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Capitulo Primero

El documento aborda la importancia del conocimiento y la ética en la vida humana, enfatizando que saber lo que nos conviene es esencial. Se discuten las motivaciones detrás de nuestras acciones y la libertad de elegir, destacando que la ética es el arte de vivir bien en relación con los demás. Finalmente, se plantea que la buena vida humana se construye a través de relaciones significativas y la reflexión sobre nuestras decisiones.

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Capitulo Primero

El documento aborda la importancia del conocimiento y la ética en la vida humana, enfatizando que saber lo que nos conviene es esencial. Se discuten las motivaciones detrás de nuestras acciones y la libertad de elegir, destacando que la ética es el arte de vivir bien en relación con los demás. Finalmente, se plantea que la buena vida humana se construye a través de relaciones significativas y la reflexión sobre nuestras decisiones.

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Hay ciencias que se estudian por simple interés de saber cosas nuevas; otras, para aprender
una destreza que permita hacer o utilizar algo; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo
y ganarse la vida.

Lo que quiero decir es que ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como
nadie es capaz de saberlo todo, no hay mas remedio que elegir y aceptar con humildad lo
mucho que ignoramos. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso
sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Se puede vivir de muchos
modos pero hay modos que no dejan vivir.

En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de
que ciertas cosas nos convienen y otras no. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir
entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir por cuenta que
nos trae.

Sin embargo, a veces las cosas no son tan sencillas: ciertas drogas, por ejemplo, aumentan
nuestro brío o producen sensaciones agradables, pero su abuso continuado puede ser
nocivo. En unos aspectos son buenas, pero en otras malas: nos convienen y a la vez no nos
convienes. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra y
enemista a las personas, pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para
obtener alguna ventajilla.

Lo de  
 no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a que
debemos hacer. Algunas aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan
que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que
cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud,
tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada.

En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es
malo para él, sin discusiones ni dudas.



 

 
  
. Y así llegamos a la palabra fundamental de todo
este embrollo: 
  los animales no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo
que están programados naturalmente para hacer. Los hombres también estamos
programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de todas
nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero
parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene
condicionado por el lenguaje que le da forma. Somos educados en ciertas tradiciones,
hábitos, formas de comportamiento, leyendas..; en una palabra, que se nos inculcan desde la
cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante
previsibles.
Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no
estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones
respecto a la libertad:

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 no somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos
pasa de tal o cual modo.


 : ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente.
No es lo mismo la libertad que la omnipotencia. Por ello, cuanta más capacidad de acción
tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Hay cosas que
dependen de mi voluntad (y eso es ser libres) pero no todo depende de mi voluntad (sería
omnipotente), porque en el mundo hay otras voluntades y otras necesidades que no controlo
a mi gusto.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad. Pero también nuestra
libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza.

A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. De ello, si tienes
paciencia, seguiremos hablando en las siguientes páginas de este libro.

La libertas no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia


que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Si o No. En su brevedad
instantánea, como a luz de relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza
humana.

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Vamos a detallar la serie de diferentes motivos que tienes ara tus comportamientos
matutinos. Ya sabes lo que es un motivo: es la razón que tienes o al menos crees tener para
hacer algo, la explicación más aceptables de tu conducta cuando reflexionas un poco sobre
ella. La mejor respuesta que se te ocurre a la pregunta ¿Por qué hago eso? Pues bien, uno de
los tipos de motivación que reconoces es el de que yo te mando que hagas tal o cual cosa. A
estos motivos les llamaremos órdenes. O también el ver que tú alrededor todo el mundo se
comporta así habitualmente: llamaremos costumbres a este tipo de motivos. Los puntapiés a
la lata, por ej, el motivo parece ser la ausencia de motivo, el que apetece sin más, la pura
gana, llamado capricho. Dejo de lado los motivos más crudamente funcionales, es decir los
que te inducen a aquellos gestos que haces como puro y directo instrumento para conseguir
algo.

Cada uno de esos motivos inclina tu conducta en una dirección u otra, explica mas o menos
tu preferencia por hacer lo que haces frente a las otras muchas cosas que podrías hacer.

Levantarte para ir al colegio es más obligatorio que lavarte los dientes o ducharte. Cada tipo
de motivo tiene su propio peso y condiciona a su modo. Las órdenes sacan su fuerza del
miedo, el afecto, la confianza, por tu bien. Las costumbres en cambio vienen más de la
comodidad no contraria a otros, y a las modas. Las órdenes y las costumbres tienen una
cosa en común: parece que vienen de fuera, que se imponen sin pedirte permiso, los
caprichos te salen de dentro.

Solo disponemos de cuatro principios de moral:

1. El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.

2. El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.

3. El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.

4. El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad, por


amor a la sociedad y por consideración a ti.

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Todo esto tiene que ver con la cuestión de la libertad, que es el asunto del que se ocupa
propiamente la ética. Libertad es poder decir si o no; lo hago o no lo hago, digan lo que
digan mis jefes o lo demás; esto me conviene y lo quiero, aquello no me conviene y no lo
quiero. Libertad es decidir, y darte cuenta de que estas decidiendo. Lo más opuesto a
dejarse llevar.

Nunca una acción es buena sólo por se una orden, una costumbre o un capricho. Nadie
puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por si
mismo. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia
vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno.

La palabra moral etimológicamente tiene que ver con las costumbres, pues eso
precisamente es lo que significa la voz latina y también con las órdenes, pues la mayoría de
los preceptos morales suena así como debes ³hacer tal cosa´ o ³ni se te ocurra hacer la
otra´, que pueden ser malas o sea ³inmorales´. Si queremos profundizar en la moral de
verdad, si queremos aprender en serio como emplear bien la libertad que tenemos, mas vale
dejarse de órdenes, costumbres y caprichos. Lo primero que hay que dejar claro es que la
ética de un hombre libre nada tiene que ver con los castigos ni los premios repartidos por la
autoridad que sea, autoridad humana o divina, para el caso es igual.

Moral es el conjunto de comportamientos y normas que se suelen aceptar como válidos;


ética es la reflexión sobre por qué los consideramos válidos y la comparación con otras
morales que tienen personas diferentes.

Soy en el buen sentido de la palabra bueno« Se refiere a que, en muchos casos, llamarle a
uno bueno no indica mas que docilidad, tendencia a no llevar la contraria o a no causar
problemas; para otros bueno« significa ser resignado y paciente, pero otros llamarán
bueno a la persona emprendedora, original, que no se acobarda a la hora de decir lo que
piensa aunque pueda molestar a alguien.
No es sencillo decir cuando un ser humano es bueno, porque cuando se considera a los
humanos en general, la cosa no está tan clara, porque no hay un único reglamento para ser
buen humano ni el hombre es instrumento para conseguir nada. Uno es bueno a su modo y
depende de las intenciones que muevan a cada uno.

Pero si ya hemos dicho que ni órdenes, ni costumbres ni caprichos bastan para guiarnos en
esto de la ética y ahora resulta que no hay un claro reglamente que enseñe a ser hombre
bueno y a funcionar siempre como tal.

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¿Qué significa Haz lo que quieras? Significa plantearte todo desde ti mismo, desde el fuero
interno de tu voluntad; preguntártelo a ti mismo. Significa interrogarse uno mismo sobre el
uso de su libertad, la libertad misma.

Si alguien nos dice ³Haz lo que quieras´ se esta generando una contradicción, por que nos
están indicando que hacer, mas allá de que sea lo que uno quiera. Igualmente hacer lo que
uno quiere no se trata de pasar el tiempo, sino de vivirlo bien. Esta contradicción nos indica
el problema esencial de la libertad misma: que no somos libres de no ser libres, o sea que
no podemos elegir libremente no ser libres; sino que no tenemos más remedio que serlo.

En otras palabras estamos condenados a ser libres, y a elegir. Ya sea elegir que es lo que
uno quiere, o como quiere o cuando lo quiere, uno siempre esta eligiendo. Es entonces
cuando aparece una responsabilidad creadora de elegir nuestro camino, y querramos o no,
tenemos que querer.

No hay que confundir el ³Haz lo que quieras´ con un capricho de turno, o lo que primero
nos de la gana. Uno puede tener caprichos o elegir lo primero que nos de la gana por
ejemplo a la hora de elegir un plato en un restaurante, como un pantalón para ponernos.

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A veces los hombres queremos cosas contradictorias que entran en conflicto unas con otras.
Es importante ser capaz de establecer prioridades y de imponer una cierta jerarquía ente lo
que de pronto queremos y lo que realmente, en el fondo y a la larga queremos.

En ese momento el primogénito fue invadido por la certeza de la muerte, y lo que hace que
todo de igual es la muerte y no la vida. La vida esta hecha de tiempo, recuerdos,
esperanzas, y más que nada esta hecha de relaciones con los demás. La muerte en este
ejemplo estropeó el ³querer´ del primogénito.
Debemos a atrevernos a ³darnos la buena vida´. La ética no es más que el intento racional
de averiguar como vivir mejor. Y cuando hablamos de darnos la buena vida hablamos de la
buena vida humana; por que ser humano consiste en tener relaciones con otros seres
humanos. Muchas veces queremos cosas a costas de las relaciones con humanos, (quiero
plata, y cago a mi mejor amigo en el negocio).

La buena vida humana es entre seres humanos, sino puede ser vida, pero no va a ser ni
buena ni humana. La humanidad depende de lo que unos hacemos con los otros.

El hombre es una realidad cultural, una realidad cultural que heredamos y aprendemos de
otros hombres. La humanización es un proceso recíproco. Entonces darse la buena vida es
también dar la buena vida.

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¿En que consiste darse la buena vida? Querer la buena vida debe incluir la perspectiva de
conjunto.

No debemos basarnos en las cosas que tenemos, por que terminamos sin darnos cuenta que
las cosas que tenemos nos tienen a nosotros. Debemos darnos cuenta de que como no
somos puras cosas, sino humanos, necesitamos cosas que las cosas mismas no tienen. No
conseguiremos sin esto amistad, respeto, ni amor entre otros. Por eso es que la complicidad
y el trato son fundamentales.

Contaremos entonces con el respeto de una persona, aunque no sea más que una: nosotros
mismos, es decir; por lo menos defendemos nuestro derecho de no ser cosas para los otros.

Ninguna buena vida puede prescindir de las cosas (sabemos que nos hacen falta algunas,
como un buen plato de comida) y no debe faltar el trato con las personas. Si uno vive de las
cosas y para las cosas carece de autenticidad, del autentico amor, y de un amigo autentico.

En resumen, nos referimos a vivir humanamente, y vivir humanamente tiene una condición
ética que es la de no vivir de cualquier modo, y tener una moral. Vivir humanamente es
comprender el por qué, como va la vida que llevamos, y que es lo que nos puede ayudar a
hacerla buena. Nadie puede ser libre por nosotros.

(Acá faltan unas hojas, por eso por ahí va medio cortado el tema)

Lo contrario de ser moralmente imbécil es tener conciencia. Para tener conciencia hacen
falta algunas cualidades innatas, ciertos requisitos sociales y económicos lo cual depende
del esfuerzo y atención de cada cual. La conciencia depende fundamentalmente de los
siguientes rasgos:

1. Saber que no todo da igual porque queremos realmente vivir y además


vivir bien, humanamente bien.
2. Estar dispuestos a evaluar si lo que hacemos es realmente lo que
queremos o no.

3. Ir desarrollando un buen gusto moral, de forma que ciertas cosas no nos


repugnen espontáneamente hacer (como mentir, por ejemplo en ves de mear
algo que nos vamos a comer).

4. Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por lo


tanto razonablemente ser responsables de las consecuencias de nuestros
actos.

¿Por qué esta mal lo que llamamos ³malo´? Es por que no le deja vivir a uno la buena vida
que quiere.

Deberíamos llamar egoísta al que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se
esfuerza por conseguirlo. El egoísta se ama a si mismo, y el que no es un poco egoísta pasa
a ser un imbécil que necesita conciencia para poder aprender a amarse a si mismo.

El que no aprende lo anterior pasa a ser un enemigo de si mismo, a estropear su verdadera


posibilidad de ser amado y respetado por el resto de sus compañeros humanos.

Si uno se hubiera amado de verdad a si mismo, debería haber intentado exteriorizar por
medio de su conducta ese interior limpio y recto, su verdadero Yo.

El remordimiento aparece cuando uno es conciente. Si no uno fuese consciente no tendría


por que sentir remordimientos de su conciencia. No hay peor castigo que darse cuenta de
que uno está boicoteando con sus actos lo que en realidad quiere ser. Los remordimientos
vienen de nuestra libertad. Si no fuésemos libres no podríamos sentirnos culpables de nada
y evitaríamos los remordimientos.

Siempre queremos ser libres para atribuirnos el mérito de lo que logramos, pero preferimos
confesarnos ³esclavos de las circunstancias´ cuanto nuestros actos no son precisamente
gloriosos.

Lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables, cada acto libre que hago limita mis
posibilidades al elegir y realizar una de ellas. Entonces lo que llamamos remordimiento no
es más que el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal
la libertad, es decir, cuando la hemos usado en contradicción con lo que de veras queremos
como seres humanos.

Ser responsable es saberse auténticamente libre, para bien y para mal. Todos los que
quieren dimitir de su responsabilidad creen en lo irresistible. Aquello que avasalla sin
remedio, sea propaganda, droga, apetito, soborno, amenaza, forma de ser. En cuanto
aparece lo irresistible deja uno de ser libre y se convierte en marioneta a la que no se le
deben pedir cuentas. Lo irresistible no es más que una superstición inventada de los que le
tienen miedo a la libertad. Por más que se nos vigile en todo sentido, siempre vamos a
poder obrar mal, si es que queremos.

El tipo responsable es consciente de lo real de su libertad y el empleo de lo real en doble


sentido de lo ³autentico´ o ³verdadero´ pero también de ³propio de un rey´.
Responsabilidad es saber que cada uno de mis actos me va construyendo, me va definiendo,
me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco.

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