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Prodigios Alquimicos

El documento habla sobre la creación del Hombre Interior a través de la alquimia. Explica que se necesitan los cuerpos físico, astral, mental y causal, así como los principios anímicos y espirituales. Describe el proceso de crear el Arché (esencia vital) a través de la transmutación del mercurio (esperma) con el azufre (fuego sagrado), lo que da origen a los cuerpos superiores y al Hombre de Verdad. Finalmente, señala que es necesario perfeccionar los cuerpos
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Prodigios Alquimicos

El documento habla sobre la creación del Hombre Interior a través de la alquimia. Explica que se necesitan los cuerpos físico, astral, mental y causal, así como los principios anímicos y espirituales. Describe el proceso de crear el Arché (esencia vital) a través de la transmutación del mercurio (esperma) con el azufre (fuego sagrado), lo que da origen a los cuerpos superiores y al Hombre de Verdad. Finalmente, señala que es necesario perfeccionar los cuerpos
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El Arché

(La Alquimia y los Cuerpos Solares)

[...] Bueno, lo interesante es comprender, realmente, de qué manera y en


qué forma se puede crear al hombre dentro de nosotros mismos ¿no?, porque
el error de la humanidad es creer que el hombre ya existe, y no hay tal. Para
ser hombre, se necesita poseer los cuerpos físico, astral, mental y causal, y
haber recibido los principios anímicos y espirituales.
Los pseudo-esoteristas y pseudo-ocultistas, creen que ya toda la
humanidad posee esos cuerpos, lo cual revela falta de idoneidad en los
investigadores de dichas escuelas; porque si esos investigadores fueran
idóneos en el terreno de la investigación superior, se darían cuenta de que no
toda la humanidad posee tales cuerpos.
En nombre de la verdad, yo sí puedo decirles que he investigado a fondo
esta cuestión en los mundos superiores; y por mí mismo, directamente, he
comprobado de que no todos los seres humanos poseen tales cuerpos.
Fabricar los cuerpos astral, mental y causal, y recibir los principios
anímicos, es vital para poder convertirse uno en un hombre verdadero. Antes
de ese estado, uno no es más que un pobre “animal intelectual” condenado a
la pena de vivir; ésa es la cruda realidad de los hechos.
Bien, pero vamos a ver cómo se crea el cuerpo astral, cómo se crea el
cuerpo mental, cómo se crea el cuerpo causal; eso es importantísimo. El
fundamento, pues, de toda la gran obra, está en la elaboración del mercurio y
para elaborar el mercurio se necesita un sencillo artificio, que es el secretum
secretorum de la gran obra.
Ese sencillo artificio no es más que el arcano A.Z.F., que podríamos
formularlo en la siguiente forma: “conexión del lingam-yoni, sin
eyaculación del ens-séminis”. Cuando uno consigue (con ese sencillo
artificio) transmutar la energía creadora, pues está, de hecho, en el camino
del éxito.
Ante todo, el mercurio no es más que el alma metálica del esperma. En
alquimia, el esperma es el azogue en bruto. Se dice que con ese esperma
transmutado se elabora el mercurio (que es el alma metálica del esperma).
Bien, hay tres clases de mercurio: primero, el azogue en bruto, o sea, el
exiohehai, el esperma sagrado; segundo, el alma metálica del esperma, que
es el resultado de la transmutación, pues, del mismo. Esa alma metálica, es
energía creadora que asciende por los cordones ganglionares, espinales,
hasta el cerebro; el tercer mercurio es el más elevado, aquél que ha sido
fecundado por el azufre. En alquimia, el azufre es el fuego sagrado.
No ignoran los esoteristas orientalistas, que cuando las corrientes
positivas y negativas del mercurio hacen contacto en el tribeni (cerca del
hueso coxígeo), por inducción eléctrica despierta una tercera fuerza, que es
el Kundalini.
Este Kundalini (estudiado como fuego únicamente, el fuego serpentino
anular, que se desarrolla en el cuerpo del asceta) es el azufre.
Obviamente que cuando las corrientes positivas y negativas del mercurio
hacen contacto en el tribeni (cerca del hueso coxígeo), despiertan al fuego,
entonces el fuego sagrado o azufre, se mezcla con esas corrientes del
mercurio, y de tal mezcla resulta, pues, el tercer mercurio (que es aquél que
ha sido fecundado por el azufre). Mezcla de mercurio y azufre asciende por
el canal medular espinal del anacoreta, hasta el cerebro, despertando los
centros superiores del Ser.
Y bien, pero el excedente de ese mercurio fecundado por el azufre, es el
que viene a servir para la creación de los cuerpos existenciales superiores del
Ser. Cuando el mercurio fecundado por el azufre cristaliza dentro de nuestra
psiquis y dentro de nuestro organismo en general (con las notas do, re, mi,
fa, sol, la, si), se forma el cuerpo astral. De manera que el cuerpo astral no es
más que mercurio fecundado por azufre.
Cuando mediante una segunda octava (do, re, mi, fa, sol, la, si), cristaliza
el mercurio fecundado por el azufre, asume la figura del cuerpo mental. De
manera que el cuerpo mental es así: mercurio, también fecundado por el
azufre, en una segunda octava.
Pero cuando cristaliza el mercurio fecundado por el azufre en una tercera
octava (con las notas do, re, mi, fa, sol, la, si), se forma el cuerpo causal. Un
hombre que tenga los cuerpos físico, astral, mental y causal, es un hombre de
verdad que recibe los principios anímicos y espirituales, un hombre
auténtico. Antes de eso, no se es hombre; se es “animal intelectual”, pero no
hombre.
Ahora, bien vale la pena comprender todas estas operaciones del azogue o
del mercurio. Para eso trazaré aquí un dibujo específico, definido, ¿no?
como una especie de “botella primera”, ¿no?, que la llamaría yo el “primer
mercurio”, ¿no?, primero mercurio, o sea, azogue, ¿no?, azogue, igual a
esperma, ¿no?, esperma. Pero esa primera botella (o primer recipiente) da
origen a un segundo recipiente, que es el segundo mercurio, ¿no?, segundo
mercurio. Y el segundo mercurio, a su vez, da origen a un tercer mercurio
(tercer mercurio, es el mercurio fecundado por el azufre).
A ese tercer mercurio, es el más importante, porque el tercer mercurio (es
bastante importante) es lo que se llamaríamos en... lo que se llama entre los
griegos... el famoso... Archeus, Arché o Archeus, finalmente le dicen el
Arché, en griego (el famoso Arché). De ese tercer mercurio (que es el
Arché), salen los cuerpos existenciales superiores del Ser.
También encontramos el Arché en el macrocosmos (Arché
macrocósmico). Que ese Arché macrocósmico es, la nebulosa, de donde
salen los mundos.
¿Qué es la “nebulosa”, qué es el “Arché macrocósmico”?, es una mezcla
de sal, azufre y mercurio. Y también aquí, está la sal, el azufre y el mercurio.
La sal está contenida en el esperma sagrado y se sublima con las
transmutaciones ¿no?, de manera que en el Arché del microcosmos, hay
también sal, azufre y mercurio, y en el Arché del macrocosmos.
Discípulo. ¿Cuál viene a ser la sal aquí, maestro?
Maestro. La sal está contenida en las secreciones sexuales, sólo que...
D. Pero ¿sal, sal, sal, sal común?
M. Pero que pasa por distintas sublimaciones. De manera que cuando se
realizan las transmutaciones, también se transmuta la sal.
D. ¡Aja!...
M. En el Arché del microcosmos (de donde salen los cuerpos
existenciales superiores del Ser) pues hay sal, azufre y mercurio; en el Arché
del microcósmico, hay también sal, azufre y mercurio, ¿no?... sal, azufre y
mercurio en el Arché del microcosmos y del macrocosmos.
D. Si maestro.
M. De ese Arché salen (del macrocosmos)... ahora, ¿qué es una la
“nebulosa”?, en una nebulosa está el Arché del macrocosmos (sal, azufre y
mercurio), de allí salen las unidades cósmicas, los mundos.
D. ¿O sea que se confirma aquí que “como es arriba, es abajo”?
M. Aquí abajo tiene que [ser] lo mismo. Si allá arriba, para que los
mundos salgan, se necesita que surjan a la existencia, se necesita de la
materia prima que es el Arché (mezcla de sal, azufre y mercurio), aquí abajo,
en el microcosmos-hombre, hay que elaborar también nuestra nebulosa
particular, individual, con sal, azufre y mercurio, hacerla, y de ella surge
(como allá arriba, los mundos), aquí surgen los cuerpos existenciales
superiores del Ser.
Lo que el gran arquitecto del universo hizo en el macrocosmos, nosotros
lo tenemos que hacer aquí, en pequeño, dentro del microcosmos-hombre,
porque “tal como es arriba, es abajo”. Así es como vienen a surgir los
cuerpos existenciales superiores del Ser en el hombre, ¿me han entendido?
De manera que, entonces, se necesita crear el Arché dentro de nosotros; el
Arché es sal, azufre, mercurio, tanto arriba como abajo. Creado pues el
Arché, ese Arché viene a cristalizar en los cuerpos. Un cuerpo es una mezcla
de sal, azufre y mercurio, tanto en lo físico, como en lo astral, en lo mental y
en lo causal. Ése es, pues, el asunto, ¿no?
¿Y cómo se fabrica el Arché?, entonces ahí viene la cuestión de las
“botellas”, ¿no?: primer mercurio, segundo mercurio, tercer mercurio, pues,
tres (los tres mercurios: uno, dos y tres). El tercer mercurio ya es el Arché;
con eso es que se hacen los cuerpos.
De manera que esto, Gurdjieff lo habla desde un punto de vista ya del
hidrógeno sexual si-12, y no sé qué, a grosso modo, como para disfrazar la
cosa, o como para alegorizarla. Nosotros la estudiamos desde el punto de
vista alquimista, a la luz del laboratorio de la alquimia, para llegar a
comprenderlo mejor, y debidamente estructurado, en forma logística. Ahora,
ya fabricados los cuerpos, entonces necesitamos perfeccionarlos. ¿Para qué?,
para que esos cuerpos se perfeccionen, se necesita forzosamente eliminar el
mercurio seco. ¿Y cuál es el mercurio seco?, los yoes.
Si uno no elimina los yoes, los cuerpos no se perfeccionan, y los cuerpos
que no se perfeccionan, no pueden ser recubiertos por las distintas partes del
Ser. Para que los cuerpos puedan ser recubiertos por las distintas partes del
Ser, deben perfeccionarse, convertirse en vehículos de oro puro. Pero no
podrían esos vehículos convertirse en instrumentos de oro puro, si no se
elimina el mercurio seco y el azufre arsenicado.
¿Cuál es el mercurio seco?, los yoes ¿cuál es el azufre arsenicado?, pues
el fuego animal, bestial, de los infiernos atómicos del hombre; ese fuego que
corresponde al abominable órgano kundartiguador.
Hay qué eliminar el mercurio seco y el azufre arsenicado, para que los
cuerpos existenciales superiores del Ser (creados con el Arché de la
alquimia), puedan convertirse en los vehículos de oro puro, de la mejor
calidad.
Esos vehículos de oro puro, pueden ser recubiertos por las distintas partes
del Ser, y al fin, todos ellos, penetrándose y compenetrándose mutuamente,
sin confundirse, vienen a servir de envoltorio para nuestro rey, nuestro rey:
el Cristo íntimo.
Él se levanta de su sepulcro de cristal (cuando hay un envoltorio de esa
clase) y se recubre con ese envoltorio, para manifestarse aquí (a través de los
sentidos) y trabajar por la humanidad. Así es como el señor viene a la vida,
surge a la existencia el Cristo cósmico, o sea, el magnés interior de la
alquimia.
¿Cuál es la piedra filosofal?, la piedra filosofal es el Cristo íntimo, vestido
con esos cuerpos de oro, o recubierto con esa envoltura de oro. Esa envoltura
de oro, formada por los cuerpos, es el to soma heliakón, el cuerpo de oro del
hombre solar.
D. ¿Adam Kadmon?
M. Adam Kadmon. Cuando uno posee, pues, la piedra filosofal, tiene
poderes [...] sobre la naturaleza (la naturaleza sabe obedecerle); posee el
elixir de larga vida, puede conservar el cuerpo durante millones de años, la
naturaleza le obedece. De manera que ese es el camino, el camino está en la
alquimia.
Ahora bien, fíjense ustedes la relación que hay (en las minas lo vemos)
entre los átomos del oro (propiamente el oro) y el azogue, azogue.
D. Sí, y en la plata también.
M. Sí...
D. A la plata la amalgama...
M. Amalgama... pues bien, dentro del organismo humano suceden cosas
similares. Resulta que como esos cuerpos son mercurio fecundado por
azufre, en esos cuerpos del mercurio tiene que aparecer entonces el oro,
tienen que ser fijados los átomos de oro. Pero, ¿quién podría fijar los átomos
de oro en el mercurio?, no podrían ser fijados sino por un artífice, que no es
otra cosa sino el famoso antimonio (el antimonio de la alquimia).
El antimonio de la alquimia no es como se cree una mera substancia
química, no. En alquimia, el antimonio es una de las partes de nuestro Ser,
habilísima en transmutación del plomo en oro. Esa parte de nuestro Ser
(especializada en eso), sabe fijar los átomos del oro en los cuerpos del
mercurio. Así es como los cuerpos del mercurio vienen a convertirse en
cuerpos de oro puro, de la mejor calidad.
Cuando uno posee ya los cuerpos de oro puro, recibe también la espada de
oro (ya uno es un Arcángel, con espada de oro puro, de la mejor calidad);
una espada que se revuelve, amenazadora, y que lanza fuego y llamas (la
espada de los Arcángeles).
De manera que, bien vale la pena, pues, fijar los átomos del oro en el
mercurio. Todo eso se puede hacer, a condición de eliminar el mercurio seco
y el azufre arsenicado. Si alguien no elimina el azufre arsenicado y el
mercurio seco, sencillamente no logra crear o de perfeccionar sus cuerpos
hasta hacerlos de oro de la mejor calidad.
Así, pues, todo el secreto de la gran obra consiste, en eso: en saber
fabricar el mercurio, hasta crear el Arché (la nebulosa íntima, particular) de
donde han de surgir los distintos cuerpos. He ahí, ése es el camino del
trabajo.
M. Maestro, ¿cómo empieza a sentirse, evidentemente, la comunicación
entre el Íntimo y... y... uno?
M. Pues eso no es posible en tanto exista el ego, o en tanto no esté uno
trabajando (mejor dicho), en la disolución del ego. A medida que uno va
disolviendo el ego, va entrando en comunicación con el Íntimo.
D. ¿Mientras lo presume uno, lo, lo...?
M. Lo presiente nada más; el Íntimo viene a manifestarse ya, a uno, fuera
del cuerpo físico (en aquellas horas en que el cuerpo físico está en la cama
dormido), entonces viene a uno el Íntimo, para instruirlo, para enseñarlo. De
manera qué, poco a poco, el Íntimo va surgiendo de entre las profundidades
de uno mismo.
D. Y volviendo al aspecto alquímico, de lo que nos está explicando...
M. sí...
D. Las tres calcinaciones del mercurio por el hierro y por el fuego, ¿son
precisamente esas que nos habló?
M. Bueno, las tres calcinaciones por el hierro y por el fuego,
corresponden a la primera y segunda montaña, y parte superior de la segunda
montaña.
D. ¿Las cocciones?
M. Las tres cocciones, o tres calcinaciones del mercurio, ¿no?, son tres
purificaciones a base de hierro y fuego. Uno llega a la resurrección del
Cristo (en uno) mediante tres purificaciones. Tres purificaciones a base de
hierro y fuego. Eso está representado en la cruz por los tres clavos. Los tres
clavos indican las tres purificaciones de hierro y fuego.
De manera que, entonces, hay tres purificaciones. Son tres calcinaciones
del mercurio. La primera calcinación, pues, corresponde a la montaña de la
iniciación; la segunda corresponde a la montaña de la resurrección y la
tercera corresponde a los últimos ocho años de la gran obra, los últimos ocho
años de la gran obra.
D. Maestro, ¿El real Ser se manifiesta de distintas maneras, es decir, en
forma simbólica y por medio de palabras?
M. El real Ser interior profundo se manifiesta a uno, pues, a través de
simbolismos, o directamente. Directamente, cuando uno tiene la debida
preparación; mas a veces en simbolismos también se presenta. Pero, para que
se manifieste el real Ser en uno, uno tiene que, primero “bajar”, tomarse la
molestia de bajar a la fragua encendida de Vulcano, a trabajar en la
preparación del mercurio.
Si uno no prepara el mercurio, pues, su Ser [en cierta forma] tampoco
tiene [ningún] interés en manifestarse a través de uno. De manera que todo el
secreto de la gran obra consiste en la preparación del mercurio. Dicen los
sabios: “dadnos el mercurio y con eso tenemos todo”. Eso es lo principal.
De manera que, en síntesis, les hablo de la gran obra, en síntesis, síntesis.
D. Si, Si.
M. Ahora, ¿Cómo se llega a la resurrección? eso ya es trabajo de
envergadura,
D. No, pues ya para que.
M. De envergadura.
D. Ahorita lo importante es llegar a hombre.
M. Claro, convertirse en hombre antes de entrar en el reino del
superhombre.
D. ¡Claro!
M. Porque el hombre... dice un códice de Anáhuak: “los dioses crearon a
los hombres de madera y después de haberlos creado, los fusionaron con la
divinidad”. Mas luego añade: “no todos los hombres logran fusionarse con la
divinidad”. El hombre, fusionado con la divinidad, obviamente es el
superhombre.
Ahora, la mayor parte llegan hasta convertirse en hombres, mas no
alcanzan el estado del superhombre. Para convertirse en hombre verdadero,
pues, tiene que crear los cuerpos; pero sucede que hay muchos que han
logrado crear los cuerpos y recibir, naturalmente, sus principios superiores,
anímicos, espirituales y se han transformado en legítimos hombres, en
auténticos hombres, pero no han eliminado el mercurio seco ni el azufre
arsenicado.
Entonces, ¿qué ha sucedido?, que no han perfeccionado esos cuerpos, no
han logrado crear esos cuerpos en vehículos de oro puro. Han logrado
crearlos, pero no han logrado transmutarlos en vehículos de oro de la mejor
calidad, se han quedado simplemente como hombres hanasmussianos.
Hanasmussianos, porque realmente no han eliminado el ego. Ésos son casos
de fracasos.
D. ¿Con doble centro de gravedad, maestro?
M. Sí, quedan con doble centro de gravedad: una parte de su conciencia es
el hombre interior profundo (el Ser vestido con los cuerpos de oro), pero la
otra parte es la conciencia vestida o embotellada entre los distintos yoes,
formando el ego. Entonces quedan convertidos en magos blancos y negros a
la vez (hanasmussen con doble centro de gravedad), es decir son abortos de
la madre cósmica, fracasos.
M. Maestro, ¿éste sería el caso de Andrameleck?
M. Andrameleck es un caso de hanasmussen con doble centro de
gravedad. Uno invoca a Andrameleck en los mundos superiores y se
encuentra que es un Trono; pero en otras ocasiones no viene un Trono, sino
viene el mago negro Andrameleck, y es él mismo, con doble centro de
gravedad, es un hanasmussen. Un hanasmussen es un fracaso de la gran
obra, un aborto de la madre cósmica.
La madre cósmica es la signatura astral del esperma sagrado, es la estrella
resplandeciente que brota de entre el “mar”, de entre el caos metálico (que es
el esperma); es la parte ígnea del mercurio, que nos guía y dirige la gran
obra, que nos ayuda en todo el trabajo de la gran obra: Stella Maris, la virgen
del mar, que surge de ese mar interior que uno carga (que es el esperma), de
ahí surge ella, esa estrella, que no es otra cosa sino la signatura ígnea del
mercurio.
D. ¿Por eso la estrella de mar es de cinco puntas?
M. Sí...
D. Stella Maris...
M. ¡Stella Maris!...
D. Esa es la estrella simbólica que guío a los tres magos, ¿verdad?
M. Sí, la estrella simbólica que guía a todos los magos, la que dirige la
gran obra: Stella Maris, la signatura astral del esperma sagrado; la Madre
Divina Kundalini Shakti (así es que hay que saberla entender) con ella se
realiza la gran obra. Pero, como les digo, si uno no elimina el mercurio seco
y el azufre arsenicado, no logra fusionarse con la divinidad, y si no logra
fusionarse con la divinidad, se convierte en un aborto, en un fracaso. De
manera que la obra hay que saberla hacer correctamente.
El antimonio está dispuesto a fijar los átomos de oro en el mercurio, a
condición de que nosotros eliminemos (con ayuda de Stella Maris) el
mercurio seco y el azufre arsenicado. Si así procedemos, el antimonio
trabajará, en su forja, fijando el oro en el mercurio.
D. Maestro, alguien me dijo que uno pasa las primeras iniciaciones, este...
inconsciente. Las primeras nueve iniciaciones, este... ¿son casi mecánicas, o
qué?
M. Bueno, eso pertenece, dijéramos, al Íntimo, ¿no?; la personalidad no se
da cuenta de esas cosas. Son esas primeras iniciaciones de los misterios
menores, son el sendero probatorio, ¿no?; eso es cuestión de la probación
nomás, no tienen ninguna importancia.
Llega el momento que tenemos [que] romper con esa cadena de los
misterios menores. Lo fundamental, para nosotros, son las ocho grandes
iniciaciones de misterios mayores. Eso es lo fundamental; lo demás, las
“iniciacioncitas” esas de misterios menores, ésas del sendero probatorio (las
de los discípulos a prueba), una cadena que hay que volver pedazos. Lo
fundamental, para nosotros, es el trabajo en la gran obra; eso es lo vital y a
eso debemos dirigirnos: a realizar toda la gran obra.
Ahora, para comprender los misterios de la gran obra, se necesita recibir
el Donum Dei, o sea, el don de Dios. Si uno no ha recibido el don de Dios
para poder entender la ciencia de la gran obra, aunque la estudie, no la
entiende; porque resulta que no se dirige al intelecto, se dirige a la
conciencia. Toda la ciencia de la gran obra, va a la conciencia, pertenece a
los funcionalismos de la conciencia.
D. Para que el maestro aparezca, ¿el alumno tiene que estar preparado?
M. ¡Preparado!, si. Vean ustedes lo importante que es esto: cómo se puede
hablar en alquimia, sobre toda la gran obra. [Aquí interrumpe el discípulo y
no se entiende; luego continúa].
M. ¿Qué?
D. Sobre el simbolismo de... (Como yo sé que es alquímico eso,
¿verdad?), el simbolismo de los tres reyes magos.
M. ¡Ah!, bueno, lo de los tres reyes magos son los colores que presenta el
mercurio, cuando uno está purificando los cuerpos. Se dice que “en el
crisol”; entonces el crisol, hay que saber definir, ¿cuál crisol? ¡El crisol
sexual!
Ese mercurio da un color negro en el principio, es blanco después, luego
prosigue con el amarillo y luego culmina con el rojo. Ese es el simbolismo
de los reyes magos, ¿no?: uno de ellos es negro, el otro es amarillo y el otro
es blanco. En cuanto al rojo, el rojo es la púrpura que todos ellos (como
reyes) llevan puesta. Ése es el simbolismo, y la estrella que los guía a ellos,
es la estrella, precisamente.
D. Stella Maris.
M. Stella Maris: la que guía todo el trabajo, Stella Maris, la que guía todo
el trabajo, la que hace todo el trabajo, Stella Maris.
Obviamente que, entonces, pues, cuando uno quiere convertir, digamos, el
cuerpo astral en un vehículo de oro puro, tiene que dedicarse uno a eliminar
el mercurio seco. Claro, todos esos yoes sumergidos que hay en el astral
surgen con una fuerza terrible, espeluznante, horrorosa, y se procesan dentro
de la “corrupción” en que todos esos elementos, pues, deben irse
desintegrando, ¿no?, atacan violentamente los demonios y se dice que
entonces ha entrado uno en el reino de saturno; ha empezado su trabajo con
el cuervo (con el cuervo negro, que corresponde a saturno).
Cuando ya todos esos elementos comienzan a ser destruidos y
desintegrados en el mercurio, el cuerpo astral comienza a emblanquecerse.
Cuando ya han sido destruidos esos elementos, en su mayoría, ya entonces
recibe uno en el astral la túnica blanca, la túnica de [ptah] (entre los
egipcios), la túnica de lino blanco.
Mas tiene que continuar en el trabajo, hacia adelante a convertir ese
mercurio astral en un cuerpo de perfección; prosiguiendo con el trabajo de
desintegrar elementos indeseables que hay en el cuerpo astral (que
corresponden al mercurio seco). Al fin, el mercurio ese astral, aparece con el
color amarillo, [entonces] se recibe la túnica amarilla de los grandes
misterios.
Y prosiguiendo en el trabajo llega un momento en que ya no queda
absolutamente ningún elemento indeseable en el cuerpo astral [...]
Cuando ya todo el cuerpo astral, repito, pues, ha sido purificado y
perfeccionado, que ya ha podido entonces, dijéramos, el antimonio (que es
una de las partes de nuestro Ser), fijar los átomos de oro en ese mercurio,
entonces ese cuerpo astral viene a quedar de oro puro. Cuando ya es de oro
puro, entonces se lo traga la Divina Madre Kundalini y se recibe la púrpura,
la túnica de púrpura (la púrpura de los reyes). [...
...] Vean pues, ustedes, los colores: negro, blanco, amarillo, y luego la
púrpura que llevan los reyes (rojo).
El mismo proceso se da para el mental, para el causal, hasta que cada uno
de esos cuerpos sea de oro. Y no podría verificarse, dijéramos, la
resurrección del Cristo íntimo en el corazón del hombre, en tanto no estén
los cuerpos (todos), convertidos en vehículos de oro puro. Ya convertidos
todos en vehículos de oro puro de la mejor calidad, se penetran y
compenetran mutuamente, sin confundirse, formando el famoso to soma
heliakón, el cuerpo de oro del hombre solar, que sirve de envoltorio para el
Señor, para el Cristo interior.
Él se levanta de su sepulcro de cristal y viene aquí a la manifestación, se
envuelve con el cuerpo de oro, se expresa en carne y hueso como un
mahatma resurrecto para enseñar a la humanidad, para trabajar por la
humanidad; ése es el objetivo.
Pero ya van viendo ustedes el significado de los reyes magos y de la
estrella. En cuanto al niño, ese niño es el Cristo íntimo (el niño que adoran
los reyes magos, el Cristo íntimo), que tiene que pasar por todo el drama
cósmico.
Durante el proceso éste de la alquimia, el Señor interior profundo trabaja
terriblemente. Él, en el fondo, es ya el dirigente de la gran obra, porque la
misma Stella Maris trabaja bajo su dirección; él es el jefe de la obra. De
manera que cuando ya el Señor interior profundo ha terminado la totalidad
de la gran obra, entonces, es claro, que él resucita en uno.
El Señor interior profundo, el Cristo íntimo nace como un niño en el
corazón del hombre y tiene que desarrollarse durante el trabajo esotérico,
tiene que vivir el drama cósmico dentro de uno mismo y tiene que trabajar,
terriblemente, dentro de uno mismo, porque él se hace cargo de todos
nuestros procesos [mentales], volitivos, emocionales, etc. en una palabra, se
hace hombre entre los hombres y sufre las mismas tentaciones de la carne
que todos, y tiene que vencer él, triunfar, hasta salir triunfante.
Cuando ya esos vehículos (todos) son de oro, él ha triunfado, ya puede
darse el lujo de vestirse con esos cuerpos y de venir al mundo de la carne
para vivir como todo un adepto resurrecto: triunfante y victorioso. Por eso es
que para el Señor interior profundo (que es el Cristo íntimo) son todas las
alabanzas, todos los elogios, porque sólo él es digno de toda majestad y
honra, porque él es nuestro verdadero salvador.
Ésta es la esencia del salvatum salvandus, del que se habla en el
gnosticismo universal. Él quiere salvarnos desde adentro, él es el salvador
interior, el jefe de la gran obra, el director del laboratorio, el magnés interior
de la alquimia, y vestido él con los cuerpos de oro, es la piedra filosofal, la
gema preciosa, el carbunclo rojo.
Quien posee esa piedra, tiene el elixir de larga vida; quien posee esa
piedra, tiene la medicina universal; quien posee esa piedra, tiene el poder de
transmutar el plomo en oro, los polvos de proyección, etc., etc., etc.
Esa piedra es muy, dijéramos, dúctil, elástica y perfecta, ¿no?; es fusible:
se puede echar entre el fuego como la manteca sin que se pierda. Uno puede
echar manteca entre una sartén, por ejemplo, y no se pierde, es fusible. Así
es la piedra filosofal se sostiene entre el fuego.
Se puede perder, dijéramos, el espíritu metálico de la piedra (es el Cristo
íntimo), ese espíritu metálico puede evaporarse. ¿Cuándo?, cuando un metal
se funde. ¿Cuándo se funde un metal? Pues, cuando se derrama el vaso de
Hermes. Entonces se funde un metal, hay una reducción metálica del oro en
tal o cual cuerpo y eso da origen a que el magnés interior se escape.
Entonces se dice del sabio que “ha perdido la piedra filosofal”, que “la ha
disuelto entre el agua”
D. ¿Cuando “se cae” el Bodhisattva?
M. Bueno, hablando en ese lenguaje (ya fuera de la gran obra) tosco y
rudo, diría que “cuando se cae el Bodhisattva”, ¿no?, pero, realmente, en
alquimia, se dice claramente: “cuando se echa la piedra al agua”, “cuando se
disuelve en agua, en día sábado”.
D. ¿En día sábado? ¿Por qué en día sábado, maestro?
M. Eso hay que entenderlo esotéricamente: sábado es saturno, y es el
reino de la muerte.
D. ¡Ahh!...
M. Quien “disuelva su piedra en agua”, pues, la pierde y queda sin la
piedra.
D. Y aquello del “séptimo día de descanso”, que honraban los antiguos,
¿qué significado tiene?
M. Eso está relacionado con la gran obra; todo el Génesis está relacionado
con la gran obra: el primer día del “Génesis”, corresponde al trabajo en el
abismo y al primer sello del “Apocalipsis”. El segundo día del “Génesis”,
corresponde al trabajo con las aguas amarillas y todo eso, con el cuerpo
vital. El tercer día del “Génesis”, corresponde al astral; cuarto día del
“Génesis”, al mental; el quinto día del “Génesis”, al causal; el sexto día del
“Génesis”, pues al sexto sello del “Apocalipsis”, ¿no?, al búddhico o
intuicional y luego, pues, el séptimo sello o séptimo día de la creación es el
“día de descanso”, porque el trabajo se hace en seis días o períodos de
tiempo. Al séptimo hay descanso; en el octavo, viene la resurrección del
señor. De manera que el “Génesis” y el “Apocalipsis”, se complementan.
D. Pero, hablan de ser siete días, nada más.
M. Sí, cada día de ésos es un año.
D. ¿Cósmico?
M. Sí, un año terrestre, un año humano, porque la gran obra en síntesis se
realiza en ocho años. Ya en síntesis, la parte superior de la gran obra son
ocho años, ¿no?, aunque los períodos de trabajo y de preparación, son
muchos más, ¿no?, pero ya la última síntesis, el último período en que se
concluye la gran obra es de ocho años: los ocho años de Job, los ocho años
maravillosos (siete días, y en el octavo hay resurrección). La obra se realiza,
pues, en períodos de tiempo. Pero todo eso se puede realizar en una sola
existencia, bien aprovechada.
El “Génesis” y el “Apocalipsis”, son textos de alquimia. El “Génesis es
para vivirlo ahora mismo en el trabajo de la alquimia, lo mismo [que el]
“Apocalipsis”. El “Apocalipsis” es libro de la sabiduría, el libro de la
alquimia.
D. ¿El “Apocalipsis” no está desvirtuado, en las diferentes traducciones?
M. Es con el único que no se ha metido nadie, como nadie lo entiende,
nadie se mete con él. Así se ha podido salvar, gracias a eso.
Pero toda la gran obra está en el “Apocalipsis”; ése es el libro de la
sabiduría, el libro donde están las leyes de la naturaleza. Cada cual tiene su
propio Apocalipsis interior. Existe el Apocalipsis de pedro y el de Juan, y el
de pablo; también existe el Apocalipsis de cada uno de nosotros, su propio
Apocalipsis.
Y hay dos formas de vivir el Apocalipsis: o lo vive dentro de uno mismo,
haciendo uno mismo la gran obra, o tiene que vivirlo con la naturaleza, con
la humanidad en general; por ejemplo la humanidad actual ya rompió el
sexto sello. Está aguardándose el momento en que rompa el séptimo sello.
Cuando eso sea, habrá un gran temblor, vendrá el cataclismo final, con la
destrucción total de esta raza. O lo vive uno dentro de sí mismo (es pavoroso
dentro de si mismo), y culmina con el maestro resurrecto.
¿Los siete sellos?, representan los siete cuerpos, son los siete cuerpos: el
físico, el etérico, astral, mental, causal, búddhico y átmico. El Apocalipsis es
interior, profundo, y es para vivirlo dentro de uno mismo, lo mismo que los
evangelios.
Los cuatro evangelios del Cristo, son alquimistas y son para vivirlos
dentro de uno mismo, y el Cristo está dentro de uno mismo, dentro de uno
mismo tiene que encontrarlo (uno mismo), es el director de todo el trabajo
del laboratorio.
D. Pero el Jesús histórico, ¿sí existió, maestro?
M. El Jesucristo [histórico] sí, el gran Kabir existió. El mérito de él fue
que hizo conocer la doctrina del Jesucristo íntimo, particular, de cada uno de
nos (ahí está su mérito), él propagó esa doctrina. Como el Gautama, el
Buddha: su mérito está en que enseñó la doctrina del Buddha interior de
cada uno de nos. Gautama, el Buddha, se apoya en la doctrina del Buddha
íntimo, de cada cual, y Jesús de Nazareth hace conocer la doctrina del
Jesucristo íntimo de cada uno de nosotros. Porque Jesús es Jeshuá, y Jeshuá
es “salvador”.
La Madre Divina Kundalini, antes de ser fecundada, es la virgen negra,
que está debajo de los sótanos de todos los monasterios antiguos, y que se le
honra con veladoras de color verde, con la esperanza de que, algún día,
despierte el león verde (el fuego en estado residual). Pero ya fecundada por
el Logos, entonces es la divina concepción, con el niño en sus brazos.
Ese niño es el mismo Logos que desciende de su mundo y se hace hijo de
la Divina Madre particular de uno, aguardando el instante de entrar ya dentro
del cuerpo de uno, para comenzar el proceso de la gran obra, para realizar la
gran obra.
De manera que él, es el Señor de la gran obra, el salvador de cada uno de
nosotros; el Jesucristo interior, eso es lo que cuenta: el Jesucristo íntimo; El
“Jeshuá” [...] significa “salvador”. Jesús es Jeshuá (salvador), y cada uno
tiene que encontrar a su salvador interior profundo.
D. Entonces, ¿Jesús encarnó a Cristo?
M. Jesús de Nazareth (el gran Kabir Jesús), él hizo la gran obra; y es un
hombre que habló sobre el Jesucristo íntimo (que es el Señor de la gran
obra); y el drama cósmico, tiene que vivirlo nuestro salvador interior, dentro
de nosotros mismos, aquí y ahora, en el trabajo de la gran obra.
Los tres traidores por ejemplo que son: Judas, Pilatos y Caifás, son tres
demonios. Judas es el demonio del deseo, que cada uno lo carga en su
interior; Pilatos es el demonio de la mente, que siempre encuentra disculpas,
justificaciones y evasivas para sus peores errores, y en cuanto a Caifás, es el
demonio de la mala voluntad en cada uno de nosotros; aquél traidor que
cambia al Cristo, o mejor dicho, que prostituye la religión. Caifás en un
sacerdote, ¿qué es lo que hace?, convierte el altar, ¿en qué?, en lecho de
placer, y copula con las devotas y vende sacramentos; y cada uno carga a
Caifás adentro.
De manera que Judas, Pilatos y Caifás, son los tres traidores que
traicionan al Cristo íntimo. Ellos son los que lo entregan a la muerte; y todos
los millones de personas que piden su muerte, son los yoes de uno que
gritan: “¡crucifixia, crucifixia!”.
Y nuestro Señor interior profundo es coronado con corona de espinas y es
azotado (eso lo puede ver todo místico), y por último, es crucificado. Al fin,
baja de su cruz y es colocado en su sepulcro, y después, con su muerte, él
mata a la muerte, es lo último que hace él. Después resucita en uno, vestido
con los cuerpos de oro puro [... este cuerpo... que si al tercer año...] y vestido
con los cuerpos de oro puro; entonces, he ahí que tenemos ya la piedra
filosofal. ¡Dichoso el que la tenga, porque ése ya, pues, es un maestro
resurrecto!
Son los misterios del evangelio, que son para vivirlos aquí y ahora, y
dentro de nosotros mismos. La vida, pasión, muerte y resurrección del
Cristo, no es algo estrictamente histórico (como creen las gentes), es algo de
actualidad inmediata y que cada uno de nosotros tiene que realizar en su
trabajo de laboratorio; ésa es la cruda realidad de los hechos.
No es algo que corresponde al pasado, que sucedió hace dos mil años, no
señor; es algo para vivirlo ahora, y yo les doy testimonio de todo eso, porque
a mí, todo eso, me ha tocado vivirlo.
En estos precisos instantes, mi Señor interior profundo está entre su santo
sepulcro. En el año 1978, mi Señor interior profundo resucitará en mí, y yo
en él, para poder hacer la gigantesca obra que hay que hacer por la
humanidad, y será él el que la hace, no mi insignificante persona, que no es
sino un instrumento. Pero él sí es perfecto y él la hace, porque él es perfecto.
De manera que [les] estoy dando testimonio de lo que me consta, de lo
que he vivido; no de lo que otros escriban o dejen de escribir; yo digo lo que
me consta; ésa es la cruda realidad de los hechos.
Yo lo encarné, hace mucho tiempo; nació en mí como un niño pequeño
(cuando recibí la iniciación de Tiphereth). Luego, él tuvo que crecer y
desarrollarse dentro de mi insignificante persona, tuvo que pasar por todo su
drama cósmico, dentro de mí mismo.
De manera que, al hablarles a ustedes en esta forma, hablo lo que me
consta. Ahora, en estos momentos, después de haber pasado por el calvario,
está dentro de su santo sepulcro.
Allá voy yo, de cuando en cuando, a besar la lápida de su sepulcro,
aguardando ansioso su resurrección, y hasta el 78 queda resurrecto el Señor.
Claro, yo lo estoy haciendo por tercera vez. Digo “por tercera vez”,
porque yo he hecho la gran obra tres veces: la hice en el pasado
mahamvantara, o sea, en la tierra-luna, antes de que esta cadena terrestre
hubiera surgido a la existencia. Entonces trabajé por la humanidad; y yo hice
toda la obra.
Luego, en la Lemuria, pues, cometí el error, cuando la revuelta aquélla de
los ángeles, ¿no?, que cayeron en la generación animal, ¿no?, (claro, eso fue
en la Lemuria, en el continente Mu); entonces, yo también cometí el error
(como Dhyani Bodhisattva), de caer en la generación animal, y entonces
perdí la piedra, la “eché al agua”. En la misma Lemuria volví y la hice
surgir.
Luego, pues, en la meseta central del Asia, cometí el error, pues, que
cometió el conde Zanoni, o sea, de tomar esposa cuando ya se me estaba
prohibido. Entonces volví a “echar la piedra filosofal al agua”.
Ahora, en esta nueva existencia, hice la gran obra, está para culminar ya,
con la resurrección del Señor, la tercera vez, por tercera vez.
D. ¡Hijole, que barbaridad!
M. De manera que ya la he hecho tres veces: en la antigua tierra-luna la
hice. [...] cometí el error, allá, de “echar la piedra al agua”, y allá mismo me
tocó volver a levantar la piedra, otra vez a darle vida a la piedra. En la
Lemuria cometí el error de delinquir, y luego, en la misma Lemuria la eché
arriba otra vez. Y luego, en la raza aria, volví a delinquir y en la meseta
central del Asia, volví a “echar mi piedra al agua”, y ahora la estoy, otra vez,
haciendo surgir a la existencia por tercera vez. De manera que ya tengo
experiencia.
D. Algo sabe. (Risas)
M. [...] conozco el camino... conozco el camino y lo conozco
prácticamente.
Lo que sí quiero decirles, es una gran verdad ¿no?, cuando yo elaboré la
piedra filosofal por primera vez, estaba fuerte, poderosa la piedra; cuando la
elaboré por segunda vez, fue más fuerte, y ahora que la estoy elaborando por
tercera vez será todavía más poderosa, debido a la experiencia adquirida.
Pues hay un principio muy inteligente que ustedes deben entender: un
hombre puede luchar mucho y transformarse hasta llegar a la unión con
Dios. Hasta ahí progresa, pero después de que llega a la unión con Dios, un
hombre (que Dios se manifiesta a través de ese hombre), diríamos que de ahí
para adelante, ya no hay ningún progreso, ¿no?, puesto que ya llegó a Dios,
¿ya qué más, no?
Si quiere progresar ese hombre de ahí para adelante, tiene que, entonces,
dijéramos, retrogradar, o sea, “echar la piedra al agua”: queda sin la piedra.
Pero cuando le vuelve a dar vida a la piedra, entonces es más penetrante esa
piedra, más poderosa, [...] extraordinario.
Hay hombres que lo han hecho hasta siete veces: “echan la piedra al
agua”, hasta siete veces (adeptos que la han echado hasta siete veces). Ya,
más allá de siete veces, es muy peligroso: se puede caer bajo maldición. Yo
lo he hecho tres veces, pero francamente no lo haré una cuarta, no quiero
exponerme a problemas. Y eso, las tres veces que lo he hecho, me ha sabido
el asunto a “chicharrón de cerdo”: ¡demasiado doloroso!
D. Ya lo creo.
M. Por ejemplo, en la meseta central del [Asia], cuando “eché la piedra al
agua” por tercera vez, ¡Desde de allí cuánto luche a través de los siglos para
volverme a levantar! ¡Qué karmas tan espantosos, qué amarguras tan
terribles!, sólo ahora, después de haber sufrido mucho, pero mucho, es que
la piedra filosofal está otra vez para renacer (en el 78 la tengo otra vez), pero
a qué precio: “me eché” toda la historia de la raza aria, para volverla a
levantar. De manera que eso es muy doloroso, es un progreso muy peligroso.
Hay adeptos que queriendo hacer más poderosa su piedra,
intencionalmente bajan; ya no caen, sino bajan. ¿Cómo bajan? toman esposa
cuando ya les está prohibido, pero no eyaculan el licor seminal, sino bajo la
dirección de un Gurú, a trabajar con todas las reglas del arcano A.Z.F.
Pierden de todos maneras la piedra (porque ya se les prohibió el contacto
sexual), y después de cierto tiempo, bajo la dirección de un mismo Gurú,
vuelven otra vez a dar vida a la piedra, hacen la gran obra; entonces ya
queda la piedra más poderosa que antes.
Hay que diferenciar, pues, entre una caída y una bajada, ¿no?, yo no bajé
así, intencionalmente, mis tres casos fueron de caída (no de bajada, son de
caída). En la meseta central del Asia (por el [mismo] error del conde
Zanoni), puse amor en una hermosa dama inefable, y la tomé por esposa a
pesar de que se me había prohibido, y eso dio origen a una caída. Pero sí les
digo (después de la experiencia de los siglos) que así es como se realiza la
gran obra.
Recordemos el ave fénix: era maravillosa, coronada con corona de oro;
sus patas, sus piernas, todas de oro puro, bellísima, inefable; la naturaleza le
rendía culto. Cansada de vivir, después de millones de años, resolvió hacer
un nido (dicen que con ramas de incienso, de mirra, de no sé qué, de nardo,
de... otras ramas preciosas), bueno, lo cierto fue que ella se incineró (la
naturaleza se entristeció). Pero después resucitó de entre sus propias cenizas
(el ave fénix), más gloriosa que antes, más poderosa que antes. Eso se
relaciona precisamente con la gran obra.
Todo el poder de un adepto está en la piedra filosofal; si la “echa al agua”,
queda, pues, “amolado”.
D. ¿Y la vara de moisés, maestro, la vara de moisés que les enseñó a los
egipcios, al faraón?
M. Pues, es la espina dorsal.
D. ¡Aja! ¿Cómo los magos negros le sacaron serpientes también, ahí,
cuando él sacó la suya, verdad?
M. Pues, claro...
D. Cuando su vara se convirtió en serpiente.
M. Así como moisés convirtió la vara en serpiente, así también, uno tiene
que convertir la vara en serpiente. Así como moisés levantó la serpiente
sobre la vara y ésta se convirtió en la vara misma, así también nosotros
necesitamos levantar al Hijo del Hombre, dentro de nosotros mismos.
El Hijo del Hombre es el Cristo íntimo; hay que levantarlo dentro de
nosotros mismos. Para poder levantarlo, primero hay que crear los cuerpos
existenciales superiores del Ser; sólo así podrá él venir, y aquí, encarnar en
uno, nacer en uno, para luego ir creciendo y viviendo el drama cósmico.
Él tiene que hacerse cargo de los procesos emotivos, mentales,
sentimentales, sexuales, de todo lo de uno, y hacerse hombre, convertirse en
hombre, hasta lograr vencer a las tinieblas en sí mismo, eliminar a los yoes
en sí mismo, y triunfar en sí mismo.
Es claro, él es digno de toda alabanza y gloria, y honra. Y, ¿quién otro
viene a hacer eso por uno? ¿Quién otro? ¡Sólo el salvador!, por eso es que el
Cristo, es digno de toda honra y ante él los veinticuatro ancianos (que no son
otra cosa sino las 24 partes de nuestro propio Ser interior profundo), y los
cuatro santos o las cuatro santas criaturas (que no son otra cosa sino cuatro
partes superiores de nuestro Ser, relacionadas con los cuatro elementos),
todos arrojan sus coronas a los pies del cordero, porque sólo él es digno de
toda honra y de alabanza, y gloria, porque él es, el que con su sangre nos
redime. Esa sangre es el fuego, y el cordero, él es el cordero inmolado, se
inmola; vive en uno y se inmola completamente, se hace un hombre común y
corriente a luchar con las tentaciones, con los deseos, con los pensamientos,
con todo, y nadie lo conoce, hasta que triunfa. ¿Quién otro hace eso por uno?
¡Sólo él!, por eso se le dice: “el cordero de dios que borra los pecado del
mundo”; ése es el cristianismo esotérico gnóstico, pero bien entendido.
De manera que él es el salvador, el que con su sangre nos redime, o sea,
con el fuego. Porque él mismo es el espíritu del fuego que necesita un vaso
de alabastro, un receptáculo para manifestarse. Ese receptáculo son los
cuerpos de oro puro que uno debe crear.
Entender esto, es formidable, porque llega uno, precisamente, a donde
debe llegar, o sea, a convertirse en el hombre solar, en el hombre real, en el
hombre Cristo.
De manera que por esto hay que luchar a muerte contra todo y contra
todos: contra sí mismo y contra la naturaleza, contra todo lo que se oponga,
hasta triunfar, hasta triunfar, convertirse en el hombre solar, en el hombre
Cristo.
Esto no es cuestión de la evolución, ni es cuestión de involución, ¡no!;
esto es cuestión de revolución interior profunda; esto se sale del dogma ese
de la evolución y de la involución; esto pertenece a la gran obra, y esta gran
obra es revolucionaria.
D. ¿Es de la voluntad, maestro?
M. ¿Ah?
D. ¿Allí tiene que intervenir definitivamente la voluntad?
M. ¡La voluntad!
D. ¿No es un asunto mecánico eso?
M. ¡No! Es trabajo consciente, esto se logra a base, dijéramos, de trabajos
conscientes y padecimientos voluntarios. Hay que dedicar la vida en su
totalidad a la gran obra, hasta conseguirlo: convertirse en el hombre solar.
El sol, eso es lo que quiere. Él quiere una cosecha de hombres solares. Eso
es lo que le interesa al sol. De manera que nosotros debemos cooperar con el
sol, hasta convertirnos en hombres solares. Él quiere una cosecha de
hombres solares; eso es lo le interesa a él.
Bueno, hermanos, creo que ya se nos ha hecho un poquito tarde. [...]
Registro:
Trascripción revisada y corregida con la grabación el 20 de Agosto de
2001.

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