LA MIRADA DE JESÚS
Las posibilidades de acercarse al Evangelio y de acercar el Evangelio a nuestras vidas
son insospechadas; en buena parte dependen de la sensibilidad del lector/oyente.
Frecuentemente hacemos una lectura/escucha reducida del Evangelio porque nos
acercamos a él desde una perspectiva limitada -intelectual o moralizante-, olvidando
otras vías de acceso como la del sentimiento, la estética. En el Evangelio hay que
prestar atención a todo: a las palabras y a los silencios (Mc 15,5; Mt 26,23); a las obras
y a los gestos. Porque el hombre no sólo se expresa verbalmente; tiene otros medios y
modos, entre ellos la mirada. ¡Qué mirada tan expresiva!, solemos decir.
Hay miradas indiferentes y de indiferencia, concupiscentes, irrespetuosas; hay
también miradas de ternura, confidenciales, alentadoras...
¿Cómo era la mirada de Jesús? A Jesús no sólo no hay que perderle de vista (Hb
12, 1-2), sino que tampoco hay que perder de vista su mirada ni su punto de mira, el
corazón. Los evangelios conservan diferentes «miradas» de Jesús; si los ojos son el
reflejo del alma, a través de ellas podremos llegar a conocer los «sentimientos de
Cristo Jesús» (Flp 2,6), para interiorizarlos y hacerlos propios. Y todos necesitamos ese
cruce de miradas clarificador, pues en la mirada de Cristo se percibe la profundidad de
un amor eterno e infinito que toca las raíces más profundas del ser.
Contemplar la mirada de Jesús nos servirá, también, para aprender a mirar
cristianamente la realidad. Te aconsejo colirio para ungir tus ojos y poder ver, advirtió
el Testigo fiel al ángel de la Iglesia de Laodicea (Ap 3, 18). Contemplar la mirada de
Jesús puede surtir en nosotros los efectos de ese colirio clarificador.
La mirada de Jesús debía ser impresionante. En el evangelio encontramos
algunos destellos de estos maravillosos ojos de Jesús. Es, por ejemplo, el caso del
joven rico. Le debemos a Marcos esta pincelada: «Entonces Jesús le miró con cariño».
Captaron sus ojos la fuerza de su amor. Parece imposible que aquel joven se le
escapara a Jesús. Lo más probable es que el joven habría cerrado antes sus ojos.
Otra vez, su mirada está cargada de tristeza y de rabia, como cuando mira a los
fariseos y escribas: «Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la
dureza de sus corazones» (Mc 3, 5).
A Zaqueo lo mira con simpatía y encanto seductor: «Cuando Jesús llegó a aquel
lugar mirando hacia arriba, le vio y le dijo: "Baja enseguida, Zaqueo, porque hoy
quiero hospedarme en tu casa"» (Lc 19, 5).
En el caso de la viuda generosa, su mirada está llena de penetración y
admiración: «Levantando los ojos, miraba a los ricos que echaban sus ofrendas... Vio
también a una viuda muy pobre que echaba dos blancas...» (Lc 21, 1-2).
¿Y cómo miraría Jesús, con qué compasiva ternura, a la prostituta arrepentida:
«¿Ves a esta mujer» (Lc 7, 44); a la mujer adúltera: «Enderezándose Jesús y no viendo
a nadie sino a la mujer» (Jn 8,10); al paralítico de Cafarnaúm y a sus ayudantes: «Al
ver Jesús la fe de ellos» (Mc 2, S); a la humilde hemorroísa: «Pero Jesús, volviéndose y
mirándola, dijo: "Ten ánimo, hija"» (Mt 9, 22); a la pobre mujer encorvada: «Cuando
Jesús la vio, la llamó y dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad" (Lc 13, 12); a las
muchedumbres hambrientas de pan: «Y vio una gran multitud y tuvo compasión de
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ellos» (Mc 6, 34), o hambrientas de su palabra: «Y alzando los ojos... decía:
Bienaventurados..." (Lc 6, 20); a las piadosas mujeres que le seguían camino del
Calvario: «Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén...» (Lc 23, 28);
Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana, en el pozo de Jacob, se le
confesó como el dueño de esa fuente de agua viva que se prueba y colma nuestra sed
para siempre. La fuente que todos los hombres ansían pero no saben cómo llegar a
ella, pero que cuando la descubren son capaces de vender todo cuanto tienen para
quedarse con ella, porque han encontrado la perla que tanto buscaban. Y es a través
de su mirada que Jesús nos permite ver la gran riqueza que hay en Él, y la gran
necesidad que tenemos de sus dones y gracias. Y el gran deseo que tiene nuestro
Señor de compartir con sus hijos, lo que el Padre Dios le ha dado, porque nos ama con
un amor eterno.
Mirada de compasión y pena la que dirigió a la ciudad de Jerusalén: «Y cuando
llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella» (Lc 19, 41).
Destaquemos, en fin, dos últimas miradas. La mirada más generosa y entregada
que conocemos: Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien él amaba, dijo a su
madre: "Madre, he ahí a tu hijo".
Después dijo al discípulo: "He ahí a tu madre". (Jn 19, 26-27). ¡Cuánto salimos
ganando después de esta mirada!
Y la mirada profunda y transformadora que dirigió a su discípulo Pedro después
de sus caídas y que le arrancó las lágrimas más hermosas de su vida: "Entonces,
vuelto el Señor, miró a Pedro, y recordó Pedro... Y, saliendo fuera, lloró amargamente"
(Lc 2 61-62).
Nos quedamos con esta mirada que regaló Jesús a Pedro. Que él nos mire así a
nosotros, para que nos haga ver mejor nuestros pecados, para que seamos capaces
de llorarlos y, sobre todo, para que aprendamos a amar a Jesús de la misma manera
que le amaba Pedro.
CARACTERÍSTICAS DE LAS MIRADAS DE JESÚS:
a) Los ojos deseados, que tengo en mis entrañas dibujados (San Juan
de la Cruz)
1º) La mirada de Jesús refleja de una manera privilegiada la mirada de Dios,
pues se fija sobre todo en las personas concretas, pero con una particular atención a
los más necesitados.
2º) La mirada de Jesús es capaz de tener un especial esmero por cada persona,
viéndola como algo único e irrepetible. El bosque no le impide ver las ramas.
3º) Es una mirada capaz, al mismo tiempo, de prestar atención a grupos
numerosos, con una visión amplia. No se queda en un punto concreto, sino que tiene
una mirada panorámica, de conjunto (“mirando a la muchedumbre” (Mt 5, 1). Según
Marcos, Jesús tenía costumbre de “mirar en torno” (Mc 3,5).
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4º) Una de las particularidades de la mirada de Jesús es su gran capacidad para
observar las cosas pequeñas y habituales, que suelen pasar desapercibidas, y a partir
de aquí extraer un enseñanza para la vida, porque su mirada es una mirada
“contemplativa”, que va lo hondo del acontecimiento y la persona (en Lc 12, 24-29 se
fija en los cuervos y los lirios. En Lc 14, 7, observa cómo los invitados cogen los
primeros puestos).
5º) La mirada de Jesús es una mirada asimismo capaz de descubrir lo exterior
para, desde allí, pasar a lo interior y acabar en la mirada espiritual (“con los ojos de
Dios”): en Mc 5, 38-40 descubre que donde los demás veían muerte sólo había sueño,
posibilidad de vida. En Mt 9, 4, conoce las auténticas intenciones de la persona. Un
texto clave para descubrir la mirada de Jesús: Lc 21, 1-3.
b) Una mirada sin prejuicios
1º) La mirada de Jesús tiene la capacidad de romper los prejuicios, sobre todo
cuando mira a los ojos. Y esa mirada de Jesús que llega a lo profundo transforma
nuestro corazón y nuestra mirada, y nos lleva, más allá de nuestros prejuicios, a un
mundo nuevo de posibilidades inéditas, descubre y revela lo mejor de cada uno de
nosotros/as (Jn 1, 45-48: del Natanael con prejuicios dirá “éste es un verdadero
israelita, en el que no hay doblez alguna”).
c) Una mirada esperanzadora que nos revela nuestra verdad
1º) Jesús sabe descubrir en cada situación, incluso la más cutre y
desesperanzada, a la persona concreta, porque ve en ella unas posibilidades que ni
siquiera esta es capaz de encontrar (ej. Jesús “ve la fe” de los que traían al paralítico,
Mt 9, 1-7)
2º) Jesús no rehúye el encuentro, sino que busca con la mirada: nos llama y nos invita.
Donde
antes había un personaje (un hombre importante) o una máscara (el pecador), Jesús
encuentra una persona; no para condenar, sino para invitar, acoger. Por eso se da el
cambio: encuentro con Zaqueo (Lc 19, 1-10) y el encuentro con la samaritana (Jn 4, 4-
26).
d) Un mirada que invita a la perfección
1º) La mirada de Jesús, aun estando llena de amor, es también exigente, por eso
puede provocar nuestros miedos y nuestras perezas, poniendo al descubierto nuestros
apegos. Sin embargo, ni siquiera en estos casos, no es una mirada que se impone,
sino que propone, dejando a la otra persona un espacio para su propia libertad y
opción (Mc 10, 17-22: el joven rico)
LAS 7 MIRADAS DE JESÚS
San Lucas 22,60-62 “De nuevo Pedro lo negó, diciendo: Amigo no se de qué
hablas” Todavía estaba hablando cuando un gallo canto. El Señor se volvió y fijo la
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MIRADA en PEDRO. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho:
Antes de que cante hoy el gallo me habrás negado tres veces y saliendo afuera lloro
amargamente.”
Posiblemente usted haya escuchado la historia de aquel ladrón que entra a
robar a una iglesia, y se dirige hacia el lugar donde se guarda la colecta, estaba
vaciando todo el dinero a su bolsa, cuando de pronto escucha una voz que venía de
arriba que decía “Jesús te está mirando” Jesús te está mirando” el ladrón asustado
mira hacia arriba y no logra ver nada, piensa un poco y dice -debe ser mi imaginación-
y sigue vaciando la colecta, cuando nuevamente se escucha la voz de arriba “JESUS
TE ESTA MIRANDO” nuevamente el ladrón echa una mirada hacia arriba y descubre
que el que hablaba era un loro, y le dice “loro mentiroso” que JESÚS ME ESTA
MIRANDO es mentira si no hay nadie aquí más que tú y yo, y el loro responde “JESUS
te está MIRANDO y está detrás de ti” el ladrón mira hacia atrás y se topa con la
mascota de la iglesia “un gran perro” furioso, entrenado para morder a extraños... el
ladrón sale más asustado de lo que entro, quejándose de los mordiscos del “can”. Y el
loro siguió hablando “TE DIJE QUE JESÚS TE ESTABA MIRANDO”
San Pedro paso por una experiencia que marcaría su vida por siempre, lo negó
al Señor, y el único que hace mención especial de este acontecimiento, el evangelista
San Lucas nos dice que Jesús fijo la MIRADA en Pedro.
Dicha MIRADA marco por completo la vida de Pedro ya que nunca olvido este
suceso puesto que es precisamente “San Pedro” el único que recuerda con lujo de
detalles las veces que Jesús paseo su MIRADA sobre los demás.
Veamos a continuación las 7 MIRADAS DE JESÚS escritas por el evangelista San
Marcos (secretario de San Pedro):
1. Una MIRADA de ENOJO
San Marcos 3,5 “Entonces Jesús paseo sobre ellos su MIRADA, enojado y muy apenado
por su ceguera, y dijo al hombre: “Extiende la mano”. El paralítico la extendió y su
mano quedo sana.
2. Una MIRADA FAMILIAR
San Marcos 3,34 “y MIRANDO a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos
son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios es
hermano mío y hermana y madre.
3. Una MIRADA DE FE
San Marcos 5,32 “Pero El seguía MIRANDO a su alrededor para ver quien le había
tocado.
4. Una MIRADA de REPROCHE
San Marcos 8,33 “Pero Jesús dándose la vuelta vio (MIRO) muy cerca a sus discípulos.
Entonces reprendió a Pedro y le dijo ¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no
son las de Dios, sino de los hombres.
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5.- Una MIRADA de AMOR
San Marcos 10,21 “Jesús fijo su MIRADA, en él, le tomo cariño y le dijo “Solo te falta
una cosa: vete vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás
un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.
6.- Una MIRADA de ADVERTENCIA
San Marcos 10,23 Entonces Jesús paseo su MIRADA sobre sus discípulos y les dijo:
“¡Que difícilmente entraran en el Reino de Dios los que tienen riquezas!”
7.- Una MIRADA de JUICIO (Antes de expulsar a los mercaderes del templo)
San Marcos 11,11 “Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó (MIRO) todo a
su alrededor y, siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.”
No te olvides “JESUS TE ESTA MIRANDO” y ¿COMO SERÁ SU MIRADA HACIA TI?
Si no crees que Jesús nos observa o nos MIRA todo el tiempo lee el salmo 139 o
Hechos de los apóstoles 17,28 que dice “Porque en Dios vivimos, nos movemos y
existimos.
EQUIPOS DE TRABAJO
Jn 4, 1-42 La Samaritana
PARA LA REFLEXIÓN:
• ¿Cómo mira Jesús a la Samaritana? Descubre y describe los rasgos de esta mirada.
• Si comparas la mirada de Jesús con la mirada de la juventud actual ¿Cómo ven los
jóvenes a las personas que viven para los placeres?
• Desde tu realidad como grupo parroquial ¿Cómo transformar esta mirada a la
mirada de Cristo?
Mc 10, 17-22 El joven rico
PARA LA REFLEXIÓN
• ¿Cómo mira Jesús a este joven? Descubre los rasgos de esta mirada.
• Si comparas la mirada de Jesús con la mirada de la juventud actual ¿Cómo ven los
jóvenes a las personas que “creen en Dios” pero viven un ateísmo práctico?
• Desde tu realidad como grupo parroquial ¿Cómo transformar esta mirada a la
mirada de Cristo?
Lc 21, 1-4 La viuda en el templo
PARA LA REFLEXIÓN
• ¿Cómo mira Jesús a esta viuda? Descubre los rasgos de esta mirada.
• Si comparas la mirada de Jesús con la mirada de la juventud actual ¿Cómo ven los
jóvenes a los pobres, a los ancianos, a los minusválidos, migrantes?
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• Desde tu realidad como grupo parroquial ¿Cómo transformar esta mirada a la
mirada de Cristo?
Lc 19, 1-10 Zaqueo
PARA LA REFLEXIÓN:
• ¿Cómo mira Jesús a Zaqueo? Descubre los rasgos de esta mirada.
• Si comparas la mirada de Jesús con la mirada de la juventud actual ¿Cómo ven los
jóvenes a las personas que se aprovechan de los demás?
• Desde tu realidad como grupo parroquial ¿Cómo transformar esta mirada a la
mirada de Cristo?