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Madame Bovary Por Monsieur Bovary Cap. 1 PDF

Este documento presenta un resumen de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, narrada desde la perspectiva del esposo de Emma Bovary, Charles. Charles describe su infancia, su matrimonio con una viuda mayor y rica, y su encuentro con Emma Rouault, de quien se enamora. Luego narra su matrimonio con Emma y los problemas que enfrentan debido a los gastos excesivos y las infidelidades de ella.

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Madame Bovary Por Monsieur Bovary Cap. 1 PDF

Este documento presenta un resumen de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, narrada desde la perspectiva del esposo de Emma Bovary, Charles. Charles describe su infancia, su matrimonio con una viuda mayor y rica, y su encuentro con Emma Rouault, de quien se enamora. Luego narra su matrimonio con Emma y los problemas que enfrentan debido a los gastos excesivos y las infidelidades de ella.

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Madame Bovary (1857)

Gustave Flaubert (1821-1880)


Contado por Monsieur Bovary

Ante esta gran novela uno se plantea si escribir una breve resea o ms bien hacer un comentario
de texto en toda regla. Su calidad, su importancia me impiden despacharla con una mera faena de
alio suum cuique tribuere-, pero tampoco quisiera hacer aqu un ensayo lingstico, literario o
sociolgico sobre ella. Debe haber cientos de ellos, ms o menos insufribles. Existe uno famoso de
Mario Vargas Llosa titulado La Orga Perpetua: Flaubert y Mme. Bovary, que es un libro de casi
trescientas pginas, un libro de un libro; una referencia ineludible. Yo aqu har otra cosa
considerablemente inferior aunque espero que ms divertida, esperando entretenerles y acaso
despertar vuestro inters por esta estupenda novela.
Sinopsis:
Aunque es sabido que el tema central de la obra es la infidelidad de Emma Bovary, no desvelar el
argumento de la novela, sino que apenas esbozar sucintamente los hechos que acontecen a lo
largo de ella. La novela se estructura en tres partes: En la primera el autor se remonta a la infancia
de Carlos (Charles) Bovary, sus das grises de escolar voluntarioso, sus primeros tiempos de
mdico rural en Tostes tras casarse con una viuda y despus su noviazgo y matrimonio con Emma
hasta que queda embarazada y se mudan a otro pueblo. La segunda narra las infidelidades de la
seora Bovary en Yonville. Y en la tercera se lleva a cabo el desenlace de una vida de desaciertos
familiares, econmicos y amorosos, tanto para l como para ella.
El comentario:
A m los asuntos relacionados con el adulterio siempre me producen un fuerte rechazo, me da
como dentera. Tal vez hablando de ello se me pase un poco, ya veremos. La novela Madame
Bovary est narrada desde el punto de vista de un narrador omnisciente, que es aquel que cuenta
la historia en tercera persona desde fuera, ajeno a la misma, pero lo sabe todo de ella y de todos
los personajes. Aunque a veces calle y silencie algo que sabe y no le conviene decir. Pero Qu tal
si Flaubert hubiese narrado su obra desde el punto de vista de alguno de sus personajes? La cosa
cambia; los personajes no son tan sumisos ni complacientes entonces. Al personaje que le dejen
tomarse un dedo se tomar la mano y el brazo entero si se descuida el autor. Recordad el trajn
que tena Don Miguel de Unamuno con sus dscolos personajes.
Es notorio que algunas novelas perduran para la posteridad y no es agradable interpretar un papel
insufrible toda la vida, viviendo una eterna condena sin la esperanza de la posible redencin. Por
mi parte yo dar a alguno de ellos esa oportunidad, la posibilidad de al menos explicarse y contar
su punto de vista.

Si la visin que tiene la intelectualidad literaria sobre Madame Bovary personaje es la que tiene
Mario Vargas Llosa entonces me he perdido gran parte de la obra, debo ser un lector bastante
simple pues nunca encontr ese lado feminista y revolucionario del mayo del 68 en la novela de
Flaubert. Cre ms bien reconocer a una mujer caprichosa y antojadiza, derrochadora, insensible,
despreciativa, infiel, irresponsable, peligrosamente calenturienta y algunas cosas ms que el autor
supo apuntar ms o menos sucintamente. Pero a lo mejor slo lo vi eso yo. Nuestro amigo Charles
Bovary, el marido de la Madame, no debi verlo tampoco, al menos al principio, cegado por el amor
platnico y ms tarde por la pasin carnal. Pero luego, despreciado da tras da, tan falto de cario
y de recursos econmicos como se iba quedando, debi cambiar de talante paulatinamente y de
actitud ante la cruda realidad. Como mi punto de vista nada importa dejmoslo todo en boca del
hombre que ms la am y la padeci.
Me pondr pues en el lugar del marido, aunque no s por qu me tengo yo que identificar con l,
en lugar de hacerlo con uno de sus amantes o con la propia Emma Bovary - como al parecer quiso
hacer el autor-, roles menos sacrificados y ms divertidos. Pero en fin, me sacrificar y ser Carlos
por un rato, espero no acostumbrarme. As contar lo que el narrador ocult a todos los lectores,
pero que hasta l pudo desconocer, de tal modo que adems esto sirva incluso como una pequea
venganza.
-----------------------------------------------------------------------------------------------MADAME BOVARY. La novela narrada por su esposo Monsieur Bovary
CAPTULO 1
Ya saben que fui un mediocre pero voluntarioso estudiante del que se burlaban a menudo los
listillos de la clase, aunque yo llegu a mdico y a ellos me los encontraba luego por los corrales de
las aldeas, de porqueros o de gaanes arando en el campo, y no es que tenga eso nada de malo.
Tuve un padre juerguista y borrachn, que no echaba muchas cuentas de m, por eso yo quise
estudiar y ser una persona de provecho. Y tuve una madre de su casa cansada de ser pobre y de
aguantar a mi padre. Por eso cuando me gradu busc una mujer que me conviniera, una rica
viuda muchos aos mayor que yo. Y no porque yo no fuera capaz de procurarme una buena mujer,
pues no soy mal parecido y tengo una profesin respetable, as que digamos disfrutaba de cierto
reconocimiento entre las solteronas de mi pueblo, a las que yo me entregaba sin grandes
discernimientos para tormento de mi previsora madre.
La seora viuda en cuestin, Madame Dubuc, contaba a la sazn 45 aos cuando me cas mi
madre con ella, quince ms de los que cumpla yo entonces, por lo que en principio plante mis
reticencias, si bien claudiqu ante las numerosas ventajas que me hicieron ver contena aquel
contrato matrimonial. Me fui a vivir a su gran casero a las afueras de un pequeo pueblo llamado
Tostes, al otro lado de nuestra comarca. La recuerdo siempre vestida de negro, con una mirada
libidinosa. No muy agraciada de semblante porque tena la cara un poco estropeada por una
dermatitis incipiente. Pero a pesar de que era delgadita y aparentemente poquita cosa, su disfraz
de luto esconda un cuerpo exuberante y lujurioso, siempre presto adems a ser exhibido,
sabedora ella de sus irrenunciables encantos.
Los primeros das los pasamos encerrados en casa, repasando una revista ilustrada que haba
mandado traer de Pars la viuda cuando acept mi mano. Una revista que pronto comprob se
saba ya bastante bien cuando yo la abr por primera vez y que tena ya incluso las esquinas
dobladas para marcar las pginas ms interesantes.
Pronto acabamos el repertorio y empezamos por el principio, pero yo no poda con mi cuerpo y me
escapaba con el caballo con la excusa de una visita de urgencia. En una de las cuales conoc al
seor Rouault, un floreciente campesino con una pierna rota que tena una hija preciosa llamada

Emma a la que recuerdo aquel primer da vestida con un escueto corpio rojo tan liviano que le
designaba a las claras desde su pequea cintura hasta la gargantilla.
Gracias a Dios era una fractura limpia en el tobillo que ya haba tratado alguna vez, porque aunque
no puedo decir que la escayolara a ciegas, s que lo hice mirando casi al tendido, embobado por la
presencia de aquella joven campesina tan hermosa.
Desde aquel da Monsieur Rouault fue mi mejor cliente y precisaba de toda mi atencin; fue la
fractura de peron mejor cuidada de Francia. Lo que no poda comprender mi astuta mujer.
Puedo jurar que respet carnalmente a mi esposa toda su vida, pues los encuentros con la hija de
los Rouault fueron meramente platnicos, entre la picarda de la chica que me llevaba en volandas
apenas con la punta de la muleta -como Finito cuando no le embisten- y el paralizante desgaste
que llevaba yo de casa.
Aunque la viuda puedo dar fe y certificar que era una seora sana, empez a mostrar sntomas de
deterioro, tal vez por los celos, preocupaciones y excesos maritales que fueron minando su salud y
que corrieron de boca en boca por toda la comarca. En su desvaro la hermosa viuda lleg a
proponerme traer a casa a la joven Enma para que pudiramos disfrutar todos juntos de su
presencia, y animarla a participar en nuestras ms ntimas correras, como habamos visto hacer en
su perversa revista parisina. Como yo me negara a ello, debido a su falta de confianza en m, quiso
incrementar an la dosis de amor carnal, pues en la duda se haba propuesto que yo al menos
llegase exhausto a los brazos de mi amada. Fueron tantos los excesos que realmente haban
degenerado en una peligrosa ninfomana, llegando un da en el que no lo resisti ms su ferviente
corazn. Descansando yo, al fin, tanto como ella.
Despus de unos das de merecido luto y reposo, ms pronto que tarde corr a galope tendido a ver
cmo evolucionaba la fractura de mi cliente, para retomar mi tesis doctoral. Los seores Rouault se
alegraron de verme y me dispensaron un opparo recibimiento que, junto a las atenciones de su
cariosa hija aliviaron mi corto pero intenso dolor.
Terminada la tesis -cum laude- no haba excusas para prolongar las visitas, por lo que tuve que
hacer pblico mi inters por Emmita para continuar aquella relacin por los cauces reglamentarios.
El seor y la seora Rouault tuvieron a bien ratificar nuestra unin, no sin cierto recelo, pues
aquellas batallas campales por el interior y el exterior de la casa de la viuda fueron vox populi, si
bien cuando tuve ocasin siempre reiter mi papel de vctima ms que de verdugo. A partir de
entonces se peg un poquito ms la dulce campesina, con el torito ya embistiendo. Pero sin
redondear completamente la faena. Guardando lo mejor a sabiendas para despus del matrimonio.
Lo que provocaba en m cierto progresivo aturdimiento.
Pero no me import sufrir un tiempo sabedor que pronto saboreara aquellas prometidas mieles.
Aunque pronto se me hizo duro, comprendern que nadie pasa fcilmente del lujo asitico a la
miseria ms absoluta, pues con unas flores silvestres, con romnticas poesas recitadas al odo y
alguna reiterada meloda al piano pretenda ella calmar mis impulsos varoniles.
Por lo que pronto nos casamos y nos fuimos a vivir a mi casa, bueno al gran casern que hered
de la viuda en Tostes.
Emma pronto lo transform completamente. Hizo obras en el jardn para ampliar el porche y reducir
los
corrales
y
construy
una
buhardilla
encima
de
la
segunda
planta.
Compr muebles nuevos como para un palacete, de estilo barroco y rococ en su mayora. As
como decenas de grandes y pequeos cuadros. Aqu colocaba un gran cojn en el suelo, ms all
una alfombra persa, por aqu un enorme divn, al otro lado un gran sof con dos butacones a juego
y camas en todas las dependencias y de todos los colores del arco iris, con dosel y sin dosel,
sencillas o profusamente decoradas. Salvo en la cocina donde coloc un gran banquete acolchado
y en el cuarto de bao, donde cambi la sobria y funcional ducha por una enorme e historiada

baera. Ya les digo, todo pensado para no despistarse ni un momento de las ms tiernas labores
maritales y borrar de paso cualquier vestigio del pasado. Si bien a mi me pareci todo esto en
realidad ms de lo mismo, aunque me resultaba excitante imaginar con Enma las apasionadas
escenas interpretadas con la viuda por todos los rincones de la casa.
Mi encantadora esposa no saba frer un huevo ni hacer una cama, aunque yo ya lo saba, yo ya
saba que tendramos que tirar de chequera para tener a una mujer al servicio de la casa.
Anastasia, una mujer muy buena a la que atend por primera vez al llegar a Tostes con la viuda
sera nuestra criada. Emma era una buena jefa y todo se haca segn sus rdenes a la perfeccin,
tal vez demasiado meticulosamente incluso al principio.
Despus de mantenerme a raya durante todo el noviazgo en la noche de bodas, despus de
abandonar todos los invitados el casero, me tena reservada una fiesta privada en la alcoba.
Enfundse una especie de disfraz negro a lo chica-gato, con su antifaz y su cola a manera de
ltigo, me encerr en el cuarto de bao y me hizo salir para recibirme en lo alto de la gran cama de
esa guisa. Se pueden imaginar lo dems; ronroneos, maullidos y araazos por toda la habitacin
hasta el amanecer. Y eso que se estaba estrenando la Madame. Desde entonces la expupila de las
monjitas puso toda su imaginacin al servicio de la pasin amorosa y demostr grandes actitudes.
Las primeras semanas de matrimonio fueron un no parar, entre la sobreabundancia decorativa y
sexual. Y yo estaba encantado, pues, dada mi experiencia personal, pens que eso era lo normal
al casarse, aunque algunas de sus tcnicas autodidactas resultaban sumamente retorcidas y
extravagantes. Yo la quera como era, como fuese, con sus rarezas y sus excesos. Sus
exageraciones parecanme exigencias de la perfeccin que ella pretenda. La miraba y me
quedaba embobado, no acababa de comprender como poda ser para m una mujer como ella.
Yo trabajaba generalmente fuera de casa, visitando a los enfermos de la comarca, a veces llegaba
a almorzar y a veces no. Pero a las ocho estaba en mi casa siempre. Los fines de semana apenas
salamos. Algunos domingos pasbamos el da entero de habitacin en habitacin. Como yo haba
aprendido mucho de los libros y tena bastante experiencia quise abrir poco a poco el repertorio, a
lo que no puso reparos en ningn momento, mostrndose al contrario de lo que cabra esperar,
sumamente maosa y creativa, pens yo que como una forma de competir con la fama de la
apasionada viuda, eso pens yo al principio.
Aquella especie de competicin que mi esposa quera librar contra mi difunta esposa dej
esquilmadas nuestras arcas. La generosa dote pronto desapareci convertida en mil cuadros,
muebles y cachivaches de todas clases. Cuando termin la Madame de poner los pesados
cortinajes de vivos colores y las historiadas lmparas, para terminar de decorar nuestro hogar,
quiso que colgase en la fachada unos graciosos candelabros con unas pequeas velas de color
prpura que le dieron un impresionante aspecto a la casa -de lupanar de lujo-.
Pero a m me pareca todo aquello como ella deca, de una gran clase y categora, por lo que
nunca me quej de su buen o mal gusto, sino todo lo contrario. Slo le insinuaba la posibilidad de
haber escogido unos materiales ms econmicos, pues vea mermar considerablemente nuestra
hacienda. Hasta el punto que tuve unas cortas vacaciones de boda, pues no me qued ms
remedio que echarme pronto al monte a buscar enfermos que sanar para sustentar nuestro alto
nivel de vida. Empec por ello a volver ms tarde a casa, rara vez antes de las diez de la noche,
cansado de buscar pacientes, cansado de encontrar enfermedades donde no las haba y cansado
de curar.
Cuando llegaba a casa siempre me encontraba la cena preparada y un montn de cambios en la
decoracin del hogar. Cada detalle me pareca a m un toque de genialidad y de gracia de mi
esposa. Aunque cada da me quedaban menos ganas de subir a ver las nuevas incorporaciones,
pues para llegar a la buhardilla haba que subir cuatro tramos de escaleras y yo llegaba muerto de

los saltitos y vaivenes de mi rocinante. As es que cuando no le dola la cabeza a ella al acostarnos,
me dola a m. Y aquella pasin inicial fue paulatinamente desapareciendo.
Mientras yo curaba enfermos mi seora dispona con la criada todo lo necesario para tener en
orden nuestro hogar. Cuando terminaba de dar las rdenes pasaba revista y todo estaba como los
chorros del oro, impecable. Al menos los primeros meses. Mi madre admiraba la perfeccin de su
nuera, aunque siempre le pareci que estaba viviendo por encima de sus posibilidades. Empezaron
ambas a tratarse como mam e hijita, pero pronto dejaron ese tratamiento para los comentarios
irnicos. Un da en el que mi madre quiso apuntar algo respecto a la necesidad de una educacin
religiosa para la criada, mi esposa le correspondi con una respuesta fulminante, impropia no ya de
una hija sino de una nuera o de una dama como ella pretenda ser. Por lo que nunca ms quiso
intervenir en nuestras cuestiones del hogar.
Aunque Emma dej de mostrarse cariosa conmigo nada ms casarnos, es verdad que durante las
primeras semanas, algunos meses incluso, su actitud apasionada compens con creces la falta de
delicadezas que me dispensara durante el noviazgo. Pero una vez terminadas las obras y la
decoracin de la casa la pasin ces tambin a la misma vez, como si acabados sus dispendios no
se sintiera en la obligacin de seguir compensndome por ello. Aquello le funcion, nos funcion lo
que duraron como digo las obras. Pero pronto cambi el humor de Emma, empez a estar de mal
genio y a descuidar incluso su casa. Trataba yo los fines de semana de encontrar una aficin que
me apartase al menos por unas horas del encierro con mi enemiga, descubriendo en el senderismo
la mejor forma de conseguirlo. Aunaba al mismo tiempo naturaleza, ejercicio fsico, salud y el
tiempo suficiente para cargarme de paciencia y tratar de encarar mi vida hogarea con buen
talante. Pero pasaba el tiempo y no pareca mejorar la situacin.
Hubo un suceso que la perturb definitivamente. Fue una invitacin que nos hicieron al baile del
marqus Vaubyessard como agradecimiento a unos esquejes de cerezo que le regal a travs de
un conocido suyo al que tuve la fortuna de curar. Aquel episodio desquici a Emma por completo.
Asistimos a la gran mansin de los ricos marqueses con lo mejor que pudimos adquirir para la
ocasin. Cohabitamos todo el da con los ms refinados petimetres de Rouen y Pars, entre
enormes y oscuros retratos de sus antepasados. Presenciamos un almuerzo con exquisitas
delicatesen no aptas para el paladar de dos campesinos aburguesados como nosotros, pues no
consegu encontrar un solo manjar de mi gusto.
Pero Emma pareca encantada, aunque permaneci toda la comida sin echarse nada a la boca
tampoco, como observ hacer a otras damas, viendo extasiada pasar flotando de aqu para ya un
rosario de floridos manjares entre maravillosos jarrones de porcelana y relucientes candelabros de
plata. Al atardecer las mujeres se cambiaron de ropa para saltar a los salones de baile. Emma no
consinti que bailara yo, aunque ella desconoca que no lo haca mal del todo pues tena cierta
prctica, no para el vals precisamente. Ella sin embargo, requerida por un engolado vizconde de no
s dnde, danz hasta altas horas de la noche, girando hasta marearnos a todos con grandes
estrecheces y sin muchos miramientos, a no ser los que le prodigaba por encima de su escote. Y
eso que no tena costumbre.
Mientras tanto yo vea jugar a las cartas a los seores, trasegando el nico vino decente de
palacio, retranqueado en una puerta durante ms de tres horas. Por ello a las once cuando se
empez a hablar de marcharse no pude evitar dar muestras de alegra. Fueron despidindose de
dos en dos decenas, quizs cientos de personas, pero Emma segua girando como una peonza,
toqueteada como el ms usado de los violines de la fiesta. Cuando slo quedaron el marqus y su
esposa junto al vizconde y la ma, los anfitriones decidieron poner punto final a la velada. Nos
despedimos a la francesa, pues solos no encontrbamos la salida perdidos por aquellos largos
pasillos de palacio. Por el camino me encontr una preciosa petaca de tabaco que quiso guardar
como recuerdo de la ocasin mi obnubilada esposa -cual misteriosa flor de Coleridge trada del
Paraso-.

Nada ms llegar a casa se encontr con la cena sin hacer y cierto desorden incomprensible para
ella. As que llevada por la clera que le inspiraba su vuelta a casa e indignada por semejante
indisciplina puso de patitas en la calle a Anastasia, y no pude hacer nada para disuadirla de ello. Al
da siguiente ya haba encontrado su sustituta, una guapa muchacha de 14 aos, hurfana,
llamada Felicidad, a la que quiso ordenar para empezar que se dirigiese a ellos en tercera
persona, nada de tutearlos desde el principio, como haba visto hacer a los criados con los
marqueses. La ense directamente todo lo necesario para llevar una casa y atenderla a ella
personalmente. Cosa que la nia hizo al pie de la letra demostrando gran sabidura y discrecin.
A partir de entonces Emma entr en una fase agria y depresiva. Quiso refugiarse en la lectura de
las revistas de moda de Pars y en las novelas romnticas que proliferaban por entonces. Aburrida
en su casa todo el da, rodeada slo de campo y de vecinos vulgares, hasta que llegaba yo y
pagaba conmigo todas sus insatisfacciones. No lo comprendo se quejaba de que no estaba con
ella ms tiempo y cuando llegaba no me soportaba, siempre haba algo que reprocharme. Ya tema
yo llegar cada da a casa, iba pensando en qu es lo que habra hecho mal aquel da. Y es que
parece que ser mdico fuera poco para ella, le hubiera gustado si acaso que fuera un clebre
doctor o cientfico para aparecer en las portadas de los peridicos o algo as. Me deca que por qu
no estudiaba ms para progresar en mi profesin. Pero yo bastante tena con trabajar todo el da
para costear nuestro rgimen de vida. Yo no paraba en todo el da.
Si bien no tena conocimientos profundos de algunas enfermedades raras gozaba de buena
reputacin por toda la comarca, se me daban bien los tpicos resfriados y los dolores de muelas,
pues me daba cierta maa en las extracciones. Y no me importaba coger el bistur si era necesario
para sangrar los males de peor curacin. Solan alegrarse sinceramente cuando llegaba a casa de
un paciente, pues trataba de sacar lo ms agradable de mi carcter, me desenvolva bien con los
nios y nunca result orgulloso para nadie. El tiempo que me quedaba era apenas para comer y
dormir porque haca muchas semanas ya que no mantenamos realmente relaciones de otro tipo,
mejor dicho, de ningn tipo. Apenas el saludo de llegada y despedida, pues los avisos para comer
eran cosa de Felicidad, la muchacha, que creca a ojos vista y se estaba convirtiendo en una
preciosa seorita.
Emma hablaba sola de marcharse muy lejos, de viajar a Pars, de cambiar su vida. Dej de tocar el
piano e incluso de leer, ya saba todo lo que tena que saber. Y slo quera morirse de una bendita
vez. Tan mal se encontraba que cay enferma realmente, por lo que decid llevarla a que la viera
un colega de Pars, el Dr. Denis Leloup, recomendado por un profesor mo de Rouen, una
eminencia de las que hubiera querido ella para s, al que le cont pelos y seales de sus
desgracias en su primera consulta. Quien le diagnostic tras numerosas sesiones a las que no
pude acompaarla, un delicado problema nervioso con la recomendacin de cambiar de aires
como nica alternativa.
As pues decidimos marchar de Tostes en breve despus de cuatro aos all, dejando algunos
amigos y una buena clientela, todo por el bien de mi querida esposa, hecho que nunca me
agradeci. Encontr un puesto vacante de mdico rural en un pueblo algo mayor que el nuestro en
los lmites de nuestra comarca, Yonville LAbbaye, a ocho leguas de Rouen en los confines de
Normanda.
Cuando salimos de Tostes en el mes de marzo, inverosmilmente Madame Bovary, mi
seora,.[Link].
Fin del primer captulo

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