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Erratas en Documentos Literarios

Este documento presenta una lista de erratas encontradas en diferentes páginas y líneas de un texto no especificado. También incluye información sobre el número, año, ministerio responsable y director de la publicación "Fuentes", órgano del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios. Finalmente, ofrece una breve introducción sobre el objetivo y contenido de dicha publicación periódica.

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Erratas en Documentos Literarios

Este documento presenta una lista de erratas encontradas en diferentes páginas y líneas de un texto no especificado. También incluye información sobre el número, año, ministerio responsable y director de la publicación "Fuentes", órgano del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios. Finalmente, ofrece una breve introducción sobre el objetivo y contenido de dicha publicación periódica.

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FUENTES

PRINCIPALES ERRATAS ADVERTIDAS

Pgina
9

Lnea
26
2
8

36
97
107
36
31
116
19
138
39
158
234
18 y 19
1:,t del Indice 24
4?- del In dice 11 y 19
6? del lndice 16

Debe leerse
autgrafas por autgafas
Delmira por Dalmira
prlogo por prolgo
latino por latin
fuerzas por fuezas
la de Herrera por la Herrera
regocijo por rogocijo
primero la lnea 19
Jimnez por Jmenez
Jimnez por Jmenez
inadaptados por inadaptos

N. 0 1

AO 1

MINISTERIO DE

INSTRUCCI~ PBLICA Y PREVISI:c-< SociAL

Secretario de Estado:
Dr. EDUARDO PONS ETCHEVERRY

FUENTES
RGANO DEL INSTITUTO NACIONAL
INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES y ARCHIVOS LITERARIOS

DE

INVESTIGACIONES Y ARCHIVOS LITERARIOS


Director:
Prof. ROBERTO IBEZ

((Fuentes'' - Director: Roberto Ibez


C alabaran en este nmero: Clara Silva, Arturo S. Visea,
Carlos Brandy, Andr Giot de Badet, Horacio Torres.

MONTEVIDEO, AGOSTO DE 1961.

INTRODUCCiN
A fines de 1949) el Instituto .Vacional de Investigaciones y
Archivos Literarios sac a luz una revista que la crtica recibi
con beneplcito y contena trabajos de variada ndole. Luego em;ez a difundir estudios u originales anotados en colecciones definidas y de valor orgnico. Hoy, sin jJerjuicio de proseguir con
dichas colecciones, da principio a otra empresa. Editar as de
modo peridico -a razn de dos o tres nmeros por ao-- un
volumen de nuevo carcter, en que se propalarn -por medio de
selecciones sucesivas- oTiginales y documentos reunidos y por
tanto clasificados y calificados en los archivos de este Instituto,
juntamente con otTos, ajenos, cuando se conectan con los anteriores
y sirven para esclarecedos o completarlos.
En esa forma, se ir poniendo al alcance de todos el acervo
consolidado en los respectivos repositorios. Y muchas veces, como
la divulgaciun del texto escogido ser el objetivo principal, se reducirn a un mnim<J las acostumbradas informaciones y notas.
Parece innecesario justificar el ttulo ajJlicado a esta serie de
-colmenes pues los materiales que se ofrecern en ellos tienen o
tendrn el valor de fuentes primordiales para el estudio fragmentaTio o conjunto de las lelTas vernculas y hasta de la cultura
nacional.

LMINAS

Textos de R. l.

I - Carta de Jos Enrique Rod a Leopoldo Lugones.


Fechada el 16 de julio de 1914. (Copia autgafa). Primera plana.

II - Carta de Jos Enrique Rod a Leopoldo Lugones. (Ver lmina precedente).


Segunda plana.

-10-

III - Carta de Jos Enrique Rod a Leopoldo Lugones. (Ver lminas precedentes).
Tercera plana.

-11-

,..

IV - Cdula de identidad de Jos Enrique Rod (Credencial N" 38317). Cartula


y fotografas. (La pieza, que dimos a conocer en !a muestra del Sals -vide "Originales y Documentos de J.E.R.", Montevideo, Colombino Hnos., 1947, N. 300-,
fue expedida el 7 de julio de 1916, una semana antes de que el escritor se embar~
cara para Europa en el Amazon. Vide, asimismo, la glosa. correspondiente en -la pg. 45).

V - Cdula de Jos Enrique Rod. (Ver lmina precedente). Certificado de la


identidad civil, cromtica ( represe en el color del cabello, "rubio oscuro"),
morfolgica (advirtase la estatura: "1 m. 81 ... ") y dactiloscpica.

-12-

-13-

VI- Tarjeta postal enviada por Rod a su madre, desde Santos, el 17/VII/916.
(Es la primera de las remitidas en el curso del viaje a Europa). Anverso y
reverso.

VII- Tarjeta postal enviada por Rod a su madre, desde Npoles, el 21/II/917.
(Es la ltima de las remitidas en el curso del viaje a Europa). Anverso y
reverso,

-14-

-15-

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VIII - Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. - Cands (Asturias)


11 de agosto de 1897. Primera pgina del autgrafo.
'

- 16 --

IX - Carta de Leopoldo Alas a Jos EnrictH' Rod. (Ver lmina precedente).


Segunda . pgina.

-17-

X - Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. (Ver lminas precedentes).


Tercera pgina.

XI- Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. (Ver lminas precedentes).
Cuarta pgina.

-18-

-19-

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XII- Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. (Ver lminas precedentes).
Quinta pgina. El nmero visible corresponde al pliego.

XIII- Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. (\"er lminas precedentes).
Sexta pgina.

-20-

-21-

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L" """""

9---....:

XIV - Carta de Leopoldo Alas a Jos Enrique Rod. (Ver lminas precedentes).
Sptima pgina.

-22-

XV- Carta de Leopoldo Alas;a Jos Enrique Rod. (Ver lminas precedentes).
Octava y ltima pgina.

,..-23-

X'."I - Carta de Rubn Daro a Jos Enrique Rod.


(Fechada en Madrid]: "Marzo 31/99").

XYII - Carta ele Juan Ram(;n Jimncz

::.JadricL <mru o felJrnu

-24-

-25-

;!

e:,.

.f<F Enriqtt<' Rucl.


i 90~r.

XIX

l. Delmira Agustini a los veintin


aos, en vsperas de "El Libro
Blanco" ( 1907).

2. Delmira Agustini a los veintisiete


aos, pocos meses antes de su muerte, cuando compona "Los Astros
del Abismo" (1914).

-26-

-27-

()

Qelmira 1\gustmt

XXI - Delmira Agustini por Rafael Barradas.

XX - Delmra Agustni. Fotogrfas tomadas por el p<tdre de la poetisa.


Haca 1912.

-28-

Caricatura publicada -con errata curiosa- en "lVIonigotes", Ao I, N" 6,


Montevideo, Primera semana de abril [de 1913]. El autor, que. diriga el semanario cori Miguel H. Escuder y Pedro Noya, firmaba sus trabajos o las pginas
en que Jos ofreca con dos letras: P. B. (iniciales de Prez Barradas)

-29-

XXIII

l. Delmira en un parque de Coln. (Fotografa publicada en "Fray Mocho", Buenos Aires, mayo 16 de 1913).

2. Delmira en un parque de Coln (1913). Fotografa que integra -con la


anterior- una pequea serie correspondiente a la misma oportunidad.

-30-

-31-

XXI\ - Carta de ).figucl de Cnamuno a Del mira Agustini, fpc-hacla Pn


Salamanca el L'i de abril ele 1910. - PrimPra carilla del autgrafo.

XXV - Carta de :rviiguel de Unamuno. (Ver lmina anterior).


Segunda carilla.

-32-

-33-

'~

~4

..

A?

~'~<:>-."~>~~
[/

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V"~AP~""'- r~~.F

XXVI - Carta de Miguel de Unamuno. (Ver lminas anteriores).


Tercera carilla.

-34-

XXVII - Carta de Miguel de Unamuno. (Ver lminas anteriores).


Cuarta y ltima carilla.

-35-

XXVI - Carta de :Miguel de Unamuno. (Ver lminas anteriores).


Tercera carilla.

-34-

XXVII - Carta de Miguel de Unamuno. (Ver lminas anteriores).


Cuarta y ltima carilla.

-35-

XXVIII - Retrato de Dalmira Agustini (hacia 1910, en tiempos de "Cantos


de la :Maana"), con dedicatoria autgrafa para Andr Giot.

[Link] - "Las Voces Laudatorias". Poema dedicado a Andr Giot.


(Recogido en "El Rosario de Eros", :Montevideo, M. Garca, 1924).
Primera pgina del autgrafo.

-36-

-37-

XXX - "Las Voces Laudatorias". Segunda pgina.

-38-

X:'\XI - "Las Voces Laudatorias". Tercera y ltima pgina.

-39-

XXXII - ["Adelfa"]. Comedia inconclusa de Julio Herrera y Reissig.


Primera pgina del original.

X.,"\:XIII - ["Adelfa"]. Comedia inconclusa de Julio Herrera y Reissig.


Segunda plana. (Hasta la acotacin empezada en la lnea decimosexta
-y fuera de algunas intercalaciones anteriores- la letra es del autor).

-40-

-41-

XXXIV

l. Quiroga, con su motocicleta y su canoa, junto al Paran, en 1926. !Una


Yariante de esta fotografa se public en "Babel", Buenos Aires, noviembre
ele 1926).

XXXV - Original dactilografiado de La Jangada, "bosquejo de film", por


Horacio Quiroga, con enmiendas manuscritas del autor. Reproduccin de la
pgina 29.

2.

Quiroga, en su canoa, por el Paran.- 1926.

-42-

-43-

UNA

GLOSA

Aqu est su imagen, en la cdula, de perfil y de frente: laxo


y carnoso el rostro, el "cutis blanco", con alguna excrecencia que
el lente policaco no perdona; los ojos fijos, casi inexpresivos, de
color a castao" . tras las gafas civiles; las cejas finas, enarcada la
izquierda con recelos de hombre tmido; rr1cal peinado el cabello
"rubio obscuro"; alta la lnea frontal que alguien describiera dejJrimida; mediano el jJabelln de la oreja; apenas corva la nariz y
no pequea; abundante el bigote y buido, con cierta asimetra,
sobre la boca, en parte ocrdta, de labios regulares, aunque algo
salientes; el mentn ancho, pero sumido; el cuello corto, amplios
y declinantes los hombros. Pese a la atona del gesto, su fealdad,
que no llega a ser ingrata.. deja trascender un aire de grave y
hasta ingenua nobleza. Em alto (<Estatura 1m81'', reza escuetamente el documento). Y distrado, corresponde aadir, como olvidado de su edad (segn lo comprueba la cdula, expedida el 7 de
julio de 1916, donde se le atribuyen cuarenta y dos aos, cuando
iba a cumplir cuarenta y cinco). Y ese olvido del tiempo, alma
adentro, no descarta una absorta memoria, piel afuera, como de
hombre marchito prematuramente.

R. I.

X:X.'\:VI - Original de "La Jangada". (Yer lmina precedente).


Reproduccin de la pgina 30.

1 Estas lneas, fundadas en la cdula de identidad antes reproducida -v.


Lminas IV y V- pertenecen a un libro indito, cit. ms adelante: "Imagen
documental de Rod".

-44-

-45-

EXPLICACION GENERAL
(Sobre los signos convencionales y la
ortografa de los textos reproducidos)
En ms de una ojJoitunidad result dificultosa la lectura de los autgrafos. Cuando la solucin no fue
absolutamente segura se crey conveniente hacerlo constar con un signo
de interrogacin entre jJarntesis rectos.
Esos mismos parntesis o corchetes, [ ], se emplean otras veces jJara
indicar nmeros, letras, palabras o
giros que no figuran en el original. Y
una doble barra, j /, seala el paso
de una pgina a otra. (A la izquierda del rengln en que va ese ltimo
signo, se fJone siempre una f -inicial dt' folio-, seguida del nmero
corres;ondiente, solo o con una v
-inicial de verso o vuelta). En cambio el paso de una lnea a otra -en
ciertos ttulos- se establece con barra simple, /.

Adems, al trasladar los textos, se


moderniz y regulariz en lo menudo, la ortografa, aunque manteniendo siempre lo caracterstico o
singular.

CORRESPONDENCIA DE
JOS ENRIQUE ROD

NOTICIA PREVIA
U na exposicin, un libro y un opsculo
Quien escribe estas lneas recibi oficialmente en 1945 los papeles de Rod: m/lares de hojas desordenadas y revueltas a cuyo
estudio se aplic en seguida. Luego, transcurridos ms de dos aos.
crey oportuno adelantar algunos rsultados de su tarea. Y organiz -con el ferviente concurso de cinco jvenes colaboradoresuna m'[Link] de originales y documentos escogidos -casi cuatrocientos-, inaugurada en el foyer del Sals el 19 de diciembre de
1947.
Compuso, entonces, una Imagen Documental de ]os Enrique Rod", que excedi en las pruebas de imprenta las quinientas
pginas: Entretanto, deline como gua de la Exposicin y anuncio
derlibro -qye al cabo no lleg a editarse-- un opsculo de cuarenta y ocho pginas 1 consistente en la sola transcripci6n die los
minuciosos encabezamientos que correspondan a las diversas unidades de la muestra y que constaban -con los indispensables desarroUos- en la tercera parte de la Imagen Documental".
La exposicin abarcaba por su lado -como se estableca en
el opsculo-- cinco secciones: Manuscritos, Correspondencia, Impresos, Documentos y Testimonios. Y bien, parece oportuno ofrecer
hoy, completa, la segunda seccin, con sus dos series:
I) Cartas de Rod;
II) Cartas a Rod.
Se haban compilado en dicha seccin sesenta y cinco cartas,
que ahora se sacan a luz con nueve ms, lo que da un total de
setenta y cuatro unidades 2 Sin embargo se exhibieron entonces
otras muchas: ya entre los documentos, ya entre los jJapeles que
constituan una muestra complementaria hecha con la base de
A riel".

1 "Originales y documentos de Jos Enrique Rod" [por Roberto Ibez].


Montevideo, Colombino Hnos., 1947.
2 Las nueve unidades agregadas --cuyos nmeros se ponen entre parn
tesis rectes para indicar que no figuraban en la muestra del Sols- son: siete
postales de Rod a su madre, 2ia, 2ib, 30a, 30b, 30c, 30d y 30e, as como una
esquela de Lugones, 33a, y una carta de l\Iaragall, 53a.

-51-

lvferced a la circulacin jJTivada de la Imagen Documental"


o a la Exposicin -en la que por lo jJronto casi toda la correspondencia era indita- o, en ciertos casos, al propio Archivo, algunas de las cartas reunidas salieron en letras de molde ulteriormente.
Pero aun sas pueden ser hoy reproducidas sin vacilaciones: no
slo jJorque aseguran la integridad de aquellas series, sino porque
se trasladan con la caucin directa del respectivo original, que en
cada caso se describe, y sin los males por ms de una contrados en
sus andanzas. Y las otras, las que importan el mayor nmero,
ahora se imprimen por primera vez.
De cualquier modo, el conjunto vala y vale como seleccin
inicial )' servir de anticipo a varios centenares de carta:- que se
darn a conocer en prximas entregas de <<Fuentes-'.
Cartas de Rod (Serie I)
La correspondencia reunida es fundamentalmente literaria.
Dentro de la serie integrada con te:.,:tos de Rod (casi todos
borradores o ca jJias de cartas) podran aislarse, puviamente, ciertas unidades ajenas a la literatura pero que apoTtan :preciosos elementos para el conocimiento del hombre y de su carcter: las doce
tarjetas postales enviadas por el autor a su madJre durante el viaje
a Europa y desde el uiejo mundo (slo se exhibieron cinco en la
Exposicin de 1947); y la carta que inaugura el :ponjunto, escrita
a los diecisiete mios -con algn rasgo de humor, luego reprimido
o esfumado- y dirigida a quien era, desde la niez, el ms prximo
camarada y amigo: Baldomero Correa. (Ya en una conferencia
dictada con motiuo de la Exposicin 1 , al resumir los hallazgos
que pude efectuar por aquellos das, habl de ese amigo y de la
nia que fue e! primer amor de Rod: una rubz:a ojinegra, Luisa
Gurmndez, cuyo nombre doy ahora cmnpleto) ~.
Las dems cartas, aun en lo menudo, ilustran decididamente
la actividad peculiar del escritor.
Una a Blanco Fombona -26-, se funda en el exclusiuo jJTopsito de disculpar largos szlencios 3 , tema reasunuido, aunque de
modo incidental, en diversas cartas de la serie (a Sann Cano, a
Chocano, a Daz Rodrguez, .a Palacios, a Lugones) )' en muchsimas que no se hallan en esta seleccin: pues Rod vivi agobiado
por las obligaciones de una formidable conespondencia.

Otras cartas esclarecen o fijan efJisodios indiferentes o significativos de la propia vida intelectual: la enviada a ] os Pedro
Ramrez -10- con la renuncia a un cargo de vocal en la Comisin Directiva del Ateneo montevideano; el oficio al Director de
la Academia Espaola -23-, texto en que el signatario da las
gracias por su nombramiento ((como miembro correspondiente'' de
aquel instituto; la carta a Dara --4-, del 16 de enero de 1899,
que nos entera, por lo pTonto, de un desencuentTo del propio Rod
con el poeta a bordo del Vittoria el 9 de diciembre de 1898, cuando
el ltimo pas en esa nave por j\f ontevideo rumbo 'a Espaa.
( Daro. dando pnncipio a la memorable salida, se haba embarcado en la Argentina el 8 de diciembre, 110 el 3 como se lee por
tenaz errata en el texto impreso de su Autobiografa desde la reproduccin originaria en Caras y Caretas"). 1
Tres cartas -hablo siempre de las escogidas- se relacionan
con pedidos de co!aboracin o de opiniones literarias. Citar, en
primer trmino. una desconcertante respuesta de Rod -entonces
annimo aprendiz literario de diecisiete aos, ya autor '(privado)
de varios estudios. uno. por ejemplo. sobre Valera y jVJ enndez
Pelayo como fJoetas-, a un Nemesio Escobar - 2 -.. que habra
solicitado el concurso del adolescente para El Autgrafo Americano", peridico de Santiago de Chile (cuya vagarosa coleccin
no fJUde recorrer, aunque tal vez fuera intil hacerlo). Citar, en
seguida, una carta a Lugones -representada poT dos borradores
o copias -24 y 25-, en la que Rod, invocando virtualmente la
doble seruidumbre del periodismo :V la poltica, se excusa fJoT no
haber terminado un trabajo prometido 2 a la Revue Sud-Amricaine" fundada por el destinatario en Pad,s )' fenecida en esos
momentos. a un paso de la guerra 3 . Citar asimismo una carta
a Carlos Arturo Torres -21-, sobre el recibo del oj;sculo l
en que el escritor colombiano adelant el prlogo de Rod para

1 Vide resumen de "El Pas", 8, 10 y 12/V948.


;) V., asimismo, "Originales y documentos", op. cit., en cuyas ltimas p
ginas hay algunas transcripciones de mi Imagen Documental.
3 El remitente ensobr la carta -as la encontr, hace aos- pero no
la despach. Claro qne pudo haberla sustituido.

1 Creo oportuno subrayarlo de nuevo con la hase documental que pro


poreionan los peridicos de la poca.
2 "La tradicin en los puehlos hispanoamericanos", artculo que se dio
'l la estampa meses despus -valga el dato- en un nmero extraordinario de
"La Prensa". Buenos Aires. enero 1 de 1915.
3 San~ Cano, en un. artculo. "Lugones ha muerto" (publicado en "El
Tiempo" -rlc Bogot- el 27 de febrero de 1938 y transcripto en "Nosotros",
Buenos Aires. mayo-julio del mismo ao), anota que "al sntimo u octavo n
m!'ro Pl neridiro dej de existir". E intenta una explicacin: "Temo que la
ln!Pna fe rle Lu:rones haya sido explotada por los especuladores [Link] y latino.
americanos de Pars en esos aos de prueba".
4 "Entre Pl fanatismo y el esceptici;m10", por Jos Enrique Rod (Bo
got, Edicin de Amrica Anunciadora [1910]), trabajo recogido tres aos ms
tarde, con el ttulo de "Rumbos Nuevos", en "El Mirador de Prspero" (l\Ion
tm.-ideo, Jos Mara Serrano, 1913).

-52-

-53-

la segunda edicin de a Ido la F ori": prlogo donde el autor uruguayo reitera y ampla el mensaje de ((Ariel" y da el rtulo de
neoidealismo a la doctrina implcita en su milicia hisjJanoamericana. (Hay, adems, en ese texto, esjJeranzadas consideraciones
sobre la expansin de la vida espiritual en el Plata).
Dos cartas nos informan de obras en cierne. La primera es
la ya nombrada esquela a Dara. En ella, fuera de la aludida referencia al desencuentro en el Vittoria y tras una curiosa propuesta
editorial -imprimir en k! ontevideo un libro mixto: con la prosa
de Azul y los versos de Prosas Profanas-, Rod anuncia aun largo
estudio" sobre la personalidad del poeta a para [Eugenio J Daz
Romero" (director de una revista argentina donde, en efecto, al
mes siguiente se publicaron dos fragmentos del ensayo) 1 La
segunda carta -16-, an indita igual que otras muchas, est
dirigida al fugaz confidente de ((Proteo", Juan Francisco Piquet:
y se refiere -diramos- al montaje del libro as como al propsito de cumplir a continuacin, por un tiempo, atareas ms livianas". 2 (El texto -que tambin consiste en un borrador- debe
injerirse entre las dems cartas a Piquet sobre aquel libro, todas
pertenecientes a 1904 -salvo una, bosquejada a principios de
1905- y en su nuz;vor parte -seis sobre once- pasibles de correcciones considerables en las fechas y en la ordenacin propuestas por
quienes las han oreado en la prensa o en el libro).
Cuatro o cinco unidades versan -directa o marginalmentesobre el envo, hecho por el autor, de distintas obras suyas, a saber:
((La Vida Nueva" a Clarn -3-, aRubn Dara" a Sann Cano
-5 v 6-, aAriel" a Valera -7-. 'V ak!otivos de Proteo" a Gonzlez. Blanco -22-. (Cuando ad;i;rte Rod a este ltimo que el
libro despachado es aun ejemplar de la nueva edicin aumentada",
alude a la de 1910, slo acrecida sin embargo en una pgina, ((Pro!
teo", dispuesta a la zaga del epgrafe).
N o podan faltar -y redondean el grupo mayor- unidades
referentes a obras recibidas. Se han juntado ;aqu diez: son las cartas a Unamuno -9 y 12- jJOr el Discurso de Bilbao" y aAmor
y Pedagoga", respectivamente; a ]os I. Vargas Vila -11- (que
no debe ser confundido con ]os 1~fara, el notorio autor de albis"),
por asueos de Opio"; a Chocano -13- por el aAlbum de Mi1
Vide "El Mercurio de Amrica", Buenos Aires, febrero de 1899. El opsculo -con sus trece partes virtuales- fue editado el 1' de marzo: "Rubn
Daro", por Jo;; Enrique Rod, 1\Iontevideo, Dornaleche y Reyes, 1899.
2
Como el personaje nombrado por Rod en el primer prrafo muri
el 20 de mayo de 1904, puede fecharse la carta a fines de ese mes o principios
del siguiente.

-54--

nerva" (libro con pginas de distintas personas empeadas en el


elogio de una sola, el dictador guatemalteco Estrada Cabrera, aclito de Atenea y ms entendido -excsese el juego- ,en palos
que en Palas); a Daz Rodrguez -14- por ((Sangre patricia";
a Quiroga -15- por ((El Crimen del Otro"; a Palacios -17por una compilacin de u trabajos parlamentarios"; a Pedro H enrquez Urea -18- por <<Ensayos crticos"; a Francisco Garca
Caldern -19- por un opsculo, ((Menndez Pidal y la cultura
espaola"; y a Gabriel Mir -19- por ((La novela de mi amigo".
(Dentro del grupo resultante, pese al valor de distintas pgz:nas,
sobresalen sin duda las cartas ',a Daz Rodrguez -en que se abre
paso un intenso grito de angustia cvica-, a Henrquez Urea,
adivinado en su cabal magnitud de escritor y de hombre, y a
il;fir 1 , intuido con honda simpata y sinceridad no menos honda
como lo prueba algn reparo al estilo -precisamente- de la obra
juzgada).
Por ltimo, puede consignarse que en la importante carta a
Clarn -3-, a N ervo - 8 - y de manera circunstancial en otras
:va invocadas (a Sann Cano, Daz Rodrguez, Palacios, Henrquez
Urea, Garca Caldern, Torres y Alejandro Pidal), se expande
o asoma un tema que es de los ms frecuentes en la correspondencia
de Rod: la situacin o la promocin moral ,e intelectual de nuestra Amrica, as como sus vnculos con Espaa. ((Liberalizar a
Espaa. . . es hacerla ms nuestra", dice -por ejemplo- el uruguayo a Leopoldo Alas. Y, despus de encarecer la virtud de un
nombre, el de Castelar, en la reconciliacin de la misma Espaa
v nuestra Amhica, afirma que en lo literario -segn lo perseguz:do por l con ((La Vida Nueva"- el modernismo americano
debe encauzarse u dentro de tendencias ajenas al decadentismo
.
pues,
azul. . . o candoroso . .. .,, "-. (E n ese momento no se szente,
extrao al modernismo, sino a una de sus formas).'
Intermedio: Rod en sus cartas
Rod se distingue en su correspondencia por la amable compostura, la cortesa y la circunspeccin. Conducindose, ante todo,
como escritor y .activo propagandista de ideas, no convierte nunca
las cartas en vehculos de confidencias personales. Y si no abre ni
insina caminos a la propia intimidad, tampoco se esfuerza por
tener acceso a la ajena.
El borrador de esa carta muestra rasgos todava perfectibles.
Esa carta a Clarn - 3 - es respuesta a la fechada por el escritor espa
ol el 11/VITJ/897. (Vide N. 32).
1

-55-

~sa

nativa discrecin, en que se conciertan acaso delicadeza

y timidez, se hace visible, como en el tono y carcter de las cartas,


en ciertas constantes del tratamiento dispensado a los diversos interlocutores. Rod, por lo p1onto, no prodiga -o malversa- abra::os epistolares; se limita al saludo puntual -ni seco ni exuberante-, dentro de las frmulas corrientes -que fan as decorosas distancias-, o al serio y cordial apretn de manos (el <<shake
hand", como tambin le agrada decir). Y eso ocurre aun en oportunidades que podran justificar la excepcin. Repsense las taTjetas postales que envi a su madre en el cuno del ltimo viaje y
desde Emopa. Es evidente que al escribir pam aqulla lo haca para
todos los suyos; y que el gnero de comunicacin escogido impone
lmites a la efusin privada. Pero, concedindolo, puede todava
extraar que ni en esos mensajes haya besos o abrazos sino saludos,
afectos o recuerdos.
Adems, quien ojee la correspondencia reunida, no slo estas
pginas, advertir la elocuente ausencia o proscripcin del tuteo,
apenas usado en cartas a sus hermanos y a un compaero de la
niiiez (no pm cierto en las cartas a Luisa, a quien exptesa -con
decoroso usted- el deseo de besada. . . en la frente y el designio
-Rod tiene diecisiete aos- de ponerle a los pies alas ofrendas
que arrebate a la gloria"). 1
Esa conducta epistolar no sujJona frigidez o penuria de alma.
Era consecuencia de un temperamento en el que la Teserva ante el
prjimo o ante el pblico -sabida es la cautela de nuestro escritoT
en materia de autobiografas- se compensaba increblemente ante
el jJapel sin destinatario: en las crisis morales, sas que tuve ocasin de dar a conocer aos atrs 2 , se manifestaba un Rod profundo,
sensible hasta el desamparo, entregado en cerrada soledad a la desesjJeracin y a las lgrimas. Prubanlo sus [Link] diarios ntimos: el de 1891, cuando cree cerradas las puertas de su porvenir;
el de 1894, cuando padece la obsesin de la locura; el de 1905 y
1906, cuando -en plena gloria- esconde hasta de sus familiaTes
el dmma de una quiebra que durante diez aos lo transform en
uctima secreta de usureros jrrofesionales. La reserva, ptws, era en
l exacerbado sentimiento de dignidad. Aunque como por una lcida voluntad testamentaria se confesase luego sin otra compaa o
sin otro consuelo que el papel para lectores imprevisibles y remotos. Estos datos pueden orientar a quien desee conocerlo y expli-

1 Vase mi citada gua: "Originales y documentos de Jos Enrique Rod".


" V. el resumen de la citada conferencia en "El Pas".

-56--

crse!o: sin olvido de la obra grande, donde no habla' de s mismo


ni de sus e::..:periencias cotidianas jJero se vuelca hacia los otros en
obstinado mensaje de amor.
Cartas a Rod (Serie II)
La segunda serie, que esclarece tambin -y ya se dijo- el
carcter ptim:ordialmente literario de esta seleccin epistolar_, se constituy con originales de escritores famosos -casi todos- o a pocos
pasos de la fama.
Slo dos o tres unidades no ofrecen aquel carcter, aunque lo
asumen de reflejo por el prestigio de los remitentes en el mundo de
las letras: la segunda carta de Lugones -34-, con la categrica
jJresentacin de Alfredo L. Palacios; la esquela de Zorrilla de San
!Y! artn --40-, con un simple aviso del poeta a sus compaieros en
un tribunal examinador (Rod, desde luego -cuyo nombre se lee
en el sobrescrito-, por entonces ptofesor de Literatura, y acaso
Vaz Ferreha); tambin la carta de Paul Fort -63-, escrita para
obtener que el destinatario -a quien el remitente ignoraba pero
hace objeto de su avive admiration" -se abonase por dos o tres
aios como mnimo a una revista trimestral, ((Vers et prose". (El
autor de las <<Ballades franr;aises", al buscar apoyo para esa revista,
fundada -por l- en 1905 y extinguida en 1914 sin duda con motivo de la guerra, escriba a los posibles suscriptores incansablemente
--lo hizo durante esos diez aos- la misma carta, si bien con pequeas variantes; es fciljJrobarlo gracias a una acrnica" de Luis
Bonafoux que sali a luz en Ariel -revista as denominada por el
opsculo de 1900-; Rod no pudo dejar de leer en la segunda entrega de esa ltima revista- conservada entre sus papeles- una
carta del mismo Paul Fcrrt, fechada en 1905, al citado periodista
franco-hispano-puertoniqueo, que ste public adrede al cabo de
siete aos y es anloga -salvo en menudencias- al texto -de
1914- incluido en esta seleccin) 1 .
Las cartas restantes justifican plenamente el aserto inicial y
pueden clasificarse en dos grupos: uno, de nueve unidades. sobre
temas diversos; otro, de veinticuatro, con juicios directos o !~ter ales
sobre las obras del destinatario -salvo aLa Vida Nueva"-.

***
V anse por orden de presentacin las unidadl,es del primer
grupo 2
1
2

V. Apndice, F.
Son las que llevan los nmeros 32, 43, 44, 45, -16, 49, 59, 61 y 64.

-57-

La personalsima carta de Clarn -32- alterna con crticas


a lo azul y a los snsontes disfrazados de gorriones parisienses'',
plcemes cordiales, excusas para un joven amigo, Prez Petit, reprendido inadvertidamente poco antes, y reflexiones sobre los rumbos del pensamiento y de la literatura en Espaa y Amrica.
La carta de Enrique Gmez Carrillo -43-, en la que ste
informa sobre el envo de dos libros suyos y la preparacin de otro,
encierra, entre frases melosas y fras, un pulido exabrupto hecho ((en
nombre de Amrica" t<N o escribe V d. nada") y una inevitable
referencia a Dara, rematada con un ((y o, al menos . .. " sintomtico.
La carta de Juan Ramn ]imnez -44- es un fervoroso
pedido de colaboracin para <<Helios". (El poeta, que se hallaba
todava en sus comienzos, era en Madrid apasionado husped del
Sanatorio del Rosario, Prncipe de Vergara, 14).
Dos tarjetas de Chocano -45 y 46- descubren (o confir
man) el natural imperativo y egocntrico de! remitente: la primera, con la insinuacin o la exigencia de un estudio sobre <<Alma
de Amrica", que se apareara al previsto prlogo de Unamuno;
y la segunda con un retrato, un texto eufrico y noticias sobre el
prspero avance del libro (ya en cierne -se ede't en 1906- y
con ttulo abreviado).
La tarjeta de Villaespesa -49- aprieta en pocas lneas: la
alusin a dos libros recin remitidos [((Las horas que pasan" y <<El
jardn de las quimeras"], la mencin de otros dos despachados varios meses atrs y la solicitud de colaboraciones para una revista
y para una antologa.
La esquela de Javier de Viana -59-, de astuto patetismo, es
un ruego por ''M acachines".
La carta de Rubn Dara -61-, ya adelantada por Ghiraldo
en su calafateable Epistolario, da curso al expresivo reconocimiento
de aqul por una colaboracin del uruguayo (((Mi retablo de Navidad", trptico publicado en un nmero extraordinario de ((Mundial", Pars, diciembre de 1911, donde, a pesar de una espontnea
promesa _<<Ocupar su trabajo el primer lugar ... "-, el primer
lugar fue ocupado por el trabajo de una Infanta aficionada a las
letras).
Una carta -al cabo- de fos Eustasio Rivera -64-, escrita a siete aos de Tierra de Promisin'' y d:iez de ((La Vorgine", contiene la splica de un juicio crtico sobre ((un canto a
Ricaurte" (ignorado todava, al parecer, en las historias literarias).

***
-58--

V anse ahora, tambin por orden de presentacin, las veinticuatro unidades del segundo grupo. 1
Siete de ellas, relacionadas con a Rubn Dara" (1899), consisten en juicios, elogios o meros avisos de recibo. La tarjeta de
Herrera y Reissig -33- vale como seal intensa de amistad
-pronto desvanecida- 2 (E! fJoeta an vive los aos de aprendizaje; y con lengua de mpetu barroco multiplica galas y bengalas).
La esquela de Lugones -33 bis- es brae y cordial, sincera y orgullosa; la de Ingegnieros -36- no puede recatar cierta complacida
suficiencia dentro de su tono amistoso; la carta de Reyles -37-,
en un pliego de ostentosa factura, slo en sus renglones postreros
se refiere al opsculo sobre ((Prosas Profanas" y es en lo dems
respuesta algo dogmtica a una 17regunta del venezolano Coll, trasmitida jJor Rod, respecto a !a influencia de poetas y escritores
franceses en la Amrica Latina; la carta de Salvador Rueda -38-,
exuberante y expansiva, comienza con una loa zurda (((Si es V d.
ms poeta en ese trabajo, que el mismo Dara, a quien admiro )'
quiero tanto!") y se remata con el pedido de un estudio 'anlogo
pro domo sua; la carta de Blanco Fombona -39- traduce entusiasmo y deslumbramiento: Veo que el sol sal e ahora por el A1edioda". Entre esas pginas hay tamb:n una primera carta del propio Daro -35-, entonces en plena jJosesin de su conciencia olmpica. (El poeta, en una hoja de terso papel celeste, con elptico reconocimiento, define el ensayo sobre sus versos como un ((servicio".
El desencanto del destinatario ser silencioso preludio de una historia que Da ro intentar desenlazar amablemente aos ms tarde).

1 Son los nmeros 33, 33 bis, 35, 36, 37, 38, 39; Jl, 42; 4,7, -1,8; 50, 51,
52, 53, 53 bis, 5~, 55, 56, 57, 58, 60; 62 y 6~.
2 Tres meses despus, el 14 de junio, Herrera pidi a Rod que colabo
rase en el primer nmero de "La Revista". Pero Rod no lo hizo ni en ese
nmero ni en los siguientes. Luego, en 1900, el rgano de Herrera y Reissig ig
nor la publicacin de "Ariel" y no se cans de pregonar que el gran libro de
entonces era "Sueo de Oriente", de Roberto de las Carreras. As, bajo la in
fluencia moral del mismo Roberto, Julio se fue erizando contra Rod -por
ejemplo: en el libro indito "Los nuevos charras" o "El pas de la piedra"-;
Rod, por su parte, cada vez ms interesado en una "literatura de propaganda"
o "de ideas", no podia estimar en apariencia la poesa de Julio. En vida de
ste le dedic slo unas lneas sin firma, con las que encabez en la Biblioteca
Internacional de Obras Famosas un lote de tres composiciones tomadas de "El
Parnaso Oriental", como tuve oportunidad de establecerlo en 1947 ( v. "Origina
les y Documentos de Jos Enrique Rod", N. 211). Fallecido el poeta, Rod fue
uno de los diputados que redactaron un proyecto sobre la adquisicin de las
obras de Herrera rl4/VII/913). Y an aos ms tarde -valga el hecho por el
fino reconocimiento que incluye- hallndose en Miln y a pocos meses de la
propia muerte, oy en una reunin los sonetillos de "El Collar de Salamb" y
lo hizo constar en su Diario de viaje, el 2-1, de noviembre de 1916.

-59-

Luego, al margen de otras muchas difundidas en la muestm


comjJlementaria mentada al jnincijJio. hay dos cartas sob1e aAriet>',
1900: la de. Guido y S;ano -41-, con aplausos que no aminora
alguna delicada sugestin 1 : y la de Cnamuno --42-, rica en ideas
y digresiones ~. Este, flamante Rector de Salamanca, vive entonces
su ;erodo jJrotestante: y despus de fijar su ntima repulsa ante lo
latino -;ara l sinnimo de catlico- y ante lo francs, y de exaltar la necesidad de consumar en Es ;aa Za reforma empezada a con
aquel jJoderoso anarquista San ]uan de la Cruz" y otros msticos,
aplaude lo que hay en Ariel ade generoso, de noble, de sincero, de
original" )' jJregona la ;asible armona de las direcciones divergengentes 3

1 La carta de Guido fue sacada a luz, sin duda por iniciativa del propio
destinatario, en "El Siglo", :'\Iontevideo, abril 7 de 1900. (Advirtase que el
poeta argentino invoca en el texto, para confirmarlas, palabras de Rod -anticipadas o reiteradas entonces por ste en distintas cartas y dedicatorias- sobre el
designio de "Ariel" en su relacin con "la cultura moral e intelectual de la
juve;1tud de nuestra Amrica").
~ Ocho cartas de Unamuno -hay una novena, puramente circunstancial
y todava indita- fueron dadas a conocer en "Ensayos" C.\Iontevideo, julio de
1936) por Eugenio Petit l\Iuoz, director de esa revista.
3 Unamuno haba escrito a Rod el 5 de mayo de 1900 su primera
carta. En ella, sin mengua de discrepaneias determinadas por la orientacin de
sus ideas y aun por su natural a contrapelo, hace el elogio del opsculo -que lo
entona y aquieia- con indudable simpata. Sin embargo, cuatro das ms tarde
-Rod nunca lo supo-, a raz de un artculo de Clarn sobre "Tres Ensayos"
eon reparos y posibles exageraciones respecto a las fuentes de Unamuno, ste
se encresp contra Alas en una carta -cuyo tono atemper al da siguiente en
nueva carta- y le ech en cara que le regatease a l la originalidad con tanta
facilidad concedida a otros, Rod, entre ellos. (V. "Epistolario a Clarn ... ",
tomo I, prlogo y notas de Adolfo Alas, 2\Iudrid, Ediciones Escorial, 19-H),
Pocos meses despus, en su segunda carta -la presente, del 13 de diciembre
de 1900-, Unamuno, con las mismas reservas personales, reitera el elogio de
Ariel y anuncia que escribir sobre el emayo -lo que hizo en el primer n
mero de "La Lectura'' (l\Iadrid, enero de 1901). El estudio resultante, precedido
por una crtica de "La raza de Can", de Reyles, y escoltado por una pgina sobre
'':\Iontaraz'', de Leguizamn, es afirmativo pero breve y parco. En los aos
siguientes, Unamuno hizo expresivas menciones del escritor montevideano, alguna de ellas entusiasta: as en una crtica de 1905 a "Litterac" (libro de F.
Garda Caldern prologado por Rod): "La obra del meritsimo Rod empieza
a rendir frutos en la Amrica Latina; los discpulos del admirable maestro uru
guayo estn realzando su labor. He aqu uno ... que lleva a su [Link] serena
reflexin y la alta espiritualidad del maestro ... ". Pero tal vez el ms bello encomio de [Link] lo realiz el mismo Unamuno cuando sac a luz su ltima crtica
en "La Lectura" (l\Iadrid, setiembre y octubre de 1906): en dicho artculo -recogido en "Ensayos", '1!, y en "Obras Completas", III-, al comentar una tesis
del peruano Jos de la Riva Agero (virtual precursor de los antiariclistas, que
slo han sabido repetir sus desajustadas objeciones), Unamuno defiende lcidamente y con singular eficacia "la doctrina del famoso Ariel... ese librito tan
substancioso, aunque tan corto y que tanta influencia est ejerciendo en
Amrica".

-60-

Dos esquelas se conectan con ((Liberalismo y jacobinismo"


(1906): la de V arana --47-, que es slo un corts aviso de recibo, v la de lvfaragall -48-, con puntuales y enaltecedoras palabras. por el citado opsculo (que originaba el primer contacto
del remitente con las obras del destinatario).
Antes de abordar las once cartas sobre aAf olivos de Proteo",
recordaremos un par de cartas ulteriores, ambas -como otras muchas por el momento postergadas- sobre ((El 1\firador de Prspero": en primer trmino, la de Ricardo Palma -62-, ya octoaenario (el ilustre peruano se desjJide del escritor uruguayo como
b

d
aviejo amigo y admirador"); en segundo trmino, la de Rzcar o
Rojas -65- (el remitente expresa, ante todo, que ley la obra
con deleite y a con simpata apolnea y argentina"; despus) al apuntar ;referencias dentro del libro, orea nostalgias virreinales y esboza
la historia de su reciente ctedra).

***
Ojeemos ahora las cartas sobre akfotiuos de Proteo" (slo once
de las remitidas al autor por ese volumen).
La esquela de Blasco Ibez -50-, aunque efusiva, resbala
sobre la obra que agradece y es virtualmente mero anuncio de una
visita a 111 ontevideo.
La tarjeta de [Link] Pidal -51- no pasa de una ((cordial enhorabuena" jJor el libro, rejJetida en el post scrptum ante
"la finura" de las pginas hojeadas aaz azar".
La nueva carta de ]uan Ramn ]imnez -52-, .en su suave
penumbra, es "un ramo de cario)) jJara el a querido maestro". (El
autor de las Elegas'' -vale la jJena retenerlo -pregona que
l es "de los pocos poetas espaoles que cultivan su i1iteligencia").
La carta de ]ules SujJervielle -53--. escrita cuando el poeta
se hallaba todava a unos cuantos aos de su admirable jJlenitud,
concierta la prerrogatinz de una encantadora delicadeza con el inters de los elementos que suministra ]Jara conocer la entrada de
Rod en otro idioma. (Supervielle, en efecto, fue su jJ1imer traductor al francs. Traslad un pasaje de "jvfotivos de Proteo" (tres,
mejor dicho: los captulos VIII, IX y X), que sac a luz con el
ttulo de aLa jJarabo!e de l'enfant 1 . Y fue, tambin, entusiasta mediador ante H relle para gestionar la versin de los mismos Moti~
vos

~.

1 En "La Potique
Revue de Posie universelle. Prose et vers'', N" -19,
Pars, Aot-Septembre 1909. Pgs. 216-217.
2 Como Hrelle no pudo aceptar, Supervielle -cuyas cartas lo documentan- apalabr a un nuevo traductor, J. F. Juge, para que trabajase, ajusta-

-61-

La nueva carta de M aragall -53 bis-, que celebra en Motivos de P_roteo la poesa de la expresin, culmina con estas palabras
estremeczdas y potentes por la obra recibida: <<ante ella todos somos
jvenes. El que muere de viejo encuentra en ella esperanza y fuerza
para reformarse un minuto antes de morir".
La tarjeta de Enrique Gonzlez M artnez -54-, entonces
Prefecto del Distrito de i\lf ocorito ( Sinaloa, Mxico), aporta una
concisa definicin del mismo libro: << encantador alto de un
optimismo consolador y profundo, obra a la vez die pensador y de
artista ... ".
La carta de Alfonso Reyes -55-, hecha por el remitente en
su nombre -tena entonces veinte aos y preparaba el primer libro- y en el nombre de su Padre -as, con mayscula- para dar
las gracias por ajiJ otivos de Proteo", deja entrever una deliciosa
admiracin de hombre joven, como necesitado an de patria potestad, incluso en lo literario; y el tono reverencial que cunde a lo
largo del texto (por ejemplo: a . .. en este pas . .. hay odos que
escuchan con veneracin sus palabras . .. ") ni se atenu siquiera
en el paso del aprendizaje a la esplndida madurez.
La tarjeta de Senz Pea -56- es alto testimonio del prestigio logrado por Rod en esferas extraas a la literatura propiamente dicha.
La carta de Gabriel Mir -57- se halla entre las ms importantes y hermosas de esta serie. Es respuesta a la de Rod sobre
<<La novela de mi amigo" (v. N 9 20). Y revelacin de un alma
vibrante, pura, solitaria. Segn el escritor alicantino, <<jif olivos de
Proteo", libro -dice- que <<glorifica ms" el nombre del uruguayo, <<est todo cuajado de lumbre como una inmensa ascua"
y pertenece aal escogido nmero de esas obras amadas" a las que
se acude siempre a con hambre de un alimento espiritual".
)

D. Francisco este reconocimiento supremo: << ... su libro es para m


uno de los pocos momentos de luz y de intensidad de nuestra
raza . .. ".
Por ltimo, la carta de Quiroga -60-, escrita en la soledad
de las A1isiones, con espontaneidad conmovedora pero lengua escasa, apenas relevada por un superlativo aislado, se aparea a otros
testimonios -sobre todo los presupuestos en las cartas de }.;faragall,
Mir, Giner-, y corrobora en un paciente ilustre y difcil las rficas virtudes del libro.
RoBERTO IBAEz

La carta de D. Francisco Giner de los Ros -58- es digna


del anciano magnfico, espejo moral de una generacin, a quien
1Vfachado evocar en el Guadanama (All el maestro, un da, j
soaba un nuevo florecer de Espaa''). Baste aislar en la carta de
dos los honorarios, en la versin de Ariel y 1Hotivos de Proteo, incluso desde
1911 con el patrocinio del "Groupement des Universits et des Grandes Ecoles
de France pour les relations avec l'Amrique Latine". Pero M. Juge se demor
ms de lo supuesto slo en Ariel. En 1914, Hachette comenz a imprimir el
traslado: as el traductor -que tambin se afanaba ya en "}lotivos de Proteo"desparl! a Montevideo las galeras correspondientes a la introduccin, a las
cuatro primeras partes del discurso de Prspero y al comienzo de la quinta
(crtica de los EE. UU.). Pero la edicin se malogr. Porque sobrevino Sara
jevo y pocas semanas despus la Primera Guerra Mundial.

-62-

-63-

CARTAS

DE

1 (120)

ROD

A BALDOMERO FELIPE CORREA


f. [1 J

Montevideo, 6 de Abril de 1889.


Sr. D. B. F. Correa
Rosario
Estimado amigo:

f. [1 v.]

f. [2]

11

11

Con gran sorpresa recib esta maana la carta en que me


participas tu estada en esa ciudad. Extraaba que no hubieses
venido a ,-erme desde hace tanto tiempo y haba preguntado repe~
tidas veces a mis hermanos si no te haban visto, pero no cruzaba
por mi imaginacin la idea de que estuvieses a estas horas a tantas
leguas de Montevideo.
El viaje, segn me dices, fue precipitado, lo que explica que
no nos hayamos visto antes de tu partida, ni nos veamos tal vez
por largo tiempo, pues como tu permanencia en sa es indeterminada, quin sabe cunto transcurrir antes de 11 poder estrechamos
la mano, a no ser que te determines dentro de algn tiempo a hacer
una visita a la patria, pues por mi parte es algo difcil que se me
presente ocasin de ir hasta esas latitudes. Pero creo que, si no
muy pronto, por lo menos dentro de algunos meses obtendrs la
autorizacin necesaria para venir, siquiera sea por poco tiempo.
Comprendo lo poco entretenido que debes encontrarte por el momento en una ciudad extraa, pues aunque ofrezca aliciente a la
curiosidad ( [del extranjero]), antes de contraer relaciones y acostumbrarse a la nueva vida, siempre el recuerdo de la patria que
no se olvida fcilmente, debe hacerte volver hacia ella el pensamiento
aparte' de la dificultad de la permanencia en tierra extraa. En cuanto
a tu empleo, creo que debe serte satisfactorio, pues encarrilado en
el comercio, en una casa importante y en una 11 ciudad tan activa
1 Se yuxtaponen dos nmeros: el de la izquierda indica el orden de la
carta dentro de este volumen; el de la derecha, que va entre parntesis, el orden
que le corresponda en la Exposicin de 19-17.

-65-

f.[2

[Link] 1

que ofrece vastos horizontes al trabajo, no es muy difcil que alcances


pronto una posicin relativamente buena en ella. Como animacin
comercial y progreso rpido el Rosario supera segn mis informes
a Montevideo aunque le s bastante inferior en poblacin, edificios
y diversiones. Pero sobre esto ya me dars noticias en tu prxim::..
carta, si sigues relatndome las impresiones de tu viaje. Tambin
me dicen que hay muchos orientales en el comercio de sa, entre
ellos Pedro Zaballa que fue o es todava gerente de un banco y a
quien aqu conoc mucho. Yo pienso entrar, pronto, en el estudio
de un abogado sin perjuicio de seguir en la Univ.[ersidad] como
hasta ahora.
Aqu siguen los preparativos para la prxima visita que nuestro
insigne 1/ Presidente har a su grande y buen amigo el de la R[ epblilca Argentina. Supongo que aprovechando las fiestas Mayas irs
a Buenos Aires a ver el recibimiento que le hacen. Deseo que pases la vida ms agradab~e que te sea posible, que te hayas encontrado con buenos compaeros y jefes en tu empleo y con los afectuosos recuerdos de mis hermanos y esperando la contestacin a sta
que de prisa y sin cuidado escribo, te saluda tu [Link] amigo y S. S.

f. [1 v.]

11

] os Enrique Rod
Borrador ms. (una hoja); el texto ocupa la primera plana y parte
de la segunda; en el ngulo superior izquierdo de la cara anterior
hay un monograma impreso; papel con filigrana; interlnea: 10 mm. En
buen estado. 219 x 140 mm.

3 ( 122)
A LEOPOLDO ALAS
f. [1]

1/fontevideo, Setiembre 5 de 1897

] os Enrique Rod

f. [3]

11

Sr. Leopoldo Alas

P. D. En el momento de cerrar esta carta veo en un diario que


D. Mximo Santos ir estos das a sa con Kubly y Carraln. Vistalo de mi parte. 11 - Dime si has visto la "Fbrica de velas" que
tiene en sa, no s si en la misma ciudad o en la campaa de la
Provincia. De cualquier modo te aconsejo que se la prendas fuego.
As hars tu nombre inmortal en la historia.

Querido maestro y amigo:

Borrador ms. ( 3 hojas; las dos ltimas forman un pliego); el texto


ocupa las cinco primeras carillas; papel rayado, sin filigrana; interlnea: 8 mm. En buen estado. 203 x 137 mm.

2 (121)
A NEMESIO ESCOBAR
f. [1]

Montevideo, 24 de Abril de 1889.


Sr. D. Nemesio Escobar, director de "El Autgrafo Americano".
-Santiago de ChilelV1uy Seor mo:
He tenido el honor de recibir la atenta nota en que se sirve
solicitar V. mi concurso para la publicacin que dirige.

-66-

Puede V. contarme en el nmero de sus colaboradores, en .la


seguridad que har lo posible por atender dignamente a la participacin que me confa en su peridico -y que, aun cuando no
puedo comprometerme a mandarle originales en determinados plazos,- tratar de hacerlo con la mayor asiduidad.
Con este motivo, me es grato sa- 11 ludar a V. atentamente.

f.[! v.j

11

Grande fue mi satisfaccin al recibir su muy hermosa carta,


y no mayor el inters con que la le, apreciando en todo lo que vale
la corriente de benevolencia y afecto que por ella circula. Espero
con verdadera ansiedad su prometida contestacin, en Las N ovedades, a la carta en que le expres mi modo de sentir y pensar en lo
referente a las relaciones de Espaa y Amrica: los dos pedazos de
la gran patria a que pertenecemos, y que sobre el quebrantamiento
de su unidad poltica, debe conservar para siempre su unidad espiritual.
Los redactores de la Revista agradecemos en el alma sus palabras de aliento y tenemos muy en cuenta sus indicaciones. Aunque
nuestra publicacin no dejase otra seal de su paso que la de haber contribuido un poco a dar a conocer 11 las aspiraciones y las
tendencias de la nueva generacin americana y haber llevado su
grano de arena a la grande obra de la unidad y fraternidad de los
pueblos de habla espaola, satisfechos quedaramos del resultado y
nos daramos por bien retribuidos de nuestros esfuerzos.
Como me propongo escribir a V d. a menudo, y enviarle datos,
noticias, libros y peridicos de por ac que puedan contribuir a

-67-

f. [ 2]

11

f. [2 v.j

f.[Sj

11

11

que V d. forme exacta idea de la cultura actua~ de nuestros pueblo~,


como Vd. desea, no tratar en esta carta de nmguno de los muchisimos puntos sobre que yo quisiera hablarle o consultarle ~n lo
referente a nuestras cosas, ni de las impresiones y juicios de m1 lectura de lo que lleva escrito V d. sobre asuntos american~s, ni del modo de pensar que por aqu priva respecto de las personalidades, obras,
tendencias, etc., etc., de la actual literatura espaola. Tod~ esto
puede dar tema 11 para muchas cartas, que escribir, Dio~ ~ed1ante,
acompandolas con los oportunos comprobantes de m1s mformaciones y juicios.
Hoy me limito a insistir en lo meritsimo de la obra que, con
slo ocuparse en nuestras cosas y comentarlas con in~parcial .Y desapasionado criterio (sea para censurar o para aplaudir), realizan los
escritores espaoles.
:rvr s de medio siglo nos hemos llevado, espaoles y amei,.canos,
representando en nuestras relaciones algo parecido a El desdn con
el desdn.
Aqu, la fuerza de inercia de los rencores de la lucha, por una
parte, y por otra el afn explicable de comunicarnos con 1~ ~ultura
de los pueblos que ms fieles representantes son del espmtu del
siglo, mantuvieron 11 despus de la independencia, cierto olvido,
cierto desvo, respecto de la que ahora llamamos ya cariosamente
la Madre Patria. Hoy, que nuevas generaciones han ocupado el
escenario, nadie, o casi nadie, se acuerda de los odios pasajeros de
aquella lucha; y el sentimiento de la raza, la conciencia de s~
unidad, se fortificarn y depurarn ms cada da. Cunto c?ntnbuyen a ello los que, en una u otra manifestacin .del pensa1111en~o,
representan una fuerza realmente moderna en 1~ ~i:td~ de la Espa~a
actual! Liberalizar a Espaa, hacer que con ongmalidad y energ1a
intervenga en el concierto de la cultura europea contempornea,
equivale a hacerla ms nuestra. Y yo creo que en el arte, en la
literatura, es donde ms eficazmente se puede trabajar para estrechar los lazos de nuestra grande y definitiva reconciliacin. 11
La belleza resplandeciente de la palabra de Emilio Castelar
(aqu popularsimo), su virtud arrebatadora, es lo que ms eficazmente ha contribuido a reconciliar, a aproximar a Espaa y Amrica, desde nuestra emancipacin poltica. Todas las sucursales de la
Academia Espaola, no han valido, para mantener y avivar el amor
de Amrica a Espaa, lo que un prrafo de un discurso de Castelar.
Si se buscase una personificacin de la unidad espiritual de la raza
espaola de ambos mundos en el siglo XIX, en Castelar habra que
sealarla.

-68-

f.

3 v.] 11

f.[ 4J 11

Yo creo que para su gloria no ser el menor de los ttulos, lo


que l ha hecho por su Espaa en esta Amrica donde tanto se
le admira.
Don Juan Valera, con las deliciosas Cartas Americanas, :Menndez Pelayo con sus investigaciones y estudios de nuestras cosas,
han hecho mucho tambin.
Usted, que tanto y tan merecido prestigio tiene as en Espaa
como en Amrica, creo yo que debe influir para que los nuevos
escritores de Espaa tengan presentes a estos pueblos que son un
auditorio tan suyo, 11 como Espaa misma; para que nos atiendan
y nos juzguen, lo que se pide no son optimismo ni lisonjas. Nuestros
pueblos de Amrica van ya dejando de ser nios, y deben habituarse a que se les hable con sinceridad. Se pide buena voluntad,
inters po; conocernos y estudiarnos y cierta benevolencia para apreciar el mrito del esfuerzo, que yo veo que es mucho en los adelantos de nuestra cultura, a pesar de sus inevitables deficiencias.
Con esta carta recib-ir V d. un ejemplar del primer opsculo
de La Vida Nueva, coleccin de folletos literarios que me propongo
publicar.
Si no desconfiase de mis fuerzas para tal empresa, dira que
el plan de esa coleccin se basa en el anhelo de encauzar al modernismo americano dentro de tendencias ajenas a las perversas del
decadentismo Azul. . . o candoroso segn V d. y yo hemos comenido
en llamarle, valindonos, como V d. dice, de un 11 eufemismo.
Van en ese opsculo La N ovela nueca y El que vendr. Ambos
trabajillos han circulado ya por Amrica, en las pginas de la
Revista. Al publicarlos de nuevo, slo me anima el que acaso algo
puedan hacer en el sentido arriba indicado.
El que vendr me lo han alabado por aqu, atribuyndole mritos de forma, de estilo y algn sentimiento. La N ouela nueva (en
la que creo que hay ms sustancia) ha encontrado tambin gran
aceptacin.
Pero no me fo mucho de estos juicios carioso~ del terruo.
Le digo con toda sinceridad que si se me ocurriese ahora releer
el folleto tal vez no se lo enviara.
Va a Vd muv necesitado de benevolencia. Oue la encuentre en
el juicio de Vd. es' lo que desea su [Link] y agra&cido amigo que le
admira y respeta
[]os Enrique Rod].
Borrador ms. (4 hojas, en un cuaderno de copias y apuntes que consta
de 78 folios); el texto ocupa los fs. 32 a 35; papel rayado, sin filigrana;
interlnea: 10 mm. En buen estado. 222 x 175 mm.

-69-

f. [1 J

4 ( 123)

5 ( 124)

A RUBN DARfO

A BALDOMERO SANN CANO

Montevideo, Enero 16 de 1899

:Montevideo, marzo 23 de 1899

A Rubn Daro.

f. [1 v.]

11

Caro poeta y amigo: Recib su muy grata, escrita en viaje.


Sorprendime la noticia de su partida para Europa, cuando la supe;
y decid, no bien recib el telegrama que me la anunciaba, despedirme personalmente de V d. Fui a bordo del "Vittoria", la maana
de su llegada a Montevideo, y despus de mucho buscarle me
aseguraron que haba bajado V d. a tierra. Sent de veras que no
me fuera posible estrechar su mano amiga.
El Sr. Berisso no me ha enviado an el "Azul". Se lo pedir
uno de estos das, pues Dornaleche y Reyes me preguntan cundo
damos comienzo a la obra. A propsito: esos excelentes amigos,
viendo un ejemplar del "Azul", han encontrado que dara poco
material para hacer una 11 obra tipogrficamente lucida. Yo les
he indicado esta idea que ellos aceptan y que me piden consulte
con V d.: estando lo mejor de V d., en cuanto prosista, en el Azul,
y lo mejor, en cuanto poeta, en Prosas profanas, no se podra[n]
reunir en esta reedicin los dos ~ibros, haciendo uno que lo caracterizara plenamente a V d. y que sera tanto ms oportuno cuanto que
su partida para Espaa le dara ocasin de divulgar en la Pennsula
esa condensacin de V d. mismo?
En caso de gustarle la idea, es necesario: I, que me lo comunique a la mayor brevedad - II, que me diga en qu forma debe
hacerse la refundicin, sea conservando a cada parte su ttulo propio o sea poniendo sobre los dos ttulos un nombre general - III,
cmo debe decir la cartula ... IV, se dejan las Palabras liminares
a las Pros[ as?]
He terminado para Daz Romero un largo estudio sobre la
personalidad literaria de V d. Acaso ...
Borrador ms. inconcluso (una hoja); el texto ocupa las dos carillas;
papel con filigrana; interlnea: 12 mm. En buen estado. 230 x 183 mm.

1 Rod equiv{)c la fecha en un ao y puso 1898, en vez de 1899. (Mediaba el mes de enero, frtil en descuidos semejantes). Y el error, que despist
a un crtico, es obvio: lo prueba el anuncio del ensayo sobre Daro y, en definitiva, el desencuentro en el puerto, ya que el Vittoria pas por Montevideo el 9
de diciembre de 1898.

-70- -

[El borrador es idntico en su princibio al que sigue -6 (125)-,


salvo en dos variantes mnimas ("1Hi distinguido . .. ", etc., en el encabezamiento;'' . .. supongo que V d. estar . .. ", a comienzos del prrafo inicial). Muestra en seguida -a partir del segundo prrafoabundantes pero menudas diferencias, como puede verificarse al fina! de estas series (vide Apndice, A)].
Borrador ms. (1 pliego); el texto ocupa las cuatro [Link] carillas;
papel rayado, con filigrana; interlnea: 7 mm. En buen estado.
179 x 108 mm.

6 ( 125)
A BALDOMERO SANN CANO
f. [1]

Montevideo, Marzo 23 de 1899


Sr. B. Sann Cano
Bogot
Distinguido y muy estimado amigo:

f. [1 v.J

11

Como todas nuestras repblicas hispanoamericanas se parecen,


lo mismo en lo bueno que en lo malo, supongo que estar V d. en
condiciones de comprender lo difcil que es sustraerse en ciertos
momentos a la absorcin tirnica de las cosas polticas y lo disculpable que resulta, en semejantes casos, dejar de cumplir aun con
aquellas personas cuya correspondencia estimamos como un honor
y como una verdadera satisfaccin espiritual. 11
Sirvan las anteriores palabras para que V d. conceda su perdn
a mi demora en contestarle y para que alivie, en parte, -slo en
parte,-- a los empleados de nuestros Correos del grave peso de la
culpa que hace gravitar sobre sus hombros; pues en justicia debo
declararme partcipe en su responsabilidad. La culpa de ellos se
limita quizs a haber detenido en el camino mi primera remesa
de libros y revistas, en la que iban incluidos trabajos de los Sres. Bli-

-71-

1/

'?1
f . L-J,

f.[2Y.]//

f. [3] 11

f. [3 v.] //

xn, Martnez Vigil, Gornensoro, Cossio, Piquet y creo que alguno


ms. Hace breves das le envi en otro paquete (que supongo habr tenido mejor suerte que el primero) dos de esas obras, y me
propongo obtener de nuevo las restantes para hacer lo mis- // rno
con ellas. Por lo pronto, hoy le remito un ejemplar de la comedia
"Primavera" de Blixn, y cuatro ejemplares de mi ltimo folleto
"Rubn Dara", estos ltimos para que V d. los haga llegar a manos
de gente conocedora, pues corno conozco pocos escritores contemporneos de esa culta repblica, no he podido enviar directamente
mi trabajo sino a un reducido nmero de amigos literarios.
El ejemplar dedicado a V d. iba en el paquete a que me refiero.
Supongo que el terna ser interesante para V d. pues le tengo por
buen amigo del autor de "Prosas profanas". Hablando con l, durante mi ltimo viaje a Buenos Aires, poco antes de partir Dara
para Europa, conversamos m u- j j cho sobre V d. y tuve la satisfaccin
de oir de labios del poeta justicieros encomios. Tambin en Buenos
Aires habl de V d. con su compatriota el joven escritor don Darlo
Herrera, quien me inform del merecido aprecio en que se le tiene
a V d. en su pas.
Recib y agradec muchsimo los ejemplares de la "Biblioteca
Popular", que son ahora mi lectura preferida y que quizs me den
ocasin para borronear algunas carillas, porque hace tiempo que
deseo manifestar de alguna manera mi sincera estimacin por una
sociedad tan intelectual y tan culta corno la de Colombia. No deje
de mandarme todo lo que pueda tener algn inte-/ jrs literario,
por su valer o su significacin histrica. Yo har lo mismo, y -a pesar de las malas pasadas del Correo- puede ser que logremos
nuestro objeto: no ignorar tanto, en lo que se refiere a libros y
escritores de ambos pases.
Se publica en Bogot alguna revista literaria? Envele, en
caso afirmativo, uno de los ejemplares de mi folleto. - Por qu no
me ha remitido V d. cosas suyas, sea en libro si alguno ha publicado,
sea en peridicos o revistas? Lo ltimo que he ledo de Vd. es un
artculo que public El Cojo Ilustrado de Caracas. Deseara ver el
juicio sobre Taine. //
No desmayemos, no desistamos de nuestro propsito de fortificar nuestra amistad intelectual y hablarnos de las cosas hermosas
de uno y otro pas, en lo que se refiere a,las tareas del espritu.

-72-

Basta por hoy. Contsteme en breve y crame su muy [Link]


amigo,
] os Enrique Rod
Montevideo: calle Prez Castellanos 120
A ltima hora, recibo dos nuevas obras nacionales que
P. S.
incluyo en el paquete.
Copia autgrafa (dos pliegos); el texto ocupa las seis primeras ca
rillas; papel rayado, con filigrana; interlnea: 7 a 8 mm. En buen
estado. 172 x 110 mm.

7 ( 126)
A

JUAN VALERA
Montevideo, 19 de Febrero de 1900

f. [ 1]

Sr. D. Juan Valera.


Madrid.
Muy respetado seor mo:
Mi atrevimiento al enviar a V d. un ejemplar de la obra ma
que acaba de salir a luz, slo tiene por disculpa el que los asuntos
sobre que ella versa son de un inters indudable para cuantos se
preocupan de la cultura mor[ al] ...
Borrador ms. inconcluso (una hoja); el texto ocupa a medias la
primera carilla; papel con filigrana; interlnea: 6 a 8 mm, En buen
estado. 178 x 120 mm.

8 ( 127)
A AMADO NERVO
Montevideo, 2 de Diciembre de 1900

f. [1]

Sr. Amado N ervo


Mjico

1vfi distinguido compaero:


En no s qu revista americana de las que ltimamente he
recibido vi con satisfaccin que Vd., en compaa de algunos intelectuales de significacin en Amrica, se propone iniciar, o ha
iniciado ya, trabajos tendientes a dar forma prctica ;' eficaz a
los deseos de confraternidad intelectual y de solidaridad ...
Borrador ms. inconcluso (una hoja); el texto ocupa la primera ca
ri!la; papel con filigrana; interlnea: 6 a 8 mm. En buen estado.
203 x 120 mm.

-73-

9 ( 128)

A
[1]

[1 v.] 11

MIGUEL DE UNAMUNO

Jos Enrique Rod saluda con el afecto de siempre a su


respetado amigo Miguel de Unamuno, y le da las gracias por el
envo de su interesantsimo y magistral discurso de Bilbao, no menos
admirable por su valer y significado de acto, como manifestacin
de ~n carcter sincero y valeroso, que por la profundidad del pensamiento. En ambos conceptos ese discurso tiene mritos sobrados
para que el aplauso de los que piensan v sienten con alguna eleva~
cin desvanezca en el espritu del auto; la amargura de impresiones que nunca pueden ser 11 duraderas en quien es sensible a las
ntimas satisfacciones de la conciencia.
La parte relativa a la tradicin histrica espaola y la que
versa sobre el castellano y el vascuence han sugerido en el espritu
de quien esto escribe tantas y tan ahincadas reflexiones que para
exponerlas sera menester llenar muchas pginas. El resumen de
ellas seran la aprobacin honda y la admiracin sentida que se
expresan, ms que con el aplauso trivial, con el efusivo apretn de
manos.
Montevideo, Oct. 12j901

f. [1 v.]

11

] os Enrique Rod
Borrador ms. (una hoja); el texto ocupa las dos planas; papel rayado,
con filigrana; interlnea: 4 a 8 mm. En buen estado. 222 x 175 mm.

11 ( 130)

A JOS IGNACIO VARGAS VILA


Montevideo, 2 de Julio / 902

f. [1]

Sr.

119 x 79 mm. (Para las variantes registradas en el original, ver Apn-

dice, B, 1).

10 ( 129)

f. [1]

f. [1 v.]

11

Montevideo, 9 de Abril de 1902


Sr. Presidente del "Ateneo de Montevideo"
Dr. D. Jos Pedro Ramrez.
Seor Presidente:

f. [2]

Hace tiempo que abrigaba el propsito de presentar renuncia


del puesto que en esa digna Comisin Directiva me seal la benevolencia de los socios del Ateneo, puesto que ya ocup durante el
perodo social anterior, y que otras atenciones impostergables no me
permiten atender en el presente como sera necesario.

-74-

J.

I. Vargas Vila
Caracas.

:Mi estimado compaero v amigo:

Copia autgrafa (una tarjeta); el texto ocupa las dos planas; en el


ngulo superior izquierdo de la primera, el siguiente membrete impreso: "Jos Enrique Rod"; interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado.

A JOS PEDRO RAMREZ

Aprovechando, pues, la circunstancia de la reciente renovacip


parcial de la Comisin Directiva, que abre un nuevo perodo de
actividad para el "Ateneo", presento 11 indeclinable renuncia de mi
cargo, con el propsito, a pesar de ello, de cooperar, en mi carcter
de socio y en la medida de mis fuerzas, al adelanto y prosperidad de
tan prestigiosa institucin.
Saludo al Sr. Presidente con mi consideracin ms distinguida.

11

Acabo de leer varios libros venezolanos, entre los que se encuentra el suyo [Sueos de opio].
}.1e interesa, conmueve y admira cuanto no puedo decirle la
soberbia tenacidad de Vds.; la soberbia y ejemplar perseverancia con
que mantienen vivo el fuego de nuestro culto sereno en medio de
la guerra, de la 1j guerra ms msera de todas, de la que desangra
el corazn de la patria sin cubrir de lauros su frente. . . Y al mismo
tiempo que emocin experimento cierto orgullo que nace del amm y
de la fe que profeso por nuestra pobre tierra americana. H?.br arte,
lo habr en Amrica. . . Todo lo del ambiente conspira contra
nuestro capricho, contra nuestra ilusin, contra nuestro ramo de
locura - pero e> hermoso ver cmo inscribimos en nuestro escudo
de guerra el quad mme // de la divina Amrica, y proseguimos ...
Un admirable compaero de Vd., Manuel Daz Rodrguez, en
una novela que siempre recuerdo y que honra a la literatura amencana, ha pintado de mano maestra esa conspiracin del ambiente
contra nuestros dolos.

-75-

f. [2

v.J //

El pesimismo que se de~prende del cuadro que l ha trazado


llega al alma; pero es un pesimismo sano, porque lejos j j de convertirse en sugestin de abandono y resignacin, excita en Vds. la
noble porfa del trabajo y el generoso afn de sobreponerse al ambiente.
Sus Suefos son una hermosa muestra de ese afn. V d. ha sabido
crea~ dentro de su propio espritu la serenidad que en la vida
extenor no encuentra y recluido en ese seguro de su alma ha
compuesto pginas de arte y delicadeza por donde no se siente sino
una sola vez pasar la vibracin de la tempestad circunstante.
Borrador ms. inconcluso (un pliego); el texto ocupa las cuatro carillas; papel rayado, con filigrana; interlnea: 7 a 9 mm. En buen estado.
155 x 103 mm.

f. [ 2]

11

f. [2

v.J j j

12 (131)
A
f.[!]

MIGUEL DE UNAMUNO
Montevideo, 20 de Octubre de 1902

Sr. D. 1viiguel de Unamuno


Salamanca

f.[!\.]//

Querido Y respetado amigo: Debo a V d. mis agradecimientos


(tanto ms expresivos cuanto ms tardamente manifestados) por
el envo de su interesante, original y sustanciosa novela. Dos veces
la he [Link] ya, y an ms la segunda que la primera, me hizo pensar
y sentir lo que pocas obras de su gnero. Estoy por los libros que,
reledos, ganan, y digo siempre que ninauna obra literaria que hava
;;, medianamente. Ms que
'
yo 1e1'd o una sola vez me ha agradado sino
[Link] soy re-lector) y, en este concepto, obstinado e incansable, pudiendo asegurar que no me pesaran cinco ni diez lecturas consecutivas de ciertas obras. La suya no quedar seguramente en la
segunda. /1
Contribuyeron a que su novela me interesara e hiciese vibrar
simpticamente ~1i espritu, motivos de oportunidad, de oportunidad lo~al o nacwnal, y tambin viejas aficiones mas a investigar
Y meditar en cuanto se refiere a criterios de educacin, materia
en que tengo algunas opiniones o prejuicios irreverentes, v aun
anrquicos, que he sentido halagados a veces por el soplo f~anco,
fresco y sutil que de las pginas de su novela se desprende, tal como

-76-

yo las interpreto y relaciono con recuerdos, observaciones e impr~


siones que llevo dentro y que ha reanimado su poderosa sugestin
de pensador.
Como desde hace algn tiempo leo muy pocas revistas y diarios espao-//les, no s si ".-\mor y Pedagoga" ha sido recibida por
la crtica con todo el aplauso y toda la admiracin que merece.
El libro ha podido imponerse por su indiscutible mrito; no ciertamente porque concuerde con tendencias arraigadas del gusto, ni
busque la pblica estimacin por camino trillado; y en este sentido, no me extraara que hubiese resultado dplac.
La originalidad de su humorismo y el profundo sentido que
l entraa, hacen pensar en novelistas del Norte, y sobre todo de
esa Inglaterra, donde, segn ha dicho no s quin, Cervantes es
mejor com-/ 1prendido que en la propia Espaa de los cervantfilos)
cazadores de puntos y comas en el libro inmortal o encomiadores de
la sabidura de Cervantes en ciencias, artes y oficios.
Cunto deseo que aparezca bien pronto su prometida obra
sobre la Religin y la Ciencia! Me preocupa muy principalmente
el problema religioso, y leo con avidez e inters grandes cuanto
espero que pueda darme nueva luz sobre ello.
Por lo que se refiere a mi labor, sigue con interntencias, impuestas por la -diversidad de mis atenciones, que con demasiada
frecuencia no son literarias ni siquiera intelectuales. Veremos si
para enero o febrero puedo enviarle algo impreso.
Gracias y sinceros plcemes de nuevo.
Sabe V d. en cun alta estima le tiene su [Link] amigo y admirador] os Enrique Rod
Copia autgrafa (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las cuatro
carillas; papel con fiiigrana; interlnea: 4 a 8 mm. En buen estado.
177 x 115 mm. (Para las variantes registradas en el original, ver
Apndice, B, 2).

13 ( 132)
A JOS SANTOS CHOCA1~0
f. [1 J

Montevideo, 4 de Mayo de 1903


Sr. D. Jos Santos Chocano.
Guatemala.
Mi distinguido compaero y amigo: Hace ya meses que deseaba
vivamente conocer la residencia de V d. para escribirle. Saba que

-77

El homenaje a Prez Bonalde prueba cmo saben ustedes


mantener un reposadero para las nobles devociones del arte, contradiciendo, en parte al menos, lo que hace un momento escriba.
Bien merecido homenaje. Slo por la traduccin de El Cuervo
mere.::era aquel poeta vivir mientras se hable castellano.
Yo escribo poco ahora. Tengo mediado un libro, "Proteo", en
que cifro algunas esperanzas. Lo terminar cuando disfrutemos de
alguna ms tranquilidad, o cuando me vaya yo en busca de ella
a algn oasis ultramarino, que es lo ms probable; y acaso suceder
en breve.
Adis, mi querido compaero y amigo. Gracias mil por su
Sangre patricia que me ha trado una rfaga fresca y fragante, de
las que se aspiran con fruicin y tonifican el alma. Agradezca
usted tambin a la "Sociedad Prez Bonalde" su recuerdo, y no
deje de escribirme cuando tenga ocasin.

Sabe cun de veras le aprecia y admira-

no se hallaba V d. en el Per y que desempeaba la representacin


consular de su pas en otro de los de Amrica, pero ignoraba cul;
hasta que el grato recibo del "Album de Minerva" me ha pu[esto] en
posesin del dato que deseaba.
Borrador rus. inconcluso (una hoja recortada); el texto ocupa la
primera carilla; papel rayado, sin filigrana; interlnea: 7 a 8 mm.
En mal estado: falta un trozo correspondiente a la parte inferior
derecha. 212 x 162 mm.

14 (133)
A MANUEL DAZ RODRGUEZ
Montevideo, 20 de Enero de 1904:

f. [1]

Sr. :Manuel Daz Rodrguez.

f. [1 v.] 11

Querido compaero y amigo: Me haba propuesto escribir


muy largamente a usted a propsito de su ltima obra y de la
recopilacin sobre el homenaje a Prez Bonalde, que tambin recib.
Infortunadamente, en esta vida loca de nuestros desventurados pueblos, en este desconcierto, en esta anarqua moral y material, en
esta triste confusin -uno de cuyos aspectos o relaciones fij usted
magistralmente en - f dolos rotos- nada hay seguro, en nada es
uno dueo de s mismo, porque todos somos como partculas de
polvo arrebatadas por el remolino. Mal que nos pese, no podemos
sustraernos a la fuerza fatal que nos arrastra, con los dems, en la
polvareda vana e impura de lo que llamamos, por eufemismo,
poltica. . . Slo la ausencia podra libertarnos. Dichosos los ausentes! - La guerra civil ha desencadenado de nuevo sobre este pedazo de tierra su corriente de torpezas y odios. All vamos, arrebatados por el turbin, quin sabe adnde! Y puede haber serenidad
de nimo para mantener el fuego de nuestras candorosas idealidades? Encierre usted en una habitacin estrecha cinco personas, y
consiga que una de ellas se asle, a leer o escribir, en un rincn,
mientras las otras vociferan y se golpean. Imposible. Por desdicha,
usted 11 tambin debe de saber algo de esto ....
Sangre patricia es preciosa; admirable, sobre todo, por el
hechizo del estilo, en que usted es mago: fresco, transparente,
cristalino estilo, aristocrtico don de su fina alma de artista, flor
extica por estos mundos. Es un libro que tiene en verdad el hechizo
de las aguas profundas.

-78-

] os Enrique Rod
Borrador rus. (una hoja); el texto ocupa la5 dos carillas; papel rayado,
con filigrana; interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 272 x 220 mm.
(Hay dos borradores primarios, de prrafos luego suprimidos al pa
recer. Ver Apndice, C).

15(134)
A HORACIO QUIROGA
Montevideo, 9 de Abril de 1904

f. [1 v.]

Sr. D. Horacio Quiroga


Bs. Aires

f. [2]

11

Estimado seor mo: Por intermedio del seor Fernndez


Saldanha tuve el gusto de recibir el ejemplar que Vd. me dedica
de su nueva obra [El crimen del otro].
Me complace muy de veras ver vinculado su nombre a un
libro de real y positivo mrito; que se levanta sobre los comienzos
literarios de V d., no porque revelaran falta de talento, sino porque
acusaban, en mi sentir, una mala orientacin.
En cambio, su nuevo libro me parece muy hermoso. "La princesa bizantina" es un primor de ejecucin, y creo que hubiera merecido dar su nombre al libro, sin que por eso desconozca el mrito
del que V d. ha 11 preferido. El gnero de "La muerte del canario"

-79-

no es de los que ms me placen; pero, dentro del gnero, el cuento


ese es una joya. Noto tambin "Rea Silvia" y el "Corto poema de
Mara Anglica". Lo que me parece inferior, dentro del con junto,
es "La justa proporcin de las cosas'', que yo hubiera suprimido.
Tal es mi impresin general sobre su hem1osa obra, que me
proporciona la agradable oportunidad de enviarle un cordial
shake-hand con mis sinceros plcemes.
De Vd. [Link]
] os Enrique Rod
Sjc. Cerrito 102~

17 (136)
A
f. [1 j

Reparo una omisin que V d. sabr disculparme, agradecindole el .envo de la interesantsima compilacin de sus trabajos parlamentanos.
Tena ya notici~ el ~l brillo de su actuacin en el parlamento,
y la lectura de sus discursos me confirma que Vd. ha hecho honor
a sus electores.
Prximo a dejar mi pas, donde slo la poltica tiene ambiente
pr?picio, .he renunciado mi banca en el parlamento, para la que
fm [Link], y me propongo consagrarme por algn tiempo a la
labor mtelectual. En Europa estar como siempre a las rdenes
de Vd.
'
'
Se repite su afmo. amigo
] os Enrique Rod

A JUAN FRANCISCO PIQUET


[Montevideo, fines de mayo o principios de junio de 1904].

f.[1 v.] j j

Borrador ms. inconcluso (una hoja); el texto ocupa las dos carillas;
papel sin filigrana; interlnea: 6 a 10 mm. En buen estado. 191 x
143 mm.

-80-

29 de Abril de 1905

Mi distinguido amigo :

16 (135)

Estimado amigo Piquet: La nica novedad que por aqu


ocurre (fuera de las cosas polticas, sobre las cuales hemos convenido guardar silencio) es la muerte de Mascar, el bibliotecario.
An no se ha provisto el puesto, pero s de buena fuente que yo
soy el candidato del Presidente. No aceptar si me lo ofrecen, porque
mis planes y proyectos son otros.
Sigo laborando en Proteo. Lo fundamental est ya hecho, en
la obra. Ahora falta coordinar y enlazar entre s los muchos fragmentos dispersos que tengo escritos; y esa parte de la tarea (que es
la ms ingrata) es la que al presente me ocupa. Tengo gran deseo
de poner el punto final en este libro de gran empeo, que ser,
as lo espero, un paso ms adelante en mi carrera de escritor.
Cuando Proteo ande por el mundo, me dedicar durante algn
tiempo a tareas ms li-/ jvianas; a escaramuzas y guerrillas, despus
de ganada esa batalla campal. Escribir artculos sueltos, correspondencias y otras cosas de menor cuanta, pero necesarias y que
me servirn de reposo y esparcimiento de espritu, al cabo de tan
prolongada y afanosa labor como la de Proteo.

~viontevideo,

Sr. Dr. D. Alfredo Palacios

Borrador ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas 1 y 3;


papel sin filigrana; intcrlinea: 6 a 10 mm. En buen estado. 191
x 143 mm.

f. [1]

ALFREDO PALACIOS

Borrador ms. (una hoja); el texto ocupa la primera carilla; papel


rayado, con filigrana; interlnea: 8 a 9 mm. En buen estado. 285 x
208 mm.

18 ( 137)
A PEDRO HENRQUEZ URER-\
f. [ 1]

Montevideo, 20 de Febrero de 1906


Sr. P. Hurea Enrq uez [sic J
Mi estimado seor y amigo:
1\{~chas gr~c~as, y muy sinceras, por su interesante libro y por
las benevolas pagmas que en l estn consagradas a mi "Ariel".
No gusto de frmulas cumplimenteras de agradecimiento, ni paao
trib~to al conv~ncionalismo de la cortesa literaria, que retrii:m~'e
elogws con elogws. Agradzcole su libro y su juicio porque revelan
un pensam1emo levantado sobre el nivel de la mediocridad y porque
veo en V d. un verdadero escritor: una hermosa promesa para nuestra crtica americana, tan necesitada de sangre nueva que la reanime. lVIe agradan mucho las cualidades de espritu que Vd. manifiesta

-81-

f. [1

v.J /1

en cada una de las pginas de su libro, y que son las menos comunes, y las ms oportunas y fecundas, con relacin al carcter de
nuestra literatura. Me agradan el equilibrio y ecuanimidad de su
criterio, la reflexiva seriedad que da el tono a su pensamiento, lo
concienzudo de sus anlisis y juicios, la limpidez y precisin de su
estilo. Me encanta esa rara y felicsima unin del entusiasmo y la
moderacin reflexiva, que se da en Vd., como en pocos. Y me
satisface reconocer entre su espritu y el mo ms de un lazo de
ntima afinidad y ms de una estrecha simpata. 11
La lectura de su libro trajo inmediatamente a mi memoria un
nombre que no s si ser conocido para V d.: el nombre de un
joven crtico peruano, Francisco Garca Caldern, muy semejante
en ideas, tendencias y caracteres de pensamiento y estilo, al espritu
de V d., y en quien tambin veo una brillante esperanza para la crtica hispanoamericana. Si no cultiva V d. relacin intelectual con l,
entblela, y comunquense sus impresiones, y trabajen juntos al travs
de la distancia material, porque es de la aproximacin de espritus
tan bien dotados y orientados de donde puede surgir impulso de vida
para la crtica, y en general, para la literatura, de la;, Amrica nueva.
Lo que le pido con todas veras es que persevere y no desmaye;
que se sobreponga a las ingratitudes e inclemencias del ambiente;
que mantenga vivo en su alma ese amor noble y desinteresado por
las letras y por toda idealidad, que hoy arde en ella tan hermosamente; que no abdique en su vida de la grave y simptica elevacin
de su juventud.
Yo seguir su labor con vivo inters y cario. Quiero que seamos amigos verdaderos. Escrbame alguna vez; crea siempre que
desde lejos le acompao y aplaudo, y reciba un afectuoso shake-hand
de quien mucho y muy sinceramente le aprecia] os Enrique Rod
Borrador ms. (una hoja); el texto ocupa las dos carillas; papel rayado
con filigrana; interlnea: 6 a 9 mm. En buen estado. 279 x 220 mm.
(Para las variantes registradas en el original, ver Apndice,, D).

19(138)
A FRANCISCO GARCA CALDERN REY
f. [1]

Montevideo, 28 de Junio de 1906,


Sr. D. Feo. Garca Caldern Rey
Mi siempre recordado amigo: Grande fue mi satisfaccin al
tener nuevas noticias de V. La interrupcin de nuestra correspon-82-

f.[1 v.]

11

ciencia me haca sospechar que alguna carta suya o ma se hubi()Se


perdido. Escribo pocas cartas, y a muy pocas personas, pero con
espritu como el de V d. no deseo perder esa comunicacin. Le acompao de todas veras en el duelo que le aflige, y deseo que el restablecimiento de su salud sea completo y le pemta entrar en plena
actividad mental. - Interesantsima su conferencia. Lo slido y
bien pensado del fondo corresponde dignamente en ella a l~ magistral
elocuencia de la forma. Cada vez que leo algo nuevo de V. siento
confirmadas y realzadas las grandes esperanzas que me hicieron concebir sus primeros ensayos de "Actualidades". Este ltimo trabajo
que V d. me enva es obra de plena madurez. Le felicito por l muy
vivamente. Qu impresin gratsima la de encontrar cosas as, en
medio de tanta hojarasca y tanto remedo vano como se produce en
nuestra Amrica! Por dicha, parece que vientos nuevos se levantan
y que nuestros esfuerzos por orientar la produccin americana en
sentido original y fecundo no sern perdidos. Se perciben ya los
resultados de la siembra. Ha ledo V. la "Revista Crtica" que en
Vera Cruz comenzaron a publicar, en enero, Henrquez Urea y
Carricarte? Es digna de todo estmulo y ayuda. Henrquez Urea,
que el ao pasado public en La Habana un tomo de "Ensayos Crticos", es espritu muy 11 cultivado y de fino sentido literario, que
tiene mucho de nuestra orientacin. Escribindole hace pocos das,
le hablaba yo de V. y le indicaba que solicitase la cooperacin de
su pluma para la "Revista". La direccin de sta es: V era Cruz,
Mjico - Apartado 183.
No abandono mi propsito de ir en breve a Europa. All (probablemente en Pars o Barcelona) publicar "Proteo", obra extensa
en que cifro muchas esperanzas. Escribo poco en peridicos. De lo
que ltimamente he escrito, le envo algo, correspondiendo a su
amable deseo. Decepcionado de la accin poltica, n refugio y mi
entusiasmo estn en la labor intelectual, y el estmulo llega a m en
esa corriente afectuosa de benevolencia y simpata con que la juventud americana y espaola me honra y acompaa. Todava Ariel
est despertando ecos. . . Nada s de la tesis de Agero a que V d. se
refiere. Deseara conocerla. Podra envirmela Vd.? Con vivo inters espero tambin su nueva coleccin de artculos crticos. Aparecer pronto? [Link] sus proyectos y sus impresiones; comunqueme todo lo que sobre ello ( [pueda interesarme] ) , partiendo de
la seguridad del afecto y las esperanzas con que sigo su labor, y
hbleme tambin de lo que el nuevo y grande ambiente sugiera a
usted, y de lo que sienta sobre la actividad intelectual del grupo
hispanoamericano radicado en esa capital del mundo.
-83-

Crea V d. siempre en la amistad muy smcera que de corazn


le profesa] os Enrique Rod

de decir siempre enrgico, pintoresco, Yibrante; y eminentemei'lte


personal.
Despus de este juicio sincero, no ...

P. D. En "La Razn", que le envo, escrib una breve nota bibliogrfica sobre su ltimo opsculo [M enndez Pida! y la cultura espaola J. 1

Borrador ms. inconcluso (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las tres
primeras carillas; papel con filigrana; interlnea: 7 a 9 mm. En buen
estado. 198 x 148 mm.

Borrador ms. (una hoja); el texto ocupa las dos carillas; papel rayado,
con filigrana; interlnea: 9 a 10 mm. En buen estado. 277 x 214 mm.

21 ( 140)
A CARLOS ARTURO TORRES

20 ( 139)
f [1]

1\'Iontevideo, 12 de Agosto de 191 O

A GABRIEL MIR

Sr. D. Carlos Arturo Torres


Bogot

Montevideo, 29 de Agosto de 1909

f. [1 J

Sr. Don Gabriel 1\Iir


Alicante
Estimado seor v amigo:

f.[[Link]/

f. [2] 11

Exceso de atenciones v de lecturas me haba impedido hasta


ahora leer el libro que tuvo V. la fineza de enviarme. Debo empezar,
pues, por disculpar la demora de este acuse de recibo, que, con mis
agradecimientos, lleva a V. la expresin sentida del placer que me
ha proporcionado la lectura y de lo mucho que me complace el
trabar relaciones literarias con tan fino temperamento artstico como
el que ese libro [La novela de mi amigo J me revela.
Hay un hondo inters y una dulce y triste simpata en la
figura de ese pobre pintor suicida j j y en la sencilla novela de su
vida de mrtir. La escena inicial, de la nia muerta por la brasa de
pan, es de una eficacia que, desde el primer momento, acusa la
mano del artista. Y a medida que el alma del humilde pintor, rara,
selvtica, inocente, surge entera del nervioso relato, el inters acrece.
La reyerta con los campesinos; el casamiento de Federico; el paseo
con la hija por el campo en rastrojos; la enfermedad, la agona, la
muerte de la nia; el abismarse de Federico en aguas serenas ...
todo esto es hermoso. //
Los medios de expresin con que V d. nos lo pinta podrn parecer en ocasiones afectados en el estilo, incorrectos en el lenguaje; pero esto no ser sino la expresin accidental de un modo
1

Ver Apndice, E.

-84-

f. [l \.j

11

Mi distinguido amigo: Con la satisfaccin de siempre recibo


nuevas noticias suyas, por su amable carta, junto con la cual llega
tambin a mis manos el opsculo en que ha tenido V d. la benevolencia de hacer imprimir las pginas que le envi para prlogo de
la segunda edicin de ldola Fori. Ojal la influencia de este precioso libro sea todo lo eficaz e inmediata que merece y d segura
base a la accin cvica de su autor en el pueblo que le cuenta entre
sus prohombres! Sera un triunfo tan justo como consagracin de
mritos personales, cuanto significativo y feliz para la cultura y la
educacin moral e intelectual de ese pueblo.
Aqu, en el Plata, pasamos por un perodo de entusiasmo y
esperanzas, de vida intensa en lo espiritual, que, si persevera y no
es slo // un hervor pasajero, sealar una ocasin memorable en
la historia hispanoamericana. La celebracin del Centenario ha
dado oportunidad para que se manifieste cmo la atencin del mundo
converge ya a nuestros pases, y la nota ms interesante de esa
atencin y simpata universal es la frecuencia de visitas intelectuales
que, desde hace varios meses, reciben estas sociedades, favorecidas
con la presencia de muchos de los ms ilustres representantes del
pensamiento europeo. Ferri, Ferrero, Martini, Anatole France, Altamira, Posada, Blasco Ibez, Valle Incln, Rusiol, Clemenceau,
han mantenido alrededor de su persona y. su palabra, un movimiento
muy ...
Borrador ms. inconcluso (una hoja); el texto ocupa las dos carillas;
en el ngulo superior izquierdo de la pri..TJiera pgina, el siguiente
memb::-ete impreso en relieve y con tinta negra: "Jos Enrique Rod/
Montevideo"; papel de color crema, con filigrana; interlnea: 5 a 6
mm. En buen estado. 175 x 129 mm.

-85-

22 ( 141)
A ANDRS GONZLEZ BLANCO
lVfontevideo, 20 Abril de 1911

f. [1]

Sr. D. Andrs Gonzlez Blanco


Madrid
f. [1 v.]

Mi distinguido compaero y amigo:

f.[l

v.J //

Aprovecho la oportunidad de enviarle un ejemplar de la nueva


edicin aumentada de los "Motivos de Proteo", para saber algo de
V. Ha tiempo que le he perdido de vista, no en su labor, tan activa
v fecunda y que llega a estas tierras, sino personalmente; Y es el
~uvo uno de los espritus con quienes me gustara mantener conversa~in intelectual al travs del Ocano. Contest al envo de una
obra suya, ha ms de dos aos, y en esa contestacin // le hablaba
algo de ideas literarias y propsitos de accin intelectual. Qu escribe V. ahora? Qu impresin tiene V. del actual momento, en
la vida mental hispanoamericana?
Borrador rns. inconcluso (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa la
carilla inicial y parte de la segunda; en la ltima carill<7 el co~i~nzo
de otra carta; en el ngulo superior izquierdo de 1~ pnmera J><!!fma;
el siguiente membrete impreso en relieve y con tmta negr~:. Jose
Enrique Rod

/ Montevideo"; papel de color crema, con hhgrana;

interlnea: 7 a 10 mm. En buen estado. 175 x 129 mm.

23 ( 142)
AL DIRECTOR DE LA ACADEMIA ESPAOLA
[ALEJANDRO PIDAL]

jj

Aprecio en su muy alto valer tan sealada distincin, y la


agradezco profundamente; tanto ms cuanto que, por encima de la
benevolencia que para conmigo representa ese inmerecido favor,
veo en l una prueba ms del inters que la Academia Espaola
consagra a todo cuanto importe confirmar y robustecer los lazos
de unin intelectual entre la madre Espaa y sus emancipadas hijas
las naciones hispanoamericanas.
Siempre he sido yo ferviente partidario de esa unin, fundada
en la naturaleza y en la comunidad de idea-/ jles y destinos. He procurado contribuir a ella en la medida de mis fuerzas; y si de algn
estmulo hubiera menester para perseverar en la misma obra, lo recibira, muy eficaz, del acto que generosamente me vincula a la
ilustre institucin encargada de velar por la integridad y pureza
de la gloriosa lengua castellana.
El vnculo del idioma comn es tan importante y poderoso que,
con slo asegurar la persistencia de ese vnculo, se asegura para lo
porvenir la unidad espiritual de los pueblos que hablan aquel
idioma. Grande es, pues, la influencia que en el terreno filolgico
puede ejercerse para estrechar las relaciones entre Espaa y Amrica. La confraternidad literaria ser el fundamento inconmovible
de una confraternidad ms honda y esencial. 1
Renuevo a esa ilustre corporacin las protestas de mi mayor
agradecimiento, y ofrezco a V. E. las seguridades de mi respetuosa
consideracin.
] os Enrique Rod
Borrador ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las dos primeras
carillas; en la cuarta carilla hay anotaciones a lpiz y a pluma del
propio Rod; papel de oficio, con filigrana; interlnea: 9 a 10 mm.
En buen estado. 320 x 230 mm.

24(143)
A LEOPOLDO LUGONES

[Oficio de gracias]
Montevideo, 28 de Febrero de 1913

f[l]

[Este borrador es casi idntico al transcripto en el nmao siguiente: 25 (144). Slo se distingue en la fecha _lVJontevid:eo,
16 de ]ulio de 1914"- y en cuatro menudas variantes:" ... jJor la

Excmo. Sr.:
He tenido la honra de recibir, aunque con retardo independiente de mi voluntad, la atenta nota en que se me comunica mi
designacin como miembro correspondiente de la Academia Espaola, y el diploma que me acredita en tal carcter.

-86-

1 Al margen, esta variante: "La confraternidad literaria, lejos de repre


sentar una comunicacin superficial, es el fundamento inconmovible de una
confraternidad ... ". Las palabras transcriptas van en lugar de otras testadas: "y
"yo me considerara feliz si, con mis escritos y con mi accin, contribuyera,
'aunque fuese en mnima parte, a fin tan alto y noble".

-87-

fJrensa diaria y las andanzas polticas . .. '', a . .. un artculo que


haba de versar sobre el sentido artstico y social . .. ", a . .. bajo una
direccin . .. " (primer prrafo); y a . . . proseguir siempre su obra
y ser siempu quien es . .. " (segundo prrafo). Tres Lminas - I a
III- contienen el facsmil respectivo (vide pgs. 9 a JI).]
Borrador ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las tres primeras
carillas; en el ngulo superior izquierdo de la primera pgina, el siguiente membrete, impreso en relieve y con tinta bermelln: "Jos Enrique Rod / Montevideo"; papel sin filigrana; interlnea: 10 mm.
En buen estado. 177 x 132 mm.

25 ( 144)
A LEOPOLDO LUGONES
Montevideo, 20 de Julio de 1914

f[l]

26 ( 145)

A RUFINO BLANCO FOMBONA


f [ 1J

Montevideo, 27 de Febrero de 1916


Sr. D. R. Blanco F ombona
Madrid
Mi querido amigo: Abro una tregua en das de absorbente
agitacin poltica para tratar de vencer en parte el enorme retraso
de mi correspondencia, y encuentro que debo contestacin a varios
envos y cartas de V d.
De todo ello le acuso recibo, siquiera sea en esta forma, mientras vuelve a mi espritu un poco de quietud; y al travs de la
distancia, le envo un afectuoso apretn de manos y todos m1s mejores votos, repitindome su verdadero amigo -

] os Enrique Rod
Sr. D. Leopoldo Lugones,
Pars.

f. [1 v.]

f. [2]

11

11

Compaero y amigo: Aunque absorbido por la prensa diaria


y por las andanzas polticas, preparaba para Vd., correspondiendo a
su atento pedido, un artculo sobre el sentido social y artstico de
la tradicin en los pueblos de Amrica y que ahora terminar para
un nmero extraordinario de "La Prensa" de Bs. Aires. 11 Veo, en
efecto, por "La Nacin" que la "Revista Sud Americana" ha dejado
de aparecer, y ello me apena por lo que ese rgano de nuestra cultura, bajo tal direccin como la de V d., significaba.
Doy, pues, a V d. esta explicacin para que no entienda que he
permanecido indiferente a pedido como el suyo, que importaba para
m una imperiosa obligacin de solidaridad. 11 Por lo dems, con
revista o sin ella, V d. proseguir siempre su obra y ser siempre
quien es en nuestra admiracin y nuestro afecto.
Le estrecha cordialmente la mano

] os Enrique Rod
Ms. (1m pliego de 2 hojas). Exactamente igual al descripto en la
ficha precedente.

-88-

N. B. Sigo con inters y simpata el desenvolvimiento de su "Biblioteca".


Original ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa la primer carilla;
en el ngulo superior izquierdo, el siguiente membrete, impreso en
relieve y con tinta granate: "Jos Enrique Rod f Montevideo"; papel con filigrana; interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 172x133 mm.

27 (146)
A ROSARIO PIEIRO DE ROD, I.
Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Uruguay
Feliz arribo al puerto de Santos, hoy 17 de Julio de 1916.
Saludos a todos.
] os Enrique Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso una fotografa del vapor "R.M.S.
Amazon". En el reverso, una estampilla pegada y dos sellos. Interlnea:
7 a 9 mm. En buen estado. 140 x 88 mm.

-89-

[27 a]

28 (147)

A ROSARIO P. DE ROD, II.

A ROSARIO P. DE ROD, IV.

Sra. Rosario P. de Rod


Cerrito 357
Montevideo
Uruguay

Sra. Rosario P. de Rod


Cerrito 357
Montevideo
Uruguay
[Lisboa, 2 de agosto de 1916]

21 de Julio 1916.
El 18 llegamos a Ro Janeiro, y hoy 21 a Baha. Viaje excelente. Saludos a todos.
fos Enrique Rod.
Tarjeta postal ms. En el anverso, cuadro en colores con una leyenda al pie: "Ro de Janeiro / Ilha da Boa Viagem". En el reverso,
dos estampillas y sellos. Int. 7 a 9 mm. En buen estado. 138 x 87 mm.

Ayer 19 de Agosto llegamos con toda felicidad a Lisboa: donde


pienso permanecer unos das a pesar de que el calor es nguroso.
Saludos a todos.
[]os Enrique Rod]
Tarjeta postal ms. En el anverso, una fotografa, en tono gris verdoso
(delante de una choza, se ve a cinco person';S de raza n':gra: do~ mujeres vestidas y tres nios des~u~os);. en el angulo supenor IZq~~rdo,
la siguiente leyenda impresa: Sao VIcente, Cabo Ve_rde. Cobata . En
el reverso, una estampilla pegada y un sello. Interlmea: 7 a 9 mm.
En buen estado. 137 x 88 mm.

[27 b]

29 ( 148)

A ROSARIO P. DE ROD, III.


Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Uruguay

A ROSARIO P. DE ROD, V.
Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Uruguay
Amrica del Sur

27 de Julio 1916
[Barcelona, 10 de agosto de 1916]
Hoy llegamos a la isla de S. Vicente y dentro de una semana
estaremos en Lisboa. Viaje inmejorable. Afectos y saludos.

Viaje excelente. Ayer llegu a Barcelona despus de tres das


de permanencia en Madrid. Pasado maana seguir para Marsella,
de donde pasar a Italia. Saludos a todos.

]. E. Rod
] os Enrique Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso, cuadro en colores, con una leyenda
en el ngulo inferior de la izquierda: "Pernambuco f Igreja Do
Carmo ( em ruinas) O linda". En el reverso, dos estampillas y sellos.
Int. 7 a 11 mm. En buen estado. 138 x 87 mm.

-90-

Tarjeta postal ms. En el anverso, una fotografa_ que trae, en la


parte superior, la siguiente leyenda, en caracteres m~p:es?,s de color
rojo: "A.T.V.-1. Barcelona, Vista general desde Mont]Uich ; c~rca del
ngulo superior derecho, un sello; en el reverso, una estampilla pegada y sellada. Interlnea: 6 a 8 mm. En buen estado. 140 x 90 mm.

-91-

30 (149)

[30 b]

A ROSARIO P. DE ROD, VI.

A ROSARIO P. DE ROD, VIII.


Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Amrica del Sud

Sra. Rosario P. de Rod


Cerrito 357
l'vlontevideo
Uruguay
[Gnova] Agosto 18-916
Ayer llegu a Gnova, despus de quedar cinco das en Marsella. Salud buena, y en todo lo dems sin dificultad alguna. Recuerdos y afectos.
fos Enrique Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso, una fotografa de color sepia sobre
verde claro; al pie, en caracteres impresos: "Gnova. Piazza Acquaverde e Staz~one Principe". En el reverso, una estampilla pegada, y
dos sellos. (Uno, como en todas las postales siguientes, es el de la censura). Interlnea: 6 a 8 mm. En buen estado. 142 x 90 mm.

1viontecatini - Sept[iem]bre 10/916


Despus de veinte das de permanencia en Monte Catini, que
me han probado mucho, salgo a recorrer algunas pequeas ciudades
cercanas (Pisa, Liorna, etc.). Despus pasar una temporada en
Florencia. Saludos a todos.
fos Enrique Rod 1
Tarjeta postal ms. En el anverso, dos fotografas con leyendas al
pie: "Viale della Torretta" y "Viale G. Verdi", respectivamente; y
una leyenda comn, en letras grandes: "Bagni di Montecatini"; estampillas y sellos. En el reverso, el sello de la censura. lnt. 5 a 8 mm.
En buen estado. 138 x 89 mm.

[30 e]
[30 a]

A ROSARIO P. DE ROD, IX .

.-\ ROSARIO P. DE ROD, VII.


Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Amrica del Sud
Uruguay

Sra. Rosario P. de Rod


[Link] 357
Montevideo
Uruguay
Amrica del Sud
Florencia, 19 de Octubre j916

[Monte Catini] Agosto 21-916


Desp~s de tres das de ~ermanencia en Gnova, en compaa de ]a1me Herrera, he vemdo a pasar una temporada de des~
canso y a tomar las aguas en :Monte Catini. - Saludos a todos.

fos E. Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso, fotografa en sepia con una leyen
da en el ngulo izquierdo superior: "Bagni di Montecatini 1 Corso
Roma ed ingresso principal e 1 del Grand Hotel La Pace"; estampilla
y sello. En el reverso, otro sello. Int. 3 a 10 mm. En buen estado.
142 x 93 mm.

-92-

Afectuosos saludos en el da de hoy, de~de Florencia, donde


pienso permanecer quince o veinte das, despus de haber recorrido
otras ciudades de la Toscana.
Recuerdos a todos.
]. E. Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso, fotografa en sepia con una leyenda
al pie sobre la derecha ("Firenze - Una veduta della citt e ponte
alle Grazie") y sellos. En el reverso, estampilla y sellos. Int. 8 a 12
mm. En buen estado. 140 x 90 mm.
1 Rod esconde a los suyos en sta y otras postales el estado de su salud,
progresivamente quebrantada.

-93-

31 (150)

[30 d]
A ROSARIO P. DE ROD, X.

A ROSARIO P. DE ROD, XII.

Amrica
Uruguay
Sra. Rosario P. de Rod
Montevideo

Sra. Rosario P. de Rod


Cenito 357
Montevideo
Amrica del Sud - Uruguay

N poles, 21 Febrero 1 917

Parma, 6 de Noviembrej916
Despus de pasar un mes en Florencia he recorrido Mdena
y Bolonia, y actualmente Parma, donde ~ienso quedar algunos
das, pasando luego a Miln. Saludos y recuerdos.

Llegu hoy a Npoles despus de dos meses de permanencia


en Roma. Pienso quedar aqu por unos das, siguiendo luego para
el sur de Italia. La salud bien, y en todo lo dems sin inconveniente alguno.
Recuerdos a todos, y afectuosos saludos de

]os Enriq[ue] Rod


Tarjeta postal ms. En el anverso, una fotografa de color verde
claro, con guardas y flores, y dos leyendas ("Piazza Garibaldi",
arrib~~ a la izquierda, y "Saluti da Parma", debajo y a la izquierda
tamb1en). En el reverso, estampilla y sellos. lnt. 5 a 9 mm. En buen
estado. 141 x 91 mm.

] os Enrique Rod

Tarjeta postal ms. En el anverso, rma fotografa que trae en la


parte superior, a la izquierda, esta leyenda: "Napoli Panorama da S.
Martino". En el reverso, rma estampilla pegada, y dos sellos. Interlnea:
5 a 7 mm. En buen estado. 141 x 89 mm.

[30 e]
A ROSARIO P. DE ROD, XI.
Sra. Rosario P. de Rod
Cerrito 357
Montevideo
Amrica
Uruguay
Tvoli, 20 Diciembre de 1916.
Despus de visitar [a] Turn y Miln, he pasado quince das en
Tvoli, desde donde partir para Roma. Afectuosos saludos y recuerdos a todos.
] os Enrique Rod
Tarjeta postal ms. En el anverso, fotografa en sepia con rma leyenda arriba a la izquierda: "Tivoli . Tempio di Sibilla". En el re
verso, estampilla y sellos. Int. 5 a 7 mm. En buen estado. 138 x 87 mm.

-94-

1 Doce tarjetas postales envi Rod a su madre en el curso de su viaje


a Europa y desde Portugal, Espaa e Italia. En la exposicin de 1947 se exhibie
ron cinco (l, IV, V, VI y XII con arreglo a los nmeros que aqu se ponen junto
al nombre de la destnatada). Se agregan ahora las siete omitidas entonces.
2 Rod muri en Palermo el 1' de mayo de 191 i (a raz de una nefritis,
no de una tifoidea abdominal como se dice an errneamente).

-95-

II

f. [2

[Link] j

CARTAS A ROD

32 (151)
DE
f [1 j

f. [3] 11

LEOPOLDO ALAS
Cands (Asturias) 11 de Agosto 1897

Sr. Dn. Jos Enrique Rod.

f. [1 v.j //

f. [2Jj 1

1vfuy estimado amigo y compaero: le su carta de 30 de


Junio con placer y profunda emocin. Estaba ya anhelando recibir
de Amrica cartas as, pues yo que soy muy poco patriotero, me
siento muy patriota. . . intercontinental.
No por lo que tiene de halageo para mi persona (aunque
mucho lo estimo y lo agradezco) sino por lo que V d. dice del nimo
de esa juventud americana respecto de la Espaa de ac, me entusiasma su carta, me hace pensar y sentir mucho, y aun esperar algo;
y a ella contestar largo y tendido en Las Novedades de Nueva
York, // encargando que enven a V d. el artculo. Ahora estoy de
baos de mar y algo malucho (el pan nuestro de cada da) y por
eso en esta carta no va nada de lo mucho que le quisiera decir.
:Mis elogios de la Revista nacional eran espontneos y sinceros.
Y para que vea V d. esta sinceridad, le dir que recib hace unos
meses unos cuantos nmeros que ya no me parecieron tan bien,
pues vi con dolor en ellos demasiado azul, y excesiva intervencin
de esos seoritos que V d. llama, con gracioso eufemismo, candorosos.
Despus vinieron otros nmeros ms serios y sustanciosos. Sigan Vds.
as. Menos sinsontes disfrazados de gorrio-/ jnes parisienses, y ms
crtica seria, de gusto y conciencia como la de V d. y la de Prez
Petit. En V d. no encuentro ms que un defecto, que nace de bondad.
Habla V d. demasiado bien de aquellos a quienes elogia. V. gr.,
cuando habla de m . . . y de otros.
A Prez Petit dgale de mi parte que le escribir, que agradec
infinito sus artculos acerca de mis paliques, que son una defensa
como yo pude soarla en una noche de fiebre con sed. . . de justicia. De justicia, se entiende, para mi recta intencin, para la legi-

-96-

f. [4]

11

f. [4 v.J

//

timidad de mi procedimiento. No para m1s mrito~, pues j j e,n


este respecto Prez Petit peca, respecto de Clarn, por lo mismo
que Vd., por exceso de beneYolencia. A propsito de Prez Petit. Sin
fijarme en la firma, le un artculo suyo en que pareca otro; se
trataba de elogiar a Gmez Carrillo y alabar con enjouement excesiYo todo lo reciente de que Gmez abusa como yo lo digo en el
prlogo del libro que Carrillo ya a publicar. Pues bueno; en ese
prolgo, sin saber de quin era, y creyendo ver en el autor un
muchacho ms entusiasta y generoso que prudente, aludo al artculo
en tono algo desabrido para el autor. Le llamo ... eso, mu-/ jchacho,
que no es ofensa; pero no puedo yo tolerarme tratar as al que al
estudiar mis paliques, y en otros artculos suyos, ha demostrado justamente calidades de madurez en el juicio, prudencia, templanza,
debida parsimonia y penetracin concienzuda. Doy todas estas explicaciones con el mayor gusto y la mayor espontaneidad. Yo deb
adivinar (aun sin fijarme en la firma en que no repar) a Prez Petit
en el dichoso artculo. . . pero confesar que era algo difcil, porque sostengo que parece otro. Otro, no menos bien intencionado
y erudito // pero mucho ms inexperto - Deseara que V d. y l
lean entre lneas el prlogo de que trato. A Vds., principalmente
aludo cuando espero que haya una parte de la juventud de la Amrica Espaola que muestre el generoso cosmopolitismo ms que en
el arte, que no es donde ofrece menos peligros, en la religin, en la
filosofa, en lo que se llama la ciencia. Si vale mi consejo, por ser
de hombre si no viejo ya maduro, insistan ustedes en dar a gran
parte de su peridico carcter j / serio, filosfico y cientfico, siguiendo con independencia, es claro, las corrientes realmente novsimas, de la Europa de veras culta, que tienen digno reflejo y ampliacin en los Estados Unidos tan calumniados por el jingosmo
de ac.
Cunto quisiera yo tener a quin escribir cartas as en mi
querida Cuba! Pero no conozco all ms que azules. Supongo que
habr algo mejor, casi lo afirmo, pero no lo conozco. // Insisto en
rogar a Prez Petit que tenga sta por suya en prueba de que me
perdona lo de muchacho (sin nombrarle). ( 1 )
Algo parecido a Vds. no lo conozco en Amrica. Sin embargo,
muy generosas tendencias me las manifest Chocano, prindamente
(del Per).

11) Que era l el aludido, lo vi en una nota de las pruebas, de letra de G.


Carrillo. [Palabras del remitente. (El libro a que alude es "Almas y cerebros",
Pars, Garnier, 1898)].

-97-

Gente seria me ha escrito tambin de Colombia, Ecuador, etc.,


v. gr. el ilustre M. Caro, y un seor Groot, algo machacn y caviloso y an atrasado pero de juicio y conciencia. Con Vds. quiero
continua correspondencia, y denme los dos noticias, juicios de cosas
de ah. De los dos de todo corazn

[33 a]
DE
f. [ 1J

Estimado seor y amigo :

Ms. ( 2 pliegos de 4 hojas); el texto ocupa las ocho carillas; papel sin
filigrana y con ribetes de luto; interlnea: 7 a 8 mm. En buen estado.
203 x 132 mm.

f. [ 2] 11

DE JULIO HERRERA Y REISSIG


[1]

[1 v.]

jj

2 //

[2

[Link] j

Julio Herrera y Reissig saluda afectuosamente a Jos Enrique


Rod y le agradece el envo de su preciosa produccin, en la que
ha vuelto a cincelar y a sondar con una galanura de lenguaje y una
profundidad de juicio admirables. j j Puede estar satisfecho el laureado Rubn Daro de esta nueva condecoracin de triunfo, al haber
encontrado un prosista poeta y un Fidias crtico que haya adivinado
y esculturado, al mismo tiempo, la Musa extica y crepuscular del
autor de "Azul", presentndola con todas sus andra josidades sublimes, y todas sus exquisiteces voluptuosas, sus lujos orientales, su coquetera parisiense, su sensualidad artstica, su rareza bizantina, su
desnudez aristocrtica, su galantera Borboniana y su delicada be~
lleza florentina! Rod es un anatmico j j que enflorece donde exumina y hace hablar lo que cincela. La antorcha de su erudicin rasga y alumbra; su lente acerca sin agrandar; su intuicin de Moiss
artstico seala y profetiza. Su pluma despierta: es el Pigmalin de
nuestra literatura!
Choque su copa con la de su part-/ jcular amigo.

Buenos Aires, 15 de 1hrzo [de 1899]


Sr. Jos E. Rod.

Leopoldo Alas

33(152)

LEOPOLDO LUGONES

He recibido su hermoso estudio sobre Rubn Daro, que conoca en parte por El Mercurio.
Cr~o que con manifestarle a V d. mi admiracin, que, con 0
.
sm motivo, economizo mucho, est dicho todo.
Yo no s escribir car-/ jtas literarias. Slo s decir: me gusta,
o no me gusta. En el caso, es esto ltimo.
Crame su amigo i admirador afmo.
L. Lugones.
Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas impares; papel
rayado, con filigrana; interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado. 180 x
119 mm.

34 ( 153)
DE LEOPOLDO LUGONES
f. [ 1J

Buenos Aires, 25 de
Marzo de 1899.
Seor Jos E. RodMi querido amigo: Si V d. quiere imaginar que yo i el portador de sta, mi amigo Alfredo [L. J Palacios, somos la misma
persona, le estar agradecido mu de veras su [Link]

Marzo 15 / 99
S/c San Jos 119.
Dos tarjetas de cartulina blanca, ms.; con el nombre del poeta y un
monograma (en que se enlazan la J y la R) impresos; la segunda tar
jeta, numerada; el texto ocupa las cuatro caras; interlnea: 4 a 5 mm.
En buen estado. 111 x 71 mm.

-98-

L. Lugones.
Ms. ( 1 pliego de 2 hojas). El texto ocupa la primera carilla. Papel
rayado, con filigrana; interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado. 180 x 119
mm.

-99-

35 ( 154)

DE RUBN [Link]
[Madrid] 1vfarzo 31199.

f. [1]

f.

Caro amigo

v.J 11

Gracias mil. Su generoso y firme talento me ha hecho el mejor


servicio. V. no es sospechoso de camaradera cenacular. Pronto le
escribir largamente.
Gracias.
Rubn Dara.
Ms. (una hoja); el texto ocupa la primer carilla; papel de color celeste, con filigrana; interlnea: 11 a 12 mm. En buen estado. 151 x
131 mm.

36 ( 155)

f. [2] 11

DE JOSE INGEGNIEROS
f. [1]

Buenos Aires, 19 de abril de 1899.


Mi estimado Rod: Gracias por su Rubn Dara, que considero muy bueno. Vd. sabe cunto m cuesta escribir un muy bueno
a propsito de libros literarios; sin embargo para su libro lo har
siempre, porque lo es de veras. Cabe despus de esto un bueu
apretn de manos que har extensivo a los amigos de sa. Soy
Suyo Siempre

a quien ya conoca por sus interesantes publicaciones en el jlf ercre


de France.
En mi sentir, fuera de Vctor Hugo, Gauthier, Musset y algn
otro, slo los poetas mal llamados decadentes y simbolistas, tal cual
parnasiano, ejercen hoy una influencia marcada entre los jvenes
versificadores de la Amrica Latina. Se lee mucho 11 a Mallarm, a
Baudelaire y Verlaine, algo menos a Mareas, Heredia, Coppe y
Regnier y poco aunque tambin algo a Rimbaud, Francis Jammes,
Viele-Griffin y Rugues Rebell.
Entre los noveladores reinan an los pontfices del naturalismo,
Flaubert, Zola, Goncourt, dejndose tambin sentir la influencia de
Stendhal, Merimee, Bourget, Huysmans, France y Barres.
Remy de Gourmont y casi todos los poetas y noveladores que
escriben en el jlf ercurio de France, L' hermtage, La plume y otras
revistas de la misma ndole empiezan a leerse, pero no puede decirse
que conformen a nadie.
Contestada brevemente, como V d. me peda, la pregunta del
Sr. Coll, 11 aprovecho la coyuntura que se me ofrece para agradecerle el Rubn Dara que ha tenido la fineza de enviarn1e, y por
el cual lo felicito calurosamente.
Suyo
C. Reyies 1
:.\1s. (un pliego de 2 hojas); en el ngulo siniestro superior de la
primera pgina, un escudo suizo, inclinado el jefe hacia la izquierda
y la punta hacia la derecha (impreso y en relieve: banda de gules,
con un lema en oro: "De frente", sobre campo de azur con una daga
y un corazn tambin en oro, dispuestos respectivamente a un lado
y otro de la banda); el texto ocupa las tres primeras carillas; papel
con filigrana; interlnea: 9 a 10 mm. En buen estado. 182 x 135 mm.

] os Ingegnieros

38 (157)

Ms. (medi> folio improvisado como pliego); papel sin filigrana;


interlnea: 7 a 8 mm. En buen estado. 160 x 100 mm.

DE
37(156)

DE

CARLOS REYLES

f. [1]

Cabaa Reyles, Abril 12/99


Sr. Dn. Jos Enrique Rod

SALVADOR RUEDA

f. [lJ

Madrid 19 Mayo 1899.


Sr. Don Jos Rod.
?di querido amigo y admirado escritor. Admirado ms que
nunca, porque el estudio que V. me ha regalado acerca de nuestro
amigo Rubn, es toda una 1l1aravilla, (as con mayscula).

Distinguido compaero:
Con mucho gusto respondo a la pregunta que, por intennedio
de Vd., se s1rve h:1cerme el escritor venezolano Pedro Emilio Coll,

-100-

1 En
~Irime.

lo atinente a los nombres de Gautier, :\Ioras, Rgnier, VilGriffin,


Le !Uercure de France y L'Ermitage, parece procedente mantener la
grafa del original.

-101-

f. [1

v.J 11

Hace aos que no he gozado de una emocin esttica semejante


a la que me ha proporcionado su libro. Pero hombre de Dios,
si V. es un poeta extraordinario l Si es V. ms poeta en ese trabajo,
que el mismo Dara, a quien admiro y quiero tanto! Me ha hecho
un profundo surco en el alma la obra de V., y adems de ese
intenssimo goce, ser franco, me ha ocasionado una amarga tristeza;
la de considerar que en Espaa no tenemos un crtico con esa altura
de miras, dotado de esa elegancia suprema, y, sobre todo, de esa amplitud de criterio de V.: su cerebro me parece un bosque en el cual
pueden entrar todos los vientos, todas las corrientes, todos los perfume~, todos los pjaros, por vario y distinto que sea su plumaje.
Qu talento tiene V., pero qu alma! Es tan raro que un crtico
pueda arrojar de s sus pasiones personales al coger la pluma, que
ver realizarse en V. ese milagro, me produce un gran asombro.
Sagacidad, perspicacia, don de trasporarlo todo como por los
rayos X de la esttica, sensibilidad a torrentes, erudicin a :argas,
un estilo que siendo espontneo, es, a la vez, labor quintaesenciada j/ de lapidario, color, luz, intuiciones sorprendentes, generosidad
(tan escasa en la crtica), novedad absoluta en el sistema de analizar
describiendo como un soberano poeta en prosa, relmpagos de adivinacin a cada lnea, valenta, audacia, independencia, justicia,
amor al juzgado; todas estas altas prendas y muchas ms existen
en V. y en su obra, no olvidando el sello general de seriedad, de
conciencia, de altura y de cosa grande y definitiva. Cmo puede V.
encerrar todo esto en sus veintitantos aos? He sentido por la
primera vez en mi vida la envidia leyendo tanta hermosura, y he sentido con toda mi alma que an no haya V. hecho su prometido estudio acerca de mi humilde persona. De venir a tiempo esa promesa, ya
cumplida, a Espaa, tendra yo un orgullo en colocar su estudio a
guisa ele prlogo, por extenso que fuese, en mi nueva obra, prxima
a publicarse, El Pas del sol, que es un volumen extenssimo de
cientos de poesas, que abarcan desde lo cmico a lo trgico, y que
viene a ser un panorama, o ms bien un cuadro amplsimo de las
cosas caractersticas de Espaa. Tipos, costumbres, color, ambiente,
habla popular, paisajes; fiestas, naturaleza rstica, perspectivas de
ciudades con seres y pasiones, todo, en fin, lo que he podido
abarcar con la fantasa, la retina y el sentimiento. Y todo esto
real, realsimo, algo como si hubiera querido poner un enorme
espejo psicolgico y plstico delante de Espaa; ese espejo es el
libro (en caso de que hubiese yo realizado mi extenso plan con
exactitud y felicidad).
Claro es que en obra tan larga, hay de todo lo que Dios
<~rroj sobre esta tierra espaola, aunque todo sea mal contado

-102-

f. [Z]

f.[2

11

v.J 11

por m, y hay tambin de todo lo imaginable en metros y 11 tcnica moderna, entendida a mi modo, es decir, por la intuicin.
Qu distintos Rubn y yo! Verdad? Yo no puedo escribir un
solo wrso como no sea trasmitiendo cosas y emociones reales, a
veces arrancadas a tirones del natural. Como en Espaa, la lrica,
en general, casi en absoluto, viene siendo una serie de recetas, de
clichs tradicionales, de ah la lucha espantosa que he tenido que
sostener con este pblico literario y no literario, para popularizar,
hasta la saciedad, el cambio real y consciente; y de ah tambin el
ir mi pobre cuerpo de poeta acribillado a estocadas. Pero el impulso cundi tanto, que lo que ms siento en el mundo es la serie
inacabable de imitadores, que carecen de idiosincrasia para el asunto
y que me persiguen hasta en sueos.
Sera V. tan valiente que se decidiera a cumplir la promesa que
me tiene V. hecha? Su estudio sera el magnfico frontispicio de mi
obra, despus de que en folleto le hubiese V. publicado.
Dar tiempo, porque, siendo el mo un tomo enorme, ofrecer
es claro! dificultades su impresin y ser cosa lenta el sacarlo
al pblico.
Mi parabin desinteresado en absoluto por esa victoria sealadsima que acaba V. de alcanzar. As se arrancan 11 palmas a la
gloria!
Suyo como siempre,
Salvador Rueda
Sjc. Gobernador 5- 2 Izqda.
Tenemos aqu a Rubn: somos muy buenos am1gos. Le veo
poco, porque l, consecuente con sus inclinaciones, anda por regiones en consonancia con su poesa; y yo, consecuente con mi carcter,
ando revuelto con el pueblo, en sus costumbres y manifestaciones.
Rubn es un consciente, y yo soy un instinto, hablando en general,
no en todo.

Pasan de veinte las obras que llevo publicadas, y no puedo


enviarle la coleccin, porque no la tengo: est casi agotada; en ella
hay tres novelas, EZ gusano de luz, La Reja y La Gitana; de crtica,
El Ritmo; y todas las dems, son cuadros de costumbres en prosa,
y tomos de poesas en los que predomina el tema Espaa, tanto en
cosas rsticas y de naturaleza, como urbanas.
Ms. ( 2 hojas); en la parte superior de las planas anteriores, se
lee, en caracteres impresos: ":Museo / de / Reproducciones Artsticas";
el texto ocupa las cuatro carillas; papel con filigrana; interlnea: 6 a
7 mm. En buen estado. 276 x 108 mm.

-103-

39(158)

f.

[+J 11

DE RUFINO BLANCO FO:MBONA


t. 1

167 W 64 St
New York, 20/6/99
Sr. D. Jos Enrique Rod
Montevideo

f.~+V.://

Amigo mo-

f. [1

v.J //

f. [2]

1/

f. [2

f.

f. :3

v.J //

11

< 11

Con qu placer tomo la pluma para escribirle! En lugar de


placer he debido decir cario. Recib su carta v su libro ltimo.
Es ahora cuando llegan a mis manos una y // otr~ cosa. N o bien di
a la estampa mi obrilla tuve que dejar mi pas. Por eso e5 aqu,
y tarde, adonde me han llegado algunas buenas palabras de miel,
por cartas y por peridicos, de mis hermanos de Amrica.
Le su estudio de Rubn Daro. Estoy deslumbrado; pero no
son los ojos de mi cuerpo sino los ojos de mi alma los que han sentido 1/ la impresin de tanta luz. V eo que el sol sale ahora por el
Medioda. Yo he tenido y tengo muy buena idea de la aptitud intelectual de Amrica; pero por razones que V d. se sabe, -y algunas las seala en su obra,- no es sta la tierra de las mejores cosas
intelectuales. Por aqu pudieran darse, y se han logrado, buenos
y hasta excelentes poetas: baste citar desde Olmedo Y Bello hasta
Casal y Daro; pero un cere-/ jbro alto, que tienda a la gloria de
las cimas, que se bae en serenidad, que se nutra de humanidad,
(no de humanidades) un cerebro por donde circule savia y mdula,
un cerebro de cal y canto, eso es difcil de obtener, aunque muchos
nazcan con la aptitud. Se nace por aqu para ser Gran Capitn,
como Napolen, o para ser Gran Pensador como Montaigne, j j o
para ser Grande Analista y fundador de teoras como Spencer, o para
ser Grande Exgeta como Renn, o para ser Gran Crtico de Arte
como Sainte-Beuve; pero ninguno de los que nacieron con aptitudes
de ingenio peregrino llega a cristalizarse; y el crtico de arte, y el
exgeta, y el expositor de doctrinas, y el pensador, y el capitn
insigne, todos perecen a las manos de mil y una pequeas circuns-//tancias, de todas esas pequeas cosas que en mucha parte
simplificamos llamndolas el medio. En V d. creo yo ver eso que no
haba crecido y florecido en Amrica. V d. quizs sea, en menor sentido del que Vd emplea, el que vendr. Yo veo ... Pero ser yo
visionario? De todas suertes estoy encariado con mi visin.

-104-

As, pues, no // me agradezca -y me refiero a su carta- no


me agradezca atenciones y demostraciones pblicas o priYadas que
yo rinda a V d.
Trovadores y Trocas son mis primeras armas. Ojal pudiera
yo librar al pie de esa misma bandera otras batallas! Espero publicar otras obrillas, tan pronto como pueda. Entre otras cosas tengo
listo, listo del todo, un tomo de Cuentos. Algunos de esos cuentos se
estn actualmente // traduciendo y publicando en ingls. en los
Estados Unidos.
,
Lucho por fundar un peridico en esta ciudad, o en Pars, que
sea como el hogar de algunos de entre nosotros.
Querra algn peridico de :Montevideo o Bs. :\ires aceptarme
por su corresponsal? Sera mucho exigir de V d. rogarle que me
agencie el asunto? [Honorarios (?)] no discuto: acepto lo que V d.
disponga y en las condiciones que V d. exprese, salvando ilesa mi libertad de escritor, como V d. comprende.
Escrbame, amigo mo. Saldeme a Reyles, si lo ve.
Rufino Blanco Fombona
Ms. (2 pliegos de 2 hojas cfu); el texto ocupa las ocho carillas; en la
ltima un resto de lacre impide leer un vocablo; papel sin filigrana;
interlnea: 7 a 10 mm. En buen estado. 178 x 114 mm.

40 ( 159)
DE JUAN ZORRILLA DE SAK MARTN
Ss.

Sr. Dn. / E. Rod / S. a. /

f. [ 1J

Rincn 76

J.

Z. de S. M.

Juan Zorrilla de San Jtlartn


Saluda atentamente a sus compaeros del Tribunal examinador y les hace saber que le es imposible ir a acompaarlos en este
~omento. Cree que podran designar los temas de 29 ao y, si
trenen la bondad de esperarlo para juzgar juntos los exmenes de
19 , ir a hacerlo con ellos dentro de una hora.
Montevideo, 24 de Novbre de 1899.
Ms. (una hoja); el texto -en el que estn in1presas las dos prin1eras
lneas y parte de la ltima, es decir, las palabras puestas en has
tardilla- ocupa la cara inicial; papel sin filigrana; interlnea: 8
a 9 mm. En buen estado. 208 x 139 mm. Sobre adjunto.

-105-

41 ( 160)
DE CARLOS GUIDO Y SPANO
f. [ 1]

f. [ 2] 11

Buenos Aires: 19 de Febrero de 1900


Carlos Guido y Spano enva el ms expresivo saludo de confraternidad literaria a Jos Enrique Rod, uruguayo, agradecindole
su Ariel.
Que "si encuentro en l alguna idea fecunda para la cultura
moral e intelectual de la juventud de nuestra Amrica"? Muchas.
Refljanse como estrellas en el caudaloso ro de una diccin 11
afluente, prestndose las galas del estilo a realzar la verdad, nunca
mejor vestida que cuando est desnuda.
Para que entre nosotros impere aunque sea a lampos, en la
literatura y en el arte, ya no tenemos que esperar de manera absoluta sus triunfos venideros. Ariel los ha alcanzado. Anticipndose en
su amplia esfera a soadas conquistas, las realiza con brillo.
Merece, pues, la palma. Recjala el autor del bello libro escrito
bajo su advocacin romntica, al que slo faltrale acaso concentrarse para reYestir la consistencia del diamante.

f. [1 v.]

11

Ms. ( 2 hojas dispuestas en forma de pliegos); el texto ocupa las caras


interiores; papel con filigrana; interlnea: 14 a 15 mm. En buen estado. 230 x 180 mm.

42 (161)
DE

MIGUEL DE UNAMUNO
Salamanca, 13 Diciembre 1900

f[1]

Sr. D. Jos Enrique Rod


:Mi muy distinguido amigo: En "La Lectura" revista que con
el nuevo ao empezar a publicarse en Madrid y en la seccin
bibliogrfico-crtica de letras americanas, seccin de que me he encargado, hablar de su Ariel, sin perjuicio de dedicarle un ensayo,
para el que tengo tomadas no pocas notas.
Mi nombramiento para rector de esta antigua Universidad y
el viaje que una vez nombrado tuve que hacer a 1v1adrid para
tratar de diversos asuntos con el ministro de Instruccin Pblica
me han retrasado no poco en m1s particulares trabajos literarios y

-106-

f. [2]

11

cientficos. No hace an cuatro o cinco das que los he podido


reanudar. Sobrevnome la inesperada propuesta del ministro precisamente en los das en que ms enfrascado estaba en una novela
pedaggico-humorstica en que pienso fundir, fundir y no mezclar,
elementos grotescos y trgicos y tal yez le ponga a modo de eplogo
un ensayo sobre lo grotesco como cara de lo trgico. All veremos.
Mil gracias por lo que respecto a mis "Tres Ensayos" me dice. Yo,
lo confieso, no slo no soY latino de raza (como vasco que soy)
sino que aunque con la mente procure comprender el latinismo, mi
corazn lo rechaza. Culmina, a mi entender, el espritu latino en el
catolicismo, hasta tal punto que aun los librepensadores latinos son
catlicos sin saberlo. Esa concepci:1 social y esttica de la religin
es hondamente latina (Renan era un catlico ma!gr 11 soi; basta
ver su posicin frente a Amiel) y yo me siento protestante, en lo ms
ntimo del protestantismo ( Harnack, Ritschl, Hermann, etc., me
han conYencido de ello). Pueden parecer anlogos un positivista o
un pantesta latino y otro germnico, pero si ahondando en la idea
llegamos al sentimiento y modo de sentir el mundo y la vida, al
punto vemos que el uno sigue siendo catlico y protestante el otro
despus de haber rechazado todo dogma de una y otra creencia.
Proudhon y de Maistre so:1 hermanos en espritu. Y yo, se lo repito,
me siento con alma de luterano, de puritano o de cuquero, el
ideocratismo latino v su idolatra me repugnan, me repugna su
adoracin a la form~ v su tendencia a tomar la vida como una
obra de arte y no con;o algo formidable y serio. Renan deca a
Amiel que el pecado es la gran preocupacin de toda alma protestante y que no lo es de la catlica, y lo siento as. Estudio lo francs,
procuro penetrarlo, pero no logra seducirme. Y lo que menos veo en
lo francs es la amplitud; es, con apariencias de amplio, uno de los
espritus ms estrechos. Acepta a Carlyle, a Ibsen, a Nietzsche (a
quienes creo que difcilmente sentir del todo, aunque los entienda
bien, quien no haya protestantizado su corazn) pero los acepta
por moda, por snobismo, por algo ms noble, por leal deseo de ensancharse, pero en el fondo sigue tenindolos por brbaros. No hay
ms que leer a Brunetiere, a Lemaitre, a Barres, a Zola (este archilatn de espritu tan enormemente estrecho).
Grande es Taine,
grande Guyau, pero ni uno ni otro supieron sacudirse de su espritu; basta leer lo que del inmenso \Vordsworth dice aqul. Tal vez
sean el latino y el germnico espritus impenetrables, porqu~ tampoco Carlyle sinti la grandeza de Voltaire ni ha y genuino teutnico que vea el genio de un Racine o de un Flaubert. Y en esto me
declaro germnico. Y voy ms lejos, llegando a afirmar que el
pueblo espaol es un pueblo que sin tener fondo latino est latini-

-107-

f. [2

v.J 11

zado por siglos de lengua romamca; es un pueblo de fondo berberisco domesticado por el pueblo romano. Y en nosotros los vascos,
que hemos conserYado nuestra Yieja lengua, se \'e cunto a nuestro
espritu repugna lo latino. Sin tener ms de germanos, nos penetra
ms, no s por qu, el alma germnica. Aquellos de mis paisanos
que Yiajan y aprenden lenguas se enamoran antes de lo ingls o
alemn que de lo francs o italiano. PeTo repito que en el fondo acaso
ms educadoras que las lenguas Yeo las religiones, y divido a los
europeos todos, crean o no, sean con la mente agnsticos, o ateos,
o destas, o pantestas, en catlicos y protestantes. Y mi alma es
luterana. - De esto, de esta pobre nacin y de nuestra juventud
espaola, qu he de decirle? La raza espaola est in fieri, est por
hacer, es, como diran los escolsticos, no un trmino a qua sino
un trmino a quem. :Kecesita, creo yo, un impulso religioso en el
ms hondo sentido de este vocablo, no dogmtico; necesita un
Tolstoi castizo, una castiza reforma. Inicise con los mstico5, con
aquel poderoso anarquista San Juan de la Cruz, pero la Inquisicin
catlico-latina la ahog en germen. 11 Tambin yo me complazco
en reconocer que por muchas que sean las ideas que nos separen
siempre nos hemos de unir en espritu, en el deseo, asequible o no,
de penetramos mutuamente. Porque aun \iendo yo la resistencia
subcon [s] cien te de mi alma a hacerse latina mi conciencia me dicta
una constante labor para comprender lo latino y apreciarlo y respetarlo. Aprecio cuanto de generoso, de noble, de sincero, de original hay en su Ariel y as lo har constar, por ms que mi corazn
me tire por otros caminos. Toda idealidad es fecunda y purificadora, y jams caer en la soberbia de suponer que se refleja en mi
espritu todo lo que el mundo necesita. Necesita de latinismo para
corregir y completar nuestra accin, que por s slo hara acaso
sombra e imposible la vida; es otro lado de la vida del espritu, no
menos necesario, no menos grande, no menos noble, que los otros. Qu exacto lo que me dice de que Espaa es anciana y Amrica
infantil! Hay que trabajar. Su obra de usted es la ms grande,
a mi conocimiento, que se ha emprendido ltimamente en Amrica.
Hay que sacudir a los pueblos dormidos y que penetren en sus honduras, que en ellas nos encontraremos todos. Porque hasta los dos
valores que yo creo ms irreductibles en nuestra cultura, el catolicismo y el protestantismo no tienen acaso una raz comn? A llegar
a la raz comn de las cosas hemos de tender, y a ella se llega por
distintos caminos, por el Bien, por la Verdad, por la Belleza, por
la Religin, por la Ciencia, por el Arte ... , qu importa el camino?
Tenemos un fin comn, desde nuestros caminos nos animaremos ,,
saludaremos y an pod~emos darnos las manos porque de continu~

--108-

se cruzan y entrecruzan y se confunden. Y ... es que hay caminps


diversos? No, amigo Rod, lo que nos une en realidad no es
mucho, es todo. Es todo.
Reciba, pues, fraternal abrazo de
1Higuel de Unarnuno

Salude a Reyles, a quien escribir pronto.


lVfs. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las cuatro carillas; en el
ngulo superior izquierdo de ia primera pgina, se ve impreso el si
guiente membrete: "El Rector 1 de la 1 Universidad de Salamanca /
Particular"; papel con filigrana; interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado.
208 x 125 mm.

43(162)
DE ENRIQUE GMEZ CARRILLO
f. [2 v.]

Mi muy querido amigo -

Por uno de los ltimos correos tuYe

el gusto de enviar a V d. mi Alma Encantadora de Pars. Antes le


haba mandado mis Bailarinas.

f.[l]ll

f.[!v.]ll

Pero este anuncio de libros enviados no es sino un pretexto.


Lo que deseo es saludarle y con afecto, quejarme en nombre de
Amrica 11 de su prolongado silencio. Ko escribe Vd. nada. No publica, por lo menos. Y V d. es uno de los pocos que tienen obligacin de ser fecundos, para que Europa no nos desdee y vea que,
si mucho malo, si mucho tonto tenemos, tambin tenemos algo digno
de admiracin.
Rubn y yo, estamos ahora muy bien. Las antiguas desaYenen- 11 cias han desaparecido. N os vemos casi a diario. Yo, al menos,
he vuelto a quererle cual en los tiempos lejanos de nuestra fraternal
y adolescente amistad.
Estoy preparando un librito: La Imitacin e Nuestro Seor
Flaubert. Ser una glorificacin del cuidado artstico de la prosa.

f.[ 2] 11

Escrbame cada vez que pueda


admira su amigo y compaero,

11

crea que le quiere como le


E. Gme.c Carrillo

Pars, 132 Faubourg Poi~sonniere


20 de Junio de 1902.
Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las cuatro carillas; papel
sin filigrana (escrito con pluma redonda y tinta roja); interlnea: 8
a 9 mm. En buen estado. 206 x 132 mm.

-109-

44 ( 163)

[1 [Link] 1

DE JUAN Ri\MN JIMNEZ


f. [1 J

[Madrid, enero o febrero de 1903]


Sr. D. Jos Enrique Rod.
Querido maestro: Agustn Querol, Martnez Sierra, tres amigos ms y yo, vamos a hacer una revista seria y fina. Un tomo mensual de 190 pginas de literatura selecta; nada de lucro; nosotros
mismos pagamos la revista. Slo le dir: es una cosa muy seria.
Nosotros agradeceramos a usted infinitamente que nos remitiera, cuando buenamente pudiese, algn trabajo: de cualquier
asunto, -dimensiones a gusto de usted- tendencia, etc.
El nmero primero saldr el 1 de Abril. Supongo en su poder
mi ltima carta.
Le admira y le quiere su amigo verdadero

tivo de la poesa americana, encerrando cuanto de principal


vive 1/ en el Continente. El plan primitivo fue de vaciarlo todo en
la forma del soneto: creo que V d. conocer algunos sonetos que
public "La Prensa" de Buenos Aires el 19 de enero. Hoy he ampliado el lienzo; de manera que a los ciento y tantos sonetos que
tengo ya escritos, pienso agregar una serie de poemas breves, que
concluirn con uno -"El Dorado"- sobre el ayer, el hoy y el
maana del Amazonas.
Espero pasar por :Montevideo en febrero o marzo, para Espaa:
ah nos entenderemos sobre el estudio que acompaar al prlogo
de Unamuno.
Necesito que si tiene Vd. a la mano una leyenda guaran,
propia para el verso, me la enve en el acto: as, cualquier caracterizacin del Uruguay.
Le abrazo. Suyo afmo.
]os S. Chocano
Ms. (cartulina de color crema); el texto ocupa ambas caras; en la
anterior, arriba y a la derecha, un membrete impreso en caracteres
rojos y en relieve: "Legacin del Per"; interlnea: 4 a 5 mm. En
buen estado. 140 x 112 mm.

]. R. ]imnez.
S/ c. Sanatorio del Rosario
Prncipe de Vergara 14. Madrid.

46 ( 164 bis)

Ms. (una hoja); el texto ocupa la primera plana; papel sin filigrana;
interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado. 210 x 130 mm.

DE JOS SANTOS CHOCANO


[1

v.J

45 (164)
DE JOS SANTOS CHOCANO
[1]

Lima, a 1 de octubre de 1904


9

Sr. D.
Jos Enrique Rod,
:Montevideo.

[1]

Sr. Jos Enrique Rod


Montevideo.
Calle del Cerrito.
Vyale a Vd. mi retrato con las seguridades de todo mi afecto.
Aqu se le conoce a V d. y se le aprecia. Pero importa llegar. Su
triunfo aqu ser definitivo. Ya sabe V d. que yo soy todo verdad ...
Le abrazo y espero verle pronto. 1\Ii libro "Alma Amrica", que es
mi nico libro, marcha ya . . . Vngase ! Afmo.
]. S. Chocano
Madrid, agosto 12/1905.

Mi querido compaero:
Ignoro si lleg a sus manos un poemita mo "Ciudad Fundada",
que es parte de mi libro indito "Alma de Amrica". Sentira que
as no fuera;. pero, de todos modos, sueo comprometerle para un
estudio de este libro mo, del que quiero hacer el libro representa-

-110-

Tarjeta postal ms. En el anverso, el texto, a la izquierda; y, al costado,


una fotografa del remitente (busto, de 3/4 de perfil hacia la derecha). En el reverso, sobre el lado izquierdo e impreso, el nombre del
estudio fotogrfico: "Greco" / Alcal, 19 / :Madrid"; y, en el ngulo
superior derecho, pegada y sellada, una estampilla. Interlnea: 6 a 7
mm. En buen estado. 140 x 93 mm.

-111-

4-7 ( 165)

49 (167)

DE [Link] VILLAESPESA

DE ENRIQUE JOS V ARO NA


f.

Seor Don Jos Enrique Rod


Montevideo

[1 v.]

A D. Jos Enrique Rod


Universidad
Montevideo
(Uruguay)

[1]

Querido amigo: Le adjunto mis dos ltimos libros, esperando


su opinin sobre ellos, quizs -y sin quizs- la [que] ms me
interesa de toda la .-\mrica.
Recibi El Mirador de Lindaraxa y El libro de 1ob? En el
primero de stos le dedico a V d. la parte que ms estimo del libro,
y hace ms de seis meses que debieron llegar a su poder.
La Revista resucita con el nombre de "Renacimiento Latino",
en forma de libro, con 200 pginas. Nada tengo que decirle, espero
algo suyo para los primeros nmeros, (el primero aparece en Junio).
Har una seleccin depuradsima y aspiro a que sea la ms pura
y grande representacin de nuestra raza. Le recomiendo la casa
editorial de F. Granada -Diputacin 344, Barcelona- la nica
que trabaja seriamente en pro de la intelectualidad hispano-americana. Dentro de poco aparecer una gran antologa de poetas y
prosistas americanos, 5 tomos de poetas, y 5 de prosistas, para la
cual le ruego me enve el original que Vd. crea conveniente. Tuve
el gusto de saludar en sta y hablar de V d. con sus amigos y compaeros Sres. Anselmo Guerra y Ferrando y Olaondo.
Le abraza su admirador
Villaespesa.
Hoy, 24 Mayo [de 1909]
Scc. J acometrezo 33

Muy distinguido seor mo:


He tenido el gusto de recibir su interesante folleto "Liberalismo
y Jacobinismo", por el cual doy a V. las ms cordiales gracias.
No he hecho hasta ahora ms que hojearlo, y me promete
provechosa lectura.
Soy su ms at. S. S.
Entique

1os V aron.z

Habana, 11 de mavo 1907


' altos.
S. C. Lealtad, ' 64,
Ms. (una hoja);
monograma y el
ocupa la primer
En buen estado.

en la parte superior, al centro, tiene impresos un


lema ("In rena fondo e scrivo in vento"); el texto
carilla; papel con filigrana; interlnea: 8 a 9 mm.
204 x 126 mm.

48 ( 166)
DE JUAN MARAGALL
[1 v.]

Al Sr. D. Jos Enrique Rod


Cerrito, 102''
Montevideo.

Tarjeta postal ms. En la cara destinada al sobrescrito, la estampilla y


el escudo de Espaa, impresos en rojo. En la otra cara, el texto.
Interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 140 x 92 mm.

Barcelona, 18 Mayo 1907


[1 J

n'fuy estimado seor: Le doy muchas gracias por su atento


envo del ejemplar de "Liberalismo y Jacobinismo", brillante trabajo
de controversia que me revela un espritu de serena elevacin y un
escritor de fuerte temple que no conoca Y al que ofrezco con m1
admiracin la amistad de
1. Maragall
Tarjeta postal ms. En la cara destinada al sobrescrito, la estampilla y
el escudo de Espaa, impresos en rojo. En la otra cara, el texto.
Interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 140 x 92 mm.

-112-

50(168)

DE VICENTE BLASCO IBJ."\l'EZ


Ss.
:"

"Sr. Don 1 Jos Enrique Rod


Montevideo"

1 Ilustre

Escritor

[Junio de 1909]
f. [1]

Querido Rod: Muchas gracias por el envo de su hermoso


libro. Ya sabe que yo soy antiguo admirador de su talento.

-113-

f. [1 v.]

11

No le digo hoy ms. Para qu! ... Dentro de poco tiempo ir


a 1-'lonteYideo \' nos Yeremos Y hablaremos largamente.
Es una de. las mejores esperanzas de mi Yiaje al Uruguay, el
que nos conozcamos personalmente.
Mientras tanto 11 reciba un abrazo de su amigo y compaero
Vicente Blasco lbiez

f. [1

v.J 11

Ms. (una hoja); papel con filigrana; [Link]: 7 a 8 mm. El texto


ocupa la primer carilla y parte de la segunda. En buen estado. 206 x
127 mm. Sobre adjunto.

51 (169)
DE RAMN MENNDEZ PIDAL
[1 v.]

[1 J

Al Sr. D. Jos Enrique Rod


Cenito 102 '1
Jf ontevideo
Urwmav
b

]. R. ] mnez

Moguer. [Fines de julio de 1909].

11uy seor mo: Me traen de casa de Rico, sus kf olivos de


Proteo, el da que voy a partir de Yeraneo. En el descanso de ste
me dispongo a leer y saborear su libro por cuya publicacin me
limito ahora a dar a V d. la enhorabuena ms cordial.
De V d. atento s. s.
R. lvf enndez Pida!
:Madrid, 22 Julio 1909.
Gusto desde luego la finura de las pginas que al azar hojeo.
Repito mi enhorabuena.

lYis. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa !as carillas de la primera


hoja; papel con filigrana; interlnea: 4 a 5 mm. En buen estado.
173 x 114 mm.

53 (171)
DE

Le 22 Ao.t 1909
Cher maitre et am1,

~? ( 1~o
;)_
1 11

DE JUA.i\' RAMN JIMNEZ


[Sr. D. Jos Enrique Rod]
Querido maestro:

f. [2]

Acabo de recibir sus "Motivos de Proteo" y me apresuro a


enviarle estas palabras de agradecimiento, despus de tantos das

-114-

JULES SUPERVIELLE

f.[lj

Tarjeta postal ms. En la cara destinada al sobrescrito, la estampilla )'


el escudo de Espaa, impresos en rojo. En la otra cara, el texto.
Interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 140 x 92 mm.

f. [ 1J

de recuerdo y de cario. Nadie como yo le admira; y, sin embargo,


por esta enorme enfermedad de la ':oluntad que me corroe, pasan
meses y aos sin decirle todo lo que quisiera! Intentar ordenar
en una revista las mltiples consideraciones que me sugiere su per~
sonalidad; esta carta es slo un ramo de cario. Ah van esos dos
libros que he publicado recicnten;ente; preparo una edicin de 11
todo lo mo, -14 tomos- que pienso empezar a dar en otoo; ya
le llenar las manos de libros. Y quiero anticiparle que "La soledad
sonora" tiene en su primera pgina el nombre de usted. Lee usted
las reYistas literarias de Espaa'? Cuando desee algo de por ac, ya
sabe que me tiene a su disposicin. Usted, en cambio, no me olvide
cuando crea que algo pueda serme til, de lo de por ah, pues
yo soy de los pocos poetas espaoles que cultivan su inteligencia.
Y escrbame con frecuencia.
Su amigo, que le admira fervorosamente

11

Je viens de publier dans "La Potique" une traduction d'un


des passages de votre admirable "?vfotivos de Proteo". J ai prouv
un inmense plaisir a crire cette petite traduction et ce plaisir seul
peut excuser mon audace dans une entreprisc aussi hardie.
J'ai appris il y a quelques jours qu'Hrelle, le traducteur de
D'Annunzio, qu'on m'avait dit mort tait en tres bonne sant a
Bayonne, dans les Pyrenes. J e vais lui crire pour lui demander
s'il veut traduire votre livre que je lui enverrai.
Si Yous le penncttez je publierai encore 11 un ou deux frag~
ments de "Proteo" dans "La Potique" o je dais faire paraitre aussi
une traduction de l'Oras;ao ao pao" de Guerra Junqueiro.

-115-

Je vous envoie avec mes meilleurs souvenirs une affectueuse


poigne de main.
Votre admirateur dvou
]ules Supervielle.

54 ( 172)
DE ENRIQUE GONZALEZ MARTNEZ
[1 v.j

lVfs. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas impares; papel
con filigrana; interlnea: 6 a 7 mm. En buen estado. 169 x 125 mm.

Mocorito, Re p. Mejicana. Octubre 4/909


Sr. Dn.
Jos Enrique Rod

[53 a]

Reciba mis cariosos agradecimientos por el envo de su libro


"Motivos de Proteo", libro encantador, alto, de un optimismo consolador y profundo, obra a la vez de pensador y de artista. Van
tambin mis agradecimientos por sus frases a propsito de mi libro
"Siluetas", tanto ms significativas para m cuanto que vienen de
V. a quien sinceramente admiro v con cuva amistad me siento
.

orgulloso.
Enrique Gonzlez A1artnez

DE JUAN MARAGALL
f. [1 J

f. [1 v.] //

f. [2
1&

v.J //

Sr. D. Jos Enrique Rod


Amigo y Seor: Acabo de leer sus "Motivos de Proteo" en el
ejemplar que tuvo la bondad de dedicarme, y al darle muchsimas
gracias por esta atencin, mucho mayores he de drselas por la
riqueza que este libro ha trado a mi espritu, porque todo l es
una fuente de perpetua juventud, una educacin en proyeccin al
infinito. j j
Y sobre esta sustancia tiene an esta expresin firme y brillante que casi es poesa. . . y algunas veces sin casi, como en la
"plida cerradora del camino".
Hay en este libro cosas inolvidables, esto es, para siempre ms
fecundas en quien una vez las ha recibido: como el juego del nio
con el Yaso, la inconsecuencia profundamente humana de Jess, el
pozo que es nuestra alma, el barco que vuelve, el sueo de perfeccin conciliado con la actividad, j j la digresin sobre Goethe y
el diletantismo, la eficacia del amor independientemente de la
calidad del objeto, la petrificacin en la fe, el sutilsimo aplogo
de Lucrecia, la luminosa determinacin de la originalidad, ...
en fin es sta obra de un conjunto magnfico que todos debemos
agradecerle por la luz que trae al mundo. Es esencialmente obra
de educacin que todos los jvenes debieran leer; pero ante ella
todos somos jvenes. El que muere de viejo encontrar en ella
esperanza y fueza para reformarse un minuto antes de morir. //
A la enhorabuena universal que este libro ha de valerle,
quiera V. juntar la de su admirador y amigo muy agradecido
Juan Maragall
79 Alfonso XII. S. Gervasio. Barcelona, 16 Setiembrej09
1\'Is. (Un pliego de dos hojas); el texto ocupa las cuatro carillas;
papel con filigrana; interlnea: 4 a 11 mm. En buen estado. 201 x
128 mm.

-116-

Mis prximos libros "Los senderos ocultos v las cumbres luminosas" y "Jardines de Francia", irn pronto a b~sarle las manos.
Tarjeta postal ms. En el anverso, una fotografa del remitente. (Se le
ve leyendo un libro, de pie, y casi de espaldas, entre una mesa y los
anaqueles de su biblioteca). En el reverso, el texto. Interlnea 3 a 4
mm. En buen estado. 130 x 87 mm. (En el sobre -dirigido al Sr.
Diputado Dn. Jos Enrique Rod"- hay un membrete impreso: "Doctor Enrique Gonzlez Martnez 1 Prefecto del Distrito 1 Mocorito 1
Estado de Sinaloa, Mj.").

55 ( 173)
DE
f. [1 J

ALFONSO REYES

Al Sr. Jos Enrique Rod


Mxico, Noviembre -

1909.

Recib, seor, por conducto de Pedro Henrquez Urea, un


ejemplar de "Los Motivos de Proteo" para m, y otro para mi
Padre.
l\fi padre, distrado ahora por las cuestiones polticas de esta
Repblica, y ya de viaje rumbo a Europa, me encomend que
escribiera a Ud. manifestndole su agradecimiento y yo lo hago
de buena gana, para, de paso, expresarle mi agradecimiento personal.

-117--

f. [2] //

f. [2 v.] //

Para m, que apenas me JDlClO, / / co.u grandes entusiasmos v


escassimas oportunidacle~ de aprender, en los trabajos poticos y
literarios, es un alto honor el que U d. me ha concedido; y si mucho
me regocij6 ver una dedicatoria para m firmada por el Maestro,
tambin me deleit la lectura del libro, sino que no es oportuno
que yo vierta aqu, detalladamente todas las ideas que me sugiri
la lectura.
Que no pierda V d., seor, esta magnanimidad por la que se
acerca a los ms humildes novicios, ni eche en olvido (y esto lo digo
tambin a nombre de mi Padre), que en este pas, tan apartado del
suyo, hay odos que escuchan con ,eneracin sus palabras y manos
que esperan con inquietud //los frutos que Ud. les lanza por el aire.
Actualmente, preparo mi primer libro: un libro de crtica literaria. Acaso lo publicar a principios del ao prximo. Para entonces podr, seor, contar con el consejo de Ud.? Yo le enviar el
primer ejemplar y lo que Ud. me diga despus de leerlo (privadamente, se entiende, pues mi splica no tiene otro fin que el de
aprender) lo que Ud. me diga, va a servirme, indudablemente,
de clarsima orientacin.
Muy agradecido y muy honrado por su obsequio, me. ofrezco
a U d. para cuando quiera utilizam1e, en la calle de San Jos el
Real, N 9 16, en Mxico.
Lo saludo respetuosamente

gullo para la cultura sud-americana. Queda tambin gratsimo ,al


autgrafo con que le viene dedicado, porque l le vale un nuevo
y muy autorizado reconocimiento de su nunca desmentida amistad
por la nacin hermana.
Cartulina blanca; el texto ms. ocupa la primera cara; en el n!mlo
superior izquierdo, figuran, en relieve y en caracteres impresos: el
nombre y apellido del remitente; interlnea: 5 a 7 mm. En buen
estado. 140 x 107 mm.

57 (175)
DE
f. [2 \'.]

56(174)
DE ROQUE SENZ PEA
Buenos Aires Enero 20 de 191 O
[1]

Roque Senz Pea se honra en saludar con los sentimientos de


su ms alta consideracin intelectual al Seor Jos Enrique Rod y
mucho le agradece el ejemplar de ":i\Iotivos de Proteo", con que ha
querido obsequiarlo, por el grato intermedio del Seor Enrique C.
Lemas. Es esa obra preciosa contribucin al prestigio de las Letras
Uruguayas y como su autor mismo -que en ella reitera nobles y
singulares calidades de pemador y de artista- motivo de justo or-

-118--

910

Sr. D. Jo5 Enrique Rod

Alfonso Reyes
l\Is. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las caras 1, 3 y 4; en el
ngulo izquierdo superior de la primera pgina, constan, impresos en
relieve y en caracteres de color azul, el nombre y apellido del remitente; papel con filigrana; interlnea: 6 a 9 mm. En buen estado.
201 x 129 mm.

Ca briel jl;fir
Alicante - 20 Enero -

GABRIEL MIR

f.~l]j/

Mi admirado seor y distinguido amigo. Y o que he codiciado


tanto su amistad, he sido aparentemente distrado y olvidadizo con
usted! Perdneme que no soy culpable. LleYo muchos meses sin
sosiego por enfermedades de los mos y otros males. Mi libro "La
novela de mi amigo", tan reducido y humilde, no mereca la
grande recompensa de su carta y el precioso regalo de su obra "Motivos de Proteo".
"La noYela de mi amigo" pudo ser ms amena y hasta ms
larga. Sacrifiqu la amenidad voluntariamente; y pod sus pginas
temiendo el cansancio del lector. Tiene V. razn en su censura;
pero no pude huir de la violencia de la forma porque as me la
dictaba la verdad del temperamento ele mi protagonista.
"::Vlotivos de Proteo" glorifica ms su nombre. Tiene // su lenguaje el rancio sabor de los ms castizos escritores de Castilla; est
todo cuajado de lumbre como una enorme ascua; y de todas sm
pginas se recibe una enseanza deleitosa.
Su libro pertenece al e5cogido nmero de esas obras amadas
del que las lee atentamente, que no se guardan en libreras, sino
que estn siempre a nuestro lado, y a ellas acudimos siempre con
hambre de un alimento espiritual.
Hasta ahora he visto una crtica de "1vfoti\os de Proteo" en la
prnsa espaola. Fue en el Imparcial. Con mucha justicia la celebraba Gmez de Baquero. Pero este crtico que suele ser demasiado
generoso con muchas medianas no dedicaba todo el espacio, detenimiento y entusiasmo que sus pginas merecen. Ya s que V. no
necesita que lo voceen, pero. . . yo me enfad y todo.

119o

f.[1 v.] 1/

Mucho ms se habr escrito de su obra, pero yo no he sido


afortunado para saberlo. Es que vivo muy apartadamente; y este
retraimiento no me pesa, antes lo apetezco, y ms me contentara
si lo permitiese la rudeza de la vida del escritor espaol, provinciano
por aadidura.
Espero publicar algunos libros en este invierno; y me apresurar a envirselos con otros pasados. Y ya termino.
Gracias, gracias cordialsimas por su generosidad, y recurdeme alguna vez, que de m tiene una invariable amistad y muv
devota admiracin. 11
Le saluda y besa sus manos
Gabriel Mir
Ms. (un pliego de 2 hojas); en la parte superior y a la izquierda de la
ltima pgina, donde la carta se inicia, hay un membrete impreso:
"Gabriel Mir f Alicante"; junto al nombre de la ciudad, la fecha y en
seguida el texto, que ocupa las carillas 4, 1 y 2; papel sin filigrana;
interlnea: 6 a 7 mm. En buen estado. 208 x 136 mm.

Que su espritu circule por las almas ah y aqu y en tod,as


partes desea su sincero y reconocido amigo
F. Giner

26-II-10.
1\-Is. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas 1, 2 y 3; en
el ngulo superior izquierdo de la primera pgina, la direccin del
remitente, impresa: "Obelisco, 8 / Madrid"; papel con filigrana; interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 206 x 133 mm.

59 ( 177)
DE

JAVIER DE VIANA

f.[1 J

[Link]. octubre 3

1 910

Sr. Jos Enrique Rod


Montevideo
Maestro amigo:

58(176)

Estoy pobre, enfermo y triste. Si V d. se dignase escribir algo


sobre mi humilde libro "Macachines", me alegrara, me mejorara
y me ayudara. El solo hecho de que V d. se ocupase de l, -an
cuando fuera para atacarlo,- le dara valor. Puedo esperar unas
lneas suyas?
Afectuosamente,

DE FRANCISCO GINER
f. [1]

Seor D. Jos Enrique Rod.


Muy Sr. mo y de todo mi aprecio:

f. [1 v.]

f. [2]

11

11

Bien tarde llega a V. esta expresin de agradecimiento por su


amable presente del Proteo, que tanto me obliga.
Al regresar de mis vacaciones, tuve que tardar algn tiempo
en revisar los libros que durante aqullas me haban sido remitidos.
Al ' ' hojear el suyo, sent tan vivo deseo de leerlo y decir a V.
algo de mis impresiones, que aplac escribirle hasta entonces, pensando que me sera posible a los pocos das.
Desgraciadamente, no fue as; y ahora, que ya pude leerlo, el
tiempo me impide tener con V. la grata conversacin que deseara.
Mis obligaciones crecen; mis fuerzas menguan. Y slo puedo resumir el eco que ha despertado en m en dos lneas. A saber: su
libro // es para m uno de los pocos momentos de luz y de intensidad
de nuestra raza -por ahora, ms en situacin de aprender, que de
ensear-. Su orientacin, su bro, sus horizontes, la personalidad
que respira, le hacen vivir aparte.

-120-

] avier de V iana
S1c. Riglos 713.
Bs. Aires.
Ms. (una hoja); el texto ocupa la primer carilla; papel cuadriculado,
con filigrana; interlnea: 7 a 8 mm. En buen estado. 275 x 213 mm.

60 ( 178)
DE HORACIO QUIROGA
f. ~ 1]

Misiones -

S. Ignacio, Mayo 4 -

11

Seor J. E. Rod: - Esta no tiene ms motivo que una vivsima simpata a Vd., acrecentada en pos de releer "Motivos de
Proteo". Vivo aqu hace ao y medio, bastante solo -como supon-

-121-

dr- en cuestiones que nos ataen. Sea esto disculpa de tal salida
de tono que V d. no tomar a mal, de seguro.
Lo saluda muv atentamente
H. Quiroga
1\fs. (media hoja); el texto ocupa el haz; papel rayado, con filigrana;
interlnea: 7 a 8 mm. En buen estado. 207 x 159 mm.

62 ( 180)
DE RICARDO

PAL~L-\

[1 v.j

Seor Don Jos Enrique Rod


Montevideo

[1 J

Agradezco a mi bondadoso amigo Jos Enrique Rod el


obsequio de su precioso libro "El 1Hirador de Prspero" cuya grata
lectura estoy terminando.
Le de,ea mucha felicidad su Yiejo amigo y admirador.

61 ( 179)
DE RUBN DARO

Ricardo Palma
f. [ 1J

Director Literario j Rubn Dara . ..


4, Rue Herschel

Miraflores, 27 de Febrero de j.914


Ms. (tarjeta de cartuiina blanca). El texto ocupa la cara anterior, en
cuyo ngulo superior izquierdo, a modo de emblema impreso en tinta
verde, se ve una palma con el nombre y apellido del remitente en el
tronco. En la otra cara, el sobrescrito, Interlnea: 6 a 8 mm. En buen
estado. 133 x 105 mm.

Paris, 14 Noviembre, 1911.

Sr. Jos Enrique Rod


lVf ontevideo.
Mi distinguido

a~mgo :

63 ( 181)

Recib sus amables palabras y su artculo para el "Noel" de


:Mundial. Mis gracias y mi admiracin de siempre. Ocupar su
trabajo el primer lugar en el nmero.
Aunque V. enva su recibo por 100 fr., he dicho a la Administracin que se le giren 150, pues es lo que he presupuesto para
las primeras firmas. Hay que comenzar a hacer valer algo nuestra
pobre produccin castellana.
El retrato excelente. Servir para una "Cabeza" suya, en la
serie que he iniciado.
Aunque poco nos hemos comunicado, sabe que le admira y
quiere su afectsimo amigo
Rubn Dara
Ms. (una hoja); el texto ocupa slo una cara; en la mitad superior
de la misma, hay un membrete in1preso del ":Mundial Magazine",
acompaado de nombres, direcciones y cargos (en caracteres rojos
y con una ilustracin en tinta negra); papel de color crema; con
filigrana; interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado, no obstante un
rasgn en el margen derecho. 27i x 195 mm.

-122-

DE

PAUL FORT
Paris le 19 mars 1914

f [1 j

A :Monsieur
Jos Enrique Rod
Monsieur,
Monsieur J. de Lemoine qui s'interesse tres particulierement a
notre recueil de haute littrature "Vers et Prose" nous conseille de
vous mettre au courant de cette ceuvre a laquelle il a pens que
\ous pourriez vous intcresser aussi.
_
Nous a\ons l'honneur de Yous faire parvenir en mme temps
que cette lettre un spcimen le tome 31 de "V ers et Prose".
Nous serions tres heureux, Monsieur, que notre effort vous
interessat en effet et vous parut ncessaire a une poque ou n' existe
plus aucune revue, aucun recueil que soit uniquement consacr a
la plus ncble part des Lettres frans;aises - le lyrisme en prose et
en posie.
C'est pour combler cette lacune que nous avons entrepris avec
les poctes et les crivains dont vous verrez les noms aux sommaires,
-123-

Ll 2l

11

cano a quien tanto admiro, hace que yo le dirija estas lneas que, le
llevan mi testimonio de cario y respeto.
Maestro,
] os Eustasio Rivera

:Maurice Maeterlinck, Henri de Rgnier, J ean 11oras, Emile


Verhaeren, Francis Viel Griffin, Paul Adam, 11 Pierre Louys,
Andr Gide, Francis J ammes, Remy de Gourmont, etc. . . . et qui
sont des meilleurs de ce temps l'ceuvre a laquelle nous vous prions
de bien vouloir accorder votre estime et votre appui.
Dans l'espoir de recevoir de vous une rponse bienveillante,
permettez-nous, 1\!Ionsieur, de vous faire agrer l'expression de nos
sentiments les plus distingus et de notre vive admiration.

Sr. Dn.
Jos Enrique Rod
Uruguay

Ms. (un pliego de dos hojas); el texto ocupa la primer carilla; papel
con filigrana; interlnea: 5 a 7 mm. En buen estado. 219 x 180 mm.

Paul Port.

Une notable diminution de prix est accorde aux abonns a


deux ou trois annes qui re<;oivent au cours de leur abonnement de
tres beaux livres-primes dans la mesure indique par la feuille
ci-jointe.

15 rue Racine - Pars.

65 ( 183)
DE RICARDO ROJAS
[1]

B.[uenos] A.[ires] Mayo 24. 1914


Sr. Jos Enrique Rod
Montevideo.

Ms. (un pliego de dos hojas); en francs; el texto ocupa las carillas
1 y 3; la primera pgina tiene, en su ngulo superior izquierdo, el
siguiente membrete impreso: "Vers et Prose 1 Revue trimestrielle de
Littratme 1 Administration: 1 15, Rue Racine, Pars"; papel sin fi
ligrana; interlnea: 5 a 6 mm. En buen estado. 221 x 139 mm. (Adjuntos a la carta, tres impresos de propaganda: una lista de abonados,
un boletn de suscripcin y un aviso relativo a rebajas para bonos de
dos o tres aos).

64(182)

Mi querido amigo:

[1 v.]

11

DE JOS EUSTASIO RIVERA


f. [1]

Estimado Maestro:
La admiracin y el canno que me ha inspirado hacia V. su
obra literaria, me animan a enviarle mi canto a Ricaurte, con la
splica de que se sirva darme su concepto sobre l, sin omitir, en
cuanto le sea posible y el asunto lo merezca, su apreciacin sobre el
conjunto y los detalles que le parezcan ms importantes.
Slo el vehemente deseo de conocer una opinin tan respetable
como la suya, que es a la par de la del Maestro, la del escritor ameri-

-124-

Abril 7. 1914
Bogot
(Colombia)

[ 2]

11

No recuerdo si le acus recibo del "Mirador de Prspero"; lo


que s me acuerdo es que lo he ledo con el deleite que su prosa
concede, y con la simpata apolnea y "argentina" que sus ideas
despiertan. Conoca los ms de esos trabajos, en ediciones dispersas, y
algunos de ellos haban llegado a interesarme sobremanera: entre
ellos el Bolvar, que me lleg en una publicacin de Costa Rica y 1/
en El Libro de Caracas. Yo estoy realizando ahora una publicacin
de documentos histricos, por m comentados, que le har remitir.
En el prlogo del tercer tomo, a propsito de nuestro federalismo, lo aludo a V d. - desde luego con toda mi simpata, aunque
censurando nuestras estriles polmicas y rivalidades. Har tambin
enviar el libro a Miranda, pues le interesar como autor de "Las
instrucciones del ao XIII".
Del "Mirador de Prspero" me ha interesado especialmente
lo que se refiere a Juan Carlos Gmez 11 y a nuestras letras. Apenas
se ahonda en nuestra historia, se ve que Vds. y nosotros somos un
solo pas, geogrfica y espiritualmente, aunque hay all quienes protestan. Yo estov ahora dictando en la Facultad de Filosofa y Letras de Buenos Aires un curso de "Historia de la Literatura Argentina". He necesitado crear la materia, corno lo ver Vd. por la
conferencia inaugural de la ctedra, que le remito. Habl el ao

-125-

[2v.]ll

pasado de la 11 poesa popular annima y de la gauchesca que de


ella se deriv. Estoy hablando este ao de los coloniales. Versar mi
curso de 1815 [sic: por 1915] sobre los proscriptos. En todos
los perodos muestro la unidad espiritual que formamos con el
Paraguay y el Uruguay. Mis lecciones se publicarn en Espaa.
Ser edicin de varios tomos.
Cada da me crece el anhelo y la necesidad de ir a visitarlo
en ~fontevideo. Le anticipo aqu mi abrazo cordialsimo.
Ricardo Rojas

Sarmiento 2514.
lVIs. (2 tarjetas de cartulina blanca); el texto ocupa las cuatro caras;
interlnea: 5 a 7 mm. En buen estado. 128 x 101 mm.

A P

N D

C E

-ACarta de Rod a Baldomero Sann Cano: 5 ( 124).

A partir del segundo prrafo, hasta que se interrumpe, este


borrador contiene el texto siguiente:
Sirvan las anteriores palabras para que V d. conceda su perdn a mi demo-ra en contestarle y alivie, en parte, slo en parte,
a los empleados de nuestros Correos del grave peso de la culpa
que hace gravitar sobre ellos solos; pues, en buena ley, la responsabilidad debe repartirse entre ellos y yo. La culpa de ellos se
limita a haber detenido en el camino mi [Link] remesa de libros,
en la que iban incluidas obras de los Sres. 1\iartnez Vigil, Comensoro, C ossio, Blixn y algn otro. Ha ce breves das le envi en otro
jJaquete (que supongo habr tenido mejor suerte que el primero)
una parte ck esas obras, y me jJmpongo obtener de nuevo las restantes para hacer lo mismo con ellas. Por lo pTonto, hoy le remito
un ejemplar de la comedia Primavera de Blixen.
Entre los libros que van en viaje para V d. est mi nuevo
opsculo sobre 'Rubn Dara' que acaba de salir de la impTenta.
Supongo que el tema ser interesante para V d., pues le tengo por
buen amigo del poeta de las 'Prosas profanas'. Hablando con l,
durante mi ltimo paseo a Buenos Aires, poco antes de alejarse
Dara para Europa, conversamos mucho sobre V d. y tuve ocasin
de oir de labios del poeta justicieros encomios. Tambin en Buenos Aires habl de V d. con su compatriota el joven escritor don
Dara Herrera, quien me infoTm del alto apTecio en que mereczdamente se le tiene a V d. en su pas.
N o desista, mi estimado amigo, del propsito de hacerm'e
conocer lo que se publique de literatura en esa culta Repblica.
No ntrocedamos ante las malas pasadas del Correo! - Los ejemf4ares de la 'Biblioteca Popular' que debo a su amabilidad, me
excitan a apetecer conocer ms . .. ".

-126-

-127-

-B-

czon que merece. El libro ha sabido imponerie por su propio


indiscutible mrito; no ciertamente porque concuerde con
tendencias arraigadas del gusto ni porque busqwe la pblica
estim:acin . .. "

Cartas de ]os Enrique Rod a Miguel de Unamuno:


9 (128) y 12 (131).

En la Exposicin de Rod ( 1947), se ofrecieron dos de las


copias autgrafas conservadas por el autor entre sus papeles. Luego, en 1952, recibimos del Prof. Manuel Garca Blanco -a quien
habamos remitido las fotografas de las cartas de Unamuno a
Rod- el microfilm de las cartas de Rod a Unamuno. El lector
ya conoce el texto de las dos copias referidas, correspondientes a
cartas del escritor uruguayo al espaol. Ahora estableceremos las variantes computables en los originales definitivos.

Cuarto prrafo:
a)

" ... hacen pensar en escrito11es del N arte . .. "

Quinto prrafo:
a)
b)

a Cunto deseo que aparezca lo ms pronto posible . .. "


a M e preocupa muy intensamente el problema ?'eligioso, y leo
con inters todo lo que espero . .. "

l. - Carta del 12 de octubre de 190 l.


Prrafo sexto y ss.:
Primer prrafo:
a)
b)
e)

a)
b)

Unamuno, y le da . .. "
<< no menos admirable por su significacin de acto moral,
como manifestacin . .. "
a para que los plcemes. . . desvanezcan . .. "
<<

e)

Segundo prrafo:
a)
b)

aLa lectura de esa oracin ya famosa, ha sugerido en el espritu . .. "


" ... para exponerla seran necesarias muchas pginas. Ellas
se resumiran en la aprobacin honda . .. ", etc.

-CCarta de fos Enrique Rod a Manuel Daz Rodrguez: 14 (133).

A rengln seguido se transcriben -fidedignamente- dos preciosos borradores complementarios, que al parecer fueron abandonados y deban entrar en la carta a partir del segundo prrafo,
despus de unas palabras sueltas sobre la favorable disposicin del
remitente para leer Sangre patricia. (Estos borradores -me permito subrayarlo-- completan y elucidan algunos aspectos de la
doctrina crtica discernible en Rod como intrprete del americanismo literario) :

2. - Carta del 20 de octubre de 1902.


Segundo prrafo:
a)
b)
e)

d)

" ... me interesara sobremanera e hiciese vibrar . .. "


" ... materia en que tengo de antiguo algunas opiniones . .. "
a . .. y aun anrquicos, que he sentido halagados a menudo
por el soplo franco, fresco y sutz1 que de las pginas le su
fuerte novela . .. "
" ... impresiones que llevaba dentro . .. "

ay esa predisposicin se convirti en verdadero inters en


cuanto hube ledo lo suficiente para darme cuenta del carcter o
ndole de su novela [<Sangre patricia'].
En efecto: siempre que me ha tocado dar juicio sobre la literatura americana contempornea, he insistido en que su defecto
radical y ms grave es su despreocupacin infantil respecto de toda
idea, dle todo sentimiento, de todo alto inters que afecten a las

Tercer prrafo:
a)

aPor lo que se refiere a mi labor, ella sigue ... "


" ... mis atenciones, que con harta frecuencia no son literarias
ni aun intelectuales . .. "
" ... algo impreso en libro u opsulo. - Perdn1eme la larga demora de esta carta. - Gracias y sinceros plcemes, de nuevo,
por su interesantsima obra. - Sabe V d. en cun alta estima le
tiene su amigo y admirador".

acamo desde hace algn tempo, son pocos los diarios y revistas espaoles que leo, no s si <Amor y Pedagoga' ha sido recibida por la crtica con el excepcional aplauso y la admira-

-129~

-128-

sociedades en que esa literatura se produce. Vive cultivando formas, sonidos y colores, y yo, que como el que ms gusto, en el arte
literario, de lo que es esencialmente arte; yo que uenero la forma,
el estilo, y 11 me deleito en el color, no por eso limito mi concepto
de la literatura a lo que en ella hay de desinteresado, de asimilable
al juego -como del arte opina Spencer-; sino que_ he credo
siempre en su trascendencia social, en lo que tiene de propaganda
de ideas, de eficaz instrumento de labor civilizadora. -V ea !"d. po~
qu su novela atrajo, sin la necesidad de leer muchas pgmas, m1
atencin. Como el protagonista de ella, me inclino, cada vez ms,
a mirar con cierto desvo lo que en el arte de la pluma (son sus
propias palabras) <no imprime influencia, no seala rumbos ni
ejerce una accin profunda y vlida en el inters social''.
Y V d. ha acertado a elegir un objeto de estudio que frece
real y hondo inters; se ha fijado V d. en el caso psicolgico que
por lo que tiene de significativo y sugestivo, poT lo que revela del
estado de alma de estas sociedades, por lo que hace 11 pensar en
cosas que importan mucho a su porvenir y a su destino histrico,
se basta para dar a la novela el carcter de un estudio social oportunsimo, que se refiere a nuestra palpitante realidad y no a la
observacin de reflejo. Es, en este sentido, obra genuinamente americana.
Porque el americanismo, en la novela, y en general en la
literatura, se ha entendido hasta ahora de una manera asaz restricta: se ha limitado por lo general el c_oncepto que de l se tiene, a
la pintura de nuestra naturaleza, o a la de las costumbres de la
vida campestre, que es la que ha tenido hasta ahom sello caracterstico y distinto, o a las tradiciones de nuestros 11 tiempos primitivos y heroicos. Toda eso ha sido, sin duda, lo ms rico de oTiginalidad y de color, en lo que genuinamente podamos considerar
como nuestro. Pero la observacin de la vida civilizada y culta en
los centros urbanos empieza ya a ofrecer tambin motivos de inters, que no son simple reproduccin, o reduccin, de los que presenta la vida europea, a cuyo ejemplo nos modelamos. El observador sagaz sorprender mucho de caracterstico, de propio, en los
estados de alma de estas sociedades si las estudia en sus clases dirigentes. Precisamente esa fuerza imperiosa de la imitacin de lo europeo, qu~ tanto nos determina por lo inadaptable de ella, en
mucha parte, a las condiciones del medio, crea circunstancias nuevas, hechos, seniimientos que sera lamentable dejar pasar sin la
1
definitiva del arte.
1 Hay un pequeo claro en el original, que aqu se reproduce y deba
llenarse con un substantivo femenino: intuicin o traslacin, etc. (R. I.).

-130-

Cuando su protagonista de V d. se ptegunta si sus males no


provienen del mal general <de estos pueblos nuevos que han quetido alcanzar de un salto la cultura europea, a que otms han llegado despus de muchos siglos', pone la mano sobre el rasgo maestro de la psicologa de estas sociedades: rasgo que yo no calificara
absolutamente de mal -pero que explica, sin duda, al par de muchas ventajas, muchos inconvenientes que nos hemos puesto en el
camino, y que yo creo que lograremos vencer-, justificndose
entonces, y glorificndose, esta nuestra prematura audacia y la altivez de nuestras aspiraciones. Como quiera 11 que sea, ese catcter de nuestra fisonoma social ofrece hondo inters y encierra en
s copiosa sustancia novelable. Buena demostracin de ello es, entTe otras, su libro.
El estado de alma de su hroe, o mejor sus es-tados de alma
-su decepcin, su tentativa de regeneracin, su decepcin nueva
'V ms amaraa,- interesan, resumen una situacin moral a que
quiz no mt~chos de nuestros intelectuales (como hoy dicen) podtn no reconocerse absolutamente ajenos, quiz, ninguno de . .. "
Borradores ms, inconclusos. (Un pliego de dos hojas; y una hoja suel
ta). El texto ocupa todas las carillas. - El pliego consis~e ,en una citacin
de la Cmara de Representantes, hecha por [Samuel] Bl~en y fechada ~1
4/II/903. Int. 6 a 9 mm. Con fil. En mal estado. 219 x 13/ mm. -La hoja
suelta es en rigor la mitad de un folio. Int. 4 a 6 mm. Sin fil. En buen
estado. 174 x 124 mm.

-DCarta de ]os Enrique Rod a Pedro Henrquez Utea: 18 (137).

Si se compara el borrador transcripto con el original publicado en el "Epistolario" de Rod que edit Hugo D. Barbagelata
(Pars-Buenos Aires, Agencia General de Librera, 1921, pgs. 4 2
y 43), se observarn distintas variantes.
Primer prrafo:
a)
b)
e)
d)

u Agradzcole su libro y su juicio porque revelan un espritu


levantado . .. "
u . en cada una de las pginas de su obra . .. "
Me agradan la solidez y ecuanimidad de su criterio ... "
uy me complace reconocet, entre su espritu y el mo, ms de
una ntima afinidad y ms de una estrecha simpata de ideas".

-131-

Segundo prrafo:

a)

" ... Francisco Garca Caldern, muy semejante a V d. en tendencias, mritos y caracteres de pensamiento y estilo, y en quien
tambin ... "
Tercer prrafo:

a)

" ... Nombraron Prncipe de los Poetas a Paul Fort, y en el


Heraldo le di unas bromas; pero sin negar la belleza de sus bala" das. -'De fijo no le conoce usted', me escribe annimamente un
" aparisinado vaporoso. S, ma chere; lee esta carta, fechada el 20
"de Junio de 1905: - A M onsieur Luis Bonafoux. - M onsieur,
<< Plusieur amis des lettres et de notre recueil de haute littra<< ture, <Vers et Prose', vous conseil!ent de vous mettre au courant
<< de cette omvre a laquelle ils ont pens que vous pourriez aussi vous
<< intresser. N ous avons l' honneuT de vous faire parvenT en
a mme temps que cette lettre, le pTemier tome de <Vers et Prose'.
a N ous serions tres heureux, 1\1 onsieuT, que notre effort vous inte<< Tesst en effet et VOUS parut ncessaTe a Une poque OU n'exste
<<plus aucune revue, aucun recueil qui soit uniquem'8nt consaCT a
a la plus noble part des Lettres franr;aises: le lyrisme en pTOse et
a en posie. C'est pour combler cette !acune que nous avons ena trepris avec poetes dont vous verrez les noms au Sommaire << 1\11 aurice M aeterlinck, Emile Verhaeren, H enri de Rgnier, Jean
a M oreas, Francis Viel-Griffin, etc. et qui sont des meilleurs
(( de ce temps, l' a;uvre a laque!le nous vous prions de vouloir bien
a accorder votre sympathie. Dans l'espoir de recevor de vous
a une rponse bienveillante, permettez-moi, 1\1 onsieur, de vous faire
<< agreer l'expression de nos sentiments les plus distngus. Paul
<< F ort. Si yo conozco mucha gente! Lo que hay es que ando
" de incgnito. . . - Luis Bonafoux.".
a

" ... que mantenga vivo en su alma ese noble y desinteresado


amor por las letras y por toda alta idealidad, que hoy mueve
su pluma;. que no abdique en su vida de la generosa y simptica elevacin de su juventud".
Cuarto prrafo:

a)

definido nueve o diez aos antes, en 1905, cuando se fund "Vers


et prose". Permite documentarlo la tercera y ltima parte de una
Crnica de Luis Bonafoux, publicada en Ariel / Revista de arte
libre" -dirigida por Alejandro Sux-, N 9 2, Pars, diciembre de
1912, pgs. 14 y 15:

" ... y reciba, con mis votos por el triunfo de su primera obra
["Ensayos CTticosJJ], un amistoso shake-and de su [Link] . .. "

-ECarta de Rod a Francisco Garca Caldern: 19 ( 138)


Desde luego, el texto que se ofrece es un borrador avanzado
de la carta, no la carta misma. Conviene subrayarlo porque Rod,
seguramente, elimin en el original despachado el post-scrptum. En
efecto, nada public en "La Razn" acerca del folleto referido
( "Menndez Pidal y la cultura espaola"), aunque pensase hacerlo
y diese el propsito por cumplido al agregar aquellos renglones a
la carta. Luego, para no demorarla ms, debi de suprimirlos, repito. El hallazgo del original -si se conserva- permitir algn
da verificar el aserto.
Corresponde anotar algo ms. Rod no pudo recibir antes
del 29 de junio de 1906 la carta de Garca Caldern que origina
su respuesta (como lo prueba el matasellos estampado en el sobre
de la misma). Sin embargo, en el borrador pone una fecha, "28
de Junio ... ", que cabe explicar, no por el designio de anticipar
la data, sino por la confusin de aquel mes con el siguiente.

-FCarta de Paul Fort a ]os Enrique Rod: 63 (181)


Como se dijo en la Noticia previa, la pgina del poeta francs al prosista uruguayo era reproduccin casi cabal de un clis
132-

-133-

CARTAS A
DELMIRA AGUSTINI

NOTICIA PREVIA
A vuelo de pjaro
Las dieciocho unidades que siguen -siete del todo inditas,
tres slo en parte y ocho vlidas virtualmente como pginas olvidadas en peridicos de hace medio siglo-- consisten :en cartas dirigidas a Delmira Agustini -menos una, la de Acevedo Daz- y
relacionadas con su obra: ocho con <<El Libro Blanco", M antevdeo, O. M. Bertan [diciembre de] 1907; tres con cantos de la
}faana", Jvfontevideo, O. lv.f. Bertani, [enero de] 1910; una, al
par, con los dos libros citados; y dos -de hecho-- con aLos Clices Vacos'', Montevideo, O. M. Bertani, [fines de abril de] 1913.
(Cuatro, en cambio, son de orden ms bien privado: las dos de
ivfara Eugenia, tan genuinas en su fluencia coloquial -con esa
estupenda invitacin a rerse agarrando para la farra las mutuas
liras"- y la segunda y la tercera de Roberto d.'e las Carreras, tan
genuinas tambin dentro de su engolado lirismo y en sus arrestos de
fervoroso madrigal).
Si se dejan a un lado las cartas de Dara (reservadas para la
prxima entrega de "Fuentes") y se agrega el artculo de Barrett, publicado en La Razn" del 28 de marzo de 1910 y recogido en el
libro del mismo escritor, Al margen", 1\-1ontevideo, O. Jvf. Bertani, 1912, el conjunto resultante incluye (con una excepcin, elegida para ilustrar el tono genrico de las voces menores) lo ms
significativo de los juicios que dedicaron a la poetisa sus ms prximos contemporneos. Y parece indiscutible el inters literario,
crtico e histrico de esos juicios epistolares: entre los que descuellan el de Carlos Vaz Ferreira, intuicin primera y proftica del
genio de Delmira; el de Unamuno, denso y acertador; el de Reyles,
con un par de admirables precisiones; el de Roberto de las 'Carteras
en la carta ltima, testimonio dmmtico de un esptitu en quiebra;
el de Samuel Blixen, que endulza la reprimenda petsonal con 'el
aplauso literario o hace del aplauso el vehculo de la reprimenda
-dualidad invisible en el extracto conocido-; y el de Eduardo
Ace'vedo Daz, si frondoso y acomodado a una perspectiva ya superada, eco insigne y casi inmediato de la tragedia que puso trmino .a la vida de la Agustini.

-137--

Las cartas inditas del todo o en parte


Como se dice ms arriba, siete de esas dieciocho cartas son
del todo inditas: las dos de 1\fara Eugenia, la primera de Santn
C. Rossi, las tres ltimas de Roberto de las Carreras y la nica
de Barrett, anuncio de la excelente pgina publicada en ((La Razn".
Tres cartas ms -cabe reiterado asimismo- son en su mayor
parte inditas: la de H enera y Reissig, la d!e Blixen y la de U namuna. Fue la destinataria, desde luego, quien dio extractos de las
tres: unas palabras de Herrera en los ] uicios crticos" incorporados como apndice a ((Los Clices Vacos" -1913-; algunas frases de Blixen -cautelosamente escogidas y dispuestas con excesiva
libertadr- en el mismo apndice y antes an en las Opiniones
sobre la poetisa" agregadas a Cantos de la 1lfaana" -1910(Blixen haba muerto el 22 de mayo de 1909); varios fragmentos
de Unamuno, que no importan siquiera la mitad de la carta, en
el citado apndice de Los Clices Vacos" y, previamente, en
aLa Razn", del 201V j910.
Hay se ofrece por primera vez el texto completo de las tres
cartas. (Respecto a la H enem y Reissig -una tarjeta, en rigorparece oportuno apuntar que .Julio no despach nunca esas palabras
sobre ((El Libro Blanco", escritas a pn'ncipios die 1908; fue su
viuda, ]ulieta de la Fuente, quien las hizo llegar cinco aos despus, en los corzienzos de 1913, a manos de la poetisa. Delmira,
que contaba a Herrera entre sus poetas predz1ectos, se desrumbt
con aquella especie de mensaje pstumo; e hizo conocer unas lneas
-ya clebres- en las ltimas pginas de aLos Clices Vacos'').

tambin extractos de las seis primeras y de tres ms ya invocadas


-las de Herrera, Blixen y Unamuno-, entre las dieciocho reunidas en este volumen para los citados ajJndices de sus libros. Utiliz de esa manera Delmira las cartas anteriores a 1910 -exceptuada la de Herrera- en acantos de la lvfaana"; y esas mismas
cartas, igual que las de Herrera, Unamuno y Ugarte, en Los
Clices Vacos". (En sntesis -computando ahora otras unidades
-puede anotarse que la poetisa recogi veinticinco opiniones en
el tomito de 1910 y cuarenta en el de 1913. Sus familiares, en la
edicin pstuma hecha en 1924 por 1\1aximino Garca, las reprodujeron casi todas, por lo comn abrevindolas, y aadieron poco:
unas lneas de las citadas cartas de Rueda y de Acevedo Daz;
dos palabras de Rod y algunas de Nervo pertenecientes a sendas
dedicatorias; y trozos de juicios suscritos por Alfonsina Storni, Zum
Felde, Gallina! y otros).
Sobre los extractos de Delmira

Ocho son las cartas que se publicaron completas en los diarios


montevideanos de hace medio siglo: la de Carlos Vaz Ferreira, en
aLa Tribuna Popular", 91Illj908; la de Carlos Reyles, en ((El
Da", 11 IV 1908; la primera de Roberto de las Carreras, en ((El
Da", 15 lVII 1908; la segunda de Santn C. Rossi, en aEl Da",
311 VIII 1908; la de V illaespesa, en La Razn, 51 VIII j 909; la
de Ugarte, en aLa Razn", 7 jlVI910; la de Rueda, en La Razn", 51VI913; la de Eduardo Acevec4o Daz, en La Razn",
191IXj914.
Dichas cartas, salvo la ltima dirigida a Lorenzo Vicens Thievent y posterior en pocas semanas a la muerte de la poetisa, fueron facilitadas a la prensa por la propia destinataria, quien hizo

De estas cartas, pues, desglos la poetisa frases o prrafos siempre entusiastas o elogiosos. (Claro que tambin el elogio supone
acierto crtico si no responde a intempemncia, condescendencia o
clculo y se explaya como atributo de lucidez y ecuanimidad).
Ahora bien, por afn de economa y de eficacia, la poetisa en
cuatro o cinco ocasiones procedi a la adaptacin de ciertos pasajes, como se especifica en las notas. La tarjeta de Herrera y Reissig, por ejemplo, estaba redactada en tercera persona, lo que haca
incmoda la perseguida transcripcin parcial. Delmira, entonces, al
escoger unas palabras (a . .. se complace en ofrendar . .. ", etc.), puso
el verbo inicial en primera persona (a . .. M e complazco en ofrendar . .. ", etc.). Los trozos apartados de otra carta, la de Vaz Ferreira, sealan dos variantes ( vanse las notas respectivas): una,
de mera sntesis; y otra, ms trascendente, que no se registra en el
texto de aLa Tribuna Popular", pero pudo ser decidida o consentida por el autor, a quien Delmira vea con frecuencia. La carta
de Unamuno, por su lado, fue publicada en La Razn" y en los
nombrados apndices con abundantes cortes, que en algunos momientos le dan estructura de telegrama. (As, adems de caractersticas e importantes digresiones, se eliminan reparos y hasta
una simple referencia a Mara Eugenia). La carta J.e Blixen, pot
fin, result paciente de un tratamiento an ms libre, como lo
anticip ya y lo aclaro con una larga nota ms adelante.

-138-

-139.-

Las cartas anticipadas en publicaciones


peridicas.

Las frrecedentes puntualizaciones contribuyen siquiera en forma mnima a esclarecer el natural de Delmira Agustini. Sin mengua de la simpata y la admiracin que se le deben.

En suma: esta pequea seleccin de cartas a Delmira Agustzm divulga varias inditas) da el texto completo de otras hasta
hoy conocidas slo en parte y agrega unas cuantas virtualmente
olvidadas en los peridicos de la poca.

R. l.

~-140.--'

ADVERTENCIA

Segn lo aclarado en la "Noticia previa",


nueve de las dieciocho cartas presentes originaron extractos hechos por la propia Delmira para
el apndice de "Cantos de la Maana" (1910
pgs 39 y ss.) y de "Los Clices V acios" (1913,
pginas finales del volumen).
Hemos puesto en bastardilla, dentro del texto
correspondiente a esas nueve cartas, los pasajes
utilizados por la poetisa; y en redonda, los que
ella omiti o juzg preferible postergar.
(Desde luego, se aclaran con notas los casos de palabras ya subrayadas en los originales,
salvo cuando consisten en voces extranjeras).

-141-

DE 1v1ARA EUGENIA VAZ FERREIRA

[I]
Querida Delmira
He ido a su casa y no la he encontrado -est en Sayago? Si
tuviera las seas tal vez le hara una visita.
Le escribo porque hace tiempo me ha encargado Carlos que
le diga que tiene toda la intencin de escribirle, nicamente quej j
f. [1 v.] 11 l no tiene hbito de hacer juicios literarios, y quin sabe si la forma
en que l le exprese su elogiosa opinin ser publicable. Cumplo
con el recado y le pido disculpa por no haber cumplido todava
con Vd. 1
Reciba muchos afectos, y para su mam de

f. [1]

MARIA EuGENIA

[Enero o febrero de 1908]


Ms. (una hoja); el texto ocupa ambas carillas; papel rayado, sin filigrana; interlnea: 7 mm. En buen estado. 177 x 109 mm.

[II]
f. [2

v.J

Querida Delmira
Le mando ese otro retrato de mi prima 1htilde Ribeiro, en
que me parece ms parecida y es el que U d. vio en La Razn.
Mam sigue enfern1a y creo que ser cosa de tiempo; hgase
alguna escapada, con eso nos reimos agarrando para la farra las
mutuas liras.
Recuerdos a su mam y la abraza
MARIA EuGENIA

[Fines de agosto de 1909]


Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa la ltima carilla; papel
rayado, sin filigrana; interlnea: 5 mm. En buen estado. 171 x 112 mm.

DE CARLOS VAZ FERREIRA


f. [1]

Sta. Delmira Agustini:


Recib su carta, motivada sin duda por la noticia que haba
llegado a Ud. de que sus versos me haban impresionado fuertemente. Pero es grande su error: mi "pluma" se ha disciplinado de

-143-

f. [2]

11

f. [3]

11

f. [4] //

f. [5]

11

tal manera trazando esquemas abstractos, que no sabra hacer


"rasgos"; y lo nico que podr es consignar con tanta inexperiencia
como buena fe esa impresin literaria sincera. La cual tendr, sin
embargo, cierto valor, por esa sinceridad misma y por otra causa:
en recompensa por haber matado [a] un poeta malsimo que haba
en m, las divinidades que presiden estas cosas (sera fcil encontrar
una explicacin menos mito/ /lgica de todo ello) me dieron un
gust? en que puede Ud. tener alguna confianza, y la capacidad de
sent1r la belleza y la originalidad en todas las formas y dentro de
todas las escuelas o tendencias literarias. De modo que lo nico
q~e necesito para sentir y admirar, es que el art~sta tenga eso que
VIctor Hugo, no sabiendo como llamarlo, lo llamaba precisamente
1
[Link] : "cela"; y, como mejor explicacin, haca listas de poetas que
tienen y de poetas que no tienen cela. Yo, que doy a ese demostrativo una extensin todava ms amplia, tendra que hacer lo mismo
para nuestro medio. He ensavado , v, realmente es laraa
la lista '
b
que pre~iero no reproducir por temor a algn olvido j j injusto.
Ahora bien: puedo asegurarle que U d. tiene cela, y que es poeta;
pero, entendmonos: no como "promesa", ni como "esperanza";
sino d' ores et dja: plenamente.
Y, ante todo, claro es que no la juzgo con criterio relativo.
Si hubiera de apreciarla con ese criterio, teniendo en cuenta su
edad, su sexo, los paralelos que puede haber odo entre los Pocitos
y la Playa de Ramrez, y, en las grandes ocasiones, entre la Manon
de Puccini y la de .Massenet, entonces dira que su libro es, simplemente, un milagro. 2 Si Ud. tuviera algn respeto por las leyes de
la psicologa, ciencia muy seria que yo enseo, no debera ser
capaz, no j j precisamente de escribir, sino de entender 3 su libro.
Como ha llegado U d., sea a saber, sea a sentir lo que ha puesto en
ciertas poesas suyas, como a Por campos de ensueo'', aLa sed)) (!),
(Ta estatua)) (!!), aLa siembra)), ai~1is dolos)) (!), o en un soneto
absolutamente sorprendente que est, sin ttulo, en la pg. 41 \ es
algo compeetamente inexplicable. Pero quiero hablar slo del valor
de su libro por s y en s mismo, con prescindencia de ese misterio
psicolgico. Es secundario para m que haya en l cierta desigualdad (que por lo dems se observa en casi todos los poetas cuva
excelencia no est en la pura forma), que alguna vez sea, la exp;esin, no absolutamente clara, y que su versi-/ jficacin no sea muv
severa. Confieso que en cuanto a esto ltimo, por ejemplo (m~
refiero a ciertas contracciones o hiatos violentos, no a convencionalismos sobre orden de consonantes u otros) m( gusto es exigente,
no en el plano inferior de los retricos, sino en otro ms elevado.
Pero Ud. corregir eso cuando le parezca; o no lo corregir, si ello

-144-

'

f. [6] //

f. [7]

11

f. [8]

11

f. [9]

11

estorba a su temperamento, o si un esfuerzo en tal sentido hubierq


de costarle aunque fuera la ms leve porcin de su expresin personal o de su franca y fuerte espontaneidad. Todo lo que acabo
de escribir, no existe, y lo borrara si no fuera porque puede contribuir a confirmarle la sinceridad de mi elogio.
Entre los caracteres sorprendentes de j j su libro, tal vez lo sea
ms que todos, ste: que U d. no imita en absoluto. Quiz, como
lo hace naturalmente, no sepa Ud. misma lo que significa no imitar
a nada ni a nadie en un primer libro: puede medirlo pensando que
hasta escritores de la fuerza y altura de Rubn Daro, empezaron
por ser, y durante no muy corto tiempo, imitadores (a ste, on la
lui a bien rendue); que lo fue, y en no muy pequeo grado, hasta
un Guerra Junqueiro. Hay en las poesas de Ud., como en las de
casi todos los verdaderos poetas, elementos de todas las escuelas; y
esto, subrayemos bien, no porque Ud. los tome de todas las escuelas,
sino porque las escuelas mismas, precisamente, no son ms que
unilatera-l jlizaciones de esos elementos que la inspiracin no artificializada produce rica, armnica y variadamente, sin perjuicio del
'personal sello, en su natural espontaneidad. (Un parntesis sobre
imitacin: entre la generacin de poetas jvenes, muchos imitan,
y, muy sinceramente, lo ignoran. Y ello ocurre a causa de un fenmeno literario muy curioso, que ya ha tenido lugar en otras pocas.
Cuando leemos producciones del tiempo de nuestro romanticismo
potico, nos llama la atencin una cosa: casi todas se parecan, salvo
cuando se trataba de espritus muy originales; y con sorpresa nos
preguntamos cmo aquellos autores no se daban cuenta del hecho.
Y es que no pensamos que ellos no se/ j comparaban unos con
otros, ni con sus modelos entonces modernos, sino con otra escuela
de poesa anterior, por ejemplo: con el clasicismo buclico, con un
pasado respecto al cual eran, efectivamente, nuevos y originales.
Por igual razn, exactamente, aunque entre los poetas de hoy haya
algunos poco originales, aunque la imitacin de unos por otros se
repita hasta resultar reflejo de reflejos, luz cinrea, -ellos no se
comparan entre s, ni a sus modelos inmediatos, sino a viejas tendencias con respecto a las cuales son verdaderamente originales;
y no ven bien que, en estos tiempos Nietzschianos y Dariescos, el
infaltable elogio del paganismo, las duquesas de Trianon, las/ j
ojeras, y, en la tcnica, el verso mal medido a propsito, representan lo mismo que, en aquellos tiempos Quintanescos y Esproncedianos, las odas patriticas, el inevitable canto "a la mujer cada",
o las rimas en oria. 4 bis Y, justamente a causa de esto, el pblico, y la
crtica superficial, o injusta, o poco informada, confunden a esos
"modernos", con los verdaderamente originales, e ignora[n J la in-

-145-

f. [10]

f. [11]

11

11

f. [12] //

f. [13] //

mensa cantidad de talento que hay en esta generacin nueva, a la que


yo, por mi parte, sigo con tanta simpata en su brioso y creo que muy
fecundo esfuerzo artstico. Lo nico que lamento, es- que, por lo
general, no concentran 5 su produccin. Sin perjuicio del vino fresco
/ y abundante, producido y consumido au jour le jour) deberan
dejar una parte a ferinentar. De este mal, creo que la prensa ...
claudatur!).
Su poesa est pensada y sentida en profundidad 6 ) lo que es un
poco difcil de explicar: hay un tipo de arte cuyas manifestaciones)
que pueden por lo dems ser bellsimas) se agotan en 1a primera
percepcin; y otro tipo de arte que se puede ahontAar. La poesa
de U d. tiene) en un grado excepcional) esta cualidad) y) en las
sucesivas lecturas) se va enriqueciendo con una armona frrofunda
de resonancias intelectuales y afectivas. Siempre he credo que este
es el tipo ms elevado de arte. De// orden muy elevado e~, tambin, cierta ausencia de pruderie; un toque de esa cualidad, rara
en las mujeres, que forma uno de los ms nobles encantos de las
poesas de Ada Negri. Y, sobre todo) es impresionante la insustituibilidad 7 de sus poesas; quiero decir) que el lector est seguro de
que algn otro) puesto en la misma situacin de escuela y de momento) no las hubiera escrito en lugar de Ud. 8 Note bien que esto,
que parece muy vulgar, no se puede decir de la mayor parte de
lo que se escribe. Pero noto que estoy empezando a hacer lo que no
quiero ni s: soy incapaz de escribir una crtica literaria. Puedo,
en una clase, ante mis discpulos, o/ en una librera con un amigo,
hacer sentir 9 un libro; tomar, por ejemplo, el suyo, y mostrar todo
lo que hay en las poesas que ya cit, o en otras muchas como "Rebelin", "El Poeta y la Diosa" (el fin de esta poesa es la verdad suprema en arte), "El Austero", "Racha de Cumbres", trozos de "Al
vuelo" y de "Variaciones", "Flores vagas" (en realidad, estoy citando un poco al azar) , y casi toda la "Orla Rosa" del fin del libro.
Sera capaz de hacer sentir a cualquiera su fuerza potica, en una
sola estrofa, como la segunda de la poesa "De mi numen a la
muerte", o, simplemente, en este Yerso slo: "El capullo azulado
y ardiente de una estrella". Pero si / procurara escribir todo eso,
me resultara una enumeracin didctica y fra. Ya vengo notando
que mi estilo tom alguna vez cierto giro docente: son reflejos profesorales. No tengo, en arte, ni la autoridad, que violenta la creencia, ni el estilo, que violenta la simpata. Pero puede Ud. estar segura
de que alguien que tenga todo eso, acabar por decirle lo que yo le
digo, en forma que se imponga. Y yo tendr el placer de habrselo
dicho primero.

-146-

f. [14] //

P.D.: Despus de escrita esta carta, han aparecido juicios sob;e


su libro, algunos de los cuales, unidos al de su prologuista, -que
escribe unos cuentos// muy simpticos y originales- van haciendo
el mo cada vez ms intil. Se lo envo, con todo, por la razn
egosta de darme un placer. Si yo tuviera un gran talento crtico,
lo empleara todo entero en hacer elogios justos.
CARLOS

V AZ

FERREIRA

[:tviarzo de 1908]
1\<Is. (siete pliegos de dos hojas cada uno, numerados de 1 a 7); el
texto -de un amanuense, pero corregido y firmado por el autorocupa la primera y tercera carilla de cada pliego; papel rayado, sin
filigrana; interlnea: 6 a 7 mm. En buen estado. 217 x 137 mm.

DE JULIO HERRERA Y REISSIG


Enero 23 de [1]908. - julio Herrera y Reissig / Director de
(La Nueva Atlntida) / Revista de Altos Estudios. Agradecido
la exquisita benevolencia de la seorita Delmira Agustini, se complace en ofrendar un manojo de rosas triunfales, en // el hosan[n]a
unnime que glorifica la frente pagana de la Nueva Musa de
Amrica a quien A polo, Euterpe, Polymnia y sus nueve [sic]
Hermanas griegas sean propicias, para las futuras vendimias primaveriles de su Arte, lleno de la ingenua gracia de Diana y con
los esbeltos ritmos de Hermafrodito, joven efebo. S. S. B. Aires

N9 124.

Ms. (Tarjeta de visita). El texto -en que el nombre del remitente


y su ttulo estn impresos- ocupa las dos caras de la cartulina; interlnea: 4 a 5 mm.; en buen estado. 76 x 119 mm. Sobre adjunto.
("La Nueva Atlntida" ya haba cesado con el segundo nmero, fe
chado en junio del ao anterior).

DE CARLOS REYLES
f. [1]

"Cabaa Reyles" Mayo 11/1908


Seorita
Antes de afrontar de nuevo las prfidas ondas, en perseguimiento de mi dulce enemiga, la casquivana literatura \ quiero agradecer como cumple "El Libro Blanco", que ha tenido Ud. la gentileza de enviarme.
Sus versos porque son sentidos) porque son sinceros) porque son
personales, traducen el ritmo de una alma rica de emocin y
armona. Los cisnes de su lago potico son verdaderos. Una deidad

-147-

f. [2]

11

benigna le ha hecho a U d. el inapreciable don de ponerle en 11


el odo una infalible conciencia, dndole adems la ciencia encantada del adjetivo y la imagen. Sea verdica ~, interprete con uncin
religiosa las internas melodas y su voz ser un canto.
Reciba el modesto, pero franco tributo de mi admiracin
c. REYLES

curva la curva de sus Cantos, conteniendo sus manos la Lira como


el, c~razn ~e _la Esperanza; yo la percibo as insurgiendo bajo los
por~zcos relzgzosamente be!los de la trmula Atenas, frente a la
ebnedad de las horas, baJo el nimbo de las serenidades extraas,
opn'miendo con el soszego de la planta invencible la fidelidad de
la tierra! . ..
RoBERTO DE LAS CARRERAs "
[Julio 1908]

Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas impares; en el


ngulo superior izquierdo de la primera, hay un monograma impreso
en caracteres rojos y en relieve; papel sin filigrana; interlnea: 7 a
9 mm. En buen estado. 180 x 133 mm. Sobre adjunto, con la direccin
impresa en el reverso: Cabaa Reyles 1 Melilla 1 Montevideo.

l\1s. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa la primera y tercera planas; papel rayado, con filigrana; interlnea: 6 mm. En buen estado.
349 x 227 mm.

DE ROBERTO DE LAS CARRERA.S

[IJ

[II]

A Delmira Agustini

f. [2]

f. [1]

f. [2]

Poetisa centelleante:

11

JI e sido presa de la dicha de agasajar los sueos que han


volado de sus pginas, aplanando sus alas de mariposas de terciopelo
en las corolas balanceantes de los ntimos jardines . ..
Admiro tanto como la gracia de sus liblulas que han trado
a mis labios la miel de su corazn )' en la ufana en que me ha
fJrecipitado su gesto de guirnalda armnica con mis suspirados
momentos, redo un polvo de oTo emblemtico, admiTo tanto como
su luz, su miel y su color, la fluidez die la Poetisa que apaTece en
el Prtico, la sien alumbrada por el Verbo; la mirada cegada por
la divina alucinacin interior; por el andar en su espritu de los
Cielos; la crencha 2 suavemente olvidada en las esfumaduras de un
ritmo vago, de una contemplacin etrea, die un arcano sentimental,
de una fugacidad 3 y una blandura de ala; admiro tanto como su
luz, como su miel de musicales amores, la rosa ensea de su deleitoso
afn, de la vida gentil que es toda ella a como una boca en flor"
ms que prendida desprendida, pronta a exhalarse como su propio
perfume_, con no s qu vuelco alado en sus ptalos, tejida as por
el capricho de un desjJertar en el regazo de las tibiezas mod;uladoras; dejada caer, homenaje de un Ensueo, a la Iniciada vehemente!
Y o percibo a la hija de Calo/Je, as rendida a los altos mirajes;
ceida por los /Jresentidos mirtos que de la propia sien han brotado;
llevando como huella la clmide desplegada_; con la visin exttica,
llamada por un aroma extremo de la idealidad invisible, su 11 belleza enternecida, ablandada por el leo de los ritmos, siendo su

-148-

No puedo llegar todava, en homenaje, junto a la Clmide


a causa de que mi poema no ha exhalado su ltima queja ...
Yo no puedo llegar ante la Clmide sino dorado por los ritmos;
yo debo ser el Ritmo mismo!
f. [1 v.] 11
Quiera, pues, la 11 ms gentil y la ms sonreida de las esperas
s~r un da ms, no con la lasitud del tallo de rosa que se quebranta
sm~ con la resonancia de la nota que se distiende al partir de
la "T arre Azul. . . " 1
f. [2 v.] 11
::tvfaana, las estrellas que para vuestra alma v la ma 11 slo
florecen. . . os anunciarn mi llegada. . . Que vu~stros ritmo~ ms
escondidos, ms hondos, luzcan entonces entraablemente para m!
Que yo sea de todos vuestros sueos !
RoBERTO

DE

LAS CARRERAS

[Julio o agosto de 1908]


Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las carillas tercera, segunda
y cuarta, sucesivamente; en la mitad izquierda de la primera plana,
hay un grabado que representa un busto de mujer con sombrero y
flores; papel sin filigrana; interlnea: 10 a 12 mm. En buen estado.
131 x 171 mm. Sobre adjunto.

[III]
f. [2

v.]

Oh sexo deslumbrador el de sus imgenes, el de sus frases


todas! . . . Su ingenio de diamante ha hendido mi broquel y como
una guila prisionera me castiga la Inquietud ...

-149-

He concitado las imgenes al son de las Trompetas herldicas


f. [1 v.j 11 de los llamean tes devaneos, he dejado j j correr esas imgenes como
sangre de la herida preciosa hecha por su ingenio. . . La Hija
de Ceres me parece un nombre en el mundo de las id oh tras .. .
As a lo menos me ha sido dictado por el irresistible batir de alas .. .
f. [2] 11
Hada o Castellana del Capitel de Plata, el Trovador no// partir sin verla aunque sea slo de lejos ... en su Capitel ... esta gracia
no le ser negada o romper la Lira a que ha enseado su nombre. . . Solicita breve respuesta a cambio del poema que le ofrendar ...
Algo humano existir puede que se oponga a un divino quef. [1] j j
rer?/ 1 Tiende a sus plantas la Lira
RoBERTO DE LAS CARRERAS

f. [2] //

[Agosto o setiembre de 1908]


Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto, dispuesto en sentido inverso,
ocupa sucesivamente las carillas cuarta, segunda, tercera y primera
(en esta ltima, donde la escritura se reduce a tres lneas, hay, sobre
la mitad izquierda, un grabado que representa un busto de mujer con
sombrero y flores -distinto al de la carta precedente-); papel sin
filigrana; interlnea: 10 mm. En buen estado. 131 x 171 mm. Sobre
adjunto.

[IV]
f. [1]

La intensa realidad de un sueo lgubre


Puso en mis manos tu cabeza muerta
Yo la apresaba como torvo buitre
Y con ms alma que en la Vida trmula
Le sonrea como nadie nunca ...
Era tan ma tu cabeza muerta!
Hoy alcanzo en la Vida, suave, impvida,
Como un triunfo estatuario tu cabeza. . . 1 j 1

Sublime Poetisa
He sentido con fruicin casi desconocida en mi corazn volcndose vuestro hechizo ... No obstante mucho debo protestar en esta
ocasin privada contra el desdn lucido por vos para con vuestras
bellezas ante los ojos que os rinden vasallaje, contritos, suavemente
consternados de admiracin . . . Sois la ingrata de vos misma, la
ingrata de vuestros dones llorosos por vuestros desaires. . . Junto
a un verso magnfico, junto a un hallazgo alucinante de vuestra
audacia, junto a un verso vibrado del Arco de vuestro corazn
poderosamente tenso os abandonis en la pereza nada oriental de
un estupendo ripio! Mi admiracin, mi amor por vuestras bellezas (que en fuerza de mi amor por ellas son mas) pueden acaso
perdonaros el descuido con que las profanis?. . . Comprendis
esta manera de admiraros de vuestro hermano en Arte, de aquel
que es respectivamente a vuestras armonas el mismo dios Eco?
Defiendo vuestro tesoro contra el delito de vuestra negligencia,
lo defiendo contra los posibles spides que se deslizaran . entre
verso y verso florido, os defiendo contra los vulgares que en las

-150-

velas por instantes marchitas, lacias de vuestra barca de Ensueio


no vern una lasitud voluntaria y que rescatarn, aviesamente
v~estras luminosas maravillas por los pedruscos de vuestros quen~~s defectos. . . Ante algunos adjetivos en los cuales os desplomals, ante algunos versos que arrastran vuestro cadver, tentado
me siento a volverme vuestro Geremas: Quomodo sedet sola/ j
El oro no se arranca sin violencia a las entraas de la tierra las
entraas del Arte de su tesoro no son menos avaras ... Vue~tros
versos elaborados, encumbrados por una ansiedad magnfica de
perfeccin sean de tal modo hijos de vuestra sangre empeosa
que aparezcan como la continuacin de los hilos de vuestras venas;
sean ellos la forma sensible de vuestro ideal no desmentido al tocar
la pgina; un suspiro vuestro labrado sea vuestro Verso, el Arte
es la perfeccin puesto que la perfeccin es de esencia divina;
vos que emits los gemidos del cisne agnico en un paisaje teido
de luz violeta os abandonis en el sacrilegio de las cacofonas ...
Atentis contra el Cisne de Pitgoras, contra la msica de las
Esferas revelada por el mismo padre del Cisne! Vos que sois ms
que poeta, poetisa, debis revelar una doble armona, la armona
de lo Bello y de vuestra ductilidad femenina. En msica pura
desafinis?. . . N o siendo as creis factible desafinar en Poesa;
desafinar en la msica cuando sta es la msica de la Poesa;
desafinar en el gusto? Permitidme que en uso de admiracin por
vuestras subjetividades raras aplique mi cincel all donde habi~
arrojado el vuestro:

f. [3]

I/

Yo cre que tus ojos anegaban el mundo


Abiertos como bocas en clamor. . . tan dolientes
Que un corazn partido en dos trozos ardientes
Parecan! . . . Fluan en tu rostro profundo
(si decs de tu rostro las ojeras se van abajo de la barba)
Raudos, dos manantiales graves y venenosos ...
Hornos a fuego y sombra tus pupilas. . . tan hondas
Que no s desde dnde me miraban sus ondas
A manera de mundos perdidos y medrosos! ...

-151--

Ah, tus ojos tristsimos, as dos galeras


Abiertas al Poniente. . . las urnas sombras
De tus Ojeras ... los pavorosos rastros! ...
Envolv en un gran gesto mi horror como en un velo
Y me alej. . . creyendo que cuajaba en el Cielo
La media noche hmeda de tu mirar sin astros! 2
Sabis hacer retratos ms que de fisonomas de almas; es un
lienzo explicando un paisaje del Infierno de un horror magnfico
y azufrado. . . Comprendis que mi lanza de gentil caballero,
ornada por vuestros colores, haya dado muerte en la tercera estrofa
al gran dragn del ripio del cual era toda la belleza del trozo
cautiva suspirante?
Esgrimiendo siempre mi lanza que vuestras miradas doran:

f. [4] //

A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente


Torrencial ...
Y las punzantes sierpes de fuego mueren sbito
En la corriente blanda y poderosa! 11
Vengo a ti, umbroso bosque,
De terciopelos profundos. . . Mi fatiga
Aduermo vagorosamente en msica de brisas
De pjaros y aguas ...
Y de ti, umbroso bosque, surjo luego, pura
Y despierta, surjo como un amanecer!
Vienen a ti mis heridas, a ti, vaso de bienes
En que el dolor se embriaga hasta morir de olvido ...
Luego me aparto, ceidas mis heridas;
Por tus manos claras y mansas vendadas con delicias!
Cuando el Hielo me cie, doloroso sudario,
Lvida, vengo a ti ...
Como al hogar omnmodo del Sol ...
Arropada en tu fuego
lVIe aparto como una primavera toda rosas!
A ti vengo en mi orgullo
Como a la Torre excelsa
Como a la Torre nica
Que me izar sobre las cosas todas ...
Sobre la cumbre misma
Arriscada y creciente
De mi eterno capricho !
Para mi vida hambrienta
Eres la presa nica
Eres la presa eterna ...

-152-

f. [6j

11

El olor de tu sangre
El color de tu sangre
Descuellan en los- picos vidos de mis guilas! 11
Vengo a ti en mi Deseo
Como en mil devorantes abismos, toda abierta
El alma incontenible .. .
Y me lo ofreces todo .. .
Los mares misteriosos florecidos en mundos .. .
Los cielos misteriosos florecidos en astros .. .
Y las constelaciones de Espritus suspensas
Entre mundos y astros ...
Y los sueos que viven ms all de los astros,
Ms ac de los mundos!
Cmo salir de ti. . . la Vida?
Cmo salir del corazn ledo
Hospitalario, prdigo,
Modo de patria frtil?
Es para m la tierra,
Es para m el Espacio
Tan slo lo que abarca
El gran anillo puro de tus brazos!
Cmo salir de ti?. . . Tu ms all es la },1 uerte! 3
Oh ritmos que se desenredan como los pliegues de un peplum. . . que son a manera de follajes sobre los que pesa el
viento, a manera de lianas enredadoras, variadamente dctiles!
Que por efecto de vuestro descuido su exquisita negligencia sabia
no aparezca como falta de Arte!
La composicin [Un] alma consiste en un\ haz de imgenes envidiables, como por ejemplo: Los aletazos de fuego del relmpago;
estas imgenes no brillan lo bastante a causa de que la composicin un tanto falta de argumento las ensea como edificacin
en el vaco. 11
Las intemperies no cruzan cielos esplendorosos; debisteis comenzar:
4

Bajo los grandes, hoscos cielos, agrios,

Engarzada en mis manos fulguraba


Como oscura presea tu cabeza
Y o la ideaba estuches. . . yo pensaba
Luz a luz, sombra a sombra, su belleza ...
En los ojos tal vez se concentraba
La Vida como un filtro de tristeza
En dos vasos profundos. . . Yo soaba

-153-

l'vfe resisto a escribir flor del mrmol porque con dicha frase
que pertenece a la chafalona y baratija con las que mezclis
vue3tros adorables diamantes de generosas luces, habis ido ms all
de las visiones y porque al decir flor del mrmol a propsito de
la negra presea olvidis -castigo sin duda de los dioses por esa
bonita alma que habis borrado- el ofuscante nveo resplandor de
Paros; el mrmol negro no cuenta.

f. [7] 11

Vuestra barca como un gran Pensamiento es una barca de


Lussich? Slo as podra explicarme su posible denominacin:
"La Estrella" 6 .
No gusto de la expresin preparar como no amo tampoco
rendija 7 ni el hecho atentatorio de trocar el sexo del Mar: La
Mar.
No llamis a vuestro romntico Vida porque eso est a un
paso de vidita vidalita morocho o rubio. . . El buen gusto no
permite calificar por el pelo ni aun a los caballos./ j Qu habis
hecho del Buitre que os ped?... No aparece en medio a un
carnaval retrico en destrozo con el que rompis la marcha y
que llamis supremo idilio. . . En cambio del Buitre me obsequiis
con un cuerpo o bulto tenebroso y cierta blancura muy bella una
y otra cosa cantando alternadamente sin duda por exceso de gracia; cualquiera dira que se trata de un organillo y dos ciegos ...
Llamis al cuerpo tenebroso ya Buitre, ya Serpiente cada de
vuestra estrella sombra lo cual, salvo lo de sombra, dicho sea
de paso, es muy bonito. Dicha composicin es toda ella de tal modo
un ripio que hace pensar en un ripio de esquina, en un novio.
Recuerdo precisamente que al ir yo a vuestra casa a rendiros mi
homenaje verbal tropec con un ripio de esta ltima naturaleza
el cual ha sido a todas luces el inspirador de vuestro Buitre; debis
casaros con l en recompensa. . . Con todo el Buitre que me fue
presentado por vos en esa misma noche era un superior y dramtico Seor Buitre; trgicamente manchado de sangre y de lodo
compareca ante una alba virgen. . . Era aquel Buitre, de un
espeluzno glorioso; el Cuervo sin que en ello hubiera imitacin
no le era completamente ajeno. Poe habra felizmente sonreido
a vuestro raro idilio inverosmil. El grupo emblemtico guardaba
correlacin con el de Leda y el Cisne, ste divinamente sereno
uniendo en una comunin blanqusima el labio y el ala, el vuestro
apareciendo como ese mismo Cisne trocado por un misterio acerbo
de los destinos pujantes en un Buitre luctuoso, alimentado por la
muerte! Hondamente peregrina sonrea la exquisitez de Leda ... //

--154:-

f. [8] 11

f. [9J

11

Lanzis arriesgo [sic J de estrellaros vuestro carro de triunfad ara


lrica sobre el peascal de los que. . . Rellenis vuestras estrofas al
extremo de que no sera extrao contemplar a la aparicin de un
nuevo vuestro libro a vuestro ideal impamente sospechando de algodn vuestras formas; pecis sobre este punto en tan inconsiderada
manera que llamis a una fuente fresca; es como si dijerais agua
fresca.
No hagis abuso del giro hornos a fuego y sombra pues repetido resulta de taller: dorado a fuego, nacarado a luna. . . N o
decapitis las palabras, no digis preciaba en vez de apreciaba;
dicha originalidad no es ms que una decapitacin; mejor hubierais hecho en cortarle la cabeza al nuevo Buitre. No digis lantanos
pues tanto valdra que vuestros sonetos hablaran en Volapuc. No
abusis de la falsa rima, mediante la misma palabra; pueden imaginar que escribiendo con rima carecis de rima. . . N o digis
silencio sin ruido: dejis en la nada una expresin bellsima: el
silencio y la sombra se acarician. . . Longuinus ( [sic] reconoce el valor potico de pluralizar a propsito de Virgilio, no obstante no hagis plural de todas las cosas. Apresaba es una bonita invencin;
no abusis de lo mismo pues en tal caso lo bonito se disuelve en
la corriente de lo impo ...
No digis jJor sobre) no ataquis la construccin dando con
ello a reflexionar que si vos os hallarais as construida no os habrais podido permitir sin duda el tono exquisito de borrar o dejar
en blanco esa alma fiel a que habis hecho un bonito tmulo con
una mala metfora y unos blancos alegricos ...
No pongis un adjetivo dbil siguiendo a uno fuerte pues//
en tal caso el dbil es rmora del fuerte; tened cuidado con la
palabra cuyos que es amiga de la voz que.
No abusaris de las flores hasta convertirlas en fl[o]res de tela,
de fuego o de cera; o lo que es peor de fuego y cera al mismo
tiemp[ o]; no se os ocurran estrellitas de papel de plata; no
abusaris tampoco de lo dulce y de lo bello que en tal caso dejan
de ser lo dulce y lo bello; que vuestro pensamiento no se contradiga
en el breve espacio de dos versos en los cuales un vuelo que es
eterno ha durado largo tiempo. . . En esta forma converts en
baratija vuestro admirable don, la potente belleza ~e que disponis; vuestros versos acusan un sensible despearse en la negligencia aparecida con vuestro primer libro preclaro.
Arriscada y creciente son dos adjetivos de una m[a]estra
absoluta sean vuestro modelo de adjetivo. Os lo repito oh amiga!

-155-

copiada rehe[ cha J cuatro veces lo que prueba que no os present9


un borrador negligente sino que por el contrario he escrito para
vos cerca de cincuenta pginas.
[Paranagu, 1910]

no tenis derecho a no ser perfecta, a olvidaros tan gravemente;


en nombre de vuestro talento, os lo afirmo, os lo suplico, os lo exijo!
V u estro hermano en Arte
ROBERTO

DE

LAS

CARRERAS

Excusad las tachas: el calor y el presi[dio.] No s si sabris


que Paranagu es como un[a] Crcel; vivo en medio a un pulular
del a[ ... ]mo tal como si me hallara en una Correccional.
Os pido secreto. La ms elemental dig[ nidad] humana sino
divina partira audazmente. [Me con]venzo de que no tengo la
vocacin del Sui[ cicla ... J El Sr. Bachini, olvidado en banquetes me
h[ ubiera dado] traslado a Ro desde donde me sera mas fc co
[municarme lite] rariamente con vos; si esto os sirve de pasaf. [9 v.j // tiempo. [ ... // v]uestro Seor padre y, en caso de que a la amabilidad de ste no pese, o ste, relacionado, ruegue por m al Sr. Bachini, por mi dignidad individual y literaria. En Ro de Janeiro si
gust~is podre presentaros en la Prensa; tengo, con todo, relaciones encomlables; si en Amrica es posible cultivar la Poesa os aseguro que
es en ~o de ~aneiro o San Pablo. Os invitara a hacer un viaje a la
maravillosa Rw en caso de estar yo en ella; yo presentara vuestra
belleza a sus bellezas naturales; vuestra fantasa no puede abandona~se en la quietud, prescindir de la Paleta en que han mojado
sus pmceles todos los coloristas, la Naturaleza que como os digo
'
'
'
se presenta aqu en fonna extraordinaria; los crepsculos vuelven
el cielo y las aguas rosa; las montaas son azu[les y] violeta; los
Cielos son verdes y de un oro absoluta [menteJ puro. Las tintas no
son vivaces sino vivientes [Tengo] deseos de pintar un crepsculo.
slo para vos.
[Os] enviar prximamente mi libro La Venus Celeste [acer]ca
del cual "La Prensa" de Buenos Aires no ha [comp]rendido nada;
me ha honrado con su incomprensin, he sido calificado por ella
de [ ... ] y Seor de los Decadentes. . . Os aseguro que [noJ existe
en Amrica la belleza de Ro [deJ Janeiro.
Una vez ms salud! Os recomiendo a [los] dioses!
[Os] escribo desde una Ciudad prxima elevada; si ella no
exis[tiera] esta carta no existira tampoco; en Paranagu no se
pqe[ de J tom:-ar- ia pluma por la accin particular del clima que
[embota el] cerebro, entorpee, deprime contra todo -esfuerzo ...
[Est in]censado por exhalaciones paldicas y arde en Ve[rano a la]
temperatura de 48: Gdos. Tal es la irona de los [dioses fe ]hacientemente malignos! ... Esta carta, .con sus defectos, pese a ellos, ha sido
"

-156-

Ms. (nueve hojas numeradas de manera discontinua); el texto ocupa


la primera plana de cada folio, con excepcin del ltimo en el que
abarca ambas carillas; papel rayado, con filigrana; interlnea: 2 a 6 mm.
Estado bueno, salvo la hoja final, rota en un margen (el derecho si
se sigue el orden de la escritura). 329 x 220 mm.

DE SAMUEL BLIXEN
f. [1]

Seorita Delmira Agustini.

Distinguida amiga: Me asombra la noticia que me da de que


existen tontos ~ capaces de suponer que le tengo mala voluntad literaria. Ignoro cul podra ser la causa, el motivo o siquiera el pretexto de esa mala voluntad. Si Ud., con una suspicacia muy femenina por cierto, considera que el silencio que a su respecto guarda
La Razn es sntoma de alguna hostilidad, se engaa profundamente.
Creo que es U d. una admirable poetisa y que sus versos son, por
lo general, magnficos. . . Y no oculto nadie mi parecer. Pero
como al iniciar La Razn su nueva etapa, solicit de Ud. la autorizacin para publicar un artculo que le convena publicar, y Ud.
se opuso a ello, ahora que La Razn ha crecido, que est metidita
en carnes, y que no necesita del auxilio de nadie, se permite la
pequea represalia -bien infantil y nimia por cierto- de suponer
que le seguirn Ud. siendo profundamente antipticas sus columf. [1 v.j // nas. 11 Tiene U d. a su disposicin todos los diarios, pues todos se
disputarn el honor de complacerla, y con razn, porque es U d.
una de nuestras figuras literarias ms sobresalientes y simjJticas,
y todo lo que a U d. concierne despierta intenso inters en los lectores.
Pero permtame ser original hasta en ese detalle, e insistir en
mi propsito de que la pobre Razn, una vez despreciada por Ud.,
se permita ahora el lujo de no querer exponerse por segunda vez
a sus caprichos de eximia poetisa y de nia mimosa.
Inflexible director, pero entusiasta admirador suyo, me repito.
SAMUEL BLIXEN

[Mediados de 1908]
Ms. (un pliego de 2 hojas); el texto ocupa las dos primeras carillas;
papel rayado, con filigrana; interlnea: 9 mm. En buen estado. 316 x
220 mm. Sobre adjunto.

-157-

DE SANTN CARLOS ROSSI

[1]1
f. [1 J

Mont 9 Marzo de 1908.


Seorita Delmira Agustini.
Seorita:

Su "Libro Blanco" ha llegado a ser un remordimiento para


m. Todos los das me acusa -no de indiferencia- pero s de
descorts, de insincero y de ingrato. Porque lo tengo sobre mi mesa
de estudio -nico relmpago de belleza- (perdn para mi
Ciencia!) entre gruesos volmenes torturadores. . . Pero si me reconozco reo de los tres feos pecados que significan aquellos tres adjetivos, quiero explicarle brevemente la causa. S que debo a Ud.
positivo placer intelectual; siento la necesidad, porque ante todas las
cosas soy un impulsivo, de unir mi aplauso al de cuantos leen su
libro, y en fin conozco las leyes de la cortesa que me impelirn [sicJ
esta vez, si no fueran completamente superfluas. Y a pesar de ello,
an no he encontrado ocasin de manifestarle cunto de bello he
hallado en sus versos, hondos de sentimiento y admirables de euritmia. . . Mis absorbentes y urgentes obligaciones me imponen aplazar
f. [1 v.j 1/ mi ntima// resolucin hasta pasado este mes; pero he querido
ponerle estos nerviosos renglones para agradecer a Ud. su delicada
atencin, felicitarla por el buen uso que hace de su musa dilecta
y asegurarle mi ms franca y sincera admiracin y simpata intelectual, que siento acentuarse cada vez que, viajero casi extico de
cansadas peregrinaciones, llego despus de rudas jornadas de labor
a sus versos de oro, para refrescar mi espritu cansado en ellos, como
en un claro de bosque perfumado y vivificante.
Oportunamente le dir, pues, mi impresin sobre su bellsimo
libro, -y en tanto acepte mis respetos con mi reiterado agradecimiento,
SANT. C. Rossr

11

f. 3

11

f.

Ms. (una hoja); el texto ocupa ambas carillas; papel rayado, sin
filigrana; interlnea: 7 mm. En buen estado. 212 x 273 mm.

[II]
f. [1]

Seorita Delmira Agustini.


Poetisa:

f. 4 //

La lectura de vuestro Libro Blanco" -gustada a intervalos


cada vez ms cortos- me arranca a mi silencioso retiro para corear
el cntico de rogocijo que se entona a vuestro paso.
-158-

Blanco a la manera de la luz -por la sntesis feliz de vanos


matices- vuestro primer libro refleja el protesmo de las almas
inquietas, y vuestra musa armoniosa v sonora encarna -no s
si herida de indecisin o vida de i~finito- ora al poeta del
Fedn, creador de mitos, ora al que en los versos de SullvPrudhomme lleva en el alma una ternura donde tiemblan tod~s
los dolores ...
Plceme ver a vuestra onda verbal baarse en la fuente del
sentimiento, hoy que silban aires de Fronda contra lo antiguo en
el :'\rte -y es anciano, a fuerza de ser eterno, el ms emotivo y
soe1alj / de todos los estros,- hoy que los intelectos aparecen
obsediados por el afn de la novedad, aun cuando la novedad
e~ja la prodigiosa exaltacin del snob que hay en todo artista,
o Imponga, lo que es ms cmodo y ms frecuente, delinquidoras
incursiones por huertos ajenos.
El Libro Blanco se me presenta as -"misterioso, cambiante
y complejo", cual lo peds en los versos esculturales de Buscando
musa)) -como un vasto y resonante jardn, donde la rosa bullente
y fraganciosa, plena de juventud, alternada con la aristocrtica
diamela y la voluptuosa liana y el lirio lnguido y fugaz; donde
la ondulante madreselva uniera, con su cinta verde estrellada de
b!anc?'. los miosotis soadores y las palmeras ufanas, -y donde
to~o msara y perfumara entre una onda perenne de armona alada,
baJo la pompa de los soles meridianos como bajo los crepsculos
inciertos o el blanco palio lunar ... j / .l';ada humano falta all:
ni la interrogante exploracin del porvenir -discreto rasgo de
las mentes sabias- ni el bellsimo candor de la doncella -evocando a su hermana la paloma- ni el bullente canto a la libertad,
a la rebelin y a la altivez -rasgo masculino que cuadra maravillosamente a vuestra juventud en flor- ni la orla rosa que se
teje en homenaje al Amor y la orla de crespn que se ofrenda a la
Melancola, la diosa taciturna. Flota un alma dilecta por esas pginas soadoras, alma comprensiva y sugerente para todas las almas
ajenas, alma que desfila luminosa y sencilla en giles hexmetros
y alejandrinos rotundos, alma compleja, misteriosa y cambiante,
que se abre a las caricias del Ensueo y sonre a la Esperanza auspiciosa y se estremece al hlito hiemal de la Tristeza, porque tiene la
virtud de la gracia y el don de la juventud y el loto amargo de los
dolores de la Especie. . . Por eso creo que vuestra musa tiene
"alas y sangre de vencedora",// como lo proclama Medina Betancort en su prlogo, bellsimo de forma y admirable de exactitud.
Yo no os hablara del elemento formal, porque no quiero ser
crtico, y acaso no sabra serlo. Pero hallo en el Libro Blanco tal
-159-

f. 5

11

riqueza de expresin, de imaginacin y de sentimiento; es el vuestro


un estilo donde se adunan tan armoniosamente la Poesa y el
Verso, que bien puedo hacer, siquiera una vez, la apoteosis del
Pensamiento en sus relaciones con la Forma. Tengo para m, en
verdad, que la palabra acude a magnificar espontneamente la
magia del concepto, y que el artista ms exquisito es aquel que
piensa con ms uncin y siente con ms intensidad. En mi sentir,
el poeta que lograra identificar su alma -turbulenta o serenacon la grandeza del mar o la amplitud del cielo, dara involuntariamente a sus cantos un reflejo de los ritmos solemnes: ritmo de
las olas, solemne de majestad, y ritmo de las estrellas, solemne de
misterio.
Vuestra obra me afirma en este juicio. Cuando// vuestra
musa salta las rejas de oro de su retrica selecta, desdea el temor
de los espacios y se lanza en un infinito desp:liegue de alas, el verso
adquiere una msica que yo dira invisible -por contraponerla a
la que producen vuestras manos al resbalar hbilmente sobre la lira
tangible- msica tanto ms fascinadora cuanto ms misteriosa
v menos susceptible de esfuerzo. Esa es la poetisa que prefiero en
vos, sin dejar de admirar a la otra, la maga del cincel.
Os retribuye sincera simpata intelectual,
SAi"\'TL~

[Agosto de 1908]

CARLOs Rossr

DE RAFAEL BARRETT
f.

[1]

Srta. Delmira Agustini


:Montevideo Perdneme el retraso, seorita, con que contesto al envo tan
gentil de sus hermosos versos. Acabo de hacer un penoso viaje, mis
fuerzas no me dan sino para expresarla mi agradecimiento y mi
admiracin en unas pocas lneas. Pronto, si no la soy a usted molesto
en ello, "razonar" ese agradecimiento y esa admiracin, por carta,
o bien, si su modestia me lo permite, en un artculo ...
Mientras tanto, crame el ms respetuoso de sus servidores

RAF. BARRETT
San Bernardino - Paraguay. 21/,II/1910

lVIs. (una hoja); el texto ocupa una carilla; papel cuadriculado de


color rosa, con filigrana; interlnea: 6 mm. En buen estado. 270 x
214 mm.

DE
f. [1]

Ms. (cinco hojas); el texto ocupa una cara de cada hoja; papel sin
filigrana; interlnea: S a 7 mm. En buen estado. 203 x 133 mm.

DE
1 V.
1

FRAJ.~CISCO

f. [1 v.] j j

VILLAESPESA

A la Sra. Delmira Agustin[i] - Redaccin de 'Apolo' - Montevideo - (Uruguay) j j Distinguida compaera: he ledo con sun;,o

placer sus bellas poesas. Es V d. uno de los temperamentos mas


fuertemente femeninos de la moderna literatura castellana. Actualmente no conozco ninguna personalidad femenina que pueda igualarle. Le ruego me enve sus libros, y [unJ original para mi Revista
Renacimiento Latino que aparecer en Junio. Adjuntos van, por
conducto de Prez y Curis, mis dos ltimos libros. Felicitndole
sinceramente queda suyo atento admirador. -F. VrLLAESPESA- Sjc.
Jacometrezo 33. - Madrid. - 24 Mayo [de 1909].
Enveme sus libros.
Tarjeta postal ms. En una cara, con la estampilla y el escudo de Espaa impresos en rojo, el sobrescrito. En la otra cara el texto. Interlnea: 8 a 10 mm. En buen estado. 14{) x 92 mm.

-160-

f. [2]

11

MAJ.~UEL

UGARTE

Muy distinguida seorita,


Pocas veces me ha impresionado tanto un alma como la que
acabo de ver a travs de los dos libros que Vd. ha tenido la bondad de enviarme. En nuestra Amrica, prdiga de talentos, no
faltan poetas delicados, evocadores, impetuosos o entusiastas. Pero
la nota que V d. da, no la haba odo hasta ahora. Gracias por las
nobles emociones que me han procurado El Libro Blanco j / y los
Cantos de la .Maana. Esas pginas tienen la sutileza y la dulzura,
la transparencia y la sinceridad de un corazn que se entrega.
En La Lectura de Madrid me ocupar de su obra, tratando
de condensar todos los aplausos que ella merece en las pocas lneas
que, dada la ndole de mis crnicas, puedo conceder a cada libro.
Pero no pierdo la esperanza de encontrar pronto otra ocasin de
hablar de tan alta poetisa con el detenimiento y la serenidad que
su talento excepcional merece. //
Srvase V d. aceptar con todas mis felicitaciones la expresin
de mis ms sinceras simpatas- MANUEL UGARTE. - Pars, [Link] La Boetie, 101 - Paris. 1
lVIs. (Un pliego de dos hojas): el texto ocupa las dos primeras carillas y parte de la tercera; papel sin filigrana; interlnea: 12 a 15 mm.
En buen estado. 210 x 163 mm. Sobre adjunto. 2

-161-

DE MIGUEL DE UNAMUNO
f. [1]

Y ahora, des fnts de estas fugitivas notas, escritas mientras le


su libro, no quiero leer las Opiniones sobre la poetisa" Para qu?
Voy a leer el otro, El Libro Blanco". Lo abro ahora mismo y anoto:
He ledo las dos com;osiciones. N o tienen ni la intensidad ni
la intimidad de las de su otro libro. Ha progresado usted, es decir,
ha vivido.

El Rector de la Univenidad de Salamanca - Particular

15 IV 10
Sra. Da. Delmira Agustini

Seora 2 : Abr sus Cantos de la 1'1aana" con el recuerdo de


otras poetisas orientales que he ledo en una coleccin: (Entre ellas
recuerdo ahora a Eugenia Vaz). 3 Y vi lo primero que es musa
hisjJana, gitana su sangre y teutn el rubio vaso.

Si mi labio est an dulce de la oracin que os llama!


Muy j;otico! Y luego el devoto se relame los labios. La oracin
endulza a la alma; y la embalsama para la muerte.
La rima es el tirano emmrpurado

Alma que cabe en un verso


mejor que en un universo!

De esto le escribira todo un libm, pero como pienso escribir


de ello ... Adems, ya en mis Poesas dediqu un soneto a la rima,
a esa rima generatrice y desviadora. Da una asociacin de ideas
externa. Y por otra parte porqu no habamos de usarla independientemente del ritmo, disociada de l, repartida entre los versos,
pero no a los finales? Esto dara una nueva orquestacin.

Qu intm-femenino \ es decir, qu hondamente humano es esto!


Las noches son caminos negros de las auroras . ..
S, por la noche se va mejor.

No s dnde, pero en alguna parte he expuesto el ensueo de


que en la otra vida vivamos al revs, hacia el pasado, que retroceda
el Tiempo.
Fuerte como en los brazos de Dios!
Qu potico, es decir, qu ntimamente verdadero es esto! Y
los brazos de Dios son la soledad.
De las mil cosas, unas sublimes y otras grotescas, que a la
luna se le han dicho pocas ms poticas que llamarle "prometida
del Misterio". La luna es la Esfinge del cielo. 5
S, por n parte s lo que es llevar dentro una estrella dormida
que nos abrasa sin dar fulgor. Y esa extraa obsesin que tiene
usted de tener entre las manos unas veces la cabeza muerta del
amado, otras la de Dios? No est sta tambin muerta? Acaso su
cabeza s; pero su corazn no. Dios discurre con el corazn.
Y se besaban hondo hasta morderse el alma!
y el alma suele morir de estas mordeduras!
f. [1 v.]

11

Es lstima que para rimar haya usted hecho aguda la/ j voz
ananque (,Kr) que es llana en griego y debe serlo en castellano.
Lo otro es leerla a la francesa. Tambin est de ms la K.
Engastada en mis manos fulguraba
como oscttJa presea, tu cabeza . ..

Y vuelve la misma obsesin! S, de la cabeza fluye una vida


ignota. El hombre, dicen, tiende a convertirse en un hipertrfico
cerebro seTUido por rganos. El vestido redujo la estatuaria al busto.

-162-

La jJOesa a aLa Estatua" me recuerda algo que he escrito


titulado Calma" y que aparecer en mi segundo y nuevo tomo de
Poesas. Y no ha pensado usted en lo de tener una cabeza de
mrmol, de mrmol fro y duro, entre las manos?
La forma es un pretexto, el alma todo!

f. [2]

11

Y si el alma no fuera ms que forma? Todo es forma, fonpa


ms o menos ntima; forma el ropaje, forma la piel, forma la encarnadura, forma las entraas. Lo que hay es que los que se dicen
cultores de la forma lo son de la ms externa. Entre mis pobres
versos prefiero los ms// informes, es decir, los de forma ms pura.
J'1i musa tom un da la placentera ruta j etc.

Despinela usted y qutele las galas parisinas; mustrenosla


desnuda. Es lo que ha empezado a hacer en sus "Cantos de la
maana" donde ya se ha librado de no poca retrica que hay en
este "Libro Blanco". De aqu el progreso. Ha ahondado en la
forma; del ropaje pas a la encarnadura. An ms dentro!
Tal llega a amarse un gran dolor amigo .. .

eamo que se vive de l . .. !


"El poeta y la ilusin", pg. 55. Esto s que es retrica y fonna
la ms externa y puramente formal! No, cosas as, no!
Sin el espectro destructor del Tiempo . ..
S, s, sa es mi cancin!
sm el fantasma eterno del mai'ana . ..

-163-

Esto no! Lo malo del tiempo es el pasado. Lo grande es el porvenir, el eterno porvenir, el que jams se hace pasado; lo santo es
la eterna esperanza, la que jams se convierte en recuerdo. Fue
la Esperanza la que cre los mundos. Vivir es esperar. La fe, dice
San Pablo es la sustancia de la esperanza. No! la esperanza es la
sustancia de la fe, como el pasado es la sombra del porvenir. Se
cree lo que fue; se espera lo que ser. Voy a componer, fundiendo
esta metafsica en poesa, un canto a la Esperanza.
"lvfterio: ven ... " De esto no puedo decirle nada porque ...
Si usted conoce algo mis poesas llenar estos puntos suspensivos.
S) eso del ms all es la fuente de toda poesa.
Hoy da 16 6
S obre tus hombros pesar mi cruz!
Si no pudiramos cambiarnos los hombres las cruces no vzvzramos. El mejor modo de descansar del dolor propio es tomar
sobre s el dolor ajeno.
"Desde lejos". \lfuy bien! S) una mujer no puede ofrecer a
un hombre nada ms grande que su destino. Y eso de
mi alma es frente a tu alma como el mar frente al cielo
es de verdadera grandeza./
f. [2 v.] 11
Y cierro este libro 7 ; menos intenso y menos ntimo que el otro .
. Impresin de conjunto? Juicio total? Para qu? Sucede que es
uno sincero y espontneo en cada eslabn, y luego hace con ellos
una cadena falsa. No, no quiero resumir ni sintetizar.
Y ahora espero otro libro de usted. Libro? Ya sabe usted lo
que quiero decir. Porque esto de libro no dice lo debido.
Y espero que siga usted viviendo.
Le saluda con toda simpata de compaerismo
MIGUEL DE UNAMUNO
Ms. (un pliego de 2 hojas); el
ngulo superior izquierdo de la
guiente membrete: El Rector 1
Particular"; papel con filigrana;
do. 208 x 134 mm.

texto ocupa las cuatro carillas; en :1


primera pgina, se ve impreso el Sl
de la 1 Universidad de Salamanca 1
interlnea: 3 a 4 mm. En buen esta-

DE SALVADOR RUEDA
f. [l]

Seora Delmira Agustini. j Insigne poetisa. j No sospechaba del


gran Buenos Aires semejante grandioso recibimiento a mi persona.
A tal punto, que he sido, y an soy arrollado y revuelto en un
inacabable torbellino de amor y de agasajos. Mi cuarto se ha llenado de libros, de cartas, de tarjetas, de diarios, de revistas; a este

-164-

con junto yo no podra contestar sino muy despacio. Hoy toca a


la deliciosa Delmira, cuyo libro de poesas es lo ms hermoso que
de mujer he ledo en tierras americanas. Su sensibilidad es maravillosa, as como su instinto del idioma castellano. Y lo ms particular es, que todas esas delicadezas inefables, las expresa V. en
forma netamente espaola sin mezcla ninguna ni contagio de francesismo decadente, enfermedad que aqueja a buena parte de la lrica en circulacin. - Reciba mi sincersima enhorabuena por esta
novedad que V. hace llegar a mi alma, y procure, excelsa poetisa,
no convertirse nunca en fongrafo lrico francs. Que V. sea siempre V: la personalidad propia es la que constituye el artista. - Le
besa los pies, - SALVADOR RuEDA - Buenos Aires 30-4~1913. 1
Ms. ( 1 hoja); el texto ocupa slo la cara anterior; papel rayado, con
filigrana; interlnea 8 mm. En buen estado. 279 x 215 mm.

DE EDUARDO ACEVEDO DAZ


A LORENZO VICENS THIEVENT
(Con un juicio sobre D. Agustini)
Seor Lorenzo Vicens Thievent.
Montevideo. - He ledo las poesas que usted ha tenido la gentileza de enviarme, y plceme trasmitirle mi impresin acerca de
esos frutos de su ingenio. Agradezco su recuerdo.
Sugirenme decirle que lo "triste" es humano, casi la mitad
de la vida. El que ms se re de ordinario, es tal vez el que ms
en su interior se lamenta. En el fondo de un Moliere burln y
an de un Rabelais hay una entidad triste.
Por ms que el afn de las alegras oculte en apariencia lo
que en lo ntimo a cada ser escuece o palpita a influjo de la memoria, las emociones que se crean muertas renacen, y hasta se crecen con bro; y as, al igual que se renuevan y alzan en el fondo
del ocano las algceas venciendo el peso de las atmsferas, retoan y resurgen los recuerdos bajo el peso de los aos. Son como
las plantas que prosperan a la sombra.
Y re;ultan melanclicos aunque despierten escenas alegres,
porque le prueban a uno que no son tan festivas las actuales. Aun
cuando se ra y se solace? S. La experiencia dura y fra slo da
sueltas a medias a la expansin del espritu. Este se queda con el
otro medio peso. Para una risa externa, un quejido interior. Esta
rebelda que no se oye, que no trasciende, hace triste el recuerdo.
Se afirmar que as habla el hombre del pasado. Es cierto. Se

-165-

explica, entonces, que ese hombre, si es poeta, d a sus versos el


tono melanclico propio de lo que fue.
No son las llamadas escuelas las que priman en el singular y
atrayente mundo de las ideas, de los ensueos y de los dramas secretos. Si usted pone odo atento a una queja amarga de Byron, a
un sollozo sordo de Shelley, a una "grida" ruda de Leopardi como
un hipo de su corcova, le disuenan, parecen inarmnicos. Si us~
ted los junta, sin embargo, como se ligan cuerpos qumicos, y los
somete al crisol de una lgica severa, ver que se confunden en
uno solo y se transforma en aria intensa lo que pudo ser terceto
discordante. Cuestin de temperamentos.
Pero, qu es lo que usted "ha sido" en el tiempo, para lanzar como otros ecos raros de vida enferma?
Observo que, siendo muy joven, ha aprendido usted a creer
que la inspiracin real tiene por egeria el dolor, o, por lo menos,
la vaga tristeza que a lapsos sin motivo acompaa el espritu que
comienza a sentir ansias de inmenso vuelo; y a fe que nada tengo
que redargir si cede usted a un impulso natural e irresistible, y
antes le dir que los grandes aviadores sern siempre los aedas,
porque ellos han llegado y seguirn llegando ms all de lo increado sin otro monoplano que el rayo de luz del pensamiento.
Si usted asiente en que la desesperanza, aun precoz y sin
razn fundada, sabe llorar lgrimas como perlas y exprimirse en
un idioma que no se aprendi desde nio porque vena en germen
al nacer como envidiable privilegio, habr de convenir conmigo
en que la evolucin moderna de la poesa a pesar del cambio de
fonna y estilo, de mtrica y tendencias, en el fondo reconoce siempre el mismo origen, una causa perdurable, como el ritmo perpetuo de las olas, como el eco de las montaas, como la voz del aire
entre las selvas, como los gritos hirientes de las almas afligidas. Y
si as fuere, la fuente de la poesa es tan vieja como la fuente del
dolor humano. Todo lo dems que ha venido sucedindose, no es
cambio de esencia sino cambio de formas. Entre el sfico antiguo
y el poema de ahora hay diferencia. Pero, la musa que alienta la
alta poesa, es siempre la musa prstina que llora suave y leda
como la fuente, que preside los augustos misterios del amor, que
enciende nimbos de gloria al herosmo y al martirio. Las desemejanzas son aparentes; y resultan armonas. No encuentra usted
alguna similitud entre el gesto tenaz de Safo y el rayo de luna
decadente en el mirar velado y misterioso de Delmira?
En el tema de Eros, me atrevo a avanzar que la ltima superaba en su naturalismo rimado la vehemencia doliente de la
poetisa de Lesbos.

-166-

En sta las ansias irreprimibles desbordaban del rojo bcai-o


en brillantes burbujas; pero en aqulla, el sfico, un sfico por
ella modelado, tena efluvio de fiebre, emanacin de carne blanca
saturada en sndalo de Oriente.
En idioma clsico, puro, transparente, la primera; y la segu~da, en estilo asaz realista entre plumas y gasas, calados y encajes que se rompen y vuelven a plegarse en vano para ~ncubrir el
secreto del deliquio; las dos concuerdan en los sones de las har~
pas, a ms de dos mil aos; las dos inciden en el ansia de fascinar
y las dos caen para siempre bajo el delirio de la pasin.
A su modo, dicen que Safo pareca cuasi varonil; pero, con
arreglo a su temperamento artstico, Delmira fue varn fuerte,
fue trovador con yelmo y penacho de denuedo en la fantasa vigorosa y en el verso de carne y sangre, la brava mujer que sublim
la fruicin de los sentidos en pugna franca y abierta con el amor
espiritual.
Esta osada asombrosa en el broto del vivir v en el arte de
atraer, no puede ir ms all cuando corazones d~ hombres estn
de por medio; y hasta en la muerte se parecieron aunque voluntaria la una, y recibida la otra por el rencor del celo ardiendo.
Delmira no invent el mito del cisne; pero supo darle ms
alma y vida que el buril y el pincel. No hay escultura ni lienzo
que igualen su poesa.
Yo he visto en un museo de Florencia una preciosa obra sobre
la funcin sexual del cisne y Leda. Me acuerdo que -por citar
un testigo respetable- ofrec de ella una copia fotogrfica al seor
Antonio Bachini, que estaba conmigo en esa mi ltima visita a
la ciudad del arte; y que el distinguido compatriota, entonces canciller, de suyo casto y puro, rehusse al principio con energa al
obsequio que le brindaba, pero que acept al fin, todava vacilante
y conmovido ante la inaudita osada del cincelador.
Pues bien: esa obra de artista de talento, a mi juicio, queda
despus de las estrofas de Delmira. La nota de emocin profunda
la di esta singular mujer en el lapso temible de fascinar, y vivir
por siempre pese a la ms rigurosa crtica del futuro.
No quiero ahondar el asunto. Basta a mi objeto aadir que en
la lira de la uruguaya actu la misma musa, la misma causa, la
misma angustia fsica que en el lad de la griega; que el sfico
de la de Lesbos y el vrtigo en la roca de Leucadia fueron el drama de la desesperanza y del frenes ertico; pero que el sfico formidable de Delmira va ms all de las formas que da el talento y
entra en el dominio de la inspiracin genial, llena de imgenes
cuadrialadas, de fluidos abrasadores a cuatro labios, de espasmos

-167-

infinitos en la sombra, de Ledas y cisnes que yacen como embriaga~


dos por el nctar, de silfos que vagan en el misterio azuzando con
sus soplos clidos las ansas del sentir y del querer, de rfagas m
previstas de sensualismo olmpico y de mpetu profano, de biseos
tiernamente queridos, de retornelos incansables, sin atencin al
mundo, en tanto bate con vago rumor de sedas sus alas doradas
y plumas tornasol en lo alto del dosel el ave del idilio de Bion de
Smirna, como perfumados abanicos que orean rtmicos los cuer~
pos palpitantes.
Si yo fuera bardo hara lo que usted. Como no lo soy, me
permito advertirle que est usted bien, mientras se mantenga en
la duda filosfica y en la dulce tristeza que ella nutre; y que no
azuce impaciente la briosa cuadriga intelectual ni extreme la nota
del desencanto, sino cuando un vigor verdadero estremeciendo sus
fibras, afine y temple su lira sin usted saberlo ni esperarlo.
Sorprender a usted entonces notar cmo la rima correcta
que deniega a sus estrofas, tenindola en el alma, desciende plcida del alma a la estrofa para aquilatar mejor lo que su numen
cree. Espontaneidad sin reatos, vigor de estros sin velos, belleza
completa de luz como virgen tremulante que entra al bao sin
pensar que puedan verla, sa es y ser su musa; aunque usted
pretenda cubrirla por ahora con el tul de rubor propio del doncel
que recin se ha armado caballero.
Adelante! El porvenir es de la juventud fuerte de espritu v
de cuerpo.
EDuARDO AcEVEDO

DAz

Ro de Janeiro, julio 1914.


En "La Razn", 3' edicin. Director: Eduardo Ferreira. Ao XXXV,
N" 10.595. Montevideo, sbado 19 de setiembre de 1914; pg. 1, cols.
3 y 4. El texto se presenta con este ttulo: "Una pgina literaria 1
de Eduardo Acevedo Daz"; y un subttulo: ''La provoca un libro de
poesas 1 Jucio que le sugiere Lorenzo Vicens Thievent, y clido
elogio que teje 1 en honor de Delmira Agustini, cuya produccin consi
dera eterna". (No se conserva el ms.)

-168-

NOTAS

Carta de Mara Eugenia Vaz Ferreira [I]


La carta es de 1908, como lo prueba el recado de Carlos sobre su intencin de escribir un juicio acerca de "El Libro Blanco". Y debi de ser
enviada a fines de enero o en febrero: pues el encargo por un libro que
se edit en los ltimos das de diciembre haba sido formulado haca
tiempo y la opinin prometida lleg a manos de Delmira en los primeros das de marzo.
Carta de Mara Eugenia Vaz Ferreira [II]
Puede atribuirse a esta segunda carta, sin otro riesgo que el de atrasarla o adelantarla ocho o diez das, la fecha que pongo entre corchetes.
En efecto, el mentado retrato de la prima de Mara Eugenia, Matilde
Ribeiro, jovencita que an no haba sido "presentada oficialmente", se
public en los "Ecos Mundanos" de "La Razn" el 18 de agosto de 1909.
Carta de Carlos Vaz Ferreira

3
4
4
5

El vocablo est subrayado en el original. La frase que sigue, trabucada


en "La Tribuna Popular", determin una rectificacin de Vaz Ferreira
al otro da en la misma hoja ( 10/III/908).
D., que elimin con femenino orgullo la palabra sexo, redujo el pasaje: "Si hubiera de apreciar con criterio relativo, teniendo en cuenta
su edad, etc.; dira ... que su libro es simplemente un milagro ... ". La
resonante puntualizacin con que termina el perodo -"un milagro"est subrayada en el original.
Dos de las palabras con que corona Vaz Ferreira su audaz elogio ("de
entender"), originan un nuevo subrayado en el original.
Es el que principia as: "Mi musa tom un da la placentera ruta ... "
bis Subrayado en el original.
Subrayado en el original.

6 Tambin las dos ltimas palabras estn subrayadas en el original.


7 El vocablo, subrayado en el original, sirve de ncleo a la admirable y
profunda conclusin del crtico. Estaba precedido . por estas palabras:
" ... he reconocido cela en la insustituibilidad ... ", q tie fueron testadas
y remplazadas por el remitente con estas otras: ". . . es impresionante
la insustituibilidad ... ".
8 Delmira, en vez de " ... algn otro. . . no los hubiera escrito ... ", como
se lee en el original, puso en los fragmentos incorporados a sUs dos
ltimos libros quiz despus de consultar al remitente: " ... ningn
otro. . . los hubiera escrito ... ", cambio que da al aserto carcter absoluto pero que se acomoda mejor al invocado principio de "insustituibilidad".
9 Subrayado en d original.
=l71~

Carta de Julio Herrera y Reissig


De esta carta -cuya historia especifico en la "Noticia previa"- Delmira
torn el pasaje que sigue, poniendo en primera persona el verbo inicial, originariamente en tercera: " ... l\1e complazco en ofrendar un manojo de rosas triunfales, en el hosana unnime que glorifica la frente
pagana de la Nueva Musa de Amrica ... ".

de Ceres", "Hada o Castellana del Capitel de Plata", mientras l se


designa a s mismo corno "el Trovador". Decidido ya el retorno al Brasil, anuncia que no partir sin verla y habla del poema (sin duda, "La
Torre Azul") corno de algo que ofrendar (no concluido an, en consecuencia). El "divino querer" -baste apuntarlo- no excede, por lo
visto, el plano de la amistad y la admiracin.
Carta de Roberto de las Carreras [IV]

Carta de Carlos Reyles


En efecto, Reyles -que fech la carta el 11 de mayo- parti para
Europa el 15. (Vase "El Da", Montevideo, 16/V/908).
2 Palabra subrayada en el original.
Carta de Roberto de las Carreras [IJ
Esta es la sola carta que D. traslad sin cortes: himno y madrigal (ms
que por un libro por un retrato) de smbolos ya sordos, ya grandlocuos, laboriosos primores y embrollada sintaxis.
2 En el original se lee trencha, leccin que Delmira repiti al trasladar el
texto y que parece necesario substituir por crencha.
3 En "El Da" y en los apndices referidos se lee uncin en vez de fugacidad.
4 Roberto haba vuelto a Montevideo, momentneamente, de Paranagu
(Brasil), donde era desalentado Cnsul del Uruguay. (Recurdese
que, a principios de 1903, en la famosa carta a Batlle, antecedente de
la de Herrera a Bachini, haba pedido la Secretara de la Legacin del
Uruguay en Pars, "puesto estratgico de la Galantera"). Casi apenas
llegado a sta, public dos obras: una en junio, "Suspiro a una palmera"
(Montevideo, O. M. Bertani, 1908), y otra al mes siguiente, "La Visin
del Arcngel" (Montevideo, Dornaleche y Reyes, 1908). Luego, en el
mismo mes de julio, se aplic a escribir "La Torre Azul", en honor de
Delmira, poema que no lleg a editar, si es que lo concluy. En setiembre regres al Brasil, como lo anunci el 22 con parco suelto "El Da".
Carta de Roberto de las Carreras [II~
En "El Da", del 28 de julio de 1908, se dio a luz el suelto siguiente:
"De Roberto de las Carreras j La Torre Azul. j Con este ttulo
acaba de terminar Roberto de las Carreras un nuevo poema, que
ser dado por l a la publicidad antes de partir a su destino consular. - El poema, de una gran riqueza, y en el que su autor ha trabajado hasta 9 horas diarias, parece escrito en loor de una poetisa que ha
merecido el laudo [sic] de nuestras personalidades intelectuales ms distinguidas. - El poema se halla dividido en cinco cantos o captulos".
rv. nota final de la carta precedente).
Corno lo sugiere el suelto y lo prueban en definitiva esta carta y
la ulterior -que pueden datarse, por tanto, con cierta seguridad-,
Delmira era la destinataria de "La Torre Azul". Con ello se invalida
una especie sobre supuesta colaboracin de Roberto y de la poetisa en
el referido poema.

Cpiase -para que el lector pueda enjuiciar en seguida los fundamentos de las correcciones propuestas por R.- la parte respectiva del
original de Delmira que lleva, a modo de ttulo, una lnea de puntos
suspensivos ("Cantos de la Maana", Montevideo, O. M. Bertani, 1910,
pg. 19):
"La intensa realidad de un sueo lgubre
Puso en mis manos tu cabeza muerta;
Yo la apresaba como hambriento buitre ...
Y con ms alma que en la Vida trmula
Le sonrea como nadie nunca! ...
Era tan ma cuanto estaba muerta!
Hoy la he visto en la Vida, bella, impvida
Como un triunfo estatuario, tu cabeza! ... "
(Tres aos despus, en "Los Clices Vacos", fue modificada -o aclarada- la puntuacin del cuarto verso: "Y con ms alma que en la Vida,
trmula,").

2 Cpiase el original (dem ibdem, pg. 32):


"Fue al pasar
Yo cre que tus ojos anegaban el mundo ...
Abiertos como bocas en clamor. .. Tan dolientes
Que un corazn partido en dos trozos ardientes
Parecieron ... Fluan de tu rostro profundo
Corno dos manantiales graves y venenosos ...
Hornos a fuego y sombra tus pupilas!. . . tan hondas
Que no s desde dnde me miraban, redondas
Y oscuras como mundos lantanos y medrosos.
Ah tus o jos tristsimos corno dos galeras
Abiertas al Poniente!. . . Y las sendas sombras
De tus ojeras donde reconoc mis rastros! ...
Yo envolv en un gran gesto mi horror corno en un velo,
y me alej creyendo que cuajaba en el cielo
La medianoche hmeda de tu mirar sin astros!"

Carta de Roberto de las Carreras [III]


Roberto exalta las imgenes y el ingenio de la poetisa, por quien ha "dejado correr. . . como sangre" sus propias imgenes y a quien llama "Hija

-172-

(En "Los Clices Vacos", el sexto verso empieza de otro modo: "Fraguas a fuego y sombra ... ", etc.).

-173-

3 Cpiase el original (dem ibdem, pgs. 25 a 27):

Cmo dejarte -Vida!Cmo salir del dulce corazn


Hospitalario y prdigo,
Como una patria frtil? ...
Si para m la tierra,
Si para m el espacio,
Todos! son los que abarca
El horizonte puro de tus brazos! ...
Si para m tu ms all es la Muerte,
Sencillamente, prodigiosamente! ... "

"Vida!
A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente
Lmpida, fresca, mansa, colosal. ..
Y las punzantes sierpes de fuego mueren siempre
En la corriente blanda y poderosa.
Vengo a ti en mi cansancio, como al umbroso bosque
en cuyos terciopelos profundos la Fatiga
Se aduer;.ne dulcemente, con msica de brisas,
De pjaros y aguas ...
Y del umbroso bosque salgo siempre radiante
Y despierta como un amanecer.
Vengo a ti en mis heridas, como al vaso de blsamos
En que el Dolor se embriaga hasta morir de olvido ...
Y llevo
S~lladas mis heridas como las bocas muertas,
Y por tus buenas manos vendadas de delicias.
Cuando el fro me cie doloroso sudario,
Lvida vengo a ti,
Como al rincn dorado del hogar,
Como al Hogar universal del Sol! ...
Y vuelvo toda en rosas como una primavera,
Arropada en tu fuego.
A ti vengo en mi orgullo,
Como a la torre dctil,
Como a la torre nica
Que me izar sobre las cosas todas!
Sobre la cumbre misma,
Arriscada y creciente,
De mi eterno Capricho!
Para mi vida hambrienta,
Eres la presa umca,
Eres la presa eterna!
El olor de tu sangre,
El color de tu sangre
Florecen en los picos vidos de mis guilas.
Vengo a ti en mi deseo,
Como en mil devorantes abismos, toda abierta
El alma incontenible .. .
Y me lo ofreces todo! .. .
Los mares misteriosos florecidos en mundos.
Los cielos misteriosos florecidos en astros,
Los astros y los mundos!
. . . Y las constelaciones de espritus suspensas
Entre mundos y astros ...
... Y los sueos que viven ms all de los astros,
Ms ac de los mundos ...

-174-

(En "Los Clices Vacos", el :verso 34 mejora con otro verbo: "Flamean ... ", en vez de "Florecen ... ", cambio que evita, adems, -una repeticin).
4

Cpianse los dos primeros versos del original (dem ibdem, pg. 30),
que Roberto de las Carreras funde o confunde con el comienzo del
soneto "T dormas ... " (v. nota siguiente):

''Un alma
Bajo los grandes cielos
Afelpados de sombras o dorados de soles, ... "
5

Cpiase el soneto "T dormas ... " (dem, ibdem, pg. 33):

"T dormas ...


Engastada en mis manos fulguraba
como oscura presea, tu cabeza;
yo la ideaba estuches, y preciaba
luz a luz, sombra a sombra su belleza.
En tus ojos tal vez se concentraba
la vida, como un filtro de tristeza
en dos vasos profundos. . . Yo soaba
que era una flor del mrmol tu cabeza;
cuando en tu frente nacarada a luna,
como un monstruo en la paz de una laguna
surgi un enorme ensueo taciturno ...
Ah! tu cabeza me asust. . . Flua
de ella una ignota vida. . . Pareca
no s qu mundo annimo y nocturno ... "
6 Vide La harca milagrosa (dem ibdem, pg. 13).
7 Vide Supremo idilio (dem ibdem, pgs. 15 a 18). Etc.
Esta carta, en la que es fcil desentraar la tragedia de Roberto de las
Carreras, perdido y como exilado en un pequeo puerto del Brasil y ya a
un paso de su [Link] espiritual, es documento insubstituible de
un hombre y de una poca .
Valga una sola observacin. Las curiosas, arbitrarias y personalsimas
correcciones propuestas por el remitente importan, a veces, la ruptura o el
descoyuntamiento del ritmo originario, sin que el hecho se deba a tentativa alguna de verso libre ( recurdense, por lo pronto y casi como en el

-175-

adagio, las enmiendas a un soneto, "Fue al pasar ... "). En suma (sin enJUIciar el gusto) : el odo de Roberto de las Carreras descubrira insuficiencias
inesperadas en quien haba estrenado con singular fluidez entre nosotros,
haca ms de tres lustros, el alejandrino francs y sacado a luz multitud
de composiciones tcnicamente irreprochables.
Prefiero circunscribirme a ese hecho. Y dejar las conclusiones a cargo
del lector.
Carta de Samuel Blixen
El tono de la carta puede sorprender. Pero debe tenerse en cuenta que
la propia poetisa consideraba a Samuel Blixen su padrino en literatura.
El, efectivamente, la haba hecho conocer el 27 de setiembre de 1902
en su semanario "Rojo y Blanco", al publicar -con un epgrafe aclaratorio- "Poesa!", la primera -o segunda- composicin que sac
a luz Delmira, quien estaba por cumplir diecisis aos y era presentada
como una nia de doce. (Otra composicin, "La violeta", habra sido
publicada nueve das antes en "La petite revue"; pero la fecha es a
menudo convencional en hojas de penosa o insegura existencia). Todava, ms tarde -y aporto un. dato hasta hoy torcido y vagaroso-,
para una funcin en favor de los damnificados en el terremoto de
Valparaso realizada en el Urquiza el 8 de octubre de 1906, el mismo
Blixen escogi una pieza de Fran~ois Coppe, "Le Luthier de Crmone"
que tradujo en verso con el ttulo de "El violn mgico", y dio a la joven el
nico papel femenino.
Ahora bien, el 4 de marzo de 1908 Blixen comenz a dirigir "La Razn",
diario muy decado, que no sala a luz desde el 31 de enero del mismo
ao. Y Delmira, que haba editado a fines de diciembre de 1907 su primera obra, consultada por el flamante director, como lo documenta la
carta presente, le neg autorizacin para publicar un artculo y prefiri
sin duda ceder el trabajo a otra hoja. Ese artculo -de seguro sobre
"El Libro Blanco"- era tal vez, como lo sugiere la fecha, la carta de
Vaz Ferreira, dada a la estampa por esos das -el 9 de marzo- en
"La Tribuna Popular". Luego ocurri lo sabido: "La Razn" no tard
en ser restituida por el talento de su nuevo director al primer plano
de la prensa montevideana. Y ya a mediados de 1908 era, de nuevo,
rgano de singular prestigio.
La poetisa, entonces, debi de mentar o reprochar en una carta a Blixen -como el propio Blixen lo establece en su respuesta- la "mala
voluntad literaria" del Director de La Razn para con ella segn creen
cia de muchos y "el silencio" del diario a su respecto. Blixen niega que
haya causa, motivo o pretexto para esa "mala voluntad", pero reconoce
que "La Razn" -en virtud del pasado desprecio de Delmira- se permite una "pequea represalia". Y, prodigando encomios a la poetisa,
la reconviene -de hecho- por suspicaz y le echa en cara "sus caprichos ... de nia mimosa". Esto debi de ocurrir -insisto- a mediados
de 1908. Blixen muri meses despus, el 22 de mayo de 1909.
Y Delmira, al editar sus "Cantos de la Maana" en enero de 1910,
entre las veinticinco opiniones incorporadas al opsculo, dispone en segundo trmino la de Blixen, convertida por el arte selectivo en loa sin
reservas. Doy el texto desglosado (que se reprodujo tambin en el suplemento de "Los Clices Vacos", pero sin las palabras que subrayo
en la cita): " ... Creo que es usted una eximia, una admirable poetisa,
y que sus versos son por lo general magnficos. - Tiene usted a su dis-

-176-

pos1c1on todos los diarios, pues todos se disputarn el honor de complacerla, y con razn, porque es usted una de nuestras figuras literarias
ms sobresalientes y simpticas, y todo lo que a usted concierne despierta un intenso inters en los lectores. - Entusiasta admirador suyo
me repito".
Ntese que en el comienzo del extracto ("Creo que es Vd. una eximia,
una admirable poetisa ... "), Delmira agreg o sold al reconocimiento
hecho en la primera mitad de la carta \ '' ... una admirable poetisa ... "),
otro reconocimiento ( '' ... eximia poetisa ... ") efectuado en la penltima lnea del texto.
2 Subrayado en el ms., igual que el verbo convena lneas ms abajo, y -en
cuatro ocasiones- el ttulo del diario dirigido por el remitente.
Carta de Santn Carlos Rossi [IJ
El remitente -mdico de nota, con aficiones literarias- anuncia una
prxima impresin sobre "El Libro Blanco". De hecho, con estas lneas,
la formaliza y adelanta.
Carta de Santn Carlos Rossi [II]
Como esta carta fue publicada el ltimo da de agusto de 1908, casi
un semestre despus de haber sido escrita la anterior (v. "Noticia previa"), pienso que cabe datarla sin riesgo en aquel mes. (No carece de
aciertos en la valoracin, a pesar de la tiesura y el decorativismo que la
perjudican).
Carta de Francisco Villaespesa.
Villaespesa (que equivoca el apellido de Delmira, convirtindolo en
Agustn), remiti ese mismo da -2- de mayo de 1909- una tarjeta
a Rod. (Vide N 9 49, de la seccin correspondiente).
Carta de Rafael Barrett.
Esta carta -con sus dos desafueros pronominales, rans1mos en el autores el anuncio del estudio sealado en la "Noticia previa".
Carta de Manuel Ugarte.
Con el envo de la poetisa y la presente respuesta de 1Jgarte se formaliza entre ambos una relacin amistosa que se fue complicando y pes
decisivamente en el destino de aqulla. (Vide, por ejemplo, en "Cuadernos americanos", Mxico, setiembre-octubre de 1953, dos cartas de
Delmira al escritor argentino, insertadas en un artculo de Hugo D.
Barbagelata).
2 En el reverso del sobre, para -o contra- un destinatario que no menciona, Delmira escribi: "Los originales de todos los juicios arriba citados
y muchsin10s otros de valer, los tengo a su disposicin. Vindolos en
toda su amplitud se penetrar V d. de las 'frases comunes' de mis 'jvenes panegiristas'." Se trata del P. S. puesto en una .carta a. Vicente
Salaverri, publicada en "La Razn" el 29 /IX/911. (El episodio forma
parte de una controversia menor. Alejandro Sux haba sacado a luz en
"Elegancias", Pars, agosto 1.5 de 1911, un juicio afirmativo: "Una poetisa uruguaya/ Delmira Agustni", que reprodujo "La Razn" el 25 de

-177-

setiembre inmediato y en el que se lee: "Cuando apareci El Libro


Blanco la crtica de Montevideo dijo frases comunes, hall influencias
de Daro, de Nervo, de Lugones ... ". La referencia -por otra parte,
errnea- exasper a Delmira, quien remiti una carta al Director de
"La Razn", dada a la estampa el da 27, para echar en cara al colaborador de "Elegancias" su "protesta originalsima, monstruosa" y aadir: "Yo no puedo otorgar con mi silencio esa blasfemia. La crtica de
mi pas me ha mimado como a hija predilecta. Puedo exhibir las firmas
ms ilustres al pie de los elogios ms estupendos ... ". Etc. Y despus
de recordar que quienes invocaron a Daro, Lugones y Nervo (es decir,
Natalio Botana y Ovidio Fernndez Ros) no lo haban hecho para
hablar de influencias sino para trazar paralelos creyendo que ella "los
aventajara a todos", vuelve a Sux y rechaza "la absurda defensa de una
obra que jams la necesit de nadie y hoy, despus del triunfo, mucho
menos". ?\o es indispensable comentar la carta. Al orro da, Vicente
Salaverri, con tono moderado y cierto sarcasmo, crey oportuno justificar a Sux. Delmira, entonces, le dirigi una carta abierta, en la que
transcribe catorce juicios sobre su obra -de Blixen, de las Carreras,
Vaz Ferreira, Reyles, Papini, Schinca, Scarzolo Travieso, :Montero Bmtamante, Rod ("Rod -aclara- lleg a llamarme [en la dedicatoria
de Motivos de Proteo] "inspiradsima poetisa" y a manifestarse "mi admirador"), Villaespesa, Barren, lJgarte," el "imponente lJnamuno" y
Kervo (ste es citado por un "honroso homenaje" [consistente en amable dedicatoria]). Y corona la carta con el referido "post-scrptum". Al
da siguiente, Ramiro el Bermejo y Vicente Salaverri pusieron fin a la
incidencia con apacibles aclaraciones.

puso: "Y Clerro este otro libro ... ". (Agreg, pues, el vocablo que subrayo).
8 Unamuno, segn se advierte, al hablar de la poesa de Delmira Agustini, que esclarece con varias sorprendentes adivinaciones, habla al par
-como siempre- de s mismo y desenvuelve algunos de sus temas predilectos con lengua aforstica y apasionada lucidez.
Carta de Salvador Rueda
Como la edicin de "Los Clices Vacos" se termin en los ltimos das
de abril de 1913 -"La Razn", por ejemplo, da la noticia del libro el
2 de mayo-, el poeta malagueo, a quien Delmira -es obvio- remiti
uno de los primeros ejemplares, fue ms diligente de lo que declara.
Carta de Eduardo Acevedo Daz.
Una obra del destinatario inmediato ("Mis versos", por Lorenzo Vicens
Thievent, Montevideo, Imprenta La Rural, 1914), sirve -casi- de
pretexto al remitente para hablar de Delmira Agustini, sacrificada poco
antes, el 6 de julio. Parece innecesario apuntar que la perspectiv crtica de
Acevedo Daz respecto a la autora de "Los Clices Vacos" era an
la de su tiempo.
R. l.

Carta de lVIiguel de Unamuno

2
3

5
6
7

Esta lnea y la precedente -con una enmienda: Srta. por Sra.- se


publicaron en "La Razn"; pero Delmira las suprimi en el suplemento
de "Los Clices Vacos". (V. "Noticia previa").
Tambin aqu la destinataria corrigi el tratamiento, y puso Seorita,
al publicar extractos de la carta (en el diario y en el suplemento de
"Los Clices Vacos").
Delmira elimin en los nombrados extractos la alusin a otras poetisas
y la mencin de Mara Eugenia. Unamuno debe de referirse, en el texto,
ms que a la "Coleccin de poesas uruguayas" por Vctor Arreguine
(1viontevideo [Alejandro Machado, editor], 1895 ), en la que estn representadas Mara Eugenia, muy joven an, Adela Castell y Dorila Castell
de Orozco, a "El Parnaso Oriental", antologa de Ral Montero Bustamante, 11ontevideo-Barcelona, Maucci, 1905, en la que figuran Adela
Castell, Mara Eugenia, Mara H. Sabbia y Oribe, Ernestina Mndez
Reissig y -ya en un conjunto de ltima hora- Clara Gianetto.
Aqu Delmira, al trasladar el texto, escribi -por error de lecturaextrafemenino: lo contrario, precisamente, de intrafemenino. Y no en
balde aade Unamuno en seguida: " ... qu hondamente humano es
esto!" (El subrayado es mo).
Este parrafito, omitido en el suplemento de "Los Clices Vacos", figura
entre los extractos de "La Razn".
Tambin esta segunda fecha -"Hoy da 16"-, mantenida en el diario,
se elimin en el suplemento de "Los Clices Vacos".
Para aclarar sin transcribir todo el rengln -meramente reiterativo ya,
pues Unamuno haba anticipado el parecer pocas lneas antes- Delmira

-178-

-179-

DELMIRA AGUSTINI
y

ANDR GIOT DE BADET

ACLARACIN I . - "Delmira Agustini", por Andr Giot


de Badet.
Este trabajo -que nos envi el autor- es en realidad la suma
de dos artculos que distinguimos con nmeros arbigos puestos
entre corchetes: uno publicado hace treinta aos, y otro, indito
an, escrito especialmente para el Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios.
El primero de esos artculos sali a luz en la "Revue lii ondiale", Pars, agosto 19 de 1931 (pgs. 256 a 264), y luego, traducido con bastante libertad por Sal Sempol, en "El Ideal", 1li ontevideo, 21/IX/931. (Todava, aos ms tarde, unos pocos pasajes
fueron transcriptos en un libro sobre la poetiSa). Pese a ello,
como es an hoy un texto virtualmente desconocido y posee, ms
ali de su frondosidad literaria, <alor testimonial, creo oportuno
recogerlo, con arreglo a una leccin en general eficazmente corregida por el propio Badet.
El segundo artwlo, indito repito y en el .que se tocan temas
nuevos, es complemento del referido y aporta ms de un dato
apreciable para la biografa de Delmira Agustini.
JI y III.- Pginas de Carlos Brandy y
Clara Silva sobre la amistad
de Delmira y Badet.

En 1955 y 1956, respectivamente, Carlos Brandy y Clara Silva,


llegados a Francia, visitaron en nombre del Instituto Nacional de
Investigaciones y Archivos Literarios a jlf. Andr Giot de Badet,
amigo fraternal de Delmira Agustini. Y ambos estimaron oportuno registrar, a raz de dichas visitas, las impresiones que se reproducen en este volumen.

-183-

Addenda. -Un retrato y un autgrafo


de Delmira. (Ver Lminas,
XXVIII a XXXI).

M. Andr Giot de Badet. visitado como se ha dicho fJor Carlos Brandy y Clara Silva suc,esivamente, los atendi con singular
deferencia. Y adems de enviar a Clara Silva los dos artculos ofrecidos en estas pginas -uno de ellos, como se dijo, escrito especialmente para el Instituto-, don con destino al Archivo de Delmira Agustini: el autgrafo de ((Las Voces Laudatorias", que puso
en manos de Carlos Brandy, y un retrato de la poetisa, que remiti a Clara Silva.
El retrato -v. Lminas, XXVIII- representa a Delmira
hacia 1910 y trae la siguiente dedicatoria, que parecera innecesario trasladar: "Para Andr Giot, artista exquisi-/to que produce,
todo l, la ine-jfable impresin de una lgrima / engarzada en una
sonrisa-/ Fraternalmente / Delmira Agustini".
El ~utgrafo -v. Lminas, XXIX a XXXI- consta en tres
pliegos de color celeste -convertidos en sendos folios- con una
dedicatoria ("Para ti Andr, mag-/nfico hermno en nues-/tra
dulce madre Poesa") y una data ("En la io;la azul de / la ternura
fraternal./ Hoy"), debajo de la firma ( "Delmira").
Para. fijar las diferencias, comfmremos el ms, con la leccin
impresa del poema, recogido por los familiares de la poetisa en
((El Rosario de Eros"J 111 ontevideo, 1lf. Garca. 1924, pgs. 46
a 48. (Antes puede observarse que, en el libro, la dedicatoria del
poema se reduce a dos palabras. ((Para Andrs", y no hay data;
asimismo, el cuarto verso est viciado por una errata: (( . .. el crepsculo . .. " en vez de ((al crepsculo . .. ". Y puede igualmente
observarse que el texto llega a los cuarenta y ocho versos pero consiste, de hecho, en tres consecutivos sonetos alejandrinos, cada uno
de los cuales se acrece en dos lneas hasta culminar -o decaercon el mismo pareado a modo de retornelo y estrambote:
Versos 8 9 y

Verso 38 9
-En el ms.: Fulgen las siete llaves del lrico tesoro",
En el impreso: Fulgen las siete llaves de lrico tesoro)),
Versos 4 JP a 44'' ---En el ms.:
Eres Francia.' . .. Tu carne, tu alma, tu j;oesa
Forman un lis de fuego, de gloria y armona
Con que Pars corone su frente de crisol;"
En el impreso:
Eres Francia! . .. Tu sangre, tu alma, tu fJoesa
Forman un lis de fuego, de gloria y de armona
Con que Pars corona su frente de crisol;"
Es jJrobable que el manuscrito, al cabo, contenga la leccin
definitiva.
(Si se rejJasa el quinto cuaderno de autgrafos, se hallar escr.:to en sentido imerso -vide folios 38 r 37 u.- un borrador del
tercer soneto de "Las Voces Laudatorids". Delmira comjntso primero ese borrador, en el que hab'a -ccmo ya se ha dicho- de
un poeta hisj;ano, tal -ez -diremos- Isaac Viera, el mismo a
quien dedic en enero de 1908 unas estrofas jJarcialmente recogidas en ((Cantos de la JHaana". Luego, refundi ese soneto, cambiando la identidad del jJoeta celebrado, y le antepuso los otros
dns sonetos -coronados con estrambote igual-: dio trmino as a
a Las Voces Laudatorias", poema que e.:-:cluy -justificadamentede ((Los Clices Vacos").
R. l.

99

~En

el ms.: (( . .. y los vasos de cera


de sus manos, colmados de flores de cario;''

En el impreso:

(( . .. y los vasos de cera


de sus manos colmadas de rosas de cario/'
Verso 27 9
--En el ms.: ((Es un bien y es un mal . .. "
En el impreso: u Es un mal o es un bien . .. "

-184-

-185.-

I
DELMIRA

AGUSTINI
por

Andr Giot de Badet

[ 1]

droiture du creur, la clart de pense qui caractrisent celles de


chez nous; les yeux bleus ou se reflete la nostalgie sentimentale des
allemandes; le charme des argentines; la noblesse des uruguayennes.
Ses mains taient aussi belles que soignes, ses pieds minusculement petits et ses cheYeux -d'un or roux tres fonc- paraissaient des cheveux dous d'une miraculeuse vie tels ceux de certaines hroines de Maeterlinck.
Comme elles, elle semblait ne pas avoir eu d'enfance et etre
voue a quelque destin inexorablement tragique.
Elle avait appris a Jire, a crire, instinctivement, de meme
que d'autres petites filies jouent a la poupe et, -ayant su crires'tait mise a crire en vers, ainsi qu'on respire, car dans son creur
tout n'tait que rythmes, rythmes qui la jetaient extasie des noctumes de Chopin a ces miraculeuses cadences du verbe que lui
rvlaient le Cvrano d'Edmond Rostand et La Nave de d'Annunzio, en passant- par les poemes "tres XVIIIe siecle" de Rubn Daro, ce rossignol nicaraguayen.
C'est lui qui crivit d'elle, aussitot apres qu'elle eut publi
son premier volume:
"De toutes les femme~ qui de nos jours crivent en vers,
aucune n'a su m'impressionner autant que Delmira Agustini par
son ame sans voiles et par son creur en fleur.
C'est la premiere fois qu'apparalt en langue castillane, hors
de Sainte Threse en son exaltation divine, une ame fminine dans
l'orgueil de son innocence et de son amour.
Si cette belle enfant persvere dans la rvlation de son gnie
comme elle l'a fait jusqu'a prsent, elle va stupfier notre monde
de langue espagnole.
Sincrit, enchantement, fantaisie, voila les qualits de cette
dlicieuse Muse. Transformant la phrase de Shakespeare on pourrait dire d' elle: "That is a woman" car, paree qu' elle est essentiellement femme, elle dit des choses exquises qui n'ont jamais t
dites avant elle.
Que la Gloire, 1' Amour et la F licit 1' accompagnent !"

Non! Non! ce n'est pas vrai, Delmira Agustini n'est pas morte,
elle ne peut. pas etre morte! D'autres ont accompagn ce qui fut
un corps rad1eux jusqu'au cimetiere, d'autres ont pu jeter des fleurs,
verser des larmes sur sa tombe, voquer en des mots palis ce qui
n'avait t que jeunesse, beaut, gnie, je n'en ai pas eu le dchirant courage, c'est pourquoi je puis douter encore et -m'enfermant dans le souvenir de cette enfant unique- me nier une vidence trop douloureuse et trop injuste.
Delmira Agustini naquit le 24 octobre 1886 mais, en Amrique
Latine, octobre est le creur du printemps: la nature s'y livre a
mille extravagances qui s'appellent des corolles, mais que l'on pou
rrait prendre pour des insectes; a des prodiges qui s'appellent des
insectes, mais qui semb1ent de vivants ptales; a mille prodigalits
qui s'appellent des fruits; a mille dbauches qui s'appellent des
parfums et, -comme dans cet immense continent !'Uruguay est,
entre toutes, une terre privilgie- cette meme nature prise d'un
dsir excessif, en ce mois d'octobre 1886, donna le jour a la future
potesse afin de se surpasser elle-meme.
L'origine de la famille de Delmira, son nom !'indique, tait
italienne, mais ses grands-peres -l'un fran<;ais, l'autre allemandavaient pous, respectivement, une argentine, une uruguayenne.
De ces cinq races -comme des bienfaisantes fes dont il est
parl a la naissance des princesses dans les contes bleus- elle semblait avoir re<;u pour dons les plus belles qualits physiques et morales: le teint chaud d'abricot mur l'arne frmissante le sang
' pur, la
irnptueux qu' ont les filies a u flan e 'du V suve; le front

Hlas, ce fut la Gloire seule qui suivit ses pas enfivrs! Francisco Villaespesa, l'auteur de El Alczar de las Perlas lui crit des
qu'il l'a lue. . . "Actuellement je ne connais aucune personalit
fminine qui puisse vous galer!" ...
Miguel de Unamuno, Carlos Reyles, Manuel Ugarte, les crivains les plus illustres d'Espagne et de toute l'Amerique Latine
s'ernpressent de lui exprimer une admiration que l'on sent aussi
mue que dlicieusement surprise.

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Et Delmira crit inlassablement comme si elle redoutait que


les heures dont elle disposera pour le faire ne soient des heures
comptes dja. Ses vers, que toute traduction trahirait, scmblent
jaillis d'unc priere passionne qui s'adresserait autant a la Vie qu'a
l'Amour:
Des reves de mes jours je te dirai les psaumes
En cet instant profond ou le bleu des nuits croit,
Mon ame mise a nu tremblera dans tes paumes,
Ton paule apprendra ce que pese ma croix.
... Je sais qu'il s'est produit entre nos existences
Le mira ele ineffable d'un reflet:
Comme vers un miroir on va dans du silence
Mon ame a doucement rejoint la tienne ...
... Le silence contient des vertiges d'abime:
J e vacillais, je me retiens a toi.
. . . J e meurs d'illusions, de reve: a tes fontaines
J e boirai le cristal, d' ou sort la vrit.
... Et je ris si tu ris et chante si tu chantes,
Et si tu dors je dors comme un chien a tes pieds.
... M a vi e en ti ere chante. embrasse et rit, ;na .vi e
Entiere est une boliche e~ fleur.

; .. 6 baiser, fleur a quatre ptales! ...


Ainsi Delmira prend des mots dans son ame et les unit avec
ces invisibles fils qu'elle arrache de son cccur afin d'en composer
des colliers dont les grains seraient aussi lumineux que soriores.
Elle qui n'est qu'une enfant rserve, presque ingnue dans
la vie, ne recule pas devant les images les plus oses que se soit
permises une femme nous donnant ce poeme q'elle intitule: Le
Cygne et qui serait presque genant s'il n'tait d'une beaut telle!
Sous sa plume, les penses surgissent pareilles a ces paillettes
d'or que charrient certaines rivieres. Parfois, elle a des trouvailles
qui font penser a des phrases de Pllas et lvllisande:
" ... le ruisseau fluait triste, si triste, comme des
pleurs dans les yeux d'un aveugle ... "

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et tout le poeme qu' elle appelle 1\ies Amours me fait penser a


des passages de S erres Chaudes:
:Mes amours ...
Ils sont venus a u jourd'hui.
Par tous les sentiers de la nuit ils sont venus
Sangloter autour de mon lit.
Ils furent tant et tant! . . . Ils sont tant!
Je ne sais ceux qui vivent, je ne sais lequel est mort.
Je pleurerai sur moi pour mieux les pleurer tous ...
La nuit boit les sanglots ainsi qu'un mouchoir no1r.
Il y a des tetes dores au soleil, comme mures,
Il y a des tetes coiffes d' ombre et de mystere,
Des tetes couronnes d'une invisible pine,
Des tetes qui s'inclinent sur des coussins d'abime,
Des tetes qui voudraient reposer sur le ciel ...
Quelques unes n'arrivent pas a sentir le printemps
Et certaines voquent de pales fleurs d'hiver .
Toutes ces tetes me sont douloureuses comme des plaies,
:NI e sont douloureuses comme des morts ...
Ah ! . . . et les yeux. . . les yeux me sont
Plus douloureux car ils sont doubles! ...
Indfinis, verts, gris, bleus, noirs,
Ils embrasent des qu'ils fulgurent,
Ils sont des caresses, de la douleur,
Des constellations, de l' enfer.
A toute leur lumiere et sur toutcs leurs flammes
S'illumina mon ame et s'est tremp mon corps.
Eux m'ont donn la soif de ces multiples bouches ...
De ces bouches sans fin qui fleurissent mon lit:
V ases pourprs ou bien palis
De miel fondant ou d'amertume,
Aux doux lis d'harr'nonie, aux roses de silence: ..
De tous ces vases ou j" ai bu la vie
De tous ces vases ou je bois la mort ...
... Le jardin venimeux, enivrant de ces bouches
Ou j'ai su respirer les ames et les corps
Humide de mes pleurs vient d'entourer ma couche ...
Et les mains combles de destines
Secretes, et pares de bagues de mystere ...

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Il y a des mains qui naquirent avec de doux gants de caresses,


Des mains comb:es de la fleur du dsir
De mains en qui l'on sent un poignard jamais vu.
Des mains en qui 1' on voit un intangible sceptre ...
Pales ou bronzes, voluptueuses cu fortes,
En toutes, en elles toutes, on peut sertir un reve ...
Avec des tristesses d'ame
Les corps se courbent sans voiles
Saintement habills du dsir:
Aimants de mes deux bras langes de ma tendresse
'
'
Comme vers un abime invisible
ils s'inclinent
Sur mon lit ...
Entre toutes les mains moi j'ai cherch tes mams
Ta bouche entre toutes les bouches,
Et ton corps entre tous les corps;
Je ne vcux que la tienne entre toutes ces tetes,
J e ne veux que tes yeux entre tous ces regards!
Toi, tu es le plus triste tant le plus aim
Et, -venant de plus loin- tu parvins le premier ...
Ah! cette tete obscure et par moi non touche,
Les pupilles que j'ai si longtemps recherches!
Les cernes, qu'inconscient le soir et moi creusames,
Cette trange paleur courbe sans le savoir ...
Viens a moi: ame a ame !
Viens a moi: corps a corps!
Tu me diras ce que tu fis de mon premier soupir,
Tu me diras ce que tu fis du reve d'un baiser ...
Si tu pleuras quand je t'ai laiss seul. ..
Tu me diras si tu mourus! ...
Si tu n' es plus
Ma peine endeuillera l'alcve lentement.
Moi j'treindrai ton ombre
Jusqu'a ce que mon corps par elle soit teint;
Et dans le silence approfondi de tnebres,
Et les tnebres approfondies de silence,
Notre fils, le Souvenir, nous veillera
Secou de sanglots qui le consumeront ...
Tous ses poemes Delmira les crit la nuit, d'une criture si
rature qu'elle seule pourra s'y reconnatre.
Elle passe ses hivers a Montvido et -dans cette ville qui a
conserv toutes les vielles coutume:: ibriennes- ne sort que rarement et toujours accompagne de sa mere qui l'idolatre.

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Ces promenades n'ont qu'un but, toujours le meme: faire


l'aumone aux malheureux, donner des bonbons aux enfants qu'elle
rencontrera, jeter du pain aux petits moineaux effronts criant
famine dam les mois ou le pampero disperse les graines.
Le printemps la ramene dans une proprit a la campagne et
c'est la que nous voisinons chaque anne.
Un omb -cet arbre au tronc aussi gigantesque que creuxnous tend ses grosses branches ainsi que de confortables fauteuils
tapisss d'une toffe un peu rugueuse et, -comme bien que mon
aine elle est aussi enfant que moi- c'est notre joie, une fois installs dans les branches de l'omb, d'y chafauder des projets qui
raliss, devraient faire le bonheur du Monde et d'y inventer, en
un instant, mille pieces de thatre que, dans notre enthousiasme,
nous ne pouvons nous imaginer autrement que sous la forme de
chefs-d' ceuvre.
Des oiseaux chantent. La tijereta, dont la queue simule une
vivante paire de ciseaux, -"tijera" en espagnol- semble dcouper
le crpuscule dans son vol, alors que celui de l'oiseau-mouche nous
fr!e de ses zig...zaguants vrombissements; ils le prcipitent d'une
fleur d'ibiscus a celle d'un ceillet-de-1' air a vec une fragilit telle
qu'un peu d'eau lance sur ses ailes suffit parfois a les alourdir au
point de le faire tomber a terre, meraude expiran te ou dessertie ...
J e cherche dans le cceur de Delmira: la Gloire commence a
l'atteindre mais je n'y dcouvre pas encare le battement de l'Amour.
Des ans passent ainsi ...
Va-t-elle aimer?. . . Aime-t-elle?. . . Mes souvenirs rpondent:
non!
_-\insi elle n'aime personne et pourtant au lendemain du dpart
d'un de mes voyages annuels vers la France elle se fiance, brusquement, et pouse en quelques jours un homme dont elle n'a jamais
parl a ses parents, pas plus qu'a moi meme qu'elle traite polirtant
comme un frere. 1
Pourquoi se marie-t-elle si elle n'est pas [Link] d'aimer?
E!le hsite certainement et le jour de son mariage, quand elle
est dja pare de sa toilette d'pouse, que tous les invits et les t-'
moins sont la, elle refuse de signer l'acte qui va la lier pour la vie.
S can dale! Chacun la raisonne, insiste. . . et lasse, tourdie,
elle signera cet acte qui la liera non pour la vie mais pour la mort,
la mort qu'elle a toujours pressentie puisque des l'adolescence elle
a rpt: "J e sens que ma vi e finira dans une tragdie ... "
1 Delmira se cas el 14 de agosto de 1913 con Enrique Job Reyes, tras
un noviazgo de cinco aos aproximadamente.

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Elle est a peine manee qu'elle revient en pleurs chez ses parents et s'crie dans les bras de sa mere: "Mamita, je n'aurais
jamais du te quitter, je ne te quitterai plus jamais! ... "
_-\lors malgr le dsespoir de sen mari qui l'adore, et qui la
supplie par tous les moyens de reprendre la vie conjugale, elle
obtient le divorce, la loi uruguayenne le concdant sur l'expression
de la seule volont de la femme, maintenue pendant un laps de
temps.
Elle respire, elle se croit dliue, elle ne le sera pas! ...
Cet homme,que'elle vient d'carter lgalement de sa vie, elle
ne l'cartera pas de sa route. Il sonne a sa porte, frappe a ses fenetres, sanglote qu'il l'aime et passe chaque jour des supplications
aux menaces ennrs la mere de Dclmira que, -dans son garement- il rend en partie responsable de l'loignement de celle qui
est tout pour lui.
L' existen ce n' est p:us supportable dans ces conditions! Le 5
juillet 1914, il revient encare, mais pour faire ses adieux: puisqu'il
ne saurait vivre si pres de celle qu'il continue a adorer, il s'expatriera. Il partira le lendemain pour l' Argentine, il le promet: ses
affaires sont regles, ses [Link] de vcyage sont pris, mais qu'une
derniere fois il puisse re\oir pendant quelques heures -seul a
seule- celle qu'il considere toujours comme sa femme, sinon il
ne peut rpondre d'avoir le courage de disparaitre.
Le lendemain -a peine Delmira l'eut-elle rejoint- qu'il
l'abattait d'une baile dans la tempe et se faisait inmdiatement justice ... 1
Etes-vous morte, Delmira? ...
K'est-ce pas une fleur de ceibo -cet arbre dont la floiraison compase des grappes pareilles a des monstmeuses glycines de
sang- n'est-ce pas une fleur de ceibo que vous avez pique, pres
de la tempe, dans vos cheveux, d'un or roux tres fonc, avant de
vous endormir?
Vous etes paJe. . . Mais ne nous a vez-vous pas confess dans
Le Cygne: "J e fais peur a force d' etre paJe ... "
Vous rvez, n'est-ce pas, Delmira? ... Rubn Daro n'a-t-il pas
crit: "Que la Gloire, l' Amour et la F licit l' accompagnent!" N e
faut-il pas que ce vceu se ralise et que vous terminiez les deux
volumes que vous prparez: Le Rosaire d'Eros et Les Astres de
1

La poetisa recibi dos balazos: uno en el odo y otro en la s1en del


lado izq uicrdo.

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l'abime puisqu'ils doivent faire suite a votre premier recueil de


poemes: Les Calices dpouiUs . .. 1
Revez doucement, Delmira. . . Ce n'est pas moi qui aura1
le courage de vous reveiller. Autour de nous la vie est mchante
et ce n'est que sur les branches du vieil omb de Sayago que nous
saurions encare chafauder des projets susceptibles de faire le bonheur du Monde pendant que la tijereta dcoupe le crpuscule dans
son vol et que l'oiseau-mouche se prcipite, dans le sien, d'une
fleur d'ibiscus a celle d'un ceillet-de-l'air.
("Revue Mondiale", Paris, 1er. Aout 1931).

1 Delmira public tres volmenes ("El Libro Blanco", 1907; "Los


Cantos ele la :Maana", 1910, y "Los Clices Vacos", 1913); preparaba, cuando muri, otro volumen, "Los Astros del Abismo", en el cual "El Rosario
de Eros" era slo una composicin formada ele cinco partes.

--- 193 --

[2]
Je viens de relire les pages qui prcedent. Elles composent un
article paru le Ier Aolt 1931 dans La Revue M ondiale de Pars
et dont D 1d al de Montvido, du 21 Septembre suivant, publiait
la traduction.
Vingt-six ans ont pass depuis, vingt-six ans au cours desquels bien souvent, avec la plus persuasive insistance mme, il m'a
t demand de complter ces souvenirs, tout ce qui a trait a
Delmira Agustini prsentant le plus grand intrt.
Le voulez-vouz Delmira, chere Sreur-Elue, et quel voile puisje encore soulever?
Quand nous sommes nous rencontrs? Je cherche dans ma
mmoire et je erais pouvoir affirmer que ce fut a Montvido,
nature:lement, en 1903 ou 1904 chez Domingo Laporte lequel
donna1t des lec;ons de peinture, rue Soriano si je ne m'abuse.
En 1905 je vins en France mais l'anne suivante, des mon
retour en Uruguay, nous nous retrouvames chez le maestro Laporte.
J'habitais une vaste proprit situe a une dizaine de kilometres de Montvido, dans une sorte de petite ville-jardin dont le
dveloppement -en partie mme la cration- devait tant a mon
pere. Cette petite ville s'appelait Colon. Le chemin de fer y passait.
J'y montais pour me rendre au Cours de peinture et vous preniez
ce mme train a Sayago, la station suivante. De mon wagon, vous
ayant cherch des yeux sur le quai de la gare, je vous faisais signe
et vous veniez me rejoindre dans le compartiment que j'occupais.
Devenus fraternellement camarades nous ralisions de la sorte le
voyage de l'alle et du retour, parlant thatre et posie, nous faisant
mutuellement connatre nous auteurs prfrs, changeant leurs
livres. C'est ainsi qu'un jour, avec enthousiasme, vous m'avez
ann~nc; ~ue vous alliez jouer, au Thatre Urquiza, pour un gala
de. b1enfmsance, notre Luthier de Crmone) de Franc;ois Cope, tradmt en espagnol sous le titre de El Violn A'fgico par Samuel
Blixen qui tait votre parrain, ou vous tait apparent, si ma mmoire ne me trahit pas. J'avais tenu a assister a la reprsentation.
Il me semble vous revoir. En parfaite comdienne vous avez interprt votre role ave.:: le plus charmant naturel, l'motion la plus
touchante et ce bro juste que permet uniquement la vritable
personnalit.
-194-

Ainsi les annes passerent. Votre excellente maman s' tait prise .
d'une vritable affection pour moi. Entre temps la route qui reliait
Colon a MontYido tant devenue une route magnifiquement entretenue, que sillonnaient les automobiles, je n'avais plus a prendre
le chemin de fer. Pendant l't j'allais vous voir a Sayago, visites
que vous me rendiez a Colon amene par un break de la "Cochera
Domingo 1vloro" ou grace a celui, moins brillamment attel d'un
.
v1eux
cocher d'origine italienne, nomm :Magnasco, car vous' sentiez gnreusement le plaisir qu'il prouvait a conduire une si belle
seorita.
Souvent a Colon, a 1' ombre des grands arbres plants devant
ma maison, ou sous celle des immenses tonnelles du jardn, le djeuner runissait de nombreux amis a u tour d'un "asado criollo".
Cambien vous saviez vous montrer enjoue, bien que reserve, au
cours de ces heures champtres, et je pense que le frere de 1'aviateur Adami, qui s'occupait fort de photographie, pourrait retrouver des clichs nous rendant votre souriante image de ces jours-la.
Vous parliez assez couramment le franc;ais, chere Delmira. En
tout cas vous le compreniez admirablement, le lisant aussi aisment
que l'espagnol, l'crivant mme comme en tmoignent certains de
vos vers. N'avions nous pas commenc une piece en collaboration,
piece au sujet mythologique, destine, dans notre esprit, a tre
joue par Tulio Carminati le si beau jeune premier italien que
nous avions applaudi aux cots du merveilleux Novelli puisque
Tulio, dont j'avais fait la connaissance entre temps, m'avait manifest son intention d'apprendre impeccablement le franc;ais?
Nous allions souvent ensemble au thatre. Votre pere vous
accompagnait, Madame Agustini ne sortant plus le soir. Angel
Falco, le brun poete au large feutre en bataille, aux allures de
mousquetaire, compltait notre groupe dans ma loge. Le spectacle
fini, avant de regagner Colon, je vous dposais chez vous. Bien
souvent, devant votre porte, n' osant entrer de peur de reveiller votre
maman, nous poursuivions dans la rue, une conversation que chacun de nous regrettait d'interrompre si bien que nous finissions
par nous asseoir au bord du trottoir, vous, votre pere, Angel Falco
et moi ce qui, a votre grande joie, bahissait les passants attards.
Car vous touffiez, Delmira, dans la contrainte de: "ce qui ne
devait pas se faire" dans le Montvido de cette poque lointaine.
Ainsi me disiez-vous: "Si j' tais en Euro pe, j' aurais le droit, sans
que la moiti de la ville cre au scandale, d'aller m'installer seule
a la terrasse d'un caf". Vos ambitions n' taient done pas bien
grandes.
-195-

Vous tiez douce, vous tiez belle, bonne et tou jours souriante
bien qu'ayant le pressentiment de votre destin, car vous m'avez dit
souvent, ainsi que vous le rptiez depuis 1' enfance: "J e sens que
ma vie finira dans une tragdie". Comment aurais-je cru a cela?
Je ne faisais que rire de ces sombres penses que je camparais aux
leitmotive wagnriens, sans me douter qu'elles taient l'annonce
de votre avenir en marche.
Et la se place quelque chose de fort mistrieux dans votre vie.
Notre affection tait si profondement fratemelle et les admirables
vers que vous avez crits pour moi en font foi: "Hermano, a veces
dudo si existes o te sueo ... " que je n' aurais su y dceler 1' ombre
d'un autre sentiment. Aurait-il pourtant, a votre insu, au mien,
exist en vous? Quelques heures avant mon dpart pour un sjour
en France je vous avais fait mes adieux. Malgr cela, a la derniere minute, vous m'avez envoy un mot me demandant de revenir vous voir immdiatement car vous aviez quelque chose d'extremement important a me dire. Abandonnant tout, surpris, inquiet,
je vins en bate puisque le paquebot partait une demi-heure plus
tard et vous m'avez accueilli en riant, me disant: "Ne m'en veuillez pas d'un subterfuge de sceur qui voulait simplement vous
revoir".
A quel mobile avait rpondu ce curieux caprice? Qu'aviezvous a me confier que vous avez dcid de taire a la derniere
minute? ...
Je partis. J'arrivai en Europe et je n'y tais pas depuis quinze
jours que j'y recevais votre lettre m'annonc,;ant que vous seriez
marie a l'heure ou je la lirais. Je fus stupfi. Vous ne m'aviez
jamais parl d'un fianc,;, et jamais, vous voyant pourtant si frquemment, joumellement presque, je n'avais rencontr un jeune
homme dans votre entourage.
Ma surprise, je m'en souviens, fut gale a ma joie car je vous
rpondis immdiatement mes vceux de bonheur, vous grondant seulement de m'avoir cach ce projet et priv de connaitre celui que
j'aimais dja puisque vous l'aimiez et qu'il vous aimait.
Trois mois apres, quand je regagnai l'Uruguay, des 1'arrive,
j'appris par votre maman qu'ayant quitt le domicile conjugal vous
tiez revenue vivre aux cots de vos parents et que vous aviez demand le divorce. C'est ainsi que je vous revis quelques instants
plus tard et jamais vous n'avez voulu me donner d'explication sur
les raisons qui vous avaient pousse a ce mariage que ni vos parents
ni moi n'aurions pu prvoir. "Ce fut un mauvais reve ... " vous
bomiez vous a me rpondre.

-196-

Bien a tort votre mari, passionnment pris de vous, de na- .


ture ombrageuse, exalte, fut-il jaloux de moi, s'il le fut.
En tous as, longtemps apres la tragdie, le comte de :Manvel, que ma mere avait pous en secondes noces, me confia avoir
eu une entrevue avec lui et a sa demande, entrevue au cours de
laquelle il se serait exprim en termes menac,;ants a mon sujet,
m'accusant d'etre la cause, meme involontaire, de votre attitude a
son gard. Mais le comte de Manvel ne m'en fit part que postrieurement m'ayant simplement conseill, lorsque cela avait eu
lieu, de vous voir moins frquemment tant que votre divorce ne
serait pas prononc,;.
Du fait d'avoir beaucoup voyag, j'ai gard bien peu de lettres
dans ma vie et, par surcroit, j'en ai gar. S'il n'en tait ainsi, mon
a jamais chere Delmira, je possderais toujours ces lignes ou vous
m'annonciez votre mariage a tel point invraissemblablement imprvu. Mais souleveraient-elle, tant soit peu, le voile mistrieux
qui s'est pos un instant sur votre vie limpide?
Ah! merveilleuse, ingalable Delmira, malgr tant d'annes
coules, cambien m'est-il douloureux de remuer les cendres d'un
pass ou la tendresse garde des plaies qu'il ne faudrait jamais rou~
vrir. Et je m'incline, pieusement, sur votre souvenir comme sur une
intangible tombe aime que je porterais, fratemellement, dans
mon cceur.
ANDR DE BADET

Escos - A out 195 7.

-197-

Era primavera, y estaba en Pars, tratando de comprender


mi alma. Podra citar nombres, y todo sera en vano. Slo quedaba
la certeza de existir, y aquel compromiso con Roberto Ibez:
entrevistar a :M. Andr Giot de Badet, a fin de que me comunicara
sus recuerdos de Delmira.
:Me asediaba constantemente ese nombre misterioso y el misterio de su muerte.
Antes de partir, me haba entrevistado con la Sra. Ninon
Va11in, quien me proporcion el telfono y la direccin de M.
de Badet.
Lo llam, y tuve la suerte de dar con l en seguida, y as
quedamos citados para el viemes, en su apartamiento, a las 17 horas.
Ese da recorr la Rue de Rivoli, y all, frente al "Pavillon de
Marsan", reluca el N9 190, como un preludio extrao. Interrogu
la institucin llamada "concierge" y as di ante una puerta donde,
a mi requerimiento, son retintineante una campanilla. Se abri
la puerta, y un hombre alto, de unos sesenta y cinco aos, apenas
grueso, de ojos azules y penetrantes, de gran porte, en fin, sali
a recibirme.
-Monsieur ...
Vacil entre mi extico francs o mi querido idioma, y dije:
-Soy Carlos Brandy, y tengo una entrevista fijada con Vd.
a esta hora.
Irgui an ms su porte, y con voz un tanto engolada, me
replic:
-Caballero, yo saba que los uruguayos eran muy impun-

males. Pero Vd. ha batido todos los records. Llega con veinticuatro
horas de retraso. La entrevista era para el da de ayer!
Aquel modo de saludarme no me agrad, claro est. Y exhibiendo austeramente mi agenda, donde -por suerte- haba anotado da y hora, pude penetrar en su casa.
Aquella tarde se habl de Delmira, de Pars, del Uruguay, y
de unos increbles cuentos picarescos, en cuya narracin M. de
Badet puede decirse es un maestro. Todo ello en un ambiente discretamente desordenado, de severo y antiguo mobiliario, y una anciana mujer no s si nonagenaria, que emita una risita pattica,
como fondo.
Al notar mi iquietud inicial, M. de Badet me dijo:
-Pobrecita "ma tante", es lo nico que queda de mi familia,
y ya ve V d.. . . Vive en su mundo, y ni siquiera se ha enterado
de que V d. est aqu.
Esa noche me invit a ver "Boris Godunov", en "L'Opra".
Al da siguiente, nos encontramos de nuevo, y all lo ataqu
con un severo cuestionario que portaba y del cual se me haba provisto. Su permanente buen humor fue empaado por los recuerdos, y una sutil melancola comenz a recorrer sus palabras. Tuve
la certeza de que era sincero en sus respuestas, aunque algunas de
ellas pudieran contener una apreciacin equivocada. As, fueron
desfilando ante mis ojos, un poco deshilvanadamente, si se quiere,
escenas que aquel ser misterioso y hondo que se llamara Delmira
Agustini haba llenado con su presencia. Estaba frente a alguien
que la haba conocido, que haba gozado de su amistad y afecto.
Estaba, podra decirse, viviendo en aquella habitacin la juventud de Delmira, que M. de Badet haba compartido. Aquel 1900
y pico pareca tan remoto. . . y, sin embargo, de l emerga aquella presencia con la vivacidad de un relmpago.
Pero emremos en nuestra tarea. He aqu la sntesis de su;,
respuestas.
M. de Badet conoci a Delmira Agustini en el estudio de
Laporte, donde ella tomaba clases de dibujo, en 1903 o 1904,
y no antes.
De los viajes de Delmira Agustini a Buenos Aires, en virtud
de la fecha en que trab conocimiento con ella, ignora todos los
pJrmenores.
No sabe cmo conoci Delmira Agustini a Enrique Job Reyes,
de quien ella nunca le habl. Y poco despus de llegar en el "Cap
Ortega!" a Europa en el ao 1913, se enter, por una carta de
Delmira, de su boda. La madre de Delmira Agustini -aade
M. de Badet- le expres a la suya que Delmira haba estado enamorada de l (de Badet). Y le cont adems que en el momento

-198-

-199-

II

RECUERDOS DE DELMIRA AGUSTINI


(Una entrevista con M. Anch Giot de Baclet)
por
Carlos Brandy

de celebrarse la boda, Delmira, ya vestida de novia, dijo que no


se casaba con Reyes, que no lo quera y que aquello era un disparate. Fue convencida, y obligada a hacerlo por el problema del
escndalo social. Luego M. de Badet me hace notar el tono de
las cartas que l le escribiera (la trata siempre de "Chere petite
sceur'') y el contraste del tono en que est escrito el poema "Las
Voces Laudatorias" donde Delmira, refirindose a l, dice cosas como
stas: "Su mirada me viste de terciopelo y fuego ... ", "Su cuerpo
hecho de ptalos de placer y de encanto ... ", etc. En sntesis, y
en su opinin, Delmira Agustini se cas por despecho.
La madre de Delmira era una seora corpulenta y pesada.
Como detalle curioso M. de Badet me dice que no la recuerda de
otra manera que vestida con batanes y zapatillas de fieltro. Muy
predispuesta a la jaqueca, viva, permanentemente casi, atenindose a remedios de tipo casero para combatirla. Era muy buena y
a l, personalmente, lo quera como a un hijo. El padre de Delmira
era de tipo italiano, tambin corpulento, pero no grueso. De Delmira me dice que era una mujer muy hermosa, de un cutis "color
damasco, de fruta madura por el sol". De ojos claros y cabell0
castao claro. Que el retrato que ms la recuerda es el de Goby,
pero que, en realidad, ninguna fotografa da idea de su belleza.
Agrega que era muy parecida a su padre. EUa era unos cuatro
o cinco aos mayor que M. de Badet. Me expresa que no era orgullosa, y s un ser todo bondad. Me hace notar que ella siempre
tuvo el presentimiento de un fin trgico para su vida, cosa que a
l le confes infinidad de veces. "Sera incapaz de dar un grito;
me dejara matar sin decir nada".
Me hace notar que los Sres. Angel y Jos Adami eran amigos
de la familia, y que el primero, establecido con casa de fotografa
en la caiie 18 de Julio, le haba tomado ms de un retrato a Delmira.
Delmira Agustini tena una gran admiracin por Rubn Dara,
de quien conoca todas las obras. M. de Badet ignora todo lo relativo a la visita del poeta a Delmira, efectuada en 1912. Expresa
que pudiera haber ocunido en alguno de sus frecuentes viajes a
Europa. Asimismo aquiia admiraba a Mara Eugenia Vaz Feneira
y a Gabriel D'Annunzio. Le consta que Delmira lea el francs
-aunque no lo hablara perfectamente- y que lo entenda muy
bien en una conversacin.
Sabe que Delmira y Mara Eugenia se conocan, aunque a
sta nunca la vio en Sayago, y l no recuerda ningn episodio de
esa amistad.
No tiene conocimiento de ningn intento de suicidio por parte
de Delmira Agustini.

No sabe cmo conoci Delmira a Manuel Ugarte, pero s


que ella, en una oportunidad, expres el temor de que sus cartas al
escritor argentino se hicieran pblicas o se conocieran. Ignora el
tipo de relacin entre ambos.
Delmira Agustini, a los pocos das de casada, huy de la casa
de Enrique Job Reyes. Esto l lo sabe por habrselo referido la
madre de Delmira. Recuerda que Reyes la quera enormemente,
y que era muy celoso, al punto de haberle dicho a M. de Nianvel
que matara igual que a Delmira a Badet si ste segua yendo a
visitar la casa de los Agustini. Esto ocurri despus de la separacin
entre Delmira y Reyes.
1Ie dice que "el hermano negro" a que hace referencia 1a
carta fechada "lundi", es sin duda Angel Falca, de quien era amigo,
y quien tambin era amigo de Delmira. Angel Falca lo llamaba
a l, de un modo similar, "el hermano rubio". (M. de Badet no
tiene hermanos). La "jolie cousine" podra ser Mara Amalia Blixen, a quien nunca conoci personalmente.
Cree que "1' Antinos" de la carta datada en el "Cap Ortega!", era una obra de teatro que l quiso escribir -y que nunca
llev a cabo- para el actor italiano Tulio Canninati, a quien
conociera en el "Princesa Mafalda". Recuerda haber propuesto a
Delmira Agustini que colaborara con l; pero que ella nunca le
entreg una lnea. Tampoco sabe si escribi algo a ese respecto.
Adems, cuenta que en aquella poca era muy frecuente que
Delmira y l fuesen al teatro, acompaados por el padre de ell~ Y
por Angel Falca. Y agrega que en los entreactos los tres se letan
mutuamente sus poemas.
Recuerda que en 1907, en ocasin de representarse en el Teatro U rquiza "El violn mgico", obra de Blixen adaptada de la de
F ran<;ois Cope, "Le luthier de Crmone", Delmira Agustini hizo
el nico papel femenino.
No conserva cartas de Delmira Agustini, siendo probable que
a causa de sus muchos viajes ~e hayan perdido. Me hace entrega
del poema "Las Voces Laudatorias", escrito de puo y letra por
Delmira Agustini. Posee un ejemplar de "Los clices vacos", donde
Delmira escribi tambin de puo y letra el mismo poema. Este
ejemplar manifest que lo quiere conservar. Adems, en su casa de
campo existe un retrato de Delmira Agustini, segn .c~:e, y m~ni
fest su intencin de bu:::carlo. (Ese retrato 'lo remltw, postenormente, a la Sra. Clara Silva para el Instituto Nacional de Inves.
,
tigaciones y Archivos Literarios) .
Aqu ces mi intenogatorio. Nos desped1mos luego, y eche
a andar por las calles, distradamente, rememorando y tratando de

-200-

--201-

comprender el sentido de muchas cosas. Delmira en su juventud,


su casamiento y su tragedia final, tan sin sentido y al mismo tiempo
tan ineluctable. Porque, de qu modo, al fin, habra de morir un
ser todo pasin, para quien la vida corra hacia la muerte, vertiginosa y ardientemente?
Pensaba yo en M. de Badet y en la emocin con que evocaba
aquellos instantes de una dorada juventud; y pensaba, tambin,
en aquella intrigante afirmacin de que Delmira estuvo enamorada
de l y se haba casado por despecho con Reyes. Me pareca extrao que Delmira pudiera haberse enamorado de un hombre que,
por su naturaleza, inspirara a una mujer afecto y una clida amistad, pero no amor.
Tambin pensaba en aquel llamado de la poetisa cuando,
media hora antes de que M. Badet se embarcase, ella quiso hablar
urgentemente con l. Qu hubo detrs de aquella salida aparentemente caprichosa? Y hasta dnde -si ella hubiera habladopodra haberse torcido el destino y no tendramos hoy historia tan
amarga? Pero tampoco poda perder de vista a Manuel Ugarte y
su tal vez fundamental papel en el drama. Y as segu caminando
por las viejas caEes, hasta que me recibi mi hotel de la Rue
M adame.
En fin, sta es la versin de lo vivido y odo en casa de M.
de Badet. En mi opinin dijo honestamente todo lo que estaba en
su conocimiento y dio su interpretacin de los hechos. Su amabilidad lleg al extremo de no poner objecin a ninguna pregunta.
Eso s, algo ms me dej pensativo, puesto que, a~l filo del trmino
de la entrevista, se manifest extraado de que existieran personas
y hechos de los cuales ella nunca le hubiera hablado.
Hasta aqu todo: un impreciso y modesto aporte, pero cumplido con emocin, al fin. Delmira Agustini: un ser fascinante. M.
de Badet: una personalidad llena de inters v vitalidad, aun en

sus claroscuros inevitables.


CARLOS BRANDY

-202-

III

DELMIRA Y ANDR GIOT DE BADET


por

Clara Silva
A fines de julio de 1956, visit en Pars al escritor francouruguayo Andr Giot de Badet, residente en esa ciudad. Llevaba
la misin, encomendada oficialmente por el Director del Instituto
Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios, el escritor Roberto Ibez, de obtener en pases de Europa -especia-lmente en
Espaa, Italia y Francia- datos, referencias, documentos relativos a algunos es:ritores nacionales que haban vivido o actuado
por algn tiempo en aquel ambiente.
En el caso de Badet exista un particular inters, con respecto
a Delmira Agustini. Delmira no haba viajado a Europa, pero sabamos que, desde la ado1escencia, haba mantenido relaciones de
gran amistad con de Badet, en :Montevideo, antes de que el mencionado escritor se radicara definitivamente en Pars. Y que ste
guardaba en su poder algunos papeles ntimos.
Andr Giot de Badet pertenece a una antigua familia de pro~
cedencia francesa, de acaudalada posicin y estilo de vida aristocrtico, que, a comienzos del siglo, habitaba una vasta posesin
seorial a poca distancia de 1\1ontevideo, en Coln, y rea!Jizaba
frecuentes viajes a Francia, donde pasaba largas temporadas. Por
la rama materna est entroncado con la nobleza francesa ms
ilustre, de vieja cepa, y se remontara su ascendencia a Enrique IV.
La citada posesin de su padre, en Villa Coln, fue -puede decirse- e1 principal fundamento de esta localidad. De l procede,
en gran parte, la densa plantacin forestal -sobre todo de eucaliptos- que le ha dado carcter y hermosura de gran parque.
La Granja Giot era famosa hace medio siglo por la riqueza de su
produccin industrial. La fortuna de ese colono francs se calculaba en esa poca en unos cuarenta millones de pesos.

-203-

El joven Andr, hijo nico, recibi una refinada educacin


intelectual y se compenetr ntimamente de las esencias y las formas de la literatura francesa, as de la clsica, acadmica, como
de la predominante en ese perodo intermedio, de esteticismo atormentado y exquisito, proustiano. Estudi recitado con el gran
Coquelin y fue camarada de Maurice Rostand, en cuyo hogar, y
junto al autor del "Cirano", entonces glorioso, se inici en sus
inclinaciones teatrales.
Radicado luego en Pars, hijastro, a la sazn, del conde de
Manvel, vinculado al ambiente de la aristocracia francesa ms ilustrada, as como a los crculos literarios ,. artsticos ms snobs del
Boulevard, ha actuado desde muy joven ~n aquel ambiente, donde
es sumamente conocido, sobre todo en el campo teatral. Ha escrito
apreciables pginas, siempre en francs. Un libro suyo, "Contes
a u clair de lune", est ilustrado por Valentine Hugo, nieta de Vctor Hugo. Hacia 1940, estren "La vida ateniense", comedia musical, en colaboracin con [Link] Brocqua, el msico uruguayo,
comedia que la crtica calific de "aristofanesca". Compuso canciones para Josefina Baker. En su poca ms brillante, sola llamrsele, en el ambiente parisiense, "el Osear Wilde sudamericano".
Durante varios das, lo busqu intilmente a lo :largo de la
Rue RiYoli: llevaba su nmero equivocado. Sub y baj escaleras
de muchas casas antiguas y misteriosas. Discut con muchas concierges: ((lnconnu". Tampoco figuraba en la gua. Cuando ya
desesperaba de hallarle, inesperadamente, una noche entramos en
el "Chatelet"; en el hall, un grupo de personas conversaba; al
despedirse, una de ellas dijo: -"Au bientot, Monsieur de Badet".
La benvola providencia lo haba puesto en mi camino.
Fui a visitarlo a su departamento de Rivoli, frente al Louvre,
casi sobre las Tuileries, entre las viejas arcadas con ptina novelesca. Todo tena, en la amplia residencia, un carcter y un sabor
tradicionalmente franceses, con sus cortinajes de terciopelo, los
muebles de sus antepasados, sus ediciones raras y preciosas y sus
muestras de arte, algunas valiosas. Entre los libros, uno de Delmira, "Los Clices Vacos", con un poema autgrafo, "Las Voces
Laudatorias", dedicado.
Se hallaba en vspera y aprontes de viaje a su posesin campestre de los Bajos Pirineos; y llevaba consigo a la vieja ta muy
enferma con la cual viva y a la que cuidaba con devocin filial.
Conversamos mucho de Delmira, su gran amiga de juventud.
De su palabra brillante, clida, aunque ligeramente amanerada
de estilo, ella surga en rasgos y circunstancias no conocidos todava por nosotros. Pero la conversacin era muy rpida, el tiempo
urga y Badet quera darme, y yo tambin se lo peda, una versin

-204-

lo ms concreta posible de esos recuerdos. Entonces l, con su ~or


dial gentileza me prometi formalmente que, en ~~anta, estuvi~ra
instalado en los Pirineos, me enviara una relacwn mas precisa
acerca de ese tiempo lejano vivido en Montevideo, en la intimidad
juvenil de la poetisa; ese tiempo que nos evoc~ en las pginas. q_ue
se anticipan aqu, impregnadas de la melancola de nuestr~s v~eJaS
quintas y el ambiente todava provinciano de hace m?dio siglo,
en el que Delmira era una flor extica. Antes. de des~edirnos, prometi enviarme el hennoso retrato de la poetisa, dedicado, hoy en
poder del Instituto, que se da entre las "Lminas".
A travs de su recuerdo, la vemos, muy joven an, casi ado~
lescente, antes de sus libros, lejos de la tragedia que, sin embargo,
la acechaba implacablemente, invisible. La vemos, cama:ada jovial e inquieta entre los rboles de su quinta y en sus mgenuas
lecciones de pintura con el viejo Laporte. Y ya como tembloros~
mente asfixiada por el medio, en una premonicin de :la angustia
que la aprisionara muy poco despus. Grac,iosamente, le expresa
a su amigo: "Si estuviera en Europa, tendna el derecho d~ sentarme sola en la terraza de un caf, sin que la mitad de la cmdad
gritara escandalizada".
Curiosamente estas pginas asumen un aire intimista, de con'
.
fidencia, casi lrico, y se dirigen a Delmira misma, a su [Link]~, a
su recuerdo, como si estuviera viviente en algn lugar m1stenoso
de la luz o la sombra. Soslayan delicadamente, con pudor, los acontecimientos ms pasionales y sombros del ltimo acto, ese del cual
declara que fue l, en cierto modo, factor involuntario.
Esta ltima revelacin, arrojara imprevistas luces sobre _ese
perodo tormentoso de la biografa ntima de nuestra gran ?oeti~a.
Pero la prudencia nos aconseja no tomarlas como segu~as, SI.n mas.
Ya sabemos que el valor de los datos puramente testimomales es
relativo; y aunque deben ser tenidos muy en cuenta, ~i proc~den
de fuente seria, no siempre han de darse por ciertos sm previa Y
rigurosa comprobacin objetiva. No es que. dud:mos -y menos
en este caso- de la absoluta buena fe y la smcendad con que son
entregados. Pero pueden intervenir equvocos de interpretaci~,
de perspectiva, con respecto a los hechos y a las pa~abras, ~ traves
de la subjetividad personal de los actores o los testigos. Asi, pues,
aunque la importante versin de este d_istinguido ?~~bre de_ let~as,
acerca de ese suceso, pudiera ser motivo de anahs1s, considerandose como una interpretacin tal vez desviada, de hs desconcer-

-205-

tantes reacciones temperamentales de Delmira, lo cierto es que l,


M. de Badet, en su profunda devocin amistosa por la extraordinaria
criatura, no hubiera vacilado en ir hasta el matrimonio. As me lo
declar en la conversacin de la Rue Rivoli, aunque no lo diga
explcitamente en sus pginas: -"A pesar de que mis sentimientos
para con ella eran puramente fraternales y nunca habamos hablado de amor, si yo hubiera sabido eso, me hubiese casado con
ella".
CLARA SILVA

OBRAS DRAMTICAS DE
JULIO HERRERA Y REISSIG

-206-

NOTICIA

PREVIA
Slo dos obras

Slo conservamos -y conocemos- dos obras dramticas de


Herrera y Reissig, ambas en prosa e ind;itas an: LA SOMBRA,
comedia o a d!rama lrico" en un acto; y el primer cuadro de una
pieza inconclusa, que denominaremos ADELFA. Puede afirmarse,
sz:n mucha certidumbre en cuanto a la segunda, que datan de 190&
y que en gran parte no fueron escritas directamente, sino dictadas
por el poeta -enfermo-, a quien estimulaba, segn informes de
su viuda, la esperanza de obtener algunos recursos y aliviar los
apremios d::e una creciente e irremediable pobreza. (julio crey
acaso -como ocurri un ao despus con el famoso negocio de
los vinos junto al complaciente Miranda- que el teatro iba a
sacarlo de pobre y hacerlo fabulosamente rico. Esa facilidad para
ilusionarse -atestiguada por el propio j\ifiranda en el caso de la
aventura comercial de 1909, que se coron con la consumicin particular de las botellas reunidas- fue rasgo significativo y esencial
en el carcter del gran poeta).
Limit H enera a las pginas antedichas sus tentativas en
el teatro? Una autobiografa pmvocativa y heterodoxa, que redact
sin duda a mediados de 1904, cuando se aproximaba a la treintena \ y transform luego -al inaugurarse el ao 1907- en
carta a Soiza Reilly, incluye estas lneas: Tengo el ropero atestado de indritos. Poemas, sonetos, cuentos, un dmma y una novela
aguardan el aire nebuloso de Pars''. 2 Qu drama es se
invocado -pues- en 1904? Si el solo cotejo de las fechas impide
en principz:o identificarlo con La Sombra" (1908), no sera lgico
descartarlo, mientras se ignore el texto, como germen o antecedente
de la comedia mencionadJ,a. Con todo, aunque entre en el orden de
1

"Voy pronto a tener treinta aos", dice en las postrimeras de ese

texto.
2 Soza Relly aprovech y no nser{ la carta en un reportaje a He
rrera y Reissig, "Los martirios de un poeta aristcrata" (vide "Caras y Ca
retas", Buenos Aires, 19/1/907, y "Cen hombres clebres", libro del mismo
cronista -1909-); pero la public despus de la muerte de Julio en "Revista Popular", Buenos Aires, 4/III/918, y le di cabida eu otro libro suyo,
"Hombres luminosos", Buenos Aires, Vicente Matera [1920], pgs. 34 a 36.

-209-

lo posible, ese ltimo hecho no resulta jJrobable: Lo cierto es _lo


incierto, porque nada sabemos de aquel drama, n1 tampoco -anadir- de la novela. Claro que el poeta, al anunciarlos, pudo
-como otras veces, con su habitual e impetuoso ofJtimismoatribuir entidad real a meros proyectos.

"LA SOMBRA"
Prdida y restauracin

El Conservatorio Labardn de Buenos Aires, presidido por


de Laferrere convoc en enero de 1908 a escritores arrcrrorio
G o
'
.
aentinos y uruguavos para sendos concursos, en aquella cmdad Y
~n :Mont~video ce obras dramticas inditas que constaran de
"un acto en pr'osa o verso", se presentaran en originales escritos
"a mquina o a mano de manera perfectamente legible" y se entr~~
garan "al jurado antes de las doce de la noche del 29 de. Fe?re:o
con nombre propio o con lema si se deseaba guardar el mcogmto.
Las piezas que no se considerasen "absolutam_e,nte__ irrepresentables" seran puestas en escena por una compama ~_ontratada .a
ese solo objeto"; y se otorgara "a la obra vencedora un pren:w
de "dos mil pesos moneda nacional argentina". Integr~ran ~~ JU:
rado [oriental], que fallara despus de las representaciOnes, '}ose
Enrique Rod, Samuel Blixen, Vctor Pre~ Petit, Carlos ~eyles
v Carlos Oneto y Viana". Las bases, env1adas por Laferrere a
Prez Petit a fin de que ste organizara el concurso uruguayo, se
1
publicaron en la prensa montevideana el 28 de [Link]
.
Cuenta Prez Petit que ulteriormente se produJO la renunCJa
de Blixen, Reyles y Oneto, remplaz~dos slo con. Elas ~egules,
por lo cual el jurado qued reduCido a tres n11embros -. Pero
hay error en el dato, pues Blixen firm el fallo juntamente con
3
Rod y el mismo Prez Petit el 18 de setiembre

Adems se fij nuevo lmite para la entrega de los trabaJOS:


el 31 de marzo a las 16 horas. As, el 1'' de abril se da esta noticia
1 Ver, por ejemplo, "La Razn'' de ese da; y el. "Rod" dt; Prez
Pett: ya la primera edicin (l\lontevideo, Imprenta. Latma,. 1918, ~ags. 22J
a 235), ya la segunda edicin (Montevideo, Claud1o Garc;_a Y C1a., 193 ':
pgs. 269 a 278). Una carta del dramaturgo argentino despeJ_a a~gunos e~m
vocos de las bases: habra dos concursos paralelos, con premiOs mdepend1en
tes v se alternaran en cada capital del Plata las obras de los autores ver
n~ulos con las presentad<!s por los escdtores de la oriila opuesta.
2 Op. cit., 1 ed., pgs. 231 y 232.
3 V. "El Da" y "La Razn" del 19 de setiembre de 1908.

-210--

en "La Razn" (pg. 2): "El concurso Labardnj ya se clausur/


" Ultimas obras rec .. bidas - En el Ateneo, se ha clausurado ayer
" de tarde el plazo para la recepcin de las obras del concurso que
" el Conservatorio Labardn de Buenos Aires abri en nuestro pas.
"La clausura se realiz las 4 p.m. A ltima hora se recibieron
" las obras siguientes: El mundo los absuelve, La rfaga, El credo,
" La Sombra, Luchas del Corazn, Simplicia y Liberata, Juan y
" Zoraida o Alali, J uanita y Ricardo, Intimidades, Jorge Romero.
" El jurado se reunir en estos das para continuar el estudio de
" las obras".
La de Herrera, por consiguiente, es la cuarta de las diez piezas de ltima hora enumeradas en el suelto.
En total, se remitieron al certamen sesenta. Y treinta de ellas,
al cabo, fueron declaradas representables. An, antes del fallo, hubo
que superar incontables vicisitudes. Por lo pronto, el Conservatorio
Labardn se desvincul del compromiso, pero el jurado uruguayo
resolvi consumar el certamen. Y en las dificultades sobrevinientes
cupo a Rod, nada menos, la principal responsabilidad, segn
Prez Petit, quien no obstante la simpata con que suele referirse
al autor de Ariel lo presenta remiso en el cumplimiento de sus obligaciones como miembro del tribunal. Lo cierto es que a mediados
de junio y tras largas semanas de atraso la espera se hizo intolerable
con el arribo de la compaa encargada de representar las piezas
escogidas. Rod habra decidido entonces afrontar las sesenta piezas
en el lapso de una noche leyendo una escena de cada una, y habra
extraviado a la postre seis de las obras recibidas: entre ellas la
de Herrera, puesta previamente en el nmero de las representables por Prez Petit; " ... creo [dice steJ que se llamaba La
Sombra. 1 Y se llamaba "La Sombra", en efecto, como lo prueba el
suelto reproducido ms arriba. Se le frustr a Julio, de ese modo,
la ocasin de entrar en contacto, como dramaturgo, con el pblico
de su poca. Y corrobora el hecho todava -pero ya sin implicar
siquiera alusivamente a Rod- un nuevo suelto, que sali a luz
en "La Razn" de :Montevideo el 30 de julio de 1912 y era ms
de dos aos posterior a la muerte del poeta. En el texto, con la
base de virtuales declaraciones de la viuda, Juleta de la Fuente,
se establece que Julio compuso "una comedia titulada La Sombra. . . para el concurso Labardn. . . cuyo manuscrito se extravi". El problema, entonces, queda resuelto en definitiva. Pero en
el mismo texto se hace saber que Julieta reconstruy la obra, "valindose de los borradores", a pedido de Villaespesa, y que ste por
1

Vide op. cit., dem ibdem.

-211-

su parte le haba comunicado, despus de leer la cop1a, el prximo


1
estreno de la pieza en la Comedia de Madrid.
Hay que otear otro problema: el de los invocados "borradores", base del manuscrito desaparecido en el certamen. Julio
-segn Julieta-, sin perjuicio de componer algunos pasajes directamente ni de revisar con apremio la totalidad del texto, dict la
mayor parte a familiares o amigos, en especial a su hermano Teodoro
y a su primo Ernesto Herrera. Tuvo que concluir la pieza en
tres das, los postreros de marzo de 1908. (Recurdese que fue entregada a ltima hora). Corridos cuatro aos, la misma J ulieta acudi a esos papeles confusos y revueltos para reconstruir la comedia;
luego los exhibi parcialmente a Miranda; y, por fin, los cedi en
2
prstamo a Teodoro, quien se propona descifrarlos y los perdi.
Meses despus del suelto recin glosado, el 15 de noviembre
de 1912, Csar Miranda escribi a Julieta de la Fuente una cana
de doble y singular trascendencia. Gracias a la misma, pueden elucidarse las circunstancias y el carcter de la restauracin cumplida por
la destinataria. Y documentarse, por aadidura y en lo relativo a las
poesas de Herrera, las tentativas para la edicin de "un nuevo libro", el seguado del poeta, a cargo de Bertani; libro que llevara el
ttulo propuesto por e1 remitente y -:onu:ra por deLmr el proyecto
an vago de las Obras Completas. Copio el texto de la carta:
"Nov-15-1912-Seora: He revisado con toda minuciosidad los
"originales que Ud. me mand de la obra de Julio. Ud. ha rea1 Vide en "La Razn" del cit. da -pg. 1-: "La gloria de Herrera
y Reissig/ Representacin de La Sombra en l\Iadrid/ Un monumento para la
tumba del poeta". Tal vez, salvando un par de errores, pues "La Sombra"
nunca pas de un acto y fue realizada a principios de 1908, corresponda transcribir el primer prrafo del suelto, aunque lo esencial del contenido se haya
adelantado en las lneas a que corresponde esta nota: "Comunicaciones que
"la seora viuda de Julio Herrera y Reissig acaba de recibir del celebrado
"poeta espaol Villaespesa, le hacen saber que prximamente se representar
" en la Comedia de Madrid una obra qne aquel inolvidable artista, para quien
"la hora de la justicia ha sonado, haba escrito algn tiempo antes de caer
"enfem10 para no levantarse ms. Es una comedia en tres actos, titulada 'La
"Sombra', que el autor de 'Los Peregrinos' escribi para el concurso La" bardn y cuyo manuscrito se extravi. A pedido de Yillaespesa, que en
"Espaa ha cantado, en prosa entusiasta, el talento original de Herrera, la
"viuda de ste reconstruy, valindose de los borradores, la obra, envindola
" inmediatamente al admirador y panegirista del que fue, por breve tiempo,
" su compaero de vida. La comunicacin de Villaespesa agrega que el estreno
"de 'La Sombra' -produccin de alto vuelo potico y filosfico- se efec" tuar en breve, y que ha de constituir, a su juicio, un verdadero acontec" miento ... " (En el prrafo que sigue se informa de otra iniciativa de Villaespesa, igualmente frustrada: la de un monumento a Herrera, que se ejecutara
en Espaa y se colocara junto a la tumba del poeta, en :Montevideo).
2 Extraigo los datos de las declaraciones redactadas para el I.N.I.A.L.
por Julieta de la Fuente en 1959.

-212-

:: lizado, en verdad, una labor heroica, de amor y paciencia. No


obstante y en razn de lo difcil de los manuscritos originales
" U d. ha incurrido, cosa absolutamente natural, en graves errata~
" que modifican muchos prrafos cambindoles el sentido, o am" putndoles cosas bellsimas. Creo que con las correcciones que
<'<' h~ ?echo, la copia // debe aproximarse bastante al primitivo
ongmal del concurso. -Hoy fui a ver a Favaro llevndole la obra.
" Dentro de unos das nos reuniremos para hablar de las pequeas
"modificaciones que haya que hacerle. Mi impresin de 'La Som" bra' no puede ser ms grandiosa. Con todo le falta teatralidad en
" algunos pasajes, y en otros languidece. Como Favaro es muv enten:: dido :~ n~ateria dramt!ca, c_reo que los arreglos, <;lue j j proyecte
" ?enelClaran a 1~ obra sm qmtarle el sello, el espmtu, el estilo, las
1deas, -sustancia y alma, del drama. - Hoy ms que nunca
" lamento su envo a Villaespesa, a quien, entre paratesis, no le
"veo garra de dramaturgo, ni de otras cosas, para salvar ileso las
" dificultades de la definitiva adaptacin dramtica, y las que un
" manuscrito no muy fiel, suscita a cada paso. Con respecto a la
"publica-/ jcin de un nuevo libro de versos, la cosa va adelan" tada, ya conferenci con Bertani. Hov tal vez le lleve los manus" critos.
Quisiera saber si Ud. tie~e inconveniente en que el
" ttulo del nuevo libro (casi compuesto de composiciones pasto" riles) sea 'El Teatro de los Humildes' en lugar de 'Las Man" zanas de Amaryllis'. Creo que el ttulo que le proponao (el
" mismo de uno de los mejores sonetos) es una verdadera ma~avilla
..
'
por lo dems es ms claro, ms llamativo, hasta ms trascen" dente. - Contsteme pronto. - De U d. s.s. - Csar Miranda".
La carta, con sus dos ltimos prrafos, hace posible una fundamental puntualizacin bibliogrfica. (Esta: ya el segundo volumen de las Obras Completas no responde -no poda respondera plan alguno del autor y se acoge a un ttulo arbitrario -sugerido
por el albacea-, el de un soneto de "Los Extasis de la Montaa",
puesto de ese modo por encima de la propia serie a que perteneca
y de otras composiciones que no podan acatarlo: como "Las Clepsidras", "El Collar de Salamb" o "Berceuse Blanca"). 1 Pero
1 Tampoco hubiera sido feliz el otro ttulo, "Las manzanas de Amaryllis", enturbiado por la pesada grafa del nombre latino y abandonado expresamente por Julio. Lo mejor, tal vez, o lo ms discreto, si se mantena la distribucin de las composiciones en pequeos tomos, hubiese sirio bautizar a
cada uno (en ausencia de ttulo ell.-preso, como en el caso de "Los Peregrinos
de Piedra"), con el rtulo de la serie o de la composicin suelta que se dispusiese en primer trmino y el aditamento acostumbrado: "y otras poesas"
criterio seguido parcialmente -pero sin mucha fortuna cuanto al orden y aru:.
a la seleccin de ciertas unidades- en los dos ltimos volmenes de Bertani.

-213-

volviendo a "La Sombra", las palabras de Miranda -inteligentes


y finas- permiten valorar las debilidades de la restauracin y
dan nfasis a la presencia de errores delicados y parciales amputaciones que l mismo debi de yerificar con los borradores a la
\ista. 1 Podra inducirse, por la mencin de Ulises Favaro, que
ste pudo introducir "arreglos" en la comedia. Pero no hay razn
a 1guna para creerlo).
Sea como fuere, slo se conocieron las primicias de la pieza
en 1919 v 1920, cuando la revista "Pegaso", de la que Miranda
era codir~ctor, anticip dos nicos pasajes ~' gracias a "origi~
nales" o "borradores" que le facilit Julieta y que se identifican,
al marge:1 de algunas enmiendas y si no eran los que sirvieron de
base a la re3tauracin, con la primera de las cinco copias manuscritas reunidas en el I. N. I. A. L. 2
Parece intil reiterar, al imprimir "La Sombra", que el pro~
nunciamiento de la crtica debe tener en cuenta las circunstancias
apuntadas: pues la pieza, nacida en condiciones anormales, no
pudo beneficiarse con los rigurosos procesos interiores ni con la
morosa Yigilancia desentraables en otras creaciones del autor; y
sobrelleYa, en cambio, con la ine\itable ausencia de los presumibles
retoques finales efectuados en el ms. perdido, los males de una
copia azarosa: alteracin de palabras, giros o frases, "amputaciones"
y posibles trastornos en el orden de algunos pasajes.
En este volumen se procedi a la ceida revisin del texto
mediante el cotejo de las fuentes disponibles. Y en lo posible se
repararon fallas o errores, pero sin omitir en ningn caso las advertencias de rigor.
Valoracin
Si la obra puede ser definida como obvia comedia o aun como
drama en el sentido funcional del trmino, re~ulta en cambio poco
acertado el subttulo -"Drama lrico"-, oriundo al parecer del
autor. La nota necesaria para estimarlo como tal priva o se insina
pocas veces y concluye por dar paso, entre algunos lances risueos
0 melodramticos, a meros desahogos oratorios.
1 Vide, ms adelante, "Fuentes de La Sombra", 2'. (Todava en 1928,
Villaespesa proyectaba poner en escena el drama de Julio, pero en :Monte
video, como consta en una nueva carta de Miranda a Julieta fechada el 2:1
de febrero de aquel ao).
2 Vide, ms adelante, "Fuentes de La Sombra", lo.

-214

Cuanto a su factura, la pieza reitera o ejemplifica modalidades de su tiempo, dominado entonces por la figura de Snchez.
Y rinde tributo en principio al realismo: as en la presentacin
del ambiente domstico o en el desarrollo (claro que por momentos
nulo) de la intriga o en el habla de algn personaje -como
Da. Juliana, con sus aspavientos de beata, o como el criado Camilo, a quien incluso, y lo eYidencia la copia ms antigua \ Julio
haca hablar una jerga primaria ele gallego cerril. Pero a la vez, la
obra -cuya escasa teatralidad borran o comprometen las intemperantes efusiones Yerbales del protagonista- da entrada a elementos romnticos
cada de Laura, con su negra secuela de infortunios- y cobija una tesis virtual, que se enjuiciar ms adelante.
El asunto arraiga, cauta y lejanamente, en lo autobiogrfico.
Si Alberto, el protagonista, aos antes de casarse con Adelfa, haba
sido amante de una maestra, Laura, que lo hizo padre de un
nio, Albertito; Herrera y Reissig, aos antes de vincularse con
Julieta -a quien conoci el 17 de febrero de 1904- y siendo
novio casi inveterado de Zoraida V., haba mantenido relaciones
con una maestra, }.1aria Eulalia ::.1., de quien le naci en 1902
una nia, Soledad Luna. Con nombre ficto -fos Herrera- inscribi a esa nia el mismo ao; pero la reconoci cabalmente como
hija natural dos aos ms tarde, el 23 de mayo de 1904, ya enamorado de Julieta; con sta -segn es sabido- se cas el 22 de
julio de 1908, tras cuatro aos de noviazgo y meses despus de
componer "La Sombra".
Se engaara, sin embargo, quien buscase en la pieza claves
estrictas. Ni sus personajes se cien a modelos reales ni los hechos
escenificados son reflejo de sucesos verdicos. La obra slo ofrece
aquella analoga de fondo, sin correlaciones. Ni Alberto es autorretrato -para interpretarlo como tal habra que hacer de Julio
un imprevisible penitente, obstinado en la cruel caricatura de s
mismo-, ni puede admitirse con seriedad que Adelfa y Laura,
tan literarias e inYerosmiles, correspondan a individualidades concretas.
Tal vez, de perseguir fines precisos, Julio tent un diagnstico
privado con el drama; y no sera difcil que in ji riese en el candoroso desenlace, nio\ido por su carcter fantaseador, el designio de
resoher su propio caso: aunque restringiendo el rescate a la cra1 :Miranda suprimi la jerga: o por gusto propio o a fin de respetar
algn designio que pudo comunicarle el poeta.

-215-

.r
1

tura, no a la madre. Por a go hace de Laura -en el orden de la


pura inventiva-) una ruina precoz, una moribunda, una som-

bra

V alga ahora un repaso de la intriga, con la base de lo ya


visto.
Alberto -no parece intil anticiparlo- es un filsofo que
nieaa a Dios en las maduras y se acoge a l en las verdes. Casado
co; Adelfa, se considera, y es considerado por un grupo de discpulos, sacerdote de la acracia, anacoreta. ,de la .ciencia, y apstol
del amor libre, la igualdad y la Redencwn SoC1al ( as1, con dos
maysculas). Seis o siete aos antes, sirvindose de sus ideas c~mo
seuelo haba seducido en secreto y abandonado poco despues a
una jo~en maestra, Laura, no -segn sus palabras- sin darle
educacin, independencia y un hijo -que l no conoca-. Se
inicia el drama o la comedia (o como gustis). En la Escena I,
Alberto ensaya solo, delante del espejo, el discurso casi infinito que
pronunciar esa noche en el Club; y lo completa en la Escena .II
frente a un coro de entusiastas visitantes. Luego, cuando parten
sus admiradores, "tropieza con un papel escrito" : una carta de
Laura. El filsofo, entonces, vocifera -a solas-, tipifica la conducta
de Laura -a quien trata de "pingajo humano", "bestia divina" Y
"residuo", entre otras cosas- como "insolencia infame" pues se
atreve -ella- a "profanar un hogar honesto" -el hogar formado
por l-; y ordena a su criado que si "esa indivi?~a" .se apa:ece
la saque a empellones o la haga llevar por la pollCla s1 se resiste.
Recibe en seguida a Mauricio y le confiesa, pidindole reserva,
ese "nico pecado"; y le lee la carta de Laura, en que sta cuenta
v comenta las circunstancias de la seduccin, la angustia del abandono v la deshonra, la muerte de sus viejos padres desesperados,
el nacimiento de un nio v el reciente anuncio de un catastrfico
galeno sobre el prximo fi~ que la aguarda. A rengln ~egu~do, el
mismo Alberto declama contra el amor y concluye por mqmetarse
ante unas palabras de Mauricio sobre el porvenir del nio. Sobreviene Da. Juliana -que desempea cabalmente su papel de s~e
gra frente al adalid del amor libre- e interroga al confundido
Mauricio sobre lecturas piadosas, mientras llama ateote a su yerno.
Despus entra la esposa, Adelfa, y habla de sus temas favoritos, es
1 De ah el ttulo de la obra, con su doble proyecc10n fsica Y moral
-sin lazo alguno con la metafsica "sombra que piensa" invocada por el
protagonista en su discurso de apertura: Laura ~s la sombra o el espectro
de s misma y, al par, espectro o sombra en la vida de Alberto.

-216-

decir, de los desvalidos, a quienes socorre sin pausa, y de los nios,


a quienes adora sin poder tenerlos. Alberto resuelve adoptar una
criatura -no la suya, precisamente- y sale. Se presenta Laura,
entonces, con Albertito, y cuenta su historia. Adelfa, que la oye
conmovida e indignada, tarda ms de lo creble en identificar al
seductor. Cuando Alberto vuelve, Adelfa le echa en cara su crimen.
Pero todo se arregla a las mil maravillas (no sin que previamente
la polica intervenga, reforzada con Da. Juliana) : Adelfa resuelve
alojar en su casa a Laura y ser "la ta" del nio, "retrato vivo de
su padre". Y el profeta de la Repblica Anarquista, de la moral
libre, del alma libre, del amor libre, etc., responde al "Pap!"
del bien enseado Albertito con un "mi hijo" agudo, tras una
sbita y discreta reconciliacin con Dios.

Si en la obra es evidente la falsedad de la fbula no lo es


menos la falsedad de los caracteres 1 .
Pinsese en la imposible Adelfa, que recibe a la decada amante
de su marido con los brazos abiertos y concluye por instalarla en
su propio hogar. O en la tediosa Laura, tan a gusto con su papel
de mrtir y de injustificado cadver en cierne. O en Alberto, el
[Link], su jeto de facundia letal, que sienta ctedra de hipcnta y sobre todo de tonto: as, para justificar la accin de que
. se origin Albertito seis aos antes, exclama -tiene ahora 33 aos-:
"Oh la inocencia de la juventud!"; y as, para justificar ciertas
omisiones que su misma esposa le echa en cara, aduce: " Oh la
ciencia! La maldita ciencia! Esclavo de la ciencia Adelfa t lo
'
'
sabes".
Hablamos hoy de una tesis virtual y del "scopus" en ella
entraado. Cuanto a la tesis, baste recordar que Alberto la formula
de hecho, levantando cabeza, un minuto antes de reasumir a Dios
y un minuto despus de haber quedado convicto de hipocresa y
otras yerbas sin que se le ocurra en momento alguno, como se
1 Esta ltima falla de "La Sombra" -al cabo, original de un lrico
pnro- no sorprende tanto, por ejemplo, y perdnese la digresin, como el
defecto anlogo de una obra inserta en este mismo volumen: "La Jangada",
de Quiroga: "bosquejo de film" en que el autor desubstancia un par de
cuentos magnficos y contradice la misma doctrina entraada en sus crnicas
de cine sobre la coherencia de los caracteres y la repulsa de las concesiones
al pblico. (As -por lo pronto- Q. convierte al pobre Cay en "el traidor"
de l~ pelcula y no le ahorra el presidio, pero absuelve a Elsy, padre de la
heroma y canalla puntual que debi correr la suerte de Korner en "Una
bofetada").

-217-

Yer en seguida, renunciar a su procerato doctrinario o mudar


siquiera de tenor. Cuando Adelfa y Laura "se abrazan, llorando
de jbilo", l -esposo de una y amante prescripto de la otrales dice: "Ambas sois el prototipo de la mujer ideal de mi filoso" fa: de la mujer fuerte, justa, consciente, personal, amorosa, libre
" de prejuicios, hija de la Verdad, sa-:erdotisa de la Naturaleza,
" de la Acracia, regeneradora de la civilizacin anrquica futura".
No hace falta insistir. Y ya se expres ms arriba que tal vez el
autor procur cohonestar con esa prdica la posible solucin ck
sus propias dificultades.

Las flaquezas indicadas son indisimulables. Pero habilitan para


conocer mejor los procedimientos de Herrera: vistos aqu sin el
amparo del rigor inflexible con que suele deslumbrarnos su lrica.
No obstante, hay en el drama que escrutamos valores aislados
tambin indiscutibles: no los que estriban en la virtud escnica de
la obra -laxa, desproporcionada, con mltiples deficiencias de inYencin y de estructura-, sino los que radican en la potestad de
la palabra: reconocimiento acaso con razn indiferente para quien
piense que el teatro no admite compensaciones extraas a su esencia.
Antes de ojear esos valores. apuntaremos otro defecto de "La
Sombra", ya sugerido: su hibridez. No puede saberse hasta qu
punto Herrera se dhierte con su personaje principal o lo toma en
serio. El hecho no slo vela o enturbia las reales intenciones del
autor; parecera abonar su escasa aptitud para dar, sino vida, consecuencia a un carcter. Cuenta Julieta que el autor lea a sus
amig-os "como una gracia" el discurso del filsofo ateo y revolucionario que en las malas se vuehe a Dios. Es evidente -con torioque el poeta pone en labios de Alberto, sin asomos de humor
o de burla, pasa ies de severo aliento y ambiciosa vigencia literaria.
Esa instabilidad, por la que alternan en el mismo individuo
y en lapso cortsimo, sonoras oquedades oratorias y salidas de pcaro encumbrado con secuencias de lrica eficacia y original potencia intuitiva, dice a las claras que Julio no era precisamente un
hombre de teatro y que no saba resistirse al efecto de un prrafo
o de un parlamento ni hacer hincapi en la imposible adecuacin
de tales pasajes a las necesidades de la obra.
Ahora bien, ciertos mom:entos de Alberto constituyen paradig-mas de prosa potica: as, las alocuciones sobre el amor en el
dilogo con Mauricio (Escena VII), en especial el trozo que emp~eza con estas palabras: "Por lo dems, todo es juego en la
vida ... ". Esos momentos consisten, a veces, en reiteraciones o va-

-218-

riaciones de los "Atamos de luz" \ aforismos de tarjeta postal


circunstancialmente notables. (Tambin recuerda Alberto otras pginas de Julio). Lstima que en la comedia esos fragmentos resulten a menudo empobrecido3 o perjudicados por la necesidad
de dictar y la imposibilidad de concentrar o corregir. Desde luego,
la ms alta prosa de Herrera no es la de los Atamos ni tampoco
-claro- la de ciertos pasajes de ''La Sombra", sino la que alcanza
barrocas magnificencias, original densidad e implacable esplendor
en el puntual concierto de imgenes y palabras, como ciertos fragmentos del "Eplogo Wagneriano'' o el "Improntu Pascual" o el
Salmo para "Palide:es y prpuras" o 'Contra el Censo" o "Mademoiselle J aquelin", entre muchas pginas ofuscadoras y personalsimas.
Ouiz hav en "La Sombra' -donde el autor rea~ume rasgos
de di~intas pr~sas y aun de su poesa: una intuicin de "La Vida.,,
algn verso de las Eufocordias o de las Eg!ognimas- otros rasgos
capaces de atenuar los demritos indicados. Selelos el lector. Y
aunque tal vez la magra fianza de la restauracin cumplida y su
general vulnerabilidad hayan contribuido a prolongar su ineditez y
asegurarle un olvido apacib"e, ya era tiempo de incorporar la obra
al acervo del poeta.

[ADELFA]
La otra tentativa de Herrera como dramaturgo no fue ms
all de un indeciso "ler. cuadro" en prosa. Ahora bien, para invalidar errores sintomticos, debe advertirse que el cuadro no consiste en "un esbozo" de comedia sino en el comienzo cabal de una
obra inconclusa; y que sus personajes nada tie.1en de comn con
los de "La Sombra". salvo el nombre -slo el nombre- atribuido en ambas piez;s a la principal figura femenina, Adelfa. Precisamente -y a falta de ttulo expreso- nos pareci oportuno
dar ese nombre a esta ltima obra.
Julio empez a escribirla directamente. Pero al demediar la
segunda pgina dej de hacerlo y dict lo dems -incluso algunas
palabras intercaladas en lo ya escrito- a uno de sus familiares:
tan dbil, por lo visto, se senta.
1 Publicados en '"La Democracia" de }lontevideo, en mayo
de 1906,
y, despus de la muerte de Herrera, en un folleto con ttulo distinto: "Opalos'',
Buenos Aires, Ediciones Selectas [Link], 1919.

219-

La pieza descubre escasa viabilidad escemca, igual que "La


Sombra". Fue emprendida en 1908 tal vez, apenas concluida y
enviada al certamen la otra comedia; y tal vez en razn del mismo
impulso, es decir, el afn de paliar necesidades con otra experien
cia teatral.
La intriga -por lo que muestra y, sobre todo, por lo que
deja intuir- se limitara a un contrapunto de amor entre un pobre
poeta y un brillante galn de salones atrados por la misma mujer,
Adelfa. Esta se inclina en principio al segundo y es celada oblicuamente por dos de sus amigas, enamoradas en silencio de aqullos: Sara, de Alfredo; y Julia, del Vizconde. (No es fcil decidir,
aunque el amor del poeta por Adelfa permita imaginarlo, si en el
desenlace de la fbula pesaba el smbolo implcito en el nombre
de aqulla -en griego, laurel-).
Tales elementos parecan prestarse a la composicin, pronto
abandonada, de una comedia entre mundana y lrica. Los personajes son convencionales y escuetos. Con todo -cabe reconocerlo-hay situaciones mejor logradas que en "La Sombra" y mayor agilidad en el dilogo. La locuacidad de Alfredo es menos frentica
que la de Alberto; y, aunque tambin genere parlamentos dilatados con la base de incontables acumulaciones paralelsticas, no
carece de virtudes poticas: visibles hasta en la profusin del lamento o en el monocorde asedio elegaco y pese a laxitudes aisladas
o a las reminiscencias de s mismo en que el autor incurre ms de
una vez.
Todo eso, debe admitirse, no significa demasiado. Pero fa el
inters de estas pginas, hasta hoy inditas, para quien aspire a
conocer en su totalidad la obra de Herrera y Reissig.

R. I.

-220-

JULIO HERRERA Y REISSIG

LA SOMBRA
DRAMA LRICO

JULIO

HERRERA

REISSIG

S O M B R
(Drama Lrico)

[Las lneas preccdrntes y las que siguen hasta


nueva indicacin, proceden de la Copia A. Vide].

La escena se desarrolla en una suntuosa mansin aristocrtica.


Ambiente de gran fortuna y suma elegancia parisin . ..
PERSONAJES:

19)

ALBERTO -

Filsofo de treinta y tres aos, esbelto y elegante, rico en extremo, de familia noble como Adelfa, pero
con ideas anarquistas a "outrance" inculcadas en el medio
intelectual extrao y esc pticamente revolucionario en que
acta desde hace tiempo.
ADELFA - Bellsima dama de alto rango y carcter firme
y elevado, con excelsas virtudes, buena cristiana, de treinta
aos, casada con Alberto hace cinco aos y sin frutos de
su unin.
DOA JULIANA - J\1 adre de Adelfa que vive con el matrimonio, seora de edad, orgullosa de sus pergaminos, con
ideas antiguas y carcter regresivo, excesivamente devota y
supersticiosa.
MAURICIO. - Literato de treinta y cinco aos, amigo de
Alberto; esfJritu amable y sagaz, carcter contemporizador
y alma sutil, bien orientada, con sentimientos exquisitos,
tiene tem;eramento burln y es hombre de alto mundo y
sabio a su manera sin pedantera.
LAURA - Treinta y dos m"os. Buena mujer, de clase humilde y de carcter resuelto, histrica, en extremo ajada,
enferma debido a m vida y ms que todo a los sinsabores
de la miseria de su vida. Fue amante de Alberto hasta ;oco
antes del matrimonio de ste con Adelfa. Tuvo un hijo
de sus breves amores con su seductor.

223-

6Q)

ALBERTITO - De seis aos) hijo de Alberto y Laura)


bellsima criatura muy despierta) retrato vivo de su padre.
Servidumbre: CAMILO Y JOSEFA.
Discpulos y Cofrades de Alberto:
CONRADO, VCTOR y ENRIQUE.
UN POLIZONTE.

(Al alzarse el teln aparecer un ntimo saln de amigos) exquisitamente amueblado) pero con neglig bohemia. En un ngulo)
un escritorio Luis XVJ atempestado de papeles y libros de gran
volumen. Plantas exticas 'V bibelots. En el fondo un espejo. Sobre
el canap) endosados en el empapelado) VoltaireJ Renn y :v:ctor
H ugo en grandes marcos. V arias otras efigies de autores revolucionarios y poetas modernos esparcidos por otros muebles. Una puerta
a la izquierda del escenario) dar a un ahallJJ y otra) sobre la derecha_, comunicar con el interior de la morada).

[El pasaje que sigue -Escenas I y II- se


ajusta al texto impreso de "Pegaso", N. 11, cuyos errores o erratas se salvan].

ACTO NICO - ESCENA 1'!Discurso de Introduccin

ALBERTO- (lvfirndose en el espejo) ensaya un discurso de gran


corte) que declamar esa noche en la tribuna del club)
haciendo un minucioso estudio de la mmica efectista).
Mirad ! Mirad hacia el Oriente d la Humanidad ! La
aurora de alas olmpicas, la divina aurora roja de la Re~
dencin Social, rompe ya la noche aciaga de los atavismos
milenarios, como una larva trgica de crmenes y de ver..
1
guenzas
....
Todo anuncia ese triunfo primaveral de lumbre y de ventura, de arte y de felicidad. Un bosque de almas se estremece. Cantan en coro mgico de extraas annonas, todos
los corazones de ese gran bosque humano, como todos los
nidos, rizados por el azul de la maana de la gloria, ebrios
de oxgeno del futuro. El mundo parece que recobra con
la aurora su conciencia de que es mundo. Los campanarios
de la Selva ululan sus cien mil bardanas salvajes. La gloga
-de ojos verdes- re ingenuas gotas de cristal. Todo sus-

-224-

pira, todo habla, todo evoca, todo repercute, todo conjuga


el Yerbo amar, de pronto, ante el clarn de sus rayos de
cobre, despus de una larga noche de sueo.
Y bien, seores: Escuchad. . . Ruidos ac estremecimien'
tos all, cantos y resonancias de nuevas ideas,
evocaciones
de nuevas conquistas, impacie~1cia de alas y xtasis de corolas, magnfica misa de gloria del arte y de la quimera, ante
la esplndida custodia del Sol.
La conciencia del hombre despierta. Su Pegaso, insaciable de vida, loco de aventura, se hunde en el v1 tigo de la
inmensa noche sin lucero y sin aurora. El ojo siempre abierto
del Inconsciente, la gran sombra que piensa y que obra, lo
hipnotiza desde el Imposible. Dios le habla a travs de los
siglos! ... Y avanza, avanza como un murcilago del abismo
con el huracn de la paradoja en sus fosas nasales y el
alma del mundo relampagueando en sus ojos. . . Y se
hace por fin en el horizonte, la Igualdad, la Fraternidad,
la Armona Social, la Esttica Cosmopolita, la Arquitectura
Sentimental de la gran raza humana, la Sinfona Mgica
de los corazones ... Cuaja por fin en realidad t~ngible la
Repblica Platnica de las almas. . . Todo sale del fondo
de la conciencia . . . La base de la gran reforma social es
la reforma del hombre en s mismo. Su cpula miguelanglica es la ciencia! La redencin de cada uno es la
redencin de todos. Cada espritu es una letra del luminoso
alfabeto de la Leyenda, es una pgina inspirada del Astra
erudito de la Inmortalidad. Cada cual aporta un instrumento
mgico a la orquesta sublime del Porvenir.
Descorred el teln de la heroica epopeya. No ms miserias,
no ms delitos, no ms deformidades, no ms sombras en
la escena humana. Del bloque informe y espurio saldr
la clara estatua pulida de la nueva Idea. El pensamiento
proyectar su estructura, porque, en la Naturaleza, es el
Genio dinmico de las cosas, el Todo Numerr y el Todo
Verso, que corporiza su gracia tangible en el sublime ritmo
de la Iniciacin. sa es la ley, sa es la maravilla. El Ideal
es Pigmalin, el fondo, que har surgir a Galatea, la
perfecta forn1a! El gran nivelador funciona siempre, el
divino cincel de las razas har milagros en el futuro, plasmar el Parthenn de los nuevos dioses del Alma. Labremos en lnea recta el tnel maravilloso -como un pual
de luz- bajo la abyecta montaa de las iniquidades y de
los prejuicios. Escuchad! Piners de la Gloria! Auscultad

-225-

hacia el Ms All! Lo Irresoluble se estremece. Truena el


Arcano. Se oye ya el rumor oscuro de la piqueta de, los
que vienen. . . Pronto uniremos las dos auroras. . El tunel
estar abierto. . . Y la montaa burlada! . : Re~lenemos
abismos vetustos. Abramos cauces modernos. No mas Judas
en la familia. No ms Tartufos en la socieda~. E_nfurezcamos la gran hoguera depurativa de _la concrencta [Link]\
Su resplandor ser como la aurora estndente que anuncie a;
mundo la libertad. El humo de esa hecatombe dantesca sera
el incienso trgico de la gran epopeya humana. ~l fuego
Cdigos, Biblias, Sylabus, Teurgias, Sofismas, Resabws, Imposturas y Fetichismos ...
[Escena II]
(Entran Conrado, Vctor y Enrique. Saludan a Alberto. Se
abrazan y vocean).
CONRi\DO Ests ensayando el discurso para esta noche?
Vamos, contina. Te oiremos con gran gusto ..
VCTOR_ Qu tal, maestro? Cmo anda esa oratona de Vendimiario? Le auguro un xito detonante.
ENRIQUE - Ilustre filsofo, prosiga usted. . . Ha de ser como
todo lo suyo.
ALBERTO (Agradeciendo) Est bien, amigos mos,, accedo
a tanto honor. Continuar hasta el fin. Me placena saber
si es del a!ITado de mis valientes camaradas rojos. .
TODOS_ (A u~a). Ya, ya! Oh s! Cmo no! Pronto! VIva
la anarqua! Viva el Club de la Aurora del Pueblo! i ~e~
Ud., seor maestro! Qu gran placer saborear por anticipado esa Catilinaria contra los burgueses! .
.
ALBERTO _ Contino, pues. . . (Comienza a leer con voz altzsonante).
Derrumbemos la vieja Babel de los mitos labernticos, oh
[Link] maravilloso de un apocalipsis espeluznante! s.e
abatirn los cadalsos. Se clausurarn las crceles Y los asr~
los, los hospitales y los manicomios. Alcoholismo,, loc':ra,
neurosis, epilepsias, lacras y estigmas de la raza, seran mrt~s
nemorosos del Pretrito, desaparecern como fantas~as luo ms
g~ubre"::. en un torbellino de llamas esplndidas !' iN
,
derechos de alaunos contra derechos de todos. IN o mas
Cuasimodos de la injusticia, no ms Gwynplaines de la ~~fa
ma! Iaualdad de obliaaciones. Nivelamiento de benefrcws.
No m~ estados civiles, ~i sacramentos eclesisticos, ni frulas

-226-

sofsticas, ni convencionalismos falsarios, ni frmulas fetichistas, ni prescripciones rprobas, ni condenas suicidas.


Fundemos el gran Museo de las momias y de los abracadabras de la civilizacin contempornea. Ni banderas, ni
estandartes, ni coronas, ni pelucas, ni bculos, ni sotanas, ni
cruces, ni reliquias, ni nobleza, ni ciudadana, ni religin,
ni patria! ... (Los amigos le intenum;en exaltados de jbilo:
-Bravo! Muy bien! Estupendo! Nada mejor! Bis, bis!
lvlueran los burgueses hidrpicos! Preprense los filisteos!
Abajo el mundo! . .. ) .
ALBERTO- (Continuando) ... No habr prostitucin, salto atrs
de la especie, porque no existir el fantasma sombro del
matrimonio que es la Parca del Amor, y no habr vicios
desde que no habr miseria ni opresin 1, ni avaricia, ni
dolor, ni usura, en el fuero privado. Caer 2 el Indice tenebroso de la lujuria barata, del mercado de carne flagelada
de los antropfagos sensuales ...
... N o habr adulterios, ni divorcios, ni uxoricidios, ni
poligamias, porque no habr sino uniones librrimas, por
el nico vnculo: el del amor. N o reinarn discordias, ni
mala fe, ni crmenes, ni judasmos, porque no existir el
oro vil, el lVIefistfeles avieso de todas las terceras, de todas
las ventas, de todas las prevaricaciones. No habr Canes
ni Abeles, ni Froments ni Rislerts en las sociedades, ni Montescos ni Capuletos en los hogares. . . Ni oscuras venganzas, ni envidias trgicas, ni pleitos por herencia, ni odios
tradicionales, porque no habr diferencias entre hijos de
un mismo padre o de una madre misma; porque no habr
leyes absurdas ni supersticiones ripiosas que dividan a los
hermanos en honrados y en espurios, en legtimos y en bastardos, en primognitos y en adulterinos; porque todos sern
hijos reales de la sangre y del derecho, porque todos tendrn
idntica aureola de honor ante la Naturaleza y ante la
Verdad ...
(Gritos y felicitaciones de los discpulos: Magnfico!
Soberbio! Piramidal! Cordilleresco! Interplanetario!
Mueran los burgueses que tienen hijos ocultos! Vivan los
bastardos qne han dado tanta gloria a la Humanidad! ...
Elogian a Alberto).
l
2

En el impreso y en los m>.: "aprehensin".


En el impr. y en los ms.: 'Ser".

-227-

ALBERTO - ... no ms seducciones cobardes, la caza del sexo,


el deshonor de la mujer, la infamia del hombre I, la carne
de can de la lujuria metropolitana. No ms la querida
mundana de los donjuanes burgueses... (Aqu le intenumpe el auditorio con gritos y gestos:- }fueran los burgomaestres pelirrojos, corruptores de mujeres! jl,;[ueran los
trnsfugas del Amor! Abajo! Abajo! . .. ) .
ALBERTO - ... No ms amancebamientos trogloditas en que la
ingenua amante es un vil mueble, una forma animal de
placer, y el hombre un Moloch de torturas lascivas, un
Barba Azul cobarde y dspota. Guay del que burle a una
mujer l Ser considerado un monstmo l La libertad de la
hembra ... La dignidad de la madre ... La que fue esclava
ser Reina. La que fue Hetaira ser Matrona. Lo que fue
tinieblas ser resplandor. Lo que fue instinto ser voluntad.
Lo que fue cosa ser conciencia. . . Rompamos todas las
cadenas, todas las Bastillas, todos los Anfiteatros, todas las
murallas, todos los puentes levadizos del fanatismo y de la
ignorancia, todos los catafalcos de la mentira y del odio.
Fuego a Jemsaleml Abajo Cartagol. .. Se acabarn las
guerras canbales, no tendrn objeto las conquistas pnicas,
convertiremos el Chacal humano en castor virtuoso del
Progreso, decapitaremos al Polichinela antiguo del ridculo
y amputaremos la joroba de la Historia. . . Ser el acabse
del sensualismo ruinoso de la poltica, de todas las esclavocracias, de todos los serrallos, de todas las concupiscencias
morales y materiales de la poca, de todas las deformidades
y de todas las anomalas abyectas del ser social. . . porque
todos los hombres, dueos del instinto, domadores del prejuicio, artistas briosos de su templo, Prometeos de su gloria,
sin diferencia de rango, ni de fortuna, ni de educacin, ni
de inters, formarn un todo simptico, como una especie
de gran rgano psicolgico de la Paz, -establecern una
arn10na pitagrica de sentimientos y de aspiraciones hacia
la perfeccin ideal del tipo humano, en el concierto maravilloso de la Vida ! ...
(Todos detonan entusiastamente: -Bien! Divino! Viva
el gran filsofo Alberto Legouuer! .LVIueran los millonarios!
Abajo el Caj;ital! Viva la Anarqua!.
De adentro se oyen los agrios rezongos de Doa juliana:
-Qu es esa batahola/ Alberto se ha vuelto loco/ Vir1

En el impr. y en los ms.: "nombre".

-228-

gen santsima/ Qu burdel! Ni educacin ni respeto! . ..


i\1aldita anarqua! . ..
Enrique, Conrado y Vctor se despiden afectuosamente de
-;[Link] y le felicitan con palabras ardientes, saliendo por la
zzquzerda. Alberto los acompaa hasta el uhall" y vuelve
sentndose luego al escritorio donde queda meditativo:
con la cabeza desplomada. Despus, hojea un gran libro . .. )

[Escena III]
[El pasaje que sigue se ajusta de nuevo al texto
de la Copia AJ.

ALBERTO - (De pronto se despereza elegantemente sobre el


esaitorio, tropezando a.! azar con un papel escrito. Tomn-<
do!e con distraccin al principio )' luego con firmeza lo lee
entre dientes gesticulando de perplejidad y riendo irnicamente mientras baja y sube acompasadamente la cabeza,
como comentndose a s mismo alguna cosa extraa. Luego,
levntase de un golpe, mide a grandes pasos impacientes
el sa. 7n, sin retirar los ojos de la esquela. De pronto, en tm
relrnjJago de risa burlona, exclama ondulando custicamente el acento). Pero si esto es inaudito l Cmicamente
origina~ l ~n~ momia que resucita, ni ms ni menos. Una
muda 1mbecrl que mge como un Dantn desde el fondo
de la m~er~a!. Qu cosas tiene la vida! Por Lucifer! Un
a~or, m s1qmera un amor, un capricho de bulevar, una
mm uta de placer, una bolada de cazador ambulante! Seis
aos largos de sepultura. . . que se disfrazan de trao-edia
?lsica y cien el, coturno de las grandes emociones .. ~ Ja,
J~,. solamente a m1 .me pasan cosas tan peregrinas. Pero qu
c1msmo el de ese pmgaJo humano, atreverse a perturbar mi
olmpica serenidad con sus almibareos de damisela. Fuera
de que es una insolencia infame profanar un hogar honesto
Y de alto rango con invitaciones libertinas. . . Porque otra
cosa que volver a las andadas no busca esa mosquita muerJ
ta, con sus pucheros elegacos! . . . Ni siquiera respetar mi
estado, pasa de colmo, vlgame el Infierno lll Por lo dems
e~ chistossimo eso de hacerme padre de un borreguillo que
m conozco siquiera. Ser o no ser mo. . . Y en todo caso,
a lo pasado, mortaja. Que cargue la Humanidad, que es
la que gana con un nuevo ser. . . Creced y multiplicaos.
Tal es la ley natural. Pues yo he cumplido con ese deber
humano y. . . hasta religioso. Ah l las mujeres son siempre

-=- 229-

La bancarrota de mi fama, el desprestigio de mi pasado, ya


que todos lo tienen por el de un asceta ... y lo que es peor ...
cmo quedaran mis protestas cotidianas, mis juramentos
idlicos de seis aos ante Adelfa, de que ella ha sido mi
nico amor, la primera caricia, el nico contacto. . . toda
mi novela en el mundo. . . Sera de verse tal dislocamiento
de mi personalidad, el derrumbe de toda mi dicha, por
una andrajosa de tres por cuatro. . . Pero no hay que pensarlo siquiera. Nada me pasar. Quin no ha tenido queridas? ...

impostoras, como se ha dicho. (Leyendo, la c~rta )_ ~er~ si


sta es una amenaza con plazo . . . Que bestia drvma Y
si le diera a esa ridcula por realizarla. (Riendo sonoramente)
Qu cara pondra mi mujer si hubiera l~do est~ carta
y junto al chico ... sera de verse la trag1-c~med1a . aunque ella tratndose de bebes es capaz de olVIdarse del amor
v hasta de que es mujer, tal es su chifladura por ser madre
) cantar el maldito arrorr. . . (Fijndose en la fecha) i Y
este residuo! ... Lo menos hace una semana que est aqu
ocho das por tanto. Qu manicomio de casa! Maldito
sea! (Toca el timbre, aparece un criado) Camilo!
[Escena IV]
CAMILO - Seorito!
.
ALBERTO - Y esta carta, cmo se halla en m1 escritorio sm
yo saberlo?
CAMILO - Yo se lo avis el otro da, seor!. . . Sin duda el
patrn, como acostumbra. estara distrado .. .
ALBERTO - Y quin la trajo? Responde pronto .. .
CAMILO - La trajo una seora ... as no ms ... flaca de rostro. U d. que sala de casa y ella que vino enseguida .. Me
parece haberla visto vichando en la esquina. ~io~~ mucha
pena al verla, apenas poda hablar ... parec1a tlSlca
ALBERTO - Y qu te dijo?
CAMILO - Me pregunt por Ud. recomendndome que se la
diera en secreto sin que la seora se percatase ...
' Es ella ... y no hay ms. ~u
o e, gran [Link] - (Para s).
bona! Y me espa, no hay ms, me espa. . . Bien sabe ella
lo que le aguarda si yo estoy en casa. (Pausa).
CAMILO - Est disgustado el seor?
ALBERTO- Calla
bruto! (Con enojo). Si llega a volver esa
1
individua la e~has a empellones: oyes? Te libre Dios de
atenderla. . . Yo lo ordeno. Vete! (Sale el sirviente).
ALBERTO- (En voz alta) Camilo!
CAMILO - (Voluindose) Me llama, seor?
ALBERTO - Te lo repito: a empujones al medio de la calle Y
si se resiste, la haces llevar por la polica.
CAMILO- (Humildemente) Bien est, seor. (Se marcha).
[Escena V]
ALBERTO - (Pasendose reflexivo) Pues no faltara ms~ i ;r'?d~
mi autoridad por el suelo a causa de una loca h1stenca.

-230-

[Escena VI]
CAMILO - (Entrando) Seor. . . el caballero Mauricio.
ALBERTO - Hazlo entrar. (Entra 1\IIauricio sonriendo).
[Escena VII]
MAURICIO - Alberto (se abrazan) slo por cinco minutos!
a traerte este manual soberbio. . . este chef d' rxuvre maravilloso. . . la ltima de Reclus. . . (Mhando a Alberto)
Pero qu te ocurre? Te encuentro plido, nervioso, pareces
abatido. . . Enfermo acaso?
ALBERTO- (Yendo hacia el silln donde se desploma) Nada!
Espln, mi espln eterno! 1
MAURICIO - (Sentndose junto a Alberto) Tal vez he sido
indiscreto. Pero una amistad de largos aos me da el derecho a ser curioso, ms cuando te veo alterado y te puedo
senir en algo. Un poco de franqueza, querido Alberto!
Mira que yo tengo un ojo clnico de psiclogo que t has
sido el primero en reconocer, eu diversas circunstancias.
Vamos, d qu te preocupa. brete todo entero! Quiero
ser tu confidente oyes?
ALBERTO
S, algo de nada. Pequeeces! tomos de la vida!
MAURICIO - (Con inters) Pequeeces? Y un espritu fuerte
como t, hace caso de los huevos que ponen las moscas!
Sern desencantos de familia ...
:\.LL .iZTO - (Sonriendo) No tal, Mauricio, no tal! Se trata
de un huevo monstruo[so] que se me quiere hacer empollar ...
Fruto amargo de los accidentes de la vida, consecuencias
de una aventura, de un bguin tom1entoso, sabes?, una
cana al viento de la juventud.
1

Recurdese el soneto "Almas plidas".

-231--

MAURICIO (Rindose estrepitosamente) Cmo? Conque


t tienes pelo de libertino? Un asceta impecable, un moralista riguroso, calvo de espritu como t! Esas tenemos,
hipocritn?
ALBERTO - Habla despacio!
MAURICIO - Y el probo, el apstol, el cisne ileso de todo contacto, el varn juicioso que todos te creamos, y que t te
insinuabas en cada elucubracin, cindote el pasado como
uaa aureola! Metido en folletines amorosos! Ol a ese
tonto amigo! Cuntame pronto esa historieta. Me preparo
para saborearla como a un faisn exquisito!
ALBERTO - Qu quieres, Mauricio! Es mi nico pecado. No
te burles tan despiadadamente. S humano, como lo eres
siempre!
MAURICIO- Conque pecatta m:nuta, vamos. As me gusta verte
sin gestos sobrehumanos, esgrimiendo el rayo de Jpiter! Pero
es que ninguno entre tus ntimos sospe~haba la menor travesura de ti.
ALBERTO - Porque era de mal gusto! ...
:rviAURICIO- Y [es] que t te jactabas siempre de una moral de
bronce a prueba de tentaciones. Y lo aducas, dentro de
tus convicciones fieramente ateas, como demostracin experimental de que el freno religioso no era necesario al hombre para graduarse de doctor en virtud y ser ms puro que
los ngeles ! ...
ALBERTO - (Picado). Basta de exordios y escucha si quieres
o habla de otra cosa.
MAURICIO- Te escucho! Cuenta.
ALBERTO- (Pesando las palabms). Comenzar por exigirte la
reserva ms absoluta sobre el caso, ante los amigos y cofrades del grupo que me ha tomado por bandera. Una indiscrecin de tu parte, una ligera stira rabelaisiana de las
que t gastas muy a menudo, dara al traste con mi autoridad y significara el dislocamiento arlequinesco de mi apostolado sobre moral libre, que t sabes, sobre el ejercicio de
la voluntad humana, exenta de prejuicios divinos y humanos. Mi ideal sobre la Repblica Anrquica de las conciencias, fuera de toda legislacin civil y religiosa, mi teora
redentora acerca de un porvenir sublime de la raza humana
sin Dios y sin Patria, estos dos fetiches ignominiosos de la
edad moderna, mis corolarios filosficos sobre alma libre
en cuerpo libre, en pos del Bien y de la Belleza - todo,
imagnate, naufragara en la ola de mi desprestigio, ya que

-232-

el sacerdote se confunde con la causa y no hay virtud en el


mundo sin el ejemp:o ni gloria firme sin fama austera. A
todo esto, y como t lo has dicho, yo he tratado de pasar
por justo, por alma de una sola pieza, no por gazmoera
sino por sugestin, sin aureola de propaganda, en holocausto de las grandes ideas reformadoras que constituyen
todo mi pensamiento y son la mdula de mi vida!
MAURICIO - (Impaciente). Yo me doy cuenta, Alberto. Ten
ciega confianza en mi discrecin, me ofendes con tantos
prolegmenos. Cuenta si has de contar. . . y al caso! ...
ALBERTO
Se trata de una mujer honesta y hasta elegante, de
una maestrilla 1 romntica que avasall y seduje en poco
tiempo. . . Veni, vidi, vici como Julio Csar en Farsalia ... 2
Una minuta, sabes ... una minuta sabrosa. Hablarla y consustan::iarla conmigo, hacerla arcilla fosfrica de mi arcilla y
nervio vivo de mi pensamiento, fue todo un relmpago. Jams he visto un ser ms enamorado, ms inflamado. . . ms
plutnico. . . era un ascua viva de amor, quemaba con los
labios, con los ojos, con las palabras.
MAURICIO - Di ms enfermo ... Ese calor era la fiebre malsana, era la intoxicacin. En cuanto al entusiasmo, no era
ms que el vrtigo de la cada!
ALBERTO - La hice ma; le vacun mi virus sentimental ...
Desat de sus alas todas las cadenas y todos los lazos. De
burguesa la transform en anarquista, de vulgar en sibarita,
de esclava catlica en rebelde paradoja], de seorita maestra
en hur luciferiana. con todos los elixires del vicio enfermo v
todas las insinuaci~nes de la serpiente fatal! . . . De pobr~
eslabn de la especie yo la hice Reina, Hada, Diosa, Estrella. En fin, yo la transfigur, yo la elev, [yoJ la dignifiqu, yo
la redim de la obscuridad de la rutina. . . y del automatismo milenario de la accin refleja ... Bien que ella haba
ledo mucho, era inteligente por naturaleza, y con extrema
vocacin por la literatura, yo le di todo lo que posee, luz
mental, educacin sensitiva, independencia de espritu, libertad interior, yo le di todo lo que tiene: buen gusto, refinamiento esttico, originalidad ...
MAURICIO - Deshonra ...
ALBERTO - Y hasta un hijo... (riendo) es decir... ella lo
afirma ...
1
2

El vocablo falta en la copia A, no en las otras.


Es de Herrera el" gazapo? Pudo haber dictado: " ... ante Farnaces".

-233:-

11:\URICIO - Bravo, bravo, conque un hijo, toma! Y por


qu entonces te hallas displicente, cul es tu desventura,
qu es lo que te abate? Haberla perdido acaso. Quieres volver a su lado. No ests an satisfecho de tu Epopeya ...
O lloras por el varoncito, tu primognito anarquista?
ALBERTO - Deja que contine, no me interrumpas. Como te
deca, desde un principio, en el idilio ella se convenci
igualmente de la bondad de mis ideas acrticas sobre el
amor, y de que era indispensable la unin libre ...
MAURICIO - (Con sorna) Pobrecita! Qu bien le ha ido.
Cmo estar de arrepentida. . . la compadezco!
ALBERTO - (Contina) ... para la felicidad de los amantes ...
MAURICIO- Ja, ja! Indispensable, cmo no, para que se divorcien a cada estacin. . . Y si no, t! ...
ALBERTO - As, pues, yo era un Dios para ella. Avasallada por
ese evangelio divino, en el entusiasmo vertiginoso de la
pasin, creyendo firmemente en la seriedad de nuestra unin
libre de todo escrpulo moral v' sccial abandon el hoo-ar
o
libre, y en que yo la amaba idealmente con el corazn,
feliz, padres y amigos, vnculos y recuerdos. . . todo lo
abandon, por seguirme. . . Lo que es el amor de infame!
Sus pobres padres, ancianos y enfermos. . . sin ms apoyo
material, ni ms vida ni ms consuelo que ella, pjaro y
sol del hogar (sin duda), habrn quedado en coloquio con
la muerte. . . Y ella jams se compadeci de ellos. Y o no
lo supe por entonces. . . Y lo que son las cosas, ahora me
escribe que han muerto sus padres por causa ma y me lo
echa en cara la muy bribona. . . sal picndome con una responsabilidad que es suya, nicamente. . . (S e queda triste
bajando la cabeza).
MAURICIO - Bah, tonteras de mujeres ... Y eso te aflige
tanto! Ese es todo tu disgusto! Yo pens que fuera por tu
hijo. Desesperado por recuperarlo cuanto antes ... y desde
ya prepararle algn destino digno de su sangre y de su
novela anarquista.
ALBERTO- (Confundido) Al contrario ... Oh no! Escucha.
Te dir, Mauricio, d jame concluir ... no me confundas ...
Pero antes quiero leerte la carta insolente y con ribetes fnebres que ha tenido la osada jacobina de mandarme ...
as como lo oyes. . . de mandar aqu, a mi casa. . . a mi
propio hogar,. a la casa de mi seora, como si fuera cualquier tugurio, la de cualquier chusma, exponindola a ser

leda por Adelfa, lo que hubiera sido inaudito, infamemente


inaudito no te parece?
MAURICIO- Pero es tu discpula la que acciona ... es tu misma
obra que habla por tus aspiraciones revolucionarias y que
se venga, tal vez, de ti. . . Pimalo bien. Y no te indignes.
S lgico y s sincero. T has cargado la bomba, Alberto!
La bomba estalla en tus manos. Quien siembra vientos recoge
tempestades. O es que has dejado de ser anarquista? Extraa dualidad o tipo contradictorio, no quiero creerlo de ti.
ALBERTO - Espera, pues. Qu impertinencia, me fastidias con
tus parntesis. Soy ms anarquista que nunca. Bien lo sabes.
Ahora te voy a leer la carta y te convencers de lo que
afirmo. . . de que se trata de una degenerada o de una
miserable de la ltima e~cala moral, o es que no se respeta
a una familia de bien. Y a un hombre que ya est casado
perfectamente. Lo que es criar cuervos para que le arranquen los ojos! ... Esta es la carta, que hace un rato encontr sobre mi escritorio. Hace ya cinco das que vela entre
mis pape:es. . . sin yo saberlo. . . por una de m1s distracciones tan frecuentes! . . . Escucha:
"Alberto: Te he escrito al alma varias veces, sin obtener
otra respue3ta de tu egosmo que menosprecio y orgullo en
forma de silencio. Splicas, lgrimas, arrodillamientos ...
U na madre echando sangre de una herida que no podr
cerrarse nunca y un hijo que t has largado a la vida y
clama por su padre, recuerdos desgarradores. . . todo ha
sido desoladamente en vano. Como el nufrago que se hunde
en la muerte y lanza el ltimo grito al desapare.::er, he aqu
mi ltima splica: mi ltima splica que tal vez no oirs:
la ltima, oh s, lo juro, la ltima carta que turbar tu
cmodo reposo y que romper como t dices la olmpica
serenidad de tus lneas . . . N a da te pido para m, ni nada
me importa de mi triste suerte. . . Yo he dejado de ser
mujer para ser una sombra! Sabrs que mi vida se exhala, por
instantes, fatalmente y sin que nadie se oponga a ello. Descansar por fin, mi drama. toca a su eplogo silencioso. Me
lo ha dicho el mdico con frialdad de verdugo, al preguntarle yo exigente: 'No vivir usted [sino] unos das, acaso.
Cuide usted de su hijo, que es en extremo pobre de sangre!'
A.s es, Alberto, en nombre de Dios, en nombre de la Humanidad, en nombre del Amor, en nombre del Dolor y de la
Dicha, por tu felicidad y por mis lgrimas, por la muerte y
por la vida! Ven hacia el borde de la tumba en que me

-234-

-235-

hallo y arrebata a tu hijo de mis brazos que ya no pueden


sostenerlo. Slvalo t, recgelo con fervor, vela por su porvenir, hazle un hombre de bien, inclcale sanas ideas, no las extraviadas que t profesas, haz t por l lo que yo no puedo
hacer, ponte sangre de madre, en fin. . . Yo me ir de este
mundo a rogar por ambos, porque Dios piadosamente encamine vuestros pasos hacia el bien. . . No es mi intencin,
Alberto, ni nunca lo ha sido, salpicarte con mi rencor por
todo el mal que me has hecho. T bien lo sabes, Alberto.
Todo lo he dado por ti: honor, libertad sosiego, porvenir,
,
'
vmculos y derechos. . . Todo lo he dado y todo lo he perdido: hasta mis pobres viejos que han muerto en la soledad, destrozados por la vergenza y por la ingratitud, bajo
la accin de su nica hija a quien cuidaban como un tesoro,
y en quien vean un paraso. . . Yo nada te reprocho, yo
todo te perdono: tu falso amor, tu hipocresa, tu sofisma
de amor libre, tus venenosas seducciones, tu ciencia mefistoflica, tus sutilezas por hacerme caer en el lazo, tu superioridad mundana con una nia incauta, que nada saba
de mundo ni de filosofas intrincadas. Yo comprendo [que J
deb haber resistido: que soy culpable tanto como t en haber
cedido a tus caricias especiosas y a tus insinuaciones de
Angel de las Tinieblas. Yo deb haber comprendido qu
diferencia de rango nos separaba y que otra mujer ms digna
sera tu esposa un da. Y o no vi el abismo ante mis ojos,
yo no vi la muerte emboscada. Ni tuve la visin terrible
de mis padres muertos en el abandono y de un nio hurfano
que llora en la sombra de la miseria v sufre inocentemente la
falta de sus padres. . . Maldito a~or que envenen mi
corazn y por quien he sido verdugo de los ms infames!
Mi crimen, mi nico crimen, es haberte amado, Alberto ...
y justo es que baje la frente muda y no me acuerde de m
jams. . . A m toda la ira del cieo: a m todas las desventuras, el desprecio de Dios y de todos. Pero t, Alberto,
salva a tu hijo, que l nada tiene que ver con nuestros extravos! N o contines siendo su verdugo. Ven y recgelo, es
tuyo, es la mitad de tu alma, y el verbo hecho carne de tu
pensamiento, el vaso vivo de tu sangre; es el sagrario risueo de tu raza v el heredero de tu b<Tenio ' no tiene sino
un defecto y es ser el recuerdo palpitante de nuestro amor,
es decir, de nuestro crimen. Te espero, ven: una sola vez
te incomodars; ser por unos pocos minutos, y queda[r]s
libre, y para siempre dueo de tu vida. No permitas, por

-236-

caridad, Alberto, que ese inocente a quien debes decora


con tu nombre, tenga tal vez que inclinar de vergenza la
frente, al peso de una accin infame. La vida ofrece mil
peligros, t lo sabes y est erizada de precipicios. Te aguardo,
dos, tres, cuatro, seis das. Si durante ese plazo no vienes
hacia tu hijo, me convencer de que nada debo esperar
de ti. . . Y en ese caso, lbreme el cielo de tal sacrificio,
recurrir al alma ms piadosa y santa que Dios ha enviado
al muudo, a una mujer nobilsima y sencilla que ama a los
desheredados, llora con los tristes y reparte su tiempo en
obras de caridad, a una mujer que debes conocer, cuya fama
aroma como un incienso santo la ciudad, y a quien todos
llaman la 'flor de la gracia'. . . Esa mujer, esa flor, esa
hada buena, ese ngel blanco que Dios te ha dado por
compaera, es Adelfa, tu digna esposa, quien, estoy segura,
no permitir nunca que un fruto del alma que es la suya,
un hijo del hombre a quien ella adora con pasin idlatra y
que es casi la mitad su hijo, por ser el hijo de la mitad de
su alma, perezca de fro en el atrio de un templo o manche
su frente con un delito infame. Ven hacia tu hijo, ven,
slvalo t, a ti te pertenece. Evita, Alberto, que yo turbe
la dicha de ese ngel bueno que es tu esposa. Ser un
ngel que tenga que salvar a otro ngel. . . Redmete en
un segundo sublime; ests en tiempo de ser un hombre;
ven, pues te esperan. Besos de Albertito y lgrimas de
agradecimiento de Laura".
MA URI CI O (Estallando) Viva Sevilla!. . . Qu deliciosa
chica. No lo hace mal y se va a fondo. Qu bien frasea,
es un can de verdades. . . Pero de dnde ha sacado esa
mise en scene, esas decoraciones que ni en la pera ...
ALBERTO - Palabritas de colores. T siempre el mismo. No te
alucines por chafalona y msica de organillo ...
MAURICIO - Pero no es chafalona: son cosas coherentes y
bien combinadas. . . Si es un portento, tu Laura.
ALBERTO - Como toda m a es trilla no ms. . . Se le indigestan
los trminos acaramelados de las novelas que devora .. .
No te lo advert. .. que era una cabecita despejada ... y
explotable como esas bombas de azcar llenas de juguetes,
que engaan a los nios ... como t ... por ejemplo ...
Vamos a fondo, Mauricio, di qu piensas de ese arrebato
histrico, de la, amenaza final de acudir a Adelfa ... Habrse
visto mayor insolencia. . . Toda la carta est en punta, y
llena de veneno como una tarntula ...

-237-

MAURICIO- [Tu Laura] ~e defiende como una leona que ve su


cra en peligro y blande la garra iracunda.
ALBERTO - No contradigas intilmente ... Mauricio, si no hay
atenuante posible. . . Hay que observar las distancias, amigo
mo, y los casos especiales. . . ciertos aspectos. . . t lo sabes.
Si no qu sera el mundo? Un pot-pourri. Todo porque t
no te hallas en danza. Vaya un egosmo.
:MAURICIO - Pero y qu ... Vienes a mi terreno de las contingencias vulgares y de los puntos de vista ms humanos ...
Y t eres el anarquista incendiario, el caballero rojo de la
nueva aurora social, el corregidor intransigente del statu qua
presente, la piqueta demoledora, el barreno explosivo de todo
cuanto existe en la comedia de las relaciones y derechos actuales del hombre, la vorgine apocalptica contra la mentira, el dolor, el convencionalismo, los cdigos, las institut
ciones y las rutinas de esta Edad Media burgo-aristocrtica, que t llamas con irona la menor edad del gnero
humano. . . ah, la, la ...
[El pasaje que sigue se ajusta al texto impreso
de "Pegaso", N. 28, cuyos errores o erratas se
salvan].

ALBERTO - Y qu significa esa oratoria? ... Pretendes negar,


cuando menos, que el amor es una fuerza autmata, una
energa ciega, un e~emento que obra casi con fatalidad dantesca, que se confunde con el azar, que los griegos, nuestros maestros, lo pintaron ciego y nio. . . burlndose
hasta de los dioses !
MAURICIO - (Interrumpindole) ... Conque ... peregrino de
la Selva Oscura! Y t pretenders, cambiando de tctica,
hacern1e creer que has amado -aim!-, que eres una
vctima alicada del cruel Cupido? No habamos quedado
en que todo fue una calaverada. . . un antojo de gourmet
concupiscente, un gesto de Sbaris voluptuosa, como t
dices, un vaso de bon vin? . ..
ALBERTO - (Impaciente) Amor o placer, fuere lo que fuere,
sentimiento o fruicin, vnculo ms o menos aleatorio, enajenamiento fecundo del ser, nerviosismo gensico, fiebre de
los sentimientos, atraccin sexual, afinidad orgnica, simpata oscura del instinto, impulso de los centros progenitores, de cua~quier modo que lo entiendas, con cualquier
nombre que lo decores. . . esa crisis mental y fisiolgica, esa

-238-

enfermedad de las almas o de los nervios, ese fen6meno


divino y humano, ese violento estimulante emocional ms
viviente que la Vida porque es superior a toda naturaleza,
esa fuerza extraa -materia o espritu, o ambas cosas a la
vez-, fluido mgico, genio todopoderoso y abstruso que
emana del gran Inconsciente que es el supremo generador
dinmico de la Vida y el renovador eterno del Arte, ese
Satans ingenuo como lo canta Baudelaire, se introdujo
en mi voluntad, supedit mis energas, avasall mi sensorio,
se enseore de mi pensamiento, relaj los resortes ntimos
de la personalidad, fue redactor de mis ideas y editor nico
de mis actos. El amoroso es menos que un nio y puede
llegar a ser una fiera. . . Es un caso agudo de insensatez,
y quin sabe si de psiquiatra epilepsial!. . . 1 De ah la
falta absoluta de balanza en el espritu y de centro de
gravedad en la conciencia. De ah la arritmia moral y el
caos en el albedro, el desequilibrio y el dislocamiento, ei
neumatismo interior, la asfixia del alma. A un paso est
la locura. . . el no ser. . . quin sabe!. . . el polo desolado,
la columna de Hrcules de la Vida! ... Tal vez el genio ...
Por eso dijo Musset 2 : "el genio no es sino un deseo doloroso de amar infinitamente, dando la vida ... " Es un caso
de eclipse de conciencia, de prdida absoluta de la volun
tad y de la personalidad.
MAURICIO - Y tambin de alucinacin. El diablo pasa vista.s
sublimes y macabras, en su linterna mgica.
ALBERTO- ... El diablo, dices? Ca! ... No hubiera sido capaz
con toda su agudeza invencible y toda su licencia tenebrosa,
de haber quebrado mi voluntad de hierro, como una dbil
caa. . . de haber puesto en peligro mi porvenir y mi gloria ... de haberme hecho pasar ante mis amigos y admiradores -como t lo sabes- por el ms infame apstata de
mis ideas filosficas, por un Judas abyecto de la prevaricacin de sentir. . . Oh, s! No quiero ni acordarme ...
Yo, el varn fuerte, el intransigente, el fiero adalid del
amor libre, Caupolicn adusto de la Anarqua, que hubo
jurado durante toda su vida, en pblico y en privado, desde
los clubes y en las garqonnieres, dejarse arrancar los ojos

1
2

En el impreso y en los ms.: "epleptocal ... ".


En el impr. y en los ms.: "1\Iaxwell." (La cita de :.\Iusset haba sido hecha
por Herrera en uno de sus '"Atomos de luz", tan recordados por AU ~rto:
v. "La Democracia", :.\Iontevideo, 20/V/906).

-239-

antes de transigir con el Evangelio y con los Cdigos y


con el Matrimonio, antes de inclinarse bajo la frula del
Juzgado o el latn del fraile. . . Oh!, la vergenza, yo
vencido, ultrajado, derrumbado, burlado, hecho aicos ignominiosamente por el Amor ...
MAURICIO - No veo por qu te expresas as. Es la nica vez
que has estado dentro de la verdadera filosofa, la humana
y real filosofa de los trminos medios, la filosofa de carne
y hueso de la realidad, la filosofa sana y vital de las posibilidades y de los egosmos, la de la oportunidad auspiciosa,
la de los puntos de vista, la de los determinismos, filosofa
que se halla dentro de la Naturaleza y que da la hora justa
del sentido comn ...
ALBERTO - He sido un cobarde. . . He perdido la mitad de
mi crdito como Apstol y como Filsofo ... No hallar
Jordn jams... quin iba a decirlo!, yo que me rea
de las mujeres ms brujas en el arte de subyugar, y que
desafiaba las seducciones de todas. . . Del dao que causa
el Yendaval, el incendio, una. vorgine de la Naturaleza,
nadie es responsable. Nadie imputa a lo de abajo la desventura. Es la demencia de arriba la que anonada de pronto.
La maldicin del hombre sube hasta Dios, desde las cosas.
El amor es una entidad trgica, si se quiere. Y es un
elemento, un elemento anormal de la Vida, que como el
aire, destruye y vigoriza, como el fuego consume y depura \
como el agua sobrepuja y revive. . . Hiere ciegamente ...
MAURICIO- Fulmina desde arriba, como el rayo, haciendo una
profunda interjeccin de sombra y de luz ...
ALBERTO - (Contina) ... Hiere ciegamente, desordena, extena, alucina, encona, atempesta, vuelve esclavos a los tiranos, a los poderosos mendigos, a los genios idiotas, a los
simples iluminados. . . hace el caos en el pensamiento y la
noche en el corazn! . . . Sopla de pronto desde lo impenetrable: El alma se atorbellina, se encrespa, ~e eriza de
interrogaciones, grita como un pjaro envenado de oxgeno, muge como un mar loco de tragedia. De pronto pierde
fondo en el vrtigo silencioso y cree tener la Nada abajo
y encima la Eternidad! . . . Oh, cmo es terrible el
1

En el impr. y en las copias: "desola [sic] y depura". Pareci preferible,


pues, ajustarse al texto de nno de los "Atomos de luz" -tercero, penltimo prrafo- que se sacaron a luz en "La Democracia", el 17/V/906, Y aqu
aprovech el poeta.

-240-

imperio de ese Dios alevo::o y carnvoro, que no da tiempo


a nada! Cuando ha pasado, todo est en escombros. . . 1
MAURIC!O - Cuidado con tus inducciones, amigo filsofo ...
Qmeres negar la responsabilidad que es el fundamento de
toda moral. . . Comprendo que en ciertas crisis del alma,
como ,del cuerpo, no cabe culpa al sujeto que acta. El
all~edno desaparece con el libre juego de las facultades psqmcas. A falta de brjula todo es incoherente v todo es
il.gic_o. Es el autmata que da palos de ciego e~ la conCienc~a;, P:ro, o~srv~lo bien, Alberto, y no te empecines en
t:r dia"ectica biz~n~ma .. Hasta en la Naturaleza, que t
Citas, parece subsistir tnunfante el sentimiento humano de
la r:sp?I~sabilidad .presidiendo toda evolucin y auspiciando
las mfmitas reaccwnes fsico-qumicas de los diversos elementos. Y si no, observa cmo despus de los sacudimientos ss~cos, despu~s ele las hondas catstrofes atmosfricas,
clespues ele los ternbles castigos de un mal ao sobreviene
por mucho tiempo un estado de calma risuea 'de reaccin
fecunda, de prsper.a clemencia. Todo sonr~ despus de
h~ber llorado. La VIda canta y da flores sobre la muerte.
I\1 o ~ar~;e sino que la naturaleza, movida por la ms pura
conviccwn _de altrusmo, se apresura a reparar los daos
por ella misma causados en sus crisis morbosas ungiendo
con_ el blsamo de sus ms preciados dones, las heridas que
abnera con su alfanje hurao ...
ALBER!O - No sofismes ele ese modo, querido Mauricio. Eres
Siempre el poeta que hace pirotecnias jactanciosas de las
cosas grans. Ten un poco ms de sentido honrado. Tus
sutilezas de imaginacin son ele un malabarismo sorprendente pero no conducen a nada juicioso. . . Despus de
todo, el Amo~ n~ es una virtud, ni una vocacin celeste, ni
un voto de flcleh~ad ad perj1etuam, ni un concilio mgico
el:, ~?s. alm~s a VIda y muerte. N o es tampoco un "sarampwn ~ Idealista ele todo bpedo humano y del que nadie
e~capa :n buena hora. El Amor no es en el fondo sino un
dilema Implacable: "o me matas o te matar", una lucha
cruenta a gana o pierde, un combate antiguo en que uno
ele los contenclores -o el ms fuerte, o el ms apto, o el
ms ingenioso- queda arriba triunfante, y el otro abajo,
T

Sigu? ,;-\lherto reco_rdando los "Atomos de luz", publicados en "La DemocracJa de riionteVJdeo, en mayo de 1906, y recogidos, luego, con el ttulo
de O palos, en un folleto p;;tumo (Buenos Aires, Ediciones Selectas Amrica, 1919).

-241-

humillado y maltrecho. El amor es simplemente un arte


sutil de adaptacin y de anlisis, de apariencia y de engao.
El amor es un juego, un juego de facultades y de ingenio,
entre los amantes. Hay quien ama de veras pero no sabe
amar: ser 1 desdichado. Hay quien no ama -en cambioy sabe amar a la perfeccin: ste es el dolo de las mujeres. Fjate en cuntos ineptos del Amor, en cuntos malos
jugadores de este ajedrez de la vida, que lloran su derrota
eternamente. La amorosa se sirve de un amante indocto como
de un pauelo. . . Lo perfuma coquetamente, lo mima unos
instantes, se lo lleva a la boca, aspira embelesada su fragancia. . . y cuando se ha evaporado su perfume y perd~do
su encanto, lo arruga con desdn y lo echa a un lado,
sin ni siquiera un rictus de preocupacin. . . El hombre,
por su parte, cuando es superior a la mujer en el talento
de amar hace la misma cosa ms o menos. . . Se sirve de
' de una servilleta en el banquete sibartico de la
ella, como
orga. . . y luego, terminadas las ltimas libaciones, satisfechas las voluptuosidades egostas del momento, con el
ltimo sorbo del champagne... la arruga con perezoso
desdn entre sus dedos, y la deja a un lado, incolora y marchita. . . y as -siempre- en todos los idilios el resultado
no vara, la misma novela implacable, el mismo juego cruel.
Es preciso matar para no morir. La Victoria es el abandono,
la zancadilla final del ms resistente, del que tiene ms
energas para arrancar el pual del pecho y decir: "Vete ...
v no te extraes" . . . A no suceder de ese modo, el ven~edor sera el vencido. . . porque el duelo es a muerte. Y
todo tiene su plazo.
[El pasaje que sigue se ajusta de nuevo al texto
de la Copia AJ.

Por lo dems todo es juego en la vida: juego es nuestro


destino, juego de mil vicisitudes y encontradas acciones, juego
es la lucha por el pan cotidiano, juego de aptitudes y de
esfuerzos que se debaten, juego el combate por nuestro mejoramiento funcional, juego el anfiteatro trgico de la seleccin de los grupos vivientes; juego es el intercambio comercial,
el rodaje de la riqueza privada y de la economa de las
naciones, juego es la historia del mundo, juego de infinitos
acontecimientos y de influencias ambientes, juego de peque1

En el irnpr. y en los ms.: "ser".

-242-

as causas y de conclusiones obscuras. Juego es el dinamismo


de la administracin, y la Poltica ms hbil no es sino juego
intuitivo, de combinaciones y de golpes de Yista, de audacias
y sorpresas. . . Juego del genio abrupto es la guerra, juego
de estrategia, ingenioso ajedrez de la muerte; y juego de
astucia y de savo:r faire es la diplomacia de mscara de seda,
que pone fin a la guerra de armazn de hierro; juego es el
progreso social y el orden portentoso de la Naturaleza, en
todas sus maravillas regias! Juego es nuestra desventura o
nuestra dicha, nuestras emociones y nuestros placeres. La
sociedad, considerada por Spencer como un organismo biolgico, es un juego hermtico. y maravilloso de funciones asimiladoras y distributivas, de relacin y de comunicacin imperativas y controladoras, de seleccin y defensa. Juego es el
pensamiento humano, sondador de abismos, juego maravilloso de centros sensibles y de circunvoluciones, de clulas
vivientes y de nervios motores; juego es nuestra vida, s, la
elaboracin del gran horno psicoqumico del Gran Todo, el
reloj perfecto de los diversos organismos, desde el protoplasma
al hombre, desde el plipo al Astro. . . Juego es la evolucin
compleja de los grmenes, y sus fenmenos, agentes de otros
fenmenos hacia el ms all de lo Desconocido de las especies. Juego es la eterna sucesin de las horas y de las estaciones, del Invierno y de la Primavera, del Da y de la Noche,
de la Vida y de la Muerte, porque Invierno, Noche y Muerte,
estas tres larvas de la Evolucin, no son sino los eternos rejuvenecedores de la Naturaleza, de donde emergen las tres
auroras sublimes de la Vida: Luz, Fecundidad y Belleza ...
Juego, en fin, es el arte que combina lneas, colores, ritmos }
sonidos; juego es la ciencia que sintetiza y ordena y asocia
y diversifica ... Juego supremo del Sublime Jugador de Constelaciones y de Humanidades -de aquel que no yerra nunca
y por eso mismo es Dios-. Es la armona preestablecida en
el alma obscura de las cosas, es la msica pitagrica de la
gran colmena de los mundos, de la caravana melodiosa de
los Universos sublimados, es la gravedad magntica y la
atraccin amorosa, la simpata de los soles a travs de los
planos inconmensurab1es. Mira a travs de esa inmensa boca
negra y admirars un juego divino, impar y sereno y de estetismos ideales, de geometras impenetrables: es la gavota
elptica, la eterna danza astronmica del Infinito! ...
As pues, ya que todo es juego en la vida! . . . me absolvers, lo supongo, querido Mauricio; creo no haber proce-

-243-

dido del todo mal en haber dado mate antes que me lo


dieran al menor descuido .. .
MAURICIO - Todo est bien ... admirablemente bien. Y Y~ que
t te empeas en sacarte el lazo, no har yo por enredartelo
seguramente. Enfem1edad y Elemen:o y Juego. Todo, eso
conviene que sea el amor, pobre cnatura, para que. tu no
tena as culpa de nada ... Has estado esplndido, quendo
lo ~m prendo. . . y estoy satisfecho en todo. E,n el fondo es
un triunfo de mis ideas. . . que a pesar de tu no querer~o
vencen en tu voluntad ... Vuelves a mi terreno ... Por fm
eres humano. . . y te rindes a los puntos de vista, a los casos
particulares de la Vida. . . a las determinacion~s de la fatalidad, a las adaptaciones cmodas del yo .... Tu has obrado
de cierta manera, porque algo te ha impehdo. . . Factores
determinantes que dan un producto detemnado .. agentes dados que dan por resultado fenmenos in:ariables ...
"Son mis ideas que pasan". Antes que anarqmsta eres un
hombre, y antes que una idea, eres un sentimiento, un apetito. El corazn gobierna al hombre y no el cerebro. S~y ::o
que pienso. Soy yo que predico. Bravo filsofo. Eres m1 dlscpulo sin saberlo!. . .
.
.
ALBERTO - Y va de fraseologas contradictorias. Qu unpertlnente. Confiesa si estoy en lo cierto. . . y ratifica como
amigo los dictados serenos de mi conviccin. No hagamos
jarana. . . Di si adeudo o no responsabilidad alguna en el
caso con Laura. . . v si har bien en darle un susto por
la polica a esa chifl~da, como medio de evitar escndalos
en mi hogar. . . y que mi mujer se entere ...
MAURICIO - Pero hav un pero ... y grave, en esa historia, te
lo declaro. Y o no soy ~oralista, ni mucho menos, pero ...
es tu conciencia de hombre de bien y de igualitario, sin
supersticiones, la que debe pronunciarse en este caso, pero ...
yo no quiero ni pretendo dar consejos. . . t has ele saber
de lo que te hablo.
ALBERTO - Di -exprsate con franqueza- pronto ... Ser
por el hijo, acaso?
MAURICIO- Precisamente, querido --\Jberto. Por eso mismo ...
Por ese inocente que es tu misma substancia- y tu mis~1a
vida ... casi tu misma persona ... que Una en sus artenas
ros de tu sangre y de la sangre de tus padres. . . Por ese
nio que llegar a ser hombre, que tiene todos los derechos
y todos los privilegios a la vida de todos los hombres ...
Pinsalo bien, Alberto! . . . Ese nio es tu obra; es tu le~244~

gado, eres t mismo. . . T le has dado el ser, el instinto, la


nobleza, la Vida. . . T no puedes negarle lo que t tienes
de ms, el honor, la dignidad, la luz del alma. . . el buen
nombre que t luces en la frente reno de luz y que l
podra ensombrecer un da. Si t no recoges ese hijo, hijo
verdadero del connubio libre, si t no pules su alma, si t
no cuidas de su porvenir. . . la crcel, la vergenza, la miseria, el Yicio. . . todos los chacales del mundo lo esperan ...
y lo acechan al primer paso. Mas no es posible, oh, t no
seras capaz. . . t que eres tan noble. . . t que llevas
hasta el misticismo la igualdad de todos los hombres y de
todos los hijos ... ya sean hijos de: hcgar o del vicio, o de
la familia o del torno!
ALBERTO - (Pensativo) Tienfs tal vez razn. En el fondo ...
Lo pensar. . . lo pensar! Acaso t te encargars, como
grande amigo que eres, de arreglanne ese asunto tan delicado. No es cierto, :Mauricio? No es cierto? Quieres? ...
MAURICIO- S! Con mucho gusto! ... Accedo!
[Escena VIII]
(Entra doa juliana).

JULIANA- (Saludando) Cmo est usted, Mauricio? Y su seora mam?


MAURICIO - Perfectamente bien, seora. Mi1 gracias!
JULL\l~A
No habr venido a interrumpirles a ustedes?
MAURICIO -De ninguna manera; nos honra usted con su presencia.
JULIANA - (Dirigindose a Alberto) Qu lo preocupa a usted,
seor Aristteles? No tenemos alguna nueva hiptesis disolvente, de aquellas que entran con dinamita? ...
ALBERTO - Es que sent olor a incienso cuando usted lleg; y
no acertaba a explicrmelo. Me imagino, seora mam, que
nos traer usted de memoria el ltimo sermn de Fray
Benito ...
JULIAi\A - (Dirigindose a .Mauricio) Precisamente hablando
de Iglesia -dgame usted, Mauricio, qu le ha parecido la
ltima obra que le prest sobre la vida y milagros de Santa
Genoveva. . . Ley usted la parte de la loba . . . cuando
le da de mamar? ... Y lo del chico?
IviAURICIO - (Que no ha ledo nada, mira a Alberto y confundido tartamudea) .Ah!. . . s. . . s, djeme, djeme

-245-

recordar. Qu sorprendente. . . milagro. . . cuando la Santa


le da el pecho a la fiera . . . y el nio re ...
ALBERTO- (Estallando) Qu inaudito ... Ja, ja, ja.
JULIANA- No tal, :Mauricio; es otra cosa la historia ...
MAURICIO - :Me equivoco ... ciertamente -cuando la loba le
da su leche a Genoveva. . . v el nio ayuna ...
JULIANA- (Herida en su amor'propio) U~ted se burla, caballero, o no ha ledo usted el libro. . . porque el milagro es
al revs casi ...
ALBERTO - (Interrumpiendo) Como todos los milagros ... del
sentido comn ...
MAURICIO - (Agarrndose la cabeza) Cmo puede ser al
revs! Oh, s, tratndose de una maravilla! Las hay que
hacen parar los pelos. Es el nio, ahora recuerdo, quien le
da con bibern a la loba leche de Santa Genoveva ...
ALBERTO - ... Ahahahahaa!! Qu bruto has estado, Mau

riCIO .

JULIAJ.~A

- Usted no abri siquiera el libro, 1vfauricio! Me


refiero a cuando la mula dobl las rodillas ante la santa
hostia y la ador sin rebuznar! ...
ALBERTO - Sin rebuznar! . . . Oh no! . . . Y entonces, cmo
toc la flauta de Mauricio? ...
JULIANA - Yo lamento que el caballero Mauricio no haya
ledo esas obras tan edificantes. Lalas usted, Mauricio. Yo
se lo aconsejo. Ser por su bien. . . De un cachafaz como
t (dirigindose a Alberto), de un dtraqu satnico, nada
tengo que extraar. . . Ateote descarado!. . . La anarqua
ha hecho la noche en tu corazn y acabar por hacer la
locura. . . Pero. . . dejemos este asunto ...
(Alberto re con benevolencia).
JULIANA - (Pasando a otro asunto) Y cundo es su conversin,
Mauricio? Usted me lo ha prometido ... Deje a un lado el
maldito respeto humano Ya van cinco novenas y siete
rosarios que rezo por usted a la Virgen para que ~1 cielo
v-uelva cuanto antes a su seno a la pobre oveja descarriada
por el mundo! ... No me haga esperar ms, Mauricio.
Deme usted ese gusto! . . . Y dselo a su mam, que es
una santa! . . . Vamos, si se anima. . . yo lo har preparar
por el Padre Benito. . . y har usted su primera comunin
de convertido para el da de San Luis de Gonzaga.
MAURICIO ... Bien puede ser. . . Suspenda por ahora las
novenas. . . no es necesario. . . no se agite usted tanto,
seora . . . Voy primero a leer a Santa Genoveva y a San
Antonio el Taumaturgo.
ALBERTO - Puede esperar.
JULIANA - Bien lo espero. . . porque Dios lo iluminar, para
que sea pronto ... !
(Se va Juliana. Se despide Mauricio. Sale.
Alberto le acompaa hasta la puerta y sentndose de nuevo
en el divn turco, enciende un habano. Queda pensativo,
con la frente entre las manos).

JULIANA - Es la loba, hombre de Dios, que sostiene al nio y


a la madre, en medio de la soledad del bosque. Parece
imposible, Mauricio. . . que tratndose de un libro tan educador, no lo haya ledo usted, que es un hombre juicioso,
de buenas ideas, y que tiene una mam tan devota ...
MAURICIO - ... S, lo le - pero tengo muy mala memoria,
confundo los trminos del problema. . . pero el producto
en todo caso no se altera, es siempre el mismo.
JULIANA - Tampoco le pregunto si ley la vida de San Antonio. . . que le prest anteriormente.
MAURICIO - Oh, s, palabra ... palabra que la le. .. es muy
interesante ese taumaturgo .. .
JULIANA - Lleg usted a lo de los peces?
MAURICIO - Es sabido ... la Multip:icacin de los peces y
de los panes ...
JULIANA - Oh s, algo parecido. . . pero sin pan, cuando ls
peces asoman las cabecitas por encima del mar para escuchar el sermn del Santo. . . o lo que es lo mismo, que se
multiplican, para verle, como dice usted en su lenguaje
simblico. . . Y qu me dice usted del milagro de la
mula?. . . Ninguno como se. . . con una mula, nada menos.
MAURICIO- Ninguno como se, es cierto! Como que la mula
toc la flauta por casualidad! ...
ALBERTO - Infame, Bestia Sacrlega! T s, que no soplas
la flauta, ni por casualidad !

(Pasado un instante, entra Adelfa, que viene de la calle,


elegantemente vestida, con sombrero, etc.).
ADELFA - (Agitada y sonriente, con cierto aire picaresco, como
si le pi':ase alguna idea atrevida, quitndose el sombrero y
la capa, que arroja sobre un silln) -Ah! Vengo muerta.
No puedo ms. He andado media ciudad ... de aqu para

-246-

-247-

[Escena IX]

all, entra y sale, llora y consuela, contemplando cuadros


tristsimos de miseria y desolacin que parten el alma del
ms insensible. . . Pero estov satisfecha: he repartido entre
unos y otros todo lo que ll;vaba en la cartera ... En fin y
ha<ta mis joyas he regalado! ...
ALBERTO - Sintate, descansa un poco. . . Siempre la misma
exagerada con tu mono-filantropa. Eres una consoladora
aflictorum . .. No haces otra cosa en todo el da que andar
en la calle en cuanto tugurio y cuchitril existe entre los
miasmas de la chusma
ADELFA - Alberto! T entregado a la anarqua, a tu adorada
anarqua da y noche con tus amigos en el Club, en el caf,
v cuando no en tu escritorio entre los libros, con Bakounine,
Faure, Reclus, y qu s yo ... De m ni siquiera haces caso,
nunca me dedicas unos minutos de dulzura. Qu desgraciada soy, Dios mo! Sin hijos, y sin marido se puede decir. ..
ALBERTO - Parece imposible, Adelfa ... una mujer de rango
aristocrtico como t, perdiendo el tiempo en romanticismos
evanglicos pasados de moda. Jams se te encuentra en
casa. Y cuando ests en ella, te acosa el pobrero ambu~
lante que se ha suscrito a tu despensa. Cundo concluirs,
Adelfa, con tus benditas obras de caridad? Yo no alcanzo
a comprender tu diversin tan cara y todos -crelo- se
dirn la misma cosa ! ...
ADELFA- (Sonriendo) Qu me reprochas, Alberto! O es que
ests de espln. Le llamas perder el tiempo al hacer el bien
a mis semejantes. Es mi nica dicha, Alberto. :Mi nico
entretenimiento ... T lo sabes. Pero, no ... no hablemos de
esto. . . T bromeas, as lo creo. . . N o es verdad, querido? ...
ALBERTO - (Cambiando de tono se sonre) T lo has dicho,
Adelfa. . . Pero ,amos. Cuntame algo. . . noto un aire
de noYedad en tu rostro, un airecito triunfante, que no es
habitual. . . di qu te ocurre. Descorre el velo. . . Pdeme
algo. . . aunque sea ...
ADELFA- Qu curioso! Bah! Nada me pasa. Qu me va a
pasar?. . . Es que pensaba ea cierta cosa. . . tonteras ...
vamos! ...
ALBERTO - Habla, que todo lo tuyo me interesa. Qu has
visto, cuenta? Mucha gente en los paseos? Un da tan
hermoso!
ADELFA - Un mundo de gente, Alberto. Qu alegra en los
bulevares. Pero lo que ms me impresion ... te lo dir? ...

qu tonta soy ... te lo dir, s, fue un matrimonio [tan feliz


con sus hijos J que daba envidia contemplarlo. . . Era un
encanto ver ese cuadro paradisial. La madre los llamaba
cariosamente, les pasaba el pauelo por las caritas hmedas, les pona las confituras en la misma boca de rosa, despus los besaba con mimo en las mejillas, sonriendo de dicha, bajo las lgrimas. De pronto, observ que el padre fingindose el serio los grua y ellos, los bandidotes, sin hacer
caso, se trepaban por sus rodillas y le tiraban de la barba,
cuando no introducan sus dedillos furtivamente en la faltrique;a del feliz pap. Qu cosa sublime. Alberto, vieras! Por
fin, el padre vaciaba todos los vintenes entre los rateros adorables y los despeda a gruidos no sin picarlos en las mejillas con sus barbas huraas hasta hacerles llorar. Cmo
rea el zanguanga! Qu padre feliz! Qu mujer dichosa!
Santo Dios! Jams en mi vida me ha conmovido tanta
terneza, reunida a tanta poe3a y a tanta ingenua ventura!
Oh! nada como los hijos ... Son las flores, los pjaros, y
los rayos del sol, los bijou.Y del hogar. Sin ellos no hay primavera ni aurora; el mismo amor parece velado de cierta
viudez melanclica y sus cielos son siempre de Otoo! ...
ALBERTO - Todo est bien ... muy potico ... muy conmoYedor. . . (chanceando) pero de seguro que no pensaras
en la miseria de esa pobre gente, en la prosaica polenta o
en el bodrio con ajos que devoran para no morirse de
hambre ...
ADELFA
Por mi parte te lo juro, Alberto, que yo trocara toda
mi fortuna, todo el confort de mi palacio, todos mis lujos,
por ese puchero que t dices, condimentado sabrosamente
por el amor de esos ngeles y por sus sonrisas de perlas.
Pobres s, bien pobres, pobres de solemnidad pero. . . con
hijos, con hijos sanos, frescos, nerviosos, gordinflones, con
una aurora en el rostro y otra en el alma! La luz, la alegra, la armona, el color, el ritmo alegre de la vida, todo
son ellos. Qu lindo es verlos dormiditos cuando se sonren con los ngeles, la ltima gota de leche temblando en
sus labios rojos! Ellos tambin son ngeles. Viven continuamente en el cielo. Sus cuerpecitos de palo son el nico
lastre que los mantiene en el mundo. Ah mujer envidiab~e
aqulla! En cambio no existe mayor desventura que la ma,
Alberto, privada de lo que fue la quimera de toda mi vida:
un hijo, mi ideal, el nico tesoro!
ALBERTO - S a lo que vienes. . . a tu eterna historia ...

-248-

-249-

ADELFA- (Sin escucharle) E-a, s, es la verdadera felicidad, la


nica dicha conyugal, el jardn de la vida. Para qu collares de perlas, vestidos de raso, caballos de sangre, automviles y teatros, si falta el culto supremo, el elixir divino, el
marco azul de la Vida, el latido de la maternidad, el incensario casto de los besos: los dos labios fragantes y encendidos del fruto vivo de las entraas? ...
Ah, si yo tuviera un hijo, un hijo tuyo, nicamente tuyo,
as como t, Alberto, con ojos azules y profundos, con tu
frente de Apolo, plido y soador como t! . . . Pero. . . s,
mil veces he soado con l, tenerle entre mis brazos, oir sus
quejumbres, sus trinos, auscultar las pequeas palpitaciones
de su corazoncito de aire, espiar sus primeros vagidos, sus
primeros gestos, ininteligibles, sus jerigonzas enloquecedoras, todas sus gracias, darle el seno, para que lo amase entre
sus dedillos. Oh s, me ha cosquilleado la caricia succionadora de sus labios tibios ... Un hijo, un hijo, Alberto! ...
Y pensar que l no vendr, que l no vendr jams! Maldita Naturaleza! ...
ALBERTO - No ser yo el culpable seguramente.
ADELFA- (Levantndose) Yo, cuando menos? Me falta algo ... di! ...
ALBERTO- (Sonriendo) Ptch! Quin sabe ... defectos de tu
organismo, alguna enfermedad. . . un caso fisiolgico ...
Yo por mi parte soy sano, mi vida no ha podido ser ms
arreglada ... ms juiciosa, perfectamente inmune de infecciones. . . ms casta si se quiere. . . a ti te consta. . . Mi
juventud ha sido una juventud de estudio, siempre enclaustrado entre los libros: un nrdadero anacoreta de la cien~
c1a ...
ADELFA- Y no hay remedio para mi caso, di? ... Qu hace
la ciruga? Tendr que resignarme a no tener un hijo? ...
Qu horrible, qu horrible destino! ...
ALBERTO - (Con nimo) Quieres un hijo? ... Pides peras al
olmo ... (Esperanzado 1 por una idea feliz) Pero ... en
fin, si tanto empeo tienes ...
ADELFA - (Con jbilo levanta los brazos) corriendo va hacia
Alberto y le abraza) sentndose le en las rodillas) Ah! ah!
ah! oh! (a media voz con arrullo). Mira, Alberto, adorado, te lo juro, que es tal el ansia, la locura de tener un
beb, que en estos momentos. . . te lo dir, no siento pizca
1

En los ms.: "(Empezando ... "

-250-

de celos. . . Dime, s franco, haz cuenta que he dejado de


ser tu mujer, que es una extraa la que te habla ... Dime
Alberto, s bueno (haciendo un esfuerzo) T no. . . no
habrs tenido. . . antes de conocerme. . . como todos los
hombres?
ALBERTO - (Con brusquedad) Explcate claramente ...
ADELFA- Cmo? No me comprendes ... sabes? Te hablo de
una calaverada insignificante. . . (con mimo) si no eres
dueo de un chico ...
ALBERTO (Indignado) estallando) Vaya un atrevimiento!
Te has vuelto loca? ... Tilinga! No tienes el derecho de
dudar de m. Bien conoces mi vida pasada, la pulcritud de
mis hbitos. (Se desprende de ella simulando irse).
ADELFA - (Atrayndole con caricias) No te enojes. . . no te
enojes ... queridito ... No son ce!os ... son bromas. Pero
si son bromas. . . caprichos de tu mujercita. . . Mi chifladura
es la culpable.
ALBERTO- (Hurao y con voz fuerte) Bueno, bueno! (Desjms de una pausa). N o debiera darte el gusto para corregirte de tus arrebatos histricos.
ADELFA - ( 1nterrumjJindole) Oh, qu dices, el gusto de qu?
ALBERTO - En fin. . . tengo una idea. . . pero se trata de un
hijo postizo. . . de un presente griego del Asilo de Hurfanos me comprendes?
ADELFA- (Con alegra) Magnfico! Magnfico! Es posible?
Qu idea sublime, Alberto! Qu bien has estado, pero ...
pronto. . . pronto. . . s buenito eh?
ALBERTO (Pensando un rato) Eureka! Precisamente, un
amigo mo es secretario de la Caridad Pblica, a l voy a
recurrir hoy mismo. (Saca el reloj). Son las cuatro, buena
hora, voy hasta all (tomando el sombrero).
[Escena X]
JULIAL'l'A - (Lo detiene) Qu eran esos gritos? Qu conferencia tan extraa . . .
ADELFA- Un hijo, mam, tendremos un hijo. (A Alberto). Escchame, que sea rubio, plido, con ojos azules. . . si no,
no lo quiero. . . ah! y que tenga el lunarcito aquel que t
tienes ...
JULIAL'l'A- (Mirando a Adelfa de arriba abajo) No te forjes
ilusiones, nia. . . (Encarndose con Alberto). J a, ja, ja!
Dios no da hijos a los ateos, es un castigo divino, la maldicin de la mula los alcanza a todos! Ahora s. . . El da

-251-

ADELFA
Adelante!
LAUR..<\ - (Avanza temblorosa y vacilando y frente a Adelfa se
echa el velo hacia atrs) Soy inoportuna, seora?
ADELFA- De ningn modo, al contrario ...
LAUR..<\ - Slo por un momento, seora. Y perdneme. . . desde
ya le imploro misericordia.
ADELFA- (Tomando al chico cariosamente) Qu monono, qu
ricura. Es suyo?
LAUR..<\ - Si, seora ... y tambin de usted, si lo quiere.

ADELFA
Qu feliz es usted, seora, tener un hijo ... y tan
encantador!
LAURA - Todo lo contrario seora, no hav un ser ms desdichado. Sufro horriblemente ... Soy una miserable que busca
en usted su salvacin. . . digo la salvacin de su hijo! ...
He odo hablar de su gran alma. Todo el mundo la ensalza
como a un dechado de perfecciones.
ADELFA - (Modestamente, inclinando la cabeza) Cumplo con
mi deber, seora ...
LAURA- Y esto, cralo, es lo que me ha animado a presentarme
ante usted dejando a un lado serios temores.. . porque,
porque cuando usted sepa. . . (Con voz trmula, recorriendo el cuarto con la vista). Es necesario que me escuche.
ADELFA- Hable, seora ... no ms, sin temores ...
LAURA - Crame que mucho he meditado este paso terrible.
Es fruto de muchas lgrimas, de muchos insomnios, de muchas fiebres. (Se pasa el pm1uelo por los ojos. Pausa). La
enfermedad mortal que me devora, el amor de una madre
que va a morir y que idolatra a su hijo hasta el delirio, la
responsabilidad por su preciosa vida y por su porvenir ...
(Sw pirando). Perdneme, seora. Apenas tengo derecho
a hablar! . . . Soy una desgraciada que bien ha purgado su
delito. . . Cuando usted sepa ...
ADELFA - (Interrumpindole) Por qu se aflige tanto, seora?
I\o se agite, hable con calma! ...
LA U R..:.\ - He estado a punto de suicidarme. . . pero ... imposible.
Qu hubiera sido de mi hijo amado? Yo no dispongo ni de
mi vida. Dios me ha despojado de todo.
ADELFA - Me turba usted con su abatimiento. Dgame cuanto
antes lo que la trae aqu. Se lo repito, tenga confianza, habla
con una hermana ...
LA UR..A. - Con una hermana, dice? Oh! no. . . bien se ve que
no me conoce. Ah! Cuando sepa quien soy. . . me mirar
como a una enemiga! Mas no ... Ni siquiera [eso], seora ...
me mirar con desprecio ! ...
ADELFA- (Inquieta) Cmo a una enemiga? Y ... por qu?
(Pausa. Se oyen confusamente gritos afuera. Es el criado
Camilo que cuenta a Doiia juliana lo que ocurre respecto
a Laura. Ambos vociferan, gruen).
JULIANA - Qu escndalo, qu escndalo, por Dios! (Fuerte)
Nunca se ha visto, qu chusma. Camilo, llame usted a la
polica.
CAMILO- (Vocifera) Cmo se va a poner el patrn ...

-252-

-253-

que hagas la primera comunin y seas devoto de San Expedito y de San Roque ... entonces s que tendrn hijos por
docenas y hasta mellizos . . . como los tienen los buenos cristianos. ( Do11a juliana se va. Adelfa sonre).
ALBERTO - (Estallando en risa sale, tambin fJOT la otra puerta
diciendo a Adelfa:) Ya vengo, Adelfa, es cuestin de unos
momentos. (Se va).
[Escena XI]
(Queda Adelfa registrando celosamente los fJapeles del escritorio).
JOSEFA (Sirvienta, desde la puerta) Seora, ah est una

mujer que desea hablarle. La hago entrar?


ADELF""'- Es una pobre? No le ha dicho qu es lo que quiere?
[Escena XII]
CAMILO
(El sirviente entra agitado, casi corriendo y dando
voces) Eh! Josefa! Qu hace usted? El patrn lo ha
prohibido ... (Bajando la vez) Josefa, no le diga a la
seora! Es una individua cualquiera. :rvie ha dado orden el
seor de echarla a empellones.
ADELFA- (Con dignidad) Qu son esos gritos, Camilo? Qu
escndalo es se? Retrese usted ! (Para s). Es curioso.
(A Josefa) Haga usted entrar a esa mujer.
CAivHLO - (Se retira uociferando) Cmo se va poner de malo
el patrn cuando lo sepa! ...
(Adelfa se deja caer como cansada en el silln).
[Escena XIII]
(Entra Laura a paso lento con extrema fatiga, muy demacrada; viste pobremente de negro con un velo oscuro en la
cabeza. Trae a un nio de la mano. Se adelanta desde la
puerta, avergonzada y confusa).

LAURA- (Con suprema emocin) Qu momento terrible! Oh


Dios mo!
ADELFA- (Ponindose de pie exaltada) Hab:e de inmediato, se
lo ruego, no me haga esperar ...
LAURA - (Resuelta, entre sol!ozos) Pues bien, lo dir. . . es necesario, apidese de m. . . un poco de piedad (tomando al
nio) para este inocente. . . aunque me odie al cabo ...
l me enga!. . . (Entre fatigas, haciendo pausa). Hace
ya tiempo ... Yo era una nia ... Una pobre maestra ...
Era inocente. . . Nada, nada saba. . . se lo juro! . . . Me
prometi todo ! . . . Todo me prometi para luego abandonarme, me convenci de que el matrimonio era innecesario,
ridculo. . . que todo era una farsa. . . que estbamos bien
unidos. . . para siempre de ese modo. . . por el amor libre. . . (llorando) Pobres mis padres! Viejitos, enfermos! . . . Y o era su nica alegra y el sustento de la casa ...
Cunto sufrieron para hacerme estudiar! Cuntos sacrificios! Y al fin los abandon. . por l. . . slo por l. . . por
seguir su capricho, porque se lo juro, seora, no hizo otra
cosa que reirse de m, fue un antojo de libertino, un fuego
de la juventud no ha sido ...
ADELFA - Oh, el miserable! El infame! .. .
LAURA - (Sin escucharle) No ha sido, no ... Se lo juro, est
tranquila. Y o fui culpable, la nica culpable. Yo deb comprender (modestamente) que yo no era para su rango, que
l se enamorara, tarde o temprano, de una mujer superior;
digna de su inteligencia y de su distincin, como sucedi
efectivamente. Yo no deba haberle credo nunca. Y o creo
que estaba loca en esos momentos. Oh, s, solamente una
loca puede abandonar a sus padres achacosos, causarles la
muerte con su ingratitud ms negra, manchndoles de vergenza sus ltimos das!. . . No tengo perdn! (]untando
las manos) Perdneme !
ADELFA - (Indignada) Y quin es ese monstruo? Cundo
la abandon? Cunteme ... oh! la fiera humana!
LAURA - (Detenindola con las manos) No, no, no por Dios,
no lo insulte, l no es culpab:e. . . fue la fatalidad. . . le
contar cuando me abandon. . . fue al poco tiempo de
estar unidos. Quin lo iba a decir! Dios mo ! Despus,
supe el motivo de mi desventura. Fue en una tertulia, en
circunstancias de conocer a una mujer bellsima, fascinadora, de alto rango, mimada por la Naturaleza con sus
dones ms sublimes, una verdadera Santa, con todas las

-254-

virtudes imaginables (lo digo sin lisonja) la que actualmente


es su compaera ... y con quien es, se lo garanto [sic], el ser
ms feliz del mundo. Yo nada le reprocho, as sucedi as
debi suceder. Una pobre sombra como yo no poda re~istir
la competencia de semejante astro. Amar en cuerpo y alma
a una Reina y olvidar a una esclava fue la misma cosa.
Ni una triste excusa, ni un simple adis, nada. . . ni siquiera
la nada Como se abandona a un perro, as me abandon !
Ni una recomendacin para este hijo adorado que an
no haba nacido !
'
ADELFA - No tiene nombre, no hay castigo Qu refinamiento
de barbarie!
LAURA- Se lo repito, seora, no diga eso, usted no debe insultarlo.
ADELFA - Usted es excesivamente buena .. :
LAURA. - No, seora, soy justa nada ms, l era joven ... l
no abarc la magnitud de su acto, me perdi sin saberlo .. .
La juventud no medita. . . es bien sabido ...
ADELFA - No medita cuando no quiere ...
LAURA - Pero en fin. . . El tiempo ha enterrado todo. Yo sov
casi un cadver. Mis das estn contados. Morir muy
pronto. El mdico me lo ha dicho. Por eso he venido a
verla. Y no por m, sino por este nio que es lo nico que
me resta en la tierr_a. Tmelo, hgalo suyo. No es posible
que lo abandone. El no es culpable. l es la vctima ...
pobrecito! (Pausa) Si supiera cunto sufro, seora.
ADELFA - La compadezco, seora!
LAURA - Para odiarme luego ...
ADELFA - Qu significa esta advertencia? Qu oculta usted?
No comprendo por qu no he de guardarle siempre la simpata que me inspira su sufrimiento. Pero ... usted me obliga
a ser indiscreta. (Levantndose del silln, la sacude del brazo) Quin es ese verdugo? Pronto ...
LAURA- (Desesperada) Para qu quiere saberlo, seora? Todo
pas. l no es culpable. . . l no es culpable. . . Se lo repito.
No se va a remediar nada. Yo slo le imploro que se haga
madre de esta criatura ...
ADELFA- (Con mpetu) Oh, no! Pronto, hable usted, hable
usted, lo quiero saber todo, dgame (vacilando), dgame si
es l. ..
LAURA- (Sollozando) Pues ... bien ... Es l (titubeando) ...
Alberto!

-255-

(Suelta a Laura y se lleva las ma~ws a_ la cabeza,


dando un grito doloroso) Alberto! Sera posr~le? (Despus de un instante de silencio en q_ue lucha conszgo m1~ma)

[Escena XIV]

ADELFA -

Jrelo! Jure que es cierto lo que drce. . . Usted se ha 'uelto


l

Oh'
loca. . . Lo calumnia. . . 1 Es tan puro, tan JUICIOSO i

Qu espanto !
,
.
.
LAURA- (Cae de rodillas) Perdoneme, hrce mal en decrrlo.
Le he causado con ello un gran dolor. . . a usted que es
una santa ... ~
d
(El nio, asustado ante los grit~s: se abraza a la n;a re.

Adelfa se desploma llorando patetzcame~Lle en_ el sofa, entregada a su dolor y en lucha ntima _de la realzdad presente
con la ilusin pasada, combate hornble entre su~ celos -~e
mujer ultrajada y sus sentimientos generosos hacza el mno
'V hacia Laura)

LAU~\ -

(Se levanta y se acerca a Adelfa tratan~o de co~zsolarla) Clmese por Dios, seora. . . Era r_recesano que drera

e3te paso. . . Despus de todo, pinselo_ bren, todos ~os hombres hacen lo mismo en su juYentud. El no me amo nur_rca.
l me encontr en su _camino como una cosa_ c~:lqmer~
de distraccin . . . l no la conoca cuando se srn'lO de rm
como de un instrumento de placer vu 1gar. Alberto la ama,
la adora, con idolatra. Por qu se lamenta entonces? Usted
debe sentirse orgullosa de ser su primer ~mor.
,
. 1
ADELFA - Qu horror! Una mujer, una quenda. Sera posr~le
LAURA - :Acaso siente celos? Podr sentirlos de ur: ser mrsec
h .
. ?
Y o ~ov una
rable, de un escombro umano, como :o: . .e
~ .
rival cuando menos? Oh, qu irona. No me msulte usted,
por favor ... (Se ;one de pie) Mren;e bi~n: Soy aca:o
una mujer? N o, soy un espectro! Yo mrsma me cau~o
horror! . . . Por lo dems, puede usted estar content~ .. N o
tendr mucho tiempo para odiarme. . . Pro,n_to se vera hbre
de m. Y0 me morir en otoo, cuando los tlSlcos muere~
pero el nio? El nio, seora, slvelo ... aunque a mr me
maldiga ! . . . (Llora).
.
ADELFA _ (Levantndose) Pasos? Ser _l? (Corre hacza_ la
puerta) S, s, es l. (Volvindose ha_cza Lar~ra) Por Dr~s,
seora. (La arrastra de la mano hacw un bzom_bo) Ocultese, oc~tese aqu (Laura se oculta_. Adeifa se pellzzca las m~
jillas, se j;asa las manos por los

1
2

OJOS,

se arregla el cabello)

En los ms.: "N' o calumnie ... "


,
En los ms.: "dolor ... Ah! usted que es una santa. .

-256-

ALBERTO- (Entrando, deja el sombrero en la percha) Hola!


(Golpendose en la frente) Caramba! Qu distrado, ahora
~e acuerdo, me olvid de tu encargo. . . Se me pas el
tiempo hablando de filosofa. (Mirando a Albertito que
d:be estar e~tretenido mirando los bibelots) Y esto! De
donde ha salido este borrego? Qu mono! Hijo de la lavandera? Qu divinidad de criatura! (Lo acaricia, lo mira,
lo escudria). Es como t lo deseabas exactamente. . . hasta
tiene ojos azules ...
(Adelfa da un suspiro significativo).

ALBERTO- (Al nio) Cmo te llamas, nene?


ALBERTITO- Alberto! ...
ALBERTO - Mi nombre, vaya. (A Adelfa) Qu coincidencia! ...
ADELFA - (Con sorna) Oh, s, qu coincidencia! ( Animndose) Mralo bien, es todo como t, tiene todos tus rasgos
fisonmicos, tus ojos, tu nariz, tu boca tus cabellos tu palidez...
'
'
ALBERTO - (Para s) Es? Es? Ser? ...
ADELFA- (Sin es_cucharle) tus gestos, tus expresiones, todo, todo
(con resolucrn), tu alma, hasta tu sangre. . . tu vida misma. . . es parte de tu ser. . . todo [lo tiene], todo menos -tu
hipocresa ...
ALBERTO- (Sintindose desfallecer: Se apoya sobre la msa
mirando fijamente al nio) Es l. Estoy perdido. . . no
puede ser. Qu horrible! Adelfa, di qu ha pasado?
ADELFA - Lo que deba 1 pasar. , . Es el espectro de tu vida,
que se venga ...
ALBERTO - Por Dios, Adelfa, por Dios, esto es un sueo. Yo
no te lo poda decir, comprende: es mi nico delito, mi
nica falta, te lo juro ...
ADELFA
Di qu tu crimen, aprende a ser sincero ...
ALBERTO - Oh, la inocencia de la juventud!. ..
ADELFA - (Sin escucharle) Porque no es otra cosa que un
crimen, y de los ms bajos, arrastrar hasta .el abismo a una
pobre mujer, quitarle todo lo que posee en el mundo, hogar,
ventura, reputacin, porvenir, belleza. . . todo. . . abandonarla con un hijo, sin nombre, en el medio de la calle ...
ab~r una tumba con ese doble crimen, la tumba de unos
ancianos que mueren de vergenza bajo el peso de la
1

En los ms.: "debera".

-257-

ingratitud, maldiciendo al burlador cobarde. Y luego, en pos


de ese delito de seductor y de mal padre. . . sordo a la
voz de la Naturaleza y a los gritos del corazn, con un
egosmo inconfesable, encogerse de hombros, disfrazarse de
caballero, aparecer como una conciencia austera, digna de
respeto ! . . . T, el disoluto!
ALBERTO- (Con muestras de desesperacin) Adelfa, Adelfa ...
Basta, basta por Dios!
-.
.
ADELFA - ... No te crea capaz de ser mando. La VIda que
haces a mi lado lo prueba. Abandonas 1 a tus padres ancianos con una indiferencia glacial, poco te importa de tus
hermanos, de quienes nada sabes ...
ALBERTO - Oh, la ciencia! La maldita ciencia. Esclavo de la
Ciencia, Adelfa, t lo sabes.
ADELFA - (Con desdn) Mal marido, peor hijo, psimo ~e:
mano, amante criminal, padre abominable, pero buen . f~o
sofo. . . Eso eres t. . . Para lo que te ha servido tu diVIna
ciencia. . . Ni siquiera te ha enseado a ser moral! ...
ALBERTO - (Balbuceando confundido) Ten piedad. Basta. Ya
me has dicho bastante, Adelfa. Yo, yo. . . no te conoca
an, si no. . . Perdname! Te lo juro ! Es la nica. . . la
nica vez . . . te lo juro !. ..
ADELFA - (Interrumpindole) Te excusas conmigo, hipcrita? ... (Con furia) Arrepentido cuando menos? ...
ALBERTO - Adelfa!... (De rodiUas) Perdname, perdname!...
ADELFA- Yo perdonarte? Qu dices? Implora el perdn de
Dios! . . . Es l quien tiene que perdonar tu crimen! ...
Mas no. . . aguarda ...
(Corre Adelfa hacia el biombo de donde arrastra suavern.:(!nte a Laura, llevndola junto a Alberto, que contina
prosternado). Es a ella, a esta pobre mrtir a quien debes
,
pedir perdn. Ella es tu vctima ! . . .
ALBERTO (Levantndose azorado) Laura, Laura! Tu
aqu!... pero es posible? (Contemplndola fijamente)
Eres t, acaso, o sueo? No, no. Estoy loco? Eres t, Laura,
o es tu sombra que viene a condenar mi crimen?. Laura,
.
por Dios! (La toma de las manos nerviosam:ente).
(Se sienten fuertes voces afuera, es Doa ]ulzana que grzta:)
JULIANA - Qu escndalo! Qu insolencia! Cmo est la
chusma! Que lleven esa mujer a la polica. Qu tiempos
son stos, Virgen Santsima. Qu horror! ...
1

En los ms.: "abandonar".

-258-

LAURA- (Casi desvanecida) Perdn, Alberto ... lo hice por ...


ALBERTO- Perdn, Laura! (Cae en el divn desplomado por
la emocin).
[Escena XV]
(En este momento entra Doa Juliana, quien empuja hacia
donde est Laura a un guardia pblico, [y grita] furiosamente:)
JULIANA - Adelante! Entre usted, polica, es sa la loca del
escndalo, la ramera insolente que viene a turbar el orden
d:. ~na casa de respeto. . . Dnde se ha visto? Qu perdicwn! Pronto, pronto, a la polica ...
(Laura, asustada, retrocede volviendo el rostro. Alberto se
levanta de un brinco y ordena en cuatro palabras al celai/or
que se retire ... pues se trata de asuntos domsticos).
[Escena XVI]
(Se oye a Doa juliana [ya afuera]) Si esto no tiene nom~re ! Qu manicomio de casa, aqu no se puede vivir! Ah
tiene la moral de ahora ... ! Maldita anarqua!. . . Todos
son unos locos, Virgen Santsima! Quien siembra vientos
recoge tempestades.
ALBERTO.-----: (Volvindose a Laura le dice:) Disculpe, Laura,
este mc1~ente! Se trata de malas interpretaciones. . . Oh!
Todo se JUnta en estos momentos ... Pero an (ahogndose),
an no he desahogado mi corazn, Laura. . . Perdn!
Oh, ,s, perdn! . . . Me ahogo, no s lo que me pasa.
Perdon! Los dos! (Trayendo el nio hacia s lo besa exclamando) T tambin perdname, ngel bello!
ALBERTITO - (Yendo hacia l y poniend;() sus manos en las
rodillas de Alberto) Pap! ...
[El pasaje que sigue se ajusta al texto de la Copia B, en virtud de una laguna en la Copia A].

ALBERTO - (Entusiasmado) Pap? ... Lo has odo? Adelfa!


Soy, s, tu pap (estrujndole) tu padre, oh, s, tu padre
malo que no te conoca.
ADELFA - (Entusiasmada tambin y olvid!,ando) Qu delicioso
muchacho! . . . Qu vivo! Ven, monono (se lo quita a
Alberto y lo, besa con frenes), di tambin mam, yo quiero
ser tu mama.
( Albertito mira a su madre indeciso).
LAURA- (A Adelfa) Quiere ser su madre, seora? Gracias!
Gracias! Cun buena es usted . . . Yo lo esperaba! ...
ADELFA - No, jams la privar de su derecho ...

-259-

LAURA. - Oh s sea su mam ... Yo me ir lejos a morir dichosa.


ADELFA - ~Ia;charse usted! Oh, no. :Mientras. viva usted ser
.
su madre. (Sonriendo) Y yo ... yo su ta. (Cargand~ al
nio) Pobrecito! ... (Fijndose en el cuello del chzco)
Qu gracioso! Tiene hasta el lu~ar de Alberto.-. . Como
\10 lo deseaba. . . (A Alberto) M1ra ...

.
y
d . 1
ALBERTO - Ade:fa, eres un ngel! . . . o te a m1ro ,
LA UR.A - Ms que ngel. . . una santa! . . . Yo ya lo sab1a!.
Bendito sea Dios!...
. .. ,
ADELFA - nuel es este portento. (Dmgzendose al mno) Santa

e5 esta v~tima generosa. (Dirigindose a La~ra) ~ ..Yo soy


humana, simplemente humana. . . y amo a m1 proJlmo
([Link] a Alberto) Yo soy tuya, Alber:to, y amo todo
lo que es tuyo! ...
LAURA - (Ponindose de pie) Gracias de [Link]!. . . Yo me
retiro . . . Adis ! Que el cielo. os bendiga! . . . Y a puedo
morir tranquila ...
ADELFA --:- Morir? Oh no! ... Qu locura! ~o piense en
ello. . . y tampoco hable de marcharse. . . (Mzra a Alberto
sonriendo y exclama). Como damnificada pri[El pasaje que sigue se ajusta de nuevo al
texto de la Copia A].

mero, y por todo lo que he sufrido, t~ngo derecho a ~edir


una indemnizacin.. Luego, me ha endwsado tanto, ca~1.
[que] yo tengo el derecho ~e las ~einas. As, pues, p1do Y
orden que usted, Laura, v1va aqm con nosotros, Gn nuestro palacio, junto a su hijo.
.
,
LAURA - (Con jbilo delirante y casi confundzda) Oh! Cuan
. buena es usted. . . qu dir Alberto?
ALBERTO- Me regocijo ... Eres digna de Adelfa.. Yo soy
tu hermano ! ...
(Adelfa y Laura se abrazan lloiando d~ jbilo, m~entras
Alberto embelesado exclama:) Ambas so1s el prototl~o de
la mujer ideal de mi filosofa: de la m u je.r _f~erte, .}usta,
consciente, personal, amorosa, libre de preJmcws, hiJa ?e
1a Verdad, sacerdotisa de la Naturaleza, de la AcraCia,
regeneradora de la civilizacin anrquica futura.
[El pasaje que sigue -el ltimo del dramase ajusta al texto de la Copia B, por nueva la. guna en la Copia A]

(Luego siempre del brazo se retiran del saln L_aura y A~elfa


".
hacia el interior de la casa, seguidas de Albertzto que gr:ta:)
ALBERTITO --"-Pap! Pap!...
.

-260-

[Escena XVII]
ALBERTO - (Se queda solo en el saln. Exclama, levantando
los brazos) Amaneci! Amaneci por fin! La sombra se
ha desvanecido. (Dando un gran suspiro) Qu dicha!
Ahora s que creo que existe un Dios!. ..
(Luego se levanta yendo en busca de Adelfa y Laura que
han desaparecido por la puerta que va al interior. De adentro se OJ'e la i:.oz del nio que gn'ta alborozado:)
ALBERTITO - Pap!. . . pap!. . . pap! ...
ALBERTO - (Desapareciendo por la puerta) Voy, mi hijo,
l

voy

Baja el teln
FUENTES DE "LA SOlHBR.I\"

COPIAS MAI\TUSCRITAS

Para la presente edicin de "La Sombra" se han utilizado cinco copias


manuscritas -todas ellas defectuosas- que denominaremos, por orden decrciente. de importancia: A, B, C, D y E. adems de dos impresos. (Quiz,
por lo que ha de verse, la .ms antigua de las copias es la penltima): COPIA A (Contiene ---pese a obvias inseguridades- la leccin mas
avanzada). l\1s. hecho por Julieta de la ~Fuente y sus hermanos Diana- y
Alfredo, con arreglo a las correcciones de Csar Miranda en la copia D. 74 hojas: 1 hoja sin numerar -correspondiente a la portada- y 73 numeradas de 1 a 75. Las dos hojas perdidas son la 73 y la 74. El texto, escrito con
tinta negra, ocupa las caras anteriores. Papel sin rayar (cincuenta y dos
hojas; sin fil.; in terlinea 4 a 6 mm.; en buen estado; 200 x 280 mm.);
papel rayado y con margen (veintids hojas; con fil.; interlnea de 4 a
6 mm.; en lm~n estado; 215 x 283 mm.).
COPIA B- (Contiene ~a leccin ms defectuosa que la precedent).
l\1s. atribudo vagamente a Ulises Favaro, con enmiends a lpiz que se
ajustan al texto de la copia anterior. Cousta en una libreta con tapas ne
gras, de cartn. 142 pginas numeradas. (El texto -scrito con tinta azul;
1alvo los nombres de los personajes y las anotaciones, puestos con tinta
roja- ocupa las carillas impares hasta la pg. 37 y, desde la siguiente,
ambas carillas). Papel rayado, sin filigrana. Interlnea: 4 a: 6 mm. En
buen estado. 218 x 170 mm.
COPIA C (Contiene una leccin casi igual a la -precedente, peto ms
insegura an). Ms. de la: misma Julieta de la Fuente _:_hecho con tinta
negra-. Consta en una .libreta con tapas de cartn recubiertas de hule
negro; 120 pginas. El texto de "La Sombra" ocupa !as pginas 1 a 95
incltisive. Sigue el primer cuadro de una comedia inconClusa ["Adelfa'1
::-Pgs. 101 a 112.:.._; luego hay copias de algunos "Atomos" _:_pginas
118 y 119- -y de una carta de la misma Julieta -pg. 114-. Slo diez
[Link] ::-96 _a 100, 113, 115 a 117 y 120--- se hallan en blanco. Papel
rayado. Con filigrana. Interlnea 4 a 5 mm;. En-huen- estado.-207 X-123..mm.

COPIA D (Contiene una leccin incompleta y an menos eficiente


que las anteriores). Ms. de la misma Julieta de la Fuente; hay abundantes
enmiendas a lpiz de Csar Miranda, hechas en 1912, sin duda con los
borradores a la vista, 49 folios numerados de 1 a 72. (Faltan, por tanto,
veintitrs: 4, 6, 8, 12, 21, 26, 30, 31, 32, 33, 34, 37, 40, 41, 42, 44, 45, 47,
48, 49, 59, 64, 69). El texto ocupa las caras anteriores. Papel rayado y con
margen. Sin filigrana. Interlnea 4 a 6 mm. En buen estado. 280 x 217 mm.
COPIA E (Consiste en escasas hojas sueltas). Ms. -de la misma
Julieta y sus hermanos hecho con tinta negra-. 8 hojas numeradas: 9, 10,
14, 15, 17, 18, 19 y 28; el texto ocupa las caras anteriores. Papel rayado,
con margen. Sin filigrana. Interlnea 4 a 6 mm. En buen estado. 280 x 218
mm.
2)

IMPRESOS.

Los dos impresos que existen -utilizados en esta reproduccin- se


publicaron en la misma revista, aos despus de la muerte de Julio. Se
basan en "originales" o "borradores" identificables -descontadas algunas
enmiendas, que no son las de 1912- con una de las copias manuscritas:
A; si es que no consistan en los que sirvieron de hase a la restauracin
historiada.
Primero: "La Sombra 1 Comedia indita de Julio Herrera y Reissig 1
Acto nico - Escena P 1 Discurso de Introduccin" 1, En "Pegaso" (Directores: Pablo de Grecia y Jos Mara Delgado). Ao 111, N. 11, Montevideo,
mayo de 1919. Pgs. 413-419.
Segundo: "La Sombra 1 (fragmento) 1 Comedia indita de Julio Herrera
y Reissig 1 Acto nico - Escena VII" 2 En "Pegaso", Ao IV, N 28,
Montevideo, octubre de 1920. Pgs. 145-150.

1 Precede al texto -que comprende no slo la primera sino tambin la


segunda escena de la obra, aunque omite la nmina de personajes y las acotaciones iniciales- una nota redactada seguramente por Csar Miranda: "De
acuerdo con nuestra promesa ofrecemos hoy a nuestros lectores la escena pri
mera de 'La Sombra', comedia absolutamente indita del gran poeta de 'La
Torre de los Panoramas', y cuyos originales estn en nuestro poder. El lrico
espritu de Julio Herrera y Reissig hubiese llegado a realizar quizs una notable
obra artstica con las escenas sueltas de 'La Sombra' que han quedado hasta
el presente ignoradas. Hemos de tener oportunidad de publicar algunos otros
fragmentos de 'La Sombra'".
2 En la pg. 150, sigue al texto de Herrera -que slo abarca una parte
de la escena referida- una nota de Redaccin tambin de Miranda sin duda:
"De las obras inditas de Julio Herrera y Reissig, acaso la ms interesante
es esta comedia familiar 'La Sombra', pieza en un acto, cuyos borradores,
absolutamente inditos, estn a nuestra entera disposicin. Ya en otra vez
PEGASO public el discurso de introduccin a 'La Sombra' que fue recibido
como una de las ms altas pginas en prosa del poeta de 'La Torre de los
Panoramas'. Julio Herrera y Reissig hubiera realizado indudablemente una
e"-traordinaria obra teatral con estos borradoes que hemos tenido en nuestras
manos y a travs de los cuales puede verse aletear como mariposa, el alma
tornasol de aquel gran espritu ... "

JULIO HERRERA Y REISSIG

[ADELFA]

JULIO H k R.R ERA Y [Link]- --__[ADELFA}

1er. Cuadro

-Entran la D' AletlfOn, Adelfa y Julia. (Cnvrsando Julia y la


D' Alenqon se- aproximan a la ventana). Adelfa se -siehta en
el pi{lno donde ejeczlta un aire de Chopin. - -

A])ELFA - (Levntandose del piano, yendo hacia Julia) Julia,


ven; que alegra, pensba en ti en este momento! Cuntas cosas [Link] que contarte! (La toma carifio_samente de
. la _mano _y s ubican en un elegan_te canap de se_da _rosa:-.:)
JULIA_::_ Confidencias? Te veo agitada ...
ADELFA - Quizs!
JULIA - Estoy trastornada por saber .de ti.:. de' tus c:osas nti- inas. . . de tu alma vehemente, _habla. . . [Link]. ~ .
radia tus emociones -y tus_ cuitas!. . . No ocgt~s nada,-. ,
ni un :repliegue de tu sensibilidad. . . V-eleate en- mr-ioaa
.:~-:: <lntera:!
- -- - - - - - - -ADELFA _::_ Pero:. . si todo -el mundoJo sabe. . . Acaso t? ...
JULIA - (Interrumpindole con inquietud) Como que has estado de temporada .. ' de verano ... con el.~~ ~ en la ter tulia de la _Mar-quesa ...
ADELFA- (Confundida) Con el Vizconde?. ... (jubilosa) S!
hubo algo de eso. Y al caso: cules han sido los comentarios, querida amiga? ...
JULIA - (Con aviesa espontaneidad luciferiana:) Desfvorables
para ti. N adie cree que el Vizconde te ame: ..

ADELFA- (Derrumbada y perpleja) Por qu? Quien-lo murmura! (Con desdn)Envidias, chismografas, pequeeces!;.;
Extrao que t te des por convencida de esas taladas ...
t una mujer superior! ...
! . Es el nico que se. conserva de una comedia inconclusa, a la. que damos .como

ttulo el nombre de la protagoIista -p_osible. --.

-265:-

JULIA - (Con habilidad) Gracias por tu elogio. . . pero lo dimito


cortsmente. Es en honor de la Verdad que hablo. Debo de
ser severa porque te soy afecta ...
ADELFA- Y por qu no ha de amarme el Vizconde ... es un
[ser inenamo]rable ... o soy yo menos ... que ... una mujer!
JULIA - Qu ingenua eres Adelfa . . . una verdadera Adelfa
bl[anca!]
ADELFA - Hablemos seriamente! T no conoces al Vizconde
como le conozco yo ! Ese hombre fascinador, ese brujo de
la fortuna, ese fakir del Amor, ese rajah maravilloso de las
conquistas, ese inconstante y diablico Don Juan, que tiene
el genio de la elegancia prisionero de su bouto[n ]niere . ..
JULIA - (Con burla) Se conoce que ests rendida ...
ADELFA (Sin escucharla) ese triunfador de la Vida, Caballero misterioso de la noche; ese amoroso que ha gustado
todos los haschischs, todas las morfinas de la sensacin ...
JULIA- (Inter.[rumpiendo]) Te adora? (Con irona) Se muere
por tus desdenes ...
ADELFA (Con nfasis) ese sportman sin mulo, ese buen
mozo olmpico, ese Apolo, ese todopoderoso de los salones. . . el mirlo blanco. . . el lirio negro de Baudelaire ...
hoy me hace su primer visita. Ests ahora convicta? 1
JULIA - Calla. Ah entra Sara. (Yendo hacia ella) (A Sara)
besndola) Querida!
ADELFA - Qu gusto! No esperbamos tu visita.
[Desde aqu hasta nueva indicacin, el original
-al parecer- es de puo y letra del familiar
aludido en la nota: Daniel Herrera y Thode].

(A H erminia) Verdad mam?


HERMINIA - Esta Sara es como un cometa sin rbita fija ...
aparece de tiempo en tiempo y burla toda prediccin de
sus amigas ...
SARA - (Riendo) Un cometa, s, pero sin satlite, perdido en
la noche infinita. En eso, qu dichosa Adelfa ...
HERMINIA - Cmo? Qu quieres decir con eso, Sara?
SARA - Pero cmo? Si todo el mundo lo sabe.
ADELFA - (Poniendo el ndice en la boca) Silencio ... (Por la
puerta izquierda entra Alfredo)

Las nueve ltimas palabras, as como tres anteriores, -" ... olmpico, -ese
Apolo ... "- no son ya de mano del poeta, sino de un familiar --como ha
de verse- que escriba dirigido por aqul.

[Desde aqu, hasta nueva indicacin y por prdida de una hoja del original, se sigue una copia de Julieta de la Fuente].

pobremente vestido) con desalio) corbata desmesurada en


forma de mariposa) melena revolucionaria) plido y ojeroso).
ALFREDO - (Desde la puerta haciendo una reverencia al grupo)
(Adelantndose) Se ama la naturaleza en sus milagrosos
designios, en sus combinaciones esotricas ... 1 Jams en un
gesto agudo de su potencialidad fecunda y sabia ha combinado una armona ms exquisita de color, una constelacin ms radiante de buen gusto, una estrofa ms pura de
idealidad esttica, una trinidad ms sugestiva de formas
quimricas, un iris ms suntuoso de irradiaciones sobrehumanas, una sinfona ms aterciopelada de curvas y contornos, un bouquet ms selecto y evocador. Reinas del mirfico Parque de Harn Al-Rachid, 2 las tres sois estrellas, sois
tres cisnes, sois tres diosas! Vuestra esencia me embriaga de
imposible y de jams. . . Mi alma excntrica, nacida para
el ensueo y condenada a morir de asfixia ideal, os ofrenda
en la expresin ms solemne de sus xtasis, su oro, su incienso
y su mirra ...
(Las tres sonren agradecidas. Alfredo mira fijo a Adelfa).
ADELFA - Alfredo siempre amable. . . siempre un gentilhombre, aunque un poco zalamero. . . Lo nico que lamento
es encontrarme en el grupo haciendo
[Desde aqu, hasta nueva indicacin, se sigue
otra vez el texto del original].

que algo me toque en suerte de su panegrico encantador ...


(Sonriendo). Por lo dems ya sabemos a quin son dirigidas esas serpentinas de su imaginacin galante y prvida ...
JULIA - A quin son dedicadas?
ADELFA- Sara nos dar razn ... Verdad?
SARA - (Despechada y celosa de Adelfa) No acepto obsequios
de manos de tercera ... (Mirando a Alfredo). Por lo dems
las serpentinas son. . . de papel, y las flores de los poetas
son todas artificiales ... (Sacando el reloj. - Alfredo sonre
con tristeza)
JULIA - (A Sara) Es tarde ya, yo me retiro ... vendr muy
pronto ...
1
2

En la copia: extericas, palabra que quitara sentido al elogio de Alfredo.


(Se corrigen, aqu, asimismo, fallas de puntuacin).
En la copia: "Xabum Haraschid".

-267_-

SARA .---:- Iremos juntas: Adis Adelfa; adis Alfredo, adis seora.
:

--

(Saludan. Se van. Herminia sale con ellas. - Quedan Alfredo y Adelfa. ]lz:a, v~lviefzd. de una corrida, al odo de
Adelfa); Te felicito, querida! Qu la no die te sea propicia
en: buena. aventura con el vizconde. (Sale):
ALFREDO- (Plido, trmulo, vacilante, mirando haci(l_la puerta
se senta junto a Adelfa) Adelfa, me permitiris que por

primera vez despus de una larga noche de desesperanza y


de torrriento, os abra de par ert par las puertas azules de mi
alma, y os conduzca abisrno por abismo, tiniebla -por tiniebla, repliegue por repliegue, vida a vida, muerte a. muerte
por
[Desde aqu,: hasta nueva indicacin y por otra
laguna del original se sigue el texto de la copia citada].

todo el laberinto de mi alma.


Dejad que descorra el velo tras el velo, y la noche tras la noche
de arcanos v" de meditaciqnes
que
- - ' en. ese infinito sombro
..
.
.
.. late dentro de m como un gran monstruo en ojos siempre
abiertos que no duermen nunca, fijos en la inmensidad estrellada .que no responde nunca y .no hablar jams. . . Al
final de la jornada, despus de haber sudado en el calvario
.
fnebre todas. las angustias V .todas las agonas _del deseo
::,-~--- :v 'i:Ier ii1somnio, .en .tJ ms bscuro d~e. ~rr santuiri, en lo
~s recndito aetn bosque, siri p_jars, sin auroras, os ha. ~:llaris'1:em _ri coi"zon sangrant y en ascuas, todo hmedo
de tu aliento, todo palpitante de tus efluvios divinos, todo
lacerado de tus asesinos desdenes; 1 erizado de espinas y bebiendo hasta el fondo .la esponja del vinagre y de la hiel
de vuestras ingratas ofrendas de indiferencia. Ese corazn,
mudo de instinto y de Naturleza, no tiene escrito sino un
sola y gran palabra:
~

.o

[Desde Aqu, hasta nueva


texto .del original].

:indicacin~

se sigue el

-Esecora:z6ri rido v fiero; devorado por los a:zufres y las


l[l]arn_as de sus erip]ciones, no florece sino una sola y eterna
flor: tu Vida, Adelfa! Ese corazn, sepultado como el ~olo
. en una . larga. noche blanca retumbante . de los bramidos
siniestros de los osos, no tiene sino una triste y fra aurera
boreal: la esperanza. de que Adelfa: lo acaricie con su amor
un da ...
ADELFA- (Entrecortada, confusa, nerviosa, casi conmovida) No
pedo en este momento, Alfredo. . . Mam me. espera ...
ALFREDO - (Retenindola) Desde hace una .eternidad ~ue ?s
_ .. _. amo sin reposo, que os adro sin recon:pensa, que delir? sm
tregua, da y noche, bajo eL cielo cambiante de las est~cwnes
en todos los pases adonde me dirijo en busca de olvido,
[Desde aqu, hasta el fin del cuadro y por ot:a
laguna del original, se sigue el texto de la copia
citadaj.

y por primera vez, en este minuto solemne, pongo en vuestras manos mi corazn como un corderillo ciego. No lo maltratis Adelfa guiadlo como una buena pastora por los
gratos' sendero~ de vuestra sublime. alma. Mi :vida pende
como una violeta de vuestros labws en este mstante, la
sentencia de muerte de mi alma acecha en vuestros ojos de
emboscada. Hablad, Adelfa, hablad, tened piedad de m.
La esperanza me embriaga, la desesperacin me ahoga! No
me hagis esperar ms; siglos de ang~sti~ y mare~ d~ horror
son cada minuto de espera y cada lagnma de suphca. Por
favor, divina Adelfa, nica Adelfa, toda mi primavera cristalizada en flor: Adelfa. Decidme la primera palabra de
vuestro alfabeto de amor, la primera letra de esa palabra
que es mi vida, o que ser tal vez mi muerte ...
ADELFA - (Estremecida, con pavor) Por Dios, Alfredo, tened
piedad de m. . . Os atender en otro instante. Calmaos,
calmaos mi buen amigo. . . Sara os consolar mejor que
yo ... (Sale corriendo)

ALFREDO- Adelfa, Adelfa! (Baja el teln)

J.H.R.
vuestro nombre, Adelfa. Ese corazn aCiago y triste, lleno
de pliegue[s} severo[sJ y de [Link] dele<?.r1_, n():tie_ne
. sino una sda, dulCe sonrisa: vuestro mor, Adelfa .mw ...

FUENTES DE ESTE "PRIMER CUADRO" [DE ADELFA]


Son dos: un original y una copia.

El poeta, al dictar,. a veces ol-cidaba el voseo en que su personaje- perseve


raba.

-268:-

1) .. EL ORIGINAL. - I\Is. (4 hojas numeradas: [1], 2, 4 y 6 -faltan,


pues, otras dos por lo menos: 3 y 5--, consistentes en re~ortes de
planos impresos cuyo reverso en blanco se aprovecha e Iguales o

-269-

anlogos a otros usados por el autor entre 1905 y 1908). El texto


ocupa una cara de cada hoja. Son de mano del poeta la primera
pgina y parte de la segunda. Unas poca,s intercalaciones -ya ~
cificadas- en esa segunda pgina y la parte final de la misma, a
partir de la acotacin empezada en la linea decimosexta, as como
las planas siguientes, fueron escritas -segn Julietru- por Daniel
Herrera y Thode, primo de Julio, a quien ste, enfermo, habria dictado el contenido. - Papel sin filigrana; interlnea 3 a 7 mm. Estado
regular. 289 x 183 mm.
2)

LA COPIA - Reproduccin del original ya descripto, consta en la


misma libreta que contiene la copia C de "La Sombra" -vide- y
fue hecha por Julieta de la Fuente antes de que se extraviaran las
hojas 3 y 5 de aqul. As, gracias a la copia, se salvan los vacios
ocasionados por la referida prdida.

HORACIO QUIROGA
Y EL CINE

-270-

ADVERTENCIA

Conocida es la aficin de Horacio Quiroga por el cinematgrafa. De ella dan testimonio, en su narrativa, algunos cuentos,
como, par ejemplo, Miss Dorothy Phillips, mi esposa, El espectro
y El puritano, incluidos, respectivamente, en Anaconda ( 1921),
El desierto (1924) y Ms all ( 1935). Indicio de esa misma afi~
cin es tambin su doble actividad de escritor de guiones para la
pantalla y de crtico de cine. Material para el estudio de este aspecto
de la persanalidad de H oracio Quiroga es el que compane esta
seccin de la revista, formada por el guin dJe La jangada y una
seleccin de notas y de crticas cinematogrficas. Del valor de ese
material, desde el punto de vista estrictamente cinem'atogrfico, juzgarn los expertos. Pero cualquiera sea ese valor, e independientemente de l, es evidente que ese material importa para el..,.mejor
conocimiento de la obra literaria del narrador salteo. El guin
de La jangada se relaciona can esa zana de la narrativa quiroguiana de tema y ambiente misionero. Dos lneas argumentales se fusionan en el texto: una, la bofetada recibida del obrajero Toms
Elsy por el pen Cay y la cansecuente venganza; otra, el conflicto sentimental (con su respectiva solucin de "film" para pblico grueso) entre Beatriz, hija de Elsy, y el ingeniero y fingido
"mens" julio Orgaz. La primera de estas dos lneas argumentales
proviene de un cuento: Una bofetada, escrito en 1916 y recogido
en El salvaje (1920), aunque el nombre del pen Cay y algunos
otros elementos estn tomados de Los mens, que integra Cuentos
de locura de amor y de muerte ( 1917). La jangada no agrega,
desde luego, ningn elemento sustancial a la obra de Quiroga, pero
no estara desprovisto de inters el anlisis de la "solucin cinematogrfica" que da el autor al que es su ms tpico material narrativo. En cuanto a las notas y crticas sobre cine, seleccionadas, proceden de las publicadas por Quiroga en las revistas argentinas
Caras y C,retas y Atlntida. En la primera. de dichas revistas prac-

-271-

>

'

tic Quiroga el comentario cinematogrfico desde el 6/12/19 hasta


el ?4 '7 120 firmando sus crnicas con el seudnimo de El esposo
- 1
de D. Ph.,ostensible alusin al ttulo del cuento antes menczonado;
en la segunda revista, y ya con su propiafirma, ejercit la misma
1
actividad desde el 11/5/22 hasta el 21jl2j22 Dichas notas
tienen un carcter rigurosamente periodstico. N o obstante, al referirse a algunos problemas que afectan al cine; al analizar los temas
de algunds .pelculas, o al hacer el examen de la sicologa de sus
persa;najes, desliza Quiroga observaciones que pueden vincularse a
sus propias [Link] arte literario de narrar. Estas natas
a_m:plan,. pues, el ~aterial de otra indole (Retrica del cuent~,
De~ogo. del perfecto cuentista, etc.) en que ha expuesto el escntor ;alteo sus normas e ideales de narrador.
A. S. V.
1

'

HORAC10

LA
f. l

QUIROGA

JANGADA

BOSQUEJO DE FILM CON EL ARGUMENTO EN


GRANDES LNEAS, SALVO ALGUNAS ESCENAS DETALLA_DAS Y VARIAS LEYENDAS YA PRONTAS.
Figuras principales:

JULIO ORGAZ ........ Protagonista, 30 aos, ingeniero.


TOMAS ELSY ......... Dueo de obraje, edad madura.
BEATRIZ ELSY ........ Hija del anterior, chica educada en
Buenos Aires, sin mayor conocimiento
del valor de la naturaleza y de los
hombres. M u y joven.
NARCISO MIRN . . . . . . Veinte y tantos aos, pretendiente de
Beatriz. Caza, pesca y colecciona mariposas. Tipo ridculo del film.
CAY ................. Pen de obraje (mens). Traidor del
film.
LA ESCENA PASA EN EL TERRITORIO DE MISIONES.
ACTOS EN UN OBRAJE, EN UNA JANGADA Y EN UN
BANCO DE ARENA DEL ALTO PARANA.
(En el delineamiento de la cinta, las leyendas ya definitivas se
marcan con lpiz rojo 1 La inicial T intercalada en el texto, indica retrato, casi siempre en primer trmino, del tipo mencionado en
la leyenda previa. La inicial D indica detalle de algn elemento decorativo, reforzador de la incidencia dramtica, etc.) . / j
f. 2 //

(TTULO EN BLANCO)
En 1902, las denuncias recibidas sobre los horror[es que] se
cometan en los obrajes del Territorio de Misiones, fueron [tantas]
y tan continuas, que el Gobierno Nacional, por intermedio del

Fecha~ tomadas de la Bibliografa de Quiroga hecha por R. I.

-272--

l Los pasajes as marcados en el original consisten en prrafos o en frases


claramente deslindadas dentro del texto, que aqu se reproducen en bastardilla.

273 _;_;;_-

Departamento del Trabajo, envzo inspectores que lo cercioraran


sobre la verdad de las denuncias.

Orgaz en detalle, vestido totalmente de mens, en la pla~a,


listo para embarcarse.

El puerto de Posadas, capital de Misiones. Vapor alistndose


para z_arpar; D -: de. ltimas cargadas de mulas en proa. Peones
en la playa, listos para embarcarse.

julio Orgaz, ingeniero, preocupado como tantos otros por


el problema obrero del obraje, en misin reservada del Departamento del Trabajo. Los vapores que remontan el Alto Paran
ofrecen las caractersticas de un pasaje pintoresco y heterogneo,
desde el mestizo capataz de obraje que ha aprendid() de sus patrones a no beber sino whisky con soda, al turista . que cree or a
cada instante el rugido del tigre.

Los mens, nombre genrico de los peones de obraje, cuya


vida se reparte entre las penurias del bosque y Posad/as, donde
derrochan en tres das de locura el adelanto que exigen siemPre.
sobre su futura ganancia.
f.

4//

D - de varios mens, uno tras otro, y bien en primer trmino.


Caractersticas de los trajes, ajuar, etc. Excusado aqu insisitir, como
por otro lado en el resto de este bosquejo, sobre la importancia de
que tales tipos-ejemplo sean expresivos al modo mens./ j
L_ S//

Sus tres das por ao de. orga, bailantas, perfumes e incefantes paseos en coche a lo gran seor, acaban de concluir. Los
mens remontan otra vez el Paran a rescatar con uno, dos o tres
aos de agona, su deuda siempre creciente.
D - de la mujer de uno de los peones ( mensualera), sentada
sobre un bal en la playa, con su Iujo caracterstico cuando suben
al obraje, fumando un terrible_ cigarr<? de hoj~.

T
X, X, X, turistas de tipo internacional (han dado la ,vuelta
al mundo y citan a cada momento los hoteles de Lausanne)., La
noche anterior han escandalizado el hotel pidmdo agua caliente
a las once de la noche.
T
Nueva vista de conjunto de 'los pasajeros. Rpida de conjunto
de los que siguen:
En primer plan del pasaje, remontan el Paran en ese viaje
hasta ms all del Iguaz, Toms Elsy; obrajero de iniciativa y
carcter duro, y accesible a una sola compasin: la que le inspira
la ms insignificante cortadura del dedo meique de su hija Beatriz.

Las conquistadoras del obraje: Pollera crujiente punz, blusa


de raso amarillo rabioso, collares que las estrangulan, furiosamente
pintadas las mejillas, zapatos Luis XV y un cigarro de hoja.
D - de unas cuantas mensualeras, solas y con su hombre. De
nuevo vista de conjunto de vapor y canoas conduciendo a 1os peones. Escenas de .subida a bordo, en proa, rnezclados con bales,
guitarras, mulas y alguna nca. Hacinamiento de todo esto; peones
instalndose en lo alto de los bales, etc. Vista breve del pasillo

de pasajeros, con los d.
(nicamente en alguna que otra escena de este bosquejo se
detallan los elementos)
Los mens son siempre los mismos; Suben hasta el obraje y
bajan de l desde los catorce aos, sin variante alguna. A veces,
sin embargo, y muy de tarde en tarde, Se insinII entre SUS filas
algn demento extrao.

-274-

T, T //
El hermano Atanasildo, por ejemplo,. de lii. .Cofrada de San
Vicente de Paul, que va hasta el Igtiaz, ~ri recordar un gozo
mayor en la vida que haber matado uiza vez n gOJllo de un tiro
casual de escopeta.
T
Corazona Alderete, cocinera del obraje Honda Abrigo, que
viaj de ]'f. para tener el placer de estar canstantemente sentad'll
en el borde de los divanes.
T
Romualdo Itaboa, contratista de obraje, que despus de 14
aos seguidos en la selva, baj el viaje anterior a Posadas, y que
lagrimea todava de felicidad ante su. . . 143 copa de whisky.

f. 5 //

T //
Beatriz Elsy, hermosa criatura, altiva y duea de un slido
corazn que ella desconoce an.
T
Educada en Buenos Aires, jams ha estado en el obraje. De
la naturaleza, nada sabe. De los hombres, slo conoce an el corte
de sus smokings.
~

275 __._;

T, ms detenido que los anteriores. Escena breve de flirteo


con Narciso.

Pero el vapor. parte. D de pitadas y prdida de vapor por


tubos de ta:les vapores. Despedidas, con gritera, peones que suben
y quedan:

Una bella chica (y si es desdeosa, ms an), no viaja nunca


sm arrastrar corm'go a un adorador.

-Que te-vaya bien, che migo! ... tu mujf, de un aamenbu! . . . (frases de color).

Escena prolongada de flirt con Narciso. Este estar de espaldas, a fin de hacer gustar completo el tipo ridculo en el cuadro
siguiente.

D de gran rueda de popa


del vapor, etc.
-

En la presente ocasin, el complicado papel corresponde a Narciso Afirn, joven mundano y amateur naturalista, que colecciona
mariposas cortndoles las patas para que hagan bonito.
Escenas varias de todo vapor que se apresta a zarpar, particularizando las tpicas (y muy fuertemente) _de los vapores del
Alto Paran. D de foguistas cargando el hogar con cincuenta
rajas a la vez de lea verde de 80 centmetros de largo. En proa,
Orgaz medita con no- poca melancola sobre lo que le depara el
destino all arriba. La familia Elsy se acoda en el puente de
mando y echa un vistazo sobre los mens. Impresiones de curiosidad y disgusto de Beatriz. Su vista se detiene en Orgaz. El padre
que lo obsen'a tambin: 11
f. 6

11

--S, esos son los mens, la canalla de este infierno del Alto
Paran ...
Corte a escena de peones jugndose las pilchas y cigarros en
proa, hacinados sobre bales y entre mulas y vacas. Vuelta al
puente. La atencin con que Orgaz mira al grupo, irrita a Elsy.

-Fjate en ese compadrito re_costado a la borda ... Con esa


facha tranquila me abre el vientre de un machetazo por media
mandioca asada.
Horror y asco de Beatriz, etc., con nuevo corte a la jugarreta
de los mens.
Esta escena de juego, con 'la participacin indiferente de las
mensualeras despreciativas y fumando, volver alguna otra vez,
cuando un corte de contraste y evocacin lo requiera.

=27=

-f. 7 11

ponindo~e

en movimiento. Sajjda

El vapor contina. Escenas en el comedor, con la mescolanza


del caso, etc., etc. Ms adelante, scenas: de argada de lea ( 1000
2000 rajas) en algunos puertos a ll1ano, entre diez o doce hombres
que se las pasan como ladrillos, y ms arriba pr medio de una canaleta desde lo alto de la barranca (la. barranca del Alto Paran
tiene cien metros), por donde vienen como balas a saltar y amontonarse con estruendo en la playa.. Circunstancias varias de un
viaje de cuatro y cinco das, con elementos decorativos de bosque,
que roza a veces la borda del buque, 11 i macizos de tacuaras
que se vierten sobre el ro. _El mismo ro, hinchado y revuelto de
remolinos, da efectos muy bellos. Canoas y guabirobas de los pobladores de la costa; correspondencia arrojada a los obrajes en
una botella, que un indio va a. recoger '(si la alcanz;:.) en canoa;
aspectos del va por con su gra1Y pala a popa, que Ievnta un alto
penacho de agua y espuma, visto desde lo alto de la barranca entre
un corte de bosque,. etc. (No olvidar que aqu se anota nicamente
lo que se extender y comentar en elfilm.!efinitiv(), pues este bosquejo, salvo algunas escenas y leyendas detalladas, es un simple

bosquejo).
Al llegar_ a cierto puert~:>, de un obraje en el que Toms Elsy
tiene parte, sube y baja del vapor un nmet9 de peones, y se detiene el vapor a cargar lea. Figuracin del may9rdom de a bordo,
que ya se ha entrevisto en el comedor. Con precaciones y dems,
vende botellas de caa a los mens que bajan.

X, X, mayordomo de a bordo, a cdrgo de -la despensa, que


-hasta hace pocos aos era peonito de patio.
T
Demuestra su rapaz habilidad infringiendo la ley de la selva,
que prohibe terminantemente vender bebidas a los mens en .. los
obrajes.
Escenas del caso. Con caa .y juego, los: mens -se alborotan,
. y. se arma una de gritos, peleas y .guit<J.n:as .rotas,. ~n las cabezas.

-271-

f. 8 //

-Inquietud de Beatriz, Narciso y los dems chapetones del Alto


Paran, pero indiferencia completa de los avezados. D de esto.
La cosa crece y el capitn baja entonces a poner. orden.

un prete:xi:o para desatar a Cay, la emprende con Orgaz por la


frmula. Dilogo. Cay volver a Posadas, con buena sed de venganza por Jos sopapos.

X. X.~ capitn dd Slex~- criado con Un patrn de obraje a su


frente, y un mens a sus espaldas. 11

Llegada del Slex. Escenas de desembarco (muy pintoresca la


ascensin de la .barranca casi a piCo, de arena roja, y los peones
llevando al hombro sus bales o montando todo por la canaleta
de la lea). Instalacin de la familia Elsy, etc. dem de los peones. Presentacin del. personal, distribucin del trabajo a los nuevos
peones, dem de Orgaz. Con el t:tab jo de . Orgaz - se mostrar
lgicamente lo que es un obraje, fabricacin de la ramada de los
mens comidas reuniones de los domingos, lavado de la ropa
'
'
.
los mismos
domingos,
caceras de miel y animales en las fiestas.
En fin color local de circunstancia, teniendo razn de ser todas las
incide~cias de obraje que se presenten, pues la muerte de las cintas de color subido local consiste en la ostentacin fra de esos
caracteres.

Entra entre los peones a rebenque limpio.

Es un excelente individuo; pero [Link] de fuego del obraje no


quema y endurece nicamimte la piel.

Atan al ms revoltoso de los mens contra el palo del Slex.


Escenas del caso. Beatriz y Narciso se han echado sobre Ia baranda
del puente para ver la cosa. Escenas de situacin con 1os dems
mens, etc. El pen atado es Cay, y se mantiene impasible. Entre
tanto, Elsy discute abajo con el mayordomo, imputndole la venta
de caa a los peones, etc. Discusin de ambos. Elsy, sulfura!fo; ~
dirige_ al puen~e; pero al agarrarse_. de la baranda de bronce ve a
un pen que
Cay, que lo niira tambin. Elsy reconoce n l
por dos veces ha echado de su obraje, y la ltima vez con prohibicin [Link] que pise nunca en sus tierras. (Tal vez corte a
escenas anteriores, explicando la [Link] de la cosa). Cay no baja
los ojos; y Elsy se abalanza a l:
-

____;;_conqu~ sos vos! 'No :te haba fn'ohihido paner los pies
en el obraje? (pausa) Baj los ojos, te_ iigo! ... Borrachn compadre!
Cay no baja los ojos; vaga sonrisa y expresin fra de su mirada. Elsy pierde la cabeza, y lo sopapea de derecha y revs.
-Tom!, insolente!... As hay que tratar a los compadritos como vos!

f. 9 11

Psicologa del caso en la expresin de todqs._Desazn y nusea


de Beatriz all arriba; Narciso mira la- escenJl. con anteojos, etc.
Acude el capitn, sosiega a Elsy, apaciguamiento, etc.
Escenas en el puente .y entre los mens. Pero Cay queda
atado al palo.
Orgaz, qe ha: 1/ segido tOdo. ccin ~ aolorosa atencin, no
resiste ms y desata a Cay (han quedado sal os los mens). Pero
el capitn no est contento del acto de Elsy, por las dudas. Cuando
baja, ve a Orgaz desatando al otro, y aunque se alegra de tener

-278-

f. 10 //

Elementos decorativos y de detalle para las escenas en el


obraje: Tacuaras, palmeras, bananos. Muchachos trepando c~n
rienda a las palmeras para cortar las hojas, usadas de forraJe
(sesenta palmeras por da para una veintena de mulas) . Un mono
manso. dem coat o venado, y hasta carpincho, si se halla. Arrastre de hojas de palmera:, a caballo, en atados que cubren literalmente al animal. Cactus y tunas de toda forrha y floracin pa~a
los primeros trminos. Cacera de ta:ts y comida: del mismo\ fmuy
tpica). Cacho de bananas en primer trmino. Muchachito que
aparece siempre con banana a medio pelar en la: man, o con una
mandioca asada. Todas las escenas decorativas del obraje, y en particular en tormentas, muy comunes. en el pas. Canoas y guabirobas
cruzando el ro con mal tiempo. Escenas en cascadas, hasta de
80 metros de alto, sobre fondo de basalto negro, y cuanto se
quiera de enredaderas, helechos y rboles de hoja[s] enorme[s] y sumamente decorativas. Fabricacin de faria (muy tpico). 1/
Cacera de antas, perseguidas por el morite- con perros, en
tanto que otros cazadores esperan en el ro, donde forzosamente
va a parar el tapir; persecucin por el agua en canoa. A falta de
tapir, el venado va a dar tambin al agua.. . Detalles de perros
escarbando en cuevas o abalanzndose a un . rbol donde ha trepado un animal. Mariposas muy grandes en detalle; al cazarlas
Narciso. Vboras; _las que se deseen, etc.

***
-279-

-f. 11 //

Entre tanto, Orgaz estudia a fondo la vida del obraje, desempendola como pen. Se hace querer de sus compaeros. Les escribe las cartas (escenas), les presta algn hilo bueno de coser, etc.
Ha curado a algunos chicos; siente predileccin por stos. Los
domingos; se le suele ver con dos o tres de stos, cazando juntos,
jugando, etc. Ha construido su ramada con ms gusto que las
dems, y en un rincn tiene una especie de rstico laboratorio.
Concomitantemente (las escenas cruzadas cada vez que haga falta),
la vida en el chalet se desarrolla tambin de acuerdo a la posicin
del caso: persecucin de mariposas y cascarudos por Narciso, con
los mil detalles cmicos a que se presta[n] su vestimenta, sus modales,
sus tropiezos con los peones que le hacen algunas jugadas traviesas. Beatriz ve los trabajos del obraje en compaa de su padre
casi siempre, con preguntas que servirn para ilustrar :Ja cosa.
A veces anda sola. Dos o tres veces ha tenido ocasin: de sentir la
presencia de Orgaz. V e por casualidad a un lindo indiecito, habla
con l y resulta que Orgaz acaba de curarlo de una enfermedad!.
Tal otra cosa, fue Orgaz. De una picadura de vbora, fue Orgaz.
- Tambin Beatriz lo ha visto -a -Orgaz en alguna situacin de relieve para l._ Aunque no quiera confesrselo, a la muchacha le
interesa ms de lo que quisiera el mens. Sospecha vagamente la
verdadera condicin de Orgaz, por ms que ste trate siempre de
evitar sospechas con su actitud de perfecto pen. Pero la inteligencia
de la mirada lo vende a pesar suyo. Tal vez en alguna ocasin hace
un gesto, un movimiento que despierta ms viva 'la inquietud de
J?eatriz, sin que sta llegue a creer11 que Orgaz es lo que es. Algn
da de lluvia o aburrimiento en el chalet (ste tiene gran vidriera
hacia el ro; se ven pasar los vapores) Narciso prepara sus mariposas
cortndoles las patas bajo una tapa de vidrio. Mal humor de Beatriz;
sarcstica con Narciso. _Incidentalmente; Beatriz sabe en qu sector
del monte o en qu trabajo est ocupado Orgaz. Sintese a pesar
de ella inclinada a pasear por donde aqul est, pero aprovechando
toclas la5 ocasiones para demostrarle su superioridad social, su orgullo, con palabras, gestos o actitudes insolentes o de fra impasibilidad, no sea cosa que ese mens llegue por un_ momento a suponer. . . Orgaz siente tambin, sin verlo claro siquiera, la atraccin
que ella siente por l, y se empea igualmente en no ver en Beatriz
sino uh retoo inmoral, incapaz de ver en un hombre de manos
con ca:lls otra cosa que un animal o cosa parecida. Una vez, sin
embargo, o dos o tres veces, Elsy no ha podido acompaar a su
hija a visitar tal cosa del obraje (que ahora parece interesar a
aqulla a despecho suyo), y la chica altanera se ha arreglado de
modo que Orgaz estuviera en estos momentos a la vista. Elsy des~280=

f. 12

11

confa inconscientemente de este mens; pero no tiene una sola


queja de l por intermedio de los capataces. Elsy confa entonces
su hija a Orgaz para que la acompae a tal parte. Aqu escenas
y dilogos del caso. Beatriz, que no halla cmo humillar a Orgaz
bajo la capa del mens, llora casi de despecho y la emprende con
Narciso. Tambin Orgaz ha tenido ocasin de acompaar a Beatriz y Narciso, en cuyo paseo Beatriz ha hecho lo posible por poner
en relieve a su pretendiente, sin resultado. -- - Resulta luego que Orgaz llega un da a tiempo de matar una
vbora de cascabel que ha mordido a Narciso, por ir ste retrocediendo para cazar un pobre escarabajo. Escenas del- caso. Orgaz
Heva en hombros al herido, que llora y alborota. Pasa casualmente
alzaprima. Descargan la viga, suben al eje, y carrera por las picadas
hasta el chalet. De paso Orgaz recoge de su ramada Jos aparatos
de inyeccin. Alboroto en el chalet, curacin. Todos miran con
profunda atencin la seguridad civili[zada de su trabajo.] j 1
_
No poca sorpresa de la gente Elsy, que el mens explica por
haber sido pen de un ingeniero, etc. Dilogos. Beatriz, extraada
siempre:

-Pero Ud. tiene poco acento ... correntino o paraguayo!


-Orgaz, en su papel de pen:

-Es que falto desde muy chico de Corrientes . . ;


Con todo lo cual la instintiva desconfianza del obrajero se
acalma, y confa ms a menudo su hija al mens que huele poco
a mens.
Pero la misin de Orgaz no es precisamente sa: 'En cuatro o
cinco trabajos de braje, que se pondrn de relieve, Orgaz constata
la miseria de trabajo a que se somete a los peones, sin la menor
garanta de salud, ni la ms remota idea de volver un poco confortable la vida de gentes entregadas de cuerpO: y alma al patrn.
Un incidente de chucho que ataque hasta casi matarlo a un excelente mens, que en vano solicita permiso para bajar hasta Posadas a curarse (escena y dilogos), ensombrece a Orgaz, que no
puede menos de hablarles a los peones sobre estas cosas, esforzndose
por hacerles comprender que el trabajo no es una esclavitud, y
que en ellos est el darse cuenta de esta misria que- ellos mismos
fomentan con su fatal exigencia de anticipos,~que los encadena
luego por toda la vida. (EscenaS y dilogos). Pero los mens,
sometidos y herederos de cinco siglos de inconsciencia moral, no
~281=

entienden, y toman el rbano por 'las hojas. Desaliento de Orgaz,


que insiste, ponindose a nivel de su alma, en hacerles comprender
con ejemplos (dilogos). Les habla en las caceras de los domingos
o en las ramadas (estas ramadas de los mens son muy pintorescas) .. .
[ ... El] cerebro espeso de los mens comienza a com- j /[prender, a] aclararse, pero muy pesado de sueo an.
Para justificar lo que. despus sigue, pueden incluirse escenas
de 1a escapada de dos o tres mens, perseguidos a tiros de wnchester por el I!layordomo y los peones fieles (guarda-espaldas dispuestos a todo) que un mayordomo de obraje tiene siempre a mano
para estas aventuras.
Un incidente precipita las cosas. Desde hace un tiempo (casi
al llegar Orgaz al obraje), se construye una lnea de decauville.
Orgaz ha seguido todo el trabajo hecho a la diabla, casi sin durmientes, o usando de simples planchuelas como tales, con taludes
sin apisonar, y toda la lnea salvando cuestas y curvas rapidsimas.
Ha hablado a los peones sobre eso, pero los peones lo miran,
pestaean largo rato y no comprenden bien por qu el patrn no
va a tener derecho de construir la lnea como mejor le parezca.
Orgaz:

f. 13//

-A veces sucede . .. La vez pasada .uno quei aplastado . . 1


Ocupaba ms de dos metros sobre el suelo.
Beatriz mira a su padre con terrible atencin. Elsy:

-Bah!. . . M ens ms o menos . ..


Cuando llegan al decauville se desarrolla la escena del caso
ante el aplastado por la zorra. Orgaz est agachado sobre l. Extraeza de Elsy ante la actitud pasiva pero sumamente fosca de
los peones. Elsy:

-Bueno! Qu le uamos a hacer! ... {Y qu hacen Uds. ah


abriendo la boca?
Los peones no responden; se miran de reojo, y miran a Orgaz
que contina sobre el muerto. Elsy comprende entonces su desconfianza inicial de Orgaz, y se da cuenta del cambio operado
en su gente.

-Ya! ... Ahora estn empezando Uds. a... mostrar las


uas. . . Pero stas no son cosas de Uds.; a Uds. no se les ocurre
mirar a su patrn de este modo! Aqu hay una semilla podrida
que est pudriendo a mi peonada!
Los mens miran todos a Orgaz. Este se da cuenta y se
incorpora lento.
Elsy:

--S, tiene d-erecho, les digo! Puede hacer lo que quiera de


su monte y de su madera; pero no tiene derecho a exponer la
vida :de un hombre pr ah&rrar dos reales de terrapln.

J: 14 1t

Fiesta en el obraje con la inauguracin dd decauville. (Escenas finales tomadas en una cuesta aba jo con fuerte curva final) .
Peones, mensualeras, etc. Lanzan una zorra, con varios mens.
En la curva la zorra salta y mata a un hombre. Desde el momento del apronte de la Iargada de la zorra, escenas cruzadas con
Elsy y su hi j llegando al decauville, en que Elsy pondera una vez
ms a aqulla las riquezas que tiene en ese monte, y las pinges
ganancias qJle obtendr con la baratura actual de los peones, y
lo ligero que dispone los trabajos. Asisten al tumbaje de un inmenso
lapacho. De entre el tronco, casi, surge lvido el hachero (tipo
decorativo de miseria). Elsy:
-Mira ese lapacho: Tumbado con este nuevo procedimiento
de corte, gano unos cuantos pesos ms por la rapidez con que se
efecta: j j Beatriz:
-Pero as peligra de un modo horroroso la vida de esos
hombres!

-282-

f. 15

11

--S! Por vos lo digo! Te has metido aqu a podrir el obraje


con tus teoras!
Orgaz, muy calmo:
-Ud. se equivoca ... No he enseado teora alguna a sus
peones j j Les he mostrado solamente que ni su patrn ni natfie
tiene derecho para construir una va, usando de durmiente la vufa
de un hombre.
-Qu decs?. . . Ya te ests yendo de aqu, antes que! . ..
Fuera de aqu, compadrito! Fuera!
Reaccin pesada e incierta de los peones, iniciando una lenta
toma de machete (detalle). Dos o tres peones se aproximan som
bros a Orgaz. Elsy saca el revlver:
-Quietos! ... Al primero que se mueva, le hago volar el
mate de un tiro!
~-283.-:-"""~

f. 16 11

. . , En ~ta .escena pueden intervenir algn capataz, el mismo


nd1cul~ N~rciSo, en un momento cuya tirantez dramtica exija
un denvatlvo, o para sacar mc;; efecto de la accin cortndola
.
.
'
y recogndola (tipo final de T ristn e Isolda) .
No entra en Ios planes de Orgaz resistir desenmascarndose,
por fuerte que sienta la indignacin del caso. Pausa. Elsy, a Orgaz,
que lo mira plido:
-Y uos, da gracias a Dios que est mi hija delante . .. Ya te
haba hecho salir con plomo las ideas de tu cabeza!
.
Continuos detalles de expresin, de cada uno de los actores
i?;:luso Beatriz y Narciso. Esta escena es capital en punto a expre~
swn.
Orgaz, sin decir una palabra, recoge su machete que est en
el suelo, y toma rumbo del monte. Elsy, que seala todo con el
revlver:
-;-Adnde ~as? ... No! Ya te ests yendo a la playa, porque:za. . . Bandea al otro lado, y no quers asomar el. hocico por
aquz, porque . ..
Orgaz se detiene, y sin prisa alguna se encamina a la playa.
Elsy, ante los peones foscos e inciertos:
--:Y Uds.?. . . Cada cual a su lugar. . . Y tengan bien presente que a la menor intentona, los hago quemar a todos! A su
casa! 11
: ' "''k1'~~
Un chico corre a Orgaz. Pero Elsy vocifera, y el mens-~;~;~
en la canoa. (Como la escena ha pasado cerca del ro, peones y
~t:ms, sobre la barranca, servirn de fondo muy_ decorativo, sentlrr:ental .Y cargado ?e amenazas futuras, a la escena. Orgaz se
aleJa haCia la otra onlla, remando sin prisa, etc. Estudio fisonmico
de Beatriz).
El obraje prosigue su vida. Escenas de trabajo interrumpido
y a desgano de parte de los peones, con comentarios de los mel1S,
recordando a Orgaz. Escenas cruzadas con otras mostrando-- a
Orgaz vi~~endo en el, rancho, de un negro, jugando con los negritos o cos1endoles algun rasgan de la ropa; -detalles de mucha
cautela para dar ternura sin lloriqueos al tipo. En otro momento
Otgaz aparece soando melanclico a la onlla del ro, a la vista
de una sombra y lejana catarata (aqu vienen justos unos cuantos paisajes decorativos de Misiones), y suea tambin con ...
Pero le est prohibido soar con eso. Ante los paisajes:
~No, no! El no vino a eso ... Siente Misiones ms honda-

mente de lo que hubiera querido. . . Pero se siente desencantado,


-=-284~-

desilusionado de la larga educacin que necesitan los peones, ett


la ms fosca infancia moral . ..
(Corte a una escena en que les quiso hacer comprender intilmente lo que es el trabajo).
-Podra irse a Buenos Aires. . . Si{ mzswn )'a est cum-.
plida . .. Pero tiene la intuicin de que l har mucha falta ...
Siente la conmocin del alma mens. . . (soando ante la figura
entrevista de Beatriz): Y de nada ms!

f. 17 //

Entre tanto, del otro lado, la hija de Elsy reanuda sus reconidas observando trabajos (ocasin para ofrecer otros: apronte
de un desmonte para plantar maz muy prximo al chalet), consecuente con su inesperado amor a las tareas de obraje. Sola, o
acompaada a veces por Narciso, para no desaprovechar a este
tipo. Pero ya no les halla inters, 11 ocultndose a ella misma el
motivo. Algunas escenas de aburrimiento e irritacin nerviosa de
que Narciso es el pagano. Pescando una tarde (ha echado a Narciso de su lado), mira largamente el ro (efecto de paisaje) , y se
le ocurre vagabundear en canoa. Es el crepsculo. Llama a un
indio pen de confianza en la playa, y lo seduce para que la lleve.
El cede, recorren la costa frotados por las tacuaras que caen al
ro, y ella, con dilogos sutiles, hace que el indio le proponga llevarla al otro lado. Beatriz acepta ( claro est!), y atraviesan el
-- Paran. Pero ella quiere vagabundear sola, salta por la playa,
se interna, mientras el canoero se acomoda para echar un sueito.
Beatriz se interna, va de aqu all; cuando quiere volver cae la
noche y se extrava. Inquietud primera y desesperacin del caso.
Comienza a llover. Corte a Orgaz, escribiendo o leyendo en el rancho a la luz de un farol de viento. La borrasca sacude el rancho,
y el agua entra por bajo del alero y chorrea en lo interior contra
las tacuaras.
Cree de pronto haber odo una voz afuera. Presta odo: ilusin. Pero la voz le ha trado un acento conocidsimo, y comienza
a soar: ve a Beatriz en un rincn de la sombra. Sacude la cabeza, y lee de nuevo; pero la imagen torna, y se desvanece. Orgaz
se agarra la frente entre las manos:

-Qu dara, sin embargo, por verla de nueuo! ...


Corte a Beatriz extenuada y chorreando agua que pide socorro.
Orgaz de nuevo, achuchndose ante el viento fro. Nueva ilusin de orla. Salta a la puerta, desmelenado por la lluvia; oye
esta vez claramente, y se lania al monte.

Corte a Beatriz corriendo por las picadas y cayndose. Siente


ruido, lanza un grito y cae en los brazos -no sabe de quin, pero
,salvadores. Orgaz alz_a el farol al rostro de ella, y Beatriz lo reconoce, se desase violentamente. 11
f..18

11

f. 19 //

Juego fisonmico de ella. Al fin:


-Me perd. . . Al fin me ayud. . . Orgaz.
El: -e' Y el canalla se atrevi a ponerse delante de ti? . ..
Corte a la escena del extravo ya citada.
-Se port bien ... (pausa) Pap! Quiero irme de una vez
de aqu!
Narciso, dando un salto:
-Pero esto es el Edn!
Narciso est terriblemente picado de bichos, y en ese instante
tiene fomentos en un pie por los piques. El salto echa al diablo
fomentos, comicidad del caso.
-e'Por qu nos habamos de ir? Y o soy felicsimo.
Beatriz, dura:
-Ud., qudese si quiere!

-No! Ud. no! No me toque!


Orgaz, herido a. pesar suyo y fro de nuevo:
-No pretendo ni tengo el menor deseo de tocarla ... Pero
U d. est muerta de fro.
Estudio fisonmico, de firmeza concentrada en Orgaz y de
efervescencia extenuada de Beatriz. Esta cede, se apoya en el
hombro del mens y llegan a la playa, donde el indio est pescando,
azotado y empapado por la lluvia. Al vrlos llegar:
-Ah, patroncita! Linda agua para los mangrulls!
Ella sube en la canoa, l queda inmvil. Ella quiere agradecerle;. parecera que la ternura va a explotar al fin, p~ro la actitud
decididamente mens de Orgaz la contiene. Apenas un gracias
breve, y la canoa arranca. Prosigue la lluvia en el ro (Efecto muy
fcil, de corto enfoque, pues la escena es nocturna. Una lluvia
torrencial en el Alto Paran logra un efecto nico en el agua).
Beatriz encogida, aterida. No quiere por cierto pensar en lo que
. acaba de pasar; pero lo ve en sueos con la camisa rota, ensangrentado en las espinas de las tacuaras para que ella pase. . . Bosquejo de ternura en los labios de Beatriz.
Corte a escena irreal en que Orgaz arenga a los peones para
que saboteen el obraje, rostro de canallesca violencia, tal como
se lo supone Beatriz. Corte a sta, que se arranca con una nusea
de todo y de s misma.
_ Inquietud en_ el chalet por la desaparicin de la nia. Alguna
ridiculez de Narciso, que la supone devorada por un tigre o cosa
por el estilo y que se arma de punta en b~anco para la expedicin.
Peones que entran y salen, etc. Pero un muchachito cuenta que
cree haber visto a la nia en canoa. Corren todos a la playa, vocean
. largo tiempo con la boca entre las manos. (Efecto de lluvia en
los capots de goma). (Acaso perros ladrando hacia el ro brumoso)
Aparece por fin la fugitiva. Escenas, etc. Elsy se lanza sobre el
indio canoero, pero Beatriz lo contiene. Ya /1 en ei chalet, mientras la calma vuelve y Beatriz se seca entre mantas, Elsy:
-Ahora te lo puedo decir. Has hecho mal, mi hija, confindote a uno de esos canallas. . . Cuantas precauciones tomemos, son
pocas con esa chusma . .. ,Y cmo encohtra.Ste_ e1 camino? porque
apenas me has dicho palabra . ..

***

f. 20

/l

La inquietud de patrones y personal tiene un derivativo en la


crecida del Paran, que remueve a fondo el obraje para aprontar
las jangadas. Y particularmente hay alegra por la inminente llegada de una riqusima jangada que E1sy acaba de comprar en un
obraje de arriba. Gran actividad en los trabajos de preparacin
de jangadas, que se detallan en la cinta.
Escena en el chalet, que tiene gran vidriera al ro. Todos los
de la casa, y a ms capataces o mayordomo que comentan en dilogo la reserva de los peones, aunque trabajen como siempre, etc./1
-Es mi temor de siempre. Dara no s qu porque llegara
de una vez la jangada. Pero pasan los das . ..
Corte a jangada, bajando el ro, muy prxima ya al obraje.
Corte a chalet. Elsy:
-Trae una buena peonada de arriba, peones de ley que
no han odo hablar nunca de las cosas de ese compadrito . ..
Nuevo corte a jangada, en detalle.
Pero en la jangada bajaba tambin al encuentro de Elsy, Cay.
Detalle fisonmico.
Con paciencicr infinita, el mens abofeteado haba buscado
el modo de entrar en el obraje prohibido, confundido con la peonada cuyo trabajo se necesitaba urgentemente.
Corte al chalet. Beatriz, recostada a la ventana, indiferente
a todo. lo que se habla, divisa de pronto la jangada a travs de

-287-

los vidrios, que dobla a lo lejos una restinga de la costa. Sin


conceder importancia:
-AU viene una cosa pot el ro . .
-Afi hija! Por fin la jangada! Vean, X, X! Estamos
salvados!
Corte a jangada, donde Cay, con los mismos .bigotitos de
siempre, sonre a la venganza que siente prxima.
(Como el argumento hasta ahora bastan~e extendido Y las
acotaciones correspondientes alcarizari a dar Idea .del plan, en
adelante se esbozar slamente la cinta) .

f. 21

11

Escenas de la llegada de la jangada. Los nuevos peon,es pas~


por la comi-/ jsara a tomar su trabajo. Como lo supoma. Caye,
la urgencia de trabajo lo hace pasar inadvertido. Acarreo. VIVO de
vigas al puerto, y prosecucin de las tareas de aprontar pngadas
-los peones hundidos todo el da hasta los h_:>mb:o~ en el a~,a,
y tomando de vez en cuando un vaso de ~ana, umc~ excepci~n
a la ley seca del obraje. Escenas. muy decorativas. _Do~ dias d;spu:s,
reunin en el chalet con cualqmer pretexto. Beatnz, merte. Narciso
le dice algo, que ella ni contesta. dem su padre, c?n igual resultado. Alguna comicidad de Narciso. Elsy, que la mira largo:
-Pero qu tienes, mi hija? De un tiempo a esta parte no
se te puede decir una palabra.
-Nada, pap! No tengo nada... (Pausa) (Se echa a

llorar)
-Pero no pueden dejarme en paz? Qu les hago yo?
Cay ha solicitado para sus fines particulares ser acarreador
de madera al puerto. Se entera del espritu del obraje, Y de _la
actuacin de Orgaz. Magnfico! No poda depararle nada meJor
la suerte. Escenas semejantes a las anteriores entre los peones Y
Orgaz, pero Cay quiere llevar a sangre y fuego las cosas. Resistencia de los mens, por el atvico respeto al patrn blanco. Y
qu venganza, cabal y total, si Cay pudiera hacer meter ,fuego
y machete por todo el obraje. El, particularmente, se ocupana del
patrn Elsy ...
Uno de los muchachitos amigos de Orgaz, esp~~_y oye la
cosa. Cruza el ro a contarlo a Orgaz. Este titubea, tiene locas
ganas de ir, pero resiste: Tiene demasiadas amarguras de la otra
orilla para poner los pies y encontrar a nadie de all ... Todos son
canallas? Muy bien; que se las arregle el patrn ...

-288-

f. 22 //

Advierte sin embargo al chico que en cualquier momento de


grave inquietud, le avise.
Cay entre tanto ha encontrado un medio para abrasar a los
mens: la caa. Conserva an relaciones con el mayordomo del
vapor // y le es fcil obtener caa en una parada del vapor. El
mayordomo, a su vez, no ha de haber olvidado los insultos del
obrajero.
Tal pasa. Una noche el vapor atraca a cargar lea. Cay se
insina a bordo, cruza guiada con mayordomo, y el trato se hace.
Dilogo: el mens promete pagar las damajuanas con a y b, etc.
Para la hecatombe, Cay cuenta con un desmonte vecino al
chalet, que se acaba de concluir. Aprovechando un buen viento
sur, el fuego barrer el chalet, las vigas, etc. Ultima arenga: ante
la resistencia an, Cay saca las damajuanas, la caa corre, y los
mens, uno por uno, resucitan agravios de mens, -pues por algo
se castiga con la muerte la presencia de caa en los obrajes.
Cruce de escenas con la vida del chalet. Elsy anda dando
una recorrida a caballo. Los peones ponen fuego al desmonte
(saltan venados, enredaderas que revientan, etc.). Corridas machete en mano, diablos enloquecidos. Algunos peones, los jvenes,
se lanzan al chalet, con ojos concupiscentes. Cay lo observa, pero
eso no es asunto de l. El corre a la picada, por donde se anuncia
Elsy. Compadrea con l, resiste sus tiros, y lo baja al suelo de un
rebencazo. Un couJ. boy se preocupa ante todo de quitar el revlver
a su enemigo; un mens, no. Tras el terrible golpe, Elsy vuelve
en s y atina, en el suelo an, a meter en el bolsillo el arma, casi
sin darse cuenta de lo que hace. El mens, con terrible frialdad:
-Levantte . ..
Elsy se incorpora, y tambin instintivamente lleva la mano
al cinto.
Nuevo atroz rebencazo en la nuca:
-Camin. . . Yo te voy a ensear ahora a sopapear a la
gente ...
Elsy camina tambaleando. Nueva cada, nuevo rebencazo:
-Camin ...
Pero Elsy, congestionado de dolor, humillacin e ira, recuerda
que an consenra una bala en el revlver. Aprovecha una nueva
[Link] para sacarlo, y al incorporarse enva una bala al mens.
Este cae pero Elsy se tambalea de congestin y sangre. El mens
logra incorporarse y hunde su machete en el patrn. (Escenas y

..;_;_ 289 ;._

f. 23

11

fisonoma del caso. Debe darse la impresin neta de que uno Y


otro quedan muertos).
Asalto del chalet, barricada. Juego de machetes destrozando
puertas, bajo nubes de humo. Juego de fisonoma de [Link], que
teme ver a Orgaz borracho al saltar la puerta, para vwlarla. -J)a
la coincidencia que un mens viste el mismo color habitual de
Orgaz, y al entrar los mens Beatriz recibe un golpe que la desmaya y la hace sangrar; pero en el momento de desmayarse .ve
turbiamente a un mens que avanza libidinoso hacia ella, vestido
como Orgaz. 11 Dentro del chalet estaba tambin el ;iejo pe.n
de confianza. Al saltar la puerta, quiere arrancar de a1h a Beatnz
para ocultarla en cualquier lado, pero ella resiste, como hi~noti
zada de horror ante la prevista presencia de Orgaz .apareciendo
en la puerta. Narciso se prende del pen, y ste lo arrastra P?r
cualquier puerta de escape hasta la playa, donde lo oculca baJO
la carpa de la jangada.
(Naturalmente, cortes sucesivos). Inmediatamente tras la visin de Beatriz al ser cogida por el pen, corte a Orgaz, ,sentado
melanclico en la playa. De pronto nota algo raro: Que humo
ser ese. Parece un rozado ... Y de pronto se da cuenta de todo:
Los peones enloquecidos. El chalet asaltado.
Busca desesperado una embarcacin; va a lanzarse corriendo
aguas arriba, para poder cruzar a nado (nada algo) , cuando
divisa la canoa del muchacho. El chico lo entera; Orgaz rema

l.

f. 24

11

como un loco.
Entre tanto ' ante el asalto . consumado, y- ya- disipado
el al-:
cohol, en los mens se levanta terrible el pavor al patrn. Corren
a la playa y se apoderan de las embarcaciones, reman hacia la
orilla opuesta, a favor de la corriente.
Los mens, como los animales atenorizados del monte, van
-~

a dar fatalmente al agua.


Por las picadas, Cay con las manos en el vientre se arrastra
hacia el Paran. Llega a la playa cuando las canoas y guabirobas
con los prfugos estn en medio del ro. Logra arrastrarse hasta
la jangada, donde boquea contra una viga.
Pero el pen libidinoso llega tambin a la playa con Beatriz,
siempre desmayada, y no le queda ms recurso que trepar t;:mbin
a la jangada con su presa, y cortar las amarras para irse a la

deriva.
Cuando Orgaz va a llegar al obraje, divisa la jangada que
arrastrada por la corriente, lame all la costa. Atraca en tierra,
:- 290=-

f. 25 11

cor;e por la pla~a y se lanza a nado al cruce de la jangada. El


peon no lo ha VIsto. Cuando lo ve, Orgaz se alza vi chorreando
agua .. Lucha. El pen va a dar al agua, muerto. Orgaz corre a
Beatnz, 1~ alza en brazos, y en ese momento ella vuelve en s:
se ~alla stem?re en brazos del asaltante: igual ropa, y la misma
henda en 1~ sien, de la que chorrea. sangre. (En la escena ltima, 1
Orgaz rectbe er: efecto una henda en esa regin. De ah la
certeza .de Beatn~ de que ~rgaz es el bandido del caso). Orgaz
se cons:Ituye en Jefe. de la Jangada. Bajo la carpa, instala a Cav
malh~ndo Y a Beatnz, que ha tornado a desmayarse ante la visin
antenor .. Se t~ata de seguir aguas abajo un tiempo prudencial,
pues es tmpostbl~ ,quedar en el obraje, y menos bajar a tierra,
donde todos monnan de hambre, por ms animales ocultos que
guarde el monte. Pero por razones perentorias hay que evitar a
toda costa el encuentro con vapor alguno. No entra en los planes
de Orgaz entr~gar sus compaeros a las balas de los wnchester:.
En cuanto a el, ~o es para . el caso ms que un simple mens
asaltador de obrajes. Por lo que respecta a Beatriz, no peligra a
su lado.
(Antes, dilogo de Orgaz con Cay en que ste lo entera de
lo que ha pasado con el patrn).
Ante l~s preg~ntas deses~eradas de la hija, Orgaz no quiere
.respo~der. ~ mentir, y Beatnz se aparta con horror y se dirige
al p~on let. Este, ~ue ya esboza un gesto de puntazo explicativo
al VIentre, se -co?tiene ante las seas de Orgaz. Este responde
entonces de la VIda de Elsy, asegurando que no se encontr con
los peones, etc. (A estudiar este dilogo). Beatriz se tranquiliza
pTor ~ste lado, .Y acepta las ~explicaciones de la situacin que le da
Narciso, a qmen ha conmmado Orgaz para que diga a Beatriz
lo que l quiere que se diga.
Pero la chica, segura ya de que no volver a caer en las garras

de Orgaz, mide a ste de arriba a abajo:


-Por fin se ha desenmascarado Ud.! Ahora me doy par fin
cuenta de lo que es Ud! 11
--Se equivoca.
-Cllese, miserable, [ ... ] se disfraza de pen para llevar el
deshonor y la muerte adonde quiera que vaya!
Protestas an de Orgaz; creciente desprecio de ella. Al fin
Orgaz, ante el trmino pen con que ella lo ultraja:
--S, soy un pen! Esta vez no se equivoca! Uno de los
tant~s .que T.( d. y su padre han embrutecido y pisoteado en el
obra;e! r:Que sabe U d. lo que es un mens? r:Qu significado ti'ene
~-29.1-~-

f. 26

11

para U d. la vida de un miserable hombre que trabaja y se enloquece un da? Quin es U d., para mirar de lo alto un drama
de miseria y sangre? . ..
Explicacin luego de lo que l quiere: obediencia absoluta,
porque l tiene una responsabilidad superior a lo que ella alcanzar
nunca a comprender. Al fin, ella:
-Una sola palabra: soy libre . .. aqu?
-Es U d. libre. . . mientras no recuerde la posicin suya hasta
el da anterior . ..
Escenas surtidas sobre la organizacin de la vida en la jangada, que deriva, cerca a veces de la costa, con los efectos del
caso. Llega la noche. El pen viajero obedece ciego y fija los
ojos con bestial confianza en Orgaz. No entiende gran cosa de todo
lo que pasa, pero no aparta los ojos de los ojos y la boca de
Orgaz cuando habla. (Tipo de efecto). Prohibicin de luces, silencio, etc., pues en esa poca remonta un vapor.. Beatriz bajo
la ramada. Llama un momento a Narciso para sentirse menos sola.
Dilogo, que frustra el ridculo tipo, por ir ste ms lejos en la
apreciacin del mens pirata, de lo que Beatriz quiere. Lo echa
y queda sola. Entra Orgaz a curar y cuidar a Cay, con detalles
de calma y grave hombra que llegan a Beatriz sin que ella lo
quiera. Dilogos de Orgaz y Cay, con disculpas tardas de ste,
sin que Orgaz le haga sentir las respectivas posiciones ahora y siempre -lo que adivina ahora Cay. Inquietud de pronto: Se han odo
las ruedas de un vapor. Agitacin, orden de silencio, etc. Narciso,
que est adentro, se enloquece de pronto y corre al borde de la
jangada pidiendo socorro. Orgaz cae sobre l violentamente 11
Beatriz lo siente, y se rebela. Corre a su vez afuera y grita desa
fiando a Orgaz. Orgaz, lvido (se trata de la vida de todos) y
ante la proteccin de Beatriz que protege a Narciso; saca el revlver:
-Al primero que abra la boca para gritar, le vuelo la cabeza
de un balazo! Abajo todos!
Titubeo.
-Abajo!
Beatriz, desafiante, midindolo:
--Srvase guardar las distancias!. . . Yo no estoy bajo sus
rdenes!
-Est o no, aqu se hace solamente lo que mando yo. Abajo
he dicho!
Beatriz lo mide, se yergue y lanza otro grito con las manos
en la boca, pidiendo socorro. Antes que concluya, Orgaz salta
sobre ella, la coge violentamente del brazo y la hunde en el piso:

-292-

f. 27 //

-Pero no me oye? Quiere U d. a toda costa hacerme olvidar


de que es una mujer? . ..
Beatriz se toma la mueca estrujada (detalles de escena) y
fuera de s, incorporndose:
-Cobarde! Cobarde!. . . (pero se desploma sollozando sobre
una viga).
Orgaz, ms dolorido que ella por lo que se ha visto obligado
a hacer:
-No tiene Ud. tino para emplear en este momento esa
palabra ...
Ella permanece an sollozando, y l se acerca. Ella, incorporndose desesperada:
-No me toque! . .. Cobarde! Prefiero morir a sufrir su contacto, canalla!
Ante la expresin de l:
--S, cobarde, cobarde y cobarde! Pgueme ahora, miserable! Y Ud. puede hacerlo, porque no es ms que un cobarde!
(Pausa; estudio de expresin en detalle) Orgaz, amargo y
sordo:
-Hace un rato fJoda haberlo hecho. . . Ahora no hay ningn motivo. . . 11 (Puede haber una variante, por la cual desde
el vapor han odo los gritos, y se sienten los remos de una chalana
destacada del vapor. Orgaz ha gritado antes de acercarse la chalana que es tal jangada, de tal y tal, que el encargado duerme,
etc. Beatriz puede haber odo todo desde su ram<tda, dispuesta a
decir la verdad, pero sin decidirse, contra todos sus deseos y su
vergenza de proceder as, en complicidad con un miserable pirata.
Esto, naturalmente, al final de las escenas de violencia anteriores, etc.).
Beatriz vuelve a refugiarse en la carpa. La sigue al rato Orgaz.
El herido, que ha odo todo, temblando de miedo:
-Por tu madre te lo pido, caray Orgaz. No me entregue. Me
van a bandear el cuerpo.
Orgaz, arreglndole las vendas:
-No te voy a entregar . ..
Cay mira y mira a Orgaz, y una nueva luz se va haciendo
en su alma. Cuando Orgaz, sale, lo llama de nuevo. Con los ojos
hmedos:
-Que haba sido hombre, U d., che amigo!

-293.-

f. 28 //

Beatriz lo ha odo todo. Tampoco ella cree ahora que Orgaz


es lo que parece; pero cree si~mpre que es un agitador y el culpable
de todo.
Pasa la noche. No hay alimentos ni medio de pescar. Escenas
ridculas de Narciso con hambre, protestas, etc. La madrugada siguiente la jangada embica en una restinga y se detiene. Consultas.
Se decide construir una jangadilla (hecha de veinte o treinta tacuaras ma:l atadas, pero suficientes para soportar a cuatro hombres. Lo malo es que las tacuaras suelen estar agujereadas por insectos, de modo que a las horas o ls das de viaje, comienzan a
sumergirse).
Se construye la jangadilla, pues quedarse all es morir de
hambre. Escenas muy decorativas del caso. Desde la madrugada
Beatriz est sentada afuera, insensible a todo, el ceo contrado
y la vista fija en el sur. A medioda se acerca Orgaz:
-Ud. me dijo que yo era Nbre . .. y me voy. Cumplo con el
deber. . . (amarga) puesto que las circunstancias hacen que U d.
represente al Deber aqu) de advertrselo . ..
-Puede U d. irse; es libre. Pero antes de la madrugada estar
U d. de vuelta.
Ella, erguida:
-Quin me va a forzar a volver? . ..
-Nadie ... Vyase Ud.
Narciso est ocupado, con gran entusiasmo intil, en ayudar
a la construcl lcin. Beatriz salta a tierra, se interna; pero no sabe
lo que es avanzar sola por entre el monte. Durante una hora
tropieza, cae, se hace jirones, se lastima. Cae la noche; terror.
Vuelve a la jangada, con la expresin humillada y agriada del
caso. Orgaz simula ni verla siquiera. Pero a ella no le satisface
eso, y va a l:
-Ya volv ... Supongo que Ud. estar satisfecho.
-No lo estoy por lo que Ud. cree) sino porque comienza Ud.
a vivir.
(Narciso puede haber notado la ausencia de Beatriz, con las
escenas del caso). (Se debe insistir en el primer da de jangada
y en esa maana, en algunas escenas de nobleza de Orgaz con
cualquier motivo, para contrarrestar la impresin del pblico por
los actos de extremado carcter de aqul, y a fin de que Beatriz
los observe sin quererlo ella misma).
La jangadilla se pone en marcha, a media noche. Apenas sostiene a los viajeros. Los hombres pisando agua, y unos cuantos

-294--

f: 29

11

palos para Beatriz. Al rayar d -da, los viaJeros tienen el agua' a


la rodilla. (Si se pesca un da de tormenta,- mejor). Los sacudones
o la premura para fabricar la jangadilla aflojn las tacuaras. Esce-nas nutridas de la inquiet~d y luego desesperacin de los vaie_ro_s.
Llega un momento en que aperias -hacen pie. Beatriz, domada~ de
miedo, se abraza a Orgaz. La _corriente se mantiene inexorable
en la canal. El pen viejo y fiel (haber acentuado-la debilidad
del pen antes), pierde las fuerzas. Tarea heroica de- Orgaz para
contener la desesperacin de Narciso, proteger a Beatriz, sostener
en lo alto- a Cay, etc. Al fin-, isla y banco l e arena a la vista.
A1I va la corriente. Pueden darse por salvados. Be-atriz solloza
entonces sin saber lo que le psa, bien recostada en el hombro de Orgaz. Pero el herido se le escapa en la corriente, cuando ya van a pisar
el banco. Orgaz titubea entre seguir protegiendo a Beatriz o lanzarse tras Cay. Opta por lo primero; 11 Beatriz, romntica y
heroica con su hombre) ha seguido con inquietud su titubeo. Tal
vez hubiera preferido verlo naturalmente a. Orgaz tras el pen.
Todo es rpido, sin embargo. Deshecho de~ fuetza,s, extenuado por
la lucha de veinte horas, apenas ha puesto Orgaz en salvo a Beatriz, se lanza a la corriente tras Cay. P~ripecias, casi ahogo doble
(tal vez complicain con otro peligro: ra)~a, remolino) (esto
sera lo ideal, por el aspecto de tales remolln()s =de un metro de
hondura). Juego fisonmico de Beatriz._ Orgaz .[Link] al fin con
el. pen, pero cae. Ambos desmayados. Profunda inquietud de Beatriz, va de uno a otro, desesperada. Orgaz vuelv:e en s, pero est
totalmente extenuado. Muerto de sed, a pesar de haber bebido
bastante en el ltimo episodio; fiebre. Beatriz corre al traerle agua
en las manos. El herido vuelve a su vez en s. Ternura profunda
de Beatriz al ver el cario del viejo pen por Orgaz, que ha dado
casi su vida por salvar a un simple malhechor que est casi moribundo. Arrastran a Orgaz bajo un arbusto. La fiebre aumenta,
delirio. .(El autor conoce pahno por palmo el banco de arena y la
isla adyacente en que se desarrollan las- ltimas ~scenas).
Recorridas del banco y la isla en busca de algo que comer,
secado de ropas, etc. Afliccin profunda de todos por Orgaz~ El
viejo pen, en particular, con el efecto romntico- del caso pra
Beatriz. Esta no quiere apartarse de su lado. Contiene _su delirio, le
pasa la mano por la frente, se arranca un -pedazo de pollera para
poner paos en la frente al enfermo, etc. La ropa de los individuos
es de perfectos nufragos.

_f. 30 //

f. 31_ //

De noche, angustias de hambre, que Beatriz sofoca. Orgaz,


peor. Fiebre de muerte. Pen viejo dice a Beatriz que l conoce un
yuyo para la fiebre, etc. Beatriz corre con el hombre a buscar por
la isla, atraviesan el angosto canal, .se. espinan, en vano. Noche
dura. 11 Al da siguiente, Orgaz recupera el sntido. Lo primero
que ven sus ojos es a Beatriz que lo sostiene en brazos, muerta
de ansiosa zozobra. Orgaz est salvo; pero con. la situacin de
nuevo normal, torna Beatriz .a retraerse. En diversas escenas simulan ambos naturalidad.
Ambos ahora procuran salvar a. Cay, con -cuidados que Beatriz disputa a Orgaz.
Por temor de ver defraudadas sus ltimas esperanzas de inocencia de Orgaz en el asunto obraje, Beatriz no ha querido infor. marse en lo ms mnimo de lo sucedido, preguntndoselo al viejo
pen. Ella cree, por lo dems, que su padre debera estar ri la
correra del interior del obraje, fuera del alcance de los peones.
Dos das ms pasan. Situacin de nufragos, en ropa, hambre, quehaceres, etc:. Miradas constantes a} ro. Por fin aguas arriba
se -ye el ht~mo- de un vapor. Gritos, llanto desesperado de emocin,
descarga de nervios y quin sabe qu ms, de parte de Beatriz.
_ Seales. El vapor llega: es el mismo que remont das atrs
_y que enterado del asalto en el lugar mismo de la accin, ha virado
aguas abajo en persecu~in de los prfugos. Viene comisario, etc.
Nada de bueno espera a aqullos, y Orgaz lo sabe. Tambin
.sabe Beatriz que la vida de- Orgaz est en el tapete. Estudio fisonmico. Dilogo de Orgaz con Cay, que pide lo oculten en la isla.
An curndolo todava, Orgaz dice que no: le evit una vez caer
en manos de gentes irregulares. Ahora el caso es distinto. Dilogo
de efecto aqu, pues l dar la piedra final de toque para apreciar
y hacer ms simptica la figura de Orgaz, a efectos del pblico
conservador:
-Librame, che amigo! Por segunda vez te lo pido!
-No.
-Haceme bandear a la isla! (Pausa) Me libraste una vez,
para entregarme ahora! -Es distinto. Pero antes no comprendas lo que _l]abas hecho.
Ahma es nece-1 lsario que pagues tu culpa.
.
Escenas, etc. Pero la lancha destacada del vapor se acerca ya.
Orgaz y Beatriz, juntos y mudos ambos, el ceo contrado vuelto
al ro .. Orgaz:
-Ya se acercan. . . Debemos separarnos.
~296~

f. 32 //

(.Pausa); Beatriz, sin mirarlo, sufriendo Jo que: se comprende


por no poder amar claramente:
-cY Ud.?
-Yo corro mi destino como cualquier otro. . . (pausa) e Sentir Ud; luego recordar estos das qtie hemos psado juntos?
Ella, atormentada y sin mirarlo siempre, despus de largo rato:
_:_No s! ... (rpida): No me pregunte ms!... (llevndose las manos a la cara): Quisiera haber inuerto mil veces, antes
de . .. haber hecho este viaje!
Orgaz, sin querer forzar la situacin
-Ya estn aqu, de todos modos .. : (A ella, como hablando
consigo mismo):
-Y de todos modos, ha visto Ud. cosas que [Link] ...
Ella, dolorida hasta el fondo del alma; con:- amargo gesto, pues
en eso que no se sospecha, deja su alma entera:
-Oh, s! ...
Se vuelve brusca y le tiende la mano; sin mirarlo:
-Adis .. .
-Adis .. .
Les cuesta soltar la mano. Pero apenas llegan -los individuos
Beatriz se entera de que su padre est a bordo, -convaleciente de la
hrid, etC. Corre a bordo. En la playa, Comisario; capitn y JJ:?.arineros se apoderan de Orgaz, Cay y el pen. Compadradas del caso
de Comisario, sobre todo con Orgaz. Este deja llover nci ms. En el
camarote (o en el saln del vapor) idilio de hija y padre. Beatriz ve
pasar presos a Orgaz y los otros. Angustia, que el padre desborda
informndola de que no queda[n] sino cuatro tiros para esos bandidos, etc. Dilogo vivo, con cortes a Orgaz arrollado con esposas
y evocacin de pantalla de la escena de la picada, etc: Beatriz, explotando al fin: 11

-No! Pap! Orgaz! No quiero que lo maten! El no


hizo nada! Pap, lo van a matar!!

-Y no me importa! Todos son ms criminales que l! Yo


lo he visto, pap! Orgaz, Orgaz!!
-Miserable! cEs posible qt_te ests enamorada de un mens?
-Y bien, s! Lo amo, porque lo he visto! Porque es un
hombre! Lo amo, oyes? Y lo quiero con toda el alrrw!
Etc. etc. Se hace subir a Orgaz al saln, maniatado, con
algn golpe o reguero de sangre para el caso. Le hacen preguntas,

-297-

que l respnde con calma, y- sin" parecer e notar la presencia de


Beatriz. Ella sofoca su desesperacin delante d_e todos. Dilogos de
acusacin por lo pasado, que Orgaz restablece _en su verdad, sin
qcusacin a nadie.
-,-Pero has visto eso? Quin .responde de lo que decs?
-.Mi palabra,
-,Tu palabra, canalla? .. Nada ms que tu palabra pods
dar en descargo de tu crimen?
Orgaz no responde.
-Bueno,.-: )ia ests ha]anc{o, canalla; a reCibir cuatro tiros . ..
Momento de pausa; cuadro de actitudes y detalles de expresin. Beatriz siente que el mundo se desploma. Orgaz, con sutil
calma:
-Es posible, sin embargo, que este papel me libre. . . (por
el momento) . . . de los cuatro tiros . ..
Tableau. De cualquier matecito o vehculo de color local,
Orgaz saca un papel que tiende mudo al comisario. Este lee:
Ministerio de Obras Pblicas- Por la presente,-se pide a las autoridades de la N acin que presten los servicios d-e -cualquier carcter
que solicitare,. al ingeniero julio Orgaz, en misin reservada del
M. D. O. P.
. .....
.

L 3.3 //

f. 34

11

reconoce a Orgaz, y saluda a su vieJo hermano y nuevo patrn


con grandes aclamaciones de alegra. Orgaz y Beatriz se apartan
un instante 11
Orgaz, sealando :
-Es aqu donde hacemos falta. . . y ahora te tengo a ti.
Compaeros de lucha? Sin duda; siempre unidos! Y amor
no? Esto antes que todo! Beso final, con fondo de alegra en el
obraje a travs de los pasadizos del vapor.

FIN

Original dactilografiado con enmiendas manuscritas del autor


( 34 hojas); el texto ocupa uua sola cara; papel sin filigrana; interlnea: 6 mm, En buen estado. 279 x 220 mm.

Mayor cuadro an. Estupefaccin; grito de Beatriz que se


lanza /1 a sollozar de dicha contra el cuello de su padre. Escenas
finales, etc. No hay beso an.
(Puede hacerse una breve escena en Buenos Aires, entre el
ministro y Orgaz, quien entera de la cosa al otro. Muy breve esto,
y slo para satisfaccin de algn pblico).
La ltima _escena figura a bordo, con Beatriz y Orgaz en la
borda. Slo que ahora Orgaz vaen traje muy urbano, e irreprochablemente vestido, para goce romntico. Dilogo. Estn llegando al
obraje de Elsy. Algn paisaje magnfico, de fondo de los dichosos
novios. Remontan de nuevo el Paran, que poco tiempo atrs bajaron en qu terribles condiciones.
Es<:;enas de terrmra y su tant_o de m'dancla ante un punto
..
de vista que ambos recudan cuando bajaban .. Cmo sufran
entonces!
Llega Elsy, contento. Ya van a atra:c~r qr puerto. Dilogo,
donde se ha:bla de que Orgaz va a dirigir ahora:el obraje. Con el
conocimiento que l tiene ahora de los peones -Orgaz es o fue uno
de ellos- las cosas marcharn. Simpatas entre los mens? ...
Al parar el vapor la peonada, que se ha vistg 111over en la playa,

-298.-

-299-

- ---- .;;- ...

~"""

CRNICAS DISPERSAS
DE

HORACIO QUIROGA


1
1

[A- En CARAS Y CARETAS (Buenos Aires):]


LOS ESTRENOS CINEMATOGRFICOS
[I

Mae Marsh - William Hart

Muy poco nos ha revelado la ltima semana, si no es restar


un poco de gloria a los grandes ases del film. Mae Marsh y William Hart han hecho lo humanamente posible para salvar sus respectivas cintas; pero la inutilidad del empeo pone una vez ms
de relieve esta verdad absoluta: de un buen drama siempre queda
algo, a pesar de la mediana de sus intrpretes; pero no hay estrella
ni sol capaz de salvar un film, si ste no tiene otro exclusivo objeto
que lucir a tal o cual actor. As hemos visto decaer y caer del todo
a otros de innegable valer, por el malsano concepto de que un
intrprete de arte pueda dar sensacin de arte all donde no lo
hay. Y lo lamentable en estos casos es que actores de la talla de
la Marsh y de Hart, no marquen una hermosa excepcin.
El honor del sur - Goldwyn

Pertenece esta cinta al gnero de films deportivos, que parecen haber sucedido a los policiales. Con menos recursos de efecto
que stos, las ya numerosas cintas de sport no han encontrado
hasta ahora ms que dos resortes de emocin: el boxeo, en menor
escala, y las carreras, que aseguran un xito momentneo al final
de dichas cintas. Ya se ve: escenas de hipdromo, desfile de caba..:
llos, boleteos, vrtigos de velocidad en los cracks, todo esto dice
bien claro que el gnero deportivo no ha hecho hasta hoy sino
explotar una debilidad internacional, y tan a flor de emocin que
el pblico, excitado en un instante, cruza apuestas y rompe en exClamaciones de pista. Hasta hoy, repetimos, los productores de
cintas deportivas se han contentado con este fcil y flaco triunfo.
El jugador convertido - Triangle

Estrenada en 1916 en Nueva York, han pasado tres aos


antes de hacerse conocer aqu. Por qu? No lo sabemos. Acaso

-301-

por su pobreza extrema, sin que la presencia de Charles R~y: secundando a vVilliam Hart, mitigue aqulla en lo ms mlmmo.
Un jugador en los poblachos del Oeste, cuya dureza de ~l~a se
ha templado en su infancia en el odio a la religin y sus mm1st_ros,
y que al primer tropiezo con un pastor protestante, cae convertido.
No hay otra cosa en el film entero, ni es otro, como se ve, s~lv_o
variante, el asunto de otra cinta del mismo Hart, estrenada ult1~
mamente: Yates el egosta. El mismo ambiente, los mismos tipos,
igual finalidad. Pero mientras en El jugador convertido ni d ambiente ni los tipos tienen relieve alguno, en Yates hay lo qu~ se
llama un carcter sostenido, del principio al fin. Esta personalidad
de gran energa, y no otra cosa; es la que autoriza el desarr~llo
del drama. Por donde se ve que William S. Hart hace un desluc1do
personaje en El Jugador, porque el drama es ~alo; y :1- mismo
Hart, con idntico juego de escena, crea un tipo admirable en
y ates, porque el drama es bueno. N o es otro el motivo. de las tres
cuartas partes del xito o fracasos en la pantalla del fzlm.

ojos, boca, frescura, sensibilidad arrobada y arranque pasional.


Es nuestra, podemos admirarla, absorberla cuarenta y cinco minutos continuos. Ni un rincn de su alma nos queda oculto. Sabemos
de cunto es capaz y descubrimos los ms ntimos hilos -de su
seduccin. Vive para nosotros, nos adelanta un entero poema de
amor (las cintas de las actrices preferidas son siempre de amor),
a la distancia que media: entre nuestras pestaas y la extremidad
de las de ella. N a da, pues, ms natural que salgamos de la sala
con la cabeza clida, y el corazn, el viejo corazn de los engaos,
latiendo lentamente un comps de tarda dicha.
Pero -Dios nos perdone esta constante preocupacin,- nada
distinto acaecera si la hermossima chica que pasa, que cruza,
que baja del tranva, nos otorgara noche a noche el inefable don
de prestarse cuarenta y cinco minutos a nuestra contemplacin,
vidrio de por medio. Con muchsimo menos tiempo que el que nos
depara el cine, podramos, aqu en Buenos Aires, dejar dichosamente quemar nuestra alma, ala por ala, ante los celestes ojos
de modeStas estrellas particulares.

Variedades

El Esposo de D. Ph.
Ao XXII - N9 1105 - 6jXIIjl919.

A qu se debe el particular encanto que despiertan y ejercen


las estrellas del cine? A su hermosura?
Sin duda; son, en su mayora, muy bellas. Pero debe de intervenir otro factor, que vale la pena aclarar.
Alrededor nuestro, a nuestro lado, viven y laten mujeres de
inexpresable encanto, que un da cruzaron la calle o pasaror: en
tranva; dejndonos en el alma el relmpago de ~na demasiado
brevedicha. Da a da, hora a hora, el deslumbramiento se repro~
duce, y reconocemos de buena fe que la Dalton~ la Burke, la
Harris, no podran soportar sin esfuerzo un parangon con la adorable personita que pas hace un momerlto a nuestro lado.

Por qu, pues, la profunda ola de amor por las estre~las


mudas en que se ahoga y contina ahogndose el alma mascu1ma
de las salas de cine?
Por esto, y he aqu la razn: porque la herm~~a chica que
toma: el tranva se lleva con ella el tiempo que hub1eramos necesitado para adorarla. Fue nuestra estrella de B:ln ::n solo segundo,
y la adoracin, ya a puerta de alma, se extinguiD con su breve
llama.
Pero la estrella de cine nos entrega sostenidamente su encanto, nos tiende sin tasa de tiempo cuanto en ella es turbador:

Uno solo, en realidad, ha llenado el cartel: La venganza de


]efferson, de Hart. El solo anuncio de una cinta de este actor es un
acontecimiento cinematogrfico. Bien lo merece Hart, pues excelente o mediano -difcilmente malo-- un film suyo tiene el mrito de poner ante nuestros ojos algo de que ya vamos perdiendo
memoria en el cine: un hombre, total y cabal.
Ignoramos qu idea tena Digenes del hombre, ct1ando lo
buscaba con una linterna; pero con. seguridad no es un lindo
jovencito de ojos pintados, cuello pintado, .boca pintada, y retocado y disimulado lo que ha sido eternamente caracterstico del
hombre: el tipo viril.

-302-

-303-

[ II]
Los estrenos de la semana

Hart pasa: los lmites de lo aceptablemente feo, aun en un


varn. Ni su figura ni sus modales tienen nada de seductor. Es
franca y sinceramente tosco. Es tmido con las mujer:es, pues se
reconoce incivil, rudo y. feo. Cmo, pues, y por qu las mismas
mujeres se sienten tan felices ante la figura de Hart? Porque ese
hombre desaliado encarna con vigor extraordinario la energa, la
voluntad y el carcter, hondas caractersticas del corazn viril,
y que no es comn hallar tras na boca pintada de hroe elegante.
Ese . ru_do varn encierra, en su spera corteza, profunda ternura.
Es ste el aspecto romntico de su personalidad, y .la causa de la
seduccin de alma, de inteligencia, de carcter, de lo que se quiera;
pero no -Dios nos guarde!- de cabellos lamidos -_o smoking;
bien cortados, xitos de sastrera con que los jvenes ases del filin
vienen ensombreciendo el concepto del varn.

~ue~aba burl~do por l~s malhechores: a la polica no se la engaa


Ja~~ En [Link], e;Idente obra artstica, no se oblig a llamar

aszatzco ~ . un Japones, porque desempeaba un feo papel? No


se puso dificultades al Conde de M antecristo, a causa de los abusos
de poder del seor de Villefort, y de la detencin arbitraria de
Edmundo Dants?. . . En Civilizacin, obr~ francfila americana
se impidi a Cristo decir a sus discpulos: "La paz sea con vosotros':.
-Alusin, alusin ... En Arriba los muertos!, film patritico la
censura prohibi, en una escena que se desarrolla en Lourdes' la
leyenda: "Delante de la gruta sagrada". Hubo que poner: "Del~nte
de la gruta", nada ms. Pero sera menester citar y citar ...
Con lo transcripto basta, no es cierto?
Por gran dicha, nosotros no hemos tenido guerra; pues dada
la sutileza edilicia, ignoramos si aun nos hubiera sido posible apuntar esto ...

Variedades
La censura en el cine. - Su resultado normaLparec:era ms
bien. dramtico, pero casi siempre es risible. Vase, si no, lo acontecido en Francia en el transcurso de la guerra donde la censura
--el cine no poda escapar- alcanz9 proporciones inconmensurables. Por ejemplo, se prohibi el film Poil de Carotte, en que
figura un matrimonio desunido porque en Francia no haba malos
matrimonios durante la guerra ...
Pero dejemos la palabra al crtico francs de cine, seor
Diamant~Berger: " ... Se prohibi a Abe! Gance, en lvfater Dolorosa, mostrar una mujer enamorada de su cuado".
Qu relacin puede tener esto con la guerra y la situacin
militar o diplomtica? Se prohibi enunfilm cmico mostrar [a] una
mujer bebiendo en el mostrador: las mujeres no beben durante
la guerra.-Se prohibi Noventa y Tres, de Vctor Hugo, y Madam1e
Tallien, por. Lidia Borelli. En un film americano, Violencia, en que
un--hijo -perseguido mental.,- mata a su padre en el transcurso
de una reyerta, se oblig al alquilador de la cinta a explicar en
una leyenda que el padre .mora de muerte natural. La escena siguiente pasaba en los tribunales,- y el pblico, idiotizado de sorpresa; se preguntaba por qu el hijo compareca ante los jueces,
cuando el padre haba muerto de un ataque de apopleja. Se neg
.el :visto bueno -a. un film americano, gnero Far-West, porque el
magistrado perdonaba por su cuenta y riesgo a un criminal arrepentido, y se prohibi otro film porque el sheriff, durante un rato,

-304-

[sin firma].
Ao XXII - N 9 1107 - 20/XII/1919.

[ III]
Las estrellas del odio. - La seora Vicky Van
Este film de ltima data marca un nuevo triunfo para Ethel
Clayton, que sera total si el carcter de la protagonista encuadrara ms en la modalidad de la actriz que la interpreta.
. En efecto, hay en La seora Vicky Van ligereza de nervios,
d~abluras de locuela desposada, todo precisamente lo que no condice con el temperamento de Ethel. La seorita Clayton no es una
actriz de tragedia, pero muchsimo menos de comedia. Brilla en
las situaciones tormentosas, sin llegar al crimen, y en los momentos de pasin, sin llegar al llanto de dicha. Siente hacia adentro,
al igual de Gloria Swanson, con quien comparte la maravillosa
facultad de expresar el odio, el despecho, la incomprensin dolorosa. Ambas lloran mal; ni una ni otra saben reir. El torrente de
felicidad o dolor corre e invade el alma; pero la ola de reflujo
no llega hasta el rostro: queda detenida en los ojos que le sirven
de dique.
'

-305-

De aqu la extraordinaria vida de este hermoso par ?e OJOS,


cuando el alma que los anima est soportando un excestvo torme:nto: amor que se confunde con el odio, y despeCh<Y que est ce!)
un tris de convertirse en amor.
En el film Almas que vagan, de agradable recordacin; la
seorita Clayton hall este marco acque nos hemos referido. Ojal
la suerte nos depare otro igual.

fanaciones .. Vaya <:omo ejemplo de esto ltimo Safo, de Daudet,


donde el director de escena ha concluido la cinta haciendo entrar
a la cortesana en un convento, para halago de la moral ...
Pero aun as, la -mina no es inagotable, V el asunto del autor
cinematogrfico va cobrando angustiosa imp~rtancia. Es una loc~ra poner;e. a corregir y retocar obras de otro carcter que el
cmematografiCo. Por esto nos faltan autores exclusivos de la pan~
talla, y para esto es menester pagarlos bien.
e

El Esposo de D. Ph.
Variedades

Ao XXIII - N

1109- 3/I/1920.

La muerte del drama cinematogrfi_co

La produccin de films est a punto de sucumbir por escasez


de asuntos. El clamor es muy vivo en los centros manufactureros.
En trece o catorce aos de produccin febril, no hay tema ni escenario que no haya sido utilizado en 100 cintas. Estar, pues,
agotad la cracin artstica en el cine? Parecera que no, si hemos
de creer a los entendidos. Para stos, la causa nica de la insulsez
de la in~nsa mayora de los films actuales est en que las empresas no pagan como es debido los asuntos, bien que pongan el
grito en el cielo considerando la pobreza de los que les son p~esen
tados. Pretenden acaso dichos seores hallar rastros de gemo en
obras que compran a cincuenta:o cien pesos? Se imaginan que su
papel es esperar el talento, sin comedirse a buscarlo, o por lo menos
a estimularlo? _Hay ideas_ esencialmente cinematogrficas, como
hay ideas esencilmente teatrales o librescas. Pero tal como son
pagadas, no vale la pena buscarlas.
- __ La mayora de los asuntos actuales- representan, cuando Jo re_~
presentan, el esbozo de una idea; no se encuentra en ellos ni psicologa
en los. personajes, ni justeza en los tulos, ni situaciones realmente
nuevas llevadas con arte ni mucho menos desenlaces reales.
De aqu_ proviene el xito de las adaptaciones; la obra de
teatro, la: novela, elegidas para ser adaptadas, son generalmente
una obra estudiada, escudriada, donde todo el traba jo preparatorio
del film ha quedado inconscientemente establecido, y del cual al
director slo le resta aprovecharse. En tales obras hay ambiente;
hay -una idea, situaciones bien definidas por artistas conocedores
'

<

'

del pblico.
- De aqu que los empresarios hayan tomado la costumbre de
comprar a los autores el derecho de adaptacin cinematogrfica de
sus obras; lo cual nos ha valido asistir a bellas cosas y bellas pro-,

[IV]
Las cintas mediocres - Efectos de la superproduccin

Muy contadas impresiones de arte nos ha dado la ltima semana cinematogrfica. ELms sonado estreno puede ser En articulo
de muerte, con Vivan Martin de protagonista. Y el film est a una
legua de ser. extraordinario.
Veamos ~ gracnds [Link] su asunto: Ante la amenaza de _per~
der la herencia paterna, s1 no se casa, un gran seor libertino con~
trae enlace in artculo mortis con una chica lugarefia, cuyo padre,
herrero: .debe grandes fa:~res al seor. La chica (Vivian Martih)
se sa.c;TIca por .deber f~al, y con su propio sacrificio sacrifica
tambien ~ su ~ovw, un peon de campo ( Harrison F ord) . El gentilhombre libertmo, que gusta en realidad de su rstica esposa, se
esfuerza en vano en cumplir sus deberes y derechos de esposo
pues la pequea esposa se obstina en no reconocerlo como tal:
ella se cas in artculo mortis, y nada ms. Si el moriundo revivi
Y exige su amor, ella no est dispuesta a concedrselo. Pero he
~qu que el pastor. que ~os- uni en matrimonio no era tal pastor,
smo un contrabandista disfrazado de ministro protestante que hua
'
de la [Link] contrabandista es al final preso, denuncia su actuacin en
aquel mat~m~~o; y el gr~n seor libertino, que hasta entonces y
~esde el pnnCipiO de sus dias no haba sido ms que n mal sujeto
mmoral y. bebedor, hete aqu que dicho sujeto, en un earranque
de generoSidad, echa a su esposa ene bra:?OS de Sti nov-io. Teln lento:
--307.~-

Nos hemos detenido un tanto en el asunto de esta muy medio~


ere cinta, porque ella es la expresin fiel de un nmero desgr~cia
damente considerable de films cuyo argumento sufre la rmsma
sbita cojera, la misma imprevista ruptura de su eje central.
En principio, sin embargo, cabe preguntarse: ~or qu el
autor de En artculo de muerte no sostuvo hasta el fmal el carcter de su protagonista? Le hubiera sido tan difcil orientar. el
drama hacia un desenlace que no desmintiera la actuacin antenor
y total de su libertino personaje? Qu razones. (si no, son las
derivadas de la pobreza mental del autor) puede mvocar este para
disculpar el sacrilegio escnico de imponer de ~olp~ y porrazo un
corazn de oro a un pillete que desde que se Ilumma la pantalla
no ha dicho palabras ni ha obrado actos que no fueran los ~e un
pequeo miserable? Qu idnticos mot~vos ~ueden tener l~s mn~
merahles libretistas de los incontables f!lms msulsos, para JUgar a
las escondidas con la ms elemental psicologa? En el 80 por 100
de las cintas -sea cual fuere su marca- venimos asistiendo a estos
trastrueques de modalidad de los personajes: pobres, di~blos co?-vertidos de golpe en seres de carcter; generosos ~n sord1dos: rmserables en apstoles, y cuanto sea posible concebir de gratUito, fa~o
y desconcertante. Lo que menos se puede exigir en un personaJe
cualquiera de novela, drama o film, es que responda a un~ determinada lnea de psicologa. Un cuerdo, que se nos mostr~ como
tal en toda la cinta, no tiene por qu (y, sobre todo, al fmal de
la obra) hacer de repente cosas de loco, ni un loe? incurable puede
recobrar sbitamente la razn en el desenlace, SI el autor no nos
ha aprestado a esta posibilidad en el transcurso del drama.
A qu obedecen estas continuas sorpresas de muy mediano
gusto? Sin duda alguna a la superproduccin de estos ltimos aos,
que exige libretos y asuntos con urgencia febril. Si la empresa ms
desacertada en sus films se concretara a lanzar slo una docena de
cintas al ao es casi seguro que las doce seran buenas. Pero son
'
cientos y cientos
los films estrenados al ,ao. Cmo no conce~1r,
ante este despilfarro de argumentos, qu doscientos de entre ellos
sern malos, cien pasables, y slo veinte o treinta expresarn una
idea artstica, honradamente planeada y realizada?
La nica defensa de los libretistas desconcertantes sera sta:
"Conocemos nuestro pecado; pero el pblico, el grueso pblico que
es el que llena las salas, pide siempre un final de efecto; por esto no
nos cuidamos de la verdad".
Lo que no es cierto. Porque si se recuerdan los grandes xitos
del film, se ver. presto que el triunfo de los mismos se debi
~308~.

exclusivamente a dicha verdad psicolgica, que es tan cmodo ,


negar al libretista incapaz de sostenerla. Alguna vez lo hemos dicho
aqu mismo: de dos cintas de argumento, ambiente y personajes
casi iguales, una de ellas va al fracaso, aun ante el mismo grueso
pblico; la otra obtiene el triunfo. Ejemplo son El jugador convertido y Y ates el egosta, ambas de William Hart. Pero en la
primera, el fracaso se debe a que los personajes no tienen vida;
y el xito sonante de la segunda responde a que esos mismos personajes piensan, hablan y obran conforme a una modalidad rigurosamente delineada -lo que constituye la verdad de que venimos
hablando.
El Esposo de D. Ph.

Ao XXIII - N9 1110 - 10/I/1920.

[V]
Los inadajJtados - Tirana - Dorothy Dalton

Segn indicacin del ttulo y de dos largas leyendas iniciales,


se trata de la tirana impuesta a los seres dbiles por el abuso de
la fuerza. Pero basta que uno de estos seres dbiles se d cuenta un
da de que el valor es cuestin de voluntad, y que el miedo se destierra con slo querer desterrarlo, basta esto para que el msero
adquiera de repente la energa que le faltaba para romper sus cadenas. El plan, como se ve, es_ heroico. Veamos cmo se realiza:
La escena, en el Canad. Una suave chica (Dorothy Dalton),
de voluntad entorpecida por las leyes de familia, en que la opinin
del padre es omnipotente, es entregada en matrimonio a un rudo
cazador, cruel, borracho y miserable por los cuatro lados, quien
representa un partido en aquellas alturas. La noche de bodas es
interrumpida por la llegada de otfo turbio personaje, propietario
de un saln de baile, el cual seducido por la virginal belleza de la
muchacha, compra al marido el derecho de convertirla en una de
las bailarinas de su bar. Dicho y hecho: la chica ingresa en el
bar, donde por un largo tiempo ( !) se mantiene pura; hasta que
la presencia de otro mal personaje, que gana a la muchacha a la
ruleta contra una suma de dinero, decide la catstrofe. El nuevo
propietario de la chica quiere llevarla; ella resiste, muerde, implora la compasin del pianista, que es un buen muchacho viciado

-309-

por el alcohol, y el que le desliza un revlver. Pero el comprador


ha logrado arrastrar a su presa por la escalera; nueva lucha en el
corredor de altos, que concluye con la cada y la muerte del comprador. El dueo del bar sube enfurecido a maltratar a la muchacha,
cuando sta, enloquecida de miedo, hace fuego y hiere a su perseguidor. Y en este momento, ante el terror del miserable y de
todos los parroquianos dominados por el revlver que an mantiene
apuntando, la muchacha, esclavizada hasta entonces por el miedo,
se da cuenta de que el valor consiste en tener una pistola en la
mano y la cobarda en no tenerla. He aqu explicados el ttulo y
las dos conceptuosas leyendas iniciales. Parecera, sin embargo, que
ttulo y leyendas planeaban la reconquista de valores morales, por
medios tambin morales: voluntad) personalidad, querer) y otras
virtudes subrayadas. No hay nada de esto, sino lo que es sumamente raro no hubiera aprendido desde la cuna una chica nacida
en aquel rudo medio: que una mujer armada se impone a cualquier
hombre sin armas. Mas el drama contina, y en el resto de l
la muchacha se retira del bar a vivir como buenos amigos, aunque
se aman, con el pianista arrancado al alcohol que lo dominaba;
la muchacha propone su propio sacrificio al dueo del bar para
adquirir un atelaje de trineo; obtiene el trineo sin sacrificarse, y
lo entrega al pianista, quien va a alejarse de aquel ingrato pas,
cuando a la puerta de la choza encuentran el cadver del marido;
Y. como el marido era el obstculo para que la muchacha no entre~
gara su corazn a su amado, puede ahora hacerlo sin desdoro.
Es lo que hace, la joven casada -virgen- y viuda, y el teln cae.

La seorita Dalton pide paswn, juego abierto de contrastes,


no insinuado, sino marcado violentamente. Qu se le da en cambio? Los mismos asuntos y los mismos papeles, :relativamente, que
han desviado a tantas otras estrellas, transmutando la serena natu~
ralidad de Walhs en febril gesticulacin, y la discrecin elegante
de Wallace Red, en lamidas tonteras para chicas de catorce aos
o seoritas de cuarenta.
Pero hemos de volver otra vez sobre esta aparen!e agori
de las estrellas cinematogrficas.
-El Esposo de D. Ph.
Ao XXIII - N 9 1111 - 17 JI/1920.

[VI]
Las cintas en seri

La seorita Dalton no tiene suerte con sus directores. Rara


vez est en papel, a pesar de que su belleza total -y la muy
caracterstica de sus ojos- evitan que la imaginacin se aparte
un instante de su figura. Pero queremos creer que no todos los
espectadores son hombres. Y aun nosotros observamos esto: que
desde Rosa de fuego y El diez de diamante) son contadsimas Is
cintas adaptadas al temperamento de miss Dalton. Es voz sonada
que la artista decae. No decaer, mejor, el tino de sus directores?
Por qu y cmo una actriz en pleno vigor va a constituir un
fracaso constante, cuando Rosa de fuego tiene apenas dos aos, y
la seorita Dalton slo dos aos ms de edad? Rosa . de fuego
debi servir de troquel a los directores de Dorothy en sus films
sucesivos.

N o escapa a nadie que el motivo de diluir en muchos actos


un largo edrama cinematogrfico ~como si dijramos los captulos
de un folletn- es sencillamente asegurar un pblico sostenidQ,
gracias al inters encadenado de dichas series: Pero he_ aqu que
los complicados novelones del principio, casi siempre policiales,
concluyeron por cansar: el pblico en general, cada vez mS educado. n sentimientos de arte, no se satisfaca rris con. intrigas e
incidentes- a cual ms descabellado .. Buscaba, en una palabra, i~
vida del drama y no su representacin escueta. Las empresas cine~
matogrficas lo comprendieron muy pronto, y el resultado ha sid~
el siguiente: que los desacreditados films en serie son, hoy por
hoy, muy superiores a la gran mayora de las cintas llamadas serias.
En qu reside esta superioridad? En lo que acabamos de anotar
ms arriba: en la vida de los personajes, de su carcter, de /su
accin. No importa que la cinta en serie sea pobre en intriga e
incidentes; la cuestin es que tales incidentes estn riguroSamente
deSarrolla,dos, aun excesivamente desarrollados.
Acechando, persiguiendo, devorando kilmetros a toda ca~
rrera durante un cuarto de hora o en l acto en-tero, el paisaje,
los personajes y el drama cobran una vida que intilmente buscaramos en muchos estrenos retumbantes. :Puede haber en dichas
series exceso y repeticin de movimientos, sin contar los gruesos
efectos. Pero as y todo, se encuentra en ellas una cosa que se va
perdiendo: la energa del tipo y de .la accin. Adase ahora la

-310-

-:111.-

presencia de reales estrellas en las cintas en serie de hoy -tal


Priscilla Dean, para no recordar sino a esta personalsima artistay veremos cun lejos estamos del principio.
El film en serie es un hallazgo cinematogrfico, del que no
se ha sacado todava sino un msero partido. En poder de un
Dumas de la pelcula -que no ha surgido an- y de actores de
primera, tal folletn cinematogrfico abrasara a la sala de un verdadero soplo pico de accin que, dicho sea entre parntesis, se
suele sentir ahora mismo en ciertos episodios.
Los ttulos de las cintas

Es poco comn que la traduccin espaola de los ttulos se


ajuste al texto ingls. Casi siempre el ttulo espaol es ms llamativo, ms dramtico, ms anunciador, en fin. La causa la ignoramos; a no ser ella el convencimiento, en las casas del ramo, de que
nuestro pblico necesita sal gruesa para que despierte su inters.
Pero no siempre gana la traduccin espaola en promesas melodramticas. Va[n]se, si no, unos cuantos ttulos de cintas estrenadas
el ltimo mes y a estrenarse en estos das. Los primeros corresponden al texto ingls, los segundos a su traduccin literal, y al ttulo
con que se nos ofrecen, los terceros.
Molly entangled. Molly enredada. En artculo de muerte. The protector. El protector. La convicta 777. - Don't change you
husband. No cambie su marido. A los hombres- Pan. Pan. Los ojos
de la inocencia. - Hands up. Manos arriba. El pacto de tres. - The
long arm of Mannister. El largo brazo de Mannister. El moderno
Montecristo. - Dakota Dan. Daniel Dakota. El convertido.
Como se ve, predomina el elemento sentimental en los nuevot:
ttulos: Los ojos de la inocencia, etc. No nos explicamos en cambio, ni aun desde el punto de vista cursi que nos atribuyen los traductores, el porqu de los tres ltimos ttulos espaoles, siendo as
que la versin literal del ingls es bastante ms enrgica, y llamativa, por lo tanto. Sera de desear un poco de discrecin en todo
esto, siquiera por el buen gusto.

denbergh, misionero y hombre de ciencia que lleva nueve aos en


Uganda.
En el escueto programa que llega a nuestras manos, se habla
de films de etnologa y antropologa, en cooperacin con el Museo
Norteamericano de Historia Natural. Pero no es fcil que una
empresa de divulgacin artstica -como la Paramount y similaresno suee tambin con aprovechar el riqusimo material de las selvas africanas. El territorio de Uganda, sabido es, es la ms poderosa
reserva de animales salvajes con que cuenta hoy el Africa europea.
Podremos tener, pues, el film de divulgacin de historia natural,
cuya necesidad se vuelve urgente, si recordamos las muy malas
ilustraciones de los libros de texto. Ver pasar delante de nuestros
ojos una cinta estrictamente cientfica, es ya algo muy superior
a la lectura del mismo fenmeno, que hemos visto animarse en la
pantalla. Pero si esos mismos fenmenos -vida palpitante de
historia natural- estn ingeniosamente incluidos en una cinta de
arte, habremos conseguido, sobre todo para los chicos, un desidertum en pedagoga: instruir de paso, sin solicitar ferozmente la
atencin sobre un punto.
Esperemos, pues, la labor de dos aos de la Paramount.
[Sin firma].
Ao XXIII- N 9 1113- 31/I/1920.

[VII]
El Dios pagano - H. R. W arner

No sabemos a ciencia cierta qu nos ofrecer la Paramount con


su expedicin al Africa Oriental, que ha confiado al doctor Van-

Prima hermana de las cintas de ambiente similar -India y


China- que ha interpretado en los ltimos tiempos Warner, el
film del ttulo no agrega nuevos quilates a la corona de este excelente actor, que merece dos lneas.
Si no nos es infiel el recuerdo, U na jugada de bolsa es la pri
mera cinta que nos lleg de Warner. El film era bueno; pero la
revelacin de este actor era tambin muy hermosa. Perteneca la
naciente estrella a los intrpretes natos, digmoslo as, para dife~
renciarlos de aqullos que han aprendido por fin a expresar una
emocin o un pensamiento, a la larga de infinitos aos de escena.
La nica tarea encomendada a W arner era la de ser tal cual es.

-312-

-313-

El drama cientfico

Y como clicho actor tiene la admirable facultad de traspasar a


sus ojos lo que siente en su alma, dicho est que, sin esfuerzo ni
aprenclizaje alguno, la tarea le resultaba sencillsima. A este respecto cabe recordar una ancdota.
Griffith y las }.1iradas Expresivas

Entre tanto, empresarios y directores de escena. sigtien bus-.


cando por la calle, los salones y el campo, tipos de rasgos y expresin caractersticos que tendrn cabida en :una u otra cinta. Las
academias para la enseanza del arte, en furiosa boga no ha mucho,
parecen concretarse hoy da a una sola cosa: a hacer perder el
pudor de la fisonoma ante el objeti~o. Cuando el aspirante a
estrella llega a no ver ms al fotgrafo, en razn del hbito, puede
entonces dar a su expresin toda la naturalidad indispensable y
de que sea capaz. Y si en este estado,. sus ojos, en vez de espejo del
alma, no son ms que un muro vaco, cuanto pretenda sugerir el
cmico con gesticulacin de teatro, es tiempo perclido.

Cuntase que en uno de sus viajes a Pars, Griffith tropez


en la Plaza de la Opera con una joven cuya mirada clio de pleno
en los ojos del director. Griffith sufri .una sacudida y qued tan
deslumbrado por la intensidad de expresin de aquella mirada,
que corri tras la joven.
-Por favor, Mr. Griffith! -lo contuvieron sus acompafantes franceses -Qu pretende?
. _-Lo que. pretendo? -respondi el director- Pues contratarla en seguida. La expresin de sus ojos vale cien mil dlares
en el primer film.
Y cuentan que cost gran trabajo disuadir a Griffith de su
intempestivo empeo.
Esta es la ancdota. Pues bien: Griffith tena una y mil veces
razn. Ignoramos si la joven era bella o era elegante, lo que no hace
al caso. Lo que importa, a los efectos cinematogrficos, es que la
transente fuera naturalmente expresiva: sin buscarlo y sin preparacin previa. El estudio, la cultura artstica y dems excitantes
de la expresin hacen el resto; pero la fuerza primera e insustituible del actor del film estriba en esa intencin de la mirada, caracterstica de las personas que hablan con los ojos. [Link] bien, una
persona que habla con los ojos puede no ser inteligente ni aun
sentimental; aqul es un simple don con el que se nace. De todos
modos, con la sola virtud de su expresin, ser un excelente actor.
Pero si dicha persona ha hecho trabajar razonablemente a su pensamiento, y su corazn no es de roca, podemos estar seguros de
que har un brillante papel en el film; vale decir, de estrella.
Vio Griffith en la joven de la Plaza de la pera algo ms
que la simple intensidad de su mirada? Es ms que seguro. Raramente a los corazones y cerebros duros corresponden esos ojos que
hablan. Y Griffith tiene demasiados aos y sobrada cultura para
equivocarse diametralmente. La joven entrevista un segundo, pues,
llevaba en su mirada el temblor de una estrella, y a esta misma hora
el afamado director -y nosotros- lloramos el profundo encanto
que pudo haber sido, y que nos neg. la desconocida de Pars.

Es un hecho constatado que las mujeres lucen muchsimo ms


que los hombres en los papeles dobles. Recordemos, frescos an,
los de Mary Pickford en Stella kl aris. El efe~to obtenido por la
hermosa rubia es prodigioso. Tan desfigurada, tan otra nos resulta
la actriz, que a no advertrnoslo la leyenda, titubearamos mucho
antes de jurar que aquella ruin muchachita es Mary.
Veamos de qu recursos se ha valido la actriz para dicha transformacin. Son muy sencillos: Una pincelada de blanco en los
labios para borrarlos y dejar un simple tajo en vez de boca; idntico blanco en las pestaas y las cejas; un constante tic que recoge
un extremo de la boca, y nada ms. No hay ms, ni ningn otro
toque artificial. Pero esto slo basta? No; hay un pequeo detalle
de refuerzo: el cabello. En vez de sus famosos bucles de oro, Mary
se ha tendido el pelo hacia atrs; tan liso y tan tirante, que la
cabeza queda al desnudo, diremos, con su conformacin tpica y
sus defectos. Y el cambio operado es abrumador, en esta Mary
Pickford al natural. Vale decir: es la misma Mary, sin sus bucles
de oro, que eran lo artificial.
Juego de palabras parecera todo lo anterior, si no recordra~
mos la frase de una seora, a quien se elogiaba la hermosura de
una joven prxima a ella: -"Para juzgar de esa cabeza -elijo la
dama~ tendramos que verla saliendo del bao".
Pero con bucles o sin ellos, queda algo ms a la divina Mary,
sin mencin especial de sus ojos. Lo que no obsta para que algunos
papeles dobles operados por hombres -Roy Stewart, particularmente- sean mucho ms difciles, por deber recurrir el actor a

-314-

-315~

Los papeles dobles

simples juegos de expresin -desfiguracin interna, podramos


decir- ya que ni los labios, ni los ojos ni el cabello de un varn
soportan cambios radicales.
El Esposo de D. Ph.
Ao XXIII- N9 1114- 7/II/1920.

Scott explica nuestra angustia al vetlo resurgir de la tumba, no


es menos cierto que un gran intrprete, .al .poner a nuestro alcance
su total vida dramtica, queda unido con nosotros por situaciones;
gestos y detalfes difciles de olvidar. Tal el caso de este actor, cuya
agona hemos visto, seguido y pregustado dos aos antes de desarrollarse punto por punto y a orillas de un -gran ro africano, en
el film decisivo y final de la vida de William S. Stowell.

[VIII J
William S. Stowell
A consecuencia de un desastre ferroviario en el centro de
Africa,. ,ha fallecido este as cinematogrfico, cuy~ larga y brillante
actuacwn al lado de Dorothy Phillips, concluye con este acontecimiento.
Se conocen an pocos detalles del siniestro; slo se sabe en
concreto que el tren choc con un carro cruzado en la va, y que
Stowell permaneci veinticuatro horas en el lugar, sin asistencia
alguna. Cuando fue recogido viva an; pero ya era tarde para
salvarlo.
As, pues, de trgica manera, en pleno corazn de Africa
como en un film cualquiera de espectculo se acaba realment;
la vida de un actor que la ha expuesto cien ~eces y la ha perdido
en una ocasin, en la pantalla.
Ciertamente, durante las interminables veinticuatro horas en
que l ha sentido morirse poco a poco, no es fcil que Stowell haya
recordado una tan nimia cosa como el final de una cinta suya
en que l pierde la vida. Pero a nosotros que del actor no cono
damos sino su actuacin dramtica, su ;gona su cierre final de
ojos de verdad, nos traen vivamente a la mem~ria La gran pasin
(su mejor film), en que ya lo hemos visto morir. Ya hemos visto
su faci:s atnita, y desencajada por el shock; su boca entreabierta,
Y s~ VIda. ,escapandose de entre los brazos de Dorothy Phillips. Y
la Impreswn revive ante el fnebre episodio de ahora, saboreado
de antemano.
. Otra vez, hace aos, sentimos
semejante emocin ante la
figura de Scott, en un film antrtico. Scott haba muerto ya y
[Link] estaba sin embargo ante nuestros ojos, en la pantalla lleno de
VIda. Estas alucinaciones fotogrficas, estos espectros cientficos
tocan cuerdas muy hondas; y si la personalidad del hroe que fue

-316-

Su majestad la juventud
M adge Kennedy y T om M oore
Aunque de reciente estreno, suponemos que este film neva
algunos aos de hecho, por el estilo de la obra, rimy en boga en
1917. Se trata de una comedia ligera, construida para el lucimiento
de los actores centrales, lo que se realiza sin dificultad y sin mayor
inters.
Entre Bambalinas
Anita Stewart
La seorita Stewart lleva ya muchos aos de cine, y por
casualidad resiste a la depreciacin tan comn en los artistas del
film. Las estrellas cinematogrficas son extraordinariamente fugaces. Pudense contar con los dedos las que en pos de cinco aos
de pantalla brillan an con luz propia. Por qu? Por inverosmil decaimiento en tan breve plazo, o por inconstancia del pblico? No; sencillamente por falta de adaptacin a nuevos conceptos del arte cinematogrfico. Lo que hace tan slo tres aos
deslumbraba, hoy nos resulta fro; la gesticulacin teatral de los
comienzos, slo sera hoy soportada por espectadores muy noveles;
lo artificioso que el teatro y sus artistas vistos a: -la distancia nos
legaran, ha concluido por despertar una hambre insaciable de
naturalidad, que los viejos actores de comprensin limitada no se
hallan en estado de calmar. Las seoras Theda Bara y Valeska
Surrat son ejemplo flagrante.
Por dicha para Anita Stewart, ella tuvo desde un principio
la sencillez de recursos requerida en un arte donde toda mimica
exagerada golpea literalmente los ojos, y por esto la judaica prsonita, tras un largo eclipse en la pantalla, ha vuelto a centellear
ltimamente en Romance de media noche, un excelente film. No
podramos decir lo mismo del que encabeza estas lneas.

=- 317-=-

El caso Luisa Huff

Esta estrella ha estrenado en los das anteriores una cinta titulada Nieve y Fuego, que sin ser un film extraordinario, merece
recordarse. Hay en l un tipo de viejo brutal, maravillosamente
caracterizado por Teodoro Roberts, actor bueno entre los buenos.
Refuerza el xito de la cinta la actuacin de diversos actores en
papeles secundarios, todos en justo tono. La nica figura dbil,
dbil hasta el desvanecimiento, es la central, que interpreta la
estrella Luisa Huff. Confesamos haber meditado, ms de lo gm
acaso merezca el punto, sobre las virtudes artsticas de la seorita
Huff. Hemos seguido a su persona y su juego en diversos films,
punto por punto, sin otro resultado que la confesin primera: qu
circunstancias de un arte que no vemos, o de una combinacin
que vemos menos an, han hecho una estrella de la seorita Huff?
Es ste uno de los innumerables problemas del cine cuya solucin
-pues nos declaramos incapaces de ella- dejamos al lector.

se confan a no importa quin. Lo que resulta de este proceder es


bien sabido: cintas desiguales, sin contrastes, pues un intrprete
de verdad vale y se luce all precisamente donde otros intrpretes
de valor lo. ponen de relieve. Imaginemos un drama cinematogr:
fico realizado por William Hart, Dorothy Dalton, Francis Mac
Donald, Emery Jhonson, Paulina Starke Roberto Roberts Elsie
Ferguson, para no recordar ms. Qu re~ultado pecuniario ~odra
tener para la empresa editora una cinta con este formidable conjunto, cuando El proscripto lo ha tnido ruidoso con ases de men
valer? Es una sugestin tentadora, por lo menos para nosotros.
C~sando a Mary- Marion Dvies

Hace unos das recordbamos en esta misma pagma que la


Paramount, en conmemoracin de su sexto aniversario, haba
hecho una segunda edicin de la cinta The squawman, con que
se iniciara dicha empresa. La nueva filmacin de dicha obra, con
los mismos actores que la interpretaron hace seis aos, tena por
objeto poner de relieve los progresos del cine en punto a tcnica:
direccin, vestuarios, efectos de luz, etc. Y en efecto, parece que la
confrontacin de ambas cintas, con seis aos de diferencia, pone
nuevamente de manifiesto el inmenso adelanto efectuado.
Pues bien: hemos visto en la pantalla esta segunda edicin
d El proscripto (as traducido), recientemente estrenada. Lo que
resalta en la cinta, buena por lo dems, es la homogeneidad del
conjunto de actores, que hoy no podramos hallar en film alguno.
En la hora actual, desde el momento en que un actor regular o
bueno asciende a estrella, l solo llena la cinta. Los dems papeles

. Torna .en este film a repetirse el caso de Libros y Fldas:


comedia perfectamente construida, con slo tres personajes
activos, no obstante lo cual el inters no decae un solo instante.
Lo cual merece un comentario. Es ms que conocida la falla diametral de la inmensa mayora de los films consistente en su exce"'
sivo largo. Dramas de gran intensidad y' accin frentica, col;Iledias breves de dos o tres situaciones apenas, todas ellas tienen igual
extensin, todas se desarrollan en tres cuartos de hora justos, .<l.
todas se le intercalan detalles sosos, con el fin de conseguir los
1500 metros exactos. Desde el drama conciso, que en literatura se
llama cuento, al ms dilatado, que se denomina novela, cabe en el
arte escrito, como en el teatro, la ms variada extensin, segn sea
la requerida por el asunto. Para el cine no hay ms que una exten
sin, determinada en milmetros, a la que debe ajustarse el dra~a
o comedia: y es as siempre, diluyendo, rellenando con tonteras
cmicas, cmo se transforma un brevsimo drama de un cuarto
de hora de pantalla, en un aburridor film.
No es preciso citar, para refrescar nuestra memoria. En el recuerdo de todos estn las numerosas cintas que pudiendo haber
sido excelentes, si breves, nos han cansado por su languidez o
cargazn de escenas interminables, totalmente innecesarias para el
inters del drama.
Bien llegados, pues, los films que, como Casando a Afar,,, no
han necesitado una sola escena de relleno. Agreguemos un detalle,
esta vez encantador: la personita de Marion Davies, protagonista.
Como artista no podramos an decir de lo que es capaz, aunque
es ya buena. Pero en punto de belleza y gracia, no hallamos realmente con qu expresar nuestro halago.

-. 318-

-319-

El Esposo de D. Ph.

Ao XXIII- N 9 1115 - 14/II/1920.

[IX]
El proscripto

feli~

Los convencionalismos agradables

[X J

El primero de todos, es la falta de sangre. N o se la halla jams


en las cintas donde las pualadas y los tiros de revlver con bala
de calibre 44, tuercen ocho o diez veces el destino de los personajes.

El secreto de la confesin

Apenas, como mucho, se alcanza a ver una mancha plida


la camisa, y esto, contadas veces. El cine es hasta hoy la
forma de arte que ms ntimo contacto tiene con la realidad, a
travs de la ficcin potica. No le exijamos, literalmente, la sangre
de sus actores. La circunstancia inverosmil de que no aparezca
manchando en negro a los personajes y la cinta entera, es un convencionalismo discreto, agradable y limpio. Tanto valdra, en caso
contrario, solicitar de la orquesta un golpe de bombo a cada tiro.
Lo que no dejara de tener gracia, por slo una vez.
sohr~

Otro convencionalismo agradable: Los novelistas y cuentistas


de los films norteamericanos escriben siempre de smoking. Es una
galanura de estilo a la que nada sabramos objetar, si no es la
envidia cierta y melanclica que provoca en nuestras almas. En
efecto, fuera del cine es poco comn que un escritor recurra al traje
de etiqueta para hallarse cmodamente entre las ideas de su cabeza
y el papel que ha de recibirlas. Por regla general, el escribir es un
trabajo bastante pesado, para el cual parece haber sido creado el
dicho: nada de bromas. La broma, en este caso, consistira en la
elegante incomodidad de un smoking o un frac -perfectamente
cortados- pero de los cuales no se sabe que hasta hoy hayan favo~
reciclo jams una seria y ruda labor como es la de escribir, as sea
un argumento de film.
Per_() la ilusin es bella, y envidimosla tambin. Un joven novelista, buen mozo, escribiendo de psicologa femenina en un regio
escritorio, constituye un cuadrito potico al cual el Arte debe de
estar agradecido. En Norte Amrica, segn los films, todos los no.:
velistas se hallan en ese marco. Puede muy bien que no sea cierto,
pero el convencionalismo -puede crersenos sin reserva- es suma~
mente gradable para nosotros.
El Esposo d D. Ph.

Ao XXIII- N 9 1123,. lOjiV /1920.

-320-

Para conmemorar a su modo la semana santa, los salones de


cine estrenaron la cinta del ttulo, "obra de profundo espritu religioso, aprobada y recomendada por la curia eclesistica". Ganados
por un poco de curiosidad, ya que no es frecuente plantear y
debatir en la pantalla problemas religiosos, hemos asistido al estreno de dicha cinta, donde la presencia de W athall era ya fuerte
recomendacin.
Se trata en aqulla de un sacerdote catlico que recibe en confesin el secreto de un grave crimen. El asesinado es el propio hermano del sacerdote.
El film entero se desarrolla sobre este caso de conciencia,
hasta que por fin el sacerdote consigue lo que se haba propuesto:
que el verdadero criminal se delatara a l mismo, y en el instante
en que el inocente tena ya la cuerda al cuello. La cinta tiene su
inters, bien que el tema se haya tratado ya en la novela y el
drama con exceso de detalles.
Pero lo curioso del presente caso es que, a despecho del ttulo
y la tendencia y la actuacin de un sacerdote, en la cinta entera
no hay un solo soplo de religin. El aspecto, las incidencias y el
espritu del drama son fuertemente mundanos. El personaje simptico de la cinta no es el sacerdote, a pesar de sacrificar a SJ!
propio hennano por deber de conciencia. Y an ms: la actu.:.''
cin de dicho sacerdote da la impresin de que no tiene otro objeto
que entorpecer, enredar y exasperar un conflicto que podra haberse resuelto satisfactoriamente, si se lo abandona a manos de
sus causantes. La empresa editora, pues, ha dado un curioso traspi,
si en verdad ha pretendido una pequea propaganda religiosa
con su cinta. Pero es posible que El secreto de la confesin no sea
otra cosa que uno de los tantos films, con elementos heterogneos
y sin trascendencia alguna. Lo cual, de ser as, nos ofrece una
cinta bastante interesante, aunque larga; bien dirigida sobre todo,
y donde al lado de la actuacin desteida de W athall, se destaca
la de Francis Macdonald.
El caso Francis 1\1acdonald

Se ha dado en llamar cara cinematogrfica a la de ciertas


actrices que resultan ms bellas de lo que son; a las de aquellas
que gozan del privilegio de que la pantalla absorba y desvanezca
los aspectos duros de su semblante, para reforzar, en cambio, la
~321~

duizura de su sonrisa. Y entre los hombres, tienen cara cinematogrfica los sujetos de rasgos muy acentuados, i~r~guiares, y de
aran intensidad de expresin. En este concepto, \Vham Hart pa~ece ser el prototipo de los seres nacidos para la pantalla. Y a su lado,
de igual a igual, merece la misma distincin Francis Macdonald.
No es el suyo un rostro atormentado, ni se disting_ue en lo ,~s
mnimo del de cualquier vecino nuestro. La fuerza cu~ema:ograflc~
del muchacho reside exclusivamente en su semblante zntenor -diramos-; en su asombrosa facultad para ~levar al grad~ mxin:o
de expresin cuanto medita, resuelve, ansm, ama u odia. Nadie
como l tiene tal dominio sobre el juego de fisonoma. Recordamos
este respecto una de las primeras escenas de La Parlanchina, con
Priscilla Dean: durante treinta segundos, por lo menos, la cara
de Macdonald se mantiene inmvil en la pantalla; y durante ese
interminable tiempo la expresin de odio inicial va baj_ando,_ graO:o
por grado, hasta fijarse en sonrisa canallesca. Todo s~n pnsa, .s;n
exageracin alguna, msculo por msculo, con la misma paswn
interna de la circunstancia vivida. Y he aqu que no solamente
no hay tal realidad, sino que toda esa ficcin se ejecuta mirando
la pared de un estudio ante las mquinas a un metro y enceguecido de luz. Realiza as Macdonald las dos virtudes del intrprete:
faultad para sentir una alma ajena, y facultad para expresarla.
cada vez cundo y dnde se la solicite.
Ahra bien: cmo explicar el silencio de las revistas norteamericanas del ramo, sobre este potente actor? Son tal vez resortes econmicos o de vanidad los requeridos para poner en manifiesto a estrellas del valor de Harry Morey, Dorothy Phillips o
Francis Macdonald? Lo cierto es que muy poco se habla de ellos,
siendo as que hallamos pginas enteras dedicadas a comentar la
sala de fumar del palacio de Fairbanks, o el profundo escote de
una seorita Corina Griffith.
Con las alas rotas

Esta cinta, vivamente anunciada, se distingue por la extensin de sus leyendas, primero, y por el gnero sentimental de las
~1ismas. Ms que comentarios aclaratorios y reforzadores d~ la
accin, tales leyendas son un poema entero, truncado por las VIstas
cinematogrficas.
El film dramtico se transforma as en un cuento o poema
ilustrado con fotografas, donde naturalmente el bro est er: las
leyendas, y no en la accin, como es justo fuera. ~sta anormalidad
podra admitirse si el resultado, el efecto obtemdo, fueran muy
enrgicos. Pero no es ste el caso de Con las alas rotas, pues para

-322-

buena parte del pblico las leyendas del poema en cuestin encierran poco sentimiento real, a despecho de los admirativos, de los
leit-motif [sic] y del tono elegaco que caracterizan a la sensiblera.
Puede que nos equivoquemos; pero la verdad inconcusa sobre este
film es que hay un atormentador exceso de leyendas, y que se han
filmado ms de cincuenta escenas totalmente intiles para el progreso del drama, con el nico objeto de alargar la cinta. En cuanto
a los protagonistas, Lew Cody y Paulina Starke, han hecho cuanto
es posible -como se dice en el teatro- para salvar la obra.
Los convencionalismos desagradables

En la crnica anterior hemos recordado algunos agradables.


Como es de creer, los desagradables prosperan igualmente; y el
ms difundido de todos acaso sea el que concierne a los procesos
criminales. Nadie habr dejado de notar, por ajeno que sea el
espectador a los trmites judiciales, la increble facilidad con que
en los films se condena a un hombre a muerte. Por simples sospechas; por un revlver o un pual de dueo conocido; por el tes
timonio de cualquier dudoso personaje; por la ms aparente presuncin de crimen, el pobre acusado es llevado a la horca o a l
silla elctrica, donde paga con la vida delitos a slo medio probar,
en el ms convincente de los casos.
Por qu este convencionalismo absurdo, cuya falsedad nota
aun un escolar de grado? Hay tan poca imaginacin en los autores o directores, cuando son incapaces de combinar un enredo dramtico donde un hombre sea condenado a muerte por motivos reales y convincentes? No recordamos haber asistido a uno solo de
los infinitos procesos criminales, en que se tuviera[n] en cuenta los
antecedentes del presunto criminal. La sola circunstancia de sorprender a un hombre junto a un cadver, es siempre prueba total
de crimen. La persona sorprendida puede no conocer a la vctima, ni
haberla visto nunca, ni tener a ojos vistas el menor inters en matar.
Puede, adems, ser indiferentemente asesino profesional o gentleman: lo mismo da para la extraordinaria justicia del cinematgrafo. Y esta tan .evitable tontera se justifica menos an en gentes
que, como las productoras de films norteamericanos, han llegado
a la perfeccin en el ambiente judicial. Hemos de volver sobre esta
rica mina de los convencionalismos desagradables.
El Esposo de D. Ph.
Ao XXIII - N9 1124 - 17 /IV/ 1920.

-323-

[XI]
El prximo estreno de una bella cinta:
Detrs de la puerta".

U na fra y lgubre tarde de invierno de 1924 (antese la


fecha), un trmulo anciano llegaba a los alrededores de X, pequeo
puerto de mar de Estados U nidos. Vena deshecho de fatiga. El
conoca bien esa costa y ese inclemente mar de invierno. Mejor
conoca an la poblacin y cierta casita alejada, en cuyo frente
se lea: Osear Bell, embalsamador. All se encaminaba, moribundo.
Nadie le reconoca; ni la casita ruinosa le reconoca a l, ni l
mismo se reconoci al entrar en ella. Encendi una vela y se dej
caer ante la mesa, con la cabeza sobre los brazos. La llama de la
vela bailaba con el viento, y el viejo prosegua con la cabeza entre
los brazos -pues estaba muerto. 1\hs antes de morir acababa de
e\ocar su pasado, toda su dicha perdida, que condensaba un pauelo enlodado y manchado de sangre.

Al entrar los Estados Unidos en la gran guerra, el acontecimiento hall a Osear Bell en el pueblo martimo de X, donde
ejerca la profesin de embalsamador y preparador de historia natural. En verdad, era marino -capitn- como lo haban sido su
padre y su abuelo. Pero una desgraciada pasin amorosa lo haba
disgustado muy joven de su carrera. Hombre maduro ya, aunque
joven de cuerpo y alma, viva retirado con la simpata de los corazones honrados y el amor de las criaturas que iban a encargarle
embalsamara a sus muecas, que perdan todo el aserrn.
Aunque alejado del mundo, las circunstancias lo pusieron en
contacto con una dulce criatura, hija de un hombre acaudalado.
La joven iba a veces a pasar la tarde con el oficial retirado, y
mientras charlaba vea trabajar a su amigo en sus preparaciones
anatmicas. Tan bien se sentan uno y otro en aquellos tete a tete,
que el amor surgi -posiblemente haba surgido ya al comenzar-.
La joven entreg toda su alma al hombre maduro que mereca
ese galardn. El entreg a su tierna novia el amor profundo de un
corazn de cuarenta aos. Pero cmo ser felices? El acaudalado
banquero acababa de jurar que antes matara a su hija que verla
casada con un hombre sin fortuna, como el oficial de marina. Con
tanto ms rencor del padre en el caso presente, cuanto que la
guerra acababa de estallar y el apellido del hombre odiado era
-324-

germano. Se recuerda an la desconfianza por los habitantes de origen teutn en los pases aliados. A despecho de los antecedentes de
Bell, el banquero azuz a la turba, que se precipit a casa de
aqul. Pero Bell, que tena corazn y puos de norteamericano,
dej muy mal parados a sus atacantes, en una escena de pugilato
digna de especial mencin. Y mientras los gritones continan gritando, Bell se casa en secreto y corre a alistarse.
Han pasado varios meses. Hallamos a nuestro naturalista en
el comando del Perth, buque de la marina mercante montado en
guerra. En el momento de zarpar, sube a bordo una rubia y tmida
joven. Es la tierna desposada que, no pudiendo sobrellevar ms
la ausencia y las asperezas del hogar paterno, va a reunirse con
su esposo. Pero, cmo admitir a bordo de un buque de guerra
a una mujer? Tras una apasionada despedida, la joven se aleja
por los corredores; pero sin valor ni fuerzas para separarse de su
esposo, conquista a una enfermera, que la oculta por seis das en
su cabina. Cuando al cabo de esos seis interminables das aparece
ante los ojos y los brazos delirantes de Bell, aparece tambin, ,en
el lgubre horizonte un submarino alemn -el U. [Link], un traslado al submarino: escenas y detalles magnficos. Pero el torpedo ha partido, y el Perth, tocado en el centro,
se hunde. Algunos oficiales y marineros logran salvarse en un
bote, con la creencia de que su capitn se ha hundido adherido
al puente de su buque y abrigando en su capa marina a aquella
dulce y aterrorizada criatura que era su esposa. Mas no ha sido
as; surgiendo del inmenso remolino, han tenido la ventura de alcanzar una chalupa extraviada; y durante tres das las olas de un
mar solitario mecen ese atad flotante.
Pero, qu es aqullo? No estaba limpio y vaco ese mar hace
un instante? Salvados! Un submarino que emerge a media milla,
con dos grandes cascadas de agua en la proa! Salvados l Es un
submarino alemn -el U. 98- desde cuyo periscopio el oficial ha
visto perfectamente el bote nufrago con un hombre y una mujer.
Este ltimo es el dato interesante. Por lo cual el submarino se
acerca, recoge presuroso a la mujer y abandona al hombre. El
comandante, la oficialidad, la tripulacin, arrastran al interior a
la lamentable criatura, y las escotillas se cierran. El submarino se
sumerge. Pero el hombre, con el cuerpo aterido y el alma rugiente
de pasin y odio, est adherido al vidrio de la torre de mando.
N a da pueden sus puos contra el denso cristal. Y ante el rostro
sardnico del marino teutn que se re tras el vidrio, el nufrago
ruge ante el monstruoso crimen:
-325-

- Mrame bien ! Acurdate de mi cara, porque el da que


te encuentre te sacar la piel!
El submarino se ha hundido. El hombre logra asirse de nuevo
a su bote, en cuyo fondo cae sin sentido. Y dos das despus es
hallado por un torpedero aliado.
Han pasado varios meses, y Bell tiene el mando de otro
buque, con el resto salvado de su antigua oficialidad. Mas ya no
es el mismo de antes. No habla; y se dira que ni aun piensa, si no
es en una sola idea: adiestrar a sus hombres en el ejercicio de los
caones rpidos. Su nica preocupacin es sta: para el resto,
no despliega los labios. Sus mismos oficiales de antes le creen un
poco loco: es cierto que su esposa se ha ahogado en el naufragio del
Perth; (nada saben ellos del resto) ; pero esto no es bastante para
abatir a un hombre de su temple.
Tal creen sus oficiales, cuando el destino pone un da a un
submarino enemigo demasiado confiado, a tiro de can del nuevo
buque. Ya se supondr lo que pasa, dado el terrible entrenamiento
de la tripulacin en el fuego de los caones rpidos. Una primera
bala toca al monstruo emergido, luego otra, despus otra. Hurra!
El agua se precipita al interior en torrentes. La tripulacin se lanza
al agua. Y el capitn del buque norteamericano, Osear Bell, se
lanza a su vez desde el suyo, con un rugido de triunfo, pues acaba
de ver con su anteojo el nmero del submarino: U. 98.
Ya est salvada la tripulacin teutona, salvada a medias,
dado el furor de los marinos aliados. Bell ha salvado personalmente al comandante del submarino; lo ha salvado a nado, a
costa casi de su propia vida. Y lo defiende del furor de sus marineros que quieren despedazarlo.
-Es mo- reclama Bell. -Este prisionero me pertenece.
Y lo lleva a su propia cabina; donde lo seca, lo cuida, lo
acaricia, le sirve caf y grandes copas de champagne. El teutn
presume que se halla entre amigos: guia el ojo a Bell, y Bell le
devuelve su guiada. Sonre y Bell le sonre. El teutn entonces
se echa atrs en su silla, feliz. Y re y toma champagne.
Pero los dos tenientes de Bell velan inquietos en su cabina;
no se explican la cortesa de su capitn para con el torpedeador de
buques con criaturas. Y ante el recuerdo de lo que haba pasado
en el pueblo de Bell al declararse la guerra, y el origen germano
de ste, nace la desconfianza en sus almas.
-Dicen que la sangre es muy espesa ... - murmura uno de
ellos. - Y no obstante no duermen, pues en la alta noche hay un
olor de tragedia y horror en el buque.
El horror hace un instante que acaba de surgir de los labios
del comandante del submarino: -La vida all abajo del agua?

- responde a las preguntas amables de Bell. -Bah! No es tan


aburrida ... A veces en los buques que hundimos hay mujeres, ..
Hace un tiempo cay una al agua ... Una maravillosa criatura ...
La salvamos a ella y ahogamos al marido ... Qu pas? ... Se
resisti. . . Cmo se resisten esas rubias angelicales!. . . Despus?. . . Bah! Como resista siempre, se la entregu a la tripulacin. . . Ja, ja! El hambre que tiene la tripulacin! . . . Y
muri ...
Magnfica evocacin en la pantalla. Son las ltimas palabras
del comandante del submarino: acaba de reconocer a Bell. Un
rato despus est atado, de pie, en el cuarto de bao. N o debemos
olvidar aqu que Bell era naturalista, y hbil en la viviseccin.
Cuando los tenientes de Bell van a la cabina de ste a tomar
caf por invitacin de su capitn, olfatean siempre el horror de
que est impregnada la atmsfera nocturna. Pero tambin de traicin. Dnde est el prisionero? Duerme tranquilo. No ronca, como
suelen roncar los teutones. Este duerme tranquilo. Dnde? ...
Tras esa puerta. . . Duerme.
Los oficiales, lvidos, presintiendo siempre el horror, se levan~
tan, abren la puerta del cuarto de bao. . . Oh! . . . Ambos han
abierto la boca en toda su extensin. Y Bell: -"Le promet desollarlo vivo cuando lo encontrara ... ".
Esta es la cinta. La fuerza de ella est en la perfecta p;reparacin del drama, que refuerzan magnficas escenas marinas. Las
situaciones de crueldad, que podan haber tentado al seor Griffith,
por ejemplo, han sido salvadas por el seor Ince, director de la
cinta, con una delicadeza digna de todo elogio. Dichas escenas
estn solamente evocadas, y de aqu su energa artstica.

-326-

-327-

El Esposo de D. Ph,
Ao XXIII - N9 1131 - 5/VI/1920.

[XII]
Un prximo estreno: Arizona - de Douglas Fairb(lnks.

Cuando un actor llega a tener la fortuna de que el pblico


no solicite sino su presencia, ni exija de l otra cosa que una franca
risa o un brinco bien ejecutado, dicho ator est seguro del xito
de los filrns que impresione, sean -stos cuales fueren. Fairbanks,
actor exclusivamente de comedias ligersimas, puede estar satisfecho de la suerte, si la suerte de un actor consiste en ganar muchsimo

dinero. En este terreno extra-artstico, Carlitas sera el ms grande


con su milln y medio anual, y Douglas el segundo, con sus diez
mil pesos semanales. Grandes riquezas, como se ve; grande nombrada, obtenida con una rara habilidad para provocar la nsa
y saltar barreras.
Fairbanks, sin embargo y especialmente, posee un muy rico
don de gentes: provoca el cario, perdonndosele toda la gran suma de cualidades dramticas de que est desprovisto. Se halla
as en el caso -artsticamente- del muchacho que codeamos todos
los das, ms o menos pillo, pero simpatiqusimo. Y en gracia a
este calor de corazn que sabe despertar, se hace querer a pesar
de todo. N o de otro modo debe juzgarse su actuacin en el cine,
a menos que nos concretemos exclusivamente a admirar su training
gimnstico, muy elogioso en un muchacho cuarentn.
Arizona nos lo presenta en el territorio de este nombre, formando parte de un regimiento de caballera destacado en el desierto, y que al iniciarse la cinta acampa en la estancia del viejo
Canby (Teodoro Roberts), suegro del cororiel. Es la alegra del
regimiento y sus huspedes el teniente Denton (Fairbanks), que
enamora con xito a Bonita (Marjorie Daw), hija menor del dueo
de la estancia, a despecho de la madre de la joven, que se opone
rotundamente a esos amores. Esta oposicin da lugar a las escenas
de jocosidad que permiten a Fairbanks el lucimiento de sus acrobacias. Pero hay tambin un drama; y de l son protagonistas el
capitn Hodgeman y la esposa del coronel. Ambos deciden huir,
y la esposa culpable recoge sus joyas por instigacin de su amante,
joyas de que piensa apropiarse el poco caballeresco seductor.
Mas ante la indecisin final de la culpable, su amante le
escribe una carta firmada, que cae en manos del teniente Denton,
el cual se precipita en el dormitorio de su coronel, en momentos en
que los culpables se resuelven a huir. Denton arrebata las joyas a
su capitn, lo echa, y mientras da su palabra de honor a la esposa
culpable de que nada dir del lance, entra el coronel. Denton, enmudecido por su palabra, no explica ni su presencia all, ni el
hallazgo de las joyas que se hallan sobre l al ser registrado. La
dama culpable no se atreve a denunciarse a s misma, y Denton,
acusado de robo dimite a la fuerza de su regimiento.
La guerra estalla en esos momentos. Denton recluta voluntarios entre sus amigos los cowboys, cuando felices coincidencias descubren la culpabilidad de Hodgeman. Dentan lo busca, lo encuentra y cae con l dentro de un cajn de maz que se cierra tras
ellos. Y cuando la tapa se levanta de nuevo, slo sale por sus propias fuerzas Denton. Golpean an a Hodgeman, lo arrojan a ca~32_8-

hallo hasta la frontera, aunque no es verosi:nil que llegue vivo,


pues un mestizo, cuya novia ha seducido Hodgeman anteriormente,
se lanza a rienda suelta tras l. Denton tiene an ocasin de ejecutar algunas limpias piruetas, y se casa con su Bonita.
Como hemos dicho, toda cinta de Fairbanks debe ser vista
con un buen humor parcial hacia este excelente gimnasta. Pasa
por Arizona la figura de un gran actor, que no halla desgraciadamente ocasin de lucir cuanto hay en l como intrprete. No~
referimos a Teodoro Roberts. Pero es una honra para Roberts su
modestia que lo confina, valiendo lo que l, a papeles secundarios
en la rbita de estrellas cuyo fulgor tiene muy poco o nada que
ver con un verdadero arte dramtico. Respecto al film en s, podemos anticipar de todo corazn que ATizona es superior a El Quijote moderno, del mismo actor y recientemente estrenado.
Variedades. -

Cuentan los magazines:

-Cmo se llama usted en verdad?


-Sessue Hayakawa.
-De dnde sac ese nombre?
-Qu pregunta! Si se lo digo, pierdo una parte del misterio
que me rodea, a m, hijo del Sol Levante. He odo pronunciar mi
nombre del modo ms original: Sisu, Susi y Sisi. Algunos me
llaman mster Hakawaka, y otros: mster Kakawaha. Le dir ahora
que mi nombre significa "afortunado pescador". Sessue quiere decir
"seguro", y Ha yaka wa, "pescador". U no de mis antepasados era
un famoso tirador de redes, y ordinariamente sacaba ms pescados
que ningn otro en su aldea. En el Japn, cada nombre contiene
siempre una historia de familia. Est Ud. contento ahora?
Dorothy Dalton vio la luz en Chicago en 1893, a estar a
los ltimos informes. (Es sabido el ardor con que estos informes
sobre edad cambian cada tres das). Ingres un poco tarde en el
cine, perdiendo as buen nmero de admiradores adolescentes, que
hoy seran admiradores maduros. Trata al parecer de ganar el
tiempo perdido con una obra que acaba de filmar, Afrodita, donde
se presenta de cuerpo entero y vestida a la moda mitolgica de
aquella insigne baista. Por lo dems, la estrella con hoyuelos ha
cerrado contrato exclusivo en la "Paramount-Artcraft", y la primer
obra que filme ser Media hora.
Luisa Lovely y William Famunn que actuaron juntos en cinco
cintas en 1919, trabajarn unidos en todas las obras que interpreten
este ao.

-329-

El beso en el Estado de Tejas. Las chicas de esta feliz regin


emplean la palabra buss por expresar el beso, en vez de la tradicional kiss. Aunque ambas palabras significan realmente beso. las
chicas de Tejas se libran a juegos de ingenio, por los cuales rebus
(jeroglfico) quiere decir besar de nuevo) y blunderbuss (trabuco;
blunder: confundir), significa besar por equivocacin. Se efectan
al respecto diversos pases de ingenio, y quienes los sienten ms al
vivo son las chicas de otros estados que llegan por primera vez a
Tejas y toman el omni-bus (besar a todas).
El Esposo de D. Ph.

Ao XXIII - N9 1133 - 19 JVI/1920.

[XIII J
La mutilacin de a Detrs de la puerta))

punto de que queda desvirtuada e injusta. Recordemos que al final


de la cinta el esposo despelleja literalmente al oficial. El acto en s,
aunque no se vea, es terrible; y su nica justificacin artstica es
que responde por su violencia a la violencia del ultraje. La accin
de encerrar a la joven nufraga en el submarino, por cruel que sea,
no alcanza a excusar el hecho de arrancar la piel con un bistur,
capa por capa, a un ser humano. Pero la circunstancia de entregar a dicha joven a un tropel de bestias hambrientas ahoga todo
impulso de piedad, y el espectador admite realmente ia atroz venganza. Una gran venganza pide una gran ofensa que la leCTitime
,
1::>
'
Y d e aqm que con la supresin de la escena consabida, el infernal
suplicio del oficial no halle la simpata debida. Lo cual cobra aspecto de crimen artstico, tratndose de una cinta de primer orden,
como hace mucho tiempo no veamos.
La leyenda de que hemos hecho referencia ha sido suprimida
seguramente para no restar eficacia al acto que ella anuncia. Segunda falta de tino, pues la amenaza de arrancar la piel es un
lugar comn, como te asar vivo o te romper los huesos: nadie
espera que la amenaza se cumpla. Y como esta vez se cumple, con
todo el horror que encierra, viene as a constituir dicha leyenda
suprimida el "ojo por ojo y diente por diente", que es la razn
de la tragedia.

Cuando en nmeros anteriores adelantamos una crnica muy


elogiosa del film Detrs de la puerta) que acababa de ser pasada
en privado, insistimos ex profeso en dos elementos de dicha cinta:
una situacin y una leyenda, por constituir ambos elementos el
eje del drama. La situacin era la siguiente: Cuando el capitn
del submarino se rinde ante la resistencia de la nufraga, entrega
a sta a la tripulacin. La escena no hace ms que entreverse, y
es salvada con todo decoro por el director In ce; pero el efecto no
es menos poderoso, tan poderoso que desde ese momento la villana
del oficial levanta un soplo de indignacin en el espectador: cuanto
pueda acaecerle a ese miserable, est ya juzgado y aceptado.
Veamos el segundo punto: Al sumergirse de nuevo el submarino, el esposo cuya mujer acaban de robarle golpea desesperado en
los cristales del periscopio. Y ante la risa sarcstica del oficial, le
grita a travs del vidrio:
- " Mrame bien, acurdate de m! porque el da que te encuentre te arrancar la piel!".
Pues bien: esta leyenda y la escena que acabamos de sealar
han sido suprimidas. Por qu? Por ofender a la moral? No cabe
otra suposicin, por absurda que parezca. La escena es fugaz, y
apenas est esbozada: no se ve ms que el ansia brutal en d
rostro de los marineros, y veinte manos que se apoderan de la infortunada joven. Bien poca cosa, en verdad, es la que ha asustado
a la censura oficial o privada.
Pero aparte de este pueril escrpulo, hay algo ms serio en
dicha mutilacin. La obra entera se resiente de esta supresin, al

La catedral de San Patricio, en Nueva York' es caracte, .


nstlca, y no hay neoyorkino que no la conozca. Cuando se preparaba la cinta La. chica de Pettigrew) con Ethel Clayton por pro-

-330-

-331-

El pase de las cintas en privado

Aparte de la Yenta ja de ver los films tal como nos llegan, estas
exhibiciones antes del estreno ofrecen una muy de tenerse en cuenta;
Y ella es la velocidad normal con que corren las pelculas. El tiempo
no . urge en estas exhi~iciones; no hay programas excesivos que
obligan a pasar en 4::J minutos cintas que requieren una hora.
Los mmimientos tienen la lentitud o nerviosidad requeridas, sin
esa. velocidad epilptica de los films en los salones, que ha conclmdo por hacernos perder la nocin de la justa medida. Slo
dos remedi?s caben: restringir la extensin de los programas, o
pasar las cmtas en dos secciones. Podr resultar ms caro; pero
es el nico modo de apreciar el real movimiento de una cinta
placer ste que hoy slo puede encontrarse en las exhibicione~
privadas.
El truc de los escenarios cinematogrficos

tagonista, hubo necesidad de impresionar varias escenas en el interior de la catedral, y as se hizo. Los neoyorkinos admiraron y
reconocieron muy bien las famosas naves y su suntuosa decoracin.
Pero pusieron el grito en el cielo al saber que la cinta entera haba
sido hecha en Los Angeles, donde, por lo tanto, haban construido,
con madera y cartn, el interior de la famosa catedral.
Sorpresas como sta ofrece a diario el cinematgrafo, aun
para los expertos. Los interiores lujosos, los suntuosos salones de la
quinta avenida, que dan una tan perfecta ilusin de realidad, son
asimismo obra improvisada en los estudios. No hay sala real de
palacio que permita los juegos y efectos de luz indispensables.
Como mucho, se obtienen fotografas de interiores elegantes, que
los obreros del estudio reproducen. Pero las ms de las veces resulta que como las empresas tienen un ejrcito de dibujantes, decoradores y estilistas, se confa a ellos el arreglo de un interior. Y tan
bien lo hacen, que los decoradores de las grandes muebleras y
afines van a su vez a copiar las efmeras creaciones cinematogrficas. A este respecto se cuenta que una estrella de la Paramount,
en el estudio de California exclam un da al terminar de filmar
una escena:
-"11e parte el corazn ver estas encantadoras habitaciones
arrasadas apenas ha concluido uno de trabajar en ellas. Hubiera
deseado vivir toda la vida en sta".
En la cinta Cada mujer figura una calle de Nueva York en
plena nevada. Es vspera de Navidad. Parecera imposible trucar
algo tan tumultuoso y conocido. Sin embargo, la decoracin fue
levantada en una ciudad-estudio del oeste.
Para una escena de mar tropical -en ji;[ acho y Hembrael director Cecil B. de Mille transform un rido islote en fantstica isla ecuatorial. Tuvo que transplantar a ella toda una flora
y fauna de los trpicos; pero la ilusin result perfecta, y los gastos reducidos.
Para conseguir los sorprendentes efectos de submarino que
obtuvo Ince en Detrs de la puerta, de que acabamos de hablar,
debi valerse, y a peso de oro, de un verdadero estado mayor de
tcnicos. Como a su vez el director Ince parece ser un tcnico en
cuestiones de guerra naval, el resultado fue digno de toda ponderacin.
William Hart, que como es sabido trabaja con compaa
propia, suele internarse en los desiertos de Arizona a impresionar
escenas preparadas, y de paso a tomar y estudiar paisajes que luego
aprovechar. Viaja con una caravana completa de caballos, ganado,
galeras, carretas, todos los elementos habituales de sus cintas. Al

-332-

filmar Huellas de galera, por necesidades tcnicas se comenz por


el final: es decir, fotografiando a las galeras embarradas y deshechas, como deban aparecer al final de la cinta. Y como para el
primer acto era menester presentarlas recin pintadas y flamantes,
al concluir la campaa hubo que perder tiempo y dinero inapreciables para devolver las sucias galeras a su primitivo estado.
Pero a veces el realismo se impone. Por dificultades invencibles la Paramount decidi filmar Los anunczos se pagan solos, con
Bry~nt W ashburn, en una fbrica de jabn de verdad. Tal se hizo.
Pero alrunos intrpretes -las damas, desde luego-- llegaron al
fin de 1~ filmacin enfermas y amarillas, a causa del insoportable
olor de la fbrica.
-"Yo me mareo mucho- murmur desfallecida la protagonista al concluir la cinta-; pero prefiero dar siete veces la vuelta
al mundo antes que volver a trabajar en una verdadera fbrica,
sea de lo que fuere".
Ciertamente; y sobre todo si se considera que la ms leve
nusea de la persona que as se expresa est dulcificada con cientos
o mi:es de dlares por hora ...
El Esposo de D. Ph.

Ao XXIII - N9 1135 - 3/VII/1920.


[XIV]
Un prximo estreno feliz: "La tierra de promisin"

Aun cuando no se trate de una obra maestra -y seramos


muy exigentes al pretenderlo en cada estreno- esta cint_a merece
ser elogiada por el espritu que supone en la empresa fllmadora.
En efecto la "Paramount" no se ha caracterizado por su amor a
' arte. Est sujeta, como toda empresa de espectac
, ulos,
las obras de
a necesidades efectistas, cuando no desopilantes. Bien entendido;
pero si de cuando se deja deslizar un film s!n. grandes _efect?s, pero
con un par de personajes de carcter defrrudo que 1mpnmen a:l
drama una marcha normal, sin pizca de aburrida, el balance econmico de la empresa no habr sufrido mucho a fin de a~o_, y
nosotros habremos aadido un punto a nuestro balance art1Stlco.
Tal es el caso de La tierra de promisin. Nora Marsh (Billie
Burke) es una bella y joven hurfana que est ~1 servicio de una
opulenta y enfern1a _seora, en Inglaterra. Le Sirve. de dama de
compaa, pero en verdad es su enfermera. V a perdiendo su vida
-333~

Y su salud velando noche a noche a la anciana. La dama muere


por fin, Y con gran sorpresa de todos se halla que Nora no ha
sido beneficiada en el testamtnto, co~o era de esperarse. Sola v
desamparada, la joven va a refugiarse al lado de su herman;
en el ~a?ad. ~tes de partir recomienda a su hermano por cart~
a un n~~culo JOven que .acaba de conocer, y que quiere trabajar
en .Amenca. La presencia y la actuacin ultra-ridcula de este
petimetre en la estancia canadiense, dar lugar a escenas cmicas
de muy buena ley -lo que es extrao en las cintas de hoy da.
N ora llega mal a casa de su hermano. Est acostumbrada a
una vida mundana, o por lo menos fcil, y en la perdida estancia
cada cual vale segn el trabajo de sus puos: razn por la cual
su hermano Eduardo (J. W. Johnson) se ha casado con Gertie
(Ma:r Alden), muchacha tosca, pero capaz de cocinar y lavar a
los diez peones de su marido.
Naturalmente, el aspecto elegante de su cuada y los mimos
de que [Link] rodearla su hermano, exasperan a Gertie. Poco a
poco logra Imponerse a Nora, al punto que meses despus la joven
comprende que no ha hecho ms que cambiar de esclavitud: viste
como una campesina, lava su ropa, etc.

En la .estancia trabaja de pen Frank Taylor (Thomas Meighan), agncultor que se ha visto obligado a ganarse la vida al
da por haber perdido sus co~echas. Llegado al fin de su trabajo
cobra sus sueldos ahorrados se1s meses, y se dispone a partir. Pero
Nora, que acaba de romper violentamente con su cuada se
ofrece a Taylor de esposa. Taylor concluye de expresar sus ideas
al respecto: -"Si yo. me caso -dice a su patrn- lo har por
neg,9cw; .c~n. una n:ujer que me cocine y me lave, y no con una
mune~a mutll. M~ 1mporta poco amarla o que me ame".
Nora lo ha 01do; pero desesperada de la ruina de su vida se
ofrece al rudo chacarero:
'

vestre, plaga nacional. En ese momento Nora recibe de Inglaterra 500 libras esterlinas, y se dispone a partir de ese infierno,
loca de alegra. Pero ante la actitud de su marido, que la entera
de su ruina definitiva; al ver a aquel rudo luchador aplastado, que
rechaza el dinero que ella le ofrece, Nora comprende que al lado
de aquel pionner enrgico aunque spero, est su verdadero deber,
v en la lucha contra la naturaleza apoyando a su leal marido, est
'
'
la
Tierra de Promisin.
Esta pieza de un solo aliento, perfectamente caracterizada y
desarrollada, tiene una virtud rara, y es .Ja de ser moral. Entendemos por esto, no la decencia y las buenas costumbres, que son
excelentes cosas, sino la tendencia a demostrar que la vida es algo
ms que la elegancia y el buen tono; que en la contemplacin
dichosa del mundo cabe sentimentalidad, pero donde se siente la
vida con su noble pulso es en la lucha, en la redencin del corazn
y la inteligencia por el trabajo, el carcter, la tenacidad, as se la
halle al lado de un tosco y enrgico muchacho de campo, -como
le aconteci a Nora Marsh.
Dorothy Phillips y Wllam Stowell

"-Yo cocinar, lavar y remendar. Si es esto lo que usted


desea, estoy pronta a ser su esposa".
!aylor se ~ncoge de hombros y acepta. Ya estn casados, aunque ~m hacer VIda conyugal. Nora, decidida a cumplir su palabra,
convierte el [Link] rancho de su marido en un hogar. Taylor, entre tan~o, trabaJa en su chacra y espera una ptima cosecha.
, Pasan se1s meses. Sobreviene lo que debe esperarse. Sin confesarselo, el amor comienza a nacer entre ambos. Pero Taylor es
rudo Y es hombre, y un da exige de su mujer el cumplimiento de
sus deberes. Nora le recuerda el tratado, resiste: en vano.
Pasan nuevos meses. La plantacin de Taylor es arrasada por
la Inspeccin Agrcola, a causa de hallarse en ella la mostaza sil-

Esta pareja, disuelta por la muerte de Stowell, acaecida en el


centro de Africa hace pocos meses, perdura an como novedad en un
reciente estreno, La fuerza del Destino, pieza que aunque de un
solo bloque, consta de dos partes perfectamente diferenciadas: una
primer mitad del drama magnfica, y una segunda deplorable. N o
lo recordaramos tan netamente, a no tratarse de dos actores a
quienes debemos algunas de las muy contadas obras de arte dramtico en el film.
En un tiempo ya lejano, la "Universal" tuvo tres cosas de
primer orden: libretistas, directores de escena y fotgrafos. Puede
asegurarse -por lo menos entre nosotros- que aquella casa fue
la primera en utilizar los crudos efectos de luz en los interiores, y
los suavsimos de honda poesa en el paisaje. Los directores, a su
vez, crearon la escena detallada, y esto slo indica sus vistas sobre
el porvenir dramtico del cine. Y como si esto slo no bastara, la
empresa tena a su servicio uno o varios lib~<;tistas de cap~cidad
tal que no ha sido sobrepasada, salvo excepcwn. A tan feliz momento corresponden Zulema la H echcera y Las Orqudeas negras,
como efecto, y LoZa kf organ y La gran pasin, ,como dramas de
caracteres. Recordamos slo estas dos, por ser las ms caractersticas. Y ambas fueron confiadas a la Phillips y Stowell.
Recordamos asimismo que en aquel tiempo las revistas norteamericanas del ramo hacan notar con frecuencia el "exceso de

-334-

-335-

figuras en primer plano" de la "Blue Bird" (U ni versal). N a da decan del carcter de los dramas; pero con seguridad deban de
parecer[les] "demasiado serios".
Esto es, en efecto, lo que ha desprestigiado a aquel sector
de la "Universal". Los films eran obras de un arte que no tiene
gran acogida en el trmino medio de los espectadores, como no la
tienen en el teatro las obras de Ibsen, Haup[t]mann, Gorki, Sudermann, etc. Hasta hoy, el cine filma para un solo pblico, que es
el pblico universal de los gruesos efectos. Cuantas veces pretenda
un drama interior, no ser comprendido, con la falta de difusin
correspondiente. Por esta peligrosa pendiente se desliz la "Blue
Bird", con el aplauso de pocos y el reproche de muchos, hasta
convencerse de que si quera continuar viviendo como empresa
comercial y ganar dinero, deba filmar dramas ms o menos sensibleros, pero siempre de grueso efecto. Y producto de esta orientacin parece ser La fuerza del Destino.
Puede tambin jurarse que el libreto filmado era muy distinto
del que hemos visto. Se le ha conservado tal cual, hasta la mitad,
pero luego entra en consideracin el grueso efecto indispensable,
y el drama es retocado, rehecho -destrozado, en una palabra- para
obtener aceptacin ante la mayora del pblico. Si la obtiene, es
posible; pero no lo creemos.

El Esposo de D. Ph.
Ao XXIII - N9 1137 - 17 jVIIj1920.

[XV]
El segundo film humano del seor Griffith: ((Sonriamos a la vida"

direccin de conjunto, pero ciertamente lo es de detalle. No es


posible pedir nada mejor que los dos primeros actos. El seor
Griffith halla en ellos medio para poner en juego su capacidad
potica para la composicin de las escenas. Ningn director lo
sobrepasa en el arte de filmar un idilio en la pantalla: actitud de
los personajes, fondo, detalles, ambiente, direccin fotogrfica;
todo concurre a la creacin de un bello cuadro potico.
Pero es ms seguro que no podemos ni debemos esperar ms
del seor Griffith. Consumado director de escenas, carece de visin
del conjunto. Su obra ms celebrada: El nacimiento de una nacin,
nos presenta ntida esta grande pero restringida cualidad de director: rigurosas escenas, bellos cuadros, pero sin un soplo que pase
de uno a otro encadenndolos.
Pero contentmonos con esto. Sonriamos a la vida es un derroche de poesa silvestre fragmentada en escenas encantadoras, en
cuanto a sus dos primeros actos. Para mayor gala, el seor Griffith
ha utilizado a dos actores maestros en el arte de los idilios deliciosos
y torpes de la adolescencia: Lilian Gish y Charles Harron.
Es lstima, y muy grande, que el resto del film no responda
a su comienzo. Intervienen luego elementos dramticos de segundo
orden, como aquel padre que sbitamente, de la maana a la
noche, se transforma en un ladrn asesino, tanteando en la obscuridad con un pual en alto, la cama donde est durmiendo un
forastero recin llegado que es. . . su hijo.
La sbita crisis es posible, e igualmente posible que un amantsimo padre robe y mate a su hijo; pero no ha de brotar seguramente tal sombro y complicado problema del primaveral y campesino idilio con que comienza y se desarrolla el segundo de los ilms
humanos del seor Griffith.

Teodoro Roberts.

Cuando D. \V. Griffith declar que, sintindose muy cansado


de las cintas de gran movimiento, iba a dedicar todas sus fuerzas
al simple drama, ms o menos trgico, pero encuadrado en la vida
trivial, la expectativa fue muy viva en el mundo del cine. Qu
nos poda dar el celebrado director, l, que cuenta con los actores
de ms renombre y los ms vastos recursos del studio?
El primer salto desde las epopeyas decorativas al drama elemental fue un pobre y lgubre desacierto: Pimpollos rotos. En la
ocasin analizamos ya este magnfico idilio en un acto, que el
seor Griffith estir hasta seis actos semiaburridos.
El segundo ensayo de vuelo que nos llega es ya otra cosa:
Sonriamos a la vida. N o es ni con mucho una obra maestra como

Tiene la pretensin de ser el actor que ha interpretado ms


personajes en el cine. Si ello es verdad, habr que agregar el abrumador nmero de creaciones durante su actuacin de cuarenta aos
en el teatro. Lo que no obsta p~ra que este gran actor, llegado tardsimo a la pantalla, cuente en su haber la adquisicin de todos los
secretos, todos los resortes y todos los trucs de un arte, como el
cinematogrfico, tan distinto del teatral.
.
-Comenc mi carrera -dice l mismo-- en 1880. He mterpretado todos los personajes, desde Shylock a Simn Legree, y he
recorrido toda la gama de caracterizaciones dramticas y de la
comedia. Hace slo cinco aos que ingres en el cine. Por trmino

-336-

-337-

medio he interpretado un personaje por mes; Veinte veces se me


ha hecho la pregunta -a m como a todo grande o pequeo actor
del cine- de qu personaje haba caracterizad_o ms a gu~to. yo
deseara que el ms inocente preguntn de revi~tas o, la mas. bien
encaminada chica en la senda de la ardorosa simpatm, se dieran
bien cuenta de la dificultad de responder a estas preguntas. Del
montn de cintas que el destino y los directores le encomiendan. a
un pobre diablo de actor, el noventa por ciento son hechas a diSgusto. Quedan diez que nos ha agradado interpretar. ~ entre estas
diez ms fcil nos es volver a interpretar las noventa msulsas que
decidirnos por una de aqullas. Pero en suma: Qu caracteriz~
ciones me agradaron ms? Para el preguntn ms o m~nos bobahcn, y para la misma seorita enamorada del amor al eme, responder con el corazn en los labios que me agrad mucho hacer la
Riqueza en Todas las mujeres; pero como realizacin de arte (ao
s si me entendern aquellas mismas dos personas), me hall sumamente a gusto en el papel de viejo merodeador en Mujeres viejas por
nuevas.
Hasta aqu el seor Roberts. Aparte de alguna impertinencia
disculpable en un hombre de su edad (esto, desde luego, por cuenta
de aquellas mismas dos personas), al admi;~ble actor !e .sobra razn, del mismo modo que le sobran actn'ldades artistl~as, p~es
pinta, dibuja, esculpe. Para sus ratos de descanso colecciOna pmturas v muebles. Nada extrao, pues, que su mansin de Holly>vood
(las c'asas de los actores de cine son todas mansiones) sea muy
interesante, donde sus vacaciones se deslizan al lado de su mujer
y de sus gaviotas domesticadas.
En fin, hay para nosotros algo mucho ms interesante q~e
esto en el hombre que nos ocupa, y es la pulcritud de sus caractenzaciones. Nadie ha dejado de observar la concordancia perfecta de
la vestimenta de Roberts en cualquiera de sus personajes: saco,
pantaln, botines, an su camisa ms o menos desbordada del
cinto, no hay detalle que el -viejo Roberts no cuide rigurosamente.
Pero nada refuerza lo anterior como la circunstancia de haber en
cierta ocasin suspendido su trabajo en la pantalla durante tres
meses a fin de dar tiempo de crecer a su pelo y su barba, con el
objeto de caracterizar en forma a tal personaje de que estaba encantado. Esto se llama honradez de actor, virtud poco difundida
entre las estrellas de reciente constelacin.
El Esposo de D. Ph.

Ao XXIII - N9 1138 - 24/VII/1920.

-338-

[B. -En ATLANTIDA (Buenos Aires):]

EL CINE
[XVI]
Los rrFilms" Nacionales
rrEl remanso"

Toda actividad nacional de arte es como tal digna de atencin, realice o no las esperanzas en ella cifradas. Ya hemos manifestado nuestra opinin respecto del cine, como expresin de un
nuevo y serio arte. En tal carcter, pues, consideraremos las condiciones de El remanso) ltimo "film" de los estudios nacionales y de
reciente aparicin.
Lo primero que salta a la vista en dicho "film", es la fantasa de estilo de las leyendas o ttulos. No hay uno solo en que se
haya tratado de delimitar las caractersticas morales de los personajes, con claras y firmes palabras. Todas pertenecen a un lxico
inspirado -fantstico- diramos, destinadas en total a dar aliento
de poema o leyenda a lo escrito. El abuso de plurales, los nombres
genricos y la retorcida construccin, inflan ms de lo debido todos
y cada uno de dichos ttulos, con pobre eficacia en el pblico, y
ninguna en los que esperan ver en esos ttulos las huellas del escritor: trazos concisos, dilogos breves, destinados, como todas las
leyendas intercaladas en un "film", a determinar, precisar y acentuar la muda accin de los personajes.
Trabajo, en una palabra, del escritor. E insistimos ex profeso
en las leyendas, a pesar de su aparente falta de importancia, porque ellas nos dan, desde la primera que luce en la pantalla, el
temple del drama que se va a desarrollar.
Admitido que el cine es un arte, donde lo menos que se requiere es un estudio de caracteres encadenados por una idea o
una pasin que todos aqullos viven, cae de su peso que slo en
un artista cabe la facultad de estudiar esos caracteres y crear esa
lucha de sentimientos. Si para escribir una novela se requiere un
novelista, y para escribir un drama, un dramaturgo, para meditar,
planear, desarrollar artsticamente una obra de cine, confiemos por
lo menos en un escritor. Este oficio, como todos los que exigen

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una "mano hecha", no se improvisa, y duele bastante adquirirlo.


Falto de l, el autor -sea de novelita hebdomadaria, de teatro
argentino o cine nacional,- el autor slo puede ofrecernos frutas
tempranas, bellas si se quiere, pero faltas de jugo, como todo fruto
primavera l.
La factura de El remanso se resiente de esta falta de sazn.
Tal como nos lo anuncia la primera leyenda "escrita", se desarrolla
el drama "concebido". Es posible que el autor de El remanso llegue
ms adelante a darnos una obra en sazn. Vocacin, parece tenerla;
y amor, es innegable que lo posee.
Como director de escena, el autor de este "film" obtiene ms
xito. Hay en l cuatro o cinco escenas vistas con arte, y algunos
puntos de vista de los paisajes merecen un franco elogio.
Los actores, discretos. Por lo que corresponde al seor Cosimi,
acaso hubiramos preferido verlo en sus viejos papeles de "antiptico", en que obtuvo felices xitos. Su tipo y temperamento se prestan ms a caracterizar papeles de energa -aunque feroz,- que
papeles de nobleza -aunque anodina.- El cine norteamericano
nos ha enseado por dicha que la energa y la expresin del varn
lucen ms en los papeles antipticos que en los amables. Lo que
sera penoso olvidara el actor referido.
Las alucinaciones de Honrars a tu madrrl'

Pero hay algo mejor en Honrars a tu madre, y son dos


evocaciones grficas, con el procedimiento de alucinacin o ensueo, tan caro al cine.
En el primero de ellos, un viejo padre agobiado de remordimientos, cuyo hijo prdigo se ha sacrificado por salvarlo de la
deshonra, ve surgir en un rincn de la pantalla a ese mismo hijo
cuando tena seis aos; y a l mismo, el padre, azotndolo ferozmente ... Hay dolores que no se soportan, ni hay padre capaz de
seguir viviendo tras esa alucinacin.
El padre ha muerto; pero queda la madre, rey Lear femenino, para sufrir an ms. Echada sucesivamente de la casa de
sus hijos e hijas en su extrema vejez, ve a su vez surgir vagamente
en un rincn del lienzo la mesa del comedor -apenas la mesa y
la carpeta hasta el suelo.- Y alrededor ve correr, persiguindose,
los piececitos desnudos de sus seis hijos, las seis criaturas que fueron
toda su esperanza y la devoraban a besos ...
La realizacin de esta ltima evocacin es de una gran finura. El cine, en efecto, posee esta gran fuerza de sugestin: la de
la doble vista, de la alucinacin flagrante, del ensueo materializado en un rincn de 1a pantalla. En los primeros das del cine,
los dramas (tal vez dramones) basados en el remordimiento y su
secuela espectral, prestaron ancho campo a estas visiones fantsticas. Se abus, naturalmente, como se abusa en arte de todo
lo que va como un florete a punzar el centro mismo de la sensibilidad. Pero el recurso es siempre de buena ley; como lo es el
"leit-motif" musical, y como lo son a veces -pocas veces- los
primeros versos de un poema, que se repiten al final del mismo
con suspensivos ...

Ha sido estrenada en los ltimos das la cinta de este ttulo,


con un franco xito. No se trata de un "film" intenso, pero s de
largo aliento. Con una extensin de once actos (los tres primeros
cabran en uno solo), la cinta despie1ta un inters que crece con
cada acto, precisamente al revs de lo que suele acontecer en no
pocas obras. Drama, no hay en verdad en Honrars a tu madre.
Y apenas si puede decirse que hay all una historia. Es un poema
a la madre, una especie de largo cntico en episodios, donde no
faltan ni el hijo prdigo ni el hijo hipcrita. Pero lo que sobre
todo hay en dicha cinta es una figura de madre interpretada con
gran dulzura por la actriz que tiene ese papel a su cargo. Todos los
actores, tanto las criaturas de los tres primeros actos como los adultos de los ocho restantes, responden perfectamente a su papel; lo
que quiere decir que aunque el "film" en cuestin no sea de primera, es un "film" muy bien hecho. Vale la pena mencionar este
determinante: "film" bien hecho, porque l nos va a dar la razn
de ciertos dramas cinematogrficos, modestos en s, y que obtienen
y merecen un franco aplauso por su realizacin. Tal el teatro, que
da a da nos da ejemplo de ello con el millar de piezas salvadas
y ensalzadas por el juego de tal gran actor o gran actriz.

Arbuckle acaba de ser absuelto de la imputacin de asesinato.


Persiste por otro lado la impresin del crimen cometido en la
persona de Mr. Taylor, director de los talleres Lasky, y no se ha
borrado an el recuerdo de otro crimen -bien que por cuenta
personal- que se llev al otro mundo de las sombras a Olive
Thomas.
Sobre estos tres dramas se ha comenzado a edificar la leyenda
que amenaza ahogar al cine en una atmsfera gratuita de corrupcin.
En efecto, nada ms gratuito que derivar estos hechos del
carcter de vida de las gentes del cine. En todo tiempo y ocasin,

~-340-

-341-

Las orgas del czne

-~_:.

las hermosas suicidas y los alegres trasnochadores han surgido de


los ambientes ureos: mundo de las finanzas, de la aristocracia,
del arte mismo -cuando el arte ha logrado dorarse. En Hollywood,
Santa Mnica y Los Angeles, las estrellas del cine se divierten,
queremos creerlo, y es agradable, clsico y fatal que lo hagan.
Pero no es sensato atribuir a una sola casta lo que ha sido y es
patrimonio de las gentes cuya fortuna -pasado un lmite,- desborda en violento chorro de monedas, risa y orgas. Orgas ...
Seguramente las ha habido o las habr en Los Angeles. Mas no con
la frecuencia ponderada, ni mayores tampoco que las que la suerte
puede deparamos tras cualquier recodo de la opulencia.
No atinamos a suponer por qu las gentes del cine, particularmente ellas, deben de sentirse dispuestas a la orga. No hay
acaso en todo esto otro motivo que el fastuoso miraje de juventud,
belleza y opulencia atribuidas a las estrellas de Hollywood, miraje
que la pantalla, con sus vivas escenas de ternura entre esas mismas
estrellas, no consigue sino reforzar.
Estas comedias trgicas, en suma, han eliminado de la vida
a dos mujeres, ambas jvenes y hermosas, y a un director de cine.
De este ltimo drama no nos queda ms rastro que las crisis nerviosas de Mary Miles, los desmayos de Mabel Normand, y un paquetito de cartas amistosas, mojado en sangre. Asunto y angustias
de cine, todo este drama, que algunas de sus intrpretes van a vivir
de verdad.

H oracio Quiroga
Ao V -N~ 214 - 11/V /1922.

donde slo se precisaban dos. Apenas hay en Los enredos de Anatalio dos personajes en sostenida funcin: Gloria y Wallace Reid.
Los otros diez son episdicos, con actuacin reducidsima, si se
excepta acaso a W anda. Siendo los dems personajes, episdicos,
que no aparecen sino en breves escenas, el seor de Mille ha malgastado el nombre de seis o siete excelentes actores, capaces, todos
y cada uno de ellos, de un magnfico papel. . . donf!.e este papel
existe.
N o es ste el caso de la obra en cuestin. Agnes Ayres, Elliot
Dexter, Teodoro Roberts, lvfonte Blue, podran haber sido perfectamente reemplazados por cualquier mediano actor. De Mille, por
razones internas de "studio", prefiri poner al servicio de una ligera
comedia a un suntuoso conjunto de estrellas que, faltas de espacio,
no han podido brillar. Slo una obra de envergadura tan vasta que
exija diez o doce figuras centrales, larga y perfectamente individualizadas, puede darse el lujo de exigir de un director de la nombrada de de Mille, el desgaste de una docena de astros.
En j\;[acho v hembra, el mismo de Mille recurri al procedimiento, con feliz xito. Pero de la obra citada a la que se acaba
de estrenar, va larga diferencia. No poda haberse encontrado para
Macho y hembra, ~n intrprete mejor que Toms Meighan. En
Los entredos de Anatolio, en cambio, cualquier figura del cine
hubiera triunfado pasablemente, donde Wallace no ha sabido qu
hacer. Pero esta reserva atae al seor de Mille, segn lo veremos
otro da.

''Madame X''

Con estruendoso xito se estren das atrs esta cinta. El anuncio de que doce estrellas haban sumado y puesto sus fuerzas al
servicio de Cecil B. de Mille, director de la obra, haca pregustar
ya de antemano las bellezas del "film". La comedia, pues, fue recibida con una satisfaccin a la que diversos factores no son ajenos:
los hombros de Wanda Hawley (excepcionalmente desnudos en
esta fresca rubia) ; las poses habituales de Gloria Swanson, y la
propaganda de su propio director, priman eficazmente entre aqullos.
Veamos ahora la obra. El error de de Mille, esta vez, consisti
en reunir doce estrellas para la ejecucin de una modesta comedia

Una pieza concebida para el teatro puede, si el mismo autor


aade las escenas complementarias y escribe l mismo las leyendas,
pasar a la pantalla y ser una obra de arte. Si el autor no interviene
en este traspaso de escenario, o un director poco avisado pone en
l sus manos, entonces el drama, exhibido como "film" es fatalmente una pobre cosa.
No quiere eS<t.f) decir que la pieza "tfadame X, en el caso,
carezca de inters, y aun que deje de apasionar a buen nmero
de espectadores. Las obras de cierto teatro, sabido es, estn edificadas sobre la garanta de grandes conflictos psicolgicos. Lo que
dicen los personajes cuenta muy poco en tales obras. El efecto
teatral de esos conflictos lo absorbe todo: tal esa cariossima
madre de mundo cada en los bajos fondos al serie arrebatado su
tierno_ infante, y al cual, 18 aos ms tarde, le toca defender de

~342~

-343-

[XVII]
El seor de Nfille, en los Enredos de Anatolio"

oficio, en un juicio criminal, a una vieja cocainmana acusada de


asesinato: su propia madre.
Ciertamente, los efectos psicolgicos son todos de buena ley en
arte, aun los ms forzados; y el que sirve de eje a }.{adame X
no es ni con mucho extraordinario. Pero no es menos cierto que
el manejo de tales efectos requiere un tacto singular; y que cuanto
ms fuertes son, ms cautela, preparacin y lgica "fatal" exigen.
Privada de todo esto, la pieza se convierte en simple obra de gran
guiol o melodrama, como es el caso con lvfadame X.
Esta obra, como teatro, es ya cosa distinta, por cuanto la
accin est encauzada, sostenida y autorizada por la palabra, o
sea el alma del personaje. En la adaptacin cinematogrfica, en
cambio, las leyendas no determinan ni empujan a cosa alguna.
Queda el efecto desnudo, fuertemente sentimental, sin duda, pero
no ms que el espectculo, tambin desnudo, de una pobre mujer
vecina nuestra, a la cual el tranva acaba de partir en dos a su
hijita. Pero este espectculo, por ms terriblemente que nos conmoviera, no es una obra de arte.
La actuacin en [Link] X de Paulina Frederick, actriz
de gran temperamento, no es admirable porque la pieza no le ofrece
juego. Los gruesos efectos, en los actores como en los escritores,
suelen ser predileccin de las gentes mediocres. No hace mucho se
exhibi sin mayores comentarios un magnfico "film" donde pudo
verse todo lo de que es capaz la Frederick. Pero cintas como El latigazo no abundan por desgracia.
El encanto de las exhibiciones en privado

Nadie ignora que estas exhibiciones en privado de las cintas


no estrenadas an, se verifican en honor de los profesionales del
"film", de los alquiladores, de los periodiStas, y de no pocos amigos
de _l~s empresas. Las tarjetas de acceso a estas exhibiciones son muy
solicitadas, pues las horas matinales o super-nocturnas en que se
llevan a cabo, favorecen a profesionales y particulares.
Pero la solicitud de estos particulares tiene un motivo muy distinto del de aqullos. Y consiste este motivo en que nicamente en
exhibiciones privadas se puede apreciar el valor de una cinta. No
hay entonces apuros, urgencia de precipitar el "film" para poder
desarrollar un inmenso programa en tres o cuatro horas. N o se ve
caminar a la gente a escape, en breves sacudidas epilpticas que
dan en el suelo con la armona de los movimientos. Los gestos,
con su medida y ritmo naturales; los ademanes; un lento levantar
desde el silln, y una ojeada de los pies a Ja cabeza, que parece

-344-

no concluir nunca: todas las cadencias de la actitud y la marcha


conservan all su valor.
Una cinta comn en seis actos, pasa en estas exhibiciones privadas en una hora, por lo menos. Figurmonos entonces la velocidad de pesadilla que se debe imprimir a un "film" en las salas
de espectculos, para damos ese mismo "film" en cuarenta o cuarenta y cinco minutos, en el mejor de los casos.
Si en las cintas cmicas, y aun en las escenas de gran accin,
un poco ms de vrtigo y ataxia en los movimientos no daa en
suma sino a los ojos, en todas las dems situaciones el efecto hiere
nuestra normal impresin de lo que es la lentitud borrascosa, o la
gracia y el abandono. Nos hemos acostumbrado a la velocidad de
los "films", porque a todo se acostumbra uno. Pero el feliz mortal
que pudiendo asistir a una de estas exhibiciones privadas, ve avanzar en la pantalla a una hermosa chica con el abandono natural
y cadencioso de su paso, ms tarde, en el estreno pblico, tardar
un buen rato en reconocer en esa muchacha brusca y con sacudidas de ttere, a aquella armoniosa criatura que vio en privado.
Constancia Talmadge

Lo que a propsito de Meighan Kerry y sus irresistibles uniformes anotamos en Poderes, se vuelve en contra nuestra ante
la seorita Talmadge, Doctora en amor. El encanto de esta
mujercita no requiere, felizmente, uniforme alguno para que los
honrados hombres bailemos al son de su sonrisa. La pequea Constancia no tiene en efecto otro uniforme que su sonrisa. Est, diremos, exclusivamente vestida de gracia. Haga lo que ella haga, luzca
en un bueno o mal "film", nada se ve en la pantalla si no es a
ella misma. De aqu que esta actriz, en mayor grado que sus con:
gneres, posea el don de hacemos admitir como pasables, cintas
que con otra protagonista nos irritaran la vista.
De la serie de "films" dedicados a Constancia en los ltimos
tiempos, uno solo dej el recuerdo de una bella comedia: La
seorita V am ~viro. Los dems, aunque en verdad no tenan pretensiones, apenas lograron pasar de modestos escaparates para un
brillante maniqu: la estrella aludida.
Pero as y todo el espectador no pierde su tiempo; como no
lo pierde el hombre juicioso a quien se le concede poder contemplar
muy, muy de cerca, y por media hora seguida, con exclusin total
de lo que pueda decir o hacer, a una adorable criatura toda llena
de gracia, -en este caso Constancia Talmadge.
H oracio Quiroga
Ao V - N 9 215 - 18/V /1922.

-345.-

[XVIII J
La moralidad en el czne
W illiam H art
Con El mar de arena, historia sentimental de una travesa

~el desiert?, vuelve a presentarse en la pantalla este actor, de re-

lieve tan smgular que merece nos detengamos a considerarlo.


~art personifica sobre todo y por encima de todo, al varn.
No eXIste en ~~do el cine un ser de rostro menos agraciado que el
suyo. Pasa VISiblemente de los cuarenta y cinco aos. Es tosco
----yor lo menos en la pantalia-, y simula a maravilla ser muy trr:-rdo en acha~ues de amor. No es pues ni buen mozo, ni joven,
m elegante, m ha desempeado que sepamos papeles de intelect~al. A qu se debe, entonces, el prestigio que entre el bello sexo
tiene este actor tan desprovisto de seduccin?
Curioso es comprobarlo: pura y exclusivamente a la energa
de su ca~?~er. ale decir, a la arista ms aguda del alma primiti~a,
que la CIVIlizaciOn urbana ha desgastado, nivelado y aceitado, al
~unto de s~r un mrito no tenerla ms. Con tales aristas, pues,
asperas Y VIo!entas hasta convertir al actor en oso perpetuo, Hart
goza, a los cmcuenta aos, de muy sentimentales privilerrios en el
corazn de las tiernas jvenes, que en honor de su te~ple viril
no ven la tosquedad, la madurez y la vieja cara de gorila de su
hroe espectral.
Con n~estro urbano concepto del hombre paladeado y sopes~?o en [Link] y garden partys, nada extrao que la predilecCIOn femenma corra hacia Wallace Reid Toms Meirrhan Val .
d , b
,
"
,
entmo y emas uenos mo~os profesionales. De ms o de menos,
:odos e~los ofrecen a la pupila pensativa de una nia apenas mu~
Jer, la JUVentud, el donaire y la belleza del soado ideal.
Pero Hart nada de eso puede ofrecer: ni juventud ni elegancia, ni felina seduccin. Ese hombre viejo es un simple' smbolo
de lo ms caracterstico del varn: la energa masculina del carcter .. ,Sus conquistas en la. pantalla tienen todas por base la manifestaciOn de esta dura cualidad del alma. Y si a pesar de ella llega el
hombre a conquistar, ello se debe a que en el fondo de esa aspereza insultante, anida una gran ternura, celosamente oculta por
pudor viril.
.
C_omo en nuestras salas de cine, son comnmente en la pantalla
Jovencitas las que se sienten estremecidas de amor por el rudo
varn. Para mayor contraste, es casi siempre en el campo, en los
bosques, en los pramos de hielo, donde se despliega su energa,

-3.46.-

ostentando por toda seduccin externa un pantaln y un par de


botas embarrados. Qu puede ver, qu encanto puede hallar en
tal viejo y feo hombre as vestido, una chica que de los hombres
no conoce sino el corte de sus smockings y la tirantez de sus gominas?
Nada, a no ser la fuerza y el temple del carcter, dos cosas
que ignora en su medio ambiente, pero que la arrastran irremisiblemente hacia el rudo varn que las posee.
En las minas, en los obrajes, en el desierto: donde quiera que
Hart ha actuado, sus cintas han sido un constante himno al esfuerzo personal, un dursimo triunfo del trabajo, del valor, y la fe
en una y otra cosa. N o pocas veces el protagonista ha llegado al
simblico Oeste con el valor perdido y la fe extraviada. Es unas
veces un vencido por inadaptacin a la lucha urbana, y otras un
mozo dilapidador, estril e intil en la vida del mundo. Y en todos
esos casos, hemos asistido a la regeneracin del hombre por la vida
libre y el trabajo manual.
No importa la clase de trabajo: ingeniero, cow-boy, pen de
mina. La regeneracin quedaba cumplida desde el momento en
que el hombre saboreaba un triunfo sin par: el de su propio, duro
y .til esfuerzo.
Nunca seremos bastante gratos a esta tendencia particular y
exclusiva del cine norteamericano. Su incansable canto a la energa
del varn compensa con exceso las innumerables tonteras que nos
sirve a la par. Hay en este himno al trabajo, por grosero que sea,
una prdica de moralidad superior, que no se aprecia en lo que
vale. Mientras el verso, la novela y el teatro se desgastan pellizcando en minucias decorativas o adulterios muy bien sobrellevados,
place ver en la popular pantalla una ruda y fresca historia del
Oeste, cuyas pasiones giran alrededor de las simples manos encallecidas de un varn.

Tom Mix
En Jinetes de la noche, Tom :Mix vuelve a ofrecernos una
cinta ms de aventuras en regiones despobladas. Contra lo habitual
en l, el popular hroe encarna esta vez un personaje de pasiones
duras, impulsivo y sediento de venganza.
No es feliz el cambio. En los papeles de buen muchacho, loco
y temerario, pero con corazn y risa de nio, Tom Mix realiza un
hroe de todo punto amable, y con vistas al circo de pruebas, pues
es curioso que los dos actores de ms fresca simpata en la risa,
Douglas Fairbanks y Tom Mix, sientan gran debilidad por la
acrobacia.

-347-

Cuando Jorge W alsh era un buen muchacho y rea como tal


ejerci tambin de acrbata. Despus se le cort la larga melen~
Y ~e le pint todo de blanco, con excepcin de las cejas y la boca.
As1 transformado, salta ahora entre los divanes y las consolas de
los salones; pero ya no hace reir, como debe hacerlo un buen
acrbata.
:Menos an que a Douglas, no convienen a Tom Mix los papeles
de .tremendo. En vez de expresar resolucin u odio, apenas alcanza
Fmrbanks a poner ojos de persona a quien la luz ofende. Y Tom
Mix, en igual situacin, no expresa sino sorpresa.
_
Sin embargo, e~ ste uno de los actores que menos desenganos nos han proporciOnado. Salvo contadas excepciones, ha gozado
de una suerte que se niega las ms de las veces a Paulina Frederick, entre otras estrellas; la de los buenos argumentos. "Una cinta
de Tom Mi_x casi siempre se puede ver". Esta verdad popular
no expresa Ciego placer por las piruetas aisladas del actor sino la
seguridad de que tales piruetas sern incidentales en una' historia
bastante bien hilvanada para que los despliegues de acrobacia
.hallen su razn de ser. Faltas de esta historia, las piruetas solas,
Por audaces que sean, no alcanzan a evitar los desolantes tres cuartos de hora de oscuridad, teniendo por nica compaa el aburrimiento.

de la vbora que fatalmente va a aparecer. A veces los ojos se cierran apenas el paisaje sin vida comienza a temblar. Pues en ef~cto,
la proximidad de la visin, las curvas mareantes y la boca abierta
co~ blancura de ncar de una vbora de cascabel, no es un espectculo plcido.
.,
Cabe apreciar a este respecto la excelente educacwn de los
actores y fotgrafos de cine. Una vbora, nadie lo ignora, no puede
tender adelante sino la tercera parte del cuerpo, pues las otras
tres cuartas partes le son necesarias en tierra como punto de apoyo.
Pero este clculo, por sencillo que sea, no est muchas veces al
alcance de los bellos ojos de una mujer, ni de los de un hombre cualquiera. La tensin nerviosa nuestra ante la aren~ Y los
arbustos desolados donde va a aparecer la vbora, ya ha sido sufrida, y con la serpiente a los pies, por actores y fotgrafos. A veces
las actrices juegan con ellas, se las lanzan unas a. otras,. como en
cierta cinta cmica. Son culebras, de todo punto mofens1vas. [Link]
una vbora de cascabel -y ellas infestan el Arizona-, no es objeto
para pasar de mano en mano; pues desde el instante en que abre
en ngulo obtuso sus fauces de ncar, ha~ta el de Ianzars? contra
el trpode de la mquina, media slo el tiempo de un relampago.
H oracio Quiroga

Ao V - N9 217 - ljVI/1922.

Las vboras

, Se pasa .una cint~ filmada en Califomia, Nuevo Mjico, con


frecuencia en Anzona. Han transcurrido varias escenas, y la
ultima presenta a una mujer o un hombre jinetes en el desierto,
u hollando a tardo paso la arena. Hace un sol de fuego, y el paisaje
est devorado de luz. El hombre o la mujer avanzan ... y se corta
la escena.
. La pantalla vuelve a iluminarse. El paisaje es el niismo antenor, pero no se ve a nadie. Durante breves instantes se nos
ofrece el niismo cuadro, totalmente \'aCo de vida. Entre los arbustos desolados, la arena vibra bajo el sol. Y la vibracin del film
se aade a la de la arena, para tomar ms trmulo calcinado y
desierto ese paisaje.
'
Soledad, nada. . . Pero he aqu que por un costado de la
pantalla entra en accin una vbora.
Nadie que haya visto una sola vez sostener sin objeto aparente
en la pantalla un cuadro del paisaje del Arizona, tiene la menor
duda de que ver una vbora. La expectativa ante esa aridez, esa
arena y esa soledad es de todos conocida. N a die se engaa. Los
ojos se vuelven inquietos a todos los lados de la pantalla, en busca

[XIX]

~~s

-348-

Un buen film

A veces, y por lo comn ~advertida, nos llega una cinta que


realiza el ideal de este peregrmo nuevo arte. Tal es el caso con
La nia de la gran casa, das atrs estrenada en silencio, a semejanza de tantos otros films, y que por desidia o falta de compre~
sin de sus propios productores, nos llega, pasa y se apaga sm
una sola mencin.
Notamos bien que La nia de la gran casa ( sa?e Dios qu
ttulo adecuado y preciso tiene en ingls!_) no es u~~ pieza de gr~n
relieve pero es un drama totalmente cznematografzco por las VIrtudes ~xclusivas de este arte que campean en l. No se ha recurrido en dicha cinta al recargo de escenas que con tanta pesade~
transforman un bello cuento de dos actos en un melodrama de seiS
-como es el caso con Pimpollos rotos. El film que nos ocupa
es un drama de puertas adentro, con tres personajes y ni uno ms.
Se. desarrolla en breve tiempo, como corresponde a un buen drama.

--349-

Sus tres personajes dicen por medio de las leyendas lo que deben
decir segn su carcter, y los comentarios fisonmicos de los estados de alma correlativos, nada dejan que desear. Agreguemos a
estas virtudes capitales de un film, las de una perfecta eleccin de
las escenas y su disposicin, y nos hallamos a fines de este mayo
con una ~[Link] hermosa, entretenida como la que ms, que nos ha
llegado disimulada entre el con junto annimo de cintas, y sin los
trompetazos de reclame con que desde el norte nos lanzan, una
o dos veces por mes, largas cintas decorativas.
La nia de la gran casa es una historia de amor con largas
vistas _al matrimonio. Son sus personajes el esposo, la esposa ... y
el anngo. El y ella son jvenes, felices y se adoran. Nunca se ha
levantado ni se levantar una nube en el cielo inefable de su
f~licidad. Entonces interviene el otro, que es ntimo amigo del mando, y que en seguida de llegar sufre el influjo de ella. La esposa
~alla a su vez muy agradable al amigo, desde la noche en que
este llega a la casa de campo.
Luce en esta situacin una de las ms bellas escenas del film.
Se hallan los tres personajes al amor de la estufa, ella sentada en
un cojn a los pies de su esposo. Su cabeza queda en la penumbra.
Pero desde esa penumbra cmplice puede fijar los ojos en el amigo,
sin que el amigo lo advierta.
Los esposos se han adorado y se adoran; el marido es tan
elegante y buen mozo como el recin llegado; en ese mismo instante el amigo cuenta una historia de herosmo de que el marido
fue protagonista; todo, en fin, dispuesto para poner en relieve la
viril gallarda del esposo. Y a pesar de esto, el recin venido es el
otro, es la novedad, lo desconocido, aun lo prohibido para la casta
esposa ...
La composicin e intencin fisonmica de esta escena a la
luz de la chimenea, con la fiel esposa que recostada la cabeza en
las piernas de su marido, se aprovecha de la penumbra para observar de hito en hito al otro, revela una mano maestra de director.
El film prosigue: encuentros diarios y naturales de la esposa
y el amigo, paseos en comn, alboradas y lluvias cmplices. Un
incidente precipita las cosas. Al cruzar un arroyo, ella se tuerce
un tobillo, y el amigo se ve obligado a Ilevarla en brazos. Al mirarse
de cerca, la terrible verdad los envuelve en su vrtigo: pero ella
resiste.
Largos das de lucha, luego, en que el amante lucha con la
lealtad que debe al esposo. Al fin no puede ms, y anuncia al
dueo de casa que se va, porque est enamorado de su mujer.
El marido lo deja hablar. Al concluir se echa a reir y responde:

-350-

-Sera imposible que no pasara as. De igual modo me enamor yo, y se enamorar cualquiera que pase a su lado. Pero ve
en paz; soy muy feliz para sentir celos. Qudate, y cuando ms
tarde te vayas, busca una mujer como la ma.
El amigo insiste, sin embargo. Sabe bien que los espo;o~ se
adoran; mas quiere poner a cubierto su lealtad hasta el ultrmo
extremo. El marido re otra vez, y lo aleja palmendole el hombro.
Nuevas escenas exclusivamente cinematogrfic:J", en que el
esposo medita a veces con el ceo fruncido. . . para. concluir siempre con una alegre sonrisa de sana y suprema confmnza.
Ella, la esposa conturbada, lucha a su vez con todas sus f~er
zas. Hasta que una noche, solos en el saln la esposa y el ann~o,
ste pierde de nuevo la cabeza y la besa. . . a punto .que el dueno
de casa va a entrar en el saln. V a a entrar. . . pero sigue de largo,
y sube a su escritorio.
Ella corre tras l. No ha devuelto el beso; lo ha soportado,
nada ms. Pero asimismo corre a ampararse en su esposo.
-Es necesario que X se vaya- dice. -Acaba de besarme ...
y yo no lo he impedido.
.
...
Pero l la mira sin despegar los labws. El edificiO levantado
sobre la base de una suprema confianza, no se derrumba sin sepultar algo ms. La esposa muerta de cuerpo y alma, solloza en
su dormitorio sobre las ruinas que la han sepultado.
Pero el esposo, solo, medita: Quin, si no l, tiene _la culpa
del extravo? No fue acaso advertido por el otro? No la vw luchar
a ella misma? No permiti l mismo que jugara con fue?o .su
santa felicidad? No, no tiene ella la culpa! Su pobre muJefClta
adorada!
Y en tal estado de amplia y viril comprensin, va a buscar
a la esposa, que se refugia tiritando entre los fieles brazos de
su amado.
S, concluido todo! Tras esa dura prueb~, felices de ~u evo
y para siempre! Cunto, cunto se han quendo! No esta ella
acaso temblando de pesadilla y amor reconquistado en los brazos
de su esposo? Nube de verano, nada ms! Y maana se irn de
alli, a recomenzar su luna de miel.
Tal dice l; y ella, quebrantada, dic~osa, se oprime ,a su
esposo, al divino amor de diez aos qu~ :nanana n;co:nenzara con
ms fuerza. Y en la efusin de esa felicidad de lagnmas y esperanzas, l se inclina sobre ella, y ella cierra los ojos, dichosa ...
Pero al sentir los labios de su esposo, ella aparta los suyos...
.
Nada ms para expresar el tremendo mar de fondo de esta
situacin, que la leve desviacin de una boca ... No sabemos qu

-351-

palabras tendran una elocuencia igual para gritar: No, no! Es


que a pesar de todo lo amo a l! Sufro, me arrepiento ,Y me mu~ro!
Slo t eres bueno, grande y generoso! Pero es el, es a el a
quien amo y cuyos besos deseo hasta morir!
Ante la fuerza de expresin de una boca que est jurando amor
y paz reconquistada, y que a pesar de todo se desv~a unos mil~
metros para no besar, las palabras todas estn de mas.
.
Tal es en/ esencia La nii"a de la gran casa. Con este mismo
argumento, diez directores de escena presentarn otras tantas obras
distintas, creando cada cual las escenas en que el d'rama se desarrolle. Pero uno slo escoger las escenas capaces de poner en
relieve cinematogrfico este conflicto de pasin, y en este caso preciso, el de La nia de la gran casa es ese director.
((All en el Este"
La expresin por la expresin

Fresca an Por defender a una mujer, nos llega All en


el Estr, tambin de Griffith. Dcennos que tuvo esta cinta gran
xito en su pas de origen. N a da ms de creer, si consideramos
las [Link] de la obra, sentimental, abundante de incidencias
sociales, cmicas y dramticas. Una de estas ltimas, en particular (cuando es echada del comedor la protagonista) , sirve de base
a una magrfica escena. Tal vez la cinta es larga. No ~ nuevo
el pecado en Griffith. Compensan sin embargo esta deb1hdad, y
con creces cuatro o cinco paisajes de los actos finales, verdaderos
cuadros, e~tendida esta palabra en toda su seriedad artstica. Para
concluir el film, Griffith nos ofrece una epopeya romntica en un
ro helado -y roto por una tempestad, uno de cuyos bloques a
medio sumergir arrastra hasta el abismo, desmayada, a Lilian Gish.
Esto en cuanto a la obra de espectculo. Desde un punto de
vista m~ serio, All en el Este es bastante vulnerable. El film
consta en verdad de dos obras, o -si se quiere, de una historia de
seis actos que sirve de prlogo a otra historia de tambin seis. Pero
la accin comienza realmente en el sexto acto; los tres cuartos de
hora primeros sirven apenas de marco a temas decorativos.
Ms inexplicable es la debilidad que sigue: En un momento
dado del film, Griffith, queriendo a toda costa aprovechar un
bello efecto crepuscular de ro, que nada tiene que ver con el estado
de nimo de los personajes, recurre a esta leyenda: "-Y le ense
(los protagonistas estn sentados) el punto donde los dos ros se
bifurcaban". Y a continuacin, el bello efecto fotogrfico.
Pero el paisaje por el paisaje es pobre cosa, si la historia no
lo exige como un aspecto concomitante con el estado de alma de

-352-

los personajes. Las cintas nacionales han flaqueado siempre y cada


ve~ que .nos han ~frecido temas decorativos d'e naturaleza, por la
misma Simple razon; la falta de calor del paisaje porque s.
En lo que se refiere a los intrpretes de All en el Este,
se destaca, como es forzoso se destaque un actor de tal sobrenaturalidad, Richard Barthelmess. En lo que concluimos de anotar
sobre los temas decorativos sin razn d'e ser cabra perfectamente
el juego ~i~onmico de Lilian Gish en esta ~inta; Ia expresin por
la expreswn. Pero esto merece unas lneas aparte.
H oracio Quiroga

Ao V - N 218 - 8/VI/1922.

[XX]
La expresin por la expresin

La sobriedad, en arte cinematogrfico, consiste en no exagerar la expresin fisonmica de los sentimientos. Lo mismo en el
teatro, desde luego. Pero en ste el juego del rostro se ve mal,
o no se ve; y como dicho juego no ha sido nunca finalidad del
teatro, reservamos para el cine la precitad'a definicin, desde que
la pantalla es un simple, grande y luminoso espejo del alma.
Cuando en un tiempo el cine fue dominio del arte europeo,
Y del latino en particular, no hallamos la naturalidad y exactitud
de las expresiones que en conjunto constituyen la sobriedad. Actores de gran fama teatral condescendieron en imprimir en la pantalla su juego fisonmico, que tan justo y medido nos pareciera
desde las butacas. "Por fin -nos dijimos- tendremos actores
de cine".
El resultado de aquella condescendencia fue el que todos conocerno~, grande.s _Y jvenes, viejos y chicos: un lastimoso espectculo
de tnste C?illlCid~d, en que las , actrices eran vampiresas e ingenua,s al ffilsm? tiempo y a razon de veinte veces por segundo,
segun la velocidad de cada una para levantar las cejas; y donde
los varones se llevaban las manos al pecho agitado, cad'a vez que
queran demostrar emocin.
A los mejores de entre ellos, poda considerrseles simplemente
exagerados, por incomprensin de un arte nuevo y extrao los
,
,
'
demas
pareCian unos locos, en razn de la movilidad extraordinaria de sus rostr?s y del nfasis constante de sus expresiones. Algo,
en suma, semepnte a los declamadores de saln, que no hallan

--353-

modo de decir una cosa tan llana como "La noche era tranquila",
sin modular trgicamente la voz.
, .
.
Mas la pantalla es terrible cosa. Un hroe homenc~,. vestido
de leyenda y arbitrariedad psicolgica, ,puede acaso permmrse con
xito visajes de gran efecto en la galena. Pero cua~do un hombre
de nuestros das, de pantalones doblados y zapatos de goma cuando
llueve recibe una carta de su esposa infiel, no hace nunca grandes
gestos: ni se lleva las dos manos al pecho, como no lo hace tampoco mujer alguna. . . si estn solos. ,
.
.,
He aqu la cuestin, y el por que de 1~ mcomprenswn, a:r:tes
aludida. En la escena teatral, el actor posa szempTe ante el pub~ICO.
Intil que la pieza dramtica pretenda darnos un trozo ~e VIda;
el actor sabe que a su costado hay dos mil personas que tienen los
ojos fijos en l; y aunque en aparie~c~a su rostro, .su v~z y su ,alrl_l~
estn vueltos a su interlocutor dramatico, y a nadie mas que el ve,
en verdad es con el pblico cn quien se comunica, y para quien
se mueve y gesticula.
La verdad de los sentimientos y su expresin, slo el cine
nos la da hoy en da. El actor de cine (el buen actor) ignora totalmente que est en pblico. Se halla solo, con su persona Y sus
pensamientos. No sabe que a cincuen~~ centme:r~s de su rostro,
la mquina est registrando su expreswn. ~1 reCI~lr una carta ~e
su mujer infiel, acaso se levante, s1 es muy 1mpreswn~ble, o arroJe
la carta, o quede inmvil con el ceo muy contrmdo. Pero no
habr muecas dramticas pour la galerie, porque un hombre solo
no hace jams muecas por terrible que sea la impre~in .recibida, Y
nicamente en el estiramiento de los rasgos o algun tic pe~onal
acusar el desastre. . . Lo contrario de las seoras muy nemosas,
que contienen sus crisis hasta el preciso momento de encontrar un
espectador.
Algunos actores de cine norteameric~n~s pueden darnos este
hermoso espectculo de la vida y sus sentmuen;os tales cuales. ~on
si tien~n la suerte de una buena obra. En AlZa en el Es:~, Lllmn
Gish se hace un poco culpable de este exceso de expreswn m~n
cionac:o, que enfra la sentimentalidad real de algunos pasaJeS.
En la muerte del chico, sobre todo, sobran las tres cuartas partes
de los visajes de la madre. El menos avisado espectador nota que
la actriz est haciendo gala de la movilidad muy grande ,de. sus
facciones encaminada directamente a ser registrada en la maquma.
y piensa' asimismo que Griffith es tal vez [Link] de esta des~gra
dable cosa, al recordar que en otras obras antenores el gran ~Irec
tor recurri a estos arbitrios de gran efecto popular, pero aJenos
a un arte cuyo ms grande paladn queremos ver en l.

-354-

Los sezs mosqueteros

Tres franceses y tres norteamericanos. La novedad, como se


ve, ha sido fuerte. La circunstancia de haber sido la obra francesa
aaaptada por el seor Diamant-Berger, excitaba fuertemente el
inters. El seor Diamant-Berger, francs, ha sido y es en Francia
el ms fuerte sostenedor del cine norteamericano. Veamos ahora
las dos adaptaciones que se han hecho de la novela del ms interesante narrador de todos los tiempos.
La cinta francesa consta de un nmero casi ilimitado de actos.
Es una obra en series, que carece de la virtud de stas: el inters
dramtico y aislado de cada una. Para conseguir tal extensin de
film, se ha recurrido a incidencias cinematogrficas ms o menos
insignificantes, que estn perfectamente de ms, puesto que su
funcin nica es alargar la cinta en menoscabo de su inters. Salvo
estas incidencias -y algunas otras en que no se ha respetado e1
texto-- la adaptacin es muy fiel. Tanto, que por seguir hilo a
hilo la novela se ha hecho del film una cosa muy pesada, no pocas
veces. Y esto proviene de que todo aquello que es deleite a travs
del arte narrativo y la gracia de Dumas, en la pantalla es soso, por
no poseer los actores la fuerza requerida para hacer lo que Dumas
cuenta de sus hroes.
Tampoco es el ambiente maravilloso. Con excepcin de alguna
callejuela del siglo XVII reconstruida, los dems elementos no
descuellan por su poder evocador.
Respecto de la caracterizacin de los personajes, no es posible
en mucho tiempo olvidar al actor que encarna a nuestro muy conocido D' Artagnan. Este flaco cadete de Gascua no fue nunca
afeminado, ni en el porte ni en las maneras. De los tres mosqueteros y el guardia de Des Essarts, slo Ararns ofreca un exterior
afeminado. Pero por obra y arte de una peregrina comprensin, el
moderno D'Artagnan nos ofrece en el modo de pintarse la boca,
en el cerquillo rizado, en la sonrisa, en el revoloteo de ojos ( bellsimos ojos!), los caracteres de cualquier criatura, menos los de un
varn. Tampoco es varonil la figura de Athos, y en cuanto a la
de Arams, ella es exacta: caben en l perfectamente los tironcillos
del lbulo de la oreja y el mariposeo de ojos que el actor intrprete
ejercita con tanta naturalidad.
La razn de todo esto estriba en que no puede adaptarse al
film una novela tan caracterstica y por todos tan gozada como
Los tres mosqueteros. N o existe en el mundo -y menos en la
Comedia Francesa- actor capaz de reproducir flagrante la imagen que del noble Athos guardamos todos en el corazn. En un
tiempo vimos en la pantalla a un Jean Valjean de gran guiol,

-355-

y a un Wronsky de bigotitos retorcidos. Toda vez que una novela


maestra sea llevada a la pantalla, confiando a cmicos la caracteriza ~in de personajes creados y puestos en pie por un Dumas,
un Hugo o un Tolstoy, el fracaso -si se tiene por fin una obra
de arte-, no ser nunca bastante estruendoso.

Parecera que Douglas Fairbanks, al filmar Los tres mosqueteros, se hubiera dado cuenta de esta dificultad, ya que su
interpretacin no es otra cosa que una simple parodia. Si el plan
fue ste, nada se podra decir; pero el ttulo del film y Ia seriedad
de buen nmero de escenas, demuestran que en verdad se pretendi adaptar la novela de Dumas, lo que es risible, visto el resultado. Hay all un Richelieu tan fuera de la verdad histrica, como
e;l D'Artagnan de la cinta francesa. Algunas caracterizaciones son
sin embargo excelentes, en particular las de segundo plano, as el
viejo padre de D' Artagnan. En cuanto al cadete, ya hemos dicho
que apenas resulta un tarabilla-acrbata, tipo Douglas Fairbanks.
En realidad, el solo anuncio de ser este actor quien filmaba Los
tres 1wsqueteros, deba ya habernos iluminado sobre el carcter
del personaje interpretado.
Es justo sin embargo hacer notar que a despecho del cariz
parodista de la adaptacin norteamericana, luce en el film mucho
ms inters, vida, -y lo que es ms curioso: esprit- que en la
cinta de la Comedia Francesa.
H oracio Quiroga
Ao V - N 9 219 - 15/VI/1922.

[XXI]

grafos, -elementos, estos dos ltimos. que han caracterizado a la


Universal en sus buenos [Link] hemos visto otra vez la predileccin actual por los efectos
naturales. ~~ encau~es de agua, en particular diques y esclusas,
prestan su ep1co contmgente a films que son otras tantas epopeyas
de la lucha del hombre con la naturaleza. En un momento dado
de la cinta, las enormes esclusas se abren o los diques saltan hechos
pedazos; y el efecto obtenido con estas terribles avenidas de arua
o
es sorprendente.
Ningn efec~o de. este gnero, que recordemos, iguala sin embargo al de lvfzel szlvestre, recientemente estrenada. La obra,
desde luego es buena, y de ella merecen especial mencin sus leyend~, que por ciertas bizarras de construccin parecen traducidas
dr;ectamente de la lengua original. Bienhadada ocurrencia, que nos
ev1ta los retoques de gruesa sensiblera o adaptacin criolla de bandonen, que nos sirven por lo comn aqu.
. Pero lo hermoso de 1'fel silvestre es la ruptura final del
di~ue, con un efecto similar al que producira el de San Roque de
Cmdoba, terror de sus habitantes. Slo en Los lobos del norte
otro magnfico poema de la naturaleza, y tambin de la Universa{
se nos ha concedido asistir a un espectculo semejante.
'
Ignor~mos cmo, ~e consiguen estos dinamitajes de diques para
solaz ultenor de paCIicos espectadores. O perspicacia de las empresas filmadoras para aprovecharse y dramatizar un cataclismo
dispuesto con fines hidrulicos, o sea .lo que fuere, no es menos
cierto que esa vivacidad demuestra una direccin de empresa muy
grande.
Los papeles antipticos

Esta muchacha de rostro y temperamento singulares, bella y


suavsima, fea y de incisiva maldad a la par, merece un sitio de
distincin entre las estrellas congneres. Duea de una personalidad
aguda, desde sus primeros films se ha mostrado a s misma, sin
imitar a nadie ni a nada, confindolo todo a sus nervios, su vivacidad, su bro y su ternura, porque esta mujercita de cejas diablicas es capaz de hacemos gustar, si quiere, la ms espesa miel
que empape mohn alguno de labios de mujer.
Es Priscilla Dean asimismo una de las ms afortunadas actrices
en punto a argumentos. No se recuerda, en verdad, cinta suya
francamente mala. Adicta desde tiempo atrs a la Universal, la
suerte le depara buenos dramas y excelentes directores y fot~

. Esta misma. robusta y nerviosa Priscilla, protagonista de Miel


S1lvestre, ha . te~I~o que l~char bastante contra la opinin muy
ge~eral al pnnCipiO en el eme de que las caras lindas son muy prefenbles a los rostros feos de marcadsima expresin. El cine estaba
entonces muy ligado al teatro, y de aqu aquel error. Ahora como
entonces, no obstante, la sonrisa de Mary Pickford, de Constancia
Talmadge o de Marin Davies constituye por s sola un espectculo.
E.l mortal que se halla bajo su sugestin, no pide al film belleza
m verdad algunas. Pueden tales mujeres actuar solas en la pantalla -y no media hora sino mes y medio-, que ningn honrado
varn meditar problemas artsticos de cine.
Tal es; pero estos espectculos no son lo que podramos llamar
serios. La seriedad, pues, nos vuelve a la expresin real de la
vid~, ,q~e en ~1 cine ha:~a sus ms vigorosos intrpretes en los tipos
ant1pat1cos. Sm excepcwn alguna, toda la serie de traidores del

-356-

-357-

Priscilla Dean -

.Miel Silvestre" y diques rotos

cine vale como expreswn muchsimo ms que la otra larga serie


de sosos galanes. Son por esta misma razn ms artistas, y por esta
razn misma nos dan mayor sensacin de vida.
Pero no es necesario que el traidor sea de rostro naturalmente
repulsivo, aunque los haya, y magnficos. La antipatiquera proviene en los buenos traidores de la intensidad fisonmica para expresar sentimientos muy enrgicos, como el odio, la soberbia, el deseo.
Mac Kim y Hobart Bosworth pueden ser sus ms tpicos representantes. Ni uno ni otro son de aspecto desagradable, -todo lo con
trario. El segundo de estos actores actu mucho tiempo de antiptico antes .de su noble papel en la obra maestra del cine, Detrs
de: la puerta. En sus papeles de traidor estuvo, sin embargo, a mayor
altura.
Para concluir: Corre en arte un principio esttico por el cual
lo bonito -o sea lo trivialmente agradable, es enemigo de lo bello-o sea lo que posee carcter de fuerte expresin, prescindiendo dt su
aspecto. Los papeles antipticos en el cine, aadiendo algunas figuras de segundo plano, a veces magistrales, realizaran este prin
cipio de esttica, tan caro a los pintores.
Las novelas que no pueden zr al czne
Resurreccin"

es posible, entonces, que el primer recin llegado encame esos personajes complicados con la fidelidad y fuerza que adquieren al ser
evocados por el supremo maestro.
Tal vez fuera esto posible en el caso peregrino de que un
actor poseyera por extraa providencia el alma y el fsico de tal
personaje novelesco. Pero dnde hallarlo?
-"No hay que exigir tanto -se dir. -Con un poco de
imaginacin y buena voluntad, puede muy bien verse a Maslova en
Paulina Frederick, no hay que perder de vista que el cine y el teatro
son simples espectculos de ficcin, y como tales exigen el concurso
de la imaginacin. El que no se siente capaz de abandonarse un
poco a la ficcin escnica, se queda en su casa".
Perfectamente cierto. Ninguna necesidad tiene el lector de
una obra de genio, -poema, novela y aun drama- de ir a ver
un espectculo en que Juan Prez, Jos Femndez y Diego Rodrguez hacen todos los esfuerzos imaginables para que nos hagamos
la ilusin de que en realidad son tales y tales hroes intelectuales.
Pues en este carcter intelectual de ciertos personajes reside
el escollo de la interpretacin. Un Robinson Crusoe y un D'Artagnan mismo pudense trucar con xito, desde que ambos hroes
son puramente decorativos. Pero otra cosa pasa cuando el personaje
siente preocupaciones del honor, del suicidio, de la razn de vivir,
amar y morir, preocupaciones que no estn por lo comn al alcance
de un cmico cualquiera, ni cabe por lo tanto que puedan stos
expresar lo que no sienten.
Abundan las novelas con personajes fcilmente interpretables,
gentes ms exteriores que interiores, de psicologa clara y de fcil
comprensin. Dejemos en paz a Tolstoy, Dostoiewsky y dems
astros de la novela. Estn perfectamente en las pginas de sus libros. El que desea conocerlos, sabe el camino que lleva hasta ellos.
El amigo de espectculos nada va a ganar con el movimiento en
la pantalla de unos cuantos turbios personajes que no apreciar.
Y si los aprecia, se echar a reir de la caracterizacin.
H oracio Quiroga
Ao V - W 222 - 6jVIIj1922.

Das atrs se nos ha ofrecido Resurreccin, de Tolstoy. Para


que no sea este escritor el nico de gran talla que pasa al cine
en esta temporada, se nos anuncia la filmacin de una obra de
Kipling, ignoramos cul.
En otra ocasin, Hugo y Zola aportaron (?) sus fuerzas a
la pantalla. Hace muy poco an, de una buena obra de Schnitzler
se hizo Los amores de Anatolio, ya sabemos con qu poca felicidad. No es pues feliz el sistema, y Resurreccin marca el lmite
de la inadaptabilidad a la pantalla de ciertas novelas, como veremos.
Cuando un hombre conserva una viva y dolorosa memoria de
un bello rostro que am, puede detenerse en la calle a seguir con
los ojos a una mujer fea, pero que recuerda en algn rasgo del
semblante a la otra divina mujer.
Tal es la situacin de los que vemos aparecer en la pantalla
a cuatro o cinco cmicos que en el reparto del film se llaman Maslova, Levin, Karenine.
Pueden los actores ser excelentes, como es el caso de Paulina
Frederick en Resurreccin; pero el alma, el temperamento de una
persona no se trastruecan por obra y gracia de la aptitud escnica.
Tolstoy sud su agona para delinear los personajes de sus novelas, con todas sus cualidades, particularidades, y hasta sus tics. No

Naturalmente, el estreno de una cinta de asunto nuestro, y


elaborada en los talleres nacionales, es un acontecimiento en el
mundo cinematogrfico. Mucho ms de lo que se confiesa_ -,-,-y

...,-- 358_.,.,.,.

-359-

[XXII]
El czne nacional - La muchacha del arrabal"

En tal ambiente de cine caldeado al rojo, la exhibicin pues


de una cinta nacional es un fenmeno que merece viva atencin.
En La muchacha del atrabal se destaca un elemento poco
comn en las cintas nuestras: el equilibrio de la accin. Es esta
virtud tanto ms de notar en el caso, cuanto que el argumento apenas alcanza a un ligero episodio poemtico de arrabal, -el mismo
que el teatro y el cine nos vienen ofreciendo desde que en l se
descubri una fuente de xito. Pudirase creer que el corto vuelo
de los autores es culpable de esta insistencia en el compadraje, el
bar y los ladrones pasablemente romnticos. Tal vez, en efecto,
su vuelo no alcance a traspasar dicho ambiente; pero dentro del
mismo fondo lunfardo, tan grato a autores y espectadores, hay
elemento de sobra -tal cual- para realizar cuarenta epopeyas
de sangre y flaqueza moral.
Todo es cuestin de modo de ver. El modo de ver de los
autores no se diferencia por lo general del de un simple parroquiano de sus bares. Creyendo crear tipos, no ponen de pie sino
individuos annimos de ambiente, tomados del fondo comn. No
se ve, sino por contadsima excepcin, un tipo real, humano -ya
que esta palabreja es tambin grata a los autores referidos. Pues
bien: no se halla jams -o casi jams- el menor rastro de humanidad en esos individuos-fondo, cada uno de los cuales, si en ver-

dad ostenta las caractersticas de todos ellos, carece de un solo


rasgo enrgico que lo individualice. En el mejor de los casos eso~
compadres y esas milonguitas podran definirse como "tipos annimos representativos de un ambiente". Pero no viven, porque el
autor no tuvo fuerzas para infundir en su individuo los rasgos capaces de individualizar a un tipo de ambiente hasta hacer de .l
un hombTe. A este respecto, el protagonista de Resaca con ser
esta cinta de las primeras nuestras, realiza tal vez el tipo ms definido de ese ambiente.
No escapa el argumento de La muchacha del arrabal a esta
apreciacin de conjunto, siendo as de valorar por contraste el equilibrio de su desarrollo como film. Bien graduadas todas las escenas,
si se exceptan las dos situaciones de inminente sangre, sobre las
que el autor pasa como sobre ascuas. Alabemos, con todo, este
pudor tan inesperado en nuestro arte.
El primer acto se destaca sobre los dems, hasta el punto
de ser bueno, sin pero alguno. Si todo l recuerda en su modo de
enfocar y presentar el asunto a los similares del cine yanke, [sic], ello
se debe a que los norteamericanos han creado en todos sus detalles
el cine dramtico, marcando nom1almente la pauta a que debe
ajustarse un buen film. Su tcnica es la nica que tiene valor, y
de aqu que en fotografa y direccin nada podr hacerse de bueno
en el mundo restante, que no parezca imitacin. Pero el reproche
es torpe, a menos que se cojJie una determinada caracterstica, como
aquel bolichero de una cinta nacional, que fumaba puros mascndolos de costado. Todos los buenos films que produzcamos, sern
pasibles de este gratuito cargo de imitacin yanke.
El ms dbil punto de La muchacha del armbal lo cons~
tituye su protagonista. Es ste un joven pintor que frecuenta los
bajos fondos en busca de tema, hasta que lo encuentra en la persona de una tonadillera tanguista, presentada sin atenuantes como
una flor de fango. El joven artista, al que por frecuentar los bajos
fondos suponemos corrido en la apreciacin de estas orqudeas de
fangal, nos sorprende con una timidsima tentativa de besar la
mano a la milonguita, por toda audacia de amor. Y esto, dos,
tres, diez das despus de vivir con ella en su estudio.
Citamos esta fantasa psicolgica, por ser habitual en la ideloga de nuestros autores. La cosa es gentil, sin duda, y de un bonito efecto; pero a un milln de leguas de la verdad. Y con estas
verdades nos crean los tipos llamados humanos.
La direccin de la cinta es buena, si no excelente, y sin falla
alguna en todo el primer acto. Algo muy de apreciar igualmente
en La muchacha del arrabal son sus leyendas, breves y escasas,

-360-

-361-

tanto diramos como las carreras o el box-:-, el cine constituye hoy


un foco tal de atraccin, que de los ocho o diez temas que a la
hora de comer sostienen una honesta familia, cuatro por lo menos
gravitan hacia la pantalla. Las chicas tras la elegancia de sus hroes, y los muchachos tras el fantasma de sus heronas, podrase
creer que los graves padres prestan distrada oreja a la fogosa charla
de sus retoos. No hay tal; la atraccin es general, y el influjo del
cine se ejerce en la casa entera, desde los dueos de casa hasta
la humilde lavaplatos.
Y para que la influencia sea por csmica ms abismal, el entusiasmo priva de sexo a las estrellas de ese cielo: el trmino genrico de Tcura, tan particular de los hombres en poca lejana, es
aplicado hoy por las nias indistintamente a actores y actrices.
Ningn comentario de arte, en efecto, se oye de labios femeninos con tanta frecuencia e insistencia en los palcos de los grandes
cines, como el de Qu rico! Qu rica!, con que la entusiasta del
cine expresa su amor por el varn o por la estrella del mismo sexo.
Admiracin artstica, sin duda; fenmenos de exhibicin de
toilettes y dems, pero siempre extraos para los hombres que los
oyen.

no obstante la amenaza de altisonante lirismo con que empieza el


film. Esta literatura barata -ya lo hemos dicho--, constituye una
de las ms vulnerables fallas del cine nacional, y de que por dicha
estuvo exenta, en los ltimos tiempos, .Nfilonguita.
El conjunto de actores, exceptuando al que desempea el papel
de protagonista, ofrece una excelente lnea. La muchacha del
arrabal marca a este respecto una visible distancia sobre nuestras dems cintas. Por obra de la direccin, o por una comprensin
individual ms feliz de lo que es el cine, dichos intrpretes se
desenvuelven con grata naturalidad, digna, a veces, de todo elogio. La actriz protagonista de este film posee una excelente cualidad: cara cinematogrfica. Como juego fisonmico, se .concreta
en "La muchacha" a las expresiones de humillacin y disgusto
reconcentrados, que realiza con feliz xito. Tenemos sin embargo
la impresin de que dicha actriz, ms abandonada a los medios
topos y a la abierta ternura, ha de deparamos ms de una sorpresa.
M ary Pickford - Las cintas largas

dencias fatigosas, sin otro objeto que extender el film hasta los ocho
o diez actos necesarios.
Es de notar, con este necesario, que los directores de cine miden infaliblemente por metros la bondad de sus obras: tal metraje,
tal belleza. No recordamos caso de film discreto en su extensin que
haya gozado de fuerte propaganda. Siempre -sin excepcin- las
cintas muy largas son causadoras. Y no lo son porque flaqueen las
fuerzas o sea el autor de corto aliento, sino porque se obtienen
tales interminables films diluyendo con tonteras inspidas la accin
de un excelente drama que cabe perfectamente en cinco actos.
En los ltimos tiempos dos cintas sonadas encarnan esta peregrina valoracin del arte cinematogrfico por su metraje: H onrars a tu madre v All en el este. Ambos films son buenos;
pero hubieran sido de primer orden si cada uno de ellos llega a
no pasar de seis actos. Aunque el espectador de sencilla buena fe
no extrema este clculo, lo expresa perfectamente con su impresin
confidencial: "Un poco cansad ora".
Cmo puede ser causadora una cinta que posee tres o cuatro
situaciones de gran dramaticidad, como las dos antes citadas? Por
obra y gracia de la mana extensiva de los directores de cine. Es
posible que tales films cuesten a sus empresas mucho ms dinero
que los comunes de seis; pero no vemos por qu el quebranto financiero de los productores se ha de transmutar en nosotros en goce
artstico, a tantos centavos por metro.

En cierta cinta cuyo nombre no recordamos, los protagonistas


son dos jvenes enamorados, y ambos telegrafistas en una estacin
ferroviaria del Far West. Las vicisitudes de la vida llevan a ambos
a Nueva York, donde un mal sujeto logra, con turbias artimaas,
convencer a la tierna novia de que su amante la engaa. Ella
huye desesperada, y cae naturalmente en poder de la pandilla del
mal sujeto, que la arrastra hacia los docks.
Pero el amante, al regresar a casa de noche, halla la carta
de despedida de su novia, y lo comprende todo. Dnde hallarla?
Cmo comunicarse con ella? Un rayo de inspiracin cae sobre
l; corre a la usina elctrica ms prxima, atropella con todo; se
prende ensangrentado de los conmutadores, y usando de manipulador telegrfico las grandes palancas de cobre, enva al cielo
infinito este telegrama: TE A.i\riO SIEMPRE, MARIA!
Media inmensa ciudad sufre de la pasin del joven telegrafista. La corriente elctrica se corta y vuelve a pasar; los focos
se apagan y encienden a pantallazos. Y mientras todos alzan la
cabeza con estupor sin comprender nada de aquello, all en los
muelles, en cuyas aguas se reflejan los golpes de luz y tinieblas de
los focos, la joven raptada lanza un grito de alegra porque ha
comprendido ese pico mensaje de amor.
Con mucho menos efecto que el anterior, en el film Rayo
de amor de Mary Pickford, se recurre tambin a la telegrafa
luminosa para mensajes ntimos. Mas como casi todas las cintas
de esta actriz, Rayo de amor est fuertemente relleno de inci-

Los intelectuales son gente que por lo comn desprecian el


cine. Suelen conocer de memoria, y ya desde enero, el elenco y
programa de las compaas teatrales de primero y sptimo orden.
Pero del cine no hablan jams; y si oyen a un pobre hombre hablar
de l, sonren siempre sin despegar los labios.
No es del caso averiguar si no se cumple con los intelectuales
respecto del cine, el conocido aforismo de esttica por el cual todos
los wagnerianos exclusivos silban sin cesar trozos de Verdi. Acaso
el intelectual cultive furtivamente los solitarios cines de su barrio;
pero no confesar jams su debilidad por un espectculo del que

~362-

-363-

H oracio Quiroga

Ao V

N 9 223 - 13/VII/1922.

[XXIII]
Los intelectuales y el cine

su cocinera gusta tanto como l, y el chico de la cocinera tanto


como ambos juntos. :Manantial democrtico de arte, como se ve,
y que a ejemplo de las canciones populares, dan de beber a chicos,
medianos, y hombres de vieja barba como Tolstoy.
Pero el intelectual suele ser un poquillo advenedizo en cuestiones de arte. Una nueva escuela, un nuevo rumbo, una nueva
tontera pasadista, momentista o futurista, est mucho ms cerca
de seducirle que desagradarle. Y como es de esperar, tanto ms
solicitado se siente a defender un ismo cualquiera, cuanto ms irrita
.ste a la gente de humilde y pesado sentido comn.
Cmo, pues, el intelectual no hall en el arte recin creado,
atractivos que por quijotera o snobismo hicieran de l su paladn?
La revista "Clart", que no se caracteriza precisamente por
el estudio de frivolidades, plantea esta misma pregunta en un primer artculo as encabezado: "El problema del cine en los tiempos
modernos es demasiado importante para que no entre en nuestras
preocupaciones".
Por fin! -podr decirse. Los intelectuales de "Clart" escapan por lo visto a esta generalizacin que acabamos de exponer.
Oigamos un momento, porque vale la pena, lo que dice la revista
en cuestin:
"En un principio no se ha querido ver en el cine ms que una
"industria. Ahora bien, el cine es un arte, y la industria cinema" togrfica no es a este arte sino lo que la industria del libro, por
" ejemplo, es a la literatura. De este modo el cine anda n en
"busca de su verdad,. conducido por los peores guas que poda
"hallar.
"Se le ha trabado con las viejas reglas de un teatro en crisis
" de renovacin y de estilo. El cine no se ha liberado an de esta
" funesta influencia ... ".
Exactamente. Todo lo que de \erdad, fuerza franca y fresca
tiene hoy el cine, se lo debe a s mismo, y lo adquiri con dolores
y tanteos sin nombre. Lo malo que todava guarda y que oprime
por la desviacin o hace reir por lo convencional, es patrimonio
legtimo del teatro, que hered y no puede desechar todava. La
gesticulacin excesiva, violenta, que comienza impresa en los mascarones de la tragedia primitiva y contina en la afectacin de
expresiones y actitudes de la escena actual, es teatro y no cine.
Pero oigamos todava:
"El cine procede de todas las artes, es su poderosa sntesis,
" y ello nos obliga a tener fe en su prodigioso porvenir. Atrae sobre
" s, universalmente, todas las verdades esenciales de la vida mo" derna para crear con ellas una nueva belleza. Pero se comprende

" que el descubrimiento de tal riqueza haya provocado graves erro" res. Los tanteos eran inevitables. No se ha llegado de un golpe
" a la sinfona. El genio ferviente y sincero de muchos siglos se ha
"empleado en aqulla. Por qu el cine escapara a esta necesi" dad, tanto ms cuanto que su porvenir es ms formidable? Y
" luego, -es menester decirlo-, los que podan haberlo ayudado
" ms eficazmente, lo han despreciado y vilipendiado. Dejando en
" manos de los arrivistas del primer momento -rats de todas las
" categoras- este inaudito medio de creacin, los intelectuales ... "
He aqu la plabra. No fueron slo nuestros intelectuales, al
parecer, los que permanecieron mudos y con superior sonrisa cuando
se les habl de cine. "Arte para sirvientas", en el mejor de los casos.
"Payasadas melodramticas", cuando el intelectual explicaba su
sonnsa.
Cierto; tales groseras melodramticas constituyen el triste don
que las hadas escnicas del primer instante hicieron al recin nacido. Pero continuemos:
"Los intelectuales se encerraron en el desprecio. No com" prendieron que la imagen poda ser no solamente expresiva en
" su movimiento o su asunto, sino tambin bella. Pero no es sta
"la obra de un solo da o de un solo espritu. No basta, particu" larmente, con ir a ver de cuando en cuando, en los programas
" tan mal confeccionados de los salones actuales, dos o tres cintas
" para quedar ungido de gracia. Es menester frecuentar larga y
" pacientemente las salas ... ".
Tal es por lo comn, en efecto, la causa de los innumerables
desengaos. Dada la superproduccin de films, que alcanza a muchos millares por ao, pudese sentar sin temor de yerro, que la
primera cinta con que tropecemos en un cine culquiera, no ser
una obra de arte. Despus de ocho y diez cintas, ya hallaremos
una pasable. Y es menester que transcurra un mes entero -y tal
vez un trimestre-, para hllar por fin un film que sea el exponente de este maravilloso nuevo arte. Hablamos aqu, como se comprender, de condiciones de film puramente artsticas.
Bien; un mes, un trimestre, un ao ... No es mucho plazo,
sin embargo. Si en toda la produccin escnica de un ao corrido,
y en la otra terrible superproduccin literaria mundial, tuviramos
que escoger las obras maestras -con todas sus letras-, el rubor
nos subira al rostro al constatar que slo tres o cuatro libros o lgn
drama merecen el nombre de tales.
Qu juicio del arte literario podra formarse un novicio ideal,
por el primer libro adquirido al azar en una librera? No culpemos
pues al arte cinematogrfico de las tonteras diarias impresas en la

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-365_-

primer pantalla que encontramos al paso. Para evitarlas se requiere una larga cultura -como pasa con el libro-- que no se
adquiere sino devorando mucho malo. Pues como dice y prosigue
"Clart" :
"Es menester frecuentar larga y pacientemente las salas. La
" fe no se adquiere de golpe. En el estado actual, el mejor film
"no contiene sino las bases posibles de lo que llegar a ser. Y tal mala
" cinta, en un segundo, en el relmpago de un gesto, en una actitud,
" en la expresin de un sentimiento, nos deja descubrir verdades no
" menos esenciales. Lo que desde un principio ha corrido a los
" intelectuales, es precisamente lo que debera haber sido para ellos
" razn de entusiasmo: el modo cmo el pblico se ha apasionado
" por el cine, y la fuerza de su irradiacin: Pequea vanidad de
"inteligencias que no creen ser comprendidas sino por unos cuan" tos. Los intelectuales se han dado cuenta ahora, pero un poco
" tarde, de los tanteos, de la torpeza y del dinero que su indiferen" cia y desprecio ha costado al desarrollo del cine. Y si suean
"todava con un arte dramtico en trance de renovacin, deben
" saber esto slo: que el cine matar un da al teatro, si ste no
" se orienta hacia formas ms puras".
Hasta aqu el intelectual (naturalmente, nadie conoce mejor
a su familia que el miembro de ella) de "Clart". Bienvenido con
su franco amor, su fe y su desencanto del exceso de palabras que
han convertido al libro y la escena en un fongrafo de larga repeticin.
Dcese que en la mejor novela de trescientas pginas sobran
cien por lo menos del mismo modo que en el mejor drama se puede suprimir la mitad de los parlamentos. Como pocas veces se ha
expresado cosa ms cierta, las leyendas concisas de un film, bajo
la pluma de un escritor de verdad, realizarn esa sed de brevedad,
precisin sin palabreo ni engao que sufre actualmente el arte.
H oracio Quiroga

Ao V - N 9 227 - 10/VIII/1922.

[XXIV]
Un buen film - "El hombre de Ro Perdido"

Cuando en la vieja "Triangle" Toms H. Ince produca en


silencio una buena cinta por semana, sin que poseyera entonces
la supervisin telescpica y a menudo miope de ahora, House Pe-

-366-

ters interpret bajo su direccin y en compaa de Hart, el excelente film Un hombre.


Peters encarnaba en l un qudam antiptico, con la fuerza
que suelen aportar los buenos actores al desempeo de esos papeles. Hace un ao reapareci Peters con .ig~a~ energa en Isobel,
bien que esta vez interpretara a un noble mdiVIduo, y con. una sobriedad masculina que no es comn encontrar en las cmtas ~e
largo y alabado metraje. Ahora reaparece en, El hom_bre ~e, ~zo
Perdido, en un papel mixto, digamos, de ~aracter casi anti~[Link],
por la energa al aire libre y de ternura casi fosca por lo recondita.
Como Peters ha actuado sin eficacia en muchas ms cintas
que las nombradas, viene esto a comprobar ~na .vez ms [Link] no
hay buen actor con una mala cinta. Habra mirad~s'. actitudes,
lujos de tcnica mmica y dems elementos de arte escemco, hueros
y fros cuando se expresan porque s. Pero no. ~ay ~?" tod~. esas
muecas gratuitas calor de vida, que es su legltimacwn artiStlca.
Un hombre, Isabel y El hombre de Ro Perdido, son tres excelentes films, en particular el segundo nombrado. ~ay en ellos caracteres bien trazados, consecuentes con su modahdad, que es lo
menos que exige un tipo en el libro, en la esce~a o en la. panta~a.
Naturalmente, tambin, House Peters ha sentzdo esos tipos bien
definidos, que ofrecan slida base a sus condiciones de intrprete de talento.
El argumento de la obra. . . No suele el asunto de una o~ra
ser cosa de monta en arte. Un mismo argumento, entregado a d1ez
escritores para que lo desarrollen, dar lugar a d~ez obras distintas;
buenas o malas, segn sea este desarrollo. [Link] se v~ra
una obra buena, tres pasables y seis anodinas, -bien que las diez
tengan el mismo argumento.
Conocida es la predileccin de los muy jvenes artistas: --escritores, pintores, escultores, m~i~os- por las obras ~e gra? argumento. No hay problema magnfico y tremendo de psicologia ~ esttica que les alcance. Por contraste, las fuertes obras de los artistas
ya dueos de s suelen ser de argumento muy llano: uno de los tantos asuntos que pisamos da a da sin verlos, y cuy~ deslun-,~rar:te
eficacia luego en la obra se debe a su elemental, sobno y superartistico desarrollo.
Vase si no: En Un hombre se trata de un minero a quien
un financista en viaje ayuda accidentalmente con una suma de dinero. Pasado el tiempo, el financista se ve forzado a recurrir a su
deudor, el cual pone en orden las finanzas de aqul, libra a su
hija de un pillastre, y se casa al final con ella.

-367-

Isabel se refiere al caso de un polica canadiense que en


diez aos de destierro en los hielos no ha visto una mujer blanca.
Al verla por fin, se enamora de ella, la protege noblemente sacrificando su propio corazn, aunque tambin aqu, como es de esperarse, en los ltimos momentos conquista la felicidad.
En El hombre de Ro Perdido la accin gira alrededor de
un enrgico varn de sentimientos reconcentrados hasta asustar a
una chica, y un pobre muchacho de ternura fcil y conquistadora,
quien se lleva a la muchacha en cuestin. Luego la abandona, y
vuehe despus al saber que se ha descubierto petrleo en el terreno
de su esposa. Apenas llegado, la mujercita enferma de un mal contagioso. El marido pretende escapar de nuevo, pero el hombre de
Ro Perdido obliga al mozalbete a cuidar a la enferma, mientras
l mismo monta la guardia. Uno y otro pasan cincuenta y seis
horas sin dormir. Pero el sueo es cosa ms fuerte que el mismo
arcter, y el hombre cae vencido, atravesado a la puerta misma.
El marido aterrorizado pasa sobre l y huye. Pero muere a poco.
Y tambin en las ltimas escenas, como es de esperar, el hombre
enrgico y la chica asustada encuentran la felicidad.
Nada, pues, de extraordinario en estos tres argumentos; son
los mismos, con ligeras variantes, que el cine nos viene ofreciendo
por resmas desde 1912. Qu diferencias caben entonces entre diez
obras con argumento casi calcado el uno del otro, al punto de ser
unas inspidas, cuanto sabrossimas las otras? Su desarrollo -vale
decir su talla. Como los diamantes, iguales todos desde el punto de
vista mineral, las obras literarias valen por los chispazos de arte
que pone a luz su tallado.
Garlitos
Con Un da de pago, cinta episdica meditada, dirigida e
interpretada por l mismo, acaba el seor Chaplin de presentarse
una vez ms en la pantalla. Como lo advertimos, el film en cuestin es un simp~e episodio cmico; pero bastan sus dos actos para
que la risa se desencadene desde la platea a los palcos con uniforme sonoridad.
Cabe considerar un instante los elementos de comicidad que
este joven bufo pone en juego para tan estruendosos triunfos.
Lo primero que en sus films salta a la vista -o al odo, dijramos- es el incontestable xito de las situaciones. Un golpe reci~
bido sin querer; un calentador dejado por descuido en un banco;
un perro que se apodera de las viandas; todas y cada una de las
situaciones cmicas explotadas en el cine desde los primeros tiempos de la "Keystone", son los invariables fulminantes que hacen
explotar la risa.

-368-

l
Mientras acta solo el 'oven Ch .
Se sigue gozoso su j'ueo-'0 . Jd. d -aplin no aburre ciertamente.
o nen o e anteman

pero todo ello a la espera d 1 . 'd


.
o con OJOS y dientes
cidencia hilarante que
e qUI -pro-q~o, del absurdo, de la coin:
.
se espera y preve v q
h
1 .
en carcaJadas el alma feli z.
' ; ue ace a fm abrir
Ah ora bien, no hay situaci
, .
(si ~e exceptan algunas como ~T~::~a en las cintas de Carlitas
~edias)' que la "Keystone"
. d e perro, que son casi caIgual xito. Entonces como {a Cita a, no haya explotado con
lo inesperado o picante de lo~ ~~: ;e re~a .estruendosamente ante
bufos quedaba entonces en la
eb os comicos. El nombre de los
1 , . d
som ra o poco m
1
. e~os, puesto que
e eXIto el sainete entero se deb'
muy superiores siempre a Ia ef I~ ad as combmacwnes escnicas,
Icacia e tal o cual actor
L
.
. . os capnchos de la suerte sin emb
.
resonancia adyacente'
'll' h
argo, Y otros factores de
bufo los mritos del g::;, a ague a, an personificado en un solo

enero.
No se nos escapan los presti . d 1 des como no los ha tenido act gw~ e senor Chaplin, tan granlo menos que suele orse a
or a guno en el mundo. Genial es
su respecto Dcese
. 1b ,
es un profundo psiclogo un f , .
. .
.con Igua no que
bellos ojos.
'
IniSimo cancatunsta. . . y que tiene
Tal vez. Psiclogo y caricaturista 1
.
un buen actor en C'1alquier gne
p o es sm, duda, como sera
razonable, e incontestablement. . ~o,. ero lo sena en una medidll
ni pies abiertos.
e m enor a muchos actores sin vanta
Dentro de su mismo ne
L
poseen una comicidad muyg f r~, arry Semon Y Harold Lloyd
de expresin. Pero no es posi'bul er e, ~f a veces hallazgos felicsimos
, .
e mam estarlo en p 'bl'
..
nacwn mmediata, por aquello del " f
. ~ Ico sm conrnique hay en Chaplin.
pro undo psicologo y filsofo"
b
.
Place a veces el rieso-o sin
conda" en otro orden ms 'feli e; ~go;u Carlitas, como "La Coantagnicas: los que ren a z, IVI e
mundo en dos mitades
d
L
penas aparece y los q
.
en. os que no lo entienden gu t
b''
ue no 1o entienrniradas y la gracia de su
. s .an Ien de la intencin de sus
p
s movimientos ridiculizantes
. ero no se pasman de hilaridad
.
deJan a la vez de reir con sus adres
ante su sol~ presencia, ni
dp b
' her:nanas o hiJOS con algunas
escenas cuyo xito de risa
d al
. .
se e e exclusrvament
1
.
e ta comicidad obra de
t
d'
e a as SituaciOnes
de Semon, Chaplin o Lloyd a~l,;:~;. !rectores y tramoyistas, y no

H oracio Quiroga

Ao V - N 228 - 17/VIII/1922.
-369::--

[XXV]
La revancha de Gloria Swanson
La seora Swanson ' estrella - mack-sennettista en
. su recin
,
perdida juventud, troc un da faldas cortas y pemadores mas
breves an, por los trajes comm'il faut, con un xito rsonante que
arrastr consigo al seor de Mille, su consecuente director.
No hay en efecto modo de separar a la actriz n~mbrada ~el
influyentsimo supervisor, que parece no poder conceb~r escenanos
de gran lujo sin la -cooperacin ineludible de Glona Swanson.
Desde la feliz Macho y hembra esta estrella ha atrado y prestado su concurso al seor de Mille en casi todas sus grandes cin_
tas, -casi siempre mc; largas que grandes.
El resultado de este concurso a ultranza no ha sido para el
pblico tan halagador como el previsto. por el ~[Link] de Los
enredos de Anatolio y otras operetas cmematograflcas. Lo _que
no pudo el seor de Mille obtener de doce estrella~ juntas y una
propaganda fastuosa, lo consigue ahora con El mstante supremo, film relativamente breve, que cuenta slo dos estrellas en
su reparto, y al cual apenas se ha hecho una honesta reclame.
Cumple, ante todo, mencionar la feliz actuacin de la seora
S~anson. Ya en otra cinta suya estrenada das atrs, Algo en qu
pensar -:-Y dirigida naturalmente por el se de Mille,- 1~
adriz citada hizo excelente figura, cosa de que estaba bastante olw
dada. Por la fatal propensin de autores y actores a estilizarse ensus virtudes -o tics ms clebrados, Gloria Swanson haba desterrado
de su juego fisonmico cuanto no fuera expresin de vampiro
enigmtico.
____
Sus ojos son ciertamente de enigma; pero no tenemos por qu_
perder el sueo atormentndonos en averiguar qu hay tras la mirada verde v fra de Mme. Swanson.
Antes bien, nos interesa que d a cada mujercita por ella
interpretada, el real valor de enigma, o transparencia, o candor,
u odio o tonta alegra que el personaje posee.
De modo, pues, que al aparecrsenos en sus dos ltimos estrenos en un aspecto muy distinto del habitual, hemos ser:tido la
tierna satisfaccin del que vuelve a reencontrar en un amigo uno
de los rasgos primeros que nos llevaron a quererlo.
Influye tambin no- poco en lo anterior, el cambio de car
de la estrella aludida. Anotamos ya una vez respecto de Toms
Meighan el capricho fotognico atribuido al seor de Mille, que
se placera en enharinar totalmente la cara de sus actores. Ya no

-370-

las medias tintas del rostro: ni siquiera las ojeras ni la sombra


de las pestaas escapan a su blanco estuco. Bajo su implacable
al?ayalde, los actores se transforman en mue_cos ambulantes
,
, .
'
~Imos mas o menos [Link] capaces tal vez de exageraciones trgicas del semblante, pero no de los matices, esbozos e insinuaciones de sentimientos, -que es la verdadera funcin del cine como
expresin.
,
En Algo en que pensar y en El instante supremo, las
lmeas y sombras del rostro de la estrella conservan todo su valor.
Y como en vez de la esfinge de mil y una cintas nos ofrece dos
buen~ chicas que ren, lloran y mueven la fisonoma como todas
las chicas del mundo, -pudese valorar el cambio sufrido.
l!,l instante supremo posee como film dos virtudes dignas de
~enci_on: su sostenido inters dramtico con la base de una simple
histona de amor, y su excelente direccin.
Todos sabemos cul es nuestra fatiga ante la moda de ltima
data. en el film, donde la trascendencia filosfica es apenas menos
cursi que sus leyendas con grandes maysculas: La Verdad La
Regeneracin, El Intimo Problema.
'
Estas .tres cosas y muchsimas ms pueden hallarse, sin que las
pregonen mfladas y hueras leyendas, en cualquier historieta de
amor un [Link]~da, talla que representa El instante supremo.
En dos cmtas naciOnales nos fueron ofrecidos una vez dos pobres muchachos de campo, ambos primitivos e incultos de los cuales uno lea Hamlet, mientras el otro estaba preocup~do por este
problema que lo angustiaba: "Existe la Verdad?". Tambin aqu
la verdad posea una tremenda mayscula.
~er~ la v::dad ~ la belleza y dems galimatas recargados de
gratmta mtencwn, eXIsten naturalmente en una buena cinta cualq~iera donde los personajes no saben filosofa, como toda la botmca se encuentra en un sencillo y mudo rbol.
De confo:rm~dad con esta verdadera y modesta existencia, Algo
en que pe1~s~r, film traspasado de filosofa en su plan y leyendas,
va}e mu<:_hisimo menos que El instante supremo, donde no hay
n::as ensenanzas que las que proporcionan a dos amantes desgraCiad~ un padre autoritario, un novio corto de genio, otro largo
de rmllones, y una serpiente de cascabel.

El caso de Beb Daniels


"Solamente para hombres" ... No es esta vez ttulo de cinta
alguna. El "slo para hombres" se refiere aqu a la seduccin de

-371-

una actriZ, tan singular, tan gratuita, tan honda, como no hay
ejemplo de que haya as efludo de estrella alguna: Beb Daniels.
No se sufre respecto de esta criatura encantamiento alguno
ajeno a su persona. -Ni arrastra la excelencia de su arte, ni la sugestin de la propaganda ha influido en la masculina predileccin.
Fue baista de Mack Sennett en un principio; luego eficaz compaera de Harold Lloyd, hasta llegar a su actual categora de
estrella de segundo orden. No es tampoco una belleza esplendente.
Pero en esta criatura se siente la mujer con una obstinacin .tal
que no hay varn que pierda uno solo de sus pasos en la_ pantalla.
Gratuita, llamamos ms arriba a la seduccin que ejerce, y
cabe explicarlo.
Beb Daniels no tiene el gnero de belleza fatal, y si lo posee
s a guisa de propia creacin. No hay en sus gestos ni en sus ade-
manes ni en toda ella lo que podramos llamar directamente provocador. No cultiva las desnudeces lentas y graduadas de Gloria
Swanson, ni el trmulo extravo de manos de Lidia Borelli. Ejerce
ms bien de muchachita aturdida, ensea la espalda no ms que
cualquier colega de pantalla, y muestra predileccin por sentarse
sobre las piernas en los divanes.
Pero cuidado con est muchacha de tez mate y ojos largusimos. Donde una hija y una esposa no ven indiferentes ms que
una: de las tantas chicas monas del cine, el esposo y el padr sien~
ten la presencia inequvoca y fatal que no se discute, no se analiza
y se absorbe entera por los ojos: de la mujer.
De qu emana esta seduccin profunda de Beb Daniels? De
todo lo que es suyo, calidad o defecto: de su color moreno plido,
de su larga mandbula, de su nariz acentuada, de su boca poco
acadmica, y de los veintin matices con que hace jugar cada
una de las comisuras de los labios.
Cuidado, pues, con esta mujercita. Linda sin hermsura, buena
actriz sin gran temperamento, amable sin provocacin: Nada tiene
de notable. Pero sobre su cabello de bano y su tez mate se asienta
toda la maciza simpata de los varones.
Por muchsimo menos, otras criaturas han sido condenadas al
fuego eterno.
Esposas imprudentes''

Desde un tiempo a esta parte, el estreno de las cintas de gran


metraje viene a ser en verdad un acontecimiento pecuniario. La
persona_ seducida o inquieta por la propaganda sostenida' desde
meses atrs, debe pagar esplndidamente su butaca si quiere gozar

--372-

de aquellas pnmKras. Si en _verdad llega a gozar, poco le importan en suma los dos o tres pesos gastados en su deleite. Pero si en
vez de gozar se aburre, pregntase entonces alterado por qu singul~res motivos se le exige un pago dos o tres veces mayor que el
habitual, para cansarse el alma y los ojos a tan alto precio.
Esposas imprudentes consta de quince largos actos -ni uno
menos- y el desarrollo de su accin alcanza a una hora con
veinticinco minutos. Vale decir, que siendo el cine el espectculo
artstico de mayor tensin, y por ello de mayor fatiga, el film que
nos ocupa equivale en el teatro a un melodrama d nueve o diez
actos, y en el libro a una novela por entregas.
Y ms an. La novela por entregas equivaldra a la cinta por
series dividida en episodios por aquellos mismos motivos de. tensin
y fatiga. Por estos mismos motivos Los tres mosqu~ros en el
film desempearon perfectamente su funcin de folletn por entregas, - sin contar con el inters episdico y global de la obra de
Dumas.
El argumento, la presentacin de los personajes y el desarrollo de la accin de Esposas imprudentes habran cabido en cinco
actos. Y hubiramos tenido entonces un melodrama interesante e
interpretado con gran correccin. En vez de esto, el film se diluye
en quince actos interminables, rellenos de repeticiones y plagados
de escenitas poco menos que iguales entre s.
Lg. ms concluyente prueba de este cansancio inevitable de tal
extensin, nos la ofrece el protagonista, Eric Von Stroheim. Este
actor es el hombre cinematogrfico por excelencia, y durante los
tres primeros actos no hay en la sala atencin suficiente para seguir su persona de delante, de atrs, de costado, de cualquier lado
que se le observa. Pero un hombre no puede dar a cada instante
nuevas impresiones, si las escenas y sus estados de alma no varan.
Por mucho que sea el valor de Stroheim como intrprete, ste
llega a fatigarnos con los mismos aspectos de su alma y de su
mmica durante quince eternos actos.
La obra tal vez tenga xito; pero con seguridad no al precio
exigido en su estreno. Las piezas de largo metraje y ambiente
de lujo tienen siempre pblico. El acierto consiste en ofrecer barato
un melodrama de casi dos horas.
H oracio Quiroga

Ao V ~373~

N~'

229 - 24/VIII/1922.

[XXVI]
Tema de actualidad. - El amor y la sombra
Una seorita norteamericana acaba de resolver el dificilsimo
problema del cine en pleno da, segn nos lo informa un telegrama
de Estados Unidos. De acuerdo con esta informacin, la aplicacin
rlel sistema a las salas sera ya un hecho, desde que los ensayos
preliminares han dado un satisfactorio resultado.
Satisfactorio para quin? He aqu lo que no nos dicen los
tendenciosos informes de aquel pas. La solucin de un problema
cientfico puede entusiasmar, y es justo que lo haga, a sus mve:>tigadores, sus deductores, sus usufructuantes y sus procuradores.
Nada hay ms bello y tnico que las soluciones, incluidas la del
ajedrez y del matrimonio.
Pero un goce que aspira a la universalidad -como el problemi
resuelto por la miss- slo es tal cuando alcanza a irradiar sus
destellos de dicha en todas direcciones, al punto que las gentes
sometidas a su radio de seduccin, se digan:
-Efectivamente, gozamos con la solucin de este problema;
por lo cual reconocemos que en este problema se encerraba un
verdadero gozo.
.Tal, la sensacin del mirn de ajedrez y la del mirn de
matrimonios, ante el final de la partida. Son stos, pues, problemas
legtimos y puros, capaces de hacer gozar a los que slo miran el
juego, sin mover una sola pieza.
La misteriosa y excelentsima investigadora de Estados Unidos, qu nueva emocin proporciona a los espectadores de cine?
Est segura de que su mstico gozo al resolver el problema hallar
eco en el -digamos profano-- goce de los espectadores del viejo
cine?
Posiblemente no. La intimidad del cine no estriba tan slo
en la finura de los gestos y visajes de sus actores. Radica asimismo
en su esencia, en la clsica oscuridad de su ambiente, en esa
sombra sin ruidos, sin voces, sin movimientos, en que los sentimientos y pasiones de la pantalla pasan como a travs del vaco
al alma de los espectadores; -la sombra cmplice, en fin, que nos
ensean los poetas.
El amor, sobre todo. Nadie ignora hasta qu punto la oscuridad, la quietud y el mutismo favorecen la propagacin de las
tibias y pdicas grandes ondas amorosas. La ms pobre sala de
cine se halla as convertida en un como misterioso santuario sin

una voz, sin un ruido, pero que en realidad se halla todo l recorrido en cadena por la misma ola de amor.
Qu sera, preguntamos, de este templo de la simpata inmaterial, de estas salas de cine actuales, donde las almas aprenden a
comunicarse en la religiosa inmovilidad de sus tinieblas?
Porque es ste, en verdad, el punto flaco del invento, que no
previ su ilustre investigadora: el de no constituir un gozo perfecto
para aquellos a quienes se destina. El herosmo, los sacrificios, los
grandes problemas psicolgicos de la pantalla sern ciertamente
mejor saboreados cuando las salas ardan de luz. Y los espectadores
de alma apasionada y espritu batallador gozarn de su enseanza.
Pero las historias de amor, las dulces intimidades. del corazn
no hallarn un solo espectador en tales salas, porque la media luz,
en el peor de los casos, y las tinieblas absolutas, en el mejor de
todos, son desde tiempo inmemorial el grande y pdico vaso donde
las ternuras del alma se vierten hasta el cliz. Y como nadie tampoco lo ignora, en las salas de cine la ola_ de simpata que hemos
mencionado comienza en la pantalla y concluye en la ltima silla.
Tan es de equvoco este influjo de la sombra, que un amigo
nuestro -alma apasionada y espritu batallador, seguramente_:_,
nos ha confiado esta amarga verdad:
-"Si usted alguna vez gusta de una chica, no la lleve jams
al cine. No prestar la menor atencin a sus palabras, embargada
por el melodrama de la pantalla. Si usted le dice '-Te amo!',
ella le responder agitada: '-Ya viene! La va a matar!' Y si
usted espera pacientemente a que la cinta concluya para repetirle lo
mismo en pleno da, entonces tal vez ella tome ms de lo que
usted hubiera querido. As son".
Tal vez. Pero no por ello mi amigo ha_ dejado de_ cometer el
lamentable error de exigir palabras all donde basta el- menor s,[Link] para romper la ola de que hablamos. Si el amigo de la corif~
dencia, en vez de un corazn apremiante llega a poseer un paciente
espritu, y halla que al lado de la compaera que lo ama, toda
palabra, tod ruego, todo mvimiento son tan vanos e invisibles
como la sombra que los protege, -al encenderse de nuevo las luces
mi absorto amigo hubiera comprendido entonces de una ojeada
la gravedad, la inmvil compostura y el xtasis particular de los

enamorados del cine.


No creemos, pues, que la sombra miss del invento sea aiahada
como podra merecerlo, de haber puesto sus ansias cientficas en
algo menos absurdo que llevar la luz. . . all donde se est perfetamente bien sin ella.

__,37_5--

El director de H oot Gibson

Ignoramos quin sea; pero de los actuales directores de cine


es el nico, exceptuando a Griffith, capaz de utilizar toda la capacidad de sus actores.
Gibson fue llamado a la pantalla como uno de los tantos
muchachos hbiles en los deportes, y en particular en las proezas
de campo. Por iguales mritos cayeron ante el objetivo Walhs y
Jones, c~n xito estruendoso en sus primeros tiempos el primero,
y muy discreto en toda su carrera, el segundo. Pero en la bsqueda
y lanzamiento de uno y otro, influy un factor de fuerza considerable en cierto mundo del cine: la hermosura ms o menos viril
de esos jvenes galanes.
No puede Gibson vanagloriarse de aqulla. Su habilidad en
el caballo y la fuerza de sus puos tampoco hubieran alcanzado a
imponerlo, como no se impusieron otros tantos jvenes de msculos desarrollados y cerebrillo de embrin. N o se le ha lanzado
siquiera con ofuscante propaganda, ni su nombre ocupa lugar de

preferencia en las ilustraciones con grandes retratos.


Pero en este muchachote de cara tosca y riente hay un actor
de tal fuerza que no se le podra oponer otro en su gnero con seguridades de triunfo. Paso a paso, estudiando y soltndose conforme
al dominio que de s adquira, ha dejado de lado las proezas y
piruetas ecuestres que caracterizan a los hroes de su laya para
encauzarse en los estudios de expresin, que son el resorte del cine
mismo.
No es Gibson extremadamente feliz en la seleccin de los
films que protagoniza. La tremenda crisis de escritores por que
atraviesa el cine mundial alcanza naturalmente a este actor, bien
que en sus cintas haya siempre un algo de frescura. una feliz novedad de ambiente, -y aqu entramos ya en los' dominios del
director.
Otro da hemos de volver sobre esta sutil delimitacin entre los
mritos y facultades de autores v directores de cine no siempre
fcil ni justa, como es el caso con' Detrs de la puerta: cuyo triunfo
exclusivo monopoliz Toms Ince.
La virtud capital del hombre que dirige las cintas de Gibson
radica en la libertad que deja a ste para expandir su temperamento. Podrase jurar que muchas de las actitudes desgarbadas
y entontecimientos fugaces del muchacho en trance de cm-v-boy,
no figuran en el protocolo del "perfecto vaquero cinematogrfico".
El cow-boy, comenzando en Mix y deslizndose por el pobre chico
Jones, debe ser en la pantalla un fino sportman neoyorkino disfrazado de pajuerano. Suele hacer bastante bien su juego, mientras

-376-

permanece serio; pero apenas sonre, salta como de una caja de


resorte el hombre de frac.
"La Universal" -ya lo dijimos otra vez- tuvo durante una
larga poca los mejores directores de la pantalla. Con bastante
ms frecuencia que otras casas nos ofrece todava algunos films
perfectamente dirigidos, bastando recordar la ltima serie de Priscilla Dean para darnos cuenta de lo que puede un director de
largo sentido artstico, encuadrando un drama de los tantos sosos
que vemos da a da, pero que fulgen en aquellas manos por el vigor
de sus escenas.
H oracio Quiroga
Ao V - N 9 239 - 2/XI/1922.

[XXVII]
Las cintas de actualidades y otros aspectos

Suelen ser muchsimo ms interesantes que las tituladas cintas dramticas, y este fenmeno comprueba una de las tantas faces
de miopa de los fabricantes de films.
~e intercalan estas cintas entre una y otra seccin, a guisa de
pasatiempo, o para llenar el trmino de tres cuartos de hora obligatorios, en las cintas de discreta extensin. No les conceden las
casas productoras importancia alguria. Son, a juicio de ellas, simples comentarios de gacetilla, informacin grfica a lo sumo de
cuatro _o cinco sucesos trgicos, ridculos y simplemente mundano~,
y en tal carcter son ofrecidas como postre o yapa de un film muy
reclamado.
Ahora bien, nada es tambin ms evidente que el murmullo
de descanso, agrado y curiosidad que llena satisfactoriamente una
sala al anuncio de uno de estos noticieros mundiales novedades X
' El pblico'
films-revista, que las empresas lanzan casi por broma.
est seguro, ante el pregusto de cualquier de estos panoramas breves
y variados, de que no se va a aburrir. Es este convencimientO el
que provoca ese suspiro de satisfaccin, ese cmodo cambio de
postura del espectador que se dispone a gozar con infalible placer
de las actualidades.
Que sepamos, es sta la primera vez que con la adaptacip
de Sin beneficio del clero, Rudyard Kipling aporta su contribucin
a la pantalla.
En un tiempo, cuando la superproduccin de hoy no infestaba el cine, las cintas tenan cinco actos, seis a lo sumo, y aquel

-37:7--

tiempo nos leg las_ mejores historias cinematogrficas de la pantalla. No era fcil entonces aburrirse, ni siquiera. con las cintas
pobres, -por elemental falta de tiempo.
Hoy est el cine en crisis -no de asuntos, que es tema complejo, sino de excelencia en la produccin. Y la repeticin de los
mismos caracteres, del mismo ambiente, aun de los mismos actores,
es tal, que el espectador se sienta en la butaca anticipadamente cansado de lo que va a ver.
Fcil es as apreciar el efecto de la mayora de las cintas -que
hoy nos llegan, trasunto casi fiel de las mismas que hemos visto
desde 1908; pero que ahora constan de 1O y 12 actos, en vez de
los seis originales. Naturalmente estas enormes y desmenuzadas cintas requieren mayores gastos que las anteriores. Por lo cual las casas
filmadoras, consecuentes con su sistema de medir el inters de las
obras por el inacabable nmero. de sus actos, lanzan estas cintas
como superproducciones de arte. Algo, en fin, como si nicamente
buscramos para leer novelas de cuatro tomos, porque en las que
slo tienen uno no cabe arte.
- El resultado de esta miopa editorial sera a todas luces funesto, si por bajo de la supervisin de los grandes directores, no
se deslizaran de vez en cuando humildes cintas de seis actos, sin
gran novedad de argumento tal vez (virtualmente, el cine los
agot todos) ; de poco costo para la empresa; pero con tal arte
dirigidas, que alcanzan a darnos una impresin de novedad; Tal
es el caso de All~, en mi viejo hogar de Kentucky, recientemente
estrenada con legtimo xito.
Intilmente se buscaran en este film elementos nuevos de
intriga. Los mismos que combinaron su [Link] y propulsan
su desarrollo, sirvieron ya para otros films triunfales y desgraciados. La novedad de la cinta que nos ocupa estriba en la frescura
de unos cuantos elementos de escena, al punto de no haber sido

an desflorados en idnticos ambientes.


Gran parte de Jvf i hogar se desarrolla entre caballos, carre~
ras y vida del turf. Nada hay de fresco en esto, como se ve. Pero el
autor de la cinta, su director_ y sus fotgrafos han logrado ver unos
cuantos aspectos nuevos de decoracin, que bastan para infundir al

film entero un aire de novedad.


El seor Monte Blue, protagonista de la cinta, es secundado
por miss Holmsquist, personaje nuevo en el cine, a lo que creemos.
Si esta seorita es realmente nueva en sus funciones de actriz, ir
seguramente lejos. Intil aadir que a este feliz trmino de su
carrera contribuir no poco su belleza, pues la seorita Hohnsquist,
que en su p_rimer prueba de pantalla mira ya con tiernsima corree-

cin, mirar dentro de muy poco con correctsima ternura, como


conviene a una honrada actriz.
Una cinta de primera: <<Lo que toda mujer ignora"

Con slo siete actos, para no desmentir lo arriba apuntado,


estrense das atrs, sin mayor propaganda ni mayor resonancia,
la mejor cinta del ao.
Subrepticiamente casi, entre el frrago de grandes insulseces
decorativas, ha pasado por la pantalla el film que todos esperamos
pacientemente, da tras da.
Ya apuntamos una vez, por boca de un intelectual francs,
que el hallazgo del placer en el cine (y en el teatro y en toda la
literatura) es cuestin de una larga paciencia. Es menester ver
muchas cintas atroces para llegar a un film que nos d la medida
del cine como arte, del mismo modo que hay que sacrificar meses
al hojeo de muchos libros antes de llegar a uno que merezca ser
ledo hasta el fin.
Esta vez nos encontramos ante una cinta excelentsima desd~
el triple punto de vista asunto, direccin e intrpretes.
.. .
Cabe ante todo ensalzar la direccin, obra del seor Browning.
Si no nos equivocamos, fue en la historia de . Priscilla Dean,
Fuera de la ley, la primera vez qu este hombre de cine dio pruebas
de todo lo que es capaz en la presentacin de un film. Habamos c(m~
servado sui nombre en la memoria, en la esperanza de que una nueva
cinta suya viniera a demostrarnos que la construccin de- Fuera de la
ley no haba sido un fugaz acierto.
No fue acierto, por dicha. El mismo soplo de vida, el mismo
golpe de vista dramtico, la misma asombrosa naturalidad del juego
de los actores, las mismas finuras de composicin, -el mismo estilo,
en fin, de aquella cinta de Priscilla, vuelve. a hallarse, pero duplicado, en Lo que toda mujer ignora. Y es admirable esta capacidad
para gneros distintos, pues todo lo que Fuera de la lev tiene de
policial y tumultuosa, lo posee la cinta nueva 1 en honda y dolorosa
humanidad.
El seor Browning ha visto algo ms en este film, y es la
necesidad de que los actores hablen, cuando la historia est caracterizada, sostenida y precipitada por lo que los personajes dicen;
cuando estos personajes, en una palabra, no son simples mimos
muy capaces de expresar sentimientos vagos, enunciados apenas
en las leyendas, sino seres de carne dolorida que lanzan vivamente el alma afuera con la palabra.
1

En la .revista: "nuestra",
-379~

En un tiempo, el actor no mova los labios, y su comentario


fisonmico comenzaba al concluir ~la kyenda, casi nunca. dialogada. Es decir, que su rostro expresaba el simple reflujo de los
sentimientos qu:e haban agitado momentos antes al personaje. A
tal. escuela pertenecen an Hart, Lilian Gish, -para citar los
astros mayores. Por qu esta falta de naturalidad, en un arte que
[Link] preCisamente de ella?
Los idiliQs de Griffith; que suelen ser poemas pictricos, con
marco de paisaje y todo, no exigen sin duda palabras; pero cuando
la situacin del drama se paraliza o desencadena .por Io que di jo
un personaje, entonces la pronunciacin franca de esa palabra o
frase capital, es indispensable si la escena quiere realmente v-ivir.
Es el caso de Lo que toda mujer ignora. Lo que all dicen los
personajes tiene trascendencia de intencin y accin, y necesita por
lo tanto ser dicho. Mas aqu entramos ya en el campo de la obra.
Lo que toda mujer ignora es una pieza de tesis, que puede
enunciarse as: "La mujer no debe nunca sacrificarse por el porvenir de un hombre joven, a despecho de hacer de l un ser egosta,
sin carcter e incapaz de luchar por s mismo. Y una vez decidida
a ello, debe sostenerse hasta el fin".
El autor de esta pieza ha tenido l mismo el valor de no sacrificarla a un ruidoso y fcil xito. Ha llegado hasta eliminar el
beso en la escena final. Besos y ropa elegante. . . Apenas se concibe
hoy da otro factor capaz de determinar un gran xito de boletera
en el cine. La protagonista de nuestra cinta no debe de tener ms
ae dos vestidos. -y eri la escena [Link] no besa a su novio, aunque
est en sus brazos ... , porque la situacin no lo pide.
Este acto de honradez artstica, de valor para sostener un
estado de alma en la pantalla, all donde nias y jvenes no suelen
comprender una obra sino por la intensidad del beso final, es
una de las .bellas cosas que el cine nos da de vez en cuando.
No tendr gran xito la obra, es ms que seguro. Pero si
pensamos en lo poco que hubiera costado al autor el desvirtuar su
historia recargndola de escenas gruesas, de toilettes y de besos,
considermonos satisfechos de que los autores de esta cinta hayan
preferido a su vez sacrificar unos centenares de miles de pesos, al
placer de realizar esa insignificante y pura cosa que se llama una
obra de arte.
H oracio Quiroga
Ao V - N 9 240 - 9 /XI/1922.

-380-

[XXVIII l
Kipling en la pantalla

La obra lleva por nombre El nido deshecho. Para filmarla,


se han .incluido en el cuento original personajes accesorios, escenas
complementarias y leyendas que no figuran. en aqul.
Ahora bien Kipling tiene una personalidad demasiado viva
para que a un adaptador cualquiera le sea permitido crear personajes, escenas y modos de decir kiplinianos. Basta a este respecto
recordar una ancdota.
Los hermanos Tharaud, franceses, hicieron protagonista transparentsimo de una novela suya al mismo Kipling. La novela se titula
Dingley, [el ilustre] escritor\ y fue premiada por la Academia Goncourt. Se desarrolla en Sud Africa, durante la guerra anglo-boer,
cuya campaa sigui en efecto Kipling sobre el mismo terreno. Tuvo
la obra gran xito, y lo que menos se dijo es que a pesar de haber
calcado los autores a un personaje real, haban creado tambin un
personaje con su arte. Este arte, por lo dems, se asemejaba mucho
al del mismo autor retratado.
No insistiremos sobre esta semejanza ... francesa. Cada cual
es dueo de entender el arte de un escritor a su manera. Pero lo
que es ms evidente es la poca gracia de los seores Tharaud para
hacer hablar a Kipling. Todo lo que Kipling dice en la novela
:_y dice mucho-- no da sensacin alguna de que pueda haberlo
dicho el escritor anglo-hind. Tropiezan aqu los hermanos novelistas con la misma dificultad que sienten para escribir a lo Kipling, pues no es tarea liviana para dos escritores de las orillas del
Sena, interiorizarse con los aspectos de naturaleza y de vida de un
pas que no conocen y analizar impresiones de alnia que ignoran
en absoluto.
En El nido deshecho se incluyen ciertamente algunas leyendas tomadas textualmente del texto de Kipling; pero no bastan
ellas para salvar las deficiencias de la adaptacin. Solamente un
gran escritor es capaz de traducir a otro gran escritor, se ha dicho
ms de una vez. Y mientras a estilo de los Curwood, Rex Beach
y otros, Kipling no modifique l mismo la presentacin de sus novelas para adaptarlas a la pantalla, los Nido deskecho no se
diferenciarn en nada de las pasables historias annimas del film.
1 En la revista, se escribe Traud, por Tharazcd -dos veces- y Dungley
por Dingley.

--381-

Las camelias. blancas


Cuando el seor Carlos Chaplin, recin casado con la seorita Harris, visit [a J Inglaterra, no hubo en los diarios londinenses
comentarios bastantes para festejar la importancia que en la vieja
Albin tena en aquellos momentos la presencia del gran filsofo
de la risa. La seora Mildred recibi tambin de la prensa femenina homenajes igualmente vivos, aunque mucho menos cordiales.
Cuestin de celos, ta:l vez, pues son del dominio de todos las simpatas que el filsofo millonario encuentra en el bello sexo.
"En aquellos momentos" a que aludan los diarios, la poltica inglesa pasaba por trances de amargura y desencanto. La presencia de Chaplin vena a ser as un mensajero de sana vida, un
soplo de rehabilitacin, la revancha, en fin, de la alegre filosofa

de 1a vida.
Ignoramos la influencia que en la poltica inglesa tuvo Car~
litos en aquellos das. S conocemos la que su matrimonio tuvo
entre nosotros, en razn de que para las nias ms o menos jvenes no haba entonces hroe comparable a Chaplin, ni envidia
ms aguda que la despertada por Mildred. Ahora tornan los mismos comentarios ante el anlisis de los diarios comentarios en la
prensa:
"Carlitas ha solicitado la mano de Pola Negri, la que, a estar
a los ltimos informes, habrase resistido a concedrsela".
Alabado sea Dios! Mas al da siguiente, con ligera variante
para nosotros, pero inmensa para las lectoras de cine, llega otro
telegrama:
"Afrmase de buena fuente que Pola Negri reconsider ano-che, a las 23.45, la solicitud de Carlos Chaplin que ha pedido
sil mano".
Y he aqu .que a este fin de ao ignoramos todava a qu
hora ms o menos avanzada, en qu instante de gozo trascendental,
la hermosa Pola Negri decidir aceptar la mano del filsofo, para
ir en seguida .juntos a desquiciar o confortar de nuevo la salud
pblica inglesa.

Esta honda preocupacin femenina por la mano de Carlitas
tiene su origen en un error de miraje. Ante todo se la desea, claro
est, por la fortuna del joven, y por la vanidad que el casarse
con tal arthi-clebre personaje trae aparejada. Pero las damas que
suean con Carlitas, se ren an soando: es el miraje del esposo
enormemente divertido, eternamente alegre, lo que dispone con
tal fuerza en su favor. Joven, buen mozo, riqusimo, gracioso hasta
hacer reir: nada falta al milagroso hroe . . . a no ser las impresionesque sobre el particlar guarde-la diVina Mildred.

-382-

Esta agitacin porel caso Pala-Carlitas trae a la memada otro


instante de angustia similar. Hace algn tiempo, y hallndose Dorothy Dalton una noche que cumpla aos en su palco del Strand
de Nueva York, recibi como obsequio un gran ramo de camelias blancas que le enviaba su divorciado esposo, Lew Cody.
Recordamos perfectamente bien la zozobra que en la prensa
del cine v en los concilibulos de las casas de familia, despert el
inesperad~ acontecimiento.
La pretender todava? O se trata slo de una galantera
entre compaeros del oficio? O le enva camelias blancas como
homenaje a la eterna pureza de ella, Dorothy, y a la no rnenor
de la propia alma de l, Cody? O tal vez -quin sabe?- los
esposos divorciados cierran los ojos una sola vez -al ao ante la
aturdida ley que los separ, y bajo la guarda de un gr~n ra~o
de camelias blancas suean por una noche entera que estan rec1en
casados?
Nunca pudo esto dilucidarse; como acaso no se decida nunca
la seorita Pola Negri a conceder la extremidad de sus dedos a suadorador. Y nuestra zozobra continuar, si bien con la esperanza
de que bajo la sombra de otro ramo de camelias blancas, Pala Y
Carlos sueen una noche que se adoran, aunque no se -hayan
casado ...
El lamentable destino de un viejo traidor
Durante largo tiempo Lon Chaney tuvo el buen gusto de
preferir los papeles antipticos a los de hroe sentimental, por las
mismas razones que hicieron exclamar a Holt:
-"Porque estoy cansado de ver constantemente en primera
lnea en el cine a galanes buenos mozos cuya preocupacin consiste
en enloquecer a los sastres para que sus smokings no tengan una
sola arruga, y en ofrecerse despus desde un palco, la noche del
estreno, a las miradas de miel y fuego de las espectadoras".
Ms o menos, stas fueron sus palabras. Y con gran placer
de los hombres, J ack Holt hizo uno de los ms enrgicos traidores
con que havamos contado en el cine.
Ambos; J ack y Lon, hoy han cambiado. Se les ve ms a menudo en papeles de hombres buenotes, puro corazn, y este cam
bio constituye, respecto del primero, uno de los ms grandes des
aciertos de los directores de cine. Holt no vale de galn lo que vale
de antiptico; pero como posee el don y la expresin de la simpata,
sale muy bien librado en cualquier papel.
No es ste el caso de Chaney. Un hombre de su energa de
facciones, de la socavada irregularidad de sus rasgos; de su capacidad

-383-

1
de insolencia y abyeccin en la sonrisa, no hace bonita figura llorando
de generosidad. Tras una carrera muy larga en compaa de Stowell y la Phillips, una empresa lo lanz en El hombre milagroso
en un papel de gran efecto, que repiti luego y anuncia repetir en
un prximo film. Chaney haca all de tipo baldado, -y a la.
perfeccin.
El hombre vale algo ms sin embargo que por su facilidad
para torcer las piernas, y est fresco an el recuerdo de su actuacin
en Fuera de la ley, con Priscilla Dean. Es insensato disfrazar
a Mdistfeles de arcngel, y encomendar a William Hart un papel
de ~nglico pastor, como en una cinta de feliz memoria. Cada vez
que se requiera un tipo de ojos atravesados, con una galerita plomo
sobre un mechn de pelo, escarbndose los dientes y sonriendo con
la ms abyecta sonrisa que quepa en ser humano, Chaney es de
los contados actores capaces de encarnarlo a perfeccin. Arrancado de esto, poco o nada vale. La naturaleza dotlo de un rostro
cuyas ms intensas expresiones son motivadas por los malos pensamientos. Puede ser el hombre bueno y noble hasta no pedir
ms, como puede tambin serlo Von Stroheim. Pero los ojos de
ambos expresan mal puros sentimientos, y a maravilla los de un
hombre vil. Y esta expresin es la interesante en ellos.
H oracio Quiroga

Ao V - N 9 246 - 21/XII/1922.

UN PAR DE
DOCUMENTOS OFICIALES

RESPUESTA A UNA CONSULTA SOBRE CASAS


VINCULADAS CON LOS NOMBRES DE ROD
Y HERRERA Y REISSIG
"Montevideo, diciembre 5 de 1960. - Sr. Director General de
Arquitectura y Urbanismo,
Arquitecto D. Eustaquio Fernndez.
Concejo Departamental de Montevideo.
Estimado amigo: En respuesta a la consulta que V d. me
formul sobre el valor atribuible desde el punto de vista de nuestra historia literaria y cultural a las casas de la calle Treinta y
Tres N 9 1287 e Ituzaing N 9 1255, vinculadas a los nombres de
Jos Enrique Rod y Julio Herrera y Reissig, respectivamente, me
es grato efectuar las puntualizaciones que siguen.

Fundamento previo
Cuando un edificio no interesa por su valor artstico ni en
consecuencia por su causa eficiente, sino por algn acontecimiento
especial o el hecho de estar ligado a una figura significativa en la
historia de un pueblo, cabe identificarlo, ante todo, para promoverlo a la categora de monumento pblico, por la autenticidad y
persistencia de los elementos que lo constituyen y determinan, es
decir, de su materia y de su forma, sin perjuicio del posible trabajo de restauracin, encaminado a garantir, sobre el deterioro de
la materia, la forma originaria.

La casa de la calle Treinta y Tres N 9 1287


Jos Enrique Rod naci en la calle de los Treinta y Tres,
N 9 219, a pocos pasos de la calle Buenos Aires, el 15 de julio de
1871. Y vivi all, como lo prueban diversos documentos custodiados en el Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios, hasta el ao 1897. La casa fue demolida aos ms tarde,
cuando an no era fcil prever que podra interesar a la posteridad.
Y en su lugar se levant la que hoy lleva el nmero 1287: que
ni por su materia ni por su forma guarda relacin alguna con la
anterior.

-387-

Otorgar valor histrico al actual edificio equivaldra a distinguir la casa de algn ignorado ciudadano, de ningn modo la de
Jos Enrique Rod: pues nada en sus paredes, en su techo o en su
fisonoma puede evocar la niez o la juventud del escritor insigne.
Tambin la casa en que naci Zorrilla de San Martn (como
ahora la de J ules Laforgue en la Plaza Independencia) fue demolida y reemplazada por otra, hoy sede de una firma comercial, en
la calle Ro Branco (entonces Arapey) N 9 1481/83. Y si en ella,
como en la casa de la calle Treinta y Tres N9 1287, se coloc una
placa conmemorativa, no puede ir ms lejos, dada la desaparicin
de las estructuras primeras, el fervor de la posteridad.
En suma: Rod naci en una casa que ya no existe y en la
que vivi hasta 1897. Se mud luego, con los suyos, a otra, en la
calle Prez Castellano N 9 120, donde escribi 'Rubn Dara' y
'Ariel' y de donde se traslad en las postrimeras de 1900 a una tercera, tambin demolida, situada en Cen-ito N 9 35 7, en la manzana
que ocupa ahora el Banco de la Repblica. En esa ltima casa,
Rod compuso 'lviotivos de Proteo' -no en un incierto retiro del
Prado-, 'Liberalismo y Jacobinismo' y 'El Mirador de Prspero'.
La conclusin es obvia. As como a nadie podra ocurrrsele
que el Banco de la Repblica debe convertirse por aquel hecho en
monumento destinado -total o parcialmente- a honrar la memoria de Rod, a nadie puede ocurrrsele tampoco que el edificio
situado en la calle Treinta y Tres N 9 1287 debe identificarse con
la casa natal del ilustre prosista.
La casa de la calle Ituzaing N 9 1255

No sucede lo mismo con la casa de la calle Ituzaing N 9 235


(hoy 1255), que habit, entre 1902 y 1907, Julio Herrera y Reissig,
quien se haba trasladado a ella con su familia desde la calle Cmaras (hoy Juan Carlos Gmez) N 9 96.
All el poeta cumpli su asombrosa transformacin personal.
Era, hasta la vspera, el autor del 'Canto a Lamartine'. Y se convirti en el lrico admirable de 'Los xtasis de la Montaa' y
'Los Parques Abandonados'. All fund, a principios de 1903,
como lo certifica un manifiesto de Roberto de las Carreras, la
Torre de los Panoramas, el cenculo ms famoso en la historia de
las letras uruguayas.
Es oportuno subrayarlo. Herrera, que ocupaba un dormitorio
en el primer piso, el penltimo de los que daban sobre la calle
Reconquista, di entidad de Torre al altillo familiar, situado al
nivel de la azotea y habilitado, por aadidura, como mirador (lo
que explicaba el rtulo escogido). En la Torre fechaba sus poemas
-388-

-y sigui hacindolo aun despus de abandonarla-. En la Torre


congregaba a sus amigos y discpulos y multiplicaba desafos contra
la ciudad indiferente, aunque a la vez, ms all de los pintorescos
desafueros verbales, consumara en ella la revolucin capital en los
anales de nuestra poesa. Ya en 'La Razn' del 23 JVI j908 escriba Pablo de Grecia (esto es, Csar Miranda) que 'la gloria ms
pura' de la Torre 'es el haber preparado el porvenir literario de
la Repblica'.
Innumerables documentos manuscritos e impresos, que se conservan en el I.N.I. A. L., corroboran la trascedencia de aquel
c~nculo nico. Baste mencionar, entre los que proceden del propiO poeta, una pgina olvidada -el Brindis por Andrs Demarchi:
vide 'El Siglo', Montevideo, 24/VIII/904- que contiene la
nica visin de la Torre debida al torrero, o una autobiografa de
1904, convertida en carta a Soiza Reilly en 1907 y publicada por
el destinatario en la 'Revista Popular' de Buenos Aires el 4 de
marzo de 1918: 'All por 1900 [en rigor, a pr-incipios de 1903]
fund la celebrrima mula de las torres de Babel de Babilonia de
.
' '.
Alejandra,
de Pisa, de Eiffel, es decir, la de los' Panoramas ...
Baste citar las evocacione5 de muchos testigos -camaradas, discpulos o admiradores del poeta-, dispersas en publicaciones tambin reunidas en el I.N.I. A. L. : Roberto de las Carreras, el citado
Csar Miranda, Juan Picn Olaondo, Pablo Minelli, Andrs Demarchi, Juan Jos Illa Moreno, Vicente Martnez Cuitio, Ernesto
Mario Barreda, Juan Jos Soiza Reilly. Baste, por ltimo, como
signo de la resonancia alcanzada por el memorable cenculo reproducir algunos pasajes de la conferencia que Rubn Dara 'pronunci en el Sals, el 11 de julio de 1912, sobre el lrico de 'Los
peregrinos de piedra'. As, despus de referirse a 'la misteriosa
torre del encantado poeta desaparecido', el autor de 'Prosas Profanas' concluye: ' ... Entre los gen ni y los espritus sombros que
pasaban por la torre del celeste visionario de los ojos azules se
manifestaba, ardiente en Dios, e1 serafn de la verdadera v ~ica
' '
'
poesra.
Uruguayos y extranjeros han hecho de la Torre un templo
mental. Es indispensable, entonces, rescatar el edificio en que se
encuentra: de extraordinario inters histrico (pese al triste destino que se le inflige desde hace unos aos) porque mantiene in~
demne su estructura originaria. Y convertirlo en museo oficial. (All,
incluso, podra instalarse el Instituto Nacional de Investigaciones y
Archivos Literarios, donde se hallan, con reliquias o testimonios
personales -un mechn de cabello, una insignia de bronce, una
billetera, un inyector hipodrmico, libros, cuadros, fotografas, in-389-

cluso algn VIeJo retrato exhibido en la misma Torre- los autgrafos del poeta: sus versos, sus prosas, sus cartas) .
Me es grato saludar a V d. con mi ms distinguida consideracin
[Link]
Director"

ROBERTO

EL ACERVO DEL I. N. I. A. L.
Adquisiciones y donaciones correspondientes a 1960
Damos a rengln seguido un captulo, el V, de
la Memoria anual de 1960 elevada al Ministerio de
Instruccin Pblica. (Parece innecesario subrayar
el reconocimiento debido a los donantes, sobre todo
a los familiares y amigos de Eduardo Acevedo
Daz, individualizados en el texto, por la generosidad y ejemplar devocin con que honraron la
memoria del prcer).

"V.- ADQUISICIONES Y DONACIONES. - Cabe calificar


de extraordinarios, como se anticip ms arriba, el nmero
y la naturaleza de los materiales obtenidos en el correr del
ao ltimo. Puede afirmarse que el Archivo de Mara
Eugenia Vaz Ferreira y el de Acevedo Daz, sobre todo,
se enriquecieron de modo fundamental; y que el archivo
de Javier de Viana -restringido durante aos a unas pocas
unidades- se constituy virtualmente en definitiva. Baste,
para verificarlo, la escueta enunciacin que sigue, objeto
de especificaciones cabales en los inventarios que se remiten aparte a esa Secretara de Estado.
1) Objetos de Acevedo Daz, cartas de Aparicio Saravia, etc.
Donacin de A. Salom Acevedo (marzo 1O) .
2) Manuscritos, cartas, impresos y objetos de Javier de Viana:
casi ochocientas unidades, cedidas por Javier Gastn de
Viana (abril 24).
3) Impresos sobre Horado Quiroga. Donacin de Carlos L.
Codesal, Buenos Aires (mayo 11).
4) Tarjeta-programa correspondiente al estreno de 'Los Derechos de la Salud' en Montevideo, el 20/XII/907. Donacin del Profesor Ariosto Fernndez (mayo 26).
5) Autgrafos de Zorrilla de San Martn y Julio Herrera y
Obes, telegrama de Porfirio Daz a Jos Batlle y Ordez

-390-

y alglinos . dncurlentos- histricos. Donacin . tle -Edfi?.ndo

-_

. Bianchi (mayo 24).


6} Originales del poema 'El Beso', de Julio Herrera y Reissig
(vide 'Las lunas de oro', Montevideo, Bertani,. 1913, pginas 52 a 54), cedidos por Emilio Oribe (mayo31),::
7) Diecisis cartas autgrafas de Mara. Eugenia Vaz Ferrera y
originales de Herrera y Reissig, Zorrilla de San Martn,
Carlos Reyles, Gabriela Mistral, Enrique Banchs, Sann
Cano, M. Glvez, Jos Ma. Salaverra, Jos P. Ramrez,
Luis Melin Lafinur, etc. Archivo de Alberto Nin Fras.
Donacin de Pedro Badanlli, por intermedio de D. Alfonso Rey (junio 6).
8) Documentos y objetos de valor histrico. Donacin de A.
F ernndez Arboleya (junio 17) .
9) Impresos sobre Horado Quiroga. Segunda donacin de Carlos Codesal, Buenos Aires (julio 17).
10) Originales, documentos, fotografas y objetos de Eduardo
Acevedo Daz. Donacin de Leonel Acevedo Daz (julio 19) .
11) Cartas autgrafas y fotografas de Eduardo Acevedo Daz.
Segunda donacin de Arturo Salom Acevedo (julio 19) .
12) Revlver personal de Eduardo Acevedo Daz y documento
respectivo. Donacin de Hugo Acevedo Daz (julio 19).
13) Reliquias personales de Eduardo Acevedo Daz (anteojo de
bronce de campaa, boquilla, cartas, corbatas de bandera,
etc.). Donacin de la Sucesin de Eduardo Acevedo Daz
h. (julio 19) .
14) Diez cartas autgrafas, una fotografa y un sable de Eduardo
Acevedo Daz. Donacin de la Sucesin de Elsa Acevedo
Daz de Cuevas (julio 19).
15) Doce cartas autgrafas de Eduardo Acevedo Daz y algunos impresos. Donacin de la Srta. Angelina Cnepa (julio 19).
16) Tarjetas y libros autgrafos de Eduardo Acevedo Daz, dedicados a la inspiradora de 'Mins'. Donacin de Mara
Ins Cnepa de Latorre (julio 19) .
17) Fotografas y cuadros de Eduardo Acevedo Daz y de sus
familiares. Nueva donacin de Leonel Acevedo Daz ( agosto 19).
18) 'Leda': reproduccin fotogrfica de un cuadro de Leonardo con dedicatoria autgrafa de Eduardo Acevedo Daz.
Donacin de Arturo Salom Acevedo (agosto 19) .

~:

-3~1-

19) Cartas, documentos y fotografas de Javier de Viana. Donacin de Javier Gastn de Viana (diciembre 15).
20) Cartas inditas e impresos de Roberto de las Carreras. Donacin de Leopoldo Durn (diciembre 22) .
21) Cartas y papeles de Edmundo Montagne. Donacin de
Leopoldo Durn (diciembre 22) ".

ACTUALIDAD
LTIMAS ADQUISICIONES
UNA CEREMONIA EN EL l. N. l. A. L.
Sin perjuicio de las especificaciones que se efectuarn oportunamente, corresponde anticipar que en el curso de 1961 se han obtenido nuevas e importantes unidades: entre ellas, ocho cartas autgrafas de Herrera y Reissig, donadas con tanto fervor como desprendimiento por D. Leopoldo Durn (con gran nmero de impresos) ;
otra carta autgrafa del mismo poeta y un original de Rod "N poles, la Espaola", diecisiete hojas - (adems de un valioso
lbum de recortes), cedidos con singular espontaneidad por el Dr.
Eduardo Duffau; el lengufono con que el autor de "Ariel" intent
aprender la lengua inglesa durante unos meses a fines de 1915,
obsequiado -con una carta autgrafa del prosista sobre el mismo
instrumento- por el Dr. Eugenio Petit Muoz; un captulo del
"Proteo" del mismo Rod (tres hojas), entregado por los seores
Juan Capel y Antonio Monzn; el texto de cuarenta cartas de
Horacio Quiroga a Luis Pardo, que se fotografiaron en Buenos Aires
por gentileza de la SADE y su presidente D. Fermn Estrella Gutirrez; varias fotografas para el Archivo de Eduardo Acevedo Daz,
remitidas con puntual deferencia y como complemento de anteriores
donaciones, por su hijo Leonel, amn de un autgrafo enviado por
'la Sra. Angelina de Laperrre Acevedo; etc.
Pero el acontecimiento ms significativo, porque en l se aadi
a la calidad lo impresionante de la cantidad, fue la nueva donacin
de varios familiares del propio Acevedo Daz -a saber, sus nietos
Eduardo Huberto, Marcelo, Mara Luisa y Dora Acevedo Daz,
hijos del novelista de "Cancha Larga" y "Ramn Hazaa"-, consistente en unos dos mil documentos y autgrafos del autor de
"Ismael". Cabe subrayar el hecho, que ratifica la fina comprensin
y la generosidad de esas personas, as como del Sr. Arturo Salom
Acevedo, que coadyuv a la consumacin del excepcional aporte,
acogido en nuestro pas con hondo beneplcito.

-392-

-393-

A raz de tal donacin -"de extraordinarias proyecciones culturales e histricas" como expresaba un diario-, se efectu el 26
de julio una ceremonia a la que asistieron, entre otras personas, el
Presidente del Consejo Nacional de Gobierno, D. Eduardo Vctor
Haedo, ellVIinistro de Instruccin Pblica, Dr. Eduardo Pons Etcheverry, el nieto del prcer Dr. Eduardo Huberto Acevedo Daz, a
quien acompaaba su primo, Arturo Salom Acevedo, y el Director
del Instituto.
"El Pas", del 27 de julio, ofreci la siguiente crnica del acto
con el ttulo de "Papeles que son vida. - El I. N. I. A. L. recibe
valioso material sobre Acevedo Daz".
"Las posibilidades de recomponer la azarosa y fecunda vida
" de un ilustre oriental, al mismo tiempo que la caracterizacin de
"un intenso perodo de nuestra historia, se han acrecentado con el
"valioso aporte recibido ayer por el Instituto Nacional de Investiga" ciones y Archivos Literarios, de viejos documentos personales, lite" rarios, polticos y diplomticos de Eduardo Acevedo Daz.
. - "Tan preciada donacin estuvo a cargo, una vez ms, de l~s
" familiares del escritor y estadista, quienes reiterando una generosr" dad ampliamente demostrada, se han desprendido de queridos
" recuerdos personales para ofrecerlos desinteresadamente al Insti" tuto, donde pueden cumplir una misin ms fecunda y tras~en
" dente. Eduardo H. Acevedo Diaz y Arturo Salom Acevedo, meto
"v sobrino-nieto respectivamente del autor de "Ismael", fueron los
" ~ncargados de realizar la entrega de los documentos, al [Link]
" del Instituto mencionado Prof. Roberto Ibez. En una sencilla
" pero emotiva ceremonia e~ la que estuvieron presentes el presidente
"del Consejo Nacional de Gobierno seor Haedo, ministro de Ins" truccin Pblica Dr. Pons Etcheverry, poetas y escritores y fami" liares de Acevedo Daz, _el nieto de ste, Dr. Eduardo H. Acevedo
" Daz pronunci unas palabras en el momento de hacer entrega
" simblica del material al Prof. Ibez, expresando que obedeca
" un deseo de su padre al incorporar al acervo cultural de nuestra
"patria, a la que tanto haba amado su abuelo, la documentacin.
"Aludi con emocin a 'estas cosas cargadas de alma, de su voz
" profunda, el rumor de su gesta, la plenitud de _su drama, sin
' reproches en su callada dignidad y fortaleza'. Agradeci al Pro f.
" Ibez y colaboradores por haber iniciado y culminado las ges" tiones para la obtencin del legado y a todos los que aplicaron
" su esfuerzo y devocin a reunir los documentos y papeles de su
" abuelo, cuya memoria se ha querido honrar y honrar en l a su
" patria.
-~394~

"Seguidamente hizo uso de la palabra el presidente del Consejo


" de Gobierno quien expres que el ejemplo y el espritu de Acevedo
"Daz haba estado morando siempre entre nosotros. A travs de sus
" novelas y de su conducta plena de vigor y altos valores humanos,
" de sus heroicas empresas, de sus patriadas junto a Aparicio, Lamas
"y Saravia, de su ardorosa militancia cvica, como legislador y
"diplomtico. Dijo que de sus sueos nos hablan con elocuencia
" estos papeles conservados con fervor y cario familiar, los que
" nuestro pas recibe como anticipo de la repatriacin de sus restos.
"Si en el ocaso de su vida, agreg el seor Haedo, pudo pensar
que la tierra oriental no haba lugar para el reposo de sus restos,
la vigencia de su espritu ha disipado ya toda duda. La gratitud
nacional tiene un lugar para que en ella reposen sus restos con
gloria y con honor.
"Termin destacando la importancia de los documentos, como
"fuente de consulta para todos aquellos que se interesen en invest" gar y estudiar la obra y la vida de Acevedo Daz .
"
"
"
"

"Por su parte el director del Instituto de Investigaciones y Ar" chiYos Literarios Prof. Ibez expres, aludiendo al legado reci" bida, que el mismo tiene una enorme significacin espiritual en el
" proceso de nuestra cultura y que viene a sumarse a otros no menos
" valiosos, recibidos de la generosidad de los descendientes de Ace" vedo Daz. Seal que el Instituto a su cargo custodiar celosa" mente estos papeles, pero teniendo siempre las puertas abiertas
" para recibir a cuantos quieran colaborar en la obra de investiga" cin sobre Acevedo Daz con el rigor y la seriedad que ella exige.
"Destac que estos documentos son indispensables para recom" poner la biografa del ilustre escritor, al mismo tiempo que agra" deci a los descendientes su generosidad. Traz una breve y emotiva
"semblanza de los principales rasgos de la vida de Acevedo Daz, y
" adhiri fervorosamente a la idea de la repatriacin de sus restos.
"Cabe sealar finalmente que la ceremonia tuvo una simptica
" y provechosa derivacin al recibir el Instituto, de parte .de las
" seoras Dora Copetti de Lembo y Mercedes Copetti de Weimber-

" ger la donacin de 12 cartas y un impreso, y de las seoras Ange" lina Cnepa y Mara Ins Cnepa de Latorre, impresos, lminas,
" cartas y tarjetas, pertenecientes a Acevedo Daz.
"Desde ayer pues, nuestros investigadores disponen de un nuevo
" v valioso material sobre una de las personalidades ms interesan" tes de nuestra vida literaria y poltica".

-395-

NDICE

Pg.
Introduccin
LMINAS

Carta de Jos Enrique Rod a Leopoldo Lugones. Primera plana de una copia autgrafa

II

dem. Segunda plana

10

III

dem. Tercera plana

11

IV

Cdula de identidad de Rod. ( Cartulas y fotografas)

12

dem. Certificado de la identidad civil, cromtica, morfolgica y dactiloscpica del escritor

13

Tarjeta postal enviada por Rod a su madre desde Santos, el 17 /VII/916. Anverso y reverso

14

Tarjeta postal enviada por Rod a su madre desde Npoles, el 21/II/917. Anverso y reverso

15

Carta de Leopoldo Alas a Rod ( 11/VIII/897). Primera


pgina del autgrafo

16

IX

dem. Segunda pgina

17

dem. Tercera pgina

18

XI

dem. Cuarta pgina

19

XII

dem. Quinta pgina

20

XIII

dem. Sexta pgina

21

XIV

dem. Sptima pgina

22

XV

dem. Octava y ltima pgina

23

XVI

Carta de Rubn Darlo a Rod (31/III/899)

"24

XVII

Carta de Juan Ramn Jmenez a Rod [enero o febrero


de 1903]

25

XVIII

Carta de Mara Eugenia Vaz Ferreira a Delmira Agustini


[enero o febrero de 1908]

26

Dos fotografas de Delmira Agustini (a los veintin aos


y a los veintisiete, respectivamente)

-27

XX

Dos fotografas de Delmira Agustini ( 1912)

28

XXI

Caricatura de Delmira Agustini por Rafael Barradas ( 1913)

VI
VII
VIII

XIX

--29

A Miguel de Unamuno

Pg.
74

10 -

A Jos Pedro Ramrez

74

11 -

A Jos l. Vargas Vil a

75

12 -

A Miguel de Unamuno

76

13 -

A Jos Santos Chocano

77

14 -

A Manuel Daz Rodrguez

78

15 -

A Horado Quiroga

79

16 -

A Juan Francisco Piquet

80

17 -

A Alfredo Palacios

81

18 -

A Pedro Henrquez Urea

81

19 -

A Francisco Garca Caldern Rey

82

Pg.
LAL\1INAS
XXII

9 Tres fotografas de Delmira Agustini ( 1913)

XXIII

Dos fotografas de Delmira Agustini en un parque de Coln (1913)

XXIV

30
31

Carta de Miguel de Unamuno a Delmira Agustini ( 14/IV/


910). Primera carilla

32

XXV

dem. Segunda carilla

33

XXVI

dem. Tercera carilla

34

XXVII

dem. Cuarta y ltima carilla

35

XXVIII

Retrato de Delmira Agustini con dedicatoria autgrafa a


M. Giot de Badet

36

XXIX

"Las Voces Laudatorias", poema de Delmira Agustini.


Primera pgina del autgrafo

37

20 : - A Gabriel Mir

XXX

dem. Segunda pgina

38

~1

XXXI

dem. Tercera y ltima pgina

39

XXXII

["Adelfa"], comedia inconclusa de Julio Herrera y Reissig.


Primera plana del original

23 _- Al Director de la Academia Espaola [Alejandro Pidal]

86

40

24 -

A Leopoldo Lugones

87

XXXIII

dem. Segunda plana

41

25 -

Al mismo

88

XXXIV

Dos fotografas de Horado Quiroga en las Misiones ( 1926)

42

26 -

A Rufino Blanco Fombona

XXXV

"La Jangada". Bosquejo de film, por Horado Quiroga.


Reproduccin de la pgina veintinueve del original

43

dem. Reproduccin de la pgina treinta

44

22 -

84

A Carlos Arturo Torres

- 85

A Andrs Gonzlez Blanco

2_7 -- A Rosario P. de Rod,

86

. 89

89

[27 a]

A la misma,

II

90

[2l b]

A la misma,

III

90

28- A la misma,

IV

91

29- A la misma,

91

$0- A la misma,

VI

92

l$0 a]- A la misma,

VII

92

[?O b]- A la misma,

VIII

93

65

[W
e]- A la misma,
..;-:;.,

IX

93

66

[30 d]- A la misma,

94

3 -- A Leopoldo Alas

67

(3-P

XI

94

4 -

A Rubn Daro

70

31A la misma,
:;-,.._ ..

XII

95

5 -

A Baldomero Sann Cano

71

XXXVI

45

Una glosa
Explicacin general. Sobre los signos convencionales y la ortografa
de los textos reproducidos
CORRESPONDENCIA DE JOS ENRIQUE ROD
Noticia previa, por Roberto Ibez
Cartas de Rod
1 - A Baldomero Felipe Correa
2-

A Nemesio Escobar

51

e]- A la misma,

Cartas :Rod

6 - Al mismo

71

0~

De Leopoldo Alas

96

7 _- A Juan Valera

73

c3_3:- De Julio Herrera y Reissig

98

8.- A Amado Nervo

73

[~3

99

a] -

De Leopoldo Lugones

34 -

Del mismo

Pg.
99

35 -

De Rubn Daro

100

De Jos Ingegnieros

100

37 -

De Carlos Reyles

100

38 -

De Salvador Rueda

101

39 -

De Rufino Blanco Fombona

104

40 -

De Juan Zorrilla de San Martn

105

41 -

De Carlos Guido y Spano

106

42 -

De Miguel de Unamuno

106

43 -

De Enrique Gmez Carrillo

109

44 -

De Juan Ramn Jmenez

110

45 -

De Jos Santos Chocano

110

-3 -

De Carlos Vaz Ferreira

143

46 -

Del mismo

111

4 -

De Julio Herrera y Reissig

147

47 -

De Enrique Jos Varona

112

.5 -

De Carlos Reyles

147

48 -

De Juan Maragall

112

6-

De Roberto de las Carreras

[I]

148

49 -

De Francisco Villaespesa

113

7-

Del mismo

[II]

149

113

B-

Del mismo

[gi].

149

De Ramn Menndez Pida!

114

-9 -

Del mismo

52 -

De Juan Ramn Jmenez

114

10 -

De Samuel Blixen

53 -

De Jules Supervielle

115

1.1 - De Santn Carlos Rossi


12 - Del mismo

_ 36 -

50 51 -

De Vicente Blasco Ibez

[53 a] -

De Juan Maragall

116

54 -

De Enrique Gonzlez Martnez

117

55 -

De Alfonso Reyes

117

56 -

De Roque Sanz Pea

118

57 -

De Gabriel Mir

119

58 -

De Francisco Giner

120

59 -

De Javier de Viana

121

60 -

De Horacio Quiroga

121

61 -

De Rubn Daro

122

62 -

De Ricardo Palma

123

63 -

De Paul Fort

123

64 -

De Jos Eustasio Rivera

124

65 -

De Ricardo Rojas

125

Apndice

__Pg.

A -

Carta de Rod a Baldomero Sann Cano (N" 5)

127

B -

Carta de Rod a Miguel de Unamuno (Nos: 9- y "12)

128

C -

Carta de Rod a Manuel Daz Rodrgue:t (N" 14) : _

129

D -

Carta de Rod a Pedro Henrquez. Urea_ (N lB):

131

E -

Carta de Rod a Francisco Garda Caldern (N 19)

132

F -

Carta de Paul Fort a Rod (N9 63)

132

CARTAS A DELMIRA AGUSTINI


Noticia Previa, por R. I.

137

Advertencia

141

1 --: De Mara Eugenia Vaz Ferreira

[I]

143

2-

[II]

143

De la misma

-[IV]

!50
157

[I]

!58

[II]

!58

De Francisco Villaespesa

160

14 -

De Rafael Barrett

161

15 -

De Manuel Ugarte

161

-13 -

16 _:_D Miguel de:Urtamno

162

De Salvador Rueda

164

17 -

18 _:_ Addenda:De Eduardp Aceved~ Daz a L. Yicens Thievent


Notas, por R. I.

165
169

DELMIRA -AGUSTINI Y ANDR: GIOT DE BADET


Aclaracin, por R. I.
I.
: II.

Delmira Agumi, :por ~Ailt!F Git

183

de

Badet

---

Recuerdos de Delmira Agusrini._ Una entrevista con Andr~ Giot, por Carlos Brariciy -- -- ~
--~
- .

III .--- nelmira y--And diot de- Badet; pqcCla-ra- Silva

186
198

203

Pg.
OBRAS. DRAMATICAS DE JULIO HERRERA Y REISSIG
Noticia Previa, por R. l.

Pg.
346

Un buen film . . .

349

La expresin por la expresin

353

Priscilla Dean - "Miel Silvestre" y diques


rotos . . .

356

El cine nacional - "La muchacha del arrabal"...

359

[XXIII]

Los intelectuales y el cine

363

[XXIV]

Un buen film - "El hombre de Ro Perdido"...

366

[XIX]

209

Julio Herrera y Reissig: ''La Sombra"

221

Julio Herrera y Reissig: [Adelfa]

263

[XX]
[XXI]
[XXII]

HOMCIO QUIROGA Y E:L CINE


271

Noticia Previa, por Arturo S. Visea


Horado Quiroga: "La Jangada" (Bosquejo de film)

273

[XXV] La revancha de Gloria Swanson . . .

Crnicas dispersas de Horado Quiroga

[ -

La moralidad en el cine. William Hart

[XVIII]

En Caras y Caretas (Buenos Aires):] "Los Estrenos Cinematogrficos"

301

[XXVI]

Tema de actualidad. El amor y la sombra

374

[XXVII]

Las cintas de actualidades y otros aspectos

3 77

[XXVIII] Kipling en la pantalla


[I] Mae Marsh - William Hart . . .

303

[III] Las estrellas del odio. La seora Vicky Van . . .

305

[IV] Las cintas mediocres - Efectos de la superproduccin

307

Los inadaptos - Tirana - Dorothy Daltn

309

[VI] Las Cintas en serie ...


[VII]

311

El Dios pagano - H. R. Warner ...

313

[VIII] William S. Stowell


[IX]
[X]

316

El Proscripto . . .

318

El secreto de la confesin . . .

321

[XI] "Detrs de la Puerta"

324

[XII] Un prximo estreno: Arizona - de Douglas


Fairbanks . . .
327
[XIII] La mutilacin de "Detrs de la puerla" ...- 330
[XIV] Un p~ximo estreno feliz: "La tierra de promisin"
[XV]

[B -

333

El segundo film _humano del se:or Griffith:


"Sonriamos a la vida" . . .
336

En Atlntida '-Buenos Air-es):] ''El Cine"

. [Xvl] Los "Films" nacionales

381

301

[II] Los estrenos de' la semana . . .

370

339
..

339

[XVII] El seor de Mille, en los "Enredos de Ana- .


tolio" . . .
- -342

Un par de documentos oficiales


A B-

385

Respuesta a una consulta sobre casas vinculadas con los nombres de Rod y Herrera y Reissig

387

El acervo del I. N. I. A. L. Adquisiciones y donaciones del


ao 1960

390
393

Actualidad
ltimas adquisiciones. -

Una ceremonia en el I. N. I. A. L.

393

ESTE PRIMER NUMERO DE "FUENTES"


SE TERMINO DE IMPRIMIR EL 12 DE
SETIEMBRE DE 1961 EN LOS TALLERES
DE IMPRESORA REX S. A., MONTEVIDEO

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