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Discurso de Enrique V en Agincourt

Enrique V arenga a sus tropas antes de la batalla de Agincourt, alentándolos a luchar valientemente a pesar de estar en clara desventaja numérica frente a los franceses. Les recuerda que la gloria de la victoria será mayor si son menos, y que su sacrificio será recordado por generaciones. Promete que aquellos que sobrevivan serán honrados como héroes, y que sus nombres vivirán para siempre en la historia de Inglaterra.

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Discurso de Enrique V en Agincourt

Enrique V arenga a sus tropas antes de la batalla de Agincourt, alentándolos a luchar valientemente a pesar de estar en clara desventaja numérica frente a los franceses. Les recuerda que la gloria de la victoria será mayor si son menos, y que su sacrificio será recordado por generaciones. Promete que aquellos que sobrevivan serán honrados como héroes, y que sus nombres vivirán para siempre en la historia de Inglaterra.

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Discurso de Enrique V a sus tropas antes de la batalla de Agincourt

William Shakespeare, Acto 4, Escena 3. Fragmentos de la imaginaria


arenga del Rey Enrique V a sus tropas, diezmadas y debilitadas antes de
la batalla de Agincourt (1415), en la que las tropas francesas, mucho
ms numerosas, les cerraban el paso al puerto de Calais por el que los
ingleses
deban
embarcar
de
vuelta
a
casa.
[25 de Octubre de 1415]
[...]
Westmoreland: -Ah, si tuviramos aqu siquiera diez mil ingleses como
esos
de
los
que
hoy
estn
inactivos
en
Inglaterra!
Enrique V: -Quin expresa ese deseo? Mi primo Westmoreland? No, mi
simptico primo; si estamos destinados a morir, nuestro pas no tiene
necesidad de perder ms hombres de los que somos; y si debemos vivir,
cuantos menos seamos, ms grande ser para cada uno de nosotros la
parte del honor. No desees un hombre ms, te lo ruego! (...) No quera
exponerme a perder un honor tan grande, que un hombre ms quiz
podra compartir conmigo. Por eso, no anses un hombre ms!
Proclama, antes, a travs de mi ejrcito, Westmoreland, que puede
retirarse el que no vaya de corazn a esta lucha; se le dar su pasaporte
y se pondrn en su bolsa unos escudos para el viaje porque no
quisiramos morir en compaa de un hombre que temiera morir como
un
compaero
nuestro.
Este es el da de San Crispn. El que sobreviva a este da y vuelva sano y
salvo a su casa, se izar sobre las puntas de los pies cuando se
mencione esta fecha, y se crecer por encima de s mismo al or el
nombre de San Crispn. El que sobreviva a este da y llegue a la vejez,
cada ao, en la vspera de esta fiesta, invitar a sus amigos y les dir:
Maana es San Crispn. Entonces se subir las mangas, y, al mostrar
sus cicatrices, dir: Recib estas heridas el da de San Crispn. Los
ancianos olvidan, pero incluso quien lo haya olvidado todo recordar an
las proezas que llevar a cabo hoy. Y nuestros nombres sern para todos
tan familiares como los nombres de sus parientes y sern recordados
con copas rebosantes de vino: el rey Enrique, Bedford y Exeter, Warwick
y Talbot, Salisbury y Gloucester. Esta historia la ensear un buen
hombre a su hijo, y desde este da hasta el fin del mundo la fiesta de
San Crispn nunca llegar sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo,
el recuerdo de nuestro pequeo ejrcito, de nuestro pequeo y feliz
ejrcito, de nuestra banda de hermanos. Porque quien vierta hoy su
sangre conmigo ser mi hermano; por muy vil que sea, esta jornada
ennoblecer su condicin. Y los caballeros que permanecen ahora en el
lecho de Inglaterra se considerarn malditos por no estar aqu, y ser
humillada su nobleza cuando escuchen hablar a uno de los que haya
combatido con nosotros el da de San Crispn.

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