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El monje y el venerable

Christian Jacq
Traducido por Beatriz Iglesias

Christian Jacq

El monje y el venerable
Introduccin

El monje y el venerable es una novela, una obra de ficcin donde lo imaginario cobra un
gran protagonismo. No obstante, me ha parecido necesario precisar que el relato est
basado en hechos reales de los que es posible esclarecer determinados aspectos.
La trama est ambientada en la Segunda Guerra Mundial. La ideologa nazi quiso
fundar una nueva forma de religin y de cultura. Por ello procedi al exterminio de
todas las creencias anteriores, no sin antes despojarlas de lo mejor que, a su ver,
posean. Los nazis confiaron al cuerpo especial Aneherbe, que dependa directamente de
Himmler, la misin de ocuparse de las sociedades secretas y de sus adeptos,
considerados poseedores de ciertos poderes. Este servicio poco conocido y menos
estudiado procedi al arresto de videntes, astrlogos y magos para apoderarse de sus
tcnicas y comprobar si eran eficaces. De hecho, el Aneherbe crea que los poderes
psquicos se podan convertir en potentes armas con las que asentar la supremaca del
Reich. Se encarcel tanto a sacerdotes como a religiosos sospechosos de atesorar
interesantes conocimientos. Los desafortunados fueron deportados a campos donde
haba secciones especializadas en un tratamiento muy especial de superdotados.
Por otro lado, desde que el rgimen nazi se impuso en Alemania, procedi al cierre de
las logias masnicas y al arresto de quienes las frecuentaban. Con todo, parece que los
masones favorecieron la ascensin de Hitler al poder jugando a aprendices de brujos,
rpidamente incapaces de controlar el monstruo que haban contribuido a crear.
El nazismo fund su propia sociedad secreta, La Orden Negra, que no toleraba la
existencia de ninguna otra organizacin esotrica en los territorios del Reich. De manera
que Himmler orden la destruccin de la masonera, no sin antes haberse cobrado
tesoros aprovechables. En Francia, al servicio alemn de contraespionaje (SD) le fue
encomendada la misin de sitiar los inmuebles donde se reunan los masones, para
apoderarse de sus archivos y sus rituales. Cont con la colaboracin de siniestros
personajes como Bernard Fay, administrador general de la Biblioteca Nacional; sin
embargo, slo obtuvo resultados ms bien decepcionantes.
El motivo de este fracaso fue la existencia de un secreto que circulaba en el mismsimo
interior de la institucin masnica, pero que no tena nada que ver con sta. Tras la
especuladora apariencia de las organizaciones masnicas, sobrevivan las logias
denominadas salvajes, herederas de saberes iniciticos transmitidos de venerable en
venerable desde tiempo inmemorial. Una de estas logias era especialmente depositaria
de la Regla dictada, en su origen, por los constructores de templos; as como del secreto
del Nmero que, segn se dice, permite crearlo y construirlo todo. En nuestro relato,
hemos dado a esta logia perteneciente al Rito Escocs Antiguo y Aceptado el nombre de
Conocimiento.
Durante muchos aos, la dirigi un venerable excepcional que me hizo partcipe de la
increble aventura vivida por un masn y un monje benedictino, cuyos caminos se

Christian Jacq

El monje y el venerable

cruzaron en el exilio. Todo los separaba, todo los opona y, pese a ello, sobrevivieron
juntos al infierno de un campo de concentracin. Uno se amparaba en el Gran
Arquitecto del Universo; el otro, en el Dios de los cristianos. Ambos llegaron a
conocerse, pero tambin a enfrentarse en el nombre de su respectiva fe; a lo largo de la
novela, veremos cul fue el autntico desafo, materializado en lo que unos llaman
apuesta y otros voto, que los llev a someterse a la ms exigente de las pruebas.
Todo lo que aqu se revela sobre los ritos, los grados y los smbolos masnicos es
conforme a la realidad. Incluso el funcionamiento de una logia salvaje, que yo sepa
nunca antes mencionada, se reconstruye en la medida de lo posible.
El extraordinario encuentro entre el monje y el venerable tuvo lugar en un contexto
anlogo al descrito en este relato; la logia Conocimiento existi en verdad, pero con
otro nombre; y el Aneherbe, de triste recuerdo, constituy la ms temible agencia de
servicios secretos de la era moderna.
El trabajo del novelista ha consistido en reunir elementos dispersos y aportar las
precisiones de las que dispona para contar la historia de dos seres enfrentados a la ms
despiadada de las realidades.
Tuve el inmenso privilegio de conocer al monje y al venerable que sirvieron de modelo
para mis personajes. En la actualidad, ambos estn muertos. Por eso se ha podido
romper el silencio.

Christian Jacq

El monje y el venerable
1

Pars, una noche de marzo de 1944 en una callejuela del distrito dieciocho. La luna se
esconda entre las nubes...
Franois Branier desapareci bajo el soportal de un inmundo edificio, tras haber
comprobado que nadie lo segua. A sus cincuenta aos de edad, el mdico de cabello
cano haba conservado ese aspecto fornido y apacible que haca de l un personaje
tranquilizador, fro y clido a la vez.
Dej que la puerta del garaje se cerrara a su paso y esper unos minutos en la oscuridad.
Imperativo de seguridad. Branier viva la ms peligrosa de las aventuras. Por primera
vez en varias semanas, convocaba a sus hermanos para celebrar una reunin de trabajo
masnico, lo que los iniciados llamaban tenida. Haba muchas decisiones que tomar
por unanimidad, conforme a la Regla.
En los ltimos tiempos, varios hermanos de la logia Conocimiento, operativa en el
Oriente de Pars, haban sido detenidos por subversin o actos de Resistencia. Slo siete
de ellos podan seguir trabajando en honor del Gran Arquitecto del Universo; y tenan
que esconderse, cambiar de lugar cada vez que celebraban una tenida. Cuando el
nazismo triunf en Alemania, los masones se contaban entre los primeros perseguidos.
Las logias haban sido disueltas, pues se consideraba que ponan en peligro la seguridad
del Estado. Y muchos hermanos alemanes haban sido apresados, ejecutados sin juicio y
deportados.
La logia Conocimiento no era como las dems. Tena una caracterstica que la
diferenciaba: ostentaba el secreto del Nmero, el secreto esencial de la Orden que se
haba transmitido de generacin en generacin. Unos pocos hermanos, desperdigados
por el mundo entero, haban heredado este tesoro. Muchos haban muerto desde el
estallido de la guerra. Puede que Franois Branier, venerable maestro de la logia, fuera
el ltimo superviviente conocedor del secreto del Nmero a partir del cual todo se poda
reconstruir. Ahora faltaba que l lo pudiera transmitir, que no se lo llevara a la tumba.
En el edificio reinaba el silencio. Branier abandon el abrigo del soportal y entr en un
pequeo patio interior sumido en la oscuridad. A la izquierda haba una puerta metlica.
El mdico llam tres veces espaciadas. Una voz le dijo: Adelante.
Branier enseguida supo que lo haban traicionado. El que haba respondido no era un
hermano, o al menos se habra expresado de manera diferente. Deba salir corriendo sin
pensrselo dos veces. Branier se precipit hacia el soportal y abri la puerta del garaje.
Su tentativa de fuga se qued ah. En la acera lo esperaban cinco hombres ataviados con
un impermeable verde oscuro. La Gestapo. Unos coches negros obstaculizaban ambos
extremos de la calle. Branier cerr los puos. Lo invada una rabia fra. Resistirse era
intil, suicida. As que se qued petrificado, esperando un auxilio imposible.

Christian Jacq

El monje y el venerable

Mi enhorabuena, seor Branier dijo uno de los policas alemanes, con un rostro
plano, muy blanco y animado por unos ojillos mviles. Es usted sensato. Su reputacin
est a salvo.
La luz de la luna, que brillaba entre dos nubes, permita que Branier viera a su
interlocutor. Slo tena una pregunta:
Dnde estn mis... mis amigos?
A salvo, como usted, seor Branier. No se preocupe. Y ahora, si tiene la bondad de
subirse a mi coche...
El polica hablaba un francs sin acento y de tono servil.
Franois Branier se haca una idea completamente distinta de las detenciones a manos
de la Gestapo: esposas, golpes, rdenes imperiosas... A qu vena aquella fingida
cortesa, aquel respeto incomprensible? Sus sospechas le revolvan el estmago.
Cuando se suba al Mercedes negro, el venerable alz la cabeza. En el tercer piso del
edificio de enfrente, haba una ventana tenuemente iluminada; a la derecha, asomaba el
rostro de un hombre tras la cortina descorrida. Sorprendido por la mirada de Franois
Branier, el espa corri bruscamente la cortina y apag la luz.
Branier se dirigi al polica alemn que, como l, haba observado la escena. No perda
detalle.
Me ha delatado l?
Exacto.
Y quin es?
No lo s minti el alemn, casi riendo. Todo lo que puedo decirle es que es
masn. Lo conoci en otra logia. Nos ha puesto sobre su pista. Y ahora sbase al coche.
Cuando arrancaron, el venerable supo que tendra que aguantar hasta el final.
***
Rpido, Dios santo!
Fray Benot, de la Orden Benedictina, haba jurado una vez ms, sin siquiera darse
cuenta. No era momento para fiorituras lingsticas. Estaba demasiado preocupado con
la evasin de dos jvenes judos que deban subirse imperativamente al camin cargado
de troncos. Fray Benot los haba escondido dos das antes en los bosques circundantes
de Morienval. Haca un ao que el religioso estaba a cargo de esta antiqusima abada.
La poblacin apreciaba los dones de Benot, curandero, radiestesista e hipnotizador.
Segn la gran tradicin de la Orden, l se ocupaba activamente tanto de las almas como
de los cuerpos. El benedictino, que lideraba una red de pasadores en la frontera, haba
permitido que decenas de personas huyeran de la polica alemana.
Llegaba el camin. Haba venido por la carretera comarcal, para luego desviarse por un
camino forestal. Benot meti en la parte de atrs a los dos jvenes judos, que se
deslizaron hasta un escondite habilitado en los bajos del vehculo. Con un poco de

Christian Jacq

El monje y el venerable

suerte, no acabaran en uno de los centros de seleccin de la regin de Compigne.


Pero entonces las ruedas del camin patinaron en el barro. Benot tema que se quedara
atascado, como la ltima vez. El conductor cambi de marcha, aceler a fondo y
arranc el vehculo del cenagal. El religioso salud con la mano a quienes ya no podan
verlo. Aquella noche estaran en zona libre y retomaran el combate contra el invasor.
Fray Benot vesta su eterno sayal, con un rosario de cuentas grandes por cinturn. Este
autntico coloso, de barba ligeramente pelirroja, nunca tena fro. Le encantaban esas
glaciales alboradas en que el bosque estaba an silente, en que la soledad era casi
absoluta. Senta la presencia de Dios. Qu alegra avanzar sobre el manto de hojas
muertas, contemplar la apertura de los brotes colmados de savia, notar la primavera a
punto de florecer! Vaya! Todava quedaban esperanzas; Francia conseguira librarse, el
mundo saldra al fin del peor de los horrores impuestos desde los albores de la
humanidad. Y decir que algunos se atrevan a hablar de progreso...
Benot caminaba rpido. A medioda, recibira tres nuevos miembros de la resistencia
perseguidos por los alemanes. Pero antes necesitaba procurarles ropa, un pasador y
dinero. Dios lo ayudara.
El monje habitaba una vieja casa de piedra situada detrs de la abada. Al entrar, pens
en el humeante caf que iba a servirse. Su nico lujo.
El religioso subi los tres peldaos de la escalera de piedra, abri la puerta, cruz el
pasillo con slo tres pasos y se adentr en la cocina.
All lo esperaban tres hombres, ataviados con un impermeable verde. El religioso
reaccion enseguida. Se apoder de una silla y la descarg sobre la cabeza del alemn
que tena ms cerca. Otros dos policas de la Gestapo se le acercaron por detrs y le
cortaron el paso. El coloso estuvo a punto de liberarse, pero las armas con que le
apuntaban lo obligaron a rendirse. Y un hombre de Dios no tiene derecho a suicidarse.
Clmese dijo uno de los policas, de rostro plano y muy blanco, en el que
relampagueaban dos ojillos mviles.
Por qu me detienen? se exasper Benot. No tienen nada que reprocharme.
Y esto?
Sobre la mesa de la cocina, el alemn haba dejado una varita de zahor, un pndulo de
radiestesista y varios libros mgicos sobre las propiedades curativas de las plantas.
Fray Benot se qued atnito. Por eso lo detenan? Ni siquiera haban mencionado su
apoyo a la Resistencia... Una pesadilla sin pies ni cabeza.
Posee usted extraos poderes para ser un religioso libre de culpa... Nos han dicho que
es el mejor curandero de Francia, que se comunica con las fuerzas ocultas. Hemos
venido a comprobarlo.
La alucinacin no tena fin. Benot no daba crdito a sus odos. Cmo poda
interesarles algo as a estos esbirros de la siniestra Gestapo?
Y ustedes se creen todo lo que les dicen! se indign el monje.

Christian Jacq

El monje y el venerable

Yo slo creo en lo que veo replic el alemn. Y entiendo que no quiera


responder a mis preguntas. Ahora va a acompaarnos. Lo llevaremos ante especialistas
que sabrn sonsacarlo.
Fray Benot no articul palabra. Las alimaas que tena enfrente no estaban dispuestas a
escuchar, y l slo pensaba en huir. Pero antes quera saber. Saber por qu lo detenan
alegando semejantes motivos.
Cuando los habitantes de Morienval vieron que fray Benot se suba al coche de la
Gestapo escoltado por un grupo de agentes, se convencieron de que al religioso lo
haban denunciado por sus actividades como miembro de la resistencia. Ninguno de
ellos intuy la verdad.

Christian Jacq

El monje y el venerable
2

Franois Branier adoraba Compigne. De nio haba ido all muchas veces a pasar las
vacaciones con su to. Juntos haban explorado el bosque, pescado en arroyos, recorrido
decenas de kilmetros en bicicleta por el placer de descubrir valles perdidos, paisajes de
la vieja Francia olvidada por los urbanitas. Pero el Compigne de hoy era el del terror.
De all salan los convoyes de presos, a quienes se trataba como ganado, rumbo a los
campos nazis de exterminio. El venerable estaba seguro de que conocera la abominable
suerte de quienes osaban desafiar a la Alemania de Hitler.
Se extra sobremanera cuando el Mercedes de la Gestapo se detuvo ante un bonito
hotel privado del centro. Lo obligaron a bajarse del coche y lo acompaaron a la
primera planta. Ahora los salones burgueses y las habitaciones eran despachos. Se
haban derribado tabiques y roto molduras para introducir el mobiliario de oficina. Pese
a lo intempestivo de aquellas horas, unos soldados escriban a mquina.
El venerable fue introducido en un lujoso despacho, sin duda el del antiguo dueo del
lugar. En las paredes haba colgados litografas y aguafuertes que retrataban
monumentos de Compigne. Parqu ilustre, mobiliario imperial. Un suboficial de unos
cuarenta aos de edad, que vesta el uniforme de las SS, estaba repantigado en un silln
rojo de respaldo alto. Tena los cabellos muy negros y un rostro anguloso.
Sintese, seor Branier. Me han dicho que se ha mostrado muy razonable. Excelente
iniciativa.
El venerable clav su mirada en la del alemn.
Dnde estn mis amigos?
Ya estn de camino a su futura residencia, seor Branier. En un tren especial, que ya
ha salido har un cuarto de hora. Con mediocres condiciones de comodidad, lo
reconozco. Pero, como usted bien dice, cual el tiempo tal el tiento.
El jefe de las SS se levant y se pase por el despacho, con la firme seguridad de un
domador. Su colega, el hombre de la Gestapo, se tena en pie en un rincn del despacho.
Es usted mdico, seor Branier?
Franois Branier no se movi de su asiento. Con la espalda recta y los antebrazos
apoyados, se senta como un condenado a muerte sentado en una silla elctrica. El
suboficial jugaba con l al gato y al ratn. Estas palabras dichas a media tinta
albergaban cien veces ms crueldad que la tortura ms atroz. El alemn tena todo el
tiempo del mundo. Buscaba los puntos dbiles para golpear con la mxima precisin y
dejar a su adversario fuera de combate. Branier no tena derecho a bajar la guardia ni un
solo segundo.
Debera responder, seor Branier. Refugiarse en el silencio es una mala tctica.
Podra amenazarlo con represalias contra sus hermanos. Es mdico?
S.
Especialista?

Christian Jacq

El monje y el venerable

No. De medicina general.


Casado?
Viudo.
Hijos?
No.
Cuando se declar la guerra, abandon usted su consultorio mdico y su domicilio
parisinos. Ingres en la masonera a la edad de veinticinco aos; concretamente, en la
Gran Logia de Francia, donde enseguida fue considerado miembro de excepcin. Pese a
haber rechazado todos los honores, se ha ganado el respeto de las logias de toda Europa.
Como tambin se negaba a figurar en la jerarqua aparente y oficial, acab
convirtindose en jefe de la masonera secreta. Ha fundado una logia denominada
Conocimiento que ostenta los verdaderos secretos de la Orden. Llevamos mucho
tiempo siguiendo la pista de esta logia... Jams el mismo lugar de reunin, periodicidad
nula, transmisin puramente oral. No acostumbra usted a pasar dos noches seguidas en
la misma cama, seor Branier. El contingente de su logia nunca ha sobrepasado los
veinte hermanos. Muchos de ellos estn muertos o desaparecidos. Habamos detenido a
uno, pero se suicid durante el interrogatorio. Sin la denuncia del eminente masn que
le haba ofrecido el local en el que deban reunirse anoche, nunca habramos tenido la
posibilidad de llevar a cabo semejante redada. Un golpe de suerte que las altas esferas
han sabido apreciar. Es as, seor Branier? Alguna objecin?
Ninguna.
El suboficial de las SS volvi a sentarse, con aire satisfecho.
Agradezco su sinceridad. Negarlo habra sido pueril. Todo lo que le he avanzado ha
sido meticulosamente comprobado. Pero todava quedan muchos puntos oscuros. Y no
me refiero a sus actividades como miembro de la Resistencia... banales. Servirn como
cargos de acusacin oficiales.
El venerable tena los nervios crispados. Necesitaba liberar aquella tensin. Gritar,
golpear... La soga se iba apretando a cada segundo; no solamente sobre la persona de
Franois Branier, sino tambin sobre su funcin de venerable maestro, sobre el secreto
que custodiaba. Y no tena ms derecho a suicidarse que un sacerdote. Deba hacer todo
lo posible por transmitirlo, por que la tradicin de la Orden continuara, por que la luz no
se apagara.
Le hemos perdido el rastro en varias ocasiones, pese a la divisin en zonas de la que
era objeto. No sabemos nada sobre la frecuencia y la duracin de las reuniones de su
logia Conocimiento. Las precauciones que toma son tan extraordinarias como
eficaces. En realidad, tiene mucho que ocultar al gobierno del Reich.
Diez tcticas se arremolinaban en la cabeza del venerable. Tena que soltar lastre sin
revelar nada importante, salir vivo de aquel despacho sin faltar a su juramento.
Por qu extraordinarias?
El suboficial sonri.

Christian Jacq

El monje y el venerable

No intente hacerme creer que Conocimiento es una logia masnica normal y


corriente, una simple asamblea de humanistas con vagos ideales de tolerancia y libertad.
Seor Branier, es usted un revolucionario que quiere cambiar el mundo, cambiar al
hombre. Locura, utopa, tal vez... o tal vez no. Y menos cuando uno conoce su seriedad
y la de sus hermanos, cuidadosamente escogidos. No hay nada ms difcil que entrar en
su logia. Para llegar a maestro, se requieren al menos cinco aos de preparacin antes de
la iniciacin, siete aos de aprendizaje como mnimo y una cantidad indeterminada de
aos en el gremio de obreros... En cuanto al venerable elegido, se tratar por fuerza de
un ser con poderes totalmente excepcionales...
Falso. Es un hermano como cualquier otro elegido por unanimidad. Ni ms ni menos.
El suboficial de las SS cogi un cortapapeles e hizo resplandecer la cuchilla bajo la
lmpara de su mesa.
Su modestia lo honra, seor Branier. Aunque no me parece creble. Su logia ha
despertado la envidia entre los propios masones. En tanto que venerable, rehye por
sistema a los visitantes procedentes de otras logias. Es un derecho que existe, pero que
nunca se aplica. Para asistir a sus tenidas, haba que ser obligatoriamente miembro de
Conocimiento y haber pasado unas pruebas de las que no estamos al corriente. Ni un
solo masn de los detenidos ha podido revelarnos nada interesante sobre la vida interior
de su logia. Era usted el jefe de un Estado dentro del Estado. A qu viene tanto
misterio si no tiene nada que esconder? Y lo que quiera que esconda concierne al Reich,
seor Branier.
El venerable se enderez, estir sus anchos hombros y adopt el tono de la ms firme
conviccin.
Somos espiritualistas. Simplemente queramos trabajar en paz, lejos de enredos e
intrigas.
No me lo creo replic secamente el suboficial. Espiritualistas... ellos no tienen
nada que ocultar. Son msticos inofensivos. Y se no es su caso ni el de sus hermanos.
Busque un argumento ms convincente.
El venerable oy a su espalda el caracterstico ruido de un impermeable. El hombre de
la Gestapo se haba movido. Branier se oblig a conservar la calma, a mantenerse casi
indiferente. El suboficial de las SS estaba muy bien informado. Su ingente labor haba
dado frutos. Gracias a su acumulacin de expedientes, e incluso a partir de informacin
fragmentaria, haba logrado obtener indicaciones precisas que la mayora de los
masones desconoca y que, sin duda, l ya tena en su poder.
Ya que tan bien conoce mi logia dijo el venerable, sabr que en ella los
hermanos compartimos todo secreto. Solo, no soy nadie.
El suboficial pas el ndice por la cuchilla del cortapapeles. Pareca preocupado.
Por fin se le presenta un verdadero dilema! Hace tiempo que me lo planteo. Si
miente, podremos ejecutar a todos sus hermanos, porque ser usted el nico que
importe. Y si dice la verdad, ser indispensable que se renan todos en un lugar seguro

10

Christian Jacq

El monje y el venerable

para que por fin conozcamos su secreto. Como no quiero correr ningn riesgo, he
optado por lo segundo. Heinrich Himmler me ha confiado esta misin y no quiero
decepcionarlo. As que va usted a reunirse con sus hermanos, seor Branier. Sale dentro
de un cuarto de hora.
El venerable se encogi, aterrado. El suboficial de las SS lo observ con desprecio.
Puede que aquel hombre no fuera tan extraordinario como se pretenda. A menos que se
tratara de un perfecto comediante.
Descolg el telfono para confirmar la salida del convoy especial en el que saldra
Franois Branier. Fue el primer instante en que apart los ojos de su detenido.
Branier brinc como una gacela. Retorci el brazo al suboficial, le arrebat el
cortapapeles y le puso la frente sobre la mesa. A continuacin, le hundi ligeramente el
can del arma en el cuello, a la altura del bulbo raqudeo. Con una energa
sorprendente, Branier rode la mesa para colocarse detrs de l. Ahora estaba en
posicin de fuerza. El hombre de la Gestapo no haba tenido tiempo de intervenir.
Djeme salir de aqu, o lo mato.
Mtelo, Branier. Eso no cambiar nada. Otro ocupar su lugar. Usted slo saldr de
aqu para subirse a un tren.
Se est echando un farol. Ponga un coche a mi disposicin.
El suboficial de las SS respiraba con dificultad, ya que tena la cara comprimida bajo la
mano de Branier. Se haba equivocado por completo respecto al venerable, al creerlo
vencido, sin recursos.
El hombre de la Gestapo, muy tranquilamente, llam a los soldados de la guardia. Tres
de ellos entraron en el despacho, metralleta en mano.
Deje ese cortapapeles, seor Branier. Si no, dar orden de disparar. Morirn los dos.
Vamos.
Branier levant la cabeza del suboficial de las SS por los pelos. Luego lo oblig a
ponerse en pie retorcindole el brazo izquierdo. Le coloc el filo de la cuchilla en la
cartida. El suboficial se estremeci. Branier actuaba con una brutal determinacin.
Este hombre saba matar.
El coche. Rpido.
Abandonar a sus hermanos? pregunt el hombre de la Gestapo.
Al venerable se le hel la sangre. Huir era confesar que slo l conoca el secreto,
condenar a muerte a sus hermanos. Aceptar reunirse con ellos, donde los nazis lo
quisieran, era demostrar que la comunidad se tena que congregar para desvelar los
misterios.
El cortapapeles hizo un ruido seco al caer sobre el parqu. Branier solt al suboficial de
las SS y se apart de l. Invoc en silencio al Gran Arquitecto del Universo y esper los
golpes.

11

Christian Jacq

El monje y el venerable
3

La noche era glida. En la estacin de Compigne, esperaba el convoy de deportados


con sus cinco vagones. El hombre de la Gestapo acompa a Franois Branier,
flanqueado por dos agentes de las SS. No le haban puesto las esposas.
En la silenciosa estacin, el tren apareca como un monstruo, amenazante. Cuando el
venerable pasaba por delante del primer vagn, la puerta corredera se abri
bruscamente. Asom un joven desnudo que grit Yo no quiero ir! y salt al andn.
El hombre de la Gestapo apart al venerable, y los dos agentes de las SS dispararon al
fugitivo, que se retorci durante largos segundos hasta quedar inmvil. Uno de los dos
agentes lanz una rfaga de metralleta al interior del vagn. Gritos de dolor, cuerpos
que caan los unos sobre los otros. El agente hizo correr la puerta con violencia y volvi
a poner las cadenas.
Suba orden a Branier el hombre de la Gestapo, mientras lo arrastraba hacia el
ltimo vagn del convoy, dividido en varios compartimentos mediante tabiques de
madera.
El venerable ocupara el angosto compartimento del medio. Tendra la suerte de viajar
solo, porque los deportados iban hacinados en las peores condiciones.
El venerable se sent en el suelo cubierto de paja hmeda. Un fuerte olor hizo que se le
contrajeran las narinas. La puerta se cerr, y l qued sumido en la oscuridad. El tren se
estremeci. Eran las tres de la madrugada.
Branier advirti que le haban dejado all el abrigo, el traje y la corbata, como si aqul
fuera un viaje de placer. No tena miedo de morir. Tena miedo de sufrir, como
cualquiera; pero haba aprendido a dominarlo. Lo que en verdad tema era revelar el
secreto. Por debilidad. Por lasitud. Porque su espritu se perdera en la noche, porque su
cuerpo torturado clamara piedad, porque la muerte no llegara a tiempo para liberarlo.
Desaparecer sin haber designado un sucesor sera el peor de los suplicios.
Precisamente la noche en que fue detenido, Franois Branier deba iniciar a su sucesor
como venerable maestro y confiarle el secreto del Nmero.
No tena sueo. Los recuerdos le venan a la memoria. La infancia feliz en un pueblecito
de Saboya, el traslado a Pars, los aos como estudiante de medicina, el encuentro
con la que luego sera su esposa, la pasin por la lectura... esa pasin que, tras
agotadoras jornadas de consulta, le haca devorar enormes libracos sobre los misterios
de la Antigedad, las esculturas de la Edad Media, la geometra sacra; quiz fuera un
refugio para evadirse de un mundo loco, pero ante todo supuso el descubrimiento de
leyes eternas sin las cuales el hombre se convierte en un ser inferior a los animales.
Franois Branier haba odo hablar de la masonera. Le tena pavor por sus enredos, por
su mentalidad poltica y pequeo burguesa, por sus falsos secretos. Le haban pedido
que se hiciera miembro de una de las grandes obediencias diez veces, veinte veces. l

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Christian Jacq

El monje y el venerable

haba rechazado secamente estas lamentables propuestas en que slo contaban el


importe de las cotizaciones, la ambicin social, los contactos, los ttulos rimbombantes.
Unos das despus de la muerte de su esposa, el drama ms espantoso de su vida del que
jams se lleg a reponer, Branier haba atendido a un anciano profesor de francs. No le
quedaba mucho tiempo de vida, y l lo saba.
El paciente se haba quedado ms de tres horas en compaa del mdico, que lo haba
cuidado a la hora de cenar. Haban hablado de todo, menos de masonera. Al da
siguiente, Branier haba solicitado el ingreso en la logia de la que el anciano profesor
era venerable.
Una asamblea heterognea en la que se confrontaban mltiples tendencias. Cuando el
anciano ya haba pasado al Oriente eterno, Branier haba sido ascendido al grado de
maestro. Dedicaba a la logia todo su tiempo libre, y as lleg a redescubrir los antiguos
deberes practicados antes de que la masonera se hundiera en el materialismo y el
mercantilismo. Llegado el momento, Branier fund la logia Conocimiento, ubicada
en el Oriente de Pars, que aglutinaba algunos hermanos de excepcin.
Conocimiento fue duramente criticada por las autoridades administrativas de la
masonera. Se tach a la logia de elitismo, de intelectualismo. Pero, en el fondo, era
temida. Sus poderes causaban espanto. El venerable Branier supo que haba hecho bien
en emprender este camino cuando, la noche de San Juan del invierno de 1936, un
hermano venido de Alemania le confi los archivos y el secreto del Nmero. Las logias
alemanas eran perseguidas por el nazismo triunfante. Los tres hermanos que ostentaban
los verdaderos tesoros de la Orden estaban amenazados de muerte. A la logia de
Branier, que se mantena al margen de infructuosos debates, la haban considerado
digna de recibir el depsito ms sagrado de la masonera inicitica. En un principio,
Branier se haba negado. No se senta preparado. Su logia era demasiado joven,
demasiado inexperta. Pero enseguida se dej convencer por su interlocutor. En realidad,
no tena eleccin... Un mes despus, el emisario alemn mora ejecutado. Lo haban
detenido en una redada y luego lo haban torturado; pero l no haba confesado.
Desde entonces, el venerable ya nunca ms disfrutara de un segundo de reposo. Haba
viajado por toda Europa, sirvindose de las redes de resistentes, de las asociaciones de
mdicos y de sus amistades. Haba organizado numerosas reuniones, todas ellas en
distintos lugares, para instruir a los hermanos dispersos en las tareas que les esperaban.
La guerra haba estallado. Branier ya se lo esperaba. Lo haba preparado todo para una
existencia clandestina. Conocimiento se haba librado de los nazis hasta la noche de
marzo de 1944, en que fue entregada por un alto dignatario masn envidioso de Branier.
Branier oy unos lamentos. Venan desde el otro lado del tabique de madera. Entonces
una voz grave grit: Cierra el pico!. Pero los lamentos sonaban insistentemente.
Cierra el pico o vers!, prosigui la voz grave. Los lamentos no cesaban, y eso le
haca perder los nervios. Un cuerpo sali disparado contra el tabique. Luego se desat
una pelea. La refriega fue tan breve como violenta. Amaneca. Por una rendija que se

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El monje y el venerable

abra entre dos tablas, Branier vio a una cincuentena de hombres desnudos hacinados en
un espacio para diez. Sobre la paja hmeda haba dos cadveres.
El venerable volvi a tomar asiento y se cubri la cabeza con las manos. l an tena
forma humana. l, el privilegiado. Pero hasta cundo?
***
Franois Branier haba dormitado. El continuo rechinar de las ruedas sobre los rales
actuaba como una droga. Cuando el tren se detuvo, la violencia de la inercia le hizo
topar de frente con el tabique.
El venerable se puso lentamente en pie. Mir el reloj. Se le haba parado. Haba
olvidado darle cuerda. Pese al impermeable, tena escalofros. Fuera, alguien vociferaba
rdenes en alemn. Branier se puso boca abajo. Haba luz suficiente para ver lo que
ocurra por debajo de la puerta.
En el andn, unos agentes de las SS se ayudaban de perros lobos para hacer formar a
decenas de hombres. Unos desnudos, otros vestidos con uniformes a rayas. Ni un grito
de rebelda, ni un murmullo de protesta. Un anciano se desplom. Sobre las cabezas de
los rezagados se abatan culatazos. Menos de diez minutos despus de la maniobra, el
rebao humano se dirigi hacia unos camiones entoldados con los motores en marcha.
Cuando stos abandonaron el lugar, se hizo el silencio. Branier ya no vea a nadie en el
andn. El tiempo pareca haberse detenido; era como si hubiera quedado olvidado,
como si hubiera dejado de existir. Se sinti invadido por una falsa esperanza. Despus
de todo, en cualquier ejrcito hay negligencias administrativas que hacen posibles las
huidas ms increbles. Branier busc un objeto que le permitiera abrir la puerta del
vagn. Hurg entre la paja. Nada. El tabique... No era tan grueso. La emprendi a
patadas con el endeble tabln. Al dcimo golpe, se oy un crujido. El tabique se haba
rajado por la parte inferior. Si pudiera pasar al compartimiento de al lado, seguramente
encontrara una salida. Puede que los alemanes no hubieran cerrado esa parte del vagn
tras haber desembarcado a sus presos. La parte inferior del tabln cedi. Sin
preocuparse por las astillas, Branier arranc con sus manos la parte restante. Los
msculos de la espalda se le tensaron.
Estaba empapado en sudor, jadeante. La madera gema, ceda poco a poco.
Ya est murmur.
La puerta del vagn se corri bruscamente. El glido aire azot en la cara al venerable,
que arroj el tabln destrozado al compartimiento de al lado.
En el andn, haba un agente de las SS. Un jefe. El suboficial que haba interrogado al
venerable en Compigne.
Me decepciona, seor Branier. Esta tentativa de evasin es absurda. Sganos.
Branier baj al andn con infinita parsimonia, como si se moviera a cmara lenta. Se
dirigi al Mercedes negro, flanqueado por dos agentes de las SS con rostros

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El monje y el venerable

curiosamente parecidos, contrados y hermticos. Entonces descubri el paisaje: la


minscula estacin pareca perdida en medio de un circo de altas montaas cubiertas de
nieve. Austria, tal vez... Branier se subi a la parte de atrs del vehculo. Los agentes lo
encajonaron en el asiento del medio. El jefe se acomod delante. No articul ni una
palabra en un trayecto que dur cerca de una hora. El Mercedes suba a poca velocidad
por una carretera estrecha, en pendiente y con curvas muy cerradas. En las laderas de las
montaas, aparecan retales de hierba que manchaban de verde los campos nevados. El
inicio de la primavera. El coche pas por un bonito pueblo con sus casas de madera en
colores llamativos. Una abada romnica, fuentes de piedra, callejuelas impecables;
luego, un campo de rboles frutales de los cuales algunos pronto floreceran. La vida
que renaca. El placer de contemplarla. El impulso de correr, de salir de aquel vehculo
siniestro como un atad.
Aquella primavera colmaba los ojos del venerable. El antiguo lema masnico acudi a
sus labios: Ni esperar para actuar ni triunfar para perseverar. En el lugar al que iba,
no exista la esperanza. Habra que inventarla, reconstruirla. Esta savia resucitada tena
que penetrar en su interior, nutrirlo en los peores momentos.
El rostro de su esposa desaparecida danz ante sus ojos. La primavera era su estacin.
Mientras daban juntos largos paseos por el bosque, observaban la eclosin de los brotes
o de las primeras hojas y escuchaban el canto de los pjaros. A ella le habra encantado
aquella montaa agreste donde el invierno se retira paso a paso, donde cada partcula de
vida tiene que haber logrado sobrevivir con empeo, con paciencia. Habra sonredo
ante aquella primavera en que l iba a morir, en que por fin se iba a reunir con ella.
El agente de las SS que estaba sentado a la izquierda de Branier cambi de posicin. La
montaa, el sol y los rboles desaparecieron. Tan slo vea impecables uniformes
negros.
Tras la ltima curva, Branier descubri el Burg. Una fortaleza medieval de torres
almenadas, con gruesas murallas rebosantes de asesinos. El prtico de entrada,
coronado por un puesto de vigilancia, lo cerraba un puente levadizo. El chfer toc el
claxon repetidas veces, y el puente levadizo se baj. Las cadenas, en perfecto estado, no
rechinaron. Por fin, el coche atraves muy lentamente aquel prtico monumental.
El venerable cerr los ojos. No porque tuviera miedo, sino porque quera grabar en su
mente una ltima imagen de la libertad, de la naturaleza, del espacio abierto. Un ltimo
recuerdo antes de internarse en un infierno del que nadie regresaba.

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El monje y el venerable
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La sorpresa de Franois Branier fue total. Se haba imaginado un campo de deportados:


campamentos de barracas gris desesperanza, lodo, condenados a trabajos forzados con
cadenas en los pies y torres de vigilancia. Al abrir los ojos, en medio de la fortaleza
descubri un amazacotado edificio de piedras blancas con ventanucos y una escalinata
que llevaba a una nica entrada. Un tejado plano cubra el camino de ronda del que
sobresalan focos y ametralladoras. Esta torre, de aspecto casi encantador, bastaba para
vigilar todo el interior de la fortaleza. En el amplio cuadriltero haba dispuestas, en
rigurosa simetra, casetas de madera pintadas en verde, rojo y amarillo. Si las armas no
apuntaran desde lo alto de la torre central y los agentes de las SS no deambularan a la
plida luz de aquel da friolero, el lugar habra evocado una colonia de vacaciones
instalada en un antiguo castillo para aprovechar el aire puro de la montaa. Alrededor
de las casetas, unos parterres de flores aadan una nota de alegra.
El Mercedes avanz sobre la grava que recubra el tramo conducente a la torre; la cual
luego rode, para bajar por una rampa hasta un garaje subterrneo. Pero Branier, muy
atento, haba advertido muchos otros detalles que grababa en su memoria. Tal vez le
fueran tiles. En primer lugar, la impresionante altura de la muralla coronada por
alambradas de espino, probablemente electrificadas. Luego, la presencia de dos slidos
edificios tras la torre con aspecto poco atrayente; uno de los cuales era una caserna para
los agentes de las SS.
El coche se detuvo junto a un camin. El garaje slo ocupaba una parte del subterrneo,
que tambin se utilizaba como taller mecnico. En aquel campo reinaba la quietud. Se
respiraba una curiosa atmsfera de irrealidad, como si los nazis y su fortaleza fueran un
mero espejismo.
Bjese! le orden el jefe.
Su voz haba restallado como un ltigo, y el rostro se le haba endurecido.
Siempre flanqueado por sus dos guardaespaldas, Branier fue conducido a la primera
planta de la torre central. Se senta preso de un movimiento infernal, que empezaba a
hacer de l un ttere sin odio aparente, sin brutalidad. Ya no era dueo de s mismo.
Al tropezar con un peldao, el venerable despert de su pesadilla. El dolor que sinti en
los dedos del pie derecho lo despert del letargo que lo invada. Luch. Luchara.
Negara aquel universo de locura que, a cada segundo, intentara robarle la vida.
Franois Branier fue introducido en una enorme sala. Parqu encerado, paredes
encaladas. Al fondo, inclinada sobre los archivos haba una enorme mesa que serva de
escritorio a un agente de las SS. A la derecha, ataviados con una especie de uniforme
gris oscuro, estaban aquellos a quienes el venerable no esperaba volver a ver: los seis
hermanos supervivientes de la logia Conocimiento.
Como estaban colocados en fila india, mirando hacia la mesa del secretario nazi, todava
no lo haban visto. El venerable estuvo tentado de precipitarse hacia ellos, de abrazarlos,

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El monje y el venerable

de mostrarles su alegra. Pero se qued boquiabierto, como paralizado por una fuerza de
inercia. Al volver la cabeza, comprendi que su instinto no lo haba traicionado. El jefe
de las SS lo observaba. Esperaba su reaccin. Branier advirti su decepcin. El alemn
se habra alegrado de verle perder el control.
Agarr a Branier y lo oblig a colocarse el ltimo en la fila india. El venerable se
encontraba junto a sus hermanos, pero stos lo ignoraban. En aquel austero despacho
reinaba un silencio sepulcral, que slo perturb el taconeo de las botas sobre el parqu.
El jefe se puso al lado del secretario; el cual abri ante l un registro en blanco. En lo
alto de la pgina, anot Erkenntnisloge (logia Conocimiento), Pars; debajo, Name
der Bruder (nombres de los hermanos).
Seores anunci el jefe de las SS, vamos a registrarlos. Indiquen al Schreiber
nombre, edad y profesin.
La tensin iba en aumento. Los rostros de los hermanos se contraan. Dentro de unos
instantes, pasaran a ser nmeros en un registro de exterminio, un libro tenebroso. El
jefe percibi la angustia que los crispaba.
El primer hermano se present ante el Schreiber o secretario.
Pierre Laniel, 52 aos, industrial.
Laniel era un hombrecito de cabello ralo y frente estrecha. Sin personalidad aparente.
Meticuloso, preciso y nervioso, era uno de esos seres, considerados insignificantes, que
lideran sin recurrir a gritos ni a medios autoritarios.
De qu rama?
Metalurgia.
Una ocupacin familiar cada en desuso que Pierre Laniel haba recuperado a pulso.
Necesito un dato mucho ms importante susurr el jefe de las SS con una voz
aguda, fruto de la excitacin. Cules son sus grados y funciones en la logia
Conocimiento?
No s a qu se refiere.
El nazi mir al industrial con severidad.
No juegue conmigo, Laniel. Estamos al corriente. Andarse con rodeos no le servir
de nada!
Est bien, he sido maestro masn; pero usted sabe perfectamente que mi logia no se
ha vuelto a reunir desde el estallido de la guerra.
Mentira! se enfureci el alemn.
Pierre Laniel no se inmut. Revelar que era Maestro no aportaba nada al nazi que, sin
duda, posea nombres, direcciones y grados de la mayora de los masones franceses. Los
hermanos preocupados por su propia seguridad haban cedido los archivos a la
Gestapo. En cambio, la naturaleza de sus funciones iniciticas formaba parte de los
secretos que l no estaba dispuesto a revelar a un profano, aun cuando ste fuera su
verdugo. Con dicha respuesta, Laniel indicaba a sus otros hermanos el camino que
deban seguir.

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El monje y el venerable

Mentira! repiti el jefe de las SS. Conocimiento jams ha dejado de


reunirse! Cuando los detuvimos a todos, iban a celebrar una tenida.
En absoluto replic Laniel. Se trataba de una simple reunin entre compaeros
que se haban perdido de vista. Conocimiento ya no existe. Si no, habramos enviado
las convocatorias de rigor al secretario de la Gran Logia. Obligadas, sean cuales sean las
circunstancias.
Branier contuvo el aliento. Esperaba que el jefe de las SS ignorara la situacin
administrativa de Conocimiento. Mucho antes del estallido de la guerra, el venerable
Branier haba roto todo vnculo con las diferentes instancias administrativas de
obediencia para que Conocimiento pudiera trabajar en paz, lejos de las campaas
polticas, de la caza de honores, de los enfrentamientos entre individuos.
El argumento tcnico aducido por Laniel no preocup demasiado al jefe de las SS.
Conforman una logia salvaje, trabajan en la clandestinidad... No intente despistarme.
Aqu acabar por confesarlo todo.
El venerable intuy hasta qu punto aquel hombre violento, que no saba ocultar su
brutalidad bajo un semblante corts, era temible. Mandado por Himmler, haba logrado
apresar a los hermanos de Conocimiento tras llevar meses y meses intentndolo.
Un segundo hermano se present ante el secretario, mientras un soldado obligaba a
Pierre Laniel a ponerse de cara a la pared, al otro lado del despacho.
Dieter Eckart, 43 aos, profesor de historia, maestro masn.
El venerable sonri para sus adentros. Eckart ajust su actitud a la de Laniel. Responda
a las preguntas formuladas sin agresividad, sin apata.
Alemn... es usted alemn observ el jefe de las SS.
De madre alemana y padre francs. Mi pasaporte es francs.
Dieter Eckart era alto y delgado. Tena un porte aristocrtico. Distante, fro, muchas
veces considerado altivo, inspiraba ms miedo que afecto. La melena de cabellos canos,
el rostro fino y anguloso y la mirada penetrante evocaban un personaje inquisidor.
Cules eran sus funciones en la logia? interrog el jefe de las SS.
La logia lleva mucho tiempo inactiva.
El jefe nazi dej a Eckart por imposible. Dos soldados lo agarraron y lo colocaron junto
a Pierre Laniel. Disimuladamente, los dos hermanos intercambiaron una mirada
cmplice.
El tercer hermano se present ante el secretario, que anotaba las respuestas con una
caligrafa irregular.
Guy Forgeaud, 40 aos, mecnico, maestro masn.
Forgeaud era un gran hombre, simptico, tranquilo y fortachn. Como hijo de la
beneficencia, no estaba muy seguro de su edad. Al verlo, con el rostro ancho y
rubicundo, la nariz desmesurada y los labios carnosos, nadie habra imaginado que se
ocupara de otra cosa que no fuera reparar motores pensando en las mujeres o en un buen
festn.

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El monje y el venerable

Forgeaud... ha rehusado usted el Servicio de Trabajo Obligatorio. Me parece que


nunca le han gustado los formularios oficiales... Es imposible saber en qu momento se
adhiri a la logia Conocimiento...
Guy Forgeaud pareca hallarse en un aprieto, aturdido.
En qu momento... pues ya no me acuerdo... No tengo muy buena memoria. Dej la
escuela a los diez aos, sabe?...
El jefe de las SS ya slo movi la cabeza para ordenar a sus hombres que pusieran a
Forgeaud contra la pared.
El secretario mantuvo la pluma en alto, en espera de la declaracin del cuarto hermano
que se presentaba ante l.
Andr Spinot, 35 aos, ptico, compaero.
Una leve sonrisa anim el rostro del jefe nazi.
Compaero... todava no lo han hecho maestro?
Andr Spinot era un retaco delgado. Tena el cabello muy negro y una calvicie
incipiente. Daba la impresin de no ir bien peinado ni bien rapado. Sus ojos reflejaban
una inquieta curiosidad. Pero tena la mayor dificultad que caba esperar dadas las
circunstancias. Chasqueaba la lengua, sin que de su boca saliera ni una palabra.
Alguna otra precisin?
Spinot dijo no con la cabeza. Y fue a reunirse con sus hermanos contra la pared,
mientras que un coloso ocupaba su lugar ante el secretario.
Raoul Brissac, 25 aos, picapedrero, compaero masn y compaero del deber
llamado Buena Estrella.
Brissac respiraba salud. Haba pasado ms das y noches al aire libre que bajo techo. Era
un hombre soberbio, vivaracho, seguro de su fuerza.
Crea que los compaeros del deber y los masones no se entendan se sorprendi el
jefe de las SS.
Hay imbciles en todas partes respondi Brissac.
Se hizo un silencio crispado. Los agentes se mantuvieron firmes. El secretario no
levant la nariz de su registro. El venerable se esperaba un arrebato de ira. Una vez ms,
Brissac haba hablado demasiado rpido y golpeado demasiado fuerte. No tema ni a
Dios ni al Diablo. Se senta capaz de enfrentarse a cualquiera, incluso a un jefe de las
SS en pleno presidio nazi. Su imprudencia corra el riesgo de costar cara a la logia
entera.
No pas nada. El compaero Brissac fue a ponerse contra la pared. Le sucedi un sexto
hermano, el ltimo antes del venerable.
Jean Serval, 25 aos, escritor. Aprendiz.
Serval era muy plido. Un hombre ms bien alto que, con los cabellos castaos, la
frente despejada, los hombros encogidos y las piernas enclenques, tena el aspecto de un
adolescente demacrado, desnutrido.
Escritor... Le han publicado algn libro?

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El monje y el venerable

El primero tena que ver la luz en noviembre de 1939. Pero la guerra...


Sobre qu?
Una novela de amor.
Aprendiz... Entonces hace poco que ha entrado en Conocimiento?
Justo antes de que la logia interrumpiera sus actividades, hace ms de cinco aos.
Las SS consideraba que el joven era el eslabn ms dbil de la cadena. Emotivo,
hipersensible, sin resistencia fsica.
Jean Serval ocup su lugar en la fila. Franois Branier se qued solo. El jefe de las SS le
hizo un gesto para que avanzara y se presentara ante el secretario. El venerable se vea
indecente con su traje y su impermeable, cuando sus hermanos llevaban puesto el
uniforme gris de los presos de la fortaleza.
Su mirada se cruz con la del jefe. Descifr su condena.
Ya no necesitara un soplo de esperanza, sino de eternidad. A condicin de que el Gran
Arquitecto del Universo le diera fuerzas para vivir el presente ms desesperado.
Franois Branier, 55 aos, mdico, venerable maestro.
Todos los hermanos se volvieron hacia l. Los soldados los obligaron a ponerse
nuevamente de cara a la pared. Pero tuvieron tiempo de reconocer a su venerable.
El secretario acab de escribir, coloc un papel secante sobre la pgina y cerr el
registro.
Perfecto, seores concluy el jefe de las SS. Nos han sido de gran ayuda. Pero
yo espero ms de ustedes. Mucho ms.

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El monje y el venerable
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Jean Serval grit. Un fuerte dolor en los riones. Un culatazo seco, profundo. La
primera manifestacin de brutalidad. Y una orden en alemn que el venerable no
entendi. Los hermanos esperaban que el venerable se reuniera con ellos, que la logia
fuera reconstituida. Esperanza frustrada. Los agentes de las SS les hicieron abandonar la
sala donde se haban convertido en nmeros. Franois Branier haba permanecido
inmvil frente al secretario y al jefe nazi.
Se los llevan al block, seor Branier. Espero que sepa inculcarles un mejor sentido de
la disciplina. Me han parecido arrogantes. El comandante del campo no aguantar
mucho tiempo semejante actitud.
El jefe de las SS, con las manos cruzadas detrs de la espalda, sali de la sala
martilleando el parqu con fuertes taconazos. Dos soldados obligaron a Branier a
seguirlo. Subieron hasta la ltima planta de la torre. Seguir, subir, bajar, bajar otra vez,
volver a subir, seguir... Habra otro destino? El venerable avanzaba entre paredes
grises. Los peldaos de la escalera de madera crujan bajo sus pies. Siempre esa
angustia difusa que se pegaba a la piel. No bastaba con ruidos normales y respiraciones
humanas. Aquellos soldados de uniforme negro haban perdido el alma. No pensaban,
no tenan sentimientos, no saban ni amar ni odiar. Obedecan las rdenes porque eran
rdenes. Porque sa era la doctrina.
Sin embargo, como ante cualquier ser que se cruzaba en su camino, el venerable se
preguntaba: cabra la posibilidad de que este soldado, dispuesto a matar, recuperara la
conciencia; de que atravesara la puerta del templo y accediera a la iniciacin? Por lo
general, Franois Branier reciba un eco por respuesta, aunque fuera negativo. Pero, esta
vez, slo sinti un fro vaco. No haba ni corazn ni entraas bajo aquellos uniformes.
Robots con rostro humano. Quin diablos los haba creado? Qu malfico poder haba
concebido aquella fortaleza donde la ms rica de las vidas interiores se iba a desintegrar
en unas horas y convertirse en polvo? En tanto que mdico, Franois Branier haba
conocido el sufrimiento en todas sus formas. En ocasiones, haba sido incapaz de
aliviarlo. Pero era la primera vez que se enfrentaba al Mal, a cara descubierta.
No haba recibido ni un solo golpe. Y todava llevaba puesto su traje de hombre libre.
Pero el Mal estaba ah, insidioso, al acecho.
En el rellano de la ltima planta, haba una puerta abierta. El jefe de las SS hizo entrar
al venerable en un despacho de considerables dimensiones. Las paredes estaban
cubiertas de fotografas enmarcadas. Retratos de Hitler, de Himmler, de regimientos de
las SS, de la multitud saludando al Fhrer; pero tambin del interior de la fortaleza
desde todos los ngulos: los chals de los presos, la caserna de las SS, las duchas, las
alambradas de espino, el patio...
Sentado en un viejo sof de respaldo alto, el comandante del campo lea un informe que
le haba transmitido su ayudante de campo, un joven rubio que estaba de pie en actitud

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El monje y el venerable

petrificada. Sobre la pesada mesa de roble del despacho, descansaban unas palmatorias
en plata maciza. Al comandante del campo le gustaban las rarezas. Levant la mirada
hacia su visita.
Seor Branier... me alegro de acogerlo en este castillo del Reich.
La almibarada pesadilla continuaba. Aquello no era ya un presidio, sino un castillo. El
jefe del campo tena el aspecto de un modlico funcionario, con su expresin
bonachona, su entrecana cabellera, su aire ms bien clido. Branier casi la habra
considerado una reunin de negocios.
Tenga la bondad de dejarnos a solas, Klaus. Yo mismo interrogar al seor Branier.
Mi ayudante de campo anotar sus respuestas.
La voz del comandante se haba vuelto cortante. El jefe de las SS, de quien el venerable
haba aprendido el nombre, salud entrechocando los tacones y abandon el despacho.
Branier tuvo la sensacin de que ste no estaba demasiado conforme con la orden.
Qudese de pie, Branier. En este despacho, slo me siento yo. Cuestin de jerarqua.
Le dolan las piernas slo de pensar que estaba en pie. Sin embargo, el venerable desvi
la atencin hacia el ayudante de campo que, pluma de oca en mano, se situ ante un atril
sobre el que haba colocado un cuaderno negro. Esta vez pens Franois Branier,
la balanza se inclina a favor de la locura. Un tirano en un decorado de la Edad Media.
Un agente de las SS que hace de monje amanuense mientras su jefe lo trata de seor.
Se puede saber quin le ha dejado conservar esta ropa?
Nadie en especial respondi Franois Branier.
El comandante encendi un cigarrillo con la llama de una vela. Se tom su tiempo. Una
serpiente que hipnotizaba a su presa.
Llevamos mucho tiempo buscndolo, seor Branier... Qu ha estado haciendo
ltimamente?
Atendiendo enfermos. Soy mdico.
El comandante aplast el cigarrillo. Su ayudante de campo no se atrevi a dejar
constancia de la respuesta. El venerable contuvo la respiracin.
Qu tipo de enfermos? Soldados alemanes, quiz? Soldados que ha curado
hacindolos pasar a mejor vida? Creo que no valora bien su situacin, seor Branier. Ya
no es tiempo de mentiras. Aqu slo aceptamos la verdad. Usted se esconda porque
llevaba a cabo acciones deshonestas. Es masn. O peor, venerable maestro de una logia.
Peor an, de una logia que cree poder guardar su secreto. No debe haber secretos para
los hombres de la nueva era. El Reich no tolera a los conspiradores.
El ayudante de campo anotaba febrilmente el discurso de su seor. El venerable se
asfixiaba. Habra preferido un calabozo cualquiera a aquel despacho. Aguantar. Dejar la
mente en blanco.
Estoy convencido prosigui el jefe de las SS de que no se ha percatado de la
grandeza de esta nueva era. Nuestro Fhrer no es un poltico decadente y corrupto
como los que existan en su viciada Europa. Es el sumo sacerdote de una autntica

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El monje y el venerable

religin. Los cristianos y los judos son satnicos. Los masones, tambin. Habr que
exterminarlos. Pero otros se encargarn de hacerlo. Aqu, seor Branier, est en un lugar
privilegiado. He seleccionado a individuos de lite; a quienes ostentan poderes y
guardan secretos.
Siento decepcionarlo intervino el venerable. Ninguno de nosotros ostenta ningn
poder en particular. El secreto de mi logia desapareci cuando dej de reunirse, al inicio
de la guerra.
El jefe del campo descruz las piernas y dio un puetazo en la mesa de roble.
La guerra! Es lo nico que sabe decir! Ya no hay guerra. El Reich ha ganado. Para
qu seguir mintiendo? De verdad cree que su sistema de defensa sirve de algo? Yo no
tengo prisa... acabar hablando. Acabar dicindomelo todo, desahogndose.
El comandante se volvi hacia su ayudante de campo.
Llvense al venerable Branier a su block.
El venerable, siempre acompaado por dos agentes de las SS, fue conducido al block o
barracn de color rojo. Procur cerrarse al diablico mundo que lo rodeaba; no dejar
que hicieran mella en l las paredes grises, los rechinantes peldaos, el sol del patio, las
alambradas de espino; no convertirse en su propia prisin.
El barracn rojo pareca un pequeo chalet. Visto de cerca, era evidente que haba sido
construido deprisa y corriendo. Haba algunos listones de madera separados, que
dejaban entrar el aire glido. Las dos ventanas que daban al patio estaban mal ajustadas.
El techo estaba agujereado en ciertos lugares. Bricolaje. Improvisacin.
La puerta no tena pomo. Un agente de las SS la abri de una patada. El venerable entr
en una enorme sala desierta, de unos treinta metros cuadrados. Sobre el suelo de
hormign haba siete jergones.
Estaban todos all. Pierre Laniel, el industrial; Dieter Eckart, el profesor; Guy Forgeaud,
el mecnico; Andr Spinot, el ptico; Raoul Brissac, el picapedrero; Jean Serval, el
escritor. Todos los que haban sobrevivido al exterminio.
La puerta se cerr tras el venerable. Al fin solo con sus hermanos. Dieter Eckart, muy
emocionado, se levant el primero y se plant frente a Franois Branier.
Me alegro de verte, venerable maestro.
Los dos hombres se dieron un triple abrazo fraternal y un sculo de paz. Los otros
hermanos hicieron lo propio. Andr Spinot lloraba. De miedo y de alegra. El venerable
sinti que recobraban la confianza, que su presencia les devolva un equilibrio
indispensable; como si pudiera aportar una solucin, abrirles un camino hacia la
libertad. Aun cuando sta no existiera. Cualesquiera que fueran sus dudas y sus
tormentos, el venerable no deba confesarlos. Por eso la carga que lo abrumaba le
pareca an ms pesada.
Hermanos mos pidi el venerable, formemos la cadena de unin.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

En el interior del barracn de una fortaleza nazi perdida en montaas remotas, siete
masones formaron la cadena fraternal clebre, segn la tradicin, desde los albores de la
humanidad. Con los pies en contacto y las manos unidas, cerraron los ojos para
comulgar mejor, para sentir mejor la fuerza vital de su comunidad nuevamente reunida.
Que el Gran Arquitecto del Universo est siempre con nosotros! invoc el
venerable maestro.
Franois Branier, al igual que sus hermanos, senta el formidable calor que emanaba de
aquel pequeo grupo de hombres atrapados entre las garras de un solo monstruo. A
partir de entonces, la logia Conocimiento exista en aquel lugar, en aquel Oriente de
exilio donde ejercera plena y absoluta soberana. Los siete hermanos presos volvan a
ser libres, aptos para comunicar.
Un crujido vino de afuera. Ruido de botas sobre las gravas del patio. Los hermanos
rompieron la cadena. Se abri la puerta del barracn, y apareci la silueta del jefe de las
SS. ste se apoy en el umbral, con las piernas ligeramente separadas y los brazos
cruzados detrs de la espalda. Contempl irnico a los masones, como si tuviera
constancia del rito que acababan de celebrar. En adelante, el venerable debera tomar
precauciones. Pero cmo arrepentirse de haber cedido a un impulso que los haba
unido como un solo ser?
Entrguenme ahora mismo todos los objetos metlicos que lleven encima: relojes,
alianzas, sortijas de sello...
El jefe de las SS dej pasar a un agente con una cesta de mimbre. Era un hombre
barrign, mal afeitado, con la frente muy ancha y afeada por una mancha en vino de
Oporto.
El venerable fue el primero en dar el paso. Entreg el reloj. Jams haba llevado alianza.
Sus hermanos se mostraron igual de dciles, y la cesta enseguida se llen. Pierre Laniel,
el industrial, se quit con pesar la alianza que llevaba desde haca veinticinco aos.
Presenta que nunca ms volvera a ver a su esposa. Habra querido conservar aquel
recuerdo suyo, clavar la mirada en el anillo de oro cuando le llegara la hora. Al
entregarlo, se qued como mutilado.
El intendente se detuvo ante Raoul Brissac, el picapedrero. Con un gesto violento, le
arranc el anillo de metal que le colgaba de la oreja izquierda. Se salpic de sangre. El
agente de las SS sacudi el botn, al que se haba quedado enganchado un trozo de piel,
y luego lo arroj a la cesta.
Les haba dado una orden precis el jefe.
Brissac hizo un esfuerzo indecible para no gritar de dolor. Estaba dispuesto a
abalanzarse sobre el intendente y golpearlo hasta la muerte. Pero su mirada se haba
cruzado con la del venerable. El maestro de la logia le peda que no reaccionara. Y la
jerarqua de la comunidad, libremente aceptada, no se discuta. Raoul Brissac, con la
mirada levantada hacia el techo del barracn, y mordindose los labios hasta sangrar
para olvidar el sufrimiento que le encenda el nimo, no rechist. El intendente le haba

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Christian Jacq

El monje y el venerable

arrebatado su smbolo de compaero iniciado. El anillo tallado en piedra que su maestro


le haba entregado una vez finalizada su obra maestra, una escalera de doble hlice;
justo antes de haber conocido a Franois Branier y de haber sido admitido en la logia
Conocimiento.
El intendente, visiblemente decepcionado por la indolencia de Brissac, dio media
vuelta, seguido de Klaus. La puerta del barracn se cerr de golpe.
Cuando los torturadores se fueron, los masones permanecieron inmviles durante un
buen rato. El venerable fue el primero en abandonar la torpeza. Enseguida examin la
herida de Raoul Brissac, que mantena la mirada fija. El Compaero aguantaba el tipo.
No es muy grave coment el venerable, que tapon la herida con un pauelo
limpio, una de sus ltimas riquezas.
Brissac tena una resistencia extraordinaria. Sin embargo, Franois Branier tema su
reaccin en fro. El compaero no admita ni la tolerancia de los cobardes ni el perdn
de las ofensas. Pese al cruel gesto del intendente, habra que convencerlo para que
pensara primero en la comunidad.
Quieren separarnos, Raoul, ponernos a los unos en contra de los otros. Atacarn a
cada uno de nosotros por separado. Si t te hubieras resistido, nos habra molido a
palos. No respondamos a sus provocaciones.
En la medida de lo posible observ Laniel.
Y ms all de lo posible replic el venerable. Aqu vivimos lo imposible, lo
impensable. Adaptmonos, Pierre. Tenemos la fuerza para hacerlo.
Pierre Laniel capt lo que el venerable dijo a medias palabras. Franois Branier
ostentaba el secreto del Nmero. Era esencial preservar la persona del maestro de la
logia. Pero ste ltimo slo pensaba en salvar las vidas de sus hermanos.
Estamos perdidos confes Andr Spinot, el ptico, que se desmoron en un rincn
de la sala y se llev las manos a la cabeza.
Es probable confirm Dieter Eckart. Pero, al menos, habr que intentarlo.
Cmo? pregunt Jean Serval, el aprendiz.
Evasin.
No suees objet Guy Forgeaud, el mecnico. No saldremos de aqu escalando
paredes.
Podan fiarse de Forgeaud. Era un manitas genial.
Tienes alguna idea? inquiri el venerable.
Todava no. Hay que estudiar mejor este lugar. No tendremos una segunda
oportunidad.
Todo depende de cundo empiecen los verdaderos interrogatorios advirti Jean
Serval, expresando en voz alta la angustia latente.
S y no coment Dieter Eckart, que se haba colocado en la esquina de una ventana
para observar lo que pasaba en el patio. La cuestin es qu esperan de nosotros.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Todas las cabezas, incluso la de Raoul Brissac, se volvieron hacia el venerable. Si


alguien lo saba, era l. Incluso aunque no pudiera explicarlo todo, por juramento,
debera hacer algunas precisiones.
Franois Branier hizo gala de su aspecto hurao. Reelegido venerable de
Conocimiento en cada San Juan de invierno desde haca quince aos, esperaba
traspasar pronto su cargo a uno de los maestros de la logia. La Gestapo haba frustrado
sus planes.
Nuestra logia no es como las dems empez el venerable. Es depositaria de un
misterio. Y si morimos, morir con nosotros.
Desde que t diriges esta logia observ Dieter Eckart, hemos modificado los
mtodos de trabajo. Hemos vuelto a nacer. Ya no construiremos catedrales de piedra,
pero no por ello nuestros proyectos son menos importantes.
Si es que queda alguien para llevarlos a cabo precis Pierre Laniel, con
amargura. Slo somos siete. Los otros cuatro aprendices, al igual que tres
compaeros y cuatro maestros, estn muertos o desaparecidos. Y nosotros mismos... no
servimos de mucho ms.
Quin nos ha vendido? pregunt Raoul Brissac con una voz velada.
La sangre haba dejado de correr. Pero el dolor haba quedado estampado en el rostro
del picapedrero.
Un masn respondi el venerable. El que nos haba prestado el local.
Una trampa. Haban cado en una trampa tendida por un hermano. Una lgrima
asom a los ojos de Dieter Eckart, que la hizo desaparecer con el dorso de la mano.
Laniel sinti que perda el valor. Forgeaud lament no estar ya muerto. Brissac olvid
su oreja mutilada. Spinot mantuvo los ojos cerrados. Serval, atnito, miraba sin ver
nada.
Estamos solos dijo el venerable. Totalmente solos. Y siempre lo hemos estado.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
6

Permanecieron ms de una hora sin hablar. El venerable dej que se recobraran. Estaban
sentados contra las paredes del barracn, y cada uno de ellos aguardaba a que algn
hermano descubriera un rayo de esperanza. Branier los observaba. Pierre Laniel...
humano, un lder capaz de soportarlo todo, a veces desarmado por el Mal. Un maestro
declarado, apto para recibir el secreto. Dieter Eckart... una honda sensibilidad bajo su
mscara de aristcrata, una prodigiosa inteligencia. Un futuro venerable. Guy
Forgeaud... el ms hbil, capaz de arreglrselas en cualquier situacin; el anarquista
genial, profundamente vinculado a la comunidad. Andr Spinot... el ms sensible y el
ms frgil. Asesinado por la vida, mil veces vencido aunque nunca derrotado. Largos
aos de trabajo para controlar su tumulto interior. Raoul Brissac... un autntico
compaero del deber que tambin haba querido conocer la masonera. La suya fue una
transformacin difcil, por su carcter rebelde e impulsivo. Un corazn de oro y unas
enormes ganas de vivir. Jean Serval... el ms brillante de los aprendices, el principiante
capaz de llegar al fin del mundo si no se perda en el camino.
No los juzgaba. Los quera a todos. Por eso tena que conservar la lucidez. Hermanos,
s, hermanos de espritu libremente elegidos para recorrer juntos el estrecho sendero que
iba de las tinieblas a la luz; hermanos que hoy se ocultaban como animales llevados al
matadero.
Me voy a cargar a ese cabrn dijo bruscamente Raoul Brissac, rompiendo el
silencio. Un puetazo en la cabeza, uno solo, y reventar como una fruta podrida.
No tienes derecho a hablar as intervino Laniel. Deja que se explique, incluso
aunque nos haya traicionado. Es un hermano, l...
No lo interrumpi Andr Spinot, siempre postrado, pero cuya voz reson con
especial claridad. La masonera ha muerto. Los hermanos ya no existen. Ya no tienen
nada que decir, nada que demostrar. Las logias son conchas vacas. El primer golpe de
viento las ha barrido. Y nosotros... nosotros vamos a morir porque somos los ltimos
guardianes del secreto.
Tienes razn asinti Dieter Eckart.
El profesor nunca les haba parecido tan seguro de s mismo, tan tranquilo.
Menudo campo de concentracin, y menudos alemanes! seal Guy Forgeaud, en
tono casi burln, como de costumbre.
Por qu dices eso? inquiri Pierre Laniel.
A los alemanes les encanta alardear de sus ttulos. Son todos Oberstampfhrer o algo
parecido. Adoran la disciplina, la posicin de firmes. Ni se os ocurra contestarles. Aqu,
basta con ser educado y con escucharlos hablar un francs casi sin acento.
Tienen miedo dijo el venerable.
Seis pares de ojos sorprendidos lo contemplaron.
Se creen que tenemos poderes. Ellos son todopoderosos, pero nunca se sabe...

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Es eso cierto? pregunt Serval, el aprendiz, medio irnico medio en serio.


Tenemos poderes?
No los suficientes para salir de aqu... Cuento con nuestra atencin para aprovechar la
mnima posibilidad de evasin.
No hay ninguna sentenci Spinot, el ptico.
Cierra el pico! grit Brissac, levantndose de un brinco y plantndose ante
Spinot. No empecemos!
Es la verdad replic Spinot, crispado.
Basta ya intervino el venerable. No tenis por qu hablaros en ese tono.
Dividirnos sera la peor de las bajezas. Eso es lo que ellos esperan que hagamos.
Pues yo no me voy a pasar la vida esperando. Para empezar, tengo ganas de mear.
Raoul Brissac abri la puerta del barracn.
El aire libre.
El ulular de una sirena. Chasquidos de cargadores. Una orden dada por el altavoz.
Alto!. El Compaero se qued paralizado, como desencantado. Varios agentes de las
SS salieron corriendo de la caserna. Lo rodearon, apuntndole con sus armas. Una furia
paranoica se apoder de Brissac. Estaba dispuesto a luchar cuerpo a cuerpo contra
aquellos espectros.
No hagas el imbcil, Raoul! grit Guy Forgeaud.
Algn problema, Brissac?
El jefe de las SS, socarrn y amparado por sus hombres, miraba al compaero como
quien mira a un animal enjaulado.
Necesidades fisiolgicas.
El jefe dio una orden en alemn a dos de sus hombres. Uno de ellos empuj a Brissac
por la espalda; el otro seal en direccin al barracn sanitario.
La puerta del barracn rojo se cerr.
Y si Raoul no vuelve? pregunt Pierre Laniel, con un nudo en la garganta.
Unamos nuestros corazones en fraternidad encareci el venerable, como si las
palabras rituales pudieran conjurar el miedo, como si pudieran volar para socorrer a un
hermano en peligro. Se imaginaba a Raoul molido a culatazos, gritando con el rostro
ensangrentado...
Al cabo de cinco minutos, la puerta del barracn rojo volvi a abrirse. Primero vieron
un uniforme de las SS. Luego, a Raoul Brissac, intacto.
Cuando se quedaron nuevamente a solas, el compaero solt un largo suspiro. l
tambin haba credo que jams regresara.
Esto es de locos! observ Guy Forgeaud. Incluso tenemos derecho a la higiene.
A lo mejor estamos en un chalet de veraneo; despus de todo... slo falta que nos
traigan el desayuno a la cama.
Has podido ver algo? pregunt el venerable a Brissac.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

S... nada especial. De escalar por las paredes, ni hablar. Demasiado altas. En la cima,
hay alambradas de espino, seguramente electrificadas. Al lado de nuestro barracn est
la caserna de las SS; a la derecha, los meaderos; y, junto a stos, las duchas. Tal vez
haya otros edificios en algn rincn. Yo no he visto nada ms.
No has visto a otros presos?
No. Pero a lo mejor estn encerrados en otros barracones. Hermanos, quin sabe...
Puede que ste sea un campo de concentracin para masones...
El venerable not que un pnico sordo se apoderaba de sus hermanos. Si Raoul Brissac
confesaba su impotencia, es que apenas tenan posibilidades.
Vamos a celebrar una reunin de maestros anunci. Los dems hermanos
vigilarn la puerta y las ventanas.
La vida segua su curso normal. En cuanto una toma de decisin comprometa la vida de
la comunidad, el venerable tena el deber de convocar la Cmara del medio, integrada
por maestros de la logia. Era, desde siempre, la nica asamblea soberana de las
hermandades iniciticas. Se rega por una regla de oro: la unanimidad.
Cuatro maestros de la logia se haban librado del tormento: el venerable Branier, Pierre
Laniel, Guy Forgeaud y Dieter Eckart. ste ltimo tena a su cargo la enseanza
inicitica impartida a los compaeros. Guy Forgeaud realizaba una tarea comparable
con los aprendices. Laniel velaba por la estricta aplicacin de la Regla. Cuando la
Cmara del medio se reuna, compaeros y aprendices abandonaban el templo. Esta
vez, en el espacio desierto del barracn rojo, se conformaban con volver la espalda a los
tres maestros que celebraban una asamblea secreta en uno de los rincones de su prisin.
A mi golpe de mallete dijo el venerable, entramos en la Cmara del medio.
Franois Branier dio un puetazo en la pared con la mano derecha. No tena ni mallete,
ni mandil, ni comps, ni escuadra, ni espada flamgera, ni altar... aqulla era la tenida
ms pobre que haba celebrado jams.
Con su traje arrugado, se senta casi indecente con respecto a sus hermanos, ataviados
con su uniforme grisceo.
Hermanos maestros, tenemos que tomar una importante decisin. Segn dicta nuestra
Regla, debo consultaros y someter a votacin mis propuestas.
Pierre Laniel consideraba sorprendente la actitud adoptada. All estaban los cuatro,
fantasmas de masones perdidos en el infierno. Pero fantasmas que celebraban un rito
esqueltico... Laniel crea enloquecer. Le costaba tragar saliva. Echaba en falta el marco
habitual de una sesin masnica, la magia de las costumbres y los smbolos. La
frustrante frialdad del barracn le impeda concentrarse.
El venerable percibi el desconcierto de su hermano Laniel. Y estaba convencido de
que la aparente calma de los otros dos maestros esconda una angustia igual de
profunda. El mismo senta que poco a poco lo invada un miedo pesado.
Cuando nos detuvo la Gestapo prosigui, tenamos que haber procedido a la
eleccin del nuevo venerable de la logia. Conforme a la Regla, vuelvo a poner mi cargo

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Christian Jacq

El monje y el venerable

en vuestras manos. No somos ms que cuatro maestros, los nicos capacitados para
votar. El procedimiento es vlido, siempre y cuando se respete la ley de la unanimidad.
El lugar donde nos hallamos se ha convertido en templo. Nada ms. Aunque el rito de
transmisin se redujera al mximo, se llevara a cabo por completo. Pido que se declare
un candidato.
Guy Forgeaud, maestro demasiado joven, no haba realizado las suficientes funciones
dentro de la logia para convertirse en venerable. Pierre Laniel procur que su mirada no
se cruzara con la de Franois Branier. Jams se habra credo en condiciones de acceder
a ese misterioso cargo en el que se reciban las claves ltimas de la iniciacin. Se
conformaba con ser maestro. Le pareca que todava no haba descifrado todos sus
secretos. Por supuesto, era un empresario. Haba aprendido a dirigir hombres, ya fueran
ingenieros o peones; haba sabido hacerse querer y temer, convertirse en el eje de un
edificio social en el que todo el mundo encontraba su lugar. Cuntos conflictos
cotidianos haba resuelto mostrndose unas veces inflexible y otras, diplomtico? Haba
pasado por crisis, por momentos difciles; pero siempre haba logrado salir adelante.
Laniel crea conocer bastante bien a los hombres y sus pasiones, sus defectos, sus
ambiciones, su grandeza tantas veces inesperada. Pero dirigir a los hermanos,
orientarlos, servir de mediador entre ellos y el Gran Arquitecto del Universo... de eso
an no se senta capaz. El nico que poda suceder a Franois Branier era Dieter Eckart.
Con los ojos medio cerrados y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, Dieter
Eckart pareca meditar. Su espritu estaba lejos, muy lejos de la fortaleza nazi. Posea
semejante poder de concentracin, semejante firmeza de carcter, que lograba abstraerse
en las peores situaciones. Tena tan presente como Laniel el principal objeto de la
tenida que la logia debera haber celebrado la noche de la redada. Eckart saba que los
hermanos de Conocimiento le profesaban respeto y confianza. Tambin saba que era
el sucesor deseado por el propio Branier, aun cuando el venerable en funciones no tena
derecho a designarlo como tal.
En efecto, haba imaginado otro lugar para abordar esta cuestin. Incluso en la
clandestinidad, la logia haba sabido obtener locales decentes para dar vida a la magia
ritual. Pero aqu... Eckart pens en estos pocos hombres que, desde la iniciacin, haban
recibido el encargo de dirigir una comunidad como aqulla. Cualesquiera que fueran su
raza, civilizacin o carcter, haban sido elegidos para transmitir la luz. Para hacer vivir
la vida y morir la muerte.
Venerable maestro seal Dieter Eckart, todos sabemos que el venerable de
Conocimiento no es un jefe de logia corriente. No se trata de una mera entrega de
poderes. Tambin estn el secreto del Nmero, la clave de bveda de la hermandad.
Branier asinti con la cabeza.
Entonces apliquemos la Regla propuso Eckart. Votemos con conocimiento de
causa.
Franois Branier se sinti aliviado. Se haba sacado un inmenso peso de encima.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Declaro vacante el cargo de venerable maestro. Pido a uno de los maestros declarados
de la logia que, tras haber ayudado y participado en todas sus misiones, tras haber sido
reconocido como tal por sus hermanos maestros, tras haber dirigido las tareas de
compaeros y aprendices... le pido que ponga su candidatura en las manos del Gran
Arquitecto del Universo.
Pierre Laniel haba renunciado. Prefera permanecer en la sombra y secundar al futuro
venerable. Branier, que ya haba pasado pgina, esperaba que Dieter Eckart se
pronunciara. Finalmente, ste tom la palabra.
Para el prximo ao de luz, propongo como venerable maestro a... Franois Branier.
Dieter Eckart se haba expresado con una alegra pausada, contenida, y en un tono que
no admita rplica. Pierre Laniel, sorprendido en un primer momento, consider que su
hermano haba tenido una excelente intuicin. Guy Forgeaud no disimulaba su alegra.
Dio el visto bueno con una sonrisa.
Apoyo esta candidatura aadi. Hermano Franois, puedes asegurarnos que te
sientes con la fuerza fsica y espiritual para asumir tus funciones?
Franois Branier estaba acurrucado, con la cabeza hundida entre los hombros,
mirndolos con ojeriza. Sus hermanos conocan perfectamente aquella actitud. Quera
decir que el venerable reflexionaba de mala gana.
Y si os dijera que he perdido esa fuerza? Que soy un viejo masn desgastado,
fatigado, incapaz de dirigir esta logia por ms tiempo sin cometer un gran nmero de
barbaridades?
Pierre Laniel se estremeci. Un venerable tena la posibilidad de dejar su cargo en
manos de los hermanos si se consideraba incapaz de desempearlo.
Si nos dijeras eso respondi Dieter Eckart, no te creeramos. Nunca has estado
en mejor forma. Los aos no pasan por ti. Es imposible que renuncies a tu funcin en
semejante momento. No me hagas evocar tu sabidura, tu experiencia, tu proyeccin...
no tenemos la costumbre de echamos flores. Ni Pierre ni yo podemos reemplazarte, y
todos lo sabemos. Es hora de que te confiese algo: habra apoyado tu candidatura y no la
ma incluso en circunstancias normales. Todava te queda mucho por hacer para formar
a tu sucesor, venerable maestro. No dejes que nada te detenga.
Llueve! grit Jean Serval, el aprendiz, apostado en una de las ventanas del
barracn.
No caa ni una gota de lluvia. Pero dos agentes de las SS, seguidos del jefe, venan hacia
el barracn rojo. Serval haba empleado la frmula ritual para advertir a los hermanos
de la llegada de un profano.
A mi golpe de mallete anunci el venerable, quedan suspendidos nuestros
trabajos.
Dio un puetazo en la pared con la mano derecha, unos segundos antes de que se abriera
la puerta del barracn para dar paso al jefe de las SS.
Klaus contempl a sus presos y se percat de que los maestros estaban agrupados.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Espero que estn pasando unas buenas vacaciones dijo. Les traigo una invitacin
para cenar. De parte del comandante de esta fortaleza. Vendremos a buscarlos.
Ni el menor rastro de acento alemn. Todava no haban odo hablar de ningn ttulo
rimbombante de los que tanto gustaban los agentes de las SS. Y, encima, una
invitacin a cenar... Haba algo que no encajaba. Era como si el terror reculara para
cebarse, para impactar mejor. El jefe de las SS cerr de golpe la puerta del barracn.
A mi golpe de mallete anunci el venerable, la logia se abre al grado de
aprendiz.
Volvi a dar un puetazo en la pared.
Todas las miradas se volvieron hacia l.
Hermano Raoul, t asumirs la funcin de retejador.
El compaero Raoul Brissac, picapedrero, se apost junto a la ventana, decidido a no
dejar entrar en el templo ningn elemento impuro.
Ocupad vuestros lugares, hermanos mos.
La magia de las viejas frmulas hizo que se les pusiera a todos un nudo en la garganta.
El venerable estaba de pie, en medio de la pared que haba al fondo. A su izquierda,
Pierre Laniel, Guy Forgeaud y Andr Spinot. A su derecha, Jean Serval y Dieter Eckart.
Enfrente, Raoul Brissac.
Lo que ms urge, hermanos mos, es reunir los elementos necesarios para vivir
nuestro ritual. Hay que hacer todo lo posible por celebrar aqu nuestra iniciacin.
Los ojos brillaron de esperanza. El venerable devolva a sus hermanos las ganas de
luchar; de encontrar incalculables tesoros como la tiza o las velas.
Pierre Laniel levant la mano derecha para pedir la palabra.
El problema ser salir de este barracn. Quiz hayan decidido dejar que nos
pudramos aqu.
No lo creo objet el venerable. Est esa cena. Espero que podamos beber y
comer. Demos un repaso a nuestras observaciones sobre el campo. Unos y otros hemos
destacado detalles diferentes. Que cada uno tome la palabra. Guy, t nos hars un
resumen.
Cada hermano dio su versin. Guy Forgeaud memoriz lo esencial de las
intervenciones. El mecnico, contrariamente a lo que haba dicho al jefe de las SS, tena
una memoria prodigiosa. Con permiso del venerable, tom la palabra cuando todos los
hermanos haban acabado.
Por mi parte, no tengo nada que aadir a lo dicho... Gracias a las intervenciones de
unos y de otros y a las fotos que nuestro venerable ha visto en el despacho del
comandante, sabemos que la torre central de la fortaleza alberga los servicios
administrativos y las salas de interrogatorio. En la cima, un camino de ronda, focos y
metralletas pesadas. Una autntica torre viga que basta para controlar el interior del
campo. Los barracones estn situados a lo largo de la muralla de la fortaleza, muy
elevada y coronada por alambradas de espino electrificadas. Hay varios barracones de

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Christian Jacq

El monje y el venerable

colores diferentes. El nuestro es el nico que tiene dos ventanas. Cuando fue al de los
lavabos, que est junto al de las duchas, Raoul se fij en que las ventanas de las otras
casetas estaban tapiadas. No sabemos si hay otros presos en el campo. Por ltimo, entre
los chalets y las instalaciones sanitarias, se alza una caserna de las SS. Los
suboficiales deben de alojarse en la torre.
Andr Spinot levant la mano.
Este campo no es normal.
Por qu no? inquiri Serval, el aprendiz, a quien el venerable haba concedido
excepcionalmente la palabra. Estamos encerrados en esta barraca, ni siquiera nos dan de
beber, esos locos uniformados no dejan de asediarnos...
Asediarnos... De momento, se estn conteniendo. Nada que ver con lo que se sabe de
los campos de concentracin nazis.
Las palabras de Andr Spinot actuaron como una corriente de aire glido. Cada
hermano tom conciencia de que, tras las apariencias, se escondan los crculos del
infierno. En qu instante caera la mscara?
Andr Spinot, el ptico, antepona la lucidez en su lista de virtudes. Para l, velar lo
real, ya fuera por miedo o desesperacin, era la peor de las cobardas.
Nos falta un dato de gran importancia intervino el venerable.
Cul? pregunt Forgeaud.
La ubicacin de la enfermera. Tiene que haber una. Yo soy mdico. Debera tener
acceso a ella. E incluso ser nombrado encargado.
Un sueo. Sin embargo, Spinot no tuvo nada que objetar. El venerable haba
descubierto un nuevo camino.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
7

As transcurri la espera hasta la noche. Todos los hermanos necesitaban recuperar


energas. Se pusieron a dormir. Uno de ellos permaneci despierto, al acecho. Se
turnaban para ir al lavabo, siguiendo un proceso inalterable: abrir la puerta del barracn,
quedarse inmvil en el umbral, esperar la llegada de dos agentes de las SS y dejarse
acompaar. Ni rastro de brutalidad. Solamente haba que darse prisa, no rezagarse en el
camino, no volver la cabeza. Ningn hermano vio a otros presos. La fortaleza estaba en
silencio. Hasta la montaa de las inmediaciones haba enmudecido.
T tampoco puedes dormir? pregunt en voz baja Laniel, que estaba acostado
junto al venerable.
No.
Crees que Franois se saldr con la suya?
Tiene que hacerlo. No le queda ms remedio.
Laniel miraba al techo. Quera creer en las palabras de Franois Branier. Porque un
venerable maestro nunca miente.
Menuda tontera, al menos... mira que dejarse trincar as, sin ofrecer resistencia...
Pierre Laniel sola expresarse con crudeza. Una vieja costumbre que perda con sus
obreros.
Depende, Pierre...
Laniel, sorprendido, se incorpor sobre el codo izquierdo y mir a Branier, inmvil
como un gigante.
Depende de qu?
La logia ha quedado mermada desde el inicio de la guerra. Hemos perdido a doce
hermanos. Hoy estamos todos reunidos. Ah radica nuestra fuerza.
Pierre Laniel se pregunt si el venerable no empezara a perder el juicio. Sin embargo,
se no era su estilo... El industrial crea conocer bastante bien a los hombres, pero
Franois Branier no dejaba de sorprenderlo. Jams haba conocido a alguien tan sereno,
tan firme ante las dificultades. De l emanaba un plcido resplandor. Con Branier, era
fcil creer en lo imposible. Funcionaba.
Hay que salir de aqu, Franois. Largarse, como sea. Tomarlos por sorpresa. Si les
seguimos el juego, nos comern vivos.
No nos precipitemos, Pierre. Ante todo, celebremos una sesin. Sacralicemos este
campo de concentracin. Hagamos lo posible para que el Gran Arquitecto del Universo
nos acompae y nos d la solucin.
No creers...?
No, no lo creo. Es una certeza, no una creencia.
Pierre Laniel se estremeci. El venerable no sola comportarse as. En su opinin,
quienes decan lo s eran unos inconscientes o unos maleantes. Muchas veces se
diverta parafraseando al viejo filsofo: Slo s que no s nada... y ni de eso estoy muy

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Christian Jacq

El monje y el venerable

seguro. No obstante, haba pronunciado la palabra certeza con absoluta conviccin,


como el cazador que sabe que su tiro har diana incluso antes de haber disparado.
Te acuerdas de cuando se fund esta bendita logia, Franois? Nadie crea en ella.
Nadie quera creer. Y los hermanos... qu va! Han hecho todo lo posible por
mandarnos al infierno! Hoy se alegraran de vernos all...
La puerta del barracn se abri de una patada. Apareci Klaus, el jefe de las SS.
En pie, seores. Los esperan para cenar. Al comandante le gusta que sus invitados
sean puntuales.
Los siete hermanos de la logia Conocimiento se levantaron casi a la vez.
Abandonaron el barracn uno por uno, con el venerable a la zaga. Caa la noche. Las
nubes ensombrecan el cielo. Un viento glacial barra el patio. La fortaleza evocaba una
fiera agazapada en las crecientes tinieblas. Siempre el mismo silencio inhumano,
solamente roto por el ruido de botas. Los siete hermanos avanzaron hacia la torre central
flanqueados por los agentes de las SS, impenetrables como los elevados muros.
Ninguna luz se filtraba bajo las puertas de los dems barracones. Hicieron entrar a los
hermanos en la planta baja de la torre, una enorme sala con capacidad para cincuenta
personas.
Branier y sus hermanos asistieron a un espectculo de alucine.
Una gran mesa con un mantel blanco. Platos de porcelana y cubiertos rojos.
Candelabros de plata con tres brazos. Un camino de flores malvas. A la cabeza de la
mesa, bajo una fotografa de Hitler, estaba el comandante, sentado en un trono medieval
con respaldo alto. A su izquierda, sobre un estrado, una pequea orquesta dirigida por el
ayudante de campo. Cuando los hermanos entraron, ste interpret la oda masnica para
el grado de maestro, compuesta por el masn Wolfgang Amadeus Mozart. Un cartn
con un nombre indicaba el lugar que deba ocupar cada hermano. Se acomodaron,
perplejos, fascinados por la trgica belleza de la msica que los maestros de la logia
conocan perfectamente por haberla utilizado en sus rituales. La oda fnebre dur algo
ms de diez minutos durante los cuales, en absoluto silencio, dos agentes de las SS
sirvieron un souffl de nscalos acompaado de Chteau Latour.
El venerable maestro se haba sentado frente al comandante del campo, en la otra punta
de la mesa. A su izquierda estaban un maestro, Dieter Eckart, y los dos compaeros,
Andr Spinot y Raoul Brissac; a su derecha, dos maestros, Pierre Laniel y Guy
Forgeaud, y el aprendiz, Jean Serval.
Mozart guard silencio. El venerable tena el corazn en un puo.
Espero que su logia aprecie esta msica y mi invitacin a cenar declar el
comandante del campo, mirando fijamente a Franois Branier.
Pese al hambre, nadie haba empezado a comer. Todo lo que haba en aquella mesa
pareca envenenado. El venerable no respondi. l esperaba que se acabaran los
prolegmenos. El jefe de las SS y otros agentes se haban puesto detrs de los invitados,
dispuestos a intervenir si uno de ellos reaccionaba de manera inoportuna.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Disfrutan ustedes de un trato privilegiado prosigui, pero no es injusto. No son


como los dems. Poseen una ciencia que debe ser puesta al servicio del Reich. Si no,
de qu servira? Ms vale abordar este tema en torno a una buena mesa. No le parece,
venerable?
Franois Branier mascull algo que pudiera pasar por un s. El comandante levant su
tenedor. Los hermanos, hambrientos, empezaron a comer a toda prisa, por temor a ser
interrumpidos de un momento a otro.
El comandante los dej a sus anchas. El venerable y l no se quitaron los ojos de
encima. Se concedan mutuamente una tregua. Franois Branier picoteaba. Haba
perdido el apetito.
Habr un postre muy original anunci el comandante. Sus revelaciones,
venerable.
No se oy ni un ruido ms de tenedores. Los hermanos esperaban ver la orientacin que
su venerable dara al interrogatorio.
No habr ninguna revelacin. Conocimiento ha dejado de existir, al igual que la
masonera. Somos presos como los dems.
El venerable haba hablado con una voz lenta y pausada, como para grabar una idea
sencilla en la mente de un alumno algo torpe. Sin duda, acababa de encender la mecha
del explosivo. Los hermanos tuvieron la sensacin de que un arma les apuntaba a la
nuca. Un simple disparo, y todo habra terminado. Mejor eso que vivir eternamente.
Admitmoslo dijo el comandante. Son ustedes buenos y leales franceses. Ya no
conspiran contra el Reich. Pero la logia Conocimiento ha existido, verdad? No lo
habr soado?
Una vaga sonrisita se esboz en sus labios. El venerable sinti que se acercaba el punto
final.
S, Conocimiento ha existido.
En qu rito trabajaba su logia?
Rito Escocs Antiguo y Aceptado.
El ms indisciplinado y misterioso subray el comandante, presa de la ansiedad.
Los Escoceses Antiguos y Aceptados, segn la expresin arcaica, trabajaban con los
ms arcaicos rituales de la masonera. Fcilmente contestatarios y herederos de los
constructores de catedrales, no tenan demasiada predileccin por la administracin y el
decoro que haban invadido las logias masnicas.
El venerable no haba revelado un gran secreto. Estaba convencido de que, con ello, el
comandante simplemente corroboraba una informacin que ya posea.
Con qu grado trabajaba su logia?
El venerable titube. Habra sido preferible disimular un elemento tan esencial, pero eso
supona asumir un enorme riesgo. El comandante del campo no era un verdugo
cualquiera. Haba estudiado a fondo el expediente de las logias. El venerable ignoraba
de qu documentos y testimonios dispona. Su margen de maniobra era igual de escaso.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Haba que soltar lastre, sin darle el extremo del hilo de Ariadna que permitira al
comandante de las SS llegar al fondo.
Conocimiento trabajaba con los grados de aprendiz, compaero y maestro.
... y maestro repiti el comandante. Rarsimo. Entonces celebraban reuniones
secretas?
Mera exigencia ritual. Cuando los maestros se renen, compaeros y aprendices
quedan al margen.
Seguro, venerable... pero nada obligaba a los maestros de Conocimiento a reunirse
tan a menudo en Cmara del medio. sta es la expresin, no?... As que aquellas
noches slo celebraban algo ritual... Y qu pasaba exactamente? Qu preparaban en
las sombras?
El venerable tosi. Tena la garganta seca. Casi al mismo tiempo, el aprendiz Jean
Serval se escurri de la silla y, cual ttere desarticulado, cay sobre el parqu del
comedor. Sus vecinos quisieron intervenir, pero los agentes de las SS se interpusieron.
El venerable se puso en pie.
No se mueva! orden el comandante de las SS.
Soy venerable y mdico replic Franois Branier, desafindolo. Mi hermano
Serval ha sufrido un desmayo. Yo mismo lo atender. Llvennos a la enfermera. Luego
retomaremos la conversacin. Y si no, acabe con nosotros ahora mismo.
El comandante del campo analiz la situacin en un segundo. El incidente le
demostraba que los hermanos de Conocimiento no queran que los separaran. Ah
radicaba su fuerza. Al confinar al venerable en la enfermera, debilitara su capacidad de
resistencia.
La cena ha terminado. El venerable y el enfermo, al block sanitario. Los dems, al
block rojo.
El comandante tambin se puso en pie, brusca y majestuosamente. El venerable senta
un curioso respeto por aquel hombre. No haba sido elegido al azar. Loco pero nada
obtuso, fantico pero lcido; sera el peor carnicero. Conocimiento haba cado en sus
redes.
Dos agentes de las SS levantaron a Jean Serval del suelo y lo arrastraron hasta la puerta
del comedor. A los dems hermanos los obligaron a colocarse en fila india. De pasada,
Guy Forgeaud tuvo tiempo de engullir un trozo de souffl.
Un momento! Helmut...
El ayudante de campo llev al comandante una enorme cesta con los relojes, los anillos,
las alianzas y las sortijas de sello pertenecientes a los hermanos. A continuacin, ste
meti la mano en su interior y los removi hasta hacerlos sonar.
En masonera, a esto lo llaman metales. Los dejan a la puerta del templo antes de
cada tenida. Despus, los recuperan... esta vez, yo decido. Procuren trabajar bien, si
quieren ser libres...

37

Christian Jacq

El monje y el venerable
***

El venerable y el desvanecido Jean Serval fueron llevados a un barracn verde. Estaba


situado en un hueco, entre la caserna de las SS y las duchas. Un soldado custodiaba la
puerta de manera permanente. Todo pas muy rpido, como si los agentes de las SS
quisieran librarse de una faena durante la cual corran el riesgo de contaminarse por
contacto con un enfermo. Serval fue arrojado a un suelo de tierra batida. Al venerable lo
empujaron por la espalda. Se tambale, sin perder el equilibrio. Luego la puerta se
cerr.
Primero fue la oscuridad, poblada de gemidos y lamentos. Las tinieblas estaban
preadas de seres que sufran. Luego se hizo una luz, muy tenue. Una vela camuflada en
una caja de cartn.
Un gigante de barba roja se alz ante el venerable. Superaba los dos metros. Llevaba
puesto un sayal, con un rosario como cinturn. Era un monje.
Quin es usted? pregunt con voz de enfurecido. Qu viene a hacer aqu?
Me llamo Franois Branier. Soy mdico. Y acompao a un enfermo.
Tambin usted est enfermo?
No. Pienso curar a mi amigo y ocuparme de la enfermera del campo.
Una incongruente carcajada reson en la oscuridad. La carcasa del gigante recibi la
sacudida de una formidable hilaridad.
El venerable esper a que cesara la risa loca del monje.
Yo explic ste ltimo soy fray Benot y me ocupo de esta enfermera desde
hace quince das. Por suerte, no haba mdicos en esta fortaleza. De lo contrario, todos
los pobres desgraciados que estn ah acostados ya estaran muertos.
Cmo los atiende usted?
Yo no los atiendo, los curo. Las plantas y el magnetismo. Aqu, se enferma por el fro
o la comida. Con las manos, magnetizo. Con las plantas, dreno y prevengo las
infecciones. Si tiene algo mejor que proponer, le cedo el puesto.
Las plantas... cmo las consigue?
Tengo derecho a una salida por semana, bajo la vigilancia de un batalln de las SS.
Imposible evadirse. Sin embargo, la montaa empieza a revivir. No encuentro todas las
especies que necesito, pero me las arreglo. Tambin he curado a un agente de las SS que
haba pescado una buena diarrea y un principio de bronquitis... eso ha favorecido mi
reputacin. Y eso ser til en el futuro, cuando por fin haya encontrado tipos con coraje.
Conoce a todos los presos del campo?
A usted y a su amigo enfermo, no. Han llegado en un convoy?
Somos siete respondi el venerable.
Hay ms de trescientos desgraciados en este campo de concentracin precis el
monje, una buena veintena de los cuales est en la enfermera. Antes de mi llegada,

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Christian Jacq

El monje y el venerable

segn algunos supervivientes que llevan seis meses aqu, habra habido un centenar de
vctimas: fro, desnutricin...
Ha creado usted esta enfermera?
Ampliado. Antes era un simple cuartucho. Crean que este tipo de presos podra
eludir los problemas de salud, incluso en las peores condiciones.
Qu tipo de presos?
El monje mir a su interlocutor con suspicacia.
Gentes que deberan tener poderes... magos, astrlogos, videntes... Los agentes de las
SS creen en la energa psquica. Estn convencidos de que estos pobres individuos
guardan secretos fabulosos susceptibles de convertirse en armas con las que ganar la
guerra. Influencia a distancia, hechizos y otras pamplinas... Verdaderos secretos, slo
hay dos: Dios y la fe.
El aprendiz Jean Serval dej de hacerse el enfermo. Abri los ojos y se puso en pie. Las
palabras pronunciadas por el monje lo haban confortado. La mayor sorpresa se la llev
cuando una mano de hierro lo levant del suelo como un vulgar paquete.
Qu es todo esto? grit el monje.
Una treta para acceder a la enfermera explic el venerable.
El monje volvi a dejar a Serval en el suelo.
Se puede saber dnde radica su poder?
Al parecer, guardamos un secreto respondi el venerable.
Cul?
Ninguno. En las SS se lo inventan todo.
El monje se rasc la barba, incrdulo.
Sabe quin manda en este campo?
Nos hemos tenido que ver con el comandante, con su ayudante de campo y un jefe de
las SS que nos acompa desde Compigne. No s sus apellidos ni sus grados exactos.
Slo conozco los nombres del ayudante de campo y del jefe, Helmut y Klaus. Hablan un
francs perfecto, sin acento.
Normal. Estos agentes de las SS son de una calaa un tanto especial indic el
monje. Pertenecen a la Aneherbe, un cuerpo especial encargado de ocuparse de los
poderes psquicos y de quienes los poseen. Tienen su propia jerarqua y libran su propia
guerra. As que, seor Branier, usted no es un ciudadano cualquiera. Como tampoco lo
son sus seis camaradas. Aqu, hay que jugar limpio, o estamos perdidos. Le repito: cul
es su secreto?
Ocpese primero de mi amigo Jean Serval. Ya hablaremos luego. Si los alemanes
vienen a echar un vistazo, deben ver a un enfermo.
La ira anid en el rostro del monje. Si no fuera porque era un hombre de Dios, habra
sacudido de buena gana a aquel joven hurao que no daba su brazo a torcer y hasta se
atreva a tomarle el pelo.
Por allorden el monje a Jean Serval. Estrese y espere.

39

Christian Jacq

El monje y el venerable

Al fondo de la enfermera, haba una veintena de literas dispuestas en cuatro hileras.


Una sola sbana por enfermo, aunque la temperatura no superara los diez grados
centgrados. Jean Serval se acomod en una litera baja.
Al venerable le asombr la pulcritud del local. El monje tena que hacer un trabajo de
titanes para mantener aquel hospital improvisado. El coloso acompa a Franois
Branier a un cuartucho en el que haba instalado un jergn, demasiado corto para que l
pudiera estirar las piernas. Un techo bajo y paredes que rezumaban humedad. Era el
rincn ms incmodo de la enfermera. El monje se haba llevado la vela y haba dejado
a los enfermos reposar en la oscuridad.
Tiene medicamentos? pregunt el venerable.
Un pequeo botiqun, con aspirinas y desinfectantes. Los agentes de las SS estn
mejor equipados. No descarto desvalijarlos discretamente un da de estos. He logrado
hacer milagros con las plantas. Y no parar. Dios no nos abandonar.
Ojal lo escuche...
Cmo se atreve a ponerlo en duda?
Las cejas del monje se arquearon.
Mis seis hermanos y yo somos masones. Yo realizo la funcin de venerable en la
logia. Se llama Conocimiento, y trabaja en honor del Gran Arquitecto del Universo.
Un largo silencio sigui a esta declaracin. El monje se qued petrificado, en estado de
choque. El venerable esperaba su reaccin con paciencia. Conoca la hostilidad que
profesaban los hombres de la Iglesia a la masonera. Pero se senta obligado a decir la
verdad sin tapujos. Ahora ms que nunca, haba que identificar a aliados y adversarios.
De camino hacia aqu dijo al fin el monje, saba que me reunira con el diablo.
Pero no saba qu forma adoptara.
El monje se sent en el reborde del jergn. El venerable hizo lo propio. Los dos
hombres se encontraban casi el uno junto al otro, mirando en la misma direccin.
El diablo... No est yendo muy lejos?
A Dios no le gustan los matices. Vomita las medias tintas.
Respecto a los hermanos de mi logia, no tiene nada que temer.
Porque son fanticos?
No. Hombres que lucharn hasta el final por su ideal y su verdad.
Dios es la verdad.
Todo depende del concepto que uno tenga de Dios dijo el venerable. Ahora hay
algo ms importante que eso... luchamos juntos o por separado?
El monje entrecruz los dedos, haciendo crujir los nudillos.
Yo no pacto con el enemigo.
El enemigo, yo? Permtame decirle, padre, que desvara.
Por muy venerable que sea, me parece que le voy a romper la cara.
Pues ser una lstima para los dos. Porque no tengo intencin de ofrecerle la otra
mejilla.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

La determinacin del venerable sorprendi al monje.


Se zampa usted al cura?
Demasiado indigesto, padre.
Ni siquiera es usted cristiano?
No entrar en eso... usted est con Dios; y yo, con el Gran Arquitecto del Universo.
No tienen por qu librar un combate.
Exacto. Dios existe; y el Gran Arquitecto del Universo, no. Es slo una imagen.
No me est diciendo que caminemos cogidos de la mano?
Ha olvidado que est excomulgado?
Aqu, s.
El lugar poco importa. Pertenece usted a una secta que conspira contra la Iglesia. Ha
calumniado a los sacerdotes, ha hecho que expulsen a los monjes que vivan
pacficamente en sus conventos, ha insultado a Dios. Y quiere que le d la mano?
La fe no debe cegar a nadie. Algunos obispos han cado en la trampa. Han prestado
odos a cualquier calumnia y a cualquier propaganda antimasnica. En este absurdo
partido, amaado, entre Iglesia y Masonera, los adversarios de ambos campos han
rivalizado en bajeza. Mientras ellos se enfrentaban, el materialismo, el fascismo y la
locura han podido crecer en absoluta quietud. Los dos somos responsables de esta
guerra y de sus horrores, padre. Su Iglesia y mi Masonera han traicionado su misin.
Filosofa barata. La Iglesia nunca se ha apartado de su camino.
No ser que olvida algunos genocidios cometidos en el nombre de Dios?
Un ateo como usted no entiende de Historia. Los designios de Dios se cumplen
gracias a nosotros y pese a nosotros.
Filosofa fcil. La verdad inicitica, sa s que nunca se ha apartado de su camino.
Poco importa que los masones lleven a cabo la iniciacin. Existe ms all de nuestras
debilidades. Y no ha ordenado la masacre de nadie en nombre de un dogma.
La puerta de la enfermera se abri, y dej entrar un aire glido. Apareci Klaus, el jefe
de las SS. Ech un vistazo a los enfermos, y sorprendi al monje y al venerable en el
cuartucho.
Nuestro enfermo masn se encuentra mejor? pregunt dirigindose al monje.
Tres das de reposo y tisanas refunfu fray Benot.
Usted y el venerable Branier juntos... se han puesto ya de acuerdo? Cul de los dos
dirigir la enfermera?
El venerable baj la mirada hacia sus propios zapatos. Habl el monje.
Aqu hay trabajo para los dos. Demasiados enfermos. Clima hostil y comida infecta.
Temo que se declare una epidemia. Y no le perdonar la vida a nadie.
El monje no tena fama de bromista. Klaus haba tenido ocasin de constatar su
eficiencia. El comandante del campo haba prohibido que lo maltrataran antes de que
hubiera revelado el alcance de sus poderes. Una epidemia... no haba peligro mayor.
Ningn agente de las SS tena formacin mdica suficiente para apreciar la gravedad de

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Christian Jacq

El monje y el venerable

la situacin. El Aneherbe los haba instruido en otras disciplinas. Saban diseccionar la


mente y torturar el cuerpo, pero no cuidarlos. Era imposible esperar que la
administracin nazi enviara un mdico.
Haga lo necesario. Quiero un informe diario.
El jefe de las SS abandon la enfermera a paso ligero, como si huyera de los apestados.
La puerta se cerr.
Me alegro de haber formalizado nuestra alianza dijo el venerable.
No se haga ilusiones contest el monje. No tengo la menor intencin de
colaborar con usted. Sencillamente, impedir que se salga con la suya. Ese imbcil de
las SS ha interrumpido nuestra conversacin en el momento en que usted afirmaba
barbaridades.
Cmo cules?
Maana ser otro da. Ahora tenemos que dormir. Aqu, eso es esencial para
mantener el tipo. Usted no est enfermo, as que no tiene derecho a una litera. Este
cuartucho es ms que confortable para un venerable.
Y usted? Dnde dormir?
Delante de la puerta. Si viene un SS, ser el primero en saberlo.
El venerable se estir y cay rendido por el sueo. La fatiga le retorca los msculos.
Como cada noche en el instante en que alcanzaba un vaco reparador, pens en sus
hermanos. Vio a cada uno de ellos y les habl en silencio, intentando transmitirles su
resquicio de esperanza.
Cuando cerr los ojos, percibi el corpachn del monje tumbado ante la puerta. Estaba
seguro de que ni mil agentes de las SS tendran la fuerza suficiente para desplazarlo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
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Arriba!
Una mano sacudi al venerable. Cuando ste abri los ojos, esperaba descubrir una
cama mullida, inundada de luz, y percibir el olor a caf humeante. Pero all slo estaba
la siniestra enfermera de la fortaleza nazi y el semblante austero del monje.
Es tarde. Levntese.
Qu hora es?
Segn mis clculos, el sol ya hace un buen rato que ha salido. Tenemos trabajo que
hacer. Para las necesidades fisiolgicas, ah estn los cubos, en el rincn. Los
vaciaremos cuando los agentes de las SS nos lo permitan.
El venerable se desperez. El monje lo observ como a un mal alumno.
Debera hacer ms ejercicio, venerable. Lleva usted una vida demasiado sedentaria.
Franois Branier mir fijamente a los ojos.
Llevo ms de dos aos sin dormir en la misma cama. He recorrido miles de
kilmetros por toda Europa. He viajado en todos los medios de transporte imaginables.
Y a eso lo llama falta de ejercicio?
Una sonrisa franca ilumin el rostro del monje.
No se ofenda, venerable. Es usted muy susceptible. Sigo pensando que un poco de
gimnasia le har mucho bien. En el monasterio, tenemos una tcnica sencilla para no
oxidarnos. Mire.
El monje inspir y expir profundamente; luego, con las manos en las caderas, hizo
girar rpidamente el cuerpo. A continuacin, se toc los pies diez veces con las manos,
manteniendo las piernas estiradas.
El venerable se encogi de hombros.
Le aconsejo que haga esto cada da. Renase conmigo al fondo. Hay un enfermo que
me preocupa.
El venerable esper a que el monje estuviera lejos de su vista para intentar tocar l
tambin los pies con las manos. Pero se vio obligado a doblar las piernas. Exasperado,
abandon y se dirigi a la cabecera de un anciano con ronquera.
Un astrlogo de Niza explic el monje. Un ruso blanco. Haba vaticinado el
estallido de la guerra, pero se equivoc respecto a su propio destino.
El venerable examin al astrlogo. Ni siquiera poda hablar.
Ya slo podemos dejar que descanse en paz concluy el venerable en voz baja
cuando se reuni con el monje en el cuartucho, donde el coloso prepar una decoccin
de plantas que luego l machacara en un tazn con ayuda de una maja.
se es su diagnstico?
Desgraciadamente...
Pues yo no estoy de acuerdo. Este anciano tiene vida en el cuerpo. Hiberna. Puede
aguantar mucho tiempo as.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Y Serval? Por qu se pasa el da durmiendo? Lo he sacudido al pasar, pero no se ha


despertado.
Normal respondi el monje. Le he hecho ingerir una droga vegetal. Me basta
con un masn despierto. Debe parecer enfermo. Adems, eso le calmar los nervios.
El venerable no tuvo tiempo de decir al monje lo que pensaba de sus mtodos. Klaus, el
jefe de las SS, irrumpi en la enfermera.
Informe exigi. Y la epidemia?
Hay dos casos sospechosos contest el monje, sin dejar de preparar la decoccin.
Es una especie de difteria.
Qu opina usted, doctor Branier?
Hiptesis probablemente acertada.
Quiero que salgan de dudas, y rpido exigi Klaus.
Necesito ms hierbas replic el monje.
Por supuesto aprob Klaus. Pero ahora los dos trabajan juntos. Usted sali hace
dos das, fray Benot. Le toca al venerable.
El monje solt la maja y se volvi hacia el jefe de las SS.
l no tiene ni idea. Me traer otras hierbas.
Ya aprender... A cada cual su turno, es una orden! Usted sale demasiado, fray
Benot. Cualquiera dira que est urdiendo un plan para huir...
La mirada del monje permaneci enigmtica.
Como quiera. Venerable, recoja todas las hierbas que pueda adonde lo lleven. Luego
ya las escogeremos.
Franois Branier gratific al benedictino con una amistosa palmadita en la espalda
izquierda.
Est claro que no me considera un mdico excelente, padre, pero todava recuerdo
algo de herboristera... Cuide bien de los enfermos.
Al salir de la enfermera flanqueado por agentes de las SS, el venerable mir en
direccin al barracn rojo. Haban tapiado las dos ventanas. El patio de la fortaleza
estaba vaco.
Yo necesitara material mdico dijo el venerable al jefe de las SS.
Eso no es asunto mo.
Quin manda aqu?
El comandante del campo.
Entonces, pregntele a l.
Tengo estrictas consignas, venerable. Si usted quiere algo, precisa una moneda de
cambio.
El aire de la maana era cortante; el cielo, azul claro, sin nubes. En el viento, fragancias
de primavera; la vida que renaca; las ganas de gritar para despertar de la pesadilla, para
espantar a aquellos murcilagos de uniforme negro.
Est bien. Lo preguntar.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El jefe de las SS mir al venerable con desdn. Lo abandon en medio del patio y se
dirigi hacia la torre central, en la que entr.
Los agentes de las SS que vigilaban a Franois Branier lo ignoraban. Eran como
piedras. El venerable record la observacin del jefe: en sus expediciones para la
recoleccin de plantas, el monje seguramente haba urdido un plan de evasin. Por qu
tambin dejaban salir al venerable de la fortaleza? Para deshacerse discretamente de l,
para privar a la logia de su jefe?
Al cabo de unos minutos, Franois Branier fue llevado ante el comandante, siempre
acompaado de su ayudante de campo. En el despacho reinaba una temperatura
agradable.
Quera verme, venerable?
Necesito sulfamidas, analgsicos...
Yo no me ocupo de cuestiones de intendencia lo interrumpi el comandante.
Procuro slo lo esencial, venerable. Todo lo dems me deja indiferente.
Dispone de productos que yo pueda necesitar?
El comandante mir a su ayudante de campo, que asinti con la cabeza.
Sus exigencias son exorbitantes, doctor Branier.
Lo que deniegue al mdico, tal vez lo conceda al venerable.
El comandante sonri.
Puede ser. Todo es negociable. Qu me propone el venerable?
Franois Branier guard silencio.
Le interesa el ltimo plan de trabajo de mi logia?
Las narinas del comandante se apretaron. Jams haba logrado obtener un documento
serio sobre los temas abordados por los hermanos de Conocimiento.
Ser un principio, venerable...
Al venerable se le sec la garganta. Perdi las fuerzas. Pronunci algunas palabras
inaudibles y volvi a intentarlo.
Nosotros hemos estudiado los derechos del hombre, la integracin del individuo en la
sociedad y la...
Me est tomando el pelo, venerable.
El comandante del campo haba empalidecido. Senta una rabia fra.
No! grit el venerable. Djeme hablar, por Dios!
Franois Branier haba intentado una jugada imposible. Haba que destensar la
situacin. Esta vez, se vio obligado a revelar autntica informacin. El comandante
estaba demasiado bien enterado para dejarse engaar.
El ayudante de campo estaba nervioso. Esperaba una reaccin violenta del comandante.
Nadie se haba atrevido a hablarle en ese tono. Pero el agente de las SS permaneci
inmvil, acechando a su presa.
Con nosotros prosigui Franois Branier, me refera a la prctica totalidad de
masones que se ocupaban de la moral, del civismo, de la integracin y de otros mil

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Christian Jacq

El monje y el venerable

temas profanos. La logia Conocimiento fue creada para salir de esta encrucijada. Su
ltimo tema de estudio ha sido la Regla.
El comandante disimul su jbilo. La Regla... la ms formidable mquina de guerra
concebida para unir a los hombres, para hacer de ellos un grupo inquebrantable, capaz
de lograr todas las victorias. La Regla, que haba permitido a monjes e iniciados
civilizar Europa; y a los templarios, convertirse en una extraordinaria potencia
financiera... La Regla, a la cual el cuerpo especial Aneherbe haba consagrado tantas
investigaciones sin resultados.
Tendr que darme ms detalles, venerable...
Franois Branier advirti el tono ligeramente irnico del comandante. El alemn deba
de haber ledo pginas y pginas de reglamentos impresos por las obediencias,
volmenes enteros de archivos administrativos. Sin embargo, el agente de las SS haba
traspasado esta cortina de humo. De entrada, no se haba dejado cegar por el teatro
barato oficial de los grandes maestros y de los grandes oficiales que, ornados con
condecoraciones, recitaban una leccin carente de inters.
Nosotros hemos preservado un documento titulado La Regla del Maestro. Data de
los primeros tiempos del cristianismo y recoge originales del Prximo Oriente. Los
primeros grandes monasterios se han alimentado de su parte oficial. La parte secreta ha
permanecido en las logias iniciticas de constructores.
El ayudante de campo tomaba nota con una rapidez casi increble. La pluma corra
sobre el papel a una velocidad de vrtigo. l saba que el comandante no le perdonara
haber omitido una sola palabra salida de boca del venerable. El alemn por fin iba a
recoger el fruto de sus esfuerzos. Tena al hombre y la logia capaces de revelarle el
secreto de la masonera, de sus instrumentos de poder y de su influencia en el mundo.
Una palanca de mando que hara del Reich el mayor imperio jams creado. Himmler
estaba convencido de que la manipulacin de las almas era el medio ms eficaz no slo
de ganar la guerra, sino tambin de implantar un poder duradero.
El comandante del campo se haba jugado la carrera al apostar por la masonera. Los
dems miembros del Aneherbe, el organismo nazi encargado de utilizar los poderes
ocultos como armas de gran precisin, slo crean en las tradiciones nrdicas y en la
mstica tibetana. Incluso se haba enviado a Lhasa una misin especial para que
descubriera los secretos de los hechiceros tibetanos. La masonera se consideraba una
concha vaca; una asociacin internacional, desde luego, pero que slo aglutinaba
embusteros y filsofos de barra de bar. El comandante estaba convencido de que segua
transmitiendo un mensaje esencial. Cuando el SD, servicio de contraespionaje alemn,
haba ocupado el inmueble del Gran Oriente de Francia, muchos documentos haban
cado en sus manos. En junio de 1942, la unificacin del servicio de sociedades
secretas haba ido un paso ms all en la represin, impulsada por Bernard Fay,
administrador general de la Biblioteca Nacional. La traicin de dignatarios masnicos

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Christian Jacq

El monje y el venerable

haba acabado de tejer esta gigantesca tela de araa, cuyo centro lo ocupaba el
comandante de una fortaleza perdida en las montaas.
Hoy saboreaba esta inmensa victoria. Tena delante al venerable de Conocimiento,
condenado a hablar.
Y dnde se encuentra ahora ese documento, venerable?
En ninguna parte. No est escrito. Es un conjunto de recomendaciones prcticas.
El comandante experimentaba la embriaguez de quienes alcanzan la meta. Estas
recomendaciones prcticas tenan que ser instrumentos psquicos capaces de alterar el
comportamiento humano, de poner en marcha un programa poltico, una revolucin
preparada con paciencia.
El venerable empez a revelar lo esencial. Ya no haba marcha atrs.
Supongo que se conoca su Regla de memoria.
Cada hermano posee una parcela de verdad. Habr que reunir los fragmentos
dispersos, recuperarlos, organizados... Pero antes, quiero cumplir mis deberes de
mdico. Tendran que haberos hablado de dos casos probables de difteria y de los
riesgos de que se produzca una epidemia. Necesito medicamentos.
Confo enormemente en los poderes del monje replic el comandante. Es un
autntico curandero. Lo llevaremos a recoger plantas. Eso debera bastar para evitar
complicaciones. Maana analizaremos la situacin. Desde esta misma tarde, mi
ayudante de campo le preparar un despacho para que pueda empezar a trabajar. Pronto
lo tendr a su disposicin. Buena cosecha, venerable.
Dos agentes de las SS acompaaron a Franois Branier.
Hoy es un gran da confes el comandante a su ayudante de campo. Un
acontecimiento fabuloso, Helmut, un hito en la historia del Reich... Por fin voy a
descubrir el secreto de la masonera.
***
Paseo siniestro por la ladera de la montaa, primavera esttica. Klaus y una decena de
agentes de las SS vigilaban al venerable. Avanzaron a campo traviesa hasta un parterre
de flores al abrigo de un enorme peasco que las protega del viento y del fro. El
venerable se arrodill y empez la cosecha. El monje tena razn. All haba con qu
curar cierto nmero de afecciones. Recogi celidonia, acnito, serpol, diente de len,
calndula. Sabiendo preparar decocciones y tisanas, se podra desinfectar heridas,
combatir las enfermedades de hgado, las hipotermias, las depresiones.
La tierra estaba hmeda. El plido sol no irradiaba calor alguno. Rodeado por los
agentes de las SS como un animal enjaulado, el venerable sinti el impulso de arrojar la
toalla. Le bastara con huir hacia la cima de la montaa, correr hasta que una rfaga lo
tumbara y le concediera as la libertad. Sin duda, era la nica manera de salir de aquel
infierno. Ya no necesitaba albergar ninguna esperanza. Lo que los hombres haban

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El monje y el venerable

hecho de aquella tierra no justificaba que permaneciera en ella ni un segundo ms. Pero
estaba la logia... la logia que se burlaba de los nazis, de las prisiones, del mal... la logia,
con la eterna Regla que impeda a un hermano actuar a capricho.
El venerable agarr las plantas, las meti en un saco de yute previamente examinado
por un agente de las SS, se carg el saco al hombro y baj hacia la sombra mole de la
fortaleza, inerte y silenciosa.
A media pendiente, vio una casa pintada de verde a la entrada de un camino de tierra
que se adentraba en un bosque de piceas. Una sola ventana. En la escalera, haba una
chica rubia con un vestido rojo y blanco barriendo el umbral de la puerta, cubierto de
agujas de pino arrastradas por el viento. En cuestin de un instante, levant la cabeza
hacia l. Sus miradas se cruzaron. Entre ellos reinaba una complicidad insospechada.
Una aliada. Una aliada del exterior.
De camino a su prisin, el venerable intent desterrar de su mente aquella locura
fundada solamente en una impresin fugaz. Pero no lo consigui. La esperanza haba
anidado en su corazn.

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El monje y el venerable
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Hola, padre. Parece usted en excelente forma.


Excelente respondi el monje al comandante.
ste ltimo apart una pila de expedientes que su ayudante de campo se apresur a
recoger.
Todo bien con el doctor Branier?
Nos faltan medios.
Ay, padre! Son los rigores de la guerra. Todos nosotros los sufrimos. Helmut,
trigame el material.
El ayudante de campo dej sobre la mesa del comandante cinco naipes cubiertos y una
varita de avellano.
Pasemos a cosas ms serias dijo el agente de las SS, concentrndose.
El comandante agarr la varita con el ndice y el pulgar. Luego recorri con ella cada
naipe, hasta que la punta se tens sobre el ltimo.
Creo que he encontrado el as de picas anunci.
El agente descubri el naipe.
Sota de corazones.
Ay! murmur, decepcionado. Sus lecciones todava no han dado frutos.
Debemos continuar.
El monje haca lo posible por no ensear bien la radiestesia al comandante. Le daba
tanto buenos como malos consejos. Hasta entonces, con aquella amalgama haba
obtenido los resultados deseados. El alemn no progresaba.
Antes de empezar la clase, padre, quisiera pedirle un favor. Tengo que analizar unas
escrituras.
El ayudante de campo retir los naipes y, en su lugar, puso siete firmas cuidadosamente
recortadas y pegadas en hojas de papel blanco.
Slo vuestro don de radiestesista me puede ayudar a esclarecer este asunto, padre.
stas son las rbricas de personas acusadas de asesinato. Una de ellas es el jefe de una
banda, un temible criminal que mueve los hilos. Pero no consigo identificarlo. No me
queda otra eleccin: o doy orden de que los ejecuten a todos, o me seala usted al
culpable.
El comandante ofreci al monje la varita de avellano. Al cogerla, fray Benot
experiment una sensacin de libertad.
Tengo prisa, padre. Rpido.
Sus indicaciones son demasiado vagas.
El comandante encendi un cigarrillo.
Debo aadir que ese hombre guarda un secreto militar y que se niega a hablar.
Selemelo.

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El monje recorri las firmas con la varita pensando en la palabra crimen. No pas
nada. Luego repiti para sus adentros secreto. La varita se tens sobre la tercera
rbrica. El monje quiso continuar y disimular esta reaccin, pero el comandante lo
interrumpi.
Gracias, padre. Acaba de elegir al venerable Branier.
***
Transcurri un da entero. El aprendiz Jean Serval, ya curado, haba regresado al
barracn rojo. El monje y el venerable haban curado y dormido a turnos, sin
intercambiar ms que opiniones mdicas acerca de los pacientes.
Segn los clculos del monje, deban de ser las ocho de la tarde. El momento del relevo.
El venerable dorma en el cuartucho. El monje lo despert y se sent a su lado.
No me quedan plantas, venerable.
Iba a pedirle una decoccin. El enfermo de la segunda litera, en la primera fila, tiene
una infeccin de orina...
Lo que nos faltaba. Necesitamos ms plantas. O medicamentos.
El monje se frot las manos, como para entrar en calor.
Primavera glacial. Venerable, aguanta bien el tipo para venir de la ciudad.
Cuestin de fe. El calor interior. Lo senta usted en el monasterio?
Seguramente hay ms fuego interior en el ms miserable de los monasterios que en
todas las logias masnicas juntas.
Eso me sorprendera, padre. Las logias no estn hechas para reunirse. Cada vez que
una obediencia las agrupa y las somete a una administracin, todo se echa a perder. El
espritu muere. Cada logia tiene su propio genio.
Bonito caos... Nosotros, los benedictinos, tenemos la Regla, la santa madre Regla.
Con ella, hemos civilizado Europa.
Hay que rehacerlo todo... Pero lleva razn. Los masones iniciados conocen
perfectamente su Regla.
Blasfemia!
El monje tuvo un acceso de ira. Se le hincharon las venas del cuello, y los msculos se
le contrajeron sin querer.
Blasfemia, ninguna... Qu ha hecho usted de esta famosa Regla? Acaso cree que la
Iglesia la ha puesto en prctica?
La Iglesia y la Orden Benedictina mascull el monje son dos cosas diferentes.
Tambin lo son la masonera y mi logia. La Regla secreta, eso es lo que quiere
sonsacarme el comandante del campo. Lleva meses intentando hacerme caer en su
trampa. Hoy, tiene la certeza de que podr meter mano a ese tesoro.
Aqu dijo el monje, slo se sobrevive en funcin del secreto que uno oculte.
Pero es imposible que usted posea un verdadero secreto.

50

Christian Jacq

El monje y el venerable

Por qu?
Porque es ateo, no creyente. Dios solamente revela su ley a quien lo acoge en lo ms
hondo de su ser.
No creyentes... se no es el trmino exacto. Nuestras creencias individuales no
cuentan, por descontado. No hablamos de ellas. No nos interesan. Hay hermanos a los
que conozco desde hace ms de quince aos, y todava no s en qu creen ni por quin
votan. Lo que s es que todos nosotros trabajamos en honor del Gran Arquitecto del
Universo.
Una imagen, una quimera, un...
No, padre. El smbolo del creador. Presente a cada instante. Cuando Cristo traz el
plan del cosmos con comps, asumi la funcin de Gran Arquitecto del Universo. De
hecho, as se le denomina en los primeros textos cristianos.
Las cejas del monje se arquearon.
Los ha ledo?
Todos los textos sagrados nos conciernen. Todas las experiencias espirituales nos
enriquecen.
Difcil identificarse en semejante caos!
No existe el caos dijo el venerable, sino la Regla. Gracias a ella, incorporamos
en nuestra bsqueda lo que debera serlo. Y, sobre todo, creamos hombres.
Slo Dios es creador! bram el monje.
La iniciacin es un segundo nacimiento. Lo mismo que cuando usted se hizo monje,
cuando se despoj del viejo hombre para renacer como el hombre nuevo, para entrar en
su comunidad.
Si siguiera oyendo sus herejas, venerable, creera que casi nada nos separa.
Una gran diferencia... usted ha decidido retirarse del mundo, yo no.
Retirarme del mundo? se indign el monje. Que el Seor diga lo contrario!
En ese caso insinu el venerable, dejar de ser un buen cristiano. Estaba
convencido de que los monjes vivan recluidos en sus monasterios.
Los monjes... eso no quiere decir nada.
Los masones, tampoco... Dejemos de enfrentarnos a molinos de viento. Usted es
monje de la Orden Benedictina, yo soy venerable del Rito Escocs Antiguo y Aceptado.
Eso es todo lo que nos queda aqu. O nos damos la espalda, o luchamos juntos.
El monje reflexion. El venerable no rompi el silencio. Esta calma le vino bien. El
dilogo estaba reido; el adversario era rudo, inteligente, acrrimo. Era la primera vez
que hablaba as con un monje. Haba tenido la ocasin de intercambiar impresiones con
muchos sacerdotes, pero con ningn benedictino. Franois Branier pensaba en el
pasado, en esa Edad Media de oro en que monjes y constructores haban sabido trabajar
mano a mano para cubrir Europa de un blanco manto de catedrales. Puede que en la
srdida enfermera de aquella fortaleza nazi, el monje y el venerable se reconciliaran
con la nica y verdadera Tradicin. Pero quedaban tantos obstculos por superar...

51

Christian Jacq

El monje y el venerable

Lo que propone es monstruoso, venerable prosigui el monje. Yo no pacto con


hombres como usted. Lo ms que puedo aceptar es la idea de convertirlo.
Acepto.
El estertor de un enfermo interrumpi la conversacin. Se levantaron juntos y se
ocuparon del desgraciado. Gestos simples, precisos. Una tisana. Palabras de consuelo.
Una mecnica rodada en la que ambos hombres se compenetraban. El monje haba
puesto a punto unas decocciones que atenuaban el sufrimiento y suman a los enfermos
en un duermevela.
Luego volvieron a sentarse en el cuartucho.
A muchos de ellos les queda poco tiempo de vida dictamin el venerable.
Hay uno que ya est muerto. Primera fila, abajo, a la derecha. Lo sacaremos esta
noche, cuando los otros duerman a pierna suelta.
Y las SS nos dejar hacerlo?
Hay que respetar el protocolo. Cargaremos el cadver al hombro. Lo sacaremos con
los pies por delante. Ni se le ocurra dejarse ver. Nos abatiran. Ah fuera hay una
metralleta cargada apuntndonos da y noche.
Los agentes de las SS dejaron en la enfermera dos ollas con sopa de col. El men no
era muy variado. Pero haba que comer. Para mantenerse en pie. Gracias a las plantas, el
monje prevena los problemas gastrointestinales; y, tanto l como el venerable, llenaban
los cubos higinicos dos veces al da, bajo la atenta mirada de los agentes.
Me quedar sin remedios, venerable. Hay que actuar. Usted puede convencer al
comandante de que nos d medicamentos.
Cmo?
l tiene preguntas que hacerle... responda y negocie.
Ya no puedo inventar ms respuestas. El comandante est al corriente de la
importancia real de mi logia. No me lo puedo permitir. Huir o morir.
Suicidarse?
En absoluto.
Huir de aqu es imposible analiz el monje. Uno no sale vivo de esta fortaleza.
Morir luchando y fomentar una revuelta? Sera un suicidio. Habra que robar armas,
tener por qu luchar...
Y si la guerra terminara maana? Y si bastara con aguantar? Su Dios no le brinda
la esperanza?
Ningn hombre, aunque sea monje, tiene la posibilidad de conocer la voluntad de
Dios. Puede vivirla, ni ms ni menos. Vaya a hablar con el comandante, venerable.
Exija una buena cena, y no olvide robar toda la comida que pueda. Revlele pequeos
secretos. Y vuelva con los medicamentos necesarios para salvar vidas. Ser un hito en la
historia de la humanidad. Un masn habr servido de algo!
***

52

Christian Jacq

El monje y el venerable

En el barracn rojo, la moral de los hermanos estaba de baja desde la desaparicin del
venerable.
Las ventanas estaban tapiadas. Vivan en la noche. Al arrancar esquirlas de madera, el
maestro y mecnico Guy Forgeaud haba logrado abrir un intersticio que permita ver lo
que ocurra en el gran patio.
Los hermanos se haban organizado. Se obligaban a dormir o simplemente a descansar.
Uno de ellos permaneca despierto, con la espalda apoyada en la puerta. Cuando las
raciones llegaban, no las devoraban; aplicando la Regla, y en ausencia del maestro de la
comunidad, compartan los alimentos y coman despacio.
El aprendiz Jean Serval haba pasado tres das en la enfermera. Dos agentes de las SS
lo devolvieron al interior del barracn rojo. En cualquier grupo de hombres, al recin
llegado lo habran acosado con preguntas. Pero la logia Conocimiento era diferente.
Primero se hizo el silencio. Luego, los hermanos se colocaron alrededor del aprendiz.
Fue un maestro, Pierre Laniel, el que tom la palabra.
Me alegro de verte, hermano aprendiz. Y ahora, si quieres darnos tu versin...
La voz de Laniel temblaba de emocin.
El venerable est vivo dijo Serval. Lo han destinado a la enfermera, con un
monje que usa plantas para curar a los enfermos. Me ha tenido drogado todo el tiempo
que he pasado all. He dormido. Luego me ha echado.
Los hermanos parecan decepcionados.
Puede salir?
Una vez. Creo que lo han llevado a recoger plantas... Luego l se las ha dado al
monje.
Cmo se lleva con el monje? inquiri Dieter Eckart.
Cuidan juntos de los enfermos... Hablan en voz baja. Yo apenas he odo ni una
palabra de sus conversaciones. Pero el monje no parece muy amable.
Amigo o enemigo?
Ms bien enemigo... Aunque a lo mejor es un corderito. Al menos no he vuelto con
las manos vacas. He aportado algo.
El aprendiz abri la mano, con una sonrisa en los labios, y ense tres velitas. Cada
hermano mir con atencin aquel tesoro de valor incalculable.
Ya tenemos los tres pilares coment Dieter Eckart. Todo vendr.
***
A qu llaman ustedes los tres grandes pilares, venerable?
El comandante, siempre escoltado por su ayudante de campo, no haba dado el menor
respiro al venerable, quien se haba visto acribillado a preguntas nada ms entrar en su
despacho.
Son los smbolos de la sabidura, la fuerza y la armona.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Exacto, venerable. Usted conoce perfectamente su rito apreci el comandante,


cerrando el Manual del Aprendiz del Rito Escocs Antiguo y Aceptado que tena
delante. El documento en cuestin era un cuaderno de unas cuantas pginas
dactilografiadas grapadas. Haba sido descubierto entre los papeles privados de un
masn abatido en su propia casa cuando intentaba huir.
Tiene alguna peticin, venerable?
Hace ms de tres das que al monje y a m se nos prohbe salir. No nos quedan ms
plantas, y muy pocos medicamentos para curar a los enfermos. Protesto a ttulo
profesional. Algunos morirn. Las afecciones benignas empeorarn. Ya no puedo
garantizar la higiene de este campo.
El alemn enrojeci.
No tiene nada que garantizar! Soy yo quien dirige este campo y toma las
decisiones! Confrmese con responder, si desea que sus hermanos sigan con vida.
El venerable tuvo la impresin de haber marcado un modesto punto. El comandante
estaba fuera de sus casillas. Por un momento, haba perdido el control.
Los medicamentos se reservan para los soldados alemanes.
Como quiera. Pero, en menos de una semana, habr al menos tres muertos en la
enfermera.
No sern los primeros. Venerable! El Reich no carga con los dbiles. Arrgleselas
con los medios de que dispone. El monje me ha hecho saber que usted no cooperaba
demasiado.
El venerable palideci. Conque el monje era un traidor. El ltimo chivato. Un tipo que
haba vendido su alma al diablo para salvar el pellejo. Su misin consista en ganarse la
confianza del venerable y hacerlo hablar.
Me parece que no entiende muy bien la situacin, venerable. Es la supervivencia de
su logia lo que est en juego. Pierde el tiempo preocupndose de seres inferiores. Un
paso en falso puede ser fatal.
Franois Branier apenas escuchaba las amenazas. Llegado a aquel punto, haban dejado
de impresionarlo. Observaba al ayudante de campo, hiertico, silencioso. Por qu el
comandante necesitaba aquella conciencia muda?
Volvamos a la Regla, venerable... Empiezo a impacientarme. Usted tome nota,
Helmut.
El ayudante de campo se coloc ante el atril, pluma de oro en mano.
Quin toma las decisiones en su logia?
La Cmara del medio.
Quin la compone?
Maestros.
Cmo se convierte uno en maestro?
Tiene que haber sido aprendiz durante un mnimo de siete aos y compaero durante
el tiempo que consideren los maestros.

54

Christian Jacq

El monje y el venerable

A qu pruebas se someten los compaeros?


Deben realizar una obra maestra.
Y en qu consiste?
Todo vale.
Por ejemplo?
Puede ir desde una obra en miniatura hasta la torre Eiffel. Lo esencial es aplicar a la
materia las leyes de la armona que nos han sido reveladas.
Y... fabricar lo que sea? Mejorar la calidad tcnica de un producto?
Es posible.
Esas famosas leyes de la armona... cules son?
Nada de teora contest el venerable. Formularlas no servira de gran cosa. Es
cuestin de experiencia sobre el terreno...
El comandante del campo recapacit. Sin duda, el venerable menta respecto a este
ltimo punto; pero haba revelado aspectos importantes...
Uno de los hermanos de su logia ser trasladado al taller de la fortaleza. All aplicar
sus secretos. Veremos si sigue usted respetando las reglas, venerable.
Y los medicamentos?
Helmut har que le lleven un botiqun de primeros auxilios. Maana, podr salir a
recoger plantas.
El comandante no dejaba de avanzar sobre el tablero. Ahora, crea conocer casi
perfectamente a su adversario. Intentar hacerle confesarlo todo de golpe habra sido un
grave error. Tena que utilizarlo, darle esperanzas, calmarlo de vez en cuando sin dejarle
escapar de sus garras, saber esperar, acoger las revelaciones una tras otra hasta que
saliera a la luz el secreto de la logia Conocimiento.
***
Ya est! exclam Guy Forgeaud, con el ojo siempre pegado al intersticio.
El qu? pregunt Dieter Eckart, mientras se acercaba.
La oportunidad que esperaba. Hay un todoterreno cargado de material aparcado a la
entrada del garaje. Botn de guerra, sin duda. Necesito un voluntario que vaya al lavabo.
Mientras que las SS lo vigila, yo me deslizo hasta el todoterreno y cojo todo el material
que pueda.
Menuda locura, Guy...
No con la penumbra y en el momento del relevo. Normalmente, la vigilancia afloja
durante unos minutos. Y, para rpido, yo.
Los hermanos lo haban odo. Los maestros, por su parte, se preguntaban qu habra
propuesto el venerable en semejante ocasin.
Caa la tarde.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Estoy convencido afirm Guy Forgeaud. Funcionar. En su voz, una plcida


conviccin.
Ya tengo ganas de ir al lavabo anunci el industrial Pierre Laniel. Sabr arrastrar
los pies.
Se retiraron. Estaban seguros de que el venerable se habra mostrado de acuerdo con los
dos maestros que iban a arrancarlos de la inercia. Guy Forgeaud segua con el ojo
pegado a la minscula abertura. Apenas distingua la parte de atrs del todoterreno.
Ruido de botas. En la cima de la torre central, el relevo.
Venga, Pierre, ahora.
Siguiendo el ritual convenido para el barracn rojo, Pierre Laniel abri la puerta y se
plant en el umbral, con los brazos en alto y el pecho descubierto. La reaccin no se
hizo esperar. Un agente de las SS se le acerc apuntndole con el arma. Laniel hizo un
gesto elocuente e inclin la cabeza en direccin al barracn de los lavabos.
El alemn vacil. Se volvi para buscar la aprobacin del intendente que atravesaba el
patio. Pierre Laniel crea que Guy Forgeaud, como de costumbre, haba estudiado bien
la situacin. Sin embargo, dud por un momento. El agente llev a Laniel junto al
intendente.
Forgeaud contuvo el aliento. En cuanto el de las SS le dio la espalda, sali del barracn
rojo agachado y se dirigi hacia el todoterreno. En calcetines, no haca ningn ruido.
Las gravas del patio le magullaron las plantas de los pies, pero olvid el dolor para
centrarse en su objetivo. En unas cuantas zancadas, lleg a la parte de atrs del
vehculo. Estaba demasiado oscuro para distinguir el material que haba amontonado en
el interior. Con los dedos agarr un saco de yute. Luego regres al barracn rojo casi sin
mirar atrs.
El incidente se produjo a medio camino. El pie derecho de Guy Forgeaud tropez con
una piedra. No le hizo perder el equilibrio, pero el fondo del saco choc contra el suelo.
Un leve ruido metlico se expandi en el aire glido.
Pierre Laniel y los dos agentes de las SS llegaron al barracn de los lavabos. El maestro
masn intuy el peligro. Oy el ruido en el momento en que se produca. La catstrofe.
El intendente, que estaba en pie a la izquierda, iba a girar la cabeza cuando Laniel se
abalanz sobre l.
Guy Forgeaud esperaba que una rfaga lo acribillara por la espalda. Corra encorvado.
Pero no haba perdido la esperanza. La puerta del barracn rojo se entreabri a su
llegada. Arroj el saco al interior y l se tir al suelo. Sus hermanos lo levantaron al
momento.
Ests herido?
Nada, nada contest Guy Forgeaud sin aliento. Casi me caigo.
Raoul Brissac, el picapedrero, y Andr Spinot, el ptico, abrieron el saco. Contena
llaves inglesas y una regla metlica.
Estupendo valor el compaero Brissac.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Todos pensaban lo mismo. Pronto tendran lo necesario para celebrar una tenida.
Siempre y cuando el venerable regresara...
Transcurri un cuarto de hora. El miedo y el nerviosismo haban desaparecido. Jean
Serval, el aprendiz, y los compaeros Spinot y Brissac haban cavado un hoyo para
ocultar el botn. La oscuridad reinaba en el barracn. Nadie se atreva a decir ni una
palabra.
Pierre Laniel no regres.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
10

Ya era noche cerrada cuando los agentes de las SS devolvieron al venerable al interior
de la enfermera. El monje rezaba sentado en el cuartucho, mientras desgranaba el
rosario que le serva de cinturn.
El venerable lo miraba en pie, inmvil.
Levntese orden Franois Branier.
Por qu?
Jams pegara a un monje sentado. Aunque fuera un cabrn.
Fray Benot dej de desgranar el rosario.
Qu ocurre?
Levntese.
Slo obedezco a Dios. Si quiere pegarme, hgalo. Pero me gustara saber por qu.
El comandante de la fortaleza me ha hablado de su informe. Se habr divertido usted
conmigo.
Qu informe?
Deje de fingir. En pie.
El monje se levant despacio y se alis el sayal.
Cabrn... eso ha dicho?
Es el papel que ha interpretado.
La barba del monje se estremeci.
Y usted ha sido lo bastante estpido para creer a un oficial nazi... Es el tipo ms
miserable que he conocido, venerable... Quin podra venerarlo?
El cara a cara se eterniz. Cada uno esperaba a que el otro arrojara la primera piedra.
Le pido disculpas dijo Franois Branier, sin bajar la mirada.
El monje se encogi de hombros y tom asiento.
Normal, para un infiel.
El venerable hizo lo propio.
Confo totalmente en mis hermanos. Hemos pasado por la misma iniciacin; por las
mismas pruebas. Somos nosotros los que estamos en el centro del infierno, no usted. Y
aunque eso no disculpa mi error, s lo explica.
Le falta fe. Est acostumbrado a dudar del prjimo, cuando ni siquiera usted ve con
claridad. Igual que su Gran Arquitecto del Universo duda de su creacin. Si yo me
atreviera a...
No le basta con mi arrepentimiento?
La sonrisa interior asom al rostro del monje.
El pasado me trae sin cuidado. Hagamos una apuesta, venerable.
Franois Branier contempl al monje, intrigado.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Tiene derecho a negarse. Seguramente habra logrado convertirlo. Tengo por delante
toda la eternidad. Pero aqu el tiempo est contado. Por eso recurro a una apuesta.
Siempre y cuando tenga usted el coraje de cuestionarlo todo.
El venerable se preguntaba a dnde quera ir a parar el monje. Pero haba decidido que
ya no haba marcha atrs, corriera el riesgo que corriera. Tal era el precio de su error.
De verdad cree usted en su Gran Arquitecto del Universo?
Es mucho ms que una creencia. El Gran Arquitecto del Universo es el principio de
toda vida.
Para m, eso es Dios. Creo en l. S que me ayudar a salir vivo de aqu. Por
demostrar que la fe tiene sentido. No es vanidad, venerable. Es un acto de amor. Cuando
amaine la tormenta, cuando Dios me haya permitido recuperar la libertad, le construir
una capilla. Y usted sabr que se haba equivocado. Sabr que el Gran Arquitecto del
Universo no existe.
Acepto la apuesta. Si el Gran Arquitecto del Universo me permite volver a ver la luz,
le construir una logia. Entonces sabr usted que estaba equivocado. Deme su mano
derecha, con la palma abierta.
El monje obedeci. El venerable le estrech la mano, a la manera de los antiguos, para
sellar el pacto.
Juro que respetar las condiciones de nuestro compromiso mutuo.
Yo tambin lo juro afirm el monje, estrechndosela a su vez. Cuando mi capilla
est acabada, rezar por usted, esperando que el Seor se digne a abrirle los ojos en el
ms all.
Su Dios es muy amenazador... El Gran Arquitecto no recompensa, pero tampoco
castiga. Est con quienes obran en su nombre. Honrar su recuerdo cuando mis
hermanos y yo celebremos nuestra primera sesin en nuestra nueva logia.
El monje pareca afligido.
Siento haber llegado a una solucin tan radical... pero su Gran Arquitecto es slo una
ilusin espiritual. Lo entender en el momento de su muerte, estoy seguro. Entonces,
vulvase hacia Dios. Tal vez l lo acoja en su seno. Su bondad es infinita.
El venerable pareca tan triste como el monje.
Eso sera tan sencillo... Un acto de fe, y todo quedara dicho. El Gran Arquitecto slo
se revela a quienes han seguido el camino de la iniciacin. Lo entender cuando su fe lo
abandone. Pero puede que entonces sea demasiado tarde para entrar en el templo.
No importa replic el monje. Al vestir este sayal, he entrado ya en el templo del
Seor. Ser mi mortaja. No necesito nada ms.
Usted ha decidido abandonar el mundo, enclaustrarse en un monasterio, rezar,
trabajar en el interior de su comunidad... Yo tambin he tenido la tentacin. Pero he
elegido otra vida. La ms difcil. Estar a un tiempo dentro y fuera de un templo.
Transmitir al exterior lo que me ha sido transmitido en el interior.
Se cree usted capaz de cambiar el mundo, venerable?

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Por qu no? Al menos, capaz de demostrar que es posible... como Juan Bautista, el
testigo de la luz.
Al monje no le gust la comparacin. Se dispona a maldecir una vez ms al venerable
por sus blasfemias, cuando la puerta de la enfermera se abri y dej entrar una
corriente de aire glido en el cuartucho. Varios agentes de las SS entraron, nerviosos.
Hicieron que el monje y el venerable se levantaran.
Fuera. Rpido.
Un escalofro recorri al venerable. Iban a ejecutarlos framente al caer la noche. No
volvera a ver a sus hermanos.
Los llevaron ante el barracn de los lavabos donde otros agentes de las SS formaban un
crculo. Entre ellos se encontraba Klaus, el jefe.
Miren! orden.
El crculo se abri. El monje y el venerable vieron a un hombre tumbado en el suelo,
con los ojos abiertos y un hilito de sangre corrindole por la sien.
Pierre...
El venerable haba murmurado el nombre de su hermano. Para s mismo, para la logia.
Saba que estaba muerto, incluso antes de inclinarse sobre l. Pierre Laniel, maestro
masn de la logia Conocimiento haba dejado de sufrir. El venerable apoy una
rodilla en el suelo, le cerr los ojos y le traz el signo de la escuadra a la altura del
corazn.
El detenido agredi al intendente coment el jefe de las SS, alterado. Ha tenido
su merecido.
Franois Branier se puso en pie. Lloraba por dentro.
Devolvieron al monje y al venerable a la enfermera. A ste ltimo, el trayecto le
pareci interminable. Cuando la puerta se cerr, hundi la cara entre las manos y apoy
la frente en una pared. El monje se le acerc.
Venerable, nada me parece ms insoportable que dar el psame... Solamente quiero
que sepa... que he bendecido el cuerpo de su hermano.
***
Pierre Laniel se ha comportado como un loco asesino.
El comandante del campo haba dicho esto sin dejar de leer el informe que tena delante.
Franois Branier estaba de pie ante su mesa, flanqueado por Klaus, el jefe de las SS, y
por Helmut, el ayudante de campo.
El venerable estaba petrificado.
La muerte de un hermano... el momento en que lo insoportable invade la piel, el vientre;
en que la vida pierde su sabor. Pierre Laniel... El compaero de batallas, el hombre de la
sombra que haba abolido toda ambicin personal para servir a la logia, el buscador
incansable y preciso, el que exiga la perfeccin en todo sin imponer nada a nadie.

60

Christian Jacq

El monje y el venerable

Laniel que, como los dems hermanos de Conocimiento, haba prestado juramento la
noche de su primera iniciacin: Prometo derramar hasta la ltima gota de mi sangre
para defender a la comunidad inicitica que me da la vida. Un juramento que algunos
habran considerado formal y que haba entrado en vigencia aquella noche glacial, lejos
de la humanidad, lejos de la luz.
Su hermano Laniel provoc a mi intendente prosigui el comandante. Perdi los
nervios de la manera ms estpida, y eso me sorprende en un maestro de su logia...
El venerable apenas escuchaba las palabras de la acusacin, pronunciadas en un tono
acolchado. Intentaba no alejarse de Pierre Laniel, no abandonar aquella mano que tantas
veces haba estrechado en la cadena de unin.
Me complace recordarle, venerable, que usted y sus hermanos son presos totalmente
privilegiados. Me resulta imposible hacer que lo trasladen de inmediato a un campo de
reeducacin en rgimen severo; y, por supuesto, en orden disperso. Aqu, estn juntos y
gozan de una detencin simple. Su despacho est listo, venerable. Lo acompaarn.
Siga mostrndose cooperativo. No existe otra manera de salvar la vida de sus hermanos.
Entendido?
El comandante no logr atraer la mirada del venerable. Se preguntaba si el jefe de la
logia Conocimiento tambin se haba hundido, si haba quedado reducido a un
espectro. Estaba ya tan cerca de su objetivo... Pero puede que slo fuera una reaccin
momentnea. Con el tiempo, Franois Branier se vera obligado a volver a la realidad.
Un venerable no poda naufragar en la primera mar de fondo, ni aunque fuera la muerte
de un hermano.
El comandante no perdi la esperanza.
Los supervivientes de la logia Conocimiento contemplaron su botn a la luz de una
cerilla con la que el aprendiz Jean Serval encenda una vela robada de la enfermera.
Guy Forgeaud haba vaciado en el suelo del barracn todo el contenido del saco de yute,
fruto de su expedicin: llaves inglesas, regla metlica y martillo. Los hermanos fueron
tocando el metal fro uno tras otro, como si se tratara del oro ms puro.
Nunca ms veremos al venerable afirm Guy Forgeaud, al tiempo que acariciaba
una llave. Quieren eliminarnos uno a uno. Con esto, al menos podremos morir
dignamente.
Dieter Eckart, que ocupaba el ms alto cargo de la logia en ausencia de Franois
Branier, no intervino. No tena palabras para aplacar la fra clera de su hermano.
Conoca perfectamente a Forgeaud. Saba que ira hasta el final si nada se lo impeda.
Si utilizas esto contra las SS avanz el compaero Andr Spinot, el ptico, al
menos hay que contar con un plan de evasin. De lo contrario, ser un suicidio.
No tengo la intencin de suicidarme replic Guy Forgeaud. Pero no puedo
actuar solo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Raoul Brissac, el compaero picapedrero, se implic en la conversacin. Al igual que


Guy Forgeaud, ya estaba harto de la inaccin. De perdidos al ro... ms vala que los
torturadores no salieran indemnes de la ltima lucha de Conocimiento.
Dieter Eckart guard silencio.
***
El ayudante de campo hizo pasar al venerable a su despacho, en la segunda planta de
la torre. Un cuarto sin ventanas, de techo bajo. Dentro haba una silla y una mesa con
folios y una pluma.
Instlese aqu y escriba orden el ayudante de campo. Vendr a recogerlo dentro
de unas horas.
La puerta se cerr, y la llave dio una vuelta en la cerradura. El venerable se qued de pie
durante un buen rato. Curiosamente, este rincn le apareci como un remanso de paz y
de libertad. A solas consigo mismo, con el espritu de su logia, por fin iba a poder
recuperarse.
La estancia le recordaba al lugar simblico que los masones llaman gabinete de
reflexin, all donde empieza la existencia inicitica. Tras haber sufrido las tres
encuestas en las que los hermanos de la logia lo haban interrogado sobre su vida y su
manera de pensar, el profano Branier haba afrontado la prueba a ciegas. Sentado en una
silla, con los ojos vendados y sin saber dnde se encontraba, haba tenido que responder
a multitud de preguntas. Despus haba vuelto a su casa sin saber si lo haban aceptado.
Al cabo de tres das y tres noches sin dormir, Franois Branier haba recibido una
llamada telefnica. El proceso segua su curso. Pronto recibira la primera iniciacin, la
del grado de aprendiz.
Aquella noche llova. Llevaba casi una hora esperando en la acera, ante un edificio del
distrito 17 de Pars, hasta que un anciano haba venido a buscarlo. Sin mediar palabra,
lo haba llevado a un stano y lo haba encerrado en un habitculo cuadrado. Encima de
una mesa, tres copelas con sal, azufre y mercurio; en la pared, un gallo, una inscripcin
alqumica y un llamamiento al despertar del ser interior del hombre. Branier haba
redactado un testamento filosfico en el que exploraba su pasado sin indulgencia,
consciente de que su vida de hombre era slo una obra inacabada, desordenada,
incompleta. De la iniciacin esperaba una luz, otra perspectiva.
No lo haban decepcionado. A lo largo de los aos, haba tenido muchas revelaciones:
tantas bsquedas apasionantes, tantas emociones compartidas con sus hermanos, tantas
responsabilidades que asumir para respetar y vivir la Regla del Gran Arquitecto del
Universo. Hasta el instante en que los maestros le haban confiado el cargo de
venerable.
La soledad de un hombre cuya funcin era vehicular la expresin de una comunidad...
sa era la dolorosa paradoja a la que ahora se enfrentaba Franois Branier. Sin su

62

Christian Jacq

El monje y el venerable

venerable, la comunidad se encerraba en s misma, no evolucionaba. Tena que reunirse


con sus hermanos a toda costa para celebrar un ritual, para que pudieran huir todos
juntos por el camino de los smbolos.
El venerable se acomod en la mesa de tortura donde el nico instrumento destinado a
hacerle sufrir era una pluma de oro.
A Franois Branier no le gustaba escribir. Redactar una receta ya era todo un desafo.
En este caso se le peda que formulara la Regla, que rompiera su juramento, que
ofreciera el ms preciado tesoro a una banda de locos criminales.
Lo ms difcil de sobrellevar era la separacin de los hermanos de la logia. Juntos, en la
misma prisin, y sin embargo tan lejos... El venerable tema por ellos. Cmo los
trataban? Qu crueldades se les infligan? Qu haba intentado realmente Pierre
Laniel? Conoca demasiado bien a los iniciados de Conocimiento para suponer ni por
un instante que permaneceran pasivos, de brazos cruzados, esperando a que los
ejecutaran como corderitos. Sin duda, estaban convencidos de que nunca ms veran a
su venerable, seguros de que la logia viva su desenlace y de que ms vala morir en el
intento de evadirse.
El venerable anot en lo alto del folio Ao de verdadera luz 5944, y titul el
documento: Testamento de la logia "Conocimiento", en el Oriente de.... Se
interrumpi. El Oriente era el lugar geogrfico en el que una logia se reuna. Pero
tambin era el enclave mgico en el que, juntos, los hermanos hacan reaparecer la luz.
Indudablemente, el venerable jams sabra cul era el oriente geogrfico de esta
fortaleza nazi; as que escribi: En el Oriente de una montaa de primavera. Luego
siguieron las primeras frases que deba cambiar por la vida de sus hermanos:
sta es, sin lugar a dudas, la ltima manifestacin de la Regla sobre tierras de
Occidente; antes de que desaparezcan hombres que han consagrado su vida a la
iniciacin. La Regla se ha transmitido de templo en templo, de obra en obra, de
generacin en generacin, para que el hombre siga afianzando. Hoy en da, la noche ha
velado nuestro mundo. Lo devora todo con su avidez. Todo, menos esta Regla que es el
nico instrumento de creacin.
El venerable se pas un buen rato escribiendo, hizo trizas lo escrito y volvi a empezar.
Le quedaban largas jornadas de trabajo para evocar los aspectos de la Regla
concernientes a los aprendices, los compaeros, los maestros, las fiestas de San Juan,
los diferentes tipos de sesiones y de reuniones, las obras iniciticas de las cuales la
mayora ignoraba su verdadera ndole. Pero cuando todo esto se hubiera divulgado, an
faltara la piedra fundamental del edificio, la que daba sentido a todo lo dems y que
ningn maestro de logia haba revelado, ni siquiera de manera indirecta.
Cuando Franois Branier llegara a ese punto, sera el fin de trayecto. Y entonces tendra
que tomar la decisin ms desgarradora: o bien callarse y condenar a los hermanos, o
bien hablar y romper su juramento.

63

Christian Jacq

El monje y el venerable

El venerable se estir. Se senta menos agotado, menos desanimado. Ya no esperaba


huir del monstruoso engranaje que lo trituraba, sino que segua complacido su camino.
Volva a disponer de la fuerza necesaria para hacer frente a la fortaleza.
El siniestro aullido de una sirena invadi la noche.

64

Christian Jacq

El monje y el venerable
11

El ayudante de campo abri la puerta del despacho. Lo acompaaban dos agentes de las
SS.
Sgame orden al venerable.
Franois Branier abandon el habitculo muy a su pesar, fuera del espacio y del tiempo.
Qu ocurre?
El ayudante de campo sonri. El venerable no debera haber hecho aquella pregunta. No
tena nada que exigir. Haba dejado ver al alemn que an no se haba reunido, que sus
recursos seguan casi intactos, que no se consideraba un condenado. Una falta grave.
Franois Branier haba cado en su propia trampa.
No se inquiete, seor Branier. Un ejercicio de alerta. Esta noche la pasar en la
enfermera.
El gran patio estaba desierto. Branier ech un vistazo al barracn rojo, donde sus
hermanos estaban encerrados. Haba varios agentes apostados en el campamento, arma
en mano.
Franois Branier entr en la enfermera. El monje se le acerc.
Tiene los medicamentos?
El venerable pas al lado del monje como si ste no existiera, fue hacia el cuartucho y
se dej caer pesadamente.
Hace horas que espero, venerable bram el monje, plantado ante Franois Branier.
No he podido hacer nada.
Cmo que no ha podido hacer nada? No ha visto al comandante?
S.
Entonces? No ha podido cerrar el trato?
El venerable alz la mirada hacia el monje.
Un trato? Acaso cree que aqu se puede negociar algo? Se cree que esto es una
fundacin donde se intercambian sentimientos de buena voluntad?
El monje desgran su rosario, sin nervios.
Qu le han hecho?
Casi nada... o lo revelo todo, o ejecutan a mis hermanos. Me han encerrado en un
despacho y he empezado a escribir.
Entonces, cede usted...
Yo no s nada confes Franois Branier.
Usted tambin est metido en el ajo, venerable... Espero que su Gran Arquitecto no lo
deje en la estacada. Respecto a los medicamentos, de verdad est todo perdido?
El venerable tena un aspecto demacrado. Este monje no le daba ningn margen de
maniobra. Habra preferido dormir, consumirse en la nada antes que responder a
preguntas sin fin.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Depende... Si el comandante aprecia mis primeras revelaciones, tal vez se muestre


ms generoso.
Tal vez... Pero cree que me voy a conformar con eso?
No lo creo, padre. Lo veo.
Un quejido interrumpi el dilogo de los dos hombres. El monje se precipit hacia el
fondo de la enfermera, con el venerable a la zaga.
El viejo astrlogo nizardo haba abierto los ojos. Gema, mirando fijamente al techo. El
monje le enjug la frente, empapada en sudor.
Fuego... hay fuego por todas partes balbuce el moribundo.
El monje pos su larga mano sobre el pecho del anciano y lo magnetiz. El enfermo
dej de suspirar casi por completo. Los prpados se le cerraron. Se relaj y el cuerpo se
volvi a aletargar.
Durar lo que dure coment el monje. Yo ya no puedo hacer ms.
Maana dijo el venerable, ir a ver al comandante antes de seguir escribiendo.
No sera mala idea rezong el monje. Hay tres que se debilitan a ojos vistas. Y
parece ser que vamos a recibir otro contingente de enfermos...
Cmo lo sabe?
Tengo mis pequeos secretos. Y ahora, manos a la obra. Usted ocpese de la fila
derecha, que yo atender a los de la izquierda. He preparado las decocciones en dos
bidones. El suyo est a los pies de la cama.
Franois Branier cogi el bidn colmado de un lquido verde y espeso. Slo Dios saba
qu mezcla haba inventado el monje. El venerable lo prob, pero enseguida lo escupi.
Incalificable.
Qu le ha echado?
Lo que haba. Ocpese de los enfermos.
En momentos as, el monje mereca una mala contestacin. Sin embargo, el venerable
prefiri no responder. Empez la letana de cuidados mnimos reforzada con palabras de
consuelo. Haba que dar, y seguir dando, incluso lo que no se tena, a quienes se haban
quedado sin nada... sin siquiera su propia existencia, diluida en la desesperacin.
El venerable conservaba un olor de bosque en la boca. Quiz fuera un regusto de la
solucin del monje. Era embriagador. La enfermera, los enfermos, la muerte rastrera...
todo se difuminaba. Haba caminos verdes, hogueras, alfombras de musgo, rboles de
frondosas copas traspasadas por el sol, ramas entremezcladas arquendose hasta el
suelo. Franois Branier viva esta sensacin con tanta intensidad que pareca real.
Ha olvidado a un enfermo intervino el monje, furibundo. Franois Branier le lanz
una mirada agresiva. La ensoacin se haba roto en mil pedazos. Otra vez el infierno.
Por qu no me deja en paz?
El monje permaneci impasible.
Tiene la cabeza en otro sitio, venerable. Est ausente. Y eso es muy malo, tanto para
usted como para los enfermos.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Tambin se pasaba el da dando lecciones en el monasterio? Es algo que evitamos


en la logia.
Normal. No saben nada. Los masones son unos ineptos.
Acaso le parece que su noble religin no ha sembrado ya bastantes catstrofes en
esta tierra?
Mire, yo no soy ni cura ni misionero. Soy monje benedictino.
Y yo soy venerable de una logia inicitica.
Los dos hombres se retaron. Ni el uno ni el otro estaba dispuesto a ceder primero. La
fatiga les poda. Pero ceder era reconocer la superioridad del otro. Peor todava, su
verdad espiritual.
Un enfermo los llam con un grito casi ahogado.
Ya voy yo manifest el venerable.
Esta vez, procure no despistarse...
***
Franois Branier tena sueo, pero no poda dormir; ni siquiera poda cerrar los ojos. A
su lado, pies contra cabeza, el monje roncaba dulcemente. Su Dios lo protega del
insomnio. A menos que el benedictino fingiera estar dormido. El venerable no saba qu
pensar de sus pequeos secretos.
Habra sido tan sencillo levantarse, salir de aquella enfermera, respirar el aire nocturno,
precipitarse hacia el barracn rojo, reunirse con sus hermanos y morir con ellos
borrando la Historia, el tiempo, a los hombres. Franois Branier se crea capaz de
hacerlo. Pero era eso lo que ellos esperaban del venerable? Esperaban una ltima
locura o una nueva lucha? Por fuerza, tenan el convencimiento de que estaba luchando
para sacarlos de all. Y si esta vez fracasaba? Y si conoca el primer fracaso de su vida
inicitica? El juego estaba amaado, l desconoca las reglas y, sin embargo, no tena
derecho a perder. Todo se decida en una sola partida, sin revancha posible.
No puede contarle cualquier cosa al comandante?
La voz del monje, grave, baja y pausada, vena de ultratumba.
No tiene usted derecho a decirme lo que debo hacer. El diablo no manda en Dios.
Aqu, quin sabe.
Cuanto ms blasfeme usted, menos posibilidades tendr de sobrevivir.
Clmese, padre. Necesitamos todas nuestras fuerzas.
Yo necesito unas horas de sueo. Como usted.
El monje dio un profundo suspiro.
Ha pensado que podran recluirlo definitivamente en la torre? Que la prxima vez
se quedara para siempre?
El venerable esperaba que le hiciera aquella pregunta. Pensaba en el instante en que,
despojado de su sustancia, sera slo un ttere entre las manos del comandante. A menos

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Christian Jacq

El monje y el venerable

que ste se impacientara y practicara mtodos ms brutales, y rompiera as el pacto


sellado con la logia.
Lo he pensado. No me preocupa.
Y su famoso secreto, venerable? Correr el riesgo de llevrselo a la tumba?
Propone usted otra solucin?
La confesin.
El venerable, desconcertado, observ al monje, que estaba tendido boca arriba con los
ojos cerrados. Jurara que dorma.
Eso le dejara la conciencia tranquila. Y puede fiarse. El secreto de confesin es
inviolable. Nada que ver con el de los masones.
El venerable sonri para sus adentros.
No me interesa, padre. La confesin me parece degradante. Y tenga la certeza de que
el comandante del campo ha apostado por esto. Si nos pone juntos, es para que
hablemos, para que yo acabe confesndome con usted. Debe de estar convencido de que
usted ya conoce parte de mi secreto. Si yo muero, si mis hermanos mueren, se
conformar con usted. Y usted no es masn, padre, pero se ha convertido en cmplice
de la logia.
***
El alba entr en el barracn rojo por una minscula rendija entre dos listones de madera.
Guy Forgeaud haba logrado arrancar un trozo lo bastante grande para ver mejor qu
pasaba en el patio. Luego lo devolva a su sitio. El camuflaje aguantaba. Los cinco
hermanos haban establecido turnos de guardia, de manera que al menos uno de ellos
permaneca despierto mientras que los otros dorman. As, tenan la impresin de
combatir, de no abdicar. La vigilancia era un arma eficaz. La muerte no los cogera por
sorpresa.
El aprendiz Jean Serval peg el ojo a la rendija. Dieter Eckart lo haba despertado unos
diez minutos ms temprano. Serval no se haba atrevido a confesarle que tena dolor de
barriga; un dolor que le perforaba los intestinos. El hambre y el miedo. Segua vivo slo
gracias a sus hermanos. Tena el convencimiento de que, si lo incomunicaran, enseguida
se derrumbara. Serval no estaba preparado para someterse a semejante prueba.
Antes, haba llevado una vida ms bien cmoda. Su entrada en la logia le haba
cambiado el destino. l, que iba camino de ser un escritor mundano, cansado de las
mezquindades de lo parisino, haba descubierto las exigencias de la Regla. Perdido en el
infierno del presidio nazi, no se arrepenta de su eleccin. Jams llegara a ser una
estrella literaria; en cambio, era ya un iniciado, aunque slo hubiera atravesado la puerta
del aprendizaje. Su nico remordimiento: no haber trabajado con ahnco suficiente para
acceder al grado de compaero.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Uniformes. Siluetas negras en el rojo amanecer. Era Klaus, el jefe de las SS, que vena
acompaado de cuatro soldados. Jean Serval se abalanz sobre sus hermanos, que
estaban dormidos, y los zarande.
Arriba! Que vienen!
Dieter Eckart, Guy Forgeaud, Andr Spinot y Raoul Brissac se levantaron al momento.
La puerta del barracn se abri y apenas tuvieron tiempo de notar que sus msculos
doloridos se resentan por el sbito esfuerzo.
Una claridad cegadora los deslumbr. El jefe de las SS formaba a contraluz una mancha
negra en el rayo de sol.
rdenes del comandante anunci. Uno de ustedes debe ser trasladado al taller de
la fortaleza.
Dieter Eckart, delante de sus hermanos, pareca imperturbable. Si l fuera el elegido, se
sentira incapaz de asumir semejante funcin. Habra sido una condena camuflada. El
aprendiz Jean Serval temblaba; los dientes le rechinaban al restregarse los unos contra
los otros. Si lo aislaban de la comunidad, estaba perdido. Andr Spinot, el ptico, se
escudaba tras la reconfortante mole de Brissac. No le asustaba el trabajo manual; pero
cmo reaccionara abandonado a su suerte, lejos del consuelo fraternal? El picapedrero
Raoul Brissac esperaba ser el voluntario designado. Robara herramientas. Librara su
propio combate. Pasara factura a la gentuza que haba asesinado a Pierre Laniel. A Guy
Forgeaud, el mecnico, slo le preocupaban sus hermanos. l no tena ninguna
posibilidad de ser elegido por los alemanes. De acuerdo con su lgica, se llevaran al
menos cualificado para humillarlo, quebrantar su coraje, inducirlo a la traicin.
Vamos, Forgeaud.
El tono del jefe era amable, casi clido. Guy Forgeaud tard unos segundos en asumirlo.
Como si los alemanes no existieran, dio sin prisas el abrazo fraternal a cada miembro de
la logia. Puede que fuera el ltimo.
Hasta pronto, muchachos!
Su voz era neutra, velada. Sigui en silencio a los agentes de las SS.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
12

El gran cuarto de bao, venerable. Todos los blocks del campo pasan por aqu. El
personal de la enfermera antes que nadie.
Al rayar el alba, el monje y el venerable haban sido conducidos al barracn de las
duchas. Momentos antes, haban odo extraos ruidos de botas en el gran patio. Franois
Branier enseguida haba pensado en uno de sus hermanos. Pero era imposible saber lo
que ocurra. Ni rumor de voces ni detonacin. Pronto regres la plcida calma, como si
nadie viviera en el interior de la fortaleza.
Klaus, el jefe de las SS, haba venido en persona a arrancarlos del hermtico mundo de
la enfermera. El monje, como de costumbre, lo haba desafiado con la mirada. No le
tena miedo. Klaus les haba sealado la direccin de las duchas. El monje haba
agarrado al venerable del brazo, por temor a que se imaginara lo peor y reaccionara de
manera violenta. Branier haba obedecido.
Los dos hombres haban atravesado el gran patio a paso lento. Los ojos del venerable
estaban en alerta perpetua, captando todo lo que pasaba en su campo de visin. Lo
registraba todo sin mover la cabeza, de expresin torpe. El monje avanzaba cabizbajo,
mirando disimuladamente. Cualquiera jurara que le traa sin cuidado el ambiente que lo
rodeaba. En realidad, era la ensima vez que ubicaba sus puntos de referencia. El cuartel
de las SS, los barracones, la torre central, la muralla... y este patio del que acabara por
conocer hasta el ltimo centmetro cuadrado. Catalogaba y haca inventario con un rigor
benedictino. El venerable crea que el monje meditaba para olvidar el mundo exterior. Y
el monje consideraba que el venerable elucubraba utpicos proyectos de evasin.
El fro era intenso y el cielo, de un azul muy puro. La puerta del barracn de las duchas,
que estaba entreabierta, dejaba asomar un suelo cimentado. No vena ningn ruido del
interior.
El monje y el venerable esperaban desde haca un cuarto de hora.
No lo entiendo dijo el monje. La ltima vez me hicieron entrar directamente.
A lo mejor no vamos a ducharnos observ el venerable.
Qu insina?
El venerable no respondi. El monje sinti que se le haca un nudo en la garganta.
Aquello no le gustaba. Los alemanes tenan costumbres arraigadas. Algo preparaban.
Un acontecimiento del que ellos parecan los protagonistas. Los agentes de las SS los
vigilaban desde una distancia considerable. Al menos no iban a abatirlos como a
conejos...
Y si salimos corriendo hacia las duchas? propuso el venerable.
No hay escapatoria posible objet el monje. Si dejamos que nos encierren ah
dentro, estamos perdidos.
De todas formas...

70

Christian Jacq

El monje y el venerable

No haga el idiota, venerable. Puede que esto slo sea un grano de arena en la
maquinaria. Usted y yo no tenemos derecho a equivocarnos. Esperemos.
Esperar... a que nos metan una bala en la espalda?
No moriremos as. Demasiado rpido. Al comandante no le gustara.
Nunca se sabe.
Podan hablar casi sin mover los labios. Intercambiaban las palabras en un murmullo
apenas perceptible que les bastaba para entenderse.
No lo haga, venerable. Es una trampa.
El semblante de Franois Branier se haba endurecido. Se encoga para tomar impulso.
El monje le ley el pensamiento.
Si lo hace, nos condenar a todos... a sus hermanos, a usted mismo, a m...
Franois Branier no acostumbraba a pensrselo dos veces. Cuando tomaba una decisin,
era definitiva. Sin embargo, tena en mente una incertidumbre que no lograba disipar.
Qu propone usted, padre?
Nada, venerable. Confe en Dios. Eso bastar por el momento.
Si eso lo complace...
Los nervios del venerable se destensaron. El monje lo sinti, y supo que haba ganado.
Franois Branier se reproch lo que consideraba una especie de cobarda. Se haba
dejado influir por un profano. Pero acaso lo era aquel benedictino? Aquello le produjo
vrtigo. Estaban los iniciados y los profanos. Entre ellos exista una barrera
infranqueable. As era desde tiempo inmemorial, y siempre lo sera. Qu pintaba el
monje en aquel orden eterno? Por qu le perturbaba que hubiera surgido de un mundo
intermedio, ni totalmente inicitico ni totalmente profano? Posea una fuerza y una
serenidad de espritu que el venerable slo haba conocido en unos pocos hermanos. Sin
duda, las haba adquirido practicando una regla, viviendo en nombre de un principio
supremo al que l llamaba Dios. Pero tena que haber otras razones. Muchos religiosos
seguan un modo de vida idntico y no se le parecan.
El monje tena menos confianza en s mismo que nunca. Rezaba. No se mova, no
miraba nada, se obligaba a encerrarse en s mismo para alcanzar un mximo de
serenidad. No crea que pudiera detener al venerable, un ser hurao, anclado en su
comunidad como en un paraso inviolable. Le haba impedido cometer un error fatal?
Se equivocaba al afirmar que aquello era una trampa? Lo nico positivo: haba
mantenido la situacin bajo control. El venerable le haba cedido el paso. l, el
individuo ms desconcertante que haba conocido fuera de su monasterio. Al monje no
le caba la menor duda sobre la vocacin satnica de los masones, pero aqul no se
pareca en nada a sus congneres. Hablaba como un monje de la Regla... la Regla que
consideraba su principal secreto! All haba un formidable misterio que el monje se
haba jurado que esclarecera. Si forzaba al venerable a bajar la guardia cada da un
poco ms, acabara logrndolo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

La luz del da haba invadido el patio. Los soldados marchaban. Un vehculo arranc,
subi la rampa del garaje y abandon la fortaleza por el gran prtico, que rpidamente
se cerr. Nada fuera de lo normal.
Un calambre dijo el venerable.
Gire el pie en todos los sentidos le recomend el monje.
No pienso dar el espectculo. Me obligarn a caminar. No tengo eleccin. Yo salgo
corriendo hacia las duchas. Y usted?
El monje se reproch su vanidad. Crea haber sometido al venerable, pero se haba
equivocado. No se senta capaz de quedarse all, de brazos cruzados, mientras que l se
precipitaba... No quera conceder al venerable el privilegio de morir en combate. Dios
no se lo permitira.
Siento haberles hecho esperar dijo Klaus, el jefe de las SS, interponindose entre
los dos hombres y la entrada de las duchas. Un contratiempo tcnico. Nos faltaba
desinfectante.
El alemn exhiba un rostro alegre. El venerable dej de contener el aliento. El monje
mir hacia el suelo.
Una forma gil, ligera, rpida y vestida de negro entr en el barracn de las duchas con
un pesado bidn. El venerable la haba reconocido, pese al uniforme. Era ella, la chica
rubia de la casa. Su aliada. Se haba recogido en un moo los cabellos rubios, que
disimulaba bajo una gorra cuya visera le tapaba la frente. Deba de prestar pequeos
servicios a las SS a cambio de proteccin; a no ser que formara parte del personal
militar. Pero el venerable no poda aceptar que ella participara de aquella locura.
La desinfeccin dur slo unos minutos. La joven volvi a salir, salud torpemente al
jefe de las SS y se escabull. Con un gesto, Klaus orden al monje y al venerable que
pasaran al interior del barracn.
Una sala de duchas para una decena de personas. Se quitaron la ropa. De las alcachofas
sala agua fra; congelada, segn el venerable, que no tard en habituarse a aquella
sensacin. Lavarse, purificarse... eso era bueno. El monje haba elegido la ducha del
fondo. De pronto, se puso en cuclillas y arranc una baldosa. Apareci una cavidad y,
en su interior, un saco de tela.
El agua dej de correr. El monje, todava mojado, se precipit hacia su ropa, se la puso
y disimul el saco aplastndolo contra el pecho. Luego se ajust el rosario a modo de
cinturn para impedir que se le escurriera. El venerable se volvi a vestir.
Se lo ha trado ella?
El monje ignor la pregunta. Fue el primero en salir del barracn de las duchas, con
paso precavido.
***

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El contenido del saco de tela estaba esparcido por la cama improvisada, en el cuartucho
de la enfermera. Minsculos bollos de pan rellenos de queso.
Mi tesoro explic el monje. Por esto arriesga esa chica el pellejo cada vez que
viene a desinfectar las duchas. A los enfermos les encantan. Los prepara ella misma.
Pero usted no los toque, aunque se muera de ganas.
El venerable se encogi de hombros.
Y no le procura nada ms til?
Nunca se lo he pedido. Acta como bien le parece.
Cmo ha descubierto usted ese escondite?
La primera vez que tuve derecho a la ducha solo, ella lo haba dejado abierto.
No teme una provocacin?
S... pero he pensado en los enfermos. Algo es algo.
Podramos intentar obtener medicamentos a travs de ella...
El monje empez a distribuir los bollos de pan, que los enfermos engulleron con avidez,
casi sin masticar. Aroma a queso con sabor de libertad y de das felices.
Deje en paz a esa chica recomend el monje. Ya mucho hace.
El venerable dio de comer un bollo de pan al astrlogo nizardo. Segua agonizando. Los
labios se le apergaminaban.
Todo va a arder murmur, masticando a duras penas. Todo... El fuego caer del
cielo, nadie saldr con vida... nadie!
El astrlogo se incorpor, arque el busto, repiti las mismas palabras una decena de
veces y luego se desplom, inerte, con los ojos clavados en el techo de la enfermera.
El monje y el venerable hicieron lo de cada da: asear a los enfermos, limpiarles las
camas, suministrarles algunas curas y pronunciar frmulas de consuelo que ya no
engaaban a nadie.
Por qu no vienen a buscarlo? pregunt el monje. Sus revelaciones les han
bastado?
La puerta del barracn se abri. Era Klaus, el jefe de las SS. El venerable le mir a los
ojos.
No vengo a buscarlo a usted. El comandante espera a fray Benot.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
13

El comandante del campo estaba almorzando. Ensalada verde, cordero asado, queso de
cabra. Un envo especial de diario, una necesidad para conservar la moral de un hombre
al que el Reich haba confiado una misin decisiva. Cada noche, en un silencio casi
absoluto, el comandante redactaba un largo informe en el que analizaba
minuciosamente el comportamiento del venerable, de los hermanos de su logia y del
monje. Era indispensable tocar estos tres registros a la vez.
Los primeros resultados obtenidos parecan interesantes. Todava estaban lejos de
alcanzar su objetivo, pero la progresin era constante. Las defensas del venerable se
desmoronaban; saba que haba cado en la trampa y no vea escapatoria. Su debilidad,
la logia. No abandonara a sus hermanos, y tampoco tena derecho a sacrificarse por
ellos. De manera que se senta obligado a revelar los diferentes aspectos de la Regla. Sin
duda, aprovechaba el tiempo para retrasar las ltimas confesiones, la divulgacin de los
secretos que conferan a Conocimiento su carcter nico y sus excepcionales poderes.
Los hermanos, encerrados en el barracn rojo, vivan horas cada vez ms penosas.
Apartados de su lder, ignoraban por lo que ste pasaba, se imaginaban lo peor; y eso les
hara perder el resquicio de esperanza que todava les daba fuerzas para continuar.
Dadas las circunstancias, seran incapaces de mantener su unin. La muerte de Pierre
Laniel los haba quebrantado, pero el comandante quera ms: dividirlos, oponerlos los
unos a los otros, demostrar al venerable que la logia se descompona. se sera un golpe
decisivo.
El comandante segua indeciso sobre las circunstancias de la muerte de Pierre Laniel.
Ataque de locura? Intento de suicidio? Accidente? No haba explicacin
satisfactoria. Una trama urdida por los hermanos, pero con qu intencin? De qu les
podra servir la muerte de Laniel? Acaso se haban desembarazado del eslabn ms
dbil de la cadena? Sin embargo, Pierre Laniel no daba la impresin de ser frgil. En
teora, una logia como aqulla no deba comportarse de manera tan brutal hacia uno de
los suyos. Aun apartado de sus hermanos, el venerable seguramente ejerca cierta
influencia sobre ellos. La desaparicin de Laniel entraba en un plan que l habra
establecido de antemano?
Estas lagunas incomodaban al comandante, que tena la vaga sensacin de pasar por alto
un elemento importante. No obstante, l segua siendo el maestro de ceremonias. Creaba
las reglas a su antojo.
El cordero asado se le deshaca en la boca. Una delicia.
Su visita anunci el ayudante de campo, embutido en su uniforme de gala.
El comandante dej el tenedor y retir el plato. El ayudante de campo quit la mesa y le
sirvi un vaso de Saint milion, que el superior degust con ansia mientras que la
pesada silueta del monje, flanqueada por dos agentes de las SS, entr en el despacho. La

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El monje y el venerable

barba tupida, el sayal en un sorprendente estado de pulcritud, el rosario que llevaba por
cinturn con las cuentas brillantes... fray Benot llenaba la sala con su presencia.
Hace mucho que no tengo la ocasin de consultarle, padre. Todo bien?
No. Me faltan medicamentos.
Pero todava estamos con este problema de intendencia! El doctor Branier ya me lo
indic... olvidmoslo ahora. Hay temas ms interesantes que tratar. Helmut!
El ayudante de campo hizo salir a los dos agentes de las SS, cerr la puerta del
despacho y se coloc en un rincn de la sala, con las manos cruzadas detrs de la
espalda.
El nico tema que me interesa insisti el monje es la posibilidad de curar a los
enfermos. Me niego a hablar de otra cosa.
Usted no tiene que negarse a nada, padre. Absolutamente a nada.
El monje no baj la mirada, y el comandante apreci aquella reaccin de orgullo. Le
gustaban los seres que se le intentaban resistir, incluso si ya haban perdido la partida.
Hacer aicos a este monje entraba en sus planes. Aquel hombre tena infinidad de
recursos, entre ellos la innata astucia de los religiosos. Sin el menor remordimiento, el
comandante haba firmado la orden de ejecucin de muchos de ellos. Charlatanes de
discurso vacuo, sin inters. Los creyentes le aburran. En cambio, aquel benedictino
tena unos poderes fuera de lo comn: practicaba artes secretas que los tcnicos del
Reich transformaran en ciencias eficaces.
Cmo va su colaboracin con el doctor Branier?
El monje ni se inmut, como si no hubiera entendido la pregunta.
Yo creo que es un mdico excelente... y usted, padre?
Tenemos que cumplir con nuestro deber, l y yo. Y sin medicamentos, fracasaremos.
El comandante se volvi a servir l mismo un vaso un vino.
Tengo la impresin de que se le escapa un detalle, padre. Entiendo sus dificultades...
pero su deber es respetar y acatar las reglas de esta fortaleza. Al Reich no le gustan los
enfermos. De hecho, lo que me ha impulsado a hacer de sta una enfermera modlica
ha sido mi espritu humanitario. En cuanto a los medicamentos... los conseguir, a
condicin de que usted se muestre ms cooperativo.
El monje frunci su poblado entrecejo. De buena gana habra ahogado al nazi en su
propio vaso de vino y estampado contra la pared a la ladilla de su ayudante de campo.
El doctor Branier es el ms temible de los terroristas prosigui el comandante.
Masn, anticlerical, miembro de la Resistencia... ha matado y ha dado orden de matar a
decenas de inocentes. Gracias a sus primeras declaraciones, hemos podido desmantelar
numerosas redes de saboteadores: sacerdotes y religiosos confundidos por la
propaganda. Branier es un hombre valiente, pero decidido a salvar el pellejo.
Y eso qu tiene que ver conmigo?
El monje adoptaba una expresin severa, desaprobadora. El comandante hizo chasquear
la lengua contra el paladar: el Saint milion era fresco y ligero, a pedir de boca.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Franois Branier es venerable de una logia masnica, nica en su especie. Guarda


secretos que interesan al Reich. No creo que Branier confiese, pero usted podra
animarlo a que le haga alguna confidencia... si es que no se las ha hecho ya.
El monje levant la mirada hacia el techo.
Dios es mi nico confidente.
Padre, si quiere medicamentos, dgame todo lo que Branier le revele sobre su secreto.
Quiere usted que haga de chivato? la voz del monje se haba vuelto ronca.
Las palabras poco importan. Espero sus informes.
Branier y yo slo hablamos de temas mdicos. Esa clase de individuos no despierta
en m ninguna simpata, y tampoco siento el menor deseo de conversar con l. Es peor
que un pagano. No me interesan las confidencias de ese hombre.
Padre, tendr que forzarlo si realmente desea curar a sus enfermos... Retomamos el
curso de radiestesia?
El comandante abri un cajn del escritorio y de su interior sac una varita de mago en
madera de avellano. Se levant y se coloc al lado del monje. Agarr el extremo de la
varita con el pulgar y el ndice y se la puso delante.
As est bien?
El monje rectific la posicin.
Reljese. Coloque la varita a la altura del pecho. Y luego djela vibrar.
El comandante sigui las indicaciones.
Helmut!
El ayudante de campo se acerc al escritorio, sobre el que deposit cinco naipes
cubiertos.
Busco el as de picas dijo el comandante.
Recorri cada uno de los naipes con la punta de la varita. sta se tens ligeramente
sobre la segunda, empezando por la derecha. Le dio la vuelta, con la mano algo
temblorosa.
Un as de picas.
Vamos progresando, padre.
El monje sinti que lo invada una oleada de pesimismo.
***
Guy Forgeaud no haba visto pasar las horas del da. En el taller del stano de la torre,
le haban confiado la reparacin de un motor de todo terreno y la torreta de una auto
ametralladora en penoso estado. A los alemanes les faltaban tcnicos. Forgeaud propuso
emplear la soldadura, y el agente de las SS encargado del material no le puso objecin.
Pero el masn tambin se las estaba ingeniando para sabotear a conciencia unas
soldaduras que, pese a su buen aspecto, se rompieran al primer tiro. Forgeaud era un
profesional en este tipo de trabajo, as que oper con extrema lentitud y mucho cuidado.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Slo haba un inconveniente: un minucioso cacheo a la entrada y a la salida del taller


hacan que fuera difcil robar nada. Si a Forgeaud le permitan trabajar en el local con
regularidad, ya encontrara la manera de lograrlo.
El taller estaba demasiado limpio. Pocas herramientas. Forgeaud crea estar soando.
Moverse en su entorno preferido, en el interior de una prisin... Su sorpresa fue mayor
cuando lo dejaron solo. No se priv de explorar todos los rincones. Mientras buscaba
unas varillas fileteadas en un estrecho pasillo de almacenaje, descubri una pequea
puerta con una inscripcin en tiza: Waffenschmiedsladen, Armera. Un simple candado
impeda el paso. Forgeaud no se entretuvo demasiado por aquellos lares. Cuando
regres al taller, varillas fileteadas en mano, entr el jefe de las SS.
Satisfecho con sus nuevas funciones, Forgeaud?
Har lo que pueda... su auto ametralladora est podrida. Aqu tengo, como mnimo,
para un mes de trabajo. Hay que cambiar todas las varillas fileteadas y rehacer todas las
soldaduras.
Bien, bien asinti el jefe. Se le proporcionar lo necesario. Trabajar aqu diez
horas al da, sin interrupcin.
***
El venerable, sentado en su mesa de trabajo con la cabeza entre las manos, no se decida
a escribir. Haban ido a buscarlo a la enfermera antes de que el monje regresara. Ms
vala no despertar ninguna sospecha. Pero una sorda angustia impeda que Franois
Branier se concentrara y hallara palabras que no traicionaran y que dieran, a la vez, la
sensacin al comandante de estar hacindose por fin con la Regla secreta de la
masonera.
El aprendizaje. La entrada del iniciado en la comunidad. El primer paso. La pluma del
venerable empezaba a correr sobre el papel. Casi se alegraba de poder meditar, detener
la frentica carrera del tiempo y volver a los orgenes de su aventura espiritual.
Haba sido un aprendiz rebelde, contestatario. Desobedeca las rdenes que le parecan
arbitrarias. Exiga mucho de quienes se decan maestros y no respondan a sus
preguntas. Franois Branier haba desesperado de la iniciacin, llegando incluso a
pensar en abandonar la logia donde el viejo profesor, su padrino, le haba recomendado
que entrara. Pero durante una entrevista con el segundo vigilante, encargado de los
aprendices, se produjo la conversin. ste le haba reprochado ser demasiado l mismo.
Demasiado l mismo... Pero qu quedaba de la comunidad que haba soado? Un
profano decepcionado vestido de iniciado, que acusaba a sus hermanos de no ofrecerle
lo que l exiga. Un monstruo de egosmo y vanidad que olvidaba criticarse a s mismo.
Franois Branier haba entendido que se estaba convirtiendo en su principal adversario,
su mayor obstculo en el camino de la iniciacin. Entonces se consagr a lo esencial:

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Christian Jacq

El monje y el venerable

los smbolos y los ritos que le haban sido transmitidos. Haba tenido una revelacin. El
aprendizaje haba comenzado.
El primer secreto era el dominio de los elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego.
Smbolos para designar las fuerzas vitales del universo que el iniciado aprenda a
conocer. Cuntas noches, cuntas horas para despertar a estas complejas nociones, para
vivirlas, para descifrarlas. Jean Serval, el escritor, era el ltimo superviviente de una
generacin de aprendices con rigurosa formacin; mientras que los maestros de las
dems logias se sentan a disgusto en su presencia, por lo mucho que los superaba en
cuanto a la profundidad de sus ideas y el conocimiento de la Regla.
El venerable escribi largas pginas sobre los rituales que iniciaban al aprendiz en el
conocimiento de los elementos. Las reley, titube, estuvo a punto de hacerlas aicos y
finalmente le parecieron lo bastante ambiguas. Extraa vuelta atrs... El perodo de
aprendizaje haba sido tan penoso como excitante: el descubrimiento de un nuevo
mundo, el de la logia; pero tambin la sensacin de perderse por caminos sin fin, en
paisajes ignotos. El aprendizaje, el tiempo del silencio, del desprendimiento de su
propia imagen.
El rostro de la joven alemana acudi a la mente del venerable. Por qu asuma riesgos
tan grandes, si no era hostil a los nazis? Encarnaba la estrecha puerta de la liberacin.
Tena que hablar con ella. Pero su relacin con el monje era enigmtica.
Se abri la puerta del despacho. El jefe de las SS avanz a zancadas hacia la mesa de
trabajo y se apoder de las pginas escritas por el venerable.
El comandante le espera.
***
El venerable permaneci cerca de media hora en pie ante el escritorio del comandante.
ste ltimo, sin alzar la cabeza ni un solo segundo, lea atentamente el documento que
Klaus le haba entregado.
Es usted un hombre preciso concluy al fin. Preciso pero oscuro. Estas pginas
son las de un filsofo; no las de un hombre de accin.
El comandante se levant y se pase entre su escritorio y una ventana que daba al gran
patio. Plantado en un rincn del despacho, el ayudante de campo observaba,
imperturbable y silencioso.
Su disertacin me ha parecido interesante, venerable. Pero creo que no nos hemos
entendido. Le exijo que me revele el secreto de lo que usted denomina Regla. De su
manera de actuar sobre el mundo. Nada de discursos esotricos.
Es usted quien me ha malinterpretado.
El comandante se coloc ante la ventana, de espaldas a su interlocutor.
Se puede saber por qu?

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Porque nuestra manera de actuar sobre el mundo empieza por los discursos
esotricos. se es el primero de los secretos. Formar primero al iniciado para sus futuras
tareas, lejos de la apariencia. Como si se preparara a un atleta para que batiera un rcord
sin el menor entrenamiento fsico. Todo se basa en la actitud interior.
El venerable quera parecer convincente. El comandante se volvi con brusquedad,
agarr el fajo de papeles y los agit en las mismsimas narices de Franois Branier.
Me est usted diciendo que este galimatas contiene el secreto de su logia?
El venerable sostuvo la mirada furibunda del comandante.
sa es la verdad. Soy incapaz de formular la Regla de otro modo.
El alemn volvi a sentarse.
Por qu no, despus de todo... quiero creerle. Pero debo ser prudente. Por eso he
enviado a su hermano Guy Forgeaud al taller de mecnica. Un maestro masn tiene
poderes. l nos lo demostrar mal que le pese.
El venerable palideci. Qu ms haba ideado aquel demonio? Al aislar a Forgeaud,
reduca la comunidad, le restaba poder. Sin duda, haba decidido quebrantar a los
masones uno a uno, distribuirlos por el campo semana a semana...
Guy Forgeaud lograra resistir. Conservara la calma. Aprovechara las circunstancias.
Su hermano Forgeaud es un mecnico excelente prosigui el comandante. Le
hemos propuesto que repare una auto ametralladora para comprobar su buena voluntad.
Espero que no cometa la imprudencia de sabotearla.
***
Guy Forgeaud no tena manera de saber la hora ms que por su fatiga muscular.
Seguramente llevaba trabajando medio da sin parar. Delante tena la torreta de la auto
ametralladora que haba desmontado. Sabra disimular su sabotaje, incluso a ojos de un
experto. Unas malas soldaduras enseguida se habran notado. Era impensable que no
hubiera un mecnico competente en la guarnicin de las SS.
Qu queran de l? Queran hacerle caer en la trampa identificndolo como
saboteador? No es que Forgeaud dejara volar la imaginacin. Tal vez la realidad se le
antojaba as de simple... la necesidad de un mecnico de oficio de reparar material
defectuoso. Su verdadera preocupacin era la logia. Tena que conseguir el material
necesario para celebrar una tenida y entrar en la eternidad del smbolo, en el interior
de una fortaleza nazi. Hizo inventario del material que haban puesto a su disposicin.
Una autntica mina. Pero les faltaba la tiza... detalle tonto. Es que no haba ni una barra
de tiza en aquel taller? Busc por todas partes. Nada. La conseguira. La necesitaba. La
logia la necesitaba.
Dondequiera que se encontrara, Guy Forgeaud senta el impulso de identificar las
aberturas que dieran al exterior. Ver lo que pasaba fuera, eso ya era libertad. Ara las
paredes en busca de un respiradero camuflado, de una ventana tapiada. Le toc el

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El monje y el venerable

premio gordo. Muy cerca del techo, encima de un andamio oxidado, haba una rejilla
obstruida por mugrientos trapos; sin duda, para combatir el fro. Antes de tocarlos,
Forgeaud los contempl detenidamente y memoriz su disposicin exacta. Cuando los
quit, un viento glido le peg en la cara. Se estaba haciendo de noche. No se observaba
nadie en el patio.
Un agente de las SS controlaba el trabajo de Forgeaud a todas horas. ste ltimo se
acostumbr enseguida, hasta tal punto que el instinto lo avisaba de la llegada del nazi.
Slo le quedaba esperar que los alemanes no cambiaran sus hbitos. Si alguna vez lo
sorprendieran en la cima del andamio, mirando al patio...
El monje y el venerable estaban codo con codo en el cuartucho.
Me he ocupado de los enfermos yo solo. Esta vez el comandante lo ha retenido
mucho tiempo.
Haba un tono de sospecha en la voz del monje. Como si el venerable le ocultara algo.
Y cree que eso me divierte?
El monje, irritado, manipul las cuentas de su rosario.
Qu quera?
Siempre lo mismo. El secreto de la logia. No le han gustado las ltimas pginas que
he escrito.
Va a hacer que se lo coman crudo manifest el monje, desabrido. Hace mal en
jugar al gato y al ratn con ese tipo. l pone las reglas, no usted. Sabe siquiera si sus
hermanos siguen con vida?
En el caso de Forgeaud, s. Por lo que respecta a los dems, no. Pero usted... usted
debe de saberlo.
El monje enrojeci. Se volvi hacia el venerable, que lo estaba mirando.
Qu quiere decir con eso? Todava me trata de traidor?
Por qu piensa as, padre? Quiero decir que usted podra averiguarlo fcilmente.
Cmo?
Preguntndoselo a la chica rubia.
Usted cree que tengo ocasin de hablar con ella?
De hablar... tal vez no. Pero bastara con hacerle preguntas usando el escondite de las
duchas. Ella circula libremente por el campo. No me extraara que hubiera tramado
con ella otros trapicheos. En cuanto a los medicamentos...
Djeme en paz con los dichosos medicamentos! grit el monje.
El venerable, sorprendido, lo mir de reojo.
Ya no los necesita?
Habr que pagar un precio demasiado elevado.
De cunto hablamos?
Eso no es asunto suyo.
El monje se enfurru, mientras se preguntaba por qu haba decidido no traicionar a
aquel masn que despreciaba a Dios y se burlaba de los creyentes. El ms miserable de

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Christian Jacq

El monje y el venerable

sus enfermos vala diez veces ms que l, y necesitaba tanto aquellos medicamentos...
Pero no se convertira por ello en el peor de los cabrones. Ganarse la confianza del
venerable para filtrar informacin al comandante del campo. Ganarse la confianza del
venerable... acaso era posible? Aquel hombre achaparrado, fortachn, de frente ancha y
despejada, hombros enormes y paso tranquilo como si no fuera presa de ninguna pasin,
de ninguna emocin. No haba perdido un pice de su equilibrio. Por un instante, fray
Benot pens que Franois Branier habra podido ser un buen monje. Luego desech
aquella absurda idea.
Quin es esa mujer? pregunt el venerable.
No tengo ni idea. Nunca he odo el sonido de su voz. Vino aqu una vez, como una
sombra.
El monje desvelaba uno de sus pequeos secretos. El venerable apreci el detalle. l
tambin se inquiet. Cuntos ms datos de esta importancia guardaba el benedictino
para s? Acaso no depositaba la menor confianza en su aliado masn, como sera
lgico? No estara urdiendo un plan tortuoso, sealando falsas pistas que lo llevaran
hasta un avispero? El monje, como cualquier otro preso de la fortaleza, pensaba primero
en salvar el pellejo. Y en hacer que triunfara su dios. Si revelara al comandante el
secreto del venerable, tendra ms probabilidades de salir indemne. Era, en cierto modo,
un collabo de derecho divino.
El venerable se reproch la bajeza de sus sospechas. l sola fiarse. Los maleficios de la
fortaleza empezaban a surtir efecto. Le estaba prohibido ser crdulo. No era su propio
destino lo que estaba en juego, sino el de la logia. En aquel infierno, todos intentaran
salvar el pellejo, incluido el monje. Yendo ms lejos todava, acaso no le interesaba ver
morir la ltima logia inicitica?
Contribuir a su destruccin sera para l un ttulo de gloria. El monje era el peor
adversario de la logia, ms temible an que el comandante de las SS.
Vino hace ms de un mes prosigui el monje. Los agentes de las SS estaban
almorzando, y la vigilancia se haba relajado. Ella llevaba puesto el uniforme. Al entrar,
se puso un dedo delante de la boca en seal de silencio. Dej en el suelo una cajita llena
de medicamentos y se fue. Un soplo de aire fresco. Una aparicin. Hoy se me ha
agotado la reserva. Y ella no ha vuelto, puede que a causa de su presencia.
Quiere que me sacrifique? interrog el venerable.
Usted tiene la respuesta. Faltara que el sacrificio sirviera de algo.
Alguna idea?
Sobre todo, no quisiera influir en su decisin.
Gracias por su humanidad, padre. No esperaba menos. Le queda un poco de sopa
fra?
El venerable tena hambre. En su interior renaca una formidable energa, porque la
situacin al fin le pareca clara. Haba identificado a su principal enemigo, el ms
vicioso. El monje era el seor del infierno.

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El monje y el venerable
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El venerable esperaba. Klaus, el jefe de las SS, haba venido a buscarlo temprano, para
llevarlo al despacho de la torre en el que deba anotar los secretos de la logia
Conocimiento. Pero sobre la mesa de trabajo no haba papel. La pluma de oro
tambin haba desaparecido. No quedaba el menor rastro de escritura.
Broma sdica? Descuido? Una nueva prueba concebida por un cerebro enfermo? El
venerable dej de interrogarse en vano. La nica solucin era seguir esperando.
Soportar el aislamiento, aceptar la presencia del mal, convencerse de que se reunira con
sus hermanos para celebrar una tenida en honor del Gran Arquitecto del Universo.
El venerable se sent en la nica silla del cuarto desnudo, frente a la mesa de trabajo. El
vaco. Franois Branier tena la paciencia pegada al cuerpo. El tiempo no lo asustaba.
Dejaba que pasara por l, sin resistirse. La vida inicitica le haba enseado que, en
verdad, el tiempo no exista. Estaban el da y la noche, las estaciones, el envejecimiento,
los ciclos... pero siempre era la primera maana del mundo, el primer instante en que los
destinos de los seres se fundan en uno, en que la vida no se degradaba. Franois
Branier, como todo iniciado, albergaba en su interior una juventud que se regeneraba.
Sus muertos vivan en l; su mujer, el anciano profesor de francs, Pierre Laniel... ellos
lo animaban a resistir, a domesticar las tinieblas.
Antes de celebrar los misterios, los hermanos de Conocimiento haban mencionado
en varias ocasiones la posibilidad de una detencin y hasta de la destruccin de su obra
por la barbarie. El venerable no haba dado respuesta a las inquietudes expresadas. No
reconfortaba. No ocultaba la realidad. Con honda satisfaccin, haba constatado que sus
hermanos estaban listos. Les asustaba la prueba, pero no se dejaron llevar por el pnico.
El Mal estaba en el orden de las cosas. El suelo de la logia se denominaba pavimento
de mosaico, por estar compuesto de cuadros negros y blancos. Camuflada en el blanco,
una parcela de negro; escondida en el negro, un destello de blanco. La fortaleza nazi
pretenda ser el Mal absoluto. Sin embargo, haba una parcela de luz en aquella
oscuridad. Le corresponda al venerable distinguirla y hacer uso de ella. Despus de
todo, se era su cometido.
Lo ms insoportable era la ausencia de sesiones. Vivir en comunin con sus
hermanos, celebrar los ritos, trabajar en honor del Gran Arquitecto, formar la cadena de
unin, avanzar paso a paso por el camino del conocimiento con la Regla como gua...
aquellos momentos lo embriagaban. Para ellos no haba otro paraso. El venerable
entenda a los antiguos que acompasaban el ao con los ritos y dedicaban das, e incluso
semanas enteras, a recrear lo sagrado, a vivir en armona con las leyes del Universo.
Esta realidad, que pocos hombres conocan, el venerable la haba vivido en lo ms
secreto de la logia. Los iniciados no trabajaban para s mismos. Como los monjes de la
Edad Media, laboraban en el silencio de una comunidad que resplandeca sin

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El monje y el venerable

ostentacin, manteniendo el equilibrio del mundo. Como los monjes... Este pensamiento
disgust a Franois Branier.
La llave dio vueltas en la cerradura. Klaus, el jefe de las SS, abri la puerta.
El venerable contuvo una exclamacin hostil. Junto al jefe, estaba la joven rubia, con un
uniforme de las SS. As que ella lo haba traicionado. Lo venda a los nazis con la
mirada; le segua el juego al monje. Sacrificaban al masn. Herido en lo ms hondo de
su ser, el venerable adopt una expresin impasible.
Algn problema, seor Branier?
El venerable se apart, para ir a apoyarse a la mesa de trabajo.
Necesito hacer un poco de ejercicio. Si hay que recoger hierbas, me ofrezco
voluntario.
Esperaba una reaccin inmediata por parte de la joven. Pero ella segua callada detrs
del jefe.
Los paseos sanitarios no me competen a m, seor Branier. Algn otro deseo?
El venerable neg con la cabeza. Klaus se diverta, como un gato que se prepara para
dar el zarpazo. Con un testimonio directo como prueba, acusara al venerable de
tentativa de evasin o de cualquier otra cosa.
Vamos.
La orden son como un restallido. La joven se dirigi hacia Franois Branier. l no la
mir, para facilitarle la labor. Denunciar a alguien violenta al menos durante un instante
al peor de los traidores. Adems, slo quera guardar de ella un recuerdo claro, una
sonrisa en un bosque inundado de luz.
Ella alarg el brazo hacia la mesa de trabajo y se alej, nerviosa, hasta volver a ocupar
su lugar detrs del jefe de las SS.
Que trabaje bien, seor Branier dijo Klaus al salir, acompaado de su secuaz.
Sobre el escritorio, la joven le haba dejado hojas de papel y un bote de tinta negra.
***
Hay que averiguar dnde tienen encerrado al venerable exigi el aprendiz Jean
Serval.
Pues no veo cmo confes Dieter Eckart.
Yo montar guardia todo el tiempo que me sea posible. Acabar por verlo en el patio
manifest Guy Forgeaud.
Dos soldados de las SS haban devuelto a Forgeaud a su barracn entrada la noche.
Durante una hora larga, y antes de caer en un profundo sueo, el mecnico haba
descrito su primera jornada de trabajos forzados. Los hermanos estaban de acuerdo: la
puerta de acceso a la armera esconda una trampa. Pero Forgeaud no perda la
esperanza de comprobarlo sin dejarse atrapar. Estaba satisfecho con las primeras

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Christian Jacq

El monje y el venerable

soldaduras que haba hecho en la auto ametralladora. El sabotaje era invisible. Faltaba
comprobar su eficacia.
Si Guy logra traernos armas dijo el compaero Raoul Brissac, pasamos a la
ofensiva.
Lo cachean a la salida del taller objet Dieter Eckart. Sera una locura asumir
semejante riesgo. Ya hemos perdido a uno de nuestros hermanos.
Pues iremos todos al matadero si actuamos como mansos corderitos! se dej llevar
Brissac.
Yo no creo que un compaero deba emplear ese tono ante un maestro espet
Eckart, con mucha frialdad.
Un doloroso silencio se instal en el barracn rojo. El aprendiz Jean Serval y el
compaero Spinot desviaron la mirada de su hermano Brissac. ste ltimo se dio la
vuelta.
No he querido ser agresivo explic, crispado. Estoy seguro de que nuestra
supervivencia pasa por la accin. Y empieza por hacer pagar a esos cabrones la muerte
de Pierre.
T no eres quien para tomar ninguna decisin, hermano mo.
Esta intervencin puso fin a la discusin. Pero Dieter Eckart no era tonto. La ausencia
del venerable pronto se convertira en un obstculo insuperable. No tardaran en
desmembrarse.
***
Cunto los necesito, se deca a s mismo el venerable, incapaz de escribir. Slo los
rostros de los hermanos de su logia le permitan salir del pozo sin fondo hacia el que se
vea arrastrado. Cunto los necesito, porque ellos existen de verdad, porque han nacido
en la conciencia, en la vida real.
Como cada noche, el venerable record el rostro de cada uno de sus hermanos, uno tras
otro. Estudiaba sus posibilidades ocultas, sus trabas, los progresos que haban hecho en
el camino, las causas de sus xitos y tambin de sus fracasos. Los xitos, los deban slo
a s mismos y a sus esfuerzos. De los fracasos, l se haca responsable. No haba sabido
entenderlos en el momento adecuado, indicarles la direccin, la manera en que deberan
haber actuado. Muchas veces, pasaba largos minutos meditando sobre la logia,
olvidando el sueo, olvidndose de s mismo.
Se pas la mano derecha por la cabeza. S que era pesada la carga de venerable que los
maestros de la logia se transmitan de generacin en generacin. Ningn rey, ningn
emperador, ningn presidente de ninguna Repblica poda imaginar lo que descansaba
sobre los hombros del venerable de una logia inicitica. Segn la Regla, ste ltimo no
comparta su carga con nadie. Al trmino de la vida comunitaria en la que cada hermano
encontraba el apoyo que necesitaba, independientemente de las circunstancias, estaba

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Christian Jacq

El monje y el venerable

esta inmensa soledad, este desierto en llamas donde faltaba el alimento, ese pas ignoto
donde todos los caminos eran vrgenes. Maravillosos, los tiempos en que an no era
venerable, en que peda consejo a los maestros, a los vigilantes, al maestro de la logia.
Ahora ya no haba intermediarios entre l y el Gran Arquitecto del Universo. El
venerable es el mediador entre el cielo y la tierra, afirmaba la Regla. Qu quedaba del
individuo Franois Branier, de sus gustos, de sus fantasmas, de sus ambiciones?
Todava existan, sin duda; pero lejos de l, en una esfera exterior a la de su persona. La
funcin de venerable se le haba impuesto. No se senta ni triste ni orgulloso por ello.
Formaba parte de los riesgos y las necesidades del oficio. Un venerable dejaba de ser l
mismo, pasaba a estar al servicio de la comunidad. Y servir significaba darlo todo.
Franois Branier no era ni un mstico ni un romntico. No le quedaba opcin, y en
aquella ausencia de opcin resida la libertad. l ya no se preocupaba de s mismo. Se
haba unido a un destino, sin fatalismos. El futuro de la logia dependa, en gran parte, de
la va recorrida por el barco que l tripulaba.
A veces, le habra gustado abandonar el timn, confirselo a un hermano ms
experimentado, ms competente. Maldeca sus carencias, su vanidad, su mediocridad
ante la gran misin que corresponda. Pero la Obra continuaba, su logia evolucionaba,
sin darle tiempo a recrearse en sus miserias. Aqu, en esta fortaleza donde el tiempo
humano haba desaparecido, resurgan como sombras distorsionadas. Qu valor tena
un venerable privado de su comunidad? Ninguno, sin duda. Cmo percibir el camino
de la luz? Si se degradaba l, degradaba la logia. Pero tampoco tena derecho a
engaarse, a considerarse un superhombre, a inventar motivos de esperanza. Slo el
ritual haca de l un venerable.
Ahora ms que nunca, la logia le peda que hiciera de venerable; ahora que le era
imposible.
***
El monje haba terminado la ronda matutina de visitas. Haba aseado a los enfermos
encamados, limpiado las camas, suministrado curas. Autnticas curas. Porque la joven
rubia de uniforme nazi haba vuelto, al rayar el alba, para entregarle ms medicamentos.
El monje slo haba percibido una silueta. Luego haba manipulado con delicadeza el
pequeo paquete que esperaba en el suelo de la enfermera. Ya tena con qu aguantar
unos das ms, con qu conseguir algunas victorias sobre el sufrimiento.
Cunto haca que el monje no sala a recoger plantas? No lo saba. Se haba olvidado
de contar. Mala seal. Alguna negligencia ms como aqulla y se hundira en la
resignacin, la peor de las dimisiones.
Fray Benot tena el hbito de cumplir sus obligaciones. En el ltimo monasterio en el
que haba vivido, el de Saint Wandrille (Normanda), se hablaba de l como futuro
abad, funcin que ya ejerca de manera oficiosa debido a la avanzada edad del titular.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Pero aquel recuerdo ya no le ataa. Se limitaba a revivir sus paseos por el inmenso
parque, las horas de meditacin en el bosque, la presencia divina, los goces del trabajo
manual, el placer de la lectura. Lo que ms echaba en falta era el refectorio. Una sala
romana del siglo XI con proporciones tan perfectas que santificaba a todo aqul que
entraba. Las mesas estaban dispuestas en forma de T. Al fondo, el abad. Los cubiertos
siempre estaban puestos, como si unos seres invisibles celebraran un banquete mientras
los monjes de carne y hueso atendan sus trabajos cotidianos. En cuanto Benot pona el
pie en el refectorio, se senta transportado a otro mundo, lejos de bajezas y
mezquindades. Entre aquellas paredes eternales haba mucho ms que bienaventuranza:
armona. Cuando cada monje ocupaba su lugar experimentaba una beatitud que borraba
fatiga, preocupaciones, dudas. El hecho de comer juntos, beber juntos, pensar juntos,
reportaba a la comunidad una luz que perduraba largo tiempo en el interior y en la
soledad de las celdas.
El monje estaba convencido de que slo los benedictinos conocan este secreto, hasta el
instante en que conoci al venerable. Benot, que no crea que una logia masnica
tuviera nada en comn con una comunidad monacal, se qued sorprendido ante la
exigencia espiritual que impulsaba a aquel hombre, ante su respeto a una Regla que
pareca considerar su bien ms preciado.
Un ataque de tos sacudi el enorme pecho del monje. La falta de aire, sin duda.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
15

Venerable, no estoy nada satisfecho con su trabajo.


Con las narinas apretadas, los labios plidos y los ojos inquisidores, el comandante del
campo miraba a Franois Branier como un profesor furioso por el mal ejercicio de un
alumno. Entre sus manos, tena las pginas que el venerable haba redactado a lo largo
del da con letra fina, apretada y regular.
Lo que usted acaba de leer es totalmente exacto. Le doy mi palabra.
Ya lo creo, venerable. En revelar detalles sin importancia no hay quien lo supere.
Sin importancia, el plano de la logia de aprendiz? La significacin simblica del
mallete y del cincel, del pavimento de mosaico? Le he sealado elementos esenciales en
nuestra vida inicitica.
El comandante tendi los papeles a su ayudante de campo, que los archiv
cuidadosamente.
Slo habla de iniciacin, de simbolismo, de bsqueda... inservible. No es lo que yo le
pido.
Pues no s hacer otra cosa.
En pie ante el escritorio del comandante, Franois Branier haca gala de una calma
absoluta. El de las SS menta. Por fuerza estaba interesado en el esoterismo y la
bsqueda inicitica. Saba que aquello formaba parte de la Regla. Adems, le haban
asignado la misin de investigar aquellas cuestiones. Se enojaba porque haca frente a
un obstculo imprevisto: el tiempo. Su mejor baza se volva contra l. Ahora, pareca
tener prisa por llegar a la esencia, al secreto de la logia, a sus aplicaciones prcticas.
Por qu tanta urgencia? Por qu el tiempo se converta en el adversario de quien crea
controlarlo? Acaso a los alemanes les haba entrado miedo de perder la guerra? O es
que los libertadores se acercaban a la fortaleza? Una nueva esperanza. Si la hiptesis era
acertada, el venerable poda considerar que haba ganado la partida; o que la haba
perdido demasiado rpido, si no... En el supuesto de que el comandante se sintiera
acorralado, habra recurrido a mtodos ms brbaros para lograr sus objetivos.
La Regla! Es lo nico que sabe decir! Una mscara para ocultar su verdadero
secreto. Estoy harto de sus smbolos, venerable. Son cortinas de humo.
Sabe perfectamente que no es as.
La voz de Franois Branier, autoritaria, haba resonado como durante una tenida, para
rectificar o desviar una intervencin errnea. El comandante se llev un breve
sobresalto.
El venerable lo haba provocado expresamente, para intentar corroborar la pertinencia
de su hiptesis. Los ojos del alemn brillaron, pero su reaccin se qued en eso. Cogi
un cigarrillo de un estuche nacarado. El ayudante de campo se lo encendi.
Hablaremos de smbolos y esoterismo ms tarde, mucho ms tarde, cuando haya
obtenido resultados. se ser el postre, venerable. El plato fuerte es la organizacin

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Christian Jacq

El monje y el venerable

secreta de su logia y la red que ha tejido por toda Europa. Pero no cambiemos de tema...
Y si reconstruyramos sus viajes?
El venerable crey discernir un resplandor de diversin en la mirada normalmente
apagada de Helmut, el ayudante de campo.
Efectivamente, me he movido mucho para atender asuntos profesionales. Con el
estallido de la guerra, se cre una internacional de mdicos combatientes y...
Deje eso a un lado interrumpi el comandante. No me lo creo. Usted ha utilizado
esta coartada para acometer una misin secreta. Eso es lo que vamos a reconstruir
juntos, empezando por Berln, el da siguiente a la declaracin de guerra. Viajaba con el
nombre de Hans Brunner, cardilogo. El de la foto es usted, verdad?
El ayudante de campo present al venerable una fotografa ampliada. En el interior de
un restaurante lleno de humo, se observaban a numerosos oficiales nazis y a algunos
civiles. En una mesa, Franois Branier y dos ancianos de cabello cano.
Para qu negar lo evidente?
Excelente respuesta, venerable. Quines son esos dos hombres, por qu ocultaba
usted su verdadera identidad, y qu haca en Berln por aquellas fechas?
Dos colegas a los que quera ayudar a abandonar el pas.
Por qu no? ri sarcsticamente el comandante. Pero esos colegas, en efecto
mdicos, tambin eran miembros de dos logias berlinesas que haban sido
desmanteladas dos meses antes. Esos dos masones, ex venerables, haban logrado
escapar a la persecucin e, incluso, se haban atrevido a permanecer en los lmites del
partido! Los detuvimos unas semanas despus de su visita, y murieron sin revelar ms
que tonteras. De qu habl con ellos, seor Branier?
El venerable estaba al corriente de la muerte de sus dos hermanos. Formaban parte de
quienes conocan el Nmero, la Regla secreta de la masonera. Aquel mismo da, en
el momento en que el nazismo se dispona a invadir Europa, le haban indicado el
itinerario que deba recorrer para reconstituir los elementos dispersos destinados a
preservar la existencia de, al menos, una logia capaz de transmitir la integridad de la
iniciacin. Branier haba asumido todos los riesgos para reunirse con los hermanos
alemanes que se negaban a abandonar el pas y a quienes podan seguir siendo tiles.
Hablamos de las logias francesas y alemanas pertenecientes al Rito Escocs Antiguo
y Aceptado. Los masones por fin tomaban conciencia de la gravedad de la situacin.
Pensbamos...
Me est tomando el pelo? grit el comandante, al tiempo que daba un puetazo
sobre la mesa. Esos dos hombres eran revolucionarios. Lucharon contra el Reich,
negaron la verdad predicada por el Fhrer. Ellos le confiaron la misin de combatir el
pensamiento nazi, de utilizar la masonera como una red de sabotaje y subversin! sa
es la realidad. Usted es el jefe secreto del movimiento de resistencia ms poderoso del
nuevo orden. Utiliza armas y hombres que nosotros debemos destruir. Su logia es el
ltimo foco de oscurantismo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El comandante aplast el cigarrillo en el reborde del cenicero. Al venerable le pareci


nervioso, inquieto. Recurra a una retrica pomposa, como para sosegarse y animarse.
Cmo iba a ser tan poderosa una pequea logia como Conocimiento? pregunt
el venerable. Sus ltimos hermanos son vuestros prisioneros. El poco poder que
tenemos est en sus manos.
Anlisis superficial. Los hermanos que usted ha iniciado siguen en libertad en
diferentes pases. Ha dejado en pie nudos de resistencia. Y yo quiero hacer una buena
limpieza. En estos momentos, no hay ni una sola una logia en Alemania, y nunca ms
volver a haberla. As debera ser en todas partes.
El comandante se calm. Prosigui con su reconstruccin de los hechos.
Despus de Berln, viaj a Roma y a Bolonia. All, se presentaba como el doctor
Renato Sciuzzi, miembro influyente del movimiento fascista. Durante una ceremonia de
condecoracin celebrada en Roma, contact con un ingeniero y, en la Pascua de
Bolonia, con un ebanista. Siempre el mismo mtodo: ocultarse entre la multitud, en
manifestaciones oficiales, atreverse a aparecer en pblico con agentes subversivos...
Soberbia tctica, seor Branier. Con un solo fallo: la fotografa. Ha dejado pistas. Tan
visibles, en la prensa, que nadie haba reparado en ellas. Excepto yo, hace menos de un
ao. Realizadas las comprobaciones, he visto demasiadas veces su cara junto a la de
esos agentes subversivos. Qu haca usted en Italia, seor Branier?
El venerable record momentos dramticos que haba pasado en una Italia soleada,
clida, radiante. Roma, la apasionada; Bolonia, la secreta... un pas a la deriva, presa de
una oleada de violencia. Una etapa ms que decepcionante en el periplo de Franois
Branier. Los masones temblaban, pero no crean en lo peor. Consideraban que el reino
del Duce permitira la supervivencia de la masonera y no haban adoptado ninguna
precaucin especial para proteger los archivos; simplemente los haban trasladado fuera
de la capital, precisamente a Bolonia, donde Franois Branier haba consultado los
documentos concernientes a la Regla. Al poco tiempo de hacerlo, unos masones
declarados peligrosos haban sido ejecutados sumariamente y aquellos documentos,
destruidos.
Me reun con hermanos a los que haba conocido en Pars. Intent hacerles ver la
tragedia que acabara con ellos. En vano. Fueron conversaciones sin importancia.
En Roma, se entiende... Pero por qu Bolonia, si no para contactar con una clula
clandestina?
El ayudante de campo anotaba con mecnica regularidad las palabras pronunciadas por
los dos interlocutores. El comandante las releera de noche con objeto de hallar un
desliz en la argumentacin del venerable, una indicacin que a l le hubiera pasado
inadvertida.
No existen clulas de masones iniciados. nicamente logias. Nosotros no
funcionamos como los comunistas. En Bolonia, ni siquiera haba logias; solamente el
ms grande historiador italiano de nuestra hermandad.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El comandante del campo sac una fotografa de la carpeta que tena sobre la mesa.
Este hombre?
Un rostro atractivo de sexagenario, con el cabello plateado, gafotas de carey y un fino
bigote blanco.
Exacto respondi el venerable.
Muri dos das despus de su visita y unas horas antes de llevar a cabo nuestro
registro. Curiosa coincidencia. En su casa, encontramos mandiles rituales, medallas,
emblemas... pero ni un solo documento sobre su organizacin subversiva. No lo habr
eliminado usted mismo porque l no quera seguirlo y corra el riesgo de traicionarlo?
El venerable conserv la calma. Aunque estuviera de pie, no senta el cansancio.
Usted conoce perfectamente nuestros ritos. El masn que rompe su juramento, est
muerto. Se condena a s mismo. No es necesario ejecutarlo.
Quiere usted decir que se suicid?
Yo no quiero decir nada. Est muerto.
Insina que su visita a Bolonia fue en vano?
En absoluto. All descubr un antiqusimo rito de iniciacin en el grado de compaero
basado en los poliedros, los cuerpos platnicos y el pitagorismo. Gracias a l, la logia
Conocimiento tiene previsto restituir este grado en su pureza original.
El comandante, harto ya, encendi otro cigarrillo.
Y no estableci usted contacto alguno con los comandos antifascistas?
Durante una estancia tan breve, habra resultado difcil... y yo nunca he pertenecido a
la masonera poltica. Mis peores enemigos se lo confirmarn.
El alemn pas una pgina ms de su informe.
En los aos cuarenta, se le pierde la pista a menudo. No me consta que haya viajado
al extranjero. No sali de Francia?
Recorr casi quinientas ciudades. Cada noche dorma en una cama diferente.
El comandante se relaj. Le dio una larga calada al cigarrillo.
Ya est!... Pona a punto su red terrorista a partir de logias masnicas de las que
usted haba pasado a ser el jefe secreto.
El venerable no pudo evitar sonrer, por lo diferentes que eran sus recuerdos.
No precisamente... Deseaba contactar con hermanos deseosos de salvaguardar la
iniciacin pese a las dificultades. Esperaba encontrar al menos un centenar en toda
Francia. Y en todas partes fui rechazado como un apestado. Los supuestos hermanos se
escondan. Teman las denuncias. Me tomaban por un provocador. Y, sobre todo, ni el
trmino de iniciacin ni su vocacin masnica tenan ningn sentido para ellos. La
guerra haba hecho aicos su humanismo de pacotilla. Entonces entend que la
masonera estaba muerta, que slo unas pocas logias merecan ser salvadas; porque de
ellas renacera la vida inicitica.
Al venerable le haba faltado decir una sola logia. Eso habra sido confesar que
Conocimiento haba sido elegida depositada del secreto. Ahora bien, nada urga ms

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El monje y el venerable

que sembrar la confusin en el espritu del comandante. La verdad era tan simple, tan
desconcertante... Al de las SS le costara creerla.
Complet usted este periplo sin resultados? Y sostiene que su objetivo era de orden
estrictamente inicitico?
No sabra resumirlo mejor.
Hace mal en subestimarme, venerable. Usted era un agente de enlace perfecto para la
Resistencia. Su paso por las ciudades de Francia coinciden con atentados, sabotajes,
asesinatos de oficiales alemanes... Cuestin de azar, tal vez?
Seguramente. Soy incapaz de manipular un explosivo sin hacerme saltar a m mismo
por los aires.
El comandante ri con sarcasmo.
Normal... usted incita, dirige, no escucha. Los de la Resistencia me divierten. Nos
hemos infiltrado en sus organizaciones. Y luego los franceses son tan amigos de la
delacin! En la lista no figura su red de logias. La necesito.
Yo slo puedo ofrecerle mi logia.
Nada ms que revelar sobre la actividad subversiva de la masonera?
No tiene que preocuparse a ese respecto.
El comandante guard silencio durante un minuto largo, indiferente. Pas una pgina
ms de su informe.
De enero a marzo de 1942, estuvo en Inglaterra... y no precisamente solo. Lo
acompaaba Dieter Eckart. Siempre por motivos... espirituales?
Con la punta del cortapapeles, que haba agarrado como un pual, el comandante traz
unas figuras sobre un papel secante que haba en el extremo del escritorio.
Por supuesto. Tenamos que contactar con la gran logia de Inglaterra para rendirle
cuentas de la situacin. En Francia, me haba decepcionado la cobarda de los masones.
Y en Inglaterra, cog una buena rabieta ante su insondable estupidez. Mucho decorado,
muchas medallas, muchos notables anclados en sus reglamentos del siglo XIX, apartados
de sus orgenes. Momias. Logias de momias. Dieter Eckart estaba atnito. Mantuvimos
ms de diez entrevistas con quienes pretendan dirigir la masonera y lo haban dejado
correr.
El comandante estaba confuso. Se preguntaba si el venerable no estara diciendo la
verdad, por muy disparatada que le resultara. En vez del jefe secreto de una red de
hombres dotados de temibles poderes, no sera ms bien una especie de dinosaurio,
uno de los ltimos iniciados? Suprema estrategia. Hacerse pasar por menos que nada;
reducirse a la posicin de un espiritualista leal y bondadoso, apoltico, consciente de los
problemas que acucian su poca. La actitud del venerable, su humildad teida de
autoridad y su serenidad hacan que el personaje resultara tan verosmil! Menos para
uno de los grandes responsables del Aneherbe, encargado de detectar los poderes
ocultos de las sociedades secretas y usarlos en pro de la victoria del Reich. El
comandante ya casi haba olvidado el tiempo que haba perdido en su interminable

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Christian Jacq

El monje y el venerable

interrogatorio para llegar al fondo de la cuestin, a este Franois Branier, tan peligroso
por s solo.
Entonces su estancia britnica se sald con otro fracaso? No organiz usted la
menor base terrorista?
Nada de nada.
Corri mejor suerte en Escocia, adonde se dirigi en la primavera de 1942 y de
donde no se retirara hasta el final del verano?
No exactamente respondi el venerable. Ya no me haca muchas ilusiones. Pero
quera ir a Kilwinning. All naci la forma medieval del Rito Escocs Antiguo y
Aceptado. Una especie de peregrinaje. Una manera de recobrar las fuerzas.
A Franois Branier se le pas decir que prcticamente todos los hermanos de
Conocimiento haban acudido a Kilwinning para celebrar una tenida excepcional y
regenerarse en la matriz de su rito.
El comandante del campo pas mecnicamente las pginas restantes de su informe, una
treintena de hojas en las que haba entremetidas fotografas y recortes de prensa.
Supongo que es intil recordar sus otros viajes a Espaa, Grecia, Blgica, Pases
Bajos, Noruega... porque la respuesta siempre ser la misma! Ninguna actividad
revolucionaria, nada de maquinaciones subversivas ni de redes terroristas! Una misin
inicitica para reagrupar a los hermanos dispersos!
As es confirm el venerable. Slo que la palabra misin no es acertada. Yo
no busco la conversin de nadie. Los iniciados son constructores y testigos, ni ms ni
menos.
El comandante se qued helado.
Seor Branier... acaso espera convencerme? No ser tan ingenuo como para creer
que me voy a tragar ese cuento de hadas? Y la coartada mdica? En sus viajes slo se
ha cruzado con mdicos. He estudiado muy de cerca los lugares en los que residi y las
personalidades con las que se reuni. Muchos fsicos, industriales, especialistas en
tecnologa punta. En cada pas, visit al menos una fbrica y un laboratorio de
investigacin. Y ahora que conozco a los miembros de su logia entiendo por qu.
El venerable ech mano de su poder de concentracin para no doblegarse ante el ataque
final que el comandante se preparaba a lanzar.
Pierre Laniel explic el de las SS, era industrial, gran conocedor de la
metalurgia. El profesor Eckart es uno de los principales especialistas del mundo en
historia tcnica. Hay empresas francesas y alemanas dispuestas a contratarlo como
asesor. Andr Spinot no slo se dedica a fabricar gafas; se pasa el tiempo estudiando
sistemas de propulsin. Es autor de numerosas patentes, algunas de las cuales han sido
retenidas por organismos oficiales. Raoul Brissac tiene predileccin por un aspecto en
concreto: la resistencia de los materiales. Su experiencia como compaero le ha
enseado trucos de profesin que ningn ingeniero conoce. Jean Serval es el hijo de
un eminente fsico francs. l mismo ha recibido una formacin cientfica muy

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Christian Jacq

El monje y el venerable

avanzada. Su tesis doctoral versaba sobre la propagacin de las ondas. La literatura es


una mera coartada. En cuanto a Guy Forgeaud, su mecnico, mantiene la apariencia de
un buen pen sin habilidades especiales. Salvo la del camuflaje. En total, un equipo
coherente del que usted es el moderador. Un equipo que ha recibido la orden de
concebir y fabricar un arma ultramoderna para derrotar a Alemania. Cul, seor
Branier?
El comandante crey haber mermado las ltimas defensas del venerable. Pero ste
ltimo permaneci inerte, ausente.
No s a qu se refiere... aparte de la medicina, slo tengo una cultura cientfica muy
limitada.
El tono del de las SS resultaba amenazante:
Espero que me haya escuchado bien! Su mayor astucia es la de aparecer en primera
lnea, usted que no es ni tcnico ni cientfico. Utiliza la masonera para disimular un
equipo de saboteadores, y se ha credo que nadie descubrira sus manejos. Ha olvidado
que el Fhrer dio orden de destruir las sociedades secretas, reductos del mal.
El venerable dio un paso hacia el escritorio. El comandante contuvo el aliento. El
ayudante de campo sac el revlver con gesto nervioso y apunt con l a Franois
Branier.
Me cuesta entender semejante rosario de estupideces dijo el venerable, presa de un
arrebato de clera.
Hablarn. Usted y sus cmplices.
Slo le podemos hablar de la logia, la Regla y la iniciacin. Porque no hay nada ms.
Su posicin pronto ser insostenible, seor Branier. Como la de su hermano
Forgeaud.
Qu le ha hecho?
El venerable se mostraba amenazador, como si pudiera ejercer algn tipo de poder. El
comandante sonri.
Lo he trasladado a su medio natural. Un taller mecnico. Pronto sabremos si es slo
un modesto operario.

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El monje y el venerable
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Si me lo permite, venerable, lo veo nadando en la sopa.


El venerable estaba postrado, y no haba dicho palabra desde que los agentes de las SS
lo haban devuelto a la enfermera. El monje lo haba dejado un buen rato en ese estado,
sin siquiera pedirle que se ocupara de los enfermos. Pero aquello no poda ir para largo.
Le horrorizaban los depresivos.
Me gustara saber por qu...
La voz del monje era apremiante. El venerable levant la mirada hacia l.
Quieren cargarse a un hermano.
A quin?
A Guy Forgeaud, el mecnico. El comandante lo ha enviado al taller.
Con qu intencin?
Para tenderle una trampa. Ignoro cul. Aydeme.
El monje, incmodo, se atus los pelos de la barba.
Yo? Cmo?
El venerable mir fijamente al monje con tal intensidad que lo hizo casi estremecerse.
La rubia... estoy convencido de que ella y usted han organizado una red en el interior
del campo. Arrisguese a utilizarla para prevenir a Forgeaud. Que mantenga la calma y
juegue al mecnico cifrado de mollera.
El monje tosi varias veces.
Le ha cogido el fro?
No. Una vieja bronquitis que se resiste. No lo entiendo. Por qu Forgeaud debe
hacerse el incompetente?
Es un mecnico genial. Es capaz de reparar lo que sea, incluso aquello que
desconoce. El comandante est convencido de que, en realidad, es un ingeniero de alto
nivel.
Y se equivoca?
Evidentemente.
Y a usted, por quin le toma?
Por el coordinador de un equipo de terroristas que se esconde tras el velo de la
masonera.
En esto no va tan desencaminado apreci el monje.
Al venerable le haba parecido correcto decir la verdad. Si el monje estaba conchabado
con los alemanes, le costara reconocer que Branier haba sido sincero. El venerable
haba titubeado. Pero slo exista una manera de prevenir a Forgeaud: utilizando al
monje dndole los menos datos posibles. Tratar de despertar su curiosidad, obligarlo a
transmitir un mensaje para intrigar a Forgeaud. Una estrategia ms bien miserable y
peligrosa. Con escasa probabilidad de xito. Pero qu otra cosa poda hacer?

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Tiene usted la talla para dar semejante golpe determin el monje. Su masonera
es de pacotilla. Una engaifa. En cambio, usted y su equipo... me habra gustado formar
parte de un comando de lite como el que usted dirige.
No somos un comando de lite! profiri el venerable. Somos una logia, que ha
cado en las manos de locos criminales!
El monje se rasc la mejilla, con aire apenado.
Usted no confa en m, venerable. A lo mejor se cree que he firmado un pacto moral
con los nazis.
Franois Branier guard silencio. El monje sacara sus propias conclusiones. Mientras la
duda persistiera, no sabra cmo actuar.
Qu mensaje quiere hacer llegar a Forgeaud?
Que no toque nada respondi el venerable.
***
Guy Forgeaud se acostumbraba al ceremonial. Cada maana, las SS vena a buscarlo
con el alba para llevrselo al taller. Y cada maana, como si stos no existieran, l daba
a sus hermanos el abrazo fraternal.
Cuando la puerta del taller lo aisl del exterior, Guy Forgeaud no le prest atencin. Su
mirada se vio atrada por el objeto gris acerado que alguien haba dejado en el caballete.
Un cilindro metlico, una especie de turbina en miniatura, provista de alerones, que
recordaba a un cohete futurista. Enseguida despert la curiosidad del mecnico. Crea
haber visto los motores y propulsores ms extravagantes, pero aquello... dio una vuelta
alrededor del artefacto con respeto, y se fij en que tena varias abolladuras. Sinti unas
ganas tremendas de desmontarlo, la imperiosa necesidad de ver lo que aquel monstruo
llevaba dentro. Forgeaud puso la palma de su mano derecha sobre el metal helado,
como para acariciarlo.
Entonces retrocedi. Y si aquella mquina saltara por los aires? Y si se le echaba
encima? Puede que los nazis hubieran decidido ofrecerle una bella muerte mecnica,
por diversin.
Domin su miedo. Y recuper el anhelo de desmontar pieza por pieza, de comprender.
Si saltaba por los aires, saltaba por los aires. Antes de empezar, Forgeaud se subi a su
puesto de vigilancia para ver qu pasaba en el patio. Una bocanada de evasin. Un
pellizco de libertad robada. Se entretuvo en lo alto del andamio.
Un clic muy dbil, casi inaudible. Se abri la puerta del taller. Forgeaud, paralizado,
no tuvo tiempo de bajarse de la percha. Haba cado en la trampa. Entr el primer
uniforme, y el maestro masn se abalanz sobre l. Se lanz al suelo y se encontr cara
a cara con una mujer.
No toque ese artefacto articul en un francs chapurreado.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Luego dio media vuelta y abandon el taller. La puerta se cerr tras ella, y l volvi a
quedar aislado del exterior.
***
El monje dorma a pierna suelta, agotado tras una dura jornada de trabajo. Dos muertos.
Haba colocado los cadveres en el umbral de la enfermera, con los pies por delante.
Las SS se los haba llevado al caer la noche.
El venerable haba pasado el da en el habitculo de la torre que le serva de despacho.
No le haban dado ni de beber ni de comer. Lo haban despojado de pluma y papel. Sus
confesiones ya no parecan interesar al comandante. Franois Branier haba dormido
como un gato, continuamente alerta, despertndose al menor ruido. Un falso sueo, un
falso reposo. La sensacin de absoluta soledad era dolorosa. Dej la mente en blanco y
se redujo a una existencia vegetativa, a un estado primitivo en el que recuerdos y deseos
quedaban anulados.
Cuando los dos agentes de las SS lo devolvieron a la enfermera, ya haca un buen rato
que el sol se haba puesto. Al pasar por el patio, el venerable haba captado un perfume
de flores primaverales. En los alrededores de la fortaleza, el invierno se retiraba. Dentro
del barracn, su olfato enseguida se vio asaltado por la muerte, la enfermedad, el
sufrimiento. Procur no despertar al monje. Iba a acostarse cuando oy que alguien lo
llamaba desde el fondo de la enfermera. Era la voz desarticulada del viejo astrlogo
nizardo.
Estaba incorporado, con el busto erguido. Se aferraba a la sbana con rabia, como si
fuera su ltimo vnculo con la vida. Franois Branier lo agarr por las muecas. El
anciano, sorprendido, se qued con la boca abierta.
Quin anda ah? murmur, espantado.
El doctor Branier. Voy a curarle. Clmese.
El astrlogo intent levantarse, pero el venerable se lo impidi.
Quiero irme. Quiero volver a Niza.
Cuando se recupere. Ahora est demasiado dbil para viajar.
El enfermo alz los ojos hacia el techo de la enfermera, como si hubiera odo una voz
celestial.
Es una ciudad muy bonita, Niza. Tiene sol, mucho sol... y flores, tambin... sabe
cmo aman, las flores? Esperan que pase la noche y luego se abren, ptalo a ptalo, para
no perder ni una gota de luz. El zodaco es una flor. Se abre cuando se observa al
trasluz. Yo he visto el futuro. Fuego. Moriremos todos quemados, calcinados como la
madera vieja carcomida por los gusanos. Slo yo conozco la fecha y la hora.
Haba tanta pasin, tanta emocin en la voz del anciano, que el venerable le sigui la
corriente.
Y por qu slo usted?

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El monje y el venerable

El astrlogo sonri. Al fin le hacan la pregunta correcta.


Porque soy el nico que ha augurado el estallido de esta guerra... y tambin su fin.
Pero nadie ver ms que fuego, una bola de fuego en el cielo.
Franois Branier cogi al astrlogo por los hombros y lo oblig a mirarlo a los ojos.
Cundo? Cundo se acabar esta pesadilla?
El astrlogo contuvo el aliento.
Un fuego, una hoguera, pronto... este mundo est perdido.
Pronto? Qu significa pronto?
En el caso de los astros, no es un mes... ellos no viven el mismo tiempo que nosotros.
Un loco. Un pobre loco. Por un instante, el venerable haba credo que el anciano era un
vidente, que haba presentido un acontecimiento futuro. Pero no haca ms que divagar,
seguir caminos sin salida en el paisaje de su demencia.
De repente, coloc las dos manos temblorosas alrededor del cuello de Franois Branier
y apret. El venerable no forceje.
No tiene derecho! No tiene derecho a destruir este mundo, aunque est podrido...
Jreme que usted tampoco escupir fuego!
Clmese recomend el venerable, mientras notaba que las uas se le clavaban en la
carne.
Entonces... es usted el incendiario? Quin prender fuego al mundo?
Lo que quedaba de vida en aquel cuerpo enfermo y demacrado se concentr en la punta
de los dedos. Franois Branier entendi que el anciano haba decidido luchar. Para
eliminar el peligro; para convencerse de que acabara con la desgracia anunciada. El
venerable ya no poda respirar. Las manos del estrangulador se endurecan en un ltimo
esfuerzo.
El venerable le dio al astrlogo un puetazo en el pecho. Pero ste ltimo no lo solt. Al
contrario, el golpe leve le sirvi de acicate. El cuello de Franois Branier se iba
perlando de sangre. Con la mano izquierda, apart bruscamente al anciano.
El astrlogo se desplom sobre su lecho. Tuvo suaves estertores y luego cerr los ojos.
El venerable puso la oreja derecha en el pecho del anciano. Ya no perciba los latidos de
su corazn.
Cuando el venerable despert, el sol luca en lo alto del cielo. Un rayo se filtraba bajo la
puerta de la enfermera.
Le he dejado dormir dijo el monje. El campo parece muerto, esta maana. Algo
raro pasa. Ni siquiera han venido a recoger el cadver que he dejado fuera.
El astrlogo nizardo?
No. Uno ms joven. Un vidente.
El astrlogo tambin est muerto.
El monje pareci sorprendido.
Le he dado de comer, hace menos de una hora.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El venerable se levant y se dirigi al fondo del barracn. En su lecho, el anciano tena


estertores casi imperceptibles. Franois Branier se par unos minutos a escuchar aquella
respiracin de ultratumba que pareca interrumpirse a cada instante y que continuaba,
incansable.
Despus regres al cuartucho donde el monje preparaba los medicamentos.
Anoche su corazn haba dejado de latir.
Los milagros existen, venerable. Incluso aqu. En qu punto estamos con el
comandante?
Calma absoluta. Mis revelaciones ya no le interesan.
Desengese. Es una tctica como otra. l las prueba todas. Quiere su secreto. Es su
razn de vivir. Tiene casi todos los triunfos en la mano.
Por qu dice casi todos?
Porque se hace ilusiones... Y slo hay un secreto. El conocimiento de Dios.
Demasiado mstico, padre. No olvide que yo dirijo una clula de terroristas
encargados de poner a punto la nueva arma que acabar con Alemania.
Fray Benot se encogi de hombros.
Puede. Pero sera demasiado que a los masones se les ocurriera una idea tan genial.
Usted es un verdadero masn: cree en su iniciacin. Y me temo que su logia es slo un
montn de valientes perdidos en el mal camino.
El venerable hundi la cabeza entre los hombros y mir al suelo. Aquel discurso lo
haba odo miles de veces. El monje era demasiado sutil para pronunciarlo sin segundas.
Predicaba lo falso para saber la verdad. Lo empujaba al fallo, como un jugador de
ajedrez que comete un error aparente.
Y dnde est el buen camino?
Su Gran Arquitecto lo abandona. Normal. El buen camino es Dios. l es la puerta, la
verdad y la vida. Todo aqul que renuncie a l est condenado a morir.
Es usted un intolerante, padre. O convierte, o excomulga. Yo slo quiero ser testigo.
Testigo de la luz.
Qu va a saber usted de la luz divina?
Al menos lo mismo que usted; y seguramente un poco ms, porque usted no es un
iniciado respondi el venerable. Ha seguido un mal camino y ya no tiene el valor
de retroceder.
Hemos hecho una apuesta, venerable.
La mantengo, padre. Slo tengo una palabra.
Hara bien en renunciar. Dios le perdonara.
El Gran Arquitecto no aprecia a quienes renuncian.
En el exterior se escuchaba ruido de botas. Delante de la enfermera, el murmullo de un
cadver al que arrastran por los pies. rdenes en alemn.
La vida sigue observ el monje.

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El monje y el venerable
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Felicidades, seor Branier dijo el comandante, en tono sentencioso.


El venerable haba sido conducido a su despacho poco despus del anochecer. Llevaba
en la enfermera desde la noche anterior. Un trabajo agotador, y ms enfermos:
astrlogos y videntes checos, la mayora en un estado lamentable. Aquellos hombres
haban sido torturados. Ninguno sobreviva mucho tiempo. El monje les haba dado la
extremauncin.
Es usted un excelente lder prosigui el comandante. Aun estando ausente, sus
hermanos lo obedecen. Estoy convencido de que mantienen un contacto... teleptico.
Los ojos le brillaban. Pasaba una y otra vez aquellos dedos sobre una bola de metal que
le serva de pisapapeles. Helmut, el ayudante de campo, tomaba nota en un gran
cuaderno que tena apoyado sobre un atril.
No domino esa tcnica replic el venerable.
En serio?
En serio.
Y cmo se explica usted que su hermano Guy Forgeaud haya rechazado la
magnfica turbina que yo le haba ofrecido como cebo? Un modelo ultra secreto sobre
el que un tcnico como l habra tenido que abalanzarse!
Franois Branier sonri, sin insolencia, como una fiera que se divierte con la carantoa
de alguien ms dbil que ella.
Eso demuestra que Guy Forgeaud es un simple mecnico sin habilidades especiales.
Olvide ese estpido argumento, seor Branier. Prefiero que me diga que mi
estrategia era ordinaria, que mi trampa era ingenua!
No s...
Un silencio sostenido sigui a las palabras del venerable. El ayudante de campo dej de
escribir, esperando la reaccin del comandante. ste pos la bola de metal en la mesa,
encendi un cigarrillo y empez a pasearse ante la ventana de su despacho. Se mova
como una maquinaria bien regulada.
Hay otra explicacin, venerable. No es cuestin de telepata ni de ingenuidad. Existe
una red de espionaje en el interior de la fortaleza. La experiencia demuestra que ni las
peores mazmorras impiden que los presos se comuniquen entre ellos. No ser
demasiado difcil identificar a los culpables. Qu le parece?
El venerable estaba en apuros. El comandante jugaba a ganador. Si Forgeaud hubiera
cometido la imprudencia de sabotear la turbina, habra revelado sus competencias. Al
no tocarla, desvelaba la existencia de una organizacin resistente en el mismsimo
interior de la fortaleza. Pero en verdad lo ignoraba el comandante? No dejara actuar
al monje, a la joven alemana y a algunos otros para controlarlos mejor? A menos que el
monje fuera el peor de los traidores y colaborara con el comandante. En ese caso, la

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El monje y el venerable

joven alemana era su cmplice. Y cmo estar seguro de que Forgeaud no haba cado
en la trampa? La informacin proceda del comandante, fuente poco menos que dudosa.
Una vez ms, haba que detener el huracn, encontrar un punto de referencia, un anclaje.
La vspera de su iniciacin, el padrino de Franois Branier le haba dicho: Llegar un
da en que no tendrs ninguna certeza, ninguna esperanza, ningn deseo. Estars
perdido en una negra noche y no podrs recurrir a nadie, porque sers el maestro de la
logia. Tus hermanos lo esperarn todo de ti. Sers el hombre ms solo que la tierra haya
acogido jams. En ese momento, o te hundirs, o empezars a entender qu es la
iniciacin.
El momento anunciado por el viejo sabio haba llegado.
Qu sabe usted de esa red, seor Branier?
Estoy al corriente de todo respondi el venerable.
El comandante titube un instante, y luego reanud su marcha mecnica.
Le escucho.
La decisin se impuso fulgurante al venerable. Se haba llevado por delante los
argumentos razonables. Poco importaba saber si se trataba de un error; en ese caso, la
decisin sera definitiva. Franois Branier no dispona de un clima de reflexin. El mero
hecho de aplazar su respuesta habra sido un indicio. El comandante no dejaba nada al
azar; se era un concepto ajeno a su manera de pensar. La menor palabra, el ms
anodino de sus gestos estaban calculados. El venerable conoca bien aquel mtodo por
haberlo usado. Pero all, en aquellas condiciones, sera incapaz. Su nica arma era la
espontaneidad, la visin instantnea con el mximo riesgo. Como sola decir Pierre
Laniel: el todo por el todo.
Esa red no existe.
ndese con cuidado, seor Branier. No aceptar...
Es mucho ms simple que lo que usted se imagina. Ninguno de los hermanos de mi
logia acta sin una orden formal por mi parte. Forgeaud tampoco. Cuando se les
presenta una dificultad, esperan.
Es usted un autntico dictador observ el comandante, escptico.
La logia funciona segn una jerarqua indiscutible. Lo entiende, no?
El de las SS sigui con su vaivn.
Y cmo les hace llegar sus rdenes formales?
Mediante signos.
Cules?
El venerable le puso la mano derecha sobre el hombro izquierdo, muy cerca del cuello.
El ayudante de campo enseguida esboz un croquis en el gran cuaderno.
Eso no es masnico. Es un signo cualquiera.
En efecto, no se trata de un signo habitual. Es propio de mi logia. Una simple medida
de seguridad.
No tienen mensajes codificados para comunicarse entre s?

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El monje y el venerable

S. Siempre que lleguen.


Y qu cdigo usan?
Cruces y puntos en una casilla. El ms clsico, con unas variantes. Lo ponan en
prctica en las logias alemanas. Seguramente ustedes tengan algunos ejemplares en su
poder. Pero yo no he vuelto a ver a Forgeaud y, por lo tanto, no he podido hacerle llegar
el menor mensaje. Al igual que los dems, no har nada mientras que no reciba
instrucciones mas y solamente mas.
El comandante se sent a su despacho y abri una carpeta.
Helmut, que devuelvan el venerable a la enfermera.
***
Menuda paliza constat Raoul Brissac al ver a su hermano Forgeaud, con el rostro
cubierto de magulladuras.
El mecnico acababa de despertarse, tras haber pasado una noche agitada. Tena golpes
por todo el pecho.
Por qu no lo han enviado a la enfermera? pregunt el aprendiz Serval.
Seguramente para que no vea al venerable avanz Dieter Eckart.
Guy Forgeaud, con un ojo a la funerala, el labio superior reventado y los pmulos
amoratados, esboz una sonrisa.
Hermanos, he cometido una gran estupidez.
Los supervivientes de la logia Conocimiento rodearon a su hermano, que estaba
tendido en el suelo del barracn rojo.
Antes, la comida exigi Andr Spinot.
No haban tocado su ltima racin de col hervida para reservarle un festn a Forgeaud.
Lo ayudaron a incorporarse y comer. Mastic cada bocado con la alegra de seguir vivo.
Estupendo valor.
Su elocucin dejaba que desear. Pero sus hermanos no se perdieron ni una de sus
explicaciones.
No he tocado su maldito artilugio: una especie de bomba volante provista de aletas
metlicas. Me apeteca desmontar aquella cabronada, pero habra dejado pistas
forzosamente. Presentarme aquella mquina como una tarta de cumpleaos, era cuando
menos un poco fuerte. Luego apareci una joven con uniforme de las SS que me
recomend no tocar nada y desapareci. El problema fue la inaccin. Haba terminado
el sabotaje de mi encargo, y ya slo me quedaba abrir la armera. No me pude resistir.
Nada de armas, slo botellas de vino blanco. No tuve tiempo de probarlo. Los agentes
de las SS se abalanzaron sobre m. Me sacudieron duro. Ca redondo. Y cuando volv en
m ya estaba aqu. Al ver vuestras caras, crea haber llegado al paraso de los masones!
Por quinta vez en un mismo da, el monje recit la plegaria de los muertos. Evocaba el
reino celeste que, en su mente, adoptaba la forma de las construcciones de la abada de

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Saint Wandrille, del refectorio donde los monjes celebraban el banquete ritual, de la
biblioteca donde descifraban las escrituras, del claustro donde ponan en orden sus ideas
caminando con un paso eternal, de las celdas donde vivan un cara a cara con la
Presencia. Se superpona a aquellas imgenes la del cementerio escondido en un
bosque, sobre la colina que dominaba la abada. All estaban enterrados los hermanos,
descansando al ritmo de las estaciones, en el silencio de das y noches que incitaba a las
plegarias rituales. Aquel cementerio donde a fray Benot tanto le habra gustado
descansar.
Muy cerca, haba un oratorio bajo los robles. Algunos hermanos venan all a meditar
durante largas horas, con la mirada perdida en la lejana del valle. Benot, el ms
forzudo de la comunidad, el ms trabajador, el ms enrgico, tambin era el ms
contemplativo. Llegaba a olvidar las santas horas en que los hermanos rezaban. Y
entonces enviaban al ms joven a buscarlo.
El monje ya nunca volvera a experimentar la felicidad absoluta de aquella luminosa
soledad. Se reprochaba aquella falta de fe, el rechazo de un milagro todava posible.
Dios cumpla Su voluntad, no la de un individuo. Si aquel mundo tena que ser
destruido, para qu rebelarse? Tal vez haba llegado el fin de los tiempos. Ser testigo
de semejante acontecimiento, del regreso de lo creado al Creador, no deba llevarlo a la
desesperacin. Acaso la humanidad haba tocado el fondo del horror? Se trataba de un
final o del principio de atroces convulsiones que haran desaparecer los ltimos
vestigios de armona? Benot pensaba en la primera comunidad de monjes que haba
civilizado un Occidente presa de las peores barbaries. Cruel haba sido el da en que los
hermanos, demasiado numerosos, haban tenido que escindirse en dos comunidades.
Menudo el dilema que surgi en la abada: designar a los hermanos que se marcharan a
tierras lejanas para fundar un nuevo monasterio. El monje se senta exiliado en un lugar
extrao, en un mundo de tinieblas donde tena rdenes de descubrir una parcela de luz.
Acaso le haban asignado una misin? l no se vanagloriaba de ello, porque hacerlo no
cambiara la realidad. Pero Dios no era aficionado a los juegos de azar. Si haba metido
a un monje en aquel infierno, seguramente era para demostrar que el Mal no era
absoluto.
Sufrimiento, esperanza, vida, muerte, luz, tinieblas... en la gran ruleta del destino, todo
estaba decidido. A excepcin de una incgnita: la presencia de aquel venerable. El
monje deba admitir que haba imaginado de otra manera al peor de los secuaces de
Satn. El venerable. Tal vez el venerable tambin cumpliera una misin, pero cul?
Qu peso tendra el Gran Arquitecto frente al Dios todopoderoso? El monje, seguro de
ganar la apuesta, se aclar la voz, nervioso. Al hacerlo provoc otro ataque de tos, que
se confundi con el siniestro aullido de sirenas de la fortaleza.

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El monje y el venerable
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Raoul Brissac, el picapedrero, mantena el ojo pegado a la abertura practicada en la


parte inferior de la pared del barracn rojo que daba al gran patio. Esperaba, incansable.
Habra esperado durante siglos. La herida en la oreja todava le produca agudas
punzadas, pero no tena cura. El cabrn que le haba robado el anillo de compaero y
que haba matado a Pierre Laniel lo pagara con su propia vida. De momento, el
intendente pareca intocable. Un carnicero de mirada ausente cuyo rostro obsesionaba a
Raoul Brissac. No podra vivir tranquilo mientras aquel tipo existiera. La muerte de un
hermano no queda impune.
Era imposible actuar solo. Ni hablar de poner a otros hermanos en peligro. Raoul
Brissac acechaba pacientemente, observaba durante horas. Esperaba la mejor ocasin.
Llegara. La deseaba con tanta fuerza que propiciaba las condiciones como por arte de
magia. En la logia Conocimiento, durante la iniciacin al grado de compaero, se
revelaba el uso del poder personal, el manejo de las energas interiores. Ahora tena la
capacidad de modificar el curso de las cosas slo de manera infinitesimal; y, pese a ello,
de modificarlas proyectando su voluntad hacia el objetivo que quisiera alcanzar. El
venerable posiblemente hubiera reprochado a Brissac el uso de un poder, el desvo de
una fuerza espiritual hacia la materialidad. El compaero rechazaba aquella crtica de
antemano. La proteccin de la logia pasaba por el combate. Haba que atacar, destruir la
maquinaria del adversario, demostrarle que su sistema no era infalible. Y, para empezar,
vengar la muerte de Laniel.
Los acontecimientos ocurrieron tan rpido que Raoul Brissac no tuvo que pensrselo
dos veces. Se dej llevar por el instinto. Vio que un hombre sala tambalendose de la
torre central. Estaba envuelto en llamas. Ya no le quedaban fuerzas para gritar. Lo
seguan dos agentes de las SS, tambin en llamas, con una enorme marmita de aceite de
la que salan humo y llamaradas. Uno de ellos, un coloso, logr recorrer unos metros a
costa de un increble esfuerzo. Las manos se le quedaron pegadas al metal ardiendo.
Finalmente, se desplom contra la pared de un barracn que enseguida se incendi.
Las sirenas de la fortaleza se activaron en el preciso instante en que los primeros
deportados abandonaron el barracn para evitar ser quemados vivos. Los agentes de las
SS salieron de su caserna, arma en mano. Dispararon a los detenidos que, locos de
esperanza, intentaban escalar los muros de la fortaleza. Otros empezaron a evacuar los
barracones y obligaron a los presos a concentrarse ante la torre, junto a los lavabos. Los
masones fueron los ltimos en salir.
Durante unos minutos, rein el caos. El fuego que se extenda, los quemados que
gritaban, los equipos de emergencia que se organizaban con demasiada lentitud, los
insensatos que intentaban huir sin importar adnde, la manga de incendio que no
funcionaba correctamente, los cubos que no se encontraban, los agentes de las SS que

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El monje y el venerable

disparaban al aire para no abatir a sus camaradas, los cabecillas que tomaban la
precaucin de abandonar las filas en cuanto stas se formaban.
Raoul Brissac haba localizado al intendente. En la mano derecha, el compaero
sostena una varilla de metal procedente del pequeo arsenal que la logia haba
improvisado. Brissac avanz ligeramente encorvado y a paso ligero, invisible, entre las
sombras del incendio.
Un barracn totalmente destruido, otro medio calcinado, cadveres salidos de la
fortaleza: aqul era el nico balance que los hermanos de Conocimiento podan
trazar. Disipado el pnico, se formaron filas de presos en el gran patio bajo la
supervisin de los agentes de las SS. Klaus, el jefe, haba restablecido el orden en
menos de un cuarto de hora. El incendio estaba controlado.
Los masones haban vuelto a su barracn conducidos por una decena de agentes
crispados. Cada uno de los hermanos senta un extrao malestar. Por mucho que el
incidente pareciera zanjado, les rondaba la angustia, como si el incendio fuera slo el
preludio de una tragedia. No se les distribuy la racin de cena.
Nadie ha visto al venerable? pregunt Dieter Eckart.
Serval y Spinot negaron con la cabeza. Ellos haban ayudado a Guy Forgeaud a
desplazarse, mientras Dieter Eckart observaba lo que ocurra a su alrededor para
prevenirlos del peligro.
Y t, Raoul?
El compaero Brissac estaba ms enfurruado que el da en que haba sufrido el primer
interrogatorio que decidira su futuro inicitico. Aquel hombre, de frente baja y ojos
juntos, se encerraba en s mismo.
Raoul... te he hecho una pregunta insisti Dieter Eckart, asombrado ante el
mutismo de su hermano.
No. No he visto al venerable.
Se perda el ltimo rayo de esperanza. Por primera vez, los hermanos de
Conocimiento haban visto a sus camaradas de infortunio, a los otros deportados. Al
menos trescientos. Muchos ancianos.
Dios mo, dnde puede estar? estall Guy Forgeaud, cuya energa apenas pareca
mermada por las heridas.
No crees que a lo mejor...? pregunt Andr Spinot, con voz ansiosa.
Tampoco he visto al monje observ el aprendiz Jean Serval.
Puede que los hayan liquidado a los dos dijo Brissac, sombro.
La enfermera no se ha quemado objet Dieter Eckart. No han hecho evacuar a
los enfermos.
Un incendio dijo el monje.
Cualquiera dira que ha cundido el pnico.

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El monje y el venerable

El monje y el venerable oyeron gritos, rdenes en alemn, martilleo de botas, rfagas de


disparos.
Tengo la impresin de que van a dejar que nos asemos aqu, con los enfermos.
Son capaces valor el monje. Voy a bendecir a nuestros protegidos.
Cuando el pesado corpachn del benedictino se tambaleaba en direccin de las camas,
se volvi hacia el venerable.
En su logia no se preparan para la muerte?
La vivimos simblicamente durante la iniciacin al grado de maestro. Es la nica
manera de conocerla desde el interior. Cuando un hermano muere, celebramos una
sesin fnebre. No honramos al individuo, sino su mandil de iniciado. Para nosotros, no
est muerto; pasa al Oriente eterno. Su ser se convierte en luz. Es una estrella que gua a
sus hermanos en la tierra.
El monje adopt la actitud severa que haban conocido perfectamente algunos novicios
a los que haba procurado la formacin.
Lo suyo es la poesa, el paganismo, el...
Por qu, padre? No fue una estrella lo que llev a los magos hasta Cristo?
El monje mascull una respuesta imprecisa.
Desprecia usted la humanidad, venerable. Slo da importancia a sus hermanos.
Franois Branier se cruz de brazos, en una actitud bien conocida por los jvenes
hermanos a quienes haba orientado hacia los misterios.
Usted admite a todo el mundo en su cementerio, padre? Yo dira que slo rene all
a los hermanos del monasterio... Ustedes tambin forman una lite. Siempre he
envidiado esa manera de vivir el reposo eterno. He visitado algunos cementerios
benedictinos, perdidos entre la maleza, aislados en los flancos de una colina, inmersos
en el silencio. Todos aquellos que han vivido, trabajado y rezado juntos estn all,
unidos por siempre jams. Cuando un hermano va a meditar a las inmediaciones, vuelve
a ver sus rostros. Llora por dentro, pero as alarga su existencia, los contina.
Ocupmonos de los enfermos interrumpi fray Benot.
***
Klaus y cuatro agentes de las SS irrumpieron en la enfermera. Empujaron fuera al
monje y al venerable, obligaron a los enfermos a levantarse y les hicieron avanzar a
culatazos en los riones. Tres de ellos, incapaces de moverse, fueron ejecutados de un
disparo en la sien.
Delante del barracn de los lavabos, los agentes de las SS haban apiado sin orden ni
concierto los cadveres de los quemados y los restos de madera calcinada, todava
humeantes. Capt la atencin del monje y del venerable el estrado sobre el que yaca el
cuerpo de un agente. Al lado estaba el comandante de la fortaleza, envarado en su

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El monje y el venerable

uniforme impecable, con las piernas ligeramente separadas y las manos cruzadas detrs
de la espalda. Lo acompaaba su ayudante de campo.
Los presos abandonaron sus barracones en largas y resignadas hileras, y fueron
realineados en una veintena de filas, de cara al estrado. El monje y el venerable se
hallaban en el extremo izquierdo de la primera fila. Franois Branier gir la cabeza en
vano para localizar a sus hermanos. Y ellos, que estaban en la cola, tampoco vieron al
venerable. Los agentes de las SS hicieron mantener un alineamiento impecable, y luego
se colocaron ellos mismos en cuadrado alrededor de los deportados.
Son un plaido musical. La obertura de El buque fantasma, de Wagner. Dos presos
hablaron y se movieron. Enseguida fueron sealados por el jefe, sacados de la fila y
molidos a palos. El comandante permaneci inmvil hasta el final de la obertura. El
monje rez. El venerable invoc al Gran Arquitecto del Universo. Ni el uno ni el otro
clamaron una gracia concreta; slo buscaban intensificar una presencia.
La msica se extingui. Las piernas de algunos se volvan pesadas. Los enfermos se
derrumbaban. El comandante esper a que el silencio fuera absoluto. Tom la palabra:
Se ha cometido un monstruoso crimen. Un soldado del Reich ha sido vilmente
asesinado, apualado por la espalda. Que el culpable se entregue de inmediato. De lo
contrario, cada minuto, har ejecutar a dos presos. Klaus, empiece la cuenta atrs.
El jefe de las SS mir el reloj. El monje se preguntaba quin estara lo bastante loco
para llevar a cabo un acto semejante. Seguramente el comandante no se contentara con
una sola vctima expiatoria. Tal vez cerrara la enfermera, suprimira las raciones,
instituira un rgimen de trabajos forzados y multiplicara los servicios. Sin duda, haba
sido un pequeo grupo que haba aprovechado la confusin para vengarse de un cabo de
vara, y que as crea actuar de manera heroica. El monje slo vio una solucin:
entregarse antes de que acabara la cuenta atrs. Y mostrarse convincente para explicar
cmo lo haba hecho. Sera una lstima perder as una apuesta ganada de antemano.
Pero tena muchas vidas que salvar.
Haban transcurrido treinta segundos. El venerable estaba seguro de que los hermanos
de Conocimiento eran responsables de aquel atentado. Indudablemente, el preludio de
una tentativa de evasin abortada. Lo haban dado por muerto y no haban querido morir
como perros. No habra una segunda oportunidad. El venerable se vea obligado a
declararse culpable del asesinato.
Esperaba salvar a sus hermanos. El maestro de la obra tena el deber de intervenir
cuando los obreros se vieran amenazados. Perdera su apuesta, y el secreto del Nmero
quedara sepultado en las tinieblas.
Veinte segundos ms. El jefe de las SS empez a desgranarlos en voz alta. Diecinueve,
dieciocho, diecisiete... El comandante saba que el o los culpables se entregaran. La
reaccin de unos desaprensivos? Un golpe de fuerza? En menos de quince segundos,
saldra de dudas. Imaginaba al asesino muerto de miedo, dudando si abrir la boca.
Seguramente tendra que ejecutar a algunos presos para persuadirlo.

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El monje y el venerable

El monje haba tomado una decisin. Se manifestara cinco segundos antes del plazo.
Pero una hiptesis lo atormentaba. No se tratara de una comedia? El comandante no
habra ordenado aquel asesinato para poner a los masones en un aprieto?
Treinta segundos, doce, once...
He sido yo!
Una voz potente eclips la del jefe de las SS. Raoul Brissac sali de la ltima fila y se
abri paso entre los presos, empujando a quienes no se apartaban lo bastante rpido. El
efecto sorpresa fue tajante. Los agentes, en espera de una orden que no llegaba, no
dispararon. Brissac se par en seco a un metro del comandante que no haba alterado su
posicin.
Yo liquid a ese asesino.
Cmo? pregunt el comandante.
Raoul Brissac contempl el cadver, tendido boca abajo. En la base del cuello, tena una
varilla de metal clavada hasta el fondo.
As! grit el compaero, abalanzndose sobre los restos mortales del agente de las
SS que haba matado a Pierre Laniel y que le haba robado el anillo.
Arranc la varilla de metal y la clav repetidas veces en el cadver. Mientras lo haca,
su mirada se cruz con la del venerable.
Fue su ltima visin. Agentes de las SS arremetieron contra l.
Ejecucin inmediata orden el comandante.
***
Raoul Brissac no haba vacilado. En sus ojos anidaba el salvaje orgullo que Franois
Branier haba visto en su futuro hermano desde su primer encuentro. Brissac era un
hombre de palabra, trmino ridculo que ya no tena razn de ser. Pero, al compaero
Brissac, las modas le traan sin cuidado. Antepona el honor de la logia y de sus
miembros a cualquier otra consideracin. Por su carcter demasiado independiente, no
haba soportado aquel atentado a cuerpo y alma. Una vez ms, haba cometido un error
que le impedira seguir su camino hacia la maestra: actuar solo, por su cuenta y riesgo,
sin consultar a la comunidad.
Por qu lo ha hecho? pregunt el monje.
Todos los detenidos haban sido devueltos a sus respectivos barracones. La enfermera
estaba medio vaca. Franois Branier pareca ausente. Aqulla era la primera pregunta
que el monje se atreva a hacerle pasadas dos largas horas.
Consideraba que se era su deber.
Pues mire adnde lo ha llevado...
El venerable mir al monje con una severidad que le dio escalofros. Una presencia...
eso era lo que le evocaba aquel masn. Una inmensa presencia, comparable a la del
primer abad que haba conocido.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Eso lo ha llevado al Oriente eterno, padre. All resplandecer para ayudarnos a


sobrevivir.
Brissac el indmito, Brissac el indomable... Haba abandonado el espacio y el tiempo
para fundirse en la luz.
Le agradezco lo que tena intencin de hacer dijo el venerable.
Aquello cogi desprevenido al monje.
De qu me est hablando?
De la decisin que haba tomado. Lo llevaba escrito en la cara. Se declarara culpable
para evitar una masacre. Tiene usted agallas, padre.
El monje tosi.
Acaso no haba considerado usted la misma solucin?
Pero, en su caso, se sacrificara por un masn...
No saba que uno de los suyos haba dado el golpe! Si no...
Si no qu?
El pecho del monje se estremeci con otro ataque de tos.
Debera cuidarse, padre. Si quiere un diagnstico...
No lo necesito. Jams he ido al mdico. No veo por qu iba a empezar precisamente
hoy. Me curar yo solo. Y ahora ser mejor que vayamos a dormir.
El religioso se acost de lado, inquieto. La muerte de Raoul Brissac lo haba
impresionado enormemente. Su mirada tambin se haba cruzado con la ltima del
compaero que, sin ayuda de nadie, haba desafiado el podero nazi. En cierta manera,
haba triunfado. La primera brecha en la fortaleza haba que atribursela a l. El
comandante era consciente del peligro, por mnimo que fuera. Y cmo reaccionara?
Al monje le habra gustado prever los golpes, pero su espritu no se separaba de la
persona de Raoul Brissac, aquel masn que haba elegido su propio destino con
inquebrantable determinacin.
La masonera era una fuerza daina. No haca falta volver sobre ello. Pero los masones
de aquella logia... a qu categora pertenecan? Cmo no reconocer que se
comportaban como verdaderos hermanos? Puede que el espritu de comando bastara
para explicarlo. Sin embargo, en los ojos de Raoul Brissac, el monje haba captado
aquella luz que slo algunos monjes excepcionales haban sabido generar en su interior.
El venerable se pas la noche entera postrado. Pierre Laniel, Raoul Brissac... dos
hermanos, un maestro, un compaero. Un hombre maduro, uno joven. Se conocan muy
poco, no haban entablado amistad. El compaero apreciaba del maestro su sentido de la
decisin, su compromiso tan discreto como eficaz, su espritu de sntesis. Al maestro le
gustaba del compaero su sentido de la dignidad, su exigencia, su capacidad de trabajo.
Dos hermanos irreemplazables. Franois Branier jams volvera a dormir como antes. A
escasos pasos de l, el cadver de Raoul Brissac se balanceaba en el viento nocturno,
colgado de una horca instalada ante la enfermera.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
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Durante tres das slo tuvieron derecho a beber un vaso de agua. Nada de comida. Tres
enfermos fallecieron. El monje y el venerable tenan menos trabajo, pero la provisin de
medicamentos se agotaba. Entre los casos ms graves haba una crisis de uremia, una
hemiplejia y un tumor.
El viejo astrlogo nizardo todava respiraba. Los alemanes lo haban dejado olvidado en
su cama. Varias veces al da, pronunciaba una retahla de incomprensibles palabras y
luego recaa en su entorpecimiento. Por qu las SS le haban perdonado la vida? Por
la voluntad de mantenerlo con vida a causa de los dones que se le atribuan? O por
mera negligencia?
El monje y el venerable haban limpiado la enfermera con los medios de que disponan;
esta sensacin de proximidad los reconfort. Estaban habituados a aquel reducto, a
aquel horizonte cerrado.
Este ayuno me ha sentado muy bien manifest el monje apurando el fondo de su
vaso de agua. Tena que perder unos kilos.
Los benedictinos tienen fama de vividores.
No nos damos las comilonas de los masones!
Trmino inexacto, padre. Celebramos banquetes rituales que forman parte integrante
de nuestras tenidas de trabajo. Alimento espiritual y alimento material son
indisociables. No comulga usted con el cuerpo y la sangre de Cristo?
No empecemos a mezclarlo todo! Sus supuestos banquetes rituales no son ms que
una ocasin para vaciar botellas y cantar estupideces.
El venerable se rasc el mentn.
En la mayora de los casos, es cierto. Pero no en lo que respecta a mi logia. Un masn
borracho es slo un desgraciado. Cada uno bebe lo justo. Es cuestin de conocer sus
propios lmites. No me sea beato, padre. Sus hermanos no han rechazado ninguno de los
placeres mundanos.
Usted blasfema! No tiene ni idea de la ascesis que nos imponemos.
El monje volva a enrojecer. El venerable tena el don de hallar frmulas irritantes.
Pese a las apariencias, no debe de ser muy diferente de la nuestra. Todo se basa en la
Regla. Si seguimos vivos, es gracias a ella.
El monje mir al venerable con atencin.
De dnde viene su famosa Regla? No ser de nosotros?
Los ojos del monje brillaron con un resplandor casi malicioso.
Insina que el mayor secreto de la masonera es de origen cristiano? Sabe
perfectamente que somos los ltimos paganos irreductibles. Si viera usted nuestra fiesta
de San Juan de invierno, tras la toma de posesin del venerable y de sus oficiales... en el
banquete se sirven las mejores carnes y los mejores vinos. Pasamos toda la noche
sentados a la mesa.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El monje puso cara de duda.


nicamente entre masones?
San Juan de invierno es la fiesta secreta de la logia.
Dicho de otro modo, venerable, su comilona tiene un carcter sagrado? No
seleccionan lo mejor para honrar a su Gran Arquitecto? No dedican esa noche a la
meditacin comunitaria, en vez de a entonar canciones del cuerpo de guardia?
El venerable baj la cabeza para que el monje no viera que los ojos se le empaaban. El
ataque del benedictino lo haba sorprendido. Esperaba crticas y sarcasmos, no una
intuicin de la verdad.
El recuerdo del ltimo San Juan de invierno acuda a su mente como una oleada de sol.
Estaban todos reunidos, los veinte hermanos de Conocimiento, en su templo del
extrarradio parisino desconocido por las autoridades administrativas de la masonera.
Una inmensa residencia, especialmente acondicionada por uno de los hermanos a quien
el compaero Raoul Brissac haba dado las indicaciones tcnicas necesarias. Tras su
nuevo nombramiento como venerable, Franois Branier haba hecho entrar en el templo
a compaeros y aprendices para anunciarles la composicin del Colegio de Oficiales,
los hermanos llamados a desempear un oficio inicitico. Luego, por orden jerrquico,
la comunidad se diriga hacia la mesa del banquete, puesta por los aprendices. Fuagrs,
salmn, adobo, roquefort, sorbetes, Chteau Latour y champn... El maestro de los
banquetes haba vaciado las cajas del hermano tesorero para aquella velada que todos
consideraban especial, antes de que llegara el apocalipsis. La fiesta exiga que
estuvieran presentes los alimentos ms suntuosos. Franois Branier haba celebrado el
ritual de los trabajos de mesa, que acababa con el triple homenaje al Gran Arquitecto,
a la logia y a la iniciacin. Luego los hermanos de Conocimiento se expresaban, uno
tras otro, sobre la manera en que vivan su experiencia. Tenan la aguda sensacin de
que se preparaba una tragedia a escala mundial, pero ni el miedo ni la angustia
distorsionaban sus testimonios. El venerable no les haba ocultado que, en su opinin, la
logia se reuna, intacta, por ltima vez. Pronto empezara la lucha secreta por la
supervivencia. Las noticias que llegaban de Alemania eran claras: la masonera sera
destruida en todas partes; y sus miembros, ejecutados sin juicio. Cuntos de ellos se
sentaran a aquella mesa despus de la tormenta? Si es que amainaba algn da...
No me quiere contestar, venerable?
Franois Branier sali de sus recuerdos.
Puede que tenga razn, padre.
El monje pareca afligido.
Por momentos, me resulta casi simptico. Usted y sus hermanos tenan buenas
intenciones; pero cometieron el error de alejarse de Dios para cambiarlo por una imagen
sin sentido. No estn tan lejos de la verdad. Por qu no dar el paso?
Deje de predicar intervino secamente el venerable. Hemos hecho una apuesta.
Esperemos el resultado. Pero antes dgame...

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Dos agentes de las SS entraron en la enfermera. El venerable se encogi, dispuesto a


levantarse. Pero los soldados lo ignoraron y empujaron al monje fuera.
***
Los presos del barracn rojo estaban deprimidos. El aprendiz Serval haba ocupado el
puesto de observacin de Raoul Brissac y desde all haba contemplado su cadver,
colgado durante un da entero antes de ser bajado y quemado. Andr Spinot, el ptico,
guardaba un silencio casi absoluto, sin apenas alimentarse. Brissac era su hermano y su
amigo, la persona que le haba despertado el deseo inicitico al revelarle su verdadera
naturaleza. l lo haba ayudado, animado, orientado. Brissac slo admiraba el trabajo
bien hecho. Gracias a l, Andr Spinot haba aprendido a mostrarse exigente consigo
mismo. Ahora, con el venerable y Raoul Brissac desaparecidos, le faltaban puntos de
apoyo.
Ninguno de vosotros ha visto al venerable? pregunt Dieter Eckart por dcima
vez.
Me ha parecido divisarlo a lo lejos respondi Guy Forgeaud, que se recuperaba
lentamente. Pero estaba confuso... no s si lo habr soado.
Nadie corrobor la intervencin del hermano Forgeaud. Eckart, Spinot y Serval
recordaban el lamentable estado en el que lo haban arrastrado al exterior del barracn
rojo. Forgeaud, medio inconsciente, era incapaz de tenerse en pie. Los ojos se le
cerraban sin quererlo. Sus hermanos saban perfectamente que, contra toda realidad,
intentaba devolver a la logia un rayo de esperanza.
Y si intentamos celebrar una tenida, a pesar de los pesares? pregunt Serval.
De lo contrario, moriremos como ratas!
Mientras yo no tenga pruebas fehacientes de la muerte del venerable, aqu no se
celebrar nada de eso contest Dieter Eckart.
Andr Spinot abri la boca, pero de ella no sali ni un sonido. De qu serva gritar que
jams volveran a ver a Franois Branier?
Yo mismo ir a buscar al venerable dijo Guy Forgeaud.
***
Una vez dispensadas las curas a los enfermos, el venerable se sent en el cuartucho. Un
par de das ms, y se quedaran sin medicamentos. Haca muchas horas que el monje se
haba ido. A l, las SS nunca lo haban retenido tanto tiempo fuera de la enfermera.
Una buena leccin de radiestesia para el comandante? Un informe detallado sobre las
palabras y los actos del venerable de Conocimiento? Un exhaustivo interrogatorio
sobre su autntico rol durante el incendio? Franois Branier no crea haber cometido un
gran error, pero el benedictino tena percepciones fuera de lo comn. Su autntico rol

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Christian Jacq

El monje y el venerable

era difcil de determinar. El monje resultaba enigmtico, insaciable. Para l, reconocer


el valor de la iniciacin masnica equivala a socavar los cimientos sobre los que su
universo se haba construido. El venerable slo poda aparecrsele como un mercenario
del espritu o un terrorista a secas. Sobre todo, tena pendiente aquella apuesta en la que
Dios haba comprometido, de alguna manera, su reputacin. Y no aceptara perderla.
Franois Branier se sobresalt. Una silueta entr en la enfermera. Una sombra rpida,
que se desplazaba sin hacer ruido alguno. No era propio de las SS. Se levant y se
dirigi hacia la entrada del barracn.
Era ella. La joven que, con su uniforme nazi, depositaba una caja cerrada en el suelo. Se
qued petrificada en cuclillas. Dej que l se acercara y retirara la tapa. Medicamentos.
Quin es usted? Y por qu hace esto?
Ella se enderez, esquiva. Pero l la agarr por la mueca.
La necesitamos. Aydenos a salir de aqu.
Ella se solt, recul con vivacidad y se fue. Franois Branier enseguida puso a buen
recaudo el tesoro que le haba trado. Servira para alargar algunas vidas.
***
El aire enojado del monje no presagiaba nada bueno. La conversacin con el
comandante de la fortaleza debi de haber sido dura. El venerable, sentado, haba
puesto ante l una hoja de sierra y unas tijeras.
Dnde ha encontrado esto?
En la caja de medicamentos que iba destinada a usted, padre. Me pregunto dnde ha
escondido todo el arsenal de las dems ocasiones. No he tenido tiempo de registrar a
fondo la enfermera.
El monje hizo rodar algunas cuentas de su rosario entre los dedos.
Creo que Dios me consentira romperle la cara.
Su lado militar... a la Iglesia le gusta eliminar a quienes la incomodan.
Lstima que haya olvidado exterminar a todos los masones.
El monje estaba que arda, cerraba los puos. El venerable se dispona a encajar el
golpe.
No veo por qu mi hallazgo lo enfurece. Ha montado usted una red con esa muchacha
y prepara una evasin.
Imaginaciones suyas. Este material nos servir para curar a los enfermos.
El venerable dej clara su decepcin:
Quiere huir solo, padre... esto demuestra una absoluta falta de caridad cristiana.
No hable por hablar. No busco nada para m. Que usted lo piense o no, es otra
historia.
Yo no tengo el poder de confesar, y tampoco querra tenerlo. Pero como venerable,
escucho los secretos de mis hermanos y procuro quitarles un buen peso de encima.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Aquellas palabras dejaron al monje sin respiracin. Un pagano anticlerical le propona


confesarse con l para aliviar la conciencia!
A quin se dirige, venerable?
A quien quiera entender, padre. Est convencido de que el secreto de mi logia es
peligroso para la supervivencia de todos. Lleva razn. Puesto que trabajamos juntos,
est usted implicado mal que le pese. El comandante lo utiliza. Cmo? se es su
secreto. Debe de ser terrible; si no, me hablara de su conversacin con el nazi. Sin
duda, prefiere no tener que mentir.
El monje desgran lentamente su rosario. Una buena tcnica para mantener la sangre
fra. El venerable posea la calma de un luchador en reposo, maestro de un poder que
slo utilizaba en el momento preciso.
No tengo ninguna confidencia que hacerle, venerable. Lo que el comandante espera
de m no le concierne.
Reduce usted su colaboracin al mnimo, padre. Reconozca que su respuesta es
ambigua.
El monje empez a clasificar los medicamentos que haba trado la joven.
Hace mal en ser tan desconfiado, venerable. Yo tambin podra serlo. Las largas
horas que pas con el comandante, sus seudorrevelaciones... Y si estuviera usted
negociando con l? Y si cambiara su pellejo por el de los dems presos?
Franois Branier palideci.
Dos de mis hermanos estn muertos. Acaso imagina que voy a vender a los dems
para salvar el pellejo?
El monje volvi la espalda al venerable. Su voz se hizo sorda y pesada.
Le he contado tonteras. Pero usted me acaba de dar un empujn.
El venerable se puso en pie.
De acuerdo, padre. Olvdelo. Estamos empatados por nuestras tonteras. Fimonos el
uno del otro. Que el Gran Arquitecto del Universo nos permita luchar juntos.
Que Dios nos inspire algo mejor dese el monje.
Los dos hombres se estrecharon la mano. Durante un buen rato.
***
El fro del amanecer cortaba la carne del venerable. Los agentes de las SS lo haban
sacado de la enfermera con los primeros rayos de sol para llevarlo a la herbosa
pendiente donde haba efectuado su anterior cosecha. Serpol, celidonia y acnito
estaban hmedos del roco. Los dedos rechonchos de Franois Branier trabajaban mal,
rompan los tallos. En poco ms de un cuarto de hora, lo llevaron de regreso al
campamento.
Entonces comprendi la razn de aquella precipitada cosecha. La casa donde viva la
joven rubia ya no exista. No quedaba ms que una pequea pila de tablas calcinadas

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Christian Jacq

El monje y el venerable

ante las cuales un agente de las SS montaba guardia, sin duda para impedir que algn
fantasma fuera testigo del crimen que all se haba producido. As que la haban
detenido. La aliada del exterior haba desaparecido.
***
Hay un herido anunci Klaus, el jefe de las SS. Imposible trasladarlo.
Acompaado de dos soldados, haba dado la noticia sin la menor emocin. Cuando los
alemanes entraron en la enfermera, el monje y el venerable hacan ingerir quinina a dos
enfermos. Con un gesto rpido, disimularon los medicamentos en las ropas de sus
pacientes.
Ya voy dijo Franois Branier.
El jefe de las SS le cort el paso.
No. Usted no. El monje.
El venerable presenta un duro golpe. El de las SS no elega al azar. El monje cogi
unos apsitos. l tambin estaba preocupado. Por lo general, se llevaba a enfermos y
heridos a la enfermera. Y por qu excluir al doctor Branier de manera tan
contundente?
El gran patio estaba inundado de luz solar. Un viento glido lo barra. El invierno
todava no se haba retirado. Flanqueado por los agentes de las SS, el monje se dirigi
hacia la torre central. Lo hicieron bajar al taller mecnico. Ante la mesa de trabajo, Guy
Forgeaud gema en cuclillas, con la mano izquierda ensangrentada arrimada al pecho.
Qu le ha pasado?
Un accidente...
El masn le ense la mano izquierda. El dedo meique, triturado, estaba en carne viva.
La herida era terrible. El monje ech mano de una caja y la coloc de manera que
Forgeaud se pudiera sentar con la espalda apoyada contra la mesa.
Habra que trasladarlo a la enfermera dijo el monje al jefe de las SS.
Imposible respondi el alemn, muy bruscamente.
Crueldad gratuita? De ella, Klaus no andaba escaso. Pero el monje se ola que la razn
era otra.
Entonces, lo dejo morir aqu. No tengo nada para curarlo como es debido.
El alemn pareca contrariado.
Dgame qu necesita. Ir a buscrselo. Arrgleselas para que Forgeaud vuelva al
trabajo lo ms rpidamente posible.
El monje pidi compresas, desinfectante, analgsicos... Klaus se lo transmiti en alemn
a un agente que sali corriendo a buscar los productos a la enfermera de la caserna. El
jefe de las SS se qued all, cerca de Forgeaud, mientras que el monje se ocupaba de la
herida. Como el religioso supona, era imposible intercambiar ni una palabra con el
masn.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El monje lo haba entendido. Guy Forgeaud se haba mutilado voluntariamente para que
lo llevaran a la enfermera. All, habra visto al venerable; o bien habra sabido que
estaba muerto. El sufrimiento del masn deba de ser abominable. Apretaba los dientes
hasta hacerlos rechinar.
Aprtese dijo el monje al jefe de las SS. Me molesta.
Klaus vacil por un instante, sorprendido ante la arrogancia de su preso. Pero el monje
haba empezado a hacer el vendaje y lo iba a pisar si no se mova. El jefe, muy tieso, dio
recul hacia un lado.
Guy Forgeaud aprovech para levantar los ojos hacia el monje. En su mirada se lea una
pregunta: El venerable est vivo? . Pero Klaus ya haba recuperado su posicin y
los observaba a los dos con una intensidad que helaba la sangre. El monje no tena la
posibilidad de cometer la menor torpeza: corra el riesgo de condenar al herido.
Termin el vendaje y sinti la desesperacin de un masn que crea haber sufrido en
vano.
Listos. Todava no est muerto.

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El monje y el venerable
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El venerable est vivo anunci Guy Forgeaud a sus hermanos.


Los ojos del maestro masn brillaban de fiebre. Su dedo triturado era un volcn. Si no
hubiera tenido a sus hermanos alrededor, si no se hubiera visto obligado a mantener su
rango de maestro, se habra estrellado contra una pared.
Por qu dices eso? le pregunt Andr Spinot, tentado de disimular su esperanza
con un tono cido.
Por el monje. Cuando me estaba curando, pronunci esta frase... Todava no est
muerto.
La decepcin dej huella en el rostro de Dieter Eckart, de Andr Spinot y de Jean
Serval, que esperaban un hecho concreto.
Es que no me creis? se sorprendi Guy Forgeaud.
S, s... respondi Eckart. Pero no te equivoques... esa frase slo se refiere a ti.
Guy Forgeaud se mordi los labios hasta hacerlos sangrar para no gritar.
No... no hablaba de m... no tena por qu expresarse as... con la mirada me
transmita un mensaje concerniente al venerable. Est vivo. Y juro que ir a buscarlo.
No... no hagis nada... mientras tanto.
Guy Forgeaud cay de costado, inconsciente.
El barracn rojo se sumi en tinieblas. Andr Spinot cuidaba de Guy Forgeaud, que
tena una agitada pesadilla. El compaero no conciliaba el sueo. Estaba seguro de
poder permanecer despierto durante siglos. Por miedo. No quera morir sin ver el rostro
de su asesino, y no saba cundo, ni el da ni la hora; slo saba que se acercaba el
momento.
Jean Serval, el aprendiz, se arrim a Dieter Eckart, sentado en un rincn del barracn.
Quiero hablar contigo, Dieter dijo Serval con voz temblorosa.
Dime.
Serval titube. Afortunadamente, estaba oscuro, y Eckart no le vea la cara.
Quiero morir, Dieter. Ya no puedo ms.
Todos estamos igual, hermano.
Jean Serval se estremeci.
Quiero morir ya. No me quedan fuerzas para continuar.
Eso no importa respondi Dieter Eckart.
El aprendiz se sinti avergonzado, casi insultado.
Cmo puedes decir eso...?
Lo que t pienses y sientas, hermano aprendiz, carece de inters. Tu deber es
obedecer y callar; silenciar en ti tus excesos y tu falta de armona.
Jean Serval, furioso, cerr los puos.
Eso son slo discursos. Es que no te das cuenta? No ves dnde estamos, no
sabes...?

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Lo veo y lo s le interrumpi secamente Dieter Eckart. Tu revuelta es intil. Te


hace perder una energa preciosa, y nos debilita a todos. Quieres suicidarte? Hazlo. No
hables de ello. Pero ten en cuenta que privars a la logia de uno de sus elementos
esenciales. Si abandonas esta vida como un profano desesperado cualquiera, nos habrs
traicionado. Te habrs traicionado a ti mismo.
Jean Serval hundi la cabeza entre las manos y se ech a llorar.
***
El monje y el venerable degustaban lentamente un tazn de sopa de col. Llevaban dos
das confinados en la enfermera, como si el comandante del campo ya no se interesara
por ellos. Haban muerto cinco checos, a raz de las torturas sufridas all o en algn otro
lugar.
El monje haba dedicado una hora larga a limpiar su sayal, y el venerable lo haba
imitado cepillando el traje gris que le recordaba la libertad de otrora. El monje y el
venerable eran los nicos presos de la fortaleza que llevaban puesta su propia ropa,
como si el comandante hubiera querido aislarlos an ms, singularizarlos.
El venerable pas la tela entre el ndice y el pulgar. Aquel traje ya no era presentable, de
tanto sudor y tanto polvo; pero todava aguantaba el tipo.
Los dos hombres se miraron con insistencia, como si nunca se hubieran visto.
Por qu decidi hacerse monje? pregunt Franois Branier.
El benedictino desgran el rosario que le serva de cinturn.
Por deseo de Dios y por conocimiento de los hombres.
Harto de ellos?
Para nada. He constatado sus lmites. He conocido a tipos extraordinarios, pero slo
se ocupaban de s mismos. Ninguno saba dar.
No le bastaba con ordenarse sacerdote?
El monje baj la cabeza como si lo hubieran cogido en falta.
He conocido a muchos sacerdotes... yo buscaba otra cosa. Una existencia ms
comunitaria, ms fraternal. Estaba terminando mi carrera de medicina cuando me
tropec con un viejo monje, por casualidad, en una librera del barrio latino. Se dirigi a
m, tomndome por un vendedor. Me pidi una obra sobre hierbas medicinales. Al
principio, cre que desvariaba, y me mostr ms que desagradable. l insisti.
Discutimos. Luego cenamos juntos y pasamos la noche entera hablando. Al amanecer,
reemprendi el camino de vuelta al monasterio. Lo segu. A sus setenta aos de edad,
estaba en una forma fsica impecable, y eso que haba bebido y comido por cuatro. La
fatiga no haba hecho mella en l. En cambio, yo estaba destrozado. Aquel anciano me
fascinaba. Por l he adoptado la vida monstica, empezando por Saint Wandrille. No
volv a ver a mi interlocutor hasta el final de un largo retiro; y entonces supe que se
haba convertido en abad. l me lo ha enseado todo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Franois Branier se haba emocionado con el relato del monje, Tena la sensacin de
redescubrir su propia existencia.
Sigue vivo?
Muri hace cinco aos respondi fray Benot. Desde entonces, he viajado de
monasterio en monasterio, incapaz de superar su ausencia. Luego me tach de cobarde y
ped autorizacin para volver a Saint Wandrille. Me la concedieron. All, he intentado
llenar el vaco. De convertirme en hombre y monje, nada de nada. He servido a mis
hermanos; he cumplido las funciones que se me asignaban. Cuando el prior me hizo
saber que yo sera el prximo abad, crea que se estaba burlando de m; pero aqul no
era su estilo. Se haba declarado la guerra. Los monjes se dispersaron. Yo qued al
cargo de Morienval, una abada romana de Oise. Las SS me detuvo all mismo. No por
mi Fe, sino porque me acusaba de usar mis poderes sobrenaturales! Imagnese...
Magnetismo y radiestesia! Como si eso fuera sobrenatural! Los benedictinos llevan
siglos practicando esa medicina. Usted tambin, venerable; usted tiene poderes...
Franois Branier se sobresalt. Fascinado por las palabras del monje, haba perdido la
nocin de su propia realidad.
Usted espera que algn da sea abad y yo no lo espero.
Y eso por qu?
Dirigir una comunidad es la ms inhumana de las tareas. Ninguna experiencia,
ninguna competencia es suficiente. En realidad, nadie sabe si el hermano designado
para guiar a sus hermanos est capacitado. Aceptar ese cargo es asumir el mayor riesgo
que un humano puede correr. Y yo lo creo capaz, padre.
Desconfiado, el monje mir al venerable de reojo. Se preguntaba si no se estara
burlando de l. El tono del masn pareca sincero, se perciba su emocin.
He apostado a Dios, venerable. Estoy tranquilo. No como usted.
De qu tengo miedo, segn usted?
Teme no resistir, no mostrarse a la altura de su funcin. Porque no confa en su Gran
Arquitecto.
Siento decepcionarlo, padre. Que no aguantar el tipo? Es muy probable. Mi
resistencia tiene unos lmites, como la suya. Que no soy un buen venerable? No me
corresponde a m decirlo. Mis hermanos decidirn. Ellos me han reelegido hasta el
prximo San Juan de invierno. Yo no tengo eleccin. Debo dirigir la logia. El Gran
Arquitecto del Universo? Est ms all de la creencia. Confiar o no en l, qu ms da?
l crea el mundo a cada instante; de nosotros depende saber interpretarlo.
Una creacin muy terica.
No, padre. Yo no consigo hacrsela sentir. Pero le juro que en ella est la felicidad, la
verdadera felicidad.
El benedictino sinti un escalofro que, curiosamente, lo hizo entrar en calor. Estaba a la
defensiva, pero saba que viva un momento inefable. Enclaustrado en aquel barracn,
respiraba aire puro. La felicidad evocada por el venerable, la conoca, porque la haba

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Christian Jacq

El monje y el venerable

experimentado en el monasterio, entre sus hermanos. Cmo poda un masn tener


acceso a tales misterios?
Un largo ataque de tos lo oblig a combarse ligeramente.
Casi es usted mdico observ el venerable. No cree que es hora de curar esa...
bronquitis?
Cada uno lleva su cruz. Yo me las apao con la ma.
Un rayo de sol penetr en la enfermera e ilumin el rostro de los dos hombres. Klaus,
el jefe de las SS, haba empujado la puerta sigilosamente, a diferencia de como sola
hacerlo. Avanz unos pasos y se plant ante el venerable.
Sgame le orden a Franois Branier. Tengo una sorpresa para usted.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
21

El venerable esperaba someterse nuevamente a un interrogatorio. Un sol


resplandeciente, que brillaba en lo ms alto del cielo, recalentaba la atmsfera. Sigui a
Klaus hasta la torre central. Franois Branier levant la mirada hacia la cima, de donde
sobresalan los caones de metralletas pesadas. El jefe de las SS pareca nervioso.
Empuj a uno de los dos SS que vigilaban el acceso a la torre y subi a la segunda
planta, seguido de su preso. Se detuvo ante una puerta, que no daba al despacho del
comandante, y llam. Le abri Helmut, el ayudante de campo, que hizo entrar a
Franois Branier y volvi a cerrar la puerta. El jefe de las SS se qued fuera.
El venerable descubri una sala totalmente tapizada de terciopelo rojo y dbilmente
iluminada por el resplandor de unas velas. Al fondo, haba una cama baja sobre la que
estaba tendido el comandante.
Un mareo explic su ayudante de campo. He hecho que lo trajeran a su
habitacin. Examnelo.
Por instinto, Franois Branier se inclin sobre el enfermo. De repente se vio sumido en
la tibia atmsfera de las visitas a domicilio en las que haca de confidente. Slo que
aquel domicilio era una prisin; y el paciente, un verdugo.
Por qu no acude a un mdico nazi?
El comandante era el nico mdico alemn del campamento, seor Branier.
Un colega... El venerable se pregunt si Helmut le estaba mintiendo, si el comandante
no haba organizado una macabra puesta en escena.
No tiene usted derecho a negarse a prestar auxilio insisti el ayudante de campo.
Aqul era precisamente el dilema del doctor Branier. El comandante tena la mirada
perdida, la tez muy plida, los labios finos. Sin duda, una insuficiencia cardiaca.
Tiene medicamentos?
El ayudante de campo abri la puerta de un armario con las estanteras repletas de
remedios. Haba con qu curar las afecciones ms graves. Dejar morir al comandante,
deshacerse del ayudante de campo, trasladar a la enfermera el contenido del armario,
curar, sanar... un sueo imposible. El venerable sera abatido por los agentes de las SS
nada ms salir de la torre.
Decdase, seor Branier. De lo contrario, har venir al monje.
El benedictino sabra mostrarse caritativo, sin duda. Ocupara el lugar del venerable si
ste ltimo se negaba a examinar al comandante. Franois Branier abri el cuello del
uniforme del enfermo y le examin el fondo del ojo.
Salga de aqu exigi, volvindose hacia Helmut. Nada de curiosos mientras yo
hago mi trabajo.
Pero...
O eso o me cruzo de brazos.

120

Christian Jacq

El monje y el venerable

El ayudante de campo vacil. Llamar al monje era la ltima solucin. Pero l no


confiaba en los poderes del religioso.
Le concedo cinco minutos.
El agente cerr la puerta.
El monje rezaba. Pero la plegaria no la haca tan sereno como de costumbre. La angustia
lo tena atormentado. Tal vez porque el viejo astrlogo nizardo acababa de morir,
presagiando una vez ms la llegada inminente del fuego destructor; o, a lo mejor,
porque su instinto le anunciaba una prueba tan terrible que ni l mismo sera capaz de
superar.
A cada ataque de tos, el monje se iba debilitando. Y no slo fsicamente. Echaba
demasiado en falta el monasterio, sus hermanos, las horas rituales, la vida comunitaria.
Hasta el momento, haba sabido capear el temporal. Pero ahora se desmoronaba. El
venerable bastara para curar a los enfermos. Por lo dems, de qu serva luchar?
Abandonarse a Dios, perderse en l, dejarse absorber por su inmensidad... no sera se
el mejor camino? En todo caso, el ms rpido para regresar a su verdadera patria.
El monje rechaz la tentacin. Peor an: la dimisin. La coartada... Problemas de salud.
Empezaba a buscar excusas, a mentirse a s mismo. La verdad es que Dios lo rehua.
Pero por qu? Por qu ya no responda a sus plegarias? Por el dilogo que haba
mantenido con el masn? O simplemente porque su deseo de luchar se mermaba y lo
condenaba a convertirse en un deportado ms?
***
No estamos tan lejos del objetivo afirm Guy Forgeaud. Casi disponemos de lo
mnimo para celebrar una tenida. Estara bien encontrar esa maldita tiza...
La capacidad de resistencia del mecnico asombraba a sus hermanos. No lo haban
derribado ni heridas ni golpes. Se recuperaba muy rpido, como un convaleciente
mimado.
Siempre y cuando el venerable est entre nosotros le record Dieter Eckart.
El compaero Andr Spinot cumpla su turno de guardia, con el ojo pegado a la abertura
que haba en el muro del barracn. No pensaba en nada ms. Se olvidaba de la fortaleza,
del miedo, de la muerte vil. Slo miraba.
Serval, el aprendiz, trabajaba. Los dos maestros le haban pedido que reflexionara sobre
un paso esencial en la iniciacin al primer grado, la purificacin mediante el fuego; y
que lo hiciera teniendo presente el instante en que el venerable ordenaba al nuevo
iniciado con el mallete y la espada flamgera.
Lo s, Dieter contest Forgeaud. Slo hay tres posibilidades: o el venerable se
encuentra en la enfermera, o est enfermo en la torre central, o... est muerto.
No...
Forgeaud puso la mano en el hombro de su hermano maestro.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

No te preocupes, Dieter. De un venerable como l, no se librarn tan fcilmente.


Ojal pudiera creerte, Guy... ojal.
Si t te hundes, los dems tambin. Sin Franois, t eres nuestro punto de equilibrio.
Todos sabemos que lo ocurrido no ha hecho mella en ti. Esta tenida tendrs que
presidirla t.
No tengo derecho a hacerlo, Guy. Ni siquiera aqu. Ni siquiera en estas
circunstancias.
Forgeaud baj la cabeza. Dieter Eckart estaba en lo cierto.
Guy, sabes que Franois Branier no es un venerable como los dems. He conocido a
decenas de ellos: buenos, malos, flojos, fanticos. Y ninguno se le pareca. Nuestro
venerable es un maestro espiritual, hombre. Un tipo de la talla de los viejos abades que
construyeron Occidente. Slo l sabe adnde nos lleva. Yo lo seguir hasta el final.
Como el resto de nosotros. Porque l nos obliga a superarnos, a convertirnos en lo que
todava no ramos.
Guy Forgeaud respiraba las palabras de Dieter Eckart como un aire vivificante. Perciba
la verdadera talla del venerable como si oyera hablar de un ser lejano, tan inaccesible y
tan cercano a la vez.
Es l grit Andr Spinot, es l!
El compaero abandon su puesto de observacin y se arroj a los brazos de Guy
Forgeaud.
En el patio hip Spinot, con la voz quebrada por la emocin, el venerable... con
el jefe de las SS... El venerable est vivo! Vivo!
***
Franois Branier abri la puerta de la habitacin del comandante. El ayudante de campo
esperaba en el pasillo, pasendose de un lado a otro. Mir el reloj. Haban transcurrido
cinco minutos.
Sobrevivir anunci. Reposo absoluto durante unos das y cuidados intensivos.
Gracias, doctor Branier. Es muy grave?
Mucho. Habra que hacerle unos reconocimientos exhaustivos.
Helmut pareca confuso. Un ruido de botas reson en el pasillo. Klaus se dirigi en
alemn al ayudante de campo:
Me han dicho que el comandante est enfermo.
Franois Branier mir hacia otro lugar. Se supona que no entenda aquella lengua.
S respondi el ayudante de campo.
Est en condiciones de ejercer sus funciones?
Necesita reposo y...

122

Christian Jacq

El monje y el venerable

En ese caso sentenci el jefe de las SS, me veo obligado a asumir el mando del
campamento hasta nueva orden. Helmut, exijo un parte mdico cada seis horas. Ocupar
el despacho del comandante. Espero que me traiga un informe inmediato de la situacin.
El ayudante de campo chasque los talones e hizo el saludo de las SS. El venerable
esperaba, sin mostrar impaciencia.
Se quedar aqu, doctor Branier indic el jefe de las SS, pasndose nuevamente al
francs. A partir de ahora, lo considero el nico responsable de su salud.
Nadie puede hacer lo imposible. Tal vez requiera una operacin.
He solicitado el envo de especialistas. Pero, de momento, la vida del comandante
est en sus manos.
***
En el interior del barracn rojo, los hermanos de la logia Conocimiento estaban
atnitos. Contemplaban al compaero Andr Spinot, cuyos ojos rean y lloraban a un
tiempo. No daban crdito.
Ests seguro de lo que dices, Andr? pregunt Jean Serval Era el venerable?
No me cabe ninguna duda! No me equivoco, te lo juro! Os dais cuenta? El
venerable, vivo!
El ptico no tena la costumbre de mostrarse tan efusivo. El aprendiz Jean Serval
vibraba en la misma onda, y Dieter Eckart exteriorizaba sus sentimientos.
Pero eso no es todo dijo Guy Forgeaud. Va a haber que sacarlo de all. Los de
las SS lo han llevado a la torre?
S contest Spinot, exaltado. No le quitar los ojos de encima.
Forgeaud estaba pensativo.
Si al menos tuviramos un arma de verdad...
Pongamos los pies en la tierra, Guy. Slo podemos esperar y observar.
Serval se plant ante Dieter Eckart.
Y si yo intentara salir, esta misma noche? Bastara con agrandar la abertura. Podra
colarme en el interior de la torre y...
El maestro interrumpi al aprendiz.
No cometeremos ningn suicidio, hermano. Permanezcamos alerta y apelemos a la
presencia del venerable unindonos ms. Eso har que vuelva.
***
Excelente, padre observ el jefe de las SS, mientras inspeccionaba la enfermera.
Todo un ejemplo de pulcritud.

123

Christian Jacq

El monje y el venerable

Los enfermos se hundan en sus lechos, alarmados. Teman verse expulsados de aquel
infierno para caer en otro peor, si cabe ms sombro. El monje, sentado, desgranaba su
rosario. Klaus se qued inmvil ante l.
Para qu creer en semejantes supersticiones?
Cada uno tiene su mtodo para no olvidar a Dios... En su caso, tal vez sea el hecho de
llevar uniforme.
Al jefe de las SS se le desencaj el rostro.
Ahrrese sus palabras, padre. Pagar muy cara su arrogancia, crame. Nadie tiene
derecho a insultar al comandante de este campamento.
El monje no se atrevi a alzar la cabeza.
Su predecesor est muerto?
Una tmida sonrisa anim los fros labios del alemn.
Nos hemos mostrado muy tolerantes con usted. Desde que ha llegado aqu no ha
hecho ms que mentir.
El monje, impasible, se puso a dar brillo a las mangas de su sayal frotndolas la una
contra la otra. Un poco de saliva facilitaba la operacin.
Mentir, yo? Mi religin me lo prohbe Sera un pecado, y yo no tendra aqu a nadie
con quien confesarme.
Klaus esperaba un error por parte del monje. Y acababa de cometerlo.
Pues s, padre... usted y el venerable Branier se confiesan mutuamente. Estoy
convencido de que se lo han dicho todo, y de que l le ha confiado su secreto.
La enfermera cay en un silencio casi absoluto. El monje se levant, se ajust el sayal,
se coloc bien su rosario-cinturn y le plant cara al jefe de las SS.
Slo un hombre de Dios puede confesar a otro hombre de Dios. Para que lo sepa, el
venerable y yo no tenemos absolutamente nada que decirnos. Lo considero un pagano
condenado a las llamas del infierno.
Klaus dio un paso atrs.
Aqu, su Dios est fuera de lugar. Su presencia est prohibida. Por fuerza, usted y el
venerable se han tenido que poner de acuerdo. Han llegado a un pacto. Conozco
perfectamente la reaccin de los detenidos. Slo piensan en rebelarse, en evadirse, en
urdir cualquier plan para hacerse la ilusin de volver a ser hombres libres. Los peores
enemigos acaban por aliarse.
El monje senta que se acercaba el momento tan temido.
Se equivoca. El venerable y yo somos mucho ms que enemigos. No existe ningn
tipo de comunicacin posible entre nosotros.
Klaus se dirigi hacia la puerta de la enfermera.
Padre dijo, volviendo la espalda hacia el monje, le concedo una ltima
oportunidad. Revleme inmediatamente el secreto de la logia.
La voz del benedictino no se quebr.
No hay secreto. El venerable no me ha confiado nada.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

La puerta se cerr. El monje se arrodill y rez.

125

Christian Jacq

El monje y el venerable
22

El comandante ha muerto.
Franois Branier mir desconcertado al ayudante de campo.
Cundo?
Hace una hora, doctor Branier. El jefe de las SS, Klaus, ha asumido el mando de la
fortaleza. Sgame.
El venerable sali del cuartucho donde llevaba encerrado dos largos das, sin comida.
Un rincn en el que haba pasado la mayor parte del tiempo dormido.
Por qu aislarlo de aquella manera? Por qu impedirle que curara al enfermo, que lo
reconociera otra vez?
El venerable, flanqueado por los agentes de las SS, baj la escalera de la torre y fue a
parar al gran patio. Estaba abarrotado de detenidos con uniformes a rayas, divididos en
dos grupos, que dejaban muy poco espacio entre s. En el primer grupo, estaban los
hermanos de la logia Conocimiento: Dieter Eckart, Guy Forgeaud, Andr Spinot y
Jean Serval. Dos maestros, un compaero y un aprendiz. Los supervivientes.
Lo vieron. Pero no manifestaron ningn signo de alegra. Los agentes de las SS los
vigilaban, apuntndoles con los fusiles. Una atmsfera apocalptica. Nadie se mova.
Los presos y sus carceleros parecan petrificados por siempre jams.
La puerta de la enfermera se abri. Dos agentes de las SS acompaaron al monje hasta
el espacio existente entre ambos grupos. Haca un buen da, casi hmedo.
La voz del jefe de las SS se alz tras el venerable.
Vaya a reunirse con el monje.
El venerable avanz, seguido por centenares de miradas. Rode por la izquierda el
grupo ms cercano, caminando a paso lento. Aquel ritmo le recordaba las procesiones
de San Juan cuando, precedido por el maestro de ceremonias, marchaba a la cabeza del
Colegio de Oficiales hacia la mesa del banquete ritual. Adnde se diriga esta vez? En
qu laberinto se haba extraviado?
El venerable lleg al centro del patio y se detuvo ante el monje. Ya no vea a los dems
detenidos, reducidos a una masa oscura y lejana. El monje estaba serio. Franois
Branier tena miedo. Por primera vez en su vida se senta rebajado a la condicin de
insecto.
Este campamento necesita una reforma anunci Klaus. Todos ustedes realizarn
trabajos de mantenimiento. Hace falta ms orden. Limpiarn la enfermera. Est hecha
una autntica porquera. Y dos mdicos? Sobra uno...
El monje y el venerable giraron lentamente la cabeza hacia el jefe de las SS, apostado
ante la torre central para que todos pudieran escucharlo.
Klaus dio una orden en alemn, y dos agentes fueron a buscar al monje y al venerable.
Les ordeno que se batan en duelo. El vencedor quedar a cargo de la enfermera. El
vencido ser ejecutado. A menos que muera durante el combate.

126

Christian Jacq

El monje y el venerable

El monje reaccion con vivacidad.


Yo no me batir contra nadie. Mteme si quiere. Estoy preparado.
El benedictino tena la arrogancia de un abad al interponerse, solo, en el camino de las
hordas brbaras.
Est bien, padre. Si me revela inmediatamente el secreto de la logia Conocimiento
que el venerable le ha confiado.
Un masn nunca se sincera con un beato como se protest Franois Branier.
Ese masn es el de la peor calaa replic el monje. Cmo se le ocurre pensar
que lo haya podido escuchar ni un solo momento?
La mirada de Klaus pasaba del monje al venerable.
Ya que tanto se detestan, por qu no se pelean?
Me niego a golpear a un religioso. Me resulta demasiado fcil.
El jefe de las SS, que herva de ira, logr contenerse.
Perfecto, seores. Me jura usted por su Dios, padre, que ignora el secreto de
Conocimiento?
El benedictino mir al cielo.
Lo juro.
Miente! exclam el de las SS. Estn ustedes conchabados!
El monje y el venerable permanecieron impasibles. Aguantar pensaba el
benedictino. Aguantar hasta descorazonarlo, hasta hacerle desistir de su proyecto.
Negar y renegar deca el venerable para sus adentros, hasta que l mismo se
convenza.
S que se ha confiado usted al monje prosigui el jefe de las SS, dirigindose al
venerable. Con sus poderes, se apoyan el uno al otro. Pero eso se ha acabado. Uno de
los dos va a desaparecer. El otro se encontrar solo y acabar hablando.
Cul de los dos morira? El monje pens en su apuesta. Dios decidira; acostumbraba a
hacerlo. Adoptara la solucin acorde con su Amor. El benedictino no tena nada que
temer. Si aqul era el final del trayecto en la tierra, tambin sera el regreso a la patria
celestial. Sin embargo, fray Benot todava se crea capaz de ofrecer actos venideros,
mil y una plegarias para invocar lo divino. Pero no se rebelaba, y tampoco se someta.
Aceptaba la voluntad del Maestro de todas las cosas, porque su mirada llegaba ms lejos
que la suya.
l o el monje? El venerable record su apuesta. El Gran Arquitecto del Universo
actuara segn la Regla. No haba ni azar ni compromiso; slo un gigantesco plano a
escala del cosmos donde cada elemento de la creacin ocupaba su preciso lugar, aun
cuando el hombre no entendiera nada de todo aquello. Puesto que el venerable deba
afrontar la muerte llegado el momento, deba hacerlo con dignidad. Acaso no se
preparaba para ello, desde el primer momento de su iniciacin, desde aquella larga
meditacin en el gabinete de reflexin donde, frente a una cabeza de muerto, haba
descartado su destino profano?

127

Christian Jacq

El monje y el venerable

El jefe de las SS exhiba una leve sonrisa, plenamente satisfecho de su plan.


Cada uno de ustedes ser responsable de la mitad de los detenidos explic. Por
eso los hemos dividido en dos equipos. En el suyo he incluido a los catlicos, padre;
y en el suyo, venerable, a los miembros de la logia Conocimiento y los astrlogos. El
vencido condenar su equipo a la muerte. No era as en el mundo antiguo? Eso
debera incitarlos a la lucha... para salvar vidas!
El monje cerr los ojos. Primero, para borrar el horror; luego, para volver a centrarse. El
venerable repiti hacia sus adentros las palabras que acababa de escuchar, para asumir
la atroz realidad.
Padre dijo Franois Branier, con la garganta seca, no nos queda ms remedio
que matarnos los unos a los otros.
El monje percibi un curioso resplandor en la mirada del venerable, que procuraba
transmitirle una intencin. El monje no lograba descifrarla, pero decidi fiarse.
Est listo, padre? insisti Klaus, impaciente. A menos que uno de los dos se
anime a hablar...
Ese secreto slo existe en su imaginacin afirm Franois Branier.
El venerable no me ha confesado nada dijo el monje. Renuncie a esta locura que
no le llevar a ninguna parte.
Klaus retrocedi unos pasos. Se subi a un pequeo estrado y se dirigi a los detenidos
en alemn, en checo y en francs, para explicarles lo que se jugaba en el combate. Hubo
algunas exclamaciones, rpidamente acalladas con culatazos. Cientos de febriles
miradas se posaron sobre el monje y sobre el venerable.
Los dedos de los hermanos de Conocimiento se rozaron y esbozaron una cadena de
unin. Andr Spinot baj la mirada. Jean Serval hizo lo propio. Dieter Eckart agarr
firmemente la mueca de Guy Forgeaud, que estaba dispuesto a precipitarse hacia el
terreno cercado donde el monstruoso duelo tendra lugar.
Desndenlos! orden Klaus.
Agentes de las SS sujetaron al monje y al venerable. Unos rasgaron la parte de arriba
del sayal, otros arrancaron la chaqueta y la camisa. Con el torso desnudo y los brazos
colgando, los futuros adversarios sintieron el soplo de la brisa. Los dos tenan una
poderosa musculatura y un torso fuerte, lo cual resultaba tranquilizador.
Que empiece la pelea! grit el jefe de las SS. De lo contrario, cada diez
segundos har ejecutar a diez presos de cada bando.
Murmullos de angustia recorrieron las hileras de los deportados. Una voz grit:
Vamos, cura! A por l!
Todos pensaron que el que haba gritado sera ejecutado. Pero los de las SS no
reaccionaron. El agitador volvi a las andadas y pronto fue imitado por sus vecinos.
Vamos, masn! replic un miembro del equipo de Franois Branier, que inaugur
una serie de nimos.

128

Christian Jacq

El monje y el venerable

Durante ms de un minuto se desat una estruendosa batalla verbal. Se oy un disparo.


En la primera fila, se desplom un hombre de cada bando, con la cabeza volada por los
aires. Se impuso un silencio aterrador.
No quiero or ni un ruido durante el combate indic el jefe de las SS. Procedan,
seores. Hasta que uno de los dos muera.
El venerable dio un paso hacia el monje, alarg bruscamente el brazo derecho y le
encaj un puetazo en todo el pecho. El monje slo sinti un leve dolor. El venerable
haba frenado su golpe.
Golpee, monje. Golpee como yo!
Franois Branier haba adoptado una expresin fiera, como si quisiera matar a su
enemigo. Le golpe en el hgado. El benedictino le sigui el juego: se dobleg, pero
despus asest un codazo que dej temblando al venerable y lo hizo recular, vacilante.
Lamentars tu impiedad previno el monje, mientras pona los puos en forma de
martillo y los blanda sobre la cabeza del venerable.
ste ltimo intent esquivarlo. Demasiado tarde. Recibi el golpe en el hombro
izquierdo y lanz un grito de dolor. Pero entonces se libr de su ataque propinndole al
monje una patada en la rodilla. Se dispona a lanzar una ofensiva cuando Klaus
intervino.
Basta! Estn fingiendo! Vamos, pelense de verdad!
Los agentes de las SS se apresuraron a disparar sobre las primeras filas de los dos
equipos.
La frente del monje se surc de arrugas. Al venerable le costaba respirar.
Esta vez, padre, ser Dios o el Gran Arquitecto. Lo siento, pero debo intentar salvar a
mis hermanos.
El monje le habra ofrecido de buena gana la otra mejilla, pero no consentira que
ejecutaran a decenas de pobres diablos que se vean obligados a depositar en l sus
esperanzas de supervivencia. Ni Cristo ni Benot se haban comportado como corderos
degollados. Uno haba venido a traer fuego al mundo; el otro haba luchado contra los
brbaros. l, como monje, tena que derrotar a un venerable para salvar a los cristianos;
aun cuando no le hiciera ninguna gracia golpear a Franois Branier.
El venerable sinti que pesaba sobre l la esperanza de sus hermanos. No los vea,
porque estaban sumergidos entre las filas de su equipo. Pero perciba su atenta
presencia. Tena que luchar por ellos, herir, matar a un hombre por el que senta
admiracin. Cualquier muerte hubiera sido preferible a aquel monstruoso duelo.
Los dos adversarios avanzaron el uno contra el otro. Cada uno de ellos quera asestar un
golpe, y solamente uno, para que el suplicio acabara cuanto antes mejor. Ya saban que
jams lo olvidaran. Se miraron de hito en hito y se hablaron en silencio, implorando su
perdn respectivo. Ellos no se convertiran en bestias sanguinarias; se desdibujaran tras
una funcin para volverse tormenta, tempestad y rayo que matan sin querer.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

El monje propin un cabezazo al venerable, que se desplom, sin respiracin. Consigui


levantarse, pese al insoportable dolor que notaba en el pecho. Rabioso, le devolvi el
golpe. El monje sufri un corte en la ceja izquierda. Corra la sangre a borbotones. No
dara el espectculo pataleando como un fantoche. Slo le quedaba esperar, de pie, el
golpe de gracia.
El monje tosa, derribado. Se incorpor, ya sin fuerzas. No distingua ms que la vaga
silueta de su adversario, una forma que deba destruir. Con los puos en guardia,
provistos de la fuerza de un leador cuando empua su hacha, se prepar para matar al
venerable.
Un grito agudo lo inmoviliz. La voz de Andr Spinot.
Soy judo! grit el masn. Soy judo! A la mierda los alemanes! Las SS
morir, perder la guerra!
Durante unos segundos, los alemanes fueron incapaces de reaccionar. Andr Spinot se
abri paso entre las hileras de deportados, pas corriendo ante el monje y el venerable y
se abalanz sobre el jefe de las SS.
Al sentirse amenazado, Klaus despert de su letargo. Apart a Spinot de ua patada en
el vientre.
Ms de cincuenta presos, locos de miedo, se precipitaron hacia los muros de la
fortaleza, derribaron al venerable y arrollaron al monje. Otros, aterrorizados, se tiraron
al suelo. Y otros atacaron a los agentes de las SS.
El jefe dio orden de disparar.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
23

La muerte tena gusto de noche. Franois Branier la saboreaba a fondo, dejndose


transportar por los ruidos de voces que rompan su silencio. Observaba rostros que se
perfilaban en la bruma. Eran Raoul Brissac, Dieter Eckart y Jean Serval. El venerable
tendi la mano hacia sus hermanos, para tocar el vaco. Entonces se obr el milagro.
Brissac sonri, y Eckart lo cogi de la mano. Serval rompi a llorar.
La logia... vosotros, la logia?
Una revelacin. Sus hermanos todava eran incapaces de hablar. Dieron al venerable el
tiempo de reconciliarse con la vida.
Dnde estamos?
En nuestro barracn respondi Dieter Eckart. Te desmayaste justo cuando el
monje te iba a rematar.
Franois Branier se incorpor, inquieto.
Y Andr? Dnde est Andr?
Muerto. Se delat como judo y provoc un motn. Fue una masacre. Abrieron fuego.
Quemaron el cadver de Andr en el centro del patio.
La voz de Dieter Eckart no se haba quebrado. Deca la verdad, tal como la haba visto.
No acostumbraba a disfrazarla, por insoportable que fuera.
En cuanto al hermano Andr... El venerable y los maestros de la logia haban pasado
mil trabajos para arrancarlo de su narcisismo y mostrarle el camino hacia la luz. Andr
tena problemas para sincerarse, para aliviar sus temores, para hallar el equilibrio que le
habra permitido progresar ms rpido. Por ser demasiado sensible, haba tenido que
contenerse para pasar de la afectividad a la fraternidad. A lo largo de su bsqueda, haba
hecho gala de un formidable coraje y engendrado cualidades que no tena. Al declararse
judo, haba ofrecido su sangre al cuerpo sagrado de la logia, como si durante su
iniciacin se hubiera obligado mediante juramento al grado de aprendiz.
Andr Spinot haba salvado a la comunidad, al apostar por su eternidad, por su
incesante metamorfosis regida por el Gran Arquitecto.
Con Andr en el Oriente eterno, ya slo quedaban cuatro hermanos.
Eckart no dud en desgarrar la conciencia de Franois Branier.
No hay tiempo para lamentaciones, venerable maestro. Tenemos cosas que hacer.
Dieter Eckart se explic con su habitual autoridad. Con su actitud, trasladaba a sus
hermanos lejos de la fortaleza nazi. Les recordaba los stanos abovedados donde tantas
tenidas haban celebrado, las piedras ancestrales, los edificios perfectos donde el
hombre se senta un poco menos mortal.
Y el monje? inquiri Franois Branier.
Sin darle una respuesta, Eckart y Forgeaud ayudaron al venerable a levantarse. ste
ltimo logr tenerse en pie, pese a sentir dolores por todo el cuerpo y, especialmente, en
el pecho. Pero el sufrimiento era llevadero.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Podis soltarme... debera poder yo solo.


El venerable vio al monje. Estaba estirado en el suelo del barracn, exnime. Los
hermanos de Conocimiento le haban zurcido la sotana.
Est...?
No respondi Dieter Eckart. Respira. Lo han arrollado.
Por qu lo han trado aqu?
Ni idea.
El venerable crea saberlo. Haban dado al monje por muerto. En adelante, el jefe de las
SS lo tomaba por un colaborador de los masones. Comparta su destino, a menos que los
traicionara. El benedictino, un traidor? Franois Branier se dejaba invadir otra vez por
la duda. Si el monje haba hecho de sopln, era con el comandante. Pero ste ltimo
haba desaparecido, tal vez asesinado por Klaus. El jefe de las SS no tena la sutileza del
comandante. Impaciente y violento, no tena la precaucin de seguir enfrentando el
monje al venerable; y tampoco esperaba nada de un conflicto que los habra destrozado.
Prefera alinearlos en el mismo campamento.
Esta actitud no presagiaba nada bueno. El comandante era un monstruo fro y
calculador. Klaus era una bestia imbuida de su nuevo poder.
Ha sido el monje el que me ha molido a palos? pregunt el venerable.
Un sagrado forzudo! manifest Guy Forgeaud. T has cado el primero, pero no
creo que l hubiera tenido fuerzas para rematarte. Tambin estaba listo.
Si Andr no hubiera intervenido, me habra matado.
El venerable se inclin hacia el monje. El benedictino ni se haba inmutado.
Y la enfermera?
Destruida indic Dieter Eckart. Los ltimos agitadores se refugiaron all. Los de
las SS la incendiaron y dispararon sobre quienes intentaban salir. En mi opinin, ms de
la mitad de los deportados han sido exterminados.
Cunto tiempo me he pasado inconsciente?
Unas horas.
Las SS os han dejado en paz?
No hemos visto a nadie dijo Guy Forgeaud. El patio est vaco. Ni un ruido.
Los cuatro hermanos se sentaron.
Hemos escondido material dijo Forgeaud. Sera una lstima dejar que se oxidara.
Tienes un plan?
No, venerable maestro. Precisamente te esperbamos para urdir uno.
Venerable maestro intervino Eckart, creo que ya va siendo hora de...
Lo s, Dieter. Vamos a celebrar esta tenida. Despus, podremos morir tranquilos.
Jean Serval se angusti.
Morir... acaso creis...?

132

Christian Jacq

El monje y el venerable

Tendr que ser rpido exigi el venerable. Esta misma noche. Sin duda, Klaus
ha eliminado al comandante. Puede que no haya tenido mucho tiempo de presentarse a
sus superiores. Su mejor baza ser sonsacarnos nuestro secreto con mtodos radicales.
La tortura murmur Serval.
No perdamos ni un minuto ms dijo Forgeaud. Tenemos las velas, una caja de
cerillas y con qu simbolizar regla, escuadra y comps.
Faltan el tablero y la tiza observ Dieter Eckart. No hay tenida posible sin
trazar el plano en el tablero.
Esta noche saldr a buscar lo que falta propuso Forgeaud.
Ni hablarzanj el venerable. Pensemos otra solucin.
***
El monje suba hacia las colinas de Saint Wandrille. Caminaba por entre la maleza,
alumbrada con la fresca luz de la primavera. Se senta ingrvido, casi inmaterial. Slo
los rboles tenan una forma distinta; ms all de sus troncos centenarios se desplegaban
capas de bruma. El monje, irritado, abandon el sendero, dispuesto a atravesar la niebla.
El sol pronto se ocult bajo sus pasos. l trat en vano de aferrarse a una rama y cay
de espaldas. Una interminable cada, durante la cual qued cegado por un sol que, poco
a poco, se fue transformando en rostro.
El del venerable.
Me alegro de volver a verle, padre.
El monje tena los ojos abiertos. Enseguida not un dolor fulgurante en la ingle. Lanz
un grito y se agarr a la mueca derecha del venerable, que le ayud a incorporarse.
Estoy yo ms molido que usted, padre. Tenemos la mano pesada, tanto el uno como
el otro.
As que no he logrado deshacerme de usted...
La carcasa es robusta.
Franois Branier cont al benedictino lo que haba sucedido. Eckart y Forgeaud se
mantuvieron al margen, en un rincn del barracn; vean al religioso como a un intruso.
Jean Serval ocupaba su puesto de observacin. Por el patio pasaban agentes de las SS.
La caserna pareca presa de una gran agitacin.
Necesito su ayuda, padre.
El monje suspir.
Sus penas hacen que por fin se vuelva hacia Dios?
Hemos decidido celebrar una tenida ritual aqu mismo. Al sacralizar este lugar,
haremos renacer la luz, nuestro verdadero alimento. Luego, ya nada importar.
Mejor para usted. Pero yo no veo...
Necesitara su rosario.

133

Christian Jacq

El monje y el venerable

Con el rostro arrugado por las punzadas que le recorran todo el cuerpo, el monje sac
fuerzas de la indignacin.
Nadie lo tocar.
No tenemos la intencin de quitrselo por la fuerza. Se lo pido de manera amistosa. Y
se entiende que le ser devuelto.
Los ojos del monje lanzaron rayos de furia. Puede que incluso sintiera no haber asestado
el golpe decisivo que habra mandado al venerable al otro mundo. Forgeaud se
preguntaba por qu el maestro de la logia se mostraba tan paciente.
Pensaba usar mi rosario para alguna de sus prcticas satnicas?
El venerable sonri.
No empecemos, padre. Nosotros celebramos ritos, como usted. Satn no tiene cabida
entre nosotros; no est libre ni de buenas costumbres.
Aquel argumento no hizo mella en el monje.
Este rosario est consagrado por el ltimo abad de Saint Wandrille. Es mi ms
preciado tesoro.
El venerable mene la cabeza.
Le comprendo. Para m lo era el mandil transmitido de maestro de logia en maestro
de logia. Pero tener algo, aqu... es acorde con la voluntad de Dios?
Mtase en sus asuntos! estall el monje.
Franois Branier baj la voz y habl slo para el monje.
Quera confesarle, padre... que me he dejado vencer porque no tena ganas de pelear.
He intentado odiarlo, ver en su lugar el dogma, la inquisicin, el fanatismo religioso.
Una prdida de tiempo. Siempre apareca usted, una persona ms. Cuando su rostro se
desdibuj, ya era demasiado tarde. Me senta vaco, incapaz de defenderme. Su Dios
haba ganado.
No del todo protest el monje. Aqu estamos, el uno y el otro. Nuestra apuesta
sigue en pie, y an tengo intencin de ganar.
El venerable mir al monje, procurando tocarle la fibra sensible.
Le quedaban fuerzas para golpear una vez ms? Para matar?
A qu viene eso?
Se desafiaron en silencio.
Si su rosario es una reliquia sagrada, padre, no tiene nada que temer.
Al monje se le ensombreci el semblante.
Este rosario no saldr de mi cintura. Antes tendr que pasar por encima de mi
cadver.
No insistir. Peor para nosotros.
Los prpados del monje se cerraron. Estaba molido y necesitaba unas horas de sueo.
Yo te traer lo que haga falta constat Forgeaud.
No! protest Jean Serval. Soy el aprendiz. Me corresponde asumir los riesgos.

134

Christian Jacq

El monje y el venerable

A Forgeaud le arda la frente. La herida le punzaba. Agarr a su hermano por los


hombros. Le sacaba una buena cabeza.
Escchame bien, hermano aprendiz. Aqu y en el ms all vivimos segn la Regla. T
eres aprendiz y yo, segundo vigilante. Ests bajo mi inmediata autoridad. T te quedars
aqu y yo saldr ah fuera. Y no se hable ms.
Jean Serval volvi la mirada hacia el venerable. Pero ste ltimo no tena nada que
aadir.
***
Acababa de caer la noche, mucho ms lentamente que de costumbre. La primavera traa
el buen tiempo. Jean Serval observaba el patio sin cesar, con el ojo pegado a la abertura.
Normalmente, los agentes de las SS hacan el cambio de guardia delante de la caserna.
Ningn otro movimiento. En el suelo del barracn se observaba una lima que Forgeaud
haba sacado del escondite. El monje dorma. Dieter Eckart estaba adormilado, tras dos
das de vigilancia ininterrumpida.
Te bastar, como arma?
Me har buena falta, venerable maestro contest Guy Forgeaud.
Al taller?
Me las arreglar para abrir. Coger un cordel. Nos conformaremos con eso. Respecto
a la tiza, lo intentar.
Seguro que quieres ir?
Guy Forgeaud tena miedo. No tena ni una posibilidad entre mil de lograrlo.
No, prefiero quedarme. Sera lo ms razonable. Pero nosotros no somos gente
razonable. Nosotros queremos vivir nuestra iniciacin en pleno infierno. Nosotros
queremos recrear el plano de la logia; no nos basta con imaginrnoslo. Somos
constructores. Por eso iremos a muerte. Yo, el primero. Con todos mis respetos,
venerable maestro. As es.
El venerable y el maestro Guy Forgeaud se dieron el triple abrazo fraternal.
Va libre dijo Serval.
No se va un solo agente de las SS en el patio. Los focos estaban apagados.
Guy Forgeaud se dirigi hacia la puerta del barracn. Ira reptando hasta el taller. Pero
justo cuando se pona en cuclillas para ponerse boca abajo, una mano se le pos sobre el
hombro izquierdo.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
24

La poderosa mueca del monje inmoviliz a Guy Forgeaud.


Mi rosario les es realmente indispensable? pregunt el benedictino al venerable.
ste ltimo asinti con la cabeza.
Qu van a hacer con l?
Ponerlo en el suelo de este barracn y usarlo como smbolo.
Con mucho cuidado, como si manipulara material frgil, el monje se quit el rosario
que le serva de cinturn. En el momento de entregrselo al venerable, titube.
Separarse de l era como abandonarse a s mismo, casi como renegar de su fe.
Se reproch aquella reaccin fetichista. El rosario era slo un objeto, sin ms valor que
el que se le daba. Agradeci al venerable que le hubiera arrebatado aquella parte
profana de su ser.
Cuando vio su rosario en las manos del venerable, el monje experiment la extraa
sensacin de entrar en otro mundo. Transmita una plegaria a un ateo. Cuntos dedos
haban hecho rodar aquellas cuentas de bano, que elevaban pensamientos hacia Dios
mediante la simple repeticin de un gesto? El rosario haba sido el atento testigo de
innumerables horas de soledad en celdas austeras iluminadas por la presencia divina. A
veces, el monje se preguntaba qu hermano se lo quedara a su muerte. Y ahora estaba
en posesin de un venerable.
Por qu acceda a ayudarlo? Si Guy Forgeaud hubiera intentado salir, lo mataran. La
logia no habra podido celebrar una tenida segn la Regla. Pero la Iglesia no habra
perdido nada. Pero a qu Iglesia perteneca un monje benedictino? No se vinculaba,
de manera intemporal, a las primeras comunidades en que mano y espritu eran
indisociables? No buscaba construir al hombre como un capataz, con unos materiales
llamados fe, plegaria y trabajo?
El venerable pareca incmodo.
Le hace falta alguna cosa ms? inquiri el monje, enojado. Mi sayal, tal vez?
Lo necesitar a usted, padre. Para que participe en nuestra tenida.
Al monje le pareci haber odo mal.
Pierde usted la cordura...
Deje que se lo explique. Todos los hermanos aqu presentes desean vivir esta
tenida. Dieter Eckar y Guy Forgeaud son maestros; as que ellos, y nadie ms que
ellos, celebrarn simblicamente los oficios de la logia. Jean Serval es aprendiz y,
cuando salgamos de aqu, preparar un trabajo para pasar al grado de compaero.
El monje y el aprendiz intercambiaron una mirada furtiva. Serval, loco de alegra, se
acababa de enterar de que le resultara posible acceder a otros misterios. Nada poda
alegrarlo ms. Se sinti imbuido de nuevas energas. S, iban a salir de aqulla. El
monje pensaba en los diez oficios monsticos que regan la vida cotidiana de su
comunidad, en la paz del divino obrador. Acaso los masones los haban imitado, o tal

136

Christian Jacq

El monje y el venerable

vez la propia organizacin jerrquica haba sido transmitida y conservada por sus
irreemplazables virtudes?
Sus secretos no me conciernen, venerable. Yo no necesito ninguna explicacin.
Nuestras tenidas deben celebrarse a cubierto prosigui Franois Branier, sin
hacerle caso. En un lugar como ste, necesitamos un retejador exterior, un oficial
encargado de velar por la seguridad de nuestros trabajos. l se queda en el exterior de la
logia y previene a sus hermanos cuando descubre un peligro. Le pido que realice esta
funcin, padre. No asistir a nuestros misterios; pero permitir que se desarrollen con
total serenidad.
El monje, sofocado, olvid su sufrimiento. Saba que el venerable era un personaje
temible desde el primer instante en que lo conoci; ahora bien, de ah a proponerle que
se convirtiera en masn...
Creo haber hecho todo lo posible contest el benedictino. Me pide demasiado.
No me lo parece insisti el venerable. Esta tenida es vital para nosotros. El
Gran Arquitecto se lo agradecer.
El monje refunfu. El venerable lo someta a una dura prueba. Se aprovechaba de su
agotamiento, sin darle tiempo a recobrar el aliento.
Le aseguro, padre, que nuestra tenida no contiene nada que pueda ofender a su
Dios.
Los hermanos esperaban la respuesta del monje. Si uno de ellos se viera obligado a
hacer de retejador exterior, no podra asistir a los trabajos. Y se sera el ms
insoportable de los sacrificios. La cadena de unin slo se completara si el monje
aceptaba la proposicin del venerable.
El benedictino tom asiento. La cabeza le daba vueltas. Tena hambre; en cambio, su
fatiga se atenuaba. Los golpes no haban mermado su energa vital. Y si, al otro lado de
la puerta de aquel siniestro barracn, estuviera el parque de la abada de Saint
Wandrille, con sus rboles y el gorjeo de sus pjaros? Y si bastara con traspasar
aquella frontera para regresar al paraso terrenal?
Saint Wandrille estaba vaco. Ya no haba ms monjes en el monasterio. La guerra
tambin haba llegado hasta all. Sus altos muros ya slo albergaban la ausencia. El
ltimo paraso era aquel barracn lleno de masones que todava crean en lo sagrado.
Aunque se equivocaran, aunque celebraran ritos paganos, olvidaban el horror y
mantenan la esperanza.
Y qu tendra que hacer? quiso saber el monje, con la mirada perdida.
Los hermanos de Conocimiento rodearon al venerable.
Nada ms que mirar al exterior por la abertura que hemos hecho en la pared y
prevenirnos si algn agente de las SS viene hacia nuestro barracn. Su ayuda es
inestimable, padre.
Dense prisa inst el monje, mientras se dispona a ocupar su puesto.

137

Christian Jacq

El monje y el venerable

Finalmente oficiaba de retejador exterior. El venerable y los otros tres supervivientes de


la logia hicieron los gestos necesarios para construir el templo. El venerable se situ en
el Oriente, Dieter Eckart a su derecha y Guy Forgeaud a su izquierda. Jean Serval se
coloc en la columna de septentrin.
Guy Forgeaud destap el escondite, y de all sac un martillo que entreg al venerable.
ste ltimo dio un golpe en la pared del fondo.
Que cada uno ocupe su lugar, hermanos.
Con esta simple frase, el mundo se volva a poner del derecho. Cada hermano aceptaba
su justo lugar en un universo sin tacha.
Hermanos mos prosigui el venerable, nuestra Regla nos exige que nos
aprendamos nuestros rituales de memoria. Debemos recrearlos continuamente. Para
sacralizar este lugar y abrir la logia, os pido que invoquis conmigo al Gran Arquitecto
del Universo. Ordenmonos, hermanos.
El venerable coloc el mallete improvisado a la altura del corazn. Eckart y Forgeaud
hicieron lo propio. El aprendiz se puso la mano derecha en la garganta.
El monje slo vea la noche. El patio estaba casi sumido en la oscuridad. En el interior
del barracn, los hermanos apenas se distinguan. El benedictino estaba furioso. Furioso
con el venerable, porque ste ltimo haba olvidado precisar que, si no vea nada,
escuchara con atencin; furioso consigo mismo por no haberlo captado a tiempo.
Hermano primer vigilante, qu se necesita para que una logia sea justa? pregunt
el venerable.
Que est iluminada contest Dieter Eckart.
Y que l tambin lo est.
Guy Forgeaud coloc tres velas en el suelo.
Que la Sabidura cree dijo el venerable, que se exprese y se materialice.
Guy Forgeaud rasc una cerilla y encendi con ella las mechas de las velas. A partir de
entonces, tres estrellas brillaban en el firmamento del barracn rojo convertido en
templo.
Que los tres grandes luceros se revelen orden el venerable.
Dieter Eckart ech mano de las herramientas que Guy Forgeaud haba trado. Sobre la
regla metlica, puso escuadra y comps, representados por las llaves inglesas.
Que el hermano aprendiz trace el plano de la logia.
Jean Serval se adelant, para situarse en el centro del tringulo formado por el venerable
y los dos maestros. Simblicamente, slo el venerable poda realizar el acto de creacin
consistente en dar a conocer los smbolos. Por designacin, esta tarea poda competer a
un aprendiz. As, la energa circulaba desde el maestro de la logia hasta el ms humilde
de sus miembros.
Jean Serval palideci. Con qu iba a trazar el plano? Crey que, arrastrados por el
salvaje deseo de vivir su ritual, los hermanos haban descuidado ese detalle. Pas el
rosario del monje a Dieter Eckart, quien a su vez lo entreg al aprendiz. Serval coloc el

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Christian Jacq

El monje y el venerable

objeto en el suelo, para completar un rectngulo. sta era la forma adoptada por la
cuerda de agrimensor con sus nudos de apoyo, que delimitaba el espacio sagrado en el
interior del cual se desplegaban las figuras mgicas.
El venerable inclin la cabeza, queriendo decir al aprendiz que haba hecho un buen
trabajo y que ya poda volver a ocupar su lugar. El rosario del monje servira, por s
solo, como plano de logia.
Jean Serval tuvo un movimiento impulsivo. Haba que hacer lo posible por celebrar
aquella tenida excepcional. Y l, con gesto violento, se apoder de la lima que Guy
Forgeaud haba dejado tirada. Aunque tema el dolor fsico, se rasp la piel del
antebrazo izquierdo hasta sangrar. Tuvo que apartar la mirada, pero finalmente logr
embadurnar el ndice de la mano derecha en su propia sangre, luego se arrodill y traz
los smbolos sobre los listones de madera usados.
Empez con el tringulo, la primera forma geomtrica posible. A septentrin, dibuj un
sol con un punto en el centro y, a medioda, una luna creciente. Despus, las tres
ventanas, el pavimento de mosaico a cuadros blancos y negros, el mallete y el cincel, la
perpendicular, el nivel, las dos columnas, la piedra bruta y la piedra cbica, la puerta del
templo.
El aprendiz se levant. La madera ya haba absorbido su sangre.
En honor del Gran Arquitecto del Universo dijo el venerable, declaro abiertos
los trabajos de la logia. Hermanos mos, formemos la cadena de unin.
Los tres maestros y el aprendiz entrelazaron sus manos, y as reconstruyeron al hombre
en su unidad. Mientras ellos saboreaban la plenitud de aquel momento, la puerta del
barracn se abri bruscamente.
Helmut, el ayudante de campo del difunto comandante, estaba de pie en el umbral.

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Christian Jacq

El monje y el venerable
25

El monje los haba traicionado. Al ver que el de las SS vena hacia el barracn, no los
haba alertado. Tal vez le haba hecho una seal al principio de la tenida para que los
masones fueran sorprendidos en plena actividad.
Rompamos la cadena, hermanos orden el venerable.
Las manos se separaron, pero no los espritus. El plano de la logia segua visible. El
monje se dio la vuelta y abandon su puesto de observacin. Tena el rostro ptreo. En
sus ojos, el venerable ley sufrimiento y pesar.
El ayudante de campo entr y, acto seguido, cerr la puerta del barracn. Franois
Branier se senta humillado. El monje era casi un hermano para l. Se haba equivocado
al depositar en l toda su confianza. La logia iba a pagar muy caro su error.
Abrumado, no comprendi el gesto del monje. Pese a las heridas, el benedictino se
levant bruscamente, se abalanz sobre el de las SS y le apret la garganta hasta
estrangularlo.
No! grit el ayudante de campo. Soy uno de los vuestros! Soy un hermano!
El monje titube por un momento y dej de apretar. Eckart, Forgeaud y Serval,
pasmados, esperaban la decisin del venerable. Estaban en plena sesin masnica.
Nadie poda tomar la palabra por su cuenta.
Si eres un hermano dijo Franois Branier en alemn, dame la contrasea de
aprendiz.
El ayudante de campo mir fijamente al venerable. Los labios apenas se movieron. No
articul palabra.
Furioso por no haber cumplido su misin, el monje no quera dejar que nadie ms se
encargara de mandar al de las SS al infierno. Como no conoca la contrasea, estaba
condenado.
Djelo, padre exigi el venerable.
El monje cedi, sorprendido. El de las SS avanz un paso hacia la escuadra y luego se
detuvo, con los ojos clavados en el plano de la logia, trazado con la sangre del aprendiz.
Dio dos pasos ms y traz con la mano derecha el smbolo de la orden.
Venerable maestro declar, soy el ltimo superviviente de una logia de Berln
cuyos miembros han sido ejecutados o deportados. Al igual que ellos, cre en Hitler. He
formado parte de la sociedad Thule, en la que haba otros masones. Esto es lo que me ha
salvado. Pero acabaron identificndome y, ahora, cada da espero ser detenido.
Dieter Eckart crea que aquello era una provocacin. Pero el ayudante haba asumido
todos los riesgos al venir solo. Guy Forgeaud se emocion. As que en lo ms profundo
del infierno, haba un hermano al que no conocan. Jean Serval reviva el momento de
su iniciacin. Se senta perdido, deslumbrado. La vida ya no se paraba a la puerta de
aquella prisin.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Alemania pronto perder la guerra declar Helmut. Maana, pasado maana, el


mes que viene... pero perder.
No ests yendo demasiado lejos, hermano? inquiri el venerable, con una
pregunta ritual para descubrir el grado inicitico del alemn.
Conozco los misterios de la estrella.
Y no vas demasiado lejos?
No, venerable maestro. Soy compaero y desconozco el secreto de los maestros.
En esta logia estn presentes los tres grados de la iniciacin concluy el
venerable. Podemos trabajar en sabidura, fuerza y belleza.
Una indecible alegra inund el corazn de cada uno de los hermanos. Haban logrado
evadirse de la fortaleza, de la guerra y de la desgracia.
Padre dijo el venerable, podra retomar sus funciones de retejador?
El monje no se ruborizaba desde aquel lejano da en que su abuela lo haba sorprendido
robando chocolate. Al dejarse llevar, haba asistido a aquella tenida masnica y
olvidado el hbito que llevaba. Casi se haba visto seducido por la magia de las
actitudes rituales. Avergonzado, dio la espalda a los masones para observar de nuevo lo
que pasaba en el patio. Por desgracia, no poda taparse los odos.
Un hermano pide la palabra en beneficio de la logia?
El ayudante de campo levant la mano.
Tienes la palabra le dijo Franois Branier.
Klaus, el jefe de las SS, lleva ms de dos horas reunido con sus principales
subordinados. Ha logrado convencerlos de exterminar a todos los deportados y
abandonar la fortaleza. La guarnicin no es lo bastante numerosa para soportar un
ataque inminente. La ltima cuestin que deben resolver es la de la logia
Conocimiento. Para sonsacarles el secreto, slo les queda probar con la ms brutal de
las torturas. Doble o nada. Klaus y sus hombres llegarn de un momento a otro. Quera
preveniros y morir con vosotros.
Cada uno encaj el golpe lo mejor que pudo. Se lo esperaban, pero deseaban que aquel
espectro se alejara y que ellos pudieran convertirse en presos de excepcin. Hasta
entonces, los haban mantenido aislados mientras el venerable luchaba por la
supervivencia de todos y cada uno de ellos. El castillo de naipes se desmoronaba.
Cuando la puerta del barracn se abriera por ltima vez, dejara entrar al cortejo de la
nada.
El retejador .nos avisar de todo riesgo de intrusin dijo el venerable. Este
peligro forma parte de nuestra iniciacin. Hermanos, os invito a poneros manos a la
obra. Hermano Dieter, todo es conforme a la Regla?
Dieter Eckart contempl el plano de la logia.
Todo exacto y perfecto, venerable maestro. Cada uno de los hermanos se ha
despojado de sus imperfecciones y cumple su funcin.

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El monje y el venerable

Las palabras rituales se propagaban como el fuego en el cuerpo de Jean Serval. Le


abrasaban el alma. En tanto que aprendiz, permaneca en silencio durante la solemne
tenida. Una vez convertido en compaero, recibira el don de la palabra si superaba la
prueba. Entonces devolvera la energa que haba recibido.
Ahora Jean Serval tena la seguridad de que la puerta del barracn rojo no se abrira
durante la noche. Aquella tenida durara eternamente. El venerable tena el rostro
demasiado sereno para que fuera de otro modo.
De dnde venimos, hermano segundo vigilante?
De una logia de Jean, venerable maestro.
En qu trabajan los iniciados?
Desbastan la piedra bruta mientras practican la Regla.
Los aprendices estn satisfechos?
La armona reina entre ellos, venerable.
Hermano primer vigilante, los compaeros han descubierto la piedra bruta?
La Fuerza reside en ellos, venerable maestro.
Que los maestros transmitan la Sabidura que les ha sido transmitida. As nacer la
luz. Ocupad vuestro lugar, hermanos.
Cada uno de ellos busc instintivamente el banco de piedra o de madera en el que
acostumbraba a sentarse. Se conformaron con sentarse en el suelo del barracn con las
piernas cruzadas.
Hermanos prosigui el venerable, nuestros ltimos trabajos se haban basado en
los deberes del iniciado respecto al Gran Arquitecto del Universo y, ms concretamente,
en el secreto del Nmero del que nuestra logia es depositaria.
As que pens el monje los de las SS no se equivocaban.
De manera excepcional continu Franois Branier, he tomado la decisin de
transmitiros este ltimo secreto de la iniciacin. Ninguno de vosotros es venerable, pero
me dirijo al venerable que llevis dentro. Esta noche os convertiris, como yo, en
custodios del Nmero que hace inmortal nuestra hermandad.
Dieter Eckart pidi la palabra.
Venerable maestro, esta postura no me parece conforme a la Regla. Ninguno de
nosotros est capacitado para recibir ese secreto y, mucho menos, para transmitirlo.
Moriremos desempeando nuestra funcin, no pedimos ms. Tenemos el inmenso
placer de celebrar esta ltima tenida. Si nuestro secreto va a desaparecer con
nosotros, ser porque el Gran Arquitecto as lo habr querido. Y te recuerdo que hay un
profano... casi entre nosotros.
El monje no era tan ingenuo para creer que el venerable haba olvidado su presencia. Se
dispona a darse la vuelta, a saludarlo y a abandonar el barracn. No tena intencin de
escuchar ms de la cuenta.

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El monje y el venerable

Nuestro retejador exterior hace su trabajo a la perfeccin indic Franois Branier


. Oye lo que se dice en el interior del templo; pero, al igual que nosotros, est obligado a
guardar el secreto.
El monje gir la cabeza. Su mirada se cruz con la del venerable, que ley en ella un
asentimiento. Esta vez, el monje sinti que el venerable depositaba en l una confianza
absoluta. Le tenda una trampa. As lo obligaba a quedarse, a guardar un secreto que no
haba querido compartir.
El hermano Dieter lleva razn constat Guy Forgeaud despus de haber obtenido
la palabra. Slo puedes transmitir el ltimo secreto a tu sucesor, venerable maestro.
se no es el objetivo de esta tenida.
Aunque el compaero y el aprendiz compartieran la opinin de los maestros, guardaron
silencio.
El venerable nunca haba estado en desacuerdo con su Cmara del medio, integrada
por maestros de la logia. Era fcil respetar la Regla de la unanimidad, en la medida en
que los hermanos vivan en armona.
Tal vez uno de nosotros sobreviva insisti Franois Branier. Tan cerca de la
destruccin de nuestra logia, es preciso que todos estemos al corriente de lo esencial. S
que sta es una propuesta excepcional, que contradice la Regla. Pero debemos agotar
todas las posibilidades de sobrevivir.
Dieter Eckart volvi a pedir la palabra.
Debemos rechazar todo aquello contrario a la Regla. Cuntas veces nos has repetido
que all se encontraban todas las respuestas a nuestras preguntas? Por qu hoy iba a ser
diferente?
Porque hoy es nuestro ltimo da, hermano.
Guy Forgeaud levant la mano.
No importa, venerable maestro. La iniciacin no puede desaparecer, aunque nosotros
muramos. Si este mundo est podrido hasta el punto de permitir el asesinato de un
venerable, mejor morir. No violemos la Regla bajo ningn pretexto.
El monje comprenda la tentativa del venerable. Ante todo, transmitir la Regla, incluso
en las peores condiciones. Nada de preguntarse si un hermano es digno o indigno;
simplemente pensar que es un hermano y que esta mera cualidad le permite transmitir
los secretos ms inaccesibles.
El venerable haba fracasado. Era imposible cambiar la opinin de los dos maestros. La
jerarqua no se rompera, la Regla no se transgredira... pero solo l cargara con el
secreto.
Entonces deduzco que rechazis mi proposicin manifest el venerable. Vamos
a...
Las palabras de Franois Branier se perdieron en un silbido agudo que se amplific a
una velocidad extraordinaria hasta volverse ensordecedor. Los hermanos se taparon los
odos por instinto.

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El monje y el venerable

Luego todo explot.

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El monje y el venerable

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Una bomba. El fuego del cielo que el viejo astrlogo nizardo tantas veces haba
anunciado.
Atacaban la fortaleza nazi.
Mil ideas se haban arremolinado en el espritu del venerable, durante las escasas
dcimas de segundo que haban separado el fin del silbido y el estallido de la bomba.
Haba cado justo ante la puerta del barracn rojo. Luego otro silbido, otros dos, otros
diez...
El barracn rojo haba saltado por los aires. Franois Branier haba salido disparado
hacia atrs. Su nico reflejo, protegerse los ojos con los antebrazos. El impacto frontal
de las tablas le produjo heridas en la espalda, y el polvo lo ceg. Pero consigui
levantarse.
Un montn de ruinas. El monje tena el rostro ensangrentado, pero se mantena en pie.
El aprendiz Jean Serval, con el brazo izquierdo inmvil, trataba de ayudar a Guy
Forgeaud, sepultado bajo las tablas. A su lado estaba Dieter Eckart, con la cabeza
destrozada. Su cadver yaca sobre el de Helmut, el ayudante de campo, el hermano
aparecido en pleno infierno.
El monje pareca incapaz de avanzar. Se tambaleaba, como una estatua a punto de caer
de su pedestal. El venerable lo agarr del brazo. Serval levant a Forgeaud.
Estoy ciego dijo el maestro.
Se aceleraba el ritmo de las explosiones.
Largumonos de aqu! inst Guy Forgeaud. Ahora podemos huir.
Franois Branier no tena ganas de dar el menor paso. Deseaba quedarse all, junto a
Dieter Eckart.
Vamos le dijo el monje. Su hermano tiene razn. Hay que intentarlo.
Avanzaron arrastrndose el uno al otro, franqueando los restos de piedras y escombros.
El venerable quiso detenerse, hablar con Dieter Eckart, pero el monje tir de l.
No servir de nada murmur el benedictino.
Jean Serval y Guy Forgeaud ya haban llegado al patio. El aprendiz, pese a su brazo
roto, guiaba al maestro ciego, cubierto de polvo y sangre.
Las explosiones se espaciaban. El ataque perda intensidad. La fortaleza agonizaba. Ya
no quedaba ningn barracn en pie. La caserna de las SS arda en llamas. La torre
central estaba destripada. En la muralla, todo eran grietas y agujeros. Unos deportados
corran y otros se peleaban con los agentes de las SS que haban sobrevivido, para
arrebatarles las armas. Disparos. Gritos. Muerte. Llamas que encendan la noche.
El venerable caminaba a duras penas. Cada esfuerzo alargaba su sufrimiento. La herida
que tena en la espalda deba de ser grave. En cambio, el monje se recuperaba. El gusto
de la libertad le devolva las fuerzas.
Djeme, padre... empiezo a ser una carga.
Un retejador no abandona a su venerable. Deje de decir disparates y camine.

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El monje y el venerable

No lejos de all, explot una bomba que los tir al suelo. Una densa humareda los aisl.
Perdieron de vista a Serval y Forgeaud, que se dirigieron hacia una de las brechas que
haba en la muralla.
Ya est! grit Serval Salvados!
El aprendiz distingui la herbosa pendiente. Haba que franquear unos bloques,
precipitarse al vaco, luego correr, correr... Serval tir violentamente de Forgeaud, que
sobreviva gracias a una voluntad de hierro. Morira con las botas puestas, pero no en
aquella prisin.
Alto! orden la voz de Klaus, el jefe de las SS.
Klaus no haba dejado de disparar desde el principio del ataque. Ya haba vaciado varios
cargadores, para matar a fugitivos y ejecutar a desertores de las SS. El can de su fusil
ametrallador quemaba. Pero Klaus era el amo de la fortaleza, y nadie la abandonara.
Jean Serval no quiso obedecer la orden del de las SS. La libertad estaba demasiado
cerca.
Cuerpo a tierra! orden Guy Forgeaud.
Aterrorizado, y con los ojos llenos de lgrimas, el aprendiz se volvi hacia el maestro.
Sinti un escozor en el costado que lo hizo doblegarse. Se llev la mano a la herida y la
retir empapada de sangre. Camin hacia el jefe de las SS, que continuaba disparando.
No, ahora no, me voy a convertir en compaero, voy a...
Klaus rea, con una risa de loco. Los masones no escaparan. Serval, ya muerto, segua
avanzando. El cargador del fusil ametrallador estaba vaco, pero el SS no dejaba de
apuntar a los dos hermanos con su arma. Guy Forgeaud dio un paso ms y se abalanz
sobre el de las SS. Alcanz el cuello con sus manos y apret. Pero no le quedaban
fuerzas para matar.
Antes de caer en el pozo sin fondo de la vida, recobr la vista. Un solo instante. Lo justo
para percatarse de que el jefe de las SS haba sido casi decapitado por una esquirla.
El monje y el venerable caminaban en crculo, sin saber dnde se encontraban. Un trozo
de la muralla se vino abajo y aplast a una decena de deportados que la escalaban. El
monje tosa sin cesar, con la garganta irritada por la polvareda. l haba presenciado el
enfrentamiento entre Klaus y los dos hermanos. El venerable, no; se desplazaba en una
bruma rojiza, capaz de distinguir slo las sombras. A sus espaldas, el ruido de un motor.
La auto ametralladora avanzaba peligrosamente en su direccin. Iban a morir
atropellados. El venerable supo que no volvera a ver a ninguno de sus hermanos y que
haba perdido su apuesta.
No desaparecera l, sino el secreto del que era depositario. Un secreto que sus
antecesores haban considerado vital para la humanidad. Un secreto que haba dado
lugar a las pirmides, a los templos y a las catedrales, esos faros, esos oasis de belleza y
armona que influan sin saberlo en el ms brbaro de los hombres. Entonces Franois
Branier comprendi que l era el ltimo de los gigantes; abandonaba un mundo en el
que ya no encontraba su lugar. La iniciacin iba a desaparecer porque la humanidad

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El monje y el venerable

haba elegido la fra luz de la nada. Ya no quedaba ni un solo hermano al que dar la
mano. Y sin embargo, todos ellos vivan en l; estaban presentes en cada una de sus
clulas, en cada gota de su sangre. Ya slo quedaba el monje, que intentaba en vano
hacerlo avanzar, rescatarlo del monstruo de metal que se dispona a devorarlos.
Ahora, Franois Branier viva la funcin de venerable. Estaba posedo por la comunidad
de hermanos que haban partido hacia el Oriente eterno; constitua el eslabn que los
vinculaba al Gran Arquitecto y al mundo. Tal vez algunos sabios no necesitaran de
nadie para descubrir la verdad; en cambio, l necesitaba del ms humilde de los
iniciados. Eran todos irremplazables.
Franois Branier se colm de la vida de sus hermanos. Esta vez, se senta capaz de
transmitir la Regla, de reconstruir una logia en la que nada de lo que haban vivido sera
traicionado. Se converta en venerable.
Pero ya era demasiado tarde. Haba fuego por todas partes. La fortaleza se
desmoronaba. Franois Branier, ltimo venerable de la logia Conocimiento, dej caer
la cabeza hacia atrs y cerr los ojos.

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El monje y el venerable
27

A finales de aquel verano de 1947, el sol se volva suave como una caricia. le de
France haba pasado un calor sin precedentes desde mediados de primavera. Manzanos
y perales estaban cargados de frutos pesados que maduraban a lo largo de das
luminosos.
El pueblo viva al ritmo pausado de las tradiciones, lejos del urbano ajetreo; a las siete
de la tarde, campos y huertos quedaban desiertos. Los lugareos tomaban el aperitivo,
hablaban de las cosechas, se preparaban para la llegada del otoo. Ningn ruido rompa
la brisa de septiembre; ningn ruido, salvo la meloda del mallete y el cincel de un
picapedrero, encaramado en la cima de un andamio.
El monje se interrumpi, dej sus herramientas a un lado y se enjug la frente.
Empezaba a hacer fresco. Pese a su robusta constitucin, lo tema. Padeca las secuelas
de la congestin pulmonar que haba estado a punto de acabar con su vida.
El monje trabajaba en la capilla desde el amanecer. Una semana ms, y celebrara su
inauguracin. Haba adoptado el plan de la iglesia alta de la abada de San Wandrille.
Un estilo romnico muy puro, austero, despojado de todo discurso intil.
Cuando el monje haba empezado su obra en un terreno que le haba ofrecido el
municipio, los lugareos se haban ofrecido a echarle una mano. El benedictino haba
rechazado su ayuda, aduciendo que se trataba de un voto. Deba trabajar l solo. Su
capilla quedara al amparo de san Francisco. Una vez terminada, sera ofrecida al pueblo
con la condicin de que la mantuvieran en un perfecto estado de conservacin. Se
celebrara una misa una vez al ao para glorificar la fraternidad de los justos. Nadie
haba podido descubrir ms detalles. Ya estaban acostumbrados a la muda presencia de
aquel extrao benedictino. Cuando regresara a su monasterio, lo echaran de menos.
El monje pasaba la mano sobre un bloque de granito que acababa de colocar. Aquella
piedra tena alma. Vibraba. Rezaba. De buena gana habra pasado el resto de su vida en
el interior de su capilla. Pero la comunidad lo reclamaba. Ascendido a la dignidad de
abad, ya no poda darse el lujo de la soledad. Mil tareas, de la ms material a la ms
espiritual, exigan su presencia y su atencin. As lo dictaba la Regla, y no haba
derogacin posible.
El monje se baj del andamio, limpi las herramientas y las guard en una caja que
deposit en el interior del edificio, donde pronto estara el altar, una piedra de fundacin
de la poca de las catedrales que Saint Wandrille ofreca a la capilla.
El terreno, inabarcable, estaba poblado de hayas y robles. A occidente, una hilera de
lamos de follaje plateado. Ninguna casa a la vista. El monje mont en una bicicleta y
fue pedaleando tranquilamente hasta el pueblo, por un sendero que atravesaba los
campos. El sol se acostaba en los trigales. Unos cuervos llegaban graznando al bosque.
Las golondrinas bailaban en el cielo, y algunas descendan en picado hacia el monje
para saludarlo a su paso con un batir de alas.

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El monje y el venerable

El benedictino senta un afecto especial por aquella hora del da, en la que Dios le
pareca estar tan cerca que un dilogo sin palabras se entablaba en su interior. Entonces
el monje ya no era dueo de s mismo. Sus pensamientos se dispersaban en el sol rojizo,
y eran absorbidos por las luces fugaces en las que se juntaban el da moribundo y la
noche naciente. No tena nada que elegir ni que decidir: la vida segua su curso.
En la plaza del pueblo, dos campesinos discutan sobre un pltano. Saludaron al monje
cuando ste apoy la bicicleta contra la pared del ayuntamiento, un bonito edificio de
finales del siglo XVIII al que se acceda por una escalinata. El monje subi lentamente
los peldaos. Desde que haba salido del infierno, desde que Dios le haba permitido
ganar su apuesta, el benedictino apreciaba cada uno de los segundos que viva.
Entr en el ayuntamiento. El vestbulo de entrada ola a cera y a madera vieja.
Ayudndose de la barandilla, subi la chirriante escalera interior. El despacho del
alcalde se hallaba en la dcima planta. La puerta estaba entreabierta. El monje la
empuj.
Buenos das, seor alcalde.
Buenos das, padre?
Excelentes.
Una cerveza fresca?
El monje no se hizo de rogar. Tena sed. Desde el ventanal del despacho, vea la
frondosidad de los grandes tilos que sombreaban el lugar.
Vamos, padre?
El monje se levant. Llevaba mucho tiempo esperando aquel momento. El alcalde
march delante del benedictino. Los dos salieron del ayuntamiento por la parte de atrs,
luego atravesaron un jardn de csped y entraron en una propiedad cercada con altos
muros. Al fondo, una casa tradicional de tres plantas. En un rincn del terreno haba un
tmulo en piedra, al cual una pesada puerta de metal impeda el acceso. El alcalde sac
una llave del bolsillo.
Entonces, venerable, es aqu donde ha construido su logia.
S, padre. Puesto que el Gran Arquitecto me ha permitido ganar la apuesta, he
mantenido mi palabra. Lo he construido todo con mis propias manos. Como usted.
Supongo que las visitas estn prohibidas a los profanos. Usted ha podido ver mi
capilla, pero yo no ver su logia. Dios no tiene miedo de dejarse ver; en cambio, su
Gran Arquitecto se esconde.
Franois Branier dio una vuelta de llave en el cerrojo y abri la puerta.
Tengo la impresin, padre, de que su Dios no se deja ver tanto como usted pretende.
Entre. Desde que se hizo retejador, ha dejado de ser un profano. O tengo que
recordarle que los retejadores son antiguos venerables? Est usted en su casa. Como
revancha. Para m sera un gran placer ser recibido por un abad.
Bueno refunfu el monje, mientras bajaba la escalera que conduca a la logia.
Una decena de peldaos, un recodo a la derecha y una antesala con un cuartucho.

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Christian Jacq

El monje y el venerable

Aqu es donde meditan los futuros iniciados antes de su primera muerte explic el
venerable.
Abri otra puerta, que daba a la logia propiamente dicha. Una bveda en forma de
ngulo, cubierta de estrellas. Un suelo de baldosas negras y blancas. Al fondo, tres
peldaos llevaban a una especie de estrado sobre el que haba tres mesitas. En la del
medio, un Delta. El monje se acerc y descubri, a ambas partes de la puerta, dos
columnas coronadas por granadas. En el centro del templo, otras tres columnas
enmarcaban un tablero en blanco: la superficie sobre la que escriban, en cada tenida,
los smbolos creadores, los que el monje haba visto mezclarse con la sangre de un
hermano en el suelo del barracn.
Ha encontrado un sucesor?
Todava no respondi el venerable. He logrado reunir a algunos hermanos para
reconstruir una logia inicitica. Me mantienen como venerable hasta el ao que viene.
Entonces espero retirarme. De buena gana me ira con usted, padre...
La gente como nosotros no tiene derecho a retirarse, venerable. Adems, yo no
tolerara la presencia de un hereje entre los muros de mi abada. Ser ms til aqu. Hay
mucho que hacer para devolver a algunos el sentido de la vida. Y cuando lo hayan
recuperado, stos salvarn a otros.
El monje y el venerable se sentaron en uno de los bancos de madera que los hermanos
ocupaban durante las tenidas. La serenidad de la piedra desnuda y su tranquila
eternidad iban penetrando poco a poco en sus almas.
Sobre un pequeo altar, cerca del monje, haba una cesta de mimbre con los metales.
Entre ellos, el anillo del compaero Raoul Brissac que l mismo haba encontrado entre
los restos calcinados de la fortaleza.
Sabe algo de nuestra joven alemana?
Pronto ser profesora de universidad contest el venerable.
La joven rubia haba logrado escapar y avisar a los aliados.
Si Guy Forgeaud no hubiera saboteado la auto ametralladora record el monje,
ahora no estaramos aqu. Estoy convencido de que hubisemos muerto arrollados. Se
par en seco. Una bomba la desintegr. Usted no vio nada de aquello. Se haba
desmayado.
Guy Forgeaud, Dieter Eckart, Pierre Laniel, Andr Spinot, Raoul Brissac, Jean Serval,
maestros, compaeros y aprendiz, todos ellos abrasados en el infierno.
El misterio de un venerable pensaba el monje es su soledad. Cuando lo ha dado
todo, cuando se entrega totalmente a su logia, cuando su vida es una suma de las vidas
de sus hermanos, qu le queda de su persona? El abandono de lo que crea ser, la
extraa luz de un mundo en el que preguntas y respuestas han desaparecido, en que el
Gran Arquitecto del Universo es una presencia que se vale por s misma... Un venerable
no tiene ni amigos ni confidentes. Est solo, porque su destino personal ya no cuenta, ni
siquiera en su opinin. Quiz tema una tarea que lo supere, quiz dude de todo. Pero eso

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Christian Jacq

El monje y el venerable

no importa. Estas emociones no son compartidas. Los hermanos esperan que el


venerable dirija la logia, que les ilumine el camino, que les aporte la energa necesaria.
Por qu hemos ganado los dos? pregunt el monje.
Porque no podamos perder respondi el venerable.
Fuera, caa la noche. Uno de los crepsculos acolchados de le de France que, con su
squito de nubes naranjas, resguardaba los ltimos rayos del sol.
El monje y el venerable abandonaron la logia y recorrieron juntos, con las manos
cruzadas detrs de la espalda, el camino de tierra que se perda en el campo, lejos de las
casas.
Los monjes de Saint Wandrille son muy afortunados de teneros como abad, padre.
Deje de ocuparse de nuestros asuntos replic el monje, hurao. Piense en formar
maestros y en transmitirles su famoso secreto. Yo nunca he credo que fuera valioso,
pero mejor utilizarlo para transformar la podredumbre en pureza.
Por una vez, padre, comparto su opinin.
Ni el monje ni el venerable deseaban que aquella noche llegara a su fin. Desde lo alto
del cielo, las golondrinas vieron cmo sus dos siluetas, curiosamente parecidas, se
aventuraban en las tinieblas.

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El monje y el venerable

Lxico masnico bsico


Acacia:
Smbolo masnico de la inmortalidad del alma. Es tambin el smbolo de la iniciacin.
gape:
Banquete fraternal desprovisto de todo ritual que se organiza tras la tenida.
Arte Real:
Nombre que recibe la masonera en cuanto a ascesis e ideal de vida.
Atributo:
El delantal, cordn y dems emblemas que cambian segn el grado o la funcin ejercida
en la obediencia.
Altar:
Mesa situada frente al Venerable, sobre la que se sitan las tres Grandes Luces: el
Volumen de la Santa Ley, la escuadra y el comps. Ante el altar los nuevos iniciados
prestan su juramento.
Barrica:
Trmino que en el banquete masnico designa la botella.
Carta de Constitucin:
Ttulo que una Obediencia otorga a una logia para poder trabajar de manera regular.
Catecismo:
Manual que contiene para cada grado la enseanza masnica.
Ctedra del Rey Salomn:
Sede ocupada en la logia por el Venerable.
Coloquio:
Debate en torno a temas concretos entre especialistas masones y profanos.

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El monje y el venerable

Columnas:
Designa los lugares de los masones en el Templo, estn al lado de una u otra columna.
Las dos columnas simblicas J y B (Jakin y Boaz) se sitan a la entrada de la logia, a
imitacin de las que Hiram coloc ante el vestbulo del templo de Jerusaln (Jakin a la
derecha, y Boaz a la izquierda) segn aparece establecido en la Biblia (1 Reyes, 7, 2122).
Contrasea:
Forma de reconocimiento manual entre francmasones.
Despertar:
Regreso a la actividad masnica de un francmasn o de una logia.
Edad:
Grado masnico.
Escocismo:
Francmasonera de los altos grados.
Escuadra:
La segunda de las tres grandes Luces que iluminan la logia como signo de equidad y
conciliacin permanente entre las oposiciones que hay en la logia.
Experto:
Masn encargado de reconocer a los visitantes.
G:
La letra sagrada inscrita en el centro de la escuadra. Para algunos masones es la primera
letra de la palabra inglesa God (Dios); otros la consideran la primera letra de la palabra
geometra.
Gabinete de reflexin:
Gabinete en el que se encierra al profano antes de su iniciacin para meditar ante un
cierto nmero de smbolos. En este lugar redacta su testamento filosfico.
Grados:
Pasos en escala que se deben recorrer para llegar al conocimiento masn.

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El monje y el venerable

Gran Arquitecto del Universo:


Referente no exclusivo del Creador. Para algunos masones es el smbolo de Dios, para
otros el principio creador y para todos la Ley. Las siglas son G.A.D.U.
Gran Maestro:
Suprema autoridad en una Obediencia.
Grabar:
En lenguaje masnico significa escribir.
Guantes blancos:
Smbolos de la pureza.
Hermano:
Ttulo fraternal con que se distinguen los miembros de la masonera.
Hijos de la Luz:
Forma frecuente de denominar a los masones.
Hijos de la viuda:
Forma frecuente de denominar a los masones.
Iniciacin:
Ceremonia ritual de ingreso de un profano en la masonera.
Instalacin:
Ceremonia ritual de toma de posesin del venerable maestro.
Irradiacin:
Ceremonia de expulsin de un hermano por mala conducta.
Juramento:
Cfr. Obligacin.
Lluvia:
Momento en que un profano se acerca en el momento que se celebra una tenida.

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El monje y el venerable

Logia:
Lugar donde se renen los masones. Imitando a las logias operativas de los
constructores de catedrales se orientan como las catedrales. La puerta se encuentra a
occidente; el Venerable se sita en el oriente, y los compaeros en el sur, con los
maestros.
Mandil:
Delantal usado por los masones en la logia y adornado segn el grado.
Mallete:
Martillo o masa con dos cabezas, de madera o de marfil, atributo del Venerable y de los
dos Vigilantes.
Metales:
Signos exteriores de riqueza y de las pasiones humanas.
Obediencia:
Federacin de logias bajo una misma autoridad.
Obreros:
Miembros activos de una logia.
Orden:
Sinnimo de la Masonera Universal.
Oriente:
Lugar donde se ubica el Venerable Maestro en una logia. Lugar o poblacin donde se
ubica una logia.
Oriente Eterno:
El situado ms all de la muerte. Pasar al Oriente Eterno se refiere a la muerte de un
masn.
Palabra de paso:
Palabra secreta utilizada en cada grado.

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El monje y el venerable

Pasar la paleta:
Perdonar a un hermano una ofensa.
Pase bajo venda:
Interrogatorio que hacen al profano que quiere iniciarse en masonera con los ojos
vendados.
Pasos:
Pasos rituales que se dan en cada grado.
Plancha:
Todo trabajo escrito, bien se trate de un discurso, de correspondencia, etc.
Profano:
Persona no iniciada o ajena a la masonera.
Radiar:
Excluir o expulsar a un hermano juzgado indigno o que no ha respetado sus
compromisos.
Recibir la luz:
Iniciarse en la masonera.
Sueo:
Estado en el que se encuentra un francmasn o una logia que ha interrumpido su trabajo
masnico regular sin perder sus derechos masnicos.
Supremo Consejo:
Potencia masnica que dispone de la jurisdiccin sobre los talleres del 4 al 33 grado
(por lo tanto no en las logias azules).
Taller:
Nombre que la masonera otorga a todos los cuerpos iniciticos, ya se trate de las logias
que trabajan en los tres primeros grados, o de entidades constituidas por los grados
superiores.

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El monje y el venerable

Templo:
Para el masn, en primer lugar es el ideal a realizar: el templo de Salomn que jams se
acabar de construir. Tambin es el local en el que se rene la logia.
Tenida:
Reunin ritual de una logia.
Toque:
Modo de reconocerse los masones.
Trazar:
Escribir.
Tringulo:
Agrupacin de tres maestros masones.
Tronco de la viuda:
Tronco en el que al fin de cada tenida, los masones depositan sus bolos para las obras
de beneficencia de la logia.
Trono de Salomn:
Lugar reservado para el Venerable en las tenidas.
Valle:
Lugar geogrfico donde su ubica una logia.
Viajes:
Preambulaciones del profano alrededor del taller durante sus pruebas de iniciacin.

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