Tpicos del Seminario
ISSN: 1665-1200
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Benemrita Universidad Autnoma de Puebla
Mxico
Darrault-Harris, Ivan
La estratificacin del espacio psicoteraputico
Tpicos del Seminario, nm. 24, julio-diciembre, 2010, pp. 55-70
Benemrita Universidad Autnoma de Puebla
Puebla, Mxico
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La estratificacin del espacio psicoteraputico
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La significacin del espacio.
Tpicos del Seminario, 24.
Julio-diciembre 2010, pp. 55-70.
La estratificacin del espacio psicoteraputico1
Ivan Darrault-Harris
Universidad de Limoges
Traduccin de Dominique Bertolotti Thiodat
La problemtica de la significacin del espacio puede ser abordada semiticamente desde mltiples campos de investigacin;
esto se explica porque la dimensin espacial es coextensiva a
todas las actividades y producciones significantes humanas. Y
la fenomenologa ha insistido suficientemente sobre nuestra primera realidad, la ms corporal: nuestro cuerpo es, antes que
nada, un volumen en movimiento, volumen que se desplaza en
el espacio. A su vez, este ltimo es percibido por el cuerpo a
partir del centro que formamos gracias a nuestra propia presencia en el espacio: Mi cuerpo va hasta las estrellas, escriba
magnficamente M. Merleau-Ponty.
El espacio de la terapia
El campo de investigacin que hemos escogido, con el propsito de lograr un avance en la descripcin y anlisis de la
1
Este artculo retoma un tema que fue parcialmente analizado en la sesin
del Seminario Intersemitico de Pars el pasado 9 de enero de 2009.
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Ivan Darrault-Harris
significacin del espacio, es el de una prctica: la del cuidado, tal como entendemos la prctica de la terapia. 2
Evidentemente, podramos iniciar estas reflexiones por el estudio de aquellos lugares que se destinan a albergar el ejercicio
de la terapia, lo que producira entonces una semitica de la arquitectura de los espacios dedicados al cuidado. Como se puede
comprender, no es ste nuestro proyecto; en primer lugar, por
falta de competencia en semitica arquitectnica pero, sobre
todo, porque la significacin del espacio reservado a los cuidados, que elaboramos y estudiamos, tiene una relacin muy especfica, pero a la vez indirecta, con el espacio concreto y construido que lo acoge.
En efecto, la arquitectura del hospital, de la clnica, o del
consultorio mdico se nos presenta de inmediato como si estuviera concebida, engendrada, a partir de una tipologa de
las patologas que aquejan al paciente. Esto constituye una
nosologa que se elabora a partir de una segmentacin del
cuerpo humano, de los rganos y de las funciones orgnicas.
El espacio teraputico se edifica, pues, sector por sector, pabelln por pabelln, servicio por servicio, en funcin de las
configuraciones espaciales deseadas, de las exigencias tcnicas
de la medicina asociada a cada rgano o funcin: oftalmologa, neumologa, hematologa, gastroenterologa, nefrologa,
urologa, cardiologa, etc.; a las patologas: neuropatas, hemofilias, enfermedades metablicas, cancerologa (u oncologa),
etc.; al ejercicio de los exmenes o intervenciones necesarias:
Los semiotistas asiduos de la Escuela de Pars conocen nuestro inters, desde los aos 80, en este preciso campo semitico con el que hemos podido comenzar a realizar el deseo de Greimas de crear una psicosemitica (Cfr., entrada
Psicosemitica, en A.-J. Greimas y J. Courts, 1979). sta se prolong y se
extendi en una etosemitica, semitica del comportamiento humano, normal y
patolgico. Nuestros primeros trabajos han versado sobre sesiones de terapia corporal, psicomotriz, en las que el uso del espacio por la pareja terapeuta-paciente
que proporcionaban al espacio dado significaciones tan ricas como inesperadas pareca fundamental.
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radiologa, resonancia magntica, escner, intervenciones
quirrgicas especializadas segn las partes del cuerpo.
De algn modo, estos espacios tcnicos preexisten en su significacin a la llegada continua de los pacientes que se integran
a ellos, as que los diversos profesionales de la salud ayudantes, enfermeros, mdicos, y pacientes no son, a nuestro modo
de ver, generadores de espacios significantes, sino que participan de una puesta en escena espacial al recibir de un espacio
preprogramado lo esencial de su significacin como actores, de
pacientes del cuidado teraputico.3
Un cuestionamiento necesario
Sin embargo, existe un sector teraputico que, a nuestro juicio,
debe cuestionar e invertir esta relacin de engendramiento de la
significacin del espacio. O, ms bien, este sector teraputico
no podra contentarse, para existir e inducir un proceso de cura,
con una arquitectura tcnica del cuidado, por ms acondicionada y mejor equipada que sea. Incluso cuando, por desgracia, en
una gran cantidad de casos, la relacin con el espacio puede permanecer idntica a la que rige los servicios de medicina estrictamente orgnica.4
Este sector tan especfico, desde el punto de vista de su organizacin semitica deseable, es el campo en el que se ejerce la
psicoterapia, disciplina que ciertamente requiere de un espacio
visible, convenientemente proyectado y habitable, pero tambin
y sobre todo de un espacio invisible que se tiene que generar y
3
Evidentemente, las cosas son ms complicadas y sera ingenuo creer que
un espacio tcnico, eventualmente perfecto, basta para engendrar un espacio teraputico perfecto. El hacer humano interviene siempre de manera determinante,
como lo demuestran las evaluaciones contrastadas de los pacientes en cuanto a la
calidad de los cuidados recibidos.
4
Anteriormente habamos desarrollado una crtica de la institucin psiquitrica del asilo que iba en este sentido (Cfr., Darrault-Harris, I. y Klein, J.-P., 2007:
cap. II).
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Ivan Darrault-Harris
mantener, incluso restaurar. Ambos espacios,5 de naturaleza muy
distinta, uno engarzado en el otro, constituirn el espacio psicoteraputico stricto sensu.
Necesidad del encuadre, espacio invisible
Los psiquiatras, psicoanalistas, psicoterapeutas, psiclogos, sea
cual sea su corriente, poseen y utilizan un trmino: el de encuadre,6 que designa muy bien a este espacio invisible y siempre en
construccin, espacio indispensable para llevar a buen trmino
un tratamiento de esta naturaleza.
Entonces, este encuadre se tiene que crear en el seno mismo
del espacio material, por ejemplo, de un servicio hospitalario.
Aunque, paradjicamente, el encuadre invisible de la psicoterapia puede, en algunos casos, estar desubicado, esto es, en lugares inesperados, totalmente exteriores al espacio institucional
del hospital.7 Estos ejemplos de transformacin espacial de un
5
Habra, aqu, que extender el anlisis a otros casos en los que una prctica
humana requiere la puesta en lugar, en un espacio visualmente ubicable
englobante, de un espacio englobado e invisible. Pensamos, aqu, en las construcciones que albergan las artes vivas del espectculo, por ejemplo. Aun
cuando se desarrolle en un espacio arquitectnico suntuoso, tal representacin teatral ser un fracaso si el espacio invisible de la relacin teatral necesaria no se forma, que engloba a los espectadores y a los actores en la misma
burbuja. Un anlisis semitico ya antiguo de la arquitectura del Palacio
Garnier de Pars (la pera) mostraba que la escalera monumental que da acceso a la sala, permita constituir, a partir de los individuos reunidos para
una funcin nocturna al azar, un actante colectivo, factor, justamente, de
constitucin de este espacio invisible, como condicin del xito de la representacin.
6
No podemos sino evocar aqu el gesto del augur romano que traza, con la
ayuda del bculo ritual, en el cielo insignificante, banal espacio infinito el
rectngulo invisible en el que el vuelo aleatorio de los pjaros tomar un sentido
proftico.
7
Nos viene a la memoria un ejemplo preciso de desubicacin: uno de nuestros pacientes en psicoterapia, un adolescente, se haba fugado de la familia que
lo haba recibido. Nos llam al servicio, pidiendo ayuda y, junto con nuestra
colaboradora, tuvimos que improvisar, en el rea de comida de la estacin de
ferrocarril
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espacio8 son de gran inters para el semiotista y se agregan a
otros ejemplos similares del mismo proceso: una compaa de
actores de la calle puede, en un abrir y cerrar de ojos, transformar temporalmente un espacio pblico trivial en una escena de
teatro.
Este mismo espacio, una vez que se hayan ido los comediantes, regresar luego a lo que era: espacio-camalen que
se encarga, as sea de manera efmera, de la significacin de los
comportamientos y de las palabras de los actores que all se instalan, al conferir a los constituyentes del espacio urbano (bancas,
rboles, faroles, banquetas, etc.) una significacin 9 metafrica
provisional integrada en el espectculo.
Funciones del encuadre: del peligro de la repeticin
Antes de detenernos ms largamente en las operaciones
semiticas que generan este espacio invisible,10 as como en las
que son propias de su naturaleza, nos parece importante asir
las razones que imponen a cualquier psicoterapeuta su construccin y su mantenimiento.
ferrocarril, un espacio teraputico indito. La sesin, de hecho, se desarroll
de manera tan eficiente como dentro de los locales del servicio hospitalario.
8
En la Isla de la Reunin (situada en el Pacfico) hemos podido estudiar de
cerca una prctica de terapia tradicional (la terapeuta era la clebre Sra. Visnelda)
en la que precisamente una de las caractersticas consista en convertir instantneamente un lugar inocuo, casi pblico, en un espacio teraputico. Este espacio
que reciba cada maana un pequeo centenar de pacientes a lo largo del da de
consulta, se converta nuevamente durante el fin de semana en el lugar del baile
popular (que all se llamaba curiosamente el baile del polvo).
9
Este fenmeno se equipara al, muy conocido, de la ocupacin de un lugar,
pblico o privado, que se toma como sede de una manifestacin de carcter poltico: una fbrica ocupada ya no es del todo una fbrica, una plaza urbana, una
simple plaza, una iglesia, ya no sera un espacio nicamente dedicado a la oracin y al culto. Sera pertinente analizar con precisin este proceso de intento de
conversin semitica de un lugar.
10
La naturaleza y la funcin efmera de este espacio lo convierten en un espacio prottico que ser desconstruido y abandonado en su momento.
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Ivan Darrault-Harris
As, podremos comprender que, en la misma medida en que
la relacin psicoteraputica no se vincula con un espacio tcnico
(como otras especialidades teraputicas), resulta muy tentador
instaurar esa relacin de manera burda fuera del encuadre.
Tocamos aqu un punto delicado, el de la competencia, debidamente reconocida, del psicoterapeuta, el primer elemento
constitutivo de este encuadre necesario. Y conocemos muy bien
todo lo borroso que sigue reinando en el estatuto de los psi
de toda ndole y de los peligros de la charlatanera. 11
Ahora bien, como lo veremos ms adelante, la competencia
modal del psicoterapeuta no alcanza a ser suficiente. Adems,
habra otros factores de gran importancia cuya presencia convergente y sincrtica engendra este espacio, esta burbuja difana indispensable para el desarrollo y el xito del tratamiento
psicoteraputico.
Pero, cul sera el riesgo que enfrenta la pareja terapeutapaciente al tejer una relacin teraputica fuera del encuadre, aun
cuando esta relacin se instale materialmente en los locales
institucionales de un lugar en el que se procuran cuidados? Este
riesgo cabe en una palabra: la de repeticin, la de reproduccin
de otro espacio anterior, el propio del paciente, de su entorno
privado, el de los sntomas molestos que lo hacen sufrir, tanto a
l como a los que lo rodean. Espacio del que el paciente, aun
siendo un alienado, es el centro vivo ya que lo lleva con l, al
introducirlo en el espacio de los cuidados, con el riesgo de
anexar este ltimo.
Un ejemplo12 permitir ilustrar este riesgo mayor que impide
a la relacin del cuidado introducir todo cambio positivo, toda
cura.
11
En fechas recientes tuvo lugar en Francia una tentativa de regular la
cuestin del estatuto tanto de los psicoanalistas como de los psicoterapeutas,
que desencaden un sinfn de exaltadas reacciones.
12
Retomamos aqu el caso de Batrice, desarrollado en nuestra obra Pour
une psychiatrie de lellipse (1975: 125-175). El lector que desee conocer el
desarrollo completo de la psicoterapia podr referirse a este texto.
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Batrice es una nia de diez aos y medio que va a consulta por problemas somticos graves y un estado depresivo muy inquietante. Llora frente a la foto de su cuada, Frdrique, muerta de manera muy
prematura debido a la enfermedad de Guillain-Barr. Esta joven madre (que proviene de la asistencia pblica) deja a su hija de dos aos,
Evelyne, a los padres de Batrice quienes la educarn, como lo hicieron ya con tantos nios.
En efecto, la madre de Batrice es una nodriza de la institucin
oficial de colocacin de menores: recibe a nios abandonados o separados de sus padres conforme a la decisin de un tribunal. Descubrimos pronto que estos nios acogidos son vctimas de una cierta cantidad de desgracias (seguir vivo uno de ellos, regresado a su madre
legtima?), que constituyen, de hecho, verdaderos escudos vivientes que protegen a los hijos legtimos (como Batrice) de los golpes
del Destino. Por supuesto, esta mitologa familiar es perfectamente
inconsciente: slo se hace transparente para los terapeutas durante las
entrevistas. El caso es que una nia recogida, Mlanie, naci el mismo da que Batrice: es una gemela, un escudo perfecto. Sin embargo, oh escndalo!, no es Mlanie quien es golpeada por la desgracia sino Batrice!
Con el afn de restablecer, siempre de manera inconsciente, un
mnimo de equilibrio y de salvaguarda de la mitologa familiar,
Mlanie no tarda en ir a consulta por los mismos sntomas depresivos
que Batrice. El escndalo, de esta forma, se atena un tanto. Durante
una reunin del servicio (reunin de control de las terapias en curso),
el psiquiatra que atiende a Batrice reporta un inmovilismo patente
de la relacin de cura e intenta comprender las razones. Intencionalmente no ha querido indagar sobre las condiciones relativas al
doble de Batrice, Mlanie.
Los profesionales descubren entonces que tanto Batrice como
Mlanie son recibidas, por razones de comodidad, el mismo da, a la
misma hora, con el mismo ritmo (una vez por semana) en salas contiguas, por dos psicoterapeutas que llevan el mismo nombre: JeanPierre, y ambos con barbas.
Lamentablemente, esta organizacin es la fiel reproduccin del
universo familiar en el que han surgido los sntomas y que se caracteriza por la formacin de dobles. Una reproduccin tal dificulta la eficacia de ambas psicoterapias.
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He ah, pues, un ejemplo espectacular del peligro de reduplicacin, la cual se realiza, a pesar del profesionalismo de los
actores, por la poderosa fuerza de anexin de repeticin y de inercia. El descubrimiento del fenmeno es, a todas luces, condicionante de una modificacin de la puesta en escena teraputica
con el fin de introducir un verdadero cambio por medio de la
construccin paciente y reflexiva de un verdadero espacio psicoteraputico.
La naturaleza del encuadre
Si bien, podemos ahora captar mejor las razones que motivan el
cuidado extremo para la constitucin del encuadre, cmo, pues,
definirlo? Acordemos, tal como lo hizo Michel Martin al psicoanlisis, la iniciativa de esta definicin:
El encuadre es una nocin producida por la prctica psicoanaltica
aplicada posteriormente a todos los desarrollos de la psicoterapia. El
encuadre analtico clsico se define por criterios precisos:
1. frecuencia, duracin, localizacin de la intervencin;
2. posicin de las personas (setting):
3. relacin contractual (pago de las sesiones);
4. modalidad de intervencin (esencialmente verbal y libre);
5. confidencialidad, secreto;
6. la regla de abstinencia (negacin de responder en el lugar del otro,
de ponerse en el lugar del paciente cuando ste desea colocar al
analista en la transferencia);
7. La regla de neutralidad (ningn juicio, ningn consejo, ninguna
directiva).
El encuadre analtico se enuncia desde el principio, se recuerda si es necesario, y es constantemente pensado por el analista. Es el garante de
la marcacin espacio-temporal y la continuidad, el derecho a la enunciacin libre, protegida o separada, de las intervenciones externas; garantiza
tambin que la adhesin al proyecto pueda ser puesta en cuestin por el
paciente. El encuadre se coloca, desde el inicio, como una preocupacin
explcita: posteriormente, se convierte en implcita, se interioriza,
como una instancia psquica, y no vuelve a ser explcito sino en los
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momentos de ruptura o de crisis del proceso [ Le cadre thrapeutique
lpreuve de la ralit (Du cadre analytique au pacte) : 107].
Pero Michel Martin agrega, para actualizar esta nocin:
En todas las formas de psicoterapias derivadas: psicoterapias de inspiracin analtica, psicoterapias breves, psicoterapias de apoyo, de
reconstruccin, etc., existir un reajuste, una apertura con relacin a
las reglas de la cura analtica.
Retomemos los criterios del encuadre analtico (vid., supra) y precisemos dichas aperturas (encuadre reajustado):
1. Sin cambios;
2. La posicin de las personas va desde el cara a cara al acompaamiento en todo tipo de situaciones externas al consultorio;
3. Adems del pago, a veces es necesario precisar las condiciones de
subvencin o de mandato; la exoneracin permanece como excepcin;
4. La modalidad de intervencin puede permanecer como puramente verbal y libre, pero tambin puede convertirse en algo ms
o menos dirigido, con un proyecto o bien incluyendo aspectos
cognoscitivos sistemticos (racionalidad causalista, biografa) o
corporales, o incluso intervenciones administrativas obligadas (informes);
5. Regla del secreto sin cambio, pero las condiciones que llamamos aleatorias, es decir marcadas por la posible intrusin de factores externos (justicia, abogado, informatizacin, patrn, seguro)
pueden amenazar esta regla, incluso de manera violenta, en el contexto social y cultural actual, pero esto lo trataremos adelante;
6. La regla de abstinencia puede ser menos estricta, lo mismo que,
fuera de la psicoterapia de inspiracin analtica estricta, el anlisis de
la transferencia no es explcita, salvo raras excepciones;
7. La regla de neutralidad se convierte en este punto, generalmente,
en inadecuada en cuanto a su aplicacin estricta.
Dicho esto, conviene definir en adelante el espacio mismo
del encuentro con el paciente.
Didier Anzieu13 lo define como una
13
Sabemos que el pensamiento de Didier Anzieu inspir la elaboracin, por
Jacques Fontanille, de una semitica del cuerpo (Cfr., Fontanille, J., 2008 [2004]).
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Ivan Darrault-Harris
aprehensin sensorial global del terapeuta por el paciente que tiene
necesidad de escucharlo, de verlo, de tomar sus puntos de referencias en sus mmicas, sus actitudes, sus gestos, es decir, de alguna manera de tocar su cuerpo por medio de la mirada, de la imitacin de su
postura Al mismo tiempo y recprocamente, el paciente satisface en esta situacin su propia necesidad de ser tocado, sostenido,
reconfortado, manipulado a una distancia corta gracias a la presencia visible y tangible del terapeuta, gracias a su sonrisa, su estabilidad, sus mensajes, sus reacciones en espejo y en eco (Anzieu,
D., 1986: 12-24).
Asimismo, Anzieu, D., (1987 [1985]: 39) tambin compar
el marco del encuentro con un continente materno, pues en
esta envoltura protectora, elaborada y garantizada por el terapeuta quien tiene, segn estos trminos, el papel de una segunda piel psquica los pensamientos del sujeto pueden desplegarse
y su excitacin, ya sea de origen interno o externo, se limita a
efectos desorganizadores.
Laplanche (Arfouilloux, J. C., 1996: 10) lo compara con una
suerte de
membrana, de doble pared, o doble lmite, en la que una representa las condiciones de la realidad exterior [protectora], y la otra volcada hacia el mundo psquico interno, con sus exigencias
pulsionales [como una pantalla en la que se proyectan las representaciones del sujeto].
Y finalmente, Michel Martin concluye:
As, pues, lo que el encuadre debe garantizar, sin importar el acondicionamiento espacial o verbal de la situacin, es la realidad interna, la
realidad psquica, construida sobre la percepcin organizada por la
memoria, la clasificacin, la estructuracin en signos y significaciones, coloreada por la emocin (p. 109).
La estratificacin del espacio psicoteraputico
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Estratificacin del espacio invisible
El anlisis de Michel Martin tiene el gran mrito de confortar
nuestra concepcin semitica de esto espacio invisible, siempre
por construirse y que vendr a incrustarse en el espacio material
de la relacin psicoteraputica. En efecto, estamos frente a un
estrato importante de este espacio que aparece aqu, la envoltura,
resultado de la observacin de los principios enunciados, aun
cuando stos son, en parte, cuestionados por la evolucin contempornea de las patologas, necesidades y demandas de los
pacientes, las cuales entraan una transformacin inevitable de
las formas de ayuda. Desde un punto de vista semitico, la envoltura se crea por la conjuncin de factores heterogneos, pero
coherentes, que ataen a la dimensin temporal, rtmica (principio
1), proxmica (principio 2), contractual (principio 3), enunciativa y
discursiva (principio 4), y deontolgica (principios 5, 6 y 7).
Un estrato ms profundo, tico?
Siguiendo nuestra reflexin sobre la estratificacin del espacio
de la psicoterapia y siempre apoyndonos sobre el trabajo de
Michel Martin, podemos preguntarnos si no hay lugar para un
estrato ms profundo, subyacente al de la envoltura, que desembocara en la dimensin tica. Michel Martin precisa este estrato del pacto tico, inspirndose manifiestamente en las enseanzas de Paul Ricoeur (Cfr., Soi-mme comme un autre):
La tica moderna se basa en la nocin de respeto. Kant ve ste como
un principio que impide que nunca se utilice al otro para fines propios, como lmite a una omnipotencia de s mismo que reducira el
otro a ser slo la cosa de nuestros deseos. Si se reconoce que el otro
existe por s mismo y para s mismo, y que est sometido a las mismas
contingencias que uno mismo, si se quiere evitar o reducir el conflicto, si se quiere tambin desarrollar la relacin con la humanidad del
otro, es necesario escuchar, ver, reconocer lo que es, lo que quiere y
lo que puede. Y establecer un pacto con l.
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Ivan Darrault-Harris
El compromiso de no agresin se encuentra en la base de este pacto,
pero pide ms: tiene que contener el respeto mutuo. En esta relacin,
reconocida por uno y otro, el respeto es como una posicin psquica
en la que se resguarda al otro bajo una fuerte atencin, con una reserva consciente que sirve de contencin a nuestro narcisismo natural
que buscara el dominio y la posesin sexual.
En este orden de ideas, la tica, tal como la comprendemos, es el conjunto de los signos, conductas, contenidos verbales y no verbales que
significan este reconocimiento, que dan testimonio de esta relacin
de respeto. La tica se distingue as de la moral ya que descansa sobre
un deseo, no sobre una ley (Martin, M., op. cit., pp. 117-118).
Este pacto, a pesar de formar un estrato fundamental, es vulnerable (retomaremos al final los ataques que puede sufrir el
encuadre). An ms, entrevemos aqu las relaciones lgicas entre el estrato de la envoltura y el del pacto tico: es una relacin
de presuposicin. En efecto, es tan impensable como irrealizable constituir la envoltura del encuentro si sta no se apoya sobre ese pacto continuamente reafirmado, centrado sobre el
respeto del Otro.
Este pacto no puede ser garantizado por siempre, es frgil, es un arreglo. Pero es indispensable. Ms an que el encuadre. Ya que el encuadre contiene el encuentro y es envoltura materna, piel de dos
[seres] que ah se acurrucan, es necesario una paz, un respeto de mutuo consentimiento: una voluntad de perjudicar que pase al acto o al
insulto y todo se quiebra.
Si el pacto es quebrado por la violencia, por la negacin del sentido
mismo del encuentro, por el crimen o el delito, por el desprecio, ya
nada es posible. No hay relacin teraputica sin pacto, no hay encuadre sin pacto (p. 119).
El ltimo estrato del espacio, enunciativo y discursivo
Una vez asegurados los niveles del pacto tico y de la envoltura
materna, se pone en evidencia un ltimo nivel por construir
con el paciente para terminar la edificacin del espacio invisible: es el que le abrir una actividad enunciativa y discursiva
La estratificacin del espacio psicoteraputico
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que le permita crear las condiciones dinmicas de su transformacin-cura.
Ya habamos descrito este nivel 14 que constituye el corazn mismo del espacio psicoteraputico. Retomemos aqu lo
esencial.
El dispositivo enunciativo y discursivo propuesto al paciente respeta fundamentalmente su estatuto de sujeto nico
por su historia personal y familiar, su economa psquica (el
juego especfico de sus sntomas, resistencias y defensas).
Este dispositivo toma prestada la figura geomtrica de la
elipse para su configuracin: los dos focos, suficientemente
distantes uno del otro, son centros, fuentes de actividad
enunciativa y discursiva. El primero, el de la diccin, estara
caracterizado por lo que Greimas y Courts denominan desembrague enunciativo, apoyado sobre la triloga {yo, aqu,
ahora}. El segundo, por el contrario, desembrague enuncivo15 se basa sobre la triloga {l, en otra parte, entonces}.
Concretamente, los momentos propicios para practicar el
desembrague enunciativo corresponderan a las entrevistas, a
los inicios y finales de las sesiones de psicoterapia. La utilizacin del desembrague enuncivo ocupara lo esencial de las
sesiones, cuando el paciente trabaja, acompaado por el terapeuta dentro de la burbuja materna, para la realizacin
de una obra en relacin con su realidad sufriente, pero a buena
distancia de sta. Esta obra no podemos aqu desarrollar este
punto que merece largas reflexiones podr realizarse en numerosas mediaciones, soportes disponibles, escogidos con rigor
en funcin de la economa del paciente: escritura, pintura,
dibujo, msica, collage, mmica, danza, etc. 16
14
La descripcin y la ilustracin de este estrato fue parte del conjunto de la
obra escrita con el psiquiatra Jean-Pierre Klein (2007).
15
Cfr. el artculo Desembrague (Greimas, A.-J y J. Courts, 1982).
16
En cuanto a la eleccin de la mediacin de creacin y a la tipologa de los
soportes, el lector podr consultar el pequeo y rico libro didctico de Jean-Pierre
Klein (1997).
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Ivan Darrault-Harris
Mostraremos a continuacin una representacin de la elipse
y de sus dos puntos focales en relacin distanciada:
F2
Buena distancia
F1
DICCIN
FICCIN
{yo, aqu, ahora}
{l, en otra parte, entonces}
Diagrama 1: La elipse
En el esquema de la estratificacin del espacio invisible de
la psicoterapia, las fechas indican la doble relacin de presuposicin entre los niveles:
El espacio psicoteraputico
Nivel discursivo
Nivel de la envoltura
Nivel tico: el PACTO
Diagrama 2: Los tres niveles
La estratificacin del espacio psicoteraputico
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Para concluir
Es cierto que el esquema precedente es un poco impreciso al no
haberlo representado con el anclaje material, arquitectnico del
espacio psicoteraputico. Sin embargo, hemos tenido la experiencia, durante la reinstalacin del servicio de psiquiatra infantil donde trabajamos, de intercambios fructferos con los arquitectos preocupados por adaptar los locales, los espacios, a la
especificidad del espacio invisible que hemos intentado analizar (entre otros, la sala de espera). Por ejemplo, est claro que el
nivel que hemos denominado envoltura no podra instaurarse sin
algunas cualidades precisas del espacio arquitectnico. As, nos
vimos en la necesidad de optar por cuartos de pequeas dimensiones en los que una superficie clida con cojines mullidos poda acoger a las parejas adultos-nios o adolescentes. El servicio fue instalado con toda intencin de que se pareciera mucho
a una casa, con su recibidor ocupado por un reloj ruidoso, sus
pisos, su stano y, sobre todo, su desvn en el que se encontraban maletas repletas de viejos juguetes y ropa usada que daban acceso a un sinfn de disfraces y de juegos, que avivaban el
nivel enunciativo y discursivo.
ltimo punto: notamos, casi constantemente, que el trmino
espacio se emplea metafricamente para designar realidades
inalcanzables de otra manera, en especfico: el espacio de tiempo que es un ejemplo cannico. Pensamos haber librado este
defecto, pues los niveles descritos anteriormente recurren al ms
concreto espacio, en un sentido corporal, por ejemplo, de la presencia, de la copresencia, de la atencin procurada al Otro, al
respeto de la integridad de su ocupacin dinmica del espacio,
lugar de irradiacin recproca entre el Paciente y el Terapeuta.
Por ah retornamos a nuestro punto de partida y a la leccin
irreemplazable de la fenomenologa.
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Ivan Darrault-Harris
Referencias
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