EMPRENDIMIENTO SOCIAL
MODELO DE DESARROLLO ALTERNATIVO
Alveiro Monsalve Z
Director Centro de Desarrollo Empresarial (*)
El dinámico escenario de la globalización exige a los líderes sociales de hoy
hacer de la economía social basada en el ser humano, una verdadera
alternativa de desarrollo económico para los pueblos de América Latina, frente
al modelo de capitalismo basado en el capital individual.
Entre las exigencias de esta globalización impuesta en el nuevo orden
internacional y por la consiguiente dinámica de los mercados transnacionales,
está la necesidad de construir sostenibilidad social a través de fuerzas
asociativas, de organizaciones solidarias, de acciones comunitarias, de logros
cooperativos, en donde prime la fuerza de la unión entre personas de tal
manera que se alcance de manera colectiva lo que no es posible lograr
mediante la acción individual.
Y es aquí donde el emprendimiento social, que podríamos denominar también
emprendimiento solidario asociativo, debe adquirir gran sentido en varias
dimensiones para los líderes sociales de la actual generación: emprendimiento
no sólo en lo social, sino también en lo económico, cultural, político, ecológico y
tecnológico. Emprendimiento social que sea capaz de grandes
transformaciones desde la base de la pirámide social, desde la gran masa de
ciudadanos anónimos, desde organizaciones sencillas inspiradas en la
fortaleza de la ayuda mutua o desde una actitud cooperante entre personas
que se unen para progresar conjuntamente y mejorar su calidad de vida. Este
es el emprendimiento del futuro, el que preserva la identidad del ser humano en
pertinencia con su bienestar social, equitativo e incluyente.
Emprendimiento regional
En las dos últimas décadas América Latina se destaca en el panorama mundial
como la región donde más se han generado nuevos emprendimientos
(tenemos 4 países entre los 12 más emprendedores del mundo, con empresas
nacientes y nuevas) con proyectos de orden empresarial, social, cultural,
ecológico, cultural e investigativo. Después de Estados Unidos los países de
centro y sur de América, son tierra fértil para la investigación aplicada y el
desarrollo sostenible, la innovación productiva y de servicios y el avance de las
nuevas tecnologías de información y comunicación. Aunque el gran país del
norte nos lleve ventaja de uno a cien en su magnitud económica, en nuestra
región está todo por hacer y miles de sueños pueden ser realidad a través de
nuevos emprendimientos creadores de valor que desafíen el inimaginable
mundo de las oportunidades reales.
El desafío solidario en Colombia
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En Colombia sólo el 30 por ciento de la población económicamente activa está
vinculado laboralmente al sector empresarial organizado; el 70 por ciento
trabaja de manera independiente o lucha por sobrevivir con su familia entre las
incertidumbres de la economía informal. Y aquí es donde las organizaciones
solidarias tienen todo por hacer, porque integran a más de seis millones de
colombianos. Buena parte de esta población se articula a través de 200
cooperativas especializadas en ahorro y crédito, 7 de carácter financiero y más
de 1600 Fondos de Empleados, fomentando todas estas organizaciones el
consumo en exceso y tratando de hacer crecer los bajos niveles de ahorro de
sus asociados.
La estructura del sector solidario centrado en el consumo, no es suficiente para
hacer los emprendimientos productivos generadores de valor social que
necesita un país como Colombia de cara a las perentorias exigencias de la
globalización.
Una política de Estado
La Ley 1014 del 2006 sobre el fomento a la cultura del emprendimiento en
Colombia, define ésta como el “conjunto de valores, creencias, ideologías,
hábitos, costumbres y normas que comparten los individuos de una
organización, los cuales generan patrones de comportamiento colectivos”.
Esta cultura es el ambiente favorable para el emprendedor social, cuyo perfil
es una “persona con capacidad de innovar, generadora de bienes y servicios
en forma creativa, metódica, ética, responsable y efectiva”. Así llegamos a un
concepto más claro de lo que debe ser el emprendimiento social: “Una manera
de pensar y actuar orientada hacia la creación de riqueza colectiva”. El camino
a la riqueza social, justa y equitativa es la búsqueda de oportunidades con
visión global llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado, un riesgo
calculado y cuyo resultado debe ser la creación de valor que beneficie a la
empresa, a la economía y a la sociedad.
Emprendimiento social y solidario
Las organizaciones solidarias en Colombia deberían contemplar en su
desarrollo institucional como objetivo de nivel estratégico, el fomento a la
cultura del emprendimiento entre sus asociados y ser ellas mismas creadoras
de riqueza económica, gestoras de innovación productiva, creadoras de
oportunidades articuladas con el mercado real doméstico o exportador y
nucleadoras de esfuerzo asociativo para generar nuevos empleos. Este es el
emprendimiento económico y social que se constituye en el gran desafío actual
para las organizaciones solidarias.
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Visión asociativa en grande
La Corporación Andina de Fomento –CAF- que entre sus propósitos estimula el
emprendimiento en América Latina, hace recomendaciones que bien pueden
ser acogidas por las organizaciones solidarias:
• Una concepción integral del emprendimiento, creador de sinergias con
positivo impacto en la dinámica social.
• Un énfasis en el emprendimiento innovador, sostenible, productivo,
orientado al fortalecimiento del capital social, con positivo impacto en la
protección del medio ambiente.
• Un especial cuidado para evitar el enfoque del falso emprendimiento
orientado a la subsistencia y a las acciones populistas.
• Desarrollar un entorno o “ecosistema” propicio que incluya capital
humano, institucional, financiero y especialmente comunitario.
• Se entiende que el desarrollo institucional orientado al emprendimiento
es un proceso gradual, que requiere visión de largo plazo y persistencia
en el tiempo.
Colombia, país de oportunidades
Colombia está colmada de oportunidades para el sector de la economía
solidaria. El desarrollo del emprendimiento social es posible articulando las
organizaciones solidarias con una gran red de recursos financieros e
institucionales:
El Fondo Emprender del Sena; el Proyecto de Apoyo al desarrollo de la
microempresa rural, PADEMER; El Fondo colombiano de modernización y
desarrollo tecnológico de las micro, pequeñas y medianas empresas,
FOMIPYME; Bancoldex; el Fondo Nacional de Productividad y Competitividad,
FNPC; la Compañía de financiamiento comercial, FINAMERICA; la Fundación
para el desarrollo sostenible de Colombia FUNDESCOL, la Corporación Andina
de Fomento, CAF; FINAGRO. Esto en el nivel público.
En el nivel privado, tenemos para destacar 37 incubadoras en todo el país,
entre ellas “Gestando”, cuyos propietarios cooperativos deberían proyectarse a
nivel nacional; la Corporación de emprendedores de Colombia; ParqueSoft, el
programa de Jóvenes con Empresa financiado con recursos del BID, liderado
por la Fundación Corona, y la participación de Cajas de Compensación
Familiar, Universidades y gobierno; programas de las Gobernaciones y
Municipios. Sumemos a esto, los 7 billones de pesos que manejan las
cooperativas que en Colombia ejercen actividad financiera.
Empresarismo asociativo
En definitiva, sí es posible articular el empresarismo asociativo con las enormes
posibilidades que ofrece un país como Colombia. Articulación económica,
política, social, tecnológica. Articulación cooperativa para ser más fuertes en el
acceso a los mercados, para fortalecer la propia ubicación en las cadenas
productivas, para ser más competitivos y eficientes en los clúster locales y
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regionales como agrupaciones empresariales interrelacionadas en una
actividad productiva, para ganar nuevos espacios en la construcción de la
economía social, en fin, para hacer realidad la gran vocación del
cooperativismo universal: el bienestar y el progreso de los pueblos a través de
la ayuda mutua, la participación económica, la equidad social y la autogestión
de miles de empresas asociativas.
Ya lo hemos dicho, oportunidades se encuentran a granel: Colombia, aunque
parezca extraño, es el segundo país en competitividad en América Latina. El
sector solidario puede aportar mucho para mantener en alto esta competitividad
porque representa ni más ni menos que el 5.8% del PIB, porque integra a más
de 6500 organizaciones asociativas, porque significa más de $17.8 billones de
pesos en activos. La política empresarial del actual gobierno, como decía
recientemente en un reportaje el Viceministro de Desarrollo Económico, no
discrimina a las cooperativas y por el contrario les ofrece grandes posibilidades
en la producción de bienes de exportación.
Los Tratados de Libre Comercio ofrecen múltiples oportunidades en prestación
de servicios, en la elaboración de bienes manufacturados, en nuevas
tecnologías de valor agregado, en la protección del medio ambiente, en la
cultura de la virtualidad, en los microseguros, en el microcrédito y las
microfinanzas, en el manejo de remesas, en la profundización financiera, en la
captación de ahorro entre los sectores populares, en sistemas de outsourcing
para las grandes empresas, en la producción y comercialización de productos
agrícolas, en insumos para el sector de la construcción en inclusive en la
Educación para el trabajo y el desarrollo humano. El gobierno negocia los
tratados, pero los negocios dentro de los tratados los realizan los empresarios.
Y el sector asociativo debe verse siempre como un gigantesco empresario
asociativo.
Empresariado asociativo y agenda de competitividad
Es todo un reto observar, a luz de la Agenda de Productividad y Competitividad
propuesta por el actual gobierno en 44 Cartillas, el lugar que podría ocupar el
empresariado asociativo como sector alternativo de desarrollo económico y
social. Por el momento no hay información sobre la contribución del
cooperativismo en esta Agenda y por tanto la primera conclusión es que estaría
casi todo por hacer.
Entre los 20 documentos de carácter sectorial, se destacan entre otros sectores
llamados a mejorar su productividad para ser más competitivos en el escenario
de la globalización, los siguientes: agroindustria, algodón, electrodomésticos,
artesanías, autopartes, cerveza, salud, metalmecánica, cosméticos, software y
turismo. Bien valdría la pena analizar cuántas de nuestras organizaciones
solidarias en Colombia, podrían ser competitivas en estos sectores específicos.
Los retos siguen ahí, invitando al emprendimiento social. El mejor modelo de
emprendimiento social está constituido por las organizaciones asociativas. Pero
hay que orientarlas a la producción de valor real o productivo dentro de la
economía. Hay que buscar la inclusión del sector en las siete líneas
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estratégicas de competitividad que Colombia se plantea: Desarrollo
empresarial, innovación y desarrollo tecnológico, ahorro e inversión, capital
físico, capital humano, instituciones para el desarrollo productivo y desarrollo
agropecuario.
Emprendedores solidarios
El emprendimiento social, solidario, asociativo o como se le quiera llamar,
requiere una cultura favorable para su desarrollo: claras propuestas de valor,
innovadoras, sostenibles; emprendedores con pasión por lo que hacen,
racionales pero actuantes; medición permanente del impacto social generador
de empleo; participación activa y liderazgo en todos los procesos de
cooperación asociativa; adopción de buenas prácticas en el gobierno
corporativo y articulación con actores que a su vez constituyen redes
favorables al emprendimiento, como entidades financieras, ángeles inversores,
incubadoras de empresas, oportunidades de capital semilla o de capital de
riesgo, así como instituciones educativas de todo nivel.
Hay que pasar del emprendimiento individual al emprendimiento solidario. Esto
es posible. Articulación e integración para el emprendimiento social, es lo que
se espera de las organizaciones cooperativas en Colombia. Liderazgo social
para el emprendimiento asociativo. Tenemos todo por hacer en este campo.
Ustedes hacen parte de esta poderosa alternativa!
Alveiro Monsalve Z.
(*) Es Economista y actualmente, Director del Centro de Desarrollo Empresarial, adscrito a la
Fundación de Educación Nueva América y a Coeducar en Bogotá.