Filosofía del Derecho: Ruiz-Giménez y MacCormick
Filosofía del Derecho: Ruiz-Giménez y MacCormick
cuadernos de
filosofa del derecho
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Ernesto Garzn:
Palabras de agradecimiento con motivo del otorgamiento del ttulo de Dr. h. c.
en la Universidad de Alicante
Thanking Speech on the Occasion of the Award of an Hon. LL. D. degree by the
University of Alicante................................................................................................ 119
Sistema jurdico y aplicacin del Derecho
Legal System and Application of the Law
Neil MacCormick:
Universales y particulares
Universals and Particulars.......................................................................................... 127
Antonio-Enrique Prez Luo:
Qu significa juzgar?
What Does Judging Mean?........................................................................................ 151
Jorge L. Rodrguez y Daniel E. Vicente:
Aplicabilidad y validez de las normas del Derecho internacional
Applicability and Validity of International Law Norms............................................ 177
Damiano Canale:
Paradojas de la costumbre jurdica
Paradoxes of Legal Custom........................................................................................ 205
Juliano S. A. Maranho:
La lgica en el Derecho: grandes expectativas y algunas desilusiones
Logic in Law: Great Expectations and Some Disappointments................................. 229
Miguel ngel Rodilla:
Unidad lgica o dinmica? Coherencia y sistema jurdico en Kelsen
Logical Unity or Dynamic Unity? Coherence and the Legal System in Kelsen......... 255
Artculos
Articles
William Twining:
De nuevo, los hechos en serio
Taking Facts Seriously Again................................................................................... 317
Liborio L. Hierro:
Justicia global y justicia legal. Tenemos derecho a un mundo justo?
Global Justice and Legal Justice. Do We Have a Right to a Just World?................... 341
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Jess Vega:
Las calificaciones del saber jurdico y la pretensin de racionalidad del
Derecho
The Conceptions of Legal Knowledge and Laws Claim to Rationality..................... 375
Martn Hevia:
Personas separadas actuando en conjunto. Un esbozo de teora del Derecho
contractual
Separate Persons Acting Together. Sketching a Theory of Contract Law................... 415
Daniel Gonzlez Lagier:
Los presupuestos de la responsabilidad por nuestras emociones
The Assumptions of Responsibility for our Emotions............................................... 439
Diego M. Papayannis:
El enfoque econmico del Derecho de daos
The Economic Approach to the Law of Torts............................................................. 459
Isabel Lifante Vidal:
Sobre el concepto de representacin
On the Concept of Representation............................................................................. 497
Josep Aguil Regla:
Dos concepciones de la tica judicial
Two Conceptions of Judicial Ethics............................................................................ 525
Benjamn Rivaya:
Historia poltica de la filosofa del Derecho espaola del sigloXX
A Political History of XXth Century Spanish Legal Philosophy................................ 541
Notas
Notes
Carlos Pea:
Habermas y el problema de la verdad
Habermas and the Problem of Truth.......................................................................... 585
Paula Gaido:
El concepto de Derecho: una nueva aproximacin metodolgica a la teora de
Robert Alexy
The Concept of Law: Another Methodological Approach to Robert Alexys
Theory........................................................................................................................ 593
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DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 15-36
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sobre todo, su indudable mrito como eficaz aglutinante de las gentes e ideas que configuraron la revista y casa editora que fue de 1963 a 1976 Cuadernos para el Dilogo.
All en esos trece aos de puntual salida mensual y en los centenares de libros y folletos
editados est buena parte de la cultura plural y del pensamiento poltico que enlazara
con la preexistente oposicin a la dictadura y sin la cual no se entiende del todo la cultura poltica de la transicin, ni la posterior construccin de la democracia en nuestro
pas. En las listas de quienes colaboraron en/con Cuadernos para el Dilogo estn no
pocos de los que seran despus futuros protagonistas de ella y de la elaboracin, como
digo, de la propia Constitucin.
Pero asimismo alegara, ahora en un mbito acadmico y de manera ms concreta y
especfica, el apoyo personal e institucional que desde su ctedra proporcionara RuizGimnez para la renovacin en plurales perspectivas de la filosofa jurdico-poltica
en la Universidad espaola de aquellos aos, como saben muy bien los hoy profesores
y estudiosos que lo vivieron de cerca. Quienes entonces ramos sus jvenes adjuntos
pudimos as ocuparnos de indagar y publicar, por ejemplo, sobre un aqu inexistente
Estado de Derecho (el autor de estas lneas, postulando un Estado democrtico de
Derecho) o, con las mismas ausencias, sobre los derechos humanos, G. Peces-Barba
quien andando el tiempo sera, en representacin del PSOE, uno de los padres de la
Constitucin. Pienso que no poco de ello iba por entonces influyendo cada vez ms en
el propio Ruiz-Gimnez. Como tambin lo haran las, entre otras, muy valiosas tesis
doctorales realizadas en el marco de su ctedra por F. Laporta, E. Lamo de Espinosa,
V. Zapatero, E. Fernndez y M. Nez Encabo, sobre intelectuales de la Institucin Libre de Enseanza, algunos de ellos (J. Besteiro y F. de los Ros), a su vez,
destacados exponentes socialistas.
En ese contexto histrico y personal es en el que situara yo aqu esta rememoracin, sujeta a crticas y debates, sobre las aportaciones de aquel tanto las propiamente
individuales como la parte de las colectivas propiciadas por aquel. No me corresponde
entrar aqu en las de carcter ms jurdico como profesional de la abogaca ni en sus
defensas de destacados procesados polticos y sindicalistas durante todo este tiempo
de la vida pblica de nuestro pas. Pero todo ello tampoco carecera de inters para la
ciencia jurdica y la coherente crtica tica de sus presupuestos normativos validos y
positivos.
1.A pesar del iusnaturalismo
Conoc personalmente a J. Ruiz-Gimnez en la primavera de 1956 cuando, escasas semanas despus de ser destituido por Franco como ministro de Educacin, se
reincorpor a sus tareas docentes en la Universidad de Salamanca todava dentro de
ese curso 1955-56. All es donde, tras graduarme ese mismo ao, comenc yo enseguida a colaborar con l, luego (en 1960) en la Universidad de Madrid, como ayudante
en su ctedra de Filosofa del Derecho. Desde entonces (hace ya ms de cincuenta
aos!), fue creciendo esa relacin como maestro y amigo con cierta cercana e intensa
asiduidad, mucho ms en unas pocas que en otras, a lo largo de todo este incitante y
complicado tiempo nuestro en el que, junto a otras cosas, se fueron acrecentando las
vas de oposicin para la transicin de la dictadura a la democracia.
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Cuando con tal perspectiva me pongo a escribir (y ahora revisar) estas breves pginas, evocando y asumiendo desde este final esa dilatada experiencia, me complace
poder comprobar y concluir con bastante certeza que, en su trayectoria vital, en su
circunstancia histrica, respecto de la conformacin de su carcter y su criterio, en
la conviccin y adaptabilidad de sus principios, Ruiz-Gimnez esta es mi explcita
conclusin ha sido un hombre que fue siempre a ms, que fue siempre a mejor, a
mucho mejor. Hago aqu esta medicin cualitativa desde valores algunos, los ms
personales, presentes en l desde el principio como los de solidaridad, dignidad
humana, conciencia moral de la igualdad y la libertad, comprensin hacia los otros,
movilizacin incansable y esperanzada en favor de todo ello que, en su evolucin posterior, lo seran ya con plena coherencia para la consecucin y fortalecimiento, en sus
races individuales y colectivas, de una sociedad y de unas instituciones en vas realmente democrticas.
Esto, que considero objetivamente indudable, me parece que ha sido tambin muy
relevante como incentivo vital toda su vida hasta el final con una feliz, fructfera y
serena longevidad. Su criterio se ha construido en el dilogo, la generosidad y el profundo respeto a los dems. Hombre de profundas convicciones, incluso de utopas
racionales, fue por entero consecuente con sus principios ticos pero, realista a la vez,
sin olvidarse nunca ni despreciar para nada las efectivas consecuencias que pudieran
producirse sobre los hombres y mujeres individuales, sobre la circunstancia social en la
que aquellos operan. Hablando de esa su evolucin, resultara errneo considerar que
tal progresin vital de signo positivo sea algo que tiene siempre lugar en la existencia
humana, en todos los individuos y, en concreto, respecto a su cualidad tica y/o intelectual, como un a modo de resultado natural de la mera madurez biolgica, un atributo
que se produce sin ms en todos los hombres y mujeres cuando avanzan en experiencia
y en edad. Por desgracia, no es ni mucho menos as: el estancamiento, el retroceso, el
miedo, la renuncia, la abulia, la inhibicin, pueden sobrevenir en una u otra escala en
cualquier momento. Pero, por fortuna, tampoco es cierto que esos u otros similares
males sean en modo alguno compaa ineludible de la ancianidad: adems de en los
mejores clsicos, tenemos ahora como buena prueba de ello un gran testimonio en el
libro de N. Bobbio De senectute, otro gran maestro y amigo de muchos de nosotros,
del cual hemos conmemorado en Turn y Madrid el centenario de su nacimiento, al
igual que el de Aranguren entre nosotros a lo largo de este ao de 2009.
Junto a todo ello, es ineludible comenzar afrontando aqu algo que todos sabemos:
la profunda y perseverante presencia de la religin, de la fe cristiana, en la biografa,
en las actividades y en los escritos de J. Ruiz-Gimnez, su muy sincera y arraigada
religiosidad. Pero yo discrepara enseguida de ciertas reducciones casi fideistas que en
algn momento l haya podido propiciar sobre s mismo. As, cuando en una relevante
e interesante entrevista de finales de los aos sesenta1 conceda aqul acerca de sus
religiosas dependencias: debo reconocer que, efectivamente, de no ser por mi fe yo
sera un burgus de la dolce vita, o de lo que fuere. Para m aade sera mucho ms
cmodo, e incluso me lo podra autojustificar y entonces s que sera un opio de m
mismo, mantenerme alejado de todo compromiso y de toda lucha social y poltica.
No me lo creo, ni creo (con perdn) que l se lo creyera: con religin o sin ella (y sus
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variantes entre una y otra), no veo de ningn modo a don Joaqun en esa supuesta vida
disipada y frvola, mucho menos an (porque en lo anterior me parece que exagera)
desentendindose, displicente, ante las injusticias, las arbitrariedades y los abusos de
poder, de los poderes, desoyendo insensible las peticiones de ayuda, de solidaridad,
que las gentes, sobre todo las pobres gentes, pudieran dirigirle. No creo, como dice,
que l eso se lo pudiera autojustificar.
Pero en esa misma indagadora entrevista se identifica mucho mejor ponindolo
en positivo y reenviando adems de modo explcito a las dos dimensiones religiosa y
secular que, sin plantearse posibles conflictos entre una y otra, le valen a l como fundamento de su sistema de valores. Deca all Ruiz-Gimnez: Mi primer motor es una
exigencia de fidelidad a mi fe cristiana. Y mi fe cristiana me exige, por encima de todo,
luchar contra la injusticia, la opresin y la alienacin en que viven millones de hombres en el mundo. Ese es mi principal motor. En segundo lugar seala enseguida el
profesor de Filosofa del Derecho en esos aos sesenta mi enorme vocacin jurdica
a travs de mi ocupacin universitaria. Yo tengo que ensear, todos los das del ao, la
teora de la justicia, la existencia de derechos humanos, la idea de una comunidad de
hombres libres y solidarios. Cmo podra ensear todo eso, si no tratara, al mismo
tiempo, de vivirlo? Me sentira terriblemente hipcrita frente a mis alumnos. Y frente a s mismo, le aduce con razn el entrevistador: Y frente a m mismo, confirma
seguro J. Ruiz-Gimnez. No era nuestro hombre de los que elaboran su tica terica
a espaldas de su tica prctica. As, la conciencia, que en l es a su vez conciencia cristiana, se erige en su concepcin como criterio bsico, sustancial, para la construccin
de la tica.
Y en el paso desde esta perspectiva ms subjetiva y personal a otra con mayores
exigencias de objetividad, incluso de universalidad, se constata con an mayor claridad
en la evolucin intelectual, filosfica, de aqul esa misma superacin del riesgo fideista que estara siempre acechando en idearios donde la religin juega un papel tan
principal. Vemoslo muy grficamente: la primera edicin, 1945, de su manual universitario, llevaba como titulo el de Introduccin elemental a la filosofa jurdica cristiana; la
segunda edicin revisada, 1960, se delimitaba ya nicamente, y de ello se daban buenas
explicaciones en sus pginas, como Introduccin a la filosofa jurdica. No es que de
1945 a 1960 J. Ruiz-Gimnez hubiera dejado de ser cristiano; al contrario, quizs lo
era ahora ms autnticamente: y por ello, por no confundir mbitos diferentes, prefera
no hablar de filosofa jurdica cristiana; como aos despus, y por similares razones,
se resistir a adoptar, en otro orden de cosas, el rtulo de democracia cristiana. Lo
que hubo, no se olvide, es que en medio de aquellas dos fechas estuvieron las internas
experiencias crticas de sus aos italianos como embajador ante el Vaticano (19481951), como ministro de Educacin (1951-1956) y como catedrtico en Salamanca
(1956-1960), etapas todas ellas de la ltima, inicial ma, yo mismo puedo servir de
modo directo y personal como testigo sobre las que l siempre ha insistido fueron
decisivas para las profundas transformaciones de su pensamiento y de sus actitudes.
Desde entonces, y hasta siempre, las categoras y dimensiones que van a ir paso
a paso en l abrindose camino y fortalecindose sern las de su identificacin con la
conciencia y razn de la modernidad, la tolerancia, el pluralismo, los derechos humanos, la filosofa poltica de ese carcter liberal y realmente democrtica. En los inicios
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Natural, por m admite aqul que se le llame as. Lo que importa son esas exigencias humanas, ese orden objetivo de valores. Si no pregunta, qu sentido
tendran las declaraciones de los Derechos Humanos hoy vigentes?. Pero contesta
bien el examinando-entrevistador Paniker: son libertades adquiridas (ms bien
conquistadas precisara yo, insistiendo en cualquier caso en el alto, altsimo, coste
de tal adquisicin). Y concluye el profesor Ruiz-Gimnez con algo que me parece
de la mayor importancia, haciendo resaltar que esas libertades adquiridas responden
no a un acto formal de un legislador, sino a un reflejo de un nivel de la conciencia colectiva de la humanidad. Yo creo afirma en una dinmica de la conciencia humana.
Si usted mira la declaracin de los Derechos Humanos de 1948, ya le parecer muy
sobrepasada (las cursivas, casi innecesarias, son mas para mejor reenlazar con lo que
viene a continuacin).
Proceso de afirmacin, pues, del valor fundamental de la conciencia individual,
de la autonoma moral, como cualidad insuprimible e irrenunciable de la dignidad
humana, de todos los seres humanos por igual, en libertad y solidaridad. Y a su vez,
carcter dinmico, abierto en el tiempo, de esa conciencia que, como conciencia colectiva de la humanidad cuya mejor y ms autntica expresin se hace a travs de las
vas democrticas. Por tanto, que sin entificacin de lo colectivo, sin transpersonalismos comunitarios, avanza reivindicando en la historia las exigencias ticas que,
muchas veces slo con grandes esfuerzos y luchas sociales, se van logrando reconocer e
institucionalizar como derechos humanos, efectivamente protegidos y convertidos en
realidad. Ante la importancia y solidez de tales propuestas, asumibles desde diferentes,
plurales, concepciones, en cierto modo decae, pasa a un muy segundo plano (no digo
que desaparezca) la cuestin ms tradicionalmente filosfica, en ocasiones parece que
es casi nicamente semntica, acadmica o gremial, de saber si a todo eso, como hacen
los iusnaturalistas, se le puede o se le debe llamar Derecho natural.
Como hemos visto, Ruiz-Gimnez no pondra excesivos reparos a ello. Pero
es verdad que, con tal concesin, don Joaqun se aleja y se separa de los suyos, que
oponindonos a tal rtulo tampoco son, somos, reductivos iuspositivistas. Pensamos con Bobbio que el Derecho natural ni es Derecho (sino tica) ni es natural (sino
histrico) pero ya con menos ayudas de Bobbio que los valores histricos algo
ms tienen que ver con la razn. En cualquier caso, aqul se nos hace as amigo de
enemigos (en otros lugares he hablado y escrito, en broma y en serio, acerca de
esa peculiar nada schmittiana dialctica ruizgimeniana), que son iusnaturalistas y
dogmticos apologetas de un Derecho Natural realmente contrario, o muy limitativo,
de los derechos naturales (derechos humanos o fundamentales), como asimismo de la
democracia y de la libertad. Con ellos Ruiz-Gimnez no tiene nada que ver. No puede
negarse, de todos modos, que todo eso, esa utilizacin, tambin puede darse con otros
rtulos, en otras teoras, en otras familias incluso en las mejores, aunque me parece que
con menor frecuencia y contundencia. Desde luego, el positivismo es, y ha sido, casi
siempre, ms liberal; y an ms que liberal, incluso en el mejor sentido de ste, podra
serlo el de orientacin socialdemocrtica como suelen ser las crticas y autocrticas no
iusnaturalistas del buen positivismo incluyente: no tanto del que excluye toda racionalidad a los juicios de valor. Hay base, pues, para proseguir el debate, tambin como
se ve tomando a Ruiz-Gimnez como pretexto.
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Pero por todo ello, por razones de coherencia, y a propsito de tal tradicional
denominacin de la que yo disiento, no quiero perder la ocasin (no hay muchas!)
para criticar con cario pero con severidad al viejo maestro por incurrir, como buen
iusnaturalista, en el pecado que, con razn, se condena en la famosa falacia: el de llevar
a la confusin, a la no suficiente diferenciacin, entre el ser y el deber ser, entre los
hechos y los valores. Otra cosa, pero no entro aqu en ello, es que algunos de los jueces de tal falacia, por evitar tal fusin y confusin, puedan a su vez ser criticados por
producir y propugnar, o simular, la total separacin, ruptura y escisin entre esos dos
sectores fctico y valorativo de la entera realidad. Pero es verdad que el iusfilsofo
Ruiz-Gimnez tambin cometa tal pecado de iusnaturalismo incluso, contumaz, en
la solemne ocasin de su jubilacin cuando, rodeado de todos sus discpulos, nos dio
as la present l su Primera y ltima leccin4. No era su primera, ni tampoco su
ltima leccin; haba habido antes y hubo despus muchsimas ms; pero l quera as
remarcar la radical relevancia de la cuestin all planteada.
Relevancia, sin duda, emotiva y racional, en ese texto de su ltima clase universitaria oficial. Pero, como digo, tambin estaba en ella la tal falacia iusnaturalista de
la que no hay ms remedio que discrepar. Nos deca all nuestro Ruiz-Gimnez (las
escasas pero significativas cursivas son, por supuesto, mas): En los ltimos das de
mis clases ordinarias, os recordaba, mis jvenes alumnos y mis amigos que el Derecho
debe contribuir a encauzar los impulsos de agresividad que llevamos dentro, y a los
que contribuyen, en gran medida, las circunstancias objetivas o las estructuras en las
que vivimos. El Derecho segua aqul y concuerdo plenamente con l ha de abatir fronteras, eliminar factores de discriminacin o desigualdad. Slo as el Derecho
ser el autntico mbito de la libertad para todos los seres humanos. Sin ese respeto
a la libertad de las personas, a la capacidad de despliegue de la personalidad humana
concluye Ruiz-Gimnez, metindose ya de lleno en las confusas redes del iusnaturalismo ontolgico no hay propiamente Derecho en una Comunidad, sino meras pautas
mecnicas de existencia colectiva, fruto del Poder. El Derecho, hemos repetido muchas veces, necesita sigue aqul del Poder. Un Derecho sin Poder es algo inerte,
dolorosamente ineficaz para encauzar la vida colectiva; pero un Poder sin sujecin al
Derecho y vuelvo, felizmente, a estar en total acuerdo con l y los dos con el Estado
de Derecho es la gran tragedia para cualquier colectividad humana. Lo que ocurre,
don Joaqun le recordaba yo en aquella ocasin es que el Derecho injusto (Stalin,
Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet...) tambin es y ha sido, por desgracia, Derecho:
no Derecho nulo sino Derecho vlido, el que vala all para resolver los conflictos, tomado a su vez como tal por jueces, abogados, ciudadanos (sbditos) y hasta los propios
docentes universitarios.
Pero, ms all de estas no inocuas disidencias, a pesar del iusnaturalismo, recuperemos para finalizar este apartado lo que es sin duda ms decisivo y radical, lo que
nos es ms comn, desde una u otra posicin, desde una u otra conceptualizacin: la
defensa y potenciacin de la autonoma moral, de la conciencia crtica, del dilogo, de
los valores de libertad, igualdad y solidaridad que dan sentido y fuerza a los derechos
humanos, a la democracia, al Estado de Derecho. Por todo esto ha luchado y sigui
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1983.
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dominan, lo trituran y lo distorsionan. Recuerdo como le deca yo por entonces a RuizGimnez, que, frente a tales poderes y sus apologetas, deberamos volver a lanzar los
nuevos mensuales Cuadernos para el Dilogo del siglo xxi. No eran ya posibles, pero
por lo menos los alego yo aqu en su biografa, los publicados entre aquellos aos de
1963 a 1976, cuando nadie o muy pocos, casi ni siquiera todava Habermas, hablaban
de dilogo como argumentacin racional, como razn y voluntad de comunicacin
en cuanto situacin ideal de dilogo. Aquellos Cuadernos fueron a mi juicio
un hito importantsimo, imprescindible, para la reciente historia poltica e intelectual
(tambin universitaria) de este pas y su ejemplo tambin debiera serlo en los actuales
tiempos para no resignarnos a este mediocre presente y para su necesaria transformacin en un mundo futuro con algo ms de esperanza, de solidaridad y de calidad
humana. De J. Ruiz-Gimnez, de Cuadernos para el Dilogo, puede decirse que sin l,
sin ellos, todo habra sido mucho ms difcil y mucho ms pobre en todo este tiempo
nuestro que intentaba salir de la dictadura y construir en libertad una sociedad ms
justa y un Estado democrtico9.
Y tambin hay en ellos, en los viejos Cuadernos, aportaciones muy validas y significativas para esa necesaria recuperacin, con que se iniciaban estas pginas, respecto
de aquellas cuestiones propias de la filosofa jurdica, tica y poltica. El profesor L.
Hierro en una, por l as titulada, Nota demasiado breve sobre lo que la Filosofa del
Derecho espaola debe al profesor Ruiz-Gimnez nota breve aunque muy enjundiosa,
aadira yo ha rememorado algunas de aquellas conflictivas y agresivas vicisitudes de
nuestra disciplina durante el franquismo con el frreo y neurtico caudillaje ejercido
en ella por un desptico capo acadmico del tradicionalismo ultramontano (me refiero
al catedrtico don F.E. de Tejada y Spnola) acompaado siempre de sus atemorizados y/o aprovechados colegas y aclitos. Como resistencia, casi como mera subsistencia, ante tal situacin iba a ir surgiendo en torno precisamente a Ruiz-Gimnez la
escuela o movimiento de disidencia intelectual y de reconstruccin iusfilosfica
que se configura con la colaboracin recuerda aqul de sus dos adjuntos, E. Daz
y G. Peces-Barba, en aos que acota, quizs un tanto estrictamente, entre 1963 y
197410. Tras los dos adjuntos y con buenas ayudas externas vendran despus, en esas
comunes y plurales vas (cito slo, y por ordenes temticos doctorales, a los ya ms
seniors) F. Laporta, V. Zapatero, E. Lamo de Espinosa (posteriormente reconvertido
a la Sociologa), M. Nez Encabo, E. Fernndez, M. Atienza, L. Hierro, A. Ruiz
Miguel, J. Ruiz Manero, L. Prieto, J. Ramn de Pramo y otros hoy ya tambin catedrticos de diferentes Universidades. Como se ve, mucho de lo mejor de la Filosofa
9
Una amplia y valiosa consideracin de sus aportaciones en los diversos ciclos y oficios de su biografa
puede encontrarse en la obra colectiva, ya mencionada aqu, La fuerza del dilogo. Homenaje a Joaqun RuizGimnez, con la participacin de ms de sesenta colaboradores como muy sucinta muestra de sus amigos y
compaeros; all va tambin una entrevista biogrfica con l, hecha por T. Rodrguez de Lecea, y una til
cronologa que puede ayudar a situar mejor algunos de los datos (hechos y fechas) personales y generales a los
que se alude en estas pginas mas.
10
Nota del profesor L. Hierro publicada, como digo, en la obra colectiva citada en la nota anterior. En
esta misma obra pueden verse, sobre algunos de esos temas ms relacionados con sus tareas universitarias,
mis propias anotaciones, A pesar del iusnaturalismo (pp.87-98), y, en un plano universitario de carcter ms
general, las de G. Peces-Barba, Joaqun Ruiz-Gimnez, educador de muchedumbres (pp.99-105), de R. Mesa,
La Universidad de don Joaqun y sus universitarios (pp.107-112) y de J. Muguerza, El (in)cesante Ruiz-Gimnez
(pp.287-290).
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del Derecho espaola actual que sin el profesor Ruiz-Gimnez en aquellos tiempos no
hubiera podido empezar a respirar. Tampoco habra que olvidar aqu a gentes de mi
generacin que estuvieron personalmente cercanas como fue, de manera muy principal, L. Garca San Miguel.
Entre aqullos se compartieron de manera plural, no uniforme, lneas de trabajo
e investigacin: as, la recuperacin del reciente pensamiento heterodoxo espaol, el
esfuerzo por la recepcin de direcciones nuevas en la ms destacada filosofa jurdica
contempornea, europea y americana, la crtica del Derecho natural teolgico y tecnocrtico, la lucha terica y prctica por el Estado de Derecho y los derechos
humanos, su traslacin a la realidad poltica democrtica de esos tiempos. Siempre
don Joaqun favoreca y apoyaba esos y otros proyectos. Pero eso no quiere decir, por
supuesto, que, en cuanto a su concepcin general iusfilosfica, los docentes e investigadores antes citados sean o hayan sido ruizgimenianos; en modo alguno. Salvo en esos
afectos, y en el reconocimiento de otras muchas cualidades suyas personales, desde el
punto de vista terico, de los conceptos, es claro que no lo somos ni siquiera PecesBarba o yo mismo. No creo, por lo dems, que Ruiz-Gimnez tenga o haya tenido
el menor inters en rodearse de discpulos de esa igual condicin. Esta ha sido una
escuela (admitamos el trmino) muy poco o nada escolstica, sin escoliastas ni exgetas de una y nica doctrina: ms bien ha sido desde el principio germen de plurales
direcciones y discrepantes orientaciones. Pero todos los citados y muchos ms, eso s,
respetan, respetamos y queremos, a don Joaqun reitero por sus altas cualidades
humanas, de generosidad, cordialidad, autenticidad y mil cosas ms, pero tambin por
su magisterio tico, poltico y jurdico, inspirado en los valores privados y pblicos de
rectitud, seriedad, espritu de dilogo, de comprensin, de entendimiento otra vez en
los dos sentidos de la palabra.
Y tambin le queremos y le reconocemos por todo hay que decirlo sus famosos (enternecedores) despistes. Le ocurra as al trastocar y mezclar con alguna frecuencia nombres y apellidos de gentes cercanas a l, o preguntar a un ya consolidado
profesor titular por el estado ms o menos avanzado de su tesis doctoral. Pero quizs
el ms caracterstico y recordado de esos sus despistes tuvo lugar en aquellos aos de
la ahora Complutense cuando, en un Seminario restringido de Filosofa del Derecho,
hizo sentar entre los asistentes al mismo, tomndole sin duda por alumno cualificado, a
alguien desconocido para nosotros que se acerc queriendo hablar con l precisamente
cuando bamos a comenzar la sesin de trabajo. Hay que reconocer que dicha persona
aguant paciente, estoicamente, casi dos horas de matizadas disquisiciones y enconados debates sobre la kelseniana Grundnorm. De todos modos, recuerdo que fue prudente y que no lleg a intervenir ni a pronunciarse all sobre tan arduas y complicadas
cuestiones; y que fue slo al final tmidamente, al requerirle don Joaqun su opinin,
cuando nos expuso la verdadera razn de su presencia all, que no era otra que la de
ofrecernos e intentar vendernos era representante comercial un entonces ltimo
modelo de mquina de escribir. Descubrimos con horror que en su carpeta no llevaba
notas sobre la Reine Rechtslehre, ni sobre el centro de imputacin, sino nicamente catlogos con sugerentes precios y buenas condiciones de venta de, me parece, la
nueva Underwood: creo que le compramos dos. De ah en bromas y en veras, de
aquellos tiempos de lecturas, discusiones y oposiciones sali todo lo dems.
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y 118.
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Pp. 113-122 del trabajo citado en la nota anterior; y en concreto para los textos aqu aducidos, pp.117
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llegar a un cierto momento dice: no puedo hacer otra cosa, aqu me detengo. (Ese
momento pienso yo habra sido para Ruiz-Gimnez 1956-1963). Esto sigue
el maestro alemn s es algo autnticamente humano; y aade: la tica de la responsabilidad y la tica de la conviccin no son trminos absolutamente opuestos, sino
elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre autntico,
al hombre concluye Weber que puede tener vocacin poltica12. No me parece
nada desorbitado aplicar estas pautas y tensiones normativas al hombre, profesor y
poltico, que en la Espaa de aquellos aos, finales de los cincuenta, se distanciaba de
la dictadura (como aperturista todava dubitativo) y comenzaba a orientarse hacia el
mundo en que surgiran los libros y la revista de Cuadernos para el Dilogo (1936) en el
marco de la casa editora por l fundada.
Hablando, pues, de fundamentos y de fundamentalismos, a favor de los primeros
y en contra de los segundos, y aqu en relacin con Ruiz-Gimnez, yo subrayara que
la investigacin y reflexin sobre los medios (conscientes de lo que son), sobre los modos de accin polticos, jurdicos, econmicos, culturales, no es, contrariamente
a lo que muchos creen, de menor entidad cientfica y filosfica que la investigacin
y reflexin sobre los fines. Que stos, separados y aislados de aqullos, sobre todo
cuando se trata de filosofa social, es decir de filosofa con decisivas repercusiones sociales, pueden llegar a convertirse en una metafsica que no sabe absolutamente nada
de fsica. La filosofa es fundamentacin pero no al margen de la realizacin: no es el
cielo de los conceptos que nunca piensa en la realidad terrenal. Medios y fines siempre
se interrelacionan. El fin no justifica los medios; son, con frecuencia, los medios los
que justifican el fin; y, desde luego, que medios y fines tienen que justificarse juntos,
ms all del eficientismo (empirismo) abstracto y del interiorismo (fundamentalismo)
metafsico.
Todo esto se pone aqu en relacin con el hecho de que la filosofa jurdico-poltica del profesor Ruiz-Gimnez vuelvo sobre ese principal criterio interpretativo es, fue en su primera fase (desde 1944, en que obtiene la ctedra y publica sus
primeras obras, hasta 1956-1960, aos en la Universidad de Salamanca) una filosofa
preocupada, sobre todo y muy intensamente, por la afirmacin y la profundizacin
de los fundamentos: podramos decir que por la fundamentacin de los fundamentos,
la cual se hace radicar, segn sus lecturas, en el mencionado eje Aristteles, Toms
de Aquino, Doctrina pontificia. Y habra, sin rupturas, una segunda fase (desde esas
fechas en adelante) en donde el inters de su trabajo terico y prctico se va a
orientar mucho ms, en efecto, hacia la realizacin de (esos) fundamentos, es decir hacia la investigacin sobre los medios, hacia las vas para hacer reales aqullos: o sea, sin
expresar en principio ningn abandono en lo ms esencial de los viejos fundamentos
teolgico-filosficos, aunque s con un mucho mayor espritu de apertura hacia otras
direcciones modernas del pensamiento y de flexibilidad en cuanto a las conclusiones
concretas e histricas de los mismos.
No hay, pues, una ruptura, s una ampliacin y desarrollo creo en el radical
fundamento de ambas fases Ruiz-Gimnez no es un hombre de rupturas traum12
M. Weber, El poltico y el cientfico, [Link]. alemana, 1919; se cita aqu por la traduccin espaola de
[Link] Llorente, con extensa Introduccin de R. Aron, Madrid, Alianza Editorial, 1984, p.176.
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tiempo de Espaa. Pero tambin son, a mi juicio, piezas muy valiosas para la reconstruccin de una Teora del Derecho y una Teora de la Justicia de esa slo aparentemente preterida Filosofa jurdica del, durante ese tiempo, catedrtico de la asignatura
en la Universidad (Central, luego Complutense) de Madrid. A dicha obra trece aos
de trabajo, ciento sesenta y cinco escritos hay, pues, que recurrir (y, tal vez, tambin
a muchos de los editoriales que, siempre con su firma como presidente, han aparecido
durante todos esos ltimos tiempos en las Noticias del Unicef en Espaa) para documentar, constatar y debatir con mayor detenimiento y amplitud sobre los fragmentos, pero siempre con conciencia de totalidad, de esa filosofa jurdica y poltica del
profesor Ruiz-Gimnez que aqu slo en sus ms amplios trazos y en memoria suya he
pretendido yo esbozar22.
22
J. Ruiz-Gimnez, El camino hacia la democracia. Escritos en Cuadernos para el Dilogo (1963-1976),
2 vols., Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1985 (Edicin y Estudios Instituto Fe y Secularidad,
con Presentacin de su Director Acadmico J. Gmez Caffarena). La obra a la que ya me he referido en
otras ocasiones incluye tambin interesantes estudios sobre las diversas dimensiones de su pensamiento, as
como una entrevista a aqul realizada por J.A. Gimbernat y una cronologa esquemtica preparada por T.
Rodrguez de Lecea. Pienso que la circunstancia, terica y poltica, personal y general, a que se ha venido
aludiendo aqu, puede tambin encontrar ilustracin y complemento en dos libros de, precisamente, los dos
antiguos adjuntos de Ruiz-Gimnez: el mo, Los viejos maestros. La reconstruccin de la razn (Madrid, Alianza
Editorial, 1994) y, sobre todo, el de G. Peces-Barba, La democracia en Espaa: Experiencias y reflexiones (Madrid, Temas de Hoy, 1996).
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DOXA 32 (2009)
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N.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 37-48
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Inglaterra a estudiar Derecho ingls, en el Balliol College de Oxford. No lleg a estudiar Derecho escocs en Escocia aunque lo dominaba y conoca en profundidad. Fue
admitido a la abogaca inglesa (barrister en el Inner Temple) en 1971 y se le concedi el
rango honorfico Queens Counsel en Inglaterra en 1999.
En su juventud tambin destac en el rugby y en la gaita escocesa, instrumento
que sigui tocando en mltiples y sorprendentes ocasiones, entre otras en la ceremonia
del Congreso Mundial de la IVR7 en 1989 y en el funeral de su amigo y contrincante
poltico, el lder laborista John Smith en la isla de Iona en 1994. En una ocasin pude
presenciar un sprint francamente veloz en ropa de calle dentro del Old College: se le haban olvidado los exmenes (essays) de sus estudiantes en el Tea Room que entonces funcionaba junto a la galera Talbot Rice. Cuando le felicitamos por semejante proeza, nos
brome que en el rugby se le daban mejor las carreras que los ensayos. Respecto de
la gaita, l mismo relata en su Practical Reason (p.83), al tratar el concepto de tradicin,
que fueron dos de sus tos abuelos, Neil y Dugald, ya ancianos, quienes le transmitieron,
tatarendoselos, esos conocimientos musicales adquiridos por ellos en la lengua galica
en los ceilidh (veladas de canciones, msica instrumental, tertulia y danzas ocasionales)
o en los juegos de Highland locales de un pueblo de las Hbridas a finales del sigloxix.
MacCormick fue discpulo de H.L.A. Hart, posiblemente su influencia terica
ms evidente y sobre quien escribi una importante obra, H.L.A. Hart, (Stanford,
1981) cuya reciente segunda edicin (Stanford, 2008) tuvo en cuenta el famoso Postscript de la segunda edicin pstuma del Concept of Law (Oxford, 1994) en el que Hart
esboz una respuesta a las crticas formuladas por su sucesor en la ctedra de Jurisprudence, R. Dworkin. Esta segunda edicin de H.L.A. Hart nos permite entrever un
MacCormick post-positivista, algo ms distanciado de su maestro. En la pgina 15 de
esta segunda edicin nos relata cmo Hart le reproch haberle presentado en su libro
como ms ius-naturalista de lo que le gustara ser.
La contribucin de MacCormick a la filosofa del Derecho, moral y poltica se traduce en numerosas y valiosas publicaciones en lengua inglesa y traducciones a varios
idiomas, en su constante contribucin a la IVR que presidiera hasta su fallecimiento
fruto de un cncer intestinal incurable, y se complementa con una accin prctica
como personaje poltico al ser miembro destacado del SNP, eurodiputado por Escocia
(entre los aos 1999-2004), miembro alterno de la Convencin sobre el futuro de Europa (2002-2004), asesor para asuntos europeos del First Minister del ejecutivo escocs
(2007-2009) y referente ideolgico de las naciones europeas sin estado propio (dentro
del grupo poltico europeo Alianza Libre Europea). MacCormick conceba la poltica
como una virtud entrelazada con lo pblico o comunal:
Para mantener las instituciones de una comunidad prspera se necesita la poltica, y
el tipo de poltica necesaria para mantener tales instituciones entre personas moralmente
paaban I. Hamilton, autor de Stone of Destiny (Edinburgh, Birlinn, 2008) y uno de los cuatro implicados en
la escapade, y su esposa Jeannette (Practical Reason, p.203).
7
Asociacin Internacional de Filosofa Jurdica y Social, que organiza Congresos Mundiales los aos
impares. El Congreso Mundial de 1989 fue organizado en Edimburgo por un Comit dirigido por N. MacCormick y tuvo como ttulo Ilustracin, Derechos y Revoluciones, premonitorio de los cambios que transformaran Europa Central, la antigua Unin Sovitica y todo el mundo, a las pocas semanas de celebrarse dicho
Congreso, con la cada del Muro de Berln.
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Adems de su compromiso poltico, MacCormick asumi numerosos empeos universitarios tanto de estudiante lleg a ser dirigente de la Oxford (students)
Union como de profesor muchos aos decano de la facultad de Derecho, provost
de las ciencias sociales y jurdicas, y vice-principal de la Universidad de Edimburgo.
Destac como excelente administrador, algo que no siempre se suele esperar de los
ius-filsofos, sin duda errneamente, sobre todo respecto de quienes tienen formacin
analtica. Su carrera acadmica est estrechamente ligada a la ctedra regia de Derecho
Pblico, Natural y de las Naciones creada en 1707 (el ao de la Unin de los Parlamentos) en dicha Universidad, a la que accedi a la temprana edad de 31 aos tras un breve
periplo por las universidades de Saint Andrews (Queens College, Dundee) y Oxford
(Balliol College). MacCormick era miembro activo de la Royal Society of Edinburgh
(vice-presidente entre 1991-04; Medalla Real en 2004) y de la British Academy donde
imparti la Conferencia Jurdica de 2006 con el ttulo Judicial Independence: Who Cares? (desde luego a l le importaba, y mucho) as como miembro de la Academia Finlandesa de las Ciencias. Constantemente reciba invitaciones para ser profesor visitante
en universidades de todo el mundo y fue investido de al menos seis doctorados honoris
causa. Tuve la suerte de presenciar una de las ceremonias en la Universidad de Saarbrcken, apadrinado por H. Jung. El discurso de MacCormick tuvo por ttulo: Can Judges
Make Mistakes? al cual aada la coletilla: y cmo lo sabramos nosotros?
A pesar de su influencia mundial MacCormick nunca cre escuela, ni pretendi
hacerlo. Sus colegas en el Centre for Criminology and the Sociological and Philosophical
Study of Law (CCSPSL, ahora Centre for Law and Society), sus doctorandos, seguan
sus propios intereses. De hecho le interesaba ms fomentar la crtica o enfoques alternativos que impulsar tesis y trabajos ceidos a sus propias teoras. Dicho esto, conviene sin embargo aadir que MacCormick era un co-autor muy interactivo, interesado
siempre en captar la visin de su interlocutor y de llevarla un paso adelante. Su edicin
de la obra pstuma de J. Wrblewski, su coautora con P. Amselek, O. Weinberger,
R. Summers o Z. Bankowski8, por ejemplo, indican dos virtudes excepcionales y escasas dentro de la filosofa jurdica anglfona: un empeo por desarrollar visiones y
8
Zenon ha sido otro de los apoyos constantes de MacCormick, en lo personal, en lo acadmico y en lo
intelectual. El impacto de Bankowski sobre Practical Reason es sutil, pero decisivo.
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discursos colectivos y una apertura a, y difusin de, pensadores que han publicado sus
obras en idiomas distintos del ingls9.
Sus numerosas co-autoras de trabajos y libros y su co-edicin de compilaciones y
obras colectivas son buena prueba de ese singular empeo por un pensamiento discursivo y dialgico. Tambin en sus escritos individuales MacCormick est en constante
interaccin con otros autores, pero no con la finalidad de vencer en una confrontacin
dialctica de ideas sino buscando matices, aproximaciones, nuevos matices de sntesis
y consenso sin mermar en coherencia argumental ni caer en sincretismos, y sin miedo
a recular cuando consideraba que haba errado. Este empeo por alcanzar el consenso
sin caer en el sincretismo lo practicaba no slo en sus dilogos y discusiones grupales
sino en sus propios escritos. Una muestra genial de esta prctica la encontramos en su
propuesta tica10 del imperativo categrico smithiano:
Entra tan plenamente como puedas en los sentimientos de toda persona implicada
o afectada por un incidente o por una relacin, y frmate imparcialmente una mxima de
juicio sobre cul sea la accin correcta que todos podran aceptar si se comprometieran a
mantener creencias mutuas que fijasen una medida de aprobacin o desaprobacin comn
entre ellos.
Esto conduce a un imperativo subsidiario:
Acta de acuerdo con esa mxima de juicio imparcial sobre cul sea la accin correcta
respecto del incidente o de la relacin en cuestin.
Por su impresionante carrera universitaria y su contribucin al pensamiento jurdico fue investido Sir en 2001. Adems de excelente poltico11, dedicado investigador
y prolfico autor, MacCormick era un excelente profesor y conferenciante y dedicaba
gran parte de su tiempo y de su atencin a sus estudiantes y colegas consiguiendo que
los estudios de Jurisprudence en Edinburgh se convirtieran en un centro de reputacin
mundial y de atraccin de estudiantes de postgrado y de acadmicos.
Neil contrajo matrimonio con Flora Milne (Britain) en 1992. Flora ha sido un apoyo constante y una infatigable compaera de faenas en el Parlamento Europeo; adems
de acompaarle y animarle durante su enfermedad. Adems de Flora y de sus tres hijas
nacidas de su primer matrimonio, Neil contaba con otro don precioso: un optimismo
vital, inagotable hasta los ltimos das de su dolorosa enfermedad 12, su contagiosa
9
Esta apertura le llev a impulsar y traducir, con R. Adler, el clsico de R. Alexy, A Theory of Legal
Argumentation, Oxford, Clarendon Press, 1988. Fue Neil quien introdujo a Alexy en el mundo anglfono. Neil
discuta en sus seminarios de 1987-88 los borradores de la traduccin profundizando en las ideas de Alexy.
Curiosamente ambos daran luego un giro naturalista a lo Radbruch.
10
Esta sntesis de Kant y A. Smith la formula en al menos cuatro ocasiones en su Practical Reason
(pp.64, 76, 97-98 y 178) del modo siguiente: Enter as fully as you can into the feelings of everyone directly
involved in or affected by an incident or relationship, and impartially form a maxim of judgment about what is
right that all could accept if they were committed to maintaining mutual beliefs setting a common standard of approval and disapproval among themselves.
That then leads on to a subsidiary imperative:
Act in accordance with that impartial judgment of what is right to do in respect of the given incident or
relationship.
11
Fue nombrado el mejor eurodiputado del ao, en los premios de los mejores polticos escoceses en
nada menos que tres de sus cinco aos de mandato.
12
En la p.92 de su Practical Reason, al analizar la autonoma moral explica lo siguiente: Por ejemplo, yo
he reducido mi peso, no por una decisin de tomarme mi salud ms en serio o de controlar ms lo que como y
bebo, sino porque una enfermedad me impide tragar (gran parte de) mi comida. En un sentido es bueno que
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Sobre esta larga cita, podemos glosar varios de los temas o narrativas que se siguen
de una teora institucional del Derecho desvinculada conceptualmente tanto del Estado como de la soberana legislativa omnipotente:
1. Para empezar nos encontramos con la Unin Europea y su Derecho, un mbito donde aparecen diversas soberanas constitucionales (supranacionalidad-intergubernamentalidad-interparlamentarismo).
2. En segundo lugar, nos encontramos con el Derecho y las formas de soberana
infraestatal y con el tema de la subsidiariedad y las versiones liberales del nacionalismo
(la cuestin de la independencia de Escocia en Europa). El resultado es una pluralidad
de rdenes normativos institucionales, lo cual nos lleva al debate sobre el pluralismo
jurdica objeto de sus filpicas; seguramente no por desconocimiento sino deliberadamente por ser un excelente
contraejemplo que descalabra todo su edificio crtico antifundacionalista.
16
MacCormick se est refiriendo aqu a sus libros: Questioning Sovereignty: Law, State and Nation in
the European Commonwealth (1999), Rhetoric and the Rule of Law: A Theory of Legal Reasoning (2005), Institutions of Law: An Essay in Legal Theory (2007) y Practical Reason in Law and Morality (2008), todos ellos
publicados por Oxford University Press con forros de distintos colores: azul, rojo, morado y verde, como le
gustaba recordar a Neil.
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constitucional17. Existe una coordinacin de los distintos sistemas (constitucionalismo multi-nivel) y sobre qu criterios, jerrquicos o heterrquicos? Podra decirse que
la constitucin de un ente concreto pueda ser representada como brote subordinado
de un orden constitucional superior? Cul podra ser dicho orden?
3. En la medida en que nos pronunciemos por un orden supra-estatal de la proteccin de los derechos humanos como el que existe en Europa (control ltimo por
el Tribunal Europeo de Derechos Humanos), podremos entroncar con la concepcin
pluralista y post-positivista del Derecho, respetuoso con esa versin del Derecho natural plausible que defiende MacCormick.
La teora institucional del Derecho y el concepto de razn prctica forman el hilo
conductor o marco coherente de la triple narrativa que proponemos, inspirada en su
libro Questioning Sovereignty, actualizado en su artculo Questioning Post-Sovereignty18, que es una recensin del libro de N. Walker (ed), Sovereignty in Transition
(Oxford, 2003). En las siguientes pginas desarrollamos estas tres glosas.
1. El concepto de soberana debe desligarse del de soberano, que puede
corresponder a una persona, una institucin, o una agencia que dentro de un territorio
delimitado detentan o pretenden detentar un poder poltico, una autoridad jurdica,
y/o una legitimidad moral lgicamente independientes de, y sin ningn tipo de delegacin de, ni de subordinacin a, cualquier otro poder, autoridad o legitimidad y lo ejercen sobre las personas que se encuentran en dicho territorio. Los Estados soberanos
son independientes, en su territorio, de todo control poltico, jurdico (o moral) ejercido por otros Estados. Pero con el concepto de soberana popular, ya no es necesaria la
existencia de un soberano, persona o institucin, que asegure una soberana nica:
los pueblos soberanos controlan la constitucin de su polis y los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial se atribuyen a agencias distintas, contrapesando y controlando
sus poderes. En las entidades ms complejas, las formas de gobierno federal o cuasifederal proceden tambin a una distribucin de las competencias entre los distintos
niveles territoriales, sin que exista ningn soberano, ninguna institucin o persona
que ejerza ningn poder ilimitado. Puede haber soberana difusa sin soberano nico.
Tomando como marco de referencia la Unin o, como a veces le gusta llamarla,
Commonwealth Europea, MacCormick se ubica en las teoras post-soberanistas, crticas con el concepto dominante de soberana, lo cual no excluye que existan aspectos
de la soberana que sigan teniendo vigencia. Los Estados post-soberanos mantienen
aquellos aspectos de la soberana clsica legislativa, ejecutiva y judicial que les
es posible ejercitar, ya que existen lmites tanto polticos como jurdicos dentro de
los cuales se ha de ejercer la competencia estatal (vid. infra3). Al haber abandonado
algunos aspectos clsicos de la soberana como poder ilimitado, nico, indivisible han
contribuido a crear las condiciones que favorecen la paz y la prosperidad, sin por ello
17
Como explica Nergelius, The Constitutional Dilemma of the European Union, Groningen, Europa
Law Publishing, 2009 (p. 36), el concepto de pluralismo constitucional lo lanz MacCormick en su Questioning Sovereignty (incluso antes, con su artculo Beyond the Sovereign State, Modern Law Review, 56,
1993, 1-18) donde lo analizaba como una version especial de pluralismo jurdico o coexistencia genuina de
ordenamientos jurdicos institucionales. La idea la han adoptado posteriormente su sucesor en la ctedra de
Edimburgo, N. Walker, The Idea of Constitutional Pluralism, MLR, 2002, pp.317-359, y M. Poiares Maduro, A Constituo Plural, Cascais, 2006.
18
European Law Review, 2004, 29(6), 852-863.
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directa en el ente supra-estatal22. En este caso, la pregunta es quin decide sobre ese
paso tan fundamental, quin es el pueblo soberano, el demos: el ente estatal o el infraestatal?
Si hay un significado de la soberana popular (la soberana como auto-determinacin;
quiz) que exige el reconocimiento de los derechos de grupos o comunidades significativos
dentro de complejos ms amplios, la versin estatal de la soberana popular puede ser un
enemigo de otros derechos democrticos. En general, toda forma de gobierno popular o de
democracia mayoritaria plantea inevitablemente las preguntas: quines forman el pueblo?,
de qu grupo debe la mayora ser una mayora? (Questioning Sovereignty, 134)
Cuando la respuesta a estas preguntas se confa a una mayora que pueda decidir
sobre los confines del grupo (demos), o a un tribunal que interpreta una constitucin
en el sentido de que niega la consideracin de demos a comunidades significativas dentro del grupo mayor, la minora podr verse permanentemente privada de su status de
demos en un territorio que la mayora define como parte de su propio todo.
Lgicamente si los postulados nacionalistas son: i)el valor absoluto de la nacin,
y ii)la imposibilidad de ceder o compartir soberana, todos estos experimentos plurinacionales y post-soberanos resultarn impracticables e inaceptables; aparecern
posturas contrarias a la devolucin o a la independencia de Escocia o contrarias a la
posibilidad de que Escocia participe en el Reino Unido compartiendo su soberana o
contrarias a la primaca del Derecho de la Unin Europea sobre la soberana de la Reina en el Parlamento. La mala prensa, en gran parte merecida, del nacionalismo, tiene
que ver con el postulado del valor moral absoluto y sus corolarios prcticos: xenofobia,
racismo, dominacin de otros pueblos, etctera. Adems all donde la democracia ha
fracasado y la dictadura de un nico partido se ha impuesto, la retrica nacionalista a
menudo ha apoyado ideolgicamente a la dictadura, a travs de la victimizacin o de
la demonizacin de las minoras ideolgicas o nacionales23.
Pero partiendo de posiciones a la vez individualistas y universalistas alejadas de
las concepciones atomistas y contractualistas de la sociedad caben versiones liberales y
social-demcratas que postulan el nacionalismo cvico24 como un moral valor a compaginar con otros valores como la solidaridad entre los pueblos ms all de las fronteras
nacionales, y en general viene limitado por los derechos humanos:
El principio segn el cual las naciones tienen derecho a (are entitled to) sus propios
rganos de auto-gobierno no puede llegar a justificar arreglos que pongan en peligro los
derechos fundamentales sea de los propios ciudadanos, sea de extranjeros, ni puede justificar el recurso a la violencia o a la accin inconstitucional. Es mejor sufrir el mal que
infligirlo. Un recurso paciente a todas las vas constitucionales de mejora, incluso dentro
de arreglos constitucionales imperfectamente justos o democrticos, tiene ms visos de llevar a resultados satisfactorios a largo plazo que medidas aparentemente ms expeditivas
pero ms crudas. Esas medidas casi irremediablemente rompen el tejido de la sociedad
22
La influencia de MacCormick en la estrategia del actual gobierno escocs del SNP es innegable. Vid.
A National Conversation ([Link] y el Libro Blanco de la
propuesta de ley de referndum presentada por el ejecutivo al Parlamento escocs el 30 de noviembre de 2009.
La celebracin del referndum se prev para noviembre de 2010. Comprese con la propuesta de la Comisin
Calman para la mejora del autogobierno (devolution) en Escocia, [Link]
23
Questioning Sovereignty, 168.
24
Habermas ha propuesto el trmino Verfassungspatriotismus con connotaciones distintas.
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que pretenden servir. La historia del progreso que escoceses y galeses han logrado hacia la
auto-determinacin, con una casi total ausencia de violencia interpersonal, indica lo que es
posible, como lo indica tambin el ejemplo sorprendente del divorcio de terciopelo entre
Checos y Eslovacos hace unos aos (Questioning Sovereignty, 198)
3. Esta ltima observacin nos presenta los derechos fundamentales como lmite
de todo nacionalismo defendible, en realidad de toda concepcin normativa defendible. En el pluralismo constitucional, el pluralismo bajo el Derecho internacional cuya
norma fundamental sera pacta sunt servanda25, nos planteamos la cuestin de la posible coordinacin de los sistemas jurdicos constitucionales entrelazados en la UE, reconocindose mutuamente su propia validez, pero reivindicando uno de ellos la primaca
sobre los restantes, en el mbito concreto de las competencias atribuidas. Sin embargo,
los Tribunales Constitucionales de algunos Estados miembros como el alemn, el italiano, el dans, o el espaol se reservan la posibilidad de supervisar la compatibilidad
de los actos comunitarios con sus propias constituciones, especialmente desde la perspectiva de los derechos fundamentales. Pues bien, con la entrada en vigor del Tratado
de Lisboa el 1 de diciembre de 2009 y la consiguiente invocabilidad jurdica de la Carta
de los Derechos Fundamentales de la Unin, pero sobre todo cuando se plasme la adhesin de la Unin Europea al Convenio Europeo de Derechos Humanos, nos encontraremos con una nueva situacin donde la UE se someter jurdicamente al control
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que podr declarar que ciertas medidas
normativas o administrativas de la UE o incluso sentencias de su Tribunal de Justicia
vulneran uno de los derechos reconocidos en el Convenio o en sus Protocolos.
Esta nueva situacin parece cerrar el crculo de la proteccin de los derechos
fundamentales en Europa, crendose de este modo una especie de unin o confederacin, una red de sistemas de proteccin de los derechos fundamentales (Grundrechtsschutzverbund), que adems resultan ser principios generales del Derecho, ms all
de su concreta positividad convencional o constitucional. A diferencia del pluralismo
en sentido estricto o pluralismo radical, en este pluralismo bajo el Derecho internacional no es necesario salirse fuera del Derecho hacia los dominios de la poltica para
resolver los casos ms difciles donde parecen colisionar las normas de distintos sistemas. Los derechos fundamentales forman parte inherente del concepto interpretativo
del Derecho. Se reintroduce un cierto monismo en esta red heterrquica de sistemas,
una coherencia global, obtenida a travs de una reconstruccin racional y principial
del Derecho pacta sunt servanda y derechos humanos cercana a la nocin de integridad de Dworkin, pero no referida a la Constitucin de EEUU sino a los derechos
humanos universales. En esta concepcin interpretativa-hermenutica, focal, del Derecho aflora un cierto Derecho natural.
25
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Laudatio
LAUDATIO
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Universidad de Alicante, rea de Filosofa del Derecho
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[Link].
cho, pronunciarn cada uno de ellos (en este acto en una versin reducida, pero hay
una amplia que se publicar precisamente en Doxa) bien podran tener una rplica
(aunque sea anticipada) por as decirlo coral por parte de los profesores del rea de
filosofa del Derecho de Alicante que, de esta manera, nos erigimos en algo as como en
representantes del conjunto de la filosofa jurdica en lengua espaola. No se trata, claro est, de pronunciar al unsono un mismo discurso de laudatio, ni tampoco de pronunciar simultneamente nueve distintos; sino de leer, consecutivamente, nueve cortos
fragmentos en los que cada uno de nosotros (y desde cada circunstancia personal) ha
tratado de contestar a la pregunta de qu ha significado para m la obra de y/o la
relacin personal con E. Garzn Valds, E. Bulygin, E. Daz y R. Alexy. El
resultado, como se ver, es una imagen (un collage) coherente, relativamente diversificada, atractiva y creemos fidedigna de cuatro grandes profesores que son adems
cuatro excelentes personas.
2*
Al primero al que conoc, en 1974, fue a E. Daz; en una terraza de Madrid. Yo era
muy joven y l estaba en el largo proceso (consecuencia de su activa participacin en la
lucha antifranquista) de obtener la ctedra de filosofa del Derecho en Oviedo, en mi
universidad. An no se haba impuesto la costumbre del tuteo, pero desde el primer
momento me pidi que le tuteara... puesto que bamos a trabajar juntos. La proximidad, la confianza, el afecto, la admiracin y la amistad que han marcado mi relacin
con Elas estaban ya hoy me doy cuenta de ello prefigurados en ese nuestro primer
encuentro. l fue mi director de tesis, pero antes de serlo (y aunque no tuve la suerte
de tenerlo como profesor), la lectura de su libro Sociologa y filosofa del Derecho (en
la poca en que an era estudiante) determinaron mi vocacin de iusfilsofo. Aquellas
pginas, en las que se prestaba atencin a los ms importantes filsofos del Derecho
del sigloxx y se presentaba una visin del Derecho y de la cultura jurdica radicalmente diferente de la que solan ofrecer las Facultades de Derecho, me produjeron una
impresin de autntico descubrimiento. Luego aprend de l muchas otras cosas que
no se acaban en la filosofa del Derecho.
La tesis de doctorado que E. Daz me sugiri hacer sobre la filosofa del Derecho
en Latinoamrica me llev en seguida a Buenos Aires. All conoc, en su piso de la
calle Arroyo (antes le haba visto fugazmente en una sesin de SADAF: la sociedad
argentina de anlisis filosfico), a E. Bulygin. Yo me senta un tanto intimidado, pero
l me recibi con la afabilidad que le caracteriza, acompaado de un perro de gran
tamao y de cierta edad que no tena pinta de saber gran cosa de filosofa del Derecho
(ni siquiera de lgica), pero s de haber llevado una existencia dichosa. Haca poco que
se haba publicado la versin castellana de Normative Systems; como es bien sabido,
una obra maestra de la filosofa del Derecho de la segunda mitad del sigloxx. No soy,
iusfilosficamente hablando, un bulyginiano, pero siempre he considerado que una de
las mayores fortunas de mi carrera acadmica fue la de haber ledo y, creo, asimilado esa obra en un momento temprano de mi formacin iusfilosfica; ese libro (escrito conjuntamente con C. Alchourrn) y el resto de la produccin de E. Bulygin
*
[Link] 52
M. Atienza.
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Laudatio
han estado en el trasfondo de todos mis trabajos. Por lo dems, desde aquel ya lejano
noviembre bonaerense de 1975, he gozado en muchas ocasiones de la cordialidad,
inteligencia, sentido del humor y de la amistad de Eugenio. Hay maestros de espritu
tan amplio que entre sus discpulos caben tambin los discrepantes.
A E. Garzn Valds lo conoc poco despus, en un aeropuerto. Llegaba a Madrid de alguno de sus viajes y Elas y yo habamos ido a recibirle a Barajas. Trat de
ayudarle con el equipaje, pero no me dej. Alguna vez he pensado (y escrito para el
prlogo de uno de sus libros, pero l suprimi ese prrafo) que el gesto reflejaba bien la
personalidad de Ernesto: siempre ms dispuesto a ayudar que a ser ayudado y ms exigente consigo mismo que con los dems. Quienes le conocemos de cerca sabemos que
el rasgo ms destacado de su personalidad es la generosidad; esa virtud la posee en un
grado tan extremo que las relaciones con l son siempre asimtricas: haga uno lo que
haga, siempre tiene la sensacin de estar en deuda con l. Adems de haber contribuido ms que nadie a comunicar a los filsofos del Derecho espaoles con los europeos
y los americanos, Ernesto ha creado todo un estilo de hacer filosofa del Derecho que
nos ha marcado a muchos. Su obra terica (muy extensa) ha asumido preferentemente
la forma del artculo y es difcil destacar alguno o algunos de ellos por encima de los
dems. Yo me quedara quizs con su idea de tolerancia (la tolerancia bien entendida),
porque representa una sntesis feliz entre el liberalismo y cierto individualismo moral,
por un lado, y la inderogabilidad y el carcter supremo de la moral, por el otro.
El ltimo al que conoc fue a R. Alexy, a finales de los ochenta, en el helado
invierno de Kiel. Yo pasaba un ao en Alemania como becario de la fundacin Von
Humboldt y uno de mis objetivos era la traduccin de su libro Teora de la argumentacin jurdica, que haba aparecido en 1978. Al igual que me ocurri con los otros tres
profesores a los que hoy hacemos doctores honoris causa, la primera impresin fue
tambin, por as decirlo, la definitiva. Durante aquellos pocos das que pas en Kiel
(asistiendo a algunas de sus clases, paseando desde la universidad a su casa recuerdo
que l empujaba una bicicleta no muy nueva que sola emplear cuando haca el trayecto
solo o acompandole a una extraa representacin de LElisir damore de Donizetti
cantado en alemn) me pareci una persona seria, inteligente, confiable, genuinamente
interesada en su trabajo, con la que slo se podan tener conversaciones guiadas por las
reglas del discurso racional. Uno dira que en R. Alexy se dan todas las propiedades
las virtudes que, se supone, posee un profesor alemn, con dos excepciones: sus
escritos son claros y no contienen ni un tomo de pedantera. A veces he discrepado de
alguna de las posiciones tericas de Alexy, pero siempre he tenido la impresin de que
en su obra se abordan los problemas realmente importantes de la filosofa del Derecho
y de que las soluciones que l propone no tienen slo la pretensin de ser correctas
sino que, esencialmente, lo son.
3*2
Mi relacin con E. Daz empez en la segunda mitad de los setenta. Pero algo
antes haba ledo Sociologa y filosofa del Derecho, un libro cuya importancia en la
*
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J. Ruiz Manero.
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formacin de los filsofos del Derecho de mi generacin difcilmente puede exagerarse. Por este libro de Elas empezamos, en la mayor parte de los casos una vez
acabada la licenciatura, a saber algo de Kelsen, de Hart, de Bobbio, de Treves.
O sea, Elas nos introdujo en la filosofa analtica del Derecho del siglo xx. Nos
dio, as, los primeros elementos para acabar cultivando, con mejor o peor fortuna
y, segn parece, en cierta medida para pesar del propio Elas, la teora analtica del
Derecho.
En cuanto nos conocimos, Elas, que deba andar entonces sobre los cuarenta
y tantos aos, asumi la direccin de mi tesis. Esta versaba sobre un tema que creo
que a Elas no le interesaba demasiado (y que a m tambin dej de interesarme, ms
o menos cuando ya la estaba terminando). Elas ley muy concienzudamente los dos
primeros captulos, que me devolvi llenos de anotaciones. Pero tras esta lectura me
parece que se convenci (no dir que con acierto) de que yo no era un completo
idiota, y a partir de ese momento su preocupacin central fue que terminara tempestivamente la tesis. Y su contribucin esencial para ello, muy importante para m en
aquel momento, fue proporcionarme seguridad. La disposicin a ayudar en todo lo
que le pidiramos y el trato igualitario que Elas nos dispensaba a los principiantes
cuyas tesis diriga nos proporcion, a muchos de nosotros, un modelo de cul habra
de ser, ms tarde, nuestra relacin con los principiantes a quienes nos tocara encauzar
en sus primeros pasos.
Si el Elas director de mi tesis me proporcion un modelo de lo que deba ser un
profesor en la cuarentena y la cincuentena, el ltimo Elas el ltimo por ahora, se
entiende va convirtindose tambin para m en un modelo para la tercera etapa de la
vida. Me refiero al Elas que, en relacin con cualquier tema que tenga que ver con la
filosofa del Derecho, dice sin restriccin alguna lo que piensa, con independencia de
que ello guste ms o menos al auditorio o cumpla o no con los criterios de correccin
impuestos por las modas filosficas vigentes. Creo que, conforme nos vamos haciendo
mayores, debemos adoptar como norma la sinceridad radical de Elas. La cuestin est
en que seamos capaces de hacerlo con algo de la lucidez, la gracia y la simpata con la
que lo hace Elas.
Yo no fui, ni mucho menos, de los primeros lectores de Normative Systems. De
hecho, no le este libro hasta un verano de la segunda mitad de los ochenta, en el que
le dediqu unas cuantas tardes de agosto, de las que todava recuerdo la sensacin
de deslumbramiento y de excitacin. En una ocasin, J.L. Borges se refiri a los
lcidos placeres del pensamiento y las secretas aventuras del orden. Si yo he llegado
a adquirir el gusto por tales lcidos placeres y tales secretas aventuras ello se lo debo,
en muy amplia medida, a ese ser mitolgico apellidado Bulyrrn y constituido, al
modo de no s si santsima binidad, por las personas individuales de C. Alchourrn
y E. Bulygin. Conoc a E. Bulygin en 1990 y, desde entonces, las discusiones con
l sobre diversos problemas de teora del Derecho como el principio de clausura kelseniano, la regla de reconocimiento, la tipologa de las normas, la naturaleza
de las normas permisivas o las lagunas en el Derecho han sido recurrentes en mi
vida. Como l mismo recordaba con ocasin de un homenaje que se le ha tributado
recientemente en la Pompeu Fabra, hemos mantenido discusiones sobre estos temas
en seminarios y congresos celebrados en al menos ocho ciudades distintas de Europa
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Laudatio
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J. Aguil Regla.
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Laudatio
que alguien tan extraordinariamente simptico como Eugenio haya podido escribir
esos trabajos tan serios.
Mi relacin con R. Alexy ha sido mucho menos personal que con los otros doctores honoris causa, podra decirse que ha sido estrictamente intelectual. Prcticamente
no me he relacionado con el autor, solo con su obra. R. Alexy probablemente sea el
ms anglosajn de los filsofos del Derecho alemanes. La filosofa del Derecho espaola le debe mucho; muchas ideas y conceptos que hoy son comunes entre nosotros
tienen origen en su obra. Pero sobre todo su influencia ha sido definitiva en la consolidacin del giro pragmtico de la filosofa del Derecho espaola. Si me pongo a m
como ilustracin bien puedo decir que sus reglas del discurso como reglas relativas a
la conducta de los participantes en el mismo y la tesis de que las decisiones jurdicas
incorporan la pretensin de correccin han marcado, en este sentido, un antes y un
despus.
5*4
La influencia de los cuatro homenajeados sobre mi trayectoria intelectual ha sido
decisiva. La de E. Bulygin, en la orientacin analtica de mi formacin inicial; la de
E. Garzn, en el posterior giro moral; la de R. Alexy es la de mayor peso en la
actualidad; y la de E. Daz ha estado siempre presente entre bastidores. E. Bulygin
me ense a hablar: fue un modelo su deslumbrante rigor conceptual, ese fino mtodo
analtico atento a las distinciones conceptuales y a la articulacin clara y distinta de lo
que se defiende y de la estructura argumental con que se defiende. Su gramtica analtica sigue siendo para m el corrector de pruebas conceptual al que debe someterse
cualquier trabajo. Y esto vale tambin cuando, como es mi caso, uno ha acabado lejos
de su teora del Derecho.
Lo que me atrae de E. Garzn es que rene el rigor analtico bulyginiano con una
filosofa moral que no rehuye el desafo de la fundamentacin racional. Me gusta su
trasfondo metatico, adems, porque l no entiende la teorizacin moral como bsqueda de la gran teora coherente que resuelva todos los problemas morales reales.
Garzn es consciente de las aporas fundamentales del discurso tico y de las tensiones inherentes a nuestras actitudes morales insertas en nuestras vidas sociales. Pero eso
no le lleva al escepticismo, sino a abordar racionalmente, usando elementos de teoras
diversas, muchos problemas concretos, que es adems lo ms difcil, y lo ms til. Su
tica aplicada los trata con suficiente contextualizacin, y buscando siempre ese difcil
equilibrio reflexivo entre teoras o principios e intuiciones y actitudes. Encima, sus respuestas son siempre atractivas, y lo son porque su inconfundible liberalismo kantiano
incorpora una decidida preocupacin por valores de solidaridad e igualitarismo.
R. Alexy lleva a la teora del Derecho y del razonamiento jurdico ese racionalismo
moral que me ense Garzn. Claro que Garzn ha cultivado tambin la teora del
Derecho. Su defensa, por ejemplo, de que la aceptacin de la regla de reconocimiento
hartiana slo puede entenderse como aceptacin moral fue para m uno de los caballos
*
[Link] 57
J. A. Prez Lled.
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de Troya en mi trnsito desde la iusfilosofa analtica hasta el postpositivismo constitucionalista. O sea, hasta Alexy, que es mi punto de llegada (por ahora). Durante ese
trnsito con frecuencia me palpaba las carnes preguntndome, algo preocupado: Me
estar volviendo dworkiniano?. Pronto supe que no exactamente, que ms bien me
estaba volviendo alexyano. Adems de las formidables herramientas argumentativas
que su teora de la argumentacin suministra, Alexy es para m la mejor versin del
constitucionalismo. Porque si, como suele decirse, el ideal del Estado constitucional
es una superacin integradora de lo mejor del Estado liberal y del Estado social,
en Alexy la conservacin de este ltimo queda bien a salvo.
Lo de tres Estados me recuerda a E. Daz. En mi viaje de Bulygin a Alexy pasando por Garzn, E. Daz est en todas partes. En el principio era Elas: en primero
de carrera estudi con su manual, y vaya si me sedujo. Y desde entonces ah sigue,
tan omnipresente que no llego a verle... hasta que, tras sesudas discusiones o epatantes lecturas de rabiosa actualidad, pego un brinco: Pero si esto ya lo deca Elas!.
Su influencia es a menudo la de ese papel negativo o crtico a la que la filosofa no
puede renunciar: ojo con esto, con comprarlo a la ligera. Pero el mensaje de E.
Daz invita tambin a la apertura, a integrar ideas diversas, dado su afn de sntesis
superadora. Pero la sntesis de E. Daz entre Estado liberal y social se llamaba Estado
democrtico, no constitucional. La confianza de Elas en que la democracia traer
el socialismo (su socialismo liberal, que no social-liberalismo) le aleja de las teoras
constitucionalistas. Y an as, E. Daz sigue presente: en negativo, el Elas advertidor,
de los peligros del constitucionalismo. Pero tambin en positivo: mi preferencia por
la versin alexyana del constitucionalismo no es tanto por su atractivo terico cuanto
por su atractivo poltico, porque acomoda mejor el componente del Estado social. En
suma, por la gran leccin que he aprendido de E. Daz: no hay que dejar de ser poltico, ni siquiera cuando se hace teora del Derecho.
Al final, uno puede estar en el constitucionalismo (Alexy) sin renunciar al rigor
conceptual en la forma (Bulygin), debiendo elaborar filosficamente su sustancia
moral (Garzn), y sin perder la mordiente crtica y la perspectiva social y poltica
(Daz).
6*
En el curso 1987-1988, estando en quinto de carrera, tuve que exponer durante
las clases de filosofa del Derecho el artculo de E. Garzn Valds Los deberes positivos generales y su fundamentacin. El artculo me pareci difcil, pues no estaba
acostumbrado al anlisis conceptual, pero al mismo tiempo me impresion la conexin
que trazaba entre la tica prctica y el anlisis conceptual. Muchos otros trabajos de
Ernesto son tiles presentaciones de temas relevantes, de manera que probablemente
es el autor cuyos textos con ms frecuencia usamos en clases y seminarios con alumnos,
sobre todo en cursos de tica. Desde que le su artculo sobre los deberes positivos
generales E. Garzn Valds ha sido un referente cercano en mis trabajos. En primer
*
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D. Gonzlez Lagier.
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7*
Todava conservo la carta que E. Daz me escribi cuando apenas llevaba un ao
en el Departamento de Filosofa del Derecho. En mi tesis de licenciatura me haba ocupado de su concepcin de la democracia y Elas tuvo la atencin de contestar a algunas
de mis observaciones. Recibir aquella carta me emocion muchsimo; para m supuso
el ms estimulante de los mensajes de bienvenida a la filosofa del Derecho. Yo senta
una enorme admiracin por E. Daz, cuya contribucin a la cultura democrtica espaola haba sido constantemente destacada por muchos de mis profesores a lo largo de
la carrera. Que un intelectual de su relieve, se dirigiera a m, una modesta pre becaria
de investigacin, como la profesora . Rdenas y se tomara la molestia de contestar a
mis observaciones es una buena muestra de que E. Daz no slo es uno de los grandes
tericos de la legitimidad democrtica, sino tambin uno de los ms frreos militantes
del principio de igualdad aplicado al da a da de la vida acadmica.
Cuando en quinto curso de licenciatura recin estrenados los noventa M.
Atienza nos habl por primera vez de la Teora de la argumentacin de R. Alexy tuve
la sensacin de estar ante la verdadera piedra filosofal nunca mejor dicho de la
*
[Link] 60
. Rdenas Calatayud.
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Laudatio
8*
A principios de los noventa, recin terminados mis estudios de Derecho en la
Universidad de Alicante, tuve la gran suerte de iniciarme en la tarea investigadora a
travs de un doctorado interuniversitario que llevaba por ttulo Racionalidad y Derecho, en el que diversas universidades espaolas coordinaron esfuerzos para conseguir
un doctorado especfico en filosofa del Derecho que contara con los ms destacados
investigadores espaoles y extranjeros. Entre otros, E. Bulygin, quien fue el primero
de los profesores que nos imparti un intensivo curso de 15 das, en Barcelona. All
me impact cmo la lucidez de sus anlisis (de la que tena conocimiento por la lectura de sus obras) se transformaba, al verlo en accin, en una insuperable capacidad
*
[Link] 61
I. Lifante Vidal.
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Laudatio
de una concepcin del Derecho que ha dado en llamarse constitucionalista, que con
el tiempo he ido asumiendo de manera cada vez ms convencida. Quizs no sea casual
que el proyecto de investigacin que hoy tenemos vigente en nuestro grupo de Alicante
lleve por ttulo precisamente: argumentacin y derechos.
9*
Como seguramente muchos otros estudiantes de teora del Derecho del mbito
hispanoamericano, fue con Normative Systems como adquir las primeras herramientas conceptuales que me permitieron una aproximacin analtica al estudio del Derecho en cuanto sistema normativo. Ese alfabeto conceptual, originalmente acuado y
rigurosamente expuesto en la obra de Alchourrn y Bulygin, pas a ser, necesariamente, unas veces utillaje y otras punto de partida de todos los trabajos que hasta la
fecha he podido escribir en Teora del Derecho. Por otra parte, las tesis de Bulygin
que emanan de sus escritos sobre las lagunas, sobre la interpretacin y aplicacin del
Derecho, sobre el papel de la discrecionalidad son rotundamente positivistas: acaso
su pensamiento puede ser considerado el del ltimo gran positivista. Estas son, en mi
opinin, dos de las grandes aportaciones de uno de nuestros maestros: de su filosofa
analtica, la precisin conceptual del mtodo aplicado al campo de la teora del Derecho, de su positivismo, un conjunto de tesis bsicas que son o bien asumidas o bien
incorporadas para su discusin en los debates centrales en la actualidad de nuestra
disciplina.
Si los trabajos de Bulygin me mostraron algunos buenos elementos en relacin
con el mtodo que habra de ser utilizado en la filosofa del Derecho, los de E. Daz
aportaron otros tantos (la dimensin histrica y socio-poltica) y, muy especialmente,
me reafirmaron en mi intuicin de hacia dnde mirar para construir un pensamiento
filosfico-jurdico slido. E. Daz me ense qu era importante leer, qu estudiar
y sobre qu pensar en filosofa del Derecho. E. Daz insufl a la moderna filosofa
del Derecho espaola el espritu, la vis que la hace merecedora, en mi opinin, del
rtulo de verdadera filosofa y, especficamente, de filosofa prctica. Estado social y
democrtico de Derecho pas a ser para m ese concepto-marco de problemas de una
filosofa que no pretende ser una mera distraccin intelectual, de una filosofa prctica (las tesis de fondo de E. Daz se articulaban en el paradigma de la unidad) que se
tome en serio la reflexin crtica y constructiva de la convivencia en las comunidades
polticas.
El concepto de deuda intelectual se me antoja en exceso limitado para describir
todo lo que he tenido la oportunidad de recibir de E. Garzn Valds. Su habilidad
especial, que otros tratamos de utilizar como modelo, para construir desde la escrupulosidad analtica un artculo que arroje luz sobre los temas ms urgentes de nuestro
campo. Su capacidad para elegir los grandes problemas que precisaban reflexin: derechos humanos y el coto vedado, instituciones suicidas, deberes positivos generales,
paternalismo, relativismo cultural...
*
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V. Roca.
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M. Alemany.
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11
Lo bueno segn se dice si breve, dos veces bueno. Esta laudatio no puede
ser calificada seguramente de breve, como no sea incurriendo en alguna modalidad
de la falacia de la composicin: por ms que cada uno de los fragmentos de que est
compuesta haya sido breve, o brevsimo, el resultado de agregarlos (cuando no son tan
pocos) no tiene por qu ser ya breve. Y en cuanto a su bondad, la misma tendra que
medirse por la virtualidad que haya podido tener para persuadir al auditorio acerca de
la justicia del nombramiento como doctores honoris causa de esta universidad de E.
Garzn Valds, E. Bulygin, E. Daz y R. Alexy. Pero en esto hemos jugado, por as
decirlo, con ventaja. Echando mano de la tradicin retrica, podra decirse que se ha
tratado de una causa digna (la clase de causa as se define en la Retrica a Herennio con la que defendemos lo que todos creen que se debe defender; o atacamos algo
que todos creen que se debe atacar), que en esa tradicin se contrapona a las causas
deshonrosas, dudosas o insignificantes.
Al final de La senda del Derecho, O. Holmes haca un elogio de quienes se interesan por los aspectos ms tericos del Derecho (frente a quienes slo tienen un inters
puramente prctico en el mismo), contraponiendo el poder del dinero al que otorga
el dominio de las ideas: esta ltima, en su opinin, sera la forma ms duradera y
penetrante del poder. La felicidad escriba () no se consigue con slo ser
abogado de grandes compaas y disfrutar de un ingreso de cincuenta mil dlares
anuales [de la poca: finales del xix!]. Un intelecto lo suficientemente grande (...) necesita otro alimento, adems del xito puramente material. Pues bien, la obra terica
y la trayectoria profesional de los cuatro nuevos doctores honoris causa muestra que
probablemente no se puede vivir a lo grande de la filosofa del Derecho, pero que s
es posible vivir con grandeza en la filosofa del Derecho. Ellos han sido son grandes maestros y todos (o la mayor parte) de los que estamos aqu (directamente o con
auxilio de la ley de la transitividad) sus discpulos; y no de manera disjunta, sino conjuntamente: de cada uno de ellos. La grandeza de los maestros nos beneficia a todos (a
todos sus discpulos), pero la razn para haberlos investido doctores honoris causa no
es simplemente la de saldar una deuda, sino la de reconfortarnos (frente a la experiencia de tantas miserias acadmicas) ante el hecho incontestable de que s es posible vivir
con grandeza la vida universitaria.
DOXA 32 (2009)
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RESUMEN. En este texto R. Alexy expone las lneas bsicas de su concepcin de la filosofa del
Derecho.
Palabras clave: R. Alexy, pretensin de correccin, teora del discurso, positividad,
validez, constitucionalismo democrtico.
ABSTRACT. R. Alexy presents herein the main lines of his legal philosophy conception.
Keywords: R. Alexy, claim to correctness, discourse theory, facticity, validity, democratic constitutionalism.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 67-84
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Robert Alexy
n el centro de mi filosofa jurdica se encuentra la tesis de que el Derecho tiene una doble naturaleza1. Comprende necesariamente tanto una dimensin
real o fctica como una dimensin ideal o crtica. El aspecto fctico se refleja
en los elementos definitorios de la legalidad conforme al ordenamiento y de
la eficacia social, y el ideal en el de la correccin moral2. Quien define el Derecho exclusivamente por medio de la legalidad conforme al ordenamiento y la eficacia
social sostiene un concepto positivista de Derecho. En cuanto aadimos la correccin
moral como tercer elemento necesario, el cuadro cambia de un modo fundamental:
surge un concepto no positivista de Derecho. As pues, la tesis de la doble naturaleza
implica el no-positivismo.
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69
pretensin significa, primero, que a sus actos institucionales es decir, a las decisiones
legislativas y a las sentencias judiciales est unido el acto no institucional de asercin
o afirmacin de que el acto jurdico es procedimental y materialmente correcto. La correccin implica justificabilidad. Luego la pretensin de correccin incluye, en segundo lugar, una aseveracin de justificabilidad7,*. Como tercer elemento, a la afirmacin
y a la aseveracin se suma la expectativa de que todo aquel que se site en el punto
de vista del correspondiente sistema jurdico y sea razonable aceptar el acto jurdico
como correcto. El planteamiento de una pretensin de correccin, por consiguiente, se
compone de la trada de: 1)afirmacin de la correccin, 2)aseveracin de la justificabilidad, y 3)expectativa de aceptacin. Esta trada no se halla unida solamente a actos
institucionales como las decisiones legislativas y las sentencias judiciales. Cualquiera
que, en cuanto participante en un sistema jurdico por ejemplo, como abogado ante
un tribunal o como ciudadano dentro de un debate pblico, aduzca argumentos a
favor o en contra de determinados contenidos de dicho sistema estar planteando la
pretensin integrada por la afirmacin de la correccin, la aseveracin de la justificabilidad y la expectativa de aceptacin.
1.1.2.La necesidad de la pretensin
La pretensin de correccin slo es relevante para el concepto y la naturaleza8 del
Derecho si este la plantea necesariamente. Se puede demostrar y explicar su necesidad
por medio de dos ejemplos.
El primer ejemplo trata del artculo primero de una nueva constitucin para el
Estado X, donde una minora oprime a la mayora. La minora desea continuar disfrutando de las ventajas de oprimir a la mayora, aunque tambin quiere ser sincera. La
asamblea constituyente aprueba por ello, como artculo primero de la nueva constitucin, la siguiente clusula:
1. X es una repblica soberana, federal e injusta.
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Robert Alexy
Esta frase suscita una serie de cuestiones que no se abordarn en este trabajo13. Lo
nico importante, en el presente contexto, es que reconocer un defecto convencional,
moral o tcnico, al igual que una vulneracin del Derecho positivo14, no basta tampoco
aqu para aprehender el peculiar carcter de la deficiencia. La absurdidad de la frase,
tambin en este caso, se explica solamente por una contradiccin. Con un fallo judicial
se efecta siempre la pretensin de que el Derecho es aplicado correctamente, por
poco satisfecha que resulte. Esta pretensin de correccin, efectuada al ejecutarse el
acto institucional de condena, contradice la calificacin de errneo que el fallo hace de
s mismo. Que se efecte una pretensin de correccin significa, entre otras cosas, que
se afirma implcitamente que el fallo es correcto. Esta afirmacin implcita contradice
9
E. Bulygin, Alexy y el argumento de la correccin, trad. [Link], en R. Alexy y E. Bulygin, La
pretensin de correccin del Derecho. La polmica Alexy/Bulygin sobre la relacin entre Derecho y moral, Bogot,
Universidad Externado de Colombia, 2001, p.50.
10
Cfr. Alexy, El concepto y la validez del Derecho (nota2), p.42.
11
La justicia no es sino un caso especial de correccin, a saber: correccin en relacin con la distribucin
y la compensacin; cfr. R. Alexy, Justicia como correccin, trad. A.I. Haqun, en Doxa, 26, 2003, p.163.
12
Sobre este punto, con mayor detalle, R. Alexy, Sobre la tesis de una conexin necesaria entre Derecho y moral: la crtica de Bulygin, trad. P. Gaido, en: R. Alexy y E. Bulygin, La pretensin de correccin del
Derecho. La polmica Alexy/Bulygin sobre la relacin entre Derecho y moral, Bogot, Universidad Externado de
Colombia, 2001, pp.100 y ss.
13
Cfr., al respecto, por una parte, U. Neumann, Juristische Argumentationslehre, Darmstadt, Wiss. Buchgesellschaft, 1986, pp.87-89, as como Bulygin, Alexy y el argumento de la correccin (nota9), pp.49-50;
y, por la otra, R. Alexy, La crtica de Bulygin al argumento de la correccin, trad. P. Gaido, en: R. Alexy y
E. Bulygin, La pretensin de correccin del Derecho. La polmica Alexy/Bulygin sobre la relacin entre Derecho
y moral, Bogot, Universidad Externado de Colombia, 2001, pp.78-83.
14
Alexy, El concepto y la validez del Derecho (nota2), p.44.
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la afirmacin explcita y pblica, unida al fallo, de que ste es errneo. Esta contradiccin entre lo implcito y lo explcito explica el absurdo.
Cabra objetar que todo esto an no muestra la necesidad de la pretensin de
correccin, ya que en los dos casos el absurdo sera evitable. Tan slo habra que modificar radicalmente la praxis y la concepcin del Derecho vigentes hasta ahora. Una
vez que todos interpretasen las constituciones exclusivamente como una expresin
de poder, voluntad y fuerza, y las sentencias judiciales como una mezcla de rdenes,
decisiones y emociones, o sea, si ambas cosas se entendieran como naturales, desaparecera de nuestros ejemplos la pretensin de correccin y, con ella, desaparecera
a un tiempo la contradiccin y, por ende, el absurdo. La pretensin de correccin
quedara sustituida por algo as como una pretensin de poder. Esta posibilidad de
sustituir el Derecho por el mero poder muestra en qu sentido es necesaria la pretensin de correccin. Y es necesaria con relacin a una prctica definida esencialmente
por la distincin entre lo correcto y lo errneo o incorrecto (falsch), es decir, por la
normatividad. Esta prctica es, por cierto, una prctica de ndole especial. Podramos
desde luego intentar prescindir sea totalmente o slo en el mbito de la coordinacin y la cooperacin sociales de las categoras de correccin, justificabilidad y
objetividad15. Pero si logrsemos hacerlo, nuestro lenguaje y nuestros actos (Reden
und Handeln) seran algo sustancialmente distinto de lo que ahora son. El precio a
pagar por ello sera alto: en algn sentido, consistira en nosotros mismos. Por tanto,
la fundamentacin de la necesidad de la pretensin de correccin, si quiere ser algo
ms que la explicacin de una prctica presente en la realidad, conduce a una dimensin existencial16.
1.1.3.El contenido de la pretensin
Con la tesis de que el Derecho plantea una pretensin de correccin todava no se
dice nada sobre el contenido de esa pretensin. Este depende del contexto institucional. Y as, para una asamblea constituyente se aplicarn criterios distintos de los aplicables a las sentencias judiciales. Pero hay dos rasgos que caracterizan la pretensin de
correccin del Derecho en todos los contextos: la primera es que incluye siempre una
pretensin de justificabilidad; y la segunda es que, como se expondr luego, siempre se
refiere por lo menos tambin a la correccin moral. De esta manera, al dictar un
fallo o sentencia judicial no slo se afirma que se ha seguido el Derecho promulgado
15
Raz ha sostenido que el argumento de la correccin no es ms que una tesis general sobre las acciones
intencionales y sus productos, de modo que valdra tambin para las acciones de los bandidos. Ah tomara
la forma de una pretensin de que aquello que hacen los bandidos es idneo o apropiado (appropriate) en
relacin con sus objetivos, lo cual podra significar, por ejemplo, que la accin resulta lucrativa o auto-enriquecedora (self-enriching); J. Raz, The Argument from Injustice, or How Not to Reply to Legal Positivism,
en: G. Pavlakos (ed.), Law, Rights and Discourse, Oxford, Hart, 2007, p.27. A ello hay que responder que la
pretensin de correccin, segn se ha expuesto, incluye una aseveracin de justificabilidad que se hace frente
a todos, as como una expectativa de aceptacin. El objetivo de enriquecerse uno mismo mediante el robo no
es compatible con esto. La pretensin de idoneidad a la que alude Raz carece, pues, de la dimensin de objetividad contenida en la pretensin de correccin. Cfr. R. Alexy, An Answer to Joseph Raz, en G. Pavlakos
(ed.), Law, Rights and Discourse, Oxford, Hart, 2007, p.49.
16
Cfr., al respecto, R. Alexy, Menschenrechte ohne Metaphysik?, Deutsche Zeitschrift fr Philosophie,
52, 2004, p.21.
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y eficaz, sino tambin que tanto este Derecho como su interpretacin son moralmente
correctos.
1.2.La teora del discurso
Cabra objetar que la pretensin de correccin, por cuanto se refiere a la moral, es
tan slo expresin de una ilusin. Los juicios sobre lo que est moralmente ordenado,
prohibido o permitido, sobre lo que es bueno y malo y justo e injusto, seran subjetivos,
relativos y fruto de meras decisiones. Las cuestiones prcticas, dejando al margen las
que ataen a la maximizacin de la utilidad, seran racionalmente indecidibles. A esta
objecin del irracionalismo hago frente con la teora del discurso.
1.2.1.Las ideas fundamentales de la teora del discurso
La teora del discurso es una teora procedimental de la correccin o verdad prctica17. La tesis principal de todas las teoras procedimentales de la correccin es que la
correccin de una proposicin normativa depende de que la proposicin sea o pueda
ser el resultado de un determinado procedimiento. Es una propiedad esencial de la
teora del discurso que este procedimiento no sea un procedimiento de decisin o
negociacin, sino un procedimiento de argumentacin.
El procedimiento del discurso puede definirse mediante un sistema de reglas discursivas que expresan las condiciones de la argumentacin prctica racional 18. Una
parte de esas reglas formula exigencias generales de racionalidad, vlidas tambin con
independencia de la teora del discurso. Entre ellas figuran la no contradiccin, la
universabilidad en el sentido de un uso consistente de los predicados utilizados,
la claridad lingstica y conceptual, la verdad emprica, la consideracin de las consecuencias, la ponderacin, el intercambio de roles y el anlisis del origen de las convicciones morales. Todas estas reglas son vlidas asimismo para los monlogos. Ya esto
deja claro que la teora del discurso en ningn caso reemplaza la justificacin o fundamentacin por la mera creacin de consensos, como se ha objetado en su contra19. Esta
teora incluye la totalidad de las reglas de argumentacin racional que son aplicables
a fundamentaciones monolgicas. Su particularidad estriba exclusivamente en que a
este plano le aade otro: el de las reglas referidas al procedimiento del discurso, las
cuales tienen un carcter no monolgico. Su objetivo es la imparcialidad del discurso.
Y este objetivo se alcanza asegurando la libertad y la igualdad de la argumentacin.
Entre estas reglas, las ms importantes rezan:
17
R. Alexy, La idea de una teora procesal de la argumentacin jurdica, trad. C. de Santiago (rev.
E. Garzn Valds), en E. Garzn Valds (ed.), Derecho y filosofa, Barcelona-Caracas, Alfa, 1985, pp.43
y ss.
18
Para un intento de formular dicho sistema con ayuda de veintiocho reglas del discurso, cfr. R.
Alexy, Teora de la argumentacin jurdica, trad. M. Atienza e I. Espejo, [Link]., Madrid, CEPC, 2007,
pp.185-201.
19
Cfr. O. Weinberger, Grundlagenprobleme des Institutionalistischen Rechtspositivismus und der
Gerechtigkeitstheorie, en P. Koller, W. Krawietz y P. Strasser (eds.), Institution und Recht (Rechtstheorie,
Beiheft 14), Berlin, Duncker & Humblot, 1994, pp.258-59.
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Estas reglas expresan las ideas de libertad e igualdad en el plano de la argumentacin. Y si ellas valen, es decir, si todos pueden decidir libremente y en igualdad aquello que aceptan, vale entonces necesariamente la siguiente condicin de aprobacin o
acuerdo universal:
Una norma slo puede encontrar aprobacin universal en un discurso si las consecuencias de su observancia general respecto a la satisfaccin de los intereses de cada uno de
los individuos pueden ser aceptadas por todos.
Constituye una asuncin central de la teora del discurso, en primer lugar, que la
aprobacin en el discurso puede depender de los argumentos y, en segundo lugar, que
existe una relacin necesaria entre la aprobacin universal bajo condiciones ideales y
los conceptos de correccin y, por tanto, de validez moral. Esta conexin puede formularse como sigue:
nicamente son correctas y, por tanto, vlidas las normas que en un discurso ideal
todos juzgaran correctas.
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puntos de partida del procedimiento. Los puntos de partida son las convicciones normativas e interpretaciones de intereses de los participantes que existan en cada caso.
En segundo lugar, las reglas del discurso no fijan todos los pasos de la argumentacin.
Y en tercer lugar, hay una serie de reglas del discurso que tiene carcter ideal y, por
consiguiente, slo son susceptibles de cumplimiento aproximado.
Esto ltimo nos trae a la distincin, fundamental para la teora del discurso, entre
discursos ideales y reales. El discurso prctico ideal en todos los aspectos se define por
ser un discurso en el cual, bajo condiciones de tiempo ilimitado, participacin ilimitada y total ausencia de coercin, se busca la respuesta a una cuestin prctica sobre la
base de una completa claridad lingstico-conceptual, una informacin emprica perfecta, una completa capacidad y disposicin para el intercambio de roles, y una total
ausencia de prejuicios. El concepto de discurso ideal plantea diversos problemas23, y es
objeto de duras crticas24. Ninguna persona ha participado nunca en un discurso ideal
en todos los aspectos, y ningn mortal lo har jams. Por eso, sobre los resultados de
discursos ideales nunca podr haber certeza, sino tan slo suposiciones. Adems, ni siquiera es seguro que el discurso ideal en todos los aspectos condujese en cada cuestin
prctica a un consenso, o que las personas no tengan diferencias que sean resistentes al
discurso y excluyan los consensos incluso bajo las condiciones ms ideales.
Todo eso, sin embargo, no es capaz de desvirtuar el concepto de discurso ideal.
La nocin del discurso ideal es una idea regulativa siempre presente en los discursos
reales25; en cuanto idea regulativa, expresa su meta u objetivo. Lo que define los discursos prcticos reales es que en ellos se busca la respuesta a una cuestin prctica bajo
condiciones de tiempo limitado, participacin limitada y limitada ausencia de coercin; y con una claridad lingstico-conceptual limitada, una informacin emprica
limitada, una limitada capacidad para el intercambio de roles y una ausencia limitada
de prejuicios. Aun a pesar de estas limitaciones, el discurso real se encuentra necesariamente vinculado al ideal. Quien intenta convencer a un oponente con argumentos
presupone que este tendra que convenir con l bajo condiciones ideales. El discurso
ideal, como idea regulativa, y la pretensin de correccin son, de este modo, dos caras
de una misma cosa.
Contra ello se podra objetar que el discurso ideal es intil como idea regulativa.
Lo sera si aproximarse a l fuese o imposible o irrelevante para la correccin. Que la
aproximacin de los discursos reales a los ideales es posible resulta fcil de advertir. Y
as, hay discursos limitados y discursos abiertos, imprecisos y claros, autocomplacientes y crticos; y todo esto, y ms, aparece en diferentes grados. La cuestin, por tanto,
slo puede ser si existe una vinculacin intrnseca entre la aproximacin a los discursos
ideales y la correccin prctica. Hay buenas razones para sostener que tal es el caso. En
los discursos prcticos no se trata slo de constatar intereses comunes, sino tambin, y
primordialmente, de hallar una solucin correcta a conflictos de intereses. En esencia,
la solucin correcta a los conflictos de intereses pasa por determinar correctamente los
pesos relativos de los intereses que se encuentran en juego. Supongamos por ejemplo
Alexy, Problemas de la teora discurso (nota21), pp.50-57.
Weinberger, Grundlagenprobleme des Institutionalistischen Rechtspositivismus und der Gerechtigkeits-theorie (nota19), pp.259-262.
25
Sobre el concepto de idea regulativa, cfr. I. Kant, Crtica de la razn pura, A509, 644; B537, 672.
23
24
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que la norma N1, que resuelve un conflicto de intereses, encuentra aprobacin general
tras un discurso del que fueron excluidos los oponentes no dispuestos a aceptarla, y
en el cual prevaleci un grupo, la retrica emocional domin el terreno, los hechos
falsos fueron tratados como verdaderos hasta el final, y los ganadores miraron exclusivamente por sus propios intereses y nada quisieron or de los intereses de los dems.
Comprese este escenario con la solucin del mismo conflicto de intereses mediante
la norma N2, que encuentra aprobacin general tras un discurso del que nadie ha sido
excluido y en el cual nadie prevaleci, donde se argument con claridad y precisin,
donde se hicieron slo apreciaciones exactas o probables sobre las circunstancias empricas, y donde todos, en la medida de sus posibilidades, se pusieron en la situacin de
los dems y discutieron entre s su interpretacin de los intereses. No hay duda de que
el segundo caso est ms prximo al discurso ideal que el primero, y todo indica que
N2, al menos ceteris paribus, se encuentra por ello ms prxima a la correccin que N1.
Esto es suficiente para lo que se trataba de mostrar aqu: la aproximacin del discurso
real al ideal no es irrelevante para la correccin.
La vinculacin del discurso real con el ideal, no obstante, slo es capaz de eliminar la indefinicin del resultado de manera muy limitada. Hay algunas cosas que,
cuando se logra una aproximacin suficiente al discurso ideal lo cual, generalmente,
es posible en la prctica, no entran en consideracin como resultado. Un ejemplo
es la esclavitud. Esta se puede calificar como discursivamente imposible 26. Otras
cosas pueden conceptuarse con bastante seguridad como resultados del discurso, por
lo que cabe denominarlas discursivamente necesarias. Sirvan de ejemplo los derechos humanos y la democracia27. Ahora bien, en numerosos casos, puede ocurrir que
se sostengan posiciones inconciliables al final de un discurso, sin que ello vulnere las
reglas discursivas. Por su compatibilidad con las reglas del discurso, esas posiciones en
conflicto pueden calificarse como discursivamente posibles. El desacuerdo discursivamente posible es un desacuerdo razonable. Y aqu la teora del discurso tropieza
con un lmite que ella misma no puede cruzar. Esto podemos llamarlo el problema del
conocimiento (Erkenntnis).
[Link]
El problema del conocimiento obliga a abandonar el primer nivel, definido solamente por los ideales de la correccin y del discurso, y a pasar a un segundo nivel en
el que los procedimientos regulados por el Derecho positivo garantizan la toma de
decisiones, por ejemplo, mediante votaciones en el Parlamento. Este es el paso a la
positividad definida por la legalidad.
El problema del conocimiento no es el nico problema que nos conduce desde la
teora del discurso pura al Derecho positivo. A l se suman otros dos: el problema de
la imposicin o ejecucin y el de la organizacin. El problema de la ejecucin surge
porque la mera conciencia de la correccin de una norma no garantiza su observancia. Y si algunos pueden vulnerar una norma sin correr ningn riesgo, ya no se puede
26
27
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exigir a nadie ms que la cumpla. Esto hace necesaria la conexin entre el Derecho
y la coercin, por cuanto sta es un elemento decisivo de la eficacia social28. Por ltimo, el problema de la organizacin resulta del hecho de que numerosas exigencias
morales y objetivos deseables no se pueden cumplir o alcanzar suficientemente tan
slo mediante acciones individuales y cooperacin espontnea. La seguridad social
es un ejemplo: su organizacin presupone Derecho. Y esto vale tambin para la administracin del Derecho mismo: el Derecho tiene que organizarse a travs del Derecho. As pues, la tesis de la doble naturaleza conduce primero hasta la idealidad, en
forma de correccin y discurso, y despus hasta la facticidad, en forma de legalidad
y eficacia.
3.Institucionalizacin de la razn
Se podra pensar que con el trnsito desde el discurso a la facticidad de la legalidad
y la eficacia se da a la vez el paso hacia el positivismo jurdico29. Pero eso sera malentender la tesis de la doble naturaleza. Segn la tesis de la doble naturaleza, el Derecho
tiene necesariamente tanto una dimensin fctica o real como una dimensin ideal o
crtica. La necesidad de esta vinculacin deriva de dos principios contrapuestos: el de
seguridad jurdica y el de justicia. Como la pretensin de correccin incluye los dos
principios30, ambos estn necesariamente conectados al Derecho. El principio de seguridad jurdica reclama sujetarse a aquello que ha sido establecido conforme al ordenamiento y es eficaz socialmente; el de justicia exige la correccin moral de la decisin.
Ninguno de los dos principios puede jams desplazar por completo al otro. La tesis
de la doble naturaleza exige combinar ambos en la proporcin correcta. La correccin
cobra, en esa proporcin, un sentido que comprende facticidad e idealidad. Tambin
podra hablarse aqu de una correccin de segundo nivel. Generar esta correccin
de segundo nivel es tarea del tercer paso, en el que se aborda la institucionalizacin de
la razn.
3.1.El lmite ltimo
La institucionalizacin de la razn es una empresa compleja. En ella pueden distinguirse cuatro aspectos. El primero lo constituye un lmite extremo o ltimo del
Derecho. Aqu se trata de refutar la clebre frase de H. Kelsen: por tanto, cualquier
contenido puede ser Derecho 31. Lo que a su juicio puede llegar a ser Derecho lo
ilustra Kelsen con este comentario: con arreglo al Derecho de los Estados totalitarios, el gobierno est facultado para confinar a las personas de convicciones, religin o
raza indeseadas en campos de concentracin, para obligarlas a realizar cualquier tipo
Alexy, On the Concept and the Nature of Law (nota1), pp.292-293.
As, C. Braun, Diskurstheoretische Normenbegrndung in der Rechtswissenschaft, Rechtstheorie,
19, 1988, pp.259-60.
30
Alexy, On the Concept and the Nature of Law (nota1), p.293.
31
H. Kelsen, Teora pura del Derecho (21960), trad. R.J. Vernengo, Mxico, Porra, 1998, p.205 [donde la frase se traduce: de ah que cualquier contenido que sea, pueda ser Derecho ([Link].)].
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de trabajo, y hasta para matarlas32. A esto hay que contraponer la frmula de Radbruch33, que en su versin abreviada puede expresarse as34:
La injusticia extrema no es Derecho.
Lo que tiene de particular esta frmula es que conecta Derecho y moral sin exigir una coincidencia plena entre ambos. Deja que el Derecho positivo sea vlido aun
cuando sea injusto35. Tan slo si se traspasa el umbral de la extrema injusticia pierden
las normas establecidas conforme al ordenamiento y socialmente eficaces su carcter
jurdico o su validez jurdica.
La pretensin de correccin, ciertamente, constituye un importante apoyo para
la frmula de Radbruch, aunque, por s sola, no basta para justificarla. Para ello son
precisas razones adicionales. Entre estas razones, las normativas desempean un papel
especial. Esto ya ha sido expuesto con detalle en otro lugar36, por lo que aqu se abordar solamente la cuestin fundamental de si las razones normativas, como los recin
mencionados principios de seguridad jurdica y justicia, pueden jugar algn papel en
absoluto de cara a determinar el concepto y la naturaleza del Derecho.
J. Raz ha sostenido que la cuestin de la naturaleza del Derecho es una cuestin terica, y no prctica o normativa, y que la teora exclusivamente ha de constatar
cmo son las cosas37. En cuanto a la cuestin de si la frmula de Radbruch dice algo
correcto sobre la naturaleza del Derecho o si como lo expresa Raz existe una regla
que confiere a los tribunales el poder de invalidar (set aside) leyes extremadamente injustas, estaramos, pues, ante una cuestin de hecho social (a matter of social fact)38.
Pero que en todos los sistemas jurdicos exista necesariamente un hecho social semejante es algo que yo tendra que haber demostrado39. A esto hay que responder que la
frmula de Radbruch no describe ningn hecho social. Es, antes bien, la contraparte
de un hecho social: impone lmites a la validez jurdica sustentada en los hechos sociales de la legalidad conforme al ordenamiento y de la eficacia real.
No obstante, queda la cuestin de si la frmula puede hacer eso sobre la base
de razones morales, es decir, normativas. A. Marmor lo niega con singular nfasis:
una vez que admitimos que para llegar a la frmula de Radbruch necesitamos un
argumento normativo, quedamos en manos de un argumento moral que nos diga algo
sobre el Derecho. La conclusin, entonces, ya no es sobre la naturaleza del Derecho.
As de simple40.
Ibid., p.54.
G. Radbruch, Gesetzliches Unrecht und bergesetzliches Recht, 1946, en G. Radbruch, Gesamtausgabe, vol.3, Heidelberg, Mller, 1990, p.89 (Leyes que no son Derecho y Derecho por encima de las leyes,
trad. J.M. Rodrguez Paniagua, en G. Radbruch et al., Derecho injusto y Derecho nulo, Madrid, Aguilar,
1971, pp.13-14).
34
Cfr. R. Alexy, Una defensa de la frmula de Radbruch, trad. J.A. Seoane, en Anuario da Facultade
de Dereito da Universidade da Corua, 5, 2001, pp.75 y ss.
35
Atendiendo a esta frmula cabe hablar, por lo tanto, de un no-positivismo inclusivo; cfr., al respecto,
Alexy, On the Concept and the Nature of Law (nota1), pp.286-290.
36
Alexy, El concepto y la validez del Derecho (nota2), pp.34-67.
37
J. Raz, On The Nature of Law, Archiv fr Rechts- und Sozialphilosophie, 82, 1996, p.7 cursivas
de R.A.
38
Raz, How Not to Reply to Legal Positivism (nota15), p.31.
39
Ibid.
40
A. Marmor, Debate, Anales de la Ctedra Francisco Surez, 39, 2005, p.752.
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Se puede rebatir que sea as de simple. No es tan simple porque junto a la perspectiva del observador est la perspectiva del participante41, y porque la perspectiva del
participante es necesaria para el Derecho y, por lo tanto, pertenece a su naturaleza. No
existe Derecho sin participantes. La diferencia entre ambas perspectivas consiste en
que el observador pregunta cmo se decide de hecho en un determinado sistema jurdico, mientras que el participante pregunta cul es la respuesta correcta a una cuestin
jurdica dentro de un determinado sistema jurdico. Para el observador, el Derecho se
compone tan slo de aquello que ha sido efectivamente promulgado y es socialmente
eficaz42. Esto, en verdad, es una cuestin de hecho social, como la llama Raz. En la
perspectiva del participante, en cambio, la respuesta a la cuestin de qu tiene validez
como Derecho y, en ese sentido, es el Derecho, depende de lo que se pueda afirmar
correctamente que es Derecho. Y la correccin de una afirmacin sobre lo que sea el
Derecho no depende ya slo de hechos sociales, sino tambin de argumentos morales.
En este sentido, los argumentos morales forman parte de las condiciones de correccin
de las afirmaciones jurdicas43. De tal suerte, lo que el Derecho debe ser penetra en
lo que el Derecho es. El es del participante, por esta razn, es necesariamente un
es que incluye un deber ser. Al igual que antes a propsito de la correccin, cabra
asimismo hablar aqu de un es de segundo nivel.
3.2.Constitucionalismo democrtico
El lmite ltimo de todo Derecho es una condicin necesaria, aunque en ningn
caso suficiente, para la institucionalizacin de la razn. Para lograrla no slo hay que
solventar la confrontacin entre positividad y correccin en ese lmite ltimo o exterior, sino que tambin hay que establecer, en la medida en que sea posible, su vinculacin en el interior. Y esto slo es factible en la forma poltica del constitucionalismo
democrtico.
3.2.1.Derechos fundamentales
La teora del discurso conduce al constitucionalismo democrtico porque plantea
dos exigencias cardinales respecto al contenido y a la estructura del sistema jurdico:
derechos fundamentales y democracia. Los derechos fundamentales son derechos que
han sido recogidos en una constitucin con el propsito de positivizar los derechos
humanos 44. Los derechos humanos son derechos morales de ndole universal, funCfr. Alexy, El concepto y la validez del Derecho (nota2), pp.31-32.
Esto no impide que las consideraciones del observador incluyan consideraciones acerca de cmo debe
ser el Derecho segn la opinin de los participantes que l observa. Cabe hablar aqu de consideraciones
indirectas o en tercera persona acerca de cmo debe ser el Derecho. Los participantes, por el contrario,
efectan consideraciones directas o en primera persona.
43
Cfr. R. Dworkin, Justice in Robes, Cambridge Mass., Harvard UP, 2006, p.2, quien habla de condiciones de verdad (truth conditions) en lugar de condiciones de correccin.
44
R. Alexy, Los derechos fundamentales, trad. C. Bernal Pulido, en R. Alexy, Tres escritos sobre
los derechos fundamentales y la teora de los principios, Bogot, Universidad Externado de Colombia, 2003,
p.28.
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3.3.Argumentacin jurdica
Ningn legislador puede crear un sistema de normas tan perfecto que todos los
casos se puedan resolver solamente en virtud de una simple subsuncin de la descripcin del estado de cosas bajo el supuesto de hecho de una regla. Hay varias razones
para ello. De singular importancia resultan la vaguedad del lenguaje del Derecho, la
posibilidad de antinomias, la falta de normas en las que pueda fundarse la decisin, y
la posibilidad de decidir incluso, en casos especiales, contra el tenor literal de una norma58. En ese sentido existe una necesaria apertura del Derecho59. Y esto vale tambin,
por lo menos en igual medida, para un sistema de precedentes.
En el mbito de apertura del Derecho positivo, por definicin, no se puede decidir
sobre la base del Derecho positivo, pues si fuera posible hacerlo ya no estaramos en
el mbito de apertura. Por eso, positivistas como Kelsen y Hart tan slo son consecuentes cuando dicen que en el mbito de apertura el juez est facultado para decidir,
a semejanza del legislador, a partir de criterios extrajurdicos60. La pretensin de correccin conduce, por el contrario, a una interpretacin no positivista. En el centro de
esta interpretacin no positivista se encuentra la tesis del caso especial.
La tesis del caso especial afirma que el discurso jurdico es un caso particular de
discurso prctico general61. Al igual que en la argumentacin prctica general, en la argumentacin jurdica se trata siempre, en definitiva, de lo que est ordenado, prohibido y permitido, es decir, de cuestiones prcticas. Tanto en el discurso prctico general
como en el discurso jurdico se efecta una pretensin de correccin. La particularidad
consiste en que, a diferencia de lo que ocurre en el discurso prctico general, en el discurso jurdico la pretensin de correccin no se refiere a qu es correcto con independencia del Derecho positivamente vlido en cada caso, sino a qu es correcto dentro del
marco de un sistema jurdico determinado. Lo que sea correcto en un sistema jurdico
depende, en esencia, de lo que haya sido establecido autoritativa o institucionalmente y
encaje en el sistema. Si se quiere expresar esto con una frmula abreviada, puede decirse que la argumentacin jurdica est sujeta a la ley y al precedente, y tiene que atender
al sistema de Derecho elaborado por la dogmtica jurdica62. Si la ley, el precedente o la
dogmtica establecen claramente la decisin, y no existen reparos serios en el aspecto
de la correccin material, el caso se decidir slo mediante lo autoritativo e institucional. Pero cuando la ley, el precedente y la dogmtica no fijan la respuesta a una cuestin
jurdica, lo cual define los casos difciles, son precisas valoraciones adicionales que no
se pueden extraer slo del material autoritativo preestablecido. Si se ha de satisfacer la
pretensin de correccin, estas premisas adicionales tienen que justificarse. Y esto, si
lo autoritativo o institucional por s solo no ofrece ninguna respuesta, nicamente es
posible por medio de la argumentacin prctica general.
Cfr. Alexy, Teora de la argumentacin jurdica (nota18), pp.23-24.
Cfr. H.L.A. Hart, El concepto de Derecho, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1980, pp.159-160.
60
Kelsen, Teora pura del Derecho (nota31), p.353; Hart, El concepto de Derecho (nota59), pp.157158, 168 y 252-253.
61
Alexy, Teora de la argumentacin jurdica (nota18), pp.206-213.
62
Estas sujeciones se expresan con las reglas y formas especficas del discurso jurdico; cfr. Alexy, Teora
de la argumentacin jurdica (nota18), pp.213 y ss., 285-287.
58
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Habermas ha objetado, en contra de la tesis del caso especial, que el discurso jurdico no puede concebirse como un caso especial del discurso moral: los discursos jurdicos (...) no constituyen casos especiales de argumentaciones morales63. La razn sera
que en el Derecho, junto a los argumentos morales, tambin han de jugar algn papel los
argumentos ticos y pragmticos64. Habermas denomina morales a los argumentos
que tratan de la justicia65. Las cuestiones ticas, en este caso tico-polticas, tendran por
objeto, en cambio, la autocomprensin colectiva66, lo cual incluira las discusiones
acerca de las tradiciones y valores comunes67. En cuanto a los argumentos pragmticos,
por ltimo, se tratara de lograr un equilibrio entre intereses rivales por medio de la negociacin de compromisos68. Sin duda, a la luz de estas distinciones, Habermas tiene
razn con su tesis de que el discurso jurdico no es un caso especial del discurso moral,
puesto que el discurso jurdico no slo est abierto a los argumentos morales, sino tambin a los ticos y a los pragmticos. Pero eso no afecta a la tesis del caso especial. Esta
no dice que el discurso jurdico sea un caso especial del discurso moral, sino que constituye un caso especial del discurso prctico general. El discurso prctico general es un
discurso en el que las cuestiones prcticas se responden con razones no autoritativas, las
cuales comprenden tanto las razones morales como las ticas y pragmticas. El discurso
prctico general es, pues, un discurso donde se combinan las razones morales, ticas y
pragmticas. Esta combinacin forma un vnculo sistemticamente necesario en el que
se manifiesta la unidad substancial de la razn prctica69. La pretensin de correccin
se refiere aqu a las tres dimensiones, si bien la prioridad corresponde a las razones
morales70. La tesis del caso especial expresa una conexin necesaria entre el Derecho
y la moral por cuanto afirma que en el discurso jurdico se encuentra necesariamente
incluido el discurso prctico general y, en este, el discurso moral.
3.4.La teora de los principios
El sistema del constitucionalismo democrtico quedara incompleto sin la teora de
los principios. La base de la teora de los principios es la distincin que la teora de las
normas establece entre reglas y principios71. Los principios son mandatos de optimizacin. Exigen que algo se realice en la mayor medida posible dentro de las posibilidades
jurdicas y fcticas. Su forma de aplicacin es la ponderacin. En cambio, las reglas son
normas que ordenan, prohben o permiten algo definitivamente. En este sentido son
mandatos definitivos. Su forma de aplicacin es la subsuncin.
La teora de los principios es el sistema construido a partir de las implicaciones
de esa distincin. Estas implicaciones afectan a todos los mbitos del Derecho. Como
Habermas, Facticidad y validez (nota55), p.306.
Ibid., pp.302-303.
65
Ibid., pp.221 y ss.
66
Ibid., p.173.
67
Ibid.
68
Ibid..
69
R. Alexy, La tesis del caso especial, trad. I. Lifante, en Isegora, 21, 1999, p.29.
70
Alexy, Thirteen Replies (nota7), p.355.
71
Cfr. Alexy, Teora de los derechos fundamentales, trad. C. Bernal Pulido, Madrid, CEPC, 2. ed.,
2007, pp.67-68.
63
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hemos visto, afectan incluso al concepto de Derecho: el equilibrio correcto entre los
principios de seguridad jurdica y justicia exige all que la extrema injusticia no pueda
ser Derecho, si bien, por debajo del umbral de la injusticia extrema, la injusticia no
elimina el carcter jurdico o la validez jurdica. La teora de los principios desempea
su papel principal en el campo de los derechos fundamentales. La razn ms importante para ello es la relacin de mutua implicacin entre el carcter de principio y el
principio de proporcionalidad. El principio de proporcionalidad, con sus tres subprincipios de idoneidad, de necesidad y de proporcionalidad en sentido estricto, se sigue
lgicamente de la definicin de los principios, y sta de aqul72. Esto significa que si
los derechos fundamentales tienen carcter de principios, entonces se aplica (gilt) el
principio de proporcionalidad; y que si se aplica el principio de proporcionalidad,
entonces los derechos fundamentales tienen carcter de principios.
Los subprincipios de idoneidad y necesidad exigen una optimizacin relativa a
las posibilidades fcticas. Ah no se trata de efectuar una ponderacin, sino de evitar
aquellas injerencias en los derechos fundamentales que son evitables sin detrimento de
otros principios, es decir, se trata de la optimalidad de Pareto73. En cambio, en el caso
del principio de proporcionalidad (Verhltnismigkeit) en sentido estricto que tambin cabe denominar, sin ms, principio de proporcionalidad (Proportionalitt),
se trata de una optimizacin relativa a las posibilidades jurdicas. Las posibilidades
jurdicas, adems de por reglas, quedan determinadas esencialmente por principios
opuestos. Este es el terreno de la ponderacin, pues la ponderacin no consiste en
nada ms que en la optimizacin de principios opuestos. De ah que esta teora de los
principios sea, ante todo, una teora de la ponderacin.
En la Teora de los derechos fundamentales he intentado capturar o reflejar la estructura de la ponderacin con ayuda de dos leyes: la ley de colisin y la ley de ponderacin. Aqu slo ha de interesar la ley de ponderacin74. Reza como sigue:
Cuanto mayor es el grado de la no satisfaccin o de afectacin de uno de los principios, tanto mayor debe ser la importancia de la satisfaccin del otro75.
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RESUMEN. En este texto E. Bulygin expone las lneas bsicas de su concepcin de la filosofa del
Derecho.
Palabras clave: E. Bulygin, lgica, positivismo jurdico, escepticismo axiolgico.
ABSTRACT. E. Bulygin presents in this text the main lines of his legal philosophy conception.
Keywords: E. Bulygin, logic, legal positivism, axiological scepticism.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 85-90
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ca. La filosofa se ocupa de los aspectos necesarios de la realidad, llmense stos ideas,
categoras, conceptos o sntesis a priori. Esto implica una adhesin a la idea de que la
filosofa es sustancialmente anlisis conceptual. El anlisis de la estructura del Derecho
y de sus partes componentes, en primer lugar, de las normas jurdicas, as como de los
conceptos jurdicos generales es, en mi opinin, la tarea primordial de la filosofa jurdica. As lo entendan los grandes filsofos del Derecho, desde Platn, Santo Toms
y Surez hasta Kelsen y Hart, pasando por Hobbes, Kant y Bentham. Y si bien es
verdad que ellos no usaban mucho las herramientas lgicas en sus anlisis, esto se debe
al hecho histrico de que la lgica en su forma actual fue desarrollada muy tardamente
hacia los finales del sigloxix y en el sigloxx con los trabajos pioneros de Boole, Russell y sobre todo Frege. El inters de los filsofos del Derecho por la lgica moderna
se debe en gran medida a la obra de Von Wright, quien sin ser jurista ha ejercido
una influencia profunda en la filosofa del Derecho, muy especialmente en los pases
latinos, en primer lugar en Argentina, en Espaa y en Italia. Pero la importancia de la
lgica para el Derecho no consiste simplemente en el uso de muchas frmulas lgicas.
Siempre me acuerdo de una frase de S. Soler, el gran penalista y filsofo del Derecho
argentino-espaol, quien me dijo una vez en una conversacin privada: la lgica es
como los resortes en un silln; es indispensable, pero no debe verse. Esto es lo que
procuramos hacer con Alchourrn en Normative Systems, donde las frmulas lgicas
estn confinadas al Apndice, que casi nadie lee, pero que contiene en forma resumida
en pocas (o quizs no tan pocas) frmulas todo el texto del libro.
Los ataques contra el uso de la lgica en el Derecho provienen por lo general de
juristas cuyos conocimientos de la lgica son muy escasos. Esto no me preocupa. Pero
en los ltimos tiempos hubo cuestionamientos por parte de algunos lgicos, cosa que
me parece ms preocupante. Confo, sin embargo, en que se trata ms bien de un
malentendido, que de una verdadera discrepancia.
3.El positivismo jurdico
Sigo siendo firme partidario del positivismo jurdico, que consiste bsicamente
en la distincin entre la descripcin del Derecho positivo y su valoracin como justo
o injusto. Esto implica varias cosas: en primer lugar, la distincin tajante entre la descripcin y la valoracin, lo que implica, a su vez, reconocer que la palabra Derecho
no debe usarse como trmino laudatorio (cosa que hacen muchos autores), pues el Derecho es producto de la actividad humana y como tal puede ser bueno o malo, justo o
injusto. En segundo lugar, esto implica negar que haya tal cosa como Derecho natural.
Como alguna vez dijo M. Bunge esta expresin se parece mucho a una contradiccin
en trminos, pues el Derecho es fundamentalmente artificial y no tiene nada de natural.
Si se considera que una norma injusta no puede ser una norma jurdica (segn la conocida frmula de Radbruch), entonces todo Derecho es justo, pero entonces no hay
posibilidad de criticarlo por injusto, pero la crtica del Derecho forma parte muy importante del quehacer de los juristas. Para poder valorar y criticar el Derecho hay que
conocerlo, pues el conocimiento de un objeto es lgicamente previo a su valoracin.
As lo han entendido todos los grandes positivistas jurdicos, desde Bentham y Austin
hasta Kelsen y Hart. Sostener que un Derecho injusto no es Derecho se reduce en el
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fondo a un mero cambio de nombre: en vez de llamar Derecho a las normas injustas,
le ponemos otro rtulo, pero el cambio de nombre no cambia las cosas y no elimina
las injusticias.
Es cierto que el positivismo jurdico parece estar a la defensiva en la actualidad.
As piensan no slo sus adversarios, sino tambin muchos positivistas. Por ejemplo,
R. Guibourg sostuvo hace poco que el positivismo perdi la partida cuando el legislador, que es su gran referente, se hizo jusnaturalista. R. Guastini dijo que el
jusnaturalismo avanza en todo el mundo y el positivismo va hacia una derrota total. Y
M. Atienza y J. Ruiz Manero publicaron hace poco un artculo con el sugestivo ttulo
Dejemos atrs el positivismo.
Todos ellos son pensadores importantes, cuya obra me parece admirable y son,
adems, grandes y queridos amigos. Sin embargo, no comparto su pesimismo. An
cuando sea verdad que en los ltimos tiempos ha disminuido el nmero de filsofos
del Derecho que se declaran positivistas y se ha incrementado el de jusnaturalistas de
diversas orientaciones, este hecho no me parece alarmante. Lo que sucede es que el
trmino positivista ha adquirido en los ltimos tiempos un cierto tinte peyorativo,
cosa que no ocurra antes. Filsofos del Derecho como Kelsen, Hart o Bobbio no
tenan reparos en proclamarse positivistas y lo hacan con orgullo. Pero hoy las cosas
han cambiado. Muchos positivistas prefieren usar calificativos atenuantes, as se habla
de positivismo suave, excluyente, incluyente, etc.
En lo referente a las ideas jusnaturalistas de los legisladores y constituyentes no me
parece que sea algo nuevo. Antes invocaban a Dios para sostener el Derecho divino
de los reyes o para afirmar que es fuente de toda razn y justicia y ahora recurren a la
libertad y a los derechos humanos. Pero no veo de qu manera esas ideas, ms o menos
respetables, pueden influir en la filosofa del Derecho. En consecuencia, a pesar de las
exhortaciones de mis amigos Manolo y Juan no pienso en dejar atrs el positivismo.
4.La ciencia jurdica
Siguiendo a Aristteles, entiendo por ciencia un conjunto de enunciados verdaderos y ordenados sistemticamente, que nos transmiten conocimientos acerca de una
determinada porcin del universo. La ciencia jurdica no tiene por qu ser una excepcin: es un conjunto de enunciados verdaderos acerca de este fenmeno complejo que
llamamos Derecho. Su funcin es fundamentalmente descriptiva. En esto coincido
con M. Weber, Kelsen y Hart. No cabe duda de que el Derecho est basado en
valoraciones, pero no veo imposibilidad alguna en describir las valoraciones sin valorarlas. Ms an, estoy dispuesto a pensar que ciencia no valorativa es un pleonasmo
y ciencia valorativa se acerca mucho a una contradiccin en trminos.
Por supuesto, no todo lo que hacen los juristas, los jueces y los abogados puede
ser calificado como ciencia. Pero en la medida en que describen el Derecho y no hacen
valoraciones, su actividad es cientfica. Ciertamente, los abogados y sobre todos los
jueces cumplen adems funciones polticas. En el caso de los jueces esto ocurre sobre
todo cuando el Derecho no contiene una respuesta unvoca a un problema jurdico;
tanto en el caso en que haya ms de una respuesta y stas son incompatibles (antino-
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5.Escepticismo axiolgico
Podra decirse que en la base de mi concepcin de la filosofa del Derecho y de
mi adhesin al positivismo jurdico se encuentra mi escepticismo axiolgico, basado
en la idea de que los juicios morales, polticos y estticos dependen en gran medida de
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RESUMEN. En este texto E. Daz expone las lneas bsicas de su concepcin de la filosofa del Derecho.
Palabras clave: E. Daz, Estado social y democrtico de Derecho, realismo crtico,
legalidad, legitimidad, constitucin, pensamiento espaol, poder social, obediencia al Derecho.
ABSTRACT. E. Daz presents in this text the main lines of his legal philosophy conception.
Keywords: E. Daz, Social Democratic State of Law, critical realism, legality, rule of law,
legitimacy, constitution, Spanish Thought, social power, obedience to Law.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 91-118
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ol como base y valido precedente para estas mis reflexiones de ahora, en especial
para sus inevitables lagunas e incompletas argumentaciones.
En una aproximacin que sirva para caracterizar a esa filosofa jurdico-poltica
quizs resulte conveniente comenzar, a modo de sntesis (y para cumplir con este mencionado mandato doctoral), recordando un breve elenco de los temas y posiciones
que, de modo ms constante y especfico, estn y han estado ms presentes en unas u
otras de mis obras. Estoy seguro de que quienes, ms o menos, me conocen y me han
escuchado alguna vez en conferencias, coloquios, debates, tribunales y comisiones, etc.
o saben de unas u otras de mis publicaciones, incluso de mis reiteradas manas y obsesiones, no se sorprendern en absoluto al repasar ahora conmigo esa lista selectiva de
las cuestiones y las propuestas que yo mismo aducira, sin ningn tipo de originalismo
ni exclusivismo, como ms propias y definitorias de mi manera de pensar en estas nuestras materias. De todos modos tambin resulta siempre imprescindible saber cmo le
ven a uno los dems. Junto a los anlisis en artculos de revistas o en monografas de
ms amplio espectro y las tesis doctorales de F. Bauls Soto y de G. Alarcn Requejo (aparecidas respectivamente en 2004 y 2007), de ello se han encargado ltimamente,
con pretexto de mi 70 cumpleaos, los trabajos de los colegas y amigos de ayer y de hoy
congregados por L. Hierro, F. Laporta y A. Ruiz Miguel con el resultado de la obra
colectiva Revisin de Elas Daz: sus libros y sus crticos, publicada por el Centro de
Estudios Polticos y Constitucionales en asimismo 2007. De todo ello y de otras cosas
ms deber intentar dar en su da, y a su altura, adecuada y matizada contestacin.
Enunciara as tales temas y programas que, ojal con alguna positiva aportacin,
han sido y son preferentes espacios mos de investigacin: el primero de todos como
no!, el Estado social y democrtico de Derecho, en evolucin y revisin (no siempre
bien enfocada por los paradjicamente poco analticos interpretes) desde mi ancestral
libro Estado de Derecho y sociedad democrtica, de 1966, hasta los ms recientes como
el mencionado Itinerario de 2003. Al propio tiempo habra ah creo una progresin desde el viejo pero siempre apreciado normativismo, a un actual realismo crtico:
por de pronto de raz ms emprica y sociolgica en cuanto a la definicin/descripcin
del Derecho y del Estado, atendiendo y reasumiendo (no sin objeciones, como se ver),
entre otros, a Kelsen, Weber, Ross, Hart, Bobbio, Treves o alguno de sus posteriores epgonos.
Una de las ms decisivas implicaciones de este realismo en el marco de un genrico positivismo metodolgico y conceptual (respecto del Derecho positivo) pero
siempre de carcter incluyente respecto de los valores sera as precisamente la conexin fundamental que aqu se establece entre Derecho y poder, primero de los dos
grandes temas que yo querra destacar en estas pginas. Sobre ello insista en mi Curso
de Filosofa del Derecho (publicado en 1998 recopilando algunas de las lecciones universitarias desde aos muy anteriores) que, creo, resultan validas tambin como apoyo
a las posiciones crticas contra las tendencias actuales de contumaz y empobrecedora
reduccin de la filosofa del Derecho a, casi exclusivamente, mera Dogmtica o, como
mucho, a neoformalista Teora (General) del Derecho.
Desde esos presupuestos, legalidad y legitimidad contando siempre en medio
con la emprica, sociolgica, legitimacin en procesos abiertos de clara diferenciacin con interrelacin, nunca fusin y confusin, seran de siempre (muy explcita-
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las cosas s recuerdo que Hegel, enlazando con aqul, entenda ese proceso histrico
como realizacin de la libertad.
En cualquier caso, afirmacin, pues, de la buena modernidad como estmulo para
la liberacin de los dogmas fundamentalistas religiosos y polticos, como lucha por
el laicismo y la razn tica, como construccin de una teora de la justicia frente a la
praxis de la injusticia. A sta, a la injusticia, le basta con vencer; en cambio, la justicia
necesita adems convencer. La primera slo precisa de la fuerza, y de la ideologa
(mala ilustracin) que la encubra, es decir del poder (econmico y dems) asociado o
no al Derecho. En cambio la teora de la justicia, en su concrecin histrica a travs de
la lucha por los derechos humanos, ha de esforzarse siempre por razonar y justificar
desde el punto de vista tico (buena ilustracin) su fundamento en el imprescindible y
ms radical valor de la dignidad humana, de su autonoma moral, expresada en la compleja y dinmica conjuncin de los valores de libertad, igualdad y solidaridad (sobre
la diferenciacin, no siempre fcil, entre esa peor acepcin de la ideologa y la buena
filosofa poltica y jurdica reenvo el captulo final de mi libro Legalidad-legitimidad en
el socialismo democrtico, 1978).
Para dar pleno sentido a esas hipotticas aportaciones de carcter ms sistemtico me parece, pues, imprescindible esa reivindicacin del estudio y conocimiento
de la historia general y, dentro de ella, de la historia de la filosofa, a la cual puedo
decir he dedicado siempre muy amplia atencin con los estudiantes en mis cursos universitarios (retrado, sin embargo, a la hora de atreverme a escribir y publicar
trabajos monogrficos sobre los clsicos, incluso sobre aquellos que mejor conozco).
Mis concretas contribuciones a ese campo se han centrado muy preferentemente en
la historia intelectual de la Espaa contempornea: de manera muy especial en unos u
otros momentos o autores relevantes del pensamiento poltico, tambin jurdico y tico, de los siglosxix y xx. En mi carta de trabajo, junto a dicha parte ms propiamente
sistemtica, conceptual y hasta analtica de esas dimensiones de la filosofa de la praxis,
esta parte histrica referida a nuestro pas sealara aqu como cierre o conclusin
de este inicial resumen de materias constituye la otra zona ma de investigacin que
yo siempre me he propuesto (debo advertrselo a mis crticos) como no separada sino
efectivamente vinculada a la primera.
Implica esto, por un lado, la no renuncia, con carcter ms o menos voluntarista, al
objetivo mayor de un universalismo que casi todos invocamos pero que la razn terica
encuentra dificultades no insalvables en establecer y concordar: ah el gran debate con
el no cognoscitivismo tico. Y, por otro, que esta mi perspectiva sistemtica siempre
ha querido tener muy en cuenta esas condiciones histricas y sociales en las que, para
bien o para menos bien, surgi y se ha ido siempre produciendo y desarrollando esa
filosofa jurdica y poltica. De esa conexin con la Ilustracin derivaba, por ejemplo,
el aprecio tambin hacia el iusnaturalismo racional (protestante) con su vertiente en
pro de los derechos humanos, frente al aqu por tan largos tiempos imperante
iusnaturalismo teolgico (catlico) negador de los mismos.
En esa va histrica figuraran mis escritos sobre la recepcin siempre pendiente
y al fin lograda en la Espaa del sigloxix de la Ilustracin por obra de los hombres
de la Institucin, con el krausismo por medio como valido pretexto, y al frente de
ellos el iusfilsofo F. Giner de los Ros. De la Institucin a la Constitucin es el ttulo
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de mi prximo libro, el lema que desde hace mucho vengo yo utilizando para sealar
mi posicin en esa historia poltica e intelectual, laica y civil, de un siglo de nuestro pas
incluida la lucha contra la excepcin dictatorial del rgimen franquista que ira
simblicamente desde la Institucin Libre de Enseanza (1876) a la Constitucin de
1978 y su consecuente democrtica derivacin. Ah estaran en el pasado mi libro de
1973 sobre la filosofa social del krausismo espaol o el anterior (1968) sobre el pensamiento poltico de Unamuno, el filsofo de la generacin del 98, ms otros ensayos
referidos (generacin de 1914) a Ortega y Gasset, J. Besteiro, F. de los Ros, entre
otros de los viejos maestros (libro de 1994 con ese ttulo). De lo que (se) trataba era
de la recuperacin y recreacin de la plural, heterodoxa y disidente historia social,
poltica e intelectual de la Espaa contempornea. Es decir, de la vieja y nueva cultura
liberal, democrtica, socialista que en nuestros das hubo de luchar bajo/contra la doctrina dictatorial del nacional-catolicismo, en sus dos fases y versiones, la autrquica y la
tecnocrtica: de ello hablaba yo en mi libro de 1974 sobre el pensamiento espaol en la
era de Franco. Se intentaba y lograba abrir as espacios de libertad que, junto con otros
frentes de resistencia frente a la dictadura, haran posible la posterior consecucin de
la actual democracia.
2.Del normativismo al realismo. Derecho y poder
Es preciso situarnos, pues, en aquel mbito y en aquel tiempo, en la Espaa dominada por los vencedores de la guerra civil. Que en ella no era lo mismo vencer que
convencer es algo de lo que ya desde el principio haba avisado el Rector M. de Unamuno con gran valor cvico en aquella solemne, histrica, sesin en el Paraninfo de la
Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. All es donde de modo ineludible
tenemos siempre que emplazar, al menos los de mi edad, el arranque y desarrollo de
cualquiera de nuestras narraciones y reflexiones: tanto las de estricta ndole personal
como estas otras de carcter ms intelectual y aqu hoy de filosofa jurdica y poltica.
Siempre en la creencia de que desde (contra) esas concretas condiciones histricas y
sociales haya podido salir algo ms general, ms universal, que pueda valer tambin
para los dems.
La Repblica, la democracia, la gran esperanza, doblemente traicionada por los
gobiernos de su entorno, haba perdido las dos guerras: coherente y solidariamente perdi primero la que a escala interna (1939) el fascismo gan, pero contra toda
justicia y razn despus tambin perdera la que a escala internacional (1945) el fascismo perdi. Los pases con regmenes totalitarios nazi-fascistas (Alemania e Italia)
ayudaron decidida y decisivamente a sus correligionarios alzados en armas contra la
Repblica, mientras que los democrticos, como Estados Unidos, Inglaterra o Francia
observando slo ellos el pacto de no intervencin la abandonaron por completo a su suerte, tanto en 1936-1939 como en 1945-1948. An reconociendo culpas y
errores propios, internos, an sabiendo de los graves problemas que aquejaban a todos
los pases en esos aos, puede afirmarse que la responsabilidad por lo ocurrido en Espaa tambin alcanzaba plenamente a Europa y por supuesto que al coloso americano.
El resultado de todo aquello fue la imposicin y mantenimiento en nuestro pas de un
rgimen dictatorial el nico con Portugal en esta zona de occidente durante casi
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cuarenta aos, con diferentes fases (autrquicas y tecnocrticas) en tan largo tiempo
pero siempre inspirado y justificado aqul por la ideologa retrgrada antiliberal y antidemocrtica del nacional-catolicismo.
Pero vayamos desde ah a las repercusiones y cuestiones de filosofa jurdica que
corresponde tratar aqu. Quienes en aquellos tiempos en mi caso, primera mitad de
los aos cincuenta ramos estudiantes de una Facultad de Derecho podamos, en
cierta medida, disponer de una mucho ms especializada perspectiva para el entendimiento crtico de aquella negativa situacin poltica: si bien desde mbitos oficiales
viniese contrarrestada con frecuencia aquella posibilidad por el dominio privilegiado
en tales mbitos jurdicos de la ms tradicional y reaccionaria ideologa de la ley y el
orden. Ante tal alternativa es verdad que nos veramos especialmente favorecidos en
aquella Universidad de Salamanca por el magisterio, junto a otros, de los profesores J.
Ruiz Jimnez y E. Tierno Galvn.
Lo que estudibamos en la Facultad era, sin duda alguna, Derecho; el mismo Derecho que se publicaba regularmente en el Boletn Oficial del Estado y explicaban los
docentes de las diversas ramas de la Dogmtica jurdica, la mayor parte sin graves
reparos ni advertencias. Eran normas realmente dictadas desde las altas instancias gubernativas, desde un supremo e inapelable poder ejecutivo (el del Jefe del Estado que
tambin poda ser formalmente poder legislativo) carente de todo control jurdico ni
responsabilidad poltica ante unas fantasmales Cortes ficticio poder legislativo,
por lo dems ambos poderes sin verdadera diferenciacin ni representacin democrtica alguna. Y era aquel Derecho el que, hasta el final mismo del rgimen con
inevitables cambios temporales que no alteraban su propia naturaleza y siempre con
amplios protegidos mrgenes de ilegalidad y arbitrariedad, utilizaban los aparatos
administrativos y policiales, subordinando libertades y derechos a cualquier invocacin interesada de la seguridad estatal. El mismo Derecho sin derechos con gravsimas ausencias de ellos, en especial de los derechos humanos fundamentales que,
en definitiva, como Derecho valido interpretaban, aplicaban y hacan coercitivamente
valer, es decir cumplir y hacer cumplir los jueces, el poder judicial, con la colaboracin
de los dems juristas y unos u otros operadores jurdicos. Si aquello era Derecho, como
efectiva y vlidamente lo era, todo, cualquier cosa, si se tena el poder, resulta en consecuencia ser Derecho. Hay que sealar enseguida que, por fortuna (mejor sera decir
que por virtud), no todos lo hacan, en estos ltimos niveles, con el mismo celo, con
el mismo espritu, ni los mismos resultados negativos. Y haba tambin, desde luego,
quienes crticos conscientes hacan lo (im)posible por sacar de ah las mayores y
mejores conclusiones positivas para los derechos humanos y las libertades concretas.
Pero aquello era, sin duda, el Derecho, la legalidad, el Derecho positivo, el Derecho vigente, el Derecho vlido: es decir sin entrar ahora en el debate sobre tal sinonimia, el Derecho valido que vala para que, incluso en aquella negativa situacin,
los ciudadanos (los sbditos) pudiesen obrar jurdicamente, para que valiesen o no
sus pretensiones. El que vala para que los profesionales (jueces incluidos) tuvieran
respaldo legal en sus respectivas actuaciones, el que daba o no validez a contratos,
testamentos y dems negocios jurdicos o documentos pblicos y privados de tal relevancia. Aquello (en cuanto legalidad) era el Derecho, aunque (en cuanto legitimidad)
fuera la negacin del Estado de Derecho.
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advertir enseguida que tal adhesin y conformidad, tal legitimacin, puede ser lograda
por unos u otros no equiparables motivos, por unas u otras razones o sinrazones, por
unas u otras vas: de las cuales sin embargo pero esa es ya otra cuestin la ms
justa y la ms eficaz es la que procede de la interna y tica, consciente y libre aceptacin por los ciudadanos. Estos dos niveles de legitimacin, o deslegitimacin, sobre
los que enseguida volveremos, funcionan todava dentro del cuadro que podramos
denominar como poder constituido, es decir dentro del marco del Derecho que se
presenta como vlido. Como puede verse, este punto de vista interno est creo
ms cercano al correspondiente de Hart; en cambio, en el punto de vista externo se
alude a cosas diferentes: aqul al punto de vista del observador y del cientfico; yo a la
interrelacin social con el Derecho, e incluso ms por tanto al poder constituyente.
El genrico respeto de instituciones, jueces y ciudadanos a la ley, al Derecho, al
ordenamiento jurdico en su conjunto, como sistema normativo, constituye as condicin necesaria (y bien entendida, es decir bien promulgada, creo que tambin razn
suficiente) para su validez. Respetar la ley significa acatarla, obedecerla, cumplirla. La
evasiva tradicional se acata pero no se cumple no es ms que una aagaza o pretexto
formalista para en realidad no respetar, ni tampoco acatar la ley. Todo lo ms, dicho
alegato tradicional significara que se reconoce que existe como vigente esa ley (se acata) pero que no se aplica (no se cumple). Ahora bien, si las leyes no se cumplen, si no se
aplican, si no tienen por tanto ninguna eficacia, entonces el resultado y la consecuencia
es que ni se acatan, ni se hacen valer, ni valen, ni por tanto aunque promulgadas
y vigentes poseen propiamente autntica validez. Respecto de sta hago observar,
para los sabios colegas, que se trata, pues, aqu de un concepto emprico (realista) de
validez: un concepto de posible ley vlida o invlida (segn se respete por ciudadanos
y jueces), diferente de la segunda nocin normativa de validez material, plena y sustantiva (no exclusivamente de vigencia formal) propuesta, entre otros, por L. Ferrajoli.
La de ste creo permanece en el interior del sistema jurdico; la aqu propuesta
reenva ms el contraste con la realidad social. En definitiva yo hara mos los consejos
y raciocinios que el gran don Quijote le invocaba a su fiel Sancho sobre la observancia
de rdenes y pragmticas para el buen gobierno de ste en la soada nsula Barataria,
puntualizando que las pragmticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen (como exhortaba con este texto en uno de sus ltimos libros el recordado amigo
L. Garca San Miguel).
Recupero de nuevo la lnea general de estas aseveraciones, diferenciando tres principales planos o niveles de esa relacin de normalidad y de anormalidad entre
eficacia y validez, de esa ineludible conexin entre Derecho y poder, que en ltima
instancia llevara ya desde el mbito del poder constituido al ms decisorio del poder
constituyente (resultar valida y eficaz para estas cuestiones la lectura, entre otras, de
la rigurosa obra de L. Hierro, La eficacia de las normas jurdicas, 2003, con la muy
seleccionada bibliografa all incluida). Seran, pues, aquellas tres decisivas zonas las
siguientes.
a) La eficacia, el cumplimiento, el respeto a las leyes implica ya lo veamos
como primer nivel, como base, la implcita adhesin, la genrica obediencia, la actuacin conforme a ellas por los ciudadanos, es decir por los sujetos primariamente
destinatarios de ese ordenamiento jurdico, incluso la libre y voluntaria aceptacin
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compatible por lo dems con un relativo grado de desobediencias e infracciones individuales. Esa actitud positiva de los ciudadanos aporta as legitimacin y una mayor y
ms fuerte validez a la legalidad. El Derecho, por lo tanto, interesa remarcarlo, no es
slo ni esencialmente el momento patolgico del conflicto y de la decisin judicial (A.
Ross y las teoras realistas judicialistas). Antes y al lado de l est siempre el mayor o
menor cumplimiento fctico, expreso y cotidiano por los ciudadanos de la mayor parte
de las normas jurdicas: primaca, pues, del momento normativo, del normativismo.
b) Pero, eso s, la violacin, el incumplimiento, por parte de ellos de unas u otras
normas concretas pone en eficaz accin al aparato judicial segundo nivel a fin de
restaurar, suele decirse, el Derecho (objetivo), el orden jurdico quebrantado y, con
ello, reintegrar/compensar los derechos subjetivos (bienes materiales o inmateriales)
con tal incumplimiento amenazados o conculcados. La eficaz accin de los jueces, de
los operadores jurdicos, el respeto de ellos a las leyes, a las normas (reglas y principios,
Dworkin), aade as legitimacin y reconstruye, pues, la concreta falta de respeto, el no
cumplimiento especfico de unas u otras normas por parte de unos u otros ciudadanos.
El Derecho (Hart) son normas primarias pero tambin secundarias, establecimiento
de derechos y deberes, ms el trabajo adjudicado a los operadores jurdicos dentro del
marco jurdico reconocido. E, incluso, otras construcciones y prcticas derivadas de
la coherente autonoma de la voluntad o de la propia autonormacin social podran
formar tambin parte subordinada del sistema jurdico dotado de validez.
Es obvio, no obstante, que si aquel incumplimiento ciudadano creciera en grandes
proporciones (difcil establecer la frontera), si ese rechazo tendiera a generalizarse, la
propia accin de los jueces se dificultara en muy alta medida. Ms an si ellos mismos
que tambin son ciudadanos se viesen al propio tiempo afectados, tentados o forzados (por unas u otras, buenas o malas, razones y/o motivaciones) a no aplicar ese Derecho, o muchas de sus disposiciones. Tales situaciones no son, desde luego, habituales
pero tampoco irreales (rebelda judicial, revolucin anti-institucional, etc.): como situacin lmite reenvan, en cualquier caso, a los anlisis de fondo sobre la cuestin. En
ellas que incluiran en el desistimiento a las superiores instancias de la magistratura es cuando entonces ese sistema u ordenamiento jurdico vlidamente constituido,
esa legalidad normativa perdera toda legitimacin fctica y cuando, como resultado,
esas leyes carentes de eficacia (cvica y judicial) veran puesta en cuestin su propia
validez. Los (mis, tus) hipotticos derechos no (me, te) valdran, ni las (mis, tus) garantas de proteccin tampoco valdran, no tendran validez, si los dems conciudadanos
no los respetan y si los jueces ltima clusula interna de cierre no actan ni hacen
nada para hacerlos respetar. Esas normas dejaran de ser en rigor normas jurdicas, es
decir ese es su principal sentido diferenciador en relacin con la moral dejaran de
ser normas dotadas de un poder de coaccin/sancin institucionalizada. Qu, cul,
sera la validez de un ordenamiento jurdico que no tuviera poder para hacerse valer
entre los ciudadanos y los aparatos jurisdiccionales?
A propsito de tales cuestiones H. Kelsen sealaba recurdese que las ciencias empricas (naturales y sociales, con otras diferencias entre ellas) responden y se
estructuran a travs del principio de causalidad (si p, causa, es, se produce q, efecto),
mientras que las ciencias normativas (entre ellas el Derecho y, desde ah, la ciencia jurdica) lo hacen a travs del principio de imputacin (si p, debe ser q, ms concretamente
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si p, norma, debe ser o producirse q, como consecuencia de su aplicacin). Respectivamente, por tanto, proposiciones en indicativo y proposiciones en imperativo.
Ahora bien categora diferencial en el Derecho tal consecuencia y esto es decisivo
no se produce de manera automtica: alguien, el poder judicial como centro de imputacin, es quien junto con los dems operadores debe hacer, frente al que trata
de impedirlo, que la norma produzca efectivamente sus efectos. Incluso en caso de
cumplimiento ciudadano la mayor seguridad hace intervenir a unos u otros operadores
jurdicos institucionales. No hay, pues, en el Derecho una causalidad directa, mecnica, inmediata: hacen falta mediadores. No funciona ah el principio de causalidad sino
el principio de imputacin. Se trata, eso s, en tal imputacin de un deber hipottico,
jurdico, condicional, no de un deber categrico, apodctico, moral.
En tal concepcin, teora pura del Derecho la denomin su autor, no tan pura,
por fortuna ms contaminada/comunicada con lo fctico, segn mi interpretacin
(tendra que pedir disculpas a los ilustres estudiosos de Kelsen por este breve resumen
de tan compleja y debatida posicin), la Grundnorm, norma fundamental kelseniana
como norma de carcter lgico-trascendental, norma hipottica, y norma no positiva
sino sobrepuesta al Derecho puesto, positum, positivo, vendra a poder reformularse
en los siguientes trminos: se debe (o debes) obedecer a la Constitucin para (a fin
de) que tenga validez el ordenamiento jurdico. Es decir, debes obedecer a la Constitucin si quieres que tus actos (contratos, testamentos, demandas judiciales, etc.) y
tus derechos valgan, sean vlidos, tengan validez. Si por los motivos que fueren (por
la mencionada resistencia judicial o por una revolucin poltico-social) el centro de
imputacin se cierra o no funciona, ese Derecho deja de valer, incluso a pesar de
la obediencia a l por los ciudadanos: carente de eficacia (judicial) pierde su validez
(normativa). O, al menos, est en grave trance de perderla. Como se ve, algo de (autolimitado) realismo haba y hay en el judicialismo aunque no tanto como para poder
entre ellos considerarse sinnimos.
Pero sigue abierta la cuestin tambin en el Derecho, o diramos que de manera muy relevante en el Derecho, existe el horror al vaco. En este tipo de anlisis que
yo califico como realismo crtico, sin embargo los jueces, el judicialismo, no son ya se
ha dicho antes la exclusiva legalidad, la nica y ltima realidad. Si amplias mayoras
de ciudadanos no cumplen, no respetan, esas leyes, si los jueces (operadores jurdicos)
en sus ms elevadas, supremas, instancias a su vez no las aplican, tampoco las respetan,
habrn de ser los otros poderes institucionales (legislativo y ejecutivo/administrativo) quienes intervengan, siempre con el apoyo de los poderes sociales que todava
puedan tener detrs, para dar eficaz solucin a esa (casi lmite, compleja y delicada)
situacin que lo es de recuperacin del Derecho y de su validez. Y ello podr llevarse
a cabo, o bien muy difcil tarea en esta hiptesis forzando con los correspondientes aparatos estatales a unos (ciudadanos) y a otros (jueces) a cumplirlas y aplicarlas,
o bien ms efectivo, con mayor legitimacin yendo hacia un cambio controlado,
segn oportuna cadencia, de ese Derecho tan rechazado, orientndolo desde pautas
y criterios demandados, exigidos con mayor o menor fuerza, por el grupo social. Por
supuesto que en ese rechazo (o en la aceptacin) por jueces y ciudadanos pueden o
no concurrir tanto razones de legtima oportunidad poltica como razones de estricta
conciencia tica individual.
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c) Pero si esas dos mencionadas vas de accin fracasan estaramos ya, evitado el
caos, en el central tema kelseniano de la revolucin. As tercer y ms radical nivel de
soporte, proteccin y seguridad para el Derecho, ser en definitiva ese poder social,
con toda su plural complejidad, quien impulsando al (viejo o nuevo) poder institucional en favor de otras leyes, de otro ordenamiento jurdico, incluso actuando como verdadero poder constituyente, proporcionar a la (nueva) legalidad una mayor legitimacin, es decir una mayor adhesin, cumplimiento y aplicacin: y con ello desde esta
perspectiva para la identificacin del Derecho tambin una ms efectiva y autntica
validez. Advirtamos, una vez ms, que sin posible confusin de planos para nada
resultara indiferente a esas categoras definitorias del Derecho (validez/legalidad y eficacia/legitimacin) la dimensin crtica valorativa de la legitimidad tica y poltica, de
la teora y prctica de la justicia, de su justificacin.
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las normas que precisamente tienen la fuerza, el poder (institucional y social) capaces
como quieres de proteger con eficacia tus acciones y pretensiones, tus derechos.
Para tener derechos tienes que reconocer al Derecho. Jurdicamente (otra cosa es la
tica) debes, pues, obedecer a quien de hecho tiene el poder de hacerlos efectivos, de
hacerlos respetar. Ese sera el significado real (realista) de la validez. Si la vieja Constitucin ya no tiene tras de s la fuerza, el poder, ser la nueva Constitucin, con fuerza,
con poder, la que kelsenianamente se habr de obedecer. Eso es lo que, a mi juicio,
otorga validez (y no mera vigencia y existencia) al Derecho. Con Kelsen (a pesar de
Kelsen) se puede llegar, como se ve, a los aledaos mismos del poder. Y H. Heller,
por su parte, sealar que Derecho y poder son dos caras de la misma moneda, dos
realidades inseparables.
Obedecer al Derecho es, en definitiva, obedecer al poder: al que legisla, al que
puede legislar, y al que puede hacer que en concreto mis actos valgan jurdicamente.
O en otros trminos, el Derecho es el poder y las determinaciones de l: hecho fundante bsico lo denomina, desde Kelsen hacia Heller, pero ms referido al poder
institucional que al poder social, G. Peces-Barba. Vinculando ambas dimensiones, a
mi juicio con base ms radical en la segunda de ellas, esa decisiva presencia del poder
(de los poderes resultantes de sus complejas interrelaciones) es algo que se muestra
tanto en su expresin procedimental como en sus contenidos materiales. Se puede muy
bien asumir con Foucault que el poder penetra de modo profundo microfsica del
poder en toda la red de la sociedad.
Pero entendido as more realista el Derecho, lo que tambin enseguida resulta
fundamental destacar, con elemental uso de la polisemia, es que el Derecho vlido
(ciencia del Derecho) no vale para lo mismo (sociologa del Derecho) ni vale lo mismo
(filosofa del Derecho). Y que la legalidad implica coherentes y diferentes interrelaciones (aludidas al principio de estas pginas) con la legitimacin y con la legitimidad,
por utilizar mis habituales denominaciones. Hay poderes sociales y ordenamientos
jurdicos a los que cabe reconocer mayor legitimidad (crtica) y otros del todo ilegtimos donde no existen los mnimos controles para evitar el abuso y la arbitrariedad, la
prepotencia del poder y la negacin de los derechos humanos. Es decir, hay poderes
y ordenamientos jurdicos ms concordes con la justicia (derivada, a mi juicio, de la
libertad, la igualdad y la solidaridad) y otros que, en diferentes graduaciones, se podran sin duda calificar de injustos. Para mayor claridad semntica y conceptual, pero
sin inamovible rigidez, se puede adscribir el trmino legitimidad a la filosofa poltica
y el de justicia a la filosofa moral. Y ambos con diferenciada aplicacin a la filosofa
jurdica.
En otro orden de cosas, no estara de ms sealar que una teora del Derecho como
la que, slo a muy grandes rasgos, se viene pergeando aqu desde la perspectiva del
realismo crtico y la substancial vinculacin entre Derecho y poder (parte primera de
la filosofa jurdico-poltica, la segunda sera la teora de la legitimidad y de la justicia),
habra de tener por supuesto un especfico desarrollo en concretos y consecuentes programas docentes y de investigacin. Seran en buena medida diferentes (ms
amplios) de los que, por un lado, se prefieren hoy desde ciertas perspectivas neoformalistas de varia conformacin y ms an, por otro, desde los enfoques y presupuestos
provenientes de unas u otras doctrinas de carcter iusnaturalista.
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Me referir, como smbolo, a una sola cuestin en cada uno de esos sectores. La
primera para resaltar que esa teora (realista) del Derecho podra y debera seguir tratando, por supuesto, la mayora de los temas actuales de carcter ms interno, cientfico jurdico, pero incorporado otros, hoy menos frecuentes pero muy necesarios, de
carcter ms histrico y sociolgico: as en la relacin Derecho-poder poniendo de
manifiesto la complejidad de ste (y de aqul), diferenciando por ejemplo entre agentes
con gran poder (econmico-meditico, etc.) y agentes sin poder (minoras marginadas,
etc.), as como su tan desigual presencia en el mundo del Derecho. Con la sociologa
del Derecho casi del todo ausente en nuestros planes de estudio se vera por ejemplo con mayor nitidez que argumentar sobre el Derecho, es tambin argumentar sobre
el poder y que si el Derecho racionaliza a la sociedad, tambin racionaliza al poder.
La segunda para clarificar entre otras cosas a qu tipo de moral se alude cuando
se habla hoy de la crisis del positivismo jurdico y de, por el contrario, la relacin necesaria entre aqulla y el Derecho. Y algo parecido ocurre respecto de los principios
que, se seala, deben aplicar jueces y operadores: se trata de la moral positiva legal
(legitimidad legalizada incluida la constitucional), de la moral positiva social (legitimidad eficaz), de la moral (o legitimidad) crtica? A mi juicio, en algunas importantes
posiciones actuales esto no queda, con frecuencia, ni medianamente claro y es fuente
constante de graves confusiones.
Desde tal perspectiva realista resulta de todo punto necesario volver siempre a recordar en una a modo de recapitulacin sectorial que legitimacin es un concepto
de base emprica, un resultado fctico de aceptacin y seguimiento social referido a una
determinada legalidad, a un concreto ordenamiento jurdico e institucional, y tambin
a una u otra perspectiva de legitimidad, a uno u otro sistema de valores. Pero esto es
decisivo en cuanto tal resultado fctico, tal legitimacin puede lograrse por muy diferentes, pero no indiferentes, vas: por las de la autonoma moral, el convencimiento y la
argumentacin racional, es decir la libre decisin y participacin (a mi juicio, sin duda,
las vas ms legtimas) pero tambin por las del engao, la corrupcin o, incluso, el terror
(ilegtimas e injustas en diversidad de escalas y, por desgracia, a veces, en parcial convivencia con las del modelo anterior). Resulta, pues, evidente que esos diferentes modos
fcticos de legitimacin con tan graves connotaciones no pueden, ni deben, substraerse a
la crtica, al juicio de valor de esas no indiferentes concepciones de la legitimidad.
Hara observar asimismo aqu, sin entrar ahora en mayores disquisiciones, que
a mi juicio en Weber la creencia social en la legitimidad de una legalidad es todava
propiamente legitimacin; otra cosa es que su modelo de legitimidad legal-racional
fuese quien en el mundo moderno encontrase mayor legitimacin precisamente por
ser as lo creo tambin yo ms legtimo, ms justo, por avanzar no slo en eficacia
y previsin sino sobre todo y principalmente en autonoma personal y participacin
real. El realismo crtico aqu defendido no es pues, en cuanto tal, conformismo indiferenciado y acrtico respecto de uno u otro poder: podra ir as de verdad ms all de
los viejos iusnaturalismos, especialmente del iusnaturalismo teocrtico, pero tambin
de los menos viejos reductivos y excluyentes iuspositivismos, especialmente del positivismo tecnocrtico.
En virtud de todo ello habra creo otra conclusin de lo reseado hasta
aqu: que el respeto a la ley, que incluye obediencia, su legitimacin que es la base
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En un muy antiguo artculo mo, de 1968 en Cuadernos para el Dilogo, sobre esta
histrica importantsima Declaracin de derechos (despus tal trabajo ampliado y recopilado en 1978 en mi ya mencionado libro Legalidad-legitimidad en el socialismo democrtico) ya acoga yo esa misma diferenciacin subrayando que, si bien todo Estado
tiene una con minscula constitucin material, la que sea, en cambio en sentido
estricto y formal el trmino Constitucin habra de entenderse como sinnimo de Estado constitucional o, si se prefiere deca yo all como sinnimo de Estado de Derecho. Es decir, como escribe aqu Atienza, que todo Estado o unidad poltica tendra
una Constitucin pero que no todo Estado sera Estado constitucional. Hablando de
mi filosofa jurdica como se me ha ordenado precisamente por l no puedo por
menos de rememorar una vez ms el invariable comienzo de aqul mi primer libro en
las muy especiales circunstancias de 1966: No todo Estado es Estado de Derecho.
Y segua all: Por supuesto, es cierto que todo Estado crea y utiliza un Derecho, que
todo Estado funciona con un sistema normativo jurdico (...) Y, sin embargo, decimos,
no todo Estado es Estado de Derecho; la existencia de un orden jurdico, de un sistema
de legalidad, no autoriza a hablar sin ms de Estado de Derecho. Designar como tal
a todo Estado, por el simple hecho de que se sirve de un sistema normativo jurdico,
constituye una imprecisin conceptual y real que slo lleva a veces intencionadamente al confusionismo. Lo mismo podra decirse de manera casi redundante, ayer
y hoy, respecto del Estado constitucional.
En la trastienda poltica de esta cuestin en nuestro pas en aquellos complicados
tiempos lo recuerdo para los menos historicistas de los ms jvenes, pero tambin
para los ms ahistoricistas de los menos jvenes estaba el famoso informe sobre El
imperio de la ley en Espaa que la Comisin Internacional de Juristas haba preparado
y editado en su sede de Ginebra en 1962 (pero aqu distribuido clandestinamente)
donde quedaba bien claro y probado lo evidente: que el rgimen de Franco no era para
nada un Estado de Derecho, como contumaz e intilmente se pretenda en la rplica
oficial Espaa, Estado de Derecho, redactada y ampliamente difundida (1964) por el
Servicio Informativo Espaol del correspondiente Ministerio dirigido a la sazn por
el catedrtico de Derecho Poltico M. Fraga Iribarne. En aquel mismo ao de 1962,
en febrero, el gobierno espaol se haba atrevido a solicitar formalmente su posible
vinculacin con la Comunidad Econmica Europea susceptible se deca all de
llegar en su da a la plena integracin, peticin que durante todo el periodo franquista
fue siempre diplomticamente aplazada (denegada) por incumplimiento de los mnimos democrticos exigidos. As se pona de manifiesto en el documento producido
por buena parte de la oposicin poltica espaola del exilio y del interior reunida en
Munich en junio de 1962 (el famoso contubernio).
En este contexto y a propsito de tales debates acadmicos y polticos, en algunos
trabajos mos publicados desde 1963 yo vena insistiendo en las exigencias que la ciencia jurdica europea consideraba propias del Estado de Derecho, notas que despus
quedaban asumidas en mi ya mencionado Estado de Derecho y sociedad democrtica (de
1966) libro que fue inmediatamente secuestrado por orden del Ministerio de Informacin. Yo no hablaba all expresamente de Espaa, slo sealaba lo que, a mi juicio,
desde posiciones democrticas era y deba ser aqul, por lo que el Tribunal de Orden
Pblico finalmente tuvo que autorizar su pblica distribucin y circulacin. Pareca,
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en efecto, un tanto extrao e incongruente que se secuestrara y prohibiera un libro sobre el Estado de Derecho en un pas cuyo gobierno precisamente pretenda encontrar
legitimacin internacional para l como un Estado de Derecho (Seal indeleble tal
autorizacin judicial, y otras actuaciones similares, de que estbamos ya en un Estado
de Derecho!, gritaban alborozados los reducionistas de este y/o los modernizadores
del rgimen). Pero es cierto que yo tambin describa y criticaba all las doctrinas jurdicas y polticas que haban inspirado y sostenido a los Estados totalitarios del nazismo
alemn y del fascismo italiano. Para el Estado espaol de los aos sesenta resultaba
insoportable que, incluso alegando el desarrollismo tecnocrtico, no se le reconociera
por lo que intil e infundadamente por entonces simulaba ser: un Estado constitucional y un Estado de Derecho; y que, adems, se le recordaran doctrinas y actitudes en
muy amplia medida coincidentes con lo que l mismo expresamente haba sido hasta
pocos aos antes, pero todava con base para que se le pudiera identificar con lo que
intilmente por entonces simulaba no ser (una dictadura).
En cualquier caso y volviendo al tema general y principal en que estamos aqu, en
dicha obra de 1966 que ha sido bsica en mi filosofa jurdica y poltica yo resuma las caractersticas generales que corresponden, como exigencias imprescindibles,
a todo autntico Estado de Derecho. stas, que despus se explicitaban y ampliaban
a lo largo del libro, eran verdaderamente lo contrario del rgimen franquista. Eran
tales notas las siguientes: a) Imperio de la ley: ley como expresin de la voluntad
general; b)Separacin de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial; c)Legalidad de la
Administracin: regulacin por la ley y control judicial; d)Derechos y libertades fundamentales: garanta jurdico-formal y realizacin material.
Como se ve, en principio son substancialmente las mismas caractersticas que
Atienza atribuye a un concepto de Constitucin que es propio en la poca contempornea de un Estado constitucional. Seguiramos, pues, con la identidad entre ambos modelos prescriptivos, el Estado de Derecho y el Estado constitucional. Pero hoy
para tiempos recientes, apunta aqul parece exigirse algo ms: tal vez una
Constitucin extremadamente invasora, de la que despus tambin se habla all? En
este caso habra que preguntar: Es esta concepcin de la Constitucin la que trata de
imponerse, subrayo, como doctrina nica y de manera casi obsesiva en no pocas de
las actuales mimticas y excluyentes apologas acrticas de la frmula del Estado constitucional de Derecho? Y tambin quin ser el encargado de dirigir y llevar a cabo
tal invasin, la doctrina, el poder judicial? Recurdese que la doctrina de algunos
finos juristas ya ha encumbrado a los jueces nombrndoles los seores del Derecho.
Volveremos enseguida sobre estas y otras conexas cuestiones.
Por el momento yo querra nicamente llamar la atencin (en relacin con la necesaria, imprescindible, presencia de la Constitucin) sobre otros breves pasajes de aquel
viejo libro mo, trasunto por supuesto de lo que era teora comn en la mejor bibliografa europea de la poca. Por un lado para sealar que, al hablar all del imperio de
la ley, de modo expreso ya se inclua siempre en ella a la Constitucin (como, por lo
dems no poda por menos de ser). Este era mi texto: La ley ordinaria se conexiona
y subordina a la ley fundamental (Constitucin) y el control de constitucionalidad de
las leyes asegura precisamente esa conexin y subordinacin. Leyes y Constitucin y
esta, pues, como autntica y bsica norma jurdica. Por otro lado, unido a lo anterior,
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para afirmar la no omnipotencia pero s la primaca del poder legislativo, creador del
Derecho, frente a los poderes ejecutivo y judicial, aplicadores del mismo: es decir, imperio de la ley. Y en ese contexto es la principal pregunta que all de modo expreso
me formulaba habra base en este sistema para un absolutismo del legislativo, una
falta de control y de limitacin sobre la creacin del Derecho realizada por el Parlamento? La respuesta debe ser evidentemente negativa: el poder legislativo est limitado por la Constitucin y por los Tribunales, ordinarios o especiales segn los sistemas,
que velan por la garanta de la constitucionalidad de las leyes. Es decir, espacio para
la legislacin y para la Constitucin no separados ni escindidos sino mucho ms vinculados y coordinados, aunque en normativa subordinacin.
Si el Estado de Derecho (democrticamente entendido, soberana popular) es as
imperio de la ley, resulta evidente que aqul es y habr de ser por encima de ello imperio de la ley fundamental, imperio de la Constitucin. Desde este punto de vista
resulta obvio (casi tautolgico) que todo Estado de Derecho sera por utilizar la tan
interiorista terminologa hoy en uso, adems de Estado legislativo de Derecho, tambin, ms arriba, Estado constitucional de Derecho. El poder legislativo, poder prevalente sobre el ejecutivo y el judicial en el mbito del poder constituido, es y debe ser
un poder a su vez subordinado a la Constitucin. Para controlar motivadamente esto
existen, con diferentes formas y poderes, los tribunales de efectos constitucionales: indicara que mis preferencias sobre ello no estn por el modelo norteamericano (jueces
ordinarios, 1805) pero tampoco por el britnico Westminster puro (Parlamento) sino
ms bien en la direccin de Canad y, creo, Suecia (segundas lecturas legislativas, etc.).
Sin olvidar que todos aquellos poderes en cuanto poder constituido estn y deben as estar subordinados en ltima instancia al poder constituyente, supremo poder
soberano, que es quien, por los procedimientos establecidos (de las exigencias ticas
y polticas de otras vas se hablar despus) podra asimismo comenzar por revisar y
reformar la propia Constitucin: mejor, por lo tanto, que esta no sea en exceso rgida
(para el trasfondo terico de estas cuestiones reenvo, entre otra bibliografa, al libro
de Pedro de Vega, La reforma constitucional y la problemtica del poder constituyente,
1985: ah, entre otras cosas, el debate sobre el alcance de la revisin total que se
establece en el art.168 de nuestra Constitucin).
Es verdad que en el pasado en cualquier caso un pasado anterior al segundo
decenio del sigloxx que ve la inicial consolidacin del Estado de Derecho se ha tendido a definir de manera no expresa pero s de modo reductivo a la Constitucin con
un carcter meramente programtico, es decir no prescriptivo, no (ms o menos) directamente normativo. Frente a tales reducciones, el entendimiento de la Constitucin
como norma jurdica, con todas las mediaciones y reservas que la prudencia (incluso la
jurisprudencia) autorice o permita introducir, me parece una conquista a todas luces
muy positiva y por completo coherente con el mejor Estado de Derecho.
Los juristas, de todos modos, no deberan disminuir ms all de la cuenta (jurdica)
esa significacin y esa funcin, poltica y socialmente muy relevante, adjudicada y de
hecho impulsada por las Constituciones en ese conflictivo pasado del sigloxix y parte
del xx. La prueba indudable es lo mucho que se luchaba en esos tiempos por la Constitucin, su tan emotiva simbologa en el inconsciente colectivo (fiestas y plazas de la
Constitucin por doquier) y seal muy decisiva la prisa que se daban los enemigos
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insistiendo, sin xito hasta el momento, en lo interesante que ser llevar a cabo una
investigacin, un anlisis de fondo (tesis doctoral o estudio posdoctoral) de carcter
comparativo con sus pros y contras, con sus concordancias y divergenciasentre los
modelos del juez alternativo (de ayer) y el juez garantista (de hoy).
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una u otra medida segn tiempos y espacios, historia y lugar) unos u otros derechos
fundamentales: desde las libertades cvicas y las garantas penales a las de carcter
social, econmico y cultural para todos los ciudadanos y, con especial sensibilidad,
tambin para las minoras y los agentes sin poder. Es ah, en ese proceso histrico,
donde se insertan los modelos del muy incipiente y discriminatorio Estado liberal y,
posteriormente, del Estado social con muchas mayores cotas de igualdad. Junto con
otras manifestaciones que en esa lnea y con otros rtulos pudieran en el futuro configurarse, aquellas constituyen plurales fases, momentos, dimensiones, con muy diversas
connotaciones e implicaciones, de lo que con exigentes razones podramos en nuestro
tiempo denominar y proponer prescriptivamente (utopa racional) como democracia y
como Estado democrtico de Derecho.
Pero la democracia, tal y como se viene resaltando aqu, no es pues algo que slo
tenga que ver con el mundo de la poltica. Menos an, es aquella un exclusivo sistema
de carcter tcnico procedimental, que tambin lo es y tiene que serlo, aunque evitando siempre degradarse en simples reducciones economicistas y/o mercadistas de ella.
Con frecuencia tales reducciones tericas propician, por lo dems, fcticas corrupciones con el consiguiente descrdito de ella. Votar y elegir representantes y gobernantes
para la participacin en la toma de decisiones implica ya en democracia ineludible
conexin y reenvo a valores ticos, la igual libertad como bsico y central. Es preciso,
pues, vincular, entroncar ntimamente ambas dimensiones, tica y procedimental, de
la democracia: lo tico es aqu concomitante con lo procedimental. Correlacin, pues,
entre democracia como moral (en la cual en todo momento insisti desde esos valores
nuestro Jos Luis Aranguren), democracia como poltica (imprescindible pero deficiente siempre de calidad sin aqulla) y democracia como institucionalizacin jurdica
de las dos anteriores principios ticos y exigencias polticas en el Estado democrtico de Derecho.
Derivada de la mejor Ilustracin (Kant como gran punto de partida) y desarrollando las anteriores correlaciones, a)la tica hoy (la democracia como moral) es, ha
de ser en sus dos expresiones primero autonoma individual en libertad pero tambin, como exigencia coherente, autorrealizacin personal (el ser humano como ser
de fines), es decir autorrealizacin de todos los seres humanos sin exclusiones. Por su
parte, b)la poltica, la democracia poltica, en cuanto legitimidad fundamental se identifica y se concreta de modo correlativo en una doble vertiente: como participacin
en (la formacin y toma de) las decisiones y como participacin en (la produccin y
distribucin de) los resultados, medidos en trminos de satisfaccin de necesidades y
de reconocimiento de derechos y libertades. Precisamente para tratar de asegurar tales
exigencias ticas y polticas, c)el ordenamiento jurdico, la institucionalizacin jurdica
de la democracia, el Estado de Derecho como ya se ha sealado lo que hace es
legalizar, convertir en principio de legalidad, con la eficaz fuerza coactiva detrs, tales
valores ticos (libertad-igualdad identificados en el valor justicia) y polticos (doble
participacin como sntesis del valor legitimidad).
El proceso de decisin democrtica, y con l ese Derecho y ese Estado, es como
bien recordaba C. Nino el que ms se identifica con el proceso de decisin tica
(autonoma moral) y, a su vez, el que contiene en su interior mayor y mejor posibilidad
para la actuacin y realizacin efectiva de tales autonomas personales. En ese mismo
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mundo pero, en cierto modo, invirtiendo esa argumentacin y primando el lado jurdico de la misma, el profesor F. Laporta entiende que las exigencias racionales del
imperio de la ley, cuidadosamente analizadas por l en toda su complejidad, constituyen base ineludible para la propia autonoma personal, para una coherente teora de
la justicia y, por tanto, tambin para la posible potenciacin de condiciones sociales
progresivas derivadas de esos ilustrados valores ticos y polticos (El imperio de la ley:
una visin actual, 2008).
Este sera, a mi juicio, el marco preferente para una filosofa jurdica (y poltica)
actual con, entre otras aportaciones, esa slida construccin del imperio de la ley, del
Estado constitucional y de la legitimidad del Estado de Derecho, sobre la afirmacin
fundamental de la libertad crtica y la autonoma moral personal. En ella es donde
creo deben plantearse y encontrarse vas vlidas de buena orientacin (difcil la
total y exhaustiva resolucin) para las que se consideran cuestiones-lmite de aquella
y de la propia filosofa moral. Las leyes en democracia, con libertad, las hacen en el
Parlamento las mayoras (ms o menos cualificadas y/o consensuadas): las que, a travs
del voto, han podido llegar a l y que, junto con las minoras, representan al conjunto
de la sociedad. Y tambin las Constituciones leyes supremas se producen as,
con an mayores exigencias de consenso y participacin (referndum popular) y con
mayor vocacin de permanencia: limitan, adems, las competencias legislativas parlamentarias, pero tambin impulsan y exigen de esto se habla mucho menos la
accin positiva del legislador. Si, tras intentado el consenso, no se decidiese por mayoras, sencillamente se estara dando a unas u otras minoras al poder de bloquear lo
que incluso las grandes mayoras consideran justo y/o ms conveniente. La cuestin
bien conocida pero no siempre bien planteada sera entonces la siguiente: son
omnipotentes las mayoras, tanto las parlamentarias (ya vemos que no) como, sobre
todo, las constitucionales, es decir las del poder constituyente a la hora de establecer,
o reformar, una Constitucin?
Es fcil, y en el fondo acertado, contestar que los derechos humanos constituyen
hoy ese lmite. Pero dicho as, sin ms, slo eso, resulta en exceso genrico e indefinido. Es verdad que la historia, las luchas histricas, y la razn crtica operando en
ella, permiten en nuestros das establecer declaraciones de esos derechos (de mbito
nacional y trasnacional) con un amplsimo apoyo social y reconocimiento tericamente
casi universal: la prueba es como se esfuerzan los dictadores por camuflar sus violaciones (homenaje del vicio a la virtud). Tales declaraciones, adems, por lo general se
insertan dentro del propio texto constitucional, con lo cual tal lmite se convierte as
en autolimitacin establecida por la misma Constitucin. Quedara, pues, todo ello
rgidamente blindado, una zona que resultara ser intocable e inmutable (si bien, como
Derecho positivo de origen democrtico, muy distinto del tradicional modelo iusnaturalista), contra las libres y justas aspiraciones y decisiones, por ejemplo de generaciones
posteriores, que mayoritariamente postularan un nuevo poder constituyente?
Otro interrogante podra plantearse incluso situacin lmite pero nada irreal
(entre otros ejemplos, Portugal, pases del este de Europa o algunos de Latinoamrica), para, por razones de total incompatibilidad, cambiar de Constitucin sin someterse a los procedimientos establecidos en la anterior. Estos casos son los que, con
Kelsen, se podran calificar jurdicamente de revolucin (no necesariamente violenta)
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RESUMEN. En este texto E. Garzn expone las lneas bsicas de su concepcin de la filosofa del
Derecho.
Palabras clave: E. Garzn, Derecho, tica, politologa, perspectiva analtica.
ABSTRACT. Along these pages E. Garzn presents the main lines of his legal philosophy conception.
Keywords: E. Garzn, Law, Ethics, Politology, analytic perspective.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 119-124
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M. Atienza me ha sugerido que en esta ceremonia no abunde en agradecimientos y me limite a exponer brevemente mi trayectoria intelectual. Quienes lo conocen saben que es difcil negarse a cumplir sus sugerencias perentorias. Pero, esta vez, habr de obedecerle parcialmente:
invertir la secuencia de sus mandatos, no cumplir el primero y, con
respecto al segundo, procurar respetar el tiempo que se me ha concedido.
S que no siempre es fcil explicar por qu hemos hecho lo que hicimos. Cuando
intentamos dar una explicacin de nuestro comportamiento pasado corremos el doble
peligro de caer bajo la tentacin de la autoindulgencia o de sufrir los extravos del
olvido. Tratar de evitar las trampas de la no siempre controlable vanidad y de la escurridiza memoria y esbozar algunas explicaciones en un foro cuya benevolencia desde
ya descuento. Cuando ello sea oportuno, formular alguna moraleja intelectual a partir
de las cuestiones que a continuacin enuncio.
1. En mi larga vida, he tratado de mantener una clara conciencia de los lmites
de mi capacidad intelectual. Esta actitud crtica surgi ya en mis aos de doctorando
en Madrid. Uno de mis maestros de aquel tiempo, X. Zubiri, me dijo una tarde mirndome fijamente: Slo si uno tiene algo realmente original que comunicar, vale la pena
darlo a la imprenta. Las libreras estn llenas de libros intiles por reiterativos. Durante dcadas segu estrictamente el consejo de Zubiri: slo publiqu lo absolutamente
necesario para iniciar y continuar una carrera universitaria. Ello me libr, quizs, de los
peligros de la arrogancia juvenil pero me priv tambin de la posibilidad de apreciar
la dimensin de mis errores y el alcance de algn eventual acierto. Moraleja: un exceso
de prudencia editorial cierra las puertas a la crtica y hasta puede conducir a una poco
fecunda timidez intelectual.
2. Nunca intent formular grandes sistemas en el campo del Derecho, la tica y la
politologa. Especialmente en el mbito de la tica es peligroso pretender originalidad.
H. Kelsen acu la expresin sistema esttico para referirse al sistema de la tica.
Tena razn: la tarea del filsofo de la moral consiste primariamente en inferir racionalmente consecuencias normativas a partir de un reducido nmero de axiomas. Aqu
no caben intervenciones de la voluntad humana como en el caso de la legislacin y de
la actividad judicial o poltica. Por ello, no tiene tampoco cabida el historicismo en la
moral y hay que andar con cuidado cuando se quiere establecer restricciones histricogeogrficas a los derechos humanos. T. Hobbes lo saba: las llamadas leyes morales son
dictados de la razn, slo conclusiones o teoremas. Me gusta la comparacin del
filsofo de la moral con el gemetra. Ella estimula la modestia y nos advierte frente al
peligro de imponer el dominio de la voluntad sobre la razn, que tanto tema Leibniz.
Moraleja: en cuestiones de filosofa moral conviene no sucumbir a la tentacin del
despotismo de una supuesta voluntad creadora.
3. Pens, pues, que en mi caso lo mejor que poda hacer era proponer algunas
clarificaciones conceptuales que pudieran provocar, quizs, discusiones razonables.
Toda propuesta tiene un carcter cuasinormativo: trata de influir en el destinatario de
forma tal que ella o l adopte el punto de vista propuesto. Pero es slo un intento de
aproximarse a la solucin de un problema que consideramos relevante o intrigante.
Las propuestas no son ni verdaderas ni falsas; pueden tan slo ser plausibles o implausibles. Y es obvio que todo juicio de plausibilidad implica una buena dosis de subjeti-
[Link] 120
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121
[Link].
[Link] 121
N. Goodman, Fact, Fiction and Forecast, Indianpolis-New York, The Bobbs-Merrill Company, 1955,
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122
Cuando esta lucha se realiza en Amrica Latina o en Europa con la mirada puesta
en ese continente, no hay que olvidar que all pasa justamente lo opuesto a lo que,
segn P. Pettit, suceda en los pases de residencia de los filsofos analticos durante
buena parte del sigloxx:
La mayora de los filsofos analticos viva en un mundo en donde valores tales como
libertad, igualdad y democracia mantenan un dominio indiscutible3.
Que la ausencia del poder estatal pueda ser garanta de paz social, es algo que sin
duda sorprendera a no pocos tericos y filsofos del hemisferio norte pero no a quien
est familiarizado con nuestra precariedad institucional.
2
G. H. von Wright, Analytic Philosophy. A Historico-Critical Survey, en del mismo autor, The Tree
of Knowledge and Other Essays, Leiden-New York-Kln, 1993, pp.24-52, p.50.
3
P. Pettit, The contribution of analytical philosophy, en R.E. Goodin y P. Pettit (eds.), A Com
panion to Contemporary Political Philosophy, Oxford, Blackwell, 1993, pp.7-38, p.10.
4
M. Gonzlez Prada, Nuestros indios, en M. Gonzlez Prada, Pginas libres. Horas de lucha,
Caracas, Ayacucho, 1987, pp.332-343, p.343.
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123
p.476.
6
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Jorge Juan y A.
de
Ulloa, Noticias secretas de Amrica, Madrid, Turner, s/d, dos volmenes, vol.2,
Ibid., p.478.
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Hasta qu punto esta forma de administrar justicia sigue siendo vigente en buena
parte de Amrica Latina es algo que dejo aqu como cuestin abierta aunque creo que
quienes me conocen adivinarn mi respuesta.
Ya entonces me pareci que la vinculacin de Jorge Juan con Alicante era un buen
presagio de una mayor relacin intelectual de esta universidad con Amrica Latina.
Y as ha sucedido gracias, en buena medida, a la actividad del Seminario de Filosofa
del Derecho que mantiene una fecunda cooperacin de enseanza e investigacin con
centros universitarios latinoamericanos desde Mxico hasta Chile y Argentina.
9. Mi segunda consideracin se refiere a una sabia reflexin de Sneca cuando
deca que lo debido no se agradece: se agradece lo gratuitamente otorgado. Por ello,
si ahora intento hacer un balance entre lo merecido y lo gratuito, como no hay duda
que lo segundo supera ampliamente lo primero, slo me cabe agradecer el honor que
hoy se me dispensa y comparto con colegas y amigos de vala intelectual y humana. Se
agradece con palabras y hechos: aqullas las pronuncio ahora; de los otros dar cuenta
mi futuro.
10. Tercero: Es difcil precisar en qu momento se inici mi relacin entraable
con los profesores de filosofa del Derecho de esta universidad. Slo s que se remonta
a los primeros aos de mi exilio. Dar nombres ahora significara no slo correr el riesgo
del injusto olvido sino de cansaros con una larga lista en la que tendra tambin que detenerme para explicar relaciones y mritos. Valga pues mi ms sincero agradecimiento
a todos ellos y un estrecho abrazo que los abarque a todos.
Como s que para el otorgamiento de toda distincin acadmica no basta con proponer sino que tambin es necesario contar con la aprobacin de lo propuesto, quiero
expresar tambin mi reconocimiento a las autoridades de la Universidad de Alicante
que han hecho posible que hoy me sienta gratuitamente honrado y me proponga procurar en lo que resta que la realizacin de lo debido contribuya a reducir la magnitud
de lo gratuito.
DOXA 32 (2009)
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Universales y particulares
Universales y particulares*
Neil MacCormick
Universidad de Edimburgo
RESUMEN. El autor expone una serie de consideraciones a favor de la universalizacin como algo
esencial para la justificacin en el razonamiento prctico. Esta defensa no supone una negacin
de que siempre tienen que existir razones particulares para decisiones particulares, razones justificadas. Tampoco implica que la desatencin a la totalidad del detalle particular de un caso sea
compatible con una toma de decisin justa o satisfactoria. La cuestin concierne al significado de
la relacin justificativa entre razn y decisin, y si esto implica la universalizabilidad de los fundamentos de decisin. Buena parte de la discusin en el presente trabajo trata de casos jurdicos
y razones jurdicas. Con ello el autor pretende llamar la atencin sobre las maneras en que el
pensamiento moral difiere del jurdico.
Palabras clave: N. MacCormick, teoras del razonamiento prctico, universalismo, particularismo, universalizacin.
ABSTRACT. The author elaborates on some considerations in favour of universalization as essential to
justification within practical reasoning. However, this defence does not entail a denial of the need
for particular reasons in particular decisions, justified ones. Nor does it imply that the inattention
to the full particular details of a case would be compatible with just and satisfactory decision. The
issue concerns the significance of the justificatory relation between reason and decision, and
whether or not this involves the universalizability of grounds of decision. The debate in this paper
is mainly on legal cases and legal reasons. The authors purpose is to emphasize the differences
between moral and legal thinking.
Keywords: N. MacCormick, practical reasoning theories, universalism, particularism,
universalization.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 127-150
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Neil MacCormick
Introduccin
a habido, y hay, teoras del razonamiento prctico que presentan las razones para la decisin y para el juicio como fundamental e intrnsecamente particulares. Tales teoras nos dicen, bastante acertadamente, que
nuestras decisiones son siempre decisiones para hacer cosas particulares. De ah que la toma de decisiones requiera que sopesemos las razones particulares a favor y en contra de uno u otro curso de conducta particular abierto
para nosotros. Estas razones particulares se encuentran entre los hechos y circunstancias particulares del caso a decidir. Los universales reglas y principios pueden ser
construidos mediante una generalizacin inductiva a partir de razones particulares en
casos particulares. Pero tales generalizaciones, aunque pueden ser tiles como guas
generales, no son nunca en s mismas adecuadas para justificar una decisin. Porque
no pueden suplantar la necesidad, en cualquier dilema particular, de una completa y
cuidadosa revisin y evaluacin de todas las consideraciones que son relevantes para
hacer una eleccin entre uno y otro de los cuernos del dilema.
Este trabajo no apoya ninguna teora puramente particularista *. Presenta la universalizacin como algo esencial para la justificacin en el razonamiento prctico. Esto
* Este captulo es sustancialmente nuevo, aunque tuvo su origen en una publicacin anterior del autor,
Universalization and Induction in Law, aparecida en C. Faralli y E. Pattaro (eds.), Reason in Law - Proceedings of the Conference Held in Bologna, Miln, Giuffr Editore, pp.91-106. Sin embargo, en tanto ahora
aparece publicado como un captulo del libro Rhetoric and the Rule of Law, es conveniente brindar al lector al
menos un panorama acotado de las temticas abordadas en ese libro. MacCormick comienza con una presentacin general de su enfoque terico, describiendo su versin de la teora institucional del Derecho (que aos
antes haba elaborado junto a O. Weinberger en An Institutional Theory of Law, Kluwer Academic Publishers, 1986, y que luego recibira su forma definitiva en el ltimo libro de MacCormick, Institutions of Law,
Oxford University Press, 2007) y proponiendo recuperar una perspectiva, a su juicio, marginada de la teora
del Derecho: la perspectiva del legislador, generalmente soslayada en favor de la perspectiva judicial (cap.1).
A continuacin, plantea el interrogante central del libro: Es posible sostener el ideal del Estado de Derecho
como valor positivo de las sociedades, en tanto gobierno de las leyes y no de los hombres, a la luz del carcter
no demostrativo (es decir, siempre disputable) de las argumentaciones jurdicas desarrolladas al aplicar esas
leyes a los casos concretos? Su respuesta se construye sobre la base de dos pilares: a)atenuar la idea de certeza
jurdica que parecera nsita en el Estado de Derecho, sumndole la idea de derrotabilidad, en el sentido de
que la certeza a la que podemos aspirar en el Derecho es siempre una certeza derrotable; b)destacar el aspecto
dinmico de proteccin contra el accionar arbitrario del gobierno que estara nsito en la ideologa del Estado
de Derecho (cap.2). Sin embargo, estas consideraciones no son suficientes, y es necesario explorar con ms
detalle el razonamiento jurdico (anteriormente, en el Prefacio, haba dicho el autor que el razonamiento jurdico importa, entre otras razones, porque es una llave a la posibilidad de un Estado de Derecho genuinamente
objetivo mediado por el juicio razonado de los tribunales). En ese empeo, MacCormick defender el lugar
limitado pero esencial que el silogismo, y el razonamiento deductivo en general, desempean en la argumentacin jurdica, en tanto constituyen el esqueleto bsico de la aplicacin del Derecho: normas generales cuyos
hechos operativos resultan ejemplificados por algn suceso particular, al cual se aplica la consecuencia normativa prevista. Esta derivacin es deductiva (caps.3 y 4). Sin embargo, el proceso puede ser problematizado,
y de hecho suele problematizarse en la prctica. Estos problemas pueden ser de cuatro tipos: problemas de
relevancia, problemas de interpretacin, problemas de calificacin y problemas de prueba. La solucin de estos
problemas requiere una adecuada justificacin, y sta requiere razones que, aun si estrictamente circunscriptas
a los particulares de un caso, debern ser siempre universalizables, en el sentido de que debern ser razones
con una pretensin de validez que no se agote en el caso especfico en cuestin sino que sea extensible a todo
caso con caractersticas iguales, o similares en algn sentido esencial (tema desarrollado en el trabajo que aqu
traducimos, cap.5). Esta validez, por su parte, deber justificarse sobre la base de las consecuencias de una
decisin adoptada con arreglo a aquellas razones, con especial atencin a las consecuencias jurdicas, lo que
implica atender a los valores o principios generales del Derecho, y/o a los propios de alguna/s de sus ramas particulares (cap.6). Esto dirige luego la atencin hacia la interpretacin jurdica, destacando all el autor, a ms de
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est en lnea con la tendencia de pensamiento sobre el Estado de Derecho que acenta
su carcter universalista, y por tanto igualitario1. Aqu se expondrn las consideraciones a favor del universalismo. He de decir desde el comienzo, sin embargo, que estas
consideraciones no suponen una negacin de que siempre tienen que existir razones
particulares para decisiones particulares, razones justificadas. Tampoco implican que
la desatencin a la totalidad del detalle particular de un caso sea compatible con una
toma de decisin justa o satisfactoria. La cuestin concierne al significado de la relacin justificativa entre razn y decisin, y si esto implica la universalizabilidad de los
fundamentos de decisin. Para ver cmo surge esta cuestin, vale la pena examinar de
cerca algunos de los argumentos de los particularistas.
1. El particularismo
En el Primer Libro de los Reyes, en el Viejo Testamento, se recoge la historia de
dos mujeres que compartan su vivienda y que haban dado a luz cada una a un hijo con
tres das de diferencia entre s. Una noche, una de las mujeres se dio la vuelta mientras
dorma y ahog a su beb. Pero cambi al nio muerto por el vivo, y afirm que era
el otro el que haba muerto. Comparecieron ante el Rey Salomn, cada una afirmando
que el beb vivo era el suyo.
El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra
dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajronle al rey una espada.
En seguida el rey dijo: Partid en dos al nio vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad
a la otra.
Entonces, la mujer de quien era el hijo vivo habl al rey, porque sus entraas se le conmovieron por su hijo, y dijo: Oh, mi seor! Dad a esta el nio vivo, y no lo matis. Mas la otra
dijo: Ni a m ni a ti; partidlo.
los tradicionales problemas y restricciones lingsticas y sistmicas a las versiones posibles del contenido de
los textos legales, la conexin clave con la teleologa razonablemente imputada a una norma para su interpretacin (cap.7). Mayor profundidad sobre todos estos puntos se pretende obtener del estudio de la dinmica
de los precedentes, fundamentalmente, de las posibilidades y problemas de una justificacin a partir de precedentes (cap.8), as como del anlisis de la razonabilidad como uno de los valores invocados por abogados
y jueces para justificar sus sucesivas decisiones interpretativas, en procesos de razonamiento multi-factorial
(cap.9). Pero, por supuesto, todo este tipo de decisiones no se toman en el vaco: tanto los valores como otros
factores relevantes para las decisiones jurdicas estn entretejidos en la tela del Derecho (p.188). Por eso,
es necesario dirigir la atencin hacia el requisito de coherencia, tanto en su forma normativa como narrativa.
Este requisito restringe fuertemente lo que puede ser considerado aceptable como conclusin jurdica,
a la vez que indica el rol esencial desempeado por la argumentacin desde principios y la argumentacin
por analoga en el Derecho (caps.10 y 11). De cualquier manera, cualquier aplicacin de reglas o propuesta
universalizable de razones para la decisin resultar derrotable a la luz de excepciones explcitas o implcitas,
lo cual deja el camino abierto a distintos desarrollos posibles del Derecho vigente (cap. 12). Esta idea de
desarrollo, como opuesta a la del cambio del Derecho, ser uno de los puntales con los que MacCormick
aborde el problema final del libro: pueden equivocarse los jueces al decidir un caso de acuerdo a Derecho?
Cules son las implicancias para los principios del Estado de Derecho? (cap.13). Este raudo y muy ajustado
resumen no debe ocultar la riqueza y detalle de cada una de las discusiones que MacCormick, incansablemente, acomete a lo largo de varios cientos de pginas. Tan slo pretende situar en contexto el captulo que
aqu se publica [N. del T.].
1
Comp. R. Dworkin, Harts Postscript and the Character of Political Philosophy, Oxford Journal of
Legal Studies, 24, 2004, pp.1-37, en p.30, para su discusin sobre Hayek acerca del Estado de Derecho y la
igualdad ante la ley.
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Neil MacCormick
Entonces el rey respondi y as habl: Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matis: ella es
su madre.
Y todo Israel supo de aquel juicio que haba dado el rey; y temieron al rey, porque vieron
que haba en l sabidura de Dios para juzgar.
A travs de los siglos resuena la sonora sabidura de Salomn. l mira los particulares del caso, y la solucin se le aparece. Al mostrarse inmediatamente dispuesto
a dividir al nio en dos, crea las condiciones para la sentencia correcta. La sabidura
divina penetra hasta el fondo del asunto y la decisin es aceptada como correcta de una
manera que satisface la intuicin tanto como demuestra su ejercicio.
Pero no podemos imaginar a un juzgado de familia contemporneo en un Estado
de Derecho actuando de esa manera. Es obvio que no. Ningn juez en un Estado de
Derecho tiene poder para ordenar que un beb sea partido en dos; cualquiera lo sabe.
Incluso si los jueces pudieran hacerlo, y usaran la amenaza de Salomn, se correra
la voz de que se est usando este mecanismo de prueba, y los litigantes seran aleccionados para adoptar el comportamiento adecuado ante el tribunal. Se volvera un
procedimiento rutinario, y por esa misma razn no funcionara. El caso bblico no es
en modo alguno parte de una rutina burocrtica. Intrnsecamente, es una decisin extraordinaria. Tiene que serlo. La horrible amenaza de la espada y la inmediata reaccin
de las mujeres en ese preciso momento y lugar hacen a la esencia del juicio salomnico.
Funciona porque es nico; y eso es, sobre todo, lo que despert el temor y el asombro
de todo Israel, y quizs de cualquiera hasta nuestros das cuando se aproxima por
primera vez al relato de 1 Reyes 3: 16-28. El miedo, tal vez, es que una persona capaz de
ver con tal divina agudeza las entraas de un asunto ostensiblemente intratable puede
ver tambin las de cualquier otro. De ser as, entonces, incluso a pesar de que cada
decisin est basada en una chispa de intuicin irrepetible, todas ellas van a mostrar el
mismo tipo de correccin intuitiva. Sera como si Dios, el buscador de corazones, fuera
un juez terrenal disponible para vigilar a cualquier persona en cualquier momento.
Es un aspecto importante del Estado de Derecho que los tribunales y los jueces se
tomen en serio las reglas establecidas del orden normativo institucional en que consiste
un sistema contemporneo de Derecho estatal *. Debido a esto, podemos ver que la
justificacin de afirmaciones y decisiones va a contener, y enfocarse en, un elemento
silogstico, mostrando qu regla est siendo aplicada, y cmo. Al mismo tiempo, sin
embargo, est claro que hay ms que esto. Las reglas no pueden resolverlo todo por
s mismas, pues pueden surgir problemas de calificacin, de evaluacin, de interpretacin, de relevancia y de prueba, y estos problemas pueden ser planteados por las
partes en juicios y litigios de todo tipo. Una vez que la aplicacin del Derecho resulta
problematizada, los problemas que han sido planteados (sea quien sea quien los haya
planteado) deben ser resueltos. La pregunta es cmo hacerlo.
El Rey Salomn podra considerarse un modelo para guiar nuestro pensamiento sobre esto. Nosotros, como humanos, tal vez tengamos algn instinto o intuicin,
algn sexto sentido un sentido moral lo han llamado algunos que nos seala la respuesta que las reglas no proporcionan. Podra suponerse que un sentido tal
* El autor hace referencia aqu a la discusin abordada en los captulos anteriores del libro al que pertenece el presente trabajo [[Link].].
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aprehendera los particulares del caso problemtico, en buena medida como podra
decirse que hizo Salomn. Podemos ver lo que es correcto en el caso particular, y por
supuesto eso podra darnos un precedente para casos futuros. Pero la correccin sera
intrnseca al juicio, y slo un juicio correcto tendra algn valor como precedente. De
cualquier manera, los precedentes slo pueden ser analogas para las nuevas decisiones, dado que ningn conjunto de sucesos en el mundo puede nunca ser exactamente
igual que otro. Cualquier incidente que involucre a dos o ms personas tiene que diferir de cualquier otro, por lo menos en cuanto a lugar y tiempo, y a menudo en cuanto
a las personas y a otras circunstancias tambin. Por tanto, un precedente en un caso
podra ser una gua en otro caso en la medida de su correccin. Podra alertarnos sobre
aspectos de lo que est bien y lo que est mal en el nuevo caso; pero el nuevo juicio tendr que ser tan correcto para este caso en toda su particularidad como el precedente
lo fue con respecto al suyo2.
A su vez, esto podra prevenirnos frente a una confianza demasiado precipitada
en las reglas, incluso en un orden normativo institucional. Si estamos dotados de una
capacidad para el juicio prctico, o de intuicin, o sentido moral, de un modo relevante
y apropiado para la toma de decisiones pblicas, entonces esta capacidad debe emplearse tambin en las situaciones en las que nos remitimos a una regla aplicable para la
decisin de un caso. Juzgaremos que es correcto tener una regla para tal caso, y seguirla
en este caso. La responsabilidad del fabricante por daos ocasionados por sus productos [product liability] puede ser un buen ejemplo. En las sociedades contemporneas
tiene lugar una produccin industrial a gran escala, y los productos se venden impersonalmente a travs de cadenas de grandes almacenes sin ninguna especial confianza
de los clientes en la pericia y buen juicio de quienes venden lo que se vende. Aqu
hay razones obvias a favor de tener una regla que haga recaer sobre los fabricantes la
carga de asegurar contra los riesgos de daos ocasionados por productos que resulten
ser defectuosos. Supongamos que los legisladores han deliberado sobre esto, han llegado a la conclusin de que una regla as sobre responsabilidad por productos es la
mejor considerando todas las cosas, y han promulgado leyes en consecuencia. Podra
entonces parecer obviamente correcto, en casi todos los casos de daos derivados de
defectos en un producto, responsabilizar al fabricante por provocar ese dao al consumidor. La decisin que aplica la regla es correcta porque es correcto tratar el caso
particular como un caso reglado [rule-case] (por usar el trmino sugerido por M.
Detmold3). Pero aparecern casos anmalos en los que no parecer correcto pronunciarse a favor de la consecuencia normativa que la regla ostensiblemente estipula. Nos
preguntaremos si la regla admite alguna otra interpretacin en vez de la que apunta
hacia un resultado que nos deja intranquilos; o si todos los hechos ante nosotros de
verdad estn correctamente calificados cayendo dentro de los predicados que especifican los hechos operativos de la regla. Nuestro sentido de la correccin nos llevar a
problematizar la aplicabilidad de la regla al caso en cuestin y as a sacarlo de la categora de casos reglados, tratndolo como un caso de primera impresin que necesita
un juicio fresco dirigido a sus especficos particulares. Al fin y al cabo cualquier juez,
2
Comp. S.J. Burton, An Introduction to Law and Legal Reasoning, Boston y Toronto, Little Brown,
1985, pp.21-24.
3
M. J. Detmold, The Unity of Law and Morality, London, Routledge and Keagan Paul, 1984.
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Neil MacCormick
para estar a la altura de su profesin, tendra que poseer alguna pequea porcin de la
sabidura de Salomn.
Tomemos ahora el problema de Salomn y situmoslo ante un tribunal contemporneo. Hoy sabemos que el perfil del ADN puede brindarnos una manera de identificar qu mujer era la madre natural del nio no menos precisa pero mucho menos
drstica que el recurso a la espada de Salomn. Podramos sentirnos inclinados tambin a establecer una regla, a saber, que los nios deben estar bajo la custodia de sus
madres naturales. En esta concepcin simplista, tenemos una regla para tratar casos de
custodia de nios, y un test de prueba para aplicarlo en cualquier caso de duda. Tenemos razones para creer que el medio de prueba es cien por cien fiable, siempre que
(esta es una condicin importante) los cientficos y tcnicos que hagan el anlisis de
ADN sean competentes, diligentes y honrados, y hayan tomado las medidas adecuadas
en todo caso particular. De este modo habremos transformado la brillante proeza del
juicio particularista de Salomn en una prctica rutinaria en la que la mayora de las
disputas sobre maternidad van a ser simples casos reglados. La tesis de Detmold
es que la complejidad del mundo real siempre podr dar sorpresas. Tomemos cuatro
posibilidades:
1. El caso del intercambio inadvertido. En la maternidad de un hospital los bebs
ba y bb fueron accidentalmente confundidos, y la madre ma se fue a casa con el beb
bb, mientras que la madre mb se fue a casa con el beb ba, y durante cinco aos esos nios han sido criados como miembros de la familia a la que por error fueron asignados.
Ahora la verdad ha salido a la luz a raz de una exploracin gentica rutinaria llevada
a cabo en una de las familias.
2. El caso de la deficiencia materna. Una madre natural tiene una adiccin grave y
crnica a drogas prohibidas y se muestra totalmente incapaz de proporcionar un hogar
seguro y estable para su beb.
3. El caso de la maternidad no deseada. La madre ha quedado embarazada accidentalmente y no quiere asumir la responsabilidad de criar al nio; ella vive en una
sociedad en la que la gente sin hijos est ansiosa por adoptar nios al nacer, y parece
probable que un hogar adoptivo proporcionar un ambiente para criar al nio al menos tan bueno como el que podra proporcionar la madre si fuera forzada a aceptar
esta responsabilidad.
4. El caso de la madre de alquiler. La madre natural convino quedar embarazada
del marido de una madre adoptiva predeterminada, y lleva su embarazo a trmino bajo
un contrato por el cual acuerda entregar al nio en adopcin al nacer, recibiendo a
cambio un sustancioso apoyo econmico durante el embarazo y una cuantiosa gratificacin al completarse las formalidades de la adopcin.
Ninguno de estos casos es muy sorprendente en la sociedad actual, pero supongamos un sistema jurdico en el que rige la regla simple de asignar la custodia a la madre
natural, y en el que estos otros problemas an no estn contemplados por la legislacin.
Una jueza que se enfrenta con cualquiera de los cuatro casos como un caso de primera
impresin tiene dos opciones. O tiene que tratar al caso simplemente como un caso
reglado, y otorgar el nio a la custodia de la madre natural, ya que eso es lo que dice la
ley; o tiene que reconocer que este es efectivamente un problema nuevo que no encaja
de modo sencillo como un caso particular del supuesto de hecho genrico previsto por
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la regla en una interpretacin razonable de la misma. Por ejemplo, enfrentada por primera vez con el caso de la deficiencia materna, la jueza sostiene que la regla cubre slo
las situaciones, en la prctica la gran mayora, de una madre normalmente competente.
Porque ella considera que lo bsico de la regla es ante todo asegurar el bienestar del
nio. De modo que otorga el nio a otra custodia adecuada, tal vez la de un abuelo.
Si el siguiente problema que surge es el caso del intercambio inadvertido, la jueza
afrontara una serie diferente de cuestiones, especialmente la de si una o ambas madres
quisieran la restitucin del hijo biolgico en vez del hijo al que han criado. Los hechos
operativos de la regla estn no menos satisfechos que en el caso del Rey Salomn. Se
sabe exactamente quin es la madre natural de quin. No parece haber ninguna cuestin de incapacidad, ciertamente no el tipo de incapacidad culpablemente adquirida
que podra considerarse involucrada en un caso de drogadiccin. Todos en el caso son
la vctima inocente del error (posiblemente culpable) de otro, pero la cuestin sigue
siendo qu hacer. Probablemente la jueza pedir a las partes que aporten informes periciales de psiclogos infantiles sobre los efectos que para cada nio tendra sacarlo de
un hogar en el que se han forjado relaciones felices con padres y hermanos, y mandarlo
a vivir con unos perfectos extraos que simplemente resultan ser sus padres biolgicos (supongamos que ma vive y est casada con el padre pa y que tienen otros hijos
propios, y lo mismo pasa con mb y pb). Pero la jueza puede tambin querer escuchar
opiniones sobre qu pasar con esas relaciones una vez que se pruebe que estuvieron
basadas en un error. Este caso es incluso menos fcil de tratar que el anterior.
Pero una vez que casos de este tipo y del anterior han sido solucionados, parecer
relativamente sencillo autorizar la adopcin por una madre adecuada en el caso de la
maternidad no deseada. Y entonces el caso de la madre de alquiler puede parecer no tan
difcil cuando todas las partes estn de acuerdo en seguir adelante con el contrato, al
menos si la jueza llega al convencimiento de que la madre adoptiva es plenamente capaz y competente. Sin embargo, podra haber reservas en torno a aspectos de poltica
pblica en relacin con el alquiler de teros, y podra ponerse en duda si el contrato
de pago de un precio es exigible conforme a Derecho. Mucho ms problemtico sera
el caso de la madre de alquiler que se arrepiente de su negocio y al nacer el nio se
niega a entregarlo a los adoptantes acordados, sobre todo si ya se ha sostenido que el
contrato de maternidad de alquiler es nulo por contradecir la poltica pblica, el orden
pblico, las buenas costumbres, o un concepto similar. De cualquier manera, una vez
que la decisin deja de poderse tratar adecuadamente como un caso reglado, la jueza
se queda otra vez sola con su propio criterio, como el Rey Salomn.
Nadie va a dudar o discutir que cualquiera de estos casos, especialmente en cuanto
casos de primera impresin, requieren un gran cuidado. Debera haber un esfuerzo
serio por determinar con todo detalle todos los particulares del caso, incluyendo la
personalidad y las circunstancias de las partes, en estos casos sobre todo en lo que
respecta a las mujeres involucradas, y tambin a los nios, aunque sobre la personalidad de los nios poco tendramos que fuera aplicable en trminos de informacin
como algo distinto del potencial, salvo en el caso de nios de cinco aos en el
supuesto del intercambio inadvertido. La decisin sera una decisin particular sobre
una concesin particular de custodia con todas las consecuencias que ha de tener para
un nio particular y su relacin con una madre, sea natural o adoptiva, y con otros
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una decisin sea correcta o incorrecta. Tambin tenemos una capacidad de decir en su
contexto qu razones de correccin derrotan a qu otras, ya sea por s solas o acumulativamente con otras razones relevantes. Tenemos adems una capacidad de discernir
cundo es correcto considerar que los fines justifican decisiones, de jerarquizar fines
diferentes, y de ver cundo un fin importante derrota a otros aspectos de un caso, incluyendo razones de correccin que pueden ser aplicables. Toda persona que reflexione cuidadosamente sobre cualquiera de las cuestiones que he mencionado acerca de
la custodia de nios tiene que ser consciente (afirman los particularistas) de que posee
una capacidad semejante. Cmo, de otro modo, podra llegarse a una decisin en tales
casos de una manera que no sea un procedimiento azaroso como lanzar una moneda
al aire? La diferencia entre un buen juez y un mal juez dependera de si una persona
tiene una intuicin sensata, o de si ha desarrollado sabidura prctica a travs de una
larga experiencia tomando decisiones en casos problemticos de este tipo. Dependera
an ms del cuidado que ella o l pusieran en examinar atentamente todos los aspectos
de cualquier caso a decidir hasta estar seguros de que todas las razones se han sacado
a la luz, se han considerado cuidadosamente, y se han evaluado en relacin a todas las
dems. Un buen procedimiento de toma de decisiones sera uno que maximizara las
oportunidades de prestar ese tipo de cuidadosa atencin a todos los aspectos de una
situacin problemtica, y que encomendara la tarea de tomar decisiones a las personas
apropiadas. Estas seran personas de intuicin sensata y dotadas tanto de una adecuada
preocupacin por el detalle como de una imparcial predisposicin a no tomar decisin
alguna hasta estar en posesin de todas las razones relevantes en cualquier caso particular. Son personas con sabidura prctica, prudentes.
Existe esa intuicin? Puede cultivarse esa sabidura? Cmo podra ocurrir que
las personas sean capaces de conducirse de la manera en que este enfoque particularista nos pide que imaginemos? La respuesta ms prometedora que yo conozco viene de
la filosofa moral de A. Smith, o al menos partira de algunas de sus ideas5. Los casos
moralmente significativos, nos dice Smith, son aquellas situaciones interpersonales que
despiertan la emocin de resentimiento o de satisfaccin, o emociones parecidas. Esto
puede suceder directamente, como en el caso de la persona que siente resentimiento
por un golpe que otra persona le ha asestado. Y puede ocurrir tambin por empata,
como en el caso de un golpe infligido a otro por un tercero. Durante las elecciones
generales de 2001 en el Reino Unido, ante las cmaras de televisin, el vicepresidente
Mr. John Prescott, mientras pasaba a travs de un grupo de manifestantes contra la
poltica del gobierno, fue alcanzado por un huevo arrojado desde corta distancia. Inmediatamente, en lo que pareci ser un una reaccin automtica e irreflexiva, se dio
la vuelta y asest un vigoroso puetazo en la mandbula de su agresor. Las secciones
de cartas al director de los peridicos se llenaron durante varios das con cartas del
pblico sobre ese incidente. Algunas expresaban un fuerte sentimiento de solidaridad
con Mr. Prescott, otras con el manifestante golpeado. El de Mr. Prescott fue un caso
5
Vid. A. Smith, The Theory of Moral Sentiments [edicin de Glasgow, D.D. Raphael y A.L. Macfie
(eds.), Oxford, Oxford University Press, 1976; [Link]., 1759], esp. ParteII, [Link], cap.1. Vid. tambin T.D.
Campbell, Adam Smiths Science of Morals, London, Allen & Unwin, 1971; K. Haakonsen, The Science of a
Legislator: the Natural Jurisprudence of David Hume and Adam Smith, Cambridge, Cambridge University Press,
1981; y N. MacCormick, Legal Right and Social Democracy: Essays in Legal and Political Philosophy, Oxford,
Clarendon Press, 1982, cap.6, pp.106-108.
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de resentimiento directo; el de los remitentes de las cartas, que haban sido testigos
televisivos, es un ejemplo de resentimiento por empata.
Segn Smith, si el resentimiento directamente sentido por la parte agredida excede en mucho el resentimiento por empata que sienten los espectadores, de manera
que estos son incapaces de acompaarlo, la situacin es desagradable para la parte
agredida. Preferimos disfrutar la solidaridad, o la empata, de nuestros prjimos (Mr.
Prescott, a pesar del dao a su dignidad, habr obtenido algn consuelo de muchas de
las cartas de los peridicos y sin duda tambin de mensajes privados de buena voluntad). El deseo de que otros nos acompaen en nuestros resentimientos nos ensea una
estrategia de autocontrol. Cada uno de nosotros puede, y la mayora lo hace, ajustar sus
reacciones reducindolas hasta el nivel en que los espectadores puedan acompaarnos
con total empata. Los espectadores, sin embargo, pueden ser tendenciosos; este es obviamente el caso en relacin a un ejemplo tomado de un periodo electoral. Uno recibe
ms empata de quienes estn de su lado que de quienes estn del lado opuesto. Si hay
alguna posibilidad de encontrar un estndar comn que excluya el prejuicio, tenemos
que buscarlo en las empatas de un espectador imparcial que no tenga ningn motivo
previo para preferir a ninguna de las partes directamente implicadas. As que el test de
una reaccin apropiada es en trminos de las empatas del espectador imparcial.
Una dificultad adicional es que los espectadores reales pueden estar insuficientemente informados. Tomando eso en cuenta, Smith desarrolla el modelo de un espectador ideal, plenamente informado e imparcial. Cada uno de nosotros puede intentar
observar sus propias relaciones con otros, as como las relaciones de los otros entre s,
a travs de los ojos de este espectador imaginario, de este espectador imparcial ideal.
Al ajustar nuestros (directos o empticos) resentimientos y afectos al nivel en el que
este hombre [sic] dentro del pecho puede empatizar, logramos tener un sentido de
lo apropiado. Este es un sentido de correccin e incorreccin, que puede ser por lo
menos intersubjetivo y acaso incluso totalmente objetivo. Pero cada juicio permanece
enraizado en una apreciacin de todos los particulares de cada ocasin de juicio y de
decisin. Para casos recurrentes [Link]., cuando se hizo una promesa y se debe actuar
en consecuencia, por usar el habitual y manido ejemplo podemos generalizar inductivamente a partir de nuestras anteriores aprobaciones y desaprobaciones, estableciendo as mximas y reglas (Cumple siempre tus promesas). Pero el juicio particular
tras una evaluacin completa del caso particular siempre tiene primaca.
Detmold es, como A. Smith, un sentimentalista: un creyente en los sentimientos
morales, en las pasiones, como las llamaba D. Hume6. Y su tesis es que las razones
morales (incluyendo las razones jurdicas) comprometen a nuestra voluntad precisamente porque representan un involucramiento apasionado o emotivo con los particulares de nuestro mundo. Las personas incapaces de amor y odio, de ira y placer, seran
tambin incapaces de verdaderos compromisos morales. Son los particulares de la vida
6
Vid. Detmold, [Link]., en p.105: No hay escapatoria, en el Derecho o en el pensamiento moral en
general, a la necesidad del compromiso pasional, porque slo el compromiso pasional puede proporcionar el
peso de las razones y principios; y sin ese peso no se puede hacer ningn juicio que sea difcil. La referencia
a D. Hume es, por supuesto, primordialmente al LibroII de su Tratado de la Naturaleza Humana [D. Hume,
A Treatise of Human Nature (citado en adelante como Treatise), L.A. Selby-Bigge y P.H. Nidditch (eds.),
Oxford, Clarendon Press, [Link]., 1978].
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cotidiana y de las relaciones humanas, tal como nosotros los aprehendemos apasionadamente, lo que constituye las razones. En contraste con esto, la postura de Summers
es de alguna manera ms racionalista, aunque todava no est del todo claro cmo su
teora llega a mostrar cmo razonamos hacia una conclusin sobre los pesos relativos
de las razones atmicas. En la visin de Detmold, sin embargo, parece correcto decir
que nosotros ms o menos literalmente sentimos hacia una conclusin. Para l esto es
un arte, no una ciencia; se puede aprender pero no describir. Y an as, por supuesto,
dado que es una verdad obvia que hechos diferentes pueden tener un atractivo emocional diferente, uno puede al menos usar esta verdad para darle sentido al proceso,
muy aludido pero poco explicado, al que hoy en da se le llama ponderar razones.
En su reciente Ethics Without Principles7, J. Dancy defiende el particularismo de
una manera que rechaza tanto la idea de un sentido moral como la idea de ponderar
o pesar razones. El juicio es una habilidad prctica, no un sentido, sugiere8. La misma facultad de juzgar se pone en juego al considerar razones tanto para proposiciones
tericas como para juicios prcticos. No se necesita un sentido especial para decir si
los argumentos que he defendido en este trabajo son slidos o no, dira Dancy. Juzgar
quin debe tener la custodia de un nio sobre la base de las razones a favor y en contra
de cada una de las alternativas es un juicio en ese mismo sentido. Las razones relevantes para el juicio son relevantes de distintas maneras: favoreciendo tal o cual decisin,
o posibilitando o intensificando una razn que ya es operativa, o imposibilitando una
razn que de otra forma sera una razn a favor. Peso es una mala metfora para describir lo que se tiene en cuenta en un proceso de juzgar, porque sugiere, errneamente
segn Dancy, que una razn de un cierto tipo siempre hace la misma contribucin en
relacin con todo acto para el que cuente como una razn. Sin embargo, l argumenta
persuasivamente que esto no es as9. Habiendo yo expresado en un trabajo anterior
mis dudas sobre la aplicacin de la idea de peso en relacin con las elecciones entre
principios jurdicos, me alegra tener la confirmacin de Dancy de mis fundamentos
para la duda. Menos persuasivo para el presente contexto es su rechazo de la idea kantiana de universalizabilidad de los fundamentos del juicio prctico10, cuestin sobre la
que despus volveremos.
Como muestra incluso este breve esbozo, tanto Smith como Detmold y Summers
defienden argumentos poderosos e interesantes, y el reciente trabajo de Dancy brinda
una firme corroboracin desde el campo de la filosofa moral. Sin embargo, merece la
pena todava indagar cmo es que tenemos xito en alcanzar un juicio objetivo en casos
donde hay razones en conflicto, cosa que sucede tan a menudo. Smith es quien tiene
quizs la visin ms completa y casi convincente, puesto que su recurso del observador
ideal imparcial nos proporciona un criterio intersubjetivo comn con el que ajustar y
objetivar nuestras particulares respuestas pasionales a los casos. Pero cmo funciona
esto en cuanto teora sobre cmo justificar decisiones? Lo que hacemos al justificar
7
(Oxford, Clarendon Press, 2004). G. Pavlakos llam mi atencin sobre la importancia de este trabajo
para la presente investigacin; y V. Tadros llam mi atencin sobre el error de confundir cuestiones epistemolgicas y ontolgicas.
8
Ethics Without Principles, pp.140-148.
9
Ibid., pp.190-191.
10
Ibid., pp.67-70; me parece que la presente caracterizacin puede en realidad no ser kantiana a la manera que Dancy quiere rechazar.
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juicios, si Smith est en lo correcto, consiste en mostrar que hemos ido ms all de una
reaccin inmediata a una situacin segn se nos apareci a primera vista. Habremos
intentado estar completamente informados y haber logrado una ideal imparcialidad,
para movernos del mero enojo, emptico o directo, a una preocupacin moral asentada y tal vez a una condena (o, en el caso contrario, a una aprobacin con diversos
grados de entusiasmo). En un proceso as de correccin o ajuste de los sentimientos inmediatamente sentidos, uno literalmente racionaliza la reaccin pasional, en busca de
una visin que pueda ser comn para todas las personas interesadas. El balance total
del juicio involucra una respuesta racionalizada a la totalidad de una situacin en toda
su particularidad. Por tanto, el peso de nuestras respuestas finales de desaprobacin
y aprobacin de una situacin en todos sus aspectos proporciona una mtrica comn
que hace inteligible cmo podra funcionar este tipo de ponderacin.
Hay que decir adems que una explicacin smithiana mostrara cmo un agente moral completamente desarrollado podra ser leal a reglas morales, en tanto guas
asentadas derivadas de respuestas generalizadas a tipos recurrentes de casos. Pero por
supuesto, en un proceso de desarrollo el agente formara parte de una comunidad
cuyos miembros deben lealtad a tales reglas. El desarrollo de una capacidad moral
completamente refinada sera algo que sobreviene desde un apego menos refinado
a reglas de carcter heternomo. Ello a su vez estara sin duda entre las condiciones
necesarias para desarrollar tanto el autogobierno, que Smith considera esencial para
la madurez humana, como la capacidad asociada para juicios de espectador ideal. De
nuevo, no encontramos ninguna barrera insoslayable entre juzgar conforme a reglas y
juzgar de una manera ms profunda afrontando toda la complejidad de las situaciones
de la vida real. As pues, no se trata tanto de una simple capacidad de ver o intuir
la correccin cuanto de una sabidura acumulada a travs de decidir y reflexionar sobre decisiones y sus resultados durante un periodo considerable de tiempo. Lo que
necesitamos no es la intuicin de Salomn, sino su sabidura.
2.Universalizar particulares
Ninguno de los elementos de comprensin derivados de tesis particularistas como
las que acabamos de examinar debera ser pasado por alto o minusvalorado. Pero tambin sera un error exagerar el carcter particularista del juicio, especialmente del juicio intuitivo o pasional una vez que es racionalizado de la manera sugerida por Smith.
Para mostrar esto, volvamos al caso del Rey Salomn y pensemos un poco ms sobre
l, para recoger un aspecto muy importante que ha sido desatendido hasta ahora. Entonces el rey respondi y as habl: Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matis: ella es su
madre. Cul es el punto aqu? El Rey ha utilizado un recurso brillante para descubrir cul de las mujeres quiere ms profundamente al nio. Infiere que ella es la madre,
precisamente por la profundidad visceral de su amor por l (porque sus entraas se le
conmovieron por su hijo, como tan vvida y terrenalmente lo expresa la Biblia). Por
tanto su juicio es, sustancialmente, Dadle a ella el nio... [porque] ella es su madre.
El nexo porque es importantsimo. La calidad lacnica y reveladora de la historia
bblica se debe al hecho de que desbroza los acontecimientos hasta su esencia: una disputa por la maternidad de un nio; el recurso de un patriarca para clarificar el hecho
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normales es abrumadoramente en el mejor inters del nio ser criado por su madre.
En circunstancias ordinarias hay una coincidencia entre el inters de la madre, deseosa
de criar a su propio hijo, y los intereses del nio, y en circunstancias familiares afortunadas hay coincidencia tambin con los intereses del padre, de los abuelos, y de otros
familiares. Pero si la razn para la decisin es el inters del nio, ello a su vez proveer
un fundamento para casos excepcionales como algunos de los que hemos imaginado.
En el caso de la maternidad deficiente, parece que el inters normal de un nio o nia
de recibir el cuidado de su propia madre es derrotado por circunstancias en las que la
madre es discapacitada o se ha incapacitado a s misma. En el caso de la maternidad no
deseada, por otro lado, la madre se ha descalificado a s misma, y el inters del nio se
protege mejor (sin controversias, segn la opinin actual) mediante procesos adecuados de adopcin.
Lo que de aqu se sigue es que cualquier proposicin universal sobre lo que es
correcto hacer puede resultar sujeta a excepciones o matizaciones no formuladas hasta ese momento, derivadas de una interaccin entre ms de un principio relevante.
Se ha sugerido que todas las reglas jurdicas tienen una derrotabilidad intrnseca 13.
Es verdad que cualquier universalizacin a partir de una razn particular en un caso
particular tiene que ser aceptada con cierta cautela, porque circunstancias diferentes
pueden sugerir excepciones y matizaciones que no se plantean en las circunstancias del
caso bajo consideracin.
Los jueces contemporneos no usan puede que no usen el mtodo salomnico en los casos ordinarios sobre filiacin o custodia de nios. Pero el fenmeno de los
hermanos siameses puede plantear cuestiones casi tan horribles como el de la espada
del rey. Porque puede surgir la cuestin de si se debe o no realizar una operacin para
separar a dos hermanos siameses en circunstancias en las que uno tiene una razonable
esperanza de sobrevivir sin daos sustanciales pero el otro no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir a la operacin. Esta fue precisamente la situacin que se plante ante
el Tribunal de Apelaciones de Inglaterra en el caso Re A (children) (conjoined twins)14.
El Tribunal decidi que, en las circunstancias particulares de las siamesas Jodie y Mary,
una operacin para separarlas y que permitiera que Jodie viviera era jurdicamente
permisible, es ms, era obligatoria, aunque su efecto sera tambin terminar con la vida
de Mary. Para nuestros propsitos, las palabras finales del magistrado ponente Lord
Justice Ward son instructivas15.
Para que no vaya a pensarse que esta decisin podra convertirse en una autoridad
para proposiciones ms amplias, tales como que un mdico, una vez que ha determinado
que un paciente no puede sobrevivir, puede matar al paciente, es importante reafirmar las
circunstancias nicas [unique] respecto de las cuales este caso es autoridad. Estas son: que
tiene que ser imposible preservar la vida de X sin causar la muerte de Y; que la mera existencia continuada de Y causar inevitablemente la muerte de X en un corto periodo de tiempo;
y que X es capaz de vivir una vida independiente pero Y es incapaz, bajo cualquier circuns13
Vid. R. H. S. Tur, Defeasibilism, Oxford Journal of Legal Studies, 21, 2001, pp. 355-368. [MacCormick tambin se remite aqu al tratamiento de la derrotabilidad que l mismo desarrolla en el cap. 12
([Link].)].
14
[2001] Fam. 147 [2000] 4 All ER 961.
15
[2001] Fam. en pp. 204-205 [2000] 4 All ER en p.1018.
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Lo nico, cabra replicar, no admite grados (cmo podra algo ser muy nico?). El comprensible nfasis del juez sobre el carcter muy nico del caso debe ser
entendido como que significa muy improbable que se repita. Pero el hecho es que la
decisin final del juez reconoce que el caso, a pesar de lo inusual que es, a pesar de que
es muy improbable que se repita, tiene que ser visto en Derecho como un caso-tipo,
como una situacin formulada universalmente. Sin duda que hay muy pocos ejemplos
en la vida real de una relacin entre un ser humano X y un ser humano Y que sea
exactamente como la describi Lord Justice Ward. Pero la idea es que, si se diera otra
vez, entonces una operacin similar para salvar a X a costa de acelerar la muerte de Y
estara tan justificada en este ltimo caso como lo estuvo en el caso de Jodie y Mary.
Y si no estuviera justificada en el ltimo caso imaginario, entonces tampoco podra
estarlo en el caso meticulosamente considerado y descrito que ahora se presenta ante
el Tribunal. Porque no es un inefable rasgo particular de esta Jodie interactuando con
esta Mary lo que justifica la decisin, sino ciertos aspectos estables de la relacin entre
ellas en el contexto de un dilema prctico particular. Estos aspectos son correctamente
presentados por el juez como justificacin de su decisin sobre la manera apropiada de
resolver el dilema. El hecho de que la existencia continuada de Mary causar la muerte
de Jodie, porque sus pulmones no podrn sustentarlas a las dos por muchas ms semanas, hace imposible preservar la vida de Jodie y asegurarle la probabilidad de una
existencia normal a menos que se realice la operacin. Pero es tambin un hecho que
la operacin provocar inevitablemente la muerte de Mary. Ambas tienen un derecho
a la vida, pero el derecho de Jodie slo se puede preservar realizando la operacin que
terminar con la vida de Mary. Si alguien, sin embargo, afirmara tanto que realizar la
operacin es correcto como que esta es la nica ocasin en toda la historia del mundo en la que una operacin as es correcta aunque en el futuro aparecieran mellizos
unidos bsicamente de la misma forma, estara replegndose hacia la inefabilidad. Si
una relacin precisamente de este tipo justifica la operacin en algn caso, tiene que
ser as en todos los casos, por ms infrecuentes que esperemos y recemos por que sean
los casos as. El porque de la justificacin es un nexo universal, en este sentido: para
que un determinado acto sea correcto porque en una situacin existe una determinada
propiedad o conjunto de propiedades, tiene que ser tambin correcto bsicamente el
mismo acto en todas las situaciones en que bsicamente la misma propiedad o propiedades estn presentes. Esto est sujeto a la excepcin de que pueden presentarse
propiedades relevantes adicionales que alteren el resultado correcto, pero la excepcin
es vlida slo si a su vez tiene el mismo carcter universal. Tenemos que estar frente a
algn conjunto adicional de relaciones tal que ste a su vez, de repetirse, sera tomado
como justificacin de la misma excepcin en un caso futuro similar.
Esto no depende de ninguna doctrina o prctica de seguir precedentes. Al contrario, es la racionalidad de un sistema de precedentes lo que depende de esta propiedad
fundamental de la justificacin normativa, en cualquier marco justificativo: su universalizabilidad. Todo compromiso con la imparcialidad entre diferentes individuos y
diferentes casos implica exigir que los fundamentos del juicio en este caso sean considerados repetibles en casos futuros. Por supuesto, se tiene que aadir la consistencia a
lo largo del tiempo como otro requisito, y adems, dentro de cualquier sistema norma-
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tivo, la idea de una coherencia general de valores y principios, perdurables a travs del
tiempo, antes de tener las bases de un verdadero sistema del precedente*.
3.Universalizacin o generalizacin?
La idea de universalizabilidad, incluso fundada en esa concepcin de imparcialidad
racionalidad, est sin embargo expuesta al ataque y ha sido atacada por S. Burton16. A
su modo de ver, mi afirmacin sobre la necesaria universalidad o al menos universalizabilidad de las razones justificativas es exagerada y confunde universalizacin con generalizacin. El problema que l plantea se deriva de la relativa ignorancia de los hechos
y la relativa ignorancia de los fines y valores bajo los cuales todo decisor humano tiene
que operar. Cmo, en efecto, se pregunta Burton, puede un juez estar satisfecho por
haber considerado exhaustivamente todo conjunto, o variante, relevante posible de los
hechos del caso dado, de manera tal que pueda decidir exactamente cmo formular,
sobre la materia en cuestin, una regla del tipo que hemos formulado en trminos de
siempre que HO entonces CN **? En el mejor de los casos, seguramente, un juez
de la vida real slo puede sostener que, en tanto generalizacin, es correcto decidir que
CN cuando se da HO. Esto supone, acertadamente, un prudente reconocimiento del
hecho de que no podemos estar seguros de que hemos pensado en todo lo que en una
visin completa (o sea, sobrehumana) podramos llegar a considerar relevante para un
juicio particular en un caso particular.
Cuando se provoca que cosas que no estn naturalmente sobre la tierra queden
situadas en un espacio de tierra (por ejemplo, al construir un embalse), y cuando esas
cosas se salen de control y daan a alguien, incluso sin culpa por parte del demandado,
los meros hechos de que hubo una prdida de control y de que ello ha causado dao,
incluso sin ninguna prueba de culpa, pueden ser considerados suficientes para justificar una sentencia que obligue a compensar a la parte daada a expensas del creador
del riesgo (vid., por ejemplo, Rylands vs. Fletcher17, Kerr vs. Earl of Orkney18). Pero
dictar y justificar una decisin en esos trminos ni zanja ni debera suponerse que zanje
la cuestin de qu es correcto hacer si se produce una prdida de control sin que esa
prdida traspase el permetro del espacio de tierra involucrado, sufriendo la lesin una
persona que se encuentra dentro de la tierra del demandado. En Read vs. Lyons and
Co.19, una explosin en el interior de una fbrica de armas lesion a un inspector que
estaba dentro de la fbrica visitndola legalmente. Por primera vez se decidi que una
prdida de control ms all del permetro de la tierra era un requisito para justificar un
juicio de responsabilidad sin culpa.
* El autor se remite aqu al cap.8, donde aborda ms a fondo estas cuestiones al analizar la justificacin
a partir de precedentes [[Link].].
16
S. J. Burton, Professor MacCormicks Claim Regarding Universalization in Law, en C. Faralli y E.
Pattaro (eds.), Reason in Law, vol.I, Miln, Dottore A. Giufrr, 1988, pp.155-166.
** Las letras HO se refieren a los hechos operativos (en el original, OF, operative facts) de una
norma (lo que nosotros solemos llamar supuesto de hecho). Las letras CN se refieren a las consecuencias
normativas previstas para cuando esos hechos tienen lugar [[Link].].
17
(1868) LR 3 HL 330.
18
(1857) 20 D 298.
19
[1947] AC 156.
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Los casos nuevos no siempre tienen que conducir al abandono de una lnea de
desarrollo jurisprudencial relativa a la responsabilidad de la manera en que ocurri en
el caso Read. Ejemplo de esto es el cauteloso crecimiento de la doctrina de la responsabilidad indirecta, haciendo al empresario responsable por las faltas de su empleado.
Debe un empleador ser responsable por los actos fraudulentos cometidos por un
empleado en el ejercicio de sus funciones? Un primer caso abord la situacin en la
que el fraude del empleado fue beneficioso para el empleador, y se sostuvo que en esas
circunstancias el empleador era indirectamente responsable. Pero entonces surgi un
caso en el que un empleado cometi un fraude durante su trabajo que perjudic a un
cliente del empleador, sin beneficio alguno para este ltimo. Claramente, los precedentes no exigan una decisin favorable a la responsabilidad del empresario en un caso
como ese: los precedentes mostraban que, si un empleador se beneficiaba, ese empleador deba ser responsable. Pero igualmente, no tenan por qu ser interpretados como
sosteniendo que slo si el empleador se beneficiaba podra haber responsabilidad indirecta. De hecho, en Lloyd vs. Grace, Smith, and Co.20 se sostuvo que era correcto considerar responsable al empleador, por el fraude cometido por su empleado en el ejercicio
de sus funciones, incluso en ausencia de un beneficio para el empleador. Esta decisin
era perfectamente razonable, incluso a pesar de que en Barwick vs. Joint Stock Bank21
se haba tratado como un hecho relevante el que los fraudes del empleado hubieran
sido para beneficio del empleador. Lo que el desarrollo posterior reflej fue (uno podra suponer) una comprensin ms amplia de los fundamentos de la responsabilidad
indirecta, es decir, de sus principios subyacentes, en trminos de la manera en que
el empleo de una persona puede crear un mbito de conductas daosas que de otro
modo l o ella no hubieran podido realizar, y asumiendo que es ms razonable que sea
el empleador quien se asegure contra esto o de alguna manera tome medidas dirigidas
a proteger los intereses de terceras partes expuestas a ese riesgo. Lneas de desarrollo
del Derecho como esta estaran severamente inhibidas si los tribunales debieran en
todo punto intentar resumir en trminos concluyentes todas las condiciones necesarias
y suficientes para alguna forma de responsabilidad jurdica o para el reconocimiento
de algn tipo de derecho. Lo mximo que un tribunal debera hacer es contentarse con
que haya razones suficientemente buenas para la decisin en el caso presente. Que las
razones sean suficientes implica suficiencia a la luz de los hechos y circunstancias que
las partes han alegado ante el tribunal como material relevante para la decisin. Un
enfoque as, tentativo, paso a paso, de la toma de decisiones es ciertamente muy caracterstico del estilo de desarrollo jurisprudencial de doctrinas y principios jurdicos en
el common law. En su Introduccin al Derecho y al razonamiento jurdico, Burton brinda algunas vvidas ilustraciones de este punto, tomadas del Derecho mercantil, sobre
cuestiones relativas a la responsabilidad del vendedor por defectos en el producto22.
La observacin que hace Burton es muy importante. Debera aceptarse, sin embargo, no como que contradice la presente tesis sobre la universalizabilidad, sino como
que subraya en ella una matizacin til y necesaria que ya fue brevemente mencionada
antes en este trabajo. Lo que l muestra, creo, es el carcter siempre tentativo del com20
21
22
[1912] AC 716.
(1886) LR 2 Ex. 259.
Boston y Toronto, Little Brown, 1985, pp.21-64.
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promiso que una persona sabia y racional tendr respecto de cualquier principio de decisin universalizado. Lo que l no muestra es que las propiedades lgicas de un buen
principio de justificacin o de un buen fundamento para las decisiones sean otras que
las de la universalidad. Un fundamento universalizado de un fallo dice siempre si c
haz v, mientras que uno generalizado no puede decir ms que muy a menudo si c haz
v o acaso casi siempre si c haz v. Comprese siempre si la madre del nio reclama
su custodia, la custodia le debe ser otorgada con muy a menudo si la madre de nio
reclama su custodia, la custodia le debe ser otorgada. En cualquier caso que pueda
ocurrir, la segunda frmula fracasa totalmente en cuanto a decirnos qu hacer. Porque
no hay manera de saber si el caso que tenemos frente a nosotros es uno de la mayora
de casos particulares en los que la custodia debe ser otorgada, o uno de la minora en
que no. No nos da una gua. El problema de la segunda frmula es el opuesto, porque
s nos da una gua, pero nos la da de una manera demasiado categrica. Que una persona sea la madre de un nio es siempre, en efecto, una razn muy fuerte para que ella
tenga su custodia, pero puede haber circunstancias en las que esa razn sea derrotada
por otras consideraciones tales como las que vimos en el caso de la deficiencia materna
o en el de la maternidad no deseada, y en algunos otros en los que cabra pensar. As
que tiene ms sentido postular una suerte de universalizacin con reservas: Siempre
si la madre de un nio reclama su custodia, la custodia le debe ser otorgada, excepto
cuando se muestre que una razn suficientemente fuerte para un otorgamiento diferente
est presente. Esto nos dice qu hacer, pero tambin nos advierte que tengamos en
cuenta las consideraciones en contrario si alguna es presentada en un caso particular.
El sentido de un cuerpo de precedentes sobre la concesin de custodias es que a lo
largo del tiempo brindar una universalizacin bsica, cualificada por un listado ms
o menos exhaustivo de consideraciones opuestas (consideraciones, cabe suponer, fundadas primordialmente en el bienestar de los nios, teniendo en cuenta su edad y la
cercana de su relacin con su padre as como con otros familiares).
Es bueno decir ms o menos exhaustivo. La variedad de circunstancias humanas es tal que uno nunca puede estar absolutamente seguro de haber previsto todas
las posibilidades, y es por tanto una simple muestra de sabidura prctica permanecer
abierto a sorpresas, y estar dispuesto a responder a ellas con inteligencia. Uno no debera quedarse contento con una certeza ex ante de que por fin ha diseado la regla
perfecta y completa para la decisin, la regla que explicita toda condicin imaginable
de derrotabilidad o matizacin a que est sujeta. La universalizabilidad jurdica de una
persona sabia se circunscribe a una universalizabilidad derrotable*. All donde impera, la universalizabilidad derrotable puede por supuesto dar lugar a generalizaciones
descriptivas acerca del Derecho: Segn el Derecho de Brobdingnag, en los litigios de
custodia de nios la custodia es casi siempre otorgada a la madre. Pero la generalizacin descriptiva, aunque es til como gua para la prediccin de decisiones, es por s
misma de muy poca ayuda para tomarlas. La universalidad derrotable es universalidad,
no generalizacin; y la universalizabilidad debe defenderse como un requisito para la
justificacin, tanto en el Derecho como en el razonamiento moral. Esto es as, incluso si
uno sabiamente admite la siempre presente posibilidad de acontecimientos y circuns* El autor seala aqu que la idea de derrotabilidad se examina con ms detalle en un captulo posterior del libro [[Link].].
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tancias imprevistas que requieren que uno revise lo que hasta ahora eran cuasi-certezas
aceptadas. Si el particularismo es entendido como no ms que una posicin que insiste en esta apertura a evaluar nuevos casos y circunstancias cuando surgen, entonces
es aceptable. Pero esta es una apertura a nuevos particulares dentro de un esquema
justificativo formado por universales derrotables; y cada nueva excepcin, una vez que
es reconocida, se convierte ella misma en una excepcin universalizada23.
Si esto capta lo que Burton quiere decir con generalizacin como opuesto a
universalizacin, coincido con l en la sustancia, pero no en la preferencia terminolgica. Porque sigue siendo valioso contrastar la universalidad (incluso la universalidad derrotable) con la generalizacin, por una razn articulada hace muchos aos
por R.M. Hare24. Universal se opone a particular, como general se opone a
especfico. El ltimo par de trminos admite diferencias de grado, pero el primero
no. Universal y particular son propiedades lgicas, mientras que la generalidad
y la especificidad son propiedades cuantitativas. En Derecho, tanto las reglas como
los principios son universales, como lo son las formulaciones interpretativas sobre el
Derecho contenidas en la fundamentacin de las sentencias [rulings on law] que justifican los fallos particulares. Pero algunos enunciados normativos son ms generales
que otros. Los principios jurdicos son normas muy generales, que a menudo compiten
con otras normas igualmente generales en dilemas prcticos. Las reglas jurdicas son
tpicamente mucho ms especficas e inmediatamente aplicables. Los contrastes trazados sobre el eje general-especfico tienen un sentido diferente a los referidos al par
mutuamente excluyente universal versus particular. Son trminos y conceptos que
estn llamados a jugar un papel distinto en la teora general de la justificacin jurdica.
Las generalizaciones, en el sentido de formulaciones generalizadas de principio, tienen
un papel especial que jugar en la justificacin jurdica. Tales formulaciones de principio son mucho ms generales en sus trminos que el tipo de formulaciones judiciales
interpretativas sobre el Derecho [rulings on law] que hemos estado discutiendo hasta
ahora. La generalidad, como esta observacin muestra, es una cuestin de grado. En el
nivel ms alto de generalizacin jurdica, el de los principios, nos preocupa la coherencia de conjunto en el Derecho ms que la estricta consistencia*, que es en cambio en
lo que nos centramos cuando probamos si una posible formulacin interpretativa es o
no conforme con reglas preestablecidas y precedentes vinculantes. A veces, de hecho,
esta diferencia pasa a ser crucial cuando los jueces niegan que sea correcto considerar universales a las formulaciones amplias de principio. Una ilustracin muy clara
de esto puede encontrarse en Home Office vs. Dorset Yacht Co. Ltd. 25 En resumen,
preservar una distincin terminolgica entre generalizacin y universalizacin parece
altamente deseable.
23
Comp. K. Gnther, The Sense of Appropriateness: Application Discourses in Morality and Law, trad. J.
Farell, Alban, NY, SUNY Press, 1993, pp.224-226.
24
R. M. Hare, Principles, Proceedings of the Aristotelian Society, 1972-1973, 1.
* El autor se remite aqu a los captulos posteriores del libro [N. del T.].
25
[1970] AC 1004, esp. en p.1054, donde Lord Pearson se refiere al clebre principio del prjimo
como un principio bsico y general pero no universal. [El principio del prjimo (neighbour principle) es
el que ordena que se tome la diligencia debida para evitar acciones u omisiones que uno pueda prever razonablemente que probablemente daarn a nuestro prjimo, entendiendo por tal todas las personas tan cercana y
directamente afectadas por el acto que el sujeto debera razonablemente pensar en ellas cuando emprende esa
accin u omisin (N. del T.)].
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exactitud que estos particulares hechos A, B, C son una razn para esta decisin d (una
razn que tiene ms peso que los hechos rivales E, F, G), nada se sigue respecto de la
reaparicin futura de hechos similares. Si las razones son particulares, es una conjetura
de alguien decir si reapariciones de los mismos o parecidos particulares tendrn un
peso similar la prxima vez.
En la medida en que la crtica de Hume al realismo causal y a las pretensiones de la
induccin era una crtica lgica, fue una crtica acertada. Pero el problema lgico que
Hume plante no fue resuelto satisfactoriamente por l mismo, sino slo mucho despus
por K. Popper27. La relacin entre particulares y generalizaciones es una relacin de
falsacin potencial. Que haya regularidad en nuestro universo es una hiptesis puesta
a prueba en nuestro mismo momento de pensar, y corroborada hasta ahora en diversas
esferas de sucesos y fenmenos. Que hay particulares regularidades recurrentes tambin
ha sido sometido a prueba y, para algunas de ellas, todava no ha sido refutado.
En tanto que Hume plante un problema epistemolgico, estaba en lo correcto. La
causalidad no es una parte intrnseca del mundo perceptible. Es una categora explicativa impuesta por nosotros sobre nuestro mundo fenomnico (aunque aqu la versin trascendental kantiana del argumento es claramente ms plausible que el intento de Hume
de sustentar al empirismo sobre s mismo28). Quedan entonces las cuestiones de cundo es justificable aplicar esta categora en nuestras explicaciones de sucesos, y de cmo
debemos aplicarla. Mi respuesta es de nuevo popperiana: las adscripciones razonables
y justificables de efectos a causas requieren recurrir a generalizaciones no refutadas, y
estn mejor justificadas cuanto ms extensamente corroborada y cuanto ms en riesgo
de falsacin est una hiptesis. Adems, cualquier hiptesis explicativa que uno ponga
a prueba tiene que ser capaz tambin de formar parte consistentemente de una teora
general coherente. Las hiptesis no vienen como espas solitarios, sino en batallones.
Esta quiz sobria toma de posicin en una cuestin tan sumamente importante y discutida durante tanto tiempo tal vez sea suficiente para un trabajo que se centra en otros
asuntos. De todas formas, la principal cuestin aqu es hasta qu punto la postura popperiana, tal como la he esbozado crudamente, es una analoga til para el razonamiento
prctico. As que dejemos que una observacin final a modo de conclusin sea suficiente
sobre esto: no hay nada en esta postura que implique negacin alguna de que las causas
son siempre particulares. Por supuesto que es el mordisco de la serpiente, no la teora de
que los mordiscos de serpiente pueden ser letales debido a las propiedades del veneno de
serpiente, lo que causa la muerte de Cleopatra. Pero lo que nos permite conceptualizar
la muerte de Cleopatra es que el hecho particular de la serpiente que muerde pertenece,
como premisa menor, a una argumentacin cuya premisa mayor es una hiptesis extrada
de la teora sobre el veneno de serpiente y cuya conclusin es la muerte.
27
K. R. Popper, The Logic of Scientific Discovery, London, Hutchinson, 1959; Objective Knowledge,
Oxford, Clarendon Press, 1972, cap.1.
28
Hume, en Treatise Libro I, Parte III, s. 15, prescribe Reglas para el razonamiento en trminos de
causas y efectos [Rules by which to judge of causes and effects]; all y en otros lugares l da como razn para
que creamos en causas y efectos la actuacin de la costumbre sobre nuestra imaginacin; claramente, es circular
hacer descansar la teora de la causalidad en una hiptesis de causa-efecto en el nivel de la psicologa emprica.
Por esa razn, la psicologa trascendental de Kant (si puede llamarse as) es preferible. Vid. I. Kant, Critique
of Pure Reason, London, Macmillan, 1933, pp.30-31, segn se discute en W.D. Lamont, Law and the Moral
Order, Aberdeen, Aberdeen University Press, 1981, cap.5, causalidad y teleologa.
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d C. De hecho, significa lo mismo que Si C uno debe hacer v; y C; luego uno debe
hacer v.
Cuando se considera el asunto una y otra vez, no parece haber otra manera de dar
sentido a ideas como justificacin y razones justificativas para la accin que no nos
lleve a esta conclusin. La clave aqu radica en la tesis de que las razones justificativas
para la accin son conceptualmente distintas tanto de las razones explicativas como
de las motivacionales30. Esta es una tesis de fundamental importancia. Que yo quiera
mucho x y que v-ar sea una manera de lograr x es, para m, una razn para hacer v.
Que x era lo que yo ms quera y que me pareca que v probablemente producira x
ser ciertamente una buena explicacin de por qu hice v en una determinada ocasin.
Tales razones son, por supuesto, particulares, aunque caen bajo los principios explicativos de que es muy probable que la gente haga lo que ms quiere hacer, y de que los
deseos fuertes son causas comunes de la accin. Pero lo que las razones explicativas y
motivacionales no hacen es precisamente justificar una accin. Buena parte de la actual
discusin sobre razones para la accin y sobre razonamiento prctico me parece que
deja esta cuestin crucial en la oscuridad. Por qu quiero x y si mi deseo es tan fuerte
que me motivar hacia una accin orientada a conseguir x son cuestiones de algn inters e importancia. Pero si es o no correcto que yo busque o consiga x es otra cuestin.
Que haya alguna razn justificativa para que yo busque o consiga x es una cuestin
totalmente distinta de la de si hay alguna razn motivacional para que lo busque.
No hay, afirmo, justificacin sin universalizacin; la motivacin no necesita universalizacin; pero la explicacin requiere generalizacin. Y para que hechos particulares
o motivos particulares sean razones justificativas tienen que ser subsumibles bajo
algn principio relevante de accin universalmente formulado, incluso si se admite que
el universal es derrotable. Esto se aplica al razonamiento prctico en general, y al razonamiento jurdico como un sector del razonamiento prctico31. Buena parte de la discusin
en el presente trabajo ya ha tratado de casos jurdicos y razones jurdicas. Esto no es
irrelevante. La tesis de J. Dancy en Ethics Without Principles proyecta lo que parece
ser una duda bien fundada sobre la idea que hay algn tipo de libro maestro de reglas
de moralidad32, o de que el pensamiento moral se dirige al intento de construir uno.
Los principios de los cuales l nos apremia a prescindir son un conjunto imaginario de
universales invariablemente aplicables, tales que, a menos que la mxima de una accin
presente encaje en uno de ellos, la accin es incorrecta. Yo estoy dispuesto a aceptar esa
visin, pero tambin a llamar la atencin sobre las maneras en que el pensamiento moral
difiere del jurdico33. Primero, en Derecho s hay una suerte de libro maestro de reglas: la
30
W. Lucy objeta la idea de razones explicativas, y piensa que uno debera hablar slo de causas explicativas. Sin embargo, es evidente que uno puede hablar de la razn por la que el Monte Santa Helena hizo
erupcin, o de la razn por la que Cleopatra muri. La explicacin racional es una actividad importante. Vid.
Lucy, Understanding and Explaining Adjudication, p.104.
31
Vid. R. Alexy, Theory of Legal Argumentation, trad. de R. Adler y N. MacCormick, Oxford, Clarendon Press, 1989, pp.5-10, 212-220 y 294-295, sobre la tesis de que el razonamiento jurdico debe ser entendido
como un caso especial de razonamiento prctico general.
32
Vid. Ethics Without Principles, por ejemplo, pp.130-132.
33
Dancy subraya (Ethics Without Principles, p.190) que: Para ser racional, para pensar racionalmente,
para ser un evaluador de razones competente, no se necesita ser un manejador de reglas competente, ni se
necesita ser un competente evaluador de las contribuciones individuales de las razones presentes en el caso que
son independientes del contexto, porque puede que no haya tales contribuciones independientes del contexto
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Constitucin, las leyes, los cdigos, los reglamentos, y similares; y tambin, posiblemente, los precedentes judiciales y (si los precedentes generan tal cosa) las reglas del common law. Todo sistema jurdico contemporneo en cualquier Estado tiene algunas de
estas cosas, aunque quizs ninguno las tenga todas. Sistemas jurdicos no estatales, como
el de la Unin Europea, tienen tratados fundacionales en lugar de una constitucin
en sentido formal como la que muchos Estados poseen (y, despus de 2006, los tratados
fundacionales puede que sean reemplazados por un Tratado por el que se que establece
una Constitucin). De aqu que el razonamiento jurdico siempre incluya una reflexin
sobre la incidencia que las reglas jurdico-positivas relevantes tienen sobre las situaciones
particulares. Esto sucede cuando quienes tienen un derecho privado o una competencia pblica para hacerlo inician procesos jurdicos civiles o penales, o cuando llevan a
cabo acciones potencialmente preparatorias para tales procesos. El Estado de Derecho
exige que tales intervenciones siempre estn, y se muestre que estn, apoyadas de algn
modo apropiado en el Derecho preestablecido. De aqu que la universalizacin que se
realiza en el Derecho se halla en un contexto que en buena medida ya est jurdicamente
definido, y tiene que ver con el esclarecimiento de cuestiones en las que el sentido del
Derecho establecido es discutido o discutible. Ms an, en contraste con la mayora de
las deliberaciones morales, la deliberacin jurdica, una vez que el asunto ha llegado a los
tribunales, es (con poqusimas excepciones) un proceso pblico. En ese proceso pblico,
debido a la responsabilidad pblica de los jueces, se exige a estos (a veces por el Derecho,
a veces simplemente por los usos y costumbres) que declaren pblicamente qu es lo que
hacen y por qu es correcto decidir como deciden. Esto es lo que significa justificacin
para los propsitos que aqu nos ocupan. De las maneras ilustradas y argumentadas anteriormente, esta formulacin de razones como razones pblicas, por magistrados comprometidos con la justicia imparcial en todos los casos, participa necesariamente de la
universalidad, aun siendo derrotable. En un sentido cuidadosamente explicado, quiz se
pueda concebir una tica sin principios; pero eso no funciona en el Derecho34.
(Traduccin de Guillermo Moro)
para ser evaluadas. Los abogados s tienen que ser manejadores de reglas competentes, al tiempo que deben
contar con las capacidades ms generales apuntadas.
34
E. Christodoulidis observa con contundencia que [L]a complejidad de lo particular (siempre-)
ya ha sido reducida en el Derecho. La particularidad slo podra abordarse regresando a la esfera de la alta
complejidad, lo cual, de hecho, destruira al Derecho como un logro institucional. Vid. The Irrationality of
Merciful Legal Judgement: Exclusionary Reasoning and the Question of the Particular, Law and Philosophy,
18, 1999, pp.215-241, en p.237.
[N. del T.: Para enlazar con los captulos posteriores del libro, el autor concluye el presente captulo con el
siguiente prrafo: La tesis sobre la universalizabilidad, sin embargo, no es privativa del Derecho, aunque puede
que tenga en l un papel necesariamente ms visible. Descubrir cmo se conecta esto con otros aspectos del Derecho, en especial con un sistema de precedentes jurdicos, es materia para un captulo posterior. Pero antes ser
necesario desarrollar un argumento relativo a las consecuencias. Parece ser una tesis bien fundada la de que la
justificacin de una decisin en un contexto jurdico exige universalizarla (o mostrar que sera aceptable si se universalizara). Pero esto plantea enseguida la cuestin de cmo se justifica la proposicin universalizada misma. La
respuesta que yo doy es una respuesta controvertida: se justifica en vistas a sus consecuencias; pero slo en un sentido bastante especial del trmino consecuencias. Hacer buena esa tesis es el objetivo del prximo captulo].
[Link] 150
DOXA 32 (2009)
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Qu significa juzgar?
QU SIGNIFICA JUZGAR?*
Antonio-Enrique Prez Luo
Universidad de Sevilla
Resumen. Este trabajo tiene por objeto el anlisis del significado del juicio; para ello se realiza una
triple aproximacin. En primer trmino, se estudia la dimensin creativa de la tarea judicial, y su
relevancia como fuente del Derecho. Se elabora a este fin, un mapa doctrinal sobre las distintas
tesis relativas al valor creativo de la jurisprudencia. Se estudia, en segundo trmino, la definicin
ostensiva del juicio, a partir de su localizacin externa en distintos mbitos o establecimientos
espaciales. La ltima y ms extensa parte del trabajo, se propone indagar los elementos constitutivos del proceso judicial. Se estudian aqu, sucesivamente, los aspectos perceptivos, racionales
y decisionales que conjuntamente conforman la tarea de juzgar. En este apartado se analizan,
con especial atencin, las controversias doctrinales que enfrentan la concepcin lgico-formal y
la concepcin argumentativa del razonamiento del juez. El ensayo se concluye con unas observaciones de sntesis sobre la convergencia entre las dimensiones bsicas del Derecho y los tres
aspectos constitutivos de la accin de juzgar Se postula la necesidad de una visin integradora
de esos aspectos, al considerarse que las teoras fragmentarias y unilaterales sobre la labor del
juez, han contribuido a oscurecer y confundir su significado
Palabras clave: juicio, jurisprudencia, fuentes del Derecho, arbitrio judicial, razonamiento judicial, argumentacin judicial, motivacin de las decisiones judiciales.
Abstract. The aim of this paper is to analyze the meaning of the legal process. Three steps are
followed. First, both the creative dimension of judicial tasks and their relevance as a legal source
are studied. With that aim, a theoretical map describing different theses on the creative value
found in case-law is elaborated. Secondly, the ostensive definition of the legal process is studied,
taking its external localization in varied placements and environments as a starting point. The
last and longest part of the paper aims at elucidating the constitutive elements in a legal process.
Perceptive, rational and decisional elements all of them core parts of the judging task are
here widely studied. The opposed visions that regard judicial reasoning as either formal-logical
or argumentative are carefully analyzed. The essay concludes with some summary observations
on the converging between the basic legal dimensions and the three constitutive aspects of the
judging activity. An integrated vision of the aforementioned aspects is postulated, considering that
fragmentary and unilateral theories have much contributed to misunderstand the meaning of judicial activity.
tion.
Keywords: legal process, case-law, legal sources, legal reasoning, legal argumenta-
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 151-176
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De modo anlogo, existe una cuestin bsica e insoslayable para el jurista que se
concreta en la necesidad de ofrecer cumplida respuesta al interrogante: qu significa
juzgar? La exigencia de plantear y responder a esa pregunta dimana de la equivalencia,
sustentada en el pasado y en el presente, entre los trminos de: juicio y Derecho.
El romanista A. DOrs afirma que en el Derecho romano se daba una continuidad entre las palabras ius, es decir, el Derecho y iudicium, que es el juicio. El juicio
(ius-dicere) significa declaracin de lo que es ius. De ello, infiere DOrs, que: la conexin ius-iudicium nos lleva a la definicin de lo que es el ius, esto es el Derecho... All
donde hay un juicio, sea popular, sea por jueces libres o burocrticamente organizados,
hay una declaracin de ius. Lo que en tal juicio se declare justo, eso es Derecho, el Derecho. Para A. DOrs, esa equivalencia se ha mantenido a travs de la historia y sigue
siendo vigente, por lo que no duda en concluir que al seguir siendo en la actualidad
los jueces los que hacen las declaraciones de lo que es Derecho, podremos definir el
Derecho como aquello que declaran los jueces (ius, quod iudex dicit)2.
En la cultura jurdica contempornea se ha hecho notoria la postura del realismo
norteamericano tendente a identificar la entera significacin del Derecho con el quehacer de los jueces. No huelga recordar, al respecto, la concluyente tesis de R. Gray de
que: all the Law is judge-made Law3, para captar el peso decisivo que corresponde a
la judicatura en el ordenamiento jurdico. Asimismo, se debe al clebre juez de la Corte
Suprema norteamericana O.W. Holmes la penetrante observacin de que el estudio
del Derecho no supone el descubrimiento de algo misterioso, sino de una realidad bien
conocida, es decir, de la actuacin de los jueces4. Desde esas premisas, el anlisis del
comportamiento judicial aparece como la condicin necesaria para trasladar desde la
penumbra y el misterio a la transparencia y la claridad el significado del sistema jurdico en su conjunto.
2.EL JUICIO COMO FUENTE JURDICA: LOS JUECES CREAN
DEReCHO?
La identificacin del concepto general del Derecho con las decisiones judiciales
se enfrenta a un importante escollo jurdico y poltico. Se trata de la exigencia posM. Heidegger, Was heisst Denken?, Tbingen, Max Niemeyer, 1954.
A. DOrs, Una introduccin al estudio del Derecho, Madrid, Rialp, 1963, pp.108-110.
R. Gray, The Nature and Sources of the Law, se cita por la reimp. sobre la [Link]., 1921, de P. Smith,
Gloucester, Mass., 1972, p.125.
4
W. Holmes, The Path of the Law en Collected Legal Papers, New York, Harcourt, 1920, p.167.
1
2
3
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tulada por el racionalismo jurdico, que ser germen del movimiento constitucionalista formulador del Estado de Derecho, de establecer el principio de la divisin de
poderes.
A tenor de ese principio, que hall ntida expresin en la doctrina de Montesse reserva a la ley, en cuanto norma general y abstracta promulgada por el
Parlamento, la definicin de los aspectos bsicos del status jurdico de los ciudadanos.
Por eso, se ha hecho clebre la mxima del propio Montesquieu de que los jueces
deben atenerse al texto estricto de la ley y que los jueces son la boca que pronuncia
las palabras de la ley, seres inanimados que no pueden moderar ni la fuerza ni el rigor
de ellas5.
quieu,
Esta visin del juez como autmata que se limita a aplicar las consecuencias jurdicas previstas en las normas legales a los hechos que se enjuician en el proceso,
obtuvo su elaboracin doctrinal definitiva en la teora de la subsuncin elaborada
por la dogmtica jurdica positivista. Segn postula esta teora, la funcin judicial se
circunscribe a encajar los hechos controvertidos en los supuestos fcticos tipificados
en las leyes y aplicarles las consecuencias jurdicas en ellas previstas, de acuerdo con el
consabido apotegma: da mihi facti, dabo tibi ius. De ello se infiere que, desde estas
premisas, se concibe la tarea del juez como la mera declaracin de un derecho preexistente (el sistema normativo legal) y no como un dato constitutivo de la definicin
del Derecho.
Esta imagen de la jurisprudencia ha calado profundamente en la cultura europea.
Es probable que una de las expresiones ms radicales de su sentido y consecuencias
se deba a J. Ortega y Gasset, quien en una reflexin merecedora de ser rescatada
del olvido por parte de las tentativas de analizar las proyecciones jurdicas del raciovitalismo, expone cuanto sigue: El que juzga no entiende. Para ser juez es preciso
hacer previamente la heroica renuncia a entender el caso que se presenta a juicio en
la inagotable realidad de su contenido humano. La justicia mecaniza, falsifica el juicio
para hacer posible la sentencia. No es, pues, extrao que del inmenso volumen de la
historia universal se puedan espumar tan pocos nombres de jueces inteligentes. Aunque personalmente lo fueran, su oficio les oblig a amputar su propia perspicacia. Este
es el triste herosmo del juez, sin el cual la convivencia humana no resultara posible.
Vaya nuestro respeto a esa dolorosa profesin; pero de paso detestemos a los que sin
ejercerla se constituyen tan fcil y alegremente en jueces de aficin6.
Es evidente que esta concepcin mecanicista de la tarea judicial entraa una simplificacin y falsea el alcance del proceso y su relevancia en la conformacin de la
experiencia jurdica. Los ltimos aos han supuesto un alejamiento de la tesis subsuncionista, incluso desde enfoques positivistas o, ms bien, desde el denominado post
positivismo jurdico. En cualquier caso, la pugna entre la concepcin pretoriana o
judicialista del Derecho y la concepcin legalista del mismo ha sido uno de los grandes
nudos temticos de la metodologa y la ciencia jurdicas contemporneas. La relevancia
de la funcin judicial como fuente del Derecho y sus repercusiones para la garanta
Montesquieu, Esprit des lois, XI, 5.
J. Ortega y Gasset, Prlogo a una edicin de sus obras, en Obras completas, vol.6, Madrid, Alianza
Editorial y Revista de Occidente, 1983, p.343.
5
6
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crear normas jurdicas por exigencias de justicia, pero difiere de ella en que le impone
el deber de inspirar y orientar su decisin en un parmetro normativo objetivo: el
Derecho natural o su modalidad de la naturaleza de las cosas. La clebre teora de
G. Radbruch, segn la cual el juez debe oponer a la legalidad inicua el Derecho supra
legal, constituyen un ejemplo difano de esta postura. El propio Radbruch en su monografa Die Natur der Sache als juristische Denkform (La naturaleza de la cosa como
forma de pensamiento jurdico) 10, estimul una corriente doctrinal que conceba la
naturaleza de las cosas como fuente jurdica inspiradora de las potestades creativas
de la jurisprudencia11.
4.) Crear/juzgar como capacidad de integracin normativa. En las ltimas dcadas del pasado siglo, se puede considerar como una postura representativa de este
planteamiento a la de R. Dworkin. Dworkin tiende a evidenciar el carcter fragmentario e insatisfactorio de las tesis que hacen reposar la validez del sistema de fuentes
en criterios formales normativos. A partir de ello, se hara depender la validez de las
normas concretas de su conformidad con las normas de procedimiento que en cada
ordenamiento jurdico regulan la produccin jurdica (teora que es calificada por
Dworkin como test del pedigree). No menos rechazable le parecen las doctrinas que
reconducen la validez al dato puramente fctico de la eficacia de las normas, es decir,
al hecho de su aplicacin y cumplimiento mediante una determinada prctica social.
El rechazo de cada una de estas posturas le conduce tambin al rechazo del sincretismo de ambas, tal como se desprendera de las tesis de Hart. En la teora del Derecho
como integridad, que sostine Dworkin, ocupan un lugar privilegiado los principios.
Segn la notoria tesis de Dworkin, todo ordenamiento jurdico se halla integrado
por un conjunto de principios (principles), medidas o programas polticos (policies) y
reglas o disposiciones especficas (rules). Dworkin denomina medidas polticas a las
normas genricas (standards) que establecen fines que deben alcanzarse y que implican
un avance en el terreno econmico, poltico o social para la comunidad; mientras que
reserva la denominacin de principios a los standards o prescripciones genricas que
entraan un imperativo de justicia, de imparcialidad, o de cualquier otra dimensin
de la moralidad. Son los principios, en cuanto entraan los fundamentos morales del
orden jurdico y la expresin de los derechos bsicos de los ciudadanos, los que aseguran la coherencia y plenitud del sistema de normas que hace posible el imperio del
Derecho y que, por tanto, deben ser la pauta orientadora de la labor judicial12.
5.) Crear/juzgar como capacidad para completar el proceso normativo. Se ha
producido durante las ltimas dcadas, una metamorfosis en el concepto de norma
10
G. Radbruch, Leyes que no son Derecho y Derecho por encima de las leyes, en el vol. Derecho
injusto y Derecho nulo, trad. cast. de J.M. Rodrguez Paniagua, Madrid, Aguilar, 1971; id., La naturaleza
de las cosas como forma del pensamiento jurdico, trad. cast., de E. Garzn Valds, Crdoba (Argentina),
Universidad de Crdoba, 1963.
11
Cfr. E. Garzn Valds, Derecho y naturaleza de las cosas. Anlisis de una nueva versin del Derecho
natural en el pensamiento jurdico alemn contemporneo, Crdoba (Argentina), Universidad de Crdoba, 1970.
12
R. Dworkin, Taking Rights Seriously, [Link]., London, Duckworth, 1978 (existe trad. cast. de M. Guastavino, con Prlogo de A. Calsamiglia, Barcelona, Ariel, 1984); id., A Matter of Principle, Cambridge (Mass.),
Harvard University Press, Cambridge (Mass.) and London, 1985; id., Laws Empire, Fontana, London, 1986,
(Existe trad. cast. de C. Ferrari, revisada por E. Abril, Barcelona, Gedisa, 1988); id., Sovereign Virtue. The
Theory and Practice of Ecuality, Cambridge (Mass.) and London, Harvard University Press, 2000. id., Justice
in Robes, Cambridge (Mass.) y London, Harvard University Press, 2006, (existe trad. cast., de M. Iglesias e
[Link] de Urbina, Madrid, Marcial Pons, 2007).
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Constituye un dato insoslayable de la accin de juzgar su referencia a las percepciones sensoriales de la vista y del odo, as como a la expresin oral de ideas o sentimientos. En las normas procesales, de los distintos sectores del ordenamiento jurdico,
aparecen constantes referencias a esos aspectos sensoriales. As, con relacin a la componente visual del proceso, pueden researse, sin pretensin alguna de exhaustividad,
remisiones tales como: celebracin de vistas, sealamiento de vistas, suspensin de
vistas, inspeccin ocular, visto para sentencia... A la percepcin auditiva del juicio se
alude en expresiones como: Audiencia, audiencia previa al juicio, audiencia pblica,
audiencia al rebelde, auditor, oidor... Hacen referencia a la dimensin oral del proceso
nociones tales como juicio oral, informes orales, deposicin oral, testimonio oral, careo, confesin del procesado y personas civil o criminalmente responsables, concesin
de la ltima palabra al procesado...
En la tradicin jurdica romanista, la dimensin perceptiva y expresiva del proceso
se ha reflejado en mltiples aforismos y brocardos. Entre ellos, merecen ser reseados
algunos: Audiatur et altera pars (igase tambin a la otra parte); Exhibere est
facere in publico potestatem, ut ei qui agat experiundi sit copia (Exhibir es presentar
ante el magistrado para que el demandante pueda ejercitar su accin); Manifesta non
indigent demonstratione vel probatione (Las cosas evidentes no necesitan demostracin o prueba); Uti lingua nuncupassit, ita ius esto (Segn las palabras pronunciadas, as ser el Derecho); Quum in verbis nulla ambiguitas est, non debet admitti
voluntatis quesito (Cuando no hay ambigedad ninguna en las palabras, no debe
admitirse cuestin sobre la voluntad)21.
Incurrira en un exceso de prolijidad y se apartara del objeto de estas reflexiones,
el intento de una consideracin demorada en pormenores sobre las distintas manifestaciones y alcance de la dimensin perceptiva del juzgar. A los efectos de este anlisis,
estimo que ser suficiente aludir a algunos episodios y tesis doctrinales en los que se
corrobora esta dimensin del quehacer judicial.
a) Entre los episodios histricos en los que se manifiesta la componente visual
del juicio, ha adquirido especial celebridad el denominado juicio de Frin, al que
aludieron numerosos clsicos greco-latinos y que en la tradicin cultural de occidente
ha inspirado diversas manifestaciones pictricas y escultricas. Frin era una cortesana
que adquiri fama por su belleza escultural (en este caso no se trata de una metfora,
ya que fue la modelo predilecta de Praxteles) en la Atenas del siglo iv a.C. Inducida
por sus admiradores a emular a la diosa Afrodita (la Venus romana), fue acusada de
impiedad. Esta acusacin posea notable gravedad hasta el punto de haber determinado el proceso y condena de Scrates. En el juicio, asumi la defensa de Frin el
retrico Hipereides, quien ante la dudosa eficacia de sus argumentos exculpatorios,
la exhort a que se desprendiera de su clmide y mostrara su cuerpo desnudo ante
21
Cfr. R. Domingo (dir.), J. Ortega y B. Rodrguez-Antoln, Principios de Derecho Global. Aforismos jurdicos comentados, Cizur Menor (Navarra), Thomson-Aranzadi, 2003; J. Iglesias Redondo, Repertorio
bilinge de definiciones, reglas y mximas jurdicas romanas, Madrid, Civitas, 1986; J. Mans, Los Principios
Generales del Derecho, Barcelona, Bosch, 1979. En la obra Dichos jurdicos y ticos tradicionales, Madrid, Civitas, 1986, compilados por M.G. Martnez, se recogen numerosas mximas referentes a las percepciones
sensoriales del juez. Como ejemplo, puede citarse la siguiente: Ojos de jueces, lengua de abogado y pies de
pleiteante, llevan lo suyo adelante, p.140.
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artificial (IA) y los sistemas expertos (SE). La inteligencia artificial alude al conjunto de
actividades informticas que si fueran realizadas por el hombre se consideraran producto de su inteligencia. La propia amplitud de estas operaciones que abarcan desde
la comprensin de lenguajes naturales, el reconocimiento de imgenes o sonidos, hasta
una amplia y diversa gama de juegos y simulaciones, han determinado una necesidad
de acotar y delimitar su mbito. A ello tambin ha contribuido la contradiccin que
supone predicar de entidades ajenas al hombre el rasgo humano por excelencia, o
sea, la inteligencia. De ah que hoy se aluda preferentemente a lo que es el sector ms
importante de la inteligencia artificial el que se refiere a los sistemas expertos. Tales
sistemas incorporan, de una manera prctica y operativa, el conocimiento que posee
un experto en la materia de que se trate. Consisten en programas que reproducen las
actuaciones que ha previsto el experto que los disea. Entre los sistemas expertos ms
notorios de nuestros das se encuentran los dirigidos al diseo artstico o arquitectnico, la localizacin de yacimientos minerales y el diagnstico mdico. El paralelismo
entre el diagnstico clnico y el dictamen o razonamiento del juez han propiciado una
copiosa bibliografa sobre experiencias de aplicacin de los SE a la actividad judicial.
Se indica que al igual que el mdico dictamina en funcin de alojar los sntomas de la
enfermedad en un cuadro de patologas, el juez mediante el silogismo de la subsuncin
atribuye a unos hechos tipificados las consecuencias jurdicas previstas en la norma.
En funcin de ello han proliferado en estos aos una serie de proyectos y prototipos
de sistemas expertos jurdicos (SEJ) en materias tales como liquidaciones tributarias,
clculo de indemnizaciones por accidentes laborales o de trfico, prediccin de las
consecuencias jurdicas de impactos medioambientales, condiciones de adquisicin de
la nacionalidad y Derecho de familia, en concreto, matrimonio y divorcio. Estos sistemas ms que a suplantar la racionalidad judicial, como indebidamente pretendieron
algunos radicales ingenuos de la informtica jurdica, se plantean hoy como medios
auxiliares y, en cierto modo, confirmadores de la actividad lgica del juez26.
b) Pionero en la restauracin del inters jurdico por la racionalidad prctica, as
como por sus repercusiones en el quehacer judicial, fue T. Viehweg, quien concibe
la tpica como el mtodo dialgico que orienta el razonamiento del juez hacia la
decisin de los casos, o problemas concretos, en los que se expresa el Derecho 27.
Deben tambin mencionarse los estudios sobre la nueva retrica debidos a C. Perelman, tendentes a mostrar la estructura argumentativa del razonamiento judicial 28;
as como la revalorizacin de la razn prctica, denominada por L. Recasns Siches
logos de lo razonable, en la interpretacin y aplicacin del Derecho por parte de
la judicatura29.
26
Cfr. A.E. Prez Luo, Ciberntica, Informtica y Derecho. Un anlisis metodolgico, Bolonia, Publicaciones del Real Colegio de Espaa, 1976, pp.83 y ss.; id., Manual de informtica y Derecho, Barcelona, Ariel,
1996, pp.179 y ss.; id., Ensayos de Informtica Jurdica, Mxico, Fontamara, 1996, pp.107 y ss.; id., Ciberciudadan@ o ciudadan@com?, Barcelona, Gedisa, 2004, pp.57 y ss.
27
Th. Viehweg, Topik und Jurisprudenz, Mnchen, Beck, 1953 (de esta obra existe trad. cast. de L. DezPicazo, Tpica y jurisprudencia, Madrid, Taurus, 1964).
28
Ch. Perelman, Trait de largumentation. La nouvelle rhtorique, en col. con L. Olbrechts-Tyteca,
Bruxelles, Editions de lUniversit de Bruxelles, 1970.
29
L. Recasns Siches, Nueva filosofa de la interpretacin del Derecho, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1956; id., Experiencia jurdica, naturaleza de la cosa y Lgica razonable, Mxico, Fondo de Cultura
Econmica y UNAM, 1971.
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simplemente por conocer algo de lgica, pero ese conocimiento es de una inestimable
ayuda en determinados contextos.
Atienza cifra dichas aportaciones en tres mbitos:1)Ofrecer esquemas de anlisis,
que ayudan a ordenar los argumentos y a evaluar, prima facie, su posible bondad. El
conocimiento de la lgica contribuye a la claridad de la argumentacin. 2)Contribuir
a facilitar la interpretacin y la conceptualizacin. La lgica proporciona un lenguaje
formal al que poder traducir los argumentos del lenguaje natural. Permite as, dotar a la expresin de los argumentos jurdicos de un lenguaje riguroso, evitando las
contradicciones, incoherencias, ambigedades... Con ello, no quedan resueltos todos
los problemas que concurren en la interpretacin del Derecho, pero se contribuye a
evidenciarlos. 3)Proporcionar un criterio para el control de los argumentos. Para la
lgica deductiva, la mayor parte de los argumentos que efectuamos en la vida cotidiana
y en la jurdica, son entimemticos, esto es, no explicitan todas sus premisas. La lgica
deductiva es un mtodo que permite detectar las premisas que faltan y controlar la
calidad de los argumentos, pues nos lleva a plantearnos la cuestin de hasta qu punto
esas premisas implcitas son o no aceptables36.
Este enfoque, estimo, que es susceptible de ser proyectado a la esfera de la argumentacin judicial. Tambin en ella el razonamiento del juez encuentra un provechoso
apoyo en la lgica formal en tres momentos: 1.)El de la actividad judicial tendente a
la elaboracin rigurosa, es decir, ordenada, coherente y clara de sus argumentaciones.
2.)El de la expresin lingstica de esos argumentos, a travs de un lenguaje preciso
y depurado de trminos ambiguos u oscuros... Con ello, se facilita la interpretacin
del significado de las sentencias. 3.)El que concierne a la congruencia interna de las
cadenas argumentativas que vertebran el razonamiento judicial y que constituyen el
nervio de la motivacin de las sentencias.
En la jurisprudencia espaola, en especial en la del Tribunal Constitucional, al
igual que en la de otros Estados de Derecho de nuestro entorno poltico-cultural, se
advierte el preponderante papel que asume la argumentacin racional como garanta
de la seguridad jurdica de los ciudadanos. En el marco de la amplia, casi constante
referencia del TC a la fundamentacin racional de sus argumentos y en relacin con
aspectos que inciden en la argumentacin iusfundamental, se pueden distinguir tres
postulados bsicos:
1.) La argumentacin racional se considera como requisito bsico para la tutela
efectiva de los derechos fundamentales. Existe una abundante jurisprudencia en la que
expresamente se alude a la motivacin, en trminos de argumentacin racional de las
decisiones, como elemento nuclear del Derecho constitucional a la tutela efectiva. As,
nuestro mximo intrprete de la Constitucin proclama que: Es doctrina reiterada de
este Tribunal Constitucional que la tutela judicial efectiva, consagrada en el art.24.1
36
M. Atienza, El Derecho como argumentacin, cit., pp.179-180. A partir de las formulaciones De Vico,
he propugnado tambin un planteamiento integrador de las dimensiones lgico-formal y prctica del razonamiento jurdico, en mis trabajos: Razonamiento jurdico y razonamiento ciberntico, en mi libro: Ciberntica,
Informtica y Derecho. Un anlisis metodolgico, Bolonia, Publicaciones del Real Colegio de Espaa, 1978,
pp.83 y ss.; Giambattista Vico y el actual debate sobre la argumentacin jurdica, en Cuadernos sobre Vico,
nms.5-6, pp.123 y ss.; Un modelo histrico de argumentacin jurdica: Giambattista Vico, en Revista de
Ciencias Sociales, nm.45, Chile, Universidad de Valparaso, pp.15 y ss.
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CE, comprende el Derecho a obtener una resolucin fundada en Derecho, como garanta mxima dada la esencia de la funcin jurisdiccional frente a la arbitrariedad e irrazonabilidad en la actuacin de los poderes pblicos (STC 131/1990, FJl).
Doctrina reiterada, entre otras, en la sentencia que sostiene: La obligacin de motivar
las sentencias que el art.120.3 CE impone a los rganos judiciales, puesta en conexin
con el derecho a la tutela judicial protegido por el art.24.1 de la Constitucin entendido como derecho a una resolucin jurdicamente fundada, conduce a integrar
en el contenido de esta garanta constitucional el derecho del justiciable a conocer las
razones de las decisiones judiciales y, por tanto, el enlace de las mismas con la ley y el
sistema general de fuentes, de la cual son aplicacin (STC 14/1991, FJ2).
2.) La argumentacin judicial se concibe como un ejercicio de racionalidad tendente a evitar decisiones arbitrarias. Un buen nmero de sentencias de nuestro TC
coinciden en exigir una motivacin basada en razonamientos argumentativos de las
decisiones judiciales, como medio para evitar resultados contradictorios o ilgicos.
Ello implica que los jueces debern justificar racionalmente sus resoluciones y sentencias. Baste como muestra cuanto el TC expresa en los siguientes prrafos: Es doctrina
reiterada de este Tribunal Constitucional que una aplicacin de la legalidad que sea
arbitraria, manifiestamente irrazonada o irrazonable no puede considerarse fundada
en Derecho y lesiona, por ello, el derecho a la tutela judicial... As ocurre en los casos
en los que ... la resolucin judicial contiene contradicciones internas o errores lgicos
que hacen de ella una resolucin manifiestamente irrazonable por contradictoria y, por
ello, carente de motivacin (STC 184/1992, FJ2)37.
3.) La exigencia de argumentacin racional no garantiza el acierto de la decisin
judicial. El TC advierte que el procedimiento argumentativo contribuye a que las decisiones judiciales se elaboren segn pautas de racionalidad formal, pero sin que ello
necesariamente entrae que el resultado de esas inferencias racionales represente la
justicia material. Como ejemplo significativo de esta orientacin, puede valer cuanto se
indica en la siguiente decisin del TC, en la que se sostiene que el derecho a la tutela
judicial reconocido en el art. 24.1 CE conlleva el derecho a obtener una resolucin
fundada en Derecho en relacin a la pretensin formulada ante el Juez competente, el
cual debe aplicar de manera motivada las normas jurdicas aplicables y resolver razonadamente la cuestin que se le plantea, pero el art.24.1 CE no garantiza el acierto del
rgano judicial en cuanto a la solucin del caso concreto (STC 55/1993, FJ5).
4.3.El acto de juzgar como decidir
Existen mltiples actividades humanas en las que se involucran percepciones y
razonamientos, sin que las mismas posean relevancia jurdica. Lo que caracteriza el
acto de juzgar es el que esas percepciones y razonamientos se dirijan a obtener unas
determinadas consecuencias jurdicamente relevantes. Por ello, las sentencias o fallos
judiciales se denominan tambin: decisiones. El juez, tras percibir determinadas si37
Cfr. M. Atienza, El Derecho como argumentacin, cit., pp.154 y ss.; R. de Ass, El juez y la motivacin
en el Derecho, Madrid, Dykinson, 2005, pp.77 y ss.; J. Malem, El error judicial y la formacin de los jueces, Barcelona, Gedisa, 2008, pp.27 y ss.; A. Nieto, El arbitrio judicial, Barcelona, Ariel, 2000, pp.17 y ss.; L. Prieto
Sanchs, Justicia constitucional y derechos fundamentales, Madrid, Trotta, 2003, pp.175 y ss.
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tuaciones a travs de sus sentidos, y tras su pertinente discernimiento racional establece lo que en Derecho procede para resolver un conflicto, reconocer un derecho o
imponer una obligacin. La decisin judicial exige, por tanto, un acto de voluntad por
parte del juez a travs del cual se pone fin a un proceso, mediante el establecimiento
de lo que en Derecho procede. Fija, de esta forma, la conclusin de una causa y lo que
es, en trminos procesales, la verdad jurdica, provisoria o definitiva, segn asuma o
no la calidad de cosa juzgada38.
Sobre el significado histrico y actual de las decisiones judiciales, resulta de innegable mrito la reflexin avanzada por L. Recasns Siches, quien ofrece una sntesis
crtica de alguna de las teoras ms relevantes en esta materia. Las doctrinas de T. Viehweg, J. Esser, O. Ballweg, M. Villey, J. Stone... han sido analizadas con atento
inters por parte de Recasns para establecer algunas consecuencias de incuestionable
calado en esta esfera. Segn Recasns, el mrito de estos autores reside en que ofrecen
la visin ms profunda y ms aguda sobre la naturaleza de la decisin judicial, orientada hacia la solucin prctica de los conflictos jurdicos.
Existe una buena razn que excluye la posibilidad de que la decisin judicial sea
lograda por una inferencia deductiva: quiz ninguna de las reglas usadas por los jueces
permita inferir de ella la solucin correctamente adaptada al litigio. Las reglas orientadoras de la decisin, en el devenir del proceso, haban sido construidas por obra de los
jurisconsultos que trabajaban sobre la base de precedentes, sobre casos ms o menos
similares, y no sobre el fundamento de principios de la razn pura deducidos de una
ley racional supuestamente conocida de antemano. O bien, ninguno de esos precedentes era exactamente idntico al caso que se deba juzgar. Ahora bien, el Derecho se haba definido como la solucin concreta apropiada al caso singular, segn la naturaleza
de ste. Consiguientemente, esta solucin no poda ser extrada exclusivamente de la
regla, prevista para casos diferentes; y, por eso, era necesario finalmente que la solucin
tomase en cuenta otras fuentes. El juez no decide solo, como el matemtico o como
el sabio de gabinete, o como el lgico moderno. La bsqueda de la decisin, se hace
por varias gentes. De hecho, es polifnica. En el escenario jurdico donde se forma la
solucin del Derecho, estn necesariamente presentes los abogados de las dos partes,
tambin el representante de la sociedad, es decir el fiscal, los representantes legales de
los terceros que pueden tener un inters en el proceso; y el juez, quien resuelve. La luz
surgir del debate entre los alegatos contrarios. En lugar de la invencin de leyes abstractas, el Derecho era, en otro tiempo, la controversia, y debe seguir sindolo.
Las reglas sirvieron como medios para acercarse a la solucin definitiva. En el
fondo, la solucin se desprende de la naturaleza de cada caso concreto. El juez, hoy lo
mismo que antao, no procede por va de silogismos. Lo que hace es aadir despus
ficticiamente la apariencia de una forma seudosilogstica. Sabemos muy bien que el
trabajo efectivo de juez consiste hoy lo mismo que ayer en buscar la solucin de Derecho por la va de la dialctica; en elegir la regla adecuada entre las reglas legislativas
alegadas por los litigantes, reglas que no son concordes y que no constituyen en modo
alguno un orden jurdico homogneo. Consiste, cuando ello es necesario, en ir ms all
38
Sobre la nocin de verdad jurdica en los supuestos de cosa juzgada, cfr. A. E. Prez Luo, La
seguridad jurdica, cit., pp.115 y ss.
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debe confundirse con la impugnacin del carcter normativo de tal decisin: una cosa
es que la decisin del juez no se traduzca en un acto de estricta lgica formal y otra
diferente que ese acto decisorio se realice al margen de las normas del sistema jurdico
en el que se produce. De igual modo, tal como se tuvo ocasin de apuntar supra, el
debate sobre la significacin creadora de las decisiones judiciales, no significa situar las
sentencias al margen del ordenamiento jurdico. Precisamente ese debate representa
la manifestacin de una pluralidad de concepciones sobre el sentido del Derecho y el
concepto del Derecho.
De lo anterior se infiere la negacin de cualquier tentativa de identificar la decisin
judicial con la arbitrariedad decisionista del juez. Para no incidir en los meandros doctrinales de la vieja controversia sobre la procedencia y alcance del arbitrio judicial, que
supondra rebasar los lmites de esta reflexin, estimo de inters recordar un texto en
el que de forma concluyente y difana se expresa la incompatibilidad de cualquier decisin judicial arbitraria con el Estado de Derecho. En el Catecismo poltico, arreglado
a la Constitucin de la Monarqua espaola, los liberales gaditanos en su afn de promover la pedagoga cvica del texto doceaista dedicaron la LeccinXIV de esa obra
a la temtica: De la administracin de justicia. En dicho captulo y respondiendo a
la pregunta de si es procedente que el juez pueda actuar contra cualquier ciudadano
a su antojo, se responde en estos trminos inequvocos: Si los jueces tuviesen esta facultad, sera intil la divisin de potestades, pues la arbitrariedad que se evita con ella
en el Rey, se trasladara a los jueces, y entonces en lugar de un solo dspota tendramos
tantos dspotas como jueces44.
5.CONCLUSIN: LAS TRES DIMENSIONES DEL JUZGAR
Y EL TRIDIMENSIONALISMO JURDICO
Los tres aspectos o dimensiones en los que es posible desglosar conceptualmente
la actividad de juzgar, se hallan necesaria e inescindiblemente involucrados en la experiencia jurdica del proceso. Las distinciones analticas avanzadas en los apartados
anteriores han tendido a clarificar, en el plano metdico-jurdico, los distintos momentos y actividades que concurren en la tarea de juzgar. No parece ocioso insistir
ahora, al retomar el hilo conductor y concluir estas consideraciones, en la necesidad de
concebir el juzgar como la sntesis de unas actividades de percepcin, de argumentacin racional y de decisin. La falta de cualquiera de estas dimensiones determinar
el carcter incompleto o defectuoso del juicio. Su concurrencia en el proceso podr,
no obstante, acomodarse a los diferentes supuestos que se han reflejado en los distintos
pargrafos de esta investigacin.
La triple dimensin del juzgar invita a establecer nexos de analoga respecto a la
concepcin del tridimensionalismo jurdico. La experiencia jurdica posee una significacin compleja y problemtica que no consiente fciles y artificiosas simplificaciones.
Toda sociedad, con independencia de su amplitud y grado de evolucin, precisa regu44
Catecismo poltico, arreglado a la Constitucin de la Monarqua espaola, se cita por la ed. facsmil a
cargo de J. Calvo (a partir del texto reimpreso por Quincozes, Mlaga, 1820), Mlaga, Facultad de Derecho
de la Universidad de Mlaga, 1992, p.64.
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lar las relaciones entre sus miembros mediante normas que posibiliten la convivencia.
El trmino Derecho suele aludir a las conductas dirigidas a crear, aplicar, o cumplir
esas normas; al resultado de esa actividad formalizada en un conjunto de normas o
reglas sociales de comportamiento; as como a los valores para la convivencia que inspiran, o a cuyo logro se orientan, esas conductas y normas; y todo ello en un mbito
histricamente delimitado. El Derecho consiste, precisamente, en esa experiencia de
vida colectiva que se puede definir como: conjunto de acciones sociales creadoras de
o reguladas por normas, que deben establecer un orden justo en un determinado contexto histrico. El Derecho posee una incuestionable significacin social, normativa y
axiolgica, pero no puede reducirse unilateralmente ni al hecho social, ni a la norma,
ni al valor. Por eso las tentativas doctrinales encaminadas a lograr las ms altas cotas de
claridad, rigor y sistematicidad en funcin de negar las dimensiones social y valorativa
del Derecho para circunscribirse a su faceta sistemtica y normativa, terminan siendo
una pura abstraccin.
Las tres dimensiones o planos del Derecho se interfieren e implican entre s de
forma necesaria. Aislarlos, como si no existiera comunicacin entre ellos, en funcin
de un criterio esttico de perfeccin o armona del sistema lgico-formal, no slo
es errneo desde el punto de vista metodolgico, sino tambin peligroso desde el poltico. Ya que la coherencia lgica y el rigor sistemtico de un ordenamiento jurdico
no representan por s solos una garanta de la legitimidad o justicia de sus contenidos
normativos. En cualquier experiencia jurdica se advierten esas tres dimensiones bsicas del Derecho. En un proceso penal por homicidio sobrevenido como consecuencia
de un accidente de trfico, se parte de un hecho de la vida humana: la muerte de una
persona a consecuencia de un atropello; supuesto que ha sido regulado (tipificado) por
las normas del Cdigo Penal; y ello en funcin de que la vida humana se considera un
valor que el ordenamiento jurdico debe proteger.
Es cierto que la historia registra numerosos ejemplos de sistemas de Derecho positivo alejados o abiertamente contrarios a la justicia y que incluso en los ordenamientos
jurdicos legtimos (Estados de Derecho) pueden darse episodios de injusticia. Pero,
precisamente, se pueden calificar esas experiencias de injusticia como tales, porque
existe un ejercicio de racionalidad intersubjetiva que tiende hacia el Derecho correcto.
Si no existiera una experiencia racional paradigmtica del Derecho justo, no podran
detectarse sus formas turbias, deficientes o degradadas. En el orden jurdico los episodios de injusticia son formas parasitarias de la perfeccin. Porque, los ejemplos injustos del Derecho existen gracias a que existe en los hombres la conviccin racional
de que es posible y deseable organizar la vida social no slo en trminos de orden y
coaccin, sino segn reglas que salvaguarden las libertades y el bienestar colectivo, es
decir, segn los principios de un Derecho justo45.
La condicin tridimensional del Derecho invita a conjeturar la posibilidad de que
esa condicin sea corroborada a travs de las tres dimensiones en las que se desglosa el
juzgar. Porque, resulta obvio que la significacin sensitiva y perceptiva del juicio alude
a hechos conformadores de experiencias jurdicas. La componente racional en la que
45
Cfr. A.E. Prez Luo, Lecciones de Filosofa del Derecho. Presupuestos para una filosofa de la experiencia jurdica, [Link]., Sevilla, Mergablum, 2006, pp.43 y ss.; id., Teora del Derecho, cit. pp.38 y ss.
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todo juicio pretende fundarse, se trata de un valor y, por tanto, consiste en una aspiracin hacia el juicio justo. Asimismo, la actividad decisoria en la que el juzgar consiste
debe realizarse en el seno de sistemas y estructuras normativas, que la preserven de la
arbitrariedad.
La tarea de juzgar representa un aspecto bsico e insoslayable de la experiencia
jurdica. Contribuir a clarificar su significado ha sido el principal propsito de estas
reflexiones. Al concluirlas estimo que del itinerario reflexivo que se ha seguido hasta
aqu. Pueden inferirse algunas consecuencias:
1.) Que el intento de responder a la pregunta: qu significa juzgar? Reenva a
otras dos cuestiones concomitantes: el problema de la creacin judicial del Derecho y
los ingredientes constitutivos del juicio.
2.) Que de las distintas concepciones jurdicas sobre la dimensin creativa de
la funcin judicial, de las que se ha esbozado un mapa de modelos tericos, slo dos
resultan abiertamente incompatibles con el Estado de Derecho: el modelo demirgico
y las doctrinas que postulan el arbitrio judicial.
3.) Que el valor terico-jurdico de los seis modelos restantes que integran esa
propuesta tasonmica se halla en directa relacin con su capacidad explicativa para
describir la tarea de juzgar en los distintos sistemas del constitucionalismo comparado.
Ello no es bice para que la filosofa jurdica pueda proponer modelos prescriptivos
de lo que estime debe ser el paradigma ideal de la funcin de juzgar en el Estado de
Derecho.
4.) Que para elucidar el sentido del juicio me parece ms frtil la investigacin
de los procesos vertebradores de la decisin judicial, que la reincidencia en los consabidos debates sobre si los jueces crean o no Derecho. Esta opcin metdica permite
plantear el significado del juicio como resultado de un proceso en el que se articulan
las percepciones sensitivas, el razonamiento y la voluntad, normativamente encauzada,
del juzgador.
5.) Que el mbito normativo, en el que la decisin judicial se inscribe y se explicita, no agota su significado pleno. La decisin del juez es una manifestacin de justicia
procesal, es decir, una tarea realizada desde las normas vigentes en un ordenamiento
jurdico. Pero eso no exime al juez de la bsqueda de la solucin correcta del caso
concreto, en trminos de justicia material. Justicia formal y justicia material deben
implicarse plena y simultneamente en la tarea de juzgar. Esta propuesta se aparta de
algunas de las decisiones de nuestro Tribunal Constitucional que, como se ha tenido
ocasin de exponer supra sustentan que la exigencia de motivacin racional de las
decisiones judiciales se circunscribe a la correcta aplicacin del Derecho, sin que se
extienda al acierto, en trminos de justicia material, del caso concreto.
Ms acorde con una interpretacin sistemtica de nuestro vigente texto constitucional me parece la tesis contraria, la que auspicia la conexin del valor superior de la
justicia, entendida en su acepcin material, que dimana del art.1.1. de la CE con su
versin formal, que se concreta en las garantas procedimentales prescritas en el art.24
de la propia CE.
An no siendo la opcin hermutica prevalente en la jurisprudencia del TC, la
tesis aqu propuesta se halla avalada por alguna de sus decisiones. As, la que proclama
que: el principio de justicia (art.1.1) y, por extensin, el de la fuerza vinculante de los
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Si bien se mira, estas recientes inquietudes formuladas por el clebre jurista norteamericano Dworkin, no hacen sino reformular la vieja mxima tomista a tenor de la
cual: Iudex est interpres Iustitiae47.
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RESUMEN. Las relaciones entre los sistemas jurdicos nacionales y el Derecho internacional y, en
particular, la recepcin de las normas internacionales de tutela de los derechos humanos en el
Derecho interno, constituyen problemas tericos muy complejos y de una muy significativa relevancia institucional. Recientemente se ha ofrecido una nueva interpretacin de tales relaciones,
que apela a la distincin entre validez y aplicabilidad de las normas jurdicas. En el presente
trabajo se efectuar un examen crtico de dicha propuesta, a cuyo fin se introducirn inicialmente
algunas consideraciones aclaratorias en torno al significado y alcance de las nociones de validez
y aplicabilidad, luego de lo cual se intentarn mostrar algunas consecuencias problemticas de
la reconstruccin bajo anlisis, para concluir con algunos apuntes en torno a una posible presentacin alternativa.
Palabras clave: Derecho internacional, recepcin de normas, validez, aplicabilidad.
ABSTRACT. The relations between national legal systems and international law and, more specifically,
the reception of human rights international norms in national states, pose very complex theoretical
difficulties of the utmost institutional relevance. In recent years a new interpretation of such relations has been offered, centered in the distinction between validity and applicability of legal norms.
In this paper we offer a critical analysis of that proposal, introducing initially some preliminary
remarks on the scope and meaning of the key notions of validity and applicability. On that basis
we try to show some problematic consequences that follow from the interpretation examined and
conclude with some observations in order to elaborate an alternative model of reconstruction.
Keywords: International law, reception of norms, validity, applicability.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 177-204
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on posterioridad a la reforma de la Constitucin argentina de 1994, las relaciones entre el Derecho nacional y el Derecho internacional y, en particular, la recepcin de las normas internacionales de tutela de los derechos
humanos en el Derecho interno y su repercusin sobre la supremaca
constitucional, han sido problemas tericos muy controvertidos. Una de
las razones a las que ello obedece est dada por las dificultades interpretativas que ha
suscitado el segundo prrafo del inciso22 del art.75 de la Constitucin Nacional, el
cual, luego de listar un conjunto de instrumentos internacionales de tutela de los derechos humanos, proclama: ...en las condiciones de su vigencia, tienen jerarqua constitucional, no derogan artculo alguno de la primera parte de esta Constitucin y deben
entenderse complementarios de los derechos y garantas por ella reconocidos...1.
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...El indiscutible carcter aberrante de los delitos imputados en esta causa no puede
servir de excusa para el apartamiento del orden jurdico vigente. Tanto o ms interesa a ste
la observancia de sus normas que la persecucin de quienes han incurrido en hechos de
aquel carcter... La aplicacin de los principios y normas del derecho de gentes... equivaldra a regirse por un Derecho natural, suprapositivo, constituido por criterios de justicia no
previstos en el Derecho vigente al tiempo de los hechos cuyo juzgamiento se trata... (voto
del juez Belluscio, considerando16).
En Espsito, por su parte, la Corte reconoci que en caso de quedar firme la resolucin recurrida, la accin penal en el supuesto de hecho considerado se encontrara
prescripta de conformidad con las normas de nuestro Derecho interno. No obstante,
orden la prosecucin de las actuaciones debido a que haba existido un pronunciamiento internacional que condenaba a la Argentina por no haber adoptado los recaudos necesarios para instruir en un tiempo razonable la causa. La Corte interpret as
que no poda declararse prescripta la accin penal si ello poda implicar responsabilidad internacional del Estado argentino, sin perjuicio de que ello significara denegar
al inculpado un Derecho no slo reconocido por el Derecho interno sino, igualmente,
por el Derecho internacional.
Como consecuencia de lo expuesto puede decirse que a la fecha no existe acuerdo
ni en la doctrina ni en la jurisprudencia respecto de problemas interpretativos claves
vinculados con la nueva configuracin constitucional, entre ellos, a mero ttulo ejemplificativo:
a) Si la relacin de supremaca constitucional se ha visto afectada en Argentina
por el hecho de dotar a un conjunto de instrumentos internacionales de tutela de los
derechos humanos de la misma jerarqua que la Constitucin Nacional o si, en cambio,
lo preceptuado por el segundo prrafo del inciso22 del art.75 de la Constitucin Nacional no ha modificado la primaca de la Constitucin Nacional que parece seguirse
de sus arts.27 y 31 (vid. voto del juez Fayt en Simon y, anteriormente, del juez Belluscio
en Arancibia Clavel o en Petric6).
b) Si los tratados internacionales a los que se atribuye jerarqua constitucional
pueden generar conflictos normativos con otras clusulas de la propia Constitucin
Nacional en su primera o segunda parte y, en su caso, quines estn habilitados para resolver tales conflictos y cmo deben hacerlo (vid. el caso Felicetti7 respecto del art.117
de la Constitucin Nacional, o Simon respecto de los arts.18 y 118 de la Constitucin
Nacional).
c) Si el legislador que pone en prctica la potestad de dotar de jerarqua constitucional a nuevos instrumentos internacionales ejerce competencia constituyente (reformadora del orden jerrquico establecido, al sumar una nueva norma a esa jerarqua
condicionante) o meramente legislativa, pasible de control constitucional como en
cualquier otro caso.
d) Si las condiciones de vigencia de los tratados con jerarqua constitucional incluyen o no las reservas y declaraciones interpretativas formuladas unilateralmente por
los Estados parte al ratificarlos en sede internacional (vid. el caso Simon y el art.15 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos).
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e) Si corresponde interpretar esos tratados de conformidad con las pautas y mtodos del Derecho internacional o segn los propios del Derecho nacional; en particular, si la jurisprudencia internacional es de seguimiento obligatorio o ms bien opera
como gua en la interpretacin y aplicacin en el mbito interno de las clusulas de los
tratados de derechos humanos (vid. casos Bramajo8, Giroldi9, Simon, etc.).
f) Si ha de drsele igual valor a los criterios (constantes y concordantes) de un
rgano como la Comisin Interamericana en la solucin de peticiones individuales y
a los criterios de la Corte Interamericana en el mismo rol o en su rol consultivo (vid.
casos Ekmekdjian10, Espsito, Simon, Arce11, etc.);
Recientemente se ha ofrecido una nueva interpretacin del sistema de interrelacin entre los Derechos nacionales y el Derecho internacional en materia de derechos
humanos que, segn se ha sostenido, permitira ofrecer una nueva luz sobre aspectos
polmicos como los reseados. En diversos trabajos el profesor espaol J.L. Requejo
Pags apela a la distincin entre validez y aplicabilidad para reconstruir las relaciones
entre las normas del Derecho internacional y los ordenamientos jurdicos nacionales12.
En tal sentido, sostiene que las normas internacionales son aplicables en el Derecho
interno pese a que el fundamento de su validez no se encuentra en la Constitucin sino
en el Derecho internacional.
Requejo Pags considera que la aplicabilidad de cualquier norma presupone su
validez, y que ordinariamente la norma que determina las condiciones de aplicacin
tambin establece los procedimientos para la generacin de normas vlidas. No obstante, la Constitucin podra remitir a otras normas, las internacionales, sobre cuya
validez no podra disponer, esto es, cuyo procedimiento de generacin estara regulado
por el propio Derecho internacional. Pero siendo vlidas de conformidad con tales estndares, ellas resultaran aplicables junto con las producidas a travs de procedimientos internos previstos y regulados por la Constitucin. En otras palabras, todas las normas aplicables seran vlidas, pero su validez podra originarse por dos vas diferentes:
a travs de procedimientos normativos diseados por la propia Constitucin o a travs
de procedimientos regulados por normas independientes de las constitucionales. Con
CSJN, Fallos, 319:1840 (1996).
CSJN, Fallos, 318:514 (1995).
10
CSJN, Fallos, 315:1492 (1992).
11
CSJN, Fallos, 320:2145 (1997).
12
Cfr. Requejo Pags, 1992, 1995a y b y 1998, entre otros. La reconstruccin de Requejo Pags parece
receptada por el Tribunal Constitucional espaol en la DTC 1/2004, al sostenerse que no existira contradiccin entre la Constitucin Espaola y el art.I-6 del Tratado de Roma de 2004, segn el cual: La Constitucin
y el Derecho adoptado por las instituciones de la Unin en el ejercicio de las competencias que se le atribuyen
a sta primarn sobre el Derecho de los Estados miembros. Para justificar esa conclusin, el Tribunal Constitucional entendi que: ...Primaca y supremaca son categoras que se desenvuelven en rdenes diferenciados.
Aqulla, en el de la aplicacin de normas vlidas; sta, en el de los procedimientos de normacin. La supremaca se sustenta en el carcter jerrquico superior de una norma y, por ello, es fuente de validez de las que le
estn infraordenadas, con la consecuencia, pues, de la invalidez de stas si contravienen lo dispuesto imperativamente en aqulla. La primaca, en cambio, no se sustenta necesariamente en la jerarqua, sino en la distincin
entre mbitos de aplicacin de diferentes normas, en principio vlidas, de las cuales, sin embargo, una o unas
de ellas tienen capacidad de desplazar a otras en virtud de su aplicacin preferente o prevalente debida a diferentes razones. Toda supremaca implica, en principio, primaca..., salvo que la misma norma suprema haya
previsto, en algn mbito, su propio desplazamiento o inaplicacin. La supremaca de la Constitucin es, pues,
compatible con regmenes de aplicacin que otorguen preferencia aplicativa a normas de otro Ordenamiento
diferente del nacional siempre que la propia Constitucin lo haya as dispuesto....
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Recurdese que para Kelsen la validez de una norma depende de haber sido creada de conformidad con lo que disponen normas de jerarqua superior, fundamentalmente en lo que hace al rgano competente para su promulgacin y al procedimiento
que ha de seguirse para hacerlo. Sin embargo, Kelsen no define validez de este
modo. Si bien muchos identifican la validez de una norma con su creacin regular de
conformidad con lo que otra dispone, en la Teora Pura ese no es ms que un criterio
para determinar cundo una norma es vlida, no una definicin de validez. La validez es definida por Kelsen, alternativamente, como la existencia especfica de una
norma o como la fuerza obligatoria de una norma18.
Bulygin destaca que Kelsen confunde dos diferentes nociones de validez, una
de ellas descriptiva y la otra prescriptiva19. En sentido descriptivo, decir que una norma jurdica es vlida significa que ella pertenece a un determinado sistema jurdico
lo que se correspondera con la nocin kelseniana de existencia especfica. En
sentido prescriptivo, decir que una norma jurdica es vlida significa que es obligatorio hacer lo que ella prescribe lo que se correspondera con la nocin kelseniana de fuerza obligatoria. Para Bulygin, la nocin descriptiva de validez como
pertenencia a un sistema es relativa, pues una norma puede pertenecer a un sistema
jurdico y no pertenecer a otro. En cambio, la nocin prescriptiva de validez como
fuerza obligatoria sera absoluta, pues no aludira a una relacin con otras normas
sino a un atributo.
Kelsen asocia de manera indebida estas dos nociones bajo el supuesto de que ellas
resultan equivalentes: todas y slo aquellas normas que pertenecen a cierto sistema jurdico tendran, desde su punto de vista, fuerza obligatoria. Sin embargo, una vez que
se distinguen los dos sentidos apuntados, como parece sensato hacer, una compleja
cuestin que se presenta en la teora kelseniana, esto es, la del fundamento ltimo de
la validez de las normas de un sistema jurdico, puede disolverse como un pseudoproblema, y la desconcertante respuesta que Kelsen ofrece a esa dificultad, esto es,
la teora de la norma fundante bsica, puede descartarse como un intento, fallido por
cierto, de resolver dos problemas diferentes a travs de una respuesta nica.
Siguiendo el anlisis de Bulygin, en sentido descriptivo una norma jurdica es
vlida si pertenece a cierto sistema jurdico. La membresa al sistema de ciertas normas
habitualmente depende de su relacin con otras normas. As, por ejemplo, un criterio
comn de pertenencia de una norma N1 a un sistema jurdico consiste en que ella haya
sido creada por cierta autoridad A1, y que exista otra norma N2 en el sistema que
confiera a A1 la potestad jurdica de crear N1. Por supuesto, este criterio, as como
cualquier otro que haga depender la pertenencia de cierta norma a un sistema de su
relacin con otras normas, presupone la preexistencia en el sistema de al menos una
norma, pues de lo contrario ninguna norma pertenecera a l. En otras palabras, todo
sistema jurdico estar integrado por ciertas normas derivadas o dependientes aquellas cuya pertenencia al sistema depende de su relacin con otras normas del sistema y al menos una norma no derivada o independiente aquella cuya pertenencia al
Cfr. Kelsen, 1945, pp.115-116, y 1960, p.193.
El uso ambiguo de la nocin de validez en la Teora Pura tambin ha sido destacado, entre otros, por
Ross (1961), Raz (1979a y b), Nino (1985) y Garzn Valds (1993). Para un examen crtico de las tesis kelsenianas relativas a las relaciones entre el Derecho internacional y los Derechos nacionales, vid. Hart, 1968.
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vismo, mientras que la nocin de validez como fuerza obligatoria debera ser rechazada
desde tal perspectiva, parece un tanto desconcertante.
El positivismo jurdico, entendido como una determinada manera de caracterizar
el Derecho, sostiene que no existe una conexin necesaria entre el Derecho y la moral
porque la identificacin de una norma como miembro de un sistema jurdico dependera exclusivamente de ciertos hechos sociales complejos y no de una evaluacin moral
de su contenido. En consecuencia, el positivismo jurdico est obligado a diferenciar
de manera tajante la identificacin de una norma como jurdica del deber de obedecerla o aplicarla. En palabras de Hart, decir que cierta norma es parte de un sistema
jurdico no suministra una respuesta concluyente a la cuestin de si existe un deber
moral de obedecerla24.
Siendo ello as, una vez que se distinguen los sentidos prescriptivo y descriptivo
de validez tal como Bulygin los caracteriza, por qu razn una teora positivista del Derecho debera rechazar la nocin prescriptiva como incompatible con
su tesis central? En la medida en que el problema de la identificacin de las normas
jurdicas y el problema de su fuerza moral se consideren independientes, no parece existir ninguna posible contradiccin entre la tesis de la separacin conceptual
entre el Derecho y la moral y la aceptacin de la nocin de validez como fuerza
obligatoria25.
Cfr. Hart, 1961, pp.259-260.
Bulygin a veces afirma que la validez prescriptiva es una nocin absoluta, pues no se referira a
una relacin sino a un atributo (su obligatoriedad?); sin embargo, tambin afirma incluso en los mismos
trabajos que Kelsen est en lo cierto al sostener que la validez prescriptiva de cierta norma es relativa a
la validez de otra norma. Estas dos afirmaciones son, evidentemente, contradictorias. Y aunque resulte sorprendente, la nica explicacin que se nos ocurre de esta contradiccin es que Bulygin ha cado presa de un
defecto que se ha cansado de atribuirle a otros: el no diferenciar con claridad entre normas y proposiciones
normativas (cfr. Von Wright, 1963, p.109). Es que hay dos sentidos en los que puede entenderse la idea de
validez como fuerza obligatoria, esto es, el deber de cumplir con una norma: como una norma, una genuina
prescripcin que ordena cumplir con lo que cierta norma dispone, o como una proposicin normativa que
afirma la existencia de una norma jurdica que impone el deber de cumplir con otra. En el primer sentido,
decir que una norma es vlida no consiste en hacer ninguna afirmacin sobre ella, sino en prescribir el deber
de cumplirla. Este es el nico sentido genuinamente prescriptivo de validez, y se trata adems de una nocin
absoluta, porque decir que una norma es vlida en este sentido no consiste en predicar de ella una cualidad
relativa a lo preceptuado por otra norma: es prescribir que se la debe obedecer. En cambio, en el segundo
sentido, decir que una norma es vlida no implica comprometerse en absoluto con el deber de cumplir con
ella, pues se trata de una afirmacin que se limita a registrar la existencia de otra norma que impone el deber
de cumplir con la primera. Por ello, esta es una nocin descriptiva de validez como fuerza obligatoria, y es
relativa a la existencia de otra norma. En sus trabajos ms recientes sobre la cuestin Bulygin no incurre ya
en la indicada contradiccin, sino que distingue un concepto relativo de validez como fuerza obligatoria de
uno absoluto, lo cual parece sensato, pero afirma acto seguido que el concepto relativo presupone al absoluto.
Hay un sentido en el que esto es correcto: decir que una norma N1 es vlida, entendiendo por tal cosa que
existe otra norma N2 que impone el deber de cumplirla, esto es, entendida como una proposicin normativa,
es una afirmacin relativa, precisamente a la existencia de la norma N2, y esa nocin de validez relativa presupone que, desde el punto de vista de N2, la norma N1 es vlida en sentido genuinamente prescriptivo esto
es, absoluto, dado que ella prescribe el deber de obedecerla. Claro que esto no es ms que reconocer que la
nocin de proposicin normativa presupone la nocin de norma. Pero afirmar en sentido descriptivo que N1
tiene fuerza obligatoria porque N2 prescribe el deber de obedecerla no obliga a presuponer la validez como
fuerza obligatoria de la norma N2 sino slo su existencia. Lo contrario, tal como sostiene Bulygin, conducira o bien a requerir la existencia de una secuencia infinita de normas, en cuyo caso la nocin de validez se
tornara ininteligible, o bien a aceptar que el ltimo eslabn de la cadena debe ser una norma absolutamente
vlida, lo cual sera tanto como sostener que no estamos dispuestos a admitir que se nos siga preguntando
por su validez.
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si el caso cae dentro del campo de significacin de esa norma. As, mientras la aplicabilidad externa sera una relacin tridica entre dos normas y un caso, la aplicabilidad
interna sera una relacin didica entre una norma y un caso.
Sin embargo, all no terminan las dificultades: un segundo problema consiste en
que la nocin de aplicabilidad interna resulta por completo indeterminada si no se
asume un cierto criterio de identidad de las normas. Determinar qu casos regula una
norma y, por consiguiente, respecto de qu casos ella sera internamente aplicable, depende de lo que se entienda por norma. Moreso y Navarro consideran el hipottico
caso de una norma N1 del Derecho irlands que impone pena a quien provoque un
aborto, y otra N2 del mismo sistema que establece que la norma anterior ser aplicable
a los abortos provocados dentro del territorio de Irlanda29. Deberamos decir que un
aborto provocado en un pas diferente sera un caso no regulado por N1, esto es, que
N1 no es internamente aplicable a ese caso, o bien que N1 s lo regula, pero que N2 restringe la aplicabilidad externa de N1 a los abortos provocados en el territorio irlands?
La respuesta de Moreso y Navarro a esta pregunta no es del todo clara: por una parte,
citando a Raz, parecen considerar que debera preferirse un criterio de identidad de
las normas que las mantenga lo ms cerca posible de las unidades textuales a travs de
las cuales ellas se expresan. Pero acto seguido aceptan que en realidad el material jurdico puede reconstruirse de muy diversos modos, y que no existe ningn test crucial y
comnmente aceptado para privilegiar alguno de ellos en particular. Claro que si esto
fuera as, esto es, si no se encuentran razones para preferir algn criterio de identidad
de las normas, entonces tampoco se dispone de ningn criterio para determinar qu
casos regulan las normas y cules no y, por ello, para determinar a qu casos resultan
internamente aplicables. A nuestro juicio, y contrariamente a lo que parecen sugerir
Moreso y Navarro, resulta preferible en este punto una consideracin holstica de las
normas, en el sentido de que, dado que las normas jurdicas integran complejos sistemas de normas, la identificacin de cualquiera de ellas obliga a considerar la totalidad
de las excepciones que restringen su alcance. Frente a un caso como el considerado
por Moreso y Navarro nos parece que debera optarse por aquella reconstruccin
segn la cual la norma del Derecho irlands no regula el caso de un aborto provocado
fuera del territorio de Irlanda. Esta es, por otra parte, la reconstruccin ms prxima
a las intuiciones jurdicas usuales.
Ha existido una prolongada discusin en torno a las relaciones entre la aplicabilidad interna y la aplicabilidad externa de las normas. Aqu slo diremos al respecto que
parece ms que sensato asumir que la aplicabilidad interna de una norma es condicin
necesaria de su aplicabilidad externa, pues la idea de que una norma pueda imponer
sobre un juez el deber de utilizar como fundamento de su decisin frente a cierto caso
una norma que no lo regula parece algo extravagante. Los pocos contraejemplos que
se han sugerido no resultan convincentes30.
En Moreso y Navarro, 1997.
Se podra intentar justificar que en ciertas ocasiones los jueces tienen que fundar sus decisiones en normas que no son internamente aplicables al caso en cuestin considerando los supuestos de aplicacin analgica
de normas. Por ejemplo, el art.1.492 del Cdigo Civil argentino establece que el contrato de permuta se rige
por las disposiciones concernientes a la compraventa en todo lo que no se hubiere determinado especialmente
a su respecto. Dado que la permuta obviamente no es una compraventa, se podra pensar que esta norma
establece el deber de aplicar las normas de la compraventa a ciertos casos que ellas no regulan. Sin embargo,
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una condicin suficiente para que los jueces tengan el deber de aplicarla. La excepcin
est dada por los supuestos de contradicciones normativas, en los que, como se dijo,
existira ms de una norma internamente aplicable, de modo que no todas ellas podran resultar externamente aplicables. Moreso y Navarro han explorado como otras
posibles excepciones en el mismo sentido a las normas en vacatio legis y a los supuestos
de suspensin de garantas constitucionales en situaciones de excepcin estado de
sitio. A su juicio, se tratara de normas que pertenecen al sistema y regulan ciertos
casos pero que no resultan externamente aplicables a ellos32. No obstante, y por las
razones ya sealadas, en ambas situaciones parece ms adecuado considerar que las
normas en cuestin no son externamente aplicables porque no los regulan, esto es,
porque no son internamente aplicables.
La pertenencia al sistema de una norma conjuntamente con su aplicabilidad
interna no es, sin embargo, una condicin necesaria de su aplicabilidad externa a
cierto caso. Puede ocurrir que una norma jurdica N2 imponga sobre los jueces el
deber de aplicar una norma N1 a ciertos casos aunque esta ltima no pertenezca al
sistema jurdico en cuestin, siempre que regule el caso33. Esto es lo que ocurre en los
supuestos de ultraactividad de las normas derogadas y en los casos de conflicto de Derecho internacional privado. En ambos supuestos el sistema jurdico remite a normas
extrasistemticas a las que atribuye aplicabilidad respecto de ciertos casos debido a
que el sistema no contiene ninguna norma que resulte internamente aplicable a ellos.
Por ltimo, desde una concepcin positivista del Derecho, ni la aplicabilidad interna ni la aplicabilidad externa de una norma jurdica dependen de su validez como fuerza obligatoria moral. La fuerza obligatoria jurdica, entendida en sentido descriptivo
como la existencia de otra norma jurdica que obliga a cumplir con lo que ella dispone,
es una nocin ntimamente emparentada con la aplicabilidad externa, tal como ya se
expres. De hecho, al menos a primera vista parecera que toda norma externamente
aplicable respecto de cierto caso es una norma que posee fuerza obligatoria en este
sentido, y viceversa.
4.Las dificultades de la reconstruccin bajo anlisis
Despreciando por ahora ciertas diferencias que luego puntualizaremos, las posturas defendidas por Requejo Pags y Gil Domnguez respecto de las relaciones entre
el Derecho nacional y las normas del Derecho internacional que reseramos en el
primer punto de este trabajo pueden sintetizarse en la defensa de las siguientes cinco
tesis:
1. En todo Estado nacional resultan aplicables ciertas normas.
2. La aplicabilidad de tales normas presupone su validez.
3. Las condiciones de validez de algunas de esas normas las internas son
determinadas por la constitucin del Estado de que se trate o por normas derivadas
de ella.
Cfr. Moreso y Navarro, 1997.
Cfr. Bulygin, 1982, y Moreso y Navarro, 1997 y 1998. La misma idea se encuentra ya en Raz, 1979b,
y ms recientemente en Raz, 2004.
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a las pautas de creacin normativa previstas en otra norma, ello supone claramente
adoptar el sentido de validez como creacin regular. Sin embargo, Gil Domnguez
afirma paralelamente que la validez permitira determinar el conjunto de normas que
integran un sistema, con lo que parece identificar validez con pertenencia.
Ahora bien, si por validez se entiende la creacin regular de una norma de conformidad con las pautas de creacin normativa establecidas por el propio sistema,
no podra sostenerse que todas las normas aplicables deben ser vlidas, ya que ello
resultara incompatible con la tesis4: las normas internacionales, se sostiene, se consideran aplicables pese a que ellas no son vlidas en este sentido. Pero entonces, bajo
qu acepcin de validez podra ser correcto lo que afirma la tesis2? Si por validez se
interpreta, en un sentido ms amplio, la creacin regular de una norma de conformidad con lo establecido por otra norma, sea que esta ltima integre o no el sistema
de referencia, lo que afirma la tesis2 no constituye una exigencia conceptual que se
derive de la nocin de aplicabilidad: tanto la constitucin como cualquier norma de
rango infraconstitucional podran declarar aplicables otras normas pese a que ellas no
hayan sido creadas regularmente ni de acuerdo con pautas sistemticas ni de acuerdo
con pautas extrasistemticas. Dado que la tesis2 no puede leerse como si expresara un
requisito conceptual, quizs podra interpretrsela como si estableciera una exigencia
normativa, esto es, que las normas de un cierto sistema jurdico no deben declarar
aplicables normas que no hayan sido creadas regularmente de conformidad con alguna
otra pauta normativa, sistemtica o extrasistemtica. Pero esta interpretacin normativa tambin resulta controvertible. Supngase un caso en el que la constitucin declara
aplicable un convenio internacional sobre cuyas condiciones de validez de acuerdo con
las normas del Derecho internacional existe controversia debido a algn vicio relativo
a su creacin, o debido a que todava no ha recibido la totalidad de las ratificaciones
que permitan considerarlo vlido en sede internacional. Frente a un supuesto semejante, la tesis2 en esta lectura normativa determinara que la remisin constitucional
slo resultara operativa si la norma a la que se efecta la remisin es vlida segn el
Derecho internacional. Ahora bien, por qu habra que optar necesariamente por esa
solucin en lugar de considerar aplicable a la norma en cuestin pese a las deficiencias
en cuanto a su validez? El punto parece, por lo menos, seriamente controvertible.
El que la creacin regular, juzgada segn pautas de un sistema diferente, no parece
condicin necesaria de la aplicabilidad resulta an ms claro si se admite, tal como
muchos autores lo hacen, que en diversas circunstancias los sistemas jurdicos contemporneos declaran aplicables a ciertos casos normas morales, pues parece evidente
que las normas morales no son vlidas en el sentido de haber sido creadas mediante
procedimientos establecidos en otras normas. Igual conclusin parece seguirse incluso
respecto de la creacin regular juzgada segn pautas del propio sistema si se admite
que una norma puede resultar aplicable a cierto caso pese a haber sido derogada.
Considrense los supuestos de ultraactividad de las normas penales que ya han sido
derogadas a ciertos casos en virtud de que establecen una solucin ms benigna para el
imputado en comparacin con la norma posterior que ha venido a sustituirlas. En tal
caso, si bien la norma puede haber sido creada regularmente de conformidad con las
pautas de creacin normativa que el propio sistema determina y, en tal sentido, habra
sido introducida vlidamente en el sistema, tambin habra sido derogada regularmente segn esas mismas pautas, por lo que igualmente habra sido eliminada vlidamente
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del sistema. Resultara por ello muy extrao sostener que, pese a su derogacin, sigue
siendo una norma vlida. Pero su invalidez no obsta a su aplicabilidad.
De acuerdo con la tesis5, por su parte, un sistema jurdico nacional est conformado por todas las normas aplicables. La validez, entendida en el sentido amplio antes
considerado, esto es, como creacin regular segn pautas fijadas por otras normas, sea
que ellas integren o no el sistema, sera en todo caso una condicin necesaria pero no
suficiente para considerar que una norma es parte del sistema con los problemas
ya apuntados que esto conlleva. Ahora, un sistema, en la acepcin corriente de tal
expresin, es un conjunto ordenado, es decir, un conjunto tal que su identidad no
depende exclusivamente de la identidad de sus elementos componentes, sino de al
menos una relacin que vincula a tales elementos. Por consiguiente, para concebir a un
conjunto de normas como un sistema es preciso identificar al menos una relacin entre
ellas que defina su carcter sistemtico35. De conformidad con la tesis5, la cualidad
relacional que dotara al sistema jurdico nacional de su carcter sistemtico sera la
aplicabilidad de sus normas. Ella constituira, tal como lo presenta Gil Domnguez, la
propiedad integradora que permitira articular las normas cuyas condiciones de validez derivan de la Constitucin y las del Derecho internacional, como dos subsistemas
dentro del mismo ordenamiento jurdico nacional.
Resulta novedoso el que se tome a la nocin de aplicabilidad como base para la
reconstruccin sistemtica del material jurdico. Por cierto, nada obsta a reconstruir
como un sistema al conjunto de las normas que resultan aplicables en cierta jurisdiccin estatal. Lo que s parece problemtico es identificar ese sistema con un ordenamiento jurdico nacional. Si el considerar aplicables en el mbito interno a las normas
del Derecho internacional obliga a reputarlas miembros del Derecho nacional que las
recepta, no quedara nada parecido a un Derecho internacional que pueda estimarse
como un sistema jurdico independiente. Esto es lo que parece reconocer Requejo
Pags cuando sostiene que el Derecho internacional sera algo as como un sistema
incompleto, pues slo podra determinar la validez de sus normas, no as su aplicabilidad, la que sera establecida por los ordenamientos jurdicos nacionales36. Pero en
sentido estricto, si lo que dota a un conjunto de normas de su carcter sistemtico es
la aplicabilidad, y si la aplicabilidad de las normas internacionales es establecida por
los sistemas jurdicos nacionales, el Derecho internacional no sera un sistema jurdico
incompleto: simplemente no sera un sistema jurdico. Gil Domnguez, en cambio,
afirma que el Derecho nacional y el Derecho internacional seran dos sistemas jurdicos con existencia independiente, y que la validez sera en principio lo que permitira
determinar el conjunto de las normas que integran un sistema jurdico. Pero tambin
sostiene que la aplicabilidad sera una condicin en virtud de la cual una norma formara parte de un ordenamiento jurdico sin depender para ello de que su validez
se derive de la constitucin. Como parece obvio, si lo segundo es correcto, no es la
validez lo que determina la pertenencia de una norma a un sistema y, como se dijo, el
Derecho internacional no sera un sistema jurdico independiente. Y si en cambio esto
ltimo es el caso, y el carcter sistemtico est determinado por la validez, la aplicabilidad no puede ser condicin suficiente de la pertenencia de una norma al sistema. No
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3. Las restantes las internacionales son aplicables ya sea porque la constitucin las integra como normas del sistema, ya sea porque las declara aplicables aunque
no pertenezcan al sistema.
La discusin en torno a las relaciones entre los Derechos nacionales y el Derecho
internacional se ha presentado tradicionalmente37 como la necesidad de optar entre
tres alternativas que parecen comportarse como conjuntamente exhaustivas y mutuamente excluyentes: el dualismo o pluralismo, segn el cual los Derechos nacionales y el
Derecho internacional conformaran sistemas jurdicos independientes; el monismo de
corte nacional, segn el cual las normas internacionales no constituiran un sistema independiente sino que slo seran parte de aquellos sistemas jurdicos nacionales que as
lo reconozcan, y el monismo de corte internacional, de acuerdo con el cual los Derechos
nacionales seran subsistemas dentro de un nico sistema jurdico global, en el que las
normas del Derecho internacional ocuparan la mxima jerarqua. No resulta del todo
claro si quienes defienden cada una de estas tesis pretenden con ellas describir las relaciones existentes entre el Derecho internacional y los Derechos nacionales o si, en cambio, asumen un carcter prescriptivo o ideolgico, esto es, postulan aquel estado de
cosas que se reputa deseable. En el primer caso, la tesis monista de corte nacional no
parece dar cuenta de manera satisfactoria del innegable proceso histrico de desarrollo
del Derecho internacional a partir del pasado siglo y de las concomitantes restricciones
a las soberanas nacionales. De todos modos, y no obstante lo anterior, la tesis monista
internacional interpretada de este modo parece todava decididamente falsa. En el segundo caso, la tesis monista nacional parece excesivamente conservadora. El monismo
internacional, en cambio, se presenta como la opcin ms atractiva, siempre claro
est que el reconocimiento de la supremaca del Derecho internacional como lmite
a las competencias de los Derechos nacionales se extienda a todos los Estados, no slo
a los menos poderosos, tal como parece ser el caso hoy da.
Pero incluso adoptando su lectura descriptiva, la distincin entre validez como
pertenencia y validez como fuerza obligatoria o aplicabilidad, obliga a diferenciar dos
versiones de las tesis monistas y dualistas, segn que ellas se entiendan como relativas
a lo primero o a lo segundo:
Tesis dualista de la pertenencia (DP): Las condiciones de pertenencia de normas al
Derecho internacional y a los Derechos nacionales son independientes, pues ni las del
primero estn determinadas por los Derechos nacionales ni las de los segundos estn
determinadas por el Derecho internacional.
Tesis monista nacional de la pertenencia (MNP): Las normas del Derecho internacional no conforman un sistema independiente de los Derechos nacionales: ellas slo
pertenecen a los sistemas nacionales en la medida en que as lo determinen los criterios
de pertenencia de estos ltimos.
Tesis monista internacional de la pertenencia (MIP): Las normas de los Derechos
nacionales conforman subsistemas dentro del Derecho internacional: este ltimo determina las condiciones de pertenencia de normas a tales subsistemas.
37
En la actualidad los tericos del Derecho internacional y comunitario son ms bien proclives a sostener
que estas doctrinas ya no ocupan el centro de la escena, no obstante lo cual no hay curso de Derecho internacional que no comience por exponerlas (cfr. Travieso, 1999, p.66).
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Tesis dualista de la aplicabilidad (DA): Las condiciones de aplicabilidad de las normas en el Derecho internacional y en los Derechos nacionales son independientes,
pues ni las del primero estn determinadas por los Derechos nacionales ni las de los
segundos estn determinadas por el Derecho internacional.
Tesis monista nacional de la aplicabilidad (MNA): La aplicabilidad de las normas
del Derecho internacional no es independiente de los Derechos nacionales: ellas slo
son aplicables en los sistemas nacionales en la medida en que as lo determinen los
criterios de aplicabilidad de estos ltimos.
Tesis monista internacional de la aplicabilidad (MIA): La aplicabilidad de las normas de los Derechos nacionales no es independiente del Derecho internacional, pues
ella est determinada por este ltimo.
Estas seis diferentes tesis permiten, a su vez, considerar la plausibilidad de nueve
modelos diferentes de reconstruccin de las relaciones entre los Derechos nacionales
y el Derecho internacional:
1. MIP-MIA: El Derecho internacional determina tanto la pertenencia de normas a los sistemas nacionales (estos ltimos no son ms que subsistemas dentro del
orden global que conforma el Derecho internacional) como sus condiciones de aplicabilidad.
2. MIP-MNA: Las normas de los Derechos nacionales conforman subsistemas
dentro del Derecho internacional, pero las normas internacionales no tienen aplicabilidad sino en la medida de su reconocimiento por los sistemas nacionales.
3. MIP-DA: Las normas de los Derechos nacionales conforman subsistemas dentro del Derecho internacional, pero en cada uno de estos dos mbitos existen condiciones de aplicabilidad de normas que resultan independientes.
4. MNP-MIA: No existe un Derecho internacional como sistema independiente
de los Derechos nacionales: sus normas slo pertenecen a los sistemas nacionales en
la medida en que as lo determinen los criterios de pertenencia de estos ltimos. No
obstante, la aplicabilidad de las normas en los Derechos nacionales est determinada
por el Derecho internacional (este modelo parece inconsistente.)
5. MNP-MNA: Las normas del Derecho internacional no tienen ninguna existencia independiente de lo que dispongan los Derechos nacionales. Estos ltimos determinan cundo una norma internacional pertenece a su sistema nacional tanto como
en qu casos ellas resultan aplicables.
6. MNP-DA: Las normas del Derecho internacional no conforman un sistema
independiente de los Derechos nacionales, sino que slo pertenecen a los sistemas
nacionales en la medida en que as lo determinen los criterios de pertenencia de estos
ltimos. No obstante, existen criterios de aplicabilidad de las normas internacionales
que son independientes de los criterios de aplicabilidad de los sistemas nacionales.
(Este modelo parece inconsistente.)
7. DP-MIA: Las condiciones de pertenencia de normas al Derecho internacional y a los Derechos nacionales son independientes; sin embargo, la aplicabilidad
de las normas de los Derechos nacionales est determinada por el Derecho interna
cional.
8. DP-MNA: Las condiciones de pertenencia de normas al Derecho internacional y a los Derechos nacionales son independientes; no obstante, las normas del De-
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200
recho internacional no tienen otra aplicabilidad que la que le reconozcan los sistemas
nacionales.
9. DP-DA: El Derecho internacional y los Derechos nacionales son independientes tanto en lo que atae a las condiciones de pertenencia como a las condiciones de
aplicabilidad de sus respectivas normas.
Como puede apreciarse, el monismo internacional y el dualismo, como tesis relativas a la pertenencia, son prima facie compatibles con todas las posiciones posibles en
lo que respecta a la aplicabilidad. En cambio, el monismo nacional, como tesis relativa
a la pertenencia, es incompatible con cualquier otra posicin que no sea monista nacional en cuanto a la aplicabilidad.
Efectuando la correccin sugerida de la reconstruccin bajo examen, la posicin
de Requejo Pags parecera adecuarse al modelo8, esto es, dualismo en cuanto a la
pertenencia y monismo de carcter nacional en cuanto a la aplicabilidad. Desde este
punto de vista, los tratados internacionales de derechos humanos no podran condicionar la validez de las normas del Derecho interno, de manera que, por caso, un
conflicto entre un tratado internacional y una ley posterior no determinara la invalidez
de la segunda, sino que ambas seran normas vlidas pero la internacional gozara de
aplicabilidad preferente38.
Ms difcil resulta encuadrar la postura de Gil Domnguez. Su adscripcin a las
ideas de Requejo Pags parece orientada a proponer desde un punto de vista ideolgico que la aplicacin de las normas del Derecho internacional de los derechos humanos no tenga que pasar por ningn filtro en el mbito nacional, esto es, remitiendo
en todos los casos a las pautas de interpretacin de los rganos internacionales, lo que
implicara una restriccin a los jueces en su potestad de control de constitucionalidad
en materia de tratados internacionales, en el sentido de que slo podran verificar su
aplicabilidad, no su validez39. Por otra parte, es justamente la pretensin de no nacionalizar el Derecho internacional lo que lo mueve a adoptar esta concepcin, pero Gil
Domnguez no lo hace de modo totalmente consecuente, pues no hace jugar con tal
firmeza normas como la que Requejo Pags deriva del art.27 de la Convencin de
Viena sobre Derecho de los Tratados40.
Adems, y a diferencia de Requejo Pags, las normas internacionales de tutela de
los derechos humanos declaradas aplicables en sede interna, junto con la constitucin,
38
Esta aplicabilidad preferente se justificara en una particular interpretacin del art.27 de la Convencin de Viena sobre Derecho de los Tratados. Ella es compartida por nuestra CSJN desde el caso Ekmekdjin,
citado en nota11, y con mayor precisin en Fibraca Constructora SCA c/ Comisin Tecnica Mixta de Salto Grande (Fallos, 316:1669, considerando 5), donde se sostuvo que La necesaria aplicacin de este artculo impone
a los rganos del Estado argentino una vez asegurados los principios de Derecho pblico constitucionales
asignar primaca a los tratados ante un eventual conflicto con cualquier norma interna contraria. En contra
puede consultarse Fuentes Torrijo, 2006.
39
Cfr. Gil Domnguez, 2007, p. 22. En contra, y pacficamente, la doctrina y la legislacin nacional
(sobre la base de lo dispuesto por el art.21 de la Ley48) han considerado que los jueces en nuestro sistema
son los rganos habilitados en ltima instancia para verificar la compatibilidad de los tratados internacionales
con la Constitucin (cfr. Vanossi y Dalla Va, 2000, pp.205-214). Asimismo, cabe entender que ello ha sido
asumido por la CSJN an antes de la reforma de 1994 in re Fibraca, citado en la nota anterior, y ratificado posteriormente en Cafs La Virginia (Fallos, 317:1282), por lo que la tesis de Gil Domnguez no parece funcionar
en el nivel descriptivo, al menos con relacin a todo tipo de tratado internacional.
40
Cfr. Gil Domnguez, 2007, pp.42-43.
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Las distinciones conceptuales esbozadas hasta aqu, si bien deberan profundizarse, parecen ofrecer un punto de partida promisorio para efectuar un anlisis detallado
de modelos complejos de recepcin de las normas internacionales en el Derecho interno como el consagrado por la Constitucin argentina luego de la reforma de 1994.
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DOXA 32 (2009)
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RESUMEN. En este artculo, el autor, inspirndose en la interpretacin propuesta por Kripke de algunos pasajes de las Investigaciones Filosficas de Wittgenstein, discute algunas paradojas en las
que, en su opinin, incurren el discurso de la ciencia jurdica y el de la doctrina cuando identifican
al usus y a la opinio iuris seu necessitatis como elementos esenciales de la costumbre jurdica.
Palabras clave: costumbre, regla social, convencin, usus, opinio iuris, opinio necessitatis.
ABSTRACT. Under the light of Kripkes interpretation of some paragraphs of Wittgenstein s Philosophical Investigations, the author of this paper denounces the paradoxes resulting, in his opinion,
when usus and opinio iuris seu necessistatis are considered as legal science and doctrine do
necessary elements in the identification of legal customs.
Keywords: customs, social rule, convention, usus, opinio iuris, opinio necessitatis.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 205-228
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Things are made to look the same only when we fail to
examine them too closely.
(N. Cartwright)
1. Introduccin
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3.3.Conductas ejemplares
Consideremos ahora un tercer problema que afecta al requisito del usus, cuya discusin podra quiz sugerir la solucin de las dos paradojas apenas consideradas.
En algunas ramas del Derecho, como por ejemplo en el Derecho internacional, o
en el Derecho constitucional, la doctrina admite la llamada costumbre instantnea,
o sea, una norma consuetudinaria que surge en correspondencia con un comportamiento concreto10.
Considerar una conducta concreta como un supuesto de hecho idneo para producir una norma consuetudinaria parece confutar la hiptesis segn la cual el usus constituye una condicin necesaria, aunque no suficiente, de la produccin de dicha norma11.
En mi opinin, en este caso el trmino repeticin asume simplemente una connotacin diversa y ms interesante desde el punto de vista filosfico. Se trata, en efecto,
de una repeticin orientada al futuro y no al pasado, es decir, de una expectativa de
repeticin generada en el grupo de una conducta concreta. Tratemos de aclarar este
punto.
Segn el clsico planteamiento humano, implcitamente aceptado por la ciencia
jurdica y la doctrina hasta nuestros das, la repeticin no constituye una propiedad del
comportamiento que se repite sino el resultado de una modificacin perceptiva por un
observador externo; es decir, la repeticin no sera una propiedad de ciertos hechos o
estados de cosas, sino una apreciacin del sujeto que los observa12.
Es posible, sin embargo, concebir la repeticin en modo diverso, o sea, como una
propiedad social de un cierto comportamiento, que consiste en la capacidad de aquel
comportamiento de servir de ejemplo. Como muestra nuestra experiencia cotidiana, en efecto, lo que caracteriza a un ejemplo es que ste vale para todos los casos del
mismo tipo y, al mismo tiempo, est incluido entre ellos. El ejemplo es un hecho, un
estado de cosas o un evento que es tratado como modelo de cada hecho, estado
de cosas o evento del mismo tipo. En el caso de la costumbre, el comportamiento
ejemplar explicita, si es posible decirlo as, una regla social implcita, pero no formula
lingsticamente tal regla, ms bien representa mediante un comportamiento concreto
la conducta que aquella prescribe.
10
En la doctrina internacionalista, la nocin de costumbre instantnea se basa on the view that an opinio
juris expressed by the entire community of States will itself validate a rule of law (C.F. Amerasinghe, Principles
of Institutional Law of International Organizations, Cambridge, Cambridge University Press, 20052, p.190).
Vid., sobre este punto, H.T. Klami, Gewohnheitsrecht als Methodenproblem, en N. Achterberg (hrsg.),
Rechtssprechungslehre, Kln, Heymann, 1986, p.360; G. Arangio Ruiz, voz Consuetudine. III) Consuetudine internazionale, Enciclopedia giuridica, [Link], Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1988, pp.7 y
10. Segn Arangio Ruiz, en particular, la opinio es idnea para compensar la falta del usus y el usus, a su vez,
es idnea para compensar la falta de la opinio.
11
As, por ejemplo, P. Ziccardi, voz Consuetudine (diritto internazionale), Enciclopedia del diritto,
[Link], Milano, Giuffr, 1961, p.493.
12
Segn Hume la repeticin, a la par de la necesidad de algo para seguir otra cosa, is something that
exists in the mind, not in objects; nor is it possible for us ever to form the most distant idea of it, considerd as
a quality of bodies [D. Hume, A Treatise of Human Nature (1739-1740), Oxford, Clarendon Press, 1967,
pp.163-164]. Esta tesis est bien expresada, en relacin con la costumbre jurdica, en C. Rossano, La consuetudine nel diritto costituzionale. I: Premesse generali, Napoli, Jovene, 1992, pp.71-72.
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Con el trmino opinio iuris, la ciencia jurdica y la doctrina se refieren, preferentemente, a la creencia en la obligatoriedad de la norma consuetudinaria, cuya observancia se instancia en la repeticin calificada de una conducta. El trmino opinio
necessitatis, en cambio, hace siempre referencia a la creencia en la obligatoriedad de
una regla social, cuya observancia se presenta en la repeticin calificada de una conducta que tiene contenido idntico al de la norma consuetudinaria. Consideremos ms
de cerca estos dos requisitos.
4.1.1.Paradoja de la falsa creencia
Si partimos de la primera acepcin del requisito de la opinio, una regularidad de
conducta general, uniforme, continua, frecuente y pblica, genera la norma consuetudinaria N si, y slo si, los agentes creen que tal conducta es obligatoria, conforme aN.
Formulada en estos trminos, sin embargo, la definicin considerada es circular
porque la conclusin est ya contenida en las premisas16. Tal vicio argumentativo viene
generalmente superado en la literatura mediante la llamada teora del error: los agentes creen que la conducta es jurdicamente vinculante, pero se trata de una creencia
falsa, ya que la norma consuetudinaria N an no existe. Sin embargo, este error motiva
el comportamiento general, uniforme, continuo, frecuente y pblico que genera N17.
Ahora bien, recurrir a la teora del error para aclarar el concepto de costumbre jurdica conduce a un resultado paradjico. Segn esta tesis, en efecto, los actores sociales creen falsamente que existe una norma jurdicamente vinculante y, en consecuencia,
se comportan conforme a ella. Pero tal norma existe si, y slo si, el presupuesto de la
opinio iuris es satisfecho, o sea, si la creencia de los actores sociales es verdadera. De
esto se deriva la conclusin de que la falsedad de una creencia es una de las condiciones que la hacen verdadera.
Se podra fcilmente replicar que lo recin expuesto es una paradoja (lgica) slo
aparentemente. La teora del error permite, en efecto, explicar en modo coherente la
genesi de las normas consuetudinarias. Asumamos que, prima facie, un proveedor de
servicios de Internet crea jurdicamente obligatorio garantizar la privacidad del registro de las conexiones del cliente y se comporte en consecuencia, aunque tal creencia
sea falsa. Asumamos que otros proveedores, apoyndose en el comportamiento del primer proveedor, desarrollan la misma (falsa) creencia y se comportan del mismo modo.
La conducta general, uniforme, continua, frecuente y pblica que le seguir decreta el
nacimiento de una norma consuetudinaria que prescribe tal conducta. Si se entiende
en estos trminos, parece que la teora del error no llega a conclusiones paradjicas y
permite ms bien mostrar cmo a partir de una regularidad social puede surgir una
costumbre jurdica.
Los defensores de la teora del error, sin embargo, confunden una explicacin
gentica, como la apenas ilustrada, con una explicacin analtica, atribuyendo impropiamente a la primera la funcin que corresponde a la segunda.
Cfr. H. Kelsen, Teoria generale del diritto e dello Stato, Milano, ETAS, 1994, p.115.
Cfr. F. Modugno, voz Fonti del diritto (diritto costituzionale), Enciclopedia giuridica, vol. XIV,
Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1988, p.12.
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portamiento sea generalmente llevado a cabo por los miembros de un grupo social, las
desviaciones den lugar a la crtica, que tal crtica sea justificada y que, al final, dicho
comportamiento se asocie a una reflective critical attitude que entienda tal comportamiento como un estndar comn de conducta al cual cada uno tiene buenas razones
para conformarse22.
El requisito de la opinio necessitatis conduce entonces a concebir a la costumbre
jurdica como enforcement jurdico de una regla social. El concepto de costumbre jurdica, considerado a la luz de tal requisito califica una regla social, bajo ciertas condiciones, como caso de produccin de una norma jurdica dotada del mismo contenido
prescriptivo.
El problema, una vez ms, consiste en precisar cules son tales condiciones. Si la
definicin de opinio necessitatis, como se ha sealado, se limita a explicitar en qu
consiste una regla social, es necesario aclarar en qu circunstancias el enforcement jurdico de dicha regla est justificado.
4.2.1.Opinio como voluntas populi
La solucin tradicional de este problema viene provista por la nocin de opinio
como voluntas populi. Se trata de una acepcin del trmino opinio que se remonta
a la doctrina romano-cannica de la costumbre como tacitus consensus populi, que
encuentra renovada atencin a partir del Gewohnheitsrecht de Puchta para adquirir
despus una connotacin psicolgica en la obra de Jhering y Jellinek23. Esta misma
acepcin sobrevive hoy en la doctrina cannica y en las teoras de la costumbre jurdica
como fuente extra ordinem24.
La formalizacin del requisito de la voluntas populi es tradicionalmente la siguiente: una regla social produce una norma jurdica de contenido idntico si el pueblo o,
ms genricamente, la colectividad quiere que esto suceda25.
Cabe subrayar cmo esta solucin al problema del enforcement jurdico de las
reglas sociales si bien es cierto que amerita atencin por parte del historiador del Derecho, no precisa de tanta por parte de la ciencia jurdica y de la doctrina. El requisito
de la opinio como voluntas populi resulta en efecto muy problemtico. Es suficiente
mencionar aqu dos rdenes de problemas conectados entre s. En primer lugar, el requisito de la voluntas populi admite algunas entidades ontolgicas muy controvertidas,
p.1178). Subrayan la afinidad del anlisis hartiano de las reglas sociales con la nocin de costumbre jurdica
tambin B. Celano, Costumbres y normas sobre la produccin de normas, cit., p.98; O. Orestano, Dietro la
consuetudine giuridica, en id., Diritto. Incontri e scontri, Bologna, Il Mulino, 1981, pp.423-438.
22
H. L. A. Hart, Il concetto di diritto, Torino, Einaudi, 1991, pp.55-57.
23
Cfr. D. 1,3,32,1; G. F. Puchta, Das Gewohnheitsrecht, vol.I, Erlangen, Palm, 1828, pp.53 y ss., 99,
152 y ss.; R. von Ihering, Das Trinkgeld, Braunschweig, Wetermann, 1882, p.10; G. Jellinek, Allgemeine
Staatslehre, Bad Homburg, H. Gentner, 1960, p.333.
24
Segn la doctrina cannica, en efecto, el sujeto activo de la costumbre es la Iglesia, entendida como
comunidad de fieles o pueblo de Dios: P. Picozza, voz Consuetudine. IV) Diritto canonico, Enciclopedia
giuridica, [Link], Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1988, p.3.
25
Una huella de esta tesis se encuentra en el mismo Kelsen, all donde la costumbre jurdica es descrita
como forma democrtica de produccin del Derecho, similar en este sentido a la autonoma privada: H.
Kelsen, Teoria generale del diritto e dello Stato, cit., pp.315-316.
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la costumbre jurdica consiste en aquello que el juez trata como tal en la solucin de
una controversia.
Es esta la tesis defendida, por ejemplo, por J. Austin y A. Ross, quienes conciben
el Derecho consuetudinario como un Derecho de produccin judicial. Como observa
Austin, en particular, esta tesis tiene la ventaja de evitar hacer referencia a cualquier
mysterious and imposing attribute para reconocer intrnseca fuerza jurdica a la costumbre46. Porque the sovereign, or supreme legislator, is the author of all the law47, las
costumbres son simples preceptos de moral positiva, que pueden ser convertidos en Derecho slo por la autoridad delegada del juez48. Segn Ross, en cambio, esta tesis desenmascara el contenido ideolgico de la posicin de quien reconoce an gran importancia
al Derecho consuetudinario, conservndole una posicin autnoma en el sistema de las
fuentes49. La nocin de costumbre jurdica ciertamente es muy til para comprender la
evolucin de las sociedades arcaicas y del Derecho primitivo. En los sistemas jurdicos
contemporneos, caracterizados por el primado indiscutible del Derecho legislativo, el
trmino costumbre no denotara, sin embargo, algn hecho normativo independiente
excepcin hecha de las costumbres internacionales y, en ciertos aspectos, aquellas comerciales y de la navegacin. El uso del trmino costumbre, en resumidas cuentas,
servira para disimular la libertad del juez y su actividad creadora de Derecho50.
La teora de la costumbre como convencin, por otra parte, llega a conclusiones
del todo similares. Ya que las convenciones implcitas, acompaadas por la repeticin
del comportamiento objeto del acuerdo, no permiten, en cuanto tales, seleccionar los
acuerdos que merecen el enforcement jurdico, se sigue que esta eleccin se deja a la
apreciacin discrecional del juez.
La hiptesis explicativa que estamos discutiendo, por tanto, parte de una acepcin
alternativa de la opinio, que se diferencia de las precedentes no por los contenidos sino
por el sujeto al cual la opinio es imputada. La costumbre jurdica puede ser entendida
como Derecho de produccin judicial (o sea, el Derecho de produccin judicial consiste en una forma de Derecho consuetudinario51) slo si la opinio es imputada al juez
y no en cambio a los destinatarios de la norma52.
46
J. Austin, Lectures on Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law, R. Campbell (ed.), London, J.
Murray, 18855, vol.I, p.102. Aqu la objecin est dirigida a Blackstone, quien haba sostenido en 1765 que
las costumbres receive their binding power, and the force of law, by long and immemorial usage, and by their
universal reception throughout the kingdom (W. Blackstone, Commentaries on the Laws of England, Philadelphia, Childs & Peterson, 1860, vol.I, p.63).
47
Austin, Lectures on Jurisprudence, cit., [Link], p.510.
48
Ibid., vol.I, p.102.
49
Cfr. A. Ross, Diritto e giustizia, G. Gavazzi (ed.), Torino, Einaudi, 1990, pp.88-89.
50
Ibid., p.92. Sobre este punto, vid. tambin A. Ross, Theorie der Rechtsquellen. Ein Beitrag zur Theorie des
positiven Rechts auf Grundlage dogmenhistorischer Untersuchungen, Leipzig-Wien, Deuticke, 1929, pp.424 y ss.
51
Es este el caso de la doctrina alemana, en el mbito de la cual la tesis aqu considerada es utilizada preferentemente no por las teoras de la costumbre sino por la teora del Richterrecht, o sea del Derecho de produccin judicial. Algunas fuentes tpicas de Richterrecht, como por ejemplo el vnculo del precedente, encontrara
legitimacin en cuanto derecho de formacin consuetudinaria. Sobre este debate, vid. F. Mller, Richterrecht. Elemente einer Verfassungstheorie IV, Berlin, Dunker & Humblot, 1986, pp.111 y ss.; M. Kriele, Theorie
der Rechtsgewinnung entwickelt am Problem der Verfassungs interpretation, Berlin, Duncker & Humblot,
1976, pp.245 y ss.; J. Esser, Richterrecht, Gerichtsgebrauch und Gewohnheitsrecht, en J. Esser y H. Thieme
(hrsg.), Festschrift fr Fritz von Hippel zum 70. Geburtstag, Tbingen, J.C.B. Mohr, 1969, pp.95-130.
52
Vid., sobre este punto, N. Kortgen, Probleme des Gewohnheitsrechts, Frankfurt a.M., P. Lang, 1993,
pp.182 ss.
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de normas; sta no forma parte del ordenamiento, sino que lo hace posible desde una
dimensin material.
Podremos denominar a este segundo conjunto de asunciones: tesis de la normatividad intrnseca de la costumbre.
Es posible proponer la hiptesis segn la cual tanto el primer como el segundo
conjunto de asunciones impiden desarrollar una teora de la costumbre jurdica coherente, capaz de explicar las caractersticas del propio objeto. Basten aqu dos consideraciones crticas como justificacin de esta hiptesis.
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nm.3, 1999, pp.15-50; M. Athanasios, La forza della consuetudine, Rivista internazionale di filosofia del
diritto, vol.59, nm.2, 1982, pp.232-246; P. Noll, Die Normativitt als rechtsantropologisches Problem,
en A. Bockelmann y U.K. Kaufmann (hrsg.), Festschrift fr Karl Engisch zum 70. Geburtstag, Frankfurt a.M.,
Klostermann, 1969, pp.125-142.
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RESUMEN. Partiendo de la controversia entre S. Haack y E. Bulygin acerca de la lgica en el Derecho, el artculo analiza las perspectivas de usar herramientas lgicas para desarrollar modelos
de la actividad de la interpretacin del Derecho. Se contraponen dos concepciones de Derecho,
ligndolas a diferentes representaciones lgicas: i)el Derecho como sistema de reglas correlacionado con la lgica dentica y la lgica de revisin de creencias/normas, y ii)el Derecho como
una actividad interpretativa/argumentativa vinculada con la argumentacin derrotable. Usando la
distincin entre lgicas de cualificacin y lgicas de excepcin, el artculo propone una reconciliacin de ambas tradiciones, trazando un camino informal para la integracin de esas herramientas
lgicas. All se defiende una visin acerca del papel de la lgica en el Derecho que entraa ms
expectativas optimistas que las admitidas por Bulygin y tambin algunas desilusiones respecto a
la propuesta de Haack.
Palabras claves: Lgica dentica, derrotabilidad, argumentacin jurdica.
ABSTRACT. Departing from the controversy between S. Haack and E. Bulygin about logic in the law,
this paper discusses perspectives of using logical tools for modeling the activity of legal interpretation. It opposes two conceptions of law linking each to different logical representations: i)law as
a system of rules linked to deontic logic and logic of belief/normative revision and ii)law as an
interpretive/argumentative activity linked to logic of defeasible argumentation. Using a distinction
between logics of qualification and logics of exception the paper then proposes a conciliation
of both traditions sketching informally a way to integrate these logical tools. It defends a more
optimistic view on logic in the law with greater expectations than that of Bulygin and with fewer
delusions than those expressed by Haack.
Keywords: Deontic logic, defeasibility, legal argumentation.
DOXA, Cuadernos de Filosofa del Derecho, 32 (2009) ISSN: 0214-8676 pp. 229-254
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El camino defendido aqu para la reconciliacin est en la representacin de sistemas normativos inestables, sujetos a alteracin y reconstruccin, a partir de argumentos en favor o en contra de la solucin de un problema jurdico. La construccin del
sistema es referida al problema de atribucin de una solucin normativa a un caso, que
fue el tema central de Normative Systems de Alchourrn y Bulygin. Ese sistema reconstruido y activado para la solucin de un determinado caso, concreto o hipottico,
est sujeto a modificaciones por nuevas atribuciones de sentido o cualificaciones a sus
normas. La dinmica de alteracin de los sistemas de creencias o normas es el objeto de
los modelos de revisin de creencias o sistemas normativos, originados en los trabajos
de Alchourrn, Grdenfrs e Makinson. La motivacin de esas alteraciones debe
ser dada por la conclusin de argumentos justificados, lo que puede ser representado
por alguna lgica de argumentacin derrotable.
La combinacin de esas lgicas (dentica, revisin de creencias y argumentacin
derrotable) puede servir de base para la construccin de un modelo formal para representar la racionalidad en la actividad de interpretacin jurdica, en particular en la
construccin de teoras dogmticas para la solucin de casos difciles. Es esta ltima
idea la que quiero (al menos comenzar) a explorar en el presente trabajo.
2.De dnde venimos y a dnde llegamos
El debate sobre la posibilidad de reconstruccin lgica del proceso de interpretacin jurdica no es nuevo, siendo un tema recurrente aunque con tratamientos
diferentes y conclusiones distintas, en tres generaciones vinculadas a tres diferentes
concepciones tericas preocupadas por el tema de la lgica jurdica: la primera generacin, que podemos llamar de lgica material, vinculada a la dogmtica alemana
del siglo xix; la segunda generacin que llamaremos de lgica dentica, ligada al
positivismo jurdico; y la tercera generacin, que llamaremos de logica de la argumentacin que puede colocarse al servicio de las ms recientes teoras antipositivistas, que
ven al Derecho como una prctica social e interpretativa de normas6.
2.1.La primera generacin: lgica material
La idea de una lgica propia de la actividad de los juristas estaba presente en
la tentativa de la dogmtica alemana del siglo xix de definir un mtodo para la hermenutica jurdica. No es una casualidad que, en cualquier comunidad jurdica de
tradicin romano-germana, el tema de la lgica jurdica sea asociado normalmente
6
Al hablar de generaciones no quiero ofrecer una cronologa exacta o una superacin de una corriente
por otra. Los operadores del Derecho todava guardan marcados trazos de los mtodos interpretativos desarrollados por la dogmtica alemana del sigloxix y, en el mbito de la filosofa del Derecho todava est presente
el debate entre positivistas y anti-positivistas. Vale la pena recordar tambin que la obra de Alchourrn y
Bulygin, Normative Systems, destacada aqu como un punto alto de la concepcin positivista, es posterior al
clebre artculo de Dworkin contra el modelo de reglas. El objetivo es slo apuntar corrientes de pensamiento
que ganaron fuerza en determinados peridicos histricos y ligarlos con las tentativas de fundamentacin con
base en diferentes concepciones de lo que sera una lgica jurdica. Cada corriente iusfilosfica y la respectiva
fundamentacin lgica es llamada una generacin.
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a cnones interpretativos capaces de revelar la intencin del legislador o esquemas retricos presentes en esa tradicin, como los argumentos a simili, a contrario, a maiore
ad minus, etc.
Este esfuerzo de definicin de un mtodo para la interpretacin que nace con la
escuela histrica, antes de la unificacin alemana, tena que ver con la necesidad de
organizacin de un ordenamiento jurdico, en un contexto de controversia acerca de
las mismas fuentes normativas vlidas (la jurisprudencia romana, la moral traducida en
el llamado Derecho natural, las ordenaciones de los reinos germnicos). En esa lnea,
el mtodo de Savigny de identificacin de las reglas a partir de nexos histricosorgnicos capaces de revelar el espritu del pueblo (Volksgeist) que formara la
base para la identificacin de las reglas vlidas para el Derecho7. La escuela histrica
fue gradualmente cediendo espacio a la ordenacin y sistematizacin de las reglas de
inspiracin iusnaturalista y, ya con Puchta 8, tales normas comienzan a adquirir un
estatus independiente de sus races histricas y sociales, cuya autoridad se extraa de la
propia racionalizacin conferida por la dogmtica. De esa manera, se evolucion hacia
la llamada jurisprudencia de conceptos (Begriffsjurisprudenz) de Gerber, Laband
y del primer Jhering. El Derecho se circunscriba a una discusin sobre conceptos e
instituciones jurdicas fundamentales construidos (o creados) por la ciencia, a partir del
material jurdico disponible, de los cuales sera posible extraer de forma unvoca, por
la sistematizacin y deduccin lgica, las normas generales que seran utilizadas para
solucionar los casos mediante subsuncin. Esa misin y el mtodo de la dogmtica
cultivados por la jurisprudencia son bien sintetizados por Laband.
Die wissenchaftliche Aufgabe der Dogmatik, eines bestimmten positiven Rechts liegt
aber in der Konstruktion der Rechtsinstitute, in der Zurckfhrung der einzelnen Rechtsstze
auf allgemeinere Begriffe und andererseits in der Herleitung der aus diesen Begriffen sich
ergebenden Folgerungen. (...) Zur Lsung dieser Aufgabe gibt es kein anderes Mittel als die
Logik9.
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Esos sistemas pueden ser construidos por medio de una definicin semntica, o
casi semntica, del conjunto de argumentos justificados dentro de un dominio de argumentos y preferencias entre argumentos, que se asemeja a un modelo de ponderacin,
o incluso, a partir de un protocolo o juego con reglas de interaccin entre el proponente y el oponente en un conflicto de argumentos, lo que se aproxima al modelo de
argumentacin crtica.
2.4.Conflicto entre generaciones
De este modo, la pregunta de la introduccin acerca de las promesas de la lgica
para el Derecho gana una perspectiva histrica. Es curioso que cada nueva generacin
rechace a la generacin anterior. Eso ocurri con el rechazo del positivismo al fundamento epistemolgico de la lgica material o mtodo de interpretacin de la
dogmtica alemana29, en gran medida por sus compromisos metodolgicos y tambin
por la circunscripcin de la lgica a la deduccin.
Lo mismo ocurre con los proponentes de las lgicas de la argumentacin y los tericos del Derecho que cuestionan la adecuacin de la representacin del razonamiento
jurdico por la derivacin monotnica de consecuencias a partir de reglas, aunque sean
complementadas por las tcnicas de revisin de los sistemas normativos. As, por ejemplo, Prakken argumenta contra los modelos de razonamiento jurdico argumentativo
con base en tcnicas de restauracin de consistencia (revisin) del conjunto de reglas
y contra el uso de condicionales que satisfacen la contraposicin, descartando, de ese
modo, la lgica dentica clsica30. Su punto principal es que las tcnicas de revisin,
que comparan conjuntos de reglas no pueden dar cuenta de la naturaleza paso a paso
(step by step nature) de los procesos de argumentacin, en los que los sub-argumentos
comparados antes y de manera separada para que se llegue a una definicin sobre cul
argumento completo debe prevalecer. Tambin Peczenik cree que la representacin
del proceso de ponderacin, esencial para el Derecho, no puede ser llevada a cabo
por un sistema de reglas conjuntamente con el enfoque de revisin de creencias de
Alchourrn y Makinson. Para Peczenik es esencial que el sistema lgica caracterice
el descarte de una regla para un caso, pero que, al mismo tiempo, permita su reaplicacin en casos en los que su peso se modifica, lo que no sera posible en el modelo
AGM de revisin, slo aplicable al proceso de derogacin en el que la regla derrotada
es eliminada del sistema31.
Feliz o infelizmente, el enfrentamiento con las generaciones pasadas parece un
rasgo necesario del hombre, que lo motiva a emprender innovaciones. Sin embargo,
pasado algn tiempo, vale la pena mirar atrs. A mi modo de ver, esto es lo que provoca la insatisfaccin de Haack. Ella no parece creer en una representacin formal de
aquella lgica material. Pero, no ser que con las tcnicas formales actualmente dis29
H. Kelsen, Reine Rechtslehre, Viena, Franz Deuticke, 1960; trad. J. Baptista Machado, Teoria Pura
do Direito, Coimbra, Armenio Amado, [Link], 1984, y A. Ross, On Law and Justice, London, Stevens and
Sons, 1958; trad. G.R. Carri, Sobre el Derecho y la justicia, Eudeba, [Link], 1994.
30
H. Prakken, Logical Tools for Modelling Legal Argument: a study of defeasible reasoning in law, Dordrecht, Kluwer, en especial el [Link], 1997.
31
A. Peczenik, Jumps and Logic in the Law, Artificial Intelligence and Law, 4, 1996, pp.297-329.
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ponibles es posible llegar ms cerca de ella, para representar formalmente los patrones
de racionalidad que la sustentan?
En verdad, ni la segunda ni la tercera generacin satisfacen integralmente esa expectativa. Si la primera no se propone representar la actividad de interpretacin, la
ltima se limita a representar el proceso de argumentacin a partir de un dominio ya
dado de reglas y proposiciones fcticas (aun cuando las reglas disputadas sean tomadas
como diferentes interpretaciones de un mismo conjunto de reglas). Al igual que en
sofisticaciones posteriores, que se desarrollan en la representacin del razonamiento
basado en casos en los que se relacionan reglas con los valores que ellas promueven
y que discutir ms adelante el dominio de valores y su orden ya es conocido de
antemano. Sin embargo, una de las habilidades del jurista es justamente revelar nuevos valores y relaciones entre reglas y valores en la interpretacin de un caso, actual
o hipottico, capaces de solucionar adecuadamente el caso en cuestin, y de explicar
los precedentes. Este proceso de bsqueda racional de nuevas reglas, en el que aun la
dinmica de alteracin de ese dominio de reglas y valores, en funcin de la interpretacin, aguarda todava una representacin adecuada. Pero no es un despropsito creer
que los avances, tanto en el rea del razonamiento abductivo y la revisin de creencias,
pueden superar esas limitaciones.
En primer lugar, intentar delinear una propuesta de reconciliacin, en el mbito
de la lgica, entre la segunda y la tercera generacin. Luego, intentar indicar caminos
para que ambas miren hacia un lugar del pasado, i.e. para el esfuerzo de la dogmtica
alemana en describir una lgica material para la actividad de interpretacin.
3.Haciendo las paces
No refutar aqu en detalle los argumentos de la tercera generacin en contra de
la segunda acerca de la inadecuacin o insuficiencia de sus mtodos. Ms bien, dar
una idea de cmo ambas pueden interpretarse como representaciones de dominios o
aspectos complementarios y no incompatibles del razonamiento jurdico, tal vez con
una perspectiva ms ambiciosa para la segunda generacin.
3.1.Dos aspectos de un mismo razonamiento
No todo es rechazado por la tercera generacin. Como ya vimos, argumentos conflictivos son deducciones con base en una determinada lgica. La justificacin de cada
argumento puede ser tomada como una deduccin a partir de un sub-sistema de reglas. Hay, por tanto, un momento deductivo.
El problema es que ese sub-sistema coexistir con otros, en virtud de alguna evalua
cin de los argumentos generados por tales sub-sistemas consistentes para la identificacin de lo que prevalece para un caso concreto determinado (dado por una determinada descripcin de los hechos del caso). Un detalle importante es que las lgicas de la
argumentacin representan una dialctica entre argumentos en un esfuerzo de identificacin de una solucin para una determinada descripcin de un caso individual.
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Un ejemplo puede ayudarnos. Usar una versin enriquecida del ejemplo de Aly Bulygin en Normative Systems, que nos ayudar a ver los aspectos que
precisasn desarrollarse en el modelo de representacin.
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dispuesto a generalizar su decisin, entonces hay algn problema con sus fundamentos, dado que la accin y las circunstancias consideradas relevantes son exactamente
las mismas (a menos que aparezcan nuevas condiciones relevantes, y en ese caso habr
una nueva decisin, tambin universalizable).
Esto significa que, sea cual sea la justificacin de la decisin, ella se basa exclusivamente en normas jurdicas explcitas, o si tales normas fuesen derrotadas por principios morales o consideraciones ligadas a polticas pblicas, es posible abstraer una
determinada regla para la accin en las circunstancias consideradas relevantes para ese
tipo de casos. O sea, si las lgicas de la argumentacin permiten representar cmo se
justifican las decisiones a partir de una misma base de reglas y descripciones de hechos
controvertidos, entonces con la identificacin de una tesis justificada aparece la pregunta: finalmente, cul es la regla aplicada?
En el ejemplo, la decisin del juez puede llevar a la formulacin de una nueva regla
(R1), segn la cual si el adquirente es de buena fe y a ttulo oneroso, pero el propietario es pobre y usa el inmueble para su sustento, entonces debe restituirlo.
Y cuando estamos dispuestos a afirmar una regla jurdica, i.e. que si se presentan
tales o cules condiciones, entonces la accin en cuestin es obligatoria, tambin debemos estar dispuestos a afirmar que, si esas condiciones estuviesen ausentes, entonces la
solucin sera diferente. En caso contrario, las condiciones seleccionadas, que forman
parte del fundamento de la decisin, no seran relevantes y la decisin sera arbitraria
(en el ejemplo, si el adquirente de buena fe y a ttulo oneroso y si el propietario no es
pobre o no usa el inmueble para el sustento, entonces puede retener la propiedad). Por
tanto, cuando generalizamos una regla jurdica, estamos, en verdad, generalizando un
determinado sistema de reglas que ofrecen soluciones interrelacionadas para diferentes casos relevantes en determinada situacin de conflicto.
Volvamos a la pregunta: Cul regla? Ciertamente, en la respuesta se usar alguna
forma de revisin del sistema normativo. Todo indica que tal dimensin puede ser representada por las tcnicas lgicas de revisin de creencias, en la lnea de AGM.
3.2.Lgicas de excepcin versus lgicas de calificacin
La ruta en direccin de los modelos de revisin debe enfrentar la objecin de Pec-
zenik, segn la cual tales tcnicas no sirven dado que solamente representan el proceso
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nuevas calificaciones. Y con nuevas calificaciones no slo para el caso en que est presente la nueva propiedad relevante de ser propietario pobre, i.e. R1, sino tambin en
el caso complementario en el que esa propiedad est ausente, y se mantienen las otras
propiedades relevantes. Lo que se propone solamente es que el sistema normativo pase
a tener un universo de casos ms fino, que sea un sistema ms refinado, de tal forma
que solucione casos con la presencia o ausencia de nuevas propiedades consideradas
relevantes, en funcin de la aplicacin de otros parmetros normativos.
El segundo error de Peczenik est en la afirmacin de que las tcnicas de revisin
de creencias no sirven para dar cuenta de esta modificacin. Esto es falso y, para usar un
argumento religioso, ya est escrito en la profeca de I. Levi de que cualquier alteracin
de nuestro estado epistmico puede ser reducido a una combinacin de operaciones
primarias de contraccin y expansin (commensurability thesis)34. La lgica de las
condiciones contribuyentes de Alchourrn y los operadores de refinamiento son modelos de calificacin de creencias o reglas que satisfacen la tesis de conmensurabilidad.
La lgica de las condiciones contribuyentes fue defendida por Alchourrn en su
cruzada contra las lgicas no-monotnicas. Para Alchourrn, la nocin de derrotabilidad sera mejor representada por una alteracin de premisas y no por el debilitamiento
de la relacin de consecuencia, principalmente con lgicas que arrojen sospechas sobre
el principio de modus ponens. La solucin dada por Alchourrn sera, entonces, la
construccin de condicionales cuyos antecedentes seran apenas condiciones contribuyentes (condiciones necesarias para una condicin suficiente), pero no suficientes para la
conclusin. Sin entrar en detalles tcnicos35, a contribuye para b si b es derivado clsicamente a partir de a en conjuncin con los presupuestos implcitos K consistentes con el
antecedente, i.e. bCn(K*a), en el que Cn es el operador de consecuencia clsica y * es
un operador de revisin en el sentido de AGM. Alchourrn internaliza la relacin de
consecuencia en el lenguaje objeto representando el condicional por medio de la implicacin estricta, asociando una funcin de revisin f, o sea ab=(fab), en el que
es el operador modal necesario de S536. As, el condicional construido es derrotable,
ya que ampliando el antecedente la teora K puede contraerse y ya no derivar ms b. Por
ejemplo, a puede representar que el adquirente es de buena fe y a ttulo oneroso y en K
podra estar una proposicin c de que el propietario no es pobre. Puede ocurrir, por
tanto, que ab, pero no valer que acb. La regla, entonces, una vez que se hacen explcitos sus presupuestos sera acb. O sea, en el modelo de Alchourrn, nuevas
propiedades relevantes capaces de derrotar una regla del sistema pueden ser representadas por la exposicin de los presupuestos implcitos del antecedente de esa regla, lo que
puede hacerse con un operador de revisin en el antecedente de la regla derrotada.
Otra manera de representar el proceso de calificacin de normas, aunque con un
operador sobre el sistema de reglas (y no sobre el antecedente de una regla), es el que
proporcionan las lgicas del refinamiento37. La idea es muy simple: frente a una inconI. Levi, The Fixation of Belief and Its Undoing: Changing Beliefs Through Enquiry, CUP, 1991.
Para un anlisis ms detallado de la construccin de Alchourrn y de sus motivaciones, ver J. Maranho, Why was Alchourrn afraid of snakes?, Anlisis Filosfico, [Link]., pp.62-92.
36
B. F. Chellas, Modal Logic: an Introduction, Cambridge, 1980.
37
Una presentacin completa de las lgicas del refinamiento interno y global tanto para conjuntos de
enunciados lgicamente cerrados o conjuntos arbitrarios de enunciados se encuentra en: J. Maranho, Re34
35
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