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Gatopardismo en Chile:

los intelectuales y la transicin democrtica


Francisco Domnguez
Midlesex University-Londres

Introduccin
El 16 de Octubre de 1998 Chile recibi con asombro la noticia de que
Scotland Yard haba arrestado a Augusto Pinochet al da siguiente de una
operacin en la London Clinic, en la capital inglesa. Abruptamente los chilenos
despiertan a la realidad de que aqul que era intocable en el pas, es ignominiosamente
arrestado en Londres a solicitud de los tribunales de justicia espaoles que piden
su extradicin para ser juzgado por crmenes contra la humanidad.
Repentinamente, como despertando de un sueo, la mayora de los chilenos se
pregunta qu clase de transicin democrtica es sta bajo la que han estado
viviendo desde 1989 -desde el retorno al gobierno civil- que ha sido incapaz de
hacer la ms mnima mella a la impunidad rampante que ha caracterizado la
situacin poltica del pas desde entonces, que, adems, se resiste a producir el tan
pronosticado chorreo neoliberal y que adolece de una falta de voluntad
patolgica para realmente democratizar el pas. Estas son las limitaciones de la
transicin pactada, acordada entre los militares, la derecha y los polticos de la
Concertacin -coalicin socialista-demcratacristiana en el gobierno desde la
derrota de la dictadura en el plesbicito de Octubre de 1988. Por diez aos la mayora
de la poblacin acept de buena fe la explicacin de los polticos concertacionistas
de que nada se poda hacer respecto de la impunidad, ni de la escandalosa
distribucin del ingreso nacional, ni tampoco con el legado poltico-institucional
pinochetista marco dominante del sistema poltico chileno actual. No sorprende
que se haya dicho que la transicin en Chile verdaderamente comenz el 16 de
Octubre de 1998.1
Todo el planeta, de una u otra forma, se ha enterado de las atrocidades
cometidas durante los 17 aos de la dictadura militar de Augusto Pinochet. Hay
evidencia, hasta la saturacin, de la responsabilidad directa del ex-general. En
momentos en que Pinochet se sinti fuerte y seguro tuvo chispazos de honestidad

Francisco Domnguez

que confirman esta apreciacin. As, por ejemplo, al descubrirse una fosa comn con
cerca de cien cadveres de personas ejecutadas por los miliatares, Pinochet exclam:
Quienquiera que los enterr, le sirvi bien a la patria, ahorrndole dinero en clavos
para los atades.2 En otro momento de franqueza declar Ni una hoja se mueve en
Chile si yo no lo he ordenado. Manuel Contreras, ex-jefe de la siniestra DINA, polica
secreta del rgimen militar, ha confirmado esto desde la crcel, sealando que todas
sus rdenes provinieron siempre del presidente de la repblica.3 Por ello resulta
curioso que luego de su arresto se haya vuelto completamente amnsico o ignorante
alegando que nunca (en 17 aos!) se enter de las barbaridades cometidas contra
hombres, mujeres, ancianos y nios.
Es interesante registrar la cantidad de estadistas de calibre internacional que
han defendido vigorosamente al ex-dictador. La paradoja resulta del contraste entre
esa acrrima defensa y el hecho que ninguno de ellos alegue la inocencia de Pinochet.
La lista y el peso de estas personalidades no deja de impresionar. As, Margaret Thatcher,
Lord Lamont y otros en el partido Tory, Henry Kissinger, Fugairio, Fiscal de la
Audiencia Nacional de Espaa (equivalente al presidente de la Corte Suprema en otros
pases), inclusive el Vaticano y el Papa mismo, han salido a la palestra exigiendo que
el ex-dictador sea enviado de vuelta a Chile. La reticencia del gobierno de Aznar de
juzgar a Pinochet en tribunales espaoles es archiconocida. La nica excepcin es
Augusto Pinochet Hiriart, hijo del ex-general, quien declar la inocencia de su
progenitor argumentando que cuando su padre haba ordenado la ejecucin de todos
esos marxistas no haba cometido nunguna violacin a los derechos humanos, pues los
marxistas no son humanos. De tal palo, tal astilla. Como se ver ms adelante, la
oposicin al enjuiciamiento de Augusto Pinochet, no es slo chilena sino que
internacional. Es decir, la justicia se enfrenta a un formidable cartel internacional de
la impunidad. De all que el argumento de que los avatares y complejidades de la mal
llamada transicin democrtica sea un asunto puramente chileno es falso, as como
tambin es falso el alegato del gobierno chileno de Frei de que se viola la soberana de
la nacin si se detiene y se juzga a Pinochet en el extranjero.
El coro de oposicin al arresto y posible extradicin de Pinochet a Espaa ha
sido expresado ms o menos unanimemente en Chile por polticos de la Concertacin
gobernante, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, la derecha poltica
Renovacin Nacional y la Unin Democrtica Independiente (partido pinochetista par

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

excellence), la derecha econmica toda la clase empresarial del pas , y, por supuesto,
los militares.4 Se trata esencialmente de impedir a toda costa que el consenso que ha
sostenido la hasta ahora transicin-a-ninguna-parte sea debilitado, o peor,
destruido. Con este objetivo el gobierno de la Concertacin, presidido por Frei, busc
activamente el apoyo de la derecha poltica y econmica y de los militares. Este enorme
frente superestructural que va desde socialistas renovados hasta los militares,
cubriendo un amplio espectro poltico, tiene como funcin central mantener la transicin chilena congelada con el doble objetivo de asegurar la legitimadad poltica del
modelo neoliberal legado por la dictadura, asi como tambin impedir el impulso
democrtico de las masas del pas. Hasta el trascendental arresto de Pinochet en
Londres, la falsamente llamada transicion en Chile no tena como objetivo, ni
itinerario, el desmantelar los enclaves autoritarios impuestos por los militares a una
capa de polticos pusilnimes en 1988, ni tampoco se planteaba aliviar los peores
excesos del modelo econmico con polticas diseadas para mejorar la distribucin del
ingreso nacional, ni mucho menos tena la intencin de resolver los casos de
violaciones a los derechos humanos pendientes , ni, por supuesto, tena en sus planes la
reduccin del poder fctico de veto de que los militares gozan. La intencin era
mantener la transicin congelada hasta las calendas griegas.
Los dos gobiernos de la Concertacin desde 1989 han sido
extraordinariamente confiables para los grupos de poder decisivos. Sin embargo, el
arresto de Pinochet revel que muchos socialistas, pese a su renovacin, no se
resignaban a aceptar la flagrante impunidad que ha caracterizado a Chile en estos
ltimos diez aos, e hicieron pblica su oposicin a la lnea del gobierno de defensa
5
incondicional del ex-dictador . Adems, una divisin cada vez ms profunda
comenzaba a surgir entre socialistas y democratacristianos no slo respecto del caso
Pinochet, sino respecto de los objetivos de la coalicin. Estaba siendo cada vez ms
difcil impedir la llegada a La Moneda el palacio presidencial chileno, a un socialista.
Al interior de la DC se desarrolla una corriente que propugna una alianza de
centro-derecha para reemplazar la de centro-izquierda que representa la Concertacin.
Andrs Zaldvar y Enrique Krauss, lideran esta corriente que propone deshacerse de
los socialistas y buscar una alianza de gobierrno con la UDI y RN. Los golpistas de
1973 se reunen de nuevo. Este intento fue derrotado en las primarias de la Concertacin
ocurridas a mediados de 1999, cuando Ricardo Lagos, el abanderado socialista obtuvo
el 72% de los votos, mientras que Zaldvar, candidato de la Democracia Cristiana,

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Francisco Domnguez

recibi un pobre 28%, causando un terremoto poltico al interior de la DC llevando a


su Consejo Ejecutivo Nacional pro-Zaldvar a renunciar en masa. Para la derecha,
estos acontecimientos confirmaban sus peores temores de que no se puede confiar en
los socialistas por ms renovados que estn, y que la nica garanta de asegurar la no
democratizacin del sistema poltico chileno, requisito central de las continuidades
neoliberales, era la recuperacin del gobierno. La Concertacin ya haba servido su
propsito de despolitizar y desmobilizar los impulsos democratizantes del grueso del
electorado. Haba llegado el momento de destruir la alianza de centro-izquierda para
reemplazarla por una en que la clase empresarial dirigiera directamente.
El 12 de Diciembre de 1999, la derecha chilena se anot un triunfo poltico
parcial formidable cuando su candidato, Joaqun Lavn, recibi el 47,52% de los votos
en la eleccin para presidente del pas, apenas 31.000 votos de diferencia con el
abanderado de la Concertacin, y favorito con 20 puntos de ventaja hasta hace unos
pocos meses atrs, Ricardo Lagos, quien obtuvo el 47,96%. Esto resulta altamente
sorprendente, especialmente si se considera que el arresto de Pinochet en Londres,
haba debilitado al pinochetismo en Chile, al revelar ante el mundo las limitaciones
inaceptables a la democracia impuestas por los militares a su partida del poder en
1988. El caso Pinochet y los crmenes de la dictadura fueron discutidos, explicados,
analizados, y rememorados por los medios de comunicacin de todo el mundo durante
meses. Estados Unidos desclasific miles de documentos secretos en los que se dejaba
en evidencia las actividades ilegales, extraterritoriales y criminales de la polica secreta
chilena en colusin y colaboracin con sus pares en el Cono Sur, dejando en claro el
rol y nivel de informacin que Pinochet tena respecto de los crmenes de que se le
acusa. Las condiciones en que ocurrira la eleccin no podan ser ms auspiciosas para
la Concertacin. Sin embargo, casi como por milagro, la Concertacin se las arregl
para convertir en casi derrota una victoria segura. En un esfuerzo de ltima hora,
Lagos logr triunfar apenas en la segunda vuelta el 16 de Enero de 2000, con una
miserable diferencia a su favor de slo 3% y gracias esencialmente al voto comunista.6
Para poder explicarse este logro mgico-realista, que slo se crea posible en la
literatura de Garca Mrquez, es necesario examinar los antecedentes de la transicin
pactada en Chile, con todas sus concomitantes limitaciones anti-democrticas, y, la
metamorfosis del grueso de los intelectuales en Chile, quienes han, en esencia, no slo
hoy queman lo que ayer adoraban sino que adoran lo que ayer quemaban. La
transformacin de la dictadura chilena en la transicin tutelada por los militares y la

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

constitucin pinochetista de 1980, en algo que no es ni democracia ni dictadura, y el


rol central que la metamorfosis de los intelectuales7 chilenos jug en este proceso, son
los temas centrales de este artculo.
Limitaciones de la transicin pactada.
El comportamiento poltico de la Concertacin desde el arresto de Pinochet
en Londres ha dejado ampliamente demostrado que la razn clave en la
democratizacin del sistema poltico chileno, o en la resolucin de los casos pendientes
de derechos humanos, tiene poco que ver con la imposibilidad prctica de avanzar en
estas reas en Chile. Ms bien se explica por la total y absoluta carencia de voluntad
poltica no slo de no hacer nada al respecto por parte de los polticos de la Concertacin,
sino de su decisin de unirse y defender a los asesinos cuando stos estn en apremios.
Ellos, que comenzaron aceptando las limitaciones a la democracia por razones pragmticas, han terminado proveyendo las coartadas para los asesinos por razones de
conviccin.
Gatopardismo, es el trmino que utiliza Toms Moulin en su libro, Chile
Actual. Anatoma de un Mito, para definir el proceso de transformacin de la
dictadura chilena en la actual transicin tutelada por los militares. Esta
transformacin consiste en un largo proceso de bsqueda de una salida al rgimen
militar en un sistema ms o menos democrtico que al mismo tiempo garantiza la
continuidad de las estructuras polticas y, sobre todo, econmicas de la dictadura
(MOULIAN,1997:145). Tal transformacin inclua hasta cambios en el personal del
estado, pero asegurndose que el bloque de poder permaneciera inalterado. Para ello
se instituye la constitucin de 1980, y se asimila a la oposicin en la aceptacin de las
alternativas ofrecidas por la dictadura en 1988 (plebiscito, senadores designados,
senadores, vitalicios, sistema electoral binominal, neoliberalismo, etc.). El objetivo del
legado institucional pinochetista es garantizar la continuidad de un liderazgo neoliberal
del proceso transicional o, en su defecto, que cualquier gobierno estuviera constreido
a garantizar la reproducibilidad del modelo econmico desarrollado durante la
dictadura (Id:145-47). La lgica de tal salida democrtica de la dictadura es que a
mayor conviccin neoliberal de los gobiernos sucesores del pinochetismo, menor tutelaje
militar y viciversa. Idealmente el gobierno que sucediera a la dictadura sera el de sus

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frreos partidarios civiles. Por razones polticas esto, hasta ahora, no ha sido posible.
Para el bloque dominante la Concertacin no es de ninguna manera la coalicin ideal
para hacerse cargo de la amdinistracin del neoliberallismo chileno. Por lo tanto, desde
la llegada de la coalicin socialista-democristiana al gobierno en 1989 su reemplazo
por un gobierno ms confiable, verdaderamente neoliberal y pinochetista, ha estado
en la lista de los quehaceres del bloque dominante.
Tal vez una de las facetas que caracteriza la transicin chilena es el poner
fuera del alcance de la poltica la toma de decisiones econmicas.8 En Chile, el
Banco Central es una institucin autnoma, es decir, decide aspectos claves de la
poltica econmica de la nacin (como las tasas de inters, por ejemplo) sobre bases
tcnicas. Es decir, contina con polticas macroeconmicas neoliberales,
independientemente de quien sea el gobierno elegido y, sobre todo, independientemente
de los deseos implcitos o explcitos del electorado. Se trata bsicamente de impedir la
intrusin de la poltica cotidiana en esta esfera sacrosanta, protegindola as de los
vaivenes de la poltica contingente. Esto, luego de diez aos de prctica, ha llevado al
elector a sacar la conclusin de que no hay ninguna diferencia respecto de por quin se
vote en las elecciones y que la poltica econmica es algo etreo, ajeno, lejano,
intangible, que no le pertenece y que no puede influenciar. Esto ha resultado en una
conveniente y considerable despolitizacin de la sociedad (LARRAIN,1999). Es decir,
en el Chile tutelado actual como bajo la dictadura, al electorado se le niega la
posibilidad de influenciar la poltica econmica, aunque el mtodo y los mecanismos
sean mucho ms sutiles y sofisticados. La Concertacin ha sido instrumental en
transformar esta exclusin de un mecanismo coercitivo en uno consensual. A juzar por
el desempeo de la Concertacin en asegurar las continuidades neoliberales en Chile,
el gatopardismo chileno ha sido altamente exitoso.
Los derechos institucionales de que gozan los militares en relacin a los
polticos civiles y al gobierno de turno, por un lado, y el altsimo grado de autonoma
del poder civil de que disfrutan, los convierte en una pieza clave del gatopardismo en
Chile. Al interior de las fuerzas armadas la lealtad al comandante en jefe es crucial
para el xito o no de las carreras de los altos oficiales. Este requerimiento arbitrario y
personalizado es fiscalizado y hecho realidad por una Junta Extraordinaria de
Oficiales, que decide sobre las calificaciones, promociones y destinaciones de los altos
oficiales, est bajo el control del comandante en jefe mismo. El establecimiento de a

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

Junta se hizo con el fin de reforzar mecanismos puramente internos a las fuerzas
armadas para determinar la evolucin y composicin de los altos mandos militares a
objeto, simultneamente, de excluir la intrusin del poder civil. Los militares han
demostrado su total apoyo no slo al neoliberalilsmo, sino que tambin a la
impunidad, y a su antiguo lder y jefe. De esta manera, la posibilidad de que surja una
capa de altos oficiales ms profesional y menos involucrada en la poltica
contingente es bastante improbable. La democratizacin pendiente deber serles
impuesta por la voluntad poltica de un poder civil comprometido a tal empresa.
Las fuerzas armadas como institucin disfrutan del 10% de las rentas de la
venta de las exportaciones de cobre. Este sistema es el resultado de la evolucin de una
cantidad siginificativa de leyes y decretos-leyes secretos promulgados durante la
dictadura de Pinochet. Desde 1973, el rgimen militar comenz a hacer transferencias
de enormes sumas de las ventas del cobre a los cofres de las fuerzas armadas. Incluso
el rgimen militar promulg un decreto-ley secreto en el que se estipulaba que la
transferencia de los fondos se hara discretamente y en secreto, que su registro tambin
sera discreto y su inversin (destino final) sera decidido por decretos supremos
reservados, que no tendran que ser registrados en el Diario Oficial ni ser publicados
oficialmente.9 De esta manera los militares han entrado a la fuerza a participar de la
repartija de la torta neoliberal con el resto del bloque dominante. A esto tambin se le
podra llamar robo al descampado. Los militares no tienen la obligacin estatutaria o
institucional de responder por los usos que hagan de estos recursos, ni tienen que
rendir cuentas a nadie de nada. Estas entradas estn garantizada y a salvo de los
vaivenes del ciclo econmico. El dogma neoliberal no se aplica aqu, aunque si se
aplica a la salud, educacn, transporte y todo lo dems que pueda ir en beneficio de las
grandes mayoras. Despus de todo, 10% de las rentas del cobre son asignadas a una
institucin totalmente improductiva y que vive por encima de sus medios, frase
lapidaria que el Fondo Monetario Internacional utiliza toda vez que aplica el hacha de
la austeridad contra cualquier pobre pas del tercer mundo. La transicin pactada
impide que los poderes civiles se entromezcan en las materias militares y el estado
tiene que desembolsar sin preguntar.
La transicin chilena incluye tambin la peculiaridad institucional conocida
como los senadores designados. La constitucin de 1980, aceptada hasta hoy como
legtima e incambiable por la Concertacin, estipula la nominacin de nueve senadores

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no elegidos, lo que, con los votos de la derecha, garatizan una mayora pinochetista de
facto en la cmara alta. La funcin de esta mayora, as artificalmente y
antidemocraticamente construida, es bloquear cualquier iniciativa democratizante que
pudiera provenir de la cmara de diputados. Los designados fueron nombrados por
Pinochet antes de su salida del gobierno para, entre otras cosas, bloquear tambin
cualquier intento de superar las leyes de auto-amnista dictadas por l en 1978 y
refrendadas por el gobierno concertacionista de Alwyn. Despus de Pinochet es el
Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) quien tiene a su cargo la nominacin de
los designados. As, los ocho miembros del COSENA, todos militares, nombran al
mismo nmero de senadores elegidos por tres millones y medio de ciudadanos en la
ciudad de Santiago. La constitucin de 1980 adems incluye la nominacin de
senadores vitalicios, como un tal Augusto Pinochet, quien, mientras estaba Chile no
tena ni siquiera que preocuparse de ser elegido senador para gozar no slo de
impunidad legal, sino tambin de inmunidad parlamentaria.
Parte del sistema para reforzar al pinochetismo, al neoliberalismo y al
militarismo en la institucionalildad vigente es el sistema electoral binominal, cuya
funcin es compensar desmedidamente a las segundas mayoras en detrimento de las
primeras mayoras, simultneamente haciendo casi imposible que las terceras
mayoras puedan tener representacin parlamentario. En trminos del paisaje poltico
de Chile, hasta el 12 de Diciembre de 1999 esto significaba reducir la representacin
parlamentaria de la Concertacin, aumentar la del pinochetismo (UDI y RN), y
eliminar del escenario parlamentario a la izquierda, especialmente los comunistas.
As, independientemente de cmo vote el electorado chileno, en virtud de los arreglos
institucionales y constitucionales pertinentes a la transicin pactada, la derecha tiene
garantizada una mayora en el Senado y sobre-representacin parlamentaria en la
cmara de diputados. Es decir, goza de una influencia poltica mucho mayor que la
cantidad de votos obtenidos justifica.
Por si todo lo analizado no fuera suficiente, los militares se han puesto a s
mismos en posiciones constitucionales claves desde las cuales pueden tutelar la
direccin general de la transicin asi como sus detalles ms minimos. Dominan el
Consejo Nacional de Seguridad, organismo poderoso e influyente que se relaciona
directamente con el presidente de la repblica, por encima del parlamento y sin tener
que rendirle cuentas a ste ltimo. En otras palabras, el COSENA tiene la atribucin

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

constitucional de llamar al presidente a reuniones de emergencia para discutir


cuestiones que los militares consideren de importancia nacional, indepedientemente de
si el parlamento est o de acuerdo con tal evaluacin de la situacin nacional. Adems,
la constitucin pinochetista de 1980 otorga a los militares el rol de guardianes de la
institucionalidad existente y, por lo tanto, de determinar si hay crisis, y si tal crisis
requiere su intervencin para proteger la obra militar, eufemismo para denotar el
modelo neoliberal y los arreglos institucionales de la transicin pactada
(MOULIAN,1997:50) Es decir, la constitucin de 1980 ha legalizado, de antemano,
un posible pronunciamiento militar futuro, obligado probablmente por la accin de
polticos civiles que irresponsablemente pongan en peligro la obra miltar.
Por ltimo, aunque no menos importante, la Concertacin no slo aprob la
auto-impunidad decretada por Pinochet en 1978, sino que adems trat de consagrarla
ticamente por medio de la Comisin Verdad y Reconciliacin que tuvo a su cargo la
investigacin de todos los casos de violaciones de los derechos humanos en los 17 aos
de dictadura militar. El trabajo de investigacin de la Comisin fue impecablemente
meticuloso y sus resultados fueron dados a conocer en tres enormes volmenes10 en
donde se detallan la inmensa mayora de los crmenes perpetrados. Sin embargo, la
Comisin, pudiendo nombrar y nombrando a las vctimas, tena prohibicin
presidencial expresa de nombrar a los perpetradores. El objetivo era de lograr un
mecanismo de catarsis social sicolgica que diera la impresin de justicia sin
realmente hacerla, evadiendo la cuestin clave de llevar a los presuntos culpables a los
tribunales y exigirles demostrar su inocencia o aplicarles todo el peso de la ley.
La institucionalidad en Chile es, entonces, no slo la de una transicin
tutelada por los militares, sino que esta tutela se aplica a un sistema poltico que est
dentro de una camisa de fuerza constitucional pinochetista. Esta institucionalidad est
estructurada de tal manera que sin romperla es imposible avanzar en la
democratizacin del pas o resolver los casos pendientes de violaciones a los derechos
humanos. Es ms, esta institucionalidad preserva y promueve mecanismos y
estructuras que legitiman el neoliberalismo y el pinochetismo. La pregunta que surge
de inmediato es por qu los polticos concertacionistas, ostensiblemente de vocacin
democrtica e igualitaria, han aceptado los trminos de una transicin pactada que
impide realizar una vocacin tica que proclaman. La respuesta est en el divorcio que
existe entre esa proclamada vocacin y la adopcin de valores nuevos, modernos

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y renovados, adquiridos durante la metamorfosis poltica de una amplia capa de


intelectuales, dirigentes de partidos izquierdistas y progresistas.
La metamorfosis de los intelectuales.
En 1993, Jorge Castaeda, escribi en La Utopa Desarmada que luego de
las derrotas que la izquierda latinoamericana sufri en los 1980 y 1990, sta deba
desarrollar un programa que abandonara el socialismo como objetivo, y aceptara formal
y sinceramente la lgica de mercado (CASTAEDA,1994:432). Castaeda
argumenta que plantear un modelo alternativo al capitalismo, que teniendo la ventaja
de atacar las races de las iniquididades actuales, era una empresa ilusoria en el mundo
actual. Castaeda propone una suerte de idealismo reformista: aceptando el sistema
capitalista vigente se trata de cambiar sus algunos de sus efectos sin examinar sus
causas y, aunque su realizacin pueda parecer remota, tal plataforma reformista es
realista (Id.428). En este apretado resumen de la tesis de Castaeda tenemos la esencia
de las opciones tericas y polticas que se plantearon muchos intelectuales
latinoamericanos en estas dos difciles dcadas y de esta manera tambin se puede
resumir la esencia de la metamorfosis que muchos de ellos abrazaron de buena gana.
La intelectualidad chilena no fue excepcin a este proceso general.
Si el proceso de la metamorfosis fuese exclusivamente intelectual y terico,
no habra mucho de que preocuparse pues las contradicciones que crea el neoliberalismo
son tales que es imposible que estos mismos intelectuales metamorfoseados no
reconozcan la brutalidad e inhumanidad del sistema que decidieron aceptar.
Lamentablemente, las opciones polticas de sta, as como de generaciones anteriores,
no se deciden sobre la base de debates sino que el en crisol hirviente del conflicto
social. Desde el 11 de septiembre de 1973, la intelectualidad chilena de izquierda se
vio puesta en una posicin desde la cual poda dar slo una lucha defensiva. No hay
surgimiento de lucha de masas anti-dictatorial en Chile hasta 1983, es decir, diez aos
despus del golpe. El rgimen militar purg la sociedad de toda traza radical: no slo
se impidi la actividad de los sindicatos, sino que adems se ilegaliz a los partidos
polticos de izquierda, se les persigui, se les desmantel, se asesin, encarecel o
exili a sus cuadros, se cerraron sus locales, y se prohibi su prensa. Para completar la
limpieza , los rectores-delegados (generales nominados como rectores de las

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

universidades intervenidas por la dictadura militar), convencidos de que las sedes


universitarias eran refugios de adoctrinamiento marxista, expulsaron a
aproximadamente 20.000 docentes y estudiantes, cerrando en el proceso,
departamentos, centros de investigacin, y facultades enteras, de tal manera que en
1983 haba una sola universdad que tena un programa de estudios de sociologa. Ya
en 1982, los rectores-delegados haban reducido las carreras universitarias a doce
(VALENZUELA y CONSTABLE:252-257). Una atmsfera de terror y
desconfianza descendi sobre las universidades que abarc a la actividad intelectual
en general, haciendo que los pocos intelectuales y acadmicos que sobrevivieron a la
furiosa embestida derechista-militar evitaran analizar o discutir temas conflictivos o
que eran objetados por las autoridades militares. Los cientistas sociales, cientistas
polticos y economistas, en particular, buscaron refugio en temas inanes, o por lo
menos legtimos para la censura y represin militar, montando centros de
investigacin financiados por organismos internacionales, tales como la Fundacin
Konrad Adenauer o la Fundacin Ford, de origen alemn y norteamericano,
respectivamente. Estos centros de investigacin permitan cierta autonoma e
independencia de la censura militar y proveyeron el marco de referencia para
reflexionar sobre el pasado. Aqu es donde comenz la renovacin de la izquierda
chilena.(Id.)
Los sobrevivientes, desmoralizados, derrotados y, sin duda, alentados por
los organismos financiadores internacionales, se embarcaron en una profunda suerte
de auto-crtica cuyos elementos centrales eran la percepcin de que, desde la dcada de
1960, haban practicado una poltica extremista que desech la perspectiva del cambio
gradual y reformista entendida entonces como una solucin falsa, pues apenas daba
paliativos a una situacin que requera ser restructurada radicalmente. As, esta
percepcin indicaba que la sociedad tena que ser fundamentalmente restructurada, y
medidas de carcter reformista, parciales o graduales, slo reforzaran el status quo,
de tal manera que slo el cambio revolucionario podra abordar seriamente los males
de la sociedad chilena. Tal anlisis les llev a no dar ninguna importancia a la socialdemocracia europea, excepto para denunciarla en trminos peyorativos, y buscar
inspiracin en los movimientos populistas o revolucionarios del continente enfatizando
temas anti-imperialistas, nacionalistas y anti-oligrquicos, descuidando seriamente las
cuestiones relacionadas con la democracia liberal (PURYEAR:30,37). La
renovacin de los 1980 y 1990 les condujo a concluir que esta visin de la realidad

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chilena les haba hecho entender la poltica en trminos absolutistas, casi religiosos,
llevndoles, errneamente, a hacer una distincin rgida entre reforma y revolucin,
a desconfiar de las soluciones graduales, a creer en la imposibilidad del desarrollo
capitalista en los pases perIfricos, en la necesidad de subordinar las clases medias al
proletariado durante toda la transicin al socialismo, y en la conviccn de la necesidad
de destruir el aparato estatal burgus. As, debido a este estado de locura temporal,
los intelectuales chilenos desarrollaron una tendencia a entender la poltica como un
vehculo para la globalizacin de propuestas para transformar la sociedad y no como
un subsistema limitado que regula la competencia entre los partidos y que permite la
seleccin de grupos que, peridicamente y alternadamente, ejercern el poder.(Id:20)
Inexorablemente, esta lgica llev a uno de ellos a proclamar: el compromiso con un
objetivo utpico, cuando es acampaado por la indiferencia de los medios para
lograrlo, detruye la democracia (Id:21). Aunque parezca increble, la auto-crtica
realizada de esta forma les hizo concluir que ellos haban sido los causantes de la
destruccin de la democracia chilena. La dictadura de Pinochet fue slo el producto de
sus errores conceptuales.
La colaboracin entre la Democracia Cristiana y los marxistas
sobrevivientes fue un factor crucial en la metamorfosis. El PDC hizo un esfuerzo
consciente de acelerar el proceso de renovacin de los marxistas, especialmente los
intelectuales socialistas. La Democracia Critiana organiz dilogos, conferencias y
reuniones adhoc, tales como el Grupo de los 24, y mont centros de investigacin tales
como el Centro de Estudios del Desarrollo, la Corporacin para la Investigacin
Econmica en Amrica Latina, la Academia de Humanismo Cristiano y el Instituto
Chileno de Estudios Humansticos, para nombrar slo algunos.11 La Democracia
Cristiana a travs del CED logr organizar reuniones de discusin regulares entre
polticos opositores, incluyendo a los ex-marxistas, y militares en ejercicio, en lo que
entonces se denominaban ejerciciones en concertacin, para debatir temas tales como
el restablecimiento de la democracia poltica y las relaciones civiles-miltares. Bajo los
auspicios de la DC tambin se organizaban reuniones regulares entre dirigentes
empresariales y dirigentes sindicales para abordar cuestiones relacionadas a las leyes
laborales.(Id:93-95)
La metamorfosis poltica que esto produjo en el grueso de los intelectuales
chilenos de izquierda fue, en verdad, gigantesca. Los cambios en su forma de pensar

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Chile: Los Intelectuales y el Gattopardismo

programtica y estratgicamente incluyen el valorizar la democracia liberal como un


objetivo en si mismo, independiente de las consecuencias sociales y econmicas que
conlleve; rechazar la revolucin como el medio para el cambio social y substituirla por
la reforma democrtica; abandonar el criterio de clase como el principal basamento
para organizar partidos polticos, lo que implica reconocer como legtimos los
intereses de todos los grupos sociales, incluyendo los de la clase capitalista; buscar la
creacin de una cultura nacional democrtica en vez de la de un proyecto emancipador
orientado a beneficiar a un grupo social en particular, mayoritario o no (Id:62). En un
palabra, el giro estratgico fue hacia la centro-derecha, acercndose con ello
estrechamente a las posiciones de la Democracia Cristiana misma y, de esta manera,
dndole a este partido la hegemona intelectual en la lucha contra la dictadura. Manuel
Antonio Garretn, uno de los gurs de la renovacin confirm esto con una franqueza
que va al meollo del ausnto: Un democratacristiano no tena que realizar un giro en
su estructu ra metafsica. Un izquierdista, en contratse, tena que abandonar el
marxismo-leninismo (Id:65). De all a adherir al neoliberalismo haba un pequeo
paso. La Democracia Cristiana, gozando de hegemona y, por lo tanto, de liderazgo, se
deshizo sin grandes dificultades de su bagage progresista de los 1960 -la proclamada
12
revolucin en libertad - y adopt una combinacin pragmtica de aceptacin de
mercados competitivos, inversin en recursos humanos y responsabilidad
macroeconmica. La izquierda renovada, por su parte, abandon principios
econmicos claves que la haban diferenciado de la derecha econmica y poltica tales
como el proteccionismo, un fuerte rol para el estado en la actividad econmica de la
nacin incluyendo actividades productivas y control sobre los precios, adoptando incondicionalmente la validez de la libertad de los mercados, el carcter sacrosanto de la
propiedad privada y la total incorporacin de la economa nacional en el mercado
mundial. No sorprende entonces que el modelo de crecimiento econmico neoliberal,
instituido por la dictadura militar, se haya convertido en la base del consenso de una
eventual vuelta al gobierno civil. Ominami, ex-miembro de la izquierda
revolucionaria, resumi esta situacin en forma precisa: Hoy, uno de los puntos
importantes de la situacin chilena es la existencia de un alto grado de consenso en
lo que se refiere a los elementos bsicos de la estrategia econmica [entre los
partidarios de la derecha, el centro y la izquierda].(Id:120)
As, los intelectuales renovados, montaron la Alianza Democrtica primero
y el Acuerdo Nacional Para la Transicin a la Democracia, en la que entregaron la

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Francisco Domnguez

hegemona intelectual y poltica a la Democracia Cristiana en la lucha contra la


dictadura de Pinochet. De all su aceptacin de la constitucin pinochetista de 1980,
asi como los lmites poltico-institucionales para conducir la lucha por la
democratizacin del pas, y de Patricio Alwyn como su abanderado para las elecciones
de 1989. De all la aceptacin de la impunidad, la senatura vitalicia de Augusto Pinochet,
los senadores designados, el sistema electoral binominal y todo el resto del legado
pinochetista discutido ms arriba.
Por ltimo, muchos de los intelectuales chilenos durante su exilio residieron
en los pases del llamado socialismo real y, no hay duda de que no estuvieron muy
bien impresionados con lo que vieron. All, vieron de primera mano el abominable
espectculo de la represin poltica, la paranoia oficial, la dogmatizacin fosilizada y
el estancamiento econmico. Muchos de ellos huyeron despavoridos y se establecieron
en Europa Occidental, en donde participaron activamente en la renovacin del
socialismo. El contexto era conducente para ello, pues las corrientes que dominaban
abrumadoramente las preocupaciones intelectuales del socialismo eran, por un lado, el
eurocomunismo que se senta reivindicado en su socialdemocratizacin, en vas de
intensificacin luego del fracaso precisamente de la experiencia chilena de va pacfica
al socialismo. El eurocomunismo dominaba el horizonte poltico de los partidos
comunistas francs, italiano y espaol, los ms grandes del continente. Por otro lado,
estaba la socialdemocracia europea, que a su vez pasaba por un perodo de crisis de
perspectivas que la derechizaba sostenidamente. Las condiciones no podan ser ms
propicias para la renovacin.
Chile: entre Pinochet y el pinochetismo?
Durante diez aos, la Concertacin ha sido la coalicin de gobierno civil postdictadura en Chile. Durante diez aos, esta coalicin ha administrado fielmente el
modelo de crecimiento econmico neoliberal legado por el pinochetismo. Durante diez
aos la Concertacin se ha negado a hacer justicia y/o a juzgar a los culpables de las
horrorosas violaciones a los derechos humanos. Por diez aos, la Concertacin, se ha
negado a adoptar polticas que alivien o reduzcan los groseros desniveles de riqueza
que existen en el pas. Por diez aos la Concertacin se ha negado rotundamente a
completar el proceso de democratizacin que empez con la derrota de Pinochet en el

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plebiscito de 1988. Por diez aos la Concertacin le ha dicho a los chilenos que nada
se poda hacer. Por diez aos la Concertacin ha aceptado e incluso participado en las
muchas corruptelas que han dominado la vida pblica desde su llegada al gobierno.
Por diez aos la Concertacin se ha negado a desafiar las ideas neoliberales, ni
siquiera retricamente. Por diez aos se ha negado a interevenir en el rea de salud,
vivienda, electricidad o cualquier otro servicio esencial, a favor de la mayora de la
poblacin. Ha permitido que todo siga privatizado, o ha alentado las privatizaciones
en reas en que ni los militares bajo la dictadura se atrevieron a tocar. La Concertacin
se autoasign el papel de portero leal del neoliberalismo nacional. Hasta se convirti
en el mejor defensor de Pinochet cuando ste enfrent la posibilidad de ser enjuiciado
en Espaa. Por sobre todas las cosas, la Concertacin ha logrado, con un xito enorme,
la despolitizacin, atomizacin y parlisis de la sociedad civil. El xito perece haber
sido tan grande que incluso la propia posicin de la Concertacin est en entredicho,
pues una masa significativa de la poblacin no puede ver la diferencia entre la
Concertacin y el pinochetismo mismo. As, en la reciente eleccin del 12 de
Diciembre de 1999, la Concertacin hizo todo lo posible para no diferenciarse de las
posiciones de su rival pinochetista tanto en la economa, como en la tica, la poltica o
incluso el caso Pinochet mismo. Objetivamente la Concertacin le regal la eleccin a
Lavn. Por lo menos la primera vuelta. Los resultados no pueden sorprender pues la
Concertacin est sembrando lo que cosech durante diez largos aos de no-hacer. Un
agudo observador de la realidad chileno comentaba:
Chile ha dejado de ser un pas para convertirse en una empresa. Chile no es
gobernado, sino administrado, sus habitantes no son ciudadanos sino
empleados (consumidores es el apelativo que usa el poder cuando le baja
la ternura). En diciembre [de 1999] no tendremos elecciones
presidenciales sino licitacin nacional. Las primarias de la Concertacin
se parecen a una disputa de accionistas. No hay debate poltico, sino
discrepancias en el giro del negocio: concesionistas versus licitacionistas
[] El soporte del neolibrealismo tiene dos patas enclenques: la relacin
de dominio absoluto del capital sobre el trabajo; y un Estado que tiende a
despolitizar y desanimar la participacin social, que prefiere la abstencin
al movimiento. (TTOLO,1999)

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Francisco Domnguez

El resultado de la segunda vuelta de la eleccin presidencial del 16 de Enero


de 2000 indica que la poltica continuista de la Concertacin est poniendo en riesgo el
conjunto de las reconquistas democrticas logradas con tanto esfuerzo y sufrimiento
en ms de un cuarto de siglo de lucha deseperada. Su gestin gubernativa no slo ha
facilitado la reorganizacin poltica del pinochetismo sino que ha despolitizado a
amplios sectores ciudadanos resultado calculado de su propia gestin, despolitizacin
que ha llegado a tales niveles que una alta proporcin de sectores populares no pueden
distinguir entre la Concertacin y los seguidores del ex-dictador. La Concertacin ha
evadido sus responsabilidades democrticas no slo aceptando, sino, incluso,
pereccionando el edificio institucional legado por la dictadura. Y, por ltimo, ha
abdicado de sus obligaciones morales al no slo aceptar la impunidad a los asesinos
del rgimen anterior, sino que adems, cuando se present la oportunidad de juzgar al
responsable principal, sali incondicionalmente en su defensa.13 La metamorfosis
intelectual de sectores decisivos de la izquierda que comenz con las mejores
intenciones ticas se ha transformado en una pendiente empinadsima, que lleva no
slo al neoliberalismo ferviente sino que, adems, en el caso especfico de Chile, a la
defensa y legitimacin de los torturadores. Puede sorprender a alguien que en el Chile
de hoy haya tanta desilusin con esta transicin que no lleva a ninguna parte y con
estos demcratas que se aferran a las estructuras de la dictadura? La verdad es que,
como bien lo sealara un peridico chileno, esta transicin no resiste la prueba de la
justicia.
Notas:

Frase de Joan Garcs, consejero poltico de Salvador Allende.


The Sunday Telegraph, 25 de Octubre de 1998.
3
The Observer, 13 de Diciembre de 1998.
4
Izurieta, el nuevo comandane en jefe de las fuerzas armadas chilenas, ha resultado ser tan
pinochetista como sus antecesores; ha desplegado una incansable actividad en defensa de su
aniguo jefe, ahora bajo arresto en Londres, y ha presionado al gobierno a endurecer su lnea
con ingleses y espaoles lo que el gobierno ha hecho obedientemente (El Pas, 30 de Noviembre
de 1998.
5
Isabel Allende y Juan Carlos Letelier, diputados socialistas e hijos de Salvador Allende y
Orlando Letelier respectivamente, viajarona Londres para vertir su testimonio
condenatorio de Pinochet ante la Casa de los Lores ingleses; dirigentes socialistas tales
como Camilo Escalona y Ricardo Nez, lderes socialistas expresaron su agrado por el
1

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arresto del ex-dictador, apoyaron su extradicin a Espaa para ser juzgado y declararon la
necesidad de juzgar a Pinochet en Chile tambin (Punto Final, 4-17 Diciembre de 1998)
6
Lagos obtuvo el 51,32% de los votos, mientras que su rival de la derecha pinochetista
recibi la adhesin del 48,69 % (El Pas, 18 de Enero, 2000).
7
Una proporcin enorme de intelectuales en Chile son y han sido al mismo tiempo dirigentes
de los partidos polticos de la izquierda, y, de los de centro y derecha en menor medida. De
all la importancia y el impacto poltico de su metamorfosis.
8
Entindese poltica aqui como la presin actual o potencial a la que se ven sometidos
los polticos por su base electoral para comprometerse a desarrolar o pujar por polticas
econmicas definidas hoy en da como populistas, horrores tales como redistribucin del
ingreso, intervencin estatal para garantizar un mnimo de salud y educacin a los
ciudadanos, etc.
9
Un anlisis de este aspecto ms que obscuro del rgimen militar se encuentra en Dauno
Totoro, Leyes secretas de Pinochet, Punto Final, 28 de Agosto de 1998,
10
Informe de la Comisin Nacional de Verdad y Reconciliacin, Secretara de
Comunicacin y Cultura, Ministerio Secretara general de Gobierno, 1992.
11
Segn Puryear en 1988 Chile tena 49 centros de investigacin que empleaban a 664
acadmicos, 134 de los cuales haba realizado cursos de grado o posgrado en Europa o
Estados Unidos, publicaban ms de 20 revistas especializadas y cientos de libros
acadmicos; en contraste, apenas unos 200 cientistas sociales hacn investigacin en las
universidades pblicas (pp. 43-44).
12
La revolucin en libertad, expresin en Chile de la Alianza para el Progreso, le
permiti a la DC triunfar en las elecciones de 1964, derrotando al formidable desafo
presentado por la izquierda marxista; esta revolucin inclua, entre otras reformas
estructurales, la reforma agraria y eliminacin del latifundio, la chilenizacin del cobre
y la modernizacin de la educacin (vase, entre otros, Fernando Casanueva Valencia y
Manuel Fernndez Canque, El Partido Socialista y la Lucha de Clases, Empresa Editora
Nacional Quimat, Santiago, Chile, 1973.
13
En el mismo momento de terminar este artculo nos enteramos de los esfuerzos
denodados del ministro de relaciones exteriores chileno, Juan Valds, para lograr que el
gobierno de Blgica se desista de insistir en que Pinochet sea extraditado a ese pas para
ser juzgado por crmenes contra la humanidad.
Bibliografia:
CASTAEDA, Jorge (1994): Utopia Unarmed. The Latin American Left After the
Cold War. Vintage Books, New York.
LARRAIN, Jorge (1999): Modernity and Identity: cultural change in Latin America en

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KKAY y GWYNNE : Latin America Tranformed.


PURYEAR: Thinking politics.
TTORO, Duno (1999): Chile S.A. Empresarios de delgadas espaldas en Rocinante, n
8.
VALENZUELA y CONSTABLE: Chile a nation of enemies.

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