Del Modernismo al Esperpentismo
Del Modernismo al Esperpentismo
En esta comunicacin haremos un rpido repaso de la obra de Valle Incln para observar
su trayectoria estilstica, es decir, las aceleraciones, paradas o saltos hacia adelante o hacia atrs
en el camino que lleva del modernismo al esperpento. Como ya indica el ttulo, no vemos este
ltimo como un gnero, sino como un concepto esttico que se aplica a varios gneros.
Examinaremos todos los gneros de la produccin artstica del autor en su calidad de
textos destinados a la lectura, ya que las obras de Valle son bivalentes. Por un lado son adecuadas para la recitacin y la adaptacin teatral (el autor mismo sola leer varias veces en
voz alta lo que acababa de escribir para luego repulirlo hasta llegar al mejor efecto fnico)
(1). Por otro lado, aun obras escritas en forma dramtica podan ser destinadas a la lectura;
buena parte de su creacin "teatral" es, al mismo tiempo, novela dialogada. Como a otros
escritores de su poca, le interesa, en estos casos, una ficcin que no cuente sino que muestre, sin aparente intervencin de un narrador o autor.
Son testimonio de su concepcin libre de los gneros las clasificaciones vacilantes que
da Valle Incln a algunas de sus obras. As, La rosa de papel y La cabeza del Bautista aparecen en 1924 con el rtulo de "novelas macabras" y en 1927 con el de "melodrama para
marionetas", mientras que El terno del difunto lleva el subttulo de "novela" en 1926 y en
1930 el de "esperpento" (2). Ntese que ninguna de estas obras es objeto de las grandes revisiones efectuadas con frecuencia por Valle entre las varias ediciones, y que podran motivar un cambio de gnero.
Son testimonio tambin las palabras del autor: "Un da nuestros ojos y nuestros odos
destruirn las categoras, los gneros, las enumeraciones, herencia de las viejas filosofas" (3),
(1) Testimonio de Cejador, reproducido en G. Daz Plaja, Las estticas de Valle Incln, Madrid, Gredos,
1965, p. 155.
(2) Lo ha subrayado R. Senabre, Valle Incln y el teatro. "ABC", 20.9.1990, p. 30.
(3) R. del Valle Incln, La lmpara maravillosa en Obras escogidas, t. I, Madrid, Aguilar, 5a ed., 2a reimpr., 1976, p. 542 (en lo siguiente se citar como OE). Las palabras citadas estn en el cap. Milagro Musical Vil,
que se public por primera vez en 1916.
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En la obra de Valle Incln se suelen distinguir dos periodos de estilo diferentes: las
obras del ciclo modernista se contraponen as a las del ciclo esperpntico. Se han estudiado
bastante los antecedentes del segundo en el primero, y algunos crticos han llegado a la idea
de una lenta pero incesante transicin de una esttica a la otra; en cambio segn otros es caracterstica una continua simultaneidad de las dos (8). Muchos crticos, en mi opinin, se
dejan llevar un poco por el entusiasmo de detectar elementos esperpnticos tempranos, atribuyndoles importancia desmedida, a expensas de los elementos modernistas. Quiz esta
actitud se deba a que Valle, durante largos aos, era famoso sobre todo como autor modernista, del modernismo de las Sonatas, y haba que subrayar su "otra cara", la moderna de
verdad; pero hoy da ya se pueden reconocer plenos derechos a ambas caras, y valorar los
matices en el seno de su modernismo.
En nuestra ponencia queremos mostrar que entre estos dos polos de atraccin hay verdadera contemporaneidad - que requiere mucho ms que pocas frases de gusto esperpntico
en una obra modernista o viceversa - slo en ciertos momentos del escritor. Tampoco vemos un acercamiento paulatino sino ms bien a saltos y zigzagueante. Es decir, que ya en
sus textos muy tempranos se notan delicadas semillas de elementos de la esttica futura, pero que luego descansan invisibles "bajo tierra", para volver a la luz ms tarde como brotes
ya bien visibles; seguidamente desaparecen de nuevo y slo a partir de los aos 20 se muestran - para quedarnos en la metfora biolgica - como plantas crecidas que caracterizan definitivamente la esttica del autor gallego.
Para hacer un balance de esta trayectoria, nos apoyaremos algunas veces en estudios
ya hechos; otras veces aportamos pruebas en forma de citas representativas, tomadas cuando ha sido posible de las primeras ediciones para determinar su verdadero valor innovativo
o conservador en el momento de su aparicin, y no correr el riesgo de "documentar" el estilo de una obra de , p. e., 1906 en su versin reelaborada de 1930. Pocos crticos han tenido
en cuenta este riesgo, y no excluyo que esto sea debido a la dificultad de consultar las primeras ediciones.
Por motivos de espacio no podemos ahora entrar en detalles sobre el modernismo y el
esperpentismo de Valle Incln (9). Podemos slo recordar que ambos son complejos : su modernismo se nutre del simbolismo y del parnasianismo, y adems admite componentes aparentemente contradictorios, como decadentismo y vitalismo, satanismo, esoterismo, pantes-
(8) P. e., A. Risco, La esttica , cit., pp. 11 y 18; para la idea de la transicin, ver p. e. Salinas, ob. cit., pp.
88-98, J. Server Bao, Ramn del Valle-Incln, Madrid-Gijn, Jcar, 1983, pp. 23 sig. y J. M. Garca de la Torre,
La evolucin lingstica de Valle Incln: Constantes e innovaciones., "CHA" 438, 1986, p. 19 y 28; Daz Plaja,
ob. cit., subdivide en tres estticas , la mtica, la irnica y la degradadora. No seguimos su triparticin por no creer
que la irona sea un elemento que se pueda limitar a algunas obras de Valle, ni que contraste con el modernismo o
el vanguardismo.
(9) Remito a algunos de los fundamentales estudios existentes: G. Daz Plaja, ob.cit.; A. Risco, ob. cit. y El
demiurgo y su mundo: hacia un nuevo enfoque de la obra de Valle Incln, Madrid, Gredos, 1977, E. S. SperattiPiero, De "Sonata de Otoo" al esperpento, London, Tamesis Books, 1968; R. Cardona y A. Zahareas, Visin
del esperpento: teora y prctica en los esperpentos de Valle Incln, Madrid, Castalia, 2a ed. corr. y aum., 1982; y,
slo sobre modernismo: A. Alonso, Estructura de las Sonatas de Valle Incln y La musicalidad de la prosa en
Valle Incln en Materia y forma en poesa, Madrid, Gredos, 2a ed. 1965, pp.222-256 y 268-314, respectivamente ;
A. Zamora Vicente, ob. cit.; G. Allegra, // regno interiore, Milano, Jaca Book, 1982; M. J. Alonso Seoane, Aspectos del modernismo en "La guerra carlista" de Valle-Incln, "Axerquia" 2, 1981, pp.234 -272.
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posible y otra, no aristotlica, de la radical distanciacion del autor del mundo representado (16).
Esta diferencia es vlida tambin para la obra narrativa y la lrica, aunque no hay que olvidar las excepciones, como la figura del Marqus de Bradomn, constante objeto de la identificacin - ms o menos entraable - de su demiurgo a travs de todos los aos y casi todos
los gneros de la creacin valleinclaniana (17).
Hoy veremos algunos momentos en que se van modificando las proporciones entre las
dos estticas. Huelga decir que en el espacio reducido de esta ponencia no se puede tratar de
un cumplido anlisis estilstico, sino de botones de muestra, y que somos conscientes de lo
provisional y subjetivo de tal mirada macroscpica. Pero mientras no se hayan hecho inventarios posiblemente exactos que cuantifiquen la proporcin, en cada obra de Valle, de los elementos que caracterizan sus dos polos estilsticos (18) (teniendo en cuenta tambin las variantes textuales de las reediciones) es difcil evitar la subjetividad - que, por otra parte, tambin
influira en dichos inventarios. Baste recordar que en la crtica hay ya toda una tradicin de
opiniones opuestas cuando se trata de adjudicar esta o aquella obra al ciclo modernista o al ciclo esperpntico; menciono slo un ejemplo: en La Marquesa Rosalinda se ha visto, por un
lado, "teatro modernista", "versallera" y, por otro, "ya un esperpento" (19).
Los primeros, an delicadsimos atisbos de la esttica futura se producen ya al principio de la carrera artstica de Valle. Y no nos referimos ahora a los elementos crueles o burlescos en obras anteriores a 1905 (20), sino a un detalle estilstico: como ha notado Meregalli, el perodo largusimo (nada menos que doce lneas) que abre el cuento A media noche
(1889), aparece reducido a tres frases breves y sobrias en la edicin revisada que aparece en
Jardn umbro (1903) (21). Aadimos que se trata, adems de una reduccin, de una serie
de rupturas, en que el fluir moroso de la narracin empieza a ser sustituido por la fragmentacin, que ser tan tpica de las obras del artista maduro y de su tiempo. La misma fragmentacin se nota tambin en los dilogos entre los personajes de A media noche, ms escuetos en la segunda que en la primera versin, como deja ver este breve ejemplo, sacado de la
versin de 1889, y donde subrayamos las partes que faltan en la de 1903: "y robronle todo
sin dejarje [sic] casta, y no lo mataron por milagro divino. - Eso son cuentos de una vez....Tan cierto le es como que todos hemos de morir. Har ahora, de esto, un suponer..." (22).
(16) C. Serrano, Valle lncln et les "dramaturgies non-aristottictennes" : les termes d'un dbat, "Hispam'stica XX", 5, 1987, pp. 53-61; H. Wentzlaff-Eggebert, Las "Comedias brbaras"..., pp. 180-182.
(17) En menor medida, esto vale tambin para las figuras de Juan Manuel de Montenegro y Max Estrella.
Ver A. Risco, El demiurgo..., pp. 9-59.
(18) Entre los pocos que han trabajado en esta direccin se hallan J. M. Garca de la Torre, art. cit., pp. 19 29; J. Server Bao, ob. cit., pp. 101 y 116-120; M. J. Alonso Seoane, Introduccin a La guerra carlista, voi. I,
Madrid, Espasa Calpe, 1979, pp. CX - CXVIII y F. Abad, Sobre la lengua y el estilo: Valle lncln, "El Crotaln"
1, 1984, pp. 739-748.
(19) Los rtulos modernistas son de P. Salinas, El signo de la literatura espaola del siglo XX, en ob. cit., p.
41 y Significacin..., en ob. cit., p. 103, mientras que la ven como esperpento A. Risco, La esttica..., p 64 y J.
Matas, Valle-lncln, Garca Lona y el lenguaje del teatro "potico", en La cuestin del gnero literario. Casos
de las letras hispnicas, Madrid, Gredos, 1979, p. 24.
(20) A. Risco, ob. cit., pp. 36-78 los documenta, pero quiz les atribuya demasiada importancia preesperpntica, tanto que opina que Valle no fue nunca verdadero modernista (p. 18).
(21) F. Meregalli, Studi su Ramn del Valle lncln, Venezia, Libreria Universitaria, 1958, pp. 5 sig.
(22) R. del Valle lncln, A media noche, en Publicaciones periodsticas de don Ramn del Valle-Incln anteriores a 1895, edicin, estudio preliminar y notas de W. L. Fichter, Mxico, El Colegio de Mxico, 1952, p. 50.
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Por cierto, esto no significa que a partir de 1903 desaparezca la fluidez del modernismo valleinclaniano, su sintaxis pausada, llena de reiteraciones que subrayan la ndole musical de su prosa (23) - sobre todo de las partes narrativas y descriptivas, es decir, tambin de
las acotaciones en los textos dialogados; menos sistemticamente aparece en los dilogos,
sea que formen parte de una obra narrativa, sea de una dramatizada. Tal estilo a menudo
confiere un carcter hiertico a personas y situaciones, y dominar la obras de nuestro autor
todava por muchos aos despus de la semilla que acabamos de mencionar.
Otra semilla del estilo futuro son los famosos adjetivos "feo, catlico y sentimental",
sorprendente caracterizacin del don Juan de las Sonatas, que concluye ya el cuento Sonata de otoo de 1901 (24) (ncleo de la novelita homnima de 1902, donde vuelven a
aparecer). Pero no conviene atribuir demasiada significacin pre-esperpntica a estos adjetivos, ni a los momentos irnicos de las cuatro novelas cortas, porque representan una
semilla de veras minscula en comparacin con la cantidad y la calidad de su contexto
modernista, modernismo en su variante decadente y preciosista, que no desprecia la irona elegante.
Y no slo hay que tener en cuenta el contexto de las Sonatas, sino tambin el representado por obras muy diferentes de ellas, como otra novela, Flor de Santidad (1904), por
aquellos cuentos de Jardn umbro (1903) que no se haban publicado antes y, poco ms tarde, por una obra lrica, Aromas de leyenda (1907). Estas obras son una muestra de la riqueza de matices del modernismo de Valle Incln, y tienen en comn el no ser arte por el arte.
Cada vez ms, se van perdiendo los componentes del esteticismo puramente ldico y decadente y se van enfatizando los simbolistas, adems de un clima - con su correspondiente
lenguaje - arcaizante y lrico. Es el "modernismo de interiorizacin", sobre el cual volveremos enseguida; y no se trata de un fenmeno privativo de Valle Incln, sino que hay un desarrollo parecido en otros autores del principio del siglo XX (25).
Modernistas son tambin las tres novelas de La guerra carlista (1908/09), aunque aqu
el "modernismo de interiorizacin" ya no aparece tan puro como en las obras que acabamos
de nombrar. Hay en las tres obras - sobre todo en la segunda - varias aportaciones al proceso esperpentizador (26), pero conviene no perder de vista el hecho de que stas se dan slo
espordicamente.
El "modernismo de interiorizacin", que busca valores ideales - mticos, heroicos y espirituales -, contina destacndose por una lengua musical y sensorial. Alonso Seoane lo ha
analizado muy atentamente (27), de manera que aqu podemos limitarnos a remitir a su artculo o al mximo ofrecer una muestra textual, donde una serie de contrapuntos dan el resultado de una unidad de la belleza de forma y fondo. Un prrafo dedicado a las desgracias de
la guerra termina con su anttesis, una visin de paz: "El huerto, inmvil en la sombra azul
(23) Sobre el ritmo de la prosa, ver A. Alonso, La musicalidad cit. y Zamora Vicente, ob. cit., pp. 173-184.
(24) Los Lunes del Imparcial, 9. 9. 1901, transcrito por Speratti-Piero, ob. cit., pp. 5-11; la cita es de p. 11.
(25) Por ejemplo en el mismo Rubn Daro; ver R. Gulln, Del Daro sonoro al Rubn interior, en Homenaje a Casalduero, al cuidado de R. Pincus Segele y G. Sobejano, Madrid, Gredos, 1972, pp. 241-250.
(26) M. J. Alonso Seoane, Introduccin, cit., pp. CXVI - CXVIII, da una lista prcticamente completa de los
pasajes en cuestin; y lo hace sin ver por eso ya un semi-esperpento en estas novelas, como ocurre a otros crticos.
(27) M. J. Alonso Seoane, Aspectos...., pp. 238-272. El trmino de "modernismo de interiorizacin" se debe a M. Henrquez Urea, ver Alonso Seoane, p. 239.
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de la tarde, les ofrece el perfume inocente de sus rosas." A esta frase Valle le hace luego un
contrapunto con una voz pregonera de mercancas; pero es un contrapunto que, neutralizando un poco la dulzura de la frase citada, no la contrasta sino que la completa, porque los
utensilios rurales evocados son parte armoniosa del mundo arcaico de estas novelas. Adems, es prosa musical, ritmada y con rimas asonantes: "Tras la tapia, cubierta de yedra, pasa pregonera una voz: - "Cribos! cribos...Cedazos buenos!... Para harina de maz, para
harina de centeno!" En la segunda edicin en libro, en 1920, Valle aade la frase "Cribos,
cedazos y arneros!" (28), reforzando as la rima asonante y, adems, creando una de las repeticiones que son tan caractersticas de su modernismo (29).
Habamos dicho que el desarrollo estilstico de nuestro autor no se caracteriza por su
continuidad. Ya en 1907, o sea uno y dos aos, respectivamente, antes de estas novelas modernistas, se public la primera de las tres Comedias brbaras, guila de blasn, y en 1908
la segunda, Romance de lobos. En ellas s que hay ya rasgos de vanguardismo, sobre todo
en su variante expresionista (30).
Se nota tambin el empleo sistemtico de algo que llevar - aunque no automticamente - al esperpento, y es la valleinclaniana "esttica del exceso", realizada, por lo que se refiere a la caracterizacin de los personajes, en la figura del viejo Montenegro, con su atractivo irresistible ejercido sobre cuantos le rodean y su arrogancia desmesurada, y en la del
sufrido leproso. Este no slo es la encarnacin extrema de la aceptacin humilde de todas
las desgracias, sino tambin ejemplo de la bsqueda, por parte del autor, de un tipo de descripcin, en trminos a la vez repelentes y patticos:
un mendigo gigantesco que tiene los ojos llagados
por la lepra, y en aquella voz gangosa y oscura se
arrastra como una larva la tristeza milenaria de
su alma de siervo. [...] llega el aliento podre de
aquella voz gangosa, y [Montenegro] apenas puede dominar el impulso de apartarse (31).
Montenegro y el leproso, en sus rasgos exagerados, son cara y cruz de esta esttica que
Valle expresar poco ms tarde, en 1910, tambin a nivel terico: "el artista debe mirar el
paisaje con 'ojos de altura', para poder abarcar todo el conjunto y no los detalles mudables"
. De este modo, segn el autor, " las cosas adquieren una belleza de alejamiento. Por eso
hay que pintar a las figuras aadindolas aquello que no hayan sido. As, un mendigo debe
parecerse a Job y un guerrero a Aquiles." (32).
Por un lado, las figuras citadas son manifestacin de la herencia romntica en lo grandioso modernista; por otro lado, llevar a sus extremos el engrandecimiento de pocos rasgos
caractersticos significa sentar las bases de la deformacin. Pero, como hemos dicho, no lle(28) Ambas citas son de Los cruzados de la causa, La guerra carlista, ed. cit. de Alonso Seoane, t. 1, p.
117. Sobre la intencionalidad de rimas y metricismos en Valle Incln ver R. Bentez Claros, Metricismos en las
Comedias brbaras, "Revista de Literatura", III, 6, 1953, pp. 247-291.
(29) Los muestran detalladamente Wentzlaff-Eggebert, Las "Comedias brbaras"..., cit., y Matilla Rivas, ob cit.
(30) R. Valle Incln, Romance de lobos, Madrid, Pueyo, 1908,1, 6, pp. 78-79.
(31) Estas palabras de don Ramn, citadas por tantos investigadores, se pronunciaron en una conferencia
sobre el ayuno, en Buenos Aires. Apoyndose en la prensa, las cita primero R. Gmez de la Serna, Don Ramn
Mara del Valle-lncln, Madrid, Espasa-Calpe, 4a ed., 1969, p. 110.
(32) Wentzlaff-Eggebert, l a i "Comedias brbaras"
p. 184.
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gamos por eso automticamente al esperpento; ste se realiza slo cuando la deformacin
obra al servicio de la ridiculizacin degradante, extraa a las figuras principales de las primeras Comedias brbaras, incluidos los hijos "lobos". Son una buena prueba de ello las escenas sexta y sptima de la cuarta jornada de guila de blasn, que, combinando muerte y
sexualidad envilecida, muestran una humanidad degenerada - y en esto son expresionistas
(33). Pero no hay en ellas la contempornea ridiculizacin grotesca que se hallar en las escenas de muerte y erotismo barato del esperpento, p. e. en La hija del capitn.
En las Comedias brbaras, los pasajes de gusto pre-esperpntico estn asociados a
personajes socialmente inferiores, como la servidumbre de Montenegro, p. e. en las siguientes acotaciones:
Don Galn, debajo de la mesa, infla los carrillos
con mueca bufonesca [...].
Don Galn, ya en la puerta, hace una cabriola y
re con su risa picara y grotesca, la gran risa de
una careta de cartn.
Don Galn se da con la mano en los labios vinosos, y re con su risa bufonesca, que parece brotar sobre el belfo amoratado y reluciente, como
en una rstica fontana brota el agua sobre el belfo limoso, de una mscara de piedra.
Entra otra criada, una moza negra y casi enana,
con busto de giganta. Tiene la fealdad de un dolo y parece que anda sobre las rodillas (35).
Hay, en conjunto, menos innovacin en las partes dialogadas, donde siguen predominando los elementos arcaizantes en la sintaxis (de los amos) y la fontica y la morfologa
(de los criados y de los pobres) con que ya en Flor de Santidad Valle evocaba la Galicia mtica de su modernismo.
Pero alguna novedad se nota tambin aqu. Aparece el tipo de rplicas rpidas y agresivas, el dilogo entrecortado lleno de elipsis sintcticas de que estarn llenas las obras valleinclanianas de los aos veinte, tanto las teatrales como las narrativas. Romance de lobos
es ms rico en este procedimiento que guila de blasn, hecho posiblemente debido a que
fue escrito en un segundo momento, en que el autor gustaba de reforzar las nuevas posibilidades estilsticas esbozadas en la primera Comedia brbara. Veamos un ejemplo, en que
aparecen tres hijos de Montenegro, discutiendo con el joven chaln Oliveros:
- Don Rosendo: "Lo malo ser que te arranquen la lengua!"
- Oliveros: "La defienden los dientes." - [...]
- Don Mauro: "Dientes de hambre no asustan!"
- Oliveros: "Hambre de morder!"
- Don Gonzalito: "Un mendrugo."
(33) R. Valle Incln, guila de blasn, Barcelona, F. Granada Ca., 1907, II, 2 , , pp. 58 y 62; y IV, 8, p. 248.
(34) Valle Incln, Romance de lobos, cit., II, 3, pp. 116 - 117.
(35) Ob. cit., II, 6, pp. 173-175.
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El ao siguiente, 1909, es de gran importancia para Valle Incln. Si por un lado en este
ao se publican obras total o predominantemente modernistas, como la obrita teatral Cuento de abril y la ltima novela carlista, por otro este 1909 aporta innovaciones considerables,
o sea, los brotes ya bien visibles de un arte nuevo, a los que nos hemos referido al principio
de esta ponencia.
En abril aparece en el peridico "El cuento semanal" la narracin Una tertulia de antao de la que se han subrayado la degradacin y teatralera que le confieren "una marcada
tendencia esperpntica" (43). Aqu ya se observan las disonancias producidas por la superposicin de lo bello con lo grotesco y con lo que suscita la aversin del lector (combinacin
esencial para el esperpento, porque aislados estos elementos se dan desde siempre en la literatura). As, las voces de un grupo de jvenes seoras muy elegantes suenan "como en una
selva tropical el grito de las monas."(44).
En el aspecto estilstico, se advierte que, salvo en pocos pasajes aislados, Valle ha
abandonado la frase musical y llena de adjetivos sonoros en favor de una escritura de sobriedad casi "realista". Prevalece el dilogo; el componente narrativo es sumamente reducido y, para completar la ndole teatral de esta obrita, a menudo tiene carcter de acotacin
valleinclaniana, por sus efectos pictricos y hasta fotogrficos:
En el claro del balcn destacbase y sobresala
por oscuro una sombra de mujer, que, con el rostro pegado a los cristales, procuraba leer una carta. Slo poda verse que tena el pelo de oro."
(Cap. II)
El cuento est estructurado en diecisis minsculos captulos, divisin practicada ya en
varios cuentos de Jardn umbro ( 1903) y en Flor de santidad , pero perfeccionada aqu y
que anuncia la an ms minuciosa de las futuras novelas esperpnticas Tirano Banderas y
El Ruedo Ibrico.
Y ser en esta ltima donde Valle incorporar buena parte de Una tertulia... (45), pero
no sin esperpfentizarla tambin en el aspecto lingstico. Aplicando el mtodo de yuxtaposicin de Speratti-Piero, damos un botn de muestra de las dos versiones, la de 1909 y la de
1927, para evidenciar como en la primera an se trata de un brote del estilo esperpntico,
no de la planta ya crecida.
1909: Volaba por la sala, como un vuelo sonoro
de abejas, el murmullo de la [sic] conversaciones
sostenidas en voz baja y en los instantes de mayor silencio se oa el rasguo de una guitarra.
(Cap. XIII)
1927: El isabelino saln... por gracia del garrulero parlar se converta en una jaula... Cuando remansaba el chachareo percibase un acompaa(43) R. Valle Incln, Una tertulia de antao, en El Cuento Semanal 121, 23. 4. 1909, cap. VI. (El texto no
tiene paginacin; en lo que sigue indicamos el captulo en parntesis despus de las citas.)
(44) Con la diferencia de que aqu se narra en el imperfecto, mientras que las acotaciones aparecen en el
tiempo verbal del presente.
(45) En La corte de los milagros , 1927; ver Speratti-Piero, ob. cit., p. 252 - 255.
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halla cerca del modo expresivo de la juventud artstica del autor, pero est entreverado de
numerosas disonancias, sobre las cuales volveremos enseguida.
La Marquesa Rosalinda va ms lejos que Una tertulia de antao en la estilizacin algo
despectiva de las principales figuras femeninas. Me explico. En la obra valleinclaniana anterior a estos dos textos, a algunos protagonistas masculinos se les confieren elementos feos
y/o algo grotescos ya relativamente temprano; basta pensar en el peregrino en Flor de santidad, "desgreado y bizantino", que habla con "plaidera solemnidad", y asevera que sus
numerosos rosarios estn tocados justo "en el sepulcro de los Doce Apstoles" (52). La estilizacin de las heronas (no de las figuras secundarias), en cambio, obedece hasta los aos
veinte a una esttica de la belleza ms o menos modernista. Eulalia, la joven protagonista
de Una tertulia de antao, no se sale de esta norma. Pero hemos visto la nota despectiva
con que en este cuento se representan algunas figuras secundarias, aquellas grrulas seoras
jvenes. Esta nota se extiende en La Marquesa Rosalinda a la protagonista - una dama del
siglo XIII en su estilizacin modernista: refinada y bella, lnguida y al mismo tiempo frivola - que se presenta tambin ridicula: "cubierta de polvos de arroz" (53) y con el vicio, muy
dieciochesco pero no muy elegante para una seora, de tomar rap para luego lagrimear y
estornudar con vehemencia (Jornada Primera).
Estos toques irnicos y grotescos significan un paso considerable hacia el esperpento,
que da una imagen deformada de todos los personajes (no slo los de condicin social baja
o los secundarios, como en las obras anteriores ), disminuyendo la dosis de mordacidad exclusivamente en el caso de las pocas figuras, mencionadas arriba, con que el demiurgo Valle se identificaba. '
Otro choque entre lo potico y lo prosaico se produce en el lenguaje de las figuras. Por
un lado, el autor, confiriendo a stas un habla potico-sentimental, crea en los destinatarios
de la obra la expectativa de encontrar caracteres elevados. Pero poco despus los desilusiona, poniendo en boca de los personajes con aura potica algn giro inesperado. As, Arlequn estropea la belleza parnasiana de su monlogo a la luna con imgenes como "tus ojos
de muerta", "tu nariz chata" (54). Estas disonancias ya se hallan en la versin de 1911,
mientras que los versos "y te saluda con la cabriola/ De una bruja sabtica" posiblemente se
han introducido slo en la edicin de 1913 (55). Son versos que parecen tomados de La pipa de kif{\9\9), por su carcter de "puerilidades poticas" (56) y tienen sabor esperpntico
por la connotacin goyesca. (Tambin el cambio de lengua al final del monlogo, "Nihil!"
anticipa un recurso de La pipa de kif, como veremos ms abajo).
Pero volvamos al choque entre lo potico y lo prosaico. Arlequn que se dirige a la
Marquesa en lenguaje de galn de comedia barroca, cae de las correspondientes alturas esti(51) VM\elnc\n, Flor de santidad, en OE (citas de pp.351, 353 y 358).
(52) Valle Incln, La Marquesa Rosalinda, (Opera Omnia III), Madrid, Imprenta Alemana, 1913, p. 17.
(53) Para estas y otras violaciones estilsticas del canon modernista ver M. Cananeo, ob. cit., pp. 94 - 99.
(54) La Marquesa Rosalinda, cit., pp. 78 sig. No hemos podido ver el texto en "Nuevo Mundo" directamente sino slo en Hormign, ob. cit., donde, ausentes los dos versos citados, hay una estrofa incompleta, cosa asombrosa en Valle Incln; no sabemos si se debe a un error de imprenta.
(55) Son caractersticas de la literatura de vanguardia, como afirma E. Gimnez Caballero, Literatura espaola, 1918 -1930, en Vanguardistas espaoles, 1925 -1935, seleccin de R. Buckley y J. Crispin, Madrid, Alianza Ed., 1973,p. 52.
(56) La Marquesa Rosalinda, cit., p. 71.
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tan hasta 1912 (65). Esta anterioridad parcial no quita que con estas obras el autor haya
vuelto a valorizar plenamente la esttica modernista, aun despus de las obras pre-esperpnticas que nacieron alrededor de 1910. Ahora que en Europa estn floreciendo las vanguardias, esta esttica puede parecer casi anticuada. Sin embargo, tiene buena calidad y nos interesa porque representa una ulterior depuracin del modernismo de aquellos elementos que
a veces le daban una nota cursi o empalagosa.
Veamos primero La lmpara, que va ms a fondo en este sentido que el tomo de versos. La esmerada elaboracin de su ritmo y de su sintaxis sigue teniendo como resultado la
musicalidad y armona de la prosa valleinclaniana de principios de siglo, aunque se distingan ahora por mayor sencillez. E incluso cuando Valle usa la enumeracin asindtica, que
ser un estilema frecuente en los textos esperpnticos, crea en La lmpara maravillosa oraciones pausadas, con el ritmo de frmulas mgicas por sus repeticiones sintcticas; sin embargo, no llegan nunca a la monotona, ya que no suele haber ms que tres o cuatro en una
serie. En conjunto, y debido tambin a que siempre desembocan en oraciones de estructura
amplia, tienen el efecto contrario al duro asndeton de ritmo sincopado que distingue el estilo vanguardista:
Las figuras, el ondular de los ropajes, el rumor
de las pisadas, el temblor de las almas, las vidas
y las muertes, todo estaba lleno de taumaturgia y
de misterio. Emanaba una sensacin de silencio
de aquellos relatos forjados de augurios, de castigos, de mediaciones providenciales, y el paisaje
que los ojos de la narradora ya no podan ver tena la quietud de las imgenes aprisionadas en
los espejos mgicos (66).
Tambin el lxico, aun siendo menos rebuscado y preciosista, ha vuelto a tener caractersticas finiseculares: arcasmos, cultismos y neologismos, p. e. "guardadora del enigma
panida" una de las efmeras creaciones del modernismo, que no ha entrado en los diccionarios. Finalmente, el texto pulula de sinestesias, como "Eternos ritmos vitales conmueven el
arte arcaico de los griegos, sus nmeros sin enigma tienen la claridad del da" (67).
Perfeccionando la interiorizacin del modernismo, Valle Incln quiere ahora sugerir
valores estticos, s, pero al mismo tiempo espirituales, aunque - siguiendo los consejos de
Verlaine, uno de los maestros citados - la expresin sea a veces deliberadamente imprecisa,
y en particular en sus aspectos que recuerdan la mstica y el esoterismo (68). De todas formas, el mismo hecho que Valle haya publicado una obra de un estilo que ya no corresponde
a la ltima moda literaria, y que no haya efectuado un regreso pasivo a la esttica antigua
sino que la haya perfeccionado, es, en s, una confirmacin del sentido fundamental del li-
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bro, el de ser un canto a lo que no pierde validez con el pasar del tiempo. El modernismo ha
llegado a ser compatible con el "eternismo" unamuniano.
Tambin El Pasajero corresponde, parcialmente, a estos ideales; pero es menos homogneo y de tono menos sereno que la obra en prosa, un poco menos decantado ideal y estilsticamente. Algunos poemas representan una vuelta al preciosismo del lxico, por no hablar
del aspecto temtico, donde se nota un retorno al exotismo y satanismo decadentes.
Algunos pasajes de La lmpara maravillosa destacan por su voluntad de innovacin lingstica y hasta por un toque de agresividad que contrasta con la serenidad y el quietismo que distinguen la obra en su conjunto: "Poetas, degollad vuestros cisnes y en sus entraas escrutad el destino" o "Desde hace muchos aos, da a da, en aquello que me atae yo trabajo cavando la cueva
donde enterrar esta hueca y pomposa prosa castiza que ya no puede ser la nuestra cuando escribamos, si sentimos el imperio de la hora." (69).
Contrariamente a lo que pueda parecer, estas frases no representan un indicio preesperpntico sino la confirmacin del anhelo de regeneracin literaria presente en el Valle
de principios del siglo y explicitado, de forma muy parecida que en La lmpara, ya en
1908, en Breve noticia acerca de mi esttica, escrito terico en defensa del modernismo que
abre el volumen de cuentos Corte de amor. De hecho, las frases citadas proceden de uno de
los textos ms antiguos de que se nutre La lmpara; fueron redactadas en diciembre de
1912 y publicadas luego en "El Imparcial" del 3.2.1913.
Mientras que en La lmpara maravillosa la renovacin "slo puede brotar de las liras"
(70), en La pipa de kif Valle cambia de instrumento: ahora suenan "gayos tamboriles" y
"gritos espasmdicos" (71). En este libro, por primera vez lo distorsionado, feo, grotesco y
absurdo que un ao ms tarde se bautizar esperpento, mezclado con mucha gracia burlesca, ya no es slo episodio sino sistema dominante.
En el afn vanguardista de recreacin ldica, la palabras se sustituyen por otros signos
tipogrficos, y hay poesas que terminan con una + o un &, innovacin significativa por la
importancia que Valle atribua a los ltimos versos y frases de sus textos (72). En otra posicin final, se cambia de idioma: Aleluya!, (que, en sentido estricto, ya tiene el ttulo en
otro idoma, aunque quiz no percibido como palabra extranjera), termina en latn: Anmula,
Vgula, Blndula (73).
Puesto que las imgenes antilricas, el carcter de acotacin y la sintaxis nominal y
asindtica ya han sido objeto de atentas observaciones (74), quisiera slo recordar un elemento no-vanguardista de esta obra: dos de los sintagmas clave del poema programtico
"Aleluya!", es decir "versos funambulescos" y "musa moderna" (75), que caracterizan la
nueva esttica, son ya tradicionales: el trmino "funambulesco" en relacin a la literatura
notoriamente es de Banville, nombrado por el mismo Valle en la tercera estrofa del poema y
(69) Valle Incln, La lmpara maravillosa, Milagro musical VI, OE, pp. 541 sig.
(J0)Ob. cit., p. 541.
(71) Valle Incln, La pipa de kif en La pipa de kif, Madrid, SGEL, 1919,p. 9 y \Aleluya! en ob. cit., p. 20.
(72) Sobre la importancia de la frase final, ver Daz Plaja, ob. cit., p. 158.
(73) La pipa de kif, cit., p. 21. Se trata del verso inicial de una poesa de Hadriano; ver S. Horl, Die andere
Seite, en Wentzlaff-Eggebert (ed.), Ramn del Valle-lncln, cit. p.195.
(74) M.Cattaneo, / "logaritmi poetici", cit., pp. 131-41 y Risco, ob. cit., pp. 181 sig.
(75) La pipa de kif, pp. 15 y 21.
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en el "Preludio" de La Marquesa Rosalinda . La "musa moderna" en cambio tiene su antecedente en Victor Hugo (76) y fue tambin nombrada por Alejandro Sawa, amigo de Valle,
como ttulo de un cuento publicado postumo en 1911 en "La Vanguardia" de Barcelona. Es
conocida la inspiracin que los modernistas han recibido de los romnticos, pero menos
atencin se suele prestar a su supervivencia no pardica en la poesa vanguardista. (El propio autor lo subraya mediante una alusin a Poe en el mismo poema.)
La prctica asidua de la nueva esttica se manifiesta en los fuertes rasgos grotescos y
absurdos de toda una serie de obras de 1920, como Divinas palabras, Farsa y licencia de la
Reina castiza ("La Pluma") y la primera versin de Luces de Bohemia ("Espaa"), donde el
autor ya da su conocida definicin del esperpento. Esta acumulacin de obras vanguardistas
tiene tonalidades ms sombras, una visin del ser humano ms despiadada que La pipa de
kif. Se dira que el autor ha dejado influir en su arte con cierto retraso su sensibilidad ante
la Gran Guerra (77) y los acontecimientos espaoles del ao 1917, ya que la nueva esttica
coincide con nuevos acentos en sus posiciones polticas, un acercamiento a la izquierda,
(que no se debe confundir con una clara opcin ideolgica) (78). Entonces, por fin el cambio de rumbo definitivo?
No, an no. Hay otro salto atrs o, en este caso, mejor dicho otro ejemplo de la sobreposicin parcial de los dos estilos de Valle Incln: de julio a septiembre de 1922 aparece la
ltima de las Comedias brbaras en la revista "La Pluma"; forma una unidad orgnica con
las Comedias de 1907 y 1908, aun conteniendo una escena entera, III, 3, de esperpento de
pura cepa, tanto en el lenguaje escueto como en la visin degradante.
Pero esta ltima de las Comedias, casi paradjicamente, considerando la fecha, se distingue tambin por un modernismo ms llamativo que las anterioreres. Se trata de un modernismo cercano al de las Sonatas y algunos de los cuentos de Jardn umbro en cuanto a
decadentismo, en particular en su vertiente satnica, y esteticismo idealizador. Es as en los
monlogos y dilogos del loco Fuso Negro, pero tambin en los del viejo Montenegro, que
ya en las Comedias brbaras anteriores mostraba esta faz, y lo hace ahora an ms explcitamente, cuando se acerca con lujuria a su ahijada: "Soy Satans y te pierdo!" (79).
El esteticismo modernista, en cambio, se nota sobre todo en las acotaciones, llenas
de la belleza hiperestilizada prerrafaelista, cara a Valle ya a finales del siglo pasado (80):
"Sabelita est en lo alto, de pechos al arambol, rubia de mieles, el cabello en dos trenzas,
el hbito de Nazareno." (81). Como de costumbre, el autor intensifica las caractersticas
que ms le interesan en las versiones sucesivas, y al aadir algunas escenas en 1923, in-
(76) V. Hugo, Prface a Cromwell, Paris, Garnier-Flammarion, 1968, p. 73: "Le grotesque, ce germe de la
comedie, recueilli par la muse moderne". Agradezco a M. J. Alonso Seoane haberme amablemente sealado la
existencia de este sintagma en Hugo.
(77) El nico testimonio son las impresiones de su visita al frente en Francia en 1916, que se recogieron en
una serie de artculos, reunidos luego en el volumen La medianoche (1917).
(78) Ver las citas reproducidas en Hormign, oh. cit., p. 55 y, sobre el perfil poltico a veces contradictorio,
Dru Dougherty, Valle Incln y la Segunda Repblica, Valencia, Pre-textos, 1986.
(79) Valle Incln, Cara de Plata, III, 1, "La Pluma", 30, 1922, p. 331.
(80) Sobre las primeras figuras prerrafaelistas en Valle Incln ver H. Hinterhauser, Fin de siede. Gestalten
undMythen. Mnchen, Fink, 1977, pp. 123- 129.
(81) Valle Incln, ob. cit., II, 2, p. 11.
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traduce otro retrato del mismo estilo: "Bajo la luna, el hermoso segundn tiene el caballo
de las riendas en el camino solitario, con un fondo lejano de estrellas y panderos de foliada." (82).
Como ya hemos visto en el caso de otras obras, tambin en Cara de Plata hay desfases
entre el contenido, la imagen, y la sintaxis. En el retrato de Sabelita, la imagen pictrica
modernista se expresa con escueta sintaxis asindtica y sin verbos, ms propia del vanguardismo que del modernismo valleinclaniano. Es otro ejemplo de que la sintaxis del autor
suele estar ms en sintona con el desarrollo histrico general de la literatura europea que
otros elementos de su estilo; recurdese la imagen del bufn citada ms arriba: lo grotesco
pre-esperpntico expresado con sintaxis y ritmo de elegancia finisecular.
Despus de Cara de Plata ya no hay saltos atrs en la esttica de Valle Incln. Y ya que,
en la ocasin presente, nos interesa ms el accidentado camino estilstico que su final, el esperpento puro, nos paramos sin considarar las obras correspondientes.
Podemos concluir que en la trayectoria esttica del autor gallego no hay continuidad,
pero tampoco una clara lnea divisoria. Hasta 1922 se observa, en todos los gneros, mucho
modernismo, pero poco modernismo puro, en el sentido de que por lo menos semillas o
brotes de la esttica vanguardista se hallan en casi todas las obras. Slo despus de esta fecha, el esperpento se lleva la victoria total.
Una verdadera contemporaneidad de las dos estticas fundamentales se da slo entre
1918 y 1923, perodo en que el autor suele estar trabajando a la vez en obras total o parcialmente modernistas como El pasajero, Cara de Plata y La farsa italiana de la enamorada
del rey, y textos vanguardistas, desde La pipa de kif a Los cuernos de don Friolera, cuya
primera versin aparece en 1921 y Para cundo son las reclamaciones diplomticas?, cuya publicacin, en julio de 1922, coincide con las primeras entregas de Cara de Plata.
En las obras dialogadas, las acotaciones acusan con mayor fuerza los saltos, tanto los
hacia adelante como los hacia el pasado estilstico, que los dilogos. Finalmente, el desarrollo de la sintaxis y del ritmo corresponden ms a una transicin progresiva de una esttica a
la otra que el de otros aspectos del estilo, como el lxico y las imgenes .
(82) Cara de Plata, Opera Omnia XIII, Madrid, Renacimiento, 1923, II, 7, p. 189.
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