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Sierra Luis de La - La Guerra Naval en El Atlantico

libro sobre guerra naval
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Luis de la Sierra

LA GUERRA NAVAL EN EL ATLNTICO


(1939-1945)

PRLOGO
CAPTULO I
CAPTULO II
CAPTULO III
CAPTULO IV
CAPTULO V
CAPTULO VI
CAPTULO VII
CAPTULO VIII
CAPTULO IX
CAPTULO X
CAPTULO XI
CAPTULO XII
CAPTULO XIII
CAPTULO XIV
CAPTULO XV
CAPTULO XVI
CAPTULO XVII
BIBLIOGRAFA
notes
LA
GUERRA

NAVAL

oOo

1974, Luis de la Sierra


Editorial Juventud
ISBN: 9788426157157

EN

EL

ATLNTICO

(1939-1945)

PRLOGO

Al estallar la segunda guerra mundial, el 3 de septiembre de 1939, haca slo cuatro


aos que la Armada alemana haba iniciado su reconstruccin, tras romper gracias al
consentimiento de Gran Bretaa (Tratado de Londres de 1935) las prietas ligaduras del
Tratado de Versalles. Dispona por tanto de muy pocos buques de guerra de superficie o de
submarinos para intentar arrebatar a sus poderosos enemigos, lase Francia e Inglaterra,
potencias ambas con magnficas flotas militares, el dominio del mar.
En la citada fecha Alemania no dispona de nada parecido a la escuadra de
superficie que tuvo el 4 de agosto de 1914, al estallar la primera guerra mundial; escuadra
entonces considerada como la segunda ms potente del mundo.
Sin embargo, y a pesar de tan abrumadora diferencia inicial de fuerzas navales en
presencia, la flota germana no se resign a jugar un papel pasivo o meramente defensivo. El
jefe de la Armada alemana, gran almirante Erich Raeder, combatiente en la primera guerra
mundial y que se haba aprendido a la perfeccin las lecciones polticas y estratgicas de
dicha contienda, supo inculcar a sus hombres un espritu decididamente ofensivo, no
dirigido contra las inmensamente superiores escuadras enemigas, lo que muy pronto habra
llevado a la embrionaria flota alemana a una derrota tan absoluta como intil, sino
precisamente contra la marina mercante inglesa; entonces la mayor del mundo, con gran
diferencia, es cierto, pero tambin el vulnerable tendn de Aquiles de dicha potencia y su
formidable imperio colonial.
Aquella estrategia germana no conducira, por supuesto, a grandes batallas navales,
como la de Jutlandia (1916), pero s a una espectacular serie de encuentros y combates,
inicialmente librados por los buques de superficie, ya que la flota submarina alemana era
prcticamente insignificante en 1939, y, a partir de 1940, por dichas unidades de superficie
y tambin las aguerridas flotillas de sumergibles de la misma bandera.
En este libro se recogen prcticamente todas las batallas y combates ms
importantes librados, en el ocano Atlntico y en el rtico, por las unidades de superficie
germanas y aliadas entre los aos 1939 y 1945. Sin embargo, como el verdadero teln de
fondo de toda la lucha en dichos ocanos, a partir del ao 1940 y hasta el final de la
contienda, fue precisamente la campaa submarina alemana; como a ella dedicaron
germanos y aliados la mayor parte de sus recursos y energas, y puesto que dicha lucha fue
muy probablemente la que decidi el resultado de la guerra en Europa, en esta nueva
edicin no slo trataremos en detalle algunos de los xitos ms espectaculares conseguidos
por los peces de acero alemanes, sino que se ha incluido un nuevo captulo, el XVI,
enteramente dedicado a la Batalla del Atlntico, como la denominara en su da Winston
Churchill, en su conjunto, donde se estudian y analizan las causas que, en definitiva,
llevaron a la derrota a la que haba llegado a ser formidable flota submarina del almirante
Karl Doenitz.
Por lo dems, el autor quiere disculparse por tener que ponderar, desde la seguridad
y el confort de su gabinete de trabajo, disponiendo de tiempo ilimitado, en posesin de
suficientes elementos de juicio y, sobre todo, conociendo de antemano el desenlace de cada
combate o batalla, as como de sus consecuencias y repercusiones, la actuacin de unos
hombres que, escuchando el siniestro zumbido y el estallar de los proyectiles enemigos,
ensordecidos por el estrpito del combate, abofeteados por el rebufo de las piezas de

artillera, cegados por el humo acre y caliente de los incendios, heridos a veces, sorteando
cadveres, sabindose flotar en precario sobre el insondable y amenazante abismo del
ocano, y atenazados por el peso de la responsabilidad de las vidas y buques puestos en sus
manos, se vieron obligados a decidir con insoslayables apremios de urgencia, en
circunstancias tan dramticas como desfavorables y teniendo que basarse casi siempre en
indicios tan vagos e imprecisos como frecuentemente contradictorios.
Pero la Historia no es simple crnica, no constituye una mera exposicin de los
hechos ni, por supuesto, admite componendas, sino que, por el contrario, analiza y ahonda
implacablemente en causas y efectos. A pesar de lo cual, y a fuer de sincero, el autor
confiesa que se ha sentido a veces incmodo al tener que profundizar y enjuiciar, con la
incisiva frialdad del escalpelo del anatomista y la objetividad de una mala mquina de
calcular, el comportamiento y las actitudes de unos hombres que acertaron en ocasiones, se
equivocaron en otras, pero por encima de todo, sin excepcin alguna, lucharon con gran
coraje y antepusieron a cualquier consideracin de orden personal el feroz ego que late y se
agita en nuestro interior, tambin a ese primario y ancestral instinto de conservacin, y sin
regatear en el precio, un autntico sentido del deber, un entraable amor a la patria.
Por todo ello, adems de disculparse, el autor quiere dejar aqu constancia de la
profunda admiracin y respeto que le merecen los protagonistas de esta fascinante historia,
que es tan slo un canto al deber y que tantas veces ellos dejaron escrita con su propia
sangre y generosamente sellaron con sus vidas.
CAPTULO
I
LA
FLOTA
ALEMANA

Olas! Olas grises, poderosas, movedizas, amenazadoras, en sucesin interminable


hasta la incierta y mal definida lnea del sucio horizonte. Olas que llegaban altas,
espumantes, fosforescentes, produciendo un suave rugido monocorde, como de fiera. Olas
fascinantes que el joven oficial de Marina alemn segua algo atnito con la mirada,
pensando que desde haca centenares de aos, millares de aos, millones de aos!, haban
sido las mismas, con idntica fuerza bajo el mismo cielo, galopando desmelenadas y sin
rumbo por un mar vaco de embarcaciones, vaco de hombres, desprovisto de ideas. Un mar
eterno, inmutable, jams contemplado por humanas pupilas, nicamente surcado por los
peces y las aves, lamido por los vientos y embestido por los huracanes. Un desierto lquido,
poderoso e inquieto, donde el Sol y la Luna, planetas y estrellas, cometas, meteoritos y
auroras boreales surgan y desaparecan cotidiana y regularmente desde haca miles de
millones de aos. Pero un mar nicamente arado por el hombre, ese advenedizo!, desde
haca menos de cinco insignificantes siglos.
En la maana de uno de los primeros das de septiembre del ao 1939, en el
Atlntico Norte, al este de Groenlandia, un buque de guerra, el acorazado de bolsillo
alemn Deutschland, confunda su pesada mole griscea de 12.300 toneladas con los lomos
de las aceradas olas que surcaban la mar en direccin a Levante. Desde uno de los alerones
del puente de mando, aguantando los bruscos movimientos del buque, el oficial de guardia
contemplaba pensativo aquellas grandes olas del Atlntico que se le aproximaban como
bestias furiosas, pensando que, pese a hallarse en pleno verano del hemisferio norte, nadie
lo dira, pues en aquel ceudo, salvaje y desolado mar, a la altura de Groenlandia, al parecer
slo existan ventiscas de nieve y granizo y un fro que, como despiadado cuchillo, morda

sin piedad la aterida piel.


El acorazado avanteaba despacio, impulsado por uno de sus dos motores disel
principales, pues no slo haba que ahorrar combustible, sino matar el tiempo en espera de
que se declarase la guerra. Un brusco pantocazo, seguido por la violenta ascensin del largo
castillo de proa del acorazado, como si una poderosa e invisible mano lo quisiera sacar del
agua, hizo que el oficial de guardia abandonara su meditacin y penetrase en la caseta de
gobierno para vigilar ms de cerca al timonel. Pero el cabo de maniobra prusiano que
manejaba los dos botones elctricos que movan el timn mantena bien el rumbo, y el
buque, balancendose y cabeceando pesadamente, arrastrando una blanca e irregular estela
que pronto se tragaba el mar, sigui abrindose lentamente paso por entre las olas
arrumbando hacia el Sur. Y para las gaviotas que lo seguan a cierta distancia, tal vez
parecera un extrao y desmaado cetceo bien mimetizado respecto al ambiente. Pero las
aves marinas eran escasas, porque ni un solo desperdicio de comida era arrojado al agua
desde aquella mole de acero; pareca como si no quisiera dejar el menor rastro de su paso.
Aquel buque de guerra haba zarpado de Wilhelmshaven el 24 de agosto, en unin
de un barco de aprovisionamiento, el carguero Westerwalt, bien relleno de vveres y
pertrechos para una campaa que se prevea de varios meses. Ambos buques haban
remontado el mar del Norte, contorneado Islandia por el septentrin y cruzado el estrecho
de Dinamarca sin ser advertidos por alma viviente. Despus, tras acordar un lugar de
reunin para avituallar al acorazado, pues no haba ni que pensar en utilizar la
radiotelegrafa, los dos barcos se haban separado para no llamar la atencin, dirigindose
el de guerra a su zona de acecho en las proximidades de Groenlandia. All dejaremos a este
acorazado de bolsillo alemn, cuyo precio de construccin por tonelada haba sido el ms
caro del mundo.
A ms de tres mil millas de distancia, en el soleado, azul y confortable Atlntico
Sur, otro buque de guerra alemn exactamente igual, el Graf Spee, acababa de cruzar el
ecuador. Iba tambin arrumbado hacia el austro y se diriga a su zona de acecho, fijada por
el alto mando de la Kriegsmarine entre la isla de Santa Elena y el Brasil, aproximadamente
sobre el paralelo de los 20 de latitud Sur. Este acorazado de bolsillo haba aparejado de
Wilhelmshaven tres das antes que el Deutschland, cruzando el mar del Norte y pasando al
Atlntico por el norte de Escocia, entre las islas Faeroe e Islandia, prosiguiendo luego su
navegacin hacia el Sur sobre el meridiano de los 30 de longitud Oeste y enmendando su
rumbo poco antes de cortar el ecuador con el fin de dirigirse a su zona de acecho.
Todava antes haba salido de Alemania su barco de aprovisionamiento, el carguero
Altmark, que, como el Westerwalt, iba artillado con tres caones de 150 mm, bien
enmascarados, y llevaba ametralladoras antiareas de 20 mm. Estos grandes barcos
andaban ms de 20 nudos, llevaban 12.000 toneladas de nafta, cmaras frigorficas para
conservar alimentos y municiones, torpedos y piezas de respeto para el Deutschland y el
Graf Spee.
Aquellos dos pequeos pero modernos acorazados, perdidos en las inmensidades
del ocano Atlntico, Norte y Sur, no eran los nicos buques de guerra alemanes que se
hallaban entonces en la mar, a la expectativa, antes de que comenzaran las hostilidades en
Europa. En el mes de agosto haban salido tambin veintin submarinos, tres de los cuales
tomaron posiciones en el mar Bltico, con objeto de atacar a los buques de guerra polacos
que tratasen de interferir el avance de las tropas alemanas que seguiran la costa, mientras
que los dieciocho restantes se situaron, en diferentes cuadrculas, sobre las derrotas
occidentales de acceso a Gran Bretaa, en el ocano Atlntico, a fin de dar comienzo a las

operaciones en el mismo momento en que estallara la guerra. No obstante, y como veremos


despus, si este plan alemn se cumpli al pie de la letra, en lo que a los submarinos se
refiere, a partir del 3 de septiembre de 1939, es decir, el mismo da que Francia y Gran
Bretaa declararon la guerra a Alemania, Hitler no permiti que los dos acorazados de
bolsillo de que nos hemos ocupado actuasen hasta el 26 del mismo mes. Ms adelante
veremos las razones.
All dejaremos de momento a los dos buques de guerra germanos, confundidos entre
las olas, nicamente objeto de la curiosidad de las grciles aves marinas y de los voraces
tiburones; dos acorazados idnticos, pero cuyos destinos habra de querer la suerte que
resultaran tan diferentes como diametralmente distintos eran tambin los caracteres de los
hombres que los mandaban: los capitanes de navo Wennecker, comandante del
Deutschland, y Langsdorff, del Graf Spee, para examinar, aunque slo sea brevemente, cul
era la situacin de la Marina de Guerra alemana al estallar la segunda guerra mundial.
***
En el mes de noviembre del ao 1918, al finalizar la gran guerra, la maldita
porquera del Sin novedad en el frente de Erich Mara Remarque, la poca ms sublime e
inolvidable de mi vida para Adolfo Hitler, en realidad una espantosa pesadilla que cost a
Alemania 1.773.700 muertos y a todos los beligerantes ms de ocho millones y medio de
ellos, Alemania, que haba conseguido poseer la segunda flota militar del mundo en 1914,
una flota construida por el kiser Guillermo II con el fin de asegurar a su pueblo un lugar
bajo el sol, es decir, un imperio colonial, no slo se qued sin escuadra, setenta de cuyos
buques se autohundieron dramtica y simultneamente en Scapa Flow el 21 de junio de
1919, en un Gotterdamerung que irrit sobremanera a los ingleses, sino que, por el Tratado
de Versalles, se la condenaba a no disponer de otra cosa que una flota tan reducida como
intil. Efectivamente, slo se le autorizaron unos efectivos mximos de 15.000 hombres,
distribuidos de la siguiente manera: 1.500 oficiales, 3.500 suboficiales y 10.000 marineros.
El material flotante nicamente podra estar compuesto por seis antiguos y pequeos
acorazados, otros tantos cruceros, doce destructores y algunos buques auxiliares. Ni un
solo submarino! Todos eran verdaderos desechos, pues tras el hundimiento de la escuadra
en Scapa Flow, dos das antes de firmarse el armisticio, se decidi despojar a Alemania de
la totalidad de los buques modernos que todava le quedaban.
Los acorazados, a los veinte aos, podran ser sustituidos por otros buques que no
sobrepasaran las 10.000 toneladas, lo mismo que los cruceros con cuatro lustros en las
cuadernas podran ser reemplazados por otros de igual clase y tonelaje.
En 1921 fueron oficialmente entregados a la Reichsmarine los primeros buques: el
acorazado Hannover y los cruceros Hamburg, Medusa y Arkona, barcos de guerra viejos e
intiles para el combate, pero todava convenientes para el adiestramiento del personal.
Sucesivamente se efectuaron otras entregas, y, para 1925, la Armada alemana haba llegado
al lmite impuesto por el Tratado de Versalles.
La nueva Armada alemana fue dividida en dos flotas independientes: la del mar del
Norte, basada en Wilhelmshaven, y la del Bltico, con base en Kiel. Pero si el material era
viejo y malo, los hombres de la Reichsmarine no slo aoraban los idos tiempos de la
Kaiserliche Kriegsmarine, sino que confiaban en poder romper algn da aquellas fuertes
ligaduras que inmovilizaban a su patria. Por ello, la organizacin administrativa de la

Marina fue proyectada con vistas a una gran flota, y se contrat a numeroso personal civil,
que fue encargado de la mayora de los puestos burocrticos, de forma que gran parte de los
oficiales, para suerte suya!, pudieran permanecer constantemente embarcados.
Pero los mandos de la Armada alemana tampoco se hacan grandes ilusiones en
aquellos das. La depresin econmica que atravesaba el pas era endmicamente grave,
como nos refleja Hans Fallada en sus novelas de entonces, y el mismo Gunther Prien, el
hroe de Scapa Flow!, en su biografa. De modo que las disponibilidades administrativas de
la Armada eran exiguas, y su obligada meta, tan poco ambiciosa como construir una flota
costera con la que defenderse de Polonia, el enemigo natural por el Tratado de Versalles, y,
a lo sumo, de Francia, el enemigo histrico.
Estos temores alemanes respecto a Polonia y Francia tenan cierto fundamento, ya
que los polacos, mejor armados entonces que los alemanes, podan intentar ocupar por la
fuerza la ciudad libre de Danzig, situada en el mar Bltico, al final del llamado corredor
polaco, pues ya haban intentado anexionrsela al discutirse el Tratado de Versalles. Por
otra parte, existan dos tristes precedentes para Alemania: la ocupacin de Memel por
lituanos y polacos en 1920, ciudad que no volvera a manos alemanas hasta marzo de 1939,
y la de la cuenca del Ruhr por tropas francesas en 1923. Adems, los polacos haban
firmado un pacto militar con Francia en 1926, en el que se prevea que los franceses
defenderan las costas y los puertos de Polonia con su Escuadra y fuerzas de desembarco.
De manera que en la dcada de los aos veinte la misin principal de la flota alemana no
era otra, como hemos dicho, que defenderse de Polonia y de la escuadra francesa.
Pero a ninguno de los sucesivos jefes de la Armada alemana, almirantes Behcke,
Zenker y Raeder, se les pas jams por la imaginacin una guerra con Inglaterra, que segua
poseyendo la escuadra ms poderosa del mundo, poda bloquear perfectamente a Alemania
dada su excelente posicin geogrfica respecto a sta y, en caso de lucha, seguira teniendo
acceso a todas las materias primas del globo, que, en cambio, le seran negadas otra vez a
su enemiga. Sin excepcin alguna, los marinos alemanes consideraban entonces, y
seguiran considerando despus, que otra contienda con el Reino Unido constituira un
verdadero suicidio para su patria. Y podemos establecer, sin lugar a dudas, que la guerra
con Gran Bretaa en 1939 fue, sencillamente, la consecuencia de un error de clculo de
Adolfo Hitler, quien jams pens que los ingleses se batiran por Polonia. Error a medias,
pues los ingleses no lucharon verdaderamente por Polonia, sino por Inglaterra, y ello
despus de que su poltica respecto a Alemania diese en el ltimo momento un brusco y
desesperado viraje de 180.
Pero Hitler no tuvo en cuenta que, habiendo llegado la opinin pblica de Gran
Bretaa a la conclusin de que haba que detener a Alemania y de que la guerra era ya
inevitable, los ingleses decidieron que lo mejor sera hacerla cuanto antes, a fin de no
conceder ms tiempo al Tercer Reich para seguir rearmndose. De manera que, por parte
britnica, Polonia no fue sino un mal pretexto para declarar la guerra a los alemanes. Y
decimos mal pretexto, puesto que las apetencias polacas sobre la regin de Teschen, en
Checoslovaquia, haban sido precisamente una de las actitudes que hicieron posible, o por
lo menos contribuyeron, a que los alemanes se decidieran a ocupar este infortunado pas.
El objetivo de Hitler, que ya esbozara en 1926 en su libro Mein Kampf y que
concretara ms tarde, era puramente continental y en absoluto tena relacin con el imperio
britnico. Su meta era la expansin de Alemania por la Europa central y sudoriental, es
decir, no slo a costa de Checoslovaquia y Austria, pases que se anexion antes de la
rotura de las hostilidades, sino tambin mediante la incorporacin de Ucrania, la cuenca del

Donetz y la zona petrolfera de Bak. Estas le proporcionaran, respectivamente, trigo,


mineral de hierro y combustible lquido, es decir, la autarqua. Y despus? Este
interrogante y el quebrantamiento por parte de Hitler del Acuerdo de Munich de 1938
fueron quiz lo que condujo a los ingleses a la guerra, pues est demostrado que, hasta la
primavera de 1939, el Gobierno britnico de Neville Chamberlain haba estado conforme
con la pretendida expansin alemana hacia el Este, conformidad que luego llevara a
Europa al desastre.
En 1921 se comenz en Alemania la construccin del primer crucero de la
posguerra, pero con planos de la anteguerra, que fue entregado a la Armada cuatro aos
ms tarde y bautizado con el nombre y en honor del ms famoso de los corsarios alemanes
de la contienda de 1914-1918, el Emden, que mandara el legendario capitn de navo Von
Muller.
Tcnicamente, este buque no aport nada nuevo. Sin embargo, los cinco cruceros de
6.000 toneladas que le siguieron, y que fueron entregados en 1929 y 1930, podan
compararse muy favorablemente con sus similares extranjeros y, de ellos, los tres ltimos
llevaban ya, adems de turbinas de vapor, motores disel, que aumentaban enormemente su
radio de accin a velocidad de crucero. La marina costera se converta as en ocenica!
Pero lo ms interesante de las nuevas construcciones alemanas autorizadas por el
Tratado de Versalles fueron los buques que, en el extranjero, recibieron la denominacin de
acorazados de bolsillo. En 1929, dos viejos acorazados cumpliran los veinte aos, y,
como sabemos, podan ser sustituidos por buques no superiores a las 10.000 toneladas.
Consecuentemente, en 1928 se someti al almirante Zenker un proyecto para construir dos
monitores, es decir, buques acorazados lentos y de muy reducido radio de accin, pero
magnficamente artillados, tal y como existan en diversas marinas extranjeras para batir las
bateras de costa, pues era lo nico que pareca factible realizar sin rebasar el tonelaje
autorizado.
Mas el almirante Zenker no estaba al frente de la Armada alemana por casualidad,
es decir, sin otros mritos que haber pasado los reconocimientos fsicos, nacido
oportunamente y poseer una inteligencia vulgar. Era un hombre bien preparado, muy
inteligente, imaginativo, de fuerte personalidad y que no aceptaba fcilmente la rutina.
Concibi un nuevo tipo de buque de guerra, un crucero acorazado ms rpido que todos los
buques de lnea franceses existentes y mejor artillado que los cruceros pesados que
pudieran darle caza. Movido por motores disel, que le proporcionaran una velocidad
mxima de 27 nudos, dispondra de una autonoma de ms de 20.000 millas marinas, es
decir, casi el triple que la de los buques propulsados entonces por turbinas de vapor.
Cuando en Francia se conocieron los detalles del proyecto alemn, en crculos de la
Armada francesa se produjo la alarma; en los gubernamentales, verdadero temor. Los
pequeos acorazados germanos no podan ser cazados por ninguno de los acorazados
franceses, el ms rpido de los cuales andaba slo 21 nudos, pero si un crucero pesado galo,
ms veloz, se le acercaba, el alemn, bien blindado y con artillera de 280 mm y 40
kilmetros de alcance, podra hacerle fcilmente trizas, ya que el crucero pesado andaba
como un galgo, s, pero no tena blindaje ni caones comparables a los del germano.
Pareca como si aquellos acorazados de poche estuvieran especficamente proyectados
para burlarse del Almirantazgo francs!
Pero los gobernantes franceses, con sentido de la responsabilidad, decidieron que
slo les quedaba una lnea de accin: gastarse el dinero. Gastarse el dinero y construir
inmediatamente dos cruceros de batalla mejor blindados, mejor artillados y ms rpidos que

los impertinentes navos alemanes. As nacieron los Dunkerque y Strasbourg, de 26.500


toneladas, ocho caones de 330 mm, buen blindaje, de hasta 356 mm, y una velocidad
mxima de 31,5 nudos.
Pero volvamos a los ingeniosos buques alemanes del almirante Zenker. Para ahorrar
peso, se sustituyeron todos los roblones, o remaches, por la soldadura elctrica. Se
utilizaron las caras aleaciones ligeras en las superestructuras, y en el equipo propulsor se
emplearon nicamente motores disel, principales y auxiliares, muy ligeros, a pesar de todo
lo cual no se pudo evitar que el Deutschland llegase a desplazar ms de 12.000 toneladas,
pero de lo que, por supuesto, no se enter nadie. Se logr, en cambio, no slo poder
proporcionar a un buque relativamente pequeo un excelente blindaje de hasta 178 mm en
las torres, sino tambin una artillera desproporcionada a su desplazamiento. Nuestros
cruceros Canarias y Baleares, cuya construccin se comenz por entonces y tenan casi el
mismo peso que los acorazados alemanes de bolsillo, iran armados con ocho caones de
203 mm y ocho de 120 mm, mientras que los buques germanos que consideramos
montaban dos torres triples con caones de 280 mm, ocho caones de 150 mm y seis piezas
de 105 mm; es decir, tenan un peso de andanada muy superior al de nuestros cruceros y
una velocidad de tiro casi igual. La potencia de semejantes barcos alemanes quedara
plenamente demostrada, como veremos ms adelante, en el combate del estuario del Plata,
en el que uno de ellos, el Graf Spee, desmantelara a dos cruceros ingleses a costa de muy
pocas averas propias.
En enero de 1933 subi Hitler al poder, e inmediatamente se pusieron en Finlandia
las quillas de los primeros catorce submarinos alemanes de 250 toneladas, que en la
primavera de 1935 constituiran ya la escuadrilla Weddingen, as bautizada en honor del
submarinista alemn que, en 1914, hundiera en el mar del Norte, uno detrs de otro, a tres
cruceros acorazados ingleses de 12.000 toneladas cada uno.
Era muy natural que Alemania deseara tener sumergibles, pues el arma submarina
alemana, actuando sin restricciones, haba estado a punto de ganar la gran guerra en el ao
1917. Por ello, los planos de los futuros nuevos submarinos alemanes haban permanecido
en los estantes secretos del Almirantazgo alemn, polvorientos, desde haca muchos aos.
Pero hasta que llegaron los nazis, nadie se atrevi a darles vida.1
Inglaterra, reconociendo pragmticamente que los alemanes no seguiran aceptando
indefinidamente las prietas ligaduras del Tratado de Versalles, y queriendo, por otra parte,
limitar el rearme alemn, firm con Alemania, sin contar con Francia, el Tratado Naval
anglo-alemn de Londres en 1935, honorable segn los alemanes, y que permitira ahora
a la Marina de Guerra alemana disponer de una fuerza de buques de superficie equivalente
al 35 por ciento de la Armada de Su Majestad, y de otra de submarinos equivalente al 45
por ciento de la misma. Llevaba, adems, una clusula por la que se autorizaba a los
alemanes a llegar a la paridad con Inglaterra en submarinos, si Alemania consideraba que
una fuerza semejante era necesaria para su defensa nacional. 2 Ello significaba una flota
compuesta por 184.000 toneladas de acorazados (equivalente aproximado a cinco Tirpitz),
51.000 toneladas de cruceros pesados, 67.000 toneladas de cruceros ligeros, 47.000
toneladas de portaaviones, 52.000 toneladas de destructores y 24.000 toneladas de
submarinos (el 45 por ciento).
A partir de dicho momento, los astilleros de la Marina en Wilhelmshaven, Kiel y
Emden trabajaran a pleno rendimiento hasta 1945, al terminar la guerra. Los astilleros de
Blohm y Voss, en Hamburgo; Vulcan, en Vegasack; Deschimag, en Bremen; y los Krupp de
Germania y Deutsche Werke en Kiel recibieron inmediatamente pedidos de la Armada

alemana. En 1936 se entregaba el tercer acorazado de bolsillo y se empezaba la


construccin de una nueva serie de cruceros pesados, el Admiral Hipper y el Blcher, de
14.259 toneladas, y el Prinz Eugen, de 14.670 toneladas. Pero ya antes se haba acelerado la
construccin de los acorazados Scharnhorst y Gneisenau, que haban sido puestos en grada
en 1934, y se colocaron las quillas de otros dos cruceros, diecisis destructores y veintiocho
submarinos, amn de numerosos buques auxiliares. Entre los cruceros figuraban el Seydlitz
y el Ltzow, de 14.670 toneladas, gemelos del Prinz Eugen, que no llegaran a terminarse.
Hay motivos para pensar que si no se pusieron ms quillas en Alemania tras la firma
del Tratado anglo-alemn de Londres no fue por falta de intenciones, sino de materias
primas, que entonces escaseaban mucho en el pas, debido, entre otras cosas, a los
impresionantes pedidos de material que absorban los ejrcitos de Tierra y del Aire, en
pleno frenes reconstructivo, faltando sobre todo cobre y bronce para los conductores
elctricos.
La prisa que entr en Alemania por rehacer su flota de guerra fue tal, que, como
haber equipado a los nuevos acorazados Gneisenau con motores disel, que les habran
podido proporcionar un gran radio de accin, hubiera supuesto un retardo de un ao, pues
dichos motores no estaban todava perfeccionados, se sacrific su autonoma y se les
montaron calderas y turbinas de vapor. Estos dos buques eran la rplica alemana a los
Dunkerque franceses, desplazaban 31.800 toneladas, andaban 32 nudos e iban mejor
protegidos que los galos, pero montaran una artillera principal ms dbil: nueve piezas de
280 mm, contra ocho de 330 mm. En esto tambin influy aquella prisa febril, pues todava
no se dispona en Alemania de artillera naval de mayor calibre y no se quiso esperar; se
utiliz, en cambio, la ya acopiada para el cuarto y el quinto acorazados de bolsillo, buques
que, en cambio, no llegaron a pasar del proyecto.
Tampoco esta vez los franceses se quedaron cruzados de brazos, comenzando
instantneamente la construccin de dos acorazados de 41.000 toneladas estndar, el
Richelieu y el Jean Bart, muy capaces de batir a los Scharnhorst alemanes, ya que su
blindaje era de hasta 40 cm, la velocidad de 31,5 nudos y su artillera estaba constituida por
ocho caones de 381 mm, quince de 152 mm y doce de 100 mm.
Los alemanes recogieron a su vez el guante y, tambin con el deseo de no perder
tiempo, pusieron en 1936 la quillas de dos acorazados de 45.950 toneladas estndar, el
Bismarck y el Tirpitz, asimismo de propulsin enteramente a vapor, con lo que su
autonoma no rebasaba las 8.000 millas. Estos buques iran ya armados con ocho piezas de
380 mm y 36.200 m de alcance, slo inferiores a las de 406 mm que montaban entonces los
acorazados ingleses Nelson y Rodney, pero, en cambio, estaban mejor protegidos y eran
mucho mas resistentes que estos buques.
Tcnicamente, los navos alemanes de nueva construccin presentaban bastantes
innovaciones. Las calderas Ascania de alta presin eran completamente automticas. Los
telmetros estereoscpicos Zeiss eran los mejores que montaba entonces ningn buque
de guerra. La artillera era excelente, los submarinos iban equipados con muy buenos
hidrfonos y con magnficos periscopios directamente acoplados a un calculador de
puntera, lo que haca posible que, en tan slo unos cuantos segundos, se pudiesen disparar
cinco torpedos contra otros tantos blancos diferentes de un convoy sin necesidad de variar
los datos de tiro, lo que converta al buque en un arma verdaderamente mortfera.
Esta febril actividad de nuevas construcciones fue pareja a una proporcionada
expansin del personal y de las instalaciones en tierra. En 1936, la Marina alemana tena ya
en sus filas a 40.000 hombres bien escogidos, y la Escuela Naval Militar de Flensburg, las

escuelas especiales, centros de adiestramiento, cuarteles, polgonos de tiro, arsenales, etc.,


fueron enormemente ampliados y mejorados.
Hasta 1938, todo pareca ir sobre ruedas para la renacida Marina de Guerra alemana
o Kriegsmarine. Se haba logrado un torpedo de propulsin elctrica que no dejaba la
delatora estela de burbujas de aire en la superficie, como invariablemente hacan los de
vapor,3 hasta entonces empleados por todas las marinas de guerra del mundo. Haba sido
asimismo conseguida una nueva mina magntica, capaz de ser arrojada desde el aire y
desde los tubos lanzatorpedos de los submarinos. Se haba logrado un buen radiotelmetro
tctico, y las construcciones proseguan a buen ritmo.
El jefe de la Armada alemana desde el 15 de septiembre de 1928, el almirante Erich
Raeder, antiguo jefe del Estado Mayor de Von Hipper, era sumamente competente,
refinado, gran organizador y, probablemente, el mejor estratega de que dispuso Alemania en
la segunda guerra mundial. Slo posea un defecto, si se tiene en cuenta su cargo: era
introvertido y le molestaba discutir. En cuanto a poltica, aunque admirador de Adolfo
Hitler y no teniendo ms remedio que amoldarse a l, consigui que el personal de la
Armada se abstuviera de tomar parte en aqulla, con lo que evit, entre otras cosas, las
injerencias de las autoridades del partido nazi dentro de la Armada.
Se nombr jefe de los submarinos al capitn de navo Karl Doenitz, submarinista
durante la gran guerra, hombre tenaz, de ideas claras y con don de gentes. Tena quizs una
visin estratgica ms limitada que Raeder, pero result sumamente efectivo en el
planteamiento y ejecucin de la guerra submarina, siendo capaz de poner enrgicamente en
prctica las nuevas ideas tcticas para el ataque de los convoyes aliados. Perdi a dos hijos
en la guerra, oficiales de la Marina que prestaron sus servicios a bordo de los peces de
acero alemanes, lo que habla de su integridad, pues poco le hubiera costado, dada su
posicin, haberlos hecho trasladar a cualquier otro servicio menos expuesto. Este hombre
terminara por suceder a Raeder y al mismo Adolfo Hitler.
***
Habamos dicho que, hasta 1938, todo pareca ir perfectamente para la
Kriegsmarine, y que en Alemania no se prevea guerra alguna contra Gran Bretaa; a lo
sumo, con Francia y la Unin Sovitica. Pero el panorama iba a cambiar pronto para la
Armada alemana. Efectivamente, una serie de acontecimientos internacionales hicieron ver
a los ingleses que las cosas iban tomando un giro peligroso y que convena rearmarse, y
hacerlo de prisa! En octubre del ao 1935, Italia haba declarado la guerra a Abisinia, y la
posibilidad de un conflicto con aquella nacin mediterrnea puso de manifiesto la
impreparacin militar en que se hallaba realmente el Reino Unido. El Tratado Naval de
Washington de 1922, por el que las grandes potencias navales haban acordado abandonar
las construcciones de nuevos buques de lnea y otras limitaciones, caducaba el 31 de
diciembre de 1936. Un ao antes se reunieron en Londres los representantes de Gran
Bretaa, Estados Unidos, Francia, Italia y Japn, pero los delegados de este ltimo pas
abandonaron la conferencia antes de que se hubiera llegado a ningn acuerdo, y despus, el
Gobierno italiano no quiso ratificar el nuevo tratado. Ello significaba, sencillamente, que
haba naciones que no estaban dispuestas a aceptar con resignacin el existente y desigual
reparto de las riquezas mundiales. De manera que, preventivamente, Gran Bretaa decidi
rearmarse.

Entre 1936 y 1937 se pusieron en el Reino Unido las quillas de cinco portaaviones
rpidos de 23.000 toneladas de la serie Illustrious, cinco acorazados de 38.000 toneladas
y 30 nudos de andar del tipo King George V, diez cruceros antiareos de la serie Dido,
treinta y dos destructores, etc. Grandes controversias precedieron a la decisin referente a
los acorazados, pues los enormes progresos conseguidos por la aviacin desde los das de la
gran guerra hacan suponer a algunos que estos buques no podran resistir a los bombardeos
areos y que sera mucho mejor fabricar aviones. Pero el primer lord del Mar razon as:
Si la guerra demuestra que los acorazados son intiles, habremos dilapidado el dinero en
su construccin; pero si no los construimos y la guerra demuestra su necesidad, es posible
que perdamos el Reino Unido. La guerra sancion despus su razonamiento, pero, visto
retrospectivamente, resulta evidente que la construccin de otros ocho o diez portaaviones
ms, en vez de aquellos cinco blindados leviatanes, hubiera dado mucho mejores
dividendos a Gran Bretaa durante la segunda guerra mundial.
Ms volvamos a la Armada alemana. Los jefes navales germanos, fiados en las
reiteradas promesas de Hitler de que jams emprendera una guerra contra Inglaterra, no
haban hecho plan alguno pensando en tener que combatir con la Armada Real. Si
construyeron buques pesados capaces de lanzarse a hacer la guerra al comercio fue con la
finalidad de poder atacar las vas martimas de comunicacin francesas en caso de guerra
con Francia, lo que obligara a este pas a utilizar sus acorazados en la proteccin directa de
sus convoyes. En tales condiciones y con semejante servidumbre, la Armada francesa no
podra destacar una escuadra al Bltico para ayudar a Polonia, ni hostilizar al comercio
martimo alemn en dicho mar ni en el de Noruega. Este era un plan estratgico razonable y
bien concebido, y prevea tambin que Alemania pudiera efectuar ciertas importaciones a
travs del ocano Atlntico, por el norte de Escocia. Y era natural que, habiendo estado
prcticamente privados de escuadra durante tantos aos, a los alemanes les entrara ahora la
prisa por crear una que pudiera adecuadamente enfrentarse a la francesa, pues no debemos
olvidar que, de los 56,6 millones de toneladas que importaba anualmente del extranjero, 29
millones llegaban por mar, es decir, ms de la mitad, y que, de ellas, 11 millones estaban
constituidas por mineral de hierro procedente de Suecia, que, de no poder traerse, habran
casi paralizado la industria de guerra alemana.
A fines de mayo de 1938, Hitler expuso al almirante Raeder la creciente y
manifiesta hostilidad mostrada por Francia e Inglaterra hacia Alemania y la posibilidad de
llegar a una guerra con ambas potencias. Al mismo tiempo le apremiaba para que terminase
de construir los dos acorazados del tipo Tirpitz y le encargaba la inmediata construccin
de seis gradas para acorazados todava mayores. El almirante, naturalmente, qued
consternado. Ms tarde, cuando expuso a Hitler con toda claridad cul sera la situacin de
toda la flota germana, en los primeros pasos de su reconstruccin, frente a la poderosa
Royal Navy, recibi seguridades del jefe del Gobierno alemn de que la guerra con
Inglaterra no estallara, lo ms pronto, antes de los aos 1944 o 1945. Le manifest, al
mismo tiempo, que, dadas las circunstancias, dara absoluta prioridad a la construccin de
una gran flota militar.
En consecuencia, el Estado Mayor de la Armada alemana hizo un detenido y
cuidadoso estudio, y Raeder someti a la consideracin de Hitler dos planes de
construcciones de buques de guerra, basados en la mxima capacidad de la industria y de
los astilleros alemanes. Uno, a corto plazo, prevea la construccin de submarinos, y de
acorazados de 20.000 toneladas, destinados a atacar el trfico martimo ingls. Otro, que
llevara ms tiempo, comprendera la construccin de una escuadra mejor equilibrada y

mucho ms potente, capaz de lo anterior y de medirse con la flota britnica, e incluso, en


ciertas condiciones, poder derrotarla. Tambin expuso sin ambages al Fhrer que, si ste se
decida por el segundo plan y la guerra estallaba antes de lo previsto, Alemania se
encontrara prcticamente sin nada que oponer al potente adversario.
Hitler no dud en aceptar el segundo plan, asegurando al jefe de la Marina que hasta
el ao 1942 no necesitara tener que apoyarse poltica ni militarmente en la flota. Este
proyecto alemn, denominado Plan Z, comprenda los siguientes buques:
Seis acorazados de 54.000 toneladas, armados con ocho caones de 406 mm, doce
de 150 mm, etc., y cuatro aviones. Iran movidos por doce motores disel cada uno, que les
proporcionaran una velocidad mxima de 30 nudos y una autonoma de 32.000 millas
marinas.
Se prevean tambin doce acorazados de 20.000 toneladas, armados con piezas de
305 mm. Pero el proyecto de estos buques se sustituy despus por el de tres cruceros de
batalla de 30.000 toneladas y ocho piezas de 380 mm, provistas de un sistema mixto de
propulsin, disel-turbinas de vapor, capaz de darles una velocidad mxima de 34 nudos y
una autonoma de 28.000 millas a 14 nudos.
Cuatro portaaviones de 20.000 toneladas, que llevaran cincuenta y cinco aviones,
andaran 34,5 nudos e iran armados con diecisis caones antiareos de 152 mm. Dos de
ellos, el Graf Zeppelin y el Peter Strasser, procederan de la transformacin de dos barcos
de pasaje puestos en grada en 1936.
Diecisis cruceros de 8.000 toneladas, armados con ocho caones de 152 mm, de
35,5 nudos de andar y de 16.000 millas de autonoma.
Veintids cruceros exploradores de 5.000 toneladas, seis caones de 152 mm, 36
nudos y 16.000 millas de autonoma; sesenta y ocho destructores, noventa torpederos,
doscientos cuarenta y nueve submarinos y trescientos buques ms, entre minadores,
dragaminas, lanchas rpidas, cazasubmarinos, etc. Todo ello adems de los siete nuevos
acorazados, ya construidos a punto de entregarse, y de los restantes buques con que contaba
la Armada alemana.
En enero de 1939, Hitler dio su conformidad al Plan Z, a condicin de que
estuviera terminado en seis aos. Con el fin de que no degenerase en otra carrera de
armamentos, como haba sucedido en Francia respecto a los acorazados de bolsillo, se
procurara llevarlo todo en el mayor secreto respecto a las caractersticas y tambin a la
mxima velocidad posible.
Este plan era realmente importante, y, a grandes rasgos, la finalidad de aquella flota,
en caso de guerra con Inglaterra, era la siguiente:
Partiendo de la base de que Gran Bretaa necesitaba descargar diariamente nada
menos que 50.000 toneladas de vveres de importacin en sus muelles, lo que, unido a otras
tantas de materias primas necesarias a la industria, supona tener unos dos mil barcos
mercantes constantemente en la mar, en trnsito, se pens atacar simultneamente sus
vitales lneas martimas de comunicaciones, por una parte, con enjambres de submarinos, y,
por otra, con cruceros ligeros apoyados por los de batalla y protegidos portaaviones. 4 Esto
ltimo obligara a los ingleses a dispersar su escuadra, a fin de poder dar proteccin a los
mltiples e imprescindibles convoyes procedentes de todo el mundo. Cuando interviniesen
estos grandes buques de guerra, los cruceros de batalla alemanes escaparan gracias a su
superior velocidad, pues seran reservados exclusivamente para batir a los cruceros pesados
o ligeros del adversario. Pero, a su vez, los buques de lneas britnicos no podran librarse
de los rpidos y muy superiores acorazados alemanes, actuando en nmero suficiente y

proporcionado al del enemigo, lo que permitira a los germanos ir aniquilando uno por uno
a los diferentes grupos britnicos hasta llegar a una superioridad numrica total.
Un ingenioso plan basado en dos premisas. Cierta una de ellas: la de que, para
subsistir, Inglaterra no poda prescindir de los convoyes, ni siquiera rebajar
considerablemente su nmero, y de que stos tendran forzosamente que ir escoltados por
buques de guerra para evitar que los merodeadores alemanes, ms potentes que los cruceros
ingleses de la escolta, acabaran con todos. La otra, la supuesta superioridad del acorazado,
se demostr despus que era falsa.
Para los alemanes, la prematura declaracin de guerra de Francia y Gran Bretaa en
septiembre de 1939 ech por tierra unos proyectos que, en el papel, hubieran resultado todo
lo efectivos que se quiera, pero que, habida cuenta de la superioridad que luego demostrara
el portaaviones sobre el acorazado (los superacorazados japoneses de 68.000 toneladas no
resistiran los ataques de la aviacin naval embarcada norteamericana) y al hecho de que,
ya en 1939, Gran Bretaa dispona de seis portaaviones en servicio, ms cinco Illustrious
a punto de ser entregados y un Unicorn en grada, es decir, de doce portaaviones, sin
contar los que pudiera haber construido entre 1940 y 1945, frente tan slo a cuatro buques
de esta clase previstos por los alemanes, dichos planes nos parecen, sin eufemismos,
ciertamente optimistas, aunque no cabe la menor duda de que dicho programa naval
germano habra proporcionado a su escuadra unas posibilidades de victoria que, tal y como
se desarrollaron en realidad las construcciones navales, jams lleg a tener.
Una vez declarada la guerra en 1939, y como para los alemanes resultaba imposible
construir una flota de superficie capaz de medirse con la britnica y francesa unidas, puesto
que habra que partir de una diferencia de fuerzas abrumadora, se abandonaron por
completo aquellos grandiosos planes y se pens que la nica lnea de accin disponible
sera la de tratar de estrangular las vitales arterias martimas de Gran Bretaa a base de una
guerra submarina a ultranza. Se decidi, por tanto, dedicar casi todo el esfuerzo de los
astilleros navales a la fabricacin de submarinos; terminar de construir slo los grandes
buques de superficie cuyas obras estuvieran muy adelantadas; desguazar los ms retrasados,
y no volver a poner nuevas quillas de buques de superficie superiores al tamao del
destructor.
Dadas las circunstancias, creemos que esta drstica decisin era acertada, pero la
realidad es que no se cumpli ms que en lo referente a no poner nuevas quillas de buques
mayores. La construccin de submarinos languideci hasta el mes de julio de 1940, y, en
vez de construirse los veintinueve buques de esta clase previstos mensualmente, no se pas
de cuatro unidades. Slo se desmantelaron las quillas de los dos grandes acorazados del
Plan Z, que ya haban sido rpidamente puestas en las gradas de Bremen y Hamburgo, y
se abandon la construccin del segundo portaaviones. Pero en los dems grandes buques,
tanto muy avanzados como poco, se sigui trabajando, si bien espordicamente en algunos
y a ritmo lento, como el Graf Zeppelin, cuyas obras se paralizaron y reanudaron varias
veces, llegndose a terminar en el 80 por ciento; el Ltzow, que sera cedido a la Unin
Sovitica a medio construir y saldra de Bremen, a remolque, el 15 de abril de 1940, 5 y el
Seydlitz, que en junio de 1942 ya estara acabado en su 90 por ciento (cuando se pens
transformarlo en portaaviones) y a cuya construccin, finalmente, nunca se dara remate.
Al comenzar la guerra, Hitler dio por hecho, como si se tratara de una profeca
incuestionable, que la lucha no durara ms de dos aos. Por esta razn, no se permiti a la
industria construir las nuevas fbricas necesarias a los requerimientos de una guerra larga,
sino solamente ampliar las ya existentes. Igual error se cometi con la investigacin

cientfica a largo plazo, base de nuevas armas y equipos, sin los cuales las fuerzas armadas
de cualquier pas muy pronto acusan la desventaja en el campo de batalla, no importa con
cunto espritu combativo y valor quieran suplir la deficiencia tecnolgica. Todos estos
errores y vacilaciones, como es lgico, se haran sentir muy desfavorablemente para
Alemania en el decurso de la contienda.
Resumiendo lo expuesto, nos encontramos con que, al estallar la lucha en
septiembre de 1939, la Armada alemana se hallaba bien preparada en cuanto al personal y
material se refiere, pero dispona todava de muy pocos buques de combate, en
comparacin con los que se alineaban en las flotas de Gran Bretaa y de Francia. He aqu
los efectivos navales de estas tres potencias:

Como puede apreciarse, la balanza se inclinaba aplastantemente del lado aliado, y


mucho ms si se tiene en cuenta el estado y nmero de buques de guerra en construccin
entonces en dichos pases. Gran Bretaa tena en grada 7 acorazados, 6 portaaviones, 19
cruceros, 52 destructores y 24 submarinos, y Francia 3 acorazados, 1 portaaviones, 3
cruceros, 24 destructores y 13 submarinos, es decir, se construan 650.000 toneladas de
buques de guerra aliados, frente a 216.000 toneladas, o sea menos de la tercera parte, de
alemanes.
Y puesto que estamos tratando de efectuar una somera exposicin de los flotas que
inmediatamente vamos a ver combatir sobre los mares, no podemos dejar de sealar los
defectos y taras peculiares de cada una, circunscribindonos principalmente a las de Gran
Bretaa y Alemania, ya que, al quedar pronto Francia eliminada de la lucha, su flota, que
tendra que atravesar pruebas verdaderamente amargas y dolorosas, no hara sentir su peso
ni resultara decisiva en la marcha ulterior de la guerra.
***
El arma que posiblemente contribuy ms a que los aliados consiguieran la victoria
fue sin duda el radar. Este aparato electrnico de tamao relativamente reducido, el ojo
verdoso que atravesaba las oscuridades ms impenetrables, las nieblas ms densas, las

opacas cortinas de humo tendidas por los veloces destructores, las majestuosas y ampulosas
nubes suspendidas en la atmsfera y a cuyo amparo los buques de guerra haban credo
poder sustraerse a la observacin area enemiga, decidira a favor de Gran Bretaa la
batalla area librada sobre los cielos de Inglaterra en 1940; reducira prcticamente a la
nada la formidable flota submarina del almirante Doenitz en los aos 1943, 1944 y 1945;
hundira en un abrir y cerrar de ojos y en diferentes combates nocturnos a formaciones
navales de superficie alemanas, italianas y japonesas, cuyos sorprendidos hombres sentiran
cmo sus buques se desintegraban y desaparecan entre las olas sin que ellos hubieran
podido entrever siquiera fugazmente el mortfero enemigo, igual que si un rayo
sobrenatural e inexorable les acertara cual maldicin divina.
Esbozar siquiera una breve historia del radar cae absolutamente fuera del propsito
de este libro, pero s debemos advertir al lector que, en la historia de la guerra naval, la
introduccin de este aparato a bordo de los buques tuvo tanta importancia como
anteriormente la del can, la mquina de vapor, el torpedo automvil y la aparicin del
submarino o el aeroplano.
Algunos aos antes de la rotura de las hostilidades, cientficos alemanes, britnicos,
franceses y norteamericanos haban experimentado con ondas electromagnticas dirigidas
que, al reflejarse en un cuerpo metlico situado en su trayectoria a cierta distancia, podan
ser nuevamente captadas donde se haban generado y, por mediacin del tiempo
transcurrido en el viaje de ida y vuelta, proporcionar exactamente la distancia al blanco con
un error mximo de algunas decenas de metros. Terminara as el espinoso y difcil
problema de obtener la media de las distancias al enemigo, que hasta entonces apreciaban
los diversos telmetros pticos, con el fin de dar comienzo al tiro disponiendo de un
alcance slo aproximado y frecuentemente muy errneo, e ir luego centrando aqul por
tanteos deducidos de la cada de las salvas, cosa que, por otra parte, si el rumbo y la
velocidad del barco haban sido calculados con apreciable y explicable error, poda suceder
que no se lograra en todo el combate.
Los cientficos ingleses, experimentando con ondas mtricas, lograron unos equipos
de radar bastante pesados, que fueron instalados, ya antes de la guerra, a lo largo de toda la
costa oriental britnica,6 con el fin de poder detectar, con tiempo suficiente para alertar a la
defensa antiarea y poner en el aire a la aviacin de caza, la llegada de los aviones
procedentes del continente. Estos aparatos utilizaban longitudes de onda de doce a trece
metros, que requeran grandes antenas y mstiles completamente inadecuados en un buque
de guerra y sealaban la llegada de los aviones a cuarenta millas de distancia. Tales
estaciones fueron detectadas antes de la guerra por el Servicio de Inteligencia alemn, y en
la primavera de 1939 se envi al dirigible Graf Zeppelin para que efectuase un vuelo de
reconocimiento por el mar del Norte, llevando a bordo un sensible receptor de radio, a fin
de tratar de averiguar si los ingleses empleaban efectivamente algn tipo de detector
electromagntico de aviones. Pero, por uno de esos imprevisibles maleficios,
insignificantes en s mismos pero capaces de consecuencias tan absolutamente
desproporcionadas como trascendentales para la historia, el largo vuelo del Graf Zeppelin
frente a las costas britnicas result completamente contraproducente para los alemanes. El
sensible receptor de transmisiones de alta frecuencia instalado en el dirigible se estrope al
principio de la operacin, y, por increble que parezca, el tcnico de la Luftwaffe
responsable de su funcionamiento y de la escucha no se atrevi a declarar el fallo del
aparato, pero inform, desde luego con toda veracidad!, que no se haba captado la ms
mnima seal. En realidad las estaciones inglesas detectaron y siguieron perfectamente el

vuelo del Graf Zeppelin, sin sospechar el riesgo que con ello corra la cadena britnica de
deteccin.
Los alemanes creyeron que las estaciones inglesas, si efectivamente existan, slo
servan como radiogonimetros, y se dieron por satisfechos. Fue un grave e irreparable
error no haber insistido, pues ello probablemente les habra permitido disear equipos de
contramedidas electrnicas capaces de haber anulado los referidos radares ingleses en 1940,
durante la batalla area de Inglaterra. Porque un radar es muy fcil de interferir, e incluso
de engaar.
Para que las antenas de los radares ingleses pudieran adaptarse a los mstiles o
superestructuras de los buques de guerra tenan que reducirse de tamao, lo cual exiga el
empleo de ondas muy cortas, mtricas, pero cuanto ms cortas, ms difcil resultaba lograr
suficiente potencia de transmisin; era, pues, un problema de vlvulas.
En agosto de 1938, los britnicos instalaron ya un radar de exploracin de ondas de
siete metros y unos quince vatios de salida, el Tipo 79 Y, en el crucero Sheffield, y
despus en el acorazado Rodney, consiguiendo detectar aviones a ms de cincuenta millas.
Un equipo similar aunque perfeccionado, el 79 Z, se hallaba instalado en cuatro buques
ingleses al estallar la guerra, pero slo serva prcticamente para detectar aviones, pues para
sealar navos sobre la superficie de la mar se necesitaban ondas ms cortas, es decir,
vlvulas ms potentes.

Al estallar la guerra, los cientficos ingleses empezaron a trabajar contrarreloj, y en


septiembre de 1940 se instal en el nuevo crucero antiareo Dido, y despus en el
acorazado Prince of Wales, un radar de exploracin de ondas de tres metros, el Tipo 281.
Este aparato poda detectar aviones hasta cien millas de distancia y sealar buques a once
millas (veintin kilmetros).

Mientras tanto, los cientficos franceses haban logrado un magnetrn, es decir, una
vlvula especial capaz de generar ondas de diecisis centmetros, con ms de medio
kilovatio de impulso de salida, y el ejemplar que les pasaron a los ingleses antes de la cada
de Francia en 1940 sirvi a stos para poder fabricar su importante y decisivo magnetrn de
ondas de diez centmetros. En cambio, los franceses destruyeron todos sus esquemas,
aparatos y archivos, y nada referente al radar transcendi a los alemanes.
En busca de un radar de tiro, los ingleses desarrollaron el Tipo 284, de ondas de
cincuenta centmetros y cincuenta kilovatios, y este tipo de radar permiti al acorazado
Duke of York abrir el fuego en plena noche rtica sobre el invisible crucero de batalla
alemn Scharnhorst, el 25 de diciembre de 1943, y conseguir ya un impacto, con la
primera salva!, a ms de diez mil metros de distancia.
A principios de 1941 se empezaron a instalar radares de antena fija en serie de
destructores britnicos, uno de los cuales, el Vanoc, detect durante la noche al submarino
alemn U-100, en marzo de 1940, navegando en superficie a una milla de distancia, y le
permiti pasarlo por ojo. En l perdi la vida uno de los mejores ases submarinistas
germanos: el capitn de corbeta Joachim Schepke.
El Tipo 291 ya contaba con antena giratoria y utilizaba una longitud de onda de
metro y medio, pero para poder detectar a cierta distancia blancos tan pequeos como
submarinos navegando en superficie se necesitaban radares de menor longitud de onda
todava. A principios de 1941, los ingleses comenzaron a construir magnetrones de ondas
de diez centmetros y antena estabilizada, capaces de detectar submarinos a cinco mil
metros, en plena noche. Este magnetrn y el desarrollo del PPI (Plan Position Indicator)
haran sencillamente perder la guerra a los submarinos alemanes.
El PPI era un gran tubo de rayos catdicos con la extremidad fluorescente, sobre la
que se vean de forma clara y con permanencia de imagen todos los blancos situados en un
radio equivalente al alcance eficaz del aparato. Las demoras y distancia a cada blanco
podan ser rpidamente obtenidas y pasadas a los radares de tiro, y tambin se apreciaban
en dicha pantalla con toda nitidez las formaciones adoptadas por los buques o aviones
enemigos, sus movimientos e incluso las estelas de aqullos, pudiendo observarse tambin
la cada de las salvas de la artillera propia y corregir el tiro. Todo ello lo mismo de da que
de noche, con niebla o sin ella.
Las ondas centimtricas permitiran la fabricacin de equipos de radar
extremadamente ligeros, con los que, a partir de los primeros meses del ao 1941, iran
siendo equipados todos los buques de guerra britnicos y los aparatos de su aviacin naval
y de la aviacin costera de la RAF, lo que sobre la mar supondra una ventaja tctica
decisiva.
Los norteamericanos, por su parte, emplearon el magnetrn de diez centmetros, que
los ingleses les entregaron, en numerosos equipos que fueron instalados en aviones,
submarinos y buques de superficie, con el resultado que puede suponerse frente a un
enemigo que no dispona de ellos, y despus desarrollaron el radar de tres centmetros,
capaz de detectar aviones a ciento cincuenta millas de distancia (doscientos ochenta y cinco
kilmetros).
Y los alemanes? As como en Inglaterra, Francia y Estados Unidos el radar se
desarroll con la intencin primaria de poder detectar aviones, en Alemania sucedi lo
contrario, es decir, lo que inicialmente se pretendi fue un detector de buques.
En marzo de 1934, la casa Gema, trabajando por cuenta de la Armada, logr un
equipo de ondas de cincuenta centmetros que pudo detectar al veterano acorazado Hessen

a una distancia de... cien metros. No fue un resultado precisamente espectacular, pero ya en
octubre se conseguiran alcances de deteccin de seis millas y media. Inicialmente se
emplearon ondas continuas, pero luego al igual que en Francia y dems pases
mencionados, se utiliz el mtodo de transmisiones pulsadas, logrndose en 1935 alcances
de ocho millas con una exactitud en la demora (direccin del blanco) de dos grados.
La casa Gema comenz a trabajar despus, sin mucho xito, con ondas de trece
centmetros, pero la Kriegsmarine insisti en que se dedicara a la banda de los ochenta
centmetros, que aparentemente resultaba ms prometedora. En el verano de 1936 se
montaron radares de esta clase en el acorazado Graf Spee, crucero Knigsberg y torpedero
G-10, y en las maniobras de 1937, el Hessen fue detectado a diecisiete millas de distancia.
En 1938 tambin se obtuvieron buenos resultados en radares de exploracin area, que
fueron capaces de sealar aviones a sesenta millas. Pero entonces intervino el mariscal del
aire Herman Goering, que al enterarse de tales resultados encarg a la casa Gema la
fabricacin de un millar de aparatos para la defensa area. Con ello terminaron las
investigaciones en ondas ms cortas, pues la casa hubo de ampliar las instalaciones y
dedicar todos sus esfuerzos a dicho programa de fabricacin.
Al estallar la guerra, slo el Graf Spee y el Knigsberg montaban radiotelmetro,
pero muy pronto se instalaron tales aparatos, con su alcance mejorado, en el acorazado
Scharnhorst y en el Gneisenau, y despus en todos los buques de guerra alemanes de
destructor para arriba. Pero este aparato, de unas veinte toneladas de peso entre todos sus
componentes, aunque poda detectar buques de superficie a unas 18,5 millas, es decir, a
unos 34.300 metros, y aviones a distancia mucho mayor, tena un poder de definicin pobre
y, por tanto, sus demoras no eran muy exactas. Tampoco proporcionaba panormica alguna
de los blancos navales o areos situados alrededor del buque que lo montaba. Era como un
radar ingls de tiro, sin PPI. Cuando no haba buena visibilidad, tena que hacerse girar la
antena del radiotelmetro con lentitud y observar cuidadosamente, en la central de tiro, la
pequea selva de seales verdosas e inquietas (la hierba, como la llaman los especialistas
de tiro) que apareca sobre la pequea pantalla lineal de un tubo de rayos catdicos. De
modo que resultaba difcil detectar un blanco, si no se le vea pticamente antes, y tampoco
era sencillo seguirle, pero si el aparato se apuntaba de noche sobre un buque, resultaba
imposible darse siquiera cuenta de la aparicin o presencia de otros blancos, aunque
estuvieran dentro del alcance eficaz del detector. Desde luego, el radiotelmetro
representaba una gran ventaja respecto a no disponer de l, pero sus limitaciones eran muy
grandes si se le compara con el radar, y tambin careca de un sistema automtico de
seguimiento del blanco.
Los historiadores de aquellos pases combatientes que poseyeron el radar durante la
segunda guerra mundial, y por razones que no es necesario sealar, apenas si conceden
importancia a este aparato en sus relatos, llegando algunos a ni siquiera mencionarlo, con lo
que el lector no profesional queda frecuentemente perplejo ante unas actitudes y resultados
que parecen, sencillamente, tan asombrosos como inexplicables. En este libro no
pretendemos, por supuesto, tomar partido, pero s debemos advertir al lector que sobre el
mar, durante la segunda guerra mundial, disponer o no del radar equivali, ni ms ni menos,
a vencer o a ser derrotado, a ceir los laureles de la victoria o a quedar encadenado a las
ruedas del carro del vencedor. Y que por lo menos la mitad de las batallas navales libradas
en dicha guerra fueron ganadas principalmente gracias al radar.
De manera que si, en 1939 y 1940, los buques alemanes aventajaban a los britnicos
y franceses en cuanto al radiotelmetro se refiere, muy pronto habran de perder tal ventaja,

y cuando, en el mes de agosto de 1943 y gracias a que la suerte permiti a los alemanes
poder recomponer las partes intactas de los medios destrozados equipos de radar de dos
aviones enemigos abatidos sobre suelo alemn, se pudo descubrir el secreto aliado y
comenzar despus la fabricacin en serie e instalacin de aparatos similares en los aviones
y buques germanos, a la Kriegsmarine ya no le quedaba ni un solo buque de porte superior
a crucero; Italia haba sido derrotada y firmado el armisticio, y Japn se tambaleaba
peligrosamente ante los golpes cada vez ms potentes que le descargaban los Estados
Unidos de Amrica. Pocas veces, en alguna guerra moderna, un factor aparentemente tan
insignificante ha tenido efectos tan decisivos, trascendentales y dramticos.
En cuanto a equipos detectores de submarinos, los cientficos ingleses eran los
nicos que haban logrado un aparato, denominado asdic, capaz de sealar bajo el agua y
medir la distancia a un submarino en inmersin. Aunque el principio en que se basaba era
prcticamente igual al del radar, aqu no valan las ondas electromagnticas, que o no
penetraban en el agua de mar, o lo hacan muy mal, sino las acsticas de alta frecuencia. En
1939, los buques antisubmarinos de la Royal Navy ya disponan de estos eficaces
detectores, que luego la Armada inglesa entregara a la francesa. Los franceses, tras la firma
del armisticio franco-alemn de 1940, se los pasaran a los alemanes, quienes, a su vez, se
los cederan despus a italianos y japoneses.
Dicho aparato pondra en mortal peligro a un submarino enemigo que navegara en
inmersin a cualquier profundidad y a una distancia de unos miles de metros del buque al
acecho y equipado con bombas antisubmarinas, y obligara a los sumergibles alemanes a
variar absolutamente de tctica, atacando a los convoyes de noche y navegando
exclusivamente en superficie, sustrayndose al fatdico batido de aquel aparato, que, en
cambio, resultaba intil si el submarino se mantena en la superficie de la mar. Pero tal
tctica slo pudo aplicarse hasta que hizo su aparicin el radar.
Otra importante diferencia existente entre las marinas del Eje y las aliadas fue la
aviacin naval. Las flotas de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaa disponan de sus
propias aviaciones navales, y, como ya hemos visto, tambin de buques portaaviones,
mientras que ni Alemania ni Italia dispusieron en toda la guerra de aviacin naval,
embarcada ni basada en tierra, ni siquiera tuvieron un triste portaaviones de escolta. Ello
supondra una gravsima desventaja para las ltimas, pero como este captulo se va
haciendo largo y tanto el lector como nosotros lo que deseamos es hacernos a la mar
cuanto antes, dejaremos que al correr de las pginas de esta historia se vaya poniendo por s
solo de relieve lo que tal diferencia supuso para unas y otras flotas adversarias.
***
Ahora debemos considerar, aunque slo sea muy brevemente, cul era la situacin
geogrfica de Alemania con respecto a Gran Bretaa, as como su repercusin en la
estrategia naval de los germanos.
Mirando el mapa, inmediatamente se observa que la baha alemana constituye un
exiguo rincn del mar del Norte totalmente dominado por el Reino Unido, no slo desde su
gran isla principal, sino tambin desde los archipilagos de las Oreadas y las Shetland, que
se adentran en el mar de Noruega. El mar del Norte slo tiene dos salidas al Atlntico: el
canal de la Mancha, muy angosto, factible de minar por su escaso fondo y muy fcil de
controlar por Inglaterra mediante buques y aviones que utilicen puertos o aerdromos

situados, como quien dice, a pie de obra, y el estrecho, ms profundo y de 150 millas de
anchura, comprendido entre las islas Shetland y Noruega, precisamente contiguo a donde la
Armada britnica haba situado su base naval principal: Scapa Flow.
Para evitar los ataques de los buques de guerra alemanes al trfico martimo
britnico en el mar del Norte, Gran Bretaa se poda permitir el lujo de cerrar los puertos
metropolitanos de ese mar y utilizar exclusivamente los del canal de la Mancha y el mar de
Irlanda. De manera tan sencilla, a la Armada alemana se le planteara un problema de difcil
solucin, ya que cruzarse de brazos ante tal estado de cosas y no hacer nada significaba,
sencillamente, perder la guerra, aunque de este hecho no se percatara el Alto Mando
germano, de mentalidad enteramente continental, hasta que hubo transcurrido casi un ao
de guerra. No quedaba, pues, otra alternativa que atacar al trfico enemigo con aviones,
buques de superficie y submarinos, llevando la guerra al ocano Atlntico y tratando de
yugular all un trfico sin el cual Gran Bretaa se vera muy pronto reducida a la
impotencia, no slo por falta de combustible lquido para mover sus buques mercantes y de
guerra y sus aviones, pues ni un litro de gasolina se extraa en las Islas Britnicas, sino por
hambre, pues Inglaterra no produca entonces ni el 20 por ciento de lo que su poblacin
necesitaba consumir.
Mas para que los buques alemanes de superficie pudieran llegar a la zona por donde
los convoyes enemigos necesariamente tenan que aproximarse a las Islas Britnicas, es
decir, aquella situada a unas 300 millas al sudoeste de Islandia, se veran obligados a
recorrer unas 2.500 millas marinas de ida y otras tantas de vuelta hasta Alemania. Es decir,
no slo habran de cruzar por estrechos muy vigilados por buques y aviones del enemigo, y
donde podran ser fcilmente destruidos por fuerzas adversarias superiores, sino gastar en el
viaje una exorbitante cantidad de petrleo. Lo que, por otra parte, reduca notablemente el
tiempo total de permanencia en la zona de operaciones, es decir, el efectivo. Adems,
careciendo Alemania de una sola base naval o de apostadero alguno, fuera de sus
limitadsimas zonas en el fondo del saco del mar del Norte, el problema logstico que se le
planteaba a la Armada germana era poco menos que insoluble.
Claro est que si la flota alemana hubiera podido destruir antes a la Armada
britnica en una o varias batallas navales decisivas, el problema se hubiera simplificado
absolutamente, pues una vez conseguido el dominio del mar, habra bastado despachar para
determinadas zonas tantos barcos petroleros como hiciera falta para abastecer a los
submarinos o buques de superficie germanos empeados en cortar los suministros
britnicos. Pero ya sabemos cul era la aplastante diferencia de fuerzas navales de uno y
otro bando, y pese a todas las bravatas del jefe de la aviacin alemana, Herman Goering, la
Royal Navy, para desgracia de Alemania, seguira flotando y navegando poco menos que
como si el mariscal del Aire alemn y sus aviones no hubiesen existido.
El reverso precisamente de la situacin se daba en el Reino Unido. Este no slo
dispona de la flota ms poderosa del mundo y de una situacin geogrfica absolutamente
dominante frente a Alemania, sino de una interminable cadena de bases navales y areas
estratgicamente situadas y repartidas por toda la superficie de la Tierra, que jalonaban
perfectamente las vas martimas comerciales del imperio.
Esta situacin geogrfica tan desfavorable para Alemania pesara y absolutamente
condicionara la estrategia naval germana durante la guerra, como iremos viendo, aunque la
conquista de Noruega primero y la ocupacin de Francia despus mejoraran algo, pero no
mucho, tan importante desventaja, especialmente en cuanto a submarinos se refiere. De
modo que la estrategia que se vio obligada a adoptar la Marina alemana por un imperativo

geogrfico fue: por una parte, tratar de dominar el mar Bltico, con el fin principal de
asegurarse los vitales suministros de mineral de hierro de los pases escandinavos y, por
otra parte, intentar imponer un bloqueo martimo atlntico lo ms efectivo posible a Gran
Bretaa, mediante el empleo de minas submarinas, aviones, sumergibles y grandes buques
de superficie, renunciando desde luego, ante un contrabloqueo britnico imposible de evitar
dada la debilidad de la Kriegsmarine, al trfico comercial propio por aquel ocano.
Ahora bien, teniendo en cuenta el exiguo nmero de buques de superficie y
suficiente autonoma de que disponan los alemanes, y la imposibilidad de reemplazarlos si
eran hundidos, pues toda la industria naval germana se dedicara, a partir de julio de 1940,
casi exclusivamente a la construccin de submarinos, los germanos habran de evitar a todo
trance cualquier combate o batalla naval, incluso tratndose de fuerzas enemigas
manifiestamente inferiores. Pues un buque averiado, que para la Armada britnica slo
significara tener que remolcarlo hasta llegar a puerto, se convertira en una prdida segura
e irreemplazable para la flota alemana, que no podra impedir que una concentracin
superior de fuerzas enemigas acabara con l o con sus acompaantes.
Al enjuiciar la estrategia naval alemana durante la segunda guerra mundial y todas
las acciones a que dara lugar, el lector no debe perder de vista este planteamiento
estratgico y de economa de fuerzas alemn que sucintamente le acabamos de exponer.
Respecto a la flota britnica, y a grandes rasgos, su estrategia consisti,
sencillamente, en imponer un bloqueo martimo, lejano pero absoluto, a Alemania y
defender a toda costa sus propias y vitales vas de abastecimiento a travs del mar. Los
ingleses pensaron que ello les haba permitido ganar la gran guerra y que era de esperar que
esta vez sucediera lo mismo. No se equivocaron.
CAPTULO
II
GUERRA
CREPUSCULAR

Por fin cayeron las sombras de la noche del 3 de septiembre de 1939 en el Atlntico
nororiental, y por primera vez desde haca casi nueve horas, es decir, desde que la estacin
radiotelegrfica de su barco le informara de que haba estallado la guerra con Alemania,
James Cook, capitn del transatlntico ingls de 13.000 toneladas de registro bruto Athenia,
perteneciente a la compaa Donaldson Atlantic Line, se sinti ligeramente aliviado. Si
conseguan envolverse completamente en las sombras de la noche, y pese a aquella
indiscreta luna que ya se haba encaramado por encima del horizonte como una plida
amenaza, era casi seguro que podran librarse de los submarinos alemanes.
El transatlntico cortaba raudo la inquieta mar, pues montaba seis turbinas de vapor
y su capitn le haca marchar a elevada velocidad desde ocho horas atrs, arrumbado al
Oeste pero navegando en zigzag, como le haban recomendado las autoridades del
Almirantazgo en Belfast, ltimo puerto en que hizo escala antes de lanzarse a cruzar el
Atlntico. El Athenia iba consignado a Montreal, con carga general tomada en Glasgow y
Liverpool y 1.103 pasajeros, 311 de los cuales eran norteamericanos que regresaban a
Estados Unidos en vista de que la guerra amenazaba nuevamente a Europa.
Era la hora de la cena, pero Cook se haba excusado de presidirla, pues no quera
abandonar el puente. Antes de salir de Belfast, los oficiales del Almirantazgo le haban
manifestado reservadamente que dos acorazados germanos haban aparejado de Alemania
haca varios das, pero que, pese a los esfuerzos de la Armada Real por localizarlos en

alguna de las salidas del mar del Norte, se haban esfumado en el azul y nadie saba por
dnde andaban.
Pocas horas ms tarde, al enterarse de la declaracin de guerra, aquella noticia haba
cobrado una importancia realmente inquietante para Cook, quien pensaba que tal vez los
submarinos germanos podan estar ya acechando entre dos aguas, si es que tambin haban
salido de Alemania antes de aquella declaracin. Por eso decidi redoblar la guardia de
serviolas y alertar al pasaje para que, al llegar la noche, nadie encendiese luces en el
exterior o abriese algn portillo.
Haba cado por completo el crepsculo vespertino, cuando el primer oficial se le
acerc para decirle que, gracias a las estrellas observadas durante el mismo, tenan una
buena situacin astronmica. El capitn ech un vistazo a la carta, tom un comps y midi
la distancia desde el centro donde se cortaban aquellas rectas de altura, a la isla Inishtrahull,
prxima a la costa y exactamente al norte de Irlanda: haba 250 millas. A esa distancia,
siendo ya completamente de noche y pese a la elevada claridad que arrojaba la menguante
luna, el capitn del Athenia sinti que sus recelos comenzaban a desvanecerse. Al amanecer
estaran ya a ms de 400 millas y habra pasado el peligro.
Bueno, esto no va mal! manifest Cook con alivio, dirigindose al primer
oficial. Pero quiero que pase ahora mismo y personalmente una ronda por todo el barco,
para comprobar que ni una sola luz sale al exterior.
Muy bien, seor respondi el oficial, que sali al alern y descendi con paso
rpido a la cubierta de botes.
El capitn sali tambin al exterior y, durante un rato, avizor atentamente la mar
con sus prismticos. Luego descans stos, respir profundamente aquel aire cargado de
humedad, pero tan lmpido, y se sinti satisfecho. Ignoraba que, en aquel mismo momento,
su transatlntico estaba siendo atentamente observado desde la torreta de un submarino
alemn que se deslizaba velozmente a ras de las olas, a poco ms de quinientos metros de
distancia.
***
Algunas horas antes, en aquel mismo y aciago da en que los carros de combate de
las Panzerstruppen alemanas avanzaban raudos por las calurosas llanuras de Polonia, el
teniente de navo Lemp, comandante del submarino alemn U-30, daba la orden de salir a
superficie. Durante varias horas, el joven oficial haba estado escudriando la vaca mar a
travs del periscopio de ataque, hasta que lleg un momento en que, pese a retirar todos los
filtros y dar ms aumentos al aparato ptico, la visin del exterior fue desvanecindose. Al
llegar la noche, sus ojos vean ya un poco ms que los iluminados filamentos de los
retculos del aparato, las cifras de diversos colores, rojas, verdes, amarillas, blancas y
negras, segn sus distintos significados, as como el repetidor del rumbo verdadero a que
navegaba el submarino. Todo sobre un fondo ya completamente oscuro.
El teniente de navo dej el periscopio y orden apagar las luces blancas de la
torreta y del puesto de mando situado bajo ella, y todo qued sumido en un resplandor
rojizo que tena por finalidad ir adaptando a la visin nocturna los ojos de los que luego
saldran al exterior. Despus orden:
Cota ocho metros! Cambio a periscopio de observacin! Novedad de
hidrfonos!

El buque ascendi suavemente, obediente a los timones de profundidad, o de buceo,


y el oficial de guardia puls el botn de izar el periscopio de observacin. Una vez que el
aparato hubo llegado a la altura de sus ojos, peg stos a los oculares e hizo girar
lentamente el periscopio en los 360 del horizonte. Despus dijo:
Todo claro, comandante!
Por su parte, el hidrofonista inform que no se oa ruido alguno.
Bien exclam Lemp, y despus aadi: Prepararse para salir a superficie!
Abre ventilacin de lastre nmero cinco!
Este era el tanque inundable de proa, y todos comprendieron que el comandante no
deseaba gastar aire comprimido en aquella emersin e iba a utilizar un sistema que exiga
gran precisin en su ejecucin, pero que resultaba econmico respecto al importante
elemento.
Toda a subir y avante toda! orden ahora Lemp.
Los timones de profundidad fueron llevados a la mxima inclinacin, y los motores
elctricos zumbaron en un tono ms agudo. El buque, a base de timones y de velocidad, se
encabrit ligeramente, adoptando una inclinacin de unos 10, hasta que la griscea proa
rompi la superficie de las olas, se remont un segundo en el aire y, falta de sustentacin,
empez a caer.
Cierra ventilacin! Timones de popa a bajar! dijo en aquel preciso instante el
comandante del U-30.
Hasta comenzar la maniobra, el submarino haba estado navegando con sus lastres
(uno a proa, otro a popa, cuatro laterales, todos ellos exteriores al casco resistente, y dos
centrales, dentro de dicho casco) lo suficientemente llenos de agua de mar para que el
buque pudiera deslizarse a cota periscpica con una flotabilidad neutra, obediente a los
timones de profundidad. Luego, al abrir la vlvula de ventilacin situada en la parte
superior del tanque de inundacin de proa y remontarse sta por encima del mar, se haba
permitido que parte del agua contenida en dicho lastre escapara, por gravedad, a travs de
los grifos situados en la parte inferior y siempre abiertos, mientras el aire entraba por la
superior. Pero tras aquel momento en que, por inercia, la parte de proa del buque emergi
del agua permitiendo el vaciado parcial del mencionado lastre, se haba cerrado
inmediatamente la vlvula de ventilacin para impedir que el aire entrado volviera a
escapar, con lo que una gran burbuja estaba ahora all presa y proporcionaba cierta
flotabilidad positiva al buque, aunque no la suficiente para que la toma de aire de los
motores disel, situada en la torreta, a popa de la escotilla, quedara sobre la superficie de
las olas. Esto se iba a lograr aprovechando aquella burbuja, la accin de los timones y el
mximo impulso que pudieran proporcionar los motores elctricos.
Preparados para soplar con exhaustaciones! orden ahora Lemp.
Casi inmediatamente, el submarino se puso horizontal por efecto de la nueva
posicin a bajar de los timones de profundidad de popa, y Lemp observ que la aguja del
manmetro de profundidad de precisin, que sealaba slo hasta los 30 metros de cota, ya
estaba sobre la parte ms llena del dial, que representaba la lnea de flotacin comprendida
entre la escotilla de la torreta y la cubierta exterior del buque.
Para estribor y embraga disel! mand el teniente de navo, y la orden fue
inmediatamente cumplimentada en la cmara de motores.
Abre entrada de aire a disel! continu el comandante. Arranca disel y
sopla!
Rugi uno de los dos motores principales, e inmediatamente el jefe de mquinas y

uno de los mecnicos comenzaron a actuar, como dos posesos, sobre el piano de vlvulas
de soplado, pero hacindolo con la mayor exactitud y en el momento preciso, pues un
retardo en abrir aquellas vlvulas poda hacer reventar las tuberas, ya que la exhaustacin
del poderoso motor no iba dirigida al exterior, sino a los lastres, con el fin de expulsar el
agua de los mismos sin necesidad de gastar aire comprimido. Por otra parte, un adelanto
habra resultado igualmente nefasto, pues hubiera supuesto la entrada de agua en los lastres
de las atomizadoras del motor, dejndolo inmediatamente fuera de servicio. Adems, las
vlvulas tenan que ser cuidadosamente abiertas o estranguladas, a fin de lograr que los
diversos lastres se vaciaran sin variar apreciablemente el asiento del buque al ir
emergiendo.
Este trepidaba segn los gases de exhaustacin desalojaban el agua, y el vaivn de
las olas tambin se haca sentir con mayor fuerza. Poco despus, el comandante dio la
orden de parar el otro motor elctrico y, a una seal suya, se abri el cierre estanco del tubo
acstico que comunicaba con la torreta exterior, a fin de igualar la presin interior del
buque con la de la atmsfera. El aire silb por all un momento. Despus, uno de los
serviolas hizo girar con presteza el volante de la tapa de la escotilla, levant sta y trep por
la escala, saliendo a la todava chorreante y fra torreta. Recorri rpidamente con la vista
todo el horizonte nocturno y grit a los de abajo: Libre!
La maniobra haba terminado. Lemp quiso emerger as porque uno de los
compresores se haba averiado y prefiri economizar aire. Ahora, el comandante del U-30,
el oficial de guardia y cuatro serviolas salieron a la tibia y suave noche de verano, a la
noche siempre bruja y llena de misterio, colmada de centelleantes estrellas y de caprichosas
nubes, pero tambin de indefinidas amenazas en aquella primera singladura de guerra. A la
noche que siempre nos impone un poco, nos trae al alma secretos anhelos y vagas
esperanzas, y al mismo tiempo, al levantar ese teln azul que durante el da nos envuelve
velndonos el cosmos, nos deja cara a cara con un trozo del insondable y amedrentador
infinito que por todas partes nos rodea.
El submarino alemn, sobresaliendo apenas entre los movedizos lomos de las olas,
como un cetceo, continu cruzando sobre la derrota martima que normalmente enlaza el
canal del Norte, entre Irlanda y Escocia, con Norteamrica. Al cabo de algn tiempo, una
sombra oscura se proyect un instante sobre el leve resplandor producido en la mar por una
luna mortecina; entonces se arranc y embrag el otro motor disel principal, y el
submarino cambi de rumbo.
Lemp sinti cmo el corazn le lata ms deprisa dentro del pecho, y se pregunt si
se tratara de un buque de guerra enemigo, de una formacin naval inglesa o quiz de algn
atrevido y solitario mercante.
Pronto lo sabra, o al menos creera saberlo... Se aproxim con precaucin,
desconfiado, tratando de descubrir a otros posibles enemigos que, si le avistaban a l antes,
lo enviaran sin contemplaciones al fro abismo. Pero el desconocido navegaba solo, y se
trataba de un gran barco mercante con dos chimeneas avanzando con rapidez. Iba
completamente oscurecido y efectuaba un zigzag antisubmarino, lo que hizo entrar en
sospechas a los alemanes, pues bien podra tratarse de un crucero auxiliar britnico en
servicio de vigilancia. Tambin podra no serlo, pero si lo era y Lemp lo detena en la noche
para averiguar su identidad empleando el semforo luminoso, era casi seguro que el otro
tendra tiempo sobrado para cubrir con toda tranquilidad su artillera y, en el momento
preciso, hacer fuego y echarlos a pique. Y si slo se trataba de un transatlntico? Lemp
tena rdenes concretas de seguir los Convenios de Ginebra, a los que Alemania se haba

voluntariamente adherido en 1935, al firmar el acuerdo en Londres con los ingleses, y,


segn los cuales, antes de hundir un barco mercante enemigo haba que registrarlo, esperar
a que toda su dotacin lo hubiera abandonado en los botes salvavidas y comprobar que
stos se hallaban en buenas condiciones y que el estado de la mar no los pondra en peligro
de hundimiento.
Enfrentado con aquel dilema, ignoramos cules fueron en definitiva las
consideraciones que influyeron o pesaron en el nimo del teniente de navo Lemp al tomar
aquella decisin nefasta, pues este oficial desaparecera ms tarde al mando de otro
submarino, el U-110, echado a pique en mayo de 1941. Pero si se examina objetiva e
imparcialmente su conducta subsiguiente al torpedeamiento del Athenia, es evidente que,
en efecto, el oficial alemn haba credo habrselas con un crucero auxiliar enemigo.
El U-30 lanz un torpedo que alcanz al transatlntico en la cmara de mquinas.
Se produjo una gran llamarada rojiza y una blancuzca palmera de agua, y el enorme agujero
abierto en la obra viva permiti la entrada a bordo de una verdadera tromba lquida. Varios
pasajeros que se hallaban en cubierta fueron arrojados al mar por la violencia de la
explosin. Casi inmediatamente, un proyectil de can disparado desde el submarino surc
el aire como una centella luminosa y, pese a ir dirigido contra la caseta de la radio del
Athenia, alcanz el mstil de proa del transatlntico, derribndolo con estrpito sobre la
obra muerta.
Pero tras aquellas dos acciones consecutivas, el submarino alemn pareci quedar
paralizado. No se repiti el caonazo ni se lanz otro torpedo, y tampoco el comandante
envi a bordo una dotacin de presa para acelerar o asegurar el hundimiento abriendo los
grifos de fondo del Athenia, o hacindole estallar una carga de dinamita bajo la lnea de
flotacin en cualquier punto vulnerable. Ni siquiera sus llamadas radiotelefnicas de auxilio
fueron interferidas. Y es que los alemanes, desde muy corta distancia del barco torpedeado,
fueron crispados testigos del espantado gritero producido por ms de un millar de aterrados
pasajeros, que se abalanzaban a los botes salvavidas o se arrojaban al agua. Pero los que
gritaban eran mujeres y nios!, es decir, inocentes vctimas que no podan marinar ningn
crucero auxiliar. El capitn del Athenia, creyendo que el barco se hunda rpidamente y que
si no lo haca sera caoneado o vuelto a torpedear, orden el abandono del transatlntico.
Este, ya totalmente parado, se bamboleaba pesadamente sobre las olas, algo hundido de
popa, pero en realidad no se ira a pique hasta la maana siguiente, casi catorce horas
despus del ataque.
Cuando un barco de pasajeros se hunde en alta mar, la confusin suele ser
dramtica, mxime si es de noche y el pasaje sabe que un submarino enemigo est al
acecho y trata quiz de darle el golpe de gracia. En las atestadas escalas, pasillos, lugares de
reunin para abandono de buque y cubiertas rein un terrible desorden provocado por el
pnico y la histeria. A duras penas podan los oficiales imponerse para tratar de repartir y
dirigir a las mujeres y los nios, algunos recin levantados de sus literas, hacia los botes
salvavidas. La tira de uno de stos, cargado ya con cincuenta personas, se parti de pronto
al iniciarse el arriado. La embarcacin cay violentamente, quedando colgada del otro
aparejo, balancendose y arrojando al agua a todos sus ocupantes. Los gritos y el
desconcierto aumentaron. El comandante del U-30, apesadumbrado ante aquella catstrofe
que era ya irreversible, no quiso ver ms y decidi alejarse.
Las seales de socorro del Athenia fueron recogidas por el petrolero noruego Knute
Nelson, que lleg hacia la medianoche al lugar del naufragio e inici el salvamento de los
pasajeros y tripulantes del transatlntico. Pero haba marejada y en la noche es difcil

calcular bien las distancias y los movimientos, y uno de los botes salvavidas se meti
accidentalmente en la popa del petrolero, siendo alcanzado y hundido por una de las palas
de la hlice, todava en movimiento. Nuevos horrores! Pero el noruego pudo por fin izar a
bordo a 430 personas. Por su parte, el vapor Southern Cross, que lleg poco despus,
rescat a ms de 300. Tambin acudi el carguero norteamericano City of Flint, con el que
volveremos a encontrarnos, que recogi a 223 pasajeros del Athenia, y de madrugada
llegaron dos destructores britnicos, que se ocuparon de los que quedaban. Pero del total de
1.418 personas, entre pasaje y tripulacin, resultaron muertas por la explosin o se
ahogaron 112, de las que 28 eran norteamericanos. As de trgicamente dio comienzo la
guerra submarina alemana, ya que ste sera el primer hundimiento que habra de
producirse en la segunda guerra mundial, el primero de los 2.603 barcos que echaran a
pique los submarinos alemanes, el primero de los 4.786 mercantes britnicos, o al servicio
de stos, que seran hundidos en el transcurso de la lucha, arrastrando consigo al abismo a
35.000 hombres.
Ni que decir tiene que la infortunada accin del U-30 desencaden una mutua y
virulenta campaa de acusaciones, insultos y recriminaciones entre los pases
contendientes, que, en realidad, no cesara hasta despus de haber terminado la contienda,
casi seis aos ms tarde. Todos los servicios de difusin ingleses hicieron inmediatamente
conocer al mundo aquel acto de pretendido salvajismo cometido por un submarino alemn,
y los primeros sorprendidos fueron Hitler, Raeder y el mismo comodoro Doenitz, que no
podan creer que alguno de sus submarinistas hubiera desobedecido las rdenes de respetar
estrictamente los Convenios de Ginebra. Como el U-30 no poda explicar lo sucedido para
no delatar su posicin al hacer uso de la radio y no regresara a Alemania hasta finales de
septiembre, los dirigentes germanos, no creyendo la veracidad de las acusaciones enemigas
y recordando que el hundimiento del Lusitania, en 1915, por un submarino alemn haba
sido una de las causas de la declaracin de guerra de Estados Unidos en 1917, replicaron
acusando a Winston Churchill de haber colocado un bomba de relojera en el Athenia, que
llevaba ms de trescientos pasajeros norteamericanos, con el fin de poner en contra de
Alemania a la opinin pblica de Estados Unidos.
Como hemos visto, en realidad este hundimiento fue un lamentable error. Cuando
Lemp regres a Alemania y se declar autor y culpable del torpedeamiento del Athenia, era
demasiado tarde para rectificar y se prefiri dejar las cosas como estaban; al fin y al cabo,
ya no tenan remedio! El oficial fue arrestado y se hizo jurar a la dotacin del submarino
que guardaran absoluto silencio sobre el desgraciado hundimiento. Por nuestra parte,
lamentando la suerte del Athenia y de sus tripulantes y pasajeros, slo queremos sealar
que esta clase de incidentes tienen lugar en todas las guerras y a nadie especficamente se
puede juzgar por ellos.
***
El hundimiento del Athenia tuvo tambin otras consecuencias. Los ingleses
establecieron inmediatamente el sistema de convoyes en el Atlntico Norte. Esta medida
presentaba serios inconvenientes, pero no pareci quedar otra alternativa. Los barcos
mercantes navegaran a partir de ahora agrupados, es decir, en conserva, e iran
debidamente escoltados por buques de guerra. Pero el sistema supona que, para que las
necesarias y vitales mercancas continuaran llegando a Gran Bretaa en la cantidad y con la

frecuencia necesarias, haba que emplear muchos ms barcos de transporte, con la


inevitable secuela de que la Merchant Navy absorbera ms gente y consumira mayor
cantidad de combustible, aparte de que los buques de guerra de la escolta no podran ser
utilizados en otras misiones.
Otra importante medida que tomaron los ingleses a raz del hundimiento del
Athenia fue artillar a todos sus barcos mercantes, con el fin de que pudieran defenderse de
los submarinos cuando stos intentaran detenerlos al can. Ello no tena por finalidad
evitar el hundimiento, sino obligar a aqullos a emplear sus torpedos, elementos caros y
escasos en nmero a bordo de un sumergible, que, una vez sin ellos, se vera obligado a
regresar a su base. Slo en los tres primeros meses de guerra quedaron artillados ms de un
millar de barcos ingleses, operacin que continu despus hasta que no hubo uno solo que
no montara varios caones y ametralladoras. Pero esta medida era tambin un arma de dos
filos, pues, segn los Convenios de Ginebra, daba pie a que los submarinos alemanes
atacasen sin previo aviso si sus comandantes apreciaban que el armamento de los barcos
mercantes se utilizaba con fines agresivos...
En realidad, tales y tan manoseados convenios resultaban completamente
anacrnicos, pues si un avin poda atacar a los barcos-mercantes sin previo aviso, no
exista razn alguna para que no pudiera hacerlo un submarino. En ellos se ve el peso e
influencia de Gran Bretaa, interesada en cortar las posibilidades de un arma que haba
estado a punto de hacerles perder una guerra y que, como veremos ms adelante, volvera a
estarlo. Durante las dos contiendas mundiales, al tardar tanto tiempo en declarar la guerra
submarina sin restricciones, los alemanes mostraron unas vacilaciones y titubeos tan
inexplicables como perjudiciales para ellos mismo. Tras el ataque japons a Pearl Harbour,
el almirante norteamericano Nimitz orden a sus submarinos echar a pique a los barcos
mercantes japoneses sin previo aviso de ninguna clase. Y los mismos ingleses, a partir del 8
de mayo de 1940, ordenaron a sus buques hundir sin advertencia previa a todos los barcos
entrados de noche en el Skagerrak.
Por su parte, tras el hundimiento del Athenia, el Gobierno alemn prohibi a los
comandantes de sus submarinos que atacasen a ningn transatlntico enemigo, ni siquiera
en el caso de que formara parte de un convoy escoltado, orden que se mantuvo hasta el mes
de agosto de 1940, es decir, durante casi un ao. Tambin se prohibi atacar a los barcos
mercantes franceses, pues Hitler crea todava que, tras la conquista de Polonia, podra
hacerse una paz con Francia y Gran Bretaa que salvase para stas las apariencias.
Como en tiempos de Catalina II, la joven princesa alemana que hbilmente se
convertira en autcrata de todas las Rusias, y de Federico el Grande, Polonia fue una vez
ms dividida y repartida entre Alemania y Rusia, dejando de existir como Estado soberano.
Pero la pasividad de Francia y de Gran Bretaa durante la campaa relmpago alemana y la
agona de su aliada fue absoluta y enga a Hitler, quien, con el mismo orden de cosas
apuntado, prohibi tambin actuar contra el trfico martimo enemigo a los acorazados de
bolsillo Deutschland y Graf Spee. Despus, liquidada Polonia y viendo que todos sus
movimientos de paz resultaban intiles, levant dicha prohibicin el 26 de septiembre.
Pese a tantas restricciones, los submarinos alemanes continuaban atacando a barcos
mercantes britnicos y, al finalizar el primer mes de guerra, ya haban hundido a cuarenta
cargueros.
Pero Gran Bretaa, gracias a su poderosa flota, impuso inmediatamente un
rigurossimo bloqueo a Alemania, que afect incluso a pases neutrales, quienes tuvieron
que aceptar una lamentable serie de humillaciones sin poder hacer otra cosa que elevar

intiles protestas. Por otra parte, la Armada britnica barri literalmente los mares de
barcos mercantes enemigos, perdiendo la flota comercial alemana, en los primeros meses
de guerra, ochenta y ocho magnficas y modernas unidades que trataron a todo riesgo de
alcanzar la patria. Treinta y uno de estos barcos fueron capturados por los ingleses. El resto
resultaron hundidos en las ms diversas circunstancias: algunos por las propias dotaciones,
para evitar su apresamiento; otros fueron echados a pique al intentar escapar; varios
saltaron en los campos de minas; uno se estrell contra un iceberg... Muchos se refugiaron
en puertos de pases neutrales, siendo ms tarde utilizados como avitualladores de
submarinos y de buques corsarios. Pero algunos tuvieron ms suerte y pudieron llegar a la
bloqueada Alemania.
El transatlntico de 52.000 toneladas Bremen sali de Nueva York en la noche del
30 de agosto de 1939 y, tan pronto estuvo en franqua, su dotacin procedi a cubrir con
pintura de color gris oscuro todo aquello que en el exterior pudiera reflejar alguna luz. Al
mismo tiempo se sacaron de las bodegas los barriles de petrleo que iban a bordo,
repartindose por el transatlntico, con objeto de incendiarlo si era detenido por buques
aliados. Haciendo una derrota muy alta y aprovechando nieblas y borrascas, logr burlar el
bloqueo ingls, perfectamente advertido de su salida, y refugiarse en Murmansk, pudiendo
desde el norte de Rusia navegar despus hasta Alemania.
Otros no tuvieron esa fortuna. El transatlntico germano de 32.600 toneladas
Columbus zarp de Veracruz el 14 de diciembre de 1939, a 22 nudos, con la para los
alemanes indeseable escolta del crucero norteamericano Tuscaloosa. Nada tiene de extrao
que, cinco das ms tarde, surgiera en el horizonte el destructor britnico Hyperion, que se
aproxim a toda mquina al transatlntico alemn y le dispar un caonazo por la proa.
Esto lo haban previsto los del Columbus. Pararon las mquinas y la tripulacin embarc en
todos los botes menos en dos. Veinte hombres haban quedado a bordo. Diez de ellos
abrieron con rapidez los grifos de las sentinas, mientras los dems vaciaban numerosas latas
de gasolina sobre la cubierta de botes. Previamente haban preparado un pequeo reguero
que terminaba en los abiertos tanques de combustible del transatlntico. El ltimo en
embarcar en los dos salvavidas que quedaban fue el capitn, Daehne, quien un momento
antes prendi fuego al inflamable lquido. El resultado fue fulminante. En dos minutos, el
gran transatlntico era una crepitante y rugiente antorcha que estallaba y a cien metros del
cual no se poda permanecer.
Los botes salvavidas se dirigieron al crucero norteamericano, que no tuvo ms
remedio que recogerlos y dejarlos en tierra. Era lo menos que poda hacer!
Pero no slo qued paralizado el trfico martimo alemn en todos los mares del
globo, sino que las capturas germanas de pescado disminuyeron, de 700.000 toneladas
anuales a 150.000.
***
El primer buque de guerra alemn que result hundido fue un submarino, el U-39,
echado a pique el 14 de septiembre. Sera el primero de los 636 submarinos alemanes que
se iran al abismo en toda la contienda, sin contar los de bolsillo y los hundidos en puerto.
Patrullando en inmersin a unas 150 millas de las islas Hbridas, el teniente de
navo Glattes avist un portaaviones a travs del periscopio y, en cuanto pudo, le lanz una
salva de cuatro torpedos. Los peces metlicos iban bien dirigidos, y desde el sumergible se

oa el ruido de sus encontradas hlices al alejarse velozmente. El oficial alemn continu


observando el exterior por el periscopio, pensando, a medida que transcurran los segundos
sin variaciones, que aquel barco de guerra estaba ya sentenciado. Pero la suerte haba de
jugarle una mala pasada.
A bordo del portaaviones Ark Royal, el cabo guardabanderas J. E. Hall miraba
distradamente sobre el mar desde el elevado puente de seales, cuando inesperadamente y
con gran sobresalto se dio cuenta de que aquellos que le haban parecido juegos de luces
sobre las aguas eran en realidad tenues estelas de burbujas de aire que escapaban de varios
mortferos torpedos dirigidos directamente hacia su buque. Avis inmediatamente al oficial
de guardia, y ste, sin pararse a comprobar el avistamiento, orden meter toda la caa hacia
los torpedos y aumentar velocidad, a fin de presentar un mnimo blanco y tratar de zafarse
de aquel haz mortal. Los artefactos alemanes pasaron rozando el buque, y uno de ellos
estall en su estela, apenas chamuscando la pintura del codaste del poderoso y flamante
portaaviones de 22.000 toneladas.
Sin embargo, pese a la maniobra del Ark Royal y en buena ley, todos los torpedos
tenan que haber hecho explosin, ya que pasaron a muy pocos metros de aquella
formidable masa de acero y llevaban espoletas magnticas. Mala suerte la de Glattes! Los
destructores Faulkner, Foxhound y Firedrake observaron y recorrieron velozmente a la
inversa las estelas de los torpedos alemanes.
La curiosidad tal vez perdi al teniente de navo germano. Todava a poca
profundidad, con todos los lastres inundados, los motores elctricos avante toda y una
inclinacin al abismo de ms de 25 grados, la explosin muy prxima de varias salvas de
cargas de profundidad le hicieron salir a toda prisa a superficie, con tales averas, que el U39 se fue casi inmediatamente a pique, siendo hecha prisionera toda su dotacin, de
cuarenta y tres hombres.
Este submarino haba sido vctima de un defecto de los torpedos alemanes, que
durante mucho tiempo habra de causar numerosos fracasos a los submarinistas germanos y
grandes quebraderos de cabeza a los mandos de la Kriegsmarine. El aparato regulador de
profundidad (compuesto en esencia por una placa hidrosttica y un pndulo) no funcionaba
debidamente, y los torpedos navegaban a mayor profundidad que la que se les daba
momentos antes de ser lanzados, lo cual originaba fallos y explosiones prematuras en las
espoletas electromagnticas con que iban provistas las cabezas de combate de estos
artefactos.
Pero no siempre la suerte, esa voluble seora!, acompaara a los portaaviones
britnicos. Tres das ms tarde, un submarino alemn, el U-29, se encontraba patrullando
doscientas millas al oeste de Irlanda, con la mar casi en calma y sobre la derrota que va
desde el canal de la Mancha hasta Norteamrica. La presencia de un avin haba obligado
al U-29 a permanecer sumergido a cuarenta metros de profundidad durante un tiempo que
su comandante, el teniente de navo Otto Schuart, consider prudencial. Cuando volvi a
cota periscpica, y por razones de seguridad, este oficial ech una mirada al cielo antes que
al horizonte. Su periscopio de ataque dispona para ello de un espejo situado en el interior,
que l poda controlar con la mano derecha y que le permita dirigir la vista desde 15 por
debajo del horizonte hasta 70 sobre el mismo. Tras comprobar que el avin haba
desaparecido, Schuart comenz a examinar la mar, descubriendo a poco lo que inicialmente
le pareci una mancha oscura, pero que luego se materializ en un portaaviones britnico
que navegaba confiado en direccin al submarino.
El teniente de navo trag saliva. La distancia era grande, pero pronto pudo avizorar

la parte superior del puente y el mstil de uno de los destructores de la escolta


antisubmarina. Inform a la dotacin de lo que vea, mand moderar a velocidad silenciosa
y alistar cuatro torpedos. Despus sigui observando. Otros destructores se hicieron pronto
visibles, y luego surgieron dos aviones. Unos y otros se movan, en sus respectivos medios,
haciendo un largo zigzag, y el mismo portaaviones navegaba a veces hacia el U-29 y otras
hacia fuera, es decir, se alejaba y aproximaba arrtmicamente. Esta situacin se prolong
durante bastante tiempo, tiempo que a Schuart le pareci demasiado largo. El teniente de
navo se dio cuenta de que el sudor ya humedeca su frente. Aquello era como un juego,
juego muy peligroso para Schuart, y pareca como si el enorme buque de guerra no llegara
jams a aproximarse lo suficiente para poder lanzar sobre l con ciertas posibilidades de
xito. En el submarino nadie hablaba. Los minutos se desgranaban tensos, la atmsfera era
pesada, y slo se oa el suave ronroneo de los motores elctricos. Todos saban que, en
presencia de destructores y de aviones especializados sin duda en cazar y destruir
submarinos, la situacin era cada vez ms arriesgada para el U-29. As transcurri ms de
una hora!
Schuart empezaba ya a maldecir interiormente su mala suerte, cuando
inesperadamente el portaaviones cambi de rumbo, cayendo unos setenta grados hacia el
submarino. El alemn pens que sin duda haba aproado al viento para lanzar o recoger sus
aviones y que, pese a la gran distancia, aquello lo iba a poner pronto a su merced. La luz del
sol de la tarde se colaba ahora directamente por el periscopio y le cegaba, por lo que tuvo
que interponer varios filtros en el aparato, pese a lo cual solo poda ver el blanco con
dificultades. Pero supuso que no haba alterado su andar, pues los bigotes de espuma que
levantaba con la roda permanecan invariables. Segn el telemetrino de su telescopio, 7 la
distancia al buque ingls era todava muy grande, pero resultaba muy peligroso dejar que se
aproximara ms, pues uno de los destructores de la escolta estaba ya a menos de mil metros
del U-29; as que Schuart apunt cuidadosamente y mand hacer fuego. Inmediatamente se
dej caer a sesenta metros de profundidad.
***
A bordo del portaaviones Courageous, el personal que se hallaba en el puente y en
la cubierta de vuelo observaba la llegada de uno de los aviones del buque, que se dispona a
anavear. El portaaviones de 240 metros de eslora, artillado con diecisis caones de 120
mm y con capacidad para cincuenta aviones, era un gigantesco buque de impresionante
franco bordo, gran chimenea y porte majestuoso, cuya cubierta de vuelo no cubra por
completo el castillo de proa. Proceda de la transformacin de un crucero de batalla, y como
tal haba sido entregado a la Armada britnica en 1917. Entre 1924 y 1930 fue transformado
y convertido en portaaviones, desmotndosele, por supuesto, la coraza, as como la cubierta
blindada. Tena una velocidad de 30 nudos y su dotacin la componan 1.126 hombres.
El avin se acercaba hasta el buque volando relativamente despacio y ms bien alto,
aproximndose por la popa hacia la cubierta de vuelo. Un momento despus pareci como
si se desplomase con cierta brusquedad, pero en realidad sus ruedas rebotaron slo
ligeramente, el aparato rod algunos metros sobre la cubierta y luego, una vez que su
gancho de cola trab uno de los cables de frenado que atravesaban aqulla, fue bruscamente
detenido. Haba efectuado un anaveaje perfecto. Dos hombres corran por la cubierta a fin
de librar al aparato del cable y permitirle dirigirse con su motor hacia uno de los

ascensores, cuando el portaaviones fue alcanzado, simultneamente, por dos torpedos


disparados por el U-29. Se sintieron sendos estampidos y fuertes sacudidas que desplazaron
al gran buque lateralmente. Bajo la flotacin, a la banda de babor y en mitad de la eslora del
portaaviones, la formidable explosin haba desfondado el casco del Courageous, que
comenz inmediatamente a escorar a la banda herida a causa de la rpida entrada del agua.
Los destrozos producidos en las cmaras de mquinas y de calderas hicieron que se
apagaran todas las luces del interior, y como el hundimiento pareca rpido e inminente, se
orden a la dotacin trasladarse a la cubierta de vuelo. Poco ms tarde, despus de recibir el
informe del jefe de seguridad sobre los irreparables daos y el incontenible avance del
agua, el comandante del portaaviones, capitn de navo Makeig-Jones, aceptando lo
inevitable, dio personalmente, desde el puente y a travs de un megfono, la pattica orden:
Abandon ship! Every man for himself! (Abandono del buque! Slvese quien
pueda!)
Tan slo en algunos minutos la situacin haba cambiado dramticamente a bordo
del poderoso portaaviones.
Se arriaron todas las balsas y botes, y muchos marineros comenzaron a lanzarse al
agua con los salvavidas puestos. La escora del Courageous aumentaba por momentos. Los
hombres salan por los espacios de ventilacin del hangar y se deslizaban por el costado de
estribor, descolgndose hasta el bulge y luego hasta la quilla de balance. Finalmente
saltaban al agua. Pero la altura era grande, todo estaba resbaladizo y se corra el riesgo de
golpearse contra las aceradas planchas del abultado vientre del gigante, que segua
inclinndose cada vez ms. Los que se hallaban en el puente y no quisieron abandonar el
buque hasta que el ltimo de los marineros hubiera saltado por la borda vieron cmo,
inexorablemente, la descomunal cubierta de vuelo, de ms de treinta metros de manga, se
iba hundiendo bajo sus pies hasta quedar completamente vertical. En el hangar, los aviones
rompan las trincas y se estrellaban y deshacan contra el costado. Los hombres que todava
quedaban a bordo tenan ya que desplazarse gateando. Todo lo que no estaba fuertemente
trincado rodaba peligrosamente, y en el interior del buque se escuchaban golpes fuertes y
sordos.
Sobre la mar, dos de los destructores de la escolta antisubmarina atacaban ya con
cargas de profundidad al U-29, mientras los otros se haban acercado velozmente al
portaaviones y puesto todos sus botes en el agua para recoger a los nufragos.
El gran buque qued un momento recostado sobre la mar, como si en el ltimo
instante se resistiera a hundirse. Despus prosigui su rolido fatal, cada vez a mayor
velocidad, desapareciendo poco ms tarde entre remolinos de agua y manchas de petrleo,
llevndose consigo a 515 hombres de su dotacin, entre ellos a su comandante, y
arrastrando tambin al abismo a 24 aviones. En menos de media hora desde su
torpedeamiento, el Courageous yaca, para siempre, silencioso e inmvil, en el fondo del
ocano Atlntico. Los submarinistas alemanes haban conseguido una de sus ms
importantes victorias de toda la guerra!
La BBC de Londres anunci este grave desastre de la Armada britnica; entre la
poblacin de Alemania se produjo una ola de entusiasmo, y en todo el mundo se volvi a
hablar de los legendarios ases submarinistas alemanes de la gran guerra. Hitler acudi
personalmente a Wilhelmshaven para recibir y condecorar a la dotacin del U-29. Pronto
tendra que repetir la ceremonia!
***

El hundimiento del Courageous caus gran sensacin, pues los portaaviones, que
todava no haban sufrido la pragmtica prueba de la guerra, tenan grandes detractores
dentro y fuera de todas las marinas y, en general, debido a su falta de blindaje y a la gran
cantidad de gasolina que llevaban a bordo, eran tenidos por buques muy vulnerables.
El golpe de suerte del U-29 pareci dar la razn a sus adversarios, obtenindose en
ciertos casos precipitadas conclusiones, que luego, en el transcurso de la guerra, se
mostraran totalmente falsas. As, en Francia, el almirante Darla orden paralizar la
construccin del portaaviones Joffre, de 18.000 toneladas, y en Alemania, el Estado Mayor
de la Armada imparti la siguiente directiva respecto al Graf Zeppelin: Por el momento no
es particularmente necesario que el portaaviones G.Z. opere en esta guerra. En todo caso, su
construccin debe ocupar un segundo puesto respecto a las obras ms urgentes del plan de
movilizacin. Ms adelante sera definitivamente abandonada, pese a que poda haber
quedado listo en 1940. Igual que al comenzar la guerra se haba abandonado la del
Germania, rebautizado Peter Strasser, que todava estaba en grada. Pero ya se sabe que
errare humanum est.
Respecto a los ingleses, la escuela antisubmarina partidaria de la ofensiva, que
preconizaba la caza y destruccin de los sumergibles enemigos por el ancho ocano, en vez
de aguardar que fueran ellos los que se delatasen al intentar atacar, sufri un rudo golpe con
el hundimiento del Courageous, cazador que haba resultado cazado, e inmediatamente se
retiraron todos los grupos antisubmarinos cuyo ncleo estaba constituido por un
portaaviones. Dicha escuela antisubmarina no volvera a revivir hasta mediados de 1943, en
que obtendra buenos resultados, durante un breve perodo de tiempo, en el golfo de
Vizcaya. Pero en el balance final de toda la contienda se mostr muy inferior, en sus
resultados y rendimiento, a la defensiva, que abogaba por la proteccin de los convoyes
con portaaviones de escolta y buques antisubmarinos, para dar all la batalla a los escualos
de acero.
***
A mediados de 1940, aprovechando un breve perodo de reparaciones a que fue
sometido su submarino en un astillero alemn, Gunther Prien, ya ascendido a capitn de
corbeta, escribi un libro en que, con unas cuantas pinceladas no exentas de colorido y de
buena literatura, sucintamente nos narra su vida. La vida de un muchacho pobre que
abandona su hogar materno para ingresar en la marina mercante y, desde abajo, ir
ascendiendo trabajosamente, hasta llegar, a los veinticinco aos de edad, a obtener el ttulo
de capitn.
Sus aventuras en el viejo velero alemn Oldemburg, de tres palos y aparejo de
fragata, con el que visit Estados Unidos e Inglaterra y a bordo del cual naufrag en los
bajos del canal de San Jorge, nos traen la nostalgia de los viejos y duros tiempos de los
veleros y tambin el recuerdo de otro hroe de guerra alemn, el conde Flix von Luckner,
que tambin se escap de su casa para ver mundo, se hizo luego marino mercante, pas
despus a la Armada y, ya en plena gran guerra, forz el bloqueo britnico y se lanz a una
guerra de corso por todos los mares al mando de un velero!, el Seeadler, con el que corri
una serie de peripecias y aventuras realmente novelescas.

Perdido el Oldemburg, Prien consigue embarcar como oficial en varios cargueros y


transatlnticos de vapor, hasta que obtiene el ttulo de capitn. Y entonces, cuando, tras
ocho aos de trabajos, penalidades y riesgos, cree haber llegado a la cima de su carrera y
parece que por fin la suerte le sonre, sta le vuelve inesperadamente la espalda y queda en
absoluto paro forzoso. Alemania atraviesa todava una grave depresin econmica como
consecuencia de la perdida guerra, y la mayora de los barcos de su flota mercante
permanecen obstinadamente amarrados en cualquier rada o muelle olvidado, soando
quizs con unas singladuras imposibles.
Tras infructuosos intentos, gastados todos sus ahorros, pero sin desmoralizarse,
primero se alista como bracero en un campamento de trabajo y luego ingresa en la Marina
de Guerra. Pero otra vez da comienzo a una nueva carrera desde abajo! Ello revela el
temple de este hombre tenaz y valeroso que, ya submarinista, iba a pasar bruscamente del
absoluto anonimato al pinculo de la fama, habiendo sido probablemente uno de los hroes
ms famosos de la segunda guerra mundial en todos los pases del globo.
Buen libro el que nos dej Prien sobre algunos aspectos de su vida.
Infortunadamente, habiendo sido escrito en plena guerra y no pudiendo el marino alemn
desvelar algn secreto que pudiera aprovechar el enemigo en contra del arma submarina
germana, falsea la entrada y salida en Scapa Flow, as como el ataque mismo. Ello resultaba
completamente obligado en 1940. Otra cosa tampoco le habra sido permitida. Pero
prescindiendo de dichos pasajes, la realidad de los cuales conocemos bastante bien a travs
del cuaderno de bitcora del U-47 y de los dos nicos testigos oculares supervivientes del
glorioso buque, el libro de Prien nos resulta tan interesante ahora, ledo casi treinta aos
despus de su muerte, como lo fue cuando lo hicimos la primera vez en la Escuela Naval
Militar de San Fernando, hace otros tantos aos.
***
El submarino yaca silencioso e inmvil sobre el oscuro fondo del ocano,
fantasmagrico, como un gigantesco cohombro de mar, suavemente mecido por la marejada
que restallaba furiosa noventa metros ms arriba. A bordo del buque, ni un solo aparato se
hallaba en funcin, ningn hombre se mova, apenas alguna luz mortecina rompa la
oscuridad, y el nico ruido que de vez en cuando se perciba era el chirrido de la quilla
contra la arena y la gravilla del fondo y el leve goteo de la condensacin al caer sobre las
metlicas planchas de los tecles. La atmsfera era pesada y, aunque nadie hablaba, los
hombres de la dotacin del U-47 se hallaban vivos y trataban de dormir y no hacer
movimiento alguno a fin de economizar el oxgeno.
El comandante permaneca en su litera con los ojos abiertos. Tena la mano derecha
apoyada sobre el forro que cubra el duro casco de acero que les separaba del aquel mundo
hostil y tenebroso de las profundidades del mar del Norte, y pensaba que tal vez, algn da,
aquel medio extrao constituira su propia tumba. Hizo un esfuerzo por apartar de la mente
una idea que insistentemente le atormentaba y luego, casi sin darse cuenta, ech una mirada
retrospectiva a los acontecimientos de los ltimos das. Se vea a s mismo en Kiel, dos
semanas atrs, en la cmara de oficiales del buque nodriza de submarinos Hamburg,
charlando, ante unas buenas jarras de cerveza negra alemana, con los comandantes de otros
buques germanos. Entonces le haba llegado el aviso de que el comodoro deseaba verle.
Recordaba la penetrante mirada de Doenitz, que pareca querer examinarlo por dentro, y

despus la breve y sencilla exposicin de su proyecto: un proyecto que al principio le dej


sin aliento, pero luego comenz a fascinarle como un vrtigo, deslumbrndole como slo
sabe hacerlo la Gloria, esa diosa irresistible a los hombres de verdadero temple. Porque el
plan era, ni ms ni menos, que tratar de forzar con un submarino la ms importante base
naval del enemigo, la hasta entonces inexpugnable Scapa Flow!
No me conteste ahora haba terminado el comodoro. Llvese estas
fotografas, las cartas nuticas y estos informes, piense en ello y venga a verme maana.
Despus Doenitz le tendi la mano y, a guisa de saludo, aadi:
No necesito decirle que el ms absoluto secreto es indispensable.
***
Las Oreadas! Un puado de islas, desarboladas y relativamente bajas, pues
ninguna rebasa los 450 metros de elevacin, colocadas como una cimera al norte de
Escocia! Tres de las islas principales de este archipilago, otras tres menores y varios
islotes forman en su parte meridional una amplia y bien abrigada ensenada, la de Scapa
Flow, en unas latitudes tan frecuentemente barridas por las borrascas. Desde tiempo
inmemorial, esta ensenada haba sido utilizada por los vikingos cuando sus puertos
escandinavos quedaban helados al llegar el invierno o cuando hacan la guerra con los
escoceses. Es casi seguro que algunos buques de nuestra malhadada Gran Armada se
refugiaron cierto tiempo all durante su retirada hacia Irlanda. Retirada en la que se
perdieron treinta naves hundidas por los desatados elementos naturales! Despus slo
quedaron en las Oreadas unas cuantas familias de pescadores que, cuando no podan
hacerse a la mar a causa de las tormentas, se dedicaban a la cra de ganado lanar.
Poco antes de estallar la guerra europea, el primer lord del Mar, sir John Fisher,
deseando encontrar en la costa oriental britnica una base lo suficientemente amplia y
segura para la gran flota, se fij en Scapa Flow. Pero en el Almirantazgo nadie supo decirle
qu sondas tena aquella rada, y a toda prisa hubo que enviar un buque hidrgrafo a las
Oreadas. Exista un bajo en Scapa Flow, pero el fondo promedio era superior a los trece
metros. Tambin se descubri que en el Pentland Firth, paso situado entre Escocia y
aquellas islas, la corriente tiraba hasta 14 nudos, pero, segn Fisher, por comparacin,
Scapa Flow era como un estanque.
En 1914, la gran flota britnica se traslad a Scapa Flow cuarenta y ocho horas
despus de declararse la guerra, tenindola como base hasta dos aos antes de terminar la
contienda, en que, considerndose ya a la escuadra inglesa con suficiente superioridad
sobre la flota alemana, se la llev a Rosyth con el fin de poder utilizar los arsenales de sta.
Con la flota hubo que trasladar tambin a la desolada rada del norte a barcos que sirvieran
de acomodo a los estados mayores, y buques nodriza, cantina, etc., as como improvisar
campos de golf y de tenis y galeras de tiro al blanco. Para obstruir algunas de las siete
entradas se echaron a pique viejo barcos cargados de cemento, y en las restantes se
instalaron redes antisubmarinas y campos de minas, asentndose tambin varias bateras de
costa.
En la noche del 9 de julio de 1917, una tremenda explosin sacudi a toda la base y
altsimas llamaradas se elevaron siniestras por encima de las islas prximas. El acorazado
Vanguard haba volado, y una torre completa de su artillera cay sobre la isla Flotta!
Sabotaje, explosin espontnea, quiz un submarino alemn que se perdi despus en el

viaje de regreso? Nunca se ha sabido.


Octubre de 1918. Un submarino alemn, tripulado nicamente por oficiales
voluntarios, pretende entrar en Scapa Flow para hundir el buque insignia del almirante
Jellicoe. El UB-116 es detectado visualmente cuando atraviesa el campo de minas
elctricamente controladas de Hoxa Sound y, en el momento preciso, alguien pulsa un
botn, haciendo saltar los artefactos y destruyendo al sumergible, en el que perece toda la
dotacin.
Terminada la guerra, la flota alemana, al mando del almirante Reuter, efectu su
rendicin en Scapa. El 21 de junio de 1919 se autohundan all once acorazados, cinco
cruceros de batalla, ocho cruceros y cuarenta y seis destructores alemanes. Los ingleses,
enfurecidos, dispararon contra los indefensos nufragos, matando al comandante del
acorazado Margraf, a un oficial, cuatro suboficiales y tres marineros.
Luego Scapa Flow queda prcticamente desierta. Slo algunos equipos de
salvamento trabajan con lentitud durante bastante tiempo para rescatar los buques alemanes
que yacen medio hundidos. Por las noches, las luces de las farolas saltaban silenciosas y
rtmicas de isla en isla, de risco en risco, de caleta en caleta, como si los luminosos haces
fuesen trasgos que se persiguieran entre las peas. As permanecieron durante veinte aos.
Al estallar la segunda guerra mundial en 1939, la Home Fleet se traslad a Scapa
Flow. All quedaron fondeados, a la gira, los acorazados Nelson, Rodney, Royal Oak y
Royal Sovereign, los cruceros de batalla Hood, Renown y Repulse, cinco cruceros y dos
flotillas de destructores. Teniendo en cuenta su situacin respecto al mar del Norte y la
existencia de una nueva y peligrosa arma: la aviacin, Scapa Flow, por su alejamiento de
Alemania y su posicin estratgica, era la base ideal para la flota britnica. Sin embargo, en
Londres, el primer lord del Almirantazgo, Winston Churchill, no dorma tranquilo. En la
noche del 14 de septiembre se traslad a Scapa, y se pas los dos das siguientes,
acompaado del almirante de la flota, inspeccionando las entradas, las redes antisubmarinas
y las dems defensas de la base naval. No qued completamente satisfecho y orden traer y
hundir ms barcos en los accesos orientales. Despus, a bordo del acorazado Nelson,
abandon las Oreadas rumbo a Escocia. Pero aquellos barcos no llegaran a tiempo!
Con otros fines, pero casi exactamente por las mismas fechas, el comodoro Karl
Doenitz estudiaba cuidadosamente en Berln las fotografas de Scapa Flow, tomadas a su
requerimiento por un avin alemn; lea detenidamente el informe elevado por el
comandante del U-16, que haba patrullado con su buque por aquellos parajes, acerca de los
faros, corrientes y barcos de vigilancia en las Oreadas, y examinaba tambin el Derrotero
del mar del Norte del Almirantazgo britnico, que en su parte primera describa
minuciosamente las islas Faeroe, las Shetland y las Oreadas.
Algunos das despus, el perspicaz marino germano llegaba a la conclusin de que
tres de las principales entradas de Scapa Flow (Hoxa Sound, Switha Sound y Clestrom
Sound) eran absolutamente infranqueables debido a los barrajes colocados por los ingleses,
pero que, pese a las fuertes corrientes de marea existentes, un submarino bien mandado
podra forzar la base navegando en superficie a travs de una de las entradas orientales, la
de Holm Sound, ya que entre los islotes que parcialmente cerraban este paso y los buques
hundidos all desde la primera guerra mundial exista espacio suficiente para un submarino,
el acceso no se hallaba vigilado y la contigua costa de Main Island estaba prcticamente
deshabitada. Segn declara l mismo, escogi a Gunther Prien porque posea todas la
cualidades militares y toda la habilidad marinera que eran necesarias. Los hechos
demostraran que no se equivoc en la eleccin.

***
Despus de la cena, y para evitar que en ningn caso el buque pudiera caer intacto
en manos del enemigo, se colocaron las cargas explosivas de autodestruccin a bordo del
U-47. Dos contramaestres y un torpedista, escogidos por su reconocida sangre fra, situaron
los explosivos en la cmara de mando, la de motores elctricos y la de torpedos de proa.
Aquellos hombres seran los ltimos en abandonar el submarino, despus de haber dejado
los detonadores encendidos.
Se colocaron torpedos de reserva en posicin de carga frente a los tubos 1 y 2, y,
despus de que el radiotelegrafista se cercior de que los hidrfonos no recogan ruido
alguno de hlices, el submarino alemn, como si fuera un raro monstruo de los abismos,
despeg del fondo y se remont verticalmente hacia la atmsfera. Una vez a cota
periscpica, y como Prien no consegua ver bien a travs de la lente, decidi salir a
superficie. Fuera soplaba una brisa glacial, y una extraa y difusa claridad se cerna sobre la
mar, mucho ms encalmada ahora que quince horas antes, cuando los alemanes se
sumergieron la ltima vez.
Se haba escogido para el ataque la noche del 13 al 14 de octubre, precisamente
porque no haba luna y la marea cambiaba de sentido a una hora conveniente, pero aquella
claridad, que provena de una intensa aurora boreal, dej a Gunther Prien desconcertado. La
mar estaba desierta, y los dos disel fueron puestos a media velocidad.
El cielo se iluminaba vivamente hacia el Norte, adquiriendo con brusquedad y
sucesivamente todos los colores del arco iris. Despus sobrevena una oscuridad total, pero
instantes ms tarde se repeta el fenmeno. Era como si los velos luminosos avanzaran y
retrocediesen en el firmamento, surgiendo desde debajo del horizonte y aproximndose
luego en grandes ondas, para retirarse despus. En tales momentos, toda la mar quedaba tan
intensamente alumbrada como si hubiese luna llena, y Prien pens que, en tales
condiciones, el U-47 sera fcil de detectar en Scapa Flow navegando en superficie. Qu
hacer?
No lo pens mucho. Veinticuatro horas de retraso podran afectar
desfavorablemente a su dotacin fsica y moralmente, y quin saba si la noche siguiente no
sucedera lo mismo.
El oficial de derrota tena una buena situacin, pues la madrugada anterior se haban
encendido inesperadamente los faros de las Oreadas y les haba podido tomar marcaciones.
Ahora el submarino cortaba la mar a 17 nudos, arrumbado a Holm Sound. Las islas se
divisaban por babor, oscuras pero provistas de un halo extrao. En el cielo prosegua el
despliegue pirotcnico de los espritus del Norte, y a cada instante las nubes adoptaban el
aspecto de diferentes y monstruosas figuras, vvidamente iluminadas por luces que a los
alemanes se les antojaban de mal agero.
Un barco se avist pronto por la proa, y el U-47 se sumergi rpidamente. En la
cmara de mando se encendieron todas las luces blancas de las ventilaciones de los lastres.
Luego el submarino subi a cota periscpica, y a poco se escuch claramente el batido de
una hlice. A travs del periscopio slo se distingua una especie de pur blancuzco, pero el
sonido se fue desvaneciendo lentamente en la distancia.
Otra vez en superficie y avante media. En la torreta exterior del U-47 se apiaban
Prien, Endras (el segundo), el alfrez de navo Von Varendorff y tres serviolas. Dos de

stos, Ernest Dziallas y Gherard Hnsel, seran los nicos del grupo que habran de
sobrevivir a la contienda; pero todos ellos iban a ser testigos oculares de una de las ms
audaces y extraordinarias aventuras de la segunda guerra mundial. Las nubes se retiraban
ahora hacia el Sudoeste, y la isla Ronaldsay se distingua perfectamente. Despus surgi la
de Burray, casi confundindose con la anterior, y tambin se vieron la apagada farola de
Rose Nes y la baliza de piedra que sealaba la entrada de Holm Sound.
El islote de Lamb Holm apenas destacaba contra la costa ms elevada de Main
Island, pero Prien lo vio a travs de sus prismticos y arrumb para librarlo por babor. All
estaba precisamente la entrada, el nico resquicio libre de piedras, bajos, redes y barcos
hundidos! Aunque el comandante del U-47 se haba aprendido muy bien la carta de
navegacin, pronto iba a cometer un error que pudo haber resultado fatal.
Una mano invisible pareci haber apagado de pronto las nubes del firmamento. La
corriente de marea ya entraba con fuerza en Scapa Flow y haca abatir al submarino. El
fondo disminua con rapidez. Siete metros de agua bajo la quilla acusaba el sondador, y, por
si luego varaban, Prien decidi sumergir el buque hasta que la cubierta quedara a ras del
agua. Ahora slo la torreta sobresala por encima de las olas. Por estribor desfil, rpido y
prximo, igual que un mudo centinela, el faro de Rose Nes. La oscura costa apareca
desierta. En el cielo volvieron a encenderse los fuegos boreales y, de pronto, entre los dos
islotes, surgi, tersa y ligeramente plateada, la gran rada de Scapa Flow. Entre las islas se
divisaba un barco medio hundido. Prien crey entonces que aqul era el paso de Kirk
Sound y orden caer a babor y arrumbar al 270. La distancia disminua a ojos vistas y el
fondo tambin, pero el otro barco hundido que sealaban las fotografas no apareca por
parte alguna. Santo Dios! Por qu no estaba all?
La voz del sonarista llegaba, ligeramente alarmada, por el tubo acstico:
Cuatro metros bajo la quilla... tres metros..., dos y medio!
Y, de pronto, el oficial de derrota, que iba punteando la situacin del buque sobre la
carta de navegacin, de acuerdo con las marcaciones que le daban desde la torreta y las
indicaciones del sondador, grit desde abajo:
Toda a estribor, comandante! No es Kirk Sound, sino Skerry Sound!
A los tripulantes del U-47 que pudieron escuchar a Spahr se les encogi el corazn.
Prien rectific en el acto y mand aproar al Norte, pero instantes despus se escuch un
siniestro crujido bajo la quilla. El submarino haba tocado fondo.
Avante toda! aull Prien.
El buque aument inmediatamente su velocidad y tambin subi la sonda. Con la
marea bajando, los del U-47 se dieron cuenta de que se haban librado por los pelos. Luego
se cay unos grados a estribor y, a un cuarto de milla de la costa de Main Island, el U-47
cambi nuevamente de rumbo y redujo velocidad para entrar en Kirk Sound.
En el cuaderno de bitcora del U-47, Prien reconoce su error, pero si habis
navegado alguna vez de noche, pegados a tierra, entre islas y en una costa desconocida, una
equivocacin semejante no puede sorprenderos.

Las 23 horas y 13 minutos. Entre Main Land y Lamb Holm, la corriente del mar del
Norte, vaciante desde haca tres cuartos de hora, se encajonaba y tiraba con fuerza por la
popa del U-47, y a Prien le resultaba difcil gobernar el buque. El ruido de los motores
disel repercuta ahora fuertemente contra las dos oscuras y prximas orillas, y como
medida de precaucin se mand pararlos y navegar con los elctricos a rgimen de media
mquina. En el estrecho eran ya claramente perceptibles los dos barcos hundidos: un vapor

y un velero llenos de nostalgias. Las orillas proyectaban sombras oscuras sobre el agua, y el
U-47 se aproximaba rpidamente a la costa norte para tratar de cruzar bien pegado a ella,
dejando los dos pontones por babor.
Una vez ms, la aurora boreal apag de pronto sus fuegos y todo qued sumido en
las tinieblas. Cuando el medio hundido y espectral velero ya estaba a slo unos metros de la
torreta del submarino se encendieron las luces boreales, descubriendo que de aquel despojo
parta una gruesa cadena de amarre tendida 45 grados sobre el agua y bloqueando el paso
del U-47! Maldita sea! Prien par una mquina y meti toda la caa a babor para tratar de
librar las hlices, pero el casco del buque toc con la herrumbrosa cadena, que chirri con
fuerza, y el submarino escor fuertemente a estribor. Luego, sin necesidad de achicar el
agua que iba en los lastres, se revir por s solo, resbal sobre aqulla con estrpito y qued
libre.
El principal obstculo haba sido franqueado con suerte, y el U-47 gobern para
librar la punta Skaildaquoy. Habra minas? Pese a que las fotografas areas no las haban
descubierto, los alemanes no las tenan todas consigo. Mas qu podan hacer? El
pueblecito pesquero de Saint Mary y su espign desfilaron, silenciosos y oscuros, a unos
seiscientos metros del submarino alemn, y cuando su silueta se fue perdiendo en la
distancia se arrancaron otra vez los disel, se soplaron los lastres y, a media mquina, el U47 apro al fondeadero de la base de Lyness, al sudoeste de la gran rada.
A travs del tubo acstico, Prien advierte por fin a su gente que ya estn dentro, y la
noticia corre como un reguero de plvora por el submarino y electriza a unos hombres que
lo fan todo a los de arriba. En el cuaderno de bitcora Prien dej escrito:
Toda la baha est iluminada. Al sur de Cava no se ve nada. Seguimos avanzando.
A babor reconozco la batera de Hoxa Sound, a la cual podemos servir de blanco dentro de
unos minutos. En tierra, todo est oscuro. Es un espectculo imponente. En el cielo brilla el
resplandor de la aurora boreal, resultando toda la baha, rodeada de altas montaas,
directamente iluminada desde lo alto.
El U-47 iba ahora arrumbado al 251, llevando en la torreta un grupo de hombres
espectantes y al acecho, perfectamente conscientes no slo de los peligros que les
aguardaban dentro de la formidable guarida enemiga, sino de que aquella navegacin en
superficie por Scapa Flow careca de precedentes en la historia y era absolutamente
improbable que pudiera repetirse algn da. Ni una luz titilaba en tierra, y, por la proa, las
islas Flotta, Fara, Rysa y Cava se disimulaban al proyectarse sobre la de Hoy, una de las
mayores del archipilago.
Los alemanes advirtieron, consternados, la silueta de un patrullero enemigo de
vigilancia en Hoxa Sound, pero ste no les prest la menor atencin. Mas el tiempo pasaba,
la distancia al fondeadero enemigo disminua y, para desesperacin de Prien y de los suyos,
slo se vean algunos destructores ingleses fondeados. Dnde estaban los formidables
acorazados? En la ensenada de Longhope, que se adentra en la isla de Hoy, no haba un
solo buque de guerra que mereciera la pena.
Creemos que Prien hubo de sufrir entonces el peor momento de desnimo de la
histrica noche, y debi de acordarse del teniente de navo Hennig, que el 21 de noviembre
de 1914, al mando del U-18, consigui entrar en Scapa Flow jugndose el todo por el todo,
cuando la completa flota britnica haba salido para efectuar unos ejercicios de tiro! Pero
no logr escabullirse, pues, habiendo sido descubierto cuando trataba de ganar la mar libre,
fue sucesivamente abordado por un destructor y un patrullero britnicos, que le dejaron
todos los periscopios doblados e inservibles. Entonces se utilizaban tan expeditivos

mtodos, pues no existan las cargas de profundidad. El U-18, chocando a ciegas contra las
rocas y escollos del fondo y con graves averas, tuvo que salir a superficie, y su dotacin
arrojarse al agua despus de haber abierto los grifos de fondo. Veinticinco aos ms tarde,
iba a ser aqulla la triste suerte del U-47?
Prien orden meter caa a babor y despus arrumbar al 70, con el fin de
aproximarse a la orilla de Main Land. Si algn buque enemigo se hallaba en el fondeadero
norte, tendra que estar en su parte oriental, por mor del bajo existente al otro lado, cuya
boya permaneca ahora apagada, y lo que all hubiera destacara mejor cuanto ms pegados
a la costa se acercaran los alemanes. La aurora boreal segua encendiendo y apagando
caprichosa e incansablemente sus fuegos en el firmamento. A una media milla de tierra,
Prien orden caer a babor y arrumbar al 340, pensando que, si all tampoco haba nada, el
fracaso sera total.
Al cabo de un rato de expectante silencio, uno de los serviolas comunic que vea
un gran buque abierto a unos 10 por la amura de estribor. El alfrez de navo Endras lo
confirm en seguida con emocin, y Prien volvi los prismticos hacia donde le decan y
luego dijo:
S, lo veo! Es un gran buque. A unos cuatro mil metros.
Tras aquellos cuchicheos se hizo de nuevo un tenso silencio en la torreta del U-47,
mientras todos trataban de reconocer la silueta de aquel buque que les presentaba la banda
de estribor. Al disminuir la distancia salieron de dudas: aquella masa oscura, donde no
brillaba luz alguna, era un acorazado tipo Royal Sovereign o Queen Elisabeth. Parcialmente
oculto por el primero descubrieron otro buque de guerra: el transporte de aviones Pegasus.
En los buques y en tierra todo pareca dormir, y Prien orden abrir las portas de los
cuatro tubos de lanzar proeles y prepararse para hacer fuego en superficie. Antes haba que
inundar las cuas (espacios de aire existentes entre los finos de la cabeza y cola del
torpedo y el tubo de lanzar) e igualar presiones con el exterior. En voz baja, Prien dio unas
cuantas rdenes ms:
Profundidad, siete metros. Distancia tres mil metros. Velocidad treinta nudos. Dos
torpedos apuntados bajo las torres de proa y los otros dos al mstil de popa.
En medio de la torreta haba un alza de puntera provista de grandes prismticos,
que ahora qued conectada a la aguja giroscpica y al calculador de tiro. El segundo
comandante coloc la cruz filar sobre el blanco y, a una orden de Prien, puls el disparador.
Salieron los dos primeros torpedos. Endras apunt un poco ms a popa del blanco y volvi
a pulsar, pero esta vez slo sali uno de los artefactos. El nmero 4 se qued en su tubo
debido a un fallo del mecanismo de fuego. Se invirti el rumbo del U-47 y se empez a
cronometrar la carrera de los torpedos, que no dejaban estela alguna de burbujas ya que
eran elctricos, pero llevaban espoletas slo de percusin. Aquella ausencia de estelas
desorientara luego a los ingleses.
Von Varendorff seal que haban transcurrido los tres minutos y medio. Todava
nada! De pronto, una blancuzca columna de agua se elev lentamente, igual que un
obelisco, tapando el castillo de proa de uno de los buques, e instantes despus lleg una
fuerte y grave detonacin, cuyos ecos rodaron sobre las islas y se perdieron en la noche.
Los alemanes siguieron aguardando. Nada! Y los otros dos torpedos? Era increble: no
slo haban fallado el blanco, sino que ni siquiera haban hecho explosin contra las
piedras. Pero el asombro y la rabia no impidieron que Prien ordenase hacer fuego con el
tubo de popa, e inmediatamente sali el cuarto torpedo de la noche. Torpedo que se esfum
tambin sin dejar rastro.

Qu era aquello? Los dos buques de guerra enemigos permanecan impasibles. En


realidad no slo permanecan inclumes, sino que ni una luz o movimiento se observaban a
bordo. Tampoco un caonazo o sirena de alarma se haban escuchado. Ningn proyector o
seal luminosa rasgaron la noche. Se hallaban abandonados aquellos buques? Se trataba
acaso de barcos fantasmas? Es que en Scapa Flow eran todos sordos? Tres torpedos
alemanes de tonelada y media cada uno haban sencillamente desaparecido, y el buque
alcanzado no acusaba ni el ms mnimo dao. Perdido el ltimo eco de la explosin del
torpedo la calma ms absoluta e inexplicable volva a cernerse de nuevo sobre Scapa Flow
y, por un momento, los alemanes creyeron estar soando.
Tras algunos segundos de perplejidad, el comandante del U-47 orden recargar los
tubos 1, 2 y 5 para volver a atacar. Una decisin muy valerosa, habida cuenta de la
situacin y de que la faena llevara por lo menos quince minutos, pero tambin ineludible.
***
El acorazado Royal Oak haba regresado de la mar y fondeado en Scapa Flow el 12
de octubre. Era un buque de 29.5000 toneladas, construido entre 1914 y 1916, pero
modernizado en 1936. Montaba ocho caones de 381 mm, doce de 152 mm, ocho de 102
mm, diecisis de 40 mm, numerosas ametralladoras, una catapulta y dos aviones. Su
dotacin dorma tras el relevo de guardia de la medianoche, medianoche que daba paso a la
fatdica madrugada del sbado 14 de octubre de 1939, completamente ajena a que la muerte
rondaba cercana y habra de llevarse pronto consigo a la mayora de aquellos 1.198
hombres confiados.
El buque estaba fondeado a 800 metros de la orilla oriental de Main Land, con el fin
de protegerse de los ataques areos que pudieran proceder de aquel sector. A las 01.04 de la
madrugada, el acorazado experiment una violenta sacudida, cuyo origen nadie fue capaz
de explicar a bordo. Tras varias pesquisas pareci que se haba producido una explosin en
el paol de lquidos inflamables de proa. Se descubri que el estopor de la cadena del ancla
estaba roto y que aqulla se haba filado por s sola hasta la malla, pero exteriormente el
buque no presentaba el menor desperfecto.
Desde el puente, un sealero crey percibir algo sospechoso en el agua, por la
amura de babor, y el oficial de guardia orden encender un proyector, cuyo luminoso haz
permiti distinguir una inofensiva caja de whisky a la deriva. Luego se decidi que un
hombre provisto de un equipo respiratorio reconociera el paol de pinturas. Pero este
individuo jams llegara a cumplimentar aquella orden.
***
A bordo del U-47, los hombres sudaban y trabajaban como demonios en las cmaras
de torpedos de proa y de popa, con el fin de recargar con toda rapidez los tubos. En la
torreta haca fro y los minutos se desgranaban con lentitud, pero la serenidad de Prien
pareci haberse contagiado a todos, y aunque vieron encenderse un proyector en el
acorazado, alumbr slo un momento y por la banda contraria. Por lo dems la base naval
continuaba increblemente sumida en el ms profundo de los sueos, mientras el submarino
alemn prosegua su letal navegacin en superficie sobre las tranquilas aguas, lo mismo que

poda haberlo hecho en cualquier puerto de Alemania. nicamente el descubrimiento de un


pequeo petrolero fondeado cerca de la costa caus cierta inquietud a bordo del U-47,
aunque slo durante un instante, pues era evidente que su tripulacin dorma sin sospechar
las prximas actividades de un submarino enemigo.
Por fin, los tubos 1, 2, 4 y 5 quedaron listos para hacer fuego. Esta vez, Prien quiso
aproximarse un poco ms antes de disparar los tres torpedos de proa, y a las 01.13 horas
salieron las nuevas anguilas, al mismo tiempo que el submarino caa a babor y sus
hombres se disponan a ver qu pasaba esta vez.
Tras las sacudidas y resoplidos producidos por la salida de los tres artefactos, de
nuevo el imperturbable silencio de Scapa era slo quebrado por un suave bordoneo de los
motores disel y el murmullo del agua al ser hendida por la roda del U-47. As
transcurrieron dos minutos y medio de incertidumbre, que resultaron casi insoportables para
los alemanes. Volveran a fallar los torpedos? Por fin, una fantasmagrica columna de
agua surge junto al puente del acorazado ingls seguida casi inmediatamente por otra a la
altura de la gran chimenea y una tercera, que ocult unos momentos las torres de popa del
Royal Oak. Despus llegaron tres violentos estampidos, que reverberaron contra los montes
y orillas de las Oreadas. Una espesa humareda negra comenz a elevarse sobre el combs
del acorazado y, de pronto, hacia popa surgi una cegadora lengua de fuego que se remont
un instante hasta el tope del elevado mstil, con tal intensidad que ilumin claramente la
torreta del U-47, para morir casi tan bruscamente como haba nacido. Los paoles de
plvora del Royal Oak haban estallado, y se vean enormes trozos de acero volar por los
aires. Poco despus, en el submarino alemn se escuch un terrible bramido de tono grave.
El buque ingls comenz a escorar con toda rapidez a estribor, alcanzando en pocos
segundos los 25 de inclinacin a dicha banda impidiendo abrir las pesadas puertas estancas
de diversos compartimientos en los que muchos desgraciados quedaron atrapados. Una
enorme humareda negra y maloliente se cerna sobre el acorazado, igual que un gran hongo
venenoso. En el interior se haban apagado las luces, no funcionaban las comunicaciones y
por todas partes se oan desgarradores gritos de hombres mortalmente heridos, mientras el
acorazado continuaba inexorablemente dando de banda. Slvese quien pueda! era la
nica orden que tena ya sentido a bordo del gran buque de guerra agonizante. A los cinco
minutos del ataque, la escora del coloso era superior a 45. El agua entraba tambin por los
abiertos portillos, slo protegidos por las tejas de ventilacin a fin de impedir que la luz
saliera al exterior.
Finalmente, a los ocho minutos de ser alcanzado por los torpedos alemanes, el
Royal Oak zozobr violentamente y qued descansando contra el fondo con un ngulo de
125. Slo un trozo de su casco oscuro, donde destacaba una quilla de balance, sobresala
del agua y reflejaba las inquietas y como burlonas luces de la aurora boreal. Veinticuatro
oficiales y ochocientos nueve hombres de su dotacin haban quedado dentro o encontrado
la muerte en el desastre, el segundo que se apuntaba el arma submarina germana a costa de
la flota britnica!
Mientras tanto, el U-47 trataba de escapar hacia la salida de la base naval como
alma que lleva el diablo. Los proyectores luminosos de Scapa Flow cruzaban ahora sus
haces dirigidos al cielo, sin duda tratando de localizar algn inexistente avin agresor. Los
automviles corran velozmente por las carreteras. Un destructor enemigo parece
aproximarse hacia el submarino, pero no lo descubre y luego cambia de rumbo. Prien
ordena embragar tambin los dos motores elctricos, y el U-47 corta las aguas de la rada
con la mxima potencia posible.

La corriente entrante es ahora de diez nudos en Kirk Sound, y el submarino alemn


se evade de Scapa Flow pasando entre los dos pontones hundidos de dicho paso y el islote
de Lamb Holm, pero los remolinos y contracorrientes son tales, que el U-47 toca en el
muelle de piedra de la isla, aunque sin consecuencias. En aquellos crticos momentos se
escucharon, lejanas, unas explosiones dentro de Scapa. Los destructores ingleses atacaban
por fin con cargas de profundidad a algn submarino enemigo que se supona sumergido.
Pero las emociones de esta memorable noche han sido tantas, que los alemanes se hallan
demasiado agotados para esbozar siquiera una leve sonrisa. Y aquel escenario, propio de
tragedia wagneriana, se cierra para siempre por la popa del U-47, que regresa a
Wilhelmshaven el da 17 y es delirantemente recibido. Luego llegan las condecoraciones,
los ascensos, los mandos, las aclamaciones de una muchedumbre agradecida y
enfervorizada..., la gloria, en fin!
***
Hace ya ms de treinta y dos aos que ochocientos treinta y tres marinos britnicos,
entre ellos un almirante, reposan dentro del Royal Oak bajo las fras aguas de Scapa Flow.
Una solitaria boya seala el lugar donde yace el acorazado, del que nicamente emerge
todava del agua el roto mstil. En el ao 1957 se trat de ponerlo a flote, pero las protestas
de los familiares de las vctimas, que no deseaban se turbara el eterno sueo de sus deudos,
decidieron al Almirantazgo a abandonar el proyecto. Qu mejor mausoleo para un marino
que el acerado sarcfago de su hundido buque?
Pero si aquellos hombres que entregaron sus vidas por la patria parecen haber
encontrado definitivamente la tranquilidad en el fondo del mar, las discusiones y polmicas
acerca del hundimiento que acabamos de relatar no han terminado todava.
Hace algunos aos, un escritor britnico pretendi demostrar que el hundimiento del
Royal Oak se debi a un acto de sabotaje, que el U-47 jams entr en Scapa Flow y que el
cuaderno de bitcora de Prien haba sido falsificado.8 El hallazgo de ciertos trozos de
torpedos alemanes en el fondo de Scapa prximos al acorazado hundido ech por tierra su
teora, a la que, sin embargo, todava se aferran an muchos de los supervivientes del Royal
Oak.
Tambin se habl de un espa alemn, un tal Oertel, que en realidad jams existi.
Prien dice en su libro, y lo dej tambin escrito en el cuaderno de bitcora del U-47,
que el crucero de batalla Repulse estaba en Scapa la noche de autos y result alcanzado por
el primero de sus torpedos que hizo explosin. Los ingleses, por su parte, categrica y
unnimemente niegan que el Repulse u otro crucero de batalla britnico se encontraran en
dicha base naval la noche del hundimiento del Royal Oak. Ambas declaraciones son
absolutamente irreconciliables. Qu podemos nosotros pensar?
El da 12 de octubre, a las 15 horas, un avin alemn tom nuevas fotografas de
Scapa Flow, que, entre otros buques, revelaron la presencia en la rada de un portaaviones y
cinco acorazados. En ella apareca ya el Royal Oak, y haba un crucero de batalla fondeado
en sus proximidades. El da 13, haca las 16 horas, se hicieron a la mar todos los buques
pesados de la flota excepto el Royal Oak, y aunque los radios de salida fueron descriptados 9
por los alemanes, Doenitz se abstuvo de comunicar esta noticia al U-47, por no tener la
seguridad de que hubieran zarpado todos los grandes navos. El Repulse haba salido, dicen
los ingleses, y en su sitio fonde el transporte Pegasus. Prien no pudo verosmilmente

confundir ambos buques, pues el Repulse era un enorme crucero de batalla de 32.000
toneladas, mientras que el transporte slo desplazaba 6.900 y en nada se pareca ni
remotamente al anterior. Quines dicen, pues, la verdad? A nuestro entender, los ingleses.
La BBC de Londres reconoci la prdida del Royal Oak antes de que hubieran
transcurrido diez horas desde su hundimiento. Posiblemente en Alemania se prefiri
agrandar an ms el espectacular e importante triunfo, haciendo creer que un crucero de
batalla haba sido tambin torpedeado. Ello no slo contribuira a elevar todava ms la
moral de los alemanes, sino tambin a convencer a Hitler de la conveniencia de dedicar
mayor atencin y recursos al arma submarina alemana, que entonces era todava realmente
insignificante. Es verosmil que Prien, en bien de la Armada, es decir, de Alemania, y
pidindoselo sus superiores, accediera a modificar su cuaderno de bitcora en dicho
sentido. Qu mal haba en ello, al fin y al cabo?
Se preguntar el lector qu razones o indicios nos llevan a semejantes conclusiones.
Desde luego, ninguna de las contradictorias declaraciones de unos u otros ex contendientes,
sino, sencillamente, el hecho de que Gunther Prien, un hombre con el valor de un len y a
quien quedaban a bordo tres torpedos, probablemente suficientes para haber hundido al
Repulse o a cualquier otro crucero de batalla britnico (eso sin contar otros dos torpedos
ms que llevaba en depsitos exteriores al casco resistente, ya que la faena de introducirlos
a bordo tena necesariamente que hacerse con el buque en superficie), se retira de Scapa
Flow sin tratar siquiera de utilizarlos. Si se march cuando lo hizo no creemos que fuera
debido a las dbiles y poco convincentes razones que aduce en su cuaderno de bitcora:
1.) con el periscopio no puedo hacer ataques submarinos en inmersin; 2.) con noche
clara no puedo maniobrar sin ser descubierto; 3.) debo suponer que fui descubierto por los
faros de un automvil que pas prximo y volvi a Scapa a toda velocidad, y 4.) tampoco
puedo seguir hacia el Noroeste, donde estn fondeados los destructores.
Creemos que el U-47 pudo haberse sumergido tranquilamente junto a la orilla
durante quince o veinte minutos, recargar los tubos, asomar la torreta y mandar al infierno
al Repulse. Si se march, tras haber comprobado que el Royal Oak estaba perdido, fue,
sencillamente, porque en Scapa no quedaba absolutamente nada que mereciese la pena
torpedear.
Y aunque, en efecto, Prien hubiera estado tan repentinamente asustado como quiere
hacernos creer, por qu no lanz contra el Repulse por lo menos con el tubo de popa, listo
y cargado, segn se alejaba a toda mquina?
Estos hechos, aunque de naturaleza negativa, y no las respectivas declaraciones de
unos y otros, parecen no admitir ms verosmil respuesta que la apuntada. Prien no vio al
Repulse en Scapa por la sencilla razn de que el Repulse no estaba en Scapa, o, por lo
menos, no estaba donde los alemanes dicen que estuvo. Si hubiese estado, no tenemos la
ms mnima duda de que el valeroso Gunther Prien habra tratado de hundirlo con los tres
torpedos que le quedaban a bordo. Y probablemente lo hubiera logrado.
***
El del Roya, Oak fue sin duda el hundimiento ms audaz logrado por submarino
alguno en la segunda guerra mundial. Los submarinistas ingleses, por su parte, tambin se
apuntaron bastantes xitos, y si se tiene en cuenta la enorme diferencia entre el nmero de
submarinos empleados por Alemania y por Gran Bretaa durante la guerra, y las diferentes

estrategias adoptadas en este campo de la lucha naval por ambos contendientes,10 creemos
que, en general, aqullos no desmerecieron de sus contrapartes germanos, si bien es cierto
que casi siempre operaron en mejores condiciones tcticas que stos.
El da 4 de diciembre de 1939, el submarino britnico Salmn patrullaba en
inmersin por el mar del Norte, al mando del capitn de corbeta Bickford, cuando otro
sumergible que navegaba a toda velocidad en superficie qued prendido en el retculo de su
periscopio: era el alemn U-36. Bickford le dispar varios torpedos, uno de los cuales
alcanz su objetivo. La terrible explosin que se produjo lanz pedazos del desprevenido
buque alemn hasta ochenta metros de altura y lo hundi fulminantemente con toda su
dotacin. Fue el primer submarino que resultara hundido por otro buque similar en esta
guerra y el primero de los cuarenta y un escualos de acero del Eje que echaran a pique los
sumergibles britnicos.11 Pero este submarinista ingls se apuntara pocos das despus otro
tanto todava mayor.
En la madrugada del 13 de diciembre, cuando acechaba en las proximidades de
Skagerrak, el Salmn descubri a tres grandes buques alemanes que navegaban en
formacin y sin escolta alguna de destructores. Eran los cruceros Leipzig, Nrnberg y Kln,
que aguardaban el retorno de una flotilla de destructores alemanes que durante la noche
haban minado la boca del Tyne, en la costa oriental britnica. Inesperadamente y con gran
contento de Bickford, los tres cruceros cambiaron de rumbo y se aproximaron al Salmn,
quedando en tan buena posicin para ste que, de la salva de seis torpedos lanzados en
abanico por el capitn de corbeta britnico, un artefacto alcanz al Leipzig y otro al
Nrnberg! Estos dos cruceros sufrieron muy graves averas y a duras penas pudieron llegar
a puerto al amparo de varios buques de escolta precipitadamente requeridos.
El Leipzig tuvo que permanecer reparando en el astillero hasta mayo de 1940, y el
Nrnberg hasta fines del mismo ao, no pudiendo ninguno de ellos tomar parte en los
desembarcos de Noruega. Al afortunado y valeroso Bickford se le concedi por aquel triple
triunfo logrado en un solo crucero la D S O (Orden de Servicios Distinguidos), siendo
ascendido a capitn de fragata.
Pero antes de llegar a puerto, todava volveran a ser atacados los averiados cruceros
germanos. El da 14, habiendo ya rebasado la isla de Heligoland, el submarino britnico
Ursula (capitn de corbeta Philips) avist al renqueante Leipzig y le lanz una salva de
torpedos que no le alcanzaron, pero que echaron a pique el buque de escolta F-9 (600
toneladas, dos piezas de 105 mm, cuatro de 37 mm, dos ametralladoras de 20 mm, y 28
nudos), en el que perecieron el jefe de la flotilla alemana, capitn de fragata Pindter, y gran
parte de la dotacin de ciento veinticuatro hombres.
El doble torpedeamiento del Salmn fue un desafortunado golpe para la marina
alemana, que tampoco dispondra del acorazado de bolsillo Admiral Scheer hasta julio del
ao siguiente y que tan graves prdidas iba a sufrir en Noruega. El Nrnberg y el Leipzig,
de 6.000 toneladas, eran los cruceros ligeros ms modernos de la flota germana. Adems de
dos hlices movidas por turbinas de vapor, contaban con una tercera hlice central de paso
variable, accionada por cuatro motores disel, lo que proporcionaba a estos buques una
gran autonoma a velocidad econmica y los haca aptos para la guerra de corso.
Pese al grave y temprano contratiempo, el Nrnberg sera uno de los pocos buques
de guerra alemanes de superficie que sobreviviran a la contienda, siendo entregado a la
Armada sovitica como reparacin de guerra y rebautizado Almirante Makarov. Hoy ya no
figura en las listas de la flota roja.
Los submarinos alemanes tambin acechaban, y uno de ellos, el U-30, lograra un

xito algunos das despus que el Salmn.


El 28 de diciembre, el citado sumergible germano patrullaba en inmersin al norte
de la isla Lewis, la mayor del grupo de las Hbridas. A travs del periscopio de exploracin
se vean los acantilados de la solitaria costa, tan slo a unas ocho millas de distancia, e
intermitentemente las olas lavaban la lente del aparato de observacin. A bordo, todos se
preparaban resignadamente para pasar el fin de ao lejos de la patria, en el fondo del
ocano. De pronto, el oficial de guardia peg un respingo y luego qued tan inmvil como
una estatua. Por encima de las olas haba divisado a varios buques de guerra enemigos que
se aproximaban velozmente hacia el U-30, as que mand aviso al comandante y orden a
la gente ocupar los puestos en zafarrancho de combate.
Cinco destructores ingleses se movan alrededor de dos enormes buques de guerra:
el acorazado Barbam, de 31.00 toneladas, y el crucero de batalla Repulse, de 32.000. Pero
el comandante del submarino no dud en lanzarse al ataque, y, con la satisfaccin que
puede suponerse, logr ver cmo uno de sus artefactos alcanzaba al primero de los citados
leviatanes. Inmediatamente orden sumergirse a cien metros de profundidad, ya que el
fondo no daba para ms, temiendo lo peor. Pero, con gran sorpresa de todos, el U-30 no fue
detectado, y slo se oy el lejano retumbar de algunas cargas de profundidad que apenas si
afectaron al sumergible.
Un error en la transmisin de las seales del acorazado indicando la posicin del
periscopio del submarino alemn permiti al U-30 escapar indemne. El Barbam renque
hasta alcanzar Liverpool el da 29, donde tuvo que permanecer en dique durante ms de tres
meses, hasta quedar reparado. Aquel torpedeamiento fue como un regalo de Navidad para
los hombres del U-30...
Nos damos cuenta de que, a lo largo de las pginas de este captulo, prcticamente
slo hemos visto actuar a los submarinos de uno y otro bando, y es que, prescindiendo del
hundimiento del acorazado de bolsillo alemn Graf Spee y del crucero auxiliar Rawalpindi,
de lo que nos ocuparemos en el captulo dedicado a los corsarios, y hasta que se
desencadenase la invasin de Noruega en abril de 1940, en este primer medio ao largo de
guerra no hubo otros combates importantes entre los buques de superficie. Fue la fase que
mster Chamberlain, acertadamente, denominara guerra crepuscular, en que ambos
contendientes se dedicaron activamente a fondear sus campos defensivos de minas, declarar
sus zonas de guerra, imponer el bloqueo, minar las aguas enemigas, atacar el trfico
mercante del adversario y, de vez en cuando, bombardearse con aviones. Pero si el lector se
siente decepcionado, le rogamos que tenga paciencia hasta el captulo siguiente.
CAPTULO
III
LA
GUERRA
DE
CORSO

La guerra de corso, es decir, la llevada a cabo por una potencia dbil en la mar
mediante buques que actan aisladamente contra el trfico martimo de una potencia
enemiga fuerte, en zonas geogrficas muy extensas y alejadas de la metrpoli, constituye,
verdaderamente, una clase de lucha naval muy particular y que tal vez resulte ideal para el
marino que rene relevantes cualidades de iniciativa, audacia, imaginacin, independencia
de espritu y amor a la responsabilidad, o sea, para el marino de guerra por antonomasia.
Esta clase de lucha encierra toda la poesa, aventura, peligros y variedad propios del
medio ambiente: la mar y al mismo tiempo las comodidades y ventajas inherentes al mando

casi absolutamente independiente. El corsario ha de disponer de una clara inteligencia para


poder escoger, entre una amplia gama de posibilidades, siempre la ms adecuada y
oportuna, ya que acta completamente solo, bajo unas directrices tan amplias como
generales, corre elevado riesgo y dispone de enorme libertad de accin. Por otra parte, sabe
que no tendr que dar cuenta de sus actos hasta muchos meses ms tarde, de modo que su
fuerte personalidad puede manifestarse y desenvolverse durante un extenso perodo de
tiempo, en general intensamente vivido.
Pero el corsario, que acta en muy especiales circunstancias, no slo debe poseer las
condiciones ya enumeradas y pensar a escala estratgica, sino tambin un estable equilibrio
psquico para poder soportar sin detrimento ni merma de sus facultades fsicas y mentales el
peso de la responsabilidad no compartida y de la gran tensin a que invariablemente se ve
sometido a lo largo de su dilatada campaa. Porque constantemente lleva grabado en el
cerebro que el enemigo le busca incansablemente y hace toda clase de esfuerzos para
aniquilarle. Ese peligro y zozobra continuos, ese vivir tan alejado de la patria, y sobre todo
ese aislamiento espiritual, sin otras comunicaciones con sus superiores que los breves y
lacnicos mensajes del Alto Mando facilitndole quizs alguna informacin, pendiente de
un correo problemtico e invariablemente atrasado, sabindose como perdido en algn
remoto y hostil rincn del globo terrqueo, pues ningn auxilio o socorro son viables para
l, pueden ir minando poco a poco un sistema nervioso que aparentemente era firme y bien
equilibrado. Eso por no hablar de la prueba de resistencia fsica y moral que supona no
pisar tierra firme durante muchos meses, constantemente prisionero de los mamparos de su
buque y del lejano e inaprensible horizonte marino. S, los comandantes y dotaciones de
los buques corsarios tenan que ser cuidadosamente seleccionados!
Sin embargo, conviene no perder de vista que el verdadero propsito de la guerra de
corso no era tanto el hundimiento o captura de buques como el obligar al enemigo, es decir,
a la potencia martima fuerte y en posesin del dominio del mar, a empear considerables
fuerzas y unidades en la proteccin de sus convoyes, distrayndolas de otros puntos y
obligndolas a una onerosa y pesada servidumbre absolutamente desproporcionada a la
amenaza, as como lograr el trastorno de las comunicaciones martimas del adversario,
forzndole a adoptar derroteros mucho ms largos, con el inherente aumento del tiempo a
emplear y el consumo de combustible, y a alterar la regularidad de los vitales transportes,
con su desfavorable repercusin en la industria y en la economa.
Muchas veces, el solo conocimiento de la existencia de algn corsario en una
determinada zona, como una velada amenaza, obligaba a sus adversarios a adoptar unas
disposiciones y medidas de proteccin que en otro caso hubieran resultado innecesarias, o a
cancelar y suspender determinados movimientos de barcos y de convoyes. Veremos, por
ejemplo, cmo la presencia en el Atlntico de los pequeos acorazados alemanes
Deutschland y Graf Spee al comienzo de la contienda, obligara a los aliados a destacar y
movilizar nada menos que a nueve grupos de buques de guerra, con un total de veinticuatro
unidades pesadas, entre acorazados, portaaviones y cruceros. La importancia de semejante
tctica la podemos comprobar durante la campaa de Noruega, donde los aliados nunca
dispusieron del nmero de buques que hubieran necesitado para poder atrapar y destruir a
las agrupaciones alemanas que, aprovechando la sorpresa y dicha penuria de unidades
enemigas, lograron xitos tan espectaculares como verdaderamente inesperados. No en
vano los cruceros auxiliares alemanes Atlantis, Orion y Widder, bien disfrazados de
pacficos barcos mercantes pertenecientes a cualquier pas neutral, se haban manifestado
ya en el Atlntico Norte y Sur a partir de abril de 1940, hundiendo a diversos cargueros

ingleses.12 Ese debilitamiento de otros teatros de operaciones era precisamente uno de los
principales objetivos de la guerra de corso.
***
Como el lector sabe muy bien, el Atlntico no es el mayor ocano del globo, pero
constituye una inmensidad de nada menos que cincuenta y dos millones de millas
cuadradas. No obstante, y aunque los referidos acorazados alemanes no comenzaron a
actuar hasta el 26 de septiembre, la guerra era ya un hecho y haba que evitar ser
casualmente descubiertos por el enemigo, de manera que ambos buques permanecan
totalmente oscurecidos durante la noche y, tan pronto amaneca, ponan sus aviones de
exploracin en el aire.
Tal gasto de gasolina dio sus dividendos el 11 de septiembre, cuando el avin del
Graf Spee, que navegaba ya por el Atlntico Sur acompaado del Altmark, hacia su zona de
espera, avist un crucero pesado britnico a menos de treinta millas y arrumbado hacia los
buques alemanes. Era el Cumberland, de 10.000 toneladas, que de Freetown se diriga a
Ro de Janeiro. Afortunadamente para los alemanes, su avin no fue descubierto, y el
acorazado forz inmediatamente las mquinas hacia el Este y se quit de en medio sin ser
avistado.
La suerte y actuacin de estos dos primeros corsarios alemanes fue bien diferente.
El Graf Spee tuvo una fulgurante aunque breve carrera de xitos, pero termin por
sucumbir. El Deutschland, al mando del capitn de navo Paul Wenecker, obtuvo
resultados ms bien pobres, segn declara el almirante Erich Raeder, pero consigui
volver a Alemania sin el menor percance. Tal vez su comandante careca de espritu
verdaderamente audaz, ya que durante el mes y medio que dur su campaa actu siempre
con gran cautela y jams se aproxim a los convoyes ingleses que procedan de Canad, lo
que, al menos inicialmente, podra haberle proporcionado magnficos resultados. Sin
embargo, en su descargo podemos decir que el Deutschland no montaba radiotelmetro y
que tuvo frecuentes averas en las mquinas auxiliares y el avin. Pero, en realidad, fue el
corsario alemn que menos xitos logr en toda la guerra.
Mientras no se le permiti actuar contra el trfico enemigo, Wenecker se mantuvo
algo al norte de las derrotas que enlazan Estados Unidos y Canad con el Reino Unido,
pero al recibir la orden de comenzar a actuar, tir hacia el sur y no par hasta cerca de las
islas Bermudas. El da 5 de octubre detena y echaba a pique al vapor britnico Stonegate,
de 5.044 toneladas de registro bruto, a unas seiscientas millas a levante de dichas
paradisacas y coralferas islas. Haba marejada gruesa, con tendencia a aumentar, por lo
que Wenecker, dudando de que los pequeos y abarrotados botes del hundido carguero
ingls aguantasen y pudieran llegar a tierra en tales condiciones, decidi tomar a bordo del
acorazado a todos los nufragos.
El Deutschland arrumb seguidamente al NNE, y el da 9 del mismo mes detena y
apresaba el carguero norteamericano City of Flint, al que transbord la tripulacin del
Stonegate. Luego sigui hacia el Norte, y cinco das ms tarde detena y hunda al carguero
noruego Lorentz W. Hansen (1.900 toneladas), que llevaba un cargamento de madera para
Liverpool. Dej a su tripulacin en los botes, la cual sera recogida unos das despus por
otro barco mercante y desembarcada en las islas Oreadas.
A partir del citado hundimiento, el Deutschland no dara nuevas seales de vida en

el Atlntico, si bien es cierto que su sola presencia en el mar, que ya era conocida por los
ingleses, constitua para stos una grave amenaza que les obligaba a una serie de
desagradables e incmodas medidas. El pequeo acorazado alemn naveg seguidamente
hasta el cabo Farewell, la extremidad meridional de Groenlandia, y despus arrumb al
sureste, hacia las derrotas de los convoyes aliados procedentes de Norteamrica. Pero antes
de que pudiera volver a actuar fue llamado a Alemania. Hitler no quera seguir arriesgando
un buque que llevaba aquel nombre. Atraves el estrecho de Dinamarca muy pegado a los
hielos de la gran isla continente y, amparndose en las largas noches invernales rticas,
consigui cruzar hasta Gotenhafen, en el mar Bltico, a donde lleg el 15 de noviembre, tan
solapadamente, que los ingleses no supieron de su regreso hasta cuatro semanas despus de
haber entrado en puerto.
A este fallo britnico contribuy la equivocacin cometida por el comandante del
crucero auxiliar Rawalpindi, que el 23 de noviembre, poco antes de ser echado a pique por
el acorazado alemn Scharnhorst, tom a este buque por el Deutschland. Debido a ello, los
ingleses siguieron creyendo durante varios aos que, efectivamente, haba sido dicho
acorazado de bolsillo el que haba hundido al Rawalpindi, lo que posteriormente dara lugar
a la confusin de algunos autores. Y puesto que de todas maneras hemos de mencionarlo,
nos permitir el lector que intercalemos esta accin precisamente aqu.
Con el Deutschland regresado y el Graf Spee operando satisfactoriamente en el
Atlntico Sur, el almirante Raeder quiso sacar al Atlntico Norte a los dos flamantes
acorazados, o cruceros de batalla, pues, por sus caractersticas, de ambas maneras pueden
calificarse, Scharnhorst y Gneisenau, con el fin de que hicieran acto de presencia en dicho
ocano y produjesen el consiguiente trastorno en las comunicaciones martimas del Reino
Unido. A finales de noviembre, el sol se pona sobre las cuatro y media de la tarde en las
proximidades de Islandia, la visibilidad sola ser mala en dicha poca del ao en el mar de
Noruega y el Atlntico Norte y las posibilidades de que aquellos buques pasaran
inadvertidos en sus travesas de ida y vuelta eran considerables por tanto.
Al mando del vicealmirante Marschall, ambos acorazados aparejaron de
Wilhelmshaven a primeras horas de la tarde del 21 de noviembre. El 22 por la noche
remontaban por el norte de las islas Shetland, y en la maana del 23 las Faeroe. Su
propsito era aproximarse a Islandia y cruzar el Atlntico a travs del paso existente entre
esta isla, entonces danesa, y las Faeroe, asimismo danesas, hacer una finta y luego retirarse.
No era un proyecto ciertamente ambicioso, pero aquellos buques no haban sido probados
en combate, ni siquiera navegando en malas condiciones de mar, por lo que su efectividad
era una incgnita que haba que despejar cuanto antes.
Ahora bien, los ingleses tenan establecidas unas lneas de vigilancia en todas las
salidas al Atlntico desde el mar del Norte y el de Noruega, con cruceros y cruceros
auxiliares, precisamente con el fin de impedir el trnsito de los corsarios alemanes. Poco
antes del crepsculo vespertino del 23 de noviembre, desde el Scharnhorst se avist a
bastante distancia un barco grande de dos chimeneas y nacionalidad desconocida: era el
Rawalpindi. El capitn de navo Hoffman, comandante del Scharnhorst, subi hasta la cofa
y observ que el barco en cuestin zigzagueaba y no llevaba bandera, por lo que orden
arrumbar hacia l y comunicar sus observaciones al almirante.
En el Rawalpindi, las rdenes alemanas de detenerse y el caonazo cruzado por la
proa fueron ignorados, y se reconoci al buque de guerra que se aproximaba como un
crucero de batalla alemn, comunicndoselo as por radio al Almirantazgo. Pero despus el
capitn de navo britnico Edward Kennedy crey que se trataba del acorazado de bolsillo

Deutschland y rectific su mensaje.


El Rawalpindi era una antiguo transatlntico de 16.697 toneladas de registro bruto,
perteneciente a la compaa P. and O. (Peninsular y Oriental), que al ser convertido en
crucero auxiliar de la Armada britnica fue artillado con ocho caones del 152 mm y
marinado por una dotacin de reservistas. Tan pronto cay en sus proximidades la primera
salva alemana, disparada desde unos diez mil metros, el ingls lanz al agua varios
flotadores de humo para tratar de ocultarse y abri el fuego contra su poderoso enemigo,
comenzando un combate que durara exactamente catorce minutos y que terminara,
naturalmente, con el hundimiento del Rawalpindi.
Para el capitn de navo Kennedy, a quien la guerra acababa de sacar de la
tranquilidad y el confort de su bien ganado retiro, haba, sencillamente, llegado la hora de
irse a la tumba con honor, ya que el crucero auxiliar que mandaba slo poda dar 17 nudos,
es decir, era incapaz de escapar de su veloz contrincante, y, habida cuenta de su armamento,
tampoco era enemigo para l. Pero se dispuso a luchar valerosamente hasta el final, y hay
que hacer constar que los ingleses lograron un impacto directo con su artillera de 152 mm
sobre el Scharnhorst. Mas la desproporcin de fuerzas de este primer combate sostenido
entre buques de superficie en la segunda guerra mundial fue tan enorme, que el Rawalpindi
qued inmediatamente destrozado.
Hacia las 16 horas, la tercera salva alemana cay enteramente a bordo del ex
transatlntico, haciendo pedazos las dinamos y los ascensores de municiones. La siguiente
deshizo el puente y la direccin de tiro y redujo la estacin radiotelegrfica a un montn de
escombros. Ahora tambin abri el fuego sobre el infortunado crucero ingls el Gneisenau,
que, cortando la estela del Rawalpindi, se haba situado por su aleta de babor. En breves
minutos, el buque britnico qued convertido en una inmensa y furiosa hoguera, cuyas
llamas lo abrasaban todo a bordo, desde el castillo de proa hasta la toldilla. Pero el crucero
auxiliar sigui disparando espasmdicamente hasta que el ltimo de sus caones fue
desmontado por el huracn de proyectiles enemigos. Reducido al silencio y convertido en
un brulote a la deriva, cargado de muertos y heridos, que se hunda, los alemanes hicieron
alto el fuego y se dispusieron a prestar auxilio a los tripulantes del Rawalpindi, en el que
slo tres embarcaciones pudieron arriarse al agua, de las que nicamente flotaron dos.
Poco ms tarde se aproxim al lugar de la accin un crucero ingls, el Newcastle
(9.300 toneladas, doce piezas de 152 mm, etctera, y 32,5 nudos), perteneciente a la misma
lnea de vigilancia inglesa, que al recibir los desesperados mensajes del Rawalpindi haba
arrumbado al Este a toda mquina. Dicho buque observ el haz de un proyector luminoso y
el relampagueo de unos caonazos en el oscuro horizonte, dirigindose hacia ellos. Era casi
completamente de noche, y, desde unas seis millas y media, los del Newcastle pudieron
observar a un gran buque de guerra oscurecido y parado, y poco despus a otro, algo ms
alejado, que se comunicaba con. el anterior por semforo.
El Scharnhorst llevaba media hora tratando de recoger a los nufragos del
Rawalpindi, y al ser advertido por el Gneisenau de la proximidad de un crucero enemigo,
suspendi la operacin de salvamento y sigui las aguas del buque insignia, alejndose
ambos rpidamente hacia el Este. La poca luz y los chubascos impidieron al Newcastle
poder seguir a los buques alemanes, que desaparecieron en la semioscuridad sin dejar
rastro. Las crticas inglesas sobre la supuesta huida de los dos acorazados alemanes ante
la llegada del crucero pesado britnico carecen de validez. El almirante Marschall haba
hecho acto de presencia con sus buques en las puertas del Atlntico y ahora slo le
interesaba regresar a Alemania, como haba sido previsto por el mando. Perder tiempo en

aquellas aguas enteramente controladas por el enemigo, hundiendo a otro crucero, slo
poda dar lugar a la aproximacin de las posibles unidades pesadas enemigas cercanas y tal
vez a un encuentro que a los germanos en absoluto interesaba.
El Rawalpindi se fue a pique hacia las ocho de la noche. Con la mitad de su casco
incandescente, arrojando grandes llamaradas y borbotones de humo, y muy hundido ya,
termin por zozobrar y desaparecer en las oscuras y glaciales aguas, llevndose al abismo a
su comandante y a otros doscientos setenta hombres que supieron sucumbir heroicamente.
Veintisiete supervivientes haban sido recogidos por los alemanes, y otros once fueron
salvados por el crucero auxiliar britnico Chitral. Estos ltimos haban permanecido
durante treinta y seis terribles horas de fro e incertidumbre agarrados a un bote medio
sumergido.
El Almirantazgo britnico hizo un gran esfuerzo por atrapar al supuesto
Deutschland y a su acompaante, que haba sido identificado como un crucero pesado
alemn, y vengar al Rawalpindi. El crucero de batalla Hood y el de igual clase francs
Dunkerque salieron de Plymouth a gran velocidad y se situaron al sur de Islandia, en latitud
60 Norte. El crucero de batalla Repulse y el portaaviones Furious aparejaron de Halifax y,
con igual presteza, se dirigieron hacia el Este para tomar posiciones en el estrecho de
Dinamarca. El acorazado Warspite abandon la escolta de un convoy y procedi hacia el
mismo paso. De Escocia salieron los cruceros Sheffield, Dunedin y Diomede. Los tambin
cruceros Norfolk y Suffolk, que patrullaban en el estrecho de Dinamarca, fueron enviados al
banco Bill Bailey, al sudoeste de las Faeroe. Otros dos cruceros, el Southampton y el
Edimburgo, aparejaron de Rosyth y se situaron en el canal Fair Isle, entre las Shetland y las
Oreadas. Tambin se establecieron todas las posibles exploraciones areas, se retiraron los
cruceros auxiliares y hasta se coloc un destructor de vigilancia en el Pentland Firth (entre
Scapa Flow y Escocia).
Todos los submarinos de las bases del Firth of Forth y del Tyne se hicieron a la mar,
para establecer una barrera al sudoeste de la farola noruega del Lister. Los acorazados
Nelson y Rodney, el crucero Devonshire y la octava flotilla de destructores se situaron al
NNE de las islas Shetland, a unas sesenta millas de la costa noruega. Algo ms al sur se
colocaron el crucero pesado Glasgow y dos destructores. Todava en latitud ms baja, el
crucero Aurora y otros destructores. Y entre Noruega y las Shetland se establecieron dos
barreras de exploracin paralelas y orientadas de Este a Oeste, constituidas por varios
cruceros y destructores ms. Todas las entradas al mar del Norte y las salidas al Atlntico
quedaban, pues, bien guardadas, y pareca imposible que algn buque alemn de superficie
pudiera escabullirse por all sin ser detectado y perseguido.
Hay que tener en cuenta que los cruceros Calendon, Colombo, Cardiff, Newcastle,
Delhi y Ceres estaban aproximadamente en sus puestos de guardia y que su misin, caso de
descubrir al enemigo, era sealar su posicin y seguirle a distancia hasta que la Home Fleet
o la RAF pudieran intervenir. Slo en el mar del Norte se movan ya catorce cruceros y
varias docenas de destructores y submarinos. Y es que el Almirantazgo britnico se
dispona por todos los medios a vengar al Rawalpindi. Lo lograra?
El vicealmirante Marschall mantuvo un silencio radiotelegrfico absoluto y, aunque
su situacin era realmente peligrosa, no perdi la serenidad. Tras hundir al Rawalpindi
arrumb hacia al ENE, y se mantuvo luego durante todo el da 24 en el mar de Noruega, a
caballo del paralelo de los 65 y aproximadamente sobre el meridiano de los 5 Este.
Despus tir hacia el Sur, pero en la tarde del 25, habiendo mejorado considerablemente la
visibilidad, invirti el rumbo y se dirigi otra vez al Norte. Hidroaviones alemanes de

reconocimiento le haban sealado las dos lneas de vigilancia establecidas por los
britnicos frente a la costa noruega, y no quiso cruzarlas de noche. Pese al radiotelmetro,
saba muy bien que un destructor enemigo poda acercrsele al amparo de las tinieblas sin
ser descubierto y lanzarle a quemarropa una mortfera salva de torpedos. En el mejor de los
casos, cualquier reduccin en la velocidad sera el desastre, pues Noruega no estaba todava
en manos de los alemanes. Prefiri aguardar el empeoramiento del tiempo que le
anunciaban sus meteorlogos, sin prisas, para cruzar entre los buques enemigos de da,
confiando en sus 32 nudos de velocidad, la efectividad de sus radiotelmetros a plena luz y
los dieciocho caones de tiro rpido y 280 mm de calibre que montaban sus acorazados.
La suerte, pero no la suerte ciega, sino la inteligentemente conducida, le favoreci.
A 27 nudos, los buques alemanes recalaron en el cabo Stadtland, en Noruega, con un
temporal en aumento. Despus, a la altura de Bergen, vieron bastante lejos a uno de los
buques enemigos de vigilancia, dando grandes bandazos entre la rugiente tempestad y
arrumbado a poniente. Pero debido a los frecuentes chubascos y al mal tiempo, los
acorazados alemanes no fueron descubiertos y pudieron atravesar las dos lneas de
vigilancia inglesas en la maana del da 26, a gran velocidad y navegando contra la mar,
con los castillos ms tiempo debajo de las grandes olas que encima de ellas, recibiendo un
fuerte castigo. Tampoco fueron avistados por los submarinos ni aviones ingleses, y entraron
en Wilhelmshaven en las primeras horas de la tarde del da 27. Pero sus averas
estructurales debido a los golpes de mar fueron tales, que no pudieron volver a navegar
hasta mediados de febrero de 1940.
El hundimiento del Rawalpindi y la desaparicin de los buques alemanes caus
tremenda contrariedad y decepcin en Gran Bretaa, pues esta vez no se trataba, como en el
caso del Courageous o del Royal Oak, de que algn insignificante submarino alemn,
deslizndose arteramente bajo la superficie del mar, hubiera descargado sus traidores
torpedos sobre los majestuosos dueos de los ocanos. En unas aguas plenamente
dominadas y vigiladas por la flota britnica, dos buques alemanes de superficie, operando a
ms de mil millas de sus propias bases, all donde jams se atrevieron a llegar los
acorazados y cruceros germanos durante la gran guerra, haban tenido la desfachatez de
echar a pique un buque de Su Graciosa Majestad y regresar luego impunemente a Alemania
como si tal cosa. La humillacin era grave, y el prestigio de la Royal Navy, que todava no
se haba apuntado ningn tanto espectacular en lo que iba de guerra, quedaba
momentneamente en entredicho pese a todos sus esfuerzos.
Por si fuera poco, al regresar al fondeadero en el Clyde (Scapa Flow, que se
fortificaba activamente tras el hundimiento del Royal Oak, todava no se consideraba
segura), una mina magntica alemana de fondo hizo explosin bajo la enorme obra viva del
acorazado Nelson, que result gravemente averiado y qued inutilizado durante varios
meses.
Pero si aquella operacin de caza fracas por completo, el hundimiento del
Rawalpindi sera vengado por los ingleses, algn tiempo despus, en el Atlntico Sur, no
muy lejos de la cosmopolita playa Brava, de Punta del Este, tras un indeciso combate entre
tres cruceros britnicos y el acorazado de bolsillo alemn Graf Spee.
***
La noche haba desplegado por completo su oscuro manto sobre el ocano infinito,

y las estrellas refulgan inquietas en la aterciopelada bveda del firmamento. La superficie


del mar pareca respirar suave y cadenciosamente, y el solitario buque de guerra alemn,
que a 15 nudos de velocidad se deslizaba sobre su piel, iba dejando una fosforescente y
brillante estela, formada por millones de noctilucas.
Era una de esas noches en que los delfines suelen acudir a jugar junto al tajamar de
los barcos, produciendo infinitas estelas luminosas, como revoltosos fantasmas que, bajo la
superficie, portaran chisporreantes antorchas, o rientes sirenitas que quisieran provocar a
uno con el cimbreo de sus largas cabelleras de plata. Y cuando hay marejada en una de esas
noches, las crestas de las olas brillan de cuando en cuando con un extrao y breve fulgor, y
se experimenta la rara sensacin de que ciertas almas en pena tratan quiz de comunicar
algn incomprensible mensaje de ultratumba.
En el amplio alern de babor del puente, a bordo del acorazado Graf Spee, el
capitn de navo Hans Langsdorff se hallaba solo, ensimismado, contemplando la
fascinante constelacin austral de la Cruz del Sur y la luminosa onda de cabeza que, con un
leve murmullo, iba arando la roda de su buque. El marino alemn recordaba probablemente
otras noches como aqulla vividas aos atrs, y su mente volara nostlgica hacia alguna de
esas escenas y etapas de la vida que indeleblemente quedan para siempre prendidas en ese
maravilloso y casi desconocido mecanismo del cerebro; vivencias que hubiramos querido
detener o volver a sentir, pero que se nos fueron, demasiado de prisa tal vez.
El capitn de navo senta cierto desasosiego interior, provocado por el instinto, que
quiz quera advertirle que aqulla era la ltima noche de su vida que pasara en la mar. Y
Langsdorff pens, no sin cierta tristeza, que la mar era para l, en cierto modo, como un
inmenso tablero de ajedrez sobre el que cada uno de sus movimientos tena que ser
cuidadosamente meditado y sopesado antes de llevarse a la prctica, pues el jaque mate
enemigo pareca acecharle a la vuelta de cada meridiano. Su navegar era como el deslizarse
a pecho descubierto por alguna selva tropical poblada de enemigos que acecharan bien
escondidos en la espesura, listos para dispararle alguna enherbolada y mortfera flecha.
Ahora, la proa de su buque se diriga desde haca varios das, obstinadamente, hacia el
estuario del Ro de la Plata, donde un intenssimo trfico martimo les deparara buenas
oportunidades de hacer presas. Confiaba en que el enemigo le creera arrumbado ya hacia el
Norte, hacia Alemania, pues tena que darse cuenta de que un buque como el suyo no poda
permanecer indefinidamente en la mar. Y el Graf Spee navegaba sin interrupcin desde
haca cerca de cuatro meses. Demasiado tiempo, se dijo Langsdorff: haba sonado la hora
de regresar! Un par de hundimientos de barcos frigorficos abarrotados de carne y vveres
con destino a Inglaterra, una finta hacia el sur para hacer creer a los ingleses que sus
intenciones eran doblar el cabo de Hornos, y dara orden de arrumbar a la patria.
Habiendo hundido nueve barcos britnicos, con ms de cincuenta mil toneladas, sin
causar la prdida de una sola vida humana, y producido un gran trastorno a las
comunicaciones y dispositivos del enemigo, l consideraba que ya haba cumplido.
Regresara a Alemania cargado de laureles, y era lo ms probable que, a sus cuarenta y dos
aos, fuera ascendido a Konteradmiral. Era algo por lo que haba luchado, trabajado y
sufrido durante todos los aos de su carrera, algo que verdaderamente constitua la ilusin
de su vida, la ilusin de todo oficial de Marina..., cuando se tienen cuarenta y dos aos,
claro! Y ahora lo tena por fin al alcance de la mano. Pero lo tena?
En aquel momento llegaron a sus odos, lejanas, las cuatro campanadas de la
medianoche picadas en el alczar, y se dio cuenta de que acababan de entrar en el 13 de
diciembre. No era supersticioso, pero experiment un vago e impreciso temor y sinti que

su confianza anterior se hunda un poco en el abismo del espritu. Poco despus abandon
el alern, penetr silenciosamente en el puente y se dirigi a su camarote de mar, pues al
da siguiente entraran en una de las arterias martimas ms importantes del mundo y quera
estar descansado.
Y mientras el comandante del crucero acorazado Graf Spee trata de conciliar el
sueo, nosotros echaremos un breve vistazo a su historial de corsario.
***
El 26 de septiembre de 1939, el Graf Spee recibi un radio del S. K. L.
(Seekriegsleitung: Alto Mando Naval), ordenando a Langsdorff comenzar activamente la
guerra al comercio.
El acorazado haba permanecido durante la ltima quincena en compaa del
Altmark, que le haba proporcionado vveres y combustible y servido de blanco para los
ejercicios de sus telemetristas y radiotelemetristas. El da 27, Langsdorff se despidi del
buque aprovisionador, al que dio cita para el 14 de octubre, y arrumb hacia Pernambuco,
en Brasil. Para tratar de sembrar la confusin entre los ingleses, cambi el nombre pintado
en el casco del acorazado y sus botes, as como en las cintas de los gorros de la marinera,
por el de Admiral Scheer. Ello hara creer a los aliados que eran tres los acorazados
germanos que actuaban contra el trfico martimo.
El 30 de septiembre detena y hunda al carguero ingls Clement, de 5.050 toneladas
de registro bruto, despachado de Nueva York para Baha con 20.000 latas de queroseno, no
sin que antes hubiera podido lanzar por radio la seal de alarma: RRR, cuyo significado
en el cdigo aliado era que estaba siendo atacado por un corsario de superficie (Raider), y
sealar su posicin. Este hundimiento tuvo lugar a unas setenta y cinco millas al sudeste de
Pernambuco y galvaniz al Almirantazgo britnico, ya que era la primera vctima de algn
corsario alemn en el ocano Atlntico. Pero no se adopt medida extraordinaria alguna
hasta el da 5, pues slo entonces se supo en Inglaterra que el corsario alemn no era un
mercante armado salido de cualquier puerto sudamericano, sino que se trataba,
efectivamente, de un poderoso buque de guerra de la Kriegsmarine.
Mas para dicha fecha los relatos del capitn y tripulacin del Clement no dejaban la
menor duda acerca de con quin tendran que habrselas los ingleses en el Atlntico, y, tras
ponerse de acuerdo con el Almirantazgo francs, inmediatamente se formaron y enviaron a
diversas zonas de caza los siguientes grupos: Fuerza F: cruceros pesados Berwick
(10.000 toneladas, ocho piezas de 203 mm) y York (8.250 toneladas, seis piezas de 203
mm), al Atlntico Norte y zona del Caribe; Fuerza G: cruceros Exeter (8.390 toneladas,
seis piezas de 203 mm), Cumberland (10.000 toneladas, ocho piezas de 203 mm), Ajax y
Achilles (gemelos, de 7.000 toneladas, y ocho piezas de 152 mm), a la costa oriental
americana; Fuerza H: cruceros pesados Sussex y Shropshire (gemelos, 10.000 toneladas,
ocho piezas de 203 mm), a las proximidades del cabo de Buena Esperanza; Fuerza I:
cruceros pesados Cornwall y Dorsetshire (10.000 toneladas, ocho piezas de 203 mm) y
portaaviones Eagle (22.600 toneladas, veintin aviones), al ocano ndico; Fuerza K:
cruceros de batalla Renown (32.000 toneladas, seis caones de 381 mm, 29 nudos) y
portaaviones Ark Royal (22.000 toneladas, sesenta aviones, 31 nudos), al Atlntico central;
Fuerza L; francesa: crucero de batalla Dunkerque (26.500 toneladas, ocho caones de
330 mm, 31 nudos), portaaviones Bearn (22.000 toneladas, cuarenta aviones) y tres

cruceros pesados en el Atlntico Norte; Fuerza M, francesa: cruceros pesados Foch y


Dupleix (10.000 toneladas, ocho caones de 203 mm), en la zona de Dakar, y, finalmente,
Fuerza N: crucero de batalla francs Strasbourg (gemelo del Dunkerque) y portaaviones
britnico Hermes (11.000 toneladas, veinte aviones), en la zona de las Antillas.
Era un buen puado de poderosos y veloces buques de guerra, agrupados de modo
que, segn el Almirantazgo britnico, la potencia de cada grupo de caza es suficiente para
destruir a cualquier corsario del tipo Deutschland o crucero protegido del tipo Hipper.
Afirmacin hoy ciertamente impugnable, pero entonces tenida por buena, pues se
desconoca el verdadero blindaje y desplazamiento de aquellos buques de guerra alemanes.
Adems de dichos grupos de caza, el Almirantazgo britnico envi al ocano ndico,
va canal de Suez, al acorazado Malaya y al portaaviones Glorious, que constituiran la
Fuerza J, y a Halifax, con el fin de dar escolta a los convoyes despachados desde este
puerto canadiense para el Reino Unido, a los acorazados Resolution y Revenge y a los
cruceros Enterprise y Emerald, a los que despus siguieron el acorazado Warspite, el
crucero de batalla Repulse y el portaaviones Furious. De manera que los ocanos Atlntico
e ndico se convirtieron en lugares ciertamente peligrosos para los corsarios alemanes,
sobre los que stos tenan que moverse con tanta audacia como astucia, so pena de dar un
paso necesariamente mortal.
Pero sigamos a Hans Langsdorff, un hombre al que casi todos los historiadores
alemanes y extranjeros coinciden, con rara unanimidad, en calificar de brillante y fuera de
lo normal, por su inteligencia, imaginacin, caballerosidad y audacia, pero a quien es
probable que afectaran desfavorablemente los meses de soledad y tensin de la guerra de
corso, ya que terminara cometiendo una serie de graves errores que conduciran a la
prdida de su buque y le llevaran al suicidio.
Tras hundir al Clement, y como el estado de la mar era bueno, Langsdorff slo tom
a bordo de su buque al capitn y al jefe de mquinas del carguero ingls, lo que fue una
atencin por su parte, ya que unas horas despus, al avistarse algo ms al Sur el barco
griego Papalemos, lo detuvo, enviando a su bordo a los dos ingleses, que, naturalmente,
creyeron que el buque de guerra alemn en que tan cortsmente haban sido tratados era el
Admiral Scheer. Langsdorff envi seguidamente un mensaje a la costera de Pernambuco,
empleando el indicativo internacional del Scheer, rogando prestaran auxilio a los botes del
Clement, cuya situacin les daba. Despus de lo cual arrumb hacia el Este para atravesar
el Atlntico y cambiar de escenario.
El da 4 de octubre cruzaba entre las islas Ascensin y Santa Elena, arrumbando
despus al Nordeste. El 5 avist un humo en el horizonte. Lo produca el carguero ingls
Newton Beech (4.650 toneladas), con t y maz para Gran Bretaa. El Spee se le acerc
navegando siempre de proa para no mostrar su caracterstica silueta, tan distinta a la de los
buques de guerra ingleses, es decir, haciendo la llamada curva del perro y llevando izada
la bandera francesa, con objeto de no ser reconocido hasta el ltimo instante. Al estar a
unos mil ochocientos metros cambi el pabelln e iz dos seales de banderas: Pngase al
pairo, envo bote y No utilice la radio o disparo. El carguero par las mquinas, pero
lanz valientemente al ter la seal de alarma, a pesar de lo cual Langsdorff no quiso
disparar sobre l.
Esta seal fue muy dbil, y los alemanes creyeron que no haba sido oda, pero en
realidad fue recogida y retransmitida por otro barco mercante, y lleg hasta el crucero
pesado britnico Cumberland, que, a fin de mantener el radiosilencio y suponiendo que
habra sido tambin recibida por la estacin de la base naval de Freetown, no la repiti. Ello

fue una suerte para los alemanes, pues, de haberlo hecho, es probable que los buques de
guerra ingleses hubieran podido atrapar al Graf Spee unos das ms tarde.
El corsario naveg de conserva con el Newton Beech hacia el ENE, ya que
Langsdorff quera conservarlo como barco prisin, pero, como andaba muy poco, unos das
ms tarde decidi echarlo a pique. El da 6 puso el avin de exploracin en el air, que no
encontr nada, y el comandante del Graf Spee decidi buscar presas hacia el SE,
aproximndose a las derrotas El Cabo-Freetown y Freetown-Lobito.
Al da siguiente capturaba el vapor ingls Ashlea (4.220 toneladas), de Durban a
Inglaterra con 7.200 toneladas de azcar. Su capitn crey que se trataba de un buque de
guerra francs y no transmiti seal alguna. Se recogi a su tripulacin, se le tomaron dos
toneladas de azcar y se le ech a pique con explosivos. El da 10 detena tambin al ingls
Huntsman, de 8.200 toneladas, que llevaba una tripulacin de ochenta y cuatro hombres a
bordo. El oficial alemn de presas se encontr con que el capitn de este barco era un
antiguo amigo suyo que en cierta ocasin, al zozobrar el remolcador que mandaba, le haba
salvado la vida. Pero nada libr al barco britnico, a su debido tiempo, de bajar al oscuro
abismo. Pese a que haba lanzado la seal de alarma, Langsdorff tampoco haba querido
caonearlo.
No deseando tomar a bordo del acorazado a tanta gente, naveg con l hacia el Sur
en demanda del Altmark, pero antes hizo lanzar al ter una seal radiotelegrfica con el
indicativo del Newton, simulando que ste haba sido torpedeado por un submarino alemn
en una posicin algo ms al Norte.
Dejando atrs el Huntsman con una dotacin de presa, el 17 de octubre se reuna
con el Altmark en 21 59' Sur, 15 20' Oeste. El capitn del aprovisionador alemn
comunic a Langsdorff que durante aquellas semanas no se haba avistado alma viviente
por aquellos solitarios y encalmados parajes. Pero el comandante del acorazado de bolsillo
acababa de recibir un radio desde Alemania en que se le informaba con bastante exactitud
del despliegue de buques de guerra ingleses en el Atlntico y de la salida a este ocano,
procedentes del Mediterrneo, de un acorazado y otras unidades pesadas de la flota inglesa.
Todo ello, unido al inusitado aumento de seales radiotelegrficas en la costa africana, le
decidi a cambiar su zona de operaciones, as como la de la reunin con el Altmark.
Pero, antes, los dos buques arrumbaron al Norte, en busca del Huntsman, al que
hallaron en la maana del 16. Al da siguiente se termin el aprovisionamiento del Spee, se
transbord la tripulacin inglesa al Altmark y se hundi el Huntsman. Tras acordar un punto
de reunin para diez das despus algo ms al Oeste, el acorazado arrumb al Sudeste, pues
Langsdorff quera situarse a caballo sobre las derrotas secretas impuestas por el
Almirantazgo britnico a los vapores procedentes de El Cabo, descubiertas por los
alemanes en uno de los barcos apresados.
El 22 lleg a la nueva zona de caza, pero no avist barco alguno, por lo que el 23 se
catapult el avin, que a los pocos minutos de vuelo descubri el carguero ingls Trevanion
(5.300 toneladas), que iba a Inglaterra con 8.000 toneladas de mineral. Cuando el Graf
Spee lo detuvo poco ms tarde, lanz la seal de alarma, por lo que los alemanes dispararon
sobre l con sus ametralladoras de 20 mm. Pero el capitn del vapor ingls se situ junto al
radiotelegrafista y, pese a la granizada de balas trazadoras, le oblig a transmitir el
interrumpido mensaje. Despus se tom a bordo del Spee a los treinta y tres indemnes
hombres de la tripulacin del Trevanion y se le ech a pique con cargas explosivas.
El da 24 por la maana se volvi a catapultar al Arado, que regres una hora
despus y seal el rumbo y la posicin de otro barco que navegaba en las proximidades.

Se iz el aparato a bordo, y el Graf Spee hizo rumbo de interceptacin con el recin


descubierto. Pero nada se vio al llegar al lugar donde debera estar. Se continu al mismo
rumbo durante otra media hora, pero con igual resultado negativo. Langsdorff entr
entonces en sospechas de que tal vez el ingls haba descubierto su avin y cambiado,
consecuentemente, de rumbo, y, temiendo que pudiera haber transmitido su descubrimiento
al comandante en jefe del Atlntico Sur, en Freetown, decidi quitarse inmediatamente de
en medio a toda mquina. Naveg hacia el Oeste a 27 nudos durante el resto del da y toda
la noche siguiente, y luego arrumb al Sursudoeste en demanda del punto de cita con el
Altmark, que apareci el da 28.
El alemn haba hecho bien, pues la Fuerza K no andaba en realidad muy lejos.
Haba salido de Freetown el 15 de octubre y permanecido casi un mes cruzando entre los
meridianos de 0 y 20 Este y los paralelos de Santa Elena y la costa de Liberia, barriendo
diariamente la mar con sus aviones, maana y tarde, pero sin descubrir nada, pues el
corsario germano actuaba en una zona muy amplia y situada algo ms al Sur.
La tripulacin del Trevanion fue transbordada al petrolero alemn, y el Graf Spee
tom combustible. Langsdorff pens que seguir por aquellas aguas donde ya haba hundido
a cuatro barcos poda resultar muy peligroso para l, y, aceptando una sugerencia que le
haba hecho el almirante Raeder unos das antes a travs del ter, decidi hacer acto de
presencia en el ocano Indico, para tratar de arrastrar hacia all a los buques de guerra
britnicos y volver inmediatamente al Atlntico.
Dando un resguardo de cuatrocientas millas al cabo de Buena Esperanza, es decir,
cruzando a travs de los rugientes cuarentas, el buque alemn pas al Indico y se dirigi
lentamente hacia el sur de Madagascar, navegando en zigzag durante varios das sobre las
derrotas de Australia y Nueva Zelanda a Ciudad del Cabo, pero sin suerte para l. Los
vuelos del Arado tampoco proporcionaron otro resultado, por lo que Langsdorff decidi
dirigirse hacia el canal de Mozambique.
El 14 de noviembre, hallndose al nordeste de Lorenzo Marques y cerca de la costa,
se avist por fin un barco durante el crepsculo vespertino. El corsario lo reconoci, ya de
noche, a la luz de uno de sus potentes proyectores de arco. Era un neutral, y como haba
demasiada marejada para arriar un bote y registrarlo, lo dej ir sin hacerle preguntas. El
Graf Spee arrumb despus hacia el Norte, y al da siguiente descubri al pequeo
petrolero ingls de 706 toneladas de registro Africa Shell, que tan pronto apercibi el buque
de guerra alemn le puso la popa y sali disparado. Un proyectil de 150 mm peligrosamente
cado por su proa hizo detenerse al evasivo capitn Dove, que fue tomado a bordo del Graf
Spee, mientras se permita al resto de la tripulacin dirigirse en los botes hasta la cercana
playa. Los alemanes colocaron varias cargas de dinamita junto al casco del petrolero, que al
estallar le hicieron zozobrar e irse a pique.
Langsdorff supuso que los tripulantes del Africa Shell acudiran a la farola de
Zavora, visible a muy pocas millas de distancia, y sealaran su presencia, por lo que
arrumb al Nordeste hasta perder de vista la costa, como si tratara de cruzar el canal de
Mozambique. Seguidamente cambi de rumbo hacia el Sursudeste y despus repas los
rugientes cuarentas dando un resguardo de quinientas millas al cabo de las Agujas.
Tres das ms tarde, es decir el 18 de noviembre, se recibi en Freetown la noticia
de que el Africa Shell haba sido hundido. As supieron los ingleses que el buscado corsario
germano haba cambiado de escenario, y, suponiendo que actuara durante cierto tiempo en
el ocano Indico y luego regresara al Atlntico, decidieron apostar a las fuerzas K y H
en el meridiano del antiguo cabo de Las Tormentas, para atraparlo a su vuelta. Pero el

capitn de navo Langsdorff se movi bien sobre aquel peligroso tablero azul. El 27 de
noviembre, cuando el Renown, el Ark Royal y los cruceros pesados Sussex y Shropshire
comenzaron a acechar al sur del continente negro, el Graf Spee ya estaba a la altura de
Tristn de Acua, otra vez en el Atlntico Sur, unas seiscientas millas a poniente de Ciudad
del Cabo.
Las dos fuerzas britnicas siguieron vigilando hasta el 2 de diciembre, con tal mal
tiempo que slo en una ocasin pudieron poner en el aire los aviones de exploracin. La
Fuerza K entr en Ciudad del Cabo el da 3, para petrolear, con las dotaciones bastante
cansadas y decepcionadas, y esta llegada caus sensacin en dicha ciudad, donde se crea
que el Ark Royal haba sido hundido por la aviacin alemana. La Fuerza H tom
combustible el mismo da en Simonstown. Pero la visita a Sudfrica de ambas agrupaciones
fue breve, pues el almirante Wells, que las mandaba, recibi un radio a las pocas horas de
entrar en el puerto, en el que se le comunicaba que el acorazado alemn haba hundido al
vapor ingls Doric Star, el da anterior, a unas trescientas millas de la costa de Angola. La
Fuerza H se hizo a la mar al da siguiente, arrumbando al Noroeste una vez en franqua, y
la Fuerza K sali el da 5, para situarse en una posicin equidistante de Ciudad del Cabo,
Puerto Stanley (en las islas Malvinas) y Ro de Janeiro. Por si el corsario alemn regresaba
al Indico, el Almirantazgo orden a los cruceros Cornwall y Glowcester y al portaaviones
Eagle que se situaran sobre el meridiano del cabo de las Agujas, al sur de frica. Y por si
arrumbaba hacia el Norte, se estableci una barrera con los cruceros franceses Dupleix y
Foch, los destructores de igual nacionalidad Miln y Cassard (2.441 toneladas, cinco
caones de 138 mm, etc., 42 nudos), el portaaviones Hermes, el crucero Neptune, y tres
destructores britnicos (Hardy, Hostile y Hero), entre Pernambuco y Freetown.
Mientras tanto el Graf Spee haba tomado vveres, piezas de repuesto y combustible
del Altmark el 26 de noviembre, llenando paoles y tanques de petrleo de tal forma que, si
preciso fuese, no necesitara volver a aprovisionarse hasta finales de febrero de 1940.
Langsdorff saba que los ingleses haban hundido varios barcos mercantes alemanes en el
Atlntico Sur haca poco tiempo, y tema que el Altmark pudiera seguir igual suerte
cualquier da. Y para enero, l pensaba estar de regreso en Alemania. Tanto es as, que este
oficial de Marina comunicativo y que verta todos sus planes e impresiones en el parte de
campaa de su buque, hizo durante aquella reunin con el Altmark una anotacin que, por
arrojar cierta luz sobre su extraa conducta posterior, queremos consignar aqu:
Los motores del Spee precisan de un recorrido general, en dique, en un futuro
prximo escribe Langsdorff. El perodo de guerra al trfico se acerca, por tanto, a su
fin, y, en consecuencia, la necesidad de evitar daos en un combate ya no es tan acuciante.
Si el Spee se encontrara dentro del alcance artillero de un buque de guerra enemigo, puede
anticiparse que su poderoso armamento, por lo menos, daara tanto a su oponente, con
excepcin del Repulse, que le impedira poder seguirlo. Por otra parte, durante las brillantes
noches de luna del Atlntico Sur resultara difcil librarse de cualquier seguidor veloz.
Este doble pensamiento expuesto por Langsdorff, es decir, la idea de que los daos
que pudiera recibir en un combate no tendran demasiada importancia para el blindado
Graf Spee, puesto que al acorazado le quedaba ya poco tiempo de operaciones y los
inconvenientes que de ello se derivan seran, por tanto, breves, y que de noche no podra
librarse de la persecucin a distancia de cualquier crucero enemigo, que ira transmitiendo
incesantemente su posicin y movimientos para atraer sobre l a las fuerzas enemigas ms
potentes, le llevara muy pronto a cometer el mayor error de su vida: aceptar el combate,
inmediatamente y sin pensarlo dos veces, con el que crey ser un solo crucero britnico y

dos destructores. Cuando luego descubri que, en vez de un solo crucero, se trataba de tres,
no supo o no pudo reaccionar como el caso y las circunstancias hubieran exigido. Le fall,
en aquel momento crucial, quiz por cansancio, la agilidad mental necesaria para adaptarse
inmediatamente a la nueva situacin.
Pero todava estamos en el 26 de noviembre de 1939. La mole de acero del Graf
Spee, detenida, apenas si se balanceaba imperceptiblemente sobre el soleado e inmenso
ocano azul. En su interior, los mecnicos recorran apresuradamente las mquinas,
mientras fuera los carpinteros y contramaestres instalaban una segunda chimenea postiza a
popa del puente, y una torre de artillera igualmente postiza, detrs y en un plano superior a
la verdadera torre triple de proa. Terminado el trabajo, el mismo Langsdorff quiso embarcar
en un bote a motor y se alej de su buque sobre la mar varias millas, para poder apreciar
desde diversos sectores el nuevo aspecto que presentaba el Graf Spee. Qued satisfecho.
Careciendo un observador cualquiera de puntos de referencia o comparacin, el acorazado
poda muy bien ser tomado, a cierta distancia, por el crucero de batalla ingls Repulse, lo
que le facilitara el regreso a Alemania. De todas maneras, y por si se encontraban con
barcos neutrales, los alemanes le cambiaron una vez ms el nombre, ahora el Graf Spee
ostentaba el de Deutschland. Y el 29 de noviembre, tras sealar varios puntos de reunin al
Altmark para diversas fechas, se arrancaron los motores disel principales, el acorazado
comenz a moverse, cay lentamente a una banda y luego apro al Estenordeste, hacia la
derrota martima, El Cabo-Freetown.

El serviola situado sobre lo alto de la torre directora del tiro descubra, el 2 de


diciembre, una tenue humareda en el horizonte. Era el vapor ingls Doric Star, de 10.086
toneladas de registro, la mayor presa que hara el Graf Spee. Pese a las seales y caonazos
de aviso del buque de guerra alemn, el Doric Star transmiti la seal de alarma. Pero

Langsdorff quera apresar a este gran barco intacto y se limit a tratar de interferir sus
seales radiotelegrficas. Iba de Auckland al Reino Unido, abarrotado de vveres, pero
antes de que se subiera a bordo el grupo de presa alemn, los ingleses destrozaron las
mquinas; as que, tras tomar a bordo del acorazado a la tripulacin y algunos vveres, los
alemanes lo hundieron con cargas de demolicin, disparos de artillera y un torpedo.
El de bolsillo arrumb seguidamente al Sudoeste a gran velocidad, y poco despus
sus operadores de radio captaron varios mensajes enemigos en los que la estacin de la base
naval sudafricana de Simonstown adverta a todos los buques de guerra britnicos que el
Doric Star haba sido caoneado por un acorazado germano, al mismo tiempo que sealaba
la hora y situacin del ataque.
La amanecida del 3 de diciembre desvel para los serviolas del Graf Spee al vapor
ingls Tairoa (7.983 toneladas), que iba de Melbourne a Inglaterra con un cargamento de
carne, lana y plomo. Pese al fuego de los caones antiareos alemanes de 37 mm, que
hirieron a tres de sus hombres, este barco transmiti tambin la seal de alarma, y como los
ingleses inutilizaron el aparato de gobierno, hubo que echarlo a pique, despus de recoger a
sus tripulantes.
Tras este hundimiento, el comandante del Graf Spee decidi alejarse
definitivamente de aquella zona y cruzar el Atlntico para situarse entre Ro de Janeiro y el
estuario del Plata, con la intencin de actuar all durante breve tiempo, hacer luego una
finta hacia el Sur, como ya se ha dicho y arrumbar a Alemania.
El 6 de diciembre se reuna con el Altmark prcticamente en mitad del Atlntico
Sur. Tras recibir combustible y transbordarle todos los prisioneros, el Graf Spee continu su
navegacin hacia Poniente. Al d/a siguiente se top con el carguero britnico Streonshalh
(3.900 toneladas), despachado de Montevideo para el Reino Unido con 5.654 toneladas de
trigo, pero va Freetown, donde debera unirse a un convoy. En vez de ello fue a reunirse en
el fondo del mar con sus ocho predecesores de igual bandera, echados a pique por el Graf
Spee.
El encuentro con este barco, bastante alejado hacia levante de la derrota normal
entre Montevideo y Freetown, hizo pensar a Langsdorff que tal vez el trfico procedente
del estuario del Plata haba sido desviado de las derrotas ortodrmicas habituales en
tiempos de paz y que, por tanto, podra resultar intil situarse entre Ro de Janeiro y dicho
estuario. El capitn del Streonshalh no quiso darle la menor pista sobre las nuevas derrotas
del Almirantazgo, as que el alemn cambi de idea y enmend su rumbo hacia la boca del
Ro de la Plata. Decisin funesta, pues precisamente all le estaban aguardando tres
cruceros britnicos...
***
La mar, como si se tratara de un ser vivo, pareci querer desperezarse con la llegada
de la aurora. El cielo, azul oscuro, comenz a palidecer imperceptiblemente por el Este, al
mismo tiempo que sobre el horizonte surga un intenso resplandor rojizo que fue
extendindose como un incendio. Luego, la faja roja se convirti paulatinamente en
crdena, y, por fin, nuestra estrella asom una ceja sangrienta, como si antes de decidirse a
emerger quisiera otear el ocano. Pero muy pronto sali toda entera, radiante, como una
gran bola de acero recin fundido, mientras las aguas parecieron teirse de prpura para
festejar el retorno de la barca de Ra, y la fauna submarina despert bruscamente y entr en

voraz actividad.
Desde lo alto de los puentes de los cruceros britnicos Exeter, Ajax y Achilles, los
serviolas se distrajeron un momento contemplando la salida del agua y el deslizarse de los
peces voladores a ras de la superficie, tal vez huyendo de algn invisible dorado o,
simplemente, expresando su alegra de vivir. Luego los marinos volvieron a enfocar sus
prismticos al despejado y vaco horizonte, sobre el que el sol ascenda ya como un disco
de oro, imperturbable y veloz.
Mientras tanto, el comodoro de la Armada Real Henry Harwood, de cincuenta y un
aos, descansaba intranquilo en su camarote de mar a bordo del crucero ligero Ajax.
Nuestro hombre acababa de bajar del puente, donde haba permanecido durante el
zafarrancho de combate dirigiendo los ejercicios tcticos de los tres cruceros de la Divisin
Sudamericana, su divisin, pues supona que les quedaba muy poco tiempo de preparacin
para el que consideraba inminente combate.
Por otra parte, el zafarrancho antes de la amanecida era una prctica preventiva a
bordo de todos los buques de guerra britnicos en aquellos tiempos todava sin radar, pues
nunca se saben las sorpresas que la luz del nuevo da puede deparar en la mar en tiempos de
guerra. Pero el comodoro se senta, en el fondo, decepcionado y, contra su costumbre, no
lograba aquella maana volver a conciliar el sueo. Porque el despejado da, con una
visibilidad de ms de veinte millas, slo haba mostrado un horizonte vaco de humos o
mstiles de ninguna clase. Qu haba esperado el comodoro Harwood?
Advirtiendo al lector que, precisamente en este momento, los tres cruceros ingleses
acababan de ser observados en el Graf Spee gracias a la mayor elevacin de su torre
directora del tiro, y que Langsdorff haba ordenado arrumbar hacia ellos, pero que a bordo
de los buques ingleses no se avistaran los mstiles del acorazado alemn hasta quince
minutos ms tarde, aprovecharemos este breve perodo anterior al mutuo avistamiento, que
rpidamente conducira al combate llamado del estuario del Plata, para retroceder un
poco en el tiempo con el comodoro Harwood, que se preguntaba si l habra cometido
algn inadvertido error en sus clculos y suposiciones.
Habindole correspondido el mando de la Divisin Sudamericana, formada por los
cruceros pesados Cumberland (10.000 toneladas, ocho piezas de 203 mm), y Exeter (8.400
toneladas, seis piezas de 203 mm) y los ligeros Ajax y Achilles (gemelos, de 7.000
toneladas y ocho caones de 152 mm), tena que vigilar el intenso trfico martimo
britnico desde Pernambuco hasta el Ro de la Plata: ms de dos mil millas! Ello
presentaba el grave inconveniente de tener que dispersar sus fuerzas precisamente para
vigilar, con la desventaja de que si alguno de sus solitarios cruceros se topaba con uno de
los acorazados de bolsillo alemanes que actuaban como corsarios, lo nico que podra hacer
sera seguirle a prudencial distancia para no resultar alcanzado por su poderosa artillera y
sealar su presencia a la fuerza naval britnica ms prxima. Mientras tanto, el acorazado
germano podra atacar a cuantos barcos mercantes ingleses se le antojara, y, evidentemente,
con la llegada de la noche tratara de desvanecerse, cosa bastante factible. Pero, qu otra
cosa poda hacer l con tan slo cuatro cruceros?
A principios de diciembre el Ajax y el Exeter se encontraban en Puerto Stanley con
el fin de dar cierto descanso a las dotaciones y someter los buques a un recorrido general.
El Cumberland patrullaba frente al estuario del Plata, y el Achilles haca lo mismo a la vista
del Corcovado. El 2 de diciembre se hizo a la mar el Ajax llevando izada la insignia del
comodoro, y en la tarde de ese mismo da se recibi un mensaje del comandante en jefe del
Atlntico Sur sealando la posicin en que haba sido hundido el Doric Star, vctima, como

sabemos, del Graf Spee aquella misma maana.


El comodoro orden sacar una carta nutica del Atlntico meridional y situar sobre
ella la posicin del Doric Star. Ello mostr que aquella maana el corsario alemn haba
estado a unas tres mil millas de distancia del Ajax. Harwood qued pensativo. Cul sera el
prximo movimiento del buque de guerra enemigo? Supuso que su aparicin en el ocano
ndico haba sido slo una aagaza para tratar de arrastrar hacia all a los buques britnicos,
que probablemente el alemn haba sentido ya demasiado prximos a sus talones, pues
semejante gasto de combustible era de otra manera injustificable. Ahora, al saberse otra vez
descubierto en la misma zona, el corsario cambiara de escenario, de esto estaba Harwood
completamente seguro. Pero hacia dnde arrumbara? Si se diriga a Alemania, las
preocupaciones del comodoro habran terminado, por lo menos durante algn tiempo, pero
si se decida a cruzar el ocano Atlntico para atacar al trfico del Reino Unido con
Sudamrica, la cosa variaba por completo, ya que l mismo era el nico que podra
intervenir.
Resolvi ponerse en el peor de los casos y dar por cierto que el corsario se decidira
a cruzar. Entonces, todas las posibilidades eran de que navegara a velocidad econmica, a
fin de gastar el menor combustible posible. Cul sera dicha velocidad para aquel tipo de
buque alemn? La ecuacin que Harwood tena que resolver presentaba, pues, dos
incgnitas, y el comodoro pens que haba que suprimir una. Lo ms probable era que
dicho andar era de unos quince nudos y que, si no lo era, se le aproximara mucho. Bien:
hacia dnde navegara el alemn? Ajuicio del marino britnico, al germano se le
presentaban tres posibilidades: arrumbar a la zona de Ro de Janeiro, al estuario del Plata o
a las islas Malvinas. Las dos primeras eran muy frecuentadas, puntos verdaderamente
focales del trfico con Sudamrica. En las islas Malvinas radicaba la base naval britnica de
Port Stanley, y el 8 de diciembre sera precisamente el aniversario de la batalla de las
Falkland, o Malvinas, en la que toda la escuadra alemana del almirante Von Spee haba sido
hundida por los cruceros de batalla britnicos, con la nica excepcin del crucero ligero
Dresden, al que no se pudo dar caza debido a su elevada velocidad.13
El comodoro Harwood orden a su Estado Mayor que, tomando como base la
velocidad de quince nudos, calculase las fechas en que el corsario alemn, que se supona
era el acorazado Admiral Scheer, podra recalar en Ro de Janeiro, en el estuario del Plata y
en las islas Malvinas.
Se dedujo que podra estar en Ro en la maana del 12 de diciembre; en el estuario
del Plata, en la maana del 13, y en las islas Malvinas, en la del 14. El comodoro consider
con satisfaccin que el alemn no podra atacar en Port Stanley para la fecha del
vigsimoquinto aniversario de la batalla de las Falkland. De todas maneras, y si, como l
supona, aquel buque alemn decida trasladar su zona de operaciones a las costas
sudamericanas, lo primero que Harwood tena que hacer era concentrar sus dispersas
fuerzas. Pero en dnde? He aqu el dilema. Porque de las Malvinas a Ro de la Plata haba
ms de mil millas marinas, y otras tantas desde ste hasta Ro de Janeiro. De manera que si
l se decida por uno de estos tres puntos y el corsario se presentaba en otro, se le habra
escapado irremediablemente. Harwood tambin se dio cuenta de que de su decisin poda
depender la impune destruccin de varios mercantes ingleses o nada menos que el
hundimiento del acorazado de bolsillo alemn.
Como haba tiempo para decidir, no quiso precipitarse. Y suponemos que el
comodoro no dormira muy bien aquella noche, pues hasta la tarde del da siguiente, es
decir, el 3 de diciembre, no dio sus rdenes a la Divisin Sudamericana. Se haba decidido,

lgicamente, por el estuario del Ro de la Plata, porque por su mayor nmero de barcos y
valioso comercio de grano y de carne, constitua el rea vital a defender. Y dispuso la
concentracin de sus buques con tiempo suficiente para que se encontrasen all antes de que
llegara el corsario alemn. El Exeter y el Achilles deberan reunirse con el Ajax, frente al
estuario, el 9 de diciembre.
Sin embargo, Harwood enviaba el crucero pesado Cumberland a Puerto Stanley
para que efectuase un recorrido general de mquinas y servicios con su propia gente,
aunque le adverta que estuviera preparado para hacerse a la mar en poco tiempo al primer
aviso. Ello nos hace pensar que el comodoro, o no tena realmente mucha fe en que el
corsario germano acudiera a la cita que l le preparaba, o confiaba excesivamente en la
potencia de sus propios buques, confianza ciertamente peligrosa. Pues no tiene otra
explicacin satisfactoria que, previendo realmente el combate, prescindiera del ms potente
de sus buques en beneficio de algo que perfectamente poda haber sido aplazado. Pero este
primer error no resta mrito a sus otras disposiciones y a la lgica de su decisin, que, por
el contrario, Langsdorff no supo prever.
El 10 de diciembre el Achilles se reuna con el Ajax en un punto situado a doscientas
treinta millas al este de Montevideo, y el da 12 se les una el Exeter. Entonces Harwood
pas un breve y claro mensaje a los comandantes de todos los buques manifestndoles
sus intenciones y la tctica que empleara durante el combate. El Exeter, solo, formara una
seccin, ya que era el mejor protegido y montaba seis piezas de 203 mm, mientras el Ajax y
el Achilles constituiran otra, con sus diecisis caones de 152 mm. Ambas se situaran de
modo que formasen un ngulo de 90, en cuyo vrtice estara situado el buque alemn, lo
que permitira en cada seccin observar la cada de los proyectiles de la otra y corregir su
tiro. Aquella misma tarde ensay su tctica y, como ya sabemos, volvera a hacerlo en la
amanecida del fatdico da 13 de diciembre. Seguramente el comodoro ingls pens que sus
tres veloces cruceros, con veintids caones de grueso calibre, mayor movilidad y atacando
desde puntos diferentes, eran ms que suficientes para dar buena cuenta de las catorce
piezas pesadas alemanas concentradas sobre un solo buque ms lento. Probablemente
supuso tambin que, dividiendo sus fuerzas para obligar al acorazado a concentrar su
artillera principal sobre su rival ms potente y, por tanto, ms peligroso, el crucero Exeter,
l mismo podra, mientras tanto, acercrsele lo suficiente para acribillarlo de cerca con los
caones de sus otros dos cruceros e incluso torpedearlo. Saba que las torres de artillera
llevan su mxima coraza en el escudo frontal y en el carapacho,14 pero que suelen ir
dbilmente protegidas en la parte posterior, que l seguramente podra perforar con sus
proyectiles, ya que por aquella banda el buque alemn slo dispondra de cuatro caones de
150 mm para tratar de impedrselo. Todo ello revela el temple audaz e imaginativo de este
marino britnico, que ni remotamente poda sospechar entonces, cuando hbil y
cuidadosamente teja sus planes de batalla, que sus tres cruceros se veran obligados a
poner literalmente pies en polvorosa ante la formidable artillera del Graf Spee y una coraza
impenetrable a sus granadas.
***
Poco antes de las seis de la maana del 13 de diciembre, el Graf Spee comenz a
navegar en zigzag para barrer la zona sealada por Langsdorff frente al estuario del Plata,
que comenzaba a unas 280 millas de la isla de los Lobos, prxima a Punta del Este, isla

que, si se es un buen nadador, se puede alcanzar desde la playa situada en tierra firme. Iba
arrumbado al 155, su velocidad era de 15 nudos y la prxima cada de rumbo sera al 335
verdadero.
Un serviola con buena vista descubri de pronto dos mstiles que comenzaban a
emerger limpiamente sobre el horizonte por la amura de estribor del acorazado. El oficial
de guardia comprob el avistamiento y envi aviso al capitn de navo Langsdorff, y
cuando ste lleg al puente, otros cuatro mstiles ms se perciban prximos al anterior y el
radiotelmetro sealaba ya una distancia de diecisiete millas. Se tratara quizs de algn
convoy enemigo? El alemn lo crey as.
Mantenga rumbo y velocidad orden el comandante del acorazado.
Zafarrancho de combate.
Los timbres de alarma movilizaron inmediatamente a 1.134 marinos germanos, y
unos minutos despus, para los serviolas situados en la plataforma exterior a la torre
directora principal, en la parte ms elevada del buque, y el telemetrista del gran aparato
ptico de la misma, fueron surgiendo sobre el horizonte el puente, las chimeneas y dems
superestructuras de un buque de guerra, que fue identificado como crucero britnico tipo
Exeter.15 Poco despus, sus dos acompaantes, que evidentemente tenan menor porte, eran
errneamente identificados por los alemanes como destructores.
Langsdorff supuso entonces que se trataba de la escolta de algn convoy que
navegara prximo. Debido a que el avin de a bordo se encontraba averiado no pudo
comprobarlo, pero, a pesar de todo, decidi lanzarse inmediatamente al ataque a toda
velocidad, para liquidar al crucero antes de que ste pudiera activar sus calderas retiradas y
escapar. Sin duda pensaba que, una vez eliminado aquel buque de guerra, todo el convoy
quedara a su merced. As que el Graf Spee aument su andar a 27 nudos y vari
ligeramente de rumbo hacia el enemigo, que todava no haba descubierto al buque alemn.
En lo ms alto del acorazado, una docena de prismticos convergan finalmente
sobre los buques ingleses, y uno de los oficiales inform a su comandante que los dos
supuestos destructores eran en realidad y sin lugar a dudas cruceros ligeros britnicos.
Langsdorff debi comprender que aquel informe variaba enteramente la situacin,
porque el combate con tres cruceros con toda evidencia ms veloces que el Graf Spee sin
duda originara averas en el acorazado, quizs en el casco, y dnde repararlas? La orden
de operaciones sealaba claramente que debera eludir cualquier combate, aunque fuese con
fuerzas inferiores, a menos que resultase inevitable. Pero el alemn debi de pensar que su
buque estara ya descubierto y que lo mejor sera aceptar, por tanto, la lucha, puesto que, en
cualquier caso, el enemigo indudablemente le atacara o, al menos, tratara de seguirle.
Primero de los mltiples errores que Langsdorff cometera a partir de este momento!
El leve penacho de humo que inevitablemente haba producido el cambio de
rgimen de los motores del Graf Spee fue advertido en los cruceros del comodoro
Harwood, y ste, al ser informado, orden destacar al Exeter para reconocer el que lo
produca. Y mientras apresuradamente se vesta, Harwood se pregunt si, despus de todo,
l habra acertado y, en efecto, se tratara del corsario alemn. Siendo la mar tan inmensa, le
pareci cosa de milagro, pero saba muy bien que tal encuentro era realmente la
consecuencia de un proceso de la decisin correcto y... de su buena suerte. A las 06.16, el
comandante del Exeter transmiti al comodoro:
Creo que es un acorazado de bolsillo.
Harwood haba acertado! En los tres cruceros britnicos se toc zafarrancho de
combate, se arrojaron al agua todas las cargas de profundidad con los seguros puestos, por

si luego estallaban al recibir algn proyectil alemn, y se izaron en cada buque cuatro
banderas de combate en los topes de los palos y en las vergas, por si los impactos enemigos
se llevaban alguna. Al mismo tiempo se adverta por radio del avistamiento al crucero
Cumberland, en Port Stanley, y a los almirantes de la fuerzas K y X.
Unos minutos despus de recibirse en el Ajax la seal enviada por el Exeter al
comodoro, es decir, a las 06.17, el Graf Spee, que haba cado a babor para que pudiera
disparar su torre triple de popa, abri el fuego sobre el crucero pesado a 19.700 metros de
distancia. Desde los buques ingleses se divis el relampagueo de las cuatro andanadas
iniciales lanzadas por su enemigo con los seis caones de 180 mm, y unos minutos ms
tarde los hombres del Exeter pudieron escuchar el escalofriante aullido de los proyectiles
alemanes que vertiginosamente se aproximaban y que estallaron al tocar la superficie de la
mar en las cercanas del crucero, levantando grandes columnas blancuzcas de agua y
espuma. El tiro inicial de los alemanes haba sido excelente, y el Exeter meti a babor para
descentrarse y respondi, a las 06.20, con sus seis piezas de 204 mm, cuando el buque
alemn se hallaba a 17.000 metros de distancia.
El Graf Spee dividi ahora el tiro de su artillera principal, dedicando la torre de
popa al Exeter, que navegaba ya prcticamente de vuelta encontrada, y la de proa al Ajax y
al Achilles, que lo hacan de la misma vuelta que el acorazado, a rumbos casi paralelos.
Mas como el acorazado quedaba fuera de alcance de las piezas de 152 mm de los cruceros
ligeros, Harwood orden arrumbar al 340 para cerrar distancias, poner al rgimen de 25
nudos y abrir fuego.
El Achilles lanz su primera salva a las 06.22, y un minuto despus lo hizo el Ajax.
En este preciso momento era alcanzado el Exeter por un proyectil alemn de 280 mm. Pero
ya momentos antes otra granada de dicho calibre haba estallado en el agua, tan prxima,
que el crucero pesado result literalmente ametrallado. Murieron todos los sirvientes del
montaje de tubos lanzatorpedos de estribor; el casco y las chimeneas quedaron perforados,
y acribillados los proyectores y el avin de estribor. Los circuitos elctricos de las lmparas
de la direccin de tiro, indicadoras de que cada pieza estaba cargada y apuntada, as como
de los timbres sealadores de la inmediata cada de las salvas propias, quedaron
seccionados. Para el director de tiro comenzaron as las dificultades, pero aquello no fue
nada comparado con el castigo que habra de recibir despus su buque.
El impacto directo al que nos hemos referido entr por el costado de estribor,
atraves con terrible estrpito la enfermera, perfor varios mamparos y sali por la otra
banda al mar, sin hacer explosin. Otro proyectil germano perforaba momentos despus el
blindado escudo de la torre B, de 203 mm, precisamente entre los dos caones, y haca
explosin en el interior de la misma, matando a ocho artilleros, hiriendo a otros varios y
dejando la torre fuera de combate. Pero la explosin de este proyectil envi tambin un
latigazo de metralla contra el puente de mando, que qued destrozado y donde casi todo el
personal perdi la vida o result herido. Los dos hombres situados a cada lado del
comandante, que sufri varias heridas, murieron en el acto, as como el oficial de derrota.
El aparato de gobierno, los telgrafos de mquinas y todos los telfonos quedaron
inutilizados, y como el comandante no poda dar orden alguna y el buque navegaba ya sin
gobierno, tuvo que trasladarse al puesto de control de popa.
Las torres A y C del Exeter seguan haciendo fuego, pero el crucero recibi
momentos despus un nuevo impacto directo que destroz la camareta de suboficiales. Y
cuando el capitn de navo Bell lleg al puente de popa, se encontr con que los telfonos,
el aparato de gobierno y los telgrafos estaban tambin destrozados por la metralla de los

proyectiles enemigos que caan en los alrededores del buque, por lo que tuvo que dar todas
sus rdenes, hasta el final del combate, a travs de una larga cadena de mensajeros.
Pero el Graf Spee haba sido tambin alcanzado. Un proyectil de 203 mm atraves
el costado de estribor por encima de la coraza, alcanz la cubierta blindada e hizo
explosin. Esta cubierta qued dentada y mellada, pero resisti. Otro proyectil del Exeter
atraves el puente del almirante y el mstil de proa, sin estallar. Por su parte, los cruceros
ligeros no consiguieron todava impacto alguno. Entre otras cosas porque, al haber
resultado ahorquillado el Ajax por los proyectiles de 280 mm del Graf Spee, Harwood, su
segundo error!, haba ordenado inmediatamente una cada de rumbo hacia fuera de 30, y
porque tanto estos buques como el acorazado alemn zigzagueaban constantemente para
descentrarse.
El Exeter navegaba ahora a elevada velocidad arrumbando al Noroeste, pero las
granadas alemanas le perseguan implacablemente, y los estayes y las burdas del mstil de
popa fueron seccionados por la metralla, con lo que el palo empez a vibrar fuertemente y
la antena principal de la radio se parti y cay a cubierta. Las catapultas de los dos aviones
y estos mismos resultaron acribillados. La distancia entre el buque britnico y el alemn
disminua rpidamente y, al estar a unos 11.000 metros, el crucero pesado britnico volvi a
ser directamente alcanzado por otros dos proyectiles. Uno de ellos perfor el castillo de
proa y estall en el interior, abriendo un agujero en el costado de dos por dos metros y
medio sobre la flotacin y provocando un incendio en el paol de pinturas. Las explosiones
prximas de otros varios proyectiles produjeron diversas vas de agua, y una granada
alcanz directamente la cubierta del castillo, abriendo un agujero de cuatro metros
cuadrados y provocando nuevos incendios y destrozos en el interior, teniendo que inundarse
el paol de gasolina para evitar que estallara.
Pero el Exeter segua combatiendo valerosamente. A las 06.31 lanz sus torpedos de
estribor contra el Graf Spee mientras dos de sus torres principales seguan haciendo fuego
con regularidad.
Poco despus, temiendo el acorazado alemn ser torpedeado por cualquiera de los
tres buques enemigos, que se hallaban ya en buena posicin de tctica para ello y montaban
un total de veintids tubos lanzatorpedos, meti a babor cayendo unos 150 de rumbo, al
mismo tiempo que emita una columna de humo con su equipo de cido clorosulfnico
instalado en la toldilla, a fin de ocultar sus movimientos.
El Exeter meti a estribor para poder lanzar tambin con sus tubos de babor, pero
casi inmediatamente un proyectil alemn alcanzaba el camarote del oficial de derrota,
atravesaba la estacin radiotelegrfica, matando a cinco operadores, y terminaba su letal
carrera estallando contra el montaje nmero 1 de 102 mm de estribor, matando a varios
hombres ms y dejando inutilizados los dos caones de dicho montaje. La caja de urgencia
situada en sus proximidades se incendi y los proyectiles que contena comenzaron a
estallar.
Los tres torpedos de babor del crucero pesado fueron lanzados contra el Graf Spee
pero el malhadado buque ingls volvi a ser alcanzado momentos despus. Un proyectil de
280 mm perfor el escudo de la torre A estallando dentro y dejndola fuera de combate.
Otro del mismo calibre perforaba el costado y tres mamparos estancos a la altura del
combs, haciendo explosin sobre la cubierta baja, encima de un paol de municiones de
102 mm, y abriendo un gran agujero de cinco por cuatro metros. Este impacto, en el plexo
solar del buque, le hizo retemblar de quilla a perilla y fue sentido por toda su dotacin. La
metralla seccion varias tuberas de vapor, los cables elctricos de la estacin transmisora

de la direccin de tiro y los colectores de los servicios de inundacin y achique: origin un


fuerte incendio, inutiliz el compartimiento de alternadores y generadores y caus
numerosas bajas. Para evitar su voladura se tuvo que inundar el paol de municiones de 102
mm.
Pero aunque el Exeter slo haba recibido siete impactos directos, lo que supona
ms de dos toneladas de explosivos y acero, la cada y el estallido prximo de numerosos
proyectiles alemanes le haban producido grandes daos y ms de cincuenta muertos. A la
media hora escasa de comenzar el combate slo le quedaban disponibles una torre doble de
203 mm y un can de 102 mm: haba embarcado 650 toneladas de agua, presentaba varios
voraces incendios y tena destruidas todas las antenas radiotelegrficas. Sus dos aviones
haban tenido que ser arrojados por la borda, y el crucero pesado presentaba una escora de
ms de 10 y hocicaba de proa un metro. Pero sus mquinas se hallaban intactas y segua
navegando a buena velocidad, mientras disparaba con su torre de popa, aunque todas las
agujas magnticas y giroscpicas estaban inutilizadas y el comandante tena que valerse de
una de bote para dirigir su crucero. Mientras tanto, el Ajax y el Achilles seguan haciendo
un fuego ineficaz. El Ajax catapult uno de sus aviones de observacin sin dejar de
disparar, y, por su parte, el Achilles result ametrallado por la explosin prxima de varios
proyectiles alemanes que le causaron algunas averas y varios muertos y heridos en la torre
directora del tiro, que qued momentneamente inutilizada.
El acorazado de bolsillo alemn, al invertir prcticamente el rumbo, haba hecho
aumentar considerablemente su distancia a los cruceros ligeros ingleses, por lo que el
comodoro Harwood orden caer a babor y forzar mquinas hasta 31 nudos, a fin de acortar
el alcance y tratar de salvar el Exeter, que se divisaba a lo lejos envuelto en llamas y una
negra humareda, constantemente rodeado por los piques y explosiones de los proyectiles
enemigos.
El castigado crucero fue cayendo lentamente a babor para seguir hostilizando al
Graf Spee; el capitn de navo Bell era consciente de que tena que seguir combatiendo a
pesar de todo, so pena de que la completa artillera del acorazado alemn cayera sobre los
dos cruceros ligeros y los desmantelara. Por su parte, Harwood, que haba visto
desbaratados sus planes de observacin del tiro, pues el Exeter careca ya de medios de
comunicacin y el avin de exploracin del Ajax haba estado confundiendo las salvas de
los cruceros, por haber resultado inutilizada por la metralla la conexin radio para el fuego
sincronizado de ambos buques, decidi aproar hacia el Graf Spee a fin de cerrar distancias,
aunque ello le privara momentneamente del empleo de la mitad de su artillera.
Ahora la actitud de Langsdorff resulta nuevamente inexplicable. Con su buque
prcticamente intacto, cualquiera en su caso, habindose percatado de que el adversario
principal estaba prcticamente fuera de combate y con su andar muy reducido, habra
arrumbado al Norte y concentrado toda su artillera sobre los cruceros ligeros enemigos
para, si stos aceptaban el desafo, hundirlos o dejarlos fuera de combate, y, si optaban por
retirarse, rematar al Exeter. En vez de ello puso la popa al Ajax y al Achilles y sigui
disparando sobre el renqueante y ya muy daado Exeter, lo que permiti al comodoro
Harwood aproximarse impunemente hasta muy corta distancia y, despus, colocar una serie
de impactos en el Graf Spee. Impactos que provocaran una serie de averas y destrozos
relativamente poco importantes en el acorazado de bolsillo, pero que resultaran suficientes
para decidir a Langsdorff a abandonar el combate y dirigirse a Montevideo.
Mas nos hemos anticipado a los acontecimientos. A las 06.56, el Ajax y el Achilles,
navegando a toda velocidad, cayeron al Noroeste para que entraran en fuego la totalidad de

sus piezas, y las salvas de estos buques comenzaron a ahorquillar al acorazado alemn, que,
para librarse de ellas, zigzagueaba y se ocultaba con cortinas de humo. Pero el tiro no le
pareca a Harwood suficientemente bueno, y quince minutos despus volva a aproar
valientemente hacia el Graf Spee con su seccin. Los alemanes, por su parte, decidieron
aproximarse ahora al Exeter para rematarlo, cambiando de rumbo hacia el Sursudoeste.
Entonces, Harwood arrumb a su vez al Oeste para que volvieran a entrar en fuego sus
diecisis caones de 152 mm, y como la distancia era ya de tan slo unos diez mil metros,
el Graf Spee pronto empez a recibir un verdadero diluvio de proyectiles. Y aunque todos
los que incidan sobre las torres triples de 280 mm o la cintura acorazada rebotaban y caan
al mar, los restantes le causaron bastantes destrozos y bajas.
Una granada inglesa atraves el mantelete del montaje doble de caones de 105 mm
de estribor, cruz la panadera y estall en el paol de proyectores. El montaje y su
ascensor de municiones quedaron fuera de servicio. Otro destroz la cocina de marinera e
inutiliz un ascensor de municiones de 150 mm. Uno ms atraves el castillo de proa de
banda a banda y estall contra el costado de babor, abriendo un agujero en el mismo de uno
por dos metros, aunque bastante alto respecto a la lnea de flotacin. Otros varios
proyectiles de 152 mm alcanzaron, respectivamente, el puesto de control de averas del
castillo, un montaje de caones antiareos de 37 mm, en el que murieron todos los
sirvientes, y el ascensor de los caones antiareos de 105 mm de babor. Tres proyectiles
perforantes se estrellaron contra el escudo de la torre triple de popa del acorazado alemn,
rebotaron y cayeron al agua, donde hicieron explosin. Uno que atraves el puente levant
numerosas esquirlas de acero, algunas de las cuales hirieron a Langsdorff. ste orden al
segundo comandante que subiera al puente, pero no le entreg el mando.
El Graf Spee abandon al Exeter a su suerte y arrumb al Oeste-noroeste para hacer
frente a los dos cruceros ligeros britnicos, que tan agresivos y eficaces se mostraban en
esta fase del combate. Estos buques fueron pronto centrados, y un proyectil de 280 mm
alcanz al Ajax, dejndole fuera de combate las dos torres poperas de 152 mm, es decir, la
mitad de su artillera principal. Por si fuera poco, a este crucero se le averi entonces uno
de sus caones proeles del mismo calibre, con lo que nicamente le restaban tres piezas de
152 mm en servicio.
El comodoro Harwood arrumb al Noroeste para abrir distancias y, al mismo
tiempo, orden lanzar torpedos para obligar al acorazado a gobernar, dificultando su tiro,
cosa que efectivamente logr, pues el Graf Spee, por haber observado la cada de los cuatro
artefactos submarinos, tendi una columna de humo y puso momentneamente la popa a los
cruceros. Pero hacia las 07.30, una vez pasado el peligro, volvi a rumbo y continu su
duelo artillero con los dos buques ingleses.
En este momento ces por fin de hacer fuego el Exeter con la nica torre que le
quedaba disponible, pues las crecientes inundaciones le dejaron sin energa elctrica alguna.
Entonces el capitn de navo Bell decidi retirarse del combate y tratar de mantener su
buque a flote y llegar a puerto. No le quedaba ya un solo can utilizable!
El Graf Spee lanz ahora sus torpedos contra los buques de Harwood, pero sus
estelas fueron advertidas desde el avin del Ajax, cuyo observador indic por radio que
pasaran por la proa de la seccin. Pero el comodoro no quiso arriesgarse y cay 80 a
babor, con lo que la distancia al acorazado alemn volvi a disminuir rpidamente.
Los buques ingleses seguan tirando muy bien y acertaron varias veces ms al Graf
Spee con impactos directos. Pero, debido al humo que produca la artillera pesada y media
del acorazado, a los ingleses les resultaba muy difcil apreciar los blancos, y cuando el

avin quiso aproximarse para tratar de esclarecer los daos, fue rechazado por la artillera
antiarea del acorazado, que inmediatamente le agujere una de las alas. Con lo que el
teniente de navo Lewin decidi contener su curiosidad.
Por otra parte, a Harwood le daba la impresin de que toda su artillera resultaba
intil ante aquel buque alemn que pareca encajar imperturbablemente todos sus
impactos, ya que sus mquinas, sistemas de gobierno, direcciones de tiro, artillera y
servicios seguan funcionando tan perfectamente como al iniciarse el combate, mientras
que, entre sus buques, el Exeter se haba tenido que retirar destrozado y medio hundido, el
Ajax slo disparaba ya con tres caones y los piques levantados por los proyectiles
germanos surgan peligrosa e insistentemente centrados y prximos y, pese a todos los
constantes cambios de rumbo para evitarlos y a la buena suerte que hasta ahora pareca
haber velado por los cruceros ligeros ingleses, el comodoro comprenda perfectamente que,
dada la situacin, en cualquier momento poda sobrevenir el desastre. As que, cuando a las
07.38, estando tan slo a cuatro millas del acorazado, un proyectil alemn alcanz el mstil
de popa del Ajax y lo parti por la mitad, cayendo el mastelero a cubierta y con l todas sus
antenas, Harwood no dud ms: arrumb hacia el Este a toda mquina y seal por
semforo al Achilles que le siguiera y tendiese una columna de humo. Su tercer error?
As de bruscamente termin el combate del estuario del Ro de la Plata: con la
retirada de los tres cruceros britnicos que se haban enfrentado con un solo buque alemn,
al que creyeron poder batir con facilidad.
***
En aquel momento, las bajas del combate eran las siguientes: el Graf Spee tena
treinta y siete muertos, siete el Ajax, cuatro el Achilles y cincuenta y tres el Exeter. Y si
entonces hubiese mandado el Graf Spee cualquier otro oficial de Marina alemn que no
hubiese sido Hans Langsdorff, habra invertido inmediatamente el rumbo de su buque sin
un titubeo para, a 27 nudos, perseguir a los cruceros ingleses que se retiraban. Siendo stos
capaces de andar a 32 nudos, habra transcurrido bastante ms de una hora antes de que el
Ajax y el Achilles hubieran podido salir fuera del alcance de la artillera pesada del
acorazado de bolsillo,16 suponiendo que hubieran conseguido hacerlo, lo que no parece
nada probable. Por el contrario, lo verosmil es que ambos buques hubieran sucumbido. Por
otra parte, el Exeter se hallaba inerme, y un solo torpedo o algn proyectil en la lnea de
flotacin hubieran bastado para hundirlo. Jams oficial naval alguno tuvo una resonante y
completa victoria tan al alcance de la mano y tan torpemente renunci a ella!
El Graf Spee sigui arrumbando al Oeste, moderando a 23 nudos. Langsdorff
revist su buque y decidi que, puesto que ste no se hallaba en condiciones de desafiar las
tormentas de invierno del Atlntico Norte, haba que entrar en puerto para reparar. Segn el
almirante e historiador alemn Friedrich Ruge, sta fue una decisin errnea, imputable
sin duda alguna al hecho de que su largo crucero y el difcil combate haban afectado
profundamente a este oficial, por otra parte de muy gran valor. Sin la menor duda, as tuvo
que ser.
Veamos lo que dice el capitn de navo Parry, comandante del Achilles: Cuando se
interrumpi el combate, mi impresin era que el enemigo poda haber hecho lo que hubiera
querido. No mostraba sntomas de estar averiado; su armamento principal disparaba con
precisin; el Exeter estaba evidentemente fuera de combate; por tanto, slo tena a dos

cruceros ligeros que le impidieran atacar el valioso comercio del Ro de la Plata... Result,
por tanto, bastante sorprendente, cuando viramos algunos minutos despus, observar que el
enemigo se diriga a buena velocidad hacia el Oeste.
Efectivamente, cuando Harwood vio que ni se le persegua ni se le caoneaba,
primero se frot los ojos con estupor, luego lanz un hondo suspiro de alivio, despus una
carcajada y finalmente orden volver a invertir el rumbo y seguir al acorazado... desde
prudencial distancia. Porque, como escribira luego uno de los oficiales del Achilles, era
para nosotros increble que el acorazado alemn huyera de un crucero y medio bastante
escacharrados y muy escasos de municin. Y por qu, cielos, por qu no arrumb hacia el
Exeter para rematarlo?.
S, el capitn de navo Langsdorff regal a los ingleses un combate que l ya haba
ganado, pero, adems, y aunque resulte inaudito, les iba a hacer gratuitamente donacin
tambin de su valioso buque de guerra.
***
El acorazado Graf Spee sigui navegando durante todo el da arrumbado al Oeste,
hacia la trampa de Montevideo, como la denominara luego el mismo Hans Langsdorff.
De vez en cuando, si los cruceros ingleses se permitan ponerse un momento al alcance de
su potente artillera, les disparaba algunas salvas de 280 mm, que solan caer
peligrosamente prximas. Un carguero britnico de 5.000 toneladas, el Shakespeare, se
cruz casualmente en su derrota. Sus tripulantes no obedecieron la orden alemana de
abandonarlo en los botes, y Langsdorff, que pensaba haberlo torpedeado una vez evacuado,
lo dej ir. Extrao proceder. Porque no se puede hacer la guerra y, al mismo tiempo,
respetar a ultranza las vidas del adversario.

Veamos ahora las causas que, al parecer, decidieron al capitn de navo Langsdorff a
entrar en puerto. El Graf Spee tena varias pequeas vas de agua, originadas por cascotes
de metralla, en la parte no acorazada del casco. Las situadas bajo la flotacin haban sido
rpida y eficazmente obturadas con cuas de madera, de las cuales todo buque de guerra va
siempre bien provisto. Las producidas sobre aqulla podan haberse tapado por el mismo
sistema o mediante la soldadura elctrica. No es probable que el Graf Spee llevara a bordo
un equipo elctrico de soldar, pero es seguro que el Altmark s lo llevara.

Las cocinas estaban destrozadas, cierto, pero si es necesario se puede alimentar


aceptablemente a una dotacin con raciones fras durante un tiempo prudencial; en este
caso, hasta lograr el auxilio del citado buque nodriza alemn. Y lo mismo respecto a los
hornos elctricos de la panadera.
El nico destrozo que poda seriamente afectar a la capacidad marinera del
acorazado era el agujero abierto en el costado de babor, bajo el castillo de proa, de uno por
dos metros, pero tampoco era imposible de reparar con el auxilio del Altmark, y slo
hubiera constituido un relativo peligro en caso de mal tiempo.
Muertos aparte, que con todos los honores y respetos se tiran por la borda cuando no
queda otro remedio, el Graf Spee tena treinta heridos graves, y stos, dado el
temperamento de Langsdorff, que siempre pareci mostrar una quizs excesiva
consideracin por la vida humana, si se tiene en cuenta que ello iba frecuentemente en
detrimento de la seguridad y actividades de su buque, segn ciertos autores, tal vez
influyeron ms que otros considerandos en la determinacin de Langsdorff de quedarse
en Montevideo.
Creemos que, en realidad, tampoco fue as, pues el Graf Spee, que fonde en el
puerto uruguayo al caer la noche de aquel mismo 13 de diciembre, pudo perfectamente
desembarcar sus muertos y heridos y todos los prisioneros ingleses, e incluso haber metido
a bordo pan para varios das, y haberse hecho a la mar despus de la medianoche. Quin se
lo hubiera podido impedir? Desde luego, ninguno de los dos cruceros ligeros del comodoro
Harwood, que acechaban en precario, fuera de aguas jurisdiccionales, en las tres salidas del
estuario, distanciadas entre s del orden de ochenta millas.
Cules hubieran sido entonces las posibilidades de este buque de guerra alemn?
Careciendo los cruceros ligeros ingleses de equipos de radar, creemos que bastantes de
desvanecerse en la noche. En otro caso, poda haberse aproximado despus a las zonas de
inestabilidad atmosfrica de ms al Sur, donde la visibilidad suele ser tan reducida, aun a
riesgo de haber embarcado agua en los sollados altos, ya que un agujero como el que tena
en el casco es fcil de tapar y apuntalar provisionalmente con medios de fortuna, y la mar
que consiguiera entrar a bordo se poda haber achicado con las bombas.
Por otra parte, el consumo de combustible de los cruceros britnicos, movidos por
turbinas de vapor, era mucho ms elevado, a igual velocidad, que el del Graf Spee,
propulsado por motores disel. De modo que el seguimiento que suponemos habra sido por
fuerza bastante breve, y de los restantes buques de guerra ingleses presentes en el Atlntico
Sur, exceptuando el Cumberland, los ms prximos eran el crucero de batalla Renown y el
portaaviones Ark Royal, a tres mil millas de distancia, que, de haber forzado mquinas,
pronto se hubiera quedado sin combustible, aparte de que en aquel momento se encontraban
casualmente muy escasos de petrleo y que en ningn caso habran llegado antes de cinco
das. Respecto al crucero pesado Cumberland, que haba salido de Puerto Stanley a 30
nudos de andar al empezar el combate, cuando lleg frente a Montevideo a las diez de la
noche del da 14 le quedaba muy poco combustible para intentar ninguna persecucin larga,
en el caso de que el Graf Spee hubiera tirado mar adentro.
Las posibilidades alemanas expuestas son las que hubiera intentado aprovechar
cualquier oficial de Marina en su sano juicio, aun en el improbable caso de que ya hubiera
cometido los tres graves errores en que Langsdorff haba incurrido: 1.) Aproximarse a toda
velocidad a los tres cruceros ingleses despus del avistamiento, para lanzarse
inmediatamente a la lucha, en vez de entablar combate en retirada, es decir, huyendo de
ellos, lo que, debido a la pequea diferencia de velocidades mximas que ya conocemos y

al mayor alcance de sus piezas, habra proporcionado al Graf Spee un margen de tiempo
suficiente para inutilizar a uno o varios de sus contrincantes con absoluta impunidad. 2.)
Como ya hemos sealado, una vez el Exeter prcticamente fuera de combate, no haber
impedido al comodoro Harwood que se le acercara con el Ajax y el Achilles, y 3.) Dirigirse
a Montevideo bajo pretextos inconsistentes, en vez de haber aniquilado a los cruceros
britnicos puestos en fuga, y haberse perdido luego en el azul para darse cita con el
Altmark.
Pero esta trgica cadena de graves errores posee todava otros eslabones. Langsdorff
no slo no quiso hacerse a la mar desde la capital uruguaya en la medianoche del 13 al 14,
una vez comprobado que sus reparaciones no eran cuestin de un par de das, sino de dos
semanas. Se empe en que el Gobierno uruguayo le ampliase el perodo de setenta y dos
horas que le conceda el Derecho Internacional para permanecer en puerto, hasta los catorce
das que los astilleros locales necesitaban para reparar los daos del Graf Spee
Que este oficial de Marina, herido y evidentemente con sus facultades mentales
seriamente disminuidas, se empease en ello como si fuera cuestin de vida o muerte, pase.
Pero que le secundasen enrgicamente en el empeo el embajador alemn y el mismo
Gobierno germano, parece cosa de colectiva demencia. Porque si el Gobierno uruguayo
hubiese accedido, qu habra pasado? Que catorce das despus y con las averas ya
reparadas, habran estado aguardando al Graf Spee fuera del estuario del Plata dos o tres
cruceros de batalla britnicos, otros tantos portaaviones y una docena de cruceros que, de
haber salido el buque alemn, le habran echado a pique en un abrir y cerrar de ojos.
Suponer otra cosa es no conocer a los ingleses.
De modo que toda aquella desquiciada y febril actividad diplomtica en Montevideo
para lograr el permiso de catorce das careca realmente del menor sentido. Las verdaderas
posibilidades del Graf Spee radicaban en haber salido de Montevideo antes de que llegara
el Cumberland, e incluso despus, ya que le quedaban petrleo, proyectiles y torpedos
suficientes para haber desmantelado a este crucero pesado en un nuevo combate, sobre todo
nocturno, donde el buque alemn poda haber medido su distancia con el radiotelmetro,
mientras que al britnico le hubiera sido muy difcil hacer lo mismo pticamente, entre las
sombras. Pero veremos cmo la astucia y la intriga, artes en que los ingleses siempre han
resultado maestros, haran creer a los alemanes que ya se encontraban tambin frente a
Montevideo el Renown y el Ark Royal.
Los britnicos no queran de ninguna manera que el Graf Spee saliera de
Montevideo hasta que pudieran llegar los citados buques cinco o seis das ms tarde, por lo
que exigieron al Gobierno uruguayo que obligase al acorazado a salir cuanto antes, al
mismo tiempo que hbilmente propalaban rumores de que el Renown y varios poderosos
buques ms ya estaban aguardando al acorazado alemn a la salida del estuario del Plata.
As, los alemanes pensaran que si sus enemigos tenan inters en que el Graf Spee
saliera pronto sera, sin duda, por alguna buena y, por tanto, para ellos peligrosa razn. El
natural cansancio de los marinos alemanes y la incapacidad de su embajador para captar el
problema les hicieron morder el cebo que les tendan sus enemigos. Porque, bien mirado,
qu prisa podan tener los ingleses? El tiempo trabajaba enteramente a su favor. Dueos
del mar, podan ir llevando a Montevideo cuantos buques de guerra quisieran, mientras que
ningn auxilio poda esperar el Graf Spee, ni siquiera de los submarinos alemanes, que en
aquellas fechas eran todava incapaces de operar tan lejos de Alemania.
La psicosis intencionadamente provocada por los ingleses en Montevideo fue tal,
que hasta uno de los oficiales de artillera del Graf Spee crey ver, el da 15, a travs del

gran telmetro de la direccin de tiro, fuera del puerto, a un gran buque de guerra del tipo
Renown.
Tal informacin acab de deshacer al ya desquiciado Langsdorff. El da 16, cuando
le quedaban pocas horas de estancia legal en la capital uruguaya, puso un radio al Alto
Mando de la Armada en Berln, diciendo que el Renown, el Ark Royal y varios cruceros y
destructores aguardaban fuera de Montevideo; que el bloqueo era cerrado durante la noche,
y que no existan posibilidades de poder romperlo y regresar a Alemania. Al mismo tiempo
solicitaba instrucciones para tratar de alcanzar Buenos Aires, aunque fuera combatiendo
con las municiones que les restaban, hundir su buque en el estuario o internarlo en el
Uruguay.
Por su parte, el embajador germano recomendaba rechazar la idea del internamiento
como la peor de todas, dada la actitud poco amistosa del Gobierno uruguayo, y, teniendo en
cuenta la escasez de municiones, aconsejaba volar el buque e internar a su dotacin.17
En Berln estaban perplejos. Segn el servicio de informacin del almirante Canaris,
el Renown no poda hallarse en el estuario del Ro de la Plata. Pero toda la prensa britnica
lo situaba ya all, y, por otra parte, en Alemania se crea hundido el Ark Royal. Se orden al
embajador alemn que alquilase un avin y tomara fotografas de dichos buques, pero el
diplomtico no consigui avin alguno y las fotografas no pudieron obtenerse.
El tiempo transcurra inexorablemente. Langsdorff era un oficial de gran prestigio
en la Kriegsmarine, y en Berln nadie puso en duda sus afirmaciones ni su estimacin sobre
la situacin en el estuario y el verdadero estado de su buque. Tras conferenciar con Hitler,
el almirante Erich Raeder decidi dejar prcticamente en libertad de accin al comandante
del acorazado, pero rechazando el internamiento y recomendndole que, si decida destruir
el buque, lo hiciera de forma que ninguno de sus secretos tcnicos pudiera caer en manos
del enemigo.
Langsdorff desembarc a unos novecientos hombres del Graf Spee y los transbord
al barco alemn Tacoma, que se encontraba en Montevideo. Y a las cinco de la tarde del da
17, el acorazado lev anclas y sali del puerto, seguido por aqul, en medio de una enorme
expectacin. Una inmensa y silenciosa multitud, estimada en ms de medio milln de
personas, se apiaba en los muelles, la orilla y todos los puntos elevados de la ciudad.
Poco despus, el buque alemn arrumbaba al Oeste y, a unas nueve millas de
Montevideo, paraba las mquinas y dejaba caer el ancla. Los remolcadores argentinos
previamente contratados, tomaron a bordo a la gente del Graf Spee que llevaba el Tacoma y
quedaron aguardando en las proximidades del acorazado. A bordo de ste se haba
preparado un concienzudo trabajo de demolicin. Las cabezas de combate de varios
torpedos fueron arriadas hasta el interior de los paoles de municiones, y se situaron cargas
explosivas por todo el buque. El equipo electrnico haba sido machacado hasta resultar
irreconocible.
Langsdorff, solo en el puente de su silencioso buque mientras su gente activaba
cebos y detonadores bajo cubierta, qu triste debi de sentirse entonces, qu amargura la
de su alma!
Finalmente, los que quedaban a bordo, incluyendo el comandante, desembarcaron
del acorazado y pasaron a los remolcadores que habran de llevarles ro arriba hasta Buenos
Aires.
El sol estaba a punto de ocultarse en el inmenso y tranquilo estuario, cuando se oy
como un terrible bramido procedente de las entraas de aquel buque de guerra alemn que,
sin duda, se haba merecido otro final. El ruido fue inmediatamente seguido de una altsima

llamarada y nuevas explosiones y lenguas de fuego que se elevaron por encima de los
mstiles. El acorazado pareci querer saltar fuera del agua y luego partirse al caer, mientras
el palo mesana se renda y todo pareca desintegrarse en medio de enormes estallidos,
conmociones y columnas de humo negro. En aquel momento, el Renown y el Ark Royal
estaban todava a mil millas de distancia...
El avin de observacin del Ajax seal inmediatamente la voladura del acorazado,
y dice el comodoro Harwood que cuando, poco despus, entr en Montevideo con sus
buques, haba cado la noche y el Graf Spee era una brasa de punta a punta, llegando las
llamas casi hasta el extremo de la torre directora. Una vista magnfica que alegraba el
nimo.
Por orden del rey, el comodoro ya haba recibido la Orden del Bao y sido
ascendido a contraalmirante. La primera se la mereci sin duda por su valor. Con igual
certeza podemos afirmar que los entorchados se los haba regalado el capitn de navo
alemn Hans Langsdorff, comandante del Graf Spee.
ste, en Buenos Aires, tres das ms tarde, se dispar un tiro en la cabeza. Dejaba
una carta al embajador alemn, en la que entre otras cosas deca: A m solo corresponde la
responsabilidad del hundimiento del Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida
cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra armada. Slo con mi
muerte puedo probar que los marinos del Tercer Reich estn dispuestos a sacrificar sus
vidas por el honor de la bandera.
Al funeral de Langsdorff, celebrado en Buenos Aires al da siguiente de su muerte,
quiso asistir, en representacin de los capitanes de los barcos mercantes ingleses que haban
permanecido prisioneros a bordo del Graf Spee, el capitn Pottinger, del carguero Ashlea.
Ello refleja el trato caballeroso que los ingleses recibieron de aquel marino alemn, cuyo
cerebro no fue capaz de soportar la terrible y despiadada prueba de guerra.
CAPTULO
IV
CARRERA
POR
NORUEGA

Poco despus de comenzar la segunda guerra mundial, tres hombres con mentalidad
naval, es decir, de horizontes despejados, y en puestos de gran responsabilidad, un alemn,
un francs y un ingls, se fijaron en la enorme importancia estratgica de la pennsula
escandinava. Estos hombres fueron: el almirante Erich Raeder, jefe de la Kriegsmarine; el
almirante Franois Darlan, que desde haca diez aos mandaba la Armada francesa, y
Winston Churchill, primer lord del Almirantazgo britnico.
Efectivamente, de los quince millones de toneladas de mineral de hierro que
precisaba anualmente la industria pesada alemana, ya sabemos que once de ellos procedan
de las minas suecas de Gallivare y Kiruna. Dicho mineral se embarcaba durante el verano
en el puerto sueco de Lulea, situado en el golfo de Botnia. Al llegar el invierno se helaban
las aguas septentrionales del mar Bltico, Lulea quedaba cerrado a la navegacin y tena
que utilizarse el puerto noruego de Narvik, ms prximo a las citadas minas y que, debido a
la clida corriente del golfo, permanece abierto durante todo el ao. Por all salan entonces,
con destino a Alemania, unos cuatro millones de toneladas de mineral de hierro, que los
barcos alemanes, o neutrales al servicio de Alemania, transportaban a este pas navegando
con toda tranquilidad hasta el Skagerrak sin salirse del corredor formado por las aguas
jurisdiccionales noruegas, pasando despus al Bltico al resguardo de los estrechos daneses.

La flota britnica pese a dominar completamente la situacin en el mar del Norte y el de


Noruega, y para desesperacin de los ingleses, resultaba importante para yugular semejante
trfico.
Por otra parte, aquellos tres hombres se percataron de que la ocupacin aliada de la
pennsula escandinava no slo privara a Alemania del imprescindible mineral de hierro,
sino que hara llegar la guerra naval al Bltico, hasta entonces un verdadero lago alemn, y
servira de excelente plataforma para atacar desde el aire puertos e industrias germanas. Por
si fuera poco, se podra embotellar completamente el mar del Norte e impedir la salida al
Atlntico de los submarinos y buques de superficie alemanes, estableciendo una barrera de
minas entre las islas Oreadas y la costa de Noruega. All, incluyendo las aguas
jurisdiccionales noruegas, se haban fondeado durante los aos 1917 y 1918 nada menos
que setenta mil minas submarinas.
Los ingleses y los franceses se dieron cuenta de que la ocupacin de los pases
escandinavos, con o sin el consentimiento de los gobiernos de Suecia y Noruega, creara
probablemente un segundo frente, pues era de esperar que Alemania reaccionara ocupando
el sur de la pennsula. Pero esto slo favoreca a los aliados, ya que entonces podran
plenamente explotar su absoluto dominio del mar, al mismo tiempo que descongestionaran
el frente francs y trasladaran la lucha a suelo extranjero, lo que siempre presenta grandes
ventajas para cualquier combatiente. Mas el peligro de que la URSS se creyera amenazada
y pudiese intervenir a favor de Alemania les hizo abandonar el proyecto. Sin embargo, era
relativamente fcil y poco peligroso impedir el trnsito de buques entre Alemania y Narvik
minando las aguas de Noruega, sin consideraciones hacia su neutralidad ni al Derecho
Internacional, y esta medida fue sometida por Churchill a la aprobacin del Gabinete de
Guerra el 29 de septiembre de 1939.
Tres propuestas hizo el grande e imaginativo estadista britnico a dicho Gabinete
tan pronto fue nombrado ministro de Marina. Transformar los acorazados de la serie Royal
Sovereign en una especie de tortugas blindadas capaces de desafiar las bombas areas y los
torpedos submarinos, con el fin de meterlos en el Bltico y cortar el trfico martimo
alemn con Rusia, Suecia y Noruega, proyecto verdaderamente impracticable y que no fue
aceptado. Lanzar minas en los ros navegables germanos, a lo que terminantemente se
opusieron los franceses, pues los alemanes podan hacer lo mismo en los suyos. Finalmente,
minar las aguas noruegas. Este ltimo plan hubiera sido perfectamente factible, e
indirectamente habra, por lo menos, retrasado la ofensiva germana del Oeste, pero no fue
aceptado hasta siete meses despus, cuando ya era demasiado tarde.
No obstante, de aquel proyecto de Churchill se enteraron inmediatamente los
sabuesos del tan discutido almirante Canaris, jefe del Servicio de Informacin militar
alemn, mal llamado Abwehr, es decir, contraespionaje, pues era mucho ms que eso.
Pero el Tratado de Versalles no permiti a Alemania disponer de servicio alguno de
informacin y se qued con el nombre. Canaris advirti del peligro al almirante Raeder,
quien ya no se lo quitara de la cabeza hasta que se produjese la invasin alemana de
Noruega. Por otra parte el vicealmirante Wegener 18 haba hecho un estudio estratgico
despus de la primera guerra mundial que haca resaltar la importancia que hubiera tenido
para Alemania disponer de bases navales en las costas noruegas. Sin embargo, en 1939, el
Estado Mayor de la Kriegsmarine lleg a la conclusin de que la Armada germana no
contaba con los efectivos necesarios para invadir Noruega y que, por tanto, lo mejor para
Alemania sera que dicho pas continuara mantenindose estrictamente neutral.
Es decir, los alemanes, que no habran dudado en invadir Noruega, carecan de

medios para ello, y los ingleses y franceses, a quienes les sobraban, no se decidan todava a
hacerlo. Sin embargo, ambos contendientes terminaran por intentar dicha operacin casi
exactamente al mismo tiempo. Y es que no basta con que un pas quiera ser neutral. Ha de
poseer unas Fuerzas Armadas de suficiente entidad y potencia para hacer respetar esa
neutralidad. Pretender otra cosa es exclusivamente maquinacin de traidores o sueos
ilusos. No sabemos qu es peor.
***
El da 9 de octubre de 1939, el carguero norteamericano City of Flint fue detenido
en el Atlntico Norte por el acorazado de bolsillo alemn Deutschland, y como
transportaba, entre otras cosas, harina y aceite lubricante con destino a Liverpool y tales
mercancas figuraban en las listas alemanas de contrabando de guerra, el referido barco fue
declarado buena presa y despachado para Alemania.
El capitn del Flint, que haba tenido que pasarse cinco das a bordo de una balsa en
medio del ocano en 1918, cuando su barco, el President Lincoln, fue torpedeado por un
submarino alemn, y que era hombre curtido por todas las tormentas de la mar y de la vida,
invent un historia sobre escasez de agua potable, y el capitn de corbeta de la reserva
naval alemana Pussbach se la trag sin tratar siquiera de comprobar su veracidad, y como
llevaba mucha gente a bordo, pues el Deutschland haba recogido a la tripulacin del vapor
britnico Stonegate, hundido por l anteriormente, que luego fue entregada al Flint para ser
llevada a Alemania, decidi entrar en el puerto noruego de Troms para hacer aguada.
All hizo efectivamente el relleno de agua, pero como los norteamericanos haban
destrozado a mandarriazos la radio de a bordo, el alemn no pudo comunicar con Berln
para recibir instrucciones. En cambio, el capitn del Flint s logr mandar un aviso al
embajador de Estados Unidos. Con los tanques llenos el City of Flint se hizo de nuevo a la
mar rumbo al Sur, pero una fuerte tormenta y los consejos del viejo capitn lo llevaron a...
Murmansk! En este puerto qued detenido por los soviets, pero tras laboriosas gestiones de
Washington y de Berln fue puesto en libertad y, despus de algunas peripecias ms, el
carguero que nos ocupa termin por fondear en el puerto noruego de Haugesund. Durante
la noche, un trozo armado perteneciente al minador noruego Olav Tryggvason abord
silenciosamente al Flint, detuvo a los durmientes germanos, que despus fueron llevados a
tierra e internados, y dio definitiva libertad a aquel carguero norteamericano que ya haba
salvado a los nufragos del Athenia.
A raz de este suceso, las autoridades alemanas empezaron a desconfiar de la
neutralidad noruega. El siguiente incidente sera todava ms grave, pero antes de llegar a l
iba a tener lugar un importante acontecimiento: la guerra ruso-finlandesa.
La Unin Sovitica, que con esa absoluta falta de tica y de moral propia de los
comunistas ya se haba repartido Polonia con Alemania, quiso, aprovechando las
hostilidades europeas, seguir pescando en ro revuelto. Stalin mand llamar a Mosc al
ministro estoniano de Asuntos Exteriores y, valindose de amenazas, oblig a Estonia a
firmar un tratado que autorizaba a las tropas soviticas a ocupar ciertos puntos estratgicos
del pas. Lo mismo hizo despus con Letonia y con Lituania. Finlandia fue la nica que se
resisti a presiones similares, en vista de lo cual el Ejrcito Rojo atac la frontera
finlandesa por ocho puntos el 30 de noviembre, al mismo tiempo que la aviacin rusa
bombardeaba las ciudades del pas de los diez mil lagos. El resultado fue la sorprendente

pero completa derrota del coloso comunista, que tras un mes de sangrientos fracasos se vio
obligado a retirar las maltrechas huestes a las posiciones de partida. El mundo asisti con
estupor y entusiasmo a la increble pugna, pero todos comprendieron que los rusos no
cejaran y que si los finlandeses no reciban pronta y eficaz ayuda terminaran por ser
aplastados.
Ahora se les presentaba a los aliados su dorada oportunidad: desembarcar en Narvik
para enviar tropas en socorro de Finlandia utilizando el ferrocarril que directamente enlaza
dicho puerto con Helsinki y, al mismo tiempo, ocupar las minas de hierro suecas. Mas el
tiempo transcurri intilmente en estudios, proyectos, discusiones y propuestas. Los
franceses, hartos, decidieron finalmente enviar 50.000 voluntarios y cien aviones de
bombardeo a Finlandia, pero este pas tuvo que firmar la paz el 12 de marzo de 1940, sin
haber recibido otra cosa que siete caones de 305 mm procedentes del antiguo acorazado
ruso Alexeiev, refugiado en Bizerta; 60 aviones de reconocimiento, 430 caones, 5.000
fusiles ametralladores, todos ellos franceses, y las municiones correspondientes. Mas la
cuestin noruega no terminara ah.
En febrero de 1940, el Altmark, que haba sido buque aprovisionador del Graf Spee
y llevaba a bordo a 13 capitanes y 286 oficiales y marineros de los barcos mercantes
hundidos por aquel acorazado alemn, cruzaba indetectado entre Islandia y las Faeroe y
navegaba despus hacia Alemania a travs del corredor de aguas jurisdiccionales noruegas.
El da 15, a la altura de Bergen, fue detectado por aviones britnicos, y las autoridades del
Almirantazgo ordenaron a la cuarta flotilla de destructores que se hallaba en la mar
patrullando por el Skagerrak que lo detuviera. Como no se conoca exactamente la silueta
del Altmark y los informes areos eran contradictorios, hubo cierta confusin inicial entre
los buques britnicos, pero por fin fue descubierto e identificado por el Cossack, en el que
izaba su insignia el jefe de la flotilla, capitn de navo Vian.
El buque germano iba escoltado por dos torpederos noruegos, y, al comprender que
el Cossack trataba de abordarlo, meti a babor y se refugi en el fiordo de Jossing. Los dos
pequeos torpederos noruegos, el Kjell y el Skarv, de 92 toneladas, se atravesaron en la
estrecha entrada del fiordo, aguantndose sobre las mquinas, para bloquearla al ingls.
Vian invit a uno de los comandantes de los torpederos noruegos a pasar a su buque, y le
manifest que el barco alemn llevaba a bordo trescientos prisioneros ingleses. El noruego
le respondi que dicho barco ya haba sido examinado tres veces desde que entrara en las
aguas noruegas y que no se haban encontrado prisioneros. Ello era cierto, pero el Altmark
no haba sido en realidad registrado.
En vista de lo cual el jefe de la cuarta flotilla pidi instrucciones al Almirantazgo.
Este le orden advertir a los noruegos que se quitaran de en medio, y emplear la fuerza
estrictamente necesaria si fuera preciso. El Cossack era un destructor grande y moderno y
apunt sus ocho caones de 120 mm y sus ametralladoras antiareas cudruples de 40 mm
sobre los diminutos torpederos noruegos, al mismo tiempo que les adverta que se haban
terminado las conversaciones y que, de cualquier modo, el Cossack iba a entrar en el fiordo.
Ante tales argumentos, no sabemos si por iniciativa propia o siguiendo rdenes de su
Gobierno, los noruegos se retiraron.
Era ya completamente de noche, pero pronto se descubri al Altmark pegado a la
nevada orilla proa a tierra. Al ver venir al destructor ingls, los alemanes encendieron un
potente proyector para deslumbrar a los que iban en el puente del Cossack, al mismo
tiempo que daban atrs a toda fuerza con las mquinas para tratar de abordarlo y producirle
daos. Pero no lo lograron y, desde el castillo de proa del destructor, el teniente de navo

Turner salt al buque alemn, realizando una proeza atltica que hizo luego tan legendaria
en la Armada britnica como en Espaa la de nuestro Alvarado durante la Noche Triste.
Una vez hecha firme una amarra del Cossack, el trozo ingls de abordaje pudo pasar a
bordo del barco germano.
El comandante del Altmark, capitn de navo Dau, de la Reserva Naval, decidi
entonces poner las mquinas en avante toda con el fin de embarrancar el barco y evitar que
no pudiera ser apresado, pero no ofreci resistencia. Comenz seguidamente la bsqueda de
los prisioneros ingleses, y un hombre perteneciente a la guardia hizo fuego, hiriendo a un
marinero ingls, lo que dio origen a una despiadada cacera de alemanes por todo el barco.
Muchos saltaron a tierra, pues el Altmark estaba ya varado y la orilla quedaba a la altura del
castillo de proa, pero all destacaban claramente sobre el inmaculado fondo de nieve,
resultando seis de ellos muertos a manos de los enfurecidos ingleses y otros tantos
gravemente heridos. Despus se abrieron las bodegas y se rescat a los prisioneros, que
fueron inmediatamente llevados por el Cossack a Leith.
Este hecho, muy discutible desde el punto de vista del Derecho Internacional ya que
ambos contendientes haban violado la neutralidad noruega, produjo gran entusiasmo en
Gran Bretaa, pero aument la desconfianza de los alemanes respecto a la imparcialidad de
Noruega, cuyo Gobierno protest intilmente, as como sus temores de que los aliados
desembarcaran all, pues se daban perfecta cuenta de que luego no podran echarlos.
Despus de este incidente, y pese a las fuertes presiones de sus consejeros, Hitler no
dio su aprobacin al Plan Wesserbung (Operacin Wesser) hasta el 1. de marzo, sin
sealar fecha, que dependera de la evolucin de los acontecimientos, pues el Fhrer se
resista a lo que slo consideraba una intil dispersin de fuerzas respecto al objetivo
principal que cuidadosamente vena preparando: la invasin de Francia a travs de Blgica
y Holanda.
***
En Francia, la derrota finlandesa hizo caer al gobierno Daladier, que fue
reemplazado por el de Reynaud, quien se supona haba de imprimir una direccin ms
vigorosa a la guerra. El Consejo Supremo Interaliado se reuni en Londres el 28 de marzo y
decidi, al fin!, minar las aguas jurisdiccionales noruegas el 5 de abril, tras pasar una
notificacin a los gobiernos de Noruega y Suecia, manifestndoles que su neutralidad
favoreca a los alemanes; que ello resultaba intolerable, puesto que Alemania, en principio,
era enemiga de la independencia y derechos de las pequeas potencias, de los que ellos, en
cambio, eran campeones, y que, en consecuencia, los aliados se reservaban el derecho a
emprender la accin adecuada. Pero no se advirti al Gobierno noruego sobre el prximo
minado de sus aguas jurisdiccionales.
Tras siete meses de lucha tenaz, Winston Churchill, el hombre de diablica
voluntad, como le calificara don Salvador de Madariaga, se saldra por fin con la suya!
Como medida preventiva ante la posible reaccin alemana, se acord desembarcar, tan slo
unas horas .despus de haberse fondeado los campos de minas, dieciocho mil soldados
franceses e ingleses en Narvik, quienes luego avanzaran hasta la frontera sueca. Y con el
fin de impedir que los alemanes pudieran establecerse en Stavanger, Bergen y Trondheim,
se decidi que otras fuerzas aliadas seran tambin puestas en dichos importantes puertos.
No est demostrado que tales acuerdos secretos aliados trascendieran a los

alemanes, pero es evidente que stos, por lo menos, certeramente los intuyeron, decidiendo
sin ms demora, y pese a tener que comprometer en ello a fuerzas terrestres y areas
destinadas a la inminente ofensiva sobre el frente del Oeste, la ocupacin total de Noruega.
Dada la debilidad de la flota alemana frente a la anglo-francesa, esta operacin era
contraria a todos los principios tericos del arte militar, como seala el almirante Raeder
en el informe que present a Hitler el 9 de marzo de 1940. Pero no quedaba otra alternativa,
pues si los aliados desembarcaban antes que ellos, la situacin estratgica se convertira en
verdaderamente grave para Alemania; se confi en el factor sorpresa, aceptando desde
luego la prdida de importantes efectivos navales, y tambin en la pequea quinta
columna de un traidor noruego llamado Quisling.
Fundamentalmente, el plan consista en ocupar por la fuerza todos los puertos
noruegos ms importantes, con un mnimo de tropas capaces de resistir los ataques que
pudieran lanzarse luego contra ellos desde la mar o desde tierra, con el fin de que sirvieran
de cabezas de costa (aqu no cabe emplear el trmino cabeza de playa o de puente), para ir
ocupando las vas de comunicacin, aerdromos y el resto del pas con las fuerzas que
llegaran despus desde el Sur, por la mar o por aire, a travs de Oslo.
Debido a las grandes distancias que habra que navegar hasta los puertos noruegos
del Norte (hay 1.200 millas marinas desde Wilhelmshaven hasta Narvik), la proximidad de
la flota britnica, los reducidsimos efectivos de tropas que eran capaces de transportar los
buques de guerra alemanes, por no hablar de la resistencia que podran ofrecer los noruegos
y la difcil topografa del pas, el problema que se les presentaba a los germanos era
sencillamente formidable, y el proyecto, de una audacia increble.
He aqu el esquema del desembarco alemn:
1. Grupo Narvik-Trondheim (comodoro Bonte).
Diez destructores llevaran a Narvik 2.000 cazadores de montaa austracos
mandados por el general Dietl. El crucero pesado Hipper y cuatro destructores trasladaran
a Trondheim 700 soldados. La fuerza de cobertura estara compuesta por los acorazados
Scharnhorst y Gneisenau, a las rdenes del almirante Gunther Ltjens.
2. Grupo Bergen (contraalmirante Schmundt).
Cruceros ligeros Kln y Knigsberg, buque de escuela de artillera Bremse (1.460
toneladas, cuatro piezas de 127 mm), dos torpederos, siete lanchas rpidas y buque de
aprovisionamiento Karl Peters. Soldados: 1.900.
3. Grupo Christiansund-Arendal (contraalmirante Schenk).
Crucero ligero Karlsruhe, tres torpederos, siete lanchas rpidas, avituallador
Tsingtau. Soldados: 1.100.
(Entre este grupo y el anterior se efectuara un desembarco areo de dos batallones
en Sola, aerdromo situado a ocho millas al sursudoeste de Stavanger.)
4. Grupo Oslo (contraalmirante Kummetz).
Crucero pesado Blcher, crucero acorazado Ltzow (ex Deutschland), crucero
ligero Emden, tres torpederos, ocho dragaminas, dos balleneros y 2.000 soldados. A estos
buques seguiran, en el primer escaln de transporte, dos petroleros y cinco cargueros. Tres
das despus, en el segundo escaln, once cargueros con 8.500 soldados, 1.000 caballos,
1.500 vehculos y 2.200 toneladas de material. Seis das ms tarde, en el tercer escaln,

doce cargueros con 6.000 soldados, 900 caballos, 1.300 vehculos y 6.000 toneladas de
material.
5. Grupo Egersund.
Cuatro dragaminas, con un escuadrn de motocicletas.
Como puede verse, en el primer escaln del desembarco nicamente seran puestos
en tierra un total de 8.850 hombres, quienes slo tres das ms tarde seran reforzados a
travs de Oslo. Como los buques de guerra no podan llevar el equipo pesado de estos
soldados, se despach por delante un grupo de quince transportes, siete de los cuales
fingiran constituir un convoy destinado a Murmansk, mientras que los restantes navegaran
aisladamente. Todos ellos deberan encontrarse en las proximidades de los puertos de
destino el da del desembarco, para entrar inmediatamente despus de los buques de guerra.
Tambin se observa que slo el Grupo Narvik-Trondheim era realmente rpido.
Por su parte, la Luftwaffe puso de relieve que para sus operaciones en Noruega era
absolutamente necesario contar con los aerdromos daneses, por lo que se decidi ocupar
tambin, simultneamente, este pas parcialmente insular. Ello supuso una servidumbre ms
para la Armada, que tendra que desembarcar a 3.000 soldados en los puertos de
Copenhague, Esbjerg y Tyboror y, al mismo tiempo, fondear, como estaba previsto, un
campo de minas a poniente del Skagerrak.
Todos los submarinos disponibles, unos treinta y cinco, quedaran repartidos en
nueve grupos, que se situaran, de antemano, frente a la costa noruega, en estrecho de
Orcadas-Shetland, y en la salida oriental del canal de la Mancha.
Respecto a las fuerzas areas, las operaciones seran apoyadas por el Dcimo
Cuerpo Areo de la Luftwaffe, con un total de 1.212 aviones, la mayora de los cuales seran
de transporte y slo menos de la mitad aparatos de combate: un centenar de cazas y 400
bombarderos.
La hora y la fecha del desembarco simultneo de todos los grupos en los puertos
noruegos se fij para las cinco de la madrugada del 9 de abril.
***
Ahora vamos a revivir cronolgicamente la reida carrera contra el tiempo
emprendida por las fuerzas aliadas y alemanas que trataron de ocupar Noruega con tan slo
veinticuatro horas de diferencia.
El da 2 salieron de Stetin supuestamente para Murmansk los pretendidos barcos
carboneros alemanes, que en realidad eran transportes de combustible y material de guerra
destinados a Narvik, la mayora de los cuales seran luego vctimas de los submarinos y
destructores aliados.
El da 4 zarparon del reino Unido diecisis submarinos britnicos, dos franceses y
uno polaco, con el fin de tomar posiciones en la zona Skagerrak-Kategat y parte meridional
del mar del Norte. Ese mismo da, y el 5, salieron de Alemania los nueve grupos de
submarinos de la Kriegsmarine.
El da 5 al anochecer aparejaron de Scapa Flow el crucero de batalla Renown y
cuatro destructores, a las rdenes del vicealmirante Whitworth. A este grupo se unira
despus en la mar el crucero Birmingham, que se hallaba patrullando junto a las islas

Lofoden a la caza de los pesqueros alemanes, y la fuerza encargada del minado de los dos
campos septentrionales, compuesta por cuatro destructores minadores y cuatro destructores
de apoyo. El objetivo del grupo del Renown era impedir que los noruegos, que haban
destacado en Narvik dos guardacostas-acorazados de 4.000 toneladas cada uno, trataran de
impedir el minado.
Ese mismo da 5 aparejaron de Scapa Flow el minador Teviot Bank y cuatro
destructores, cuya finalidad era fondear un tercer campo de minas a la altura de Stadland.
El da 6 embarcaron en los destructores surtos en Wilhelmshaven las tropas
alemanas destinadas a Narvik y a Trondheim.19 Los dos acorazados ya estaban encendidos y
fondeados a la gira en la baha de Jade, hecho del que se percataron los aviones britnicos
que haban volado hasta Alemania para arrojar... octavillas.
En la medianoche del 6 al 7 se hacan a la mar los catorce destructores alemanes, el
crucero pesado Hipper y los dos acorazados tipo Scharnhorst, y poco despus
arrumbaban al Norte a elevada velocidad.
En la maana del da 7 embarcaron en Escocia, a bordo de un gran transporte, las
primeras tropas anglo-francesas destinadas a Narvik, que seran escoltadas por dos cruceros
y cuatro destructores. A bordo de uno de los primeros, el Aurora, haba izado su insignia el
da 4 el almirante Evans. Tambin fueron embarcados este da, en otros transportes, nueve
toneladas del equipo militar y un batalln destinado a Trondheim. Otros cuatro batallones,
que seran desembarcados en Stavanger, subieron a bordo de otros tantos cruceros surtos en
Rosyth. Dos fuerzas de cruceros daran proteccin a los citados buques de transporte, y la
Home Fleet quedara en Scapa Flow, lista para intervenir si fuera necesario.
Tambin el da 7, a las 08.45 horas de la maana, aviones de la RAF descubran en
el mar, 150 millas al sur de Naze y arrumbados al Norte, un crucero y seis destructores
alemanes, escoltados por ocho aparatos de caza. Esta importante informacin se pas al
comandante en jefe de la Home Fleet, almirante Forbes, a las 11.20, dndole tambin
cuenta al Almirantazgo de lo siguiente:
Recientes informes sugieren que se est preparando una expedicin alemana.
Desde Copenhague se informa que Hitler ha ordenado embarcar por la noche una divisin
en diez destructores y desembarcarla en Narvik, ocupando simultneamente la pennsula de
Jutlandia. Suecia ser dejada a un lado. Todos estos informes son de dudoso valor y pueden
muy bien constituir slo un movimiento ms de la guerra de nervios.
Como ya sabe el lector, este informe era casi exacto, y se adivina en l, tal vez, la
maquiavlica mano del almirante Canaris, el hombre que despus sera ahorcado dos veces
por las SS. Mas su interpretacin por el Servicio de Informacin britnico fue totalmente
errnea y permiti a los alemanes ocupar casi sin menor tropiezo o interferencia por parte
de la poderosa flota britnica el maravilloso pas que cantara Knut Hamsun.
Forbes orden alistar sus buques para una hora y aguard la informacin que le
habra de proporcionar un ataque areo montado por la RAF contra los buques alemanes.
En efecto, a las 13.30 horas, doce bombarderos britnicos atacaron sin el menor xito a la
fuerza del almirante Ltjens, pero informaron que se compona de un crucero de batalla o
acorazado de bolsillo, dos cruceros y diez destructores. Mas esta preciosa, aunque no del
todo exacta, informacin, debido al inexplicable radiosilencio impuesto a los aviadores, no
la recibi el comandante Forbes hasta cuatro horas ms tarde. Ello permiti a los buques
alemanes cortar tranquilamente el temido paralelo de Scapa Flow muy poco antes de que la
Home Fleet saliera de esta base naval a las 20.15 horas de la noche del 7.
Media hora antes se abran las obstrucciones de Hoxa Sound y salan de Scapa Flow

diez destructores ingleses, seguidos por dos cruceros, los acorazados Rodney (34.000
toneladas) y Valiant (30.000 toneladas) y el crucero de batalla Repulse (32.000 toneladas).
Esta fuerza naval adopt la formacin nocturna de marcha y arrumb al Nornordeste a 20
nudos, con el fin de interceptar a los buques alemanes.
Una hora ms tarde aparejaban en Rosyth dos cruceros y once destructores ms
(vicealmirante Collins), que habran de reunirse a toda mquina con la Home Fleet. Otros
dos cruceros (vicealmirante Layton) que daban escolta a un convoy despachado para
Noruega recibieron rdenes de incorporarse tambin, debiendo aqul regresar a Escocia.
Pero Forbes parte de un supuesto falso y, naturalmente, se equivoca. Da por buenas
las situaciones de los buques alemanes apreciadas por la RAF a las 08.45 y 13.30, y deduce
que los alemanes se mueven a 17 nudos. Como la Home Fleet navega a 20, est seguro de
interceptarlos, y as se lo comunica, una vez en la mar, a las dotaciones de los buques de su
escuadra.
Cualquier marino sabe muy bien que las situaciones de barcos dadas por aviones
entraan invariablemente grandes errores. Por otra parte, suponer que los alemanes
navegaban por aquellas aguas tan peligrosas para ellos a 17 nudos, como si se tratara de
alguna excursin a la playa, era sencillamente pecar de ingenuidad. En realidad Ltjens se
mova a casi 30 nudos, por lo que el contacto esperado por los ingleses no se produjo
jams.
***
La noche del 7 al 8 de abril en el mar de Noruega fue bastante desagradable.
Soplaba un violento sudoeste que haba levantado ya una respetable marejada, el barmetro
bajaba desde haca varias horas, el fro era intenso y el cielo se presentaba cubierto y
amenazador. Los buques de las formaciones navales alemana y britnica, que se deslizaban
a elevada velocidad entre las sombras, daban frecuentemente grandes bandazos; el
gobierno, con la mar de popa o de aleta, resultaba difcil, y las olas se desplomaban de vez
en cuando y con gran fuerza sobre las toldillas, haciendo peligroso transitar por cubierta.
All dejaremos por el momento a estos buques, trepidantes, envueltos en espumas y
cada vez ms distanciados entre s debido a la gran diferencia de velocidades, y, con las
cuatro campanadas picadas en los alczares a la medianoche, entramos en el 8 de abril, da
plagado de acontecimientos.
Mucho ms al Norte, por encima del crculo polar rtico, a las 04.30 de la
madrugada del da 8, los destructores ingleses dejaban caer sus minas en los accesos a
Narvik, es decir, a la entrada del fiordo de Vest, al Norte de Bod, y se quedaban luego en
las proximidades del campo minado para impedir que los noruegos pudieran dragarlo. A las
10.45, por temor a un encuentro con los buques de guerra alemanes, se les orden
abandonar el campo y replegarse sobre el Renown, que se mantena mar adentro, lejos de la
costa. Antes de haber podido cumplimentar su misin, se orden al minador Teviot Bank y a
su escolta regresar a Scapa Flow.
Dos destructores britnicos se destacaron a la altura de Bud, como haba sido
previsto, para advertir al trfico martimo de la presencia de otro campo minado en aguas
noruegas, que en realidad no exista, pero cuya amenaza se esperaba obligase a suspender, o
al menos restringir, la navegacin de los cargueros alemanes para el corredor noruego.
El primer lord del Mar (no del Almirantazgo), sin consultar al comandante en jefe

de la Home Fleet ni al primer ministro, orden aquella maana desembarcar todas las
tropas que ya estaban a punto de hacerse a la mar a bordo de los transportes y cruceros, con
lo que deshaca, con gran desenvoltura, el plan aliado tan laboriosamente preparado. Los
cuatro cruceros britnicos, en unin de un crucero y de dos destructores franceses, se
hicieron seguidamente a la mar, a las rdenes del vicealmirante J.H.D. Cunningham, para
incorporarse a la Home Fleet. De manera que, en la maana del 8 de abril, se encontraban
en la mar de Noruega los siguientes buques de guerra de superficie britnicos y franceses:
dos acorazados, dos cruceros de batalla, doce cruceros pesados y ligeros y treinta y siete
destructores.20
***
El primer choque entre buques alemanes y britnicos tendra su origen en un
accidente de poca importancia. El destructor Glowworm, que formaba parte de la escolta
del Renown, perdi un hombre debido al mal estado de la mar y abandon su puesto en la
cortina para tratar de recogerlo. La faena, debido a la oscuridad y la marejada, le llev
bastante tiempo, y cuando termin, la noche se haba tragado al crucero de batalla y a su
escolta. As que el Glowworm prosigui hacia el Norte en solitario dando tumbos entre las
olas. Al transcurrir las singladuras, el viento fue arreciando y la visibilidad, debido a las
rastreras y oscuras nubes que barran la mar, y a los chubascos de agua, nieve y granizo que
frecuentemente desfogaban por doquier, se fue reduciendo. El comandante del buque,
capitn de corbeta G. Broadmead Roope, intent forzar la velocidad para alcanzar al
Grupo Renown, pero, tras unos formidables bandazos que le hicieron temer por la
seguridad del destructor y sacar varias veces las hlices fuera del agua, decidi volver a
moderar y armarse de paciencia. La noche del 7 al 8 de abril fue mala para el Glowworm,
que navegaba sin prisas a unos 20 nudos. Pero de verdadero aquelarre para los catorce
destructores alemanes que cortaban las grandes olas a toda mquina sin consideraciones al
estado de la mar, pues haba que entrar en Narvik a la hora sealada. En otro caso, los
noruegos estaran aguardndoles con la mano en el gatillo de los caones de las bateras
costeras, y, en zafarrancho de combate, los dos guardacostas acorazados listos para darles la
bienvenida con sus proyectiles de 210 mm.
Pero aquel despiadado galope no poda quedar impune. Los soldados austracos y
alemanes iban peor que muertos debido al mareo, hacinados como fardos en los sollados.
All, el estruendo producido por los golpes de mar era horrible, y el movimiento, de una
violencia y brusquedad espantosas. Varios marineros que haban cado por la borda tuvieron
que ser abandonados a su triste suerte sobre las heladas y agitadas aguas. Los rompeolas de
los castillos de proa se hallaban doblados y medio arrancados. Varios botes salvavidas
fueron arrastrados por las olas o pendan de sus pescantes, convertidos en astillas. Muchos
candeleras estaban doblados o ya no existan. Varias cargas de profundidad se fueron al
mar, aunque afortunadamente con los seguros puestos. Igual suerte siguieron diversas
motocicletas y morteros de los cazadores de montaa. Los inclinmetros acusaban
bandazos superiores a los 50, y los fogoneros se vean constantemente duchados por los
rociones de agua salada que penetraban a travs de las tomas de aire de los
turboventiladores y les caan de las alturas. Pese al incesante funcionar de las bombas de
achique, el agua suba frecuentemente de nivel en las sentinas y apagaba los mecheros de
las calderas, que tenan que ser inmediatamente vueltos a encender por los agotados

hombres, so pena de quedarse sin presin para mover las turbinas, lo que con mal tiempo
puede constituir un grave contratiempo para cualquier buque que navega. En el puente, los
hombres tenan los ojos enrojecidos por el salitre y los fustazos del viento, y se hallaban
empapados, fatigados hasta el alma por aquellos despiadados bandazos, pantocazos y
cuchareos que no terminaban nunca, y temerosos de que saltaran los remaches del casco,
que el buque se atravesara a la mar en una de aquellas peligrosas y veloces champas, y
diese la voltereta, o que tras algn oscuro chubasco surgieran las amenazantes moles de los
acorazados enemigos escupiendo fuego. Lenta, penosamente, transcurrieron las horas de
aquella noche.
Debido a las averas surgidas, dos de los destructores alemanes se fueron quedando
atrs, y poco despus de las siete de la maana, hallndose al oestenoroeste de Trondheim,
se toparon inesperadamente con el Glowworm, que se encontraba a 140 millas retrasado
respecto al Grupo Renown. Tras inquirir la identidad de los desconocidos, el destructor
ingls dispar dos salvas contra uno de los buques alemanes, que desapareci en seguida y
a gran velocidad entre la bruma. El otro destructor germano se hallaba ms al Sur, y entabl
combate con el ingls al mismo tiempo que solicitaba auxilio del almirante Ltjens.
Tambin pidi ayuda el Glowworm, y el almirante Forbes destac inmediatamente al
Repulse, al crucero Penlope y a cuatro grandes destructores, a 28 nudos, en ayuda del
Glowworm. Era tan slo un gesto intil, pues estos buques se hallaban a 300 millas de
distancia y resultaba imposible que llegaran a tiempo. El Renown sali tambin disparado
hacia el Sur, pero luego recibi un mensaje del Almirantazgo en que se comunicaba a
Withworth que el desembarco alemn en Narvik poda ser cierto al fin y al cabo y que los
ocho destructores del grupo de minado se le reuniran en un punto situado a 70 millas al
oeste de Bod, por lo que, al cesar las llamadas del Glowworm, el crucero de batalla
arrumb hacia all. Por su parte, el Grupo Repulse continu hacia el Norte con
independencia.
El grueso de las fuerzas alemanas ya haba rebasado la latitud de Trondheim, pero
los buques destinados a estos puertos haban seguido navegando con el resto de la flota, a
fin de permanecer el mayor tiempo posible bajo la proteccin de los acorazados, ya que, de
todas formas, no podran entrar en el puerto hasta la hora fijada. Al recibir el radio de
auxilio, Ltjens destac al Admiral Hipper.
Este gran crucero invirti el rumbo y, pese a tener la mar casi de proa, forz
mquinas. El efecto fue inmediato. Las grandes olas levantaban el castillo de proa a enorme
altura, para sumergirlo inmediatamente bajo cientos de toneladas de agua que luego se
estrellaban contra las dos torres proeles y el puente con un trallazo brutal, deshacindose en
borbotante espuma que inundaba hasta los alerones y se remontaba por encima del mstil
de proa. Todo el buque retemblaba continuamente entre cada dos terribles machetazos, y en
el puente los hombres tenan que agarrarse con todas sus fuerzas para no ser violentamente
despedidos.
Pero la carrera no fue larga. Antes de una hora, los alemanes descubriran al
Glowworm, que sin mucha efectividad debido al psimo estado de la mar segua
espordicamente combatiendo contra su enemigo. El Hipper moder su andar y abri fuego
con sus piezas de 203 mm, a distancia relativamente corta debido a la mala visibilidad. El
destructor ingls lanz contra l una salva de torpedos, pero casi al mismo tiempo recibi
un impacto directo entre el puente y la chimenea de proa. La distancia era reducida, y el
Glowworm cambi bruscamente de rumbo y se ocult tras la negra y espesa cortina de
humo que vena tendiendo.

Para un gran crucero de doscientos metros de eslora, atravesar una cortina de humo
tras la que se oculta un destructor enemigo al que posiblemente quedan torpedos poda ser
sumamente peligroso. Pero el tiempo apremiaba, y el comandante del Admiral Hipper
decidi arriesgarse. La maloliente y traicionera humareda ceg unos instantes a los marinos
alemanes. Despus el destructor ingls surgi tan prximo, que el capitn de navo Heye
decidi pasarlo por ojo.
Por su parte, el capitn de corbeta Gerard Broadmead Roope quiso aprovechar
tambin aquella oportunidad. Careciendo ya de torpedos y comprendiendo que, con la
violencia de los movimientos, a l le sera muy difcil hacer blanco con su artillera sobre el
enemigo y escapar, si es que alguna vez pens en escapar, puso las mquinas de su buque a
las mximas revoluciones y lo lanz valerosamente al abordaje envuelto en un sudario de
humo y espumas.
Instantes dramticos, en que dos buques de guerra enemigos cortan las olas a gran
velocidad disparndose mutuamente, hacia una embestida mortal de necesidad para uno de
ellos. Las afiladas rodas devoran aquella distancia en algunos segundos, y la gigantesca
mole del crucero pesado de 14.260 toneladas pronto se levanta amenazadoramente sobre el
pequeo e intrpido destructor de 1.345. Pero el buque britnico es ms maniobrero y
consigue evitar el tajamar de su adversario y estrellarse, casi de vuelta encontrada, contra la
elevada y formidable amura de estribor del Hipper, un poco a popa del ancla de esa banda.
Hay un siniestro y terrorfico crujido de planchas destrozadas, que se prolonga luego cual
alarido de muerte. El crucero pesado viene tambin lanzado y deshace al buque de guerra
ingls que es violentamente acostado sobre la banda de babor hasta quedar casi horizontal y
resulta pronto desfondado y partido. Pero al resbalar contra el crucero alemn, la
extremidad inferior de su roda se clava en las planchas del forro de su enemigo, por debajo
del cinturn blindado, y actuando como un verdadero abrelatas produce al Hipper una
brecha de cuarenta metros de longitud que llega hasta la altura del montaje de tubos
lanzatorpedos de estribor.
El Glowworm se fue rpidamente a pique despus de la formidable colisin
llevndose consigo al abismo a la mayora de su gente y a su comandante, ya que los
alemanes slo pudieron rescatar a cuarenta supervivientes de los ciento cuarenta y cinco
hombres que componan la dotacin. Por su parte, el crucero pesado alemn embarc 528
toneladas de agua, le fueron destruidos siete tanques de petrleo y cuatro de trimado, con
prdida de 253 m de petrleo, quedando con una escora de 4 16' a estribor, algo hocicado
de proa y con varios compartimientos inundados, aparte de la brecha de cuarenta metros en
el casco, por debajo de la flotacin, de que ya hemos hablado.
Al terminar la guerra, cuando, a travs de los supervivientes, se supo en Inglaterra la
bizarra accin del comandante del Glowworm, a este valeroso marino britnico le fue
concedida a ttulo pstumo la Cruz Victoria.
***
En aguas mucho ms meridionales, en la boca del Skagerrak, el submarino polaco
Orzel, que haba corrido una verdadera odisea al evadirse de Polonia durante la invasin
alemana, torpedeaba y hunda aquella misma maana del da 8 al transporte alemn Ro de
Janeiro. Un centenar de soldados alemanes que pudieron ser recogidos por varios
pesqueros noruegos y llevados a Oslo declararon que su destino era proteger a Bergen.

A las 14.00 de la tarde del mismo da, un hidroavin britnico que navegaba por la
proa de la Home Fleet avist entre las nubes al oeste-noroeste de Trondheim y navegando
rumbo a poniente, un crucero de batalla, dos cruceros y dos destructores alemanes. Era el
Hipper y dems buques del Grupo Trondheim, que ya haban abandonado el grueso
germano y hacan tiempo en espera de la hora fijada.
Dada la informacin recogida por los ingleses hasta este momento, estaba bien claro
que los alemanes se disponan a ocupar, por lo menos, los puertos de Narvik, Trondheim y
Bergen, y resulta inexplicable que el Grupo Repulse no intentara interceptar su entrada
en Trondheim, cosa que pudo perfectamente haber hecho, as como que el Grupo
Renown no aguardara dentro del fiordo de Vest a los que se dirigan a Narvik. Pero as fue.
La Home Fleet arrumb al Nornoroeste a las 16.00, dando por hecho que los buques
alemanes se haban escapado y consolndose con la esperanza de atraparlos a su vuelta.
Forbes arrumb al Sur con el grueso a las 20.00 horas y estableci una lnea de
exploracin con cruceros que barreran hacia el Norte. Ms tarde piensa que podrn ser
atrapados entre las dos fuerzas alemanas, se arrepiente y ordena a los vicealmirantes
Cunningham y Collins que se replieguen sobre la flota. Lo mismo hacan, desde ms al
Norte, los dos cruceros del vicealmirante Layton.
Sigamos al Grupo Renown. A las 05.15 de la tarde del da 8, los destructores
procedentes del campo minado de Vest se unen al Renown, y el almirante, debido al estado
de la mar y la mala visibilidad, titubea, dudando si entrar en el fiordo para esperar all a los
buques alemanes o aguardarlos fuera, decidindose finalmente por lo ltimo. Despus
recibe rdenes del Almirantazgo de concentrarse e impedir que cualquier fuerza alemana
se dirija a Narvik, pero no las cumplimenta.
El vicealmirante Withworth no saba con exactitud la composicin de la fuerza
germana con que poda encontrarse, pero contaba con un crucero de batalla y nueve
destructores,21 buques que, de haber aguardado aguas adentro del fiordo de Vest, habran
podido descubrir y aniquilar a los diez destructores alemanes, abarrotados de soldados, que
iban a penetrar en el mismo tan slo algunas horas despus. Cierto que la noche haba
cado, la mar era ya imponente, mala la visibilidad, elevados los riesgos de navegar por el
fiordo en tales condiciones y con los faros noruegos de la entrada apagados. Por si fuera
poco, exista el peligro de meterse en su propio campo de minas. Nos hacemos cargo de la
desagradable situacin de Withworth, pero tambin pensamos que Horacio Nelson habra
entrado en el fiordo noruego hasta donde el mejor estado de la mar y su creciente estrechez
habran hecho fcil y factible establecer una efectiva lnea de vigilancia con algunos
destructores, permaneciendo l con el Renown y los restantes todava ms adentro, en
espera de rematar a los que se colasen. Qu hubiera sucedido? Con toda probabilidad, que
los alemanes jams habran podido desembarcar en Narvik. Pero Withworth no era el duque
de Bronte. Decidi entrar en el fiordo... cuando amainase el tiempo. Demasiado tarde!
Los destructores del comodoro Bonte no aguardaron tal cosa. Entraron a todo evento y
ocuparon Narvik.
***
Por la tarde, el viento rol bruscamente al Noroeste, como estaba previsto, soplando
con tremenda violencia: fuerza 10 en la escala Beaufort, 22 y bramando con estridente
silbido en la jarcia de los buques alemanes que navegaban veloces hacia Narvik. Pronto

comenz a levantarse una violenta mar cruzada del viento, y los pantocazos fueron tales
que hubo que moderar a 21 nudos. Al llegar la noche, la visibilidad se redujo tanto debido a
las frecuentes tormentas, de nieve y granizo, que hubo que largar los boyarines de niebla.
Ahora los timoneles y oficiales de guardia se afanaban, entre las montaas de agua y de
espuma que continuamente asaltaban los castillos y puentes de sus buques, en seguir la
bailadora lucecita que remolcaba sobre las olas el invisible matalote de proa.
A las 22.00 horas del 8 de abril, el almirante Ltjens destac a los diez destructores
destinados a Narvik, que muy pronto se perdieron entre las espesas sombras envueltos en
un fantstico sudario de espuma, muy escorados a estribor debido al fortsimo viento y a los
ya semivacos tanques de combustible. El almirante nunca volvera a verlos.
La entrada del fiordo de Vest, que conduce al de Ofot, en cuyas tranquilas,
profundas y transparentes aguas se mira la pequea ciudad de Narvik, tiene unas cincuenta
millas de anchura, de modo que, con semejante viento, no comenz a sentirse el redoso de
las islas Lofoden hasta algunas horas ms tarde. La formacin naval alemana, que no tena
situacin astronmica desde haca casi veinticuatro horas, navegaba por estima, y sus
hombres trataban de taladrar las tinieblas para evitar estrellarse contra la costa o alguno de
los innumerables islotes e islas que salpicaban este gran fiordo. A pesar de la intensa nevada
que caa y de no conocer exactamente su posicin, tan pronto empez a disminuir la mar se
aument el andar a 30 nudos.
A veces surga un negro acantilado por la misma proa, como amenazante Jotuno, y
haba que meter con destreza toda la caa a una banda para evitar el desastre. Las
marcaciones a los radiofaros noruegos no eran de mucha confianza con aquel endiablado
movimiento, y slo hasta que se descubri un rayo de luz que trataba de perforar las
tinieblas y la nevasca, procedente del solitario faro de Tran, unas setenta millas fiordo
adentro, pudieron respirar el comodoro Bonte y sus hombres. Aparte de los peligrosos
peascos de Vest, fugazmente entrevistos, era la primera seal de tierra que perciban los
alemanes desde que, cuarenta y ocho horas atrs se perdieron por la popa los familiares
destellos de la farola de Heligoland.

Pero ahora surga otra grave inquietud. Estaran los buques de guerra ingleses
aguardndoles dentro? Pese al cansancio y al sueo, media dotacin, empapada y transida
de fro, cubra permanentemente todos los puestos en zafarrancho de combate, y las piezas
se hallaban cargadas y listas para abrir fuego.
A las 04.10, la formacin alemana pas junto a la isla de Bary, que seala el

comienzo del fiordo de Ofot, y poco despus se cruzaba con un vapor de cabotaje, al que no
quiso detener, y unas lanchas noruegas de vigilancia, que los alemanes no vieron, pero que
inmediatamente transmitieron por radio que ocho barcos de guerra entraban en el fiordo de
Ofot. Ahora que las dos orillas se distanciaban tan slo unas tres millas, era como navegar
por un lago, y los molidos soldados empezaron a surgir en cubierta para estirar las piernas,
respirar aire puro y echar algo a sus doloridos y revueltos estmagos. Pero eran gente
joven, fuerte y animosa, que muy pronto estara totalmente recuperada. Por su parte, el
general Dietl perteneca a esa privilegiada clase de individuos que, sin haber navegado
nunca, jams se marean.
La amanecida no fue muy buena, pues la visibilidad continuaba mediocre, pero las
escarpadas orillas cubiertas de nieve y abetos, los altsimos picachos de ms de mil metros
que de vez en cuando surgan entre las nubes como queriendo mirarse en las espejantes y
profundas aguas, y la quietud y el extrao silencio, llenaron de respetuosa admiracin a los
que llegaban. En este abrupto, nevado y rocoso pas que es Noruega, donde solamente el
tres por ciento del suelo puede ser cultivado por el hombre, los glaciares, a lo largo de una
tenaz labor de millones de aos, han ido arando entre las rocas esos profundos y tremendos
surcos que luego, al llegar el deshielo de los perodos interglaciares, como el que ahora
atravesamos, fueron invadidos por las aguas del mar y se convirtieron en una de las
mayores maravillas que la naturaleza haya troquelado jams sobre nuestro planeta.
Pero el comodoro Bonte no dispona de mucho tiempo para tales meditaciones. Tan
slo a quince millas de Narvik, destac a tres de sus destructores para ocupar las supuestas
bateras de costa situadas, frente por frente, en las orillas de Ramnes y de Hamnes, que ya
quedaban por la popa, y poco ms tarde enviaba a otros dos buques hacia el fiordo de
Herjangs, donde exista un puesto fortificado que tambin deba ser ocupado. Y con los
restantes destructores, a las 05.15 se situaba frente a Narvik, pequea ciudad cuyas blancas
casas se desparraman a resguardo de un elevado y redondo promontorio y que casi todo se
lo debe al ferrocarril procedente de las minas de Suecia.
Ha vuelto a nevar y la visibilidad se reduce otra vez. Entre la bruma gris surge un
extrao monstruo de acero, con dos chimeneas rectas y largas, que parece mimetizado: el
guardacostas noruego Aidsvold.23 Este buque de guerra y su gemelo Norge haban sido
alertados dos horas antes, como ya sabemos, de la entrada de buques desconocidos, y
recibido rdenes de su Gobierno de resistir a los alemanes, pero no a los buques britnicos
que pudieran presentarse Los comandantes de ambos saban tambin que ya se combata
desde haca varias horas en el fiordo de Oslo.
El comodoro Bonte comunica por seales que enva un bote con un oficial, y el
noruego replica: Deje quieto su bote, y subraya la respuesta con un caonazo. El
proyectil silba lgubre sobre los buques alemanes y nada bueno presagia. Tal actitud parece
mostrar que ha reconocido a sus enemigos, pero luego, en inexplicable contradiccin,
permite que el bote se aproxime. El oficial alemn trata de convencer al comandante del
buque noruego de la inutilidad de cualquier resistencia, y el noruego le pide diez minutos
para consultar con su compaero del Norge. Error fatal, pues permite que otros dos
destructores alemanes se aproximen tambin a este buque. El tiempo transcurre tenso y con
lentitud, y por fin el noruego manifiesta que ofrecern resistencia. Abre el bote germano del
costado del pequeo acorazado, e inmediatamente el oficial alemn dispara al aire, con su
negra pistola de seales de dos caones, la contrasea convenida: una bengala roja.
Desde el destructor Heidkamp, buque cabeza de flotilla, se lanza un torpedo, y,
segundos despus, el pez metlico alemn corta las semiheladas aguas y alcanza al

guardacostas noruego en plena obra viva, por debajo de la coraza, y... lo desfonda. El viejo
barco, con cuarenta aos en las cuadernas, da la voltereta y se hunde con tan vertiginosa
rapidez que, de sus doscientos setenta hombres de dotacin, tan slo pueden salvarse diez.
La tragedia de Narvik haba comenzado!
En aquel mismo momento abra fuego el Norge sobre los destructores alemanes.
Incomprensiblemente, dada la corta distancia, falla el tiro, que ya no tendr oportunidad de
corregir. Recibe un torpedo alemn, hace una rara pirueta y, casi con igual celeridad que su
gemelo, se va al fondo del puerto como una piedra, arrastrando consigo a doscientos diez
hombres.
Inmediatamente atracan al muelle de Narvik los destructores alemanes y ponen sus
tropas en tierra. La guarnicin noruega, de unos cuatrocientos cincuenta hombres, mandada
por un traidor afecto a Quisling, se rinde sin luchar. Parte de sus soldados, disconformes
con el cobarde proceder de su coronel, consiguen escapar hacia la frontera sueca dispuestos
a defender su patria contra el invasor, sea ste quien fuere. En el puerto, a uno y otro lado
del istmo que une el promontorio coronado por el faro con la tierra firme, se encontraban
fondeados veinticinco cargueros de diversas nacionalidades. El capitn de uno de ellos,
alemn, creyendo que los recin llegados eran ingleses, ya haba varado e incendiado su
barco...
Las pretendidas bateras de Ramnes y Hamnes no existan en realidad, y el puesto
fortificado de Hergangs fue ocupado sin lucha. Hasta el momento, todos los objetivos de
aquella atrevida expedicin alemana se haban logrado sin otras dificultades que las
presentadas por el mal tiempo, que en realidad plenamente haba favorecido a los
germanos, y los guardacostas noruegos, Bonte y Dietl se podan felicitar. Aunque no por
mucho tiempo, pues pronto se descubri que los barcos encargados del transporte de la
artillera de costa y de campaa, as como de las minas submarinas que habran de proteger
el fiordo, no haban llegado, ni llegaran jams! Y que de los dos petroleros cuya misin
era abastecer a los diez destructores de Bonte, con el fin de que esos buques pudieran
hacerse a la mar sin demora, aquella misma tarde, para regresar a Alemania al amparo de
los acorazados, como estaba previsto, slo uno de ellos haba podido entrar en Narvik.
Semejante fallo acarreara indirectamente, entre otras cosas no menos graves, la destruccin
total de la escuadrilla de destructores y la muerte de su comodoro y de muchos marinos
alemanes.
Pero antes de llegar a este reverso de la medalla del xito germano regresaremos a
la mar con los acorazados del almirante Ltjens, que se alejaban de las islas Lofoden entre
las nocturnas sombras, mientras sus hombres deseaban fervientemente lo mejor a los
compaeros de los buques menores que navegaban hacia Narvik.
***
Para librar las Lofoden, el Scharnhorst y el Gneisenau arrumbaron al Noroeste,
moderando su andar a 12 nudos, pues ya no haba prisa, el viento soplaba con gran fuerza y
las cubiertas eran barridas por enormes olas.
Por su parte, aprovechando un recalmn que se produjo poco despus de la
medianoche, el Grupo Renown apro al Sudeste. Con ello, los buques alemanes y
britnicos navegaban, aquella madrugada, prcticamente de vuelta encontrada, y habran de
avistarse poco despus de la amanecida del 9.

Con la llegada del nuevo da clare un tanto el horizonte hacia el Norte y Levante,
por donde surgi una faja de cielo despejado. Precisamente sobre ella destacaran poco
despus para los ingleses los dos acorazados alemanes, que fueron identificados como un
crucero de batalla y un crucero pesado, error debido al cambio de lnea de la proa del
Scharnhorst. Por el contrario, los buques britnicos, bien enmascarados entre los
nubarrones y los chubascos de nieve existentes a poniente y situados en la parte oscura del
horizonte, no fueron vistos por los alemanes prcticamente hasta que las primeras granadas
enemigas comenzaron a levantar imponentes geiseres de agua a tan slo unos trescientos
metros de distancia de sus blindados costados.
Dice el capitn de navo Netzband, comandante del Gneisenau, que los fogonazos
del enemigo se destacaban en la oscuridad como los faros de una locomotora, y uno llegaba
a creer que podra ver hasta la recmara de los caones. S, la sorpresa alemana fue
absoluta, y es que la posicin tctica de los buques ingleses era, casualmente, por completo
favorable a ellos. El grupo del vicealmirante Withworth avist a los alemanes cincuenta
millas al oeste de la farola Skonvaer, situada a la entrada del fiordo de Vest, cambi de
rumbo al Estenordeste, aument a 20 nudos y abri fuego, con toda tranquilidad, unos
minutos despus de las cuatro de la maana, a ms de 18.000 metros, dirigiendo el tiro de
sus seis piezas de 381 mm sobre el Gneisenau y el de su artillera secundaria (veinte
caones de 114 mm) contra el Scharnhorst. Dada la gran distancia inicial, este ltimo
buque no se enter de ello, pues los proyectiles ingleses caan tan lejos que ni siquiera se
vean los piques.
Pero hasta que se pudo contestar al fuego ingls, en el Gneisenau se vivieron unos
minutos verdaderamente angustiosos. Todava no se haba tocado diana, y el estridente
sonido de los timbres de alarma se confunda ya con el grave estampido producido por la
cercana cada de las granadas enemigas. Para alcanzar desde un camarote, camareta o
sollado a bordo de un gran acorazado el interior de una torre de artillera, las alturas de
vrtigo de la direccin de tiro o las profundidades de un paol de municiones contiguo a la
quilla hay que cruzar infinidad de pasillos, puertas estancas, escotillas y bocas de lobo,
siguiendo un recorrido preestablecido, subir o bajar numerosas escalas, llegar sin aliento al
puesto en zafarrancho de combate y hacerse cargo de su cometido. Los marinos alemanes
se apretujaban a medio vestir en las escotillas, corran por las distintas cubiertas a todo lo
que daban sus piernas, resbalando y cayendo algunos, y todos ellos temiendo que su buque
resultara alcanzado en cualquier momento por los proyectiles enemigos, que sembraran
despiadadamente ruina y muerte por doquier.
El almirante Ltjens y el comandante del Gneisenau, que descansaban en sus
respectivos camarotes de mar, en el puente de estado mayor y el de navegacin, ya estaban
ansiosamente tratando de identificar, a travs de los periscopios del puesto acorazado, a los
buques enemigos. Haban ordenado abrir fuego y aumentar la velocidad. Mas, pese a estar
cargados, los caones seguan mudos y sin movimiento, y el enemigo acortaba rpidamente
distancias. Y es que antes haba que arrancar los generadores de alimentacin de las bombas
hidrulicas que movan las pesadas torres, avistar el blanco, medir la distancia y calcular los
vectores de su movimiento, pues apuntar y disparar sobre un buque que navega resulta
intil; cuando los proyectiles lleguen, el barco ya no estar all. Y no se puede averiguar
hacia cul de los infinitos puntos de la rosa de los vientos se mueve el enemigo, ni a qu
velocidad, con igual rapidez con que un telmetro, radar o radiotelmetro miden su
distancia. Las ms complejas direcciones de tiro necesitan su tiempo.
Mientras tanto, a bordo del acorazado alemn slo caba dominar los nervios,

zigzaguear y serpentear con el objeto de dificultar el tiro enemigo, y tratar de esquivar la


pesada lluvia de proyectiles, proyectiles enormes, de 780 kilos de acero y explosivos cada
uno, que, cortando el aire a ms de 3.000 kilmetros por hora, ahorquillaban ya al
Gneisenau cuando por fin, con tres minutos de retardo respecto a los ingleses, ste pudo
disparar tambin. La andanada de nueve caones de 280 mm alegr y devolvi la confianza
a los 1.850 hombres de su dotacin y envolvi todo el buque en una espesa y maloliente
nube de humo que inmediatamente se llev el fuerte viento en sus veloces alas. Tambin
disparaba ya el Scharnhorst, y mientras los pesados proyectiles de ambos combatientes se
cruzaban en el aire con un siniestro zumbido, en las cmaras de calderas de los buques
alemanes se encendan a toda prisa los mecheros que iban retirados y se ponan los
turboventiladores y las bombas de petrleo a su mxima potencia, con objeto de levantar
rpidamente presin. En las salas de mquinas se abran cada vez ms las vlvulas de cuello
de las turbinas, se forzaban las bombas de vaco y de circulacin de los condensadores y las
de aceite de lubricacin de cojinetes, cajas de engranaje, chumaceras de empuje de los ejes
de las hlices, se daba ms vapor a los empaquetados de las turbinas, etctera. En las
entraas de los buques, todo vibraba, ruga, trepidaba y se caldeaba, y cada aparato exiga
la mxima atencin y vigilancia de sus sirvientes, porque, en tales circunstancias, cualquier
fallo podra resultar fatal.
Los dos buques alemanes se hallaban mejor blindados y proyectados que el
Renown, andaban algunos nudos ms que ste y disparaban con mayor rapidez. Pero sus
proyectiles eran manifiestamente inferiores en calibre, pues apenas si rebasaban los 314
kilos por unidad. Ello haca que los dos acorazados slo dispusieran de un peso por
andanada de unos 5.650 kilos, frente a los 5.232 del Renown, aunque su mayor velocidad
de tiro prcticamente doblaba la andanada de los buques germanos. 24 En circunstancias
normales, habida cuenta de sus radiotelmetros y habiendo abierto fuego al mismo tiempo,
mal lo hubiera pasado el crucero de batalla britnico. Pero, aparte de la sorpresa y las
desiguales condiciones tcticas, al almirante Ltjens aquel encuentro no le interesaba en lo
ms mnimo, y lo nico que procur fue romper el contacto balstico lo antes posible. As
que los buques alemanes fueron forzando las mquinas hasta los 31 nudos. Con la mar casi
de proa, el movimiento dificultaba el tiro, pero la distancia iba aumentando.
Pese a todo, los alemanes centraron a sus enemigos y, a los cinco minutos de abrir
fuego, hallndose a unos 15.000 metros de distancia, conseguan un impacto directo sobre
el Renown. El proyectil penetr en el estudio de guardias marinas, destrozndolo pero sin
causar mayores daos. Slo una esquirla de metralla cercen el pulgar del oficial de derrota
del buque ingls. Poco despus result alcanzado el Gneisenau, pero con mucha peor suerte
para l. A las 04.25, un proyectil de 381 mm deshizo la central principal de la direccin de
tiro, matando al director de tiro, capitn de fragata Von Buchka, a un oficial, dos
suboficiales y un marinero, hiriendo a varios hombres y dejando temporalmente fuera de
servicio toda la artillera principal del buque. Para los ingleses fue un tiro de suerte, Ltjens
orden al Scharnhorst tender una columna de humo por la aleta de babor de su compaero,
cosa que inmediatamente efectu dicho acorazado, al mismo tiempo que disparaba con
todas sus piezas pesadas.
El Renown recibi otro impacto, que slo le caus averas estructurales, pero,
despus de haberse aproximado bastante, se fue quedando atrs, pues para poder tirar con la
torre A, sobre la que frecuentemente se desplomaban centenares de toneladas de agua del
mar, haba tenido que moderar su andar. A pesar de lo cual, y para evitar deshacerse
intilmente contra las olas o pasarse por ojo, todos los destructores que le acompaaban se

fueron retrasando.
Ahora los buques alemanes cayeron a estribor y arrumbaron al Nornordeste, es
decir, pusieron la popa a su enemigo para abrir rpidamente distancias. Navegaban en lnea
de marcacin y disparaban con sus torres poperas, aunque frecuentemente el Scharnhorst
caa a babor para que pudieran entrar en fuego tambin sus dos torres proeles. El
Gneisenau encaj ahora otros dos impactos britnicos de 114 mm. Uno en la torre A,
que origin la entrada del agua del mar y, como consecuencia, dej fuera de servicio los
circuitos elctricos durante un da y medio. Y otro, del mismo calibre, en la cubierta
superior de babor, junto a un montaje antiareo de 105 mm, sin importantes consecuencias.
Withworth, al comprender que su principal enemigo haba resultado gravemente
averiado, forz el andar hasta los 29 nudos, pero no consigui volver a acortar distancias, y
pronto los dos acorazados germanos se perdieron en la lejana, entre nuevas tormentas de
nieve.
As termin el primer combate entre buques de lnea habido en la segunda guerra
mundial, que dur menos de una hora y no tuvo trascendencia alguna. Ambos bandos
tiraron y maniobraron aceptablemente si se tiene en cuenta el psimo estado de la mar,
actuando cada cual segn sus intereses. La resuelta actitud del vicealmirante Withworth le
redime de sus vacilaciones y anteriores errores, si bien es cierto que desconoca el
verdadero blindaje de los buques alemanes, bastante superior al que los ingleses suponan,
y que crey habrselas con un solo acorazado en vez de los dos con que en realidad estuvo
combatiendo. Es decir, que tuvo bastante suerte.
***
Pero, explicablemente, el Almirantazgo britnico no haba quedado satisfecho del
conjunto de su actuacin ni de la del comandante en jefe de la Home Fleet.
En la maana del da 9 ya se saba en Londres que los alemanes haban
desembarcado en Noruega en todos los puntos en que pensaban haberlo hecho los aliados,
no obstante lo cual la flota britnica perdi tambin ese da intilmente, en rdenes y
contrardenes, y lo nico que sacaron los buques ingleses en limpio fue una bomba que
arroj un avin en picado alemn sobre la cubierta del acorazado Rodney, buque insignia de
la Home Fleet, producindole averas menores. Cinco cruceros ingleses resultaron tambin
ligeramente averiados por impactos cercanos de los bombarderos alemanes, y el destructor
Gurkha result hundido en un ataque areo.
El da 10 se incorporaron a la Home Fleet el acorazado Warspite y el portaaviones
Furious, este ltimo sin aparatos de caza a bordo, lo que constituy un grave error, pues
cualquier escuadra o fuerza naval que navegase entonces dentro del radio de accin de los
bombarderos en picado o aviones torpederos enemigos basados en tierra, sin su propia
sombrilla de aviones de caza embarcados, poda fcilmente quedar tan maltrecha como el
Caballero de la Triste Figura y su escudero bajo la tempestad de piedras que lanzaron los
desagradecidos galeotes.
Tras los ataques areos alemanes a que nos hemos referido, se decidi que la Home
Fleet abandonase las aguas meridionales noruegas, que fueron dejadas a los submarinos
aliados, los que, a costa de perder cuatro unidades, cosecharan los xitos que ms tarde
researemos.
El Almirantazgo britnico se daba perfectamente cuenta de que, tras varios

infructuosos das de operaciones, los alemanes haban alcanzado todos sus objetivos
noruegos y daneses, realmente como si la Home Fleet no hubiese existido. Y por si fuera
poco, sta haba perdido a dos destructores y sufrido averas en varias unidades pesadas.
Por tanto, haba que hacer algo, y hacerlo inmediatamente, pues no slo tenan que
acallarse las acerbas crticas que ya empezaban a levantarse en el pas, sino sostener el
prestigio de la flota britnica ante los ojos de Estados Unidos y el resto del mundo. De ello
se iba a encargar un oscuro pero valeroso capitn de navo a quien el Almirantazgo dara
directamente rdenes, saltndose olmpicamente al vicealmirante Withworth y al propio
almirante Forbes, de quienes a todos efectos dependa el jefe a quien nos hemos referido,
cuyo nombre, B. Warburton-Lee, quedara incorporado al da siguiente a la historia naval.
CAPTULO
V
TRAGEDIA
EN
NARVIK

El vicealmirante Withworth haba ordenado al capitn de navo B. Warburton-Lee


de la Segunda Escuadrilla de Destructores que se dirigiera de madrugada al fiordo de Vest y
permaneciera patrullando en su entrada. Poco despus, a las 01.36 horas del da 10, el
Almirantazgo le orden, directamente, dirigirse a Narvik para atacar a los alemanes,
advirtindole que posiblemente los dos guardacostas noruegos, adems de las bateras de
costa, podan estar ya en manos de los germanos.
Slo usted puede juzgar si en estas circunstancias debe atacar. Respaldaremos
cualquier decisin que tome, terminaba la orden.
Todo esto puede parecer extrao. El Almirantazgo se diriga directamente a este
subordinado de dos almirantes porque Withworth se haba negado a ordenar el ataque que
aqul deseaba sin el apoyo directo del crucero Penlope, que se aproximaba con el Grupo
Repulse, pero que no se incorporara hasta las dos de la madrugada. Y, desde luego, ni l
ni el Almirantazgo estaban dispuestos a arriesgar el buque en el que Withworth arbolaba su
insignia: el veloz crucero de batalla Renown.
Warburton-Lee detuvo sus buques a las cuatro de la maana al llegar a Trany, y
envi a tierra un bote con un oficial para hablar con los prcticos noruegos que en dicha
pequea localidad tenan su estacin. stos le manifestaron que en la madrugada anterior
haban visto dirigirse hacia Narvik a seis grandes destructores alemanes y a un submarino y
que tenan noticias de que los germanos se haban apoderado firmemente de la ciudad y
minado sus accesos martimos.
El jefe de la flotilla britnica comunic inmediatamente esta noticia al
Almirantazgo, al vicealmirante Withworth y al almirante Forbes, comandante en jefe de la
Home Fleet, aadiendo que se dispona a atacar al amanecer con la pleamar. Buscaba al
mismo tiempo sorprender al enemigo y pasar impunemente sobre los campos de minas
supuestamente fondeados por l. Nos encontramos aqu con un hombre resuelto, que no
naufraga en un mar de dudas y temores a la responsabilidad. Mas la noticia facilitada a
Warburton-Lee por los prcticos noruegos era inexacta, y tal inexactitud habra de costar la
vida al valeroso jefe de la Segunda Escuadrilla britnica de Destructores.
La madrugada del 10 de abril de 1940, en que nos hallamos, se present con igual
cariz que en das anteriores, es decir, la visibilidad era reducida y desfogaban frecuentes
tormentas de nieve. El comodoro Bonte haba despachado a dos de sus destructores al
fiordo de Ballangen, situado a unas quince millas a poniente de Narvik, y a otros tres al de

Herjangs, precisamente al norte de dicha ciudad. Otro buque de guerra ms estuvo


patrullando hasta la amanecida por el fiordo de Ofot, y un submarino, el U-64, fue tambin
destacado para vigilar la posible llegada de buques ingleses. Todos los citados estaban
encendidos y listos para combatir, y se supuso que, de decidirse el enemigo a entrar, podra
ser inmediatamente atacado desde varios puntos por fuerzas que convergiran sobre l.
Tales disposiciones eran correctas, pero el comodoro alemn no haba contado con
la audacia de Warburton-Lee, la psima visibilidad que traera el nuevo da y el factor azar,
uno de los ms importantes y decisivos condicionantes de la historia...
Los cinco destructores britnicos25 avanzaban cautelosamente por el fiordo de Ofot
a 10 nudos, en lnea de fila, con su gente en los puestos de zafarrancho de combate, todos
en expectante silencio y con los nervios de punta. A aquella velocidad, ni siquiera el ruido
de los ventiladores de mquinas y de calderas llegaba hasta los puentes de los buques
britnicos. Slo se escuchaba el suave murmullo que producan las quietas aguas al ser
rasgadas por las afiladas rodas. Los caones y ametralladoras estaban cargados; los
torpedos tenan ya abiertas sus vlvulas de retencin. Unos y otros, en sus respectivos
montajes, iban orientados por las dos bandas, listos para lo que pudiera surgir en cualquier
instante y por cualquier sitio. La visibilidad era tan escasa que a duras penas se divisaba el
matalote de proa, y slo muy de tarde en tarde se dejaba ver alguna nevada y borrosa punta
de tierra, que inmediatamente desapareca en aquella sinfona gris que todo lo envolva.
***
Cumpliendo las instrucciones del comodoro Bonte, el destructor Roeder ces su
vigilancia al hacerse de da, pese a la espesa niebla, y a las 05.25 fondeaba en el puerto de
Narvik. Si en el momento en que dejaba caer el ancla se hubiesen levantado las plomizas
nubes, los germanos habran podido ver ya, a tan slo algunas millas de distancia, a los
destructores de Warburton-Lee, que se acercaban de puntillas hacia su objetivo.
Si el comandante del Roeder, con un poco ms de previsin y sentido de la
responsabilidad, hubiera continuado su vigilancia slo treinta minutos ms, en atencin a la
deficiente visibilidad y considerando que en tales condiciones la luz del da no permitira
descubrir al enemigo y que el manto de la noche slo haba sido sustituido por el de las
nubes, el combate que vamos a relatar hubiera sido bien distinto. Pero era de aquellos
individuos que se limita a cumplir con su deber, y como Bonte haba ordenado cesar la
vigilancia al llegar el da...
El camarote del comodoro estaba situado a popa del Heidkamp. Una finsima
plancha de acero lo separaba del gran tanque de petrleo que exista debajo, y contiguo al
anterior iba el paol de municiones de popa, donde se almacenaban proyectiles y casquillos
con plvora para los tres caones de 127 mm que el buque montaba sobre la toldilla y el
alczar. Si el cansancio no hubiera impedido a Bonte asomarse por un portillo al romper el
da y contemplar el espeso teln de nieve que caa del oscuro cielo y todo lo velaba a poco
ms de un cuarto de milla, no slo hubiera salvado su propia vida y la de muchos alemanes,
sino que habra podido aniquilar a los destructores de Warburton-Lee. Pero las primeras
mortecinas luces que se filtraron por los portillos de su camarote no le despertaron.
A las 05.20 horas abandonaron la formacin inglesa dos de los destructores de
Warburton-Lee, cuya misin sera silenciar las supuestas bateras de la costa si daban
seales de vida e impedir que los restantes buques britnicos pudieran ser atrapados entre

dos fuegos por los destructores alemanes, cuya exacta localizacin ignoraba el capitn de
navo ingls, pero que podran aproximarse desde los fiordos adyacentes al puerto de
Narvik. El sigui adelante con el Hardy, el Hunter y el Havock. Nevaba ahora
intensamente, y, en los puentes de los buques, todos hacan desesperados esfuerzos tratando
de penetrar con la vista aquella espesa cerrazn que ocultaba al enemigo. A las 05.30 se
avist la punta de Ankenes, que casi rozaron los costados de los tres destructores ingleses, y
entre los espesos copos de nieve descubrieron los grises cascos de varios destructores
alemanes que se hallaban fondeados junto a un enjambre de barcos mercantes. WarburtonLee orden caer a babor con poca caa, ya que la boca del puerto tena algo ms de media
milla de anchura, y abrir fuego.
Bruscamente, la quietud de aquella triste y silenciosa amanecida fue brutalmente
rota por el estampido de los caones ingleses de 120 mm y el grave ladrido de sus
ametralladoras de 40 mm. Las sordas detonaciones de las cargas de plvora impulsoras de
los torpedos quedaron ahogadas en la infernal algaraba, pero, uno tras otro, quince
artefactos submarinos se deslizaron a las semiheladas aguas.
Para los alemanes, la sorpresa fue casi absoluta. Uno de los torpedos ingleses
alcanz en la popa al destructor Heidkamp. Vol el paol de municiones, con terrible
bramido y despliegue de llamaradas, y los tres montajes situados sobre l fueron lanzados
por los aires con sus correspondientes caones de 127 mm. Uno cay en el castillo de proa,
a ms de ochenta metros de donde haba estado firmemente empernado; otro, en el puente,
y el tercero en el combs. Bonte, doce oficiales y sesenta y ocho hombres ms murieron
instantneamente. El comandante del buque sali precipitadamente de su camarote de mar,
en el puente, y, parecindole escuchar el ruido de motores de aviacin, orden abrir fuego
antiareo. Su buque estaba ya hundido de popa hasta la segunda chimenea.
Otro torpedo alcanz momentos despus al destructor Schemitt en el combs, y
cuando se desplom la enorme columna de agua que haba levantado, se vio que el buque,
limpiamente partido en dos mitades, se hunda vertiginosamente, arrastrando a cincuenta
hombres consigo. Al mismo tiempo, una mortfera lluvia de proyectiles se desplomaba
inmisericorde sobre los inermes buques de guerra alemanes y los mercantes fondeados,
provocando infinidad de explosiones, incendios y bajas entre el personal. Los restantes
torpedos ingleses estallaban contra los muelles, las piedras y los barcos mercantes,
levantando por doquier, entre horrsonos estampidos cuyos ecos devolvan y multiplicaban
las altas montaas que rodean el puerto, grandes llamaradas y enormes columnas de agua y
fango. Y durante algunos minutos, el hasta entonces silencioso y tranquilo puertecito de
Narvik se convirti en un verdadero lago del averno, donde slo se observaban ya buques
medio hundidos o ardiendo y centenares de hombres que se debatan en las aguas casi
totalmente cubiertas por una espesa y negra capa de petrleo, tratando de salvar sus vidas.
Por fin, los desprevenidos germanos pudieron observar las borrosas y grisceas
siluetas de los buques ingleses que, esmaltadas por continuos y rojos fogonazos, navegaban
junto a la bocana a poco ms de media milla de distancia. Mas cuando lograron cubrir la
artillera disponible y orientar las piezas, los destructores ingleses haban desaparecido ya.
Warburton-Lee no era hombre que dejase escapar fcilmente la explotacin del
xito. Orden al destructor Hotspur, que acababa de incorporrsele, que atacara en solitario
y lanzase sus torpedos. Otros dos barcos mercantes resultaron ahora alcanzados,
hundindose con trgica pirueta. Seguidamente, el jefe de la flotilla britnica volvi al
ataque con todos los buques disponibles, ahora slo al can ya que no quedaban torpedos,
y otro diluvio de granadas se abati como un azote sobre los barcos que se encontraban en

Narvik. Esta vez, los alemanes replicaron con su artillera y torpedos, pero, hallndose
fondeados, en mala posicin de tiro y disparando contra un enemigo en movimiento y
difcil de ver, apenas lograron algn impacto sin consecuencias.
La flotilla inglesa se retir hasta la entrada del fiordo Skjomnes, que se abre en
direccin sur a unas cuatro millas y media de Narvik, y Warburton-Lee consult
brevemente con los comandantes de sus buques. Haba transcurrido una hora desde que
empez el primer ataque, la visibilidad era mejor, pero los destructores alemanes que se
suponan fuera de Narvik no haban hecho acto de presencia. Las bateras, si existan,
permanecan mudas. En el puerto se haban detectado cuatro destructores enemigos, dos de
los cuales se daban por hundidos y los otros dos por gravemente averiados. Para los
ingleses, por tanto, y segn la informacin facilitada por los prcticos noruegos, slo
quedaban dos buques de guerra germanos fuera de Narvik. Ellos contaban con cinco,
prcticamente intactos, as que nada haba que temer por ese lado. Y Warburton-Lee decidi
lanzarse al ataque por cuarta vez! Pero Warburton-Lee se equivocaba. Como sabemos, no
haba dos destructores alemanes fuera de Narvik, sino cinco, con todos sus torpedos y
municiones a bordo y mejor artillados que los suyos.
En el puerto noruego volvi a repetirse la terrible escena. Una vez ms, los buques
ingleses describieron un arco de crculo dentro de la boca del fondeadero, mientras
efectuaban un fuego endiablado con todos sus caones y ametralladoras cudruples. El
destructor Hostile, que iba en la cola de la formacin y era el nico al que le quedaban
torpedos, lanz tambin todos sus artefactos.
Esta vez result gravemente averiado el destructor alemn Roeder. Un proyectil de
can alcanz uno de sus montajes poperos de 127 mm, matando a casi todos sus
sirvientes. Varios ms perforaron el casco, provocando un gran incendio, y hubo que
inundar a toda prisa el paol de municiones de popa para impedir que volara. El
comandante orden filar por ojo la cadena y, dando atrs con las dos mquinas, consigui
llevar su humeante y maltrecho buque hasta el muelle del Correo. Tambin fue alcanzado
por varias granadas el destructor alemn Thiele, y cuando los ingleses se retiraron
definitivamente, el aspecto del puerto de Narvik era realmente dantesco.
Un guardacostas noruego, siete barcos mercantes y un destructor yacan hundidos,
asomando parcialmente algn martirizado trozo de su obra muerta. El destructor
Heidekamp, medio hundido, se ira definitivamente a pique al da siguiente, diecisis horas
despus de ser abandonado por su dotacin. Otros dos destructores germanos se
encontraban fuera de combate, y media docena de barcos mercantes trataban de extinguir
sus incendios y se restaaban las heridas. El muelle llamado Malmkai y los del
Ferrocarril y el Correo haban sufrido grandes daos. Milagrosamente, el buque-factora
alemn Jan Wellen, procedente de Murmansk, y que era el nico petrolero de que se
dispona en Narvik, haba quedado intacto.
Warburton-Lee, escaso de municiones y sin torpedos, decidi por fin hacer mutis. Si
para proteger ahora su retirada se hubiesen encontrado all el crucero Penlope y sus cuatro
destructores de escolta, el resto de la flotilla alemana hubiera sido probablemente
aniquilado. Pero en el fiordo de Ofot no haba ms buques ingleses que los de WarburtonLee...
***

La tarde anterior, los tres destructores alemanes designados por el comodoro Bonte
para velar en el fiordo de Herjangs tomaron algunas toneladas de combustible del Jan
Wellen y, hacia la medianoche, echaron el ancla frente al poblado de Elvegaard y su
pequeo muelle de madera. A las 05.15 de la maana, un radiotelegrafista subi a toda prisa
al puente del buque de guardia, llevando un mensaje urgentsismo y en claro procedente de
Narvik que entreg al oficial de servicio. ste, tan pronto como le hubo puesto la vista
encima, puls inmediatamente los timbres de alarma y luego hizo sonar la sirena para
alertar a los otros dos destructores.
Los tres buques de guerra entraron inmediatamente en conmocin. Por todo el barco
se escucharon carreras, rdenes y golpes de escotillas. Los semforos parpadearon
nerviosamente su lenguaje luminoso, se comunicaron las maquinillas de levar y se izaron
las anclas a toda prisa. Despus el buque gua transmiti sus rdenes.
Seguir mis aguas. Velocidad, quince nudos. Distancia, doscientos metros.
Zafarrancho de combate.
Y los tres buques de guerra, en lnea de fila, cortaron las tranquilas aguas fiordo
abajo. Lo mismo suceda a bordo de los dos destructores que haban pasado la noche
fondeados en el de Ballangen. Las disposiciones tomadas por el ya desaparecido comodoro
Bonte iban a dar pstumamente sus frutos!
Hacia las 06.00 de la maana, los cinco destructores britnicos que navegaban por
el fiordo de Ofot y los tres alemanes procedentes del de Herjangs se avistaron mutuamente.
Los buques britnicos aumentaron inmediatamente su andar a 30 nudos, y ambas
formaciones enemigas abrieron el fuego a unas cuatro millas de distancia. El capitn de
navo britnico tom a los barcos alemanes por un crucero y dos destructores, y as se lo
comunic por radio al vicealmirante Withworth, quien orden al crucero Penlope y a
cuatro destructores acudir en socorro de la segunda escuadrilla. Hallndose estos buques a
150 millas de distancia, aquella tarda ayuda no iba a servir para nada a Warburton-Lee.
Mientras tanto, el tiro de las dos formaciones se hizo ms preciso y los piques
envolvieron a los veloces buques, que tuvieron que cambiar de rumbo para tratar de
evadirse de la mortfera lluvia, siendo alcanzadas ambas formaciones. Inesperadamente
para los ingleses, casi por su misma proa y a unas cinco millas, surgieron las grises siluetas
de otros dos buques de guerra. Seran los cruceros de la Home Fleef. Las esperanzas de
Warburton-Lee y los suyos pronto se desvanecieron, pues se trataba de los dos destructores
alemanes procedentes del fiordo de Ballangen, que inmediatamente abrieron el fuego contra
ellos, aproximndose a toda velocidad y cortndoles la retirada.
Entonces se trab un violentsimo combate, en el que los alemanes haban cortado la
T a la formacin britnica y podan hacer fuego sobre ella con sus diez piezas de 127
mm; inmediatamente lograron una serie de impactos directos sobre sus enemigos. Un
proyectil germano alcanz al Hardy, matando o dejando mal heridos a todos los marinos
ingleses que iban en el puente alto y en el bajo, con la nica excepcin del secretario del
comandante. Este, slo ligeramente herido, baj a la caseta de gobierno y observ que todo
el personal yaca ensangrentado en el suelo y que la caa del timn estaba abandonada. El
buque navegaba sin gobierno a ms de 30 nudos! El capitn de intendencia tuvo que agarrar
la caa y meter a estribor para evitar que toda la formacin se dirigiese contra las rocas de
la orilla.
Otro proyectil alcanz al Hardy en una cmara de calderas, reduciendo su andar, y
varios ms agujerearon el casco bajo la flotacin, seccionaron la tubera de vapor principal
y produjeron varios incendios a proa. El buque qued sin arrancada ni gobierno, describi

una circunferencia y var suavemente en las piedras de la orilla sur. Como arda con furia y
sus municiones empezaban a estallar peligrosamente, los ingleses decidieron abandonarlo.
Los destructores germanos haban lanzado un abanico de torpedos que no
alcanzaron a los buques ingleses, pasaron peligrosamente prximos a los tres destructores
alemanes procedentes del fiordo de Herjangs y estallaron por fin, estrepitosamente, contra
las piedras de la orilla norte del fiordo de Ofot.
Los cuatro buques ingleses que quedaban prosiguieron su retirada a toda velocidad.
Pero el Hunter y el Hotspur fueron tambin alcanzados y quedaron momentneamente
empotrados entre s y al garete. El fuego alemn se concentr sobre el doble blanco, y a
bordo de ambos buques se vivieron unos dramticos instantes. Aunque el Hotspur logr
librarse del fraterno pero mortal abrazo y seguir navegando pese a haber recibido cinco
impactos de 127 mm, el Hunter, hecho una verdadera criba, se fue rpidamente a pique en
medio del fiordo.
El Hostile y el Havock haban proseguido a toda mquina hacia la salida, pero al ver
que el Hotspur se pona de nuevo en movimiento y trataba de escapar entre una infinidad de
surtidores, invirtieron el rumbo para prestarle apoyo. Por su parte, los alemanes, que haban
gastado muchas municiones, andaban muy escasos de petrleo y tambin tenan averas,
decidieron abandonar la persecucin y regresar a Narvik. De haberla continuado es
probable que hubieran aniquilado a toda la flotilla enemiga, ya que el Hotspur tena graves
daos y el Hostile estaba tocado. En cualquier caso, cometieron un grave error, pues, tan
slo una hora despus, los tres destructores ingleses se encontraron con el transporte
alemn Rauenfels, el nico que haba logrado y lograra llegar al fiordo de Vest de todos los
salidos de Alemania con igual destino, y que fue inmediatamente atacado por el Havock. El
alemn iba abarrotado con artillera y municiones, y, tras recibir algunos proyectiles, peg
un terrible estallido y luego, hecho un despojo, deriv hasta clavarse en un bajo. Con ello la
flotilla de Warburton-Lee se apuntaba el tanto tal vez ms importante respecto a los
soldados del general Dietl.
***
Con aquel terrible golpe de timbal se cerraba el segundo acto del drama de Narvik.
Pero volvamos por un momento atrs. Una vez ms el buque entre las piedras, la dotacin
del Hardy abandon el destructor y sus diecinueve muertos y, tras vadear unos trescientos
metros de fras aguas, puso sus plantas en la nevada orilla. Se logr convencer al capitn de
navo Warburton-Lee para que se dejara llevar a tierra en una camilla amarrada a unos
salvavidas, pero poco despus de llegar a la orilla falleci a consecuencia de las heridas
sufridas. A ttulo pstumo se le concedera la Victoria Cross, la primera cruz de esta clase
otorgada en la segunda guerra mundial.
Los destructores alemanes recogieron a cincuenta y ocho ateridos supervivientes del
Hunter, algunos de los cuales murieron despus; caonearon al abandonado Hardy por si
los ingleses conseguan volver a ponerlo a flote con la pleamar, y entraron en Narvik. All
se decidi que tres de ellos, indemnes, hicieran el relleno de petrleo y salieran aquella
misma tarde para Alemania. Los restantes no tuvieron tiempo de hacer combustible o no se
hallaban todava en condiciones de combatir. Pero cuando los aparentemente afortunados
buques cruzaron el ltimo estrecho del fiordo de Ofot y divisaron al crucero Penlope y a
varios destructores enemigos, comprendieron que la salida era imposible y que la suerte

estaba echada, dieron media vuelta y regresaron a Narvik.


Efectivamente, el Almirantazgo britnico no iba a permitir que ningn buque
alemn escapase de la ratonera en que, para los germanos, sin minas submarinas, bateras
de costa, artillera ni apoyo areo, se haba convertido el fiordo de Ofot.
***
Todava hoy, los empleados del ferrocarril de la compaa minera sueca de Lulea
que, desde la frontera hasta Narvik, vertiginosamente descienden nada menos que casi
seiscientos metros en treinta y cinco kilmetros, a travs de diecinueve tneles, pueden
fugazmente contemplar, desde lo alto y precisamente all donde muere el profundo fiordo
de Rombanken, tumbados sobre las piedras y medio hundidos, los destrozados y
herrumbrosos cascos de los que fueron cuatro orgullosos destructores, de 117,5 metros de
eslora, pertenecientes a la Kriegsmarine.
Lo sorprendente es que aquellos acerados cascos, que por su forma y posicin quiz
recuerden algn colectivo suicidio de cetceos, se hallan tan slo a siete kilmetros de la
frontera de Suecia, en lo ms hondo de un estrecho y solitario fiordo noruego flanqueado
por altas montaas perpetuamente coronadas por la nieve, que por aquel lado no tiene
salida y cuya quietud nicamente es quebrada por el susurro del viento y el estrpito del
tren.
Sobre uno de los rotos y maltratados cascos puede verse una despintada esvstica, y
ms de un joven ferroviario se habr preguntado cmo llegaron hasta aquel remoto,
selvtico y abandonado paraje semejantes buques. Quizs algn viejo maquinista le habr
tenido que explicar, a grito limpio para dominar el ruido del caballo de hierro, que aquellos
despojos no son sino mudas y elocuentes muestras de la fortaleza del largo y poderoso
brazo del Almirantazgo britnico durante la segunda guerra mundial. Y nada ms exacto!
Pero permtanos el lector que retrocedamos en el tiempo, algo ms de treinta y un aos...
El crucero britnico Penlope, que con un fuerte acompaamiento de destructores
haba sido designado para dar el golpe de gracia a los buques de guerra alemanes que
quedaban en Narvik, choc con un bajo el da 11, cerca de Bod, sufriendo tales averas
que hubo que remolcarlo hasta Skejel, en las islas Lofoden, donde se le var por si se iba a
pique. En la mayora de los casos, un accidente de esta naturaleza no presupone negligencia
ni incompetencia alguna por parte de quien manda el buque, sino simple y pura mala suerte.
Y escribe tal cosa quien ya mandara cuatro buques de guerra y jams toc en piedra alguna.
El accidente en cuestin permiti a los alemanes disponer de dos das para preparar
la defensa de Narvik. Febrilmente, pues todos estaban seguros de que los ingleses
volveran, en los destructores germanos se soldaron agujeros, achicaron compartimientos,
repararon averas y desembarcaron armas, municiones, vveres y equipos que pudieran ser
de utilidad en tierra pero que de nada serviran ya en los buques que haban quedado
inutilizados o medio hundidos. Gracias a un incansable trabajo de da y de noche se pudo
salvar el cargamento de los vapores que todava flotaban en aquel puerto, y que, debido a
las blancas crucetas de los mstiles de los barcos hundidos, que asomaban sobre las sucias
aguas, ms pareca un cementerio que otra cosa. Se estableci enlace con Elvegaard
mediante un transbordador, pudiendo distribuir entre las dotaciones de los buques de guerra
alemanes hundidos las armas porttiles noruegas all tomadas. Pero se presenta al enemigo,
y tambin se tomaron otras disposiciones.

El destructor Koellner, que tena las mquinas inutilizadas, fue remolcado hasta la
ensenada de Djupvik, en la orilla meridional del fiordo de Ofot, unas 13,5 millas marinas a
poniente de Narvik. La entrada de dicha ensenada queda oculta para los barcos procedentes
de la mar, as que, aunque fondeado, el Koellner poda tirar por sorpresa y lanzar sus
torpedos contra cualquier buque enemigo que pretendiera aproximarse a Narvik.
El Roeder qued amarrado al muelle de Correo, ya que, debido a las averas sufridas
en el timn, tampoco poda navegar, y se le desembarc hasta la estacin radiotelegrfica.
Slo quedaron a bordo los sirvientes de los dos caones proeles de 127 mm y el personal de
la direccin de tiro, incorporndose los restantes miembros de su dotacin al flamante
batalln de Marina que ya mandaba el comandante del hundido Heidkamp. Un destructor
alemn patrullaba constantemente en el estrecho de Hamnesholm, y en tierra se organizaron
el oscurecimiento y la defensa antiarea. Finalmente, el enemigo hizo su presentacin.
Primero fueron nueve aviones procedentes del portaaviones Furious, que llegaron a
Narvik en la tarde del da 12, en muy mal momento para los alemanes, pues casi todos sus
destructores estaban agrupados, tomando petrleo o efectuando reparaciones. Pero ninguno
de ellos fue alcanzado por las bombas, que slo hundieron a tres pequeas lanchas
patrulleras noruegas que haban sido requisadas y produjeron ocho muertos y veinte heridos
entre los alemanes. Por su parte, los atacantes perdieron dos aparatos, aunque sus
tripulantes pudieron salvarse. El segundo escuadrn, que despeg cuarenta minutos despus
del primero, no pudo alcanzar su objetivo debido a una fuerte tormenta de nieve y tuvo que
regresar al Furious, consiguiendo anavear al anochecer.
Pero el Almirantazgo britnico ya haba supuesto que aquel ataque no sera
resolutivo, y orden al almirante Forbes que empeara a uno de sus acorazados y a varios
destructores para liquidar a los buques alemanes. Como no quiso arriesgar el Renown, un
buque precioso para los ingleses por su elevada velocidad, el vicealmirante Withworth tuvo
que cambiar su insignia al Warspite, atravesando en un bote a motor, durante la noche y con
marejada, la distancia que separaba a las dos bamboleantes y totalmente oscurecidas moles
de acero, erizadas de caones.
Del inmenso y elevado costado del Warspite penda una escala de gato mal
alumbrada por una linterna de mano. El bote del almirante ascenda y descenda arrtmica y
violentamente, y con frecuencia las olas lo estrellaban contra la formidable pared de acero.
Era una situacin peligrosa, pues un fallo al escoger el instante de lanzarse a la escala y
trepar poda significar la cada al agua o el aplastamiento. Pero Withworth se lanz con
decisin y trep veloz y oportunamente, quiz recordando sus ya lejanos tiempos de
Dartmouth.
Los marinos supersticiosos temen el da 13 y, de hecho, muchos luctuosos y
dramticos sucesos han tenido lugar en la mar, en todos los tiempos, precisamente en esa
fatdica fecha. Aquel 13 de abril de 1940 iba a ser un da aciago para los marinos alemanes.
Al medioda, el Warspite (30.600 toneladas, ocho piezas de 381 mm, ocho de 152
mm, cuatro de 47 mm, treinta y dos de 40 mm, diecisis de 20 mm y cuatro aviones, con
coraza de hasta 356 mm) y nueve destructores26 surcaban silenciosamente las quietas y
grisceas aguas del fiordo de Ofot, mientras los buques de la Home Fleet y el portaaviones
Furious se mantenan mar afuera, a la altura de las islas Lofoden.
La fuerza de Withworth haba pasado la farola de Trany a las once de la maana, y
aunque un avin de reconocimiento del portaaviones nada avist, el Swordfish catapultado
por el Warspite proporcion al almirante una informacin de la mayor importancia. No slo
descubri al destructor alemn de vigilancia, el Kunne, al agazapado Koellner y al Roeder,

que cubra la entrada del puerto de Narvik, sino que vio al submarino U-64 fondeado en el
fiordo de Herjangs y lo hundi con bombas: era el primer submarino alemn que sera
echado a pique por un avin en toda la guerra!
El Kunne y los destructores ingleses se avistaron poco despus del medioda, a unas
siete millas, e intercambiaron varios disparos, uno de los cuales alcanz al buque alemn,
inutilizndole la estacin radio precisamente cuando acababa de transmitir la alarma, Una
vez cumplida su misin, el Kunne se retir hacia Narvik a buen andar.
Los ingleses que hasta ese momento haban llevado a tres de sus destructores por la
proa de la formacin con los paravanes dados 27 por si haba minas, metieron las rastras a
bordo y orientaron todas sus piezas y tubos lanzatorpedos por estribor, pues saban que tras
la nevada y en apariencia inocua punta de tierra, que ya quedaba muy prxima, acechaba un
destructor germano.
A bordo de ste, nadie se haca ilusiones, pues se saban descubiertos por el avin
enemigo, pero todos estaban dispuestos a llevarse por delante al adversario. Al surgir los
grisceos y prevenidos destructores ingleses, el Koellner abri inmediatamente el fuego y
lanz sus torpedos, pero casi con igual rapidez cay sobre el inmvil destructor un diluvio
de proyectiles que lo arrasaron y dejaron ardiendo en pompa de proa a popa. Aunque
convertido en una crepitante antorcha, el Koellner sigui haciendo fuego desde la toldilla
con el nico can que no haba sido inutilizado, hasta que uno de los proyectiles del
Warspite lo arranc literalmente de la cubierta. Por si fuera poco, recibi un torpedo, y el
acorazado termin de aniquilarlo con varias salvas de sus caones de 381 mm. Gran parte
de la valerosa dotacin alemana result muerta o gravemente herida.
De nuevo se hizo el silencio de muerte en el fiordo de Ofot, y los buques britnicos
prosiguieron hacia Narvik a 12 nudos. De dicho puerto fueron saliendo los destructores
alemanes Arnim, Zenker y Luedemann, que se hallaban indemnes, a los que se uni el
Kunne. Para sus dotaciones el espectculo era de los que sobrecogen el nimo. Sobre el
fiordo se cerna como un muro de gigantescas y sombras nubes de gran estructura vertical,
que daban a las aguas y a las nevadas orillas un ttrico aspecto. Y sobre la tersa superficie
se vean avanzar, como ngeles negros y exterminadores, las oscuras y afiladas siluetas de
nueve destructores enemigos que precedan a la mole inmensa y amenazadora de... un
acorazado! Aquellos hombres claramente comprendieron que iban a librar un combate de
antemano irremisiblemente perdido, pero ello no rebaj en un pice su valor y disposicin a
luchar hasta el fin.
Los destructores ingleses navegaban ahora aproximndose en dos columnas, y al
abrirse el fuego a unas diez millas de Narvik comenzaron a zigzaguear, no slo para evitar
ser centrados por el fuego alemn y esquivar los torpedos que contra ellos pudieran
lanzarse, sino con objeto de disparar tambin con sus piezas poperas.
Por su parte, los alemanes navegaban de una y otra vuelta entre las dos orillas del
fiordo, presentando siempre el costado a sus adversarios, en una buena posicin tctica para
disparar con todos sus caones.
Siempre que el humo y la visibilidad se lo permitan, el Warspite haca fuego con
sus piezas de 381 y 152 mm, y el buque gua ingls, que era el Hero, navegaba
imperturbable, siempre al mismo rumbo, resultando pronto centrado por el fuego alemn.
Sin embargo, aunque constantemente rodeado por los piques que levantaban las granadas
enemigas, y con gran sorpresa de su propia gente, no recibi ni un solo impacto. Pero los
dems no tuvieron tanta suerte.
Un torpedo germano pas exactamente bajo la quilla del Cossack, a la altura de la

chimenea de proa. De haber funcionado su espoleta magntica, habra partido al buque por
la mitad. Otros varios artefactos submarinos alemanes no lograron tomar su profundidad de
regulacin y surcaron las aguas en superficie, intilmente. Pero varias granadas alemanas
cayeron tan prximas al Cossack que agujerearon profusamente su casco, producindole
bajas y entradas de agua. Uno de los sollados de marinera qued inundado algo menos de
medio metro, y el agua comenz a filtrarse hasta los paoles de municiones situados
debajo, cuyos sirvientes, inicialmente alarmados, ya que trabajaban bajo la lnea de
flotacin, siguieron enviando alegremente proyectiles por los ascensores cuando se les
asegur que no haba mucha agua sobre sus cabezas. Este buque result centrado diecisis
veces en diez minutos, y aunque el agua levantada por las granadas alemanas se desplom
frecuentemente a bordo, no recibi ningn impacto directo.
El Punjabi, en cambio, result alcanzado varias veces, recibi uno de los proyectiles
en una cmara de calderas y tuvo que retirarse del combate. Pero pudo volver a
incorporarse una hora ms tarde. Prescindiendo de la formidable artillera del Warspite,
cuyos proyectiles levantaban unos surtidores de agua y espuma cinco veces ms altos que
los mstiles de los buques alemanes y cuyos terribles estampidos parecan poner en
conmocin a todo el fiordo noruego, los ingleses tenan una aplastante superioridad artillera
en esta fase del combate, con cincuenta y cuatro caones de 120 mm frente a veinte de 127
mm; as que los germanos, verdaderamente abrumados, combatan retirndose
constantemente hacia el fondo del fiordo, aunque todava sin ser alcanzados por los
disparos enemigos.
***
Desde lo alto del promontorio que protege Narvik de los vientos que se encaonan
desde la mar y que domina todo el fiordo de Ofot, un puado de curiosos aunque
amedrentados noruegos, a despecho de alguna bala perdida, contemplan el impresionante
espectculo. La atmsfera del fiordo estaba como salpicada de negras vedijas de humo
procedentes de los caonazos y las explosiones de los proyectiles. El siniestro y fuerte
aullido de las granadas que volaban raudas era casi ininterrumpido, destacando de vez en
cuando el formidable bramar de los proyectiles que escupa el acorazado ingls, que desde
all y por comparacin semejaba un gran castillo flotante. Catorce buques de guerra
vomitaban continuamente llamaradas rojizo-amarillentas, mientras iban trenzando
serpenteantes y blanquecinas estelas sobre las tranquilas aguas, tenazmente perseguidos por
los mortferos y plidos piques. Y por si el ruido, el humo y la confusin reinantes en el
fiordo no fueran bastantes, en aquellos momentos roncaron diez aviones que enviaba el
Furious, los cuales inmediatamente comenzaron a descargar sus bombas sobre los buques
alemanes, sin otro efecto que levantar grandes surtidores, pero siendo tan animosamente
correspondidos, que dos de ellos, dejando una negra estela de humo, se desplomaron sobre
el fiordo como oscuros Icaros de fundidas alas.
Ya penetraban los cuatro destructores alemanes en el fiordo de Herjangs, cuando
empezaron a salir de Narvik, a medida que haban podido levantar presin en las calderas,
los dos destructores que quedaban. Primero el Giese, navegando muy despacio, pues tena
las mquinas muy averiadas, que result inmediatamente alcanzado y qued al garete,
convertido en una verdadera hoguera, y luego el Thiele, que se uni a los que se dirigan
hacia el Nordeste. Pero los proyectiles disminuan a ojos vistas en los paoles de los

destructores alemanes, y cuando se agotaron por completo en cuatro de ellos, todos


arrumbaron al fiordo de Rombaken, como haba sido previsto, para embarrancar y salvar a
las dotaciones.
Entonces result alcanzado el Kunne, tan gravemente, que se dirigi a la orilla para
varar, recibiendo despus un torpedo del britnico Eskimo. Los destructores Zenker,
Luedemann, Arnim y Thiele desaparecieron de la vista de los ingleses y se hizo una
pequea pausa en el combate, mientras el Giese segua ardiendo bajo un impresionante
palio de humo negro y su dotacin lo abandonaba arrojndose al agua por ambas bordas.
Entonces el Cossack y el Foxhound se dirigieron hacia Narvik para atacar al nico buque
alemn que quedaba dentro del puerto, en las condiciones que ya conocemos, mientras
otros cuatro destructores ingleses se metan en el fiordo de Rombaken tras sus congneres
alemanes.
Una vez ms en aquel aciago da se produce un dramtico y sospechoso silencio en
el fiordo de Ofot. Los del Cossack, que va en cabeza, saben dnde se encuentra amarrado al
muelle el Roeder, y a bordo de ste, los dos caones de proa apuntan ya hacia la entrada del
puerto. Unos y otros adversarios, hierticos, tienen las manos en los gatillos de disparo. La
punta de Ankenes desfila prxima y rpida por el costado de estribor del destructor ingls, y
de pronto, bruscamente, a unos dos mil metros de distancia, los enemigos mutuamente se
avistan.
Fire! ordena el comandante del buque britnico.
Los! ruge simultneamente el primero de a bordo en el destructor alemn.
Braamg...! Un trueno y una maloliente bofetada de humo y restos de cordita
sacuden exactamente al mismo tiempo a ingleses y alemanes. Pero los ocho caones del
Cossack fallan el tiro, que resulta corto, aunque los germanos no yerran el suyo. Un
proyectil hace explosin en la camareta de suboficiales del Cossack, matando o hiriendo a
la mayor parte del trozo del municionamiento que tiene all su puesto, y otro estalla en el
sollado situado debajo, inutilizando los ascensores de los dos montajes proeles de 120 mm,
cuyos sirvientes tienen que echar mano de los proyectiles de las cajas de urgencia. Tambin
resultaron heridos varios artilleros del montaje B.
Pese a todo, los alemanes slo pudieron disparar tres o cuatro salvas antes de ser
puestos fuera de combate y echados a pique con torpedos, pero el resultado de las mismas
tuvo graves consecuencias para el Cossack. Una granada estall en la cmara de calderas de
proa, matando a todos los fogoneros que all estaban y seccionando los guardines del
servomotor de gobierno, quedando el buque al garete. Otro proyectil dej sin corriente los
circuitos de la direccin de tiro, y otro ms hizo explosin junto a la chimenea, acribillando
el puente con cascotes de metralla. Mientras tanto, el buque ingls segua navegando a
buena velocidad dentro del puerto, milagrosamente sin abordar a ninguno de los buques
mercantes fondeados. Los telgrafos de mquinas se pusieron en Atrs toda, pero no
reaccionaron, y el buque, a unos doce nudos de andar, se vino a clavar, de proa y con un
lastimoso crujido, en la parte sur de la ensenada de Narvik.
Todos los intentos de ponerlo a flote fallaron por el momento, y de pronto se
produjo un formidable estampido a pocos metros de donde el Cossack se hallaba
aprisionado, levantando una catarata de agua y fango. Los ingleses pensaron en alguna
bomba y dieron la alarma area. Pero fuera del puerto, el Kimberley parpadeaba lacnico
por semforo: Sorry. Un torpedo lanzado contra el abandonado Giese haba estado a
punto de alcanzar al Cossack!
Pero dejemos all este buque, que lograr ponerse a flote con la pleamar de la

madrugada siguiente y llegar renqueando a Inglaterra, y dirijmonos al fiordo de


Rombaken.
Este brazo de mar tiene unas diez millas de largo, y en su parte central sufre un
estrechamiento, que hoy cruza un puente, donde existen algunos bajos y la corriente de
marea tira con mucha fuerza. De los cuatro destructores alemanes que se haban refugiado
en l, tres estaban prcticamente indemnes, pero no les quedaban ya torpedos ni un triste
proyectil a bordo. As que sus tripulantes lo vararon en las piedras del saco del fiordo,
dejaron prendidos los cebos de las cargas de demolicin, vadearon como buenamente
pudieron las fras aguas que les separaban de la tierra firme y treparon por la nevada y pina
ladera. Al llegar a una distancia prudencial se volvieron para mirar y, con un triste peso en
los corazones, pudieron contemplar cmo sus queridos y fieles buques, que con tanta
seguridad les haban anteriormente llevado hasta las costas inglesas para fondear minas
delante de los puertos enemigos al amparo de las sombras, y luego trado, en aquella salvaje
galopada, tan lejos de su querida patria, se estremecan y destrozaban, vctimas de sus
propias cargas de profundidad y de demolicin. Y a ms de un marino alemn se le hara un
fuerte nudo en la garganta, pues todo hombre de mar enamorado de su profesin llega a
cobrar un verdadero cario al acerado compaero con el que tantas aventuras y riesgos ha
corrido.
Pero puesto que los alemanes ya no podan defenderlos, haba que evitar, aun a
costa del doloroso sacrificio, que los destructores pudieran caer intactos en manos del
enemigo. Unas violentas explosiones, pedazos de acero que vuelan por los aires, algunos
postreros estremecimientos, y los tres buques de guerra, cuerpos sin alma, pues sta la
constituyen sus dotaciones, quedan para siempre abandonados en el desolado y fro rincn
rtico. Y los marinos emprenden el camino de Narvik, donde tendrn que seguir
combatiendo por mucho tiempo todava: hasta el 10 de junio.
Pero al Thiele, ltimo destructor salido de Narvik, an le queda un torpedo y
algunas municiones, y su comandante piensa que no es cosa de desperdiciarlas. As que al
pasar en el ltimo lugar por el estrecho de Straumen, deja caer al agua varias boyas de
humo y contina navegando fiordo adentro hasta unos cuatro mil metros de distancia. All
queda inmvil, atravesado al fiordo, al acecho, en espera de lo que surja a travs de la
tupida cortina de humo.
Los marinos britnicos no pueden ver lo que hay al otro lado de Straumen, pero el
Warspite, que tambin ha entrado en el fiordo de Rombaken, catapulta a uno de sus
aviones, cuyo observador pronto informa que hay tres destructores enemigos varados sobre
las rocas del fondo del fiordo y que uno ms se mantiene parado a cierta distancia de los
anteriores. Al mismo tiempo se prepara para intervenir con sus bombas, por si fuera
necesario. Pero el almirante ordena a los destructores que entren en el ltimo tramo del
fiordo, y dichos buques, con el Eskimo en cabeza, se aproximan con cautela y atraviesan la
humareda.

Tan pronto surge la afilada y griscea proa del Eskimo, rompen el fuego los
alemanes con todas sus piezas y lanzan el nico torpedo que les queda. A los tres minutos
de intenssimo caoneo por ambas partes, el solitario artefacto submarino alemn alcanza al
destructor ingls y le vuela la proa, matando a todos los sirvientes del montaje A de 120
mm y a varios hombres del servicio de municionamiento. Delante del puente del destructor

ingls slo queda, en precario y como sorprendido, el montaje B. El resto es un amasijo


de hierros que se ha hundido en el agua, pero que de alguna manera queda colgando del
buque, y cuando ste repasa el estrecho de Straumen ciando28 con las mquinas, la
destrozada proa toca el fondo y lo inmoviliza. All quedara hasta la pleamar de la
madrugada.
Los otros tres destructores ingleses han cortado tambin la nube de humo, uno de
ellos navegando de popa, pues tiene los dos montajes proeles inutilizados por los impactos
alemanes, y, tras unos minutos ms de duelo artillero, el Thiele se encuentra sin
municiones, ha sido repentinamente alcanzado y tiene a bordo varios incendios. Era el
ltimo de los diez destructores que tan slo cinco das antes entraron en Narvik a las
rdenes del comodoro Bonte que todava quedaba a flote. Su comandante pone las dos
mquinas en avante toda y lo estrella contra la rocosa orilla meridional del fiordo, cuando el
buque ya haba alcanzado, en tan poco espacio de agua, los 20 nudos de velocidad. Sus
hombres lo tienen que abandonar entre el estallar de las granadas enemigas.
Aquella misma tarde, en vista del duelo que se entabla entre el inmovilizado
Cossack y los soldados alemanes, y puesto que los ingleses tiran sin contemplaciones sobre
cualquier punto sospechoso, la poblacin de Narvik abandona en masa la ciudad. Y as se
cierra el que podemos considerar tercer acto del drama naval de Narvik.
***
Descendamos ahora por la accidentada costa de Noruega y retrocedamos en el
tiempo, para ir viendo la suerte de los dems desembarcos alemanes, sin perder de vista que
todos los hechos que vamos a relatar fueron simultneos y tuvieron precisamente lugar en
la madrugada del da 9 de abril, la misma en que, una vez hundidos los dos guardacostasacorazados noruegos por los buques del comodoro Bonte, las tropas del general Dietl
desembarcan sin oposicin en Narvik.
En la tarde del 8 de abril, el crucero pesado Hipper catapult a uno de sus tres
aviones, a fin de que reconociera el fiordo de Trondheim. Era una misin sin retorno, pues
con la marejada existente no se le podra recoger despus. El aparato comprob que no
existan fuerzas navales noruegas ni britnicas, transmiti su informe y ameriz en el
fiordo, siendo sus tripulantes internados por las autoridades noruegas.
A unas treinta y cinco millas al noreste de Trondheim existan dos fuertes de los que
dependa la defensa de la ciudad: el de Brettingen, situado mar afuera, y el de Hysenes,
algo ms adentro, ambos en la orilla norte del fiordo, que all tiene algo menos de dos
millas de anchura. Sus guarniciones haban sido alertadas a la una de la madrugada del da
9, y dos horas despus recibieron aviso de que llegaban buques de guerra alemanes. Por su
parte, stos tuvieron noticias de que se combata encarnizadamente en el fiordo de Oslo y se
dispusieron para lo peor. Dejaron la poblacin de Agdenes por estribor y, al caer luego a la
misma banda para embocar la parte del fiordo que con una direccin casi sur conduce a
Trondheim, descubrieron que el estrecho se hallaba perfectamente iluminado por potentes
proyectores luminosos pertenecientes a las bateras de los fuertes noruegos, que con sus
haces lo barran de una a otra orilla. Qu hacer?
El capitn de navo Heye, comandante del Hipper, orden aumentar la velocidad a
25 nudos, encender las luces de navegacin y transmitir en ingls una cantinela por
semforo con objeto de ganar tiempo. Slo lo consigui en parte, pues, al estar a la altura

del fuerte de Brettingen, ste abri fuego. El crucero alemn replic inmediatamente con
sus ocho caones de 203 mm, con tan buena suerte para los germanos, que su primera
andanada seccion el cable elctrico que alimentaba los proyectores de los dos fuertes, que
bruscamente quedaron sumidos en las tinieblas. Deslumbrados, los artilleros noruegos no
lograron acertar a los buques que ya se colaban vomitando fuego y a toda velocidad.
Inmediatamente, los destructores dejaron caer boyas de humo por su popa, y... los alemanes
escaparon indemnes, si bien es cierto que la batera de Hambaara, situada en la orilla sur,
inexplicablemente no haba hecho fuego. La mandaba quizs algn partidario de Quisling?
Uno de los destructores alemanes, el Riedel (1.625 toneladas), qued ahora atrs
para desembarcar a un grupo de soldados encargados de tomar de revs los fuertes de la
orilla norte, pero esta vez fue alcanzado por los disparos del de Hysnes y, para evitar que se
fuera a pique, su comandante lo tuvo que embarrancar.
El Hipper y los tres destructores pusieron sus tropas en Trodheim a las siete de la
maana, ocupando rpidamente la ciudad, que no ofreci resistencia. Pero la toma de los
fuertes llev ms tiempo del previsto; el Hipper tuvo que intervenir con su artillera, y no
pudo hacerse a la mar hasta la medianoche del da 10, en solitario, pues el nico destructor
que le acompa tuvo que regresar debido al psimo estado de la mar, y los otros no
pudieron petrolear, ya que an no haban llegado los transportes. El crucero arrumb al
noroeste a gran velocidad hasta despus de la amanecida, y luego tir hacia el Sur. El Alto
Mando alemn haba proyectado que este buque y los dos acorazados se hicieran notar en el
rtico para tratar de arrastrar hacia all a las fuerzas navales britnicas, pero, debido al
retraso del Hipper y a las avera recibidas en ste y en el Gneisenau,29 cancel la operacin.
El da 12, a las 08.30, el crucero pesado alemn se incorpor a los acorazados, que ya
haban cortado el paralelo de los 70 Norte y llegado hasta la isla de Juan Mayen, y los tres
buques entraban el mismo da en Wilhelmshaven. Pese a haber sido descubiertos por un
avin de reconocimiento britnico poco despus de la incorporacin del Hipper, la Home
Fleet no les pudo dar caza, y aunque la RAF envi contra ellos a una potente formacin de
noventa y dos bombarderos, las nubes ocultaron esta vez a los buques germanos y todos los
explosivos ingleses tuvieron que ser intilmente arrojados al agua.
***
De Norte a Sur, el tercer puerto noruego que los alemanes haban decidido ocupar
fue el de Bergen, situado en el mismo paralelo de las islas Shetland y a tan slo doscientas
millas de Scapa Flow. Procediendo del Sur, la derrota ms corta, de las varias disponibles,
atraviesa el fiordo de Kors, al sur de la isla de Sotr. La niebla favoreci la travesa del
grupo germano, que poco despus de la medianoche avist las luces de varios faros y pudo
situarse con exactitud. Sin embargo, al aproximarse a la farola de Marstein, asentada en lo
ms alto de una formidable y solitaria roca contra cuyos acantilados se estrellaba la mar con
furia, bruscamente se apagaron todas las luces de la costa. Qu haba sucedido? Pues que
tras el interrogatorio de los nufragos del Ro de Janeiro y las advertencias de Londres, los
noruegos haban alertado a las bateras de costa y ordenado apagar todas las farolas situadas
al sur de Bergen. Sin embargo, no se decidieron a fondear las minas previstas en los planes
de defensa, lo que fue un grave error.
Desde Marstein hasta Bergen hay que navegar unas veinticinco difciles millas,
entre traidores bajos, islas, islotes, corrientes y estrechos, lo que de noche, sin prcticos ni

otras luces que las automticas de las boyas y pequeas farolas, es faena arriesgada. De
hecho, la formacin naval alemana tuvo que detenerse casi por completo en varias
ocasiones para tratar de hallar su derrota entre el ddalo de los fiordos.

Cuando se iniciaba la amanecida, poco antes de llegar a las bateras de Kvarven, el


grupo del contraalmirante Schmundt par sus mquinas y qued al amparo de unos altos
acantilados que le ocultaban de Bergen. El crucero Knigsberg empez a desembarcar sus
tropas, que fueron llevadas a tierra en las lanchas torpederas y cuyo objetivo eran las
bateras de costa noruegas. Pero se haca tarde, y como haba que entrar puntualmente en
Bergen para coincidir con los aviones, la formacin dej atrs al crucero y prosigui su

navegacin. En estos momentos recibi el grupo alemn noticias de que se combata en


Oslo.
Al entrar los buques en el fiordo de Byf, abrieron fuego las bateras noruegas de 210
y 100 mm, alcanzando con varios impactos al crucero Kln, al Bremse y al Karl Peters.
Igual suerte sufri poco despus el Knigsberg, que result averiado en las mquinas y no
pudo volver a hacerse a la mar, lo que dara origen a su hundimiento por la Armada
britnica.
No obstante, todos los buques alemanes consiguieron llegar a Bergen, y la
poblacin de esta ciudad tuvo un sobresaltado despertar. Las bateras de costa prximas al
puerto rompieron tambin el fuego sobre los buques germanos, y stos sobre aqullas, y los
aviones de la Luftwaffe descargaban estruendosamente sus bombas sobre los caones
noruegos y, a su vez, eran blanco de la artillera antiarea de la plaza. Los altos acantilados
del fiordo multiplicaban la infernal algaraba, y en tono menor ladraban constantemente las
ametralladoras de los soldados recin desembarcados.
Luego, poco a poco, renaci la calma. Los grupos alemanes de asalto se fueron
imponiendo, y las bateras enemigas quedaron reducidas al silencio. Pese a las averas
sufridas por los buques alemanes, creemos que les acompa la suerte, ya que, por falta de
tiempo para prepararlos, los noruegos no pudieron lanzar contra ellos los torpedos de que
disponan en Kvarven. En un canal de tan slo unos cuatrocientos metros de anchura, tales
artefactos hubieran resultado mortferos para los alemanes. Pero antes de quedar listo para
su lanzamiento, un torpedo de vapor que ha estado almacenado tiene que rellenarse de aire
comprimido, agua y petrleo. Luego hay que regularlo, compleja operacin que exige
muchas horas de cuidadoso trabajo; colocarle el girscopo y despus probar su
estanqueidad. Finalmente, hay que empernarle la cabeza de combate y su espoleta. Una vez
en el tubo, hay que introducirle los datos de tiro: velocidad, carrera (es decir, alcance),
profundidad a que se quiere que navegue y ngulo tctico (o de girscopo).
El crucero Kln y los dos torpederos de 800 toneladas entraron en Wilhelmshaven
en la maana del da 11, habiendo zarpado de Bergen por otros derroteros que a la llegada,
pues un minador alemn disfrazado de barco maderero consigui llegar a Bergen el da 9,
detrs de la agrupacin germana, y fondear sus minas en los puntos previstos.
Como ya sabemos, el Knigsberg no pudo aparejar, y aunque los bombarderos de la
RAF no lograron ningn impacto sobre l en la tarde del da 9, s lo hicieron los aviones en
picado Skua de la aviacin naval britnica salidos de la base aeronaval de Hatson, en las
islas Oreadas, casi en el lmite del radio de accin de los aparatos. Quince Skuas llegaron
sobre Bergen en la maana del 10, alcanzando con tres bombas al averiado e inmvil
crucero, que tres horas despus se hundi en las profundas aguas del puerto. Como ya
hemos visto, y seguiremos viendo, Noruega se convertira en un verdadero cementerio de
buques de guerra alemanes.
Este mismo da, el portaaviones Furious mont un ataque contra los buques
enemigos que haban quedado en Trondheim. Dieciocho aparatos Sworfish armados con
torpedos lanzaron contra dos destructores alemanes, pero no lograron impactos y regresaron
al portaaviones, que, como ya sabemos, se dirigi seguidamente a Narvik. Dos destructores
de la Home Fleet tantearon poco despus las bateras de Trondheim, pero ya estaban en
manos alemanas y tuvieron que retirarse.
***

El grupo germano destinado a Egersund no sufri el menor contratiempo. No as el


de Kristiansand. Ya sabemos que ste estaba constituido por el crucero ligero Karlsruhe,
tres torpederos de 800 toneladas, siete lanchas rpidas y el buque de apoyo Tsingtau, de
1.970 toneladas (dos piezas de 88 mm y cuatro ametralladoras antiareas). El grupo alemn
se aproxim a la costa poco despus de las cuatro de la madrugada, pero una niebla
impenetrable le impidi la entrada. A travs del algodn hmedo y gris era imposible
percibir cosa alguna. Y hubo que esperar.
Al amanecer se levant poco a poco la niebla y se reconoci la estrecha bocana del
breve fiordo de Kristiansand. Pero la sorpresa ya no era posible, pues la luz del da sealaba
perfectamente la formacin alemana a los artilleros noruegos del fuerte de Odder, situado
fiordo adentro, sobre un acantilado. Y el fuerte tena doce caones de 240, 210 y 150 mm.
Apenas rebasados los faros de la entrada se ven confirmados los temores de los alemanes.
Por encima del fuerte surge una bengala roja, y un trueno imponente rueda despus por el
fiordo. Los caones han hablado, y los proyectiles noruegos comienzan a caer por la proa
del Karlsruhe, que al aproximarse slo puede hacer fuego con su torre triple de proa. Y se
entabla un duelo entre el fuerte y el crucero, que da comienzo a una distancia de 8.000
metros y termina, a los 6.500..., con la retirada de los buques de guerra alemanes, pues el
almirante comprende que aproximarse ms resultara insensato.
Poco despus intervienen los aviones de la Luftwaffe, y cuando se van se catapulta
el avin del Karlsruhe para que siga bombardeando y ametrallando al obstinado fuerte, se
toma aliento y se vuelve al ataque. Y por segunda vez tienen que alejarse los alemanes de
aquel bastin noruego que vomita proyectiles siempre. Las paoles de la torre A del
crucero han quedado ya medio vacos, pero apenas si parece haber disminuido la densidad
del fuego enemigo.
Se vara de tctica. Ahora el buque tira desde fuera del fiordo, atravesado al mismo
y con sus nueve caones de 150 mm. Esta tercera vez, el tiro alemn resulta efectivo.
Vuelan algunos polvorines en Odder y sus caones quedan mudos. Ser definitivo aquel
silencio? No hay otro medio de averiguarlo que aproximarse a todo evento. Avante! Y
entonces, bruscamente, vuelve a echarse una niebla tan espesa que hay que parar las
mquinas para no estrellarse contra las piedras del fiordo. Nueva espera, con el horario
hecho ya trizas y los nervios de punta. El almirante, los comandantes de los buques y sus
oficiales de derrota llevaban treinta horas de pie en los puentes.
Dos horas despus comienza a despejar y se destacan de nuevo las orillas. Se
aprovecha la oportunidad para transbordar los grupos de asalto a las lanchas torpederas, y
stas se aproximan sigilosamente al fuerte y las ponen en tierra mediante las balsas de
goma. Y cuando la niebla levanta definitivamente, igual que se alza el teln en un teatro, la
decoracin ha cambiado: en lo alto de Odder ondea la bandera alemana! El fuerte haba
sido tomado de revs.
El Karlsruhe echa el ancla bajo la maciza y sombra mole de Odder, mientras los
torpederos y dems buques entran en el importante puerto pesquero noruego, que, con el
concurso de la Luftwaffe, cae pronto en poder de los germanos. A las siete de la tarde
zarpan el crucero y los tres torpederos (el cuarto haba sido destacado a Arendal), y no ha
transcurrido una hora de navegacin en zigzag cuando el submarino britnico Truant,
mandado por el capitn de corbeta Hutchison, que ha conseguido aproximarse hasta corta
distancia del Karlsruhe despus de navegar durante veinticinco minutos a todo lo que
daban los motores elctricos, pues inicialmente se hallaba en mala posicin tctica, le lanza

a las 08.56 una salva de diez torpedos: todos los que llevaba en los tubos!
Sus estelas son descubiertas por los serviolas alemanes, y el crucero mete toda la
caa del timn a estribor y aumenta su andar, tratando de esquivar los peligrosos artefactos.
As se desgranan unos segundos que resultan interminables para los marinos alemanes.
Pero resulta muy difcil, casi imposible, librarse de una salva de torpedos bien dirigida y
lanzada desde corta distancia. Las burbujas de vapor se aproximan a una velocidad
vertiginosa, y muy por delante de ellas navegan los invisibles torpedos, que van trenzando
una red mortal. Y llega lo inevitable. Uno slo de los diez metlicos delfines alcanza el
buque alemn. Se escucha un estampido y, del costado de estribor, a la altura de la sala de
mquinas surge una llamarada y una gran columna de agua. Pero el solitario impacto es
demoledor. Las dos turbinas principales y los dos motores disel de que dispona el crucero
para su propulsin son incapaces de mover ya los desalineados ejes, y el timn ha quedado
agarrotado con 35 de caa a una banda. Tras describir una circunferencia sobre las aguas,
el buque pierde totalmente la arrancada y se para.
Mientras febrilmente se trata de detener la entrada del agua y reparar las averas, los
tres pequeos destructores se disponen a impedir la repeticin del ataque. Y, efectivamente,
cuando el Truant asoma un momento el periscopio, despus de recargar los tubos, es
descubierto e inmediatamente atacado con cargas de profundidad, y a duras penas consigue
el buque ingls escapar navegando a gran profundidad.
Pero dos horas despus del torpedeamiento, a bordo del Karlsruhe ya no hay nada
que hacer. En las condiciones en que se halla es imposible que un torpedero de 800
toneladas lo pueda remolcar. Aquellas aguas estn infestadas de submarinos enemigos. No
se puede esperar, y slo queda tomar una dolorosa decisin: echarlo a pique. Los torpederos
se atracan a su costado uno tras otro, sin cesar la vigilancia antisubmarina, y toman primero
a los heridos y luego los documentos secretos, la bandera de combate y el resto de la
dotacin. Y el crucero queda abandonado, un tanto escorado a estribor, inmvil y
silencioso. El Greifse aleja unos centenares de metros y... lo torpedea. El Karlsruhe se
estremece, da la voltereta y se hunde en cuatrocientos metros de agua, muy cerca de la
costa noruega, en el Skagerrak, llevndose sus once muertos. Durante cierto tiempo, en el
lugar del hundimiento se vieron unos remolinos; despus nada. Era un hermoso crucero,
que en tiempos de paz haba paseado orgullosamente la bandera alemana por todo el globo,
pero que tuvo que ser rematado precisamente por otro buque de guerra alemn.
***
Y llegamos a Oslo, la capital de Noruega, situada al fondo de un gran fiordo de ms
de cien kilmetros de longitud, orientado de Norte a Sur. La entrada de este fiordo se
hallaba defendida por bateras de 305 mm situadas, en sendos fuertes, sobre las islas Rauy
y Bolame, cuyos fuegos podan cruzarse. Su misin era proteger el campo de minas
submarinas previsto en los planes de defensa para caso de guerra, pero que en la noche del
8 al 9 de abril de 1940 no se hallaba fondeado.
Desde Rauy hasta la pennsula de Hurum, que prcticamente secciona la parte ms
ancha del fiordo para formar dos estrechos brazos de mar, uno de los cuales conduce a
Dramen y el otro a Oslo, existe una distancia promedio entre ambas orillas de unos diez
kilmetros. En la orilla de poniente se encontraba el arsenal de Horten, el mejor de que
dispona la Armada noruega en 1940.

El brazo del fiordo que conduce a Oslo slo tiene, hasta llegar a la isla de Hay, una
anchura de unos dos kilmetros. Antes de alcanzarla existan otros dos fuertes: el de
Drobak, situado en tierra firme, y el de Oscarsborg, sobre un pequeo islote. Este ltimo,
construido durante la guerra de Crimea, fue considerado entonces el ms potente de la
Europa septentrional.
El grupo alemn, cuyo grueso lo componan el crucero pesado Blcher (14.260
toneladas), el acorazado de bolsillo Lutzw (12.300 toneladas) y el crucero ligero Emden
(5.600 toneladas), se aproxim al fiordo hacia la medianoche, encontrando encendidas las
farolas de entrada: Lille Faerder y Torbjrnskjr. Pero la satisfaccin de los alemanes dur
poco tiempo, pues se apagaron en seguida. En cambio al aproximarse a Rauy se ilumin a
los barcos alemanes con proyectores, al mismo tiempo que se les disparaban varios
caonazos. Los recin llegados no contestaron al fuego, pero dirigieron los haces de sus
potentes reflectores de arco sobre el fuerte, y los escandinavos, dudando si se tratara de
buques de guerra ingleses, hicieron alto el fuego y apagaron los suyos. Con ello, el grupo
germano pudo entrar sin dificultades en el fiordo, y esta actitud de los fuertes cre un clima
de optimismo a bordo del Blcher, donde se crey que los noruegos no ofreceran
resistencia. Como veremos, ello traera funestas consecuencias para los invasores.
El puente del buque insignia alemn, el Blcher, iba tan abarrotado como una
colmena. Adems del contraalmirante Oskar Kummetz y su plana mayor, el capitn de
navo Woldag, comandante del buque, y los oficiales del crucero, se encontraban un general
del Ejrcito y otro de la Luftwaffe, con sus respectivos estados mayores.
Una vez pasado el primer peligro aparecieron varios patrulleros noruegos, uno de
los cuales, el Pol-III, un ballenero de 214 toneladas, reconoci al Blcher con su proyector
y seal inmediatamente por radio que los buques de guerra que entraban eran alemanes.
Como no cesaba de transmitir y segua dirigiendo su indiscreto y delator chorro luminoso
sobre el crucero pesado, el almirante orden a uno de los torpederos que lo echara a pique.
Al verse agredido, el comandante del patrullero respondi al fuego y embisti
violentamente a su enemigo, siendo poco despus hundido por ste. El agua fra y oscura
del fiordo de Oslo se cerr en la noche sobre el pequeo buque de guerra noruego, que se
llev consigo a su intrpido comandante. Pero los alemanes estaban ya descubiertos.
No obstante, despus de parar las mquinas y transbordar los grupos de asalto a los
dragaminas y torpederos, para que stos los pusieran en tierra y los infantes tomasen los
fuertes exteriores y el arsenal, Kummetz prosigui la navegacin llevando al Blcher en
cabeza de la formacin y al Endem en cola. Hay que tener en cuenta que el primero era el
buque ms moderno con que contaba la Armada alemana y uno de los ms valiosos,
especialmente para hacer la guerra al trfico de altura, mientras que el segundo era el ms
viejo de toda la flota de la posguerra y el crucero de menos valor militar. Teniendo que
atravesar todava un estrecho de menos de una milla de anchura, flanqueado por dos
poderosos fuertes, habiendo sido descubierta y sealada la identidad de sus buques, e
ignorando cul sera la reaccin noruega, la decisin adoptada por el almirante alemn:
llevar al Blcher en vanguardia, nos parece, sencillamente, un grave error. Y es indudable
que, al aproximarse de esta guisa a los fuertes noruegos, hizo ms alarde de valor que de
serenidad. Tal vez si aquellos dos generales de otros ejrcitos no hubieran estado a su lado
habra obrado de otra manera. Pero cuando se supone que el propio valor est en
entredicho, es difcil actuar con ecuanimidad.
El Blcher iba abarrotado de soldados, cajas de municiones y granadas de mano, y
segn el informe rendido por su comandante el 7 de abril el Alto Mando de la Armada,

todava no haba realizado ejercicios de tiro real con la artillera pesada, ni de zafarrancho
de combate, ni instruccin de combate con las mquinas, ni ejercicios de seguridad
interior. Razn de ms para haberlo situado a retaguardia de la formacin alemana que
ahora, al iniciarse la amanecida del da 9 en el fiordo de Oslo, se aproximaba a unos fuertes
que disponan de caones de 280 y de 150 mm y de tubos lanzatorpedos, y cuya actitud,
habiendo ellos echado a pique a un buque de guerra noruego, no deba ser una completa
incgnita para los que llegaban.
La neblina velaba las orillas, ya tan slo a unos cientos de metros de distancia de los
buques de guerra, e impeda distinguir movimiento ni can alguno en los invisibles
fuertes. Mientras que, para las guarniciones de stos, los cruceros alemanes se destacaban,
en la incierta luz del amanecer, como tres grandes masas oscuras que navegaban
cautelosamente a nueve nudos, llevaban todas las piezas orientadas por las dos bandas e
iban separadas unos seiscientos metros. Bruscamente, como el ojo de un cclope, la luz de
un proyector noruego cay sobre el crucero alemn que iba en cabeza: el Blcher. Qu iba
a suceder?
En los amplios sollados del crucero pesado alemn, los soldados dorman en las
literas y coyes de los marineros, cuando, a las 05.18 de la maana, se sinti de pronto un
golpe sordo y extrao que hizo retemblar con fuerza a todo el buque y rompi el silencio.
Una violenta presin de aire cruz despus los sollados cual rfaga de muerte.
Inmediatamente se escucharon varias explosiones, el buque volvi a estremecerse
violentamente y una humareda de malolientes gases pareci penetrar por doquier.
Momentos antes, los que iban silenciosos y pensativos en el puente, tratando de
perforar las tinieblas y la neblina con sus prismticos, vieron cmo, desde la oscura y
borrosa orilla que les quedaba por babor, unos rojos y grandes fogonazos partan de la
batera de Oscarsborg. Eran los heraldos de las granadas de 280 mm que inmediatamente
cayeron a bordo. Un proyectil lleg rugiendo, pas sobre el atestado puente y estall ms
arriba, junto a las direcciones de tiro antiareo, arrasndolo todo. Otro alcanzaba casi al
mismo tiempo el hangar de los aviones situado a popa de la gran chimenea. El avin que
aqul alojaba y el situado sobre la catapulta salieron inmediatamente ardiendo, y el montaje
nmero 3 de 105 mm qued fuera de combate. Otros proyectiles perforaron el casco y
estallaron en el interior del buque.
El comandante del Blcher orden abrir el fuego y poner las mquinas a toda
velocidad. Pero la batera de Dobrak ya disparaba tambin, y en tan slo unos cuantos
segundos y desde una distancia de unos cuatrocientos a seiscientos metros arroj
veinticinco proyectiles de 150 mm logrando veinte impactos! La artillera pesada del
Blcher no pudo abrir fuego, por la sencilla razn de que no vea al enemigo. La antiarea
disparaba localmente, apuntando sobre los rojos fogonazos que se divisaban en ambas
orillas, pero muy pronto se dud si eran disparos enemigos o el estallar de las granadas
propias contra las rocas.
Los momentos que siguen son de una confusin indescriptible a bordo del crucero
pesado alemn. Los estampidos de la artillera aturden; los impactos enemigos hacen
estragos entre el personal, destrozan el buque y provocan la voladura de varias cajas de
municiones estibadas en cubierta. El Blcher se estremece bajo la lluvia de impactos. En el
interior, los soldados se colocan apresuradamente su equipo de combate. Una granada
noruega alcanza uno de dichos espacios, hace volar las bombas de mano que aquellos
hombres ya llevaban encima y produce un verdadero desastre.
Pese a todo, el Blcher surcaba las aguas a gran velocidad con su cabellera en

llamas. Pero de pronto se sienten dos terribles estampidos de tono ms grave que los
anteriores, y del costado del crucero surgen dos cataratas de agua. El Blcher acaba de ser
alcanzado por dos torpedos! Tocado en las calderas, inmediatamente disminuy su andar y
comenz a escorarse a babor: primero 8, luego 12, ms tarde 15. Con gran fragor hacen,
poco despus, explosin todas las bombas areas almacenadas en el hangar. El fuego parece
cobrar nuevas energas, y un formidable incendio se levanta en el combs del buque y
comienza a avanzar hacia el puente.
Bajo la cubierta, las escenas son dantescas. Hay centenares de muertos y heridos por
todo el buque. El agua penetra a borbotones por los enormes desgarros abiertos por los
torpedos y las granadas. Los equipos de seguridad interior y de contraincendios luchan
denodadamente entre una espesa humareda, casi a ciegas, tratando de sofocar incendios,
taponar vas de agua, apuntalar mamparos, corregir la cada vez ms alarmante escora y
evacuar a los heridos. Pero es una lucha perdida!
El buque, en un postrer esfuerzo, ha conseguido alejarse de los fuertes noruegos,
pero despus pierde completamente la arrancada hasta quedar parado. Entonces, creyendo
que todava no estaba sentenciado, se arroj el ancla. Tal vez hubiera sido mejor dejarlo
derivar hasta que varase en la orilla, pues se habra evitado el hundimiento y ahorrado
muchas vidas. Pero es muy difcil evaluar la verdadera importancia de los daos y,
comprensiblemente, su dotacin confiaba todava en salvarlo.
El almirante transfiere el mando del grupo al comandante del Ltzow. Este buque
result tambin alcanzado por los disparos noruegos y sufri cuantiosas bajas entre la
dotacin y los cuatrocientos soldados que llevaba a bordo, pero pudo invertir a tiempo el
rumbo, seguido por el Emden, y alejarse velozmente de los mortferos fuertes. Despus, ya
de da y disipada la niebla, entablara un duelo artillero con las bateras noruegas, desde
ocho mil metros, y, con el auxilio de la aviacin, las reducira al silencio. Las fortalezas
seran luego asaltadas por los soldados que el acorazado puso adecuadamente en tierra.
Pero volvamos al infortunado Blcher.
No haban transcurrido sesenta minutos desde que el magnfico crucero de
doscientos metros de eslora recibiera el primer impacto, cuando volaba un paol de
municiones, los tanques de combustible ardan furiosamente en el combs y en el alczar,
las municiones estallaban por cubierta como en una traca y, abajo, el avance del agua era
imposible de contener. Las llamas se remontaban a mayor altura que los mstiles, y el
buque se hunda, se hunda sin remedio. Entonces se orden formar a todos sobre el castillo
y la toldilla, y all fueron llegando, como podan, los soldados del Ejrcito, imperturbables
y disciplinados, la inmensa mayora de ellos a bordo de un buque por primera vez en sus
jvenes vidas, equipados con botas, casco, mochila, careta antigs, bombas, armas y
municiones. Era una escena pattica. Hubo que hacerles despojarse de todo, y entonces se
descubri que para ellos, cerca de un millar de hombres, no se haba embarcado ni un solo
salvavidas a bordo. Alguien haba pensado en Alemania que hacerlo hubiera podido dar a
los espas una pista sobre lo que se preparaba!
Como el fuego amenazaba alcanzar los tubos lanzatorpedos de popa, el oficial
torpedista, para evitar un nuevo desastre, los dispar contra las orillas del fiordo, donde
hicieron explosin con gran despliegue de ruidos y llamaradas. Las claves y documentos
secretos se quemaban apresuradamente a bordo; pero esta vez no hubo necesidad de ir hasta
las cocinas para ello. Como los botes estaban destrozados por la metralla, haba que salvar a
nado la distancia a la orilla, cuando la temperatura del agua era de 2! La amura de babor
del