe
civil,
le
indispuesta,
hacer...
mand
extender
ordenndole pasar
pblica "todos aquellos sujetos sin pro-
fesin... los
Carmen estaba
creyendo que no haba que
vagos". Usted entiende?
S, seor.
As mismo dgalo: "con
mano de
hierro" y
Ah! otra cosa, nada de literatura!
que por aquellos das haca de secretario
general una pobre rata de oficina celebr el
tal
tal.
El
chiste.
Pepito llevaba rojas ambas orejas.
Se
sinti
por primera vez
despus de su en-
cumbramiento, paseado en coche con Beb, confidente, ntimo,
por sobre
saba recibos quincenales
el pica-pleitos
como
que pa-
secretario priva-
JOS RAFAEL POCATERRA
92
do; por sobre
el director
de
la
Seccin
poltica,
siempre manchando los cuellos con parches de
ungento mercurial
como cado.
tar semi-melanclico,
Era un males-
semi-rencoroso, que humi-
tomada en das de xito
como prueba de confianza, que se exacerbaba
ante las sonrisas de los mulos en privanza; porque el politicastro venezolano, ascendiendo sin
vergenza, descendiendo sin decoro, es asiduo y
discrecional como odalisca favorita lastimoso
llaba cualquier chanza
indigno
como ramera
repudiada.
Estuvo trabajando hasta despus de
De
las cinco.
puo y letra extendi el nombramiento de
alcaide de crcel para un pariente de Beb. Comsu
prendi entonces
"mano de
la
"circular sobre vagos" y la
Puso erario con h y termin
ordenando que el ciudadano jefe civil dsva
apersonarse del asunto. Beb firm y se march
hierro"...
dar su paseo habitual.
Cuando
Pepito, con los peridicos
bajo el
brazo, por una coincidencia amargante, tuvo que
ir
de pie en
la
plataforma del tranva, se dijo
desolado:
Maldita sea
Y
la poltical
echando pestes. La sopa estaba fra;
por qu no le compraban el pan de trigo Marregot? El no coma caucho. Y estruj dos bollos.
lleg
Carmen Teresa, muy
da, estaba recogida.
en
la
cocinal
muy
cmo
plida,
{La pobre
quebrantaiba estar
EL
t, t
DOCTOR BEB
qu haces?
93
le pregunt su
cu-
ada.
Josefina baj la cabeza.
En ese
instante entr la sirviente
con otro pla-
to de sopa.
Llvese eso; yo no quiero esa
porquera.
Despus murmur colrico:
Boten esa mujer. Ustedes que cogen siem-
pre unas sirvientas tan hediondas.
Josefina se indign.
No seas grosero, Pepe.
El alz entonces su viejo vozarrn
de
las dis-
cusiones con su mam:
No faltaba
ms! Mire que venir sta fal-
tarme al respeto!
El que me
falta al
respeto eres
Nia, por Dios! grit
t.
Carmen Teresa,
sa-
liendo medio abrigarse.
Yo no consiento que me traten
sin conside-
racin.
Entonces se mide en
lo
que
dice...
Yo tam-
poco voy soportarle usted, malacrianzas...
que se las soporte su mujer...
Acurdese que est usted en mi casa!
bram.
En su casa! Y Josefina lanz una carcajada
humillante
como un
latigazo.
Pepito, en pie, con
desat en improperios.
vimiento...
de corbata, se
colmo del atre-
la servilleta
Era el
que una arrimada se
atreviera!
JOS RAFAEL POCATERRA
94
El
arrimado es usted, canalla
grit
la
mu-
Usted, que lo que tiene es
s
porque si no fuera por m estara comiendo frjoles con misia Efgenia... por m... por m...
Se golpeaba el pecho dos manos. No oa
su hermana, no vea nada... Los dicterios le es-
chacha fuera de
por
tallaban flor
de
ra,
de labios con
la
pasmosa
Ave Mara Pursimal exclamaba
ra,
facilidad
mujeres.
las
la
cocine-
asombrada.
el
ban...
ms
escndalo creca,
Cada
las pullas se alterna-
de Josefna exasperaba ms y
Pepito, que se senta heroico etitre las mustira
jeres y cuyas voces desaforadas se oan en el ve-
cindario.
...
Por
ella...
[Cuando yo ms bien soy
el
perjudicado en esos consentimientos!
Pepe,
por
la
Virgen Santsima, miren que
dando un escndalol
pobre Carmen iba del uno
tratando de calmarlos.
estn
la
...
Por
ella...
me
alegro que se salve de esa
La alusin colm la medida.
temblaba en cleras
no suceda, jpor que
ella
fiera.
con
la
asco...
Yo
t y tu
no s cmo
voz que
rugale Dios que eso
mujer se mueren de
bambrel T eres un desgraciado, un
Das
otro lado
Eso, eso no es sino despecho,
Rugale Dios deca
le
al
te
Nia, por Dios santo!
bicho!...
aceptaron en
casa...
EL DOCTOR BEB
Pues
que se
dile
calle
vecindario... para gritarle lo
95
me voy para el
que es... un atrevi-
do, un cobarde, un sinvergenza.
Los ojos negrsimos, preados de lgrimas, le
relampagueaban, la voz se le anudaba en la garganta.
Pepito, cada vez
ms
furioso, la arroj
de
la
casa.
Vete de
aqu, vete,
que no vuelvas pasar
por esta puerta.
S,
corri
ro; hizo
me
s,
voy; pero te va pesar.
como una
loca ponerse el sombre-
un bojote de ropas, meti en
polvera y
el
pauelo
la
peine. Lloraba y vociferaba insultos.
el
Carmen, angustiada, mortificadsima, trataba de
detenerla:
No
seas loca, nia;
cmo
te vas as?
No,
no, yo no lo permito.
luego corra para donde Pepe, hacerle
reflexiones...
Entonces Josefina se devolva del
portn para lanzar alusiones mordaces:
Veremos quin
Cuando
la
esperaba por
pierde; sta te va pesar!
detena su hermana era que se desirse.
Tras
mucho
batallar, rogar y
pero era por ser de noche,
Le escribira un papel su mam
suplicar, quedse;
que
si no...
para que viniera buscarla.
Todo haba
nado. No se tratara ms con
ese...
saba guardar las cosas.
niera despus
con
Ya
vera.
satisfacciones...
termi
hombre!
Ella
que no vi-
JOS RAFAEL POCATERRA
96
Hasta muy tarde estuvo despierta, con jaqueoyendo en el otro cuarto Pepito y Carmen,
ca,
que discutan. A l le daba pena aquello al cabo;
pero si conoca su carcter. Su mujer se quejaba
dbilmente, mucho rato, despus de haber apagado la luz...
Las ltimas lgrimas corran hasta las almohadas. Ella era
en
l
muy
desgraciada...
No
tena nadie
mundo, todos la desdeaban. A causa de
tambin ste que antes la acataba llenndola
el
de consideraciones...
Y ahora, ahora las faltas, las
humillaciones. Punzbala el recuerdo de Isolina
Montesillo con dos enormes moas, tambin esa
necia de narices arremangadas.
Una pobre ambu-
arrimada. Verdaderamente que
lante...
una arrimada... Sin quien sacara
Hasta
la
as era:
cara por ella.
me abandona suspir anegada
en
llanto.
Por
las rendijas
de
la
ventana entraba en rayi-
tos la luz del corredor, que Pepito mantena
causa de los ladrones.
queas y luminosas
la
entraba
como
ideas pe-
oscuridad poblada de
cosas hostiles.
Una
congoja, mitad sueo y mitad tristeza, pre-
sentbale
la
deberes y de
vida spera, dolorosa, crizaaa de
dificultades... El tinajero
dejaba oir
sus notas claras, intermitentes; un silencio vasto
se suceda, los rboles susurraban y de tiempo en
tiempo un
La
grillo
evocaba
tristeza infinita del
los
insomnios del
tifus.
abandono, exacerbada por
EL DOCTOR BEBE
97
aquella imag-inacin novelesca, se le presentaba
en toda su desolacin
muy
por un camino
como
si
marchara muy sola
largo...
en un delirio repentino se abraz
mohada como
Contra su costumbre,
alto el sol, sali
temprano y
la
al-
un cuello invisible.
al
da siguiente, ya
muy
de su cuarto. Pepe se desayun
Deba estar temprano en la
sali.
ofcina.
Durante varios das no se hablaron;
el
domin-
go hallronse en el corredor. Ella iba darle la
espalda. Pepe la agarr por un brazo y con acento zalamero le cogi la barbilla.
No ests brava, prenda.
Y
Carmen, bromeando,
los reconcili.
Toma
ron cocktail juntos. Josefina llor de sentimiento.
Pepito
Uno de
ninguna
la
convid pasear en coche.
esos ramos de flores, que no existen en
flora y
que son
tan corrientes en los
trones de los figurines, ornaba
la
pa-
papelera de
pana
roja, donde, bordadas en oro, las iniciales
de Beb se enlazaban casi erticas. Bella haba
consumido muchos das en aquel delicado trabajo,
que una vez terminado admiraron en el vecindario.
El padre Bentez hubiera querido un borda-
do ms alegrico: la balanza de la ley, el caduceo
de Mercurio; pero era ms complicado, podra
luego tener semejanzas grotescas; aquello estaba
as,
qu s yo, ms ntimo, ms afectuoso.
el da
de San Manuel, en amplia bandeja,
7
JOS RAFAEL POC ATERRA
98
Beb
y
la
recibi una dulcera llena de islas flotantes,
prendida, una
papelera, cuidadosamente
tarjeta escrita
con
letra
de Josefina:
Justina G. de Belzares hijas,
al amigo ingrato.
Beb
le
propin dos fuertes
envi un recuerdo
muy
la
portadora y
afectuoso, agradeciendo
la cuelga.
Pasaron varios das y l no volvi.
Por algunas amig-uitas que se interesaban en
eso, bien por las sirvientes con quienes las nias tenan relaciones cordiales, supieron que
Beb no dejaba
transcurrir cuatro das sin visitar
las Montesillo.
Josefina prorrumpa sarcsticamente:
Como ellas son ricas!
Misia Justina observaba prudentemente:
jNo es eso, nia, es que hay gentes muy
in-
dignas!
Celebrbase en esos das
Misia
Ana
el
Josefa, celadora
Jubileo.
de
la
Adoracin
Perpetua, tena su hora de once doce concurridsima.
Asistan sus hijas, Inesita y Carlota
Guedes, una de
las
Melindres con
la
sobrina,
Emeteria, aquella piadossima muchacha que ha-
ba sabido conservarse pesar de
las
desgracias
EL DOCTOR BEB
99
de sus hermanas. Tambin iban Josefina Carmen Teresa, pero desde que se haban disgustado cambiaron de celadura. Por ltimo no fueron
ms. Eso desagradaba misia Ana Josefa, que en
cuestiones de dogma no transiga. Por eso adoraba Po X. Aquello era hertico, por decir lo
menos...
No
estando legtimamente impedidas,
hora deba hacerse en
ia
la capilla.
jVanidades mundanas! suspiraba con severidad.
Con
gran asombro vio llegar ese da misia
La muque en aquel
Justina y Finita. Sonriles levemente.
chacha se arrodill
momento
las
tras
de
Isolina,
abstraase en oracin...
dems mujeres, rezaba Ana
Ms
all,
entre
Luisa.
Las dos seoras cambiaron una mirada amis-
Ana
tosa. Misia
Luisa comenzaba su avemaria
con voz serena, como inspirada de
aquellos mismos lienzos de
mantos ante
la
la
la capilla
fe
que en
tenda sus
borrica de Nuestro Seor exta-
siaba los doce comensales de la ltima Cena.
"Dios
fe salve,
A travs
de
Mara, llena eres de gracia."
los vitrales
donde
los apstoles
recortan sus smbolos, penetraba una luz mori-
bunda, como de da de invierno... La llama de
los cirios mantenase inmvil; la
ta
lmpara de pla-
pona su alrededor una mancha sanguinolen-
ta inquieta.
"Santa
ora..."
Mara, Madre de Dios, ruega, Se-
JOS RAFAEL POCATERRA
lOO
rumor se prolongaba hasta afuera, corriende las naves; apenas se interrumpa
por el ruido de algn reclinatorio el leve golpe de tos, que es como una epidemia bronquial
en las iglesias y en la cmara del Senado.
Al salir, despus de tomar el agua, reunidas
El
do
lo largo
todas en
la
cancela, las dos familias se entrevis-
taron:
Cmo
Justina?
Y celadora ech brazo:
agreg
Dios
Al
llama,
ests,
le
la
el
te
fin.
hija
son-
riendo.
Ella,
ba:
tomando por
testigo su hija, se excusa-
Los mil inconvenientes: primero,
monio de Carmen Teresa,
el
matri-
las diligencias;
des-
pus, los trousoses...
Las dos Montesillo cambiaron una sonrisa.
...y
luego, pregntale Finita,
resa siempre delicada. Esta
ella
que se
pasa con
en Camoruco...
Hacindose
la
ignorante, con superioridad de
nia bien educada, Isolina
|Ah! viven ahora
le
preguntaba:
all?
Josefina sentase humillada.
la
Carmen Tela
Una
clera sorda
devoraba por dentro. Aquella ridicula dndo-
se importancia! Pero su madre contest afable-
mente:
Pepe est temperando.
Ay, nia exclam Ana Luisa
S,
tan
triste!
Camoruco
EL DOCTOR BEBE
No
te
fastidias all?
lOl
agreg
con
Isolina
tono compasivo.
No, yo no me fastidio en ninguna
parte.
Luego, como un desafo, comenzaron charlar
cosas indiferentes que envolvan ironas sangrien'
tas respuestas mordaces.
Las seoras se reconciliaron.
Hubo
disculpas
de ambas partes. Verdaderamente, ellas se estimaban, y querindose tanto las muchachas, por
diferencia de caracteres iba entibiarse una amistad tan antigua?
No
faltaba
ms
viendo abrazarla
^dijo
misia
Ana Josefa
Ya sabes, anda por
all
vol-
con
de cosas...!
Josefina reclamaba visitas:
Josefina, djate
Nosotras fuimos ltimas que estuvimos..*
Nada de eso interrumpi Ana Luisa ya
las
vienes con esas.
riendo, abrazadas, se besaron. Isolina tam-
bin se despidi de igual manera, pero con tono
fro, casi
desafiante, le dijo:
Ya sabes, no
lo
dejes de ir por casa. All nos
pasamos animadsimas.
Todava se entretuvieron. (Estaba tan mortifi-
cada misia
Ana Josefa con
dre Bentezl Tan plido,
la
enfermedad del pa-
el
pobre!
teniendo
que decir misa de ocho, con esa debilidad...
|Es de lo ms humilde; cuesta hacerle lavar la
ropa!
Recomend por
ltima vez;
JOS RAFAEL POCATERRA
I02
Bueno,
Justina,
cuidado
si
no dejas
ir
las
muchachas!
Josefina, seguida de su mam, se alej, muy
guapa bajo su mantilla, con ese andar bizarro de
las mujeres que se sienten ms bellas que las
dems.
como
de misia Ana Josefa
las hijas
la inte-
rrogaran por aquella afabilidad con quienes tan
mal se haban portado, que en
don Cruz no mandaron
ban roto con ellas
que
cursis,
quedar mal,
S...
buenas
rroquial
as,
ellas las
la
ni
la
gravedad de
un recadito, que ha-
de sopetn, que eran unas
por no hacerla
agasajaban
seora exclam suspirando:
iDebilidades humanas! pero son
las
pobres.
cmo
Vamos
sigue
el
muy
preguntar en la Pa-
padre Bentez.
VII
Un
grito
agudo, persistente,
la
despert de
sbito.
jEI tres mi!... ciento... sesenta... y cuaaatro-..!
Casi junto
la
to entraba el sol
ventana, por cuyo postigo abier-
de
la calle,
aquel chillido, sobre-
saltndola, la hizo abrir los ojos trasnochados,
que
sin
maanera volvan
la misma pereza que le inmovilicuerpo en el huequillo tibio de los
querer recibir
la luz
entornarse con
zaba todo
el
colchones, bien arrebujada entre
las
sbanas.
El reflejo movible que en la pared ponia el es-
donde ascendan hacia el postigo abierto en una faja iluminada molculas de polvo doradas, grises, de color naranja; la idea friolenta del agua de la jofaina, la pereza de los pequeos menesteres de la maana,
pejo, el rayo nebuloso por
tenanla
all,
todava las nueve, sumida en grato
estupor que incita provocar los ltimos sueos
de
madrugada contemplar fijamente detade la habitacin: un pliegue de vestido, cier-
la
lles
104
J*^S
RAFAEL POC ATERRA
de tal objeto. De aquella somnohubo de sacarla el trueno de las carretas
que van la estacin Inglesa y que pasan por el
empedrado crepitando bajo las cargas, con el
ruido ensordecedor de un convoy de artillera.
ta disposicin
lencia
Entonces pens levantarse.
El
desorden, con sus polveras
tocador en
abiertas y la jabonera llena
de sobre
la
el traje
de
la
de agua,
vspera se abra
palidez de unas flores que en
manil mustiara
cin, toda
don-
el cors,
loza del agua-
de
la
habita-
atmsfera de los recuerdos del da
la
anterior retenanla
los ojos
la
aire enrarecido
el
la silla
muy
otra vez en
la
cama.
Con
abiertos, reviva cuanto haba
pa-
sado, en el agradable convencimiento de haber
sido un sueo
las
el
la
persecucin del toro furioso, y
grandes cadas desde
muy
alto
que oprimen
corazn aun despus de haber despertado. En
verdad, casi era un sueo, pero un sueo tan
grato...
Cmo
haba sido?... Ira esa noche,
ira
de nuevo, persistira en aquella nueva cadena
que con su sonrisa y con sus palabras de mrtir
haba tendido alrededor del cuello, antes de
apoyarse apasionada en su hombro durante
baile, antes
de tomar aquel
aire
el
de reina ofendi-
da? Las mil pequeas humillaciones, el desvo
de largos das, los desdenes manifiestos hacia lo
que con ella se relacionara, todo eso haba sido
olvidado por
triunfo fugaz.
la
dicha de un instante, por un
EL
No
DOCTOR BEB
I05
pesar de lo que
misma
supona, la
dijeran, pesar de lo que ella
amaba; no se lo haba dicho con la mirada? no
se lo haba repetido con voz emocionada al du-
Fugaz?
poda
ser; l,
dar de sus atenciones inesperadas? S, induda-
blemente. Senta un gran orgullo de saberlo sub-
yugado su sola presencia... Recordaba perfectamente los detalles. En ese momento Goenaga
ofrecale el brazo. Acaso fuera simpata, tal vez
de cortesano
de una reconciliahall feo. Su gratitud de mu-
notara, con su especia! perspicacia
parroquial, la probabilidad
cin...
Hasta no
jer vea
donde
en
el
lo
un caballlero excesivamente amable,
ojo certero del
un rufin disfrazado.
Beb
rea al tropezar
hombre hubiera
con qu gracia
la
visto
les son-
vuelta del corredor:
Ustedes... no se conocen?
Y
Beb, inmutado, no respondi tiempo.
como presentndolos por vez
primera, aadi
con acento cmico:
Josefina,
de
la
mejor amiga y
la
ms adorable
las mujeres...
Se celebr jovialmente la chanza. Beb deseaba bailar aquel vals; pero ella lo tena compro-
Comprometido! Pero eso era
ver, ver, mustreme su carnet.
Con
su
metido...
mohn
corpino, mostr
habitual,
desprendindolo del
la tarjeta.
Su meique corvo y
coquetn recorra
cuarto?...
terrible!
la lista...
El tercero?... no; el
tampoco, era de ese joven
Iztueta;
el
JOS RAFAEL POCATERRA
Io6
que es una polka, desde que se lo prometiera, por nada dejara de bailarla con Gerunquinto,
dio Garca!
Entonces... exclam
Josefina,
muy
y contestaba
las
desconsolado Beb.
turbada, jugaba con su abanico
bromas que
dems
las
le
daban
al pasar.
Beb continuaba deplorando su mala
Goenaga haca observaciones amables:
estrella.
Pero, bueno, embrollen uno.
Josefina protest sonriendo. El simptico
naga
Goe-
insista:
S,
Cmo no van usNo, no. Yo me opon-
hombre, qu tiene?
tedes dos bailar juntos?...
go formalmente.
mientras aduca graciosas razones, tratando
de vencer
Beb,
con su
los escrpulos
de Josefina, incitando
ste la encontraba realmente adorable
traje
encarnado. Retorcido en un haz, los
como
cabellos tan negros y hermosos
formaban dos bandos virginales sobre
los
ojos,
las sienes;
del escote surga un cuello maravillosamente tor-
neado, flexible, cuello gil y robusto de mujer
meridional, cuyas lneas musculares,
al
mover
la
cabeza, se dibujaban en ondas lo largo del pecho, alto, lleno, prensando reventar
rojo.
Un ramo de "amor
el calor,
sobre
al comps de
morena del seno.
palpitaba
la piel
el
surah
ardiente", marchito por
la
respiracin
El se sinti invadido por un enternecimiento
EL
DOCTOR BEB
IO7
voluptuoso. La hall encantadora.
entusiasmaba:
lo
qu ojos!
Cada
detalle
[qu labios! qu
hombros!
Ligeramente inclinada hacia
naga
le
el
carnet que
Goe-
haba quitado, su cuerpo, envuelto en
traje rojo la luz
e!
verdosa de los glbulos, surga
en lneas deliciosas, en pliegues ondulantes que
bajaban
como
culebras oscuras por
la falda.
Todava protestaba:
No, por Dios! Me dara tanta
que
lo siento
pena!...
Crea
muchsimo. Si hubiera sabido...
Si hubiera sabido qu?
En mi programa siempre
hay un
sitio
para
no adivino.
Y lo envolvi en una mirada hmeda de reproche y de abandono.
Los dos hombres insistan. Qu tontera!
Quin iba reclamar piezas?
usted, pero yo
mucho menos
al
doctor
observ Goe-
naga.
Es que eso es tan feo, tan qu s yo! Me da
mucha pena
hacerlo.
Pero en aquel instante
Prez
Al
las
Iztueta, sala
de brazo con
del saln hacia el comedor.
Isolina,
pasar, entre el saludo y las frases cariosas,
dos mujeres se midieron con
dirigiendo
la
la vista. Isolina,
palabra su compaero, ri con l
de algo que se referan. Entonces Josefina, golpeando ligeramente con el abanico Beb, le
dijo de pronto;
JOS RAFAEL POCATERRA
Io8
Bueno, Bailaremos quinto.
Bravo! exclam Goenaga Ese es
el
s.
Gerundio Garcal
Ese era.
Y Beb, de seguida,
de
el
la
tom
del brazo.
Despus... Pareca estar viendo las miradas de
todos puestas en
misia
Ana
ella, los
ojos despreciativos de
Josefa, los ojillos grises
de
las
dos
Montesillos, las pupilas amarillentas de Isolina,
que fulguraban como las de los gatos en Agosto,
las miradas todas de la envidia ajena, desde la
fijeza tenaz preada de ofensas hasta la ojeada
despreciativa; y todas crueles, insultantes.
Ahora, recordando esos instantes, tornaba
sentirse orgullosa
de
como cuando
cruzara del brazo
por ante aquella gente.
Vendra? Lo haba prometido formalmente.
Pareca estar oyendo sus excusas por
de tantos
ti
" m
das:...
me
la
ausencia
duele eso ms que
misma, pero era necesario, era necesario"...
Necesario? Ella no comprenda
tal
necesidad.
Necesario aquel desdn? Necesaria aquella
frialdad? Necesarios los
No, eso no,
te
amores con Isolina?
han engaado protestaba
Absolutamente; yo no he tenido nada con esa
nia.
Insista ella
naran
pero
por
el placer
negrselo.
como
femenino de que
Estaba
casi
ella se lo dieran entender!...
ridiculas, pens;
pero dijo con aire
tor-
convencida...
Qu
tristsimo:
IO9
EL DOCTOR BEB
As son hombres, engfaan una y desniegan.
Pero yo aseguro...
T haces eso porque
jNada, que
los
pues
lo
te
si
lo jures!
ni
ests seguro
como
de que yo
te lo
perdono, de que
te quiero tanto...
-Qu?
Soy incapaz de hacerte lo mismo... Por
por
y lgrimas acudieron los ojos.
eso...
eso...
la
le
las
ngulo de un sof, y con
actitud indiferente del que se halla en pblico,
Se haban retirado
al
decanse media voz cosas apasionadas...
Como
una msica resonaron aquellas palabras de perdn en el odo de Josefina; y reviva el encanto
del antiguo vals de Waldteufel, que evocaba
otros tiempos en la cadencia de su coda y en las
graves notas con que
la
primera parte gema do-
lores confusos estallaba en el sollozo
de
ahogado
los violines...el balconete... la calle obscura...
los rboles altos, negros, inmviles.
Una polka
vulgarsima, de esas
que entre
las
selecciones de algunos bailes estallan
como una
interjeccin canallesca, saclos de
y se mar-
charon
al
all
saln para bailar.
Despus sus recuerdos eran muy vagos; las esel agua azulenta de
los espejos, un rumor de palabras furtivas, tal
peinado que se descompone y el aire loco, gentil, grotesco que forma un torbellino de faldas
y de fracs. Por un extremo de la sala pas Isolina
paldas desnudas que giran en
no
JOS RAFAEL POCATERRA
bailando con Gerundio Garca... Ridicula... cmo
iba vestida?
mal gustol
De
Una
amarillo, pero
qu
color qu
criatura tan amarillenta. Si pare-
un jojoto tierno con su pelusa, pues
ca
los cabe-
no eran otra cosa... Y luego aquellas moas
verdes, y el peinado tan raro... Estaba atroz!...
Todava sonrea al recordarla. Puso una cara
cuando la vio bailando con Beb, qu necial
Trat de hablarle Gerundio, de reir con l, de
llos
danzando en derredor... se comprenda...
no dejaba de ver para all. Pero Gerundio, bailando desaforado, como cumpliendo una misin
devastadora, se abalanzaba apartando todo su
llevarlo
paso, tropezando los muebles, pisando las infelices
te,
que devoraban pavo en
sudado,
el cuello
los rincones, jadean-
vuelto un rodete,
la
cabeza
metida entre los hombros y stos inclinados parando las faldas agudas de la casaca como las
antenas de esos insectos que muerden con
sero; con
de un
los ojos extraviados, pareca
el tra-
acometido
frenes epilptico.
Ella,
recordaba, uno uno, los detalles de su
goce intranquilo de los pequeos xide pronto, salt del lecho, alisse con ade-
triunfo, el
tos.
mn
ligero los alborotados cabellos todava ahor-
quillados con algunas flores estrujadas en el pei-
nado, y en camisa, descalza, fu luego hundir
la cara en la jofaina. El agua fra reanim sus nervios, excit
los
tejidos
del cutis y le puso dos
rosas encendidas en las mejillas- Luego, mientras
EL
DOCTOR BEB
III
media lo largo de la pierna desnuevocaba coreografas del gnero chico, rompi cantar alegremente:
deslizaba
da,
que
la
alzarse
al
Alza y dale,
yo tengo un morrongo,
de pelo muy
Mucho
rato,
Voces
coplas.
fino...
en tanto se vesta, repiti aquellas
frescas
se oan
desde
la
calle.
Abri una hoja de la ventana. La calle larga, empedrada trechos, trechos llena de lodo, se
animaba al paso de dos chicuelas que iban con
sus cestas para la escuela. Detrs marchaba una
sirviente
con su canasta de compras. Algunos pa-
sos ms lejos, el cura del Asilo de Hurfanos se
alejaba tosiendo entre su pauelo. 1 sol to-
de verano,
techos, des-
rrentes inundaba la ciudad; un sol
que doraba los
cemento de las aceras y
clido, voluptuoso,
lumhraba en
gaba
el
En un
casi
ce-
cielo
de
luminoso y limpio, varios zamuros con
alas inmviles descendan hacia el Sur.
las
la
perspectiva del da.
ail,
Josefina tarareaba de nuevo al cerrar la ventana:
Ay morrongo!
Ay morrongo!
Ay qu pelo que tiene
el
minino!
112
RAFAEL POCATERRA
JOiE
El padre Bentez continuaba mal. ! sbado
en
comenz
tarde su estado
la
inquietar
Eme-
que le asista, pues la pariente que le
acompaaba, decir de las piadosas mujeres, no
saba hacer ni un atol.
terita,
Y tan
solo, el pobre!
clamaba cada ins-
Ana Josefa.
tante misia
El caso era que el santo varn poda reventar
de un momento otro: una hidropesa espantosa
hencha su abdomen. Cuando, acompaada de
Isolina, la seora de Montesillos fu verle,
qued impresionada:
Santo Dios! relataba
toso; qu quebranto!,
aquello es espan-
qu ojeras!, qu est-
mago!
Un
tinte
amoratado invada su rostro; las punadaban en una crnea amari-
pilas angustiosas
abdomen
llenta;
el
bajo
bata blanca.
la
Cuando
lo
se hinchaba violentamente
arrastraron hasta el corredorcito
colgado de enredaderas,
cristalinas sostenan su
tacas miserables.
manifestaron con
saba
el
al
trasluz, las piernas
hinchazn
como dos
es-
Las devotas, unas otras, se
la
mirada
el
temor que
les cau-
estado del enfermo.
Ay, se nos muere!
jDios mo, mi confesor!
jUn santo,
un santo!
hija,
hijas,
Poda
gordo.
ser.
De
todos modos, era un
santo
EL DOCTOR BEB
Reunidas en
las Beizares,
el
las
II3
corredor, dos noches despus,
ambas
Montesllos, Emeterita,
Melindre y Verd, comentaban la gravedad
media voz. El enfermo dorma. El doctor Vizcarrondo recomend que
le
dejaran as y que le
propinaran otras pildoras.
Los mdicos! Ya
le
den ms
ven...
que
lo dejen...
que
pildoras...
Emeterita, solterona, no crea en los mdicos.
Y basaba sus
le
razonamientos
muy
bien: ser ella,
hubiera dado los tres aceites y rezado
la
nove-
na de Santa Eduvigis.
jAy,
Juana Paula, nia prorrumpi misia
el agua de LourdesI
Ana Josefa
De veras! exclamaron todas.
Yo
tengo...
yo tengo en
casa.
padre Arocha cuando estuvo
litro el
Me
trajo
all.
un
Lo co-
mismo pozo donde se baaba un to
de Bernardita.
Verd, escptlco, ateo, "enemigo personal de
Nuestro Seor Jesucristo", terci de pronto en la
gi en
el
poltico
conversacin, escandalizando las piadosas
jeres.
de
Dijo que se ultrajaba
la
Ciencia.
mu-
Habl
Razetti; precisamente en esos das haba ledo
un Lunes Cienfico...
Las mujeres le vieron con horror. El se cort:
quiso borrar un poco la impresin.
No, haba verdades reveladas, hechos; el
doctor Requena exageraba. En
tener razn Pides.
el
fondo poda
JOS RAFAEL POC ATERRA
114
Ese
Josefa
es un escritorl
No como
asent
Ana
misia
esos que por hacerse nombrar
escriben contra los curas, contra
la relig^in.
De veras suspir una que usaba
del Carmen almas
el
hbito
descarriadas...
Pero Emeterita, que era una beata chocante,
dijo
con sarcasmo:
Y lo peor es
ces,
que despus de sus ridiculecuando se estn muriendo piden gritos un
padre.
Rieron. Verd se indign. Trajo ejemplos: y
Renn? y Voltaire? y don Toms Michelena?
Todos, todos han pedido gritos un cura.
Pues yo, no. |Que rodeen mi lecho mortuo-
que se me impetre, que se me urja, que me
la familia de rodillas: nada! Ser inflexible
en las creencias de mi grandiosa filosofa!
rio,
ruegue
Misia Justina, por deferencia, le interrumpi,
queriendo librarlo del vade retro general:
No, Verd. No diga eso. Usted es un
hom-
bre de bien. Puede ser maana un buen padre de
No, no. Esas son cosas que dicen los
cierta que no las sienten.
Lo que es los de casa... apunt misia Ana
familia.
hombres, que yo estoy
Josefa.
Verd se indignaba con
el
tono compasivo,
piadoso, con que le queran derrotar.
guida
de senunca se
manifest ideas horribles: l
confesaba, escriba Dios con minscula.
no
crea.
Cada
cual con sus ideas.
No
crea,
El juzgaba
EL DOCTOR BEB
proceder bien. Respetaba
para que se respetaran
las
las
de
15
creencias ajenas,
l.
Entre un frenes
de palabras sucumbi, asediado por razonamientos: Qu sabios tenan los masones? Renn?
Ah estaba Don Bosco. Voltaire? No poda parangonarse con Po IX... Las Melindre le llamaron protestante. Sucumbi diciendo mordacidades: la San Barthelemy, Torquemada, e pur si
muove. Embuste todo, decanle, invenciones de
los judos...
Por otra parte, las muchachas se
Formaron reunin aparte.
fastidiaban.
Ay, chica; Verd est insoportable.
|Pero se ponen hacerle caso!
Si estuviera aqu Bella, no
esas necesi
dira
dades.
De veras.
Se qued cuidando
Una
la casa, la
pobrel
Montesillo exclam:
Tan
tuviera
buena esa hermana de ustedes; ojal
yo una as... Esta y design Isolina
que no me deja un alfiler!
Oye, Isolina, muy lindo tu traje amarilloCul de ellos, nia? hizo un gesto de
ropero surtido.
El que tenas en el baile del club. Te quedaba muy bien.
S? Por eso me mirabas tanto. T tambin
estabas muy buena moza.
Eso... es en pago?
JOS RAFAEL POCATERRA
Il6
No, es que
te luca
mucho
el
color encarna-
do. jDicen que lo encarnado trae fortunal
Pues
Y eres capaz de negarlo?
m...
Pero cuando
las rivales se
preparaban com-
santo varn dio un pugido. La viejecta
batir, el
Juana Paula corri hacia
el cuarto.
poco
sali
angustiada:
jSe muere! |Se muere!
Un
torbellino
de mujeres invadi
la
habita-
de copetes
cin. El santo varn sobre un catre
haca pucheros.
Un viento encajado! clam Emeterita.
Era
agona.
la
La agona angustiosa de
drpicos, estertorosa, desesperada.
la
do
los hi-
Se encendi
vela del alma. Emeterita se opona:
Les digo que no, que es un viento encaja y ahuecando almohadas, comenz solas
barle las espaldas.
Tras de
los
fixiado,
borde de
bajo
las
la
enorme panza, con esfuerzos de asojos extraviados,
los labios amoratado,
cerdas de
la
muy
abiertos, el
ms oscuro an
barba crecida durante
la
enfermedad, boqueaba y se agarraba las sbanas descubriendo una pierna transparente y velluda.
Todos
le
rodeaban. Misia Justina trataba de
hacerle sujetar
la vela.
Unas pedan paregrigo,
otras improvisaban ventosas con un vaso y un
godn encendido...
al-
El santo varn, escondiendo
EL DOCTOR BEB
!as pupilas dilatadsimas
de
la
en
el
II7
agua amarillenta
crnea, abri ms la boca...
Emeterita exclam:
Es un
eructo...
ya ven? Viento encajado,
viento encajado!
Y
por
cuando cay sobre las almohadas rendido
mechas grises pegadas las
el esfuerzo, las
sienes, agreg:
Ya
Pero
lo echl
el
santo varn estaba muerto.
poco, par un coche en
Beb y
su
secretario general,
la
puerta. Eran
vejete
de
aire
subalterno, que se presentaba siempre en segundo
como acostumbrado facilitar relieves.
Le rodearon. Verd hizo una frase que tuvo me-
trmino
diano xito.
Un
pues
instante
la familia
quedaron Beb y Josefina
solos,
Montesillo se despidi y las dela casa, lloriqueando
ms daban vueltas por toda
y sonndose con el ruedo del fustn.
Esta noche, prenda...
No, no.
Cmo que no?
Es que vendremos Matriz,
No importa; mejor. Te quedas
Pero es
Nada, mentira.
la
al velorio.
all...
que...
Oye,
El
oye...
la estruj casi
dola quejarse.
con rabia un brazo, hacin-
JOS RAFAEL POCATERRA
18
Pero, oye, negro...
No
Ni una
palabra...!
te
quedes dormida,
sabes!
sin oir otra negativa
muy
dbil, sali.
En
el
corredor, despidindose, dirigi piropos las
muchachas:
Muy bueno era, muy bueno; pero no
mucho, no? Se afean los ojos.
llorar
Josefina sufri cierto despecho. Tunante ste!
Y tuvo tristeza, y
luego una alegra loca de per-
sona que se resuelve. Slo que dur poco aquel
relmpago entre la luz amarillenta de los cirios.
La casa de Monasterios se haba encargado de
poner imponente el hidrpico difunto. Con su
sotana negra,
la
sobrepelliz
nos regordetas sosteniendo
muy
blanca, las
el cliz, listo
ma-
para ser
mayor las rogativas de
sus feligreses, pero cada vez ms hinchado por la
vida triunfadora y mUiple que comentaba activamente su eterna reconstruccin de formas, el
difunto presbtero perda toda la solemne gravedad de la muerte. Algunas mujeres rezaban de
rodillas, asesorando la montona oracin de dos
curas. En la pared, sobre el semblante abotagado y lvido, un Cristo imitacin marfil violentaba sobre la cruz la anatoma de su trax. Por
expuesto en
toda
la
la iglesia
casa se difunda un spero olor tomillo
y licor de labarraquc.
VIII
de los escogidos. Hay cierta reserva de hombres que suenan unos das al amparo de polticos locales,
quienes algn nexo los une: un parentesco lejano,
un matrimonio probable, el regalo de un gallo
Pepito Salcedo Gutirrez, miembro de club,
Pepito Salcedo Gutirrez era
al fin
primer cacao en todo, pase muchos das sus
rolandos de charol y sus medias caladas en coches pagados por el situado constitucional.
le
rode lo clsica media docena. Aquel mozo,
aventado desde los das blancos de su miseria,
revivi el apellido paterno, que ya estaba archivado. Entonces Goenaga record la amistad ntima que le uniera con el viejo Salcedo, de quien
Pepito heredara
la
"viveza", porque, juicio
sus contemporneos, al viejo Salcedo
que
le faltaba
lo
de
nico
era volar.
Pepito fu tuteado por afecto. Beb le estima-
ba cada vez ms. Qu mozo tan bien inspiraexclamaba en la jerga oficial
do!
Ah! |si
JOS RAFAEL POCATERRA
I20
muchas madres de familia lo hubieran sabido!...
A ciencia cierta no estaran echando grandezas
por ah esas ridiculas Belzares, que estrenan todos los domingos...
Muy
indirectamente,
al
rumorarse
matrimo-
el
nio de Beb, el seor vicario manifest deseos
de
ser l quien bendijera aquella unin.
caciones de misia Justina,
el
Por
indi-
plazo matrimonial
quedaba voluntad del doctor. En
fin,
que no se
poda ser hoy, podia ser maana...
fjaba fecha:
A la se-
Edificaba aquella sala de los Belzares.
humedecan los ojos al pensar en las
de que se privaba el difunto Belzares. Ver otra vez la abundancia y la comodidad
en su casa, como cuando l era administrador de
Rentas! Hasta se senta inclinada perdonar
Crespo, y se acus de la alegra que tuvo por el
balazo de La Carmelera. Apasionamientos huora se
le
iatisfacciones
manos! Dios
frir
le
haya perdonado
lo
que hizo
su-
Belzares!
Ay, hijas! exclamaba consternada.
Seis
aos sin puesto, y todo por haberse negado
venderle un derecho que tenamos en "Los Congrios". Pero
Dios es muy grande!:
sin riquezas, sin
dos hijos
ningn apoyo,
el
sin
marido,
Seor
me trae
la casa!
Para aquella fecha, y
como
vivan en
Camoru-
CO, instalaron telfono. Maravilloso aquel aparato! Verd tenia razn, {Valencia estaba muy ade-
lantada!
De
ah
que
los
primeros das
el
transmi*
EL
DOCTOR BEB
121
sor no tena descanso. Ya era Bella que solicitaba en las tiendas telas absurdas, Carmen Teresa encargndole al marido que cuando se viniera
deba recoger las cucharadas en la botica de Herrera. Algunas veces misia Justina, con voz atronadora que se oa en el vecindario, solicitaba
en las quincallas "calleras para hombre". Pero la
que siempre asaltaba el aparato era Josefna:
Despacho Ejecutivo!
Una persona que desea hablar con
Beb.
S,
con
mismo.
Oye, eres t?
Ahora me convenc.
Tampoco.
S, se
qued dormido.
Ms tarde.
S,
-S.
No.
desde
el
sbado.
el
doctor
JOS RAFAEL POCATERRA
122
N es necesario. A
Que menos que
menos que
t lo creas.
t lo creas.
Digo
que...
Hasta
la
...
menos...
que
t...
lo creas-
noche, pues.
Antes es imposible.
Por muchas razones.
es preferible.
Hasta luego.
S,
iTontol
Ado, pues.
El 19 de
Marzo Pepito tuvo un aumento de
cuatrocientos bolvares en su sueldo. Era da de
Beb conmoQu corazn de hombre! qu
su santo. Aquella delicadeza de
vi
la familia.
nobleza! Misia Justina lo hall exacto Belzares
en sus cosas. Entonces la existencia se hizo gratsima. Los antiguos mediodas de apuros haban
pasado. En
la siesta
la
casa silenciosa, mientras se dorma
y el sol calcinaba el cemento del patio.
EL DOCTOR BEB
I23
de dulce sobre sus anafes borbotaban
de melazas y de huevos hilados. Por las
las pailas
delicias
tardes, se detenan siempre en las ventanas ami-
gos de
la familia.
Unas parientes del Ave Mara
Sanchcra se pasaron dos meses con
ellas.
Sa-
de dos
muel Poncio escribi un vals criollo
partes, una triste y otra animada, con coda del
gnero chico. Lo puso "Josefina", dedicndoselo Beb; pero Daz Pea, que no era el otro
extremo de lo que los chicos llaman en sus juegos "prenda de oro", escribi otro vals: "El Colaborador", y se lo dedic misia Justina. La
familia engord. En el mercado, sabase por los
datos de las cocineras, se gastaban cuatro y cinco
pesos diarios, sin contar la cuenta corriente de
Vilario, el pan, la leche, la carne y otros extra-
ordinarios.
Los domingos entre semana, paseaban en
victoria seis bolvares la hora. Ese frenes de
malbaratar que explota en los pobres de nacimiento cuando disponen de dinero, creca y se
sobrepona la prudencia de la seora, que ya
conoca esplendideces efmeras, pero que pesar
de eso, se anegaba en satisfacciones y se dejaba
arrastrar por los caprichos de sus hijas, de bata
de muselina, con los anteojos cabalgndole en la
grupa de la nariz, examinando el punto de la con*
serva, ponindole un cordn nuevo los escapularios balanceando su obesidad respetable tras
el
paseo de sus
hijas y
de
las
amiguitas entusas-
JOS RAFAEL POCATERRA
124
tas,
para
de
la
ir
caer
como una mole en
Caja de Agua en
los
escaos
mecedor de
el
"los
gorros".
En todas
las existencias,
bles, algunos das
de
aun en
las
ms misera-
piedad divina caen como
la
como
roco se evaporan ms menos
bochorno de la hora igual inmutable que nos vive y que nosotros creemos vivir.
Pepito llegaba las diez la ofcina, una hora
despus que Beb; lea los peridicos Las trece
noches de Juanita^ bostezaba, hablaba mal de
alguno, recitaba Vargas Vila, fumaba tendido
roci y
pronto, bajo
en
la
el
poltrona, elevando
al
techo largusimas espi-
de humo que se desenvolvan suaves y vagas como aquellos das, si no se marchaba al saln presidencial compartir los piropos que Blanco Barboza, Octavio Nougu y algunos ms desfloraban de ocho once y de tres cinco en los
sillones que sus traseros han desteido. Suerte
rales
de ablucin diaria que nuestros parroquiales hacen en cada piscina sucursal de la Lourdes poltica, en donde se baan todas las horruras que
nos vienen de Caracas por tren rpido. Goenaga
casi
nunca se baa
all.
muy
Asiste
poco. El tiene
regadera en su casa.
Beb, cada vez ms enamorado de
pensaba en otra cosa.
ella se
pensin,
la
la
como
encomendaba
libertad
el
Finita,
no
intercesora eficaz,
buen xito de una
de algn preso,
para un sobrino... Porque, nia
el
puestecito
sola decir
ella
EL
confidencialmente
que
DOCTOR BEB
es
incapaz
I25
de negarme
lo
le pida.
Pdele que te pida repuso
insidiosamente
Isolina.
Pero no;
sabia cundo.
Ya
venzuelo cualquiera.
Acaso
verian...
ya
era un jo-
veran...
Lo
que es el g^usto de bajar y subir la escalera de
los palcos como presidenta, con himno de Landaeta y todo, ella se lo dara. Ya veran. Hasta
tuvo el buen gusto de seguir siendo amable con
las Montesillo. Ahora se daba el placer de invitarlas... Isolina asista poco fiestas. Era de esas
criaturas que parecen tener ms muelas que los
dems: tal es la suma de caries que las martirizan. Debajo de puentes y orificaciones, cada caverna encerraba un nervio vivo
Hubo que llevrsela las
tonces Ana Luisa, quien
como una
Trincheras;
la
ostra.
pero en-
cesanta de amores
decoloraba, los emprendi con un guarda-agujas
de
la
estacin y
familia para
don Cruz carg con toda
la
Antmano.
Cierta noche,
al saltar la
tapiezuela en calzon-
Beb no hall la ropa que tirara adelante.
Muy azorado anduvo en cuatro pies buscando el
vestido. Nada. Se lo haban robado. No estaba
ni enganchado en las tejas, ni por todo aquello.
Se vio perdido. Aunque era muy tarde, podra
cillos,
as,
en calzoncillos, atravesar
casa? Era espantoso.
piado? Corri hacia
las calles
Y luego quin
la
esquina.
hasta su
lo haba es-
No
se vea
JOS RAFAEL POCATERRA
120
nadie. Volvi
nada...
al callejn,
Ya
iba
em-
prender camino, temiendo amanecer en aquel
estado, cuando advirti un
hombre que hua
ha-
cia la Avenida. Sin pensarlo, sin pantalones, co-
de aquel hombre como un desesperado.
que hua iba lejos y tena buenas piernas.
Eh! ehl el amigo! el amigo! un momento!
Corri dos cuadras. El corazn le saltaba, las
rri tras
Pero
el
sienes le latan, el hgado le pesaba una arroba.
Se ahogaba de
rabia,
de
susto.
Estaba absurdo.
Entonces, ya llegando los puentecitos de
de mampostera del
ferrocarril, grit:
Prate, vagabundo, prate!
Prate?
gracias
que dej caer en
la carrera
el palt.
Un sujeto de lentes y de sombrero de Panam
que estaba sentado ah, recogi la prenda cada.
En aquel momento lleg Beb casi asfixindose.
Eso es mo.
S, seor, mo no es, aqu lo tiene usted
se lo alarg, quedndose admirado ante aquella
rara indumentaria.
Pero en aquel
instante, la luz del foco el su-
qued estupefacto. Le haba conocido.
supo qu decir. Beb rugi sordamente:
jeto se
No
Maldito
sea,
no son
los pantalones!
y se
cal el palt.
Doctor, Guillermo Huerta Gonzlez, un sersujeto salud con
vidor. Y
sombrero
el
aquel magistrado en calzoncillos.
el
EL DOCTOR BEB
Ya
I27
conocido, Beb sonri forzadamente y enHaba un calor horrible...
sart excusas vagas.
sali dar
ro...
En
una vuelta;
le
provoc baarse en
as... le robaron
su tierra se baan
ropa, y se puso perseguir
mismo que en su
al
ladrn...
el
la
as lo
tierra.
Jadeante se sent en
el
pretil.
Sentase humi-
llado.
En
Valencia hay mucho ladrn
exclam
Huertas Gonzlez con tono definitivo.
Beb crey
percibir Eorna su voz.
Una atms-
de despedirse.
Entonces el otro le protest su reserva de aquel
lance desairado y, por otra parte, capaz de ocurrirle cualquiera. A l mismo, sin ir ms lejos, en
das pasados le robaron una bigotera de su cuarto,
habiendo perro en la casa. Era el colmo. Ambos
se pusieron en camino hacia la casa de Beb. Por
el camino Huertas Gonzlez fu ensartando historias de robos, coincidencias telepticas, casos
espeluznantes que haba ledo enFlammarin.Al
llegar la esquina de "El Empedrado", refera
haber visto en un peridico que ya cuando Moiss se conoca el esperanto. Beb no le contesfera ridicula le agobiaba. Trat
taba; pero l quera manifestarse ilustrado y culto
la vez, y le arrancaba algunos monoslabos
Beb, que
Ya
en
dialidad
la
as,
en calzoncillos, se senta
sbita
acompaante;
despidise de
le ofreci
aquel
su amistad.
feroz...
Con
puerta de su casa, respir.
cor-
extrao
Le exigi
JOS RAFAEL POCATRRA
128
una
para despus, ya que no quera pasar
visita
adelante per
muy
las circunstancias
la hora.
Estaba
agradecido.
Maana, doctor,
maana me ser grato ha-
cerle una visita.
Lo recibir con mucho gusto, joven.
Pocos das despus, Finita, muy sorprendida,
le preguntaba entre dos besos chupados:
Y ese tal Huertas que va con un puesto
para Puerto Cabello, negro?
Es un... un mozo amigo mo, Imuy callado!!
Tuvo vergenza de referir aquel incidente ridculo. Y embargado por ideas antipticas, oy
la serie de quejas. Ya l no la quera; se lo no-
taba.
as,
Ya
pareca fastidiarse; ella lo comprenda
estaba harto...
Y se
puso
llorarle
media voz su resenti-
miento...
Una semana despus supo que
se escriba
con Isolina Antmano. En un rapto de celos
quiso araarlo, lo insult, se resisti cogida por
las
muecas... no,
Quera
irse,
manos de
no
lo
dejara acercarse ms!
soltarse, desaparecer; y
cuando
se aflojaban cansadas,
ella salt
las
su cuello apasion'idamente, tratando de besarlo,
aunque
esquivaba
el rostro;
se abati sobre las rodillas del
Hubo
protestas.
|e informara;
por quien se
No
era
y toda su clera
hombre amado...
era cierto; menta quien tal
ella,
sacrificara,
ella quien l quera,
por quien todo
lo diera,
EL DOCTOR BEB
hasta la vida, hasta
la
1 29
presidencia del Estado.
Otra sombra se interpuso: aquellos amores as,
de noche, saltando tapias, eran peligrosos. Haba
que combinar la manera de verse, de hablarse
sin riesgo. Podan sorprenderlos, y aunque l
comprara la sirviente, el da menos pensado...
Y entonces?dijo ella desconsolada.
Hay que tener juicio.
No tenas tanto
Es que era
Distinto? Cmo
antes!
distinto, nia.
distinto?
frunci
el
ceo.
Beb
vio venir la tempestad.
Pero,
S,
soy... lo
me
digo que era distinto.
que entonces yo no era... lo que
que t me has hecho ser... lo que ahora
nia,
s...
echas en cara!
un llanto amargo, sincero, colmado como
un ro en creciente con todos los limos de
un llanto que es
ta,
los
como
saliva
el
la fal-
rostro de
la hizo domanos y caer contra
miserables que lo hacen verter,
blar el cuello, retorcerse las
la
en
madera del lecho sollozando.
El,
por consolarla, mezclaba frases piadosas y
frases brutales:
Pero no seas
si
oye...
no
yo no
yo no digo eso,
oyes... llora, pues, mtate llorando!...
negrita,
pues!...
Si
me
tonta, mujer. Si
eres una necia...
No
llores
ms,
oye, mi amorcito... Ests insoportable!
lo
digo por eso.
No
entiendes? Bueno,
9
JOS RAFAEL POC ATERRA
130
qu demonio! Pero vas seguir llorando? oye...
Nada
oa;
rechazaba palabras y caricias con
gesto seco, firme;
samente de
las
lgrimas
le
los ojos negrsimos
ancha ojera
azul.
corran silencio-
rodeados de una
La boca pequeita
y roja, por
primera vez, desdibujaba sus lneas insustanciales
en una mueca amarga y
fra
que destacaba
la bar-
billa plida.
Sollozos en tumulto le agitaban el
pecho, y con
la
tranquila impudicia del dolor, sin
cuidarse de las mangas del tnico rodadas, apo-
yando
en ambas manos, y stas en las
el rostro que nuevos hilos de
la frente
rodillas,
ocult
llanto cruzaban otra vez...
Era odio? Era Resentimiento? Era humilla-
No
cin?
que se
pero algo senta en su corazn
saba;
le iba
desgarrando; algo intenso, profun-
do, recndito...
De
esos desgarramientos que sin
rumor casi, al borde de las barrancas inundadas
hacen las crecientes, cuando descuajan lentamente los grandes rboles y los arrastran entre la es-
puma
las luces plidas
Beb, agotada
la
de
la
madrugada.
paciencia, vindola dispuesta
no dejarse consolar, se vesta silbando.
Aquel domingo en
la tarde,
Carmen y
su ma-
rido estaban en el matince; ella quedse en casa
con Petronila y despach luego sta. Beb entr por la puerta de campo que daba al callejn
del rio.
Abotonndose
clam:
el
chaleco, por decir algo, ex-
EL DOCTOR BEBE
I3I
Me voy. Es tarde; esa gente ya debe venir
y vio su
S
continu. Las cinco menos cuarto... y
por ah
reloj.
vienen las
me
con
tres...
pueda
tal
salir sin
que
vean!
Ella deba
asomarse
la
ventana para espiar,
como de costumbre, cundo poda l
pero como obstinada en una idea
escaparse;
fija,
no se
movi...
Beb, impaciente,
le dirigi la palabra:
Oye, me voyl anda,
asmate.
Tenan sus palabras un eco de desprecio, de
mando; l mismo percibi el acento burdelesco y
de reponerlas un tono
trat
jovial:
Ya van dar
las cinco, negra!
La nia se ech
el traje
en silencio, y cuando
fu asomarse, pasndose la
mano por
por
l la ataj
las
dole
mejillas encendidas,
los ojos
y
roden-
la cintura:
Mi leona!
No
resisti.
signada, en
sin rubor,
Contest con una voz
donde
desfalleca
mucho
triste,
re-
orgullo, casi
dejndose estrechar:
Mi querida! ms
bien...
Siempre sumisa, sin contestar las protestas
atropelladas de l, se abandon una vez ms en
sus brazos, dcil sus caprichos, encerrando el
ardor arrebatado de las antiguas horas de amor
en una actitud obediente, pero como ajena al
placer que se comparte, tan habitual en las con-
JOS RAFAEL POCATERRA
132
cubinas,
si
alguna vez tuvieron una pasin ver-
dadera, y en los disppticos que dan banquetes.
Un
ojos
estupor inmenso
muy
ba ido
la
dejaba en
estaba
si
ah...
el lecho, los
de
abiertos, sin apercibirse
si
l se ha-
coordinaba pocas ideas
y sufra un profundo malestar... Una angustia,
una desazn, una tristeza vaga; pero al mismo
tiempo pensaba que no poda dejar de pertene-
Lo amaba mucho, mucho, mucho... vctima,
mismo si era por l...
cerle.
elegida humillada, era lo
No,
no se
Aquello era una mentira
casara.
para que ella consintiera. La tranquilidad con
que desviaba sus insinuaciones
as
se lo daba
entender... Aquella perpetua frasecita
ca entre
que
le
de-
un par de besos: "el matrimonio es
tumba del amor",
frase
que
la
tambin haba
ella
ledo en alguna parte y que le pareca, dicha
as, con indiferencia, una desilusin, una amenaza...
acaso
Cmo
tigo,
feo,
de un pecado imaginario.
el castigo
fu? Dios mo, quin lo sabe!
Un
vr-
una hora menguada; era horrible, era muy
pero era
divino...
poda remediarse
el
Con
todo,
si
l quisiera,
mal, seran tan felices!
despus de todo, cuntas no haban pasado por
lo
mismo, y
tas,
cuntas
sin embargo!... Pero
otras!...
tambin cun-
Un recuerdo
aquella Juanita, aquella
la
tortur:
muchacha que haban
la de los amores con el panaQu horror! Una maana dio luz all
criado en su casa,
dero!...
afuera, en el solar. Petronila al
entrar sinti un
EL DOCTOR BEB
quejidito...
Cuando
133
mam,
avis alarmada su
todas corrieron. Petronila lo tom en brazos; era
un infeliz recin nacido, medio coloraduzco, los
pegados, calvo, tan
ojitos
Aquella idea
la
cerca; tena entonces
recin nacido,
sucio...
tan sucio.
hizo estremecerse. Ella lo vio de
as,
mucha curiodad de ver un
acabado de
salir,
como
si
di-
jramos, porque los que ella viera antes no ofre-
muy
can gran inters; todos
gordos como
blanco,
limpios, fajados de
cannigos... Este no: el la-
bio superior partido, enseaba las encas. El doc-
que era lidparo,
tor dijo
lidptero.
Una
pala-
bra, as, rara...
De
pronto sufri un desvanecimiento, una
oleada de sangre
le
inund
el rostro
y baj luego
helndole los pies y las manos... Despus sinti
como un nudo en la garganta y una obsesin inquietante de asir algo blando.
Su estmago
se
contrajo, y sin dar tiempo correr hacia el tobo,
vomit un liquido blancuzco, con estriaciones
de flema y de bilis.
quiso llamar... Inundada en sudor
amarillas y pedazos
No
fro,
se-
refugi en la cama, la cabeza se le iba, algo ardiente,
como un vino
viejo, algo
venas hasta su corazn hacindolo
te,
como respondiendo
casi presentido,
lla
suba por sus
latir
dualmen-
otro latido, recndito,
que formaba
la
sangre tumultuosa desde
armona de aqueel
fondo de
los
ovarios.
Das despus, en un rapto de abandono, con
JOS RAFAEL POCATERRA
134
un orgullo miedosO; temblando de emocin, se
lo confes...
La fisonoma de Beb enserise ms que de
ordinario, una mueca angular de contrariedad
mantuvo su semblante perplejo. Ella, escondiendo la cara ruborosa en su hombro, esperaba que
aquellos brazos que
la
rodeaban dbilmente,
estrecharan, que un beso de
amor
la
desflorara en
sus labios aquella confesin ntima, con el fuego
del
macho que
se siente creador;
que sus
la-
bios acudieran palabras,'palabras locas, pero que
sonaran contento de amores. Los brazos se
aflojaron
ms hasta
soltarla,
de
los labios
con-
trados cay una palabra seca, contrariada:
Qu broma!...
Y
de sus lgrimas pudo
verle, l mova la cabeza de un lado otro, repitiendo aquella frase media voz:
Qu broma!... jqu broma!...
cuando
ella,
travs
Con una
frialdad humillante agreg:
Bueno, ahora hay que tener
Tener juiciol Era
con
la
la
juicio.
eterna palabra. Todava
cabeza inclinada, llena de confusin, vol-
va escucharle aquella frase
como deprimente, sin afecto, sin
en momentos en que ella esperaba un
ba, dicha
ternura,
ambigua que sona-
as,
pecho noble donde reclinar consolada la frente
que esconda. Siempre inclinada ante su contrariedad, experimentaba una sensacin de culpabilidad, mientras l daba su actitud un aire de
DOCTOR BEB
EL
dispensador...
supo que
detalles
con
En
I35
su turbacin, ella
no dijo nada;
protestaba cosas vagas, que
insistencia:
cundo? Crey
cmo
oirle algfunos
peda
le
desde
lo saba?
trminos extraos:
"consideraciones", "era una fatalidad",
"todo
tiene remedio" y sobre todo "pensar con
mucha
calma, nada de imprudencias, confiar en
fiar
mucho en
Yo... yo creo en
te
yo
que
mi amor?
l,
con-
l..."
no
Que no me
arrebatadamen-
t;
le dijo
me
abandonars, verdad,
dejars ahora
asi...
Dmelo,
dmelo.
Se
arroj su cuello
iQu cosas
como
loca.
nia... Por qu
voy abandonarte ahora?
Ella le bes en los labios:
Ni ahora ni nunca, no es verdad? Ni ahora
tienes! Eres
una
ni
nuncal
se estrechaba l buscando un refugio en
los brazos
amados, tratando de vencer una
resis-
tencia invisible que flotaba entre ellos y que procuraba l dominar con pueriles protestas.
Pero, oye, ten calma.
Dime,
dime...
Sentada en sus rodillas como una chicuela, co-
menz escuchar
era una
que l le haca,
de su leontina. No
reflexiones
mientras jugaba con
el dije
locura proceder tontas y locas?
Aquello tena que pasar; era cuestin de tacto;
eso s, nada de imprudencias, nada de locuras!
JOS RAFAEL POCATERRA
136
La voz de Beb se
iba velando;
medida que
hablaba, conocase que buscaba un camino para
deslizar consejos; con la mano de ella cogida le
daba palmaditas en la pierna:
Yo mismo, yo que soy mdico, conozco
modos y medios de que eso no suceda. Es tan
fcil evitarlo...! Ahora que es tiempo... sin demo-
rarse... sin
De
demorarse.
pronto, Josefina se puso en pie. Haba com-
Muy
prendido...
plida, cerrando
los
prpados
con fuerza, abrindolos luego como asombrada,
protest altivamente:
No, no. Eso nunca!
Pero,
qu tienes?
No.
Te aseguro que nada sucede... nada absolutonta,
tamente;unapapeletica,unapldora... Cuestin de
Adems, yo estara en cuenta para el caso...
Una ola de sangre le ba el rostro:
Lo que me dices es horrible... No sigas. No
quiero que me digas eso... no... nunca. Prefiero
nada!
todo... todo...
Un escndalo? Bueno. Yo
estoy
desamparada. Mi pobre mam, mis hermanitas.
Ah
es
horroroso esto; es horroroso!
Se sujet
la
frente con las
manos, y sin or
nada, estall en sollozos y en reproches:
Ya, qu
gafiastc?
ms quieres de m? No me en-
No te has
burlado?
No he sido todo
lo
que t has querido? Dios mo! Y ahora pretendes...
La voz se ahogaba en su garganta:
DOCTOR BEB
EL
137
Eso infame, infame! [Eso
Te busco
Qu cabeza
nunca!...
es
el modo de
que salgas bien, sin escndalo, por ti, por tu familia, por m mismo... y qu me contestas?
Que soy un infame, un bribn, un... Vaya, que
exclam trantando de impoesto ya es ridculo!
la tuya!
nrsele por la clera
todo
el
mundo
Qu
prefieres?
Que
se aperciba, que haya el escn-
dalo, o que, siguiendo mi consejo, salgas de eso?
Crees que es un crimen?
S, s es.
Qu tonta! Un crimen? Un crimen
tiera el ser, algo consciente;
si
exis-
pero un embrin, un
existe... Crees
que yo te aconsejara una mala accin. Ah! eso
no lo hara jams... Acaso lo que te propongo
est nada ms que en tus manos? No! Eso es mo
tambin; yo tengo derechos... derechos que t
me has dado, que yo reconozco, que yo no puedo
aceptar de otro modo que de ste: salvarte a ti y
embrin, una cosa que todava no
matar eso.
Las palabras cnicas caan con una lgica de
sacos de estircol, una una; framente veces,
veces con el calor de quien se
empea en
denciar un propsito, en otras con
la
evi-
suavsima
insinuacin revestida de afectos...
Josefina, cada vez ms plida, le oa. Instintivamente retirbase cada nueva palabra como
ante una amenaza...
terrumpa:
De tiempo
en tiempo
le
in-
JOS RAFAEL POCATtRRA
138
Ah! eso nunca. No, eso nunca.
La
ira
que antes
miento que
la
pona sumisa,
la
el resenti-
inquietaba, las amenazas que aho-
gaban todas sus protestas, ahora se estrellaron
ante las palabras firmes y
Entonces
el
semblante
plido...
opt un recurso extremo. La es-
trech entre sus brazos, colmndola de caricias
enloquecedoras; apretndola contra su pecho,
de convencerla amoroso y rendido...
Eran splicas, gemidas dulcemente, eran ruegos
por el amor que le tena, por ella, por l, por lo
trataba
que ms
quisiera.
Mi vida, hazlo por
lo espantoso!
t,
piensa en
el
Tu nombre en boca de
escnda-
todos.
Yo
mismo, qu podra hacer despus de semejante
el mal, aunque qui-
escndalo? cmo remediara
siera?
Cmo?
Pero
la nia,
jDmelo, ver, dmelo!...
sacando energas desconocidas,
en brazos del amante, debilitada por
el calor
de
su pecho, todava se sostuvo:
No, mi amor, nunca!
Entonces?
Entonces... nada. Suceda
ra.
Yo
s que t no
lo
te casars ya
que Dios quieconmigo.
Pero...
No, no
te casars
afirm
resuelta
yo lo
no de ahora. Te quise, fui tuya hasta donde
puede serlo una mujer que quiere como yo te
quiero... |Ya... ya ests harto de m! Ahora te
molesta que yo est embarazada! Temes el es-
s, y
EL DOCTOR BEB
39
cndalo; quieres obligarme una mala accin
por tu nombre, por tu puesto, por el qu dirn.
no puedo nada contra ti. Y aunque pudiera,
te quiero demasiado para hacerte el ms peque-
Yo
que me propones, yelo, no
insistas... Lo que me propones, nunca. Eso nunca; me da asco; no me lo digas ms, no quiero
que me lo digas ms.
Y t le pregunt con voz casi despreciativa
prescindes de todo, de tu familia, de la
dao...;
pero
lo
sociedad, de?...
De
nar
mi familia? Mi familia no me abandot. La sociedad? ya no puede imporDesde que hice contigo lo que hice, no
como
tarme...
me ocup de
ella;
acaso t mismo no
me
ense-
aste despreciarla?
En vano
ensay todo.
repasar de un extremo otro
dia.
la
No
consigui sino
virgen loca, herida en lo
del sexo, de su herida
le
de su comems profundo
el rol
brotaron flores
como
de poda nueva; al fecundarse recuper una dignidad extraa; y erguida, altiva, concluy asegurndole que perda su tiempo, que sucediera lo
que sucediera ella vivira para que viviera aquel
ser desconocido, aquel pobre ser inocente que
desde la sombra de su falta, entre el mismo desprecio que trataba de abatirla, asomaba su carita color
de
rosa...
Esa madrugada, Beb se prometi no volver
ms. Arreglara aquel desagradable incidente del
JOS RAFAEL POC ATERRA
140
mejor
modo
tan
buena
Un
de
posible. Cuestin
dinero! Pero era una
dinero...
broma pesada! Diantre,
mujer!
la
espermatozoario trepando hacia
maldito
un insignicante germen despreciable y abyecto le costara, cuando menos, quinientos mil
pesos. Era el colmo!
Muy preocupado esa maana, oy las conarriba,
versaciones de costumbre.
poco entr Pe-
pito:
Sabe, hoy ha amanecido Josefina muy quebrantada.
S? repuso inmutarse y se dije
lo
sin
esa nia; deba tomar con juicio su glicerofosfato.
Eso es anemia. Lo mismo que
Es una
familia anmica. Bella es caquctica, eso no te
tu mujer...
quede duda. Bella es caquctica.
Y qu opina usted para eso?
Pues...
fortificantes...
reconstitu*
hierro...
yentes...
Me dicen
Beb
que un temperamento.
vio un relmpago.
Ah!
s.
Unos baos de mar; ese
es el mejor
remedio.
S; pero,
por ejemplo, cmo
me
las llevo
Puerto Cabello?
Lo mismo que tienes aqu.
Carmen...
Yo
Josefina. Sobre todo
Bueno. Y
las
llevara
Bella...
Josefina.
crees que ella est
muy
bien, por-
EL DOCTOR BEBE
que
la
veas
as
gorda... Ella es robusta y
que quieras; pero, ya
mica.
No
S;
te digo, esa nia
todo
lo
est an-
tienes sino verle el color...
ahora das
Tambin esa nia
Ah
s;
daban mareos. Dos
le
veces tuvo vmitos.
to.
I4
muy desvelada, sin
es muy caprichosal
pero, mira, es
cuestin
tres
apeti-
de
ca-
rcter.
Guardaron ambos
silencio.
De
pronto Beb
le dijo:
La pobrel Si
te quieres llevar la familia,
yo
te ayudo.
Pepito reflexionaba,
Es lo mejor
que puedes hacer; siquiera un
par de meses!
Bueno dijo semi-resuelto
yo se lo voy
proponer hoy mismo.
Despus hablaron de asuntos del servicio.
La misma tarde, Pedro el portero llev una
;
cartica para Josefina. Eran cuatro lneas
lacni-
"Acepta la proposicin de tu
cuado. Es necesario que la aceptes. Hablaremos.
imperativas:
cas,
Confa en m. B."
Al
recibirla tuvo
una jaqueca horrible. Misia
ponindole compresas de agua de colonia, murmuraba malhumorada:
Justina,
Estas muchachas de
tes una,
ahora, yo no sl Ancuando tena novio, aumentaba quin-
ce y veinte
lor,
libras,
estaba contenta, de buen co-
respirando vida. Ahora parece que con es-
JOS RAFAEL POCATERRA
142
sumen; todo se
me
les
va en
Dios! [As est
rido se
dira
la
que
cilagos.
chupa!
los
la
y ojeras. Vlgaparece que el ma-
flatos
otra;
contiguo
peor...
Cualquiera
novios no son novios, sino mur-
IX
El tren de las tres parti
al fin.
Hasta ltima hora, ya en el vagn, entre su
mam y Carmen Teresa, despidiendo las amigas
que fueron acompaarles la estacin, esperaba que l llegara en un coche, escape. Cada
carruaje que entraba hacia el andn le pareca ser
el de Beb, y con desaliento vea salir de l
un seor gordo, el cura de Naguanagua, un
paciente que iban baar Las Trincheras.
Nada. No vena.
Pepito dio abrazos calurosos en
saludaron con los pauelos
las
el
andn. Ellas
amistades que
despedan, y lloraron, por esa costumbre de
derramar lgrimas en cualquiera estacin en el
las
de difuntos desconocidos.
En las dos horas de viaje apenas si Josefna se
fij en las caras indiferentes de los dems pasa*
jeros. El paisaje, desde las ventanillas, era de
una tonalidad gris, con grandes manchones de
velatorio
niebla y de
humo que
veces se descorran para
JO^E RAFAEL POCATERRA
144
mostrar caaverales corrientes de agua
<:Iara
muy
entre peascos azules.
El no haba ido.
No
haba ido. Ni un simple
recado de despedida. Por todo, aquel papelito imperioso:
"Acepta
Es necesario que
la
la
proposicin de tu cuado-
aceptes; confa en m..." Es-
muy ocupado? No, cmo
antes no lo estaqu lejano, y apenas haca cuatro meses, vea todo aquello: los sueos enloquecedores, las promesas ms enloquecedoras an: l detara
bal Antes...
una casita,
con enredaderas,
jara la poltica, se iran lejos, solos,
una quinta. Ella la quera
'as,
con rboles grandes y telfono; pero tambin
de
pronto, nada de eso era cierto: la bruma se ras-
prefera una casa central, bien amueblada... y
gaba, caan los castillos de baraja, no quedaba
en pie ms que aquella verdad desnuda, desnuda
y
fea...
Un abandono
vulgar, con su cortejo
de
mortificaciones, con su eterna historia de la pro-
mesa de matrimonio, y la cada, igual siempre
para la pobre muchacha de alcabala que para la
seorita de la calle Real.
Un aire puro, penetrante, impregnado de sales
resinas, invada el vagn, en donde los espede
y
jos invertan el paisaje multiplicando los rostros;
entre ellos el semblante distrado de su hermana,
quien su marido le indicaba un picacho, alzan-
do
la voz,
que
rabillo del ojo
el
ruido del tren apagaba; con el
observ que Carmen Teresa esta-
ba alegre, infantilmente alegre, como muchacha
EL DOCTOR BEB
45
que por primera vez viaja; y deca atropelladamente todas las incomodidades:
Las pobres
ganizando
el
eso; pero fu
mam
y Bella... All estarn or-
desastre...
En
una carrera, un desbarajuste. T
traes la receta del doctor
frasquito
de
las gotas...
se deba quedar...
grama
ya salimos de
fin,
No
Ya
Raz?
se
me
se
qued
el
ponia que algo
se te olvide poner el tele-
al llegar...
Pepito buscaba en los carrieles:
|No, aqu est
el
fulano frasquitpl
Sonrieron. Luego echse hacia atrs, encendi
un cigarro y se absorbi en
la lectura
de
los pe-
ridicos.
Josefina record aquellos das de preparativo:
de los bales, las indicaciones Pepicuando fuera una semana antes buscar casa
los rtulos
to
en Puerto Cabello; deba estar situada junto
al
mar cuando menos que se viera bien. Y de alto.
Las casas de alto son mejores... Tornaba ver el
corredor con los equipajes,
cesta,
las sombrereras, una
dos bojotes, un cajoncito de fideos para el
reverbero y los remedios de Carmen Teresa, la
botella de glicerofosfatos, envuelta en un nmero de Can. Misia Justina crea que no estara
dems
llevar
una pimpina y
los bacines;
pero
Iqu ocurrencia! iban cargar con todo aquello!
Lo que faltaba era que llevaran
y
la jaula
del loro
la perrita!
Josefina no discuta... varias veces, en mitad de
10
JOS RAFAEL POCATERRA
146
guardando un sombrero envolde dientes, quedbase perpleja, con la frente apoyada en la tapa de bal. El
da antes, del cofrecito de recuerdos donde aU
temaban una estampita de su primera comunin,
el programa de cierto baile, una receta para las
los aprestos,
viendo
el cepillo
pecas y los versos de Guillermo, tuvo un acceso
ira que termin en llanto. Pero los flatos no
de
intranquilizaban la casa: ahora no eran los gritos
de
antes, las palabras mordaces: el llanto solita-
disimulado con abluciones en los ojos y pasadas de mota, se desbordaba calladamente desrio,
fondo de sus sufrimientos, y caa gota
gota sobre los papelitos apasionados que, orde-
de
el
nados por fecha, comenzaban con
el
"estimable
seorita", y pasando por el "amor mo", **mi idolatrada", terminaban con "mi negra querida",
reprendan severamente:
"Josefina".
aquellas lgrimas que enfurecan su
Ocultaba
mam y que
sus hermanas reputaban de ridiculez; pero volva
ellas con un placer extrao de desesperarse
s
misma, figurndose escenas terribles en que
lo
sucedido provocaba un conflicto entre su cuado
y Beb...
De
pronto, sobrecogala un miedo cer-
val y se internaba en
devociones patticas en
optimismos inefables. No,
no era malo,
la
quera, cuando aquello sucediera, la querra ms.
Acaso no lo senta ella as? No era eso lo natural?
Por
fin
lleg el da del viaje. Tres cartas y dos
EL DOCTOR BEB
recados quedaron sin contestacin. En
las ocho, estando todos en
el
la
47
maana,
corredor despi-
dindose de varias vecinas, lleg Beb en coche,
muy de carrera; dio disculpas aceleradas; estaba
muy ocupado; el mismo Pepe poda decirles. Ella
de hablarle aparte. Las dems procuraban
escurrirse. En un momento dado, cuando la conversacin general cubra las medias voces, ella
trat
le dijo:
Me abandonas,
lo
comprendo.
No
siquiera un poquito de afecto ahora.
da, su acento era
amargo y firme
tienes ni
Muy pli-
pero
repuso
con presteza:
No seas tonta! T
quila.
Y
que
Eso
alzando
les
te convencers.
muy
que comieran mucho
bien,
pescado, declar que
l le
el
presento
pescado.
all;
el
Un domingo de
el
fsforo
estos
me
tendrn que darme de almorzar.
No deje de avisarnos
resa,
mucho
gustaba
pescado frito, sobre todo el mero...
Y que parece mentira aadi
les
tran-
voz, al despedirse, desendoles
la
fuera
que tiene
Vete
lo arreglo yo...
le
rog Carmen Te-
previendo los desastres de una sorpresa.
protestaron
el
placer tan grande que aquella
visita les dara...
las manos de todos; oprimi con ms
de Josefina y vindola con lealtad los
ojos murmur:
Estrech
fuerza
la
Har
lo posible
por
ir
la estacin;
si no...
JOS RAFAEL POCATERRA
148
Ella lo mir
Si no?
Hasta
En "El
con
tristeza infinita:
el domingo!...
Palito", al volver
de un matorral, bajo
tarde gris, surgi un rumor solemne.
la
Una
lla-
nura ceida de cordones de espuma, volcaba en
cambiantes su vasto hemiciclo de negro humo,
plata y jaldes desteidos.
El
mar!
Algunos
caseta de
instantes se detuvo el tren frente la
estacin.
la
Detrs,
muy
muy
lejos,
vagamente, en un horizonte de ceniza que era
mar y era cielo, puntos ms negros se destacaban:
sin
duda, alcatraces que regresaban de alta mar,
brumosa de
hacia
la linea
stos,
cercano
la orilla,
los peascos...
asomaba un
Uno de
instante su
desnudez negra y mutilada para cubrirse de nuevo como un moro bajo su albornoz de espuma.
Y luego, reanudada la marcha, ya la visin
dilatadsima comienza percibir
de
las
En
montaas y
la estacin,
la
la
mezquindad
chatura de las habitaciones.
un barullo sordo, un
ir
y venir
de personas conocidas quin
sube dnde; ojos curiosos; una lucha contra pade
gente... rostros
cotilleros; reclamos; carreras inciertas las
por-
tezuelas con un ticket en la mano, carretillas
que
descargan equipajes abrindose camino entre los
grupos.
el
traqueteo de un mal coche travs
de tabiques de madera, de barracas hechas con tablas de barril, de
de
calles fangosas, lo largo
EL DOCTOR BEB
algfn edificio
I49
obscuro con ventanas de barrotes
macizos que hacen recordar misteriosamente los
sombros depsitos de la Guipuzcoana. A veces
un zagun deja ver un patio. Huele alquitrn.
En el fondo hay rollos de cables, aparejos, estopa, un cromo-almanaque de una lnea trasatlntica donde un vapor inmenso se aleja en
la
no-
che, reflejando sobre el agua negra sus faroles
rojos...
Por detrs, encima de
los techos, la lnea gris
del cielo y del agua se confunden...
mas que
flotan
sobre
las
En
las
bru-
aguas del puerto apenas
se acusan lneas duras, opacas.
Son
las
murallas
del Castillo Libertador, en cuyo tope flamea una
bandera que se ve de lejos como clavada en alta
A derecha izquierda las montaas se perfilan, ascendiendo medida que avanzan hacia el
mar...
interior,
y todas son verdes, veces salpicadas
de chozas en las faldas, veces solitarias,
queadas por zonas de bosque con algo de
flanfrio-
lento y de aborigen.
Llegaron. Era una casa estrecha, con dos habitaciones bajas, una de aito, espaciosa, rodeada
por un balconete de madera pintado de azul,
Manglar; la otra faz daba hacia los tejados de la ciudad; pero se divisaba tambin la
mezquita del Hotel de los Baos, un pajarraco
orillas del
dorado sobre una columna y el reloj de los altos
de la aduana, sobre el agua muerta y las cordeleras de la baha.
JOS RAFAEL POCATERRA
150
Una
de
el
escalerilla angosta trepaba vacilante
des-
estrecho corredor de los bajos, donde las
pulgas enflaquecidas saltan por miriadas hasta
el
piso alto.
La primera velada
fu triste.
En
la
pared
le-
prosa del corredor una lmpara daba su luz los
cajones y bales amontonados.
No
haban queri-
comieron de pie. Despus una
vecina, mientras venan los muebles de la estacin, les prest sillas, una mesita, una pimpina
do
llegar al hotel y
con agua y dos vasos.
Carmen y Pepe abrieron
los catres en la salita.
La negra que haca los honores, greosa y activa, colgle una hamaca en el alto. All dormira
la nia muy bien. Las dos sirvientes hicieron
causa comn en la cocina, aun cuando Petronila
dbase por rebajada en compaa de aquella holandesa.
Al da
siguiente, ya
viaron de
la
muy
estacin los
tarde, fu
dems
aquella primera noche, el pulguero,
que en-
bultos;
la
pero
excitacin
del viaje y esa desorientacin de una nueva alcoba en un lugar desconocido, intranquilizaban
Josefina.
Su inquietud
bullale en la sangre, pe-
queas cleras que exacerbaban
oanla extraar
el
las
pulgas ha-
dormitorio en hamaca, y ade-
ms un calor insoportable...
En la calle dos mujeres
se insultaban en un
patois absurdo, sin orse una la otra.
]Dios mol iQu horrible todo aquellol {Qu
EL DOCTOR BEB
15!
das la esperaran! Pens con dolor en su mam,
en su hermanita, en su cuarto casa de Carmen;
el espejo dorado, los cachivaches, la Virgen del
Carmen con
su mariposa encendida yel
cromo de
las "plules orientales", aquella parisiense esbel-
bajo un sombrero de plumas inverosmiles,
ta,
quien envidiaba
comunes
tan
el
cuerpo ylosojos
los ojos negros!
queas comodidades. Se
pasear en bote,
paseos!...
con
le
le
En
claros... Eran
fin,
todas
haban hablado tanto de esos
Y l que vendra el domingo, almorzara
todas aquellas cosas que ofreca
ellos, le dira
decirle en sus cartas de llamada, "tengo
te
muchas cosas"; cules eran? El
como en
las pe-
ocurri que podra
que
llegara,
decir-
ella,
otras ocasiones, se quedara en silencio,
y no sabra ms que verlo intensamente hasta el
fondo del alma, adorarlo, ser suya otra vez, ser
por
para l; as y todo, pero querindolo muPor amor, lo que haba ocurrido no la humillaba: no haba sido ni por inters ni por locul,
cho...
ra.
Ah! no, eso no; era amor, amor pursimo, el
primero,
el
nico de su vida,
bre, sin nadie.
No,
pero... ella sola?
te,
el
ltimo
tal
vez.
aquel otro que deba venir? As, sin
ensay
el
sin
nadie no, estaba
nomella,
Entonces, con energa crecien-
discurso que le dira, pese quien
pesare; unas reflexiones aue no tendran rplica
de puro
cumSe senta capaz para reclamarle
cumplimiento de cuanto le haba ofrecido: era
lgicas, terminantemente: l deba
plir su palabra...
el
JOS RAFAEL POCATERRA
152
SU deber antes de confesarlo todo, todo su madre; pero, podra hacer su
madre
confe-
tal
sin? Qu idea! Por qu no? Ella, ella
la
Contra su mismo amor de hija,
xion en todas aquellas ideas pequeas de
donara...
ora, en todas las vulgares escenas
que
perreflela se-
ella ex-
hibira: habra lgrimas, quejas, gritos, se arrodi-
ante los santos, sera capaz de ponerse de
Qu horrorl Ella no dudaba que despus
sera un consuelo para ellas; pero no se atreva
atravesar hacia el corazn de su madre por una
calle empedrada de vulgaridades mortificantes.
Carmen Teresa? Tan buena, tan dulce... Dios
mo, qu pena iba causarle! Luego... no reserva nada! Lo sabra Pepe... y las consecuencias...
poda haber hasta una desgracia. Como Pepe tellara
luto.
na tan
mal carcter y era tan violento!
en
cuanto Bella, qu ms daba que lo supiera
no? Pobre hermana mayor, arrugada como una
raz que daba su savia al hogar comn, qu hara? se pondra llorar y se le pasaran
tos
de un
Estaba
fatal;
dos pun-
sol.
sola...
cada hora aproximaba ms
aquello deba conocerse
pes con amargura
la
al
situacin
fin.
el
da
Entonces
angustiosa de
aquella Juanita, que sali de su casa corrida por
ella,
en
escondiendo
la
cara avergonzada y llorosa
el delantal.
Sola en
la
habitacin, entre pensamientos des-
esperados, sufra un malestar indefinible.
De
no-
EL
che
DOCTOR BEB
ms
los incidentes
153
triviales,
se as^ravan, se
aumentan, se hacen amenazadores
Dos
inslitos.
das despus, ya instaladas, una tregfua
afable en ocupaciones, el aspecto nuevo de las
cosas y aquella nocin de una vida distinta que
cada mudanza
muy
Las siestas
inspira, se dej sentir.
calurosas adormecan la voluntad.
En
la
ma-
ana percibanse los ruidos del puerto^ crujan po*
puntualizando su crujir gritos en lenguas ex-
leas,
traas;
golpeaban
los martinetes del
las sirenas
anunciaban, junto con
llero
dique asti-
negro, que se elevaba por encima de
la
entrada de algn vapor. Por
languidez adormecida sobre
ciudad lentamente;
las
las
el
humo
las casas,
las tardes,
una
aguas invada
la
ltimas luces tocaban n-
gulos de arquitecturas distantes; un barco dora-
ba sus velas en
el
azul
profundo del horizonte;
sombras verdosas corran como estremecimientos
por
la
superficie
de
los manglares,
por los te-
jados, en un trecho de calle, sobre algn cocal
de Goaigoaza. Un reflejo inusitado haca ms vagos an el bermelln obscuro de los techos,
la planta muerta del agua, el gris que extenda
sus manchas inquietas en lejanas de boceto. Las
nubes pesadas raramente dejaban ver una ceja de
azul pursimo; avanzaban
por
el
muy
bajas,
empujadas
soplo de los terrales. Entonces Josefina,
echada de codos en
el
balconete, respiraba
JOS RAFAEL POCATERRA
154
aquel aire sano que traa an su perfume selvy que la adormeca con una visin de vegetaciones soleadas entre aquel panorama de puertico,
to en crepsculo.
no se
Ella
distraa
mucho, pero tampoco lo
como S3 lo rogaba
procuraba; en vez de pasear
veces su hermana, prefera las horas blancas del
reposo, sin pensamientos.
ms y l vendra... Tornaba leer la
de carrera, con lpiz-tinta, sin
"El domingo sin falta; perdona, pero an-
Seis das
tarjetica, escrita
fecha:
tes
me
mana
es imposible." Proyect salir con su her-
esperarlo en la estacin; no, era
cura. Iran pasear luego
Carmen Teresa
mar,
all,
heridol
los
la
Alameda
una lojuntos.
complacera. All, frente
al
solos, le abrira su corazn; (estaba tan
jQu de penas sordas
le latan dentro!
Quizs exteriorizndolas dejaran de mortificarla
porque s la mortifcaba aquella situacin
tena el valor de
ms que todo,
que
l le tendiera la
exhibir su falta, qu mucho
mano, le prestara su apoyo y le diera su nombre
para el pobre ser desconocido?... No, no era
tanto...
delicada, y
por
ella!;
.si
ya ante
misma
deba considerarse!
sultado nada, nada...
co, resignada,
vergenza,
como
no era
al
se consideraba...
como
menos no hubiera re-
Lo amara siempre en
silen-
abnegada, estimulndose con su
baje amargo de
ella...
Si
los crucificados
la
ella
con aquel bre-
piedad antigua. Pero no era
solamente!
EL
Por
Una
fin, el
DOCTOR BEDE
sbado, en
el tren
de
la
55
tarde lleg.
salva de cohetes y una msica lejana as se
lo anunciaron. Pepito corri
desolado hacia
la
estacin.
Hora
hora esper
tras
ella
en vano.
Odi
aquellos cohetes, aquella msica, aquella recep-
Qu
cin...
fastidiol El
estaba
all
mismo, cerca,
algunas cuadras, y no poda venirl Josefina,
cada instante, se asomaba
Sjou Presidente
taj
zolea desde
la
asomaban en
los cuartuchos
Pasaron
tres
balcn.
al
liega
gritaba una cura*
esquina otras mujeres que se
de enfrente.
hombres: uno llevaba quitasol
blanco y casco ruso de lienzo; el otro se enjugaba
aplicndose el pauelo manera de com-
la calva
presa: discutan con el
ado en acelerar
Veran
cmo
el
el
que iba delante empepaso... "Qu indolencia!
hombre
se les
iba...
Ya
ces
el
himno..."
Pero ndense, hombre, ndense!...
Y
mocetn apresurado, con aire de torero y
de arribista, se esforzaba en apurar los retardados.
Le llamaban precipitado, nervioso... El tenia
el
aspecto de primognito gordo y sano, criado con
sopas.
Josefina desahog su
llos infelices.
malhumor contra aqueLe hizo observar Carmen Teresa
aquella precipitacin. Adulantes, buscadores, necios...
En
fin,
todas las faltas que acusa un exas-
perado en los atentos porteos!
156
JOS RAFAEL POCATERRA
Este Lope que nos urge!
pronunci el calvo en castellano de Rufino Cuervo.
Pero el otro, que era criollista, ech de paso
un temo. Entonces le dieron con el codo. jBoca
sucia! Arriba haba una familia. Un poco cohibidos, saludaron los tres. Despus hablronse me-
dia voz. El del casco se volvi varias veces hacia
balcn.
el
La negra gritaba sus impresiones desde
la
es-
quina:
Mainda mitaj ped placa
da
mitaj ped placa! Taj
Mainpone pulpito sjon Corhabla... Bsame que ej
presidente,
sjon Cordido taj
un'home chiquito sjon Cordidc;
dido...
su cosa.
taj'ici
E'vist su levi:a.
Pandillas de chicos corran hacia
En
los ventanucos,
musas con
los
en
las puertas,
la
estacin.
negras de tu-
pechos colgando bajo
la
rodada
camisa, vean lo lejos.
Se escuchaba el rumor de una gallera. A ciencia cierta, no se saba si era una recepcin oficial una pelea de compromiso.
Calle arriba, portando su barriga un buen seor con sus peridicos bajo
el
brazo, detuvo un
jovencito que en sentido inverso pareca huir,
manifiestamente malhumorado, de aquel
festival:
Mira, qu es lo que hay, chicharrones?
No, sinvergenzas, este pas se perdi!
Y
con una clera de lo ms independiente calumni al Ilustre Concejo Municipal y al pas,
EL
DOCTOR BEBE
57
llam estpido Carlos Brandt y dijo que iba
decir cuatro frescas por la prensa:
Esto no tiene composicin aadi
ahora
escribe de arte, cualquiera.
1 gordo se sonri y continu imperturbable.
Pas la noche y Beb no fu. Mand recado
con Pepito. Imposible. Estaba invitado comer
casa de Z, luego una velada literaria en donde se
soportara un drama de Linares. Se trataba de
la
regeneracin del teatro nacional. La escena ocuentre dos venezolanos que se encuentran
rra
en San Petersburgo.
nara tarde
Ella se
seis
la
De
lo
ms
original.
Termi-
recepcin.
prometi verle muy temprano.
ya estaba en pie. Los ojos brillantes, de
buen
color, peinada
lina blanca; las
las
muy
con gracia, vestida de muse-
mangas rasgadas dejaban ver
casi
enteros sus brazos redondos y blancos hasta
la
leve sombra de las axilas... Bajo la blusa abultaban redondos y fuertes los senos. Pareca estar
envuelta en una onda clida, en una voluptuosidad
comunicativa. Fresca y apetitosa
sazn,
en
como
fruta
en
Carmen Teresa no pudo menos de besarla
encendidas; Pepe le dirigi un pi-
las mejillas
ropo cuando se desayunaban:
Cua! Ests
cogido
t sola el
chada relat
de
la
dis!
gorda y buena moza; te has
temperamento. Con voz trasno-
las mil
impertinencias de
la
comida,
velada, de las conversaciones... siete brin-
Una oda de Tejera "Al descubrimiento de
158
RAFAEL POCATERRA
JOi
Amrica", recitada por un jovenzuelo que estaba
mudando la voz, cuatro composiciones ms, en
fin,
un horrorl
mismo
le
obligaron sen-
de Beb, quien ntimamente le
manifest su contrariedad... Aquello no era republicano, ni restaurador, ni nada; mejor lo hubie-
tarse la derecha
ran hecho bailando.
Ay!, nia interrumpi Carmen cmo
ra
eso con aquel calor!
primir la camisa.
le
Pepe se
le
se-
poda ex-
preguntaron que por qu
no fuimos nosotras; figratel Los tres sintieron
un desdn valenciano, de civilizacin superior.
Despreciaban aquellas veladas cursis de cabecera de distrito!
Rieron. Josefina se sirvi dos tazas de caf eon
leche y acab
la mantequilla...
va aquella poblacin
de
Reprochaba toda-
imbciles, como
nunca hubieran visto un presidente! Era feliz.
Sentase dichoso esa maana. Ella tambin tena la
la mana de mortifimisma y andar siempre con ideas tristes.
culpa de sus desazones, por
carse
Tocaron la puerta. De un salto fu abrir.
La negra Petronila entr aceleradamente; hablaba
ahogndose:
Ah
viene... ah viene; lo dej
na... est
S,
mira
No
en
la
esqui-
gordo y buen mozo!
pero anda, qutate ese fustn tan suciot
que das penal
tena otro...
Entonces Josefina subi co-
rriendo y le trajo una bata de
ella.
DOCTOR BEB
EL
59
Torna, ponte eso.
En ese
instante l entraba sin llamar. Volvise
hacia la calie despidindose de alguien que le
acompaaba.
Hasta ahora.
Hasta luego, mi docto dijo desde afuera
la
voz conocidsima de Guillermo.
Beb
distribuy media docena de frases afec-
media hora ya
tuosas, hizo un chiste
nuevo y
haba afirmado que
dique era una gran cosa,
que
el
el
la
que
doctor Valbiiena tena talento,
puerto era menos caluroso de lo que
el
l crea
que slo sus deberes le impedan permanecer
ms tiempo en una poblacin tan simptica.
Pepito se ausent para
ir
la estacin.
Un
re-
clamo de unas naranjas de San Diego que tenan
tres das en camino y no llegaban. Carmen Teresa fu dar una vuelta la cocina.
Los novios quedaron silenciosos unos instantes.
Ella respiraba con fuerza, agitada por las
emo-
maana; su pecho hermoso y fresco
se alzaba hinchiendo la muselina que muy cerca
ciones de
la
del cuello se entreabra dejando ver la piel blan-
Miraba Beb con enternecimiento; la
de los ojos se alargaba dndole su mirada una expresin de ebriedad.
El arrim su silla y la cogi por los codos atraqusima...
lnea
yndola
s.
Se besaron. Dej que
los bucles para acariciarle
labios el lbulo
de
la oreja;
l le
apartara
con un mordisco de
con
las cosquillas
de
JOS RAFAEL POCATERRA
l6o
aquella caricia io tuvo oprimido sobre su
hombro
algunos instantes. Pero se volva loca entre aquellos brazos;
una onda clida
le
ofuscaba
la vista,
y hubiera querido abandonarse ah mismo, ser
mordida, ser estrechada fuertemente. Besada en
la
boca, los labios se
le
abran encendidos y h-
medos como fruta maanera. Ya no pensaba, y
con presiones de mano acceda todo lo que l
le suplicaba, como abstrada en un sueo mucho
tiempo esperado...
retorcindose
hablaba, ratos severo,
el bigote,
ratos amoroso y ren-
dido, oprimindola dulcemente las
manos que
te-
na asidas contra su pecho.
Qu
frases
deca?
de
Lo de siempre: consejos vanos,
afecto, sinceridades
de opereta; pero
Josefina adoraba las palabras que le oa; las escu-
chaba con
deleite, las hallaba nobles, generosas,
de amor, y se abandonaba las nuevas
promesas que l le haca, con la dulzura inefable
del enfermo cuando lo cambian de lecho. Un
aire de intimidades amorosas les envolva, y
perdieron la nocin del tiempo, de la hora, del
llenas
lugar...
Cuando Carmen Teresa
entr,
Beb
deca:
Ya empez
el calor.
En efecto, deba ser caluroso aquel corredor:
ambos tenan las mejillas encendidas. Pero hablaban con una frialdad descspcran^e.
Fu un da amable; las horas corrieron fugaces. A instancias de todos, l se cambi su palt
EL DOCTOR BEB
l6l
de pao por una blusa fresca que Pepito le faciltala. Estaba alegre y familiar. Habl de su terruo, del clima
mujeres y
las
que arrebola
las
las mejillas
hace adorables, de sus campaas
cuando fu mdico de un batalln, de las proezas del general Castro cuando estaba indito, una
de las cuales, la de caerle tiros un cura, impresion vivamente al auditorio. A las cinco, una
fala de la Aduana los pase por la baha; quisieran ir hasta afuera, pero la vista de las lneas
ondulantes de un azul ms cetrino, caus miedo
las mujeres; ya
bote.
Un
comenzaban
los
vaivenes del
crepsculo suave caa sobre
entre rfagas calurosas,
la
msica de
la
aguas
las
charanga
resonando. Del tope del Castillo,
bandera
se
abati
la
y entonces ces la msica
con un redoble sordo. Desde la borda de una ba-
militar llegaba
landra pedan tierra algo
dando
gritos;
en otra
se rasgueaba un cuatro con tonada triste y
mo-
ntona que evocaba ocios de domingo. Las
l-
neas del agua partan ensenadas distantes reflejaban el cielo en una infinita claridad
co;
y se invertan en
el
de va-
agua masa? grises,
silue-
de objetos, mstiles que parecan punzar el
fondo... Una luz del Hotel de los Baos traz un
camino de oro hacia alta mar. En un extremo
distante, el cadver de un vapor de hierro echado de proa, perfilaba su ruina lamentable. Ya no
tas
podan precisarse
la lnea
las
murallas del dique flotante,
baja de los muelles y el panorama lejano
II
JOS RAFAEL POCATERRA
102
del puerto...
Entonces regresaron, silenciosos,
aletargados por
el tinte
desvanecido de las cosas
y aquel aire que saba un poco marisco y un
poco
En
brea.
la
noche,
se march despus de comer.
de
duras penas se haba eximido
cumplimientos. Al
fin,
por
la
el lunes;
ofreci volver la siguien-
te semana. Estaba encantado,
dar hasta
visitas
pensaba
se tuvo que que-
irse
en
el
primer tren
maana.
Josefina fu feliz. Apenas se dio cuenta de
que l se iba. Confiaba verlo al siguiente dia.
Rendida por las emociones, durmi agitada de
sueos: primero era una luz dulce, como de capilla, como de amanecer; en un bote, recostada
en brazos de l, se deslizaba por un ro muy ancho, y se oa un vals viejo Heno de cadencia, el
vals de la serenata... Una orilla era la calle del
Mercado. Pasaban dos curas bailando; el uno pareca ser Bentez; se sonrea y asomaba una pierna transparente y velluda... 1 otro iba de espaldas y entonaba el Morrongo, llevando el comps
con las manos. Saludaron. La barca se deslizaba
La Porcinserena. Ella pregunt qu da era:
culal
grit una voz desde la otra orilla... De
pronto, Isolna,seguida de su familia, llegaba despeinada al borde del ro... pareca desesperarse;
vesta de amarilla canario; antes de que pudieran sujetarla, se lanz al agua; sta se colore de
amarillo. El cielo estaba lvido... ella estrechaba
EL DOCTOR BEB
Beb...
Una
163
angfustia espantosa
la
sobrecoga.
Isolina vena arrebatrselo y entonces se afe-
rraba
con fuerza: No, no, nunca!... La otra
nadaba, nadaba, nadaba hacia
ba
quedado inmvil.
huyeran; pero
al alzar la
la otra lea
que
al
el
la
remero que
remo en una mano;
un discurso:
iluminarnos
bote que se ha-
cabeza vio que Verd
permaneca exttico, con
con
el
Ella gritaba al
''...
la
diosa Razn,
senda del progreso, presta
sus graciosos dones..." Isolina se acercaba con la
cabeza fuera de
agua... gritaba cosas atroces, se
sofocaba. AI agitarse salpicaba ya los del bote...
Josefina clam:
Verd,
vant los ojos de
l
no crea en Dios.
borde de
Desde
la
volte.
por
las
rezaba
La vio serenamente;
fin,
embarcacin.
la orilla
Ana Josefa
por Dios! Verd le-
la lectura.
Isolina se asi al
Lucharon un
rato.
Montesillos gritaban. Misia
la Magnficat...
el
bote se
Las dos, ahogndose, disputbanse
Beb, cuya cabeza, convertida en un queso de
Fiandes, flotaba en una zona aceitosa. Ambas
trataban
de
agarrarla,
pero se
voz de Verd deca desde
el
les
escapaba. La
fondo: Es una sus-
tancia oleaginosa! Las dos, abrazadas en lucha>
bajaban hacia
el
abismo... Sobrecogidas
de ho-
en una caverna un monstruo, mitad
gnero blanco, mitad papel de cigarrillos... El
rror, vieron
monstruo se quit los lentes, limpiselos con las
escamas de una aleta y sonri: "Ustedes por
aqu?" Era Goeaaga. Pero entonces se oy
JOS RAFAEL POCATERRA
164
llorar
un nio, y el monstruo, calndose los
un rugido y desapareci revolviendo
lentes, dio
el agfua.
Josefina se despert llorando y tuvo vergen-
za de relatar aquel disparate.
Y cundo
fu...
santo Dios?
hermana cubrindose
la
la cara.
Josefina no poda contestar...
ba
el
le pregunt
Un
sollozo alza-
tumulto de su pecho; apoyada en un brazo
del mecedor, despus de confesarlo todo, esconda la cara sobre el hombro... Pero detalles, para
qu?
Ya
ella supondra.
Aquello era
aquello era espantoso. jDios santo!
terrible...
qu haran,
San Antonio bendito.
San Antonio no tuvo bien responder. En
cambio Josefina, dominando ios sollozos que la
ahogaban, exclam lentamente:
La nica culpable soy yo... Me ir.
La voz le temblaba flor de labios.
Carmen Teresa
se abraz ella y lloraron
juntas.
me cualquier parte.
No, no.
yo, yo tengo culpa. Ustedes no deben
S,
S,
ir
la
cargar con eso. Dios no
me
abandonar.
JOS RAFAEL POCATERRA
l66
No,
jNi nosotros tampocol No
Finita, no.
digas ms eso, no lo digas ms! Pero Dios mol
por qu no avisaste
antes?...
Cuando haba
re-
medio!...
Ella repuso
con acento
Y antes, para
Ya no
zo de
la
lloraba.
qu?...
Como
triste:
Siempre era lo mismo...
aletargada por
el
esfuer-
confesin, admirada de una energa cuya
posesin ignoraba, los ojos se
y apenas en los labios
le
le
quedaron secos
temblaban
las palabras,
que nacan firmes en su alma...
Por fin, Carmen se atrevi preguntarle:
Y l... lo sabe?
Ligeramente ruborizada contest, que desde
antes del viaje, haca cinco meses, todo se lo ha-
ocuU
no pudiendo ms
pues abandono
ba dicho; que de todas maneras trat de
que al
disimular, abandonada de
trselo ellos, pero
fin,
era aquel silencio, en contestacin sus repetidas
cartas y el
sita
No
no haber vuelto desde su segunda
Puerto Cabello
vi-
resolva confesrselo...
se atreva decrselo su madre... le faltaba
valor...
Me da muchsima
torn esconder
mana, que
le
la
vergenza
cara en el
aadi
hombro de
su her-
daba consuelos incoherentes, mitad
censura,mitad compasin... Quconflicto!
Cmo
decrselo Pepe!...
Ante
de
esta idea ella volva su mana
arrostrarlo todo, todo...
do
irse,
EL DOCTOR BEB
167
Pero su hermana, reponindose un poco,
le
habl con serenidad, tratando de calmar aquella
desesperacin que ya no lloraba, aconsejndole
ardientemente que deba resignarse, que, prime-
ramente Dios, todo se
su
mam,
allanara: ella se lo dira
Pepe, quien fuera preciso, pero sin
Qu necesidad haba
de que se apercibiera nadie de una cuestin ntimal No, no; deba procederse con calma, con
dar un escndalo tan
prudencia.
Quizs
as...
feo!...
continu
sonriendo
triste-
mente.
Quizs
dencia"
le
as que?...
Aquella palabra de "pru-
recordaba amarguras pasadas.
El
mismo cumplira con su deber,
sobre sus pasos... Yo misma le dira...
volvera
Nol eso nunca exclam orgfullosamente
Primero
la
muerte antes que suplicarle nada.
yelo: primero
la
muerte!
Y pasando por ese pequeo orgullo, prefieres un escndalo tan feo?
Lo prefiero.
No
habliron ms. Las dos hermanas se com-
prendieron...
tril sintise
la
mujer es-
aire
de orgullo
la mujer
durante un instante
dominada por aquel
y de dualidad que parece envolver
fecunda^
JOS RAFAEL POCATERRA
l68
Das angustiosos vinieron. Desde su cuarto,
odo en
cerradura, las mejiilas encendidas,
la
procuraba percibir lo que contestara Pepe
ferirle
el
Carmen
Teresa...
Cada
al re-
da sta se propo-
na declarrselo, pero l llegaba y le faltaba va-
Por
no haba
un medioda Josefina crey oir... S,
Le deca todo... Poseda de an-
fin
lor..
duda...
gustia escuchaba... Las voces se mezclaban con-
Carmen
fusamente...
pareca suplicar. El respon-
da duramente, casi grosero, con aquel tono in-
que tanto
sultante
"jEUa no tiene
No
vsima.
palabra
le
conoca.
la culpa!..."
haba duda...
fatal...
gema la voz sua-
Ya
estaba lanzada
la
Josefina sinti oprimrsele el pe-
cho; una oleada de sangre le calde el rostro, y
corriendo como una loca por el cuarto, recogien-
do
objetos, abri el bal para arreglar un bojote
lejos
de aquella ltima
donde no oyera
aquellas censuras
y marcharse
humillacin...
la
calle,
vergonzosas... Las voces resonaban
Pero,
Pepe, por Dios! Si
culpa... Si ella
no tiene ninguna
la
de
tiene la
ir al
encuen-
y responder todos los cargos; ella era
culpable; su
por
alto.
culpa!...
Josefina corri la puerta para
tro
ms
no
ella
hermanita no poda
sufrir
as
ella.
[No!
tengo yo exclam Pepito con sarNo hay un solo calzoncillo que no
tenga una tronera atrsl Es que lavan con un hueso... Ya no me queda ropa...
casmo
la
EL
Qu
DOCTOR BEB
169
grotesco aquello. Hablaban de
lavan-
la
dera.
Al n, una maana, estando todava adormitaCarmen entr..., se sent en la cama junto
da,
ella,
le dijo
Ya se
lo
con resolucin;
confes todo...
Josefina se incorpor con una pregunta
muda
en los ojos:
... traer mam; no tengas cuidado,
que l
no se dar por entendido; no te d pena. Ahora,
la participacin mam hay que hacrsela. Me
ha parecido
lo mejor.
Josefina continuaba interrogndola con la mirada.
El
pobre Pepel
tan buenol
Me
El tiene sus cosas,
dio ms bien valor...
mucho... t debes quererlo
manifest conmovidsimo;
guridad, que yo
el
me
como
me
pero es
Me
anim
lo merece...
tranquilic por
|T sabes
l...
genio que tienel Pero con mucho juicio,
estuvo diciendo su
opinin. Estamos
acuerdo. Antes que todo, no dar
Lo veo tan
difcil
se
habl con tanta se-
el
me
muy de
escndalo!
dijo tristemente Josefina,
y una lgrima se le quebr en los ojos.
Su hermana, en un acento tierno y ruboroso,
comunic una
casada... nadie se fijara viviendo
luego, nada
le
idea; era la salvacin!... Ella estaba
ms
sencillo que...
como
vivan...
JOS RAFAEL POCATERRA
lyo
No pudo
terminar.
No
la
dej terminar Jose-
El amor entraable que se tenan las hermanas estall en mutuas caricias; las dos cabezas
una negrsima, la otra como una aleacin de
bronce y oro, confundan sns cabellos.
fina...
Cuando
se besaron,
Carmen
le dijo:
Ya ves, negra, no tengas miedol
Y Pepe?...
en cuenta, Dios mol No
El est
cmo
tuve valor para proponrselol
El sbado de esa
misma maana resonaron en
el zagun los pasos vacilantes de misia Justina,
quien
la
obesidad obligaba marchar como un
marino de
Ya
alto
bordo.
Carmen Teresa sali abrazarla,
dominarse, se lanz en
pudiendo
y Josefina, no
los brazos de su madre.
exclam con voz ahoEsts gordsima, hija
estaba ah.
gada.
En verdad
se ahogaba.
la
larga... y
con aquel calorl
Un poco
No
encontraron
estacin y el trecho pie era cosa
coche en
perpleja, sinti
que su
hija
la
estre-
chaba con fuerza y qje lloraba copiosamente en
su hombro... Ah lo comprenda: l se portaba
mal, ella estaba resentida. A la pobre seora se
le
humedecieron
los ojos,
pero hizo un esfuerzo
y trat de consolarla. Era una tontera, no deba
llorar. Los hombres son tan malos! Volvise ha-
EL DOCTOR BEB
ca la otra hija,
que inclinaba
la frente,
I7I
muy
pli-
da, con una angustia mortal en los ojos...
Yo que no
saba, nia..., agreof misia Justi-
na en tono compasivo.
Pepito se meti en
el
mudarse de ropa.
La maana transcurri
cuarto so pretexto de
Se
perciba una atmsfera tirante, insostenible. Cada
palabra pensbase mucho... Josefina se quej de
dolor de cabeza. Su madre la encontraba un poco
ojerosa pero muy repuesta. Respirabi salud. En
cambio Carmen estaba ms delgada. La c?sita era
muy simptica. La cocinera pareca muy buena.
Eso s, qu calorn!...
Desvestase en el cuarto de Carmen Teresa
mientras daba sta noticias de todo...: la casa
siempre visitada, pesar de no estar ellas. Bella
era la que siempre estaba recibiendo visitas... de
lo que estaba pasando nada saba... Beb siempre
la saludaba. Verdad que no fu all sino unas tres
veces despus que ellas se haban venido; pero
le haba parecido que siempre era el mismo... En
fin, hija, qu de cosas! Decan que l tena amores con la hija de Cruz, que est en Antmano,
como ya
sin
otra novedad.
saban. Sin embargo, no lo crea, no lo
Aunque los hombres estn tan perdidos
de Crespo para ac! Mi pobre muchacha... exclam con tristeza desajustndose el fustn.
crea.
Dios es
muy
grande!
Arriba no se oa nada. Josefina aguzaba
el
odo
JOS RAFAEL POCATERRA
172
la
conversacin... y percibi que Carmen Teresa
muy pasito algo que repeta muchas veces:
deca
Virgen
desesperada
del
Socorro
...Y
exclam la seora
cuando corra hacia el alto,
ella se precipit su
encuentro.
Madre
abrazaron entre un mar de lgrimas.
hija se
Doa
Jus-
manos en la cabeza, se arranc de
los brazos de la hija y se ech de rodillas ante
los Santos. Carmen, atribuladsima, se haba llevado Josefina. Pepito trataba de calmar su
suegra. Las sirvientes se asomaron al corredor. La
tina,
con
casita
las
retemblaba con los lamentos que misia
Justina daba grito herido,
tomando por
testigos
ms connotados, las Vrgenes que han
dado menos que decir, Nuestro Seor en el
Huerto, Nuestro Seor en la Columna, Nuestro
Seor Crucificado, los doce Apstoles, Santa
Rita de Casia, los ojos de Santa Luca... Era una
los Santos
gritera espantosa.
Sin acabar de vestirse, en fustn y cotilla, claante el altarcito donde media docena de
maba
cromos mostraban una delegacin de la Corte
celestial: Santos varones de smbolos complicadsimos, que llevan una ciudad en un plato y con
la otra
mano bendicen
recuerdan
man
al
el
un tullido; Vrgenes
Purgatorio para
algn nima de
informarse
si
queda
all
la familia.
jPor Dios, misia Justina!
cindalol
que
rey de naipes ngeles que se aso-
Est
dando un es-
EL DOCTOR BEB
I73
abier |Ay, Pepe, hijo gritaba con
qu
grande!
ta
golpe tan
Pero, clmese, misia Justina, clmesel
No,
esto es una desgracia inmensa.
la cotilla
Si
hijo;
Belzares estuviera vivo, gran poder de Dio?!
Por otra parte, Carmen Teresa, oyendo los
gritos, no se resolva abandonar su hermana,
que juraba, mesndose los cabellos, ir tirarse al
muelle.
el
Los alaridos fueron cediendo... Pepe, como en
puente de un barco que naufra^a, tomaba pro-
videncias rpidas: cerrar las ventanas, mandar
para su cocina
las sirvientes,
suegra que, enronquecida,
hacer callar su
como
loca, se estre-
chaba contra un Nio de Atocha maneto que
conservaba desde su matrimonio.
Gran poder de Dios!
repiti
Si
Belza-
res estuviera vivo!
Entonces,
Pepito, irguindose, le dijo con
tono severo:
Eso no, misia Justina; aqu estoy yol
Usted no sirve para nada. Aqul
hombre!
Pepito se violent.
Con voz
colrica
era un
que fu
disolviendo en tono de profundo resentimiento,
reclam su derecho en
cosas en su lugar...
gritar..." "los
el asunto.
Se
le ofenda.
tocaba pedir cuenta de aquello, poner las
como
"Las mujeres no saben sino
hombres tenemos que dar el frente,
que recordar que
se da el frente". Haba
JOS RAFAEL POCATERRA
174
l era
Salcedo Gutirrez... Que
no
lo chiva-
teaba nadie!
con violencias verbales, creyndose ya fren-
te su ofensor, pasendose grandes trancos,
dijo que donde l se paraba quedaba el tierrero,
que l no se le arrastraban cueros! Y, qu
caray! Se iba ya para Valencia meterle una bala
ese vagabundo!...
Entonces cambi el cuadro. Las mujeres lo rodeaban sostenindolo; Carmen Teresa dej Josefina con peligro de que fuera y se tirara al
agua: l quera zafarse, pero no podia; jadeaba;
peda gritos su revlver. Las mujeres, aferradas
l,
no
le
dejaban.
Ves, mam; ves qu imprudencia
gritaba
la tuya!
Carmen Teresa.
Misia Justina, alarmadsima, le abrazaba lla-
mndole
hijo,
hacindole reflexiones, suplicn-
dole.
Entonces, vencido, plido de
una
silla,
y con un tono de lo
ira,
se ech en
ms sombro, rugi
entre dientes:
Bueno... bueno... dejmoslo de ese tamaol
Qu desgracia, Dios mo! sollozaba sela
ora media voz.
todas estas, hubo que atajar Josefina, que
estaba
empeada en
tirarse al
agua y que buscaba
entre los frascos de elixir y bicarbonato un txico.
Por prudencia,
jarabe de FcUow.
la
negra Petronila escondi
el
XI
Ya
al salir
para
Carmen Teresa
le
la
estacin,
nada di violencias; por
que quedaramos
misia Justina y
encarecidas:
hacan splicas
ti,
sin
apoyo!
Misia Justina tena
mucha
por nosotras mismas,
fe
en
el
de Nuestra Seora del Carmen; se
escapulario
lo haba
cho prender sobre la ^guardacamisa para
blar "con ese hombre desalmado".
Yo tengo
mucha
fe
repeta. En
ir
he-
ha-
verdad,
aquel escapulario, ya venerable en los fastos de
era el mismo con que Belzares visitara
Andueza para conseguir un puesto. Ah si hu-
la familia,
biera seguido su consejo y
lo
hubiera llevado
cuando fu hablar con Crespo, qu
distinta
cosal
Suspir hondamente. Perteneca esa clase
de seres que encadenan
existencia, siguiendo
las
cosas triviales de la
un orden absurdo.
Pepito prometa contenerse. Era
de su
mucho
lograr
carcter; pero la vida presenta exigencias
JOS R FAIX POCATERRA
176
indeclinables; haba
ciones humanas,
que someterse
las
las
imposi-
consideraciones sociales,
las circunstancias...
Recuerde,
Pilatos
hijo,
nuestro Seor delante de
le deca su suegra ponindosele por de-
lante.
El se inmutaba y prometa recordarlo.
Cuando besuqueado y hacindole cruces en la
frente, en los hombros con el pauelo, se march de
porque poda dejarlo el tren, empezaron ellas rezar "Los Quince Misterios."
A las diez y media baj, en Camoruco. De
prisa
fu directamsnte casa de Beb. Tanto
all
Puerto Cabello corno en
el
en
trayecto tuvo que so-
Un mozalbete intelecque aspiraba figurar lo llev aparte y le recomend con tono enigmtico:
Oye, chico, mteme un canoazo; mira que
portar recados afectuosos.
tual
yo quiero ser persona con el hombre.
El, vagamente, aunque todava orgulloso de su
privanza, asi se lo prometi.
Dile muchas cosas al doctor en mi nombre;
que aqu estamos sus amigos. El sabe; nada tengo que decirle. El sabe que nosotros no somos
bailadores de cuadrilla sino de los momentos
difciles. Esto lo aada desde el andn, en
alta voz.
No
darle.
estaba Beb en casa; pero resolvi aguar-
Quera regresar esa misma tarde con
razn definitiva. Sus asuntos deban ser
as,
la
ca-
EL DOCTOR BEB
racterizados.
I77
Los policas porteros
io saludaron
cariosaraente, con esa servilitud subalterna pro-
pia de los pueblos militarizados.
Siempre
cor'onel!
la
jerga de campamento,
jQue
orden del
muy
jefe!
dice el
Es
venezolana,
muy
una
sin-
vergenza.
En
esto entr un seor calvo, bonachn, con
leontina
como un ancla de buque. Llambase
muy contento de hallar al ami-
Abutarda. Estaba
go Gutirrez. Por costumbre afectuosa,
pre suprima sus conocidos
No era ironista, sino un sujeto
el
casi siem-
apellido paterno.
todo almbares.
Un
hombre de negocios, con buena posicin. Nunca
se meta en poltica. Adulaba por hbito: desde
el turco quien comenz por servir en un mostrador, hasta el presidente
l.
No
que tuvo negocios con
Capaz
era malo; sostena una larga familia.
de cualquier infamia, tena un corazn excelente.
Dio Pepito una palmada en la pierna:
Y ese puerto, cmo est?
Bueno...
Las muchachas deben de
gordazas.
estn repusstas.
A tambin ha ido bien.
Por conforme.
Oye: es que con un gobierno como
estar
S,
te
ti
lo
ste,
puede ir mal nadie... Digan lo que
digan, este hombre es lo mejor que hemos tenidol Sales Prez no se port mal, no, seor; yo
soy amigo de Pancho, pero no hay comparacin,
chico,
no
le
12
JOS RAFAEL POCATERRA
178
En su inconsciencia serno hay comparacin...
comparaba aquel epiceno, aquel ser neutro de poltico y maestro de ceremonias, que llevil,
y se fu llevndose unos reales,
g aqu arruinado
con Sales Prez,
lo
nico que de mucho tiempo
como
entonces liemos tenido
lo
que es
quejarse:
como
la
el
administrador.
general Castro no tiene de qu
muy pocas recepciones
de
aqu...
se le han hecho
nadie se neg... fu una cosa
espontnea, cariosa... cost un
platal...
nuestras
seoras fueron recibir los esposos... El
mismo
padre Arocha, con aquello del continuismo, siempre tan oportuno!
Pepe
ola fastidiado aquella
escuchaban complacidos
enumeracin que
los policas
quienes se
volva sonriente el admirador de las puras glorias
de Valencia
social.
Despus, inquiriendo
la
hora, Abutarda aadi:
Mira, chico, se tardar mucho
No
el
doctor?
s.
Digo, como t eres de
Puede venir ahora contest ms afablemen A once, no est muy ocupado.
la casa...
las
te...
si
Yo
no vengo sino saludarlo; me voy de
madrugada para Los Tres ames.
Baj la cabeza, se enjug el sudor y viendo
un "cuerpo entero" de Castro era aquel recorte de cartn que andaba incorporando la men-
p-
guada
figura del Restaurador en las oficinas
blica.s
y en algunas casas particulares, en actitud
LL
de
estadista,
una columna
Miren
de
DOCTOR BEB
levita gris, la
I79
mano apoyada en
Abutarda exclam:
hombrecito, tan chiquito y todo lo
que ha hecho! Aqu en Valencia debamos haal
berle cogido cra con una buena muchacha.
Tena gracia
la
especie. Verdaderamente, qui-
Beb adelantndose
tan justos deseos, ya ha-
ba tratado el punto.
Un coche
par
la
Carabobo entraba.
de
puerta. El presidente
Los policas se
de
pusieron
pie.
Por fortuna vena
solo.
Al ver Pepito
lo sa-
lud alegremente:
Hola, chico, qu
Reparando en
tal!
el otro,
Cmo
estn all?
agreg:
Amigo Abutarda, usted tambin por aqu?
Mand servir brandy. Brindaron y encendieron cigarros. Charlaron de todo. Pepito, reconfortado por
contest discretamente. El
el licor,
otro haca el gasto de
la
conversacin.
aplomo risueo de Beb,
su desenfado, su soltura, y senta no tener valor
para hablar de aquel asunto tan enojoso. Por un
momento hubiera querido que aquello no fuera
cierto, que las cosas se quedaran sin consecuencias. Era tan duro perder un amigo como aquel!
A cualquiera lo pona l en su caso!... Su posiObservaba Pepito
el
cin, su importancia, quizs la libertad, acaso la
vida!
los
Haba odo decir que
los andinos
son ma-
enemigos; tuvo un instante de debilidad, pen-
JOS RAFAEL POCATERRA
l8o
sando en
lo serias
que se
le
estaban poniendo
las
cosas. Imaginse insultado, foeteado, perforado
por
la barriga,
una iguana
retorcindose en
el
suelo
como
inmunidad del otro...
lo que era peor, zurrado de madrugada, en
crcel, por don Simen el alcaide.
herida... la
O
la
Abutarda en aquel momento ponderaba las
Beb con motivo de la prisin de
Velazco Tapia.
Un miedo de muchacho que va tomar un
purgante le pona tembloroso y sudado. Pero al
llevarse la mano al bolsillo para sacar su pauelo toc el escapulario. Vise en la casa: su mujer llorando, su suegra con las manos en la cabeza dando gritos, su cuada querindose envenenar con bicarbonato, y se recuper no obstante,
ofrecindose s mismo proceder con serenidad.
Quiz l no se daba cuenta que para la serenidad
deseada, la mejor vlvula era aquel miedo tan
importuno, que nunca le haba empezado as,
tan de repente, tan de terciana, tan pegado los
energas de
huesos...
Abutarda se despeda. Beb le acompa hasy cuando regres, mand Pepito
que pasara su pieza.
Pepito se sent en una mecedora. Con toda
confianza, el presidente, luego de quedarse en
mangas de camisa, dndole la espalda, psose
orinar, hablndole en tanto de cosas diversas:
De modo que les ha ido bien en la casa...
ta la puerta;
EL DOCTOR BEB
muchachas estn
las
contentas...
l8l
te
llevaste
misia Justina?... Bien hecho; su edad... ese
viaje le va hacer ntiucho provecho...
Aquel hombre que hablaba con tanta
naturali-
dad, acaso crea eng-aarlel Deba ser un bribn
poder aparentar tan
vagamente las preguntas que le haca, y asinti con monoslabos
sus excusas por no haber podido ser puntual en
por
los cuatro costados para
bien. Sin embargo, contest
sus visitas cerno se lo prometiera.
agreg cmo vive uno aqu
Pero, t ves
con tantas calamidades encima... bostez.
Entonces Pepito se atrevi decirle:
Misia
blarle
gado
Justina lo espera hace das para ha-
muy
el
seriamente, porque hasta all ha llerumor de que usted tiene otra novia, aqu,
en Valencia.
Manifiestamente contrariado repuso:
No hay
no
sera
tal;
y adems, caso
de que hubiera,
motivo para que esa seora hablara se-
riamente conmigo,
como
dice usted...
Estoy en cuenta
de que misia Justina puede
hablar usted de ese modo, pues ya no es un secreto en la casa la desgracia que le ha sucedido
Josefina con usted. Y precisamente he venido
Valencia ver qu consigo de su generosidad
en ese sentido, ver cmo se remedia eso. Porque usted comprender, doctor, que cae sobre
esa pobre familia una gran desgracia; ellas son de
la
primera sociedad de Valencia, y
si
usted no
JOS RAFAEL POCATERRA
l82
repara
el
dao, se vern apartadas y desprecia-
Usted sabe cmo es la gente.
Beb, incorporndose, un poco sorprendido,
das.
interrumpi colrico:
le
Tantas palabras de usted, son para
signifi-
carme, segn eso, que estoy obligado casarme?
Yo
no veo quin
cedido
es,
como
me
obligue
tal.
Lo que ha
su-
dice usted, realmente una des-
yo no estoy en condiciones de repararla, casndome. Comprenda usted que yo
estoy muy por encima de las intrigas de ustedes;
mi situacin poltica me coloca en lugar excep-
gracia; pero
no slo mi jefe, sino
mi protector. Ninguno ms que usted lo sabe.
Entonces quin puede obligarme? Su gestin
cional. El general Castro es,
ante m debe ser otra, pues esa desgraciada criatura al fin es hija ma y
ver por ella
yo debo, naturalmente-
y por su madre.
Pero, doctor,
si yo...
Nada, joven; usted se expone, no slo perder su puesto y la estimacin ma, sino tambin
que lo pase al Castillo por irrespetuoso. Cmo
se atreve usted venirme proponer que
me
case?
Pasebase agitadamente. Pepito, con la cabeza
como un falderillo regaado, haba per-
gacha,
dido
el hilo del
una loa
al
discurso preparado, algo as
Decoro, situndose entre
Sociedad; pero
de
las ltimas
terror, y anhelante,
el
como
Pudor y
la
palabras lo llenaban
deseaba hablar, conven-
EL DOCTOR BEB
183
cerlo de su pasividad, de su sometimiento.
cuestin de disciplina. El era
zuela, para estos casos, hay
Beb no
mucha
disciplina.
daba tiempo; una una
le
Era
En Vene-
el jefe.
fluan
de
sus labios las locuciones heroicas: expuso su actitud, sus
gestos en los
haberes en
en
cial
que
lo
ler
la
momentos
difciles,
sus
causa, su importancia poltica y so
el pas,
su dinero, su intelectualidad: todo
poca y las circunstancias hicieron va aquel hombre!
la
Pepito, abrumado, no hallaba
sumisin.
No
como
protestarle
se le daba tiempo; pero sus inten-
ciones se hacan palpables.
Detenindose de pronto en su paseo,
rrog
De modo que usted viene
bello llevarse bajo mi firma,
el
le inte-
de Puerto Ca-
como
si
dijramos,
compromiso de casarme con su cuada? Es
graciosol
No,
mi doctor; yo he venido recordarle
un deber,
insinuarle...
pues.
Su tono descen-
sordo y abyecto. Porque vindolo
bien, yo antes que todo soy justo; esa nia es
da, se hizo
ms
que usted en lo que ha sucedido.
orlo, comenzaba despojarse de su
C'jlpablc
Beb,
sin
ropa:
Usted tiene razn. Doctor, yo no puedo medebo atenciones, le debo
Lo que yo valgo en
debo usted; el pan mo y de mi
dirme con usted; yo
servicios.
le
Usted es mi
Valencia se
lo
jefe.
JOS RAFAEL POCATERRA
184
debo
familia se lo
to,
doctor, no
me
usted;
no me crea tan ingra-
crea tan ingrato!...
Beb, asomndose
la puerta,
llam uno de
los policas:
Gumersindo!
Pepito sinti que se
abra la tierra.
le
Como
un gamo corri asirse de! brazo del doctor. La
voz y las quijadas le temblaban:
Pero venga ac, mi doctor. Oiga, yo soy su
amigo, cralo, doctor, yo soy amigo suyo!
Beb
se volvi d dicindole bruscamente:
Un momento, joven, djeme hablar!
Y
dirigindose
al
Hgame llenar
polica le orden:
bao
el
tornando hacia
Pepito, le dijo:
Bien, mi amigo, ahora voy baarme, y luego
almorzar. Cualquier cosa
que tenga que de-
cirme, venga esta tarde.
Doctor, por Dios! No se vaya baar ahomire que se ha molestado y
dao!
ra;
Dejndolo
cin
desde
solo, repiti
le
puede hacer
la
olra habita-
donde se desnudaba:
Vuelva
la tarde.
Sombrero en mano,
las
guas del bigote cadas,
trmulo, se marchaba. Estuvo un instante irresoluto; luego,
con voz suavsima, asomndose
la
puerta del cuarto le dijo:
Bueno, doctor, eso lo
modo.
la
arreglaremos do otro
tarde vuelvo, sabe?
EL
Se
iba;
DOCTOR BEB
185
devolvindose, pregunt:
pero
A qu hora vengo?
Beb sali con la toalla en la mano:
Vngase de tres cuatro.
Pepito se march. Ai
salir,
varios amigos lo
saludaron:
Gu, chico, nosotros
La Lucha que
habas
buscndote! Vimos en
Te saludan
llegado hoy.
con un suelto cojonudo.
Qu
tal!
Ah, esperando que nos metas un canoazo.
Desde que llegu estuve hablando con
el
doctor un asunto; por eso no he ido
ni
ver
la
vieja.
Siempre chivateando!
Con optimismo de
tercer servicio
de brandy,
en animada charla, requerido, halagado, brindando cigarrillos de contrabando, exclam:
Es que
el
Con hombres
doctor es
as se
muy buen
puede
ir
eso es que los jvenes dignos
En
la tarde,
tipo,
chico.
todas partes. Por
debemos
rodearlo.
ya ms confiado, oy cuanto Beb
expuso, no sin antes protestarle su adhesin y
llamarse su amigo incondicional. Aqul le hizo
le
nuevas reflexiones y termin insinundole que
todo se
allanara.
Usted tiene razn; hay muchas formas de
arreglar eso.
doctor, cmo no; tratndose de usted y
S,
de
m...
|no faltaba ms!
JOS RAFAEL POCATERRA
l86
De
sbito
Beb
Mire, yo
le
le
explan su idea:
voy dar unos
reales.
Tendr
con trescientos pesos?
Eso es cosa suya, doctor y se
una
le
encendi
oreja.
Bueno; yo le voy dar trescientos pesos.
Usted se va por aqu mismo para embarcarse por
La Guaira. En Caracas se consigue una partera,
persona reservada, eso s; all las hay como la
necesitamos.
Yo
las
conozco desde que era estu-
diante.
Pero
Esa
No,
es que...
es la nica forma...
yo
si
lo
que
digo...
repuso Pepito algo
perplejo.
-Qu?
Digo que yo haba pensado otra cosa; es decir,
en mi concepto, salvo su mejor opinin.
-Cul?
Que como mi seora no ha tenido
Beb
...
y,
como
las
fechas casi coinciden...
Oh, magnfico! Magnfico, chico, has tenido
una idea feliz!
Usted sabe que entre usted y
jS, chico, ya lo creol
Basta que sea
hijo
hijos...
asenta gravemente.
hijo suyo.
Un
yo...
hijo
suyo es
mo tambin.
Sonrientf,
puso de
pie...
feliz,
con extremada afabilidad, se
Le dio una palmada en
el
hombro:
EL DOCTOR BEB
87
Bueno, chico, ya ver cmo esto es cuestin
de nada; de nada... Uno las cosas las ve siempre
ms grandes de lo que son... Yo dar la orden
esta tarde, y
maana mismo
nada tengo que
te vas.
Ya
sabes,
decirte. Cualquier cosa, cual-
quier inconveniente, aqu estoy yo. Est de ms
repetrtelo.
mos de
Esa muchacha, la pobrel la salva-
cualquier modo. Pobrecitall
Hablaron largo; hubo detalles cordialsimos.
El le
comunic muy reservadamente que
el ge-
nera/ pensaba visitarlos pronto. Salieron juntos
camino Pepito le deca:
Usted comprende? lo que he hecho es ms
bien como por buenos oficios: una obra de caridad; pues no se trata de mi seora, sino de
en coche. Por
el
una cuada que tiene su madre que
la
repre-
sente.
Esa tarde fu un solo trueno.
Al siguiente da Pepito tom
el tren
de
las
once. Llevaba carriel grueso mac-ferlane y gorra
de viaje. Iba en comisin del doctor. Este le encareci que no participara nada
ta
no tener todo arreglado.
"T
la familia has-
sabes
cmo
aadi. Vaya
que si saba;
por algo las conoca tan fondo. Puso su mujer un telegrama breve, inexpresivo: "Asunto
son
las
mujeies"
arreglado. Salgo Caracas comisin privada doctor.
Avisarte. Abrazlas. Pepe." Diez palabras,
justamente.
Un
grupo de amigos
le
despidi.
JOS RAFAEL POCATERRA
l88
que
Feliz t,
te vas la civilizacin!
Te acomodaste,
chico!
Acurdate de los que
No dejes de
esta parroquia hedionda!
Au revoir! grit desde estribo batiendo
escribir.
quedamos en
el
un nmero de El Cronista, en que se le despeda: "Parte hoy con rumbo la capital de la Repblicay en asuntos del servicio, nuestro querido
ami^o y compaero el inteligente coronel Jos
Salcedo Gutirrez, alma exquisita, elemento joven y liberal, decidido sostenedor de la causa
restauradora.
Deseamos nuestro querido Pepe
y un feliz xito en la Sultana del
das prsperos
Avila."
XII
Un poco de tiempo
croo un poco de vitriolo
desfgur las formas del asunto.
Los trescientos pesos y las amenazas acallaron
el nimo de Pepito; tambin los
el
de la familia, por esa prolongacin
acallaron en
de opiniones que ramifica las vrtebras de una
escrpulos en
misma
clase moral.
A Josefina, como tena "su genio", le ocultaron
aquel detalle, que misia Justina, llorando, tild
de odioso. Haba que conformarse.
como
dijo
Pepito:
jDjense de necedadesl
siquiera hay real con
jPeor es nadal Asi
que taparle
la
boca
la
gente.
La muchacha sufra en silencio su vergenza.
Apenas bastaba mitigar sus penas los cuidados
de que la rodeaban.
Ya no salan. Se invent un mes antes "un to
que vive en Charallave"; semanas despus recibieron el funesto telegrama: "se muri el to"l
JOS RAFAEL POCATERRA
190
Hubo
luto;
era tan
querido aquel
permaneci de ventanas cerradas.
La casa
fuerza de
tol
retraimiento las pocas amistades se resistieron,
visitarlas, y una maana la seora
Casamass desembarc, de monte-cario, con
dos canastas, una irrigfadora y un perrito de bolsillo. Pepito la condujo la casa.
dejaron de
muy en
Bella,
reserva, hizo la canastilla. Enter-
necida bord escarpines, gorritos, culeros, etc..
La seora de Casamass no poda comer sino
legumbres; acaso ostras, huevos tibios, tortillas;
no era precisamente vegfctariana; pero prefera
una ensalada rusa las albndig^as. Adems, sin
vino de dos pesos botella, no dig^era. Era una cosa
tremenda estar as; pero era que, materialmente,
no digera.
La comedia se desenvolva. Ms de una vez
misia Justina meti
Otro da
cerse
la
sueca, cuando sorprendi al seor Sal-
cedo y
dose.
la
la pata.
seora de Casamass tuvo que ha-
No
la
seorita
Carmen Teresa besuquen-
se escandaliz, pero se propuso obser-
var y vio que l se meta media noche, en calzoncillos, en el cuarto
de
la
cuada. Sin darse por
entendida se puso peor del estmago; ya no soportaba sino croquetas de ostin. Haba que
complacerla. Usaba equvocos. Manifest que era
madre de
familia: (sus hijas
da no dej arroz.
mesa comn.
daban gustol
ese
Por deferencia, coma
la
EL DOCTOR BEB
I9I
Pepito veces se amoscaba. Era
perrito Friiz pareca no querer
Si no le daban sopas de leche,
el
colmo;
tampoco
el
digerir...
chillaba toda la
noche como un demonio. Dos das antes del
alumbramiento, hubo un conflicto. Pepito le dio
un pisotn
al perrillo
y ste escandaliz tanto, que
partera estuvo punto de marcharse; jno
la
taba ms!
Un
fal-
animalito tan bien educado, que no
ensuciaba sino en
el
corredor, y misia Justina ba-
rriendo, le atizaba escobazos escondidas, lla-
mndolo puerco.
Por fin, torcida, baada en sudor fro, con el
mismo espasmo del placer que ya observ un
psiclogo en la maternidad, Josefina fu madre
de una rapaza rolliza, bien constituida, linda como
todo hijo del amor.
Ese da, la emocin de la abuela por tris lo
echa rodar; afortunadamente
pasaron mayores.
Todo
las
expansiones no
se redujo lgrimas.
Pepito, muy serio, haca su papel. Carmen Teresa,
hmedos los ojos, besaba al retoro. Slo la madre, estrechando la nia contra su pecho,
que-
riendo criarla ella misma, permaneca largos ratos
vindola,
muy
plida, sin derramar
con una sonrisa
ra
triste
una lgrima y
flor de labios... La llama
Dolores, Angela Refugio; pero
la
pusieron
Eduvigis: naci el 17 de Octubre. Era una pro-
mesa!
Veinte das despus
la
partera se
La Guaira, con su monte-cario, sus
embarc para
canastas, la
JOS RAFAEL POCATERRA
192
irrigadora, el perrillo y cuatrocientos bolvares.
Iba mal de la digestin, pero ya se curara en
segn Pepito donde gente pare
semestres... Grandsima bribona. Tener
Caracas
por
la
la
desfachatez de ofrecerse "para otro caso seme-
jantel"
La
pens regresar Valencia. Podan
familia
estarse unos dos
meses ms, esperar que pa-
saran las fiestas del viaje de Castro y luego regresar.
El matrimonio recibi felicitaciones.
telegrama Pepito cuando ste
feliz
lo
Beb puso
notific del
suceso.
Petronila, encantada, cargaba la nia
como un
y callada, tenia esa
bondad
objeto precioso;
filosfica
de
las
fel
mujeres humildes.
La primera vez que Josefina abandon
la
cama,
fu sentarse en una mecedora, en el balconete
las lluvias. A poco Petronila le
Ante aquel pequeo ser, cuyos ojos
desteido por
llev la nia.
le hablaban hasta el alma y cuyas raanecitas,
todava en incertidumbre medular, ya se tendan
hacia su seno, un consuelo intenso pareca envol-
Con voluptuosidad de convaleciente, besndola muy pasito, le deca secretos infanverla.
y contemplndola en su regazo, ya no
pensaba tanto en sus penas. Todo lo vea lejano, como entre una niebla, como entre un humo
tiles,
denso.
Sola, baada por las ltimas luces de
la
tarde,
EL DOCTOR BEBE
I93
aspirando esa brisa de Diciembre tan de alegra,
de aos felices, la larva femenina formada de
mezquindad orgnica, apegada ridculos moldes
de magnitud, volaba hacia la piedad humana,
tan
serenamente.
13
XIII
Con
el
puesto en
sombrero apabullado, un cuello de rela mano, jadeante, custodiado por la
polica, ya casi al salir el tren, se
meti en
el
gn con urgencia de water closset Muchos
va-
das
antes en las paredes del Capitolio se lean letre-
ros escandalosos. Algunos de una irona burda
rezaban en letra desfigurada: "Jess con
t,
Macu-
torio"; otros expresaban frases directas y obscenas.
Aquel carbn annimo
fijaba
en
la
pared
blanca cuanto desde su llegada Carabobo se
haba rumorado en corrillos de esquina y cuanto
los independientes de ltima hora tuvieron la cobarda de enrostrarlel
Una calumnia? De todos
modos, era una calumnia persistente.
Y as, una maana, empujado por una ola reacde miedo, sin un solo bermelln
de vergenza en las orejas, se meti en un vagn
alemn como quien se mete un "reservado".
cionaria, lvido
As termin aquel
infeliz...
I95
EL DOCTOR BEB
la excitacin dur todava muUna pequea avalancha de pequeas
Sin embargo,
chos das.
ambicionzuelas se abata alrededor de
ley
Nunca,
tro.
en los
muy
ni
nueva
en los mejores das de Tiberio,
felices
nmero de
tal
la
de presupuesto. Todos eran vctimas de Casde
vctimas. Era una verdadera lsti-
ma: haba vctimas en los ministerios, haba
mas
ni
conquista espaola, vise
la
vcti-
en los consulados, geman vctimas en las
aduanas; y no faltaba un sujeto martirizado hola secretara de la corte federal
vctimas de primera magnicasacin;
todas
de
y
tambin
una mirlada de pequeporque
haba
tud,
rriblemente en
as vctimas que partan
el
alma.
En
la
historia
no se ha visto un pas tan martirizado, tan sacrifcado, tan catatumba. Y para hacer macabro
aquel
momento de
vida nacional,
como
dicen los
oradores cursis, algunos peridicos comenzaban
asomar
de sus cuevas de nueve aos
nas reaccionarias,
como
las
ante-
esos cangrejos que,
los basureros, esperan
que se marche
para devorar su racin
fecal.
el
en
hombre
A Pepito,
cuando apenas comenzaba ensayarse para vctima, le quitaron el puesto porque
lo necesitaba otro Pepito, y los quince meses
de cesanta, se le haban torcido los tacones, las
camisas comenzaban deshilachrsele y le haba
cado caspa. Aquel estado lamentable le daba,
sin
embargo,
nista!
Del
el
aire
''chico,
decoroso de un oposicio-
t tienes
ah
diez
pesos?*
JOS RAFAEL POCATERRA
196
haba llegado
"dame un
al
cigarro", previo el
tanteo para buscar en los bolsillos un cigarro imposible, y
daba
coincidencia de
la
dejarse en
casa los fsforos cada vez que sala.
las dos escuelas; Verd
Mercado que "se haban
Les quitaron tambin
dijo en la esquina del
apagado dos antorchas"; pero
se haba apagado era
ba das enteros en
los peridicos,
jugadas; base al puente
las
Morillo ver correr
ro,
el
la
que en realidad
de Pepito. Pasa-
lo
la estrella
las barberas leer
estacin para saber quin
vena de Caracas.
La ociosidad
rarios.
le trajo sus
antiguos gustos
lite-
Aquellas cleras contra los "clsicos en
l con ms furor. Todano era decadente y en literatura
juzgaba ms borracho Rubn Daro que Julio
Flores. Pero Pepito le atraan las cosas ttricas: ios versos de Flores, ms llenos de gusanos,
que no haba por dnde cogerlos, le hablaban
desuso", resucitaban en
va Valencia
"algo ntimo, algo suyo".
Sus opiniones eran esa mezcla incoherente y
superficial con aquello de "hermanos en Arte" y
"desprecio
El
en
el
la
turba".
amargo de cidra
comercio
vil,
le
haca olmpico; abajo,
entre baratijas, huacales y ma-
dapolanes, bullan los burgueses srdidos, ene-
migos del Arte, de panzas redondas.
exaspcrubi que aquellos seores hicieran sus
comidas y que se
les
le
tres
diera una higa la literatu-
ra,
EL DOCTOR BEB
I97
inclusive Julio Flores. Eran
despreciables;
trabajaban
como
negros. "El Arte es una aristo-
cracia".
En cambio
las
mujeres de su casa madruga-
ban; primero hicieron empanadas para
la
venta.
Era un comercio exiguo y triste; con un capital
de veintiocho reales, mitad de las costuras de
Bella, mitad de un corte sin hacer que haba
vendido Josefina, trabajaron un mes. Apenas coman. La leche de Eduvigis no poda faltar. Primero fueron las joyas las vidrieras de Mirlin;
otro da unos muebles todava nuevos, aparecie-
ron casa de Nevero; se vendieron prendas; se
rif el reloj
de Belzares en cincuenta acciones.
muy temprano gema en los za-
Petronila desde
guanes: "biscochuelos, papitas de leche, torrejas
de
las nias
Belzares"; pero ni las torrejas, ni las
papitas de leche, ni los bizcochuelos, se vendie-
ron
al fin;
y un da misia Justina, calndose
gorra, fu hablar con
de
la
Goenaga para conseguir
dos regres su casa;
no haban almorzado; pero l le ofreci que al
regresar Corao de Europa y al rematar el "negotareas
cigarrillos.
cio", "vera ver"
las
si les
consegua.
Cuando no hubo qu rifar, cuando no hubo
qu vender, ante el problema diario de la comida, pues para deudas ya haban recorrido la escala de las mortificaciones,
el dependiente
principiante,
que muy ruborizado ante
chas, busca el legajo
las muchade recibos diciendo: "aqu
JOS RAFAEL POCaTERRA
198
hay una cuentecita", el lechero que caracolea el
burro y el panadero que golpeando las tapas de
los barriles
cobra gritos desde
el
medio de
la
y el cobrador ducho de mirada hosca que
dice proceder de "otro modo si no le pagan"
calle,
ante
la
miseria multiforme cay sobre ellas esa
resignacin tarda, mezcla de cinismo doloroso
que hace burla de su propio estado y de apaque se
incluye el santo de las amigas, los sandwiches
atrapados en el pauelo el plato de un manjar especial que las vecinas envian para que
riencia lamentablemente presentada, en
prueben.
En
el
fondo de aquel cuadro grotesco, como
borrada por esfuminos, Bella desapareci, consiguiendo pasaje gratis en una peregrinacin y una
plaza de sierva del Santsimo Sacramento. All
continuara
bordando
soles y rezando por el alma
Como una fruta horra, como
uno de esos productos vegetales que ni maduran
ni florecen, se sec para los dems secndose
para s misma. En la comedia de su casa no fu
del padre Bentez.
sino un testigo ocular.
Un
dia las diez Eduvigis lloraba.
Petrorla logr
"como cosa de
ella"
esa hora
que un ven-
dedor le regalara media botella de leche; al otro
no hubo ese recurso, y cuando Pepito entraba
de
la calle
recitando:
EL
DOCTOR BEB
En esa hora gris, en esa hora
muda y sombra en que el dolor
not asombrado
ba en la casa.
el aire
I99
embriaga...
de consternacin que ha
Quedse un
rato perplejo, fu
hasta la cocina para encender un cigarro. Ronro-
neando, despreciativo y filsofo, el gato dorma
en la ceniza. Sinti rabia por aquel animal, rabia
de ser
intil
hacia
la
bestia rapaz y valiente.
casa era vieja y llena de ratas:
Togo
La
se dedicaba
como un gran seor
y con gesto de sibarita S3 aislaba de aquella angustia, de aquel
la
caza
hambre
la
silenciosa.
Regres silbando, parse en
puerta del cuarto donde Josefina meca su
hija tratando
de
acallarle el llanto.
En
el
otro
cuarto Carmen Teresa dejaba escapar de tiempo
en tiempo un lamento, mezcla de bostezo y queLa voz de su suegra
jido por su eterna jaqueca.
se oa desmenuzando rogativas.
bita se le
Una
clera s-
vino los labios, no poda menos;
aquella chiquita era una sinfona, y todo era por
mala crianza.
lo
Pero, nio, qu ocurriencia: t no ves que
que tiene es hambre? grit su suegra inle
dignada.
iQu hambre! Ustedes
que no sirven para
nada: las mujeres son siempre
muy
cobardes, y lo
peor de todo es que con sus ridiculeces anulan
hombres de accin y
poltica. A mi no me pesa
los
les cortan
el
su carrera
matrimonio, porque
JOS RAFAEL POC ATERRA
200
Carmen
hoy
mo
es buena; pero
si
no
me
hubiera casado
Estado; y para colde desgracias, tener que cargar con un musera
una
alta figura
en
el
chacho que no es hijo mo, que con sus lloros no
me deja dormir de noche. Deca todo aquello
queriendo desahogar un odio sordo que le lata
adentro, contra algo que lo hostilizaba, contra
algo que lo humillaba en aquella
nacin de
la casa;
muda
sentase reo de su
consternulidad y
de devolver en palabras insolentes lo que
aquel mutismo tena de acusador.
Josefina ya no era la muchacha soberbia de
otros das; ahora se callaba y lloraba; no como
trataba
antes gritos, porque
las
la nia
poda despertarse;
lgrimas fluan sus ojos silenciosamente
se le rompan en las pestaas, con
la
inmovilidad
dolorosa de loa moribundos. Herida en
pias fuentes
de
la vida,
las
pro-
su corazn se haba he-
cho dulce y resignado. Hablaba media voz
como las madres jvenes, y en la cara plida, des-
de el fondo de unas ojeras muy hondas, su mirada se suavizaba en una expresin de tristeza.
Ya misia Justina desde la puerta, manotcandoj
desaforada
le gritaba:
que menos derecho tiene levantar la voz en esta casa; si no fuera por nosotras, estara en el hospital. Qu desgracia la de
mi hija, haberse casado con un mequetrefe, que
no sirve para nada, que en vez de buscar trabajo
para mantener su familia, tiene valor de presenUsted es
el
20I
EL DOCTOR BEB
tarse aqu
cuando
le
da
gana, amargarnos
la
ms
usted tuviera vergenza no vendra ni
la vida. Si
por aqu para presenciar lo que est viendo!
Pepito sonri con cinismo:
Usted es loca, seora; lo que usted me est
diciendo m, se
lo
digo yo usted; esta casa es
ma; yo no tengo hijos de su tamao.
|Usted
lo
que
es, es
un grosero!
El se encoga de hombros:
Usted es
Un
loca, seora.
canalla.
Enfurecida,
manoteaba en
le
la cara.
l continuaba impasible:
Usted
me hace
cargos porque yo no voy
coger un pico. Usted es loca. Usted, qu se ha
figurado? Esta es mi casa. Ojal me metieran en
ver qu van hacer ustedes!
la crcel,
ya
le
digo, esta es mi casa.
Empujado por
sus reflexiones, el antiguo vo-
zarrn de las discusiones con su
la casa.
el
Adems,
En
proceso indecoroso de
amargas para
la
atronaba
la familia:
tuvo stiras
"bromita" que haba tenido que
soportar cargando con un
hijo suyo,
mam
aquellas frases violentas se trasluca
muchacho que no era
por estar de /uam)/m6e tapando vaga-
bunderas ajenas; pero estaba resuelto: aquello
no poda seguir
ma
lo crean
darles para
as.
l,
porque
zoquete, y ahora,
que malbarataran;
vergenzuras!
les tena
lsti-
como no
tena
qu
le salan
con
sin-
JOS RAFAEL POC ATERRA
202
Y ltimamentel - bram en
el
corredor so-
Yo no soy alcahuete
focando todas las voces
de nadie; se van ya de mi casa con su muchacho
.
y todos sus corotos! jNo me dejen
Carmen Teresa se abraz de l:
ni el g-ato!
Pepe, por
la
Virgen Santsima!
Voces colricas, voces llorosas,
de nio, formaban en la penumbra de los
cuartos con el liar de los bojotes y el volcarse de
los canastos un rumor angfustioso de casa que se
acaba, de hogar que se desmorona. A veces el
cromo de un santo se venia guarda abajo y romOscureca.
llanto
pa unos frascos. Misia Justina vociferaba arreglando una cestica donde se llevaba los teteros y
frascos vacos de Agua Divina. Nada poda con-
clera desaforada
tener
la
pujn
tir su
de.
mujer contra
frente al zagun gritando
Pepito.
la
De
cmoda
de voz en
un em-
y se par
cuello:
Que cada palo aguante su velal A m me
da vergenza cargar con hijos ajenos!
En la acera de enfrente, en mitad de la calle,
se agolpaban los curiosos y las sirvientes del vecindario.
Los vecinos comenzaban asomarse.
Desde
esquina se oa
la,
la
mezclada
al
grupo de
Petroni-
la calle, trataba
de apla-
el
escndalo.
car las conjeturas o entraba y sala
muy
angus-
tiada.
Entre dos luces, cuando
la
mariposa de los
focos parpadeaba trechos, ya casi anocheciendo,
madre
hija salieron
de
la casa.
Misia Justina
EL
DOCTOR BEB
203
llevaba envuelta en su paoln la nia dormida,
cuyo bracito colgaba, marcando la marcha vacilante de la seora. Su hija delante^ la cara casi
escondida en la serenera, el paso apresurado,
se llevaba el pauelo los ojos. Petronila iba
detrs de las dos mujeres con un bojote en la
cabeza.
entonces, en
calles
la
hora angustiosa, cruzando
donde gentes desconocidas
con una mirada curiosa
sin darles
la
las
seguan
acera, por
un instante Josefina record hondamente
la ex-
presin de aquella Juanita que ella corriera de
su casa y que se fu asimismo, una tarde, con su
nio entre los brazos y la cara encendida de vergenza...
Calabozo. 1911-12.
FIN
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