Efesios
Efesios
[p 3]
COMENTARIO AL
NUEVO TESTAMENTO
por
WILLIAM HENDRIKSEN
Exposición
de
Efesios
1984
4
[p 5]
CONTENIDO
Lista de abreviaturas
Introducción a Efesios
I. Un libro muy apropiado para nuestra época
II. Comparación con Colosenses
III. Paternidad literaria
IV. Destino y propósito
V. Tema y bosquejo
Comentario sobre Efesios
Capítulo 1
Resumen del capítulo 1
Capítulo 2
Resumen del capítulo 2
Capítulo 3
Resumen del capítulo 3
Capítulo 4:1–16
Pensamientos en germen del capítulo 4:1–16
Capítulo 4:17–6:9
Resumen del capítulo 4:17–6:9
Capítulo 6:10–24
Pensamientos en germen del capítulo 6:10–24
Bibliografía General
5
[p 7]
LISTA DE ABREVIATURAS
Las letras que corresponden a abreviaturas de libros son seguidas de un punto. Las que
corresponden a publicaciones periódicas omiten el punto y van en cursiva. Así es posible el
lector de un vistazo percibir si se refiere a un libro o a una publicación periódica.
A. Abreviaturas de libros
A.R.V. American Standard Revised Version
A.V. Authorized Version (King James)
Gram. N.T. A. T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical
Research
Grk. N.T. (Bl.-Debr.) F. Blass y A. Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and
Other Early Christian Literature
Grk. N.T. (A-B-M-W) The Greek New Testament, editado por Kurt Aland, Matthew Black,
Bruce M. Metzger, y Allen Wikgren, Edición de 1966.
I.S.B.E. International Standard Bible Encyclopedia
L.N.T. (Th) Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament
L.N.T. (A. y G.) W. F. Arndt y F. W. Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament
and Other Early Christian Literature
M.M. The Vocabulary of the Greek New Testament IIlustrated from the Papyri and Other
Non-Literary Sources, por James Hope Moulton y George Milligan
(edición de Grand Rapids, 1952)
N.A.S.B. (N.T.) New American Standard Bible (New Testament)
N.N. Novum Testamentum Graece, editado por D. Eberhard Nestle y D. Erwin Nestle,
revisado por y Kurt Aland, 25ava edición, 1963.
N.E.B. New English Bible
C.N.T. Guillermo Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento
R.S.V. Revised Standard Version
S.H.E.R.K. The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge
[p 8]
Th. W.N.T. Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament (editado por G. Kittel)
W.D.B. Westminster Dictionary of the Bible
W.H.A.B. Westminster Historical Atlas to the Bible
B. Abreviaturas de publicaciones periódicas
EQ Evangelical Quarterly
ET Expository Times
Exp The Expositor
Int Interpretation
JBL Journal of Biblical Literature
NTSt New Testament Studies
RE Review and Expositor
TSK Theologische Studien und Kritiken
TT Theologisch Tijdschrift
TTod Theology Today
6
[p 9]
Introducción
a la
Epístola a los Efesios
[p 11]
I. Un libro muy apropiado para nuestra época
Una repugnante maldad fue la característica del mundo en los días de Pablo (Ef. 2:2; cf.
Ro. 1:18–32). Los grandes esfuerzos realizados para mejorar esta condición fueron
enteramente vanos. La humanidad se hallaba “sin esperanza” (2:12). Esa misma perversidad
a más del pesimismo es la que prevalece en nuestro siglo. Hoy día, también, se multiplican
los esfuerzos para erradicar el crimen y para mejorar el medio ambiente del hombre. Entre
los medios seleccionados para este fin hallamos los siguientes: eliminación de los barrios
bajos, mejores viviendas, ampliación de parques y lugares de recreo, escala de sueldo mínimo
más alta, reentrenamiento de obreros, rehabilitación de los educables que hayan abandonado
sus estudios, ayuda psiquiátrica para los que tienen “problemas de autoaceptación”. Hay
quienes demandan mejor legislación. Otros enfatizan la necesidad de medidas más enérgicas
para hacer cumplir las leyes o bien establecer normas para no favorecer más a los criminales
a expensas de la sociedad. No debe desestimarse el mérito y la importancia de todos estos
esfuerzos. Pero tampoco es justo sobrestimarlo. El totalitarismo estatal, la tendencia a esperar
que el estado provea todas las necesidades “desde la cuna hasta la tumba”, con toda la
consecuente pérdida del sentido de responsabilidad individual e iniciativa es peligroso. Otro
es el falso concepto acerca de la necesidad básica del hombre. Tal necesidad es nada menos
que la remoción del peso de la culpa por la cual él, siendo por naturaleza un hijo de ira (2:3),
se halla angustiado. Lo que necesita es algo más que rehabilitación laboral. Su necesidad es
reconciliación con Dios. Efesios anuncia que tal bendición ha sido provista para todos los
creyentes verdaderos por medio de la muerte vicaria y expiatoria del mismo Hijo de Dios
(2:13). La motivación de este supremo sacrificio fue “su gran amor” (2:4).
Otra de las falacias que está implicada en el modo de afrontar hoy día el problema de
cómo aliviar al hombre de su miseria es la noción de que la felicidad puede conseguirse por
medios que operan desde fuera hacia adentro. Se dice, “mejórese el medio ambiente y será
mejorada la condición interna del hombre”. Pero la condición interna del hombre es tal que
no ofrece esperanza alguna para el éxito de este método. Está “muerto a causa de sus
transgresiones y pecados”. [p 12] Fuera de Cristo vive “en las concupiscencias de la carne y
de sus razonamientos” (2:1, 3). Para salvarle es necesario un acto de Dios. La remoción de la
culpa de su pecado no es suficiente. El pecado mismo, el impulso de hacer lo que es contrario
a la santa ley de Dios, es lo que tiene que ser eliminado. Dentro del corazón del hombre ha de
tener lugar una obra poderosa, para que, como resultado, el hombre, habiendo sido renovado
básicamente y gradualmente transformado por el Espíritu Santo, pueda ahora, en
consecuencia, comenzar a actuar desde adentro hacia afuera sobre su medio ambiente,
exigiendo que todo funcione Pro Rege (“para el Rey”). Esta obra regeneradora y
transformadora del Espíritu Santo, obtenida por la muerte de Cristo (Jn. 16:7), se halla
maravillosamente descrita en Efesios 3:14–19. Aquellos que por naturaleza se hallan muertos
necesitan ser vivificados (2:1).
Ahora bien, nada de esto anula en forma alguna la responsabilidad humana. Al contrario,
más bien aumenta el sentido de la obligación del hombre hacia su Benefactor para dedicarle
su vida. El creyente, objeto del amor soberano de Dios, se siente en deuda con su Salvador y
Señor. Ama en respuesta al amor recibido (5:1, 2; cf. 1 Jn. 4:19). Además, es lógico que,
siendo atraído hacia Dios, quien sea objeto de la gracia divina sea por este mismo proceso
7
atraído hacia sus hermanos y hermanas en el Señor. Es así como judíos y gentiles, reconci-
liados con Dios, se reconcilian también entre sí. La barrera entre estos dos grupos étnicos es
derribada por medio de la misma cruz que hizo la paz entre el Dios ofendido y el pecador
ofensor (2:11–22; cf. Jn. 12:32; 15:12; 1 Jn 4:21); sí, por aquella misma cruz que resultó ser
una piedra de tropiezo para los judíos inconversos y necedad para los gentiles inconversos (1
Co. 1:23). De esta manera el divino misterio se revela ante la vista humana y la iglesia uni-
versal nace.
Habiendo amanecido un nuevo día sobre los que se han rendido a Cristo y a la influencia
de su Espíritu, sigue como consecuencia que estos hijos de luz dan a conocer por medio de
sus vidas los frutos de la luz: bondad, justicia y verdad (5:9). La virtud nacida del Espíritu
expulsa toda clase de vicio, según se indica claramente en la extensa sección de Efesios 4:17–
5:21. He aquí entonces la verdadera solución contra la “repugnante maldad” que caracterizó
tanto a la época de Pablo como también a nuestro siglo. Es Dios mismo que “en Cristo” ha
provisto este camino para salir de las tinieblas y del pesimismo. Es tarea de la iglesia “hacer
que todos los hombres vean” que ésta es la única solución. La iglesia debe cantar su potente
coro de salvación por fe en Jesucristo, para con eso ahogar totalmente el utópico himno del
ateismo. Este último también canta, claro que sí, pero su cantar [p 13] tiene un sonido
hueco. Canta la mentira en (el espíritu de) odio. La iglesia canta “la verdad en amor” (4:15).
Su vida diaria es de hecho un andar en amor, por cuanto imita al Dios de amor (5:1). Así,
férreamente unida, presenta un desafío a Satanás y todas sus huestes, y con este propósito
hace uso de las armas provistas por Dios mismo (6:10–20).
La obra de la iglesia jamás es en vano, por cuanto no es producto de la mente del hombre
sino de la soberana gracia de Dios. El apóstol describe a esta iglesia con espíritu exuberante,
exponiendo algunos detalles sobre su fundamento eterno, propósito universal, elevado ideal,
unidad (en diversidad) y crecimiento orgánicos, gloriosa renovación, y armadura eficaz. Es
una iglesia que existe con el fin de servir como agente para la salvación de los hombres para
la gloria del Dios Trino, uniéndose en alabanza “las potestades y autoridades en los lugares
celestiales” mientras observan, en un caleidoscopio de cambiantes colores, la sabiduría de
Dios reflejada en su obra maestra, la iglesia (3:10).
II. Comparación con Colosenses
A. Introducción
Teniendo presente la necesidad de responder a los que niegan la paternidad literaria de
Pablo sobre Efesios, afirmando que la epístola “no es más que una verbosa amplificación de
Colosenses”, es pertinente hacer una comparación de las dos. Esta comparación servirá
además a otro propósito, ya que, después que hayamos establecido que Pablo es sin lugar a
dudas el escritor tanto de Efesios como de Colosenses, tendremos todo derecho, al hacer la
exégesis de Efesios, de acudir a los pasajes paralelos en Colosenses para que éstos iluminen
la interpretación. Como anticipo debo afirmar desde ya, conforme a mi convicción, que el
punto de vista tradicional, que atribuye ambas epístolas al gran apóstol de los gentiles, es el
correcto. De ahí que el capítulo presente constituirá una útil herramienta exegética.
Obsérvese, no obstante, lo siguiente:
(1) No todos los paralelos son igualmente llamativos, tampoco tienen todos el mismo
carácter. Aunque existe una buena cantidad de semejanzas en cuanto a palabras, se hace
también uso de muchas semejanzas que no lo son tanto en lo verbal, sino más bien en lo que
respecta al pensamiento.
[p 14] (2) En unos pocos casos, las semejanzas que existen en las palabras son aun más
estrechas en el original que en la traducción. Sin embargo, en aquellas traducciones que han
tratado de eliminar esta discrepancia (entre el griego y el español) en cada caso presentado,
8
supliendo con un equivalente español llamado “standard” (o “idéntico”) para cada palabra
griega en cualquier contexto que ésta se presente, el resultado ha sido muy insatisfactorio.
Razones: a. la misma palabra griega no siempre tiene el mismo significado, de ahí que no
puede ser siempre fielmente traducida por el mismo equivalente español, b. el uso idiomático
en el griego no siempre es paralelo al uso idiomático en el español.1
(3) Como éste es un comentario de Efesios—no de Colosenses—es propio que la base de
comparación sea ante todo el texto de Efesios, traducido de nuevo del original. Por tanto, este
texto se hallará en la columna derecha. No ha sido en todos los casos posible ordenar los
pasajes paralelos exactamente frente el uno al otro. Así que rogamos al lector mirar no
únicamente al pasaje que queda frente al de Efesios sino también algo más arriba o más
abajo en la correspondiente columna.
(4) Es imposible ofrecer una lista de paralelos que pueda satisfacer a todos. La pregunta:
“¿Existe en este o aquel pasaje de Colosenses una semejanza tal que podamos considerarlo
paralelo a un pasaje de Efesios?” No recibirá respuesta unánime. Otros, por ejemplo,
desearían añadir a los que se dan más abajo tal “paralelo” (¿?) como Efesios 4:10 =
Colosenses 1:19; y tal vez paralelos aun más remotos. He preferido no hacer eso. Pero
libertad hay para diferencias de opinión.
A fin de que sea posible llegar a una conclusión objetiva tocante a la relación existente
entre Efesios y Colosenses es necesario también ahora recurrir al texto de Colosenses como
base de comparación. (Con respecto al texto mismo, en su nueva traducción, véase C. N.T.
sobre Colosenses y Filemón, pp. 232–235.)
[p 15] B. Comparación
Compárese con
Efesios Colosenses
Efesios
Capítulo 1
1Además, uno podría usar dos Nuevo Testamentos griegos para los paralelos griegos, uno para Efesios,
otro para Colosenses.
9
15 Por esta razón, por cuando 1:3 Al orar por vosotros, siempre
he oído de la fe en el Señor Jesús damos gracias a Dios, el Padre de
que (existe) entre vosotros y de nuestro Señor Jesucristo, 4 porque
vuestro amor por todos los hemos oído de vuestra fe en Cristo
santos, 16 no ceso de dar gracias Jesús y del amor que vosotros
por vosotros, recordándoos en abrigáis para con todos los santos,
mis oraciones, 17 (pidiendo) que 5 a causa de la esperanza
el Dios de nuestro Señor reservada para vosotros en los
cielos, de la cual ya habéis oído
Jesucristo, el Padre de gloria, os
dé el Espíritu de sabiduría y antes en el mensaje de la verdad, a
revelación en el verdadero saber, el evangelio … 9 Y por esta
conocimiento de él, 18 (teniendo) razón, desde el día que lo oímos
iluminados los ojos de vuestros jamás hemos cesado de orar por
corazones, para que sepáis cuál vosotros, pidiendo que seáis llenos
4:4 es la esperanza a la cual él os con el conocimiento claro de su
llamó, cuáles las riquezas de la voluntad (conocimiento que con-
3:20 siste) en toda sabiduría y
gloria de su herencia entre los
2:10 entendimiento espiritual, 10 para
santos, 19 y cuál la sobresaliente
grandeza [p 17] de su poder que viváis vidas dignas del Señor, a
6:12
(desplegada) con respecto a (su) completo agrado, en toda
nosotros los que creemos, según buena obra llevando fruto, y
se ve en aquella manifestación de creciendo en el conocimiento claro
su infinito poder 20 que ejerció de Dios
1:11 … fortalecidos con toda
siendo
en Cristo cuando le levantó de fortaleza de acuerdo con su
entre los muertos y le hizo sentar glorioso poder, a fin de ejercer toda
a su mano derecha en los lugares clase de paciencia y longanimidad;
celestiales, 21 muy por encima 12 con gozo dando gracias al Padre
de todo gobierno y autoridad y quien os hizo aptos para participar
poder y dominio y todo nombre de la herencia de los santos en la
que se nombra, no solamente en luz …
la edad presente sino también en 1:29 para lo cual trabajo, luchando
la venidera; 22 y sujetó todas las en virtud de su poder que obra
cosas bajo sus pies, y le poderosamente en mi.
11
[p 18] Capítulo 2
1 Por esta razón yo, Pablo, el 1:23 el evangelio … del cual yo,
prisionero de Cristo Jesús por Pablo, fui hecho ministro.
6:19–20 vosotros gentiles—2 porque cier-
1:24 Estoy regocijándome ahora en
[p 20] 1:7–11 tamente habéis oído de la admi-
medio de mis sufrimientos por
2:13, 18, 19 nistración de la gracia de Dios
vosotros, y lo que falta de las
que me fue dada para vuestro
aflicciones de
beneficio, 3 como por revelación
14
Capítulo 4
1 Yo, por tanto, el prisionero 1:10 para que viváis vidas dignas
en el Señor, os suplico que viviás del Señor …
vidas dignas de la vocación con
que fuisteis llamados, 2 con toda 3:12 Vestíos, pues, como escogidos
humildad y mansedumbre, con de Dios, santos y amados, de un
paciencia, soportándoos los unos corazón de compasión, bondad,
1:23 a los otros en amor, 3 haciendo humildad, mansedumbre, pacien-
todo esfuerzo para preservar la cia, 13 soportándoos unos a otros y
6:11 perdonándoos el uno al otro si al-
unidad impartida por el Espíritu
mediante el vínculo (que es) la guno tuviere queja contra alguien.
paz. 4 (Hay) un cuerpo y un Es- Así como el Señor os perdonó, así
píritu, as como también fuisteis hacedlo vosotros también. 14 Y so-
llamados en una esperanza que bre todas estas cosas (vestíos de)
vuestra vocación os trajo; 5 un amor, que es el vínculo de la per-
Señor, una fe, un bautismo; 6 un fección. 15 Y que la paz de Cristo, a
16
Capítulo 5
3 Pero inmoralidad e
impureza de cualquier clase, o
avaricia, ni siquiera se
mencionen entre vosotros, como
conviene entre santos, 4 tampoco 3:5 Matad, pues vuestros
obscenidad ni habla necia ni miembros que (están) sobre la
agudeza para contar chistes tierra: inmoralidad, impureza,
vulgares, cosas que no pasión, malos deseos, y avaricia,
convienen, sino más bien acción que es idolatría …
2:2
de gracias. 5 Porque de esto
podéis estar bien seguros, que 3:8 Pero ahora vosotros, también,
ninguna persona inmoral o dejadlas todas: ira, cólera, malicia,
impura o individuo avaro—que es calumnia, lenguaje vergonzoso de
igual que ser idólatra—tiene vuestra boca.
herencia alguna en el reino de
Cristo y de Dios. 6 Que nadie os
engañe con palabras vanas; pues
por causa de estas cosas la ira de
Dios viene sobre los hijos
19
22 Esposas, (someteos) a
vuestros propios maridos como al
Señor, 23 porque el marido es la
cabeza de la esposa así como
Cristo es la cabeza de la iglesia
(siendo) él mismo el Salvador del
cuerpo. 24 Pues bien, así como la
iglesia está sujeta a Cristo así
también las esposas (deben estar
sujetas) a sus maridos en todo.
25 Maridos, amad a vuestras es-
posas, así como también Cristo
amó a la iglesia y se dio a sí
mismo por ella; 26 para santifi- 3:18 Esposas, sed sumisas a
carla, limpiándola por el lava- vuestros esposos como con 1:18 Y
miento del agua en conexión con él es la cabeza del cuerpo, la iglesia
la palabra hablada; 27 a fin de … viene en el Señor.
poder presentarse a la iglesia a sí 3:19 Esposos, amad a vuestras
mismo esplendorosa en pureza esposas y no seáis ásperos con
no teniendo mancha ni arruga ni ellas
1:22 … para presentaros santos y
otra cosa semejante, sino que
sin mancha e irreprensibles
fuera santa e inmaculada. 28 De
5:33b delante de sí misma …
esta manera los maridos también
5:28, 33a deben amar a sus propias espo- 1:28 … a fin de presentar a todo
sas como a sus propios cuerpos. hombre perfecto en Cristo.
1:4 1:23 El que ama a su propia esposa a 3:19 Esposos, amad a vuestras
6:11 sí mismo se ama; 29 porque na- esposas y no seáis ásperos con
die jamás aborreció a su propia ellas
2:17 carne; al contrario, la sustenta y 4:2 Perseverad en la oración,
la acaricia, así como también velando en ella con acción de
Cristo (lo hace con) la iglesia. 30 gracias; 3 al mismo tiempo orando
Porque somos miembros de su también por nosotros, para que
cuerpo. 31 “Por esto dejará el Dios nos abra una puerta para el
hombre a su padre y a su madre, mensaje, para dar a conocer el
y se unirá a su esposa y los dos misterio tocante a Cristo, a causa
serán una sola carne”. [p 26] del cual estoy en prisión. 4
dos, contra las autoridades, co- (Orando) para que lo manifieste con
ntra los gobernantes mundiales claridad, (y que pueda hablar)
de estas tinieblas, contra las como debo hablar.
huestes espirituales de maldad
en las regiones celestiales. 13 Por
tanto tomad toda la armadura de
Dios, para que podáis resistir en
el día malo, y habiendo hecho
todo, estar firmes. 14 Estad fir-
mes por tanto, habiendo ceñido
el cinturón de la verdad alrede-
dor de vuestra cintura, y habién-
doos vestido con la coraza de jus-
ticia, 15 y habiéndoos calzado los
pies con la prontitud derivada del
21
Capítulo 6
[p 28] En el cuadro que se presenta a continuación los números impresos en tipo corrien-
te (1 2 3 4, etc.) indican aquellos versículos del capítulo de Colosenses que tienen paralelos
en Efesios. Los que están impresos en cursiva (6, 7, 8 15, etc.) indican los versículos que no
tienen paralelos de importancia en la epístola mayor. Los que se imprimen en negrilla (1:1
1:16 1:15 1:13, 18, etc.) inmediatamente debajo de la referencia correspondiente en Colo-
senses, indican sus paralelos en Efesios.2
2Si alguien compara la lista impresa aquí con la que se halla en la obra de C. L. Mitton, The Epistle to the
Ephesians, pp. 316–318, descubrirá que las dos difieren entre sí en algunos detalles de importancia. Mit-
ton, como se ha de recordar, niega la paternidad literaria paulina de Efesios. Ve una semejanza entre Col.
1:8 y Ef. 3:5 y 6:18. Sin embargo, el único detalle con respecto al cual los tres pasajes son parecidos es la
23
C. Conclusiones
Las comparaciones presentadas arriba han dejado en claro que existe, sin lugar a dudas,
un fuerte grado de semejanza entre Colosenses y Efesios. Comenzando con Colosenses, de
sus 95 versículos unos dos tercios de ellos tienen claramente o casi claramente duplicados en
Efesios, sea enteros o (más a menudo) en parte, sea en pensamiento tanto verbal como en
esencia. Esto, sin embargo, en manera alguna nos obliga a aceptar la conclusión de que
Efesios es por tanto el producto de una hábil incorporación y amplificación de frases, sea de
memoria o bien copiadas de Colosenses. ¿Hubiera expresado en otra forma algún escritor
post-paulino, sea de memoria o basado en algún manuscrito, las frases de Col. 1:12 en la
forma de Ef. 1:11, las de Col. 1:13 en la de Ef. 1:6, las de Col. 2:11 en las de Ef. 2:11, las de
Col. 2:4 en las de Ef. 5:6 y las de Col. 2:22 en las de Ef. 4:14, por mencionar sólo unos pocos
ejemplos? ¿No habría sido el deseo de algún imitador apegarse en forma más rígida a aquel
texto recordado o copiado? Indiscutiblemente, la observación hecha por E. F. Scott viene muy
bien al caso: “Cuando un escritor toma de lo suyo, hace cuanto quiere con su propio
material. No puede evitar el hacer revisiones y modificaciones en cada frase. Es solamente el
imitador deshonesto que se imagina que ha de sujetarse rígidamente al original a fin de no
traicionarse” (The Epistles of Paul to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians, p.
121). [p 29] Colosenses
Capítulo 1
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10
11 12 13 14 15
16 17 18 19 20
frase “en el Espíritu”. Esta frase, hallada tanto en las epístolas atribuidas a Pablo en forma casi unánime
(Ro. 8:9; 9:1; 14:17; 1 Co. 12:3), y en las epístolas pastorales (1 Ti. 3:16), es de escaso valor para determi-
nar si Pablo fue él mismo, o bien, algún imitador, el escritor de Efesios. Además, es dificil ver alguna seme-
janza entre Col. 1:17 y Ef. 5:1; entre Col. 4:16 y Ef. 3:4, salvo por el hecho de que ambas hacen referencia
a lectura. Y en cuanto a la bendición final en Col. 4:18, aunque se admite que las palabras, “gracia (sea) a
vosotros” son semejantes a “Gracia (sea) con todos los que” en 6:24, no obstante, cuando las dos bendicio-
nes completas se comparan, es más bien el contraste antes que su semejanza lo que llama la atención. La
lista que aquí se da difiere en otros determinados pasajes con la que hallamos en la obra de Mitton. Fue
confeccionada después de un cuidadoso examen de cada pasaje en particular.
24
21 22 23 24 25
26 27 28 29
Capítulo 2
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10
11 12 13 14 15
16 17 18 19 20
2:21; 4:15, 16
21 22 23
4:14
[p 30] Capítulo 3
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10
2:2, 3; 5:6 2:3 4:22, 29, 31; 5:4 4:22, 25 2:15; 4:24
25
11 12 13 14 15
16 17 18 19 20
21 22 23 24 25
Capítulo 4
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10
11 12 13 14 15
16 17 18
[p 31] Es verdad que aun así hallamos que la lista dada más arriba, en la cual los cuatro
capítulos de Colosenses constituyen la base de comparación, muestran una notable semejan-
za. No obstante, esta semejanza no es en manera alguna uniforme. Abundan las analogías
especialmente en los capítulos 1 y 3. Pero también es honesto tomar nota de las diferencias
existentes. En Colosenses 2 y 4 (con excepción de 4:7, 8; cf. el casi idéntico pasaje en Ef.
6:21, 22) el contraste es tan visible como lo es la semejanza o tal vez aun más. Vemos enton-
ces claramente que aquella teoría, según la cual quienquiera que haya escrito Efesios sim-
plemente hizo una copia de Colosenses añadiéndole un párrafo aquí y una frase allá, no con-
cuerda con los hechos. Existe una diferencia substancial definida entre las dos epístolas. Por
supuesto, no son contradicciones, sino diferencias. Junto con todo lo que es similar se ve una
línea de pensamiento que se desarrolla en Colosenses y que no aparece con similar énfasis en
Efesios. Según lo indica en forma especial el segundo capítulo de Colosenses, y es confirmado
en los otros capítulos, la epístola menor hace gran énfasis en Cristo, “El Preeminente”, el úni-
co y suficiente Salvador. Además su estilo es polémico. Es una defensa de la verdad en contra
de la herejía. El tema de Efesios es diferente, como se verá en el capitulo V de la presente in-
26
troducción. Y su estilo es doxológico. La epístola mayor es un arranque de humilde alabanza
y adoración.
Volviendo ahora a Efesios, los pasajes comparados con Colosenses son claros al observar
las columnas paralelas en las páginas 14–27 en donde la base de comparación es el texto de
la epístola mayor, impresa en forma continuada en la primera columna. No es por tanto,
necesario ahora dar una tabla de referencias para Efesios tal como lo hicimos para
Colosenses. Efesios contiene 155 versículos de los cuales más de la mitad son paralelos, o
parcialmente paralelos, a Colosenses. A veces más de un pasaje de Efesios se ha puesto en
paralelo con un pasaje de Colosenses. Así Ef. 4:2–4 y 4:32–5:2 son semejantes a Col. 3:12–
15. Y para ambos versículos de Ef. 5:22 y 5:33b véase Col. 3:18; para Ef. 5:25a y 5:33a véase
Col. 3:19; etc. (Se puede proceder también a la inversa: para Col. 1:11 y 1:29 véase Ef. 1:19;
para Col. 1:22 y 1:28 véase Ef. 5:27; etc.).
También con respecto a Efesios, sin embargo, es necesario señalar no sólo los pasajes que
corresponden a los de Colosenses sino también los que no corresponden. Aunque las dos
epístolas han sido llamadas gemelas, estas gemelas no son en modo alguno idénticas.
Así entonces, tomando para comparar como punto de partida el primer capítulo de Efesios,
observamos que el párrafo concerniente a la iglesia con su eterno fundamento en Cristo y la
alabanza por toda bendición espiritual que se rinde al Padre, Hijo, y Espíritu Santo [p 32] (vv.
3–6, 7–12, 13, 14), no tiene paralelo en Colosenses. Las referencias a la tercera persona de la
Santa Trinidad (1:13, 17; y véase también 2:18, 22; 5:16; 4:3, 4, 30; 5:9, 18; 6:17, 18) no son
repetidas con igual frecuencia en la epístola menor, la cual menciona al Espíritu solamente
una vez (Col. 1:8).3 Y también muchas referencias a “la iglesia” en su sentido más amplio,
referencias que comienzan ya en el capítulo 1 y que continúan en captíulos posteriores (1:22;
3:10, 21; 5:23–25, 27, 29, 32), diferencian a Efesios de Colosenses.
Cuando vamos al segundo capítulo de Efesios recordamos nuevamente que esta carta no
es en manera alguna copia de Colosenses. Aunque, seguramente, Colosenses, tanto como
Efesios, magnifica la gracia de Dios (1:6), sin embargo, en ningún lugar de la epístola menor
hallamos algo que se iguale a Ef. 2:7–10 en el sentido de afirmar y enfatizar nítidamente el
carácter soberano de esta gracia y su relación a la fe y las obras. Además, la verdad
concerniente al propósito universal de la salvación provista por gracia, de modo que por medio
de la sangre de Cristo los hombres que antes fueron enconados enemigos ahora no sólo son
reconciliados con el Padre sino además, a causa del mismo hecho, son reconciliados también
el uno al otro (Ef. 2:11–18), aunque esto está implicado también en Colosenses, es puesto en
relevancia solamente en Efesios.
No hay mucho en Colosenses que sirva de paralelo a los últimos párrafos del tercer
capítulo de Efesios, aquella sección que contiene la conmovedora oración (3:14–19) y la
doxología (3:20, 21). Seguramente lo poco que hallamos allí es suficiente para mostrar lo
razonable que es pensar que quien escribió Col. 1:9b–14 (y Fil. 1:9–11) fue el escritor de Ef.
3:14–21 (cf. también Ef. 1:17–23). Pero, la elevada meta descrita en las palabras, “para que
vosotros … seáis capaces, juntamente con todos los santos, de comprender cuál sea la
anchura y longitud y altura y profundidad, y conocer el amor de Cristo que sobrepasa el
conocimiento; para que seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:17–19), es única.
Tal como las columnas paralelas también indican claramente, hay mucho en Efesios 4:1–
16 para lo cual no existe paralelo en Colosenses. La unidad orgánica (en diversidad) y el cre-
cimiento de la iglesia se describe en un párrafo que es distinto a todo lo que hallamos en la
3Esta referencia, sin embargo, es discutida, aunque, según mi parecer, sin válida razón. Véase C.N.T. en
Colosenses y Filemón, pp. 67, 68.
27
epístola gemela, aunque, de seguro, la idea no está totalmente ausente en Colosenses (cf. Col.
3:15).
La gloriosa renovación tratada en Ef. 4:17–6:9 (obésrvese especialmente 4:23, 24; 5:14) y
que se hace evidente no sólo en la relación de los creyentes con los de afuera sino también en
las actitudes [p 33] recíprocas entre los miembros de la misma familia (esposas, maridos;
hijos, padres; esclavos, amos), aunque repetida considerablemente en Colosenses, es descrita
en Efesios como obra del Espíritu Santo (4:30), por medio del cual los hombres se vuelven de
las “tinieblas” a la “luz” (5:6–14). La metáfora tinieblas a la luz aparece en un conmovedor
pasaje el cual, nuevamente, no tiene verdadero paralelo en Colosenses, aunque la idea en
germen se ve allí (Col. 1:13). Y aquel pensamiento tan llamativo en que la relación entre un
esposo creyente y su esposa está arraigada en y modelada según la relación de Cristo y la
iglesia (Ef. 5:23–32), es tal que se destaca por sí mismo.
En Ef. 6:10–24 es especialmente la sección que describe la eficaz armadura del cristiano
(Ef. 6:10–20) que diferencia a las dos epístolas entre sí. Exceptuando los vv. 18–20
Colosenses no tiene mucho que le corresponda.
Ha quedado en claro que los párrafos—algunos de ellos extensos—y los muchos pasajes
individuales en que Efesios difiere de Colosenses son muy numerosos y demasiado
significativos para ser considerados como meras amplificaciones. Al contrario, constituyen un
modelo y dan a Efesios un carácter distinto. Esto llegará a ser aun más claro en el capítulo V
de esta introducción, en donde se discute el tema de Efesios y se considera la distribución del
material encerrado en ese tema.
III. Paternidad literaria
A. Respuesta a los argumentos que niegan a Pablo como su escritor
La epístola a los efesios ha sido llamada “la más divina composición del hombre”, “la esen-
cia refinada de la religión cristiana”, “el compendio de mayor autoridad y más acabado de la
fe cristiana”, “llena hasta sus bordes de pensamientos y doctrinas sublimes y transcendenta-
les”, etc. Tal es la impresión que ha dejado en estudiantes profesionales y laicos, y en creyen-
tes a través de toda la historia de la iglesia en todas las naciones. De consiguiente, negar el
testimonio universal de la iglesia primitiva, a saber, que fue el apóstol Pablo, hombre rica-
mente dotado por el Señor de talentos de corazón y mente, quien la escribió, nos hace pensar
que se requiere lo que algunos llamarían “osadía” y otros, “temeridad”. Estos epítetos serían
aun más apropiados si a la negación se le añade la insinuación de que el escritor era un per-
sonaje mucho más obscuro que el apóstol. No obstante, tales negaciones han sido lanzadas y
tales insinuaciones han sido propuestas.4
No debería ser necesario en este punto preocuparnos de la negación de F. C. Baur (n. 1792, m. 1860) y su
escuela. Para hombres de esa clase, parece que todo queda definido cuando una epístola se caracteriza por
su línea de argumentación anti-judía. De este modo, todo el pensamiento de Pablo queda forzado dentro de
un solo surco. El Pablo histórico, según la apreciación de Baur y sus discípulos, se hallaba siempre listo
para el combate. De ahí que cuando una epístola tiene un tono conciliatorio, como en el caso de Efesios,
describiendo a la iglesia universal, en que judíos y gentiles se han reconciliado no sólo con Dios sino ade-
más entre sí por medio de la cruz, no se requieren más señas para probar que se trata de una epístola no
paulina y postpaulina. Pero si algunas señas fuesen necesarias serían (según Baur c.s.) la presencia, tanto
en Colosenses como en Efesios, de tendencias gnósticas, y en Ef. 4:9 la doctrina del descenso al Hades. Sin
embargo, es hoy día un asunto fuera de discusión, que ya en los días de Pablo el gnosticismo incipiente
comenzaba a levantar cabeza, y en cuanto a Ef. 4:9, véase el comentario sobre ese pasaje.
Después de Baur un vigoroso ataque tocante a la autenticidad de Efesios, con argumentos que se pare-
cen mucho a los de la más reciente crítica, fue realizado por S. Hoekstra de los Países Bajos en su artículo
“Vergelijking van de Brieven aan de Efeziërs en de Colossers, vooral uit het Oogpunt van Beider Leerstelli-
gen Inhoud”, TT (1868), pp. 562–599. Hoekstra consideró Efesios como un intento de refrasear el contenido
28
[p 34] Los principales argumentos que han predominado en contra de la paternidad
literaria de Pablo son dos que, al menos hasta cierto punto, se eliminan mutuamente:
1. La semejanza es demasiada estrecha
a. Efesios se parece a Colosenses
Se declara que la semejanza entre las dos epístolas es tan cercana [p 35] que si Pablo fue
el escritor de Colosenses es imposible entonces que haya escrito Efesios.
Respuesta: Este argumento ha sido contestado ampliamente en el capítulo precedente. La
teoría tradicional, según la cual el mismo escritor alrededor del mismo tiempo fue quien es-
cribió cartas a personas que vivían en la misma provincia romana, pero desarrolló temas que,
aunque estrechamente relacionados, son sin embargo esencialmente distintos, encaja con los
datos. Además, varios de los paralelos existentes entre Colosenses y Efesios se hallan tam-
bién en otras epístolas de Pablo. En tales casos entonces, y suponiendo que Colosenses haya
sido escrita antes que Efesios,5 ¿puede asegurarse que quienquiera que hubiese escrito los
de Colosenses de modo que Efesios cobrara una apariencia más de acuerdo a la doctrina del verdadero
Pablo. Según el modo de ver de Hoekstra, el autor, quienquiera que fuese, era contrario a todas aquellas
teorías teosóficas acerca de Cristo que se hallaban en Colosenses, teorías que desconectaban al cristianis-
mo de sus fundaciones históricas y de su perdurable conexión con la antigua dispensación.
Entre los que más recientemente han rechazado a Pablo como escritor están los eruditos británicos
James Moffat, Introduction to the Literature of the New Testament, Nueva York, 1918, quien ni siquiera cla-
sifica a Efesios con la literatura paulina; B. H. Streeter, que discute “The Pauline Corpus” en su obra The
Primitive Church, Nueva York, 1929; W. L. Knox, St. Paul and the Church of the Gentiles, Cambridge 1939; y
especialmente C. L. Mitton, The Epistle to the Ephesians, Its Authorship, Origin and Purpose, Oxford, 1951;
véase también, por el mismo autor, The Formation of the Pauline Corpus of Letters, Londres, 1955; “Proble-
mas no resueltos del Nuevo Testamento: Teoría concerniente al origen de Efesios, de E. J. Goodspeed”, ET,
59 (1947–1948), pp. 323–327; “Teoría concerniente al origen de Efesios, de E. J. Goodspeed”, ET, 60 (1948,
1949), pp. 320–321; “Hipótesis importantes reconsideradas; VII La paternidad literaria de la epístola a los
efesios”, ET, 67 (1955–1956), pp. 195–198. En América fue especialmente E. J. Goodspeed quien atacó la
paternidad literaria de Pablo e insinuó que Onésimo (el esclavo fugitivo por quien Pablo intercedió en su
epístola a Filemón) en su posición posterior como obispo de la iglesia de Efeso, no sólo hizo una colección
de las epístolas paulinas sino que también él mismo escribió Efesios como un comentario introductorio,
The meaning of Ephesians, Chicago, 1933; cf. también por el mismo autor New Chapters in New Testament
Study, Nueva York, 1937; p. 32; y The Key to Ephesians, Chicago 1956, xvi. F. W. Beare (Toronto, Canada)
expone sus razones para el rechazo de Pablo como autor en su comentario, The Epistle to the Ephesians
(Interpreter’s Bible, Vol. X, pp. 597–601).
Entre los defensores de la paternidad literaria de Pablo merece ser mencionada ante todo la erudita
obra de E. Percy, Die Probleme der Kilosser-und Epheserbriefe, Lund, 1946. Es deplorable que C. L. Mitton,
en un prefacio de su ya mencionada obra: The Epistle to the Ephesians, Its Authorship, Origin and Purpose,
haya admitido que su libro se hallaba ya en manos del impresor antes que le hubiese sido posible tener
acceso a la disertación de Percy. El punto de vista tradicional de que Pablo haya escrito Efesios, es defen-
dido también por los siguientes, para mencionar sólo unos pocos: Abbott, Barclay, Barry, Bartlett, Bow-
man, Brown, Bruce, Findlay, Greijdanus, Grosheide, Hodge, Hort, Moule, Robinson, Scott and Westcott.
En lo relativo a títulos véase la bibliografía general al final de este libro.
5 Sea que Colosenses precedió a Efesios o vice versa es algo que no se puede determinar con exactitud. El
punto de vista común—y parecería lógico—es que Pablo, habiendo escrito Colosenses, donde trata una
situación particular (la negación de la total suficiencia de Cristo para salvar), más tarde pasó de lo particu-
lar a lo más general, de las circunstancias existentes en una iglesia en particular o de las iglesias del valle
Lycus, al plan de Dios sobre la redención con mira a la iglesia universal. El hecho de que Efesios sea de las
dos epístolas la más extensa, amplián-dose en ciertos temas que apenas se tocan en Colosenses, puede
también ser interpretado en forma tal que conduzca a esta conclusión. Colosenses 4:16b (“procurad que
vosotros leáis también la epístola de Laodicea”) no es una refutación a esta teoría. No indica que Efesios
necesariamente deba haber precedido a Colosenses. Aun si la epístola “de Laodicea” se refiera a Efesios,
suposición que no puede ser probada (véase C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp. 226, 227), esto dejaría
lugar todavía para al menos dos posibilidades de las cuales ninguna excluiría la prioridad de Colosenses:
a. el apóstol escribió (i.e., dictó) Colosenses en su totalidad, incluyendo 4:16, teniendo en sus planes escri-
29
pasajes de Efesios estaba usando solamente Colosenses como base para su composición?
¿Acaso no pudo también haber tenido en mente Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas o alguna
de las otras epístolas paulinas? Esto nos conduce al próximo punto:
b. Efesios se parece demasiado a las otras epístolas de Pablo.
Se afirma que las palabras y frases de las otras epístolas (excluyendo por el momento no
solamente Colosenses sino también las Pastorales), se repiten con mayor frecuencia en
Efesios que en cualquiera de las otras epístolas auténticas escritas por el gran apóstol. De
esto se deduce entonces que alúgn hábil imitador, discípulo del renombrado maestro y muy
familiarizado con sus cartas auténticas y por ende capacitado para reproducir de memoria
sus palabras y frases, debe haber sido el verdadero escritor de Efesios.
[p 36] Respuesta:
(1) Existe gran divergencia de opinión entre los estudiosos en lo relativo a la extensión real
de esta semejanza. E. J. Goodspeed asevera que de 618 breves frases en que Efesios puede
ser dividido hay no menos de 550 que tienen inconfundibles paralelos en Pablo, sea en
palabras o en esencia. Por otro lado, A. S. Peake y T. K. Abbott no ven en Efesios evidencia
alguna, o tal vez muy poca, de haberse extraído elementos de cualquiera de las epístolas de
Pablo excepto Colosenses. C. L. Mitton, aunque convencido de que un porcentaje como el que
da Goodspeed es una exageración, concuerda con él en su conclusión general, que las
semejanzas son tan numerosas y de tal carácter que alguien fuera de Pablo tuvo que haber
sido el escritor de Efesios. No obstante, un detallado examen de extractos de los que Mitton
considera más convincentes ha sido incapaz de convencer a muchos. ¿Hubiera algún
discípulo, reproduciendo de memoria o aun frente al manuscrito, las palabras de Ro. 3:24,
“justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús”,
expresado esto en los términos siguientes: “aun cuando estábamos muertos a causa de
nuestros delitos, (él) nos vivificó juntamente con Cristo—por gracia habiés sido salvados—”
(Ef. 2:5)? De seguro que existe aquí conformidad de doctrina y la frase “por gracia” se usa en
ambos pasajes. Pero, ¿no es acaso más razonable atribuir la importante alteración de la
fraseología en general a un escritor original que ha asimilado profundamente este hecho
central de la redención y que refunde su propio pensamiento en un distinto molde? Lo mismo
es válido también en lo que respecta a otros paralelos tales como Ro. 8:28, cf. Ef. 1:11; 1 Co.
3:6, cf. 2:21; Gá. 1:15, cf. Ef. 3:8; Flm. 13, cf. Ef. 6:20; etc. En todos estos casos existe,
seguramente, cierto grado de semejanza, pero un parecido tan estrecho como para negar que
Pablo sea el escritor ¡de ninguna manera! En cada caso, si es que el mismo escritor es el
autor de ambos pasajes en cuestión, ni su semejanza ni su divergencia han de extrañarnos ni
hacernos sentir la necesidad de mayor explicación.
(2) Puesto que el escritor de Efesios está desarrollando el tema La iglesia gloriosa, una
iglesia enriquecida por todas las bendiciones de la salvación que Dios, solamente por su
gracia derrama sobre judíos y gentiles, “para alabanza de su gloria”, no es de manera alguna
extraño que, al menos en cuanto a contenido, muchos de los pasajes de esta epístola
carcelaria se asemejen a los de otras cartas en donde se desarrolla el mismo o muy parecido
tema. El tema salvación (“justificación”) solamente por gracia es igualmente central en
Romanos y Gálatas y constituye la base de las exhortaciones en todas las demás epístolas.
bir Efesios muy pronto, las dos cartas (más la carta a Filemón) debían ser llevadas a sus respectivos desti-
nos por el mismo mensajero, Tíquico, en el mismo viaje (cf. Col. 4:7–9; Ef. 6:21, 22); o b. después de haber
escrito Colosense exceptuando 4:16 (al menos) y habiendo compuesto después también Efesios, Pablo revi-
só entonces la primera añadiéndole 4:16. Acerca de la complicada teoría de H. J. Holtzmann relativa a la
composición de las dos epístolas véase C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp. 40, 41. Para la defensa de la
prioridad de Colosenses cf. E. P. Sanders, “Literary Dependence in Colossians”, JBL (marzo 1966), p. 29.
30
[p 37] (3) Efesios ofrece muy escaso material de tipo polémico, y hay pocas—según algu-
nos no hay—referencias locales. Esto deja mayor lugar para semejanzas concernientes a en-
señanza positiva.
(4) Efesios fue escrita más tarde que la mayoría de las otras epístolas. Su contenido es, por
decirlo así, un sumario de doctrina. Es por esta razón además que al leerla se esperaría
escuchar más ecos provenientes de otras epístolas que lo que se podría esperar percibir en
cualquier otro lugar.
Ahora bien, al comparar Efesios con otras epístolas de Pablo no existe ninguna buena
razón para omitir las Pastorales (1 y 2 Timoteo y Tito), como si fuese un hecho ya establecido
el que ellas no hubiesen sido escritas por Pablo. Al contrario, el intento de desacreditar el
derecho de Pablo sobre ellas como su escritor es un fracaso. Véase C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo
y Tito, pp. 10–41; 428–432. La explicación más sensata relativa a la cantidad de parecidos, a
menudo de pensamiento, pero a veces aun de idéntica fraseología, entre Efesios y las
Pastorales, es que las cuatro epístolas brotaron de la misma mente y del mismo corazón.
Obsérvese lo siguiente:
(1:13). 2:15).
[p 38] Fue por causa del amor de Dios que los pecadores
fueron salvos
Ahora bien, vemos en todo esto que la total armonía con las principales ideas halladas en
las epístolas atribuidas por casi todos a Pablo, revestidas además de una rica variedad de
expresiones, conduce a pensar en un solo escritor y no en alguna de las dos suposiciones, a
saber, a. que un disícpulo de Pablo retocó pasajes de Efesios, produciendo así el material que
se halla ahora en las Pastorales, o b. que la [p 40] persona que compuso Efesios obtuvo
material de las Pastorales.
c. Efesios se asemeja a 1 Pedro
No se debe pasar por alto el hecho de que algo del material que hay en Efesios es similar al
que se halla en la literatura no paulina del Nuevo Testamento. Existen, por ejemplo,
semejanzas de importancia entre Efesios y 1 Pedro. Obsérvese lo siguiente:
Efesios 1 Pedro
cf. 1:14;
“los hijos de desobediencia” … “hijos de ira” 2:2, 3
2:2
cf.
5:22–
norma de deberes domésticos 2:18–
6:9
3:7
Ambas enseñan la redención por medio de la sangre (Ef. 1:7; Heb. 9:12, 22); la exaltación
de Cristo a la diestra de Dios (Ef. 1:20; Heb. 1:3; 8:1; 10:12); y el acceso al Padre por medio
de Cristo (Ef. 2:18; 3:12; Heb. 4:16; 7:25). También describen en términos similares a los que
son inmaduros (Ef. 4:14; Heb. 5:13); previenen a fin de evitar que sean arrastrados en
remolino o llevados por toda ventolera de doctrina, esto es, por enseñanzas extrañas y
desviadoras (Ef. 4:14; Heb. 13:9); reconocen la sola y única ofrenda de Cristo por el pecado
del pueblo (Ef. 5:2; Heb. 10:10); pronuncian el juicio de Dios sobre toda forma de inmoralidad
(Ef. 5:5; Heb. 13:4); nos dicen que Cristo se ofreció a sí mismo por la iglesia a fin de
santificarla (Ef. 5:26; Heb. 10:10, 22; 13:12); y comparan la palabra de Dios con una espada
(Ef. 6:17; Heb. 4:12).
g. Efesios se asemeja a la epístola de Santiago
36
Se usa la misma figura para describir a la persona inestable. Se dice de ella que es “arras-
trada” o “llevada de aquí para allá” por el viento (Ef. 4:14; cf. Stg. 1:6). Efesios 5:8 llama a los
creyentes “hijos de luz”. Santiago 1:17 describe a Dios como “el Padre de las luces”. “Airáos
pero no pequéis” (Ef. 4:26) nos hace recordar “Que todo hombre sea … tardo para airarse”
(Stg. 1:19). En lo que respecta a otras semejanzas compárese Ef. 4:2, 3 con St. 3:17; 5:8; Ef.
4:29 con Stg. 3:10; Ef. 4:31 con Stg. 3:14; Ef. 5:19 con Stg. 5:13; Ef. 6:18, 19 [p 43] con Stg.
5:16. Colocar a Pablo como opuesto a Santiago con respecto a la doctrina de las buenas
obras no es justo. Al contrario, Santiago defendió la causa de Pablo (Hch. 15:13–29). Hasta el
fin conservó su amistad con Pablo (Hch. 21:18–25). Pablo y Santiago no se hallaban en con-
flicto, sino que enfrentaron a diferentes asuntos. Santiago valorizó altamente la fe auténtica
(1:3, 6; 2:1, 5, 22–24; 5:15). La “fe” que él condena es la de la ortodoxia muerta y de los de-
monios (2:19). Pablo la condenaría en forma igualmente vehemente. Y, por otro lado, Pablo
era firme creyente en la necesidad de las buenas obras como fruto de la fe (Ef. 2:10; cf. Ro.
2:6–10; 2 Co. 9:8; 1 Ts. 1:3; 2 Ts. 2:17; Tit. 3:8, 14).
En cuanto a cualquier conclusión que se pueda sacar de estas semejanzas entre Efesios y
otros libros del Nuevo Testamento con respecto al problema de la paternidad literaria de la
epístola, véase más adelante bajo el encabezamiento 3.
2. La diferencia es demasiado grande
a. Diferentes palabras
Se afirma que la epístola contiene un número excesivo de palabras excepcionales o
nuevas; esto es, palabras no halladas en ningún otro lugar del Nuevo Testamento (cuarenta y
dos de ellas), o bien, palabras que, aunque ocurren en otras partes del Nuevo Testamento, no
se hallan en ninguna epístola auténtica de Pablo.
Respuesta:
(1) El mismo argumento, si se aplicara a Romanos, Gálatas, Filipenses, o 1 y 2 Corintios,
las excluiría igualmente de la lista de las epístolas paulinas. El número de nuevas palabras
en Efesios no es desproporcionadamente grande.
(2) Temas diferentes requieren también palabras diferentes. En Efesios, más que en
ningún otro lugar, el apóstol habla de “la unidad de todos los creyentes en Cristo”, de ahí que
no es de sorprenderse que aquí haga uso de tales nuevas palabras (que a continuación se
dan en cursiva) como unidad (4:3, 13), que es consecuencia del hecho de que Cristo “hizo a
ambos uno y ha derribado la barrera formada por el muro divisorio” (2:14). En conexión con
este mismo énfasis sobre el estar espiritualmente juntos, esta epístola contiene muchos
compuestos con el prefijo “sun”, que significa “juntos” o “compañero”. Pablo usa las
expresiones: armoniosamente ajustado (2:21), juntos con … estáis siendo edificados (2:22);
conciudadanos (2:19), miembros de un mismo cuerpo, juntamente partícipes de la promesa
(3:6). Las dos últimas están precedidas por co-partícipes en la herencia (co-herederos), pero
ésta no es palabra nueva puesto que ocurre ya en Ro. 8:17.
También, Pablo enfatiza el hecho de que toda esta iglesia unida [p 44] debe desafiar a las
fuerzas del mal, y para hacerlo debe vestirse toda la armadura espiritual que Dios provee
(6:11ss). En aquel sobresaliente y breve párrafo la batalla y la armadura de la fe con una am-
plitud de detalles que no se hallan en otro lugar de las epístolas de Pablo. Esperamos, por
cierto, encontrar nuevas palabras. Cuando ellas aparecen es obvio que no pueden ser usadas
como argumento en contra de la paternidad literaria de Pablo. El apóstol habla acerca de los
métodos astutos “del diablo” (ho diábolos, palabra que se encuentra, no obstante, también en
las pastorales; véase (4) más adelante). Nos recuerda el hecho de que nuestra lucha es contra
… gobernantes mundiales de estas tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal en los lu-
gares celestiales (véase (3)). Nos insta a ceñirnos el cinturón de la verdad alrededor de la cin-
37
tura, calzarnos (lit., “atar abajo”) el calzado que simboliza la prontitud derivada del evangelio
de la paz, y tomar el escudo de la fe mediante el cual podremos apagar todos los dardos en-
cendidos del maligno. En todo esto y por la razón ya dada, nada hallamos que sirva de argu-
mento en contra de la paternidad paulina en lo que respecta a Efesios.
(3) No es muy convincente decir que Pablo pudiese escribir “Dios”, pero no sin Dios (Ef.
2:12); “vergonzoso” (1 Co. 11:6; 14:35) pero no vergüenza o, como aquí obscenidad (Ef. 5:4);
que pudiese usar el verbo “abrir” (1 Co. 16:9; 2 Co. 6:11), pero no el sustantivo abertura (Ef.
6:19); que pudiese llamar a uno “sabio” (1 Co. 1:26) pero no sin sabiduría (o necio) (Ef. 5:15);
que pudiese escribir “equipar”, completar (1 Co. 10), pero no equipamiento (Ef. 4:12);
“perseverar” (Col. 4:2), pero no perseverancia (Ef. 6:18); “santamente” (1 Ts. 2:10), pero no
santidad (Ef. 4:24); y “celestial” (1 Co. 15:40–2 veces—48, 49), también “los seres celestiales”
(Fil. 2:10, “o los que están en el cielo”), pero no los lugares celestiales, no menos de cinco
veces (Ef. 1:3, 20; 2:6; 3:10; 6:12).
(4) La declaración, hecha tan a menudo, de que muchas palabras se hallan en Efesios
“pero no en escrito paulino auténtico alguno”, generalmente procede de la suposición que las
Pastorales (a veces también Colosenses) “no son escritos paulinos auténticos”. Pero, según se
ha hecho ver (C.N.T. en 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 10–41; también nota 193 en pp. 428–432),
no hay base sólida para tal suposición. Fue Pablo quien escribió las Pastorales. De ahí que,
de la lista de palabras excepcionales que tienen algún valor como argumento en contra de la
paternidad literaria de Pablo con respecto a Efesios deben ser también sacadas aquellas que
esta epístola tiene en común con las Pastorales aunque no ocurren en ninguna otra epístola
paulina: cadena (Ef. 6:20; 2 Ti. 1:16); engañe (Ef. 5:6; 1 Ti. 2:14); conducta disoluta o vida
licenciosa (Ef. 5:18; Tit. 1:6); diablo (Ef. 4:27; 6:11; [p 45] 1 Ti. 3:6, 7, 11; 2 Ti. 2:26; 3:3; Tit.
2:3; también usada por Mateo, Lucas, Juan, Santiago, Pedro y el escritor de Hebreos, a
menudo en forma intercambiable con Satanás); evangelista (Ef. 4:11; 2 Ti. 4:5); disciplina o
educación (Ef. 6:4; 2 Ti. 3:16) y el verbo honrar (Ef. 6:2; 1 Ti. 5:3).
(5) En cuanto a las palabras “excepcionales” que aún restan después que todas éstas se
han quitado por no tener valor para apoyar la declaración de que Pablo no escribió Efesios,
bien podríamos hacernos la pregunta de si Pablo, hábil escritor, dotado de originalidad y
mentalidad fecunda, ¿no es acaso digno de considerársele como hombre con suficiente
dominio del lenguaje capacitado para usar sinónimos en palabras y frases? ¿O sería que al
comienzo de su carrera como escritos le fue entregada una lista de palabras con la exigencia
que, cualquiera que fuese la circunstancia, ya de él o de los lectores, y cualquiera que fuese
el propósito o el tema de la epístola, estaba obligado a usar invariablemente éstas palabras, y
únicamente éstas, y además, debía distribuirlas en igual proporción a través de todas sus
cartas, como los cuadros en un tablero de ajedrez? ¡El vocabulario no es prueba en absoluto
en contra de la paternidad literaria de Pablo sobre Efesios!6
b. Significados diferentes
También se ha sostenido que en Efesios las palabras paulinas se usan en un sentido dis-
tinto. Así la palabra plḗrōma, plenitud, en Col. 1:19; 2:9 indica la plenitud de la deidad mo-
rando en Cristo, pero en Ef. 1:23 se usa en diferente conexión. En Col. 1:26, 27 el término
6 Sin embargo, la forma en que este argumento se usa todavía, y aun en un comentario relativamente re-
ciente, que tiene a su favor muchos aspectos excelentes, deja algo que desear. Me refiero a la obra de F. W.
Beare sobre Efesios en The Interpreter’s Bible, Vol. 10, p. 598. Después de informar al lector que el número
de palabras nuevas es extraordinariamente grande en Efesios, menciona cinco de ellas. Pero no menos de
tres de estas cinco palabras se encuentran en 6:11ss., párrafo que trata de la armadura espiritual, tema
nuevo (al menos en cuanto a los detalles), respecto al cual es de esperar nuevas palabras (véase (2) más
arriba). Las dos restantes no son “nuevas” en manera alguna: una se encuentra también en Romanos; la
otra en 2 Corintios. ¡Se espera que la crítica negativa haga algo mejor que esto!
38
misterio indica gloria escatológica, pero en Efesios se refiere a la aceptación de los gentiles
(1:9; 3:3ss). Así también en Col. 1:22 la palabra sṓma, cuerpo, se refiere al cuerpo físico de
Jesucristo ofrecido como sacrificio por el pecado, y en Col. 2:19 su equivalente es cosmos o
universo, pero en Efesios el cuerpo es la iglesia. Finalmente, la palabra oikonomía (de donde
viene nuestra palabra “economía”), que en Colosenses y en todos los demás casos tiene refe-
rencia a la tarea o designación especial que le fue confiada por Dios a Pablo, en Efesios tiene
el sentido abstracto de “el sabio designio de Dios o su superior administración”.
[p 46] Respuesta: La palabra plenitud, tanto en el griego como en el castellano, puede
usarse en muchas relaciones diferentes. Véase C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, nota 56,
pp. 96, 97. Su referencia exacta en Ef. 1:23 está en discusión. Por cierto que ningún argu-
mento de valor puede basarse en un pasaje tan controversial. Véase también la exposición de
Ef. 1:10, 23; 3:19; 4:13. En lo referente a la palabra misterio, es claro en el contexto que aun
en Colosenses 1:26, 27, aunque su fondo es escatológico, la referencia es a “la gloria del mis-
terio entre los gentiles … Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. En cuanto a la palabra
sṓma, cuerpo, ¿es justo pedir que tenga exactamente la misma referencia tanto en Efesios
como en Col. 1:22, cuando solamente en el último caso el escritor habla de “su cuerpo de
carne”? No es verdad que en Col. 2:19 la palabra cuerpo se refiera al cosmos o universo.
Véase C.N.T. sobre este pasaje. Lo que sí es verdad es que (en Efesios) la casi consistente
referencia de esta palabra a la iglesia, con la idea del cuerpo humano al trasfondo (1:22, 23;
2:16; 3:6; 4:4ss; 5:23, 30; exceptuando 5:28) está igualmente hecha en Col. 1:18; 2:19; 3:15.
Por lo tanto, no existe aquí un problema real. Y finalmente, en lo relativo a oikonomía,
dondequiera que esta palabra ocurre en el Nuevo Testamento, está basada en la idea de
mayordomía. Tiene este significado no solamente en Lc. 16:2–4; 1 Co. 9:17; Col. 1:25; y 1 Ti.
1:4 sino también en Ef. 3:2. Sin embargo, mediante un casi imperceptible cambio semántico
aparece el significado “administración de la mayordomía de alguien”, indicando así, en
general, administración, ejecución, realización, el llevar a efecto un plan o propósito (Ef. 1:10;
3:9). A un autor debe permitírsele, sin lugar a dudas, el privilegio de usar la misma palabra
tanto en su sentido básico como también, al tratarse de un contexto diferente, en un sentido
un tanto modificado. ¿No es acaso verdad que aun en una misma breve frase, al usar dos
veces la misma palabra, pueda ésta tener distintas connotaciones? (véase Lc. 9:60; Ro. 9:6).
Es evidente, por tanto, que el argumento basado en “diferentes significados” pierde su
validez.
A veces se usa en Efesios una frase completa en una conexión que no se halla ni en Colo-
senses ni en escrito alguno de Pablo. Esto, también, ha sido usado como argumento para ne-
gar la paternidad literaria de Pablo. El más notable caso de esta excepción a la regla se dice
ser Ef. 5:20 comparado con Col. 3:17. El último pasaje dice, “Y todo lo que hacéis sea de pa-
labra o de hecho, (hacedlo) todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre
por medio de él”; pero el primero dice, “dando gracias … en el nombre de nuestro Señor Jesu-
cristo a (nuestro) Dios y Padre”. Mitton nos dice que en el pasaje de Efesios la frase “en el
nombre de Jesús” está artificialmente asociada con dar gracias. Según su apreciación esta
frase ha [p 47] sido añadida “inútilmente”. Para él el forzamiento de una frase fuera del co-
rrecto contexto en Colosenses habla, tal vez más que ningún otro detalle, contra la paterni-
dad literaria de Pablo. ¿Pero no debemos más bien decir que esta clase de razonamiento
habla, tal vez más que nada, en contra del poder para convencer del argumento de Mitton?
¿Qué podría haber de erróneo al pensar de que en la mente de Pablo la acción de gracias es-
tuviese asociada con el nombre de Jesús? ¿Acaso el mismo pasaje de Colosenses no declara
que todo—por ende, también el dar gracias—debe ser hecho “en el nombre del Señor Jesús”?
¿No es verdad que la cláusula, “dando gracias a Dios el Padre por medio de él”, es sinónima
de “dando gracias a Dios el Padre en el nombre del Hijo”? Si es verdad que en el nombre de
Cristo se ha de doblar toda rodilla (Fil. 2:20), si en su nombre se han de dar mandamientos (2
Ts. 3:6), y en resumen todas las cosas se han de hacer en su nombre (Col. 3:17), ¿es enton-
39
ces hablar “inútilmente” cuando se dice que en su nombre deben ser ofrecidas las acciones
de gracias? ¿No es más bien el caso que, ya que el Padre nos bendice por medio del Hijo,
también las acciones de gracias deben ir al Padre por medio del Hijo, esto es, “en su nom-
bre”?
c. Estilo diferente
Se dice que el estilo empleado por el escritor de Efesios es muy difuso, deferente,
dulcificador, para que pertenezca al verdadero Pablo. Primero, se habla de difuso. Es una
epístola abundante en palabras, y las palabras se extienden profusamente. Por medio de
frases casi interminables la carta se mueve lenta y majestuosamente como un glaciar que
busca su camino hacia el valle deslizándose centímetro tras centímetro. Véase 1:3–14; 1:15–
23; 2:1–10; 2:14–18; 2:19–22; 3:1–12; 3:14–19; 4:11–16; 6:13–20. Dentro de estas largas
cláusulas hay a menudo una verbosidad descriptiva que no es característico del estilo del
Pablo verdadero. Se escriben los títulos completos, seguidos de cláusulas modificativas;
ejemplo, “Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha …” etc.
Frecuentemente, un nombre es seguido por su sinónimo, estando el último en genitivo o
precedido por una preposición: “el muro divisorio de la barrera”, significando probablemente
“la barrera formada por el muro divisorio”, a lo cual, como si esto no fuese bastante, se les
añade el sinónimo “la hostilidad” (2:14); “la ley de mandamientos en ordenanzas”, queriendo
decir “la ley de mandamientos con sus exigencias” (2:15); y “la medida de (la) estatura de la
plenitud de Cristo” (4:13). Véase también 1:5, 11, 19. Ahora bien, todo está en vivo contraste
con el estilo conciso, abrupto, vívido, impetuoso, que caracteriza al verdadero Pablo.
Respuesta: Buena parte de Efesios está en forma de una oración [p 48] ofrecida por un
apóstol profundamente agradecido quien está dando testimonio por la realización del sueño
de su vida, a saber, el nacimiento de una nueva y gloriosa entidad espiritual, la iglesia del
judío y del gentil en unidad, producto de la maravillosa gracia de Dios. Ahora bien, el
lenguaje sublime con abundantes sinónimos es característico en la adoración. Véase C.N.T.
sobre Colosenses y Filemón, pp. 41, 42. También, la gran mayoría de aquellas extensas
oraciones ocurre en la primera de las dos divisiones principales de la epístola, esto es, en la
sección que puede ser descrita como adoración a diferencia de la segunda parte: exhortación.
No es justo contrastar el estilo de esta sección de adoración en Efesios con la sección de
exhortación de otras epístolas, y luego decir, “por tanto Pablo no pudo haber escrito Efesios”.
Es verdad que Efesios contiene oraciones más largas y sublimes que lo que es usual en
Pablo. Existe, no obstante, una razón para ello. En ningún otro lugar hay tanta efusión del
corazón, tanta irrefrenada alabanza, como la hay en esta epístola. El escritor se conmueve
hasta en las profundidades mismas de su ser por a. la contemplación del amor soberano,
eterno, redentor de Dios por los pecadores, tanto judíos como gentiles, b. la convicción interna
de que él, el escritor mismo, es objeto de esta gracia, y c. la reflexión de que él, Pablo, sí, aun
él mismo, en otro tiempo vehemente perseguidor de la iglesia, ha sido predestinado por Dios
para jugar un papel importantísimo en la proclamación y realización del plan divino de las
edades.
Con todo, según ya lo hemos hecho ver, la diferencia de estilo descrita bajo este aspecto
entre Efesios y las otras epístolas es una diferencia de grado solamente. De ahí que no puede
ser usada propiamente como argumento en contra de la autenticidad de Pablo como su
escritor. Las oraciones extensas se hallan igualmente en otras epístolas que tradicionalmente
se atribuyen a Pablo. Ro. 1:1–7 contiene 93 palabras en el original; 2:5–10 tiene 87; Fil. 3:8–
11 tiene 78; y Col. 1:9–20 tiene no menos de 218. Y en cuanto a la acumulación de sinónimos
estrechamente relacionados entre sí, es un aspecto que de ningún modo está confinado
solamente a Efesios. Al contrario, estos y otros pleonasmos similares se hallan también en
Ro. 11:33; Fil. 3:8; Col. 1:5, 11, 27; 1 Ts. 1:3, por mencionar solamente algunos.
En segundo lugar, se ha calificado el estilo de Efesios como deferente. Se afirma que el que
escribió la epístola es un admirador del gran maestro. Pablo mismo, según esta manera de
40
argumentar, nunca podría haber escrito una cláusula tan jactanciosa como: “por lo cual, le-
yéndolo, podéis percibir mi conocimiento en el misterio de Cristo” (3:4). Indudablemente, el
hombre que escribió, “soy el menos importante de los apóstoles, indigno de ser llamado após-
tol” (1 Co. 15:9), [p 49] era demasiado humilde para haber escrito Efesios 3:4 (o 3:4–9).
Respuesta: Es enteramente característico de Pablo el hacer valer sus derechos. Declara
haber predicado (plenamente) el evangelio en medio de señales y maravillas (Ro. 15:19); se
llama a sí mismo “sabio director de obras” (1 Co. 3:10), y “administrador de los misterios de
Dios” (1 Co. 4:1; cf. 9:17); aun se atreve a hacer comparaciones entre él y otros. Se clasifica
superior que diez mil tutores (1 Co. 4:15). Puede hablar en lenguas “más que todos vosotros”
(1 Co. 14:18). Como apóstol “ha trabajado más abundamentemente” que cualquiera de los
otros (1 Co. 15:10). Véase también 2 Co. 11:22–33; Gá. 1:1, 14; Fil. 3:4–6. De ahí que la
afirmación hecha por el escritor de Efesios 3:4 está en armonía con las que se hacen en otros
lugares de las epístolas de Pablo y no puede usarse como argumento válido en contra de la
atribución tradicional de Efesios al gran apóstol de los gentiles.
Debe observarse, sin embargo, que las pretensiones de Pablo son enteramente lícitas, y se
hacen a fin de que, mediante la confianza en su mensaje, los hombres sean beneficiados
espiritualmente y puedan así ser ganados para Cristo (1 Co. 9:19–21), y que la gloria sea
dada no al objeto de las distinciones enumeradas sino solamente a Dios (1 Co. 9:16; 10:31;
Gá. 6:14). El apóstol jamás se atribuye mérito personal por virtud o talento alguno (Ro. 7:24,
25; 1 Co. 4:7; Gá. 6:3). Aquí en Efesios se demuestra igualmente humilde como lo fue en 1
Corintios, y tal vez aun más (cf. Ef. 3:8 con 1 Co. 15:9). Pero no se puede negar que él, a
pesar de todo, hace estas grandes afirmaciones. A la luz de toda la evidencia es claro que
tampoco en este aspecto existe diferencia esencial entre Efesios y las demás epístolas
paulinas.
Finalmente, se ha atribuido al estilo de Efesios un carácter dulcificador. Los que niegan la
paternidad literaria de Pablo tanto en lo que respecta a Colosenses como a Efesios han dicho
que, además del deseo de suavizar las expresiones doctrinales extremas de la primera, el
autor de la última, quienquiera que haya sido, trató de aplacar las exhortaciones contenidas
en la epístola menor. De ahí que la demanda de que los hijos obedezcan a sus padres y que
los esclavos obedezcan a sus amos “en todo” (Col. 3:20–22) se reproduce en Efesios en forma
más suavizada omitiendo el modificativo que resulta ofensivo (6:1, 5).
Respuesta: No es cosa difícil sugerir razones posibles para tal cambio, razones que en
modo alguno impliquen un rechazo de Pablo como escritor de ambas epístolas. En el caso de
la exhortación dirigida a los hijos, el escritor aquí en esta epístola mayor quiere enfatizar otro
aspecto del asunto, a saber, que tal sumisión es cosa correcta y que será recompensada. Y
tocante a la amonestación a los esclavos, no estaría de más preguntar si el mandamiento
(6:5) no tiene ya suficiente número de predicados modificativos (vv. 5b, 6, 7, 8) para poder [p
50] prescindir de un “en todo” adicional. Además, ¿no fue acaso la huida de Onésimo de su
amo de Colosas razón suficiente para que justamente en Colosenses se enfatizara la demanda
a los esclavos de obedecer a sus amos con la adición de un modificativo? Pero pudo haber
habido otras razones. Sin embargo, lo que cierra definitivamente la puerta a tal tipo de
argumentación en contra de la paternidad literaria de Pablo como escritor de Efesios es el
hecho de que en conexión con el requerimiento de que las esposas obedezcan a sus maridos,
es justamente Efesios, no Colosenses, el que agrega, “en todo” (cf. Ef. 5:24 con Col. 3:18).
En consecuencia, queda en claro que nada existe en el estilo de Efesios que impida a esta
epístola el ser obra genuina de Pablo.
d. Doctrinas diferentes
(1) La doctrina de Dios
41
Objeción: De acuerdo a Efesios, la fuente de salvación para los elegidos se halla en el eter-
no decreto de Dios (Ef. 1:4, 5, 11). Sin embargo, Pablo se gloría en la cruz (Gá. 6:14; cf. Ro.
3:24).
Respuesta: Efesios, también, se gloría en la cruz (2:16; cf. 1:7), y las otras epístolas tam-
bién, como Efesios, conectan la salvación con su fuente que es el designio eterno y soberano
de Dos (Ro. 8:29, 30; 11:2, 28, 36; Col. 3:12).
(2) La doctrina del hombre
Objeción: Efesios describe la condición del hombre aparte de la gracia en términos más
moderados que los que Pablo usa en Colosenses y otros lugares. Contrástese el lenguaje
fuerte de Col. 3:5–9 con el meramente negativo de Ef. 2:12.
Respuesta: No hay lenguaje más fuerte para describir el estado natural del pecador que el
que se usa en Ef. 2:1–3. Además, en aquel lenguaje “meramente negativo” ¡hay dinamita!
Véase el comentario sobre este pasaje.
(3) La doctrina de Cristo
(a) Objeción: Efesios llama a Cristo “la cabeza” de la iglesia (1:21, 22; 4:15, 16; 5:23).
De acuerdo a Pablo la cabeza es meramente uno de los miembros del cuerpo (1 Co. 12:21).
Respuesta: Temas diferentes requieren metáforas diferentes. El pasaje de 1 Corintios está
describiendo las obligaciones mutuas de los miembros de la iglesia. Efesios se preocupa de la
unidad de todos los creyentes en Cristo, su cabeza. No existe contradicción aquí. Aun en 1
Corintios se enseña claramente el hecho de que “la cabeza de todo hombre es Cristo” (1 Co.
11:3). Colosenses, también, reconoce la posición de Cristo como cabeza en relación a la
iglesia (Col. 1:18; 2:19).
(b) Objeción: De acuerdo a Ef. 2:16 es Cristo quien lleva a cabo [p 51] la reconciliación;
de acuerdo a Col. 1:20; 2:13, 14 es Dios quien lo hace. Igualmente, Ef. 4:11 enseña que es
Cristo quien designa apóstoles, profetas, evangelistas, etc. Esto está en contradicción con 1
Co. 12:28 que indica que es Dios quien ejerce esta función.
Respuesta: Es evidente, según 2 Co. 5:18 y Ef. 4:32, que es Dios en Cristo el que está
obrando. De ahí que las acciones de esta naturaleza pueden ser atribuidas tanto a Dios como
a Cristo. Es así como el profesor L. Berkhof—ya con el Señor—lo puntualiza en su Teología
sistemática, Grand Rapids, MI, edición en español 1969, p. 104 “opera ad extra, que son
aquellas actividades y efectos por medio de las cuales la Trinidad se manifiesta fuera de ella.
Estas nunca son obras de una persona exclusivamente, sino siempre obras del Ser Divino
como un todo”. Así también según Jn. 14:16, 26 el “dar” o “enviar” el Espíritu se atribuye al
Padre, pero en 15:26 ese “enviar” se atribuye al Hijo. No existe contradicción: es “en el
nombre del Hijo” que el Padre envía el Espíritu; y es “del Padre” que el Hijo lo envía.
(c) Objeción: En Efesios la muerte de Cristo deja de ser básica. Toda la atención se
concentra en su exaltación (1:20ss.; 2:6; 4:8).
Respuesta: Aunque, debido al tema central de Efesios, el énfasis ha variado un tanto, la
muerte de Cristo es básica, aun para el escritor de Efesios (1:7; 2:13; 2:16).
(d) Objeción: De acuerdo a Pablo los pecadores son reconciliados a Dios por medio de la
cruz (2 Co. 5:20, 21; Col. 1:21, 22), pero de acuerdo a Efesios la cruz efectúa una
reconciliación entre judíos y gentiles (2:14–18; cf. 2:19–22; 3:5ss; 4:7–16).
Respuesta: No existe contradicción. Por medio de la cruz los judíos y gentiles son reconci-
liados “con Dios”; en consecuencia son reconciliados entre sí. El que básicamente la reconci-
liación es “con Dios” está enseñado claramente en Efesios 2:16; cf. también el versículo 18.
Pero, en armonía con el tema central de Efesios—la unidad de todos los creyentes en Cristo;
42
de ahí, la iglesia universal—el énfasis recae en este caso en la reconciliación entre judíos y
gentiles.
(e) Objeción: Efesios enfatiza la ascención de Cristo (4:8ss). Pablo no tiene doctrina
acerca de la ascención.
Respuesta: La ascensión de Cristo está claramente implicada en pasajes tales como Ro.
8:34; Fil. 2:6–11; 3:20; 1 Ts. 1:10; 4:16; y 1 Ti. 3:16.
(f) Objeción: Efesios enseña el descenso de Cristo al Hades (4:19), y por tanto es
evidentemente post-paulina. El verdadero Pablo no enseña en lugar alguno esta doctrina.
Respuesta: Véase la exposición de Ef. 4:8–10.
(4) Doctrina de la salvación
(a) Objeción: Efesios enseña la doctrina de la salvación—“Porque por gracia habéis sido
salvos por medio de la fe”—Pablo, la de la [p 52] justificación (Ro. 3:24; 5:1).
Respuesta: Es verdad que en oposición al legalismo judaico y judaizante algunas de las
epístolas de Pablo enfatizan el aspecto forense de la liberación del pecador, especialmente en
Romanos y Gálatas, haciendo necesario el uso de los términos “justificación” y “ninguna
condenación”, en tanto que, en armonía con el tema de Efesios—la unidad de todos los
creyentes “en Cristo”—se da un tratamiento más amplio a la experiencia mística y la
comunión con Cristo. Sin embargo, tal cosa no implica contradicción alguna. La esencia
misma de la doctrina de la justificación, es decir, la doctrina de “no por obras, sino
únicamente por gracia” se halla claramente expresada en Ef. 2:8, 9. Véase también en 4:24;
6:14. Pablo jamás se aparta de esto, y aun después de haber escrito Efesios lo comprueba
elocuentemente (Tit. 3:4–7). En cuanto al énfasis paulino en ser salvo, y ser usado como
agente de Dios para salvar a otros, véase Ro. 10:9, 13; 11:14; 1 Co. 9:22; 15:2.
(b) Objeción: La forma en que Efesios trata la ley no es paulina. En Efesios no se
presenta la ley como algo beneficioso al hombre sino como instrumento de división entre un
hombre y otro (2:15). Pablo, no obstante, establece una relación definida entre la ley y el
proceso de la salvación: describe a la ley como nuestro guía (“tutor”) el cual nos conduce a
Cristo (Gá. 3:24). De acuerdo a él “la ley es santa, y el mandamiento santo y justo y bueno”
(Ro. 7:12).
Respuesta: En Romanos y Gálatas Pablo enfoca la ley desde varios aspectos distintos.
Mirada desde un aspecto es buena, según ya se ha indicado; desde otro, es inadecuada (Ro.
8:3); y además, desde un tercero pronuncia maldición sobre la persona (Gá. 3:10, 13). De ahí
que tampoco existe contradicción. Por cierto que no se hizo necesario para el escritor de
Efesios discutir todas las diversas fases de la ley. Lo que sí dice acerca de ella en esta epístola
está en armonía con lo que dice en otros lugares.
(5) La doctrina acerca de la iglesia
(a) Objeción: En Efesios el término iglesia está siempre en relación a la iglesia universal
(1:22; 3:10, 21; 5:23, 24, 25, 27, 29, 32). En las epístolas genuinamente paulinas no (o: no
siempre) tiene este significado.
Respuesta: Como ejemplos del uso de la palabra iglesia sin significado local tenemos 1 Co.
12:28; 15:9; Gá. 1:13; Fil. 3:6 (cf. Hch. 20:28). En Col. 1:18, 24 se refiere a la iglesia
universal; en Col. 4:15, 16 apunta a la congregación local. En consecuencia, el uso del
término en Efesios no puede ser buena razón para negar la paternidad literaria de Pablo.
Siendo que al escribir Efesios Pablo no tuvo el propósito de extenderse en ninguna condición
local sino más bien de glorificar a Dios [p 53] por la obra en la iglesia en general, el apóstol
naturalmente usa en este caso la palabra en su sentido amplio.
43
(b) Objeción: El énfasis del escritor en la unidad de la iglesia muestra que esta epístola
debe haber sido escrita después de la muerte de Pablo, en el tiempo en que varias sectas ya
se habían levantado, lo cual hizo necesario enfatizar la necesidad de un gobierno eclesiástico
centralizado.
Respuesta: La unidad que se describe y hacia la cual se insta en Efesios es de carácter
espiritual. Cf. Jn. 17:21. No es la unidad institucionalizada como aquella que en días
posteriores defendiera Ignacio.
(c) Objeción: La importancia extrema atribuida a los “apóstoles y profetas” (2:20–22;
3:5), como si fuesen “santos” y “el fundamento” de la iglesia, está más en armonía con
generaciones posteriores a la de Pablo. El apóstol mismo jamás hubiera escrito tal cosa. Para
él Jesucristo es el único fundamento (1 Co. 3:11).
Respuesta: Es justamente debido a que estos hombres dieron un verdadero y entusiasta
testimonio acerca de Cristo que, en un sentido secundario, pudieron ser Ilamados
fundamento de la iglesia. Por supuesto, no es por ellos mismos o porque tuviesen algún
mérito intrínco que se les hace acreedores a tal distinción, sino como embajadores y testigos
divinamente designados. En cuanto a ellos mismos, estuvieron constantemente negando el
mérito de sí mismos y atribuyéndolo a Cristo. Esta forma de hablar con respecto a los
plenipotenciarios de Cristo se originó en Cristo mismo (Mt. 16:18). Juan, el discípulo amado
de Cristo, hizo uso del mismo simbolismo al describir la Jerusalén gloriosa. Dice, “Y el muro
de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos doce nombres de los doce apóstoles del
Cordero” (Ap. 21:14). El hecho de que el escritor de Efesios llame a estos hombres “santos” no
constituye objeción alguna. Ellos, ciertamente, eran santos, esto es, separados y calificados
por Dios para un oficio singular. Nada de esto va en contra de Pablo como el escritor de
Efesios sino más bien a favor de él. Está estrictamente en armonía con todo lo que dice
acerca de sí mismo y de los otros apóstoles y profetas. Véanse los siguientes pasajes: Ro. 1:1;
1 Co. 3:10; 5:3, 4; 9:1; 12:28; 2 Co. 10:13, 14; 12:12; Gá. 1:1, 11–17; 2:6–9).
(d) Objeción: Pablo no pudo haber escrito Ef. 2:11. Ningún verdadero judío pudo haber
mirado al sacramento de la circuncisión con tan extremado desdén.
Respuesta: Léase lo que Pablo dice acerca de esto en Gá. 5:1–12; Fil. 3:2, 3.
(6) La doctrina de las últimas cosas
Objeción: Pablo no pudo haber escrito Efesios puesto que en la epístola no existe
insinuación alguna acerca de la segunda venida ni de [p 54] ningún suceso relacionado con
ella.
Respuesta: Los siguientes pasajes de Efesios no tendrían explicación si no se les considera
comprometidos con alguna doctrina de la consumación: 1:14; 2:7; 4:13, 30; 5:5, 6, 27.
3. Conclusión
a. En cuanto a demasiada semejanza
(1) La sorprendente semejanza entre Colosenses y Efesios se debe principalmente a que
fueron escritas por el mismo escritor, en el mismo tiempo y mismo lugar, y que la situación
general de las personas a quien se dirigió era también similar. La paternidad literaria idéntica
explica también las numerosas variaciones tanto en expresión como en énfasis. Cualquier
imitador o falsificador se habría sujetado en forma más rígida al original. Otra de las razones
para explicar la divergencia entre las dos epístolas es el hecho de tener propósitos diferentes,
según ya se ha expuesto.
(2) Puesto que las otras epístolas (aparte de Colosenses) que tradicionalmente se atribuyen
a Pablo fueron escritas bajo distintas circunstancias tanto respecto al escritor como a los des-
tinatarios (excepto Filemón), las semejanzas que existen entre ellas y Efesios no son tan lla-
mativas. Sin embargo, en este caso también existe muchos y claros paralelos. Y aquí tam-
44
bién, a un mismo pensamiento se le da frecuentemente un nuevo giro. Además de identidad
de escritor, y por tanto también de doctrina, hay un segundo factor que debe ser considerado,
a saber, el surgimiento, a través de la iglesia cristiana primitiva, de ciertas formas comunes
de expresión, tales como las que comienzan normalmente a existir cuando los hombres se
han unido por lazos de profundas convicciones, las que han de afianzar por medio de un tes-
timonio unánime en medio de un ambiente generalmente hostil. El creciente predominio de
tales formas es también un factor que explica los paralelos existentes entre Efesios, etc., y la
literatura no paulina del Nuevo Testamento. Entre estas formas hay doxologías de dos tipos: a.
“Bendito sea …” (Ef. 1:3; cf. Ro. 1:25; 9:5; 2 Co. 1:3; 11:31; 1 P. 1:3) y b. “Ahora a él sea …”
(Ef. 3:20, 21; cf. Ro. 11:36; Jud. 24, 25); himnos o fragmentos de himnos (Ef. 5:14; cf. el relato
de la natividad en Lucas; Col. 1:15–19; 1 Ti. 3:16; libro de Apocalipsis); tabla de deberes para
los distintos miembros de la familia (Ef. 5:22–6:9; cf. Col. 3:18–4:1; 1 Ti. 2:8–15; 6:1, 2; Tit.
2:1–10; 1 P. 2:12–3:7); lista de virtudes (Ef. 4:1–3, 32; Col. 3:12–15; Stg. 3:17; 5:8); y varias
otras.7 Algunas de estas formas tienen su origen en el Antiguo Testamento. Sobre esto véase
tambén (5) más adelante.
(3) La necesidad de impartir instrucción catequística uniforme a [p 55] los que lo
solicitaban y a los nuevos convertidos pudo también haber promovido la unanimidad en la
expresión del pensamiento.
(4) Cada vez que se halla semejanza entre los escritores del Nuevo Testamento, sea de
forma o de contenido, debe buscarse su origen más atrás, a saber, en Cristo, es decir, en la
reflexión dirigida por el Espíritu sobre la persona, obra, y enseñanza de Cristo. Por tanto,
resulta imposible pasar por alto las palabras registradas en Mt. 6:12 y los términos equiva-
lentes, además de la acción, en Lc. 23:34 (perdón) reflejadas en Ef. 4:32; 1 P. 2:21–23; 3:8, 9;
etc.; el título de Cristo, “el Hijo amado” de Dios (Mt. 3:17) resonando en Ef. 1:6; 2 P. 1:17; la
referencia al hijo como la piedra (Mt. 21:42) utilizada en Ef. 2:20 y en 1 P. 2:4, 8; y la men-
ción de su gloriosa exaltación a la diestra del Padre (implicada en Mt. 26:64) reafirmada en
Ef. 1:20; Hch. 7:55; Heb. 1:3; 10:12; 12:2; 1 P. 3:22; Ap. 12:5. Pablo y los demás escritores
del Nuevo Testamento extraían agua de la misma fuente, a saber, Cristo.
(5) El apóstol y los otro escritores sagrados eran versados en el trasfondo del Antiguo
Testamento. Recurrimos solamente a dos ejemplos ya mencionados bajo (4) más arriba, el
concepto de Cristo como la piedra, que bien puede desprenderse de Sal. 118:22; y el de la
exaltación de Cristo a la diestra del Padre, de Sal. 110:1.
(6) La combinación de todos estos factores constituye una explicación mucho más
satisfactoria para la lista de semejanzas que la supocisión que la atribución tradicional de la
epístola de Efesios a Pablo debe ser un error y que es la obra de algún imitador.
b. En cuanto a demasiada diferencia
Al aplicar este argumento a asuntos tales como vocabulario y estilo, recordamos que ya se
ha mostrado en detalle que lo que quede de él, después de las debidas concesiones hechas
tocante a exageraciones, se debe a la irresistible emoción y gratitud que impulsó a Pablo a
escribir la epístola y al propósito que tenía en mente. En cuanto a las afirmaciones sobre
diferencias de doctrina, se ha llegado a la siguiente conclusión: Aunque sin duda es verdad
que en Efesios varias doctrinas reciben no solamente un gran énfasis sino adems un
desarrollo más amplio que en otros lugares con presentación de nuevas facetas de las ya bien
conocidas gemas de la verdad, no hallamos aquí ningún vestigio de contradicción a las
doctrinas existentes en otras epístolas paulinas.
B. Argumentos a favor de la paternidad literaria paulina
7 Véase A. C. King, “Ephesians in the Light of Form Criticism”, ET 63 (1951, 1952), PP. 273–276.
45
1. El escritor se llama a sí mismo “Pablo, apóstol de Jesucristo” (1:1); y “Yo, Pablo, el pri-
sionero de Cristo por vosotros gentiles” (3:1; cf. 4:1). Y justamente antes de pronunciar la
bendición final afirma, “mas para que vosotros también sepáis mis asuntos, y cómo [p 56] me
va, Tíquico, el hermano amado y fiel ministro en el Señor, os hará saber todo, a quien envío a
vosotros con este mismo propósito, para que conozcáis nuestras circunstancias y para que él
consuele vuestros corazones” (6:21, 22). ¿Pudo acaso algún discípulo de Pablo, poseedor de
sus epístolas y cuya mente estuviese saturada de su enseñanza, haberse atrevido a identifi-
carse tan desvergonzadamente con el apóstol? La obligación de probar esto recae indudable-
mente sobre los que afirman que el escritor, a pesar de llamarse a sí mismo Pablo y haber
encargado a alguien para informar a los destinatarios de la epístola acerca de cómo él, Pablo,
lo estaba pasando, no era realmente Pablo sino Onésimo, Tíquico, o alguna otra persona.
2. Efesios posee todas las características de las epístolas paulinas reconocidas casi
universalmente como Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, y Filipenses. Se asemeja a
Colosenses en varios aspectos, según ya se ha indicado. Para comprobar este notable
parecido entre Efesios y las otras epístolas paulinas basta comparar la lista que se da a
continuación con la que hay en C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp. 45, 46. Limitándonos
ahora a Efesios, obsérvese lo siguiente:
Efesios
4:14, 17–
i. Les previene seriamente en contra de
19; 5:3–7;
aquellos que tratan de desviar a otros.
6:10ss.
1:13: 3:6;
j. Ama “el evangelio”
6:15, 19
3. Es muy difícil creer que existiese en algún lugar de la iglesia primitiva un genio
falsificador que refundiese los escritos auténticos de [p 57] Pablo en una obra con un estilo
tan excelente, tan lógico en su desarrollo, y tan elevado en su contenido, que hubiese estado
por lo menos a la par con la habilidad intelectual y discernimiento espiritual del apóstol, y
capaz aun de proveer a la iglesia con pensamientos paulinos en avanzado desarrollo, para
luego no dejar tras él huellas tocante a su identidad.
4. El testimonio de la iglesia primitiva está en concordancia con la conclusión que ha sido
sentada. Así Eusebio, habiendo realizado un exhaustivo estudio de las fuentes a su alcance,
declara: “Pero son claramente evidentes y escuetas las catorce (epístolas) de Pablo; aunque no
es justo pasar por alto el hecho de que algunos disputan la (epístola) a los hebreos” (Historia
eclesiástica III. iii 4, 5). Es claro, entonces, que este gran historiador eclesiástico, al escribir a
comienzos del siglo cuarto, comprendió muy bien que toda la iglesia fiel de su día y época
reconocía a Efesios como epístola auténtica de Pablo.
De Eusebio retrocedemos hasta Orígenes (fl. 210–250), quien en su obra Acerca de
principios cita varios pasajes de Efesios, asignándolos “al apóstol” o a “Pablo mismo” (II. iii. 5;
II. xi. 5; III. v. 4). En su principal apología Contra Celso dice, “El apóstol Pablo declara”, y
luego cita Efesios 2:3.
Desde Orígenes nos transladamos aun más atrás, hasta su maestro, Clemente de
Alejandría (fl. 190–200). En su obra El instructor (I. 5) cita Ef. 4:13–15, atribuyéndola “al
apóstol” (de acuerdo al contexto precedente).
Por el mismo tiempo Tertuliano (fl. 193–216) en su obra Contra Marción V. 17 declara, “Lo
tenemos en la verdadera tradición de la iglesia que esta epístola fue enviada a los efesios, no
a los laodicenses. Marción, sin embargo, tenía grandes deseos de darle el nuevo título, como
si fuese extremadamente preciso en la investigación de tal punto. Pero qué importan los
títulos, cuando al escribir a cierta iglesia el apóstol en realidad escribía a todas”. Luego (V.
11), “Aquí paso por alto la discusión concerniente a otra epístola, que sostenemos haber sido
escrita a los efesios, pero los herejes dicen a los laodicenses”.
Unos pocos años antes, Ireneo, que fue por largo tiempo contemporáneo de Clemente de
Alejandría y de Tertuliano, afirma en su obra Contra las herejías I. viii. 5 diciendo así, “Esto
declara Pablo también con estas palabras”, y luego cita Ef. 5:13. Igualmente (V. ii. 3), “…
según el bendito Pablo declara en su epístola a los efesios, ‘Somos miembros de su cuerpo y
de su carne y de sus huesos’ ”. Cf. Ef. 5:30. Este testimonio de Ireneo, en el cual claramente
menciona a Pablo como escritor de Efesios, es de gran significado puesto que Ireneo viajó
extensamente teniendo un pleno conocimiento de toda la iglesia de su día y época, un período
de la antigua historia durante el [p 58] cual las tradiciones de los apóstoles aun se
mantenían vivas.
El Fragmento Muratorio (alrededor de 180–200), un estudio de los libros del Nuevo
Testamento, menciona a Pablo como el escritor de Efesios en forma definida.
Pero podemos retroceder aún más atrás que el final del segundo siglo d.C. Pasaremos por
alto las discutibles alusiones a Efesios en El pastor de Hermas, La enseñanza de los apóstoles
47
(Didaché), la así llamada Epístola de Bernabé, etc., ya que estos controversiales pasajes tienen
poco o ningún valor decisivo. Prestemos atención a ciertos autores que no solamente florecie-
ron en algún tiempo del período 100–170, sino que además proveyeron clara evidencia de la
existencia y reconocimiento de la epístola en sus días. En aquel tiempo, tan cercano al tiempo
de los apóstoles, no era necesario mencionar sus nombres. El citar sus escritos, lo que impli-
caba buen conocimiento de su existencia y reconocimiento de ellos como autoritativos para la
iglesia, es todo lo que podemos esperar de estos tempranos testigos. Estoy seguro que aque-
llos que rechazan la paternidad literaria de Pablo sobre Efesios, negarán desde luego la im-
portancia de los pasajes que vamos a citar. Pero al hacerlo afrontarán dificultades que son
bastante evidentes. Observemos, entonces, los siguientes:
Policarpo declara, “… sabiendo que ‘por gracia habéis sido salvos, no por obras’ ” (Carta a
los filipenses I. 3, cita Ef. 2:8, 9). Luego, “Solamente según se dice en estas Escrituras, ‘Airaos
pero no pequéis, y ‘No se ponga el sol sobre aquel enojoso estado de ánimo de vosotros’ ” (XII,
1, latín, citando Ef. 4:26). Tocante a esta epístola de Policarpo véase también C.N.T. sobre
Filipenses, pp. 23, 24.
Llegamos ahora a Ignacio y su Epístola a los efesios.8 La más clara referencia a Efesios se
halla en el párrafo de apertura (I. 1), “… siendo imitadores de Dios”. Estas palabras nos
hacen recordar de inmediato una de las exhortaciones de Pablo, “Sed pues imitadores de
Dios” (Ef. 5:1). Y cuando Ignacio compara a los creyentes con “piedras del santuario del Pa-
dre, preparadas para el edificio de Dios nuestro Padre” (IX. 1), ¿no es acaso una referencia a
la bien obvia declaración de Pablo en Ef. 2:20–22?
Clemente de Roma (como representando a la iglesia de Roma) escribe, “Por medio de él los
ojos de nuestro entendimiento fueron abiertos” (Primera epístola de Clemente a los corintios
XXXVI. 2). ¿No es ésta una cita muy semejante a Ef. 1:18 “… (habiendo) iluminado los ojos de
vuestros corazones”? Compárese también: “¿O no tenemos un Padre y un Cristo y un Esprítu
de gracia derramado sobre nosotros, y un llamamiento en Cristo?” (XLVI 6) con esta frase [p
59] de Pablo, “Hay … un Espíritu, así como también fuísteis llamados en una esperanza que
vuestro llamamiento os trajo (lit. ‘de vuestro llamamiento’), un Señor … un Dios y Padre de
todos” (Ef. 4:4–6).
Según Hipólito, hicieron uso de esta carta paulina a los efesios la secta de Basílides, los
ofitas y los valentinianos. Ahora bien, estas tres se hallaban entre las primeras sectas
gnósticas. La epístola a los efesios estaba, además, incluida en el Canon de Marción (aunque,
según ya se ha indicado, bajo diferente título), en la versión antigua latina, y en la versión
antigua siríaca. Finalmente, existe la posibilidad de que Col. 4:16 esté haciendo referencia a
esta epístola. Véase C.N.T. sobre este pasaje.
Se ha demostrado, por tanto, que tan pronto como la iglesia comenzó a asignar los escritos
del Nuevo Testamento a autores definidos, “bajo un acuerdo” designó a Pablo como el escritor
de Efesios. No existía duda o discusión entre ellos al respecto. La designación definitiva
comenzó más o menos al final del segundo siglo. Pero aun antes de este tiempo se reconoció
en todo lugar la existencia de la epístola y el alto valor que la iglesia le concedió como escrito
inspirado. No hay razón alguna para apartarse de estas convicciones tradicionales.
IV. Destino y propósito
A. Destino
1. Los hechos y el problema que emana de ellos
punto.
48
Nos enfrentamos a un problema verdadero puesto que no todos los manuscritos griegos
dicen lo mismo en Ef. 1:1, en donde las traducciones corrientes indican las personas a las
cuales les fue escrita la epístola. Las palabras de apertura, “Pablo, apóstol de Cristo Jesús
por la voluntad de Dios, a los santos y creyentes que están”, no constituyen problema textual
serio. El problema se presenta con la frase adicional “en Efeso” (ἐν Ἐφέσῳ). Esta frase no se
halla en los manuscritos de mayor antigüedad existentes: está ausente en p46, que data del
segundo siglo, en el Sinaítico no revisado y en el Vaticano del siglo cuarto.9 Según opinan la
mayoría de los eruditos, existe un comentario de Orígenes (a principios del tercer siglo) impli-
cando que no estaba en el texto que él usó. Una observación de Basilio (más o menos en 370
d.C.) ha conducido a la misma conclusión con respecto al texto que él usó para comentar.
Por otro lado, desde la mitad del segundo siglo, el título colocado [p 60] para iniciar la
epístola ha sido siempre “A los efesios”. La única excepción fue la copia de Marción que
sustentó el título “A los laodicenses”. Comúnmente se ha sostenido, con buena razón, que la
desviación de la regla fue debido a una mala interpretación de Col. 4:16. La forma en que
Tertuliano criticó a Marción por aceptar (¿u originar?) este error ha sido ya puntualizada
(véase III B 5 más arriba). También, casi en forma unánime los manuscritos subsecuentes
incluyen “en Efeso” en el texto de 1:1. Igualmente las versiones le dan su apoyo incluyendo el
nombre del lugar.
El problema por tanto, es el siguiente: ¿Cómo podemos explicar la ausencia de esta frase
“en Efeso” de los manuscritos más antiguos existentes, a la luz del casi unánime testimonio
en favor de su inclusión? ¿Y cuál es la luz que estos hechos arrojan sobre el destino real de
Efesios?
2. Se proponen varias soluciones
a. No se intentó destinar la epístola a ninguna localidad específica fuese ésta grande o
pequeña, sino más bien a los creyentes de todo lugar y en todos los tiempos.
De acuerdo a este punto de vista, cualquier cosa que pudiese decir el título, jamás era la
intención de Pablo de que se insertase las palabras “en Efeso”. Esta teoría tiene dos formas
principales. De acuerdo a la primera, Pablo dirigió su mensaje a los santos “que son”, esto es,
los que tienen verdadera existencia, puesto que Cristo, en quien viven, es el único que ES.
¿No es acaso el gran YO SOY? (cf. Ex. 3:14; Jn. 6:35, 48; 8:12; 10:7, 9, 11, 14 etc.; Ap. 1:8;
22:13). Esta interpretación fue sugerida por Orígenes. También la adoptó Basilio. De acuerdo
a la segunda, Pablo está sencillamente escribiendo “a los santos que son fieles en Cristo
Jesús”. Esto, con la omisión de las palabras “en Efeso”, es favorecido no solamente por el
texto de R.S.V. sino también con cierta variación de palabras, por muchas personas, tanto
traductores como expositores: Beare, Findlay, Goodspeed, Mackay, Williams, etc.
Evaluación: En todo lugar de las epístolas de Pablo, cuando aparecen las palabras “que
están” o (la iglesia) “que está”, van invariablemente seguidas por la mención de un nombre de
lugar (Ro. 1:7; 1 Co. 1:2; 2 Co. 1:1; Fil. 1:1). Por tanto, no existe razón válida para suponer
que la presencia de las palabras “que están” en la epístola a los efesios ha de ser una
excepción a la regla. Nada hallamos en las otras epístolas de Pablo que dé apoyo a la
explicación metafísica ofrecida por Orígenes y Basilio. Y en cuanto a la versión similar “a los
santos que son fieles en Cristo Jesús”, sin ser seguida por algún lugar, además de estar
expuesta a la objeción ya mencionada, sólo tendría significado sensato si no se interpretase
que había santos que eran fieles [p 61] y otros que no lo eran.
9Fue también dejado de lado por el corrector de 424, cuyas correcciones estaban basadas en un manuscri-
to muy antiguo, y por 1739.
R.S.V. Revised Standard Version
49
Aunque por la razón ya estipulada (el uso paulino en las demás epístolas) no me es posible
aceptar la teoría apoyada por R.S.V., etc., no obstante, soy de la opinión que contiene un
elemento de valor que no debe ser pasado por alto. Lo que Tertuliano puntualizó es verdad, a
saber, que “al escribir a determinada iglesia el apóstol lo hizo de hecho a todas” (Véase más
arriba III B 5). En Efesios, así como en todas las demás epístolas, etc., el Espíritu se dirige a
todas las iglesias tanto de aquellos tiempos como de los presentes. ¡En realidad, el tema uni-
versal de Efesios le añade énfasis a este aspecto! Es posible llegar a enfatizar en demasía lo
regional. Sin embargo, esto no significa en manera alguna que el punto en cuestión, de si las
palabras “en Efeso” deben o no conservarse, deba abandonarse como algo sin importancia.
b. La epístola, aunque enviada a creyentes que vivían en una región definida y limitada,
no tenía en modo alguno el propósito de ser para Efeso.
Esta teoría tiene como defensores, entre otros, a T. K. Abbott en su obra The Epistles to the
Ephesians and to the Colossians (International Critical Commentary) Nueva York, 1916, p. viii;
y a E. F. Scott en su breve exposición, The Epistles of Paul to the Colossians, to Philemon and
to the Ephesians (Moffatt New Testament Commentary), Nueva York, 1930, pp. 121, 122. De
acuerdo a Abbott, Efesios fue escrita para los gentiles convertidos de Laodicea, Hierápolis,
Colosas, etc. Scott escribe, “… nada es cierto excepto que la epístola no fue escrita a los
efesios”. Razones: “en Efeso” está ausente en los mejores manuscritos; no hay detalles
personales; la implicación de 1:15; 3:2; 4:21, 22 elimina totalmente a Efeso.
Respuesta: ¡Es difícil concebir que Pablo, que gastó tanto tiempo y energías en Efeso,
pudiese escribir una epístola a las iglesias de Asia proconsular, excluyendo a Efeso:
Las siguientes dos teorías deben ser consideradas en conjunto. Ambas están básicamente
de acuerdo, puesto que proceden de la suposición de que en un sentido u otro la epístola fue
enviada a Efeso. Difieren en que c. interpreta “en Efeso” regionalmente, y d. localmente.
c. La epístola fue dirigida a los creyentes que residían en la provincia de la cual Efeso
era la principal ciudad. Era una carta circular designada no sólo a la iglesia local sino también
a las congregaciones de Asia proconsular.
Este es un punto de vista extensamente aceptado hoy en día.
d. La epístola fue enviada a una iglesia local definida, a saber, la de Efeso, tal como
Filipenses fue enviada a la iglesia de Filipo, y 1 y 2 Corintios a la iglesia de Corinto.
[p 62] Tocante a la defensa de este punto de vista y la refutación de los de la carta circular
o concepto encíclico, en cualquier sentido, véase especialmente R. C. H. Lenski, op. cit., pp.
329–341.
Los que están a favor de la teoría “carta circular”, c., presentan las siguientes razones en
favor de su punto de vista (siendo los mismos que se hallan bajo b. pero con aplicaciones
menos rígidas):
(1) Las palabras “en Efeso” se omiten en los manuscritos mejores y más antiguos. De ahí
que en realidad no existe buena razón para conservar la designación de lugar a menos que lo
interpretemos como una referencia a la región donde Efeso era la metrópoli.
(2) Las palabras “… por cuanto he oído de la fe en el Señor Jesús que (existe) entre
vosotros” (1:15) y “… si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me
fue dada” (3:2; cf. 4:21, 22) implican claramente que entre los destinatarios había algunos
que Pablo no conocía y que nunca estuvieron en estrecha relación personal con él. Si la
epístola hubiese estado designada solamente a los creyentes que vivían en la ciudad de Efeso,
con quienes Pablo había establecido lazos de hermandad tan estrechos (véase especialmente
Hch. 20:36–38), jamás se habría expresado en esta forma.
50
(3) En cada epístola dirigida por Pablo a congregaciones fundadas por él o de las cuales
había llegado a tener un conocimiento personal se hace mención a él como el padre espiritual
de la iglesia y como obrero en su seno (1 Co. 1:14; 2:1; 3:5–10; 11:23; 15:1–11; 2 Co. 3:3; Gá.
1:8; 4:13–20; Fil. 1:27–30; 1 Ts. 1:5; 2:1–5). Pero en Efesios no existe tal referencia. Al con-
trario, la epístola se halla totalmente exenta de rasgos íntimos, detalles de información per-
sonal, o alusiones a la obra que el apóstol haya realizado en la ciudad e iglesia de Efeso, se-
gún se relata en Hch. 18:18–21; 19:20; 17–38. Si la intención de que Efesios no fuese una
epístola dirigida a una congregación específica sino más bien una carta circular dirigida a
varias iglesias, incluyendo a Efeso, esto es comprensible.
(4) A veces—pero hoy día rara vez—se añade una cuarta razón: La epístola no contiene
saludos personales; pero si se hubiese designado exclusivamente a la congregación de Efeso,
tal cosa no debió haber faltado.
Los que creen que la epístola fue dirigida solamente a la iglesia en Efeso y que no fue una
carta circular dan las siguientes respuestas:
(1) En todos los manuscritos antiguos (excepto de Marción) la epístola lleva el título: A los
efesios. Todas las versiones antiguas tienen “en Efeso” en el versículo 1. ¿Qué explicación
podríamos dar a tal título y a tales versiones si la epístola no hubiese sido originalmente
designada a la congregación de Efeso?
[p 63] (2) En cuanto a la ausencia de “en Efeso” en 1:1 en los manuscritos más antiguos,
¿no existe acaso la posibilidad de que alguien hubiese alterado el texto? Casi todos los
manuscritos griegos posteriores contienen la discutida frase. ¿Qué explicación dan los que
rechazan su carácter genuino?
(3) En cuanto a 1:15; 3:2, y 4:21, 22, esto es un asunto de interpretación. Véase el
comentario sobre estos pasajes.
(4) No es verdad que no exista relación entre el relato de la obra de Pablo que se halla en
Hechos con el contenido de esta epístola. Al contrario, ¿De qué otra epístola se podría decir
con mayor propiedad que está proclamando “todo el consejo de Dios” (cf. Ef. 1:3–14)? Ahora
bien, de acuerdo a Hch. 20:27 este es exactamente el carácter de la predicación de Pablo en
Efeso. Véase también Ef. 2:20–22. La ausencia de grandes problemas locales que turbasen a
la congregación puede explicar por qué Pablo no menciona en esta epístola la forma en que
fue recibido cuando fundó la iglesia. Además, tocante a rasgos íntimos y noticias con respecto
a sí mismo, hallamos la explicación en 6:21, 22: Tíquico podía dar amplias informaciones.
(5) 2 Corintios, Gálatas, 1 y 2 Tesalonicenses tampoco tienen saludos de Pablo aunque
fueron iglesias fundadas por el apóstol. Por otro lado, Romanos, dirigida a una iglesia no
fundada por Pablo, contiene gran cantidad de saludos.
Evaluación: Queda en claro que no todas las razones presentadas en favor de la teoría
“carta circular” son válidas. (4) especialmente es débil, y ha sido dejada de lado por muchos
de los partidarios del concepto encíclico. Es dudoso, sin embargo, que la refutación de (3) sea
enteramente satisfactoria. La falta de, o más bien la poca consideración al color regional y a
los toques personales como también el amplio y sublime tema (la iglesia universal) parecería
armonizar mejor con la teoría encíclica que con la puramente local. Existe, además, otro
hecho que parecería prestar aún un mayor apoyo al punto de vista de la circular. Habría sido
casi imposible para Pablo el dirigir una carta a los creyentes de Efeso sin incluir también a
los de las iglesias circundantes. Efeso era el corazón y centro de la comunidad cristiana, co-
mo es muy evidente de Hch. 19:10, donde se implica que cuando Pablo laboraba en esta ciu-
dad la gente de los alrededores acudía a escucharle. Como resultado, “todos los que vivían en
Asia oyeron la palabra de Dios, tanto judíos como griegos”. En el libro de Apocalipsis, tam-
bién, la primera del grupo de siete cartas está dirigida a la iglesia de Efeso (Ap. 2:1–7). En
51
consecuencia, favorezco la teoría c. Pero en base a ambos puntos de vista (c. o d.) las pala-
bras “en Efeso” pueden ser conservadas sin peligro en nuestra traducción de Ef. 1:1.
[p 64] Ahora, desarrollando algo más de la teoría “carta circular”, hay un punto de vista
popular (propuesto por Beza y apoyado por el arzobispo Ussher) que dice que originalmente
se dejó un espacio en blanco después de las palabras “que están”, y se pidió que Tíquico o
alguna otra persona hiciese varias copias, una para esta iglesia, otra para otra, etc., a fin de
que en cada caso particular se llenase el espacio en blanco escribiendo en él el nombre de la
iglesia para la cual se designaba la copia. Además, de acuerdo a esta teoría, con el correr del
tiempo la frase “en Efeso” llegó a ser uniforme puesto que la iglesia de esa ciudad era la más
importante.
Hay posibles objeciones a esta teoría, como las que siguen: Primera, ¿no estaremos acaso
atribuyendo a Efesios un método para distribución epistolar “con más sabor a formas
modernas que antiguas” (Abbott)? Segunda, ¿cómo explicamos el hecho de que en Colosenses
4:16 se indica claramente un método de circulación epistolar totalmente diferente? Tercera, si
tal serie de nombres colocados en los espacios en blanco es lo que realmente tuvo lugar,
¿cómo es entonces que no existen huellas de copias en que 1:1 tenga otro nombre que no sea
Efeso?
Debemos admitir que no sabemos cómo y cuándo ocurrió el cambio de la omisión de “en
Efeso” al de su inserción (o vice versa). Lenski, partiendo del supuesto que las palabras “en
Efeso” se hallaban en el texto desde el comienzo mismo, conjetura que Marción pudo en sus
tiempos haber alterado el texto. Sin embargo, esta no es la única ni tal vez las forma más
benévola de solucionar el problema. Otra sugerencia—nuevamente, ¡una mera posibilidad!—
sería que en completa armonía con los deseos expresos del apóstol y con absoluta sinceridad
para con todos los interesados, lo que sucedió fue lo siguiente:
Supongamos que en la carta original, el autógrafo mismo, se dejó un espacio en blanco,
después de las palabras “que están”. Al ser leída la carta en cualquiera de las congregaciones
reunidas para la adoración, este espacio en blanco se llenaba oralmente de acuerdo a lo
requerido en la congregación pertinente. Después de haber sido leída en Efeso, comenzaba su
recorrido llegando a Laodicea. Aquí, y antes de ser enviada a la próxima iglesia, Colosas (Col.
4:16?), se hacía una copia, dando así la oportunidad a los miembros de la iglesia de Laodicea
y también a los hermanos y hermanas del otro lado del río (en Hierápolis) de leerla vez tras
vez y para recordar la belleza de su inspirado contenido. Esta copia era fiel en todo sentido al
original escrito, aun hasta el punto de conservar el espacio en blanco. Tal condición de la
epístola se refleja en los manuscritos más antiguos en existencia. Finalmente, después de
haber confeccionado cada iglesia [p 65] su copia, el autógrafo, que ya hubo completado su
circuito por las diferentes congregaciones para las cuales fue originalmente designada, era
devuelta a Efeso para ser conservada en los archivos de la iglesia. Sin embargo, según previas
instrucciones de Pablo, las palabras “en Efeso” eran ahora insertadas, puesto que ahora
todos los creyentes en todo lugar comprendían que tal designación de lugar tenía referencia a
la gran Efeso, es decir, a Efeso mismo y las iglesias circundantes. La extensión de este radio
no la conocemos con exactitud. Además, aunque la carta reposaba ahora en los archivos
efesios, no por eso descansaba improductiva. Desde este centro se emitían copias toda vez
que fuese necesario. Estas copias contenían la frase “en Efeso”, que es exactamente lo que se
refleja en casi todos los manuscritos posteriores.
Repito: todo esto es meramente una de las muchas posibilidades. Lo que realmente
sucedió pudo haber sido algo enteramente diferente. Sin embargo, sobre la posibilidad
sugerida no cae el peso de las tres objeciones mencionadas antes, a lo cual sí se halla
expuesta la teoría de los espacios en blanco que fueron llenados de inmediato completando
una serie. Tampoco amontona más deshonra sobre el nombre de Marción. En cuanto a esto,
¿no lo hizo Tertuliano de una manera asombrosamente completa? (Contra Marción, I.1).
52
3. Conclusión
El destino de la epístola fue “Efeso”, en el sentido ya explicado: las iglesias de Efeso y sus
alrededores. Lugar y tiempo en que fue escrita: Roma, más o menos a mediados del período
61–63 d.C. Véase C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp. 39–40; y sobre Filipenses, pp. 29–
40.
B. Propósito
1. Pablo escribió esta epístola con el fin de expresar a los destinatarios su íntima
satisfacción por su fe centrada en Cristo y su amor para con todos los santos (1:15). La
partida de Tíquico y Onésimo para Colosas (6:21, 22; cf. Col. 4:7–9) dio la oportunidad al
apóstol para enviar sus cálidos saludos, etc., a los creyentes en Efeso, ciudad por la cual los
emisarios debían pasar. El mismo mensaje había de ser comunicado a las iglesias
circundantes.
2. Otro propósito estrechamente vinculado fue el de describir la gloriosa gracia redentora
de Dios hacia la iglesia, derramada sobre ella a fin de que fuese una bendición al mundo y
pudiese glorificar a su Redentor.
Todos los pensamientos que el apóstol Pablo desarrolla con respecto a los distintos
aspectos de esta gloriosa iglesia son llevados hasta sus últimas consecuencias. De esta
manera deja en claro quē no [p 66] son las buenas obras ni aun la fe sino que únicamente el
bondadoso, eterno plan de Dios “en Cristo”, es decir, Cristo mismo, es el verdadero
fundamento de la iglesia (1:3ss). El control de Cristo se extiende nada menos que al universo
entero en beneficio de la iglesia (1:20–22). Tanto judíos como gentiles se hallan incluidos en la
esfera de la redención (2:14–18), relativa a la cual todas las cosas están bajo la autoridad
única de Cristo, su cabeza, vale decir, las cosas en los cielos y las cosas en la tierra (1:10). El
proceso de salvación no se detiene en el momento en que los hombres se “convierten”. Al
contrario, el cristiano debe proseguir hacia la meta, es decir, “la medida de la estatura de la
plenitud de Cristo” (4:13). A fin de llegar a esta meta todos deben manifestar su unidad en
Cristo y crecer en todas las cosas en él (4:1–16). Pablo ora a fin de que los creyentes sean
capaces de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento, y que sean llenos de
toda la plenitud de Dios (3:19). La sabiduría de Dios en toda su infinita diversidad debe ser
proclamada por la iglesia. Además, no ha de ser dada a conocer solamente al mundo sino
también “a los principados y a las autoridades en los lugares celestiales” (3:10). Todo
miembro de la familia de Dios tiene el deber de manifestar su renovación (5:22–6:9). La
iglesia, en su lucha contra el mal, actuando como un solo cuerpo, debe hacer uso efectivo de
toda la armadura provista por Dios (6:11ss.).
Es del todo posible que la exuberante doxología de Pablo al comienzo de la epístola tuvo su
origen en parte en el hecho de haber observado ya en los corazones y vidas de los
destinatarios, según le fue informado, un parcial pero significativo grado de progreso en la
realización del plan de Dios para la iglesia. Claro que no era ésta la única razón de su gozo y
alabanza. Véase comentario sobre 1:3.
3. Es posible que al escribir esta carta el apóstol también tuviera el propósito de establecer
un contraste entre el imperio romano, del cual era prisionero, y la iglesia. Según otra epístola
compuesta durante el mismo lapso de su prisión entendemos que esta posibilidad no debe
ser enteramente descartada (Fil. 3:20). Siendo así, entonces, el embeleso de Roma pudo bien
haberle sugerido la gloria de la iglesia; el severo dictador romano que gobernaba sobre un
vasto pero limitado dominio, el bondadoso Señor de la iglesia, soberano sin límites de todo;
su consolidación política a fuerza de poder físico, la unidad orgánica de la iglesia en el
vínculo de la paz; su poderío militar, la armadura espiritual de la iglesia; y su fundamento
temporal sujeto a “cambios y caídas”, el eterno fundamento y sin fin duración de la iglesia.
[p 67] V. Tema y bosquejo
53
Si en realidad la preocupación de Pablo en Colosenses es “Cristo, el preeminente, único y
enteramente eficaz Salvador”, entonces en Efesios está discutiendo su corolario, a saber, “La
unidad de todos los creyentes en Cristo”. En lugar de “Todos los creyentes” podemos colocar
“La iglesia gloriosa”. Las ideas de “unidad” y “en Cristo” pueden tener su lugar adecuado en el
bosquejo. El estudio cuidadoso de Efesios ha conducido a un número siempre creciente de
exégetas a concluir que el concepto de la iglesia recibe en esta epístola tal énfasis que todo su
contenido puede ser agrupado alrededor de ella sin sobreponer nuestras propias opiniones
subjetivas sobre el pensamiento del apóstol.10
El término iglesia, según su uso aquí, indica el cuerpo (Ef. 1:22, 23; 4:4, 16; 5:23, 30), el
edificio (2:19–22), y la esposa (5:25–27, 32) de Cristo; la totalidad de los salvados por medio
de la sangre de Cristo, sean judíos o gentiles, tienen mediante él acceso en un Espíritu al
Padre (2:13, 18).
Como sucede en Romanos y Colosenses, también aquí en Efesios hay una división bien
delineada entre exposición y exhortación, verdad expuesta dy verdad aplicada; los capítulos 1–
3 pertenecen a la primera parte, los captulos 4–6 a la segunda. El estilo, sobre todo en la
primera división, es, no obstante, tan sublime que adoración expresa el contenido más
precisamente que exposición. El alma del apóstol se halla henchida de humilde gratitud hacia
Dios, Autor de la iglesia gloriosa. Derrama su corazón en sincera, espontánea, pródiga
alabanza. ¡Para Pablo doctrina significa doxología! Es algo no sólo de la mente sino también
del corazón, de experiencia cristiana bajo la dirección de la inspiración.
Después de la salutación de apertura (1:1, 2), el cuerpo de la epístola comienza, en el
original, con la palabra Eulogētós (¡Bendito!). El apóstol bendice, elogia (rinde elevada
alabanza) a Dios por sus maravillosas bendiciones para la iglesia. A modo de ayuda para la
memoria se puede confeccionar un acróstico con las primeras seis letras de esta palabra de
apertura, leídas en forma vertical:
[p 68] E
U
L
O
G
E
Esto nos da el siguiente Breve resumen de Efesios
Tema: La iglesia gloriosa
I. Adoración por su
Cap. 1 E terno fundamento “en Cristo”
Después de la salutación (vv. 1, 2) la doxología comienza así:
“Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido
con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió
en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprensibles
delante de él” (1:3, 4).
10Véase W. E. Ward, “One Body—the Church”, RE, Vol. 60 N° 4 (otoño 1963), pp. 398–413; F. W. Beare,
The Epistle to the Ephesians (Interpreter’s Bible, Vol. X), Nueva York y Nashville, 1953, pp. 606, 607; y L.
Berkhof, New Testament Introduction, Grand Rapids, 1916, p. 189. El último señala que en tanto que Colo-
senses trata de Cristo, cabeza de la iglesia, Efesios se preocupa en forma más enfática de la iglesia, cuerpo
de Cristo.
54
Cap. 2 U niversalidad (abarcando tanto a judíos como gentiles)
“Porque por medio de él ambos tenemos nuestro acceso en un Espíritu al Padre”
(2:18).
Cap. 3 L uminosa meta “a fin de que ahora a los principados y las autoridades en los luga-
res celestiales sea dado a conocer por medio de la iglesia la iridiscente sabiduría
de Dios … (y) conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento; para que
seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios” (3:10, 19).
II. Exhortación
describiendo e instando
4:1–16 O rgánica en su unidad (en medio de diversidad) y en su crecimiento en Cristo “Yo,
por tanto, el prisionero en el Señor, os suplico que … haciendo todo esfuerzo
para preservar la unidad impartida por el Espíritu mediante el vínculo (que es) la
paz … para que ya no seamos … aferrándonos a la verdad en amor, crezcamos en
todas las cosas en él que es la cabeza, esto es Cristo”, (4:1, 3, 14, 15).
4:17–6:9 G loriosa renovación
“… con respecto a vuestra pasada manera de vida debéis vosotros despojaros del
viejo hombre … y ser renovados en el espíritu de vuestras mentes, y vestiros del
nuevo hombre” (4:22–24).
[p 69]
6:10–24 E fectiva armadura
“Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra los
métodos astutos del diablo (6:11). Conclusión (vv. 21–24).
Bosquejo de Efesios en forma más completa
Tema: La iglesia gloriosa
I. Adoración por su
Cap. 1 E terno fundamento “en Cristo”
Después de la salutación de apertura (vv. 1 y 2) Pablo “bendice” a Dios por el hecho
de que éste es un fundamento
1. que da como resultado “toda bendición espiritual” para los creyentes, para la
alabanza y la gloria de Dios el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo (1:3–14); y
2. que conduce a la acción de gracias y oración, a fin de que los ojos de los lectores
sean iluminados para que vean el poder salvador de Dios, exhibido en la
resurrección y coronación de Cristo (1:15–23).
Cap. 2 U niversalidad (abarcando tanto a judíos como gentiles)
1. asegurada por las grandes bendiciones redentoras para ambos que tienen su
centro “en Cristo” y que son semejantes a su resurrección y vida triufante (2:1–10);
2. evidenciada por la reconciliación de judíos y gentiles por medio de la cruz (2:11–
18);
3. y por el hecho de que la iglesia de judíos y gentiles crece para ser un edificio, un
templo santo en el Señor, del cual Cristo mismo es la principal piedra del ángulo
(2:19–22).
Cap. 3 L uminosa meta
55
1. Para dar a conocer a los principados y a las autoridades en los lugares celestiales
la iridiscente sabiduría de Dios, reflejada en el misterio revelado especialmente
(aunque no exclusivamente) a Pablo, a saber, que los gentiles son … miembros del
mismo cuerpo de Cristo (3:1–13); y
2. Conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento para así ser llenados has-
ta toda la plenitud de Dios (3:14–19). Doxología (3:20–21).
II. Exhortación
describiendo e instando
a todos a la
4:1–16 O rgánica unidad (en medio de diversidad) y el crecimiento en Cristo
instando a la
4:17–6:9 G loriosa renovación
1. a todos (4:17–5:21)
a. “despojaos del viejo hombre. Renovaos. Vestíos del nuevo hombre”.
b. “No deis al diablo punto de apoyo. Sed imitadores de Dios”.
c. “En otro tiempo érais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad siempre
como hijos de luz”.
d. “No os embriaguéis con vino, sino sed llenos del Espíritu”.
2. a grupos en particular (5:22–6:9)
a. “esposas, someteos a vuestros propios maridos. Maridos, amad a vuestras
esposas”.
b. “Hijos obedeced a vuestros padres. Padres, educadlos tiernamente”.
c. “Esclavos, obedeced a vuestros amos. Amos, dejad las amenazas”.
instando a todos a vestirse con lo que Dios proveyó a la iglesia, es decir, la
E fectiva armadura. Conclusión
1. “Vestíos de toda la armadura de Dios” (6:10–20);
2. Conclusión (6:21–24).
56
[p 71]
Comentario
sobre la
Epístola a los Efesios
[p 72]
Capítulo 1
Versículos 1–14
Tema: La iglesia gloriosa
I. Adoración por su
E terno fundamento “en Cristo”
Después de la salutación de apertura (vv. 1 y 2) Pablo “bendice” a Dios por el hecho de ser
éste un fundamento:
1. que da como resultado “toda bendición espiritual” para los creyentes, para la alabanza
de la gloria de Dios el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo (vv. 3–14)
[p 73]
CAPITULO 1
EFESIOS
1 1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos y creyentes que están en
Efeso en Cristo Jesús; 2 gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 3
Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos santos e irreprensibles delante de él, 5 habiéndonos en amor predestinado
a la adopción como hijos por medio de Jesucristo para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad,
6 para alabanza de la gloria de su gracia, la cual bondadosamente nos confirió en el Amado, 7 en quien
tenemos nuestra redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, conforme a
las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en forma de toda sabiduría y
discernimiento, 9 en que nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme a su beneplácito, el
propósito que abrigó para sí mismo en él, 10 para ser llevado a efecto en el cumplimiento de los
tiempos, para reunir todas las cosas bajo una cabeza en Cristo, las cosas en los cielos y las cosas en
la tierra; en él 11 en quien nosotros también hemos sido hechos herederos, habiendo sido
predestinados conforme al propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su
voluntad, 12 a fin de que seamos para la alabanza de su gloria, nosotros que antes habíamos centrado
nuestra esperanza en Cristo; 13 en quien vosotros también (estáis incluidos), habiendo escuchado el
mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación; y habiendo también creído en él, fuisteis
sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 quien es la prenda anticipada de nuestra herencia,
para la redención de la propia posesión (de Dios), para alabanza de su gloria.
1:1, 2
Salutación de apertura
1. Según la costumbre de Pablo, la epístola se inicia con una salutación y termina con una
bendición. Al comienzo, Dios, por decirlo así, se hace presente en la iglesia reunida en adora-
ción y exhala sobre ella su bendición. Permanece con ella durante todo el culto y luego se re-
tira, pero no de la iglesia sino con la iglesia. No obstante, el que habla por medio de esta carta
es Pablo mismo. Y por supuesto que no lo hace como quien copia un mensaje grabado. Efe-
sios no es una cinta de transcribir ni tampoco un cassette grabado. Al contrario, es Pablo
mismo que abre su corazón y prorrumpe en alabanzas y acciones de gracias. Lo que escribe
57
es en realidad el producto de su propia meditación y reflexión. Es a la vez la espontánea ex-
presión de su corazón y [p 74] un esmerado producto de su mente. El oro que brota de su
corazón ha sido moldeado en una forma definida y (por qué no decirlo) artística por su mente.
Pero tal corazón y mente se hallan tan perfectamente controlados por el Espíritu que las
ideas expresadas y las palabras que les dan forma vienen a ser también (en un sentido, lo
fueron ante todo) las ideas y palabras del Espíritu Santo. De ahí que la palabra de Pablo es
realmente la Palabra de Dios. Efesios, al igual que el resto de las Escrituras, es exhalada o
inspirada de Dios. Cf. 2 P. 1:21; 2 Ti. 3:16; referente al último pasaje véase C.N.T. sobre 1 y 2
Timoteo y Tito, pp. 340–343.
El escritor de esta epístola recibió el nombre hebreo Saúl, en latín Paulus, en español
Pablo (aquí, en el original, parece helenizado: Paulos). Pablo no es un mero particular que,
habiendo concebido algo en su mente, desea darle expresión propia. No, él es, y quiere que
los efesios sepan que es un apóstol de Cristo Jesús, y esto no en un sentido amplio
solamente sino con el significado preciso y propio que corresponde a la palabra apóstol.
¿Acaso no recibió el llamado para el oficio directamente de Cristo? ¿Y no fueron las marcas de
su pleno apostolado pródigamente evidentes a través de su vida y obra? Pertenece a Cristo, y
le representa, y por eso el mensaje de Pablo es el mensaje de Cristo mismo. Cuando Pablo
saluda a los efesios “el Padre y el Señor Jesucristo” están otorgando sus bendiciones sobre
ellos.
Pablo prosigue, por la voluntad de Dios. El apóstol no ha llegado a este alto oficio por
anhelo propio ni por usurpación ni siquiera por nominación de otros hombres sino por divina
preparación, habiendo sido apartado y calificado por la actividad de la soberana voluntad de
Dios.
Como ya ha dado a conocer en forma más o menos detallada su nombre como escritor, el
apóstol se torna ahora a los destinatarios. Escribe a los santos y creyentes que están en
Efeso en Cristo Jesús. Tales santos son aquellos que el Señor ha apartado para que le glori-
fiquen, los consagrados, cuya tarea es proclamar las excelencias de Dios (1 P. 2:9). La frase
“los santos y creyentes” constituye una unidad. Los mismos que han recibido el nombre de
santos son llamados también creyentes, puesto que los santos que son fieles a su llamamien-
to ponen, indudablemente, su confianza en el Dios único y verdadero que se ha revelado a sí
mismo en Cristo.11
[p 75] La frase “en Efeso”, ya ha sido ampliamente discutida en la Introducción, IV A. Des-
tino. Pablo escribe al pueblo de Dios que se halla en Efeso y sus alrededores. Los destinata-
rios son “en Cristo Jesús”, es decir, lo son en virtud de su unión con él.12 Sin exagerar, esta
frase podría considerarse como la más importante en todas las epístolas paulinas. Tal frase, o
sus equivalentes (“en él”, “en quien”, “en el amado”) o casi equivalente (“en el Señor”) aparece
en nuestra epístola en 1:1, 3, 4, 6, 7, 9–13, 15, 20; 2:5–7, 10, 13, 21, 22; 3:6, 11, 12, 21; 4:1,
21, 32; 5:8; y 6:10, 21. También ocurre con mayor o menor frecuencia en otras epístolas de
Pablo (excepto Tito). Si los santos eran considerados santos y creyentes, lo eran en virtud de
su unión con Cristo, puesto que si reciben “toda bendición espiritual” (1:3) lo es debido a su
relación con él. Aquí, en forma especial y básica, las bendiciones referidas son la elección an-
tes de la fundación del mundo (1:4–6), la redención por medio de la sangre (1:7–12), la segu-
11 El que la expresión sea una unidad se ve también por el hecho de que en original el artículo definido no
se repite antes de la segunda palabra. Esta falta de repetición indica que es correcto traducir tanto la pri-
mera como la segunda de las dos palabras como nombre, y no como adjetivo; de ahí que, debe ser creyen-
tes, y no fieles. Los creyentes aquí en Ef. 1:1 son comparables a los hermanos creyentes en Col. 1:2.
12 La traducción “a los santos y creyentes en Cristo Jesús” (en lugar de “a los santos y creyentes que están
en Efeso en Cristo Jesús”) da la impresión como si Cristo Jesús fuese considerado como el sujeto del verbo
implicado creer. Pero esto iría en contra del significado acostumbrado de la frase “en Cristo Jesús”, y ade-
más destruiría la unidad del par “santos y creyentes”, como si las palabras “en Cristo Jesús” estuvieran
modificando la segunda palabra solamente.
58
ridad (“sellados”) como hijos y por lo tanto herederos (1:13, 14). Vemos claramente que ésta
es la interpretación que se adapta al contexto presente. Si no fuese por su conexión con Cris-
to, una relación muy cercana, tales personas no serían ahora santos y creyentes. Además,
sus vidas en el presente se hallan centradas en él. Para ellos “el vivir es Cristo” (Fil. 1:21). Le
aman ahora porque él les amó primero.
2. La propia salutación es la siguiente: gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo. De esta manera se pronuncia gracia sobre los santos de Efeso. Esta
palabra puede indicar a veces bondad, como cualidad o atributo de Dios o del Señor Jesucristo.
Puede también ser descriptiva del estado de salvación, y en tercer lugar, la gratitud de los
creyentes por la salvación recibida o por cualquier don de Dios. Pero en el caso presente se
refiere indudablemente al espontáneo e inmerecido favor de Dios en acción, su amorosa y
gratuita bondad en operación, la salvación concedida al pecador cargado de culpa. La gracia es
la fuente. La paz pertenece al chorro de bendiciones espirituales que de esta fuente emanan.
Esta paz es la sonrisa de Dios que se refleja en el corazón de los redimidos, la seguridad de la
reconciliación mediante la sangre de Cristo, y la auténtica integridad y prosperidad espiritual.
Es la gran bendición que Cristo otorga a la iglesia mediante su sacrificio expiatorio (Jn.
14:27), y que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7).
Ahora bien, esta gracia y esta paz tienen su origen en Dios el Padre [p 76] (Stg. 1:17) y
han sido merecidas en favor del creyente por Aquel que es el gran Maestro-Propietario-
Conquistador (“Señor”), Salvador (“Jesús”), y Oficial (“Cristo”) y quien, debido a su triple un-
ción—vale decir, Profeta, Sacerdote, Rey—“puede salvar hasta lo sumo a los que por medio de
él se acercan a Dios” (Heb. 7:25).13
Para mayores datos referentes a ciertos aspectos de las salutaciones de apertura usadas
por Pablo véase C.N.T. en 1 y 2 Tesalonicenses, pp. 47–56; Filipenses, pp. 55–62; 1 y 2
Timoteo y Tito pp. 59–66, 383–388.
Pasando ahora al cuerpo de la carta, Pablo “bendice” a Dios por el Eterno Fundamento “en
Cristo”, un fundamento:
1:3–14
1. que da como resultado “toda bendición espiritual” para los creyentes, para la alabanza
de la gloria de Dios el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo (vv. 3–14).
3. Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. La bondad, la verdad y
la belleza se combinan en esta doxologa inicial, en la cual el apóstol, por medio de palabras
que son hermosas tanto por los pensamientos que expresan como por su artística presenta-
ción, derrama su alma en verdadera adoración por la bondad de Dios en efectiva actividad.
Atribuye a Dios el honor debido por sus bendiciones espirituales pasadas (la elección), pre-
sentes (la redención), y futuras (certificación como hijos que han de tomar posesión total de la
herencia reservada para ellos). El apóstol comprende que las bendiciones divinas concedidas
al pueblo de Dios deben ser reconocidas con humildad, gratitud, y entusiasmo tanto en pen-
samiento como en palabras y hechos. Tal respuesta es la única forma adecuada en que estas
mercedes espirituales pueden ser “devueltas” a su dador. El ciclo ha de ser completado: ¡Lo
que proviene de Dios debe retornar a él! Esto es lo que se quiere significar al decir, “Bendito
(sea) …”.14
13 La sóla preposición de introduce toda la expresión “Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo”, mostrando
que estas dos personas ocupan un lugar al nivel de absoluta igualdad.
14 En cuanto a bendición dirigida a Dios véase C.N.T. sobre 1 Timoteo y Tito pp. 85 (incluyendo la nota 34).
Aunque de acuerdo a su forma εὔλογητός es un adjetivo verbal que propiamente significa “digno de alaban-
za”, no obstante, de acuerdo a su uso posterior no hay nada que impida que pueda tener el sentido de un
participio perfecto. En cuanto a la cópula, Lenski la dejaría definitivamente fuera. Dice, “No hay que agre-
59
La oración que comenzó con “Bendito (sea)” avanza rodando [p 77] como una bola de nieve
por una pendiente, creciendo en volumen a medida que desciende. Sus 202 palabras, y los
abundantes calificativos que ellas forman, ordenados como tejas en un techo o como pelda-
ños en una escala, son como encabritados corceles que al ser liberados se lanzan a impetuo-
sa velocidad. Juan Calvino dice, “Los elevados términos con que él (Pablo) exalta la gracia de
Dios hacia los efesios, tienen el propósito de excitar la gratitud en sus corazones, inflamarles,
llenarles hasta que tal disposición sobrepase los bordes”. El “ardiente corazón” de Pablo tien-
de también a inflamar a otros corazones con la sincera, humilde, y desbordante alabanza al
“Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Cf. Ro. 15:6; 2 Co. 1:3; 11:31. Siendo que Jesús,
además de ser Dios, era y es también hombre, y siendo que se dirige a la primera Persona de
la Trinidad como “mi Dios” (Mt. 27:46), es evidente que el título entero “El Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo” queda justificado. En cuanto al término “Padre”, es evidente que si
el título “Dios de nuestro Señor Jesucristo” enfatiza su naturaleza humana, el de “Padre de
nuestro Señor Jesucristo” llama la atención a la divina naturaleza del Hijo, ya que en esta
epístola profundamente trinitaria se hace referencia al Hijo, no en relación a su natividad
sino en su conexión con la Trinidad, en la cual, el Amado, que aparece bajo diferentes
nombres, es colocado al mismo nivel y se le menciona siempre en conjunto con el Padre y el
Espíritu (2:18; 3:14–17; 4:4–6; 5:18–20). Cristo es el Hijo de Dios por generación eterna.
Véase también C.N.T. sobre el Evangelio de Juan, pp. 90–93. Ahora bien, el hecho de llamar a
la primera persona de la Santa Trinidad “El Padre de nuestro Señor Jesucristo” tiene un
propósito muy práctico según lo muestra claramente el apóstol en 2 Co. 1:3. En su calidad de
Padre de nuestro Señor Jesucristo, él es “El Padre de misericordia y Dios de toda
consolación”. Es por conducto de Cristo que nos viene toda bendición espiritual desde el
padre. Y si Cristo es el “Hijo del amor de Dios” (Col. 1:13), entonces Dios debe ser el Padre de
amor, el Padre amante. Obsérvese además aquella hermosa palabra de fe posesiva, vale decir,
nuestro: “el Padre nuestro Señor Jesucristo”. Es notable cómo esto acerca a Cristo al corazón
del creyente, y no solamente a Cristo sino también al Padre. ¡Indudablemente Cristo y el
Padre son Uno! Con referencia al título “Señor Jesucristo” véase el versículo 2 más arriba.
Pablo prosigue, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares ce-
lestiales en Cristo. El Padre bendice a sus hijos al derramar dones sobre ellos de tal modo
que estas mercedes o experiencias, de cualquier naturaleza que sean, les ayudan a bien (Ro.
8:28). Junto con los dones, se da a sí mismo (Sal. 63:1; cf. Ro. 8:32). Entendemos que no es
verdad que el Antiguo Testamento considere los [p 78] bienes materiales como de mayor valor
que los espirituales, puesto que se enseña claramente lo contrario en pasajes tales como Gn.
15:1; 17:7 Sal. 37:16; 73:25; Pr. 3:13, 14; 8:11, 17–19; 17:1; 19:1, 22; 28:6; Is. 30:15; cf.
Heb. 11:9, 10, sin embargo, es verdad que entre los dos testamentos existe una diferencia de
grado en cuanto a la complejidad de los detalles con que las bendiciones terrenales o físicas
se describen (Ex. 20:12; Dt. 28:1–8; Neh. 9:21–25). Dios es por siempre el sabio pedagogo que
toma a sus hijos de la mano y sabe que en la antigua dispensación, “cuando Israel era niño”,
se necesitaba esta descripción circunstancial de los valores terrenales a fin de que por medio
de estos, a modo de símbolos (p. ej., la Canaán terrenal es símbolo de la celestial), ellos po-
drían llegar a la justa apreciación de lo espiritual (cf. 1 Co. 15:46). El Nuevo Testamento,
aunque de ninguna manera quita importancia a las bendiciones terrenales (Mt. 6:11; 1 Ti.
4:3, 4), pone todo su énfasis en lo espiritual (2 Co. 4:18), y bien pudo ser que para acentuar
esta diferencia entre la antigua y la nueva dispensación, se declara aquí que el Padre de
nuestro Señor Jesucristo nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Es mejor permitir al
gar nada, léase la palabra como una exclamación”. Sin embargo, aun una exclamación de este tipo tiene
un verbo implicado. Algunos favorecen el indicativo εστἰν (cf. Ro. 1:25 y LXX Sal. 118:2) y la traducción
“Digno de bendición es”; más corriente es la traducción “Bendito sea” o “Alabanza sea a”, en base al optati-
vo εἴη. Finalmente, la diferencia es mínima, como aun la expresión “Digno de bendición es” podría impli-
car, “Por tanto, sea él bendito (o alabado)”.
60
contexto indicar la naturaleza y el contenido de estas bendiciones. Aunque, seguramente, la
palabra toda claramente prueba que sería un error substraerle aun el más pequeño de los
dones invisibles de la lista de aquellos “vastos beneficios divinos que poseemos en Cristo”, no
obstante el contexto indica que el apóstol está pensando especialmente en—o resumiendo
todos estos beneficios bajo—aquellos que se mencionan en el párrafo presente, a saber, elec-
ción (y su acompañamiento, predestinación a la adopción), redención (implicando el perdón y
la gracia sobreabundante en forma de toda sabiduría y discernimiento), y la certificación (“se-
llados”) como hijos y herederos.
La frase “en los lugares celestiales” o sencillamente “en los celestiales” (usado en el sentido
local en 1:20; 2:6; 3:10, y probablemente también en forma local en 6:12) indica que estas
bendiciones espirituales son celestiales en cuanto a su origen, y que desde el cielo descienden
a los santos y creyentes en la tierra (cf. 4:8; y véase C.N.T. sobre Fil. 3:20 y sobre Col. 3:1).
Para el significado de “en Cristo” véase sobre el versículo 1. Esta frase o su equivalente
aparece más de diez veces en este breve párrafo (1:3–14), que es clara evidencia del hecho
que el apóstol considera a Cristo como el fundamento mismo de la iglesia, esto es, de todos
sus beneficios, o su total salvación. Es en conexión con Cristo que los santos y creyentes en
Efeso (y en cualquier otro lugar) han sido bendecidos con toda bendición espiritual: la
elección, la redención, y la certificación como hijos y herederos y todos los demás beneficios
incluidos bajo estos encabezamientos. Fuera de él no solamente nada [p 79] pueden hacer
sino que nada son, vale decir, equivalen a nada en el sentido espiritual.
4. Pablo prosigue, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo.
La elección
(1) Su autor
El autor es “El Dios y Padre nuestro Señor Jesucristo”, según se ha indicado ya (véase
sobre v. 3). Por supuesto que esto en ninguna manera invalida el hecho de que todas las
actividades que afectan las relaciones extra-trinitarias puedan atribuirse al Padre, Hijo y
Espíritu Santo. Sin embargo, según se muestra aquí, es el Padre quien tiene la dirección en la
obra divina de la elección.
(2) Su naturaleza
Elegir significa tomar o escoger algo de (para sí mismo). Aunque el pasaje mismo no indica
en forma definida la masa de objetos o individuos de entre los cuales el Padre elige a algunos,
no obstante, este inmenso grupo queda definido claramente por medio de la cláusula de
propósito “para que fuésemos santos e irreprensibles delante de él”. En consecuencia, aquella
extensa masa de individuos de entre los cuales el Padre elige a algunos se consideran aquí
como carentes de santidad y viles. Tal interpretación se ajusta al contexto. Provee una de las
razones (véase Síntesis al final del capítulo para más argumento) que explican por qué el
alma del apóstol está llena de tal arrobamiento que dice “Bendito (sea) el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que … nos escogió”. Quiere decir: nosotros ¡totalmente indignos
ante su presencia! No trata de dar explicaciones de cómo es posible para Dios hacerlo. Se da
cuenta perfectamente que cuando el hombre se enfrenta a tal manifestación de maravillosa
gracia, la única respuesta adecuada es adoración y no el entrar en explicaciones.
(3) El sujeto
El sujeto es “nosotros”, no todos los seres humanos. Este pronombre “nosotros” ha de ser
entendido a la luz de su contexto. Pablo está escribiendo a “santos y creyentes” (v. 1). Dice
que el Padre nos ha bendecido a “nosotros”, esto es, “todos los santos y creyentes” (en este
caso la referencia específica es a los que están en Efeso) incluyendo a Pablo (v. 3). Por esto
entonces, cuando el apóstol prosigue, “según nos escogió”, este “nos” no puede repentina-
61
mente referirse a todos los hombres sin distinción, sino que debe referirse necesariamente a
todos aquellos que son (o que han sido destinados [p 80] para que en algún tiempo de la his-
toria del mundo sean) “santos y creyentes”; vale decir, a todos los que, habiendo sido separa-
dos por el Señor para que le glorifiquen, se rinden a él por medio de una fe viva.
Es por esta razón contextual (y también por otras) que no puedo estar de acuerdo con la
argumentación de Karl Barth de que en conexión con Cristo toda la humanidad sin distinción
ha sido elegida, y que la diferencia fundamental no es entre elegidos y no elegidos sino más
bien entre los que se hallan conscientes de su elección y los que no lo están.15
(4) Su fundamento
El fundamento de la iglesia, de toda su salvación desde el principio hasta el fin, y por
supuesto de su elección, es Cristo. Pablo dice “El (“el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo”) nos eligió en él”. El eslabón entre los versículos 3 y 4 es esta frase. Podríamos
hacer resaltar esto con la siguiente traducción, “Dios el Padre nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él …” En otras palabras,
en un punto del tiempo Dios nos bendijo en Cristo de acuerdo a la elección que hizo de
nosotros desde la eternidad en él (en Cristo). Aunque algunos sostienen que éste “así como, o
según” está denotando solamente correspondencia, en el sentido de que existe un perfecto
acuerdo entre las bendiciones y la elección, puesto que ambas son “en Cristo”, podría
preguntarse si tal interpretación agota enteramente el significado de la palabra usada en el
original.16 Además de un punto gramatical (para lo cual véase la nota 16), la enseñanza de
Pablo es que la elección desde la eternidad y los pasos subsecuentes en el orden de la
salvación no han de ser considerados como detalles independientes uno del otro sino como
eslabones de una cadena de oro, según se ve bien claro en Ro. 8:29, 3. La elección, entonces,
es la raíz de todas las bendiciones subsecuentes. Es como Jesús dijo en su oración
intercesora, “… para [p 81] que a todos aquellos que les has dado, les dé vida eterna” (Jn.
17:2). Véase también Jn. 6:37, 39, 44; 10:29. En consecuencia, partiendo de la base que la
elección es desde la eternidad, que también es la raíz de todas las bendiciones que siguen, y
que además es “en él”, Cristo no sólo es el fundamento de la iglesia sino el fundamento eterno.
Ahora viene a la mente la pregunta, “¿Cómo se ha de entender el que los santos y creyen-
tes han sido elegidos en Cristo?” La contestación que se da a menudo es la siguiente: fue de-
terminado en el consejo de Dios que en algún punto del tiempo estas personas llegarían a
creer en Cristo. Aunque, indudablemente, esto se halla también implicado, sin embargo, no es
respuesta suficiente y no hace justicia a todo lo que Pablo y otros escritores inspirados ense-
ñaron con respecto a este importante punto. La respuesta básica debe ser que desde antes de
la fundación del mundo Cristo fue el representante y el fiador de todos los que en algún pun-
to del tiempo serían recogidos en el redil. Esto fue necesario, puesto que la elección no es una
abrogación de los atributos divinos. Ya se ha establecido que en el trasfondo del decreto divi-
no se halla el funesto hecho de que a los elegidos se les ha considerado desde el comienzo
mismo enteramente indignos, envueltos en ruina y perdición. Ahora bien, el pecado tiene que
ser castigado. Las demandas de la santa ley de Dios deben ser satisfechas. El Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo no deja de lado la justicia ni cancela las demandas de su ley. ¿Có-
15 Para la enseñanza de Karl Barth sobre este tema véase su “Gottes Gnadenwhal”, Die Lehre Von Gott, Die
Kirchliche Dogmatik, 11/2 (3e Auflage, 1948). Véase también G. C. Berkouwer, De Triomf der Genade in de
Theologie van Karl Barth (Kampen, 1954); C. Van Til, The New Modernism: an appraisal of the theology of
Barth and Brunner (Filadelfia, 1946), y por el mismo autor, Has Karl Barth Become Orthodox? (Filadelfia,
1954); F. H. Klooster, The Significance of Barth Theology: An Appraisal, With Special Reference to Election
and Reconciliation (Grand Rapids, 1961); y Edwin D. Roels, God’s Mission, The Epistle to the Ephesians in
Mission Perspective, disertación doctoral presentada en “Free University” de Amsterdam (Franeker, 1962).
16 En caso similar καθώς, al comienzo de una cláusula, es usado como conjunción y no en un sentido me-
ramente de comparación o correspondencia sino de causa (4:32; también Ro. 1:28; 1 Co. 1:6; 5:7; Fil. 1:7).
62
mo puede ser entonces posible para Dios otorgar tan grande, gloriosa, y fundamental bendi-
ción como lo es la elección a “los hijos de ira”, y aun hacer esto sin que vaya en desmedro de
su naturaleza misma y la inviolabilidad de su santa ley? Se responde que esto es posible de-
bido a la promesa del Hijo (en completo acuerdo con el Padre y el Espíritu), “He aquí yo ven-
go; en el rollo del libro está escrito de mí; me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío; y
tu ley está en medio de mi corazón” (Sal. 40:7, 8. Cf. Heb. 10:5–7; Gá. 4:4, 5; Fil. 2:6–8). “En
Cristo”, entonces, los santos y creyentes, aunque inicialmente y por naturaleza totalmente
indignos, son justos ante la presencia misma de Dios, ya que Cristo prometió que él satisfaría
todas las exigencias de la ley en lugar de ellos, promesa que tuvo su total cumplimiento (Gá.
3:13). Esta justicia forense es fundamental para todas las demás bendiciones espirituales. En
consecuencia,
Solo a ti, oh Dios, se ha de dar
Toda la gloria y renombre;
No la osamos nosotros tomar,
Ni robar la corona a tu nombre.
[p 82] Eras tú solo nuestro fiador
En el plan de la redención;
Nos dio en ti de su gracia el favor,
Siglos antes de la creación.
(Augustus M. Toplady, 1774;
revisado por Dewey Westra 1931)
(5) Su tiempo
Se dice que esta elección tuvo lugar “antes de la fundación del mundo”. Esto es, “desde la
eternidad”. Además, habiendo ocurrido “en él”, todo se presenta ante nuestra vista
enteramente razonable, puesto que él es Aquel cuya “preciosa sangre como la de un cordero
sin defecto e inmaculado”, era “conocida aun antes de la fundación del mundo” (1 P. 1:19,
20).17 La inmutabilidad del plan eterno de Dios con respecto a sus elegidos no fue una
invención paulina. Fue enseñanza de Jesús mismo. Fue él quien se refirió a aquellos que amó
como los que le fueron dados (véase Jn. 6:39; 17:2, 9, 11, 24; cf. 6:44). El hecho de que haya
hecho la promesa de su sacrificio expiatorio por ellos desde la eternidad puede ser con toda
probabilidad un elemento que haya entrado en el amor del Padre por él; cf. las palabras de la
oración intercesora, “¡Padre! yo quiero que aquellos también que me has dado, estén conmigo
en donde yo estoy, para que vean mi gloria, que tú me has dado: porque me amaste desde
antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24). En este y similares pasajes (véase también Mr.
13:35; Heb. 4:3) se ve al universo como un edificio, y su creación como la colocación del
fundamento de todo el edificio.
El punto que debe ser enfatizado en relación a esto es el hecho de que si ya antes de la
fundación del mundo los que estaban destinados para vida eterna habían sido elegidos, luego
toda la gloria de su salvación pertenece a Dios, y a él solamente. Por eso que, “¡Bendito (sea)
el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!” Véase 2:5, 8–10.
(6) Su propósito
17Si junto con V.R.V., V.M. y otras (y la muy similar versión Berkeley y Lenski) se traduce Ap. 13:8 “el
Cordero inmolado (o sacrificado) desde la fundación (o principio) del mundo”, la doctrina de la elección
desde la eternidad “en él” recibe apoyo adicional.
63
El propósito de la elección lo hallamos en las palabras, para que fuésemos santos e irre-
prensibles delante de él. Es digno de especial consideración que Pablo no dice, “El Padre
nos eligió porque supo de antemano que seríamos santos”, etc. Dice, “para (o: a fin de que)
fuésemos santos”, etc. La elección no fue condicionada a méritos [p 83] vistos de antemano ni
siquiera a una fe conocida de antemano. ¡La elección es la raíz de la salvación y no su fruto!
Sin embargo, queda en claro que no se disminuye ni un ápice la responsabilidad propia y la
auto-actividad del hombre. Cuando el decreto divino para salvación se lleva históricamente a
cabo en la vida de algún individuo, no es por medio de presión externa. Motiva, capacita,
actúa. Impele pero no compele. La mejor descripción es probablemente la que se halla en Los
cánones de Dort III y IV. 11, 12.
“Además, cuando Dios lleva a cabo este su beneplácito en los predestinados y obra en
ellos la conversión verdadera, lo lleva a cabo de tal manera que no sólo hace que se les
predique exteriormente el evangelio, y que se les alumbre poderosamente su inteligencia por
el Espíritu Santo a fin de que lleguen a comprender y distinguir rectamente las cosas que son
del Espíritu de Dios; sino que él penetra también hasta las partes más íntimas del hombre
con la acción poderosa de este mismo Espíritu regenerador; él abre el corazón que está
cerrado; él quebranta lo que es duro; él circuncida lo que es incircunciso; él infunde en la
voluntad propiedades nuevas, y hace que esa voluntad, que estaba muerta, reviva; que era
mala, se haga buena; que no quería, ahora quiera realmente; que era rebelde, se haga
obediente; él mueve y fortalece de tal manera esa voluntad para que pueda, cual árbol bueno,
llevar fruto de buenas obras … Así la voluntad, siendo entonces renovada, no sólo es movida
y conducida por Dios, sino que, siendo movida por Dios, obra también ella misma. Por lo cual
con razón se dice que el hombre cree y se convierte en virtud de la gracia que ha recibido”.
Véase Fil. 2:12, 13 y 2 Ts. 2:13.
Según el propósito que ya se ha establecido, es evidente que la elección no conduce al
hombre solamente hasta medio camino; le lleva hasta el final. No solamente le guía a la
conversión; además, hasta la perfección. Se propone hacerle santo—es decir, limpio de todo
pecado y separado enteramente para Dios y su servicio—e irreprensible—esto es, sin mancha
alguna (Fil. 2:15), como un sacrificio perfecto. Esta, y nada menos, es la meta consciente de
aquellos en cuyos corazones Dios ha comenzado a operar con su plan de eterna elección. Es
la meta de los creyentes en esta vida presente (Lv. 19:2), y llegará a su total realización en el
más allá (Mt. 6:10; Ap. 21:27).
La absoluta e inmutable perfección de la meta ética recibe un énfasis adicional por medio
de la frase “delante de él”, es decir, delante de Dios en Cristo. Lo que más importa no es lo
que somos ante la opinión de los hombres sino lo que somos en los ojos de Dios.
[p 84] (7) Su descripción adicional
5. Una descripción ampliada de la elección, indicando la forma que toma, se halla en las
palabras, habiéndonos en amor18 predestinado a la adopción como hijos. Esta predesti-
18
Al igual que N.N., F.W. Grosheide, De Brief Van Paulus Aan De Efeziërs (Commentaar op het Nieuwe Testa-
ment), Kampen, 1960, p. 18, R.S.V. (texto), versión Berkeley, y muchas otras, yo traduzco ἐν ἀγάπη con el
v. 5, y no con el v. 4. En favor de unirlo al v. 4—con N.T. Gr. (A-B-M-W)—se pretende:
(1) que es costumbre de Pablo colocar esta frase después de la cláusula que modifica (S. D. F. Salmond,
The Epistle to the Ephesians, the Expositor’s Greek Testament, Vol. 3, Grand Rapids, Mich., sin fecha, p.
251); y
(2) que el ritmo de la oración requiere esto (R. C. H. Lenski, op. cit., p. 359).
Sin embargo, en lo relativo a (1) se puede responder que los pasajes aludidos (Ef. 4:2, 15, 16; 5:2; Col.
2:2; 1 Ts. 5:13) prueban que el hábito de Pablo es colocar esta frase cerca de la cláusula a la cual modifica;
y en cuanto (2), no está claro porqué el ritmo ha de exigir la unión de esta frase con la cláusula precedente.
En favor de considerar la frase como modificativo de προορίσας se puede mencionar lo siguiente:
64
nación no ha de considerarse como una actividad divina previa a la elección. Es el sinónimo
de esta última, una aclaración adicional de su propósito. Al Padre se le describe como
habiendo prefijado el horizonte o circunscrito a sus elegidos. En su amor ilimitado, sin que
existiese causa alguna aparte de sí mismo, les separó para que fuesen sus propios hijos.
“Como las montañas están alrededor de Jerusalén, así Jehová está alrededor de su pueblo”
(Sal. 125:2). Les destinó para que fuesen miembros de su propia familia (Cf. Ro. 8:15; Gá.
4:5). Es casi inútil buscar analogías humanas, ya que la adopción a la cual Pablo se refiere es
superior a cualquier cosa que ocurra en la tierra. Concede a los que son objetos de ella no
solamente un nuevo nombre, una nueva condición legal, y una nueva relación familiar, sino
también una nueva imagen, la imagen de Cristo (Ro. 8:29). Los padres terrestres pueden
adoptar niños y amarles en gran manera; sin embargo, no les es posible impartir a ellos su
espíritu como quisieran. No son dueños de los factores hereditarios. ¡Cuando Dios adopta,
imparte a la vez su Espíritu! Esta adopción se lleva a cabo por medio de Jesucristo para sí
mismo. Tal adopción llega a ser una realidad mediante la obra de Cristo. Es por los méritos
de su expiación que los elegidos reciben su nueva condición y también son transformados al
espíritu de filiación. Así, llegan a ser hijos de Dios para Su glorificación.
[p 85] El modificativo según el beneplácito de su voluntad no solamente se ajusta al
contexto inmediato (“para sí mismo”), sino que también armoniza en forma excelente con las
palabras “habiéndonos en amor predestinado”. Cuando el Padre eligió un pueblo para sí
mismo, decidiendo adoptarles como hijos propios, fue motivado únicamente por el amor. Por
eso no fue esto resultado de una simple determinación sino un acto de supremo deleite.
Alguien podría estar totalmente decidido a someterse a una seria operación. También, podriá
haber determinado hacer un precioso jardín de rosas. Ambos son aspectos de la voluntad; sin
embargo, solamente el último tiene que ver con deleite, vale decir, según el beneplácito de su
voluntad. Así, Dios, que no aflige de corazón (Lm. 3:33), se deleita en la salvación de los
pecadores (Is. 5:4; Ez. 18:23; 33:11; Os. 11:8; Mt. 23:37; cf. Lc. 2:14; Ro. 10:1).
6. Esta elección, que se describe como una predestinación para ser adoptados como hijos,
es para alabanza de la gloria de su gracia (del Padre). Este es el propósito final. El designio
inmediato (o intermedio) ha sido ya mencionado, a saber, “para que fuésemos santos e
irreprensibles delante de él”, y siguiendo en la misma línea, para que recibiésemos “la
adopción de hijos”. La meta final, hacia la cual todo lo demás contribuye, es el
reconocimiento con adoración (“alabanza”) de la excelencia manifestada (“gloria”) en favor de
los indignos (“gracia”) de aquel a quien se le llama “el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo”. (El concepto de gloria ha sido tratado en forma extensa en el C.N.T. sobre
Filipenses, p. 76, nota al pie 43. Referente al significado de gracia véase también sobre 1:2;
2:5,Se8).observa claramente que ahora el énfasis se dirige en forma especial hacia aquella ma-
ravillosa gracia. Fue la extasiada contemplación de aquel amor concedido tan espontánea-
mente en favor de los que se describen como perdidos en pecado y arruinados lo que mueve
al alma del apóstol a exclamar, “Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.
Tal exclamación, además, era genuina. Los paganos a veces también dan alabanzas y atribu-
yen honor a sus dioses, pero en el caso de ellos la motivación es totalmente diferente. Lo
hacen para calmar la ira de sus dioses o para obtener algún favor. De modo que tal alabanza
(1) Parecería no existir buena razón para ligar la frase con el lejano ἐξελέξατο en lugar del vecino
προορίσας. Con ἁγίους καὶ ἀμώμους no resulta natural.
(2) La idea de que Dios en su amor predestinase a su pueblo para ser hijos—hijo que es objeto del amor
de su padre—tiene excelente sentido.
(3) El hecho de que en la redención del hombre, Dios (o Cristo) fue movido por el amor está en armona
con otros pasajes de esta misma epístola (2:4; 3:19; 5:2, 25).
(4) Es doctrina paulina constante (Ro. 5:8; 8:28, 35, 37; 2 Co. 5:14; 13:11; Gá. 2:20; 2 Ts. 2:16; Tit.
3:4).
65
tiene finalmente como objeto al hombre mismo y no al dios a quien pretende honrar. Se ase-
meja a la ofrenda de Caín que fue inaceptable para Dios. Aquí en Efesios, sin embargo, al fi-
nal de cada párrafo (véase vv. 6, 12, 14) hallamos adoración auténtica, una adoración que no
sólo brota al contemplar el propósito divino de salvar al hombre, sino que además incluye la
ofrenda de acción de gracias presentada a Dios por su siervo Pablo, cuyo corazón se halla en
armonía con el propósito de su Hacedor-Redentor.
Es perfectamente natural que la gracia de “el Dios y Padre de [p 86] nuestro Señor
Jesucristo” estuviese centrada en el Amado. De ahí que Pablo contińua, la cual19
bondadosamente nos confirió en el Amado. Se podría traducir de la siguiente manera: “con
la cual nos ha bendecido liberalmente”. Pero la versión, indicada arriba en negrilla, conserva
hasta cierto punto el juego de palabras del original.20 Cuando el Padre imparte un favor, lo
hace con alegría de corazón, sin restricción. Además, su don alcanza al corazón mismo del
que lo recibe efectuando una transformación. Si el Padre, en forma tan generosa derrama su
gracia sobre nosotros, es, por supuesto y según ya se ha explicado, únicamente en conexión
con el Hijo (véanse vv. 3 y 4 más arriba). Al Hijo se le llama aquí “el Amado”. Cf. Col. 1:13, “el
Hijo de su amor”. Siendo que Cristo por medio de su muerte mereció para nosotros toda
bendición espiritual, y por tanto desea para nosotros tales bienes, y siendo también que el
Padre ama al Hijo, resulta perfectamente razonable que, en consideración al Amado, el Padre
nos conceda con agrado todo lo que nos es necesario. A esto debemos agregar el hecho de que
el Padre mismo dio a su Hijo con este fin. Por tanto, “El que ni aun a su propio Hijo perdonó,
sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia todas
las cosas juntamente con él?” (Ro. 8:32).
Se dice a menudo que Cristo es el amado del Padre porque siempre le obedeció en todo.
Esto, desde luego, es verídico y bíblico (Jn. 8:29). Sin embargo, es necesario puntualizar en
conexión a esto que lo que evocó el amor del Padre era especialmente la calidad de la
obediencia. Sabiendo el Hijo lo que agrada al Padre y está en armonía con su voluntad, no
espera que el Padre le diera la orden de hacer esto o lo otro, sino que de buen grado se ofrece
a sí mismo. Se presenta voluntariamente para realizar los deseos del Padre. Jamás es pasivo,
ni aun en su muerte, sino que pone su vida. “Por esto el Padre me ama, por cuanto yo pongo
mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que la pongo de mí mismo. Poder tengo
para ponerla, y poder tengo para volverla a tomar”. (Jn. 10:17, 18; cf. Is. 53:10). Es este
maravilloso deleite de parte del Hijo para hacer la voluntad del Padre y de esta manera salvar
a su pueblo aun al alto precio de su vida, sí, “y muerte de cruz” (Fil. 2:8), lo que mueve al
Padre a exclamar vez tras vez, “Este es mi Hijo amado”. Verdaderamente ya el Padre había
proferido tal exclamación “antes de la fundación del mundo”. Aun entonces derramó su amor
infinito sobre su Hijo (Jn. 17:24), movido [p 87] sin duda, entre otras razones, por la gloriosa
decisión de este último, “He aquí, yo vengo” (Sal. 40:7; cf. Heb. 10:7). Seguramente, esta es la
forma verdaderamente humana de hablar de tales realidades, ¿Pero en qué otra forma
podríamos hablar de ellas? La exclamación del Padre fue repetida en ocasión del bautismo del
Hijo (Mt. 3:17), cuando en forma visible el Hijo tomó sobre sí el pecado del mundo (Jn. 1:29,
33); y nuevamente en relación con la transfiguración (Mt. 17:5; 2 P. 1:17, 18), cuando otra
vez, y en forma más vívida, el Hijo elige voluntariamente la senda de la cruz.21
7. En el segundo párrafo se desíva la atención desde el cielo a la tierra, desde el pasado al
presente, y, en cierto sentido, desde el Padre hacia el Hijo. Digo “en cierto sentido” puesto que
el cambio no es abrupto en manera alguna. La estrechísima conexión que existe entre el Pa-
22La connotación más general que se fija a la palabra en Lc. 21:28; Ro. 8:23; 1 Co. 1:30; Ef. 1:14; Heb.
11:35, pasajes en los cuales la idea de rescate es dejada de lado, y se retiene solamente la de liberar, sol-
tar, etc., no altera este hecho.
67
Ahora bien, el propósito de esta redención fue “para que fuésemos liberados del pecado”.
Fue con este fin fijo en su mente y corazón, que “derramó su sangre y murió en la cruz”. De
ahí que Pablo dice, “el Amado, en quien tenemos redención por medio de su sangre”, el [p 89]
perdón de nuestras transgresiones. Estas dos—a. redención por medio de su sangre y b.
perdón de las transgresiones—van juntas. La redención no estaría completa si no se procura-
se el perdón. Aun Israel en la antigua dispensación entendía esto. En el día de la expiación la
sangre de un macho cabrío era rociada sobre el propiciatorio. El otro macho cabrío, sobre
cuya cabeza eran confesados los pecados, era enviado lejos para nunca volver. Ahora aquí en
Ef. 1:7 la idea de completa remoción del pecado constituye el significado mismo de la palabra,
usada en el original, traducida por perdón (o remisión). Otros pasajes que proyectan luz sobre
el significado son Sal. 103:12 (“cuanto dista el oriente del occidente, tanto ha alejado de
nosotros nuestras transgresiones”), Is. 44:22 (“He borrado, como niebla, tus transgresiones, y
como una nube, tus pecados; ¡vuélvete a mí, porque yo te redimí!”), Jer. 31:34 (“… y no me
acordaré más de sus pecados”), Mi. 7:19 (“y tú arrojarás todos sus pecados a las
profundidades del mar”), y 1 Jn. 1:9 (“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda iniquidad”).
En lo concerniente a su derivación, la palabra que se traduce por transgresión significa
caer al costado de. De ahí entonces, es una desviación de la senda de la verdad.23 Tal desvia-
ción puede ser de naturaleza grave o bien leve. En Efesios no queda excluida ninguna de ellas
y todas son consideradas como desviaciones graves, arraigadas en la naturaleza misma del
hombre corrompido por la caída, según observamos en 2:1, “y a vosotros (os vivificó), aun
cuando estábais muertos mediante vuestras transgresiones y pecados” (cf. 2:3, 5). Con refe-
rencia a la palabra perdón véase también C.N.T. sobre Colosenses, pp. 139–141.
Ahora bien, el perdón tiene lugar conforme a las riquezas de su (del Padre) gracia. El
perdón y la gracia están en completa armonía. La norma establecida por la gracia de Dios de-
termina la naturaleza de su perdón. En cuanto al significado de gracia véase sobre 1:2 más
arriba; cf. también 1:6; 2:5, 7, 8. Obsérvese que el Padre no perdona meramente haciendo
uso de, sino conforme a, las riquezas de su gracia. Valga la siguiente ilustración. Imaginemos
a dos personas muy ricas. Al pedirles que contribuyan a una buena causa, ambos dan de sus
riquezas. El primero, sin embargo, dona una cantidad miserable muy lejos de lo que de él se
esperaba. Este, solamente da de sus riquezas, pero no conforme a ellas. El segundo es gene-
roso con sus donaciones hacia cualquier causa noble. Da conforme al monto de su fortuna. [p
90] Dios siempre da y perdona conforme a sus riquezas. ¡El, de veras, es rico! Su gracia hacia
el indigno es de carácter infinito. 8. El apóstol prosigue, que24 hizo sobreabundar25 para con
nosotros en forma de toda sabiduría y discernimiento. En un pasaje similar (1 Ti. 1:14) el
apóstol declara, “y ha sobreabundado la gracia de nuestro Señor, con fe y amor, que son en
Cristo Jesús”. Así como en aquel pasaje se dice que la gracia ha encendido la fe y el amor, así
aquí que la gracia inunda los corazones de los creyentes con sabiduría y discernimiento. Sa-
biduría es conocimiento en acción. Es la habilidad para aplicar el conocimiento a fin de conse-
guir los mejores resultados, capacitando a una persona para usar los medios más efectivos
para alcanzar las más altas metas. El discernimiento (cf. Col. 1:9, entendimiento) viene como
resultado de poner nuestro pensamiento en la revelación redentora en Cristo, el misterio de su
voluntad, puesto que el apóstol prosigue: 9.… en que nos hizo conocer el misterio de su
voluntad. Dios lo dio a conocer a Pablo (3:3) quien, a su vez, se regocija en el privilegio de
23 Véase R.C. Trench, Synonyms of the New Testament par. lxvi. Señala que aunque a veces se halla vincu-
lado a ella un significado más suave como falta, error, equivocaciòn, etc., (véase Ro. 5:15, 17, 18; Gá. 6:1),
éste no es siempre el caso.
24 ἧς atraído al caso de su antecedente, como en el v. 6 más arriba.
25 El verbo περιοσσεῢω se usa en varios sentidos: tal como, sobrar (Jn. 6:12), exceder (Mt. 5:20; 2 Co. 8:2),
aumentar o abundar (Fil. 1:9), tener más que suficiente (Fil. 4:18), abundar (1 Co. 15:58). En lo relativo al
significado hacer que sobreabunde, como aquí en Ef.: 8, véase también 1 Ts. 3:12.
68
darlo a conocer a otros. Además, la gracia santifica este conocimiento en el corazón de aque-
llos destinados a ser salvos. Pablo dice, “nos hizo conocer” (cf. “para nosotros”, en el v. 8), es
decir, a mí mismo y a aquellos a quienes escribo (véase v. 1).
Hizo que sobreabundara su gracia … ¡en que nos hizo conocer el misterio de su voluntad!
No la guardó para sí. El Padre no quiso que los santos y creyentes de Efeso (y de todo lugar)
fuesen como el pueblo de Samaria, descrito en 2 R. 7:3–15, que ignoraba acerca de sus rique-
zas. La más grande historia que jamás se haya contado, la de la gracia de Cristo, debe ser
dada a conocer. En este aspecto, también, el verdadero evangelio difiere de “otros evangelios”
de invención humana. En los días de Pablo ciertos cultos obligaban a sus devotos a hacer
“tremendos juramentos” en el sentido de no revelar sus secretos a los no iniciados. Aun hoy
día existen sectas que exigen a sus miembros hacer promesas similares bajo pena de
horribles castigos en caso de incumplimiento. Fue la voluntad del Padre que el más sublime
de los secretos fuese publicado a los cuatro vientos, y que penetrase profundamente en el
corazón de los suyos. El plan de salvación de Dios, además, debía ser dado a conocer a fin de
que fuese aceptado por la fe, puesto que es por medio de la fe que los hombres han de ser
salvos.
[p 91] Precisamente, ¿qué fue lo que Pablo quiso decir cuando mencionó “el misterio”?
Aquí en Efesios la respuesta no se da hasta llegar al versículo 10, y aun allí el tema sólo
queda introducido. No obstante, aunque breve, se nos dice que el misterio en el cual Pablo
piensa es aquel concerniente a la voluntad de Dios, es decir, el deseo del Padre. El misterio y
el deseo, el beneplácito, el propósito del Padre, forman una unidad. No se pueden separar,
puesto que el misterio es el de su propósito eterno. Su revelación, también fue conforme a su
beneplácito. Cf. 5 más arriba, donde la predestinación se atribuye también a su beneplácito.
Según esto entendemos que el Padre, lejos de manifestar un amor inferior al del Hijo, ¡siente
una especial satisfacción al preocuparse de todo aquello que necesita ser planeado a fin de
hacer posible la salvación, plena y libre, de los hombres que se han sumergido en la miseria y
ruina, y siente el mismo placer al darles también a conocer este maravilloso plan! ¿Por qué
hemos de sorprendernos si el corazón de Pablo, henchido de un espíritu de adoración,
exclama “Bendito (sea) el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”?
Luego el apóstol define este beneplácito añadiendo: el propósito que abrigó para sí mis-
mo en él.26 La expresión “en él” debe significar “en el Amado”, según lo indica el contexto
precedente. El Padre “nos ha bendecido con toda bendición espiritual … en Cristo” (1:3), “nos
escogió en él” (v. 4), y “bondadosamente nos confirió su gracia en el Amado” (v. 6). Es natural,
por tanto, que ahora se mencione que aquel propósito que abrigó para sí mismo fue “en él”.
Ya se ha explicado más arriba cuál es el sentido de este propósito que el Padre abrigó en el
Amado (véase sobre v. 4).
10. El beneplácito del Padre, el propósito que abrigó, el plan en que su alma se deleitó,
trazado en la eternidad, iba a realizarse en el tiempo. De ahí que Pablo prosigue: para ser lle-
vado a efecto en el cumplimiento de los tiempos. Literalmente, “para administración (o:
para ejecución)”, etc.27 La expresión “cumplimiento de los tiempos” (o sazones) y otra similar
(aunque no enteramente idéntica) en Gá. 4:4 indica el momento (Gá. 4:4) o el período (Ef.
1:10) cuando, por decirlo [p 92] así, en el reloj de arena del decreto eterno de Dios se ha lle-
26 Literalmente, el original dice: “(su beneplácito) que propuso para sí mismo en él”. Pero siendo que tal
traducción es castellano poco idiomático y fluido, porque generalmente no hablamos de “proponerse un
beneplácito”, y siendo que el matiz del significado de la palabra beneplácito, al continuar su idea básica en
la cláusula relativa “que abrigó, etc.”, sufre cierta variación, de modo que ya no se está refiriendo exclusi-
vamente a una disposición divina sino al plan por el cual esta disposición se expresa, es que dí a mi tra-
ducción la forma ya conocida. Esta forma es algo similar a la propuesta por R. F. Weymouth, The New Tes-
tament in Modern Speech, aunque no concuerdo enteramente con la traducción que hace de esta cláusula.
Dice así: “el propósito que ha abrigado en su propia mente”.
27 La palabra οἱκονομία ha sido ya explicada en la Introducción, III A 2 b.
69
nado el ampolleta inferior, esto es, cuando todos los tiempos precedentes y las sazones que el
Padre ha establecido conforme a su propia autoridad se hayan completado (Hch. 1:7; cf.
17:26). Es, en otras palabras, “el tiempo apropiado”. Según podemos ver claramente en 1:20–
23, la referencia en el caso presente tiene que ver con toda la era del Nuevo Testamento, es-
pecialmente el tiempo que comenzó con la resurrección y coronación de Cristo. No llegará el
fin hasta que el Señor, en su glorioso regreso, haya pronunciado y ejecutado juicio (1 Co.
15:24, 25). En conexión con esto, hacemos bien en enfatizar lo que hemos ya dicho, a saber,
que tal misterio y propósito van juntos: la ejecución del propósito es la revelación del misterio
puesto que fue precisamente el propósito de amor del Padre revelar lo que para el hombre era
un misterio. Esta ejecución y revelación estaban destinadas a tener lugar, por tanto, en la era
mesiánica presente.
El propósito llevado a cabo en la plenitud de los tiempos, el misterio entonces revelado, se
expresa en las siguientes palabras: para reunir todas las cosas bajo una cabeza en Cris-
to,28 las cosas en los cielos y las cosas en la tierra. Lo que Pablo dice aquí está amplificado
en los vv. 20–22. Por tanto, no se hace necesario extenderse aquí sobre el particular. Es la
misma doctrina que se desarrolla también en otras epístolas que pertenecen al mismo perío-
do de su prisión; véase especialmente [p 93] Col. 1:20 y Fil. 2:9–11 y C.N.T. sobre estos pasa-
jes. En cuanto al misterio introducido aquí por el apóstol, pero que más tarde se desarrolla en
forma muy detallada (2:11–22, aunque en este párrafo no se usa la palabra misterio; 3:1–13;
obsérvese especialmente 4; 6:19), bástenos decir por el momento que este misterio está cen-
trado en Cristo, y que un elemento de él es el que aquí se expresa, a saber, que literalmente
todas las cosas, las cosas en el cielo, en la tierra, sobre nosotros, alrededor nuestro, dentro
de nosotros, debajo de nosotros, todo lo material, han sido colocadas ahora bajo el dominio
de Cristo. Este, sin duda alguna, es un misterio, puesto que nadie jamás lo hubiera descu-
bierto si no se le hubiese revelado. “Ahora empero no vemos todavía todas las cosas sujetas a
él” (Heb. 2:8). Es necesario nada menos que la fe—y en ninguna manera una fe débil—para
“ver a Jesús coronado de gloria y honra” (Heb. 2:9), realmente gobernando el universo entero
desde su celestial morada. Es como el Dr. Herman Bavinck lo expresa tan adecuadamente,
“Observamos alrededor nuestro tantos hechos que no nos parecen razonables, tantos sufri-
28 Existe gran variedad de opinión en relación con la traducción de ἁνακεφαλαιώσασθαι. Por un lado se
hallan los que insisten en que, ya que el nombre análogo κεφάλαιον jamás significa cabeza sino suma
(“Con grande suma obtuve yo esta ciudadanía”, Hch. 22:8) o sumario, punto principal (“Lo principal, pues,
entre las cosas que decimos es esto”, Heb. 8:1); y ya que similarmente, en el único otro lugar del Nuevo
Testamento donde ocurre, el verbo significa resumir (“Porque esto: No cometerás adulterio … y cualquier
otro mandamiento que haya en esta palabra se resume, es a saber: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”,
Ro. 13:9), de ahí que, la única traducción correcta de las palabras de Pablo aquí en Ef. 1:10 es “resumir
todas las cosas en Cristo”. Otros, no obstante, opinan—correctamente, según mi parecer—que esta traduc-
ción de A.R.V. es un tanto obscura, porque, después de todo, ¿qué significa realmente “resumir todas las
cosas en Cristo”? En consecuencia, para la traducción sugieren varias alternativas. Una, bien popular,
está centrada en la idea de conseguir unidad (cf. Col. 1:20). De ahí que, A.V. traduce, “a fin de que él pueda
reunir en uno todas las cosas en Cristo”. En forma semejante R.S.V dice, “para unir todas las cosas en él”;
N.E.B., “a fin de que el universo llegase a la unidad en Cristo”; L.N.T. (A. y G.), “para reunir todas las cosas
en Cristo”. Este tipo de traducción, siempre que no sea interpretado en el sentido que finalmente todo el
mundo será salvo, está indudablemente bien encaminado. Sin embargo, ¿será posible ser aún más defini-
do? ¿Acaso la palabra usada en 1:10 no está indicando nada con respecto a qué son “las cosas que se re-
nen” según el pensamiento de Pablo? A. T. Robertson (Word Pictures in The New Testament, Vol. IV, pp.
518, 519) señala que κεφάλαιον se deriva de κεφαλή. En consecuencia, traduce “poner todas las cosa bajo
Cristo” (como cabeza). F. F. Bruce (The Letters of Paul, An Expanded Paraphrase, pp. 267–268) nos da el
sentido del pasaje en las siguientes palabras, “que todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra pue-
dan hallar su verdadera y única cabeza en Cristo”. Ya que esto es exactamente lo que el apóstol enseña en
este mismo capítulo (1:20–22; cf. también 4:10), difícilmente podemos pensar que hubiese querido dar a
entender algo distinto aquí en 1:0. Esto explica mi traducción, “para reunir todas las cosas bajo una cabe-
za en Cristo”.
70
mientos injustos, tantas calamidades inexplicables, tan extraña y desigual distribución de
destinos, y un contraste tan grande entre los extremos de la alegría y la tristeza, que al re-
flexionar sobre estas cosas nos vemos forzados a elegir entre dos alternativas: ver el mundo
gobernado por una ciega voluntad o deidad maléfica, como creen los pesimistas, o, basándo-
nos en las Escrituras y mediante la fe, descansar en la soberana y absoluta voluntad—
aunque incomprensible—sabia y santa de Aquel que algún día hará que la plena luz de los
cielos amanezca sobre los misterios de la vida” (The Doctrine of God, mi traducción del holan-
dés; Grand Rapids, Mich., segunda impresión, 1955).
El hecho de colocar todas las cosas bajo una cabeza en Cristo, de tal modo que ellas no se
puedan deslizar por sí mismas sino que estén bajo el gobierno del Señor, se enseña en
muchos pasajes de las Escrituras. El mediador que ha sido exaltado vive y reina (Ap. 20:4),
recibiendo la adoración de todos los redimidos y de todas las huestes angélicas (Ap. 5). Pero
los pensamientos de este gran Unificador se dirigen también a la tierra, tanto que, en
realidad, no solamente intercede por los suyos que todavía se hallan sujetos a conflictos y
agitación (Ro. 8:34), sino que aun vive para interceder por ellos (Heb. 7:25), y está
actualmente preparando lugar para ellos (Jn. 14:2). Imparte dones a los hombres (Ef. 4:8),
realiza obras de sanidad (Heb. 3:6, 16), y por medio de su Espíritu mora en medio de “los
siete candeleros” (Ap. 1:13). El hecho de morar entre ellos es algo activo y produce frutos de
santificación en la vida de los creyentes (Ef. 3:17–19). Al mismo tiempo Cristo batalla
victoriosamente contra el dragón (Satanás) [p 94] y sus aliados (Ap 17:14), y, sobre todo,
gobierna el universo entero en favor de su iglesia (Ef.1:22).
La evidencia de que la preocupación de Cristo por su iglesia es profunda, se ve, sin lugar a
dudas, en la declaración que sigue, en él 11. en quien nosotros—Yo Pablo, y vosotros, los
lectores—también hemos sido hechos herederos. Obsérvese la palabra “también”, que sig-
nifica: no solamente, en unión vital con Cristo, hemos recibido bendiciones tales como la re-
dención, el perdón de los pecados y la iluminación espiritual (sabiduría, discernimiento), fa-
vores que ya hemos mencionado (vv. 7–10 más arriba), sino que además de estos favores ini-
ciales que, aunque tienen significado permanente, enfocan sobre el pasado (liberación de
aquel terrible poder que nos tenía atados, perdón de los pecados pasados, disipación de las
antiguas tinieblas), se nos otorgó además el derecho a la gloria futura. “Hemos sido hechos
herederos”,29 es lo que Pablo nos dice. Herederos son aquellos que, sin contar con méritos
personales, reciben derecho a todas las bendiciones correspondientes a la salvación en Cristo
Jesús, y que jamás les serán quitadas. La herencia se les concede en dos etapas: ciertas ben-
29
El verbo que se usa en el original debe ser interpretado como verdadero pasivo, en armonía con pasivos
tales como “habiendo sido predestinados” (v. 11) y “fuisteis sellados” (v. 13). Además, la traducción “fuimos
hecho heredad” (A.R.V., y similarmente, Barry, versión Berkeley, Greidjanus, Salmond, Van Leeuwen),
aunque también son pasivos, no obstante, se alejan de los siguientes hechos;
a. el contexto inmediato habla de “nuestra herencia” (v. 14a). Aunque es verdad que los creyentes son
considerados como la propia posesión de Dios (v. 14b) sin embargo la calidad de heredero no se atribuye
sino a ellos.
b. En el Nuevo Testamento se dice siempre que la herencia es nuestra o destinada a nosotros (Hch.
20:32; Gá. 3:18; Col. 3:24; Heb. 9:15; 1 P. 1:4). Ni aun Ef. 1:18 es excepción a la regla. Véase sobre ese
pasaje.
c. Ef. 1:5 nos informa que el Padre “en amor nos predestinó a la adopción como hijos”. Ahora bien, esta
idea misma de ser hijos por adopción, Pablo la relaciona en cada caso con la idea de que en consecuencia
somos herederos (Ro. 8:15–17).
d. El pasaje paralelo, Col. 1:12, apoya también la idea de que los herederos son los creyentes: “con gozo
dando gracias al Padre que os hizo aptos para participar de la herencia de los santos en la luz”.
N.E.B. ofrece una traducción que es esencialmente correcta: “En Cristo indudablemente se nos ha dado
nuestra parte en la herencia”.
71
diciones les son otorgadas ahora mismo, otras en el futuro (véase en los vv. 13 y 14 más ade-
lante).
Alguien podría objetar, “¿Pero serán acaso estas bendiciones de la salvación—así las futu-
ras como las presentes—realmente nuestras? ¿Existe la certeza de que el plan de Dios para
nuestras vidas nos asegura también el futuro?” El apóstol responde al proseguir: habiendo
sido predestinados conforme al propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al
consejo de su voluntad.30 Lo que determina nuestro [p 95] destino no es ni la suerte ni el
mérito humano. El bondadoso propósito—para que fuésemos santos e irreprensibles (v. 4),
hijos de Dios (v. 5), destinados a glorificarle eternamente (v. 6; cf. vv. 12 y 14)—está estable-
cido, siendo parte de un plan más extenso que abarca el universo. De este plan, que incluye
absolutamente todas las cosas que siempre han existido y tenido lugar en el cielo, en la tie-
rra, y en el infierno; cosas del pasado, del presente, y aun las futuras, que tienen relación
tanto con creyentes como con no creyentes, con ángeles y demonios, con actividades tanto
físicas como espirituales y con unidades de existencia tanto grandes como pequeñas; Dios es
no solamente el autor sino también el ejecutor de todo. Su providencia en el curso del tiempo
es tan amplia como lo es su decreto desde la eternidad. Lo que Pablo declara literalmente es
que Dios obra (opera con su energía divina en) todas las cosas. La misma palabra ocurre tam-
bién en los vv. 19 y 20, haciendo referencia a la obra (operación energética) del poder infinito
del Padre de gloria, que obró (ejerció energeticamente) en Cristo cuando le levantó de entre los
muertos. De ahí que nada podrá trastornar la futura gloria de los elegidos.
Además, si bien es cierto que todo está incluido en el divino plan que abarca todo el
universo y su realización en el curso de la historia, nada existe en este concepto que pudiera
inquietar o amedrentar a algún hijo de Dios. Todo lo contrario, puesto que las palabras
implican sin lugar a dudas que el único Dios verdadero, cuyo amor hacia los suyos en Cristo
sobrepasa todo entendimiento, actúa con divina reflexión y sabiduría. Todos sus designios
son santos, y se deleita en recompensar a los que confían en él. Ni la responsabilidad
humana ni el ejercicio personal de la fe son jamás violados en forma alguna. Existe amplio
campo de acción para ellos tanto en el decreto como en su realización. En este aspecto la
Escritura es muy clara (Lc. 22:22; Hch. 2:23; Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13).
Por lo demás, Dios no es como las deidades paganas que actúan movidas por
circunstancias cambiantes, por antojo y capricho, de modo que nunca se sabe cuánto tiempo
durará su favor. Aquel, que en su amor ha predestinado a su pueblo para ser adoptados
como hijos, jamás se olvidará de ellos, sino que llevará a su término lo que en ellos comenzó
(Fil. 1:6). Llevará a cabo su plan hasta el final mismo. Ninguna circunstancia podrá jamás
frustrar su designio. “Ni el pecado, ni la muerte, ni el infierno podrán desviar aquel inmovible
[p 96] amor causal de la predestinación”.
12. Si, entonces, el decreto eterno de Dios es tal que lo abarca todo, y si se realiza total-
mente en el curso de la historia, y si en este plan se hallaba incluido el destino de sus hijos,
entonces ni Pablo ni los lectores tienen motivo alguno de jactancia propia. Lo que ellos pue-
dan ser, tener, o hacer viene de Dios. De ahí que, usando expresiones semejantes a las del v.
6 más arriba, Pablo finaliza esta sección diciendo: a fin de que seamos para la alabanza de
su gloria nosotros que antes habíamos centrado nuestra esperanza en Cristo. Antes que
la herencia sea enteramente recibida—puesto que ahora y aquí se ha recibido sólo una prenda
anticipada (véanse vv. 13, 14)—Pablo y los lectores (véase v. 1) han centrado ya su esperanza
30No es fácil distinguir entre voluntad, consejo, y propósito. No obstante, Pablo parece haber hecho una
distinción en su mente. Probablemente lo mejor es considerar la voluntad de Dios (θέλημα) como básica
aquí. Es su volición soberana. El βουλή podría ser entonces el plan o consejo que aquí se considera como
perteneciente a, y lo que brota de su θέημα. Parecería indicar que Dios jamás actúa en forma arbitraria,
sino deliberadamente. Finalmente, la πρόθεσις de Dios indica el propósito de su plan, o, tal vez, el plan
mismo desde el punto de vista de su meta a realizar; el designio de Dios.
72
en Cristo. Tal esperanza no será destruida. “Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a
Sion con canciones; y regocijo eterno estará sobre sus cabezas; ¡alegría y regocijo recibirán, y
huirán la tristeza y el gemido!” (Is. 35:10). (Concerniente a interpretaciones de contraste entre
“nosotros” del 12 y “vosotros” del 13, véase el comentario del v. 13).
13. A medida que el punto de interés cambia una vez más, en este caso desde el Hijo
(“Cristo”, mencionado al final del v. 12) hacia el Espíritu Santo, hallamos una transición gra-
dual nuevamente y no un cambio abrupto (cf. el principio del v. 7, en el cual hay una transi-
ción gradual del Padre hacia el Hijo). Pablo escribe, en quien vosotros31 también (estáis in-
cluidos), habiendo escuchado el mensaje de la verdad, [p 97] el evangelio de vuestra
salvación.32 Los efesios no deben abrigar dudas acerca de su inclusión en Cristo y de los be-
neficios subsecuentes. Han oído, han escuchado atentamente el mensaje de la verdad. ¿Aca-
so no lo dice Lucas, “todos los que habitaban en la provincia de Asia oyeron la palabra del
Señor, así judíos como griegos”? (Hch. 19:10). Tal oír era necesario a fin de que pudiesen ser
salvos por medio de la fe. La respuesta adecuada para aquellos que piensan que los que de-
ben ser considerados como el objeto (o más bien, objetos potenciales) de la actividad misione-
ra pueden ser salvos sin oír el evangelio es, “¿cómo creerán en aquel de quien no han oído
hablar?” (Ro. 10:14; cf. Mt. 1:21; Jn. 14:6; Hch. 4:12). Por supuesto, existe una diferencia en
cómo es el oír del hombre. Algunos oyen y como resultado de esto quedan endurecidos al
evangelio. Así como un hombre puede ensordecerse a causa de un intenso y sostenido marti-
llar, así también hay oidores del evangelio que pueden tornarse totalmente inmunes a la pre-
dicación de la verdad. (“Y le oí como una matraca, como si fuese el sonido de un reloj desper-
tador funcionando sobre mi cabeza”). Además, para algunos la proclamación del evangelio
suena como canción de amores tocada y cantada maravillosamente (Ez. 33:32). La oyen pero
sin tomarla en serio (Mr. 4:24; Lc. 8:18). Cristo dijo a los que acudían a él que habían de ser
31
Basándose en las palabras “nosotros que antes habíamos centrado nuestra esperanza en Cristo” (v. 12) y
contrastándolas con “vosotros … habiendo también creído en él” (v. 13), muchos han apoyado la posición
de los que piensan que aquí se indican dos grupos étnicos: a saber, cristianos judíos en el v. 12; y en el v.
13 creyentes de entre los gentiles.
Objeciones:
(1) Esta es una interpretación muy artificial, puesto que en los versículos precedentes “nosotros” y “vo-
sotros” son referencias que incluyen a Pablo y los hermanos a quienes escribe (véase vv. 11, 9, 8, 7, 6, 5, 4,
3). La gran mayoría de los creyentes a quienes Pablo escribía era de entre los gentiles, no de entre los judí-
os. ¿Porqué entonces, el repentino cambio de significado en el v. 12?
(2) El participio perfecto προηλπικότας de προελπίζω, que en el Nuevo Testamento solamente aparece
aquí, no significa necesariamente habiendo esperado antes que otros lo hiciesen o habiendo esperado antes
que Cristo llegase. Bien podría igualmente significar habiendo esperado antes de haber logrado enteramen-
te; compráese con “vosotros habéis previamente oído” (Col. 1:5). En el último pasaje tampoco hay implica-
do un contraste entre dos grupos de creyentes de distinto origen de nacionalidad.
(3) Finalmente, si se ha de mantener que aquí en 1:12 tal contraste de origen, casi podría parecer como
si el apóstol escribiese, “Nosotros los judíos cristianos, y solamente nosotros, hemos sido destinados para
la alabanza de su gloria”, y “Vosotros los creyentes de entre los gentiles, y solamente vosotros, fuisteis se-
llados con el Espíritu prometido”. Es obvio que el apóstol jamás hubiera enseñado esto.
El único elemento de valor que puedo ver en la teoría que rechazo es este, que cuando Pablo, que en los
vv. 3–12 se ha estado refiriendo constantemente a sí mismo y a los lectores como un solo grupo (“noso-
tros”, “nos”), ahora en el v. 13 (y véase también 1:15–18; 2:1, 2, 8) comienza a substituir la segunda perso-
na plural por la primera persona plural—queriendo decir, no obstante, vosotros al igual que todos los cre-
yentes—está preparando gradualmente a los lectores para una nítida distinción entre cristianos gentiles y
cristianos judíos, que comienza en 2:11.
32 Esta clara y positiva declaración, que muestra que los lectores habían realmente escuchado el verdadero
evangelio, arroja luz a la explicación correcta de 3:2; 4:21, pasajes que a menudo han sido empleados en
defensa de la teoría de que esta epístola no pudo haber sido dirigida a los efesios y/o que Pablo no pudo
haberla escrito. Véase sobre estos pasajes.
73
cuidadosos en cuanto a còmo oían. Por medio de inolvidables parábolas enfatizó esta ense-
ñanza (Mt. 7:24–27; 13:1–9, 18–23).
Cristo, no obstante, enfatizó además que el hombre debe ser cuidadoso en cuanto a lo que
oye. Los efesios habían escuchado atentamente “el mensaje de la verdad”. Había muchos
errores en el mundo pagano de aquellos tiempos, muchos falsos evangelios (Col. 1:23; 2:4, 8;
cf. Gá. 1:6–9). Los efesios, en general, los habían dejado al lado o rechazado. Deseaban oír
solamente lo mejor. Se le llama el mensaje de la verdad porque revela la verdadera condición
del hombre, proclama y defiende la única forma de escapar, y amonesta a los pecadores que
ya han sido salvos para que demuestren gratitud verdadera en todos los aspectos de sus vi-
das. Es, por tanto, “el evangelio de vuestra salvación”, no en el sentido de que en y por sí
mismo salva a cualquiera, sino que cuando es aceptado con fe verdadera en Cristo, sus bue-
nas nuevas de gran gozo llegan a ser “poder de Dios para salvación” (Ro. 1:16). Los efesios
habían mostrado esta verdadera fe, porque Pablo prosigue: y habiendo también creído en él
… Habían entregado sus vidas a su Señor y puesto su confianza en él. [p 98] Cuanto más le
conocían tanto más era la confianza que adquirían en él. De ahí que Pablo dice: fuisteis se-
llados con el Espíritu Santo de la promesa. Un sello—en la antigüedad, no se estampaba
sino que se fijaba o ataba el sello a un objeto—se usaba para a. garantizar el carácter auténti-
co de un documento, etc., (Es. 3:12, o, hablando figurativamente, de una persona (1 Co. 9:2);
b. indicar posesión (Cnt. 8:6); y/o c. asegurar o proteger de daño e intrusión (Mt. 27:66; Ap.
5:1). El contexto parecía indicar que la primera de las tres ideas (véase el v. 14), es decir, la
autenticación o certificación, es lo básico en el presente pasaje. El Espíritu había dado testi-
monio a sus corazones de que eran hijos de Dios (Ro. 8:16; 1 Jn. 3:24), “y si hijos, también
herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Ro. 8:17), personas a quienes nada
puede dañar y para quienes “todas las cosas cooperan juntas para el bien” (Ro. 8:28). De in-
mediato salta a la vista el hecho de que en tales casos los tres propósitos ya mencionados con
respecto al uso de un sello se combinan: autenticación implica posesión y protección. Con re-
lación a esto véase también C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 301–304.
Si nos hacemos una pregunta tan práctica como esta, “¿En qué forma los efesios—o cual-
quier otro creyente—hacen suyo aquel sello, o aquella interna seguridad?”, la respuesta es:
no sola y principalmente como consecuencia de una agonizante auto-investigación interna
para cerciorarse de si las “marcas” que corresponden al que ha sido elegido se hallan
presentes o no, sino más bien por medio de una viva fe en el Dios trino, según fue revelado
en Cristo, fe que “obra por medio del amor” (Gá. 5:6). El hecho de que los lectores no lo
hubiesen recibido realmente en otra forma es algo que el apóstol hace notar inmediatamente
(Ef.Al1:15).
Espíritu por el cual se les otorgó este sello se le menciona aquí con su nombre completo
“El Espíritu Santo”, para indicar que no sólo es santo en sí mismo sino que también es la
fuente de santidad para los creyentes, santidad que en el caso de los efesios se estaba expre-
sando no sólo por su disposición interna sino también por medio de sus palabras y hechos de
amor. Aun más, a la tercera persona de la Trinidad se la llama aquí “El Espíritu Santo de la
promesa”, es decir, el Espíritu Santo prometido, o bien, aquel que fue otorgado en conformidad
a las divinas promesas (Jn. 14:16, 17; 15:26; 16:13; Hch. 1:4). Al pensar en el hecho mismo
de cómo en su venida y obra las promesas divinas fueron cumplidas gloriosamente, ¿no es
acaso para nosotros señal inequívoca de que también las promesas de futuras bendiciones
para los creyentes lograrán también el gozoso cumplimiento? Es en esta línea de pensamiento
que el apóstol prosigue diciendo, 14. quien es la prenda anticipada de nuestra herencia.
La palabra [p 99] que Pablo usa para “prenda anticipada” es arrabōn (deletreada también
arabōn). En los manuscritos la palabra se refiere a menudo a cierta cantidad de dinero dado
por adelantado al comprar un animal o aun una esposa. En la traducción que se hace de Gn.
38:17–20 en la LXX, la palabra se repite tres veces. Su origen es probablemente semítico o
fenicio. Los fenicios eran comerciantes marítimos que no tenían marca registrada para su
74
terminología comercial. En el Nuevo Testamento la palabra ocurre también en 2 Co. 1:22;
5:5, pasajes que nos enseñan que cuando Dios deposita su Espíritu en los corazones de sus
hijos se obliga a sí mismo a otorgar a ellos más adelante el total restante de todas las bendi-
ciones de la salvación merecidas a su favor por la sangre de Cristo. La prenda anticipada es,
por tanto, una seguridad o garantía de la gloria que ha de venir, gloria que se hará presente
no solamente cuando el alma sea separada del cuerpo sino principalmente en la gran consu-
mación de todas las cosas, en el instante que Cristo regrese. Los frutos concedidos por este
Espíritu que mora en los creyentes santificándoles (Gá. 5:22, 23)—tales como amor, gozo,
paz, longanimidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí mismo, y su maravilloso
producto: seguridad de la salvación (2 P. 1:5–11)—son las “primicias” (Ro. 8:23). Son el goce
anticipado de un futuro e inefable deleite.33 La herencia total—que es la salvación considera-
da como el bondadoso y permanente don de Dios, no se compra con dinero, ni se gana con el
esfuerzo fatigoso del hombre, ni se puede conquistar—será un día la porción de los creyentes,
la que han de poseer y disfrutar para la gloria de Dios.
Ahora bien, el fin o propósito de todas las cosas jamás reposa en el hombre sino siempre
en Dios: para la redención de la propia posesión (de Dios).34 En el instante en que los cre-
yentes reciben su herencia total, que incluye la gloriosa resurrección del cuerpo (4:30), es
cuando [p 100] tiene lugar la redención35 de la propia posesioń de Dios, es decir, la entrega
total a él de lo que le pertenece en virtud del hecho de haber sido él quien la hizo y la compró.
Su pueblo, ya enteramente libre de todos los efectos del pecado, será manifestado, en el sen-
tido exacto de la palabra, como “su especial tesoro”. También, cuando el apóstol, al final de
este tercer párrafo, cuyo centro es la obra del Espíritu Santo, agrega para alabanza de su
gloria, él está haciendo eco a lo que ya había escrito en una epístola anterior: “No sois due-
ños de vosotros mismos; porque fuisteis comprados a gran precio; glorificad pues a Dios con
vuestro cuerpo” (1 Co. 6:19, 20). El hecho de que los creyentes no se pertenezcan a sí mismos
33 Con respecto a ἀρραβών véase también L.N.T. (A. y G.), p.109 y Th. W.N.T., Vol. I, p. 474.
34
Bastante popular es la idea de que el apóstol no está pensando en la posesión de Dios sino en la nuestra.
Este es el punto de vista de T. K. Abbott, op. cit., 23, 24, que argumenta, “Es nuestra herencia la que está
en discusión, es de ella que se recibe esta prenda anticipada … En lugar de esto, la interpretación citada
ve la figura totalmente cambiada, de modo que, en lugar de recibir una herecia, somos nosotros mismos la
posesión; una figura … que encierra una confusión de pensamiento que difícilmente se puede atribuir a
San Pablo”. E. F. Scott, op. cit., pp. 149, 150, llega a la misma conclusión. Este tipo de razonamiento es
probablemente básico en traducciones tales como Berkeley, Moffatt, Goodspeed, y R.S.V. Mis objeciones
son las siguientes:
(1) ¿No es acaso un hecho de que llegará a ser abundantemente claro que su posesión somos nosotros,
el clímax mismo de nuestra herencia? Una joven que se halle de novia con un joven con las mismas con-
vicciones profundamente arraigadas, que la ama con un amor semejante al de Cristo por la iglesia, mira
hacia el futuro con la gozosa expectación del instante en que pertenecerá a su amado.
(2) Aquel que da el anillo de compromiso, como prenda, espera recibir a su novia. Fue Dios quien dio el
arrabōn. La palabra arrabōn y sus análogos se usan en el griego moderno para indicar asuntos relaciona-
dos con compromisos nupciales.
(3) La idea de que el pueblo de Dios (en el Antiguo Tesamento Israel; en el Nuevo Testamento, la iglesia)
constituye “su propia posesión”, “un pueblo, el suyo propio”, se repite tan a menudo en las Escrituras que
casi se puede decir que es perteneciente a la fraseología técnica. En cuanto al aspecto lingüístico del tér-
mino véase C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, p. 428, nota 193. Ocurre en una u otra forma en pasajes
tales como Ex. 19:5; 23:22; Dt. 7:6; 14:2; 26:18. Pablo mismo en Ti. 2:14 declara, “(nuestro gran Dios y
Salvador Jesucristo) el cual se dio a sí mismo por nosotros, pars … purificar para sí mismo un pueblo de su
propia posesión, celoso de buenas obras.” Pedro declara, “Pero vosotros, al contrario, sois … pueblo de po-
sesión exclusiva de (Dios); a fin de que manifestéis las excelencias de aquel que os ha llamado de las tinie-
blas a su luz maravillosa” (1 P 2:9). Añádase también Is. 43:20, 21; Ez. 37:23; y Mal. 3:17. ¡De seguro que
Pablo conocía bien su Antiguo Testamento!
35 En cuanto a los dos significados de la palabra “redención” véase más arriba, sobre el v. 7, nota 22; tam-
36 Aunque en p46, Sinaítico A B falta la palabra amor, la traducción alternativa que incluye amor debe ser
aceptada. Si así no se hace, pierde su sentido. Aunque es verdad que πίστις puede significar tanto fe como
fidelidad, no puede tener ambos significados en una sola frase. De ahí que, la traducción “fe en el Señor
Jesucristo y fidelidad hacia todos los santos” debe ser rechazada.
77
minación espiritual, certificación. Es fácil de entender por tanto, que hable de “el Padre de
gloria”, vale decir, “el Padre glorioso”. Véase también Hch. 7:2; 1 Co. 2:8; y Stg. 2:1. El apóstol
pide que el Espíritu de sabiduría y revelación sea dado a los efesios. La mayoría de las tra-
ducciones dicen “espíritu” en lugar de “Espíritu” (= Espíritu Santo). Las siguientes razones
van en apoyo de Espíritu:
(1) Pablo escribe “… de revelación”. Por lo general no relacionamos revelación con el
espíritu o estado mental puramente humano.
(2) En cuanto a “… de sabiduría”, en Is. 11:2 se le menciona como el primero entre varios
dones impartidos por el Espíritu de Jehová.
(3) Expresiones tales como “Espíritu de verdad” (Jn. 15:26) y “Espíritu de adopción” (Ro.
8:15) se están refiriendo también al Espírtu Santo.
(4) Efesios abunda en referencias a la tercera Persona de la Santa Trinidad. Siendo que la
presencia del Consolador es tan prominente en esta epístola, bien podemos pensar que en el
caso actual es a El quien Pablo tiene en mente.
(5) Es cosa característica en Pablo que, habiendo hecho mención de Dios el Padre y de
Cristo el Hijo—ambos han sido ya mencionados en 1:16—luego haga referencia al Espíritu.
Cf. Ro. 8:15–17; 2 Co. 13:14; Ef. 1:3–14; 3:14–17; 4:4–6; 5:18–21.37
(6) Cuando el Padre “ilumina los ojos”, ¿no lo hace por medio del Espíritu? Véase Jn. 3:3,
5. El hombre no puede ver el Reino de Dios, para entrar en él, a menos que sea por medio del
Espíritu. Cf. Ef. 5:8; 1 Jn. 1:7.
Sin embargo, al llegar a este punto pueda surgir la siguiente pregunta: “¿pero cómo puede
ser posible que Pablo haya orado para que el Espíritu de sabiduría y revelación “sea dado” a
los que ya poseían tal Espíritu y que en realidad, según el v. 13, habían sido sellados por él?”
No se puede eludir el problema diciendo “espíritu” (estado mental) en lugar de Espíritu
(Espíritu Santo), puesto que esto nos podría conducir aun a otra pregunta: “¿cómo podría el
apóstol pedir que el espíritu de sabiduría en el verdadero conocimiento de él (es decir, de Dios)
fuese dado a los que ya le conocían tan bien hasta el punto de haber depositado toda su
confianza en él?” (v. 13). En todo caso, este problema se nos presenta no sólo aquí en Efesios,
sino [p 106] también a través de todas las epístolas de Pablo. Para dar solamente dos
ejemplos: Contrástese Col. 1:4 con 3:12; 1 Ts. 1:3; 2:13 con 5:15. Si Pablo podía decir lo uno,
¿cómo podría decir también lo otro?
La respuesta la provee Pablo mismo. En resumen sería lo siguiente: lo que ya está
presente, debe ser fortalecido. El Espíritu Santo está en ellos, indudablemente; sin embargo,
el apóstol ora para que los efesios “sean fortalecidos con poder por medio de su Espíritu en el
hombre interior” (3:16). La obra que había comenzado en los corazones debía continuar hasta
su perfección (Fil. 1:6). El amor y los demás frutos debían “abundar más y más” (Fil. 1:9; cf. 1
Ts. 3:12, 4:10). Es claro, entonces, que la oración de Pablo aquí en Ef. 1:15–23, que incluye
también el v. 17, es totalmente compatible con lo que ha declarado solemnemente en los vv.
3–14. En realidad, la relación entre los vv. 15 y 16, por un lado, y 17 y siguientes, por el otro,
muestra que es precisamente por el hecho de haber recibido tantos dones que el apóstol se
atreve a pedir aun más.
Lo que Pablo pide, entonces, es que los lectores reciban una creciente porción de sabiduría
y claro entendimiento. Combínense las dos, y se observará que está pidiendo que los efesios
37Habiendo hecho un estudio contextual y una tabulación de cada ocurrencia de πνεῦμα, he llegado a la
conclusión de que uno no debería confiar demasiado en la regla, “Cuando se usa el articulo, la referencia
es al Espíritu Santo; cuando se omite, la referencia es a una operación, influencia, o don del Espíritu”. Ca-
da ocurrencia debe ser estudiada a la luz de su propio contexto inmediato.
78
sean provistos de una más profunda penetración en el significado del evangelio y un más cla-
ro discernimiento de lo que significa la voluntad de Dios para sus vidas, capacitándoles así en
todo tiempo para hacer uso de los mejores medios a fin de llegar a la más alta meta, vale de-
cir, la gloria del Dios Trino.
Ahora bien, fue el Espíritu el que impartió la sabiduría, el Espíritu también el que reveló la
verdad. Para estos hermanos en la alborada del cristianismo, que tan recientemente habían
emergido del temor pagano, la superstición, y la inmoralidad, cuyo único medio de comunica-
ción con Pablo era el epistolar o a través de un mensajero, y que moraban en medio de un
ambiente pagano, la sabiduría y la revelación eran doblemente necesarias, y esto no sólo con
el fin de obtener un más claro entendimiento acerca del camino de salvación sino también
para saber con precisión el camino a seguir frente a cada situación. Lo que necesitaban sobre
todo era el claro conocimiento de Dios, incluyendo la gozosa aceptación de las sendas de Dios
para sus vidas y la voluntad presta para seguir Su dirección. Y claro, esto no era un mero
asunto del intelecto. Algo de mayor importancia se hallaba en juego. De ahí que el apóstol
prosigue su oración: 18. (Teniendo) iluminados los ojos de vuestros corazones.38 Según
las Escrituras [p 107] el corazón es el punto de apoyo del sentimiento y de la fe como asi-
mismo la fuente misma de las palabras y acciones (Ro. 10:10; cf. Mt. 12:34; 15:19; 22:37; Jn.
14:1). Es el núcleo y centro del ser humano, el ser íntimo del hombre. “De él mana la vida”
(Pr. 4:23). “Porque el hombre mira a los ojos, mas Jehová mira al corazón” (1 S. 16:7). Ahora
bien, fuera de la obra del Espíritu los ojos del corazón están ciegos (Is. 9:2; Jn. 9:39–41; 1 Co.
2:14–16). El hombre en tal estado de ceguedad necesita dos cosas: el evangelio y la concien-
cia espiritual. Lo último es lo que se entiende por ojos iluminados o alumbrados. Véase tam-
bién sobre 5:8 para considerar el significado de luz versus tinieblas. Con el fin de lograr esta
iluminación, el Espíritu obra en los hombres el nuevo nacimiento. Disipa las neblinas de la
ignorancia, las nubes de concupiscencia, las disposiciones egocéntricas y de envidias, etc., e
imparte a ellos la contrición por el pecado y la fe que obra por medio de amor. El ojo espiri-
tual se torna luminoso cuando el corazón es purificado. “Bienaventurados los de puro cora-
zón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8). Pablo prosigue: para que sepáis cuál es la espe-
ranza39 a la cual él os llamó. Pablo sabe que la forma mejor para expulsar las antiguas ten-
dencias pecaminosas no es concentrar la preocupación en ellas sino más bien en las bendi-
ciones de la salvación. Los efesios recibieron el llamado eficaz. La invitación urgente del evan-
gelio (que es el llamado externo) fue aplicada a sus corazones por el Espíritu Santo, produ-
ciendo el llamado interno. Es el último sentido de llamado al que se hace referencia en cada
lugar del Nuevo Testamento; cf. Ro. 11:29; 1 Co. 1:26; 7:20; Ef. 4:1, 4 (además del presente
1:18); Fil. 3:14; 2 Ti. 1:9; Heb. 3:1; 1 P. 2:9; 2 P. 1:10. Ojalá que los lectores sean capaces de
experimentar cuán ricos son, considerando la esperanza a la cual fueron llamados por Dios
(literalmente, “la esperanza de su llamado”). Esta esperanza está sólidamente fundada en las
infalibles promesas de Dios. Es el ancla del alma, aferrada al trono mismo de Dios; por tanto,
en el corazón mismo de Cristo (Heb. 6:18–20). Consiste entonces en una entrega ferviente,
una espectación confiada, una espera paciente del cumplimiento de las promesas de Dios,
una absoluta confianza centrada en Cristo (cf. Col. 1:27) de que tales promesas serán sin du-
da alguna cumplidas. Es una fuerza viva y santificadora (1 P. 1:3; 1 Jn. 3:3). Prosigue Pablo:
(para que sepáis) cuáles (son) las riquezas de la gloria de su herencia entre los santos.
38 La construcción de πεφωτισμένους τοὺς ὀφθαλμοθς no es fácil. Una solución sería el inferir que, a causa
del infinitivo siguiente, el dativo (πεφωτισμένοις) es aquí reemplazado por el acusativo absoluto
(πεφωτισμένους). La más simple solución, y tal vez la mejor, sería la construcción que considera a estas
palabras como determinadas por δῴη, y en consecuencia como en aposición con la precedente πνεῦμα. Es-
to daría el siguiente sentido, “… que el dé el Espíritu de sabiduría y revelación … (luego, entonces) ojos
iluminados”.
39 Obsérvese la tríada fe, amor, (v. 15) y esperanza (v. 18). Véase C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp.
59–62.
79
“Su” herencia significa aquella dada [p 108] por él, tal como “su” llamado es el que él pro-
nunció e hizo a la vez efectivo. Pablo habla acerca de las gloriosas riquezas, la magnitud ma-
ravillosa, de todas las bendiciones de la salvación, especialmente aquellas que han de ser
otorgadas en la gran consumación de todas las cosas. Véase C.N.T. sobre Col. 1:12 (“la
herencia de los santos en la luz”). A estas bendiciones se las llama una herencia porque son
el don de la gracia de Dios, las cuales una vez recibidas jamás podrán ser quitadas (“¡Nunca
permita Jehová que yo te dé la herencia de mis padres!” 1 R. 21:4). Véase también más arri-
ba, sobre el v. 14. La frase “entre los santos” (cf. Hch. 20:32; 26:18) merece atención especial.
Cuando la esperanza del creyente es la correcta, jamás espera una herencia sólo para si. Lo
que da a la herencia un carácter tan glorioso es justamente el hecho de que ha de ser disfru-
tada juntamente con “todos los que aman su venida” (2 Ti. 4:8).
19. Pablo prosigue añadiendo una cosa más a la esperanza y la herencia. Dice, “Oro para
que los ojos de vuestros corazones sean iluminados, a fin de que sepáis cuál es la esperanza
… cuáles las riquezas de la gloria de su herencia entre los santos”, y cuál la sobresaliente
grandeza de su poder (desplegada) con respecto a nosotros los que creemos, según se ve
en aquella manifestación de su infinito poder … Esta “sobresaliente grandeza de su (del
Dios Padre) poder” es necesaria como eslabón entre los otros detalles que fueron
mencionados en el versículo precedente, a saber, la esperanza y la herencia. El poder (griego
dúnamis, cf. “dinamita”) de Dios es necesario a fin de que la esperanza sea cumplida y la
herencia lograda. Las palabras “con respecto a nosotros los que creemos” muestran que tal
poder se ejerce en beneficio de los creyentes, y de nadie más. Solamente ellos reciben la
herencia. Pablo ruega a Dios que dé a los lectores ojos esclarecidos a fin de que puedan saber
cuál es la sobresaliente grandeza del poder de Dios “conforme a la operación de la fortaleza de
su poder”, etc., citado literalmente. Las tres palabras que emplea para mostrar la forma en
que este poder se usa son: enérgeia (de donde viene la palabra “energía”), esto es, actividad,
operación, manifestación; krátos: fortaleza ejercida; e ischús: poder, gran fortaleza inherente.
Sin embargo, cuando tales sinónimos se amontonan, como sucede en esta parte de la
oración, es dudoso que podamos hacer distinción precisa entre uno y otro. F. W. Grosheide
tiene probablemente razón cuando dice, “Es difícil hacer diferencia con precisión entre las
varias palabras que se usan para poder. Es permisible llegar a la conclusión de que el apóstol
hace uso de más de un término para indicar la plenitud y certeza de este poder” (op. cit., p.
30). En armonía con este punto sugiero la traducción “poder … según se ve en aquella
manifestación de su infinito poder”, (y sigue) 20. que ejerció en Cristo [p 109] cuando le
levantó de entre los muertos y le hizo sentar a su mano derecha en los lugares
celestiales. El principal pensamiento expresado por estas palabras vistas a la luz de lo que
inmediatamente precede es este: el apóstol ora para que se conceda a los efesios ojos
esclarecidos de modo que puedan ver y discernir que, para que se haga posible la
transformación de su firme esperanza en una gloriosa realidad de modo que puedan recibir la
totalidad de su herencia, Dios tiene a su disposición un poder tan grandioso como el que
exhibió cuando levantó a su Hijo de entre los muertos y le sentó a su misma diestra. Es como
si el apóstol dijera, “no desesperéis, podéis confiar en el infinito poder de Dios. Llegará el día
en que la herencia aguardada para vosotros será enteramente vuestra”.
Pero, ¿es acaso necesario limitar el significado de las palabras de Pablo a una comparación
entre a. el poder desplegado en la resurrección y coronación de Cristo, y b. el poder que se
ejerce para conducir a los creyentes a su total victoria? A la luz de Ro. 6:8–11; 1 Co. 15:20;
Col. 3:1, ¿no pudo acaso haber tenido presente también el hecho de que la resurrección de
Cristo y el sentarse a la mano derecha del Padre son tipos de lo que sucederá con los creyen-
tes? También ellos conquistarán la muerte cuando se levanten gloriosamente de sus tumbas
para vivir y reinar con Cristo para siempre jamás. Y aun ahora la resurrección de Cristo es
40 αἰών ha sido definido como “el mundo en movimiento”, en contraste con κόσμος, “el mundo en reposo”.
Sin embargo, el último término se usa en gran variedad de sentidos; vèase C.N.T. sobre Juan, p. 84, nota
26. El término αἰών se puede considerar como el mundo visto bajo el punto de vista de tiempo y cambio;
por tanto, la era, sea presente o futura (“que viene”), y su estado de ánimo prevaleciente.
41 En este punto Lenski entra en un problema. Habiendo interpretado la era “venidera”, la que Cristo ini-
ciará con la parousía—interpretación correcta del término de acuerdo a su uso aquí, según creo—y prosi-
guiendo con la tácita suposición que desde aquel instante el tiempo no será más, le corresponde explicar
cómo es que el texto puede, no obstante, hablar acerca de una era venidera. Su solución es la siguiente:
“Se la llama ‘el aion venidero’ solamente porque hoy lo aguardamos en esperanza. Además, debemos obser-
var que el lenguaje humano se ve obligado a usar términos que indican tiempo al hablar de la eternidad
(hecho que no discuto), aunque en la eternidad no exista el tiempo se usan expresiones como sucesión,
progreso, etc.” En cuanto a este punto difiero. En ningún lugar de las Escrituras se enseña que el alma,
cuando entre en el cielo o cuando sea reunida con el cuerpo al regreso de Cristo, adquiera el atributo divi-
no de ausencia de tiempo. Tampoco “la perfección” elimina necesariamente “el progreso”. Concerniente a
mis puntos de vista acerca de este tema y también otros conceptos afines, véase mi libro La Biblia y la vida
venidera.
81
22, 23. Es así entonces, que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, mani-
festó su infinito poder cuando levantó a Cristo de entre los muertos y le hizo sentar a su ma-
no derecha y sujetó todas las cosas bajo sus pies. En él, como el Hombre ideal (tanto “Hijo
del hombre” como “Hijo de Dios”), el Salmo 8 (del cual se cita aquí el [p 111] v. 6; cf. LXX Sal.
8:7) llega a su cumplimiento absoluto. Véase también 1 Co. 15:27 y Heb. 2:8. La expresión
“todo” o “todas las cosas” no ha de ser limitada a “todas las cosas en la iglesia”. Tampoco in-
cluye meramente cosas tales como “ovejas y bueyes, todo ellos; y asimismo las bestias del
campo, las aves del cielo, los peces del mar, y cuanto pasa por las sendas de los mares” (Sal.
8:7, 8). Aunque en forma muy limitada, la humanidad, aún después de la caída, tiene cierto
grado de control sobre estas criaturas “inferiores”, el dominio que aquí ejerce es insignificante
comparado con la soberanía universal de Cristo, dominio que no excluye nada en absoluto de
lo que existe. En consecuencia, nada puede obstaculizar el logro de la “esperanza” de los cre-
yentes. A nada se le permitirá cruzarse en el camino hacia la adquisición y el goce pleno de
aquella gloriosa “herencia” de la cual disfrutan un anticipo ahora mismo. Además, el poder de
Dios no está inactivo. En forma que fue claramente exhibida en la exaltación de Cristo se está
utilizando en el gobierno del universo, en beneficio de la iglesia. De ahí que Pablo prosigue: y
le42 constituyó cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, puesto que43 es su cuerpo …;
vale decir, ya que se halla tan íntima e indisolublemente unido a ella y la ama con amor pro-
fundo, ilimitado, e inmutable. Lo que se enfatiza por medio de este simbolismo de cabeza-
cuerpo es la intimidad del lazo, el insondable carácter del amor entre Cristo y la iglesia, se-
gún se indica claramente en 5:25–33. En relación a esto no debemos pasar por alto un hecho
importante, es decir, que a través de la epístola Pablo hace énfasis en el gran amor de Dios (o
de Cristo) hacia su pueblo, y el amor que sus hijos en respuesta deben a él y se deben entre
sí (1:5; 2:4; 3:19; 4:1, 2; 5:1, 2ss; 6:23, 24). No hay ni un capítulo donde no se enfatice este
tema. ¡Quien no haya captado este punto aún no entiende Efesios!
En las cartas gemelas, Colosenses y Efesios, la figura cabeza-cuerpo aparece por vez
primera en las epístolas paulinas, para indicar la relación entre Cristo y su iglesia. Es verdad,
por supuesto, que aquí en Ef. 1:22, 23 no se dice realmente que Cristo es la cabeza de la
iglesia sino más bien “cabeza sobre todas las cosas a la iglesio … su cuerpo”. Pero esta forma
de expresión tiene por objeto meramente incrementar la belleza del simbolismo. El
significado, entonces, viene a ser este: ya que la iglesia es el cuerpo de Cristo, con la cual él
está orgánicamente unido, su amor por ella es tan grande que hace uso de su poder infinito
para que el universo entero con todo lo que en él hay coopere [p 112] en beneficio de ella, sea
de buen grado o no. En consecuencia, el concepto Cristo cabeza gobernante sobre todas las
cosas (Cf. Co. 2:10) no anula sino más bien fortalece y adorna la doctrina claramente
implicada Cristo cabeza gobernante (y orgánica) de la iglesia (cf. Ef. 4:15; 5:23; Col. 1:18;
2:19). Por tanto, cuando muchos comentaristas, dogmatistas, y también el Catecismo de
Heidelberg (Domingo 19, edición con referencias textuales, P. y R. 50) apelan a Ef. 1:20–23,
entre otros pasajes, para apoyar la posición de que Cristo es cabeza de la iglesia, no están
cometiendo ningún error. Con respecto a otras observaciones acerca de Cristo como cabeza,
véase más arriba, sobre v. 10; también C.N.T. sobre Colosenses pp. 93–95, especialmente
éste en lo relativo a la distinción entre cabeza gobernante y orgánica.
Añadiendo una descripción más a la iglesia como cuerpo de Cristo, Pablo agrega: la pleni-
tud44 de Aquel que lo llena todo en todo. Los argumentos relacionados con el significado
exacto de plenitud en este caso particular llenan muchas páginas de innumerables comenta-
to y no a la iglesia, ha tenido poca aceptación, y la razón es que las palabras que se usan en aposición o
como modificativo deben ser colocadas con un antecedente próximo, no con uno remoto, a menos que exis-
te una muy buena razón para hacer esto en forma diferente.
82
rios. Con el debido respeto hacia los argumentos de los que defienden otras teorías, y cuyas
defensas en favor de sus puntos de vista he examinado detalladamente,45 he llegado a la con-
clusión, después de [p 113] largo estudio, que la correcta interpretación es la siguiente: la
iglesia es el complemento de Cristo. En otras palabras: “Es el más alto honor para la iglesia,
que el Hijo de Dios se considere a sí mismo en cierto grado imperfecto en tanto que no esté
unido a nosotros. Qué consuelo es para nosotros el saber que no será hasta que estemos ante
su presencia, que él tendrá todos sus elementos constitutivos, o que él desee ser considerado
como completo”. (Juan Calvino en su comentario acerca de este pasaje. Véase en la bibliogra-
fía el título de la obra). Este punto de vista, con ciertas variaciones en cuanto a detalles, a
saber, que la iglesia, sin duda, está presentada aquí como llenando y completando a Aquel
que lo llena todo en todo, es defendido por Abbott, Barry, Bruce, Grosheide, Hodge, Lenski,
Simpson, y muchos otros.
Esta interpretación, a la cual yo y los que se acaban de mencionar nos aferramos, no resta
en manera alguna, ni en forma ni grado, un ápice de la absoluta majestad o autosuficiencia
de Cristo.
45
Algunos interpretan πλήρωμα como “el número total de los aiones como también la mónada de la cual han
procedido” o, en general, como un término que pertenece al siglo segundo de la especulación gnóstica. Na-
da existe en el contexto que favorezca esta teoría. Otros, muchos de los cuales confían firmemente en los
argumentos de J. B. Lightfoot (defendidos en su obra, Saint Paul’s Epistle to the Colossians and to Phile-
mon, (pp. 255–271) aseguran que los “Substantivos en ma, formados por el pasivo perfecto, se presentan
siempre con un sentido pasivo”, apoya la interpretación: (la iglesia como el cuerpo de Cristo) “lo que es lle-
no—o siendo llenado—por Cristo”. Este punto de vista, con variaciones en cuanto a detalles, es defendido,
entre otros, por Greijdanus, Percy (“die Gemeinde als von Christus erfüllt), Robertuson, Salmond, Scott. Es
apoyado también por L.N.T. (A. y G.), p. 678, y por The Amplified New Testament. Se puede agregar en apo-
yo a esta teoría que el apóstol enfatiza el hecho de que la iglesia halla su plenitud en Cristo, y solamente en
él (Col. 2:10), porque plugo al Padre que la plenitud de todo residiese en él (Col. 1:19); cf. Ef. 4:10). Tam-
bién la combinación del nombre πλήρωμα y el participio πληρομένου resulta armoniosa: la iglesia es llena
de aquel que llena todas las cosas. La teoría es muy atrayente. Se debilita en parte, sin embargo, por la
argumentación de otros intérpretes que “En cualquier otra instancia en que πλήρωμα ocurra, se usa en
forma activa—lo que efectivamente llena” (así Hodge, op. cit., pp. 89, 90; y en cuanto a obras de otras fuen-
tes que muestran que los puntos de vista de Lightfoot son insostenibles véase M. M., sobre πλήρωμα, p.
520). Sea como fuere, un estudio contextual de todas las instancias en que se usa πλήωμα en el Nuevo
Testamento muestra que al interpretar Ef. 1:23 según la argumentación de Lightfoot resulta algo precario.
Véase también C.N.T. sobre Colosenses y Filemón, pp. 96, 97, nota 56, para una completa tabulación del
significado πλήρωμα en el Nuevo Testamento. Lo que resulta tal vez un argumento más convincente en
contra del sentido pasivo del nombre conforme al uso que de él se hace aquí es el hecho que en ese caso la
metáfora cabeza-cuerpo que el apóstol emplea pareciera muy difícil de ajustar. Se podría decir que la igle-
sia es llenada por Cristo, y a la inversa que, consecuentemente, Cristo llena a la iglesia. Pero, ¿no se podría
decir que el cuerpo es llenado por la cabeza y por tanto, la cabeza llena el cuerpo? Beare responde, “No se
puede decir de la cabeza ‘que llene’ el cuerpo”. ¿No es más bien el cuerpo que llena, completa, expresa,
lleva a cabo las órdenes de la cabeza?
Finalmente, existe una interpretación que elude el poner énfasis ya en el sentido activo o en el pasivo
de πλήρωμα. Interpreta este nombre como indicando sencillamente “Todo el número o la totalidad de los
creyentes individuales representados en la actividad redentora del Cristo encarnado”. Según lo veo yo, és-
ta, también, es una interpretación razonable. La palabra πλήρωμα tiene a veces el sentido de un número
completo, Ro. 11:12 y 11:25 (número total de judíos elegidos”, “número total de gentiles elegidos”) y merece
su consideración aquí. También es verdad que, numéricamente hablando, la referencia en Ef. 1:23 es, por
cierto, a ninguna otra cosa sino al número completo de los elegidos. ¿A qué se debe entonces, que la gran
mayoría de los comentaristas insisten en que πλήρωμα, según su uso en Ef. 1:23, debe ser interpretado o
pasivamente, “lo que es—o está siendo—llenado”, o activamente, “lo que llena o completa”, y no estáttico,
“totalidad”? ¿Será, tal vez, porque ambos grupos de intérpretes están conscientes de que el nombre y el
participio constituyen una unidad, y que si lo último implica acción, sea ésta recibida o ejercida, la primera
debe hacer lo mismo?
83
Por supuesto, en lo referente a su esencia divina no es en sentido alguno ni dependiente ni
posible de ser complementado por la iglesia. Pero como esposo sí está incompleto sin la espo-
sa; no se puede pensar en él como vid sin sus pámpanos; como pastor, no le podemos
imaginar sin las ovejas; y así también, como cabeza halla su total expresión en su cuerpo, la
iglesia.
Existen también las siguientes razones adicionales que me han inducido a considerar esta
interpretación como correcta:
(1) El hecho de que para Aquel que lo llena todo en todo hay algo que, no obstante, lo llena
o complementa, está enseñado claramente por Cristo mismo y también por su discípulo Juan
(Jn. 6:56; 15:4, 5, 17–21; 1 Jn. 3:24). “Permaneced en mí, y yo en vosotros” muestra que no
solamente los sarmientos se hallan incompletos sin la vid—que [p 114] es el punto enfatizado
en Juan 15—sino que, en cierto sentido, la vid también es complementada por los
sarmientos.
(2) En Col. 1:24 Pablo se refiere a sí mismo como “cumpliendo de mi parte lo que falta aún
de los padecimientos de Cristo”. Hay un sentido en el cual la iglesia, por decirlo así, completa
los sufrimientos de Cristo. Véase C.N.T. sobre Col. 1:24. Por lo tanto, los que rechazan la idea
de que la iglesia es el complemento del Cristo tendrán gran dificultad al interpretar Col. 1:24.
Igualmente hallamos que la iglesia recapitula la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 6:4, 5;
Col. 2:20; 3:1; 2 Ti. 2:11, 12).
(3) Al interpretar la metáfora cabeza-cuerpo con el significado de que el cuerpo llena o
complementa la cabeza, resultando así una unidad orgánica en que el cuerpo lleva a cabo la
voluntad y propósito de la cabeza, se obtiene un sentido equilibrado de la figura. Cristo utiliza
a la iglesia para la realización de sus planes en el gobierno del mundo y para la salvación de
los pecadores.
(4) La idea enfatizada por Calvino, a saber, que Cristo rehusa considerarse a sí mismo
completo hasta poseer todos sus elementos, armoniza maravillosamente también con aquella
motivación de amor que, según lo he mostrado, domina toda la epístola.
(5) La descripción de la iglesia como “la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo” es, sin
lugar a dudas, “una tremenda paradoja” (usando la expresión de Lenski, op. cit., p. 403). Es-
to, también, es exactamente lo que esperamos hallar en Pablo. Abundan en sus escritos figu-
ras en que aparecen aparentes contradicciones: “no todos son Israel que son de Israel” (Ro.
9:6). “En todo recomendándonos … como impostores, y sin embargo veraces; como descono-
cidos, y sin embargo bien conocidos; como moribundos, y he aquí que vivimos … como pesa-
rosos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo
nada, y sin embargo poseyendo todas las cosas” (2 Co. 6:4–10). “Cuando soy débil, entonces
soy fuerte” (2 Co. 12:10). Es Pablo quien desea que los tesalonicenses tengan ambición de
vivir tranquilos (1 Ts. 4:11). ¡Y sin ir más lejos, en esta misma epístola a los efesios habla de
conocer el amor de Dios que sobrepasa el conocimiento (3:19)! La paradoja de 1:23 se ajusta
muy bien a esta categoría de estilo.
Comentando acerca de las palabras “Aquel que lo llena todo en todo”, Calvino continúa
como sigue, “Esto se añade para guardarnos de la suposición de que existiese cualquier
defecto real en Cristo al estar separados de nosotros. Su deseo de ser lleno y, en algunos
aspectos, ser hecho perfecto en nosotros, no proviene la falta o necesidad, puesto que todo lo
bueno que hay en nosotros o en cualquiera de las criaturas es don de su mano.”
84
[p 115] Las palabras “que lo llena46 todo en todo” significan que Cristo llena todo el uni-
verso en todos los aspectos; esto es, que el universo entero no solamente depende de él para
la provisión de lo necesario sino que además es gobernado por él en beneficio de la iglesia, la
cual, a su vez, debe servir al universo y se halla henchida de sus generosos dones. Así pues,
está constantemente impregnando a todas las cosas con su amor y poder (cf. Jer. 23:24; 1 R.
8:27; Sal. 139:7). Concuerdo con la declaración de Roels, “Lo más probable es que Pablo se
refiera al hecho de que Cristo, exaltado sobre todo, está ahora implicado en la realización
histórica de la reconciliación ya efectuada del universo dirigiendo todas las cosas hacia lo
determinado, que es, su meta divinamente designada” (op. cit., p. 248).
Con un Cristo que es el fundamento eterno de su salvación, el cristiano nada tiene que
temer. Su esperanza será realizada, su herencia plenamente disfrutada.
Resumen del capítulo 1
El capítulo consta de dos partes principales (después de la salutación de apertura, vv. 1–
3). En la primera de ellas (vv. 4–14) Pablo alaba al Trino Dios por las bendiciones de la
elección hecha por el Padre, la redención mediante el Hijo, y la certificación en el Espíritu. En
la segunda (vv. 15–23), habiendo dado expresión a su profunda y humilde acción de gracias,
el apóstol ora para que los ojos de los efesios sean iluminados a fin de que puedan ver: a.
cuál es la esperanza para la cual fueron llamados; b. cuál la herencia que les espera; y c. cuál
el poder de Dios para hacer efectiva esta esperanza y para que la herencia se convierta en
posesión eterna. ¿No fue acaso una prueba de la operación de este poder el que “el Padre de
gloria” levantase a su Hijo de entre los muertos haciéndole sentar a su mano derecha en los
lugares celestiales?
En este capítulo, más que en ningún otro, el apóstol subraya el hecho de que todas las
bendiciones espirituales que descienden de “los lugares celestiales” al pueblo de Dios son “en
Cristo”. Fuera de él son desesperadamente miserables. Si están en íntima comunión con él
son indeciblemente ricos. Por tanto, Cristo es, en un sentido muy real, el eterno fundamento
de la iglesia. Cf. 1 Co. 3:11.
Alguien podría preguntarse, “¿Cómo puede ser posible que en este capítulo y también en
los caíptulos 2 y 3 el apóstol, un prisionero, dé [p 116] expresión a su profunda gratitud en
palabras de desenfrenada adoración, comenzando con “¡Bendito (sea) el Dios y Padre nuestro
Señor Jesucristo!?” La respuesta es que Pablo ya ha reflexionado en los hechos siguientes.
(1) El deleite especial del Padre al planear la salvación de personas que de por sí eran
totalmente indignos (1:5b; 2:3).
(2) La maravillosa decisión del Padre de adoptar a estas personas como suyos propios, y
llamarles “la familia del Padre” (1:5; 3:15).
(3) El compromiso solemne del Hijo, hecho antes de la fundación del mundo, por medio del
cual se constituyó en el fiador de su pueblo (1:4).
(4) El hecho de que “el Hijo no desea considerarse completo sino hasta el día en que
nosotros estemos ante su presencia” (La interpretación de Calvino de la expresión que la
iglesia es “la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo”, 1:23).
(5) La complacencia del Espíritu para morar en el corazón de los hijos de Dios con su
presencia misma garantizándoles una mayor gloria venidera (1:13, 14).
46El participio ha de ser interpretado como intermedio, no como pasivo, puesto que resultaría en una ás-
pera construcción. Sea que este intermedio haya retenido o no algo de su fuerza recíproca o reflexiva—de
ahí, “quien llena todo el universo para sí mismo” (o, de acuerdo a otros, “de él mismo como centro”)—o
simplemente tenga el sentido activo, sería difícil de establecer, aunque la primera alternativa parece más
probable.
85
(6) La actividad del Espíritu iluminando los ojos de tal modo que los creyentes así esclare-
cidos puedan tener un claro y definido conocimiento de su esperanza, su herencia, y el poder
de Dios que transforma la esperanza en la real posesión de la herencia (1:17–23).
(7) La revelación recibida por el Apóstol acerca del “misterio”, a saber, el establecimiento
de una iglesia recogida de entre judíos y gentiles y unida en una sola comunidad espiritual
formando una membresía con igualdad de privilegios sin considerar diferencia de razas o na-
cionalidades (1:15; 2:16; 3:6).
(8) El hecho de que esta “iglesia unida” está siendo fundada ante la vista misma de Pablo,
constituyendo una prueba de ello la existencia de las iglesias de Efeso y los lugares
circundantes (1:15).
(9) El hecho de que aun él, Pablo, en otro tiempo enconado perseguidor, fuese elegido por
la maravillosa gracia de Dios, para revelar el misterio a los hombres y ver que llegase a su
realización (3:3–5).
(10) El reinado del Cristo resucitado y ascendido sobre el universo entero en beneficio de
la iglesia, su cuerpo (1:22, 23).
86
[p 118]
Capítulo 2
Versículos 1–10
Tema: La iglesia gloriosa
I. Adoración por su
U niversalidad (abarcando tanto a judíos como a gentiles),
1. asegurada por las grandes bendiciones redentoras para ambos que tienen su centro “en
Cristo” y que son semejantes a Su resurrección y vida triunfante.
[p 119]
CAPITULO 2
EFESIOS
2 1 Y vosotros, aun cuando estabais muertos a causa de vuestros delitos y pecados, 2 en los cua-
les en tiempos pasados anduvisteis según la corriente de este mundo, conforme al príncipe del impe-
rio del aire, (imperio) del espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales no-
sotros también vivíamos en las concupiscencias de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne
y sus razonamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los demás, 4 Dios, siendo rico
en misericordia, por causa de su grande amor con que nos amó, 5 aun cuando estábamos muertos a
causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo—por gracia habéis sido salvados—6 y
nos resucitó con él y nos hizo sentar con él en los lugares celestiales en Cristo Jesús, 7 a fin de mos-
trar en las edades venideras las extraordinarias riquezas de su gracia (expresadas) en bondad para
con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no de
vosotros, (es) don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se jacte, 10 porque hechura de sus manos
somos, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios preparó de antemano para que anduvié-
semos en ellas.
2:1–10
1. Bendiciones redentoras tanto para judíos como gentiles
El texto de la oración y acción de gracias ha llegado a su término. Pero la profunda emo-
ción continúa, siendo evidente por expresiones tales como “rica misericordia … grande amor
… sobreabundante riqueza de gracia”. Este, también, como en el capítulo 1, es el lenguaje de
gratitud y adoración. No obstante, se da comienzo aquí a una nueva subdivisión. No se pro-
duce un cambio brusco. Tanto en este capítulo, como en el capítulo 1, Cristo, aquel en quien
se revela la Santa Trinidad, es considerado base de las bendiciones (2:6, 7, 9, 13, 21, 22). No
obstante, el énfasis ha sufrido un cambio, evidenciado por el hecho de que en este segundo
capítulo la frase “en Cristo” o sus equivalentes ocurren con mucha mayor frecuencia. Ahora,
el cap. 2 concentra nuestra atención en el alcance universal o la extensión universal de la
iglesia. Comienza el apóstol mostrando que “en Cristo” el palacio de la salvación ha abierto
sus puertas a todos, esto es, a gentiles y judíos igualmente. Cuando Cristo murió en la cruz
el muro divisorio entre estos dos grupos hostiles se derrumbó para nunca más volver a ser
levantado (2:14). En él todos son ahora uno, es decir, [p 120] todos los que se han rendido a
él mediante una fe viva.
La forma tan natural en que Pablo pasa de “vosotros” a “nosotros” y vice versa, en los vv.
1–10—con “vosotros” en los vv. 1, 2, y 8; “nosotros” en los vv. 3, 4, 6, 7, y 10; y un “nosotros”
que evidentemente incluye un “vosotros” en el v. 5—indica que aunque a veces se establece
cierta distinción, el énfasis recae en lo que todos tienen en común. Las bendiciones que se
detallan son compartidas entre el escritor y sus lectores, entre judíos y gentiles igualmente,
87
en fin, entre todos los que habiendo estado muertos mediante sus pecados y transgresiones
tuvieron que ser revivificados. No es sino hasta llegar al v. 11 que se nos dice cómo los dos
grupos—judíos y gentiles—otrora enconados enemigos, llegaron a la reconciliación. La lógica
es simple y clara. El establecimiento de la paz entre Dios y el hombre (vv. 1–10), de modo que
“los hijos de ira” son ahora objetos de su amor, naturalmente precede y da como resultado la
paz entre hombre y hombre, en este caso entre judíos y gentiles (vv. 11ss). La línea horizontal
es la proliferación de la vertical.
El capítulo 2 no solamente lleva un eco del énfasis central del capítulo 1, es decir, que Je-
sucristo como revelación del Dios Trino es Aquel “en quien” todas las bendiciones pasadas,
presentes, y futuras se otorgan a los creyentes, siendo en este sentido el eterno fundamento
de la iglesia, sino que también prefigura los futuros conceptos sobre los cuales el apóstol ha
de extenderse en detalle en los últimos capítulos. Nos da, especialmente, un vistazo por ade-
lantado de 4:1–16: la unidad orgánica y el crecimiento de la iglesia.
Lo que principalmente ataca el capítulo 2 es el espíritu de pecaminoso exclusivismo, y en-
fatiza el hecho de que el amor de Dios es más amplio que el mar, y abarca no solamente a
judíos sino también a gentiles (cf. Ro. 1:14; Gá. 3:28; Col. 3:11; luego también Jn. 3:16;
10:16; Ap. 5:9; 7:9), fundiéndolos en una unidad orgánica, y esto lo hace por medio del ins-
trumento más extraño imaginable, a saber, ¡una muerte en la cruz! El alcance universal de la
iglesia es el pensamiento en que la mente de Pablo se centra aquí y que se introduce como
sigue:
1. Y vosotros, aun cuando estabais muertos a causa de vuestros delitos y pecados …
La palabra vosotros es el objeto (o complemento) de la oración, colocado al principio para en-
fatizarlo. Es como si el apóstol dijera, “Fue de vosotros, tan indignos, de quien Dios tuvo mi-
sericordia”. En el original el sujeto de la oración, a saber, “Dios”, y el predicado, “vivificados”,
no se mencionan sino hasta llegar a los versículos 4 y 5. Y ni aun entonces Pablo se expresa
diciendo, “Dios os vivificó”, sino “Dios nos vivificó”. Al tratar los grandes misterios de la salva-
ción, asuntos que al apóstol le conciernen tan vitalmente y [p 121] cuyos efectos ha experi-
mentado tan dramáticamente en su propia vida y aún sigue experimentando, le era imposible
permanecer fuera del cuadro. Es incapaz de escribir acerca de tales cosas en forma abstracta
y ajena a ellas. Es por esto que está dispuesto a substituir “vosotros” por “nosotros”. Este
“nosotros” es, desde luego, de tal amplitud que siempre incluirá a “vosotros”.
Sin embargo, en algunas traducciones, sujeto y predicado han sido ya insertados en el
versículo, quedando este versículo así, “y a vosotros él os vivificó”. Algunas veces las palabras
“os dio vida” (Biblia de las Américas y V. M.) se han impreso en cursiva para indicar su au-
sencia en el original; pero otras veces no (VRV 1960) lo cual, para mí, es peor. Del modo que
sea, su inserción obscurece el propósito de Pablo.47 El apóstol, según creo, se hallaba tan
profundamente embargado de una sensación de gratitud al contrastar la anterior miseria to-
tal de los lectores con la actual riqueza en Cristo, que deliberadamente posterga la descrip-
ción de la última hasta después de haber presentado vívidamente la primera. Sin duda pro-
cedió así a fin de que los efesios, recordando primeramente (vv. 1–3) la tétrica condición de
obscuridad y muerte en que antes habían caminado, tuviesen un regocijo más pleno cuando
al fin (vv. 4ss) se les dijese que todo esto pertenecía al pasado, puesto que Dios, en su infinita
misericordia, amor, y gracia hizo que la lumbre de la vida amaneciese sobre ellos (sí, sobre
47 La Biblia sueca (Estocolmo, 1946) inserta las palabras en el v. 1. Así también lo hace la frisia (Amster-
dam, 1946), la sud-africana, aunque en cursiva (Ciudad del Cabo, 1938), etc. Por otro lado, la holandesa
(Nieuwe Vertaling, Amsterdam, 1951) y varias otras, incluyendo las versiones francesas y alemanas, no
tienen esta inserción. Algunos traductores han tomado esta hermosa cláusula (que comprende al menos
los vv. 1–7) y lo han dividido en varias breves declaraciones, cada una seguida de punto, de tal modo que,
si en el v. 1 se inserten u omitan estas palabras, la traducción resultante pierde algo del sabor del Pablo
auténtico.
88
“nosotros”). Cuando más entienda el hombre la verdadera dimensión de su profunda condi-
ción perdida, más apreciará, por la gracia de Dios, su maravillosa liberación.
Los lectores, antes de su conversión, se hallaban “muertos” en sus delitos (desviaciones de
la senda recta y angosta; véase sobre 1:7) y pecados (inclinaciones, pensamientos, palabras y
obras “que no dan en el blanco”, es decir, que no glorifican a Dios). Ahora bien, el hecho de
que tales personas se describan como muertas no significa que en sus corazones y vidas el
proceso de corrupción moral y espiritual se hubiese ya completado. Ursino, en su exposición
del Catecismo de Heidelberg, Juan Calvino, y muchos otros, han señalado que aun la perso-
na no regenerada está en condiciones de realizar el bien natural: comer, beber, hacer ejerci-
cios, etc., y el bien cívico o moral. Ciertas personas mundanas “se condujeron honestísima-
mente toda su vida”. Así escribió Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, Fundación
[p 122] Editorial de Literatura Reformada, Rijswijk (Z. H.), Países Bajos, Vol. I, p. 199. Negar
esto sería cerrar los ojos ante hechos que se nos presentan diariamente en la vida.48 Además,
tal negación equivaldría un rechazo de la clara enseñanza en las Escrituras. El rey Joás “hizo
lo que era recto a los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote” (2 Cr. 24:2). Sin
embargo, véase cual fué su final (2 Cr. 24:20–22). Jesús dijo, “Y si hacéis bien a los que os
hacen bien, ¿qué gracia tenéis? porque aun los pecadores hacen lo mismo” (Lc. 6:33). En rea-
lidad, sucede a veces que aun “los bárbaros” muestran “una amabilidad poco común” (Hch.
28:2; Cf. Ro. 2:14). En casos de emergencia, la cantidad de personas que se ofrecen para do-
nar sangre es tan grande que de pronto ha sido necesario avisar, “no se necesita más san-
gre”. Cuando en los titulares de los periódicos se publican casos de extrema pobreza seguidos
de un conmovedor artículo y fotografías sensacionales, los sentimientos de los hombres se
conmueven en tal forma que comienzan a llegar en abundancia alimento, ropa, dinero, jugue-
tes, etc. para socorrer a los angustiados. ¡E indudablemente no todos los donantes son cre-
yentes!
Sin embargo, aunque sería necio negar que aun fuera de la gracia regeneradora el hombre
“muestra cierta consideración hacia la virtud y el comportamiento externo” (Cánones de Dort,
III y IV, artículo 4), tal conducta ni siquiera se puede comenzar a comparar con el bien espiri-
tual. Solamente el Señor sabe hasta qué punto, en la vida de cada hombre, la buena obra ex-
terior brota de una compasión auténtica, puesto que la imagen de Dios no se ha perdido to-
talmente en él, y hasta donde es resultado de haber comprendido que el egoísmo personal
provoca al mismo tiempo destrucción personal, o por otro motivo que no sea exactamente al-
truista. En cada caso tal buena obra no ha brotado de la fuente de la gratitud por la salva-
ción merecida por Jesucristo. Por tanto, no es obra de fe. No ha sido realizada con el propósi-
to consciente de agradar y glorificar a Dios obedeciendo su ley. Ahora bien, es con respecto a
esta clase de bien espiritual que el hombre se halla por naturaleza muerto. Es un hecho que
aun hombres de reconocida virtuosidad se han caracterizado también por responder con un
total desdén a todo llamado del evangelio. Sus altivos corazones rehusan aceptar la urgente
invitación para confesar sus pecados y aceptar a Cristo como su Salvador y Señor. El hombre
natural [p 123] ni siquiera es debidamente apto para discernir a Dios. Para él las cosas del
Espíritu son “locura” (1 Co. 2:14). Carece de la capacidad de auto-incitarse para prestar oído
a lo que Dios demanda de él (Ez. 37; Jn. 3:3, 5). Es solamente bajo la acción transformadora
de Dios que se puede volver de su mal camino (Jr. 31:18, 19). Además de todo esto, se halla
bajo sentencia de muerte, bajo maldición a causa de su pecado en Adán (pecado original) al
cual ha añadido sus propios delitos y pecados. 2. Con respecto a tales delitos y pecados Pablo
48El hecho de que los pecadores resulten a veces ser mejores de lo esperado, mientras que algunos santos
a veces nos desilusionan, es analizado por A. Kuyper en su obra de tres tomos De Gemeene Gratie (segun-
da edición, Kampen, sin fecha); véase especialmente Vol. II, p. 13ss. No importa lo que se piense de la so-
lución de Kuyper, es por lo menos más bíblica y satisfactoria que la ofrecida por Reinhold Niebuhr en su
obra Man’s Nature and His Communities: Essays on the Dynamics and Enigmas of Man’s Personal and So-
cial Existence (Nueva York, 1965), ¡El autor no distingue una diferencia entre santos y pecadores!
89
prosigue: en los cuales49 en tiempos pasados anduvisteis según la corriente de este
mundo, es decir, en cuyo ambiente vosotros os desenvolvisteis libremente, sintiéndoos per-
fectamente cómodos, conduciéndoos en completa armonía “con el espíritu de la época que
caracteriza a una humanidad alienada de la vida de Dios”,50 conforme al príncipe del impe-
rio51 del aire … ¿Hemos de tomar la palabra “aire” en forma más o menos literal como indi-
cando el espacio sobre la tierra pero bajo el cielo de los redimidos, o ha de ser interpretado en
sentido ético o figurativo: “la atmósfera moral” o “la actitud prevaleciente” de la época en que
nos haya correspondido vivir? El candor de Lenski es digno de admiración. Confiesa que no
sabe qué hacer con este término (op. cit., pp. 408–410). Rechaza, sin embargo, tanto el senti-
do literal como el figurativo. Simpson acepta el sentido figurativo. Al rechazar el sentido lite-
ral, llamándolo “fantasía extraña”, agrega, “o si no, tendríamos que disuadir a toda persona
temerosa de Dios de viajar en avión” (op. cit., p. 48). Acerca de este punto me permito hacer
las siguientes observaciones:
(1) ¿Por qué solamente las “personas temerosas de Dios”? Si los viajes aéreos son tan peli-
grosos a causa de estos servidores del mal, ¿no deberían ser prevenidos también los incrédu-
los? Además, ¿no debería ser también la tierra aislada de ellos, o, a pesar de Apocalipsis
16:14, es ella “región prohibida” para los malos espíritus? Pero si [p 124] esto fuese así, ¿por
qué entonces Jesús llamó a Satanás “el príncipe de este mundo” (Jn. 12:31; 14:30)?
(2) ¿Hay siquiera otro caso en las Escrituras donde se use la palabra “aire” en este sentido
figurativo?
(3) En cuanto a Satanás—puesto que es él quien, de acuerdo a las referencias, es “el prín-
cipe del imperio del aire”—¿es omnipresente al igual que Dios? ¿Son omnipresentes sus ser-
vidores, los demonios? ¿Es correcto atribuirles algo así como omnipresencia por el hecho de
ser espíritus? Es obvio que el distinguido y erudito autor de la obra sobre Efesios en el New
International Commentary no apoyaría tal punto de vista puesto que estaría en conflicto con
la demonología del Nuevo Testamento. Según Mr. 5:13 “los espíritus inmundos salieron (del
hombre) y entraron en los puercos”. Si entonces ha de ser asignado un lugar a los demonios,
servidores de Satanás, a fin de que por su medio pueda influenciar a los hombres, ¿puede
acaso aquel dominio ser restringido al infierno, aun en la dispensasión presente antes del re-
greso de Cristo? Esa opinión se estrellaría con pasajes tales como Mt. 8:29; 16:18; 1 P. 5:8.
Por cierto, ni Satanás ni sus agentes están en el cielo de los redimidos (Jud. 6). Si, por tanto,
y de acuerdo a la doctrina consistente de las Escrituras, los espíritus inmundos deben estar
en algún lugar, pero no en el cielo de los redimidos, y si en la era presente no pueden estar
restringidos al infierno, ¿resulta acaso extraño que Ef. 2:2 hable acerca de “el príncipe del
imperio del aire”? No es más bien cosa natural que el príncipe del mal sea capaz, hasta donde
Dios en su gobierno providencial lo permita, de llevar a cabo su siniestra obra enviando sus
legiones a nuestro globo y su atmósfera circundante?
(4) ¿No es verdad acaso que 6:12 (“las fuerzas espirituales del mal en los lugares celestia-
les”) apunta en la misma dirección general? De seguro que si los querubines de la visión de
49 En vista del último antecedente el relativo es femenino (αἵς). La referencia es, no obstante, a ambos,
transgresiones y pecados.
50 ἄιών véase sobre 1:21, nota 40.
51 Tal como βασιλεία puede significar a la vez la realeza (o gobierno) y la región política sobre la cual se
ejerce: reino, así también ἐξονσία puede significar autoridad, o uno que posee autoridad (o al menos la tiene
supuestamente, por ejemplo un ángel), o el dominio o reino sobre el cual su autoridad se extiende. Creo que
gran parte del problema con respecto a la interpretación correcta de este pasaje ha surgido por no recono-
cer este último significado. Las siguientes son ilustraciones de su uso en este sentido: En la LXX 4 Km.
20:13 (“o en todo su dominio”); Sal. 114:2 (“Judá vino a ser su santuario; Israel su señorío”). Véase además
Lc. 4:6, a la luz de Mt. 4:8 (“toda esta potestad”). Cf. Lc. 23:7. Y obsérvese Col. 1:13 (“el dominio de las ti-
nieblas”).
90
Ezequiel podían estar en la tierra, y en el próximo instante “alzados de la tierra” (Ez. 1:19; cf.
10:19; 11:22), no es cosa imposible que también los demonios tengan el mismo poder. En
consecuencia, cualquier tinte figurativo que la palabra “aire” pueda tener—debido al hecho de
que el aire es la región de la niebla, nubes, y obscuridad—el significado literal en este caso es
básico. Este pasaje, en conjunción con otros (3:10, 15; 6:12), enseña claramente que Dios ha
permitido habitar en las regiones supramundanas a huestes sinnúmero, y que en los domi-
nios más bajos los servidores de Satanás se hallan empeñados en sus destructivas misiones.
Grosheide está en lo cierto cuando en sus comentarios acerca de este pasaje declara que de
acuerdo al Nuevo Testamento “la atmósfera está habitada por espíritus, incluyendo espíritus
malignos, que [p 125] ejercen malévola influencia sobre la humanidad” (op. cit., p. 36).52 Nó-
tese la palabra “incluyendo”. ¡De modo que de ninguna manera son ellos dueños absolutos de
la situación! Frente a estos espíritus y su líder, los creyentes hallan verdadero consuelo en
pasajes tales como 1:20–23; Col. 2:15; Ro. 16:20; Ap. 20:3, 10. Cf. Gn. 3:15; Jn. 12:31, 32.
La conducta de los efesios, entonces, había sido antes “según la corriente de este mundo,
conforme al príncipe del imperio del aire”, a lo cual Pablo ahora añade: (el imperio) del espí-
ritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. Tal espíritu, nuevamente, es Satanás,
quien, por medio de sus agentes, los demonios, y probablemente aun directa y personalmente
(Zac. 3; 1 P. 5:8), está activamente comprometido con los corazones y vidas de malignas per-
sonas a quienes se les designa, según una expresión semita, como “hijos de desobediencia”,
vale decir, los que, por decirlo así, brotan de la desobediencia como si fuese su madre que les
hubiese dado el ser. Cf. 2 Ts. 2:3. Esta es la desobediencia de incredulidad (Heb. 4:6), y por
tanto de rebelión contra Dios y sus mandamientos. Obsérvese el hecho de que de este “prín-
cipe” o “espíritu” se dice que “actúa”, es decir, está energéticamente comprometido para hacer
que lo malo sea aún peor. Satanás jamás descansa. Ahora bien, era según este espíritu que
los efesios se habían conducido en tiempos pasados. 3. Pero no solamente los efesios. Pablo
es cuidadoso en agregar: entre los cuales nosotros también vivíamos en las concupiscen-
cias de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y sus razonamientos. Resulta
conmovedor leer, “Entre estos hijos de desobediencia nos hallábamos nosotros también”, no-
sotros los judíos como vosotros los gentiles. Pablo se incluye a sí mismo. No obstante, él es el
apóstol que durante el mismo período de prisión escribió concerniente a su propia vida pre-
cristiana, “… en cuanto a la ley, irreprensible” (Fil. 3:6). La idea central es que tanto el gentil,
sumido en la inmoralidad, como el judío, que piensa poder salvarse por la obediencia a la ley
de Moisés, viven (sinónimo de andan en el v. 2) “en las concupiscencias de la carne”; cuando
se usa la palabra carne en tal contexto se está refiriendo a la naturaleza humana corrompida,
o, en forma más general, a cualquier cosa fuera de Cristo en que uno base su esperanza para
la felicidad o la salvación. [p 126] “El hombre moral vino a juicio, pero sus andrajos de auto-
justificación no le podían servir”. Cf. Ro. 7:18: “… en mi carne no mora el bien”. En cuanto a
deseos, en el caso presente no puede ser otra cosa que los anhelos injustos que pertenecen a
y son engendrados por la carne. Para el judío esto incluía seguramente el anhelo de entrar al
reino en base a sus supuestas meritorias obras de la ley. Para el gentil la referencia es a
asuntos tales como la inmoralidad, la idolatría, la borrachera, y, en general, la agresividad en
52 Salmond también adopta el significado literal. Scott llama a esta idea “una teoría pasada de moda”. Va-
rios comentaristas, no obstante, son de la opinión que Pablo está meramente acomodándose a las creen-
cias de su tiempo, y que las palabras que usa no sugieren en manera alguna, necesariamente, que él se
adhiriese a esta creencia (Abott, Robinson, y hasta cierto punto Van Leeuwen). Westcott enfatiza que la
noción popular contenía un elemento de verdad, a saber, “los adversarios invisibles se hallan a nuestro
alcance”. Findlay interpreta “aire” figurativamente. Hodge, habiendo rechazado el sentido literal, vacila en-
tre el sentido figurativo “poder de las tinieblas” y el significado “poder incorpóreo”. Nadie hoy en día da va-
lor alguno a la grotesca y altamente especulativa noción de la literatura rabínica en cuanto a la morada,
etc., de los demonios.
91
sus varias siniestras manifestaciones.53 La carne o la naturaleza humana depravada engen-
dra, consecuentemente, malos deseos. Estos, a su vez, para conseguir sus objetivos, condu-
cen a todo tipo de razonamientos hostiles (cf. Col. 1:21), a planes egoístas e inmorales, y a
reflexiones que finalmente concluyen en obras malvadas. Cf. Stg. 1:14, 15; 4:1. He aquí algu-
nas ilustraciones de este proceso: la historia de Caín y Abel (Gn. 4:1–8); de Amnón y Tamar (2
S. 13:1–19); o Absalón en su rebelión en contra de su propio padre (2 S. 15ss); y de Acab y
Nabot (1 R. 21). Sin embargo, aunque la secuencia indicada de los elementos en el progreso
del mal es tal como aquí se ha resumido, la vida en sí misma es demasiado compleja para tal
simplificación. Existe una constante interacción.54 Este es un asunto que demanda atención,
puesto que muestra lo terrible que es la condición perdida del hombre: un pecado engendra
otro, el cual a su vez, no sólo da lugar aun a otro sino que ¡“se vuelve”, por decirlo así, y reac-
ciona sobre el que lo engendró, añadiendo así al último vitalidad y eficacia para la maldad! No
es de extrañarse que Pablo prosiga: y éramos por naturaleza hijos de ira lo mismo que los
demás. No hemos de comparar la ira a un incendio en la paja, que arde rápidamente y se
consume. Al contrario, es una indignación estable, es la actitud que muestra Dios hacia el
hombre en su condición caída en Adan (Ro. 5:12, 17–19) y rebelde a aceptar el evangelio de
gracia y salvación en Cristo. Es con respecto a ellos que se ha escrito: “… el que no obedece al
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Jn. 3:36). “Por naturaleza”
debe significar “fuera de la gracia regeneradora”. Se refiere al hombre tal como se halla en su
condición caída, como descendiente de Adán; hablando específicamente, incluido en él como
su representante en el pacto de obras. Tales, entonces, dice Pablo, éramos nosotros antes que
tuviese lugar el gran cambio. Esta era la realidad con respecto a los [p 127] lectores y tam-
bién en lo que respecta al escritor de la epístola. Además, a fin de que nadie pudiese concluir
que entre los hijos de los hombres hubiese siquiera alguno al que estas palabras no se les
pudiesen aplicar, Pablo añade “lo mismo que los demás”. Cf. Ro. 3:9–18. “Hijos de ira” (otro
semitismo) significa, “sujetos de la estable ira de Dios ahora y por todo el tiempo venidero” (de
nuevo, Jn. 3:36), a menos que la maravillosa gracia de Dios intervenga aplastando el orgullo
pecaminoso y la contumaz desobediencia, la que consiste en incredulidad.
“Pero, ¿no es Dios también misericordioso?” Sí, por supuesto, pero aunque odia al pecador
empedernido a causa de su rebeldía e inexcusable impenitencia, no obstante le ama como
criatura. Bajo este aspecto, ama a todos los hombres. Ama al mundo (Jn. 3:16). El sorpren-
dente carácter de aquel amor hace posible comprender, al menos en parte, que la ira de Dios
debe reposar sobre aquellos que le desprecian.
4, 5. Y ahora viene una descripción vívida del cambio. Al hombre totalmente indigno, tal
misericordia, amor, y gracia le es concedida: Dios,55 siendo rico en misericordia, por causa
de su grande amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos a causa de nues-
tros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo—por gracia habeis sido salvados—. En lo
que a este párrafo le concierne, el trágico relato de la desdichada condición del hombre ha
terminado. La idea central con la que el apóstol comenzó no ha sido aun expresada. Las pa-
53 En cuanto a un estudio de la palabra ἐπιθνμία véase C.N.T. sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, pp. 307, 308,
nota 147; y tocante a σάρξ, véase C.N.T. sobre Filipenses, p. 90, nota 55; también p. 172 sobre Fil. 3:3.
54 Cf. las varias secuencias de los elementos de la experiencia cristiana—tales como el conocimiento, amor,
obediencia—en las Escrituras. Véase C.N.T. sobre el Evangelio de Juan, pp. 274–276.
55 Probablemente, por hacerse aquí un contraste tan fuerte entre la obscuridad espiritual y la luz, debido al
uso de la partícula de δέ al comienzo del v. 4 (ὁ δὲ θεός), muchos tienen el presentimiento de que aquí co-
mienza una nueva oración (VRV 1960, Biblia de las Américas, NVI, etc.). Sin embargo, el hecho de que en
el v. 5 el apóstol (de acuerdo a lo que parece ser la mejor traducción) repite las palabras del v. 1 en forma
apenas alterada, y ahora, en los vv. 4 y 5, agrega el sujeto y predicado requerido, parecería indicar que no
hubo “corte” serio en la estructura de la oración. El anacoluto que se puede observar aquí es más aparente
que real y δέ en el caso presente (como lo es a menudo) es mejor dejarlo sin traducir. En este punto con-
cuerdo con Lenski (op. cit., pp. 413, 414) en contraste con varios otros.
92
labras “y vosotros”, como objeto de la oración de apertura, no debe quedar como nadando en
el aire. Los efesios no pueden ser dejados en su estado de ira y condición de miseria. Tanto el
objeto como los efesios deben ser “rescatados”. Y el tiempo ha llegado para que esto sea
hecho. El gran corazón vibrante de este maravilloso misionero, corazón tan lleno de compa-
sión56 ya no puede esperar más. Aquí entonces, al fin, después de todos estos modificativos y
en conexión con la repetición en el v. 5 de las palabras del v. 1—“aun cuando … muertos a
causa de … delitos”—viene la cláusula principal: el sujeto y el verbo [p 128] central: “Dios (v.
4) … nos vivificó” (v. 5). Sin embargo, por la razón ya mencionada, el apóstol decide ponerse
al lado de los efesios. Está convencido que su propio estado (y en realidad, el estado de todos
los judíos que en otro tiempo confiaban en su propia justicia para salvación) no era básica-
mente mejor que el de los gentiles, y también que el nuevo gozo ahora descubierto es el mis-
mo para todos. Así que en lugar de decir, “y a vosotros os vivificó”, dice, “y a nosotros nos vivi-
ficó”. Ahora bien, si este fuese caso de inconsistencia sintáctica, ¡es uno de los más maravi-
llosos que se registran!
Pablo atribuye el dramático y sobresaliente cambio que ha tenido lugar, tanto en su vida
como en la de los demás, a la misericordia, amor, y gracia de Dios. El amor es básico, es decir,
es el más amplio de los tres términos. Pablo dice, “Dios, siendo rico en misericordia, por cau-
sa de su grande amor con que nos amó … nos vivificó”, etc. Este amor de Dios es tan grande
que desafía a todas las definiciones. Podemos hablar de él como una intensa preocupación
por, profundo interés personal en, cálido lazo para, y espontánea ternura hacia sus elegidos,
pero aun todo esto es como tartamudear. Aquellos, y solamente aquellos, que lo experimen-
tan saben realmente lo que es, aunque nunca puedan entenderlo en toda su extensión (3:19).
Comprenden, no obstante, que es único, espontáneo, fuerte, soberano, eterno, e infinito (Is.
55:6, 7; 62:10–12; 63:9; Jr. 31:3, 31–34; Os. 11:8; Mi. 7:18–20; Jn. 3:16; 1 Jn. 4:8, 16, 19).
Es “el amor que ha sido derramado en nuestros corazones” (Ro. 5:5), “su amor hacia noso-
tros” (Ro. 5:8), el amor del cual nadie ni nada “nos podrá separar” (Ro. 8:39).
Ahora bien, cuando este amor se dirige hacia pecadores considerados en toda su miseria y
necesitados de conmiseración y socorro, ello recibe el nombre de misericordia. Véase C.N.T.
sobre Filipenses, p. 158 donde se halla una lista de más de 100 pasajes del Antiguo y del
Nuevo Testamento donde se describe este atributo divino, mostrando cuanta “riqueza” encie-
rra esta gracia. Es tan llena de “riqueza” como el amor es tan lleno de “grandeza”. La gracia
de Dios de la cual se hace mención en esta declaración, “Por gracia habéis sido salvados”, es
su amor como enfocado hacia el culpable e indigno. La misericordia se compadece. La gracia
perdona. Pero hace aún más que eso. Salva enteramente, librando a los hombres de la más
grande miseria (condenación eterna), y otorgando a ellos las más escogidas bendiciones (vida
eterna para el alma y el cuerpo). Ser salvo por gracia es lo opuesto a ser salvo por méritos, el
mérito que pretendidamente resulta de la bondad inherente o el arduo esfuerzo. Cf. 2:8, 9. La
expresión indica claramente que la base de nuestra salvación no descansa en nosotros sino
en Dios. “Le amamos a él porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19). Esta naturaleza soberana
del amor divino en sus [p 129] varios aspectos se ilustra en pasajes tan preciosos como Dt.
7:7, 8; Is. 48:11; Dn. 9:19; Os. 14:4; Jn. 15:16; Ro. 5:8; Ef. 1:4; 1 Jn. 4:10.
Fue por la riqueza de su misericordia, la grandeza de su amor, y el maravilloso carácter de
su gracia, que Dios “nos vivificó” juntamente con Cristo aun cuando estábamos muertos a
causa de nuestros delitos”.57
ción concierne sólo a personas muertas (op. cit., p. 415), no es convincente. El punto es este: los lectores,
como asimismo Pablo, se hallaban muertos a causa de su propia culpa. Esto está claramente implicado al
llamárseles “hijos de ira” y se les describe como necesitados de la gracia de Dios. En consecuencia, cuando
Dios les vivifica, a pesar del hecho de que merecían ni más ni menos que condenación eterna, es un acto
maravilloso, digno de mención.
94
En Cristo Jesús esta divina bondad58 fue expuesta en varias formas, especialmente, por
cierto, en la muerte en la cruz. También fue expuesta en palabras tales como las registradas
en Mt. 5:7; 9:13; 11:28–30; 12:7; 23:37; Mr. 10:14; Lc. 10:25–37, para mencionar solamente
algunas; y en actitudes y acciones como las rememoradas en Mt. 9:36; 14:14; 15:21, 28;
20:34 Lc. 7:11–17, 36–50; 8:40–42, 49–56; 23:34; Jn. 19:27; 21:15–17; entre muchas más.
Pablo no dice “la gracia de Dios”, ni siquiera “las riquezas de su [p 131] gracia”, sino “las
extraordinarias riquezas de su gracia”. Esto es algo característico en el vocabulario de Pablo.
Anteriormente había escrito a los romanos, “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”
(Ro. 5:20). En su encarcelamiento actual hablaría a los filipenses de la paz que “sobrepasa
todo entendimiento” (Fil. 4:7). En su breve período de libertad entre la primera y segunda pri-
sión en Roma escribiría a Timoteo, “y sobreabundó la gracia de nuestro Dios, con fe y amor
en Cristo Jesús” (1 Ti. 1:14). Véase también 2 Co. 7:4; 1 Ts. 3:10; 5:13; 2 Ts. 1:3. Según el
modo de ver de Pablo, la gracia se halla libre de limitaciones, nada tiene de mezquino. Sus
amantes brazos abarcan tanto a gentiles como a judíos. Llega aun “al principal pecador” (Pa-
blo mismo), y es tan “rica” que enriquece cada corazón y vida que toca, llenándolo de maravi-
lloso amor, gozo, paz, etc.
Dios desplegará la sobreabundante riqueza de su gracia “en las edades venideras”. Pero,
¿qué se quiere significar por estas edades? Existen, principalmente, tres opiniones:
(1) Las edades que precederán a la parousía de Cristo. La expresión edades venideras “no
ha de ser entendida como una referencia al mundo ‘futuro’. Pablo está hablando de la dis-
pensación terrenal que aún no ha llegado a su fin” (Grosheide; cf. Barry). Una objeción posi-
ble a este punto de vista sería que en tal caso Pablo habría hablado probablemente de “la
plenitud de los tiempos” (como en 1:10) o acerca de “la edad presente” (como en 1:21). Aun-
que ni siquiera en sus primeras epístolas procede asumiendo que la segunda venida sería la
próxima cosa en el programa de Dios para la historia del mundo (véase 2 Ts. 2:1–12), sin em-
bargo, no era su costumbre proponer períodos continuados de tiempo que pudieran tener lu-
gar entre sus propios días y el regreso de Cristo.
(2) Las edades que seguirán a la parousía de Cristo. Con variación en cuanto a detalles, es-
te punto de vista es sostenido por Abbott, Greijdanus, Lenski, Salmond, Van Leeuwen, y mu-
chos otros. En su favor se apela a 1:21: “la edad venidera”. Sin embargo, la validez de este
argumento es discutible, puesto que en 1:21 se traza un contraste entre “la edad presente” y
“la venidera”. Este no es el caso en 2:7. También 1:21 lleva el singular aeon; 2:7, el plural
aeons. Y cuando, según un comentarista, estas edades después de la parousía, en lo que a
nosotros respecta, resultan ser “los sin fin (?) aeones de la eternidad”, y según otros—
¿olvidando tal vez que en aquella gloriosa vida no habrá más pecado y miseria?—en sus co-
mentarios acerca de la gracia que entonces será expresada “en bondad hacia nosotros”, se
interpreta esto como significando una piedad personal mostrada a los necesitados, uno co-
mienza a dudar, después de todo, si la restricción [p 132] de “las edades venideras” a la era
post parousía sea legítima o no.
(3) Todo el tiempo futuro. Al comentar acerca de este pasaje Calvino dice, “Fue el propósito
de Dios santificar en todas las edades el recuerdo de tan grande bondad”. Scott expresa la
misma idea en estas palabras, “La nueva vida que ahora ha comenzado durará por siempre,
de modo que la manifestación de la gracia de Dios se estará siempre autorenovando. Para
destacar más enérgicamente la idea de bondad que ha de extenderse por toda la eternidad,
Pablo no habla de la ‘edad’ sino de las edades por venir”. Y Hodge declara, “Es mejor por tan-
to tomarla (la frase “en las edades venideras”) sin restricción, como refiriéndose a todo el
tiempo futuro”.
58En el Nuevo Testamento la palabra χρηστότης es usada solamente por Pablo (Ro. 2:4; 3:12; 11:22; Col.
3:12; Tit. 3:4, etc.).
95
Ya que nada hay en el contexto que limite la aplicación de la frase a algún período sea an-
tes o después del regreso de Cristo, y siendo que el apóstol mismo al tratar en forma más
plena la elevada meta de la iglesia (cap. 3) habla tanto del recogimiento de los gentiles en la
presente era pre parousía como de la perfección final de la iglesia en la era por venir, conside-
ro la explicación (3) como la mejor. El propósito, entonces, que Dios tuvo en mente cuando
nos otorgó su gran salvación descrita en los vv. 4–6, fue que “en Cristo Jesús” (véase sobre
1:1, 3, 4) a través de toda la nueva dispensación y para siempre en lo futuro pudiera colocar-
nos a nosotros, igualmente judíos y gentiles, en exhibición como monumentos de la sobre-
abundante riqueza de su gracia expresada en bondad de la cual somos y seremos siempre los
beneficiarios.
8. Reflexionando sobre lo que ya ha dicho acerca de la gracia, y repitiendo la cláusula en-
tre paréntesis del v. 5b, el apóstol dice, Porque por gracias59 habéis sido salvados … para
su explicación véase el v. 5. Continúa: por medio de la fe; y esto no de vosotros, (es) don
de Dios …
Hay tres explicaciones que merecen consideración:
(1) La que ofrece A. T. Robertson. Comentando sobre este pasaje en su Word Pictures in the
New Testament, Vol. IV, p. 525, declara, “Gracia es la parte de Dios, fe, la nuestra”. Añade
que, ya que en el original el demostrativo “esto” (y esto no de vosotros) es neutro y no corres-
ponde al género de la palabra “fe”, que es femenina, no se puede referir a la última “sino al
acto de ser salvados por la gracia bajo la condición de fe de parte nuestra”. Más claramente
aun, en Gram. N.T., p. 704, declara categóricamente, “En Ef. 2:8 … no hay referencia a διὰ
πίστεως (por medio de la fe) en τοῦτο (esto), sino [p 133] más bien a la idea de salvación, de la
cláusula anterior”.
Sin vacilación alguna puedo contestar a Robertson, con quien está en deuda todo el mun-
do erudito del Nuevo Testamento, que en este caso no se ha expressado en forma muy feliz.
Pienso así, en primer lugar, porque en un contexto donde el apóstol pone tan tremendo énfa-
sis en el hecho que desde el principio hasta el fin el hombre debe su salvación a Dios, y sólo a
él, habría sido muy extraño, sin duda alguna, para él decir, “Gracia es la parte de Dios, fe, la
nuestra”. Aunque tanto la responsabilidad de creer como su actividad son nuestras, puesto
que Dios no ha de creer en nuestro lugar, sin embargo, en el contexto presente (vv. 5–10) se
esperaría énfasis en el hecho de que la fe, así en su parte inicial como en su continuación,
depende enteramente de Dios, y tal es el caso en lo que respecta a toda nuestra salvación. En
segundo lugar, Robertson, gramático famoso en su campo, sabía que en el original el demos-
trativo (esto), aunque neutro, no puede siempre corresponder en género a su antecedente. La
evidencia de que él lo sabía está en el hecho de que en la página ya mencionada de su gramá-
tica (p. 704) señala que “por lo general” el demostrativo “concuerda con el substantivo en gé-
nero y en número”. Cuando dice “por lo general”, debe significar, “no siempre sino en la ma-
yoría de los casos”. Por tanto, debió haber considerado más seriamente la posibilidad de que,
dado el carácter del contexto, la excepción a la regla es aplicable, excepción que en manera
alguna ha de extrañarnos. Debió haberla permitido.60 Finalmente, debió haber justificado el
alejamiento de la regla que, a menos que haya una razón poderosa para obrar de otro modo,
el antecedente debe ser buscado en la vecindad inmediata al pronombre o adjetivo al cual se
refiere.
59 El original tiene τῆ γὰρ χάριτι. Obsérvese el uso anafórico del artículo. Esto es muy común en el griego.
Véase Gram. N.T., p. 762. Algunos traducen: “esta gracia”.
Gram. N.T. A. T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research
60 Aunque Lenski llama a la declaración de Robertson (“Gracia es la parte de Dios, fe, la nuestra”) descui-
dada, por otro lado su propia explicación (op. cit., p. 423), en la cual basa iodo en el hecho de que τοῦτο
neutro pero πίστις femenino, es básicamente lo mismo que hace Robertson.
96
(2) La que presenta, entre otros, F. W. Grosheide. Según él, las palabras, “y esto no de voso-
tros” significan, “y esto de ser salvos por gracia mediante la fe no es de vosotros” sino que es
don de Dios. Ya que, de acuerdo a esta teoría—también apoyada, según parece, por Juan
Calvino en su comentario—la fe está incluida en el don, ningún aspecto de las objeciones a la
teoría (1) se aplica a la teoría (2).
¿Significa entonces que (2) es totalmente satisfactoria? No necesariamente. Esto nos con-
duce a
(3) La explicación sustentada por A. Kuyper, padre, en su libro Het Werk van den Heiligen
Geest (Kampen, 1927), pp. 506–514.
Aunque el Dr. Kuyper no es el único defensor de esta teoría, su defensa es, tal vez, la más
detallada y vigorosa. En resumen, la teoría es [p 134] como sigue: “Tengo derecho de hablar
acerca de las ‘sobreabundantes riquezas de su gracia’ puesto que, indudablemente, sois sal-
vos por gracia mediante la fe; y a fin de que no comencéis a decir, ‘Pero entonces merecemos
crédito, al menos, por creer’, agregaré inmediatamente que aun esta fe (o, aun este acto de fe)
no es de vosotros sino que es don de Dios”.
Con variaciones en cuanto a detalles, esta explicación fue favorecida por gran parte de los
seguidores de la tradición patrística. Entre los que la apoyaban se hallan también Beza, Zan-
chius, Erasmo, Hugo de Groot, Bengel, Michaelis, etc. La comparten también Simpson (op.
cit., p. 55), Van Leeuwen, y Greijdanus en sus comentarios. H. C. G. Moule (Ephesian Stu-
dies, Nueva York, 1900, pp. 77, 78) la apoya con la siguiente calificación, “Debemos explicar
que τοῦτο (esto) no se está refiriendo precisamente al nombre femenino πίστις (fe), sino al acto
de ejercitar nuestra fe”. Además, no se exagera, tal vez, al decir que la explicación ofrecida es
compartida también por el hombre común que lee 2:8 en su Biblia Salmond, después de pre-
sentar varias pruebas en favor de ella, especialmente ésta que dice que “la fórmula καὶ τοῦτο
podría más bien favorecerla, ya que a menudo añade algo a la idea a la cual está ligada”, ter-
mina apartándose de ella porque “la salvación es la idea principal en la declaración preceden-
te”, hecho que, por supuesto, los defensores de (3) no están dispuestos a negar pero no hay
duda que la defienden vigorosamente, sin embargo, no es un argumento válido contra la idea
de que la fe, al igual que todo lo que incluye la salvación, es don de Dios. Por tanto, no es ar-
gumento válido en contra de (3).
Estoy convencido que la teoría (3) es la explicación más lógica del pasaje en cuestión. Es
probable que el mejor argumento en su favor sea este: Si lo que Pablo quiso decir es, “Porque
por gracia habéis sido salvos por medio de la fe, y este ‘ser salvos’ no es de vosotros”, habría
sido reo de repetición innecesaria—porque, ¿qué otra cosa puede ser la gracia sino lo que
procede de Dios y no de nosotros?—repetición que se hace aun más elaborada si ahora (su-
puestamente) le añade, “ella, es decir, la salvación, es don de Dios”, seguida por una cuarta y
una quinta repetición, a saber, “no de las obras porque obra de sus manos somos”. No es de
extrañarse que el Dr. Kuyper declare, “Si el texto dijese ‘porque por gracia habéis sido salvos,
no de vosotros, es obra de Dios’, tendría alguno sentido. Pero al decir primero, ‘Por gracia
habéis sido salvos’, y luego, como si se tratase de algo nuevo, añadir, ‘y esto de ser salvos no
es de vosotros’, es algo que no funciona suavemente sino a saltos como fuera de sus rieles …
Y en tanto que con esta intrepretación todo anda a tontas y a locas, cojeando y redundando,
cuando seguimos a los antiguos intérpretes de [p 135] la iglesia de Cristo todo resulta exce-
lente y significante”.61 Esta es, según mi parecer, también, la refutación de la teoría (1) y,
hasta cierto punto, de la teoría (2).
61En cuanto a gramática, existen varios casos citados por Kuyper en las obras de Platón, Jenofonte, y De-
móstenes en que se usa τοῦτο para indicar un antecedente masculino o femenino. También cita lo siguiente
de una gramática griega: “Es muy común el uso de un pronombre demostrativo neutro para indicar un
antecedente substantivo o masculino o un género femenino cuando la idea dada por el substantivo se la
97
Básicamente, sin embargo, las teorías (2) y (3) enfatizan la misma verdad, a saber, que el
crédito de todo el proceso de la salvación debe ser dado a Dios, de modo que el hombre pierde
toda razón para jactarse, y es exactamente lo que Pablo dice en las palabras que ahora si-
guen, a saber, 9, 10. no por obras, para que nadie se jacte. Esto nos introduce al tema:
Las obras con relación a nuestra salvación
(1) Rechazadas
Como fundamento de la salvación, base sobre la cual edificar nuestra defensa, las obras
son rechazadas. “No son las obras de mis manos las que pueden cumplir las demandas de la
ley”. Con relación a esto, debemos recordar que el apóstol no está pensando exclusivamente o
aun principalmente en las obras que se hacen en cumplimiento de la ley mosaica, por medio
de las cuales el judío no convertido a Cristo buscó justificarse. Además, por tales “obras de la
ley” “ninguna carne se justificará delante de él” (Ro. 3:20; cf. Gá. 2:16). Pero en vista del
hecho de que Pablo estaba escribiendo a lectores en su mayoría cristianos venidos del mundo
gentil, claro es que su deseo es hacer énfasis en que Dios rechaza toda obra humana, ya de
gentiles como de judíos, o aun de creyentes en tiempo de eclipse espiritual, toda obra en que
una persona base su esperanza de salvación. Siendo entonces la salvación obra completa de
Dios, “El que ni aun a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros” (Ro.
8:32), toda base de jactancia en sí queda excluida (Ro. 3:27; 4:5; 1 Co. 1:31). Cuando el Se-
ñor venga en su gloria, los que estén a su izquierda se jactarán (Mt. 25:44; cf. 7:22); los a su
derecha ni podrán recordar sus buenas obras (Mt. 25:37–39).
Ya toda jactancia queda excluida,
Ha sido otorgado su don inefable;
En Dios arraigada se halla mi vida,
Su gracia suprema es gloria deseable.
[p 136] Antes que mi madre me viera nacer,
Siglos antes que su diestra de poder sin par
De la nada hiciese la tierra y el mar,
Su amor electivo velaba mi ser.
Dios es amor, ángeles claman a voz,
Lenguas humanas, vuestra elección sea Dios.62
(2) Confeccionadas
Pablo prosigue: porque hechura de sus manos somos, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, que Dios preparó de antemano … Verdad es que aunque las buenas obras
no son meritorias, no obstante, son tan importantes que Dios nos creó a fin de que podamos
hacerlas. Somos hechura de sus manos: lo que él hizo, su producto (cf. Sal. 100:3). Es a El a
quien debemos toda nuestra existencia tanto espiritual como física. Nuestro nacimiento mis-
mo como creyentes es obra de Dios (Jn. 3:3, 5). Somos creados “en Cristo Jesús” (véase 1:1,
3, 4), porque separados de él nada somos y nada podemos hacer (Jn. 15:5; cf. 1 Co. 4:7).
Como “hombre en Cristo”, el creyente constituye una nueva creación, según previamente lo
había dicho el apóstol (2 Co. 5:17): “Por tanto si alguno está en Cristo, es una nueva crea-
ción: las cosas viejas pasaron ya, he aquí que todo se ha hecho nuevo”. El creyente ha sido
menciona en un sentido general”. La cita es de la obra de Kühnhert, Ausführliche Grammatik der Griech,
sprache (Hanover, 1870), Vol. II, p. 54.
62 Este es el producto de mi intento para traducir la primera estrofa del hermoso himno holandés “Alle
roem is uitgesloten”.
98
vivificado “junto con Cristo” (véase más arriba sobre v. 5; y más adelante sobre 4:24; también
Gá. 6:15).
Ahora bien, junto con crearnos Dios también preparó buenas obras. Hizo esto, en primer
lugar, dándonos a su Hijo, nuestro gran Habilitador, en quien las buenas obras hallan su
más gloriosa expresión (Lc. 24:19; Hch. 2:22). Cristo no sólo nos capacita para realizar bue-
nas obras sino que además es nuestro ejemplo en ellas (Jn. 13:14, 15; 1 P. 2:21). En segundo
lugar, dándonos la fe en su Hijo. La fe es don de Dios (v. 8). Ahora, al plantar la semilla de la
fe en nuestros corazones, haciéndola brotar, atendiéndola con gran solicitud, dándole creci-
miento, etc., Dios también nos preparó en este sentido para las buenas obras, puesto que las
buenas obras son fruto de la fe. La fe viva, además, implica mente renovada, corazón agrade-
cido, y voluntad rendida. Con tales ingredientes, todos ellos dones divinos, Dios confecciona o
compone las buenas obras. Así entonces, resumiendo, podemos decir que al dar a su Hijo y al
impartirnos la fe en ese Hijo Dios preparó de antemano nuestras buenas obras. Cuando Cris-
to por medio de su Espíritu mora en los corazones de los creyentes, sus dones y su gracia son
otorgados a ellos, de modo que ellos, también, llevan frutos, tales como “amor, gozo, paz, pa-
ciencia, benignidad, [p 137] bondad, fidelidad, mansedumbre, control de sí mismo” (Gá. 5:22,
23).
(3) Esperadas
Pablo concluye este párrafo agregando: para que anduviésmos en ellas. Aunque las bue-
nas obras han sido divinamente preparadas, son al mismo tiempo responsabilidad del hom-
bre. Estas dos cosas jamás han de separarse. Si podemos ilustrar la salvación por medio de
la figura de un árbol que florece, entonces las buenas obras estarían simbolizadas no por sus
raíces, ni siquiera por el tronco, sino por el fruto. Jesús requiere de nosotros fruto, más fruto,
mucho fruto (Jn. 15:2, 5, 8). Dijo “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que mora en mí, y
yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Llevar mucho
fruto y andar en buenas obras es la misma cosa. Si cierta ocupación toma posesión del cora-
zón del hombre, éste se halla “andando en ella”. Obsérvese: andad en ellas, ya no en delitos y
pecados (vv. 1 y 2).
(4) Perfeccionadas
Combinando (2) y (3) vemos que al andar en buenas obras entramos en la esfera de la
propia actividad de Dios. Por tanto, sabemos que aunque nuestros propios esfuerzos nos
pueden a veces desilusionar, de modo que nos sentimos avergonzados aun de nuestras bue-
nas obras, la victoria finalmente llegará; por cierto no en forma plena en esta vida sino en la
venidera. La perfección moral y espiritual es nuestra meta aun aquí, pero será nuestra por-
ción permanente en la vida futura, porque estamos persuadidos que el que comenzó en noso-
tros la buena obra, la seguirá perfeccionando (Fil. 1:6). Cf. Ef. 1:4; 3:19; 4:12, 13.
Cuando esta doctrina de las buenas obras se acepta por fe, priva al hombre de todo argu-
mento para jactarse pero al mismo tiempo le libra de toda causa de desesperación. Glorifica a
Dios.
[p 138] Capítulo 2
Versículos 11–18
I. Adoración por su
U niversalidad (abarcando tanto a judíos como a gentiles),
2. evidenciada por la reconciliación de judíos y gentiles por medio de la cruz
[p 139] Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros, los gentiles en la carne, que sois lla-
11
mados “incircuncisión” por aquellos que se llaman “circuncisión”—en la carne, ¡hecha a mano!—12
que en aquel tiempo estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, y extraños a
99
los pactos de la promesa, no teniendo esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Je-
sús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos habéis sido acercados por la sangre de Cristo. 14 Por-
que él mismo es nuestra paz, que hizo de ambos uno y ha derribado la barrera formada por el muro
divisorio, la hostilidad, 15 aboliendo en su carne la ley de mandamientos con sus exigencias, para que
en sí mismo pudiera crear de los dos un nuevo hombre, (así) haciendo la paz, 16 y pudiera reconciliar
con Dios a ambos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo matado la hostilidad por medio de
ella; 17 y vino y anunció las buenas nuevas: “Paz a vosotros, los que estabais lejos, y paz a los que es-
taban cerca”; 18 Porque por medio de él ambos tenemos nuestro acceso en un Espíritu al Padre.
2:11–18
2. La reconciliación de judíos y gentiles
Cuando Pablo escribió el párrafo presente se hallaba en elevado ánimo espiritual. Esto es
evidente por el hecho de que la oración y doxología halladas en el cap. 3 son el clímax natural
de 2:11–18 y 2:19–22. A fin de entender el párrafo presente se ha de tener en mente que el
apóstol conocía por experiencia personal cuán difícil era fundir a judíos y gentiles en una
unidad orgánica, unidad de perfecta igualdad. Los cristianos judíos se mostraron a menudo
renuentes para admitir gentiles en la iglesia excepto vía el judaísmo. Tan pronto como Pablo
volvió a Antioquía de Siria de su primer viaje misionero, “ciertos hombres que habían descen-
dido desde Judea enseñaron a los hermanos, diciendo: A menos que seáis circuncidados,
conforme a la institución de Moisés, no podéis ser salvos” (Hch. 15:1). Aun Pedro, quien,
habiendo recibido una visión, debió haber tenido más entendimiento al respecto (Hch. 10:11),
rehusó en una ocasión comer con los gentiles, conducta que provocó una severa reprensión
de parte de Pablo (Gá. 2:11–21). Cuando Pablo escribió Gálatas, la controversia acerca del
asunto “¿Cómo se obtiene la salvación?” que a su vez implicaba otro problema “¿Cuáles serí-
an las condiciones para aceptar a gentiles en la iglesia?”, estaba en todo su apogeo. El apóstol
hizo ver a los “necios gálatas” que si buscaban ser justificados por la ley estarían desligados
de Cristo (Gá. 5:4). Las epístolas a los romanos y a los corintios indican claramente que
cuando fueron escritas aún no se había ganado enteramente la batalla. En realidad, aun has-
ta los últimos días de la vida de Pablo el fuego, que en otro tiempo había crepitado furiosa-
mente, nunca fué completamente apagado, mas de vez [p 140] en cuando aparecían llamara-
das intermitentes. Tal era la situación durante la actual prisión de Pablo (véase Col. 2:11–17;
Fil. 3:2–11), también en el breve período de libertad que le siguió (1 Ti. 1:6–11; Tit. 3:5, 9), y
aun durante el final encarcelamiento del apóstol (2 Ti. 1:9, 10). Sin embargo, aunque esto es
verdad, la respuesta había sido dada a conocer oficialmente mucho tiempo antes que esta
epístola fuese escrita. Fue provista por el Sínodo de Jerusalén, antes que el apóstol comenza-
ra su segundo viaje misionero. Véase Hch. 15. El gran principio de que la salvación en toda
su riqueza se concede gratuitamente a todos aquellos—judíos o gentiles—que aceptan a Cris-
to por medio de una fe viva (fe que también es don de Dios) había llegado a ser doctrina acep-
tada por la iglesia. Lo que restaba de la lucha después que el Sínodo de Jerusalén se reunió y
lo que a los gálatas se les había escrito eran “consecuencias”. El feroz ataque en contra de la
verdad había sido rechazado. Sin embargo no todo había terminado. Hasta el final mismo Pa-
blo defendió el principio de libertad de las ataduras de la ley en sus aspectos salvíficos y ce-
remoniales, el principio de salvación para “todos los hombres” sin distinción alguna en cuan-
to a origen nacional o racial y sin el requerimiento de que alguno tuviese que llegar a la igle-
sia haciendo un rodeo. (Véase 1 Ti. 2:3–7; Tit. 2:11; 2 Ti. 4:1–8).
Ahora bien, fue especialmente en Efeso y sus alrededores donde judíos y gentiles que
habían aceptado a Cristo vivían en amor y unidad constituyendo una iglesia ecuménica. Era
una iglesia floreciente, desde donde, como centro, fueron establecidas muchas otras congre-
gaciones (Hch. 19:10; Cf. Ap. 1:11; 2:1–7). Esta es una de las razones por la cual Pablo, aun-
que prisionero, se regocijaba tanto y glorificaba a Dios. Aunque aun en Efeso las condiciones
no eran de modo alguno perfectas, no obstante, en forma amplia, ¡el apóstol da testimonio
aquí de la realización de su propio ideal y, de algo más importante, el plan de Dios! Además,
101
del nombre véase Gn. 32:28) que Dios se había revelado desde gran antigüedad en manera
especial. A este pueblo le había dado sus leyes, su especial protección, sus profecías y pro-
mesas. Léanse los siguientes conmovedores pasajes: Dt. 32:10–14; 33:27–29; Sal. 147:20; Is.
63:9; Ez. 16:6–14; Am. 3:2. De todo esto habían sido excluidos los efesios.
(3) Sin amigos: “extraños a los pactos de la promesa”
La esencia del pacto de gracia, al cual se refiere el presente pasaje, es la experiencia de “la
amistad de Jehová” (Sal. 25:14). Ahora, en su condición inconversa, los efesios habían sido
extrañados de esta amistad. Habían sido meramente extranjeros a quienes se les habían re-
tenido los derechos y privilegios de ciudadanos. En primer lugar entre estos retenidos privile-
gios estaban “los pactos de la promesa”. Pablo habla acerca de pactos, en plural. Sin duda
que se refiere a las muchas reafirmaciones del único pacto de gracia. Lo llama el pacto “de la
promesa” por cuanto su principal elemento es, indudablemente, la promesa de Dios: “Yo seré
vuestro Dios”. El hecho de que esta promesa fuese hecha a Abraham, reafirmada a Isaac, a
Jacob, y, en realidad a todo el pueblo de Dios en ambas dispensaciones, de modo que, en
tanto que en un sentido hay un solo pacto de gracia, existen, no obstante, muchas reafirma-
ciones (y en este sentido muchos pactos), lo que es evidente por pasajes tales como los si-
guientes: Gn. 17:7, 8; 26:1–5; 28:10–17; Ex. 20:2; Dt. 5:2, 3, 6; Jer. 24:7; 30:22; 31:33; Ez.
11:20; Zac. 13:9; 2 Co. 6:16; Gá. 3:8, 9, 29; Ap. 21:3. En base a todos los pasajes que hacen
referencia a él, se puede definir este pacto como aquel orden establecido divinamente entre el
Trino Dios y su pueblo por medio del cual Dios lleva a cabo el eterno decreto de su redención,
prometiendo su comunión y por tanto la plena y gratuita salvación a su pueblo, sobre la base
de la expiación vicaria de Cristo, el Mediador del pacto, y ellos aceptan esta salvación por la fe.
A causa de la grandeza de Dios y la bajeza del hombre es lógico que tal pacto no puede ser un
acuerdo igualitario sino una disposición unilateral, una dádiva, un arreglo, una ordenanza, o
institución divina. No es jamás un mero contrato entre dos partes—Dios y el hombre—con
iguales derechos. Aunque en cierto sentido es bilateral, [p 143] debido a que el hombre debe
ejercer fe, según se ha indicado, aun esa fe es don de Dios (véase sobre v. 8 y cf. Jer. 31:33).
En este respecto el pacto es también un testamento. En realidad, la palabra que se usa en el
original, a saber diathēquē, tiene ambos significados: testamento y pacto. Significa testamento
en Heb. 9:16, 17. Véase también Gá. 3:15. En cualquier otro lugar tanto en Hebreos como en
el resto del Nuevo Testamento (como también en la LXX) la traducción pacto es probablemen-
te la mejor. Ahora bien, también a este pacto, los efesios, en su miserable condición, habían
sido extranjeros. En aquel tiempo Dios nunca se había revelado a ellos como su Amigo espe-
cial. Y habiéndole los judíos arrebatado al pacto de Dios su significado real y espiritual, y
substituido por una esperanza de gloria terrenal, no fueron capaces de llevar a los efesios la
gloria de la promesa de Dios. Véase Mt. 23:15.
(4) Sin esperanza: “no teniendo esperanza”
Esta es una secuencia muy natural, puesto que la esperanza cristiana está basada en la
promesa divina. En consecuencia, siendo que en el período primitivo la promesa-pacto no se
había revelado a los efesios, según se acaba de indicar, resulta obvio que se hallasen carentes
de esperanza: la sólida y firmemente anclada seguridad de la salvación. Tal esperanza es uno
de los más preciados dones de Dios, y se menciona juntamente con la fe y el amor (1:15, 18;
cf. 1 Co. 13:13). Es el conocimiento de la promesa de Dios más la confianza con respecto a su
cumplimiento (cf. 2 Co. 1:7). Es la proliferación de la fe. Equivale a la convicción de que todas
las cosas andarán bien, aun cuando parezcan andar mal (Ro. 4:18). Jamás desilusiona, pues-
to que ella también, como la fe y el amor, es un don divino (Ro. 5:5). En su estado de incredu-
lidad los efesios habían carecido de ella. En su lugar se hallaban llenos de temor y desespera-
ción. El mundo griego y romano de los días de Pablo era, sin duda alguna, un mundo sin es-
peranza. Para detalles sobre este punto véase C.N.T. sobre 1 y 2 Tesalonicenses, pp. 128–
130.
102
(5) Sin Dios: “y sin Dios en el mundo”
Por supuesto que tenían dioses, pero eran vanos. Los efesios se hallaban sin el Dios ver-
dadero. No significa el haber sido “totalmente abandonados por Dios”, y sabemos que esto no
es verdad, puesto que habían sido incluidos en el decreto divino de elección. Además, por
ellos también había muerto Cristo (véase 1:4ss). Agregamos que Dios había otorgado a los
efesios como igualmente a los habitantes de Listra muchas bendiciones que compartían en el
mismo grado, como ser, “lluvias y sazones fructíferas, que llenaban sus corazones de alimen-
to y alegría” (Hch. 14:7). Pero habían estado en verdad “sin Dios en el mundo” en el sentido
de haber permanecido sin el verdadero [p 144] conocimiento de Dios, y por tanto sin santi-
dad, justicia, paz, y el gozo de la salvación. Fueron semejantes a marineros que sin brújula ni
guía se hallaban a la deriva en una nave sin timón en noche sin estrellas en medio del tem-
pestuoso mar, lejos del puerto. Nada menos que esto es lo que se desea significar por medio
de la lóbrega frase que inspira pavor, “sin Dios en el mundo”. Este mundo es la masa de la
humanidad caída, perdida, cargada de pecado y expuesta a juicio.
13. Al emerger de esta obscuridad y desesperación del paganismo, los efesios habían en-
trado directamente en la radiante y arrebatadora luz del cristianismo. El gran cambio se des-
cribe con las siguientes palabras, Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo
estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Las palabras “pero ahora”
indican un agudo contraste con “en otro tiempo” (v. 11) y “en aquel tiempo” (v. 12). Antes “le-
jos”, ahora, “cercanos”. Estas expresiones tienen sus antecedentes en el Antiguo Testamento.
En la antigua dispensación Jehová, en cierto sentido, tenía su morada en el templo. Este
templo estaba en Jerusalén. Israel, por tanto, estaba “cerca”. Por otro lado, los gentiles esta-
ban “lejos”.64 Esto era una realidad no sólo en lo literal, sino aun más en lo espiritual: carecí-
an generalmente del verdadero conocimiento de Dios. Sin embargo, todo esto iba a cambiar.
Isaías escribe con palabras cuyo reflejo se percibe en Ef. 2:17: “produciré fruto de labios: Paz,
paz al que está lejos y al cercano … y lo sanaré” (Is. 57:19). La prueba de que esta fraseología
se traslada al Nuevo Testamento se ve claramente en Hch. 2:39 “para vosotros es la promesa
y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos”. Era evidente que una persona podía
estar “cercano” y a la vez “lejos”. Se podía hallar “cercano” en el sentido meramente externo, a
saber, como participante de los privilegios de la economía del Antiguo Testamento, o simple-
mente, por ser judío. Su corazón podía, sin embargo, estar “muy lejos de Dios”. Tomado en el
sentido externo, entonces, los que se hallan “lejos” son los gentiles, los “cercanos” son los ju-
díos (como en el v. 17). Por medio de la fe en Cristo todos aquellos a quienes se les predica el
evangelio tienen la oportunidad de acercarse. En sentido espiritual, no obstante, los “cerca-
nos” son los creyentes auténticos, o como diríamos hoy día: cristianos. La expresión “cerca-
nos por la sangre de Cristo”, aquí en 2:13, ha de significar espiritualmente cerca. Además, pa-
ra ser justos con todo el contexto, la idea “antes lejanos pero ahora cercanos” debe ser expli-
cada a la luz del v. 12 tomado en toda su extensión. El significado resultante es el siguiente:
antes separados de Cristo; ahora [p 145] “en Cristo Jesús” salvados por gracia mediante la fe
(v. 8); antes extrañados de la ciudadanía de Israel, ahora “conciudadanos con los santos y
miembros de la familia de Dios” (v. 19); antes extranjeros a los pactos de la promesa, ahora
miembros del pacto (Gá. 3:29); antes sin Dios, ahora en paz con él (v. 17) y en posesión del
privilegio del bendito acceso (vv. 16–18).
Con esta explicación se hace justicia al contexto que muestra que los términos “lejano” y
“cercano” deben ser construidos tanto en forma perpendicular como horizontal. En cuanto al
primero—la relación Dios-hombre—los efesios estuvieron tan alienados de Dios en su vida an-
terior que la distancia separadora se podía medir solamente por la grandeza del sacrificio de
Cristo que era lo requerido para acercarlos. Pero por la fe fueron atraídos hacia el corazón de
Dios. Tocante a lo segundo, la desaparición de la distancia perpendicular terminó también
64 En días posteriores un prosélito, según lo implica el nombre mismo, era alguien que llegó a “estar cerca”.
103
con la separación horizontal, pues en la cruz judíos y gentiles fueron reconciliados con Dios y
se abrazaron el uno al otro. “Por la sangre de Cristo” (véase la explicación en 1:7) el pecado,
poderoso separador, fue vencido. Con referencia a esta reconciliación horizontal llevada a ca-
bo por el Cristo crucificado, el apóstol prosigue: 14. Porque él mismo es nuestra paz, que
hizo de ambos uno y ha derribado la barrera formada por el muro divisorio, la hostili-
dad.65 La posición delantera del pronombre que se refiere a Cristo muestra que la traducción
correcta es “él mismo”, o “él solo”. Solamente él es nuestra paz, vale decir, lo que ninguna
otra cosa—sea esto la ley con sus ordenanzas, méritos humanos, obras de la ley en todo sen-
tido, sacrificios, etc.—pudo hacer, él, solamente él en su propia persona, lo hizo, porque él es
la encarnación misma de la paz. En su calidad de Príncipe de paz (Is. 9:6) él, mediante su sa-
crificio voluntario, hizo la paz una realidad (cf. Jn. 14:27; 16:33; 20:19, 20): reconciliación
entre Dios y el hombre, y por tanto, entre gentiles y judíos. En [p 146] cuanto a estos grupos,
hizo de ambos66 uno, fundiéndolos en una unidad orgánica, a saber, la iglesia. El que la refe-
rencia sea a la reconciliación entre gentiles y judíos es evidente por cuanto son los dos grupos
mencionados en el contexto inmediato (vv. 11, 12).
Entre gentiles y judíos existió por largo tiempo un obstáculo formidable, una barrera de
odio.67 Se la llama barrera “de” o formada “por” el muro divisorio o “cerca”, que es referencia
figurativa a la ley considerada como causa de separación y enemistad entre judíos y gentiles.
Véase sobre el v. 15. Cuando Pablo habla acerca de esta barrera de hostilidad, bien podría
también ser una alusión a la barricada que en Jerusalén separaba a la corte de los gentiles
del templo mismo y sobre la cual había una inscripción de amenaza de muerte para cualquier
gentil que se atreviera a pasar:
“Ningún extranjero puede pasar esta barricada que rodea el santuario y su contenido.
Cualquiera que fuere sorprendido haciéndolo será responsable único de su muerte conse-
cuente”.68
Pero esta alusión a la barricada literal, si es que la hubiese, sería sólo a modo de ilustra-
ción. A lo que se refería realmente era a algo mucho más serio y temible, a saber una hostili-
dad inveterada entre ambos grupos. Humanamente hablando, tal muro de odio y desprecio
que dividía a judíos y gentiles se había fortalecido a través de siglos de mutuo menosprecio y
65
Con respecto a la construcción gramatical de los vv. 14 y 15 hay gran diferencia de opinión entre los exége-
tas. Muchos conectan τὴν ἔχθραν con las palabras que siguen. Esto da como resultado la traducción favo-
recida por VRV 1960, “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas”. Esto da un buen sentido, puesto que ley es, en cierta forma, un adversario, el acusador de
los transgresores (cf. Dt. 27:26; Gá. 3:10). No obstante, es tal vez mejor conectar τὴν ἔχθραν con el λύσας
inmediatamente precedente, de modo que pudiera estar en aposición con τὸ μεσότοχον. El participio
καταργήσας tiene bastantes modificativos tal como está. De aquí que, en armonía con N.N., yo también
colocaría una coma después de τὴν ἔχθραν.
Esencialmente hay poca diferencia entre (a) la traducción favorecida por VRV 1960, y (b) la que yo y
muchos otros apoyan. En ambos casos permanece el hecho verdadero de que cuando Jesús abolió en su
carne la ley de mandamientos con sus exigencias, la barrera entre judíos y gentiles dejó de existir.
66 Aunque algunos sugieren que el neutro aquí (τὰ ἀμφότερα), contrastado con el masculino (οἱ ἀμφότεροι)
en los vv. 16, 18, indica una elipsis, de modo que deba ser aplicada una palabra como γένη, es algo que
resulta dudoso. Abott (op. cit., p. 60) bien podría estar en lo cierto al decir, “Se trata simplemente del caso
de un neutro usado por personas en sentido general”. Otro caso en que se usa el neutro en forma similar
se halla en Heb. 7:7. Cf. también el uso del neutro τοῦτο en 2:8. Véase el comentario sobre ese pasaje.
67 La palabra μεσότοχον es de escasa ocurrencia. En el Nuevo Testamento se encuentra solamente aquí.
Aparte del Nuevo Testamento se la encuentra muy raramente. Véase M.M., p. 400; también L.N.T. (A & G),
p. 509. Josefo, Antigüedades judaicas VIII. 71, habla de un muro intermedio. Aquí en 2:14 el contexto favo-
rece la traducción barrera.
68 Véase J. H. Iliffe, “La inscripción ΘANATOΣ del templo de Herodes: Fragmentos de una segunda copia”,
69 El verbo καταργέω del cual el participio activo aoristo ocurre aquí es un favorito de Pablo. Se presenta
frecuentemente en Romanos y 1 Corintios; también cuatro veces en 2 Corintios y tres en Gálatas. En 2 Ts.
2:8 indica que el Señor Jesús derrotaría totalmente al desaforado: en 2 Ti. 2:8, que él ha derrotado total-
mente o abolido la muerte. Otro significado bastante común es anulado, vuelto inútil o inefectivo (Ro. 3:3;
4:14; Gá. 3:17). En el Nuevo Testamento, aparte de Pablo, se encuentra solamente en Lc. 13:7 y Heb. 2:14.
105
damente formalista. Se enfatizaba la obediencia a los reglamentos tradicionales. Ahora bien,
fue este mismo énfasis en estipulaciones ceremoniales, aun las contenidas en la ley de Moi-
sés, el que constituyó el muro divisorio entre judíos y gentiles. Por ejemplo, el gentil no com-
prendía por qué tenía que ser circuncidado para poder ser salvo. El pasaje (v. 15) enseña que
Cristo, por medio de sus sufrimientos y muerte, puso fin a la ley de ceremonias e hizo cesar
su poder esclavizador. Tales regulaciones ceremoniales habían ya cumplido su propósito. Du-
rante toda su vida en la tierra, especialmente en el Calvario, Cristo cumplió todas estas som-
bras para que en sí mismo70 pudiera crear de los dos un nuevo hombre, (así) haciendo la
paz. Siendo que Cristo es a la vez “la simiente de la mujer”, y “la simiente de Abraham” no es
de sorprenderse que en él tanto el judío como el gentil se encuentren a fin de constituir “un
nuevo hombre”, una nueva humanidad (cf. 4:24; Col. 3:10, 11). ¡En él ambos fueron hechos
una nueva “cr