LA HOJARASCA
GABRIEL GARCIA MARQUEZ
Vida y obra:
Naci en Aracataca (Colombia) en 1928,curs estudios de secundaria en San Jos, a part
ir de 1940 y finaliz su bachillerato en el Colegio Liceo de Zipaquir, el 12 de dic
iembre de 1946. Posteriormente se matricula en la Facultad de Derecho de la Univ
ersidad Nacional de Cartagena el 25 de febrero de 1947, aunque sin mostrar exces
ivo inters por los estudios. Su amistad con el mdico y escritor Manuel Zapata Oliv
ella le permiti acceder al periodismo. Fue despus del "Bogotazo" (el asesinato del
dirigente liberal Jorge Elicer Gaitn en Bogot, las posteriores manifestaciones y l
a brutal represin de las mismas), cuando comenzaron sus colaboraciones en el perid
ico liberal El Universal, que haba sido fundado el mes de marzo de ese mismo ao po
r Domingo Lpez Escauriaza.
Su trayectoria profesional comienza trabajando desde joven para peridicos l
ocales; posterriormente tarde residira en Francia, Mxico y Espaa. En Italia fue al
umno del Centro experimental de cinematografa. Durante su estancia en Sucre (dond
e haba acudido por motivos de salud), entr en contacto con el grupo de intelectual
es de Barranquilla, entre los que se contaba Ramn Vinyes, ex propietario de una l
ibrera que habra de tener una notable influencia en la vida intelectual de los aos
1910-20, se le conoca con el apodo de "el Cataln" -el mismo que aparecer en las ltim
as pginas de la obra ms clebre del escritor, Cien aos de soledad (1967). Desde 1953
colabora en el peridico de Barranquilla El nacional: sus columnas revelan una con
stante preocupacin expresiva y una acendrada vocacin de estilo que refleja, como l
mismo confesar, la influencia de las gregueras de Ramn Gmez de la Serna. Su carrera
de escritor comenzar con una novela breve, que evidencia la fuerte influencia del
escritor norteamericano William Faulkner: La hojarasca (1955). La accin transcur
re entre 1903 y 1928 (fecha del nacimiento del autor) en Macondo, mtico y legenda
rio pueblo creado por Garca Mrquez. Tres personajes, representantes de tres genera
ciones distintas, desatan -cada uno por su cuenta- un monlogo interior centrado e
n la muerte de un mdico que acaba de suicidarse. En el relato aparece la premonit
oria figura de un viejo coronel, y "la hojarasca" es el smbolo de la compaa bananer
a, elementos ambos que seran retomados por el autor en obras sucesivas.
En 1961 fue publicado El coronel no tiene quien le escriba, relato en que aparec
en ya los temas recurrentes de la lluvia incesante, el coronel abandonado a una
soledad devastadora, a penas si compartida por su mujer, un gallo, el recuerdo
de un hijo muerto, la aoranza de batallas pasadas y... la miseria. El estilo lacni
co, spero y breve, produce unos resultados sumamente eficaces. En 1962 rene alguno
s de sus cuentos -ocho en total- bajo el ttulo de Los funerales de Mam Grande, y p
ublica su novela La mala hora.
Pero toda la obra anterior a Cien aos de soledad es slo un acercamiento al proyect
o global y mucho ms ambicioso que constituir justamente esa gran novela. En efecto
, muchos de los elementos de sus relatos cobran un inters inusitado al ser integ
rados en Cien aos de soledad. En ella, Mrquez edifica y da vida al pueblo mtico de
Macondo (y la legendaria estirpe de los Buenda): un territorio imaginario donde l
o inverosmil y mgico no es menos real que lo cotidiano y lgico; este es el postulad
o bsico de lo que despus sera conocido como realismo mgico. Se ha dicho muchas veces
que, en el fondo, se trata de una gran saga americana. Macondo podra representar
cualquier pueblo, o mejor, toda Hispanoamrica: a travs de la narracin, asistimos a
su fundacin, a su desarrollo, a la explotacin bananera norteamericana, a las revo
luciones, a las contrarrevoluciones... En suma, una sntesis novelada de la histor
ia de las tierras latinoamericanas. En un plano an ms amplio puede verse como una
parbola de cualquier civilizacin, de su nacimiento a su ocaso.
Posteriormente, el autor public la que, en sus propias palabras, constituira su no
vela preferida: El otoo del patriarca (1975), una historia turbia y cargada de t
intes visionarios acerca del absurdo periplo de un dictador solitario y grotesco
. Albo ms tarde, publicara los cuentos La increble historia de la cndida Erndira y d
e su abuela desalmada (1977), y Crnica de una muerte anunciada (1981), novela bre
ve basada en un suceso real de amor y venganza que adquiere dimensiones de leyen
da, gracias a un desarrollo narrativo de una precisin y una intensidad insuperabl
es. Su siguiente gran obra, El amor en los tiempos del clera, se public en 1987: s
e trata de una historia de amor que atraviesa los tiempos y las edades, retomand
o el estilo mtico y maravilloso. Una originalsima y gran novela de amor, que revel
a un profundo conocimiento del corazn humano. Pero es mucho ms que eso, debido a l
a multitud de episodios que se entretejen con la historia central, y en los que
brilla hasta lo increble la imaginacin del autor.
En 1982 le haba sido concedido, no menos que merecidamente, el Premio Nobel de Li
teratura. Una vez concluida su anterior novela vuelve al reportaje con Miguel Li
ttin, clandestino en Chile (1986), escribe un texto teatral, Diatriba de amor pa
ra un hombre sentado (1987), y recupera el tema del dictador latinoamericano en
El general en su laberinto (1989), e incluso agrupa algunos relatos desperdigado
s bajo el ttulo Doce cuentos peregrinos (1992). Nuevamente, en sus ltimas obras, p
odemos apreciar la conjuncin de la novela amorosa y sentimental con el reportaje:
as en Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1997). Ha publ
icado tambin libros de crnicas, guiones cinematogrficos y varios volmenes de recopil
acin de sus artculos periodsticos: Textos costeos, Entre cachacos, Europa y Amrica y
Notas de prensa.
Recientemente, la editorial Alfaguara ha publicado una completa biografa de Gabri
el Garca Mrquez, Viaje a la semilla, de Dasso Saldvar. Finalmente, a quien le inter
ese la voz directa de Garca Mrquez, podr consultar el libro de entrevistas El olor
de la papaya (1982). O, mejor an, los sucesivos tomos que constituiran la extensa
autobiografa del autor, Vivir para contarlo, cuyo ejercicio, segn el propio Garca Mr
quez constituye, bsicamente, una garanta para mantener "el brazo caliente" entre d
os novelas.
RESUMEN DE LA OBRA:
La hojarasca, trata de la historia del entierro de un hombre, un mdico misterioso
y odiado, al que sus vecinos quieren dejar insepulto. Al mismo tiempo es la his
toria del odio acumulado durante veinticinco aos en Macondo, un lugar llamado a s
er, pocos aos despus, famoso en el mundo entero.
La obra comienza con la muerte de un mdico innominado, que cay en desgracia con el
pueblo de Macondo y que un buen da decidi ahorcarse, para mostrarse por primera v
ez, como dice Gabo, "cmodamente muerto", en el velatorio del doctor del pueblo.
La historia es narrada a travs de los monlogos de tres personajes de una misma fam
ilia: un viejo coronel (el abuelo), Isabel (hija del coronel), y el hijo de Isab
el.
A travs de los ojos del nio, te puedes pasear por los fros y tristes alrededores de
la muerte y del velatorio (la muerte de una persona y su cortejo, la muerte del
pueblo y su procesin); los mismos ojos te cuentan el ocaso del pueblo; fundidas
sus riquezas y apagado su esplendor por las guerras y las crisis; esas mismas qu
e llenaron las calles y las casas de "una hojarasca formada de desperdicios natu
rales y humanos".
De pronto, lleg la compaa bananera perseguida por la hojarasca (era una hojarasca rev
uelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de los otro
s pueblos: rastrojos de una guerra civil que cada vez pareca ms remota e inverosmil
.) La hojarasca era implacable, contaminando todo de su revuelto olor multitudin
ario, olor de secrecin a flor de piel y de recndita muerte.
En el texto coexisten dos fuerzas antagnicas e irreconciliables que prese
ntan dos visiones del mundo, igualmente opuestas. "Nosotros", paradigma del ord
en (conformado por las familias fundadoras de Macondo y representado por la figu
ra mtica del Coronel), tiene como oponente al cantante "hojarasca" (formado por l
os desplazados de las guerras civiles alentados por la oportunidad de trabajo qu
e abre la llegada de la compaa extranjera a Macondo), paradigma de lo entrpico que
instituye nuevos hroes contradictores de los valores occidentales y lleva a cabo
un proceso de organizacin desintegradota.
Todo enmarcado dentro de un proceso de evolucin histrica de la regin del no
rte-costera de Colombia, basado en la "eliminacin del elemento autctono y en la im
portacin de poblacin nueva. Como resultado obtenemos una sociedad bsicamente compu
esta por gente recin llegada
los recin llegados ( expresin aparece en el prlogo de la
novela) y un sincretismo cultural y racial que genera esa visin del mundo comple
tamente nueva y original.
La Hojarasca nos muestra, la ideologa de un patriciado liberal en crisis es,
en apariencia, el punto de vista ideolgico que organiza el desarrollo del relato,
pues el verdadero propsito de la novela es la "representacin-evaluacin" del adveni
miento (de la postergacin?) de la modernidad en Colombia.
El elemento responsable del sentido en el texto de la novela, es una formacin
social que enmarca el desarrollo histrico de la regin caribea colombiana dentro de
la caracterizacin de Pueblo Nuevo y la opone a la de los "Pueblos Testimonios" d
e la regin Andina. Esta formacin social implica, como ya se dijo, la eliminacin-ob
literacin de la poblacin autctona y la importacin de mano de obra esclava, en primer
a instancia, y luego, asalariada, producto de los flujos migratorios tan importa
ntes en la conformacin de todas las sociedades del Caribe.
En la novela, esta formacin social se ve a travs de tres articuladores sem
iticos: la figura del extranjero, la desaparicin de Meme y la deshumanizacin de los
guajiros, y a travs de la tcnica del metarrelato o relato espejo.
Macondo, pueblo reciente conformado por recin llegados (solo tiene unos 3
0 aos, la edad de Isabel) y el propsito ltimo de la novela es precisamente mostrar
ese origen cercano, esa "novedad" y su evolucin. La intencin del autor probableme
nte es buscar su origen, escudriar su identidad, responderse a la pregunta: De don
de vengo? "De extranjeros, de recin llegados", parece ser la respuesta. Por eso
son ellos los dinamizadores de la trama de la novela. El relato gira en torno
al extranjero mdico; el liderazgo en el pueblo es ejercido por el cachorro, otro
recin llegado; Martn ejerce singular atraccin sobre las mujeres de Macondo, e inclu
so, sobre el coronel; el coronel mismo es un recin llegado. Las uniones en el pu
eblo de las que tenemos conocimiento se dan siempre con extranjeros: Meme-Mdico,
Isabel-Martn, Genoveva-Titiriteros, signo inequvoco de la tendencia integracionist
a y de la tendencia al sincretismo de las sociedades caribeas.
En el texto aparece una semitica referida a lo forneo como elemento integral y con
stitutivo de Macondo: "La hojarasca volte y sali a recibirlo y con la vuelta perdi
el impulso, pero logr unidad y solidez; y sufri el natural proceso de fermentacin y
se incorpor a los grmenes de la tierra."
Si uno de los rasgos de los pueblos contiguos al mar Caribe fue el exter
mino casi total de la poblacin autctona, nos preguntamos por qu aparecen indgenas en
un texto que pretende erigirse como imagen especular de la regin donde se desarr
olla; y, adicionalmente, y an ms intrigante: Por qu guajiros? Cabe recordar, sealar
que "el contacto de los espaoles con la poblacin indgena, tuvo drsticos efectos sobr
e sta" y como el mismo autor contina diciendo "los indgenas fueron reemplazados por
negros trados de las antillas y del Africa, con lo cual se incida en la modificac
in de la encomienda como sistema de produccin ante la impresionante desaparicin de
los indgenas."
En el texto se convierte este proceso de exterminio a partir de un articulador s
emitico: la desaparicin de la india Meme y su descendencia. Este, a su vez, se ar
ticula discursivamente a travs de la oposicin del discurso oficial del extranjero
"causante del exterminio": "en cuanto a Meme nos dio una explicacin que habra podi
do parecer pueril, pero que fue dicha por l con el mismo acento con que habra dich
o su verdad. Dijo que Meme se haba ido, eso era todo". As, a travs del discurso n
o-oficial portado por un pasqun: "Pero en el pasqun que apareci en esta esquina se
deca que el mdico asesin a su concubina y le dio sepultura en el huerto"
En la obra se utiliza la tcnica del dato escondido, en cuanto a la descende
ncia indgena, es decir, "narracin por omisin o por omisiones significativas, silenc
iando temporal o definitivamente ciertos datos de la historia para dar ms relieve
o fuerza narrativa a esos mismos datos que han sido momentnea o totalmente supri
midos", principio de organizacin narrativa muy apropiado para este caso, pues el
discurso oficial, el del extranjero, es el que oculta y omite el dato: "Dgame una
cosa, doctor: Qu fue de la criatura? El no modific la expresin: Qu criatura, coronel
?", "Tiene razn, coronel. Hasta me haba olvidado de eso", con esto, el autor y su
regin, se explican, se piensan. Sin embargo, an queda por resolver el hecho ms in
trigante en este sentido: Por qu guajiros? La respuesta parece residir, en mi opin
in, en una formacin social mucho ms especfica que se presenta en el departamento del
Gran Magdalena, una de las subregiones de la costa Caribe colombiana, compuesta
hasta los aos sesenta por las regiones del Magdalena, La Guajira y El Cesar, ter
ritorios sobre los cuales la ciudad de Santa Marta ejerca importante influencia c
omo capital. Segn Adriana Mercedes Corso, "las actividades administrativas de la
gobernacin, las sesiones de la Asamblea Departamental, la oferta de servicios fi
nancieros (v. gr. la Caja Agraria) para esos territorios se realizaban en Santa
Marta y se ofreca educacin de calidad en el Liceo Celedn, claustro en el cual se fo
rmaron muchos cesarenses y guajiros." Producto de esa situacin de primaca, encontr
amos una formacin ideolgica que seala la superioridad de los samarios y la inferior
idad de los guajiros, tendencia xenofbica que seala la categorizacin de vasallos pa
ra los ltimos y seores para los primeros. Es por eso que el pueblo ve con 'malos
ojos' la actitud de Meme de pretender ser una seora y est a punto de apedrearla: "
Meme se haba presentado a la iglesia, adornada como una cualquiera elevada a la c
ategora de seora". Y por eso Isabel la ve "vestida ms como un pesebre de navidad q
ue como una seora"
La estructura ideolgica se refleja en la obra a partir de la deshumanizacin de los
guajiros vasallos del Coronel. As, para Isabel son "animales amaestrados en un
circo" , para el nio "cuatro cuervos en un caballete" y para el Coronel, una pose
sin, por eso los llama "mis hombres" . Como seala Vargas Llosa, los guajiros "ape
nas son personas: meras presencias, se confunden con las vigas, con el catre sol
itario, con el atad."
El relato espejo:
La parte mas importante de la mise en abime de la regin caribea hecha por e
l autor esta en la narracin hecha por el nio. La pregunta obligada parece ser: Por
qu es el nio quien inicia y termina narrando en La Hojarasca, si el desconoce en
su mayora los datos de la historia? Mi hiptesis se orienta a que la insercin de su
narracin no tiene nada que ver con la historia del doctor narrada por los otros
dos personajes, y a que, ms bien, estamos en presencia de un metarrelato o relat
o espejo que pretende ser una explicacin, una revelacin del propsito central de la
novela: la formacin de un pueblo nuevo o pueblo caribeo.
Los monlogos del nio son la representacin de un despertar, de una iniciacin:
"Por primera vez he visto un cadver", "He pasado frente al espejo de la sala y me
he visto de cuerpo entero", "...Y he pensado: ese soy yo, como si hoy fuera dom
ingo". El nio aparece, entonces, como smbolo de ese pueblo naciente, nuevo, inoce
nte, en proceso de aprendizaje. Un pueblo sin pasado mtico y sin conciencia de fu
turo. De ah que la narracin del nio se desarrolle casi siempre en presente.
Si bien el personaje que tiene relacin con el Mersault de Camus es el mdic
o, el discurso existencial aflora, de manera explcita, en los monlogos del nio como
signo inequvoco de esa bsqueda identitaria, de esa filosofa del ser. Garca Mrquez,
al igual que Hector Rojas Herazo, poeta y compaero del grupo de Cartagena, "sigue
la lnea heidegeriana del existencialismo ateo en la que el ser no se concibe de
modo indirecto por va del pensamiento intelectivo sino tan solo directamente reve
lndose al hombre a travs de su existencia personal". Como en el autor sucreo, el co
nocimiento del mundo se hace a travs de los sentidos as lo vemos en frases como :
"veo que tienen la cabeza acerada y un pauelo amarrado a la mandbula.", "veo que t
iene la boca un poco abierta" , "Y sent ese olor a desperdicios" , "y oigo a lo l
ejos el pito del tren que se pierde en la ltima vuelta", "Yo conozco los cuartos
por el olor".
La aparicin del discurso existencial se explica, "en razn a una formacin ide
olgica asociada al centralismo como actitud dominante en Colombia desde la dcada d
el 40 que de acuerdo con Jacques Gilard, se mostraba 'inmune a las disonancias d
e unas periferias cuya existencia no se reconoca sino en dosis homeopticas' y que
a finales de los 40 fue defendida y sustentada por el suplemento literario del p
eridico El tiempo, por unos aos la publicacin cultural de ms amplia difusin en el pas
y cuyos colaboradores (Germn Arciniegas, Eduardo Caballero Caldern, entre otros) e
ran enemigos acrrimos del pensamiento existencialista". El mismo Garca Mrquez corro
bora su apego al existencialismo en una entrevista con Jos Luis Daz-Granados, al s
er consultada su opinin sobre un cuento de ste ltimo: "Est bueno el cuento. Pero no
es existencialista."
Asi vemos que, la narracin del nio se constituye en metarrelato, es decir,
relato que habla de s mismo; en relato espejo que se constituye en 'seal' del tex
to bsico que ayuda a clarificar el propsito central de ste.
Visin caribe del mundo y panten de hroes caribeos
Del mismo modo , la novela patenta la emergencia de una visin caribea
que instituye valores igualmente singulares, en marcada oposicin a los
cidentales fundamentados en la moral cristiana, introduciendo, de paso,
tipo de figuras "heroicas" que, como lo seala el profesor Avella , no
reglas del juego sino que se juegan la regla.
sui generis
valores oc
un nuevo
siguen las
PERSONAJES:
De los personajes que caben resaltar en la novela es, quiz, El Cachorro,
la representacin del anti-sacerdote, religioso que no preconiza las bondades de l
a moral cristiana, defiende a un ateo y no lee la Biblia. El Cachorro es poco o
rtodoxo y menos doctrinario y, por tanto, muy caribe. Es uno de los representan
tes del desorden y aunque naci en el pueblo, tambin es un extranjero que lleg junto
con la hojarasca. Para todos tiene caractersticas heroicas, incluso para el cor
onel, representante del orden, por ello es uno de los elementos que corrobora la
desestabilizacin de la visin del mundo occidental y de la ideologa conservadora-mo
ralista que va de la mano con ella por parte de la visin caribea.
La figura del sacerdote en no religioso" parece surgir de una tendencia so
cial y religiosa escenificada a partir del Segundo Concilio Vaticano en una nuev
a generacin de sacerdotes que, en palabras de Jaime Eduardo Jaramillo, "expresan
una visin notablemente ms secularizada que muchos de sus antecesores expresada en
una enseanza religiosa ms moderna, tolerante y pragmtica"
El cachorro, a su vez, determina otra figura en el panten caribe: el alma
naque Bristol, reemplazando a uno de los smbolos ms sagrados del mundo occidental:
La Biblia. El mismo Coronel lo deja ver: "De todos modos, lo que suceda tena qu
e suceder, como si lo hubiera anunciado el almanaque." Claro est que el ataque de
Garca Mrquez a la religin, en este sentido, tambin se encuentra ligado al papel de
la iglesia catlica como aparato ideolgico y represivo del Estado durante la hegemo
na conservadora de mitad de siglo.
La otro personaje heroico caribeo reflejada en la novela, es la del trick
ster, tal vez la de mayor recurrencia en las manifestaciones folclricas de todo e
l gran Caribe (recordemos a Ananse, por ejemplo). Martn, el esposo de Isabel, es
la clara representacin del ser astuto que logra engaar a todos valindose de los ms
ingeniosos ardides, consiguiendo la admiracin de todos por ello. As, Martn desposa
a Isabel con el objetivo de ganarse la confianza del Coronel y llevar a cabo un
a empresa con el respaldo de los bienes de ste. A pesar de que ha desaparecido d
esde hace nueve aos, el Coronel piensa: "han transcurrido nueve aos pero no por el
lo tengo derecho a pensar que era un estafador. No tengo derecho a pensar que s
u matrimonio fue apenas una coartada para persuadirme de su buena f." . Sin emba
rgo, en el fondo, el Coronel sabe que ha sido engaado por un especialista en timo
s y por eso seala ms adelante: "si ambos nos equivocamos al confiar en Martn, corre
como error compartido". Adems, el coronel deja entrever cierta admiracin por el
astuto joven: "lleg a mi casa con un saco de cuatro botones, segregando juventud
y dinamismo por todos los poros, envuelto en una luminosa atmsfera de simpata" .
Isabel advierte esa situacin: "Martn pareca vinculado a mi padre por una entraable y
slida amistad y ste hablaba de aqul como si fuera l y no yo quien iba a casarse con
Martn".
El juego de las reglas se puede ver en la conversacin del alcalde con el
Coronel acerca del entierro del doctor. El alcalde se erige como el deshonesto,
el hombre que se enfrenta al mundo adverso y sobrevive en una situacin precaria
jugndose la regla: "Y entonces comprendo que es deliberadamente ilgico, que est inv
entando trabas para impedir el entierro." Es aqu donde la desestabilizacin de esa
visin del mundo occidental, lgica y racional, llega a su punto mximo. Es la visin c
aribe, anti-lgica y entrpica la que organiza claramente el desarrollo del relato y
las relaciones de los personajes, pues el Coronel comienza a tener una visin men
os ortodoxa: "Coronel, esto podramos arreglarlo de otro modo. Y yo, sin darle ti
empo a terminar, le digo: Cunto" .
ESTILO:
Finalmente, cabe resaltar que La Hojarasca es obra fundacional del Caribe Co
lombiano, en tanto se erige como espejo de su evolucin histrica a travs de la dupli
cacin de las estructuras socio-histricas que dieron origen a ella. El texto prese
nta, paralelamente, una visin del mundo particular a la regin caribea que emerge de
sestabilizando e imponindose, en definitivas, a la visin aparentemente dominante,
la visin del mundo occidental, cristiano-moralista, e instaurando, de paso, un nu
evo "panten herico" que contraviene los valores y patrones axiomticos introducidos
por esa moral cristiana.
En el texto, este propsito se refleja al establecerse una red semitica que apunta
hacia el realce de lo extranjero, de lo recin llegado, y al rebajamiento de lo au
tctono. Del mismo modo se logra a partir de la introduccin de la tcnica del relato
espejo y del discurso existencial y a travs de la utilizacin de hroes investidos d
e anti-valores, anversos de los arquetipos tradicionales.
La suposicin de que Remedios, la bella, posea poderes de muerte, estaba entonc
es sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de
palabra se complacan en decir que bien vala sacrificar la vida por una noche de am
or con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por cons
eguirlo. Tal vez, no slo para rendirla sino tambin para conjurar sus peligros, hab
ra bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue
lo nico que no se le ocurri a nadie. rsula no volvi a ocuparse de ella. En otra poca,
cuando todava no renunciaba al propsito de salvarla para el mundo, procur que se i
nteresara por los asuntos elementales de la casa. "Los hombres piden ms de lo que
t crees", le deca enigmticamente. "Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho
que sufrir por pequeeces, adems de lo que crees." En el fondo se engaaba a s misma t
ratando de adiestrarla para la felicidad domstica, porque estaba convencida de qu
e, una vez satisfecha la pasin, no haba un hombre sobre la tierra capaz de soporta
r as fuera por un da una negligencia que estaba ms all de toda comprensin. El nacimie
nto del ltimo Jos Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, ter
minaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandon a
su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mu
ndo donde haba de todo hubiera tambin un hombre con suficiente cachaza para cargar
con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta haba renunciado a toda tentativa de con
vertirla en una mujer til. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la s
obrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la mquina de coser,
lleg a la conclusin simple de que era boba. "Vamos a tener que rifarte", le deca,
perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Ms tarde, cuando rsu
la se empe en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con un
a mantilla, Amaranta pens que aquel recurso misterioso resultara tan provocador, q
ue muy pronto habra un hombre lo bastante intrigado como para buscar con pacienci
a el punto dbil de su corazn. Pero cuando vio la forma insensata en que despreci a
un pretendiente que por muchos motivos era ms apetecible que un prncipe, renunci a
toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando v
io a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pens que er
a una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapa
z de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo nico que lamen
t fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el cor
onel Aureliano Buenda segua creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en r
ealidad el ser ms lcido que haba conocido jams, y que lo demostraba a cada momento c
on su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de D
ios. Remedios, la bella, se qued vagando por el desierto de la soledad, sin cruce
s a cuestas, madurndose en sus sueos sin pesadillas, en sus baos interminables, en
sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, h
asta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardn sus sbanas de bra
mante, y pidi ayuda a las mujeres de la casa. Apenas haba empezado, cuando Amarant
a advirti que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.
-Te sientes mal? -le pregunt.
Remedios, la bella, que tena agarrada la sbana por el otro extremo, hizo una so
nrisa de lstima.
-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.
Acab de decirlo, cuando Fernanda sinti que un delicado viento de luz le arranc l
as sbanas de las manos y las despleg en toda su amplitud. Amaranta sinti un temblor
misterioso en los encajes de sus pollerines y trat de agarrarse de la sbana para
no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. rsula, ya
casi ciega, fue la nica que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aqu
el viento irreparable, y dej las sbanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la
bella, que le deca adis con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sbanas que
suban con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias
, y pasaban con ella a travs del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y
se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podan alcanzarla n
i los ms altos pjaros de la memoria.
Para concluir sealar que La Hojarasca , primera novela de Garca Mrquez, cabe analiz
arla a la luz de los procesos socio-histricos que configuraron la regin caribea col
ombiana (modernizacin, procesos identitarios, de urbanizacin, de poblamiento) y pr
esentar una lectura sociocrtica de la misma que ilustre la emergencia de una visin
Caribe del mundo al lado de la mise en abime de un proceso de transformacin soci
o-econmica de un Pueblo Nuevo como elementos estructurantes del relato y como man
ifestaciones de una manera especular de ver la realidad.
Bibliografa:
Bloom, Harold (editor). Gabriel Garca Mrquez. Nueva York: Chelsea Books, 1989. El
gran crtico americano recopila aqu 18 importantes trabajos crticos que analizan al
novelista desde diversos ngulos metodolgicos.
Cebrin, Juan Luis. Retrato de Garca Mrquez. Barcelona: Crculo de Lectores, 1989. Bio
grafa del periodista y del escritor, realizada por otro periodista y escritor.