Los hombres son tan necesariamente locos, que sera estar loco por otro giro de
locura, no estar loco.
Y si no se rebaja a esto y quiere estar siempre en tensin, se conducir an ms
tontamente, porque pretender superar la humanidad, y, al fin de cuentas, l no es
ms que un hombre, es decir, capaz de poco y de mucho, de todo y de nada: no
es ni ngel ni bestia, sino hombre.
No nos situamos nunca en el tiempo presente. Anticipamos el porvenir como si
llegara demasiado lentamente, como para apresurar su curso; o recordamos el
pasado, para detenerlo por ser demasiado rpido: tan imprudentes, que erramos
por tiempos que no son los nuestros y no pensamos en el nico que nos
pertenece, y tan vanos, que nos ocupamos de los que ya no son nada y dejamos
escapar sin reflexin el nico que subsiste. Ello se debe a que, generalmente, el
presente nos hiere. Lo apartamos de nuestra vista, porque nos lastima; en cambio,
si nos resulta agradable, nos lamentamos al ver que se nos escapa.
Examine cada uno sus pensamientos: encontrar que todos estn ocupados por el
pasado o por el porvenir. Casi no pensamos en el presente; y, si pensamos, slo lo
hacemos buscando en l una luz para disponer el porvenir. El presente nunca es
nuestra finalidad: el pasado y el presente son nuestros medios; slo el porvenir es
nuestro fin. As pues, no vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y, porque
siempre nos estamos disponiendo a ser felices, es inevitable que no lo seamos
nunca.
Si conocemos la pasin dominante de cada uno, estamos seguros de caerle bien;
y, sin embargo, cada uno tiene sus caprichos, contrarios a su propio bien, en la
idea misma que tiene del bien: es una extravagancia que saca del tono.
Somos tan presuntuosos, que quisiramos que toda la tierra nos conociera, y aun
los hombres que vendrn cuando ya no estemos; y somos tan vanos, que nos
entretiene y nos contenta la estima de cinco o seis personas que nos rodean.
No nos contentamos con la vida que tenemos en nosotros y en nuestro propio ser:
queremos vivir en la idea de los otros con una vida imaginaria, y para ello nos
esforzamos por parecer a. Penamos incesantemente por embellecer y conservar
nuestro ser imaginario, y descuidamos el verdadero.
As, la vida humana no es ms que una ilusin perpetua; nos dedicamos
exclusivamente a inter engaarnos y a inter halagarnos. Nadie habla de nosotros
en nuestra presencia del mismo modo como habla en nuestra ausencia. La unin
que existe entre los hombres slo est fundada sobre este mutuo engao; pocas
amistades subsistiran si cada uno supiera lo que su amigo dice de l cuando est
ausente, aunque hable entonces sincera y desapasionadamente. As pues, el
hombre slo es disfraz, mentira, hipocresa, tanto en s mismo como para los
otros. No quiere que se le diga la verdad trata de no decirla a los otros; y todas
estas inclinaciones, tan alejadas de la justicia y de la razn, tienen una raz natural
en su corazn.
Decir la verdad es til para aqul a quien se la dicen, pero desventajoso para
quienes la dicen, porque se hacen odiar.
Por lo tanto, no busquemos seguridad y firmeza. Nuestra razn queda siempre
seducida por la inconstancia de las apariencias, nada puede fijar lo finito n' entre
los dos infinitos que lo encierran y le huyen.
Tal es nuestro verdadero estado; l nos hace incapaces de saber con certeza y de
ignorar totalmente. Bogamos sobre un medio vasto, siempre inciertos y flotantes,
empujados de una punta a la otra. Si aparece algn trmino en el que
pensbamos fijarnos y asegurarnos, oscila y nos abandona; si lo seguimos,
escapa a nuestras tomas, se nos desliza y huye con eterna fuga. Para nosotros,
nada se detiene. Tal es nuestro estado natural y, sin embargo, es el ms contrario
a nuestra inclinacin; ardemos por el deseo de hallar un asiento firme y una ltima
base constante sobre la cual edificar una torre que se eleve al infinito, pero todo
nuestro fundamento cruje y la tierra se abre hasta los abismos.
Habiendo vuelto a s mismo, considere el hombre lo que l es en comparacin con
lo que es; obsrvese como perdido en este rincn apartado de la naturaleza; y,
desde esta pequea celda donde se encuentra alojado, o sea el universo, aprenda
a estimar la tierra, los reinos, las ciudades y a s mismo en su justo precio. Qu
es un hombre en el infinito?
Pero, para presentarle otro prodigio igualmente asombroso, busque el hombre en
lo que conoce las cosas ms sutiles. Que el insecto arador le ofrezca en la
pequeez de su cuerpo partes incomparablemente ms pequeas, piernas con
articulaciones, venas en sus piernas, sangre en sus venas, humores en esta
sangre, gotas en sus humores, vapores en estas gotas; y dividiendo an ms
estas ltimas cosas, agote sus fuerzas en estas concepciones, y el ltimo objeto al
que pueda llegar sea ahora el de nuestra exposicin: quizs piense que es esta la
extrema pequeez de la naturaleza. Quiero hacerle ver all dentro un nuevo
abismo. Quiero pintarle no slo el universo visible, sino tambin la inmensidad que
se puede concebir de la naturaleza, en el recinto de esa abreviatura de tomo.
Vea en l una infinidad de universos, cada uno con su firmamento, sus planetas,
su tierra, en la misma proporcin del mundo visible; en esa tierra, animales, y por
ltimo insectos aradores, en los cuales volver a encontrar lo mismo que los
primeros le han dado; y, encontrando aun en los otros lo mismo, sin fin h y sin
reposo, pirdase en estas maravillas, tan asombrosas en su pequeez como las
otras por su magnitud; pues quin no se admirar de que nuestro cuerpo, que ha
poco no era perceptible en el universo, imperceptible l mismo en el seno del todo,
sea ahora un coloso, un mundo, o ms bien un todo, con respecto a la nada a la
cual no se puede llegar?
Quien se considere de tal suerte se espantar de s mismo y, considerndose
sostenido en la masa que la naturaleza le ha dado, entre esos dos abismos del
infinito y de la nada, temblar a la vista de maravillas tales; y yo creo que su
curiosidad se tornar admiracin y estar ms dispuesto a contemplarlas en
silencio que a inquirirlas con presuncin. Pues, en fin, qu es un hombre en la
naturaleza? Una nada con respecto al infinito, un todo con respecto a la nada, un
medio entre nada y todo. Infinitamente distante de comprender los extremos, para
l el fin y el principio de las cosas estn insuperablemente escondidos en un
secreto impenetrable, y es igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido
extrado y el infinito donde est sumido. As pues, qu har, sino darse cuenta de
/alguna/ apariencia del intermedio de las cosas, en una desesperacin eterna de
conocer ni su principio ni su fin? Todas las cosas estn sacadas de la nada y
llevadas hasta el infinito. Quin seguir este asombroso itinerario? El autor de
tales maravillas lo comprende. Los otros no pueden hacerlo.