El-Monje-Y-El-Venerable - Desconocido PDF
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Christian Jacq
Traducido por Beatriz Iglesias
Christian Jacq
El monje y el venerable
Introduccin
El monje y el venerable es una novela, una obra de ficcin donde lo imaginario cobra un
gran protagonismo. No obstante, me ha parecido necesario precisar que el relato est
basado en hechos reales de los que es posible esclarecer determinados aspectos.
La trama est ambientada en la Segunda Guerra Mundial. La ideologa nazi quiso
fundar una nueva forma de religin y de cultura. Por ello procedi al exterminio de
todas las creencias anteriores, no sin antes despojarlas de lo mejor que, a su ver,
posean. Los nazis confiaron al cuerpo especial Aneherbe, que dependa directamente de
Himmler, la misin de ocuparse de las sociedades secretas y de sus adeptos,
considerados poseedores de ciertos poderes. Este servicio poco conocido y menos
estudiado procedi al arresto de videntes, astrlogos y magos para apoderarse de sus
tcnicas y comprobar si eran eficaces. De hecho, el Aneherbe crea que los poderes
psquicos se podan convertir en potentes armas con las que asentar la supremaca del
Reich. Se encarcel tanto a sacerdotes como a religiosos sospechosos de atesorar
interesantes conocimientos. Los desafortunados fueron deportados a campos donde
haba secciones especializadas en un tratamiento muy especial de superdotados.
Por otro lado, desde que el rgimen nazi se impuso en Alemania, procedi al cierre de
las logias masnicas y al arresto de quienes las frecuentaban. Con todo, parece que los
masones favorecieron la ascensin de Hitler al poder jugando a aprendices de brujos,
rpidamente incapaces de controlar el monstruo que haban contribuido a crear.
El nazismo fund su propia sociedad secreta, La Orden Negra, que no toleraba la
existencia de ninguna otra organizacin esotrica en los territorios del Reich. De manera
que Himmler orden la destruccin de la masonera, no sin antes haberse cobrado
tesoros aprovechables. En Francia, al servicio alemn de contraespionaje (SD) le fue
encomendada la misin de sitiar los inmuebles donde se reunan los masones, para
apoderarse de sus archivos y sus rituales. Cont con la colaboracin de siniestros
personajes como Bernard Fay, administrador general de la Biblioteca Nacional; sin
embargo, slo obtuvo resultados ms bien decepcionantes.
El motivo de este fracaso fue la existencia de un secreto que circulaba en el mismsimo
interior de la institucin masnica, pero que no tena nada que ver con sta. Tras la
especuladora apariencia de las organizaciones masnicas, sobrevivan las logias
denominadas salvajes, herederas de saberes iniciticos transmitidos de venerable en
venerable desde tiempo inmemorial. Una de estas logias era especialmente depositaria
de la Regla dictada, en su origen, por los constructores de templos; as como del secreto
del Nmero que, segn se dice, permite crearlo y construirlo todo. En nuestro relato,
hemos dado a esta logia perteneciente al Rito Escocs Antiguo y Aceptado el nombre de
Conocimiento.
Durante muchos aos, la dirigi un venerable excepcional que me hizo partcipe de la
increble aventura vivida por un masn y un monje benedictino, cuyos caminos se
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cruzaron en el exilio. Todo los separaba, todo los opona y, pese a ello, sobrevivieron
juntos al infierno de un campo de concentracin. Uno se amparaba en el Gran
Arquitecto del Universo; el otro, en el Dios de los cristianos. Ambos llegaron a
conocerse, pero tambin a enfrentarse en el nombre de su respectiva fe; a lo largo de la
novela, veremos cul fue el autntico desafo, materializado en lo que unos llaman
apuesta y otros voto, que los llev a someterse a la ms exigente de las pruebas.
Todo lo que aqu se revela sobre los ritos, los grados y los smbolos masnicos es
conforme a la realidad. Incluso el funcionamiento de una logia salvaje, que yo sepa
nunca antes mencionada, se reconstruye en la medida de lo posible.
El extraordinario encuentro entre el monje y el venerable tuvo lugar en un contexto
anlogo al descrito en este relato; la logia Conocimiento existi en verdad, pero con
otro nombre; y el Aneherbe, de triste recuerdo, constituy la ms temible agencia de
servicios secretos de la era moderna.
El trabajo del novelista ha consistido en reunir elementos dispersos y aportar las
precisiones de las que dispona para contar la historia de dos seres enfrentados a la ms
despiadada de las realidades.
Tuve el inmenso privilegio de conocer al monje y al venerable que sirvieron de modelo
para mis personajes. En la actualidad, ambos estn muertos. Por eso se ha podido
romper el silencio.
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Pars, una noche de marzo de 1944 en una callejuela del distrito dieciocho. La luna se
esconda entre las nubes...
Franois Branier desapareci bajo el soportal de un inmundo edificio, tras haber
comprobado que nadie lo segua. A sus cincuenta aos de edad, el mdico de cabello
cano haba conservado ese aspecto fornido y apacible que haca de l un personaje
tranquilizador, fro y clido a la vez.
Dej que la puerta del garaje se cerrara a su paso y esper unos minutos en la oscuridad.
Imperativo de seguridad. Branier viva la ms peligrosa de las aventuras. Por primera
vez en varias semanas, convocaba a sus hermanos para celebrar una reunin de trabajo
masnico, lo que los iniciados llamaban tenida. Haba muchas decisiones que tomar
por unanimidad, conforme a la Regla.
En los ltimos tiempos, varios hermanos de la logia Conocimiento, operativa en el
Oriente de Pars, haban sido detenidos por subversin o actos de Resistencia. Slo siete
de ellos podan seguir trabajando en honor del Gran Arquitecto del Universo; y tenan
que esconderse, cambiar de lugar cada vez que celebraban una tenida. Cuando el
nazismo triunf en Alemania, los masones se contaban entre los primeros perseguidos.
Las logias haban sido disueltas, pues se consideraba que ponan en peligro la seguridad
del Estado. Y muchos hermanos alemanes haban sido apresados, ejecutados sin juicio y
deportados.
La logia Conocimiento no era como las dems. Tena una caracterstica que la
diferenciaba: ostentaba el secreto del Nmero, el secreto esencial de la Orden que se
haba transmitido de generacin en generacin. Unos pocos hermanos, desperdigados
por el mundo entero, haban heredado este tesoro. Muchos haban muerto desde el
estallido de la guerra. Puede que Franois Branier, venerable maestro de la logia, fuera
el ltimo superviviente conocedor del secreto del Nmero a partir del cual todo se poda
reconstruir. Ahora faltaba que l lo pudiera transmitir, que no se lo llevara a la tumba.
En el edificio reinaba el silencio. Branier abandon el abrigo del soportal y entr en un
pequeo patio interior sumido en la oscuridad. A la izquierda haba una puerta metlica.
El mdico llam tres veces espaciadas. Una voz le dijo: Adelante.
Branier enseguida supo que lo haban traicionado. El que haba respondido no era un
hermano, o al menos se habra expresado de manera diferente. Deba salir corriendo sin
pensrselo dos veces. Branier se precipit hacia el soportal y abri la puerta del garaje.
Su tentativa de fuga se qued ah. En la acera lo esperaban cinco hombres ataviados con
un impermeable verde oscuro. La Gestapo. Unos coches negros obstaculizaban ambos
extremos de la calle. Branier cerr los puos. Lo invada una rabia fra. Resistirse era
intil, suicida. As que se qued petrificado, esperando un auxilio imposible.
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Mi enhorabuena, seor Branier dijo uno de los policas alemanes, con un rostro
plano, muy blanco y animado por unos ojillos mviles. Es usted sensato. Su reputacin
est a salvo.
La luz de la luna, que brillaba entre dos nubes, permita que Branier viera a su
interlocutor. Slo tena una pregunta:
Dnde estn mis... mis amigos?
A salvo, como usted, seor Branier. No se preocupe. Y ahora, si tiene la bondad de
subirse a mi coche...
El polica hablaba un francs sin acento y de tono servil.
Franois Branier se haca una idea completamente distinta de las detenciones a manos
de la Gestapo: esposas, golpes, rdenes imperiosas... A qu vena aquella fingida
cortesa, aquel respeto incomprensible? Sus sospechas le revolvan el estmago.
Cuando se suba al Mercedes negro, el venerable alz la cabeza. En el tercer piso del
edificio de enfrente, haba una ventana tenuemente iluminada; a la derecha, asomaba el
rostro de un hombre tras la cortina descorrida. Sorprendido por la mirada de Franois
Branier, el espa corri bruscamente la cortina y apag la luz.
Branier se dirigi al polica alemn que, como l, haba observado la escena. No perda
detalle.
Me ha delatado l?
Exacto.
Y quin es?
No lo s minti el alemn, casi riendo. Todo lo que puedo decirle es que es
masn. Lo conoci en otra logia. Nos ha puesto sobre su pista. Y ahora sbase al coche.
Cuando arrancaron, el venerable supo que tendra que aguantar hasta el final.
***
Rpido, Dios santo!
Fray Benot, de la Orden Benedictina, haba jurado una vez ms, sin siquiera darse
cuenta. No era momento para fiorituras lingsticas. Estaba demasiado preocupado con
la evasin de dos jvenes judos que deban subirse imperativamente al camin cargado
de troncos. Fray Benot los haba escondido dos das antes en los bosques circundantes
de Morienval. Haca un ao que el religioso estaba a cargo de esta antiqusima abada.
La poblacin apreciaba los dones de Benot, curandero, radiestesista e hipnotizador.
Segn la gran tradicin de la Orden, l se ocupaba activamente tanto de las almas como
de los cuerpos. El benedictino, que lideraba una red de pasadores en la frontera, haba
permitido que decenas de personas huyeran de la polica alemana.
Llegaba el camin. Haba venido por la carretera comarcal, para luego desviarse por un
camino forestal. Benot meti en la parte de atrs a los dos jvenes judos, que se
deslizaron hasta un escondite habilitado en los bajos del vehculo. Con un poco de
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Franois Branier adoraba Compigne. De nio haba ido all muchas veces a pasar las
vacaciones con su to. Juntos haban explorado el bosque, pescado en arroyos, recorrido
decenas de kilmetros en bicicleta por el placer de descubrir valles perdidos, paisajes de
la vieja Francia olvidada por los urbanitas. Pero el Compigne de hoy era el del terror.
De all salan los convoyes de presos, a quienes se trataba como ganado, rumbo a los
campos nazis de exterminio. El venerable estaba seguro de que conocera la abominable
suerte de quienes osaban desafiar a la Alemania de Hitler.
Se extra sobremanera cuando el Mercedes de la Gestapo se detuvo ante un bonito
hotel privado del centro. Lo obligaron a bajarse del coche y lo acompaaron a la
primera planta. Ahora los salones burgueses y las habitaciones eran despachos. Se
haban derribado tabiques y roto molduras para introducir el mobiliario de oficina. Pese
a lo intempestivo de aquellas horas, unos soldados escriban a mquina.
El venerable fue introducido en un lujoso despacho, sin duda el del antiguo dueo del
lugar. En las paredes haba colgados litografas y aguafuertes que retrataban
monumentos de Compigne. Parqu ilustre, mobiliario imperial. Un suboficial de unos
cuarenta aos de edad, que vesta el uniforme de las SS, estaba repantigado en un silln
rojo de respaldo alto. Tena los cabellos muy negros y un rostro anguloso.
Sintese, seor Branier. Me han dicho que se ha mostrado muy razonable. Excelente
iniciativa.
El venerable clav su mirada en la del alemn.
Dnde estn mis amigos?
Ya estn de camino a su futura residencia, seor Branier. En un tren especial, que ya
ha salido har un cuarto de hora. Con mediocres condiciones de comodidad, lo
reconozco. Pero, como usted bien dice, cual el tiempo tal el tiento.
El jefe de las SS se levant y se pase por el despacho, con la firme seguridad de un
domador. Su colega, el hombre de la Gestapo, se tena en pie en un rincn del despacho.
Es usted mdico, seor Branier?
Franois Branier no se movi de su asiento. Con la espalda recta y los antebrazos
apoyados, se senta como un condenado a muerte sentado en una silla elctrica. El
suboficial jugaba con l al gato y al ratn. Estas palabras dichas a media tinta
albergaban cien veces ms crueldad que la tortura ms atroz. El alemn tena todo el
tiempo del mundo. Buscaba los puntos dbiles para golpear con la mxima precisin y
dejar a su adversario fuera de combate. Branier no tena derecho a bajar la guardia ni un
solo segundo.
Debera responder, seor Branier. Refugiarse en el silencio es una mala tctica.
Podra amenazarlo con represalias contra sus hermanos. Es mdico?
S.
Especialista?
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para que por fin conozcamos su secreto. Como no quiero correr ningn riesgo, he
optado por lo segundo. Heinrich Himmler me ha confiado esta misin y no quiero
decepcionarlo. As que va usted a reunirse con sus hermanos, seor Branier. Sale dentro
de un cuarto de hora.
El venerable se encogi, aterrado. El suboficial de las SS lo observ con desprecio.
Puede que aquel hombre no fuera tan extraordinario como se pretenda. A menos que se
tratara de un perfecto comediante.
Descolg el telfono para confirmar la salida del convoy especial en el que saldra
Franois Branier. Fue el primer instante en que apart los ojos de su detenido.
Branier brinc como una gacela. Retorci el brazo al suboficial, le arrebat el
cortapapeles y le puso la frente sobre la mesa. A continuacin, le hundi ligeramente el
can del arma en el cuello, a la altura del bulbo raqudeo. Con una energa
sorprendente, Branier rode la mesa para colocarse detrs de l. Ahora estaba en
posicin de fuerza. El hombre de la Gestapo no haba tenido tiempo de intervenir.
Djeme salir de aqu, o lo mato.
Mtelo, Branier. Eso no cambiar nada. Otro ocupar su lugar. Usted slo saldr de
aqu para subirse a un tren.
Se est echando un farol. Ponga un coche a mi disposicin.
El suboficial de las SS respiraba con dificultad, ya que tena la cara comprimida bajo la
mano de Branier. Se haba equivocado por completo respecto al venerable, al creerlo
vencido, sin recursos.
El hombre de la Gestapo, muy tranquilamente, llam a los soldados de la guardia. Tres
de ellos entraron en el despacho, metralleta en mano.
Deje ese cortapapeles, seor Branier. Si no, dar orden de disparar. Morirn los dos.
Vamos.
Branier levant la cabeza del suboficial de las SS por los pelos. Luego lo oblig a
ponerse en pie retorcindole el brazo izquierdo. Le coloc el filo de la cuchilla en la
cartida. El suboficial se estremeci. Branier actuaba con una brutal determinacin.
Este hombre saba matar.
El coche. Rpido.
Abandonar a sus hermanos? pregunt el hombre de la Gestapo.
Al venerable se le hel la sangre. Huir era confesar que slo l conoca el secreto,
condenar a muerte a sus hermanos. Aceptar reunirse con ellos, donde los nazis lo
quisieran, era demostrar que la comunidad se tena que congregar para desvelar los
misterios.
El cortapapeles hizo un ruido seco al caer sobre el parqu. Branier solt al suboficial de
las SS y se apart de l. Invoc en silencio al Gran Arquitecto del Universo y esper los
golpes.
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abra entre dos tablas, Branier vio a una cincuentena de hombres desnudos hacinados en
un espacio para diez. Sobre la paja hmeda haba dos cadveres.
El venerable volvi a tomar asiento y se cubri la cabeza con las manos. l an tena
forma humana. l, el privilegiado. Pero hasta cundo?
***
Franois Branier haba dormitado. El continuo rechinar de las ruedas sobre los rales
actuaba como una droga. Cuando el tren se detuvo, la violencia de la inercia le hizo
topar de frente con el tabique.
El venerable se puso lentamente en pie. Mir el reloj. Se le haba parado. Haba
olvidado darle cuerda. Pese al impermeable, tena escalofros. Fuera, alguien vociferaba
rdenes en alemn. Branier se puso boca abajo. Haba luz suficiente para ver lo que
ocurra por debajo de la puerta.
En el andn, unos agentes de las SS se ayudaban de perros lobos para hacer formar a
decenas de hombres. Unos desnudos, otros vestidos con uniformes a rayas. Ni un grito
de rebelda, ni un murmullo de protesta. Un anciano se desplom. Sobre las cabezas de
los rezagados se abatan culatazos. Menos de diez minutos despus de la maniobra, el
rebao humano se dirigi hacia unos camiones entoldados con los motores en marcha.
Cuando stos abandonaron el lugar, se hizo el silencio. Branier ya no vea a nadie en el
andn. El tiempo pareca haberse detenido; era como si hubiera quedado olvidado,
como si hubiera dejado de existir. Se sinti invadido por una falsa esperanza. Despus
de todo, en cualquier ejrcito hay negligencias administrativas que hacen posibles las
huidas ms increbles. Branier busc un objeto que le permitiera abrir la puerta del
vagn. Hurg entre la paja. Nada. El tabique... No era tan grueso. La emprendi a
patadas con el endeble tabln. Al dcimo golpe, se oy un crujido. El tabique se haba
rajado por la parte inferior. Si pudiera pasar al compartimiento de al lado, seguramente
encontrara una salida. Puede que los alemanes no hubieran cerrado esa parte del vagn
tras haber desembarcado a sus presos. La parte inferior del tabln cedi. Sin
preocuparse por las astillas, Branier arranc con sus manos la parte restante. Los
msculos de la espalda se le tensaron.
Estaba empapado en sudor, jadeante. La madera gema, ceda poco a poco.
Ya est murmur.
La puerta del vagn se corri bruscamente. El glido aire azot en la cara al venerable,
que arroj el tabln destrozado al compartimiento de al lado.
En el andn, haba un agente de las SS. Un jefe. El suboficial que haba interrogado al
venerable en Compigne.
Me decepciona, seor Branier. Esta tentativa de evasin es absurda. Sganos.
Branier baj al andn con infinita parsimonia, como si se moviera a cmara lenta. Se
dirigi al Mercedes negro, flanqueado por dos agentes de las SS con rostros
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de mostrarles su alegra. Pero se qued boquiabierto, como paralizado por una fuerza de
inercia. Al volver la cabeza, comprendi que su instinto no lo haba traicionado. El jefe
de las SS lo observaba. Esperaba su reaccin. Branier advirti su decepcin. El alemn
se habra alegrado de verle perder el control.
Agarr a Branier y lo oblig a colocarse el ltimo en la fila india. El venerable se
encontraba junto a sus hermanos, pero stos lo ignoraban. En aquel austero despacho
reinaba un silencio sepulcral, que slo perturb el taconeo de las botas sobre el parqu.
El jefe se puso al lado del secretario; el cual abri ante l un registro en blanco. En lo
alto de la pgina, anot Erkenntnisloge (logia Conocimiento), Pars; debajo, Name
der Bruder (nombres de los hermanos).
Seores anunci el jefe de las SS, vamos a registrarlos. Indiquen al Schreiber
nombre, edad y profesin.
La tensin iba en aumento. Los rostros de los hermanos se contraan. Dentro de unos
instantes, pasaran a ser nmeros en un registro de exterminio, un libro tenebroso. El
jefe percibi la angustia que los crispaba.
El primer hermano se present ante el Schreiber o secretario.
Pierre Laniel, 52 aos, industrial.
Laniel era un hombrecito de cabello ralo y frente estrecha. Sin personalidad aparente.
Meticuloso, preciso y nervioso, era uno de esos seres, considerados insignificantes, que
lideran sin recurrir a gritos ni a medios autoritarios.
De qu rama?
Metalurgia.
Una ocupacin familiar cada en desuso que Pierre Laniel haba recuperado a pulso.
Necesito un dato mucho ms importante susurr el jefe de las SS con una voz
aguda, fruto de la excitacin. Cules son sus grados y funciones en la logia
Conocimiento?
No s a qu se refiere.
El nazi mir al industrial con severidad.
No juegue conmigo, Laniel. Estamos al corriente. Andarse con rodeos no le servir
de nada!
Est bien, he sido maestro masn; pero usted sabe perfectamente que mi logia no se
ha vuelto a reunir desde el estallido de la guerra.
Mentira! se enfureci el alemn.
Pierre Laniel no se inmut. Revelar que era Maestro no aportaba nada al nazi que, sin
duda, posea nombres, direcciones y grados de la mayora de los masones franceses. Los
hermanos preocupados por su propia seguridad haban cedido los archivos a la
Gestapo. En cambio, la naturaleza de sus funciones iniciticas formaba parte de los
secretos que l no estaba dispuesto a revelar a un profano, aun cuando ste fuera su
verdugo. Con dicha respuesta, Laniel indicaba a sus otros hermanos el camino que
deban seguir.
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Jean Serval grit. Un fuerte dolor en los riones. Un culatazo seco, profundo. La
primera manifestacin de brutalidad. Y una orden en alemn que el venerable no
entendi. Los hermanos esperaban que el venerable se reuniera con ellos, que la logia
fuera reconstituida. Esperanza frustrada. Los agentes de las SS les hicieron abandonar la
sala donde se haban convertido en nmeros. Franois Branier haba permanecido
inmvil frente al secretario y al jefe nazi.
Se los llevan al block, seor Branier. Espero que sepa inculcarles un mejor sentido de
la disciplina. Me han parecido arrogantes. El comandante del campo no aguantar
mucho tiempo semejante actitud.
El jefe de las SS, con las manos cruzadas detrs de la espalda, sali de la sala
martilleando el parqu con fuertes taconazos. Dos soldados obligaron a Branier a
seguirlo. Subieron hasta la ltima planta de la torre. Seguir, subir, bajar, bajar otra vez,
volver a subir, seguir... Habra otro destino? El venerable avanzaba entre paredes
grises. Los peldaos de la escalera de madera crujan bajo sus pies. Siempre esa
angustia difusa que se pegaba a la piel. No bastaba con ruidos normales y respiraciones
humanas. Aquellos soldados de uniforme negro haban perdido el alma. No pensaban,
no tenan sentimientos, no saban ni amar ni odiar. Obedecan las rdenes porque eran
rdenes. Porque sa era la doctrina.
Sin embargo, como ante cualquier ser que se cruzaba en su camino, el venerable se
preguntaba: cabra la posibilidad de que este soldado, dispuesto a matar, recuperara la
conciencia; de que atravesara la puerta del templo y accediera a la iniciacin? Por lo
general, Franois Branier reciba un eco por respuesta, aunque fuera negativo. Pero, esta
vez, slo sinti un fro vaco. No haba ni corazn ni entraas bajo aquellos uniformes.
Robots con rostro humano. Quin diablos los haba creado? Qu malfico poder haba
concebido aquella fortaleza donde la ms rica de las vidas interiores se iba a desintegrar
en unas horas y convertirse en polvo? En tanto que mdico, Franois Branier haba
conocido el sufrimiento en todas sus formas. En ocasiones, haba sido incapaz de
aliviarlo. Pero era la primera vez que se enfrentaba al Mal, a cara descubierta.
No haba recibido ni un solo golpe. Y todava llevaba puesto su traje de hombre libre.
Pero el Mal estaba ah, insidioso, al acecho.
En el rellano de la ltima planta, haba una puerta abierta. El jefe de las SS hizo entrar
al venerable en un despacho de considerables dimensiones. Las paredes estaban
cubiertas de fotografas enmarcadas. Retratos de Hitler, de Himmler, de regimientos de
las SS, de la multitud saludando al Fhrer; pero tambin del interior de la fortaleza
desde todos los ngulos: los chals de los presos, la caserna de las SS, las duchas, las
alambradas de espino, el patio...
Sentado en un viejo sof de respaldo alto, el comandante del campo lea un informe que
le haba transmitido su ayudante de campo, un joven rubio que estaba de pie en actitud
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petrificada. Sobre la pesada mesa de roble del despacho, descansaban unas palmatorias
en plata maciza. Al comandante del campo le gustaban las rarezas. Levant la mirada
hacia su visita.
Seor Branier... me alegro de acogerlo en este castillo del Reich.
La almibarada pesadilla continuaba. Aquello no era ya un presidio, sino un castillo. El
jefe del campo tena el aspecto de un modlico funcionario, con su expresin
bonachona, su entrecana cabellera, su aire ms bien clido. Branier casi la habra
considerado una reunin de negocios.
Tenga la bondad de dejarnos a solas, Klaus. Yo mismo interrogar al seor Branier.
Mi ayudante de campo anotar sus respuestas.
La voz del comandante se haba vuelto cortante. El jefe de las SS, de quien el venerable
haba aprendido el nombre, salud entrechocando los tacones y abandon el despacho.
Branier tuvo la sensacin de que ste no estaba demasiado conforme con la orden.
Qudese de pie, Branier. En este despacho, slo me siento yo. Cuestin de jerarqua.
Le dolan las piernas slo de pensar que estaba en pie. Sin embargo, el venerable desvi
la atencin hacia el ayudante de campo que, pluma de oca en mano, se situ ante un atril
sobre el que haba colocado un cuaderno negro. Esta vez pens Franois Branier,
la balanza se inclina a favor de la locura. Un tirano en un decorado de la Edad Media.
Un agente de las SS que hace de monje amanuense mientras su jefe lo trata de seor.
Se puede saber quin le ha dejado conservar esta ropa?
Nadie en especial respondi Franois Branier.
El comandante encendi un cigarrillo con la llama de una vela. Se tom su tiempo. Una
serpiente que hipnotizaba a su presa.
Llevamos mucho tiempo buscndolo, seor Branier... Qu ha estado haciendo
ltimamente?
Atendiendo enfermos. Soy mdico.
El comandante aplast el cigarrillo. Su ayudante de campo no se atrevi a dejar
constancia de la respuesta. El venerable contuvo la respiracin.
Qu tipo de enfermos? Soldados alemanes, quiz? Soldados que ha curado
hacindolos pasar a mejor vida? Creo que no valora bien su situacin, seor Branier. Ya
no es tiempo de mentiras. Aqu slo aceptamos la verdad. Usted se esconda porque
llevaba a cabo acciones deshonestas. Es masn. O peor, venerable maestro de una logia.
Peor an, de una logia que cree poder guardar su secreto. No debe haber secretos para
los hombres de la nueva era. El Reich no tolera a los conspiradores.
El ayudante de campo anotaba febrilmente el discurso de su seor. El venerable se
asfixiaba. Habra preferido un calabozo cualquiera a aquel despacho. Aguantar. Dejar la
mente en blanco.
Estoy convencido prosigui el jefe de las SS de que no se ha percatado de la
grandeza de esta nueva era. Nuestro Fhrer no es un poltico decadente y corrupto
como los que existan en su viciada Europa. Es el sumo sacerdote de una autntica
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religin. Los cristianos y los judos son satnicos. Los masones, tambin. Habr que
exterminarlos. Pero otros se encargarn de hacerlo. Aqu, seor Branier, est en un lugar
privilegiado. He seleccionado a individuos de lite; a quienes ostentan poderes y
guardan secretos.
Siento decepcionarlo intervino el venerable. Ninguno de nosotros ostenta ningn
poder en particular. El secreto de mi logia desapareci cuando dej de reunirse, al inicio
de la guerra.
El jefe del campo descruz las piernas y dio un puetazo en la mesa de roble.
La guerra! Es lo nico que sabe decir! Ya no hay guerra. El Reich ha ganado. Para
qu seguir mintiendo? De verdad cree que su sistema de defensa sirve de algo? Yo no
tengo prisa... acabar hablando. Acabar dicindomelo todo, desahogndose.
El comandante se volvi hacia su ayudante de campo.
Llvense al venerable Branier a su block.
El venerable, siempre acompaado por dos agentes de las SS, fue conducido al block o
barracn de color rojo. Procur cerrarse al diablico mundo que lo rodeaba; no dejar
que hicieran mella en l las paredes grises, los rechinantes peldaos, el sol del patio, las
alambradas de espino; no convertirse en su propia prisin.
El barracn rojo pareca un pequeo chalet. Visto de cerca, era evidente que haba sido
construido deprisa y corriendo. Haba algunos listones de madera separados, que
dejaban entrar el aire glido. Las dos ventanas que daban al patio estaban mal ajustadas.
El techo estaba agujereado en ciertos lugares. Bricolaje. Improvisacin.
La puerta no tena pomo. Un agente de las SS la abri de una patada. El venerable entr
en una enorme sala desierta, de unos treinta metros cuadrados. Sobre el suelo de
hormign haba siete jergones.
Estaban todos all. Pierre Laniel, el industrial; Dieter Eckart, el profesor; Guy Forgeaud,
el mecnico; Andr Spinot, el ptico; Raoul Brissac, el picapedrero; Jean Serval, el
escritor. Todos los que haban sobrevivido al exterminio.
La puerta se cerr tras el venerable. Al fin solo con sus hermanos. Dieter Eckart, muy
emocionado, se levant el primero y se plant frente a Franois Branier.
Me alegro de verte, venerable maestro.
Los dos hombres se dieron un triple abrazo fraternal y un sculo de paz. Los otros
hermanos hicieron lo propio. Andr Spinot lloraba. De miedo y de alegra. El venerable
sinti que recobraban la confianza, que su presencia les devolva un equilibrio
indispensable; como si pudiera aportar una solucin, abrirles un camino hacia la
libertad. Aun cuando sta no existiera. Cualesquiera que fueran sus dudas y sus
tormentos, el venerable no deba confesarlos. Por eso la carga que lo abrumaba le
pareca an ms pesada.
Hermanos mos pidi el venerable, formemos la cadena de unin.
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En el interior del barracn de una fortaleza nazi perdida en montaas remotas, siete
masones formaron la cadena fraternal clebre, segn la tradicin, desde los albores de la
humanidad. Con los pies en contacto y las manos unidas, cerraron los ojos para
comulgar mejor, para sentir mejor la fuerza vital de su comunidad nuevamente reunida.
Que el Gran Arquitecto del Universo est siempre con nosotros! invoc el
venerable maestro.
Franois Branier, al igual que sus hermanos, senta el formidable calor que emanaba de
aquel pequeo grupo de hombres atrapados entre las garras de un solo monstruo. A
partir de entonces, la logia Conocimiento exista en aquel lugar, en aquel Oriente de
exilio donde ejercera plena y absoluta soberana. Los siete hermanos presos volvan a
ser libres, aptos para comunicar.
Un crujido vino de afuera. Ruido de botas sobre las gravas del patio. Los hermanos
rompieron la cadena. Se abri la puerta del barracn, y apareci la silueta del jefe de las
SS. ste se apoy en el umbral, con las piernas ligeramente separadas y los brazos
cruzados detrs de la espalda. Contempl irnico a los masones, como si tuviera
constancia del rito que acababan de celebrar. En adelante, el venerable debera tomar
precauciones. Pero cmo arrepentirse de haber cedido a un impulso que los haba
unido como un solo ser?
Entrguenme ahora mismo todos los objetos metlicos que lleven encima: relojes,
alianzas, sortijas de sello...
El jefe de las SS dej pasar a un agente con una cesta de mimbre. Era un hombre
barrign, mal afeitado, con la frente muy ancha y afeada por una mancha en vino de
Oporto.
El venerable fue el primero en dar el paso. Entreg el reloj. Jams haba llevado alianza.
Sus hermanos se mostraron igual de dciles, y la cesta enseguida se llen. Pierre Laniel,
el industrial, se quit con pesar la alianza que llevaba desde haca veinticinco aos.
Presenta que nunca ms volvera a ver a su esposa. Habra querido conservar aquel
recuerdo suyo, clavar la mirada en el anillo de oro cuando le llegara la hora. Al
entregarlo, se qued como mutilado.
El intendente se detuvo ante Raoul Brissac, el picapedrero. Con un gesto violento, le
arranc el anillo de metal que le colgaba de la oreja izquierda. Se salpic de sangre. El
agente de las SS sacudi el botn, al que se haba quedado enganchado un trozo de piel,
y luego lo arroj a la cesta.
Les haba dado una orden precis el jefe.
Brissac hizo un esfuerzo indecible para no gritar de dolor. Estaba dispuesto a
abalanzarse sobre el intendente y golpearlo hasta la muerte. Pero su mirada se haba
cruzado con la del venerable. El maestro de la logia le peda que no reaccionara. Y la
jerarqua de la comunidad, libremente aceptada, no se discuta. Raoul Brissac, con la
mirada levantada hacia el techo del barracn, y mordindose los labios hasta sangrar
para olvidar el sufrimiento que le encenda el nimo, no rechist. El intendente le haba
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Permanecieron ms de una hora sin hablar. El venerable dej que se recobraran. Estaban
sentados contra las paredes del barracn, y cada uno de ellos aguardaba a que algn
hermano descubriera un rayo de esperanza. Branier los observaba. Pierre Laniel...
humano, un lder capaz de soportarlo todo, a veces desarmado por el Mal. Un maestro
declarado, apto para recibir el secreto. Dieter Eckart... una honda sensibilidad bajo su
mscara de aristcrata, una prodigiosa inteligencia. Un futuro venerable. Guy
Forgeaud... el ms hbil, capaz de arreglrselas en cualquier situacin; el anarquista
genial, profundamente vinculado a la comunidad. Andr Spinot... el ms sensible y el
ms frgil. Asesinado por la vida, mil veces vencido aunque nunca derrotado. Largos
aos de trabajo para controlar su tumulto interior. Raoul Brissac... un autntico
compaero del deber que tambin haba querido conocer la masonera. La suya fue una
transformacin difcil, por su carcter rebelde e impulsivo. Un corazn de oro y unas
enormes ganas de vivir. Jean Serval... el ms brillante de los aprendices, el principiante
capaz de llegar al fin del mundo si no se perda en el camino.
No los juzgaba. Los quera a todos. Por eso tena que conservar la lucidez. Hermanos,
s, hermanos de espritu libremente elegidos para recorrer juntos el estrecho sendero que
iba de las tinieblas a la luz; hermanos que hoy se ocultaban como animales llevados al
matadero.
Me voy a cargar a ese cabrn dijo bruscamente Raoul Brissac, rompiendo el
silencio. Un puetazo en la cabeza, uno solo, y reventar como una fruta podrida.
No tienes derecho a hablar as intervino Laniel. Deja que se explique, incluso
aunque nos haya traicionado. Es un hermano, l...
No lo interrumpi Andr Spinot, siempre postrado, pero cuya voz reson con
especial claridad. La masonera ha muerto. Los hermanos ya no existen. Ya no tienen
nada que decir, nada que demostrar. Las logias son conchas vacas. El primer golpe de
viento las ha barrido. Y nosotros... nosotros vamos a morir porque somos los ltimos
guardianes del secreto.
Tienes razn asinti Dieter Eckart.
El profesor nunca les haba parecido tan seguro de s mismo, tan tranquilo.
Menudo campo de concentracin, y menudos alemanes! seal Guy Forgeaud, en
tono casi burln, como de costumbre.
Por qu dices eso? inquiri Pierre Laniel.
A los alemanes les encanta alardear de sus ttulos. Son todos Oberstampfhrer o algo
parecido. Adoran la disciplina, la posicin de firmes. Ni se os ocurra contestarles. Aqu,
basta con ser educado y con escucharlos hablar un francs casi sin acento.
Tienen miedo dijo el venerable.
Seis pares de ojos sorprendidos lo contemplaron.
Se creen que tenemos poderes. Ellos son todopoderosos, pero nunca se sabe...
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S... nada especial. De escalar por las paredes, ni hablar. Demasiado altas. En la cima,
hay alambradas de espino, seguramente electrificadas. Al lado de nuestro barracn est
la caserna de las SS; a la derecha, los meaderos; y, junto a stos, las duchas. Tal vez
haya otros edificios en algn rincn. Yo no he visto nada ms.
No has visto a otros presos?
No. Pero a lo mejor estn encerrados en otros barracones. Hermanos, quin sabe...
Puede que ste sea un campo de concentracin para masones...
El venerable not que un pnico sordo se apoderaba de sus hermanos. Si Raoul Brissac
confesaba su impotencia, es que apenas tenan posibilidades.
Vamos a celebrar una reunin de maestros anunci. Los dems hermanos
vigilarn la puerta y las ventanas.
La vida segua su curso normal. En cuanto una toma de decisin comprometa la vida de
la comunidad, el venerable tena el deber de convocar la Cmara del medio, integrada
por maestros de la logia. Era, desde siempre, la nica asamblea soberana de las
hermandades iniciticas. Se rega por una regla de oro: la unanimidad.
Cuatro maestros de la logia se haban librado del tormento: el venerable Branier, Pierre
Laniel, Guy Forgeaud y Dieter Eckart. ste ltimo tena a su cargo la enseanza
inicitica impartida a los compaeros. Guy Forgeaud realizaba una tarea comparable
con los aprendices. Laniel velaba por la estricta aplicacin de la Regla. Cuando la
Cmara del medio se reuna, compaeros y aprendices abandonaban el templo. Esta
vez, en el espacio desierto del barracn rojo, se conformaban con volver la espalda a los
tres maestros que celebraban una asamblea secreta en uno de los rincones de su prisin.
A mi golpe de mallete dijo el venerable, entramos en la Cmara del medio.
Franois Branier dio un puetazo en la pared con la mano derecha. No tena ni mallete,
ni mandil, ni comps, ni escuadra, ni espada flamgera, ni altar... aqulla era la tenida
ms pobre que haba celebrado jams.
Con su traje arrugado, se senta casi indecente con respecto a sus hermanos, ataviados
con su uniforme grisceo.
Hermanos maestros, tenemos que tomar una importante decisin. Segn dicta nuestra
Regla, debo consultaros y someter a votacin mis propuestas.
Pierre Laniel consideraba sorprendente la actitud adoptada. All estaban los cuatro,
fantasmas de masones perdidos en el infierno. Pero fantasmas que celebraban un rito
esqueltico... Laniel crea enloquecer. Le costaba tragar saliva. Echaba en falta el marco
habitual de una sesin masnica, la magia de las costumbres y los smbolos. La
frustrante frialdad del barracn le impeda concentrarse.
El venerable percibi el desconcierto de su hermano Laniel. Y estaba convencido de
que la aparente calma de los otros dos maestros esconda una angustia igual de
profunda. El mismo senta que poco a poco lo invada un miedo pesado.
Cuando nos detuvo la Gestapo prosigui, tenamos que haber procedido a la
eleccin del nuevo venerable de la logia. Conforme a la Regla, vuelvo a poner mi cargo
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en vuestras manos. No somos ms que cuatro maestros, los nicos capacitados para
votar. El procedimiento es vlido, siempre y cuando se respete la ley de la unanimidad.
El lugar donde nos hallamos se ha convertido en templo. Nada ms. Aunque el rito de
transmisin se redujera al mximo, se llevara a cabo por completo. Pido que se declare
un candidato.
Guy Forgeaud, maestro demasiado joven, no haba realizado las suficientes funciones
dentro de la logia para convertirse en venerable. Pierre Laniel procur que su mirada no
se cruzara con la de Franois Branier. Jams se habra credo en condiciones de acceder
a ese misterioso cargo en el que se reciban las claves ltimas de la iniciacin. Se
conformaba con ser maestro. Le pareca que todava no haba descifrado todos sus
secretos. Por supuesto, era un empresario. Haba aprendido a dirigir hombres, ya fueran
ingenieros o peones; haba sabido hacerse querer y temer, convertirse en el eje de un
edificio social en el que todo el mundo encontraba su lugar. Cuntos conflictos
cotidianos haba resuelto mostrndose unas veces inflexible y otras, diplomtico? Haba
pasado por crisis, por momentos difciles; pero siempre haba logrado salir adelante.
Laniel crea conocer bastante bien a los hombres y sus pasiones, sus defectos, sus
ambiciones, su grandeza tantas veces inesperada. Pero dirigir a los hermanos,
orientarlos, servir de mediador entre ellos y el Gran Arquitecto del Universo... de eso
an no se senta capaz. El nico que poda suceder a Franois Branier era Dieter Eckart.
Con los ojos medio cerrados y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, Dieter
Eckart pareca meditar. Su espritu estaba lejos, muy lejos de la fortaleza nazi. Posea
semejante poder de concentracin, semejante firmeza de carcter, que lograba abstraerse
en las peores situaciones. Tena tan presente como Laniel el principal objeto de la
tenida que la logia debera haber celebrado la noche de la redada. Eckart saba que los
hermanos de Conocimiento le profesaban respeto y confianza. Tambin saba que era
el sucesor deseado por el propio Branier, aun cuando el venerable en funciones no tena
derecho a designarlo como tal.
En efecto, haba imaginado otro lugar para abordar esta cuestin. Incluso en la
clandestinidad, la logia haba sabido obtener locales decentes para dar vida a la magia
ritual. Pero aqu... Eckart pens en estos pocos hombres que, desde la iniciacin, haban
recibido el encargo de dirigir una comunidad como aqulla. Cualesquiera que fueran su
raza, civilizacin o carcter, haban sido elegidos para transmitir la luz. Para hacer vivir
la vida y morir la muerte.
Venerable maestro seal Dieter Eckart, todos sabemos que el venerable de
Conocimiento no es un jefe de logia corriente. No se trata de una mera entrega de
poderes. Tambin estn el secreto del Nmero, la clave de bveda de la hermandad.
Branier asinti con la cabeza.
Entonces apliquemos la Regla propuso Eckart. Votemos con conocimiento de
causa.
Franois Branier se sinti aliviado. Se haba sacado un inmenso peso de encima.
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Declaro vacante el cargo de venerable maestro. Pido a uno de los maestros declarados
de la logia que, tras haber ayudado y participado en todas sus misiones, tras haber sido
reconocido como tal por sus hermanos maestros, tras haber dirigido las tareas de
compaeros y aprendices... le pido que ponga su candidatura en las manos del Gran
Arquitecto del Universo.
Pierre Laniel haba renunciado. Prefera permanecer en la sombra y secundar al futuro
venerable. Branier, que ya haba pasado pgina, esperaba que Dieter Eckart se
pronunciara. Finalmente, ste tom la palabra.
Para el prximo ao de luz, propongo como venerable maestro a... Franois Branier.
Dieter Eckart se haba expresado con una alegra pausada, contenida, y en un tono que
no admita rplica. Pierre Laniel, sorprendido en un primer momento, consider que su
hermano haba tenido una excelente intuicin. Guy Forgeaud no disimulaba su alegra.
Dio el visto bueno con una sonrisa.
Apoyo esta candidatura aadi. Hermano Franois, puedes asegurarnos que te
sientes con la fuerza fsica y espiritual para asumir tus funciones?
Franois Branier estaba acurrucado, con la cabeza hundida entre los hombros,
mirndolos con ojeriza. Sus hermanos conocan perfectamente aquella actitud. Quera
decir que el venerable reflexionaba de mala gana.
Y si os dijera que he perdido esa fuerza? Que soy un viejo masn desgastado,
fatigado, incapaz de dirigir esta logia por ms tiempo sin cometer un gran nmero de
barbaridades?
Pierre Laniel se estremeci. Un venerable tena la posibilidad de dejar su cargo en
manos de los hermanos si se consideraba incapaz de desempearlo.
Si nos dijeras eso respondi Dieter Eckart, no te creeramos. Nunca has estado
en mejor forma. Los aos no pasan por ti. Es imposible que renuncies a tu funcin en
semejante momento. No me hagas evocar tu sabidura, tu experiencia, tu proyeccin...
no tenemos la costumbre de echamos flores. Ni Pierre ni yo podemos reemplazarte, y
todos lo sabemos. Es hora de que te confiese algo: habra apoyado tu candidatura y no la
ma incluso en circunstancias normales. Todava te queda mucho por hacer para formar
a tu sucesor, venerable maestro. No dejes que nada te detenga.
Llueve! grit Jean Serval, el aprendiz, apostado en una de las ventanas del
barracn.
No caa ni una gota de lluvia. Pero dos agentes de las SS, seguidos del jefe, venan hacia
el barracn rojo. Serval haba empleado la frmula ritual para advertir a los hermanos
de la llegada de un profano.
A mi golpe de mallete anunci el venerable, quedan suspendidos nuestros
trabajos.
Dio un puetazo en la pared con la mano derecha, unos segundos antes de que se abriera
la puerta del barracn para dar paso al jefe de las SS.
Klaus contempl a sus presos y se percat de que los maestros estaban agrupados.
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Espero que estn pasando unas buenas vacaciones dijo. Les traigo una invitacin
para cenar. De parte del comandante de esta fortaleza. Vendremos a buscarlos.
Ni el menor rastro de acento alemn. Todava no haban odo hablar de ningn ttulo
rimbombante de los que tanto gustaban los agentes de las SS. Y, encima, una
invitacin a cenar... Haba algo que no encajaba. Era como si el terror reculara para
cebarse, para impactar mejor. El jefe de las SS cerr de golpe la puerta del barracn.
A mi golpe de mallete anunci el venerable, la logia se abre al grado de
aprendiz.
Volvi a dar un puetazo en la pared.
Todas las miradas se volvieron hacia l.
Hermano Raoul, t asumirs la funcin de retejador.
El compaero Raoul Brissac, picapedrero, se apost junto a la ventana, decidido a no
dejar entrar en el templo ningn elemento impuro.
Ocupad vuestros lugares, hermanos mos.
La magia de las viejas frmulas hizo que se les pusiera a todos un nudo en la garganta.
El venerable estaba de pie, en medio de la pared que haba al fondo. A su izquierda,
Pierre Laniel, Guy Forgeaud y Andr Spinot. A su derecha, Jean Serval y Dieter Eckart.
Enfrente, Raoul Brissac.
Lo que ms urge, hermanos mos, es reunir los elementos necesarios para vivir
nuestro ritual. Hay que hacer todo lo posible por celebrar aqu nuestra iniciacin.
Los ojos brillaron de esperanza. El venerable devolva a sus hermanos las ganas de
luchar; de encontrar incalculables tesoros como la tiza o las velas.
Pierre Laniel levant la mano derecha para pedir la palabra.
El problema ser salir de este barracn. Quiz hayan decidido dejar que nos
pudramos aqu.
No lo creo objet el venerable. Est esa cena. Espero que podamos beber y
comer. Demos un repaso a nuestras observaciones sobre el campo. Unos y otros hemos
destacado detalles diferentes. Que cada uno tome la palabra. Guy, t nos hars un
resumen.
Cada hermano dio su versin. Guy Forgeaud memoriz lo esencial de las
intervenciones. El mecnico, contrariamente a lo que haba dicho al jefe de las SS, tena
una memoria prodigiosa. Con permiso del venerable, tom la palabra cuando todos los
hermanos haban acabado.
Por mi parte, no tengo nada que aadir a lo dicho... Gracias a las intervenciones de
unos y de otros y a las fotos que nuestro venerable ha visto en el despacho del
comandante, sabemos que la torre central de la fortaleza alberga los servicios
administrativos y las salas de interrogatorio. En la cima, un camino de ronda, focos y
metralletas pesadas. Una autntica torre viga que basta para controlar el interior del
campo. Los barracones estn situados a lo largo de la muralla de la fortaleza, muy
elevada y coronada por alambradas de espino electrificadas. Hay varios barracones de
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colores diferentes. El nuestro es el nico que tiene dos ventanas. Cuando fue al de los
lavabos, que est junto al de las duchas, Raoul se fij en que las ventanas de las otras
casetas estaban tapiadas. No sabemos si hay otros presos en el campo. Por ltimo, entre
los chalets y las instalaciones sanitarias, se alza una caserna de las SS. Los
suboficiales deben de alojarse en la torre.
Andr Spinot levant la mano.
Este campo no es normal.
Por qu no? inquiri Serval, el aprendiz, a quien el venerable haba concedido
excepcionalmente la palabra. Estamos encerrados en esta barraca, ni siquiera nos dan de
beber, esos locos uniformados no dejan de asediarnos...
Asediarnos... De momento, se estn conteniendo. Nada que ver con lo que se sabe de
los campos de concentracin nazis.
Las palabras de Andr Spinot actuaron como una corriente de aire glido. Cada
hermano tom conciencia de que, tras las apariencias, se escondan los crculos del
infierno. En qu instante caera la mscara?
Andr Spinot, el ptico, antepona la lucidez en su lista de virtudes. Para l, velar lo
real, ya fuera por miedo o desesperacin, era la peor de las cobardas.
Nos falta un dato de gran importancia intervino el venerable.
Cul? pregunt Forgeaud.
La ubicacin de la enfermera. Tiene que haber una. Yo soy mdico. Debera tener
acceso a ella. E incluso ser nombrado encargado.
Un sueo. Sin embargo, Spinot no tuvo nada que objetar. El venerable haba
descubierto un nuevo camino.
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Haba que soltar lastre, sin darle el extremo del hilo de Ariadna que permitira al
comandante de las SS llegar al fondo.
Conocimiento trabajaba con los grados de aprendiz, compaero y maestro.
... y maestro repiti el comandante. Rarsimo. Entonces celebraban reuniones
secretas?
Mera exigencia ritual. Cuando los maestros se renen, compaeros y aprendices
quedan al margen.
Seguro, venerable... pero nada obligaba a los maestros de Conocimiento a reunirse
tan a menudo en Cmara del medio. sta es la expresin, no?... As que aquellas
noches slo celebraban algo ritual... Y qu pasaba exactamente? Qu preparaban en
las sombras?
El venerable tosi. Tena la garganta seca. Casi al mismo tiempo, el aprendiz Jean
Serval se escurri de la silla y, cual ttere desarticulado, cay sobre el parqu del
comedor. Sus vecinos quisieron intervenir, pero los agentes de las SS se interpusieron.
El venerable se puso en pie.
No se mueva! orden el comandante de las SS.
Soy venerable y mdico replic Franois Branier, desafindolo. Mi hermano
Serval ha sufrido un desmayo. Yo mismo lo atender. Llvennos a la enfermera. Luego
retomaremos la conversacin. Y si no, acabe con nosotros ahora mismo.
El comandante del campo analiz la situacin en un segundo. El incidente le
demostraba que los hermanos de Conocimiento no queran que los separaran. Ah
radicaba su fuerza. Al confinar al venerable en la enfermera, debilitara su capacidad de
resistencia.
La cena ha terminado. El venerable y el enfermo, al block sanitario. Los dems, al
block rojo.
El comandante tambin se puso en pie, brusca y majestuosamente. El venerable senta
un curioso respeto por aquel hombre. No haba sido elegido al azar. Loco pero nada
obtuso, fantico pero lcido; sera el peor carnicero. Conocimiento haba cado en sus
redes.
Dos agentes de las SS levantaron a Jean Serval del suelo y lo arrastraron hasta la puerta
del comedor. A los dems hermanos los obligaron a colocarse en fila india. De pasada,
Guy Forgeaud tuvo tiempo de engullir un trozo de souffl.
Un momento! Helmut...
El ayudante de campo llev al comandante una enorme cesta con los relojes, los anillos,
las alianzas y las sortijas de sello pertenecientes a los hermanos. A continuacin, ste
meti la mano en su interior y los removi hasta hacerlos sonar.
En masonera, a esto lo llaman metales. Los dejan a la puerta del templo antes de
cada tenida. Despus, los recuperan... esta vez, yo decido. Procuren trabajar bien, si
quieren ser libres...
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segn algunos supervivientes que llevan seis meses aqu, habra habido un centenar de
vctimas: fro, desnutricin...
Ha creado usted esta enfermera?
Ampliado. Antes era un simple cuartucho. Crean que este tipo de presos podra
eludir los problemas de salud, incluso en las peores condiciones.
Qu tipo de presos?
El monje mir a su interlocutor con suspicacia.
Gentes que deberan tener poderes... magos, astrlogos, videntes... Los agentes de las
SS creen en la energa psquica. Estn convencidos de que estos pobres individuos
guardan secretos fabulosos susceptibles de convertirse en armas con las que ganar la
guerra. Influencia a distancia, hechizos y otras pamplinas... Verdaderos secretos, slo
hay dos: Dios y la fe.
El aprendiz Jean Serval dej de hacerse el enfermo. Abri los ojos y se puso en pie. Las
palabras pronunciadas por el monje lo haban confortado. La mayor sorpresa se la llev
cuando una mano de hierro lo levant del suelo como un vulgar paquete.
Qu es todo esto? grit el monje.
Una treta para acceder a la enfermera explic el venerable.
El monje volvi a dejar a Serval en el suelo.
Se puede saber dnde radica su poder?
Al parecer, guardamos un secreto respondi el venerable.
Cul?
Ninguno. En las SS se lo inventan todo.
El monje se rasc la barba, incrdulo.
Sabe quin manda en este campo?
Nos hemos tenido que ver con el comandante, con su ayudante de campo y un jefe de
las SS que nos acompa desde Compigne. No s sus apellidos ni sus grados exactos.
Slo conozco los nombres del ayudante de campo y del jefe, Helmut y Klaus. Hablan un
francs perfecto, sin acento.
Normal. Estos agentes de las SS son de una calaa un tanto especial indic el
monje. Pertenecen a la Aneherbe, un cuerpo especial encargado de ocuparse de los
poderes psquicos y de quienes los poseen. Tienen su propia jerarqua y libran su propia
guerra. As que, seor Branier, usted no es un ciudadano cualquiera. Como tampoco lo
son sus seis camaradas. Aqu, hay que jugar limpio, o estamos perdidos. Le repito: cul
es su secreto?
Ocpese primero de mi amigo Jean Serval. Ya hablaremos luego. Si los alemanes
vienen a echar un vistazo, deben ver a un enfermo.
La ira anid en el rostro del monje. Si no fuera porque era un hombre de Dios, habra
sacudido de buena gana a aquel joven hurao que no daba su brazo a torcer y hasta se
atreva a tomarle el pelo.
Por allorden el monje a Jean Serval. Estrese y espere.
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Arriba!
Una mano sacudi al venerable. Cuando ste abri los ojos, esperaba descubrir una
cama mullida, inundada de luz, y percibir el olor a caf humeante. Pero all slo estaba
la siniestra enfermera de la fortaleza nazi y el semblante austero del monje.
Es tarde. Levntese.
Qu hora es?
Segn mis clculos, el sol ya hace un buen rato que ha salido. Tenemos trabajo que
hacer. Para las necesidades fisiolgicas, ah estn los cubos, en el rincn. Los
vaciaremos cuando los agentes de las SS nos lo permitan.
El venerable se desperez. El monje lo observ como a un mal alumno.
Debera hacer ms ejercicio, venerable. Lleva usted una vida demasiado sedentaria.
Franois Branier mir fijamente a los ojos.
Llevo ms de dos aos sin dormir en la misma cama. He recorrido miles de
kilmetros por toda Europa. He viajado en todos los medios de transporte imaginables.
Y a eso lo llama falta de ejercicio?
Una sonrisa franca ilumin el rostro del monje.
No se ofenda, venerable. Es usted muy susceptible. Sigo pensando que un poco de
gimnasia le har mucho bien. En el monasterio, tenemos una tcnica sencilla para no
oxidarnos. Mire.
El monje inspir y expir profundamente; luego, con las manos en las caderas, hizo
girar rpidamente el cuerpo. A continuacin, se toc los pies diez veces con las manos,
manteniendo las piernas estiradas.
El venerable se encogi de hombros.
Le aconsejo que haga esto cada da. Renase conmigo al fondo. Hay un enfermo que
me preocupa.
El venerable esper a que el monje estuviera lejos de su vista para intentar tocar l
tambin los pies con las manos. Pero se vio obligado a doblar las piernas. Exasperado,
abandon y se dirigi a la cabecera de un anciano con ronquera.
Un astrlogo de Niza explic el monje. Un ruso blanco. Haba vaticinado el
estallido de la guerra, pero se equivoc respecto a su propio destino.
El venerable examin al astrlogo. Ni siquiera poda hablar.
Ya slo podemos dejar que descanse en paz concluy el venerable en voz baja
cuando se reuni con el monje en el cuartucho, donde el coloso prepar una decoccin
de plantas que luego l machacara en un tazn con ayuda de una maja.
se es su diagnstico?
Desgraciadamente...
Pues yo no estoy de acuerdo. Este anciano tiene vida en el cuerpo. Hiberna. Puede
aguantar mucho tiempo as.
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El jefe de las SS mir al venerable con desdn. Lo abandon en medio del patio y se
dirigi hacia la torre central, en la que entr.
Los agentes de las SS que vigilaban a Franois Branier lo ignoraban. Eran como
piedras. El venerable record la observacin del jefe: en sus expediciones para la
recoleccin de plantas, el monje seguramente haba urdido un plan de evasin. Por qu
tambin dejaban salir al venerable de la fortaleza? Para deshacerse discretamente de l,
para privar a la logia de su jefe?
Al cabo de unos minutos, Franois Branier fue llevado ante el comandante, siempre
acompaado de su ayudante de campo. En el despacho reinaba una temperatura
agradable.
Quera verme, venerable?
Necesito sulfamidas, analgsicos...
Yo no me ocupo de cuestiones de intendencia lo interrumpi el comandante.
Procuro slo lo esencial, venerable. Todo lo dems me deja indiferente.
Dispone de productos que yo pueda necesitar?
El comandante mir a su ayudante de campo, que asinti con la cabeza.
Sus exigencias son exorbitantes, doctor Branier.
Lo que deniegue al mdico, tal vez lo conceda al venerable.
El comandante sonri.
Puede ser. Todo es negociable. Qu me propone el venerable?
Franois Branier guard silencio.
Le interesa el ltimo plan de trabajo de mi logia?
Las narinas del comandante se apretaron. Jams haba logrado obtener un documento
serio sobre los temas abordados por los hermanos de Conocimiento.
Ser un principio, venerable...
Al venerable se le sec la garganta. Perdi las fuerzas. Pronunci algunas palabras
inaudibles y volvi a intentarlo.
Nosotros hemos estudiado los derechos del hombre, la integracin del individuo en la
sociedad y la...
Me est tomando el pelo, venerable.
El comandante del campo haba empalidecido. Senta una rabia fra.
No! grit el venerable. Djeme hablar, por Dios!
Franois Branier haba intentado una jugada imposible. Haba que destensar la
situacin. Esta vez, se vio obligado a revelar autntica informacin. El comandante
estaba demasiado bien enterado para dejarse engaar.
El ayudante de campo estaba nervioso. Esperaba una reaccin violenta del comandante.
Nadie se haba atrevido a hablarle en ese tono. Pero el agente de las SS permaneci
inmvil, acechando a su presa.
Con nosotros prosigui Franois Branier, me refera a la prctica totalidad de
masones que se ocupaban de la moral, del civismo, de la integracin y de otros mil
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temas profanos. La logia Conocimiento fue creada para salir de esta encrucijada. Su
ltimo tema de estudio ha sido la Regla.
El comandante disimul su jbilo. La Regla... la ms formidable mquina de guerra
concebida para unir a los hombres, para hacer de ellos un grupo inquebrantable, capaz
de lograr todas las victorias. La Regla, que haba permitido a monjes e iniciados
civilizar Europa; y a los templarios, convertirse en una extraordinaria potencia
financiera... La Regla, a la cual el cuerpo especial Aneherbe haba consagrado tantas
investigaciones sin resultados.
Tendr que darme ms detalles, venerable...
Franois Branier advirti el tono ligeramente irnico del comandante. El alemn deba
de haber ledo pginas y pginas de reglamentos impresos por las obediencias,
volmenes enteros de archivos administrativos. Sin embargo, el agente de las SS haba
traspasado esta cortina de humo. De entrada, no se haba dejado cegar por el teatro
barato oficial de los grandes maestros y de los grandes oficiales que, ornados con
condecoraciones, recitaban una leccin carente de inters.
Nosotros hemos preservado un documento titulado La Regla del Maestro. Data de
los primeros tiempos del cristianismo y recoge originales del Prximo Oriente. Los
primeros grandes monasterios se han alimentado de su parte oficial. La parte secreta ha
permanecido en las logias iniciticas de constructores.
El ayudante de campo tomaba nota con una rapidez casi increble. La pluma corra
sobre el papel a una velocidad de vrtigo. l saba que el comandante no le perdonara
haber omitido una sola palabra salida de boca del venerable. El alemn por fin iba a
recoger el fruto de sus esfuerzos. Tena al hombre y la logia capaces de revelarle el
secreto de la masonera, de sus instrumentos de poder y de su influencia en el mundo.
Una palanca de mando que hara del Reich el mayor imperio jams creado. Himmler
estaba convencido de que la manipulacin de las almas era el medio ms eficaz no slo
de ganar la guerra, sino tambin de implantar un poder duradero.
El comandante del campo se haba jugado la carrera al apostar por la masonera. Los
dems miembros del Aneherbe, el organismo nazi encargado de utilizar los poderes
ocultos como armas de gran precisin, slo crean en las tradiciones nrdicas y en la
mstica tibetana. Incluso se haba enviado a Lhasa una misin especial para que
descubriera los secretos de los hechiceros tibetanos. La masonera se consideraba una
concha vaca; una asociacin internacional, desde luego, pero que slo aglutinaba
embusteros y filsofos de barra de bar. El comandante estaba convencido de que segua
transmitiendo un mensaje esencial. Cuando el SD, servicio de contraespionaje alemn,
haba ocupado el inmueble del Gran Oriente de Francia, muchos documentos haban
cado en sus manos. En junio de 1942, la unificacin del servicio de sociedades
secretas haba ido un paso ms all en la represin, impulsada por Bernard Fay,
administrador general de la Biblioteca Nacional. La traicin de dignatarios masnicos
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haba acabado de tejer esta gigantesca tela de araa, cuyo centro lo ocupaba el
comandante de una fortaleza perdida en las montaas.
Hoy saboreaba esta inmensa victoria. Tena delante al venerable de Conocimiento,
condenado a hablar.
Y dnde se encuentra ahora ese documento, venerable?
En ninguna parte. No est escrito. Es un conjunto de recomendaciones prcticas.
El comandante experimentaba la embriaguez de quienes alcanzan la meta. Estas
recomendaciones prcticas tenan que ser instrumentos psquicos capaces de alterar el
comportamiento humano, de poner en marcha un programa poltico, una revolucin
preparada con paciencia.
El venerable empez a revelar lo esencial. Ya no haba marcha atrs.
Supongo que se conoca su Regla de memoria.
Cada hermano posee una parcela de verdad. Habr que reunir los fragmentos
dispersos, recuperarlos, organizados... Pero antes, quiero cumplir mis deberes de
mdico. Tendran que haberos hablado de dos casos probables de difteria y de los
riesgos de que se produzca una epidemia. Necesito medicamentos.
Confo enormemente en los poderes del monje replic el comandante. Es un
autntico curandero. Lo llevaremos a recoger plantas. Eso debera bastar para evitar
complicaciones. Maana analizaremos la situacin. Desde esta misma tarde, mi
ayudante de campo le preparar un despacho para que pueda empezar a trabajar. Pronto
lo tendr a su disposicin. Buena cosecha, venerable.
Dos agentes de las SS acompaaron a Franois Branier.
Hoy es un gran da confes el comandante a su ayudante de campo. Un
acontecimiento fabuloso, Helmut, un hito en la historia del Reich... Por fin voy a
descubrir el secreto de la masonera.
***
Paseo siniestro por la ladera de la montaa, primavera esttica. Klaus y una decena de
agentes de las SS vigilaban al venerable. Avanzaron a campo traviesa hasta un parterre
de flores al abrigo de un enorme peasco que las protega del viento y del fro. El
venerable se arrodill y empez la cosecha. El monje tena razn. All haba con qu
curar cierto nmero de afecciones. Recogi celidonia, acnito, serpol, diente de len,
calndula. Sabiendo preparar decocciones y tisanas, se podra desinfectar heridas,
combatir las enfermedades de hgado, las hipotermias, las depresiones.
La tierra estaba hmeda. El plido sol no irradiaba calor alguno. Rodeado por los
agentes de las SS como un animal enjaulado, el venerable sinti el impulso de arrojar la
toalla. Le bastara con huir hacia la cima de la montaa, correr hasta que una rfaga lo
tumbara y le concediera as la libertad. Sin duda, era la nica manera de salir de aquel
infierno. Ya no necesitaba albergar ninguna esperanza. Lo que los hombres haban
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hecho de aquella tierra no justificaba que permaneciera en ella ni un segundo ms. Pero
estaba la logia... la logia que se burlaba de los nazis, de las prisiones, del mal... la logia,
con la eterna Regla que impeda a un hermano actuar a capricho.
El venerable agarr las plantas, las meti en un saco de yute previamente examinado
por un agente de las SS, se carg el saco al hombro y baj hacia la sombra mole de la
fortaleza, inerte y silenciosa.
A media pendiente, vio una casa pintada de verde a la entrada de un camino de tierra
que se adentraba en un bosque de piceas. Una sola ventana. En la escalera, haba una
chica rubia con un vestido rojo y blanco barriendo el umbral de la puerta, cubierto de
agujas de pino arrastradas por el viento. En cuestin de un instante, levant la cabeza
hacia l. Sus miradas se cruzaron. Entre ellos reinaba una complicidad insospechada.
Una aliada. Una aliada del exterior.
De camino a su prisin, el venerable intent desterrar de su mente aquella locura
fundada solamente en una impresin fugaz. Pero no lo consigui. La esperanza haba
anidado en su corazn.
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El monje recorri las firmas con la varita pensando en la palabra crimen. No pas
nada. Luego repiti para sus adentros secreto. La varita se tens sobre la tercera
rbrica. El monje quiso continuar y disimular esta reaccin, pero el comandante lo
interrumpi.
Gracias, padre. Acaba de elegir al venerable Branier.
***
Transcurri un da entero. El aprendiz Jean Serval, ya curado, haba regresado al
barracn rojo. El monje y el venerable haban curado y dormido a turnos, sin
intercambiar ms que opiniones mdicas acerca de los pacientes.
Segn los clculos del monje, deban de ser las ocho de la tarde. El momento del relevo.
El venerable dorma en el cuartucho. El monje lo despert y se sent a su lado.
No me quedan plantas, venerable.
Iba a pedirle una decoccin. El enfermo de la segunda litera, en la primera fila, tiene
una infeccin de orina...
Lo que nos faltaba. Necesitamos ms plantas. O medicamentos.
El monje se frot las manos, como para entrar en calor.
Primavera glacial. Venerable, aguanta bien el tipo para venir de la ciudad.
Cuestin de fe. El calor interior. Lo senta usted en el monasterio?
Seguramente hay ms fuego interior en el ms miserable de los monasterios que en
todas las logias masnicas juntas.
Eso me sorprendera, padre. Las logias no estn hechas para reunirse. Cada vez que
una obediencia las agrupa y las somete a una administracin, todo se echa a perder. El
espritu muere. Cada logia tiene su propio genio.
Bonito caos... Nosotros, los benedictinos, tenemos la Regla, la santa madre Regla.
Con ella, hemos civilizado Europa.
Hay que rehacerlo todo... Pero lleva razn. Los masones iniciados conocen
perfectamente su Regla.
Blasfemia!
El monje tuvo un acceso de ira. Se le hincharon las venas del cuello, y los msculos se
le contrajeron sin querer.
Blasfemia, ninguna... Qu ha hecho usted de esta famosa Regla? Acaso cree que la
Iglesia la ha puesto en prctica?
La Iglesia y la Orden Benedictina mascull el monje son dos cosas diferentes.
Tambin lo son la masonera y mi logia. La Regla secreta, eso es lo que quiere
sonsacarme el comandante del campo. Lleva meses intentando hacerme caer en su
trampa. Hoy, tiene la certeza de que podr meter mano a ese tesoro.
Aqu dijo el monje, slo se sobrevive en funcin del secreto que uno oculte.
Pero es imposible que usted posea un verdadero secreto.
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Por qu?
Porque es ateo, no creyente. Dios solamente revela su ley a quien lo acoge en lo ms
hondo de su ser.
No creyentes... se no es el trmino exacto. Nuestras creencias individuales no
cuentan, por descontado. No hablamos de ellas. No nos interesan. Hay hermanos a los
que conozco desde hace ms de quince aos, y todava no s en qu creen ni por quin
votan. Lo que s es que todos nosotros trabajamos en honor del Gran Arquitecto del
Universo.
Una imagen, una quimera, un...
No, padre. El smbolo del creador. Presente a cada instante. Cuando Cristo traz el
plan del cosmos con comps, asumi la funcin de Gran Arquitecto del Universo. De
hecho, as se le denomina en los primeros textos cristianos.
Las cejas del monje se arquearon.
Los ha ledo?
Todos los textos sagrados nos conciernen. Todas las experiencias espirituales nos
enriquecen.
Difcil identificarse en semejante caos!
No existe el caos dijo el venerable, sino la Regla. Gracias a ella, incorporamos
en nuestra bsqueda lo que debera serlo. Y, sobre todo, creamos hombres.
Slo Dios es creador! bram el monje.
La iniciacin es un segundo nacimiento. Lo mismo que cuando usted se hizo monje,
cuando se despoj del viejo hombre para renacer como el hombre nuevo, para entrar en
su comunidad.
Si siguiera oyendo sus herejas, venerable, creera que casi nada nos separa.
Una gran diferencia... usted ha decidido retirarse del mundo, yo no.
Retirarme del mundo? se indign el monje. Que el Seor diga lo contrario!
En ese caso insinu el venerable, dejar de ser un buen cristiano. Estaba
convencido de que los monjes vivan recluidos en sus monasterios.
Los monjes... eso no quiere decir nada.
Los masones, tampoco... Dejemos de enfrentarnos a molinos de viento. Usted es
monje de la Orden Benedictina, yo soy venerable del Rito Escocs Antiguo y Aceptado.
Eso es todo lo que nos queda aqu. O nos damos la espalda, o luchamos juntos.
El monje reflexion. El venerable no rompi el silencio. Esta calma le vino bien. El
dilogo estaba reido; el adversario era rudo, inteligente, acrrimo. Era la primera vez
que hablaba as con un monje. Haba tenido la ocasin de intercambiar impresiones con
muchos sacerdotes, pero con ningn benedictino. Franois Branier pensaba en el
pasado, en esa Edad Media de oro en que monjes y constructores haban sabido trabajar
mano a mano para cubrir Europa de un blanco manto de catedrales. Puede que en la
srdida enfermera de aquella fortaleza nazi, el monje y el venerable se reconciliaran
con la nica y verdadera Tradicin. Pero quedaban tantos obstculos por superar...
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En el barracn rojo, la moral de los hermanos estaba de baja desde la desaparicin del
venerable.
Las ventanas estaban tapiadas. Vivan en la noche. Al arrancar esquirlas de madera, el
maestro y mecnico Guy Forgeaud haba logrado abrir un intersticio que permita ver lo
que ocurra en el gran patio.
Los hermanos se haban organizado. Se obligaban a dormir o simplemente a descansar.
Uno de ellos permaneca despierto, con la espalda apoyada en la puerta. Cuando las
raciones llegaban, no las devoraban; aplicando la Regla, y en ausencia del maestro de la
comunidad, compartan los alimentos y coman despacio.
El aprendiz Jean Serval haba pasado tres das en la enfermera. Dos agentes de las SS
lo devolvieron al interior del barracn rojo. En cualquier grupo de hombres, al recin
llegado lo habran acosado con preguntas. Pero la logia Conocimiento era diferente.
Primero se hizo el silencio. Luego, los hermanos se colocaron alrededor del aprendiz.
Fue un maestro, Pierre Laniel, el que tom la palabra.
Me alegro de verte, hermano aprendiz. Y ahora, si quieres darnos tu versin...
La voz de Laniel temblaba de emocin.
El venerable est vivo dijo Serval. Lo han destinado a la enfermera, con un
monje que usa plantas para curar a los enfermos. Me ha tenido drogado todo el tiempo
que he pasado all. He dormido. Luego me ha echado.
Los hermanos parecan decepcionados.
Puede salir?
Una vez. Creo que lo han llevado a recoger plantas... Luego l se las ha dado al
monje.
Cmo se lleva con el monje? inquiri Dieter Eckart.
Cuidan juntos de los enfermos... Hablan en voz baja. Yo apenas he odo ni una
palabra de sus conversaciones. Pero el monje no parece muy amable.
Amigo o enemigo?
Ms bien enemigo... Aunque a lo mejor es un corderito. Al menos no he vuelto con
las manos vacas. He aportado algo.
El aprendiz abri la mano, con una sonrisa en los labios, y ense tres velitas. Cada
hermano mir con atencin aquel tesoro de valor incalculable.
Ya tenemos los tres pilares coment Dieter Eckart. Todo vendr.
***
A qu llaman ustedes los tres grandes pilares, venerable?
El comandante, siempre escoltado por su ayudante de campo, no haba dado el menor
respiro al venerable, quien se haba visto acribillado a preguntas nada ms entrar en su
despacho.
Son los smbolos de la sabidura, la fuerza y la armona.
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Todos pensaban lo mismo. Pronto tendran lo necesario para celebrar una tenida.
Siempre y cuando el venerable regresara...
Transcurri un cuarto de hora. El miedo y el nerviosismo haban desaparecido. Jean
Serval, el aprendiz, y los compaeros Spinot y Brissac haban cavado un hoyo para
ocultar el botn. La oscuridad reinaba en el barracn. Nadie se atreva a decir ni una
palabra.
Pierre Laniel no regres.
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Ya era noche cerrada cuando los agentes de las SS devolvieron al venerable al interior
de la enfermera. El monje rezaba sentado en el cuartucho, mientras desgranaba el
rosario que le serva de cinturn.
El venerable lo miraba en pie, inmvil.
Levntese orden Franois Branier.
Por qu?
Jams pegara a un monje sentado. Aunque fuera un cabrn.
Fray Benot dej de desgranar el rosario.
Qu ocurre?
Levntese.
Slo obedezco a Dios. Si quiere pegarme, hgalo. Pero me gustara saber por qu.
El comandante de la fortaleza me ha hablado de su informe. Se habr divertido usted
conmigo.
Qu informe?
Deje de fingir. En pie.
El monje se levant despacio y se alis el sayal.
Cabrn... eso ha dicho?
Es el papel que ha interpretado.
La barba del monje se estremeci.
Y usted ha sido lo bastante estpido para creer a un oficial nazi... Es el tipo ms
miserable que he conocido, venerable... Quin podra venerarlo?
El cara a cara se eterniz. Cada uno esperaba a que el otro arrojara la primera piedra.
Le pido disculpas dijo Franois Branier, sin bajar la mirada.
El monje se encogi de hombros y tom asiento.
Normal, para un infiel.
El venerable hizo lo propio.
Confo totalmente en mis hermanos. Hemos pasado por la misma iniciacin; por las
mismas pruebas. Somos nosotros los que estamos en el centro del infierno, no usted. Y
aunque eso no disculpa mi error, s lo explica.
Le falta fe. Est acostumbrado a dudar del prjimo, cuando ni siquiera usted ve con
claridad. Igual que su Gran Arquitecto del Universo duda de su creacin. Si yo me
atreviera a...
No le basta con mi arrepentimiento?
La sonrisa interior asom al rostro del monje.
El pasado me trae sin cuidado. Hagamos una apuesta, venerable.
Franois Branier contempl al monje, intrigado.
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Tiene derecho a negarse. Seguramente habra logrado convertirlo. Tengo por delante
toda la eternidad. Pero aqu el tiempo est contado. Por eso recurro a una apuesta.
Siempre y cuando tenga usted el coraje de cuestionarlo todo.
El venerable se preguntaba a dnde quera ir a parar el monje. Pero haba decidido que
ya no haba marcha atrs, corriera el riesgo que corriera. Tal era el precio de su error.
De verdad cree usted en su Gran Arquitecto del Universo?
Es mucho ms que una creencia. El Gran Arquitecto del Universo es el principio de
toda vida.
Para m, eso es Dios. Creo en l. S que me ayudar a salir vivo de aqu. Por
demostrar que la fe tiene sentido. No es vanidad, venerable. Es un acto de amor. Cuando
amaine la tormenta, cuando Dios me haya permitido recuperar la libertad, le construir
una capilla. Y usted sabr que se haba equivocado. Sabr que el Gran Arquitecto del
Universo no existe.
Acepto la apuesta. Si el Gran Arquitecto del Universo me permite volver a ver la luz,
le construir una logia. Entonces sabr usted que estaba equivocado. Deme su mano
derecha, con la palma abierta.
El monje obedeci. El venerable le estrech la mano, a la manera de los antiguos, para
sellar el pacto.
Juro que respetar las condiciones de nuestro compromiso mutuo.
Yo tambin lo juro afirm el monje, estrechndosela a su vez. Cuando mi capilla
est acabada, rezar por usted, esperando que el Seor se digne a abrirle los ojos en el
ms all.
Su Dios es muy amenazador... El Gran Arquitecto no recompensa, pero tampoco
castiga. Est con quienes obran en su nombre. Honrar su recuerdo cuando mis
hermanos y yo celebremos nuestra primera sesin en nuestra nueva logia.
El monje pareca afligido.
Siento haber llegado a una solucin tan radical... pero su Gran Arquitecto es slo una
ilusin espiritual. Lo entender en el momento de su muerte, estoy seguro. Entonces,
vulvase hacia Dios. Tal vez l lo acoja en su seno. Su bondad es infinita.
El venerable pareca tan triste como el monje.
Eso sera tan sencillo... Un acto de fe, y todo quedara dicho. El Gran Arquitecto slo
se revela a quienes han seguido el camino de la iniciacin. Lo entender cuando su fe lo
abandone. Pero puede que entonces sea demasiado tarde para entrar en el templo.
No importa replic el monje. Al vestir este sayal, he entrado ya en el templo del
Seor. Ser mi mortaja. No necesito nada ms.
Usted ha decidido abandonar el mundo, enclaustrarse en un monasterio, rezar,
trabajar en el interior de su comunidad... Yo tambin he tenido la tentacin. Pero he
elegido otra vida. La ms difcil. Estar a un tiempo dentro y fuera de un templo.
Transmitir al exterior lo que me ha sido transmitido en el interior.
Se cree usted capaz de cambiar el mundo, venerable?
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Por qu no? Al menos, capaz de demostrar que es posible... como Juan Bautista, el
testigo de la luz.
Al monje no le gust la comparacin. Se dispona a maldecir una vez ms al venerable
por sus blasfemias, cuando la puerta de la enfermera se abri y dej entrar una
corriente de aire glido en el cuartucho. Varios agentes de las SS entraron, nerviosos.
Hicieron que el monje y el venerable se levantaran.
Fuera. Rpido.
Un escalofro recorri al venerable. Iban a ejecutarlos framente al caer la noche. No
volvera a ver a sus hermanos.
Los llevaron ante el barracn de los lavabos donde otros agentes de las SS formaban un
crculo. Entre ellos se encontraba Klaus, el jefe.
Miren! orden.
El crculo se abri. El monje y el venerable vieron a un hombre tumbado en el suelo,
con los ojos abiertos y un hilito de sangre corrindole por la sien.
Pierre...
El venerable haba murmurado el nombre de su hermano. Para s mismo, para la logia.
Saba que estaba muerto, incluso antes de inclinarse sobre l. Pierre Laniel, maestro
masn de la logia Conocimiento haba dejado de sufrir. El venerable apoy una
rodilla en el suelo, le cerr los ojos y le traz el signo de la escuadra a la altura del
corazn.
El detenido agredi al intendente coment el jefe de las SS, alterado. Ha tenido
su merecido.
Franois Branier se puso en pie. Lloraba por dentro.
Devolvieron al monje y al venerable a la enfermera. A ste ltimo, el trayecto le
pareci interminable. Cuando la puerta se cerr, hundi la cara entre las manos y apoy
la frente en una pared. El monje se le acerc.
Venerable, nada me parece ms insoportable que dar el psame... Solamente quiero
que sepa... que he bendecido el cuerpo de su hermano.
***
Pierre Laniel se ha comportado como un loco asesino.
El comandante del campo haba dicho esto sin dejar de leer el informe que tena delante.
Franois Branier estaba de pie ante su mesa, flanqueado por Klaus, el jefe de las SS, y
por Helmut, el ayudante de campo.
El venerable estaba petrificado.
La muerte de un hermano... el momento en que lo insoportable invade la piel, el vientre;
en que la vida pierde su sabor. Pierre Laniel... El compaero de batallas, el hombre de la
sombra que haba abolido toda ambicin personal para servir a la logia, el buscador
incansable y preciso, el que exiga la perfeccin en todo sin imponer nada a nadie.
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Laniel que, como los dems hermanos de Conocimiento, haba prestado juramento la
noche de su primera iniciacin: Prometo derramar hasta la ltima gota de mi sangre
para defender a la comunidad inicitica que me da la vida. Un juramento que algunos
habran considerado formal y que haba entrado en vigencia aquella noche glacial, lejos
de la humanidad, lejos de la luz.
Su hermano Laniel provoc a mi intendente prosigui el comandante. Perdi los
nervios de la manera ms estpida, y eso me sorprende en un maestro de su logia...
El venerable apenas escuchaba las palabras de la acusacin, pronunciadas en un tono
acolchado. Intentaba no alejarse de Pierre Laniel, no abandonar aquella mano que tantas
veces haba estrechado en la cadena de unin.
Me complace recordarle, venerable, que usted y sus hermanos son presos totalmente
privilegiados. Me resulta imposible hacer que lo trasladen de inmediato a un campo de
reeducacin en rgimen severo; y, por supuesto, en orden disperso. Aqu, estn juntos y
gozan de una detencin simple. Su despacho est listo, venerable. Lo acompaarn.
Siga mostrndose cooperativo. No existe otra manera de salvar la vida de sus hermanos.
Entendido?
El comandante no logr atraer la mirada del venerable. Se preguntaba si el jefe de la
logia Conocimiento tambin se haba hundido, si haba quedado reducido a un
espectro. Estaba ya tan cerca de su objetivo... Pero puede que slo fuera una reaccin
momentnea. Con el tiempo, Franois Branier se vera obligado a volver a la realidad.
Un venerable no poda naufragar en la primera mar de fondo, ni aunque fuera la muerte
de un hermano.
El comandante no perdi la esperanza.
Los supervivientes de la logia Conocimiento contemplaron su botn a la luz de una
cerilla con la que el aprendiz Jean Serval encenda una vela robada de la enfermera.
Guy Forgeaud haba vaciado en el suelo del barracn todo el contenido del saco de yute,
fruto de su expedicin: llaves inglesas, regla metlica y martillo. Los hermanos fueron
tocando el metal fro uno tras otro, como si se tratara del oro ms puro.
Nunca ms veremos al venerable afirm Guy Forgeaud, al tiempo que acariciaba
una llave. Quieren eliminarnos uno a uno. Con esto, al menos podremos morir
dignamente.
Dieter Eckart, que ocupaba el ms alto cargo de la logia en ausencia de Franois
Branier, no intervino. No tena palabras para aplacar la fra clera de su hermano.
Conoca perfectamente a Forgeaud. Saba que ira hasta el final si nada se lo impeda.
Si utilizas esto contra las SS avanz el compaero Andr Spinot, el ptico, al
menos hay que contar con un plan de evasin. De lo contrario, ser un suicidio.
No tengo la intencin de suicidarme replic Guy Forgeaud. Pero no puedo
actuar solo.
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El ayudante de campo abri la puerta del despacho. Lo acompaaban dos agentes de las
SS.
Sgame orden al venerable.
Franois Branier abandon el habitculo muy a su pesar, fuera del espacio y del tiempo.
Qu ocurre?
El ayudante de campo sonri. El venerable no debera haber hecho aquella pregunta. No
tena nada que exigir. Haba dejado ver al alemn que an no se haba reunido, que sus
recursos seguan casi intactos, que no se consideraba un condenado. Una falta grave.
Franois Branier haba cado en su propia trampa.
No se inquiete, seor Branier. Un ejercicio de alerta. Esta noche la pasar en la
enfermera.
El gran patio estaba desierto. Branier ech un vistazo al barracn rojo, donde sus
hermanos estaban encerrados. Haba varios agentes apostados en el campamento, arma
en mano.
Franois Branier entr en la enfermera. El monje se le acerc.
Tiene los medicamentos?
El venerable pas al lado del monje como si ste no existiera, fue hacia el cuartucho y
se dej caer pesadamente.
Hace horas que espero, venerable bram el monje, plantado ante Franois Branier.
No he podido hacer nada.
Cmo que no ha podido hacer nada? No ha visto al comandante?
S.
Entonces? No ha podido cerrar el trato?
El venerable alz la mirada hacia el monje.
Un trato? Acaso cree que aqu se puede negociar algo? Se cree que esto es una
fundacin donde se intercambian sentimientos de buena voluntad?
El monje desgran su rosario, sin nervios.
Qu le han hecho?
Casi nada... o lo revelo todo, o ejecutan a mis hermanos. Me han encerrado en un
despacho y he empezado a escribir.
Entonces, cede usted...
Yo no s nada confes Franois Branier.
Usted tambin est metido en el ajo, venerable... Espero que su Gran Arquitecto no lo
deje en la estacada. Respecto a los medicamentos, de verdad est todo perdido?
El venerable tena un aspecto demacrado. Este monje no le daba ningn margen de
maniobra. Habra preferido dormir, consumirse en la nada antes que responder a
preguntas sin fin.
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Uniformes. Siluetas negras en el rojo amanecer. Era Klaus, el jefe de las SS, que vena
acompaado de cuatro soldados. Jean Serval se abalanz sobre sus hermanos, que
estaban dormidos, y los zarande.
Arriba! Que vienen!
Dieter Eckart, Guy Forgeaud, Andr Spinot y Raoul Brissac se levantaron al momento.
La puerta del barracn se abri y apenas tuvieron tiempo de notar que sus msculos
doloridos se resentan por el sbito esfuerzo.
Una claridad cegadora los deslumbr. El jefe de las SS formaba a contraluz una mancha
negra en el rayo de sol.
rdenes del comandante anunci. Uno de ustedes debe ser trasladado al taller de
la fortaleza.
Dieter Eckart, delante de sus hermanos, pareca imperturbable. Si l fuera el elegido, se
sentira incapaz de asumir semejante funcin. Habra sido una condena camuflada. El
aprendiz Jean Serval temblaba; los dientes le rechinaban al restregarse los unos contra
los otros. Si lo aislaban de la comunidad, estaba perdido. Andr Spinot, el ptico, se
escudaba tras la reconfortante mole de Brissac. No le asustaba el trabajo manual; pero
cmo reaccionara abandonado a su suerte, lejos del consuelo fraternal? El picapedrero
Raoul Brissac esperaba ser el voluntario designado. Robara herramientas. Librara su
propio combate. Pasara factura a la gentuza que haba asesinado a Pierre Laniel. A Guy
Forgeaud, el mecnico, slo le preocupaban sus hermanos. l no tena ninguna
posibilidad de ser elegido por los alemanes. De acuerdo con su lgica, se llevaran al
menos cualificado para humillarlo, quebrantar su coraje, inducirlo a la traicin.
Vamos, Forgeaud.
El tono del jefe era amable, casi clido. Guy Forgeaud tard unos segundos en asumirlo.
Como si los alemanes no existieran, dio sin prisas el abrazo fraternal a cada miembro de
la logia. Puede que fuera el ltimo.
Hasta pronto, muchachos!
Su voz era neutra, velada. Sigui en silencio a los agentes de las SS.
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El gran cuarto de bao, venerable. Todos los blocks del campo pasan por aqu. El
personal de la enfermera antes que nadie.
Al rayar el alba, el monje y el venerable haban sido conducidos al barracn de las
duchas. Momentos antes, haban odo extraos ruidos de botas en el gran patio. Franois
Branier enseguida haba pensado en uno de sus hermanos. Pero era imposible saber lo
que ocurra. Ni rumor de voces ni detonacin. Pronto regres la plcida calma, como si
nadie viviera en el interior de la fortaleza.
Klaus, el jefe de las SS, haba venido en persona a arrancarlos del hermtico mundo de
la enfermera. El monje, como de costumbre, lo haba desafiado con la mirada. No le
tena miedo. Klaus les haba sealado la direccin de las duchas. El monje haba
agarrado al venerable del brazo, por temor a que se imaginara lo peor y reaccionara de
manera violenta. Branier haba obedecido.
Los dos hombres haban atravesado el gran patio a paso lento. Los ojos del venerable
estaban en alerta perpetua, captando todo lo que pasaba en su campo de visin. Lo
registraba todo sin mover la cabeza, de expresin torpe. El monje avanzaba cabizbajo,
mirando disimuladamente. Cualquiera jurara que le traa sin cuidado el ambiente que lo
rodeaba. En realidad, era la ensima vez que ubicaba sus puntos de referencia. El cuartel
de las SS, los barracones, la torre central, la muralla... y este patio del que acabara por
conocer hasta el ltimo centmetro cuadrado. Catalogaba y haca inventario con un rigor
benedictino. El venerable crea que el monje meditaba para olvidar el mundo exterior. Y
el monje consideraba que el venerable elucubraba utpicos proyectos de evasin.
El fro era intenso y el cielo, de un azul muy puro. La puerta del barracn de las duchas,
que estaba entreabierta, dejaba asomar un suelo cimentado. No vena ningn ruido del
interior.
El monje y el venerable esperaban desde haca un cuarto de hora.
No lo entiendo dijo el monje. La ltima vez me hicieron entrar directamente.
A lo mejor no vamos a ducharnos observ el venerable.
Qu insina?
El venerable no respondi. El monje sinti que se le haca un nudo en la garganta.
Aquello no le gustaba. Los alemanes tenan costumbres arraigadas. Algo preparaban.
Un acontecimiento del que ellos parecan los protagonistas. Los agentes de las SS los
vigilaban desde una distancia considerable. Al menos no iban a abatirlos como a
conejos...
Y si salimos corriendo hacia las duchas? propuso el venerable.
No hay escapatoria posible objet el monje. Si dejamos que nos encierren ah
dentro, estamos perdidos.
De todas formas...
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No haga el idiota, venerable. Puede que esto slo sea un grano de arena en la
maquinaria. Usted y yo no tenemos derecho a equivocarnos. Esperemos.
Esperar... a que nos metan una bala en la espalda?
No moriremos as. Demasiado rpido. Al comandante no le gustara.
Nunca se sabe.
Podan hablar casi sin mover los labios. Intercambiaban las palabras en un murmullo
apenas perceptible que les bastaba para entenderse.
No lo haga, venerable. Es una trampa.
El semblante de Franois Branier se haba endurecido. Se encoga para tomar impulso.
El monje le ley el pensamiento.
Si lo hace, nos condenar a todos... a sus hermanos, a usted mismo, a m...
Franois Branier no acostumbraba a pensrselo dos veces. Cuando tomaba una decisin,
era definitiva. Sin embargo, tena en mente una incertidumbre que no lograba disipar.
Qu propone usted, padre?
Nada, venerable. Confe en Dios. Eso bastar por el momento.
Si eso lo complace...
Los nervios del venerable se destensaron. El monje lo sinti, y supo que haba ganado.
Franois Branier se reproch lo que consideraba una especie de cobarda. Se haba
dejado influir por un profano. Pero acaso lo era aquel benedictino? Aquello le produjo
vrtigo. Estaban los iniciados y los profanos. Entre ellos exista una barrera
infranqueable. As era desde tiempo inmemorial, y siempre lo sera. Qu pintaba el
monje en aquel orden eterno? Por qu le perturbaba que hubiera surgido de un mundo
intermedio, ni totalmente inicitico ni totalmente profano? Posea una fuerza y una
serenidad de espritu que el venerable slo haba conocido en unos pocos hermanos. Sin
duda, las haba adquirido practicando una regla, viviendo en nombre de un principio
supremo al que l llamaba Dios. Pero tena que haber otras razones. Muchos religiosos
seguan un modo de vida idntico y no se le parecan.
El monje tena menos confianza en s mismo que nunca. Rezaba. No se mova, no
miraba nada, se obligaba a encerrarse en s mismo para alcanzar un mximo de
serenidad. No crea que pudiera detener al venerable, un ser hurao, anclado en su
comunidad como en un paraso inviolable. Le haba impedido cometer un error fatal?
Se equivocaba al afirmar que aquello era una trampa? Lo nico positivo: haba
mantenido la situacin bajo control. El venerable le haba cedido el paso. l, el
individuo ms desconcertante que haba conocido fuera de su monasterio. Al monje no
le caba la menor duda sobre la vocacin satnica de los masones, pero aqul no se
pareca en nada a sus congneres. Hablaba como un monje de la Regla... la Regla que
consideraba su principal secreto! All haba un formidable misterio que el monje se
haba jurado que esclarecera. Si forzaba al venerable a bajar la guardia cada da un
poco ms, acabara logrndolo.
71
Christian Jacq
El monje y el venerable
La luz del da haba invadido el patio. Los soldados marchaban. Un vehculo arranc,
subi la rampa del garaje y abandon la fortaleza por el gran prtico, que rpidamente
se cerr. Nada fuera de lo normal.
Un calambre dijo el venerable.
Gire el pie en todos los sentidos le recomend el monje.
No pienso dar el espectculo. Me obligarn a caminar. No tengo eleccin. Yo salgo
corriendo hacia las duchas. Y usted?
El monje se reproch su vanidad. Crea haber sometido al venerable, pero se haba
equivocado. No se senta capaz de quedarse all, de brazos cruzados, mientras que l se
precipitaba... No quera conceder al venerable el privilegio de morir en combate. Dios
no se lo permitira.
Siento haberles hecho esperar dijo Klaus, el jefe de las SS, interponindose entre
los dos hombres y la entrada de las duchas. Un contratiempo tcnico. Nos faltaba
desinfectante.
El alemn exhiba un rostro alegre. El venerable dej de contener el aliento. El monje
mir hacia el suelo.
Una forma gil, ligera, rpida y vestida de negro entr en el barracn de las duchas con
un pesado bidn. El venerable la haba reconocido, pese al uniforme. Era ella, la chica
rubia de la casa. Su aliada. Se haba recogido en un moo los cabellos rubios, que
disimulaba bajo una gorra cuya visera le tapaba la frente. Deba de prestar pequeos
servicios a las SS a cambio de proteccin; a no ser que formara parte del personal
militar. Pero el venerable no poda aceptar que ella participara de aquella locura.
La desinfeccin dur slo unos minutos. La joven volvi a salir, salud torpemente al
jefe de las SS y se escabull. Con un gesto, Klaus orden al monje y al venerable que
pasaran al interior del barracn.
Una sala de duchas para una decena de personas. Se quitaron la ropa. De las alcachofas
sala agua fra; congelada, segn el venerable, que no tard en habituarse a aquella
sensacin. Lavarse, purificarse... eso era bueno. El monje haba elegido la ducha del
fondo. De pronto, se puso en cuclillas y arranc una baldosa. Apareci una cavidad y,
en su interior, un saco de tela.
El agua dej de correr. El monje, todava mojado, se precipit hacia su ropa, se la puso
y disimul el saco aplastndolo contra el pecho. Luego se ajust el rosario a modo de
cinturn para impedir que se le escurriera. El venerable se volvi a vestir.
Se lo ha trado ella?
El monje ignor la pregunta. Fue el primero en salir del barracn de las duchas, con
paso precavido.
***
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Christian Jacq
El monje y el venerable
El contenido del saco de tela estaba esparcido por la cama improvisada, en el cuartucho
de la enfermera. Minsculos bollos de pan rellenos de queso.
Mi tesoro explic el monje. Por esto arriesga esa chica el pellejo cada vez que
viene a desinfectar las duchas. A los enfermos les encantan. Los prepara ella misma.
Pero usted no los toque, aunque se muera de ganas.
El venerable se encogi de hombros.
Y no le procura nada ms til?
Nunca se lo he pedido. Acta como bien le parece.
Cmo ha descubierto usted ese escondite?
La primera vez que tuve derecho a la ducha solo, ella lo haba dejado abierto.
No teme una provocacin?
S... pero he pensado en los enfermos. Algo es algo.
Podramos intentar obtener medicamentos a travs de ella...
El monje empez a distribuir los bollos de pan, que los enfermos engulleron con avidez,
casi sin masticar. Aroma a queso con sabor de libertad y de das felices.
Deje en paz a esa chica recomend el monje. Ya mucho hace.
El venerable dio de comer un bollo de pan al astrlogo nizardo. Segua agonizando. Los
labios se le apergaminaban.
Todo va a arder murmur, masticando a duras penas. Todo... El fuego caer del
cielo, nadie saldr con vida... nadie!
El astrlogo se incorpor, arque el busto, repiti las mismas palabras una decena de
veces y luego se desplom, inerte, con los ojos clavados en el techo de la enfermera.
El monje y el venerable hicieron lo de cada da: asear a los enfermos, limpiarles las
camas, suministrarles algunas curas y pronunciar frmulas de consuelo que ya no
engaaban a nadie.
Por qu no vienen a buscarlo? pregunt el monje. Sus revelaciones les han
bastado?
La puerta del barracn se abri. Era Klaus, el jefe de las SS. El venerable le mir a los
ojos.
No vengo a buscarlo a usted. El comandante espera a fray Benot.
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Christian Jacq
El monje y el venerable
13
El comandante del campo estaba almorzando. Ensalada verde, cordero asado, queso de
cabra. Un envo especial de diario, una necesidad para conservar la moral de un hombre
al que el Reich haba confiado una misin decisiva. Cada noche, en un silencio casi
absoluto, el comandante redactaba un largo informe en el que analizaba
minuciosamente el comportamiento del venerable, de los hermanos de su logia y del
monje. Era indispensable tocar estos tres registros a la vez.
Los primeros resultados obtenidos parecan interesantes. Todava estaban lejos de
alcanzar su objetivo, pero la progresin era constante. Las defensas del venerable se
desmoronaban; saba que haba cado en la trampa y no vea escapatoria. Su debilidad,
la logia. No abandonara a sus hermanos, y tampoco tena derecho a sacrificarse por
ellos. De manera que se senta obligado a revelar los diferentes aspectos de la Regla. Sin
duda, aprovechaba el tiempo para retrasar las ltimas confesiones, la divulgacin de los
secretos que conferan a Conocimiento su carcter nico y sus excepcionales poderes.
Los hermanos, encerrados en el barracn rojo, vivan horas cada vez ms penosas.
Apartados de su lder, ignoraban por lo que ste pasaba, se imaginaban lo peor; y eso les
hara perder el resquicio de esperanza que todava les daba fuerzas para continuar.
Dadas las circunstancias, seran incapaces de mantener su unin. La muerte de Pierre
Laniel los haba quebrantado, pero el comandante quera ms: dividirlos, oponerlos los
unos a los otros, demostrar al venerable que la logia se descompona. se sera un golpe
decisivo.
El comandante segua indeciso sobre las circunstancias de la muerte de Pierre Laniel.
Ataque de locura? Intento de suicidio? Accidente? No haba explicacin
satisfactoria. Una trama urdida por los hermanos, pero con qu intencin? De qu les
podra servir la muerte de Laniel? Acaso se haban desembarazado del eslabn ms
dbil de la cadena? Sin embargo, Pierre Laniel no daba la impresin de ser frgil. En
teora, una logia como aqulla no deba comportarse de manera tan brutal hacia uno de
los suyos. Aun apartado de sus hermanos, el venerable seguramente ejerca cierta
influencia sobre ellos. La desaparicin de Laniel entraba en un plan que l habra
establecido de antemano?
Estas lagunas incomodaban al comandante, que tena la vaga sensacin de pasar por alto
un elemento importante. No obstante, l segua siendo el maestro de ceremonias. Creaba
las reglas a su antojo.
El cordero asado se le deshaca en la boca. Una delicia.
Su visita anunci el ayudante de campo, embutido en su uniforme de gala.
El comandante dej el tenedor y retir el plato. El ayudante de campo quit la mesa y le
sirvi un vaso de Saint milion, que el superior degust con ansia mientras que la
pesada silueta del monje, flanqueada por dos agentes de las SS, entr en el despacho. La
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El monje y el venerable
barba tupida, el sayal en un sorprendente estado de pulcritud, el rosario que llevaba por
cinturn con las cuentas brillantes... fray Benot llenaba la sala con su presencia.
Hace mucho que no tengo la ocasin de consultarle, padre. Todo bien?
No. Me faltan medicamentos.
Pero todava estamos con este problema de intendencia! El doctor Branier ya me lo
indic... olvidmoslo ahora. Hay temas ms interesantes que tratar. Helmut!
El ayudante de campo hizo salir a los dos agentes de las SS, cerr la puerta del
despacho y se coloc en un rincn de la sala, con las manos cruzadas detrs de la
espalda.
El nico tema que me interesa insisti el monje es la posibilidad de curar a los
enfermos. Me niego a hablar de otra cosa.
Usted no tiene que negarse a nada, padre. Absolutamente a nada.
El monje no baj la mirada, y el comandante apreci aquella reaccin de orgullo. Le
gustaban los seres que se le intentaban resistir, incluso si ya haban perdido la partida.
Hacer aicos a este monje entraba en sus planes. Aquel hombre tena infinidad de
recursos, entre ellos la innata astucia de los religiosos. Sin el menor remordimiento, el
comandante haba firmado la orden de ejecucin de muchos de ellos. Charlatanes de
discurso vacuo, sin inters. Los creyentes le aburran. En cambio, aquel benedictino
tena unos poderes fuera de lo comn: practicaba artes secretas que los tcnicos del
Reich transformaran en ciencias eficaces.
Cmo va su colaboracin con el doctor Branier?
El monje ni se inmut, como si no hubiera entendido la pregunta.
Yo creo que es un mdico excelente... y usted, padre?
Tenemos que cumplir con nuestro deber, l y yo. Y sin medicamentos, fracasaremos.
El comandante se volvi a servir l mismo un vaso un vino.
Tengo la impresin de que se le escapa un detalle, padre. Entiendo sus dificultades...
pero su deber es respetar y acatar las reglas de esta fortaleza. Al Reich no le gustan los
enfermos. De hecho, lo que me ha impulsado a hacer de sta una enfermera modlica
ha sido mi espritu humanitario. En cuanto a los medicamentos... los conseguir, a
condicin de que usted se muestre ms cooperativo.
El monje frunci su poblado entrecejo. De buena gana habra ahogado al nazi en su
propio vaso de vino y estampado contra la pared a la ladilla de su ayudante de campo.
El doctor Branier es el ms temible de los terroristas prosigui el comandante.
Masn, anticlerical, miembro de la Resistencia... ha matado y ha dado orden de matar a
decenas de inocentes. Gracias a sus primeras declaraciones, hemos podido desmantelar
numerosas redes de saboteadores: sacerdotes y religiosos confundidos por la
propaganda. Branier es un hombre valiente, pero decidido a salvar el pellejo.
Y eso qu tiene que ver conmigo?
El monje adoptaba una expresin severa, desaprobadora. El comandante hizo chasquear
la lengua contra el paladar: el Saint milion era fresco y ligero, a pedir de boca.
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El monje y el venerable
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El monje y el venerable
los smbolos y los ritos que le haban sido transmitidos. Haba tenido una revelacin. El
aprendizaje haba comenzado.
El primer secreto era el dominio de los elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego.
Smbolos para designar las fuerzas vitales del universo que el iniciado aprenda a
conocer. Cuntas noches, cuntas horas para despertar a estas complejas nociones, para
vivirlas, para descifrarlas. Jean Serval, el escritor, era el ltimo superviviente de una
generacin de aprendices con rigurosa formacin; mientras que los maestros de las
dems logias se sentan a disgusto en su presencia, por lo mucho que los superaba en
cuanto a la profundidad de sus ideas y el conocimiento de la Regla.
El venerable escribi largas pginas sobre los rituales que iniciaban al aprendiz en el
conocimiento de los elementos. Las reley, titube, estuvo a punto de hacerlas aicos y
finalmente le parecieron lo bastante ambiguas. Extraa vuelta atrs... El perodo de
aprendizaje haba sido tan penoso como excitante: el descubrimiento de un nuevo
mundo, el de la logia; pero tambin la sensacin de perderse por caminos sin fin, en
paisajes ignotos. El aprendizaje, el tiempo del silencio, del desprendimiento de su
propia imagen.
El rostro de la joven alemana acudi a la mente del venerable. Por qu asuma riesgos
tan grandes, si no era hostil a los nazis? Encarnaba la estrecha puerta de la liberacin.
Tena que hablar con ella. Pero su relacin con el monje era enigmtica.
Se abri la puerta del despacho. El jefe de las SS avanz a zancadas hacia la mesa de
trabajo y se apoder de las pginas escritas por el venerable.
El comandante le espera.
***
El venerable permaneci cerca de media hora en pie ante el escritorio del comandante.
ste ltimo, sin alzar la cabeza ni un solo segundo, lea atentamente el documento que
Klaus le haba entregado.
Es usted un hombre preciso concluy al fin. Preciso pero oscuro. Estas pginas
son las de un filsofo; no las de un hombre de accin.
El comandante se levant y se pase entre su escritorio y una ventana que daba al gran
patio. Plantado en un rincn del despacho, el ayudante de campo observaba,
imperturbable y silencioso.
Su disertacin me ha parecido interesante, venerable. Pero creo que no nos hemos
entendido. Le exijo que me revele el secreto de lo que usted denomina Regla. De su
manera de actuar sobre el mundo. Nada de discursos esotricos.
Es usted quien me ha malinterpretado.
El comandante se coloc ante la ventana, de espaldas a su interlocutor.
Se puede saber por qu?
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El monje y el venerable
Porque nuestra manera de actuar sobre el mundo empieza por los discursos
esotricos. se es el primero de los secretos. Formar primero al iniciado para sus futuras
tareas, lejos de la apariencia. Como si se preparara a un atleta para que batiera un rcord
sin el menor entrenamiento fsico. Todo se basa en la actitud interior.
El venerable quera parecer convincente. El comandante se volvi con brusquedad,
agarr el fajo de papeles y los agit en las mismsimas narices de Franois Branier.
Me est usted diciendo que este galimatas contiene el secreto de su logia?
El venerable sostuvo la mirada furibunda del comandante.
sa es la verdad. Soy incapaz de formular la Regla de otro modo.
El alemn volvi a sentarse.
Por qu no, despus de todo... quiero creerle. Pero debo ser prudente. Por eso he
enviado a su hermano Guy Forgeaud al taller de mecnica. Un maestro masn tiene
poderes. l nos lo demostrar mal que le pese.
El venerable palideci. Qu ms haba ideado aquel demonio? Al aislar a Forgeaud,
reduca la comunidad, le restaba poder. Sin duda, haba decidido quebrantar a los
masones uno a uno, distribuirlos por el campo semana a semana...
Guy Forgeaud lograra resistir. Conservara la calma. Aprovechara las circunstancias.
Su hermano Forgeaud es un mecnico excelente prosigui el comandante. Le
hemos propuesto que repare una auto ametralladora para comprobar su buena voluntad.
Espero que no cometa la imprudencia de sabotearla.
***
Guy Forgeaud no tena manera de saber la hora ms que por su fatiga muscular.
Seguramente llevaba trabajando medio da sin parar. Delante tena la torreta de la auto
ametralladora que haba desmontado. Sabra disimular su sabotaje, incluso a ojos de un
experto. Unas malas soldaduras enseguida se habran notado. Era impensable que no
hubiera un mecnico competente en la guarnicin de las SS.
Qu queran de l? Queran hacerle caer en la trampa identificndolo como
saboteador? No es que Forgeaud dejara volar la imaginacin. Tal vez la realidad se le
antojaba as de simple... la necesidad de un mecnico de oficio de reparar material
defectuoso. Su verdadera preocupacin era la logia. Tena que conseguir el material
necesario para celebrar una tenida y entrar en la eternidad del smbolo, en el interior
de una fortaleza nazi. Hizo inventario del material que haban puesto a su disposicin.
Una autntica mina. Pero les faltaba la tiza... detalle tonto. Es que no haba ni una barra
de tiza en aquel taller? Busc por todas partes. Nada. La conseguira. La necesitaba. La
logia la necesitaba.
Dondequiera que se encontrara, Guy Forgeaud senta el impulso de identificar las
aberturas que dieran al exterior. Ver lo que pasaba fuera, eso ya era libertad. Ara las
paredes en busca de un respiradero camuflado, de una ventana tapiada. Le toc el
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El monje y el venerable
premio gordo. Muy cerca del techo, encima de un andamio oxidado, haba una rejilla
obstruida por mugrientos trapos; sin duda, para combatir el fro. Antes de tocarlos,
Forgeaud los contempl detenidamente y memoriz su disposicin exacta. Cuando los
quit, un viento glido le peg en la cara. Se estaba haciendo de noche. No se observaba
nadie en el patio.
Un agente de las SS controlaba el trabajo de Forgeaud a todas horas. ste ltimo se
acostumbr enseguida, hasta tal punto que el instinto lo avisaba de la llegada del nazi.
Slo le quedaba esperar que los alemanes no cambiaran sus hbitos. Si alguna vez lo
sorprendieran en la cima del andamio, mirando al patio...
El monje y el venerable estaban codo con codo en el cuartucho.
Me he ocupado de los enfermos yo solo. Esta vez el comandante lo ha retenido
mucho tiempo.
Haba un tono de sospecha en la voz del monje. Como si el venerable le ocultara algo.
Y cree que eso me divierte?
El monje, irritado, manipul las cuentas de su rosario.
Qu quera?
Siempre lo mismo. El secreto de la logia. No le han gustado las ltimas pginas que
he escrito.
Va a hacer que se lo coman crudo manifest el monje, desabrido. Hace mal en
jugar al gato y al ratn con ese tipo. l pone las reglas, no usted. Sabe siquiera si sus
hermanos siguen con vida?
En el caso de Forgeaud, s. Por lo que respecta a los dems, no. Pero usted... usted
debe de saberlo.
El monje enrojeci. Se volvi hacia el venerable, que lo estaba mirando.
Qu quiere decir con eso? Todava me trata de traidor?
Por qu piensa as, padre? Quiero decir que usted podra averiguarlo fcilmente.
Cmo?
Preguntndoselo a la chica rubia.
Usted cree que tengo ocasin de hablar con ella?
De hablar... tal vez no. Pero bastara con hacerle preguntas usando el escondite de las
duchas. Ella circula libremente por el campo. No me extraara que hubiera tramado
con ella otros trapicheos. En cuanto a los medicamentos...
Djeme en paz con los dichosos medicamentos! grit el monje.
El venerable, sorprendido, lo mir de reojo.
Ya no los necesita?
Habr que pagar un precio demasiado elevado.
De cunto hablamos?
Eso no es asunto suyo.
El monje se enfurru, mientras se preguntaba por qu haba decidido no traicionar a
aquel masn que despreciaba a Dios y se burlaba de los creyentes. El ms miserable de
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El monje y el venerable
sus enfermos vala diez veces ms que l, y necesitaba tanto aquellos medicamentos...
Pero no se convertira por ello en el peor de los cabrones. Ganarse la confianza del
venerable para filtrar informacin al comandante del campo. Ganarse la confianza del
venerable... acaso era posible? Aquel hombre achaparrado, fortachn, de frente ancha y
despejada, hombros enormes y paso tranquilo como si no fuera presa de ninguna pasin,
de ninguna emocin. No haba perdido un pice de su equilibrio. Por un instante, fray
Benot pens que Franois Branier habra podido ser un buen monje. Luego desech
aquella absurda idea.
Quin es esa mujer? pregunt el venerable.
No tengo ni idea. Nunca he odo el sonido de su voz. Vino aqu una vez, como una
sombra.
El monje desvelaba uno de sus pequeos secretos. El venerable apreci el detalle. l
tambin se inquiet. Cuntos ms datos de esta importancia guardaba el benedictino
para s? Acaso no depositaba la menor confianza en su aliado masn, como sera
lgico? No estara urdiendo un plan tortuoso, sealando falsas pistas que lo llevaran
hasta un avispero? El monje, como cualquier otro preso de la fortaleza, pensaba primero
en salvar el pellejo. Y en hacer que triunfara su dios. Si revelara al comandante el
secreto del venerable, tendra ms probabilidades de salir indemne. Era, en cierto modo,
un collabo de derecho divino.
El venerable se reproch la bajeza de sus sospechas. l sola fiarse. Los maleficios de la
fortaleza empezaban a surtir efecto. Le estaba prohibido ser crdulo. No era su propio
destino lo que estaba en juego, sino el de la logia. En aquel infierno, todos intentaran
salvar el pellejo, incluido el monje. Yendo ms lejos todava, acaso no le interesaba ver
morir la ltima logia inicitica?
Contribuir a su destruccin sera para l un ttulo de gloria. El monje era el peor
adversario de la logia, ms temible an que el comandante de las SS.
Vino hace ms de un mes prosigui el monje. Los agentes de las SS estaban
almorzando, y la vigilancia se haba relajado. Ella llevaba puesto el uniforme. Al entrar,
se puso un dedo delante de la boca en seal de silencio. Dej en el suelo una cajita llena
de medicamentos y se fue. Un soplo de aire fresco. Una aparicin. Hoy se me ha
agotado la reserva. Y ella no ha vuelto, puede que a causa de su presencia.
Quiere que me sacrifique? interrog el venerable.
Usted tiene la respuesta. Faltara que el sacrificio sirviera de algo.
Alguna idea?
Sobre todo, no quisiera influir en su decisin.
Gracias por su humanidad, padre. No esperaba menos. Le queda un poco de sopa
fra?
El venerable tena hambre. En su interior renaca una formidable energa, porque la
situacin al fin le pareca clara. Haba identificado a su principal enemigo, el ms
vicioso. El monje era el seor del infierno.
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El monje y el venerable
14
El venerable esperaba. Klaus, el jefe de las SS, haba venido a buscarlo temprano, para
llevarlo al despacho de la torre en el que deba anotar los secretos de la logia
Conocimiento. Pero sobre la mesa de trabajo no haba papel. La pluma de oro
tambin haba desaparecido. No quedaba el menor rastro de escritura.
Broma sdica? Descuido? Una nueva prueba concebida por un cerebro enfermo? El
venerable dej de interrogarse en vano. La nica solucin era seguir esperando.
Soportar el aislamiento, aceptar la presencia del mal, convencerse de que se reunira con
sus hermanos para celebrar una tenida en honor del Gran Arquitecto del Universo.
El venerable se sent en la nica silla del cuarto desnudo, frente a la mesa de trabajo. El
vaco. Franois Branier tena la paciencia pegada al cuerpo. El tiempo no lo asustaba.
Dejaba que pasara por l, sin resistirse. La vida inicitica le haba enseado que, en
verdad, el tiempo no exista. Estaban el da y la noche, las estaciones, el envejecimiento,
los ciclos... pero siempre era la primera maana del mundo, el primer instante en que los
destinos de los seres se fundan en uno, en que la vida no se degradaba. Franois
Branier, como todo iniciado, albergaba en su interior una juventud que se regeneraba.
Sus muertos vivan en l; su mujer, el anciano profesor de francs, Pierre Laniel... ellos
lo animaban a resistir, a domesticar las tinieblas.
Antes de celebrar los misterios, los hermanos de Conocimiento haban mencionado
en varias ocasiones la posibilidad de una detencin y hasta de la destruccin de su obra
por la barbarie. El venerable no haba dado respuesta a las inquietudes expresadas. No
reconfortaba. No ocultaba la realidad. Con honda satisfaccin, haba constatado que sus
hermanos estaban listos. Les asustaba la prueba, pero no se dejaron llevar por el pnico.
El Mal estaba en el orden de las cosas. El suelo de la logia se denominaba pavimento
de mosaico, por estar compuesto de cuadros negros y blancos. Camuflada en el blanco,
una parcela de negro; escondida en el negro, un destello de blanco. La fortaleza nazi
pretenda ser el Mal absoluto. Sin embargo, haba una parcela de luz en aquella
oscuridad. Le corresponda al venerable distinguirla y hacer uso de ella. Despus de
todo, se era su cometido.
Lo ms insoportable era la ausencia de sesiones. Vivir en comunin con sus
hermanos, celebrar los ritos, trabajar en honor del Gran Arquitecto, formar la cadena de
unin, avanzar paso a paso por el camino del conocimiento con la Regla como gua...
aquellos momentos lo embriagaban. Para ellos no haba otro paraso. El venerable
entenda a los antiguos que acompasaban el ao con los ritos y dedicaban das, e incluso
semanas enteras, a recrear lo sagrado, a vivir en armona con las leyes del Universo.
Esta realidad, que pocos hombres conocan, el venerable la haba vivido en lo ms
secreto de la logia. Los iniciados no trabajaban para s mismos. Como los monjes de la
Edad Media, laboraban en el silencio de una comunidad que resplandeca sin
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El monje y el venerable
ostentacin, manteniendo el equilibrio del mundo. Como los monjes... Este pensamiento
disgust a Franois Branier.
La llave dio vueltas en la cerradura. Klaus, el jefe de las SS, abri la puerta.
El venerable contuvo una exclamacin hostil. Junto al jefe, estaba la joven rubia, con un
uniforme de las SS. As que ella lo haba traicionado. Lo venda a los nazis con la
mirada; le segua el juego al monje. Sacrificaban al masn. Herido en lo ms hondo de
su ser, el venerable adopt una expresin impasible.
Algn problema, seor Branier?
El venerable se apart, para ir a apoyarse a la mesa de trabajo.
Necesito hacer un poco de ejercicio. Si hay que recoger hierbas, me ofrezco
voluntario.
Esperaba una reaccin inmediata por parte de la joven. Pero ella segua callada detrs
del jefe.
Los paseos sanitarios no me competen a m, seor Branier. Algn otro deseo?
El venerable neg con la cabeza. Klaus se diverta, como un gato que se prepara para
dar el zarpazo. Con un testimonio directo como prueba, acusara al venerable de
tentativa de evasin o de cualquier otra cosa.
Vamos.
La orden son como un restallido. La joven se dirigi hacia Franois Branier. l no la
mir, para facilitarle la labor. Denunciar a alguien violenta al menos durante un instante
al peor de los traidores. Adems, slo quera guardar de ella un recuerdo claro, una
sonrisa en un bosque inundado de luz.
Ella alarg el brazo hacia la mesa de trabajo y se alej, nerviosa, hasta volver a ocupar
su lugar detrs del jefe de las SS.
Que trabaje bien, seor Branier dijo Klaus al salir, acompaado de su secuaz.
Sobre el escritorio, la joven le haba dejado hojas de papel y un bote de tinta negra.
***
Hay que averiguar dnde tienen encerrado al venerable exigi el aprendiz Jean
Serval.
Pues no veo cmo confes Dieter Eckart.
Yo montar guardia todo el tiempo que me sea posible. Acabar por verlo en el patio
manifest Guy Forgeaud.
Dos soldados de las SS haban devuelto a Forgeaud a su barracn entrada la noche.
Durante una hora larga, y antes de caer en un profundo sueo, el mecnico haba
descrito su primera jornada de trabajos forzados. Los hermanos estaban de acuerdo: la
puerta de acceso a la armera esconda una trampa. Pero Forgeaud no perda la
esperanza de comprobarlo sin dejarse atrapar. Estaba satisfecho con las primeras
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soldaduras que haba hecho en la auto ametralladora. El sabotaje era invisible. Faltaba
comprobar su eficacia.
Si Guy logra traernos armas dijo el compaero Raoul Brissac, pasamos a la
ofensiva.
Lo cachean a la salida del taller objet Dieter Eckart. Sera una locura asumir
semejante riesgo. Ya hemos perdido a uno de nuestros hermanos.
Pues iremos todos al matadero si actuamos como mansos corderitos! se dej llevar
Brissac.
Yo no creo que un compaero deba emplear ese tono ante un maestro espet
Eckart, con mucha frialdad.
Un doloroso silencio se instal en el barracn rojo. El aprendiz Jean Serval y el
compaero Spinot desviaron la mirada de su hermano Brissac. ste ltimo se dio la
vuelta.
No he querido ser agresivo explic, crispado. Estoy seguro de que nuestra
supervivencia pasa por la accin. Y empieza por hacer pagar a esos cabrones la muerte
de Pierre.
T no eres quien para tomar ninguna decisin, hermano mo.
Esta intervencin puso fin a la discusin. Pero Dieter Eckart no era tonto. La ausencia
del venerable pronto se convertira en un obstculo insuperable. No tardaran en
desmembrarse.
***
Cunto los necesito, se deca a s mismo el venerable, incapaz de escribir. Slo los
rostros de los hermanos de su logia le permitan salir del pozo sin fondo hacia el que se
vea arrastrado. Cunto los necesito, porque ellos existen de verdad, porque han nacido
en la conciencia, en la vida real.
Como cada noche, el venerable record el rostro de cada uno de sus hermanos, uno tras
otro. Estudiaba sus posibilidades ocultas, sus trabas, los progresos que haban hecho en
el camino, las causas de sus xitos y tambin de sus fracasos. Los xitos, los deban slo
a s mismos y a sus esfuerzos. De los fracasos, l se haca responsable. No haba sabido
entenderlos en el momento adecuado, indicarles la direccin, la manera en que deberan
haber actuado. Muchas veces, pasaba largos minutos meditando sobre la logia,
olvidando el sueo, olvidndose de s mismo.
Se pas la mano derecha por la cabeza. S que era pesada la carga de venerable que los
maestros de la logia se transmitan de generacin en generacin. Ningn rey, ningn
emperador, ningn presidente de ninguna Repblica poda imaginar lo que descansaba
sobre los hombros del venerable de una logia inicitica. Segn la Regla, ste ltimo no
comparta su carga con nadie. Al trmino de la vida comunitaria en la que cada hermano
encontraba el apoyo que necesitaba, independientemente de las circunstancias, estaba
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esta inmensa soledad, este desierto en llamas donde faltaba el alimento, ese pas ignoto
donde todos los caminos eran vrgenes. Maravillosos, los tiempos en que an no era
venerable, en que peda consejo a los maestros, a los vigilantes, al maestro de la logia.
Ahora ya no haba intermediarios entre l y el Gran Arquitecto del Universo. El
venerable es el mediador entre el cielo y la tierra, afirmaba la Regla. Qu quedaba del
individuo Franois Branier, de sus gustos, de sus fantasmas, de sus ambiciones?
Todava existan, sin duda; pero lejos de l, en una esfera exterior a la de su persona. La
funcin de venerable se le haba impuesto. No se senta ni triste ni orgulloso por ello.
Formaba parte de los riesgos y las necesidades del oficio. Un venerable dejaba de ser l
mismo, pasaba a estar al servicio de la comunidad. Y servir significaba darlo todo.
Franois Branier no era ni un mstico ni un romntico. No le quedaba opcin, y en
aquella ausencia de opcin resida la libertad. l ya no se preocupaba de s mismo. Se
haba unido a un destino, sin fatalismos. El futuro de la logia dependa, en gran parte, de
la va recorrida por el barco que l tripulaba.
A veces, le habra gustado abandonar el timn, confirselo a un hermano ms
experimentado, ms competente. Maldeca sus carencias, su vanidad, su mediocridad
ante la gran misin que corresponda. Pero la Obra continuaba, su logia evolucionaba,
sin darle tiempo a recrearse en sus miserias. Aqu, en esta fortaleza donde el tiempo
humano haba desaparecido, resurgan como sombras distorsionadas. Qu valor tena
un venerable privado de su comunidad? Ninguno, sin duda. Cmo percibir el camino
de la luz? Si se degradaba l, degradaba la logia. Pero tampoco tena derecho a
engaarse, a considerarse un superhombre, a inventar motivos de esperanza. Slo el
ritual haca de l un venerable.
Ahora ms que nunca, la logia le peda que hiciera de venerable; ahora que le era
imposible.
***
El monje haba terminado la ronda matutina de visitas. Haba aseado a los enfermos
encamados, limpiado las camas, suministrado curas. Autnticas curas. Porque la joven
rubia de uniforme nazi haba vuelto, al rayar el alba, para entregarle ms medicamentos.
El monje slo haba percibido una silueta. Luego haba manipulado con delicadeza el
pequeo paquete que esperaba en el suelo de la enfermera. Ya tena con qu aguantar
unos das ms, con qu conseguir algunas victorias sobre el sufrimiento.
Cunto haca que el monje no sala a recoger plantas? No lo saba. Se haba olvidado
de contar. Mala seal. Alguna negligencia ms como aqulla y se hundira en la
resignacin, la peor de las dimisiones.
Fray Benot tena el hbito de cumplir sus obligaciones. En el ltimo monasterio en el
que haba vivido, el de Saint Wandrille (Normanda), se hablaba de l como futuro
abad, funcin que ya ejerca de manera oficiosa debido a la avanzada edad del titular.
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Pero aquel recuerdo ya no le ataa. Se limitaba a revivir sus paseos por el inmenso
parque, las horas de meditacin en el bosque, la presencia divina, los goces del trabajo
manual, el placer de la lectura. Lo que ms echaba en falta era el refectorio. Una sala
romana del siglo XI con proporciones tan perfectas que santificaba a todo aqul que
entraba. Las mesas estaban dispuestas en forma de T. Al fondo, el abad. Los cubiertos
siempre estaban puestos, como si unos seres invisibles celebraran un banquete mientras
los monjes de carne y hueso atendan sus trabajos cotidianos. En cuanto Benot pona el
pie en el refectorio, se senta transportado a otro mundo, lejos de bajezas y
mezquindades. Entre aquellas paredes eternales haba mucho ms que bienaventuranza:
armona. Cuando cada monje ocupaba su lugar experimentaba una beatitud que borraba
fatiga, preocupaciones, dudas. El hecho de comer juntos, beber juntos, pensar juntos,
reportaba a la comunidad una luz que perduraba largo tiempo en el interior y en la
soledad de las celdas.
El monje estaba convencido de que slo los benedictinos conocan este secreto, hasta el
instante en que conoci al venerable. Benot, que no crea que una logia masnica
tuviera nada en comn con una comunidad monacal, se qued sorprendido ante la
exigencia espiritual que impulsaba a aquel hombre, ante su respeto a una Regla que
pareca considerar su bien ms preciado.
Un ataque de tos sacudi el enorme pecho del monje. La falta de aire, sin duda.
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secreta de su logia y la red que ha tejido por toda Europa. Pero no cambiemos de tema...
Y si reconstruyramos sus viajes?
El venerable crey discernir un resplandor de diversin en la mirada normalmente
apagada de Helmut, el ayudante de campo.
Efectivamente, me he movido mucho para atender asuntos profesionales. Con el
estallido de la guerra, se cre una internacional de mdicos combatientes y...
Deje eso a un lado interrumpi el comandante. No me lo creo. Usted ha utilizado
esta coartada para acometer una misin secreta. Eso es lo que vamos a reconstruir
juntos, empezando por Berln, el da siguiente a la declaracin de guerra. Viajaba con el
nombre de Hans Brunner, cardilogo. El de la foto es usted, verdad?
El ayudante de campo present al venerable una fotografa ampliada. En el interior de
un restaurante lleno de humo, se observaban a numerosos oficiales nazis y a algunos
civiles. En una mesa, Franois Branier y dos ancianos de cabello cano.
Para qu negar lo evidente?
Excelente respuesta, venerable. Quines son esos dos hombres, por qu ocultaba
usted su verdadera identidad, y qu haca en Berln por aquellas fechas?
Dos colegas a los que quera ayudar a abandonar el pas.
Por qu no? ri sarcsticamente el comandante. Pero esos colegas, en efecto
mdicos, tambin eran miembros de dos logias berlinesas que haban sido
desmanteladas dos meses antes. Esos dos masones, ex venerables, haban logrado
escapar a la persecucin e, incluso, se haban atrevido a permanecer en los lmites del
partido! Los detuvimos unas semanas despus de su visita, y murieron sin revelar ms
que tonteras. De qu habl con ellos, seor Branier?
El venerable estaba al corriente de la muerte de sus dos hermanos. Formaban parte de
quienes conocan el Nmero, la Regla secreta de la masonera. Aquel mismo da, en
el momento en que el nazismo se dispona a invadir Europa, le haban indicado el
itinerario que deba recorrer para reconstituir los elementos dispersos destinados a
preservar la existencia de, al menos, una logia capaz de transmitir la integridad de la
iniciacin. Branier haba asumido todos los riesgos para reunirse con los hermanos
alemanes que se negaban a abandonar el pas y a quienes podan seguir siendo tiles.
Hablamos de las logias francesas y alemanas pertenecientes al Rito Escocs Antiguo
y Aceptado. Los masones por fin tomaban conciencia de la gravedad de la situacin.
Pensbamos...
Me est tomando el pelo? grit el comandante, al tiempo que daba un puetazo
sobre la mesa. Esos dos hombres eran revolucionarios. Lucharon contra el Reich,
negaron la verdad predicada por el Fhrer. Ellos le confiaron la misin de combatir el
pensamiento nazi, de utilizar la masonera como una red de sabotaje y subversin! sa
es la realidad. Usted es el jefe secreto del movimiento de resistencia ms poderoso del
nuevo orden. Utiliza armas y hombres que nosotros debemos destruir. Su logia es el
ltimo foco de oscurantismo.
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El comandante del campo sac una fotografa de la carpeta que tena sobre la mesa.
Este hombre?
Un rostro atractivo de sexagenario, con el cabello plateado, gafotas de carey y un fino
bigote blanco.
Exacto respondi el venerable.
Muri dos das despus de su visita y unas horas antes de llevar a cabo nuestro
registro. Curiosa coincidencia. En su casa, encontramos mandiles rituales, medallas,
emblemas... pero ni un solo documento sobre su organizacin subversiva. No lo habr
eliminado usted mismo porque l no quera seguirlo y corra el riesgo de traicionarlo?
El venerable conserv la calma. Aunque estuviera de pie, no senta el cansancio.
Usted conoce perfectamente nuestros ritos. El masn que rompe su juramento, est
muerto. Se condena a s mismo. No es necesario ejecutarlo.
Quiere usted decir que se suicid?
Yo no quiero decir nada. Est muerto.
Insina que su visita a Bolonia fue en vano?
En absoluto. All descubr un antiqusimo rito de iniciacin en el grado de compaero
basado en los poliedros, los cuerpos platnicos y el pitagorismo. Gracias a l, la logia
Conocimiento tiene previsto restituir este grado en su pureza original.
El comandante, harto ya, encendi otro cigarrillo.
Y no estableci usted contacto alguno con los comandos antifascistas?
Durante una estancia tan breve, habra resultado difcil... y yo nunca he pertenecido a
la masonera poltica. Mis peores enemigos se lo confirmarn.
El alemn pas una pgina ms de su informe.
En los aos cuarenta, se le pierde la pista a menudo. No me consta que haya viajado
al extranjero. No sali de Francia?
Recorr casi quinientas ciudades. Cada noche dorma en una cama diferente.
El comandante se relaj. Le dio una larga calada al cigarrillo.
Ya est!... Pona a punto su red terrorista a partir de logias masnicas de las que
usted haba pasado a ser el jefe secreto.
El venerable no pudo evitar sonrer, por lo diferentes que eran sus recuerdos.
No precisamente... Deseaba contactar con hermanos deseosos de salvaguardar la
iniciacin pese a las dificultades. Esperaba encontrar al menos un centenar en toda
Francia. Y en todas partes fui rechazado como un apestado. Los supuestos hermanos se
escondan. Teman las denuncias. Me tomaban por un provocador. Y, sobre todo, ni el
trmino de iniciacin ni su vocacin masnica tenan ningn sentido para ellos. La
guerra haba hecho aicos su humanismo de pacotilla. Entonces entend que la
masonera estaba muerta, que slo unas pocas logias merecan ser salvadas; porque de
ellas renacera la vida inicitica.
Al venerable le haba faltado decir una sola logia. Eso habra sido confesar que
Conocimiento haba sido elegida depositada del secreto. Ahora bien, nada urga ms
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que sembrar la confusin en el espritu del comandante. La verdad era tan simple, tan
desconcertante... Al de las SS le costara creerla.
Complet usted este periplo sin resultados? Y sostiene que su objetivo era de orden
estrictamente inicitico?
No sabra resumirlo mejor.
Hace mal en subestimarme, venerable. Usted era un agente de enlace perfecto para la
Resistencia. Su paso por las ciudades de Francia coinciden con atentados, sabotajes,
asesinatos de oficiales alemanes... Cuestin de azar, tal vez?
Seguramente. Soy incapaz de manipular un explosivo sin hacerme saltar a m mismo
por los aires.
El comandante ri con sarcasmo.
Normal... usted incita, dirige, no escucha. Los de la Resistencia me divierten. Nos
hemos infiltrado en sus organizaciones. Y luego los franceses son tan amigos de la
delacin! En la lista no figura su red de logias. La necesito.
Yo slo puedo ofrecerle mi logia.
Nada ms que revelar sobre la actividad subversiva de la masonera?
No tiene que preocuparse a ese respecto.
El comandante guard silencio durante un minuto largo, indiferente. Pas una pgina
ms de su informe.
De enero a marzo de 1942, estuvo en Inglaterra... y no precisamente solo. Lo
acompaaba Dieter Eckart. Siempre por motivos... espirituales?
Con la punta del cortapapeles, que haba agarrado como un pual, el comandante traz
unas figuras sobre un papel secante que haba en el extremo del escritorio.
Por supuesto. Tenamos que contactar con la gran logia de Inglaterra para rendirle
cuentas de la situacin. En Francia, me haba decepcionado la cobarda de los masones.
Y en Inglaterra, cog una buena rabieta ante su insondable estupidez. Mucho decorado,
muchas medallas, muchos notables anclados en sus reglamentos del siglo XIX, apartados
de sus orgenes. Momias. Logias de momias. Dieter Eckart estaba atnito. Mantuvimos
ms de diez entrevistas con quienes pretendan dirigir la masonera y lo haban dejado
correr.
El comandante estaba confuso. Se preguntaba si el venerable no estara diciendo la
verdad, por muy disparatada que le resultara. En vez del jefe secreto de una red de
hombres dotados de temibles poderes, no sera ms bien una especie de dinosaurio,
uno de los ltimos iniciados? Suprema estrategia. Hacerse pasar por menos que nada;
reducirse a la posicin de un espiritualista leal y bondadoso, apoltico, consciente de los
problemas que acucian su poca. La actitud del venerable, su humildad teida de
autoridad y su serenidad hacan que el personaje resultara tan verosmil! Menos para
uno de los grandes responsables del Aneherbe, encargado de detectar los poderes
ocultos de las sociedades secretas y usarlos en pro de la victoria del Reich. El
comandante ya casi haba olvidado el tiempo que haba perdido en su interminable
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interrogatorio para llegar al fondo de la cuestin, a este Franois Branier, tan peligroso
por s solo.
Entonces su estancia britnica se sald con otro fracaso? No organiz usted la
menor base terrorista?
Nada de nada.
Corri mejor suerte en Escocia, adonde se dirigi en la primavera de 1942 y de
donde no se retirara hasta el final del verano?
No exactamente respondi el venerable. Ya no me haca muchas ilusiones. Pero
quera ir a Kilwinning. All naci la forma medieval del Rito Escocs Antiguo y
Aceptado. Una especie de peregrinaje. Una manera de recobrar las fuerzas.
A Franois Branier se le pas decir que prcticamente todos los hermanos de
Conocimiento haban acudido a Kilwinning para celebrar una tenida excepcional y
regenerarse en la matriz de su rito.
El comandante del campo pas mecnicamente las pginas restantes de su informe, una
treintena de hojas en las que haba entremetidas fotografas y recortes de prensa.
Supongo que es intil recordar sus otros viajes a Espaa, Grecia, Blgica, Pases
Bajos, Noruega... porque la respuesta siempre ser la misma! Ninguna actividad
revolucionaria, nada de maquinaciones subversivas ni de redes terroristas! Una misin
inicitica para reagrupar a los hermanos dispersos!
As es confirm el venerable. Slo que la palabra misin no es acertada. Yo
no busco la conversin de nadie. Los iniciados son constructores y testigos, ni ms ni
menos.
El comandante se qued helado.
Seor Branier... acaso espera convencerme? No ser tan ingenuo como para creer
que me voy a tragar ese cuento de hadas? Y la coartada mdica? En sus viajes slo se
ha cruzado con mdicos. He estudiado muy de cerca los lugares en los que residi y las
personalidades con las que se reuni. Muchos fsicos, industriales, especialistas en
tecnologa punta. En cada pas, visit al menos una fbrica y un laboratorio de
investigacin. Y ahora que conozco a los miembros de su logia entiendo por qu.
El venerable ech mano de su poder de concentracin para no doblegarse ante el ataque
final que el comandante se preparaba a lanzar.
Pierre Laniel explic el de las SS, era industrial, gran conocedor de la
metalurgia. El profesor Eckart es uno de los principales especialistas del mundo en
historia tcnica. Hay empresas francesas y alemanas dispuestas a contratarlo como
asesor. Andr Spinot no slo se dedica a fabricar gafas; se pasa el tiempo estudiando
sistemas de propulsin. Es autor de numerosas patentes, algunas de las cuales han sido
retenidas por organismos oficiales. Raoul Brissac tiene predileccin por un aspecto en
concreto: la resistencia de los materiales. Su experiencia como compaero le ha
enseado trucos de profesin que ningn ingeniero conoce. Jean Serval es el hijo de
un eminente fsico francs. l mismo ha recibido una formacin cientfica muy
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Tiene usted la talla para dar semejante golpe determin el monje. Su masonera
es de pacotilla. Una engaifa. En cambio, usted y su equipo... me habra gustado formar
parte de un comando de lite como el que usted dirige.
No somos un comando de lite! profiri el venerable. Somos una logia, que ha
cado en las manos de locos criminales!
El monje se rasc la mejilla, con aire apenado.
Usted no confa en m, venerable. A lo mejor se cree que he firmado un pacto moral
con los nazis.
Franois Branier guard silencio. El monje sacara sus propias conclusiones. Mientras la
duda persistiera, no sabra cmo actuar.
Qu mensaje quiere hacer llegar a Forgeaud?
Que no toque nada respondi el venerable.
***
Guy Forgeaud se acostumbraba al ceremonial. Cada maana, las SS vena a buscarlo
con el alba para llevrselo al taller. Y cada maana, como si stos no existieran, l daba
a sus hermanos el abrazo fraternal.
Cuando la puerta del taller lo aisl del exterior, Guy Forgeaud no le prest atencin. Su
mirada se vio atrada por el objeto gris acerado que alguien haba dejado en el caballete.
Un cilindro metlico, una especie de turbina en miniatura, provista de alerones, que
recordaba a un cohete futurista. Enseguida despert la curiosidad del mecnico. Crea
haber visto los motores y propulsores ms extravagantes, pero aquello... dio una vuelta
alrededor del artefacto con respeto, y se fij en que tena varias abolladuras. Sinti unas
ganas tremendas de desmontarlo, la imperiosa necesidad de ver lo que aquel monstruo
llevaba dentro. Forgeaud puso la palma de su mano derecha sobre el metal helado,
como para acariciarlo.
Entonces retrocedi. Y si aquella mquina saltara por los aires? Y si se le echaba
encima? Puede que los nazis hubieran decidido ofrecerle una bella muerte mecnica,
por diversin.
Domin su miedo. Y recuper el anhelo de desmontar pieza por pieza, de comprender.
Si saltaba por los aires, saltaba por los aires. Antes de empezar, Forgeaud se subi a su
puesto de vigilancia para ver qu pasaba en el patio. Una bocanada de evasin. Un
pellizco de libertad robada. Se entretuvo en lo alto del andamio.
Un clic muy dbil, casi inaudible. Se abri la puerta del taller. Forgeaud, paralizado,
no tuvo tiempo de bajarse de la percha. Haba cado en la trampa. Entr el primer
uniforme, y el maestro masn se abalanz sobre l. Se lanz al suelo y se encontr cara
a cara con una mujer.
No toque ese artefacto articul en un francs chapurreado.
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Luego dio media vuelta y abandon el taller. La puerta se cerr tras ella, y l volvi a
quedar aislado del exterior.
***
El monje dorma a pierna suelta, agotado tras una dura jornada de trabajo. Dos muertos.
Haba colocado los cadveres en el umbral de la enfermera, con los pies por delante.
Las SS se los haba llevado al caer la noche.
El venerable haba pasado el da en el habitculo de la torre que le serva de despacho.
No le haban dado ni de beber ni de comer. Lo haban despojado de pluma y papel. Sus
confesiones ya no parecan interesar al comandante. Franois Branier haba dormido
como un gato, continuamente alerta, despertndose al menor ruido. Un falso sueo, un
falso reposo. La sensacin de absoluta soledad era dolorosa. Dej la mente en blanco y
se redujo a una existencia vegetativa, a un estado primitivo en el que recuerdos y deseos
quedaban anulados.
Cuando los dos agentes de las SS lo devolvieron a la enfermera, ya haca un buen rato
que el sol se haba puesto. Al pasar por el patio, el venerable haba captado un perfume
de flores primaverales. En los alrededores de la fortaleza, el invierno se retiraba. Dentro
del barracn, su olfato enseguida se vio asaltado por la muerte, la enfermedad, el
sufrimiento. Procur no despertar al monje. Iba a acostarse cuando oy que alguien lo
llamaba desde el fondo de la enfermera. Era la voz desarticulada del viejo astrlogo
nizardo.
Estaba incorporado, con el busto erguido. Se aferraba a la sbana con rabia, como si
fuera su ltimo vnculo con la vida. Franois Branier lo agarr por las muecas. El
anciano, sorprendido, se qued con la boca abierta.
Quin anda ah? murmur, espantado.
El doctor Branier. Voy a curarle. Clmese.
El astrlogo intent levantarse, pero el venerable se lo impidi.
Quiero irme. Quiero volver a Niza.
Cuando se recupere. Ahora est demasiado dbil para viajar.
El enfermo alz los ojos hacia el techo de la enfermera, como si hubiera odo una voz
celestial.
Es una ciudad muy bonita, Niza. Tiene sol, mucho sol... y flores, tambin... sabe
cmo aman, las flores? Esperan que pase la noche y luego se abren, ptalo a ptalo, para
no perder ni una gota de luz. El zodaco es una flor. Se abre cuando se observa al
trasluz. Yo he visto el futuro. Fuego. Moriremos todos quemados, calcinados como la
madera vieja carcomida por los gusanos. Slo yo conozco la fecha y la hora.
Haba tanta pasin, tanta emocin en la voz del anciano, que el venerable le sigui la
corriente.
Y por qu slo usted?
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joven alemana era su cmplice. Y cmo estar seguro de que Forgeaud no haba cado
en la trampa? La informacin proceda del comandante, fuente poco menos que dudosa.
Una vez ms, haba que detener el huracn, encontrar un punto de referencia, un anclaje.
La vspera de su iniciacin, el padrino de Franois Branier le haba dicho: Llegar un
da en que no tendrs ninguna certeza, ninguna esperanza, ningn deseo. Estars
perdido en una negra noche y no podrs recurrir a nadie, porque sers el maestro de la
logia. Tus hermanos lo esperarn todo de ti. Sers el hombre ms solo que la tierra haya
acogido jams. En ese momento, o te hundirs, o empezars a entender qu es la
iniciacin.
El momento anunciado por el viejo sabio haba llegado.
Qu sabe usted de esa red, seor Branier?
Estoy al corriente de todo respondi el venerable.
El comandante titube un instante, y luego reanud su marcha mecnica.
Le escucho.
La decisin se impuso fulgurante al venerable. Se haba llevado por delante los
argumentos razonables. Poco importaba saber si se trataba de un error; en ese caso, la
decisin sera definitiva. Franois Branier no dispona de un clima de reflexin. El mero
hecho de aplazar su respuesta habra sido un indicio. El comandante no dejaba nada al
azar; se era un concepto ajeno a su manera de pensar. La menor palabra, el ms
anodino de sus gestos estaban calculados. El venerable conoca bien aquel mtodo por
haberlo usado. Pero all, en aquellas condiciones, sera incapaz. Su nica arma era la
espontaneidad, la visin instantnea con el mximo riesgo. Como sola decir Pierre
Laniel: el todo por el todo.
Esa red no existe.
ndese con cuidado, seor Branier. No aceptar...
Es mucho ms simple que lo que usted se imagina. Ninguno de los hermanos de mi
logia acta sin una orden formal por mi parte. Forgeaud tampoco. Cuando se les
presenta una dificultad, esperan.
Es usted un autntico dictador observ el comandante, escptico.
La logia funciona segn una jerarqua indiscutible. Lo entiende, no?
El de las SS sigui con su vaivn.
Y cmo les hace llegar sus rdenes formales?
Mediante signos.
Cules?
El venerable le puso la mano derecha sobre el hombro izquierdo, muy cerca del cuello.
El ayudante de campo enseguida esboz un croquis en el gran cuaderno.
Eso no es masnico. Es un signo cualquiera.
En efecto, no se trata de un signo habitual. Es propio de mi logia. Una simple medida
de seguridad.
No tienen mensajes codificados para comunicarse entre s?
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Saint Wandrille, del refectorio donde los monjes celebraban el banquete ritual, de la
biblioteca donde descifraban las escrituras, del claustro donde ponan en orden sus ideas
caminando con un paso eternal, de las celdas donde vivan un cara a cara con la
Presencia. Se superpona a aquellas imgenes la del cementerio escondido en un
bosque, sobre la colina que dominaba la abada. All estaban enterrados los hermanos,
descansando al ritmo de las estaciones, en el silencio de das y noches que incitaba a las
plegarias rituales. Aquel cementerio donde a fray Benot tanto le habra gustado
descansar.
Muy cerca, haba un oratorio bajo los robles. Algunos hermanos venan all a meditar
durante largas horas, con la mirada perdida en la lejana del valle. Benot, el ms
forzudo de la comunidad, el ms trabajador, el ms enrgico, tambin era el ms
contemplativo. Llegaba a olvidar las santas horas en que los hermanos rezaban. Y
entonces enviaban al ms joven a buscarlo.
El monje ya nunca volvera a experimentar la felicidad absoluta de aquella luminosa
soledad. Se reprochaba aquella falta de fe, el rechazo de un milagro todava posible.
Dios cumpla Su voluntad, no la de un individuo. Si aquel mundo tena que ser
destruido, para qu rebelarse? Tal vez haba llegado el fin de los tiempos. Ser testigo
de semejante acontecimiento, del regreso de lo creado al Creador, no deba llevarlo a la
desesperacin. Acaso la humanidad haba tocado el fondo del horror? Se trataba de un
final o del principio de atroces convulsiones que haran desaparecer los ltimos
vestigios de armona? Benot pensaba en la primera comunidad de monjes que haba
civilizado un Occidente presa de las peores barbaries. Cruel haba sido el da en que los
hermanos, demasiado numerosos, haban tenido que escindirse en dos comunidades.
Menudo el dilema que surgi en la abada: designar a los hermanos que se marcharan a
tierras lejanas para fundar un nuevo monasterio. El monje se senta exiliado en un lugar
extrao, en un mundo de tinieblas donde tena rdenes de descubrir una parcela de luz.
Acaso le haban asignado una misin? l no se vanagloriaba de ello, porque hacerlo no
cambiara la realidad. Pero Dios no era aficionado a los juegos de azar. Si haba metido
a un monje en aquel infierno, seguramente era para demostrar que el Mal no era
absoluto.
Sufrimiento, esperanza, vida, muerte, luz, tinieblas... en la gran ruleta del destino, todo
estaba decidido. A excepcin de una incgnita: la presencia de aquel venerable. El
monje deba admitir que haba imaginado de otra manera al peor de los secuaces de
Satn. El venerable. Tal vez el venerable tambin cumpliera una misin, pero cul?
Qu peso tendra el Gran Arquitecto frente al Dios todopoderoso? El monje, seguro de
ganar la apuesta, se aclar la voz, nervioso. Al hacerlo provoc otro ataque de tos, que
se confundi con el siniestro aullido de sirenas de la fortaleza.
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disparaban al aire para no abatir a sus camaradas, los cabecillas que tomaban la
precaucin de abandonar las filas en cuanto stas se formaban.
Raoul Brissac haba localizado al intendente. En la mano derecha, el compaero
sostena una varilla de metal procedente del pequeo arsenal que la logia haba
improvisado. Brissac avanz ligeramente encorvado y a paso ligero, invisible, entre las
sombras del incendio.
Un barracn totalmente destruido, otro medio calcinado, cadveres salidos de la
fortaleza: aqul era el nico balance que los hermanos de Conocimiento podan
trazar. Disipado el pnico, se formaron filas de presos en el gran patio bajo la
supervisin de los agentes de las SS. Klaus, el jefe, haba restablecido el orden en
menos de un cuarto de hora. El incendio estaba controlado.
Los masones haban vuelto a su barracn conducidos por una decena de agentes
crispados. Cada uno de los hermanos senta un extrao malestar. Por mucho que el
incidente pareciera zanjado, les rondaba la angustia, como si el incendio fuera slo el
preludio de una tragedia. No se les distribuy la racin de cena.
Nadie ha visto al venerable? pregunt Dieter Eckart.
Serval y Spinot negaron con la cabeza. Ellos haban ayudado a Guy Forgeaud a
desplazarse, mientras Dieter Eckart observaba lo que ocurra a su alrededor para
prevenirlos del peligro.
Y t, Raoul?
El compaero Brissac estaba ms enfurruado que el da en que haba sufrido el primer
interrogatorio que decidira su futuro inicitico. Aquel hombre, de frente baja y ojos
juntos, se encerraba en s mismo.
Raoul... te he hecho una pregunta insisti Dieter Eckart, asombrado ante el
mutismo de su hermano.
No. No he visto al venerable.
Se perda el ltimo rayo de esperanza. Por primera vez, los hermanos de
Conocimiento haban visto a sus camaradas de infortunio, a los otros deportados. Al
menos trescientos. Muchos ancianos.
Dios mo, dnde puede estar? estall Guy Forgeaud, cuya energa apenas pareca
mermada por las heridas.
No crees que a lo mejor...? pregunt Andr Spinot, con voz ansiosa.
Tampoco he visto al monje observ el aprendiz Jean Serval.
Puede que los hayan liquidado a los dos dijo Brissac, sombro.
La enfermera no se ha quemado objet Dieter Eckart. No han hecho evacuar a
los enfermos.
Un incendio dijo el monje.
Cualquiera dira que ha cundido el pnico.
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uniforme impecable, con las piernas ligeramente separadas y las manos cruzadas detrs
de la espalda. Lo acompaaba su ayudante de campo.
Los presos abandonaron sus barracones en largas y resignadas hileras, y fueron
realineados en una veintena de filas, de cara al estrado. El monje y el venerable se
hallaban en el extremo izquierdo de la primera fila. Franois Branier gir la cabeza en
vano para localizar a sus hermanos. Y ellos, que estaban en la cola, tampoco vieron al
venerable. Los agentes de las SS hicieron mantener un alineamiento impecable, y luego
se colocaron ellos mismos en cuadrado alrededor de los deportados.
Son un plaido musical. La obertura de El buque fantasma, de Wagner. Dos presos
hablaron y se movieron. Enseguida fueron sealados por el jefe, sacados de la fila y
molidos a palos. El comandante permaneci inmvil hasta el final de la obertura. El
monje rez. El venerable invoc al Gran Arquitecto del Universo. Ni el uno ni el otro
clamaron una gracia concreta; slo buscaban intensificar una presencia.
La msica se extingui. Las piernas de algunos se volvan pesadas. Los enfermos se
derrumbaban. El comandante esper a que el silencio fuera absoluto. Tom la palabra:
Se ha cometido un monstruoso crimen. Un soldado del Reich ha sido vilmente
asesinado, apualado por la espalda. Que el culpable se entregue de inmediato. De lo
contrario, cada minuto, har ejecutar a dos presos. Klaus, empiece la cuenta atrs.
El jefe de las SS mir el reloj. El monje se preguntaba quin estara lo bastante loco
para llevar a cabo un acto semejante. Seguramente el comandante no se contentara con
una sola vctima expiatoria. Tal vez cerrara la enfermera, suprimira las raciones,
instituira un rgimen de trabajos forzados y multiplicara los servicios. Sin duda, haba
sido un pequeo grupo que haba aprovechado la confusin para vengarse de un cabo de
vara, y que as crea actuar de manera heroica. El monje slo vio una solucin:
entregarse antes de que acabara la cuenta atrs. Y mostrarse convincente para explicar
cmo lo haba hecho. Sera una lstima perder as una apuesta ganada de antemano.
Pero tena muchas vidas que salvar.
Haban transcurrido treinta segundos. El venerable estaba seguro de que los hermanos
de Conocimiento eran responsables de aquel atentado. Indudablemente, el preludio de
una tentativa de evasin abortada. Lo haban dado por muerto y no haban querido morir
como perros. No habra una segunda oportunidad. El venerable se vea obligado a
declararse culpable del asesinato.
Esperaba salvar a sus hermanos. El maestro de la obra tena el deber de intervenir
cuando los obreros se vieran amenazados. Perdera su apuesta, y el secreto del Nmero
quedara sepultado en las tinieblas.
Veinte segundos ms. El jefe de las SS empez a desgranarlos en voz alta. Diecinueve,
dieciocho, diecisiete... El comandante saba que el o los culpables se entregaran. La
reaccin de unos desaprensivos? Un golpe de fuerza? En menos de quince segundos,
saldra de dudas. Imaginaba al asesino muerto de miedo, dudando si abrir la boca.
Seguramente tendra que ejecutar a algunos presos para persuadirlo.
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El monje haba tomado una decisin. Se manifestara cinco segundos antes del plazo.
Pero una hiptesis lo atormentaba. No se tratara de una comedia? El comandante no
habra ordenado aquel asesinato para poner a los masones en un aprieto?
Treinta segundos, doce, once...
He sido yo!
Una voz potente eclips la del jefe de las SS. Raoul Brissac sali de la ltima fila y se
abri paso entre los presos, empujando a quienes no se apartaban lo bastante rpido. El
efecto sorpresa fue tajante. Los agentes, en espera de una orden que no llegaba, no
dispararon. Brissac se par en seco a un metro del comandante que no haba alterado su
posicin.
Yo liquid a ese asesino.
Cmo? pregunt el comandante.
Raoul Brissac contempl el cadver, tendido boca abajo. En la base del cuello, tena una
varilla de metal clavada hasta el fondo.
As! grit el compaero, abalanzndose sobre los restos mortales del agente de las
SS que haba matado a Pierre Laniel y que le haba robado el anillo.
Arranc la varilla de metal y la clav repetidas veces en el cadver. Mientras lo haca,
su mirada se cruz con la del venerable.
Fue su ltima visin. Agentes de las SS arremetieron contra l.
Ejecucin inmediata orden el comandante.
***
Raoul Brissac no haba vacilado. En sus ojos anidaba el salvaje orgullo que Franois
Branier haba visto en su futuro hermano desde su primer encuentro. Brissac era un
hombre de palabra, trmino ridculo que ya no tena razn de ser. Pero, al compaero
Brissac, las modas le traan sin cuidado. Antepona el honor de la logia y de sus
miembros a cualquier otra consideracin. Por su carcter demasiado independiente, no
haba soportado aquel atentado a cuerpo y alma. Una vez ms, haba cometido un error
que le impedira seguir su camino hacia la maestra: actuar solo, por su cuenta y riesgo,
sin consultar a la comunidad.
Por qu lo ha hecho? pregunt el monje.
Todos los detenidos haban sido devueltos a sus respectivos barracones. La enfermera
estaba medio vaca. Franois Branier pareca ausente. Aqulla era la primera pregunta
que el monje se atreva a hacerle pasadas dos largas horas.
Consideraba que se era su deber.
Pues mire adnde lo ha llevado...
El venerable mir al monje con una severidad que le dio escalofros. Una presencia...
eso era lo que le evocaba aquel masn. Una inmensa presencia, comparable a la del
primer abad que haba conocido.
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Durante tres das slo tuvieron derecho a beber un vaso de agua. Nada de comida. Tres
enfermos fallecieron. El monje y el venerable tenan menos trabajo, pero la provisin de
medicamentos se agotaba. Entre los casos ms graves haba una crisis de uremia, una
hemiplejia y un tumor.
El viejo astrlogo nizardo todava respiraba. Los alemanes lo haban dejado olvidado en
su cama. Varias veces al da, pronunciaba una retahla de incomprensibles palabras y
luego recaa en su entorpecimiento. Por qu las SS le haban perdonado la vida? Por
la voluntad de mantenerlo con vida a causa de los dones que se le atribuan? O por
mera negligencia?
El monje y el venerable haban limpiado la enfermera con los medios de que disponan;
esta sensacin de proximidad los reconfort. Estaban habituados a aquel reducto, a
aquel horizonte cerrado.
Este ayuno me ha sentado muy bien manifest el monje apurando el fondo de su
vaso de agua. Tena que perder unos kilos.
Los benedictinos tienen fama de vividores.
No nos damos las comilonas de los masones!
Trmino inexacto, padre. Celebramos banquetes rituales que forman parte integrante
de nuestras tenidas de trabajo. Alimento espiritual y alimento material son
indisociables. No comulga usted con el cuerpo y la sangre de Cristo?
No empecemos a mezclarlo todo! Sus supuestos banquetes rituales no son ms que
una ocasin para vaciar botellas y cantar estupideces.
El venerable se rasc el mentn.
En la mayora de los casos, es cierto. Pero no en lo que respecta a mi logia. Un masn
borracho es slo un desgraciado. Cada uno bebe lo justo. Es cuestin de conocer sus
propios lmites. No me sea beato, padre. Sus hermanos no han rechazado ninguno de los
placeres mundanos.
Usted blasfema! No tiene ni idea de la ascesis que nos imponemos.
El monje volva a enrojecer. El venerable tena el don de hallar frmulas irritantes.
Pese a las apariencias, no debe de ser muy diferente de la nuestra. Todo se basa en la
Regla. Si seguimos vivos, es gracias a ella.
El monje mir al venerable con atencin.
De dnde viene su famosa Regla? No ser de nosotros?
Los ojos del monje brillaron con un resplandor casi malicioso.
Insina que el mayor secreto de la masonera es de origen cristiano? Sabe
perfectamente que somos los ltimos paganos irreductibles. Si viera usted nuestra fiesta
de San Juan de invierno, tras la toma de posesin del venerable y de sus oficiales... en el
banquete se sirven las mejores carnes y los mejores vinos. Pasamos toda la noche
sentados a la mesa.
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ante las cuales un agente de las SS montaba guardia, sin duda para impedir que algn
fantasma fuera testigo del crimen que all se haba producido. As que la haban
detenido. La aliada del exterior haba desaparecido.
***
Hay un herido anunci Klaus, el jefe de las SS. Imposible trasladarlo.
Acompaado de dos soldados, haba dado la noticia sin la menor emocin. Cuando los
alemanes entraron en la enfermera, el monje y el venerable hacan ingerir quinina a dos
enfermos. Con un gesto rpido, disimularon los medicamentos en las ropas de sus
pacientes.
Ya voy dijo Franois Branier.
El jefe de las SS le cort el paso.
No. Usted no. El monje.
El venerable presenta un duro golpe. El de las SS no elega al azar. El monje cogi
unos apsitos. l tambin estaba preocupado. Por lo general, se llevaba a enfermos y
heridos a la enfermera. Y por qu excluir al doctor Branier de manera tan
contundente?
El gran patio estaba inundado de luz solar. Un viento glido lo barra. El invierno
todava no se haba retirado. Flanqueado por los agentes de las SS, el monje se dirigi
hacia la torre central. Lo hicieron bajar al taller mecnico. Ante la mesa de trabajo, Guy
Forgeaud gema en cuclillas, con la mano izquierda ensangrentada arrimada al pecho.
Qu le ha pasado?
Un accidente...
El masn le ense la mano izquierda. El dedo meique, triturado, estaba en carne viva.
La herida era terrible. El monje ech mano de una caja y la coloc de manera que
Forgeaud se pudiera sentar con la espalda apoyada contra la mesa.
Habra que trasladarlo a la enfermera dijo el monje al jefe de las SS.
Imposible respondi el alemn, muy bruscamente.
Crueldad gratuita? De ella, Klaus no andaba escaso. Pero el monje se ola que la razn
era otra.
Entonces, lo dejo morir aqu. No tengo nada para curarlo como es debido.
El alemn pareca contrariado.
Dgame qu necesita. Ir a buscrselo. Arrgleselas para que Forgeaud vuelva al
trabajo lo ms rpidamente posible.
El monje pidi compresas, desinfectante, analgsicos... Klaus se lo transmiti en alemn
a un agente que sali corriendo a buscar los productos a la enfermera de la caserna. El
jefe de las SS se qued all, cerca de Forgeaud, mientras que el monje se ocupaba de la
herida. Como el religioso supona, era imposible intercambiar ni una palabra con el
masn.
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El monje lo haba entendido. Guy Forgeaud se haba mutilado voluntariamente para que
lo llevaran a la enfermera. All, habra visto al venerable; o bien habra sabido que
estaba muerto. El sufrimiento del masn deba de ser abominable. Apretaba los dientes
hasta hacerlos rechinar.
Aprtese dijo el monje al jefe de las SS. Me molesta.
Klaus vacil por un instante, sorprendido ante la arrogancia de su preso. Pero el monje
haba empezado a hacer el vendaje y lo iba a pisar si no se mova. El jefe, muy tieso, dio
recul hacia un lado.
Guy Forgeaud aprovech para levantar los ojos hacia el monje. En su mirada se lea una
pregunta: El venerable est vivo? . Pero Klaus ya haba recuperado su posicin y
los observaba a los dos con una intensidad que helaba la sangre. El monje no tena la
posibilidad de cometer la menor torpeza: corra el riesgo de condenar al herido.
Termin el vendaje y sinti la desesperacin de un masn que crea haber sufrido en
vano.
Listos. Todava no est muerto.
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Franois Branier se haba emocionado con el relato del monje, Tena la sensacin de
redescubrir su propia existencia.
Sigue vivo?
Muri hace cinco aos respondi fray Benot. Desde entonces, he viajado de
monasterio en monasterio, incapaz de superar su ausencia. Luego me tach de cobarde y
ped autorizacin para volver a Saint Wandrille. Me la concedieron. All, he intentado
llenar el vaco. De convertirme en hombre y monje, nada de nada. He servido a mis
hermanos; he cumplido las funciones que se me asignaban. Cuando el prior me hizo
saber que yo sera el prximo abad, crea que se estaba burlando de m; pero aqul no
era su estilo. Se haba declarado la guerra. Los monjes se dispersaron. Yo qued al
cargo de Morienval, una abada romana de Oise. Las SS me detuvo all mismo. No por
mi Fe, sino porque me acusaba de usar mis poderes sobrenaturales! Imagnese...
Magnetismo y radiestesia! Como si eso fuera sobrenatural! Los benedictinos llevan
siglos practicando esa medicina. Usted tambin, venerable; usted tiene poderes...
Franois Branier se sobresalt. Fascinado por las palabras del monje, haba perdido la
nocin de su propia realidad.
Usted espera que algn da sea abad y yo no lo espero.
Y eso por qu?
Dirigir una comunidad es la ms inhumana de las tareas. Ninguna experiencia,
ninguna competencia es suficiente. En realidad, nadie sabe si el hermano designado
para guiar a sus hermanos est capacitado. Aceptar ese cargo es asumir el mayor riesgo
que un humano puede correr. Y yo lo creo capaz, padre.
Desconfiado, el monje mir al venerable de reojo. Se preguntaba si no se estara
burlando de l. El tono del masn pareca sincero, se perciba su emocin.
He apostado a Dios, venerable. Estoy tranquilo. No como usted.
De qu tengo miedo, segn usted?
Teme no resistir, no mostrarse a la altura de su funcin. Porque no confa en su Gran
Arquitecto.
Siento decepcionarlo, padre. Que no aguantar el tipo? Es muy probable. Mi
resistencia tiene unos lmites, como la suya. Que no soy un buen venerable? No me
corresponde a m decirlo. Mis hermanos decidirn. Ellos me han reelegido hasta el
prximo San Juan de invierno. Yo no tengo eleccin. Debo dirigir la logia. El Gran
Arquitecto del Universo? Est ms all de la creencia. Confiar o no en l, qu ms da?
l crea el mundo a cada instante; de nosotros depende saber interpretarlo.
Una creacin muy terica.
No, padre. Yo no consigo hacrsela sentir. Pero le juro que en ella est la felicidad, la
verdadera felicidad.
El benedictino sinti un escalofro que, curiosamente, lo hizo entrar en calor. Estaba a la
defensiva, pero saba que viva un momento inefable. Enclaustrado en aquel barracn,
respiraba aire puro. La felicidad evocada por el venerable, la conoca, porque la haba
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En ese caso sentenci el jefe de las SS, me veo obligado a asumir el mando del
campamento hasta nueva orden. Helmut, exijo un parte mdico cada seis horas. Ocupar
el despacho del comandante. Espero que me traiga un informe inmediato de la situacin.
El ayudante de campo chasque los talones e hizo el saludo de las SS. El venerable
esperaba, sin mostrar impaciencia.
Se quedar aqu, doctor Branier indic el jefe de las SS, pasndose nuevamente al
francs. A partir de ahora, lo considero el nico responsable de su salud.
Nadie puede hacer lo imposible. Tal vez requiera una operacin.
He solicitado el envo de especialistas. Pero, de momento, la vida del comandante
est en sus manos.
***
En el interior del barracn rojo, los hermanos de la logia Conocimiento estaban
atnitos. Contemplaban al compaero Andr Spinot, cuyos ojos rean y lloraban a un
tiempo. No daban crdito.
Ests seguro de lo que dices, Andr? pregunt Jean Serval Era el venerable?
No me cabe ninguna duda! No me equivoco, te lo juro! Os dais cuenta? El
venerable, vivo!
El ptico no tena la costumbre de mostrarse tan efusivo. El aprendiz Jean Serval
vibraba en la misma onda, y Dieter Eckart exteriorizaba sus sentimientos.
Pero eso no es todo dijo Guy Forgeaud. Va a haber que sacarlo de all. Los de
las SS lo han llevado a la torre?
S contest Spinot, exaltado. No le quitar los ojos de encima.
Forgeaud estaba pensativo.
Si al menos tuviramos un arma de verdad...
Pongamos los pies en la tierra, Guy. Slo podemos esperar y observar.
Serval se plant ante Dieter Eckart.
Y si yo intentara salir, esta misma noche? Bastara con agrandar la abertura. Podra
colarme en el interior de la torre y...
El maestro interrumpi al aprendiz.
No cometeremos ningn suicidio, hermano. Permanezcamos alerta y apelemos a la
presencia del venerable unindonos ms. Eso har que vuelva.
***
Excelente, padre observ el jefe de las SS, mientras inspeccionaba la enfermera.
Todo un ejemplo de pulcritud.
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Los enfermos se hundan en sus lechos, alarmados. Teman verse expulsados de aquel
infierno para caer en otro peor, si cabe ms sombro. El monje, sentado, desgranaba su
rosario. Klaus se qued inmvil ante l.
Para qu creer en semejantes supersticiones?
Cada uno tiene su mtodo para no olvidar a Dios... En su caso, tal vez sea el hecho de
llevar uniforme.
Al jefe de las SS se le desencaj el rostro.
Ahrrese sus palabras, padre. Pagar muy cara su arrogancia, crame. Nadie tiene
derecho a insultar al comandante de este campamento.
El monje no se atrevi a alzar la cabeza.
Su predecesor est muerto?
Una tmida sonrisa anim los fros labios del alemn.
Nos hemos mostrado muy tolerantes con usted. Desde que ha llegado aqu no ha
hecho ms que mentir.
El monje, impasible, se puso a dar brillo a las mangas de su sayal frotndolas la una
contra la otra. Un poco de saliva facilitaba la operacin.
Mentir, yo? Mi religin me lo prohbe Sera un pecado, y yo no tendra aqu a nadie
con quien confesarme.
Klaus esperaba un error por parte del monje. Y acababa de cometerlo.
Pues s, padre... usted y el venerable Branier se confiesan mutuamente. Estoy
convencido de que se lo han dicho todo, y de que l le ha confiado su secreto.
La enfermera cay en un silencio casi absoluto. El monje se levant, se ajust el sayal,
se coloc bien su rosario-cinturn y le plant cara al jefe de las SS.
Slo un hombre de Dios puede confesar a otro hombre de Dios. Para que lo sepa, el
venerable y yo no tenemos absolutamente nada que decirnos. Lo considero un pagano
condenado a las llamas del infierno.
Klaus dio un paso atrs.
Aqu, su Dios est fuera de lugar. Su presencia est prohibida. Por fuerza, usted y el
venerable se han tenido que poner de acuerdo. Han llegado a un pacto. Conozco
perfectamente la reaccin de los detenidos. Slo piensan en rebelarse, en evadirse, en
urdir cualquier plan para hacerse la ilusin de volver a ser hombres libres. Los peores
enemigos acaban por aliarse.
El monje senta que se acercaba el momento tan temido.
Se equivoca. El venerable y yo somos mucho ms que enemigos. No existe ningn
tipo de comunicacin posible entre nosotros.
Klaus se dirigi hacia la puerta de la enfermera.
Padre dijo, volviendo la espalda hacia el monje, le concedo una ltima
oportunidad. Revleme inmediatamente el secreto de la logia.
La voz del benedictino no se quebr.
No hay secreto. El venerable no me ha confiado nada.
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El comandante ha muerto.
Franois Branier mir desconcertado al ayudante de campo.
Cundo?
Hace una hora, doctor Branier. El jefe de las SS, Klaus, ha asumido el mando de la
fortaleza. Sgame.
El venerable sali del cuartucho donde llevaba encerrado dos largos das, sin comida.
Un rincn en el que haba pasado la mayor parte del tiempo dormido.
Por qu aislarlo de aquella manera? Por qu impedirle que curara al enfermo, que lo
reconociera otra vez?
El venerable, flanqueado por los agentes de las SS, baj la escalera de la torre y fue a
parar al gran patio. Estaba abarrotado de detenidos con uniformes a rayas, divididos en
dos grupos, que dejaban muy poco espacio entre s. En el primer grupo, estaban los
hermanos de la logia Conocimiento: Dieter Eckart, Guy Forgeaud, Andr Spinot y
Jean Serval. Dos maestros, un compaero y un aprendiz. Los supervivientes.
Lo vieron. Pero no manifestaron ningn signo de alegra. Los agentes de las SS los
vigilaban, apuntndoles con los fusiles. Una atmsfera apocalptica. Nadie se mova.
Los presos y sus carceleros parecan petrificados por siempre jams.
La puerta de la enfermera se abri. Dos agentes de las SS acompaaron al monje hasta
el espacio existente entre ambos grupos. Haca un buen da, casi hmedo.
La voz del jefe de las SS se alz tras el venerable.
Vaya a reunirse con el monje.
El venerable avanz, seguido por centenares de miradas. Rode por la izquierda el
grupo ms cercano, caminando a paso lento. Aquel ritmo le recordaba las procesiones
de San Juan cuando, precedido por el maestro de ceremonias, marchaba a la cabeza del
Colegio de Oficiales hacia la mesa del banquete ritual. Adnde se diriga esta vez? En
qu laberinto se haba extraviado?
El venerable lleg al centro del patio y se detuvo ante el monje. Ya no vea a los dems
detenidos, reducidos a una masa oscura y lejana. El monje estaba serio. Franois
Branier tena miedo. Por primera vez en su vida se senta rebajado a la condicin de
insecto.
Este campamento necesita una reforma anunci Klaus. Todos ustedes realizarn
trabajos de mantenimiento. Hace falta ms orden. Limpiarn la enfermera. Est hecha
una autntica porquera. Y dos mdicos? Sobra uno...
El monje y el venerable giraron lentamente la cabeza hacia el jefe de las SS, apostado
ante la torre central para que todos pudieran escucharlo.
Klaus dio una orden en alemn, y dos agentes fueron a buscar al monje y al venerable.
Les ordeno que se batan en duelo. El vencedor quedar a cargo de la enfermera. El
vencido ser ejecutado. A menos que muera durante el combate.
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Tendr que ser rpido exigi el venerable. Esta misma noche. Sin duda, Klaus
ha eliminado al comandante. Puede que no haya tenido mucho tiempo de presentarse a
sus superiores. Su mejor baza ser sonsacarnos nuestro secreto con mtodos radicales.
La tortura murmur Serval.
No perdamos ni un minuto ms dijo Forgeaud. Tenemos las velas, una caja de
cerillas y con qu simbolizar regla, escuadra y comps.
Faltan el tablero y la tiza observ Dieter Eckart. No hay tenida posible sin
trazar el plano en el tablero.
Esta noche saldr a buscar lo que falta propuso Forgeaud.
Ni hablarzanj el venerable. Pensemos otra solucin.
***
El monje suba hacia las colinas de Saint Wandrille. Caminaba por entre la maleza,
alumbrada con la fresca luz de la primavera. Se senta ingrvido, casi inmaterial. Slo
los rboles tenan una forma distinta; ms all de sus troncos centenarios se desplegaban
capas de bruma. El monje, irritado, abandon el sendero, dispuesto a atravesar la niebla.
El sol pronto se ocult bajo sus pasos. l trat en vano de aferrarse a una rama y cay
de espaldas. Una interminable cada, durante la cual qued cegado por un sol que, poco
a poco, se fue transformando en rostro.
El del venerable.
Me alegro de volver a verle, padre.
El monje tena los ojos abiertos. Enseguida not un dolor fulgurante en la ingle. Lanz
un grito y se agarr a la mueca derecha del venerable, que le ayud a incorporarse.
Estoy yo ms molido que usted, padre. Tenemos la mano pesada, tanto el uno como
el otro.
As que no he logrado deshacerme de usted...
La carcasa es robusta.
Franois Branier cont al benedictino lo que haba sucedido. Eckart y Forgeaud se
mantuvieron al margen, en un rincn del barracn; vean al religioso como a un intruso.
Jean Serval ocupaba su puesto de observacin. Por el patio pasaban agentes de las SS.
La caserna pareca presa de una gran agitacin.
Necesito su ayuda, padre.
El monje suspir.
Sus penas hacen que por fin se vuelva hacia Dios?
Hemos decidido celebrar una tenida ritual aqu mismo. Al sacralizar este lugar,
haremos renacer la luz, nuestro verdadero alimento. Luego, ya nada importar.
Mejor para usted. Pero yo no veo...
Necesitara su rosario.
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Con el rostro arrugado por las punzadas que le recorran todo el cuerpo, el monje sac
fuerzas de la indignacin.
Nadie lo tocar.
No tenemos la intencin de quitrselo por la fuerza. Se lo pido de manera amistosa. Y
se entiende que le ser devuelto.
Los ojos del monje lanzaron rayos de furia. Puede que incluso sintiera no haber asestado
el golpe decisivo que habra mandado al venerable al otro mundo. Forgeaud se
preguntaba por qu el maestro de la logia se mostraba tan paciente.
Pensaba usar mi rosario para alguna de sus prcticas satnicas?
El venerable sonri.
No empecemos, padre. Nosotros celebramos ritos, como usted. Satn no tiene cabida
entre nosotros; no est libre ni de buenas costumbres.
Aquel argumento no hizo mella en el monje.
Este rosario est consagrado por el ltimo abad de Saint Wandrille. Es mi ms
preciado tesoro.
El venerable mene la cabeza.
Le comprendo. Para m lo era el mandil transmitido de maestro de logia en maestro
de logia. Pero tener algo, aqu... es acorde con la voluntad de Dios?
Mtase en sus asuntos! estall el monje.
Franois Branier baj la voz y habl slo para el monje.
Quera confesarle, padre... que me he dejado vencer porque no tena ganas de pelear.
He intentado odiarlo, ver en su lugar el dogma, la inquisicin, el fanatismo religioso.
Una prdida de tiempo. Siempre apareca usted, una persona ms. Cuando su rostro se
desdibuj, ya era demasiado tarde. Me senta vaco, incapaz de defenderme. Su Dios
haba ganado.
No del todo protest el monje. Aqu estamos, el uno y el otro. Nuestra apuesta
sigue en pie, y an tengo intencin de ganar.
El venerable mir al monje, procurando tocarle la fibra sensible.
Le quedaban fuerzas para golpear una vez ms? Para matar?
A qu viene eso?
Se desafiaron en silencio.
Si su rosario es una reliquia sagrada, padre, no tiene nada que temer.
Al monje se le ensombreci el semblante.
Este rosario no saldr de mi cintura. Antes tendr que pasar por encima de mi
cadver.
No insistir. Peor para nosotros.
Los prpados del monje se cerraron. Estaba molido y necesitaba unas horas de sueo.
Yo te traer lo que haga falta constat Forgeaud.
No! protest Jean Serval. Soy el aprendiz. Me corresponde asumir los riesgos.
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vez la propia organizacin jerrquica haba sido transmitida y conservada por sus
irreemplazables virtudes?
Sus secretos no me conciernen, venerable. Yo no necesito ninguna explicacin.
Nuestras tenidas deben celebrarse a cubierto prosigui Franois Branier, sin
hacerle caso. En un lugar como ste, necesitamos un retejador exterior, un oficial
encargado de velar por la seguridad de nuestros trabajos. l se queda en el exterior de la
logia y previene a sus hermanos cuando descubre un peligro. Le pido que realice esta
funcin, padre. No asistir a nuestros misterios; pero permitir que se desarrollen con
total serenidad.
El monje, sofocado, olvid su sufrimiento. Saba que el venerable era un personaje
temible desde el primer instante en que lo conoci; ahora bien, de ah a proponerle que
se convirtiera en masn...
Creo haber hecho todo lo posible contest el benedictino. Me pide demasiado.
No me lo parece insisti el venerable. Esta tenida es vital para nosotros. El
Gran Arquitecto se lo agradecer.
El monje refunfu. El venerable lo someta a una dura prueba. Se aprovechaba de su
agotamiento, sin darle tiempo a recobrar el aliento.
Le aseguro, padre, que nuestra tenida no contiene nada que pueda ofender a su
Dios.
Los hermanos esperaban la respuesta del monje. Si uno de ellos se viera obligado a
hacer de retejador exterior, no podra asistir a los trabajos. Y se sera el ms
insoportable de los sacrificios. La cadena de unin slo se completara si el monje
aceptaba la proposicin del venerable.
El benedictino tom asiento. La cabeza le daba vueltas. Tena hambre; en cambio, su
fatiga se atenuaba. Los golpes no haban mermado su energa vital. Y si, al otro lado de
la puerta de aquel siniestro barracn, estuviera el parque de la abada de Saint
Wandrille, con sus rboles y el gorjeo de sus pjaros? Y si bastara con traspasar
aquella frontera para regresar al paraso terrenal?
Saint Wandrille estaba vaco. Ya no haba ms monjes en el monasterio. La guerra
tambin haba llegado hasta all. Sus altos muros ya slo albergaban la ausencia. El
ltimo paraso era aquel barracn lleno de masones que todava crean en lo sagrado.
Aunque se equivocaran, aunque celebraran ritos paganos, olvidaban el horror y
mantenan la esperanza.
Y qu tendra que hacer? quiso saber el monje, con la mirada perdida.
Los hermanos de Conocimiento rodearon al venerable.
Nada ms que mirar al exterior por la abertura que hemos hecho en la pared y
prevenirnos si algn agente de las SS viene hacia nuestro barracn. Su ayuda es
inestimable, padre.
Dense prisa inst el monje, mientras se dispona a ocupar su puesto.
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objeto en el suelo, para completar un rectngulo. sta era la forma adoptada por la
cuerda de agrimensor con sus nudos de apoyo, que delimitaba el espacio sagrado en el
interior del cual se desplegaban las figuras mgicas.
El venerable inclin la cabeza, queriendo decir al aprendiz que haba hecho un buen
trabajo y que ya poda volver a ocupar su lugar. El rosario del monje servira, por s
solo, como plano de logia.
Jean Serval tuvo un movimiento impulsivo. Haba que hacer lo posible por celebrar
aquella tenida excepcional. Y l, con gesto violento, se apoder de la lima que Guy
Forgeaud haba dejado tirada. Aunque tema el dolor fsico, se rasp la piel del
antebrazo izquierdo hasta sangrar. Tuvo que apartar la mirada, pero finalmente logr
embadurnar el ndice de la mano derecha en su propia sangre, luego se arrodill y traz
los smbolos sobre los listones de madera usados.
Empez con el tringulo, la primera forma geomtrica posible. A septentrin, dibuj un
sol con un punto en el centro y, a medioda, una luna creciente. Despus, las tres
ventanas, el pavimento de mosaico a cuadros blancos y negros, el mallete y el cincel, la
perpendicular, el nivel, las dos columnas, la piedra bruta y la piedra cbica, la puerta del
templo.
El aprendiz se levant. La madera ya haba absorbido su sangre.
En honor del Gran Arquitecto del Universo dijo el venerable, declaro abiertos
los trabajos de la logia. Hermanos mos, formemos la cadena de unin.
Los tres maestros y el aprendiz entrelazaron sus manos, y as reconstruyeron al hombre
en su unidad. Mientras ellos saboreaban la plenitud de aquel momento, la puerta del
barracn se abri bruscamente.
Helmut, el ayudante de campo del difunto comandante, estaba de pie en el umbral.
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El monje los haba traicionado. Al ver que el de las SS vena hacia el barracn, no los
haba alertado. Tal vez le haba hecho una seal al principio de la tenida para que los
masones fueran sorprendidos en plena actividad.
Rompamos la cadena, hermanos orden el venerable.
Las manos se separaron, pero no los espritus. El plano de la logia segua visible. El
monje se dio la vuelta y abandon su puesto de observacin. Tena el rostro ptreo. En
sus ojos, el venerable ley sufrimiento y pesar.
El ayudante de campo entr y, acto seguido, cerr la puerta del barracn. Franois
Branier se senta humillado. El monje era casi un hermano para l. Se haba equivocado
al depositar en l toda su confianza. La logia iba a pagar muy caro su error.
Abrumado, no comprendi el gesto del monje. Pese a las heridas, el benedictino se
levant bruscamente, se abalanz sobre el de las SS y le apret la garganta hasta
estrangularlo.
No! grit el ayudante de campo. Soy uno de los vuestros! Soy un hermano!
El monje titube por un momento y dej de apretar. Eckart, Forgeaud y Serval,
pasmados, esperaban la decisin del venerable. Estaban en plena sesin masnica.
Nadie poda tomar la palabra por su cuenta.
Si eres un hermano dijo Franois Branier en alemn, dame la contrasea de
aprendiz.
El ayudante de campo mir fijamente al venerable. Los labios apenas se movieron. No
articul palabra.
Furioso por no haber cumplido su misin, el monje no quera dejar que nadie ms se
encargara de mandar al de las SS al infierno. Como no conoca la contrasea, estaba
condenado.
Djelo, padre exigi el venerable.
El monje cedi, sorprendido. El de las SS avanz un paso hacia la escuadra y luego se
detuvo, con los ojos clavados en el plano de la logia, trazado con la sangre del aprendiz.
Dio dos pasos ms y traz con la mano derecha el smbolo de la orden.
Venerable maestro declar, soy el ltimo superviviente de una logia de Berln
cuyos miembros han sido ejecutados o deportados. Al igual que ellos, cre en Hitler. He
formado parte de la sociedad Thule, en la que haba otros masones. Esto es lo que me ha
salvado. Pero acabaron identificndome y, ahora, cada da espero ser detenido.
Dieter Eckart crea que aquello era una provocacin. Pero el ayudante haba asumido
todos los riesgos al venir solo. Guy Forgeaud se emocion. As que en lo ms profundo
del infierno, haba un hermano al que no conocan. Jean Serval reviva el momento de
su iniciacin. Se senta perdido, deslumbrado. La vida ya no se paraba a la puerta de
aquella prisin.
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Una bomba. El fuego del cielo que el viejo astrlogo nizardo tantas veces haba
anunciado.
Atacaban la fortaleza nazi.
Mil ideas se haban arremolinado en el espritu del venerable, durante las escasas
dcimas de segundo que haban separado el fin del silbido y el estallido de la bomba.
Haba cado justo ante la puerta del barracn rojo. Luego otro silbido, otros dos, otros
diez...
El barracn rojo haba saltado por los aires. Franois Branier haba salido disparado
hacia atrs. Su nico reflejo, protegerse los ojos con los antebrazos. El impacto frontal
de las tablas le produjo heridas en la espalda, y el polvo lo ceg. Pero consigui
levantarse.
Un montn de ruinas. El monje tena el rostro ensangrentado, pero se mantena en pie.
El aprendiz Jean Serval, con el brazo izquierdo inmvil, trataba de ayudar a Guy
Forgeaud, sepultado bajo las tablas. A su lado estaba Dieter Eckart, con la cabeza
destrozada. Su cadver yaca sobre el de Helmut, el ayudante de campo, el hermano
aparecido en pleno infierno.
El monje pareca incapaz de avanzar. Se tambaleaba, como una estatua a punto de caer
de su pedestal. El venerable lo agarr del brazo. Serval levant a Forgeaud.
Estoy ciego dijo el maestro.
Se aceleraba el ritmo de las explosiones.
Largumonos de aqu! inst Guy Forgeaud. Ahora podemos huir.
Franois Branier no tena ganas de dar el menor paso. Deseaba quedarse all, junto a
Dieter Eckart.
Vamos le dijo el monje. Su hermano tiene razn. Hay que intentarlo.
Avanzaron arrastrndose el uno al otro, franqueando los restos de piedras y escombros.
El venerable quiso detenerse, hablar con Dieter Eckart, pero el monje tir de l.
No servir de nada murmur el benedictino.
Jean Serval y Guy Forgeaud ya haban llegado al patio. El aprendiz, pese a su brazo
roto, guiaba al maestro ciego, cubierto de polvo y sangre.
Las explosiones se espaciaban. El ataque perda intensidad. La fortaleza agonizaba. Ya
no quedaba ningn barracn en pie. La caserna de las SS arda en llamas. La torre
central estaba destripada. En la muralla, todo eran grietas y agujeros. Unos deportados
corran y otros se peleaban con los agentes de las SS que haban sobrevivido, para
arrebatarles las armas. Disparos. Gritos. Muerte. Llamas que encendan la noche.
El venerable caminaba a duras penas. Cada esfuerzo alargaba su sufrimiento. La herida
que tena en la espalda deba de ser grave. En cambio, el monje se recuperaba. El gusto
de la libertad le devolva las fuerzas.
Djeme, padre... empiezo a ser una carga.
Un retejador no abandona a su venerable. Deje de decir disparates y camine.
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No lejos de all, explot una bomba que los tir al suelo. Una densa humareda los aisl.
Perdieron de vista a Serval y Forgeaud, que se dirigieron hacia una de las brechas que
haba en la muralla.
Ya est! grit Serval Salvados!
El aprendiz distingui la herbosa pendiente. Haba que franquear unos bloques,
precipitarse al vaco, luego correr, correr... Serval tir violentamente de Forgeaud, que
sobreviva gracias a una voluntad de hierro. Morira con las botas puestas, pero no en
aquella prisin.
Alto! orden la voz de Klaus, el jefe de las SS.
Klaus no haba dejado de disparar desde el principio del ataque. Ya haba vaciado varios
cargadores, para matar a fugitivos y ejecutar a desertores de las SS. El can de su fusil
ametrallador quemaba. Pero Klaus era el amo de la fortaleza, y nadie la abandonara.
Jean Serval no quiso obedecer la orden del de las SS. La libertad estaba demasiado
cerca.
Cuerpo a tierra! orden Guy Forgeaud.
Aterrorizado, y con los ojos llenos de lgrimas, el aprendiz se volvi hacia el maestro.
Sinti un escozor en el costado que lo hizo doblegarse. Se llev la mano a la herida y la
retir empapada de sangre. Camin hacia el jefe de las SS, que continuaba disparando.
No, ahora no, me voy a convertir en compaero, voy a...
Klaus rea, con una risa de loco. Los masones no escaparan. Serval, ya muerto, segua
avanzando. El cargador del fusil ametrallador estaba vaco, pero el SS no dejaba de
apuntar a los dos hermanos con su arma. Guy Forgeaud dio un paso ms y se abalanz
sobre el de las SS. Alcanz el cuello con sus manos y apret. Pero no le quedaban
fuerzas para matar.
Antes de caer en el pozo sin fondo de la vida, recobr la vista. Un solo instante. Lo justo
para percatarse de que el jefe de las SS haba sido casi decapitado por una esquirla.
El monje y el venerable caminaban en crculo, sin saber dnde se encontraban. Un trozo
de la muralla se vino abajo y aplast a una decena de deportados que la escalaban. El
monje tosa sin cesar, con la garganta irritada por la polvareda. l haba presenciado el
enfrentamiento entre Klaus y los dos hermanos. El venerable, no; se desplazaba en una
bruma rojiza, capaz de distinguir slo las sombras. A sus espaldas, el ruido de un motor.
La auto ametralladora avanzaba peligrosamente en su direccin. Iban a morir
atropellados. El venerable supo que no volvera a ver a ninguno de sus hermanos y que
haba perdido su apuesta.
No desaparecera l, sino el secreto del que era depositario. Un secreto que sus
antecesores haban considerado vital para la humanidad. Un secreto que haba dado
lugar a las pirmides, a los templos y a las catedrales, esos faros, esos oasis de belleza y
armona que influan sin saberlo en el ms brbaro de los hombres. Entonces Franois
Branier comprendi que l era el ltimo de los gigantes; abandonaba un mundo en el
que ya no encontraba su lugar. La iniciacin iba a desaparecer porque la humanidad
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haba elegido la fra luz de la nada. Ya no quedaba ni un solo hermano al que dar la
mano. Y sin embargo, todos ellos vivan en l; estaban presentes en cada una de sus
clulas, en cada gota de su sangre. Ya slo quedaba el monje, que intentaba en vano
hacerlo avanzar, rescatarlo del monstruo de metal que se dispona a devorarlos.
Ahora, Franois Branier viva la funcin de venerable. Estaba posedo por la comunidad
de hermanos que haban partido hacia el Oriente eterno; constitua el eslabn que los
vinculaba al Gran Arquitecto y al mundo. Tal vez algunos sabios no necesitaran de
nadie para descubrir la verdad; en cambio, l necesitaba del ms humilde de los
iniciados. Eran todos irremplazables.
Franois Branier se colm de la vida de sus hermanos. Esta vez, se senta capaz de
transmitir la Regla, de reconstruir una logia en la que nada de lo que haban vivido sera
traicionado. Se converta en venerable.
Pero ya era demasiado tarde. Haba fuego por todas partes. La fortaleza se
desmoronaba. Franois Branier, ltimo venerable de la logia Conocimiento, dej caer
la cabeza hacia atrs y cerr los ojos.
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A finales de aquel verano de 1947, el sol se volva suave como una caricia. le de
France haba pasado un calor sin precedentes desde mediados de primavera. Manzanos
y perales estaban cargados de frutos pesados que maduraban a lo largo de das
luminosos.
El pueblo viva al ritmo pausado de las tradiciones, lejos del urbano ajetreo; a las siete
de la tarde, campos y huertos quedaban desiertos. Los lugareos tomaban el aperitivo,
hablaban de las cosechas, se preparaban para la llegada del otoo. Ningn ruido rompa
la brisa de septiembre; ningn ruido, salvo la meloda del mallete y el cincel de un
picapedrero, encaramado en la cima de un andamio.
El monje se interrumpi, dej sus herramientas a un lado y se enjug la frente.
Empezaba a hacer fresco. Pese a su robusta constitucin, lo tema. Padeca las secuelas
de la congestin pulmonar que haba estado a punto de acabar con su vida.
El monje trabajaba en la capilla desde el amanecer. Una semana ms, y celebrara su
inauguracin. Haba adoptado el plan de la iglesia alta de la abada de San Wandrille.
Un estilo romnico muy puro, austero, despojado de todo discurso intil.
Cuando el monje haba empezado su obra en un terreno que le haba ofrecido el
municipio, los lugareos se haban ofrecido a echarle una mano. El benedictino haba
rechazado su ayuda, aduciendo que se trataba de un voto. Deba trabajar l solo. Su
capilla quedara al amparo de san Francisco. Una vez terminada, sera ofrecida al pueblo
con la condicin de que la mantuvieran en un perfecto estado de conservacin. Se
celebrara una misa una vez al ao para glorificar la fraternidad de los justos. Nadie
haba podido descubrir ms detalles. Ya estaban acostumbrados a la muda presencia de
aquel extrao benedictino. Cuando regresara a su monasterio, lo echaran de menos.
El monje pasaba la mano sobre un bloque de granito que acababa de colocar. Aquella
piedra tena alma. Vibraba. Rezaba. De buena gana habra pasado el resto de su vida en
el interior de su capilla. Pero la comunidad lo reclamaba. Ascendido a la dignidad de
abad, ya no poda darse el lujo de la soledad. Mil tareas, de la ms material a la ms
espiritual, exigan su presencia y su atencin. As lo dictaba la Regla, y no haba
derogacin posible.
El monje se baj del andamio, limpi las herramientas y las guard en una caja que
deposit en el interior del edificio, donde pronto estara el altar, una piedra de fundacin
de la poca de las catedrales que Saint Wandrille ofreca a la capilla.
El terreno, inabarcable, estaba poblado de hayas y robles. A occidente, una hilera de
lamos de follaje plateado. Ninguna casa a la vista. El monje mont en una bicicleta y
fue pedaleando tranquilamente hasta el pueblo, por un sendero que atravesaba los
campos. El sol se acostaba en los trigales. Unos cuervos llegaban graznando al bosque.
Las golondrinas bailaban en el cielo, y algunas descendan en picado hacia el monje
para saludarlo a su paso con un batir de alas.
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El benedictino senta un afecto especial por aquella hora del da, en la que Dios le
pareca estar tan cerca que un dilogo sin palabras se entablaba en su interior. Entonces
el monje ya no era dueo de s mismo. Sus pensamientos se dispersaban en el sol rojizo,
y eran absorbidos por las luces fugaces en las que se juntaban el da moribundo y la
noche naciente. No tena nada que elegir ni que decidir: la vida segua su curso.
En la plaza del pueblo, dos campesinos discutan sobre un pltano. Saludaron al monje
cuando ste apoy la bicicleta contra la pared del ayuntamiento, un bonito edificio de
finales del siglo XVIII al que se acceda por una escalinata. El monje subi lentamente
los peldaos. Desde que haba salido del infierno, desde que Dios le haba permitido
ganar su apuesta, el benedictino apreciaba cada uno de los segundos que viva.
Entr en el ayuntamiento. El vestbulo de entrada ola a cera y a madera vieja.
Ayudndose de la barandilla, subi la chirriante escalera interior. El despacho del
alcalde se hallaba en la dcima planta. La puerta estaba entreabierta. El monje la
empuj.
Buenos das, seor alcalde.
Buenos das, padre?
Excelentes.
Una cerveza fresca?
El monje no se hizo de rogar. Tena sed. Desde el ventanal del despacho, vea la
frondosidad de los grandes tilos que sombreaban el lugar.
Vamos, padre?
El monje se levant. Llevaba mucho tiempo esperando aquel momento. El alcalde
march delante del benedictino. Los dos salieron del ayuntamiento por la parte de atrs,
luego atravesaron un jardn de csped y entraron en una propiedad cercada con altos
muros. Al fondo, una casa tradicional de tres plantas. En un rincn del terreno haba un
tmulo en piedra, al cual una pesada puerta de metal impeda el acceso. El alcalde sac
una llave del bolsillo.
Entonces, venerable, es aqu donde ha construido su logia.
S, padre. Puesto que el Gran Arquitecto me ha permitido ganar la apuesta, he
mantenido mi palabra. Lo he construido todo con mis propias manos. Como usted.
Supongo que las visitas estn prohibidas a los profanos. Usted ha podido ver mi
capilla, pero yo no ver su logia. Dios no tiene miedo de dejarse ver; en cambio, su
Gran Arquitecto se esconde.
Franois Branier dio una vuelta de llave en el cerrojo y abri la puerta.
Tengo la impresin, padre, de que su Dios no se deja ver tanto como usted pretende.
Entre. Desde que se hizo retejador, ha dejado de ser un profano. O tengo que
recordarle que los retejadores son antiguos venerables? Est usted en su casa. Como
revancha. Para m sera un gran placer ser recibido por un abad.
Bueno refunfu el monje, mientras bajaba la escalera que conduca a la logia.
Una decena de peldaos, un recodo a la derecha y una antesala con un cuartucho.
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Aqu es donde meditan los futuros iniciados antes de su primera muerte explic el
venerable.
Abri otra puerta, que daba a la logia propiamente dicha. Una bveda en forma de
ngulo, cubierta de estrellas. Un suelo de baldosas negras y blancas. Al fondo, tres
peldaos llevaban a una especie de estrado sobre el que haba tres mesitas. En la del
medio, un Delta. El monje se acerc y descubri, a ambas partes de la puerta, dos
columnas coronadas por granadas. En el centro del templo, otras tres columnas
enmarcaban un tablero en blanco: la superficie sobre la que escriban, en cada tenida,
los smbolos creadores, los que el monje haba visto mezclarse con la sangre de un
hermano en el suelo del barracn.
Ha encontrado un sucesor?
Todava no respondi el venerable. He logrado reunir a algunos hermanos para
reconstruir una logia inicitica. Me mantienen como venerable hasta el ao que viene.
Entonces espero retirarme. De buena gana me ira con usted, padre...
La gente como nosotros no tiene derecho a retirarse, venerable. Adems, yo no
tolerara la presencia de un hereje entre los muros de mi abada. Ser ms til aqu. Hay
mucho que hacer para devolver a algunos el sentido de la vida. Y cuando lo hayan
recuperado, stos salvarn a otros.
El monje y el venerable se sentaron en uno de los bancos de madera que los hermanos
ocupaban durante las tenidas. La serenidad de la piedra desnuda y su tranquila
eternidad iban penetrando poco a poco en sus almas.
Sobre un pequeo altar, cerca del monje, haba una cesta de mimbre con los metales.
Entre ellos, el anillo del compaero Raoul Brissac que l mismo haba encontrado entre
los restos calcinados de la fortaleza.
Sabe algo de nuestra joven alemana?
Pronto ser profesora de universidad contest el venerable.
La joven rubia haba logrado escapar y avisar a los aliados.
Si Guy Forgeaud no hubiera saboteado la auto ametralladora record el monje,
ahora no estaramos aqu. Estoy convencido de que hubisemos muerto arrollados. Se
par en seco. Una bomba la desintegr. Usted no vio nada de aquello. Se haba
desmayado.
Guy Forgeaud, Dieter Eckart, Pierre Laniel, Andr Spinot, Raoul Brissac, Jean Serval,
maestros, compaeros y aprendiz, todos ellos abrasados en el infierno.
El misterio de un venerable pensaba el monje es su soledad. Cuando lo ha dado
todo, cuando se entrega totalmente a su logia, cuando su vida es una suma de las vidas
de sus hermanos, qu le queda de su persona? El abandono de lo que crea ser, la
extraa luz de un mundo en el que preguntas y respuestas han desaparecido, en que el
Gran Arquitecto del Universo es una presencia que se vale por s misma... Un venerable
no tiene ni amigos ni confidentes. Est solo, porque su destino personal ya no cuenta, ni
siquiera en su opinin. Quiz tema una tarea que lo supere, quiz dude de todo. Pero eso
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Columnas:
Designa los lugares de los masones en el Templo, estn al lado de una u otra columna.
Las dos columnas simblicas J y B (Jakin y Boaz) se sitan a la entrada de la logia, a
imitacin de las que Hiram coloc ante el vestbulo del templo de Jerusaln (Jakin a la
derecha, y Boaz a la izquierda) segn aparece establecido en la Biblia (1 Reyes, 7, 2122).
Contrasea:
Forma de reconocimiento manual entre francmasones.
Despertar:
Regreso a la actividad masnica de un francmasn o de una logia.
Edad:
Grado masnico.
Escocismo:
Francmasonera de los altos grados.
Escuadra:
La segunda de las tres grandes Luces que iluminan la logia como signo de equidad y
conciliacin permanente entre las oposiciones que hay en la logia.
Experto:
Masn encargado de reconocer a los visitantes.
G:
La letra sagrada inscrita en el centro de la escuadra. Para algunos masones es la primera
letra de la palabra inglesa God (Dios); otros la consideran la primera letra de la palabra
geometra.
Gabinete de reflexin:
Gabinete en el que se encierra al profano antes de su iniciacin para meditar ante un
cierto nmero de smbolos. En este lugar redacta su testamento filosfico.
Grados:
Pasos en escala que se deben recorrer para llegar al conocimiento masn.
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Logia:
Lugar donde se renen los masones. Imitando a las logias operativas de los
constructores de catedrales se orientan como las catedrales. La puerta se encuentra a
occidente; el Venerable se sita en el oriente, y los compaeros en el sur, con los
maestros.
Mandil:
Delantal usado por los masones en la logia y adornado segn el grado.
Mallete:
Martillo o masa con dos cabezas, de madera o de marfil, atributo del Venerable y de los
dos Vigilantes.
Metales:
Signos exteriores de riqueza y de las pasiones humanas.
Obediencia:
Federacin de logias bajo una misma autoridad.
Obreros:
Miembros activos de una logia.
Orden:
Sinnimo de la Masonera Universal.
Oriente:
Lugar donde se ubica el Venerable Maestro en una logia. Lugar o poblacin donde se
ubica una logia.
Oriente Eterno:
El situado ms all de la muerte. Pasar al Oriente Eterno se refiere a la muerte de un
masn.
Palabra de paso:
Palabra secreta utilizada en cada grado.
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Pasar la paleta:
Perdonar a un hermano una ofensa.
Pase bajo venda:
Interrogatorio que hacen al profano que quiere iniciarse en masonera con los ojos
vendados.
Pasos:
Pasos rituales que se dan en cada grado.
Plancha:
Todo trabajo escrito, bien se trate de un discurso, de correspondencia, etc.
Profano:
Persona no iniciada o ajena a la masonera.
Radiar:
Excluir o expulsar a un hermano juzgado indigno o que no ha respetado sus
compromisos.
Recibir la luz:
Iniciarse en la masonera.
Sueo:
Estado en el que se encuentra un francmasn o una logia que ha interrumpido su trabajo
masnico regular sin perder sus derechos masnicos.
Supremo Consejo:
Potencia masnica que dispone de la jurisdiccin sobre los talleres del 4 al 33 grado
(por lo tanto no en las logias azules).
Taller:
Nombre que la masonera otorga a todos los cuerpos iniciticos, ya se trate de las logias
que trabajan en los tres primeros grados, o de entidades constituidas por los grados
superiores.
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Templo:
Para el masn, en primer lugar es el ideal a realizar: el templo de Salomn que jams se
acabar de construir. Tambin es el local en el que se rene la logia.
Tenida:
Reunin ritual de una logia.
Toque:
Modo de reconocerse los masones.
Trazar:
Escribir.
Tringulo:
Agrupacin de tres maestros masones.
Tronco de la viuda:
Tronco en el que al fin de cada tenida, los masones depositan sus bolos para las obras
de beneficencia de la logia.
Trono de Salomn:
Lugar reservado para el Venerable en las tenidas.
Valle:
Lugar geogrfico donde su ubica una logia.
Viajes:
Preambulaciones del profano alrededor del taller durante sus pruebas de iniciacin.
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