Marxismo y Revolución
Marxismo y Revolución
Ese es el factor ms importante de la situacin poltica actual, no slo en el Estado espaol sino en
todo el mundo: el alejamiento de los dirigentes de las aspiraciones y de los sentimientos de los
trabajadores y de la juventud. Los aos de gobierno del PSOE, con una poltica que gir
progresivamente a la derecha, su oposicin de terciopelo a la poltica del PP una vez en la
oposicin, la poltica sindical de los dirigentes de UGT y CCOO, con la firma de acuerdos que han
permitido al gobierno de la derecha presentar ataques (reforma laboral, pensiones...) como
conquistas para los trabajadores!, son hechos que influyen en la situacin poltica.
Por qu existe esta tendencia, que es un fenmeno que se ha repetido muchas veces a lo largo de
la historia del movimiento obrero? En realidad las presiones de la burguesa, del sistema, se ejercen
fundamentalmente sobre los dirigentes de los partidos y de los sindicatos obreros. En la medida que
no tienen una perspectiva revolucionaria consciente, producto de la compresin real de cmo
funciona el capitalismo, los dirigentes suelen ser mucho ms vulnerables a las presiones de la clase
dominante, que les ensea su cara amable, les hace copartcipes de algunos de sus privilegios y les
integra otorgndoles la credencial de agentes sociales. Al abandonar la perspectiva de la
transformacin de la sociedad, la perspectiva del socialismo, pasan a aceptar la idea de que
cualquier poltica de mejoras de las condiciones de vida tiene como lmite las posibilidades del
sistema. Por eso, en lneas generales, cuando el margen de maniobra econmico que da el sistema
es escaso no slo se moderan la demandas econmicas sino los derechos sindicales, las libertades
polticas..., en coherencia con su idea de fondo segn la cual el capitalismo es el nico sistema
posible.
El Gobierno PSOE lleg a aprobar la ley Corcuera. Ahora el PP, la derecha pura y dura, utiliza esta
ley contra el movimiento estudiantil y las huelgas obreras, y llega mucho ms lejos al suscribir con el
apoyo de los dirigentes del PSOE la Ley de Partidos Polticos, que constituye el mayor ataque a la
libertad de organizacin, expresin y reunin desde la cada de la dictadura de Franco. Si nos
remontsemos en la historia, durante la II Repblica el gobierno socialista-republicano aprob la ley
en defensa de la repblica, que castigaba con la crcel cualquier insulto u ofensa a la autoridad y
que fue utilizada a fondo por la derecha durante el Bienio Negro, para reprimir la lucha de los
trabajadores y los jornaleros.
Sin embargo nada ni nadie puede detener el proceso que conduce a situaciones revolucionarias, a
un enfrentamiento abierto entre las clases. La burguesa y los reformistas pueden retardar el
proceso, pero no evitarlo. La revolucin es un proceso objetivo y hunde sus races en la incapacidad
del sistema capitalista de hacer progresar la sociedad.
De igual manera que el reformismo es una tendencia poltica inevitable, tambin existen y surgen,
en el seno del movimiento obrero y basndose en la experiencia de los acontecimientos, tendencias
revolucionarias. Cuando la situacin de la lucha de clases entra en una fase ms aguda, no es
menos cierto que un giro a la izquierda de los dirigentes puede animar todava ms la radicalizacin
de los trabajadores, sobrepasando con creces en la prctica, el radicalismo que tienen los dirigentes
de palabra. Eso ocurri, por ejemplo, con Largo Caballero, dirigente del PSOE, que lleg a participar
en los Consejos de Trabajo de la dictadura de Primo de Rivera y tras la experiencia de la primera
etapa del gobierno republicano y el ascenso del fascismo en Europa, defendi la dictadura del
proletariado y la revolucin generando verdadero entusiasmo entre los trabajadores y campesinos
de todo el Estado espaol.
De la misma manera que las presiones del capitalismo empujan a la direccin de los partidos
obreros hacia la derecha, la clase obrera ejerce una presin en sentido contrario. La convocatoria de
la huelga general del 20 de junio de 2002 es un ejemplo claro. Fue la presin del movimiento desde
abajo, que se expresaba en huelgas sectoriales muy radicalizadas, en la oposicin del movimiento
estudiantil a las contrarreformas educativas del PP, en las masivas manifestaciones
antiglobalizacin, lo que empuj a las direcciones de CCOO y UGT a responder con la huelga al
decretazo que recortaba los derechos sociales de los parados.
Por una alternativa revolucionaria de masas
En todo caso, el reconocimiento del papel negativo, de freno, que juega el reformismo es al mismo
tiempo un reconocimiento implcito de su influencia efectiva en el movimiento obrero. Esa influencia
negativa, y sin embargo real, no es algo caprichoso. Obedece fundamentalmente a la ausencia de
una alternativa revolucionaria de masas frente a los planteamientos reformistas y pro-capitalistas de
las direcciones de la organizaciones obreras.
Las tres o cuatro dcadas posteriores a la II Guerra Mundial fueron la poca del reformismo por
excelencia. La idea de alcanzar mejoras sin necesidad de una revolucin tena una correspondencia
con la experiencia de millones de obreros en los pases capitalistas avanzados. Esta situacin, que
fue una realidad restringida a una parte mnima de la poblacin del planeta, ha ido cambiando a
pasos agigantados en los ltimos tiempos. Sin embargo las ideas reformistas dirigentes siguen
siendo predominantes. No existe una relacin mecnica entre los procesos econmicos y polticos;
aunque los primeros son determinantes, slo lo son en ltimo trmino.
Ninguno de los problemas bsicos de la poblacin tiene justificacin en las limitaciones de la tcnica
o de la produccin. stas han alcanzado un desarrollo sin precedentes de tal forma que sera
posible acabar rpidamente con el hambre, la miseria, el desempleo, la explotacin infantil, el
analfabetismo. Si los medios de produccin estuviesen al servicio del conjunto de la sociedad, si la
produccin se organizase con el fin de satisfacer las necesidades sociales y no la obtencin privada
de beneficios, todas las lacras sociales desapareceran. Una sociedad socialista, basada en una
economa planificada democrticamente, con el control directo y democrtico por parte de los
trabajadores y de la mayora de la sociedad, hara posible la reduccin efectiva de la jornada de
trabajo, liberando a la mayora de la poblacin de la lucha cotidiana por la supervivencia e implicara
una explosin de cultura y de inteligencia imposibles de alcanzar bajo el capitalismo.
Sin embargo el socialismo no slo es una buena idea, es una necesidad y esa necesidad se
manifestar tarde o temprano en luchas ms virulentas y explosivas.
En todo caso contrarrestar la influencia del reformismo a favor de las ideas de la revolucin es para
nosotros el quid de la cuestin y por tanto el punto ms importante para un movimiento
revolucionario consecuente.
Si pudiramos trazar la historia a nuestro antojo podramos elegir el estallido de la revolucin
coincidiendo con el momento en que al frente del movimiento obrero estuviesen las organizaciones
revolucionarias. Pero eso no est garantizado de antemano, es una tarea, la tarea ms importante.
La desgracia de la mayora de los procesos revolucionarios como los que hemos mencionado ms
arriba, es que en los momentos decisivos no exista una direccin autnticamente revolucionaria,
completamente dispuesta a llegar hasta el final, sin los vicios y las vacilaciones propias de un largo
periodo de prctica reformista.
La crtica fundamental del marxismo revolucionario al anarquismo es precisamente que las
concepciones y los mtodos propugnados por este ltimo no sirven para resolver la contradiccin
sealada ms arriba, es decir, arrebatar al reformismo la hegemona que tiene sobre el movimiento
obrero y fortalecer las ideas de la transformacin socialista de la sociedad, las ideas revolucionarias.
Hoy las ideas anarquistas no tienen, ni de lejos, la influencia de los aos 30 y eso obedece a
razones sociales y polticas de fondo, que luego explicaremos. Sin embargo, en la actual situacin
poltica, ideas antipartido, antiorganizacin, antipoltica pueden tener cierto eco entre un sector de la
juventud como respuesta a la nefasta poltica del reformismo. Algunos grupos anarquistas incluso
rechazan la lucha por reivindicaciones inmediatas, como si stas, al igual que la poltica o la
existencia de dirigentes fueran, al margen de cualquier otra consideracin, una manera de
integracin en el sistema.
Este tipo de planteamientos aparentemente radicales cuanto ms apoyo alcanzan ms contribuyen
a los intereses objetivos de la burguesa y del reformismo, aumentan la desorganizacin del
movimiento y contribuyen al desprestigio de las ideas verdaderamente revolucionarias.
Sin embargo, antes de entrar en las diferencias de fondo entre el anarquismo y el marxismo,
queremos hacer una aclaracin importante.
En la historia del movimiento obrero internacional y concretamente en el Estado espaol, bajo la
bandera del anarquismo lucharon millones de trabajadores, campesinos y jvenes revolucionarios.
La CNT en los aos 30 era la organizacin que agrupaba mayoritariamente los sectores ms
combativos y sacrificados del movimiento obrero, que entregaron su vida en los frentes combatiendo
el fascismo. El espritu de los trabajadores anarquistas en los aos 30 s debe ser para todos los
revolucionarios una fuente de inspiracin desde luego para los marxistas es as y una prueba de
la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora. Nosotros distinguimos como un hecho muy
positivo el espritu anarquista de luchar contra la opresin del Estado, contra la hipocresa y las
maniobras de la burguesa, contra la participacin de los dirigentes obreros en estas maniobras,
contra la mentalidad prctica y posibilista que caracteriza a la burocracia que se forma en los
partidos y los sindicatos obreros. No slo compartimos este espritu anarquista sino que lo
consideramos tambin parte del verdadero espritu marxista; es en realidad un espritu
revolucionario que se genera espontneamente en las masas y que est presente hoy en muchos
trabajadores y sobre todo, jvenes.
Lo que no compartimos es la ideologa anarquista que, como el marxismo, es un sistema completo
de ideas y no simplemente un espritu, o la simple suma de nociones sueltas.
primero en traducir y difundir los textos de Proudhon en el Estado espaol fuera Pi i Margall, artfice
del movimiento federalista pequeo burgus de finales del siglo XIX.
La caracterstica fundamental de este periodo es que la clase obrera no haba puesto su sello en los
acontecimientos. La presencia del anarquismo en Espaa, Italia y Rusia era debida precisamente a
su atraso econmico en comparacin con los dems pases capitalistas y la consecuente debilidad
de la clase obrera.
La crisis del anarquismo de fin de siglo, ms que por los efectos de la represin policial, era el reflejo
de que la lucha se polarizaba cada vez ms claramente entre la burguesa y la clase obrera.
La Internacional bakuninista celebr su ltimo congreso en 1877. Despus de esta fecha, una crisis
en la industria relojera arruin a las pequeas empresas familiares de los Alpes suizos, cuyo espacio
fue ocupado por la produccin a gran escala en Ginebra. Eso era el fin del principal punto de apoyo
social que tenan los bakuninistas en Europa y fue algo ms que un hecho anecdtico o casual, era
un indicio de los nuevos tiempos.
El misionerismo, el terrorismo individual, la bsqueda del hombre natural mediante las escuelas
racionalistas, la figura del bandolero revolucionario, las insurrecciones descoordinadas, el
cantonalismo son fenmenos totalmente ligados a la etapa en la que la clase trabajadora no poda
desplegar toda su capacidad de lucha por su debilidad numrica e inexperiencia ni su temple
revolucionario, del que el marxismo no es ms que su condensacin terica.
Por la Idea, por la anarqua, dieron la vida miles de oprimidos. Pero el anarquismo, aunque
coetneo del marxismo, naci mirando hacia el pasado. Se sustentaba en clases sociales que,
aunque oprimidas, iban a quedar relegadas a un segundo trmino en la medida en que la lucha de
clases iba teniendo dos protagonistas cada vez ms claros: la clase obrera y la burguesa. En
cambio, cuando los postulados de Marx y Engels salieron a la luz, la clase obrera apenas haba
desplegado una pequesima parte de su peso social, su capacidad de lucha y su potencial para
convertirse en el sostn de una nueva sociedad.
El surgimiento de la clase obrera
Dentro del rgimen feudal se fueron desarrollando los primeros pasos de la economa capitalista.
Con el florecimiento de la economa mercantil la burguesa fue escalando en la pirmide social. Las
revoluciones burguesas, que fueron un enorme progreso para la humanidad, transfirieron el poder
poltico, el control del Estado, a una clase que de hecho ya tena el poder econmico.
Con la clase obrera ocurre lo contrario. Conforme el capitalismo se desarrolla la riqueza se
concentra cada vez ms en manos de la burguesa. Los trabajadores no pueden vivir ms que
vendiendo su fuerza de trabajo a los capitalistas que detentan todos los medios de produccin
necesarios para el funcionamiento de la sociedad. No slo eso, la burguesa, basndose en su
riqueza, inunda a toda la sociedad de sus valores, su ideologa... En cambio la nica fuerza de la
que dispone la clase obrera es la de su unidad consciente para la transformacin de la sociedad.
La clase obrera, como otras en otros momentos histricos, es una clase oprimida, pero con
propiedades especficas que le permiten acabar con la opresin capitalista.
El trabajo asalariado generalizado y la concentracin de los obreros en empresas, superando los
lmites del pequeo taller, favorecen el desarrollo del sentimiento de solidaridad, de lucha colectiva,
de que su trabajo es slo una parte de una produccin que es social, en la que participan otros
trabajadores de otras fbricas y de otras ramas. Por eso en un trabajador difcilmente arraiga el
sentido de propiedad sobre el instrumento de trabajo o sobre la fbrica. La enorme amplitud de los
intercambios de mercancas entre las diferentes ramas, pases, etc. obliga a los trabajadores a tener
una visin ms amplia del funcionamiento de la sociedad que un productor aislado en su parcela,
por poner un ejemplo.
La clase obrera acta de forma independiente frente a la burguesa porque es la nica que puede
adquirir conciencia de que la sociedad puede seguir funcionando sobre otras bases, prescindiendo
de la burguesa. Potencialmente tiene la ltima palabra en el funcionamiento de la economa. Nada
funcionara sin el consentimiento de la clase trabajadora.
La clase trabajadora, en la que incluimos los trabajadores asalariados del campo, no es la nica
clase oprimida de la sociedad; tambin lo son los pequeos comerciantes, los campesinos pobres,
las personas que ni siquiera tienen el privilegio de ser explotadas y que forman grandes bolsas de
miseria en las grandes ciudades, etc. Pero ninguna de esas clases puede jugar un papel decisivo e
independiente en la lucha por la transformacin de la sociedad. Debido a las condiciones en que
trabajan, viven y se relacionan, los trabajadores alcanzan un nivel de conciencia, de capacidad de
organizacin y de lucha al que no llegan otras clases sociales. Evidentemente hay que entender que
este proceso no es automtico y que pasa por diferentes etapas.
El papel que atribuye el marxismo a la clase obrera no tiene por lo tanto nada de romntico; se basa
en el anlisis cientfico y en la experiencia. Naturalmente el carcter revolucionario de los
trabajadores se revela cuando acta realmente como clase, es decir colectivamente y
organizadamente. La clase no es la mera suma de los individuos que la componen y no
encontraremos todas las propiedades de la clase en cada uno de los individuos y en cualquier
momento. Cuando la clase obrera acta como clase se diluyen los intereses individuales, los
sectores ms decididos arrastran a los ms indecisos, los ms conscientes ayudan a los menos
conscientes, etc.
La concepcin del anarquismo acerca de la naturaleza del proletariado es muy imprecisa. Bakunin,
por ejemplo, defenda que la clase ms revolucionaria era el lumpemproletariado, porque estando
casi totalmente incontaminada por toda la civilizacin burguesa, lleva en su corazn, en sus
aspiraciones, en todas las necesidades y las miserias de su situacin colectivista, todos los
grmenes del socialismo futuro, y que es la nica con suficiente poder hasta hoy en da para iniciar
la Revolucin Social y conducirla hasta el triunfo.
Mientras el marxismo ve en el desarrollo del proletariado, por todas las razones que hemos
apuntado ms arriba, una mejora de la correlacin de fuerzas en la lucha contra el capitalismo, la
concepcin bakuninista se fijaba en los sectores de la sociedad ms afectados por la
descomposicin social que implica el capitalismo, otorgando al lumpen un papel revolucionario que
nunca podr tener.
No falta en la actualidad quien vea en la clase obrera contaminacin burguesa por el hecho de
tener un coche, o un vdeo u otras pequeas necesidades que pueden cubrirse con un salario. Es un
factor que tienen en comn tanto los reformistas como los grupos ultraizquierdistas y anarquistas.
Unos pretenden justificar con esta idea la imposibilidad de luchar por transformar la sociedad y otros
para lanzarse en busca de oprimidos descontaminados al margen de las relaciones de produccin,
a los que otorgan una capacidad revolucionaria pura.
El papel de la organizacin
La clase trabajadora, desde su aparicin en la escena de la historia hasta hoy da, tambin ha tenido
un aprendizaje.
El primer paso de la clase trabajadora fue unirse en sindicatos para enfrentarse organizadamente a
los patronos. Primero en el mbito de cada empresa y luego a nivel de distintos sectores de la
produccin, hasta llegar a escala estatal.
Pero la experiencia demostr que la organizacin sindical, si bien era un paso fundamental, no era
suficiente. Las mejoras salariales, la reduccin de las horas de trabajo, las vacaciones..., ni eran ni
son conquistas duraderas. Tarde o temprano, lo que la burguesa da en un momento determinado lo
quita en otro en el que la correlacin de fuerzas le es ms favorable. Pronto qued claro para la
vanguardia del movimiento obrero, la necesidad de una lucha ms global contra la burguesa. Para
hacer las conquistas ms permanentes, era necesario dar una perspectiva ms general a la lucha
econmica y por mejoras inmediatas. Tambin se haca necesaria la lucha por derechos que no se
podan arrancar fbrica a fbrica, como el derecho a reunin, manifestacin, el derecho a la libre
propagacin de ideas... Era necesario hacer frente a las maniobras de la burguesa, a la utilizacin
que ella haca de las diferencias culturales y lingsticas de los trabajadores, de las diferentes
formas de Estado (democracia, dictadura, monarquas constitucionales, y dems), de la guerra, etc.
En definitiva, era necesaria la participacin de los trabajadores en la poltica como forma de alcanzar
la plena libertad y emancipacin de los oprimidos.
Igual que la organizacin en sindicatos, la participacin en la vida poltica surgi como una
necesidad de la lucha de la clase trabajadora. La clase obrera no poda quedar limitada a la
actividad sindical mientras la burguesa actuaba en todos los frentes de la vida: poltico, ideolgico,
filosfico, cultural, etc... Indudablemente el xito en el terreno de la lucha inmediata, sindical, est
totalmente ligado a una lucha poltica e ideolgica correcta, que sea capaz de animar, de hacer
comprender los procesos generales.
De hecho la utilizacin del aparato represivo del Estado no es el nico mtodo, y en muchos
periodos ni siquiera el ms importante, que utiliza la burguesa para mantener su dominacin. En
muchas ocasiones a la burguesa le basta que cuaje la idea de que cambiar su sistema es
imposible, de que es insustituible; le basta infundir al proletariado la sensacin de que es impotente
para hacer frente a un sistema aparentemente tan poderoso y de encabezar la lucha por otra
sociedad.
El principal factor con el que juega la burguesa es la inconsciencia de la clase trabajadora de su
propia fuerza.
El dominio ideolgico es mucho ms cmodo y seguro que la represin directa. La burguesa utiliza
los ms mnimos rasgos que diferencian a un sector de la clase obrera de otro para dividirles y echar
una cortina de humo sobre la verdadera causa de todos los problemas que es la existencia del
capitalismo. Utilizan las diferencias culturales, lingsticas, incluso las diferentes condiciones
laborales que ellos mismos han impulsado para intentar crear divisin.
Como reaccin a la utilizacin combinada de todos estos factores, la clase obrera ha respondido con
la nica arma a su alcance: la fuerza de su unidad, primero en la lucha econmica organizndose en
sindicatos y luego en el terreno poltico e ideolgico, creando partidos.
Evidentemente la participacin de las masas en esos procesos no es automtica ni simultnea.
La gran mayora de los trabajadores no se organizan en sindicatos o participan en la vida poltica por
inspiracin terica, sino por la conclusin que sacan de su experiencia cotidiana. Y cuando lo hacen
tampoco abrazan directamente la idea de la revolucin socialista o de la transformacin radical de la
sociedad. Un sector de los trabajadores y de los jvenes s lo hacen, pero a la inmensa mayora de
la gente le resulta ms fcil aceptar la idea de un cambio gradual de la situacin mediante la suma
de pequeas mejoras sucesivas, evitando as un cambio brusco, traumtico. La idea de transformar
la sociedad mediante pequeos cambios y reformas parece bastante ms prctica que la revolucin.
Eso es muy normal, la mente tambin tiende hacia la lnea de menor resistencia... hasta que la
realidad se hace insoportable.
La conciencia humana no es un factor acelerador de los procesos histricos. Muy a pesar de lo que
piensan los idealistas, que sitan la evolucin histrica a remolque de las ideas, los procesos se dan
precisamente al revs. La conciencia tiene tendencia a adaptarse a la situacin hasta lmites
insospechados. Esto est mal, es cierto. Pero si siempre ha sido as, no es posible cambiarlo.
Cuando la inmensa mayora de los trabajadores y jvenes deciden romper con esta rutina e intentan
cambiar las cosas, no lo hacen por haber ledo ni una lnea de marxismo o anarquismo, entre otras
cosas porque el capitalismo agota las energas de los trabajadores en largas horas de trabajo, hasta
el punto de que lo ltimo que se propone al llegar a casa por la noche es leer algo de teora. La
conciencia siempre refleja con retraso los procesos que se dan en la base material de la sociedad.
Es mala la participacin en poltica?
La poltica es un reflejo de la disputa entre las diferentes clases sociales por la hegemona social,
aunque normalmente esa disputa aparezca de forma muy distorsionada y diluida.
Es slo cuando el enfrentamiento entre las clases es ms abierto, por ejemplo durante una huelga
general, cuando se hace inevitable un posicionamiento ms claro por parte de todos los polticos, los
partidos, los sindicatos, los intelectuales, los socilogos y hasta de todos los que tericamente
abjuran de la poltica o de los asuntos terrenales, como los curas y los jueces.
La poltica de la burguesa es el conjunto de maniobras, ideas, tcticas, que utiliza para mantener su
dominacin. La poltica burguesa est hecha para confundir, dividir y desmoralizar a los
trabajadores. Cmo contrarrestar esta influencia?
Para los marxistas hay que participar en poltica defendiendo una autntica poltica de clase,
denunciando las maniobras y los engaos de la burguesa. Hay que defender y demostrar que existe
un tipo de sociedad diferente que podemos construir, sin desempleo, sin miseria, con justicia y con
igualdad. Hay que utilizar todas las formas posibles para que esas denuncias y alternativas lleguen
al mximo nmero de trabajadores y jvenes. Hay que agrupar a todos los sectores ms
conscientes de la clase obrera para que este trabajo sea ms eficaz, para evitar la dispersin de
fuerzas. Hay que participar en poltica, para que las ideas revolucionarias tengan una influencia
masiva y se conviertan en una fuerza material.
La participacin en la vida poltica ha sido considerada por parte de la clase trabajadora como una
necesidad en la lucha contra la burguesa a lo largo de la historia. Lejos de ser una imposicin
externa o antinatural la creacin de partidos polticos obreros, a finales del siglo XIX fue producto
de una maduracin interna de la clase obrera, de su capacidad de actuar como clase de una forma
independiente, con fines propios y contrapuestos a los de la burguesa.
A la teora anarquista le ocurre con la poltica lo mismo que con el poder o el Estado, es decir, le
quita su carcter de clase, dando ms importancia a la forma que al fondo. Ocurre lo mismo con los
partidos, la centralizacin, la disciplina, las decisiones desde arriba, los lderes, etc. No importa si
proceden o estn al servicio de la burguesa o del proletariado.
En sus inicios los idelogos anarquistas proclamaban un odio furibundo contra la lucha sindical de
los trabajadores. Desde su punto de vista, la lucha sindical por mejoras salariales era, por su propia
naturaleza, el reconocimiento del sistema de explotacin burgus en tanto que se reconoca la
aceptacin de un salario. Cualquier acto que no condujese inmediatamente a la huelga general
revolucionaria contra el poder era conciliarse con ese mismo poder. El bandolero, el lumpen, la
sociedad medieval con sus pequeos gremios de trabajadores autnomos eran la fuente de
inspiracin de los idelogos anarquistas y no el sindicalismo obrero.
Esos planteamientos chocaban evidentemente con los trabajadores industriales e iban a contrapelo
del propio desarrollo econmico y social. El anarquismo si quera sobrevivir tena que ganarse el
apoyo del movimiento obrero y con ello dejar cada vez ms atrs sus postulados originales.
Para nosotros, y para los clsicos del marxismo, la tctica, las consignas, el lenguaje, las formas
organizativas, los objetivos puntuales de las luchas, son correctos o incorrectos si ayudan o no a
que un sector cada vez ms amplio de los trabajadores comprendan que el capitalismo es la causa
fundamental de sus problemas, que s existe una alternativa al capitalismo y que la clase trabajadora
s tiene fuerza suficiente para hacer frente a la burguesa y su aparato represivo. En otras palabras,
si ayudan al proceso de toma de conciencia y arman a los trabajadores con un programa viable para
el derrocamiento del capitalismo.
El parlamentarismo y la revolucin
Mientras que para el anarquismo la participacin en el parlamento es por principio negativa para el
marxismo es una cuestin tctica que se deriva del anlisis concreto de una situacin dada. No
basta decir que el parlamento es una institucin burguesa y que no sirve para resolver los problemas
de los trabajadores. Ante todo hay que hacer que esa verdad sea asumida por los propios
trabajadores en base a su experiencia.
En la cuestin del parlamento es muy ilustrativa la experiencia de la revolucin de Chile de principios
de los aos 70 que acab con el golpe militar de Pinochet.
Cul fue el error de Allende y de los dirigentes socialistas en todo el proceso revolucionario?
Participar en las elecciones? Formar gobierno despus de ganarlas? En absoluto.
Hay que analizar los procesos tal como son. La victoria electoral de Allende fue el producto de una
situacin de enorme radicalizacin de los trabajadores, que haban padecido con miseria y represin
los anteriores gobiernos de la derecha, pero a su vez la victoria de Allende y el hecho de que el
gobierno tomara medidas en beneficio de los trabajadores (gratuidad de la leche en los colegios,
incremento de la escolarizacin, aumentos salariales, construccin de viviendas populares, por
ejemplo) y en contra de los monopolios imperialistas que saqueaban el pas (nacionalizacin de las
minas de cobre), actu como un revulsivo impresionante, animando a las masas a participar
directamente en la toma de decisiones. Por primera vez un gobierno actuaba en su favor y no a
favor de los de siempre, por primera vez la perspectiva era cambiar sus miserables condiciones de
existencia por una vida mejor.
De hecho, la preocupacin para la burguesa y el imperialismo adems de las medidas del
gobierno de Allende, que s afectaron sus intereses era el hecho de que los trabajadores, en
defensa de lo que consideraban su gobierno, haban empezado a establecer el control de las
empresas, a crear comits de abastecimiento y otros rganos de participacin directa al margen de
las instituciones oficiales. Eran medidas que los trabajadores tomaban para contrarrestar el boicot
de la reaccin a las decisiones del gobierno.
El error de Allende no fue participar en las elecciones ni formar gobierno, su error fue confiar en que
era posible alcanzar el socialismo por la va parlamentaria, por la va legal. La victoria de la Unidad
Popular en las elecciones, la formacin de un gobierno de izquierdas, el permanente boicot de la
reaccin al gobierno de izquierdas sirvieron para demostrar ante millones de trabajadores que
efectivamente la nica manera de acabar con la miseria y la opresin era a travs de la revolucin
socialista.
En un momento determinado del proceso, cuando la posibilidad de un golpe militar era ya obvia, los
trabajadores una y otra vez pidieron armas. Ya no era suficiente el voto, ya no eran suficientes las
manifestaciones de apoyo masivas, ya no era suficiente el control de las empresas: era necesario
aplastar a la reaccin y establecer una nueva sociedad en base a una planificacin socialista,
consciente y democrtica de los recursos econmicos.
En vez de aprovechar el enorme potencial revolucionario de las masas y su disposicin a llegar
hasta el final, los dirigentes socialistas y del PCCh optaron en los momentos decisivos por la
moderacin, por llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana para calmar los nimos. Una
situacin funesta de indecisin y parlisis que acab propiciando el golpe.
La experiencia de la Revolucin Chilena fue una leccin sobre todo para el reformismo y su tesis
segn la cual es posible transformar la sociedad utilizando la legalidad y las instituciones burguesas.
Pero esa experiencia no demuestra para nada que desde el punto de los intereses de la revolucin,
la participacin en las elecciones y en el parlamento sean negativas siempre y en todo momento.
Eso, como cualquier otra cuestin tctica, depende del anlisis de las circunstancias concretas. La
clase obrera no vive en una urna de cristal en la que slo tiene odos para los revolucionarios. La
burguesa influye en el modo de pensar de los trabajadores, los reformistas tambin; ciertamente
ms que todo eso influye su propia experiencia, pero eso es un proceso que pasa por diferentes
etapas.
Que el parlamento burgus es una institucin burguesa y que no sirve para transformar la sociedad
es un principio. Pero no es un principio que la mejor manera de que los trabajadores comprendan
eso sea la no participacin en el parlamento as como la no utilizacin de otros recursos legales que
tiene el sistema burgus para defender ideas revolucionarias.
La cuestin es para qu utilizar el parlamento y cmo hacerlo?
Los reformistas utilizan el parlamento como un fin en s mismo, creen que desde all se puede
cambiar sustancialmente la realidad social. Adems lo hacen cayendo en el cretinismo
parlamentario, se acostumbran a las frases grandilocuentes y vacas de contenido para convencer a
sus seoras, y por supuesto a las ventajosas condiciones de vida que otorga el acta de
parlamentario.
En cambio para los marxistas revolucionarios, en un momento determinado, el parlamento puede
ser utilizado como un altavoz de un programa revolucionario. En el parlamento no defenderamos el
consenso ni nos dirigiramos a sus seoras sino directamente a los trabajadores. Defenderamos
un programa basado en la reduccin de las horas de trabajo, la eliminacin de los contratos basura,
en un salario decente para todos y un subsidio de desempleo indefinido para todos los parados
hasta encontrar trabajo. Explicaramos pblicamente cmo saca sus beneficios la Banca, cmo con
su nacionalizacin bajo control obrero se podra utilizar ese dinero para garantizar e incrementar
gastos en sanidad y en educacin. Defenderamos el levantamiento del secreto comercial y
haramos pblicos todos los secretos de Estado. Denunciaramos la propia utilizacin que hacen
los burgueses del parlamento, los sueldos que cobran, sus comisiones, cmo utilizan su tiempo y
sus influencias para sus negocios. Exigiramos tambin que todos los diputados obreros cobrasen el
sueldo de un obrero, explicaramos tambin cmo en la prctica el parlamento no decide nada,
cmo los parlamentarios pueden hacer todo lo contrario de lo que han prometido en la medida en
que no existe la revocabilidad inmediata por parte de los que les han elegido, etc.
Tendra un efecto positivo o negativo esa utilizacin del parlamento en la conciencia de los
trabajadores? Nuestra presencia fortalecera o debilitara esa institucin frente a los trabajadores?
Los reformistas se sentiran ms cmodos o menos cmodos con unos cuantos diputados
marxistas de este tipo en el parlamento? Parece que las respuestas se desprenden por s mismas.
Adems, una tctica correcta presupone un programa correcto.
Ni siquiera todo eso que hemos apuntado agota la cuestin de la tctica frente al parlamento o unas
elecciones. Efectivamente, en momentos determinados, sera correcto el boicot del parlamento. No
hacemos ningn fetiche de la participacin (como lo hacen los reformistas) ni de la no participacin
(como lo hacen los anarquistas).
Lenin, en su maravilloso libro El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, escrito pocos
aos despus del triunfo de octubre, responda de esta manera a los elementos ultraizquierdistas
del comunismo alemn que abogaban por el boicot al parlamento y la salida de los sindicatos:
Aunque no fueran millones y legiones, sino una simple minora de obreros agrcolas la que
siguiese a los terratenientes y campesinos ricos, podra asegurarse ya sin vacilar que el
parlamentarismo en Alemania no ha caducado todava polticamente, que la participacin en las
elecciones parlamentarias y en la lucha desde la tribuna parlamentaria es obligatoria para el partido
del proletariado revolucionario, precisamente para educar a los sectores atrasados de su clase. (...)
Mientras no tengis fuerza para disolver el parlamento burgus y cualquier otra institucin
reaccionaria, estis obligados a actuar en el seno de dichas instituciones, precisamente porque hay
todava en ellas obreros idiotizados por el clero y por la vida en los rincones ms perdidos del
campo. De lo contrario correris el riesgo de convertiros en simples charlatanes*.
Lo ms significativo aqu es el mtodo de Lenin para acercarse a una cuestin tctica. Respecto al
parlamento, hay que utilizarlo: 1) para denunciar el sistema y 2) mientras no haya fuerza suficiente
para apoyarse en los organismos revolucionarios creados por la propia clase trabajadora para
destruir el aparato del Estado.
Como se ve, la postura marxista nada tiene que ver con el reformismo ni con el formalismo
antiparlamentario de los anarquistas. En momentos determinados la burguesa se ve obligada a
conceder una serie de derechos democrticos y una serie de mejoras econmicas para evitar
perderlo todo; en otros momentos, como se vio en la revolucin espaola de los aos treinta o en los
aos setenta en Chile y Argentina, opta por suprimir hasta los mnimos derechos democrticos y
establece dictaduras feroces.
Para los marxistas no hay ninguna duda de que la democracia burguesa sigue siendo un
instrumento de dominacin de clase. De hecho las decisiones fundamentales que afectan a la vida y
al futuro de la mayora de las personas, no se toman ni siquiera en el parlamento sino en los
consejos de administracin de las grandes empresas, bancos y monopolios y en los estados
mayores. En las inversiones, los despidos, en lo que se produce o se deja de producir no interviene
para nada el parlamento; lo mismo ocurre con los aspectos fundamentales del funcionamiento del
Estado, que se llevan con un sigilo extremo.
Por otro lado no hay que confundir los juicios con los prejuicios. La participacin electoral de los
trabajadores no es una aceptacin del sistema, de la misma manera que la aceptacin de un
salario, mientras exista capitalismo, no es la aceptacin de la explotacin.
Los trabajadores no votan a los partidos obreros que tienen direcciones socialdemcratas o
estalinistas porque sean borregos y estn con la cabeza comida, ni porque estn de acuerdo con
su poltica. El voto no se contradice con la lucha prctica. Salvando todas las distancias cuando los
trabajadores votaron al Frente Popular en febrero del 36 no lo hicieron por borreguismo, porque
aceptasen el sistema o porque pasaran por alto todos los errores de la poltica de los dirigentes de
los partidos obreros. Saban, a pesar de que los dirigentes no tena un programa revolucionario y
muchos de ellos haban jugado un papel nefasto en el 31-33, que votar a la derecha fascista era un
suicidio. En cierta manera las masas trabajadoras establecieron un pacto con sus dirigentes y la
prueba ms palpable de que eso no era aborregamiento fue el hecho de que meses despus la
masas pasaron a la accin revolucionaria contra el fascismo en la calle. La propia CNT, como hemos
visto, tuvo que abandonar su postura abstencionista que tan desastrosas consecuencias tuvo en
1933. Durruti, abiertamente, pidi el voto al Frente Popular para liberar presos polticos del Bienio
Negro.
Por un sindicalismo revolucionario
Hemos dicho que el dominio ideolgico de la burguesa y la rutina son dos factores fundamentales
para la supervivencia del sistema. Un factor que viene a complicar an ms todo el proceso es la
existencia de organizaciones de la clase obrera, con influencia de masas, cuya direccin acepta, en
la teora y en la prctica el sistema capitalista como nico posible.
Por tanto en esta evolucin de la conciencia de la clase trabajadora a la conclusin de la necesidad
de la revolucin socialista no slo aparecen como obstculo los prejuicios y las ideas que transmite
la burguesa directamente sino la que transmite la burguesa a travs de los dirigentes de la clase
obrera.
Desde el punto de vista del marxismo revolucionario es necesario defender un programa y unos
mtodos que ayuden a comprender a los trabajadores y la juventud no slo el papel del capitalismo
y de la burguesa sino del reformismo. Hay que demostrar la incapacidad del programa reformista de
satisfacer las necesidades de los oprimidos, y restar as su influencia a favor de las ideas
revolucionarias. Este ltimo aspecto es importante sobre todo porque en momentos determinados la
burguesa, una vez ha usado a los dirigentes reformistas de la clase obrera y stos estn
desprestigiados, trata de que este desprestigio favorezca directamente a las ideas reaccionarias.
Respecto a la actitud de los revolucionarios en las organizaciones dominadas por los reformistas,
una vez ms, lo importante es el mtodo para llegar a una tctica adecuada, huyendo de recetas
preconcebidas.
Para restar influencia a los dirigentes reformistas son necesarias dos condiciones: que quede en
evidencia que el programa reformista no sirve desde el punto de vista de las aspiraciones de las
masas y, no menos importante, que existe una alternativa a ese programa.
Para ese punto volvemos una vez ms al citado libro de Lenin:
Deben entrar los revolucionarios en los sindicatos reaccionarios? Los izquierdistas alemanes
consideran que pueden responder con una negativa absoluta a esta pregunta. A su juicio, el vocero
y los gritos de clera contra los sindicatos reaccionarios y contrarrevolucionarios (...) bastan para
demostrar la inutilidad y hasta la inadmisibilidad de que los revolucionarios, los comunistas, acten
en los sindicatos contrarrevolucionarios (...).
Los sindicatos fueron un progreso gigantesco de la clase obrera en los primeros tiempos del
desarrollo del capitalismo por cuanto significaba el paso de la dispersin y de la impotencia de los
obreros a los rudimentos de la unin de clase. Cuando empez a desarrollarse la forma superior de
unin de clase de los proletarios, el partido revolucionario del proletariado (que no merecer este
nombre hasta que no sepa ligar a los lderes con la clase y las masas en un todo nico e
indisoluble), los sindicatos comenzaron a manifestar fatalmente ciertos rasgos reaccionarios, cierta
estrechez gremial, cierta tendencia al apoliticismo, etc. Pero el desarrollo del proletariado no se ha
efectuado ni ha podido efectuarse en ningn pas de otro modo que por medio de los sindicatos y
por su accin conjunta del partido de la clase obrera (...).
Los mencheviques [reformistas] de Occidente se han atrincherado mucho ms slidamente en los
sindicatos, ha surgido all una capa mucho ms fuerte que en nuestro pas de aristocracia obrera,
profesional, mezquina, egosta, desalmada, vida, pequeoburguesa, de espritu imperialista,
comprada y corrompida por el imperialismo. (...) Es preciso librar una lucha implacable y continuarla
de manera obligatoria, como hemos hecho nosotros [los bolcheviques], hasta poner en la picota y
arrojar de los sindicatos a todos los jefes incorregibles del oportunismo (...).
Pero la lucha de la aristocracia obrera la sostenemos en nombre de las masas obreras y para
ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunista y socialchovinistas la sostenemos
para ganarnos a la clase obrera. Sera necio olvidar esta verdad elementalsima y ms que evidente.
Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes de izquierda, los cuales
deducen del carcter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la
conclusin de que es preciso... salir de los sindicatos!! Renunciar al trabajo en ellos!! Crear
formas de organizacin nuevas, inventadas!! Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor
servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesa (...).
No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras,
insuficientemente desarrolladas o instruidas, a la influencia de las ideas reaccionarias, de los
agentes de la burguesa, de los obreros aristcratas. (...) Para saber ayudar a la masa y conquistar
su simpata, su adhesin y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las quisquillas, las
zancadillas, los insultos y las persecuciones de los jefes (...) y se debe trabajar sin falta all donde
estn las masas .
La lnea divisoria entre una poltica reformista o revolucionaria no estriba en absoluto en la
participacin o no en los sindicatos y en las organizaciones de trabajadores. Al igual que en el caso
de las elecciones y el parlamento la cuestin clave es para qu y cmo.
La tctica es algo flexible, lo importante es el objetivo que se persigue: restar influencia al
reformismo y ganar influencia para las ideas revolucionarias. Como hemos repetido la revolucin es
un proceso de masas, por tanto el objetivo es ganarlas. Slo lo podremos hacer si contrastamos
nuestras ideas con las de los reformistas all donde estn los trabajadores.
Ni siquiera eso agota la cuestin de las organizaciones de la clase obrera. En cada etapa del
proceso revolucionario la clase obrera crea y participa en determinados organismos. La forma ms
elemental de organizacin son los sindicatos y los partidos obreros pero en momentos de auge en la
lucha se crean comits de fbrica con la participacin de sectores no organizados, esos comits se
pueden crear en comunidades de vecinos, institutos, etc. y luego unirse creando organismos ms
amplios. Asambleas de barrios o incluso de localidad que asumen no slo la defensa de
determinadas reivindicaciones sino que empiezan a gestionar directamente aspectos de la vida
cotidiana. Eso lo vimos en los Chile en la poca de la Unidad Popular, en Portugal tras la revolucin
de abril de 1974, en Albania en febrero de 1997, en Rusia en 1917, y en estos momentos en los
acontecimientos revolucionarios de Argentina. Esos rganos son bastante ms amplios y
democrticos que los sindicatos, eligen y revocan a sus representantes de forma permanente segn
la evolucin de los acontecimientos. La discusin y la toma de decisiones es mucho ms fluida que
ningn otro tipo de organizacin. Esos organismos son caractersticos de perodos
prerrevolucionarios o revolucionarios y son extremadamente participativos.
Eso no significa que la consigna central que debamos lanzar los revolucionarios ahora en el Estado
espaol sea la formacin de comits obreros; ahora el punto central es transformar los sindicatos en
autnticas organizaciones de lucha sobre la base de la defensa de un programa revolucionario y el
combate contra la burocracia sindical. En el futuro la batalla tendr otro carcter; en una situacin
revolucionaria donde la cuestin fundamental sea el triunfo de la revolucin o de la contrarrevolucin
la participacin de los trabajadores superar los estrechos lmites organizativos y polticos de los
sindicatos y el punto en el que tendramos que poner nfasis sera otro.
La tctica, las medidas a corto plazo, siempre deben estar supeditadas a la estrategia que es la
transformacin socialista de la sociedad. En todo caso el objetivo siempre es ayudar a crear un
movimiento independiente y revolucionario de la clase obrera.
Como dice Kropotkin, en la medida en que las masas adquieren ms confianza en s mismas
pueden ampliar bravamente su programa y sus exigencias. Efectivamente una reivindicacin
bsica siempre es algo relativo, depende de la experiencia del propio movimiento. En la Revolucin
Rusa en febrero de 1917 era bsico reivindicar Pan, Paz y Tierra como lo hacan los bolcheviques,
pero a partir de un momento determinado, por la propia evolucin de los acontecimientos y la
experiencia de la clase obrera era fundamental, para hacer posible esas aspiraciones, la
reivindicacin de Todo el poder para los soviets. Las reivindicaciones inmediatas cambian.
Una vez ms vemos cmo lo importante es el mtodo y no un recetario de libro aparentemente
infalible y radical.
Ligar las aspiraciones inmediatas con una perspectiva de lucha ms amplia es fundamental para
que el movimiento avance, adquiera conciencia de su papel, de las tareas que estn por delante.
Pero no siempre esta relacin se establece fcilmente ni con la suficiente rapidez como para que
este movimiento o lucha obtenga una victoria. De ah que sea decisiva la existencia de una
organizacin revolucionaria con una influencia de masas que haya asimilado la experiencia histrica
de la lucha de los trabajadores y se haya ganado una autoridad en el propio movimiento. Se podr
estar de acuerdo o no con la Revolucin Rusa, pero lo que est claro es que sin el Partido
Bolchevique sta no hubiese triunfado; hubiese sido descarrilada por los mencheviques y
socialrevolucionarios (am-bos partidos eran reformistas).
La idea Todo el poder para los soviets reflejaba el sentir mayoritario de las masas trabajadoras en
un momento determinado de la lucha, en Octubre de 1917; pero los bolcheviques la defendieron
desde antes, cuando todava no estaba asumida por la mayora de los trabajadores. Los
bolcheviques confiaban en que su postura conectara con los trabajadores en la medida en que
stos iban aprendiendo de la experiencia, de la incapacidad del gobierno Kerenski para acabar con
la participacin de Rusia en la guerra, para dar la tierra a los campesinos, poner fin al colapso
econmico y frenar a la reaccin interna.
Una de las acusaciones clsicas de los reformistas contra los marxistas es de reivindicar cosas que
no piensa la gente, de ser unos visionarios, de estar desconectados de la realidad cotidiana. De
hecho uno de los mtodos de los dirigentes reformistas para mantener el movimiento obrero dentro
de unos lmites tolerables para el capitalismo es aislarlo en luchas de barrio, de fbrica, de
comunidad, evitando como a la peste un movimiento general de la clase obrera. La razn es
sencilla, un movimiento general de la clase pone ms en evidencia las carencias generales del
sistema, exige por tanto una alternativa general al sistema que los reformistas no tienen.
Durante todo el proceso de desmantelamiento industrial de principios de los aos ochenta
emprendido por los gobiernos del PSOE, vimos cmo los dirigentes sindicales hicieron lo posible, y
lo consiguieron, para evitar un movimiento estatal de la clase obrera contra la destruccin de
empleo. En lugar de organizar una lucha coordinada y contundente, empezando por una huelga
general de 24 horas planteando la oposicin a la destruccin de un slo empleo, dividieron la lucha
en lneas nacionales. Canalizaban el descontento con consignas como Salvar Galicia, Salvar
Asturias, Salvar Cantabria. Est claro que eso conectaba con un sentir general y muy inmediato
puesto que comarcas enteras fueron afectadas por la desertizacin industrial, pero, en vez de hacer
avanzar la lucha, en vez de fortalecerla unificndola en todo el pas y dndole una perspectiva ms
amplia, la mantuvieron en compartimentos estancos, explotando los prejuicios nacionales. Un da se
convocaba en una comarca, otro da en una comunidad, otro da en otra y as hasta que el
movimiento descenda y se acababan las movilizaciones porque no hay ambiente o porque la
gente no quiere luchar ms, etc.
Una lucha contundente y coordinada s hubiera podido parar esos planes, por lo menos
temporalmente, pero hubiera puesto ms en evidencia la necesidad de una alternativa a los
argumentos del gobierno que planteaba la necesidad de acabar con el dficit, la necesidad de ser
competitivos en el mercado internacional, etc. La reconversin industrial era una necesidad del
capitalismo y no una necesidad de la economa en abstracto. La nica manera de salvar los
puestos de trabajo era mediante la nacionalizacin de las empresas en crisis bajo control obrero
unido a la expropiacin de la banca y de los grandes monopolios para que dentro de un plan
Johann Most, un anarquista de finales del siglo XIX que se afinc en EEUU, public un folleto en
1885 titulado significativamente: Ciencia de la guerra revolucionaria: Manual de instruccin en el
uso y preparacin de nitroglicerina, dinamita, algodn, plvora, mercurio fulminante, bombas,
fulminantes, venenos, etc., etc..
Ese apasionado de la accin individual deca que al proporcionar la dinamita a los millones de
oprimidos del globo, ha hecho la ciencia su mejor obra. La preciosa sustancia puede llevarse en el
bolsillo sin peligro, al tiempo que es un arma formidable contra cualquier fuerza militar, polica o
detectives que se propongan ahogar el grito en favor de la justicia que surge de los esclavos
vctimas de la explotacin.
Sin embargo la qumica no ha podido sustituir a la poltica ni, como dira Trotsky, la educacin
poltica no puede ser sustituida por la sensacin poltica.
Los marxistas no estamos en contra del terrorismo individual por razones morales sino porque
dificulta el proceso de toma de conciencia y altera la correlacin de fuerzas entre la burguesa y la
clase obrera a favor de aqulla.
La lucha contra el Estado burgus jams ser victoriosa si se enfoca como un simple combate de
individuos armados contra el conjunto del sistema. La fuerza fsica es el lado menos vulnerable del
Estado. Ningn individuo ni comando especial puede reunir ms fuerzas que el ejrcito y la polica.
Las bajas causadas con el asesinato de generales, empresarios u otros representantes del Estado
burgus, son rpidamente sustituidas. En cambio las bajas que la represin puede causar entre los
jvenes y trabajadores luchadores son mucho ms dainas y difciles de restituir.
La experiencia de las acciones de ETA son enormemente esclarecedores acerca de los efectos
perniciosos que produce el terrorismo individual. Los atentados terroristas no slo no ayudan, sino
que dificultan tremendamente la compresin del autntico carcter de clase que tiene el Estado. El
terrorismo individual, que es un fenmeno que tiene races polticas, no es la causa de la represin,
la responsabilidad de ella es de la burguesa, pero los atentados facilitan la tarea de justificar las
medidas represivas ante la poblacin. Ayudan a justificar la aplicacin de medidas reaccionarias, el
reforzamiento del aparato represivo; medidas todas que luego no slo se utilizan contra los grupos
terroristas sino contra el movimiento obrero, juvenil y sus organizaciones.
En la medida que los grupos terroristas, o los grupos de conspiracin basados en mtodos
individuales, fracasan en su enfrentamiento con el Estado ayudan a fortalecer la idea de que el
Estado burgus es fuerte, indestructible. Fortalecen la idea que ms tenemos que combatir.
La accin directa organizada de las masas, aun con objetivos modestos, tiene un valor infinitamente
ms importante que la espectacularidad de la accin individual. La lucha reivindicativa basada en las
huelgas, en las manifestaciones ponen en evidencia las contradicciones de todo el sistema, ms all
del odio individual a sus representantes. Adems, las organizaciones de tipo terrorista, que
conspiran en pequeos grupos y en la clandestinidad, tienden a crear un modo de vida propio,
desligado de la lucha diaria de las masas, el mejor caldo de cultivo para el desarrollo de vicios
burocrticos.
Los marxistas no renunciamos al uso de la fuerza para defendernos de las agresiones de la
burguesa, pero sabemos que incluso el pilar fundamental del Estado burgus, el ejrcito, sufre en
su seno la polarizacin entre las clases que se da en situaciones revolucionarias.
Todas las revoluciones provocan tensiones en lneas de clase dentro del aparato del Estado,
especialmente del ejrcito. Esta escisin puede llegar tan lejos como vimos en la revolucin en
Portugal en 1974 en la que los soldados y suboficiales se unieron a los trabajadores y a los jvenes
dejando a la burguesa totalmente impotente para recuperar el orden. Cuando un movimiento
revolucionario alcanza proporciones verdaderamente de masas, con objetivos claros y una direccin
decidida, la destruccin del Estado burgus puede ser una tarea relativamente pacfica. La
revolucin rusa es otro ejemplo de cmo se destruy la otrora todopoderosa maquinaria represiva
del Estado zarista sin apenas derramamiento de sangre, insignificante comparado con los
accidentes laborales, los millones de muertos por hambre y enfermedad o las vctimas inocentes de
las agresiones imperialistas que se producen bajo el capitalismo.
verdadero epicentro se situ en Catalua, cuna y hogar siempre ardiente del movimiento libertario. Y
no iba a tardar en convertirse en un Estado dentro del Estado en el seno de la CNT*.
Como vemos toda una oda al espontaneismo. Es de destacar que el hecho de que la FAI empezara
como grupos autnomos no impidi que acabaran siendo un Estado dentro del Estado. Pretender
que la FAI, cuya cohesin se basaba en la intransigencia ideolgica de sus miembros, fuera un
grupo apoltico, es poco menos que ridculo.
Finalmente, lo ms significativo de todo eso es que, aparte de contradecirse con los postulados
antiautoritarios que conforman los pilares del anarquismo, toda la intransigencia contra el Estado y
la contemporizacin no impidi que en los momentos decisivos de la Revolucin espaola los
dirigentes de la CNT contribuyeran a la reconstruccin de Estado burgus y contemporizaran con los
postulados del estalinismo y del reformismo, como ya hemos explicado en pginas anteriores.
El movimiento anarquista siempre ha tenido sus propios lderes. No era un lder, por su autoridad
moral y su capacidad de inspiracin, Bakunin? No era un lder Durruti? No fue un individuo con la
capacidad, la trayectoria y la experiencia suficientes para organizar a decenas de miles de milicianos
en el frente de Aragn para hacer frente a los fascistas? Si eso no es un lder qu es? Es ms,
qu anarquista, en su sano juicio, considerara negativo la existencia de este tipo de lderes, en
plena batalla contra los fascistas? Acaso no sera mejor mil lderes como Durruti?
Por ltimo, acaso Durruti no tena que tomar decisiones en plena batalla? Acaso cualquier cambio
tctico del enemigo no implicaba la necesidad de tomar decisiones que afectaban a otros
individuos?
El ejemplo militar tambin es aplicable en tiempos de paz, en el que la lucha de clases no
desaparece. Todo eso parece obvio.
El movimiento anarquista tena sus lderes, tena su estrategia, su tctica, en definitiva su propia
poltica. Si a consecuencia de sus postulados tericos a todas luces impracticables no daban a
la lucha poltica todo el empuje necesario, si a consecuencia de sus prejuicios no daban la suficiente
cohesin al movimiento, eso es otra discusin, pero lo que es innegable es que pese a todo
incluso la defensa del abstencionismo poltico el movimiento anarquista era un movimiento poltico
con todas sus manifestaciones.
No sera verdaderamente pattico que una organizacin que agrupaba millones de trabajadores,
los ms combativos, no pudiesen tomar decisiones y llevarlas a la prctica para no incurrir en el
pecado del autoritarismo? No era cierto que estas decisiones, cualesquiera que fuesen, afectaban
la voluntad de otros individuos que pudiesen tener ideas contrarias.
Acaso no podemos llegar finalmente a la conclusin de que sin organizacin, sin actuar de una
forma coordinada, sin la aceptacin por parte de la minora de las decisiones de la mayora, sin
delegar tareas determinadas, la clase obrera se limitara simplemente a ser una masa indefensa de
explotados a merced de las decisiones de la burguesa?
Los trabajadores y la juventud slo despliegan todo su potencial revolucionario cuando actan
colectivamente, como clase. Hay un principio del materialismo dialctico segn el cual el todo no es
la simple suma de las partes. Eso es verdad en la naturaleza y en la sociedad.
El hecho de que la clase obrera tienda precisamente a actuar como clase, de una forma colectiva,
sacrificando sus intereses e inclinaciones individuales por los intereses generales, es una
caracterstica peculiar de la clase obrera que la distingue de las dems clases sociales, que surge,
como hemos apuntado anteriormente, de su posicin en la produccin.
Un trabajador sabe que el sistema ferroviario de un pas, por ejemplo, no podra funcionar sin un
determinado grado de organizacin. Tiene que haber una determinada divisin del trabajo, unos
horarios de trabajo, alguien tiene que decidir qu tren tiene la preferencia de paso cuando coinciden
en su trayecto por una sola va. La autoridad y la disciplina tambin es necesaria para su
funcionamiento, hay que aceptar unos horarios de entrada y de salida. Si un individuo se dedicara a
cambiar los semforos de las vas graciosamente, siguiendo su libre albedro, todos estaran de
acuerdo en que este empleado, muy a pesar de sus derechos individuales, debe ser apartado del
trabajo.
Un factor ms porque no es el nico; en una organizacin, puede haber control burocrtico, formal o
informal, sin que exista ni un slo liberado. Y eso no es cierto slo en las grandes organizaciones
sino en las pequeas. Muchas veces la informalidad, las organizaciones en las que nadie es
responsable de nada, la inexistencia de un organismo al que se le pueda exigir responsabilidades,
es el mejor caldo de cultivo para un control burocrtico de hecho por parte de una pequea minora.
Al final acaba decidiendo el que ms experiencia tiene, el que ms autoridad tiene, pero sin ningn
tipo de mecanismo efectivo de participacin y de control por parte de los dems.
Eso puede darse incluso en una asociacin de vecinos, en un equipo de ftbol sin la existencia,
insistimos, de ningn liberado.
En la situacin actual la lucha contra la burocratizacin de los sindicatos no pasa por plantear que
desaparezcan los aparatos, los liberados, o los dirigentes en general. Por cierto, en ese mismo
tipo de propaganda se basa la demagogia fascista. En un momento determinado, cuando la mera
existencia de sindicatos o de un cierto nivel de organizacin de los trabajadores es un estorbo para
los planes empresariales, la burguesa pasar a la ofensiva ideolgica contra la existencia de
sindicatos en las empresas, las subvenciones, los liberados, el acoso de los aparatos sindicales a
la libre empresa, etc... Lo har con el objetivo de desorganizar el movimiento, de atomizarlo, de
confundirlo. Su tctica se basa en oponer a los sectores ms atrasados de la clase a los ms
avanzados, los ms organizados.
Independientemente de que el planteamiento anarquista no tiene esas intenciones, lo importante es
la lgica interna que esos planteamientos implican. Unas consignas determinadas acaban
determinando la composicin de un movimiento y un movimiento basado en ideas antiorganizacin,
antiliberados, antidirigentes puede atraer, temporalmente, a sectores luchadores de la juventud pero,
inevitablemente, tambin resulta un referente ptimo para todo tipo de elementos desclasados,
quemados por el sistema pero incapaces de construir nada.
El problema no es que los sindicatos tengan un aparato, tengan liberados, etc.; el problema es para
qu los tienen, cmo se utilizan, y efectivamente en una mayora de casos son instrumentos para la
paz social, la desmovilizacin y la colaboracin de clases. La cuestin no es negar la utilidad de
estos medios, sino el hecho de que estos medios no se utilizan para fines revolucionarios, de
impulsar la lucha, organizar el movimiento y elevar el nivel de conciencia de la clase obrera.
Por ejemplo qu podran hacer los sindicatos frente a la privatizacin de la Sanidad que el PP est
poniendo en marcha a travs de las Fundaciones? No podran responder sacando millones de
panfletos explicando y denunciando estas medidas? No podran organizar debates en todas las
empresas importantes, en todos los barrios? No podran impulsar la creacin de comits en
defensa de la sanidad pblica para preparar movilizaciones contra esa medida? No podran poner
a su disposicin el conocimiento y los datos de decenas de mdicos y especialistas simpatizantes o
afiliados a los sindicatos para demostrar que se utiliza la medicina como un negocio ms?
Qu no podran hacer con todos los medios que tienen?! El problema no son los liberados, el
problema es qu tipo de liberados, sobre qu criterios polticos y organizativos se forman. Lo que
hay que hacer por lo tanto no es acabar con los sindicatos mayoritarios ya quisieran los
empresarios que ni siquiera existieran sindicatos! Lo que hay que hacer es recuperarlos para la
lucha, para los intereses de los trabajadores. Lo que hay que hacer es poner el aparato a
disposicin de los trabajadores y no al revs. Eso slo se puede hacer ofreciendo una alternativa en
positivo y dentro de los sindicatos, por supuesto no para convencer a los dirigentes sino para
convencer a los trabajadores que ah participan. Salir de los sindicatos de clase, crear sindicatos
rojos, puros, no contaminados, es aislar a la vanguardia del conjunto de los trabajadores, y por
tanto, dejar el terreno despejado a la burocracia para que siga controlando estas organizaciones a
su antojo.
Las asambleas
Los marxistas defendemos las asambleas y la participacin democrtica de los jvenes y los
trabajadores en la toma de decisiones, frente a los mtodos burocrticos de las direcciones
reformistas. De hecho las acusaciones de los anarquistas contra el marxismo en esta cuestin no
tienen ningn fundamento; el problema es que para los anarquistas el mtodo asambleario se ha
convertido en un ritual formalista.
En primer lugar una asamblea es un instrumento de participacin y de decisin y de lucha del que se
ha dotado el movimiento obrero desde su existencia, no es por lo tanto un invento anarquista. En
una asamblea de trabajadores en una fbrica pueden participar todos los trabajadores, de todos los
sectores de la empresa, y de toda procedencia poltica o sindical, estn organizados o no. Lo bueno
de la asamblea es que une a todos los trabajadores en un mismo organismo.
Pero la asamblea no est contrapuesta por lo tanto a la existencia de organizaciones polticas y
sindicales, ni a la delegacin de tareas, ni a la poltica, ni nada similar. En una asamblea se debaten
las diferentes propuestas y luego se toman decisiones para luchar, o bien por un convenio, por
reivindicaciones polticas o de solidaridad.
Sin esa dinmica, sin ese contenido, sin ese sentido la asamblea se desvirta. No es lo mismo una
asamblea de 500 que una asamblea de 5. No es lo mismo una asamblea donde slo se debata pero
no se tomen decisiones. No es lo mismo una asamblea en la que nadie se responsabilice de nada, a
que se tomen medidas prcticas para ejecutar lo que se decide. En definitiva, no es lo mismo una
asamblea en el sentido que hemos descrito a un simple grupo de discusin.
Las propuestas de los partidos y de los sindicatos no slo no tienen por qu entrar en contradiccin
con la participacin y el funcionamiento de las asambleas sino que pueden impulsarlas y
dinamizarlas. De hecho eso ocurre as porque los sectores ms inquietos del movimiento suelen
estar organizados. En la Transicin, las asambleas de fbrica ligadas a luchas por mejoras de las
condiciones, de lucha contra la dictadura, de solidaridad internacional..., fueron organizadas por
afiliados a los sindicatos y partidos obreros, especialmente por militantes del PCE.
Ciertamente puede ocurrir y ocurre, que los dirigentes de los sindicatos eviten esas asambleas para
que su poltica no sea cuestionada por los trabajadores, que se tomen decisiones al margen de la
opinin de los trabajadores, a espaldas de los trabajadores. Eso est mal y hay que denunciarlo
activamente. Hay que fomentar las asambleas y no slo eso, sino tambin que el contenido de las
asambleas sea el que interese a los trabajadores y a la lucha.
Convertir las asambleas en algo contrapuesto a los partidos de izquierda (en realidad los partidos de
derechas no van a las asambleas de trabajadores), hasta el punto de defender su desaparicin o
que los miembros de estos partidos no se puedan expresar como tales en las asambleas, no puede
ser ms reaccionario y es un indicativo de hasta qu punto, mediante el ideario anarquista, se puede
llegar a las formulaciones ms autoritarias imaginables.
Con la lgica del razonamiento anarquista sobre las asambleas se puede llegar al absurdo de que
una asamblea de diez personas o cien, da igual, decida lo que puede hacer o no un grupo poltico
determinado.
En realidad, muchas asambleas convocadas por los anarquistas, sobre todo en el mbito
universitario, en las que no hay ni orden del da y se tienen discusiones interminables sobre la
verticalidad u horizontalidad de las organizaciones, sobre lo imprescindible que es la inexistencia
de lderes, aburren y repelen a la gente normal que realmente quiere luchar y que acaba no
participando en este tipo de asambleas. Con lo cual podramos llegar a una situacin en la que toda
la autoridad de la sacrosanta asamblea en realidad una reunin anarquista es empleada para
desautorizar, incluso para limitar y prohibir a los que plantean otras ideas y propuestas por el hecho
de ser militantes de partidos.
Los anarquistas, segn ellos mismos, nunca son militantes de partidos. En realidad se organizan en
torno a unas ideas, tienen una concepcin de la sociedad, de los mtodos de lucha, pero nunca
crean partidos. Los partidos siempre son los otros. Ellos slo son una suma de individuos.
Pero los individuos que defienden organizadamente otras ideas que no son anarquistas ya pierden
el estatus, tambin sacrosanto, de individuo; automticamente es un borrego, una mera correa de
transmisin.
Ahora bien, en el caso de que los anarquistas estn en minora en una asamblea y sta se decida
por una accin o mtodo de lucha determinado, contrario a los planteamientos anarquistas,
entonces la asamblea est manipulada, no es autntica, ha sido organizada verticalmente tal
antroplogos actuales, como Richard Leakey, denomina la poca de la sociedad cazadorarecolectora. De hecho esta etapa dur muchsimo ms tiempo que la historia de los ltimos 4.000
aos en los que bajo distintas formas existi el Estado.
Para los anarquistas, tanto la aparicin como la desaparicin del Estado dependen de la lucha entre
principios que existen al margen de la vida real.
Para los marxistas el Estado no es un acontecimiento arbitrario y accidental en la historia de la
humanidad. No se puede explicar por el resultado de la lucha entre el principio de la Autoridad y el
principio de la Igualdad, entre una idea y otra idea. Tampoco se puede explicar por el hecho de que
un da un grupo de personas tiene la ocurrencia de armarse y apropiarse del trabajo de los dems y
que por lo tanto el remedio para la desaparicin del Estado es volver a desarmarlos y reestablecer la
armona natural entre los hombres.
Para el marxismo el Estado no es la materializacin de una idea, de una ocurrencia, sino un rasgo
distintivo de un periodo de la humanidad en el que existen clases sociales. La existencia de clases
sociales a su vez es producto de un estadio determinado del desarrollo de las fuerzas productivas.
Veamos un ejemplo concreto: por qu durante la mayor parte de la historia de la humanidad, en el
llamado comunismo primitivo, no existi el Estado? Por la sencilla razn de que los medios de los
que dispona la humanidad para extraer de la naturaleza los recursos necesarios para su
subsistencia eran tan primitivos que todo lo producido se consuma inmediatamente. El trabajo
global creado por un grupo de humanos en la sabana africana no generaba ningn excedente lo
suficientemente grande como para que otro grupo de personas propusieran quedarse con l para
vivir sin trabajar. A buen seguro que en la sociedad primitiva haba gente con caracteres muy
diversos, unos ms listos, otros ms generosos, ms tmidos, ms giles, ms torpes, etc... Incluso
existan individuos que por sus caractersticas individuales tenan ms autoridad moral en el
conjunto de la comunidad, por su habilidad a la hora de resolver problemas, por su comprobada
honradez, por lo acertado de sus juicios morales, en fin, por lo que sea. Pero esas diferencias entre
humanos que existieron y existirn siempre no eran suficientes, por s mismas, para que se
materializaran en la formacin del Estado.
Incluso en el improbable caso de que en este estadio de desarrollo de la economa algn individuo o
grupo de individuos hubiera sido ganado por ese principio de la Autoridad, que segn los
anarquistas, siempre ha estado presente en los cielos de la historia humana, habran fracasado
irremisiblemente. Si un grupo armado tuviera xito en expropiar a los productores parte de la riqueza
creada con su trabajo, stos habran muerto porque conseguan, debido al atraso tcnico, lo justo
para su subsistencia. Pero un sistema que mata a los explotados termina con la fuente de la que
extraen beneficios. Es absurdo!
Con el desarrollo de las fuerzas productivas es cuando surge la posibilidad de apropiarse el
excedente del trabajo ajeno, es cuando puede cuajar la tentacin de vivir sin trabajar, es cuando
puede materializarse la idea de utilizar un grupo de hombres armados para defender la propiedad
privada.
El Estado no es de ningn modo un poder impuesto desde fuera a la sociedad; tampoco es la
realidad de la idea moral, ni la imagen y la realidad de la razn como afirma Hegel. Es ms bien un
producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado*.
Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin l,
que no tuvieron la menor nocin del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo
econmico, que estaba necesariamente ligada a la sociedad divida en clases, esta divisin hizo del
Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la
produccin en que la existencia de estas clases no slo deja de ser una necesidad, sino que se
convierte en un obstculo directo para la produccin. Las clases desaparecern de un modo
inevitable como surgieron en el tiempo. Con la desaparicin de las clases, desaparecer
inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de nuevo la produccin sobre la base de una
asociacin libre de productores iguales, enviar toda la mquina del Estado al lugar que entonces le
ha de corresponder: al museo de antigedades, junto a la rueca y el hacha de bronce**.
He aqu un ejemplo difano, cientfico, no idealista, que explica la relacin existente entre el grado
de desarrollo econmico, la existencia de las clases sociales, y el Estado.
Cmo lo presenta la burguesa
La burguesa transmite la idea de que el Estado es necesario porque sin Estado surgira el caos.
Para la clase dominante, sin Estado, sin autoridad, la naturaleza humana, que es egosta y perversa,
provocara una situacin de barbarie. Como dice el refrn cree el ladrn que todos son de su misma
condicin.
La polica existe para encarcelar a los ladrones y, en las pausas de su lucha contra el mal, para
ofrecerse simpticamente a ayudar a las viejecillas a cruzar la calle. Con los jueces sucede algo
parecido. Son los portadores de la justicia, son los que entienden de leyes y son los que deben
decidir quin tiene la culpa y cul es el castigo a la infraccin cometida. As la burguesa pretende
convencernos de que el Estado es necesario como organizador de la sociedad como contrapeso a
la naturaleza humana que es intrnsecamente egosta y que est por encima de los intereses de
clase, garantizando la igualdad de derechos de todos los individuos por igual, sean ricos o sean
pobres.
La idea de la necesidad del Estado cala hondo en la sociedad por el enorme peso de la rutina
cotidiana. Desde su nacimiento hasta su muerte, generacin tras generacin, ha convivido con el
Estado. La idea de que siempre ha existido el Estado y que por tanto es razonable que siga
existiendo siempre surge de ah. Sin embargo eso no es cierto como antes hemos explicado.
Por otro lado los dirigentes reformistas de los partidos obreros se han contagiado de la ideologa de
la burguesa y de esa rutina que impregna a toda la sociedad. Cuando se ven aupados al gobierno
por el voto de los trabajadores o presienten que van a serlo, les entran sudores fros al pensar que
se pueda hacer cualquier tipo de poltica sin burcratas y sin una enorme cantidad de oficinas y
trmites. La base de esta actitud es esa visin miope y administrativa de hacer poltica, producto
de la desconfianza en la participacin activa de la clase trabajadora en la gestin de sus propios
asuntos y del pnico a un enfrentamiento con el aparato represivo del Estado, que en el fondo viene
a ser lo mismo.
Por tanto, concebido como un elemento por encima de la sociedad, como un cuerpo especializado
en la administracin de la sociedad, con gente formada para gobernar, juzgar, encarcelar..., el
Estado aparece como algo inmutable e incuestionable. Sin embargo los marxistas explicamos que el
Estado no es necesario, porque en caso de ser necesarias estas funciones, las puede asumir la
misma sociedad sin destacamentos especiales, como explicaremos ms adelante.
Ahora bien, el Estado no es slo un cuerpo extrao que se sita por encima de la sociedad, no es
slo un destacamento especial sino un destacamento especial al servicio de una clase social
determinada. Es fundamentalmente un instrumento de represin de clase. Es lgico que el Estado
est al servicio de la clase social ms rica, que es en definitiva quien puede pagar y mantener a este
destacamento especial, que no obtiene sus recursos participando directamente en el proceso de
produccin.
El Estado y la existencia de clases
El nacimiento del Estado se remonta al surgimiento de las clases sociales y est vinculado
indisolublemente a l. Por cierto, cuando se emplea el trmino necesario en un sentido histrico
amplio, no se puede confundir con deseable o como la expresin de una voluntad subjetiva. Si te
sumerges en un barril de cido sulfrico durante tres horas te mueres necesariamente, pero esa
afirmacin no expresa ningn deseo subjetivo de quien la formula. En este sentido, a lo largo del
periodo histrico en el que han existido las clases sociales ha existido necesariamente el Estado, y
necesariamente va a seguir existiendo hasta que stas no desaparezcan.
Es ms, a lo largo de los distintos sistemas econmicos (esclavismo, feudalismo y capitalismo) las
diferentes clases dominantes se han ido apoderando de la maquinaria del Estado y la han hecho
ms compleja y sofisticada.
forma sistemtica, organizada, centralizando sus esfuerzos, para impedir que la burguesa
recomponga la situacin anterior e impulsar las bases de la nueva sociedad, eso convertira ese
poder en un... un... Estado! Y si llegamos a la conclusin de antemano (basndonos en el estudio
serio y riguroso de todos los procesos revolucionarios de todos los pases, de todos los tiempos) de
que, efectivamente, la nica forma de acabar con la maquinaria represiva del Estado burgus es
enfrentndolo a la clase obrera armada por qu no organizar polticamente en un partido
revolucionario a los trabajadores que ya han llegado a esta conclusin para que puedan defender
mejor esta idea (y todas las ideas que conducen a esta conclusin final) entre los que todava no
estn convencidos y as garantizar en lo posible el triunfo del proceso revolucionario? Porque esto
significa organizar a los trabajadores en un... partido! y esto es, pecado entre los pecados, poltica!
De la teora a la prctica
La incoherencia principal del anarquismo se deriva precisamente de que no saben cmo resolver
esta cuestin. Cmo acabar con el poder de la burguesa sin contraponer el poder de la clase
trabajadora?
Histricamente, siempre que los anarquistas han tenido la oportunidad de poner en prctica sus
teoras han actuado respecto al Estado, en dos sentidos: o bien como los mencionados reformistas,
tan duramente criticados, o bien como marxistas aunque la mayor parte de las veces
inconscientemente.
El 19 de julio de 1936, enterados del golpe de Estado fascista iniciado por Franco, los trabajadores
la mayora de los trabajadores organizados estaban en la CNT salen a la calle para asaltar los
cuarteles, tomar las armas y organizar milicias. En Barcelona, la misma tarde del 19 de julio el
general golpista Godet qued detenido y las milicias anarquistas disponan de seis veces ms
efectivos que las fuerzas del Estado. Si eso no es poder en qu idioma estamos hablando?
Evidentemente no es poder burgus sino poder obrero. Para los marxistas esta distincin de clase
es vital, lo que realmente importa.
Los militantes anarquistas actuaron de una forma intuitiva y acertada, y su propia experiencia
demostr que la nica forma de enfrentar al poder de la reaccin fascista era a travs del poder
obrero, a travs de la creacin de milicias armadas y comits antifascistas.
Frente a las tareas concretas de la lucha contra la reaccin, las masas anarquistas actuaron fieles a
sus tradiciones anticapitalistas fuertemente arraigadas, pero deshacindose a toda prisa del
principio anarquista de que todo Poder es malo, que en terreno de la prctica revolucionaria
resultaba una verdadera temeridad.
En Rusia estos elementos de poder obrero, que surgen en cualquier proceso revolucionario,
acabaron transformndose en un Estado obrero con la destruccin total del viejo aparato del Estado
burgus. Sin embargo, en el caso de la Revolucin Espaola el proceso acab con el triunfo de la
contrarrevolucin fascista. La explicacin de tales diferencias tiene bastante que ver con la actitud
de los dirigentes de la CNT, en un caso, y la direccin del Partido Bolchevique, en el otro, hacia la
cuestin del poder y del Estado.
El doble poder
La aparicin de estos rganos de poder obrero no significan el triunfo automtico la revolucin, sino
que desemboca en una situacin de doble poder, pues an se mantienen los elementos de poder
burgueses, restos del antiguo ejrcito, la polica secreta, etc. Lo que caracteriza una situacin de
doble poder es su inestabilidad. O gana uno o gana otro en un periodo de tiempo relativamente
breve.
La Revolucin de Febrero supuso la creacin de los soviets, que eran elementos de poder obrero
pero que no detentaban todo el poder sino que lo compartan con los restos del poder burgus. Al
principio, los bolcheviques ni siquiera tenan mayora dentro de los soviets y el gobierno provisional
estaba en manos de la burguesa, con el apoyo directo del partido menchevique y de los
socialrevolucionarios.
En la Revolucin Espaola la situacin de doble poder se dio dentro del campo republicano. La
experiencia de la II Repblica no haba satisfecho a nadie: los campesinos seguan sin tierra, los
trabajadores explotados y con salarios miserables, la cuestin nacional no se haba resuelto... para
la burguesa la repblica ya no serva para evitar la revolucin social, y la libertad sindical y poltica
ya se haca demasiado molesta como para seguir permitindola. Cuando se produce el
levantamiento militar, el 18 de julio de 1936, la burguesa ya haba decidido acabar con el juego
democrtico e instaurar una dictadura militar. Si estos planes no tuvieron un xito inmediato fue
nica y exclusivamente por la heroica respuesta de la clase trabajadora que sali a la calle,
desplegando el ingenio y la valenta que le son propias, asaltando los cuarteles, confraternizando
con los soldados que organizaban motines, etc.
Por la accin de las masas el golpe militar fracas en buena parte del pas. Si el enfrentamiento al
golpe hubiera dependido de la actitud de Azaa y su gobierno, Franco hubiera triunfado sin
problemas en poco tiempo. De hecho el gobierno republicano haba censurado a los peridicos
obreros que denunciaban los persistentes rumores del levantamiento fascista y les quitaba
importancia, diciendo que eran en todo caso pronunciamientos aislados, etc.
La respuesta de los trabajadores llev, igual que en la Rusia del 17, a una situacin de doble poder.
Por un lado las milicias obreras y los comits obreros, por otro lado el gobierno, la guardia de asalto,
unidades del ejrcito, etc.
Dos ejemplos histricos
Cmo actuaron los dirigentes bolcheviques y cmo actuaron los dirigentes anarquistas en esta
situacin? Cul fue su postura hacia la cuestin del poder, que se plantea en toda su crudeza
precisamente en una revolucin?
La orientacin fundamental de los bolcheviques, desde abril de 1917 era todo el poder para los
soviets. Mientras tanto era necesario ayudar a que las masas comprendiesen la necesidad de
poner en prctica esta idea sin otorgar ninguna confianza hacia la poltica del Gobierno Provisional,
que continuaba con su programa burgus y proimperialista. Para Lenin esta tarea de demolicin de
la antigua mquina del Estado estaba realizada slo parcialmente, los trabajadores y los
campesinos haban comenzado a destruir el viejo aparato estatal pero era fundamental derribarlo del
todo para garantizar las conquistas de la revolucin y empezar a poner en marcha la organizacin
socialista de la economa. Obviamente esto significaba en primer lugar la consolidacin del poder
obrero, de sus organismos de defensa y ejecutivos, la guardia roja y los soviets, para garantizar el
fracaso de cualquier intentona contrarrevolucionaria. En la prctica se trataba de establecer un
Estado de transicin, el Estado obrero que desde el primer momento ira disolvindose en la medida
en que las bases materiales para la explotacin de clase desaparecieran con la expropiacin de la
burguesa.
El anarquismo, por principio, est en contra de todo poder, sea cual sea su carcter de clase. Desde
su teora, el anarquismo considera posible la transformacin social sin sustituir el viejo Estado
burgus por ningn poder, pero como explic Lenin en su obra El Estado y la Revolucin, qu es la
organizacin armada de los trabajadores defendiendo la revolucin sino un ejemplo de Estado
obrero?
Cmo soport la teora anarquista la prueba de la revolucin? En primer lugar, a pesar de todas las
concepciones anarquistas y su arraigo en el movimiento obrero, a partir de julio de 1936 exista una
situacin de doble poder. Una irona de la historia es que los elementos de poder obrero, como las
milicias, estaban en gran medida controlados por la CNT y los propios dirigentes anarquistas.
Esto fue especialmente cierto en Catalunya, donde la respuesta de las masas contra la intentona
militar fue tan virulenta que toda la situacin estaba controlada por las milicias de la CNT. El 21 de
julio stas haban acabado con todos los focos de reaccin. El gobierno de la Generalitat, presidido
por el burgus Llus Companys qued suspendido en el aire. Esa misma maana Companys, que
se haba destacado como represor de los anarquistas, tuvo que llamar a los dirigentes cenetistas:
Fuimos a la sede del Gobierno cataln cuenta Abad de Santilln, con las armas en la mano (...)
Algunos de los miembros de la Generalitat temblaban, lvidos (...). El palacio de la Generalitat fue
invadido por la escolta de los combatientes. Lluis Companys dijo: Siempre habis sido perseguidos
duramente, y yo, con mucho dolor, pero forzado por las realidades polticas (...), me he visto forzado
a enfrentarme y perseguiros. Hoy sois los dueos de la ciudad y de Catalua, porque slo vosotros
habis vencido a los militares fascistas (...) Habis vencido y todo est en vuestro poder. Si no me
necesitis o no me queris como presidente de Catalua, decdmelo ahora. La respuesta de los
dirigentes cenetistas fue concluyente, en palabras de Abad de Santilln: Pudimos quedarnos solos,
imponer nuestra voluntad absoluta, declarar caduca la Generalitat y colocar en su lugar el verdadero
poder del pueblo, pero no creamos en la dictadura cuando se ejerca contra nosotros, y no la
desebamos cuando podamos ejercerla nosotros mismos a expensas de otros. La Generalitat
habra de quedar en su lugar con el presidente Companys en la cabeza*.
Renunciando a acabar con el poder de la Generalitat e inhibindose de instaurar el poder del
pueblo lo que se estaba haciendo en realidad era dejar a la burguesa una preciosa ventaja para
retomar la iniciativa y reconstruir su propio Estado, seriamente maltrecho en el campo de la
repblica. La victoria del fascismo fue posible en la medida en que la revolucin fue traicionada en el
campo de la repblica. Despus de renunciar al poder, despus de dejar el trabajo a medias la
contrarrevolucin retom la iniciativa con la inestimable colaboracin de los dirigentes estalinistas,
de los sectores ms derechistas del PSOE y tambin con los dirigentes de la CNT, que participaron
en el gobierno de la II Repblica y de la Generalitat, facilitando su labor de disolucin de las milicias,
el reestablecimiento del ejrcito regular y la liquidacin de los rganos de poder obrero en las
fbricas y en el campo.
Una idea incorrecta se convierte en reaccionaria
En las palabras de Abad de Santilln no queran ejercer el poder a expensas de otros. Qu otros?
Esos otros eran la burguesa!
En pocas normales es decir, cuando el nico poder que realmente existe es el poder burgus,
ejercido a travs del Estado burgus, defender la lucha contra todo tipo poder o la idea de que
todo poder es intrnsicamente malo, a pesar de ser un tremendo error tiene un coste prctico
menor. Ahora bien, en una situacin revolucionaria que es la verdadera prueba para cualquier
ideologa que se pretenda revolucionaria proclamar la indiferencia u hostilidad hacia cualquier tipo
de poder es, independientemente de las intenciones subjetivas, una idea tremendamente
reaccionaria, porque deja la iniciativa a la clase que realmente tiene claro la necesidad de detentar
el poder: la burguesa.
Incluso desde un punto de vista moral cmo no va ser infinitamente ms justo el poder de la
mayora de los oprimidos contra un puado de privilegiados que el poder de ese mismo puado
contra la mayora de la sociedad? En un contexto normal decir pues ni una situacin ni la otra no
afecta gran cosa a la realidad. Pero decir eso en un contexto revolucionario, que se caracteriza por
una situacin de doble poder, que slo puede desembocar en la victoria del uno sobre el otro,
tampoco afectara gran cosa a la realidad... excepto si quien lo proclama es quien de hecho tiene el
poder en sus manos!, como los dirigentes de la CNT en Catalunya en julio de 1936.
Una combinacin de factores histricos, polticos y sociales dieron, a travs de la CNT, la mejor
oportunidad que el anarquismo pudo desear para poner en prctica sus ideas sobre la revolucin
social sin poder poltico, la desaparicin inmediata del Estado, etc... Dispuso del apoyo del
proletariado enormemente combativo, con arraigadas tradiciones insurreccionales, que dio su vida
para acabar con el capitalismo y por construir una sociedad ms justa. Dispuso de una organizacin
que reuna a la mayora del proletariado desde el principio de la revolucin, de dirigentes forjados
por aos de experiencia... y sin embargo fracas.
Sera injusto atribuir la responsabilidad de la derrota exclusivamente a los dirigentes de la CNT. Igual
o mayor responsabilidad tuvieron los dirigentes del PSOE y del PCE, pero eso no cambia para nada
las cosas. Sin el propsito decidido de tomar el poder es imposible culminar con xito una
revolucin, no digamos renunciando de antemano al poder.
La teora es una gua para la accin
No hay nada peor, para justificar los errores de orientacin poltica, que subestimar la fuerza de la
clase obrera y su capacidad de lucha y exagerar las dificultades y las fuerzas del enemigo. Los
bolcheviques tambin tuvieron que vrselas con sus reformistas, con las maniobras de la burguesa,
con la superioridad militar del ejrcito capitalista, si cabe en mucha mayor medida que en el caso de
la Revolucin Espaola. Tambin pudieron cometer errores de apreciacin a la hora de tomar tal o
cual decisin. Pero una cosa tenan muy clara, en una revolucin, para la que se haban preparado
durante aos, es cuando se produce el mayor despliegue de autoritarismo y de fuerzas que en
cualquier otra situacin y el deber de cualquier revolucionario es estar preparado para ella, para
saber utilizar el enorme caudal de fuerza que despliega la clase obrera y utilizarla de una forma
adecuada contra la burguesa.
En la teora marxista, la nica forma de combatir el poder de la burguesa, de destruir el Estado a su
servicio, es enfrentndolo al poder de la clase obrera. Pero para el marxismo la teora es la
generalizacin de la experiencia real, no una inspiracin del cielo, ni la revelacin de principios
morales de convivencia entre los hombres.
Concretamente, la teora marxista del Estado, es producto del estudio de la Comuna de Pars, en la
que, por primera vez en la historia, el proletariado, actuando de una forma independiente de la
burguesa y contra la burguesa en la poca de las revoluciones burguesas el proletariado
apoyaba a la burguesa contra el feudalismo cre su propio embrin de Estado obrero. El
problema radicaba en que en 1871, el proletariado era an demasiado dbil para extender su poder
y mantenerse en l y la burguesa pudo aislar la revolucin. Pero el desarrollo de la clase obrera era
cuestin de tiempo. La leccin ms importante de la gesta heroica de la Comuna fue que la clase
obrera, al luchar contra el rgimen capitalista y enfrentarse al aparato represivo de la burguesa,
creaba sus propios rganos de poder, y no le bastaba con utilizar el viejo aparato del Estado en su
beneficio. Como Marx explic, la Comuna revel la necesidad de destrozar el viejo aparato estatal y
reemplazarlo por los rganos del poder popular.
Es ms, aunque a una escala inferior, incluso en situaciones no revolucionarias, la cuestin del
doble poder se da. En una huelga en una fbrica, por ejemplo, siempre surge la cuestin: quin
manda aqu, el empresario o los trabajadores? En una huelga general, tambin, quin es el dueo
de la calle? Los manifestantes o la burguesa? Si el enfrentamiento es ms duro y la burguesa
intenta disolver la manifestacin, los trabajadores intentarn protegerla, organizando un servicio de
orden. Ah tendremos, una situacin de doble poder de baja intensidad. Son ejemplos que
normalmente estn limitados en el tiempo y en el espacio pero, que en determinadas circunstancias
se elevan a una escala cualitativamente diferente y determinan quin tiene el control efectivo de la
sociedad.
La teora anarquista del Estado, a diferencia de la teora marxista, enfoca la cuestin del poder
desde un punto de vista moral y al margen de las tareas prcticas que la clase obrera se encuentra
en su camino hacia la revolucin. En general todos podemos estar de acuerdo al preferir la libertad a
la imposicin. No es necesario ni siquiera considerarse anarquista o comunista para simpatizar con
esta idea, cualquier persona medianamente culta la hace suya.
Todos podemos estar de acuerdo en que el Estado, en general, implica violencia. Eso es evidente, el
ejrcito, que est a la vista de todo el mundo, no existe como figura decorativa, como tampoco lo
eran las milicias en los aos 30 o los soviets. Pero la cuestin es imposicin de quin contra quin,
violencia de quin contra quin. El poder es una cuestin de clase.
Sin haber ledo a Marx, los trabajadores de todo el mundo percibieron instintivamente el carcter de
clase del Estado sovitico nacido de la Revolucin de Octubre de 1917. Vieron el triunfo del Estado
obrero en Rusia como una conquista colosal de la humanidad, vieron que era posible un deseo que
pareca imposible: que aqullos que no tenan nada pudiesen acabar con la opresin de la
burguesa. Ese torrente de inspiracin fue el que estuvo presente en buena parte de los procesos
revolucionarios de nuestro siglo en el que participaron no pocos obreros y jvenes anarquistas.
El Estado obrero
Si al da siguiente de haber acabado con el rgimen burgus, el Estado obrero embrionario se
autodisolviese, automticamente la burguesa, ansiosa por recuperar sus privilegios, volvera a
reconstruir un aparato de represin para acabar con la revolucin, con el apoyo de la burguesa de
otros pases.
La experiencia de la Revolucin Rusa, as como la de la Comuna de Pars demostraron que el
esquema anarquista Revolucin Social - Destruccin del Estado Burgus - Anarqua no se
corresponda con la realidad, y no por ninguna conspiracin bolchevique sino por las leyes de la
propia revolucin.
Marx, polemizando con los proudhonianos y los antiautoritarios sobre el Estado obrero sealaba:
...Si la lucha poltica de la clase obrera asume formas revolucionarias, si los obreros sustituyen la
dictadura de la burguesa con su dictadura revolucionaria, cometen el terrible delito de leso principio,
porque para satisfacer sus mseras necesidades materiales de cada da, para vencer la resistencia
de la burguesa, dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria en vez de deponer las armas y
abolirlo...*.
El Estado obrero tiene caractersticas esencialmente distintas del Estado burgus. Slo tiene en
comn que sigue siendo un organismo de opresin, pero no ya de una minora sobre una mayora
sino al revs y que adems, ya no tiende a fortalecerse ms y ms, como ocurra con el Estado
burgus anteriormente, sino que tiende a extinguirse en la medida en que desaparecen las clases
sociales, y por lo tanto, la necesidad misma de reprimir. Desde un primer momento el Estado obrero
es mucho ms democrtico que el ms democrtico Estado capitalista.
Lenin sealaba al respecto: A medida que las funciones del poder son las del pueblo entero, este
poder no es tan necesario. La abolicin de la propiedad privada de los medios de produccin elimina
la labor principal del Estado formado por la historia: la defensa de los privilegios de la minora contra
la inmensa mayora*.
Lenin defendi que este Estado transitorio, para evitar caer en la burocratizacin, deba tener una
serie de caractersticas:
1.- Los funcionarios deban ser elegibles y revocables en cualquier mo-mento.
2.- El salario de los funcionarios no poda pasar del salario medio de un obrero cualificado.
3.- Rotatividad en las funciones administrativas: si todos somos burcratas nadie es burcrata
4.- Sustitucin del ejrcito permanente por el pueblo en armas.
Durante un tiempo el Estado obrero nacido de la Revolucin Rusa era un Estado bastante
democrtico aunque con alguna deformacin que Lenin insista en combatir.
El desarrollo posterior de la revolucin rusa tampoco fue el que los bolcheviques haban previsto
inicialmente. Rusia era un pas atrasado econmicamente, con una mayora de la poblacin an
campesina mientras que los trabajadores industriales no representaban ms que un 10% de la
poblacin total.
Para los bolcheviques el internacionalismo no era una idea romntica, era una necesidad imperiosa.
La nica forma de poder elevar el nivel de vida de las masas, de sacar a Rusia del hambre y de la
miseria era fundamentalmente incrementando la produccin y la productividad del trabajo.
La Revolucin Rusa dio un impulso impresionante a la revolucin mundial. Los bolcheviques tenan
la expectativa de que el triunfo de la revolucin en Europa, especialmente en Alemania, permitira la
combinacin del desarrollo tcnico de este pas con los inmensos recursos naturales y humanos de
Rusia, consiguiendo de este modo un avance rpido en el progreso econmico y social.
Sin embargo, a pesar de la oleada revolucionaria que desat la Revolucin de Octubre, la revolucin
fracas en Alemania en 1923, en China en 1927, en parte por los errores de los recin formados
PCs y en parte por errores claros de orientacin poltica de la III Internacional estalinizada tras la
muerte de Lenin en 1924.
El hecho es que la Revolucin Rusa se qued aislada. Las masas trabajadoras y campesinas
tuvieron que sufrir desde 1914 las consecuencias de la participacin de Rusia en la I Guerra
Mundial, luego consumieron una gran dosis de sus energas en la revolucin de 1917 y despus
vino la guerra civil y la invasin de 21 ejrcitos imperialistas que queran acabar con el primer
rgimen obrero del mundo.
Lo que caracteriza la revolucin es la participacin de las masas en los asuntos que antes, en
periodos normales, estaban reservados a los polticos, los funcionarios, el Zar, etc. Este estado de
nimo influy decisivamente en la participacin de la poblacin en los rganos de la revolucin como
los soviets.
Pero aunque durante un tiempo la inmensa mayora de la poblacin puede contrarrestar las
presiones de la vida cotidiana, participar en huelgas, en las milicias obreras, en las tareas de gestin
y de control de los soviets, en el partido, etc. eso acaba teniendo un lmite si no cambian
sustancialmente las condiciones de vida de la gente, especialmente en lo referente al tiempo libre,
es decir a la reduccin de la jornada de trabajo para disponer de tiempo y participar en la vida
poltica, econmica y cultural de la sociedad. En un pas atrasado como Rusia, cercado por las
potencias imperialistas y aislado tras el fracaso de la revolucin europea, las condiciones objetivas
para lograr estos fines eran las peores.
Las revoluciones no las hacen cuatro iluminados, su fuerza motriz reside en la participacin
consciente de las masas. Eso fue totalmente cierto en Rusia. Sin embargo las condiciones internas
atraso econmico y externas fracaso la de revolucin en Alemania, China, etc. sometieron
a la revolucin y a la poblacin a condiciones extremas de miseria, de cansancio, etc.
La revolucin es una gran devoradora de energas individuales y colectivas: los nervios no lo
resisten, las conciencias se doblan, los caracteres se gastan. Los acontecimientos marchan con
demasiada rapidez para que el flujo de fuerzas nuevas pueda compensar las prdidas. El hambre, la
desocupacin, la prdida de los cuadros de la revolucin, la eliminacin de las masas de los puestos
dirigentes, haban provocado tal anemia fsica y moral en los arrabales que se necesitarn ms de
treinta aos para que se rehagan.
(...)
El reflujo del orgullo plebeyo tuvo por consecuencia un aflujo de arribismo y de pusilanimidad.
Estas mareas llevaron al poder a una nueva capa de dirigentes*.
Las condiciones extremas por las que tuvo pasar la revolucin sentaron las bases para que el
control de la clase obrera sobre las tareas administrativas del Estado fuera cada vez ms dbil. Un
sector de los militares, que se reincorporaron masivamente a las tareas internas del Estado tras la
guerra civil, y de los funcionarios se sinti cada vez ms rbitro entre las presiones de la clase
obrera y de los pequeos campesinos acomodados, cuya existencia se deba precisamente al
carcter atrasado de Rusia. De esta manera fueron adquiriendo cada vez ms independencia del
control y de la participacin de los trabajadores. Poco a poco este sector de funcionarios desligado
de las masas empez a adquirir conciencia de sus propios problemas, se da cuenta de que su
posicin le permite tener, al principio, pequeos privilegios y por tanto sus preocupaciones, su forma
de actuar se conforma con el objetivo de preservarlos e incrementarlos.
Stalin no fue la causa del surgimiento de la burocracia, pero s encarn y centraliz los intereses
de la burocracia actuando con saa para defenderlos contra cualquier oposicin.
Ese proceso en el interior de la URSS afect la poltica exterior de la III Internacional, creada por
Lenin y los bolcheviques, para impulsar la revolucin a nivel internacional. Cada fracaso de la
revolucin en un pas determinado significaba una mayor desmoralizacin de los trabajadores en
Rusia y por tanto un mayor afianzamiento de la burocracia en el poder. En un momento
determinado, la burocracia vio con autntico pnico la posibilidad del triunfo de la revolucin en el
Estado espaol en los aos 30. El triunfo de la revolucin socialista en el Estado espaol hubiera
significado necesariamente el triunfo de un Estado obrero sano, con la participacin consciente de
las masas oprimidas en la gestin de sus propios destinos. Hubiera tenido un efecto inmediato en
toda Europa y cmo no, en la misma Rusia. Los trabajadores rusos no tendran la tarea de expropiar
a los capitalistas ni a los terratenientes esto estaba hecho desde 1917 sino expropiar
polticamente a la burocracia que haba usurpado el control del Estado. El triunfo de la Revolucin
Espaola hubiera dado un empujn decidido a este proceso, por eso el pnico de Stalin a ese
triunfo, hecho que a su vez explica la actitud de los dirigentes del PCE.
La desgracia histrica de los aos 30 en el Estado espaol es que el estalinismo se present ante la
clase obrera espaola e internacional como el heredero de la Revolucin de Octubre cuando en
realidad, para consolidar su poder tuvo que exterminar, literalmente, a millones de cuadros,
militantes y dirigentes bolcheviques.
La monstruosa degeneracin burocrtica en la URSS no fue, como dice la propaganda burguesa,
una consecuencia inevitable de las ideas de Lenin y del bolchevismo. El anarquismo, cuya teora
haba sido destrozada por la fuerza de los acontecimientos histricos, vio en la degeneracin de la
URSS una asidero para volver a la carga en su lucha contra todo poder del Estado,
independientemente del carcter de clase que ste tena. Olvidaban que la consolidacin de la
burocracia durante todo un periodo, slo fue posible tras el exterminio de cientos de miles de
militantes que estaban relacionados con las tradiciones de Octubre (de la democracia obrera y del
internacionalismo), del verdadero leninismo.
En honor a la verdad histrica habra que aadir que los luchadores ms consecuentes y abnegados
contra el estalinismo salieron de las filas del bolchevismo, como Trotsky, y no del anarquismo. Ha
sido la teora marxista y no la anarquista la que previ, con muchsima anticipacin, la cada del
estalinismo y la posibilidad de que la burocracia intentara mantener sus privilegios volviendo al
capitalismo y acabando con la economa planificada.
La desaparicin del Estado
La degeneracin de la revolucin rusa no fue una consecuencia necesaria de los mtodos
bolcheviques sino producto de la combinacin de una serie de factores histricos determinados: el
atraso econmico de Rusia y el fracaso de la revolucin en otros pases.
El Estado no es algo de fuera, arbitrario, que aparece y desaparece simplemente porque se
imponga la voluntad de que desaparezca, por el convencimiento de que no sirve. Adems de eso es
necesario que sea posible en base a toda una serie de leyes histricas.
As describe Lenin la disolucin del Estado:
Dicho en otros trminos: bajo el capitalismo tenemos un Estado en el sentido estricto de la palabra,
una mquina especial para la represin de una clase por otra y, adems, de la mayora por la
minora. Es evidente que, para que pueda prosperar una empresa como la represin sistemtica de
la mayora de los explotados por una minora de los explotadores hace falta una crueldad
extraordinaria, una represin bestial, hacen falta mares de sangre, a travs de los cuales marcha la
humanidad en estado de esclavitud, de servidumbre, de trabajo asalariado.
las tareas de gestin de la sociedad: tiempo libre, que va necesariamente asociado a la reduccin
de las horas de trabajo.
Rusia fue la primera en romper con las cadenas del capitalismo, pero el atraso econmico no
desaparece de golpe por el hecho de acabar con la propiedad privada de los medios de produccin.
La nica manera de acabar con el atraso era la extensin de la revolucin a los pases avanzados y
eso, que dara pie a una economa planificada mundialmente, no se produjo. Persisti la situacin de
escasez durante un tiempo. Incluso, debido a la guerra civil y al acoso imperialista la economa
retrocedi todava ms. En un contexto de escasez, donde la disputa individual por la satisfaccin de
las necesidades bsicas inmediatas prevalece entre las preocupaciones de la gente, toda la vieja
mierda vuelve a resurgir .
Eplogo
Queremos remarcar toda una serie de puntos planteados a lo largo del documento con el fin de
clarificar al mximo la posicin de los marxistas revolucionarios acerca de la situacin actual y en
relacin con las tesis del ideario anarquista:
a) El capitalismo ha desarrollado a lo largo de su existencia las fuerzas productivas, la tecnologa y
el conocimiento humano a una escala jams alcanzada anteriormente. Objetivamente este
desarrollo permite acabar de una vez y para siempre con todos los problemas que asolan a la mayor
parte de la humanidad como son el hambre, las enfermedades, el desempleo, etc.
b) El obstculo para que eso sea una realidad es la naturaleza del sistema capitalista. El fin de la
produccin no es satisfacer las necesidades sociales sino el afn individual de beneficios de los
capitalistas. Los problemas sociales no se derivan de la insuficiencia del desarrollo econmico sino
de la propiedad privada de los medios de produccin.
c) La actual fase del capitalismo es de declive y decadencia. Es ya incapaz de explotar a los
explotados! El desempleo masivo unido a la generalizacin del empleo precario y la incapacidad del
sistema de garantizar el futuro a la actual generacin de jvenes son, por s mismos, una prueba de
que el capitalismo ya no sirve, que es un sistema socialmente caduco.
d) Existe una alternativa al capitalismo que es el socialismo, una sociedad basada en la planificacin
consciente y racional de los recursos existentes en beneficio de todos. No hay ningn obstculo
objetivo para que, partiendo del nivel de desarrollo actual, se puedan reducir progresivamente las
horas de trabajo, incrementar los salarios y aumentar sustancialmente el nivel de vida y cultural de
toda la poblacin de la Tierra.
e) Sin embargo el capitalismo no cae por s solo dando lugar al socialismo. Sin la lucha organizada y
consciente de la clase obrera el capitalismo no desaparecer.
f) La contradiccin ms importante de la situacin actual es que las principales organizaciones de
los trabajadores estn dominadas por el reformismo, que no tienen una alternativa al margen del
sistema capitalista.
g) El hecho de que eso sea as se debe a que el proceso de formacin y consolidacin de las
direcciones de los partidos y sindicatos obreros no refleja automticamente las necesidades
objetivas e histricas del proletariado.
Durante todo un periodo de tiempo, tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo desarroll las
fuerzas productivas de forma espectacular en los pases capitalistas avanzados, haciendo posibles
toda una serie de concesiones, conseguidas con la lucha, pero que han dado un margen importante
al reformismo. La idea de que se podan conseguir mejoras sin salirse del marco capitalista tena
una base material .
h) Esas circunstancias empezaron a cambiar a partir de la crisis capitalista de 1973. Desde entonces
de forma paulatina la burguesa ha lanzado un ataque contra todas las conquistas anteriores en el
terreno de la sanidad, educacin, empleo, derechos laborales, libertades democrticas...
La crisis del capitalismo es tambin la crisis del reformismo, la crisis de las condiciones clsicas en
las que el reformismo tiene posibilidad de consolidarse. En la medida en que hay menos margen de
concesiones, el reformismo se transforma cada vez ms, en la prctica, en contrarreformismo.
i) El hecho de que el dominio del reformismo se prolongue ms tiempo de lo que sera normal se
debe a que la relacin entre los procesos polticos y econmicos no son automticos. El reformismo
sin reformas y los consiguientes pactos y manejos por arriba con la burguesa puede tener un efecto
desmoralizador entre los trabajadores en la medida en que no existe una alternativa revolucionaria.
La cada de participacin en los sindicatos y partidos obreros acta como un baln de oxgeno para
los dirigentes reformistas, que se ven menos presionados por la base.
Otro factor ha sido la cada de los regmenes estalinistas del Este, que ha sido presentado por la
burguesa como un fracaso del socialismo, deslegitimando cualquier alternativa al capitalismo. Eso
ha tenido un efecto en el movimiento obrero y ha alentado an ms a determinados dirigentes en su
giro al libre mercado.
j) La ausencia de una alternativa revolucionaria con una influencia de masas en esas circunstancias,
tiene un doble efecto: por un lado facilita la influencia que tiene el reformismo en las organizaciones
obreras y por otro lleva a un sector de los trabajadores y de la juventud hacia posiciones
ultraizquierdistas. Ambos fenmenos son dos caras de la misma moneda y estn interrelacionados.
Especialmente entre la juventud eso facilita el surgimiento de pequeos grupos anarquistas o
semianarquistas cuyas ideas se basan en la lucha contra los partidos, contra los dirigentes, en la
indiferencia entre izquierda y derecha, etc. Esos fenmenos no son nada nuevos. Sin embargo la
existencia de sindicatos, partidos, dirigentes, izquierda y derecha obedece a razones histricas y
sociales muy profundas como para que puedan desaparecer por muy mal que acten sus dirigentes.
k) La construccin de un genuino partido marxista con influencia de masas, es la tarea central para
garantizar el xito de la revolucin; esto slo puede hacerse en base a la defensa de un programa
socialista consecuente junto con un mtodo correcto de aproximacin a los trabajadores y a los
jvenes all donde ellos se encuentren.
El reforzamiento de un movimiento revolucionario slido no puede hacerse en base a un
enfrentamiento sectario, en base a insultos hacia las organizaciones obreras y sus dirigentes. Los
efectos de esos mtodos no hacen mella en la influencia de los dirigentes reformistas y en todo caso
les refuerza.
l) Un movimiento revolucionario serio slo tiene posibilidad de disputar al reformismo su posicin en
el movimiento obrero y juvenil si es capaz de demostrar que son los ms consecuentes luchadores
contra la burguesa y contra el sistema capitalista. Pero eso no se consigue despreciando la lucha
reivindicativa por mejoras inmediatas, sino relacionndola con una perspectiva ms amplia y con
unos mtodos de lucha que pongan en evidencia ante los trabajadores que los reformistas no
quieren luchar ni tienen una alternativa.
Tampoco se consigue planteando reivindicaciones que no son parte de la preocupacin de la
mayora de los jvenes y trabajadores, aunque puedan parecer muy radicales.
m) En el futuro es inevitable que se desarrollen luchas cada vez ms duras y masivas entre la
burguesa y el reformismo actual, bastante derechizado, que tendr cada vez ms dificultades para
mantener su influencia y su control sobre las organizaciones obreras. En el periodo que entramos es
inevitable que haya giros a la izquierda y desmarques por parte de determinados dirigentes respecto
a la poltica seguida hasta el momento.
Eso tendr enormes efectos polticos en la conciencia de los trabajadores y los jvenes, crear
muchas ilusiones y tarde o temprano se incrementar el nivel de participacin de los trabajadores y
los jvenes en la vida poltica. Eso se expresar inevitablemente en las organizaciones obreras.
n) Lejos de ser un fenmeno negativo, la participacin en la poltica por parte de la juventud es algo
muy positivo y quien mejor lo sabe porque lo ven muy negativo es la propia burguesa y
aquellos dirigentes que han dominado cmodamente esas organizaciones en el periodo anterior sin
ninguna oposicin.
Creer que la juventud y los trabajadores que estn organizados polticamente son borregos slo
puede partir de un desconocimiento profundo de cul es la dinmica real de la lucha de clases.
) Ciertamente los cambios hacia la izquierda que se puedan producir en las organizaciones no
conducen necesariamente hacia una poltica genuinamente revolucionaria. Por eso los marxistas
revolucionarios no somos espectadores pasivos de los procesos sino que intervenimos en ellos
apoyndonos en todos los aspectos de la situacin concreta que puedan facilitar la compresin y la
asuncin del programa marxista por los trabajadores y la juventud.
o) La construccin de una alternativa revolucionaria no se hace de un da para otro ni en base a
cuatro consignas, ni a cuatro fetiches organizativos. Es un trabajo paciente que combina la
intervencin prctica con un estudio serio de todos los procesos revolucionarios habidos a nivel
internacional.
La teora es una gua para la accin y tambin es una condensacin de toda la experiencia previa
del movimiento obrero. El desprecio a la teora, a la poltica, no puede conducir a otra cosa que a
asumir inconscientemente una poltica y una teora determinada. Ningn modelo organizativo
artificial, llmese horizontal o lo que sea, puede sustituir a un programa y unos mtodos
revolucionarios correctos.
p) La lucha contra el burocratismo, la manipulacin, las decisiones al margen de los intereses de la
juventud y de los trabajadores est completamente ligado a la defensa de un programa
revolucionario alternativo.
q) El optimismo y la confianza del marxismo en el futuro se basa en que la experiencia del
movimiento obrero le lleva necesariamente a conclusiones marxistas y revolucionarias. Pero el ritmo
de ese proceso no es un factor secundario, la revolucin no se produce al margen de la
contrarrevolucin, de ah que el desarrollo, la difusin y la organizacin de un movimiento marxista y
revolucionario sea en ltimo trmino una cuestin decisiva.
r) La podredumbre del sistema capitalista no garantiza automticamente su derrocamiento y su
sustitucin por un sistema ms justo y ms prspero para todos.
La transformacin socialista de la sociedad, el triunfo de la revolucin, es una tarea consciente y a
ella hemos intentado contribuir con este documento.
IV. El Socialismo
Una sociedad basada en la lucha individual por la supervivencia jams puede ser una sociedad
socialista. El socialismo implica alcanzar un nivel crtico de produccin por el que esta disputa
individual desaparece y con ella la verdadera prehistoria de la humanidad. Ser el momento en que
la sociedad humana se desprender definitivamente y sin vuelta atrs del reino animal, iniciando la
verdadera historia de la humanidad, no regida por las fuerzas ciegas de la naturaleza y del
capitalismo sino por la cultura, la conciencia y la voluntad de los hombres.
Alcanzar ese nivel de progreso slo puede venir de la mano de la planificacin democrtica de la
economa a escala internacional liberando la produccin de los lmites de la propiedad privada y del
Estado nacional; y este primer paso que es la planificacin de la economa primero en un pas y
luego a una escala ms amplia, slo puede venir del triunfo de la revolucin socialista en varios
pases. Existen las condiciones objetivas para el desarrollo de la humanidad a niveles sin
precedentes y tambin existen las condiciones sociales y polticas para la revolucin. Pero, de igual
manera que en el pasado, el triunfo de los procesos revolucionarios no est garantizado de
antemano, es un proceso vivo que depende de muchos factores pero especialmente de la existencia
de partidos revolucionarios con un programa claro.
La teora marxista del Estado no slo no ha fracasado sino que ha sido la nica en dar explicacin a
los procesos de la ex URSS y los dems pases del Este (un proceso que por cierto an no ha
concluido). Pero la teora, por ms correcta que sea, para convertirse en una fuerza material, tiene
que apoderarse de la conciencia de las masas y esa tarea depende de la voluntad, de la capacidad
de difundir y consolidar las fuerzas del marxismo.
Irnicamente el anarquismo, que ve en la misma teora marxista (autoritaria) el origen de la
degeneracin burocrtica estalinista y no en la combinacin de una serie de factores histricos,
tiene un modelo de sociedad futura que, de llevarse a la prctica, necesariamente y con
independencia de las circunstancias histricas concretas, llevara a la perpetuacin del Estado y la
desigualdad. Pero vayamos por partes.
ridculo que funciones desarrolladas por corporaciones de dimensin internacional, como las
telecomunicaciones, el transporte areo, el ferrocarril, la electricidad, tuvieran que pasar a escala
comunal, con sistemas propios e independientes. Este hecho demuestra hasta qu punto el sistema
de comunas es una utopa reaccionaria, un retroceso.
Pero vayamos a la cuestin esencial. Una vez expropiados los capitalistas quin toma las
decisiones y bajo qu criterios? La respuesta que da el anarquismo a estas cuestiones viene
predeterminada por la idea de que en su modelo de sociedad no se puede delegar decisiones que
afecten al conjunto en ningn organismo, puesto que en este mismo hecho reside el pecado del
autoritarismo. El tipo de sociedad basado en comunas, o unidades de produccin autnomas, se
desprende de criterios de tipo moral. Pero qu sucedera en la prctica? Sin un plan centralizado,
que determinara constantemente las necesidades globales de consumo y de produccin y la
proporcin entre las distintas ramas de la produccin, el nico medio por el cual los productos
llegaran a su destino sera a travs del mercado. En el mercado manda la ley de la oferta y la
demanda e imprime una dinmica determinada a la produccin: la competencia, los cierres...
Aquellos sectores de la produccin que fabriquen ms de lo que el mercado pudiera absorber
necesariamente tendran que cerrar o bajar los precios para competir, disminuyendo los salarios. Por
el contrario, aquellos trabajadores que tuvieran la suerte de que sus productos fueran muy
demandados podran tener altos salarios.
Bajo el capitalismo el flujo de inversin tiende, anrquicamente, a compensar estos desequilibrios.
La inversin fluye hacia la produccin de mercancas en que la oferta es insuficiente en relacin a la
demanda y huye de los sectores donde hay saturacin.
Estos procesos, que bajo el capitalismo son traumticos, pues implican cierres repentinos de
empresas sin otra alternativa que el desempleo, no tienen por qu producirse en una economa
planificada donde se pueda prever de antemano las necesidades. El exceso de mano de obra en un
sector puede redundar en la reduccin de las horas de trabajo o en la potenciacin de nuevas ramas
de produccin. Inevitablemente las decisiones que se tengan que tomar transcenderan los intereses
particulares de tal o cual sector de la produccin, intereses que por otro lado ni siquiera tendran por
qu existir dado que los trabajadores tendran una conciencia verdaderamente colectiva de la
produccin, hecho que en gran medida ya existe bajo el capitalismo! A un plan global
inevitablemente corresponderan organismos centrales, una banca pblica nica, un servicio de
comunicaciones nico, un sistema de seguridad nico, etc.
Con qu criterios se tomarn las decisiones?
Cmo se resolveran estos problemas bajo una economa basada en comunas en las que nadie
podra tomar decisiones que afectasen a otras comunas? De dnde partira la iniciativa de invertir
en nuevas ramas de la produccin, de reducir la inversin en otros casos? Quin tomara la
decisin de igualar los salarios para compensar el de aquellos trabajadores que estn en comunas
cuyos productos no tienen salida, con el de los trabajadores que estn en comunas cuyos productos
se pueden vender a buen precio? Segn la concepcin de comunas individuales libres nadie podra
hacerlo sin caer en el principio del autoritarismo con lo que las desigualdades entre las diferentes
ramas de produccin con distinto nivel de desarrollo y productividad se eternizaran y se acabaran
convirtiendo en desigualdades sociales, hecho que necesariamente engendrara lo que el
anarquismo pretende destruir: un Estado y de la peor especie.
De hecho, si las ideas anarquistas de los aos 20 en Rusia que fomentaban la descentralizacin
de la economa y que cada productor campesino vendiera directamente sus productos en la ciudad
se hubieran puesto en prctica sin ningn tipo de interferencia por parte del Estado obrero,
rpidamente se habran impuesto relaciones de tipo capitalista, basadas en el beneficio individual y
en la descoordinacin ms absoluta de la produccin lo que tarde o temprano hubiera acabado en
la restauracin del viejo Estado capitalista!
La lucha contra los gobiernos, contra la poltica, contra los comits, contra la centralizacin sin
ningn tipo de consideracin de clase, acaba jugando en la prctica un papel reaccionario porque
fomenta la desorganizacin de la clase obrera frente a su enemigo de clase, que se cuida muy bien
de tener un ejrcito centralizado, un Estado centralizado, una poltica centralizada...
Como hemos dicho en alguna otra parte del documento, el todo no es la simple suma de las partes.
La sociedad socialista no sera la simple suma de fbricas colectivizadas, es una combinacin
totalmente superior. En sustitucin del mercado es esencial la participacin de la todos los
trabajadores en todos los aspectos de la economa y de la poltica. La causa del colapso de los
pases ex estalinistas no fue la centralizacin de la economa debido a los mezquinos intereses
nacionales de la burocracia de cada pas fueron incapaces de llevar adelante un plan
verdaderamente internacional sino la centralizacin burocrtica, en la que la toma de decisiones a
todos los niveles de la produccin y la distribucin, en una economa ya muy avanzada, se haca
entre un puado de burcratas sin la participacin de los trabajadores.
En una economa socialista basada en la democracia obrera, cualquier descubrimiento tcnico que
supusiese un ahorro del trabajo humano o una mejora de la calidad de vida, automticamente
tendra aplicacin generalizada. Eso no ocurre as en el capitalismo porque en este sistema lo que
prima es el beneficio individual e inmediato. Los descubrimientos son ms lentos porque la
investigacin se hace en compartimentos estancos debido a la competencia entre las diferentes
multinacionales, interesadas en descubrir primero, y obtener as una ventaja temporal. Incluso
muchos descubrimientos tecnolgicos no tienen aplicacin porque no son considerados rentables a
corto plazo y porque a la burguesa le resulta ms ventajoso incrementar la productividad a costa del
aumento de los ritmos de trabajo o de las horas de trabajo, como de hecho est ocurriendo ahora. Si
finalmente los descubrimientos tecnolgicos se incorporan a la produccin, el efecto que eso tiene
en el capitalismo es el incremento del desempleo.
Es normal que bajo el capitalismo el trabajador est totalmente desincentivado y encuentre su
trabajo totalmente rutinario. En una economa planificada, con el desarrollo tecnolgico que ya
existe, con los avances en el terreno de la comunicacin y la informtica, la participacin de los
trabajadores en los procesos de produccin y distribucin sera ms factible que nunca. Cualquier
descubrimiento en cualquier parte del mundo tendra una aplicacin generalizada, sin el escollo de
la competencia nacional, eso disparara la creatividad de los trabajadores, que dejaran de sentirse
como un complemento de la mquina que genera beneficios para otros. Todos los trabajadores
estaramos verdaderamente interesados en el progreso tcnico porque eso redundara
inmediatamente en ms tiempo libre, ms calidad de vida. De esa manera se avanzara
verdaderamente a una sociedad superior, socialista, en la que gradualmente se podra hacer
efectiva la idea de a cada uno segn sus necesidades, de cada uno segn sus posibilidades