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Sentido Común Paine

Este documento resume el origen y propósito del gobierno según Thomas Paine. Explica que la sociedad surge de las necesidades humanas, mientras que el gobierno surge de las iniquidades para restringir los vicios. Aunque el gobierno es necesario debido a la imperfección humana, debería tener la forma más simple posible para garantizar la seguridad y libertad con el menor gravamen. Finalmente, critica la constitución inglesa por ser demasiado compleja y estar compuesta por los restos de tiranías anteriores.

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Sentido Común Paine

Este documento resume el origen y propósito del gobierno según Thomas Paine. Explica que la sociedad surge de las necesidades humanas, mientras que el gobierno surge de las iniquidades para restringir los vicios. Aunque el gobierno es necesario debido a la imperfección humana, debería tener la forma más simple posible para garantizar la seguridad y libertad con el menor gravamen. Finalmente, critica la constitución inglesa por ser demasiado compleja y estar compuesta por los restos de tiranías anteriores.

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"Sentido comn" [Common sense] Thomas Paine (10 de enero de 1776)

Del origen y designio del gobierno en general, con unas breves observaciones sobre la
constitucin inglesa.
Algunos escritores han confundido de tal modo la sociedad con el gobierno, que hacen muy
poca o casi ninguna distincin entre ambas cosas, cuando no solamente son diferentes entre
s, sino que tienen tambin distinto origen. La sociedad es el resultado de nuestras
necesidades, y el gobierno el de nuestras iniquidades: la primera promueve nuestra felicidad
positivamente, uniendo nuestras afecciones, y el segundo negativamente, restringiendo
nuestros vicios: la una activa el trato de los hombres, el otro cra las distinciones: aquella es un
protector, y ste un azote de la humanidad.
La sociedad en todos casos ofrece ventajas, al paso que el gobierno siendo un mal necesario
en su mejor estado en su estado peor es intolerable; porque cuando nosotros sufrimos o
estamos expuestos por causa del gobierno, a las mismas miserias que podamos experimentar
sin l, nuestras calamidades se aumentan con la reflexin de que hemos causado nuestros
padecimientos, por los mismos medios con que pretendamos evitarlos.
El gobierno es como el vestido, la divisa de la inocencia perdida; los palacios de los reyes estn
edificados sobre las ruinas del paraso. Si el hombre obedeciera uniformemente los impulsos
de la recta conciencia, no necesitara de otro legislador; pero no siendo esto as, le es
necesario sacrificar una parte de su propiedad para proveer a la seguridad y proteccin de las
otras, siguiendo el dictamen de la prudencia, que le aconseja en este caso escoger de dos
males el menor. Por tanto, siendo la seguridad el verdadero objeto y fin de los gobiernos, es
consecuencia clara que ser preferible a todas, aquella forma de gobierno que pueda
garantirnos tan inapreciable bien, con el menor gravamen posible.
Para adquirir una clara y exacta idea del objeto del gobierno, supongamos un pequeo nmero
de personas establecidas en un lugar apartado y desprendido del resto de la tierra; ellas
representarn entonces a los primeros pobladores de un pas, o del mundo. En este estado de
natural libertad, la sociedad ser su primer pensamiento; mil motivos inducirn a ello: las
fuerzas de un hombre son tan desiguales a sus necesidades, y su espritu tan incapaz de una
perpetua soledad, que muy pronto se ver obligado a solicitar la asistencia y ayuda de otro que
recprocamente necesitar lo mismo de l, en igualdad de circunstancias. Cuatro o cinco
individuos as reunidos podrn edificar una mediana choza en medio de un desierto; pero un
hombre solo empleara casi toda en vida en esta faena: cuando ste ya hubiese cortado la
madera, no podra levantarla, ni transportarla a su antojo; el hambre entretanto le obligara a
dejar su trabajo, y sus diversas necesidades le llamaran a diferentes tareas. Las enfermedades
y las desgracias serian para l todas mortales; porque aunque ni unas ni otras fuesen graves en
realidad, le inhabilitaran con todo para vivir, y le reduciran a un estado, que ms bien se
puede llamar de muerte que de vida.
La necesidad, pues, reunira en sociedad a estos primeros pobladores, los que permaneciendo
siempre fieles a la virtud y a la justicia, viviran felices sin el apoyo del gobierno, haciendo
intiles las obligaciones de la ley. Pero como la perfeccin solo se encuentra en el cielo, y los
hombres son tan propensos al vicio, resultara inevitablemente que a medida que fuesen

superando las dificultades de la naturaleza, objeto de su unin, se iran desentendiendo de sus


deberes, y relajando los vnculos de recproca benevolencia, hasta hallarse en la necesidad de
establecer una forma de gobierno, que supliese el defecto de virtudes morales.
Un rbol les servira de casa consistorial, bajo cuyas ramas podra juntarse la poblacin entera
para deliberar sobre los asuntos pblicos. Es ms que probable que sus primeras leyes
tuviesen solamente el ttulo de reglamentos, y que la nica pena de su infraccin seria la del
descrdito pblico. En este primer parlamento todos los hombres tendran asiento por
derecho natural.
Pero a medida que la sociedad fuese prosperando, los negocios pblicos se iran aumentando
igualmente: los miembros de la comunidad se separaran con el aumento de la poblacin; y la
distancia seria un obstculo para que en todas circunstancias se juntasen todos ellos como al
principio, cuando su nmero era ms pequeo, sus habitaciones mas vecinas y sus negocios
pblicos de corta entidad. Entonces se conocera la ventaja de consentir en que la parte
legislativa fuese dirigida por un nmero de individuos escogidos en todo el cuerpo, los cuales
tuviesen el mismo inters que los restantes, y obrasen del mismo modo que obrara el cuerpo
todo, si estuviese presente. Continuando el aumento de la poblacin, sera necesario
aumentar tambin el nmero de representantes, y para bien atender al inters de cada parte
de la comunidad, se hara indispensable dividir el todo en partes proporcionales,
encomendando u cada representante sin nmero competente: la prudencia indicara
igualmente la necesidad de hacer frecuentes elecciones, a fin de que los elegidos nunca
pudiesen tener un inters diferente del de los electores; pues de este modo, pudiendo
aquellos volver a entrar en la clase de estos, serian fieles al pblico por la imposibilidad de
perpetuarse en el mando; y como esta frecuente permuta debe establecer un inters igual
entre todas las partes de la comunidad, estas se sostendran mutua y recprocamente unidas.
En esta unin es, pues, en lo que consiste la fuerza de un gobierno y la felicidad de los
gobernados, no en el detestable nombre de rey.
He aqu el origen y nacimiento del gobierno, que solo es necesario en el mundo a falta de
virtudes morales; su objeto y fin es la libertad y seguridad; y estos principios de justicia,
dictados por la naturaleza y confirmados por la razn, sern eternos, por ms que una brillante
y pomposa apariencia deslumbre un momento nuestros ojos, por ms que la armona lisonjee
nuestro odo, que las preocupaciones extraven nuestra voluntad, y el inters particular
ofusque nuestro entendimiento.
De un principio natural incontrovertible deduzco yo mi idea acerca del gobierno, y es: que la
maquina ms sencilla es la que est menos expuesta a descomponerse, y la que, una vez
descompuesta, se repara con mayor facilidad guiado por esta mxima, har unas breves
observaciones sobre la famosa y decantada constitucin inglesa. Convengamos en que fue
buena, respecto a los tiempos de tinieblas y esclavitud en que se form; porque cuando el
mundo todo gema agobiado bajo el peso de la tirana, la menor mudanza hacia el bien era dar
un paso a la libertad: pero es fcil demostrar que esta constitucin es imperfecta, sujeta a
convulsiones, e incapaz de producir lo que parece prometer.
Los gobiernos absolutos (aunque son una vergenza de la naturaleza humana) tienen en s la
ventaja de ser sencillos; si el pueblo sufre, conoce bien la raz de donde dimana su pena, y no

est expuesto a confundirse y perderse en la variedad de causas y de remedios. Pero la


constitucin de Inglaterra est tan extremadamente complicada, que la nacin puede sufrir
por muchos aos, sin poder descubrir en qu parte est el mal que le aqueja; unos dirn aqu,
y otros acull, y cada mdico poltico recetar un emplasto diferente.
Yo bien conozco cun difcil es desterrar las preocupaciones locales y arraigadas; con todo, si
examinamos las partes de que se compone la constitucin inglesa, hallaremos que sus
cimientos son los escombros de dos antiguas tiranas, y que solo est compuesta de retazos,
enmendada con algunas formas republicanas.
Primero: los restos de una monarqua tirnica en la persona del Rey.
Segundo: los restos de una monarqua aristocrtica en las de los pares.
Tercero: las nuevas partes republicanas en las personas de la cmara de los Comunes, de cuya
virtud pende la libertad de Inglaterra. Las dos primeras por ser hereditarias son
independientes del pueblo; por cuya razn y en sentido constitucional, no contribuyen en nada
a la felicidad del Estado.
Decir que la constitucin inglesa es una unin de tres poderes, que se reprimen uno a otro, es
una farsa, es cometer un circulo vicioso de ideas contradictorias. Decir que la cmara de los
Comunes coarta la facultad del rey, es suponer dos cosas. Primera: que no se debe fiar
absolutamente del rey, sin recelar el abuso de su autoridad, y que el deseo vehemente de un
poder absoluto es la enfermedad natural de la monarqua. Segunda: que la cmara de los
Comunes, teniendo por objeto poner lmites al poder absoluto, se considera o ms sabia, ms
digna de la confianza que la corona. Pero como la misma constitucin que da a la cmara de
los Comunes el poder de coartar las facultades del rey, negndole los auxilios que necesite,
concede despus a este otro poder para coartar a la cmara de los Comunes, autorizndole
para rechazar sus proyectos de ley, se supone segunda vez que el rey es ms sabio que
aquellos a quienes antes se supona ms sabios que l: que absurdo!!!
Hay cosas sumamente ridculas en la composicin de la monarqua: Primero, se excluye a un
hombre de los medios de instruirse en general, y en particular de los de informarse de asuntos
en que debe deliberar; con todo se le autoriza para fallar en materias que requieren la mayor
sabidura el estado de un rey lo separa del mundo, y sin embargo, los negocios de un rey
exigen que l conozca perfectamente a los hombres; por lo cual oponindose singularmente
las diferentes acciones de su vida, y distinguindose unas a otras, se prueba que su carcter es
absurdo e intil.
Algunos escritores han explicado la constitucin inglesa del modo siguiente: el rey, dicen ellos,
es uno, y el pueblo es otro: los Pares forman una cmara a favor del primero, y los Comunes
otra a favor del segundo; pero esto mismo prueba que el gobierno tiene todas las distinciones
de una casa dividida interiormente; y aunque estas expresiones parezcan agradables al odo,
en vano se pretendera desentraarles el sentido por un anlisis exacto de las complicadas
ideas que contienen; porque dicho anlisis incluye una previa cuestin, a saber: Cmo pudo el
rey obtener un poder, que el pueblo teme confiar, y que siempre est obligado a coartar? Un
poder semejante no puede ser el don de un pueblo sabio, ni tampoco lo puede ser de Dios,

siendo un poder que necesita de restricciones; con todo, la constitucin lo concede y supone
existir semejante poder.
Pero como este poder tiene unas fuerzas superiores a las que su objeto necesita, los medios
que emplea para conseguirlo son desproporcionados y por consecuencia intil; la siguiente
comparacin aclarar ms la materia. Puestas en movimiento todas las ruedas de una mquina
a impulsos de otra, en quien resida la fuerza motriz; aunque alguna o algunas de aquellas
pueda estorbar, o como es la palabra, coartar la rapidez del movimiento de esta, mientras no
puedan detenerla, sus esfuerzos sern infructuosos; el primer poder que se mueva seguir al
fin su curso, y lo que pierda en velocidad lo ganar en tiempo. Y como el peso mayor hace
siempre subir al menor, resta pues, conocer a que individuo concede la constitucin inglesa
este mayor peso o este poder; porque ste ser el que gobernar al fin.
Es claro que la corona es esta parte opresiva en la constitucin inglesa, y tambin es evidente
que tiene el mayor influjo y transcendental consecuencia, por ser la nica distribuidora de
gracias, empleos y pensiones; pues aunque los ingleses fueron bastante sabios para cerrar la
puerta a monarqua absoluta, fueron al mismo tiempo bastante locos para entregar la llave a la
Corona.
La preocupacin de los ingleses a favor de su gobierno, por el Rey, Lores y Comunes nace ms
bien de un orgullo nacional, que de la ilustrada razn. Los individuos gozan sin duda de mayor
seguridad en Inglaterra que en ningn otro pas; pero la voluntad del Rey es una ley tan
suprema en la Gran Bretaa como en Francia; con esta diferencia, que en vez de manar
directamente de su boca, es anunciada al pueblo bajo la formidable forma de un decreto del
Parlamento. La desgraciada suerte de Carlos I, ha hecho reyes ms sutiles; pero no ms justos.
Dejando, pues, a un lado todo el orgullo y preocupacin nacional a favor del sistema ingls, la
pura verdad es, que si la corona no es tan opresiva en Inglaterra como en Francia, se debe a la
constitucin individual de aquellos naturales, ms bien que a la de su gobierno.
Es indispensable en este tiempo hacer un anlisis de los errores constitucionales en la forma
del gobierno ingls; porque as como nosotros nunca estamos en aptitud de hacer justicia a
otros, mientras continuamos bajo el influjo de un partido dominante; as tambin somos
incapaces de hacrnosla a nosotros mismos, mientras estamos dominados de una ciega
pasin: y as; tambin, como un hombre aficionado a mujeres prostituidas es incapaz de
conocer la felicidad que promete una esposa virtuosa; as una preocupacin a favor de la
constitucin podrida de un gobierno, nos inhabilita para distinguir y juzgar el mrito de otra
buena.

DE LA MONARQUA Y SUCESIN HEREDITARIA


Siendo el gnero humano originalmente igual en el orden de creacin, la igualdad pudo
solamente ser destruida por algunas circunstancias subsecuentes; las distinciones de rico y
pobre pueden muy bien existir, sin recurrir a los duros y disonantes nombres de opresin y
avaricia. La opresin es muchas veces la consecuencia de la riqueza; pero rara o ninguna vez

los medios de ella; y aunque la avaricia preserve al hombre del estado de mendicidad, tambin
le infunde, casi generalmente, demasiado temor para poder enriquecer.
Pero hay una distincin tan enorme entre los hombres, que no se puede justificar ni con
razones sacadas de la naturaleza, ni de la religin; esta es la que se nota entre reyes y vasallos:
y es cosa muy digna de nuestra atencin, inquirir como vino al mundo una raza tan superior a
los dems hombres, y tan privilegiada, que parece ser de muy diferente especie; y tambin nos
toca indagar si estos semidioses son ms bien tiles que perjudiciales a la felicidad del gnero
humano.
En los tiempos primitivos del mundo segn la cronologa de la Sagrada Escritura, no haba
reyes, y por consiguiente tampoco haba guerras: el orgullo de los reyes ha sumergido a la
especie humana en un abismo de tinieblas y confusin. La Holanda sin rey ha gozado ms paz
en ese ltimo siglo que ningn otro gobierno monrquico de la Europa. La antigedad nos
presenta a los patriarcas gozando en los campos de una felicidad pura, que desaparece cuando
llegamos a la historia de la monarqua judaica.
El gobierno de reyes fue primeramente introducido en el mundo por los paganos, cuya
imitacin lo adoptaron los hijos de Israel: ha sido sta la invencin ms feliz del diablo para
promover la idolatra. Los paganos tributaban honores divinos a sus difuntos reyes, y el mundo
cristiano ha perfeccionado el plan de esclavitud, divinizando en vida a los suyos. Cun impo
es el ttulo de SACRA REAL MAJESTAD aplicado a un insecto, que en medio de su esplendor se
est deshaciendo en polvo!
En la teora de la igualdad de derechos no se puede justificar la elevacin de un hombre a un
grado tan superior a los dems, ni tampoco puede defenderse con la autoridad de la Escritura;
porque la voluntad del Todopoderoso desaprueba el gobierno de los reyes, como consta del
profeta Samuel y de Gedeon. Todas las sentencias de la Sagrada Escritura contra los reyes han
sido maliciosamente interpretadas a favor de los gobiernos monrquicos; y esto debe fijar la
atencin de los pases, cuyo gobierno est todava por formarse. Dar al Csar lo que es del
Csar, es el texto de la Sagrada Escritura que ms se repite en las cortes, y este no es muy
favorable al gobierno monrquico; porque los judos, cuando obtuvieron esta respuesta,
estaban sin rey, y solamente sujetos al pueblo romano, gobernado entonces por una repblica
que haba jurado odio eterno a los reyes desde la expulsin de los Tarquinos.
Segn la cronologa de Moiss, los judos vinieron a pedir un rey, cerca de tres mil aos
despus de la creacin. Hasta entonces su forma de gobierno (excepto en los casos
extraordinarios, en que intervena el Altsimo) era una especie de repblica administrada por
un juez y los ancianos de las tribus: ellos no tenan reyes, y se reputaba un crimen reconocer
bajo este ttulo a otro que al Seor de los Ejrcitos; as cuando se reflexiona sobre el homenaje
idlatra que se tributa a las personas de los reyes, no es de extraar que el Todopoderoso,
siempre celoso de sus honores, desapruebe una forma de gobierno, que con tanta impiedad
usurpa las prerrogativas de la divinidad.
La monarqua se considera en la escritura como uno de aquellos pecados de los judos, por el
cual se declar contra ellos una maldicin reservada: la historia de este hecho es digna de toda
atencin.

Estando los hijos de Israel oprimidos por los madianitas, marcharon contra ellos con un
pequeo ejrcito bajo el mando de Gedeon, y la victoria, por interposicin del Altsimo, se
declar a su favor. Los judos orgullosos del triunfo, y atribuyndolo a los talentos de Gedeon,
intentaron hacerlo rey dicindole: gobierna sobre nosotros, t y tus hijos, y los hijos de tus
hijos. Este fue el mayor absurdo; no solamente le ofrecieron sin reino, sino tambin un reino
hereditario.
Pero Gedeon con una piedad propia de su alma respondi: yo no gobernar sobre vosotros,
ni mis hijos tampoco gobernarn sobre vosotros, EL SEOR GOBERNAR SOBRE VOSOTROS:
estas palabras no necesitan de mas explicacin. Gedeon no rehsa el honor; pero niega en
ellos el derecho de drselo; y lejos de tributarles expresivas acciones de gracias, les reprende
en el estilo sublime de un profeta, su desafecto e ingratitud a su legtimo soberano el Rey de
los cielos.
Ciento treinta aos despus incurrieron por segunda vez en el mismo error. No se puede
concebir la extremada inclinacin de los judos a las costumbres idlatras de los paganos:
tomando una vez por pretexto la mala conducta de los hijos de Samuel, que estaban
encargados de algunos negocios seglares, fueron a casa de aquel venerable profeta, y
comenzaron a decirle a gritos: bien ves, [1] que eres ya viejo, y que tus hijos no andan en tus
caminos; establcenos un rey que nos juzgue, como lo tienen tambin todas las naciones. Y
nosotros observaremos aqu de paso que sus razones eran malas, en cuanto a que ellos
pudiesen ser como las otras naciones, es decir, como los paganos; cuando por el contrario su
verdadera gloria consista en parecerse a ellos lo menos posible. Desagrad a Samuel este
razonamiento; porque haban dicho: danos un rey que nos juzgue. Y Samuel hizo oracin al
Seor. Y el Seor dijo a Samuel: oye la voz del pueblo en todo lo que te dicen; porque no te
han desechado a ti, sino a m; para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las Obras
que han hecho desde el da que los saqu de Egipto hasta est da, como me dejaron a m y
sirvieron a esos Dioses ajenos, as lo hacen tambin contigo. Ahora, pues, oye su voz; pero
protstales primero, y annciales el derecho [2] del rey que ha de reinar sobre ellos: esto es
no el derecho de algn rey particular, sino la conducta general de los reyes de la tierra, a
quienes Israel imitaba con tanta ansia. Y no obstante la gran distancia de tiempo y diferencia
de usos y costumbres, el carcter es todava el mismo, y lo ser eternamente. Y as Samuel
refiri todas las palabras del Seor al pueblo, que le habla pedido un rey. Y dijo: este ser el
derecho del rey que ha de mandar sobre vosotros: tomar vuestros hijos y los pondr en sus
carros, y los har sus guardias de acaballo [3], y que corran delante de sus coches. (Esta
descripcin conviene exactamente con el uso del da en las cortes de los reyes) Y los har
sus tribunos y centuriones, y labradores de sus campos y segadores de sus mieses, y que
fabriquen sus armas y sus carros. Har tambin a vuestras hijas sus perfumeras, sus
cocineras y panaderas. (Esto hace alusin al lujo y lujuria de los reyes) Tomar as mismo
lo mejor de vuestros campos, y vias y olivares, y lo dar a sus siervos. Y diezmar vuestras
mieses y los esquilmos de las vias, para darlo a sus eunucos y criados. (Por esto se deja ver
que el cohecho, corrupcin y favoritismo son los vicios dominantes de los reyes) Tomar
tambin vuestros siervos y siervas, y mozos ms robustos, y vuestros asnos, y los aplicar a su
labor. Diezmar as mismo vuestros rebaos, y vosotros seris sus siervos. Y clamareis
aquel da; a causa de vuestro rey, que os habis elegido: y no os oir el Seor en aquel da,
porque pediste, tener un rey. Esta es la razn porque contina la monarqua: ni el carcter

de los pocos reyes buenos que ha habido despus, santifica el ttulo, ni borra la criminalidad
del origen. La alta alabanza dada a David, no es como a rey, sino como a hombre grato al
Seor. Mas el pueblo no quiso dar odos a las razones de Samuel, sino que dijeron: no, no;
porque rey habr sobre nosotros. Y nosotros seremos tambin como todas las gentes: y nos
juzgar nuestro rey, y saldr delante de nosotros, y pelear por nosotros nuestras guerras.
Samuel continu raciocinando con ellos; pero infructuosamente; representseles su ingratitud,
y nada aprovech: y vindolos plenamente inclinados a su locura, grit: Por ventura no es
al presente la siega del trigo? Invocar al Seor, y enviara voces y lluvias (quiere decir truenos
y lluvias, que era un castigo, por el perjuicio que se le segua a sus cosechas), y sabris y veris
el grande mal que os habis acarreado delante del Seor, pidiendo un rey sobre vosotros. Y
clam Samuel al Seor, y envi el Seor voces y lluvias en aquel da Y temi todo el pueblo
en gran manera al Seor y a Samuel: y dijo todo el pueblo a Samuel: ruega por tus siervos al
Seor Dios tuyo, para que no muramos; PORQUE HEMOS AADIDO A TODOS NUESTROS
PECADOS ESTE MAL DE PEDIR REY PARA NOSOTROS. Estos pasajes de la Escritura son
directos y positivos: ellos no dan lugar a construcciones equvocas. Que el todopoderoso ha
estampado en ellos su protesta contra el gobierno monrquico, es cierto, lo que no puede ser,
la Escritura es falsa.
Al mal de la monarqua hemos aadido nosotros el de la sucesin hereditaria: y as como la
primera es una degradacin en nosotros mismos, as tambin la segunda, pretendida como
una materia de derecho, es un insulto y una imposicin sobr la posteridad; porque siendo
todos los hombres iguales en su origen, ninguno pudo por su nacimiento tener un derecho
para establecer su misma familia con una perpetua diferencia sobre todas las dems; y aunque
alguno pudiese haber merecido de sus contemporneos algn grado de distincin en la
sociedad; con todo, sus descendientes pueden ser indignos de heredarlo.
En segundo lugar, como ningn hombre al principio pudo poseer otros honores pblicos que
los que le fueron dispensados, as tampoco los otorgadores pueden tener autoridad para dar el
derecho a la posteridad: y aunque ellos pudieron decir: nosotros te escogemos para nuestro
jefe, no pudieron decir del mismo modo, sin hacer una injusticia manifiesta a sus
descendientes: vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos reinarn sobre los nuestros para
siempre: porque un pacto tan imprudente, tan injusto y tan contrario a la naturaleza, podra
acaso en la prxima sucesin ponerlos bajo el gobierno de un pcaro o un loco. La mayor parte
de los sabios, en sus opiniones reservadas, han tratado siempre con desprecio el gobierno
hereditario; con todo, es uno de aquellos males difciles de desarraigar, una vez establecido:
unos someten por temor, otros por supersticin, y la parte ms poderosa divide con el rey los
ralee que hace a los deanes.
Esto es suponer que la presente rasa de reyes ha tomado en el mundo un origen honroso,
cuando al contrario, es muy probable, que si corriramos el obscuro velo de la antigedad, y
los siguiramos hasta su nacimiento, hallaramos que el primero de ellos ha sido, cuando mas,
el principal asesino de alguna cuadrilla de salteadores, y que sus modales groseros, o
preeminencia en sutileza, le gan el ttulo de jefe entre los ladrones; y que aumentando su
poder, y extendiendo sus rapias, intimid a los habitantes pacficos e indefensos, hasta
hacerles comprar su seguridad con frecuentes contribuciones. Con todo, sus electores no
pensaban en darle derecho hereditario; porque una exclusin perpetua de s mismos era

compatible con el libre y desordenado principio de vida que ellos profesaban. Por tanto, la
sucesin hereditaria en aquellos tiempos de monarqua, no poda ser una materia de
pretensin, sino una cosa casual y gratuita; pero como entonces pocos, o ningunos archivos
existan, y la tradicin histrica estaba llena de fbulas, fue muy fcil despus del curso de
algunas generaciones, inventar varios cuentos supersticiosos, propiamente adecuados, como
los de Mahoma, para hacer tragar al vulgo el derecho hereditario.
Acaso los desrdenes que amenazaban, o aprecian amenazar, por la muerte de un corifeo en
la eleccin de otro nuevo (porque las elecciones entre asesinos no pueden ser muy tranquilas),
indujo a muchos al principio a favorecer las pretensiones hereditarias; y por estos medios
sucedi, y ha sucedido despus, que lo que fue un mero objeto de conveniencia, se ha
pretendido al fin como un derecho.
La Inglaterra despus de la conquista ha conocido un corto nmero de monarcas buenos; pero
ha gemido bajo mayor nmero de malos: ningn hombre sensato puede decir que la
usurpacin de Guillermo el conquistador fue muy honrosa: un francs bastardo que
desembarca con un ejrcito de bandidos, y l mismo, contra el consentimiento de los nativos,
se nombra y se establece rey, es en trminos categricos un origen muy vil y muy
despreciable; no hay ciertamente en esto ninguna intervencin de la Divinidad. Por ltimo,
sera intil emplear mucho tiempo en exponer la locura del derecho hereditario. Si hay
hombres tan dbiles que lo crean, dejmoslos que adoren indistintamente al jumento o al
len, enhorabuena para ellos: por lo que a m toca, ni imitar su humildad, ni turbar su
devocin.
Con todo, me contentara con preguntarles, como suponen ellos que se establecieron los
primeros reyes. La cuestin no admite sino una de estas tres respuestas, a saber: por suerte,
por eleccin, o por usurpacin. Si el primer rey fue tomado por suerte, esto establece un
ejemplo para el otro, que excluye la sucesin hereditaria. Sal fue por suerte; sin embargo, la
sucesin no fue hereditaria, ni parece que hubo intencin alguna de que lo fuese.
Si el primer rey de algn pas fue por eleccin, esto igualmente establece un ejemplo para el
otro, porque pretender que los primeros electores, que eligieron no solamente un rey, sino
una familia perpetua de reyes, quitaron el derecho de eleccin a todas las generaciones
venideras, es un absurdo inconcebible, es una opinin que no encuentra ningn apoyo, ni en la
historia sagrada ni en la profana.
En cuanto a la usurpacin, ningn hombre sensato se atrever a defenderla, ni tampoco
negar que Guillermo el conquistador fue un usurpador: este es un hecho sin contradiccin; y
la pura verdad es que la antigedad de la monarqua inglesa esconde la injusticia de su origen,
y no sufre ningn examen.
Poco importara el absurdo de la sucesin hereditaria, si no fuese su resultado tan fatal para el
gnero humano. Sera admisible el derecho de sucesin, y llevara el sello de la autoridad
divina, si tuviera la virtud de vincular en una familia el honor, la justicia, la sabidura, y todas las
cualidades necesarias para gobernar; pero viendo que de la estirpe real salen ms tontos que
hbiles, mas locos que cuerdos, mas malvados que honrados, debemos pensar que este orden
de sucesin hereditaria es contrario a la naturaleza, y una de las curas de nuestra ignorancia.

Pronto se vuelven insolentes aquellos hombres que creen haber nacido solo para mandar,
considerando a sus semejantes creados como machos de carga para obedecer. Llenos de
orgullo, solo se mueven en un crculo de viles aduladores, interesados en ocultarles sus
verdaderos intereses y los de la nacin; y cuando suceden en el gobierno, son generalmente
los hombres ms ignorantes, mas viciosos, y los mas incapaces de mandar.
Otro de los males que trae la sucesin hereditaria, es que el trono est expuesto a ser posedo
por un menor de cualquier edad; en cuyo tiempo la Regencia, obrando a nombre del Rey tiene
toda la oportunidad y ocasin de hacer traicin a su confianza. La misma desgracia nacional
sucede cuando un rey, abrumado por la edad y enfermedad, llega al ltimo grado de debilidad
humana. En ambos casos, el pueblo es la vctima de los perversos que pueden intrigar con
xito, por las locuras de la vejez o de la infancia.
La mejor razn que se ha dado a favor de la sucesin hereditaria es, que ella preserva una
nacin de guerras civiles, y si esto fuera cierta seria de bastante peso; pero al contrario, es una
insolente falsedad con que se ha pretendido engaar al gnero humano. Toda la historia de la
Inglaterra desmiente este hecho: desde la conquista ha habido treinta reyes, y dos menores,
en ese reino desunido; y en ese tiempo se cuentan a lo menos ocho guerras civiles y
diecinueve revoluciones; as lejos de promover la paz dicha sucesin hereditaria, la destruye.
La Inglaterra fue por muchos aos el sangriento teatro de la guerra por sostener la monarqua
y sucesin hereditaria, entre las competencias de la casa de York y Lancaster. Dos batallas
sealadas fuera de escaramuzas y sitios, se dieron entre Enrique y Eduardo; dos veces fue
Enrique prisionero de Eduardo, quien tambin lo fue de Enrique; y es tan incierta la suerte de
la guerra y el genio de una nacin, cuando la contienda tiene por nico objeto los intereses
personales, que Enrique fue conducido en triunfo desde la prisin a palacio, y Eduardo
obligado a huir a una tierra extranjera. Sin embargo, como las transiciones repentinas son rara
vez permanentes, Enrique a su turno, fue lanzado del trono, y Eduardo llamado por segunda
vez para sucederle: el Parlamento fue siempre consiguiente en su egosmo, siguiendo el
partido ms fuerte.
La guerra comenz en el reinado de Enrique el VI, y no se extingui enteramente hasta Enrique
el VII, en quien se unieron las dos familias; comprendiendo un periodo de 67 aos, esto es,
desde 1422 hasta 1489.
En conclusin, la sucesin de la monarqua hereditaria ha cubierto, no este o aquel reino, s el
mundo entero, de sangre y de cenizas: es una forma de gobierne reprobada por la palabra de
Dios, y por consiguiente funesta a todas las naciones.
Si furamos a averiguar los asuntos y negocios de un rey (y en muchos pases no tienen
ninguno), veramos que todos, despus de haber disipado su vida sin ventaja ninguna para la
nacin, consumidos de fastidio, cansados de la vil adulacin de una corte prostituida, se retiran
de la escena, cediendo su lugar a un sucesor que sigue el mismo orden de inutilidad. En las
monarquas absolutas, el peso de los negocios civiles y militares recae sobre l rey: los hijos de
Israel en sus pretensiones alegaban esta razn: Y nos juzgar nuestro rey, saldr delante de
nosotros, y pelear por nosotros nuestras guerras. Pero en los pases en donde hay
constitucin, en donde el ministerio despacha todos los negocios, en donde el Rey no puede

ser rey ni general, como en Inglaterra, sera muy difcil saber cules son sus indispensables
razones en beneficio del pueblo.
Mientras ms se acerque un gobierno al sistema de repblica, menos tiene que hacer un rey.
Es bastante difcil encontrar un nombre propio para el gobierno de Inglaterra. William Merdith
lo llama repblica: pero es indigno de este nombre desde que el corrompido influjo de la
corona se ha valido de los mismos empleos y gracias, para pervertir a los representantes de la
Cmara de los Comunes (nica parte republicana). El gobierno de Inglaterra es casi tan
monrquico como el de Francia, o el de Espaa; pero gustan los hombres disputar sobre
palabras sin entenderlas. Los ingleses fundan su gloria en la parte republicana y en su
constitucin, y no en la monrquica; su libertad depende de su representacin en la Cmara de
los Comunes, y faltndole a esta la virtud republicana, debe necesariamente ser esclava de la
nacin. La constitucin inglesa est muy debilitada, y debe por necesidad perecer dentro de
poco tiempo; porque la parte monrquica ha emponzoado la republicana, y porque la corona
se ha apoderado de todo el influjo de la Cmara de los Culmines.
En Inglaterra un rey no tiene ms que hacer que declarar la guerra y proveer los empleos, lo
que es en trminos ms claros, empobrecer la nacin y meterla en la confusin. Hermosa
ocupacin en verdad, para que se le den cuatro millones de duros de renta anual, y que se le
rindan en este inundo honores divinos! Un hombre honrado e industrioso es ms til a la
sociedad, y ms grato a los ojos de Dios, que todos los asesinos coronados que han vivido
hasta ahora.
DISERTACION SOBRE LOS PRIMEROS PRINCIPIOS DEL GOBIERNO
No hay para el hombre asunto ms interesante que el del gobierno: su seguridad, sea rico o
pobre, y su prosperidad, estn ntimamente unidas a l; por tanto es de su inters, y aun de su
deber, el procurarse algunos conocimientos de sus principios y, de su aplicacin.
Todas las ciencias y las artes, aunque imperfectamente conocidas al principio, se han ido
estudiando, adelantando, y llevndose a lo que llamamos perfeccin, por un trabajo
progresivo de las generaciones que se han sucedido; pero la ciencia del gobierno se ha
quedado atrs. Nada se ha adelantado en el conocimiento de sus principios, y muy poco se ha
perfeccionado su prctica hada la poca de la revolucin americana. En todas las partes de
Europa contina, las mismas formas y sistemas que se establecieron en los tiempos remotos
de la ignorancia, y su antigedad tiene fuerza de principio: est rigurosamente prohibido el
investigar su origen, o por qu derecho existen. Si se preguntase la razn, la respuesta seria
bien fcil: los gobiernos estn establecidos sobre principios falsos, y emplean despus todo su
poder en ocultarlo.
No obstante el misterio en que ha estado envuelta la ciencia del gobierno con el objeto de
esclavizar, robar y engaar al gnero humano, es de todas las cosas la menos misteriosa, y la
ms fcil de ser entendida. La ms corta capacidad hallar el hilo de este laberinto, si comienza
sus investigaciones desde un punto cierto. Todas las ciencias y las artes tienen un punto o
alfabeto en que comienza el estudio de ellas, y con cuya asistencia se facilitan sus progresos. El
mismo mtodo debe observarse con respecto a la ciencia del gobierno.

En lugar, pues, de embarazar al principio el problema con las numerosas subdivisiones en que
estn clasificadas las diferentes formas de gobierno, cuales son la aristocracia, oligarqua,
monarqua, etc., el mejor mtodo ser comenzar por divisiones que pueden llamarse
primarias, o por aquellas en las cuales se hallan comprendidas todas las varias subdivisiones de
que es capaz.
Las divisiones primarias son solamente dos:
Primera: gobierno por eleccin y representacin.
Segunda: gobierno por sucesin hereditaria.
Todas las diferentes formas de gobierno, por numerosas y diversificadas que sean, estn
clasificadas bajo una u otra de estas divisiones primarias; porque ellas estn o en el sistema de
representacin, o en el de sucesin hereditaria. En cuanto a esta forma equvoca, que se llama
gobierno mixto, cual fue el ltimo de Holanda, y es el presente de Inglaterra, no debe hacer
alguna excepcin la regla general; porque sus partes, consideradas separadamente, son o
representativas, o hereditarias.
Comenzando, pues, nuestra investigacin desde este punto, tenemos que examinar antes la
naturaleza de estas dos divisiones primarias. Si ellas son igualmente exactas en sus principios,
entonces la cuestin es de mera opinin. Si la una es de un modo demostrativo mejor que la
otra, esta diferencia dirige nuestra eleccin; pero si una de ellas fuese tan absolutamente falsa
que no tuviese derecho a existir, la cuestin cae por s misma; porque en una concurrencia en
que debe ser aceptada precisamente una de las dos, la negativa probada en la una, viene a ser
una afirmativa para la otra.
Las revoluciones que se van extendiendo ahora en el mundo tienen su origen en la indagacin
de los derechos del hombre; y la presente guerra es un conflicto entre el sistema
representativo, fundado en los derechos del pueblo, y el hereditario, fundado en la
usurpacin. Las voces de monarqua, estado real y aristocracia por s no significan nada; el
sistema hereditario, si continuase, seria siempre el mismo o peor bajo de cualquier otro ttulo.
Las revoluciones del da tienen un carcter muy pronunciado, por fundarse todas en el sistema
del gobierno representativo en oposicin al hereditario. Ninguna otra distincin abraza ms
completamente sus principios.
Habiendo expuesto las divisiones primarias de todo gobierno con la posible generalidad,
procedo en primer lugar al examen del sistema hereditario; porque tiene la primaca con
respecto al tiempo. El sistema representativo es la invencin del mundo moderno, y no cabe la
menor duda, a lo menos segn mi opinin, en que no hay un problema de Euclides mas
matemticamente exacto, que el de no tener el gobierno hereditario derecho alguno para
existir. Por tanto, cuando nosotros quitamos a algn hombre (algn rey) el ejercicio del poder
hereditario, le quitamos lo que l nunca ha tenido derecho de poseer, y para lo cual ninguna
ley o costumbre pudo ni podr jams darle algn ttulo de posesin.
Los argumentos que se han empleado hasta ahora contra el sistema hereditario, han sido
principalmente fundados sobre su absurdidad e incompetencia para el presupuesto fin de todo

gobierno. Nada puedo presentar a nuestro juicio, o a nuestra imaginacin un ejemplo ms


sensible de nuestra estupidez, que el ver caer el gobierno de una nacin entera, como sucede
frecuentemente, en manos de un nio; necesariamente destituido de experiencia, y muchas
veces poco mejor que un loco: este es un insulto que se hace a todos los hombres de edad, de
carcter y de talento del pas. Desde el momento que empezamos a raciocinar sobre la
sucesin hereditaria, no es posible dejar de rernos, as como se nos presenta repentinamente
a la imaginacin un autmata tan ridculo, como es un Prncipe heredero. Pero conteniendo la
risa a que provoca un monifato de esta especie; dejemos a cualquier hombre que se haga a s
mismo esta pregunta: Por cul derecho, pues, ha comenzado el sistema hereditario? y a buen
seguro que encuentre una respuesta que le satisfaga.
El derecho que algunos hombres a algunas familias tuvieron para elevarse los primeros a
gobernar una nacin, y establecer este gobierno como hereditario, no era otro que el que
Robespierre tuvo para hacer lo mismo en Francia. Si este no tuvo alguno, tampoco aquellos lo
tuvieron; y si ellos lo tenan, este tuvo otro tanto; porque no es posible descubrir superioridad
de derecho en alguna familia, en virtud del cual comenzase el gobierno hereditario. Los
Capetos, los Guelphos, los Robespierres y Marats, todos estn igualmente en la cuestin del
derecho: a ninguno le pertenece exclusivamente.
Es un paso dado hacia la libertad, conocer que un gobierno hereditario no poda comenzar con
un derecho exclusivo en alguna familia.
Canonizar de derecho el sistema hereditario, alegando para ello la influencia del tiempo, es
una suposicin absurda; porque sera substituir el tiempo en lugar de los principios, o hacerte
superior a ellos; cuando al contrario, el tiempo no tiene ms conexin o influencia sobre los
principios, que los principios tienen sobre el tiempo. Lo que fue una injusticia ahora mil aos,
lo es igualmente el da de hoy, y el derecho, que se conoce ser justo y legal en el momento que
se establece, tiene la misma fuerza que si se hubiese sancionado dos mil aos atrs. El tiempo
con respecto a los principios es UN AHORA ETERNO; nada influye sobre ellos, usada cambia su
naturaleza y cualidades. Adems, qu tiene que ver con nosotros la duracin de mil aos? El
tiempo de nuestra vida no es sino una corta porcin de este periodo; y si nosotros
encontramos existente le injusticia en el momento en que nacemos, en ese mismo instante
tambin empieza para nosotros; y comenzando desde luego nuestros derechos a resistirla, es
lo mismo que si nunca hubiera existido.
Siendo as que el gobierno hereditario no poda establecerse con un derecho natural en alguna
familia, ni derivar alguno del tiempo despus de establecido, solo nos resta examinar si lo
tiene alguna nacin, para convertirlo en lo que se llama ley, como ha sucedido en Inglaterra.
Yo digo que no, y que toda ley o constitucin hecha con este fin es una traicin contra los
derechos de los menores de la nacin de aquel tiempo en que se hace, y contra los de las
generaciones subsecuentes. Hablar sobre cada uno de estos casos. Primeramente de los
menores, y del tiempo en que se hace una ley semejante; y en segundo lugar, de las
generaciones que han de suceder.
Una nacin, tomando esta palabra en toda su extensin, comprende todos los individuos que
la componen, de cualquiera edad que sean; desde su nacimiento hasta su muerte: una parte
de stos ser de memores, y la otra de mayores. La igualdad de la vida no es exactamente una

misma en todos los climas y pases; pero en general la minoridad en aos, compone el nmero
mayor; es decir, que el de las personas de menos de veinte y un aos, es ms grande que el de
mayor edad. Esta diferencia en el nmero no es necesaria para establecer el principio que
pienso sentar; pero sirve para manifestar su justicia con mayor fuerza. El principio seria
siempre igualmente bueno, aunque la mayora en aos lo fuese tambin en el nmero.
Los derechos de los menores son tan sagrados como los de los mayores. La diferencia est
nicamente en las edades de los dos partidos, y no en la naturaleza de los derechos; estos
siempre son los mismos; y deben preservarse inmunes para la herencia de aquellos, cuando
lleguen a mayor edad. Durante la minoridad de stos, sus derechos estn bajo la sagrada
tutela de los mayores: los unos no pueden renunciarlos, ni los otros pueden disponer de ellos;
y por consiguiente aquella parte de mayores que forma por aquel momento las leyes de una
nacin, gobierna por pocos aos a aquellos que aun son menores y los deben reemplazar; y no
tiene ni puede tener derecho para establecer una ley erigiendo un gobierno hereditario, o para
hablar ms claramente, una sucesin hereditaria de gobernadores; porque estableciendo
semejante ley, cometen el atentado de privar a todos los menores de la nacin de la herencia
de sus derechos, antes de que lleguen a la mayor edad, y subyugarlos a un sistema de
gobierno, al cual durante su menor edad no podan ni asentir ni contradecir. Por tanto, si la ley
trata de prevenirse contra el privilegio que tiene esta parte de la nacin de ejercer sus
derechos en llegando a la edad competente, como lo habra ejecutado estando habilitada por
sus aos al tiempo de establecerse: entonces innegablemente debe considerarse como una ley
cuyo nico objeto es el de quitar o anular los derechos de todos los individuos de la nacin que
se encuentran en la menor edad cuando se establece: por consiguiente no hubo derecho para
establecer una ley semejante.
Paso ahora a hablar acerca del gobierno hereditario con respecto a las generaciones venideras;
y a manifestar que tanto en este caso como en el de los menores, no puede haber en una
nacin derecho alguno para establecerlo.
Una nacin, aunque existente en todos tiempos, est siempre en estado de renovarse por una
continua sucesin; su curso no puede detenerse; cada da produce nuevos individuos, acerca
los menores a la madurez, y arrastra los viejos a la tumba. En este no interrumpido curso de las
generaciones no hay una parte superior en autoridad a la otra. Si pudiramos nosotros
concebir superioridad en alguna, en qu instante de tiempo, o en qu siglo del mundo
fijaramos su nacimiento? A qu causa la a atribuiramos? Por qu evidencia la probaramos?
Por qu criterio la conoceramos? Una sola reflexin nos ensear que nuestros antepasados
no fueron durante su vida, sino como nosotros, unos censatarios en el gran feudo de los
derechos; el absoluto seoro de estos, ni ellos lo tuvieron, ni lo tenemos nosotros: pertenece
a la entera familia de los hombres en todas las edades. Pensar de otro modo, es pensar o como
esclavos, o como tiranos: como esclavos, porque creemos que alguna de las generaciones
pasadas tuvo autoridad, para obligarnos; y como tiranos, porque creemos tenerla para obligar
a las que nos han de suceder.
No me parece fuera de propsito procurar definir lo que deba entenderse por una generacin;
y en qu sentido se usa aqu de esta palabra. Como que es un trmino natural, su significacin
es bastante clara. El padre el hijo y el nieto son distintas generaciones; pero cuando hablamos

de una generacin, describiendo las personas en quienes reside la autoridad legal, como
distinta de otra con respecto a las personas que han de suceder, deben ser comprendidas en
ella todas aquellas que son mayores de veintin aos en aquel tiempo; y una generacin de
esta especie continuar en la autoridad entre los catorce y veintin aos, esto es, hasta que el
nmero de menores que habr llegado a esta edad, sea ms grande que el resto que haya
quedado de la estirpe precedente.
Por ejemplo: si la Francia, en este o en algn otro momento, contiene veinticuatro millones de
almas, doce millones sern de hombres, y los otros de mujeres. De los primeros doce millones,
seis sern de edad de veintin aos, y los otros de menos, y la autoridad de gobernar residir
en los primeros. Pero cada da habr alguna alteracin, y en el espacio de veintin aos cada
uno de estos menores que sobreviven, habr llegado a la edad competente, y la mayor parte
de la anterior estirpe habr desaparecido: la mayora de los que entonces viven, y en quienes
reside la autoridad, ser compuesta de aquellos que veinte aos antes no tenan existencia
legal. Estos sern padres y abuelos a su turno, y en los siguientes veintin aos, o menos, otra
raza de menores, llegada a la mayora, les reemplazar; y as sucesivamente.
Como este es siempre el caso, y como quiera que cada generacin es igual en derechos a otra,
es consecuencia clara, que no lo puede haber en alguna para establecer un gobierno por
sucesin hereditaria; porque sera suponerse ella misma seora de un derecho superior a las
dems; esto es, el de determinar por su misma autoridad, como ha de ser gobernado el mundo
en lo sucesivo, y quien deba gobernarlo. Cada edad y cada generacin son, y debe ser por
derecho, tan libre para obrar por s misma en todos casos, como la edad y la generacin que la
ha precedido. La vanidad y presuncin de gobernar aun desde ms all de la tumba, es la ms
ridcula e insolente de todas las tiranas. El hombre no tiene propiedad sobre otro hombre; ni
una generacin la tiene sobre las que estn por venir.
En la primera parte de los Derechos del Hombre [4] he hablado del gobierno por sucesin
hereditaria; y terminar aqu con un extracto de esta obra en los dos captulos siguientes.
Primero: Qu derecho tiene una familia para establecerse por s misma con el poder
hereditario.
Segundo: Qu derecho tiene una nacin para establecer una familia particular con tales
privilegios.
Con respecto al primero de estos captulos (el de establecerse una familia por su misma
autoridad, con poder hereditario independiente de la nacin); todo hombre convendra en
llamarlo despotismo, y cualquiera que intentase sostenerlo ofendera su propio
entendimiento.
Con respecto al segundo captulo (el de establecer una nacin a una familia particular con
poder hereditario), no se presenta como un despotismo a primera vista; pero si los hombres
dan lugar a otras segundas reflexiones, y las llevan adelante, considerando, cuando no sus
propias personas, las de su posteridad, vern entonces que la sucesin hereditaria viene a ser
para los otros el mismo despotismo que las personas que les precedieron reprobaron para

ellos. Esto es excluir el consentimiento de la generacin que sigue, y la exclusin de, este
consentimiento es despotismo.
Consideremos la generacin que emprende establecer una familia con poder hereditario,
separadamente de las generaciones que se han de seguir.
La generacin que elige primero una persona, y la pone a la cabeza de su gobierno, bien sea
con el ttulo de rey, o bien con alguna otra distincin nominal hace su misma eleccin, sea
sabia o loca, como un, libre agente de s mismo. La persona as elevada no es hereditaria, sino
propuesta y elegida; y la generacin que la establece no vive entonces por esto bajo un
gobierno hereditario, sino bajo un gobierno que ella misma ha escogido. Aun cuando la
persona elevada de este modo, y la generacin que la eleva, viviesen para siempre; nunca seria
sucesin hereditaria: y esta solamente se seguira por muerte de una de las dos partes.
Siendo, pues, la sucesin hereditaria un asunto fuera de cuestin, con respecto a la primera
generacin que la establece; consideremos el carcter de esta, misma generacin, y sus
operaciones con respecto a la generacin que comienza, y a las dems que la han de suceder.
Ella toma un carcter para el cual no ha tenido ni ttulo, ni derecho; porque de legisladora pasa
tambin a testadora, y legando el gobierno, afecta hacer un testamento que debe ejecutarse
despus de su muerte; y no solo atenta a legar, sino tambin a establecer sobre la generacin
venidera una nueva y diferente forma, bajo la cual ella misma no ha vivido. Ella vivi, como se
ha observado ya, no bajo un gobierno hereditario, sino bajo un gobierno hecho por su misma
eleccin; y ahora intenta, sin ms virtud que su voluntad, y un testamento que no tuvo
autoridad para hacer, tomar de la generacin que comienza, y las dems que se han de
suceder, el derecho y libre agencia, en virtud de la cual ella obr para s misma.
De cualquier modo que se considere la sucesin hereditaria, como naciendo de solo la
voluntad y testamento de una nacin precedente, no se presenta al entendimiento humano
sino como un crimen y un absurdo. La letra A no puede forzar la letra B para tomar de ella su
propiedad, y drsela a la C; sin embargo, este es el modo con que se obra en lo que se llama
sucesin hereditaria por ley: una cierta generacin por un acto de su voluntad pretende, bajo
la forma de una ley, quitar los derechos de la generacin que comienza, y de todas las otras
venideras; y los traspasa a una tercera persona, la cual asume el gobierno en consecuencia de
este traspaso ilcito.
La historia del Parlamento ingles nos presenta un ejemplo de este gnero; y que merece ser
recordado, como prueba la ms grande de ignorancia legislativa, y la mayor falta de principios
que se puede encontrar en la historia de cualquier pas. El caso es como sigue.
El Parlamento ingls, en el ao 1688, trajo a un hombre con su mujer de Holanda (Guillermo y
Mara), y los hizo reyes de Inglaterra. Ejecutado esto, el dicho Parlamento hizo una ley para
traspasar el gobierno del pas a los herederos de dichos reyes, concebida en los trminos
siguientes:
Nosotros los seores temporales, espirituales y comunes, en el nombre del pueblo de
Inglaterra, muy humilde y fielmente nos sometemos nosotros mismos, nuestros herederos y
posteridades a Guillermo y a Mara, Sus herederos y posteridades para siempre.

Y en una ley siguiente, citada por Edmond Burke, el mismo Parlamento en el nombre del
pueblo de Inglaterra que viva entonces, obliga al dicho pueblo, sus herederos y posteridades,
a Guillermo y a Mara, sus herederos y posteridades hasta el fin del tiempo.
No basta rerse de la ignorancia de semejantes legisladores, es necesario probar tambin su
falta de principios. La asamblea constitucional de Francia en 1789, incurri en el mismo error
que el Parlamento de Inglaterra, cuando estableci una sucesin hereditaria en la familia de
los Capetos, por un acto de la Constitucin de dicho ao. Que cada nacin, por el tiempo que
vive, tenga derecho a gobernarse ella misma segn le agrade, debe ser siempre admitido; pero
gobierno por sucesin hereditaria es un gobierno para otra raza, y no para ella sola; y as como
aquellos sobre quienes deba ejercerse, no existan aun, o eran menores; as tampoco exista el
derecho de establecerlo para ellos: asumir un derecho semejante sera una traicin contra el
derecho de la posteridad.
Termino aqu los argumentos, con respecto al primer captulo sobre el gobierno por sucesin
hereditaria, y paso a examinar el segundo sobre el gobierno por eleccin y representacin, o
como puede decirse ms concisamente, gobierno representativo por contraposicin al
hereditario.
Habiendo probado que el gobierno hereditario no tiene ningn derecho para existir, y que
debe excluirse de toda sociedad, resulta que el gobierno representativo es el mejor, y el que se
debe admitir.
Al contemplar el gobierno por eleccin y representacin, no nos detendremos en inquirir
como, cuando, o porque derecho existe: su origen est siempre a la vista. El hombre mismo es
el origen y la evidencia de su derecho: le pertenece por su existencia, y su persona lo prueba.
La nica verdadera base del gobierno representativo es la igualdad de derechos. Cada hombre
tiene derecho a un voto, y no ms, en la eleccin de representantes. El rico no tiene ms
derecho para excluir al pobre del derecho de votar o elegir y ser elegido, que el pobre tiene
para excluir al rico; y siempre que una de las dos partes lo intente o se lo proponga, ser una
cuestin de fuerza y no de derecho. Quin es aquel que querra excluir a otro? Ese otro tiene
derecho para excluirlo a l.
Aquello que se llama ahora aristocracia implica una desigualdad de derechos, pero cules son
las personas que tienen derecho para establecer esta desigualdad? Los ricos se excluirn ellos
a s mismos? No: Se excluirn los pobres? No: por qu derecho, pues, puede alguno ser
excluido? Sera una nueva cuestin saber si algn hombre o alguna clase de hombres tienen
derecho para excluirse a s mismo; pero sea como fuere, lo cierto es que ellos no lo pueden
tener para excluir a otro. El pobre nunca delegar un derecho como ste al rico, ni el rico al
pobre; y asumirlo es no solamente asumir un poder arbitrario, sino arrogarse un derecho para
cometer un robo. Los derechos personales, entre los cuales el principal es el de votar por sus
representantes, son una especie de propiedad del ms sagrado carcter; y aquel que emplease
su propiedad pecuniaria, y valido de su influjo, intentase quitar o robar a otro su propiedad de
derecho, usarla de su dinero como si usase de armas de fuego; y merecera bien que se le
quitase.

La desigualdad debe su origen a la combinacin de una parte de la comunidad, que excluye a


la otra de sus derechos. Siempre que se haga un artculo de constitucin o ley, en que el
derecho de votar o de elegir y ser elegido, pertenezca exclusivamente a un nmero de
personas, que posea una cierta cantidad de bienes, sea grande o pequea; es una combinacin
de aquellos individuos que poseen esta cantidad, para excluir a los que no la poseen: es
revestirse de autoridad ellos mismos, y considerarse como parte superior de la sociedad para
la exclusin de los dems.
Siempre debe considerarse como concedido u otorgado, que aquellos que se oponen a la
igualdad de derechos, nunca quieren que la exclusin tenga lugar con respecto a ellos; y bajo
de este aspecto se presenta la aristocracia como un objeto de risa. Esta vanidad tan lisonjera
est sostenida por otra idea no menos interesada; y es que los que se oponen conciben bien
que hacen un juego seguro, en que pueden tener la suerte de ganar sin el menor riesgo de
perder; que de cualquiera manera el principio de igualdad los incluye; y que si no pueden
obtener ms derechos que las personas a quienes se oponen y quieren excluir, ellos no habrn
perdido nada. Esta opinin ha sido ya fatal a muchos miles, que no contentos con la igualdad
de derechos, han solicitado ms, hasta que lo han perdido todo, y han experimentado sobre s
mismos la degradante desigualdad que procuraban establecer sobre los otros.
De cualquier modo que se considere, es peligroso e impoltico, muchas veces ridculo, y
siempre injusto, fundar en la riqueza el derecho de votar. Si la suma o cantidad de bienes de
los sujetos en quienes deba recaer el derecho es considerable, ser excluir la mayora del
pueblo, y unirla en un inters comn contra el gobierno y contra aquellos que lo sostienen; y
como quiera que el poder est siempre en la mayora, esta puede muy bien destruir un
gobierno semejante, y sus apoyos en el momento que quiera.
Si para evitar este peligro se fija como regla para el derecho una pequea suma de bienes, esto
mismo hace la libertad despreciable, por ponerla en competencia con unas cosas accidentales
e insignificantes. Cuando una yegua pariese por fortuna un potro o una mala que valiese la
suma estipulada, diese a su dueo el derecho de votar, muriendo se lo quitase, en quin
existira el origen del tal derecho? Sera en el hombre o en la mula? Cuando nosotros
consideramos cuantos medios hay de adquirir bienes sin mrito, y de perderlos por desgracia,
rechazamos la idea de elegir la riqueza por base de los derechos.
Pero la parte ms ofensiva en este caso es que esta exclusin del derecho de votar indica una
nota de infamia en el carcter moral de las personas excluidas; y esto es cabalmente lo que
ninguna parte de la comunidad tiene derecho a pronunciar contra la otra. Ninguna
circunstancia exterior puede justificarla; la riqueza no es prueba de carcter moral, ni la
pobreza de falta de l: por el contrario, la riqueza es las ms veces la evidencia presuntiva de la
maldad, y la pobreza la evidencia negativa de la inocencia. Por tanto, pues, si los bienes, sean
pocos o muchos, se consideran como una regla para la preferencia, tambin deben tener parte
en la consideracin los medios que se han practicado para adquirirlos.
La nica razn en que puede fundarse con justicia la exclusin del derecho de votar, sera el
imponerla en lugar de castigo corporal, por un cierto tiempo, a aquellos que se propusiesen
quitar este derecho a los otros. El derecho de votar por sus representantes es el derecho
primario, por el cual son protegidos todos los dems derechos. Quitar este a un hombre, es

reducirlo al estado de la esclavitud, por cuanto esta consiste nicamente en estar sujeto a la
voluntad de otro; y aquel que no tiene voto en la eleccin, de sus representantes, se halla en
este caso. La proposicin, pues, de quitarle sus fueros a alguna clase de hombres es tan
criminal, como la de quitarle su propiedad. Cuando nosotros hablamos del derecho, es
necesario unir a esta palabra la idea del deber. Derecho viene a ser un deber por reciprocidad.
El derecho de que un hombre goza, le impone la obligacin de garantrselo a otro; aquel que
viola esta obligacin, incurre justamente en la pena de confiscacin de derecho.
La fuerza y seguridad permanente, de un gobierno es proporcionada al nmero del pueblo que
se interesa en sostenerle. La verdadera y mejor poltica, pues, debe ser interesar el todo por la
igualdad de derechos; porque el peligro se origina de las exclusiones. Es posible excluir los
hombres del derecho de votar; pero es imposible excluirlos del de rebelarse contra esta
exclusin; y cuando se les priva, violentamente de todos los otros derechos, el de la rebelin
viene a ser perfecto y justo.
Mientras que los hombres podan estar persuadidos de que ellos no tenan derechos, o que
stos pertenecan a una cierta clase, o que el gobierno era una cosa que exista por un derecho
en s mismo, no era difcil gobernarlos por la autoridad. La ignorancia, en que se les tenia, y la
supersticin en que se les instrua, provea los medios de hacerlo; pero cuando la ignorancia ha
desaparecido, y la supersticin con ella; cuando perciben el engao en que han estado; cuando
reflexionan que el cultivador y el fabricante son los medios primordiales de todas las riquezas
que existen en el mundo, an, ms all de lo que produce espontneamente la naturaleza;
cuando comienzan a sentir sus consecuencias por su utilidad, y sus derechos como miembros
de la sociedad; no es posible entonces gobernarlos ms largo tiempo como antes. El fraude
una vez descubierto, no puede ya repetirse. Intentarlo es provocar la risa, o promover una
total destruccin.
Que la propiedad ser siempre desigual, es cierto. La industria, la superioridad de talentos, la
destreza de manejo, la estrenada frugalidad, las oportunidades felices, o lo contrario a todas
estas causas, el tedio de ellas, producirn siempre este efecto, sin tener que recurrir a los
duros y disonantes nombres de avaricia y de opresin: y fuera de esto hay hombres, que
aunque no desprecian las riquezas, no se humillarn a la bajeza de los medios de adquirirlas, ni
se incomodarn con el cuidado de ellas ms de lo que exigen sus necesidades o su
independencia; mientras que en otros hay un gran deseo de obtenerlas por todos los medios
que no son reprensibles: este es el nico negocio de su vida, y lo siguen como podan seguir su
religin. Todo lo que se requiere con respecto a los bienes de fortuna, es obtenerlos con
honradez, y no emplearlos criminalmente, pero ellos sern empleados con criminalidad,
siempre que sirvan de regla para derechos de exclusin.
En las instituciones que son puramente pecuniarias, como las de un banco o una compaa
mercantil, los derechos de los miembros que componen la compaa, son enteramente
creados por la propiedad que ellos han puesto en ella; y ningn otro del recio es representado
en el gobierno de la compaa, sino los que se originan de la propiedad; ni tiene este gobierno
conocimiento de alguna otra cosa que de su propiedad.
Pero el caso es del todo diferente con respecto a la institucin o gobierno civil organizado bajo
el sistema de representacin. Un gobierno semejante tiene conocimiento sobre todas las cosas

y sobre todos los hombres, como miembros de la sociedad nacional, bien tengan o no
propiedad; y por tanto el principio requiere que todos dos hombres y todo gnero de derechos
sean representados: y uno de ellos es, aunque no el ms importante, el derecho de adquirir y
disfrutar propiedades. La proteccin de la persona de un hombre es ms sagrada que la
proteccin de los bienes de fortuna; y adems de esto la facultad de hacer cualquier trabajo o
servicio, por medio del cual adquiera el alimento o mantenga su familia, entra en la naturaleza
de propiedad: esta facultad es una propiedad para l; la ha adquirido, y es el objeto de su
proteccin tanto como pueden ser para los otros sus bienes adquiridos por cualquier medio.
Yo siempre he credo que la seguridad mejor para la propiedad, sea poca o mucha, es quitar a
todas las partes de la comunidad, lo ms que sea posible, toda causa de queja, y todo motivo
de violencia; y esto solamente puede conseguirse por una igualdad de derechos. Cuando los
derechos estn seguros, lo est por consecuencia la propiedad; pero cuando la propiedad sirve
de pretexto para derechos desiguales o exclusivos, entonces debilita el derecho de gozar la
propiedad, y provoca la indignacin y el tumulto; porque no es natural creer que la propiedad
puede estar segura, bajo la garanta de una sociedad injuriada en sus derechos por la
influencia de dicha propiedad.
A la injusticia y mala poltica de hacer servir la propiedad de pretexto para derechos exclusivos,
se sigue el absurdo inexplicable de dar h un mero sonido la idea de propiedad, y agregarle
ciertos derechos; porque qu otra cosa es un ttulo, que un sonido? La naturaleza est
frecuentemente dando al mundo algunos hombres extraordinarios, que llegan a la fama por el
mrito y consentimiento universal, como Aristteles, Scrates, Platn, etc. Estos eran
verdaderamente grandes o nobles. Pero cuando el gobierno establece una manufactura de
nobles, es tan absurdo como si emprendiese una manufactura de hombres sabios: sus nobles
son todos contrahechos.
As cmo la propiedad bien adquirida est mejor asegurada por la igualdad de derechos, as
tambin la mal ganada hace consistir su proteccin en un monopolio de ellos. Aquel que ha
robado a otro su propiedad, se empellar seguidamente en privarle de sus derechos para
asegurarse en ella; porque cuando el ladrn se hace legislador, se cree asegurado. La parte del
gobierno de Inglaterra, que se llama la Sala de los Lores, fue compuesta en su origen de
personas que cometieron los robos de que estoy hablando. Fue una asociacin para la
proteccin de la propiedad que ellos hablan usurpado.
La aristocracia adems de la criminalidad de su origen produce un efecto injurioso en el
carcter moral y fsico del hombre: ella debilita como la esclavitud, las facultades humanas;
porque as como el espritu abatido por esta; pierde en el silencio la elasticidad de sus
potencias; tambin as tambin por l extremo contrario, cuando, est exaltado por la locura,
se hace incapaz de servirse de ellos, y cae en la imbecilidad. Es imposible que un espritu qu
se entretiene y ocupa de cintas y de ttulos pueda jams ser grande: las puerilidades de los
objetos consumen al hombre. Es necesario en todos tiempos, y ms particularmente mientras
dura el progreso de una revolucin, y hasta que el hbito confirme las rectas ideas, que
hagamos revivir frecuentemente nuestro patriotismo, con el recuerdo de los primeros
principios. Para bien entender el espritu de las instituciones, es preciso tener siempre a la
vista el origen de ellas. Una investigacin de nuestro origen nos demostrar que los derechos

no son ddivas de un hombre a otro, ni de una clase de hombres a otra; porque quin es
aquel que sera el primer donador, o por qu principio, o con qu autoridad podra l poseer la
facultad de darlos? Una declaracin de los derechos no es ni una creacin ni una donacin de
ellos, sino una manifestacin del principio por el cual ellos existen, acompaada de un
pormenor de lo que son en s mismos; porque cada derecho civil tiene uno natural por
fundamento, que incluye el principio de una garanta recproca de estos derechos, de un
hombre para con otro. As, pues, como es imposible descubrir algn origen de derecho, que no
se derive del mismo hombre; as consecuentemente se sigue que los derechos pertenecen al
hombre por el derecho de su sola existencia, y deben por lo mismo ser iguales a todos. El
principio de una igualdad de derechos es claro y sencillo. Todos los hombres pueden
entenderlo, y entendiendo sus derechos, ellos conocen sus deberes; porque donde los
derechos de los hombres son iguales, cada uno debe finalmente ver la necesidad de proteger
los de los otros, como que es el medio ms eficaz de asegurar los suyos propios. Pero si al
formar una constitucin nos apartamos del principio de la igualdad de derechos, o intentamos
alguna modificacin en ellos, nos internamos en un laberinto de dificultades, donde no
encontraremos camino para salir. Dnde nos fijaremos, o por qu principio hallaremos el
punto en que nos hemos de detener para distinguir entre hombres de un mismo pas, qu
parte de ellos deba ser libre y cual no? Si la propiedad sirve de regla, ser extraviarse
enteramente de todo principio moral de libertad; porque se atribuyen derechos a la mera
materia, y se hace al hombre el agente de ella: es a mas de esto presentar la propiedad como
una manzana de discordia, y no solamente excitar, sino justificar una guerra contra ella;
porque yo sostengo el principio, que cuando se usa de la propiedad como de un instrumento
para quitar sus derechos a aquellos que por una casualidad no la poseen, es usada para un fin
ilegal, como serian las armas de fuego en un caso semejante.
La naturaleza en su estado primitivo hizo a todos los hombres iguales en derechos, pero no en
poder; el dbil no puede protegerse a s mismo contra el fuerte. Siendo este el caso, la
institucin de la sociedad civil tiene por objeto formar una ecuacin de poderes, que sean
paralelos y garantes de la igualdad de derechos: las leyes de un pas cuando son hechas con
propiedad, concurres a este fin. Todos los hombres para su proteccin se valen del brazo de la
ley, como ms fuerte que los suyos mismos; y por tanto, cada hombre tiene un derecho igual
en la formacin del gobierno, y de las leyes que deben gobernarlo y juzgarlo. En los pases y
sociedades demasiado extensas, como en la Amrica y Francia, cada individuo solo puede
ejercer este poder por delegacin; esto es, por eleccin y representacin: y de aqu es que
nace la institucin del gobierno representativo.
Hasta ahora me he limitado a las materias de principio solamente: primero, que el gobierno
hereditario no tiene derecho para existir; que no puede ser establecido por principio alguno de
derecho; y que antes por el contrario, es una violacin de todos los principios. Segundo, que el
gobierno por eleccin y representacin tiene su origen en los derechos naturales y eterno del
hombre; porque bien sea que el hombre fuese su mismo legislador, como lo sera en aquel
primitivo estado de la naturaleza; o bien que ejerciese su porcin de soberana legislativa en su
misma persona, como podra suceder en las pequeas democracias, donde todos se pueden
juntar para la formacin de las leyes, por las cuales deben gobernarse; o bien ya que la
ejerciese en la eleccin de las personas que le han de representar en la asamblea nacional de
los representantes, el origen del derecho es el mismo en todos los casos. El primero, como se

ha dicho antes, es defectivo en poder; el segundo es practicable solamente en democracias de


pequea extensin; el tercero es la mayor escala sobre que puede establecerse un gobierno
humano.
A las materias de principios se siguen las de opinin, y as es necesario hacer una distincin
entre las dos. Si los derechos del hombre han de ser iguales, no es un asunto de opinin, sino
de derecho, y por consiguiente de principio; porque los hombres no poseen sus derechos
como otorgamiento de uno a otro, sino cada uno como derecho propio. La sociedad es el
curador de ellos, pero no el donador: y como en las sociedades dilatadas, como en la Amrica y
Francia, el derecho de los individuos en materia de gobierno no puede ejercerse sino por
eleccin y representacin se sigue consecuentemente, que donde la simple democracia es,
impracticable, el nico sistema fundado en principios es el representativo. Pero como en
cuanto a la parte orgnica, o la manera en que las diferentes partes del gobierno se han de
ordenar y componer; es justamente materia de opinin; es necesario que todas las partes
estn de acuerdo, con el principio de igualdad de derechos; y mientras ms religiosamente se
adhieran a este principio; menos podrn introducirse errores materiales, ni continuarn
mucho tiempo en, aquella parte que, toca a las materias de opinin. En todas las materias de
opinin el pacto social, o el principio por el cual debe gobernarse la sociedad, requiere que la
mayora de opiniones sea una regla para todo, y que la minora rinda una obediencia prctica a
aquella. Esto est perfectamente de acuerdo con el principio de igualdad de derechos; porque
en primer lugar, se supone no saberse de antemano, de que partido ser la opinin de un
hombre en cualquiera cuestin, bien sea en favor o en contra: bien puede suceder que en
algunas cuestiones l se halle en el nmero de mayora, y en otras en el de la minora; y por la
misma regla que espera obediencia en l un caso, debe tambin prestarla en el otro. Todos los
desrdenes que se han suscitado en Francia durante el progreso de la revolucin, han tenido
su origen, no en el principio de la igualdad de derechos, sino en la violacin de este principio.
El principio de igualdad de derechos ha sido repetidas veces violado, y no por la mayora, sino
por la minora; y esta ha sido compuesta de hombres que posean propiedades, igualmente
que de los que no las posean; lo que prueba bien que la propiedad, a ms de lo que la
experiencia ensea, no es ms prueba de carcter, que de derechos. Suceder muchas veces
que la minora tenga razn y la mayora no; pero luego que la experiencia pruebe ser este el
caso; la minora vendr a ser la mayora, y el error se reformar l mismo por la tranquila
operacin de la libertad de opiniones, y la igualdad de derechos. Nada puede entonces
justificar una insurreccin, ni puede jams ser necesaria, cuando los derechos son iguales, y las
opiniones libres.
Tomando, pues, el principio de igualdad de derechos como el fundamento de la revolucin, y
consecuentemente de la Constitucin, la parte orgnica, o la manera en que las diferentes
partes del gobierno se han de ordenar en la Constitucin, tocar, como se ha dicho ya, a la
materia de opinin.
Varios mtodos se presentarn en una cuestin de este gnero, y aunque la experiencia falta
todava para determinar cul sea el mejor; con todo, yo pienso que ella ha decidido
suficientemente cual es el peor. Aquel es el peor que en sus deliberaciones y decisiones est
sujeto a la precipitacin y pasin de un individuo; y cuando la legislatura entera est
concentrada en cuerpo, es un individuo en masa [5]. En todos los casos de deliberacin es

necesario tener un cuerpo de reserva; y es mucho mejor dividir la representacin por suerte
en dos partes, y dejarlas que se revisen y corrijan la una a la otra, que no que el todo se junte y
debata a un mismo tiempo.
El gobierno representativo no es necesariamente limitado a alguna forma particular: el
principio es uno mismo en todas las formas bajo las cuales puede ser coordinado. La igualdad
de derechos del pueblo es la raz de donde dimanan todas, y sus diferentes ramos pueden ser
organizados con arreglo a la opinin presente, o como mejor lo ensee la experiencia futura.
Por lo que respecta al Hospital de incurables (como llama Chesterfield a la Sala de los Lores en
Inglaterra), l no es sino la excrecencia de la corrupcin; y no hay masa afinidad o semejanza
entre alguno de los ramos de un cuerpo legislativo, originado del derecho del pueblo, y la
dicha Sala de Lores, que entre un miembro regular del cuerpo humano y un lobanillo
gangrenado.
En cuanto a la parte del gobierno que se llama ejecutivo, es necesario en primer lugar fijar una
precisa significacin de la palabra. No hay sino dos divisiones en que pueda ordenarse el
poder. Primera, deliberar, querer o decretar leyes. Segunda, ejecutarlas o ponerlas en prctica.
La primera corresponde a las facultades intelectuales del espritu humano, que raciocina y
determina lo que deba hacerse; la segunda al poder mecnico del cuerpo humano, que pone,
est determinacin en prctica. Si la primera decide y la ltima no ejecuta, es un estado de
imbecilidad; y si la ltima ejecuta sin que preceda la determinacin de la primera, es un estado
de frenes. El departamento ejecutivo por tanto es oficial, y est sujeto al legislativo, como lo
est el cuerpo al espritu en estado de salud; porque es imposible concebir la idea de dos
soberanas, una con respecto al querer, y otra con respecto al ejecutar. El ejecutivo no est
revestido con el poder de deliberar si se ha de obrar o no; l no tiene autoridad de discrecin
en el caso; porque no puede hacer otra cosa, que lo que la ley decreta, y est obligado a obrar
con arreglo a ella; y en esta consideracin el ejecutivo est compuesto de todos los
departamentos oficiales que ejecutan las leyes, entre los cuales tiene la primaca el que se
llama poder judicial.
Pero el gnero humano ha concebido la idea de que es necesario otro gnero de autoridad,
para velar sobre la ejecucin de las leyes, y cuidar de que sean fielmente ejecutadas; y
confundiendo esta autoridad superintendente con la reejecucin oficial, nos encontramos
embarazados acerca del trmino de poder ejecutivo. Todas las partes en el gobierno de los
Estados Unidos de Amrica que se llaman EJECUTIVO, no son otras que las autoridades para
velar en la ejecucin de las leyes; y son tan independientes del LEGISLATIVO, que solamente lo
conocen por las leyes, y no pueden ser gobernadas, o dirigidas por l por ningn otro medio.
El modo con que esta autoridad superintendente deba ordenarse y organizarse, es asunto de
mera opinin. Algunos pueden preferir un mtodo y otros otro; y en todos los casos en que se
interesa la opinin solamente, y no los principios, la mayora de opiniones forma la regla para
todos. Hay, sin embargo, algunas cosas que se pueden deducir por la razn, y probar por la
experiencia, que sirven para guiar nuestra decisin en el caso. La una es, no revestir jams a
ningn individuo de un poder extraordinario; porque adems de ponerlo en la tentacin de
hacer mal uso de l, seria excitar una contienda y conmocin en el pueblo, por aspirar al
empleo: y la otra es no poner un poder dilatado o duradero en las manos de algn nmero de

individuos. Los inconvenientes que pueden suponerse para relevarlos con frecuencia, son
menos temibles que el peligro que se origina de una larga continuacin en el oficio.
Concluir este discurso con ofrecer algunas observaciones sobre los medios de preservar la
libertad; porque no es solamente necesario el que la establezcamos, sino tambin el que la
conservemos.
Es necesario en primer lugar, que hagamos una distincin entre los medios que se han usado
para destruir el despotismo, con el fin de preparar la va al establecimiento de la libertad, y los
que se han de usar despus de destruido.
Los medios de que se hace uso en el primer caso, son justificados por la necesidad. Estos son
generalmente las insurrecciones; porque mientras el gobierno establecido de despotismo
contina en algn pas, casi no es posible que se pueda usar de otro. Es tambin cierto que al
principio de una evolucin el partido revolucionario se permite a s mismo el ejercicio del
poder a su discrecin, reglado ms bien por las circunstancias quo por los principios; porque
nunca se establecera de otro modo la libertad, y si se estableciera, sera bien pronto
trastornada. Nunca es de esperar que todos los hombres en una revolucin hayan de mudar de
opinin era un mismo instante: jams hubo una verdad o principio tan irresistiblemente
evidente, que fuese creda por todos los hombres a un mismo tiempo: la razn y el tiempo
deben cooperar uno con otro al establecimiento final de algn principio; y por tanto, aquellos
que fueren convencidos los primeros, no tienen derecho para perseguir a los otros, en quienes
la conviccin obra ms lentamente. El principio moral de las revoluciones es instruir y no
destruir.
Si se hubiera establecido una constitucin dos aos antes, como debi haberse hecho se
habran prevenido, a mi parecer, las violencias que despus han desolado le Francia e injuriado
el carcter de la revolucin: la nacin habra tenido entonces un punto de reunin, y cada
individuo habra conocido la senda que debera seguir en su conducta. Pero en vez de hacer
esto; fue substituido en su lugar un gobierno revolucionario, una forma sin ningn principio o
autoridad: la virtud y el vicio dependan indistintamente de los acontecimientos; y lo que era
patriotismo un da, vena a ser traicin al siguiente. Todo esto era consecuencia de la falta de
una constitucin; porque la naturaleza e intencin de una constitucin es prevenir el ser
gobernado por partidos, estableciendo un principio comn, que limitar y gobernar el poder
e impulso del partido, y que dir a todos los partidos: HASTA AQU LLEGARS, Y NO MS. Pero
a falta de una constitucin, el hombre mira enteramente al partido; y en vez de gobernar los
principios al partido, este gobierna a los principios.
El deseo de castigar es siempre peligroso en la libertad, y hace que los hombres se extiendan a
interpretar y aplicar mal aun la mejor de las leyes. Aquel que quiere ver segura su misma
libertad, debe librar hasta su enemigo de la opresin; porque el que viola este deber, establece
un ejemplar que otro da le alcanzar a l mismo.
THOMAS PAINE

Fuente: Ideas necesarias a todo pueblo americano independiente, que quiera ser libre,
Vicente Rocafuerte, Pgs. 19/84. Philadelphia. Published by D. Huntington T. & W. Mercein,
printers - 1821.
* Ortografa modernizada [1] Es a la letra la versin castellana del Ilmo. Sr. D. Felipe Sco de
San Miguel., dedicada al Prncipe de Asturias en 1807.
[2] El Ilmo. Sco, debiendo dedicar su versin a un heredero del trono en los tiempos del
despotismo, hubo de interpretar a favor de los reyes el texto latino, que dice: et prdic eis jus
regs qui regnaturus est super eos. Y no es muy extrao que la poltica religiosa haya
contribuido del mismo modo a alterar el original hebreo, como se nota en la diferente versin
hecha de dicha lengua al idioma ingls por Thomas Paine, que traducida al castellano por D.
Manuel Garca de Sena, es as: con todo, protstales solemnemente y demustrales las
maneras del rey que gobernar sobre ellos.
Vista esta diferencia, es ms justo acomodarnos con esta ltima traduccin, por ser mas
conforme a la mente del Creador, que concediendo al pueblo un rey, en castigo de habrselo
pedido, nunca pudo llamar derecho la conducta opresiva del rey que haba de gobernar sobre
ellos.
[3] Por las mismas causas expuestas en la nota anterior se advierte igual diferencia en esta
versin de Seto, y las de Paine y Sena: la de este ltimo no dice los har sus guardias de a
caballo, sino sus caballerizos.
[4] Obra que escribi el mismo autor.
[5] Este es el gran defecto de la Constitucin espaola; pero lejos de vituperar a sus autores,
me parece que merecen los mayores aplausos por no haber establecido una cmara de pares,
que hubiera tenida consecuencias funestsimas. Es mucho mejor retocar a los ocho aos de
ensayos polticos esta parte de la Constitucin, haciendo la reparacin de las cmaras de un
modo ms conforme a la equidad y a las luces del siglo, que repugnan la gtica institucin de
cmara de nobles y pares.
Publicado por Dres. Juan O. Pons y N. Florencia Pons Belmonte
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