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El Doctor Bebe.

El documento describe una reunión familiar en la casa de las Belzares en Valencia, Venezuela. La familia ya no recibe tantas visitas como antes. Las hermanas Carmen, Josefina y Bella pasan el tiempo bordando y hablando de novios potenciales.

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El documento describe una reunión familiar en la casa de las Belzares en Valencia, Venezuela. La familia ya no recibe tantas visitas como antes. Las hermanas Carmen, Josefina y Bella pasan el tiempo bordando y hablando de novios potenciales.

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BIBLIOTECA

A|

Esta coleccin se vende solamene


en su casa editora

LIBRERA

ANACONDA
LA CASA
de

QUE MAS BARATO VENDr

Santiago Glusber

1543

-CORRIENTES-

U. T.

354

Mayo

Las mejores obras de los


trri*

-<-sm^ clebres c|u$ Xj


te

Catlogo

154
"*

EDITORIAL-AMRICA
Director: R.

BLANCO-FOIMBONA

PUBLICACIONES:
I

Biblioteca

Andrs

Bello (literatura).

II

Biblioteca

Ayacucho

(historia).

III

Biblioteca de Ciencias polticas

so-

ciales.

IV
Biblioteca

de

la

Juventud hispano-

americana-

V
Biblioteca de obras varias (espaoles

hispano-americanos).
VI

Biblioteca de historia colonial de Amrica.

VII

Biblioteca de autores clebres (extranjeros)De venta

en todat la buena librera de tpaa y Amrica

ImpreoU de )uao Puoyo, Luda,

29.

Teif. 14-30. Madrid

EL

DOCTOR

BEB

BIBLIOTECA ANDRS BELLO


Obras publicadas

( 3.50 ptas. tomo).

M. Gutirrez Njera: Sus mejores poesas.


M. Daz Rodrguez: Sangre patricia y (Cuentos de color,
Jos Mart; Los Estados Uttidos.
IV. Jos Enrique Rod: Cinco ensayos.
V. F. Garca Godo y: La literatura americana de nuestros dias.
VI. Nicols Heredm: La sensibilidad en la poesa castellana.
VII. M. Gonzlez Prada: Pginas libres.
VIH. TuLio M. Cestero: Hombres y ptedras.
IX. Andrs Bello: Historia de las Literaturas de Grecia y Roma.
X, Domingo F. Sarmiento: Facundo. (Civilizacin y barbarie.)
XI. R. Blanco-Fombona: Ll Hombre de Oro (Novela).
XII. Rubn Daro: Sus mejores Cuentos y sus mejores Cantos.
XIII. Carlos Arturo Torres: Los dolos del Foro. (Ensayo so1.

II.

III.

bre las supersticiones- polticas.)


Coll: El tostillo de Elsinor.
Julin del Cas. l: Sus mejores poemas.

XIV. PEoro-EMiLio
XV.

XVI Armando Donoso: La sombra

de Goethe.

4 pesetas.

XVII, Alberto Ghiraldo: Triunjos nuevos.


XVIII. Gonzalo Zaldumbide: La evolucin de Gabriel d'Annuneio.

XIX.Jos

R.^facl Pocaterra: Vidas oscuras. (Novela.) 4 pesetas.


(Novela.)
XXI. Javier de Van a: Guri y otras novelas
XXll. Jean Paul (Juan Pablo Echage): Teatro argentino.
XXIll. R. Blanco-Fombona: El Hombre de Hierro. (Novela.)
XXIV. Luis Mara Jorln: Los Atormentadcs. (Novela.)
XXV. C. Arturo Torres: Estudios de critica moderna. 4 ptas.
XXVI. Salvador Daz Mirn: Lascas. Precio: 2,75 pesetas.
XXVII. Carlos Pekeyra: Bolvar y Washington. 4,50 pesetas.)
XXVIll. Rafael M. Mlrchn: Estudios Crticos.
XXIX-XXX. Bernardo G. Barros: La caricatura contempornea,
XXXi-XXXII-Js Enrique Rod: Motivos de Proteo.
XXXilI. Manuel Gutirrez Njera: Cuentos color de humo y
Cuentos frgth s.
XXXIV. Miguel Eduardo Pardo: Todo un pueblo. (Novela.)
XXXV. Daz Rodrguez: De mis romeras y Sensaciones de viaje.
XXXVI. Enrique Jos Varona: Violetas y Ortigas. {Notas criticas
sobre Renn, Sainte-Beuve, Emerson, Tolsttoy, Nietzsche,
Castelar, Heredia, etc.)
XXXVII. F. Garca Godoy: Americanismo literario. (Estudios
crticos de Jos Mart, Jos Enrique Rod, F. Garca Caldern, R. Blanco-Fombona.
XXXVllI A. A. Vasseur: El Vino de la Sombra. 2,75 pesetas.
XXXI X.Juan Montalvo: Mercurial Eclesistica (Libro de las
verdades) y Un vejestorio ridiculo los Acadmicos de Jir-

XX. ^Jess Castellanos: La Conjura.

ieafuera.

Jos Enrique Rod: El mirador de Frtpero.


Blanco-Fombona: Cancionero del amor injelia. 2,50 p.
XLIII. Rafakl Mara Baralt: Letras espaolas. (Primera mitad
del skI XIX.)
XLIV. Eduardo Puado: La ilusin yanqui. (VrBi\xcc\6n^ prlogo
y notas de Carlos Pereyra.)
XLV.Jot Rafakl Pocaterra: El doctor Beb. (Novela.)

XL-XLI
XLIl.

R.

BIBLIOTECA ANDRS BELL.O

JOS RAFAEL POCATERRA

EL

DOCTOR BEBE
(NOVELA)

ANACONDA
DE
^SMITIA60 emSBEXQj
Is.4as5

J?/

EDITORIAL-AMRICA

MADRID
CONCESIONARIA EXCLUSIVA PARA LA VENTA".

SOCIEDAD ESPAOLA DE LIBRERA


FERRAZ, 25

PC?

Maracaibo: 12 de Noviembre 1917.

Blanco-Fombona.

Sr. D. Rufino

Madrid.

Mi querido

editor

y compaero:

Ahora recibo su esquelita del 30 de Septiembre. Muchas gracias por el envo del recorte guatemalteco

Por

y por el benvolo comentario de

este correo despacho, certificado,

usted.

un ejem-

plar de Poltica Feminista (que ahora se llama

y slo lamento no haber termiTierra del sol amadla, que


ltima
novela
mi
nado
El Doctor Beb)

es sta, la que usted tanto conoce.

hombre de

Yo no
seguir los
claros rumbos que desde El hombre de hierro,
modestamente llamado noveln por su autor,
Le, casi de lance, El

puedo

oro.

decirle otra cosa: slo aspiro

viene tomando nuestra literatura, pesar de las


trescientas ocas

miliares
El

americanas que nos son ya fa-

y hasta indispensables para

hombre de

hierro fu

vivir...

para mi una revela-

8
Clon;

JOS RAFAEL POC ATERRA

yo ca en

ese

camino de Damasco desde

el

asno cansino, campanilleador y pueblerino, en


que vena... La lectura de ese libro me hizo romper cuartillas y hacer trizas la papelera ridicula
de los veinte aos, con la atenuante de que no
publiqu Jams nada de aquello; senta ese pudor
instintivo de los seres deformes

para desnudarse

Ahora no: al sol, al aire. " Tee mos un rbol, un panal y un nido.** Qu gran
labor es la suya! Dios lo ayude y m no me
ante los dems.

olvide.

Suyo afmo.
Jos Rafael Pocaterra,

A UN AMIGO

Estas pginas nacieron

y formaron

lado; algunas las recogi tu lpiz de

libro

mis

tu

labios,

todas las arranc tu estimulo la larga pereza


del clima

y de

la ciudad.

mi vista,
y de composi-

veces, releyendo lo escrito, salta

al par de otros defectos de forma

cin, la desnudez, la flacura casi, de estas vidas

que corren por las pginas de

la novela, sencilla-

mente, como el agua de las calles por sus caeras;

y no murindsc nadie de amor en

ni hay mrtires de
folletn

me

ella

melodrama ni perversos de

asalta el temor de que el jovcncito

intelectual, la seorita

romntica el

critico

ha-

cedor de frases, envenenados por esc Uteraturis-

mo agudo

de prosas "preciosas"

y juegos mala-

bares de palabras, no gocen el solaz de la risa un


triste, un poco alegre, pero siempre sincera,
que junta en un romance desaliado y usual al-

poco

gunas vidas venezolanas: gentes observadas en

JOS RAFAEL POCATERRA

lO
la calle,

en la esquina, en

en su vivir

la iglesia,

intimo, desde la acera de enfrente.

Yo no aspiro ser criollista del Distrito Federal ni formar atmsferas criollas fuerza de
terminologas populares de "floraciones rojas

de cafeto" ; no, seor: cuando yo

me puse

bir este libro, qu lejos estaban de

mi

escri-

los "her-

mticos" de Las Gradillas y las bibliografas de la

camaradera letradal Mis personajes piensan en


venezolano, hablan en venezolano, obran en ve-

y como tengo la desgracia de no ser


Barbey d' Aurevilly hijo del Cisne las-

nezolano,
nieto de

civo, es justo

que se

me considere, y

lo

deseo en

extremo, fuera de la literatura.

En

cuanto al escenario donde se desenvuelve

la farsa, lo

racas,

mismo que Valencia pudiera ser Co'

Maracaibo Ciudad Bolvar.

pues, preferencias malsanas.

De

No

hay,

igual manera, si

alguno se viere retratado en estas pginas, no

lo

considere oficiosidad del autor, quien no se ha

propuesto retratar personas, sino fijar

Como no

tipos.

eres ni general, ni doctor, ni siquiera

poeta, te dedico este libro con los mejores votos

mi amigo; poni en tu mesa, al


lado de tus folletos de estadstica y no muy ret
rado del ramo de claveles que te manda tu novia.

de mi afecto: eres

y.

/?.

Todava las tertulias de las Belzares iban los


de costumbre, aunque ya muy mermadas sus relaciones. n Valencia no se halla qu hacer de
noche: por eso las amistades perduran y se hacen consuetudinarias; y cuando en la torre da el
lnguido doble de las nueve por el descanso de
las
la

benditas nimas, las calles rectas y largas de


ciudad adormecida apenas recogen el eco de

un paso apurado: un hijo de familia retrasado,


algn marido que fu

la botica,

quiz alguien

de malas costumbres que sale esa hora.


Las Belzares no contaban seguramente las mismas relaciones de sus buenos tiempos. Carmen y
Josefina saban algo de costura, bordaban disparates y sus vidas corran paralelas los montonos das de provincia. La ltima era la ms espiritual de la casa: los once aos regresaba de la
escuela seguida de sus "conquistas" y llamaba
"groseros" los requebradores de esquina; siendo menor, ella aconsejaba su hermana Carmen

JOS RAFAL POCATERRA

12

Teresa, quien una timidez natura! slo le permita acompaarse en la guitarra canciones alusivas.

Misia Justina, viuda autntica, hacia trece aos

que se dorma durante las visitas, bajo el mismo


cuadro de "Los diferentes estados de la edad del
hombre", en su mecedor de Viena. Bella, la mayor, que los treinta y siete era muy recatada,
mientras sus hermanitas cuchicheaban con los novios en las ventanas, continuaba impertrrita un

de soles de Maracaibo que nunca terminaba, como una alegora del Pudor velando por la
Familia. Muy poco amiga del matrimonio, su
decir, una seorita digna no debe casarse por
casarse, sino escoger muy bien el hombre que
pueda hacerla feliz, y entre contraer un mal enY no es
lace y quedarse, prefera esto ltimo.
tejido

por

falta...!

aada

con tono enigmtico misia

Justina.

Verdaderamente, se hablaba en familia de lo


prendados que haban estado de Bella un ingls
de la luz elctrica, el sobrino de don Manuel
padre Bentez antes
de ordenarse. Pero ella los haba despreciado.
Haba que oira: |Dios mol Quin se casa con
un extranjero: un hombre que no profesa nues-

Salvarsn, Luis Mara, y el

tra religin; salen

dad; pero,

como

ruborizndose

muy buenos

dice
,

el

maridos, es ver-

seor vicario agregaba

un padre debe ensear rezar

sus hijos; y Luis Mara

el

pobre! no sabe cundo

EL
casarse, el negfocio

DOCTOR BEB
no

le da,

I3

y tiene sus cosas...

Del padre Bentez, por respeto religioso, nunca


deca nada. Se contentaba con suspirar recor-

dando

acompandose la
rompa con su hermosa voz de ba-

otras pocas en que,

guitarra, l

rtono:

Que

y no arrimarse
pan secas.

el bailar

es comer

el

la jota jota,

las nias

que quieren,

cuando van bailando


de gusto se mueren...

El reloj del tiempo de misia Justina se atrasaba un ao cada seis meses; eso fu el 92, cuando
el Legalismo. Don Jos Antonio Belzares era administrador de Rentas. Qu tiempos! Andueza
le

hubiera dado una aduana. Eran amigos del

colegio; ipero luego vino el bandido de Crespo!

que haba sociedad: las muchachas


se casaban por docenas, los hombres no eran tan
Entonces

resbalosos, haba moralidad en las costumbres.

Hoy, en vez de
nes, se paran
cir

visitar, se meten en los botiquide plantn en las esquinas de-

malas palabras. Las pobrecitas muchachas se

componen, se asoman

la

ventana, y nada, no les

dicen ni por ah te pudras.

No

faltaba razn

misia Justina para estas y otras penosas reflexio-

nes que se alternaban conforme bajaran subieran los valores matrimoniales.

Cuando

los novios

JOS RAFAEL POCATERRA

14

pasaban esos

tres

cuatro das de despego

causa de celillos de exigencias intempestivas,

negadas

al

principio, naturalmente, deca

que

hasta la palabra de caballero haba venido menos.

Romper

antes un compromiso? Eso era casi

sagrado y slo fuertes motivos... Hoy cambian de


novia como de camisa. Qu perdido est esto

de Crespo para acal


Aquella noche Pepito Salcedo Gutirrez, novio de Carmen Teresa, ausente haca cuatro das,
fu el primero en llegar con un cartucho de bombones guindado de un dedo.
Bella teja junto la luz; Josefina, con un libro
entre las manos, cada instante volva sus ojos
azorados y negrsimos hacia la ventana, al sentir
pasos en la acera; y reanudaba la lectura de su
novela, viendo que no apareca el esperado, fal-

tando ya un cuarto para

[Santas
Pepito en

la

y buenas!
puerta de

las

ocho.

exclam

alegremente

la sala.

Felices los ojos repuso Josefina.


Por qu tan perdido? pregunt
mente

tmida-

Bella.

Pepito sentse enfticamente, alzse los pan*


talones dejando ver una cuarta de media:

Muy ocupado en
ta

la oficina. Trabajamos hasde noche. (Suspir.) [Es una calamidad la po-

ltica!

Las mujeres

le

admiraron.

De veras,

|y

tan expuesto!

EL

DOCTOR BEB

I5

Torn sonrer con seguridad irnica. Se inform de la salud de todos. No muy buena: misia Justina, con el hgado; toda la santa noche ponindole fomentos, hasta la una que se le calm.
Y... Carmen Teresa?
se atrevi al fin inquirir, despus de deplorar aquel hgado de la

seora.

E^t con mucho dolor de cabeza.


Una neuralgia atroz.

Como

asista

ella

mam

y es tan ner-

viosa...

Tom

antipirina, y nada.

Se ba

la

cabeza

con agua de colonia, y tampoco le hizo bien...


En fin, que aqu hemos estado de tribulaciones...

Si hubiera sabido...

desliz

al

Pepito

fin

entre la marejada de palabras de Josefina.

la

...

Vino

el

doctor: nada. Esta maanita, ya

hora del desayuno, se

le

calm un poco con

vendas de agua sedativa que

le

aconsej don

Matas Feo.

Y est recogida?
Las dos mujeres, junto
al

mismo tiempo

el

mismo

la

lmpara, referan

asunto.

Pepito senta un vago malestar ante aquella


locuacidad, y quiso calmarla con bombones.
En fin, los aprovecharemos nosotros y les

distribuy sendos puados.


Josefina,

con

el libro

entreabierto,

chupando

melindrosa una almendra, se acercaba en ratos


la

ventana.

JOS RAFAEL POCATERRA

l6

Usted

no ha visto Guillermo?

le

pre-

gunt media voz.

Hoy no. Ayer.

Adonde?
En barbera de Luis Osorio. Desde cunla

do no viene?

Tiene

tres das.

En aquel momento Carmen Teresa, vestida de


blanco, con aire lnguido y gesto de enferma
malcriada, vino sentarse cerca de l.

Ya
fina

te

pusiste

corriendo hacia

buena? le pregunt Josela

ventana, en donde, asido

un sujeto de lensombrero de Panam.


Bella bordaba silenciosa y atenta; comparaba
un dibujo con otro; los ojos bajos, se abstraa de
los dilogos: uno muy vivo, casi alterado, en la
ventana; otro, quejoso y melanclico, en las dos
mecedoras.
Carmen Teresa, con su vestido blanco, tomaba un delicioso aire sentimental. Era de esas mujeres plidas de ojos grandes y claros que parelos

hierros, se haba detenido

tes y

cen agobiadas bajo


Pepito

la

la

abundante cabellera.

contemplaba oyendo

el relato

quejo-

so de sus quebrantos, los reproches por su falta

de afecto,
quererle

las reflexiones obligadas:

as..."

"t

no

"yo no deba

lo mereces..."

"mam por

eso dice..."
El

coma bombones y le ofreca con


como quien oye llover.

extendida,

la

mano

EL DOCTOR BEBE

No,
A

no...

aadi con

los ojos

prendo. T quieres burlarte de

m...

comno me

lo

la verdad...

dices

iPero,
muy

hija,

por Diosl

ocupado que

S,

ests; ayer

che, casa de las Montesillo; el


te en

hmedos

muy poco, muy poco; yo

te importa

ti

coche y

ni

en

la

no-

domingo anduvis-

una vez pasaste por aqu.


como un susurro, des-

El dilogo continuaba

pus como un

arrullo, y

para atender

al

cuando Bella se levant

llamado de su madre, que con

gemidos dolorosos peda no s qu desde

el

cuarto, los dos, tras el abanico abierto, se haban

olvidado de los tres das, de


sefina, que,

muy

neuralgia y de Joresista dbil-

Y despus de un debate largo, largusimo,

mente en
Bella!

la

de manos cogidas, se

No, no, mira que viene ah

la ventana.

sofocada, vino reunirse con los dems.

Pepito, en pie, jugando con su foete, se despeda.

Ah se me olvidaba dijo
maestro de escuela, este de

de pronto

el

la esquina...

Verd?
Eso

velada;

un

es,

S, s

ojo:

Verd; est invitando...

interrumpi Josefina

debe

ser divertido

T debes

ir,

va dar una

aadi guiando

Bella.

La aludida se turb un poco.


Verd al pasar haca saludos exagerados y
minaba diferente.

ca-

JOS RAFAEL POC ATERRA

l8

No faltaba ms dijo sta estar local


Iremos tres con mam.
S est buena...
Primero Dios!
Hasta maana, pues y Pepito torn des,

las

pedirse, fjando en su novia unos ojos i^randes y


sin expresin, ojos bovinos, que se movan torpe

y lentamente como siguiendo el vuelo perezoso


de las ideas.
Todava por la ventana hubo nueva despedida.
Despus se alej entre la humareda del cigarro,
silbando un comps de la machicha.
Bella dej el tejido.
tristona

men

de

la sala

Daban

baaba

las

diez.

los rostros: el

La luz
de Car-

Teresa, lnguido siempre, enfermizo, lleno

de

cuyo
de su lectura
sin duda una herona raptada por bandidos
y el de la hermana mayor, serio y triste,
con esa tristeza de la cesanta amorosa tan caracterstica en las mujeres que tienen hermanas

de sufrimientos

pueriles; el

semblante se retrataba

Josefina, en

el inters

afortunadas.

Un

borracho que lleg

la

esquina gritaba

obscenidades.

Las muchachas cerraron

las

ventanas.

II

Cuando Pepito

lleg la oficina,

tumbre, Pedro pasaba


critorio

el

plumero

como de
al

cos-

ltimo es-

silbando un pasodoble. Las cuatro me-

de trabajo, de

modelos y para diversos fines, ya despojadas de la capa de polvo que


cuotidianamente se tenda sobre los mismos papeles y enseres, convidaban al reposo, aumentando ms an la paz del despacho algunos volmenes de la ltima obra de Juvenal Anzola y
del postrer episodio de Tosta Garca, que yacan
en cada una, todava vrgenes de lectura.
Del techo-raso, en donde las goteras trazaran
caprichosos mapas; de las pesadas y desteidas
cortinas; de los escaparates entreabiertos, que dejaban ver un orden horizontal de legajos, caa
aquella modorra de las cosas habituales, tpica
en las oficinas pblicas y en los comercios de
viejo. En una repisa de pino dos vasos y una pimpina causaban alguna impresin de frescura,

sas

distintos

mientras por las ventanas abiertas la calle caldea-

JOS RAFAEL POCATERRA

20

ba al sol de las tres de la tarde. Unos pasos que


resonaban en el corredor, acaso el recuerdo desagradable de una cuenta insolvente, hicieron volver la cabeza Pepito con aire inquieto. Sera el
cobrador, seguramente, y ya estaba ah
tabique. Pues bien, que chillel

No

tras del

le atendera;

y queriendo fijar su atencin, reley en la pgina tercera de El Cronista un aviso de la Cartila-

ge Company, donde un doctor yanqui ofreca


mediante cierto aparato y treinta dlares "hace
crecer usted como una palmera". Pepito admir lo prctico de aquella gente. El tena ese
criterio de clis para dar opiniones terminantes
sobre todas las cosas y para abrumar la ignorancia de su mam cuando discutan: "los yanquis
no saban sino vender tocino", "los curas son
cuervos de sotana", "Pars es el cerebro del
mundo", "Venezuela es un pas perdido", "toda
mujer se da". Como buen venezolano, careciendo de todo, tena bien burlarse de todo. Hijo
de un comerciante quebrado, que luego se mezcl en la poltica, llevndose la tumba algunas
canas y siete mil pesos de la renta de Instruccin, habitaba con su madre una casita de siete

pesos de alquiler, con unos cuantos muebles sin

juego y el escritorio del antiguo negocio, con su


baranda, suerte de palos transversales, que parca el esqueleto

en

la

amo

casa

la

el

de un ahorcado. Todava

exista

gato tuerto que comparti con su

responsabilidad de

la

quiebra.

EL DOCTOR BEBE

apellido, Salcedo Gutirrez, sirvi Pepi-

Su

to para ingresar en la poltica

de

21

como

escribiente

Direccin de Estadstica, mediante un se-

la

cretario general

carcter oficial

que fu amigo de su pap; y este


y ciento sesenta bolvares de
al Club y reuniode Salcedo Gutirrez. Su

sueldo, haban incorporado

nes distinguidas

al hijo

madre era de apellido

como

firmar

su

Barrios, pero l prefera

padre, porque lo consideraba

y adems, su padre no haba


sido un annimo en poltica... Era una familia ve-

ms

aristocrtico,

nida menos despus de

La

infancia

mango

la

de Pepito,

muerte de su

jefe.

descalzo, teido de

de das entepancadas en el pozo del Jabillo;


en procesin desde el sitio de El Socorro hasta
el Morro, tras una jugada de metras de ladrillo
que casi siempre terminaba en la polica, discurri as, con intervalos de colegios distintos los
cuales le llevaba su madre despus de splicas
los directores para que lo tuvieran gratis, regresando su casa zurrado, con las narices estropeadas, sabiendo muchsimas desvergenzas. Se
echaba llorar en brazos de la pobre seora, y
sta terminaba llorando con l. As que su educacin fu esa mezcla de vagabundera y sentimentalismo, base de la educacin venezolana,
terreno magnfico para los productos que hoy
colman el comercio, las universidades y las oficinas; especie de epicenos capaces de todo lo
hasta las orejas, en pescas

ros tirando

JOS RAFAKL POCATERRA

22

malo y

lo

bueno, juventud sin fisonoma, con am-

biciones ineducadas, que se emborracha ios

doce aos y padece de sfilis los catorce, casi


siempre servil, ahogada de compromisos por una
magnificencia cursi, primer paso los futuros expoliadores de la poltica si la suerte les lleva
lomos, los politicastros de aldea que pululan

por los tribunales, de

muy mala

conducta, pero

con muy buen corazn.

sin

embargo, cunto cost misia Efgcnia

hijo! Ropa de tropu, capede alpargata siete reales docena, sones,


bolas de nieve, cartas personas pudientes: "Una
madre desgraciada, etc ", reclamos de esa eterna
pensin por un vago procerato, y Ojue es como
una prolongacin del presupuestismo en la familia; dcimos de lotera penosamente comprados,
suficientes novenas santos eficaces: toda una

educacin de aquel

la

lladas

dolorosa procesin de miserias que se arrodilla-

ba horas enteras ante el Santsimo soportaba


la grosera innata de los porteros para conseguir
una escuela.
Pepito los veinte aos saba leer mal, confunda

la c

con

la

s,

y en esplndida letra cursi-

va copiaba versos de Julio Flores en los lbumes

de

las

muchachas de

locarse

pero

la

barrio.

Hubiera podido co-

como dependiente en
botica tena muy malos

algn comercio;
olores, el aire

de

enferma los pulmones, y un hijo


de Prudencio Salcedo Gutirrez no iba estar

las cigarreras

EL

como un

DOCTOR BEB

23

turco vendiendo varas de cinta. As lo

declar misia Efgenia un vecino que le insinuaba estas labores para emplear los robustos
aos de Pepito. El aspiraba al bachillerato. Su
madre, en esfuerzo supremo, llev como flor
de su vida las aspiraciones del hijo, y en un brus-

co cambio de Gobierno seccional, despus de


arrodillarse, de capa, sollozando un "Prudencio"
y algunas reminiscencias, logr verlo empleado.
Entonces se consagr l por entero; l era

de su pade su padre";
odi lo que l odiaba, am lo que l amaba. Sus
privaciones eran las mismas, pero las compensaDios en

la

reducida

dre, los ojos

casita: "las cejas

de su padre,

la

nariz

ba el goce de saber Pepito en la sociedad^ y


desde la oscura ventanita de su casa llenbase de
orgullo

al

verlo pasar en coche, la pierna cruza-

da, el pantaln recogido mostrando un

pedazo
de media y el rolando de piel de Rusia, con
aquel aire de quien est habituado fastidiarse
en carruaje.
Vinieron luego tres novias que ascendan en

muchacha ingenua y momenudo y que se abre en


todo
hombre
como la ltima flor de la
la vida de
infancia; ella no pide nada, no exige nada, quie-

categora: primero la

desta que se ruboriza

mucho, sufre sus ocultos amores, pasa y desla joven honrada que aspira
casarse, que manda "vesos" y pide perdn por
sin tomar en cuenta los amola "hoctografa"
re

aparece; despus

JOS RAFAEL POCATERRA

24

de la escuela haca la seorita


mayor de edad, amores unipersonales que tienen
mucho de candor infantil y de- vicios solitarios
Carmen Teresa pareci fijar aquel devaneo que
paseaba por Camoruco los domingos, atisbaba
tras las columnas de la iglesia fumaba cigarrillos en la esquina acompaado de un poeta inofensivo. Era pobre, pero decente, y adems tena
las simpatas de misia Justina.

res unipersonales

Vinieron tambin

las

deudas: cuarenta misera-

bles pesos no alcanzan para vivir un

hombre

que tiene deberes de sociedad. Y cuando exasperada la pobre seora le haca ver sus vacos
econmicos, le rogaba ms puntualidad, l, colrico, arqueando las cejas de su padre, lanzando
rayos de indignacin por los ojos de su padre,
gritaba ante la angustiada seora:

Buenol

No me

friegues* ms la paciencia:

pongo hoy mismo mi

renuncia.

{Qu

carayl

ver dnde consigues para comer.

Pero
T

hijo! por

Dios!

si yo...

que quieres es que yo ande como


cualquier negro, y eso nunca! Yo tengo que llevar un apellido y que vea la gente quines son
los Salcedo Gutirrez. Acaso yo soy Verd, que
vive con quince pesosl Yo tengo compromisos,
lo

yo tengo gastos.
Pero oye, hijo, clmate.
Entonces l, imitando la voz de su atribulada

madre, responda furioso:

EL DOCTOR BEB

S,

25

clmate! |Te complaces mortificando

uno y despus... nadal renunciar, me empear


el Gobierno para que me acepte la renuncia,
y... yo s lo que debo hacer...! Maldita sea!
grit ya encerrado en su cuarto, despus de tirar
con

el

almuerzo

al

murmurando

patio. All continu

largo rato.

La

casita pareca aniquilada;

muy contenido de

la

apenas un sollozo

seora rompa

el silencio...

El en el fondo tena razn, ella le molestaba

ms; haba heredado

el

de

mal carcter de su padre,

y ella lo exacerbaba...

Aquellas escenas concluan todas del mismo

modo: l dorma siesta; quejbase ese da de dolor de cabeza por la incomodidad; almorzaba
opparamente en la calle, y esto le vala una dos
semanas de descanso, pues misia Efgenia araba
el mar en esos das antes que molestar Pepito.

All est el

Pedro,

cochero!

el portero,

vestido de prendas usadas,

complacase en mortificar los de

la oficina,

por

odio de piel y de jerarqua: era l quien pona en


los pupitres, con verdadera delectacin, los papeluchos que contenan alusiones; marcaba con lpiz azul aquello

de "en caso contrario

me

ver

obligado publicar su nombre y apellido"; repeta con voz desptica las rdenes superiores,
y
llevaba en alto,

como bandera de

escndalo, las

JOS RAFAEL POCATERRA

20

cuentas frecuentsi mas y ya sucias que llegaban


su portera haca diez y ocho aos. Su larg^a experiencia de portero dbale cierta irnica maldad

que terminaba ante una chupa en buen uso en


unos zapatos no muy perforados. En aquellos das
Pepito le negara an chaleco deshilvanado, y estaba de malas; as que repiti en alta voz, para
ser escuchado por algunos que entraban y otros
que murmuraban

afuera:

que est viniendo hace ocho


que si no le paga le pasa la cuenta al
presidente, porque l y que no le tiene confianza
empleado pblico!
El

cochero!

El

das, dice

Voy para

all

contest Pepito, enrojecin-

dosele ligeramente una oreja; y para reponerse


hurgaba papeles de su gaveta como quien solicita

un dato.
El cobrador, detrs del tabique, ensartaba que*
jas

de

insulto: "S,

eso es

muy

sabroso, cansar

la

"Meterle una tarde y una noche de tra"y


bajo..."
ni pa el cebo de las bovinas alcanzan
pareja..."

los reales." "Estos patiquines del

una

Gobierno son

pila..."

Una pila? y Pepito, indignado, ya con ambas orejas encendidas,

sali.

Todos

se volvieron.

{Pepito tena tan mal carcter! El director de Estadstica, especie

ba

rones

tres,

asustado;

de cabra silenciosa que rumia-

con voz nasal en ese momento: "va-

al dictar

hembras diez y
el

siete", alz la

cabeza

otro escribiente, recin colocado,

EL DOCTOR BEBE
raeti

con prudencia

en

la nariz

27
el

cuadro de na-

cimientos; y hasta Pedro, regocijado, prometase

recrear en una de trompicones y araazos.


El cochero era un mocetn robusto, de hermosas pulpas; portaba en una mano su chaparro
grueso y nudoso y con la izquierda presentaba
las cuentas la juventud florida, por no fatigar
la de las riendas.
Pepito, con voz temblona fea voz de emocin, haciendo una mueca con pretensiones de
sonrisa
exclam provocando una respuesta

cordial:

Gu, Mariano! eras t?


Pero

la

respuesta fu seca y humillante

como

un chaparrazo:

S, yo;

yo que tengo ya ms de ocho das

viniendo aqu; "que venga


el

sbado, que venga

dido

el

el

jueves, que venga

quince"; que ya he per-

por culpa suya, y que le voy


cuenta al presidente pa que vea qu

tres carreras

presenta

la

gente tiene.

Pero

chico...

Ningn chico: usted me paga nos echaaqu mismo.


mos una
Mariano se pone
argy pobre
varilla

bravo.. .1

mozo,

lvido,

el

pero sonriendo con un lado de

boca, una sonrisa forzada,

tiesa,

llena

la

de miedo;

y como solicitando un apoyo de mediacin en los


dems, se volva hacia ellos; pero los dems eran

cobradores de Dachary, de "El Faisn" y de

JOS RAFAEL POC ATERRA

28

Mosser. Pedro sonrea burlonamente, y como una


cabra asombrada, la cara espantosamente plida
del director,

ms excit

del joven, quien una

hacia

angustiosa cobarda

la

mano

invisible

empujaba

el tabique...

Balbuce de nuevo:
Mariano,

Mariano se pone bravo...!

como todo cochero, cobraba en ca-

rcter y desliz razones:

Una cosa es
me

usted

la

dice m

amistad y otra es

y no

el

negocio;

sin cierta turbacin, el

director de Estadstica sintise designado y co-

gido por
ble

no

es

cia...

la

la

solapa para servir de ejemplo tangi-

cochero
Mariano, "la pareja negra", que
porque sea ma, pero es lo mejor de Valeny estamos hasta la una, y hasta las seis de

al

maana

tambin...

si

demasiado complaciente

soy yo; usted cree que cargar en una victoria

dos hombres, dos mujeres y hasta tres cuando


la gana de meterse...!
Pero es que este Mariano se pone bravo...

Tulia le da

No, seor, no es que


venga ac, seor y trajo

yo

me pongo

al

centro del grupo,

bravo;

siempre cogido por


siempre,

al

la solapa y con mayor miedo


director de Estadstica . Usted no

cree que yo tengo razn?

S, Mar?no, s tienes; pero mira


agreg
deshacindose con disimulo y cogiendo camino

hacia

el

cmo

l te

dentro.

tabique

l te paga,
y con aquel

paga

l te

paga, t veras

estribillo se

meti

EL DOCTOR BEB

29

Gu, ya lo creo que me paga. No es que me


pongo bravo,

es

que yo reclamo

cochera;

si

no,

Yo

yo dejaba perd eso.

tengo asco siete pesos,

que

lo ajeno; si fuera

pero yo tengo que entrega cuentas en

mo...

no

la

le

diez, ni cien

ni

sea.

dijo

con voz

No, no es que me caliento.


T sabes que cuando yo tengo te

pago... y

Pero es que

t te calientas

suavsima Pepito.

hasta te adelanto.

Usted? No

jile!

Cundo me ha adelantao

usted un centavo m?

No, aquello era una chanza;

as se

lo

explic

entre dos sonrisas miedosas.

Le ech
cia el

el

brazo y se lo llev bromeando ha-

extremo del corredor.

jAh! Mariano
amarraste...
All,

epuya!

este, hijo

Todava

en voz baja,

Anoche

le relat

quejosamente cosas

ntimas: compromisos... el da del Carmen...

una

muchacha se la mostr; el auriga


meti en su dedo oscuro y velludo, valun-

sortija para la
la

la

te dura...

dola: "sesenta pesos"


dico, la botica...
Acosta...

la vieja

Una cuenta

enferma;

el

m-

casa de Ladislao

Luego hablaron de mujeres. Apartados

ambos, Pepito, relatndole un lance hipottico,


exclamaba en acento alto, para ser odo de los
que distancia presenciaban la escena:

Porque yo soy hombre

para cualquiera

etc.

JOS RAFAEL POCATERRA

30

El negfro, con la sortija en ei dedo, diciendo

algo chistoso, se fu.

Pepito regres

la ofcina.

En

la

antesala le

el paso dos jovencitos y un vejete: eran


cobradores de Dachary, de Mosser y de "El

cerraban
los

Faisn".

Seis sesenta y cuatro!

Venga

el

sbado.

Ochenta redondosl El quince sin


Qued el vejete.
Una cena... tres

tostadas...

falta.

dos cafeses;

total,

cuarenta y seis centavos... Yo paso por all esta


es preciso que no me trabajen tanto
tarde.

cobrndome

esas porqueras... Dgaselo as "Ei

Faisn"!

Dio un portazo tremendo.


El director, que en ese momento lea los nacimientos, peg un salto. Crey que era un tiro:
Cmo usted es tan violento, amigo Salcedo!
El escribiente se abismaba en el cuadro esta-

dstico.

Pepito se irgui:

No, lo que yo hice fu llamarlo al botn.


Usted no se fij?
Y ante la admiracin de los cagatintas, con
fra calma, relat las cosas horribles que le haba
dicho; las incitaciones la clera que el auriga
evada; daba golpes en la mesa y se paseaba con
violencias verbales.

Yo, por respeto usted,


adems,

la oficina...

que estaba

no fuera saberlo

el

ah, y
general

EL

DOCTOR BEB

Prez Pantoja; pero, francamente, tuve ganas de


meterle una bala por los dientes. Lo que tiene
es que yo

me

s contener!

S contest

el

director

lo

mejor es

la

prudencia en esos casos; ese es un bicho; usted


lo humill...

III

La estacin del gran ferrocarril de Venezuela


porque en Venezuela, entre otras cosas grandes,
tenemos un ferrocarril se hallaba concurridsima: hasta Cabrera, Guacara y Los Guayos haban

salido comisiones presentarle

la bienvenida al
doctor Beb, nuevo presidente que Castro enviaba como genuino representante suyo en el

Estado, para conciliar los intereses encontrados

que all se debatan. Entre ellos, onda rumorosa


de opinin que ora engrosaba un bando, ora acuda otros, la generalidad esperaba que la balanza determinara una oscilacin cualquiera; y en
efecto, los das

de

la

aclamacin haban demos-

trado en paseos cvicos, luengos discursos y sentimentales telegramas, que los presupuestvoros

haban hallado

el

camino. Eran das fabulosos: se

hablaba de millones adquiridos en dos meses, de


consulados y aduanas otorgados por simpata, de
amorcillos traviesos, revoltosos, que iban caer
rotas las

alitas, tras el histrico

biombo chinesco,

EL DOCTOR BEBE

33

en algn baile que pareca "cosa de hadas".

por eso cada cual,

al

egregio Restaurador, "el bien

pensaba en

el

restablecerse el "Jefe", el

amado

caudillo",

puesto, en el dinero, bien, con

mayor ingenuidad, vislumbraba la casa amueblada, la hacienda de caa y el camino del porvenir
alfombrado con billetes de banco.
Eran das amables; ola Bay Rum; un vaho
tibio dilataba las naricitas y pona en la mente
sueos de ambicin: era El; y no con aquel desagradable furor que los padres de la Iglesia asignan al demonio Asmodeo para antes del anticristo; muy distinto: repartiendo dinero manos
llenas; los

cheques se firmaban en blanco;

la

pa-

rentela entraba figurar^ y las fulanas tendran

envidia y pap comprara una casita y se mandara hacer otro flux. Sueo color de rosa que

borraba los speros contornos de


gares y que perfilaba tras

las

cosas vul-

barbas cerdosas y el
semblante abotargado del general perspectivas
las

Adems, tras de eso la


disculpa se presenta con muchos nios hambrea

de

triunfo y

de

felicidad.

dos, el infierno de los das blancos y un pap sin


empleo y de palt levita verde. El Constitucional^
de cuatro pliegos nutridos de lectura, surga
media noche en el corazn de Caracas y echaba

volar diez y seis mil ejemplares pregonando


las excelencias del vencedor de tres revoluciones, del

enorme Restaurador que, cado como un


de su caballo en Tocu-

estircol bajo el vientre

JOS RAFAEL POCATERRA

34
yito,

aplastado

como un guiapo en

las

aceras

madrugada del 29 de Octubre, se incorporaba en la pluma de los escritores ven ezola nos para sombrear el Continente.
Las primicias virginales eran las nicas flores de
aquella planta servil que la Venezuela de la Aclamacin abon con todos los desperdicios hacinados en el corral domstico. La Aclamacin fu
un sbado de la higiene nacional: aqu no se botaba basura desde el 46.
El jefe de estacin, de barbas rubias, paseaba
por el andn, donde unas doscientas personas se
impacientaban. A poco el encargado de la Preside

la

Casa Amarilla

la

dencia; el secretario general, el jefe civil del disotros empleados y algunos seores quienes sus deberes sociales imponan tales actitudes,

trito,

se aglomeraron en primer trmino.

Dos

policas

un poco ms all, con la carabina recostada en la


pared y un cohete en cada mano, esperaban. Asi-

mismo una docena de msicos

estiraba el hocico

hacia las boquillas, hacindose sostener


tura con un granuja

dente, ora
Detrs,

al

que ora admiraba

al

presi-

estrombn.

empujado por

en veces con

la parti-

el

la

polica culatazos, y

plan del machete,

el

pueblo so-

berano chiflaba cosas soeces.


Largo, metido en ms de un palmo dentro de
su cuello almidonado, las melenas lacias y aceitosas destilando caspa sobre las

cronista

hombreras, un

de saln tomaba notas sobre

la

pared:

EL DOCTOR BEB

"Ms de dos mil personas, todo

el

35
Valencia social,

presidido por nuestro querido y progresista naagistrado", etc. Por sobre el hombro, otro intelectual,

de

menguado y de cabellera crespa, con redingot

dril, al leer las

Pero

chico!

ltimas frases las improb:

T nunca

sers sino secretario

de una Jefatura civil.


Por qu?
No trabaje! Ests viendo este viejo cado
y le pones "nuestro querido magistrado".
Y eso qu tiene? Se va disgustar el doctor Beb?
Ya lo creo! El "progresista" debe ser uno no
ms. Quin ha visto dos progresistas? Y tiene
una susceptibilidad de solterona.
Es que este seor me ha hecho servicios...
Y t se los has hecho l: no pusiste ms de
cincuenta telegramas cuando se aporre la raba-

dilla?

No

le llamaste

honorable y digno? Qutale

eso de querido: pon "nuestro magistrado, etc."


El del cuello tach lo indicado y se sonri:

tampoco le gustaba. Qu haba hecho en


Carabobo? Ni un almuerzo, ni una ordencita; era
un avaro... Nadie le ha mordido un fuerte nunca!
Y l gastando sus piropos, que en tiempo de otros

presidentes, un "sensato" bien metido, aquello

de "cabeza y machete", colado en prosa decadente, eran cien bolvares seguritos para una comisin del Servicio Pblico. A l no le gustaba,
pero por consecuencia...

JOS RAFAEL POC ATERRA

36

No seas zoquete:
la

mejor consecuencia es

la

que no tiene consecuencia.


Rieron. Buscaron cigarros entre los dems.

rumor se perciba hacia

Un

la lnea.

El tren.
Y
el

estrujndose, pisotendose, el presidente,

secretario, el gobernador,

los

partiquinos y

personajes que no hablan se precipitaron.

Pero era una carreta que pasaba

el

puente

Morillo.

Un grupo

distante, la puerta del botiqun,

hablaba con cierto


tentos.

Todos

azul, cuello

la

calor.

Eran

oficiales

descon-

misma indumentaria: dormn

de celuloide, zapatos amarillos con

cortaduras para los callos.

De

lejos se oan

con-

ceptos enconados, se injuriaba los plumferos,


los escribidores

plomo, que se

les

de no s qu, que no van al


agua el guarapo, que se les

caen los pantalones. En cambio, todos ellos haban dado carreras por el Alto de Uzlar y Mucu-

campaa con las


de don Juan Jos Gonzlez. Casi todos
"hombres de causa", crean en los godos y en las
glorias del gran partido. El Gobierno no recompensaba servicios: cada uno de aquellos hombres
haba pasado caos crecidos media noche, pegaba asaltos, con una guerrilla someta el Estado
y fusilaba hasta al padre Arocha si era preciso.
Les rodeaba una atmsfera de pavor donde
germinaban cosas heroicas.

raparo, todos haban estado en


gallinas

EL

DOCTOR BEB

37

Los dos intelectuales buscaron


algunos seores comerciantes, ms

refug^io entre

pacficos:

all

gustbase un aire sereno, casi lnguido, que evocaba hileras de gneros, cuartos de caf, pipotes
barrigudos y tranquilos. El dilogo corra preciso
y detallado como un folio de jornal:

con paz Venezuela no necesita


la paz todo trance.
Aquella declaracin gust. Estaba en boca de
un seor que haba contribuido todas las perS, la

paz;

ms nada. Debemos sostener

turbaciones y que usaba

conspiracin por agua

la

comn.
Pero el asombro fu grande cuando don Perfecto Delgado, exaltado y coloradsimo, afrm
S, la paz,
media voz con un tono de ainenaza:
amigo Oronoz, la paz de los sepulcros!
Del grupo, un viejecito suspir tristemente.
Sus negocios iban mal, muy mal... Con aquel estribillo y la lstima ajena, escondido tras siete
piezas de madapoln, amasaba sosegadamente el

diario

de su

familia.

que tienen
ms sereno y hablan de esos seis
ocho mil pesos perdidos sin quejarse; los dependientes de primera cate^jora que aprueban con
la sonrisa y el gesto las opiniones de su principal,

un

otros terciaron: los capitalistas

criterio

y hasta un prestamista rubicundo hizo algunas

consideraciones acerca de

De

pronto,

Pepito: le

al

abrirse un

acompaaban

la

miseria.

poco

la fila,

apareci

varios amigos; su caer-

JOS RAFAEL POCATERRA

38

dita; ! diriga la palabra todos y se mova nerviosamente. Trataba de establecer entre l y el

Gobierno,
rriente

de

all

parado y sudando, una como couna como atmsfera propicia

frialdad,

discurso que le traa preado en pde una independencia de ideas poco comunes... Unos pasos retirados, Verd se mante"

al

reactivo

rrafos

donde una
Cuando desde

na grave, detrs de su eterna corbata,

rosa

salmn abra

tres ptalos.

ocho das antes Pepito se aprendiera aquel discurso, l haba hecho elogios en casa de las Belzares augurndole un triunfo, un verdadero triun-

Ya Carmen

fo.

cortada por

la

Teresa

lo conoca:

emocin y por

las

con voz entre-

comas que con

parsimonia dramtica habale distribuido Verd,

Pepito leylo

tomar

la

familia despus

de hacrselo

varias veces por misia Efigenia.

al dedillo.

Lo saba

As que cuando rompieron los acordes

Himno Nacional y media docena de cohetes


elev sobre la hmeda atmsfera del Cabriales,

del

se

solidariamente rodeado por sus amigos, bajo

mirada tutelar de Verd,


tor

Beb descendiera

ran todos, aue se le

del

aguard que

vagn, que

le

el

la

doc-

saluda-

preguntara por su salud, por

su viaje, y que en corporacin cerrada se dirigiera los coches, por entre los cuales circulaban

bandadas de granujas injuriados por


All

con un gesto

El doctor Beb,

lo

los

cocheros

detuvo.

caderudo y amable, hizo

graciosamente. Tena cierta sensualidad en

alto

el an-

EL

DOCTOR BEB

39

debido quiz sus formas mrbidas, poco vi.


compuestas de presas gordas y sanas. Verd
tirle del palt Pepito. Era el momento.

dar,

riles,

Ciudadano
De

presidente!

pronto reson

el

Himno

cena de cohetes revent en


se encabritaban;

atrocidades, y

el

y otra media doLos caballos

el aire.

dos cocheros decanse gritos


allegro del "Gloria al Bravo Pue-

como de susto ante los chits,


que algunos oyentes enhirecidos dirigan

blo" se acall

chiist
la or-

questa importuna.

iQue no tiren ms cohetesl que no

tiren

ms

cohetes!

Los pirotcnicos estaban en pleno entusiasmo,


necesidad de que fuera un polica y les
hubo
y
insultara nombre del jefe civil.
Por

fin

rein silencio.

Verd susurraba por

lo bajo:

Ahora!
dao...

Era uno
Ciu... da...
Chits!...

pre...

si...

deeente!

que mandaba

callar

Verd. Esto provoc sonrisas.


El Ejecutivo y la ciudadana resollaban grueso.

Ciudadano presidente, seores!

al

cabo, sudoroso, con el cuello tumbado,

dedos cados

lvido, las

manos temblonas y

como

patas de una gallina en viaje, Pepito

las

los

dijo el primer prrafo sin vacilar. All se excusa-

ba de ser

"acaso

rabobo, pero no

el

ms humilde hijo de Camenos ingenuo", y terminaba


el

JOS RAFAEL POCATaRRA

con aquello de *este heroico y sufrido Estado".


Lo interrumpi una salva de aplausos.

Lo de sufrido era alusivo al Gobierno cado y


de un sabor independiente. Los pueblos altivos
tienen perspicacia para recog^er las frases de intencin. Y en medio de un rumor aprobatorio,
comenz el otro prrafo. Prometa ser breve en
obsequio de las fatig^as del viaje; Verd ansioso
esperaba la frase de efecto que haba preparado
y que, arrastrada penosamente por sobre consideraciones histrico-polticas, colmadas de adjetivos, lleg al fin: "maana empuaris, seor doctor, el timn de la nave del Estado, y daris curso

las virtudes cvicas,

tolado de

la instruccin

humano

del saber

entre las cuales

aplaudir.

asombrados. Pepito, con


hilo del discurso... "y..."

humano

Tosi, sac

el

apos-

y...**

Verd rompi

*del saber

el

es la fuente primordial

la

Todos

se volvieron

emocin, perdi

"del saber

humano

el

y...**

y..."

pauelo, se puso intensamente

plido.

Una

sonrisa leve sali los labios del doctor

Beb. Se

oan

rumores

impacientes y frases

crueles:

jHum! |HumI Huml


Se tranc muserl

haciendo ms fuerza que un parihuele

el

Est

lero!

Verd, rojo hasta

el

blanco de los ojos,

le es-

EL DOCTOR BEB
tripaba un caiio un vecino con

4I

enorme fuerza

nerviosa y apuntaba enronquecido:

con

de

voto de los pueblos!

el

...

|y

ungido con

ungido
el

voto

los pueblos!

exclam uno.
iQue se
Que no se

calle!

calle!

iChits! Chits!

y ungido por el voto de los pueblos


el infeliz mientras tres gotas de sudor

"...

empat

gordsimas

le

perlaban

la frente

trazaris

una

nueva era de honrada administracin, secundan-

do

as la

labor grandiosa de ese hombre, de

hombre... de ese

hombre que hoy

fatiga"

ese
y se

volva hacia Verd.

Todos rean ante el azoramiento del maestro


de escuela, que involuntariamente se vea designado por Pepito en busca de ilacin. Este empat:

"...

los corceles

de

la

fama".

Hubo una
orejas.

pero

la

pausa. Verd echaba llamas por las


La gente crey terminado el discurso;
voz quebrada del orador se enronqueci,

se torn brusca y

descomunal, y en un esfuerzo

supremo de memoria, vocifer con un desafuero


que le violent los puos de la camisa fuera de
las mangas y entre un reguero de saliva:

Acompaadme,

seores, en un viva el ge-

neral Cipriano Castro, Restaurador

de Venezuela.

Viva el doctor Manuel Beb! Viva

la

Viva! Viva! Viva! berre todo

Repblica!
el

mundo.

Pepito cay en brazos del doctor Beb, y asi

JOS RAFAEL POCATERRA

42
fu,

de pecho en pecho, estrechando una emo*


feliz, hasta que Ver-

cin desmesurada, sonredo,

d logr atraparle y meterse con

en

un

la

cor-

coche.

xito

n plcto

dijo enderezndole

bata.
El joven orador tena ese aire, mitad susto, mi-

tad alegra, que se observa en las paridas novicias.

Se

le

saludaba amablemente.

en larga hilera de carruajes

la

comitiva hizo

su entrada por la calle Real.

En

ventana de

la

las Montesillos,

Carmen y

el paso de Pepito. Tras ellas


asomaba con timidez curiosa la hermana mayor.
Verd sac la mano hizo un gesto de triunfo.

Josefina esperaban

Pepito sonri amorosamente.

Llegado su alojamiento
verborrea no tuvo

lmites.

el

doctor Beb,

Era hist'ica,

financiera, era religiosa, era sentimental.

ad

Una

la

era
ni-

ms gransegundo
de
decita, nombre de las escuelas
grado, dijo un discurso y present un ramo de
ita chill

un soneto

hoc; otra

flores.

Cada ambicionzuela tomaba formas distintas: ya


un nio precoz hablaba de la Repblica futura,
presentado por su pap; ora se obsequiaba un
lunch en

daba

el

Club, donde algn orador retardado

luz felizmente.

Una semana, con

sus co-

rrespondientes retretas extraordinarias y fuegos


de artificio, dur aquello. Los peridicos se lie-

L DOCTOR BEBE

43

naban con reseas de actos sociales y con el aviso del bacalao. Decan: ^Valencia despierta la
vida de

la cultura".

Pero Verd
do una velada

se encarg de hacerla dormir danartstico-literaria.

VI

"...Toda vez que


necesidades..." una

el

Gobierno, atento

las

coma en Gobiernol

Pepito, bajo la mirada del doctor Beb, puso


el

signo requerido. Este continu el oficio pre-

sentado

"...

la firma:

Toda vez que

Gobierno*, coma, "aten-

el

to las necesidades del pueblo

representar, representa...

que representa..."
s, amigo Sal-

es con

cedo.
Pepito, con las orejas encarnadsimas, se ex-

cusaba vagamente.

Es verdad...

representar... representa... Per-

done, doctor; uno escribe

tan

as,

de carrera,

que... la ortografa... le sale mala.

Es cuestin
su subalterno; y

de

fijarse

como

dijo

notara

la

simplemente
confusin del

joven corrigiendo aquella importuna c que se haba

enganchado su ignorancia, agreg dulce*

mente:
-

Usted tiene muy buena

letra.

EL DOCTOR BEB

45

Pepito, esa tarde, al salir de la oficina, ponder en grupo de amigos la ilustracin del doctor Beb, con quien haba hablado de letras; era
un hombre ledo, indudablemente.

Ah!

si

ustedes conocieran

al

hombre como

yo, con esa intimidad, as con esa confianza, pues.

refiri

una consulta que

le hiciera

prop-

de actualidad.
sito
Pepito estaba muy bien con el hombre, juzgar
por aquellas manifestaciones que l deca en la

de

calle,

cierto personaje poltico

en

las

me

doctor

barberas, en las tertulias...

dijo:

"Amigo Salcedo, usted

El

que

es el

puede hacerme eso..." **Qu opina usted del


asunto, amigo Salcedo?" O bien, indignado contra todos los de la oficina, dicindoles cosas que
slo por la cuarta parte de ellas l pusiera inconjoven co-

tinenti su renuncia, se volva hacia su

laborador,

como

"A

diz le llamaba:

ver,

amigo

Salcedo, ver, amigo Salcedo, hgase usted car-

go de

la

cuestin;

no, no saldremos nunca

si

de

esto", etc.

Las Belzares estaban encantadas, Pepito tena

mucho

porvenir.

gurada; jpero

Carmen Teresa

la otra...!

quebradero de cabeza, con


intempestivas!

Hoy una

muchacha, de da en

la

tena ase-

{Aquella Josefna era un

con
maana

flatos

cosa,

da, tena

un

alegras
otra; la

carcter...;

para

colmo, emprenda amores con un bicho.

Sagi-ado Corazn de Jess!


ne remedio; t eres

loca.

Esto ya no

Dios todo

tie-

lo dispone.

JOS RAFAEL POC ATERRA

46

padre estuviera vivo!

|S tu

El,

un hombre tan

decente, tan distinguido.

Pasaba un da
daba alaridos declarndose vctima, y terminaba, entre el asombro
lloroso de la seora, con amenazas incoherentes.

La nia

sin

mesaba

se

los cabellos.

comer, se deshaca

Por

la

noche, en

la

los rizos,

ventana, escondidas, rela-

de lentes y de sombrero de Panam escenas terribles: toda la familia en contra de


ellos, el convento, el abandono, el impace. En
su ardiente imaginacin, los folletines cobraban
relieve propio, y alternando con besitos dbil-

taba

al

sujeto

mente evadidos y protestas fogossimas, se haca


protagonista de una novela de amores contrariados, y se enardeca s misma en una lucha sentimental, que por otra parte no se empeaba mucho en sostener su mam. Intimamente, por lejanas benevolencias, misiajustina consideraba aquello

cosas de

la

juventud. Josefina protestaba enr-

"A l es quien yo
ms nadie que l!" Verdadesaba de otro candidato que pro-

gicamente, furiosamente:
quiero,

l,

ramente, no se

vocara

tal

exacerbacin.

La buena seora, empeada en su loable propsito de casar


libres los capridios
litares

Carmen Teresa, dejaba casi


de la otra hija, como esos mi-

imprudentes que por comprometer

la

ac-

cin de una guerrilla hacen perecer parte del ejrcito.

As sostuvo los principios de

la familia.

Una

matrona, pesar de todo. Verd, que de vez

EL DOCTOR BEBE
en cuando atrevase

Yo admiro,

ir

de

misia Justina,

47

visita

las

dijraselo:

virtudes de la

venezolanu, especialmente de la valenciaPorque en Venezuela ocurre con las costumbres lo mismo que con las hallacas: dondequiefa.Tiilia

na.

ra

son mejores.

Muy

verdad es eso, Verd, por ms que

digan...

Calumnia,
quiera que

me

seora, torpe calumnia!

cual-

dijera eso, argirale: ah tiene us-

ted, difamador, ah tiene usted

una honorable

matrona, una honesta madre de familia rodea-

da de su prole, misia Justina Garca de Belzares!

Muchas

gracias,

Verd

responda

la

ma-

trona.

Con

el xito

de

las frases

hechas,

Verd sus-

piraba conceptos acerca de una sociedad

como

de antao, gala y prez de la sultana del Tacarigua, hoy tan venida menos causa de los
malos Gobiernos. Sobre todo, de Crespo para
la

ac.

Bella sumase en una admiracin muda,

tando los puntos de un

sol,

inspiraba

remaVerd

loas tremendas las virtudes domsticas


fera: la
la vista

guir

la

que premeda con


mientras hablaba; conformbase con seurdimbre del tejido, y en tanto emita
Instruccin y el Trabajo. El

la

conceptos ccn voz reposada cual conviene un


institutor. Algunas veces llevaba libros que sola

JOS RAFAEL POCATERRA

48

Bella. Josefina burlbase

lea

de

de

las lecturas

su hermana:

Qu ridiculez! Unas necedades de un tal


Severo Catalina, que tiene ms de Catalina que
de Severo, las majaderas de doa Mara del
Pilar Sinus.

Carmen Teresa celebraba

aquellas donosuras;

por hbito, por carcter quiz, se adhera en


todo su hermana. Ella quien le aconsejaba los
quien regaaba Pepi-

trajes y las palabras, ella

to

la

reprenda

como

una chicuela, y desde

misia Justina hasta Petronila, una negra que las

haba cargado todas en

la casa,

ceanse ios

caprichos de aquella muchachpta frescachona y


violenta que daba carreras antes de baarse can-

tando todo pulmn,


la

vela en

al sentir

la

mano y

la

sala valientemente,

sbana sobre

ruidos nocturnos en el corredor.

Esa tarde, un papelito de una de


los

con

camisa,

la

las

Montesi-

para Josefina haba provocado discusiones al

" Chica: dile tu mam que si te deja


con nosotras al Cinematgrafo, para kirie

ser ledo:
ir

buscar esta tarde y comes aqui que nosotras mismas con pap te llevamos, si no tienes sombrero
te

pones

el

azul de Isolina que no ba porque

mucho una muela,

duele

|Ay, qu

No

me

bueno!

si

besa

Ana

la

al

invitaban

no hubiera sido por

la

le

Luisa".

grit palmotcando.
contrario y

parece tanto;

Justina observ que

que

te

como

misia

suplefalta;

muela de

Isolina...

EL DOCTOR BEBE

49

Ah,

sil Cundo no ibas salir t con tus


]No ve que yo nada ms soy en Valencia
amiga de ellasl
Pero nia! T no ests viendo el papel?
Verdaderamente se atrevi terciar Bella.

cosas!

Pero Josefina se volvi como una leona:


T no te metas, a pasguata!
Oye, Finita, ven ac suplicaba Carmen Teresa desde el cuarto en donde se lavaba
Oye,

Finita!

La haban armado gorda misia Justina y

la hija

rebelde: decanse stiras tremendas; Josefina oy

un descocada y dos tres refranes; la seora,


entre una marejada de argumentos, sintise tratada de vieja pasada y ridicula. La mayor se
refugi desde el comienzo en la sala y se puso

abrumada, como

dos campanas de escndalo continuaran sonndole en los odos: pas-

tejer

si

guata, pasguata.

A todas estas, la sirviente


peraba en

Ya

el

las

Montesillo es-

misia Justina se abalanzaba sobre su hija,

enfurecida, cuando
tir,

de

anteportn asombrada.

Carmen Teresa,

medio

ves-

se llev abrazada su hermanita, que, hecha

un mar de lgrimas, chillaba horriblemente.

Finita, nia,

por Dios! Que te oye

cha. Finita! Ests loca!

haca carios, le aseguraba que

ira,

que

defenda, que no llorara ms, que su


temeraria...

la

mucha-

y queriendo calmarla,
ella

mam

le
la

era

JOS RAFAEL POC ATERRA

50

Entretanto Bella deca despachando la

sir-

viente:

Dgale Ana

Luisa que Finita tiene mucho


que
nosotras
tambin; que las espera
gusto en
esta tarde; muchos saludos por all, carios las
muchachas; dile eso, que tenemos mucho gusto
y la llev casi hasta el portn, queriendo apagar
ir,

con

el

Muy

recado los gritos de Josefna.

empolvadas, metidas en dos levitas largas,

de sotanas de color cuyas piezas unan encajes, bajo dos sombreros enormes, los codos ligeramente arqueados causa del guante, cubiertas de gaarandingas y de flores y seguidas de su
pap, Ana Luisa y Amelia Montesillo estallaron
suerte

en besos

al

mismo

entrar.

Las lneas angulares

que en el semblante de la primera prensaban la


piel de los pmulos y de las quijadas, se haban
curvado en el de la otra, gastando las facciones
como el puo de un bastn de plomo.

Don

Cruz, entorpecido, cohibido, trataba de

enganchar

el

sombrero en una repisa.

Qu buena moza, chica.


De veras?

Quin

te hizo el vestido?

Mam repuso modestamente


Las mujeres vieron atentamente

Muy

chic, chica;

Ests dando

muy

el palo!

la

aludida.

el traje.

bien adornado.

EL DOCTOR BEB

|Tonta!
jYa s que tienes muchas
Yo? No s qu cosas sern.
La que no conozca, que compre.
No, francamente, no s y Ana Luisa
cosasl...

te

te

los ojos

candidos haciendo con

el

abra

abanico un ges-

to aprendido en una postal.

una discusin de

de

Por ltimo, despus

sombreros, por entre cuyas plumas se asomaron media docena de amigas, pudo hablar don
Cruz:

Hace

calor

vio

el cielo

y asegur:

es

la

Carnicula.

Muchsimo agreg misia Justina, con quien


haca pendant su mecedor y dgame, cmo
est Ana Josefa?
Bien por conforme. Es decir, bien no:
;

lo

antier se purg, ayer

no

ninguno; es una tapia.

le

Hoy

haba hecho defecto


le

iban poner unas

ayudas.

Las muchachas formaban grupo aparte- Sin embargo, sufran tanto

de don Cruz con las


que eran tan chics. Pero

las hijas

de su pap! ellas
don Cruz no se correga, soltaba temos, escupa
por el colmillo. Su educacin era una alarma, y
eso que tenan al pobre hombre como embozalado: la mujer le daba pisotones de aviso por debajo de la mesa; sus hijas le quitaban la palabra
de la boca temiendo una de las suyas; y tan contenido le tenan, que cuando por cualquier cirllanezas

JOS RAFAEL POCATERRA

52

cunstancia se descuidaban, las soltaba todas an-

de que

tes

le quitaran la palabra.

Pues

bueno continu impasible, haciendo


corao que no vea los ojos fulg-urantes de sus hijas
yo le dije las muchachas: cmo vamos
perder los tres reales del billete; ya que Isolina
no puede ir... Convdense una amiguita...!
Misia Justina dirig-i su hija una mirada horrible y movi la cabeza.

Las Montesillo,
nas,

muy

besbanse con

ruborosas,

Finita,

muy

charlata-

que acababa de

sa-

lirles.

As me gusta vertel
Conquista segural
-Y....?

Pero

la

nia hizo un gesto prudente y las

tres

cuchichearon.

Ay, nia! cosas horribles.


Ana Luisa, acurdate que no

lo

bamos

decir.

Eso no importa: Finita y Carmen


de
Ya creo, no

son

como

casa.

faltaba ms....

lo

Caramba contigo agreg por todo descargo

Amelia, preparando Carmen Teresa con pala"eso debe ser embuste", "t sabes
bras vagas

cmo son

aqu".

T conoces Manuel Menndez?


chica; de don Jos del Carmen: uno
S,

hijo

que anda "con su sombrero colocado

asi".

EL DOCTOR BEB

Y luciendo todo
del
lAh!

lo

S...

que Dios no
baile,

el

53
le dio.

Carmen Teresa

concluy Josefina volvindose su hermana en


inteligencia risuea
Esta,

el

del baile.

levemente cortada, se acord

Aja, bueno; qu pas?


trapo
Las Montesillo soltaron
(Es ms graciosol
el

al fn:

reir.

lo

Divertidsimo!

Quin, Manuelito?

Manuelito es un
cuento...
No,
necio.
Ah! es aquel que
Un imbcil; yo nunca hice caso.
Figrate que
santo de
novia que
nia,

el

t...

le

antier, el

ahora

la

tiene...

Una
Una

Cleofe Nez...

tal

fulana

de

la

calle

San Jos

ayud

Amelia.

...y

le

mand de

termin

la

primera.

No

le

veo

la

regalo un prendedor

gracia tu cuento, chica

ob-

serv Josefina.

Vers
el

prendedor era una P de oro, y


padre, que es medio bruto, lo corri de la
...

el

casa.

De

la carcajada dbil de Carmen Teresa, hasms violenta de las Montesillo, corra la convulsiva risa de Josefina.
Los viejos volvironse risueos, con el frescor

ta la

JOS RAFAEL POCATERRA

54

qu e dan

al

rostro

de

los

padres

If

s alegras

juve-

niles.

Qu divertidasl
Feliz edad suspir misia Justina sobndose
la rabadilla.

Moran

ltimas risas en sollozos sbitos

las

retrocesos

la hilaridad,

cuando, sombrero en

mano, don Cruz se despeda:


Vaya, pues. Esto ya va largo. Me llevo las
muchachas; aunque ya nosotros somos gente al
agua, misia Justina. A m me gusta mucho la lin-

terna mgica.

El cinematgrafo, pap.
Bueno,

el

tereque ese. Miren que esos mu-

sas saben! Usted


as

como

no

lo

como

usted y

ha visto? Sale
yo, caminan,

la

gente

comen,

y,

con perdn sea dicho, hasta hacen necesarias


delante de uno.
Pap, por Diosl
Las cosas de pap!
Pero aquello dio que reir. Misia Justina no ha-

de don Cruz, que era tan


de lo que sabe
manifest mucha complacencia

llaba mal

sencilleces

bueno. El

insista

"esa gente".

en su elogio

en llevar las muchachas divertirse.


Eso es muy barato y uno goza. Pero esas
representaciones de tteres y reyes, no embro"
men! Yo gozo con las muchachas.

Finita no quera
tedes...

ir,

pero por tratarse de us-

EL DOCTOR BEB

55

Muchas gracias.

Y estas
con

mas que se quieren tanto unas

hijas

otras.

As debe de
cuando pelean.

ser.

la

Lo que yo les diga stas


madre lo mismo; miren

misia Justina y sus hijas:

all

no se oye nunca

un alboroto, esa es educacin.


Pero cualquiera creera que nosotras...
Ya lo creo si me cuestan un sentido: que
las monjas de Curasao; para casa de las monjas

de Curasao, que la madre de don Simn, para


la madie de don Simn; que las clases de
pintura... no me diga! Antes uno daba el Catn y
el Fleury, saba poner su nombre, se jaguaba la
boca y se baaba todos los domingos.
Pues Finita cort misia Justina viendo el
azoramiento de las muchachas tiene mucho gusto en ir; ella no quera y que porque le daba
pena con usted la frecuencia de las invitaciones.
Porque estas muchachas mas son asl Penosas...
Pero por fin yo me empe y Bella tambin.
Nadie se haba acordado de ella, y entonces
casa de

preguntaron una:

Dnde est?
Fu hora
la

de

la

adoracin.

No

falta

nunca.

La pobre...
A Carmen no
que

ella

Luisa,

no va

la

invitamos porque sabemos

dijo con carcter de excusa Ana

JOS RAFAEL POCATERRA

56

Se despidieron por turnos. Don Cruz repiti


l tena mucho gusto y ech abajo la repisa

que
al

coger su sombrero.

de nuevo besos.

Estallaron

Adis, negra.
Ado.
Muchas cosas por
Del mismo modo.
no

Salieron,

espejo de

all.

sin antes darse

Que se diviertan

por

el

De

postigo de

pronto

Oye,

un vistazo en

el

consola.

la

las

la

les grit

Carmen Teresa

ventana.

detuvo:

Finita.

Esta se devolvi disgustada.

Una vez

cerca,

aqulla le advirti media voz:

Llevas

la

manera

abierta.

Las Montesillo y su pap se impacientaban.


iVlgame Dios, otra parada!

Qu
jQu moneras!
Quin tiene culpa?
Quin va tener? T que
fastidio!

la

la

vitar

gente

Toda

la

te

pones

in-

cursi.

tarde fu de ventana.

Se tocaron

val-

de Daz Pea, cuatro manos. Despus de comida don Cruz las llev al teatro,

ses criollos

no antes de cerciorarse

si

el

programa era mo-

EL DOCTOR BEBE

57

Pero se trataba de La Pasin del Seor'


La seora Montesillo supo que algunas veces
salan en las vistas cosas indecentes: una mujer
ral...

bandose, dos enamorados

sin

miramientos...

Advirtiles desde su severidad que

malas las vistas, podan

ir.

Para

ella la

no eran

si

moral era

comprendan y podan
fe de lo cuidadosamente que tapaba algunos
desnudos en los cromos, expurgaba los peridicos antes de que los leyeran y no permita libros
de cierta ndole en su casa. Algunos eclesisticos, entre ellos el padre Bentez, tenan gran inlo

primero; sus hijas

asi lo

dar

fluencia en la familia.

Como Cruz

era tan des-

cuidado!

Por lnea materna misia Ana Josefa era Rodrguez Prez; los Rodrguez Prez en

tres

genera-

ciones representaban una familia de Baruta, gentes

muy

distinguidas en aquella sociedad.

casado con Montesillo, algo inferior


cierto,

pero por otra parte un sujeto

Haba
ella,

es

muy hono-

de buenas costumbres. Ella educaba sus hijas lo Rodrguez Prez: Religin y


Gente Decente. A la casa de Rodrguez Prez
no entraba todo el mundo: de ah que no aceptara con mucho agrado algunas personas con
quienes por deberes sociales tena que codearse.
Usaba timbre, y en un cuadrito la entrada
lease: "Dios bendiga este hogar", bordado por
las nias cuando se estaban educando.
rable, agricultor

JOS RAFAEL POCATERRA

58

Oye,

ese

Vulvete con disimulo de

es...

aqu un momentico.
Josefina,

entre arabas Montesillo, desde una

butaca volvise hacia


ba cuatro hombres.

el

De

palco presidencial: hadistintas fisonomas,

obstante, todos cuatro tenan el

mismo

aire

no
im-

bcil.

Cul?...

El de

la

derecha

tuya...

Ese?

Del patio muchos le contemplaban. Era ms


divertido que el cinematgrafo. Tras el joven
magistrado algunos no menos jvenes se inclinaban galantes como tras un escote... En ese momento, la mirada del presidente se detuvo en
localidad, djole algo y

compaero de
entonces ambos tornaron

mirarla. Era con

Baj los ojos.

ella.

Inclinse ste un punto su

ella.

Ana

Luisa

decales no s qu; ella, para poder fruncir gra-

ciosamente los labios y abrir mucho los ojos en


mirada ingenua hacia el proscenio, contestaba
sin sentido...

Con

el rabillo del

ojo observ que

no dejaba de verla, y dos tres veces habl


de nuevo al otro.
Al apagarse las luces, vagamente perciba la
l

mirada del doctor Beb.

No

era tan feo: un bi-

gotico bien cuidado ornaba su labio, tena buen


y busc algunos parecidos en las figuras
que desfilaban por el teln... Uno de los sayones
que entre las rechiflas de galera aporreaba

color...

EL

Nuestro Seor en

DOCTOR BEB
la pelcula

59

de La Pasin era

exacto Guillermo. Slo que no llevaba lentes,


y en vez del sombrero de

Panam tocbase con

un casco romano. La pelcula contristaba


nimos: un Jess flaco

como un

arenque, atado

columna, reciba latigazos imitados

la

los

tras la tela

con golpes dados en un cajn. La sonoridad de


carnes de Nuestro Seor causaba profunda lstima y pona odios en aquellos corazones cristianos... Algunas lgrimas acudieron los ojos de
las

mujeres.

Ay, chica, pobrecito; mira cmo

le

dan!

Mira, chica, ya se cay.


Pero Josefina senta una angustia mortal de
ver Guillermo entre los sayones, quienes de
chiquita rompa los rostros en la Historia Sagrada...

Un rumor de
sadismo de

las

distintas

modalidades acusaba

el

multitudes ante aquellos suplicios

grotescos y las contorsiones con que el yanqui


que haca de Jess apareca en las terrazas del
Pretorio.

De

un golpe, por sobre

tradicin, pasaba por

la

calle

de

la historia

la

la

Amargura, se

daba

tres cadas, desfilaban las piadosas mujeres,


por
ltimo le enclavaban la cruz, le propiy
naban la esponja, le daban un lanzazo, se mora,
y surgiendo luego en apoteosis complicada sobre
nubes de algodn absorbente, suba al seno del

Padre,

como

se nos dice en la antigua exgesis.

El pblico, emocionado, aplauda.

6o

JOS RAFAEL POC ATERRA

Aquella impresin se borraba con otras cosas

que vengan su pap", "escenas cmicas de hombres en


chistosas: "perros inteligentes'*, "nios

pantaloncillos".

La proverbial orquesta atacaba los valses en


moda: Siempre invicto, Copey, Quin paga el
palo?...

Don Cruz fumaba

en

Las tres

el pasillo.

mu-

chachas paseaban de brazo.

Viste? Es mismo de ayer tarde.


Nia, horas en esquinal
el

tres

la

Tan antiptico.
Pero,
jqu
hija,

Es una

sombrero

el

de

Beatricita!

torta.

No tendr otro.
De veras. A
de
Mira cmo
Quin?
Te haces
La pobre
Adis...
Ado... contestaron desde
falta

pan...

te ve-..

t la tonta!

Elisa.

el

fondo de un

palco.

Mozalbetes rizados recostbanse

las

baran-

tomando posturas de retrato, con


postizo de nfasis amanerado que tienen

das, al paso,

ese aire

los elegantes

de provincia. Tras

ellos

un poeta

grasicnto asombase para despreciar el pas.

Ya con se van

(Tres!...

tres...

EL DOCTOR BEB

Es decir, de

la

6l

ltima estacin, porque ya

est madura.

Pero, nia, ese vestido de punticos es como


aquello que cuentan de

la

tnica de Nuestro

Seor.

Desde que
Dicen que
Y

la

conozco...

por eso se cansan.


que escupe uno cuando

los novios

misia Rita

habla.

no enjfancha
me parece!
Mira,
Otra vez.
No sean
|Vaya, presidenta! Te das ya humos...
Oye, una escuela de corte y costura para m
Para de corte nada
Si

ste...

chica...

tontas!

la

ms...

ti,

Dejemos

que cosan las Melindres... Chica,


]qu tamaos! Han engordado lo largo.
A Joaquincito Ruda cuando se case le van
tener que poner escaleras...
O vivir en casa de alto. Ella en los bajos.
Y las dos tas en el entresuelo.

Pobres... son muy buenas!

Bonsimas. Y que gustaron


ca versos Patricio Garca

mucho. Les hacuando "La Primera

Piedra".

Mira...

y qu mirada!

Pero Josefina, mortificadsima, haba visto


Guillermo en galera. Una desilusin! Su
tena razn: un... cualquiera! Las

de aquellas miradas se

le

mam

bromas despus

metan cabeza adentro.

JOS RAFAEL POC ATERRA

02

Con optimismo de veinte aos dio por hecha la


conquista... Un tropel de cosas confusas, como
una red de caminos un mismo punto, llevbanla

por vas sentimentales, sociales y prcticas haY no vio Los perros contraban-

cia aquel palco.

El corazn gobierna la cabeza; slo advirti, por las carcajadas de don Cruz, detalles
fugaces de Los percances de Estefana: una infeliz quien un dirigible arranca las enaguas en
distas ni

plena

calle.

A la salida, rodeado de sus amigos y empleados (todava no exista el Himno eucarstico de


Carabobo), el doctor Beb esperaba al pie de la
escalera. Desfilaron algunas familias.

de edad, gordsima, temiendo

el

Una seora

tropel,

sali

adelante cojeando de una manera lamentable.

precedan dos nias flacas y tristes.


Al pasar Josefina entre las Montesillo, stas
dieron con

el codo... Ella

Beb

Le
le

sonri ruborizada.

sombrero cortsmente.
Todava en la calle, sac la cabeza del coche
para verla marcharse y ella se volvi dos tres
veces para hablar don Cruz.
En la esquina del Colegio Nacional hall
Guillermo. Pas sin darle las buenas noches. Se
l doctor

alz su

acord del sayn barrigudo con tnica plegada


hasta las rodillas.

Lo encontr

ridculo.

Al siguiente da cuando lo vio venir se quit


la ventana. Por la noche, l pas corriendo un
trueno con dos mujeres, cantando aquello de
de

EL

DOCTOR BEBE

"Costas

las

63

de Levante...

playas las de Lloret".

El coche de

por

las tardes.

Beb comenz
Los vecinos

vandera que viva en

la

recorrer la calle

lo notaron.

cochera de

la

Una

la-

esquina, y

con quien Guillermo llevaba relaciones, le insinu algo. Este le dirigi entonces una carta lla-

mndola "prfida" y ella le contest devolvindole un montn de cartas y papelitos, el retrato


y varios pelos pegados en una tarjeta. A los pocos das El Cronista^ en la seccin "Remitidos",
publicaba un soneto firmado X Z y dedicado "A
una ingrata".

Como

el

nuevo Gobierno tena ya diez das de


grupo de comerciantes quebrados

existencia, el

de
ga,

arribistas

cuya cabeza mantenase Goena-

por especial aptitud, se haba insinuado coel saludo de deber al magistrado;

menzando por

obligadas en fuerza de la
que es necesario asegurar
"para que no se metan con uno"; y merced pretextos ms menos lcitos, la reunin casual, en-

seguanse

las visitas

situacin comercial

tre

algunos ntimos,

las

cosas "en confianza" y

puramente familiares. Casi ninguno de los patanes que se allegan posiciones polticas resiste
al encanto de sobar cojines y de hablar con nias decentes. Cmo,

de quien

cmo

rehusar

al

atractivo

seora y sus hijas, les


enciende ms luces en su obse-

les presenta su

recibe en su sala,

quio y les pone delante una sonrisa y un amable


gesto de complacencia!... La ms burda psicolo-

puede darnos dea del intenso placer con


que han de verse cristalizados, en mujeres her-

ga

EL DOCTOR BEB

65

mosas, antes imposibles, y en caballeros galanantes desdeosos,

tes,

de

de

la

choza, de

la

los

sueos calenturientos

barriada lejana de en

medio

la calle.

En aquel especie de palenque que cada nuevo orden de cosas se abre en Valencia y en cuya
liza se va consumiendo el decoro de antao, las
Montesillo llevronse

el trofeo,

lo instalaron

en

de su sala, bajo el retrato que don


Juan Antonio Michelena hiciera del abuelo Prez
Estropajosa; le dieron de almorzar, le agasajaron
el

mejor

sitio

de todas suertes y misia Ana Josefa logr, instancias del padre Bentez, un decreto de Fomento disponiendo mil bolvares para la capilla de
San Benedicto, que, decir de la seora, era un
santo como de la familia.
Don Cruz no tuvo reparo en ofrecer dos
tres reuniones y asistir con las muchachas un
baile,

una comida, un paseo

Despus

la

la

Laguna...

atmsfera ntima se condens en ex-

pansivas visitas y en extender sus simpatas amistosas por las relaciones de aquella familia quien

Beb deba ya

tantos servicios...

Eran habituales
casa para

de

la

las

las

peregrinaciones que de su

Montesillo emprendan misia

Justina y sus hijas. Josefina, particularmente, se

pasaba das enteros con sus amigas. Beb demostraba algn inters por ella, y querindole
hacer grata

que

la casa,

se

la

les tocara guitarra.

mandaban

buscar para

Aquello llevaba buen


5

JOS RAFAEL POCATERRA

66

camino; sin embargo, todava

muy vagamente,

pareca que Isolina Montesillo tambin le haca

buena sangre. Ambas se hallaban en ese perodo


en que, estando enamoradas de un mismo hombre,
cmense besos sin saber por qu. Pero misia
Justina, que era una madre prudente, se enferm
del hgado, determinando la fugaz escena en que
los carios

entre

careta de "afecto"

hombre y mujer

se quitan la

para convertirse en lo que

verdaderamente son. Viene luego

palabra in-

la

coherente, penosamente arrastrada.

as

vino

la

de Beb en una de esas aburri-

das reuniones de cerveza nacional y dulce de


higos donde se dicen tonteras, se pierden dos

de sueo y que se caracterizan con


Muy bonita la fiesteaquel resumen piadoso:

tres horas

cita,

muy

sencilla.

As, sencillamente,
frases

entrecortadas,

Beb

redact, despus

piropos

de

su

de

tierra...

Desde que la viera en el teatro... "Se acordaba ella?... Ciertamente, l no supo qu


daban.

De veras?
Y tan de
suspir colocando con
manos en
tacto blando
La Pasin del Seor.
Y ma torn decir con voz suavsima.
Es usted apasionado?
Desde esa noche...
No
veras!...

las

la

lo era.

Sin duda

la pelcula...

las rodillas.

EL DOCTOR BEB

Qu mejor

pelcula!...

&]

(Aqu se cort: com-

prendi que haba dicho una necedad.)

Cmo deca?

No... que... usted, t, slo t tenas

mi aten-

cin.

De veras?
Pavorosamente cursi se desliz aquel dilo^fo.
Las muchachas bromeaban de lejos. Isolina tuvo
una

aleg'ra sbita,

y con

el

extempornea, mal simulada,

esfuerzo le dolieron las muelas. Pepito,

nerviossimo,
entre una

ta

al

de

lado de su novia. Misia Justina,


las

Melindre, que sufra de sor-

dera, y la seora Montesillo,

do muy

seria,

que se haba queda-

pona en aquel sof distante donde

su hija hablaba con Beb, los cinco sentidos y


las tres potencias; en mientes ofreca un fuerte

pan de San Antonio.


al acompaarles Beb hasta la
puerta, se empe en que aceptaran su coche.
Carmen Teresa sufra una ligera tos. Haba sereno. Por un momento, ante la victoria presidencial,
para

el

Esa noche,

vacilaron. Josefina acogi gozosa tal idea, pero

Pepito dio un codazo Carmen Teresa y ella y


mam se opusieron.

su

No, doctor; muchsimas gracias por


cin. Es cerca.

Iremos

pie...

la

aten-

Pepe nos acom-

paa.

En ese caso, de ningn modo... l tambin


ira!

coche.

luego de

insistir

nuevamente despidi su

JOS RAFAEL POCATERRA

68

Hasta su casa

las

Josefna, dicindole

condujo. Iba adelante con

una vez ms cuanto ya

le di-

de las Montesillo. Pero ahora


nimo ms ligero, y ella, apoyada en su
brazo, pareca abandonarse en aquel aire de sentimentalismo y de medias palabras: "... los hombres eran ingratos..." "... no haba felicidad en

jera en la sala

senta el

este mundo..."

Las estrellas

daban una

altas y brillantes

metlica las calles desiertas. Algunos perros

draban en los portones.


gallos cantaban
"...

No

De tiempo

luz
la-

en tiempo los

prolongando su canto muy

lejos.

todos... algunos resisten y se consu-

men por una

pasin nica que acaba primero con

con

las ilusiones y despus

de Prez Escrich le
Al bajar una acera l

frase

la vida..."

Aquella

sali bastante bien.


la sinti casi

encima,

causa de cierto tropezn... Sonrieron.

Qu aceras, Dios mo!


Se compondrn repuso con
Un poco

alejados,

rumoraban

suficiencia.

atrs misia Jus-

Pepito y Carmen Teresa. Entonces, faltando apenas dos cuadras para llegar, ella suspir:

tina,

-Ya...

l,

apretndole

el

brazo,

como en un mo-

mento de fiebre, le dijo ternuras confusas; frases


hechas que el deseo sacuda como un len entre
peridicos, inclinndose mucho, bes la mano
que se apoyaba en su antebrazo. Ella la retir
prontamente. Estaban frente

la casa.

EL DOCTOR BEB

Qu corto

el

camino!

69

exclam

con voz

grotesca.

As es

amor de

el

los

hombres

suspir

de

nuevo envolvindole en una mirada hmeda.

Beb regres con Pepito. Se mostr

tan con-

tento esa noche, que apendole el tratamiento

comenz
Habl

tutearle...

del porvenir

de

se interesaba por ellos.


tud: su

amor

siempre

los jvenes., l

Castro tena una gran vir-

la juventud...

Largamente disert

acerca del elemento joveriy del hogar, de

la ins-

econmica en que se vive. Haca su


autobiografa... todo lo deba esfuerzos protabilidad

pios...

Algo afectuoso germinaba en aquellas frases


que Pepito recoga con aquiescencia de monoslabos. Despus dej entreverle que pensaba hacer algunos cambios en las oficinas, y quiz lo
mejorara...

Bueno, chico, hasta maana.


Hasta maana, mi doctor.
Y

con un regocijo inmenso en

el

alma, el ci-

garro en

la boca, y el paso acelerado de un cazador de fortuna, se alej calle abajo, la luz

metlica de las estrellas.

Un mes ms
pacho de

la

tarde Pepito fu llamado

Secretara general.

Como

al

des-

de cos-

tumbre, crey que se trataba de hacer alguna

JOS RAFAEL POCATERRA

nota indicacin; sin embargo, entr algo inquieto.

Lo he mandado llamar comenz Beb,


pasando con l hacia el juego de sillones que en
un extremo del saln han desteido ios traseros

polticos de la parroquia
para hablarle seriamente de un asunto en el cual quiero inmiscuir-

me, y quiero inmiscuirme en provecho suyo...


suyo y de los de su casa.

Yo agradezco mucho se atrevi inte misia Justina me ha dicho...


De eso iba precisamente hablarte voz
le

rrumpir

la

presidencial, suavizndose,

llegaba

al

tono del

tuteo.

En aquel momento, Pedro, como una sombra


fatdica, dijo

desde

la

puerta:

Aqu est Lpez.


Ah que pase inmediatamente... y

Beb,

al encuentro de un homde aspecto menguado, que anda-

alzndose de sbito, fu
brecito barroso,

ba como sobre algodones.

A sus rdenes, doctor dijo con acento sumiso.

En un ngulo del despacho hablaron mucho


por lo que acababa de or,
trataba de explicarse aquel exordio.

rato. Pepito, intrigado

De

pronto se alz desptica

la

voz del presi-

dente:

Es eso, jno saben sino coger


repreientan

el

puesto

ni sirven

el sueldo!...

para nada!

no

EL DOCTOR BEBE

Pero

la

mujer...

balbuceaba

el

emplea-

ducho.

No, no, yo estoy mejor informado de

lo

usted se figural yo s todo lo que pasa en

la

pblica y no voy saber lo

San

que
Reque usted hace en

BlasI

Pero mujer...
No me diga ms nada.
Pero mujer... gagueaba
Le repito que una palabra msl A ver
la

el infeliz.

la

ni

dijo volvindose Pepito.

Este se alz

como movido por

Llame usted
y dgale

or

al

y design
el

resorte.

Jefatura civil

de San Blas

general Picdrahita que destituya


al

hombrecito

nombre secretario...
Se detuvo. Pens
zando

la

sin verlo

hizo un gesto

al

se-

que

vago apla-

telefonema. Luego, con aire imperativo,

despidi

al

destituido.

Hemos terminado.
Lvido, retrocediendo
puerta, el pobre

de espaldas hasta

hombre hizo una

la

cortesa abyec-

ta y sali.

Miren

hombre! le doy el cargo, le aumenperdono dos tres vagabunderas, va y se saca una muchacha de una casa de
familia respetable! Un gran bribn! Y yo le tenal

to el sueldo, le

go dicho mis empleados:

la

primera condicin,

moralidad.

Pepito tembl. Aquella maldita Miso era tan

JOS RAFAEL POCATERRA

72

escandalosa... Pero volvi tranquilizarse cuan-

do Beb,
apoy con

tras
la

algunas consideraciones que l

doctrina de "qu hora es?

usted quiera", abord de nuevo

la

que

interrumpida

la

conversacin:

Bien, yo voy depurar esto y demarc un


permetro he pensado nombrarlo usted di;

rector

de

aumentar

Seccin de Estadstica, y le voy


sueldofslo que, como en el presu-

la

el

puesto figuran cuatrocientos bolvares, yo

dar

le

doscientos ms por otro respecto.


Por otro respecto! Por otro respecto

ascen-

de aquel modo... Tena la confianza de Beb.


Cada da, prdigamente, las Belzares reciban
da

atenciones de ste, que Pepito agradeca, solidario

con

la familia

como "ms

viejo en la casa".

Ahora aquella proteccin se extenda hasta

l,

y de qu modol Ya no era la Escuela de corte


y costura para Bella, la inspectora de Escuelas
para misia Justina, y

la

solitario para Josefina

pulsera, la

Carmen

cadena y

Teresa...

el

Tam-

onda de bienestar. Refieren algunos viajeros que en la pampa argentina veces sopla cierto aire que exacerba el
sistema nervioso; en Venezuela cuando "sopla
brisa" las gentes le toman al favorecido un caribin hasta

llegaba

la

o sbito y entraable.

ellos les

saludo era ms expresivo, llovanle

soplaba: el
las invitacio-

nes para toda suerte de actos y el nombre de


Belzares ocupaba sitio primero en la "lista de

las
las

EL DOCTOR BEB

73

damas que concurrieron". Tambin hasta l, adems del afecto de muchos amigos y del aprecio
de todo el mundo, llegaba una direccin con su
carpeta y un subalterno a quien dar con voz imperiosa las rdenes tantas veces recibidas. Estar
arriba: coche, dinero,

unos cuantos,

Miso

la

diversiones, despreciar
ira

emburrar caas. Es-

la troje donde
duermen las gallinas, que las que estn encima...
Beb sigui con acento suave, con modales

tar arriba:

popular fbula de

la

persuasivos:

Tambin,
sonriendo
sera

y esto ac en confianza agreg


meretriz
crees que
, no

como una

bueno pensar en casarte?

Pepito pensaba en lo de

las gallinas.

Con voz meliflua contest vagamente:


S, cmo nol Yo no pienso en otra

cosa.

Esa
quiere,

muchacha tan virtuosa, tanto que lo


la misma familia tan buena, esa es una

gente inmejorable.

Pero es
Mire, Pepito, esa gente es muy buena. Ninque...

guno como usted

lo sabe.

Yo

deseo ayudarlas de

todos modos, y naturalmente, usted tambin,


que adems es buen amigo mo; yo no quiero
que, por falta de unos centavos, eso no se haga.

Eso no era

as,

como

si

dijramos,

pero Pepito, adormecido por

la

muy

grato;

voz insinuante de

aquel hombre quien vea adorable entre su flux

de casimir

claro,

seducido por un magistrado tan

JOS RAFAEL POCATERRA

74

de almbar, habl fogosamente de su amor


por Carmen Teresa, de lo que ella era para l, de
lo caro que salen los muebles, d lo "virtuosas
que son esas muchachas", de sus pocos medios...
lleno

Por

medios no se preocupe.

los

No, que iba l preocuparse por los gastos,

tratndose de un

Con

hombre como

el

doctor!

sensualidades veladas uno, casi enterneci-

do

el otro, hablaron de aquel enlace y consideraron algunas ideas generales acerca de la nece-

sidad de tomar estado, sobre todo cierta edad

en que ya

el

hombre

necesita de los goces puros

del matrimonio.

Beb con tono enigmtico


tambin pensaba... Eso

le

dej entrever que

ira con calma,


que en el marido concurran
muchas condiciones de que yo carezco.
La tranquilidad afirm Pepito...
l

s,

se

deca; se requiere

Las Belzares, radiantes, supironlo esa misma

muy tarde, en camisa, sentadas en


borde de las camas, comentaron la noticia.
Indudablemente que la Divina Providencia haba
noche. Hasta
el

tomado cartas en el asunto. No lo estaba diciendo todo lo que ocurra como por encanto? Las
amistades aumentaron en nmero y en afectos.

Josefina

la

idolatraban sus amiguitas. Era un

ngel, un ngel cado del ciclo en plena calle del

Mercado, compartiendo

al

lado de

Beb

el culto

EL DOCTOR BEB

75

que Carabobo renda su joven magistrado. Larga hilera de coches desfilaba por la avenida, entre una polvareda, bajo el alegre sol de los domingos. El lbum de recortes y calcomanas fu
sustituido por otro en que se lean versos de Valds Pacheco, aforismos del doctor Antoln Reyes
y unas "Emociones de Biscuit" por Crquer Garca.

No

se trataban con las Montesillo: notaran

cierta reserva en aquellas "ridiculas",

Josefina.

como

Verd, recibido por dos veces en

rredor, tuvo bien ausentarse,

no

deca
el

co-

sin antes decir

una irona tremenda que por fortuna nadie entendi. Misia Justina

para reemplazar

el

compr una gorra marrn

solideo que haba coronado

desde el 86 su viudez autntica. Dieron bailecitos con mermelada y entre ambos novios se costeaba

la

cerveza.

La madre de Pepito preparaba una mistela deliciosa, que Beb tena la pena de no saborear
causa de sus frecuentes irritaciones intestinales.

Aquel enamoramiento comentbalo

la

socie-

dad, y pona envidiosos los otros empleados


que tenan muchachas buenas mozas en su fami-

cuando de medioda la sirviente se presentaba la oficina presidencial portando una jarra de


guanabanada caratillo de arroz con su rajita de

lia,

canela; entre la servilleta, un

papelito rogaba:

"Mi negro, no dejes tu amor esperando como


anoche", bien: "Dime cmo sigues del estoma-

JOS RAFAEL POCATERRA

76

go; yo estoy

muy

triste;

mndame

otra jarra

la

que est all."


Suavemente, la luz de l pantalla donde Bella
bordaba, un sueecillo abata de tiempo en tiempo la cabeza de la mam, balo el cromo de "Los
diferentes estados de la edad del hombre"; las
muchachas conversaban con sus novios en los extremos de la sata, la delicia de una media luz
que pona sombras movibles en el empapelado.
Peridicamente, el hgado de misia Justina
tena la benevolencia de afectarse. Bella asista
entonces los coloquios, pero los novios sentan
una sed abrasadora y la servicial muchacha iba
en busca de sendos vasos de agua.

Prximo

el

matrimonio de Carmen Teresa, no

era preciso aquella intransigente vigilancia, y

tra-

tndose de Beb, su reputacin circunspecta

ale-

jaba toda prevencin.

Ese es un caballero deca misia Justina enque


cortaban
voz Ese es un

tre eructos

caballero;

me

le

la

hace recordar Belzares.

As, que aquel noviazgo asilado en la ventana

de celosa pareca presidir el bienestar de la familia. Tena algo de paternal. Las hermanas de
Josefina llamaban familiarmente Beb cua. Era
un apodo de lo ms comprometedor.

T no me quieres tanto como dices suspiraba Josefina de manos cocidas.

Te adoro.
Si me adoras, por qu me exiges eso?...

EL DOCTOR BEB

77

Pues.. .porque te quiero mucho... muchsimo.


Oye, qu tienes? No confas en m? Crees que
sera capaz de engaarte?
No, mi amor; pero quin sabe... responda
con un mohn.
Entonces l se inclinaba: tras el abanico, uno

de esos besos glotones que estrujan


una sus bocas, y

como

los

labios

el tinajero estaba lejos

Bella se demoraba, aquel beso, venciendo dbiles resistencias,

bajaba por

brazos desde

punta de los dedos:

la

compra carne,

se

aqu...

el cuello, recorra los


"...

aqu, ni aqu, ni

ni

tampoco; pero

aqu no
aqu, ni

aqu... si".

era una cosquilla tremenda.

Con

sus caricias

inocentes hacan golpear en veces los batientes

de

la

ventana, y se quedaban entonces perplejos,

exclamaba

asustados,

jHace un

Bajo

el

con voz grotesca:

calor...!

corpino, el corazn de Josefina saltaba.

Las manos pequeitas y gordas se cruzaban sobre


el pecho:

En

la

boca no ms, mi amor; en

la

boca

no ms.
Pero, Dios mol

Cmo

contener aquella ola

de ternura que turbaba sus sentidos y que pona


en sus miembros un perezoso abandono. Sin
darse cuenta negaba los labios para otorgar
luego mucho ms, y desfalleca plida, con los
ojos cerrados, rodendolo con sus brazos y suplicndole:

JOS RAF/EL POCATERRA

78

Ayl No,

mi bien; sultame, negrito, sul-

tame.

En

los das inmediatos al

hermana,
alas.

matrimonio de su

apasionamiento de Josefina cobr

el

Aquellos aprestos de ropa blanca, aquel

de Carmen Teresa, cuyos ojos se


humedecan menudo, toda la atmsfera sensual
de las bodas, le llenaba la imaginacin de ternuras locas, en abandonos pudorosos... la envidia
de las amigas... el rumor ds los coches... las flores... el dulce misterio que envuelve las desposadas y que poetisa las mismas mquinas de Singer: la felicidad! Esa felicidad que llena de
esperanzas las doncellas y cuyo culto no exaire lnguido

tingue

ni

las

primeras canas

ni las ltimas

pa-

siones.

Por acaso, un

de medicina cado en sus


manos, cierta reticencia de las novelas, aquel
algo misterioso de los cuentos de infancia y toda
la sabidura de la escuela, evocbanle cosas agradablemente extraas, con las formas inmediatas;
libro

despus de aquellas caricias en lentas meditaciones forjaba escenas de abandono, estrechando las

almohadas, mordiendo

las

sbanas; sus ojos se

inundaban de lgrimas que corran por su ardorosa piel.

Comenz

bordar

de un

figurn el dibujo

de

un gentil cazador, pero cierta puntada convirti


la

escopeta en una escoba. Rabi.

Rompi

la la-

bor. Pas un da contrariadsima; para mayor

EL DOCTOR BEBE
fastidio,

todo

el

una

visita

que se fu

de una
donde llamaba

carta

de reproches

la

la

ella el vestido

Tuvo jaqueca. Por

la

msa de nueve

ella le

Pero,

encantaba

nia, y eso

el

esto,

de moticas. Era honoche le declar que

lo odiaba, le hall ridicula la corbata y

que

en

cruel y sin

santuario de Mara Auxiliadora.

estrenndose
rrible.

retuvo

tristsimos

Beb "monstruo

entraas* por no haber ido


el

cinco

medioda, interrumpiendo los primeros

prrafos

en

las

79

confes

mocho Hernndez.

qu es?

deca

asom-

brado.

Esol Eso es que


no

no

usted

me

quiero ver ms, que usted es

lo

quiero ya.

Y destroz

que
que yo

es odioso,

lo

un...

un abanico.

Contra su costumbre. Beb

falt tres

noches

Era seis de Julio y el matrimonio de


Pepito estaba fijado para el diez y seis, da del
Carmen. Pero esa tarde, bajo la jarra del carala visita.

tortuosa y atrabiliaria de Josefina


peda un perdn tan melanclico, tan sumiso,

tillo, la letra

que Beb

sonri...

Era,

indudablemente, un se-

ductor.

En aquel momento entraba Pepito con

varios

paquetes.

Oye

le dijo

Beb chasqueando

la

lengua

para extraerse de las muelas una hilacha de gfua-

nbana

que

como con cunto

te falta?

tendrs t para lo

JOS RAFAEL POC ATERRA

8o

Metiendo en

la

cuenta

el

cura y los san-

dwiches?

con todo repuso despus de sacarse con


molesta incrustacin.
Unos...
mir

techo un
de
y
S,

el pulgar y el ndice aquella

rato

al

pronto,

como

resolvindose

dijo,

con seiscientos

tengo!

Pesos? preguntle alarmado Beb.

No, bolvares.
Ah! Entonces dle

Luis que te extienda

eso en tres resoluciones: dos cargo de Fomento

y otra para una comisin del servicio, y te vienes para que me acompaes ver los trabajos del

Morro.

Detvose un punto reflexionando, y agreg:

Mira, no; mejor es que figure en Fomento


otra tambin;

como

la

eso hay que publicarlo... Po-

nes un telegrama para El Constitucional^

mismo Gumersindo. Duque

dir-

puede
escribir, participando que se han erogado seiscientos bolvares para el Fomento y tal. T sabes
cmo es. Ah! no te olvides decir algo del
hombre.
Bueno, bueno; un palo de telegramal
Volvise guiando el ojo desde la puerta.
Se resolvi por fin la chica de Las Cocui

geselo

al

te lo

citas?

No;

todava est con que ella es una mucha-

cha honrada y que slo


con una sonrisa cnica.

la

necesidad...

repuso

EL DOCTOR BEB

Ah, caramba, doctor. De esa

8
cabulla tengo

rollo. Mire: una vez enamoraba yo una


muchacha de buena familia, pero venida menos;
(estaba admirado de lo virtuosa que era! Murindose de hambre, que no hay boca ms elocuente
que la boca del estmag-o, mire que yo le daba,
la instaba de todos modos, hasta le ofrec ca-

yo un

sarme... Nadal Era

una piedra!

ver las piernas, hasta que por

de aquella

virtud.

Cul era?
Que tena

el

tnico rotol

No

fin

di

se dejaba ni

con

la

causa

VI

Vivieron los primeros meses de matrimonio en


una pequea quinta de Camoruco Viejo, medio
oculta entre guamos, dos cuadras del ro, donde
se oa ciertas horas

motoras que cruzan

el

trueno lejano de

las loco-

la va all abajo.

de muebles de mimmedioda y veladas leyendo los


peridicos de Caracas que l traa todas las tar-

Una modesta

existencia

bre, cocktail al

des de

la oficina.

El cielo, infinitamente lmpido, recortado por

que como una ola de piedra azul deslas alturas de Brbula abriendo
paso un aire impregnado de sales; la fresca visin de las vegas del ro; la inmvil actitud de los
rboles; los caminos de tierra muy roja por entre
los cerros

cienden desde

herbazales

muy

verdes, y aquella dulce paz

de

noches de luna que pone blancos los senderos y negros los matorrales como en un panorama fotogrfico; todo ese vago encanto de los
las

temperamentos urbanos, entre rboles

altos

EL DOCTOR BEB
agua

despertados

fresca,

la

repique matutino de

por

el

dan

lejos,

adormeci

tierno y reservado

de

los
la

vida de

de

ciudad

que queprimeros das el amor


luna de miel.

Algunas veces, ya en
el aire los

la

las iglesias

las

ltimas faces

cuarto menguante, se reunan en

mar

83

la familia.

el

del

corredor to-

Josefina casi siempre

estaba con su hermana casada. Bella bordaba en


su casa pensando en Verd. Misia Justina conti-

nuaba mal del hgado. Templaron el viejsimo


Pleyel. Finita al principio moli el instrumento,
pero prefera estar en Camoruco, gozando las
apacibles siestas, bandose en el ro, comiendo
mangos, pudiendo pasear sin cors, entonando

con

los ojos

entrecerrados, en la reunin de

milia, al lado

En
que

de su novio, canciones

estas soledades

me

recuerdan, que

me

recuerdan...

y aquel recuerdo se distenda en


la

fa-

alusivas:

guitarra con

adormecedora

el

bordoneo de

lentitud.

Mediaba Agosto. Un viento persistente comenzaba batir los ceibos; los ltimos aguaceros lavaban el polvo de las hojas y encharcaban
los caminos.

msica de una serenata llevada para Beb improvis un baile casi de familia
hasta muy tarde. En la madrugada, los compases
Cierta noche,

de un
hacia

la

vals anunciaron
la

que

la

msica se alejaba

ciudad. Josefina la escuchaba

pensativa

JOS RAFAEL POCATERRA

84

y callada. Beb, del lado afuera, veala tambin


en silencio. Era un antiguo vals de Waldteufel,

muy

un vals

viejo,

odo muchas veces,

reado distradamente en horas de

tara-

fastidio,

pero

que escuchado as, de lejos, desde la sombra,


la hora en que se mueren los postreros entusiasmos del baile, evocaba cosas idas de otros
tiempos en la cadencia de su coda y en las graves notas con que la primera parte gema dolores
confusos estallaban en el sollozo ahogado de
los violines.

Qu
Beb
el

triste es...

suspir

se apoder de la

balconete, surga

obscuro en que

muy

ella.

mano

que, apoyada en

blanca de entre

que aquella msica

le

pona

el chai

Senta tambin

ella se envolva.

con una mebesando la mano

triste,

lancola incoherente, y exclam,

apresada:
tan bonito como
Muy bonito
repuso, tratando dbilmente de
Es
esto.

vals,

tarde...

zafarse.

Pero l, sin contestar, le besaba uno uno


dedos de uas corvas y parejas.

los

Te vas trasnochar...

El estaba tan cerca de su rostro que

la

bes en

los labios.

Vete, mi amor; mira que sienten que estamos


suplic.

aqu

No; yo me desped de
que me

acercaba por

la

ellos y

ventana.

no advirtieron

EL DOCTOR BEB

85

Pero saben que estoy levantada.


1 sonri picarescamente:
No seas
Esos tienen sueo.
Vete,

pues.

Pero ltimo de verdad, bribn dijo ametontal

El ltimo.. .1
el

nazndolo con

el

dedo

todos los tuyos son el

ltimol

Hubo una

confusin en

la

cuenta. Era necesa-

rio volver sumar.

Esos nmeros que se salen de columna encalamocan las fracciones y se suman pesos por cntimos...

Quieto, picaro!
Vlgame Dios!
no se equivoca!
No, seor;

Si

con

los

dedos es que uno

deca rindose.
la

gente decente no cuenta con

los dedos.

Cmo no? Y entonces, pues?


media voz:
manos tampoco!

Ella se defenda

Ni con

las

Salt vivamente hacia atrs:

Y con los brazos, menosl


En

la

lucha, la manteleta descubri el brazo

blanco, torneado, provocador en su actitud defensiva.

Fu preciso hacer

ron negociaciones:

las

las

paces.

Se

entabla-

partes contratantes se obli-

gaban retirar toda actitud beligerante, fijando


una entente cordial al da siguiente, en el mismo
sitio

y igual hora; se estipul condicin indis-

86

JOS RAFAEL POCATERRA

pensable y

como prenda de seguridad que no

llevaran escolta.

Pero bueno, hombre, una guardia de honor.


El honor no necesita guardia.
La

frase feliz destruy aquella precaucin di-

plomtica.

Adis,
una pirueta

caramelito

le

dijo

Beb haciendo

ridicula.

Adis,

mi

amor

cuerpo por sobre

el

repuso

Antes de darse cuenta


chndola por

ella

sacando

el

antepecho del balconete.

la cintura,

ojos, el cuello, la boca,

haba saltado estre-

cubrindola de besos los


que devolva aquellos be-

sos y protestaba con voz angustiosa.


Se haban violado los tratados.

El

era

un

traidor.

No,

no...

Dios mo! djame... no seas loco!

mira que nos oyen... maana... pero sultame,


ests

maltratando!...

sultame,

mi

me

amor su-

plicaba.
l, casi

ete,

suspendido de los hierros del balcon-

jadeaba, y con los labios convulsos,

la

cu-

de besos cada nueva resistencia, la colmaba de caricias y casi no terminaba las palabras,
exasperado y obsceno como un animal... De pronto sus brazos se aflojaron, las manos quedaron
suspensas y con un suspiro de rabioso cansancio
exclam sordamente:
Est bueno! Sanseacab, ya veo que no
bra

me

quieres.

DOCTOR BEB

EL

Ella, sin contestar,


la

87

refugiada en un extremo de

ventana, lo miraba ruborizada.

Yo
peta

que

t...

bueno! Sanseacab

re-

como velando una amenaza.

Pero, mi amor, eres muy exigente!


Es que t no eres capaz por m del menor
t

ni

sacrificio.

No seas

qu te he negado yo?
he negado yo?

injusto;

qu

ver, dime;

te

Todo.

Todo?... Mentira!
Pero yo s lo que debo hacer; yo soy que
tengo
culpa... continu
como siguiendo una
el

la

reflexin sorda.

Entonces, advirtiendo aquel tono de voz casi


colrico, se acerc confiada los balaustres:

Oye, mi amor.
l no

contest.

Con

la

cabeza gacha, dando

golpecitos en los hierros, afectaba un aire de distraccin y

de resentimiento.

Ests bravo? pregunt tmidamente.


Beb guardaba

fundo disgusto.

Un semblante de protodo cobarde, era cruel

silencio.

Como

para con los seres dbiles.

Entonces

ella se

donadas manos, se

acerc ms;
las llev

le

tom

las

tiernamente

aban-

las

me-

jillas:

Ten

juicio,

amor; comprende que yo tengo

razn.
El, exasperado, la rechaz.

88

JOS RAFAEL POCATERRA

Djame...

no quiero cariosl Djamel


Su voz temblaba de despecho. Pero era tan
mimosa aquella queja con que ella se defenda,
inspiraba en el seno confuso de las ideas

tal

per-

que una lstima sensual, veces ms


voluptuosa que todas las posesiones, iba germinando en l, un estado de nimo incoherente,
pueril. Como un nio, como un nio estrech
contra su hombro la mano posada en su cuello,
besando la otra con un beso suave, dulce, como
inspirado en un sentimiento reposado y casi respetuoso. La ternura invadales, y ms que ternura, ese cansancio indefinido del da siguiente de
plejidad,

las fiestas.

Josefina habl entonces, quedamente, con ra-

zonamientos

sutiles.

quera convencerlo

as,

cariosa, suavemente; estaba tan triste por aquel


vals,

y tambin por algo... por algo que no po-

da, que no saba cmo explicar y que surga en


pequeas frases, en breves expresiones.
Ya casi finalizaba la noche, cuando Beb se

alej

de

la

ventana, volvindose varias veces para

ver aquella sombra amorosa cuya mirada senta

de s.
muchas noches ms, despus de la visita
oficial, en aquella ventana que daba al parque
vecino, acusado apenas por la sombra movible de
los rboles, se entablaba el mismo dilogo que
siempre les dejaba como incompletos.
tras

El se lo manifestara

as.

La vida no era todas

EL DOCTOR BEB

89

que cercan nuestro


campo de accin, lleno de obstculos, de cortapisas sociales, de prejuicios religiosos. El amor!
aada tenindola esEso s es bueno
cosas convencionales

esas

trechamente
El

amor!...

una misma

abrazada, besndole los prpados.

Pasaban horas enteras abstrados en


caricia

que veces desmayaba en


de pronto ante

xitud infnta, se interrumpa

la-

al-

guna agresin concreta. Que ella se inculpara


ms tarde, que ella se admirara del terreno reco*
rrido tientas, con los ojos cerrados, guiada por
unos brazos desconocidos; acaso no era el amor
de sus heronas, el amor de Miss Dora, de Amanda la de Osear, de Mara la de Efram, de las heronas de Corazn de Oro, de las apasionadas inglesas de Carlota Braem.
Por otra parte, si como deca el padre Bentez,
diablo estaba en aquellas cosas, qu mal haba

el

cuando no lo vea pasar.


Pero aquellos das serenos se interrumpieron.
Una noche, ya en mitad de la visita, jugando con
unas rosas, so pretexto de celillos por su amiga
Isolina que antes ponanle l ufano, Beb declar q'\e se fastidiaba, que ya era imposible
aquella majadera!...

Cada

rato es estol

Pues bueno,

s,

lo

has querido!...

Antes de terminar la frase, ella haba destrozado la flor con que jugaba, muy encorvada; sin decir

una palabra, psose ver

el

cielo claro

de

JOS RAFAEL POCATERRA

90

luna por donde pasaban tropeles de nubes. Sin-

dolor de cabeza. Fu recogerse... Beb, luego de charlar cosas indiferentes con el matrimo-

ti

nio por cuyas ternezas desfilaba todo el reino


animal: "ratoncito mo... mi pichoncito", se despidi.

casa de las
moas enormes, acompaada al piano por Ana Luisa, mientras Beb
bajo el retrato de Rodrguez Prez se adormeca

Varias noches estuvo de visita

Montesillo.Isolina, con dos

en deleites musicales, persista con ese falsete

moderato tan proverbial de

las

educandas de

Tarbes:

Connais-tu

le

pays

fleurit Voranger...

atacaba piezas fuertes cuatro manos.


Algunas veces, la hermanita menor, destornillando el taburete, encarambase hacia el cuaderno de"Bombonircs des Pianistes" para moler la
Mandolinata acompaarse con una monotona

"Himne de I'enfant son


Beb hallaba encantadoras

atroz

sobaba

reveil".

aquellas veladas;

los cojines, sonrea la seora, departa

afablemente con don Cruz y hasta se atreva


volver las hojas de las partituras. Le deleitaba
hallarse en aquella sala

de elegancia burguesa,
como-

entre gentes bien presentadas que olan

didad.

EL DOCTOR BEB

QI

Pepito adopt un aire reservado en

la oficina.

Transcurriera una semana y ya haba advertido


cierto enfriamiento en sus relaciones; por ltimo,

una vez preguntara Beb

Esos
se,

el

oficios

mayor:

que desde ayer deban firmar-

telegrama circular de los distritos?

Es que como

al oficial

el director

no vino ayer

tarde...

Dgale usted que digo yo que es necesario

ms atencin

las cosas.

Y volvi

la

espalda

amostazado.

Cuando Pepito

entr,

subalterno de repetirle

el

buen cuidado tuvo su


recado con una como

lstima deprimente.

Fu
y

l,

dar excusas:

Beb no

contest.

una nota para


la crcel

el

Luego

jefe

civil,

le

indispuesta,

hacer...

mand

extender

ordenndole pasar

pblica "todos aquellos sujetos sin pro-

fesin... los

Carmen estaba

creyendo que no haba que

vagos". Usted entiende?

S, seor.

As mismo dgalo: "con

mano de

hierro" y

Ah! otra cosa, nada de literatura!


que por aquellos das haca de secretario
general una pobre rata de oficina celebr el

tal

tal.

El

chiste.

Pepito llevaba rojas ambas orejas.

Se

sinti

por primera vez

despus de su en-

cumbramiento, paseado en coche con Beb, confidente, ntimo,

por sobre

saba recibos quincenales

el pica-pleitos

como

que pa-

secretario priva-

JOS RAFAEL POCATERRA

92

do; por sobre

el director

de

la

Seccin

poltica,

siempre manchando los cuellos con parches de

ungento mercurial

como cado.

tar semi-melanclico,

Era un males-

semi-rencoroso, que humi-

tomada en das de xito


como prueba de confianza, que se exacerbaba
ante las sonrisas de los mulos en privanza; porque el politicastro venezolano, ascendiendo sin
vergenza, descendiendo sin decoro, es asiduo y
discrecional como odalisca favorita lastimoso
llaba cualquier chanza

indigno

como ramera

repudiada.

Estuvo trabajando hasta despus de

De

las cinco.

puo y letra extendi el nombramiento de


alcaide de crcel para un pariente de Beb. Comsu

prendi entonces

"mano de

la

"circular sobre vagos" y la

Puso erario con h y termin


ordenando que el ciudadano jefe civil dsva
apersonarse del asunto. Beb firm y se march
hierro"...

dar su paseo habitual.

Cuando

Pepito, con los peridicos

bajo el

brazo, por una coincidencia amargante, tuvo que


ir

de pie en

la

plataforma del tranva, se dijo

desolado:

Maldita sea
Y

la poltical

echando pestes. La sopa estaba fra;


por qu no le compraban el pan de trigo Marregot? El no coma caucho. Y estruj dos bollos.
lleg

Carmen Teresa, muy


da, estaba recogida.

en

la

cocinal

muy
cmo

plida,

{La pobre

quebrantaiba estar

EL

t, t

DOCTOR BEB

qu haces?

93

le pregunt su

cu-

ada.
Josefina baj la cabeza.

En ese

instante entr la sirviente

con otro pla-

to de sopa.

Llvese eso; yo no quiero esa

porquera.

Despus murmur colrico:


Boten esa mujer. Ustedes que cogen siem-

pre unas sirvientas tan hediondas.


Josefina se indign.

No seas grosero, Pepe.


El alz entonces su viejo vozarrn

de

las dis-

cusiones con su mam:

No faltaba

ms! Mire que venir sta fal-

tarme al respeto!

El que me

falta al

respeto eres

Nia, por Dios! grit

t.

Carmen Teresa,

sa-

liendo medio abrigarse.

Yo no consiento que me traten

sin conside-

racin.

Entonces se mide en

lo

que

dice...

Yo tam-

poco voy soportarle usted, malacrianzas...


que se las soporte su mujer...
Acurdese que est usted en mi casa!
bram.
En su casa! Y Josefina lanz una carcajada

humillante

como un

latigazo.

Pepito, en pie, con

desat en improperios.
vimiento...

de corbata, se
colmo del atre-

la servilleta

Era el

que una arrimada se

atreviera!

JOS RAFAEL POCATERRA

94

El

arrimado es usted, canalla

grit

la

mu-

Usted, que lo que tiene es


s
porque si no fuera por m estara comiendo frjoles con misia Efgenia... por m... por m...
Se golpeaba el pecho dos manos. No oa
su hermana, no vea nada... Los dicterios le es-

chacha fuera de
por

tallaban flor

de

ra,

de labios con

la

pasmosa

Ave Mara Pursimal exclamaba


ra,

facilidad

mujeres.

las

la

cocine-

asombrada.

el

ban...

ms

escndalo creca,

Cada

las pullas se alterna-

de Josefna exasperaba ms y
Pepito, que se senta heroico etitre las mustira

jeres y cuyas voces desaforadas se oan en el ve-

cindario.

...

Por

ella...

[Cuando yo ms bien soy

el

perjudicado en esos consentimientos!

Pepe,

por

la

Virgen Santsima, miren que

dando un escndalol
pobre Carmen iba del uno
tratando de calmarlos.
estn

la

...

Por

ella...

me

alegro que se salve de esa


La alusin colm la medida.

temblaba en cleras

no suceda, jpor que

ella

fiera.

con

la

asco...

Yo

t y tu

no s cmo

voz que

rugale Dios que eso

mujer se mueren de

bambrel T eres un desgraciado, un

Das

otro lado

Eso, eso no es sino despecho,

Rugale Dios deca


le

al

te

Nia, por Dios santo!

bicho!...

aceptaron en

casa...

EL DOCTOR BEB

Pues

que se

dile

calle

vecindario... para gritarle lo

95

me voy para el
que es... un atrevi-

do, un cobarde, un sinvergenza.

Los ojos negrsimos, preados de lgrimas, le


relampagueaban, la voz se le anudaba en la garganta.

Pepito, cada vez

ms

furioso, la arroj

de

la

casa.

Vete de

aqu, vete,

que no vuelvas pasar

por esta puerta.

S,

corri

ro; hizo

me

s,

voy; pero te va pesar.

como una

loca ponerse el sombre-

un bojote de ropas, meti en

polvera y

el

pauelo

la

peine. Lloraba y vociferaba insultos.

el

Carmen, angustiada, mortificadsima, trataba de


detenerla:

No

seas loca, nia;

cmo

te vas as?

No,

no, yo no lo permito.

luego corra para donde Pepe, hacerle

reflexiones...

Entonces Josefina se devolva del

portn para lanzar alusiones mordaces:

Veremos quin
Cuando

la

esperaba por

pierde; sta te va pesar!

detena su hermana era que se desirse.

Tras

mucho

batallar, rogar y

pero era por ser de noche,


Le escribira un papel su mam

suplicar, quedse;

que

si no...

para que viniera buscarla.

Todo haba

nado. No se tratara ms con

ese...

saba guardar las cosas.


niera despus

con

Ya

vera.

satisfacciones...

termi

hombre!

Ella

que no vi-

JOS RAFAEL POCATERRA

96

Hasta muy tarde estuvo despierta, con jaqueoyendo en el otro cuarto Pepito y Carmen,

ca,

que discutan. A l le daba pena aquello al cabo;


pero si conoca su carcter. Su mujer se quejaba
dbilmente, mucho rato, despus de haber apagado la luz...
Las ltimas lgrimas corran hasta las almohadas. Ella era

en
l

muy

desgraciada...

No

tena nadie

mundo, todos la desdeaban. A causa de


tambin ste que antes la acataba llenndola
el

de consideraciones...

Y ahora, ahora las faltas, las

humillaciones. Punzbala el recuerdo de Isolina

Montesillo con dos enormes moas, tambin esa


necia de narices arremangadas.

Una pobre ambu-

arrimada. Verdaderamente que

lante...

una arrimada... Sin quien sacara

Hasta

la

as era:

cara por ella.

me abandona suspir anegada

en

llanto.

Por

las rendijas

de

la

ventana entraba en rayi-

tos la luz del corredor, que Pepito mantena

causa de los ladrones.

queas y luminosas

la

entraba

como

ideas pe-

oscuridad poblada de

cosas hostiles.

Una

congoja, mitad sueo y mitad tristeza, pre-

sentbale

la

deberes y de

vida spera, dolorosa, crizaaa de


dificultades... El tinajero

dejaba oir

sus notas claras, intermitentes; un silencio vasto

se suceda, los rboles susurraban y de tiempo en

tiempo un

La

grillo

evocaba

tristeza infinita del

los

insomnios del

tifus.

abandono, exacerbada por

EL DOCTOR BEBE

97

aquella imag-inacin novelesca, se le presentaba

en toda su desolacin

muy

por un camino

como

si

marchara muy sola

largo...

en un delirio repentino se abraz

mohada como

Contra su costumbre,
alto el sol, sali

temprano y

la

al-

un cuello invisible.
al

da siguiente, ya

muy

de su cuarto. Pepe se desayun


Deba estar temprano en la

sali.

ofcina.

Durante varios das no se hablaron;

el

domin-

go hallronse en el corredor. Ella iba darle la


espalda. Pepe la agarr por un brazo y con acento zalamero le cogi la barbilla.

No ests brava, prenda.


Y

Carmen, bromeando,

los reconcili.

Toma

ron cocktail juntos. Josefina llor de sentimiento.

Pepito

Uno de
ninguna

la

convid pasear en coche.

esos ramos de flores, que no existen en

flora y

que son

tan corrientes en los

trones de los figurines, ornaba

la

pa-

papelera de

pana

roja, donde, bordadas en oro, las iniciales


de Beb se enlazaban casi erticas. Bella haba
consumido muchos das en aquel delicado trabajo,
que una vez terminado admiraron en el vecindario.

El padre Bentez hubiera querido un borda-

do ms alegrico: la balanza de la ley, el caduceo


de Mercurio; pero era ms complicado, podra
luego tener semejanzas grotescas; aquello estaba
as,

qu s yo, ms ntimo, ms afectuoso.

el da

de San Manuel, en amplia bandeja,


7

JOS RAFAEL POC ATERRA

98

Beb
y

la

recibi una dulcera llena de islas flotantes,

prendida, una

papelera, cuidadosamente

tarjeta escrita

con

letra

de Josefina:

Justina G. de Belzares hijas,


al amigo ingrato.

Beb

le

propin dos fuertes

envi un recuerdo

muy

la

portadora y

afectuoso, agradeciendo

la cuelga.

Pasaron varios das y l no volvi.


Por algunas amig-uitas que se interesaban en
eso, bien por las sirvientes con quienes las nias tenan relaciones cordiales, supieron que

Beb no dejaba

transcurrir cuatro das sin visitar

las Montesillo.

Josefina prorrumpa sarcsticamente:

Como ellas son ricas!


Misia Justina observaba prudentemente:

jNo es eso, nia, es que hay gentes muy

in-

dignas!

Celebrbase en esos das


Misia

Ana

el

Josefa, celadora

Jubileo.

de

la

Adoracin

Perpetua, tena su hora de once doce concurridsima.

Asistan sus hijas, Inesita y Carlota

Guedes, una de

las

Melindres con

la

sobrina,

Emeteria, aquella piadossima muchacha que ha-

ba sabido conservarse pesar de

las

desgracias

EL DOCTOR BEB

99

de sus hermanas. Tambin iban Josefina Carmen Teresa, pero desde que se haban disgustado cambiaron de celadura. Por ltimo no fueron
ms. Eso desagradaba misia Ana Josefa, que en
cuestiones de dogma no transiga. Por eso adoraba Po X. Aquello era hertico, por decir lo
menos...

No

estando legtimamente impedidas,

hora deba hacerse en

ia

la capilla.

jVanidades mundanas! suspiraba con severidad.

Con

gran asombro vio llegar ese da misia

La muque en aquel

Justina y Finita. Sonriles levemente.

chacha se arrodill

momento
las

tras

de

Isolina,

abstraase en oracin...

dems mujeres, rezaba Ana

Ms

all,

entre

Luisa.

Las dos seoras cambiaron una mirada amis-

Ana

tosa. Misia

Luisa comenzaba su avemaria

con voz serena, como inspirada de


aquellos mismos lienzos de

mantos ante

la

la

la capilla

fe

que en

tenda sus

borrica de Nuestro Seor exta-

siaba los doce comensales de la ltima Cena.

"Dios

fe salve,

A travs

de

Mara, llena eres de gracia."

los vitrales

donde

los apstoles

recortan sus smbolos, penetraba una luz mori-

bunda, como de da de invierno... La llama de


los cirios mantenase inmvil; la
ta

lmpara de pla-

pona su alrededor una mancha sanguinolen-

ta inquieta.

"Santa

ora..."

Mara, Madre de Dios, ruega, Se-

JOS RAFAEL POCATERRA

lOO

rumor se prolongaba hasta afuera, corriende las naves; apenas se interrumpa


por el ruido de algn reclinatorio el leve golpe de tos, que es como una epidemia bronquial
en las iglesias y en la cmara del Senado.
Al salir, despus de tomar el agua, reunidas
El

do

lo largo

todas en

la

cancela, las dos familias se entrevis-

taron:

Cmo
Justina?
Y celadora ech brazo:
agreg
Dios
Al
llama,
ests,

le

la

el

te

fin.

hija

son-

riendo.
Ella,

ba:

tomando por

testigo su hija, se excusa-

Los mil inconvenientes: primero,

monio de Carmen Teresa,

el

matri-

las diligencias;

des-

pus, los trousoses...

Las dos Montesillo cambiaron una sonrisa.

...y

luego, pregntale Finita,

resa siempre delicada. Esta


ella

que se

pasa con

en Camoruco...

Hacindose

la

ignorante, con superioridad de

nia bien educada, Isolina

|Ah! viven ahora

le

preguntaba:

all?

Josefina sentase humillada.


la

Carmen Tela

Una

clera sorda

devoraba por dentro. Aquella ridicula dndo-

se importancia! Pero su madre contest afable-

mente:

Pepe est temperando.


Ay, nia exclam Ana Luisa
S,

tan

triste!

Camoruco

EL DOCTOR BEBE

No

te

fastidias all?

lOl

agreg

con

Isolina

tono compasivo.

No, yo no me fastidio en ninguna

parte.

Luego, como un desafo, comenzaron charlar


cosas indiferentes que envolvan ironas sangrien'
tas respuestas mordaces.
Las seoras se reconciliaron.

Hubo

disculpas

de ambas partes. Verdaderamente, ellas se estimaban, y querindose tanto las muchachas, por
diferencia de caracteres iba entibiarse una amistad tan antigua?

No

faltaba

ms

viendo abrazarla

^dijo

misia

Ana Josefa

Ya sabes, anda por

all

vol-

con

de cosas...!
Josefina reclamaba visitas:

Josefina, djate

Nosotras fuimos ltimas que estuvimos..*


Nada de eso interrumpi Ana Luisa ya
las

vienes con esas.

riendo, abrazadas, se besaron. Isolina tam-

bin se despidi de igual manera, pero con tono


fro, casi

desafiante, le dijo:

Ya sabes, no
lo

dejes de ir por casa. All nos


pasamos animadsimas.
Todava se entretuvieron. (Estaba tan mortifi-

cada misia

Ana Josefa con

dre Bentezl Tan plido,

la

enfermedad del pa-

el

pobre!

teniendo

que decir misa de ocho, con esa debilidad...


|Es de lo ms humilde; cuesta hacerle lavar la
ropa!

Recomend por

ltima vez;

JOS RAFAEL POCATERRA

I02

Bueno,

Justina,

cuidado

si

no dejas

ir

las

muchachas!
Josefina, seguida de su mam, se alej, muy
guapa bajo su mantilla, con ese andar bizarro de
las mujeres que se sienten ms bellas que las

dems.

como

de misia Ana Josefa

las hijas

la inte-

rrogaran por aquella afabilidad con quienes tan

mal se haban portado, que en

don Cruz no mandaron


ban roto con ellas

que

cursis,

quedar mal,

S...

buenas
rroquial

as,

ellas las
la

ni

la

gravedad de

un recadito, que ha-

de sopetn, que eran unas


por no hacerla

agasajaban

seora exclam suspirando:

iDebilidades humanas! pero son

las

pobres.

cmo

Vamos

sigue

el

muy

preguntar en la Pa-

padre Bentez.

VII

Un

grito

agudo, persistente,

la

despert de

sbito.

jEI tres mi!... ciento... sesenta... y cuaaatro-..!

Casi junto

la

to entraba el sol

ventana, por cuyo postigo abier-

de

la calle,

aquel chillido, sobre-

saltndola, la hizo abrir los ojos trasnochados,

que

sin

maanera volvan
la misma pereza que le inmovilicuerpo en el huequillo tibio de los

querer recibir

la luz

entornarse con

zaba todo

el

colchones, bien arrebujada entre

las

sbanas.

El reflejo movible que en la pared ponia el es-

donde ascendan hacia el postigo abierto en una faja iluminada molculas de polvo doradas, grises, de color naranja; la idea friolenta del agua de la jofaina, la pereza de los pequeos menesteres de la maana,
pejo, el rayo nebuloso por

tenanla

all,

todava las nueve, sumida en grato

estupor que incita provocar los ltimos sueos

de

madrugada contemplar fijamente detade la habitacin: un pliegue de vestido, cier-

la

lles

104

J*^S

RAFAEL POC ATERRA

de tal objeto. De aquella somnohubo de sacarla el trueno de las carretas


que van la estacin Inglesa y que pasan por el
empedrado crepitando bajo las cargas, con el
ruido ensordecedor de un convoy de artillera.

ta disposicin

lencia

Entonces pens levantarse.


El

desorden, con sus polveras

tocador en

abiertas y la jabonera llena

de sobre
la

el traje

de

la

de agua,

vspera se abra

palidez de unas flores que en

manil mustiara
cin, toda

don-

el cors,

loza del agua-

de

la

habita-

atmsfera de los recuerdos del da

la

anterior retenanla
los ojos

la

aire enrarecido

el

la silla

muy

otra vez en

la

cama.

Con

abiertos, reviva cuanto haba

pa-

sado, en el agradable convencimiento de haber


sido un sueo
las

el

la

persecucin del toro furioso, y

grandes cadas desde

muy

alto

que oprimen

corazn aun despus de haber despertado. En

verdad, casi era un sueo, pero un sueo tan


grato...

Cmo

haba sido?... Ira esa noche,

ira

de nuevo, persistira en aquella nueva cadena


que con su sonrisa y con sus palabras de mrtir
haba tendido alrededor del cuello, antes de
apoyarse apasionada en su hombro durante
baile, antes

de tomar aquel

aire

el

de reina ofendi-

da? Las mil pequeas humillaciones, el desvo


de largos das, los desdenes manifiestos hacia lo
que con ella se relacionara, todo eso haba sido
olvidado por
triunfo fugaz.

la

dicha de un instante, por un

EL

No

DOCTOR BEB

I05

pesar de lo que
misma
supona, la
dijeran, pesar de lo que ella
amaba; no se lo haba dicho con la mirada? no
se lo haba repetido con voz emocionada al du-

Fugaz?

poda

ser; l,

dar de sus atenciones inesperadas? S, induda-

blemente. Senta un gran orgullo de saberlo sub-

yugado su sola presencia... Recordaba perfectamente los detalles. En ese momento Goenaga
ofrecale el brazo. Acaso fuera simpata, tal vez
de cortesano
de una reconciliahall feo. Su gratitud de mu-

notara, con su especia! perspicacia

parroquial, la probabilidad
cin...

Hasta no

jer vea

donde

en
el

lo

un caballlero excesivamente amable,

ojo certero del

un rufin disfrazado.

Beb

rea al tropezar

hombre hubiera

con qu gracia
la

visto

les son-

vuelta del corredor:

Ustedes... no se conocen?
Y

Beb, inmutado, no respondi tiempo.

como presentndolos por vez

primera, aadi

con acento cmico:

Josefina,
de

la

mejor amiga y

la

ms adorable

las mujeres...

Se celebr jovialmente la chanza. Beb deseaba bailar aquel vals; pero ella lo tena compro-

Comprometido! Pero eso era


ver, ver, mustreme su carnet.

Con

su

metido...

mohn

corpino, mostr

habitual,

desprendindolo del

la tarjeta.

Su meique corvo y

coquetn recorra
cuarto?...

terrible!

la lista...

El tercero?... no; el

tampoco, era de ese joven

Iztueta;

el

JOS RAFAEL POCATERRA

Io6

que es una polka, desde que se lo prometiera, por nada dejara de bailarla con Gerunquinto,

dio Garca!

Entonces... exclam
Josefina,

muy

y contestaba

las

desconsolado Beb.

turbada, jugaba con su abanico

bromas que

dems

las

le

daban

al pasar.

Beb continuaba deplorando su mala


Goenaga haca observaciones amables:

estrella.

Pero, bueno, embrollen uno.


Josefina protest sonriendo. El simptico

naga

Goe-

insista:

S,

Cmo no van usNo, no. Yo me opon-

hombre, qu tiene?

tedes dos bailar juntos?...

go formalmente.

mientras aduca graciosas razones, tratando

de vencer
Beb,

con su

los escrpulos

de Josefina, incitando

ste la encontraba realmente adorable

traje

encarnado. Retorcido en un haz, los

como

cabellos tan negros y hermosos

formaban dos bandos virginales sobre

los

ojos,

las sienes;

del escote surga un cuello maravillosamente tor-

neado, flexible, cuello gil y robusto de mujer


meridional, cuyas lneas musculares,

al

mover

la

cabeza, se dibujaban en ondas lo largo del pecho, alto, lleno, prensando reventar
rojo.

Un ramo de "amor

el calor,

sobre

al comps de
morena del seno.

palpitaba

la piel

el

surah

ardiente", marchito por


la

respiracin

El se sinti invadido por un enternecimiento

EL

DOCTOR BEB

IO7

voluptuoso. La hall encantadora.

entusiasmaba:

lo

qu ojos!

Cada

detalle

[qu labios! qu

hombros!
Ligeramente inclinada hacia

naga

le

el

carnet que

Goe-

haba quitado, su cuerpo, envuelto en

traje rojo la luz

e!

verdosa de los glbulos, surga

en lneas deliciosas, en pliegues ondulantes que


bajaban

como

culebras oscuras por

la falda.

Todava protestaba:

No, por Dios! Me dara tanta


que

lo siento

pena!...

Crea

muchsimo. Si hubiera sabido...

Si hubiera sabido qu?


En mi programa siempre

hay un

sitio

para

no adivino.
Y lo envolvi en una mirada hmeda de reproche y de abandono.
Los dos hombres insistan. Qu tontera!
Quin iba reclamar piezas?
usted, pero yo

mucho menos

al

doctor

observ Goe-

naga.

Es que eso es tan feo, tan qu s yo! Me da


mucha pena

hacerlo.

Pero en aquel instante


Prez

Al
las

Iztueta, sala

de brazo con
del saln hacia el comedor.
Isolina,

pasar, entre el saludo y las frases cariosas,

dos mujeres se midieron con

dirigiendo

la

la vista. Isolina,

palabra su compaero, ri con l

de algo que se referan. Entonces Josefina, golpeando ligeramente con el abanico Beb, le
dijo de pronto;

JOS RAFAEL POCATERRA

Io8

Bueno, Bailaremos quinto.


Bravo! exclam Goenaga Ese es
el

s.

Gerundio Garcal
Ese era.
Y Beb, de seguida,

de

el

la

tom

del brazo.

Despus... Pareca estar viendo las miradas de

todos puestas en
misia

Ana

ella, los

ojos despreciativos de

Josefa, los ojillos grises

de

las

dos

Montesillos, las pupilas amarillentas de Isolina,

que fulguraban como las de los gatos en Agosto,


las miradas todas de la envidia ajena, desde la
fijeza tenaz preada de ofensas hasta la ojeada
despreciativa; y todas crueles, insultantes.

Ahora, recordando esos instantes, tornaba


sentirse orgullosa

de

como cuando

cruzara del brazo

por ante aquella gente.

Vendra? Lo haba prometido formalmente.


Pareca estar oyendo sus excusas por

de tantos
ti

" m

das:...

me

la

ausencia

duele eso ms que

misma, pero era necesario, era necesario"...

Necesario? Ella no comprenda

tal

necesidad.

Necesario aquel desdn? Necesaria aquella


frialdad? Necesarios los

No, eso no,

te

amores con Isolina?

han engaado protestaba

Absolutamente; yo no he tenido nada con esa


nia.
Insista ella

naran

pero

por

el placer

negrselo.

como

femenino de que

Estaba

casi

ella se lo dieran entender!...

ridiculas, pens;

pero dijo con aire

tor-

convencida...

Qu

tristsimo:

IO9

EL DOCTOR BEB

As son hombres, engfaan una y desniegan.


Pero yo aseguro...
T haces eso porque
jNada, que
los

pues

lo

te

si

lo jures!

ni

ests seguro

como

de que yo

te lo

perdono, de que

te quiero tanto...

-Qu?

Soy incapaz de hacerte lo mismo... Por


por
y lgrimas acudieron los ojos.

eso...

eso...

la

le

las

ngulo de un sof, y con


actitud indiferente del que se halla en pblico,

Se haban retirado

al

decanse media voz cosas apasionadas...

Como

una msica resonaron aquellas palabras de perdn en el odo de Josefina; y reviva el encanto
del antiguo vals de Waldteufel, que evocaba
otros tiempos en la cadencia de su coda y en las

graves notas con que

la

primera parte gema do-

lores confusos estallaba en el sollozo

de

ahogado

los violines...el balconete... la calle obscura...

los rboles altos, negros, inmviles.

Una polka

vulgarsima, de esas

que entre

las

selecciones de algunos bailes estallan

como una

interjeccin canallesca, saclos de

y se mar-

charon

al

all

saln para bailar.

Despus sus recuerdos eran muy vagos; las esel agua azulenta de
los espejos, un rumor de palabras furtivas, tal
peinado que se descompone y el aire loco, gentil, grotesco que forma un torbellino de faldas
y de fracs. Por un extremo de la sala pas Isolina

paldas desnudas que giran en

no

JOS RAFAEL POCATERRA

bailando con Gerundio Garca... Ridicula... cmo


iba vestida?

mal gustol

De

Una

amarillo, pero

qu

color qu

criatura tan amarillenta. Si pare-

un jojoto tierno con su pelusa, pues

ca

los cabe-

no eran otra cosa... Y luego aquellas moas


verdes, y el peinado tan raro... Estaba atroz!...
Todava sonrea al recordarla. Puso una cara
cuando la vio bailando con Beb, qu necial
Trat de hablarle Gerundio, de reir con l, de
llos

danzando en derredor... se comprenda...


no dejaba de ver para all. Pero Gerundio, bailando desaforado, como cumpliendo una misin
devastadora, se abalanzaba apartando todo su
llevarlo

paso, tropezando los muebles, pisando las infelices


te,

que devoraban pavo en

sudado,

el cuello

los rincones, jadean-

vuelto un rodete,

la

cabeza

metida entre los hombros y stos inclinados parando las faldas agudas de la casaca como las
antenas de esos insectos que muerden con
sero; con

de un

los ojos extraviados, pareca

el tra-

acometido

frenes epilptico.

Ella,

recordaba, uno uno, los detalles de su

goce intranquilo de los pequeos xide pronto, salt del lecho, alisse con ade-

triunfo, el
tos.

mn

ligero los alborotados cabellos todava ahor-

quillados con algunas flores estrujadas en el pei-

nado, y en camisa, descalza, fu luego hundir


la cara en la jofaina. El agua fra reanim sus nervios, excit

los

tejidos

del cutis y le puso dos

rosas encendidas en las mejillas- Luego, mientras

EL

DOCTOR BEB

III

media lo largo de la pierna desnuevocaba coreografas del gnero chico, rompi cantar alegremente:
deslizaba

da,

que

la

alzarse

al

Alza y dale,
yo tengo un morrongo,

de pelo muy

Mucho

rato,

Voces

coplas.

fino...

en tanto se vesta, repiti aquellas


frescas

se oan

desde

la

calle.

Abri una hoja de la ventana. La calle larga, empedrada trechos, trechos llena de lodo, se
animaba al paso de dos chicuelas que iban con
sus cestas para la escuela. Detrs marchaba una
sirviente

con su canasta de compras. Algunos pa-

sos ms lejos, el cura del Asilo de Hurfanos se


alejaba tosiendo entre su pauelo. 1 sol to-

de verano,
techos, des-

rrentes inundaba la ciudad; un sol

que doraba los


cemento de las aceras y

clido, voluptuoso,

lumhraba en

gaba

el

En un

casi

ce-

cielo

de

luminoso y limpio, varios zamuros con


alas inmviles descendan hacia el Sur.

las

la

perspectiva del da.

ail,

Josefina tarareaba de nuevo al cerrar la ventana:

Ay morrongo!
Ay morrongo!
Ay qu pelo que tiene

el

minino!

112

RAFAEL POCATERRA

JOiE

El padre Bentez continuaba mal. ! sbado

en

comenz

tarde su estado

la

inquietar

Eme-

que le asista, pues la pariente que le


acompaaba, decir de las piadosas mujeres, no
saba hacer ni un atol.

terita,

Y tan

solo, el pobre!

clamaba cada ins-

Ana Josefa.

tante misia

El caso era que el santo varn poda reventar


de un momento otro: una hidropesa espantosa
hencha su abdomen. Cuando, acompaada de
Isolina, la seora de Montesillos fu verle,
qued impresionada:

Santo Dios! relataba


toso; qu quebranto!,

aquello es espan-

qu ojeras!, qu est-

mago!

Un

tinte

amoratado invada su rostro; las punadaban en una crnea amari-

pilas angustiosas

abdomen

llenta;

el

bajo

bata blanca.

la

Cuando

lo

se hinchaba violentamente

arrastraron hasta el corredorcito

colgado de enredaderas,
cristalinas sostenan su

tacas miserables.

manifestaron con

saba

el

al

trasluz, las piernas

hinchazn

como dos

es-

Las devotas, unas otras, se


la

mirada

el

temor que

les cau-

estado del enfermo.

Ay, se nos muere!


jDios mo, mi confesor!
jUn santo,
un santo!
hija,

hijas,

Poda
gordo.

ser.

De

todos modos, era un

santo

EL DOCTOR BEB
Reunidas en
las Beizares,

el

las

II3

corredor, dos noches despus,

ambas

Montesllos, Emeterita,

Melindre y Verd, comentaban la gravedad


media voz. El enfermo dorma. El doctor Vizcarrondo recomend que

le

dejaran as y que le

propinaran otras pildoras.

Los mdicos! Ya
le

den ms

ven...

que

lo dejen...

que

pildoras...

Emeterita, solterona, no crea en los mdicos.

Y basaba sus
le

razonamientos

muy

bien: ser ella,

hubiera dado los tres aceites y rezado

la

nove-

na de Santa Eduvigis.

jAy,

Juana Paula, nia prorrumpi misia


el agua de LourdesI

Ana Josefa

De veras! exclamaron todas.

Yo

tengo...

yo tengo en

casa.

padre Arocha cuando estuvo

litro el

Me

trajo

all.

un

Lo co-

mismo pozo donde se baaba un to


de Bernardita.
Verd, escptlco, ateo, "enemigo personal de
Nuestro Seor Jesucristo", terci de pronto en la

gi en

el

poltico

conversacin, escandalizando las piadosas


jeres.

de

Dijo que se ultrajaba

la

Ciencia.

mu-

Habl

Razetti; precisamente en esos das haba ledo

un Lunes Cienfico...
Las mujeres le vieron con horror. El se cort:
quiso borrar un poco la impresin.
No, haba verdades reveladas, hechos; el

doctor Requena exageraba. En


tener razn Pides.

el

fondo poda

JOS RAFAEL POC ATERRA

114

Ese
Josefa

es un escritorl

No como

asent

Ana

misia

esos que por hacerse nombrar

escriben contra los curas, contra

la relig^in.

De veras suspir una que usaba


del Carmen almas

el

hbito

descarriadas...

Pero Emeterita, que era una beata chocante,


dijo

con sarcasmo:

Y lo peor es
ces,

que despus de sus ridiculecuando se estn muriendo piden gritos un

padre.
Rieron. Verd se indign. Trajo ejemplos: y
Renn? y Voltaire? y don Toms Michelena?

Todos, todos han pedido gritos un cura.


Pues yo, no. |Que rodeen mi lecho mortuo-

que se me impetre, que se me urja, que me


la familia de rodillas: nada! Ser inflexible
en las creencias de mi grandiosa filosofa!
rio,

ruegue

Misia Justina, por deferencia, le interrumpi,

queriendo librarlo del vade retro general:

No, Verd. No diga eso. Usted es un

hom-

bre de bien. Puede ser maana un buen padre de

No, no. Esas son cosas que dicen los


cierta que no las sienten.
Lo que es los de casa... apunt misia Ana

familia.

hombres, que yo estoy

Josefa.

Verd se indignaba con

el

tono compasivo,

piadoso, con que le queran derrotar.

guida

de senunca se

manifest ideas horribles: l

confesaba, escriba Dios con minscula.

no

crea.

Cada

cual con sus ideas.

No

crea,

El juzgaba

EL DOCTOR BEB

proceder bien. Respetaba


para que se respetaran

las

las

de

15

creencias ajenas,

l.

Entre un frenes

de palabras sucumbi, asediado por razonamientos: Qu sabios tenan los masones? Renn?
Ah estaba Don Bosco. Voltaire? No poda parangonarse con Po IX... Las Melindre le llamaron protestante. Sucumbi diciendo mordacidades: la San Barthelemy, Torquemada, e pur si
muove. Embuste todo, decanle, invenciones de
los judos...

Por otra parte, las muchachas se


Formaron reunin aparte.

fastidiaban.

Ay, chica; Verd est insoportable.


|Pero se ponen hacerle caso!
Si estuviera aqu Bella, no
esas necesi

dira

dades.

De veras.
Se qued cuidando
Una

la casa, la

pobrel

Montesillo exclam:

Tan
tuviera

buena esa hermana de ustedes; ojal


yo una as... Esta y design Isolina

que no me deja un alfiler!


Oye, Isolina, muy lindo tu traje amarilloCul de ellos, nia? hizo un gesto de

ropero surtido.

El que tenas en el baile del club. Te quedaba muy bien.


S? Por eso me mirabas tanto. T tambin
estabas muy buena moza.
Eso... es en pago?

JOS RAFAEL POCATERRA

Il6

No, es que

te luca

mucho

el

color encarna-

do. jDicen que lo encarnado trae fortunal

Pues
Y eres capaz de negarlo?
m...

Pero cuando

las rivales se

preparaban com-

santo varn dio un pugido. La viejecta

batir, el

Juana Paula corri hacia

el cuarto.

poco

sali

angustiada:

jSe muere! |Se muere!


Un

torbellino

de mujeres invadi

la

habita-

de copetes

cin. El santo varn sobre un catre

haca pucheros.

Un viento encajado! clam Emeterita.


Era

agona.

la

La agona angustiosa de

drpicos, estertorosa, desesperada.


la

do

los hi-

Se encendi

vela del alma. Emeterita se opona:

Les digo que no, que es un viento encaja y ahuecando almohadas, comenz solas

barle las espaldas.

Tras de

los

fixiado,

borde de
bajo

las

la

enorme panza, con esfuerzos de asojos extraviados,

los labios amoratado,

cerdas de

la

muy

abiertos, el

ms oscuro an

barba crecida durante

la

enfermedad, boqueaba y se agarraba las sbanas descubriendo una pierna transparente y velluda.

Todos

le

rodeaban. Misia Justina trataba de

hacerle sujetar

la vela.

Unas pedan paregrigo,

otras improvisaban ventosas con un vaso y un

godn encendido...

al-

El santo varn, escondiendo

EL DOCTOR BEB
!as pupilas dilatadsimas

de

la

en

el

II7

agua amarillenta

crnea, abri ms la boca...

Emeterita exclam:

Es un

eructo...

ya ven? Viento encajado,

viento encajado!

Y
por

cuando cay sobre las almohadas rendido


mechas grises pegadas las

el esfuerzo, las

sienes, agreg:

Ya
Pero

lo echl

el

santo varn estaba muerto.

poco, par un coche en

Beb y

su

secretario general,

la

puerta. Eran

vejete

de

aire

subalterno, que se presentaba siempre en segundo

como acostumbrado facilitar relieves.


Le rodearon. Verd hizo una frase que tuvo me-

trmino

diano xito.

Un
pues

instante
la familia

quedaron Beb y Josefina

solos,

Montesillo se despidi y las dela casa, lloriqueando

ms daban vueltas por toda

y sonndose con el ruedo del fustn.

Esta noche, prenda...


No, no.
Cmo que no?
Es que vendremos Matriz,
No importa; mejor. Te quedas
Pero es
Nada, mentira.
la

al velorio.
all...

que...

Oye,

El

oye...

la estruj casi

dola quejarse.

con rabia un brazo, hacin-

JOS RAFAEL POCATERRA

18

Pero, oye, negro...


No
Ni una
palabra...!

te

quedes dormida,

sabes!

sin oir otra negativa

muy

dbil, sali.

En

el

corredor, despidindose, dirigi piropos las

muchachas:

Muy bueno era, muy bueno; pero no


mucho, no? Se afean los ojos.

llorar

Josefina sufri cierto despecho. Tunante ste!

Y tuvo tristeza, y

luego una alegra loca de per-

sona que se resuelve. Slo que dur poco aquel


relmpago entre la luz amarillenta de los cirios.
La casa de Monasterios se haba encargado de
poner imponente el hidrpico difunto. Con su
sotana negra,

la

sobrepelliz

nos regordetas sosteniendo

muy

blanca, las

el cliz, listo

ma-

para ser

mayor las rogativas de


sus feligreses, pero cada vez ms hinchado por la
vida triunfadora y mUiple que comentaba activamente su eterna reconstruccin de formas, el
difunto presbtero perda toda la solemne gravedad de la muerte. Algunas mujeres rezaban de
rodillas, asesorando la montona oracin de dos
curas. En la pared, sobre el semblante abotagado y lvido, un Cristo imitacin marfil violentaba sobre la cruz la anatoma de su trax. Por
expuesto en

toda

la

la iglesia

casa se difunda un spero olor tomillo

y licor de labarraquc.

VIII

de los escogidos. Hay cierta reserva de hombres que suenan unos das al amparo de polticos locales,
quienes algn nexo los une: un parentesco lejano,
un matrimonio probable, el regalo de un gallo
Pepito Salcedo Gutirrez, miembro de club,
Pepito Salcedo Gutirrez era

al fin

primer cacao en todo, pase muchos das sus


rolandos de charol y sus medias caladas en coches pagados por el situado constitucional.
le

rode lo clsica media docena. Aquel mozo,


aventado desde los das blancos de su miseria,
revivi el apellido paterno, que ya estaba archivado. Entonces Goenaga record la amistad ntima que le uniera con el viejo Salcedo, de quien
Pepito heredara

la

"viveza", porque, juicio

sus contemporneos, al viejo Salcedo

que

le faltaba

lo

de

nico

era volar.

Pepito fu tuteado por afecto. Beb le estima-

ba cada vez ms. Qu mozo tan bien inspiraexclamaba en la jerga oficial


do!
Ah! |si

JOS RAFAEL POCATERRA

I20

muchas madres de familia lo hubieran sabido!...


A ciencia cierta no estaran echando grandezas
por ah esas ridiculas Belzares, que estrenan todos los domingos...

Muy

indirectamente,

al

rumorarse

matrimo-

el

nio de Beb, el seor vicario manifest deseos

de

ser l quien bendijera aquella unin.

caciones de misia Justina,

el

Por

indi-

plazo matrimonial

quedaba voluntad del doctor. En

fin,

que no se

poda ser hoy, podia ser maana...

fjaba fecha:

A la se-

Edificaba aquella sala de los Belzares.

humedecan los ojos al pensar en las


de que se privaba el difunto Belzares. Ver otra vez la abundancia y la comodidad
en su casa, como cuando l era administrador de
Rentas! Hasta se senta inclinada perdonar
Crespo, y se acus de la alegra que tuvo por el
balazo de La Carmelera. Apasionamientos huora se

le

iatisfacciones

manos! Dios
frir

le

haya perdonado

lo

que hizo

su-

Belzares!

Ay, hijas! exclamaba consternada.

Seis

aos sin puesto, y todo por haberse negado


venderle un derecho que tenamos en "Los Congrios". Pero

Dios es muy grande!:

sin riquezas, sin

dos hijos

ningn apoyo,

el

sin

marido,

Seor

me trae

la casa!

Para aquella fecha, y

como

vivan en

Camoru-

CO, instalaron telfono. Maravilloso aquel aparato! Verd tenia razn, {Valencia estaba muy ade-

lantada!

De

ah

que

los

primeros das

el

transmi*

EL

DOCTOR BEB

121

sor no tena descanso. Ya era Bella que solicitaba en las tiendas telas absurdas, Carmen Teresa encargndole al marido que cuando se viniera
deba recoger las cucharadas en la botica de Herrera. Algunas veces misia Justina, con voz atronadora que se oa en el vecindario, solicitaba
en las quincallas "calleras para hombre". Pero la
que siempre asaltaba el aparato era Josefna:
Despacho Ejecutivo!

Una persona que desea hablar con


Beb.

S,

con

mismo.

Oye, eres t?

Ahora me convenc.
Tampoco.

S, se

qued dormido.

Ms tarde.

S,

-S.

No.

desde

el

sbado.

el

doctor

JOS RAFAEL POCATERRA

122

N es necesario. A
Que menos que

menos que

t lo creas.

t lo creas.

Digo

que...

Hasta

la

...

menos...

que

t...

lo creas-

noche, pues.

Antes es imposible.
Por muchas razones.

es preferible.
Hasta luego.
S,

iTontol
Ado, pues.
El 19 de

Marzo Pepito tuvo un aumento de

cuatrocientos bolvares en su sueldo. Era da de

Beb conmoQu corazn de hombre! qu

su santo. Aquella delicadeza de


vi

la familia.

nobleza! Misia Justina lo hall exacto Belzares

en sus cosas. Entonces la existencia se hizo gratsima. Los antiguos mediodas de apuros haban
pasado. En
la siesta

la

casa silenciosa, mientras se dorma

y el sol calcinaba el cemento del patio.

EL DOCTOR BEB

I23

de dulce sobre sus anafes borbotaban


de melazas y de huevos hilados. Por las

las pailas

delicias

tardes, se detenan siempre en las ventanas ami-

gos de

la familia.

Unas parientes del Ave Mara

Sanchcra se pasaron dos meses con

ellas.

Sa-

de dos

muel Poncio escribi un vals criollo


partes, una triste y otra animada, con coda del
gnero chico. Lo puso "Josefina", dedicndoselo Beb; pero Daz Pea, que no era el otro
extremo de lo que los chicos llaman en sus juegos "prenda de oro", escribi otro vals: "El Colaborador", y se lo dedic misia Justina. La
familia engord. En el mercado, sabase por los
datos de las cocineras, se gastaban cuatro y cinco
pesos diarios, sin contar la cuenta corriente de
Vilario, el pan, la leche, la carne y otros extra-

ordinarios.

Los domingos entre semana, paseaban en


victoria seis bolvares la hora. Ese frenes de
malbaratar que explota en los pobres de nacimiento cuando disponen de dinero, creca y se
sobrepona la prudencia de la seora, que ya
conoca esplendideces efmeras, pero que pesar
de eso, se anegaba en satisfacciones y se dejaba
arrastrar por los caprichos de sus hijas, de bata
de muselina, con los anteojos cabalgndole en la
grupa de la nariz, examinando el punto de la con*
serva, ponindole un cordn nuevo los escapularios balanceando su obesidad respetable tras
el

paseo de sus

hijas y

de

las

amiguitas entusas-

JOS RAFAEL POCATERRA

124
tas,

para

de

la

ir

caer

como una mole en

Caja de Agua en

los

escaos

mecedor de

el

"los

gorros".

En todas

las existencias,

bles, algunos das

de

aun en

las

ms misera-

piedad divina caen como

la

como

roco se evaporan ms menos


bochorno de la hora igual inmutable que nos vive y que nosotros creemos vivir.
Pepito llegaba las diez la ofcina, una hora
despus que Beb; lea los peridicos Las trece
noches de Juanita^ bostezaba, hablaba mal de
alguno, recitaba Vargas Vila, fumaba tendido

roci y

pronto, bajo

en

la

el

poltrona, elevando

al

techo largusimas espi-

de humo que se desenvolvan suaves y vagas como aquellos das, si no se marchaba al saln presidencial compartir los piropos que Blanco Barboza, Octavio Nougu y algunos ms desfloraban de ocho once y de tres cinco en los
sillones que sus traseros han desteido. Suerte
rales

de ablucin diaria que nuestros parroquiales hacen en cada piscina sucursal de la Lourdes poltica, en donde se baan todas las horruras que
nos vienen de Caracas por tren rpido. Goenaga
casi

nunca se baa

all.

muy

Asiste

poco. El tiene

regadera en su casa.

Beb, cada vez ms enamorado de

pensaba en otra cosa.


ella se

pensin,

la
la

como

encomendaba
libertad

el

Finita,

no

intercesora eficaz,

buen xito de una

de algn preso,

para un sobrino... Porque, nia

el

puestecito

sola decir

ella

EL
confidencialmente

que

DOCTOR BEB

es

incapaz

I25

de negarme

lo

le pida.

Pdele que te pida repuso

insidiosamente

Isolina.

Pero no;

sabia cundo.

Ya

venzuelo cualquiera.

Acaso

verian...

ya

era un jo-

veran...

Lo

que es el g^usto de bajar y subir la escalera de


los palcos como presidenta, con himno de Landaeta y todo, ella se lo dara. Ya veran. Hasta
tuvo el buen gusto de seguir siendo amable con
las Montesillo. Ahora se daba el placer de invitarlas... Isolina asista poco fiestas. Era de esas
criaturas que parecen tener ms muelas que los
dems: tal es la suma de caries que las martirizan. Debajo de puentes y orificaciones, cada caverna encerraba un nervio vivo

Hubo que llevrsela las


tonces Ana Luisa, quien

como una

Trincheras;
la

ostra.

pero en-

cesanta de amores

decoloraba, los emprendi con un guarda-agujas

de

la

estacin y

familia para

don Cruz carg con toda

la

Antmano.

Cierta noche,

al saltar la

tapiezuela en calzon-

Beb no hall la ropa que tirara adelante.


Muy azorado anduvo en cuatro pies buscando el
vestido. Nada. Se lo haban robado. No estaba
ni enganchado en las tejas, ni por todo aquello.
Se vio perdido. Aunque era muy tarde, podra
cillos,

as,

en calzoncillos, atravesar

casa? Era espantoso.

piado? Corri hacia

las calles

Y luego quin
la

esquina.

hasta su

lo haba es-

No

se vea

JOS RAFAEL POCATERRA

120

nadie. Volvi

nada...

al callejn,

Ya

iba

em-

prender camino, temiendo amanecer en aquel


estado, cuando advirti un

hombre que hua

ha-

cia la Avenida. Sin pensarlo, sin pantalones, co-

de aquel hombre como un desesperado.


que hua iba lejos y tena buenas piernas.
Eh! ehl el amigo! el amigo! un momento!
Corri dos cuadras. El corazn le saltaba, las

rri tras

Pero

el

sienes le latan, el hgado le pesaba una arroba.

Se ahogaba de

rabia,

de

susto.

Estaba absurdo.

Entonces, ya llegando los puentecitos de

de mampostera del

ferrocarril, grit:

Prate, vagabundo, prate!


Prate?

gracias

que dej caer en

la carrera

el palt.

Un sujeto de lentes y de sombrero de Panam


que estaba sentado ah, recogi la prenda cada.
En aquel momento lleg Beb casi asfixindose.
Eso es mo.
S, seor, mo no es, aqu lo tiene usted
se lo alarg, quedndose admirado ante aquella

rara indumentaria.

Pero en aquel

instante, la luz del foco el su-

qued estupefacto. Le haba conocido.


supo qu decir. Beb rugi sordamente:

jeto se

No

Maldito

sea,

no son

los pantalones!

y se

cal el palt.

Doctor, Guillermo Huerta Gonzlez, un sersujeto salud con


vidor. Y
sombrero
el

aquel magistrado en calzoncillos.

el

EL DOCTOR BEB

Ya

I27

conocido, Beb sonri forzadamente y enHaba un calor horrible...

sart excusas vagas.


sali dar
ro...

En

una vuelta;

le

provoc baarse en
as... le robaron

su tierra se baan

ropa, y se puso perseguir

mismo que en su

al

ladrn...

el
la

as lo

tierra.

Jadeante se sent en

el

pretil.

Sentase humi-

llado.

En

Valencia hay mucho ladrn

exclam

Huertas Gonzlez con tono definitivo.

Beb crey

percibir Eorna su voz.

Una atms-

de despedirse.
Entonces el otro le protest su reserva de aquel
lance desairado y, por otra parte, capaz de ocurrirle cualquiera. A l mismo, sin ir ms lejos, en
das pasados le robaron una bigotera de su cuarto,
habiendo perro en la casa. Era el colmo. Ambos
se pusieron en camino hacia la casa de Beb. Por
el camino Huertas Gonzlez fu ensartando historias de robos, coincidencias telepticas, casos
espeluznantes que haba ledo enFlammarin.Al
llegar la esquina de "El Empedrado", refera
haber visto en un peridico que ya cuando Moiss se conoca el esperanto. Beb no le contesfera ridicula le agobiaba. Trat

taba; pero l quera manifestarse ilustrado y culto

la vez, y le arrancaba algunos monoslabos

Beb, que

Ya

en

dialidad

la

as,

en calzoncillos, se senta

sbita

acompaante;

despidise de

le ofreci

aquel

su amistad.

feroz...

Con

puerta de su casa, respir.

cor-

extrao

Le exigi

JOS RAFAEL POCATRRA

128

una

para despus, ya que no quera pasar

visita

adelante per

muy

las circunstancias

la hora.

Estaba

agradecido.

Maana, doctor,

maana me ser grato ha-

cerle una visita.

Lo recibir con mucho gusto, joven.


Pocos das despus, Finita, muy sorprendida,
le preguntaba entre dos besos chupados:
Y ese tal Huertas que va con un puesto
para Puerto Cabello, negro?
Es un... un mozo amigo mo, Imuy callado!!
Tuvo vergenza de referir aquel incidente ridculo. Y embargado por ideas antipticas, oy
la serie de quejas. Ya l no la quera; se lo no-

taba.
as,

Ya

pareca fastidiarse; ella lo comprenda

estaba harto...

Y se

puso

llorarle

media voz su resenti-

miento...

Una semana despus supo que

se escriba

con Isolina Antmano. En un rapto de celos


quiso araarlo, lo insult, se resisti cogida por
las

muecas... no,

Quera

irse,

manos de

no

lo

dejara acercarse ms!

soltarse, desaparecer; y

cuando

se aflojaban cansadas,

ella salt

las

su cuello apasion'idamente, tratando de besarlo,

aunque

esquivaba

el rostro;

se abati sobre las rodillas del

Hubo

protestas.

|e informara;

por quien se

No

era

y toda su clera

hombre amado...

era cierto; menta quien tal

ella,

sacrificara,

ella quien l quera,

por quien todo

lo diera,

EL DOCTOR BEB
hasta la vida, hasta

la

1 29

presidencia del Estado.

Otra sombra se interpuso: aquellos amores as,


de noche, saltando tapias, eran peligrosos. Haba

que combinar la manera de verse, de hablarse


sin riesgo. Podan sorprenderlos, y aunque l
comprara la sirviente, el da menos pensado...

Y entonces?dijo ella desconsolada.


Hay que tener juicio.

No tenas tanto
Es que era
Distinto? Cmo

antes!

distinto, nia.

distinto?

frunci

el

ceo.

Beb

vio venir la tempestad.

Pero,

S,

soy... lo

me

digo que era distinto.


que entonces yo no era... lo que
que t me has hecho ser... lo que ahora
nia,

s...

echas en cara!

un llanto amargo, sincero, colmado como

un ro en creciente con todos los limos de


un llanto que es

ta,

los

como

saliva

el

la fal-

rostro de

la hizo domanos y caer contra

miserables que lo hacen verter,

blar el cuello, retorcerse las


la

en

madera del lecho sollozando.


El,

por consolarla, mezclaba frases piadosas y

frases brutales:

Pero no seas
si

oye...

no

yo no

yo no digo eso,

oyes... llora, pues, mtate llorando!...

negrita,

pues!...

Si

me

tonta, mujer. Si

eres una necia...

No

llores

ms,

oye, mi amorcito... Ests insoportable!


lo

digo por eso.

No

entiendes? Bueno,
9

JOS RAFAEL POC ATERRA

130

qu demonio! Pero vas seguir llorando? oye...

Nada

oa;

rechazaba palabras y caricias con

gesto seco, firme;

samente de

las

lgrimas

le

los ojos negrsimos

ancha ojera

azul.

corran silencio-

rodeados de una

La boca pequeita

y roja, por

primera vez, desdibujaba sus lneas insustanciales

en una mueca amarga y

fra

que destacaba

la bar-

billa plida.

Sollozos en tumulto le agitaban el

pecho, y con

la

tranquila impudicia del dolor, sin

cuidarse de las mangas del tnico rodadas, apo-

yando

en ambas manos, y stas en las


el rostro que nuevos hilos de

la frente

rodillas,

ocult

llanto cruzaban otra vez...

Era odio? Era Resentimiento? Era humilla-

No

cin?

que se

pero algo senta en su corazn

saba;

le iba

desgarrando; algo intenso, profun-

do, recndito...

De

esos desgarramientos que sin

rumor casi, al borde de las barrancas inundadas


hacen las crecientes, cuando descuajan lentamente los grandes rboles y los arrastran entre la es-

puma

las luces plidas

Beb, agotada

la

de

la

madrugada.

paciencia, vindola dispuesta

no dejarse consolar, se vesta silbando.

Aquel domingo en

la tarde,

Carmen y

su ma-

rido estaban en el matince; ella quedse en casa

con Petronila y despach luego sta. Beb entr por la puerta de campo que daba al callejn
del rio.

Abotonndose
clam:

el

chaleco, por decir algo, ex-

EL DOCTOR BEBE

I3I

Me voy. Es tarde; esa gente ya debe venir


y vio su
S

continu. Las cinco menos cuarto... y

por ah

reloj.

vienen las

me

con

tres...

pueda

tal

salir sin

que

vean!

Ella deba

asomarse

la

ventana para espiar,

como de costumbre, cundo poda l


pero como obstinada en una idea

escaparse;
fija,

no se

movi...

Beb, impaciente,

le dirigi la palabra:

Oye, me voyl anda,

asmate.

Tenan sus palabras un eco de desprecio, de


mando; l mismo percibi el acento burdelesco y

de reponerlas un tono

trat

jovial:

Ya van dar

las cinco, negra!

La nia se ech

el traje

en silencio, y cuando

fu asomarse, pasndose la

mano por

por

l la ataj

las

dole

mejillas encendidas,

los ojos

y
roden-

la cintura:

Mi leona!
No

resisti.

signada, en
sin rubor,

Contest con una voz

donde

desfalleca

mucho

triste,

re-

orgullo, casi

dejndose estrechar:

Mi querida! ms

bien...

Siempre sumisa, sin contestar las protestas


atropelladas de l, se abandon una vez ms en
sus brazos, dcil sus caprichos, encerrando el
ardor arrebatado de las antiguas horas de amor
en una actitud obediente, pero como ajena al
placer que se comparte, tan habitual en las con-

JOS RAFAEL POCATERRA

132
cubinas,

si

alguna vez tuvieron una pasin ver-

dadera, y en los disppticos que dan banquetes.

Un
ojos

estupor inmenso

muy

ba ido

la

dejaba en

estaba

si

ah...

el lecho, los

de

abiertos, sin apercibirse

si

l se ha-

coordinaba pocas ideas

y sufra un profundo malestar... Una angustia,


una desazn, una tristeza vaga; pero al mismo

tiempo pensaba que no poda dejar de pertene-

Lo amaba mucho, mucho, mucho... vctima,


mismo si era por l...

cerle.

elegida humillada, era lo

No,

no se

Aquello era una mentira

casara.

para que ella consintiera. La tranquilidad con

que desviaba sus insinuaciones

as

se lo daba

entender... Aquella perpetua frasecita


ca entre

que

le

de-

un par de besos: "el matrimonio es

tumba del amor",

frase

que

la

tambin haba

ella

ledo en alguna parte y que le pareca, dicha


as, con indiferencia, una desilusin, una amenaza...

acaso

Cmo
tigo,

feo,

de un pecado imaginario.

el castigo

fu? Dios mo, quin lo sabe!

Un

vr-

una hora menguada; era horrible, era muy


pero era

divino...

poda remediarse

el

Con

todo,

si

l quisiera,

mal, seran tan felices!

despus de todo, cuntas no haban pasado por


lo

mismo, y

tas,

cuntas

sin embargo!... Pero


otras!...

tambin cun-

Un recuerdo

aquella Juanita, aquella

la

tortur:

muchacha que haban

la de los amores con el panaQu horror! Una maana dio luz all

criado en su casa,
dero!...

afuera, en el solar. Petronila al

entrar sinti un

EL DOCTOR BEB
quejidito...

Cuando

133

mam,

avis alarmada su

todas corrieron. Petronila lo tom en brazos; era


un infeliz recin nacido, medio coloraduzco, los

pegados, calvo, tan

ojitos

Aquella idea

la

cerca; tena entonces

recin nacido,

sucio...

tan sucio.

hizo estremecerse. Ella lo vio de

as,

mucha curiodad de ver un

acabado de

salir,

como

si

di-

jramos, porque los que ella viera antes no ofre-

muy

can gran inters; todos

gordos como

blanco,

limpios, fajados de

cannigos... Este no: el la-

bio superior partido, enseaba las encas. El doc-

que era lidparo,

tor dijo

lidptero.

Una

pala-

bra, as, rara...

De

pronto sufri un desvanecimiento, una

oleada de sangre

le

inund

el rostro

y baj luego

helndole los pies y las manos... Despus sinti


como un nudo en la garganta y una obsesin inquietante de asir algo blando.

Su estmago

se

contrajo, y sin dar tiempo correr hacia el tobo,

vomit un liquido blancuzco, con estriaciones

de flema y de bilis.
quiso llamar... Inundada en sudor

amarillas y pedazos

No

fro,

se-

refugi en la cama, la cabeza se le iba, algo ardiente,

como un vino

viejo, algo

venas hasta su corazn hacindolo


te,

como respondiendo

casi presentido,
lla

suba por sus


latir

dualmen-

otro latido, recndito,

que formaba

la

sangre tumultuosa desde

armona de aqueel

fondo de

los

ovarios.

Das despus, en un rapto de abandono, con

JOS RAFAEL POCATERRA

134

un orgullo miedosO; temblando de emocin, se


lo confes...

La fisonoma de Beb enserise ms que de


ordinario, una mueca angular de contrariedad
mantuvo su semblante perplejo. Ella, escondiendo la cara ruborosa en su hombro, esperaba que
aquellos brazos que

la

rodeaban dbilmente,

estrecharan, que un beso de

amor

la

desflorara en

sus labios aquella confesin ntima, con el fuego


del

macho que

se siente creador;

que sus

la-

bios acudieran palabras,'palabras locas, pero que

sonaran contento de amores. Los brazos se


aflojaron

ms hasta

soltarla,

de

los labios

con-

trados cay una palabra seca, contrariada:

Qu broma!...
Y

de sus lgrimas pudo


verle, l mova la cabeza de un lado otro, repitiendo aquella frase media voz:
Qu broma!... jqu broma!...
cuando

ella,

travs

Con una

frialdad humillante agreg:

Bueno, ahora hay que tener


Tener juiciol Era

con

la

la

juicio.

eterna palabra. Todava

cabeza inclinada, llena de confusin, vol-

va escucharle aquella frase

como deprimente, sin afecto, sin


en momentos en que ella esperaba un

ba, dicha

ternura,

ambigua que sona-

as,

pecho noble donde reclinar consolada la frente


que esconda. Siempre inclinada ante su contrariedad, experimentaba una sensacin de culpabilidad, mientras l daba su actitud un aire de

DOCTOR BEB

EL
dispensador...

supo que
detalles

con

En

I35

su turbacin, ella

no dijo nada;

protestaba cosas vagas, que


insistencia:

cundo? Crey

cmo

oirle algfunos

peda

le

desde

lo saba?

trminos extraos:

"consideraciones", "era una fatalidad",

"todo

tiene remedio" y sobre todo "pensar con

mucha

calma, nada de imprudencias, confiar en


fiar

mucho en

Yo... yo creo en
te

yo

que

mi amor?

l,

con-

l..."

no

Que no me

arrebatadamen-

t;

le dijo

me

abandonars, verdad,

dejars ahora

asi...

Dmelo,

dmelo.

Se

arroj su cuello

iQu cosas

como

loca.

nia... Por qu
voy abandonarte ahora?
Ella le bes en los labios:
Ni ahora ni nunca, no es verdad? Ni ahora

tienes! Eres

una

ni

nuncal

se estrechaba l buscando un refugio en

los brazos

amados, tratando de vencer una

resis-

tencia invisible que flotaba entre ellos y que procuraba l dominar con pueriles protestas.

Pero, oye, ten calma.

Dime,

dime...

Sentada en sus rodillas como una chicuela, co-

menz escuchar
era una

que l le haca,
de su leontina. No

reflexiones

mientras jugaba con

el dije

locura proceder tontas y locas?


Aquello tena que pasar; era cuestin de tacto;
eso s, nada de imprudencias, nada de locuras!

JOS RAFAEL POCATERRA

136

La voz de Beb se

iba velando;

medida que

hablaba, conocase que buscaba un camino para


deslizar consejos; con la mano de ella cogida le
daba palmaditas en la pierna:
Yo mismo, yo que soy mdico, conozco
modos y medios de que eso no suceda. Es tan
fcil evitarlo...! Ahora que es tiempo... sin demo-

rarse... sin

De

demorarse.

pronto, Josefina se puso en pie. Haba com-

Muy

prendido...

plida, cerrando

los

prpados

con fuerza, abrindolos luego como asombrada,


protest altivamente:

No, no. Eso nunca!


Pero,
qu tienes?
No.
Te aseguro que nada sucede... nada absolutonta,

tamente;unapapeletica,unapldora... Cuestin de

Adems, yo estara en cuenta para el caso...


Una ola de sangre le ba el rostro:
Lo que me dices es horrible... No sigas. No
quiero que me digas eso... no... nunca. Prefiero
nada!

todo... todo...

Un escndalo? Bueno. Yo

estoy

desamparada. Mi pobre mam, mis hermanitas.


Ah

es

horroroso esto; es horroroso!

Se sujet

la

frente con las

manos, y sin or

nada, estall en sollozos y en reproches:

Ya, qu
gafiastc?

ms quieres de m? No me en-

No te has

burlado?

No he sido todo

lo

que t has querido? Dios mo! Y ahora pretendes...


La voz se ahogaba en su garganta:

DOCTOR BEB

EL

137

Eso infame, infame! [Eso


Te busco
Qu cabeza

nunca!...

es

el modo de
que salgas bien, sin escndalo, por ti, por tu familia, por m mismo... y qu me contestas?
Que soy un infame, un bribn, un... Vaya, que
exclam trantando de impoesto ya es ridculo!
la tuya!

nrsele por la clera

todo

el

mundo

Qu

prefieres?

Que

se aperciba, que haya el escn-

dalo, o que, siguiendo mi consejo, salgas de eso?


Crees que es un crimen?

S, s es.

Qu tonta! Un crimen? Un crimen


tiera el ser, algo consciente;

si

exis-

pero un embrin, un

existe... Crees
que yo te aconsejara una mala accin. Ah! eso
no lo hara jams... Acaso lo que te propongo
est nada ms que en tus manos? No! Eso es mo
tambin; yo tengo derechos... derechos que t
me has dado, que yo reconozco, que yo no puedo
aceptar de otro modo que de ste: salvarte a ti y

embrin, una cosa que todava no

matar eso.
Las palabras cnicas caan con una lgica de
sacos de estircol, una una; framente veces,
veces con el calor de quien se

empea en

denciar un propsito, en otras con

la

evi-

suavsima

insinuacin revestida de afectos...


Josefina, cada vez ms plida, le oa. Instintivamente retirbase cada nueva palabra como

ante una amenaza...


terrumpa:

De tiempo

en tiempo

le

in-

JOS RAFAEL POCATtRRA

138

Ah! eso nunca. No, eso nunca.


La

ira

que antes

miento que

la

pona sumisa,

la

el resenti-

inquietaba, las amenazas que aho-

gaban todas sus protestas, ahora se estrellaron


ante las palabras firmes y

Entonces

el

semblante

plido...

opt un recurso extremo. La es-

trech entre sus brazos, colmndola de caricias

enloquecedoras; apretndola contra su pecho,

de convencerla amoroso y rendido...


Eran splicas, gemidas dulcemente, eran ruegos
por el amor que le tena, por ella, por l, por lo
trataba

que ms

quisiera.

Mi vida, hazlo por


lo espantoso!

t,

piensa en

el

Tu nombre en boca de

escnda-

todos.

Yo

mismo, qu podra hacer despus de semejante


el mal, aunque qui-

escndalo? cmo remediara


siera?

Cmo?

Pero

la nia,

jDmelo, ver, dmelo!...

sacando energas desconocidas,

en brazos del amante, debilitada por

el calor

de

su pecho, todava se sostuvo:

No, mi amor, nunca!


Entonces?

Entonces... nada. Suceda


ra.

Yo

s que t no

lo

te casars ya

que Dios quieconmigo.

Pero...

No, no

te casars

afirm

resuelta

yo lo

no de ahora. Te quise, fui tuya hasta donde


puede serlo una mujer que quiere como yo te
quiero... |Ya... ya ests harto de m! Ahora te
molesta que yo est embarazada! Temes el es-

s, y

EL DOCTOR BEB

39

cndalo; quieres obligarme una mala accin

por tu nombre, por tu puesto, por el qu dirn.


no puedo nada contra ti. Y aunque pudiera,
te quiero demasiado para hacerte el ms peque-

Yo

que me propones, yelo, no


insistas... Lo que me propones, nunca. Eso nunca; me da asco; no me lo digas ms, no quiero
que me lo digas ms.
Y t le pregunt con voz casi despreciativa
prescindes de todo, de tu familia, de la

dao...;

pero

lo

sociedad, de?...

De
nar

mi familia? Mi familia no me abandot. La sociedad? ya no puede imporDesde que hice contigo lo que hice, no

como

tarme...

me ocup de

ella;

acaso t mismo no

me

ense-

aste despreciarla?

En vano

ensay todo.

repasar de un extremo otro


dia.

la

No

consigui sino

virgen loca, herida en lo

del sexo, de su herida

le

de su comems profundo

el rol

brotaron flores

como

de poda nueva; al fecundarse recuper una dignidad extraa; y erguida, altiva, concluy asegurndole que perda su tiempo, que sucediera lo
que sucediera ella vivira para que viviera aquel
ser desconocido, aquel pobre ser inocente que
desde la sombra de su falta, entre el mismo desprecio que trataba de abatirla, asomaba su carita color

de

rosa...

Esa madrugada, Beb se prometi no volver


ms. Arreglara aquel desagradable incidente del

JOS RAFAEL POC ATERRA

140

mejor

modo

tan

buena

Un

de

posible. Cuestin

dinero! Pero era una

dinero...

broma pesada! Diantre,

mujer!

la

espermatozoario trepando hacia

maldito

un insignicante germen despreciable y abyecto le costara, cuando menos, quinientos mil


pesos. Era el colmo!
Muy preocupado esa maana, oy las conarriba,

versaciones de costumbre.

poco entr Pe-

pito:

Sabe, hoy ha amanecido Josefina muy quebrantada.


S? repuso inmutarse y se dije
lo

sin

esa nia; deba tomar con juicio su glicerofosfato.

Eso es anemia. Lo mismo que

Es una
familia anmica. Bella es caquctica, eso no te
tu mujer...

quede duda. Bella es caquctica.


Y qu opina usted para eso?

Pues...

fortificantes...

reconstitu*

hierro...

yentes...

Me dicen
Beb

que un temperamento.

vio un relmpago.

Ah!

s.

Unos baos de mar; ese

es el mejor

remedio.

S; pero,

por ejemplo, cmo

me

las llevo

Puerto Cabello?

Lo mismo que tienes aqu.


Carmen...
Yo
Josefina. Sobre todo
Bueno. Y
las

llevara

Bella...

Josefina.

crees que ella est

muy

bien, por-

EL DOCTOR BEBE

que

la

veas

as

gorda... Ella es robusta y

que quieras; pero, ya


mica.

No

S;

te digo, esa nia

todo

lo

est an-

tienes sino verle el color...

ahora das

Tambin esa nia

Ah

s;

daban mareos. Dos

le

veces tuvo vmitos.


to.

I4

muy desvelada, sin


es muy caprichosal

pero, mira, es

cuestin

tres

apeti-

de

ca-

rcter.

Guardaron ambos

silencio.

De

pronto Beb

le dijo:

La pobrel Si

te quieres llevar la familia,

yo

te ayudo.

Pepito reflexionaba,

Es lo mejor

que puedes hacer; siquiera un

par de meses!

Bueno dijo semi-resuelto

yo se lo voy
proponer hoy mismo.
Despus hablaron de asuntos del servicio.
La misma tarde, Pedro el portero llev una
;

cartica para Josefina. Eran cuatro lneas

lacni-

"Acepta la proposicin de tu
cuado. Es necesario que la aceptes. Hablaremos.
imperativas:

cas,

Confa en m. B."

Al

recibirla tuvo

una jaqueca horrible. Misia

ponindole compresas de agua de colonia, murmuraba malhumorada:

Justina,

Estas muchachas de
tes una,

ahora, yo no sl Ancuando tena novio, aumentaba quin-

ce y veinte
lor,

libras,

estaba contenta, de buen co-

respirando vida. Ahora parece que con es-

JOS RAFAEL POCATERRA

142

sumen; todo se

me

les

va en

Dios! [As est

rido se
dira

la

que

cilagos.

chupa!

los

la

y ojeras. Vlgaparece que el ma-

flatos

otra;

contiguo

peor...

Cualquiera

novios no son novios, sino mur-

IX

El tren de las tres parti

al fin.

Hasta ltima hora, ya en el vagn, entre su


mam y Carmen Teresa, despidiendo las amigas

que fueron acompaarles la estacin, esperaba que l llegara en un coche, escape. Cada
carruaje que entraba hacia el andn le pareca ser
el de Beb, y con desaliento vea salir de l
un seor gordo, el cura de Naguanagua, un
paciente que iban baar Las Trincheras.
Nada. No vena.
Pepito dio abrazos calurosos en
saludaron con los pauelos

las

el

andn. Ellas

amistades que

despedan, y lloraron, por esa costumbre de


derramar lgrimas en cualquiera estacin en el
las

de difuntos desconocidos.
En las dos horas de viaje apenas si Josefna se
fij en las caras indiferentes de los dems pasa*
jeros. El paisaje, desde las ventanillas, era de
una tonalidad gris, con grandes manchones de
velatorio

niebla y de

humo que

veces se descorran para

JO^E RAFAEL POCATERRA

144

mostrar caaverales corrientes de agua


<:Iara

muy

entre peascos azules.

El no haba ido.

No

haba ido. Ni un simple

recado de despedida. Por todo, aquel papelito imperioso:

"Acepta

Es necesario que

la

la

proposicin de tu cuado-

aceptes; confa en m..." Es-

muy ocupado? No, cmo

antes no lo estaqu lejano, y apenas haca cuatro meses, vea todo aquello: los sueos enloquecedores, las promesas ms enloquecedoras an: l detara

bal Antes...

una casita,
con enredaderas,

jara la poltica, se iran lejos, solos,

una quinta. Ella la quera

'as,

con rboles grandes y telfono; pero tambin


de
pronto, nada de eso era cierto: la bruma se ras-

prefera una casa central, bien amueblada... y

gaba, caan los castillos de baraja, no quedaba


en pie ms que aquella verdad desnuda, desnuda
y

fea...

Un abandono

vulgar, con su cortejo

de

mortificaciones, con su eterna historia de la pro-

mesa de matrimonio, y la cada, igual siempre


para la pobre muchacha de alcabala que para la
seorita de la calle Real.
Un aire puro, penetrante, impregnado de sales
resinas, invada el vagn, en donde los espede
y
jos invertan el paisaje multiplicando los rostros;

entre ellos el semblante distrado de su hermana,


quien su marido le indicaba un picacho, alzan-

do

la voz,

que

rabillo del ojo

el

ruido del tren apagaba; con el

observ que Carmen Teresa esta-

ba alegre, infantilmente alegre, como muchacha

EL DOCTOR BEB

45

que por primera vez viaja; y deca atropelladamente todas las incomodidades:

Las pobres
ganizando

el

eso; pero fu

mam

y Bella... All estarn or-

desastre...

En

una carrera, un desbarajuste. T

traes la receta del doctor

frasquito

de

las gotas...

se deba quedar...

grama

ya salimos de

fin,

No

Ya

Raz?
se

me

se

qued

el

ponia que algo

se te olvide poner el tele-

al llegar...

Pepito buscaba en los carrieles:

|No, aqu est

el

fulano frasquitpl

Sonrieron. Luego echse hacia atrs, encendi

un cigarro y se absorbi en

la lectura

de

los pe-

ridicos.

Josefina record aquellos das de preparativo:

de los bales, las indicaciones Pepicuando fuera una semana antes buscar casa

los rtulos

to

en Puerto Cabello; deba estar situada junto

al

mar cuando menos que se viera bien. Y de alto.


Las casas de alto son mejores... Tornaba ver el
corredor con los equipajes,
cesta,

las sombrereras, una


dos bojotes, un cajoncito de fideos para el

reverbero y los remedios de Carmen Teresa, la


botella de glicerofosfatos, envuelta en un nmero de Can. Misia Justina crea que no estara

dems

llevar

una pimpina y

los bacines;

pero

Iqu ocurrencia! iban cargar con todo aquello!

Lo que faltaba era que llevaran


y

la jaula

del loro

la perrita!

Josefina no discuta... varias veces, en mitad de


10

JOS RAFAEL POCATERRA

146

guardando un sombrero envolde dientes, quedbase perpleja, con la frente apoyada en la tapa de bal. El
da antes, del cofrecito de recuerdos donde aU
temaban una estampita de su primera comunin,
el programa de cierto baile, una receta para las
los aprestos,

viendo

el cepillo

pecas y los versos de Guillermo, tuvo un acceso


ira que termin en llanto. Pero los flatos no

de

intranquilizaban la casa: ahora no eran los gritos

de

antes, las palabras mordaces: el llanto solita-

disimulado con abluciones en los ojos y pasadas de mota, se desbordaba calladamente desrio,

fondo de sus sufrimientos, y caa gota


gota sobre los papelitos apasionados que, orde-

de

el

nados por fecha, comenzaban con

el

"estimable

seorita", y pasando por el "amor mo", **mi idolatrada", terminaban con "mi negra querida",

reprendan severamente:

"Josefina".

aquellas lgrimas que enfurecan su

Ocultaba

mam y que

sus hermanas reputaban de ridiculez; pero volva

ellas con un placer extrao de desesperarse


s

misma, figurndose escenas terribles en que

lo

sucedido provocaba un conflicto entre su cuado


y Beb...

De

pronto, sobrecogala un miedo cer-

val y se internaba en

devociones patticas en

optimismos inefables. No,

no era malo,

la

quera, cuando aquello sucediera, la querra ms.


Acaso no lo senta ella as? No era eso lo natural?

Por

fin

lleg el da del viaje. Tres cartas y dos

EL DOCTOR BEB

recados quedaron sin contestacin. En


las ocho, estando todos en

el

la

47

maana,

corredor despi-

dindose de varias vecinas, lleg Beb en coche,

muy de carrera; dio disculpas aceleradas; estaba


muy ocupado; el mismo Pepe poda decirles. Ella
de hablarle aparte. Las dems procuraban
escurrirse. En un momento dado, cuando la conversacin general cubra las medias voces, ella
trat

le dijo:

Me abandonas,

lo

comprendo.

No

siquiera un poquito de afecto ahora.


da, su acento era

amargo y firme

tienes ni

Muy pli-

pero

repuso

con presteza:

No seas tonta! T
quila.

Y
que

Eso

alzando
les

te convencers.

muy

que comieran mucho

bien,

pescado, declar que

l le

el

presento

pescado.
all;

el

Un domingo de

el

fsforo

estos

me

tendrn que darme de almorzar.

No deje de avisarnos
resa,

mucho

gustaba

pescado frito, sobre todo el mero...


Y que parece mentira aadi
les

tran-

voz, al despedirse, desendoles

la

fuera

que tiene

Vete

lo arreglo yo...

le

rog Carmen Te-

previendo los desastres de una sorpresa.


protestaron

el

placer tan grande que aquella

visita les dara...


las manos de todos; oprimi con ms
de Josefina y vindola con lealtad los
ojos murmur:

Estrech

fuerza

la

Har

lo posible

por

ir

la estacin;

si no...

JOS RAFAEL POCATERRA

148

Ella lo mir

Si no?
Hasta
En "El

con

tristeza infinita:

el domingo!...

Palito", al volver

de un matorral, bajo

tarde gris, surgi un rumor solemne.

la

Una

lla-

nura ceida de cordones de espuma, volcaba en

cambiantes su vasto hemiciclo de negro humo,


plata y jaldes desteidos.
El

mar!

Algunos
caseta de

instantes se detuvo el tren frente la

estacin.

la

Detrs,

muy

muy

lejos,

vagamente, en un horizonte de ceniza que era


mar y era cielo, puntos ms negros se destacaban:
sin

duda, alcatraces que regresaban de alta mar,

brumosa de

hacia

la linea

stos,

cercano

la orilla,

los peascos...

asomaba un

Uno de

instante su

desnudez negra y mutilada para cubrirse de nuevo como un moro bajo su albornoz de espuma.
Y luego, reanudada la marcha, ya la visin
dilatadsima comienza percibir

de

las

En

montaas y
la estacin,

la

la

mezquindad

chatura de las habitaciones.

un barullo sordo, un

ir

y venir

de personas conocidas quin


sube dnde; ojos curiosos; una lucha contra pade

gente... rostros

cotilleros; reclamos; carreras inciertas las

por-

tezuelas con un ticket en la mano, carretillas

que

descargan equipajes abrindose camino entre los


grupos.

el

traqueteo de un mal coche travs

de tabiques de madera, de barracas hechas con tablas de barril, de

de

calles fangosas, lo largo

EL DOCTOR BEB
algfn edificio

I49

obscuro con ventanas de barrotes

macizos que hacen recordar misteriosamente los

sombros depsitos de la Guipuzcoana. A veces


un zagun deja ver un patio. Huele alquitrn.
En el fondo hay rollos de cables, aparejos, estopa, un cromo-almanaque de una lnea trasatlntica donde un vapor inmenso se aleja en

la

no-

che, reflejando sobre el agua negra sus faroles


rojos...

Por detrs, encima de

los techos, la lnea gris

del cielo y del agua se confunden...

mas que

flotan

sobre

las

En

las

bru-

aguas del puerto apenas

se acusan lneas duras, opacas.

Son

las

murallas

del Castillo Libertador, en cuyo tope flamea una

bandera que se ve de lejos como clavada en alta


A derecha izquierda las montaas se perfilan, ascendiendo medida que avanzan hacia el

mar...

interior,

y todas son verdes, veces salpicadas

de chozas en las faldas, veces solitarias,


queadas por zonas de bosque con algo de

flanfrio-

lento y de aborigen.

Llegaron. Era una casa estrecha, con dos habitaciones bajas, una de aito, espaciosa, rodeada

por un balconete de madera pintado de azul,


Manglar; la otra faz daba hacia los tejados de la ciudad; pero se divisaba tambin la
mezquita del Hotel de los Baos, un pajarraco
orillas del

dorado sobre una columna y el reloj de los altos


de la aduana, sobre el agua muerta y las cordeleras de la baha.

JOS RAFAEL POCATERRA

150

Una
de

el

escalerilla angosta trepaba vacilante

des-

estrecho corredor de los bajos, donde las

pulgas enflaquecidas saltan por miriadas hasta

el

piso alto.

La primera velada

fu triste.

En

la

pared

le-

prosa del corredor una lmpara daba su luz los


cajones y bales amontonados.

No

haban queri-

comieron de pie. Despus una


vecina, mientras venan los muebles de la estacin, les prest sillas, una mesita, una pimpina

do

llegar al hotel y

con agua y dos vasos.

Carmen y Pepe abrieron

los catres en la salita.

La negra que haca los honores, greosa y activa, colgle una hamaca en el alto. All dormira
la nia muy bien. Las dos sirvientes hicieron
causa comn en la cocina, aun cuando Petronila
dbase por rebajada en compaa de aquella holandesa.

Al da

siguiente, ya

viaron de

la

muy

estacin los

tarde, fu

dems

aquella primera noche, el pulguero,

que en-

bultos;
la

pero

excitacin

del viaje y esa desorientacin de una nueva alcoba en un lugar desconocido, intranquilizaban
Josefina.

Su inquietud

bullale en la sangre, pe-

queas cleras que exacerbaban


oanla extraar

el

las

pulgas ha-

dormitorio en hamaca, y ade-

ms un calor insoportable...
En la calle dos mujeres

se insultaban en un

patois absurdo, sin orse una la otra.

]Dios mol iQu horrible todo aquellol {Qu

EL DOCTOR BEB

15!

das la esperaran! Pens con dolor en su mam,


en su hermanita, en su cuarto casa de Carmen;
el espejo dorado, los cachivaches, la Virgen del

Carmen con

su mariposa encendida yel

cromo de

las "plules orientales", aquella parisiense esbel-

bajo un sombrero de plumas inverosmiles,

ta,

quien envidiaba

comunes

tan

el

cuerpo ylosojos

los ojos negros!

queas comodidades. Se
pasear en bote,
paseos!...

con

le

le

En

claros... Eran

fin,

todas

haban hablado tanto de esos

Y l que vendra el domingo, almorzara


todas aquellas cosas que ofreca

ellos, le dira

decirle en sus cartas de llamada, "tengo


te

muchas cosas"; cules eran? El

como en

las pe-

ocurri que podra

que

llegara,

decir-

ella,

otras ocasiones, se quedara en silencio,

y no sabra ms que verlo intensamente hasta el


fondo del alma, adorarlo, ser suya otra vez, ser

por

para l; as y todo, pero querindolo muPor amor, lo que haba ocurrido no la humillaba: no haba sido ni por inters ni por locul,

cho...

ra.

Ah! no, eso no; era amor, amor pursimo, el

primero,

el

nico de su vida,

bre, sin nadie.

No,

pero... ella sola?


te,

el

ltimo

tal

vez.

aquel otro que deba venir? As, sin

ensay

el

sin

nadie no, estaba

nomella,

Entonces, con energa crecien-

discurso que le dira, pese quien

pesare; unas reflexiones aue no tendran rplica

de puro

cumSe senta capaz para reclamarle


cumplimiento de cuanto le haba ofrecido: era
lgicas, terminantemente: l deba

plir su palabra...
el

JOS RAFAEL POCATERRA

152

SU deber antes de confesarlo todo, todo su madre; pero, podra hacer su

madre

confe-

tal

sin? Qu idea! Por qu no? Ella, ella

la

Contra su mismo amor de hija,


xion en todas aquellas ideas pequeas de
donara...

ora, en todas las vulgares escenas

que

perreflela se-

ella ex-

hibira: habra lgrimas, quejas, gritos, se arrodi-

ante los santos, sera capaz de ponerse de


Qu horrorl Ella no dudaba que despus
sera un consuelo para ellas; pero no se atreva
atravesar hacia el corazn de su madre por una
calle empedrada de vulgaridades mortificantes.
Carmen Teresa? Tan buena, tan dulce... Dios
mo, qu pena iba causarle! Luego... no reserva nada! Lo sabra Pepe... y las consecuencias...
poda haber hasta una desgracia. Como Pepe tellara

luto.

na tan

mal carcter y era tan violento!

en

cuanto Bella, qu ms daba que lo supiera

no? Pobre hermana mayor, arrugada como una


raz que daba su savia al hogar comn, qu hara? se pondra llorar y se le pasaran

tos

de un

Estaba
fatal;

dos pun-

sol.
sola...

cada hora aproximaba ms

aquello deba conocerse

pes con amargura

la

al

situacin

fin.

el

da

Entonces

angustiosa de

aquella Juanita, que sali de su casa corrida por


ella,

en

escondiendo

la

cara avergonzada y llorosa

el delantal.

Sola en

la

habitacin, entre pensamientos des-

esperados, sufra un malestar indefinible.

De

no-

EL

che

DOCTOR BEB
ms

los incidentes

153

triviales,

se as^ravan, se

aumentan, se hacen amenazadores

Dos

inslitos.

das despus, ya instaladas, una tregfua

afable en ocupaciones, el aspecto nuevo de las

cosas y aquella nocin de una vida distinta que

cada mudanza

muy

Las siestas

inspira, se dej sentir.

calurosas adormecan la voluntad.

En

la

ma-

ana percibanse los ruidos del puerto^ crujan po*


puntualizando su crujir gritos en lenguas ex-

leas,

traas;

golpeaban

los martinetes del

las sirenas

anunciaban, junto con

llero

dique asti-

negro, que se elevaba por encima de


la

entrada de algn vapor. Por

languidez adormecida sobre

ciudad lentamente;

las

las

el

humo

las casas,

las tardes,

una

aguas invada

la

ltimas luces tocaban n-

gulos de arquitecturas distantes; un barco dora-

ba sus velas en

el

azul

profundo del horizonte;

sombras verdosas corran como estremecimientos

por

la

superficie

de

los manglares,

por los te-

jados, en un trecho de calle, sobre algn cocal

de Goaigoaza. Un reflejo inusitado haca ms vagos an el bermelln obscuro de los techos,


la planta muerta del agua, el gris que extenda
sus manchas inquietas en lejanas de boceto. Las
nubes pesadas raramente dejaban ver una ceja de
azul pursimo; avanzaban

por

el

muy

bajas,

empujadas

soplo de los terrales. Entonces Josefina,

echada de codos en

el

balconete, respiraba

JOS RAFAEL POCATERRA

154

aquel aire sano que traa an su perfume selvy que la adormeca con una visin de vegetaciones soleadas entre aquel panorama de puertico,

to en crepsculo.

no se

Ella

distraa

mucho, pero tampoco lo


como S3 lo rogaba

procuraba; en vez de pasear

veces su hermana, prefera las horas blancas del

reposo, sin pensamientos.

ms y l vendra... Tornaba leer la


de carrera, con lpiz-tinta, sin
"El domingo sin falta; perdona, pero an-

Seis das

tarjetica, escrita

fecha:
tes

me

mana

es imposible." Proyect salir con su her-

esperarlo en la estacin; no, era

cura. Iran pasear luego

Carmen Teresa
mar,

all,

heridol

los

la

Alameda

una lojuntos.

complacera. All, frente

al

solos, le abrira su corazn; (estaba tan

jQu de penas sordas

le latan dentro!

Quizs exteriorizndolas dejaran de mortificarla

porque s la mortifcaba aquella situacin


tena el valor de
ms que todo,
que
l le tendiera la
exhibir su falta, qu mucho
mano, le prestara su apoyo y le diera su nombre
para el pobre ser desconocido?... No, no era
tanto...

delicada, y

por

ella!;

.si

ya ante

misma

deba considerarse!
sultado nada, nada...
co, resignada,

vergenza,

como

no era

al

se consideraba...

como

menos no hubiera re-

Lo amara siempre en

silen-

abnegada, estimulndose con su

baje amargo de
ella...

Si

los crucificados

la

ella

con aquel bre-

piedad antigua. Pero no era

solamente!

EL

Por

Una

fin, el

DOCTOR BEDE

sbado, en

el tren

de

la

55

tarde lleg.

salva de cohetes y una msica lejana as se

lo anunciaron. Pepito corri

desolado hacia

la

estacin.

Hora

hora esper

tras

ella

en vano.

Odi

aquellos cohetes, aquella msica, aquella recep-

Qu

cin...

fastidiol El

estaba

all

mismo, cerca,

algunas cuadras, y no poda venirl Josefina,

cada instante, se asomaba

Sjou Presidente

taj

zolea desde

la

asomaban en

los cuartuchos

Pasaron

tres

balcn.

al

liega

gritaba una cura*

esquina otras mujeres que se

de enfrente.

hombres: uno llevaba quitasol

blanco y casco ruso de lienzo; el otro se enjugaba


aplicndose el pauelo manera de com-

la calva

presa: discutan con el

ado en acelerar
Veran

cmo

el

el

que iba delante empepaso... "Qu indolencia!

hombre

se les

iba...

Ya

ces

el

himno..."

Pero ndense, hombre, ndense!...


Y

mocetn apresurado, con aire de torero y


de arribista, se esforzaba en apurar los retardados.
Le llamaban precipitado, nervioso... El tenia
el

aspecto de primognito gordo y sano, criado con


sopas.
Josefina desahog su
llos infelices.

malhumor contra aqueLe hizo observar Carmen Teresa

aquella precipitacin. Adulantes, buscadores, necios...

En

fin,

todas las faltas que acusa un exas-

perado en los atentos porteos!

156

JOS RAFAEL POCATERRA

Este Lope que nos urge!


pronunci el calvo en castellano de Rufino Cuervo.
Pero el otro, que era criollista, ech de paso
un temo. Entonces le dieron con el codo. jBoca
sucia! Arriba haba una familia. Un poco cohibidos, saludaron los tres. Despus hablronse me-

dia voz. El del casco se volvi varias veces hacia

balcn.

el

La negra gritaba sus impresiones desde

la

es-

quina:

Mainda mitaj ped placa


da

mitaj ped placa! Taj

Mainpone pulpito sjon Corhabla... Bsame que ej


presidente,

sjon Cordido taj


un'home chiquito sjon Cordidc;

dido...

su cosa.

taj'ici

E'vist su levi:a.

Pandillas de chicos corran hacia

En

los ventanucos,

musas con

los

en

las puertas,

la

estacin.

negras de tu-

pechos colgando bajo

la

rodada

camisa, vean lo lejos.

Se escuchaba el rumor de una gallera. A ciencia cierta, no se saba si era una recepcin oficial una pelea de compromiso.
Calle arriba, portando su barriga un buen seor con sus peridicos bajo

el

brazo, detuvo un

jovencito que en sentido inverso pareca huir,

manifiestamente malhumorado, de aquel

festival:

Mira, qu es lo que hay, chicharrones?


No, sinvergenzas, este pas se perdi!
Y

con una clera de lo ms independiente calumni al Ilustre Concejo Municipal y al pas,

EL

DOCTOR BEBE

57

llam estpido Carlos Brandt y dijo que iba


decir cuatro frescas por la prensa:

Esto no tiene composicin aadi

ahora

escribe de arte, cualquiera.


1 gordo se sonri y continu imperturbable.

Pas la noche y Beb no fu. Mand recado


con Pepito. Imposible. Estaba invitado comer
casa de Z, luego una velada literaria en donde se
soportara un drama de Linares. Se trataba de

la

regeneracin del teatro nacional. La escena ocuentre dos venezolanos que se encuentran

rra

en San Petersburgo.
nara tarde
Ella se
seis

la

De

lo

ms

original.

Termi-

recepcin.

prometi verle muy temprano.

ya estaba en pie. Los ojos brillantes, de

buen

color, peinada

lina blanca; las

las

muy

con gracia, vestida de muse-

mangas rasgadas dejaban ver

casi

enteros sus brazos redondos y blancos hasta

la

leve sombra de las axilas... Bajo la blusa abultaban redondos y fuertes los senos. Pareca estar
envuelta en una onda clida, en una voluptuosidad

comunicativa. Fresca y apetitosa


sazn,

en

como

fruta

en

Carmen Teresa no pudo menos de besarla


encendidas; Pepe le dirigi un pi-

las mejillas

ropo cuando se desayunaban:

Cua! Ests

cogido

t sola el

chada relat

de

la

dis!

gorda y buena moza; te has


temperamento. Con voz trasno-

las mil

impertinencias de

la

comida,

velada, de las conversaciones... siete brin-

Una oda de Tejera "Al descubrimiento de

158

RAFAEL POCATERRA

JOi

Amrica", recitada por un jovenzuelo que estaba


mudando la voz, cuatro composiciones ms, en
fin,

un horrorl

mismo

le

obligaron sen-

de Beb, quien ntimamente le


manifest su contrariedad... Aquello no era republicano, ni restaurador, ni nada; mejor lo hubie-

tarse la derecha

ran hecho bailando.

Ay!, nia interrumpi Carmen cmo


ra

eso con aquel calor!

primir la camisa.

le

Pepe se

le

se-

poda ex-

preguntaron que por qu

no fuimos nosotras; figratel Los tres sintieron


un desdn valenciano, de civilizacin superior.
Despreciaban aquellas veladas cursis de cabecera de distrito!
Rieron. Josefina se sirvi dos tazas de caf eon

leche y acab

la mantequilla...

va aquella poblacin

de

Reprochaba toda-

imbciles, como

nunca hubieran visto un presidente! Era feliz.


Sentase dichoso esa maana. Ella tambin tena la
la mana de mortifimisma y andar siempre con ideas tristes.

culpa de sus desazones, por


carse

Tocaron la puerta. De un salto fu abrir.


La negra Petronila entr aceleradamente; hablaba
ahogndose:

Ah

viene... ah viene; lo dej

na... est

S,

mira

No

en

la

esqui-

gordo y buen mozo!

pero anda, qutate ese fustn tan suciot

que das penal


tena otro...

Entonces Josefina subi co-

rriendo y le trajo una bata de

ella.

DOCTOR BEB

EL

59

Torna, ponte eso.


En ese

instante l entraba sin llamar. Volvise

hacia la calie despidindose de alguien que le

acompaaba.
Hasta ahora.

Hasta luego, mi docto dijo desde afuera

la

voz conocidsima de Guillermo.

Beb

distribuy media docena de frases afec-

media hora ya

tuosas, hizo un chiste

nuevo y

haba afirmado que

dique era una gran cosa,

que

el

el

la

que

doctor Valbiiena tena talento,

puerto era menos caluroso de lo que

el

l crea

que slo sus deberes le impedan permanecer


ms tiempo en una poblacin tan simptica.
Pepito se ausent para

ir

la estacin.

Un

re-

clamo de unas naranjas de San Diego que tenan


tres das en camino y no llegaban. Carmen Teresa fu dar una vuelta la cocina.

Los novios quedaron silenciosos unos instantes.


Ella respiraba con fuerza, agitada por las

emo-

maana; su pecho hermoso y fresco


se alzaba hinchiendo la muselina que muy cerca

ciones de

la

del cuello se entreabra dejando ver la piel blan-

Miraba Beb con enternecimiento; la


de los ojos se alargaba dndole su mirada una expresin de ebriedad.
El arrim su silla y la cogi por los codos atraqusima...

lnea

yndola

s.

Se besaron. Dej que

los bucles para acariciarle

labios el lbulo

de

la oreja;

l le

apartara

con un mordisco de
con

las cosquillas

de

JOS RAFAEL POCATERRA

l6o

aquella caricia io tuvo oprimido sobre su

hombro

algunos instantes. Pero se volva loca entre aquellos brazos;

una onda clida

le

ofuscaba

la vista,

y hubiera querido abandonarse ah mismo, ser


mordida, ser estrechada fuertemente. Besada en
la

boca, los labios se

le

abran encendidos y h-

medos como fruta maanera. Ya no pensaba, y


con presiones de mano acceda todo lo que l
le suplicaba, como abstrada en un sueo mucho
tiempo esperado...
retorcindose

hablaba, ratos severo,

el bigote,

ratos amoroso y ren-

dido, oprimindola dulcemente las

manos que

te-

na asidas contra su pecho.

Qu
frases

deca?

de

Lo de siempre: consejos vanos,

afecto, sinceridades

de opereta; pero

Josefina adoraba las palabras que le oa; las escu-

chaba con

deleite, las hallaba nobles, generosas,

de amor, y se abandonaba las nuevas


promesas que l le haca, con la dulzura inefable
del enfermo cuando lo cambian de lecho. Un
aire de intimidades amorosas les envolva, y
perdieron la nocin del tiempo, de la hora, del

llenas

lugar...

Cuando Carmen Teresa

entr,

Beb

deca:

Ya empez

el calor.

En efecto, deba ser caluroso aquel corredor:


ambos tenan las mejillas encendidas. Pero hablaban con una frialdad descspcran^e.
Fu un da amable; las horas corrieron fugaces. A instancias de todos, l se cambi su palt

EL DOCTOR BEB

l6l

de pao por una blusa fresca que Pepito le faciltala. Estaba alegre y familiar. Habl de su terruo, del clima

mujeres y

las

que arrebola

las

las mejillas

hace adorables, de sus campaas

cuando fu mdico de un batalln, de las proezas del general Castro cuando estaba indito, una
de las cuales, la de caerle tiros un cura, impresion vivamente al auditorio. A las cinco, una
fala de la Aduana los pase por la baha; quisieran ir hasta afuera, pero la vista de las lneas
ondulantes de un azul ms cetrino, caus miedo
las mujeres; ya
bote.

Un

comenzaban

los

vaivenes del

crepsculo suave caa sobre

entre rfagas calurosas,

la

msica de

la

aguas

las

charanga

resonando. Del tope del Castillo,


bandera
se
abati
la
y entonces ces la msica
con un redoble sordo. Desde la borda de una ba-

militar llegaba

landra pedan tierra algo

dando

gritos;

en otra

se rasgueaba un cuatro con tonada triste y

mo-

ntona que evocaba ocios de domingo. Las

l-

neas del agua partan ensenadas distantes reflejaban el cielo en una infinita claridad
co;

y se invertan en

el

de va-

agua masa? grises,

silue-

de objetos, mstiles que parecan punzar el


fondo... Una luz del Hotel de los Baos traz un
camino de oro hacia alta mar. En un extremo
distante, el cadver de un vapor de hierro echado de proa, perfilaba su ruina lamentable. Ya no

tas

podan precisarse
la lnea

las

murallas del dique flotante,

baja de los muelles y el panorama lejano


II

JOS RAFAEL POCATERRA

102

del puerto...

Entonces regresaron, silenciosos,

aletargados por

el tinte

desvanecido de las cosas

y aquel aire que saba un poco marisco y un

poco

En

brea.
la

noche,

se march despus de comer.

de

duras penas se haba eximido

cumplimientos. Al

fin,

por

la

el lunes;

ofreci volver la siguien-

te semana. Estaba encantado,

dar hasta

visitas

pensaba

se tuvo que que-

irse

en

el

primer tren

maana.

Josefina fu feliz. Apenas se dio cuenta de


que l se iba. Confiaba verlo al siguiente dia.
Rendida por las emociones, durmi agitada de
sueos: primero era una luz dulce, como de capilla, como de amanecer; en un bote, recostada
en brazos de l, se deslizaba por un ro muy ancho, y se oa un vals viejo Heno de cadencia, el
vals de la serenata... Una orilla era la calle del
Mercado. Pasaban dos curas bailando; el uno pareca ser Bentez; se sonrea y asomaba una pierna transparente y velluda... 1 otro iba de espaldas y entonaba el Morrongo, llevando el comps
con las manos. Saludaron. La barca se deslizaba
La Porcinserena. Ella pregunt qu da era:
culal
grit una voz desde la otra orilla... De
pronto, Isolna,seguida de su familia, llegaba despeinada al borde del ro... pareca desesperarse;
vesta de amarilla canario; antes de que pudieran sujetarla, se lanz al agua; sta se colore de

amarillo. El cielo estaba lvido... ella estrechaba

EL DOCTOR BEB
Beb...

Una

163

angfustia espantosa

la

sobrecoga.

Isolina vena arrebatrselo y entonces se afe-

rraba

con fuerza: No, no, nunca!... La otra

nadaba, nadaba, nadaba hacia


ba

quedado inmvil.

huyeran; pero

al alzar la

la otra lea

que

al

el

la

remero que

remo en una mano;

un discurso:

iluminarnos

bote que se ha-

cabeza vio que Verd

permaneca exttico, con


con

el

Ella gritaba al

''...

la

diosa Razn,

senda del progreso, presta

sus graciosos dones..." Isolina se acercaba con la

cabeza fuera de

agua... gritaba cosas atroces, se

sofocaba. AI agitarse salpicaba ya los del bote...


Josefina clam:

Verd,

vant los ojos de


l

no crea en Dios.

borde de

Desde

la

volte.

por

las

rezaba

La vio serenamente;

fin,

embarcacin.

la orilla

Ana Josefa

por Dios! Verd le-

la lectura.

Isolina se asi al

Lucharon un

rato.

Montesillos gritaban. Misia

la Magnficat...

el

bote se

Las dos, ahogndose, disputbanse

Beb, cuya cabeza, convertida en un queso de


Fiandes, flotaba en una zona aceitosa. Ambas
trataban

de

agarrarla,

pero se

voz de Verd deca desde

el

les

escapaba. La

fondo: Es una sus-

tancia oleaginosa! Las dos, abrazadas en lucha>

bajaban hacia

el

abismo... Sobrecogidas

de ho-

en una caverna un monstruo, mitad


gnero blanco, mitad papel de cigarrillos... El
rror, vieron

monstruo se quit los lentes, limpiselos con las


escamas de una aleta y sonri: "Ustedes por
aqu?" Era Goeaaga. Pero entonces se oy

JOS RAFAEL POCATERRA

164
llorar

un nio, y el monstruo, calndose los


un rugido y desapareci revolviendo

lentes, dio
el agfua.

Josefina se despert llorando y tuvo vergen-

za de relatar aquel disparate.

Y cundo

fu...

santo Dios?

hermana cubrindose

la

la cara.

Josefina no poda contestar...

ba

el

le pregunt

Un

sollozo alza-

tumulto de su pecho; apoyada en un brazo

del mecedor, despus de confesarlo todo, esconda la cara sobre el hombro... Pero detalles, para

qu?

Ya

ella supondra.

Aquello era

aquello era espantoso. jDios santo!

terrible...

qu haran,

San Antonio bendito.


San Antonio no tuvo bien responder. En
cambio Josefina, dominando ios sollozos que la
ahogaban, exclam lentamente:
La nica culpable soy yo... Me ir.
La voz le temblaba flor de labios.

Carmen Teresa

se abraz ella y lloraron

juntas.

me cualquier parte.
No, no.
yo, yo tengo culpa. Ustedes no deben
S,

S,

ir

la

cargar con eso. Dios no

me

abandonar.

JOS RAFAEL POCATERRA

l66

No,

jNi nosotros tampocol No

Finita, no.

digas ms eso, no lo digas ms! Pero Dios mol

por qu no avisaste

antes?...

Cuando haba

re-

medio!...
Ella repuso

con acento

Y antes, para
Ya no
zo de

la

lloraba.

qu?...

Como

triste:

Siempre era lo mismo...

aletargada por

el

esfuer-

confesin, admirada de una energa cuya

posesin ignoraba, los ojos se


y apenas en los labios

le

le

quedaron secos

temblaban

las palabras,

que nacan firmes en su alma...


Por fin, Carmen se atrevi preguntarle:
Y l... lo sabe?
Ligeramente ruborizada contest, que desde

antes del viaje, haca cinco meses, todo se lo ha-

ocuU
no pudiendo ms
pues abandono

ba dicho; que de todas maneras trat de

que al
disimular, abandonada de

trselo ellos, pero

fin,

era aquel silencio, en contestacin sus repetidas


cartas y el
sita

No

no haber vuelto desde su segunda

Puerto Cabello

vi-

resolva confesrselo...

se atreva decrselo su madre... le faltaba

valor...

Me da muchsima
torn esconder

mana, que

le

la

vergenza

cara en el

aadi

hombro de

su her-

daba consuelos incoherentes, mitad

censura,mitad compasin... Quconflicto!

Cmo

decrselo Pepe!...

Ante
de

esta idea ella volva su mana

arrostrarlo todo, todo...

do

irse,

EL DOCTOR BEB

167

Pero su hermana, reponindose un poco,

le

habl con serenidad, tratando de calmar aquella


desesperacin que ya no lloraba, aconsejndole

ardientemente que deba resignarse, que, prime-

ramente Dios, todo se


su

mam,

allanara: ella se lo dira

Pepe, quien fuera preciso, pero sin

Qu necesidad haba
de que se apercibiera nadie de una cuestin ntimal No, no; deba procederse con calma, con

dar un escndalo tan

prudencia.

Quizs

as...

feo!...

continu

sonriendo

triste-

mente.

Quizs
dencia"

le

as que?...

Aquella palabra de "pru-

recordaba amarguras pasadas.

El

mismo cumplira con su deber,


sobre sus pasos... Yo misma le dira...

volvera

Nol eso nunca exclam orgfullosamente


Primero

la

muerte antes que suplicarle nada.

yelo: primero

la

muerte!

Y pasando por ese pequeo orgullo, prefieres un escndalo tan feo?

Lo prefiero.
No

habliron ms. Las dos hermanas se com-

prendieron...
tril sintise

la

mujer es-

aire

de orgullo
la mujer

durante un instante

dominada por aquel

y de dualidad que parece envolver


fecunda^

JOS RAFAEL POCATERRA

l68

Das angustiosos vinieron. Desde su cuarto,

odo en

cerradura, las mejiilas encendidas,

la

procuraba percibir lo que contestara Pepe


ferirle

el

Carmen

Teresa...

Cada

al re-

da sta se propo-

na declarrselo, pero l llegaba y le faltaba va-

Por
no haba

un medioda Josefina crey oir... S,


Le deca todo... Poseda de an-

fin

lor..

duda...

gustia escuchaba... Las voces se mezclaban con-

Carmen

fusamente...

pareca suplicar. El respon-

da duramente, casi grosero, con aquel tono in-

que tanto

sultante

"jEUa no tiene

No

vsima.

palabra

le

conoca.

la culpa!..."

haba duda...

fatal...

gema la voz sua-

Ya

estaba lanzada

la

Josefina sinti oprimrsele el pe-

cho; una oleada de sangre le calde el rostro, y


corriendo como una loca por el cuarto, recogien-

do

objetos, abri el bal para arreglar un bojote


lejos

de aquella ltima

donde no oyera

aquellas censuras

y marcharse
humillacin...

la

calle,

vergonzosas... Las voces resonaban

Pero,

Pepe, por Dios! Si

culpa... Si ella

no tiene ninguna

la

de

tiene la

ir al

encuen-

y responder todos los cargos; ella era

culpable; su

por

alto.

culpa!...

Josefina corri la puerta para


tro

ms
no

ella

hermanita no poda

sufrir

as

ella.

[No!

tengo yo exclam Pepito con sarNo hay un solo calzoncillo que no


tenga una tronera atrsl Es que lavan con un hueso... Ya no me queda ropa...

casmo

la

EL

Qu

DOCTOR BEB

169

grotesco aquello. Hablaban de

lavan-

la

dera.

Al n, una maana, estando todava adormitaCarmen entr..., se sent en la cama junto

da,

ella,

le dijo

Ya se

lo

con resolucin;
confes todo...

Josefina se incorpor con una pregunta

muda

en los ojos:

... traer mam; no tengas cuidado,


que l
no se dar por entendido; no te d pena. Ahora,
la participacin mam hay que hacrsela. Me

ha parecido

lo mejor.

Josefina continuaba interrogndola con la mirada.

El

pobre Pepel

tan buenol

Me

El tiene sus cosas,

dio ms bien valor...

mucho... t debes quererlo

manifest conmovidsimo;
guridad, que yo
el

me

como

me

pero es

Me

anim

lo merece...

tranquilic por

|T sabes

l...

genio que tienel Pero con mucho juicio,

estuvo diciendo su

opinin. Estamos

acuerdo. Antes que todo, no dar

Lo veo tan

difcil

se

habl con tanta se-

el

me

muy de

escndalo!

dijo tristemente Josefina,

y una lgrima se le quebr en los ojos.


Su hermana, en un acento tierno y ruboroso,

comunic una

casada... nadie se fijara viviendo

luego, nada

le

idea; era la salvacin!... Ella estaba

ms

sencillo que...

como

vivan...

JOS RAFAEL POCATERRA

lyo

No pudo

terminar.

No

la

dej terminar Jose-

El amor entraable que se tenan las hermanas estall en mutuas caricias; las dos cabezas
una negrsima, la otra como una aleacin de
bronce y oro, confundan sns cabellos.
fina...

Cuando

se besaron,

Carmen

le dijo:

Ya ves, negra, no tengas miedol


Y Pepe?...

en cuenta, Dios mol No


El est

cmo

tuve valor para proponrselol

El sbado de esa

misma maana resonaron en

el zagun los pasos vacilantes de misia Justina,

quien

la

obesidad obligaba marchar como un

marino de

Ya

alto

bordo.

Carmen Teresa sali abrazarla,


dominarse, se lanz en
pudiendo
y Josefina, no
los brazos de su madre.
exclam con voz ahoEsts gordsima, hija
estaba ah.

gada.

En verdad

se ahogaba.

la

larga... y

con aquel calorl

Un poco

No

encontraron

estacin y el trecho pie era cosa

coche en

perpleja, sinti

que su

hija

la

estre-

chaba con fuerza y qje lloraba copiosamente en


su hombro... Ah lo comprenda: l se portaba
mal, ella estaba resentida. A la pobre seora se
le

humedecieron

los ojos,

pero hizo un esfuerzo

y trat de consolarla. Era una tontera, no deba


llorar. Los hombres son tan malos! Volvise ha-

EL DOCTOR BEB
ca la otra hija,

que inclinaba

la frente,

I7I

muy

pli-

da, con una angustia mortal en los ojos...

Yo que no

saba, nia..., agreof misia Justi-

na en tono compasivo.
Pepito se meti en

el

mudarse de ropa.
La maana transcurri

cuarto so pretexto de

Se
perciba una atmsfera tirante, insostenible. Cada
palabra pensbase mucho... Josefina se quej de
dolor de cabeza. Su madre la encontraba un poco
ojerosa pero muy repuesta. Respirabi salud. En
cambio Carmen estaba ms delgada. La c?sita era
muy simptica. La cocinera pareca muy buena.
Eso s, qu calorn!...
Desvestase en el cuarto de Carmen Teresa
mientras daba sta noticias de todo...: la casa
siempre visitada, pesar de no estar ellas. Bella
era la que siempre estaba recibiendo visitas... de
lo que estaba pasando nada saba... Beb siempre
la saludaba. Verdad que no fu all sino unas tres
veces despus que ellas se haban venido; pero
le haba parecido que siempre era el mismo... En
fin, hija, qu de cosas! Decan que l tena amores con la hija de Cruz, que est en Antmano,

como ya

sin

otra novedad.

saban. Sin embargo, no lo crea, no lo

Aunque los hombres estn tan perdidos


de Crespo para ac! Mi pobre muchacha... exclam con tristeza desajustndose el fustn.

crea.

Dios es

muy

grande!

Arriba no se oa nada. Josefina aguzaba

el

odo

JOS RAFAEL POCATERRA

172

la

conversacin... y percibi que Carmen Teresa


muy pasito algo que repeta muchas veces:

deca

Virgen
desesperada

del

Socorro

...Y

exclam la seora
cuando corra hacia el alto,

ella se precipit su

encuentro.

Madre

abrazaron entre un mar de lgrimas.

hija se

Doa

Jus-

manos en la cabeza, se arranc de


los brazos de la hija y se ech de rodillas ante
los Santos. Carmen, atribuladsima, se haba llevado Josefina. Pepito trataba de calmar su
suegra. Las sirvientes se asomaron al corredor. La
tina,

con

casita

las

retemblaba con los lamentos que misia

Justina daba grito herido,

tomando por

testigos

ms connotados, las Vrgenes que han


dado menos que decir, Nuestro Seor en el
Huerto, Nuestro Seor en la Columna, Nuestro
Seor Crucificado, los doce Apstoles, Santa
Rita de Casia, los ojos de Santa Luca... Era una
los Santos

gritera espantosa.

Sin acabar de vestirse, en fustn y cotilla, claante el altarcito donde media docena de

maba

cromos mostraban una delegacin de la Corte


celestial: Santos varones de smbolos complicadsimos, que llevan una ciudad en un plato y con
la otra

mano bendicen

recuerdan

man

al

el

un tullido; Vrgenes

Purgatorio para

algn nima de

informarse

si

queda

all

la familia.

jPor Dios, misia Justina!


cindalol

que

rey de naipes ngeles que se aso-

Est

dando un es-

EL DOCTOR BEB

I73

abier |Ay, Pepe, hijo gritaba con


qu
grande!
ta
golpe tan
Pero, clmese, misia Justina, clmesel
No,
esto es una desgracia inmensa.
la cotilla

Si

hijo;

Belzares estuviera vivo, gran poder de Dio?!

Por otra parte, Carmen Teresa, oyendo los


gritos, no se resolva abandonar su hermana,
que juraba, mesndose los cabellos, ir tirarse al
muelle.

el

Los alaridos fueron cediendo... Pepe, como en


puente de un barco que naufra^a, tomaba pro-

videncias rpidas: cerrar las ventanas, mandar

para su cocina

las sirvientes,

suegra que, enronquecida,

hacer callar su

como

loca, se estre-

chaba contra un Nio de Atocha maneto que


conservaba desde su matrimonio.

Gran poder de Dios!

repiti

Si

Belza-

res estuviera vivo!

Entonces,

Pepito, irguindose, le dijo con

tono severo:

Eso no, misia Justina; aqu estoy yol

Usted no sirve para nada. Aqul


hombre!
Pepito se violent.

Con voz

colrica

era un

que fu

disolviendo en tono de profundo resentimiento,

reclam su derecho en

cosas en su lugar...
gritar..." "los

el asunto.

Se

le ofenda.

tocaba pedir cuenta de aquello, poner las

como

"Las mujeres no saben sino

hombres tenemos que dar el frente,


que recordar que

se da el frente". Haba

JOS RAFAEL POCATERRA

174
l era

Salcedo Gutirrez... Que

no

lo chiva-

teaba nadie!

con violencias verbales, creyndose ya fren-

te su ofensor, pasendose grandes trancos,


dijo que donde l se paraba quedaba el tierrero,
que l no se le arrastraban cueros! Y, qu
caray! Se iba ya para Valencia meterle una bala

ese vagabundo!...

Entonces cambi el cuadro. Las mujeres lo rodeaban sostenindolo; Carmen Teresa dej Josefina con peligro de que fuera y se tirara al
agua: l quera zafarse, pero no podia; jadeaba;
peda gritos su revlver. Las mujeres, aferradas

l,

no

le

dejaban.

Ves, mam; ves qu imprudencia


gritaba

la tuya!

Carmen Teresa.

Misia Justina, alarmadsima, le abrazaba lla-

mndole

hijo,

hacindole reflexiones, suplicn-

dole.

Entonces, vencido, plido de

una

silla,

y con un tono de lo

ira,

se ech en

ms sombro, rugi

entre dientes:

Bueno... bueno... dejmoslo de ese tamaol


Qu desgracia, Dios mo! sollozaba sela

ora media voz.

todas estas, hubo que atajar Josefina, que

estaba

empeada en

tirarse al

agua y que buscaba

entre los frascos de elixir y bicarbonato un txico.

Por prudencia,
jarabe de FcUow.

la

negra Petronila escondi

el

XI

Ya

al salir

para

Carmen Teresa

le

la

estacin,

nada di violencias; por

que quedaramos

misia Justina y
encarecidas:

hacan splicas
ti,

sin

apoyo!

Misia Justina tena

mucha

por nosotras mismas,


fe

en

el

de Nuestra Seora del Carmen; se

escapulario

lo haba

cho prender sobre la ^guardacamisa para


blar "con ese hombre desalmado".

Yo tengo

mucha

fe

repeta. En

ir

he-

ha-

verdad,

aquel escapulario, ya venerable en los fastos de


era el mismo con que Belzares visitara
Andueza para conseguir un puesto. Ah si hu-

la familia,

biera seguido su consejo y

lo

hubiera llevado

cuando fu hablar con Crespo, qu

distinta

cosal

Suspir hondamente. Perteneca esa clase

de seres que encadenan


existencia, siguiendo

las

cosas triviales de la

un orden absurdo.

Pepito prometa contenerse. Era

de su

mucho

lograr

carcter; pero la vida presenta exigencias

JOS R FAIX POCATERRA

176

indeclinables; haba

ciones humanas,

que someterse

las

las

imposi-

consideraciones sociales,

las circunstancias...

Recuerde,
Pilatos

hijo,

nuestro Seor delante de

le deca su suegra ponindosele por de-

lante.

El se inmutaba y prometa recordarlo.

Cuando besuqueado y hacindole cruces en la


frente, en los hombros con el pauelo, se march de

porque poda dejarlo el tren, empezaron ellas rezar "Los Quince Misterios."
A las diez y media baj, en Camoruco. De
prisa

fu directamsnte casa de Beb. Tanto

all

Puerto Cabello corno en

el

en

trayecto tuvo que so-

Un mozalbete intelecque aspiraba figurar lo llev aparte y le recomend con tono enigmtico:
Oye, chico, mteme un canoazo; mira que

portar recados afectuosos.


tual

yo quiero ser persona con el hombre.


El, vagamente, aunque todava orgulloso de su
privanza, asi se lo prometi.

Dile muchas cosas al doctor en mi nombre;


que aqu estamos sus amigos. El sabe; nada tengo que decirle. El sabe que nosotros no somos
bailadores de cuadrilla sino de los momentos
difciles. Esto lo aada desde el andn, en
alta voz.

No
darle.

estaba Beb en casa; pero resolvi aguar-

Quera regresar esa misma tarde con

razn definitiva. Sus asuntos deban ser

as,

la

ca-

EL DOCTOR BEB
racterizados.

I77

Los policas porteros

io saludaron

cariosaraente, con esa servilitud subalterna pro-

pia de los pueblos militarizados.

Siempre

cor'onel!

la

jerga de campamento,

jQue

orden del

muy

jefe!

dice el

Es

venezolana,

muy

una
sin-

vergenza.

En

esto entr un seor calvo, bonachn, con

leontina

como un ancla de buque. Llambase


muy contento de hallar al ami-

Abutarda. Estaba

go Gutirrez. Por costumbre afectuosa,


pre suprima sus conocidos

No era ironista, sino un sujeto

el

casi siem-

apellido paterno.

todo almbares.

Un

hombre de negocios, con buena posicin. Nunca


se meta en poltica. Adulaba por hbito: desde
el turco quien comenz por servir en un mostrador, hasta el presidente
l.

No

que tuvo negocios con


Capaz

era malo; sostena una larga familia.

de cualquier infamia, tena un corazn excelente.


Dio Pepito una palmada en la pierna:

Y ese puerto, cmo est?


Bueno...

Las muchachas deben de


gordazas.
estn repusstas.
A tambin ha ido bien.
Por conforme.
Oye: es que con un gobierno como
estar

S,

te

ti

lo

ste,

puede ir mal nadie... Digan lo que


digan, este hombre es lo mejor que hemos tenidol Sales Prez no se port mal, no, seor; yo
soy amigo de Pancho, pero no hay comparacin,

chico,

no

le

12

JOS RAFAEL POCATERRA

178

En su inconsciencia serno hay comparacin...


comparaba aquel epiceno, aquel ser neutro de poltico y maestro de ceremonias, que llevil,

y se fu llevndose unos reales,

g aqu arruinado
con Sales Prez,

lo

nico que de mucho tiempo

como

entonces liemos tenido

lo

que es

quejarse:

como

la

el

administrador.

general Castro no tiene de qu

muy pocas recepciones


de

aqu...

se le han hecho

nadie se neg... fu una cosa

espontnea, cariosa... cost un

platal...

nuestras

seoras fueron recibir los esposos... El

mismo

padre Arocha, con aquello del continuismo, siempre tan oportuno!

Pepe

ola fastidiado aquella

escuchaban complacidos

enumeracin que

los policas

quienes se

volva sonriente el admirador de las puras glorias

de Valencia

social.

Despus, inquiriendo

la

hora, Abutarda aadi:

Mira, chico, se tardar mucho


No

el

doctor?

s.

Digo, como t eres de


Puede venir ahora contest ms afablemen A once, no est muy ocupado.
la casa...

las

te...

si

Yo

no vengo sino saludarlo; me voy de


madrugada para Los Tres ames.
Baj la cabeza, se enjug el sudor y viendo

un "cuerpo entero" de Castro era aquel recorte de cartn que andaba incorporando la men-

p-

guada

figura del Restaurador en las oficinas

blica.s

y en algunas casas particulares, en actitud

LL

de

estadista,

una columna

Miren

de

DOCTOR BEB

levita gris, la

I79

mano apoyada en

Abutarda exclam:

hombrecito, tan chiquito y todo lo


que ha hecho! Aqu en Valencia debamos haal

berle cogido cra con una buena muchacha.

Tena gracia

la

especie. Verdaderamente, qui-

Beb adelantndose

tan justos deseos, ya ha-

ba tratado el punto.

Un coche

par

la

Carabobo entraba.
de

puerta. El presidente

Los policas se

de

pusieron

pie.

Por fortuna vena

solo.

Al ver Pepito

lo sa-

lud alegremente:

Hola, chico, qu
Reparando en

tal!

el otro,

Cmo

estn all?

agreg:

Amigo Abutarda, usted tambin por aqu?


Mand servir brandy. Brindaron y encendieron cigarros. Charlaron de todo. Pepito, reconfortado por

contest discretamente. El

el licor,

otro haca el gasto de

la

conversacin.

aplomo risueo de Beb,


su desenfado, su soltura, y senta no tener valor
para hablar de aquel asunto tan enojoso. Por un
momento hubiera querido que aquello no fuera
cierto, que las cosas se quedaran sin consecuencias. Era tan duro perder un amigo como aquel!
A cualquiera lo pona l en su caso!... Su posiObservaba Pepito

el

cin, su importancia, quizs la libertad, acaso la


vida!
los

Haba odo decir que

los andinos

son ma-

enemigos; tuvo un instante de debilidad, pen-

JOS RAFAEL POCATERRA

l8o

sando en

lo serias

que se

le

estaban poniendo

las

cosas. Imaginse insultado, foeteado, perforado

por

la barriga,

una iguana

retorcindose en

el

suelo

como

inmunidad del otro...


lo que era peor, zurrado de madrugada, en
crcel, por don Simen el alcaide.
herida... la

O
la

Abutarda en aquel momento ponderaba las


Beb con motivo de la prisin de
Velazco Tapia.
Un miedo de muchacho que va tomar un
purgante le pona tembloroso y sudado. Pero al
llevarse la mano al bolsillo para sacar su pauelo toc el escapulario. Vise en la casa: su mujer llorando, su suegra con las manos en la cabeza dando gritos, su cuada querindose envenenar con bicarbonato, y se recuper no obstante,
ofrecindose s mismo proceder con serenidad.
Quiz l no se daba cuenta que para la serenidad
deseada, la mejor vlvula era aquel miedo tan
importuno, que nunca le haba empezado as,
tan de repente, tan de terciana, tan pegado los
energas de

huesos...

Abutarda se despeda. Beb le acompa hasy cuando regres, mand Pepito


que pasara su pieza.
Pepito se sent en una mecedora. Con toda
confianza, el presidente, luego de quedarse en
mangas de camisa, dndole la espalda, psose
orinar, hablndole en tanto de cosas diversas:
De modo que les ha ido bien en la casa...

ta la puerta;

EL DOCTOR BEB

muchachas estn

las

contentas...

l8l

te

llevaste

misia Justina?... Bien hecho; su edad... ese


viaje le va hacer ntiucho provecho...

Aquel hombre que hablaba con tanta

naturali-

dad, acaso crea eng-aarlel Deba ser un bribn

poder aparentar tan


vagamente las preguntas que le haca, y asinti con monoslabos
sus excusas por no haber podido ser puntual en
por

los cuatro costados para

bien. Sin embargo, contest

sus visitas cerno se lo prometiera.

agreg cmo vive uno aqu


Pero, t ves
con tantas calamidades encima... bostez.

Entonces Pepito se atrevi decirle:

Misia
blarle

gado

Justina lo espera hace das para ha-

muy

el

seriamente, porque hasta all ha llerumor de que usted tiene otra novia, aqu,

en Valencia.

Manifiestamente contrariado repuso:

No hay
no

sera

tal;

y adems, caso

de que hubiera,

motivo para que esa seora hablara se-

riamente conmigo,

como

dice usted...

Estoy en cuenta

de que misia Justina puede


hablar usted de ese modo, pues ya no es un secreto en la casa la desgracia que le ha sucedido
Josefina con usted. Y precisamente he venido
Valencia ver qu consigo de su generosidad
en ese sentido, ver cmo se remedia eso. Porque usted comprender, doctor, que cae sobre
esa pobre familia una gran desgracia; ellas son de
la

primera sociedad de Valencia, y

si

usted no

JOS RAFAEL POCATERRA

l82
repara

el

dao, se vern apartadas y desprecia-

Usted sabe cmo es la gente.


Beb, incorporndose, un poco sorprendido,

das.

interrumpi colrico:

le

Tantas palabras de usted, son para

signifi-

carme, segn eso, que estoy obligado casarme?

Yo

no veo quin

cedido

es,

como

me

obligue

tal.

Lo que ha

su-

dice usted, realmente una des-

yo no estoy en condiciones de repararla, casndome. Comprenda usted que yo


estoy muy por encima de las intrigas de ustedes;
mi situacin poltica me coloca en lugar excep-

gracia; pero

no slo mi jefe, sino


mi protector. Ninguno ms que usted lo sabe.
Entonces quin puede obligarme? Su gestin
cional. El general Castro es,

ante m debe ser otra, pues esa desgraciada criatura al fin es hija ma y

ver por ella

yo debo, naturalmente-

y por su madre.

Pero, doctor,

si yo...

Nada, joven; usted se expone, no slo perder su puesto y la estimacin ma, sino tambin
que lo pase al Castillo por irrespetuoso. Cmo
se atreve usted venirme proponer que

me

case?

Pasebase agitadamente. Pepito, con la cabeza


como un falderillo regaado, haba per-

gacha,

dido

el hilo del

una loa

al

discurso preparado, algo as

Decoro, situndose entre

Sociedad; pero

de

las ltimas

terror, y anhelante,

el

como

Pudor y

la

palabras lo llenaban

deseaba hablar, conven-

EL DOCTOR BEB

183

cerlo de su pasividad, de su sometimiento.

cuestin de disciplina. El era


zuela, para estos casos, hay

Beb no

mucha

disciplina.

daba tiempo; una una

le

Era

En Vene-

el jefe.

fluan

de

sus labios las locuciones heroicas: expuso su actitud, sus

gestos en los

haberes en
en

cial

que

lo
ler

la

momentos

difciles,

sus

causa, su importancia poltica y so

el pas,

su dinero, su intelectualidad: todo

poca y las circunstancias hicieron va aquel hombre!


la

Pepito, abrumado, no hallaba


sumisin.

No

como

protestarle

se le daba tiempo; pero sus inten-

ciones se hacan palpables.

Detenindose de pronto en su paseo,


rrog

De modo que usted viene


bello llevarse bajo mi firma,
el

le inte-

de Puerto Ca-

como

si

dijramos,

compromiso de casarme con su cuada? Es

graciosol

No,

mi doctor; yo he venido recordarle

un deber,

insinuarle...

pues.

Su tono descen-

sordo y abyecto. Porque vindolo


bien, yo antes que todo soy justo; esa nia es

da, se hizo

ms

que usted en lo que ha sucedido.


orlo, comenzaba despojarse de su

C'jlpablc

Beb,

sin

ropa:

Usted tiene razn. Doctor, yo no puedo medebo atenciones, le debo


Lo que yo valgo en
debo usted; el pan mo y de mi

dirme con usted; yo


servicios.

le

Usted es mi

Valencia se

lo

jefe.

JOS RAFAEL POCATERRA

184

debo

familia se lo
to,

doctor, no

me

usted;

no me crea tan ingra-

crea tan ingrato!...

Beb, asomndose

la puerta,

llam uno de

los policas:

Gumersindo!
Pepito sinti que se

abra la tierra.

le

Como

un gamo corri asirse de! brazo del doctor. La


voz y las quijadas le temblaban:
Pero venga ac, mi doctor. Oiga, yo soy su
amigo, cralo, doctor, yo soy amigo suyo!

Beb

se volvi d dicindole bruscamente:

Un momento, joven, djeme hablar!


Y

dirigindose

al

Hgame llenar

polica le orden:

bao

el

tornando hacia

Pepito, le dijo:

Bien, mi amigo, ahora voy baarme, y luego

almorzar. Cualquier cosa

que tenga que de-

cirme, venga esta tarde.

Doctor, por Dios! No se vaya baar ahomire que se ha molestado y


dao!
ra;

Dejndolo
cin

desde

solo, repiti

le

puede hacer

la

olra habita-

donde se desnudaba:

Vuelva

la tarde.

Sombrero en mano,

las

guas del bigote cadas,

trmulo, se marchaba. Estuvo un instante irresoluto; luego,

con voz suavsima, asomndose

la

puerta del cuarto le dijo:

Bueno, doctor, eso lo


modo.

la

arreglaremos do otro

tarde vuelvo, sabe?

EL

Se

iba;

DOCTOR BEB

185

devolvindose, pregunt:

pero

A qu hora vengo?
Beb sali con la toalla en la mano:
Vngase de tres cuatro.

Pepito se march. Ai

salir,

varios amigos lo

saludaron:

Gu, chico, nosotros


La Lucha que

habas

buscndote! Vimos en

Te saludan

llegado hoy.

con un suelto cojonudo.

Qu

tal!

Ah, esperando que nos metas un canoazo.


Desde que llegu estuve hablando con

el

doctor un asunto; por eso no he ido

ni

ver

la

vieja.

Siempre chivateando!
Con optimismo de

tercer servicio

de brandy,

en animada charla, requerido, halagado, brindando cigarrillos de contrabando, exclam:

Es que

el

Con hombres

doctor es
as se

muy buen

puede

ir

eso es que los jvenes dignos

En

la tarde,

tipo,

chico.

todas partes. Por

debemos

rodearlo.

ya ms confiado, oy cuanto Beb

expuso, no sin antes protestarle su adhesin y


llamarse su amigo incondicional. Aqul le hizo

le

nuevas reflexiones y termin insinundole que

todo se

allanara.

Usted tiene razn; hay muchas formas de


arreglar eso.
doctor, cmo no; tratndose de usted y
S,

de

m...

|no faltaba ms!

JOS RAFAEL POCATERRA

l86

De

sbito

Beb

Mire, yo

le

le

explan su idea:

voy dar unos

reales.

Tendr

con trescientos pesos?

Eso es cosa suya, doctor y se


una

le

encendi

oreja.

Bueno; yo le voy dar trescientos pesos.


Usted se va por aqu mismo para embarcarse por
La Guaira. En Caracas se consigue una partera,
persona reservada, eso s; all las hay como la
necesitamos.

Yo

las

conozco desde que era estu-

diante.

Pero
Esa
No,

es que...

es la nica forma...

yo

si

lo

que

digo...

repuso Pepito algo

perplejo.

-Qu?

Digo que yo haba pensado otra cosa; es decir,

en mi concepto, salvo su mejor opinin.

-Cul?

Que como mi seora no ha tenido


Beb

...

y,

como

las

fechas casi coinciden...

Oh, magnfico! Magnfico, chico, has tenido

una idea feliz!


Usted sabe que entre usted y
jS, chico, ya lo creol

Basta que sea


hijo

hijos...

asenta gravemente.

hijo suyo.

Un

yo...

hijo

suyo es

mo tambin.

Sonrientf,

puso de

pie...

feliz,

con extremada afabilidad, se

Le dio una palmada en

el

hombro:

EL DOCTOR BEB

87

Bueno, chico, ya ver cmo esto es cuestin


de nada; de nada... Uno las cosas las ve siempre
ms grandes de lo que son... Yo dar la orden
esta tarde, y

maana mismo

nada tengo que

te vas.

Ya

sabes,

decirte. Cualquier cosa, cual-

quier inconveniente, aqu estoy yo. Est de ms


repetrtelo.

mos de

Esa muchacha, la pobrel la salva-

cualquier modo. Pobrecitall

Hablaron largo; hubo detalles cordialsimos.


El le

comunic muy reservadamente que

el ge-

nera/ pensaba visitarlos pronto. Salieron juntos

camino Pepito le deca:


Usted comprende? lo que he hecho es ms
bien como por buenos oficios: una obra de caridad; pues no se trata de mi seora, sino de

en coche. Por

el

una cuada que tiene su madre que

la

repre-

sente.

Esa tarde fu un solo trueno.

Al siguiente da Pepito tom

el tren

de

las

once. Llevaba carriel grueso mac-ferlane y gorra


de viaje. Iba en comisin del doctor. Este le encareci que no participara nada
ta

no tener todo arreglado.

"T

la familia has-

sabes

cmo

aadi. Vaya

que si saba;
por algo las conoca tan fondo. Puso su mujer un telegrama breve, inexpresivo: "Asunto
son

las

mujeies"

arreglado. Salgo Caracas comisin privada doctor.

Avisarte. Abrazlas. Pepe." Diez palabras,

justamente.

Un

grupo de amigos

le

despidi.

JOS RAFAEL POCATERRA

l88

que

Feliz t,

te vas la civilizacin!

Te acomodaste,

chico!

Acurdate de los que


No dejes de
esta parroquia hedionda!
Au revoir! grit desde estribo batiendo
escribir.

quedamos en

el

un nmero de El Cronista, en que se le despeda: "Parte hoy con rumbo la capital de la Repblicay en asuntos del servicio, nuestro querido

ami^o y compaero el inteligente coronel Jos


Salcedo Gutirrez, alma exquisita, elemento joven y liberal, decidido sostenedor de la causa
restauradora.

Deseamos nuestro querido Pepe


y un feliz xito en la Sultana del

das prsperos

Avila."

XII

Un poco de tiempo

croo un poco de vitriolo

desfgur las formas del asunto.

Los trescientos pesos y las amenazas acallaron


el nimo de Pepito; tambin los
el
de la familia, por esa prolongacin
acallaron en
de opiniones que ramifica las vrtebras de una
escrpulos en

misma

clase moral.

A Josefina, como tena "su genio", le ocultaron


aquel detalle, que misia Justina, llorando, tild

de odioso. Haba que conformarse.

como

dijo

Pepito:

jDjense de necedadesl
siquiera hay real con

jPeor es nadal Asi

que taparle

la

boca

la

gente.

La muchacha sufra en silencio su vergenza.


Apenas bastaba mitigar sus penas los cuidados
de que la rodeaban.
Ya no salan. Se invent un mes antes "un to
que vive en Charallave"; semanas despus recibieron el funesto telegrama: "se muri el to"l

JOS RAFAEL POCATERRA

190

Hubo

luto;

era tan

querido aquel

permaneci de ventanas cerradas.

La casa
fuerza de

tol

retraimiento las pocas amistades se resistieron,


visitarlas, y una maana la seora
Casamass desembarc, de monte-cario, con
dos canastas, una irrigfadora y un perrito de bolsillo. Pepito la condujo la casa.

dejaron de

muy en

Bella,

reserva, hizo la canastilla. Enter-

necida bord escarpines, gorritos, culeros, etc..

La seora de Casamass no poda comer sino


legumbres; acaso ostras, huevos tibios, tortillas;
no era precisamente vegfctariana; pero prefera
una ensalada rusa las albndig^as. Adems, sin
vino de dos pesos botella, no dig^era. Era una cosa
tremenda estar as; pero era que, materialmente,
no digera.
La comedia se desenvolva. Ms de una vez
misia Justina meti

Otro da
cerse

la

sueca, cuando sorprendi al seor Sal-

cedo y
dose.

la

la pata.

seora de Casamass tuvo que ha-

No

la

seorita

Carmen Teresa besuquen-

se escandaliz, pero se propuso obser-

var y vio que l se meta media noche, en calzoncillos, en el cuarto

de

la

cuada. Sin darse por

entendida se puso peor del estmago; ya no soportaba sino croquetas de ostin. Haba que
complacerla. Usaba equvocos. Manifest que era

madre de

familia: (sus hijas

da no dej arroz.

mesa comn.

daban gustol

ese

Por deferencia, coma

la

EL DOCTOR BEB

I9I

Pepito veces se amoscaba. Era


perrito Friiz pareca no querer

Si no le daban sopas de leche,

el

colmo;

tampoco

el

digerir...

chillaba toda la

noche como un demonio. Dos das antes del


alumbramiento, hubo un conflicto. Pepito le dio
un pisotn

al perrillo

y ste escandaliz tanto, que

partera estuvo punto de marcharse; jno

la

taba ms!

Un

fal-

animalito tan bien educado, que no

ensuciaba sino en

el

corredor, y misia Justina ba-

rriendo, le atizaba escobazos escondidas, lla-

mndolo puerco.
Por fin, torcida, baada en sudor fro, con el
mismo espasmo del placer que ya observ un
psiclogo en la maternidad, Josefina fu madre
de una rapaza rolliza, bien constituida, linda como
todo hijo del amor.
Ese da, la emocin de la abuela por tris lo
echa rodar; afortunadamente
pasaron mayores.

Todo

las

expansiones no

se redujo lgrimas.

Pepito, muy serio, haca su papel. Carmen Teresa,


hmedos los ojos, besaba al retoro. Slo la madre, estrechando la nia contra su pecho,

que-

riendo criarla ella misma, permaneca largos ratos


vindola,

muy

plida, sin derramar

con una sonrisa


ra

triste

una lgrima y
flor de labios... La llama

Dolores, Angela Refugio; pero

la

pusieron

Eduvigis: naci el 17 de Octubre. Era una pro-

mesa!
Veinte das despus

la

partera se

La Guaira, con su monte-cario, sus

embarc para
canastas, la

JOS RAFAEL POCATERRA

192

irrigadora, el perrillo y cuatrocientos bolvares.

Iba mal de la digestin, pero ya se curara en

segn Pepito donde gente pare


semestres... Grandsima bribona. Tener

Caracas

por
la

la

desfachatez de ofrecerse "para otro caso seme-

jantel"

La

pens regresar Valencia. Podan

familia

estarse unos dos

meses ms, esperar que pa-

saran las fiestas del viaje de Castro y luego regresar.

El matrimonio recibi felicitaciones.

telegrama Pepito cuando ste


feliz

lo

Beb puso

notific del

suceso.

Petronila, encantada, cargaba la nia

como un

y callada, tenia esa

bondad

objeto precioso;
filosfica

de

las

fel

mujeres humildes.

La primera vez que Josefina abandon

la

cama,

fu sentarse en una mecedora, en el balconete


las lluvias. A poco Petronila le
Ante aquel pequeo ser, cuyos ojos

desteido por
llev la nia.

le hablaban hasta el alma y cuyas raanecitas,


todava en incertidumbre medular, ya se tendan

hacia su seno, un consuelo intenso pareca envol-

Con voluptuosidad de convaleciente, besndola muy pasito, le deca secretos infanverla.

y contemplndola en su regazo, ya no
pensaba tanto en sus penas. Todo lo vea lejano, como entre una niebla, como entre un humo

tiles,

denso.
Sola, baada por las ltimas luces de

la

tarde,

EL DOCTOR BEBE

I93

aspirando esa brisa de Diciembre tan de alegra,

de aos felices, la larva femenina formada de


mezquindad orgnica, apegada ridculos moldes
de magnitud, volaba hacia la piedad humana,
tan

serenamente.

13

XIII

Con

el

puesto en

sombrero apabullado, un cuello de rela mano, jadeante, custodiado por la

polica, ya casi al salir el tren, se

meti en

el

gn con urgencia de water closset Muchos

va-

das

antes en las paredes del Capitolio se lean letre-

ros escandalosos. Algunos de una irona burda

rezaban en letra desfigurada: "Jess con

t,

Macu-

torio"; otros expresaban frases directas y obscenas.

Aquel carbn annimo

fijaba

en

la

pared

blanca cuanto desde su llegada Carabobo se

haba rumorado en corrillos de esquina y cuanto


los independientes de ltima hora tuvieron la cobarda de enrostrarlel

Una calumnia? De todos

modos, era una calumnia persistente.


Y as, una maana, empujado por una ola reacde miedo, sin un solo bermelln
de vergenza en las orejas, se meti en un vagn
alemn como quien se mete un "reservado".
cionaria, lvido

As termin aquel

infeliz...

I95

EL DOCTOR BEB

la excitacin dur todava muUna pequea avalancha de pequeas

Sin embargo,

chos das.

ambicionzuelas se abata alrededor de


ley

Nunca,

tro.

en los

muy

ni

nueva

en los mejores das de Tiberio,

felices

nmero de

tal

la

de presupuesto. Todos eran vctimas de Casde

vctimas. Era una verdadera lsti-

ma: haba vctimas en los ministerios, haba

mas

ni

conquista espaola, vise

la

vcti-

en los consulados, geman vctimas en las

aduanas; y no faltaba un sujeto martirizado hola secretara de la corte federal


vctimas de primera magnicasacin;
todas
de
y
tambin
una mirlada de pequeporque
haba
tud,

rriblemente en

as vctimas que partan

el

alma.

En

la

historia

no se ha visto un pas tan martirizado, tan sacrifcado, tan catatumba. Y para hacer macabro
aquel

momento de

vida nacional,

como

dicen los

oradores cursis, algunos peridicos comenzaban


asomar

de sus cuevas de nueve aos

nas reaccionarias,

como

las

ante-

esos cangrejos que,

los basureros, esperan

que se marche

para devorar su racin

fecal.

el

en

hombre

A Pepito,

cuando apenas comenzaba ensayarse para vctima, le quitaron el puesto porque


lo necesitaba otro Pepito, y los quince meses
de cesanta, se le haban torcido los tacones, las
camisas comenzaban deshilachrsele y le haba
cado caspa. Aquel estado lamentable le daba,
sin

embargo,

nista!

Del

el

aire

''chico,

decoroso de un oposicio-

t tienes

ah

diez

pesos?*

JOS RAFAEL POCATERRA

196

haba llegado

"dame un

al

cigarro", previo el

tanteo para buscar en los bolsillos un cigarro imposible, y

daba

coincidencia de

la

dejarse en

casa los fsforos cada vez que sala.


las dos escuelas; Verd
Mercado que "se haban

Les quitaron tambin


dijo en la esquina del

apagado dos antorchas"; pero


se haba apagado era

ba das enteros en

los peridicos,

jugadas; base al puente

las

Morillo ver correr

ro,

el
la

que en realidad
de Pepito. Pasa-

lo

la estrella

las barberas leer

estacin para saber quin

vena de Caracas.

La ociosidad
rarios.

le trajo sus

antiguos gustos

lite-

Aquellas cleras contra los "clsicos en

l con ms furor. Todano era decadente y en literatura


juzgaba ms borracho Rubn Daro que Julio
Flores. Pero Pepito le atraan las cosas ttricas: ios versos de Flores, ms llenos de gusanos,
que no haba por dnde cogerlos, le hablaban

desuso", resucitaban en

va Valencia

"algo ntimo, algo suyo".

Sus opiniones eran esa mezcla incoherente y


superficial con aquello de "hermanos en Arte" y
"desprecio
El

en

el

la

turba".

amargo de cidra
comercio

vil,

le

haca olmpico; abajo,

entre baratijas, huacales y ma-

dapolanes, bullan los burgueses srdidos, ene-

migos del Arte, de panzas redondas.

exaspcrubi que aquellos seores hicieran sus

comidas y que se

les

le

tres

diera una higa la literatu-

ra,

EL DOCTOR BEB

I97

inclusive Julio Flores. Eran

despreciables;

trabajaban

como

negros. "El Arte es una aristo-

cracia".

En cambio

las

mujeres de su casa madruga-

ban; primero hicieron empanadas para

la

venta.

Era un comercio exiguo y triste; con un capital


de veintiocho reales, mitad de las costuras de
Bella, mitad de un corte sin hacer que haba
vendido Josefina, trabajaron un mes. Apenas coman. La leche de Eduvigis no poda faltar. Primero fueron las joyas las vidrieras de Mirlin;

otro da unos muebles todava nuevos, aparecie-

ron casa de Nevero; se vendieron prendas; se


rif el reloj

de Belzares en cincuenta acciones.


muy temprano gema en los za-

Petronila desde

guanes: "biscochuelos, papitas de leche, torrejas

de

las nias

Belzares"; pero ni las torrejas, ni las

papitas de leche, ni los bizcochuelos, se vendie-

ron

al fin;

y un da misia Justina, calndose

gorra, fu hablar con

de

la

Goenaga para conseguir

dos regres su casa;


no haban almorzado; pero l le ofreci que al
regresar Corao de Europa y al rematar el "negotareas

cigarrillos.

cio", "vera ver"

las

si les

consegua.

Cuando no hubo qu rifar, cuando no hubo


qu vender, ante el problema diario de la comida, pues para deudas ya haban recorrido la escala de las mortificaciones,
el dependiente

principiante,

que muy ruborizado ante

chas, busca el legajo

las muchade recibos diciendo: "aqu

JOS RAFAEL POCaTERRA

198

hay una cuentecita", el lechero que caracolea el


burro y el panadero que golpeando las tapas de
los barriles

cobra gritos desde

el

medio de

la

y el cobrador ducho de mirada hosca que


dice proceder de "otro modo si no le pagan"

calle,

ante

la

miseria multiforme cay sobre ellas esa

resignacin tarda, mezcla de cinismo doloroso

que hace burla de su propio estado y de apaque se


incluye el santo de las amigas, los sandwiches
atrapados en el pauelo el plato de un manjar especial que las vecinas envian para que
riencia lamentablemente presentada, en

prueben.

En

el

fondo de aquel cuadro grotesco, como

borrada por esfuminos, Bella desapareci, consiguiendo pasaje gratis en una peregrinacin y una
plaza de sierva del Santsimo Sacramento. All
continuara

bordando

soles y rezando por el alma

Como una fruta horra, como


uno de esos productos vegetales que ni maduran
ni florecen, se sec para los dems secndose
para s misma. En la comedia de su casa no fu

del padre Bentez.

sino un testigo ocular.

Un

dia las diez Eduvigis lloraba.

Petrorla logr

"como cosa de

ella"

esa hora

que un ven-

dedor le regalara media botella de leche; al otro


no hubo ese recurso, y cuando Pepito entraba
de

la calle

recitando:

EL

DOCTOR BEB

En esa hora gris, en esa hora


muda y sombra en que el dolor
not asombrado
ba en la casa.

el aire

I99

embriaga...

de consternacin que ha

Quedse un

rato perplejo, fu

hasta la cocina para encender un cigarro. Ronro-

neando, despreciativo y filsofo, el gato dorma


en la ceniza. Sinti rabia por aquel animal, rabia

de ser

intil

hacia

la

bestia rapaz y valiente.

casa era vieja y llena de ratas:

Togo

La

se dedicaba

como un gran seor

y con gesto de sibarita S3 aislaba de aquella angustia, de aquel

la

caza

hambre
la

silenciosa.

Regres silbando, parse en

puerta del cuarto donde Josefina meca su

hija tratando

de

acallarle el llanto.

En

el

otro

cuarto Carmen Teresa dejaba escapar de tiempo

en tiempo un lamento, mezcla de bostezo y queLa voz de su suegra

jido por su eterna jaqueca.

se oa desmenuzando rogativas.
bita se le

Una

clera s-

vino los labios, no poda menos;

aquella chiquita era una sinfona, y todo era por

mala crianza.
lo

Pero, nio, qu ocurriencia: t no ves que


que tiene es hambre? grit su suegra inle

dignada.

iQu hambre! Ustedes

que no sirven para

nada: las mujeres son siempre

muy

cobardes, y lo

peor de todo es que con sus ridiculeces anulan

hombres de accin y
poltica. A mi no me pesa
los

les cortan
el

su carrera

matrimonio, porque

JOS RAFAEL POC ATERRA

200

Carmen
hoy

mo

es buena; pero

si

no

me

hubiera casado

Estado; y para colde desgracias, tener que cargar con un musera

una

alta figura

en

el

chacho que no es hijo mo, que con sus lloros no


me deja dormir de noche. Deca todo aquello
queriendo desahogar un odio sordo que le lata
adentro, contra algo que lo hostilizaba, contra

algo que lo humillaba en aquella

nacin de

la casa;

muda

sentase reo de su

consternulidad y

de devolver en palabras insolentes lo que


aquel mutismo tena de acusador.
Josefina ya no era la muchacha soberbia de
otros das; ahora se callaba y lloraba; no como
trataba

antes gritos, porque


las

la nia

poda despertarse;

lgrimas fluan sus ojos silenciosamente

se le rompan en las pestaas, con

la

inmovilidad

dolorosa de loa moribundos. Herida en


pias fuentes

de

la vida,

las

pro-

su corazn se haba he-

cho dulce y resignado. Hablaba media voz


como las madres jvenes, y en la cara plida, des-

de el fondo de unas ojeras muy hondas, su mirada se suavizaba en una expresin de tristeza.
Ya misia Justina desde la puerta, manotcandoj
desaforada

le gritaba:

que menos derecho tiene levantar la voz en esta casa; si no fuera por nosotras, estara en el hospital. Qu desgracia la de
mi hija, haberse casado con un mequetrefe, que
no sirve para nada, que en vez de buscar trabajo
para mantener su familia, tiene valor de presenUsted es

el

20I

EL DOCTOR BEB
tarse aqu

cuando

le

da

gana, amargarnos

la

ms

usted tuviera vergenza no vendra ni

la vida. Si

por aqu para presenciar lo que est viendo!


Pepito sonri con cinismo:
Usted es loca, seora; lo que usted me est

diciendo m, se

lo

digo yo usted; esta casa es

ma; yo no tengo hijos de su tamao.

|Usted

lo

que

es, es

un grosero!

El se encoga de hombros:

Usted es
Un

loca, seora.

canalla.

Enfurecida,

manoteaba en

le

la cara.

l continuaba impasible:

Usted

me hace

cargos porque yo no voy

coger un pico. Usted es loca. Usted, qu se ha


figurado? Esta es mi casa. Ojal me metieran en
ver qu van hacer ustedes!

la crcel,

ya

le

digo, esta es mi casa.

Empujado por

sus reflexiones, el antiguo vo-

zarrn de las discusiones con su


la casa.
el

Adems,

En

proceso indecoroso de

amargas para

la

atronaba

la familia:

tuvo stiras

"bromita" que haba tenido que

soportar cargando con un


hijo suyo,

mam

aquellas frases violentas se trasluca

muchacho que no era

por estar de /uam)/m6e tapando vaga-

bunderas ajenas; pero estaba resuelto: aquello

no poda seguir

ma

lo crean

darles para

as.

l,

porque

zoquete, y ahora,

que malbarataran;

vergenzuras!

les tena

lsti-

como no

tena

qu

le salan

con

sin-

JOS RAFAEL POC ATERRA

202

Y ltimamentel - bram en

el

corredor so-

Yo no soy alcahuete
focando todas las voces
de nadie; se van ya de mi casa con su muchacho
.

y todos sus corotos! jNo me dejen


Carmen Teresa se abraz de l:

ni el g-ato!

Pepe, por

la

Virgen Santsima!

Voces colricas, voces llorosas,


de nio, formaban en la penumbra de los
cuartos con el liar de los bojotes y el volcarse de
los canastos un rumor angfustioso de casa que se
acaba, de hogar que se desmorona. A veces el
cromo de un santo se venia guarda abajo y romOscureca.

llanto

pa unos frascos. Misia Justina vociferaba arreglando una cestica donde se llevaba los teteros y
frascos vacos de Agua Divina. Nada poda con-

clera desaforada

tener

la

pujn

tir su

de.

mujer contra

frente al zagun gritando

Pepito.

la

De

cmoda

de voz en

un em-

y se par

cuello:

Que cada palo aguante su velal A m me


da vergenza cargar con hijos ajenos!
En la acera de enfrente, en mitad de la calle,
se agolpaban los curiosos y las sirvientes del vecindario.

Los vecinos comenzaban asomarse.

Desde

esquina se oa

la,

la

mezclada

al

grupo de

Petroni-

la calle, trataba

de apla-

el

escndalo.

car las conjeturas o entraba y sala

muy

angus-

tiada.

Entre dos luces, cuando

la

mariposa de los

focos parpadeaba trechos, ya casi anocheciendo,

madre

hija salieron

de

la casa.

Misia Justina

EL

DOCTOR BEB

203

llevaba envuelta en su paoln la nia dormida,


cuyo bracito colgaba, marcando la marcha vacilante de la seora. Su hija delante^ la cara casi
escondida en la serenera, el paso apresurado,

se llevaba el pauelo los ojos. Petronila iba


detrs de las dos mujeres con un bojote en la

cabeza.

entonces, en

calles

la

hora angustiosa, cruzando

donde gentes desconocidas

con una mirada curiosa

sin darles

la

las

seguan

acera, por

un instante Josefina record hondamente

la ex-

presin de aquella Juanita que ella corriera de


su casa y que se fu asimismo, una tarde, con su
nio entre los brazos y la cara encendida de vergenza...
Calabozo. 1911-12.

FIN

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