Revolucin de Chuquisaca
La Revolucin de Chuquisaca fue el levantamiento popular ocurrido el 25 de mayo de
1809 en la ciudad de Chuquisaca (actualmente Sucre), perteneciente al Virreinato del
Ro de la Plata. La Real Audiencia de Charcas, con el apoyo del claustro universitario y
sectores independentistas, destituyeron al gobernador y formaron una junta de gobierno.
El movimiento, fiel en principio al rey Fernando VII de Espaa, fue justificado por las
sospechas de que el gobierno planeaba entregar el pas a la infanta Carlota Joaquina de
Borbn, pero desde los comienzos sirvi de marco para el accionar de los sectores
independentistas que propagaron la rebelin a La Paz, donde se constituira la Junta
Tuitiva. Reprimido violentamente este ltimo y ms radical levantamiento, el
movimiento de Chuquisaca fue finalmente deshecho.
Revolucin en Chuquisaca
Alto Per
Alto Per en 1783.
El territorio del Alto Per, hoy parte integrante de Bolivia, estaba compuesto por cuatro
intendencias o provincias y dos gobiernos polticos militares. Una de las provincias era
la de Chuquisaca, en cuya capital Chuquisaca llamada tambin La Plata o Charcas y
hoy Sucre, 19235S 651533O tena su sede la Real Audiencia de Charcas.
La Intendencia de Chuquisaca contaba con los partidos de Yamparez (16 "doctrinas"
incluidas las parroquias de San Lorenzo y San Sebastin, sitas en los trminos de la
capital misma), Tomina (once pueblos), Pilaya y Paspaya (7 doctrinas), Oruro (4
pueblos), Paria (8) y Carangas (6).10
El Alto Per perteneci al Virreinato del Per hasta 1776. Por real cdula del 8 de
agosto, al crearse el nuevo Virreinato del Ro de la Plata, el territorio del Alto Per pas
a ser parte integrante de este nuevo virreinato. La real ordenanza de 28 de enero de 1782
dispuso que la administracin de lo concerniente a gobierno, guerra y polica estaba en
manos de intendentes, con acuerdo ltimo del virrey.
Actual Departamento de Chuquisaca.
As como la importancia de Potos radicaba en la riqueza de su cerro, la de Chuquisaca
giraba alrededor de la Audiencia y la Universidad Mayor Real y Pontificia San
Francisco Xavier de Chuquisaca, la cual reputada en la poca como una de las
mejores del mundo atraa estudiantes de los Virreinatos de Lima y Buenos Aires, por
lo que la ciudad era llamada la "Atenas americana".11
En esa poca tena una poblacin de alrededor de entre 14 000 y 18 000 habitantes, de
los cuales alrededor de 800 eran estudiantes y 90 miembros graduados del Claustro.
As, la actividad econmica de la ciudad era sostenida por los sueldos de los oidores,
empleados curiales y civiles, las costas de los procesos, la universidad, los asistentes a
actos literarios y constitucionales, las rentas eclesisticas,12 etc.
Vista de Sucre (Chuquisaca).
Desde haca tiempo existan fuertes desavenencias entre el presidente de Charcas,
Ramn Garca de Len y Pizarro, y la Real Audiencia; y entre el arzobispo de Charcas
Benito Mara Mox y Francol y el cabildo eclesistico, producidas en buena medida
por los celos y la ambicin, que tomaban mayor envergadura por el estado de anarqua y
desorden en que se hallaba Espaa.
Unos y otros contendores invocaban el auxilio del pueblo para hacer triunfar sus miras:
en uno de los pasquines que en 1808 circularon en Chuquisaca se peda al pueblo el
apoyo al clero oprimido, concluyndose por exclamar "Viva! Viva la libertad!".
Comienza el conflicto
Las noticias llegaron tambin al Alto Per y, en acuerdos del 18 y el 23 de septiembre,
la Real Audiencia de Charcas se opuso al reconocimiento de la Junta de Sevilla y de
Goyeneche como legtimo comisionado "habiendo otras juntas provinciales
independientes de la de Sevilla".
Las noticias de su entrevista con Carlota de Brasil despertaron alarma en la poblacin.
A mediados del siglo XVIII la provincia de Chiquitos, en los llanos al oriente de
Chuquisaca, haba sido alcanzada por las incursiones de bandeirantes brasileos,
quienes haban secuestrado para esclavizar a la poblacin aborigen, recuerdo que
despert suspicacias en la poblacin de la ciudad.
El 24, el arzobispo de Charcas, Benito Mara Mox y Francol, mand reconocer a la
Junta de Sevilla y a su representante, Goyeneche, intimando al clero bajo pena de
excomunin. El Real Acuerdo del 23 de septiembre traz una lnea entre los oidores por
un lado y el Virrey, el Presidente Ramn Garcia de Len y Pizarro y el Arzobispo Mox
y Francol, en torno a la aceptacin de la Junta de Sevilla.
A principios de noviembre Goyeneche fue recibido pomposamente, pero la Audiencia
se mantuvo en su posicin, lo que tambin desafiaba la autoridad del Virrey Liniers, que
lo haba aceptado. Goyeneche lleg a amenazar con hacer detener al regente, lo que
motiv una manifestacin pblica. La presentacin de los pliegos de la Infanta Carlota y
el fallecimiento del oidor Antonio Boero a resultas de las discusiones empeoraron
la situacin:
La Junta de Sevilla fue reconocida no solo sin contradiccin, pero an con alegra, y en
todo el virreynato slo un anciano y respetable magistrado, el Regente de Charcas, se
atrevi a censurar la ligereza e impropiedad de este paso: su singular firmeza le cost
muy cara pues muri de sofocacin por los insultos que Goyeneche le hizo al pasar por
esa ciudad.13
Interviene el Claustro
El presidente Pizarro elev los pliegos de Carlota a la Universidad y Claustro de
Doctores, pidindole su parecer. El Claustro siguiendo la posicin de su sndico, el
Dr. Manuel de Zudez no slo rechaz los trminos de la orden de la hermana de
Fernando VII, sino que calific en sus acuerdos de subversiva la comunicacin de la
Infanta: en efecto, habindose jurado a Fernando VII como rey de Espaa y de las
Indias, al desconocer ese derecho y afirmar que su padre fue obligado a ceder la corona
a Fernando por una sublevacin en Aranjuez, provocada con ese fin, no por cierto
dejaba de ser traicin.
Las principales observaciones del Claustro respecto de las "intenciones y miras
irregulares e injustas de la Corte de Portugal contra los sagrados e inviolables
derechos de nuestro Augusto Amo y Seor Natural, Fernando Sptimo" eran:
Que reconociendo y jurando como nico y legtimo monarca de Espaa e Indias, al
Seor Fernando Sptimo en virtud de la premeditada, legal y espontnea renuncia que a
su favor hizo de la Corona el Seor Don Carlos, cuando en el Real sitio de Aranjuez a
diecinueve de marzo del ao prximo pasado de ochocientos ocho, lo que ningn
espaol ni americano puede poner en duda sin ser visto y tratado como reo de alta
traicin".
Admira y asombra que la Seora Princesa del Brasil, Doa Carlota Joaquina en su
citado manifiesto dirigido a estas provincias, atribuya renuncia tan solemne y
autorizada, a una sublevacin o tumulto suscitado en la Corte de Madrid para obligar al
Seor Don Carlos Cuarto a abdicar la corona: proposicin subversiva que excita la
noble indignacin y horror de los dignos vasallos de Fernando Sptimo.
Que la inicua retencin de la sagrada persona de nuestro Augusto Fernando Sptimo en
Francia, no impide el que sus vasallos de ambos hemisferios, reconozcan
inflexiblemente a su soberana autoridad, adoren su persona, cumplan con la observancia
de las leyes, obedezcan a las autoridades, tribunales y jefes respectivos que los
gobiernan en paz y quietud, y sobre todo a la junta Central establecida ltimamente que
manda a nombre de Fernando Sptimo, sin que la Amrica necesite que una potencia
extranjera quiera tomar las riendas del Gobierno como la Seora Princesa Doa Carlota
Joaquina, a pretexto de considerarse suficientemente autorizada y obligada a ejercer las
veces de su Augusto Padre Don Carlos Cuarto (que ya dej de ser Rey) y Real Familia
de Espaa existentes en Europa, expresiones de su manifiesto.
Respuesta de la Universidad de Chuquisaca, AHN Cons. Leg. 21392.85 f. 76.
La Universidad finalmente expresaba no slo su opinin sino que se atreva a ordenar la
poltica a seguir:
En cuya consecuencia reflexionando sobre los perniciosos efectos que puede acarrear en
perjuicio de la soberana y la tranquilidad pblica el que circulen los citados papeles de
la Seora Princesa del Brasil, acordaron, mandaron y ordenaron que no se conteste a
dicha Seora Princesa Doa Carlota Joaquina.
El Claustro negaba tambin los derechos de la Infanta Carlota en razn de la Ley Slica,
sancionada en 1713 por Felipe V, que exclua a las mujeres de la sucesin.14 Al
respecto, Benito Mara Mox y Francol y Pedro Vicente Caete oidor honorario y
asesor del intendente de Potos aseguraban que la pragmtica estaba derogada por la
Pragmtica Sancin de 1789, sancionada por las Cortes de Madrid, a pedido de Carlos
IV. Si bien esto era cierto, sta era oficialmente desconocida en la poca incluso en la
Universidad dado que en su momento Carlos IV haba dado rdenes de que la
resolucin mantuviera un carcter reservado. Era ignorado incluso por la Junta Central,
que ante la afirmacin en ese sentido del embajador portugus debi asesorarse de
la veracidad convocando a dos personas que haban participado como procuradores de
dichas cortes.14 15
Las afirmaciones de Mox y Caete, lejos de restar argumentos a la oposicin,
generaron ms desconfianza, suponindose que la desconocida derogacin que era
sacada a la luz era slo un pretexto para cohonestar la usurpacin.14
El acta final de la Universidad, redactada por el Dr.Jaime de Zudez, tras ser aprobada
y firmada por todos los doctores, fue remitida por el rector al gobernador y directamente
elevada al virrey. Liniers, viendo el uso de palabras como traicin y referidas nada
menos que a la Infanta orden que se borrasen y destruyesen, por lo que Pizarro
dispuso que se le llevase el libro de actas y todo papel relacionado, y que el escribano de
gobierno arrancase las hojas y las destruyese.14
Jos Fernando de Abascal.
Durante su estada en Chuquisaca, Goyeneche se entrevist en varias ocasiones con
Ramn Garca de Len y Pizarro y con el arzobispo de Charcas, Benito Mara Mox y
Francol. Ambos tenan previamente conflictos con los oidores de la Real Audiencia y
con el cabildo eclesistico, respectivamente.
Es imposible saber si en esas reuniones, siempre reservadas, se tram la entrega del
virreinato a la princesa Carlota, pero es probable que slo se trat de la manera de que
cada cual conservase su puesto en la espera del resultado de los acontecimientos en la
Pennsula, a juzgar por la conducta previa y ulterior de esos personajes.16
Las diligencias de Goyeneche fueron cortas, pues la Real Audiencia y su presidente
Ramn Garca de Len y Pizarro reconocieron la autoridad de la Junta peninsular; y las
comunicaciones de la infanta Carlota no pasaron de meras formalidades que se
despacharon antes de que el plenipotenciario siguiera camino de Lima, en donde el
virrey del Per, Jos Fernando de Abascal, lo confirm en el rango de brigadier y le
concedi la presidencia provisoria de la Real Audiencia del Cuzco.
Sucesos en Buenos Aires
Mariano Moreno.
El 1 de enero de 1809, cuando deban asumir las nuevas autoridades del Cabildo de
Buenos Aires, se produjo el levantamiento en Buenos Aires, conocido como la Asonada
de lzaga. Si bien la mayora de sus partcipes eran espaoles nativos,17 muchos
criollos, como Mariano Moreno lo apoyaban. Parte de las milicias espaolas apoyaban
la rebelin: los tercios de gallegos, vizcanos y miones de Catalua. Pero las milicias
criollas encabezadas por Cornelio Saavedra y el tercio de andaluces sostuvieron a
Liniers, con lo que el movimiento fracas. lzaga y los cabecillas fueron desterrados a
Carmen de Patagones18 y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos.
Cornelio Saavedra.
El tercer movimiento se dara en las provincias de "arriba", en el Alto Per: en Charcas,
el 25 de mayo; en La Paz el 16 de julio; y se propagara a Quito el 10 de agosto, con la
Instalacin de la Primera Junta de Gobierno Autnoma de Quito tras el levantamiento
de la Real Audiencia de Quito.19
Los sucesos de Buenos Aires no eran ajenos a los de Chuquisaca. Por un lado, el asesor
del intendente Pedro Vicente Caete, odiado por los oidores propietarios escribi el 25
de enero la "Carta consultiva apologtica" apoyando a Liniers.
De manera similar, los partidarios de lzaga mantenan contactos con comerciantes del
Alto Per, especialmente de Potos. Muchos de los estudiantes eran oriundos del Ro de
la Plata, y casi todos los graduados de la capital haban estudiado en Chuquisaca y se
haban relacionado en mayor o menor medida con los crculos independentistas. Tal era
el caso de Mariano Moreno, que era considerado por estos ltimos como un verdadero
comisionado.
Mayo de 1809