Maura 2
Maura 2
2011
De esta edicin:
Parnaseo y el autor Juan F. Maura
1 edicin 2008
2 edicin Julio de 2011
Coleccin: Estudios y Libros de Parnaseo-Lemir
I.S.S.N.: 1579-735X
Diseo de la cubierta:
J. L. Canet
Dibujos de la Portada:
Hernando Maura
Maquetacin:
Jos Luis Canet
Publicaciones de Parnaseo
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Este libro se incluye dentro del Proyecto de Investigacin del Ministerio de Ciencia
y Tecnologa, referencia FFI2008-00730/FILO
NDICE
Dedicatoria
Introduccin
Captulo primero: por ser ms corto que largo
Captulo segundo: el imaginario europeo
Captulo tercero: las Amazonas, El Dorado y el Rey Blanco en los
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Bibliografa
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Dedicatoria
Quiero agradecer a Jos Luis Canet, y a su equipo editorial la oportunidad de hacer
una segunda edicin de este libro y como siempre alabar el el enorme esfuerzo que
estn haciendo con su publicacin electrnica Parnaseo. El equipo de Parnaseo consta
de un grupo de profesionales al ms alto nivel que estn haciendo posible y accesible la diseminacin de algunas publicaciones de la cultura hispnica, ya en forma
electrnica o en papel, no siempre accesibles a nivel convencional. Quiero agradecer
especialmente el apoyo documental recibido de Mara Jos Luna del Instituto Hispano Cubano de Sevilla; de Isabel Aguirre del Archivo de Simancas; de Isabel Sim
Rodrguez, del Archivo Histrico Provincial de Sevilla; del profesor Juan Gil asiduo
investigador de dicho archivo y de Agustn Pinto; de Asuncin Miralles de Imperial,
Julio Garca, Beatriz Mara Esther Gonzlez Ibarra de la Real Academia de la Historia;
de Juan Malpartida y Mara del Carmen Dez Hoyo de la Agencia Espaola de Cooperacin Internacional; de Juan Delgado Casado de la Biblioteca Nacional, de Pilar Lzaro de la Escosura del Archivo General de Indias, de los bibliotecarios de la Casa de
Velzquez, as como el de todos aquellos que a lo largo de los aos me han apoyado
en diferentes archivos y bibliotecas. Pero este libro est personalmente dedicado a mi
querida compaera Tania Arias que ha tenido la paciencia de revisar la versin final
del manuscrito de este libro.
Tambin quiero agradecer a la biblioteca Bayle-Howe de la universidad de Vermont
y su excelente grupo de profesionales han hecho posible la localizacin de textos en
remotas bibliotecas nacionales y extranjeras. Una de las mayores satisfacciones me la
ha proporcionado el profesor Jerry G. Craddock, de la Universidad de California en
Berkeley al cederme su documentacin sobre Cabeza de Vaca; le quedo enormemente
agradecido por tamao honor viniendo de uno de los mejores lingstas y palegrafos
de Estados Unidos. Su estudio paleogrfico sobre el manuscrito Santa Cruz, es sin
duda el ms logrado hasta la fecha. Finalmente, pero no por ello en ltimo lugar, agradecer la colaboracin de mi querido hermano Hernando Maura al ilustrar el presente
libro con una portada de un hidalgo espaol del siglo xvi.1
1. No contamos con ninguna descripcin fsica, que tenga noticia, de Cabeza de Vaca. El conocido escritor y compositor venezolano Simn Bolvar Coronado, recreando un imaginario autor del siglo xvi contemporneo de Alvar Nez, nos dej el siguiente retrato que result ser producto de su frtil imaginacin:
Animoso, noble, arrogante, los cabellos rubios y los ojos azules y vivos, barba larga y crespa, mozo de
treinta y seis aos, agudo de ingenio, era Alvar un caballero y un capitn a todo lucir; las mozas del Duero
enamorbanse de l y los hombres teman su acero. Vase, Maestre Juan de Ocampo [Simn Bolvar Coronado], La Gran Florida 16.
Dejar un nombre! Efectivamente, dejarlo, y no llevrselo consigo. Dejar un nombre en la historia! Qu locura junto a llevarse un alma a la eternidad! Parece imposible que se ame ms
al nombre que a s propio. He aqu otra forma de esa mortal
esclavitud que hace que sacrifiquemos nuestra realidad a la
apariencia que de nosotros hay en las mentes ajenas, que sacrifiquemos nuestro propio ser al concepto que de nosotros se
ha formado el mundo (Unamuno, Diario ntimo).
Introduccin
Aunque algunos vean en este estudio un ataque a la mtica figura de uno de los
grandes iconos cristianos de la conquista de Amrica, ejemplo de hombre bueno y
piadoso en el sentido ms autntico de la palabra, no hay nada ms lejano en mi intencin. La reputacin de hombre cristiano y misericordioso la gan Cabeza de Vaca
en Naufragios, narracin que hizo de su experiencia norteamericana, sobre la que se
ha centrado la opinin general y la crtica acadmica desde sus primeros tiempos. Resulta realmente sorprendente ver cmo su segunda narracin, Comentarios, ha pasado
prcticamente desapercibida para la mayora. El Cabeza de Vaca conquistador con
ejrcitos de hasta 10.000 indgenas, con infantera y arcabucera espaola en su lucha
contra los guaycurues del Paraguay (cap. 22, fol. 29v.)2, tiene muy poco que ver con el
retrato cuasi hagiogrfico que hace en Naufragios de s mismo en referencia al trato dado a los indios. La desconfianza hacia sus mismos aliados guaranes tambin sorprende despus de toda la retrica a favor del indgena norteamericano que ha hecho que
se le comparase al padre Las Casas o al padre Crdoba. Escribe Alvar Nez en sus
Comentarios: [L]os ballesteros con sus ballestas armadas, y los arcabuceros cargados
los arcabuces y las mechas encendidas (segn tal caso convena); porque aunque los
indios guaranes iban en su compaa y eran tambin sus amigos, tenan todo cuidado
en recatarse y guardarse de ellos tanto como de los enemigos, porque suelen hacer
mayores traiciones y maldades si con ellos se tiene algn descuido y confianza; y as
suelen hacer de las suyas (cap. 23, fol. 30r).
Para m, como para la mayora de los que hemos ledo la primera parte de su obra,3
la figura de Cabeza de Vaca me inspir respeto, misericordia e incluso cierta rabia al
ver como el Consejo de Indias le maltrat injustamente despus de haber sobrevivido a las penalidades que tuvo que pasar para poder salir con vida de tantas desdichas
y sufrimientos. Fue sta una de las razones que hizo que yo terminase mis estudios
2. En lo que respecta a la obra Comentarios, utilizar la edicin original de 1555 publicada en Valladolid, de la
que afortunadamente se conservan algunos ejemplares en bibliotecas madrileas (Biblioteca del Monasterio
de El Escorial, Biblioteca de Palacio, y la Biblioteca Hispnica de la AECI). Me he permitido actualizar la grafa y acentuar las palabras que lo requirieron, siguiendo por lo dems fielmente el texto original. Para la obra
Naufragios sigo mi edicin (Madrid: Ctedra, 1989, 2005). La paginacin de dicha edicin ser la utilizada en
el presente trabajo sobre los Naufragios.
3. Yo la le a los 18 aos.
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por las mismas tierras por las que l anduvo y uno de los motivos de que me decidiese
a realizar mi tesis doctoral sobre este personaje.
A mi llegada a Estados Unidos y durante mis ms de dos aos de estudios en la Universidad de Texas en El Paso,4 fund una revista de literatura estudiantil, Ecos Hispanos,
y cre la Sociedad Cabeza de Vaca. La editorial del primer nmero de la revista la dediqu a ensalzar la figura del noble conquistador jerezano e incluso consegu autorizacin
para recaudar fondos y levantar una estatua suya en el jardn de uno de los museos de
la universidad.5 Hoy sigo pensando que este genial jerezano se merece una estatua,
aunque su rostro debera mostrar la mueca burlona y algo malvada de alguien que ha
sabido hacerse pasar hasta el presente por lo que no era, superando en picarda y descaro a cualquiera de los personajes literarios del Siglo de Oro.
Posteriormente, pas a la Universidad de Nuevo Mxico, en Albuquerque, donde pude cumplir mi sueo de hacer mi tesis doctoral sobre este explorador. Ya empezada la
investigacin de mi tesis y a partir de dos viajes que hice a varios archivos espaoles
en los aos 1985 y 1986, sobre todo al de los duques de Medina Sidonia, fue cuando
cambi mi percepcin de tan carismtico explorador. Pas de ser un hroe cristiano a
convertirse en un genial manipulador tanto por medio de sus acciones como de su obra.
Paradjicamente, su figura cobr para m mucho ms inters por la extraordinaria capacidad de conviccin desarrollada en su estudiada retrica, que ha hecho que su obra
siga siendo hasta hoy motivo de discusin y debate.6 Fue a partir de entonces cuando el
caballero jerezano pas a convertirse en el gran burlador de las gentes de su tiempo y
de la mayora hasta el presente. Todo esto hace que para m resulte sorprendente que en
Espaa no se haya dado a este personaje ni a su obra el relieve que merece. Las razones
pueden ser mltiples, ya que lo mismo ha ocurrido con otras figuras sobresalientes que
igualmente han pasado y pasan desapercibidas a la crtica convencional espaola. Como
se observar, salvo honrosas excepciones, los trabajos ms importantes sobre Cabeza
de Vaca se han realizado fuera de Espaa. El inters que este personaje est suscitando y suscitar, sobre todo en el mundo anglosajn, hace que en muy poco tiempo las
pantallas y libreras de habla inglesa empiecen a comerciar y sacar partido del enorme
potencial pico-histrico y riqueza literaria que conlleva este periodo inigualable de expansin ibrica por todos los mares y ocanos del planeta. Si este individuo hubiese sido
un explorador protestante, no dudo por un momento que ya se vera su nombre en calles
y lugares pblicos de su pas. Quiero pensar que esta actitud de cierta apata en valorar lo
nuestro, lo espaol, lo hispnico en general, est empezando a cambiar. Hay que luchar
contra el peligro que surje cuando dejamos que sean otros los que manipulen a su propio
gusto y con sus propios errores la historia de Espaa e Hispanoamrica.7 De la misma
manera, y tambin hay que decirlo, gracias a la labor de muchos autores y acadmicos
extranjeros enamorados de la historia y literatura hispnica, tenemos un nmero cada
vez ms numeroso de estudiosos que traducen e investigan sobre el riqusimo acervo
4. En la que termin mis estudios empezados en la Universidad Complutense de Madrid.
5. Algo que no se lleg a cumplir porque la estatua costaba mucho ms de lo que nuestro pequeo grupo de
estudiantes y amigos se poda permitir.
6. Hasta el presente (2008) se sigue defendiendo a capa y espada la figura este enigmtico personaje. Vanse
entre otras obras, La Odisea de Cabeza de Vaca de Rubn Caba y Elosa Gmez-Lucena.
7. Vase sobre este tema mis artculos Cobarda, crueldad y oportunismo espaol? y La hispanofobia...
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8. Unamuno expone mejor que nadie en su obra Del sentimiento trgico de la vida lo que entendemos como
valores de una modern society.
9. Recuerdo que a principios de los aos 80, cuando comentaba a algn profesor de literatura espaola mi
inters en hacer una tesis sobre este personaje, frecuentemente me respondan que el tema perteneca al campo de la historia. Afortunadamente, una vez en la Universidad de Nuevo Mxico, mi director Sabine Ulibarr
me brind todo su apoyo. Entiendo que fue la cuarta tesis realizada en Estados Unidos sobre este personaje
despus de la de Jos B. Fernndez (1973), Billy Thurman Hart (1974) y David Bost (1982).
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ques espordicos de los ndios, provocaron que el grupo se fuera diezmando por el
hambre y la enfermedad. Tampoco tenan la posibilidad de volver a los navos que les
esperaban en la costa ya que estos ya haban partido sin ellos.
Se nos cuenta en Naufragios que con herramientas rudimentarias, cueros de caballos y
telas de camisas, los supervivientes pudieron construir unas barcas con las que lograron
llegar a las costas de Tejas, cerca de lo que hoy es Galveston.16 Una vez ms, de acuerdo
a la informacin presentada por lvar Nez, volvieron a naufragar sin poder seguir
su camino a Pnuco, en la costa mexicana, donde saban que haba cristianos. Pocos
sobrevivieron y los que lo hicieron fue gracias a mantenerse con la carne de sus compaeros muertos. Al poco tiempo eran slo cuatro los supervivientes: Andrs Dorantes,
su esclavo negro Esteban, Alonso del Castillo y el autor y protagonista de Naufragios,
Alvar Nez Cabeza de Vaca. Fueron despus capturados por los indios17y obligados
a vivir separados unos de otros, llevando una vida de miseria con la nica esperanza
de conseguir escapar de su esclavitud. Cabeza de Vaca, segn l mismo nos cuenta en
su obra, haca de intermediario entre varias tribus y tena la capacidad de moverse con
relativa facilidad. De esta manera, se hizo conocedor de la tierra y las gentes que la
habitaban, consiguiendo establecer contacto con sus tres compaeros y organizar su
escapada. Pasaron varios aos antes de que Alvar Nez pudiese escapar de la situacin
en que se encontraba y se reuniese con sus compaeros. Una vez juntos decidieron no
continuar por la costa y aventurarse hacia el interior, hacindose pasar por curanderos
y hombres con poderes sobrenaturales. La fama les preceda y as viajaban de tribu en
tribu, siendo respetados y reverenciados por donde pasaban. De esta manera atravesaron Tejas y llegaron a Mxico (algunos defienden que cruzaron por Nuevo Mxico),
hasta llegar a Sonora. Despus de haber cruzado el continente a pie, los cuatro supervivientes encontraron restos de cristianos. Convencieron a sus seguidores indgenas de
que nos les siguieran ms y as llegaron a Compostela y finalmente a Mxico, donde se
entrevistaron con el virrey Antonio de Mendoza y le hablaron del potencial econmico
de aquellas tierras y de las maravillosas ciudades que haban visto. Como resultado de
esta entrevista, Alvar Nez y Andrs Dorantes (aunque el virrey confunda el nombre
de Andrs con el de Francisco) consiguieron que el mismo virrey dirigiese una carta al
emperador, a modo de recomendacin, para que pudiesen presentarse personalmente
ante l y pedir las mercedes necesarias para volver a esas tierras. Los dos supervivientes
tuvieron la sangre fra de no contar todo al virrey, dejando entrever que el ltimo secreto estaba reservado al emperador: porque todavia avra alguna particularidad mas que
poder decir... La carta del virrey es la siguiente:
Cabeza de Vaca y Francisco [Andrs] de Dorantes que son de los que
escaparon de la armada de panfilo de Narvaez demas de la relacion que
de lo que en ella les suscedio me dieron que enbie a V. mag. como avra
mandado ver. sean determinado de yr a hazerla ellos en persona porque todavia avra alguna particularidad mas que poder de oyr decir y a
16. El nombre de Galveston tiene su origen en el que ms tarde fuera gobernador de esas tierras, Bernardo
de Glvez.
17. Utilizo indistintamente la palabra indio o indgena. Soy consciente de que en algunos pases la palabra
indio consituye algo peyorativo, sin embargo, creo que lo nico negativo del trmino est en la conciencia de
los que piensan que la palabra blanco es la nica positiva.
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suplicar a V. mag. que teniendo rrespeto a lo que en esto han trabajado y padescido y a la voluntad que tienen de continuallo alla y aca
donde se les mandare les haga alguna merced y por parescerme cossa
justa su gratificacion y ser ellos personas tan honradas y en quien
cabe escrivi esta para suplicaros a V. mag. les mande hacer en lo que
se les ofreciere toda la mrd. que hubiere lugar porque de mas de aver
tambien merescido la que se les hiciere sera animar a otros que hagan
lo mismo...Mexico.11 de febrero de 1537 aos [firmado: Antonio de
Mendoza] (AGI, Patronato 184, Ramo 27).
Aunque es imposible saberlo con precisin, se calcula en ms de 8000 kilmetros
el territorio recorrido por estos supervivientes, la mayor parte por tierras nunca antes
vistas por el hombre europeo, demostrando que el continente americano se ensanchaba en el norte de Mxico. Cabeza de Vaca, Dorantes, Esteban y Alonso de Castillo
pasaron dos meses en Mxico, tras los cuales lvar Nez y Andrs Dorantes fueron
a Veracruz para desde all embarcar de vuelta a Espaa. lvar Nez regres a Espaa
despus de haber pasado casi diez aos en el continente americano. Goodwin confirma con pruebas documentales el regreso a Espaa de Andrs Dorantes, donde le
seran concedidas dos encomiendas.18
The testimonies of two witness called by Baltasar Dorantes in 1573,
Gonzalo de las Casas and Sebastin Granado, show that Andrs
Dorantes eventually reached Spain where he received royal favour in
the form of two encomiendas. It is therefore likely that Dorantes, like
Cabeza de Vaca, should have taken some written account of his Florida service with him in his petition that would have been related to the
report sent to Santo Domingo in 1539. Indeed, Dorantes may have
posted that report at Havana, on his way to Spain (Goodwin 3).19
18. Existe diversidad de pareceres sobre si Andrs Dorantes lleg a volver a pisar tierra espaola y dar
cuenta al emperador de los hechos realizados. Adorno y Pautz, no comparten esa opinin: Thus on the basis
of the joint petition brought to the Castillian court by Cabeza de Vaca in 1537, Santa Cruz in the sixyeenth
century, Herrera y Tordesillas in the seventeenth, and Barcia in the eighteenth all assumed incorrectly
that Cabeza de Vaca and his copetioner, Andrs dorantes, had appeared together (Adorno y Pautz 3: 50).
19. Existe una carta relativamente conocida, recogida por Buckingham Smith perteneciente al Archivo de
Simancas, con copia en la Academia de la Historia y un fragmento en la CDI, en la que Antonio de Mendoza
cuenta al emperador los planes de los cuatro supervivientes de la expedicin de Narvez y de cmo cree haber
convencido a Andrs Dorantes para participar en la expedicin a Cbola. Muy al revs le saldran los planes
al virrey. Veamos el siguiente fragmento: Cabeza de Vaca i Dorantes, que son de los que escrevi V.M. que
aportaron a esta tierra del armada de Panfilo de Narvaez, despues de haver llegado aqui determinaron de irse
en Spaa, i viendo que si V.M. era servido de enbiar aquella tierra alguna gente para saber de cierto lo que
era no quedava persona que pudiese ir con ella ni dar ninguna razon, compre a Dorantes para este efetto un
Negro que vino de alla, se hallo con ellos en todo, que se llama Estevan, por ser persona de razon: despues
subcedio como el navio en que Dorantes iva se bolvio al puerto, i sabido esto yo le escrevi a la Vera Cruz
rogandole que viniese aqui, i como llego a esta Ciudad yo le hable, diciendole que huviese por bien de bolver
esta tierra con algunos Relijiosos i gente de cavallo acaballa i saber de cierto lo que en ella havia; i el, vista
mi voluntad i el servicio que yo le puse delantre que hacia Dios i V.M. me respondio que holgava dello,
asi estoy determinado de enbialle alla con la gente de cavallo i Relijiosos que digo, pienso que ha de redundar
dello gran servicio dios i a V.M. En el adreszo de Dorantes i desta gente que con el ha de ir, creo que se podra
gastar hasta tres mill i quinientos quatro mill pesos (Smith 135-136).
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Cabeza de Vaca han dejado arrinconado los Comentarios, obra publicada en 1555 en
Valladolid junto con los Naufragios, que trata de su estancia en el Ro de la Plata como
gobernador y capitn general. Algunos de los investigadores ms serios s se han adentrado a comentar algunos pasajes de su segundo viaje al sur de Amrica incluidos en
los Comentarios, sin embargo, citan esta obra a travs de terceros:
Enrique de Ganda nos relata que, durante la travesa la carabela en
que viajaba Cabeza de Vaca tuvo que afrontar una tormenta muy
severa frente a las costas del Brasil; al parecer, algunos de los oficiales
a bordo, entre ellos Alonso Cabrera y Garca Venegas, interpretaron
el mal tiempo como represalia divina ante las injusticias cometidas
contra Nez, quien, apesar de todo, era el legtimo representante
de la Corona. Nos dice De Ganda que el Adelantado y sus compaeros fueron puestos en libertad y que se negaron all las acusaciones
hechas contra l. Gracias a esa afortunada conveniencia, Nez fue
puesto en libertad y de inmediato la tormenta comenz a disiparse.
Por placenteros que parezcan esos acontecimientos sospecho que
influidos por la leyenda22 veremos que los infortunios de Cabeza
de Vaca reaparecen al ste tomar tierra en Espaa hacia el 15 de agosto de 1545. Como era de esperar,23en Castilla no se reconocern las
reivindicaciones hechas a bordo. Sin mayores aplazamientos, Nez
tuvo que comparecer en enero de 1546 ante el siempre impredecible Consejo de Indias24 para escuchar las numerosas acusaciones que
contra l hacan los que haban usurpado su mandato (Pupo Walker,
Los Naufragios 38).
El que la cita anterior se base en la informacin del investigador argentino Enrique
de Ganda, no tiene ninguna lgica ni sentido, sobre todo cuando esta informacin
nos la da el mismo lvar Nez Cabeza de Vaca (o en su defecto su escribano Pero
Hernndez) en su obra Comentarios. Quiz sea precisamente por eso, porque al dar
otro la informacin no tendr el mensaje propagandstico, y en este caso mesinico,
que tendra si la diese el mismo Cabeza de Vaca, como en realidad ocurre. La otra razn sera que el investigador Pupo Walker no hubiese tenido la oportunidad de haber
ledo la segunda parte de la obra de Alvar Nez, cosa muy poco probable. Escribe
Alvar Nez [Pero Hernndez]:
Los oficiales que traan preso al gobernador les pareci que por el agravio y sinjusticia que le haban hecho y hacan en le traer preso y aheya que esta tcnica usada en crnicas anteriores, v.g. Cartas de Relacin, en ningn momento perjudica a la narracin como Pupo-Walker afirma, lo que hace es disparar la imaginacin del vido lector que elucubra sobre
lo que no dice el autor de la obra. No creo que el tratado de Cicern, Rhetorica ad Herennium sea una fuente
para las estrategias narrativas de Cabeza de Vaca.
22. Legtima sospecha. La otra opcin sera un milagro.
23. Como era de esperar. Si el autor citado tiene conocimiento especfico de alguna irregularidad en alguna de estas reivindicaciones o acusaciones hechas en Castilla, debera mencionarlas. Quiso decir quiz que
en Castilla nunca se reconocan las reivindicaciones de sus gobernadores?
24. Debera ser ms especfico. Opino que el Consejo de Indias fue totalmente justo en este caso, escuchando a ambas partes, y no unicamente al gobernador.
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rrojado era Dios servido de darles aquella tormenta tan grande. Determinaron de le soltar y quitar las prisiones, y con este presupuesto se las
quitaron, y fue Alonso de Cabrera, el veedor, el que se las lim, y l y
Garci-Venegas le besaron el pie, aunque l no quiso, y dijeron publicamente que ellos conocan y confesaban que Dios les haba dado aquellos cuatro das de tormenta por los agravios y sinjusticias que le haban
hecho sin razn, y que ellos manifestaban que le haban hecho muchos
agravios y sinjusticias, y que era mentira y falsedad todo lo que haban
dicho y depuesto contra l, y que para ello haban hecho hacer dos mil
juramentos falsos, por malicia y por envidia que de l tenan, porque en
tres das haba descubierto la tierra y caminos de ella, lo que no haban
podido hacer en doce aos que ellos haca que estaban en ella; y que le
rogaban y pedan por amor de Dios que les perdonase y les prometiese
que no dara aviso a Su Majestad de como ellos le haban preso. Y acabado de soltarle ces el agua y viento y tormenta, que haca cuatro das
que no haba escampado (Comentarios, cap. 84, fol. 138r.).
El mensaje propagandstico est claro, el cielo est del lado de Alvar Nez. Pero atribuir emociones o sentimientos humanos a la naturaleza, entrara ms dentro de lo que
conocemos como falacia pattica. Por eso sorprende que una persona tan inteligente
como Pupo Walker haga comentarios en referencia a estos sucesos como sospecho
que influidos por la leyenda. No existe ninguna leyenda. Se refiere entonces a la obra
de Alvar Nez Cabeza de Vaca? Creo que es algo ms que una sospecha o que una
leyenda, ms bien una astuta y hasta cierto punto ingenua manipulacin de un texto escrito nueve aos despus para el beneficio y exculpacin de todos los cargos imputados
contra del gobernador del Ro de la Plata, que es al mismo tiempo el autor de una obra
apologtica de s mismo. De igual manera, el citado investigador hace comentarios gratuitos y sin fundamento directo como: el siempre impredecible Consejo de Indias. Esta
afirmacin no tienen ninguna base ya que no hay noticia de que exista ninguna prueba
en contra del juez modlico de este impredecible Consejo que llev el caso de Alvar
Nez, el licenciado Juan de Villalobos. Fue este mismo juez el que llev igualmente
hasta su muerte el caso de Martn de Orue, cuando Alvar Nez Cabeza de Vaca fue hecho prisionero. Como veremos ms adelante, este juez muri pobre y el Consejo de Indias tuvo que conceder a su viuda un ao de sueldo para que pudiese pagar sus deudas.
En efecto, tanto Naufragios como Comentarios contienen una elaborada combinacin
de elementos reales y concretos, moldeados y prefigurados en una estructura de crnica o relacin realizada al gusto y beneficio de su autor. En el caso de Naufragios,
Cabeza de Vaca relata con asombrosa meticulosidad los sucesos acaecidos en la desafortunada expedicin de Narvez a la Florida, omitiendo e insertando datos a su propia discrecin, de manera que su persona y sus hechos no pasarn desapercibidos en
ningn momento durante el relato. No ocurrir lo mismo con los otros supervivientes
que escaparon con Cabeza de Vaca, relegados a un papel secundario en la narracin,
de forma que el lector no sentir ninguna identificacin o simpata por sus personas.
Como resultado de esta tcnica narrativa, el lector de esta obra sentir una gran admiracin y respeto por un protagonista que lucha constantemente por sobrevivir cristia-
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Dios en sus labios la mayor parte del tiempo y que todo su afn es el de ayudar a los
seres que le rodean, podra poner su calidad moral en entredicho.27
Cuando se lee Naufragios, una de las primeras cosas a las que damos crdito es a las
detalladas descripciones de los diferentes grupos tnicos que Alvar Nez presenta
en su recorrido norteamericano, entre otras cosas porque son las primeras realizadas
sobre el suroeste de Estados Unidos y norte de Mxico. Estas descripciones son en
apariencia bastante autnticas si tenemos en consideracin otras crnicas contemporneas donde se presenta al indio en un contexto bastante alejado del entorno
que le rodea. Como ya he mencionado anteriormente, ya fuese por razones literarias,
religiosas o polticas, la imagen del indgena americano ha variado dependiendo de los
intereses del autor que lo describa.28 Pero la obra Naufragios posee la autenticidad de
alguien que ha vivido desde dentro las culturas que nos est describiendo. No quiero
decir con esto que la informacin no est manipulada cantidades, fechas, nombres,
etc. en beneficio de su autor, todo lo contrario; sin embargo, nadie le podr quitar
el crdito a este hidalgo de haber pasado un buen nmero de aos entre los indios y
el haber vivido desde dentro su cultura. Este terreno es un poco delicado, ya que ha
dado pie a que una parte de la crtica empezase a hablar de la metamorfosis que ha
sufrido el conquistador espaol en su paulatina transformacin a indgena americano,
algo que en mi opinin nunca ocurri pese a haber sido esclavo de diferentes tribus
por varios aos como l nos cuenta.29 Por eso las comparaciones entre Alvar Nez
Cabeza de Vaca y Bartolom de las Casas que han hecho algunos estudiosos no tienen
una base slida ni crtica, sino puramente emocional. Lo cual habla por s slo una vez
ms de la calidad literaria de la obra. Que sea el espaol el esclavo y el explotado por
sus amos rompe el esquema de los que presentan al indio americano como al buen
salvaje. No es as, los indios presentados por Alvar Nez no son ni mejores ni peores que los espaoles que llegan a sus costas. Tambin es interesante observar que en
Naufragios slo se mencione un solo nombre propio indgena a lo largo de todo su periplo norteamericano, el del lder Dulchancheln. Pero el arte no slo est en conseguir
dinero para una expedicin totalmente fracasada, sino en aprovechar las experiencias
vividas y poder pasarlas al papel. Alvar Nez consigui las dos cosas, otros contemporneos suyos no corrieron la misma suerte. Luis de Cames, el ms famoso de los
escritores portugueses tambin sufri naufragios y cautiverio; sus experiencias le ayudaron a escribir Os Luisiadas, su obra maestra, por la cual recibi 15000 ris anuales
(Moises 67). El veneciano al servicio de Portugal, Luis de Cadamosto (1433-1488), se
adelant a su paisano Antonio de Pigafetta (1491-1534) en curiosas y maravillosas
descripciones de la geografa y habitantes del continente africano. En referencia a la
diferencia entre los habitantes de una y otra orilla del ro Senegal, que segn el citado
autor era un afluente del Nilo, escribe: It appears to me a very marvellous thing that
beyond the river all men are very black, tall and big, their bodies well formed; and the
whole country green, full of trees, and fertile: while on this side, the men are brownish, small, lean, ill nourished, and small in stature: the country sterile and arid (Ca27. Uno de los mejores artculos a la hora de plantear dudas sobre las historias de Alvar Nez ha sido el
de Robert Lewis, Los Naufragios de Alvar Nez como construccin narrativa.
28. Vase la introduccin de mi edicin de Naufragios (1989).
29. Tengo serias dudas sobre el cautiverio (o cautiverios) de Alvar Nuez.
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contraron los cuatro cristianos y toda la banda de saqueadores indgenas que con ellos
iba35: En estos indios avia muchos iegos, muchos tuertos de nubes en grand cantidad, y es gente muy bien dispuesta de buenos gestos los hombres e las mugeres; mas
alli curaron todos los iegos tuertos otras muchas enfermedades a lo menos si los
chripstianos no los sanaban todos, los indios creian que los podian sanar (Lib. 24,
cap. 5, 605). Hay cierta candidez en las palabras de Oviedo36, quien deba ser una persona con gran intregridad moral pero algo ingenuo, sobre todo al valorar el testimonio
de tan redomados pcaros.
Pienso que eso fue exactamente lo que ocurri. La informacin que se nos da en
Naufragios sobre la travesa que hacen hacia el oeste es muy superficial, al igual que el
sospechoso e inaudito salto cronolgico de seis aos que Nez hace en su narracin.37
Los supervivientes cristianos pasaron la mayor parte de los ocho aos en la costa tejana cerciorndose de que ningn testigo cristiano pudiese dar cuenta de los desacatos
cometidos en contra de su superior Narvez y sus seguidores. Una vez completamente
seguros de que ningn otro superviviente pudiese contar sus odiseas, se adentraron
35. La palabra saqueadores podra resultar un poco fuerte para algunos, sin embargo, me remito a la obra
Naufragios, y a la informacin que Fernndez de Oviedo nos da en su Relacin Conjunta donde nos cuenta lo
que hacan los indgenas acompaantes del grupo de Cabeza de Vaca a los otros indios con los que se encontraban, a los que no les dexaban cosa desta vida. [E] iban con ellos muchos hombres mugeres con intenion
de robar lo que pudiessen, assi lo hiieron; porque llegados al pueblo, fueron los chripstianos resibidos como
en los lugares que avian passado, aun mejor, tanto que les molestaba la moltitud de la gente que sobrellos
cargaba para que los fregassen sanassen las enfermedades (como de hecho los sanaban); los indios que con
los chripstianos avian ydo, robaban los que assi sanaban a los dems, de forma que no les dexaban cosa
desta vida... (Lib. 25, cap. 5, 605).
36. Aunque ya el virrey Antonio de Mendoza y su entorno se haban credo las fabulosas historias de las
Siete ciudades de Cbola y su grandeza, es Fernndez de Oviedo uno de los primeros en llamar miraglos a las
acciones que el grupo de Cabeza de Vaca obraba en los grupos indgenas: [E]n el qual subedieron cosas de
mucho dolor tristea aun miragros en essos pocos que escaparon quedaron con vida, despus de haber
padesido innumerables naufragios peligros, comose puede colegir por la relaion que esta Real Audiencia,
que reside en esta cibdad de Santo Domingo, enviaron tres hidalgos, llamados Alvar Nuez Cabea de Vaca,
Andrs Dorantes Alonso del Castillo: los quales fueron con el mismo Pamphilo de Narvaez, cuentan por
escripto lo que les acaesi en su viage por donde anduvieron. la vuelta fueron a Espaa dar relaion Su
Magestad viv voce de las cosas que aqui se dirn, alargndome su informaion, acortando algunas superfluas
palabras que duplicadamente dien; e no faltar de lo substanial mdula de lo que su carta contiene y die
(Lib. 35, cap. 1, 583). Segn Robert T.C. Goodwin, la mencin escrita ms temprana de los milagros realizados
por el grupo de Cabeza de Vaca pertenece a una carta escrita por el gobernador de Venezuela, Philip von
Hutten, a su familia el 20 de octubre de 1538. Goodwin escribe al respecto: Es ist ein wunderlich Ding,he
wrote, relating that through blessings and prayers the Narvez expeditionaries had cured the native population
of all manner of disease. He refers to them as apostieswho went about naked as the Indians, states that they
raised men from dead and cured the deaf, the blind, and the paralytic. Up to 10,000 Indians at a time would
follow and worship them, calling them children of the sun and the moon. His report seems so exaggerated
and implausible that it is difficult to believe that he was really so credulous (2). However, taken at face value
it appears to be a wondrous and on one occasion improbably first-hand account of the marvellous and even
miraculous nature of the New World: Hutten even goes so far as to claim that he himself had witnessed the
healing of incurable injuries, citing an arrowhead that spontaneously emerged from a wound after three days
without showing any sign of puss (Schmitt & Hutten, 121-122; Gil). Vase tambin sobre este asunto, Vittoria
Martinetto, Naufragi, prigionie, erranze. Poetiche delleroismo nel Nuovo Mondo.
37. Como bien intuye el novelista argentino Abel Posse, en su obra El largo atardecer del caminante, sobre una
conversacin imaginaria que el viejo conquistador Alvar Nez tiene con el historiador Gonzalo Fernndez de
Oviedo: -Cuando se leen sus Naufragios uno tiene la sensacin de que usted oculta ms de lo que cuenta. Ocho
aos son mucho tiempo para tan pocas pginas. Hay contradicciones. Aos enteros solucionados o escamoteados en pocos renglones... (Posse 31).
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hacia el interior contando historias maravillosas como las de las sietes ciudades de Cbola y pidiendo gobernaciones y privilegios a cambio de tan extraordinaria informacin. Esta es tambin la razn de que Alvar Nez crease una leyenda negra sobre su
superior Narvez, ese doblemente desafortunado conquistador que era el nico que
poda entorpecer sus planes y ambiciones de gloria. En otras palabras, los rebeldes, los
comuneros como el mismo Alvar Nez llama a los rebeldes del Ro de la Plata, son
el propio Alvar Nez Cabeza de Vaca, Andrs Dorantes y Alonso del Castillo. Como
veremos ms adelante, Estebanico buscar su libertad a la primera oportunidad.
De vuelta a casa, en agosto de 1537, tras la fracasada expedicin de Pnfilo de Narvez, Alvar Nez se embarc nuevamente en diciembre de 1540, esta vez como
adelantado, gobernador y capitn general del Ro de la Plata, aunque bajo la condicin
de que el desaparecido Juan de Ayolas hubiera muerto. Tras volver a naufragar, esta
vez cerca de la costa de Brasil, en la isla de Santa Catalina (donde se encuentra hoy
la floreciente ciudad brasilea de Florianpolis), a donde llega a finales de marzo de
1541, se nos cuenta en Comentarios que nueve espaoles que haban salido huyendo
en un batel por los malos tratamientos que les hacan los capitanes que residan en la
provincia (cap. 4, fol. 60r.), les informaron que muchos cristianos se haban ido a la
ciudad de la Asuncin.38
Una vez llegado a Asuncin, veremos cmo Alvar Nez, al igual que en su momento hiciera con Narvez en Naufragios, desacreditar a la primera oportunidad a
aqul que estaba en control del grupo de espaoles en la Asuncin: el lugarteniente
de Juan de Ayolas, Domingo Martnez de Irala.39 Domingo Martnez de Irala, lugarteniente de Juan de Ayolas, era un vizcano que estaba supliendo el cargo que Alvar tendra que ocupar a su llegada a la Asuncin. Irala, mucho ms carismtico y querido por
los colonos de Asuncin, ser siempre un impedimento para Alvar Nez en su lucha
por el poder.40 Al parecer, Juan de Ayolas, volviendo de una expedicin que le haba
encomendado su superior Pedro de Mendoza, no encontr los navos de Irala que se
supona tenan que estar esperndole. Escribe Alvar Nez: [P]or manera que por no
los hallar el dicho Juan de Ayolas para recogerse en l, los indios los haban desbaratado y muerto a todos, por culpa del dicho Domingo de Irala, vizcano, capitn de los
bergantines (Cap. 4, fol. 60v.).41 Sigue escribiendo Alvar Nez en sus Comentarios,
echando de nuevo por tierra la reputacin de Irala:
Y asimismo le dijeron e hicieron saber cmo en la ribera del ro del
Paraguay, ciento veinte leguas ms bajo del puerto de la Candelaria,
estaba hecho y asentado un pueblo, que se llama la ciudad de la Ascensin, en amistad y concordia de una generacin de indios que se
llaman carios, donde resida la mayor parte de la gente espaola que
en la provincia estaba; y que en el pueblo y puerto de Buenos Aires,
38. Esta ciudad fue fundada por Juan de Salazar en 1537.
39. Exactamente igual que hizo con su superior en la Florida, Pnfilo de Narvez.
40. Por esta razn Alvar Nez presentar a la primera oportunidad la ciudad de Asuncin como una especie de Sodoma, donde los excesos carnales, el amiguismo y el abuso de los indgenas por parte del grupo de
Domingo Martnez de Irala sern la norma.
41. Vase la obra de Lafuente Machan, Domingo de Irala, donde explica la falsedad de las acusaciones de
Cabeza de Vaca contra su ms directo competidor.
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Captulo primero
Por ser ms corto que largo
Los ms locos ensueos de la fantasa tienen algn fondo de
razn, y quin sabe si todo cuanto puede imaginarse un hombre no ha sucedido, sucede o suceder alguna vez en uno o en
otro mundo. Las combinaciones posibles son acaso infinitas
(Unamuno, Del sentimiento trgico de la vida 156).
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collacin de San Miguel, otorga poder para pleitos a Francisco Morales, procurador
de causas, avecindado asimismo en Sevilla. Libro del ao: 1537. Oficio: x. Escribana:
Pedro Coronado. Folio: 40 del mes de junio. Signatura: 5858. CFAAPS Tomo 11, Doc.
346, 96. Nada ms llegar de Norteamrica, Alvar Nez tendr que hacer frente a sus
acreedores. El siguiente documento nos muestra que al menos Cabeza de Vaca no lleg
con las manos vacas o desnudo, como l deca, de Norteamrica ya que esperaba que
llegase el oro que posea en La Habana. La pregunta es saber cundo, cunto, quin
y porqu tena ese oro. Se supone que lleg a Mxico tal y como su madre le trajo al
mundo. Dice otro documento:
Asunto: Alvar Nez Cabeza de Vaca, vecino de Sevilla en la collacin
de San Martn, otorga poder al jurado Francisco de Plasencia, vecino de
la collacin de San Isidoro, para que del oro que dej en La Habana en
poder de Pedro Velzquez, teniente de gobernador de la dicha Habana,
cobre 250 ducados que le haba prestado. Libro del ao 1537. Oficio x.
Escribana: Pedro Coronado. Folio. 33 vto. Del mes de noviembre. Fecha: 7 de noviembre. Signatura: 5858. CFAAPS . Tomo 11, Sevilla: Instituto Hispano Cubano de Historia de Amrica, 2009. Doc. 460, 126.
Por lo tanto, ya sabemos que dej oro en la Habana, ni ms ni menos que bajo la custodia del teniente de gobernador Pedro Velzquez. Mucha seguridad tendra que tener
Alvar Nez en la legalidad de ese oro para dejarlo en manos de un oficial. Como veremos en el ltimo captulo, la competencia y animosidad entre Hernn Corts y el virrey
Antonio de Mendoza pudo haber dado pie a que alguno de estos dos le hubiese beneficiado de alguna manera. Hernn Corts para burlarse de su contrincante, el virrey como
recompensa por haberle hecho sabedor de las enormes riquezas que se encontraban en
esa fabulosa tierra de Cbola, o e mismo Antonio de Mendoza por haber descubierto
ciudades ms grandes que Mxico... Una cosa u otra la realidad es que Alvar Nez no
lleg tan desnudo como nos cuenta.
Volviendo al texto de Naufragios, una de las cuestiones que se nos plantean es la de
saber en qu modelos se bas Alvar Nez Cabeza de Vaca para escribir su Prohemio. Lo ms importante para el escritor de estas narraciones es que el lector no dude
ni un momento que las historias que llegan a sus odos puedan ponerse en entredicho.
Contamos con varios ejemplos de viajeros anteriores a l Qu mejor ejemplo que el de
Marco Polo?45
Seores emperadores, reyes, duques y marqueses, condes, hijosdalgos
y burgueses y gentes que deseis saber las diferentes generaciones humanas y las diversidades de las regiones del mundo, tomad este libro
y mandad que os lo lean, y encontraris en l todas las grandes maravillas y curiosidades de la gran Armenia y de la Persia, de los trtaros
y de la India y varias otras provincias; as os lo expondr nuestro libro
y os lo explicar clara y ordenadamente como lo cuenta Marco Polo,
sabio y noble ciudadano de Venecia, tal como lo vieron sus mortales
ojos.Hay cosas, sin embargo, que no vio, mas las escuch de
45. Traduccin de Rodrigo Fernndez de Santaella, confesor de los Reyes Catlicos y competidor de Antonio
de Nebrija en trabajos lingsticos.
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pormenorizada de gentes y territorios por otro, todo ello descrito con tal nivel de precisin en cuanto a la exactitud de datos, nombres, fechas, cantidades, distancias e incluso
nmero de lenguas seis de las que se hace sabedor, hacen que su relato resulte difcil de creer. Todo ello, claro est, sin disponer de ningn tipo de instrumento sobre
el que pudiese registrar tal cantidad de informacin ms que su admirable memoria. A
pesar de todo, Cabeza de Vaca no es el nico en dirigirse al monarca con el propsito
de hacerle creer todo cuanto se le relata. El mismo Corts, una vez ms, utiliza una dialctica parecida en la descripcin de las riquezas del pueblo azteca:
[L]as cuales, dems de su valor, eran tales y tan maravillosas, que consideradas por su novedad y extraeza, no tenan precio, ni es de creer
que alguno de todos los prncipes del mundo de quien se tiene noticia
las pudiese tener por tales y de tal calidad. Y no le parezca a V.A. fabuloso lo que digo, pues es verdad que todas las cosas criadas as en la
tierra como en el mar, de que el dicho Muteczuma pudiese tener conocimiento, tena contrahechas muy al natural, as de oro y plata como
de pedrera y de plumas, en tanta perfeccin que as ellas mismas se
parecan (Corts 100-102).
El elemento fabuloso o difcil de creer no es por lo tanto patrimonio nico de las
novelas de caballera, sino que se adeca perfectamente a las primeras descripciones
sobre las caractersticas de las culturas recin descubiertas. Claro est que la cantidad
de fbula suele variar; podemos encontrar desde una moderada exageracin hasta una
flagrante mentira, todo dependiendo del alcance de la empresa llevada a cabo. Sera absurdo querer comparar las acciones de un Corts, rebelde con unas incomparables dotes polticas y diplomticas unidas a un valor a toda prueba, que no slamente es capaz
de conquistar el imperio ms importante de Norteamrica con un puado de hombres,
sino que adems derrota a los propios espaoles cuando stos intentan apresarle, con
el superviviente de una expedicin que lo nico que trajo fueron noticias confusas sobre los indios y riquezas de los territorios por donde anduvo. La informacin dada por
Cabeza de Vaca sobre estos territorios fue, como se sabe, la que motiv las posteriores
expediciones de Fray Marcos de Niza y de Francisco Vzquez de Coronado, quienes no
encontraron ms que pobreza y desilusin al presenciar cuan diferentes se les haban
descrito dichos territorios. As pues, vuelvo a incidir en que el valor de Cabeza de Vaca
no est en la autenticidad de sus palabras, sino en la forma o manera en que las pasa
al papel. En la crnica de Alvar Nez el elemento imaginativo se desborda de los
cauces de la realidad dando paso a episodios que ponen en seria duda la legitimacin
del testimonio expuesto. Efectivamente, si se analiza singularmente el contenido de la
obra, sus cualidades de exageracin o de fantasa irn por un lado en detrimento de
la informacin global de la historia que se est contando y por otra agilizarn mucho
ms el contenido narrativo, consiguiendo as mantener en tensin al lector a medida
que transcurra el relato. Pero si pasamos a analizar la obra en su conjunto, esto es, comparndola con obras similares en cuanto a su estructura historiogrfica y que adems
posean carcter autobiogrfico, la impresin global cambia por completo. Como vimos
anteriormente, la novela de aventuras tiene sus orgenes en los principios de la Humanidad; la relacin de sucesos sobrenaturales existi desde un primer momento. Egip-
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cios, griegos y otros pueblos orientales, ya fuese de manera oral o escrita, continuaron
una tradicin que ha seguido viva hasta nuestros das.
Conoci la antigedad helnica un gran nmero de narraciones fabulosas histricas y geogrficas, muchas de origen oriental, asirio, persa
o egipcio, como las que de buena fe sin duda recogi Herodoto de
boca de los interpretes de Menfis, y todas las maravillas que contenan
los libros de Ctesias, frecuentemente citados por Didoro Sculo. Basta
leer el satrico y ameno tratado de Luciano sobre El modo de escribir la
Historia para comprender a que punto lleg el furor de mentir en los
historiadores de la decadencia, incluso en los que escriban de cosas de
su tiempo, como los bigrafos de Alejandro (Menndez y Pelayo 14).
No es nuevo pues el incluir historias ajenas al dictado de la realidad, ni siquiera se
salvan de esto los textos histricos, como bien dice Luciano de Samosata, donde la
verdad tiene que estar sujeta, no a adornar los hechos, sino a enumerarlos siendo justo juez y sin estar movido por la amistad, la paga, el pudor o la vergenza. Pues tal
ha de ser mi historiador: sin miedos, incorruptible, libre y noble, lleno de franqueza y
amigo de la verdad... (Luciano de Samosata 455). Sin embargo, es difcil encontrar el
testimonio de un individuo libre de prejucios y sobre el que las circunstancias, ya sea
de manera consciente o inconsciente, no influyan en su obra.
Para colocarlo en su contexto social, lo primero que hay que decir es que el protagonista nuevamente es un hidalgo que en las ms crticas situaciones tiene que ingenirselas para no morir de hambre. Su obra incluye un componente de crtica social,
como cuando cuestiona el trato dado a los indios por parte de los espaoles, que
tambin aparecer en El Lazarillo, y que pertenece a una forma de ver el mundo y las
estructuras que lo gobiernan desde un punto de vista mucho ms humanista. Encontramos en la obra de Alvar cierta irona burlona a la hora de presentar algunos valores
sociales que recuerdan nuevamente al hidalgo, amo de Lzaro, que prefiere morirse
de hambre con tal de mantener a salvo las apariencias de su clase social. Tampoco es
una casualidad que tanto Mendes Pinto como Cabeza de Vaca pertenezcan ambos a
esa clase de hidalgos que, por razones de la Fortuna y por haber quedado hurfanos
desde nios, tuvieron que optar por buscar su futuro en las recin descubiertas fronteras. Ambos escribieron una sola obra en su vida, de la que adems fueron autores y
protagonistas. Mendes Pinto fue tambin uno de los cinco supervivientes de un naufragio acaecido durante una travesa hacia Sumatra. La emocin que se respira en la
obra del portugus es ms de aventura que de supervivencia. Pese a haber cado varias
veces prisionero a lo largo de los 21 aos que estuvo en la India, sus descripciones de
China y Japn, de sus ciudades, templos y mercados son sin duda alguna de un gran
valor documental al haber sido uno de los primeros europeos en recorrer esas tierras,
de la misma manera que Alvar Nez fue uno de los primeros europeos en recorrer
las tierras de Norteamrica. Sin embargo, la crnica de Mendes Pinto, obra bastante
ms voluminosa, muestra mayor variedad de personajes, algunos tan reales y conocidos como San Francisco Javier, del que fue amigo personal.
Esta amistad le llev a tomar los hbitos de la Compaia de Jess, orden a la que
se entreg para dedicarse por entero a predicar el Evangelio, aunque aos despus la
abandonase. Tambin se dice, de la misma manera que se ha dicho de Alvar Nez,
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But the opinion most worthy of being considered is that of Maurice Collis, a modern expert in Asian affairs, who, like Pinto, lived in
those parts for twenty years. He insists that even the most fantastic
episodes of the Peregrinao there is a note that rings true. Collis believes that Pinto had the instinct for picking out the essentials of the
Assian scene and that he had the genious to throw it all together in
the most dramatic form. Although Collis cautions that no episode
can be wholly taken as a direct source for history, he believes that
Pinto has given us in the Perigranao the most authentic and complete picture of sixteenth century Asia that had been written or that
would ever be written (Catz 506).
Y sin embargo, a diferencia de lo que ocurri con Naufragios de Cabeza de Vaca, la
obra de Pinto siempre fue sospechosa de fantasiosa. Escrita entre 1568 y 1578 en su
casa de Pragal, fue editada treinta aos despus de su muerte, en 1614. La traduccin
espaola aparecer seis aos despus, en 1620, la inglesa en 1625, la holandesa en
1652 y la alemana en 1671. A pesar de esta pronta difusin, parece que en Portugal
no existi un autntico inters por la obra durante el siglo xvii. En opinin de historiadores como Jorge Alves, estos ltimos tiempos la obra est siendo reivindicada como
fuente histrica de gran valor sobre todos los lugares asiticos por donde pas. Todo
lo escrito por Mendes Pinto tiene una base objetiva, ya fuese en el campo geopoltico
o econmico, que est siendo reconocida por historiadores asiticos que ven en dicha
informacin una base slida e experimental.
Alvar Nez tuvo ms suerte a la hora de presentar las experiencias y servicios que
haba ofrecido a su rey. Sin embargo, pretender poner la etiqueta de crnica histrica a la narracin de un tesorero, superviviente de una expedicin que acab en
naufragio, es querer estirar la verdad hasta sus limites. Y no porque no haya habido
otros narradores que relatasen episodios referentes a la conquista de Amrica (como
Bernal Daz, Corts, etc.), sino porque Alvar Nez es al tiempo protagonista y autor
de una obra en la que su propia supervivencia ya que la de sus compaeros apenas
es tenida en cuenta ser lo nico que pueda traer consigo. Lgicamente, si su fin era
el de conseguir un favor del monarca, tendra que sazonar su relacin con palabras
como oro, esmeraldas, as como con una detalladsima descripcin de las gentes, tierras y costumbres de las personas con las que se encontr. Se puede dudar de su informacin? Sin duda, la cantidad de datos que se nos ofrece a veces sobrepasa los lmites
de la verosimiltud, teniendo en cuenta que provenan de un ser que haba pasado casi
nueve aos sin ninguna otra forma de retener datos ms que guardndolos en su propia memoria. Y no porque esta fuese mala, ni mucho menos, no en vano fue tesorero
lo que lgicamente hace imaginar que entendera de cuentas sino que adems fue
hombre de confianza del duque de Medina Sidonia en cuestiones financieras:
11-12-1522. Jueves. El Duque otorga poder a Alvar Nez Cabeza de
Vaca, su camarero, para que en su lugar y en nombre de su seora
pudiese sustituir otro poder, que antes de este haba otorgado al dicho
Alvar Nez, para que en nombre del Duque pudiese comparecer ante
los contadores de SM, que tienen a su cargo los libros de los maestrazgos e ordenes, e pedir sacar cualquier libranza de los maravedis que le
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Juan F. Maura
son debidos que los tienen en dichos libros con el hbito del seor de
Santiago que son 12000 maraveds cada ao (ADMS, legajo 937).
Aun as, en su narracin abusa de tal forma en la cantidad de datos que muchas veces
nos hace cuestionar su veracidad. El historiador Henry R. Wagner, por ejemplo, en su
libro The Spanish Southwest, pone en duda muchos de los datos presentados en la relacin de Cabeza de Vaca: itinerario, alusiones a los bisontes, omisin de los perros de
las praderas (praire dogs), descripciones geogrficas e incluso la construccin del texto
como documento histrico. One of the curious things about Cabeza de Vacas narrative is that the early wanderings are detailed with much greater precision than those of
the latter part of the journey. The vagueness of the description would seem to be intentional, and in view of the statement made by the Knight of Elvas, it would appear that
Cabeza de Vaca did hear something which he did not wish to put in his book (Wagner
43). En la Relacin Conjunta, Cabeza de Vaca se permite incluso la libertad de poner
nombres propios a algunos lugares geogrficos por los que pasaron, como es el de la Isla
del Mal Hado nombre que proviene de los libros de caballeras pues en la primera relain no le pusieron nombre, ni l se le puede dar, detalle este mencionado por
Gonzalo Fernndez de Oviedo (Relacin Conjunta 615, Lib. 35, cap. 7). La conquista y
poblacin de Amrica ha sido vista e interpretada por muchos como una prolongacin
de los fenmenos de Reconquista y Repoblacin sucedidos en la Pennsula Ibrica
durante siglos. No es de extraar, por lo tanto, la influencia de los libros de caballeras,
muchos de ellos protagonizados por caballeros que acuden a tierras lejanas e infieles a
defender la verdadera fe, en la nueva empresa americana. Esta influencia quedar patente tanto en la toponimia como en la cronstica y adems pondr de relieve la enorme
influencia que dichas novelas de caballera tenan en el ideario colectivo de la poca.49
Esta no ser sin embargo la nica vez en la que aparezca esta cualidad del autor.
En la isla de Mal Hado hay dos lenguas: a los unos llaman de Coaques
y a los otros llaman de Han. En la Tierra Firme, enfrente de la isla, hay
otros que se llaman de Chorruco, y toman el nombre de los montes
donde viven. Adelante, en la costa del mar, habitan otros que se llaman Doguenes, y enfrente de ellos otros que tienen por nombre los
de Mendica. Ms adelante, en la costa estn los quevenes, enfrente de
ellos, dentro en la Tierra Firme, los mariames; y yendo por por la costa adelante, estn otros que se llaman guaycones, y enfrente de estos,
49. Vase, Javier Roberto Gonzlez, Mal Hado-Malfado: Reminiscencias del Palmern de Olivia en los Naufragios de Alvar Nez Cabeza de Vaca, 55-66. Tambin, Juan Porras, Palmern de Oliva. En el manuscrito de
Viena, presuntamente anterior a las ediciones impresas de 1542 y 1555, aparece Malfado y no Malhado.
No es el nico caso, el toledano Lucas Vzquez de Aylln pasar a la historia de Amrica por varias razones.
Una de ellas por la de ser el creador de la primera colonia europea de lo que son hoy los Estados Unidos de
Amrica: San Miguel de Gualdape en 1526. En el manuscrito original de Gonzalo Fernndez de Oviedo de su
Historia General y Natural de las Indias 9/552-557, conservado en la Real Academia de la Historia, se puede observar cmo el nombre que se da a esta primera colonia es Gualdape y no una abreviatura de Guadalupe como
algunos han querido y quieren ver. El cronista Francisco Lpez de Gmara usar, por el contrario, el nombre de
Guadalupe en su Historia de las Indias cuando se refiera a esta regin. Aunque la palabra Galdape signifique ro
en prusiano antiguo y en lengua euskera corresponda a reclamacin o alegato, en el caso que nos ocupa con
toda seguridad proviene de un nombre muy popular por aquellas fechas que no es otro que el de Galdapa,
reino o nsula que aparece en varios de los libros de caballera de la saga de Amads ms conocidos como fue
el de Florisel de Niquea del renombrado Feliciano de Silva o el de Silves de la Selva de Pedro de Lujn.
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dentro en la Tierra Firme, los iguaces. Cabo de estos estn otros que
se llaman atayos, y detrs de estos, otros acubadaos, y de stos hay
muchos por esta vereda adelante. En la costa vimos otros llamados
quitoles, y enfrente de estos, dentro de la Tierra Firme, los avavares.
Con estos se juntan los maliacones, y otros cutalchiches, y otros que
se llaman susolas, y otros que se llaman comos, y adelante en la costa
estn los camoles y en la misma costa adelante otros a quien nosotros
llamamos los de los higos (Cp. 26).
Dieciocho tribus indias en sucesin, algunas con nombres tan dudosos que parecen
sacados de la imaginacin del propio autor. Hodge y Lewis, en su ya clsico trabajo
Spanish Explorers in the Southern United States, mencionan al respecto: None of these
Indians have thus far conclusively been identified with later historical tribes, with the
possible exception of the Atayos and the Quevenes (87 n.1). En el captulo 26 de Nau
fragios, en la primera edicin de Zamora de 1542, aparece un nombre ms, omitido en
las restantes ediciones. Nada ms empezar el captulo dice: Tambin quiero contar sus
naciones y lenguas que desde la isla del Malhado hasta los ltimos Cuchendados hay.
Se supone que estos Cuchendados que, como digo, no aparecen en ninguna otra edicin de los Naufragios ms que en la de Zamora, seran otra tribu de indios con lo cual
sumaran 19. Sin embargo, Fernndez de Oviedo, por poner en duda las afirmaciones
de Cabeza de Vaca en su Relacin Conjunta, tambin ha tenido que sufrir la crtica de
algunos investigadores modernos. En su edicin de Naufragios, Pupo-Walker, comparando las diferencias entre el manuscrito conservado en el Archivo de Indias, la Relacin
Conjunta, as como las ediciones de Naufragios de Zamora y Valladolid, calificar a Fernndez de Oviedo de caprichoso y mordaz. Escribe Pupo-Walker:
No es fcil, sin embargo, proceder al cotejo informado entre R [Relacin inacabada manuscrita conservada en el Archivo General de Indias] y la versin subsiguiente. Me refiero a la que Nez enva desde
la Habana a La Espaola cuando iba rumbo a Espaa. Se supone que
ese texto resume el parecer de los tres espaoles que sobrevivieron,
y como tal debi ser una relacin ms explcita. Slo que Oviedo la
comentar tan caprichosamente como lo hizo con otras relaciones de
su afamada Historia general. (68).
Unas lneas ms adelante escribe: Al contrastar la relacin que Oviedo glosa con
Z [Zamora 1542], nos dir con su habitual mordacidad... (68). Pupo-Walker, en vez
de plantearse que las diferentes aadiduras y disparidades de los diferentes textos
que poseemos sobre las acciones llevadas a cabo por estos supervivientes en Norteamrica sea algo que de alguna manera deslegitime el testimonio de estos caballeros
andantes, muestra la reaccin opuesta: echar la culpa a quien pasa al papel dichos
testimonios. En este caso Gonzalo Fernndez de Oviedo, que como cronista mayor
tena todo el derecho del mundo a dudar de las diferentes versiones y nombres que
aporta Alvar Nez.
O mal agravado pela preocupao de ser minucioso meio literrio de promover
credibilidade (Mendes Pinto, Introduccin, 44). No significa que tanto un relato
como el otro carezcan de sinceridad y sobre todo de un gran humanismo, sino que de
40
Juan F. Maura
alguna forma ambos autores procuran adaptar sus experiencias vividas incluyendo informacin complementaria, ya sea cronolgica o etnogrfica que, si bien es difcil de
comprobar, enriquece las posibilidades literarias del relato. Ni Cabeza de Vaca ni Fernam Mendes fueron enviados a esas regiones en calidad de historiadores o cientficos.
Si analizamos cuales eran las lecturas de la poca, adems de los libros de caballera,
encontraremos otros tipos de lecturas. Uno de ellos, aunque ya tena antecedentes en la
literatura griega, adquiere en Espaa una enorme popularidad gracias a la traduccin de
obras clsicas que se multiplicaron con la nueva visin del mundo y del hombre llegadas con el Renacimiento. Me refiero a las novelas bizantinas. Viene esto a cuento para
preparar una revisin del aprecio de la novela griega de aventuras amorosas, llamada
bizantina. El libro de Heliodoro, Historia Etipica, o por otro nombre, La historia de los
leales amantes Tegenes y Clariclea pertenece a un fondo comn europeo que a partir de
1534 se esparce por los varios idiomas y sirve de riego vivificante para el desarrollo de
los relatos de imaginacin (Lpez Estrada 17-19).
La definicin clsica de la novela bizantina que encontramos en las historias de la literatura, es la de una novela procedente de las narraciones griegas de la poca helenstica
cuyo modelo es la historia de Teagenes y Clariclea, de Heliodoro, escrita en el siglo iii.
Una de sus caractersticas es la narracin de naufragios y aventuras que separaban a
los protagonistas hasta un futuro reencuentro, a lo que se suma adems el poseer un
trasfondo histrico (ngel del Ro 1: 707). Las similitudes con la crnica novelada de
Alvar Nez son claras, lo que nos hara preguntarnos si La Relacin es un modelo nico
de ese tipo de experiencias naufragios, cautiverios, esclavitud, etc. o si por el contrario entra dentro de la esttica bizantina. Hasta este momento se ha visto la figura de
Cabeza de Vaca como la de un apstol de las Indias, un ejemplo de virtudes cristianas
capaz de soportar las mayores tribulaciones con infinita paciencia y fe en Dios. No se
pretende en ningn momento negarle el mrito que se merece por haber sobrevivido
a tan extraordinarias experiencias. Esto no quita, sin embargo, que su obra, de carcter
totalmente autobiogrfico, s posea las caractersticas de la novela bizantina, ms concretamente en su modalidad de cautiverios. A lo largo de todo el siglo xvi y xvii, fueron miles los espaoles que sufrieron prolongadas penas de esclavitud y cautiverio, en
la mayora de los casos en mazmorras y galeras turcas. Esta realidad histrica produjo
el incremento de este tipo de literatura, escrita en algunos casos por las propias vctimas
de tales situaciones. Pese a ello, no parece habrsele reconocido a la novela bizantina la
importancia que tuvo en su momento. A este respecto escribe Emilio Carilla:
Es curioso observar que mientras se habla de la extraordinaria difusin
de los libros de caballeras (difusin que sera inutil negar, sobre todo
en la primera mitad del siglo xvi; y difusin, por otra parte, ineludible
al hablar de la gnesis del Quijote), es curioso repito que, comparativamente, poco se hable de la irradiacin de la novela bizantina
(traduciones, imitaciones), de manera especial a comienzos del siglo
xvii. Y, sin embargo, se trata de un hecho autntico, de verdadera dimensin europea (Carilla 275).
Emilio Carilla, en su artculo La novela bizantina en Espaa, presenta sus rasgos
ms sobresalientes, pudiendo observarse una directa coincidencia de muchos de ellos
con los aparecidos en la obra de Alvar Nez: aventuras en un paisaje cambiante en el
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cual suele ocupar un papel importante el mar, con sus naufragios, raptos, piratas, etc.;
separaciones, encuentros, reconocimientos, equvocos...; un eje amoroso formado por
los protagonistas, que ser puesto a prueba por separaciones y desencuentros un
amor que, en el caso de Alvar Nez, estar canalizado, de forma cristiana, en el tratamiento dado a los indgenas, abundancia de personajes episdicos; movimiento
inusitado; los sueos, las visiones y la presencia circunstancial de la magia, as como
toques de humor (la magia, en el caso de Alvar Nez, entrar dentro de la esttica
cristiana de los milagros) El relato se presentar in media res, o lo que es lo mismo, comenzando por un episodio avanzado para ir descubriendo despus su inicio y
encadenamiento. Un fondo moral respaldado con sentencias, discursos y elementos
religiosos. A pesar de su carga ficcional, todo el relato estar envuelto en un marco de
verosimilitud que acabar en un final venturoso y en paz como premio y compensacin a tantas peripecias y sufrimientos pasados (Carilla 285-286). Se muestra por lo
tanto un mundo de realidad y ficcin que llegar a su mxima expresin en la vida y
obra del autor de El Quijote. Efectivamente, en la Segunda Parte, en el captulo del morisco Ricote, aparecen claras alusiones del peligro que representaban las incursiones
turcas en las costas espaolas a la captura de cristianos y de la amenaza que suponan.
No obstante, una de las mejores historias de cautiverios la encontramos en la Primera
Parte, la historia de El Cautivo, donde se puede ver fielmente reflejadas gran parte de
las experiencias personales que el propio Cervantes tuvo que sufrir. George Camamis,
en un excelente estudio sobre el cautiverio, dice al respecto:
Con la enorme popularidad y aceptacin de las novelas italianas y
el nuevo inters despertado por las narraciones bizantinas, se inicia
en la evolucin de nuestro tema una fase que podemos denominar
precervantina. En esta poca, que comprende a las primeras obras de
Cervantes o sea, de 1545 a 1585 ms o menos el cautiverio como
motivo literario se presenta en su forma ms esteriotipada, estrechamente vinculado a las modalidades de la novela bizantina ya en su
forma original, ya en su transmutacin italiana y con poqusimas
concesiones a las verdaderas experiencias de cautiverio que los espaoles iban sufriendo con ritmo acelerado a medida que avanzaba el
siglo xvi (Camamis 31).
Para poder afirmar que los Naufragios de Alvar Nez se salen de su papel especficamente limitado de crnica, hay que basarse en hechos fehacientes. No limitndose
a comparar su obra con otras crnicas contemporneas, ya que su Relacin no ofrece
ningn inters histrico no se mencionan importantes batallas ni conquistas de civilizaciones explendorosas salvo la informacin que se da sobre la etnografa, fauna y flora, de la que Alvar Nez sabr sacar muy buen partido ya que ser lo nico
que pueda dar crdito a su testimonio. Los Naufragios de Alvar Nez son la historia
de un fracaso. En efecto, es la crnica de una expedicin, donde la ineptitud de los
pilotos al encontrarse totalmente equivocados y desorientados sobre su posicin
geogrfica, la divisin de pareceres entre el gobernador y el tesorero, la posibilidad
de encontrar oro y la mala suerte hicieron que desembocase en una de las ms desastrosas expediciones jams emprendidas. Eran pocas las alternativas de reivindicacin
y una de ellas era la de mostrar tierras que de alguna manera despertasen el inters de
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Juan F. Maura
la Corona: [H]allamos tambin muestras de oro. Por seas preguntamos a los indios
de adonde haban habido aquellas cosas; sealaronnos que muy lejos de all haba una
provincia que se deca Apalache, en la cual haba mucho oro, y hacan seas de haber
muy gran cantidad de todo lo que nosotros estimbamos en algo.
Es francamente difcil ponerse a analizar los pormenores de una accin llevada a
cabo en el primer cuarto del siglo xvi, donde la bsqueda de metales preciosos para
la Corona por un lado y la consecucin de la fama por otro, constituan dos de los
factores ms importantes para embarcarse en tamaas aventuras. El mero hecho de la
informacin dada sobre las caractersticas de los indgenas, sus costumbres y geografa
de lo que en estos momentos constituyen Los Estados Unidos y Mjico, resulta hoy
de un valor incalculable, sobre todo por ser el primer testimonio escrito sobre estos lugares, pese a ponerse en duda en muchos casos la veracidad de las mismas. Lo cual no
significa que en ese momento no lo fuese: ser, precisamente gracias a la informacin
presentada en esta crnica, por lo que se le otorgarn ms tarde a su autor los ttulos
de adelantado gobernador y capitn general del Ro de la Plata ttulo que nicamente
podra sustentar en el caso de que Ayolas, designado anteriormente por el virrey don
Pedro de Mendoza, hubiese muerto o desaparecido. Se trata pues de una crnica hecha y puesta en letra de molde, al gusto del entonces emperador de la Corona espaola
Carlos v. La propagacin de la fe cristiana por todo el orbe, as como los medios econmicos para poder sufragar la defensa del Imperio frente a enemigos tan temibles como
los turcos, que poco a poco se iban haciendo dueos del Mediterrneo, no dejaban
muchas alternativas. Religin y oro. Alvar Nez fue de una forma u otra consciente
de esta realidad y no es de extraar que toda su Relacin no sea ms que una continua imitacin de la Vida de Cristo, suplementada con sugestivas alusiones al rey de
los metales entre otras riquezas Cmo se puede comprobar que toda la informacin
que se da es cierta? No us Cristbal Coln palabras muy parecidas para atraerse la
atencin de los Reyes Catlicos? Este problema sobre la veracidad de lo narrado no es
nuevo, hace ya algunos aos se plante el mismo problema con el mismo Herodoto,
conocido como el Padre de la Historia.
We have considered the evidence, never as ample as we could wish,
for Herodotus life and travels, the composition of his work, the sources available to him, and the question of his indebtedness to earlier
historical literary sources. It is time finally, since his is a work of
history, to consider the question of credibility; and for an introducer
of readers to such a work to come off the fence and speak in the first
person. He must not try to dictate views which he does not hold; but
he should suggest principles for the critical reader, especially the questions which the reader have always at the threshold of consciousness,
and be ready to ask when the moment occurs. The question of credibility of Herodotus breaks up into three: (i) What were his sources?
(ii) Is he honest? (iii) When we have very little other evidence, how
far and by what methods can we critize Herodotus out of Herodotus
own story, with any hope of getting closer to what relly happened?
(Herodotus 28).
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Si se aplican las mismas preguntas a los Naufragios, nos encontraremos frente al difcil dilema que significa distinguir entre una narracin autobiogrfica de aventuras, no
exenta de elementos de ficcin, de suspense, con una construccin cronolgica aparentemente real pese a existir lapsos de tiempo de ms de seis, y una Relacin
en la que se da noticia detallada de la tremenda lucha por la supervivencia del autor
en las ms adversas circunstancias. Un hombre que fue capaz de sobreponerse a una
de las ms penosas situaciones de esclavitud, amenazas de muerte por parte de los
indios, hambre, dolor fsico etc., tuvo que tener algunas dotes extraordinarias. No solo
las necesarias para poder persuadir a los indios de que no le mataran, sino de resistencia fsica y sobre todo de ingenio. Esta ltima caracterstica y no otra hizo posible que
fuese uno de los nicos cuatro supervivientes de los trescientos que se internaron en
la expedicin de Narvez.
Captulo segundo
El imaginario europeo
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de mujer, y sus dientes eran como de len; y tenan corazas como corazas de hierro, y el ruido de sus alas era como el ruido de muchos caballos que corren a la guerra. Tenan colas semejante a los escorpiones,
y aguijones, y en sus colas resida su poder de daar a los hombres por
cinco meses (Ap. 9, 7-10).
Ms adelante, en La encarnacin del hijo de Dios y las encarnaciones del dragn,
encontramos:
Vi como sala del mar una bestia, que tena diez cuernos y siete cabezas, sobre los cuernos diez diademas, y sobre las cabezas nombre de
blasfemia. Era la bestia que yo vi semejante a una pantera, y sus pies
eran como de oso, y su boca como la boca de un len. Diole el dragn
su poder y su trono y una autoridad muy grande. Vi a la primera de las
cabezas como herida de muerte, pero su llaga mortal fue curada. Toda
la tierra segua admirada de la bestia. Adoraron al dragn porque haba dado el poder a la bestia, diciendo: Quin como la bestia? quin
podr guerrear con ella? (Ap. 13, 1-5)
No son muchos los autores que han gozado del respeto y credibilidad del filsofo
hispano-romano Lucio Anneo Sneca. Nacido en Crdoba cuatro aos antes de Cristo,
es uno de los referentes ms importantes de la cultura hispana. En una de sus principales obras, Cartas morales a Lucilio, escrita en los dos ltimos aos de su vida, Sneca nos
ofrece una de las descripciones ms exticas de una serpiente. Al igual que en muchas
crnicas americanas, el filsofo cordobs tambin incluye un monstruo-serpiente en su
repertorio, que adems sobrepasa con mucho a todas las conocidas.
Es con grandes armas como podremos herir a grandes monstruos. Hubiese sido en vano haber perseguido con flechas y con hondas aquella
serpiente que asolaba el Africa y que era para las legiones romanas
ms terrible que la propia guerra; ni siquiera el dardo pitio pudo herirla, pues su espantoso tamao, resistente en proporcin, rechazaba
todo hierro y toda arma lanzada por mano de hombre: finalmente fue
aplastada con grandes peascos (Carta 82, 235-236).
Pese a que probablemente se tratase de una boa de enorme tamao, lo interesante
de este relato es que es el nico pasaje inverosimil de su obra Cartas morales a Lucilio. Por
lo tanto, habr que absolver, en cierta manera, a los exploradores del siglo xvi que tuvieron la oportunidad de observar y de oir historias acerca de estas extraordinarias criaturas de boca de terceros mil quinientos aos despus. Podemos remontarnos a autores
del mismo entorno geogrfico de Sneca que describieron diferentes caractersticas del
mundo conocido. Este sera el caso de Plinio el Viejo (23-79 d.C), que en sus 37 libros
(Naturalis Historia), autntica enciclopedia de la ciencia en la Antiguedad, incluy lo que
sera la base para posteriores historiadores y eruditos de todos los tiempos. Plinio nos
cuenta cmo son los enfrentamientos entre dragones y elefantes: The context is equally fatal to both; the elephant vanquised, falls to the earth, and its weight, crushes the
dragon which is entwined around it (lib. 8, cap. 11, p. 259).
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Avesta, el mismo cielo de los Evangelios y, segn la escatologa musulmana, el Jardn del
Edn, paraso en el que fue creado Adn.
En el bestiario de J. Berger de Xivrey, Propietez des bestes en Traditions tratolo
giques, aparece la siguiente mencin del elefante en referencia a la natural rivalidad
existente entre ellos y los dragones: El dragn desea la muerte del elefante, porque la
sangre de ste, que es fra, apaga el enorme calor y ardor del veneno del dragn, cuando
la bebe. As el dragn se coloca al acecho en los caminos por donde sabe que pasan los
elefantes, y enrosca su cola al muslo del elefante, y lo oprime con tal fuerza que lo hace
caer a tierra, matndolo a continuacin (Malaxechevarra 77).
San Isidoro de Sevilla (570-636 circa), cuya obra fue editada en el ao 1599 gracias a
la labor del padre Mariana, fue uno de los que recogi los saberes de los antiguos, entre
ellos Plinio el Viejo. Sus Etimologas no resultan interesantes nicamente por la utilizacin que har de ellas Covarrubias en su Diccionario, sino por ser la base sobre la que
descansar la sabidura hispano-cristiana durante una gran parte de la Edad Media. San
Isidoro, en su obra, har gala de estereotipos y prejucios culturales que se han transmitido hasta el da de hoy.
Veamos cuatro ejemplos extraordinarios de monstruos includos en las dichas Etimo
logas: el grifo, el yculo, la salamandra y el dragn. Sobre el primer ejemplo nos dice el
sabio sevillano: Llamase grifo a un animal dotado de alas y de cuatro patas. Semejante clase de fieras habita en los montes hiperbreos. Su cuerpo es, en su conjunto, el
de un len; por sus alas y su cabeza se asemejan a las aguilas. Son terriblemente peligrosos para los caballos. Del mismo modo despedazan a los hombres que encuentran
a la vista (xii 2, 17). Habr que abstenerse de cruzar los montes hiperbreos (algunos
escritores antiguos los localizan en la extremidad del mundo). La definicin del yculo es la siguiente:
El yculo es una serpiente voladora, de ella escribe Lucano (9, 720): Y
los voladores yculos. Estn encaramados a los rboles, y cuando un
animal se encuentra a su alcance, se lanzan sobre l y lo matan; por eso
se los conoce como yculos. Por otra parte, en Arabia existen serpientes provistas de alas y llamadas sirenas, que aventajan a los caballos
en la carrera y adems, segn cuentan, tambin vuelan; su veneno es
tan poderoso que la muerte sobreviene antes de sentir el dolor de la
picadura (xii 4, 29).
La descripcin del siguiente monstruo es una de las ms logradas e interesantes.
Aparece en casi todos los bestiarios medievales con el adjetivo de apagallamas, como
una criatura que puede vivir en el fuego como los peces en el agua. De su veneno se dice
que es el ms potente de todos:
La salamandra debe su nombre a que tiene poder contra los incendios.
Es el ms venenoso entre todos los animales de su especie, pues los
dems causan dao a personas aisladas, mientras que ste mata al mismo tiempo a muchas. As trepa a un rbol, infecciona con su veneno
todos sus frutos, de manera que produce la muerte de todos cuantos
los coman. Del mismo modo, cuando cae en un pozo, la potencia de
su veneno pone fin a la vida de los que beban. Siendo incompatible con
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arriba, y angosta ayuso toda mas como manga que le llegaba hasta
el suelo; y esta trompa es horadada, y por ella bebe; cuando ha gana,
mtela en el agua y bebe con ella, y vale el agua a la boca as como si
le fuese por las narices: otros con esta trompa pace, ca no puede con
la boca, que no se puede bajar; y toma en esta trompa, cuando quiere
comer, y revulvela a la hierba, y tira y sigala con ella, como si fuese
un focino, y de s apala con aquella trompa, y hace un bulto, y revulvela aquella, y mtela en la boca, y de s cmela; y con esta trompa
se mantiene, y nunca la tiene queda, salvo con ella haciendo vueltas
como culebra; y esta trompa chala en el espinazo, y no deja lugar
en todo su cuerpo donde no llega con ella; y debajo de esta trompa
tiene la boca, y las quijadas debajo tinelas como de cochino, y como
de puerco: y en estas quijadas como debajo tiene dos colmillos tan
gruesos como la pierna de un hombre, y tan altos como una brazada.
Y cuando lo hacen pelear, en estos colmillos trae unas argollas de hierro, y en ellas le ponen unas espadas, que son hechas como espadas
de armas encanaladas, y no es ms luenga que el brazo (Gonzlez de
Clavijo, cp. 8, prr. 12, 287-296).
Asimismo, las Andanas viajes de Pero Tafur (1435-1439), escrita unos treinta aos
despus, nos ofrece la descripcin de dos animales que han llamado la atencin del
cronista. Se trata de dos seres que viven en el agua y que por sus caractersticas no son
otros que el cocodrilo y el hipoptamo:
Ay en esta rivera unas bestias que se crian dentro del agua, que llaman
cocatriz, las quales, quando estn en el agua, non ay ome ni bestia que
pueda alcanar que non la matan...[E]stas bestias suelen salir fuera del
agua inco seys pasos, quando faze sol estn mucho adormeidas...
[]sta es en todo fechura de lagarto; tienen los dientes macho fembra
arriba abaxo, por esto dizen que, quando travan alguna cosa, non
pueden soltar tan ayna. Estas fuyen en la tierra de qualquier cosa, porque aquella les es estraa [...] en esta misma rivera se crian otras bestias,
que son cavallos ni ms ni menos salvo que lo de la boca tienen tan
ancho como lo de la frente, salen pegado con el agua pacer (74-75).
La descripcin del elefante de este autor merece igualmente atencin por la capacidad de fascinacin que este animal ha ejercido sobre todos los que lo han visto por
primera vez:
[L]os quales son negros de color de grandea ms que camellos, de
fortalea ans de braos como de piernas que parescen mrmoles, la
mano redonda con ua fuerte, dizen que conjuntura tienen, pero
que non tienen tuetano ninguno; tienen los ojos muy chequitos como
un cornado colorados, la cola corta como de osso, la oreja como una
comunal adarga la cabeza como de tinaja de estas seys arrobas, los
colmillos de quatro palmos, tiene la boca muy chica, tiene el beo de
arriba una trompa de fasta seys palmos; sta l la aluenga quando l
quiere, la encoge quando quiere, con esta apaa las cosas que a de
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serpiente de gran tamao aunque en ningn momento deje entrever que este animal
sea de una especie desconocida, ni ningn monstruo, como parece indicar el investigador contemporneo Enrique de Ganda, sino tal como el mismo autor dice: una gran
serpiente, larga como de veinticinco pies, medida que coincide exactamente con la
ofrecida por el cronista Ruy Daz. Hoy sabemos que muy bien poda haber sido una
anaconda o un reptil de esta familia. La cita de Shmidl es la siguiente:
Mientras estbamos con esos Mocorets, casualmente encontramos en
tierra una gran serpiente, larga como de veinticinco pies, gruesa como
un hombre salpicada de negro y amarillo, a la que matamos de un tiro
de arcabuz. Cuando los indios la vieron se maravillaron mucho, pues
nunca haban visto una serpiente de tal tamao; y esta serpiente haca
mucho mal a los indios, pues cuando se baaban estaba sta en el ro
y enrollaba su cola alrededor del indio y lo llevaba bajo el agua y lo coma, sin que la pudieran ver, de modo que los indios no saban cmo
poda suceder que la serpiente se comiera a los indios. Yo mismo he
medido a la tal serpiente a lo largo y a lo ancho, de manera que bien s
lo que digo. Los Mocorets tomaron ese animal, lo cortaron a pedazos,
que llevaron a sus casas y se lo comieron asado y cocido (Cap. 17, 151).
El cronista espaol ms importante de su tiempo, Antonio de Herrera y Tordesillas,
nos relata otro suceso semejante; esta vez se trata de una serpiente con pies y alas:
Y habiendo ido a pescar una noche de luna muy clara, ms de treinta
indios de Acatepeque, estando hablando, oyeron cerca de s grandes
silbos, y vieron un animal que les miraba, con ojos como de fuego, y
de miedo se subieron a los rboles y como lleg vieron que era como
culebra, y que tena los pies como de un palmo y una forma de alas
encima, y era largo como un caballo, y andaba despacio, y deste miedo
no volvieron ms all. Tres indios de los Quelenes, certificaron, que pasando por aquel ro haban visto aquel animal, dando silbos, y dieron
las seas del, y dijeron que les pareca que bajaba a beber al ro, y un
indio iba detrs de los otros, tan espantado que muri luego (Dcada
4; libro 10, Cap. 12, 283).
El mismo cronista vuelve a hacer mencin de otras culebras tan fantsticas como la
anterior, dando pie a que la imaginacin se dispare, incluso en el caso de los historiadores ms escrupulosos:
Hay tambin culebras y vboras como las de Castilla: hay otras grandes pardas, como de palo podrido, con cuatro ventanas de narices, y
vise picar a un caballo, y luego comenz a sudar sangre por todas
las coyunturas, y no volvi ms de un da: hay otras pintadas y otras
negras, y largas, no escapa cosa que piquen, y en la creciente no hacen
mal, y en siendo menguante la luna se embravecen: otras de dos palmos tienen dos cabezas, y en forma de un Tao, y no solo mueren de su
picadura pero de hollar su rastro, cuando ha poco que pas...(Dcada
4. Libro 10. Cap. 12, 283).
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Si continuamos investigando sobre la informacin vertida por los cronistas de Indias, encontraremos que ni siquiera el ms respetado y concienzudo, considerado
padre de la etnologa moderna, fray Bernardino de Sahagn, se escapa a la fbula. En
su Historia General de las cosas de la Nueva Espaa nos ofrece dos ejemplos de culebras:
Hay otra culebra que tambin se llama mazacatl (y) es pequea, tiene cuernos, es
prieta, no hace mal, ni tiene eslabones en la cola. De la carne de sta usan los que
quieren tener potencia para tener cuenta con muchas mujeres; los que la usan mucho,
o tomn demasiado de cantidad, siempre tienen el miembro armado y siempre despiden simiente, y mueren de ello (653; lib. 11, cap. 5).
Esta serpiente, cuyo nombre en lengua nauhatl es mazacoatl, tiene unas propiedades afrodisiacas que podramos comparar con las de ciertos medicamentos que existen actualmente. Otro ejemplo que nos ofrece la obra de Fray Bernardino de Sahagn
es el de la culebra bicfala:
Hay una culebra en esta tierra que tiene dos cabezas: una en el lugar de
la cabeza, otra en el lugar de la cola, y llmase maquizcatl; tiene dos
cabezas (y) en cada una de ellas tiene ojos, boca y dientes y lengua; no
tiene cola ninguna. No es grande, ni es larga...Anda hacia ambas partes,
a las veces gua la una cabeza, a las veces la otra; y esta culebra se llama
culebra espantosa, raramente parece (652; Lib. 11, cap. 5).
El inca Garcilaso de la Vega recrea igualmente el mito del ave Fnix en sus Comenta
rios Reales cuando comenta las plumas que llevaban algunos emperadores incas en la
cabeza: Parece que semeja esto a lo del ave fnix, aunque no s quin la haya visto...
(Garcilaso, lib. 6, cap. 28, p. 261). Phillipe de Than, en Le Bestiere, da a este ave de
color prpura una dimensin cristiana, siguiendo la tendencia habitual practicada durante la Edad Media: Sabed, pues, que tal es su suerte: muere por su voluntad, y de la
muerte vuelve a la vida; od lo que esto significa. Este pjaro representa a Jess, hijo de
Mara, pues tuvo el poder de morir a su albedro, y de muerte regreso a la vida, y esto
representa el fnix: para salvar a su pueblo, quiso sacrificarse en la cruz (vv. 2217-2320;
Malaxechevarra 176). Las dudas del inca Garcilaso no son gratuitas, ya que Plinio el
Viejo (23-79 d. de C.) muestra las mismas inquietudes mil quinientos aos antes en
su Historia: AEthiopia and India, more especially, produce birds of diverse plumage,
and such as quite surpass all description. In the front rank of these is the phoenix, that
famous bird of Arabia; though I am not quite sure that its existence is not a fable. It is
said that there is only one in existence in the whole world (lib. 10, cap. 3, p. 479-80).
Es francamente difcil poder separar la ficcin del testimonio histrico cuando ste
va cargado de exageraciones que rayan en lo novelesco, sobre todo si esta informacin
nos viene dada por fuentes consideradas tradicionalmente como fidedignas. Desde los
tiempos antiguos, escritores como Homero o Luciano de Samosata han sido conscientes de esta dualidad. Al mismo Herodoto, considerado por muchos como el padre de
la Historia, se le achacan no pocas digresiones fantsticas. Por ello podramos considerar en cierta forma a estos cronistas como los padres de la literatura.
Entre los libros de viaje de la literatura ibrica, merece un lugar relevante La Peregri
nacin (Peregrinaam) de Ferno Mendes Pinto (c. 1509-1581), mencionada unas lneas
antes. El descubrimiento del Oriente por los portugueses fue simultneo al descubrimiento de Amrica por los espaoles. Vasco de Gama descubre la India en 1498, slo
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Juan F. Maura
seis aos despus de que Coln descubriese Amrica. Esta coyuntura histrica hizo que
los libros de viaje tuviesen gran demanda tanto en Espaa como en Portugal. La Peregri
nacin es un libro de accin, en el que podemos encontrar naufragios, viajes, saqueos
y masacres por tierras y a mano de gentes desconocidas. De igual forma podra decirse
que se trata de un libro costumbrista, al descubrir el mundo de los chinos y japoneses
en forma documental, y de una novela de aventuras en la que el protagonista es un hidalgo que en las ms crticas situaciones tiene que ingenirselas para no morirse de hambre.
No creo que existiese ningn otro europeo que tuviese la oportunidad de recorrer por
tanto tiempo y de una manera tan intensa las costas de la India, China y Japn como lo
hizo Mendes Pinto, pero si existe alguin consciente de este hecho es precisamente l.
El tener conciencia de ser un hombre de mundo le dar pie para ponerse en un plano
superior al del lector de su tiempo, dicindole que slo aquellos que nunca han viajado
son los que no pueden creer en las maravillas que se dan en aquellas remotas tierras
de nuestro planeta... Viendo por entre los rboles de la selva una gran cantidad de
cobras y bichos de tan admirable grandeza y facciones que es mucho para a treverme
a contarlo, por lo menos a las personas de poco mundo, porque stas como han visto
muy poco, acostumbran a dar poco crdito a lo mucho que los otros vieron (Cap. 14,
51). De igual manera, desde el principio hasta el fin de la obra de Alvar Nez, se pueden apreciar una serie de recursos en los que el narrador exagera hasta el lmite sus
propias experiencias. Si nos ceimos a las exageraciones, dejando al margen lo histrico
o novelesco de las situaciones, ya desde el primer captulo nos encontramos algunas tan
sealadas como la del huracn que sufrieron en la isla de Cuba: [O]mos toda la noche,
especialmente desde el medio de ella, mucho estruendo y grande ruido de voces, y gran
sonido de cascabeles y flautas y tamborinos y otros instrumentos, que duraron hasta
la maana que la tormenta ces. En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vio...
(Cap. 1, 80). Hasta qu punto son originales estas maravillas? Ya hemos visto que
tendramos que remontarnos a la Biblia, a la Odisea y los cantos de sirenas que hacan
enloquecer a quienes los oyeran o, en este caso particular, a Marco Polo. En el captulo
57 de sus Viajes, De la ciudad de Lop, escribe:
Pero oiris de l una maravilla que os contar:Si cabalgando de
noche por ese desierto alguien se aleja de la caravana y se queda distante de sus compaeros para dormir o para otra necesidad, al querer
alcanzarlos oye voces que le hablan como si fueran sus compaeros
de viaje, y que le llaman hasta por su nombre. Esto les hace perderse
ms y ms, de forma que se extravan por completo. De este modo
perecieron y se perdieron muchos viajeros. Hasta durante el da os
las voces de esos espritus y os parece or instrumentos extraos, as
como tambores (Marco Polo).
Al leer estas lneas aparece en el lector un mecanismo de defensa por miedo a caer en
ese grupo de gente de poco mundo incapaz de creer ms que en lo que ven, dejando
desguarnecidas las defensas del sentido comn y permitiendo el paso a esa informacin
cargada de fantasa que sutilmente el narrador ofrece, cayendo as indefectblemente en la celada cuidadosamente preparada por el escritor. Esta tendencia no tendra
cabida hoy en da, pese a la existencia de innumerables personas que creen ciegamente
en todo cuanto la ciencia ficcin ofrece. La razn no es otra que la de tener a nuestro
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alcance medios de comunicacin y de informacin en los que poder confirmar de forma relativamente inmediata la veracidad del mensaje que se nos da. No obstante, si
despus de largusimo viaje espacial, la tripulacin de una nave nos contase que han
visto seres como los humanos, ms pequeos, de color verde y con un solo ojo en la
frente, cuntos seran los creyentes?
Mendes Pinto nos ofrece la descripcin de unos fantsticos animales que comparten
semejanzas con el murcilago, la cobra, el lagarto e incluso con un espoln de gallo
en la cabeza con los que se encontrara durante una travesa por un ro que denomina
Guateamgim:
Vimos aqu tambin unos bichos, nunca antes vistos, de extraa manera, que los naturales de la tierra llaman Caqueseitao, del tamao de
un gran pato, muy negros, con escamas por los costados, y cubiertos
de pas del tamao de una pluma de escribir por el lomo. Con alas
como las del murcilago, con pescuezo de cobra, con un espoln de
gallo en la cresta y con un fuerte rabo de color negro y verde, como
son los lagartos de esta tierra [Trad. del autor] (Cap. 14, 51-52).
El autor est llamando ignorantes, hombres de poco mundo, a aquellos que no
son capaces de creer en el valioso testimonio que nos proporciona. Siguendo la misma
lnea entre las Relaciones Histricas de Amrica, podramos mencionar la Relacin de su
naufragio y de los trabajos que pas en los ocho aos que estuvo en la isla de la serrana del Maestre Juan, por su semejanza con la del escritor portugus, con la diferencia
que en este caso se est describiendo al mismsimo diablo. Escribe el maestre Juan:
[Y] yo estava asentado a la sombra de nuestra casilla, haziendo un
anzuelo, estandome quexando de Nuestro Seor, diziendo que avia
hocho aos que estava desnudo y descalo en aquel desierto en que
no avia ningn mantenimiento, e que bien fuese servido de me sacar
deste mundo a tierra de cxristianos, y con aquella pasin dixe: pues
que Dios no me quiere sacar, saqueme el diablo, y asi acabare mi
vida; y a la noche me levante a orinar y vilo pegado en la casilla, de
una forma peor de la con que le pintan, con una nariz muy roma, y
echando por la nariz como humo, y por los ojos fuego, y los pies como grifo, y alas como de murcilago, y las piernas propias de onbre,
y los cabellos muy negros, con dos cuernos no muy grandes; llam al
compaero, que estava echado en la casilla, y tomamos una cruz que
tena hecha de cedro; con aquella corrimos toda la ysla y nunca mas
vimos nada... (Relaciones Histricas de Amrica 23-24).
La aparicin de criaturas sobrenaturales en las crnicas de Indias tiene lugar desde el
primer momento. Ni siquiera el cronista oficial de Indias Gonzalo Fernndez de Oviedo se escapa de hablar de estos seres que se confunden con los de la mitologa clsica.
Es la simbiosis de una cultura renacentista pujante, con una realidad tan cercana a lo
maravilloso lo que hace que se conjuguen en una sola obra la imaginacin y la propia
experiencia. En el captulo 52 del libro sexto de la primera parte de su Natural y General
Historia de las Indias, Fernndez de Oviedo nos habla de los grifos y de una criatura
que es mitad mono, mitad ave poseedora de un canto ms dulce que el del ruiseor y
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Juan F. Maura
la calandria. Escribe Oviedo: Yo he tenido por costumbre en estas mis historias, de dar
los testigos en aquellas cosas que no he visto, de que otros me han informado; y al
propsito de lo que de suso apunt del grifo, ha venido mi notiia otra cosa que no es
menos maravillosa que los grifos (Lib. 6, cap. 52, 259). As es, al parecer la mujer principal del hermano del inca Atahualpa tena este animalito, que no lleg a tierra espaola
porque por descuido un criado lo pis sin querer, dejndolo sin vida. La descripcin de
este animal es la siguiente: La cual cuentan que, en la tierra austral del Per, se ha visto
un gatico monillo, destos de colas luengas, el qual, desde la mitad del cuerpo, con los
braos cabea, era todo aquello cubierto de pluma de color parda, otras mixturas de
color; la mitad deste gato para atrs, todo l, las piernas cola, era cubierto de pelo
rasito e llano de color bermejo como leonado claro (Lib. 6, cap. 52, 259).
Los monstruos de carcter antropomrfico aparecen igualmente descritos en los
bestiarios y las crnicas desde las ms remota antiguedad llegando hasta la primera
crnica de americana, esto es, la de Cristbal Coln. Juan de Mandavila (John Mandeville), que ya algunos aos antes que Coln saba muy bien de la redondez de la tierra
Porque paresce a los simples que hombre no puede rodear todo el mundo de baxo
y de alto...Y de aqu se concluye que hombre puede rodear el mundo, pero acertar a
tornar a su tierra es cosa de ventura (lib. 2, cap. 2), escribe:
En Egipto, en las montaas altas, hava un buen hombre hermitao en
un monesterio y hava gran tiempo, el qual contava que en el desierto
de Egipto hava un hombre con cuernos grandes y tajantes en la frente,
el qual tena el cuerpo hasta la cintura como hombre y de all a baxo
tena cuerpo de cabra, al qual, como el dicho hermitao lo vido, lo conjur por Dios que le dixesse quin era, el qual respondi que era criatura mortal, ass como aquella qual Dios hava hecho, la qual estava
en aquel desierto buscando su sustentacin, y rog al hermitao que
rogasse a Dios por l y por el humanal linage, el qual hava descendido
del cielo y hava nascido de la Virgen Sancta Mara y hava padescido muerte y passin como nosotros sabemos, por el cual nosostros
bivimos y somos. Y an oy en da est la muestra de los cuernos en
Alexandra por una gran maravilla (Lib. 1, Cap. 13).
No olvidemos lo que nos cuenta el primer cronista-cuentista, Cristbal Coln, en su
primer viaje sobre las criaturas que tuvo el privilegio de ver segn aparece en su diario
de a bordo, un martes 9 de enero de 1493: El da pasado, cuando el Almirante iba al Ro
de Oro, dijo que vido tres se[i]renas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan
hermosas como las pintan, que en alguna manera tenan forma de hombre en la cara.
Dijo [el almirante] que otras veces vido algunas en Guinea, en la costa de Mangueta
(Coln 124). Estos monstruos que, como dice el almirante, tenan forma de hombre
en la cara, probablemente fuesen casos reales de alguna foca bigotuda o algn manat, comunes en el Caribe. No es el caso del escritor portugus Luis de Cames, que en
su pica Os Luisiadas, rememorando el viaje que hizo el marino portugus Vasco de
Gama a la India cinco aos despus de Coln, presenta igualmente sirenas. Estos dos
recursos artsticos, como se puede apreciar, se conjugan perfectamente, creando un
panorama esttico capaz de cautivar al lector de su tiempo acostumbrado a leyendas,
fbulas, novelas de viajes y libros de caballera. La esttica mitolgica se conjuga con el
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palmo poco mas o menos tambien hay gentes de dos grazas [sic] de grandor de los
quales huyen los chinos cuando lo uen hay tanbien saluajes y gente con plumas y mujeres que uiuen sin hombres e otros que tienen un agujero por medio de los pechos
y otras gentes que no se sauen (A.G.I. Patronato 67-6-6, citado en Montero 23). Lo
sorprendente es que estas noticias dadas a conocer por un hombre renacentista y buen
conocedor del mundo no son diferentes a las que dos siglos antes Sir John Mandeville,
en el captulo x de su segundo libro, nos presenta en su lista de monstruos, a cada
cual ms sorprendente, de los que incluyo estos 14 ejemplos.53
1. En la India ay una isla en la qual ay y habitan una manera de gentes las quales
son pequeas de cuerpo y son de muy malvada natura, porque ellos ni ellas no
tienen cabea ninguna y tienen dos ojos en las espaldas y la cara en medio de
los pechos y la boca grande y tuerta como una herradura.
2. En otra isla ay una manera de gentes las quales tienen la cara llana como un tajador y no tienen boca ni narizes; y en lugar de boca tienen dos agujeros muy
pequeos, y quando comen sus viandas se meten un can en el agujero y all
sorven la vianda; y son muy malenconiosos y de mala natura.
3. En otra isla ay una gente de muy admirable faycin, y tienen los beos de la
boca tan grandes que quando ellos duermen al sol, ellos se cubren la cara con
sus mesmos beos. 54
4. Item, en otra isla ay gentes tan chicas como enanos, y tienen un pequeo forado
en lugar de la boca y por all comen; y no tienen lengua porque no hablan, salvo
que hazen seas unos a otros como mudos y ass se entienden.
5. En otra isla ay gentes que tienen los pies como cabras y tienen cuernos; y son
muy poderosas gentes y grandes corredores que corriendo toman las bestias
salvages y se las comen.55
6. Ass mismo ay en otra isla unos hombres y mugeres que se tienen en uno pegados y no tienen ms de una teta y tienen miembros de hombre y de muger
cada uno dellos y usan de aqul que quieren; y el que para como muger, aqul
se emprea y pare hijos. 56
7. En la escrituras del rey Alexandre Magno se lee que es una provincia de la India
llamada Sitia que hay unos hombres los quales tienen seys /fo. xxxxiii v./ braos
y seys manos, y hazen hazienda con el que quieren.
8. Item, en la dicha India ay unos hombres que son tan vellossos que parescen
unos ossos, y lo ms del tiempo biven dentro del agua y all es su habitacin.
9. Ay ms en la dicha India una tierra bien grande en la qual habitan hombres y
mugeres los quales tienen seys dedos en cada mano y otros seys en cada pie.
10. Partimos de aquesta tierra y llegamos a una provincia la qual era muy abundosa
y muy frtil de muchos rboles y de muchas maneras de frutales modernos a
53. Para ver los dibujos que acompaan al texto del captulo x mencionado, vase, < http://parnaseo.uv.es/
Lemir/Textos/Mandeville/Index.htm> (20 de junio de 2007).
54. Recurdense las descripciones de Pigafetta en sus andanzas por el Pacfico.
55. Esta caracterstica de cansar a los venados la encontramos en Luis Ramirez en su Carta a su padre y en
Naufragios de Cabeza de Vaca.
56. Esta criatura hermafrodita recuerda a Mala Cosa de Naufragios.
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nosotros, en la qual tierrra todas las mugeres tienen barvas como si fuessen hombres y no tienen cabellos en la cabea. 57
11. De aqu fuemos a una provincia que se llama Etiopia occidental, en la qual habitan una manera de hombres que tienen en medio de la frente quatro ojos y veen
con cualquiera dellos.
12. Un doctor llamado Sigon y otro que [se] dize Menfodoro escriven que en frica
ay mugeres barbudas las quales saben tantas artes diablicas que hazen secar los
rboles y matan los nios de ojo.
13. Ay en las Indias una isla en la qual biven hombres de gran forma como gigantes,
y no tienen sino un ojo en la frente, los quales no comen sino carne y pescado
sin pan. 58
14. De aquesta isla va hombre a una provincia llamada Sitia en la qual ay un valle
muy grande y muy hermoso que se llama en griego Antropophagos, y ay unas
gentes que tienen los pies al revs de nosotros y son grandes corredores y andan
siempre entre las bestias salvages (Juan de Mandavila, Lib. 2, cap. 10).
El narrador-cronista se permite ofrecer tamaas descripciones sin dar noticia de sus
fuentes de informacin. Como se puede apreciar, el lector va recibiendo sorpresa tras
sorpresa, algo que parece no detener al autor a la hora de incluir en su narracin tanta
novedad. La psicologa de los autores queda as reflejada en el agudo conocimiento que
tienen de los lectores de sus obras. Parece como si tuviesen que poner freno a su poderosa imaginacin a regaadientes por culpa de esos espritus de cortos entendimientos
que en un momento dado pudieran llegar a dudar de lo extraordinario de las experiencias que ellos mismos haban podido presenciar con sus propios ojos o, todava peor,
de los casos que les fueron trasmitidos a travs de escrituras clsicas, y en algunas ocasiones hasta sagradas, y cuya veracidad sera peligroso para el lector de la poca poner en
duda. Adems de los ejemplos citados, se podran incluso incluir infinidad de ejemplos
pertenecientes a la hagiografa cristiana, incluyendo la aparicin de un caballero en el
aire con la espada en la mano, montado sobre un caballo blanco, peleando para los espaoles en diversas batallas ocurridas en tierras americanas, aunque con ello nos adentraramos en un terreno ajeno al presente trabajo (Acosta, Lib. 7, cap. 27, 499).59
57. Vase el cuadro de la mujer barbuda del pintor espaol Jos Ribera (1631), localizado en el Hospital
Tavera de Toledo. <http://www.fisterra.com/human/3arte/pintura/mujer_barbuda.asp> (20 de junio de 2007).
58. Recurdese a los cclopes, como Polifemo en la Odisea. En la Historia del infante Don Pedro de Portugal, tambin se cita a estos seres extraordinarios, probablemente por influencia directa de Mandeville. En el captulo 9
de esta obra: Carta del Preste Juan de las Indias para el rey D. Juan el segundo de Castilla, en la que se da cuenta
de los ritos y ceremonias, de su reino, y costumbres de los habitantes que le pueblan, podemos leer: Tengo
en mis Estados un territorio cuyos habitantes no tienen ms de un ojo en medio de la frente: cuando muere
alguno se le comen entre sus parientes, a los cuales llaman gomeos; habitan entre dos sierras tan speras, que
ni pueden llegar hasta nosotros ni nosotros ellos por la profundidad del valle en que se cran: siendo en tanto
nmero los que hay, que si Dios no hubiera permitido que estuvieran encerrados all por la naturaleza, podan
cubrir mucha parte de la tierra; habiendo tradicin que no saldrn de aquel sitio hasta que venga el Ante-Cristo
(Gmez de Santistevan 22).
59. La figura del apostol Santiago aparece en varias crnicas de la conquista de Amrica.
Captulo tercero
Las Amazonas, El Dorado y el rey Blanco
en los Comentarios de Alvar Nez [Relacin de
Hernando de Ribera] y en la Carta de Luis Ramrez
Oh mundo insano,
cmo tus glorias son perecederas,
pues vendes burlas, pregonando veras
(Cervantes, Laberinto de amor).
El mito de las Amazonas ser una constante en un buen nmero de crnicas americanas del siglo xvi y en la obra de Cabeza de Vaca tampoco sern una excepcin. Ya
aparecen mencionadas en la Iliada, donde Homero escribe sobre Pentesilea, princesa
amazona muerta en combate, en el siguiente pasaje de la rapsodia 6:
Y as que tuvo la funesta nota, orden a Belerofonte que lo primero
de todo matara a la ineluctable Quimera, ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de len, cola de dragn y cuerpo de cabra,
que respiraba encendidas y horribles llamas; y aqul le dio muerte,
alentado por divinales indicaciones. Luego tuvo que luchar con los
afamados slimos y deca que ste fue el ms recio combate que con
hombres sostuvo. En tercer lugar, quit la vida a las varoniles amazonas (Iliada 6: 165.)
Igualmente aparecen representadas en la cermica griega, en vasijas donde se las
dibuja con escudos en forma de luna, quiz porque Artemisa, diosa de la caza y de la
luna, era su protectora. La palabra Amazona, segn escribe Lyn Webster Wilde en su
libro On the Trail of the Women Warriors, es armenia y significa mujer-luna: Donald
Sobol thinks the name could refer to the Indian goddes Uma and gives Uma Soona =.children of Uma. Amastris (an early Black Sea sttlement) then becomes Umas
women (Stri = women). Another derivation for Amazon could be Pheonician Am =
mother, and Azon or Adon, lord, given motherland
(15). Sobre el origen etimolgico de este vocablo tambin se ha afirmado que corresponde en griego aproximadamente a sin pecho. Como es notorio en la tradicin literaria, las guerreras Amazonas
tenan la costumbre de amputarse el pecho derecho. Elizabeth Baynham en su artculo
Alexander and the Amazons escribe: Even outside Alexander historiography the
Amazons are among the most emotive and evocative figures in Greek culture. Amazon ethnography is a complex subject. Most traditions purporting to be historical
regard them as a race of female warriors, who dwelt around the Thermodon river,
close by the Black Sea in remote Scythian territory (115). Tim Newark, igualmente
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les viene aquella gana declaran la guerra a un cacique vecino suyo, trayendo a la fuerza
a los indios varones para tenerlos el tiempo que consideran conveniente, hasta que se
quedan embarazadas y los devuelven a su tierra. Cuando llega el momento de parir, si
nace varn lo matan y se lo envan a sus padres, si nace hembra la cran con muy gran
solemnidad y la educan en el arte de guerrear. Refirindose a la jefa de estas indias, el
indio dijo: que entre todas estas mujeres hay una seora que subjeta y tiene todas las
dems debajo de su mano y jurisdiccin, la cual seora se llama Coori (Carvajal 86).
La informacin dada por el indio coincide con la clsica y generalizada idea de que si
naca el nio varn, lo mataban. Carvajal insiste en su crnica de que cuanto dice es
cierto: y todo lo que este indio dijo y ms nos haban dicho a nosotros a seis leguas
de Quito, porque de estas mujeres haba all muy gran noticia, y por las ver vienen muchos indios ro abajo mil y cuatrocientas leguas; y as nos decan arriba los indios que
el que hubiese de bajar a la tierra de estas mujeres haba de ir muchacho y volver viejo (87). Aunque fray Gaspar de Carvajal es la fuente ms directa que se tiene de estas
mujeres, hubo posteriores expediciones que vinieron a confirmar, en cierta forma, lo
dicho. El soldado alemn al servicio de Espaa, Ulrico Schmidl (1510-1567), nos cuenta
lo siguiente en su Relacin del viaje al Ro de la Plata: Tienen esas mujeres un solo
pecho y se juntan y tienen comunicacin carnal con sus maridos tres o cuatro veces en
el ao. Si entonces se prean y nace un varoncito, lo envan a la casa del marido; pero
si es una nia la guardan con ellas y le queman el seno derecho para que este no crezca
y pueda as usar sus armas, los arcos, pues ellas son mujeres guerreras (Schmidl 182).
El investigador argentino Roberto Levillier, en su popular obra El Paititi (1976), termina su captulo sobre las Amazonas diciendo que estas mujeres pudieron subsistir
mientras no lleg otra raza superior a ellas. Dice Levillier que a causa de la presencia de
la raza blanca tuvieron que refugiarse en los remotos y vastos espacios de la Amazonia
donde: segn algunos investigadores, viven sus descendientes los Wauras conservando sus caractersticas primitivas en claros abiertos de la selva del Xing (159).
Si estas afirmaciones fuesen ciertas, tendramos en estas mujeres, no ya un inslito
ejemplo de sociedad matriarcal, sino un ejemplo de feminismo llevado a la prctica en
una de las sociedades ms primitivas. En la obra Historia del Infante Don Pedro de Portugal,
donde se narran las andanzas del hermano del famoso infante Enrique el navegante,
obra que tuvo una amplia difusin desde el siglo xv, tambin aparecen estos mticos
seres. En esta obra se dice adems que estas mujeres son cristianas. En el captulo
sexto, tras el paso de los viajeros por la Meca, podemos leer: [P]asndonos por un lado
hacia la ciudad de Sonterra, donde habitan las amazonas, cuyas mujeres son cristianas
y viven sin hombre alguno: estn sujetas al Preste Juan: eligen entre ellas reina que las
dirija y justicia que las gobierne: labran sus campos, ejercitan todas las artes y dirigen
sus pueblos sin que hombre alguno se entrometa en nada (Gmez de Santisteban
15-16). Al parecer, los viajeros se metieron sin querer en territorio de las amazonas y
fueron amonestados por ello:
Una de las camaristas de la reina nos inform de todas las costumbres,
dicindonos: sabed que entre nosotras no hay hombres sino en los tres
meses de Marzo, Abril y Mayo: en este tiempo, y no en otro, se juntan
los hombres con nosotras para que no se acabe la generacin: pasado
este tiempo nos separamos sin que por ningn motivo pueda quedar
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de los dichos dos ros Yacareati y Yaiva. Este ltimo es muy grande y poderoso, y segn cuentan los indios viene de las sierras del Per y sus mrgenes estaban habitadas
por pueblos de infinitas gentes de razn,63 tal y como se refleja en la crnica. Cuenta
Hernando de Ribera, en la pluma de Alvar Nez, que estando en los pueblos de los
urtueses y aburues, llegaron otros muchos indios principales de pueblos comarcanos
a hablar con l. Curiosamente, al igual que en la descripcin que se hace de la isla
California en Las sergas de Esplandin, tambin aqu aparecen indios negros. Estos
le trajeron plumas, a manera de las de Per, as como planchas de chafalonia.64 El
capitn, hablando con cada uno de los indios, se inform de las poblaciones y gente
que se encontrara ms adelante:
[Y] los dichos indios, en conformidad, sin discrepar, le dijeron que a
diez jornadas de all, a la banda del oesnorueste, habitaban y tenan
muy grandes pueblos unas mujeres que tenan mucho metal blanco y
amarillo, y que los asientos y servicios de sus casas eran todos del dicho metal y tenan por su principal una mujer de la misma generacin,
y que es gente de guerra y temida de la generacin de los indios; y que
antes de llegar a la generacin de las dichas mujeres estaba una generacin de los indios (que es gente muy pequea), con los cuales, y con
la generacin de stos que le informaron, pelean las dichas mujeres y
les hacen guerra, y que en cierto tiempo del ao se juntan con estos
indios comarcanos y tienen con ellos su comunicacin carnal, y si las
que quedan preadas paren hijas, tinenselas consigo, y los hijos los
cran hasta que dejan de mamar, y los envan a sus padres; y de aquella
parte de los pueblos de las dichas mujeres haba muy grandes poblaciones y gente de indios que confinan con las dichas mujeres, que lo
haban dicho sin preguntrselo; a lo que le sealaron, est parte de un
lago de agua muy grande, que los indios nombraron la casa del Sol;
dicen que all se encierra el Sol; por manera que entre las espaldas de
Santa Marta y el dicho lago habitan las dichas mujeres, a la banda del
oesnorueste; y que adelante de las poblaciones que estn pasados los
pueblos de las mujeres hay otras muy grandes poblaciones de gentes,
los cuales son negros, y a lo que sealaron, tienen barbas como aguileas, a manera de moros. Fueron preguntados cmo saban que eran
negros. Dijeron que porque los haban visto sus padres y se lo decan
otras generaciones comarcanas a la dicha tierra, y que eran gente que
andaban vestidos, y las casas y pueblos los tienen de piedra y tierra,
y son muy grandes, y que es gente que poseen mucho metal blanco
y amarillo, en tanta cantidad, que no se sirven con otras cosas en sus
casas de vasijas y ollas y tinajas muy grandes y todo lo dems (Comen
tarios/Relacin de Hernando de Ribera, fols. 141v-142r ).
63. Recurdese lo que se dice en el captulo 19 de Naugragios: Por toda la tierra hay muy grandes y hermosas dehesas, y de muy buenos pastos para ganados; y parsceme que sera tierra muy fructfera si fuese
labrada y habitada de gente de razn.
64. Chafalona. Segn el Diccionario de la RAE, Conjunto de objetos inservibles de plata u oro, para
fundir.
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Esta Relacin de apenas tres pginas, escrita a modo de eplogo en los Comentarios,
no ha sido incluida ni mucho menos de forma gratuita por el escribano de Alvar Nez,
Pero Hernndez. Pongo seriamente en duda que el autor fuese el mismo Hernando de
Ribera y que ste tuviese la oportunidad de llegarla a ver y mucho menos contrastar.
Recurdese que los Comentarios aparecen publicados en Valladolid en 1555 junto con
Naufragios. La inclusin de alusiones a mitos clsicos o a metales preciosos de fbula,
ya sea de Amazonas o de El Dorado, eran un acicate empleado por estos conquistadores, testigos presenciales, para obtener una serie de prerrogativas sobre estas tierras antes que los otros conquistadores que estaban esperando su turno. Sin embargo,
no todos encontraron imperios como el azteca o el inca, aunque estos estuviesen en
la fantasa de la mayora, y ninguno se resign a que esos reinos fueran los nicos con
semejante cmulo de riquezas. Esto era lo que la Corona quera or y esto era lo que los
conquistadores cronistas ofrecan en sus crnicas. Unas lneas ms adelante escribe Pero Hernndez (Alvar Nez): y pregunt a los dichos indios a qu parte demoraban los
pueblos y habitacin de la dicha gente negra, y sealaron que demoraban al norueste,
y que si queran ir all, en quince jornadas llegaran a las poblaciones vecinas y comarcanas a los pueblos de los dichos negros (Comentarios/Relacin de Hernando de Ribera).
Por supuesto, que ms puede interesar a la Corona o al Consejo de Indias que escuchar que el metal amarillo sobrabaEn cuanto al mito de El Dorado, la misma
Relacin nos ofrece una variante ms de dicha fbula: Y que asimismo por la banda
del Oeste haba un lago de agua, muy grande y en el que no apareca tierra de la una
banda a la otra; y a la ribera del dicho lago haba muy grandes poblaciones de gentes
vestidas y que posean mucho metal, y que tenan piedras, de que traan bordadas ropas, y relumbraban mucho; las cuales sacaban los indios del dicho lago... (Comentarios/
Relacin de Hernando de Ribera). Una de las versiones de la leyenda de El Dorado deca
que el cacique sucesor al trono de los muiscas, en el territorio que hoy correspondera a
Bogot, cruzaba desnudo y cubierto de polvo de oro la laguna de Guatavita sobre una
gran balsa de troncos atados. El futuro cacique haca una ofrenda de oro y esmeraldas
en la mitad del lago y al volver a la orilla era investido como nuevo lder de su pueblo.
Esta mtica leyenda de El Dorado, basada por otra parte en las historias reales que se
contaban sobre los tesoros de los herederos incas o sobre la plata del Potos en Bolivia,
fue la que impuls a muchos buscadores de fortuna, honor y fama (no necesariamente
en ese orden) a salir en busca de tesoros inimaginables. Sin embargo, este ritual nunca
fue presenciado por los conquistadores, de ah que existan distintas versiones del mito.
Las ms conocidas son las de Gonzalo Fernndez de Oviedo, Juan de Castellanos, Juan
Rodrguez Freyle, Pedro Simn, Basilio Vicente de Oviedo y la que ahora nos ocupa
incluida al final de los Comentarios de Alvar Nez Cabeza de Vaca en la Relacin de
Henando de Ribera.
Otro pasaje inslito de la Relacin de Hernando de Ribera es la mencin de cristianos por esas latitudes. Este es un tema interesante ya que el mito de Quetzalquatl del
hombre blanco barbado vuelve a aparecer en diferentes formas y versiones por todo el
continente. Lo lgico sera pensar que nos estemos refiriendo a tempranas expediciones
espaolas que fueron por el Pacfico, tales como las de Pizarro, Alvarado o Soto; sin embargo, estos cristianos a los que nos referimos eran de tiempos pasados:
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[Y] entre las dichas poblaciones hay otra gente de cristianos, y haba
grandes desiertos de arenales, y no haba agua. Fueron preguntados
como saban que haba cristianos de aquella banda de las dichas poblaciones, y dijeron que en los tiempos pasados los indios comarcanos de las dichas poblaciones haban odo decir a los naturales de
los dichos pueblos que, yendo los de su generacin por los dichos
desiertos, haban visto venir mucha gente vestida, blanca con barbas,
y traan unos animales (segn sealaron eran caballos), diciendo que
venan en ellos caballeros, y que se haban muerto muchos de ellos
(Comentarios/Relacin H.R.)
Cunto tiempo haca que los portugueses tenan conocimiento de esas tierras? Si es
cierto que los portugueses tenan noticia del Brasil desde mucho antes de su descubrimiento oficial, esta cita sera perfectamente vlida. Sin embargo, no es la primera vez
que aparecen menciones de hombres blancos barbados en las crnicas de Amrica. En
la densa obra del padre Bernardino de Sahagn, Historia de las Cosas de la Nueva Espa
a, aparecen en numerosas ocasiones en relacin con la diseminacin temprana del
cristianismo por tierras americanas. Igualmente en la teora judeogentica expuesta
en la obra Origen del Nuevo Mundo e Indias Occidentales del dominico Gregorio Garca
(1607). Pero en el caso que nos ocupa me inclino a pensar en otras expediciones, si
no de castellanos, s de portugueses. En los Comentarios tambin aparecen varias veces como por ejemplo en el caso de Garca. Algunos autores se inclinan a pensar que
este Garca podra ser un nufrago de la expedicin de Juan Das de Sols, sucesor
de Amrico Vespucio a la muerte de ste en 1516; sin embargo, un superviviente no
se interna tanto en el continente simplemente para llevar a cabo una labor apostlica.65 Cuando en el ao de 1516 la tripulacin de Juan Diaz de Sols encall en la isla
brasilea de Santa Catalina, escucharon a los indgenas referirse a una sierra de plata
formada por cerros de dicho precioso metal y situada en el interior de la selva, lo que
despert sus ansias de riqueza. Uno de los nufragos, Alejo Garca, se intern hasta
las minas de Charcas, en el Alto Per, y regres con un considerable tesoro.66 Tras su
muerte, algunos de sus compaeros regresaron a Brasil llevando la trascendental noticia, que se extendi cruzando los mares hasta llegar al viejo mundo. Al descubridor
del Ro de la Plata, Juan Daz de Sols, al parecer se lo comieron los indios de lo que
hoy es Uruguay. Los dems miembros de la expedicin volvieron a Espaa, excepto
18 supervivientes que quedaron a su suerte en la isla de Santa Catalina (Brasil), la
misma en donde par Alvar Nez aos ms tarde, a la que llegaron a nado despus
de haber naufragado una de sus naves. Hay otros historiadores que dan el crdito de
la exploracin de esa parte del continente a otros navegantes portugueses. Francisco
Adolfo de Varnhagen (1816-1878), vizconde de Porto Seguro, afirma en su Historia
Geral do Brasil, publicada en portugus (Rio de Janeiro, 1854-58), que Nuo Manuel
visit La Plata antes que Daz de Sols. El tambin historiador argentino decimonnico
Manuel Ricardo Trelles, por el contrario, da el honor a Diego Garca en un panfleto
publicado en Buenos Aires en 1879. Bien pudiera ser, ya que en esos momentos los
portugueses contaban con los mejores pilotos del mundo y con una experiencia ultra65. Vase la edicin de Naufragios y Comentarios de Vicente Muoz Puelles.
66. Segn la informacin ofrecida en Comentarios, su relacin con los indgenas fue excelente (Cap.55).
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Juan F. Maura
marina superior a la castellana. Igualmente me inclino a pensar que conocan las costas
del Brasil antes de la firma del famoso tratado de Tordesillas (1494) y, por supuesto, del
descubrimiento oficial de Cabral en el ao 1500, pero ese no es el tema del presente
trabajo. Con estos hombres comienza la leyenda del rey Blanco que viva en montaas
de plata, cercanas al inmenso ro de la Plata o de Sols. Esta leyenda es una ms de las
que originaron las expediciones a esa parte del continente, todas con el ideal de encontrar grandes cantidades de plata. Podemos leer en los Comentarios:
[Y] este ro desaguaba en el Paraguay, que vena de hacia el Brasil, y
era por donde dicen los antiguos que vino Garca el portugus y hizo
guerra por aquella tierra, y haba entrado por ella con muchos indios, y
le haban hecho muy gran guerra en ella y destruido muchas poblaciones, y no traa consigo ms de cinco cristianos, y toda la otra eran indios; y los indios dijeron que nunca ms lo haban visto volver; y traa
consigo un mulato que se llamaba Pacheco, el cual volvi a la tierra
de Guazani, y el mismo Guazani le mat all, y el Garca se volvi al
Brasil; y que de estos guaranes que fueron con Garca haban quedado
muchos perdidos por la tierra adentro, y que por all hallara muchos
de ellos, de quien podra ser informado de lo que Garca haba hecho
y de lo que era la tierra, y que por aquella tierra habitaban unos indios que se llamaban chaneses, los cuales haban venido huyendo y se
haban juntado con los indios sococies y xaquetes, los cuales habitan
cerca del puerto de los Reyes (Cap. 50, Fol. 104r-104v).
Cinco captulos ms tarde se vuelve a hacer mencin de este portugus, es ms, todo
el captulo lv estar dedicado a l.
A media legua estaba otro pueblo ms pequeo, de hasta setenta casas, de la misma generacin de los sacocies, y a cuatro leguas estn
otros dos pueblos de los chaneses que poblaron en aquella tierra, de
los que atrs dije que trujo Garca de la tierra adentro; y tomaron mujeres en aquella tierra, que muchos de ellos vinieron a ver y conoscer,
diciendo que ellos eran muy alegres y muy amigos de cristianos, por
el buen tratamiento que les haba hecho Garca cuando los trujo de
su tierra. Algunos de estos indios traan cuentas, margaritas y otras
cosas, que dijeron haberles dado Garca cuando con l vinieron. Todos
estos indios son labradores, criadores de patos y gallinas; las gallinas
son como las de Espaa, y los patos tambin. El gobernador hizo a
estos indios muy buenos tratamientos, y les dio de sus rescates, y los
recebi por vasallos de Su Majestad, y los rog y apercibi, dicindoles que fuesen buenos y leales a Su Majestad y a los cristianos; y que
hacindolo as, seran favorescidos y muy bien tratados, mejor que lo
haban sido antes.
En el captulo 56 se vuelve a mencionar al portugus Garca y adems se incluye un
nombre de nacin indgena ms que dudoso, ya que no es citado por ningn otro cronista de los que tenga noticia: se trata de los chimeneos:
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Carta de don Luis Ramrez narrando su viaje a Brasil (V.II.4, fols. 115-122). Est fechada en el puerto de San Salvador (Entre Ros), junto al Ro de Sols ahora Ro de la Plata,
el 10 de julio de1528, esto es, unos quince aos antes que la expedicin de Hernando
de Ribera. Esta expedicin por el sur del continente americano parti un 3 de abril de
1526 del puerto de San Lcar de Barrameda al mando de Sebastin Caboto (1476-1557),
que esos momentos era piloto mayor de Carlos v . En esta carta se describen todos
los caminos por los que pasaron y las aventuras que vivieron durante los veintisiete
meses que anduvieron viajando. Se menciona el buen recibimiento que les dieron en
las Canarias, el viaje a lo largo de la costa del Brasil por San Agustn y Pernanbuco, as
como la diversidad de la flora, costumbres antropfagas y rituales de los indios Tupinambo. Igualmente se menciona por primera vez el grupo indgena de los Guarens.
Pero lo ms importante es que en el Ro de la Plata se encontraron a quince cristianos
supervivientes de la expedicin de Loaysa, de los que haban ido en la nao de Rodrigo
de Acua, que a su vez le contaron haber conocido a supervivientes de la expedicin de
Juan Daz de Sols. Se cuenta sus andanzas por los Ros Paran, Uruguay y Paraguay en
busca de metales preciosos. Si estos cristianos de la expedicin de Ramrez llegaron al
Paraguay, bien pudieron ser algunos de los cristianos que se mencionan en la Relacin
del capitn de lvar Nez Cabeza de Vaca, Hernando de Ribera. Tambin se habla
de los periodos de hambre y enfermedad que tuvieron que sufrir y de los problemas
surgidos con sus navos. Bautizaron algunos lugares como el Puerto de Santa Catalina o
San Lzaro, y en la confluencia del ro Carcaran con el Paran tuvieron la oportunidad
de conocer a los indios querandis, que manejaban con destreza y habilidad dos bolas
unidas por una cuerda. En la boca del Paraguay se encontraron con la expedicin dirigida por el capitn Diego Garca de Mojer, el tesorero real Fernando Caldern, y con Rojel Barlo (Campos 438-39). Algunas de las descripciones de los naturales que aparecen
en la Carta de Luis Ramrez a su padre, recuerdan a las primeras que hizo Cristbal Coln
en su primer viaje: La gente desta tierra es muy buena e de muy buenos gestos ansi los
ombres como las mugeres son todos de mediana estatura muy bien proporcionados de
color de canarios algo mas oscuros (V.II.4, fol. 115 r). Aparte de lo dicho anteriormente, la citada carta-relacin de Ramrez posee muchas similitudes con la primera obra de
Cabeza de Vaca, Naufragios, y no slo porque los hechos transcurran en el mismo espacio y tiempo.68 Si exceptuamos el hecho de que Alvar Nez pasa a ser esclavo de los
indios en varias ocasiones, encontraremos que ambos autores narran sus experiencias
ensalzando el sufrimiento y la horrorosa hambre y sed que tuvieron que pasar. Ambos
describen por primera vez la etnografa, flora y fauna de las tierras que recorren y, sobre todo en el caso de Ramrez, son tantas las veces que menciona el oro y la plata que
invita a la Corona/lector, adems de a su padre a quien va dirigida la carta, a disparar su
imaginacin. Al principio de su carta ya escribe claramente:
[Q]ue sean vras mdes[Vuestras Mercedes] iertos si dios alla me buelve
boluere de arte con que pueda seruirlas muchas mdes [mercedes] que
siempre he rreiuido y al presente espero rreiuir y esto pueden vras
mdes tener por ierto segund lo que esperamos sera ansy como digo
y a todo lo que vras mdes oyeren de la bondad de la tierra pueden dar
68. Alvar Nez llega en el ao 1528 a la Florida.
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sino tubiese esperanza en nra seora de pagar esta md con las otras
muchas que he [reibido] con las setenas no me atrebiera a suplicarlo
a Vra md si pensara dar mas pas[ion] a vra md que como digo si dios
de aca me leba sino mucho descanso en desquento de las muchas pasiones que siempre les he dado (fol. 122 r.)
Como ya destaqu anteriormente, las alusiones al oro, plata y de otro metal muy
bueno son constantes a lo largo de toda la Carta. No recuerdo ninguna otra relacin donde se mencione tantas veces a este metal si exceptuamos el Diario de Coln.
En algn momento Ramrez se permite la libertad de precisar incluso su calidad: las
cuales dieron al seor Capitn General [Sebastin Caboto], y las de oro eran muy finas,
de ms de 20 quilates (446). Por supuesto, este oro nunca llegar a aparecer ya que
el autor se ocupar en presentar diferentes excusas por las que no pudieron llevarlo
consigo. En cualquier caso, el testimonio de este singular viajero est narrado como si
hubiese sido el nico que pudiese testimoniar tan extraordinarias experiencias: [Y]o
bine de santa catalina asta aqui en la galeota y como mi enfermedad fue grande y en
ella abia muy poco abrigo pase enfinitos trabajos y tantos que yo doy fe a vra md no
creo bastante lengua de onbre a poderlos contar mas plugo a la majestad devina de me
sacar dellos para meterme en otros mayores como v.m. por esta carta adelante bera
(fol. 117 v.). Por mucha lgica, sentido comn y razn que los lectores de la poca, as
como los miembros del Consejo de Indias empleasen a la hora de asimilar toda la informacin ofrecida por estos exploradores, el no haber visto y sentido en persona todas
las maravillas descritas en sus Relaciones, no les dejaba ms remedio que aceptar
una buena dosis de la informacin que reciban por muy maravillosa que esta fuese.
Captulo cuarto
La creacin del mito
[Y] llevaba en su compaa a Fray Marcos, que no se tuvo por
seguro quedar en Cbola biendo que ava salido su relain
falsa en todo, porque ni se hallaron los reinos que dea, ni
ciudades populosas, ni riquesas de oro, ni pedrera rica que
se public, ni brocados, ni otras cosas que se dixeron por los
plpitos (Relacin de la Jornada de Cbola de Pedro Castaeda).
Se podra decir que en estos momentos tenemos suficiente material para afirmar
que existen dos tendencias definidas respecto a la vida y obra del explorador jerezano
Alvar Nez Cabeza de Vaca. Ambas son apasionantes. Una de ellas por ensalzar la
figura del conquistador hasta las cotas ms altas que las cualidades cristianas puedan llevar a un caballero, llegndolo a hacer poseedor de virtudes sobrenaturales. La
otra, la que nos muestra a un individuo que quiere hacerse pasar por santo habiendo
cometido los crmenes mas abominables hacia sus propios compaeros y hacia los
indgenas que ser humano haya podido cometer, tras haber abusado de la confianza
y el dinero de su mujer y amigos para conseguir llevar adelante sus delirios de grandeza. No existe lugar posible para una postura intermedia, aunque siempre se pueda
perdonar al autor de Naufragios por obsequiarnos, adems de con su obra escrita, con
el modelo histrico de una figura tpicamente barroca como es el Don Juan. Ms
que por su vertiente mujeriega, por su capacidad de desafo y desprecio de todos los
valores sociales establecidos as como por su desvergonzada capacidad y resistencia
fsica para poder superar los ms amenazantes obstculos de mares, desiertos y selvas
que la geografa americana puso en su camino en el norte y sur del continente.73 Algo
parecido ocurre con Esteban, el esclavo negro que Andrs Dorantes, uno de los supervivientes de la tragedia ocurrida en Florida, llev consigo. Esteban o Estebanico, como
algunos le llamaban, representa una parte importantsima de todo el rosario de invenciones y mentiras que estos supervivientes se vieron obligados a contar para sacar
algn fruto de su largo peregrinaje por tierras de Norteamrica. Ambos conseguirn
en parte sus propsitos. Cabeza de Vaca lograr pasar a la historia como l mismo se
retrata en su obra: un santo varn, un mrtir de la causa cristiana, que en cuanto pueda
se vestir de conquistador para ejercer como tal en el Ro de la Plata, esta vez con resultados mucho ms adversos que los conseguidos en su experiencia norteamericana.
73. En las escuelas de los Estados Unidos cuando se habla de Amrica, se habla de dos continentes, no
ocurre lo mismo en otros pases como Espaa en donde Amrica en un solo continente. Recordemos la carta
que el conquistador espaol Lope de Aguirre, desde el corazn del continente americano, escribe a Felipe ii:
[A]unque tambin creo que te deben engaar los que escriben destas partes destas Indias como estn tan
lejos...Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud: Lope de
Aguirre el Peregrino (Coleccin Muoz; Tomo 28, fols. 252-89).
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Esteban burlar con maestra torera a su nuevo amo, el virrey de Mxico Antonio de
Mendoza, y al encargado de verificar sus mentiras, Fray Marcos de Niza, consiguiendo
as disfrutar de su ansiada libertad entre los indios.
A lo largo de estas lneas vamos a destacar algunos de los ejemplos ms representativos de una de estas posturas. Se trata de aquella que, pese a ser la menos popular, tambin es la ms valiosa al negarse a aceptar sin ms la cualidades serficas de tan singular
caminante como fue Cabeza de Vaca. Igualmente, en este trabajo que est principalmente orientado a los estudiosos ya familiarizados con los aspectos ms sobresalientes de la
vida y obra de Alvar Nez, no se repetir toda la cronologa de sus hechos.
Con el respeto que se merece la labor investigadora de los que dan carcter de fehaciente a la informacin presentada por Alvar Nez en su testimonio escrito y de
los que defienden la dignidad y honradez de su persona, las conclusiones a las que yo
he llegado tras el estudio de su obra y vida son muy distintas.74 La ambicin de Alvar
Nez de convertirse en adelantado, gobernador y capitn general de la Florida, aparece incluso antes del inicio de su viaje a Amrica en 1527. Esto explicara su continua
animosidad contra su superior Pnfilo de Narvez, a quien fueron adjudicados dichos
ttulos. Tanto la informacin presentada por los supervivientes de la expedicin de
Narvez ante la Audiencia de Santo Domingo, como la obra Naufragios, tienen una finalidad clara y precisa. Especular sobre la posible ruta por Norteamrica o sobre la veracidad de los nombres atribuidos a los diferentes grupos indgenas con los que se encontr
Alvar Nez (v.g.: chimeneos, piraputanas, malicones, estarapecoces, cuchendados,
etc.) no tiene ningn sentido si ste no est diciendo la verdad.75 Entre los estudiosos
heterodoxos de Cabeza de Vaca ms convincentes destacara a Henry Wagner y a
Robert E. Lewis. Aunque Jaques Lafaye no entra en esta categora, en cierta manera
intuye la desvergenza de Alvar Nez en adjudicarse la autora de los milagros que
aparecen en su obra. Uso el trmino heterodoxo, en oposicin a la romntica idea
que casi siempre ha tenido la crtica literaria e histrica del personaje Cabeza de Vaca,
sobre todo durante los ltimos treinta aos. Merece la pena mencionar, porque nos da
una idea de lo popular que llega a ser la obra de Alvar Nez, cmo aos ms tarde de
la publicacin de Naufragios, Lope de Vega adopta el nombre de Dulcanquelln para uno
de los personajes indgenas principales de su comedia El Nuevo Mundo descubierto por
Coln, variante del nico nombre propio de indgena aparecido en la obra de Cabeza de
Vaca Dulchanchelln, lo que en cierta forma vendra a confirmar la familiaridad con
Naufragios por parte de Lope (vase Maura, Naufragios 93n13, 1998 ed.). Alvar Nez
no hubiese sacado ningn provecho si nicamente hubiese seguido la ruta ms lgica
hacia el sur (Pnuco, hoy Tampico) para ser as rescatado por los cristianos. En pocos
meses habra llegado a su destino y su peregrinaje habra pasado sin pena ni gloria. Su
superior, Pnfilo de Narvez, si hubiese sobrevivido se habra convertido, como ya tena pactado en sus capitulaciones con la Corona, en el nuevo gobernador, adelantado y
74. Vase mi trabajo, Nuevas aportaciones documentales para la biografa de Alvar Nez Cabeza de Vaca.
Bulletin Hispanique 2 (2004) 645-685.
75. La variedad de nombres indgenas es lo suficientemente formidable como para volver locos a todos los
antroplogos, sobre todo en Comentarios (v.g.: guaranes, chamases, iguazs, piquers agaces, guaycures, guatataes, merchireses, arabuces, xarayes, imperes, naperes, mayaes, guatos, sarcoses, chimeneos, carcaraes,
gorgotes, payzuoes, estarapecoces, candirees, artanases, atabares, guayviaos, itaques, guazanis, tabares,
tapa, juriquizaba, carcoses, guajurapos, arrianicoses, socorinos, soces, etc, etc.).
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capitn general de la Florida y esto era algo que Alvar Nez no iba a permitir. Al igual
que no permitir en el Ro de la Plata que su competidor, el lugarteniente de Juan de
Ayolas, Domingo Martnez de Irala, le quitase la gobernacin del Ro de la Plata, por
lo que le degradar cada vez que tenga oportunidad en sus Comentarios. Me inclino a
pensar que fue la ambicin de Alvar Nez la que le llev a deshacerse de su inmediato superior y de aquellos que estaban de su parte, para conseguir dichos privilegios
para s mismo. An siendo Pnfilo de Narvez lo suficientemente ambicioso para sacrificar su fama, familia y hacienda en la empresa de la Florida, tal y como queda patente en las capitulaciones que hizo con la Corona, haba un hombre en su expedicin
y bajo su mando que le superaba. Esta persona que le sobrepasa tanto en ambicin
de gloria como en dotes para pasar al papel la imagen que de l y de su superior quera que los dems tuviesen, no era otro que Alvar Nez Cabeza de Vaca. Pnfilo de
Narvez es uno de los personajes ms importantes en el engranaje de la exploracin y
conquista de la Florida para comprender la personalidad y las autnticas intenciones
de su subordinado Alvar Nez Cabeza de Vaca.76 En la Coleccin de Documentos Indi
tos sacados del Archivo General de Indias, encontramos las mercedes y condiciones
que Narvez pide al emperador para a descubrir a su costa Las islas de Tierra Firme
que hay desde el Ro de las Palmas hasta la Florida, y todo de la misma Florida la
parte del Norte y del Sur (CDI 10: 40-47). Se observa que el enorme coste en vidas
humanas, esfuerzo y grandsimas sumas invertidas en estas expediones que en su inmensa mayora eran de iniciativa privada, lo que la corona deba retribuir en dinero
y privilegios, si sala bien la empresa, muy pocas veces compensaba el sacrificio. En
este caso, lo que espera conseguir Pnfilo de Narvez de dicha empresa es lo siguiente:
Vuestra magestad sea servido de me hacer Gobernador y Justicia mayor por todos los das de mi vida, y Capitn General, y para todo esto
competente salario.
Ms, suplico vuestra magestad me haga merced del alguacilazgo
mayor de dichas tierras que yo poblar en vuestro real nombre, para
m y mis herederos y subcesores.
Ms, suplico vuestra magestad me haga merced de la tenencia de
las fortalezas que vuestra magestad mandare que se hagan en aquellas partes en vuestro real nombre, para m y mis herederos.
Ms, suplico vuestra magestad me haga merced del diezmo de todo
lo que vuestra magestad hubiere de haber de sus reales rentas, para
siempre jams.
Ms, suplico vuestra magestad que de todo lo que yo llevare aquellas partes para provisin de las dichas tierras, as como caballos y
76. Tenemos el nombre de la mujer de Pnfilo de Narvez gracias, entre otros, a la informacin encontrada
en este documento fechado cuatro meses antes de que partiese la armada a tierras de la Florida: Pnfilo de
Narvez, gobernador de la Florida, ro de la Palma y Espritu Santo, estante en Sevilla, declara haber recibido
de Pedro Caro, vecino de Alcal de Guadaira, todos los pesos de oro que le entregaron Mara de Valenzuela,
mujer del dicho Pnfilo de Narvez, y Ana Martn, su criada, en la isla de Cuba, para que enviase a dicha isla
ciertas mercaderas (RAHPS. Libro del ao: 1518-1527. Oficio: xvii. Escribana: Pedro Tristn. Folio. 382v.
Fecha: 19 de febrero de 1527).
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Si Pamphilo de Narvaez no perdiera la memoria de cmo fu tractado en la Nueva Espaa, mirra qun al revs le salieron sus pensamientos, no buscra otros torbellinos fatigas, contentrase con
que seyendo un hidalgo que pass estas partes con una espada
una capa buscar la vida, alcan honra muger virtuosa hijadalgo,
le dio Dios hijos haienda con que bastantemente pudiera passar, segund el ser de su persona: que era virtuoso hombre de gentil
criana de limpia sangre, quando convino se avia mostrado en la
miliia no menos esforado que diestro soldado despues capitn.
l fue el que despues acab de paificar conquistar la isla de Cuba,
y en aquella vivia y estaba bien heredado prospero; aun despues
que sali de la prission uas de Corts, hall su muger Mara de
Valenuela, que avia algunos aos que le atendia en tan buena fama
reputaion, como pudo estar Penlope: puesto que no texia destexia, como aquella, por la dubda que tenia esperana de la venida
de su marido Ulixes, estotra, ertificada de la prission trabaxos del
suyo, grangeaba su haienda la acresentaba guardaba para le redimir ayudar. assi hallo, quando l vino su casa, allende de hallar
la haienda que dex acresentada, que le tenia tree catore mill
pessos de oro de minas que la muger avia cogido con sus esclavos
indios, lo qual el mesmo Pamphilo de Narvaez me ertifico en Toledo
el ao de mill quinientos veynte y cinco, estando en aquella cibdad la essrea Magestad (Lib. 35, Proemio, 580).
En el caso que nos ocupa nos interesa observar, aparte de la locura intrnseca de
algunos de estos conquistadores, las cualidades positivas de ese hidalgo del que Fernndez de Oviedo nos dice que era virtuoso hombre de gentil criana, y que con
tanto ahnco intentar destruir su subordinado Alvar Nz en su obra Naufragios. El
soldado de Corts, Bernal Daz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista
de la Nueva Espaa, tambin emplea algunos calificativos positivos para Narvez que
coinciden con la impresin de Fernndez de Oviedo:
[E]ra Narvez de parecer de obra de cuarenta aos,77 y alto de cuerpo
y de recios miembros, y tena el rostro largo y la barba rubia y agradable presencia, y en la pltica y voz muy entonada como que sala
de una bveda; era buen jinete y decan que era esforzado; era natural
de Valladolid o de Tudela de Duero; era casado con una seora que se
deca Mara de Valenzuela; fue en la isla de Cuba capitn y hombre;
decan que era muy escaso, y cuando le desbaratamos se le quebr
un ojo, y tena buenas razones en lo que hablaba...(Cap. 206, 576).
Pero las buenas razones de Narvez nunca las llegaremos a saber porque desapareci antes de poder llegar a dar su testimonio. En el captulo cuarto de Naufragios,
Alvar Nez se encarga de deslegitimizar el criterio de su superior una y otra vez. De
la misma manera, se presenta a si mismo como el hombre sensato que sabe lo que
hace al afirmar que no deban adentrarse por el interior de la Florida. Previene, avisa
77. Cuarenta y ocho en la Florida.
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le siga tierra adentro por eso del qu dirn o, lo que es lo mismo, para que no se
pusiese su honor en entredicho.
El gobernador sigui su parescer y lo que los otros le aconsejaban. Yo,
vista su determinacin, requerile de parte de Vuestra Majestad que no
dejase los navos sin que quedasen en puerto y seguros, y as lo ped
por testimonio al escribano que all tenamos. El respondi que, pues
l se conformaba con el parescer de los ms de los otros oficiales y
comisario, que yo no era parte para hacerle estos requerimientos, y
pidi al escribano le diese por testimonio cmo por no haber en aquella tierra mantenimientos para poder poblar, ni puerto para los navos,
levantaba el pueblo que all haba asentado, e iba con l en busca del
puerto y de tierra que fuese mejor; y luego mand apercibir la gente
que haba de ir con l, que se proveyesen de lo que era menester para
la jornada; y despus de esto provedo, en presencia de los que all
estaban, me dijo que, pues yo tanto estorbaba y tema la entrada por
tierra, que me quedase y tomase cargo de los navos y de la gente que
en ellos quedaba, y poblase si yo llegase primero que l. Yo me excus
de esto, y despus de salidos de all aquella misma tarde, diciendo que
no le paresca que de nadie se poda fiar aquello, me envi a decir que
me rogaba que tomase cargo de ello; y viendo que importunndome
tanto, yo todava me excusaba, me pregunt qu era la causa por que
hua de aceptarlo; a lo cual respond que yo hua de encargarme de
aquello porque tena por cierto y saba que l no haba de ver ms los
navos, ni los navos a l, y que esto entenda viendo que tan sin aparejo se entraban por la tierra adentro; y que yo quera ms aventurarme al peligro que l y los otros se aventuraban, y pasar por lo que l
y ellos pasasen, que no encargarme de los navos, y dar ocasin a que
se dijese que, como haba contradicho la entrada, me quedaba por temor, y mi honra anduviese en disputa; y que yo quera ms aventurar
la vida que poner mi honra en esta condicin (89-90).
Pero el lugar donde el lector pierde el respeto y la simpata de una forma definitiva
por Narvez es aquel donde el gobernador abandona a la mano de dios a los que
viajaban en una barca cercana a la suya. Aqu Alvar Nez, con un dramatismo conmovedor, nos hace creer que Narvez es un ser que no se merece el ttulo de gobernador y que lo nico que busca es su propia supervivencia. Desde un punto de vista
literario es uno de los momentos ms logrados y emocionantes de su obra Naufragios.
[Y] como amaneci, cada barca se hall por s perdida de las otras;
yo me hall en treinta brazas, y siguiendo mi viaje a hora de vsperas
vi dos barcas, y como fui a ellas, vi que la primera a que llegu era la
del gobernador, el cual me pregunt qu me pareca que debamos
hacer. Yo le dije que deba recobrar aquella barca que iba delante, y
que en ninguna manera la dejase, y que juntas todas tres barcas, siguisemos nuestro camino donde Dios nos quisiese llevar. El me respondi que aquello no se poda hacer, porque la barca iba muy meti-
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una vez que han encontrado rastro de cristianos, aparentemente ninguno se ofrece a ir
a buscarlos hasta que finalmente Alvar Nez, en contra de su voluntad y en vista de
que ningn otro quera ir al esclavo negro Esteban no se le tiene en cuenta opta
por ser l quien decida ir a buscarlos. Aquella noche yo rogu a uno de mis compaeros que fuese tras los cristianos, que iban por donde nosotros dejbamos la tierra
asegurada, y haba tres das de camino. A ellos se les hizo mal esto, excusndose por el
cansancio y trabajo; y aunque cada uno de ellos lo pudiera hacer mejor que yo, por ser
ms recios y ms mozos; ms vista su voluntad, otro da por la maana tom conmigo al negro y a once indios (Naufragios, cap. 33, 202). Paradjicamente, dos captulos
antes Cabeza de Vaca habla de su condicin fsica: Entretanto que con stos anduvimos caminamos todo el da sin comer hasta la noche, y comamos tan poco, que ellos
los indios se espantaban de verlo. Nunca nos sintieron cansancio, y la verdad
nosotros estbamos tan hechos al trabajo, que tampoco lo sentamos (Cap. 31, 195).
Antes hablaba del cansancio y trabajo que sufran y aqu dice que estaban tan hechos
al trabajo que no lo sentan. Claras contradiciones que slo quedan expuestas con
una lectura detenida y puntillosa de Naufragios. La solidaridad existente entre Alvar
Nez y sus compaeros una vez ms se pone en evidencia. Si estudiamos uno a uno
los diferentes captulos de su narracin con minuciosa escrupulosidad, la informacin
presentada sencillamente no es convincente. No podemos tomar su palabra escrita
como testimonio fehaciente porque una y otra vez est mintiendo. Lo mismo ocurre
con el episodio de las esmeraldas. En el captulo 33, Alvar Nez y sus compaeros
pasan por un pueblo al que denominan pueblo de los corazones por la abundancia
que tenan de corazones de venado para su propio mantenimiento. Este es el pueblo,
como se dice al principio del captulo, donde nos dieron las esmeraldas. No deja de
ser curiosa la mencin de las esmeraldas y del imperdonable olvido de stas en el
momento ms oportuno para el autor. Dos captulos ms adelante se observar cmo
Alvar Nez, al encontrarse con otros cristianos, se enfadar con ellos por el mal trato
que quieren dar a los indios: y despus de esto pasamos muchas y grandes pendencias con ellos porque nos queran hacer los indios que traamos esclavos, y con este
enojo, al partir, dejamos muchos arcos turquescos que traamos, y muchos zurrones
y flechas, y entre ellas las cinco esmeraldas, que no se nos acord de ellas; y ans las
perdimos (cap. 34, 204-205). Que oportuno enojo y que declaracin manifiesta en
apoyo a las corrientes ideolgicas en defensa de los indgenas que aparecern en las
Leyes Nuevas promulgadas el mismo ao de la publicacin de Naufragios. Qu casualidad y qu desprendimiento ms loable. Sin embargo, tambin qu sorprendente
inteligencia a la hora de hacer mencin de la existencia de piedras preciosas que
tanto inters despertar entre todos aquellos que escuchen su Relacin. No parece
sino que estuviera framente calculado: que no se nos acord de ellas, eso s, con
un cuidado extremo de hacer pasar la noticia con el mismo laconismo con que est
impregnada toda la obra. Las dotes novelescas del autor se van superando una y otra
vez, manteniendo en la narracin una tensin similar a la que pudiera tener cualquier novela de aventuras.80 Hecho este repaso de las ocasiones en que Alvar Nez
aprovecha la coyuntura narrativa para atacar o desprestigiar a su superior, tenemos
que remontarnos al captulo primero de Naufragios, en donde se nos narra el desastre
80. En la la Carta de Luis Ramrez a su padre ocurrir exactamente lo mismo.
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Se trata de un suceso similar ocurrido en esa misma costa pero en lado Este de la isla
de Cuba. La culpa del incidente volver a recaer en su superior, Pnfilo de Narvez,
no en l, y por eso se apresurar a dar cuenta a las autoridades espaolas dando su
parecer sobre lo ocurrido.
Una vez en Espaa, Cabeza de Vaca se neg a volver a la Florida con Hernando de
Soto precisamente porque para l no tena sentido limitarse a ayudar a que otro se llevase los laureles de la fama; por eso decidi embarcarse en otra expedicin, esta vez
bajo su mando. Incluso Morrish Bishop, gran defensor de la vocacin cristiana del explorador jerezano, escribi sobre la actitud poco solidaria que Alvar Nez tuvo con
aquellos que fueron a la Florida bajo el mando de Hernando de Soto: He could give
them no advice. Shrewdly they interpreted his answers; he was hiding his knowledge, not for the king, but for himself. He was hoping that Sotos expedition would fail,
that then he might step in, and go directly to the cities where all the glory and all the
gold lay waiting (170). Si penssemos que Alvar Nez es el portador de virtudes
cristianas que l dice ser, su obra escrita tendra mucho ms crdito (no ms calidad).
Sin embargo, la evidencia demuestra que tanto en su texto (el primero en darse cuenta
fue Gonzalo Fernndez de Oviedo) como fuera de l, hay pruebas suficientes para dudar de sus historias y buenas intenciones. Si existe alguna razn por la que ha pasado
a la historia popular, esta ha sido la de ser el nico conquistador al que se ha podido
calificar de santo. Sin embargo, al margen de su obra escrita, su comportamiento se
acerca ms al de un pirata que al de un caballero. Por esta razn muchos estudiosos e
investigadores han querido y quieren correr un tupido velo sobre su vida real, para
poder as salvaguardar el mito de su bondad a travs de su obra escrita. Pese a todo, este personaje tuvo que sufrir tal calvario de pleitos interminables, y finalmente pobreza
y enfermedad, que nos permitira decir que expi en vida sus muchos desmanes y tropelas. A lo largo de estos ltimos aos he podido recopilar una serie de documentos
que resultan fundamentales para esclarecer la vida y obra de Alvar Nez Cabeza de
Vaca.81 La documentacin ms temprana que he encontrado sobre la actividad de Alvar Nez registrada en esa casa es de 1513. Se trata de una cuenta general de gastos
en la que podemos leer: Que pago Alvar Nez de los maravedis de su cuenta de este
ao 1800 [sic] que dio a ciertos [] y una labrandera y de gasto que fizo el en los caminos que asi de Vejer hasta Sevilla y al condado de Niebla por mandado de mi seora
segun parescio por su cuenta (Legajo 2430). Tambin sabemos que en 1515 estuvo en
Plasencia, en calidad de camarero del duque de Medina Sidonia, en la boda de Ana de
Aragn (nieta de Fernando el Catlico) con Alonso de Guzmn (Legajo, 937).
Gracias a los datos biogrficos reunidos hasta el presente sobre este explorador, se
puede afirmar que su vida sobrepasa en inters a su obra escrita, pese a la enorme
atencin que ha despertado esta ltima.
En la publicacin de Rolena Adorno y Patrick Charles Pautz, lvar Nez Cabeza de
Vaca, hasta la fecha la ms voluminosa sobre dicho explorador, se siguen defendiendo
y manteniendo de forma sorprendente todas o casi todas las alabanzas y bienaventuranzas que el autor y protagonista de Naufragios quiso transmitir sobre su persona, lo
que hace que sean varios los puntos, sobre todo sus aspectos biogrficos e histricos,
81. Sobre documentacin referente a la actividad de Alvar Nez en la casa de Medina Sidonia, vase mi
trabajo Los Naufragiosde Alvar Nez Cabeza de Vaca: o el arte de la automitificacin.
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los que no se ajusten del todo a la realidad documental. Esta publicacin es, dejando
aparte los ya clsicos estudios de Morris Bishop, Enrique de Ganda, Sancho de Sopranis, Henry Wagner y en los ltimos aos Enrique Pupo-Walker, la ms seria realizada
sobre la biografa y la obra de Alvar Nez. Sin embargo, se apoya frecuentemente en
la repeticin de lo ya dicho por otros estudiosos del tema y deja mucho que desear a la
hora de especular sobre aspectos genealgicos o geogrficos. Igualmente, en su artculo
The Negotiation of Fear in Cabeza de Vacas Naufragios publicado en 1991, Adorno
no menciona tampoco que buena parte de lo expuesto en dicho artculo sobre la interesantsima utilizacin del miedo por parte del grupo de Cabeza de Vaca como recurso de control y poder sobre los indgenas (y que volver a destacarse en Alvar Nez
Cabeza de Vaca, 2: 310-317), haba aparecido ya en el captulo Elementos picarescos
en la persona y la obra de Alvar Nez, de mi tesis doctoral de 1987.82 Asimismo, la
informacin bibliogrfica de Adorno y Pautz no incluye ninguna publicacin posterior
a 1995, exceptuando el importante redescubrimiento de Nieto Nuo del primer manuscrito de la edicin de Zamora en la Biblioteca Imperial de Viena, al que apenas le
dedican una nota y unas lneas (Adorno & Pautz 1: 273). Dice Nieto Nuo sobre este
manuscrito: [S]e trata, pues de la nica fuente manuscrita anterior a la trasmisin impresa, y ha de ser tenida, en consecuencia, como origen del texto (xvi). Sobre la existencia del manuscrito de Nieto Nuo encontrado en la biblioteca de Viena, he podido
comprobar que ya se tena noticia de l en el ndice de manuscritos de la Real Academia
de la Historia desde hace tiempo (Amrica 9/4173). En dicha academia se conserva una
copia manuscrita del siglo xviii bajo el ttulo Historia en Espaol de las Indias del Nuevo Mundo, que incluye ms de la mitad del manuscrito de Viena ya que llega hasta
casi el final de lo que sera el captulo 21 de la edicin de 1555. En una nota al inicio de
dicho manuscrito aparece escrito: Empezaron enviar de Viena esta copia; pero en
carta de 16 de marzo se previno al encargado de negocios Dn. Domingo de Iriarte, que
se suspendiese hasta nuevo aviso; pues esta obra es la que se conoce aqu con el ttulo
de Comentarios de Alvar Nez Cabeza de Baca, que se imprimi la primera vez en Valladolid ao 1555, y despus la incluy don Andrs Gonzlez Barcia en su coleccin de
Historiadores de Indias. En lugar de estos comentarios se le dixo enviase copias de diez
Relaciones y Cartas que hay en el Cdice MS. n. cxx. Obviamente, en dicha academia
desconocan la primera edicin de Naufragios impresa en Zamora en 1542.
Fidalgo de Elvas habla de una relacin que Alvar Nez trajo a Espaa y que probablemente sea un borrador anterior a este manuscrito. Y por escrito traa hecha una relacin de lo que en Florida haba visto, que en algunas partes deca: En tal parte vi esto,
y lo dems que aqu v dejo para entre m y Su Majestad (Elvas 38).
82. Vase (Maura, Arte 87-96). Entre otras cosas escribo: En muchas de las descripciones que aparecen en el
texto, la relacin afectiva existente entre el grupo de Cabeza de Vaca y los indios, aparenta ser de una absoluta
tirana, en la que a la menor insubordinacin de estos ltimos la ira de los amos slo se podr frenar con un
sacrificio de esta magnitud. Pese a todo Alvar Nez refirindose a este acontecimiento afirma: y a la verdad,
nosotros recibamos tanta pena de esto, que no poda ser mayor... Pese a todo Alvar Nez y sus compaeros
siguen en el rumbo determinado por ellos desde un principio. Este tipo de situaciones en donde el ingenio de
los cristianos que se vale en cierta forma de las supersticiones de los pueblos por donde pasan va ms lejos de la
simple picarda llegando en algunos momentos a escenas verdaderamente macabras y siniestras. Precsamente
despus de la situacin antes narrada donde se mueren de miedo ocho de los indios que los acompaaban,
acontece que a partir de ese momento los indios obedecen ciegamente las rdenes de los cristianos sin rechistar probablemente por temor a mayores represalias (87-96).
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rrey a su llegada a la Nueva Espaa, igualmente indica que las diferencias entre dicho
manuscrito y las ediciones de Zamora y Valladolid no son de gran alcance. Escribe
Pupo-Walker: A pesar de su brevedad y tono impersonal, es evidente que esta relacin
constituye el texto primario de los Naufragios. En conjunto, lo que en ella se relata sirve
de esqueleto a los primeros dieciseis captulos de la narracin. Ciertamente hay discrepancias apreciables entre esa Relacin inicial y los textos posteriores, pero no son de gran
alcance (Naufragios 67).
No comparto de ninguna manera que el autor sea el mismo Cabeza de Vaca como indica Pupo-Walker, ni que lo fuera Jernimo de Alaniz como sugiere Barrera. Lo primero
porque el autor del manuscrito nunca se equivocara escribiendo su propio nombre con
el de Vaca de Castro, ni tampoco hablara de los caseros de Vizcaya si nunca hubiera
estado all. Lo segundo, porque el escribano Alaniz dificilmente habra podido ponerse
a escribirlos. Adems, si los hechos que narra corresponden a los aos 1528-1533 cuando los supervivientes se encontraban en la baha de Galveston, la mencin de Vaca de
Castro est fuera de lugar ya que este personaje no tendr ninguna relevancia hasta el
ao de 1536, fecha en que ocupa el puesto de oidor en la Audiencia de Valladolid para
pasar a detentar tres aos ms tarde la gobernacin del Per. Segn Porras Barrenechea
en su artculo Cervantes y el Per, la figura de Vaca de Castro y todos sus episodios y
cartas a su mujer como gobernador del Per servirn a Cervantes de fuente de inspiracin en los captulos de Sancho Panza como gobernador de la nsula Barataria.
En Valladolid pudo recoger Cervantes la tradicin relativa a los manejos de Vaca de Castro como gobernador del Per. Como la familia
de Vaca segua viviendo en la ciudad y el hijo ocupaba situacin prominente, perdurara el recuerdo del ruidoso proceso que se le sigui a
Vaca, cuando regres del Per, acusndole de haber obtenido en l inmensas riquezas. El licenciado Vaca de Castro haba ido pobre a pacificar a Pizarro y Almagro, y haba regresado inmensamente rico. Desde
Amrica envi gruesos lingotes de plata, obtenidos del repartimiento
de los hijos de Pizarro, que puso en su cabeza, y se dio maa para que
esa fortuna no pasara por la Casa de Contratacin de Sevilla, sino que
llegase por la va de Lisboa (Porras Barrenechea).
Adorno y Pautz hacen un excelente trabajo buscando la fecha y la autora de este
manuscrito. Rechazan las opiniones de varios investigadores, as como las de Barrera y
Pupo-Walker, con slidos argumentos. A pesar de todo, cuando Adorno y Pautz escriben que la clave de la fecha del manuscrito y de su posible autor est localizada en el
mismo encabezamiento del documento, se equivocan. The remaining piece of information necessary to prove that the Short Report is a partial copy of the 1542 relacin
and to give the probable identity of its author is provided by the AGI manuscript
itself. As observed above, a notation in the upper-left hand corner of the first leaf of the
document states: De Santa Cruz, de los papeles de Sevilla (Adorno y Pautz 3: 82).89
archiduque Alberto. Igualmente, escribi en Burgos un Tratado de Hidrografa, y escribi un manuscrito con
figuras iluminadas, que se conserva en la Biblioteca de Palacio (Madrid).
89. Dicho documento (Patronato, 20, N.5, R.3), se encuentra digitalizado y puede ser consultado en la pgina
web del Ministerio de Cultura, Portal de Archivos Espaoles (pares.mcu.es). Para acceder al documento debe
seguir los siguientes pasos: Realizar la bsqueda por SIGNATURA SENCILLA introduciendo el nombre CA-
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Se basan en que el mismo Juan Bautista Muoz, al final de la transcripcin del documento escribiese: [E]s relacin de letra al parecer del cosmgrafo Santa Cruz. Pero
si miramos el manuscrito del AGI (Short Report), observaremos que aparecen cinco
anotaciones en la parte superior del documento y que la letra de ellas, que es la misma
en todas las anotaciones, no corresponde a la letra del manuscrito original. Las anotaciones o apostillas son las siguientes:
Primera. De Santa Cruz de los papeles de Sevilla.
Segunda. 1527.
Tercera. Vid. Herr. IV.2.4.
Cuarta. Cabea de Vaca.
Quinta. espedes.
La anotacin de Cspedes nos interesa porque Andrs Garca de Cspedes pasar a
ser el cosmgrafo oficial un ao despus de la muerte de Felipe ii, esto es, en 1599. Lo
mismo ocurre con Antonio de Herrera y Tordesillas (1549-1625) que todava no haba
nacido cuando se escribi el manuscrito. Por lo tanto, est claro que hay un lapsus de
ms de medio siglo entre la letra de estas apostillas y el propio texto del manuscrito.
A pesar del cuidadoso anlisis que hacen del manuscrito, Adorno y Pautz no mencionan a Cspedes en ningn momento y, como veremos enseguida, no estudian la
ortografa del manuscrito sevillano atentamente. An as, estos autores acusan a los
anteriores de no haberse fijado en las anotaciones antes referidas: Ironically, as we
have seen, the notations at the head of the AGI manuscript of the Short Report have
both provided the source of the account and misled readers. Es cierto, como ellos
dicen, que el ttulo o encabezamiento original del manuscrito ha podido confundir a
algunos investigadores ya que reza as: Relacin de cabea de vaca thesorero que fue
en la conquista y verdad es que algunos han pensado que el mismo Cabeza de Vaca
fue el autor de dicha relacin. Observe, no obstante, el investigador que tenga estos
manuscritos, o copia de ellos, a mano que en el manuscrito de Sevilla, tanto en el ttulo original como en la apostilla donde aparece escrito el nombre Cabea de Vaca,
aparece el apellido de Alvar Nez con cedilla, igualmente que espedes. No as
en la copia de Juan Bautista Muoz (siglo xviii) donde ya viene escrito caveza. Esto
nos indica, primero que estas apostillas no fueron realizadas por Juan Bautista Muoz
sino que fueron anotadas en una poca en que este signo ortogrfico era de uso comn
en Espaa, como efectivamente lo fue en la Edad Media y en el siglo xvi. A pesar de
todo, Adorno y Pautz escriben: Less likely, though possible is that upon identifying
the manuscripts author, Muoz himself introduced the notation De Santa Cruz, de
los papeles de Sevilla (Adorno y Pautz 3: 82). Resumiendo, que en la copia de Juan
Bautista Muoz, cosmgrafo mayor de Indias en el siglo xviii, en donde escribe al final
del documento que es relacin de letra al parecer del cosmgrafo Santa Cruz, no se
equivoca dado que los manuscritos que conservamos de Santa Cruz (AGI, 260, N2,
R6, y el del Archivo Histrico Nacional, Documentos de Indias, Diversos 39, 1r-4v),
son de letra idntica. No as el manuscrito autgrafo (Coleccin San Romn, Caja 8,
Nm. 29), que se conserva en la Academia de la Historia, que tiene una grafa comBEZA DE VACA y poniendo las fechas de bsqueda desde 1527 hasta 1527. Tras obtener el primer resultado
(Relacin del viaje de pnfilo de Narvez), seleccionarlo; a continuacin tendr acceso al icono de la cmara
azul a partir de la cual puede visualizar, imprimir o guardar las imgenes del documento.
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en Naufragios: Mi enfermedad estorb que no les pude seguir ni los vi. Yo hube de
quedar con estos mismos indios de la isla ms de un ao, y por el mucho trabajo que
me daban y mal tratamiento que me hacan, determin de huir de ellos y irme a los
que moran en los montes y Tierra Firme, que se llaman los de Charruco, porque yo
no poda sufrir la vida que con estos otros tena (Cap. 16, 133). Si observamos lo que
escribe Herrera y Tordesillas sobre este suceso nos llamar poderosamente la atencin
que se dude de la afirmacin de Alvar Nez. En otras palabras, el autor se cuestiona
al decirnos que se sospech sobre la genuina intencin del autor de Naufragios y
esto es suficiente, al menos para m, para pensar que la informacin que tena en su
mano no perteneca a ninguna de las fuentes habituales. Escribe Herrera: Cabeza de
Vaca no pudo seguirlos, segn dijo porque estaba enfermo, aunque se sospech que
le pareca que tantos juntos no podan librar bien, y tambin se pas a los indios Charrucos, donde le fue mejor porque curaba y se hizo mercader (Dec. 6, lib. 1, cap. 3).
Ahora, nosotros sabemos que estos pobres que fueron por la costa nunca consiguieron su propsito de llegar a Pnuco, ya que ninguno de ellos nos ha dejado testimonio
de ello.90 Alvar Nez nos cuenta en los captulos 16 y 17 todo sobre de la paulatina
desaparicin de sus compaeros, la pregunta est en saber si l ya sospechaba que
no iba a quedar ninguno de ellos. Otra diferencia ms entre la Historia de Herrera y
Naufragios es la descripcin de las vacas o bisontes que Alvar Nez tiene la oportunidad de ver. En Naufragios se nos dice que la carne de stos es ms sabrosa que la
de las vacas de Castilla: Alcanzan aqu vacas, y yo las he visto tres veces y comido
de ellas, y parsceme que sern del tamao de las de Espaa; tienen los cuernos pequeos, como moriscas, y el pelo muy largo, merino, como una bernia; unas son pardillas, y otras negras, y a mi parescer tienen mejor y ms gruesa carne que las de ac
(cap. 18, 147). Veamos por otra parte lo que escribe Herrera sobre el sabor de estos
rumiantes: Estando pues con estos indios de las tunas, padecan hambre, porque no
haba para todos; haba en aquella tierra vacas pardas y negras, de carne ms pesada
que la de Castilla y de pelo largo y no mayores que berberiscas (Dec. 6, lib. 1, cap. 3).
Ciertamente no es lo mismo mejor y ms gruesa que de carne ms pesada. Henry
Wagner opina que esta mencin del bisonte fue tomada de una de las relaciones de
la expedicin de Coronado y fue aadida posteriormente en Naufragios. Segn l, Cabeza de Vaca no tuvo realmente la oportunidad de llegarlos a ver (The Spanish Soutwest
1542-1794, 47-48). Sin embargo, Adorno y Pautz hacen una aguda observacin sobre
el historiador Herrera y Tordesillas en referencia a las fuentes en que se apoy para
escribir su informacin sobre Cabeza de Vaca:
Although it is evident that he wrote his account of the Narvez expedition from a copy of the relacin published in 1555, added an event
that is not found in any of the accounts we have already mentioned:
[I]t seemed to these Christians that the distance in crossing from
one sea to the other, where they had crossed, would have been two
hundred leagues, and thus they certified in the villa of San Miguel,
where they made a declaration about this and everything else referred to here, swearing to its truth before an escribano on 15 May of
this year. (Adorno & Pautz 3: 12)
90. Vase el artculo de Goodwin. De lo que sucedi a los dems que entraron en las Indias
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Como vemos, las menciones originales en Herrera sobre Alvar Nez no se limitan
a una sola, tal y como afirman Adorno y Pautz: Herrera y Tordesillas (12: 43 [dec. 6,
bk. 1, chap. 7]) added an event that is not found in any of the accounts we have already mentioned (3:12). Siguiendo con el tema de la documentacin historiogrfica,
los mismos autores especulan, acertadamente en mi opinin, con la posibilidad de que
Herrera hubiese tenido acceso a otras fuentes: Apart from Cabeza de Vacas histrica
narracin, Herreras mention of the 15 May 1536 certification at San Miguel de Cualiacn may have come from a copy of the Joint Report that had been sent to Spain
(3: 12). Resulta evidente que Herrera en su crnica incluye mucha informacin que no
aparece en la Relacin Conjunta y en la que aleja a Cabeza de Vaca del protagonismo
que este hace gala en su obra. En otras palabras, pienso que la informacin que lleg
a las manos de Herrera muy bien pudiera venir de uno de los otros supervivientes que
llegaron a Mxico y dieron al virrey su versin de los hechos. Me estoy refiriendo a
Alonso del Castillo o Andrs Dorantes. Ya he mencionado en un trabajo anterior a ste
(1987), cmo en la Historia del Reino de Galicia de Matas de la Mota y Padilla es Andrs
Dorantes y no Cabeza de Vaca quien se encuentra con los primeros cristianos despus
de su peregrinacin norteamericana. En dicha obra, publicada en Guadalajara (Mxico)
en 1742, ya en el mismo ttulo se dice que la informacin est sacada de documentos inditos que se encuentran guardados en el Archivo Municipal de Guadalajara
(Mxico).91 En la Historia de la Mota y Padilla slo se menciona una vez el nombre de
Cabeza de Vaca al principio de la narracin, equivocando adems Alvar por Juan: ms
un da antes haban llegado al ro de Yaquim, Juan Nez Cabeza de Vaca, Dorantes,
Castillo Maldonado y el negro Estebanillo. Igualmente ser Dorantes quin realice las
curaciones ms importantes:
[U]n indio tena cogido a Dorantes por cario que le cobr, o por natural compasin: acometioles en aquel tiempo a los indios un accidente
de que moran muchos y procuraban el remedio, por lo que el indio
pregunt a Dorantes que si no alcanzaba alguno, porque le afliga un
dolor que era comn indicante del contagio: afligiose Dorantes considerando que si aquel indio mora quedaba sin recurso; clam a Dios
por su vida, y ponindole la mano en el dolor, le hizo la seal de la cruz
con cuya deprecacin se hall el indio sano, y a los dems que adolecan hizo la misma diligencia (Mota y Padilla 112).
Como veremos ahora, ser Castillo en la crnica de Herrera quien se lleve la honra
de realizar cinco curaciones: [A]sentado el pueblo junto a un ro, acudieron muchos
indios que llevaban cinco enfermos para que Castillo los curase: l los santigu, y todos
pidieron a Dios los favoreciese, pues otro remedio no tenan para sustentarse; amanecieron sanos todos cinco con grandsima admiracin de los indios, por lo cual los cristianos dieron a Dios muchas gracias por tanta merced, confiando que los haba de sacar
de aquel cautiverio (Dec.3, lib.1, 502). No se entiende que Herrera pudiese omitir e
incluso poner en entredicho la actitud de Alvar Nez, como veremos ms adelante,
91. No he tenido la oportunidad de verlos. Pero solo el hecho de que no tengamos ninguna copia de lo que
declararon estos supervivientes al virrey Mendoza, hace despertar la curiosidad de que en dicho archivo municipal se encuentre ms de lo que pensamos. Se sabe que fue el mismo virrey el que fund dicha ciudad en 1542
y que en dicho archivo se conservan hoy 30.000 legajos o piezas.
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93. Herrera y Tordesillas tambin utilizar la variante Orantes para el apellido de Andrs Dorantes. Dorantes ser la versin apocopada del apellido (de Orantes) que es la utilizada por Cabeza de Vaca. Lo mismo
ocurri anteriormente con el apellido Dvila (de vila), del gobernador de Castilla del Oro.
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Naufragios, aadir adems que estos muertos eran cristianos: y cinco leguas ms abajo de donde habamos desembarcado hallaron el puerto, que entraba siete o ocho leguas la tierra adentro, y era el mismo que nosotros habamos descubierto, adonde hallamos las cajas de Castilla que atrs se ha dicho, a do estaban los cuerpos de los hombres muertos, los cuales eran cristianos. Fernndez de Oviedo aade adems sobre
este incidente: Assimesmo se hallaron pedaos de apatos lieno, preguntados los
indios, dixeron por seas que lo avian hallado en un navio que se avia perdido en aquella costa baha (Historia Lib. 35, cap. 1, 583).99 Ms que idolatra, como nos cuenta
Alvar Nez en boca del comisario fray Juan Surez, me inclino a pensar que el autor
de Naufragios, utiliza este episodio como un recurso literario para dar cierto misterio a
su narracin. Entre otras cosas porque como no quedaban testigos presenciales de este
hecho, poda haber dicho lo que le diese la gana, como pienso que hizo.100 Tambin es
muy probable que nos estemos refiriendo a los cuerpos de algunos de los seiscientos
cristianos que participaron en la expedicin de Lucas Vzquez de Aylln dos aos antes. A travs del madrileo Fernndez de Oviedo sabemos que uno de los padres supervivientes de la expedicin fue ni ms ni menos que Antonio Montesinos, protagonista
del primer grito de libertad en Amrica e inspirador de Las Casas en su defensa de los
indgenas. Gracias a las capitulaciones que hizo Aylln con el emperador en 1523, sabemos que este oidor de la Isla Espaola tena permiso para volver nuevamente a
unas tierras que ya haba descubierto en la costa norteamericana:
Por cuanto vos, el licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, nuestro oidor de
la nuestra Audiencia Real de las Indias que reside en la Isla Espaola, me
hicistes relacin que dos carabelas vuestras y del licenciado Matienzo,
oidor de la dicha Audiencia; e de Diego Caballero, nuestro escribano dlla, vecinos de la dicha Villa espaola, descubrieron nuevamente, tierra,
de que hasta entonces no se tena noticia, la parte del Norte; la cual, dicha tierra, diz quest en treinta y cinco, y treinta y seis, y treinta y siete,
grados, Norte-Sur, con la isla Espaola... (CDI 14: 504).
Es interesante observar que la ciudad que est hoy a 37 grados de latitud corresponde
a la conocida Jamestown fundada por ingleses (1607) 81 aos despus del ltimo viaje
de Aylln por esas costas. Al parecer, Aylln no lleg tan al norte, aunque s sabemos
que un ao antes (1525), el veterano portugus al servicio de Espaa, Esteban Gmez
ya haba bautizado algunos ros que llegaban hasta los 58: Desde aquella vuelta que
hae, la tierra torna al Norte, passa por la dicha baha va discurriendo treynta leguas
hasta el ro de Sanct Antonio, que est Norte Sur con la dicha rinconada de esta baha;
99. Fueron varias las expediciones a la costa de la Florida despus de la de Ponce de Len. Anteriores a Aylln
encontramos entre otros a Salazar, Miruelo, Gordillo, Quejo, etc.
100. A algunos estudiosos de la ruta de Cabeza de Vaca, como a Hoffman, no le cuadra esta costumbre
indgena narrada en Naufragios, ya que lo habitual en los indgenas de esta regin era enterrar los cuerpos en
cementerios: In fact this was probably a variation on the southeastern Indian practice of interring bodies in
charnel houses (Hoffman 66). En su estudio, Narvez and Cabeza de Vaca in Florida, Hoffman incluye la
diversidad de pareceres entre diversos especialistas sobre el desembarco inicial de Narvez en la Florida, dejando
cuatro posibilidades en el aire (66). El citado autor tambin afirma, sin atreverse a llamar mentiroso a Cabeza
de Vaca, que la inclusin de elementos literarios en Naufragios, no significa que estos no sean fidedignos, pero
que debemos estar en guardia...: The imitation of such literary conventions does not mean that the account is
innaccurate in the facts that Cabeza de Vaca presents, but it should put the reader on guard... (68).
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101. Vase, Buckingham Smith, Coleccin de varios documentos para la historia de la Florida y tierras adyacentes
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Escribe Oviedo que una vez salidos del ro Jordn, navegaron la costa adelante hacia
la costa occidental, e fueron a un grande ro (quarenta o quarenta y cinco leguas de all,
pocas ms o menos) que se dice Gualdape: [] all assentaron su campo real en la
costa dl, conmenaron haer casas, porque no las ava, sino algunas caseras lexos
unas de otras (Lib. 37, cap. 1, 628). Al parecer, el rastro de los ochenta o noventa caballos muy buenos (Lib. 27, cap. 1, 627) que llevaron se ha conservado. Escribe Joseph
Szadkowski, en el Washington Post: The horses were brought to North Carolinas
Outer Banks as early as 1521, when Spanish explorer Lucas Vasquez de Ayllon landed
near what was thought to be Cape Fear. The Spanish brought horses bred in the Spanish colony of Puerto Rico. Upon meeting resistance from American Indians, they were
forced to flee, leaving behind their livestock, including the horses (Szadkowski, The
Outer Banks Mysterious Mustangs). Si observamos los mapas portugueses, espaoles
y holandeses de los siglos xvi y xvii, veremos que por el norte de la costa atlntica de
lo que es Estados Unidos aparecen numerosos nombres espaoles. En cuanto al origen
de estos caballos mustang o mesteos, parece que no hay duda. Escribe Szadkowski:
They compared a number of physical characteristics of Spanish mustangs and the Corolla horses, including size and stature of the horses,
the facial quality, the gait, how the legs are positioned, the tails and so
forth. The Corolla horses are equal to the original Spanish mustangs.
More scientific evidence also was gathered. Using past autopsies, it
can be shown that the wild horses of Corolla share skeletal similarities
with the Spanish horses that American-bred horses dont. The Spanish
and Corolla horses both have 13 pairs of ribs, as opposed to 12, and
they are missing their sixth vertebra. (Szadkowski, The Outer Banks
Mysterious Mustangs)
La primera exploracin documentada a las tierras de lo que hoy es Canad fue realizada por Giovanni Caboto. Parti Caboto de Bristol en Mayo de 1497 en una pequea
nave con 18 tripulantes, junto con otras tres o cuatro que le acompaaban. En agosto de
ese mismo ao ya estaba de vuelta con noticias del descubrimiento de una isla y de haber visto seales de indgenas y diversos animales. El erudito espaol Fernndez Duro,
considerando que los ingleses han inflado en demasa esta historia, comenta:
Cualquiera que conozca las declamaciones de los escritores contra la
ingratitud de Espaa por no haber satisfecho Coln en lo que correspondiera los productos futuros de Mjico y del Per, creer que el
soberano de Inglaterra adivinara al punto haberle dado el navegante
veneciano minas ms ricas en Terranova, minas subsistentes, minas
inagotables, y con ellas el fundamento de la prepotencia martima, y
que excediendo la largueza con que los Reyes Catlicos acordaron al
Almirante, Virrey y Capitn general de las Indias occidentales, honras
y ovenciones, subsanando al mismo tiempo el olvido del nombre de
Coln en cualquiera de las regiones nuevas, aplicara el de Caboto las
que ste haba visto y afirmaba eran parte del imperio del Gran Can,
fijndolas en el mapa-mundi. La esplendidez de Enrique vii no fu ms
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In April 1534, James Cartier sailed from the port of St. Malo with two
ships of 60 tons each, and 120 men. He arrived on the 10th of May following on the coast of Newfoundland; and finding the country covered with ice and snow, sailed to the southward, and entered in to a
bay which bears at the present the name of Spanish Harbour, where
he went on shore. It is reported, that the Spaniards had long before
discovered this coast, but were in a hurry to go off again, crying out in
their language Aca Nada, that is, there is nothing here; which words
the Indians remembering, when the French came on shore, cried out
also Aca Nada, Aca Nada! which the French took for the name of the
country so it has ever since called Canada. This is a strange derivation;
but as we find it in the best French authors, it may be worth remarking
(Owen; citado en Capa 13).
Slo falta dirigirnos directamenete a la referencia que hace Cartier sobre la primera
mencin de Canad en el captulo primero de su libro Relations, publicado en 1545, en
donde escribe: E par les deux sauvaiges que avyons prins le premier voitage nous fut
dict que cestoit une ysle et que par le su dicelle estoit le chemyn aller de Honguedo
o nous les avions prins lan precedant Canada (132) [Y por los dos salvajes que habamos tomado en el primer viaje, nos fue dicho que era una isla y que por encima de
ella se encontraba el camino para ir a Honguedo de donde nosotros les habiamos tomado el ao anterior en Canad]. Ms adelante, en el captulo 11, escribe:
Et aussi en fut adverty par aucuns dudit Canada. Et aussi que nous
apersumes de leur malice parce quilz voullurent retirer les troys enffans que ledit Donnacona avoit donnez audit cappitaine et de faict
firent fuyr la plus grande des filles des navires. Apres laquelle ainsy
fuye fict ledit cappitaine prendre garde aulx aultres et par [32 r] l advertissement desdictz Taignoany et Domagaya se abstinerent et depporterent lesdits Canadians de venyr avecq nous quatre ou cinc jours
synon aulcuns qui venoyent en grande peur et craincte (163).
Que los indios digan Canad, no confirma categoricamente la hispanidad del vocablo
pero tampoco la niega. En la edicin de Robert Lahaise y Marie Couturier de la Relation
de Cartier, escrita en francs moderno, los autores dan su opinin sobre el origen del
trmino Canada: Terme qui proviendrait du language huron-iroquois, et qui signifierait ville ou villege. Dapres le Sieur C. Le Beau (souvent suave...): La Partie Septentrionale de la Nouvelle France, tire son nom de ce que les Espagnols ayant reconnu les
premiers ses Ctes et ses Montagnes, quils virent couvertes de neiges, les abandonnrent en les nommant Capo di Nado, cst a dire, Cap de Rien, dou est venu par corruption
le nom de Canada (Aventure du Sr. C. Le Beau...Amsterdam 1738, rdit par Johnson
Reprint, i: 80). 104 En la interesante obra del Sr. Claude LeBeau, que cuenta de forma
104. Nota 14 de la pgina 83, del citado libro. Sin embargo, algunos autores estn convencidos de que la
palabra iroqus, o Iroquois, en su pronunciacin francesa, proviene del euskara, hilokoa, hablado por los
nativos de esa zona y que vendra a significar gente asesina. A este respecto escribe Peter Bakker: The fact
that we have hirokoa and not the Basque-base form hilokoa (an /r/ instead of an /l/) is easily explained. The native
languages of the area around 1600 (Micmac, Montagnais, and Saint Lawrence Iroquian) all lack the /l/ sound.
European /l/ us automatically replaced by /r/ in such languages. Vase Peter Bakker, A Basque Etimology for
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go, los que llevamos algunos aos trabajando con crnicas del siglo xvi, observamos
cun comn es que los nativos reciban a sus visitantes con noticias de que en sus
tierras no hay nada, pero que sin embargo tienen noticia de que a varias leguas de su
pueblo existen grandes tesoros y riquezas. Todo con el fin de quitarse de encima a tan
importunos visitantes, algo perfectamente lgico y que ha hecho que los ejemplos
sean mltiples. La etimologa de la palabra Yucatn sera un buen ejemplo. Es Canada un nombre aislado dentro de la toponimia ibrica en Norteamrica o corresponde
por el contrario a una multitud de nombres que aparecen en las zonas de Terranova
y sus alrededores? El anteriormente citado John Barrow, nos ofrece varios ejemplos
sacados de mapas antiguos y de traducciones del portugus:
It has been already stated that, in the course of this voyage, Cortereal
dicovered many islands, which found well inhabited, and to which
he gave Portugueze [sic] names. Ramusio, in his map, lays down the
Ilha dos Bacalaos (Cod Island) almost joining Terra de Cortereal; the
island of Boa Vista; and another which he names Monte de Trigo
(wheat heap or hill); and in the map of Ortelius there is laid down,
in lat. 43, Ilha Redonda (Round Island); in lat. 47, Ilha da area (Sand
Island); and in lat. 57, Ilha dos Cysnes (Swan Island); and finally in
the mouth of Hudsons Straits, he places a little islet under the name
of Caramilo from which it may almost be concluded that the Portugueze had been here also, as this name is only a mis-spelling of the
Portuguese word Caramelo or Icicle (Barrow 44). 111
Barrow tambin nos dice que fue Joo Vaz Costa Cortereal, caballero de la corte
del infante Don Fernando, el que acompaado de Alvaro Martens Hornen y explorando los mares del norte por orden de Alfonso v, descubri la Terra de Baccalhaos
llamada ms tarde Newfounland (37). El mismo autor nos cuenta que este viaje es
mencionado por Cordeiro aunque sin especificar la fecha exacta, que podra oscilar
entre 1463 y 1464. A su regreso de dicho viaje, llegaron a la isla Terceira y pidieron su
capitana que haba quedado vacante tras la muerte de Jacome de Bruges. De acuerdo
a este autor, la capitana les sera concedida un 2 de abril de 1464 (38). Si verificamos la
mencin del jesuita Cordeiro, observaremos que confirma las afirmaciones de Barrow,
aadiendo adems nueva informacin: 12. Estando
pois vaga a Capitania da Terceira pela falta do primeiro Capito Jacome de Bruges, succedeo aportarem Terceira
dous fidalgos, que vinho da terra do bacalhao, que por mandado del-Rei de Portugal
tinho ido descubrir, hum se chamava Joo Vaz Cortereal, e o outro Alvaro Martins
Homem, e informando-se da terra, lhes contentou tanto, que em chegando a Portugal,
a pediro de merc por seus servios (Cordeiro, vol. 2, cap. 2, 11). Cordeiro cuenta
que el infante don Enrique el navegante ya haba muerto y que el infante don Ferde los franceses a Canad. Lo ms lgico es pensar que los espaoles al ver a los indgenas de los alrededores
del ro San Lorenzo cubiertos con pieles de hurones, les bautizasen con ese nombre y que los franceses lo
adoptasen posteriormente. Yo mismo los he visto en varias ocasiones en las orillas del lago Champlain, en la
ciudad de Burlington, Vermont.
111. Efectivamente, adems de tener la misma acepcin que en espaol de dulce de azcar, tambin tiene
esta de gelo sobre el terreno. No olvidemos el nombre que dan los portugueses al gran pen de Ro de
Janeiro (Po de Aucar).
108
Juan F. Maura
nando reparti las capitanas de Praia a Alvaro Martins Homem: E porque a Doao da
Capitania de Praya, dada a Alvaro Martins Homem, deve estar no tombo da Camera da
dita Praya; e a de Joo Vaz Cortereal est, e vi no libro antigo do tombo da Camera de
Angra fol. 243, e nella se faz meno da Doao feita a Alvaro Martins Homem, por isso no seu antigo estylo ponho aqui a Doao feita ao dito Cortereal Capito de Angra
(Cordeiro, vol. 2, cap. 2, 12). El mismo Barrow nos ofrece otra fuente para investigar
sobre el supuesto viaje de Joo Vaz Cortereal a Terranova:
But there is another indirect testimony afforded by Francisco de Souza
[Tratado das Ilhas Novas, & c. 1570], who in 1570 wrote a treatise on
the New Islands, and of their discovery; as also concerning those Portugueze who went from Vianna, and from the islands of the Azores,
to people the Terra Nova do Baccalhao twenty years before that period;
which would prove that the Portuguese not only were in the habit of
fishing on the banks of Newfoundland, but of settling there also, towards the close of the fifteenth century. (Barrow 39).
Efectivamente, en la obra de Francisco de Souza, Tratado das Ilhas Novas, se mencionan viajes a las costas de Terra Nova do Bacalho. La publicacin de esta obra es de
1570 y como se indica al final del ttulo, estos viajes se llevaron a cabo sesenta aos
antes de lo narrado en el citado librito. Dos portuguezes que foro de Viana e das Ilhas
dos Azores a povoar a Terra Nova do Bacalho, vay en sessenta annos, do que sucedeo
o que adiante se trata (Ttulo). Por lo tanto, la cronologa de estos viajes no se puede
precisar con exactitud; podran corresponder a la ltima mitad del siglo xv o a principios
del xvi. Tambin es importante la mencin de la permanente presencia de Biscainhos
en aquellas aguas. Escribe Souza:
Haver 45 annos ou 50 (3) que de Vianna (4) se ajuntaro certos homens fidalgos, e pela informao que tiveram da terra Nova do Bacalho se determinaram a ir a povoar alguna parte della, como de feito
foram em uma no e uma caravella, e, por acharem a terra muito fria,
donde io determinados correram para a costa de Leste Oeste t darem
na de NordesteSudoeste, e ahi habitaram, e por se lhe perderem os
Navios no houve mais noticia delles smente por via de Biscainhos,
que continuam na dita Costa a buscar e a resgatar muitas coisas que na
dita Costa h (Souza 5).
Si nos fijamos en mapas como el del genovs Vesconte de Maggiolo de 1527, veremos
cmo en la regin nombrada Corte Reale, correspondiente a Terranova, aparece un
abundante nmero de palabras en portugus y espaol (Santiago, Muitas gentes, Ro de
S. Paulo, Ro Pinto, Tera de Pascaria, Once Mil Virgenes, etc.). Tambin vuelve a aparecer
el nombre de Ro Jordn. Lo mismo ocurre otra vez con el de Corte Reale, no dando
nombre a toda la regin, como acontece con otros mapas, sino a un punto especfico (cabo o baha) de la parte superior de Terranova o Terra del Rey de Portugall, tal y como
109
110
Juan F. Maura
Debemos tener muy en cuenta a la familia Cortereal de navegantes portugueses establecidos definitivamente en las Azores desde 1464. El hecho de que esta familia de
marinos se encontrase en las islas Azores, situadas a medio camino entre Terranova y
Portugal, explica claramente la familiaridad de los lusos con esas aguas. El archipilago
de las Azores est formado por nueve islas de origen volcnico: Terceira, Graciosa, San
Jorge Pico y Faial (conocida como isla azul), que componen el grupo central, San Miguel y Santa Mara el grupo oriental, y Flores y Corvo el grupo occidental, el que ms
interesa a nuestra investigacin. Pero, desde cundo se tiene noticias de estas islas? Si
dejamos a un lado las historias de que los fenicios y cartagineses ya viajaban por esos
mares e islas en busca de estao,114 y nos limitamos a la documentacin escrita, encontraremos algunas menciones a tener en cuenta.
El acadmico Jos Luis Conde, a travs de las traducciones hechas de manuscritos
rabes, nos da noticia de un viaje realizado poco tiempo despus del reinado del ltimo
califa de Crdoba, Hisam ii. Gran parte de su informacin la saca de Al-Idrisi, cartgrafo, gegrafo y viajero rabe que vivi en la corte de Roger ii de Sicilia. Su lugar de
nacimiento no poda estar mejor ubicado, ya que naci en la actual ciudad espaola
de Ceuta, por esas fechas perteneciente a los almorvides (ao 405 1014 de la era
cristiana): En este tiempo unos vecinos de Alisbona, en nmero de ochenta hombres,
amigos entre s, y de una alcabila se embarcaron a buscar nuevas tierras en lo interior
del ocano Atlntico; pero no pudieron pasar de unas islas en que fueron embestidos de
una infinita multitud de azores, y se volvieron contando cosas maravillosas de su viaje,
y fueron llamados los emprendedores, y dieron nombre a la calle en que moraban en
Alisbona, que en adelante se llam calle de los Almogavares (Conde 293).
El historiador ingls Peter Rusell afirma que era totalmente plausible que marinos italianos, mallorquines o castellanos, volviendo a la pennsula Ibrica desde las Canarias,
hubiesen sido desviados por vientos y corrientes pudiendo divisar dichas islas (100).
Tambin menciona que ya existan noticias de la existencia de unas islas adentradas en
el Atlntico desde el siglo xiv: Belief in the existence of the mid-atlantic islands, as these were depicted by fourteenth century cartographers, was doubtless reinforce by the
existence of the spurious Book of Knowledge of all the World whose inventive Castilian
author listed and gave the names of eight of them which he claimed to have visited in
his imaginary Atlantic travels aboard a Moorish ship (Rusell 100).
Sin embargo, tambin se ha dicho que el nombre de las Azores no viene del ave
rapaz, sino del color azul que tienen las islas desde lejos por la cantidad de hortensias
de este color. En realidad, las islas Azores, si fueron esas las que se encontraron, ya haban sido utilizadas por los cartagineses para extraer estao. Aunque posiblemente se
estaban refiriendo a un resdescubrimiento de dichas islas, lo ltimo que quera escuchar
Coln, o sus descendientes, era que el crdito y la gloria de haber hallado la ruta a las
Indias no les correspondiese. Por eso, cuando se hace notoria la evidencia de la presencia de cartagineses por aquellos parajes, el hijo natural que el almirante tuvo con Beatriz
114. Teniendo en cuenta que la calidad de sus navos era la mejor de su poca, tanto en cuanto a la madera
como respecto a las velas, adems de los modernos diseos de sus naves y sus experimentadsimos pilotos,
no se debe descartar la posibilidad de la llegada de estos marinos. Por otro lado, un factor que a menudo no es
tenido en cuenta, es que la evolucin tecnolgica de las naves entre la poca de los fenicios y el siglo xvi, no es
tan dramtica como se podra pensar. No es hasta la invencin de la carabela portuguesa cuando las tcnicas
de cabotaje y navegacin de altura empiezan a cambiar. Vase, Peter Russell. Prince Henry the Navigator.
111
algunos aos ms algo que tarde o temprano terminara por descubrirse. No por eso el
rey de Portugal se dio por vencido. Cuando Coln volvi de su primer viaje, tras desembarcar en Lisboa, fue extraordinariamente recibido, no slo por el rey, sino incluso por
la reina, lo cual dio mucho que hablar a los castellanos. A qu se deba tan calurosa acogida? Fue nicamente para cerciorarse que no haba tocado en las tierras del Brasil, de
las que los castellanos no tenan conocimiento, y as proceder ese mismo ao de 1493,
en el tratado de Tordesillas, a reclamar en las negociaciones que se trasladase la lnea de
demarcacin 370 leguas ms hacia el Oeste, tal y como ocurri? La recepcin de los reyes de Portugal a la llegada de Cristbal Coln no fue gratuita. Coln saba algo ms que
los castellanos ignoraban y por eso no permiti que los Pinzn navegasen en la direccin que ellos deseaban, sino que mantuvo el rumbo en una direccin mucho ms larga
hasta llegar al Caribe. Veamos lo que escribe Coln el 9 de marzo en su diario sobre ese
encuentro en en el que el rey de Portugal le dice que aquella conquista le perteneca:
El Rey le mand recibir a los principales de su casa muy honradamente,
y el Rey tambin les recibi con mucha honra y le hizo mucho favor
y mand sentar y habl muy bien, ofrecindole que mandara hacer
todo lo que a los Reyes de Castilla y a su servicio compliese complidamente y ms que por cosa suya; y mostr haber mucho placer del viaje
haber habido buen trmino, y se haber hecho, ms que entenda que
en la capitulacin que haba entre los Reyes y l que aquella conquista
le perteneca. A lo cual respondi el Almirante que no haba visto la
capitulacin ni saba otra cosa sino que los Reyes le haban mandado
que no fuese a la mina ni en toda Guinea, y que as se haba mandado
a pregonar en todos los puertos del Andaluca antes que para el viaje
partiese. El Rey graciosamente respondi que tena l por cierto que no
habra en esto menester terceros (Cristbal Coln 152).
En esos momentos era la decisin ms sabia que poda tomar Juan ii de Portugal, mucho mejor que la de declarar una guerra a Castilla por territorios de ultramar, en donde
tendra mucho que perder, y de este modo cerciorarse de que al menos poda quedarse
con una buena parte del Brasil y con la punta de Terra Nova (Newfoundland). Hugh
Thomas, con una gran percepcin de los hechos pero perdiendo de vista el punto central, comenta las acciones del rey portugus nada ms llegar Coln a Lisboa. ste no se
conformar con dar un gran recibimiento al almirante sino que a sus espaldas se encargar de efectuar un minucioso interrogatorio a los dos miembros portugueses de la expedicin que fueron con Coln. Algunos de los consejeros del rey pensaban por su parte, que
la mejor manera de zanjar ese asunto era la de deshacerse de Coln para que no pudiese
contar a los castellanos lo sucedido. Inteligentemente el rey portugus no hizo tal cosa,
ya que de haber sido as y de pasar a proclamarse rey de las nuevas tierras descubiertas,
habra dejado bien claro quin se habra encargado de hacer desaparecer a Coln y con
ello violado el futuro tratado de Tordesillas. Escribe Thomas:
After he had left for Spain, on 13 March, King Joo interrogated extensively the two Portuguese who had been with Columbus and who
had remained in their native land. He decided inmediately to send
a fleet under Francisco de Almeida to search for the lands found by
114
Juan F. Maura
119. No en vano los locales muestran el dicho In Cod We Trust, aunque parece que ahora se est poniendo
inters en la langosta y el cangrejo a causa del turismo.
Captulo quinto
Ms informacin sobre el perfil biogrfico de Alvar Nez
Uno de los aspectos ms inquietantes de la obra escrita hasta el presente sobre Alvar
Nez es el de no presentar toda la evidencia de la crueldad ejercida por este en el Ro
de la Plata. Por el contrario, algunos autores hacen declaraciones como la siguiente:
[D]espite the anymosity that some of the priests in Ro de la Plata held for him, and
in spite of slim evidence of successful evangelization there, Cabeza de Vaca maintained his faith in the evangelizing mission (Adorno y Pautz, 1: 406). La informacin
biogrfica del citado trabajo de Adorno y Pautz, basada en la slida documentacin
de Hiplito Sancho de Sopranis, tiene como contrapartida, en el aspecto genealgico,
el basarse en una serie de cronistas de reputacin dudosa como Joseph Pellicer y Pero
Hernndez (Adorno & Pautz 1: 307).120 A pesar de todo, este estudio supera en mucho
a anteriores trabajos y ediciones sobre el tema, sobre todo en lo referente a primera
obra de Alvar Nez, Naufragios.121
En el captulo xvii, Cabeza de Vaca dice que toda la gente que llevaba Narvez en
su barca era un maestre y un paje que estaba malo (Maura, Naufragios 140). Adorno
y Pautz se percatan de cmo Cabeza de Vaca omite estos nombres en Naufragios y de
cmo son recogidos por Oviedo en la Relacin Conjunta e identificados como Antn
Prez y su paje Campo (Oviedo 549b, cap. 3; Adorno y Pautz 3; 3: 35). La misteriosa
desaparicin y muerte de Pnfilo de Narvez a causa del viento una medianoche no
deja de ser sospechosa. Dependemos exclusivamente del testimonio de Cabeza de
Vaca que nos cuenta que un tal Esquivel, muerto a causa de la premonicin que haba
tenido una india en sueos, le haba contado lo sucedido a otro de los supervivientes,
Figueroa, del que no se vuelve a hacer mencin en toda la obra y as de mano en mano lleg a m (141). Tambin resulta sospechoso que los supervivientes no continen
su escapada siguiendo la costa hacia Pnuco, actual Tampico, adentrndose por el
contrario en el continente. Tendran pensado ya dar testimonio de ciudades fabulosas
una vez llegados a tierra de cristianos para pedir ms tarde su gobernacin? Si Alvar
Nez se deshizo de su superior y de sus seguidores, como pienso que ocurri, lo ltimo que le hubiese gustado ver es que algn testigo de los macabros sucesos que
debieron ocurrir viajase a lo largo de la costa a dar noticia de ello. No comparto la opinin de Adorno y Pautz de que fuese el miedo a ser capturados por los indios y su
120. Pero Hernndez, el turbulento escribano de 23 aos [En 1536?] (Fuente Machain).
121. Recordemos que incluso en recientes ediciones se ha estado repitiendo informacin errnea sobre
su vida, lugar de nacimiento y sobre los privilegios que tuvo en el Consejo de Indias, etc. Vase la obra de
Adorno y Pautz a este respecto.
116
Juan F. Maura
incapacidad de no saber nadar lo que les obligase a internarse durante siete aos tierra
adentro en vez de seguir la costa hacia Pnuco, a donde habran llegado en pocos meses
(Adorno Pautz 2: 215). Tampoco me parecen verosmiles las razones que da el propio
Alvar Nez en el capitulo 28 de su obra para quedarse todos esos aos tierra adentro,
como la de poder dar despus informacin de dichos territorios: [Y] tenamos por mejor de atravesar la tierra, porque la gente que est metida adentro, es ms bien acondicionada, y tratbannos mejor, y tenamos por cierto que hallaramos la tierra ms poblada y de mejores mantenimientos. Lo ltimo, haciamos esto porque, atravesando la
tierra, vamos muchas particularidades de ella; porque si Dios nuestro Seor fuese servido de sacar alguno de nosotros, y traerlo a tierra de cristianos, pudiese dar nuevas y
relacin de ella (178-79). Resulta destacable que estas razones sean exactamente las
contrarias a las que dar en el captulo 4 a su superior para no internarse tierra adentro.
Me inclino por lo tanto, basndome en las continuas contradiciones y mentiras del autor de Naufragios, a pensar que Alvar Nez y los otros tres supervivientes esperaron
todo ese tiempo en la costa para cerciorarse que ningn otro cristiano, ningn testigo
presencial, pudiese dar cuenta en Pnuco o la Nueva Espaa de los desacatos cometidos
en la persona de Narvez, as como de las escalofriantes escenas de canibalismo y necrofagia que sabemos ocurrieron entre ellos: y cinco cristianos que estaban en el rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros, hasta que
qued uno solo, que por ser solo no hubo quien lo comiese (Cap.14, 125., vase tambin el captulo 17).122 El autor, Alvar Nez, nos dice que esos cristianos se comieron
los unos a los otros, por supuesto, sin incluirse l. No obstante, cita los nombres de los
cinco cristianos y la repercusin que sus acciones pudieron haber tenido: Los nombres
de ellos son stos: Sierra, Diego Lpez, Corral, Palacios, Gonzalo Ruiz. De este caso se
alteraron tanto los indios, y hubo entre ellos tan gran escndalo, que sin duda si al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viramos en grande trabajo (125). Al final
acaba diciendo que si estos actos de canibalismo hubiesen sido presenciados por los
indios, nos viramos en mucho trabajo. Pero, quin sera ese cristiano que se salv,
que por ser uno solo no hubo quien lo comiese?, a quin o quines se refiere ese nos?
(125). Por simple eliminacin, creo que a Alvar Nez o a sus compaeros. Como
supervivientes, debieron ser los que ms activamente participaron en tan triste actividad. El padre Las Casas en su Apologtica historia, tambin sospecha del canibalismo de
Alvar Nez, puesto que yo no supe si l [Cabeza de Vaca] comi tambin de la carne
humana (Apologtica 2: 354, citado en Jauregui 140). Ya hemos visto, en el captulo 22
de Naufragios, los pocos escrpulos que tenan en comer carne cruda cuando la ocasin
se presentaba. Si Alvar Nez se hubiese hecho responsable de estos actos, difcilmente hubiese conseguido ningn privilegio como adelantado, gobernador o capitn general, tal y como efectvamente conseguira una vez en Espaa. Por otro lado, como la
narracin de Cabeza de Vaca est hecha con un fin interesado y no didctico, no tiene
ninguna lgica intentar fijar la posible ruta geogrfica seguida por estos supervivientes
a travs de Norteamrica. Si la relacin que dieron sobre esos territorios y pueblos hu122. Segn el autor Andrs Resndez, Cabeza de Vaca y su grupo llegaron a estar muy cerca del asentamiento espaol de Santiesteban del Puerto. La pregunta es saber porqu no quisieron continuar hacia el sur. Escribe
Resndez: They were already quite close to their final goal. Although the travelers may not have realized it,
the Ro de las Palmas, the river that they they had sought since disembarking in Tampa Bay, was only about 75
to 90 miles away to the south. A maximum of two weeks of purposeful marches would get them there (184).
117
biese sido totalmente altruista e informativa, habran ofrecido acceso directo a toda la
informacin y secretos acumulados a lo largo de esos aos a la persona a quien se
enconmedase la gobernacin de la Florida, es decir, a Hernando de Soto. Pero no fue
as. Ya hemos mencionado que el historiador Henry Wagner, en su libro The Spanish
Southwest, pone en duda muchos de los detalles enumerados por Alvar Nez en su
obra (Wagner 43). Hallenbeck, an siendo consciente de las anomalas histricas y las
diferencias entre la Relacin Conjunta mandada a Santo Domingo y lo que aparece
en Naufragios, contina dando crdito histrico a la obra de Alvar Nez: Naufragios
does contain some exaggerations, misstatements of fact, and contradictions; nevertheless, Nez honestly tried to tell the truth. His discrepancies are the result of confused recollections and not of intentional misrepresentation (28). Por lo tanto, la pregunta fundamental de por qu Alvar Nez decidi pasar todos esos aos sin continuar hacia el sur sigue abierta. Fueron casi seis aos el tiempo que yo estuve en esta
tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban. La razn por que tanto me
detuve fue por llevar conmigo un cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de
Oviedo (Cap. 16, 134). En Naufragios, el vaco temporal y cronolgico tampoco se
explica. Qu fue realmente lo que ocurro durante esos seis aos?123 Lo acontecido
durante ese lapso de tiempo, ese salto cronolgico de seis aos, fue precisamente lo
ms importante. Creo firmemente que Alvar Nez se deshizo de todas las pruebas
que le pudiesen inculpar como responsable de asesinato y desobediencia a su superior,
al igual que de ser el directo responsable de la eliminacin sistemtica de todos los
testigos que lo saban y contradecan, exceptuando sus tres compaeros
supervivientes.124Mis opiniones y recelos sobre la desaparicin oficial de Pnfilo de
Narvez, se basan en mi desconfianza en el testimonio y en las acciones de Alvar
Nez. El cronista soldado portugus, Fidalgo de Elvas, en su crnica Expedicin de
Hernando de Soto a la Florida, relata la informacin que dio Cabeza de Vaca sobre su
expedicin al llegar a Espaa y, en el caso que nos ocupa, de la muerte de Pnfilo de
Narvez. Aunqu