Nakaq: una historia del miedo
Del mito al rumor y del rumor al mito
Abilio Vergara Figueroa*
En este artculo se analiza la reaparicin del nakaq (degollador) un
personaje mtico-legendario de la cultura andina desde la Colonia. Este
personaje resurge en una coyuntura situada en el contexto de la guerra que
enfrent el Estado peruano con Sendero Luminoso (Partido Comunista
Peruano), periodo en el que tom inusitada presencia en 1987. Lleg a
su clmax el 11 de septiembre de ese ao con el asesinato de un supuesto
nakaq por millares de pobladores de barrios perifricos de la ciudad de
Ayacucho, Per. El eje de anlisis se construye a partir de la propuesta
de que los imaginarios sociales tienen eficacia simblica y constituyen
la realidad, en este caso, a partir de la compleja articulacin de rumor
y mito.
Palabras clave: nakaq, rumor, mito, imaginario social, Sendero
Luminoso.
This article analyzes the resurgence of the nakaq (cutthroat), a mythical
character, legendary in the Andean culture ever since the Spanish
colonization. This character reemerges in the context of the war between
the State and Sendero Luminoso (the Peruvian Communist Party), at a
time in which it had an unexpected presence in 1987. It reached its climax
on September 11th of the same year with the killing of an alleged nakaq
by thousands of people living in the peripheral neighborhoods of the city
of Ayacucho, Peru. The pivotal point of the analysis is in the proposal that
social imaginary has symbolic effectiveness and establishes reality, in this
case, by means of the complex articulation of rumor and myth.
Key words: nakaq, rumor, myth, social imaginary, Sendero Luminoso.
* Antroplogo, profesor investigador de la Divisin de posgrado de la Escuela Nacional
de Antropologa e Historia [
[email protected]].
versin 23 uam-x Mxico 2009 pp. 131-156
En este artculo se pretende mostrar la vinculacin entre la memoria
colectiva y las prcticas contemporneas, a partir de las formas imaginarias y
simblicas que adquieren las relaciones de poder, particularmente referidas a
las que se establecen entre Estado y sociedad y que se vehicula en el personaje
andino-colonial del nakaq o degollador en un contexto de crisis, violencia
y miedo.
El nakaq o pistacho renueva su presencia por el rumor durante la guerra entre
el Estado peruano y el grupo maoista Sendero Luminoso, que ensangrent
al pas con un resultado aproximado de 69 mil muertos y desaparecidos. Me
interesa mostrar las funciones simblicas de este personaje, cuya movilidad
discursiva se proces fundamentalmente de boca-a-odo, haciendo del rumor
el elemento fundamental de la comunicacin en un contexto de terror fundado
por la violencia extrema y que se concentr en la regin estudiada: del total
de vctimas en el pas, aproximadamente 40% fueron ayacuchanos, y cerca
del 80% de ellas, indgenas quechuablantes.
Los datos y testimonios que sustentan este trabajo los recog personalmente
durante 1987. La primera versin contempornea la escuch en la ciudad
peruana de Ayacucho, en casa de mis padres, donde haba llegado de visita
un campesino del distrito de San Jos de Santillana, en cuya capital se haba
establecido un batalln del ejrcito peruano. Posteriormente, las versiones se
multiplicaron y decid hacer un seguimiento ms sistemtico de sus orgenes
espaciales y de sus variaciones. En aquel entonces yo trabajaba como profesor
en la Universidad Nacional de San Cristbal de Huamanga (Ayacucho);
tambin me apoyaron algunos de mis alumnos, muchos de ellos de extraccin
campesina; tambin el antroplogo Freddy Ferra, con quien publicamos un
artculo en la revista Quehacer (1987). Posteriormente, contine acumulando
material en relacin con personajes imaginarios de la regin, entre los que
destacan los condenados (Vergara, 1997), los saca ojos y la mula que
come gente, este ltimo emplazado simblicamente en los cuarteles militares
durante la guerra ya sealada.
Los acontecimientos y relatos que sirven de base para este artculo han
ocurrido en Ayacucho, en 1987. El escenario y los actores haban sido, en lo
inmediato, construidos en el estruendo de dinamita y balas de la dcada de
1980 y, desde el punto de vista de la larga duracin, el personaje central el
nakaq vena configurndose desde la Conquista espaola, y segn algunas
hiptesis podra ser una transformacin de un personaje prehispnico (Ansin
132
q:
y Sifuentes, 1989; Morote, 1998), que fue perfilndose con mayor nitidez en
la Colonia y la Repblica, haciendo fluido el sintagma: Estado-hacendadocondenado-siervo-nakaq-desprecio-dominacin-muerte.
Breve historia de la construccin del personaje
Las versiones ms antiguas sobre el degollador pueden encontrarse en las crnicas
de la conquista, en las que se narra la existencia de personajes prehispnicos
que daban muerte ya sea como sacrificio propiciatorio o como acto punitivo de
enemigos y traidores. Estas versiones e imgenes1 ocurren entre los moches en
la costa norte del Per, y tambin entre los incas, en su etapa imperial. Cuando
la muerte es causada en los rituales de sacrificio, las vctimas eran consideradas
mensajeros hacia la divinidad y se les ofrecan alimentos y bebidas para que
su viaje fuese placentero, mientras que a los enemigos se les despellejaba y
cuarteaba y serva para el escarmiento. En el primer caso la relacin con lo
sagrado aparece destacada y como su objetivo principal. En versin del cronista
indio Guamn Poma de Ayala, se menciona la funcin reveladora de la grasa,
y tambin, secundariamente, de la carne y la sangre:
A estos hechizeros dicen los que les tomauan una olla nueva que llaman ari
manca,2 que los cuesen cin cosa ninguna y toma sebo de persona y mays y zanco
y plumas y coca y plata, oro y todas las comidas. Dizen que los echan dentro
de la olla y los quema muy mucho y con ello habla el hechicero, que de dentro
de la olla hablan los demonios [...] Estos dichos pontfizes puesto de los Yngas
hazan serimonias con carnero y conejos y con carne humana, lo que les dauan
los Yngas. Toman sebo y sangre y con aquello y soplauan a los dolos y vacas
y los hacan hablar a sus uacas y demonios [Guamn, 1980:251].
Durante el proceso de la Conquista espaola las versiones giran hacia los
conquistadores, algunos de los cronistas las sealan como insidiosas, y agregan
que el origen de esta mutacin estara en Vilcabamba, regin selvtica hacia
donde haban huido los ltimos incas, y desde donde se organizaba la
resistencia Inca a la Conquista:
1
2
Anne Marie Hocquenghem, Iconografa Mochica, PUC, Lima, 1987.
Las cursivas son mas.
133
El ao de setenta y uno (1571), tras de haber tenido y credo por los indios,
que de Espaa haban enviado a este Reino por cuenta de los indios, para
sanar cierta enfermedad, que no se hallaba para ella medicina sino el unto;
a cuya causa, en aquellos tiempos andaban los indios muy recatados, y se
extraaban de los espaoles, en tanto grado, que la lea, yerba y otras cosas
no las queran llevar a casa de espaol; por decir no los matasen, all dentro,
para sacarles el unto. Todos esto se entendi haber salido de aquella ladronera
(Vilcabamba), por poner enemistad entre los indios y espaoles [Cristbal de
Molina, 1943:79]3 [Ansin y Sifuentes, 1989:69].
Posteriormente, ya en el periodo colonial, las versiones van concentrndose
hacia la extraccin y el uso de la grasa tanto para la fabricacin de campanas
(a las que daba mayor sonoridad y duracin) como para la curacin de
enfermedades. En esta conversin aparece un nuevo personaje: la orden
religiosa de los Betlehemitas, quienes haban fundado, segn un historiador
de la Orden, un hospital y, adems, posean grandes extensiones de tierra,
configurando ya, en aquel tiempo, las versiones ms contemporneas que
asociaban terratenientes con los nakaq.
El asunto fue sugerir en los nimos de esta rstica gente, que los betlehemitas
eran unos hombres enviados del rey a aquella tierra; para que degollando
los indios les sacasen las mantecas, y surtiesen de esta medicina las boticas
de su majestad [...] Posedos del miedo, los indios buscaban su seguridad
en el retiro de los religiosos, a quienes miraban como enemigos crueles de
sus vidas: y ya no saban darles otro nombre, que el de su aprenhendido
sangriento ministerio; pues cuando sin poderlo excusar los encontraban, se
decan unos a otros: all van los nacas: que en nuestro idioma es lo mismo,
que degolladores, o verdugos [citado en Morote, 1951-1952:81-82].
Como puede observarse, el origen extranjero y blanco de los nakaq, as como
el destino externo de la grasa, subraya caractersticas tnicas y de extranjera de
los protagonistas, y este carcter se mantiene incluso en las versiones actuales,
como en la otorgada por un chofer ayacuchano que proviene de una familia
de arrieros, recogida por Juan Ansin en mayo de 1981:
134
Libro escrito aproximadamente en el primer lustro de 1570.
q:
En la ruta, a veces los arrieros encontraban nakaq. Yo los he visto. Andan
vestidos como padres franciscanos para engaar a la gente, porque antes
la gente crea mucho en los padres, pero al que se acerca, lo agarran y lo
degellan con una clase de machete encorvado. Despus se lo llevan entre
varios al monte o a una cueva. All hacen gotear la grasa y la recogen gota a
gota en recipientes. Con eso hacen las campanas. Los nakaq son extranjeros,
mandados especialmente para sacar esa grasa. Por eso, las campanas venan
siempre del extranjero. Ahora, ya casi no se da eso; sobre todo porque hay
mucho trfico, y ellos atacan en sitios apartados y ahora tambin andamos
con armas de fuego.4
Situacin del pas en 1987
La violencia presentaba dos formas articuladas, una, que denominbamos
en aquellos aos, poltica, para caracterizar la violencia desatada con virulencia
y que causaba muertos, presos y desaparecidos; y la otra, estructural, la que se
defina como histrica-cotidiana (por ejemplo, la que se daba en las haciendas
o la que cotidianamente ejerca el polica contra indgenas, campesinos y los
pobres en general) y se expresaba en mltiples gestos, golpes y reclusiones,
nominaciones, lugares adscritos, privilegios, permisiones y prohibiciones no
escritas o hechas ley, etctera. La violencia poltica haba incrementado la
visibilidad de la violencia estructural, y se haba hiperbolizado en la impunidad
y la desnudez de su ejercicio, precisamente en dicha guerra que se extendi de
1980 a 1992. Los muertos hablaban con sus cuerpos mutilados, lacerados
o ausentes de la represin, tambin porque sus siniestros protagonistas los
exhiban, los mostraban: mostrar se constitua en un factor de la guerra, mostrar
evidenciaba y enfatizaba poder, por ello, los cadveres de los ejecutados se
arrojaban a las calles, y las autoridades encargadas de recogerlos, los dejaban
por tiempos inexplicables desde la ptica de la ley y el sentido comn: muchos
de esos muertos eran observados incluso por nios que circulaban por dichas
calles.5
En Juan Ansin y Eudosio Sifuentes, 1989, pp. 72-73.
A lo que podramos sumar los conocidos botaderos de cadveres de las fuerzas del
orden, entre las que destac la quebrada de Purakuti, cercana a la ciudad.
4
5
135
Ya entrados en esa lgica perversa, Sendero colocaba encima de sus vctimas
carteles que afirmaban su proyecto violentista: As mueren los soplones o As
mueren los traidores, muerte a los yana uma,6 entre otros, y no buscaba
slo la eliminacin fsica de la vctima, sino la construccin de una frontera
cuya nitidez se encomendaba a la demarcacin radical de la otredad violenta,
enemiga, irrecuperable. El simbolismo de la sangre anclaba en la consigna,
siempre encuadrada en la re-marcacin de la exclusin, el antagonismo de
clase y el proyecto rigurosamente estructurado, que no soportaba ni siquiera
incertidumbres ni dudas.
El ejrcito y la polica utilizaban tambin esos mismos medios para mostrarse,
es decir, adjudicaban un protagonismo al cuerpo como significante, en una suerte
de competencia por infundir mayor terror; no obstante, stos utilizaban adems
a la prensa escrita y televisiva como caja de resonancia: sus vctimas y el pueblo
reciban tambin los mensajes del miedo institucional bajo la figura de la noticia
del detenido, desaparecido o muerto indiscriminado: si a l, que no est metido
lo detienen (o lo matan), por qu a m no?, pensaban muchos. Dirigentes
populares muy queridos, incluso de posicin abiertamente antisenderista, as
como gente comn y corriente eran asesinados, desaparecidos o detenidos
por las fuerzas del orden, no slo por cuestiones de orden prctico, represivo,
sino como artefactos significantes preventivos. Ambos contendientes tenan en
el rumor la forma comunicativa ms eficaz, tanto por su rapidez, como por
la confianza que genera el portador del mensaje, que en una ciudad pequea
generalmente era una persona conocida.
En las calles de Ayacucho era usual encontrar, al amanecer, cadveres
tirados bajo la oscuridad de la noche, y sobre-expuestos; estas imgenes eran
transportadas y transformadas por el rumor y eran hiperbolizadas por la
proyeccin del miedo. El rumor tena una efectividad mayor que la prensa
escrita, televisiva o radial, y generalmente ambos caminaban contradichos,
salvo cuando stas confirmaban a aqul. La informacin recogida de boca-aoreja emita sentencia, era el veredicto de veracidad, pues dichos en voz baja,
6 Cabezas negras. Ntese la figura que remite a la oscuridad al enemigo. En los mitos
acerca de la educacin formal, Rodrigo Montoya ha encontrado semejante (auto) calificacin
de los analfabetos, quienes dicen que viven en la oscuridad y adquieren ojos cuando
aprenden a leer y escribir.
136
q:
con la complicidad de la confianza mutua su condicin fundamental es que se
da entre conocidos, garantizaban objetividad; una muestra de dicha eficacia
nos da el que nunca se convenci a la gente como pretenda insistentemente
el gobierno y la mayora de los medios de comunicacin que los comuneros
solos mataron a los ocho periodistas y a su gua en Uchuraccay, el 26 de
enero de 1982: para la gente las fuerzas del orden estuvieron involucradas
ah, azuzando; y esta conviccin se expresaba, al principio, en voz baja, en
confianza, aunque posteriormente hasta se hicieron muchas canciones que se
presentaron en festivales y concursos.
Quiz la eficacia del rumor en situaciones de crisis se potencie mucho
ms y merece un estudio ms detenido; sin embargo, quiero sealar una sola
indicacin acerca de su importancia en la configuracin de los imaginarios
ayacuchanos en el periodo que estamos narrando: Sendero deslizaba en la
poblacin que el Partido tiene mil ojos y mil odos. Esta afirmacin, si bien
apareca en las pintas en las paredes, su eficacia simblica estaba asociada
a esa comunicacin de boca-a-odo por la que la gente se informaba quin
estaba en la lista negra senderista7 y cundo se senta vigilada. La realizacin
de esta especie de panptico dependa de una mezcla curiosa de sospecha
generalizada y confianza en la veracidad de dicho poder que el rumor se
encargaba de alimentar.
Es este el contexto en el que reaparece el nakaq, personaje macabro,
renaciendo cobijado por las sombras del terror. Una versin histrica seala
que una de sus fuentes iniciales estara en las imgenes re-trabajadas de los
cuartos llenos con cadveres de indios que se guardaban para que sirvan de
alimento a los perros durante la conquista espaola. Los perros servan de
punta de lanza a los ejrcitos espaoles contra los indios, y alimentarlos con
carne de indio los haca ms feroces con stos.
7 Hay un chiste cruel que podra ilustrar este caso. Dicen que en Huanta, unos amigos
estaban tomando en una cantina. Entr otro amigo al que empezaron a cochinear
(cotorrear). Una de las bromas fue: Aw, manchachikuchkankias riki (Oye, dicen pues
que ya ests espantando). Otro complement: Kunkaykis riki siqsisuchkankia (Dicen
pues que tu cuello ya te est escociendo).
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Los actores del proceso
Los actores principales del proceso son Sendero Luminoso, el Estado peruano
y el pueblo, este ltimo fundamentalmente representado por el campesinado
indgena y los pobladores de los barrios pobres de Ayacucho, quienes quedan
en medio del fuego cruzado de los contendientes. La situacin de la regin
ayacuchana en general, y del campesinado en particular, es de abandono
por parte del Estado. Un testimonio recogido por la Comisin de la Verdad y
Reconciliacin (CVR) ilustra la exigencia de este sector.8
Seores chaymi uqa munani kachun respeto, kachuny manchakuy, masque
imayrikulla kaptiykupas, wakcha pobri kaptiykupas, campesino totalmente
uqykuchu kaniku, huk real llapas killapi ganaq, mana ni pipas kanikuchu.
Seores, chayta ya justiciata maakuykiku (Seores, por eso yo quiero que
haya respeto. Que haya pues temor de Dios, aunque slo seamos muy
humildes. Aunque seamos hurfanos y pobres. Campesino puro podemos
ser; que ganamos slo un real por mes y, aunque seamos nadie, seores, esta
es la justicia que le pedimos).9
Primer actor: grupo insurgente que se autodenominaba Partido Comunista
del Per, se le conoca ms como Sendero Luminoso, por su eslogan Por el
Sendero Luminoso de Jos Carlos Maritegui, inscrito en su publicacin
partidaria, que hace alusin al pensador marxista peruano autor de los
Siete ensayos de la realidad peruana. Sendero es producto de una serie de
depuraciones ideolgicas de la izquierda peruana que reflejaban las pugnas a
nivel internacional, cuya referencia ms importante es la que protagonizaron
los partidos comunistas de China y Rusia a finales de la dcada de 1950, que
se diferenciaron porque los primeros seguan sosteniendo la necesidad de la
violencia para realizar la revolucin y construir el comunismo, frente a los rusos,
Una cancin antigua refleja esta situacin: Purun rumia, purun sachaa kaptiypas/
Estadupaqa, reclamanancha kallayman (Aun cuando podra ser una piedra del campo,
aun cuando sea un rbol silvestre / tendra que ser reclamado por el Estado) (Huayno
annimo).
9 CVR (2004), Audiencia pblica de casos en Huanta, 11 de abril de 2002. Testimonio
de la seora Sabina Valencia, p. 27.
8
138
q:
que haban elaborado la tesis de que era posible por la va pacfica. Sendero se
aline con las tesis maostas del Partido Comunista Chino.10
Esta disputa se reflej en la escisin del Partido Comunista del Per en
la dcada de 1960. Los militantes jvenes, los cuadros magisteriales y las
organizaciones campesinas que la integraban, se alinearon con las tesis de
Mao Zedong, mientras que los cuadros sindicales se alinearon con las tesis
soviticas. Se distinguan el uno del otro por las revistas que editaban: los
prosoviticos se llamaron PCP-Unidad y los maostas PCP-Bandera Roja. Este
ltimo no tarda en romperse, pues un sector vinculado al magisterio se separa
para formar el Partido Comunista del Per-Patria Roja, mientras Abimael
Guzmn, quien haba formado la fraccin roja en Ayacucho y se mantena
an dentro de Bandera Roja, entre 1969 y 1970, rompe con el PCP-BR y funda
el PCP-Sendero Luminoso. Durante la dcada de 1970 el PCP-SL sobrevive
replegado en la Universidad de Huamanga (Guzmn ejerce el cargo de jefe
de personal) y trabaja con el objetivo de iniciar la lucha armada, la que se
concretizar el 17 de mayo de 1980, cuando irrumpen en Chuschi y queman
las nforas de las elecciones generales que ese da tenan lugar y le declaran la
guerra al Estado peruano.
La guerra dura toda la dcada de 1980 e inicia su fin con la captura de
Abimael Guzmn, en septiembre de 1992, durante el gobierno de Alberto
Fujimori. Segn la Comisin de la Verdad y Reconciliacin, el saldo fueron
69 mil peruanos entre muertos y desaparecidos; las dos ltimas dcadas
del siglo XX estuvieron marcadas con el sello del terror, la vergenza y el
deshonor para el Estado y la sociedad peruanos.11 Ayacucho se constituye en
un espacio simblico de la mayor importancia, puesto que no solamente se
haba preparado e iniciado la guerra en su territorio, sino tambin porque
la jefatura de Sendero la ubicaba como el lugar simblico donde se origina la
revolucin;12 as lo entendan tambin las fuerzas armadas y policiales, quienes
10 Como una expresin de dicho entronque, Sendero consideraba a Abimael Guzmn, su
lder, como la Cuarta espada de la revolucin mundial: despus de Marx, Lenin y Mao.
11 Salomn Lerner Febres, presidente de la Comisin de la Verdad y Reconciliacin, en
Hatn Willakuy, Lima, 2004, p. 9.
12 Nosotros lo hemos visto as: el trabajo en Lima lo hemos ido ponderando, tiene
importancia Lima? Tiene importancia. Razn. Nosotros decimos, Ayacucho es la cuna, Lima
la catapulta (Abimael Guzmn, en CVR, 2004, p. 65).
139
concentraron, por lo menos en los primeros aos de la guerra, la represin
en dicho Departamento. Las calles de la ciudad ofrecan el espectculo de
una ciudad tomada y los medios de comunicacin nacionales13 daban cuenta
cotidiana de las muertes y desapariciones provenientes de su territorio.
Luego de un lustro de lucha antisubversiva encabezada por el entonces
presidente de la Repblica, el arquitecto Fernando Belaunde Terry, en cuyo
periodo se despleg una poltica represiva indiscriminada (envenenar el agua,
para que el pez muera), en 1985 gana las elecciones nacionales el viejo Partido
Aprista Peruano. El presidente de la Repblica en el periodo 1985-1990 fue
Alan Garca Prez, proveniente de la Alianza Popular Revolucionaria Americana
(APRA), fundada por Vctor Ral Haya de la Torre en la dcada de 1920. Garca
asume la Presidencia con una alta votacin, y haba promovido, durante el
gobierno de Belaunde, como partido de oposicin, un enfrentamiento no
slo militar a la subversin (que un gobierno que podra ir desarrollando una
reforma social desarmara a la insurgencia),14 acompaando estas propuestas
con una condena de la violacin de los derechos humanos. Frente al gobierno
aprista, Sendero opta por ejecuciones selectivas de sus militantes y juega a
exacerbar a la polica y los militares, intentando inducirlos al genocidio,
situacin que logran en la sangrienta represin a los motines liderados por los
presos senderistas en los penales de Santa Brbara, de Lurigancho y El Frontn,
donde fueron ejecutados extrajudicialmente centenares de presos ya rendidos.
Sendero, ya desde hace unos aos, haba logrado controlar las prisiones a las
que haba convertido en luminosas trincheras de combate; la masacre en las
prisiones les otorgaba una fecha ms en su calendario partidario: el Da de
la Heroicidad.
En el segundo trimestre de 198715 se incrementan los atentados a escala
nacional y la situacin econmica del pas se deteriora: el programa econmico
basado en controles de precios, subsidios y estmulo de la demanda, haba
13 Como una expresin del desprecio por la vida del otro-serrano-andino, en los primeros
aos de la guerra, la prensa limea registraba opiniones que sealaban que bombardeando
Ayacucho se poda acabar rpidamente con la subversin.
14 Entrevista a Armando Villanueva del Campo, lder histrico del APRA, en CVR,
Hatn Willakuy, 2004, p. 226.
15 El pico ms alto de muertos y desaparecidos se da en 1984, luego desciende ostensiblemente en los dos aos siguientes, para luego repuntar en 1987 (CVR, op. cit. p. 25).
140
q:
llegado a su lmite (CVR, 2004:233). Durante casi dos aos, el pas haba
vivido con cierta holgura econmica, se manifestaba en la construccin de
casas, incremento de los equipamientos domsticos, ampliacin del consumo,
entre otros, pero todo esto llegaba a su fin. En este contexto, donde seguan
los asesinatos selectivos de autoridades y militantes del partido gobernante
y de la sangrienta represin de los militares y policas, surgen los comandos
paramilitares para combatir a Sendero. En Ayacucho empieza a operar el
Comando Rodrigo Franco, grupo paramilitar que asumi el nombre de
un militante aprista precisamente asesinado por Sendero. En este contexto,
a inicios de 1987 resurgen los relatos que avisan de la presencia de los nakaq
en las reas rurales de Ayacucho.
Mito o rumor?
En este texto, reitero, busco observar las formas en que el pensamiento
mtico antiguo16 se relaciona con la sociovisin en especial en lo referido
a la configuracin de la naturaleza del poder poltico y con las prcticas
contemporneas, es decir, la forma en que las elaboraciones imaginarias
obligan hacer o no determinadas cosas. En este sentido, una primera y cruel
muestra de la eficacia real de los imaginarios es el linchamiento de un supuesto
nakaq en la ciudad de Ayacucho, el 11 de septiembre de 1987, pero tambin
el recorte espacial y temporal del uso del espacio pblico y el consecuente
confinamiento a la esfera domstica a que oblig a la gente el pnico desatado
por la presencia del pistacho en esos fatdicos tiempos de violencia extrema.
Para caracterizar el tipo de gnero discursivo al que pertenece el nakaq,
asumo la distincin elaborada por el antroplogo Juan Ansin, quien refiere
al mito, la nocin de relato mtico, como una unidad no esttica de un
conjunto mayor, el que debe entenderse ms bien como la actualizacin de
antiguos esquemas culturales en un discurso que vuelve cada vez a inventar
lo que se dice, produciendo as algo nuevo sobre la base de elementos y reglas
dados por la cultura (1987:18). En una sociedad en acelerada transformacin
el debilitamiento del sistema de haciendas se manifest en la migracin, la
16 Digo antiguo para referirme a la naturaleza del degollador en tiempos prehispnicos,
cuya labor se asociaba con la comunicacin ritual y simblica con los seres sagrados.
141
ampliacin de los servicios educativos, el comercio y la violencia, podramos
decir que la presencia del nakaq muestra una suerte de exacerbacin de las
contradicciones definidas por el empobrecimiento cada vez mayor de amplios
sectores populares que resienten la ocupacin de su territorio por las fuerzas
en contienda que manifiestan, por un lado, esa presencia estatal abiertamente
represiva y la naturaleza extraa de Sendero, a quienes los campesinos llaman
puriq, es decir gente que camina, que no pertenece al nosotros identitario.
En este contexto, el rumor abona a las variaciones de las versiones antiguas
y reviste a los degolladores con indumentaria blica, aunque mantiene el
esquema bsico.
Una distincin ms del contexto discursivo al que pertenece el nakaq con
relacin al mito en su condicin original, nos lleva a observar que un primer
orden de mitos remite a la cosmogona y a la antropogona, el primero refiere
a la creacin del mundo, y el segundo, a la del hombre, distinguindose de los
mitos de origen que, segn Mircea Eliade, se ocupan de los fenmenos que
prolongan y completan a los mitos cosmognicos, al contar cmo el mundo
ha sido modificado, enriquecido o empobrecido (1994:28). El nakaq no refiere
a la creacin del mundo, ni al origen de algn ser, fenmeno o cosa, aunque s
contribuye al incremento de la riqueza y el poder de quienes ya poseen ambas
propiedades. Aunque quiz, para ser justos con el personaje, habra que decir
que transforma la naturaleza del ser social que lo origina, pues tanto los ricos
como el Estado, que los representa en dicho imaginario, dejan de ser sujetos
susceptibles de aproximacin o acuerdo para extraarse a otra categora de ser
de malignidad ontolgica que bloquea cualquier relacin, salvo la violenta.
El esquema que reproducen las versiones del nakaq del periodo de la guerra
se mueve en el eje de las relaciones con el poder: religioso-colonial primero, y
estatal-republicano despus, y difieren del simple rumor por la importante carga
sobrenatural con que se arropa al personaje, que deriva en la ascensin de la
amenaza inminente, pnico extendido e intenso y mltiples actos preventivos
(algunos de ellos ritualizados) que lo acompaan. La conviccin de su existencia
real es otra imagen que le otorga singularidad a su despliegue comunicativo.
Algo que tambin lo diferencia frente al rumor, es su larga duracin, pero el
desconocimiento del origen preciso identidad17 en ambos casos los asemeja.
17 En los relatos previos a la guerra, se sealaban, con nombres propios, a las personas
que ejercan el oficio de nakaq. Actualmente, una de las familias sealadas, an ejerce
142
q:
En cuanto a su naturaleza, el nakaq, si bien no es caracterizado como un ser
de otro mundo como los condenados, s se impregna de diferentes smbolos
que lo diferencian de los personajes cotidianos: algunos de sus polvos son
mgicos, los poderes a los que representa (Estado, extranjero) son percibidos
como lejanos, abstractos e inalcanzables, pero poderosos, aunque se corporicen
en formas humanas. Por ello, el nakaq contemporneo deviene, ms que en
un actor mtico, en personaje legendario que progresivamente se degrada,
segn diversas versiones actuales, asumiendo la forma de mercenario, soldado,
polica, paramilitar o rico comerciante.
El pnico abona la potencia del rumor
El historiador Jean Delumeau coincidiendo con Lucien Febvre considera
que existen tres fronteras para comprender a la sociedad: el miedo, el tiempo y
el espacio.18 Ms adelante veremos cmo el miedo condiciona la extensin del
espacio y del tiempo en las perspectivas de quienes lo padecen. Los recursos
de los que nos valemos, como sociedades e individuos, para modularlos,
clasificarlos y comprenderlos, pasan fundamentalmente por el imaginario
que se expresa en el simbolismo, la esttica y la conceptuacin, adems de
las diferentes prcticas. En la base de la produccin de sus mltiples sentidos
estn, en dilogo permanente, memoria e imaginacin, as como las prcticas y
la experiencia entre las que tienen un papel central los procesos de construccin
de sentido y las formas de comunicacin, el modelamiento de las emociones,
los rituales, las actividades rutinarias y la produccin artstica, as como la
produccin de conocimientos.
Por otro lado, el autor de El miedo en Occidente, constata que entre
los historiadores hay una sospechosa reticencia a estudiar el miedo y se
explica en la confusin incorrecta de miedo con cobarda. Asimismo, seala
que fue frecuente entre los polticos, pesadores e historiadores adjudicar el
miedo al pobre y la valenta al noble. Ya es en la Revolucin Francesa que la
activa participacin en la poltica ayacuchana, habiendo llegado, uno de sus miembros, al
parlamento peruano por el partido aprista.
18 Podra agregar la causa y el nmero.
143
masa conquista su derecho al valor; lo que posteriormente ser seguido y
reforzado por la imagen de las masas sublevadas en periodos de revolucin
social, que alimentaron los marxismos y/o las luchas anticolonialistas que
forjaron herosmos ejemplares provenientes del pueblo. Actualmente el valor
individual como sntesis de la identidad colectiva puede encontrarse en el
uso del cuerpo como artefacto explosivo de los hombres y mujeres bomba
(que tambin Sendero utiliz).19 Para Sendero, el valor de la vida individual se
meda en funcin de su utilidad a la causa colectiva y se supeditaba al servicio
de la revolucin.20
El rumor no necesariamente surge espontneamente y puede, en muchos
casos, ser manipulado en funcin de determinados intereses: personales, de
grupo o del poder. Generalmente el rumor se transmite entre gente que otorga
confianza al emisor inmediato; ste, a su vez, puede transmitir la informacin
sin saber su origen y su veracidad surge de esa confianza previa. Por otro lado, el
rumor establece marcos de referencia que delimitan las fronteras con los otros,
las que pueden devenir en diferencias ticas insalvables. El nakaq constituy
una otredad inasimilable que orill a los personajes que representaban al poder
hacia una condicin demonaca. Los valores asumidos son transgredidos y
el poder se deslegitima por ser su origen. A diferencia del chisme, el rumor
no personaliza y ms bien clasifica el mundo en categoras en pugna: antes el
poder colonial, hoy el Estado represor, personificados en categoras: rdenes
religiosas, terratenientes, comerciantes ricos, militares y policas.21
19 Se ha documentado que fueron utilizados incluso nios. Sendero tambin utiliz los
llamados burros-bomba.
20 Abimael Guzmn lo seala muy expresivamente: combatimos por el comunismo aun
sabiendo que seremos molidos como individuos [...] tu vida no es ms que una pequesima
cantidad de materia (si se la compara con la) inmensa eterna materia en movimiento (citado
en Rnique, 2003, p. 107).
21 Es sintomtico de estas asociaciones que en Huanta, capital de provincia, ubicada a 50
kilmetros de Ayacucho, se deca que en el restaurante donde coman los policas se serva
carne humana, proveda por los nakaq.
144
q:
El nakaq o pishtaku, su mutacin en el periodo
Nakaq22 o pishtaku, como lo seal antes, son los nombres quechua del
degollador que, agazapado en zonas desoladas, espera a sus vctimas para
asesinarlas y luego extraerles la grasa. La mayora de los relatos coloniales
y hasta aproximadamente mediados del siglo XX, lo describen como un
hombre que vesta con una tnica o sotana de betlemita o franciscano.
Posteriormente, hacia la dcada de 1970, se los puede encontrar tambin
con uniforme de polica. El antroplogo peruano Efran Morote Best, seala
que en Cuzco se deca que la noche de San Bartolom, el 24 de agosto, se
reunan todos los nakaq en la iglesia de Santo Domingo para asistir a una
misa, leyendo en la flama de las velas el tipo de ao que tendrn: Si la flama
es roja, el ao es bueno, si blanca, no habr vctimas (citado en Ansin y
Sifuentes, 1982:82).23
El nakaq, segn los relatos escuchados en Ayacucho hasta tres dcadas
atrs, esperaba a sus vctimas en las salidas de los pueblos y en los caminos
solitarios, siendo los ms mencionados los que conducan a la selva, en una
poca en que se intensificaba su colonizacin (inicia en la dcada de 1960).
En otras versiones tambin se ubica al nakaq en lugares cercanos a la ciudad
de Ayacucho, como la pequea quebrada de Maravillas,24 que en ese tiempo
era el lmite de la ciudad, donde se encontraba una pequea capilla. Podemos
observar una demarcacin espacial que cualifica: los caminos a la selva tambin
conducan a un mundo poblado de mitos y relatos ligados a monstruos y
enfermedades, entre los que destacaban los ukumaris 25 y el paludismo, y la
sensacin que llevaban quienes se atrevan hacia esa regin, era del peligro e
En otras regiones del Per y Bolivia tambin se le conoce con el apelativo de pishtako
y tambin akaq.
23 Esta relacin del criminal con lo sagrado no es privativa de aquellos aos y personajes;
lo podemos ver en los contemporneos sicarios de las mafias de narcotraficantes, quienes
acuden a las iglesias a bendecir sus armas o a encomendarse a la deidad espacialmente a
la Virgen para que la accin criminal que van a realizar les salga bien.
24 Dos calles antes de la quebrada se halla la iglesia de la Pampa del Arco, donde se venera
al Nio Nakaq, Nio Jess que entre otras cualidades ayuda a bien morir a los enfermos
terminales.
25 Osos que supuestamente raptaban mujeres jvenes. Vase Vergara, 1990 y 1997.
22
145
incluso el temor de no retornar: la selva proyectaba un mundo misterioso que
devoraba: como el mar antao, la selva era una fuente del miedo. La selva y
la pequea quebrada de Maravillas constituan una frontera, desde donde se
configuraban las perspectivas y los horizontes espacio-temporales en diferente
escala, la primera regional, la segunda a nivel de la ciudad.
Se deca que para someter a sus vctimas el nakaq utilizaba un machete
arqueado o un gran cuchillo, que tendran la facultad de estirarse, permitiendo
alcanzar a la vctima a distancia. Otros utilizaran polvos adormecedores
y hasta podan dominar a las vctimas con la vista. Dicen tambin que,
luego de degollar a su vctima, la trasladaban a su casa y la hervan en peroles
muy grandes. En otros relatos se dice que la asaban o la colgaban para que,
sometindola al calor intenso, chorreara la grasa. sta, dicen que serva para
hacer campanas y remedios (que eran muy caros), y en aos recientes ya servan
para fabricar aceites para lubricar las naves espaciales o computadoras.
Las versiones recogidas en 1987 muestran la estructura de los relatos
inalterable; sin embargo, los smbolos utilizados varan considerablemente: los
cambios afectan tanto el espacio de actuacin, la vestimenta, los personajes,
as como sus objetivos. Ese ao corre el rumor de que numerosos nakaq han
invadido Ayacucho, tanto la ciudad como las zonas rurales. Ellos ahora son
altos, blancos, de cabello rubio, algunos con barbas, su hablar tiene dejo
gringo, visten con un abrigo hasta las rodillas, con botas, tienen cuchillo,
pistola y, en algunos casos, metralletas. Algunas versiones dicen que visten
pantaln blue jean (vaquero o mezclilla) y gorro de lana. El contenido
del rumor no tiene los mismos elementos, pero tienen la fuerza de la verdad,
siempre se cuenta como una certeza y no como probabilidad, y en muchos
casos se identifica la fuente (Estado), la circunstancia (la guerra) y los actores
(militares).
Se asegura que muchos de ellos han sido capturados y entregados a la
polica o a los militares, pero que han sido liberados inmediatamente, pues
dicen que cuentan con autorizacin del gobierno, por tener carn firmado
por el presidente Alan. Incluso existen versiones de que policas lugareos26
les han aconsejado que los maten y ya no los entreguen a la autoridad.
Al relatar se insina que por ser paisanos, se solidarizan de esta manera con sus
compoblanos.
26
146
q:
Otro cambio refiere al escenario de sus acciones: antiguamente se deca
que preferan los lugares solitarios, en 1987 se avisa que se haba encontrado
a una mujer, degollada por el nakaq, en los sanitarios del mercado central
de Ayacucho. Tambin se dice que se desplazan en jeeps semejantes a
los usados por el ejrcito. Rumores de su presencia en calles de la ciudad
desataron el pnico de nios y jvenes; los padres de familia adquiran la
rutina de ir a buscar a sus hijos a la puerta de las escuelas, en muchas de las
cuales se adelant una hora la salida, de seis a cinco de la tarde. En el contexto
de la guerra, la reclusin a que someti el nakaq a la poblacin ayacuchana
mostr mayor efectividad que el toque de queda ordenado por los militares.
Muchos sealan que las versiones iniciales de la reaparicin del nakaq salieron
de los cuarteles.27
Otra modificacin se observa cuando se asegura que la grasa extrada se
utiliza para pagar la deuda externa, que antes se pagaba con el dinero del
narcotrfico; se asegura tambin que el gobierno ha vendido Ayacucho a los
gringos, y que para acopiar la grasa necesaria han movilizado alrededor de tres
mil quinientos nakaq, los que han sido desplazados por todo el departamento,
y que la mayora estn en la propia capital, en la ciudad de Ayacucho. Ntese
que, al parecer, siempre la relacin con las potencias extranjeras dominantes
est marcada por la ilegalidad y la ilegitimidad: hoy se paga la deuda externa
con la muerte de los pobres, un poco antes con el dinero de la droga.
Se afirma que Sendero habra usado tambin este rumor generalizado
para obtener legitimidad, pues algunas versiones sealan que los senderistas
haban ejecutado a varios nakaq y enviado sus cabezas en encomiendas, por
correo, al propio presidente Alan Garca, como obsequio.
El 11 de septiembre de 1987
La atmsfera enrarecida y el temor generalizado por estos rumores llegaron
a su clmax el 11 de septiembre de 1987. Esa noche, turbas enardecidas de
pobladores de barrios populares persiguen a un desconocido, por las laderas
que ocupan los barrios y pueblos jvenes pobres de la ciudad, quien es
27
Insinuando un uso antisubversivo del personaje.
147
alcanzado y tomado prisionero en las proximidades de San Melchor (ubicado
hacia el sur de la ciudad de Ayacucho). Luego de interrogarlo toda la noche,
deciden matarlo a pedradas. Posteriormente, algunos que estuvieron entre la
multitud dirn, confirmando sus sospechas, que era nakaq, que el individuo
asesinado no tena sangre, y que ms bien un lquido verdoso flua de su
cuerpo castigado.
Das antes del fatdico da, muchos actos de violencia haban sido reportados. Taxistas agredidos, extraos hostigados a pedradas, noctmbulos
golpeados por sospechar que podran ser nakaq. Los pobladores de los
barrios se haban organizado en rondas y pasaban la noche vigilando bajo la
iluminacin de llantas quemadas. El espectculo nocturno era impresionante:
los barrios que escalan araando penosamente el cerro de la Picota y los que
ascienden hacia Akuchimay cerros que vigilan la ciudad se vean iluminados
por fogatas en diversos lugares. Las llamas sobresalan, se destacaban
violentando la oscuridad que envolva el resto de la ciudad; tinieblas causadas
porque Sendero frecuentemente derribaba, a dinamitazos, las torres de alta
tensin que transportaban la energa elctrica que vena de la hidroelctrica
del Mantaro.
La persona detenida y asesinada, al parecer no pudo convencer a la turba
de que no era un nakaq: no hablaba quechua, guardaba dos documentos de
identificacin diferentes y no pudo justificar adecuadamente su presencia
en la zona y ms an en horas de la noche. Versiones posteriores insinuaron
que quiz perteneca al servicio de inteligencia del ejrcito. La persecucin
comprometi a un conjunto de barrios, los protagonistas tenan sistemas de
comunicacin rpidos que movilizaron, segn algunas noticias periodsticas,
a cerca de 10 mil personas.
El antroplogo Carlos Ivn Degregori seala que el factor tnico se sum
al enardecido estado de nimo, construyendo un escenario irreversible, una
situacin lmite. No saber quechua pareciera haber marcado un muro, ms de
alteridad que de incomunicacin, pues en trminos prcticos quiz no haya
tenido importancia, ya que los pobladores de esos barrios son en su mayora
bilinges quechua-espaol y saben leer y escribir. Las proyecciones imaginales
activadas por el miedo y el contexto inmediato reconstruan al personaje
siniestro que en l se corporizaba.
148
q:
Endurecimiento tnico?
Muchos de los relatos antiguos vinculan a la iglesia, a los poderes locales y al
Estado como asociados a esta figura: no solamente metonimizan esta asociacin
la sotana, la tnica, la misa, el uniforme de polica, sino el nombramiento (con
nombres y apellidos) de ricos principalmente hacendados, aunque tambin
comerciantes que habran ejercido el oficio de nakaq; explicndose,
en muchos casos, en esta actividad el origen de su fortuna. El ritual que
supuestamente los autoriza y los legitima, la misa, es catlica y se realiza en
un lugar ritual pblico: la iglesia (Morote, 1951-1952).
Los smbolos que moviliz el discurso sobre el nakaq son mayoritariamente
de carcter tnico: a las descripciones fsicas (son blancos, algunos rubios, e
incluso en la ltimas versiones negros)28 de los personajes se suman el dejo
gringo, la vestimenta urbana o misti, a los que podemos agregar signos que
establecen la diferencia social, del saber y la poltica: los remedios caros, naves
espaciales, computadoras, deuda externa, as como la extraccin terrateniente29
de algunos sospechosos, confluyen hacia una definicin tambin tnica de
la clase social, y a la construccin de una alteridad radical cuyas relaciones se
definen por la violencia en su mxima expresin: la muerte violenta.
Juan Ansin y Jan Szeminski han explicado la presencia de la grasa como
una metfora de la dominacin-explotacin:
Si sabemos adems, como lo dice el texto, que el nakaq es hacendado, entonces
podemos ver que la extraccin de la grasa simboliza la extraccin de fuerza
de trabajo y que el concepto de grasa puede ser traducido a nuestro concepto
de plustrabajo segn la economa poltica. Este plustrabajo se convierte en
mercanca (y materia prima) que pasa por las manos de los comerciantes de la
ciudad, quienes se enriquecen sin transformarla, siendo puros intermediarios.
Es slo en el extranjero que se va a dar la transformacin de esa materia prima
que es grasa, para producir campanas o medicinas, bienes que luego vuelven aqu,
para consumo de la gente de plata y que cuestan mucho dinero [1982:212].
28 Esta introduccin pareciera referir a la presencia de mulatos y negros costeos entre
los soldados y policas que ocupan Ayacucho en la represin antisubversiva.
29 Los hacendados son asociados a los condenados y espantos en la tradicin oral andina.
Vase Abilio Vergara, 1997.
149
Los mecanismos sociales de dominacin semifeudal coinciden con la
ubicacin de la alianza clero-terratenientes,30 como los soportes significantes
de la simbolizacin inicial procesada en el nakaq como personaje socialmente
situado: la propia representacin imaginaria refiere a los signos de distincin
de esa clase; sin embargo, la transformacin racionalista del plustrabajo
o la renta servil en grasa requiere mediaciones y remite, en cada periodo
histrico, a significaciones diferentes, expresadas en los objetos en los que
dicha grasa se transforma pues no es lo mismo terminar taendo en una
campana que aceitando una nave espacial, el territorio en el que se realiza
la campana simboliza lo parroquial, la computadora lo global y a quines
beneficia el cura era uno de los soportes del gamonalismo, la deuda externa
sujeta a un nuevo tipo de imperialismo, mostrando una complejidad mayor
y los mecanismos histricos de simbolizacin que sitan otros caracteres a la
alteridad aunque la imagen bsica de la dominacin se mantenga.
Un proceso que podra ilustrar la asociacin sealada es que, por ejemplo,
su resurgimiento, previo a los hechos motivo de este artculo, coincide,
de la dcada de 1970 para adelante, con un periodo de modernizacin: la
construccin de carreteras y puentes, de infraestructura asociada a la presencia
del Estado y de la modernidad en la regin,31 y con una crisis integral de
la relacin con el Estado en la dcada de 1980: ste ya no es visto como el
Estado paternalista que por ejemplo construye una escuela, una carretera
o una posta de salud, sino como una mquina de represin encarnizada,
diablica, a la que acompaa la imagen de causante de las crisis intermitentes32
que se manifestaron en la devaluacin brutal del signo monetario peruano,
el espectacular encarecimiento del costo de vida y el empobrecimiento de la
poblacin. En ese contexto, el Estado asume todas las formas imaginarias de
30 Se puede encontrar una descripcin de los mecanismos de articulacin en el fenmeno
del gamonalismo que realiza Maritegui en los Siete ensayos de interpretacin de la realidad
peruana, Amauta, Lima, varias ediciones.
31 En el primer lustro de la dcada de 1970 se realizan muchas obras con motivo del
sesquicentenario de la independencia del Per; Venezuela es el pas que invierte mayoritariamente
en el asfalto de la carretera a Quinua, en el embellecimiento de dicho pueblo, en el estadio y
el coliseo cerrado, entre otras obras.
32 En el segundo gobierno de Fernando Belaunde y en el de Alan Garca, eran famosos
los paquetazos: reajustes econmicos esperados como inminentes casi permanentemente,
significaban nuevas y significativas alzas de los productos de primera necesidad.
150
q:
un estado extrao, colonial, racista y corrupto; y el ejrcito, la de un ejrcito
de ocupacin. Va en este sentido la afirmacin de Degregori:
Y si desde antes los nakaq tendan a aparecer asociados con la dominacin
extranjera, hoy la dependencia se acenta. Alan habra decidido convertir la
regin en una especie de coto de caza de presas humanas. Metfora terrible
de nuestra dependencia: los imperialistas en nuestra terminologa como
vampiros. Intuicin brutal de la relacin entre localidad, el pas y el sistema
capitalista mundial [1987:112].
El saca ojos limeo
Dejemos Ayacucho departamento andino, con una poblacin mayoritariamente indgena campesino por un momento, y vayamos a la capital del
Per, Lima. Ah, un ao despus, en 1988, surge la amenazante presencia del
saca ojos, que nuevamente pone en cuestin las relaciones de poder en un
rea sensible de la modernidad: la medicina y, nuevamente, el Estado-nacin.
Los relatos que el rumor extendi ampliamente en la poblacin limea
recogidos por los diarios, noticieros radiales y la televisin, as como por
antroplogos y socilogos, nos hablan de rasgos estructurales semejantes a
los que identificaron al nakaq, variando ms bien en la forma de operar y las
finalidades. En principio, hay una alianza del Estado con el poder externo,
gringo, y un desprecio total por la vida, y principalmente por la vida del pobre,
del indgena, y en este caso se extrema la impiedad gravemente porque las
vctimas son los nios y se les extrae el rgano ms preciado: los ojos.
Veamos uno solo de estos testimonios recogidos por Eudosio Sifuentes:
Los ladrones de ojos se hacen pasar por mdicos del Seguro Social (Instituto
Peruano de Seguridad Social). Ellos son gringos que andan en grupo en un
carro negro por los pueblos jvenes.33 Roban nios y nias menores de seis
aos que tengan ojos azules o verdes. A los nios los matan para sacarles
los ojos. Dicen que los ojos se los llevan al extranjero para usarlos en los
transplantes a las personas que lo necesitan. La gente no ha hecho ninguna
33
As se llama, eufemsticamente, a las barriadas pobres que encintan la ciudad de Lima.
151
denuncia porque tienen miedo de que los maten, por eso se callan. Los
policas saben de estos casos pero no hacen nada, porque el robo de los ojos
depende de un convenio entre el gobierno y los yanquis. Mis vecinos de
Collique34 dicen que se han encontrado nios muertos en lugares oscuros y
solitarios; y los han encontrado sin ojos, sin corazn y sin riones.35
En otros relatos, slo son los ojos los que les son arrancados y no siempre
pierden la vida. Algunos de ellos dicen que los dejan cerca de sus casas con
dinero en el bolsillo. Una constante adicional: son blancos, barbudos, con
ropa formal siempre bien vestidos, traje negro o azul, de lo contrario
con batas blancas de mdicos, se desplazan en vehculos inusuales en el
mundo pobre de los barrios marginales Mercedes Bens, Nissan Patrol,
llevan en ellos los instrumentos y aparatos [...] para hacer esas extracciones.
Algunos retoman lejanamente lo religioso, parecidos a los mormones,
aunque tambin la imaginacin puede ensayar otras hiptesis dialogando
con los medios de comunicacin y los problemas que informan: dicen que
podran ser colombianos o quiz extraterrestres; los peridicos dijeron que
eran canbales (Sifuentes, 1989:154). Es interesante esta imbricacin entre
el rumor y la prensa, de cuya complicidad sale potenciada la informacin
que vehiculan ambos, prestando el primero la conviccin y los medios de
comunicacin la amplificacin.
Es necesario mencionar que en el contexto varios actores sociales intentan sealar los orgenes del rumor: que podra ser la APRA para impedir la
movilizacin popular, pues se acercaba un paro nacional; que tambin podra
ser Sendero Luminoso para impedir presencias extraas en las zonas que
controlaban, etctera. No obstante, cualquiera que sea el origen, lo importante
es observar la fuerza que tuvo y el pnico colectivo que gener, en una ciudad
de siete millones de habitantes.
Barrio pobre limeo.
Lo significativo es que es un joven de 18 aos que haba migrado de Cerro de Pasco a
Lima hace ms de una dcada, fecha de la entrevista, 12 de diciembre de 1988, en Sifuentes,
1989, p. 151.
34
35
152
q:
Para terminar: perspectivas de anlisis espacio-temporal
Si Sendero logra afincarse, parcial y brevemente en algunas zonas, a partir de
expresar de hacerse cargo justicieramente el sentimiento que genera el
desprecio de una sociedad y un Estado racistas, y logra subrayar la diferencia
pretendindola irreconciliable, antagnica incluso y principalmente mediante
el simbolismo de la sangre, lo hace desde una perspectiva futuro que coloca
un norte en las vidas de sus militantes, marginados por el sistema, pues ofrece
un mundo mejor; mientras que la perspectiva temporal que configuran los
relatos de los pistachos, por el contrario, estructura una suerte de detencin
del tiempo operado por el terror, en tanto anula el porvenir por la muerte
sin sentido, porvenir que haba sido exacerbado por Sendero, enarbolando
incluso la muerte por una causa y un horizonte. Para Sendero, por el contrario,
la convocatoria era a pensar en dcadas y siglos, pues los comunistas somos
guilas porque vemos lejos, porque nos remontamos al futuro y sacamos
del presente toda la fuerza suficiente para seguir desarrollndolo (Abimael
Guzmn, citado en Rnique, 2003:108).
La heteropercepcin que expresa el nakaq, que adjudicaba insignificancia
a la vida de los pobres, logra una relativa efectividad en la condicin que
se asumen: la de materia prima; aunque, desde otra perspectiva, puede
interpretarse como la adscripcin de bestialidad al poder que lo hace operar
en funcin de ganancias: es el Otro el degradado. El nakaq expresa y fractura
an ms las relaciones antagonistas de Estado y sociedad regional, y significa
el retroceso en la formacin de una ciudadana dialgica. Sedimentando
frustraciones, como dira Pablo Macera, la frontera emerge irrumpiendo
desde su relativa invisibilidad que por ejemplo posibilitaba el paternalismo y
la eficacia simblica de la dominacin; sus demarcaciones imaginarias tienen
un poder nada despreciable.
Lo anterior no niega que otras personas, o incluso quienes fueron posedos
por el miedo, opten por los partidos, por sindicatos, por el estudio, la
migracin, o la misma lucha armada, para salir de su condicin de pobreza
y marginacin. Una alternativa, a veces opuesta, otras veces complementaria,
significa la produccin artstica y musical que ofrece otros horizontes a los ojos
de quienes viven tambin la vida desde su imaginacin creativa: Yo no quiero
ser el hombre/ que se ahoga en su llanto/ ...Yo quiero ser como el viento/ que
recorre continentes (El Hombre, huayno, Ranulfo Fuentes).
153
Tanto el nakaq como Sendero delimitan excesivamente la imagen del
tiempo al exacerbar el futuro el segundo, con la pica del militante, para
quien toda comodidad presente es denigrante burguesa y el nakaq al
excluir cualquier posibilidad de proyecto, producto del encerramiento, tnico
y fsico.
Por otro lado, en el tratamiento del espacio ambos lo despliegan contradictoriamente: Sendero pone en el imaginario de sus militantes muchos de
ellos provenientes de sectores pobres, hijos de campesinos, seres locales una
dimensin planetaria a partir de lo que se llam internacionalismo proletario
y universal mediante lo que llamaron conocimiento y aplicacin de las leyes
objetivas que rigen el desarrollo de la sociedad, la naturaleza y el pensamiento,
supuestamente expresadas en la dialctica materialista; mientras el nakaq
restringe al extremo los horizontes cotidianos al someterlos por el miedo a
rutas conocidas y cada vez ms circunscritas e indispensables, recortando
tambin el tiempo del uso del espacio pblico.
Ulrich Beck, en su libro La sociedad del riesgo, seala que en nuestra poca
la solidaridad surge del miedo y se convierte en fuerza poltica (1998:55); y
refirindose a movimientos ecologistas, dice que han transformado su miedo
en programa de accin. El caso que he referido no entra en esta perspectiva de
solucin, sino ms bien en un proceso de acentuacin del miedo y la diferencia,
y permanece en ese territorio pre-reflexivo incontrolable, que si bien potencia
la accin inmediata, como fuga o reaccin instintiva violenta, generalmente
desemboca en terror y parlisis. Desde esta posicin, la capacidad del actor
disminuye ostensiblemente, anulando la posibilidad ciudadana de prever, de
proyectar, de argumentar, de resistir.
Lo que hacen los jvenes que profesionalizan su juventud en rebelda e
inconformidad es un antdoto para el miedo adulto petrificador. El miedo
que despleg el nakaq, a diferencia de la ubicuidad de la fuente de los miedos
en las grandes metrpolis actuales, es un miedo cuyo origen se sita en un
conjunto de agentes sociales en cuya cspide y de cuyo poder se benefician
los que sostienen un Estado que este personaje remite a la alteridad radical:
la imaginacin popular, utilizando y resignificando viejos smbolos le
adjudica una condicin monstruosa, demonaca. Y esto no es un asunto que
caracterice solamente a poblaciones ubicadas en las periferias marginadas de
la sobremodernidad: lo hemos visto tambin, cuando muchos crean ver
la figura siniestra del diablo, formada por la explosin y el humo en las dos
154
q:
torres de Nueva York, el 11 de septiembre trgico (2001) de los atentados
suicidas con dos aviones. Quiz, el nexo que podemos encontrar entre el
miedo descrito en este artculo y los miedos globalizados actuales, sea aquello
que Rossana Reguillo sealaba como el temor a sobrar, a no caber. Una
secuencia de estas reflexiones ser pues explorar cmo nos vamos situando en
los imaginarios de la globalizacin, qu lugar le ponemos a nuestros lugares
en el concierto planetarizado, y qu queremos hacer con nuestros destinos
en un mundo que incrusta el simbolismo negativo a costa de depredar la
convivencia con los otros.
Finalmente, tambin pensar en la naturaleza del rumor en tiempos de guerra,
en sus conexiones con el poder y las formas en que pueden ser manipulados
los imaginarios colectivos con una eficacia simblica sobrecogedora. El nakaq,
en este sentido, es un smbolo que expres y sediment la forma en que es
visto el Estado desde una situacin de marginalidad estructural enervada por
la represin indiscriminada y el pnico que ella gener. El nakaq adquiri la
figura emblemtica de un Estado al servicio de una clase y de las potencias
extranjeras.
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