Culturales
Universidad Autnoma de Baja California
cecmuseouabc@[Link]
ISSN (Versin impresa): 1870-1191
MXICO
2006
Roberto Snchez Bentez
IMAGINACIN E HISTORIA EN LA NOVELA HISPANOAMERICANA
Culturales, julio-diciembre, ao/vol. II, nmero 004
Universidad Autnoma de Baja California
Mexicali, Mxico
pp. 117-133
Red de Revistas Cientficas de Amrica Latina y el Caribe, Espaa y Portugal
Universidad Autnoma del Estado de Mxico
[Link]
Imaginacin e historia
en la novela hispanoamericana
Roberto Snchez Bentez
Universidad Michoacana de San Nicols de Hidalgo
Resumen. La contribucin de la literatura a la formulacin de la cultura hispanoamericana se encuentra fuera de duda. Entre otras formas, lo ha hecho presentando la novedad americana y dando cuenta de un deseo y una imaginacin inagotables. La literatura representa no slo el arte del lenguaje, sino la
morada permanente de humanidad en la que vivimos. En las ms recientes
expresiones de la literatura hispanoamericana, el tema de la historia, la memoria
y la imaginacin ha cobrado especial importancia. La propuesta reciente de esta
literatura advierte sobre los peligros del olvido, del riesgo de abandonar el
lenguaje y de la necesidad de seguir contando con amplios espacios culturales
donde la creatividad sea una forma de reinventarnos, de imaginar lo que falta
por vivir o, al menos, de contar con la posibilidad de seguir nombrando lo que
sucede, de que nadie calle: silencios condenados, la vida atrevida, las razones
de la pobreza, la marginacin y la explotacin. Para abordar lo anterior, habremos de referirnos, en particular, a los escritores mexicanos Carlos Fuentes y
Carmen Boullosa.
Palabras clave: 1. literatura, 2. novela hispanoamericana,
3. historia e imaginacin, 4. espacios culturales, 5. conciencia social.
Abstract. The contribution of the literature in the [Link] culture is
out of doubt. Among other ways, it has been done by presenting the American
newness and by reporting the unending desire and imagination. Literature
not only is the art of language, but the permanent dwelling of humanity in
which we lived. In the recent expressions of Hispano-American literature, the
subjects of history, memory and imagination received special importance. This
literature warns of the dangers of the forgetfulness , the risk of leaving the
language and the necessity to continue having an ample cultural spaces where
the creativity is a form of reinvention what we are, or to imagine what we need
or, at last, having the possibility of naming what happens, i.e. that nobody must
be keep in silence: condemned silences, the reasons of poverty, margination,
explotation. To talk about these matters we have choosen two Mexican writers,
Carlos Fuentes and Carmen Boullosa.
Keywords: 1. literature, 2. Hispano-American novel,
3. history and imagination, 4. cultural spaces, 5. social conscience.
culturales
VOL. II, NM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2006
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Culturales
El mundo de lo no-velado
No es la misin del novelista decir que se vive en el mejor de
los mundos, sino el descubrir que, detrs de cada realidad humana, incluso la ms luminosa, existe una gran sombra.
Carlos Fuentes
CARLOS FUENTES ES UNO DE LOS NOVELISTAS mexicanos de ms amplio
reconocimiento internacional. A lo largo de ms de cincuenta
aos ha sido una conciencia lcida de los problemas culturales e
histricos de Hispanoamrica, o del continente afro-indo-iberoamericano, como le gusta sealar. Sus reflexiones sobre historia, cultura, poltica, educacin, han creado una visin inquietante. Particularmente, es posible detectar en su produccin
intelectual un movimiento que va del presente al pasado, en un
intento por comprender la aventura de la historia e identidad
cultural hispanoamericana a partir de la sugestiva idea de que el
Nuevo Mundo no fue en realidad descubierto sino inventado,
imaginado, deseado, necesitado. De acuerdo con lo anterior, es
la literatura la que realiza un aprendizaje de la realidad; la descubre en sus implicaciones y posibilidades, aun en lo no vivido,
como se ver en el segundo apartado. En este sentido, Fuentes
representa un buen ejemplo de la situacin contempornea de la
literatura latinoamericana en su conjunto: ha sido fiel a tradiciones que nos han dado rostro imaginativo e histrico. Desde sus
inicios, al igual que escritores como Ernesto Sbato o Julio
Cortzar, tuvo que combatir dicotomas innecesarias que, en
los aos cincuenta del siglo pasado, condenaban a los escritores, y a los intelectuales en general, a elegir entre el realismo y la
fantasa e imaginacin; nacionalismo o cosmopolitismo, y entre
compromiso y formalismo o artepurismo.1 Frente a estos falsos
1
Ernesto Sbato habr de responder a preguntas que le dirige un imaginario periodista sobre la naturaleza del boom latinoamericano, o al hecho de estar comprometido con una realidad, o de si escribe a partir de sus experiencias o inventa, sealando realidades ineludibles a todo hombre: Vea, amigo, dejmonos de tonteras y de
una buena vez por todas digamos la verdad. Pero eso s: toda la verdad. Quiero decir,
hablemos de catedrales y prostbulos, de esperanzas y campos de concentracin. Yo,
por lo menos, no estoy para bromas porque me voy a morir (Sbato, 1985:252).
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Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
extremismos, Fuentes encontr una forma de encarar el arte de
la novela basndose, por ejemplo, en ideas del filsofo checo
Karel Kosik o del escritor de la misma nacionalidad Milan
Kundera para sostener que la novela no muestra ni demuestra al
mundo, sino que agrega algo a l: crea complementos verbales;
en suma, realidad.2
La novela nombra, dice lo que era invisible, lo que se sabe
que existe pero que no es dicho; lo olvidado, marginado o perseguido; an ms, como lo lleg a sostener Julio Cortzar, lo
que es necesario volver a decir para que no se olvide: historias
mnimas, ocultas, sombras que acosan a la realidad. En los aos
sesenta, Fuentes hablaba de un realismo simblico, posible
en la medida en que, por un lado, la realidad no admite construcciones lgicas (la vida cotidiana no est ordenada lgica ni
intelectualmente); mientras que, por el otro, la fantasa es una
realidad cotidiana ms evidente que la realidad creada. As, la
novela es una forma de conocer el mundo, un producto tpico
de la modernidad, a la vez que representa uno de sus testimonios ms perdurables y vivos. Es una sabidura basada precisamente en la incertidumbre, ese legado cervantino que permite
enfrentar el hecho de en verdad no saber quines somos, de
dnde venimos ni cul sea nuestro lugar en el mundo, as como
el reconocimiento de que podemos ser diferentes sobre estos
presupuestos. La novela es el producto cultural que explora la
existencia y, en esta medida, el campo de las posibilidades
humanas, todo lo que el hombre puede llegar a ser, todo aquello de que es capaz (Kundera, 1988:46). La novela descubre
imaginando, crea inventando. Acciones que Fuentes encuentra, de cualquier manera, en la fundacin de Amrica como
empresa cultural. Es por ello que la novela hispanoamericana
ha sido, en este sentido, espejo del origen: volver a necesitar,
desear y nombrar el continente para evitar que se pierda en el
2
Es interesante observar cmo esta idea estuvo presente en el campo literario
de Mxico en los aos cuarenta. Una prueba de ello lo encontramos en el poeta Al
Chumacero: El mundo no es en s potico ni no potico; lo que hace la poesa es
prolongar la materia. No es slo un grupo de sonidos sino una creacin que aade
algo a la existencia. [...] Eso lo aprend de Martn Heidegger (Campos, 1986:21).
Chumacero fue discpulo de Jos Gaos, traductor, como se sabe, de Heidegger al
espaol.
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olvido, que se hunda en el abismo de las falsas polaridades y
radicalismos que lo fragmentan.
Heredera de tradiciones humansticas del Renacimiento, la
novela representa el gnero de gneros, el territorio ms amplio de la literatura, el ms dinmico, plural y excntrico: palacio inacabado de la palabra, construccin verbal interminable.
La funda la novedad, el descubrimiento de la incompletud humana, el relativismo, la conciencia de la transculturalidad, la
apertura de los horizontes dogmticos y de intolerancia, la posibilidad de hacer coincidir historias distantes y lenguajes conflictivos. 3 Es un reflejo, por tanto, del mundo variado y
contrastante que vivimos; mundo en perpetua tensin con todos sus sedimentos temporales y voces dispares, con el deseo
y la imaginacin que nutren a las culturas.
En la novela, Fuentes ha encontrado la forma en que los destinos individuales se articulan con los colectivos. De ah que
represente una forma privilegiada del dilogo de las culturas
entre s, del hombre concreto con los diferentes tiempos que
escalonan su existencia. Por ello, la novela brinda la posibilidad de reintroducir al hombre en la historia y al sujeto en su
destino. Historia y novela han creado una relacin indisoluble.
Fuentes narrativas que no saben decidirse entre la crnica, la
imaginacin, la historia, el mito, la biografa, o que ms bien
anticipan los estilos del futuro, como es el caso del memorioso
Bernal Daz del Castillo, para quien la historia es una recuperacin del tiempo perdido.
Con mucho, el desafo de la literatura hispanoamericana en la
segunda mitad del siglo veinte consisti en la elaboracin de
una funcin social y esttica ms amplia del arte de la palabra.
3
En algn momento de Rayuela (1963), Cortzar se refiere a la posibilidad de
tiempos paralelos, diferentes; negacin de un tiempo absoluto nico, unidireccional; tiempos que podran en un momento cruzarse y mostrarnos una dimensin
inatendida de la realidad, espacio de lo figurativo donde todo vale como signo y
no como tema de descripcin. Quienes se ubican en este espacio pueden ensayar
una obra que resulte estar en contra de su tiempo o circunstancia pero que, sin
embargo, los incluya y los oriente hacia una trascendencia en cuyo trmino est
esperando el hombre (Cortzar, 1985:117). Borges habra sostenido otro tanto al
referirse a infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos (Fuentes, 1990:41).
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Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
Rescatar los lenguajes de una singularidad cultural, liberndolos
de la costumbre, el olvido o el silencio, transformndolos en
metforas inclusivas, dinmicas, que admitan todas nuestras formas verbales: impuras, barrocas, conflictivas, sincrticas,
policulturales (Fuentes, 1993:22). Esta actitud ha permitido reconocer la pervivencia de diferentes sedimentos en Hispanoamrica que afloran a la menor oportunidad, mostrando la inconsistencia de muchos proyectos ideolgicos de nacin. En
Mxico, por ejemplo, y en lo que ha consistido uno de los temas
ms recurrentes de la indagacin identitaria, existen mltiples
rostros o mscaras, todos ellos vinculados a diversos modelos
ideolgicos, polticos y sociales (pas mitopotico de mscaras
superpuestas, habra dicho alguna vez Emir Rodrguez Monegal).
Vasto sincretismo cultural. Rostros latentes, venas abiertas, modelos inconclusos que quiz finalmente no tengan que ver con
nada, pas brotado como hongo en el centro de un paisaje sin
nombre, inventado, inventado antes del primer da de la creacin, como lo seala Fuentes.
Frente a la discontinuidad o fragmentacin que caracteriza a
los proyectos polticos y los modelos econmicos, casi siempre marcados por los cambios de gobierno, Fuentes antepondr, muy inspirado por las tesis del cubano Lezama Lima, la
continuidad cultural, la pervivencia de las herencias filosficas, religiosas, morales, institucionales de ambos lados del ocano; la explosin de las culturas populares, las muestras fehacientes de nuestro sincretismo en la comida, las fiestas, el arte,
el amor, la memoria, las artesanas.
Continuidad cultural que representa la conjugacin de memoria, deseo e imaginacin como elementos de construccin
del presente. Y es que, para Fuentes, nada del pasado ha concluido. Un personaje como Ixca Cienfuegos, de la novela La
regin ms transparente (1958), representar el misterio, lo
ignorado, sombra que se esconde y vive de los otros; espejo
que revela rostros ocultos: necesidad de comprender todos y
cada uno de nuestros smbolos, imgenes, mitos, con el fin de
tener espacio para el presente. La conciencia de la historia como
momento de liberacin del presente. Cancelar lo muerto, rescatar lo vivo y saber qu podemos al fin hacer: Quiero que
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todas esas sombras ya no nos quiten el sueo, quiero entender
qu signific vestirse con plumas para ya no usarlas y ser yo,
mi yo verdadero, sin plumas. Rescatar la historia del olvido o
la mentira. Pasado y modernidad. Fuentes cree que la forma de
poder solucionar esta pugna, que ha generado un sin fin de
contrariedades, violencia y tensiones en los pueblos hispanoamericanos, es la reconsideracin de las distintas herencias que
nos nutren. De ah, entonces, el papel que la imaginacin habr de tener, ya que sin ella las culturas resultaran, en lo que
es un parecer de Lezama Lima, indescifrables. La idea de la
continuidad histrica, a travs del ejercicio de la imaginacin,
deber hacernos entender la historia como un conflicto de
valores en el cual ninguno es destruido por su contrario sino
que, trgicamente, cada uno se resuelve en el otro. La tragedia
ser as, prcticamente, una definicin de nuestro mestizaje
(Fuentes, 1990:217).
La pugna por el pasado. En un estudio de los aos sesenta, el
filsofo mexicano Leopoldo Zea mostr con claridad la serie de
contrariedades que el tema suscitaba en Mxico. En particular,
el hecho de desenvolvernos entre un no muy bien asimilado
pasado y la no muy bien entendida proyeccin de nuestro ser
hacia el futuro, dos situaciones correlativas. Presente contenido
en la pugna del pasado y del futuro. En este diagnstico, el iberoamericano es un ser de extraa configuracin, que se niega a
ser lo que es para ser algo distinto. Un ser que se caracteriza
por lo que quiere llegar a ser, en permanente espera de llegar a
ser. Mientras que el sajn realiza el futuro cada da y ha hecho
del pasado algo til a sus intereses, el iberoamericano espera
todo, vive en la eterna postergacin de su realizacin, a la vez
que considera el pasado como un obstculo para la misma. Por
eso, nuestra historia no es an una historia de negaciones en el
sentido hegeliano. Los hispanoamericanos tenemos an en la
epidermis al conquistador, al colonial, al liberal romntico y a
todo esto que fue nuestro pasado (Zea, 1976:53).
As, el presente no es ms que un pasado inasimilado, que no
se decide a ser historia y que como tal se recuerda insatisfactoriamente. Carlos Fuentes sostendr que somos el nico pueblo que an vive con los dientes pegados a la ubre original.
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Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
De lo que se trata es, en efecto, de cumplir cada uno de los
destinos de la historia como forma de enfrentar el presente y
los orgenes que hemos tenido. El rechazo del pasado es lo que
ha creado esa sensacin peculiar del hispanoamericano de no
haber sido todava y de que lo posible y la indecisin invadan
sus creencias. En Tiempo mexicano (1971), Fuentes se preguntar: podemos, simultneamente, hacer presentables todos
nuestros pasados y utilizarlos para la comprensin y la justificacin tanto de la vida interna como del orden externo de las
cosas? (1978:62). Una respuesta a ello querr ofrecerla la literatura, entendida como el fresco inventivo, imaginativo, que
no se cansa de descubrir y mostrarnos lo que somos; el rostro
oculto de un racionalismo atravesado por las incompatibilidades del deseo, las pasiones, el azar, la circunstancia. La palabra que siempre tendr el don de crear; la contraconquista: creacin de un continente de civilizacin multirracial y
policultural, europeo, indio y africano, dueo de un estilo de
vida presente hasta en los mnimos detalles.
El pasado slo puede ser reinventado, para saldar cuentas
con l, y para encontrar las lneas de fuerza ms consistentes
que nos ayuden a construir el presente y el futuro. Pasado que
no nos petrifique y deje atnitos en la confusin de los tiempos
presentes. La novela hispanoamericana, como producto cultural, ha traducido dinmicamente los conflictos de la relacin
entre el ser propio y el ser ajeno, el individuo y la sociedad, el
pasado y el presente, lo contemporneo e histrico, lo acabado
y lo inacabado, mediante una constante admisin de lo plural
y diverso en el lenguaje y la vida. Si en verdad nos hemos
enfrentado a un pasado negado, excluido, perseguido, la literatura ha sido el espacio privilegiado, la forma donde tiempos
y espacios se han dado cita imaginaria: se conocen y recrean.
Nombrar lo desconocido, lo que el conquistador no pudo
decir a propsito de una realidad indita para la que slo tuvo
imgenes vagas, comparaciones aproximadas, semejanzas
nostlgicas; dar voz a quienes no la han tenido; oponer el
lenguaje de la pasin, de la conviccin, del riesgo y de la duda
a un lenguaje: el secuestrado por el poder para dar cimiento a
una retrica del conformismo y el engao (Fuentes, 1978:64).
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Recordar para no olvidarnos, y desear para seguir inventando
y descubriendo. Las novelas latinoamericanas son la recuperacin de mundos perdidos, de historias desaparecidas, cuyo olvido nos condenara al olvido.
En la novela hispanoamericana ha tenido cabida, entonces,
la diversidad cultural, tnica, religiosa: polinarrativa,
multirrelatos, explosin de lo singular, la irona, el humor, la
excentricidad. En una novela vasta como monumental, Terra
nostra (1975), Fuentes desenmascara la supuesta racionalidad
del Continente Americano, mostrando precisamente lo irracional y absurdo de muchos de sus actos. Es por ello que Fuentes
no se ha cansado de insistir en que la mejor literatura reciente
ha tenido lugar al margen de los grandes centros del poder,
ms all de los polos del dominio, en los lmites de la nada, en
ms bien otros centros de miseria, explotacin o marginacin.
En suma, el relativismo histrico de un Vico (slo conocemos
lo que hemos creado; la historia concebida como un ciclo en
virtud del cual las civilizaciones se suceden, nunca idnticas entre
s, pero portando cada una la memoria de su propia anterioridad;
la naturaleza humana como una realidad variable), y ciertos conceptos sobre la novela de Bajtin (cronotropa; la novela
dialgica o polifnica), adems de los aspectos mencionados, le
han permitido a Fuentes valorar y entender los rasgos decisivos
de la literatura hispanoamericana. Literatura que ha sido responsable de una vigilancia histrica de la conciencia cultural del
continente; creaciones del recuerdo.
El futuro del pasado
Los escritores son los habitantes del infierno.
Carmen Boullosa
Lo que hemos mencionado sobre la realidad de la novela hispanoamericana, sus vnculos con la historia y la diversidad
cultural sirve adecuadamente de contexto para hablar de Carmen Boullosa (Mxico, D.F., 1954), quien representa una de
las vocaciones histricas de la ms nueva novela hispanoame124
Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
ricana y que, por lo tanto, entiende que la reflexin sobre el
pasado no puede sino ser un signo de narrativa para el futuro.
La ficcin tiene en ella el poder de decir, como sostiene Fuentes, que el pasado no ha concluido, que tiene que ser re-inventado a cada momento para que no se nos fosilice entre las
manos (Fuentes, 1990:23) .
La narrativa de Boullosa se inscribe, ms especficamente,
en el movimiento del postutopismo de las letras mexicanas,
donde la literatura tiene la posibilidad nuevamente de fungir
como vaso comunicante. Pero, adems, podemos ubicar su obra
en lo que Linda Hutcheon denomina metaficcin historiogrfica, en la cual historia y ficcin se hermanan por medio de la
intertextualidad, la autorreflexividad, el problema ontolgico,
la subjetividad, la parodia y la memoria. Los primeros aspectos tienen que ver con el deseo de reducir la distancia entre
pasado y presente, as como redescribir el pasado en un nuevo
contexto, al menos el de la coyuntura de cada presente (pasado que crece en funcin del porvenir). De cualquier manera,
estamos ante la presencia de un cambio paradigmtico en la
literatura mexicana, de la cual la autora brinda en ocasiones
consideraciones polmicas.4
Ya sea en Antes (1989), Duerme (1994), Cielos de la tierra o
Treinta aos (1999), Boullosa recrea el pasado con la idea de
suponer lo no dicho como forma de volverlo creble. Se trata
de incorporar lo no ocurrido como manera de arrancarle secretos a la vida y a las cosas (Boullosa). Historias donde la
4
Vase, a guisa de ejemplo, las referencias, en Cielos de la tierra (1997), a
escritores esenciales como Rulfo. Boullosa seala que Pedro Pramo represent
el retrato del mundo catlico y provinciano cuya luz enfermiza me causaba nuseas; la novela hablaba, para alguien que creca en los aos setenta, del mundo
detestado por nuestro afn de liberacin, aunque ciertamente representara la libertad conseguida en la literatura. De esta manera, Rulfo represent el pasado que
haba que abandonar. O bien la admiracin irreflenable de la autora por Garca
Mrquez o lvaro Mutis (el primero le habra enseado que la historia se puede
rescribir, los roles cambiar de signo; que la palabra tiene poder sobre la realidad
o de que el poder de la imaginacin va creando realidades). Sin embargo,
Boullosa sabr reconocer que Cien aos de soledad pudo remodelar el pasado,
pero ahorc el futuro: una obra que es principio y fin en s misma, y de la cual
habra que salir.
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Culturales
fantasa tiene una forma de ser y donde los personajes son capaces de abjurar de su identidad para crearse otra que cuenta
con la fuerza reconstructiva del recuerdo. Tomadas en su conjunto, estas obras representan cierto transcurso del sentido que
la literatura ha tenido para las escritoras mexicanas en los ltimos cincuenta aos, desde la posibilidad de reconstruir un pasado individual, y crearse una identidad de cuerpo y alma en el
espacio de la cultura (recuperar una voz y vencer el silencio al
que la sociedad machista condena), pasando por la recuperacin de los hechos, sucesos, personajes inslitos en la ms firme tradicin del realismo mgico, hasta colocarse en una
va antiutopista o de ficcin historiogrfica, como hemos
sealado.
De ah el doble inters que la autora puede despertar: por
un lado, ver en ella una forma de comprender las actuales
tendencias literarias, reflexivas en el campo de la historia y la
cultura, y por el otro, las rupturas que lleva a cabo y el descreimiento que tiene sobre ciertos mitos que han conformado
una imagen, tanto hacia el interior como hacia fuera, de las
culturas iberoamericanas. Tal es el caso, por ejemplo, de uno
de sus personajes, que en los conflictivos y sanguinarios aos
sesenta tiene que abandonar el pas, declarando: Tampoco
me dice nada el nopal ni el maguey ni el burro ni el indio con
sarape que he visto dibujado aqu y all. Ni visit jams
Xochimilco, ni escal la Pirmide del Sol o de la Luna en
Teotihuacan. Nunca vi all a los mariachis (...) No vi jams a
los charros. En mi pueblo no se festejaba el da de los muertos (Boullosa, 1999:251).
Otros ejemplos los tenemos cuando la escritora se aleja de la
Revolucin Mexicana como gran tema y decide abordar la
Colonia, periodo sobre el que pesan, desgraciadamente, ms
leyendas que conocimientos efectivos; o bien su inclinacin
por seres excntricos, hombres de ninguna parte, como lo son
los piratas. Sin abandonar cierta irona, la autora no querr ya
ms un recuento de seres fantsticos, imaginacin condescendiente, pasiva, del tipo Luz, personaje de Treinta aos, que
amanece todos los das con las llagas de Cristo y que, al
final, desaparece convertida en orines; o bien de la Virgen que,
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Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
en sus doce faldas, guarda un nido de vboras; o una bruja
disfrazada de india bonita, vendedora de pejelagartos, a quien
todos deseaban poseer y que desaparece en una hoguera creada por ella misma.
Cuentos y visiones con los que seala la autora el blanco
atemorizaba a los indios para quitarles las ganas de sublevarse.
Mitos y leyendas de dominacin y engao, traicin y muerte.
Boullosa sostendr que dicho tipo de magia o fantasa ha dejado las cosas como estn, sin impactarlas, aunque envolviendo
(como el rebozo que cubre de soledad y tristeza a las indgenas mexicanas) el destino ciego de la gente. Fantasa que no
transforma la realidad. Podra la gente volar, los pjaros venirse al suelo, pero no se poda cambiar ni un pice el orden
social (Boullosa, 1999:194) .
Fuera de referencias culturales como stas, no quedar sino
el camino para la invencin de historias donde la fantasa tenga una razn de ser, responda a la mecnica de la metfora de
la comprensin, donde imaginar obligue, irradie sentido. Estas palabras pueden hablar de la potica de Boullosa, muy similar a la que sostuvo quien es considerada la ms importante
escritora mexicana del siglo pasado, Elena Garro, quien adems de sostener Yo slo soy memoria y la memoria que de m
se tenga, seal que Lo nico que hay que imaginar es lo
que no existe. La imaginacin y el recuerdo derrotan la ausencia. Memoria involuntaria, en este caso, entendida como
depsito inmemorial de cultura, perdido en el tiempo y que
nos asalta y ocupa aun y cuando no corresponda a nuestras
experiencias reales (vivir lo de otros, lo que no hemos vivido).
Entonces, relatar lo que no ha ocurrido para que obligue a la
realidad a entregar lo que nos falta, sus secretos o verdades; o
bien para reconocer que una vida no basta para descubrir los
infinitos sabores de la menta, las luces de una noche o la multitud de colores de que estn hechos los colores (Garro,
1978:249).
Es muy probable que Boullosa todava comparta la idea de
Garro en el sentido de que debemos recordar para no arrepentirnos en el ltimo instante de que tuvimos una vida que falt
ser soada, y que estuvo ah esperndonos todo el tiempo; de
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Culturales
que pudimos dibujar el mundo a nuestra manera; ms an, de
que pudimos poseer el viaje inmvil de los rboles y la navegacin de las estrellas.
As, Boullosa presenta un mundo fantstico habitado normalmente por seres en el exilio, marginados; los extraos en su tierra, los que enfrentan el poder y tienen tras de s la sombra del
dolor; los dbiles, a quienes se roba el tiempo, la inocencia, la
vida; y que, sin embargo, mantienen con el mundo real un nexo
inexplicable o incmodo; capaces de influir y determinar el destino de los seres normales. Piratas, fantasmas, muertos, dioses
que parecieran no estar conformes con su destino usurpado, sobre todo por habrseles arrancado el don del presagio;5 seres
mitolgicos, mestizos, trasvestis; seres que slo existen en la
historia para ser hechos de leyenda, el complemento imaginario indispensable por medio del cual podemos asistir y sentir lo
que no hemos vivido, para ser quiz algo ms de lo que somos
en la actualidad. Las novelas de Boullosa toman la historia a
secas para edificar en el lector sentimientos y posibilidades de
existencia que amplan la forma de comprender el presente. La
historia ltima se descubre en lo inesperado, en zonas inciertas
donde el lenguaje es capaz de calar el silencio del tiempo; de
incorporar sucesos ms comprensibles en una lgica de las tradiciones y la cultura subterrnea de quienes fueron desplazados
por la destruccin de sus dioses, que en la apariencia confortante del mundo establecido o convalidado por normas e instituciones; exhumar el cuerpo del olvido.
La literatura de Boullosa pareciera, entonces, extender el registro actual de la fantasa hispanoamericana al exigirle una
comprensin ms unitaria del tiempo, ms orgnica en sus incidencias en la realidad. Son las palabras, finalmente, las que
harn que el pasado vuelva al encarnar en la mirada del lector y se vincule al futuro a travs del presente. Debemos ubi5
En Duerme, mientras un poeta hace vivir a Afrodita, Ares y Hefesto una historia de amor, e insiste en encontrar el alma de la naturaleza y saber lo que dicen las
estrellas y las piedras, encontramos, al final del libro, una pregunta inquietante: Si
la Grecia dio a luz dioses hermosos, por qu en esta (tierra) nacieron en forma de
monstruos que aterran y roban orden y cordura a los corazones? (Boullosa,
1994:145).
128
Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
carnos en un nuevo tipo de imaginacin que haga posible lo
que la historia de alguna manera cancel. Fantasa que se revela frente a la historia y que la obliga a ser, por tanto, algo ms.
Slo en este sentido podemos comprender que Boullosa insista en que la ficcin deber ser la duea del futuro, ya que slo
quedarn nuestros sueos, lo que hemos imaginado, tal y como
quedan de las civilizaciones sus ornamentos, templos, palacios, los lujos que alguna vez se permitieron, lo que pareciera
no ser til. Conciencia que reconstruye su pasado para observarse como actor, desdoblamiento que termina por enjuiciar
severamente lo que se fue. Acto de la conciencia que busca
apropiarse de un tiempo hurtado, no propio, usurpado, derrotado ante la falta de voluntad: Cuando vivimos apenas nos
damos cuenta de lo que estamos viviendo... (Boullosa,
1989:102). En este sentido, la escritura es el recurso para explorar lo vivido; volver a vivir para resanar la violencia practicada en uno; para recobrar el tiempo propio en trminos
gadamerianos, dispuesto por quienes no fuimos. A travs de
la memoria, de ese desorden salvaje del mundo de los sueos, seremos capaces de inventarnos, de poblar, durante la
lectura, el vaco de nuestros silencios.
El personaje femenino de Antes no est del todo convencido
de que el mundo de la infancia haya sido placentero; y aun cuando
sostenga contundentemente que no le gusta inventar historias
y que todo ha ocurrido tal y como lo cuenta, no har sino instalar en nosotros la duda y, con ello, insertar de una manera decisiva la fantasa en la realidad. La novela habla de una nia cuyos
presentimientos se convierten en realidad. Su deseo resulta ser
un riesgo mortal. Acoso de sombras sin cuerpo, fantasmas que
corresponden a lo que Boullosa denomina universo desverbal,
capaz de contener ms mundo que el mundo real. Casa de la
fantasa, ah donde los objetos simples portan deseos, fobias,
miedos. Recipientes de lo irreal; dimensin en la que a cada
palabra le corresponde un mundo sin verbo. Universo de sucesos fantsticos de los que no estamos tan seguros que no hayan
ocurrido, ya que es posible, al final de todo, encontrar alguna
evidencia o huella de ellos. Algo as como una interferencia de
zonas donde toma cuerpo lo obsceno, lo que escapa al esce129
Culturales
nario cotidiano de representacin de la conciencia. En la mente
de una nia (la conciencia inocente por donde debera aparecer
el asombro inicial que descubre la virginidad intocable del mundo), los hechos pueden ser el final de una cadena trgica de
sueos o visiones. De ah una de las conclusiones de la novela:
que las cosas no siempre son lo que parecen, que sera fcil
recuperar lo que se ve e imposible recuperarlo en toda su sustancia (Boullosa, 1989:112).
Boullosa misma ha externado, en varias entrevistas, que su
literatura encuentra el enclave preciso en el espacio definido
por la tradicin y la memoria. De cualquier manera, no recupera el pasado para volver a vivirlo tal cual, exorcizndolo: los
sucesos siguen siendo dolorosos y la escritura no puede funcionar como una medicina para heridas que no han cicatrizado. Entonces, qu sentido otorgarle a la literatura? Inventar al
lector; hacer posible el lenguaje en la suposicin de que alguien leer, ya que de l vendrn las palabras finalmente. Tal
vez debamos creerle entonces que, si recupera la fantasa, es
para insistir en que estamos hechos de esa misma sustancia,
esto es, que al final de cuentas no dejamos de ser una creacin
de nosotros mismos.
O bien, lo que no es menos importante: que se puede detener a
la muerte, como en el caso de Scherezada: No soy ms que un
poquito de carne a quien los recuerdos le impiden pudrirse, llenarse de gusanos y de moscas hasta acabarse (Boullosa,
1989:103). Muerte parca, sobria, inconmensurable con la vida,
que jams tendr la riqueza, variedad, el desorden de sta. Lo que
finalmente acosa a nuestra protagonista son los emisarios del silencio eterno, de cuya cercana siempre andamos alejndonos:
med la pobreza de lo que se me acercaba: sus sonidos no eran
dulces, no eran tampoco speros, no tenan signo musical. Eran
sonidos sin alma, insensibles, que en s no abran puertas ni queran decir algo. Tuve ira de que lo que me persegua no se asemejara a aquel paraso al cual yo quera pertenecer, sent vergenza
de la estrechez que estaba vida de m (Boullosa, 1989:153).
Si algo puede detener la muerte y reconfigurar el sentido del
pasado, ampliarlo con las experiencias del presente y futuro,
es el lenguaje, una posibilidad autntica de seguir siendo hi130
Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
jos del Tiempo. Cielos de la tierra es quiz el proyecto ms
ambicioso, hasta el momento, emprendido por Boullosa. Jean
Franco ha dicho de esta novela que se refiere ms directamente al fin de las utopas, a las memorias truncas y a la literatura
y el lenguaje como formas, si no de permanencia, s de hermandad a travs de siglos y experiencias dispares (Franco).
Estructurada a partir de tres momentos, lectores o experiencias un texto escrito en el primer siglo de la Colonia, descubierto (y remediado en sus ausencias) en un presente de los
aos sesenta, y vuelto a encontrar en un futuro postapocalptico,
donde todo es eterno, la obra, en donde cada lnea tiene tras
de s el sabor de la destruccin seala la autora en una carta a
manera de advertencia en la novela, insiste en la necesidad
de recuperar el sentido del tiempo a partir de una combinacin
exitosa del pasado, el presente y el futuro, encadenados por el
mutuo intercambio de recuerdos y por la idea de volver a
fincar un principio civilizatorio no amputado de ninguna de
estas dimensiones. Intercambio slo posible en la experiencia
de la lectura, la cual permitir que el pasado renazca y tenga
una forma y sentido ms all del que tuvo cuando fue presente, cuando fue vivido de manera limitada, circunscrito en una
experiencia histrica. Dice Hernando, a propsito de su propia
historia escrita en el siglo diecisis, que es flor y un capullo si
alguien la toma con la lectura, que es flor pues ella me contiene, que es capullo porque en ella nace mi persona, mejor an
que en mi propio viejo cuerpo, este saco de huesos en que los
aos y el dolor me han convertido... (Boullosa, 1997:229).
En otras palabras, concederle al pasado la oportunidad del
futuro, y advertirle a ste que no ser posible si todo lo olvida,
si no tiene la oportunidad de recobrar lo posible, lo que no fue,
como hemos insistido. Ni el presente ni el futuro pueden escapar de la historia pretendiendo negarla o, lo que es lo mismo,
condenarla al silencio, no revisando sus crmenes, injusticias o
instantes en los cuales se ha podido alcanzar la brillantez de la
inteligencia, la exuberancia de la pasin o el encantamiento de
la belleza. No es posible abolir toda comunicacin con el pasado, ya que la memoria es lo que garantiza la continuidad de la
especie. Lo contrario es lo que clama Lear, personaje femeni131
Culturales
no del futuro en la novela, a Hernando el franciscano, indio al
que el poder trunca la posibilidad de desarrollar una cultura
trilinge en tierras conquistadas, es decir, de volver a nacer, de
tener forma de reconstruir una identidad avasallada: Agrrame indio, sujtame, dame un sentido, no me abandones, no me
dejes irme deshecha, como polvo, arrastrada por el aire
(Boullosa, 1997:310).
La novela habla, entonces, de lo esencial que resulta el cuidado
del lenguaje y de lo peligroso que podra ser el hecho de que
dejara de significar; sentir que hemos llegado a la perfeccin, considerando que hemos dejado de necesitar a los dems, implantando una economa de vnculos que vuelva insensibles el amor, el
temor, la mirada de los dioses, el sentimiento humano de la
muerte, la solidaridad. La novela muestra la falacia de todo intento por querer reformar el lenguaje, suponiendo que conserva
formas con las cuales el ser humano ha realizado el mal; o bien de
que hemos agotado el tiempo humano para pasar a otro en el que
existen imgenes sin palabras, hombres sin nombres. De cualquier manera, la autora no dejar de preguntarse si libres de la
palabra y del tiempo, despojados de toda realidad, esos hombres
no habrn conseguido el paraso, ah donde sera posible vivir sin
recordar, que es el verdadero secreto de los dioses.
El final del hombre no podr ser otro, entonces, que la prdida del lenguaje, el momento en que su ausencia, o sinsentido,
conlleve la desaparicin de la imaginacin y sus nexos con el
pasado como forma de crear futuro. Son las palabras las que
preservan el mundo, las que portan el sentido de la historia; a
partir de ellas podemos incorporar nuevas realidades a las ya
existentes. Certezas imaginativas que terminan siendo parte de
la historia de lo que pudo haber sido, de lo que no tuvo oportunidad siquiera de acceder a la existencia en su momento, de lo
que ocurri pero no se tuvo el tiempo para reflexionarlo. Historias, si no tuviramos el temor de cometer un abuso nocional,
del futuro; es decir, que no slo en el pasado tienen que acontecer las fundaciones, sino que vivimos una poca donde es
posible imaginar futuros reencuentros, fusiones, mezclas, desplazamientos. Momento en el que no tendremos, de acuerdo
con nuestra escritora, ms futuro que recordar; donde vuel132
Imaginacin e historia en la novela hispanoamericana
va a ser fundado el principio de los tiempos y donde salvaremos al lenguaje y a la memoria del hombre, y un da conformaremos el puo que nos relate, y nos preguntaremos por el
misterio de la muerte, por el necio sinsentido del hombre y de
la mujer. Sentiremos horror, aunque nuestros cuerpos no conozcan ms ni el fro ni el dolor (Boullosa, 1997:369).
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