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Este documento es un curso práctico de teología bíblica que consta de tres partes. La primera parte trata sobre Dios como Creador y analiza sus atributos y acciones como Creador del universo y conservador de todas las cosas. El curso parece ser una guía detallada para estudiar la teología sistemáticamente.

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Este documento es un curso práctico de teología bíblica que consta de tres partes. La primera parte trata sobre Dios como Creador y analiza sus atributos y acciones como Creador del universo y conservador de todas las cosas. El curso parece ser una guía detallada para estudiar la teología sistemáticamente.

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1 PARTE I – DIOS CREADOR

CURSO PRÁCTICO
DE

TEOLOGÍA
BÍBLICA
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 2
3 PARTE I – DIOS CREADOR

Profesor Francisco Lacueva Lafarga

CURSO PRÁCTICO
DE

TEOLOGÍA
BÍBLICA

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CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 4
5 PARTE I – DIOS CREADOR

ÍNDICE GENERAL

Introducción .......................................................................................... 11

Parte I – Dios Creador

Lección 1 Posibilidad del conocimiento de Dios ........................... 17


Lección 2 Nombres bíblicos de Dios .............................................. 25
Lección 3 Historia de la doctrina sobre la Trinidad ........................ 31
Lección 4 Análisis del misterio trinitario ......................................... 37
Lección 5 Examen de las porciones bíblicas trinitarias ................. 47
Lección 6 Nuestra comunión en el misterio trinitario ................... 55
Lección 7 Características generales de las perfecciones divinas ... 61
Lección 8 Raíces últimas de perfección divina: simplicidad e
infinitud ............................................................................ 67
Lección 9 La eternidad de Dios ........................................................ 75
Lección 10 La inmutabilidad de Dios ................................................. 83
Lección 11 La omnisciencia de Dios .................................................. 91
Lección 12 La omnipresencia de Dios .............................................. 101
Lección 13 La omnipotencia de Dios ................................................ 111
Lección 14 La santidad de Dios ......................................................... 135
Lección 15 La benevolencia de Dios ................................................. 145
Lección 16 Las eternas decisiones de Dios ...................................... 163
Lección 17 Elección y predestinación; términos y escuelas............ 175
Lección 18 La elección es por gracia de Dios; la reprobación,
por culpa del hombre ..................................................... 187
Lección 19 Dios en la creación y conservación del Universo ........ 197
Lección 20 Dios en la providencia y gobierno de los seres
creados .............................................................................. 219
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 6

Parte II – Dios Redentor

Introducción ......................................................................................... 239


Lección 1 Lugar de la Cristología en la Teología ......................... 241
Lección 2 Errores sobre Cristología ................................................ 247
Lección 3 Nombres de Cristo .......................................................... 257
Lección 4 Cristo, unigénito del Padre ............................................ 263
Lección 5 Cristo, verdadero Dios .................................................... 269
Lección 6 Cristo, verdadero hombre .............................................. 283
Lección 7 Cristo, revelador del Padre ............................................ 291
Lección 8 Cristo, el Mesías prometido ........................................... 299
Lección 9 El misterio de la unión hipostática ............................... 305
Lección 10 Errores sobre Soteriología.............................................. 315
Lección 11 Cristo, el Sustituto de la humanidad pecadora ........... 325
Lección 12 Cristo, el Sumo Sacerdote .............................................. 335
Lección 13 Aspectos específicos de la obra de la redención........ 345
Lección 14 ¿Cómo expresa la Biblia la obra de la redención?...... 355
Lección 15 ¿Por quiénes murió Cristo? ............................................ 361
Lección 16 La función intercesora de Cristo ................................... 369
Lección 17 Cristo, el Gran Resucitado ............................................. 375
Lección 18 Cristo, Cabeza de la Iglesia ........................................... 385
Lección 19 Cristo, Rey de Israel ....................................................... 393
Lección 20 La Segunda Venida de Cristo ........................................ 405

Parte III – Dios Santificador

Introducción ......................................................................................... 415


Lección 1 ¿Quién es el Espíritu Santo? ........................................... 419
Lección 2 Historia de la doctrina sobre el Espíritu Santo ............ 425
Lección 3 El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento ................ 435
Lección 4 El Espíritu Santo en la vida de Jesús de Nazaret ........ 441
Lección 5 El Espíritu Santo en la Iglesia........................................ 449
7 PARTE I – IDIOS C
NDICE GREADOR
ENERAL

Lección 6
El Espíritu Santo en la justificación del impío ............. 455
Lección 7
Concepto bíblico de fe y de arrepentimiento .............. 463
Lección 8
Concepto bíblico de la gracia ....................................... 483
Lección 9
Presentación adecuada del Evangelio de salvación .... 505
Lección 10
La seguridad de salvación del creyente ....................... 511
Lección 11
Símbolos, tipos e ilustraciones del Espíritu Santo ....... 523
Lección 12
El Espíritu Santo en la santificación ............................. 533
Lección 13
La habitación del Espíritu Santo en el creyente .......... 551
Lección 14
El sellado del Espíritu Santo ......................................... 563
Lección 15
El bautismo del Espíritu Santo ...................................... 569
Lección 16
La llenura del Espíritu Santo ......................................... 577
Lección 17
El Espíritu Santo en la glorificación del creyente ....... 589
Lección 18
Otros ministerios del Espíritu Santo ............................. 603
Lección 19
Señales de la presencia del Espíritu Santo en el
corazón del hombre ....................................................... 611
Lección 20 Los dones del Espíritu Santo ......................................... 617

Bibliografía ........................................................................................... 633


CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 8
9 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO GENERAL
DEL CURSO
DE TEOLOGÍA BÍBLICA

Este CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA está destinado a servir


de guía para el CURSO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA EVANGÉLICA, publi-
cado hace tiempo por CLIE, y que ha recibido general aceptación. Es-
pecialmente, sirve de guía, de complemento y de puesta al día de los
tomos II (Un Dios en Tres Personas), IV (La Persona y la Obra de
Jesucristo) y V (Doctrinas de la Gracia).

Ya el CURSO presente transpira elementos devocionales, pero, ade-


más, he querido añadir en cada una de sus tres PARTES un cuestionario
al final de cada una de las lecciones. El cuestionario tiene por objeto hacer
pensar, más bien que escribir respuestas más o menos atinadas. Las
preguntas pueden ser también muy útiles para estudios semanales (o más
frecuentes), tanto a nivel de toda la congregación, como en grupos y en
la Escuela Dominical casi a todos los niveles.

Los lectores pueden colaborar sugiriendo nuevas preguntas. Y no


tengan ningún reparo en expresar sus opiniones, aunque no coincidan
con la del autor, con tal que estén dispuestos a ir conjuntamente a la
palabra de Dios, única norma de fe y de conducta para unos y otros.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 10
11 PARTE I – DIOS CREADOR

INTRODUCCIÓN

«Conociendo a Dios» es el título de un libro del teólogo inglés J. Packer,


editado por CLIE. Es un libro profundo, pero claro y de un tono devocional
que calienta el corazón del lector desde el primer momento de su lectura,
por lo que lo recomendamos encarecidamente ya de entrada.
El propio Señor Jesucristo dijo al Padre (ver Jn. 17:3): «Esta es la vida
eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien
has enviado». Y todo creyente cristiano que se precie de serlo ha de poner to-
do su empeño en conocer, cada vez más y mejor, de un modo íntimo, cordial
y experimental, a ese Dios que, sin mérito alguno por nuestra parte, tuvo a bien,
desde toda la eternidad, escogernos en Cristo para que fuésemos santos y
predestinados a ser adoptados por hijos y herederos suyos y a ser hechos
semejantes a la imagen de su Hijo; y, una vez nacidos, hizo efectivo su llama-
miento eterno y, mediante la redención llevada a cabo por su Hijo, y el sellado
personal de su Espíritu, nos justificó y glorificó y nos santifica cada día en la
medida en que nos dejamos conducir por su Espíritu Santo.
Vamos a proponer ahora una especie de axioma que repetiremos más
de una vez en el presente Curso: Todo lo que nos afecta personalmente en
nuestra relación de criaturas con nuestro Hacedor, tanto en el plano
natural como en el sobrenatural, es planeado por el Padre, ejecutado por
el Hijo y aplicado por el Espíritu Santo. De ahí que este Curso esté compuesto
de tres partes, una para cada Persona de la Trina Deidad. Si dicho axioma
no se tiene en cuenta o no se entiende de forma debida, se incurre en graves
errores doctrinales y prácticos.
El hecho de que tratemos de cosas espirituales y tan prácticas para la
vida cotidiana del creyente no significa que hayamos de ahorrarnos el
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 12

seguimiento de un método que nos garantice, en la medida de lo posible,


ser totalmente fieles a lo que nos enseña la palabra de Dios, sin dar crédito
a tradiciones humanas ni a las lucubraciones de una filosofía, de cualquier
tipo que ésta sea. Conforme nos lo enseñó en el SETECA de Guatemala el
profesor Norman Geisler, entonces catedrático de Apologética en el Semi-
nario Teológico de Dallas, una correcta metodología bíblica debe cubrir las
siguientes etapas:

1. Inducción. Consiste en tomar los necesarios datos revelados, anali-


zándolos cuidadosamente y teniendo en cuenta el contexto próximo, así
como el remoto (el tenor general de las Escrituras sobre la materia que se
estudia). Necesitamos aquí echar mano de una recta hermenéutica.

2. Deducción. Una vez analizados los elementos que nos provee la


palabra de Dios, en actitud de oración, fe y humildad, tratar de obtener un
conjunto sólido de doctrina, por medio de las conclusiones que de los datos
revelados se derivan. No olvidemos que nuestra mente es renovada (Ro.
12:2), no para dejar de pensar, sino para comenzar a pensar de modo correcto
según Dios (¡la mente de Cristo!).

3. Sistematización. Los resultados obtenidos mediante la deducción se


clasifican ahora, según el tema que nos ocupe, para formar el material lo
más completo posible de verdades doctrinales y prácticas. Esta sistematiza-
ción no daña en nada a la pureza de la palabra de Dios, pues sólo consiste
en presentar de forma temática y ordenada los datos que se contienen en
la Biblia.

4. Retroducción. Después de haber llevado a cabo la sistematización,


todo teólogo sincero y sin prejuicios de «escuela» debe contrastar su «sistema»
con los datos revelados que, en la primera etapa, halló por inducción. Así
se dará cuenta de si sus estudios han ido por buen camino o si, por el
contrario, en algún punto se ha desviado de lo revelado por Dios en las
Sagradas Escrituras.

Para finalizar esta Introducción, vamos a hacer una afirmación de fe


que nos guiará con mano segura durante todo el Curso: Creemos con toda
firmeza y seguridad que el único método recto de interpretación de la Biblia
13 PARTE I – DIOS CREADOR

es el que está fundado en el sentido literal, es decir, el que las Escrituras


expresan conforme a las comunes normas gramaticales, mediante sus dis-
tintas figuras de dicción, y dentro del contexto histórico y geográfico en que
fue transmitida por Dios la revelación. Esto quiere decir que no admitimos
ninguna clase de liberalismo bíblico ni el método de la neoortodoxia, pro-
pugnado especialmente por Karl Barth (1886–1968), según el cual la Biblia
no es ella misma la palabra infalible de Dios, sino el instrumento falible por
medio del cual Dios se revela a sí mismo en Cristo, a fin de que podamos
tener un encuentro personal con el Salvador. Lo peligroso de la neoortodoxia
reside precisamente en la parte de verdad que contiene.
Aprovecho la oportunidad para estampar otro axioma de suma impor-
tancia: Las medias verdades son las peores mentiras, porque la mente
humana sólo pica en el cebo del error cuando éste se halla oculto bajo la
máscara de la verdad.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 14
15 PARTE I – DIOS CREADOR

Parte I
DIOS
CREADOR
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 16
17 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 1
Posibilidad del
conocimiento de Dios

David comienza el Salmo 19 diciendo: «Los cielos cuentan la gloria de Dios,


y el firmamento anuncia la obra de sus manos». En el mismo tono, dice el apóstol
Pablo en Romanos 1:19-20 sobre el castigo que espera a quienes «detienen con
injusticia la verdad»: «porque lo que de Dios se conoce es manifiesto entre ellos,
pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y
divinidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo
entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa». Un
testimonio parecido presentó el mismo Pablo a su paso por Listra (ver Hch. 14:15-
17). Por otra parte, leemos en Hebreos 11:3: «por la fe entendemos que el uni-
verso fue enteramente organizado por la palabra de Dios, de modo que lo que
se ve no fue hecho de cosas visibles». Se requiere, pues, una actitud de fe para
admitir el hecho mismo de la creación del universo. Esta actitud de fe es posibi-
litada por la universalidad de una iluminación sobrenatural, especialmente eficaz
desde el momento en que se manifestó al mundo «la luz verdadera que, viniendo
a este mundo, alumbra a todo hombre» (Jn. 1:9; véase también Jn. 8:12; 9:5).
Sin embargo, la masa general de la humanidad, por obra de la actividad
satánica, resiste a la verdad de Dios, a la gracia y al perdón y se endurece en
su actitud de incredulidad (Jn. 3:19-21; Ef. 2:2). Hay un velo tenebroso sobre
los ojos de los que se pierden, «en los cuales el dios de este mundo cegó los
pensamientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la iluminación del
evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Co. 4:4).
La Biblia no nos ofrece silogismos filosóficos para demostrar la existencia
de Dios. El texto sagrado comienza presentando a Dios vivo y activo: «En el
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 18

principio creó Dios...» (Gn. 1:1). Toda prueba racional de la existencia de Dios
tiene su eficacia real desde una actitud de fe. El corazón humano es, de por
sí, tan perverso y engañoso (Jer. 17:9), que, a pesar de la evidencia, se aferra
a su orgullo y autosuficiencia y rehúsa rendirse humildemente ante el creador
(Ro. 1:21ss). De ahí que el ateísmo en todas sus formas (escéptico, agnóstico,
dogmático y práctico) nunca es fruto espontáneo de la mente humana, tanto
educada como inculta, sino que es siempre un fenómeno reactivo, es decir, de
una reacción contra Dios, aun cuando esta reacción contra Dios sea, en muchos
casos, subconsciente.
En efecto, los argumentos del ateísmo contra la existencia de Dios carecen
de toda base científica. Estos argumentos se reducen a dos:

1º. Dios no es necesario. La ciencia moderna puede explicarlo todo, sin


tener que recurrir a la existencia de un Ser Supremo, invisible y extramundano.
2º. La existencia de tanto mal en el mundo es incompatible con la existencia
de un Dios que, o no es bastante bueno y justo para evitar tanta desgracia, o
no es bastante sabio y poderoso para dirigir y controlar la marcha del universo,
especialmente de la humanidad.

Al segundo de estos argumentos responderemos en la lección 13. Sobre la


omnipotencia de Dios.
Contra el primero, responderemos lo siguiente:

A) Tanto en el orden del universo, como en la aparición y progresión de la


vida y en la marcha de la historia, se percibe una impresión de causalidad
y finalidad, que sólo pueden explicarse por la intervención de un Ser
Supremo, quien todo lo crea, lo dirige y lo controla. Ni la pura casualidad
ni la ciencia, por sí misma, pueden explicar adecuadamente la armonía
del Universo.
B) Si no existe un Dios Personal, Creador y Remunerador, quedan sin res-
puesta los grandes porqués del hombre: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo?
¿A dónde voy? No sólo eso. El ser humano sería víctima de una frustración
existencial, engendro abortivo de una naturaleza que le negaría una
satisfacción que concede al paquidermo y al insecto, al cetáceo y al
infusorio.
19 PARTE I – DIOS CREADOR

¿QUÉ DIREMOS DE LAS PRUEBAS RACIONALES


DE LA EXISTENCIA DE DIOS?

Cuatro son los principales argumentos racionales que se han propuesto a


lo largo de los siglos para demostrar la existencia de Dios.

1. Argumento ontológico

Existe bajo dos formas:

A) A priori. Así lo propuso el primero Anselmo, arzobispo de Canterbury


(1033-1109): Dios es el ser más perfecto que se puede concebir; luego
tiene que existir; de lo contrario, podríamos concebir algo mayor que él,
es decir, algo existente. La falacia de este razonamiento es evidente, pues
Anselmo da un salto indebido de orden lógico de las ideas al orden
ontológico de los seres existentes. Descartes y Leibniz lo propusieron
también bajo otra forma, pero con la misma falacia.
B) A posteriori. El famoso fraile dominico Tomás de Aquino (1225-1272)
compuso lo que él llamó «las cinco vías» para demostrar por raciocinio
natural la existencia de Dios. Resumo así la que es su «vía» central: Todo lo
que vemos es contingente, es decir, podría no existir, puesto que no tiene
en sí mismo la razón de su existencia; por tanto, si existe, debe su exis-
tencia a otro ser; y éste, a otro, y así sucesivamente, hasta llegar a un ser
necesario, que tenga en sí mismo la razón de su existir. A este ser llamamos
Dios. A esta agrumentación, un científico puede oponer tres objeciones:
(a) Como ya advirtió Kant (1724-1804), tal argumento demostraría, a lo
más, la existencia de un ser extramundano, una especie de arquitecto del
Universo, pero no precisamente la del Dios de los cristianos.
(b) La ciencia ha mostrado que lo contingente no es la masa atómica o
la energía constante del Universo, sino las distintas formas que la diversa
composición atómica y molecular ofrece a nuestra percepción.
(c) El hecho de que un ser pueda no existir no da pie para afirmar que
deba a otro su existencia, pues un mundo eterno en cuanto a su estructura
nuclear, aunque podría no existir, puede también haber existido siempre
sin necesitar una causa exterior, máxime cuando está comprobado que
la materia no es inerte, sino que las partículas subatómicas están en
continuo movimiento.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 20

2. Argumento teleológico

El Universo presenta una exquisita adaptación del sujeto al objeto, del


órgano a la función, de los medios a los fines, etc. Esto supone la existencia de
una inteligencia anterior y superior al mundo, que haya programado dicha
adaptación; de lo contrario todo lo que existe sería producto del azar. A este
argumento, pueden oponerse dos serias objeciones:

A) La mencionada adaptación podría explicarse por un proceso evolutivo en


el que cada ser y su medio exterior obrasen por interacción mutua en
progresión dialéctica ascendente.
B) Los dos factores condicionantes de dicha adaptación (causalidad y fina-
lidad) podrían explicarse por la existencia de una causa inmanente al
mundo, sin identificación posible con el Dios de la Biblia (así lo explicó,
entre otros, B. Spinoza-1632-1677).

3. Argumento psicológico

La conciencia nos avisa de una ley moral, común a todos los hombres, que
se impone a cada individuo de la especie humana como una norma anterior y
superior a él (ver Ro. 2:14-15). Una ley de tal universalidad implica la existen-
cia de un Legislador Supremo, anterior y superior a la especie humana. Los fauto-
res del psicoanálisis objetarán a este argumento que lo que la Biblia llama «el
testimonio de la conciencia» no es otra cosa que una superestructura moral
impuesta al «Yo» desde fuera y constituida por el conjunto de normas religiosas,
morales y sociales que configuran la conducta del hombre y presionan desde
los estratos más profundos de nuestra psicología. Es lo que S. Freud (1856-1939),
inventor del psicoanálisis, llamó «Súper-Yo».

4. Argumento histórico

Los etnólogos están de acuerdo en que, desde la más remota antigüedad,


y en las regiones más distantes del globo, el ser humano ha creído en la existencia
de un Ser Supremo, como única explicación posible a los fenómenos de la
metereología, de la fertilidad, etc. Aunque esta creencia haya quedado corrom-
pida, en la mayoría de los casos, por el politeísmo, el animismo y otras per-
versiones, la creencia en la divinidad ha subsistido y subsiste hoy día, aun en
21 PARTE I – DIOS CREADOR

los pueblos más civilizados. Más aún, los modernos investigadores han mos-
trado, con suficiente evidencia, que el monoteísmo es cronológicamente anterior
al politeísmo y que las naciones más civilizadas fueron abandonando el poli-
teísmo para llegar al monoteísmo pasando por el henoteísmo (diferentes «dioses»
protectores de las naciones respectivas –ver, p.ej., Jos. 24:15-18; 2 R. 5:17). El
ateo responderá a este argumento que la idea de Dios surgió del miedo y de
la ignorancia de los primeros homínidos en sus primeras confrontaciones con
las desconocidas fuerzas de la naturaleza. Si se ha mantenido hasta hoy entre
los pueblos más civilizados, ello se debe a la persistencia del mito, bajo la forma
de «arquetipos» o símbolos ancestrales del inconsciente colectivo, como afirma
C.G. Jung (1875-1961).
Esto viene a crear un serio problema teológico, porque, si se niega a la
razón humana el poder de percibir y demostrar la existencia de Dios, el argu-
mento de Pablo en Romanos 1:19-20 cae por su base y, con él, nuestra fe en
la palabra infalible de Dios. Por eso, es preciso hacer aquí una distinción muy
importante:

A) Si se considera a la razón humana según su capacidad esencial, todo ser


humano cuyas facultades mentales funcionen sanamente puede ver el
eterno poder y divinidad de Dios, de modo que no tiene excusa.
B) Si se considera a la razón humana según su condición existencial de ser
caído, alienado, desintegrado, entonces tiene efecto lo que dice Pablo
en 1 Corintios 2:14.

Concluimos este punto con otro de los que yo califico como «axiomas de
suma importancia»: El conocimiento humano se da a dos niveles, el de la pura
razón y el de la fe. Del primero al segundo hay un salto cualitativo, no cuan-
titativo, es decir, las cosas de Dios sólo se pueden percibir cuando el Espíritu
Santo ha comenzado en el corazón del hombre la obra de la conversión, como
advirtió también el Señor Jesús a Nicodemo (Jn. 3:3-8). Quizá la parte más
práctica del axioma tenga que ver con el mejor modo de proceder de un creyen-
te en su obligación de dar testimnio de su fe (ver 1 P. 3:15). Aunque se dé el
caso de que nuestros conocimientos de la palabra de Dios no sean muy exten-
sos ni profundos, y nuestros conocimientos científicos y filosóficos sean nulos,
siempre podremos decir, como Felipe a Natanael: «Ven y ve» (Jn. 1:46); y, en
último término, como dijo el recién curado ciego de nacimiento: «una cosa sé:
que siendo ciego, ahora veo» (lit. Jn. 9:25)
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 22

DIOS HA TENIDO A BIEN REVELARSE A NOSOTROS


PERSONALMENTE

Al comienzo de esta lección mencionábamos el Salmo 19:1. En los versícu-


los 1-6, dicho Salmo nos presenta la revelación general de Dios mediante la obra
de la creación; en versículo 7 y siguientes trata de la revelación especial por
medio de su «ley» (heb. torah, que significa fundamentalmente «dirección»).
Mediante su palabra escrita, Dios nos ofrece un mensaje de salvación y ense-
ñanza, claro y completo, tanto para el pecador irremediablemente perdido en
sí mismo, como para el ya creyente, cuya peregrinación por esta vida está
iluminada por esa misma palabra (Sal. 119:105). Esta palabra de Dios, contenida
en las Sagradas letras (lit. en 2 Ti. 3:15) interpela a cada ser humano, exigiendo
de él una respuesta de la que depende su destino eterno, puesto que, sin esta
respuesta de fe «es imposible agradar a Dios» (He. 11:6). También interpela a ca-
da una de las iglesias (ver Ap. 2:7, 11, 17, 19; 3:6, 13, 22).
Es importante señalar que el conocimiento que la revelación de Dios nos
proporciona al nivel de la fe, por estar basado no en la evidencia natural, sino
en la autoridad infalible de un Dios que no puede engañar ni engañarse, no es
un ciego presentimiento en la oscuridad, sino verdadero «saber» que supera la
calidad y la importancia de todos los demás «saberes», puesto que es un «saber
para salvación» (2 Ti. 3:15), fruto de una mente renovada (Ro. 12:2), con lo que
se sublima y perfecciona toda la óptica espiritual del hombre.
Pero, al mismo tiempo, el hecho de que la fe nos introduzca en el cono-
cimiento de Dios por la vía del corazón («con el corazón se cree» Ro. 10:10),
hace de la fe una entrega –entrega total, sin condiciones– antes que una men-
talidad. En efecto, aunque sea la mente la que capta la luz, es el corazón el que
abre las ventanas al sol de la verdad. De ahí que dijese el Señor a los judíos
que se negaban a recibir el mensaje del evangelio: «El que quiera hacer la
voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios» (Jn. 7:17). Este es el
verdadero conocimiento de Dios (Jn. 17:3), cordial, comunicativo, experimental,
amoroso, sin el cual de nada sirve toda la erudición teológica o bíblica (v., entre
otros lugares, 1 Co. 8:13; Stg. 2:19).
23 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 1ª

1ª pregunta ¿Qué le sugiere 1 Timoteo 6:3 con respecto al valor espiritual,


práctico, de la doctrina bíblica?

2ª pregunta Dice Grudem (Systematic Theology, pág. 16, hacia el final) que
«la teología debe ser cantada, rezada y vivida». ¿Qué relación tiene entonces
el estudio con el culto, en la opinión de usted?

3ª pregunta ¿Por qué suele ser inútil discutir con un incrédulo sobre temas
religiosos?

4ª pregunta ¿Cuál es la actitud correcta del creyente al poner por obra el


encargo de Cristo en Hechos 1:8? Nótese que la Biblia no presenta el
Evangelio como una «exclamación», ni como una «declamación», sino como
una «proclamación».

5ª pregunta ¿En qué acto del culto tiene lugar esa «proclamación» con gestos
simbólicos que no necesitan palabras?

6ª pregunta ¿En qué condición espiritual y en qué circunstancias es más fuer-


te la experiencia interior de usted acerca de la existencia y del carácter
santo de Dios?

7ª pregunta ¿Le causa frustración el hecho de que, por mucho que conoz-
camos a Dios (ver Jn. 17:3), nunca acabaremos de crecer en ese conoci-
miento, incluso en la feliz eternidad del Cielo?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 24
25 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 2
Nombres bíblicos
de Dios

Los nombres con que la Biblia describe a Dios son muchos y muy variados.
Ello se debe al método pedagógico de Dios, quien se adapta a la debilidad de
nuestra mente para penetrar en el Infinito y nos ofrece, como en un arcoiris,
Su esencia y naturaleza. Estas sólo se abren a nosotros en la medida en que Dios
ha tenido a bien revelarnos su intimidad absolutamente trascendente.
Es cierto que Dios se definió a Sí mismo, de alguna manera, a Moisés,
cuando, desde la zarza ardiente que no se consumía, le dijo: «Yo soy el que soy».
Y añadió: «Así dirás a los hijos de Israel: El YO SOY me ha enviado a vosotros:»
(Éx. 3:14). Luego volveremos sobre esto, al hablar de los nombres simples de
Dios.
De los nombres atribuidos a Dios en las Escrituras, unos son simples; otros,
compuestos de El (singular abreviado de Elohim); otros, compuestos de Yahweh
(Jehová, en la versión Reina-Valera y en la Biblia de los llamados «Testigos de
Jehová»).

1. Nombres simples

A) El, Elah, Eloah, Elohim. Elohim es el primer nombre que se aplica a Dios
en la Biblia (Gn. 1:1) y se refiere genéricamente al ser de Dios en cuanto
que es Creador y Rector Supremo del Universo y de cada uno de los seres
creados. No es un nombre propio de nuestro Dios vivo y verdadero, pues
la Biblia lo usa también con referencia a los dioses falsos (Sal. 95:3), a
hombres (Gn. 33:10) y, especialmente, a gobernadores y jueces (Sal. 82:6,
comp. con Jn. 10:34), por ejercer una función que, por derecho propio,
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 26

pertenece a Dios. Aparece preferentemente en plural para denotar inten-


sidad de poder y majestad, pero no indica, de suyo, pluralidad de persona,
lo cual es claro en lugares como Génesis 1:1, donde el verbo está en
singular.
B) Yahweh (abreviado: Yah). Con este nombre, nos presenta el texto original
del A. Testamento a Dios en relación protectora y salvadora con respecto
a Su pueblo, tanto que, en un mismo versículo (p.ej. en el cap.2 –también
en el 3– de Gn.), aparecen juntos Yahweh-Elohim, dando a entender así
la distinta relación que cada uno connota. La connotación salvífica de
Yahweh o Yah se hace manifiesta en el nombre de Yeshúah = Jesús, que
significa «Yahweh salva».
Sólo en el gran Día de la Expiación era permitido al Sumo Sacerdote
pronunciar en el Lugar Santísimo este nombre inefable, mientras todo el
pueblo asistente caía sobre su rostro, diciendo: «Bendito sea Su nombre,
cuyo Reino glorioso es por los siglos de los siglos» (comp. Lc. 1:31, 33
y Jn. 18:6, donde, al decir Jesús «YO SOY», los que le van a prender
retroceden y caen sobre sus rostros).
C) Adonay. Este nombre, que nuestras versiones traducen por Señor indica
de modo especial el gobierno omnipotente de Dios, a quien todo está
sujeto. El hebreo Adonay es un plural mayestático en estado contructo,
es decir, coordinado con otro vocablo, aunque su uso bíblico lo ha fijado
como en estado absoluto.

2. Nombres compuestos de «El»

A’) El-Shadday. Suele traducirse por «Dios Todopoderoso», con lo que ven-
dría a ser equivalente del griego Pantokrátor. Sin embargo, esta traducción
que tanta aceptación ha encontrado entre los teólogos, se debe a una
incorrecta versión de la Vulgata Latina. Su verdadero sentido, tal como
dice Hertz (o.c., pág. 58) es «Dispensador de beneficios». Scofield hace
notar con acierto (Biblia anotada, págs. 24-25) que Shadday procede de
«shad» = pecho materno, de donde el bebé saca su alimento, descanso
y satisfacción; de modo que la mejor versión sería «El Todo-Suficiente».
Para profundizar en este nombre de Dios, véase la lección 13 de este Curso
(ver Gn. 17:1-8)
B’) El-Elyón. Este nombre, que el griego del N.T. vierte por «Hypsistós Theós»
= Dios Altísimo (Gn. 14:18, 19, 22; Sal. 78:35), describe a Dios como el
27 PARTE I – DIOS CREADOR

que, desde arriba, es el «poseedor de todos los bienes del Cielo y de la


Tierra». Es curioso que un gentil como Melquisedec conociera a Dios por
este nombre y le sirviese como rey-sacerdote, por lo que Abram «le dio
el diezmo de todo» (Gn. 14:20, comp. con He. 7:1-17).
C’) El-Olam. Se traduce por «Dios Eterno». El hebreo «olam» tiene diversos
significados, aunque su sentido primordial es el de algo «oculto»; de ahí
que signifique: (a) un tiempo oculto, al que no se lo conoce principio ni
fin; en este sentido se aplica a Dios, para designar su eternidad. Así
tenemos también la expresión hebrea «meolam adolam» = desde el tiempo
hasta el tiempo, esto es, desde toda la eternidad y hasta toda la eternidad
(Sal.90:2); (b) el afán de investigar el universo, correspondiendo al griego
«aión», como en Eclesiastés 3:11. Ambas ideas (la de algo secreto, ines-
crutable, y la de eterno) se combinan en el nombre El-Olam.
D’) A los nombres compuestos de El, ya citados, ha de añadirse El-roí = «Dios
me ve» (Gn. 16:13). A pesar de las apariencias, este roí es distinto del roí
de Sal. 23:1, como puede apreciarse en el hebreo.

3. Nombres compuestos de «Yahweh».

A») Yahweh-Elohim. Aparece por 1ª vez en Génesis 2:4 (donde comienza


realmente el cap. 2) y lo vemos así, invariablemente, en el resto del
capítulo 2, así como en el 3. Aparecen aquí combinados dichos nombres
para darnos a entender que, después de referirnos la creación del hombre
como la parte más noble del universo material, salido de las manos de
Elohim, el Génesis se dispone a centrar nuestra atención en los detalles
de la formación del primer hombre y de la primera mujer, así como de
la tentación, la caída y la consiguiente expulsión de ambos del Paraíso.
El significado profundo de este nombre compuesto tiende a señalarnos
una peculiar relación de Dios con el hombre, como el Poderoso Salvador,
a quien, a pesar de los fallos humanos, no se le escapan las riendas de
la Historia (v. Gn. 3:15).
B») Adonay-Yahweh. Este compuesto, que aparece primero en Génesis 15:2,
sirve para dar un énfasis especial al carácter del «Señor Bondadoso y
Poderoso» que revela primordialmente una relación íntima de Dios con
sus hijos, más bien que la trascendencia que el nombre «Yahweh» com-
porta. Es de notar el contexto en que Abram suplica a Dios como «galardón
supremo» un hijo que sea el heredero de las promesas (ver Gn. 12:1-3).
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 28

Génesis 15:6 es clave para el concepto de justificación por la sola fe (ver


Ro. 4:1-5).
C») Yahweh-Tsebaoth. Su verdadera traducción es «Yahweh de las huestes».
Este título no se halla en el Pentateuco, ni de modo directo en Josué o
Jueces, raras veces en Salmos, pero copiosamente en Jeremías, Hageo,
Zacarías y Malaquías.
Para más detalles, véanse las lecciones 12 y 13 del presente Curso.
D») Yahweh-Elohey Israel = «Yahweh, Dios de Israel» (ver Jue. 5.3; Is. 17:6).
(F») Finalmente, hay en la Biblia otros nombres compuestos de Yahweh, que
nos limitaremos a enumerar:
1) Yahweh-jireh = «Dios proveerá» (Gn. 22:13, 14).
2) Yahweh-roféja (no rafah!) = «Yahweh te sana» (Éx. 15:26).
3) Yahweh-nissí = «Yahweh, mi bandera» (Éx. 17:8-15).
4) Yahweh-shalom = «Yahweh-paz» (Jue. 6:24).
5) Yahweh-roí = «Yahweh, mi pastor» (Sal. 23:1).
6) Yahweh-tsidkénu = «Yahweh, nuestra justicia» (Jer. 23:6).
7) Yahweh-shammah = «Yahweh, allí» (Ez. 48:35).
8) Yahweh-meqadishkhem = «Yahweh, vuestro santificador» (Éx. 31:13).
EN TODOS LOS COMPUESTOS DE LA LISTA PRECEDENTE, LA PRIMERA
PARTE HA DE TRADUCIRSE POR YAHWEH, NO POR DIOS.

4. Equivalencia de los nombres hebreos de Dios en el N.T.

Los nombres simples de Dios que aparecen en le hebreo del A.T. tienen
su equivalencia en el griego del N.T. del modo siguiente:

1) Al hebreo Elohim corresponde el griego Theós.


2) A Yahweh corresponde el griego Kyrios (o Kúrios), conforme a la versión
de los LXX, que no se atrevieron a transcribirlo por Iabé (como aparece en el
Pentateuco Griego Samaritano) por falsa reverencia, pero nos ofrece una magní-
fica oprtunidad –contra los «Testigos»– para darnos cuenta de que, al llamar el
N.T. Kyrios a Jesucristo, le otorga el nombre más propio de Yahweh. Cuando
Ese Kyrios se toma como equivalente del hebreo Adonay, indica autoridad y
supremacía.
3) Pero hay en el N.T. un tercer nombre griego: Despótes, que da la idea
de «amo», «dueño» o «propietario» y se aplica: (A) a Dios Padre en Lucas 2:29;
Hechos 4:24 y Apocalipsis 6:10; (B) a Cristo en 2 Pedro 2:1 y Judas v. 4.
29 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 2

1ª pregunta ¿Cómo se muestran la sabiduría, el amor y el poder de Dios al


habernos hablado en nuestro propio lenguaje?

2ª pregunta ¿Qué pensamientos le sugiere el nombre El-Shadday de Génesis


17:1, debidamente traducido?

3ª pregunta ¿Qué le dice el nombre Yahweh-Tsebaoth, si se considera usted,


como debe ser, en su condición de «militar» cristiano? (véase 2 Ti. 2:3).

4ª pregunta ¿Qué nombres compuestos de El o Yahweh le resultan más


reconfortantes y estimulantes para Vd. mismo?

5ª pregunta ¿Van dirigidos esos nombres (p.ej., «Yahweh-mi-pastor») sólo a


los israelitas o a todos, judíos y no judíos? ¿Cómo lo demostraría usted, Biblia
en mano? Por esta vez, le voy a dar una pista importante: Romanos 15:4.

6ª pregunta ¿Cuál le parece el motivo de que, en Apocalipsis 1, le sean


atribuidos a Cristo nombres y símbolos que la Biblia suele reservar para
Dios Padre? La comparación de Apocalipsis 1:7 con Zacarías 12:10 y Juan
19:37 sirve para ver lo que tantos «expertos» no ven.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 30

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Iglesia
31 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 3
Historia de la doctrina
sobre la Trinidad

1. ¿Qué significa, para nosotros, el vocablo «Trinidad»?

El vocablo «Trinidad», que mejor llamaríamos «Triunidad», sirve para expre-


sar la verdad bíblica de que el único Ser Divino existe y subsiste en tres Personas
realmente distintas. También se utilizan con el mismo sentido los términos
«Santísima Trinidad», «Trina Deidad», «Trinidad Divina».
Aunque ya existía, por ejemlo, en la filosofía hindú el número ternario para
designar un conjunto armónico de «dioses» (Brahma, Vishnú y Shiva), la realidad
de un solo Dios en tres personas es exclusiva y típica del Cristianismo.
Para el judaísmo, la clara enseñanza del N.T. acerca de la Trina Deidad
forma parte del «escándalo» del Cristo crucificado (ver 1 Co. 1:23). Numerosos
lugares de los Evangelios (p.ej. Mt. 26:63-66; Jn. 5:18; 10:30-33) nos muestran
que lo que realmente llevó a Cristo a la Cruz, en la parte que desempeñaron
las autoridades judías, fue el tenerse por «el Hijo de Dios», «haciéndose igual a
Dios».
El mismo velo que les oscurece a los judíos la comprensión de lugares como
el Salmo 22 o el capítulo 53 de Isaías (comp. 2 Co. 3:14-15) queda expresado
en las siguientes frases de un rabí palestino del siglo IV que el rabino Hertz (o.c.
págs. 921 y 923) cita para confirmar su aseveración de que la creencia en la
Trinidad es una violación del monoteísmo y de que los judíos que aceptaron
el Cristianismo «oscurecieron el cielo del monoteísmo de Israel al enseñar la
novedosa doctrina de una “filiación divina”, identificando con Dios a un hombre
nacido de mujer, y abogando por la doctrina de la Trinidad». Dice así el rabí
del siglo IV:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 32

«Son extraños esos individuos que creen que Dios tiene un Hijo y que
ha permitido que muriera. El Dios que no pudo sufrir el ver a Abraham
a punto ya de sacrificar a su hijo, y exclamó: “¡no extiendas tu mano sobre
el muchacho!”, ¿cómo iba a presenciar impertérrito la inmolación de Su
Hijo, en vez de reducir a pavesas el Universo entero?»

2. Errores antiguos acerca de la Trinidad

A) Subordinacionismo. La influencia del neoplatonismo en los círculos eru-


ditos de las iglesias orientales durante los siglos III y IV, junto con los
ataques lanzados desde el judaísmo y el gnosticismo, hicieron brotar el
error de que sólo el Padre es verdadero Dios, siendo las otras dos Personas
seres creados, nunca iguales al Padre, aunque participantes de lo divino
en cierta medida, siempre limitada. Este error se divide en dos:
(a) Arrianismo, que debe su nombre al presbítero de Alejandría Arrio
(¿256?-336), quien defendía que el Verbo era criatura del Padre, al que
había servido de instrumento para crear todo lo demás. Contra este error,
el Concilio de Nicea (año 325) afirmó que «Jesucristo, el Hijo de Dios, es
Dios verdadero, nacido –no creado– del Padre, IGUAL EN ESENCIA (gr.
homoúsion) AL PADRE...»
Viendo en dicha fórmula conciliar una negación de la Trinidad, en lo que
toca a la distinción real de las Personas, se forzó una fórmula de com-
promiso (incluso por razones políticas) en el año 360, por la que se
declaraba que el Hijo no era homoúsios = de la misma esencia, sino más
bien homoioúsios = de esencia «semejante» a la del Padre.
Esta vino a ser la religión oficial del Imperio (de ahí su penetración y
supervivencia en los godos, visigodos y ostrogodos, etc.), hasta que la
muerte de los emperadores que favorecían al arrianismo, y la reflexión
bíblico-teológica de tres grandes escritores eclesiásticos (Basilio de
Cesarea, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa) recondujeron a la
Cristiandad a la fe de Nicea, confirmada en el Concilio de Constantinopla
el año 381.
(b) Macedonianismo, llamado así del patriarca de Constantinopla
Macedonio (muerto hacia 370). Así como el arrianismo hace del Verbo
una criatura del Padre, el macedonianismo hace del Espíritu Santo una
criatura del Hijo. A los partidarios de esta herejías se les llamó también
en griego «pneumatómakhoi» = los que combaten contra el Espíritu.
33 PARTE I – DIOS CREADOR

B) Monarquianismo. El subordinacionismo enfatiza de tal modo la distinción


entre las Personas de la Trinidad, que les atribuye diferencias esenciales.
Del lado opuesto, el monarquianismo enfatiza tanto la igualdad de las
Personas, que borra realmente la Trinidad, haciendo de ella un conjunto
de fases o modos de una sola Persona Divina. Se divide igualmente en
dos clases:
(a') Monarquianismo dinámico. Admite en Dios una sola persona y ve
en Cristo un mero hombre, cuya conciencia de ser portador del Lógos de
Dios fue creciendo bajo el influjo poderoso del Espíritu de Dios hasta
merecer honores divinos o apoteosis, pero sin ser jamás Dios en su
esencia. Así el Lógos no es sino la revelación del Padre, mientras que el
Espíritu es el poder de Dios que controlaba todas las palabras y las obras
de Cristo. El principal fautor de esta herejía fue el patriarca de Antioquía
Pablo de Samosata (¿200?-¿273?). Este error ha revivido en la era moderna
con mayor virulencia entre los «unitarios» de todos los colores.
(b') Monarquianismo modalístico, también conocido con el nombre de
Sabelianismo, de Sabelio, también del siglo III, quien reconocía en Dios
una sola persona con tres «modos» distintos de manifestarse: como Crea-
dor (Padre), como Redentor (Hijo) y como Santificador (Espíritu Santo).
Al poner en Dios una sola persona, tuvo que ser el Padre mismo, tomando
en Cristo el «modo» de Redentor, quien padeció y murió en la Cruz. Sin
darse cuenta de lo que dicen, hay creyentes que, al orar a Dios (¡Padre!)
llegan a expresarse de forma sabeliana: «Te damos gracias, Señor, porque
viniste a este mundo a morir por nosotros...»
C) Triteísmo. Este error consistió en sostener que las tres personas divinas
son tres individuos de la misma naturaleza divina, esto es, tres dioses
iguales en todos los atributos o perfecciones del Ser Divino. Cayeron en
este error algunos seguidores del monofisismo tardío, como Juan
Ascunages y Juan Filópono, por no acertar a concebir tres personas en
un solo ser individual. En el mismo error cayó el nominalista Roscelino
durante la Edad Media.

El influjo de la filosofía platónica hizo que algunos escritores eclesiásticos


del siglo IV (en concreto, el ya citado Gregorio de Nisa), sin caer en la herejía,
tratasen de explicar el misterio de la Trinidad de forma poco correcta. Como para
Platón lo verdaderamente real era el mundo de las ideas, mientras que los
individuos de una misma especie eran repeticiones contingentes y transitorias
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 34

de una sola forma ideal (la especie ideal universal con su auténtica realidad),
Basilio de Nisa, tomando pie de esta filosofía, argüía que, así como de Santiago,
Juan y Pedro podemos decir que son un hombre, a pesar de ser tres individuos,
así también del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se puede decir que son
un solo Dios aunque sean tres personas distintas.

3. Errores modernos acerca de la Trinidad

Ya hemos mencionado el unitarismo. La Teología Liberal no es sino una


forma más de unitarismo (o unitarianismo). Lo mismo se puede decir de los
socinianos. También niegan la Trinidad los «Testigos». El Modalismo ha surgido
también recientemente en una secta carismática que se denomina «Sólo Jesús»
y bautiza únicamente en el nombre del Hijo. Para ellos, «Padre» y «Espíritu Santo»
son meros títulos del único Dios verdadero, el cual es solamente Jesús.
El Modernismo Teológico va más allá de todos estos errores, pues llega a
poner en duda, y hasta negar, la personalidad de Dios. Y, si se niega un Dios
personal (como parecen hacer, por ejemplo, los ya fallecidos P. Tillich y J.A.T.
Robinson), ya no tiene razón de ser el hablar de una o más personas en Dios.
35 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 3

1ª pregunta ¿Cuál le parece que ha sido la causa, en todas las etapas de la


Historia de la Iglesia, de que los escritores eclesiásticos más eruditos no
hayan logrado exponer correctamente el misterio trinitario? ¿Es una sola
causa, o se trata de un conjunto de factores?

2ª pregunta ¿Son suficientes una condición espiritual y una conducta irre-


prensible para penetrar sin fallos en el interior de las verdades divinas? El
modo como responda Vd. a esta pregunta mostrará si tiene ideas claras o
confusas acerca de este tema.

3ª pregunta ¿Qué le faltaba a Nicodemo «el maestro del Israel» (Jn. 3:10,
literalmente) para estar en regla en orden a «entrar en el Reino»? ¿No tenía
todo lo que se necesitaba –las siete maneras de «nacer de nuevo», según la
tradición rabínica– para ser «perfecto»? Sin embargo, es precisamente a este
hombre a quien le dice Jesús: «Os es necesario nacer de nuevo». Comparar
Filipenses 3:5 y siguientes.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 36
37 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 4
Análisis del misterio
trinitario

I. INTRODUCIÓN

Vamos a insistir, antes de nada, en algo con que comenzamos la INTRO-


DUCCIÓN de este curso. No hay en esta vida nada tan importante como el
conocimiento personal de Dios. Un conocimiento que ha de ser íntimo, cordial,
experimental, conducente a la vida eterna (ver Jn. 17:3).
¿Cómo se obtiene este conocimiento íntimo, experimental, de Dios? Lo que
es Dios en Sí, y lo que Él quiere de nosotros en cada momento, se conoce en
base a tres factores conjuntos:

A) por Su Palabra
B) por Su Espíritu
C) por Su Providencia (las circunstancias en que nos coloca)

Como la revelación especial de Dios quedó consumada cuando «nos habló


en Hijo» (He. 1:2, lit.), estudiando y contemplando la persona, la enseñanza y
la conducta toda de Jesús a través de los Evangelios, llegamos a percatarnos de
que fue el Hijo quien nos hizo la exégesis de Dios (véase el original griego de
Jn. 1:18), mientras que el Espíritu Santo nos hace la eiségesis (ver Jn. 16:13).
Es cierto que el original de Juan 16:13 no utiliza ese término, sino que
emplea el más expresivo hodegései = «guiará por el camino», pero la idea es de
Alguien que se pone al frente de una expedición para mostrar el camino a
quienes le siguen.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 38

Recuérdese ahora lo que digo, resaltado en cursiva, en el tercer párrafo de


la Introducción de este Curso (pág. 13), acerca de las actividades peculiares de
cada Persona Divina, y se entenderá que, por fuerza, ha de ser el Espíritu Santo
el encargado de guiarnos a lo profundo de Dios (1 Co. 2:10-13). Sin Su activi-
dad personal, no se puede acoger (lit.) las cosas de Dios (1 Co. 2:14), porque
la razón no regenerada se mueve –ya lo dijimos– en un plano cualitativamente
inferior al de la fe. Sin el «nacimiento de arriba», no se puede ver, ni entrar, al
plano de la fe (ver Jn. 3:3, 5).

1. ¿En qué consiste el misterio trinitario?

A esta pregunta podemos contestar sencillamente que el misterio trinitario


consiste en que tres Personas realmente, infinitamente, distintas tienen en
común una sola esencia, sustancia y naturaleza individual. En la Encarnación
del Verbo ocurre exactamente al revés: Una sola Persona subsiste en dos na-
turalezas completas.
Dios, pues, no es impersonal, ni unipersonal, ni una «persona colectiva», si-
no tripersonal (véase Mt. 28:19; Jn. 10:28-30). La gramática nos dice que «yo»,
«tú», «él» son pronombres personales, y Jesús los usa así en los capítulos 14-17
de Juan. Pero la personalidad divina, simple (inmutabilidad) e infinita (inmen-
sidad) trasciende infinitamente el concepto de persona angélica o humana. Con
todo, Génesis 1:26 nos pone ante la «analogía», como veremos más adelante.
SON, PUES, PERSONAS.
He nombrado la «analogía». Para los lectores que desconozcan los términos
filosóficos, voy a dar una breve explicación: Un término puede aplicarse a dos
seres distintos de tres modos diferentes: 1) Por univocidad, cuando se aplica
a ambos de forma total; por ejemplo el término «hombre» se aplica a Juan y a
Pedro de esta forma; es unívoco. 2) Por equivocidad, cuando se aplica a dos
seres porque suena igual, pero el significado es distinto; por ejemplo el término
«vela» puede significar una vela de navío, una vela de cera y una vela de estar
velando a un enfermo; es equívoco. 3) Por analogía, cuando se aplica a dos seres
que son de distinta naturaleza pero tienen antre sí alguna conexión de tipo
simbólico o metafórico, ya sea por metonimia o por sinécdoque. Dos ejemplos
de cada caso: En Apocalipsis 5:5-6, se llama al Señor Jesús «León» y «Cordero»,
no siendo lo uno ni lo otro por naturaleza, pero sí por doble simbolismo, bien
conocido. Otro ejemplo de analogía diferente: El término «ser» se aplica a un ser
humano y al Ser Divino, pero sólo en parte resulta la semejanza, ya que el Ser
39 PARTE I – DIOS CREADOR

de Dios trasciende infinitamente el concepto del ser humano, ya que nosostros


tenemos un ser que nos ha sido dado, mientras que Dios es el ser, sin ninguna
limitación y en virtud de su misma esencia, nadie se lo ha dado. Pero, al
fin y al cabo, Dios es «un Ser» y nosotros tenemos «un ser»; hay semejanza,
analogía, no es un equívoco, pues lo único que se opone al Ser infinito no es
un ser limitado, sino la nada. Otras nociones de especial importancia son las
de «sustancia», «esencia» y «naturaleza», que vamos a aplicar ahora a Dios.
Al hablar de «sustancia», ponemos de relieve que todo es, en Dios, sustan-
cial, necesario en su propia auto-sustentación como un Ser que realmente existe
y que, además, para Su propia perfección no necesita (y repugna a la simplici-
dad de su Ser) de ninguna otra faceta del ser que se adhiera («accidente») a Su
sustancia para calificarla o determinarla, como lo hace un adjetivo a un sustantivo
(en gramática) o un color a un objeto (en la realidad física). Así es como los
eclesiásticos occidentales de los primeros siglos entendían el término griego
hypóstasis, como sinónimo del latín substantia. Después tuvieron que inventar
el vocablo latino subsistentia para que los orientales no se escandalizasen por
el significado de «persona» = máscara del actor de teatro.
Al decir «esencia», damos a entender lo que Dios es, el Ser Divino que
nosotros sólo podemos captar refractado, como el arcoiris, en un conjunto de
atributos (mejor, perfecciones) que pertenecen en exclusiva a cada una de las
Personas Divinas en lo que tienen de común a las tres. Estas perfecciones
esenciales son por su propio concepto incomunicables.
Finalmente, al decir «naturaleza», destacamos el aspecto de la Deidad que,
según nuestra comprensión limitada de la misma, representa en el seno de la
Trina Deidad el principio interior, o fuente más profunda, de la conducta de las
Personas Divinas, no sólo en lo que tienen de común a las tres, sino también
de propio y peculiar de cada una, tanto en el seno mismo de la Deidad (hacia
dentro), como en el modo de comportarse de cara al Universo creado y, en
especial, de cara a seres puramente espirituales (los ángeles) o que constan de
espíritu y materia (los hombres). Estas perfecciones son comunicables, lo cual
es de enorme importancia para la vida espiritual del creyente.

2. ¿Cómo adquirimos el concepto de persona divina a través de


la analogía?

La propia palabra de Dios nos ofrece en los tres primeros capítulos del
Génesis datos suficientes para poder vislumbrar el concepto de Persona Divina
mediante el análisis de la personalidad humana. Clave: Génesis 1:26-28.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 40

La personalidad humana puede analizarse en dos planos:

A) En el plano psíquico-existencial (el plano real = lo que somos) la perso-


nalidad humana posee tres características: Dominio responsable de sí
mismo, conciencia refleja de sí mismo y alteridad irrepetible, ya que Dios
no hace dos seres humanos iguales.
B) En el plano ético-esencial (el plano ideal = lo que debemos ser), la per-
sonalidad humana posee otras tres características: Dependencia, inteli-
gencia y comunión tridimensional (con Dios, con el prójimo, consigo
mismo –«integración».)

Ambos planos aparecen en Génesis, capítulos 1-3.


Comencemos por analizar las primeras frases de Génesis 1:26, donde el
original hebreo dice: Naaseh Adam betsalménu kidmuténu = Hagamos a Adam
(el ser humano) en nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Tras de
los prefijos be y ke, que corresponden respectivamente a nuestras preposiciones
en y según, están los nombres tsélem = imagen, cuya raíz tsl significa «sombra»,
y demut, cuya raíz comporta la idea de «efigie». Ambos a una nos dan la idea
de que el ser humano fue creado como algo que se asemeja mucho a su Creador.
¿Dónde se percibe, en la misma Biblia, esa semejanza?

A') En el plano psíquico-existencial (el plano real). A continuación de la frase


arriba explicada, continúa el texto de Génesis 1:26 diciendo: «... y ejerzan
dominio...» Los vv. 27 y 28 constituyen una paráfrasis del v. 26. La 2ª
característica (conciencia refleja) se ve, sin ir más lejos, en Génesis 2:23
y 3:6-7. La 3ª (alteridad irrepetible) se ve en la responsabilidad estricta-
mente personal que la palabra de Dios carga sobre todo ser humano,
como se palpa en Gn. 3:8-13, donde el ser humano caído, y, por tanto,
alienado, trata inútilmente de cargar sobre «otro» su responsabilidad.
B') En el plano ético-esencial (el plano ideal). La dependencia radical del ser
humano es obvia desde el momento en que nuestros primeros padres
reciben del Creador el programa de acción señalado por Dios en forma
de mandamientos y, especialmente, el gran mandamiento de «prueba de
dependencia» (Gn. 1:28-29; 2:16-17). La 2ª característica (inteligencia) se
percibe ya en el hecho de «poner nombre» a todos los animales (Gn. 2:19-
20). La 3ª (comunión espiritual con Dios –en primer lugar) se ve ya en
Génesis 3:8; primero, positivamente: «Y oyeron la voz de Yahweh Dios
41 PARTE I – DIOS CREADOR

que se paseaba en el huerto al aire del día» (lit.); después, negativamente:


«... y el hombre y la mujer se escondieron de la presencia de Yahweh Dios
entre los árboles del huerto». Ha desaparecido la «comunión» y ha apa-
recido el «extrañamiento», la «alienación».

Para, más detalles, véase mi libro El hombre: su grandeza y su miseria


(CLIE), páginas 64-101.

3. Diferencia entre personalidad y persona


(señalarlo mediante diagrama)

La personalidad es la diferencia real que constituye a una persona y la


distingue de otra, mientras que la persona es todo el ser individual partiendo
del ápice de cada persona. De ahí, la mutua inmanencia de las tres personas
divinas, es decir, cada una está dentro de las otras dos, ya que todo lo que per-
tenece al Ser Divino en su esencia y naturaleza es común enteramente a las tres.
Por otra parte, la personalidad no es agencia ejecutiva, sino simplemente
centro de atribución y responsabilidad (quién actúa). La naturaleza, en cambio,
con sus elementos integrantes, es el principio o la agencia ejecutiva del sujeto
(con qué actúa). Por ejemplo, yo soy quien pienso, pero pienso con mi men-
te y mi cerebro. Así que, no es mi cerebro el culpable de un mal pensamiento,
sino yo.

4. Evolución histórica del concepto de persona

Tres son los factores que, a lo largo de los siglos, han contribuido a que
la comprensión del misterio trinitario en general, y la del concepto de «persona»
en particular, resultase extremadamente difícil.

A) La impropiedad de nuestro lenguaje para expresar lo divino.


B) La dificultad de obtener una exégesis equilibrada ante la confrontación
de dos escuelas que sostenían un método diametralmente opuesto en la
interpretación de la Escritura Sagrada, agravada la dificultad por la dife-
rente mentalidad teológica de Oriente y Occidente.
C) La influencia que las distintas escuelas filósoficas han tenido en los sis-
temas teológicos de cada época.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 42

El ya citado Gregorio de Nisa había acuñado, para expresar el misterio


trinitario, la fórmula griega: «mía ousía, treis hypostáseis», = una esencia, tres
personas, dando a «hypóstasis» el sentido de persona. Pero la palabra «hypóstasis»,
traducida al latín, es «substantia», y es natural que los occidentales, latinos, no
admitiesen «sustancia» como sinónimo de «persona», sino de « esencia». Por eso,
usaron el vocablo «persona» en sentido jurídico, como «alguien con plenos
derechos civiles».
Por otra parte, los orientales, griegos, no podían admitir el término «persona»
(«prósopon» en griego), porque significaba la máscara con que los actores de
teatro cubrían el rostro, no sólo para caracterizar a sus personajes, sino también
porque, a través de la máscara, las voces «per-sonabant», es decir, resonaban de
modo que pudiesen llegar a todo los puntos del auditorio. Por eso, estos teólogos
preferían el término «hypóstasis» como sinónimo de «persona».
Los teólogos medievales no quedaron contentos con los términos antedi-
chos e inventaron el vocablo subsistentia, aunque después esto provocó mayor
confusión, ya que subsistir expresa la idea de existir por sí mismo, lo cual es
propio de Dios en cuanto a su Ser individual. Además, en nuestra lengua
castellana, «subsistencia» significa los bienes de consumo, lo cual expresamos
cuando decimos, por ejemplo: se han encarecido las subsistencias.
Para un estudio más profundo y más provechoso sobre este tema, recomien-
do la lectura del libro Dios, uno y trino de J. Auer (Herder), págs. 330-363.
Transcribo el párrafo final de toda la sección, que, a su vez, es copia del párrafo
con que el famoso escritor eclesiástico Agustín de Hipona cierra su gran libro
«Sobre la Trinidad»:

«Líbrame, Señor, de la palabrería que padezco dentro de mi alma. Es


digna de compasión a tus ojos y recurre a tu misericordia... Hablamos
mucho y no alcanzamos la meta, y la conclusión del razonamiento debe
ser ésta: Él lo es todo. Así, pues, cuando te alcanzamos, ha de tener fin
lo mucho que hablamos y lo que no hemos conseguido. Y sólo tú con-
tinúas siéndolo todo en todas las cosas. Sólo una cosa podemos repetir
sin fin: alabarte todos cuantos en ti somos uno. Tú, Dios único. Tú, Dios
trino; lo que en estas líneas (libros) he dicho tuyo, haz que también lo
reconozcan los que son tuyos. Y si algo he dicho de mi cuenta, ¡ignóralo
tú y que lo ignoren también los tuyos! Amén».
43 PARTE I – DIOS CREADOR

5. Algunas otras consideraciones devocionales

A) Puesto que tenemos en «comunión» con Dios (ver 2 P. 1:4) la naturaleza


divina (no en «participación» –véase la diferencia de vocablos en el original
griego de 1 Co. 10:16-17), la mutua inmanencia divina ha de reflejarse en
la Iglesia corporativamente y en cada uno de los creyentes. Jesús oró al
Padre: «... para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí y yo en
ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea
(presente de subj.-continuativo) que tú me enviaste» (Jn. 17:21).
B) La inmanencia mutua (entre el Padre y el Hijo, entre los creyentes entre
sí y con las personas divinas), manifiesta en el texto de Juan 17:21, aparece
simplificada, pero al mismo tiempo, reforzada por el uso del verbo griego
ménei = permanece (el más fuerte para expresar una residencia fija y
amorosa) en 1 Juan 4:16: ... Dios es amor, y el que permanece en amor
permanece en Dios y Dios en él».
C) Para apreciar debidamente lo que significa el gran privilegio de compartir,
de forma real, (aunque con diferencia infinita de calidad y grado) la natu-
raleza divina con las tres personas de la Deidad, debemos tener en cuenta
que eso se obtuvo al precio inmenso de la sangre del Cordero inocente
de Dios. Como dice J. Stott en su excelente libro Basic Christianity, p.
61, «para apreciar la obra que Jesús llevó a cabo, hemos de entender
quiénes somos nosotros, así como quién era él. Su obra fue llevada a ca-
bo por nosotros. Fue obra de una persona por personas, una misión
emprendida por personas necesitadas a cargo de la única persona com-
petente para salir al paso de la necesidad de ellas. Su competencia se basa
en su deidad; nuestra necesidad se basa en nuestro pecado». Y, unas
páginas después (pág. 107), como respondiendo a la pregunta del car-
celero de Filipos: «¿Qué debo hacer para ser salvo?», responde:
«Es claro que debemos hacer algo. El cristianismo no es mera aquiescen-
cia pasiva a una serie de proposiciones, por verdaderas que sean. Debe-
mos creer en la deidad y la salvación en Cristo, y reconocernos como
pecadores necesitados de su salvación; pero esto no nos hace cristianos.
Tenemos que dar a Jesucristo una respuesta personal, entregándonos sin
reserva a él como nuestro Salvador y Señor» (traduzco del inglés. Los
anteriores subrayados son de J. Stott).
D) Otra consideración de inmensa importancia en el terreno devocional es
que el precio de nuestra redención, al que hemos aludido en la consi-
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 44

deración anterior, se obtuvo mediante el sacrificio cruento de una Persona


Divina. En el punto 2 de esta Lección 4 (pág. 14), mencioné que, en la
Encarnación del Verbo, ocurre al revés que en el misterio trinitario, pues
«una sola Persona subsiste en dos naturalezas completas». Esto significa,
ni más ni menos, que, en virtud de la «unión hipostática», es una Persona
Divina la que sufrió la muerte de cruz por ti y por mí.

(El concepto de «unión hipostática» será tratado ampliamente, Dios mediante,


en la Parte II de este Curso, donde estudiaremos la Persona y la Obra del Hijo).
45 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 4

1ª pregunta Si en lugar de existir un Dios tripersonal, como es en realidad,


hubiese un Dios unipersonal, ¿cree usted que, por eso, quedaría limitado
nuestro progreso espiritual?

2ª pregunta Una de las enseñanzas que se desprenden del «Yo soy el que
soy» de Éxodo 3:14 es que Dios no necesita de nada ni de nadie para existir
y ser lo que es. En otras palabras, Dios es «autosuficiente». ¿Significa esto
alguna contradicción con la necesidad de «darse», implicada en la frase de
Juan (1 Jn. 4:8, 16) «Dios es amor»? Por una vez, quiero dar la respuesta que
da ocasión a provechosas reflexiones: Dios es «autosuficiente», pero no
«autosatisfecho».

3ª pregunta ¿Se ha percatado Vd. bien de lo que significa el que haya sido
una Persona divina (tan Dios como el Padre) la que ha dado su vida para
librarnos –a usted y a mí– de la miseria eterna en el Infierno e introducir-
nos a la comunión más íntima posible con Dios en la felicidad eterna del
Cielo?

4ª pregunta ¿Se ha percatado igualmente de que ha sido Dios Padre el que


ha iniciado personalmente esa obra de salvación, siendo llevado a ello por
el único motivo de su infinito amor misericordioso hacia débiles y hostiles
pecadores? (véase Ro. 5:6-10).
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 46
47 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 5
Examen de las porciones
bíblicas trinitarias

I. INTRODUCCIÓN

Como veremos luego, el N.T. nos ofrece numerosas porciones en las que
claramente se expresa la Trinidad de Personas dentro de la Deidad. ¿Ocurre lo
mismo en el A.T.? Tres son las opiniones de los teólogos sobre este punto:

A) Este misterio está explícito en muchos pasajes del Antiguo Testamento.


A mi juicio, esta afirmación no puede sostenerse, pues equivaldría a tachar
de mala fe a todos los rabinos judíos inconversos.
B) En el Antiguo Testamento no hay ningún indicio de la Trinidad. Creo que
también esta opinión es falsa, (a) primero, porque esto supondría un salto
poco pedagógico en el progreso de la revelación especial de Dios; (b)
segundo, porque, si así fuese, los judíos habrían tenido toda la razón al
rechazar la divinidad de Cristo.
C) Con base en el Nuevo Testamento, el misterio trinitario puede vislumbrar-
se en muchos lugares del A.T. Como muy bien escribió Agustín de Hipona,
«el N.T. está latente en el Antiguo; el A.T. está patente en el Nuevo». Esta
es, sin duda, la opinión correcta.

1. ¿Qué tratamos de demostrar?

Para que todos los puntos de esta doctrina queden claros, vamos a desglosar
la materia en las siguientes proposiciones:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 48

1.1. La Escritura nos habla de tres Personas realmente distintas en Dios.


1.2. Cada una de estas tres Personas es Dios «entero».
1.3. Las tres Personas –Padre, Hijo, Espíritu Santo– son un solo y único Dios.
1.4. El Hijo procede del Padre.
1.5. El Espíritu Santo procede del Padre y, de algún modo, también del Hijo.

Procederemos ahora a demostrar cada una de estas proposiciones.

1.1 La Escritura nos habla de tres Personas realmente distintas en Dios

A) Supuesto que nadie niega la personalidad ni la deidad del Padre (entre


quienes tengan la Biblia por norma de su fe), los lugares del A.T. en los
que aparece de algún modo la Trinidad de Personas de Dios son: Génesis
1:2-3, donde el Espíritu ejecuta la Palabra de Dios (el Padre); Génesis 1:26,
donde el «hagamos» no es un plural intensivo o mayestático como en el
v. 1, puesto que el verbo está en plural; Génesis 3:22: «... el hombre ha
venido a ser como uno de nosotros»; Génesis 11:7: «descendamos» –este
lugar no es tan fuerte–; Isaías 48:16 «... allí estaba yo (el «Enviado» de
Yahweh)... Adonay-Yahweh y su Espíritu»; Isaías 61:1 «El Espíritu de
Adonay-Yahweh está sobre mí, porque me ungió Yahweh».
B) Los textos trinitarios del N.T. son los siguientes: Mateo 3:16-17 (comp. Mr.
1:11; Lc. 3:22); Mateo 28:19 –porción especialmente importante, por
cuanto la repetición de la conjunción «y», como del artículo determina-
do, muestran la real distinción de las Personas, mientras que el singular
«nombre» indica la unidad de esencia–; Hechos 2:32-36 «A este Jesús
resucitó Dios... exaltado a la diestra de Dios, y recibida del Padre la
promesa del Espíritu Santo, derramó esto que veis y oís» –donde es de
notar que el Hijo, exaltado a la diestra del Padre, derrama el Espíritu
Santo, lo «envía» (comp. Jn. 15:26), lo que no podría hacer si no fuese tan
Dios como el Padre y el Espíritu–; 1 Corintios 12:4-6, donde a cada Perso-
na Divina se atribuye una función peculiar para el buen desarrollo de la
edificación de la Iglesia –el «Señor» del v. 5 se refiere claramente al Hijo,
como veremos, D.m., en la Parte II de este Curso–; 2 Corintios 13:14 es
un texto parecido y todavía más explícito que el anterior; Efesios 1:3-14:
Esta preciosa porción, que algunos autores pasan por alto, admite una
clara división –aun cuando se solapan algunos versículos: vv. 3-6 aluden
al Padre; vv. 7-12, al Hijo; vv. 13-14, al Espíritu; Efesios 4:4-6 «... un solo
Espíritu... un solo Señor... un solo Dios y Padre».
49 PARTE I – DIOS CREADOR

A estos textos, para un estudio completo del tema, pueden añadirse los
siguientes: Romanos 8:14-17; 15: 15-16; 2 Corintios 1:21-22; Gálatas 4:4-6; Efesios
2: 18-22; 3: 14-17; 5:18-20; 2 Tesalonicenses 2:13-14; Tito 3:4-6; Hebreos 2:2-4;
10:28-30; 1 Pedro 1:1-2; 4-14; Judas vv. 20-21; 1 Juan 3:23-24; 4:11-16 (en cuanto
a 1 Jn. 5:7, M. García Cordero, en su Teología de la Biblia, vol. II, pág. 467-B.A.C.,
dice lo siguiente: «sólo aparece en las versiones latinas y parece ser una incrus-
tación apologética de los priscilianistas»).

1.2 Cada una de las tres Personas es Dios «entero»

Para este punto, así como para los ya enunciados 1.3, 1.4 y 1.5, véanse las
págs. 147-166 de mi libro Un Dios en tres Personas. Como este libro fue redactado
en 1974, pienso –veintiún años más tarde– que es menester añadir, o corregir,
lo siguiente, hasta el término de esta lección 5:

A) En la pág. 147, sección A), línea 3, después de la referencia de Hechos


17:28, añadir: a la luz de Génesis 2:7 y Lucas 4:38 (Adán, hijo de Dios).
B) En la pág. 149 (final punto 2, y con la vista puesta en la nota 19 –al pie
de la página–, añadir: (ver 1 Jn. 2:22-23 –la lógica de Juan es contundente:
«Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre». En efecto, si en
Dios no hay un Hijo eterno, tampoco puede haber un Padre eterno, ya
que los términos Padre-Hijo son correlativos).
C) En la pág. 143, C), b»), hay dos líneas repetidas.
D) En la pág. 156, después de la nota 22bis de pie de página, y haciendo
también referencia a la nota 13 –pie de la p. 142–, conviene añadir: La
preposición griega «pros», lo mismo aquí que en otros lugares, tiene el
significado de « de cara a». Por eso tras haber escrito que «el Verbo estaba
de cara a Dios», es decir, de cara al Padre, Juan tiene sumo interés en
recalcar de inmediato que ese mismo Verbo «era Dios», énfasis que se nota
en la inversión gramatical que presenta el original, donde literalmente
dice: «y Dios era el Verbo», con el sujeto al final –según indica el artículo–
y el predicado al principio –sin artículo, ya que designa, no la persona,
sino la naturaleza–. ¿Y quién escribe eso? Un judío cristiano, ferviente
monoteísta, como manda Deuteronomio 6:4. Bastaría esto para refutar el
infundio de los «Testigos», quienes traducen: «... era un dios». La diferen-
cia entre Juan 1:1 y Hechos 28:6, a pesar de la semejanza gramatical, es
notoria, pues los que hablan en Hechos 28:6 son paganos y politeístas
(comp. con Hch. 14:11-18).
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 50

E) En la pág. 159, línea 7, después de «estropeado y echado a perder», se


puede insertar la siguiente ilustración: Cuando una máquina o un artefacto
cualquiera se estropea, lo mejor es llevarlo a la misma firma o factoría
que lo fabricó.
F) En la pág. 160, línea antepenúltima, donde en el paréntesis se lee «ruaj»,
es menester corregirlo, poniendo en su lugar «nishmath» = aliento, que
es el vocablo hebreo que allí figura, aunque es sinónimo de «ruaj».
G) En la pág. 161, al final de la línea 4, conviene añadir: como un imán (ver
Mt. 6:21 –donde está el tesoro, allá se va el corazón).
H) En la pág. 163, línea 11, además de las dos referencias (Jn. 1:14; 5:26),
añadir otras 3 del mismo Evangelio (Jn. 3:3-8; 4:14; 7:37-39).
I) En la pág. 165, línea 13 apartado B), añadir, después de la cita de Romanos
8:9; que al Espíritu Santo se le llama también Espíritu de Jesús (Hch. 16:7)
y Espíritu de su Hijo (Gá. 4:6).

2. Observaciones acerca del «Filioque»

Del tema del «Filioque» = «y del Hijo», trato en mi libro Un Dios en tres
Personas, págs. 163-166 y, sin negar lo que digo allí, debo hacer algunas acla-
raciones y precisiones, por haber profundizado más en este asunto recientemen-
te, de la mano del Profesor de Salamanca Dr. Xabier Pikaza, especialista en
Teología Trinitaria, en un libro que ya recomendé en la INTRODUCCIÓN: Dios
como Espíritu y Persona.
La teología tradicional ha sostenido que el Hijo, el Lógos, procede del Padre
por la vía mental, la del intelecto, mientras que el Espíritu, el Pnéuma; procede
del Padre y del Hijo (lat. a Patre Filioque) o del Padre por el Hijo (a Patre per
Filium), por la vía cordial, la de la voluntad. Pero esto no es, quizás, más que
una especulación filosófica, ya que la Biblia no llama al Verbo «el Hijo de la
mente» del Padre, sino «el hijo de su amor (Col. 1:13, lit.).
Dice Orígenes con acierto:

El amor es la Deidad misma. Dios es amor. Cristo es el Hijo del amor.


El Espíritu Santo es Espíritu de amor. De una misma y única fuente de
la Deidad paterna proceden, por vía de amor, el Hijo y el Espíritu Santo.
La abundancia del amor que emana del Espíritu Santo se difunde en el
corazón de los santos, a fin de que los perfectos participen de la natura-
leza divina.
51 PARTE I – DIOS CREADOR

Alguien podría pensar que, si el Hijo es «el Hijo del amor» del Padre, ¿pa-
ra qué necesitamos que haya una tercera Persona Divina como «Espíritu de
amor»? A esto pueden dar cumplida respuesta las siguiente lúcidas líneas del Dr.
Pikaza:

Hijo es quien recibe el ser del Padre. Pero sólo puede realizarse como
Hijo si es que acoge el ser y lo devuelve, en gesto de contemplación que
se explicita en forma de comunión. Hay, por tanto, un camino de dona-
ción que va del Padre al Hijo. Pero hay al mismo tiempo, otro camino
de respuesta que va del Hijo al Padre. En este mutuo don es donde viene
a estar fundamentada, del modo más perfecto, la comunión de esencia
del Hijo con el Padre (o.c. p. 55).

Aunque Pikaza no aporta textos bíblicos a favor de sus afirmaciones, no


resulta difícil hallarlos en abundancia. Por ejemplo, dice Jesús en Juan 5:20:
«Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él (el Padre) hace».
Y en Juan 15:9-10: «Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado;
permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco
en su amor». Como es obvio, el mandato de Cristo de permanecer en su amor
no significa en el amor que él nos tiene, sino en el que nosotros hemos de tener-
le a él (de lo contrario, nuestra unión justificante se quebraría con la comunión
santificante). Una mirada a 1 Juan 4:16b basta para confirmarlo (ver también Jn.
17:24b).
Un paso más y llegamos a lo que, en realidad, constituye el núcleo de la
personalidad, tanto en Dios (en grado perfecto e infinito) como en el ser es-
piritual (ángel y hombre –éste, en su perfección final): ES UNA RELACIÓN
CONSTITUTIVA, PUES TIENE SU ENTRAÑA Y RAZÓN DE SER EN OTRO («ad
alium»).
Así dice Pikaza:

El Padre tiene su autoconciencia y realidad fuera de sí (en el Hijo);


y el Hijo tiene su autoconciencia y realidad fuera de sí (en el Padre); el
Espíritu Santo ratifica la unión de esa doble autoconciencia en forma de
conciencia comunitaria, en eso que podríamos llamar el paso del yo-tú
al nosotros de la realidad definitiva. Dios se puede concebir de esta
manera como el proceso fundante de la personalidad (o.c., pág. 123).
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 52

Abundan en Juan y 1 Juan los textos que muestran esta mutua inmanen-
cia (lo que los griegos llamaban perikhóresis y los latinos circumincesión) del
Padre y del Hijo en el Espíritu (ver, p.ej., Jn. 14:11; 16:15; 17:10, 21; 1 Jn. 1:3;
2:23; 3:24; 4:13). Y conforme a 2 Corintios 13:14, donde hay «comunión» entre,
y con, las Personas Divinas, allí está el Espíritu Santo.
Eso tiene para mí otra derivación que me ilumina mejor el sentido del grito
de angustia del Hijo de Dios en la Cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿a qué fin me
desamparaste?» (Mt. 27:46; Mr. 15:34 –en ambos textos, literalmente). Si pode-
mos decir, con toda razón, que la rotura de la comunión espiritual entre el Pa-
dre y el Hijo fue, durante tres horas de «eclipse», infinita (por lo que significaba
en la sustitución, y porque todo lo que hay en el interior de Dios es infinito),
¿cómo podría haber sido restaurada pronto, y por entero, si ambos –Padre e Hijo–
no estuviesen perfecta y eternamente ligados entre sí por el Espíritu eterno? (ver
He. 9:14).
Llegamos así al final de estas reflexiones sobre la estrechísima unión de las
tres Personas Divinas por su propia constitución personal intratrinitaria. Así es
como podemos ya valorar los pros y los contras del Filioque, como lo hace
Pizaka, en su citado libro, págs. 196-198, que resumo en el punto siguiente.

3. ¿Qué ventajas y desventajas tiene la aceptación del Filioque?

A) La aceptación del Filioque («y del Hijo») por la Iglesia (tanto romana como
reformada) tiene dos ventajas: (a) Sirve para expresar una toma de con-
ciencia de la Iglesia sobre la estrecha unión de las tres Personas de la
Deidad; (b) Sirve para entender mejor, desde la experiencia espiritual del
creyente, el misterio de la inmanencia intratrinitaria. Dice Pikaza: «Un
Espíritu y un Hijo que se encuentren desligados entre sí y que solamente
vengan a implicarse en la raíz común del Padre, terminan resultando
incomprensibles».
B) Por otro lado, la actual formulación del Filioque tiene graves inconvenien-
tes: (a’) Sitúa al Padre y al Hijo en un plano de total igualdad en su espi-
ración del Espíritu, rompiendo la exclusiva primariedad fontal del Padre;
(b’) desemboca en una originación apersonal del Espíritu, pues parece
surgir de una misma realidad común, esencial, no estrictamente personal,
de Dios: (c’) «supondría el sometimiento del Espíritu a Jesús y, en con-
secuencia, el sometimiento del Espíritu al poder de una determinada
jerarquía eclesial (al papa como vicario de Cristo)» (X. Pikaza, o.c., p. 198).
53 PARTE I – DIOS CREADOR

Por consiguiente, y según ha sugerido P. Eudokimov (citado por Pikaza),


el Filioque es ortodoxo siempre que se encuentre compensado por el Spirituque
correspondiente. El Espíritu procede del Padre por el Hijo o a Patre filioque;
el Hijo, por su parte, procede a Patre Spirituque (del Padre y del Espíritu). Otro
teólogo ruso ortodoxo, S. Verkhovsky, ha presentado una solución dialéctica
(síntesis de las fórmulas griegas –vertical– y latina –triangular–) del problema
del Filioque:
El a Patre del principio se completa por medio del per Filium y per Spiritum,
suscitándose de esa forma una movimiento trinitario en dos direcciones: (a) Por
un lado, se pasa desde el Padre por el Hijo al Espíritu, para retornar así hacia
el Padre; (b) en la otra mano, se va desde el Padre por el Espíritu hacia el Hijo,
retornando al Padre. La vida de Dios se identifica con ese movimiento dual de
perijóresis que vincula a las personas desde el Padre y con el Padre, realizando
de esa forma la única esencia divina» (citado por Pikaza, o.c. págs. 202-203).
Después de tales profundidades teológicas, no se me ocurre cosa mejor para
terminar esta Lección 5 que transcribir dos líneas del Kempis que aparecen en
la 1ª página de su Imitación de Cristo:

«¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad si no eres


humilde, por donde desagradas a la Trinidad?»
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 54

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 5

1ª pregunta ¿Cree usted que las reflexiones teológicas sobre si el Espíritu


Santo procede también del Hijo tienen alguna importancia para la vida
espiritual del creyente?

2ª pregunta Después de leer la sabia reflexión del Kempis a favor de la


humildad, ¿cree usted que merece la pena profundizar en el misterio
trinitario?

3ª pregunta De la presente lección, ¿qué porción bíblica o qué reflexión


teológica le ha servido a usted de mayor provecho espiritual?
55 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 6
Nuestra comunión en
el misterio trinitario

I. INTRODUCCIÓN

Acerca de este tema, son 3 las posturas diferentes:

A) Algunos místicos medievales, como Eckart, llegaron hasta sostener una


identificación de tipo panteísta; al menos, en expresiones tan audaces
como la siguiente: «Sin mí, Dios no podría ni engendrar el Verbo».
B) Al otro extremo van autores que niegan (K. Barth) o parecen negar (L.Sp.
Chafer) la analogía del ser; para éstos, no es posible ni la imitación de
la Trina Deidad.
C) En mi opinión, el justo medio está en las afirmaciones siguientes: (a) Es
posible la imitación de la Trina Deidad en sus funciones intratrinitarias;
(b) Siempre a escala humana, la comunión (ver el griego original de 2
P. 1:4) nuestra en la naturaleza divina nos introduce en la intimidad de
la Familia de la Trina Deidad (véase Jn. 14:23) hasta unas profundidades
que sólo en el Cielo podremos vivir y entender.

1. ¿Cómo se imita al Padre?

1.1. Proclamando (pronunciando) la Palabra (el Evangelio), con lo que, de


algún modo, se engendra a Cristo en los oyentes (ver Gá. 4:19) y se engendra
a los oyentes en Cristo (ver 1 Co. 4:15).
1.2 Alentando el Espíritu (ver Ef. 5:18-19), con lo que se imita la espiración
conjunta del Padre y del Hijo.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 56

1.3. Participando en las actividades de la Iglesia, ya que las actividades (gr.


energémata) tienen como agente principal a Dios (Padre), como puede verse
en 1 Corintios 12:6.

2. ¿Cómo se imita al Hijo?

2.1. En la obediencia hasta la muerte (véase Fil. 2:7-8; He. 10:5ss.), en


respuesta a la Palabra del Padre, con la que expresa Su voluntad (ver Mt. 4:4;
Lc. 4:4; Jn. 4:34). ¿Podemos decir, como Jesús, «Mi comida es hacer la voluntad
del Padre»? ¡Alimentarse, vivir, de obedecer a Dios!
2.2. En su humildad, hasta el vaciamiento de sí mismo (ver Fil. 2:7-8). No
hay modo de ser llenos, si no estamos vacíos de nosotros mismos («negarse a
sí mismo») y dependemos en todo de la acción de Dios (éste es el verdadero
sentido de Hab. 2:4 «el justo, por su fidelidad vivirá»):
2.3 En su ministerio (= servicio –no mando–, griego: diakonía –de la Iglesia,
como puede verse en 1 Co. 12:5; Gá. 5:13). Como él mismo dijo, en Mateo 20:28:
«... el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir (¡para ser útil!)
Y para dar su vida en rescate por muchos». ¡Esto sí que es desvivirse del todo!
(comp. 2 Co. 12:15). ¿Y nosotros? ¿Somos comodones, egoístas? ¿O estamos
dispuestos a desvivirnos por el hermano o la hermana?

3. ¿Cómo se imita al Espíritu Santo?

3.1. En el amor con que él corresponde al Padre amante y al «Hijo de su


amor» (Col. 1:13).
3.2. En la unión que él lleva a cabo de 3 maneras:

A) Horizontal en la cumbre intratrinitaria, uniendo al Padre y al Hijo.


B) Vertical en ambos sentidos (de la Trina Deidad a nosotros y de nosotros
a la Deidad), uniendo a las tres Personas Divinas con nosotros, y unién-
donos a nosotros con la Trina Deidad.
C) Horizontal en la base, uniendo estrechamente a los creyentes entre sí,
como miembros de un solo Cuerpo que es la Iglesia.

3.3. En el uso de los dones, como puede verse en 1 Corintios 12:4.


57 PARTE I – DIOS CREADOR

4. El equilibrio trinitario en la Iglesia

Como acabamos de ver por 1 Corintios 12:4-6, aplicada, en los puntos 2,


3 y 4 de la presente lección 6ª, respectivamente al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, la Iglesia, a imitación de la Trina Deidad (en perfecto equilibrio
intratrinitario), sólo funciona bien cuando hay en equilibrio perfecto entre la
actividad (no el activismo –iniciativa y protagonismo humanos), la proclamación
del mensaje– en ministerio ortodoxo, competente y preparado, y el entusiasmo,
no autogenerado, sino «inspirado» y fomentado en la oración, para ser expresa-
do en un testimonio y una predicación donde el calor y el poder de arriba son
manifiestos. Es algo que no se improvisa y que no puede suplirse con gritos y
gestos, más propios de un actor de teatro que de un ministro de Dios y de un
testigo del Señor Jesucristo (Hch. 1:8).
En todo esto, no puede olvidarse la doble vertiente de misterio y misión –los
dos elementos complementarios de la esencia de la Iglesia.

A) Como misterio, la Iglesia es la congregación de los hijos de Dios que


forman un solo Cuerpo, teniendo a Cristo por Cabeza, por Esposo y por
cepa en la que están injertados para dar fruto suave a Dios Padre; ovejas
de un solo rebaño, con Jesús como Buen Pastor. Es una hermandad
espiritual en la que todos y cada uno deben preocuparse por el bienestar
de todos los demás. Ese bienestar incluye espíritu, alma y cuerpo de cada
hermano y hermana: lo espiritual, lo moral, lo psicológico y lo material,
pues la persona es un todo integrado, no un espíritu incorpóreo, como
puede verse por lugares como Lucas 19:10 (todo estaba perdido, y todo
necesita búsqueda y salvación); 1 Corintios 6:19-20 (también nuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo, comprado a precio para glorificar a
Dios en el cuerpo –¡los MSS más antiguos no incluyen lo de «y en vuestro
espíritu»!); 2 Corintios 5:10 (ante el tribunal de Cristo, hemos de dar cuen-
ta de todo lo que hemos hecho «por medio del cuerpo» –lit. ¿Y qué es lo
que nuestro espíritu puede hacer sin que en ello intervenga nuestro
cuerpo? Para concebir la idea más sublime, nuestro espíritu necesita la
colaboración del cerebro, que, al fin y al cabo, es materia); 1
Tesalonicenses 5:23 (también el cuerpo ha de ser «preservado
irreprensible» en la Venida del Señor).
B) Como misión, la Iglesia es: (a) sal de la tierra (Mt.5:13), no para regenerar
lo podrido, sino para preservar de la corrupción lo sano. ¿Preservamos
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 58

o corrompemos aún más? (ver Ef. 4:29); (b) luz del mundo (ver Mt. 5:14-
16; Fil. 2:15; Ef. 5:8; 1 Ts. 5:5; 1P. 2:9; 1 Jn. 1:7; 2:10). ¿Damos luz, de la
luz verdadera? (ver Jn. 1: 4-9; 8:12; 9:5; 12:46). ¿O acaso nuestras palabras
y nuestra conducta causan confusión y mayores tinieblas entre las per-
sonas que nos rodean o nos observan?; (c) testigos del Amor crucificado
y resucitado (ver Hch. 1:8). El amor ama a la persona entera (v. lo dicho
en A). Por eso, la Iglesia y cada creyente han de procurar el bien de todos
(a imagen de Dios –Sal. 145:9; Gá- 6:10– nótense los dos círculos: «a todos»
–el más amplio–; «especialmente a los de la familia de la fe» –el más
íntimo). Cada cristiano debe poner por obra la parábola del buen sama-
ritano (Lc. 10:30-37). Aun cuando el cristianismo no es un manifiesto
revolucionario, por su propia esencia –por tratar al hombre como a un
todo, tiene ineludiblemente una dimensión social. Por ese motivo, no me
explico cómo puede haber personas que se llamen cristianas, e incluso
enteras denominaciones, que descuidan o ignoran esta dimensión social
del Evangelio (a veces, no sólo con relación a los «de fuera» –el círculo
amplio–, sino también con relación a «los de la familia de la fe»). De ahí,
las torcidas, o parciales, interpretaciones del vocablo «cuerpo» –escueto
en el original griego– en 1 Corintios 11:29. ¡Se olvida todo el contexto,
tanto anterior como posterior!

Al otro extremo se llega en lo que ya está acuñado como Teología de la


liberación, donde, partiendo de una relativización de la liberación llevada a ca-
bo por Yahweh en favor de su pueblo Israel, se saca la conclusión de que los
valores materiales de la salvación tienen cierta prioridad sobre los valores es-
pirituales. No se puede trastornar impunentemente la correcta subordinación de
los medios, por el trastorno en la subordinación de los fines. Es cierto que lo
que se salva o se pierde no es el alma, sino la persona, y la sustitución de «alma»
por «persona» en algunos Salmos es sólo una figura de dicción (sinécdoque =
la parte por el todo); sin embargo, no cabe duda de que, en la jerarquía de los
elementos integrantes de la persona, lo espiritual ocupa la cima.
59 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 6

1ª pregunta Insisto sobre el mismo tema. ¿Cree usted que las reflexiones so-
bre la imitación de la Trina Deidad pueden ser provechosas para la vida
espiritual, o piensa que son malabarismos teológicos y ganas de «rizar el
rizo»?

2ª pregunta ¿Qué nos sugieren, para su imitación, textos como Juan 4:34;
Filipenses 2:7-8; Mateo 20:28 y Salmos 145:9, entre otros muchos?

3ª pregunta ¿Es usted de los que piensan que el creyente no debe tener nin-
gún contacto con el mundo? ¿En qué sentido entiende el vocablo «mundo»?
Para dar la respuesta adecuada, lea detenidamente Juan 17:9-26.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 60
61 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 7
Características generales de
las perfecciones divinas

I. INTRODUCCIÓN

Como Dios es un Ser Infinito y, al mismo tiempo, Purísimo = Ser sin mezcla
de no-ser: sin mancha, sin límites, sin accesorios que se adhieran al Puro-Ser,
nuestro entendimiento (impuro, limitado, encasillado en una zona del ser) no
puede captar toda la grandeza y belleza espirituales de ese Infinito y Purísimo
Ser. Por eso, la Biblia nos presenta, de boca del propio Yahweh (Éx. 34:6-7) el
recuento de aquellas perfecciones con las que Él mismo quiso que su pueblo
lo reconociera, adorara y sirviera.

1. Las 13 perfecciones de Dios

En la citada porción de Éxodo 34:6-7 leemos lo siguiente (pondré por mi


cuenta la numeración de las perfecciones): «Entonces pasó Yahweh por delante
de él (Moisés) y proclamó: “Yahweh es (1) Yahweh, (2) Dios, (3) compasivo y
(4) apiadado, (5) lento para la ira y (6) abundante en misericordia y (7) verdad;
(8) el que guarda misericordia a millares –comp. Éxodo 20:5–, (9) el que perdona
la iniquidad, (10) la transgresión y (11) el pecado, (12) pero no lo deja impune,
(13) sino que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos
de los hijos hasta la tercera y cuarta generación”».
Varios detalles destacan en esta numeración de perfecciones reveladas por
el propio Dios a Moisés:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 62

A) Moisés y el pueblo deben saber que el único Dios que sabe, quiere y
puede salvar es Yahweh, el Dios de Israel. Con esto tienen bastante para
creer y confiar en él y depender exclusivamente de él.
B) Yahweh no necesita así expresar por separado Su infinitud, omnipoten-
cia, omnisciencia, omnipresencia, santidad, benevolencia, etc. Le basta
con poner de relieve Su disposición a compadecerse, frenar Su ira, mostrar
Su abundante misericordia y perdonar. Así quiere especialmente ser re-
conocido por los Suyos. Jonás (v. Jon. 4:2) recuerda cuatro de estas
perfecciones de bondad con un «sabía yo» que, en el original es el gran
verbo hebreo yadóa. Nada menos que nueve de las trece perfecciones
enumeradas en Éxodo 34:6-7 reflejan esta faceta bondadosa de Dios.
C) Aunque la pedagogía misma de un buen Padre le obliga, por decirlo así,
a emplear la disciplina (perfecciones enumeradas como 12 y 13, a la vista
de Hebreos 12:16-11), este castigo –que puede ser de tipo físico, sin
olvidar los factores de herencia, mala educación y mal ejemplo por par-
te de los padres– no va más allá de la cuarta generación, mientras que
Su misericordia se extiende a millares, no sólo de personas, sino también
de generaciones, como se ve por otro lugar semejante: Éxodo 20:5-6.
Además, el número mil no marca aquí un límite, sino que equivale al
infinito potencial.

2. ¿Representa el vocablo «Yahweh» una «definición» de Dios?

El A.T. nos define a Yahweh como el Santísimo en la triple repetición de,


p.ej., Isaías 6:3, equivalente a un superlativo. En el N.T. hallamos tres definicio-
nes expresas de Dios: «Dios es Espríritu « (Jn. 4:24) que refleja Su naturaleza
esencial; «Dios es luz» (1 Jn. 1:5), que expresa Su santidad ontológica y moral;
y «Dios es amor» (1 Jn. 4:8, 16), donde se recalca, por repetición, Su benevolencia
sin límites.
A primera vista, Éxodo 3:13-14 parece darnos, de labios del propio Dios,
una auténtica, especial, definición de Dios; ahora bien, ¿es así? Veamos los que
dice lieteralmente el texto sagrado: «Y dijo Moisés a Dios: He aquí yo voy a los
hijos de Israel y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”,
y me dicen: “¿Cuál (es) su nombre?, ¿qué les diré?” Y dijo Dios a Moisés: “YO
SOY EL QUE SOY” (heb. Ehyeh asher ehyeh-lit. Vendré a ser el que vendré a
ser) me ha enviado a vosotros».
63 PARTE I – DIOS CREADOR

Por el contexto vemos que Moisés, aun apelando a un «Dios conocido» («El
Dios de vuestros padres», pregunta por su «nombre», no por una «etiqueta» –no
es ése el sentido de «nombre» entre los israelitas–, sino por hechos que den fama
al Dios de Israel ante el pueblo y ante las demás naciones. «¿Cuál es su nombre?»
equivale, según Hertz (o.c., pág. 215) a preguntar: «¿Cuáles son los hechos
poderosos (comp. Éx. 9:16) que puedes referirnos de Él –cuál es su poder– para
que podamos dar oídos al mensaje que nos traes de su parte?».
Tengamos en cuenta que los israelitas están en Egipto desde hace muchos
años, y están sufriendo una dura esclavitud a manos de los egipcios. No les
importan las definiciones metafísicas –ni aun teológicas de su Dios. Quieren
saber si este Dios de sus padres que ha hablado a Moisés tiene poder y voluntad
para sacarles del atolladero. De ahí que Yahweh se apresure a añadir en el
versículo siguiente (v. 15): «Y dijo todavía Dios a Moisés: “Así dirás a los hijos
de Israel: Yahweh, Dios de vuestros padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac y
Dios de Jacob me ha enviado a vosotros”. Este (es) mi nombre para siempre,
y éste (es) mi recuerdo de generación en generación». Como diciendo: «Yo soy
el de siempre; como estuve con vuestros padres, estaré con vosotros por todas
las generaciones». Ahora sí que podían los israelitas confiar en que su liberación
era segura y estaba próxima.
Podemos resumir diciendo que el vocablo YHWH (sin las vocales) indica
tres conceptos, escalonados de la manera siguiente, partiendo del más importan-
te desde el punto de vista histórico-gramatical:

A) Dios no cambia. Su eterna fidelidad y su misericordia inmutable se


manifiestan más y más en la liberación y guía de su pueblo.
B) Dios es trascendente, inefable. No hay palabras que puedan expresar lo
que Dios es y lo que puede hacer por su pueblo.
C) Dios existe por sí mismo. Dios tiene en sí mismo la fuente y razón de
su ser, su vida y su poder. Por eso, ha sido siempre y será: es eterno.

3. ¿Cuál es la expresión correcta: «a se» o «per se»?

Para contestar a esta pregunta, copio primero de mi libro UDETP, pág. 55:

Los escritores eclesiásticos y los teólogos de todos los tiempos han


visto en el «YO SOY EL QUE SOY» la expresión del «existir por sí mismo»
que distingue radicalmente a Dios de todos los demás seres y que es, por
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 64

decirlo así, el concepto primordial de la naturaleza divina, del que todos


los atributos divinos fluyen espontáneamente y en el que todos encuen-
tran Su pureza, su infinidad y su perfección. La Teología Medieval lo acuñó
en la frase latina «Esse per se subsistens» = el ser que existe y subsiste por
sí mismo, de donde le ha venido a este concepto el nombre de «aseidad»
o «perseidad». Sin embargo, es preciso insistir en que no se trata de un
concepto metafísico, frío, abstracto, sino de una manifestación activa y
concreta del eterno ser de Dios.

A esto, que escribí en al año 1974, debo añadir ahora la siguiente matiza-
ción: De esos dos vocablos, aseidad y perseidad, me parece más acertado el de
perseidad (J. Auer. o.c., págs. 371ss., prefiere el de aseidad), puesto que el de
aseidad sugiere, en mi opinión, que Dios es causa de sí mismo, error funesto
y peligroso, porque equivaldría a poner en Dios un momento –por breve que
fuese– en que estaría actuando como causa antes de existir como efecto. En
cambio, la perseidad da a entender que Dios tiene en su misma esencia la razón
de su existencia. Dicho de otro modo: DIOS ES EL ÚNICO SER NECESARIO.

4. Modos de distribuir en clases las perfecciones divinas

Dejo para los interesados en disquisiciones filosófico-teológicas todo lo que


digo en mi libro UDETP, págs. 63-67 y, de todas las clasificaciones allí apuntadas,
me quedo con la división de las perfecciones divinas en comunicables e
incomunicables.
Las primeras se afincan en la naturaleza divina, como principio radical de
conducta, y pueden resumirse en dos: santidad y benevolencia. No sólo es
posible su comunicación por parte de Dios, sino también obligatorio de nuestra
parte el imitarlas. De ellas trataremos respectivamente en las lecciones 14 y 15
del presente volumen. Las incomunicables se afincan en la esencia divina, por
lo que son exclusivamente propias de las tres Personas de la Deidad. De ellas
trataremos en las lecciones 8 a la 13, inclusive.
65 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 7

1ª pregunta ¿Está usted de acuerdo en que, como ha dicho un autor inglés,


«Dios no permite que se derrame innecesariamente ni una sola lágrima de
sus hijos»?

2ª pregunta El famoso escritor inglés C.S. Lewis, que escribió cosas tan
hermosas en su libro The Problem of Pain (El problema del dolor –hay
edición castellana), sufrió una grave crisis de fe al final de su vida porque
Dios no obró como él quería respecto a la salud de una joven inválida, con
la que se había casado movido por una compasión que se transformó en
total enamoramiento. ¿Dónde cree usted que radicó este grave fallo de C.S.
Lewis? ¿Qué debemos hacer cuando las cosas no marchan por el camino
que deseábamos nosotros?

3ª pregunta ¿De qué forma reacciona cuando en los medios de comunicación


(prensa, radio, televisión) es deshonrado el carácter santo de Dios?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 66
67 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 8
Raíces últimas de las
perfecciones divinas

I. INTRODUCCIÓN

Discuten los teólogos sobre cuál es la perfección radical de Dios, es decir,


la que da su razón de ser y su tono diferencial a todas las demás perfecciones
divinas. Tres son las opiniones acerca de esto, siendo así tres las perfecciones
respectivas que reclaman para sí el ser raíz de las demás: la infinitud, la sim-
plicidad y la unicidad. Es mi opinión que la perfección radical es la simplicidad,
de la que se derivan las demás. Voy a tratar de demostrarlo.

1. ¿En qué consiste la simplicidad de Dios?

Entendemos por simplicidad la perfección por la cual Dios es el Ser Pu-


rísimo, sin posible composición. Si yo digo de un objeto que es «de oro puro»,
quiero decir que es todo oro, y sólo oro. Pero si esta pureza la elevo a la suprema
y universalísima categoría del «ser», eso significa que Dios es el ser por esencia,
sin mezcla de no-ser.
En efecto, Dios tiene en sí mismo su razón de existir, nadie le ha dado el
ser, no lo tiene prestado, es el ser mismo, sin defecto alguno ni limitación, porque
la noción de ser no puede incluir dentro de sí su contrario = el no-ser. Esto hace
que Dios sea infinito y, al mismo tiempo, absolutamente único.
A primera vista, esta simplicidad de Dios parece un obstáculo para que en
él pueda haber tres Personas realmente distintas. Sin embargo, es menester tener
en cuenta que la simplicidad se refiere a la esencia, al «ser», de Dios, que es uno
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 68

y único en las tres Personas divinas. A su vez, estas tres Personas no son partes
o sustancias de las que Dios se componga, puesto que cada una de las tres
Personas es Dios entero, como ya vimos en la lección 5 de esta Parte.

2. ¿Qué damos a entender cuando decimos que Dios es infinito?

«Infinito», como lo expresa el vocablo mismo, significa «no-limitado». No lo


limita su esencia, porque es el ser puro; no lo limita su naturaleza, porque es
Espíritu; no lo limita el espacio, porque es inmenso, y no lo limita el tiempo,
porque es eterno.
La Biblia tiene, entre otros muchos lugares, dos porciones especialmente
relevantes a este respecto: 1 Reyes 8:27, donde Salomón reconoce esta perfec-
ción divina en su oración con ocasión de la dedicación del templo, y Hechos
17:24-28, donde Pablo se apoya en esta perfección para exponer la falsedad de
las deidades veneradas por los atenienses.
Esta infinitud de Dios no debe concebirse como un inmenso océano en el
que todos los seres creados estén inmersos, sino como una pura energía capaz
de estar viva y activa, entera y al mismo tiempo, en todos y cada uno de los
lugares y seres posibles y existentes (más sobre esto, en la lección 12 de esta
Parte).

3. Dios es uno, único e indivisible

La verdad fundamental de la doctrina del A.T. está expresada en Deute-


ronomio 6:4, cuya única versión correcta es la siguiente: «Escucha Israel: Yahweh
es nuestro Dios, Yahweh es único». Recomiendo la lectura de J. Auer, o.c. págs.
445-454, para entender bien esta perfección divina.
La unidad única e indivisible de Dios aparece igualmente expresada en el
N.T., precisamente junto a una clara revelación de la Trina Deidad (v. p.ej. 1 Co.
8:6; Ef. 4:6; 1 Ti. 2:5).
Para ofrecer una mayor información, podemos decir que hay tres clases de
unidad:

A) Unidad predicamental o numérica. Cada ser individual es «uno» entre los


de su misma clase, de forma que se le puede numerar: uno, dos, tres, etc.
Esta unidad no es aplicable a Dios, porque es radicalmente diferente de
todo ser; no puede ser «uno de tantos» de una misma serie.
69 PARTE I – DIOS CREADOR

B) Unidad trascendental o esencial. Cada ser individual es también «uno» en


el sentido de estar integrado en sí mismo y diferenciable de cualquier otro
ser. Cuanto más perfecto es algo en la escala del ser, mejor integrado se
halla. Lo podemos observar fácilmente ascendiendo desde el mineral,
cuya integración no va más allá de la cohesión molecular y atómica de
sus fragmentos, hasta llegar al Sumo SER, cuya integración se asienta en
la simplicidad radical de su esencia.
C) Unidad de singularidad o unicidad. Es la que corresponde a un ser por
su condición irrepetible de necesidad existencial y de suficiencia ina-
lienable. Voy a aclarar esto, pues es muy importante para demostrar que
no puede haber dos seres que puedan llamarse «el Dios verdadero». En
efecto, Dios tiene que ser individualmente único. Puesto que Dios es el
Ser Purísimo que transciende géneros, especies y diferencias, si hubiese
dos Dioses verdaderos, tendríamos que: (a) no podrían diferenciarse en
nada, ni siquiera en ser «dos números de la especie divina», pues esto
comporta la composición de número y especie; (b) ninguno de los dos
sería soberano y, por tanto ninguno de los dos sería verdadero Dios. En
efecto, la soberanía de Dios requiere, no sólo ser el «Señor y Gobernador
Supremo», sino también el que todos los demás seres le estén sometidos,
lo cual sería imposible si hubiese dos Dioses iguales. Un ejemplo sencillo
lo ilustrará: Supongamos que ambos Dioses se disponen a crear el mundo.
Tendrán que ponerse de acuerdo; ¿o podrá acaso el uno impedir que el
otro lleve a cabo su decisión? A la legua se ve que la libertad absoluta
y la independencia esencial del Ser Supremo quedan destruidas. Notemos
que cada uno de ellos tiene su mente individual propia, su propia volun-
tad, su propia capacidad de acción, etc. No es el mismo caso que el que
vemos en Génesis 1:26 «Luego dijo Dios: Hagamos al hombre, etc.», pues
aquí las tres Personas de la Deidad actúan con una misma mente indi-
vidual, una sola voluntad, una misma agencia de ejecución.

4. Dios es Soberano

El vocablo «soberano» significa que algo o alguien está «sobre» los demás.
Esta soberanía se aplica a Dios de dos maneras:

A) Soberanía de posición, por la cual Dios es infinitamente superior a todo


lo creado.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 70

B) Soberanía de poder, por la que Dios es omnipotente, tiene el supremo


y absoluto poder sobre todo lo creado. Las Escrituras nos revelan la forma
perfectísima con que Dios ejercita su poder de dominio, dirección y
control. Por una parte, no es un dictador que impone arbitrariamente
sus leyes; por otra, no es un soberano efímero y transitorio que necesita
un día abdicar o delegar su función suprema.

La Biblia nos dice, a este respecto, que Dios tiene un plan (Hch. 15:18),
plan que abarca todo el destino del Universo (Ef. 1:11); que Él controla perfec-
tamente (Sal. 135:6); que, a pesar de implicarle en todo lo que sucede, le exime
de toda complicidad en el mal (Pr. 16:4); y que, en último término, redunda
admirablemente en la «alabanza de su gloria» (Ef. 1:14).
Más sobre esto, en las lecciones 13 y 20 de esta Parte.

5. Dios es Espíritu Purísimo

Resumiendo lo que digo en mi libro UDETP, págs. 74-75, diré que el vocablo
«espíritu» puede tomarse en tres sentidos: (A) de «fantasmas» (ver Lc. 24:37, 39);
(B) de «aliento vital» y «viento» (véase Gn. 2:7; Ez. cap. 37; Jn. 3:3-8). En este
sentido se entiende, cuando hablamos del Espíritu Santo; (C) de naturaleza
«inmaterial, invisible» (ver Jn. 4:24). En este sentido, el vocablo «Espíritu» define
la naturaleza de Dios como Alguien que carece totalmente de materia y figura
corpórea y no cabe asignarle extensión, dimensiones ni puede entrar en com-
posición con lo que es material (ver Lc. 24:39; Is. 40:18, 25; Ro. 1:20; Col. 1:15;
1 Ti. 1:17). Sin embargo, en la Persona del Hijo preencarnado, del «Ángel de
Yahweh», puede tomar la figura real de un «varón» (v. p.ej. Gn. caps. 16, 18 y
22, entre otros muchos).
Tomando ahora este último sentido, veremos que hay tres modos de existir
con una naturaleza espiritual (a) El ser humano es compuesto de materia y
espíritu; más preciso: de cuerpo orgánico y alma espiritual. Tiene un espíritu,
pero no es un espíritu. La Biblia habla del «espíritu del hombre» (1 Co. 2:11) y
de los «espíritus de los justos» (He. 12:23), pero cuando menciona «espíritus», sin
más, podemos estar seguros de que trata de seres inmateriales (v. p.ej. Lc. 11:26;
1 P. 3:19). (b) Los ángeles, tanto los buenos como los malos, son espíritus puros,
porque carecen de materia en su constitución física, aunque la Biblia llama
inmundos a los demonios por su condición moral. (c) Dios es llamado Espíritu
Purísimo, no sólo porque carece de materia como los ángeles, sino también
71 PARTE I – DIOS CREADOR

porque sólo Él posee la simplicidad radical del ser, como vimos anteriormente.
Es cierto que las Escrituras nos presentan a Dios como teniendo ojos, oídos,
manos, brazos, corazón, etc., pero se trata de la figura de dicción llamada
«antropomorfismo», con la cual la palabra de Dios se adapta a nuestro modo de
expresar la vida de relación entre las personas, ya que nuestro Dios es un Dios
personal.
Nuestra dificultad en formarnos una idea propia, adecuada, de las realida-
des espirituales se basa en el hecho de que nuestro conocimiento directo de las
cosas depende del mundo que abarcan nuestros sentidos. Sólo lo material, o lo
envuelto en materia, es directamente experimentable. Pero el hecho de que no
podamos ver, oír y palpar un objeto no significa que sea inexistente. En realidad,
lo espiritual es superior a lo material en la escala del «ser»; por tanto, tiene una
realidad superior. Nadie ha visto el talento de un Einstein o el genio militar de
un Napoleón, pero se han conocido por sus efectos: los descubrimientos cien-
tíficos de Einstein y las victorias impresionantes de Napoleón. De modo pare-
cido, la Biblia nos dice que nadie ha visto jamás a Dios (Jn. 1:18; 1 Ti. 6:16),
pero también nos dice que su eterno poder y deidad se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo (Ro. 1:20), así como su revelación especial ha
añadido un conocimiento más perfecto de su carácter santo y misericordioso
(ver Sal. 19).
Respecto a este punto, sólo resta añadir, para evitar confusiones, que los
vocablos «espíritu», «espiritual», «espiritualidad», suelen significar algo muy dife-
rente de lo que aquí estamos tratando: Todo lo que afecta a la percepción de
las profundidades de Dios..., las cosas que son del Espíritu de Dios (1 Co. 2:10-
14), algo que supone una iluminación sobrenatural, de vida eterna (véase Jn.
1:4, 9) y es producto de la implantación de la divina naturaleza (2 P. 1:4), con
lo que se obtiene una «renovación de la mente» (Ro. 12:2), es decir, una comple-
ta re-orientación de unas facultades espirituales –en cuanto a su naturaleza
física–, pero que estaban orientadas exclusivamente, de modo egocéntrico, hacia
el propio sujeto, sin apertura real ni hacia Dios ni hacia el prójimo.

6. Conclusión devocional

Quiero terminar esta sección general sobre las perfecciones divinas, tra-
duciendo del inglés el párrafo con el que C.C. Ryrie concluye su exposición.
Dice así:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 72

Para concluir, un pensamiento importante acerca de las perfecciones


de Dios: describen el único Dios verdadero que existe. El hombre crea
sus propios falsos dioses a los que puede manipular y controlar. El pueblo
cristiano se forja, a veces, un concepto erróneo o deficiente de Dios por
la misma razón –para poder manipularlo o para no tener que confrontar
al Dios verdadero y vivo. Pero el único Dios real que existe es el que se
revela primordialmente en la Biblia, y que se revela por estos atributos
o perfecciones de su ser. Para poder conocer a este Dios vivo y verdade-
ro, se requiere un milagro de la bondadosa revelación de Sí mismo. El
caminar en adoración con este Dios vivo y verdadero es el privilegio de
todos los que le conocen.
73 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 8

1ª pregunta ¿Le dice algo, para su vida espiritual, el hecho de que Dios es
el puro ser?

2ª pregunta No cabe duda de que lo material es palpable y , por ello, ofrece


evidencia directa de su existencia; en cambio, lo espiritual no se presenta
a nuestra mente con evidencia directa, pues no nos entra por vía sensorial.
De ahí, el porcentaje tan alto de materialismo en nuestra sociedad occiden-
tal, tanto a escala nacional como internacional. ¿Se explica por sí mismo este
fenómeno o necesita una explicación más profunda?

3ª pregunta Abundando en lo mismo, ¿qué podemos hacer para cambiar este


modo de devaluar las realidades espirituales? También los creyentes esta-
mos en peligro de ceder ante la fascinación de lo concreto (placer, poder,
dinero, posición social, etc.), máxime teniendo en cuenta la condición del
ambiente en que nos movemos.

4ª pregunta ¿Por qué se siente Dios tan celoso contra las imágenes de toda
clase –incluso las que tienden a representar al único Dios verdadero en
figuras externas o hasta en formas mentales? La respuesta de usted es de
una importancia incalculable.

5ª pregunta ¿Puede la soberanía absoluta de Dios disminuir nuestra confianza


al dirigirnos en oración al «trono de la gracia»?

6ª pregunta ¿Cree usted que el problema sobre la unicidad de Dios tiene su


raíz en el dilema que presenta a cada ser humano sobre la clase de «Amo»
que tiene que escoger, o en el conocimiento lo más profundo posible del
Dios que se nos ha revelado en la Biblia, en Jesucristo y en la experiencia
personal mediante su Espíritu?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 74
75 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 9
La eternidad de Dios

I. INTRODUCCIÓN

La eternidad de Dios es una perfección que nos interesa de modo especial,


porque, si sabemos que nuestro Dios siempre ha existido y nunca dejará de
existir, podemos estar seguros de que todo lo que nos afecta como a hijos suyos
amados está, y ha de estar por siempre, bajo su dirección y control.

1. La eternidad frente al tiempo

Los filósofos, tanto antiguos (p.ej. Agustín de Hipona, el emperador roma-


no Marco Aurelio) como modernos (p.ej. Balmes, Heidegger, Sartre), han diser-
tado largo y tendido sobre el tiempo y la eternidad. Pero el creyente cristiano,
para analizar lo eterno y lo temporal, va a la Biblia antes que a cualquier filósofo,
porque en la Biblia halla la revelación especial, personal, que Dios ha hecho
de sí mismo a nosotros los hombres y, de este modo, nos ha declarado infa-
liblemente lo que vale su eternidad frente a la efímera transitoriedad humana.
De ello nos advierte, entre otras porciones bíblicas, el Salmo 90 (léanse despacio
los vv. 1-12).
Es curioso constatar que, mientras los países limítrofes de Israel (Siria,
Egipto, Asiria, Caldea, Grecia, Roma) ponían a sus dioses un comienzo de exis-
tencia, la Biblia presenta a un Dios sin principio, sin fin, sin cambio ni sucesión.
El cristianismo recibió esta enseñanza bíblica y la ha mantenido incólume,
a pesar de las distorsiones que la verdad revelada ha sufrido, a lo largo de los
siglos, en las distintas ramas de la cristiandad. El filósofo romano-cristiano Boecio
(† 524 d.C.) definió la eternidad de Dios del modo siguiente: «La posesión
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 76

perfecta, y simultáneamente total, de la infinita vida divina». Por su parte, el


filósofo griego del siglo IV a.C., Aristóteles, definió el tiempo de la siguiente
manera: «La numeración del movimiento según un antes y un después».
La definición que Boecio dio de la eternidad merece un análisis detallado:
(a) Habla de «vida», con lo que este vocablo implica en cuanto al ejercicio de
las facultades de toda índole. (b) Esta vida es «infinita», puesto que es «divina».
(c) Por eso, es «poseída perfectamente» –es decir, tenida y disfrutada– por Dios.
Una vida inactiva, triste, miserable –como la de los condenados en el Infierno–
no es vida eterna, sino existencia inmortal. (d) Esta vida infinita, Dios la posee
por entero en cada uno de los momentos lógicos en que nuestra mente imagina
una duración que carece de cambio y sucesión; por eso añade Boecio «simul-
táneamente total».

2. Algunas ilustraciones

A) Para nosotros, que vivimos en el tiempo, la noción de eternidad resulta


extremadamente difícil de comprender. Así que cualquier ilustración se
queda corta de alcanzar su objetivo. Quizás algún alumno acertará a hallar
alguna más expresiva que las dos que voy a poner a continuación.
B) Así como el eje de una rueda se mueve en torno a sí mismo (rotación)
y se mantiene siempre a la misma distancia de cada uno de los puntos
de su circunferencia, los cuales van sucediéndose en un movimiento de
traslación en torno a su eje, también la eternidad es como un punto central
que abarca –y desborda– todos los tiempos, a los cuales está –a cada uno–
simultáneamente presente.
C) En lo alto de una torre está un hombre viendo pasar una procesión muy
larga por una calle estrecha. Los que van en la procesión sólo pueden
ver con claridad a los que van inmediatamente delante de ellos. Pero el
hombre de la torre puede ver toda la procesión desde el principio hasta
el final. Así Dios, desde lo excelso de su eternidad, puede ver con toda
claridad a todos y a cada uno de los que van pasando por este mundo
en una sucesión de generaciones sin solución de continuidad.

3. ¿A quiénes, y a qué, se aplica en la Biblia el término


«eterno»?

Las Sagradas Escrituras aplican el término «eterno»:


77 PARTE I – DIOS CREADOR

A) A Dios (v. p.ej. Gn. 21:33). Citando a Schnackenburg, dice el profesor de


Salamanca M. García Cordero (Teología de la Biblia, I, pág. 285): «Los
hebreos no se imaginan la eternidad como otro modo de ser, sino que
prolongan indefinidamente la línea del tiempo para atrás y para adelante.
Todo entra dentro de la generación y corrupción, excepto la divinidad».
B) A la misericordia y fidelidad (o verdad) de Dios. Es curioso que la Biblia
no aplica expresamente dicho término a ninguna otra perfección divina,
sino sólo a Su misericordia y fidelidad. Ver Salmo 103:17 y 100:5, entre
otros muchísimos lugares.
C) Su pacto. Ver por ejemplo Isaías 55:3; Jeremías 32:40.
D) La verdadera vida que está en Cristo (Jn. 1:4). Esta es una constante en
el N.T., ya desde Mateo 19:16.
E) El fuego y el castigo al que están abocados los condenados al Infierno.
Ver por ejemplo Mateo 18:8; 25:41, 46. Pero, como ya dijimos antes, la
existencia de los condenados en el Infierno no merece el nombre de
«eternidad», porque no se la puede llamar «vida». Más bien, habríamos de
llamarla «perpetuidad».

Resta añadir que el vocablo hebreo olam = eterno, en el sentido explicado


más arriba por Schnackenburg, difiere algún tanto del vocablo griego aiónios,
con el que N.T. expresa la eternidad, cuya etimología (aeí-on) significa «lo que
existe siempre» (sin embargo, los conceptos son equivalentes).

4. Textos bíblicos que expresan la eternidad de Dios

Los textos bíblicos que expresan la eternidad de Dios pueden dividirse en


cuatro grupos:

A) «Desde el siglo y hasta el siglo» (Sal. 90:2). En Génesis 21:33, tenemos, como
nombre propio de Dios, el vocablo compuesto «El-«Olam» = «Dios-eterno».
En Sal. 90:4, hay un claro contraste con «el día de ayer que pasó», donde
el énfasis intentado por el autor sagrado no está precisamente en «ayer»
sino en «pasó»; nada mejor para dar una idea de lo que es el tiempo pasado
frente a la eternidad de Dios. Ver también Deuteronomio 32:40; Salmo
103:17 –ya citado–, Isaías 26:4.
B) «Yo, Yahweh, el primero y yo mismo con los postreros» (véase Is. 41:4;
43:10-13; 44:6; 48:12; Ap. 1:8, 17). El «YO SOY» de Éxodo 3:14, en el que
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 78

se pone de manifiesto la inmutabilidad de Dios (ver el contexto posterior


–vv. 15-18), implica también su eternidad, como veremos en la lección
10. Es muy notable el hecho de que el Señor Jesús repitió 5 veces, escueto,
el «Yo SOY» (ver Jn. 8:24, 28, 58, 18:5, 8). Entre ellas, resalta de modo
especial Juan 8:58, donde el lector esperaría un «Yo era» no un «Yo soy»
en un presente que indica, a las claras, la eternidad del Hijo de Dios, frente
al «llegase a ser» (lit.) de Abraham. Los judíos entendieron bien que eso
equivalía a reclamar para sí la Deidad (v. 59). Igualmente notable es Juan
18:5, donde –con la mayor probabilidad, los que se disponen a arrestar
a Jesús, con Judas a la cabeza, dan un paso atrás y se postran rostro a
tierra, no porque el Señor llevase a cabo un prodigio, sino porque, en
ese «YO SOY», habían entendido el nombre sagrado de «Yahweh».
C) «Por generación de generaciones», o «de generación en generación» (ver
Sal. 90:1; 102:24). Con estas expresiones se indica que Dios cubre y rebasa
todas las generaciones y, también, que no hubo quien le precediera en
la existencia ni en el poder, ni habrá jamás quien le suceda o le sustituya.
D) «Desde lo antiguo...» (Sal. 102:25; Hab. 1:12). La Biblia se abre con «En
el principio creó Dios...», donde Elohim nos es presentado existente, vivo
y activo, ya «en el principio», es decir, cuando comenzó el tiempo al
comenzar a existir lo temporal, el Universo de lo invisible y lo visible (ver
Col. 1:16). De ningún modo hace Génesis 1:1 simultánea la existencia de
Dios con la del Universo creado, pues el tiempo no pudo preceder a la
acción creadora de Dios; antes de crear, ya tenía que existir necesaria-
mente el poder creador; ¿de dónde, si no, habría salido? Comentando
Isaías 44: 6, dice M. García Cordero (o.c., pág. 287): «El Dios de Israel no
sólo antecede a la formación del cosmos, sino que dirige la historia
universal, preexistiendo a los acontecimientos primeros de los avatares
humanos».

5. Consideraciones de carácter devocional

A) Sabiendo que tenemos un Padre eterno, podemos decir con David (Sal.
31:15): «En tu mano están mis tiempos» (¡sólo dos palabras en el original
hebreo!) Todas las vicisitudes de mi vida están previstas y ordenadas, o
al menos permitidas y controladas, por mi Dios eterno, que es, además,
infinitamente sabio, amoroso y poderoso. Por eso, esta perfección divina
cobró tal importancia entre los judíos que, unido a una reverencia mal
79 PARTE I – DIOS CREADOR

entendida hacia el nombre de Yahweh, les incitó a sustituirlo, en tiempos


recientes, por el de Eterno.
B) David menciona en el Salmo 31:15, como acabamos de ver, «mis tiempos».
Cada uno de nosotros, si somos hijos de Dios, puede repetir esa frase.
«En tu mano están mis tiempos». En su triple vertiente, «mis tiempos» son
mi pasado, mi presente y mi futuro. Del pasado, podrían inquietarme mis
pecados, pero Dios me dice (Jer. 31:34; He. 10:17) que los ha olvidado
y los ha borrado para siempre de su eternidad, si los confieso con sin-
ceridad y arrepentimiento. Dios me ve blanco y limpio (Is. 1:16-18), tan
blanco como a su propio Hijo (Ro. 5:19; 2 Co. 5:21). Del presente, nada
debería inquietarme (Ro. 8:28; 1 P. 5:7). Y para el futuro, siempre es válida
su promesa en Hebreos 13:5, que dice literalmente: «De ningún modo te
dejaré ni de ningún modo te desampararé».
A este respecto, podemos añadir algunas otras consideraciones que
añaden profundidad a lo dicho: (a) Dios no tiene memoria, porque lo
tiene todo presente (la memoria es de lo pasado o lo oculto). Al decirnos
(He. 10:17): «Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades»,
no puede expresar de modo más fuerte que ese olvido es tan eterno como
Su propia eternidad; (b) De ahí se deduce que, si Dios ha olvidado mis
pecados, yo no tengo porqué recordarlos. Es cierto que resulta peligroso
«olvidar la purificación de los pecados pasados» (2 P. 1:9), pero eso no
es lo mismo que «olvidar los pecados pasados». En realidad, resulta
morboso, dañino –algo que al diablo le agrada mucho– el que los buenos
hijos de Dios (suelen ser los de conciencia más delicada) se entretengan,
en lugar de avanzar en la formación positiva del carácter cristiano (ver
2 P. 1:5-8) en «estar siempre pescando en el mar del olvido de Dios», como
alguien ha dicho con galana frase. (c) También es de notar que el verbo
con que el original griego de Mateo 27:46 y Marcos 15:34 dice literalmente:
«... me desamparaste» es el mismo con que Dios nos dice en Hebreos 13:5
«... de ningún modo te desampararé». NO NOS DESAMPARARÁ PORQUE
YA DESAMPARÓ POR NOSOTROS A SU PROPIO HIJO.
¡Qué pensamiento! ¡No lo olvidemos!
C) A veces, hemos de tomar decisiones inaplazables y difíciles. En esos
momentos, lo que más necesitamos es buscar el rostro de Dios en oración
y estar enteramente dispuestos a tomar el camino que Él nos indique. Los
pasos que hemos de seguir están claramente marcados en Su palabra:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 80

(a) En primer lugar, tenemos que presentar toda nuestra persona en el


altar del sacrificio (Ro. 12:1).
(b) Así estaremos en condición de ir siendo transformados, mediante la
renovación de nuestra mente (Ro. 12:2a).
(c) Equipados de este modo, podremos comprobar lo que Dios quiere que
hagamos: lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto (nótese la gradación,
de menos a más –Dios no se conforma con mediocridades). Romanos
12:2b.
(d) Dios dispone de tres medios eficaces para mostrarnos Su voluntad:
Su palabra (He. 5:14), Su Espíritu (Ro. 8:14) y Su providencia (Ro. 8:28).
Él irá cerrando las puertas falsas, y nos dejará abierta la única por LA QUE
NOS QUIERE LLEVAR.
(e) Así podremos decidirnos sin ansiedad presente ni remordimiento
posterior y estaremos también capacitados para aconsejar a otros herma-
nos que se hallen en situaciones semejantes a la nuestra.
81 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 9

1ª pregunta ¿Cuál es la 1ª reflexión que le produce la verdad bíblica de la


eternidad de Dios?

2ª pregunta En nuestros días, la teoría de la aniquilación final de los conde-


nados, después de su presentación ante el Gran Trono Blanco de Apoca-
lipsis 20, está ganando favor en algunos grupos siempre tenidos por «evan-
gélicos». ¿Cree usted que tal enseñanza está de acuerdo con la palabra de
Dios? ¿Qué textos o porciones podría esgrimir al instante contra la tal teoría?
Para mí, los más adecuados son –entre otros– Mateo 25:46, por el parale-
lismo que establece el griego aiónios (= eterno) en ambos miembros del
versículo, y Apocalipsis 14:11, por la claridad de la fraseología «el humo de
su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día
ni de noche». Creo que esas frases tienen fuerza suficiente para hacer
estremecerse a todo inconverso que las considere atentamente.

3ª pregunta Salmos 31:15 y Hebreos 10:17 son dos lugares que a mí me


consuelan mucho; ¿le producen a usted el mismo efecto, o prefiere otras
porciones?

4ª pregunta El monje Bernardo de Claraval (1090-1153), con base en el


concepto de «eternidad» ya explicado en el texto, dice que, de algún modo,
se puede convertir el tiempo en eternidad: «Mediante la contrición (arrepen-
timiento por amor a Dios), se transforma el pasado, por muy negro que haya
sido; mediante la fe, se transforma el presente; y mediante la esperanza
paciente, se transforma el futuro». ¿Cree usted que este pensamiento le
puede servir de algún provecho espiritual? ¿Podríamos decir, por eso, que
está de acuerdo con la palabra de Dios? ¿Por qué?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 82
83 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 10
La inmutabilidad
de Dios

I. INTRODUCCIÓN

La inmutabilidad de Dios es una consecuencia necesaria de su eternidad.


El aspecto central de la eternidad es «sin cambio ni sucesión». Este aspecto, como
dijimos en la lección 9, no se da en la «vida inmortal, eterna» del creyente, porque
el ser creado es necesariamente temporal y, por tanto, sujeto al «antes y después».

1. ¿Qué significa el que Dios sea inmutable?

Significa, como lo indica el vocablo mismo, que Dios no puede cambiar.


En efecto, lo que cambia es porque deja de ser o tener algo que era o tenía
anteriormente, o porque comienza a ser o tener algo que anteriormente no era
o tenía. De ahí que, si Dios pudiera cambiar, dos de sus perfecciones radicales,
su infinitud y su simplicidad, fallarían:
A) Fallaría su infinitud, pues al perder algo, dejaría de ser infinito; habría,
pues, dos porciones limitadas: la que perdió y la que quedó; pero dos
porciones limitadas no pueden dar una suma ilimitada. Y si comenzó a
ser o tener lo que no era o tenía, ya no era, en un principio, infinito; y
nada que se le pudiera añadir –no siendo de suyo infinito, podría hacer
que el resultado fuese infinito.
B) Fallaría también su simplicidad, porque el que pierde algo, ya era com-
puesto; y si comienza a ser o tener lo que antes no era o tenía, aunque
fuese simple en un principio, pasa a tener composición en sí mismo.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 84

2. ¿Qué dice la palabra de Dios?

A) Leemos en Salmos 102:25-28: «Desde el principio tú fundaste la tierra, y


los cielos son obra de tus manos. / Ellos perecerán, mas tú permanecerás;
y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los
mudarás, y serán mudados; / pero tú eres el mismo, y tus años no se
acabarán. / Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia
será establecida delante de ti».
B) La misma inmutabilidad eterna es atribuida a la palabra de Dios según
Isaías 40:8: «Sécase la hierba, y la flor se marchita, porque el viento de
Yahweh sopló en ella; … mas la palabra de nuestro Dios permanece para
siempre».
C) En la misma línea se expresa el propio Dios por boca de Isaías (Is. 51:6):
«… los cielos se desvanecerán como humo, y la tierra se desgastará co-
mo ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores,
pero mi salvación será para siempre, mi justicia no será abolida» He
querido subrayar estas dos frases, por el consuelo que aportan a los hijos
de Dios.
D) Pero el testimonio directo, y más explícito, de boca del mismo Dios, lo
hallamos en Malaquías 3:6: «Porque yo, Yahweh, no cambio; por esto,
hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.»
E) En Santiago 1:17, hallamos la inmutabilidad de Dios por medio de una
bella ilustración astronómica. Dice así de Dios «Padre de las luminarias»,
«con el cual no hay variación ni sombra de vuelta» (lit.).

Teresa de Ávila, la que la Iglesia de Roma llama «Santa Teresa de Jesús»,


expresa esta perfección divina en uno de sus bellos poemas:

Nada te turbe
nada te espante
Todo se pasa
Dios no se muda
la paciencia
todo lo alcanza
quien a Dios tiene
nada le falta
sólo Dios basta.
85 PARTE I – DIOS CREADOR

«Dios no se muda» –dice Teresa de Ávila. Permítaseme un pensamiento


que, a primera vista, parece jocoso, pero comporta una gran profundidad
teológica: Dios no se muda, porque no se ensucia. Nosotros necesitamos
mudarnos, cambiar de ropa, porque, con nuestro sudor o nuestra falta de
higiene, ensuciamos la ropa; pero a Dios no le alcanza ninguna suciedad,
porque no hay suciedad física o moral que se le pueda adherir.

3. Consecuencias derivadas de esta perfección divina

A) Dios no se puede volver atrás de sus palabras ni de sus promesas ni de


sus dones: «Porque los dones y el llamamiento de Dios son sin remordi-
miento» (lit.). No se puede volver atrás, porque sólo tiene una Palabra,
su Verbo (véase Jn. 1:1, 14; 2 Co. 1:18-20; 2 Ti. 2:13; He. 1:1-2; 1 Jn. 1:1;
Ap. 19-13).
Los hombres tenemos muchas palabras, cambiamos, hoy decimos sí, y
mañana decimos no; no somos fiables (ver Jer. 17:5); pero Dios no puede
cambiar; si hoy dice sí, te amo, te perdono, te doy vida eterna, no puede
decir mañana lo contrario. Por eso dice el salmista (Sal. 102:28): «Los hijos
de tus siervos habitarán seguros».
B) Esto nos lleva a estudiar el sentido del verbo arrepentirse (en hebreo
nijam) en el A.T., verbo que, curiosamente, de las 40 veces que ocurre,
35 se aplican a Dios, y las 5 restantes no tienen connotación espiritual.
Respecto de este verbo hebreo, es conveniente notar: (a) que no impli-
ca ningún «cambio de mentalidad» –lo contrario del griego metanoein;
(b) que, en su raíz, se advierte un aspecto de «consolarse, reanimarse»,
lo que explica muchos de los textos que aduciremos luego.
C) De acuerdo con lo que acabo de decir, es menester advertir que Dios no
puede arrepentirse de sus designios eternos, de sus promesas ni de sus
amenazas. Su «arrepentimiento» sólo puede darse en su relación con el
ser humano, pues un mismo sujeto puede actuar de dos modos diferentes,
sin cambiar él mismo, sino sólo el objeto sobre el que actúa. Un par de
ilustraciones iluminarán lo que afirmo y aclararán el tema al lector: (a)
Un mismo sol derrama su calor sobre un trozo de barro y lo endurece;
lo derrama sobre un trozo de cera y la llega a derretir. El sol no cambia.
(b) A un ciclista que corre ligero, impulsado por el viento que le da de
espaldas, le parece que ha cambiado la dirección del mismo viento, si él
se da media vuelta y comienza a correr en sentido contrario; pero no es
el viento el que ha cambiado, sino él mismo.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 86

D) Casos dignos de examinarse de cerca:


(a) Génesis 6:6: «Y se arrepintió Yahweh de haber hecho al hombre en
la tierra, y le dolió en su corazón». Es la humanidad antediluviana la que
se ha corrompido (v. 5). De ahí, el castigo tremendo que va a enviar.
(b) Éxodo 32:14: «Entonces Yahweh se arrepintió del mal que dijo que
había de hacer a su pueblo». A quien no conozca bien la palabra de Dios,
este versículo tiene que dejarle estupefacto. Es menester analizar el con-
texto anterior, especialmente desde el versículo 7. Resulta conmovedor
el contraste del «tu pueblo» (v. 7 –Habla Yahweh) con el «tu pueblo» del
v. 11 (habla Moisés).
(c) Merece la pena examinar algunos aspectos de la oración de Moisés,
contenida en Éxodo 32:11-14. También es digna de estudiarse otra oración
de Moisés en el capítulo siguiente (Éx. 33:12-17 –corríjase, en el v. 15,
el «conmigo» de la RV):
(1) es una oración sumamente eficaz, como se ve por el v. 14 (v. Stg.
5:16b); (2) Es una oración sumamente inteligente, pues apela, en primer
lugar, a la gloria de Dios (v. 12) y, en segundo lugar, a la promesa
irrevocable –y con juramento– hecha a los patriarcas; (3) No puede
pasarse por alto la última frase del v. 10, que habría supuesto una grave
tentación para un corazón menos generoso que el de Moisés; (4) Como
detallaremos en la lección 11, tanto la eficacia real de la oración como
la seguridad de la programación eterna del gobierno de Dios en los pla-
nes de su Providencia, dependen del conocimiento cierto que Dios tiene
de los llamados «futuribles».
E) Hemos dicho que el verbo hebreo nijam se atribuye, casi en exclusiva,
a Dios mismo. Para el arrepentimiento del ser humano, el hebreo del A.T.
usa el verbo shub (o shuv) que, en realidad, significa volverse en el sentido
que damos, en castellano, al verbo convertirse. Eso mismo es lo que
significa, en el griego del Nuevo Testamento, el verbo epistrépho (ver,
p.ej., 1 Ts. 1:9). El verbo griego que el N.T. usa comúnmente para el arre-
pentimiento del ser humano es metanoéin, cuyo sentido real es «cambiar
de mentalidad» –lo cual tiene una relevancia peculiar, dirigido a los
oyentes judíos (nótese el contraste entre Hch. 2:38 –«arrepentíos», y Hch.
16:31 –«cree»). Sin embargo, el verbo metanoéin = arrepentirse, equivale
a «creer» o a «convertirse» (ver, p.ej., Hch. 17:30; 20:21).
87 PARTE I – DIOS CREADOR

4. La inmutabilidad de Dios no es una «calma inerte», sino una


␣«actividad constante»

En efecto, «inmutabilidad» no es sinónimo de «inmovilismo». Así como el


agua del mar –sin perder ninguna de sus propiedades– está en continuo mo-
vimiento, también Dios está en movimiento eterno, por cuanto la vida se muestra
en el movimiento. Dios lo mueve todo y, aunque nada ni nadie puede «mover»
a Dios –en el sentido de obligarle o inducirle a hacer algo que Él no esté
dispuesto de antemano a hacer–, puede, sin embargo, sentirse afectado. «con-
movido», por la conducta del ser humano. La Biblia nos lo presenta con sen-
timientos como el amor y la ira, y con emociones como los celos y el furor. Es
«un Dios celoso» (véase Éx. 20:5; 34:14; Dt. 4:24; 5:9; 6:15; Nah. 1:2), pero sin
las imperfecciones de los celos humanos, pues sus celos son siempre santísimos
y plenamente justificados.
De tal modo se ha implicado Dios sentimentalmente en los problemas y las
angustias de su pueblo, que la Biblia usa el verbo hebreo Yadóa = conocer, en
sentido de la mayor intimidad (ver el primer caso de este sentido en Gn. 4:1),
para expresar esta especie de «identificación» de Dios con su pueblo. Tres
ejemplos, entre muchos otros: Éxodo 3:7, final: «he conocido sus angustias»;
Isaías 63:9: «En toda angustia de ellos, él fue angustiado» (el texto hebreo actual
dice lo contrario –es una de las correcciones de los escribas); Jeremías 31:3: «Con
amor eterno te he amado; por tanto, te he traído con misericordia» (comp. con
Jn. 6:44: «… atrajere»).

5. Aplicaciones devocionales

A) Todo ser humano, en cuanto imagen de Dios, puede, y debe, aspirar a


la inmutabilidad activa, mediante la «fidelidad a sí mismo, unida a la ma-
duración del propio ser» (Auer). Esto forma parte del proceso de «integra-
ción» (ver lección 8, 4, (B). En el ser humano, un ser «caído», el proceso
de «integración» es el remedio para el proceso de «desintegración» pro-
ducido por el pecado. Nótese, por ejemplo, la «desintegración», en forma
de triple enajenación» en Génesis 3:9-13, y la «integración» en Lucas 15:15-
17 (¡Qué expresivo ese «Y vuelto en sí» –lit del v. 17! Luego, ¡había estado
«fuera de sí»!).
B) El creyente tiene motivos muy superiores para aspirar a esa maduración
integradora, pero sólo puede hacerlo dependiendo siempre de la gracia
de Dios y del poder del Espíritu Santo.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 88

C) En el Cielo, la inmutabilidad de los creyentes será perfecta, sin ser forzada


o impuesta, porque la libertad de una voluntad dedicada, sin mengua
alguna, a Dios será indefectible a causa de la visión directa del Sumo Bien.

La libertad de la voluntad humana, mientras estamos en estado de prueba,


aunque se trate del creyente más espiritual, se halla malignamente inclinada a
causa del peso del pecado, cuya presencia no desaparece hasta la muerte; por
lo que las decisiones del ser humano se hacen teniendo delante de sí el mal y
el bien, que aparecen así relativizados. Pero en el Cielo, la visión del Sumo Bien
«en directo» no estará afectada por ninguna clase de mal por parte del sujeto,
por lo que la voluntad será atraída ineludiblemente hacia su objeto, que es el
«bien».
89 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 10

1ª pregunta ¿Qué porción, o porciones, de la palabra de Dios acerca de la


inmutabilidad de Dios le impresionan más? Cada uno puede hallar conclu-
siones personales de un texto determinado. Por ejemplo, a mí, el que Dios
no pueda cambiar me ofrece, en consecuencia, la verdad consoladora de
que no puede faltar a su palabra dada. El gran teólogo holandés H. Bavinck,
por su parte, halla en la inmutabilidad divina, frente a la mutabilidad hu-
mana, la diferencia radical entre el Creador y la criatura, entre el ser y llegar
a ser: «Toda criatura –dice (The Doctrine of God –Banner of Truth–, pág.
149)– está continuamente haciéndose. Está cambiando, esforzándose cons-
tantemente, busca descanso y satisfacción, y halla este descanso en Dios,
sólo en Él, pues sólo Él es puro ser y no haciéndose. De ahí que en la
Escritura Dios es llamado con frecuencia la «Roca». Este parece ser también
el pensamiento de Agustín de Hipona cuando acuñó la célebre frase «Nos
hiciste, Señor, para Ti, y está intranquilo nuestro corazón hasta que descanse
en Ti».

2ª pregunta Para mí tiene grandísima importancia el proceso de integración


del que hablo en esta lección, punto 6, A), así como en la lección 8, punto
4, B). ¿Suscita el mismo interés en usted.?

3ª pregunta En Lucas 15:17-20, tenemos un ejemplo de verdadero arrepen-


timiento, con restauración de la comunión perdida; ¿cuál de los tres ele-
mentos que allí se mencionan es el que falta en muchos casos de creyentes
que no progresan y en muchísimos casos de personas que se condenan,
haciendo bueno el conocido proverbio «El infierno está empedrado de
buenas intenciones»?

4ª pregunta ¿Le causa a usted alguna insatisfacción que el libre albedrío que-
de inhabilitado en el Cielo para decidir entre el mal y el bien? La respuesta
a esta pregunta depende de la que se dé a esta otra: ¿Es el pecado una
«suficiencia» o una «deficiencia»? En otras palabras, ¿es una «fuerza» o una
«debilidad»?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 90
91 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 11
La omnisciencia de Dios

I. INTRODUCCIÓN

Esta lección, así como las lecciones 12 y 13, tratan de tres aspectos de la
infinitud de Dios: La omnisciencia = lo sabe todo; la omnipresencia = está
presente en todo y la omnipotencia = lo puede todo. Estas tres perfecciones
divinas están maravillosamente expuestas en el Salmo 139, por lo que basaremos
en ese Salmo gran parte de nuestro estudio de dichas perfecciones. Vemos la
omnisciencia en los versículos 1-6, la omnipresencia en los versículos 7-12, y
la omnipotencia en los versículos 13-18.
Insisto en que la Biblia no ofrece lucubraciones filosóficas, sino que expone
las verdades de Dios de una forma concreta, plástica, acomodada a la mentalidad
semítica del pueblo de Israel.

1. ¿Qué relación guarda la omnisciencia de Dios con objetos


␣diferentes?

Ya hemos dicho que omnisciencia significa «saberlo todo». Dios todo lo


conoce de modo exhaustivo, porque es infinito en cada una de sus perfecciones:
Todo lo conoce totalmente, hasta los más nimios detalles. Y su conocimiento
de las multitudes no es general (el conjunto, la «masa») sino universal (abarcando
por igual al grupo y a cada uno de los individuos particulares).
Los objetos del conocimiento de Dios pueden dividirse en tres grupos,
atendiendo a su relación con la existencia real:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 92

A) Lo posible, que, como lo indica el vocablo, no halla por parte de la


omnipotencia divina ningún obstáculo para poder existir. Por eso, su
ámbito es tan extenso como la propia omnipotencia de Dios, entendida
del modo que explicaremos en la lección 13.
B) Lo existente, en cualquiera de los tres tiempos de la existencia: pasado,
presente y futuro, ya que todos ellos aparecen presentes al conocimien-
to de Dios en su única y simple visión eterna de la Trina Deidad (como
los distintos puntos de una circunferencia respecto al centro del círculo
–ver la lección 9, 2, C).
C) Lo futurible, que no es meramente «posible», puesto que guarda cierta
conexión con la existencia real; tampoco es «existente», porque nunca ha
existido, ni existe ni existirá; pero existiría («sucedería») si se diese un
determinado «cuadro« de circunstancias que no se van a dar. Entre otros
casos de futuribles que la Biblia nos ofrece, voy a seleccionar dos muy
claros:
(a) 1 Samuel 23:10-13. Saúl anda persiguiendo a David, y éste va escon-
diéndose, pero le dan aviso de que los filisteos atacan la ciudad de Keilá.
Tras consultar a Dios, inflige a los filisteos una gran derrota. «Y fue dado
aviso a Saúl que David había venido a Keilá» (v. 7). Saúl se dispone a
descender a Keilá para acabar con David y sus hombres, pero David se
entera de las maquinaciones de Saúl (vv. 8-9) y consulta a Dios por medio
del efod del sumo sacerdote, haciéndole dos preguntas: «¿Descenderá
Saúl?, ¿Me entregarán los vecinos de Keilá?» Ambas preguntas contesta
Dios afirmativamente (vv. 10-12). «David entonces se levantó con sus
hombres… y salieron de Keilá… Y vino a Saúl la noticia de que David
se había escapado de Keilá, y desistió de salir» (v. 13). DIOS SABÍA DE
CIERTO LO QUE HABRÍA SUCEDIDO SI DAVID SE QUEDA EN KEILÁ;
PERO DAVID SALIÓ DE ALLÍ, Y SAÚL NO SE HIZO CON ÉL. No sucedió,
pero hubiera sucedido si…
(b) Mateo 11:20-24. El Señor Jesús asegura que si hubiese hecho en Tiro
y Sidón los milagros que había hecho en Corazín y Betsaida, se habrían
arrepentido en saco y ceniza hacía tiempo. Jesús lo sabe con su ciencia
divina y lo asegura, siendo algo que no había sucedido ni iba a suceder.
Se trata, pues, de un «futurible», que entra de lleno en el ámbito de los
objetos de la omnisciencia de Dios.
93 PARTE I – DIOS CREADOR

2. Verdades importantes que guardan conexión con el conocimiento


de los llamados «futuribles»

Como ya anunciamos al comienzo de la lección 10, verdades tan importan-


tes como la eficacia real de la oración y la seguridad de la programación eterna
de los planes de la providencia de Dios dependen enteramente del conocimiento
cierto que Dios tiene de los «futuribles».

A) Primero, en cuanto a la oración. Si el conocimiento de Dios se extiende


únicamente a lo posible y a lo existente, Dios ve una oración de un ser
humano en su realidad futura, la tiene presente. Pero, ¿es presente porque
la ve, o la ve porque está presente ante Él? En el primer caso, su visión
causa la existencia de la oración, y ésta ocurrirá forzosamente, siendo el
hombre orante poco menos que una máquina accionada por «control
remoto». En el segundo caso, la visión que Dios tiene de la oración hu-
mana va siguiendo el orden de los acontecimientos, y no puede tenerla
programada de antemano. Sin embargo, mediante el conocimiento de los
futuribles, Dios contempla dicha oración en un cuadro de circunstancias
lógicamente anterior a la existencia –uno entre muchos posibles– y es
completamente libre para decretar su existencia futura, al mismo tiempo
que respeta, capacitándola, la espontaneidad de la oración. No podemos
olvidar que la oración no tiene por objeto informar a Dios de nuestras
necesidades o de nuestros problemas, sino tomar conciencia nosotros
mismos de esas necesidades y de que en todo dependemos de Dios, y
sólo a Él hemos de acudir, en último término, a fin de solucionar nuestros
problemas.
B) Segundo, en cuanto a la seguridad de la programación de los planes de
la providencia de Dios. Me parece que, después de lo dicho en el párrafo
anterior, este punto queda suficientemente claro. En efecto, si lo «futurible»
escapa al conocimiento cierto, seguro, de Dios, todo lo que acontece en
la realidad de cada día es algo que sucede fatalmente, porque Dios lo
decreta así o, por el contrario, los acontecimientos de cada día van por
delante y Dios los ve como quien ve pasar las distintas secuencias de un
programa de televisión. Con el conocimiento de los «futuribles», la visión
de Dios va siempre por delante de los acontecimientos, pero sin forzar
su existencia.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 94

3. ¿Cómo expresa la Biblia la omnisciencia de Dios?

A) La Biblia nos habla del total conocimiento que Dios tiene de todas las
cosas. Analicemos brevemente los seis primeros versículos del Salmo 139:

«Yahweh, me has escudriñado y has conocido.


Tú conoces mi sentarme y mi levantarme,
Entiendes mi pensamiento desde lejos.
Mi senda y mi reposo abarcas (o, investigas minuciosamente)
Y de todos mis caminos estás enterado.
Porque no hay palabra en mi lengua,
He aquí, Yahweh, conoces ella entera.
Me has cercado por detrás y por delante,
Y has puesto sobre mí tu palma (de la mano).
Asombroso (es ese) conocimiento fuera de mi (comprensión)
Elevado está, no puedo con él».

Después de una afirmación general (v. 1), David va detallando el cono-


cimiento exhaustivo que Dios tiene de su conducta en todas los aspectos
de la vida cotidiana. El «sentarse y levantarse» (v. 2a) especifica las dos
actitudes para estar por casa; y, en todo tiempo el «pensamiento» (el
vocablo, que sólo sale dos veces en la Biblia –significa más bien «incli-
nación» o «deseo») no cesa de sacar a nivel de conciencia lo que hay en
el fondo del corazón; «desde lejos» (v. 2b) da a entender que en la distancia
que media entre el Cielo –la morada de Dios– y la tierra, por la que se
arrastran los mortales, tanto los grandes como los pequeños son insigni-
ficantes, demasiado pequeños como para desafiar al conocimiento ex-
haustivo de Dios (comp. Sal. 138:6). La «senda» y el «reposo» (v. 3), señalan
dos actividades que tienen que ver con el trabajo del hombre: salir de casa
para dedicarse al oficio que cada uno desempeña, y volver a casa a
reposar del esfuerzo realizado durante el día. Los «caminos» (v. 3b) indi-
can aquí el comportamiento con los demás. En sentido parecido habla
el Salmo 138:5 de «los caminos de Yahweh». La «palabra en mi lengua»,
a la que se refiere David (v. 4a) y que Dios conoce bien toda «entera»,
no es sólo «lo que la boca va a decir de lo que el corazón rebosa», ni
siquiera –lo que es mucho más– el pensamiento de tal palabra, cosa que
algunos parapsicólogos pueden adivinar por diversos medios, sino hasta
95 PARTE I – DIOS CREADOR

el «deseo» o «inclinación» del corazón (v. el v. 2), prestos a ser expresados,


primero en la mente, después en la lengua. David ve en este conocimiento
exhaustivo de Dios una especie de cerco o asedio (v. 5), en el que él se
ve encerrado totalmente, incapaz de escapar al escrutinio minucioso de
Dios: «por detrás y por delante» le rodea Dios; por debajo le sujeta el suelo;
¿escapará por arriba? ¡Oh, no! La palma de la mano de Dios le cierra el
paso y le sujeta (comp. v. 10). Todo esto llena de asombro al salmista;
resulta demasiado elevado para él, está fuera completamente de su com-
prensión. (Otros lugares que confirman este conocimiento pleno que Dios
posee de las cosas y, especialmente, de los seres humanos, son: 1 S. 2:3;
Job 12:13; Sal. 94:9; 147:4; Is. 29:14-16; 40:27-28; 45:9 –citando en Ro. 9:20
con expresiones similares–; Ro. 11:33-34; 1 Jn. 3:20 «Dios es mayor que
nuestro corazón y él sabe todas las cosas» ¡sumamente consolador!).
B) La Biblia menciona los «ojos de Dios» que ven y penetran todo. Ver, por
ejemplo, Génesis 16:13-14 «Dios que me ve» y que da origen a uno de
los nombres compuestos de Dios: El-roí (heb.); 1 Samuel 16:7; 2 Crónicas
16:9; Job 28:24; 31:4; 34:21; Salmos 33:13-14; Proverbios 5:21; 15:3; Amós
9:4, 8; Mateo 6:4-6.
C) La Biblia nos dice que Dios «conoce», «prueba», «escudriña», el corazón (las
intenciones) y los riñones (los impulsos instintivos) Ver Salmos 7:9b;
Jeremías 11:20; 17:10; 20:12 (la RV1960 emplea los vocablos «mente» o
«pensamiento» en lugar de «riñones» –lo cual sólo sirve para crear confu-
sión). En el Nuevo Testamento nunca aparece dicho binomio, sino que
se mencionan aparte: el corazón en Lucas 16:15; Hechos 1:24; 15:8; los
riñones (lomos») son mencionados 8 veces, de las que Hebreos 7:10 es
iluminador por muchas razones.
D) En fin, el «conocimiento» de Dios en forma de «sabiduría» alcanza tal relie-
ve en los libros Poéticos del A.T., especialmente en Proverbios, que su
personificación literaria parece apuntar a la Persona del «Logos» pre-
encarnado, como en Proverbios 8:22-31, de donde es más que probable
que Juan tomase su noción del «Verbo de Dios», revelador del Padre.

4. La verdad como realidad trascendental, y como objeto del


␣conocimiento

A) Hablar del conocimiento es hablar de la verdad, que es el objeto de la


mente, así como el objeto del sentimiento es la belleza, y el objeto de la
voluntad es el bien. Pero la verdad puede ser de tres clases:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 96

(a) Verdad ontológica; es la realidad cognoscible de cada ser: el «ser»


mismo, frente a una mente capaz de captarlo.
(b) Verdad lógica; es la relación correcta de la mente con la realidad de
un ser determinado. Lo contrario es la ignorancia o el error, no la mentira.
Hay juicios falsos que no son mentirosos, y hay juicios mentirosos que
no son falsos.
(c) Verdad ética; es la «práctica» de la verdad, y puede, a su vez, ser de
dos clases: (1) la verdad expresada (veracidad); (2) la verdad vivida
(fidelidad). Ejemplos de cada una, tomados de la Biblia: De la «ontológica»,
Juan 14:6 «Yo soy… la verdad»; 1 Tesalonicenses 1:9 «… al Dios vivo y
verdadero». De la «lógica», Juan 17:17 «… tu palabra es verdad»; Juan 8:32
«… y conoceréis la verdad». De la «ética expresada», 1 Juan 1:6 «… men-
tirosos, y no practicamos la verdad». De la «ética vivida», Efesios 6:14
«… ceñidos vuestros lomos con la verdad».
B) Para un judío, la principal verdad es la ética en su doble vertiente de
fidelidad y veracidad. La verdad ética, como dice Ryrie (Basic Theology,
p. 44), «exige del sujeto tres cualidades que garanticen su verdad: debe
ser veraz, fiel y consecuente, esto es, firme -consciente de lo dicho y
pensado». Recordemos, una vez más, que el israelita, como todo semita,
no concibe la verdad como «desvelación» de lo oculto, al estilo de la
filosofía griega y romana, sino como una «seguridad», con la cual pueda
pisar siempre en terreno firme, en «roca», no en «arena».
C) Dios posee –es– la Verdad infinita en sus cuatro clases: Es la realidad
infinita, tiene un conocimiento perfecto de toda verdad, y es infinitamente
santo para vivir y expresar siempre la verdad: no puede ignorar nada,
ni equivocarse, ni engañar ni mentir: Romanos 4:4 «Dios veraz» Tito 1:2
«… Dios que no miente»; Hebreos 6:18 «es imposible que mienta». Más
aún, la expresión personal interna y eterna de la verdad por parte del
Padre da origen a la Persona del Hijo (EL VERBO DE DIOS).
D) El predominio del sentido ético en la noción de verdad explica la pre-
ponderancia que adquiere en la Biblia el sentido íntimo, cordial, expe-
rimental, del verbo «conocer» (hebr. yadóa). En este sentido entran aquí
el conocimiento positivo (la aprobación) de Dios (ver, p.ej., Jer. 1:5; Ro.
8:29 «de antemano conoció»; 1 Co. 8:3; 13:12; Gá. 4:9; 2 Ti. 2:19), así
como su conocimiento negativo (la reprobación) de Dios (ver, p.ej., Mt.
7:23 «Nunca os conocí»; Mt. 25:12 «De cierto os digo que no os conozco»)
–¡Qué cosa tan terrible ser un desconocido para Dios! Siempre resulta
97 PARTE I – DIOS CREADOR

incómodo, cuando una persona es presentada a otra, oír: «No tengo el


gusto de conocerle», a pesar de que con eso, no suele ser mucho lo que
se juega uno, pero los desconocidos de Dios están abocados al Infierno
eterno, ¿quién no temblará? También guarda conexión con esto «el libro
de la vida» (v. Sal 69:29; 139:16 –en el hebreo–; Is. 46:9-11; Dn. 7:10; Ap.
3:5; 13:8; 17:8 y 20:12 –en 22:19, la variante más fidedigna es «árbol de
la vida»).

5. Consecuencias devocionales de esta perfección divina

A) La omnisciencia de Dios, unida a su infinito poder y a su infinito amor,


es un grandísimo consuelo para todo verdadero hijo de Dios. Me consuela
y me anima, hasta despreocuparme de lo que puedan pensar y decir de
mí los demás, así como de cualquier maquinación que puedan planear
contra mí (ver Sal. 56:8-11; especialmente, el v. 8). Lo que ha de preocu-
parme es lo que Dios piensa de mí, cómo me ve, sabiendo que sus ojos
me siguen por todas partes, si me aprueba o no en cada acto mío (ver
Ap. 2:2, 9, 13, 19; 3:1, 8, 15 «Yo conozco tus obras»). Además, recordemos
que Dios no nos ve como números de una «masa», sino como si tú o yo
fuésemos la única persona que existe en este mundo, y abarcando los
detalles más insignificantes y los problemas de menor envergadura de la
vida cotidiana.
B) Dios, desde su eternidad (sin principio, sin fin, sin variación), piensa
siempre en mí y en todo el conjunto de factores que cooperan para mi
bien (ver, p.ej., Sal. 40:17 «Aunque yo estoy afligido y necesitado, Yahweh
piensa en mí»; Salmos 144:3 «Oh Yahweh, ¿qué es el hombre para que
lo tengas en cuenta, o el hijo de hombre para que te preocupes de él?»;
Romanos 8:28 «Mas sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas
cooperan para bien» –lit.). Es una manera de indicarnos que Dios hace
converger la acción de todos los factores que integran un determinado
cuadro de circunstancias a favor de quienes le aman. Para mí, si soy
verdadero hijo de Dios, no existe la suerte, ni buena ni mala, ni lo que
llaman «el destino» o «ya estaba escrito», sino sólo LA PROVIDENCIA DE
MI PADRE CELESTIAL.
Para una reflexión de mayor profundidad sobre lo que acabamos de ver,
esto es, que Dios piensa siempre en mí, quiero hacer notar que la mente
divina, como todo lo que pertenece a la esencia y a la naturaleza de Dios,
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 98

está siempre en acto, no pasa en ningún momento del no pensar al pensar,


o viceversa –se mueve en una eternidad sin variación–; ese «paso» sólo
es posible en nosotros (y en los ángeles), que nos movemos en el «antes
y después» del tiempo. Por otra parte, el pensamiento de Dios abarca
necesariamente todo detalle, y por entero; ya, que, de lo contrario, no
sería un acto radicado en la infinitud.
C) Ante un Dios que siempre me ve, no cabe ninguna de estas dos posturas
opuestas: (a) No hay motivo para la timidez, el desánimo, el desconcierto
o la desesperación, puesto que sabemos que la mirada de nuestro Padre
nos protege. (b) Por otra parte, ante un Dios que penetra con su mirada
hasta los recovecos más profundos y escondidos de nuestro corazón, no
cabe el fariseísmo, la hipocresía, la autosuficiencia o la hueca justificación
de sí mismo. Dice a este respecto el Apóstol en 1 Corintios 4:3-5 «Yo en
muy poco tengo el ser enjuiciado por vosotros o por tribunal humano;
y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala
conciencia, no por eso quedo absuelto (lit. justificado); pues el que me
enjuicia es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta
que venga el Señor, el cual sacará a la luz también lo oculto de las tinie-
blas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada
uno recibirá su alabanza de parte de Dios» (RV 1977). Es cierto que, como
decía el antiguo proverbio romano, «la mujer del César no sólo tiene que
ser buena, sino que ha de parecerlo». Para buen testimonio ante nuestro
prójimo (el de dentro y el de fuera de la Iglesia), hemos de mostrar al
exterior la «buena conciencia» que llevamos dentro.

Voy a referir una anécdota que leí hace algún tiempo y que podrá ser de
utilidad a mis lectores. Dos creyentes están trabajando en la misma oficina,
cuando a uno de ellos se le escapa una palabrota. Avergonzado, se excusa de
la manera siguiente: «No sé cómo se me ha podido escapar tal expresión, pues
no la llevaba dentro». A lo que el otro replicó rápidamente: «Si no la hubieses
llevado dentro, no te habría podido salir afuera». ¡Buena lógica!
99 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 11

1ª pregunta ¿Significa la frase de Salmos 90:4 que Dios olvida las cosas después
de mil años? ¿Cuál le parece a usted que es el verdadero sentido de la frase?

2ª pregunta El Salmo 90:4 dice que mil años ante los ojos de Dios «son como
el día de ayer que pasó», es decir como un día. Pedro va más lejos, pues
dice: «… para con el Señor un día es como mil años» (2 P. 3:8). ¿Cómo pue-
de ser esto? ¿Para qué necesita Dios tener ante Sus ojos un día tan largo?
¿Cuál le parece a usted que es la implicación doctrinal de esta frase?

3ª pregunta ¿Cómo puede Dios actuar en el tiempo, si lo tiene todo presente


desde Su eternidad?

4ª pregunta ¿Cómo puede Dios, que no tiene tiempo, estar involucrado en las
cosas de seres como usted y yo, que nos movemos necesariamente en el
tiempo?
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 100
101 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 12
La omnipresencia
de Dios

I. INTRODUCCIÓN

Cuando en una casa se muere un miembro de la familia o se ausenta para


no volver, queda una silla vacía a la hora del yantar. Unas veces se retira la «inútil»
silla; otras veces, la familia no quiere retirarla, para mejor recordar así al padre
o al hermano que se marchó. Cuando el Señor Jesús se marchó a los Cielos, los
discípulos no retirarían aquella parte del diván que el Señor ocupaba en com-
pañía de ellos al celebrar la última Pascua antes de su muerte. En todo caso,
siempre serían conscientes de la presencia oculta de quien les había dicho:
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio
de ellos» (Mt. 18:20). Y algunos días después: «… y he aquí que yo estoy con
vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20).
Pero no es sólo la presencia oculta del Señor Jesús la que siempre nos
acompaña cuando estamos reunidos en su nombre. En cualquier lugar en que
nos encontremos, y aunque nos hallemos solos, junto a nosotros, y dentro de
nosotros, se hallan residiendo como en su propia morada tres Personas, las tres
Personas de la Santísima Deidad, nos demos cuenta o no (ver Jn. 14:23b).
¿Qué tiene esta presencia de especial? Lo veremos luego.

1. ¿Es lo mismo inmensidad que omnipresencia?

Es preciso distinguir entre inmensidad y omnipresencia. La inmensidad es


un atributo absoluto, es decir, le compete a Dios con independencia del Universo
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 102

creado. Dios ya era inmenso antes de crear los cielos y la tierra; por decirlo de
alguna manera, Él mismo era su propio lugar. En cambio, la omnipresencia es
un atributo relativo, es decir, dice relación a un lugar que no es el mismo Dios.
El Dios inmenso llegó a ser omnipresente cuando creó los espacios como lugares
donde colocó los distintos seres creados. Por consiguiente,

A) Inmensidad es la perfección divina por la cual las tres Personas de la


Deidad, en la infinitud de su único ser espiritual, transcienden todo
espacio y dimensión, estando presentes en sí mismas en comunión íntima
y eterna, «antes que el mundo fuese» (Jn. 17:5).
B) Omnipresencia es la perfección divina por la cual las tres personas de la
Deidad, en virtud de su misma inmensidad, están necesariamente pre-
sentes, con toda la plenitud de su ser, en todos y cada uno de los lugares
existentes y posibles. Dice Ryrie (Biblia de Estudio, pág. 1820): «Dios está
en todo lugar, pero no está en todas las cosas». Entiendo perfectamente
esta afirmación del gran expositor de la palabra de Dios, pero también
las cosas son «lugares». Ahondando un poco más en esto, podemos decir
que Dios, sin identificarse con las cosas (panteísmo), las abarca todas,
no como un océano donde todo estuviese inmerso, sino como energía
pura e infinita, al par que simple e indivisible, toda en cada lugar, toda
en las infinitas porciones en que podamos dividir, con nuestra imagi-
nación el espacio creado. Dios está en el centro mismo de nuestro ser,
más adentro que nosotros mismos.

2. Distintos modos de estar Dios en las cosas

A) Por razón de su inmensidad, Dios simplemente está en todo lugar y,


como ya he dicho, en todas las cosas en cuanto que son lugares.
B) Conforme a la palabra de Dios, Dios reside, esto es, mora de un modo
especial: (a) «en los cielos de los cielos», como veremos luego; (b) en el santuario
(antes, el Lugar Santísimo en el templo; ahora, en la Iglesia –ver 1 P. 2:5–; después
en el Cielo –véase Ap. 6:9; 7:15; 8:3, 11:19; 14:15, 17; 15:5, 8-); (c) en cada
creyente en particular (véase Jn. 14:23; Ro. 8:11; 1 Co. 3:16; 6:19; 1 Co. 6:16; Ef.
2:19-22; 1 P. 5:1-5). Más aún, por nuestra comunión en la naturaleza divina (ver
2 P. 1:4), se da una mutua inmanencia entre la Trina Deidad y nosotros (véase
Jn. 14:20, 23; 17:21, 23, 26; 1 Jn. 4:16).
103 PARTE I – DIOS CREADOR

3. Análisis de los lugares bíblicos más importantes

A) Como ya mencionamos en la lección 11, los versículos 7-12 del Salmo 139
tratan de la omnipresencia de Dios. Dicen así:

«¿Adónde me iré de tu espíritu?


¿Y adónde huiré de tu presencia?
Si subo a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol trato de acostarme, he aquí, allí estás tú.
Si tomara las alas del alba
Y emigrara hasta el confín del mar,
Aun allí me alcanzaría tu mano,
Y me agarraría tu diestra.
Si dijese: Al menos las tinieblas me cubrirán,
Y el día se tornará noche alrededor de mí,
Ni aun las tinieblas encubren de ti;
Y la noche es tan luminosa como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz» (RV 1977).

Aquí el cantor y poeta David alcanza cumbres muy elevadas en el terreno


de la poesía. «¿Adónde me iré…?» –dice, como dando a entender que le
resultaría imposible sustraerse a la esfera de la influencia divina, a la
influencia de un «espíritu» con una actividad tan asombrosa como la
mostrada en Génesis 1:2. Aunque subiese a lo más alto (v. 8) –el Cielo–, o
descendiese a lo más bajo –el Seol, la morada de las sombras o almas de
los difuntos–, siempre se le haría encontradiza una «presencia» infinita,
divina. Acerca del v. 9, dice Witton Davies (citado por A. Cohen, The
Psalms): «Para los antiguos (semitas, griegos, romanos etc.) la diosa del
alba tenía alas con las que se levantaba del océano oriental y, en el decur-
so del día, cubría todo el firmamento. El salmista hace un feliz uso de esta
imaginería, sin comprometer en lo mínimo su monoteísmo». El «mar» (v.
9b) es, por supuesto, el Mediterráneo, el límite extremo hasta el que
podían volar «las alas del alba». El v. 10 expresa la seguridad que tiene
David de que, dondequiera que él se halle, siempre se encontrará a sí
mismo dentro de la esfera del control de Dios. En los versículos 11 y 12,
expresa la inutilidad de querer evadirse de la vista de Dios refugiándose
en la oscuridad, puesto que la visión perfecta, infinita, de un Dios que
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 104

es Luz (ver 1 Jn. 1:5), penetra la oscuridad más densa lo mismo que el
lugar más soleado.
Resumiendo las enseñanzas de esta porción, dice Ryrie (BT, pág. 41):
«David se pregunta si hay algún lugar al que pueda alguien escapar de
la presencia de Dios (¡Jonás!). Su respuesta es no, porque su omnipre-
sencia no está limitada por el espacio (v. 8), ni retrasada por la velocidad
(vv. 9-10), ni afectada por la oscuridad (vv. 11-12)».

B) 1 Reyes 8:27. En su larga oración con ocasión de la dedicación del templo


(vv. 23-53), dice Salomón en el v. 27: «Pero, ¿es verdad que Dios morará
sobre la tierra? He aquí que los cielos, y los cielos de los cielos, no te
pueden contener; ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado!»
Para mejor entender este versículo, es preciso saber que la Biblia distingue
tres cielos:
(a) el primer cielo, o cielo atmosférico, donde Pablo sitúa «las huestes
espirituales de maldad» (Ef. 6:12). Desde allí, Satanás, a quien probable-
mente encomendó Dios en un principio la supervisión de nuestro sistema
solar, dirige y controla a sus agentes, los demonios –sus «huestes»– para
que vigilen su territorio («este mundo de tinieblas») y promuevan toda
clase de maldad, mientras él mismo,como dice Pedro (1 P. 5:8), «anda
alrededor buscando a quien devorar»; por supuesto, no a los del mundo,
que «yacen en el Maligno» (1 Jn. 5:19 lit.), sino a los creyentes, pues a ellos
se dirige Pedro (v. los vv. 9 y 10). El diablo da vueltas en un doble
movimiento: (1) de «rotación» en torno a cada creyente, para ver por
dónde le puede entrar mejor, después de saber –como sabe– cuál es el
punto débil, que suele ser un hábito mal controlado; no es preciso que
sea un «vicio»; puede ser una «virtud» mal equilibrada (p.ej. un celo «santo»
porque las cosas de la iglesia marchen mejor, pero imponiéndose de modo
dictatorial); (2) de «traslación», llegando hasta donde se lo permite la
longitud de la cadena con que Dios le sujeta –por los males que causa
dondequiera que hay un grupo de fieles hijos de Dios, podemos decir
que esa cadena es tan larga como el orbe de la tierra.
(b) El segundo cielo o cielo «estelar», que es en la Biblia el cielo de los
ángeles en general y de las estrellas. Es notable a este respecto Isaías 40:
26, donde se menciona «su ejército» (heb. Tsebaam = «ejército de ellas).
El plural de dicho vocablo hebreo es bien conocido (-------------), pues
entra en composición con Yahweh o Elohim, formando los nombres de
105 PARTE I – DIOS CREADOR

Dios «Yahweh de los ejércitos» y «Dios de los ejércitos», que menciona-


remos en detalle en la lección 13.
(c) El tercer cielo, o cielo empíreo (del griego pyr = fuego, por el «fuego
consumidor» de que Dios se reviste para castigo o disciplina (ver He.
12:29). De él habla expresamente Pablo en 2 Corintios 12:2, donde él
oculta humildemente su nombre en la experiencia de «un hombre en
Cristo, que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo». Allí
escuchó, en «visión y revelación del Señor» (v. 1), por tanto, desde el trono
mismo de Dios y del Cordero, «palabras inefables que no le es permitido
al hombre expresar» (v. 4) ¡Privilegio singular, sin duda!
Volviendo, pues, al texto que nos ha dado lugar a esta disquisición sobre
los tres cielos –1 R. 8:27–, se comprende el asombro de Salomón ante la
perspectiva de que Dios establezca su morada en el templo que él se
dispone a dedicar a Dios: Salomón confiesa que «los cielos de los cielos»,
el extremo-límite superior del Universo, no pueden contener a Dios, ya
que la inmensidad divina exige que la presencia de Dios se desborde hasta
un punto sin límite posible. La noción que Salomón tiene de la omnipre-
sencia de Dios es la misma que su padre David muestra en el Salmo 139,
vv. 7-12.
C) Hechos 17:24-25, 28b. En estos vv. dice así Pablo, durante su mensaje-
discurso a los filósofos de Atenas:

«El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, siendo
Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos
humanas,
ni es servido por manos de hombres como si necesitase de algo;
pues él es quien da a todos vida y aliento (respiración) y todas las cosas.
……………………………………………
Porque en él vivimos, y nos movemos y somos (existimos)».

Pablo aquí (v. 24) da a entender a los sabios de Atenas que sólo es
menester una pizca de sentido común para darse cuenta de que el Dios
que creó el cielo y la tierra no puede quedar confinado dentro de un
templo hecho por manos humanas. En lugar de necesitar ser servido por
los hombres (v. 25), es Él quien provee de todo a todos. Y añade que,
a pesar de esa trascendencia de Dios, es muy fácil hallarle, pues no está
lejos de cada uno de nosotros (v. 27), porque en él vivimos, y nos movemos
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 106

y existimos (v. 28). Cita aquí Pablo del poeta cretense Epiménides (600
a.de C.), quien, refiriéndose a Zeus (el Júpiter de los romanos), dice así:

«Los cretenses excavan una tumba para ti,


¡oh, Santo y excelso!
Mentirosos, malas bestias, vientres ociosos; (v. Tit. 1:12).
Pues tú no estás muerto para siempre;
Tú estás vivo y resucitado;
porque en ti vivimos y nos movemos,
y tenemos nuestro ser»
(Citado por S.J. Kistemaker, Acts, pág. 636).

No es que Pablo esté de acuerdo con el contexto en que aparece la frase;


únicamente se aprovecha de ella en la medida que conviene a la tesis que
él defiende –conforme a la Biblia– sobre la omnipresencia del Dios ver-
dadero. Esta libertad de Pablo, al aprovecharse de las obras de autores
paganos e idólatras, debería convencer a muchos creyentes para los que
la mención de filosofías y teologías es una profanación.
D) Son muchos más los lugares bíblicos, que muestran esta perfección divina
de la omnipresencia; nos limitaremos a mencionarlos: Salmos 135:6; Pro-
verbios 8:31; Isaías 40:3; 66:1; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 16:60-63; 36:
22-36; Oseas 4:4-14; Amós 5:21-25; 9:1-4; Mateo 5:14-16; 12:6; 21:42-44;
Marcos 14:56-59; 15:29ss. y 38; Juan 2:14-22; 3:13; 4:20-24.

Para información de nuestros lectores, añadiremos algo muy interesante que


se desprende del diálogo que sostienen Eliseo y Naamán en 2 Reyes 5:15-17.
En el entusiasmo que le presta su milagrosa curación, Naamán le dice a Eliseo
(v. 17):

«Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un


par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holo-
causto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Yahweh». Era un época
en la que estaba muy arraigada la creencia de que cada deidad tenía
señorío y poder en un determinado territorio; por eso pide Naamán, de
la tierra de Israel, «la carga de un par de mulas», para ofrecer sobre ella
sus sacrificios al Dios de Israel, al que acababa de reconocer (v. 15) como
el único verdadero Dios en toda la tierra, no sólo en Israel.
107 PARTE I – DIOS CREADOR

4. Un lugar mal interpretado (1 Co. 15:28)

A) Algunos expositores bíblicos, a quienes no se puede tachar de liberales


o modernistas, sostienen, con base en 1 Corintios 15:28, que el Hijo de
Dios se despojará, al fin, de su naturaleza humana. Este es un grave error,
pues «el Cordero» (evidentemente, el Hijo en su naturaleza humana),
recorre todo el libro del Apocalipsis, hasta llegar al final, al «trono de Dios
y del Cordero» (Ap. 22:1, 3). Si el Hijo de Dios se despojase, al final, de
su naturaleza humana, tendríamos los siguientes graves inconvenientes:
(a) Nos quedaríamos sin poder ver a Dios por toda la eternidad, pues
a Dios sólo se le puede ver directamente en Jesucristo (v. Jn. 14:9, comp.
Con 1 Ti. 6:16; también, Jn. 1:18). Los lugares que hablan de «ver a Dios»
(p.ej. Mt. 5:8, Ap. 22:4) significan «gozar de favores especiales de Dios»
o «tener una comunión más íntima con Él».
(b) La grandiosa alabanza al «Cordero» (Ap. 5:9-14) cesaría para siempre,
poco después de iniciarse, pues acabamos de decir que el «Cordero»
connota evidentemente al Hijo en su naturaleza humana. El motivo más
elevado de alabanza y gratitud a Dios por la obra de la redención a nuestro
favor, y en nuestro lugar, quedaría sin su manifestación más notoria: las
cicatrices de aquellas llagas por las cuales aparece, en Apocalipsis 5:6, «en
pie, como inmolado».
B) El famoso jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) fundador
del evolucionismo teísta, sostenía que la creación entera evoluciona en
un movimiento ascendente, hacia una complejidad creciente y una con-
ciencia cada vez más elevada, hasta converger finalmente en un centro
supremo, Jesucristo, que es lo que él llamó «el punto Omega». Cuando
esto llegase a su definitiva realización, ese ingente Cristo –todo el cosmos
con Cristo por Cabeza–, Dios sería «todo en todos», con una presencia
que se acerca al panteísmo, aunque no es cierto que él fuese panteísta,
sino más bien «panenteísta».
C) La correcta interpretación de 1 Corintios 15:28 es la siguiente: Una vez
que haya cumplido su objetivo la función mediatorial (ver 1 Ti. 2:5) que
el Hijo de Dios asumió para la salvación de la humanidad, Dios el Padre
será «todo para todos» directamente, sin necesidad del «Camino» (ver Jn.
14:6; He. 10:20), para que todo vuelva a quien fue el principio de todo.
Cesará, pues, la función mediatorial, pero jamás cesará el Mediador.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 108

5. Reflexiones de carácter devocional

La omnipresencia de Dios y su omnisciencia (véase lección 11) están ín-


timamente ligadas, de forma que las consideraciones de carácter devocional que
hicimos allí sirven también aquí. Si nos percatamos en cada momento de que
Dios nos está viendo siempre y en todo lugar, también será fácil percatarnos de
que estamos siempre en Su presencia: Él, presente a nosotros; nosotros, presen-
tes a Él. Formarse el hábito de andar siempre en la presencia de Dios es una
de las más importantes ocupaciones de todo creyente espiritual. Y, como la
omnisciencia, también la omnipresencia es un atributo de «dos filos»: consuelo
y ánimo para los creyentes espirituales; preocupación para los carnales.
Con esta perfección divina, quedan a salvo tanto la trascendencia de Dios
como su inmanencia. Dice J. Auer (o.c., págs. 481-482): «Cuanto más aísla al
hombre la vida moderna en estos tiempos de ciudades, fábricas y rascacielos,
tanto más importante resulta el ahondar en la verdad de la omnipresencia de
Dios, con la conciencia creyente del “estar en Cristo” … del “ser uno con todos
los otros en Cristo”, de la inhabitación del Espíritu de Dios y, por ende, de la
Santísima Trinidad en nuestro corazón…»
No sólo «aísla al hombre la vida moderna», como bien dice Auer, sino
también dificulta la comunión con Dios. La vida en las grandes ciudades, con
todo lo que comporta (ruido enorme de vehículos y factorías, la mucha com-
petición en el trabajo, o el paro forzoso, la prisa en todo), contrasta con la paz
y la relativa tranquilidad de los medios rurales, especialmente para el labrador,
quien tiene que mirar al cielo aunque no sea persona religiosa. Es una pena que,
ya sea por una mejor capacitación profesional de los hijos, o por mayores
oportunidades de ascender en el plano de lo social, político o financiero, se
obliguen muchos padres a emigrar del campo a la capital. En cierto modo, se
entiende la intención de A. Cowler, cuando decía: «Dios plantó el primer jardín;
Caín edificó la primera ciudad».
109 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 12

1ª pregunta Se entiende que el Ser infinito esté en todas partes, pero, ¿cómo
es posible que esté también entero hasta en cada uno de los más pequeños
sub-átomos? ¿Podría dar una explicación de esto con base en las perfeccio-
nes radicales de Dios?

2ª pregunta Por otra parte, ¿cómo es posible que Dios esté en todo lugar, sin
confundirse con las cosas, que son también lugares?

3ª pregunta ␣Si Dios está en todo lugar, también estará en el Infierno; ¿cree usted
que esto presenta alguna dificultad, teniendo en cuenta lo que Dios nos dice
en Su palabra? ¿De dónde podría venir la dificultad? ¿No es el Infierno la
ausencia de Dios? Ver Mateo 25:41, pero ver también Amós 9:1-4.

4ª pregunta ␣A veces, suele utilizarse como ilustración el caso de una esponja


totalmente empapada de agua (comp. Hch. 17:28); pero, ¿por dónde falla
esta ilustración en darnos una noción adecuada de la omnipresencia
divina?

5ª pregunta Ahora no pongo una pregunta, sino una consideración de carácter


devocional, de tremenda profundidad. La hace H. Bavinck (o.c., pág. 164),
sin citar la fuente. Traduzco del inglés.

«Cuando Vd. desea hacer algo pecaminoso, se retira del público al


interior de su casa donde ningún enemigo pueda verle; de aquellas
habitaciones de su casa que están abiertas y visibles a los ojos de los
hombres, Vd. se retira a su habitación más privada; incluso en esa habi-
tación, teme que alguien pueda observarle desde algún otro lugar; enton-
ces se retira Vd. al interior de su propio corazón, allí se pone tranquilo
a pensar, pero él está todavía más adentro que el propio corazón de Vd.
Por consiguiente, sea cual sea el lugar al que Vd. se escape, allí está él.
Pero, del interior de Vd. mismo, ¿adónde podrá huir? ¿No irá Vd. consigo
mismo a cualquier lugar al que huya? Pero, comoquiera que hay Uno más
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 110

interior aún que Vd. mismo, no hay lugar alguno al que pueda Vd. escapar
de un Dios airado, sino al Dios reconciliado. No hay lugar en absoluto
al que Vd. pueda escapar. ¿Huirá Vd. de Él? ¡Huya hacia Él!»

¿Qué le parece? Esa última frase de Bavinck me recuerda algo que me


enseñaron de seminarista cuando estudiaba teología: «¿Tienes miedo de Dios?
¡Échate en sus brazos!»
111 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 13
La omnipotencia
de Dios

I. INTRODUCCIÓN GENERAL

Por su importancia y por su extensión, el tema de esta lección requiere ser


tratado en dos partes distintas.

PARTE 1ª
LA OMNIPOTENCIA DE DIOS Y EL CONSUELO DEL CRISTIANO

1. Introducción

Esta perfección divina tiene dos vertientes: una, clara, consoladora; otra,
oscura, inquietante. Por eso dividimos en dos partes la lección. En esta primera
parte, vamos a considerar la vertiente clara. Es ahí donde esta perfección resulta
para mí el atributo más consolador.
En efecto, imaginemos una madre junto al lecho de su hijo único, que está
próximo a expirar. Esa madre ama inmensamente a su hijo y conoce la medicina
que podría curarle en un instante, pero no puede obtenerla, ya sea por falta
de dinero o porque no hay tiempo para hacerla llegar hasta el enfermo ¡Qué
tragedia!
Pero, como veremos en la lección 15, Dios es un Padre infinitamente
amoroso (con sentimientos paternales y maternales), que es, a la vez, omnis-
ciente y omnipresente: AMA, SABE Y PUEDE. Por consiguiente, el hijo de Dios
puede descansar tranquilo en medio de las más fieras tempestades.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 112

2. ¿Qué entendemos por «omnipotencia»?

Cuando decimos que Dios es omnipotente (palabra latina que, en castellano,


es todopoderoso) damos a entender que Dios puede hacer cuanto quiere, pero
sólo puede querer lo que va de acuerdo con todas y cada una de sus demás
perfecciones.
La razón de esto es clara, porque las perfecciones divinas son una misma
cosa en Dios, aunque nosotros tengamos que verlas por separado, del mismo
modo que el blanco solar se refracta en los siete colores del arcoiris.
Entre nosotros los humanos, limitados por esencia y pecadores por natu-
raleza, las distintas facetas de nuestra conducta están muy lejos de guardar un
equilibrio perfecto; pero en Dios, infinito en su esencia y santísimo en su con-
ducta, las perfecciones guardan un perfecto equilibrio en la infinita pureza de
su ser simplicísimo: Su misericordia es justa, y su justicia misericordiosa; su po-
der es bondadoso, y su bondad poderosa; etc.

3. Limitaciones impuestas a la omnipotencia de Dios

Por lo que hemos dicho al comienzo del punto 2, podemos colegir que hay
ciertas limitaciones impuestas a la omnipotencia de Dios:

A) Limitaciones impuestas por su naturaleza (las impone su santidad). Por


ejemplo, Dios no puede mentir (Tit. 1:2); no puede ser tentado a pecar
(Stg. 1:13); no puede negarse a sí mismo (2 Ti. 2:13 –¡qué consolador! ver
el punto 6).
B) Limitaciones impuestas por su propia voluntad (las impone su fidelidad).
Por ejemplo, se limitó a Sí mismo de algún modo: Cuando decidió no esca-
timar a su propio Hijo (Ro. 8:32); no romper algunas resistencias (Ro.
9:17); (v. también Ro. 9:22-23, comp. con 2:4-5 y Mt. 25:34,41); escoger
a Jacob, no a Esaú (Ro. 9:13).

4. Cuatro aspectos de la voluntad omnipotente de Dios

A’) Voluntad creativa: Es la voluntad de Dios como agencia operante (ver


Gn. 1:1 «en el principio creó…»).
B’) Voluntad decretiva. Es lo que Dios decide hacer y se especifica en lo que
se llama «decretos de Dios», que pueden ser absolutos o condicionados.
De ellos trataremos, D.m., en las lecciones 16 y siguientes.
113 PARTE I – DIOS CREADOR

C’) Voluntad preceptiva: Como indica el vocablo, es lo que Dios preceptúa,


o manda, hacer. Este precepto: (a) Se cumple necesariamente en seres
no racionales (véase Is. 34:16 –de animales–; 40:26 –de estrellas). (b) Se
cumple voluntariamente, (ver Jos. 11:9, 15). (c) Se cumple condicional-
mente, cuando Dios hace depender del hombre el resultado (ver Hch.
17:30 «… manda a todos los hombres… que se arrepientan» –pero no
todos se arrepienten).
(d) No se cumple, porque Dios no desea el resultado, sino que se ma-
nifieste la disposición del sujeto (ver Gn. 22:10-13; comp. He. 11:17-19).
D’) Voluntad permisiva. Es lo que Dios no impide que se haga, por razones
que estudiaremos, Dios mediante, en la PARTE 2ª de esta lección 13. Al
hablar de voluntad permisiva, tratándose de Dios, no se quiere dar a
entender que «haga la vista gorda», como suele decirse, sino que respeta
las leyes físicas que Él mismo estableció y el albedrío del hombre, según
veremos después. Es, pues, cosa muy distinta de cuando nos referimos
a una sociedad «permisiva» respecto a la moral pública, o a unos padres
«permisivos» respecto a la falta de vigilancia y control de sus hijos e hijas.

5. Examen de los textos bíblicos

A”) Acudamos de nuevo al Salmo 139:13-18, que dice así:

«Porque Tú has hecho mis riñones;


Me has entretejido en el vientre de mi madre.
Te daré gracias, porque estoy hecho de modo formidable y admirable;
Admirables son tus obras,
Y mi alma (lo) conoce en gran manera.
No estuvo encubierta mi estructura de Ti,
Cuando fui hecho en secreto
Y recamado en las partes más bajas de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro todas ellas* estaban escritas
Los días que fueron formados
Cuando ni uno (había) entre ellos**.

* Todas ellas = Los miembros que habían de desarrollarse del embrión; según otros, los
días que David había de vivir.
** Así dice el texto hebreo actual, pero debe leerse: «Y para él (el embrión) hubo uno
(día) entre ellos».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 114

Para mí, ¡cuán difíciles (son) tus pensamientos, oh Dios!


¡Cuán grandes son sus conjuntos!
(Si) los contase, más que la arena serían numerosos;
(Si) me despierto, aún sigo contigo».
(Versión literal)

Un breve análisis de esta porción, no sólo nos iluminará en cuanto a un


mejor conocimiento de la palabra de Dios, sino que nos ofrecerá la
oportunidad de reflexionar seriamente sobre la gratitud que le debemos
al Señor por las maravillas que ha hecho en nosotros.
Comienza David mencionando los «riñones», sede de las reacciones ins-
tintivas. Aquí, además parece ser que los menciona como representativos
de todos los órganos interiores del cuerpo. ¡Qué belleza encierra ese
«entretejido» de la 2ª parte del versículo 13! El cuidado de Dios en todo
el proceso de la gestación, a fin de que cada uno de los genes cumpla
con su función. Esta idea reaparece, más evolucionada, en el versículo
15. En ambos versículos se compara la formación del cuerpo al telar del
tejedor, donde el Señor lleva a cabo ese admirable «recamado».
Este pensamiento llena de asombro y gratitud al salmista, como expresa
en los versículos 14 y 17. El asombro llega hasta un pavor, muy bien
indicado con el adjetivo «formidable», cuyo sentido exacto (del latín
«formido» = temor) es «digno de temerse»; el hebreo tiene noraót, y en él
se aprecia bien la raíz, que es el verbo –tan frecuente en el Antiguo
Testamento yaró = «temer». Añade que su «alma», sinónimo de la persona
–pero con un matiz especial de «interioridad»– «lo conoce en gran manera»
(heb. yoda’at meod).
El versículo 16, con sus 4 líneas, es de una profundidad extraordinaria.
La mención del «embrión» es más importante de lo que parece a primera
vista, pues no solamente indica el cuidado de Dios en la formación de
esa primera célula del organismo humano, con todo su sistema de cromo-
somas y genes, sino también porque nos ayuda a comprender que, desde
el inicio del embarazo, hay en el vientre de la madre un ser humano,
con las implicaciones que esto supone para la cuestión –tan debatida hoy–
de la legalidad y licitud del aborto. Sea cual sea la interpretación que se
dé al «todas ellas», lo cierto es que junto a la omnipotencia, se implica aquí
de nuevo la omnisciencia divina. Dice el rabino A. Cohen, en su comen-
tario inglés a Salmos, lo siguiente respecto a esa frase: «Los antiguos
115 PARTE I – DIOS CREADOR

comentaristas opinaban que se trata de todos los miembros que se habían


de desarrollar partiendo del embrión. Ahora se cree que tenemos aquí la
doctrina de la predestinación. Dios tiene un libro donde está registrado,
con relación a cada persona, desde el estado embrional el número de días
que ha de vivir». Conforme al qeré (la «lectura»), la frase final, como hemos
dicho antes, dice así: « Y para él (el embrión) hubo uno (día) entre ellos».
Con esto se refuerza más, si cabe, el cuidado de Dios en la formación del
embrión.
B”) Varias veces es nombrado Dios bajo el epíteto «Yahweh» –o Dios– de las
huestes» (heb. Yahweh Tsebaoth), vertido al griego por los LXX como
pantokrátor («todopoderoso»), desde Amós 3:13 –1ª vez en el A.T. De las
10 veces que ocurre pantokrátor en el N.T., 9 lo son en Apocalipsis (1:8;
4:8; 11:17; 15:3; 16:7,14; 19:6,15 y 21:22), lo cual es muy significativo y
sumamente iluminador en cuanto a la soberanía de Dios, que ha de
resplandecer de modo especial en el «día de Yahweh», cuando todo ser
creado que se oponga «contra Yahweh y contra su Ungido» (Sal. 2:2-lit.)
habrá de someterse de grado o por la fuerza. En cambio, El-Shadday de
Génesis 17:1, que las versiones en general suelen traducir por Todopo-
deroso, significa más bien Todosuficiente, pues la raíz shad significa el
pecho materno, donde el niño recibe todo lo que necesita para una ali-
mentación sana y abundante ¿No nos emociona esto? ¿No nos dice, una
vez más, que el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo es, a un mismo
tiempo, Padre y Madre para cada uno de Sus hijos?
C”) Otra porción notable es Isaías 40:12-31. Todo el capítulo merece un
estudio atento. Podría titularse «La liberación de Sión por el Dios omni-
potente» y está redactado a dos niveles: uno, próximo y específico, re-
ferido a Israel como nación; el otro, remoto y genérico, en referencia a
los creyentes del N.T., como se ve por las numerosas citas que de él
extraen Mateo, Marcos y Juan (v. 3), Lucas (vv. 3-5), Santiago y Pedro (vv.
6-8), Juan en Apocalipsis (v. 10), y Pablo (v. 13). Ver, para todo Romanos
15:4. Comienza el capítulo con una emotiva exhortación al consuelo
¡Cómo condesciende Dios con su pueblo en ese «doble ha recibido» del
versículo 2! Los vv. 10-11 no dejan lugar a dudas sobre la intención
escatológica del autor sagrado; las citas de Isaías 62:11 y Apocalipsis 22-
12 del v. 10 avalan esto mismo. La única respuesta que puede, y debe,
darse a las preguntas del v. 12 es que sólo el Dios Todopoderoso puede
medir, reunir y pesar tan enormes masas del mundo material y darles la
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 116

conveniente forma, figura y proporción. Las naciones (heb. goim, vocablo


con que la Biblia designa a todo pueblo que no es el israelita) son
comparadas, primero (v. 15a) a «la gota de agua del cubo» –lit.; después
(v. 15b), a su «peso como una mota» –lit.; más tarde (v. 17a) a la «nada»;
y, finalmente (v. 17b), «menos que nada». Para no entretenernos dema-
siado en detalles, aunque son merecedores de un estudio más amplio, es
muy digno de consideración el versículo 29 en su 2ª Parte, que dice así
literalmente: «Y al totalmente destituido de fuerzas, le multiplica el vigor».
¡Qué paradójicas son las matemáticas divinas! La aritmética humana nos
asegura que el cero, multiplicado por el infinito, da cero; necesita, al
menos, un uno a la izquierda. En cambio, con el inmenso poder de
Dios, el cero, multiplicado por el infinito, da infinito.
D”) Por este camino de la omnisciencia y de la omnipotencia conjuntas va
también Jeremías 32:17-23. Una nueva metáfora, que es también un
antropomorfismo, hallamos en esta porción: la del «brazo extendido» (vv.
17 y 21; sale también en Éxodo 6:6; Deuteronomio 4:34; 5:15; 7:19; 9:29;
11:2; 26:8; 1 Reyes 8:42; 2 Reyes 17:36; 2 Crónicas 6:32; Salmos 136:12;
Jeremías 27:5; Ezequiel 20:33 y 34; y Hechos 13:17 –donde dice «levantado»
que es equivalente). A estos lugares, hay que añadir Isaías 52:10, donde
ese «brazo extendido» aparece «desnudado», es decir , «remangado». Todas
son figuras de expresión para dar a entender el poder omnímodo de Dios.
Por otra parte, los Evangelios ponen en boca de Jesús frases que no sólo
ponen de relieve la omnipotencia de Dios, sino también el poder de la
fe (la fe como «poder») para compartir de modo relativo y dependiente
la omnipotencia divina. Los lugares más representativos son Mateo 17:20,
en que Jesús achaca a la falta de fe la impotencia humana para echar cierta
clase de demonios; Mateo 19:26, donde la imposibilidad de entrar en el
reino de Dios con las fuerzas puramente naturales es descrita por Jesús
del modo siguiente: «Con hombres, esto es imposible; mas con Dios, todas
las cosas (son) posibles» (vers. lit.). Martin Buber, en su libro Dos clases
de fe, se apoya en el sentido literal qu acabamos de dar y lo razona
diciendo que, para un israelita, decir que «para Dios todo es posible» era
casi una tautología, pues, a esas alturas de conocer a Jesús, ellos no lo
habrían puesto en duda; en cambio, la participación, por fe, de la om-
nipotencia divina era una nueva enseñanza, no conocida expresamente.
Y, en cuanto a la fe, que traslada montañas, dice J. Auer (Dios uno y trino,
pág. 422) lo siguiente: «No se refiere (Cristo) al poder humano, sino a la
117 PARTE I – DIOS CREADOR

recompensa divina de la fe, porque la fe misma es gracia y no un logro


humano». Teniendo en cuenta que el autor es un «católico», resulta un
estupendo testimonio; únicamente creo advertir que confunde la fe como
«gracia» con la fe como «poder».
E”) Sinónimos que expresan también el gran poder de Dios: (a) Fuerza, como
«recurso para obrar» (comp. Fil. 4:13 «Para todo tengo fuerzas en el que
me da el poder» –lit.); (b) actividad (gr. enérgeia –¡energía!), el poder en
acción (v. 1 Co. 12:6; Fil. 2:13 –comp. con Ef. 2.2–; Fil. 3:21); (c) «libertad,
potestad, autoridad» (gr. parrhesía) para actuar, sin que nadie pueda
impedírselo (Hch. 1:7; Jud. v. 25); (d) «señorío, soberanía, dominio ab-
soluto» (gr. krátos comp. «democracia» = soberanía del pueblo). Todos
estos sinónimos, con una pequeña adición y sin el de «libertad para
expresarse» (parrhesía), se hallan en un solo versículo: Efesios 1:19: «gran-
deza» (gr. mégethos), «poder» (gr. dúnamis); «actividad» (gr. enérgeia);
«soberanía» (gr. krátos) y «fuerza» (gr. isjús).

6. Reflexiones de carácter devocional

«Todas las naciones delante de él son como nada» (Is. 40:17; ver 5, C’’). Si
así es con respecto a todas las naciones colectivamente, según indica el hebreo,
¡cuánto menos que nada seremos delante de Dios cada uno de nosotros en
particular! Sin embargo, cuando nos ha tocado el Señor con su gracia y nos ha
elevado hasta compartir la naturaleza divina, ¡Qué grande es nuestra condición
y nuestro destino eterno!
Todo lo que Dios hace, por su omnipotencia, con relación a nosotros sus
hijos, lo hace para nuestro bien (ver, p.ej., entre otros lugares, Dt. 29:29; 2 Cr.
20:6-9; Ro. 15:4). Dios es necesariamente, por exigencia de Su propia naturaleza,
altruista; es absolutamente imposible que sea egoísta, (a) por su infinitud;
no hay en él ningún hueco para llenar; (b) por su amor generoso, absoluto, total.
Dios no tiene amor ¡Dios es Amor!
Otra de las, aparentemente, «paradojas» divinas: El poder de Dios se mues-
tra, sobre todo, en nuestra debilidad. Dice Pablo en 2 Corintios 4:7 «Mas tenemos
el tesoro éste en vasos de barro, para que la grandeza extraordinaria (gr. huper-
bolé de donde viene «hipérbole») del poder sea de Dios, y no de nosotros». Y,
más adelante, en el capítulo 12:9-10, añade: «Y me ha dicho (el Señor –v. 8):
Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona (gr. teléitai –en presente con-
tinuativo: mientras dura la «debilidad», que también es continua) en la debilidad.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 118

Por tanto, de buena gana me gloriaré (lit. me jactaré) más bien en mis debili-
dades, para que habite (gr. episkenóse –lit. esté acuartelado ¡qué sugestivo!) sobre
mí el poder de Cristo…; porque cuando soy débil entonces soy fuerte». Nótese
el fuerte contraste, evidente en el original. En otras palabras, el « lleno» de Dios
sólo se vuelca donde hay «vacío». No se pueden estrechar unas manos amigas
con manos «llenas»; hasta los guantes sobran, si no se quiere quebrantar la
etiqueta.
Me contaba hace muchísimos años un tío mío, acerca del gran violinista
Pablo Sarasate (1844-1908) que, actuando en un gran teatro, rogó a una persona
cualquiera del auditorio que subiese al escenario y aflojase las cuerdas de su
violín según se le antojase y, una vez hecho esto, tomó Sarasate su violín y dijo
al auditorio: ¿Qué desean Vds. que toque? Le bastó un acorde con el instrumen-
to e inmediatamente tocó con envidiable virtuosismo la pieza deseada. Así
también, el ser humano y, en especial, el ministro de Dios, debe dejar a un lado
su «suficiencia» para someterse a la poderosa «eficiencia» divina. Dice literalmente
Pablo en 2 Corintios 3:5: «No que por nosotros mismos seamos suficientes para
tener en cuenta algo como de nosotros mismos, sino que la suficiencia nuestra
(viene) de Dios». Para una comunicación clara del sentido, prefiero, entre todas,
la versión de la Nueva Biblia Española, que dice así: «No es que de por sí uno
tenga aptitudes para poder apuntarse algo como propio. La aptitud nos la ha
dado Dios»
Reflexión final: Total desconfianza de nosotros mismos; total con-
fianza en Dios.

PARTE 2ª
LA OMNIPOTENCIA DE DIOS Y EL PROBLEMA DEL MAL

1. Introducción

Cuando hablamos del problema del mal, hemos de entender que no es un


«problema» de Dios. Dios no tiene «problemas»; tiene las soluciones a los pro-
blemas. El problema es del hombre, y su raíz está en el pecado del hombre.
Leemos en Isaías 59:1-2, con referencia a Israel, extensible a todo pecador
impenitente: «He aquí que no se ha acortado la mano de Yahweh para salvar,
ni se ha endurecido su oído para oír, sino que vuestras iniquidades han hecho
separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han escondido de
vosotros su rostro para no oír» (lit.).
119 PARTE I – DIOS CREADOR

No puede estar más claro. La iniquidad hace separación entre el pecador


y Dios, y esta separación es, en cierto modo, infinita, porque va desde la orilla
de un miserable gusano pecador hasta la orilla de un Dios infinitamente santo,
grande y poderoso ¡Qué problema! ¿Cómo podrá el pecador remontar esa dis-
tancia infinita, que le separa de Dios? El hombre no puede hacer absolutamente
nada, pero Dios lo ha hecho absolutamente todo: Ha dispuesto, en la persona
del gran Pontífice (vocablo que significa «hacedor de puentes»), Jesucristo, el
«puente» suficientemente largo (infinito, por su condición de Hijo Único del
Padre) como para pasar, desde el Dios justo y misericordioso hasta el hombre
inicuo y pecador, hecho «único Mediador entre Dios y los hombres» (1 Ti. 2:5),
y «trayendo en sus alas salvación» (Mal. 4:2).
Sin embargo, no todo mal es debido al pecado del hombre ni está destinado
a castigar el pecado. Este asunto es mucho más complicado de lo que parece,
y hay que estudiarlo con sumo cuidado. Vamos a ello.

2. El mal, en general, frente a la omnipotencia de Dios

A) La pregunta que aflora a los labios de quienquiera que contemple la


cantidad de males, físicos y morales, que hay en el mundo, es la siguiente:
¿Si Dios lo puede todo, por qué consiente tanto mal? Pensamos en las
catástrofes que cada día nos refieren los medios de comunicación: de-
rrumbamiento de edificios mal edificados o mal cuidados o atacados;
volcanes en erupción, inundaciones, sequías, granizo destructor de co-
sechas, hambre y miseria por escasez de alimentos en condiciones
infrahumanas, etc. Y lo que es peor, los males procedentes de la perver-
sidad del hombre: ataques violentos, persecuciones, torturas, asesinatos
a sangre fría, explotación de obreros, de mujeres, de niños, aberraciones
sexuales, etc.
B) Hay que advertir, de entrada, que la Biblia no soslaya el problema del
mal, pero tampoco lo explica ni nos dice cómo hay que domesticarlo,
sino cómo hay que contrarrestarlo haciendo el bien (ver Gá. 6:9-10 y 1
Jn. 3:16-18), poniendo además de nuestra parte todo lo posible para
prevenirlo, detenerlo y remediarlo.
C) La Biblia también nos emplaza a que nos atrevamos a contender con Dios.
Veamos la extraña, pero eficaz, forma de hablarle Dios a Job. Tenemos
a Eliú, aquel interlocutor inesperado, dando fin a su largo discurso con
la sabia frase «Él (el Dios Todopoderoso –vv. 22-23) no estima a ninguno
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 120

que es sabio de corazón» (lit., por lo que Eliú está usando el sarcasmo
para fustigar a Job). Así termina el capítulo 37 del libro. Comienza ahora
el capítulo 38 del modo siguiente: «Y respondió Yahweh a Job desde el
torbellino, y dijo: ¿Quién (es) éste que oscurece el consejo (el plan del
gobierno de Dios) con dichos sin conocimiento? Cíñete ahora, como
varón, tus lomos, pues te preguntaré y me contestarás». Job había dicho
(13:22): «Llama luego, y yo responderé; o yo hablaré y respóndeme tú».
Dios ahora acepta el reto, y le pregunta a Job. Y, después de manifestar
(caps. 38:4-39:30) Su sabiduría y omnipotencia de un modo que al lector
podría parecer un «show» extraño e innecesario, pero eficaz para Job, le
dice de nuevo (40:2):

«¿Acaso disputará con Shadday el censor?


El que critica a Dios, responda a esto» (lit.).

Veamos ahora cómo responde Job (vv. 4-5):

«He aquí, he sido ligero, ¿Qué te responderé?


Mi mano pongo (lit. puse) sobre mi boca.
Una vez hablé, pero no responderé (de nuevo);
Dos veces, mas no continuaré (lit. no añadiré)».

«Una vez… Dos veces» ¿qué clase de iteración es la que tenemos aquí? Es
probable que se refiera, respectivamente, a 9:22: «¡Todo es uno! Por eso, he dicho:
“Al íntegro (heb. tam) y al malvado extermina”», y a 13:20: «Al menos, dos cosas
no hagas conmigo; entonces no me esconderé de tu presencia».
Pero el Señor no se da por satisfecho con esta respuesta de Job, pues en
ella no ha manifestado arrepentimiento, sino sólo vergüenza. Por tanto, Yahweh
vuelve a retarle desde el torbellino (vv. 6-10). Para mejor saborear esta bella
porción, voy a transcribir la acertada paráfrasis que de ella hace el famoso
expositor M.L. Malbim (1809-1879), citado por el rabino Dr. V.E. Reichert:

«Te pregunto: Si pudieras tener brazo y fuerza como Dios, y fueses


capaz de tronar con una voz como la de Él, y atemorizar a todos los
tiranos, ¿tornarías entonces vano mi juicio y mi gobierno? ¿Me condenarías
entonces, a fin de quedar tú justificado? Si, al tener un poder como Dios,
gobernases el mundo de modo diferente, a fin de demostrar que mi
gobierno es incorrecto e injusto, adórnate entonces de majestad».
121 PARTE I – DIOS CREADOR

Por fin, después que Dios ha dado a Job mayores pruebas de Su sabiduría
y de Su poder (40:15-41:34), la confusión da paso en el ánimo de Job a una
confesión emocionante y a un sincero arrepentimiento (42:1-6).

«Respondió entonces Job a Yahweh, y dijo:


Reconozco que todo lo puedes,
Y que ningún plan tuyo puede ser estorbado.
¿Quién (es) éste que oscurece el consejo con dichos sin
conocimiento?»

Job recuerda ahora vivamente, en el versículo 4a, lo que le dijo Dios en


38:2, y continúa diciendo (vv. 3b y c):

«Así, pues, intenté hablar, sin entender,


De cosas demasiado maravillosas para mí,
que no conocía».

Y vuelve a obsesionarle lo que Dios le había dicho en 38:3:

«… Yo te preguntaré, y tú me contestarás».

Llega al fin la gran confesión y el sincero arrepentimiento de Job (42:5-6):

«De oídas (sólo) había oído de ti,


Pero ahora mi ojo te ha visto,
Por tanto, aborrezco (mis palabras) y me arrepiento,
Sobre polvo y ceniza» (versión literal).

Como puede verse por esta versión literal del original, Job no dice «me
aborrezco». Dios no desea que aborrezcamos nuestra propia persona, a la que
tanto ha amado, y ama, Él, sino nuestros malos hechos. Así que, en ese versículo
6, lo que ha de suplirse es lo que, al citarlo, hemos puesto entre paréntesis, esto
es, «mis palabras», lo que equivale a «retracto lo dicho por mí».
Hay en el libro de Job un par de versículos que a mí me place mucho citar
por la riqueza doctrinal que encierran; se trata de 9:32-33. En ellos, el pobre Job,
aturdido por el modo de actuar Dios con él, y que él no comprende, después
de haber llegado al borde de la blasfemia (¿sólo, al borde?) En el versículo 24,
por fin, como quien cae agotado después de una lucha desigual, dice lo siguiente
en los vv. mencionados:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 122

«Porque no es hombre como yo, para que yo le responda


Y vengamos juntamente a juicio.
No hay entre nosotros árbitro
Que ponga su mano sobre nosotros dos».

No habla Job de hallar un juez, sino un árbitro, un buen juez de paz, un


hombre sensato y justo, aprobado por ambas partes y que, según las costumbres
de la época, reconciliase a los enemistados poniendo una mano sobre (heb. al)
uno de ellos, y la otra sobre el otro. Siendo un hombre justo podía, en cierto
modo, «igualar» a ambos, estando él a la altura de rango, por lo menos, de ambos.
Era demasiado fácil hallar un hombre sensato y bueno que estuviese a la altura
de Job, pero ¿quién podría hallarse que estuviese a la altura de Shadday, del
Todopoderoso o, mejor, del Todosuficiente?
En este punto, y en aquella lejana fecha, Job no podía sospechar (estúdiese,
sin embargo, 19:23-27) que llegase un día en que su goel, su Redentor, hecho
el «pariente más próximo» suyo, le había de vindicar y salvar. Ése iba a ser el
«árbitro» deseado, el cual, por ser hombre como Job, podría poner una mano
sobre él y, por ser Dios, igual al Padre, podría poner la otra mano sobre Dios
mismo.
Como Pablo en Romanos 11:33-34, también nosotros podemos decir, al
llegar a este punto: «¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del
conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus
caminos!» «Porque hay… un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre» (1 Ti. 2-5). ¡Ahí tienes, Job, tu árbitro añorado!
Se quejan algunos hermanos, y con razón, de que gran cantidad de pastores
evangélicos y predicadores de la palabra de Dios obtengan casi toda su «infor-
mación» de las condiciones cívico-sociales del entorno y de los medios de
comunicación. En cuanto a este libro de Job, que tales y tantas lecciones encierra
sobre puntos fundamentales de doctrina y práctica, aparte de mi comentario en
el Mateo Henry, recomiendo a mis lectores la lectura y estudio de otros cuatro
comentarios a Job, y extractaré de ellos algunos breves párrafos que estimulen
el apetito de todo lector estudioso y preocupado por la necesidad de sus
prójimos, al mismo tiempo que está deseoso de progresar en la vida espiritual.
Para no mostrar mis preferencias personales, lo haré por orden alfabético
de apellidos de los autores respectivos. Comienzo, pues por el de José M.
Martínez (Job, la fe en conflicto. CLIE, 1982) que, en las páginas 248-249 dice
así:
123 PARTE I – DIOS CREADOR

«Job había estado haciendo de sí mismo el centro no sólo de su vida


sino del universo. La reivindicación de su inocencia era para él lo más
importante. Dios mismo tenía que someterse a sus demandas de justicia
y responder a sus preguntas. Y Dios, en vez de darle respuestas –lo que
habría sido muy fácil–, multiplica los interrogantes: “¿Quién eres tú?”,
“¿dónde estabas tú?”, “¿puedes tú?”, “¿sabes tú?” Dios, gran maestro, quiere
salvar a Job de su ensimismamiento que le impedía ver las cosas en su
perspectiva correcta. Pero no usa el método de la explicación. Nada le
dice del carácter probatorio de su desgracia. No hace ni la más leve
referencia a la contención con Satán descrita en el prólogo, lo cual habría
bastado para abrir sus ojos y devolverle la paz de espíritu. Dios tiene que
curar a su siervo de su presunción, sincera pero equivocada. A tal fin, nada
más eficaz que poner al descubierto la verdadera identidad del hombre
con su cúmulo de misterios y limitaciones.»

Ahora le toca el turno a S. Stuart Park (Desde el torbellino. Publicaciones


Andamio, 1991). Podemos leer, en las páginas 344-345 de su citado libro:

«Durante su suplicio, Job no ha cometido más delito que hablar,


defender su integridad ante sus acusadores, interpelar a Dios, implorar
su intervención, “disputar” con Él. El hombre Job, profundamente cons-
ternado ante la supuesta enemistad de su otrora amigo, Dios, expresa su
dolor, asombro y desolación».
«¿Se puede pedir más a un hombre de carne y hueso? Callar hubiera
sido morir, y las palabras de Job, cálidas y torrenciales, a oídas de un
compasivo Dios, sólo pueden haber significado amor, reverencia, temor,
y anhelo de comunión».
………………………………………

«En segundo lugar, Job ha manifestado en todos sus discursos la


posibilidad de error, la certeza de que si está equivocado, Dios le juzgará.
Job no es un ángel incorpóreo, ni una bestia llevada por sus instintos
naturales. Job es un hombre que lucha con la tentación, que conoce su
capacidad de desviarse, que ha comulgado con una terrible oscuridad. Su
alejamiento de la comunión con Dios ha removido los cimientos de su
ser, le ha confrontado con la más terrible duda: aquello que más temió
le ha sobrevenido con furia y poder».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 124

Cito de Ernesto Trenchard († 1972), en Exposición de Job (dentro de Los


libros de la Sabiduría, Editorial Literatura Bíblica, 1972), página 130, lo siguiente:

«Quedamos asombrados al oír lo que Dios tiene que decir a su siervo.


Durante largos y repetidos discursos, unos hombres, según la luz que
tenían, habían luchado con los problemas de las obras providenciales de
Dios en la Tierra, y sobre todo discurrían sobre su teodicea, o sea, proceso
judicial divino frente a buenos y malos. El caso de Job destacó la pregunta:
“¿Por qué sufren los justos?”, y ya hemos oído la “contestación-fórmula”
de los “amigos”, en contraste con las profundas luchas psicológicas y
espirituales de Job mismo. Habríamos esperado, pues, una clara respuesta
de parte de Dios: “Los justos sufren porque también andan a través del
valle de dolor, y gimen como los demás. Sin embargo, en mi providencia
ordeno que el mal se les vuelva en bien. Los malos están bajo mis juicios,
pero si por determinaciones relacionadas con mi providencia soberana,
prolongo en ciertos casos su aparente prosperidad, será con el fin de
adelantar mis propósitos en cuanto a los fieles en la Tierra”. En lugar de
una clara solución como la sugerida –a la cual Eliú se había acercado
bastante– Dios reafirma el misterio de sus obras en la creación».

Finalmente, traduzco del inglés unos párrafos de la pluma de Warren W.


Wiersbe, en Be patient (Scripture Press, 1992). El libro entero es digno de citarse,
y a quienes entiendan suficientemente el inglés lo recomiendo encarecidamente.
Dice así en la página 143 de dicho libro:

«La tormenta que Eliú había estado describiendo estalló por fin y Dios
habló a Job desde la tormenta. La respuesta a los problemas de Job no
era una una explicación acerca de Dios como la que habían dado los
tres amigos de Eliú, sino una revelación de Dios. Los cuatro hombres
habían declarado y defendido la grandeza de Dios, pero habían fracasado
en persuadir a Job. Cuando Dios desplegó Su majestad y grandeza,
humilló a Job y lo llevó al lugar de una sumisión callada delante de Dios.
Ese fue el punto decisivo».
«El psicólogo suizo Dr. Pablo Tournier escribió en su libro Culpa y
Gracia (Harper y Row, pág. 86): ‘Porque la respuesta de Dios no es una
idea, una proposición como la conclusión de un teorema; es Él mismo.
Se reveló a Sí mismo a Job; Job halló contacto personal con Dios».
125 PARTE I – DIOS CREADOR

«Preferimos que Dios nos hable al sol, pero algunas veces tiene que
hablarnos desde la tormenta. Así fue como habló a Israel en el Monte Sinay
(Éx. 19:16-19; He. 12:18) y siglos después a Elías (1 R. 19:8-11). Ezequiel
vio la gloria de Dios en una tormenta y oyó la voz de Dios que le hablaba
(Ez. 1-2). Experimentar esta majestuosa demostración del poder de Dios
hizo a Job apto para recibir el mensaje que Dios tenía para él».

Quedamos, pues, en que a toda persona humana que, como Job –más o
menos–, está sufriendo alguna de las que solemos llamar «calamidades», lo que
le conviene no es una explicación, sino un revelación. Y, seguramente, la tendrá
de parte de Dios si se mantiene en sintonía con él. Sin embargo, la palabra de
Dios también da, si no «explicaciones», sí al menos, «razones» del modo de obrar
de Dios con relación al problema del mal en el hombre. Esto es lo que veremos
ahora: primero, por lo que respecta al mal físico; después, por lo que respecta
al pecado.

3. La omnipotencia de Dios frente al mal físico

A’) Partimos del hecho evidente para todo el mundo: Tanto buenos como
malos disfrutan de las condiciones físicas de la salud y del ambiente, y
sufren las mismas incomodidades, enfermedades y calamidades del en-
torno. Dice Jesús, en su exhortación al amor de «prójimos» y «enemigos»
lo siguiente: «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás
a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a
los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los
que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que
está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace
llover sobre justos e injustos» (Mt. 5:43-45) En el mismo sentido se pro-
nuncian Pablo (Hch. 14:15-17), Pedro –de refilón– (Hch. 10:34) y Santiago
(Stg. 5:7-11).
B’) Dios ha establecido unas leyes físicas (gravedad, impenetrabilidad, etc.),
cuyo efecto sólo en casos extraordinarios suspende. No se entretiene
haciendo a cada paso «milagritos», como los que cuentan los incrédulos
y supersticiosos fieles de la Iglesia de Roma (ver Lc. 13:4-5, del que
hablaremos en detalle en el punto 5). ¿Qué explicación tienen, pues, las
«apariciones» del Señor y, sobre todo, de la Virgen María? ¿Y cómo se
explican curaciones como las que, bajo testimonio unánime de los mé-
dicos, se dan con frecuencia en Lourdes? Voy a responder a esto:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 126

(a) En cuanto a las supuestas «apariciones», sabemos hoy lo suficiente,


gracias a la Psicología Profunda, para detectar una alucinación en niños
y personas proclives a la sugestión, cuando han recibido continuas na-
rraciones sobre el amor, la intercesión, la preocupación, etc. de la Virgen,
hasta que, un día, de repente comienzan a «ver» de veras. No hace mucho,
un niño de unos once años, que nunca había salido –según el dicho
popular– de las faldas de su madre, fue internado en un colegio religioso.
A los pocos días, pidió permiso para verme y me contó, entre sollozos,
que había comenzado a ver, cada mañana, la imagen de su madre en la
pared de su dormitorio: Su estado emocional lo había preparado para la
alucinación.
(b) Por lo que respecta a las innegables «curaciones» que se llevan a cabo
en lugares como Lourdes, permítanseme dos observaciones importantes:
Primera, la fe personal, subjetiva, se estimula hasta un grado muy alto
mediante las exhortaciones de los clérigos, el ánimo que dan los familiares
y amigos, en una atmósfera de sugestión colectiva que favorece a la mente
del enfermo en el influjo que el cerebro ejerce sobre el organismo para
remediar las disfunciones del mismo; segunda, que dichas curaciones
remedian lo «funcional», no lo «orgánico»; p.ej. se sana una cojera debida
a una artritis, pero no se le restituye a un cojo la pierna amputada. En
cambio, los milagros del Señor y de los apóstoles llegaban hasta lo or-
gánico (incluso, a la resurrección de un muerto), no sólo a lo funcional.

4. La omnipotencia de Dios frente a los crímenes del hombre

En cuanto al pecado, que es el verdadero mal; y, en especial, frente al


desenfreno moral y a la violencia desatada con creciente virulencia, la palabra
de Dios:

A’’) Nos describe su origen. Génesis 3:1-5 nos presenta a la primera mujer
poniéndose en peligro al aceptar una conversación con el diablo y caer
en la tentación de desconfianza de Dios que el Maligno le presentó. Este
es el origen y la raíz de aquel pecado, como lo es de todo pecado que
el ser humano comete cuando la experiencia del mal le confronta con el
poder, la sabiduría y el amor de Dios.
B’’) Nos muestra su efecto en el corazón. Es iluminador el trastorno que se
produce en el ánimo de Eva, tan pronto como ha cedido a la tentación
127 PARTE I – DIOS CREADOR

de desconfianza: «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer (la
concupiscencia de la carne), y que era agradable a los ojos (la concu-
piscencia de los ojos), y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría
(saber tanto como Dios, no sólo lo bueno, sino también lo malo –esto
es, la ostentación vanidosa)» (Gn. 3:6, comp. con 1 Jn. 2:16). Tanta maldad,
a partir de ahí, se ha acumulado en el corazón del hombre, que, en Jere-
mías 17:9 leemos: «Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio;
¿quién lo comprenderá?» (Biblia de las Américas).
Si el capítulo 3 es el de la caída, el capítulo 4 es el del primer fratricidio
(v. 8) y de la primera poligamia (v. 23)
C’’) Nos revela la puesta en acción de un terrible misterio: «el misterio de la
iniquidad» (2 Ts. 2:7). Este misterio, cuya puesta en acción en la misma
era apostólica nos es anunciada por Pablo, es algo tan siniestro que la
maldad humana no da un explicación aceptable de tal fenómeno; es algo
diabólico, como se mostrará a su tiempo (vv. 9-12) La palabra de Dios,
sin embargo, nos dice claramente que es Dios mismo el que, por sus justos
juicios, proporciona la entrada en acción de dicho ministerio (v. 11).
D’’) Nos expresa su extensión:
(a) Por contagio personal. La Biblia compara el pecado con la lepra; por
eso, toda la ceremonia del examen de la lepra comprende los mismos
elementos que se requieren para el examen y limpieza legal del pecado,
como puede verse con un estudio atento del capítulo 14 del Levítico. En
efecto, el pecado –como la lepra de la que nos habla la Biblia– mancha,
corroe, contagia y, en su grado de «notoriedad exterior peligrosa», priva
de la comunión con el resto de la congregación.
(b) Por contagio generacional. Desde la proclamación que, de Su gloria,
hizo Dios a Moisés en el Sinay (Éx. 34), la última de las características de
la gloriosa naturaleza divina es: «que visita la iniquidad de los padres so-
bre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta
generación». Este contagio se efectúa de dos maneras Primera, por pro-
creación, pues hay pecados especialmente nocivos para los genes; genes
que, ya de por sí, trasvasan de padres a hijos muchas características
similares; segunda, por imitación, pues, en una convivencia tan íntima
y prolongada, los hijos se sienten estimulados a copiar gestos, dichos y
actitudes de sus progenitores.
E’’) Pero la Biblia nos propone también el único remedio que Dios ha esti-
pulado y provisto para ese profundo mal del hombre, que es el pecado.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 128

Y lo ha hecho con respecto a los tres aspectos del pecado; culpa, poder
y presencia.
(a) En cuanto a la culpabilidad del pecado, Dios ha obrado por sustitu-
ción. Por ser culpables, somos responsables ante el Juez Supremo. Pero
«Al que no conoció pecado, por nosotros (Dios) lo hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Co. 5:21). «Quien llevó
él mismo nuestros pecados en su cuerpo a sobre el madero (lit), para que
nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia» (1 P. 2:24).
«Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por
los injustos, para llevarnos a Dios» (1 P. 3:18). « Porque en cuanto murió,
al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios
en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Ro. 6:10-11). Por supuesto, para que esta
sustitución alcance a una persona, es necesario que esa persona acepte
la transacción (ver 2 Co. 5:19-20) y reciba al Señor en su corazón (ver 1
Jn. 5:9-12). También el creyente ya convertido necesita confesar arrepen-
tido sus pecados para quedar limpio de ellos (ver 1 Jn. 1:5-10), pero si
es verdadero creyente, no puede perder la salvación eterna.
(b) En cuanto al poder dominador del pecado, dos son los requisitos para
contrarrestarlo: uno legal, por el cual el pecado pierde sus derechos sobre
el pecador. Esto es lo que se nos describe en Romanos 6:1-11, especial-
mente en el v. 6, donde el verbo griego katargethé no significa «destruido»
(¿a qué vendría entonces la exhortación del v. 12?), sino «contrarrestado»
o, mejor aún, «desactivado»; el otro requisito es real, es decir experimental,
mientras que el primer requisito, por ser legal, es judicial. Eso es lo que
Pablo desarrolla en Romanos 6:12-23. Ese «poder» del pecado requiere la
intervención de otro «poder» superior, que es el poder del Espíritu Santo.
Por eso, dice Pablo en Romanos 8:12-13: «Así que, hermanos, deudores
somos, no a la carne para que vivamos conforme a la carne; porque si
vivís conforme a la carne, moriréis (lit. vais a morir, es decir, tenéis encima
la obra de la muerte, que era lo propio de la etapa anterior de vuestra
vida); mas si por el Espíritu hacéis morir (lit. vais dando muerte) las obras
de la carne, viviréis». La vida del hombre nuevo, que ha resucitado con
Cristo, es una vida fortalecida por el poder de la resurrección del Señor,
por eso es eficaz en la tarea cotidiana de «ir dando muerte a las obras de
la carne». Así que el poder es del Espíritu Santo; pero ese poder queda
inactivo sin la cooperación de nuestro esfuerzo diario.
129 PARTE I – DIOS CREADOR

(c) En cuanto a la presencia permanente del pecado en nosotros. Esta es la


presencia que tan vivamente sentía Pablo dentro de sí mismo (Ro. 7:14-
24), de tal modo que sentía nostalgia por el día aquel en que esa presencia
iba a desaparecer, como lo expresa en Romanos 8:22-23: «Porque sabemos
que toda creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta
ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos
las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros
mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo». Esa
«redención» no es otra cosa que el «rescate» de la esclavitud de la muerte,
que tiene su fuerza por el pecado, «ya que el aguijón de la muerte es el
pecado; y el poder del pecado, la ley» (1 Co. 15:56).

5. Una lección magistral

Hemos visto que, en el caso de Job, Dios no le da explicaciones, sino que


le da revelaciones de Su majestuosa, infinita, grandeza. De modo parecido obra
el Señor Jesús cuando es confrontado con el problema del mal. Lo hace en Lu-
cas 13:1-5, que voy a copiar vertido literalmente del original:

«En esta misma sazón, estaban presentes allí algunos que le contaban
acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrifi-
cios de ellos. Y respondiendo (Jesús), les dijo: «¿Pensáis que estos galileos
fueron más pecadores que todos los galileos, porque han padecido tales
cosas? ¡No, os digo! Antes bien, si no os arrepentís, todos igualmente
pereceréis. O aquellos los dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé
y los mató, ¿pensáis que fueron más deudores que todos los hombres
que habitaban en Jerusalem? ¡No, os digo! Antes bien, si no os arrepentís,
todos del mismo modo pereceréis».

Vamos a analizar por partes esta porción de importancia singular:


A”’) No sabemos cuál fue el incidente que motivó la cruel masacre de Pilato
con los galileos que se mencionan en el versículo 1. Es muy probable que
se refiera al caso en que Pilato (según Flavio Josefo) tomó dinero del
tesoro del Templo para financiar un acueducto. Ante las protestas de las
turbas, Pilato envió al Templo soldados armados, en traje de paisano, y
se ensañó precisamente con los galileos que se hallaban allí ofreciendo
sacrificios en el altar de los holocaustos. Como Herodes era el tetrarca de
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 130

Galilea, y Pilato era el gobernador romano de Judea, la enemistad entre


ambos era grande, fomentada por los mutuos celos, ya que Pilato era un
gobernador del Imperio, pero no era rey como Herodes; y, por otra parte
Herodes era rey (mejor dicho, un reyezuelo), pero Pilato era el que re-
presentaba el poder (por entonces, incontestable) de Roma. Ahora, ten-
gamos en cuenta lo siguiente:
(a) Jesús era tenido por galileo, por lo que el hecho le afectaba a él. Es
como si le dijeran: «Jesús, ¡qué paisanos tienes!»
(b) El proceder de Pilato enturbiaría todavía más su relación con Hero-
des, lo que da un énfasis paradójico a la oración de la Iglesia en Hechos
4:27: «Porque verdaderamente se unieron contra tu Santo Hijo Jesús, a
quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato…»
B”’) ¿Cuál fue la reacción del Señor ante un hecho que todos conocían? Si no
condenaba el proceder de Pilato, sería tenido como partidario del romano
opresor. Y, si defendía los derechos de las víctimas ya acusaba al gober-
nador, los líderes religiosos judíos podrían arrestarle y llevarle al tribunal
de Pilato. Como vemos por Juan 9:2 y 34, los judíos creían que ciertas
calamidades eran castigo de pecados graves. Este había sido también el
error de los «amigos» de Job. CRISTO DEJÓ BIEN CLARO QUE LAS TRA-
GEDIAS HUMANAS NO SIEMPRE SON CASTIGO DE DIOS.
C”’) Pero, del mismo modo que Yahweh con Job, tampoco Jesús les dio a estos
cuentistas explicaciones «teológicas» del hecho. Nosotros nos habríamos
sentido tentados a explicar, por ejemplo, que Dios creó al hombre como
un ser libre, responsable, muy diferente de los brutos animales, etc., y
que, por tanto, Dios lo trata siempre con mucho respeto, atrayéndole de
manera que pocas veces se apercibe de la moción divina, y hasta cuando
el hombre resiste a Dios y persiste en su impenitencia, Dios no fuerza la
«máquina», sino que respeta esa libertad.
D”’) En lugar de darles esa clase de explicaciones, Jesús da, en el v. 4, un
paso más en el problema del mal, como si dijera: «Os lo voy a poner más
difícil. El caso que voy a citar no ocurrió fuera de vuestros dominios, sino
en la propia Jerusalén. Las víctimas no fueron unos despreciables galileos,
sino judíos de pura sangre. No estaban protestando contra las autorida-
des, sino cumpliendo son su sagrado deber de alertar a una población
en caso de peligro. Y, sobre todo, la torre de Siloé no cayó empujada
por manos humanas: ¿a quién le echaréis la culpa de esta tragedia?». ¿Qué
iban a contestar? ¿«a Dios»? NO OSARON BLASFEMAR…
131 PARTE I – DIOS CREADOR

El contexto siguiente nos hace ver que, a esto, los «cuentistas» no respon-
dieron; al contrario, lo más próximo que leemos (v. 17) es que «se avergonzaban
todos sus adversarios».

(E’”) Jesús, en sus respuestas de los vv. 3 y 5, elevó la argumentación de ellos


a un principio general: «Si Dios castiga así a los pecadores, será menester
que os arrepintáis, pues todos sois pecadores». Así que la pregunta co-
rrecta que nos toca formular, a ellos y a nosotros, no es ¿Por qué murieron
los unos o los otros?, sino ¿Qué hemos hecho nosotros de bueno para
continuar viviendo? ¿No será una señal especial de la paciencia amorosa
de Dios hacia nosotros? (ver 2 P. 3:9).

Cuentan del famoso poeta inglés J. Milton (1609-1674) que, cuando ya era
viejo y estaba ciego desde el 1652, le visitó el rey Carlos II de Inglaterra, hijo
de Carlos I, que había sido decapitado por los puritanos republicanos, y le dijo:
«Juan, tu ceguera es castigo de Dios por la parte que tuviste en la conspiración
contra mi padre». A lo que Milton respondió: «Si haber perdido la vista es castigo
de Dios, ¿qué me dices de tu padre, que perdió la cabeza?»

6. Reflexiones de carácter devocional

(A””) Puesto que la Biblia nos da a entender (véase 4, A’’) que raíz del primer
pecado del hombre fue la desconfianza del amor de Dios, nuestra cons-
tante actitud ha de ser de confianza total, absoluta y constante en Dios.
Nuestro Padre conoce el fin desde el principio y sabe muy bien lo que
nos conviene en cada momento; y si permite que nos suceda lo que
llaman «calamidad» o «desgracia», sabemos que Él sabrá sacar bien del mal.
En Génesis 50:20, tenemos de labios de José la mejor exposición de esta
doctrina bíblica: «Vosotros –dice José a sus hermanos– pensasteis el mal
contra mí, mas Dios lo pensó para el bien, para hacer lo que vemos hoy,
para mantener en vida a mucho pueblo» (lit.) comp. con Romanos 8:28.
(B””) En nuestros mismos días, tenemos ejemplos heroicos de esta confianza
total en Dios. Tengo ante mis ojos el último libro del Dr. Larry Crabb,
Finding God (Scripture press, 1994 –2ª reimpresión, 1995), que recomien-
do vivamente a todo el que pueda entender el inglés escrito. El argumento
de este libro es precisamente cómo llegar a esa confianza total en Dios,
por muy adversas que parezcan ser las circunstancias. No me quiero poner
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 132

a mí mismo como modelo de esta heroica actitud; tiemblo ante ello,


aunque sé –con la cabeza– que es lo mejor. El autor mismo dice haber
encontrado a Dios de veras, después de muchas desdichas que, para
mayor prueba, le sobrevinieron cuando había orado por un mejor cono-
cimiento de Cristo. No quiero citar ningún pensamiento de este maravi-
lloso libro, pues no sabría qué escoger y qué dejar. Me limitaré a traducir
la Dedicatoria: «A la memoria del Dr. Carlos Smith, un mentor que oró
para que retornara su cáncer si eso le había de acercar más a Dios. En
su último año encontró a Dios en la medida que jamás había conocido
anteriormente. Y luego, murió –de cáncer.» ¿No es algo escalofriante? Pero,
¡qué hermoso! comp. Habacuc 3:17-18. Dios quiere que le busquemos a
Él antes que a sus dones.
(C””) En cuanto a los motivos que pueda tener Dios para permitir tanto pecado,
que llega a límites increíbles de perversidad, tengamos en cuenta:
(a) que Dios creó al hombre con libre albedrío y con una mente apta pa-
ra deliberar, pesando los pros y los contras antes de tomar la decisión
pertinente. Es cierto que, a causa de la caída original, el albedrío humano
perdió su capacidad para hacer lo que agrada a Dios, pero no perdió su
libertad de elección en lo que respecta al plano natural de lo familiar, lo
civil, lo social y aún lo religioso (ver Ro. 1:19 y ss.). En otras palabras,
todo ser humano es todavía responsable ante Dios, a quién tendrá que
rendir cuentas un día. Por supuesto, también el que ha recibido la jus-
tificación mediante la fe tendrá que rendir cuenta ante el tribunal de Cristo
(Ro. 14:10; 2 Co. 5:10).
(b) que cada uno segará lo que sembró. Lo mismo que quien siembra
cebada, no puede esperar cosecha de trigo, tampoco quien ha violado
a una mujer o ha dañado gravemente una reputación puede esperar una
cosecha de favor y de buen nombre.
(D””) Finalmente, el buen cristiano sabe que todo el mal que pueda acaecerle
por hacer el bien al prójimo, por dar honor, gloria y servicio a Dios, por
ser consecuente con su testimonio en favor de Cristo y del Evangelio (no
por imprudencia suya ni por infortunio natural), le sirve de gozo (véase
Jn. 16:33; Hch. 5:41; Ro. 8:17-18; Fil. 1:29; Col. 1:24; 1 P. 3:8-18; 4:14-19).
En realidad, toda tribulación ha de significar para el cristiano:
(a) una purificación (Mal. 3:3; Jn. 15:2; Ro. 3:3-5; 1 P. 1:7). Es cierto que,
si la plata o el oro tuviesen sensibilidad cuando el crisol les hace hervir
para separar de ellos la escoria, se quejarían por la atrocidad del dolor.
133 PARTE I – DIOS CREADOR

De igual manera, si la vid tuviese sensibilidad, gritaría de dolor cuando


es podada, pero el viñador lo hace para que dé más y mejor fruto.
(b) Sufrir, y aun ver, una tribulación es como un clarinazo desde el Cielo,
que nos advierte de que estamos aquí de paso y de que nuestra verdadera
patria está arriba, en los cielos (ver Ecl. 7:2; Fil. 3:20; 1 P. 2:11). Nótese,
en este último lugar, los dos vocablos griegos paroíkous y parepidémous,
que nuestra RV 60 vierte por extranjeros y peregrinos; el 1º, de donde
procede el castellano «parroquia», presenta nuestro «estado legal» = no
somos del mundo, no pertenecemos al conjunto urbano de los apegados
a la tierra, a lo temporal; el 2º presenta nuestra «condición itinerante»,
pues «no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por
venir» (He. 13:14); por eso, nos exhorta Pedro a que «nos abstengamos
de las pasiones carnales que combaten contra el alma» (1 P. 2:11b –B. de
las Américas).
(c) Y, lo que es ya de una calidad sublime, sufrir por el bien de la Iglesia
implica una comunión con los sufrimientos de Cristo, como se desprende
de Colosenses 1:24b, que traduzco al pie de la letra: «Ahora me gozo en
los padecimientos a favor vuestro, y estoy completando lo que falta de
las aflicciones del Cristo en mi carne a favor de su Cuerpo, que es la
Iglesia». Para lo de «estoy completando», Pablo emplea el verbo griego
antanapleró, cuyo sentido puede verse mejor si lo descomponemos por
partes = antí, frente a; aná, de repetición; pleró, estoy llenando. ¿Es que
faltaba algo en la redención llevaba a cabo por Cristo en la Cruz? No falta-
ba nada en cuanto a la obtención de la redención, pero sí en cuanto a
la aplicación de la redención, que debe ser llevada a cabo mediante el
ministerio de la Palabra por el poder del Espíritu (Jn. 3:5). En esta fase
de la aplicación, pues, hay que situar la labor a la que se refiere Pablo
en este versículo. Para hablar con toda exactitud habríamos de decir
(comp. con la última frase de 1 Co. 15:10) que no era Pablo quien
completaba las aflicciones del Cristo, sino que el propio Cristo, con quien
Pablo estaba juntamente crucificado, y que vivía en Pablo (Gá. 2:20), era
quien completaba, en Pablo, lo que faltaba en el plano de la aplicación
de la redención de sus propios padecimientos.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 134

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 13

1ª pregunta Nuestros primeros padres fracasaron, no por querer ser «como


Dios», sino por querer serlo por cuenta propia. El creyente tiene comunión
con la Trina Deidad en la naturaleza divina (2 P. 1:4) y es exhortado a imitar
a Dios (Ef. 5:1, comp. con Mt. 5:48). Sin embargo, esas tres porciones de-
ben interpretarse dentro de su contexto. Analizando éste, ¿podría Vd. decir
en qué punto sería pecado querer ser como Dios en el área de las perfec-
ciones incomunicables? ¿Por qué?

2ª pregunta ¿Sería más fácil esa imitación de Dios a la que me refiero en la


pregunta anterior, cuando estemos en el Cielo?

3ª pregunta ¿En qué forma podemos imitar la omnipotencia de Dios?

4ª pregunta ¿En qué punto, y por qué medio, podemos unir el carro de
nuestra impotencia al carro de la omnipotencia divina?

5ª pregunta ¿Va la voluntad preceptiva de Dios en contra de nuestra libertad?


¿Por qué?

6ª pregunta ¿Está usted contento/contenta, acerca del cuerpo, del sexo, del
alma y de las facultades mentales que Dios le ha dado?

7ª pregunta No cabe duda de que la existencia del mal, especialmente del


mal moral (la violencia, el egoísmo, el orgullo, la perversidad, en general,
del hombre) presenta un grave problema contra la bondad, la sabiduría y
el poder de Dios. ¿Está satisfecho con las enseñanzas que, a este respecto,
hemos dado en la Parte 2 de esta lección? ¿Tendría usted la misma satis-
facción si acabase de sufrir un accidente que le dejase inválido, o de perder
un hijo en la flor de la vida y con un brillante porvenir por delante?
135 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 14
La santidad de Dios

I. INTRODUCCIÓN

Las perfecciones divinas que hemos estudiado hasta ahora son de las que
llamamos incomunicables, porque están radicadas directamente en la esencia
divina, con sus dos raíces de infinitud y simplicidad. Por ello, ninguna criatura
–ya sea humana o angélica– puede participar de ellas, aunque puede imitarlas.
Pero hay otras perfecciones divinas que, por estar radicadas directamente en la
naturaleza divina, principio fundamental de la conducta divina (según nuestra
pobre manera de distinguir en Dios lo que es en Él una misma y única realidad
interior), pueden ser comunicadas –siempre a nivel creado y en grado limitado–
al hombre y al ángel.
La naturaleza actúa por medio de las facultades espirituales, que son tres:
inteligencia, sentimiento y voluntad, entendidas no por su capacidad de aproxi-
mación a su objeto, sino por la pureza y amor con que actúan. Esto es lo que
debemos entender cuando nos referimos al modo ejemplar y perfecto con que
Dios actúa en todo lo que piensa, desea, quiere y lleva a cabo. La pureza de
la naturaleza divina se expresa mediante la frase «DIOS ES LUZ» (1 Jn. 1:5), y
de ella trataremos en la presente lección. Su benevolencia se expresa mediante
la frase «DIOS ES AMOR» (1 Jn. 4:8, 16); de ésta trataremos en la lección 15.
La comunión en la naturaleza divina comporta, por consiguiente, el capa-
citarnos para pensar como Dios piensa, desear lo que Dios desea, querer lo que
Dios quiere, amar como Dios ama y actuar como Dios actúa. Y algo que puede
sernos muy útil en el plano devocional es el pensamiento (patente en múltiples
lugares del texto sagrado) de que LO QUE HACE FELIZ A DIOS NO ES PRE-
CISAMENTE LO INCOMUNICABLE (las perfecciones radicadas en su esencia),
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 136

SINO LO COMUNICABLE (las perfecciones radicadas en su naturaleza). ¡DIOS


GOZA CUANDO SU PUEBLO GOZA, Y SUFRE CUANDO SU PUEBLO SUFRE!
Y por eso, en virtud de la comunicabilidad de Su naturaleza, pide a Su pueblo
que haga lo mismo (Ro. 12:15).

1. Vocablos bíblicos

La santidad presenta múltiples facetas que reflejan su ajuste al patrón


ejemplar de la santidad de Dios y se expresan en la Biblia mediante vocablos
distintos. Destacan los siguientes:

A) El hebreo qadosh (raíz –qad = cortar) al que corresponde el gr. hágios


(de «házomai» = venerar), e indica SEPARACIÓN.
B) El hebreo tsaddiq-tsedheq = justo, al que corresponde el griego díkaios
(de «dike» = justicia), e indica RESPETO A LOS DERECHOS AJENOS.
C) El hebreo asher = recto, que no se aparta de la norma (lo contrario de
«tortuoso»), e indica determinación de llegar a la meta justa sin desvia-
ciones. ¡Curiosamente, el vocablo para «recto» = asher, es el mismo para
decir en hebreo «feliz, dichoso, bienaventurado» (ver Sal. 1:1).
D) En el griego del N.T. hallamos también hósios, que ya desde el griego
clásico indicaba una rectitud incorruptible, sancionada. (Esto es, garan-
tizada y defendida), por lo que se distingue de díkaios, con garantía de
sanción por ley humana, y de hierós = algo consagrado a los dioses y,
por ello, «intocable» en cierto modo para el ser humano corriente. De ahí
el nombre neutro hierón, con el que la Biblia designa el Templo de
Jerusalén.
E) Finalmente, hallamos también en el gr. del N.T. hagnós = «puro», es decir,
limpio de contaminación legal y de mancha moral. Con esto, se entien-
den mejor lugares como 2 Corintios 7:11; 11:2; 1 Timoteo 5:22; Tito 2:5;
1 Pedro 3:2 y 1 Juan 3:3.

2. Trascendencia e inmanencia de la santidad de Dios

Entendemos por «trascendencia» la distancia infinita que separa al Ser Su-


premo de todo lo creado, y por «inmanencia» la cercanía infinita con que este
mismo Ser Supremo lo penetra todo y lo expone a la luz de Su pureza absoluta.
Tomados juntamente ambos extremos, podemos describir la santidad de Dios
137 PARTE I – DIOS CREADOR

como «Bondad Mayestática», por la cual el Ser Supremo es, al mismo tiempo,
infinitamente distinto y distante de todo lo creado y, por otra parte, infinitamente
cercano y penetrante, llegando hasta compartir con los Suyos los gozos y las
tristezas, las penas y las alegrías. Derriba al que se ensalza y ensalza al que,
humilde y contrito se derriba ante Él. Encuentra manchas en el más limpio y
desciende hasta lo más sucio y vil sin mancharse, a la manera como el sol ilumina
el estiércol y lo expone a la luz, pero él mismo no se mancha; sus rayos están
tan puros cuando tocan el suelo como cuando brillan o arrebolan las nubes en
el cielo.

3. La Biblia atribuye de distintas maneras a Dios la santidad

A) La primera vez que la Biblia llama a Dios «el Dios Santo» es, curiosamente,
en 1 Samuel 6:20, por boca de los habitantes de Bet-semes: «Y dijeron los
de Bet-semes: ‘Quién podrá mantenerse en pie en presencia de Yahweh
el Dios Santo este?’» (lit). Todo este capítulo y el siguiente están penetrados
del pavor sagrado que la trascendencia de Dios inspira. Los filisteos, que
tan ufanos estaban por haber capturado el Arca del Pacto, en la que veían
representado al Dios de Israel (ver cap. 4:7), la han devuelto llenos de
pánico por el tremendo castigo que Dios ha infligido a los filisteos en todas
sus tierras, desde Asdod a Ecrón (cap. 5). El mismo pavor sagrado se
respira en 2 Samuel 6:1-10, a raíz de aquel desdichado episodio en el
que todos los actores, incluido el propio rey David, se portaron de un
modo tan indigno e irreverente.
B) De ahí, la santidad –esa santidad que infunde pavor– que la Biblia atribuye
al Nombre, esto es, al prestigio notorio que Dios adquiere para Sí mediante
Sus actos de poder, justicia y misericordia. Dice David en Salmos 103:1:
«Bendice, alma mía, a Yahweh, y todo mi interior el nombre de su san-
tidad» (lit.). «El nombre de su santidad» es un hebraísmo que equivale a
«su nombre santo». También puede observarse el paralelismo de sinoni-
mia, por el que «el nombre» sustituye a «Yahweh». En Amós 2:7, cuya frase
final dice literalmente: «con el fin de profanar el nombre de mi santidad».
Dios no se refiere en este texto al pecado de fornicación en sí, sino a las
prácticas inmorales asociadas con el culto a la diosa Astarté. En Amós 4:2,
leemos: «El Señor (heb. Adonay) Yahweh ha jurado por su santidad»,
equivalente a «su santo nombre». Respecto a lo que he dicho del «Nombre»,
como «fama» o «prestigio» que Dios adquiere con su poder, etc., leemos
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 138

en Habacuc 3:2: «Oh Yahweh, he oído lo que se dice de ti (lit. lo que tú


haces oír), y temo» (perfecto ingresivo en hebreo).
C) En el N.T., se llama a Jesús «el santo de Dios» (Mr. 1:24; Lc. 4:34), hasta
aplicársele en algunos lugares, lo de «el Santo» en exclusiva (ver Lc. 1:35;
Hch. 3:14; 1 Jn. 2:20; Ap. 3:7). Según los MSS más fiables, en Juan 6:69,
la última frase es «el santo de Dios». En la oración, que el grupo de fieles
reunido –al parecer, en el Aposento Alto– elevan al «dueño» (lit.) que hizo
todo cuanto existe, dicen «tu santo Hijo Jesús» (Hch. 4:27, 30). He men-
cionado de pasada Lucas 1:35, pero ese versículo merece mayor atención
por la incorrecta puntuación que las versiones nuestras aplican a la últi-
ma frase: «por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo
de Dios». Esta puntuación insinúa que, precisamente por nacer de María
en virtud de la acción del Espíritu Santo, sin «conocimiento de varón»
por parte de ella, el Santo Ser, es decir, Jesucristo, sería llamado HIJO DE
DIOS. La consecuencia lógica es, en este caso, que Jesús es el Hijo del
Espíritu Santo; y María, Esposa del mismo Espíritu Santo. Con la debida
puntuación, esta grave herejía queda anulada. Las versiones católicas, más
atentas que las nuestras al fondo teológico del texto sagrado, puntúan el
versículo como es debido. Escojo la lectura del NTT por su maravilloso
ajuste al original: «por lo cual también lo que nacerá será llamado Santo,
Hijo de Dios».

4. Pasos que Dios ha dado en la santificación de su pueblo

A’) Desde que, con el llamamiento de Abram (después, Abraham) en Géne-


sis 12:1, empieza de lleno la historia de la salvación, Dios separa un
pueblo para Sí, pacta con este pueblo un convenio de santidad (ver en
especial Lv. 19:2), y le da una ley santa (Ro. 7:12), un ceremonial sagrado,
como se ve a todo lo largo del Levítico, y unas promesas también santas
(ver Sal. 105:42).
B’) En cuanto estuvo de su parte, Dios preservó del pecado y del error a su
pueblo, le aplicó los necesarios correctivos como un buen Padre, lo fue
conduciendo con su gracia, Su Espíritu y Su palabra de instrucción y
reprensión. Sus promesas de una sanación/salvación final de Su pueblo
(véase Sof. 3:17; Mal. 4:2; Ro. 11:25-29) nunca han sido anuladas.
C’) Aquel pueblo de dura cerviz y corazón de piedra revivió tras la depor-
tación a Babilonia (ver Ez. caps. 36 y 37) y se curó para siempre de la
139 PARTE I – DIOS CREADOR

idolatría y el culto a varios dioses (ver 1 R. 18:21), aferrándose con tal


fuerza al monoteísmo, que quedaron, en su mayoría incapacitados para
entender que pudiera darse una pluralidad de personas en la única
deidad. Ver, por ejemplo, Juan 5:17-18; 8:58-59; 10:30-33.
D’) Pero quienes habían aprendido la verdadera lección de la humildad y
el sincero arrepentimiento, vinieron a constituir «el remanente de Israel»
(ver Is. 1:9; Sof. 3:12-13) y, al nacer Jesús, fue reconocido por el «rema-
nente» de su tiempo: María y José, los pastores (Lc. 2:8-20), «el justo y
piadoso Simeón» (Lc. 2:25 –¡nótese que la Biblia no lo llama anciano! Es
una falsa tradición), la profetisa Ana (Lc. 2:36-38), los discípulos (ver, p.ej.,
1:37-49) y cuantos, al convertirse al Señor, ven que el velo es retirado del
corazón de ellos (2 Co. 3:14-16).
E’) En el N.T., el plan de Dios para la santificación de Su pueblo adquiere
nuevas dimensiones. En Isaías 5:1-7, «la casa de Israel» (v. 7) es presentada
como una viña que Yahweh de las huestes había plantado con predilec-
ción y protegido con todo cuidado; pero, en lugar de las uvas exquisitas
que tenía derecho a esperar, le había dado agraces (v. 4). Ahora, esa viña
ingrata y vil va a ser sustituida por una sola cepa, «la vid verdadera» (Jn.
15:1), esto es, la genuina, la que da fruto que corresponde a la calidad
de la planta; es Cristo, y «separados de él nada podemos hacer» (v. 5); es
un injerto destinado a copiar en nosotros los rasgos de la vida de Jesús
(ver Ro. 6:5). No sólo eso, sino que Cristo se constituye en Cabeza de su
Cuerpo que es la Iglesia (Ef. 1:22-23; 5:23; Col. 1:24). Finalmente, Cristo
es el Esposo, y la Iglesia es su Esposa (ver Jn. 3:28-29; Ef. 5:23-32; Ap.
19:7-9). Cada iglesia local (ver 2 Co. 11:2-3) es Esposa de Cristo. No es,
pues, bíblica la idea de que sólo las monjas y demás religiosas de la Iglesia
de Roma son «esposas de Cristo».

5. Consideraciones para reflexionar personalmente

(A”) Si nuestra santidad no refleja por igual la trascendencia y la inmanencia


de Dios (ver Stg. 1:27 –la trascendencia aparece en la última frase; la
inmanencia en la penúltima)– no es genuina. La preocupación por los
demás (Jn. 13:34-35; Ro. 12:9-21; 1 Co. 12:12-27; Ef. 5:1-2; Fil. 2:2-4; 1 Jn.
3:16-18; 4:20-21) es de la esencia misma del cristianismo. ¿Cuál es el
secreto? Vamos a ver un ejemplo sublime en la primitiva cristiandad (Hch.
4:24-35). «Un mismo sentimiento» (v. 24) movió a los reunidos en el «culto»
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 140

a orar con inteligencia, corazón y eficacia, lo mismo que a desprenderse


de todo egoísmo en aras del amor fraternal. Dice textualmente el v. 32:
«Uno solo era el corazón y el alma de la multitud de los que habían
creído…». Donde hay eso, hay armonía y ausencia de chismes, discusio-
nes y divisiones.

B”) Nótese qué bien se desarrolla toda la conducta cristiana (cultual, conyugal,
familiar, social), siempre que el creyente recibe la llenura del Espíritu (Ef.
5:18-6:9), la cual no es exclusiva de unos cuantos, sino imperativa para
todos, pues todos fueron sellados con el Espíritu Santo al creer en el
Evangelio (Ef. 1:3-13; los tres verbos de este versículo están en el mismo
tiempo; no cabe ninguna separación cronológica). Respecto a la santifi-
cación en el plano conyugal, Pedro nos ofrece, en 1 P. 3:1-7, una
sapientísima exhortación a mujeres y a maridos. La frase final dice así: «…
para que vuestras oraciones no sean estorbadas» –RV 77. Copio de mi
comentario en M. Henry: «Si las mujeres prestan a los maridos el debido
respeto, y los maridos a las mujeres la debida consideración, esas oracio-
nes suben al trono de la gracia sin estorbos en el tráfico que va en
dirección al cielo. Pero si hay disensión, resentimiento, rencillas sin so-
lucionar ni perdonar (como heridas no vendadas) esas oraciones hallan
un estorbo, una barrera, en su ascenso; las señales de “tráfico” pregonan
un “desvío”». Por su especie de «instinto religioso», las mujeres caen más
fácilmente en la equivocación de pensar que cuanto más se dediquen a
Dios (a la «obra» que sea, dentro o fuera de la iglesia), menos tienen que
preocuparse de los maridos y, a veces, de los hijos.
C”) Por ser Jesús «el Santo» (ver el punto 4, C), los cristianos somos también
«santos» (véase Hch. 9:13; Ro. 1:7; 16:15; 1 Co. 1:2, etc.). De dos maneras:
(a) posicional (ver 1 Co. 1:30); (b) experimental y progresiva (ver Ro. 8:4-
11; Gá. 5:16-25; Col. 2:6-7; 1 P. 1:2). La primera es fruto de la obra de Cristo;
la segunda es efecto de la operación del Espíritu Santo. En someterse a la
acción santificadora del Espíritu está la voluntad de Dios (1 Ts. 4:3 –gr.
thélema = lo que Dios quiere). De ahí la exhortación de Pablo en Romanos
12:1ss., convocando a un «culto de consagración personal en el altar del
sacrificio».
D”) Sabemos que la culpa del pecado es limpiada por la sangre de Cristo (v.
1 Jn. 1:7) y que el poder del pecado es contrarrestado, a nivel judicial
por nuestra complantación con Cristo (Ro. 6:5-6), y a nivel experimental
141 PARTE I – DIOS CREADOR

haciendo morir las obras de la carne por el Espíritu (Ro. 8:13); pero la
presencia del pecado (que tan vivamente sentía Pablo –ver Ro. 7:17) no
desaparece hasta que llegue «la redención de nuestro cuerpo» (Ro. 8:23).
Por eso, en todo tiempo, el cristiano tiene que estar armado con «toda la
armadura de Dios» (Ef. 6:13-17) para resistir las asechanzas del diablo (Ef.
6:11) y no dejarse dominar por las tres concupiscencias que imperan en
el mundo: «la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos
y la jactancia de los bienes terrenos» (NTT). La última de estas tres concu-
piscencias, que yo parafraseo de este modo: «la ostentación vanidosa del
tren de vida» ataca desdichadamente a no pocos de los líderes y «personas
importantes» de nuestras iglesias, con lo que el liderazgo espiritual se pone
en manos del poder temporal que son los «bienes terrenos» (gr. Tou bíou,
la misma expresión de 3:17: ton bíon tou kósmou = «los bienes de este
mundo»). ¡Qué materia de reflexión para todo creyente! Estas concupis-
cencias fueron el primer efecto del primer pecado de Eva (Gn. 3:6), y con
ellas tentó el diablo al Señor (véase Mt. 4:3-11; Lc. 4:3-12). Jesús venció
brillantemente la tentación, y lo mismo debemos hacer nosotros también
(ver 1 Jn. 3:3) por medio de la fe que venció al mundo (ver 1 Jn. 5:4-5).
E”) Cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, Esopo, el famoso fabulista
griego, estampó en la fábula de las dos alforjas la verdadera condición
del ser humano: En la alforja que tenemos delante, llevamos los defectos
ajenos; por eso los vemos con tanta claridad. En la que va colgada a
nuestra espalda llevamos los defectos propios; por eso nos cuesta verlos.
La Biblia nos ofrece, no una fábula, sino una aplicación de la moraleja
de Esopo a la vida real de un gran hombre de Dios: Isaías, quien, en el
capítulo 5 de su profecía, repite seis veces (vv. 8, 11, 18, 20, 21 y 22) ese
«¡Ay de los…!», señalando con el índice a los grandes prevaricadores de
la casa de Israel, pero ante la visión de la gloria de Yahweh de las huestes
es presa del pavor y vuelve el índice hacia sí mismo, diciendo: «¡Ay de
mí! ¡Estoy perdido!» (el verbo heb. no significa morir –aunque esto se
incluye–, sino quedar arruinado). Sólo si nos paramos a contemplar la
infinita santidad de Dios y nuestra propia indignidad para estar en Su
presencia, aprenderemos a no fijarnos en las faltas y defectos ajenos, y
a corregir los nuestros con la gracia de Dios.
F”) Y esto nos lleva a una última consideración de carácter devocional acerca
de este tema de la santidad de Dios. Es probable que no haya nada tan
importante para nuestra salud espiritual como el vernos constantemente
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 142

a nosotros mismos en la presencia de Dios, bajo su mirada escrutadora,


penetrante, a la que no se oculta ni el más leve asomo de rivalidad, envi-
dia o resentimiento que alberguemos en el fondo de nuestro corazón
contra cualquier persona, especialmente si es un hermano o hermana en
la fe cristiana. Antes de pensar un juicio temerario, consideremos que Dios
lo ve y lo juzga, ¿nos atreveremos a darle pábulo? Antes de decir una
palabra hiriente, desdeñosa, burlona, consideremos que «Dios la sabe toda
antes de que esté en nuestra lengua» (Sal. 139:4); ¿nos atreveremos a
pronunciarla? Nos tienta el diablo, o algún mal sujeto o nuestra propia
concupiscencia para llevar a cabo una acción indigna de un creyente,
¿nos atreveremos a llevarla a cabo, sabiendo que Dios nos está viendo?
¿Por qué no comenzar ahora mismo a echar mano de este saludable
remedio?
143 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 14

1ª pregunta Vemos en la santidad de Dios dos aspectos complementarios: Su


distancia infinita del pecado y Su dedicación absoluta a mantener el honor
y la dignidad de Su Santo Nombre. Porciones como Génesis 2:3; Éxodo
20:11; 26:33; 29:44; 30:25-33; Salmos 22:3; 24:3; 71:22; 78:41; 89:18; 99:3,
5, 9; Isaías 1:4; 5:19, 24; 6:3, etc., nos presentan suficientemente la santidad
de Dios en su doble vertiente. La consecuencia es la siguiente: Hemos de
ser santos, precisamente porque Él es Santo; solamente así se muestra que
somos Su pueblo, Sus hijos (véase Lv. 11:44-45; 19:2-6; 20:26; Zac. 14:20-21
–escatológico–; Ro. 12:1; 2 Co. 6:14-18; 7:1; Ef. 2:21; 5:26-27 –escatológico–;
He. 12:10, 14; 1 P. 1:16). ¿Qué formas de conducta cree Vd. que se ajustan
a estas demandas de santidad en nuestra vida cotidiana, y qué formas no
se ajustan, aun cuando tengan a veces «apariencia de piedad» (2 Ti. 3:5)?

2ª pregunta Descendiendo a casos concretos de la Palabra de Dios, mi


opinión personal acerca de la santidad genuina y práctica se fija especial-
mente en tres porciones del N.T., como buenas «pruebas» para pasar el
«examen»: 1ª) 1 Juan 3:16-18, para todo creyente con bienes de este mundo;
2ª) Lucas 10:30-37, especialmente para varones; 3ª) 1 Pedro 3:1-6, espe-
cífica para casadas con maridos difíciles. ¿Le parecen atinadas estas porcio-
nes, o tiene Vd. preferencia por otras?

3ª pregunta Santiago (1:23-25) compara «la perfecta ley» con un espejo en


que cada uno de nosotros puede ver sus defectos. ¿Lo mira usted –lo miro
yo– de frente, o de lado (dirigido hacia otros)?

4ª pregunta ¿Tiene Vd. adquirido el hábito de sentirse visto fijamente por


Dios, por dentro y por fuera, en cada momento de su vida? No es necesario,
por supuesto, tener siempre conciencia directa de esta presencia divina.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 144
145 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 15
La benevolencia de Dios

I. INTRODUCCIÓN

Como ya anticipábamos en la lección 14, la benevolencia de Dios se expresa


mediante la frase «DIOS ES AMOR» (1 Jn. 4:8, 16). Aunque no podamos asegurar
que, al repetir la frase, Juan intentó poner el AMOR en un nivel superior al de
la LUZ (la benevolencia más alta que la pureza), lo cierto es que esta perfección
llama nuestra atención dos veces en un mismo capítulo de la Biblia. Para destacar
la primacía absoluta del amor (en nosotros, como comunión en el amor de la
Trina Deidad), basta leer 1 Corintios 13 –todo el capítulo, hasta esa frase final:
«mas el mayor de éstos, el amor» (lit.).

1. ¿Qué entendemos aquí por AMOR?

De un excelente artículo de Claude Wiéner, en Vocabulario de Teología


Bíblica (VTB), editado por Herder (Barcelona, 1977), páginas 75 y siguientes,
extractamos lo siguiente:

«Dios es amor». «Amaos los unos a los otros». El hombre, antes de


llegar a esta cima de la revelación del N.T., debe purificar la concepciones
totalmente humanas que se forman del amor, para acoger el misterio del
amor divino, el cual pasa por la cruz. La palabra «amor» designa, en efecto,
gran cantidad de cosas diferentes, carnales o espirituales, pasionales o
pensadas, graves o ligeras, que expansionan o que destruyen. Se ama una
cosa agradable, a un animal, a un compañero de trabajo, a un amigo, a
los padres, a los hijos, a una mujer. El hombre bíblico conoce todo esto…
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 146

Con frecuencia se mezcla en ello el pecado, pero también hallamos


rectitud, profundidad y sinceridad bajo palabras habitualmente sobrias
y discretas.
Israel, poco llevado a la abstracción intelectual, da con frecuencia a
las palabras una coloración afectiva: para él, conocer es ya amar; su
fidelidad a los vínculos sociales y familiares (jesed) está totalmente impreg-
nada de arranque y de espontaneidad generosa (cf. Gn. 24:49; Jos. 2:12
y ss., Rut 3:10; Zac. 7:9).
En una palabra, el hombre bíblico sabe el valor de la afectividad (cf.
Pr. 15:17), aun cuando no ignora sus riesgos… Cuando la noción de amor
penetra su psicología religiosa, está completamente cargada de una ex-
periencia humana densa y concreta. Al mismo tiempo, suscita numerosas
cuestiones. Dios, tan grande, tan puro, ¿puede abajarse a amar al hombre,
pequeño, pecador? Y si Dios tiene la condescendencia de amar el hombre,
¿cómo podrá el hombre corresponder con amor a ese amor? ¿Qué relación
existe entre el amor de Dios y el amor de los hombres? Las religiones se
esfuerzan, cada una a su manera, por responder a estas cuestiones, ca-
yendo ordinariamente en uno de dos extremos opuestos: relegar el amor
de Dios a una esfera inaccesible, a fin de mantener la distancia entre Dios
y el hombre, o profanar el amor de Dios convirtiéndolo en un amor total-
mente humano, a fin de hacer a Dios presente al hombre. A estas bús-
quedas metafísicas o místicas responde la Biblia con claridad. Dios ha
tomado la iniciativa de un diálogo de amor con los hombres; en nombre
de este amor, los induce y les enseña a amarse unos a otros».

Hasta aquí, Claude Wiéner. Creo que, con estas claras ideas en mente,
podremos entender mejor todo lo que diremos a continuación.

2. El amor, como tendencia hacia el bien

Así como la mente tiende hacia la verdad objetiva, así también la voluntad
(no como agencia ejecutiva, sino como inclinación a un objeto) tiende hacia el
bien concreto. Tender hacia algo equivale a extenderse hacia ese «algo». Pero,
en esta extensión, que es una tensión, la mente y la voluntad (el «corazón») actúan
en dirección opuesta: La mente tiende hacia la verdad para poseerla; la
voluntad-inclinación tiende hacia el bien porque ha sido poseída por él. De aquí
se deduce una consecuencia de suma importancia para la vida espiritual: Somos
147 PARTE I – DIOS CREADOR

poseídos por aquello que amamos. Por eso dice el Señor: «No os hagáis tesoros
en la tierra, … sino haceos tesoros en el cielo… Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón» (Mt. 6:19-21).
Ahora bien, el que es poseído se convierte en «siervo» del que lo posee.
Y la alternativa de «dueño» es única: o Dios o Mamón –el dinero personificado
(Mt. 6:24 –muy cerca de los vv. antes citados).
Pero hay otra consecuencia sumamente consoladora para «el que perma-
nece en amor» (1 Jn. 4:16): se da una mutua inmanencia entre Dios y él:
«Dios permanece en él, y él en Dios» (así continúa el v. que acabamos de citar).
Es una interpenetración amorosa (la noción bíblica de «conocimiento») entre el
creyente y la Trina Deidad (ver también Jn. 14:23), donde el Padre toma la
iniciativa, para llevarla a cabo por el Hijo, y sellarla con el Espíritu con garantía
de perpetuidad.

3. Distintos modos de tender el amor de Dios hacia algo o alguien

En Dios no cabe la tendencia egoísta hacia el bien, a la no difusión del


bien propio; en otras palabras, en Dios es imposible el amor de concupiscencia,
porque: (a) Dios es infinitamente rico –el Universo entero es suyo; él lo creó,
lo conserva, lo dirige y controla; (b) Dios es infinitamente altruista. No sólo es
propio de su naturaleza el dar (ver Stg. 1:17), sino el dar con el mayor sacrificio
posible de Su parte (ver, p. ej., Jn. 3:16). Más aún, dentro de la Trina Deidad,
cada Persona vive de darse a las otras dos.
Pero hay una doble tendencia en Dios, siempre actuante y también comu-
nicable a los creyentes, ya que éstos tienen comunión en la naturaleza divina
(2 P. 1:4), lo cual tiene inmensa importancia para la reflexión devocional.

A) Tendencia hacia el bien que ya existe –amor de complacencia. Dios se


complace en todo bien, así como le disgusta todo mal que ve. Esta
tendencia se extiende únicamente al presente, no al pasado ni al futuro.
Por ejemplo, se complace en el justo cuando es justo, no cuando no era
todavía convertido ni cuando comete injusticia después de convertido.
Esto es algo que la palabra de Dios nos enseña a cada paso, avisándonos
que la justicia de hoy no cubre la injusticia de mañana, ni la injusticia
de hoy mancha la justicia de mañana (ver Ez. 33:12-20). LO MISMO
HEMOS DE HACER LOS CREYENTES, COMO HIJOS DE DIOS. «Detestan-
do lo maligno, apegándonos a lo bueno», nos dice Su palabra (Ro. 12:9b
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 148

–lit.). La idea –bastante extendida– de que Dios se complacía desde la


eternidad en los que habían de ser salvos CUANDO AÚN NO LO ERAN,
no tiene ningún fundamento en la Biblia.
B) Tendencia hacia el bien ajeno que no existe, pero que se desea que exista
–amor de benevolencia. Con este amor Dios ama al perdido y desea que
sea salvo y venga al conocimiento de la verdad (véase, p.ej., Lc. 19:10;
1 Ti. 2:4; 2 P. 3:9). Aquí está el origen de la gracia como «favor de Dios
al hombre», algo que el ser humano por sus propias fuerzas no puede
alcanzar ni merecer. En realidad no es sólo un favor inmerecido, sino
también desmerecido, como se ve por el clímax que establece Pablo en
Romanos 5:6-10 (débiles… pecadores… enemigos). Ahora bien, el amor
de benevolencia tiene también sus exigencias:
(a) En la benevolencia hacia el inconverso, el amor de Dios exige que
se satisfagan las demandas de Su justicia santa. Ésta es, en realidad, una
exigencia de Dios consigo mismo, ya que el inconverso no puede hacer
nada que merezca su justificación, y queda satisfecha con la obra de la
Cruz (ver 2 Co. 5:19, 21).
(b) En la benevolencia hacia el ya justificado, el amor de Dios exige la
dedicación entera del creyente, partiendo del corazón, llegando hasta el
sacrificio de la vida entera y alcanzando un tono propio del verdadero
culto a Dios (Ro. 12:1-2). Sin una dedicación cordial, en sinceridad de vida,
de nada sirve la «religión» (ver Os. 6:6; Mt. 5:23-24; 9:13; 12:7; Stg. 1:26-
27; 1 Jn. 3:16-18).

4. Necesidad de someterse a la disciplina

La Biblia no deja lugar a dudas de que el amor de Dios no sólo se muestra


en regalar favores, sino también en imponer correcciones. De lo contrario, Dios
no sería un buen Padre, y los creyentes no seríamos hijos, sino bastardos (He.
12:6-11). La disciplina de Dios tiene de peculiar:

A’) Que no se equivoca, ni (a) en el punto donde ataca, pues va directamente


a lo que necesita corrección, cosa en que muchas veces se equivocan los
padres terrenos, ni (b) en la medida con que ataca, pues corrige hasta
el nivel máximo de conveniencia para el sujeto, ni más ni menos, cosa
en que también yerran a veces los padres terrenos, por parte de más o
por parte de menos, ni (c) en la motivación que le lleva a corregir, pues
149 PARTE I – DIOS CREADOR

siempre corrige por amor y con justicia, cosa que muchas veces se echa
de menos en las correcciones de los padres terrenos, muchos de los cuales
actúan en sus correcciones por otros motivos que no son el verdadero
amor al hijo o a la hija.
B’) Que actúa siempre con eficacia en el interior del sujeto, a una profundidad
inaccesible para los padres terrenos, por muy bien que éstos conozcan
los mejores métodos de la pedagogía. Esta eficacia de la disciplina de Dios
se lleva a cabo en dos niveles distintos, pero complementarios:
(a) Extirpando lo malo, tanto por medio de Su palabra, que es «como
martillo que quebranta la piedra, y como fuego» que calcina lo quebran-
tado (Jer. 23:29), como por Su Espíritu, encargado de poner un corazón
nuevo, corazón capaz de vibrar al unísono con el corazón de Dios, que
sustituirá al corazón de piedra (Ez. 36:26, 27). Aquí cabría tratar de la
contrición, pero lo dejamos para la Parte 3, que es su lugar.
(b) Mejorando lo bueno, como se hace con los metales preciosos en el
crisol, ya sea apartando la escoria de lo nocivo o inútil (ver 1 Co. 3:15;
He. 12:29), ya sea refinando para aumentar los quilates, privilegio re-
servado para aquellos a quienes Dios llama a una comunión más íntima
con Él (ver Is. 13:12; Mal. 3:3).

5. Vocablos del Antiguo Testamento que expresan el amor de Dios


␣hacia Su pueblo

En respuesta a la petición de Moisés de ver la gloria de Dios (Éx. 33:18),


Dios responde «proclamando el nombre de Yahweh» (Éx. 34:5), que, como se
ve por los vv. 6 y 7, equivale a describir las trece características esenciales y
naturales de Dios –una de las razones por las que el número 13 es de buena
fortuna para los judíos. Voy a traducir los versículos mencionados como lo hace
admirablemente la Biblia de las Américas, ajustadísima al original, excepto en
lo de cambiar el YHWH por «el Señor». Iré numerando, al mismo tiempo, cada
característica:
«Entonces pasó Yahweh por delante de él, y proclamó: 1) Yahweh, Yahweh,
2) Dios 3) compasivo y 4) clemente, 5) lento para la ira 6) y abundante en
misericordia 7) y verdad; 8) el que guarda misericordia a millares, 9) el que
perdona la iniquidad, 10) la transgresión 11) y el pecado, 12) y que no tendrá
por inocente (al culpable); 13) el que castiga la iniquidad de los padres sobre
los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 150

Notará el lector que, de las trece características que cualifican el modo de


ser y actuar de Dios, once muestran Su benevolencia; sólo dos manifiestan el
lado austero de Su justicia en no dejar impune el pecado. Véase en la lección
13, Parte 2ª, 4, D”), (b), lo que digo acerca de la característica nº 13 («el que
castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos
hasta la tercera y cuarta generación»). Respecto a la nº 12, observará el lector
que he puesto en paréntesis lo de «al culpable» (la B. de las Américas, como de
costumbre –también la RV anterior al 1960 lo hacía–, lo pone en cursiva). No
es posible hacer de la frase hebrea venaqqéh lo yennaqqéh una versión que,
siendo ajustada al original, sea al mismo tiempo comprensible. Literalmente
dice: «y absolviendo, no absuelve». Los rabinos dan una explicación plausible:
«absolviendo –al arrepentido, pero no absolviendo –al que no se arrepiente».
Voy ahora a explicar las once primeras características:

(1) «Yahweh, Yahweh» Es el Nombre más sagrado. Como ya dijimos en la


lección 2, 1, B), expresa la actuación protectora y salvadora de Dios hacia Su
pueblo. El Talmud entiende esta repetición como una indicación de que Dios
es siempre el mismo Dios misericordioso, tanto cuando el hombre ha pecado,
como antes de que haya pecado: el cambio que debe efectuarse, se ha de hacer
en el corazón del pecador, no en la naturaleza de la Deidad. En mi opinión, es
una frase completa en la que, como ocurre en hebreo –donde el verbo ser no
se expresa–, fácilmente se entiende el sentido: «Yahweh es Yahweh». Es siempre
el mismo Dios amoroso, misericordioso, perdonador, etc.

(2) «Dios». En hebreo el –abreviatura de elohim–, en su primario sentido,


no en el de «fuerte» (como en la RV), pues ese significado está totalmente fuera
del contexto de benevolencia. Nos presenta a Dios como al Creador, Gobernador
y Dueño del Universo, especialmente en su relación con la humanidad.

(3) «Compasivo». En hebreo, rajúm (comp. Lm. 3:22 «sus compasiones» –heb.
rajamáiw). Lo de «misericordioso» vendrá después, aunque de otra forma. Cada
vocablo tiene su significado específico, y no debe confundirse con ningún otro.
Esta característica presenta a Dios lleno de comprensión, simpatía y afecto ha-
cia los sufrimientos y miserias, producto de nuestra debilidad física y moral.

(4) «Clemente». En hebreo, jannún, de la misma raíz que jen = «gracia», en


sentido de favor inmerecido. Presenta a Dios como quien se apiada de la
151 PARTE I – DIOS CREADOR

aflicción, la opresión, la miseria, etc., ajenas. La diferencia entre esta característi-


ca y la anterior («compasivo») está en que la «clemencia» añade a la «compasión»
el ánimo de llevar a cabo lo que la compasión supone de «impresión emocional»
en el corazón de Dios. en una palabra, la «gracia» lleva a cabo la «compasión»
que Dios siente.

(5) «Lento para la ira». El hebreo dice expresivamente: «largo de rostro» (o,
mejor, «largo de narices»), antropomorfismo que, en mi opinión, significa que,
al contrario que los humanos que se crispan, aprietan los dientes y contraen los
músculos faciales, Dios tiene siempre, ante la provocación, un rostro relajado,
distendido, tranquilo.

(6) «Abundante en misericordia»: En hebreo, rav-jesed; «abundante» (rav),


dice más que «grande» (heb. gadhól –gadól), pues, como indica su etimología,
da idea de algo que ha crecido hasta «desbordarse», alcanzando siempre un nivel
inmensamente más alto que el merecimiento que pudiese obtener cualquier ser
humano.

(7) «… y verdad»; es decir, «abundante de igual modo en verdad» (heb.


rav-jésed veemet), donde emet = «verdad» –como siempre en Dios– es de algún
modo, sustitutivo de «fidelidad», pues la verdad práctica de Dios consiste en ser
fiel a Sí mismo, como ya dijimos en la lección 11, 4, B). Comp. con la exhortación
de Pablo a «seguir la verdad en amor» (Ef. 4:15). Si bien se mira, la frase completa
«abundante en misericordia y verdad» tiene un tono trinitario, pues el «desbor-
damiento» bien se puede aplicar al Padre (comp. Jn. 3:16 «de tal manera amó
Dios…»), la «misericordia» (etimol. «corazón inclinado hacia la miseria») es el
amor compasivo de Dios, «derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo» (Ro. 5:5), mientras que la «verdad» está sólidamente asentada en la «palabra
de Dios» (Jn. 17:17b), especialmente, en la Palabra con mayúscula, el Verbo
(Lógos) de Dios (Jn. 1:1, 14, etc). Ese mismo equilibrio trinitario ha de reflejarse
en cada creyente y en la comunidad eclesial (ver todo el punto 4 de la lecc. 6).

(8) «El que guarda misericordia a millares». En hebreo, notzér jeséd la-
alafim. En atención a los patriarcas (Abraham, Isaac, Israel), muestra su amor
maravilloso, inmerecido, a mil generaciones de sus descendientes; donde «mil»
no es un número cerrado, sino que equivale a «por siempre» (comp. Ro. 11:29),
en contraste con «la tercera y la cuarta generación», en cuanto a «castigar» (lit.
visitar) la iniquidad de los padres.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 152

(9) «El que perdona la iniquidad». En hebreo, nosé avón (o awón –vocablo
específico para expresar la «iniquidad», la «infracción de la ley», perpetrada con
entera deliberación y hostilidad hacia el Dador de la Ley). Dios muestra aquí
su longanimidad ante el desafío que el inicuo presenta.

(10) «El que perdona… la transgresión». El hebreo peshá, afín –pariente–


de pesa (pasar, ¡la pascua! En Éx. 12:11-12, 27), significa específicamente «trans-
gresión», vocablo latino que equivale a traspasar un límite –el límite que la ley
de Dios pone ante nuestra libertad, con el fin de que no se desmande, con
perjuicio de nosotros mismos, puesto que los mandamientos de Dios no están
ordenados a destruir, sino a dirigir y proteger, nuestra libertad.

(11) «El que perdona… el pecado». El hebreo jattaáh es una forma del
vocablo –raíz jet = «pecado, obstáculo, barrera», «desvío de la meta deseable»,
«errar el blanco». Esa forma jattaáh, que aquí vemos, es sumamente expresiva,
pues es enteramente el mismo vocablo que significa «ofrenda por el pecado»,
con lo que se insinúa lo «tremendo» del remedio que Dios hubo de aplicar –¡la
Cruz!– para borrar de nuestra existencia el pecado que nos condenaba.

En cuanto a otros vocablos hebreos con que en el A.T. se expresa el amor


de Dios, diremos que, de los muchos que podrían citarse, destacan cinco:

A) El verbo ahéb, que sirve para expresar tanto el amor de Dios como el del
hombre, e incluso el «amor» hacia objetos inanimados como el alimento
(Gn. 27:4), la sabiduría (Pr. 4:6), el sueño (Pr. 20:13), la agricultura (2 Cr.
26:10) y el bien (Am. 5:15).
B) El nombre ahabá, que expresa primariamente el amor humano, como se
ve en el uso frecuente que de este vocablo se hace en el Cantar de los
Cantares, aunque también se usa para expresar el amor divino (véase
Is. 63:9; Jer. 31:3; Os. 11:4; Sof. 3:17). Incluso fonéticamente, el hebreo
ahabá se parece al griego ágape, pero éste alcanza un nivel mucho más
elevado que aquél.
C) El nombre dod, que tiene un matiz sexual en cuanto a que sirve para
expresar la relación «amante»-«amada», y en este sentido ocurre muchas
veces en el Cantar.
D) El nombre jeséd, ya mencionado varias veces en esta misma lección, que
expresa un incansable amor, lleno de misericordia hacia el necesitado.
153 PARTE I – DIOS CREADOR

E) Finalmente, el verbo yadád = «echar suertes, escoger», «amar, preferir», y


el nombre derivado yadíd = «amigo preferido, predilecto». Por eso, para
indicar que Dios escogió a Salomón, entre los demás hijos de David, para
suceder a su padre, el mismo Dios, por medio de Natán, le impuso el
nombre de Yedidi-Yah (Reina-Valera, Jedidías), como puede verse en 2
Samuel 12:25. El nombre yadíd (o, en su forma constructa, yedíd) es usado
en un contexto poético para designar al «amigo amado», como puede verse
en Deuteronomio 33:12; Salmos 60:6; 108:6; 127:2; Isaías 5:1 (dos veces);
Jeremías 11:15.

6. Vocablos del N.T. que sirven para expresar el amor de Dios

Existen en griego varios vocablos para expresar el amor, pero, entre los
cuatro principales, sólo dos tienen aplicación con respecto a Dios.

A’) El primero y principal de ellos es el verbo agapán = «amar», y el nombre


derivado agápe, ya mencionados. Es un amor sublime, que tiene sus raíces
en el Cielo (ver 1 Jn. 3:1), aunque dé sus mejores frutos en la Tierra, por
la pura benevolencia del Trino Dios. Es un amor que se satisface con
darse, incluso cuando no hay correspondencia (y aun cuando no se es-
pera esa correspondencia). Es, de parte de Dios, total altruismo, purísima
generosidad; a este nivel, no puede llegar ninguna criatura. En la LXX,
sirve, casi siempre, para verter el verbo hebreo ahéb.
B’) El verbo más usado en el griego clásico para expresar el amor es philéin,
pero se usa muy poco en la LXX. Ocurre 25 veces en el N.T. y tiene un
tono cálido, entrañable, emocional, propio de la verdadera amistad y no
se satisface si no hay correspondencia. Para notar su contraste con el
verbo agapán, voy a citar dos lugares, ambos en Juan:
(a) Juan 11:3. «Enviaron, pues, las hermanas para decir (a Jesús): Señor,
he aquí el que amas (gr. philéis) está enfermo…» Versículo 5: «Y amaba
(gr. egápa) Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro». Con el verbo egápa
(en pret. imperf.), de nivel superior, engloba a los tres, pero el verbo
philéis, cálido, de amistad entrañable, emocional, se reserva para Lázaro.
(b) Juan 21:15-17. Aquí, el contraste es más notable todavía. En las dos
primeras preguntas, Jesús se dirige a Pedro mediante el uso del verbo
agapán («ámasme?» –gr. Agapás me?), pero Pedro no se atreve a usar un
verbo que implica una generosidad tan grande, y le responde con el verbo
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 154

philéin («tú sabes que te amo» –gr. philó se). Así que, en la tercera pregunta,
Jesús condesciende a usar el mismo verbo que Pedro había empleado:
«Le dijo la tercera vez… ¿me amas? (gr. philéis me?)». Pedro se entristece,
al adivinar que estas preguntas de Cristo podrían corresponder a sus tres
negaciones de Cristo, y responde: «Señor, tú lo sabes (gr. óidas) todo; tú
conoces (gr. ginóskeis) que te amo (gr. philó se)». Jesús ha condescendi-
do bajando al nivel de Pedro, pues usa ahora el mismo verbo que Pedro
ha usado al responder a las dos primeras preguntas, y, conociendo por
su presciencia divina, que Pedro se iba a entristecer esta tercera vez, opta
por usar el verbo del amor cálido, entrañable, característico de este
Apóstol, a fin de paliar algún tanto la tristeza saludable que le va a causar.
Hay otro detalle que no debe pasar sin mención. Al decir «tú sabes que
te amo», Pedro ha usado el verbo óidas, y también lo ha hecho en la 1ª
parte de su 3ª respuesta; pero en la 2ª parte ha cambiado ese verbo por
el de mayor intimidad y profundidad ginóskeis.

Otros dos vocablos griegos que también significan «amor», y son frecuentes
en el griego no bíblico, jamás se usan en el N.T. Son los siguientes:

C’) Storgé = «amor», en sentido de afecto entre padres e hijos, o entre her-
manos (del verbo stérgo). El adjetivo que indica lo opuesto a storgé =
«ástorgos», que ocurre únicamente en Romanos 1:31 y 2 Timoteo 3:3 y está
muy bien traducido en la Reina-Valera por «sin afecto natural», influyó lo
suficiente en la ausencia de storgé.
D’) Eros, que expresa un amor posesivo, de tinte sensual, cuando no sexual.
Hay un agudísimo contraste entre éros y agápe. «Eros –dice L. Morris
(Testaments of Love, pág. 128)– tiene dos características principales: es un
amor que se otorga a quien se lo merece y es un amor que desea poseer.
Agápe está en contraste con éros en ambos puntos: es un amor que no
depende del merecimiento ajeno y es un amor que no busca poseer; por
el contrario, se da sin atención a los méritos y es un amor que busca dar»
(traduzco del inglés).

7. Ciertos términos bíblicos que están estrechamente relacionados


␣con el amor benévolo de Dios

A”) Bondad. Es un término genérico para designar la benevolencia de Dios


hacia los hombres como criaturas Suyas (ver, p.ej., Hch. 14:17).
155 PARTE I – DIOS CREADOR

B”) Gracia. Como ya se dijo anteriormente, es el favor no merecido; en


nuestro caso (ver Ro. 5:6-10), des-merecido.
C”) Longanimidad. Es un vocablo tomado del latín, y significa «largura de
ánimo», como se ve por el griego «makrothumía»; expresa la paciencia
para frenarse a sí mismo ante la provocación ajena, por lo que resulta muy
adecuado para referirse a la paciencia de Dios; y quedaría más claro el
sentido, si en las versiones se tradujese por «longanimidad» (la Reina-
Valera lo vierte por «paciencia», –véase en 1 P. 3:20 y 2 P. 3:15, donde
ocurre dicho vocablo). El término gr. hupomoné = «paciencia», en el sen-
tido de aguantar, no a las personas, sino las circunstancias no suele usarse
de la Deidad. Su misma etimología da a entender que, ante circunstancias
adversas, el sujeto permanece (moné viene del verbo méno = permanecer)
bajo (gr. hupó) la adversidad, como quien aguanta un peso arrimando el
hombro. El secreto está en arrimar «los dos hombros», no «uno solo», para
que se equilibre el peso.
D”) Misericordia. El vocablo griego correspondiente a este término cuya
naturaleza conocemos bien, como amor de Dios inclinado cordialmente
hacia la miseria, es éleos (el verbo correspondiente es eleéin o eleán) y
no debe confundirse con oiktirmós = «compasión», que la Reina-Valera
vierte por «misericordia» en los 5 únicos lugares en que ocurre en el N.T.
(Ro. 12:1; 2 Co. 1:3; Fil. 2:1; Col. 3:12 y He. 10:28; en este último, la 1960,
cambia «sin misericordia» por «irremisiblemente» –también la 1995; la 1977,
«sin compasión»).

8. Consideraciones de carácter devocional

Además del mucho material de contenido devocional, estudiado en la pre-


sente lección, caben otras muchas reflexiones en que el tono devocional abunde.
Ahí van algunas.
Como en Dios están, unidas en la simplicidad de Su esencia, todas las
perfecciones posibles, y en grado infinito, en Él hay lo mejor de los sentimientos
maternales, tanto como de los paternales. Por eso, el amor de Dios es infini-
tamente mayor, más puro y más efectivo, que el de todas las mejores madres
del mundo juntas. Lea atentamente el lector Isaías 49:14-16 y 66:12-13. De niño,
y de mayor, escuché más de una vez la insinuación –con vistas a fomentar la
devoción a la Virgen María– de que el Pródigo de Lucas 15 se marchó de casa
porque, seguramente, no tenía madre. Es cierto que Lucas no menciona a la
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 156

madre, porque no hace ninguna falta, ya que el interés de Jesús, en esa


parábola, es precisamente presentar, en el padre del Pródigo, a Dios Padre con
unos sentimientos que conjugan lo mejor del amor paternal y maternal.
Hay quienes llegan a pensar que la misericordia, por esa inclinación
emocional hacia la miseria, tiene cierto tono de «debilidad». ¡No hay tal cosa!
Como dice J. Auer (Dios Uno y Trino, pág. 552), «la misericordia no tiene nada
de débil, es siempre una virtud fuerte, vinculada a la gracia de Dios». Es como
la rama del árbol frutal que se dobla, no por debilidad, sino por la abundancia
de fruta que soporta.
La Biblia nos recalca que nuestro Padre del Cielo es «el Dios de toda
consolación» –de toda clase de consuelo–. En sólo cinco vv. (ver 2 Co. 1:3-7),
ocurre diez veces el nombre paráklesis = «consolación» o el verbo correspon-
diente parakaléin = «consolar». Es una porción muy adecuada para prestar
consuelo, alivio y fortaleza a quienes están pasando por un trance extremada-
mente penoso (una grave depresión, una enfermedad sin remedio, dudas y
temores ante una muerte próxima, etc.).
También nos dice la Biblia que Dios com-padece, esto es, padece con los
Suyos. Nótese, en Éxodo 3:7, la frase final: «he conocido –el verbo de la intimidad
sentimental– sus angustias». Igualmente, en Isaías 63:9 «En toda angustia de
ellos, Él fue angustiado», donde hay dos detalles de gran importancia:

A) El vocablo hebreo para «angustia» es tsar, que significa «estrechez» (ese


mismo es el significado del vocablo, de origen latino, «angustia»). Para un
judío, «falta de libertad por opresión o persecución por parte de algún
enemigo»; de ahí,la expresión «sacar a lugar espacioso» o «poner en lugar
espacioso» (véase 2 S. 22:20; Sal. 18:19; 31:8; 118:5), como sinónimo de
«conocer la libertad de movimientos, lejos de la opresión o persecución
del enemigo».
B) En la lista de las correcciones hechas por los soferim o encargados de
los textos sagrados, figura Isaías 63:9, donde cambiaron un wau por un
álef, de modo que donde el texto decía «En toda angustia de ellos,
(hubo) angustia para Él», vino a decir «En toda angustia de ellos, no
(hubo) angustia (para Él)»; pero un circulito blanco sobre el álef avisa
que se ha hecho una corrección. Sin duda fue una falsa reverencia lo que
les incitó a realizar el cambio. Por fortuna, nuestras versiones traducen
lo que estaba escrito antes, no lo que aparece actualmente en el texto
hebreo.
157 PARTE I – DIOS CREADOR

Algo muy notable, al leer la Biblia, es que Dios no recrimina a los Suyos,
cuando, puestos en una angustia extrema, en una situación límite, se dirigen a
Él de un modo irreverente, incluso lindando con la blasfemia. Véase, por ejem-
plo, todo el Salmo 88, así como los vv. 38-51 del Salmo 89. Muchas de estas quejas
«irreverentes» se hallan en la parte poética de Job. Destacan, por su crudeza
«blasfema», 9:24 «La tierra es entregada en manos de los impíos, y él (¡Dios!)
cubre el rostro de los jueces. Sino es él, ¿quién es?», y 10:13 «¿Y me aguardabas
esto en tu corazón? Bien veo que esto entraba en tus designios» (vers. Nácar-
Colunga). En 9:24, Job atribuye a Dios la injusticia y la negligencia de los jueces;
les «cubre el rostro» para que hagan la vista gorda ante el sufrimiento de los
inocentes; y en 10:13 se queja de que, después del cuidado con que Dios lo
formó (ver también v. 8), ahora se ha vuelto su enemigo; y lo peor, según Job,
es que esta hostilidad de Dios hacia él entraba en Sus designios eternos.
Lo grandioso es que, como dije al comienzo del párrafo anterior, Dios no
recrimina, no condena, este modo de hablar de David, de Job, etc., porque
comprende muy bien el trance por el que están pasando, y hasta se complace
de que, en tales circunstancias, los Suyos desahoguen en Su presencia la amar-
gura de su corazón.
Este amor inmenso del Dios misericordioso, compasivo, lento para la ira,
etc., debe servirnos a Sus hijos de modelo para imitarle. Consideremos las
siguientes porciones:

A”’) Oseas 6:6 «Misericordia quiero y no sacrificio», esto es, antes de ofrecer
a Dios cualquier acto de culto (aunque sea culto de adoración), socorrer,
consolar, aliviar, al necesitado es lo primero que Dios requiere. Esta es
«la religión pura y sin mácula» de la que habla Santiago 1:27. Comp.
también Mateo 5:23-24.
B”’) Mateo 5:43-48. La «perfección» de que aquí (v. 48) habla Jesús es una
madurez espiritual –imitadora de Dios– por la que debemos extender
nuestro amor a todos, no sólo a quienes nos aman, sino también a los
que nos aborrecen (no se trata de la «perfección absoluta» –ver
Filipenses 3:10 y ss). Un lugar paralelo es Lucas 6:36 «Sed misericordiosos,
como también vuestro Padre es misericordioso». ¿Y qué mejor base bíblica
para todo esto que Salmos 145:9? Dice David: «BUENO YAHWEH PARA
TODOS, y sus misericordias sobre todas sus obras!» (lit.). Por eso, en
Gálatas 6:10 dice Pablo: «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos
bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 158

C”’) Efesios 5:1-2 «Sed, pues imitadores de Dios como hijos amados. Y andad
en amor (el amor debe motivar toda nuestra conducta), como también
Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio
a Dios en olor fragante». Es una consecuencia de lo que acaba de decir
en 4:32. Comp. con Colosenses 3:13-14.

El amor, como dice Auer (o.c., pág. 586), «representa la meta de toda la
madurez del hombre, y lo que el individuo sabe del amor, no es lo que el amor
es en sí, sino lo que él personalmente puede entender y realizar como ‘amor’
en su estado presente». En otras palabras, el amor como cima de la vida espiritual
sólo se sabe y se saborea (es una misma la etimología de ambos verbos) como
vivencia que tiene su experiencia fructuosa en la andadura de cada día. Aquí
viene una pregunta: ¿Es el amor algo espontáneo o reflejo? Me explicaré. Su-
pongamos una pareja en la que el amor auténtico, de entrega generosa, de
atención cariñosa, de preocupación diligente del uno por el otro (cf. Ef. 5:22-
23), no fue lo que indujo a uno de los contrayentes (o a los dos) a llegar al
casamiento, sino que fue únicamente el «flechazo», o el dinero, la comodidad,
la presión de los familiares, etc., lo que condujo a la boda. Ya sea que la vida
posterior se desarrolle con refriegas o con un pacto, implícito o explícito, de una
«paz» conveniente, ¿pueden los cónyuges –o, al menos uno de ellos– motivarse
mediante una reflexión serena, a fin de llegar a un nivel aceptable de verdadero
amor, cariñoso, atento, servicial, hacia su cónyuge? Hay quienes responden
dando por imposible tal cambio, «por falta de espontaneidad». Mi respuesta clara
y segura es «¡Sí!». Y me apoyo en una razón convincente: Si no fuese por reflexión
espiritual, estimulada por el Espíritu Santo, ¿cómo podríamos llegar a amar a
Dios? ¿No es esa reflexión la que nos hace ver los motivos que tenemos para
amarle? Y, si esto es factible respecto al Dios infinito, invisible y terrible, ¿no lo
será respecto a alguien a quien tenemos siempre delante y que es como «hueso
de mis huesos y carne de mi carne» (Gn. 2:23)?
Creo que es J. Moltmann quien ha dicho (quizá resumo su pensamiento):
«Aunque amar es sufrir, amar es vivir». R. Descartes estableció la base de su
filosofía sobre el aforismo: «Pienso luego existo». Mejor podríamos nosotros
establecer la clave de nuestra conducta sobre este otro: «Amo, luego vivo».
La mayor injuria que se le puede hacer a Dios es dudar de Su amor y, por
ello, desconfiar de Él. Ver la lección 13, Parte 2ª 6, A”” y B””. ¿No fue precisa-
mente ese el primer pecado de un ser humano? Satanás tuvo la partida ganada
(Gn. 3:1-6) tan pronto como pudo conseguir que Eva desconfiase del amor total
159 PARTE I – DIOS CREADOR

de Dios y pensase que Dios podía tener envidia de que una criatura humana
conociera el bien y el mal como lo conoce Él . Pero esa no es la única forma
en que esa clase de pecado se comete. Siempre que nos quejemos, mental o
verbalmente, de las circunstancias, del mal tiempo, de nuestra «mala suerte». etc.,
etc., estamos desconfiando del amor total de Dios hacia nosotros.
El amor es el único «soldador» (¡soldadura autógena!).

A””) En sentido horizontal arriba, esto es, entre las Personas de la Deidad.
Ver, por ejemplo, Juan 17:21 –no se menciona el E. Santo, porque no es nece-
sario, ya que Él es precisamente el «vínculo personal» de la unión, como puede
verse comparando el versículo 23 con Efesios 4:3 «la unidad del Espíritu».
B””) En sentido vertical, entre la Trina Deidad y los creyentes (ver Ro. 5:5b
«el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del
Espíritu Santo que nos fue dado» (lit.). Nótese lo de ha sido derramado, muy
expresivo para dar a entender que el Espíritu Santo tiene su mejor símbolo
bíblico en el aceite, que se derrama para consagrar, santificar, sanar, capacitar,
etc. Ver también Juan 14:23; 1 Juan 4:16.
C””) En sentido horizontal abajo, entre los creyentes mismos como miem-
bros del mismo Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia (v. 1 Co 12:13ss; 2 Co. 13:14;
Ef. 1:22-23; 1 Jn. 1:3). Esta reflexión, de ser «el cuerpo de Cristo y miembros cada
uno por su parte» (1 Co. 12:27 –RVR 77; literalmente, «miembros de una parte»,
esto es, cada uno es parte de los demás), debería prevalecer siempre que hay
roces, resentimientos, envidia, celos, rivalidades, etc., en la comunidad eclesial.

Termino este punto con una reflexión que va, de cierto, hasta «lo profundo
de Dios» (1 Co. 2:10). Dios el Padre, al pronunciar internamente todo Su Ser
Personal, da origen al Verbo. El Padre y el Hijo, en su eterno alentar (espirar)
el amor mutuo hacia el Bien Divino, dan origen al Espíritu Santo. Si repasamos
la lección 4, punto 6, y toda la lección 6, veremos cómo podemos imitar –no
compartir– estas funciones intratrinitarias de la Deidad. Puedo asegurar a mis
lectores que ese repaso será un estímulo para muchas consideraciones de ca-
rácter devocional acerca del amor y de ese Dios que es AMOR. ¡Ah! Y si se sienten
desanimados, porque «les van mal las cosas», lean y mediten esta porción ejem-
plar, única en la Biblia a este respecto: «Aunque la higuera no florezca, ni en
las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los
corrales; con todo, yo me alegraré en Yahweh, y me gozaré en el Dios de mi
salvación» (Hab. 3:17-18).
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 160

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 15

Además del mucho material que hay en el texto, serán de provecho las
siguiente consideraciones:

1ª pregunta Dice Grudem: «La misericordia de Dios es Su bondad hacia los


que están en apuros, Su gracia es Su bondad hacia los que sólo merecen
castigo, y Su paciencia es Su bondad hacia los que continúan pecando
durante largo tiempo» (o.c., pág. 198). Conviene leer con frecuencia Salmos
34:8; 84:11; 100:5; 106:1; 107:1; 119:68; 145:9; Mateo 7:11; Lucas 18:19;
Hechos 14:17; Romanos 8:28, 32; Hebreos 12:10.

2ª pregunta En cuanto a imitar la bondad de Dios, nos exhortan y animan


a ello porciones como Salmos 16:11; 42:1-2; 73:25-26; Lucas 6:27, 33-35;
Gálatas 6:10; 2 Timoteo 3:17.

3ª pregunta En esta pregunta, y en las restantes de la presente lección, me


limitaré a resumir o extractar pensamientos provechosos de W. Grudem.
Dice, por ej. (o.c., pág. 199): «Lo de “Dios es Amor” significa que es de la
esencia de Dios darse. Esto indica que así era antes de la fundación del
mundo (Jn. 17:24). El Padre ama, se da, al Hijo (Jn. 3:35), y el Hijo corres-
ponde a este amor del Padre (Jn. 14:31). Esto implica necesariamente al E.
Santo» (el subrayado es mío). Grudem no presenta ningún texto de esto
último, pues no los hay explícitos, pero personalmente entiendo que el E.
Santo como Don personal del Padre (Ro. 5:5) y, necesariamente, también
del Hijo (ver Jn. 16:14-15) es el vínculo de unión personal del Padre y del
Hijo y tiene en común con ambos, por decirlo así, el mismo «corazón» para
amar, tanto a nivel intratrinitario como a nivel eclesial (ver, respectivamente,
Jn. 17:21 y Ef. 4:3, comp. con Col. 3:14).

4ª pregunta Otra porción que es, a un mismo tiempo, trinitaria y eclesiológica,


respecto al amor de Dios, es 1 Juan 4:7-16. Si la lee usted detenidamente,
se percatará de lo que afirmo.
161 PARTE I – DIOS CREADOR

5ª pregunta También me parece especialmente iluminador a este respecto


el siguiente párrafo de Grudem:

«Uno de los hechos más asombrosos en toda la Escritura es que, así


como el amor de Dios implica el darse para hacernos felices, así también
nosotros podemos corresponder dando de nosotros mismos (a Dios, se
entiende) y produciendo realmente gozo en el corazón de Dios (ver Is.
62:5; Sof. 3:17-18)».

6ª pregunta ␣Finalmente, veamos este pensamiento de C.S. Lewis:

«Cuando haya aprendido a amar a Dios mejor que a lo que más


quiero en la tierra, amaré lo que más quiero en la tierra mejor que lo amo
ahora».

¡Hermoso pensamiento, digno del talento de C.S. Lewis! ¡Lástima que, para
confusión suya, no pasó él mismo la «prueba» del «examen» que ahí propuso para
conocimiento general de sus lectores! Es preciso añadir que Dios nos libre de
creernos autosuficientes para pasar esa «prueba» sin depender de Su gracia.
Cuando le llega a cada uno ese momento, las cosas se ven de modo muy
diferente del modo como las vemos, en frío, en los demás.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 162
163 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 16
Las eternas decisiones
de Dios
I. INTRODUCCIÓN

De aquí en adelante, vamos a estudiar, guiados siempre por el Espíritu Santo


y la palabra de Dios, lo que a muchos les parece el lado «sombrío» de la asig-
natura. Hablar de «elección», «predestinación», «decretos eternos» de Dios, etc.,
puede ocasionar turbación en la mente y en el corazón de muchas personas
que, por no conocer bien las Escrituras (ver Mt. 22:29; Mr. 12:24), sufren in-
necesariamente y carecen de la consolación que las Escrituras proporcionan
(ver Ro. 15:4).
Para comenzar con buen pie el estudio del que, para muchos, es un espi-
noso problema, nada mejor que extraer unos párrafos del artículo que bajo el
título Linderos y tropezaderos, escribió el gran siervo de Dios, C.H. Mackintosh:

«La doctrina de la elección en su debido lugar, en vez de ser un


tropezadero en la senda de buscadores angustiados, vendrá a ser lindero
bien fijado por los antiguos, como también por los apóstoles inspirados
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…»
«Pero todos sabemos que una verdad sacada de su lugar es más
peligrosa que un error manifiesto. Si alguien se levantase a decir clara-
mente que la doctrina de la elección es falsa, deberíamos rechazar, sin
titubeos, sus palabras; pero quizá no estemos tan bien preparados para
hacer frente a otro que, aun cuando admita que tal doctrina es verdadera
e importante, la saca del lugar que Dios le asignó. Esto último es lo que
constantemente se ha hecho, para perjuicio de la verdad divina y oscu-
recimiento de las almas de los hombres».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 164

«¿Cuál es, pues, el verdadero lugar de la doctrina de la elección? Su


lugar verdadero, el que Dios le asignó, es para los de casa –para consolidar
a los creyentes verdaderos. En vez de esto, el enemigo la pone fuera de
la casa, para servir de tropezadero a los buscadores angustiados…»
«Para el buscador angustiado, es de todo punto necesario que tenga
en cuenta que los beneficios de la muerte de Cristo le pueden ser apli-
cados, no por ser «uno de los elegidos», sino por ser un pecador perdido».
«¿Dónde es presentado el conocimiento de la elección como requisi-
to indispensable, como una noción esencial, para aceptar la salvación?
En ninguna parte de la Palabra de Dios. Mi único derecho a obtener la
salvación es que soy un pecador miserable, merecedor del infierno…»

Para demostrar que su posición es la verdadera, Mackintosh cita lugares


bien conocidos, como 1 Tesalonicenses 1:4-5; Marcos 16:15; 1 Timoteo 1:15;
Lucas 19:10; Romanos 5:6, 8, 10. Y, ya casi al final de su artículo, concluye con
palabras de exquisita sabiduría:

«En cuanto a las almas angustiadas que se turban a sí mismas con


preguntas acerca de la elección, queremos mostrarles que no está de
acuerdo con la mente de Dios el que presenten semejante dificultad. Dios
se dirige a ellas en la posición exacta en que las ve y en el que se pueden
ver a sí mismas. Se dirige a ellas como pecadoras, y eso es exactamente
lo que son. Ninguna otra cosa hay para cualquier pecador sino salva-
ción, en el momento en que él ocupa su verdadero lugar como pecador.
Esto es suficientemente sencillo para cualquier alma sencilla. Hacer pre-
guntas sobre la elección es clara incredulidad. Es, para ponerlo de otra
forma, rechazar lo que está revelado, apoyándose en lo que está escon-
dido; es rehusar lo que puedo conocer, basándome en lo que no puedo
conocer».

1. Decretos, designios, planes

Estos tres vocablos suelen usarse como sinónimos, pero difieren en su


verdadero significado. Ch.C. Ryrie (Basic Theology, págs. 311-312 –hay trad.
castellana) los somete a un análisis agudo y concluye que, debido a la variedad
de casos y circunstancias en que la providencia y el gobierno de Dios actúan
y controlan con relación a los agentes racionales y libres, la palabra «decreto»
165 PARTE I – DIOS CREADOR

no expresa bien una trama de decisiones tan complejas por parte de Dios. El
término «plan» –dice Ryrie– podría ser «demasiado neutral, como si Dios hiciese
la obra inicial y luego diera de mano el control». Por consiguiente, opta por el
término «designio».
Para ilustrar lo que el vocablo «designio» significa aquí y, de paso, aclarar
por qué lo escoge en lugar de los otros dos, Ryrie pone el siguiente símil: «El
vocablo “designio” nos pone ante la vista el término “arquitecto”, el cual nos
sirve de ayuda en esta doctrina. Dios es el Arquitecto de un plan que incluye
todas las cosas, pero las incluye en una variedad de relaciones. Los planes de
los arquitectos son detallados. También lo es el plan de Dios. En la construcción
de un edificio, los expertos pueden predecir que un cierto número de obreros
sufrirán heridas y, en algunos casos, un pequeño porcentaje de ellos perderán
incluso la vida. Estas penosas estadísticas se incluyen en la planificación del
edificio; no obstante, no tendríamos al arquitecto por responsable de las heridas
ni de las muertes (suponiendo que han tomado las convenientes medidas de
seguridad). El descuido, la negligencia de las normas y aun la violación de las
medidas de seguridad son, de ordinario, las causas de los accidentes, pero, ¿de
quién es la culpa? De los individuos que son descuidados o negligentes. Así
también el plan de Dios ha sido designado de forma que la responsabilidad
por el pecado recaiga sobre el individuo, aun cuando Dios haya incluido a
sabiendas en Su plan el pecado.»
En mi opinión, los vocablos clave para todo este tema son «designio»,
también llamado «consejo» (aunque tienen distinto matiz, como luego explicaré),
y «decisión» o «decreto» –también tienen distinto matiz–. Las respectivas etimo-
logías nos ayudarán a conocer con exactitud el significado de cada uno de ellos:

A) Designio. Viene del latín designare, de de y signum = «señal, marca»,


«insignia, bandera». Es sinónimo de «diseño» = «traza, delineación de un
edificio o de una figura» (D. de la R. Academia). El matiz, pues, que desta-
ca en el término «designio» es el esbozo del plano del arquitecto. Este
esbozo, en el plan de Dios, lleva dibujados ya todos los perfiles de la
historia de la humanidad.
B) Consejo. Viene del latín consilium = «deliberación, consulta». El matiz que
aquí destaca es la previa (al menos, lógicamente) reflexión sobre los pros
y contras de la decisión que se ha de tomar. En Dios, como es obvio, no
pueden darse distintos momentos de reflexión y decisión, etc., pero la
palabra de Dios nos presenta (ver Gn. 1:26) una «decisión» de la Trina
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 166

Deidad en cuanto a la creación del hombre. Como nada de lo que sucedió


(y está sucediendo) después, pudo tomar por sorpresa a Dios, hemos de
imaginarnos a la Trina Deidad «en consulta previa» –aunque sea un antro-
pomorfismo– antes de decidir, con todas las consecuencias, la creación
del hombre. Esto lanza un enorme foco de luz sobre la Cristología en
particular y sobre el resto de la Teología en general.
C) Decisión. Del latín decídere = «cortar», «resolver», «decidir». El matiz carac-
terístico de este vocablo es marcar una línea desde la que se da un paso
adelante, dando así por terminada cualquier deliberación previa. La
decisión es, pues, como un paso irreversible, que señala el final de una
alternativa; por eso resulta tan doloroso, muchas veces, dar este paso que,
al mismo tiempo, es inevitable.
D) Decreto. Viene del verbo latino decérnere = «determinar», «decidir»; del
simple cérnere procede el castellano «cerner» y ambos significan lo mismo:
separar una cosa de otra con la que se hallaba unida. Se cierne para
separar el trigo de la granza, y la harina del salvado. El matiz que lo dis-
tingue de la «decisión» es que el decreto significa la resolución de carácter
político o gubernativo, emanada de un jefe superior, ya sea éste del plano
civil, político, militar o religioso. La decisión, en cambio, es una deter-
minación a actuar, tomada por cualquier persona con referencia a
cualquier asunto.

Designio y decreto son los términos suficientes para estudiar la actuación


de la providencia y del gobierno de Dios en relación con los agentes libres y
responsables del Universo, que son los ángeles y los seres humanos. El designio
es el diseño del plan de Dios a este respecto, y el decreto es la resolución a
ponerlo por obra en el decurso de la historia.

2. Decretos absolutos y decretos condicionados

En la lección 13, Parte 1ª, 4, B), mencionamos ya la división de los decretos


de Dios en absolutos y condicionados, y anunciamos también que los trataríamos
en las lecciones 16 y siguientes. Nos toca ahora hacerlo.
Antes de entrar en materia, es preciso insistir en una observación de suma
importancia: Cuando hablamos de «los decretos de Dios», nos referimos a lo
que de ellos conocemos por la revelación que de Sí mismo ha hecho Dios en
las Sagradas Escrituras, ya que los decretos divinos son, de suyo, desconocidos
167 PARTE I – DIOS CREADOR

para nosotros (ver Dt. 29:29). Pero de la palabra de Dios inferimos que hay dos
clases de decretos:

A’) Absolutos, que se cumplen eficaz e infaliblemente. Son expresados en el


Nuevo Testamento por medio de los términos «elegir», «elección», «bene-
plácito» –también traducido como «buena voluntad»–, «designio», entendi-
do como emanación de una «voluntad decidida», «predestinación», «pre-
destinar», «presciencia», «predeterminación», «proponerse», «propósito».
B’) Condicionados, que se cumplen bajo condición establecida por Dios
mismo, lo cual no significa que el ser humano les otorgue eficacia me-
diante el cumplimiento de la condición cambiándolos en absolutos, ya
que el cumplimiento de la condición por parte del hombre (ya sea la fe
para la salvación inicial, ya sea la confesión para continuar, en la comunión
con Dios, el proceso de la salvación progresiva o santificación) sería
imposible sin la enérgeia o «fuerza activa», mediante la cual Dios capacita
al ser humano, a fin de que éste pueda ejercitar la fe, el arrepentimiento
y, globalmente, la conversión = «darse la vuelta». El hombre no añade, de
suyo, nada a la obra salvífica de Dios, pero puede resistirla, y aun
endurecerse en esa resistencia, por justo juicio de Dios.

3. Análisis de los términos bíblicos respecto a los decretos de


␣Dios

Por ser este volumen un manual de texto, no un libro de consulta, no


podemos entretenernos, como desearíamos, en analizar todos los detalles, tanto
bíblicos, como específicamente teológicos, sobre el tema.
Aparte de las grandes obras de teología, como la Systematic Theology de
L.Sp. Chafer (hay traducción en castellano) y del Curso de Teología Dogmática
de Auer-Ratzinger (católicos, pero tienen cosas muy buenas), lo mejor que
conozco, para quienes entiendan el inglés, es el Evangelical Dictionary of
Theology, editado por W.A. Elwell.

A”) Para el estudio de los decretos absolutos, analicemos 3 porciones en las


que ocurren todos los términos mencionados en el punto 2, A’).
(a) Efesios 1:4-11. No voy a transcribir aquí todo el texto. Tome el lector
su Biblia y vaya siguiendo palabra por palabra:
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 168

Versículo 4. «escogió» (gr. exeléxato, donde son de notar: la preposición


ex, de extracción; el verbo légo, en aoristo de indicativo y en su significado
de «escoger», no de «decir»; la terminación ato, propia de la voz media,
con lo que el sentido es: «escogió para Sí». ¿Con qué objeto? Lo dice Pablo
a continuación: «para que fuésemos santos…». Una ilustración: Un jefe de
empresa escoge, de entre varios solicitantes, un cierto número de ellos.
Su objeto es que prospere su empresa; para eso, ha tenido en cuenta las
aptitudes de los elegidos. Es obvio que aquí se rompe la analogía con la
elección divina, en la que Dios no tiene en cuenta mérito alguno por parte
de los escogidos.

Versículo 5. «habiéndonos predestinado» (gr. proorísas –también aoristo


de indic. en la voz activa, de proorízo, comp. de pro, prepos, de ante-
rioridad y orízo = «señalar, determinar», de donde viene el cast. «horizonte»
= «el que señala la línea divisoria entre el cielo y la tierra o el mar». Otra
ilustración: El mencionado jefe de empresa, después de escoger para su
empresa a cierto número de individuos, asigna a cada uno un «destino»
para trabajar en una determinada oficina, taller, etc., de la empresa. ¿Cuál
es el objeto de la predestinación divina? Es un objetivo triple, como puede
verse en esta misma porción: Objetivo primordial: «para alabanza de la
gloria de su gracia» (vv. 6, 12 y 14 –al final de cada sección trinitaria del
pasaje). «La gloria de su gracia» es el brillo que resplandece en el favor
gratuito de Dios hacia nosotros, miserables pecadores» Objetivo instru-
mental y formal: «para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo»
(v. 5). Objetivo final: La «herencia» (v. 11), de la que habla 1 Pedro 1:3-
4. Quedan en el versículo 5 dos términos muy interesantes: eudokían =
«buena voluntad», o, del latín, «beneplácito»; también sale en el versículo
9, y en ambos debería traducirse de la misma forma. Este término nos
presenta la buena disposición que siempre existe por parte de Dios. El
otro vocablo es thelématos, que va regido por eudokían y significa la
voluntad concreta (esto es, lo que Dios quiere, como se ve por la termi-
nación matos), pero en forma de deseo benévolo. Lo estudiaremos, pues,
en los condicionados, donde está su propio lugar.

Versículo 9. Aquí tenemos un nuevo vocablo: proétheto = «se había pro-


puesto» –también aoristo de indic., voz media. Compuesto de pro, ya
conocido, y una forma del verbo títhemi = «fijar». De aquí tenemos el
169 PARTE I – DIOS CREADOR

castellano «prótesis» = fijación de dientes y muelas postizos, así como de


ojos, dedos, brazos, piernas, etc., artificiales, para sustituir a los naturales
que se perdieron o se echaron a perder. Aquí, pues, se trata de que Dios
fijó de antemano el beneplácito de Su voluntad; esto es, se propuso
establecer el tiempo y el modo en que el misterio de la Iglesia había de
tener su inicio y su consumación (v. 10). Notemos que «el cual» (v. 9) no
concierta con «misterio», sino con «beneplácito», como se ve en el griego.

Versículo 11. Aquí se repiten dos términos ya estudiados (prooristhéntes


= «habiendo sido predestinados», del verbo que ya salió en el versículo
5 –ahora, en aoristo de participio, voz pasiva, y thelématos, que salió
también en el v. 5), pero salen también tres vocablos nuevos: próthesin
= «propósito», es decir, «fijación previa» –en el versículo 9 analizamos el
verbo correspondiente; energoúntos = «del que activa» (NBE –¡ésa es la
mejor versión!). Nos interesa este vocablo, bien traducido, porque nos
servirá mucho en las lecciones 17 y siguientes. «Activar», en el N.T. es
«poner en el sujeto una fuerza que le capacite para obrar con eficacia».
El tercer vocablo nuevo, específico de los decretos absolutos, es boulén
= «designio», ya estudiado en el punto 1, párrafos preliminares, además
de A) y párrafo final de dicho punto. Para no engañarse en cuanto al
significado verdadero de boulén, es menester percatarse de que su ver-
bo correspondiente no es bouléuomai, cuyo significado primordial es
«deliberar», sino boúlomai, cuyo significado primordial es el de «querer
eficazmente».

(b) Romanos 8:29-30. Hallamos aquí un vocablo nuevo. Proégno, y otro


ya conocido, proórisen, que salió en Efesios 1:5 y 11, aunque no en el
mismo tiempo del verbo. Proégno = «conoció de antemano», no significa
un acto de pura presciencia, sino que, según el sentido primordial que
la Biblia da al verbo «conocer», indica una «predilección especial» de
Dios; en realidad, equivale a «escogió», con lo que el verbo «predestinó»
(vv. 29-30), se une al «conoció de antemano» en una concatenación simi-
lar a la de los verbos «escogió» y «habiéndonos predestinado» de Efesios
1:4 y 5 respectivamente. Notará el lector que, en el versículo 29, se nos
declara un objetivo de esta predestinación: «ser modelados conforme a
la imagen de su Hijo» (versión Las Grandes Nuevas). Es el mismo objetivo
instrumental-formal, que ya vimos en a), v. 5, aunque tiene aquí un matiz
distinto, que no viene al caso analizar.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 170

(c) Hechos 2:23. Este versículo tiene una importancia extraordinaria, pues
en él aparecen en escena todos los actores que intervinieron en la muerte
del Señor: En él vemos que la crucifixión de Cristo no fue el final des-
dichado de un milagrero impostor, sino la ejecución del plan que Dios
abrigaba en su pecho desde toda la eternidad (ver 1 P. 1:2 = ¡ojo con Ap.
13:8! Es necesario traducirlo como está en la 1977). Aquí tenemos que
«Jesús nazareno» (v. 22) fue «entregado por el determinado consejo (gr.
orisméne boulé = «el destino que la voluntad del Padre le había fijado»)
y anticipado conocimiento (gr. prognósei, aquí en sentido claro de pres-
ciencia) de Dios». Aquí tenemos al principal responsable de la muerte de
Cristo: ¡Dios! Pero no el culpable. La culpabilidad está bien descrita a
continuación: «prendisteis y matasteis por manos de inicuos crucificándo-
le». En este «prendisteis y matasteis» están representados sólo actores
judíos. Los líderes religiosos y civiles de Jerusalén, y Judas, aunque éste
se suicidó, víctima del remordimiento, cuando vio que la cosa «iba de
veras». Sin duda, el principal culpable de este grupo judío fue Caifás (ver
Mt. 26:65-66; Jn. 11:49-50; 18:14). Los ejecutores instrumentales de la
ejecución no eran judíos, sino gentiles, como se ve, no sólo por lo que
sucedió realmente, sino especialmente por el griego anómon, que signi-
fica «sin ley» (comp. con Ro. 2:12-14). El principal culpable de este grupo
fue Pilato, sin llegar a la culpabilidad de Caifás (ver Jn. 19:11), pues él
«sabía que por envidia lo habían entregado» (Mt. 27:18, y ver también
el v. 24), pero fue un cobarde (ver Jn. 19:8), de los que encabezan la lista
de los condenados al Infierno (ver Ap. 21:8). Los soldados no sabían lo
que allí estaba ocurriendo; a ellos va dirigida, sin duda, la referencia que
hallamos en Lucas 23:34. Resumiendo: Los culpables de la muerte de
Cristo fueron los que, negándose a reconocer en él al verdadero Mesías
de Israel, trataron de deshacerse de él –y lo consiguieron por un poco
de tiempo–, pero el principal responsable que movía y controlaba todos
los hilos de la trama fue Dios el Padre que, por medio de esa muerte en
cruz, se proveía a Sí mismo del único sacrificio aceptable para la redención
del mundo al precio de la sangre de Su Hijo.

(B”) Vamos ahora con los decretos condicionados de Dios. Aquí no tenemos
grandes porciones en qué apoyarnos, aunque ya vimos en Efesios 1:5, 9 y 11
tres vocablos (eudokían, thelématos y energoúntos) que pertenecen a este grupo.
Los lugares que vamos a examinar son los siguientes:
171 PARTE I – DIOS CREADOR

(a’) Hechos 17:30. Ante aquellos filósofos supersticiosos del Areópago, Pablo
proclama valientemente el Evangelio y, aludiendo a las falsas nociones
acerca de Dios –corrientes entre los paganos– (vv. 28-29), dice a conti-
nuación: «… (Dios) advierte seriamente a todos los hombres que todos en
todas partes se arrepientan» (lit.): Es conveniente tener la versión literal
para no confundirse. Por tanto, Dios no manda (Pablo no usa el verbo
entéllein), sino advierte (gr. parangéllei = «proclama») a todos los hombres
sin distinción la necesidad de arrepentirse para salvarse. Pero el hecho
es que no todos se arrepienten. Estamos, pues, ante un deseo cordial de
Dios, no ante un decreto absoluto, eficaz.
(b’) 1 Timoteo 2:4. Como una primera razón por la que es menester orar por
todos los hombres (v. 1), Pablo dice que Dios (v. 3) «desea (thélei) que
todos sean salvos y lleguen al pleno conocimiento (epígnosin) de la
verdad» (lit.). Tomemos nota de tres detalles dignos de mención acerca
de esta afirmación del Apóstol: 1) Desea, lo cual está expresado por el
verbo thélei y avalado por el hecho de que no todos se salvan; 2) todos.
Aquí, como en muchos otros lugares, el gr. pántas (distributivo) significa
todos sin excepción; 3) el verbo sothénai = «sean salvos», está en voz
pasiva, como indicando también que el deseo de Dios obtiene su efica-
cia mediante el cumplimiento de una condición; es creer (ver Jn. 3:16):
«… para que todo (pas) el que cree… tenga vida eterna».
(c’) Mateo 23:37; Lucas 13:34. En estas porciones, idénticas en los vocablos
que hacen al caso, Jesús expresa un deseo, tantas veces acariciado, res-
pecto a la salvación de Israel, que no ha sido correspondido. Dice así el
texto sagrado: «… ¡Cuántas veces quise (gr. ethélesa = «deseé») juntar a
tus hijos, como la gallina a sus polluelos bajo sus alas, y no quisisteis
(ethelésate = «deseasteis») Al persistente deseo benévolo de Jesús, se opone
la falta de deseo, la no correspondencia de los habitantes de Jerusalén.
Como diciendo: «A pesar de todo mi esfuerzo, de mi buena voluntad, me
habéis rechazado: ¡Yo quise… y no quisisteis!» Faltó también aquí la
condición mencionada en los dos lugares anteriores («cambiar de men-
talidad», «creer»), y el deseo de Cristo fue ineficaz.
(d’) Juan 5:21. «Porque como el Padre levanta a los muertos y les da vida,
así también el Hijo a los que quiere (gr. thélei) da vida». A primera vista,
hay paralelismo entre la primera parte del v. y la segunda, pero es un
paralelismo parcial: sólo en lo que respecta a «da vida». Que el verbo thélei
comporta, para ser eficaz, el cumplimiento de la condición de siempre,
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 172

se ve por los vv. 24 y 25: «… El que oye mi palabra y cree al que me


envió, tiene vida eterna… Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos
(espiritualmente) oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán».
(e’) Lucas 9:23. «Y decía (Jesús –v. 18) a todos: Si alguno quiere (thélei)
venir en pos de mí…». Este precioso versículo, digno de ser bien meditado
por todo cristiano, es una llamada al discipulado, no a la salvación eterna
como tal, pero nos ayuda a ver de nuevo el significado del verbo thélein,
en sentido de buen deseo. No cabe duda de que son muchos los creyentes
que abrigan alguna vez, o continuamente, este buen deseo, pero las más
de las veces se queda en «buena intención», y ya dice un refrán que «el
infierno está empedrado de buenas intenciones».

No quiero acabar este tema sin advertir a mis lectores que en vano buscarán
en las obras de los teólogos y de los expositores bíblicos los decretos condicio-
nados de Dios. La razón, a mi juicio, es que todos los vocablos bíblicos que
significan «decreto», «designio», «elección», «predestinación», «propósito», etc., tie-
nen que ver con los que llamo «decretos absolutos», mientras que los «condicio-
nados» no aparecen en la Biblia expresados en términos que suenen a «decreto».

4. Reflexiones de carácter devocional

Supongo que el lector habrá hallado en muchos conceptos de la lección


presente abundante materia para reflexiones de carácter devocional, pero no está
de más añadir algo más directamente aplicable a la vida de cada día. Tendré
en cuenta especialmente a pastores, predicadores y, en general, dedicados a la
Obra a tiempo completo o como ministerio que absorbe la mayoría de su tiempo.
Una primera consideración que no se debe olvidar es la que, de la mano
de Mackintosh, expusimos al comienzo de esta lección: El tema de la elección
y la predestinación es para los de casa –los creyentes–; a los de fuera –los que
todavía no han rendido su corazón al Señor– hay que proclamarles el Evange-
lio puro y simple: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo» (Hch. 16:31). El
creyente bien formado sabe que no puede perder la salvación, y esto le ha de
servir de gran consuelo y paz, sean cuales sean las opiniones que se expongan
sobre el tema de la elección dentro de la comunidad donde está integrado,
siempre que no se desvíen de los cauces necesarios para asegurar que no es
una opinión absolutamente antibíblica. Desde luego, la verdad de la seguridad
de la salvación para el creyente genuino, es algo fundamental para sostener otra
173 PARTE I – DIOS CREADOR

verdad radical: la justificación por medio de la fe. Ahora bien, podría ocurrir,
y ocurre a veces, que un creyente carnal que comienza a tener una conciencia
delicada, sienta dudas de si su conversión fue genuina o no. ¿Fue puramente
por la conciencia de su miseria, el anhelo de escapar de una condenación eterna,
la hermosura y amor hacia el que por salvarle murió en la cruz? ¿O fue, quizás,
por complacer a los amigos o a los familiares, porque los demás hermanos o
hermanas ya «habían dado el paso», porque había en la congregación personas
muy simpáticas o atractivas o por hacerse a la idea de que, disfrutando de
muchos bienes de fortuna, el poder, los primeros puestos, y hasta el liderazgo,
estarían pronto al alcance de la mano? Si, en realidad, fue una de estas bastardas
motivaciones –o varias de ellas– lo que le indujo a simular una conversión no
existente, y ahora ha caído en la cuenta… LE QUEDA UN REMEDIO: RECTI-
FICAR LA MOTIVACIÓN, y… a empezar la carrera de una vida fiel al Señor.
La consideración de pertenecer «a los de casa» por la pura gracia de Dios,
que se fijó en mí desde la eternidad para incluirme en el número de los «elegidos»,
me tiene que llenar de amor, humildad y gratitud a Dios, a la Trina Deidad. ¿Cómo
osaré despreciar a nadie, minar el buen nombre de un hermano o hermana,
juzgar temerariamente a alguien, rehusar el saludo, el afecto o el perdón a quien
–cierto o imaginado– me ha ofendido, si estoy persuadido de mi indignidad, de
que soy pecador e indigno de que Dios me mire con ojos de bondad?
Si ejerces el ministerio de la predicación o de la enseñanza, procura, en
primer lugar, que tus pensamientos, tus palabras y tus actitudes muestren que
realmente estás persuadido de que los decretos de Dios están basados en Su
amor, Su sabiduría, Su soberanía majestuosa –que no tienen nada de arbitrario,
sino que son infinitamente justos y santos. Si no hay en tu interior esta persua-
sión, no te quepa duda de que saldrá al exterior tu inconsecuencia, siendo para
el prójimo una piedra de tropiezo. Recuerdo el daño espiritual que me causó
–cuando yo estaba aún demasiado «tierno» en la fe– la expresión de un pastor
evangélico que, en un día de granizo y fuerte viento helador, dijo como «primer
saludo»: «¡Qué día tan miserable!» A veces, el modo de quejarse de los elementos
atmosféricos puede estar cerca de una blasfemia contra la providencia de nuestro
Padre. Por fortuna, el «saludo» que he citado, fue en nuestra casa, no desde el
púlpito. Recordemos que el mal no está en las circunstancias, sino en nosotros
mismos. Esto me recuerda una de las genialidades del escritor inglés Chesterton.
El editor de un diario londinense propuso una encuesta para ver cuál pensaban
los lectores era la causa principal de los males de este mundo. Chesterton replicó
con esta lacónica misiva: «Señor Director: ¡Yo lo soy! Le saluda, Chesterton».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 174

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 16

Además de las consideraciones devocionales expuestas en el texto mismo


de la lección, pueden ser de provecho las preguntas siguientes:

1ª pregunta ¿Le causa inquietud lo que hemos estudiado acerca de los de-
cretos divinos, o contribuye a la paz de su espíritu?

2ª pregunta ¿Se sentiría más a gusto, más tranquilo, si Dios hubiese dejado
totalmente en las manos de usted mismo el asunto de su salvación eterna,
o prefiere que ésta dependa ante todo, primeramente, de una decisión de
Dios?

3ª pregunta Sin embargo, esto de dejar las cosas en manos de Dios, ¿no
contribuye a que uno se sienta poco estimulado para trabajar en el asunto
de la propia salvación (conversión y santificación)?
175 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 17
Elección y predestinación;
términos y escuelas

I. INTRODUCCIÓN

Aunque la mayoría de los términos acerca del tema que nos ocupa han sido
estudiados ya en la lección 16, quedan por estudiar algunos otros que conviene
conocer para formarnos una noción más completa y exacta de muchos detalles
de singular importancia. Otra novedad será que, en esta lección, procuraremos
afinar los conceptos teológicos, no para que añadan doctrina a lo que sabemos
por la Biblia, sino para que nos ayuden a pensar con lógica y, así, estar mejor
preparados para deducir las conclusiones pertinentes, tanto a nivel doctrinal
como devocional.

1. Términos que conviene definir con precisión y exactitud

Las definiciones que aparezcan entre comillas están tomadas de la Biblia


de estudio Ryrie, página 1.821. Ryrie es un maestro consumado en el arte de
definir y de ilustrar.

A) Elección. Es el acto por el cual Dios, desde antes de la creación del


Universo, en Su eternidad, ha escogido para Sí un pueblo o una persona
individual.
B) Predestinación. Acto por el cual, simultáneamente con la elección, Dios
ha predeterminado y fijado el destino de los elegidos. Como vimos en
la lección anterior, punto 3, A”), (a), versículo 5, ese destino tiene un triple
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 176

objetivo, que no vamos a repetir aquí. La predestinación incluye, por


orden lógico –no cronológico– cuatro facetas, cuyos términos fueron
estudiados también en la lección 16 y son:
(a) Un preconocimiento (ver el verbo en Ro. 8:29), que trae una intimidad
afectiva especial, fruto de una predilección cordial por parte de Dios.
(b) Una elección, que lleva consigo una separación, por la cual algunos
son seleccionados, en función de la «buena voluntad» de Dios, por el
designio soberano de Dios.
(c) Una destinación, que tiene como meta uno o más objetivos, según
lo estudiado en la lección 16.
(d) Un propósito, según el cual queda fijada (y decretada) la ejecución
de todo lo que implica la predestinación de los elegidos, según la pre-
dilección divina.
C) Presciencia. Es el «previo conocimiento de todas las cosas incluidas en
el actual curso de los acontecimientos». Puede entenderse de dos maneras:
(a’) Como un previo conocer mental –Dios lo sabe porque lo ve; es decir,
lo prevé. Este sentido mental se reconoce mejor cuando va unido a un
acto de la voluntad de Dios, como en Hechos 2:23, donde la predesti-
nación («determinado consejo») y la presciencia («anticipado conocimien-
to») actúan de consuno.
(b’) Como un previo conocer cordial –Dios lo sabe porque lo quiere,
como en Romanos 8:29.
D) Preterición. Del latín «praéter íre» = «marchar eludiendo algo o a alguien»,
es el acto por el cual «Dios pasa por alto a los no elegidos». Esta preterición
puede ser de dos clases:
(a”) En forma de reprobación positiva. Es la que defienden los calvinistas
radicales (también llamados «ultracalvinistas»). Según ellos, Dios ha deter-
minado positivamente, con un designio previo de Su soberana voluntad,
que cierto número de seres humanos sean dejados en su estado caído y
condenados al Infierno para siempre. Los refutaremos en la lección 18.
(b”) En forma de reprobación negativa. Es cierto que Dios «desea que
todos sean salvos» (1 Ti. 2:4), «no queriendo (gr. me boulómenos) que
algunos perezcan, sino que todos obtengan cabida en (el) arrepentimien-
to» (2 P. 3:9 –versión literal), pero también es cierto que Dios deja de su
mano a quienes se obstinan en la incredulidad (ver 1 P. 2:8). En la lección
18 desharemos la ambigüedad que, a primera vista, presenta la frase final
del último lugar citado.
177 PARTE I – DIOS CREADOR

E) Retribución. Es el acto por el cual Dios da a cada ser humano, en último


término, la respuesta correspondiente a lo que cada uno haya escogido
en su propia opción fundamental (ver Ro. 2:6ss). Entiendo por «opción
fundamental» la decisión radical que un ser humano, con plena delibe-
ración acerca de los valores fundamentales de la vida, toma para marchar
por el camino de la virtud y la obediencia, o por el camino del pecado
y de la rebeldía contra Dios. Esto no significa que esta opción no pueda
ser vuelta del revés por la gracia soberana de Dios.

2. Monergismo, sinergismo, energismo

Recordarán los lectores que, en la lección 16, punto 3, A»), (a), versículo
11, les adelantamos que el vocablo «energoúntos» nos serviría mucho en las
lecciones 17 y siguientes. Aquí lo vamos a ver, aunque será en la lección 20,
cuando haremos el mayor uso de él.

A’) Monergismo (del gr. mónos, único, y érgon, obra) es el sistema teológico,
según el cual, Dios es el que obra todo en la justificación del pecador,
de forma que éste –por ser un cadáver espiritual– recibe irresistiblemente
el influjo de la gracia, sin tener opción a acogerla o rechazarla. Este sistema
va asociado al calvinismo radical, tanto supralapsario como sublapsario.
Explicaremos estos términos en el punto 4 de esta misma lección. El
monergismo no tiene base bíblica alguna.
B’) Sinergismo. Viene de syn (o sun) = con, y érgon. Sostiene que, en la
salvación, Dios con Su gracia, y el ser humano con el ejercicio de su libre
albedrío, concurren paralelamente, aporta cada uno su parte, pero es el
hombre quien actúa decisivamente con su libre albedrío, del que tiene
la capacidad de tornar eficaz una gracia que era, de suyo, suficiente sólo
en potencia. Este sistema va asociado al arminianismo. Es cierto que el
N.T. usa cinco veces el verbo sunergéo, y doce veces el nombre sunergós,
pero en ninguno de los casos se refiere a la acción conjunta de Dios y
el hombre en la obra de la justificación del impío.
C’) Energismo (del gr. en = en, y érgon). Es el único con base en el original
del N.T. y es vocablo de mi invención, mientras no se demuestre que algún
otro lo «descubrió» antes que yo. Son 34 las veces que uno u otro de los
vocablos compuestos de en y érgon ocurre en el N.T., pero los que
realmente hacen a nuestro propósito son 1 Corintios 12:6; Filipenses 2:13
y, en menos escala, Hebreos 4:12.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 178

3. Calvinismo y arminianismo

Se entiende por calvinismo (toma su nombre de Juan Calvino) el sistema


teológico que pone el énfasis en la soberanía de Dios. Dios elige y predestina
a un cierto número de seres humanos a la salvación eterna, dejando a los demás
en su estado de condenación (este «dejar» adquiere diversos matices, más o
menos duros, según se trate del calvinismo supralapsario, infralapsario o
sublapsario).
Por arminianismo (de Jacobo Arminio) se entiende el sistema teológico
que, admitiendo la soberanía de Dios en la iniciativa de la salvación, sostiene
que esa salvación depende de la decisión del libre albedrío, una vez que el
agente humano ha recibido la luz y la gracia que se dan en común a todos los
seres humanos. En este sistema, Dios elige y predestina guiado por Su prescien-
cia, por la que ve de antemano a los que, mediante su fe, aceptan al Señor
Jesucristo como su salvador personal, necesario y suficiente. También el
arminianismo adquiere diversos matices que estudiaremos más adelante.
Es lamentable que, entre los «protestantes», estos dos sistemas teológicos
hayan polarizado las opiniones de los creyentes hasta el punto de aferrarlos a
sistemas inventados por hombres y a «dogmatizar», aun en contra de la palabra
de Dios, causando así discordias y divisiones en las iglesias evangélicas, con
descuido de la sana doctrina fundamental y con evidente falta del necesario
amor fraternal.
Dice así C.H. Mackintosh en el artículo ya citado «Linderos y tropezaderos»,
y bajo el subtítulo «Calvinismo y arminianismo»:

«No escribimos para ofender al lector… No estamos tratando con


personas, sino con escuelas de doctrina y sistemas de teología, de los que
suplicamos con la mayor vehemencia a nuestros amados lectores que se
aparten de una vez y para siempre. Ninguno de ellos contiene la verdad
entera, plena, de Dios. En todos ellos hay ciertos elementos de verdad;
pero la verdad es neutralizada a menudo por el error; y aun cuando
pudiésemos hallar un sistema que no contenga más que la verdad, si no
contiene toda la verdad, su efecto sobre el alma es pernicioso, porque
conduce a una persona a jactarse de tener la verdad de Dios cuando, en
realidad, sólo se ha agarrado a un sistema humano que contiene un solo
aspecto de la verdad».
179 PARTE I – DIOS CREADOR

4. Distintas formas de calvinismo

Las distintas formas del calvinismo difieren entre sí por el modo de disponer
la secuencia de los decretos divinos en un determinado orden. Nos referimos,
por supuesto, a un orden lógico «signos de razón» en la mente de Dios, no
cronológico.

A’”) Los supralapsarios (término que significa que Dios ha llevado a cabo la
«elección» de los escogidos en un signo anterior (supra) a la caída
(lapsus) original –más aún, anterior a la creación del hombre), disponen
los decretos divinos de elección, predestinación y reprobación en el orden
siguiente:
(a) Destinar a unos a la salvación, y a otros a la condenación.
(b) Crear a los seres humanos.
(c) Preparar la caída de esos seres humanos.
(d) Proveer salvación para los elegidos en el primer decreto.
(e) Aplicar la salvación a los elegidos, y la condenación a los no elegidos.
(reprobación positiva).
Aunque parezca increíble, todavía hoy existen bastantes supralapsarios,
sin querer percatarse de que el primer decreto condena, no sólo a ino-
centes, sino también a seres que aún no existen y, por ello, no han tenido
ninguna oportunidad de ejercitar su libre albedrío en un sentido o en otro.
B’’) Los sublapsarios («sub» = «por debajo» de la caída –«lapsus» ), disponen
los decretos mencionados en este orden:
(a’) Crear a los seres humanos.
(b’) Permitir (no impedir) la caída de esos seres humanos.
(c’) De esa «masa general de condenación», elegir a unos para salvación,
dejando a otros en su estado de condenación (reprobación negativa
directa).
(d’) Proveer salvación para los elegidos.
(e’) Aplicar la salvación sólo a los elegidos.
Aquí es menester trazar una línea divisoria que separe a los supralapsarios
y sublapsarios de los infralapsarios, pues tanto los supra, como los sub,
están de acuerdo en un punto sumamente importante: AMBOS GRUPOS
DEFIENDEN LA LIMITACIÓN DE LA OBRA DE LA REDENCIÓN; es decir,
sostienen que Cristo No murió por todos los hombres, sino solamente por
algunos.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 180

C’’) Los infralapsarios («infra» = «muy por debajo» de la caída) disponen los
decretos de Dios del modo siguiente:
(a’’) Crear a los seres humanos.
(b’’) Permitir (tolerar) la caída de los seres humanos.
(c’’) PROVEER SALVACIÓN PARA TODOS LOS SERES HUMANOS.
(d») Elegir a muchos para salvación «mediante la fe», dejando en su justa
condenación a quienes se obstinan en resistir a la gracia (reprobación
negativa indirecta, puesto que no han sido previamente destinados a esa
resistencia).
(e») Aplicar la salvación a todos aquellos que, por la gracia de Dios, han
dejado de resistirle.

Como puede verse por el decreto (c») de los infralapsarios, éstos defienden
la universalidad de la obra de la redención; es decir, sostienen que CRISTO
MURIÓ POR TODOS LOS HOMBRES SIN EXCEPCIÓN.

5. Origen del sistema infralapsario

El sistema infralapsario debe su origen a un teólogo francés, M. Amyraut


(1596-1664), seguidor de Calvino. Asustado por las conclusiones del sínodo de
Dort (1618-1619), en especial por la que sostenía que la obra de la redención
estaba limitada a los elegidos, afirmó que dichas conclusiones no reflejaban el
verdadero pensamiento de Calvino y propugnó una vuelta a la que, según él,
es la recta interpretación de los escritos del gran reformador. En este sentido,
propuso una predestinación condicional universal, sosteniendo que Dios quiere
la salvación de todos los seres humanos, bajo la condición de que crean. Así,
la redención de Cristo fue potencialmente suficiente para todos, aunque sólo sea
eficaz para los elegidos; esta limitación se debe, no a una elección de Dios, sino
a la universal depravación humana. También sostenía que la doctrina principal
de la teología cristiana no es la predestinación, sino la fe que justifica.
En mi opinión, el único error de Amyraut en este punto fue afirmar que
su posición era la misma que la de Calvino. Para ver si es cierto o no lo que
acabo de decir, le basta al lector con leer lo que Calvino dice en sus Instituciones
de la religión cristiana, III, capítulo 23, párrafo 7, donde él mismo admite que
es «terrible» –pero existente– el «decreto» por el cual Dios previó que la caída
de Adán arrastraría a la ruina eterna, sin remedio, a tantas naciones y gentes,
juntamente con sus niños; y lo previó PORQUE LO TENÍA ORDENADO.
181 PARTE I – DIOS CREADOR

Los principales seguidores de Amyraut fueron H. Heppe, R. Baxter, S.


Hopkins, A.H. Strong y L.Sp. Chafer, quienes afirman que el amiraldianismo
«representa una vuelta al verdadero espíritu de la Santa Escritura» (véase el
Evangelical Dictionary of Theology, artículos Amyraut y Amyraldianism).

6. Distintas formas de arminianismo

Ya dijimos en el punto 3 de la presente lección que el arminianismo debe


su nombre a Jacobo Arminio (1560-1609). Su verdadero nombre era Jakob
Hermandszoon. Calvinista en sus comienzos, fue encargado de replicar al su-
pralapsario Gomaro, pero fue convenciéndose de su error al adherirse al cal-
vinismo sublapsario y se fue inclinando hacia el sistema de Melancton. Sus tesis,
con énfasis en la presciencia divina, pueden verse en el libro de E. Trenchard
y J.M. Martínez Escogidos en Cristo, páginas 253-256. Otro enfoque, algún tanto
diferente, de las tesis de Arminio, puede verse en Nuevo Diccionario de Teolo-
gía, editado por S.B. Ferguson, D.F. Wright y J.I. Parker, trad. Por H. Duffer y
publicado por la Casa Bautista de Publicaciones, artículo Arminianismo.
Escojo, por su claridad, la forma en que Trenchard y Martínez presentan
la disposición de los decretos divinos, en cuanto a la predestinación, en el
sistema de Arminio. Resumo lo mejor que puedo:

A) Designar a su Hijo, Jesucristo, como redentor de la humanidad mediante


su obediencia al Padre en el sacrificio de la Cruz, y comunicador por su
propio poder, de la salvación obtenida.
B) Recibir en su favor a quienes se arrepintiesen y creyesen en Cristo y llevar
a efecto la salvación de los que perseverasen hasta el fin, así como la
condenación de los que se negasen a arrepentirse y creer.
C) Administrar de manera suficiente y eficaz los medios necesarios para el
arrepentimiento y la fe.
D) Salvar finalmente a quienes, por su presciencia, vio que, por medio de
Su gracia preveniente, creerían y, por Su gracia subsiguiente, persevera-
rían. Igualmente previó a los que no creerían ni perseverarían.

Esto no quiere decir que todos los arminianos admitan todas y cada una
de estas tesis de Arminio. En realidad, el arminianismo es un sistema muy com-
plejo, especialmente por el influjo que las ideas de Melancton tuvieron en el
pensamiento de Arminio y de sus sucesores.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 182

Un punto que no se puede perder de vista es que, mientras Calvino estable-


cía su sistema sobre la base de la soberanía de Dios, y hacía de la gracia eficaz
de Dios el secreto de la seguridad de la salvación del creyente, Lutero ponía la
cruz de Cristo en el centro de su sistema, y hacía de la fe la garantía de salvación
final. Teniendo en cuenta que, en el sistema de Lutero, la fe se puede perder,
la consecuencia obvia es que también se puede perder la salvación.
La complejidad de factores que intervinieron en la formación del sistema
luterano ha servido para que su unidad doctrinal se haya resquebrajado de tal
modo, que ya no se puede hablar de un luteranismo, sino de varios. Como
información que puede ser útil al lector, diré que de los dos principales refor-
madores, Lutero (1483-1546) era el más viejo, Calvino (1509-1564) era 26 años
más joven, mientras que Melancton (1497-1560) era 14 años más joven que
Lutero, y 12 años más viejo que Calvino.
Un luterano alemán, místico y teósofo, llamado Jakob Boehme (1575-1624),
ejerció gran influencia, no solo en Alemania, sino principalmente en Inglaterra.
Su influencia fue especialmente decisiva en un teólogo inglés, formado en
Cambridge, William Law (1686-1761), famoso por su obra devocional Una Seria
Llamada a una Vida Devota y Santa. Esta obra se convirtió en la lectura favorita
de diversos líderes cristianos como Juan Wesley, (1703-1791) y Jorge Whitefield
(1714-1770).
Por otra parte, los llamados Hermanos Moravos que, influidos por Boehme,
habían influido a su vez a W. Law, entraron en contacto personal con J. Wesley,
por medio del moravo Pedro Böhler, que había llegado a Inglaterra. De todo
esto, nació el metodismo, llamado así por el estricto método de virtud y disciplina
que sus fundadores, con J. Wesley a la cabeza, se impusieron desde el principio.
En lo estrictamente doctrinal estaban de acuerdo en un punto: El creyente
espiritual, mediante la práctica constante de la virtud, puede llegar, por la gracia
de Dios, a un nivel tal de santidad, que ya no puede decirse que comete pecados,
sino faltas. Esto es puro perfeccionismo, contrario a la Escritura (basta con un
texto: 1 Jn. 1:8-10).
Otro punto del metodismo, que tiene que ver directamente con el tema que
nos ocupa, es el heredado de Lutero sobre la posibilidad de perder la salvación
por haber perdido la fe. Si a esto se añade la influencia de Melancton, hombre
de notoria piedad, como lo había sido Arminio, fácilmente se comprenderá el
arminianismo de los metodistas. Conviene añadir de inmediato que J. Whitefield
se vio libre del contagio de estas dos enseñanzas de Wesley por su fuerte
convicción calvinista sublapsaria.
183 PARTE I – DIOS CREADOR

En España y gran parte de América Latina, el arminianismo ha corrido una


suerte muy diversa. Dejando a un lado el movimiento pentecostal, de raíces
también muy diversas (incluido el metodismo), el arminianismo hispano está
marcado por dos facetas muy distintas. 1) La firme creencia en la seguridad de
la salvación; 2) La noción sinergista de la conversión por la decisión estricta-
mente personal. La forma en que, algunas veces, desde el púlpito, se urge a los
inconversos a tomar la decisión, resulta sumamente peligrosa, no sólo por el
lado psicológico, causando una angustia terrible en personas que se sienten
perdidas por no haber tenido la valentía de haber levantado la mano o haber
salido al frente, sino también por el lado estrictamente doctrinal exhortando a
buscar a Dios, cosa que solo pueden hacer los que ya fueron encontrados por
Dios (ver Ro. 10:20).

7. Reflexiones devocionales

Todo lo explicado en la presente lección podría parecer a muchos lectores


demasiado técnico y seco, no muy apto para sacar de ello consideraciones de
carácter devocional. Pero no es así. Todo creyente verdadero puede gozarse en
el hecho cierto de que su salvación es segura ¡no la puede perder! Contra quienes
sostengan lo contrario, puede esgrimir confiado la palabra de Dios. Vamos a
repasar brevemente las porciones principales:

Juan 6:37-40. Nótese especialmente el versículo 39: «Y la voluntad del Pa-


dre que me envió, es que no pierda yo nada de todo lo que él me da, sino que
lo resucite en el día final» (RV 1995).

Juan 10:28-30. Hablando de la imposibilidad de que perezcan sus ovejas,


añade Jesús contundentemente (v. 29): «Mi padre que me las dio, es mayor que
todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre». Hay quien dice:
¿Y si ellas mismas se escapan? A esto respondemos que de nada serviría estar
en las manos de Dios, si uno mismo se puede escapar. ¿Podría Pablo entonces
terminar con tono triunfal el cap. 8 de Romanos?

Juan 17:11-12. Jesús es un pastor que saber guardar eficazmente a Sus


ovejas; vv. 12b «… a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió,
sino el hijo de perdición».
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 184

1 Pedro 1:3-5. En estos vv. Pedro describe las cualidades maravillosas de


la «herencia» que nos está reservada en los cielos. Pero no es sólo la herencia
la que está allí bien guardada, sino que también nosotros estamos «reservados
por el poder de Dios».

1 Juan 5:13. De entre los muchos lugares de esta Epístola en los que
Juan emplea confiado el verbo «saber» = estar seguro, destaca este lugar, vertido
del mejor modo por la Biblia de las Américas: «Estas cosas os he escrito a
vosotros, que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis
vida eterna».

Los arminianos de Wesley alegan que la fe se puede perder y, de ese modo,


se pierde también la salvación. A esto hay que responder:
Que no es, en realidad, la fe la que salva, sino la gracia. La fe es únicamente
como el «tenedor» o la «cuchara» con que tomamos el verdadero «alimento» que
es la gracia.
En segundo lugar, que la fe es sostenida por la gracia. Si ha existido una
fe auténtica, que llevó a una conversión genuina, esa fe podrá quedar escondida
bajo las cenizas de una crisis espiritual, pero allí está, aunque el propio sujeto
piense que está perdida; el Señor la ve, la guarda, y prepara el camino del re-
greso. Cuando el Señor anuncia a Pedro que, en aquella noche, le va a negar
por tres veces, le profetiza, sin embargo, lo siguiente, Lucas 22:32, vertido
también de modo excelente por la Biblia de las Américas: «pero yo he rogado
por ti PARA QUE TU FE NO FALLE; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece
a tus hermanos».

Todo esto nos ha de llenar de alegría, ánimo y consuelo, sabiendo que


estamos en buenas manos y que nuestra salvación eterna no se puede perder
de ninguna manera.
185 PARTE I – DIOS CREADOR

CUESTIONARIO

Preguntas para la lección 17

1ª pregunta Después de estudiar esta lección, ¿qué juicio le merece la in-


sistencia de muchos predicadores en provocar, a toda costa, una inmediata
«decisión» de parte de los inconversos?

2ª pregunta ¿Con qué sistema de los estudiados en esta lección se siente usted
–sinceramente– más a gusto, no sólo en el plano mental, sino también en
el de la experiencia íntima espiritual?

3ª pregunta ¿Qué sistema, de los expuestos en esta lección, contribuye me-


jor a fomentar la confianza que tiene usted en Dios?

4ª pregunta De modo especial, si es usted un convertido del catolicismo o


de alguna ideología pagana –no totalmente atea–, ¿abriga aún alguna su-
perstición, como llevar al cuello algún pequeño «amuleto»? Le confesaré
que a mí lo que más me costó, hasta producirme cierto «terror», fue romper
el escapulario de la Virgen del Carmen, del que se nos había enseñado que
quien muriese con él puesto, no caería en las llamas del Infierno.

5ª pregunta ¿Cree usted que algunas cosas le salen bien «por suerte», o que
otras no le salen bien por tener «mala suerte»?

6ª pregunta Si se halla con ansiedad, dolor, depresión, etc., trate usted de


nombrar cinco cosas buenas que ya le han sucedido hoy, y escríbalas.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 186
187 PARTE I – DIOS CREADOR

LECCIÓN 18
La elección es
por gracia de Dios;
la reprobación,
por culpa del hombre

I. INTRODUCCIÓN

Conforme a lo explicado en las lecciones anteriores, 16 y 17, donde deci-


mos «elección», incluimos también la «predestinación»; en fin, todo lo que de-
pende de los «decretos absolutos» de Dios. Y donde digo «reprobación», entiendo
la «reprobación negativa indirecta», tal como la sostienen los infralapsarios o
amiraldianos.

1. ¿A qué se debe la anomalía que parecen presentar los dos


miembros contrapuestos en el título de la lección?

Esta aparente anomalía se debe a que la salvación personal es puro regalo


del amor misericordioso de Dios (ver Ef. 2:8-9), mientras que la reprobación no
se debe, según la Biblia, a ningún designio reprobador de Dios, sino pura y
simplemente a la voluntaria incredulidad del ser humano que se obstina en su
resistencia a la gracia. Véase, a este respecto, Juan 1:4-13; 3:16-21, 33-36; 5:24;
6:35-45; 8:24; 9:39-41; 15:22-24; Hechos 7:51; 13:48; 17:30; Romanos 1:20-21;
2:4ss; Efesios 1:4ss; 1 Timoteo 2:4-6; 2 Pedro 2:1; 3:9; 1 Juan 2:2; 5:10; Apocalipsis
2:21; 22:17.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 188

2. Porciones bíblicas donde se advierte claramente la diferencia


␣en el modo de actuar de Dios con repecto a los elegidos y a los
␣réprobos

A) Mateo 25:31-46. De esta porción, hay que notar el contraste entre el v.


34 y el v. 41. Dirigiéndose el Rey a los de la derecha (v. 34), les dice: «Venid,
benditos de mi Padre, heredad el reino preparado…» ¿para quién? «para
vosotros» El reino, «la vida eterna» (v. 46) está designada por Dios para los
elegidos. Dirigiéndose después a los de su izquierda (v. 41) les dice:
«Apartaos de mí, malditos» –nótese que ahora no añade «de mi Padre»–,
al fuego eterno preparado… ¿para quién?, ¿para vosotros? ¡No! «preparado
para el diablo y sus ángeles» ¡Qué elocuente es la diferencia en el modo
de dirigirse el Rey al primer grupo y al segundo!
B) Romanos 2:4-5. Nótese de nuevo el contraste. Traduzco literalmente: «¿O
menosprecias la riqueza de su benignidad, y de su tolerancia y de su
longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Mas, por tu dureza y por tu corazón impenitente, atesoras para ti mismo
ira en el día de ira y revelación del justo juicio de Dios». Vemos, pues,
que el designio de Dios es siempre para bien. Es culpa del corazón
obstinado el que, en lugar de obtener «la riqueza de la benignidad de
Dios», «atesore uno para sí mismo la ira de Dios.
C) Romanos 9:22-23. Este lugar es, para mí, el más expresivo, no sólo porque
en él hallamos los vocablos «preparó», «preparados», similares a los de
Mateo 25:34 y 41, sino también porque está en un contexto en que Pablo
se dirige al posible contradictor, que se atreve a altercar con Dios, siendo
un miserable «vaso de barro» en las manos soberanas del «alfarero». Nótese
bien el contraste, y traduzco de nuevo literalmente: «Mas, si Dios, desean-
do (gr. thélon) mostrar la ira y dar a conocer lo poderoso de Él, soportó
con mucha longanimidad los vasos de ira bien preparados para destruc-
ción» ¿por quién?, ¿por Dios? No dice eso Pablo. Ellos mismos se han
preparado bien para destrucción. Y continúa el Apóstol sin solución de
continuidad –traduzco también literalmente– (v. 23): «Y (si), con el fin de
dar a conocer la riqueza de Su gloria sobre los vasos de misericordia que
de antemano preparó para gloria» ¿Quién los preparó? ¿Ellos a sí mismos?
¡No! Aunque el original no tiene explícito el pronombre autós = él, el
verbo está en tercera persona del singular, por lo que no cabe duda de
que el sujeto del verbo proetóimasen = «de antemano preparó» no puede
189 PARTE I – DIOS CREADOR

ser otro que Dios mismo. Como verá el lector, Pablo deja en elipsis el «Y
qué…», con que el v. 22 comienza en nuestras versiones. No le hace falta.
Además, así da mayor viveza y energía a su argumentación.

3. Lugares que los calvinistas radicales suelen aducir en contra

A’) Éxodo 7:3. Antes de aprobar a Faraón por medio de señales milagrosas
y plagas, dice Dios en esos vers: «Yo endureceré el corazón de Faraón»,
decisión que se confirma por lo que Pablo dice en Romanos 9:17-18, que
termina: «… y al que quiere («thélei») endurecer, endurece». A esto res-
pondemos que la afirmación del versículo 3 está en un futuro profético,
que comporta el justo juicio de Dios ante la obstinación persistente de
Faraón. En efecto, después de esta declaración de Dios a Moisés, leemos
(9:12): «Pero Yahweh endureció el corazón de Faraón». Y aun así, todavía
leemos en 9:35 que «el corazón de Faraón se endureció». Y, –¡cosa curio-
sa!–, después de lo que dice Dios en 10:1, que viene a ser una narración
histórica de lo sucedido en 9:12, todavía se repite por otras seis veces
que Yahweh endureció el corazón de Faraón (10:20; 10:27; 11:10; 14:4;
14:8 y 14:17).
B’) Romanos 9:13-24. De nuevo volvemos a esta porción, donde muchos
hallan argumentos abundantes contra nuestra tesis, pues parece ser que
aquí la soberanía de Dios no tiene «contemplaciones» y hace cuanto le
viene en gana, por duro que sea. Véase, en especial, los vv. 13, 16, 18,
20 y 21. A esto respondemos lo siguiente, analizando brevemente cada
uno de los vv. que los calvinistas radicales nos presentan:
(a) Versículo 13 «Como está escrito (cita de Mal. 1:2-3): A Jacob amé, mas
a Esaú aborrecí». Puesto que la referencia es a un tiempo en que Esaú
y Jacob no habían nacido todavía (v. 12, comp. con Gn. 25:23), el odio
de Dios a Esaú parece predeterminado en Su designio. A esto responde-
mos, primero, que «aborrecer» en ese lugar como en otros (ver, p.ej., Lc.
14:26) no significa «odiar positivamente», sino «amar secundariamente» o,
como en el caso de Romanos 9:13, «dar de lado, por preferir a otro». Pero
además, como se infiere por la frase del v. 12 «el mayor servirá al menor»,
Pablo no está tratando para nada de la condenación eterna de individuos,
sino de preferencias que Dios tiene con una familia, tribu, grupo racial,
etc., dejando de lado a otras familias, tribus, etc., aunque también per-
tenezcan a la misma estirpe que la primera. Este es el caso aquí, pues no
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 190

hay un lugar en la Biblia en que se nos diga que Esaú sirvió a Jacob,
mientras que el Dios que siempre perdona a Israel, se ensaña en cambio
con Edom (ver Mal. 1:2-5, con las referencias en pie de página), nombres
que corresponden respectivamente a Jacob y Esaú.
(b) Versículo 16: «Así que no depende del que quiere (gr. thélontos) ni
del que corre, sino de Dios que tiene misericordia». Otra vez parece ser
que la salvación o la condenación dependen únicamente del designio
soberano de Dios. De nuevo respondemos que Pablo no está tratando
aquí de salvación o condenación eternas, sino de que sus preferencias
misericordiosas no dependen del deseo o del esfuerzo humano, porque,
en realidad, no cabe deseo sincero de Dios, ni esfuerzo humano por
hallarle, sin la previa gracia de Dios. Hay quienes han visto en este
versículo una alusión, en primer lugar, a Isaac, que quiso bendecir a Esaú
y, después, al propio Esaú, que corrió a buscar la caza para hacer el
guisado a su padre, pero Dios mostró Su favor a Jacob, no a Esaú. Sin
embargo, el texto no hace aplicación a un caso particular, sino que
establece un principio general de la soberana actuación de Dios.
(c) Versículo 18: «Así pues, del que quiere (thélei) tiene misericordia, y
al que quiere (thélei) endurece» (lit.). Los calvinistas supra y sublapsarios
continúan argumentado contra nosotros con base también en este versí-
culo. No hace falta decir mucho más en respuesta a esto, después de lo
que llevamos dicho en este mismo punto 3, A’), así como en el análisis
del versículo 16, en (b). Pero, al poner Pablo, como premisa para la
conclusión del versículo 18, la cita que de Éxodo 9:16 trae en el versículo
17, es menester insistir en este caso, máxime por haber sido precisamente
del v. 18, de donde tomó pie Calvino para elaborar su teoría de la
reprobación negativa directa. Éxodo 9:16 dice así al pie de la letra: «Y por
esta razón he hecho que estés de pie, para hacer que veas mi fuerza y
a fin de declarar mi nombre en toda la tierra». El verbo que Pablo em-
plea para «te he levantado» (exégeira) tiene el sentido de «poner en escena
para desempeñar un papel importante», y se aparta aquí de la LXX, para
verter bien el sentido del verbo hebreo que estando en la forma llamada
«Hifil» (causativa activa), significa «hacer que uno se mantenga en pie». Por
lo tanto, el texto sagrado no dice que Dios, hiciera nacer a Faraón para
ejecutar Sus designios contra él, sino que le puso en el trono de Egipto
a fin de que mediante su actuación obstinada, ya prevista por Dios, se
191 PARTE I – DIOS CREADOR

hiciera famoso el nombre de Yahweh, al sacar con mano fuerte a los


israelitas de la esclavitud de Egipto.
(d) Versículos 20-21: «Al contrario, ¿quién eres, tú, oh hombre, que le
contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: Por
qué me hiciste así? ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer
un vaso para uso honroso y otro para uso deshonroso?» (Biblia de las
Américas). Pablo pone como ejemplo el caso del alfarero, bien conocido
por el episodio de Jeremías 18. Como vemos por 2 Timoteo 2:20, el propio
Pablo lo tenía bien grabado en su memoria. De aquí arguyen nuestros
adversarios: Así como el alfarero, de la misma masa de arcilla, modela
recipientes distintos y otros objetos para fines diversos, así también, Dios
es soberanamente libre en el modo de conducirse con la humanidad. La
respuesta a esta argumentación de los calvinistas radicales, la hemos dado
ya en el punto 2, C), al analizar los vv. 22 y 23, que siguen inmediatamente
a los que analizamos aquí.
C’) Hebreos 12:17. Dice así en la B. de las Américas: «Porque sabéis que aun
después cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló
ocasión para el arrepentimiento (lit. «Porque no halló lugar de arrepen-
timiento»), aunque la buscó con lágrimas». Es una pena que, no sólo
nuestros adversarios se basen en este texto para su tesis, sino que muchí-
simos de quienes no tienen nada de calvinistas, no vean lo que significa:
AQUÍ NO SE HABLA PARA NADA DEL ARREPENTIMIENTO DE ESAÚ
–a quien sólo interesaban los beneficios materiales de la bendición de
primogenitura–; si Esaú hubiese buscado lugar para su propio, sincero,
arrepentimiento, Dios no se lo habría negado (v. 2 P. 3:9). QUIEN NO
PODÍA ARREPENTIRSE, ES DECIR, VOLVERSE ATRÁS DE LA BENDICIÓN
QUE HABÍA OTORGADO A JACOB, ERA ¡ISAAC!
D’) 1 Pedro 2:8B. Hablando de los que se obstinan en su incredulidad (v.
7), dice Pedro en la segunda mitad de este versículo: «Los que tropiezan
de continuo al no dejarse persuadir por la palabra, a lo cual también
fueron destinados» (vers. estrictamente lit.)». Nuestros adversarios argu-
yen que aquí se dice con toda claridad que los incrédulos estaban desti-
nados positivamente a persistir en su incredulidad. Pero no es eso lo que
realmente dice el texto sagrado. La frase no quiere decir que estuvieran
destinados a seguir en su incredulidad (o a ser desobedientes, como se
lee en la RV), sino a tropezar, y eso, por causa de su incredulidad.
CURSO PRÁCTICO DE TEOLOGÍA BÍBLICA 192

4. ¿Es lo mismo «regeneración» que «nuevo nacimiento»?

Aunque este tema pertenece a la Parte III de este Curso, conviene tratarlo
ya aquí, porque nos ayudará a ver claro, tanto en esta lección como en las
lecciones 16, 17 y 20.
Encuentro en los autores de signo tan diverso como los calvinistas, los