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Símbolos Estéticos en Filosofía

Este documento resume un libro titulado "Símbolos Estéticos" que explora la noción de símbolo desde tres perspectivas: la mirada de los clásicos filósofos como Kant, Goethe y Hegel; análisis de obras artísticas concretas; y el lugar actual del símbolo. Cubre las concepciones de símbolo en estos pensadores alemanes y cómo Cassirer abandona la perspectiva de la conciencia por la significación. El libro ofrece una visión heterogénea del símbolo como representación, su

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Símbolos Estéticos en Filosofía

Este documento resume un libro titulado "Símbolos Estéticos" que explora la noción de símbolo desde tres perspectivas: la mirada de los clásicos filósofos como Kant, Goethe y Hegel; análisis de obras artísticas concretas; y el lugar actual del símbolo. Cubre las concepciones de símbolo en estos pensadores alemanes y cómo Cassirer abandona la perspectiva de la conciencia por la significación. El libro ofrece una visión heterogénea del símbolo como representación, su

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AaCfjuov. Revista de Filosofa. nc 25. 2002.

165-172

Naturaleza, uso y actualidad del smbolo


(Sobre Smbolos Estticos*)
M ARA JO S A LC A R A Z LE N**

La nocin de sm bolo, central en la filosofa idealista de los siglos X V III y X IX , es el eje te m


tico de la coleccin de artculos reunidos bajo el ttulo Sm bolos Estticos. Este conjunto de artcu
los, heterogneos y de calid ad diversa, est integrado por tres grandes perspectivas desde las que
abo rdar esta nocin.
La prim era perspectiva, L a m irada de los clsicos, revisa la evolucin filosfica del concepto
desde K ant hasta C assirer pasando por G oethe, Hegel y Schopenhauer. La segunda. M sicos, A rtis
tas y Poetas, se fragm enta en siete anlisis concretos de obras artsticas. As, la identificacin del
plano sim blico perm ite ilustrar el papel de esta funcin en la produccin artstica concreta. Por
ltimo, H orizontes del S m bolo, la perspectiva que cierra este recorrido por las concepciones y las
condiciones de lo sim blico, trata de repensar el lugar del sm bolo en el contexto presente tanto en
sus prcticas m s m od ernas, co m o la del diseo, com o en entornos m s tericos.
La heterogeneidad de los niveles de anlisis perm ite abordar la cuestin del sm bolo desde aspec
tos tan diversos com o su fundam entacin filosfica, su funcin dentro de ciertos sistemas filosficos
o su lugar en la produccin artstica. C ada nivel aporta un aspecto explicativo de las nociones de
sm bolo que histricam ente se han propuesto com o horizonte rep rese n tad o n a l y perm ite reconstruir
un m bito de validez actual para esta fo rm a de represen tad nos).
La reflexin kantiana sobre el sm bolo abre este prim er bloque tem tico con el artculo de Jos
Luis Villacaas: El sm b olo en Kant: C om entarios sobre un indicio. La reflexin que se nos ofrece
em p lea la nocin de sm b olo para ilum inar aspectos de la filosofa kantiana relacionados con el
m b ito d e la praxis. P or ello, m s que un estudio de esta nocin y de sus lmites en el pensam iento
kantiano, encon tram os una reflexin en to m o a las consecuencias qu e la nocin de sm bolo conlleva
para la representacin en el m bito prctico. El punto de partida para el anlisis de lo sim blico en
Kant consiste en el e stu d io de la relacin de sensibilizacin, de en cam aci n , entre algo ideal y algo
sensible. P ara Kant, la representacin sim blica de los conceptos puros o categoras est caracteri
zada p or la necesidad, m ien tras que en la sensibilizacin de las ideas no hay una analoga objetiva
entre la idea y su sm bolo. Lo im portante, entonces, es explorar qu aspectos de la representacin
sensible expresan algo relativo a la estructura de la idea (p. 19), pero, en ningn caso puede haber

Fecha de recepcin: 12 junio 2002. Fecha de aceptacin: 2 julio 2002.


* D. Romero de Sols. i.B. Daz-Urmeneta. J. l^pez Lloret y A. Molina Flores (Eds.), Smbolos Estticos... Universidad
de Sevilla. 2001.
** Direccin e-mail: [Link]@[Link]

166

Mara Jos Aleara: Len

smbolos objetivos de las ideas de la razn. Por este motivo, segn Villacaas. la finalidad del sm
bolo, cuyo contenido es una idea, no es de carcter cognitivo. sino prctico; el smbolo no nos pro
porciona un acceso sensible al conocimiento de la idea, sino una apariencia sensible a la funcin de
esa idea en nuestra vida, en nuestras prcticas. La relevancia de lo simblico estara, entonces,
ligada al mbito de la praxis y sus formas desempearan una funcin en este mbito.
La nocin de smbolo encam a, asimismo, un proyecto en el que las dimensiones ticas, cognitivas y estticas de lo humano se reflejan unas en otras. La relacin de afinidad entre lo verdadero, lo
bello y lo bueno a la que la filosofa ha tratado de proporcionar modelos concretos es la aspiracin
inscrita en esta nocin de smbolo de la que Kant y Goethe son portavoces. Los griegos ejemplifican
en su poltica, su tica y su arte el ideal simblico al que la representacin sensible de la idea aspira;
por ello. Kant y Goethe retoman la cultura griega como modelo de una aspiracin. Una aspiracin
encam ada, a su vez, en el smbolo y de la que, en el momento actual, slo quedan rumores.
A la nocin de smbolo en Goethe est dedicado el artculo de Helmut Fricke El smbolo en
Goethe: Evolucin del concepto y valor en la esttica de su tiempo. Algunos de los temas kantianos
reaparecen en la concepcin goethiana del smbolo. Ambos comparten una nocin del smbolo segn
la cual ste representa la idea indirectamente.
Uno de los aspectos ms notables de la exposicin de Fricke es la acentuacin del carcter para
djico de la nocin goethiana del smbolo. La paradoja consiste en definir su plena realizacin
cuando es, no cuando significa (p. 51). De esta manera, aquello que define al smbolo, su carcter
representacional, tiende a evaporarse al identificarse su contenido y la forma en la que se expresa. Se
nos habla, entonces, de una alianza inquebrantable entre la imagen y el significado, de lo particu
lar y de lo general (p. 51). Esta indisolubilidad entre materia y contenido es la condicin de su auto
noma y permite a Goethe elaborar una nocin de smbolo que est en el ncleo de la tradicin
moderna.
Flix Duque en La razn de la forma simblica del arte en Hegel explora el lugar del smbolo
en la reflexin hegeliana sobre la naturaleza y el arte. El lugar de lo sensible (primero en la natura
leza y, luego, en el arte), en el proyecto hegeliano de autoconciencia de la Idea, es el eje que deter
mina su recorrido.
La naturaleza, lo sensible e indeterminado, una vez interiorizada, es reelaborada en imgenes
por la inteligencia. Estas imgenes son, por tanto, resultados de una conjuncin de lo sensible y lo
intelectual. Sin embargo, en Hegel, esta coordinacin inicial entre Naturaleza y Espritu tiende a
decantarse hacia el Espritu en su tendencia natural al autorreconocim iento. El arte, en su status
bipolar, material e ideal, es el medio inicial para el autorreconocim iento del Espritu. En efecto,
en el arte opera astutam ente la razn como un topo diligente y com o inventora de figuras, uti
lizando y desgastando pro domo lo sensiblem ente natural hasta llegar a su casi com pleta cancela
cin en la poesa (cuyo soporte m aterial es el aire), y que im plica una elevacin al nivel
lingstico: el locus propio del Espritu, el nico en el que ste puede reconocerse, saberse a s
m ism o. Y a su vez la Esttica, en cuanto Filosofa del Arte, est destinada a m ostrar la caducidad
de tales invenciones (pp. 67-68). Sin embargo, la historia de la autoconciencia no tiene un final
feliz. Por ello, el profesor Duque recupera, al final, la duda sobre la propia m ateria de la Idea:
sobre la palabra filosfica.
Tras la exposicin de smbolo artstico en Hegel. Pilar Lpez de Santa Mara explora el lugar del
smbolo en el contem porneo menos amistoso del anterior. En el artculo La representacin sim
blica en la obra de Arthur Schopenhauer encontramos una com pleta exposicin de su pensa
m iento filosfico. El punto de partida ser la nocin de representacin, central, por otra parte, en la

N aturaleza, uso v actualidad d el sm bolo

167

concepcin metafsica schopenhaueriana. No obstante, ms que ahondaren la nocin de smbolo, la


autora nos ofrece un correcta explicacin del pensamiento del filsofo alemn.
Por ltimo, la nocin de smbolo en Cassirer cierra este primer bloque que recoge las distintas
nociones de smbolo que la filosofa moderna alemana ha elaborado. El artculo de Antonio Guti
rrez Pozo, La nocin de smbolo en la filosofa de Emst Cassirer, expone, clara y brillantemente,
las premisas y consecuencias filosficas de la nocin de smbolo desarrollada por Cassirer. Filosfi
camente, la reflexin acerca del smbolo llevada a cabo por Cassirer supone un cambio en el con
texto de prioridades temticas que haban enmarcado la reflexin anterior. Si en Kant y Goethe
veamos que la nocin de smbolo ejemplificaba la aspiracin de un proyecto concreto y en Hegel las
tensiones de ese proyecto terminaban por decantarse de lado del Espritu, en Cassirer la reflexin en
tom o al smbolo carece de una ulterior propuesta global en el sentido kantiano. Por ello, para acer
cam os adecuadamente a Cassirer en este punto hemos de abandonar la perspectiva de la conciencia
y sustituirla por la de la significacin.
La funcin simblica es, en Cassirer, constituyente del objeto de experiencia. Su papel se ase
meja en gran medida al que Kant atribua a los conceptos puros del entendimiento, de manera que
la realidad slo se convierte en fenmeno representada simblicamente (p. 101). Cada smbolo es
una creacin de significacin, una muestra del modo en el que los hombres construimos significados
con el mundo que nos rodea.
Si con respecto al status de las formas simblicas la postura de Cassirer se aproxima a la de Kant,
en su concepcin del fin del saber, Hegel es el referente ms evidente. Como Gutirrez Pozo afirma
La verdadera meta de nuestro saber no es el conocimiento sino la autoconciencia (p. 108). Es
decir, el conocimiento de nuestra propia naturaleza a travs de nuestros productos ms genuinos: las
formas simblicas. Finalmente, el completo artculo de Gutirrez Pozo concluye con una reflexin
acerca del papel de la forma simblica artstica en Cassirer que resulta de especial relevancia
teniendo en cuenta que el artculo de Juan Bosco, en esta misma coleccin, retomar la nocin de
forma simblica para articular su anlisis de la perspectiva pictrica.
Los siete artculos que componen el segundo bloque de este compendio abandonan el territorio
propiamente filosfico para explorar, empleando la nocin de smbolo, la riqueza semntica de
recursos y obras artsticas concretas. Merece la pena sealar, por su inters, los artculos de Jos Car
los Carmona, Juan Bosco Daz-Urmeneta Muoz, Ana Ravents Barangue y Mercedes Cornelias
Aguirrezbal. En ellos el anlisis se traba con una aguda reflexin en tomo a los temas y problemas
que surgen en los contextos artsticos y culturales de las obras estudiadas.
Los Requiem de Mozart, Brahms y Ligeti son el objeto de anlisis del artculo que abre esta sec
cin. Jos Carlos Carmona desarrolla un esplndido anlisis de las connotaciones simblicas de estas
piezas musicales a partir de un estudio exhaustivo de sus aspectos formales ms importantes. Las
innovaciones y logros formales sealados por Carmona acompaan las reflexiones acerca de la con
cepcin de la vida y la muerte que cada una ejemplifican. Todas, a su manera, contestan a la pre
gunta por el sentido. En el primer caso la muerte es un castigo. En la segunda poca la muerte es un
descanso. Y en nuestra poca la muerte es absurda. (pp. 160-61).
La riqueza de su anlisis permite descifrar estas obras tanto en niveles tcnicos, en los que Carmona describe detalladamente las partes de las piezas, como en sus pretensiones ms filosficas,
donde la descripcin formal deja paso a una reflexin sobre el contenido.
El ltimo rquiem analizado, el de Ligeti de 1965, es tambin el pretexto para una reflexin
general acerca del lugar de la msica en el mundo contemporneo. Nos extraamos entonces de
que nuestra msica contempornea sea as? La clsica fue intelectualista, racional, mtrica, orde

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Maria Jos Aleara: Len

nada. La rom ntica fue apasionada, soadora, evocadora. La del siglo XX, atroz desquiciada, p er
dida, y consciente de su sinrazn. (p. 160).
La m sica deja paso a la escultura religiosa de la m ano de Jorge L pez L loret quien, en el
artcu lo M em ento H om o, reflexiona en to m o al poder inagotable de los sm bolos que llam am os
clsicos. La m uerte, representada en la im agen de la E xpiracin, El Cachorro , es, por su universali
dad, un tem a inagotable desde el punto de vista desplegado por Lpez Lloret. La justificacin de esta
afirm acin viene articulada en trm inos de la definicin herm enutica de clasicism o propuesta por
H an s G eorg G adam er. La apertura de sentido propia de la obra clsica perm ite al receptor presente
articular una com prensin que no agote la obra. Esta tesis, que hace de la obra clsica un objeto
renovable en cada nueva propuesta interpretativa y en cada nuevo contexto receptivo, perm ite a
L pez L loret p o stular la actualidad de El Cachorro.
T ras esta reflexin, encontram os un brillante artculo sobre la funcin sim blica de la perspectiva
co m o tcnica de representacin del espacio pictrico a cargo de Juan Bosco D az-U rm eneta M uoz.
En V isin y Sm bolo. R eflexiones sobre la perspectiva encontram os una definicin de la p ersp ec
tiva en trm inos de la form a sim blica de Cassirer. Su explicacin del recurso pictrico de la pers
p ectiv a explota las dim ensiones reflexiva y herm enutica caractersticas de la form a sim blica,
b uscando ejem plos concretos en los que m ostrar los efectos de estas dim ensiones. En su dim ensin
reflexiva, la form a sim blica de la perspectiva recrea las condiciones de una visin con unas carac
tersticas concretas:
/ . La perspectiva revela un mundo infinito.
2. la perspectiva muestra la centralidad de la visin.
3. La perspectiva asegura el despliegue ordenado del m undo ante la mirada: hace surgir un
cosm os. (pp. 191-192)
P or otra parte, la dim ensin herm enutica propia de la perspectiva com o form a sim blica per
m ite ex p licar sus posibilidades significativas. Si la perspectiva es el m odelo estable que perm ite arti
cu lar la representacin de un espacio objetivable, las desviaciones, distorsiones e irregularidades con
respecto a este m odelo pueden ser analizadas com o intenciones significantes. A s. a travs de la
construccin de un espacio distorsionado, es posible provocar una experiencia visual en la que cier
tos elem en to s destaquen o en la que la posicin del observador inscrita en la perspectiva desajustada
resulte incm oda o im posible.
La dim ensin reflexiva de la perspectiva nos habla de cm o es entendida la visin, de cul es la
relacin entre lo visto y el observador. La dim ensin herm enutica perm ite reutilizar la nocin de
p erspectiva com o elem ento interpretativo del espacio pictrico en la produccin pictrica y artstica.
E stas conclusiones sobre la perspectiva y su evolucin sem ntica en la pintura y el arte m oderno cie
rran el elaborado anlisis de D az-U rm eneta. Sus reflexiones pueden situarse ju n to a los ya num ero
sos trabajos en to m o al significado de la perspectiva. D esde La perspectiva como fo rm a sim blica 1
de E. Panofsky, que, com o el artculo de D az-U m eneta, m uestra una im portante influencia terica
de C assirer, hasta la perspectiva sem itica de N. Bryson expuesta en Visin y Pintura. La lgica de
la m irada2 o la sociolgica de John B erger en Ways o fS ee in g 3, el estudio de la perspectiva ha co n s

1
2
3

Panofshy. E.. lu perspectiva como forma simblica. Barcelona. 1973.


Bryson. N.. Visin y Pintara. La lgica de la Mirada. Alianza forma. Madrid. 1991.
Berger. J.. Ways ofSeeing. British Broadcasting Corporation and Penguin Books. 1975.

Naturaleza. uso v actualidad del smbolo

169

tituido un mbito especfico de investigacin dentro de las artes visuales. Ha generado, asimismo,
tem ticas relacionadas con el lugar del espectador, la concepcin de la visin dominante en las
representaciones visuales y la capacidad organizadora de la mirada, temas a los que el recin com en
tado artculo ha prestado suficiente atencin.
Los dos prximos artculos abandonan el mbito del signo visual y analizan la fertilidad del sm
bolo literario en dos contextos especficos. Por un lado. La escala de Jacob al servicio de las luces
de Ana Ravents Barangue y Smbolos espaciales del drama romntico: sobre lo privado y lo
pblico en Don Alvaro o la fuerza del sino de Mercedes Cornelias Aguirrezbal, por otro, exploran
los significados sim blicos de las metforas espaciales que, en el contexto de la literatura del siglo
de las Luces y en la literatura romntica, encapsulan determinadas creencias y cosmovisiones. Pese
a que los gneros y obras que ambos artculos toman como objetos de anlisis son. en principio, dis
tintos, existe una problemtica comn cuya apariencia queda conformada por los constreimientos
literarios y temticos considerados en cada caso. Se trata de la definicin del individuo moderno bur
gus dentro de la estructura social heredada.
El artculo de Ana Ravents, dedicado al anlisis de la metfora de la escalera como smbolo de
la ascensin social del advenedizo en la literatura del siglo de las Luces, nos ofrece, al hilo de su an
lisis, una argumentada reflexin en tom o a las ideas ilustradas que justifican la existencia de esta
figura literaria, as como de los problemas y tensiones que esta figura representa. La figura del
advenedizo encam a la aspiracin ilustrada a conciliar, de un lado, la idea de que la sociabilidad es un
medio de progreso y, de otro, la implacable presencia del azar.
Por su parte, M ercedes Cornelias analiza la conformacin del espacio en el drama barroco y sus
repercusiones simblicas en los personajes que ocupan dicho espacio. La dicotoma pblico-privado
articula los recursos simblicos que caracterizan este drama y determina el espacio dramtico. Por
otra parte, la figura de Don Alvaro comparte con el advenedizo de la novela ilustrada la carencia de
un lugar propio en la estructura social y la necesidad de forjar una identidad reconocible pblica
mente. En el fondo, la novela y el drama romntico comparten el problema burgus de la configura
cin de una identidad inclasificable dados los patrones sociales y el ideario en el que sta clase
moderna emerge.
Los dos artculos que cierran este bloque. Navegaciones y pginas en blanco en la obra de Sophia de Mello de Mara Granado Belvs sobre la obra de la poeta portuguesa y el artculo de Manuel
Pellecn Lancharro y Emilio Luis M ndez M oreno sobre los grabados que el pintor realista Eduardo
Naranjo ha realizado en tom o a la obra Poeta en Nueva York de Federico Garca Lorca, completan
este segundo bloque aportando algunos datos iluminadores sobre sus respectivos temas pero sin
explorar en exceso la dimensin simblica de las obras en cuestin.
El tercer y ltimo bloque, Horizontes del smbolo, est dedicado a la reflexin actual sobre el
smbolo y su lugar en las representaciones contemporneas.
En Arte oriental, smbolo y tradicin, Jos Antonio Antn Pacheco establece los ejes en los
que una comprensin del arte occidental y oriental no necesitase parmetros distintos. Su estrategia
apela a una raz com n de la que, en su progresiva evolucin reflexiva, el arte occidental se ha sepa
rado. El arte antiguo, oriental y occidental, era concebido como un acto ordenador. El significado
oriental y tradicional de arte es el de aquello que se presenta bien trabado, ordenado y articulado (p.
303). Antn Pacheco apela, para construir la imagen comn del arte oriental y occidental, a otras dos
nociones: la de la tradicin y la de smbolo.
La nocin de sm bolo empleada como centro significativo de las tradiciones oriental y occiden
tal, resulta, cuando menos, ciega a la evolucin histrica de la ltima. Esta nocin viene definida

170

Maria Jos At car az Len

explcitam ente: La estructura ontolgica que constituye y sostiene la realidad epifnica del arte es
el sm bolo (p. 305). El papel del sm bolo es, segn esta definicin, aquel papel que su raz religiosa
y m etafsica le proporcionaba. De esta m anera, el argum ento etim olgico se traba con la postulacin
de una nocin de sm bolo que encam a la concepcin m etafsica de la representacin artstica y con
una concepcin de la tradicin que aproxim a el arte oriental al occidental. Estos tres pasos perm iten
a A ntn Pacheco postular una sim ilitud entre arte oriental y occidental difcilm ente sostenible si exa
m inam os la evolucin histrica de la nocin de sm bolo y su lugar en la produccin artstica
m oderna.
Teresa A izpn de B obadilla trata de m ostrar en La necesidad del lenguaje sim blico la ntim a
relacin que existe entre la form a de representacin sim blica y nuestra propia experiencia configu
rada a travs de los sm bolos. Del hecho de que la form acin de sm bolos penetre com pletam ente
nuestra experiencia, B obadilla deriva su necesidad. El sm bolo se refiere al hom bre genricam ente,
a sus necesidades m s profundas, cabria definirlo casi com o un instinto del pensam iento (p. 312)
Las notas que caracterizan lo sim blico son la inm ediatez, la com penetracin entre sm bolo y
realidad y la publicidad o reconocim iento social del sm bolo. El lenguaje sim blico im plica una
intim idad con esa realidad y con la sociedad con la que esa intim idad se com parte, pues lo com par
tido es un sentido, (...), una Weltanschauung en sentido propio (p. 317)
Si hay algo com n entre el artculo de Antn Pacheco y el de Bobadilla es la tesis de la necesi
dad del sm bolo. En el prim ero esta necesidad estaba expresada en trm inos ontolgicos, m ientras
que en el segundo la posicin m etafsica deja paso a un argum ento de tipo antropolgico. Lo sim
blico es necesario p or cm o som os y no por cm o sea el mundo.
El tercer artculo se separa en cierto m odo de la cuestin que ocupaba a los dos anteriores. El
sm bolo no es tratado desde su actualidad o necesidad, sino desde su evolucin en el m bito espec
fico de los objetos de uso. El com pleto artculo de A nna Calvera, L a dim ensin sim blica de los
objetos de uso: una interpretacin del sm bolo esttico en trm inos de diseo industrial, realiza una
exhaustivo recorrido por el desarrollo de la nocin de sm bolo dentro del contexto de la historia del
diseo. Expone, para ello, las diversas teoras que han proporcionado una gua y una justificacin a
esta tarea a m edio cam ino entre el trabajo productivo de objetos cotidianos y el arte.
La historia de la cultura del diseo que Calvera nos ofrece presenta num erosas coincidencias con
las problem ticas que han m arcado la discusin terica contem pornea en el arte. La cuestin de la
autonom a del diseo, de su capacidad para transform ar el hbitat hum ano, o de su capacidad sim
blica y portadora de significados colectivos son algunos de los puntos centrales en los debates que,
durante el siglo XX, han tenido lugar a propsito de la funcin y naturaleza del diseo.
Dos artculos m s com pletan este ltim o bloque en el que la reflexin sobre el sm bolo se realiza
desde la pregunta por su actualidad. El prim ero, El sm bolo en la esttica contem pornea. Es posi
ble una teora laica del sm bolo? de Francisca Prez C arreo, realiza un recorrido crtico por tres
propuestas contem porneas que, en algn sentido, reelaboran (o critican, com o en el caso de Paul De
M ann) la teora del arte hegeliana, donde la nocin de sm bolo ju eg a un papel central. El antisim bo
lism o de Paul de M ann, la concepcin herm enutica de G adam er, y la concepcin de la obra de arte
com o sm bolo o significado encam ado en A. Danto, representan tres posibles respuestas a la pre
gunta form ulada en el ttulo de este artculo.
El anlisis crtico de la lectura dem anniana de la esttica hegeliana perm ite esclarecer sim ult
neam ente la postura antisim bolista de De M ann y los problem as intrnsecos detectados en la esttica
hegeliana, donde lo sim blico tiene, al m enos, dos usos diferenciables: uno esttico y otro lings
tico.

N aturaleza, uso v actu a lid a d del sim bolo

171

De M ann considera el primero de estos sentidos ideolgico y mantiene nicamente la validez del
segundo. Adems, sostiene que el uso esttico de lo simblico es el uso predominante en Hegel. Sin
embargo, esta postura vicia, a juicio de Prez Carreo, su lectura de los textos hegelianos y le impide
apreciar el valor de algunas de sus tesis ms importantes. En concreto, la tesis de la Muerte del Arte,
crucial en el pensamiento de Hegel, no recibe, por parte de De Mann, el reconocimiento merecido.
Com o seala Prez Carreo, Hegel considera el smbolo como un tipo de signo y, por ello, la arbi
trariedad caracterstica de todo signo alcanzara igualmente la referencia simblica. Esta arbitrarie
dad propia del signo, y que De Mann exclua de la nocin de smbolo que atribua a Hegel, no ha de
entenderse, sin embargo, como sinnimo de convencionalidad. La arbitrariedad que caracteriza al
smbolo en Hegel permitira deshacer parte de la crtica demanniana, aunque siempre podra mante
ner su postura antihegeliana en lo que concierne al aspecto hermenutico involucrado en la inter
pretacin artstica.
Por ltimo, la propuesta del norteamericano Arthur Danto se presenta como el intento ms cohe
rente de dar una respuesta afirmativa a la pregunta inicial acerca de la naturaleza laica del smbolo.
Diego Romero de Sols, que cierra el volumen con El aura en la carne, no se alejara dem a
siado de una concepcin del smbolo que subrayara su eficacia causal en la transformacin de nues
tro mundo o, al menos, de nuestra manera de mirarlo. Reforzar la idea de la ntima relacin entre
materia y contenido en el proceso simblico es una de las pretensiones ms evidentes de este
artculo. Si el contenido es comprendido generalmente como fruto del pensamiento, la materia, la
materialidad del smbolo, procede de la imaginacin. Pensamiento e imaginacin seran, entonces,
facultades que se reclamaran mutuamente en la conformacin de lo simblico. El ttulo del artculo
es quiz la mejor expresin de la idea que Romero de Sols persigue una y otra vez. El aura en la
carne expone llanamente la condicin de lo simblico que Sols quiere subrayar; con esta exalta
cin de lo corporal en lo simblico se cierra esta coleccin de propuestas en torno al smbolo.
Las perspectivas ofrecidas sobre el smbolo estructuran una red comprensiva desigual. La nocin
de sm bolo ha sido analizada desde diversos mbitos que muestran distintos niveles de profundidad.
La filosofa alemana del XVIII y el XIX nos ofreca una primera aproximacin terica a esta nocin.
La mirada de los clsicos era el ttulo bajo en que se agrupaban los cinco artculos que componan
este primer enfoque. El anlisis filosfico, predominante en esta seccin, permite al lector recons
truir los parmetros epistemolgicos, ticos y estticos que determinan la nocin de smbolo. Los
trabajos de Villacaas, Fricke, Duque, Lpez de Santa Mara y Gutirrez Pozo comparten un terri
torio comn de problemas que permite situar la nocin de smbolo en un contexto concreto; el de la
reflexin filosfica moderna.
En segundo lugar, los anlisis concretos ofrecidos en el apartado II Msicos, Artistas y Poetas
permitan al lector disfrutar simultneamente del acercamiento a obras particulares y de la am plia
cin del uso y funcin de la nocin de smbolo. En concreto, la aportacin de Daz-Urmeneta a pro
psito de la perspectiva como recurso pictrico se encuentran en la lnea de estudio ya establecida en
tom o a la funcin simblica o significativa de la perspectiva. Los trabajos de Panofsky4, Norman
Bryson5, John Berger6 o John Shearmann7 se encuentran entre las aportaciones ms destacadas en
tom o al significado de la perspectiva como recurso pictrico.
4
5
6
7

Panofsky. E.. La p ersp ectiva com o fo rm a s i m b l i c a B arcelona. 1973.


Bryson. N ., Visin y P intura. La lgica d e la m irada. A lianza Form a. M adrid. 1991.
Berger. J.. W ays o f Seein g . British B roadcasting C orporation and Penguin Books. 1975.
S hearm ann. J.. Art a n d th e S pectator in the Italian R enaissance. T he A. W. M ellon Lectures in the Fine Arts, 1988. T he
N ational G allery o f Art; Bol Iingen Series XXXV. 37. W ashington D.C.

172

Mara Jos Alearaz Len

Igualm ente, podem os destacar la extraordinaria labor analtica presente en los artculos de Ana
R avents y M ercedes C ornelias en los que se aprecia el esfuerzo intelectual que ana anlisis litera
rio, reflexin filosfica e historia de las ideas. La nocin de sm bolo es em pleada aqu con una inten
cin interpretativa que perm ite m ostrar sim ultneam ente la capacidad herm enutica de esta nocin,
a s com o su fertilidad en la creacin literaria.
En esta m ism a lnea podem os situar, pese a las evidentes diferencias en el m edio artstico que
tiene por objeto, el artculo de C arm ona. La interpretacin conjunta de los rquiem de M ozart,
B rahm s y Ligeti representa un extraordinario esfuerzo que tiene com o pilares el conocim iento
exhaustivo de las obras en cuestin y del m undo y la cultura en que estas obras fueron concebidas y
exhibidas.
Igualm ente, el com pleto artculo de C alvera podra situarse ju n to a estos en su esfuerzo por
aunar el estudio histrico de la prctica del diseo con la reflexin terica que la acom paa en su
evolucin histrica.
P o r ltim o, en III H orizontes del Sm bolo la actualidad de la representacin sim blica y las
posib ilid ad es de una conceptualizacin de lo sim blico en trm inos m odernos nos ofrecen una
ltim a perspectiva que com plem enta a las anteriores. A qu las perspectivas retom an al terreno de la
filosofa. J.A. A ntn y T. A izpn contem plan la necesidad de lo sim blico desde diferentes perspec
tivas; donde el prim ero trata de recuperar una nocin arcaica de sm bolo que perm ita aunar las tra
d icio n es artsticas o riental y occid en tal, la segunda recupera un argum ento an tro p o l g ico que
establece lo sim blico com o rasgo esencial de lo hum ano.
La aportacin al debate sobre la actualidad del sm bolo adquiere un talante m s argum entativo en
el artculo de Prez C arreo. En l hallam os la revisin crtica de las teoras contem porneas disp o
nibles en un intento por responder a la cuestin sobre la laicidad del sm bolo. Por ltim o, la aporta
cin de R om ero de Sols recupera distintas posiciones y argum entos para m ostrar su tesis central: la
im portancia de la m aterialidad del sm bolo.
El resultado es tan heterogneo com o las perspectivas em pleadas. La cuestin del sm bolo queda,
en ocasiones, relegada en pos de otros asuntos o es sim plem ente m encionada com o pretexto. En
otras ocasiones, sin em bargo, se ana capacidad analtica y contenidos para su elucidacin.
Las distintas perspectivas propuestas oscilan entre el anlisis filosfico y el estudio histrico c r
tico de las nociones de sm bolo que han sido centrales en diversos m bitos. La teorizacin filosfica
del status de lo sim blico en la prim era parte deja paso a anlisis m s concretos en la segunda. F inal
m ente, la pregunta a la que el ltim o bloque trata de dar una respuesta sita la problem tica de lo
sim blico en el territorio de su actualidad. De esta m anera, el intento filosfico de aclaracin de esta
nocin viene com pletado por una perspectiva que supera los lm ites de la reflexin m eram ente te
rica y retom a m bitos concretos en los que la nocin de sm bolo ju eg a un papel crucial. Esta co n
ju n ci n de visiones en to m o a la nocin de sm bolo perm ite al lector reconstruir un espacio terico
y prctico donde el sm bolo cabe com o un m edio para representam os.

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