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-^^RN OF PRlimfo^
AUG
^OOGICAL
1997
SE^^$^
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(QJJbiichxxi ch
oRufeyit Qocrmhwi/nc^
SOR FRANCISCA JOSEFA DE LA CONCEPCIN
AFECTOS ESPIRITUALES
TOMO
TERATLIRA
BOLIVAR^
BOGOTA,
?oSm'"
e c a
de
Autores
Colombia
SOR FRAJSCISCA JOSEFA DE LA COmEPClN
AFECTOS ESPIRITUALES
TOMO
BOGOTA,
ip$6
Publicacin del Ministerio
de Educacin Nacional,
bajo la direccin de la
Revista "Bolvar".
Iiuprimi Editorial
ABC,
nj^6
SOR FRANCISCA JOSEFA VE LA CONCEPCIN
AFECTOS ESPIRITUALES
ce la venerable madre y observante religiosa Francisca
Josefa de la Concepcin, en el siglo doa Francisca Josefa
de Castillo y Toledo, Guevara, Nio y Roxas.
Escritos por ella misma, de mandado de sus confesores
segn primera copia hecha por don Antonio Mara de
Castillo y Alarcn, en Santa Fe de Bogot, ao de 1896.
TOMO
BIBLIOTECA DE AUTORES COLOMBIANOS
ESTUDIO LIMINAR
JI
Esquema didctico para ubicar la obra de sor
Francisca en el cuadro general
DE la literatura RELIGIOSA
Sarita
Teresa al escribir su obra en romance, no
ocultaba sus escrpulos y temores de haberlo hecho
tener un
sin
dominio completo de
nombre cabal
teolgica para darle el
terminologa
la
y exacto a sus
complejos estados de alma y experiencias personales
en el intenso decurso de su vida mstica. De ah su
Las Moradas, respondien-
resistencia inicial a escribir
do
al P.
Jernimo Gracin, cuando
lo hiciese sin dilaciones:
la
instaba a que
"Para qu quieren que
es-
criba? Escriban los letrados
que han estudiado, que
yo soy una tonta y no sabr
lo
un vocablo por
otro, con
que me digo, pondr
qu^ har dao."
Si esto deca
quien siglos ms tarde merecera ser declarada Doctora de la Iglesia
por Po X, qu diremos nosotros,
legos en la materia,
quema
los
mstica, nos
to en
cual
la
cuando
al intentar reducir a
ms arcanos procesos de
han de
salir al
su
es-
experiencia
paso dificultades sin cuen-
eleccin de los vocablos adecuados, y en Ja
muy seguramente
incurriremos en no pocos erro,
res y hasta en desatinos de ntayor cuanta, a pesar de
Daro Achury Valenzuela
servirnos de guia en esta simple faena de sntesis^
doctsima autoridad del catedrtico espaol de
ratura,
lite-
don Miguel Herrera Garca, cuyo erudito
bajo sobre
la
literatura religiosa espaola
mos, siguindolo ceidamente en forma
la
tra-
utilizare-
casi
literal,
travs de sus diferentes secciones y captulos. Al traiar de compendiar un estudio tan maduro y laborio-
samente concebido y tan admirablemente escrito, y
tratndose adems de materia tan delicada, casos habr,
como
d&s de
la
el
de
las
definiciones de los distintos pero-
vida asctica y mstica, en que va a ser im-
posible sustituir por otras las palabras del original.
El benvolo lector disculpe, pues, nuestros yerros,
teniendo en cuenta que
este
esquema
slo tiene
finalidad didctica, en ningn caso doctrinal, y
an
teolgica. Se trata sencillamente de
poco familiarizado con
ja,
un tanto comple-
Historia de la Literatura Espaola,
la
puesto que en
los
manuales
ms autorizados sobre
tando de
modo
la
corrientes, e incluso
materia, se
le
vena
en
tra-
harto superficial y en forma poco o
nada sistemtica,
lo
materia,
menos
el lector
de que trata ste que bien pudiera llamarse nue-
vo captulo de
los
la
que
una
se
que fue y ha sido
forme una idea de conjunto de
la literatura
mstica espaola,
e?i
sus distintas manifestaciones, y se entere, as sea en
forma aproximativa y profana, de
lo
que constituye
su objeto y materia. Esto, en lneas generales, porque
en un sentido ms particular y concreto, el redicho
esquema pretente inducir al lector de las obras de sor
Francisca Josefa de
la
Concepcin a que
mismo,
de acuerdo con su juicio y criterio personales,
las
Estudio Liminar
9
en
ubique, despus de haberlas ledo,
que
les
categona
la
corresponde dentro del cuadro de clasificacin
general de
la literatura
que
religiosa
se le
propone
continuacin.
Entonces
el juicio
si, el
que
tenecen a
lector,
se for?ne,
con base en
podr decir
este
esqueina y en
tales obras per-
si
la literatura asctica o a la literatura mstica
corno especies filiales del gnero literatura religiosa
hispanoamericana; y podr
no
decirlo,
humo
de
pajas, sino con base en razories concretas, en conceptos precisos y
en datos fehacientes. El valor de una
obra literaria no puede tasarse exactamente,
si
se la
considera aislada e independientemente del sistema
orgnico literario a que pertenece,
naturalmente,
lugar,
las
modo
los
factores
cual implica,
el
de tiempo, circunstancia,
y relacin. Singularmente relacin con
obras literarias de su poca o de un perodo ante-
rior para precisar posibles influencias, estilo, escuelas
etc.
esto, pre-
cisamente, es lo que no se ha hecho con
la
obra
o tendencias, modismos de lenguaje,
raria de sor Francisca.
Desde
el siglo
han ocupado de
lite-
xix, los pocos
escritores
que
mente en
el territorio
poner
razones que los indujeran a darle esa ubi-
cacin.
las
se
La simple
de
sitan vaga-
la literatura mstica, sin ex-
y escueta afirmacin dogmtica
basta, ciertamente, a constituir
cio valedero ni
ella, la
un elemento de
no
jui-
para clasificar una obra dentro de un
gnero literario cualquiera, ni menos an para analizarla en sus distintos aspectos,
de
la crtica.
conforme
a las
normas
Daro Achury Valenzuela
10
alguien, acaso a don Jos
gara, se
le
acuado,
lo lanz al torrente circulatorio
comunes, llegando
los lugares
asi
intacto
nuestros das, y creernos que ya ha llegado
ta
Ver-
ocurri un hiien da acuar tan ligero jui-
cio critico, y
de
Mara Vergara
has-
hora
la
de revisarlo. Para este fin nos ser de suma utilidad
resumen que ahora vamos a intentar de
el
de
ria
la literatura religiosa
pecto de
la
espaola, en
la
histo-
el triple as-
catequesis, la asctica y la mstica.
Literatura religiosa
Las relaciones entre
el
hombre
y Dios, expresadas
natural o artsticamente, constituyen
el
objeto de la
literatura religiosa.
El aporte de
la
literatura cristiana a la literatura
religiosa en general consiste en
cin dogmtica, en
una
una fuerte
estructura-
literatura de sabia y soberana
majestad, en ima asctica varia y sutil y en "una
tica
juis-
o conocimiento experimental y sobrenatural de
Dios".
La poca de
coincide con
en
los diversos
ltico, el
ral
de
edad urea de
la
campos de
econmico y
las
literaturas
admirable,
la
tar
En
hispnicas, la
el
po-
cuadro gene-
mstica
conjugndose
lleg
as,
por
expresin literaria del podero
material de un pueblo con
piritual, o
espaola
la historia: el social, el
el cultural.
ocupar un peraltado lugar,
modo
la literatura
poca de mayor esplendor de Espaa
la
ms exactamente,
la
de su predomiriio
religioso.
es-
Conviene ano-
aqu que por una defectuosa apreciacin del cua-
dro total de
la
literatura religiosa espaola, nacida
Estudio Liminar
11
de una parcializada acomodacin visual de quienes,
en
la
Pennsula y juera de
ella,
han observado y
estu-
diado su origen y evolucin, se han clasificado hoy
cual exponentes de la literatura mstica hispana,
obras que en realidad no lo son y que ms bien pudieran ser alineadas en una categora menos egregia,
como
lo es la
que comprende
los tratados
de asctica
o de simple catequesis.
Literatura catequstica
Para una cabal co?nprensin de
susodicho, recor-
lo
demos aqu algunas nociones fundamentales. A
la
li-
teratura catequstica pertenecen las obras cuya fina-
lidad es
(la
de exponer
la
doctrina de
que todo
lo
Revelacin),
la
(mandamientos de
la ley
que debe pedir
adquisicin de
de
la
(la
que
de Dios y de
la
debe obrar
la Iglesia)
y lo
gracia por medio
prctica de los sacramentos).
Doble
es la
forma de
la
literatura catequstica: di-
tiende a ilustrar
dctica,
si
ria, si a
conmover
mera:
cristiano debe creer
lo
la
el
voluntad. Son ejemplos de
Comentarios sobre
los
entendimiento; y orato-
trina cristiana, escritos
el
catecismo de
la pri-
la doc-
por jray Bartolom Carranza
de Miranda, obra que acarre a su autor un peligroso
pleito con la Inquisicin; el
de
la
crito
Compendio
y explicaci(3n
doctrina cristiana por jray Luis de Granada,
originalmente en portugus y traducido
ol por
el
padre Enrique Almeyda;
el
es-
al espa-
Libro de
la
Verdad, de Pedro de Medina; Aprecio y estima de la
divina gracia, del padre Eusebio Niereniberg, cuyas
ideas jundamentales sirven de eje
a la ulterior lite-
Daro Achurv Valenzuela
12
ratura asctica y mstica espaola;
tiana
)'
Luis de
cris-
Directorio Espiritual del jesuta castellano
el
Fuente, cuyos sentimientos ley sor Fran-
la
cisca a instancia
de uno de sus confesores (Trozo Ais-
lado, p. ^o, nota 2,
la
La perfeccin
Afectos, volumen
I,
ed. 1942);
Introduccin de sacerdotes, escrita por fray Anto-
nio de Molina, "indigno monje de
r aflores",
como
a si
mismo
se
la
Cartuja de Mi-
Una
llamaba.
de
las.
obras de este ex agustino fue lectura favorita de sor
Francisca,
cuando an
era adolescente segn lo refie-
re en el captulo iv p. 12 de su Vida, y el
los estados
Norte de
de fray Francisco de Osuna, otro de los au-
tores predilectos de la religiosa tiinjana (Vida, cap-
tulo XXII, p. yi).
Entre
las
obras de catequesis oratoria, rama de la
literatura catequstica
que
se
funda en
ditu de san Pablo, citamos las de
Fides ex au-
el
mayor
xito en su
tiempo (siglos xvi y xvii): Consideraciones sobre
todos los evangelios de Cuaresma (Crdoba, 1601) por
fray
Alonso de Carrera, predicador de Felipe
II; Es-
pejo de sacerdotes (16 11) por fray Baltasar Pacheco;
Discursos evanglicos y espirituales, de fray Alonso de
la Cruz; Cuaresma (160^), coleccin de sermones de
fray Basilio
Ponce de Len, sobrino de
Len; Discursos predicables (1614) por
fray Luis de
el
dominicc^
fray Baltasar Arias; Ejercicios espirituales para todos
los das
de Cuaresma (160^) por fray Pedro de Valde-
rrama y Oraciones Evanglicas o discursos panegricos y morales, de fray Hortensio Flix Paravicino, el
predicador culterano por excelencia.
Estudio Liminar
13:
Literatura asctica
La
comprende dos gneros
asctica
literatura
obras: las que exponen tericamente
vida sobrenatural, de acuerdo con
la
la
las
de-
evolucin de
normas de
la
gracia santificante, y aquellas en que se nos da la experiencia biogrfica o histrica de dicha evolucin, a
travs de
una
tual,
las
un alma. Las primeras hacen de
comprenden
ciencia y
las
)'
la asctica
de vida espiri-
los tratados
segundas, una prctica, cuyo prototipo son
vidas de los santos.
Los tratados de vida
estilo,
espiritual, si diversos
teniendo en cuerita
las diferencias del
por su
tempera-
mento y personalidad de sus autores, son idnticos
por la doctrina que exponen. Esta comunidad de docpuede compendiarse
trina
da sobrenatural
siste
en
la
la va
los
que tienden,
medios de que
la asctica es la
el
alma con
el
la cari-
ejercicio de las virtu-
para llegar a este hito de
la
perfeccin^
tiene dos especies fundamentales:
la asctica y la inistica,
la vi-
perfeccin espiritual, que con-
como amor. El
camino genrico que
el fin
La evolucin de
unin del alma con Dios mediante
dad, entendida
des es
es la
asi:
que,
aunque unimisjnadas por
se diferencian, sin
se siroen
embargo, por
para alcanzarlo. En
efecto.^
prctica de las virtudes realizada por
auxilio de la gracia de Dios ordinaria,,
y la mstica es esa
misma
prctica o ejercicio de las
virtudes por parte del alma, pero con el auxilio de
la^ gracias
extraordinarias de Dios.
La
esctica
no im-
plica necesariamente la mstica, pero rio hay mstica
sin asctica.
Daro Achurv V'alenzuela
14
La
por donde transitan
obligatoria,
den a
ordinaria, y en
asctica es la va
la
perfeccin.
La
las
cierto
almas que
mstica, en cambio, es
modo
tien-
una
va
extraordinaria cuya eleccin no depende de nosotros,
sino exclusivamente de Dios.
En
tres
el
ascenso o tensin del alma Jiacia Dios se dan
grados o estados de vida espiritual, que hoy se
conocen con
los
nombres de perodo de purificacin,
perodo de iluminacin y perodo de unin, caracterizado el primero por los esfuerzos del alma para desasirse
de sus afectos y apetitos desordenados y de sus
el segundo, por el progresi-
imperfecciones naturales;
vo arraigo de
Sanio en
el
la gracia,
alma, que
dones y virtudes del Espritu
van aproximando y aseme-
la
jando a Dios, ms y ms; el tercero, por la caridad en
grado perfecto, que transforma al alma, sublimndola
y unindola inmediatamente con Dios.
Perodo de purificacin
En
el
cuadro general de
la
literatura asctica, las
obras que tienen por tema general
el
perodo de pu-
rificacin o va purgativa, se clasifican de acuerdo con
el
medio o medios que
el
alma, a saber: penitencia del cuerpo y del espritu,
lectura
espiritual,
ellas
proponen para purificar
meditacin,
direccin
espiritual,
etc.
Sobre
el
piritual
son, sin
primer medio
la
penitencia
corporal y
es-
obra de literatura asctica representativa
duda alguna,
los
Discursos de
la
paciencia
cristiana (Alcal, 1^92), del agustino y catedrtico de
la
Universidad de Osuna, fray Hernando de Zarate.
Estudio Liminar
Sobre
sa
lectura
cimera dentro de
obra
la
segundo medio
el
15
espiritual
ver
esta clasificacin
in-
titulada Ejercicios de perfeccin y virtudes cristianas
Alfonso Rodrguez.
,(i6oq), del jesuta vallisoletano P.
Los Ejercicios Espirituales (Ro?na^
naci de Loyola, tienen
como tema
^5~fS),
de san Ig.
central la medita-
cin o ejercicio de las tres potencias, otro de los medios para alcanzar el estado o periodo de purificacin.
Los Ejercicios de san Ignacio fue
mente
traa entre
manos
libro
que constante-
sor Francisca (Vida, captu-
lo III, Q y IV, 12 ).
Por haber sido tambin lectura predilecta de sor
Francisca
la
obra del cartujo don Antonio de Molina
(Vida, captulo
por versar
ella,
Segn
cin.
el
conviene incluirla aqu, y
asimismo, sobre el tema de la meditaiv, p. 12),
ya citado profesor esparwl Miguel He-
rrera Garca esta obra "consta de
cin sobre
la
trata de la oracin
de
la
tras
cuadas a
comn, de
la
la
un proemio sobre
oracin, explana
divididas en cuatro etapas:
la
partes: la primera,
meditacin por ejercicio de
gunda,
Vida de Cristo,
la
la
de
que
oracin particular y
las potencias; la se-
las
una
disposiciones ade-
serie
los
de meditaciones
Novsimos,
Sagrada Pasin y
cin, Ascensin, Pentecosts y la
La
larga introduc
excelencia, provecho y necesidad de la
Luego suceden dos
oracin.
una
la
la
de
Resurrec-
Asuncin de Mara...
principal gua del padre Molina en esta parte es
santa Teresa, aunque taynbin se apoya en Blosio, To.
ms de Aquino, san Bernardo
y Ricardo de San Vc-
tor.
Otras notas caractersticas suyas son:
cjue
pone en recomendar
el ejercicio
el
ahinco
vivo de las po-
Daro Achury Valenzuela
16
tencias..., y segundo, la recomendacin explcita de
no
incluir la Santa
humanidad de
imgenes corporales de que
par en
la
alma
ginativas"
las
las-
ha de desocu-
se
meditacin, ya que admita
de preferir
Muy
el
Cristo entre
la
conveniencia
consideraciones intelectuales
a las
ima-
(i).
de tenerse en cuenta
aqu subrayado por
es lo
nosotros, para el estudio de las influencias literarias:
en
la
obra de
la
V. AI.
de Castillo.
Perodo de iluminacin
co?7io se dijo
gracia, y virtudes
Esta va se distingue o caracteriza
por
el
progresivo arraigo de
dones del Espritu Santo en
La iluminacin
el
consiste en
la
alma humana.
que
la
sustancia del
aU
ma, mediante un proceso de actos y esfuerzos suyos,,
se va compenetrando gradualmente con la gracia, al
paso que de sus actos de orden natural se van adue-
ando progresivamente
ritu Santo, hasta el
del
las
virtudes y dones del Esp-
punto de que todas
las
mociones
alma procedan de aquellas potencias o principios
sobrenaturales, y se ajusten a las mismas fcil y con-
naturalmente. El remate de este proceso
es la
supedi-
tacin del orden natural al sobrenatural, porque la
fuerza de ste ha sido
porque
las
aumentada paulatinamente y
potencias han ido adquiriendo
posicin necesaria para que
informe, hasta
(t) Historia
bajo de
la
tal
la
predis-
hbito sobrenatural las
grado que ambos principios de ope-
General de
direccin de
Barcelona, 19^^, vol.
el
las
Literaturas Hispnicas, publicada
don Guillermo Daz
III, 55-56.
Pinja, ed. Berna,
Estudio Liminar
racin se identifique}!:
iluminacin en
el
el
17
sobrenatural y
alma proviene de
sas, tanto teologales
como
las
el
La
divino.
virtudes infu-
morales.
El Tratado del amor de Dios, de fray Cristbal de
Fonseca, religioso agustino, pertenece al ciclo
que tiene como tema esencial
rio
les; y
las
litera-
virtudes teologa-
representante egregio del que tiene
como asunto
de Virginidad y edide caridad (1^39), obra de autor annimo de la
ias virtudes morales, es el Vergel
ficio
orden franciscana.
Oracin afectiva.
i.>iaje
En
la
segunda jornada del
ascensional del alma hacia Dios, o periodo ilu-
minativo,
la
oracin afectiva, que es una oracin ms
pura y sublime que la meditacin, es el medio para
mantener y perfeccionar la prctica de las virtudes.
En
este
gnero de oracin priman
discurso, a
do en
medida que
el
los afectos
consideracin de los misterios
la
sobre
el
alma va calando ms hon-
asunto o materia esencial de
la
El
divinos.
oracin afectiva es
la
meditacin y consideracin de todo cuanto atae a
humanidad de
la
a
Cristo, a su vida, pasin y muerte,
su madre, la Virgen Mara, y a los santos
como
imi-
iadores suyos.
Para
de
la
estudio de la obra de sor Francisca Joseja
el
Concepcin, singularmente de sus Afectos Es-
pirituales, conviene tener en cuenta
os
que versan sobre
la
los libros ascti-
oracin afectiva, cuyo proto-
tipo son Los trabajos de Jess, escritos por el fraile
agustino
Toms de
Jess, autor bilinge de
bles y relevantes ejecutorias.
nero
es la
muy
no-
Otra obra del mismo g-
Vita Christi, del cartujo Landolfo de Sajo-
Daro Achury Valenzuela
18
traducida al castellano, a instancia de los Reyes
7iia,
Catlicos,
por fray Ambrosio de Montesinos, en ly)^-
Este libro del Cartujano ejerci notoria influencia en
vida espiritual de Santa Teresa de Jess, segn pro-
la
pia confesin. Dados los tenias que expone esta Vida
de Cristo, principalmente
con
los relacionados
Pa-
la
sin del Seor, no seria extrao que sor Francisca hubiera frecuentado su lectura y
le
hubiera servido de
alimento espiritual y de preciosa guia para escribir algunos de sus Afectos, principalmente aquellos en
que medita y considera
Jess.
los misterios
subgnero de
este
de
la
Pasin de
la literatura asctica
necen tambin Los dilogos de
los
nombres de
per teCristo,,
de fray Luis de Len.
La comunin sacramental.
de
tico
la va
iluminativa,
el
En
el
rista es
medio de excepcional valor para
transita
ese
na
cisca Josefa
da
en
Nueve aos
de Castillo viniera
el
Euca-
alma que
el
al
antes de que Fran-
inundo,
se Jiabia
tan combatido libro del padre
Velsquez Ponto, de
res,
la
camino. La literatura eucaristica hispa-
es copiosa y varia.
editado ya
perodo asc-
sacramento de
la
Antonio
religin de los Clrigos
Meno-
intitulado Tesoro de los cristianos que para cada
les
el
dej Cristo en
cual su autor
conveniencia de
la
el
verdadero
propugnaba
comunin
la Escritura, la Patrstica, la
Teologa y
la
man
sacramental,
la licitud,
diaria, de
provecho y
acuerdo con
autoridad pontificia,
la
tradicin de la iglesia catlica.
Conviene recordar aqu cmo muchos de
tos de sor Francisca
le
mento o despus de
recibir la
los
fueron inspirados en
Afecel
?no-
comunin sacramen-
Estudio Liminar
tal,
dejando puntual constancia de
cmo
de
ello al escribirlos,,
comunin
su alma le exiga la
los consejos
19
diaria, a pesar
en contrario de algunos de sus confe-
sores.
Perodo de uxin
La jornada
final de la vida asctica es la llarnada
va unitiva o perodo de unin, o sea la perfecta con-
formidad del entendimiento, de
la
voluntad y de
los
sentimientos o afectos del alma con Dios, lograda mediante los beneficios de
Espritu
la gracia,
dones y frutos del
Santo, y el ejercicio de las virtudes.
unin del alma con Dios
es,
la
vida asctica, trmino de
la
gracia e indispensable
miento de
la
normal evolucin de
resultado del perfecciona-
virtudes y los dones; de
las
donde proviene
que unin y perfeccin se identifiquen.
En este supremo grado de la vida asctica
ria
ms conveniente
a la
Esta
pues, la etapa final de
oracin es Dios
toda su infinita perfeccin y
la
mate-
mismo en
como dispensador de
di-
vinos beneficios al hombre. Este gnero de oracin es
ms perfecto que
l se
el
de
la
sencillamente afectiva y en
compenetran ntimamente
tos espirituales, excitados stos
vina,
En
el
discurso y los afec-
por
la
influencia di-
mediante una intervencin sobrenatural.
el
campo de
la literatura asctica, las
obras re-
presentativas de esta especie de teodicea literaria son:
Tratado de
la
Nieremberg;
amor de
Hermosura de
las
Cien
Dios, del padre Ensebio
Meditaciones
devotsimas del
Dios, del franciscano fray Diego de Estella
'y^
Daro Achury Valenzuela
-20
los
Sermones
)'
Opsculos de santo Toms de
Villa-
nueva.
Forinan
el libro
de fray Diego de Estella cien di-
logos del alma con Dios, que son al
mismo tiempo
inonlogos del alma cojisigo misma, en
se
propone
bajo
la
los
los
que
ella
motivos o razones para amar a Dios,
forma de splica, reproches, apostrofes, que-
jas y exclamaciones.
Como
les de sor Francisca,
en los
Afectos Espiritua-
se trenzan en la
obra del padre
Estella, el discurso y los sentimientos espirituales tan
intimamente, qu^ forman una especie de oracin
afec-
tiva.
En
el
dominio de
glos XVI y XVII no
versan sobre
la
la
literatura religiosa de los
abundan ciertamente
los libros
si-
que
oracin contemplativa adquirida, que
es hacia donde derivan muchas veces
la
oracin afec-
tiva y la meditacin. Esta escasez se debi acaso a la
intervencin de
la Iglesia
para sofrenar
el
quietismo
y los iluminados, que con sus doctrinas y teoras err-
neas pretendieron invadir este peligroso territorio de
la literatura asctica,
tornando cautelosos a
los escri-
tos espirituales de la poca en cuestiones ataederas
a tan espinosa materia. Sobre
modo de
la
contemplacin y
el
practicarla, trae eficaces enseanzas el libro
de
los Ejercicios Espirituales
la,
que, en nuestro sentir, fue de gran provecho a sor
Francisca
de
de san Ignacio de Loyo.
Concepcin
escribir
sus
Afectos Espirituales, principalmente aquellos
cu-
Josefa
la
yo asunto consiste en traer a
viva y
al
los sentidos la
animada de algunos pasos de
to y de ciertos pasajes evanglicos.
la
presencia
Pasin de Cris-
Estudio Li.minar
Al mismo gnero de
tenece
Libro de
el
la
Mara de
beata sor
21
literatura contemplativa per-
Oracin y contemplacin de la
Santo Domingo, recientemente
que contiene enseanzas claras y muy
prcticas sobre el ejercicio de la contemplacin.
descubierto,
Cuando
do de
llega a la xna unitiva
adems de
ascesis,
practica
vna
alma
el
el pero-
contemplacin intuitiva,
ele
recogimiento, cue es
especie de suspensin de los sentidos y del dis-
curso para dar paso a
la
la
llamada oracin
la
en
viva y cierta de que Dios
la je
penetra ntimamente, de que su luz indejiciente
ilumina en
ms recndito de
lo
La obra magistral que adoctrina en
oracin, es
Tercer abecedario
el
la
su ser.
este
gnero de
espiritual (Toledo,
1527), del religioso jrancisca?io Francisco de
Osuna,
en cuyas pginas hallaron sabroso y nutricio aliment j
espiritual santa Teresa de Jess (Vida, cap. iv, p. 41,
ed. Aguilar, Madrid, ip^y) y sor Francisca Joseja de
la
ma
Concepcin (Su Vida, cap. xxii,
jamilia de
la
literatura
obras de jray Juan de
los
Angeles
ciscano descalzo y predicador de
Mara, hermana de Felipe
vento de
las
II,
p. yi).
asctica
mis-
la
pertenecen
las
(i ^^6-1610?), jran-
la
emperatriz doa
quien viva en
el
Con-
Descalzas Reales de Madrid. Sus obras
principales son los Triunfos del
amor de Dios (Medi-
na, lypo): los Dilogos de la conquista del espiritual
y secreto reino de Dios (Madrid, 1600), que es una rejundicin y ampliacin del primero de los libros citados: el Tratado de los Sacratsimos Misterios de la Mi5a (1604); el
Tratado de
racin espiritual de los
la
presencia de Dios y decla-
Cantares (i6oj);
el
Manual
Daro Achury Valenzuela
22
de vida perfecta (1608) y
ma
el
Vergel espiritual del ni-
religiosa (1608).
Menndez
Angeles,
y Pelayo, refirindose a fray Juan de los
llama "uno de
le
los
ms suaves
y regalados
prosistas castellanos, cuya oracin es rio de leche y
miel" (Historia de
pp. 1^1-6).
La
las ideas
estticcas, 2^
crtica posterior se
mostrar que no hay
ed.,
18^6,.
ha encargado de desuave, que tan-
tal estilo lcteo y
to fascin al ilustre polgrafo santanderino; al con-
forma
trario, la
literaria
de fray Juan
es
spera y adus-
en ocasiones, y libros suyos hay como el de las de^
claraciones sobre el Cantar de los Cantares de Salota
mn, que
latn,
es
una simple taracea o mosaico de
que da
'"la
bada, son apuntes para escribirla" (i)
pesar de to-
do, a este fecundo escritor franciscano se
haber asumido
de Osuna, de
ca en
la
la
textos en
impresin de que ms que obra aca-
le
debe
ct
defensa, despus de fray Francisco
oracin de recogimiento, en una po-
que hacerlo presupona correr
la
contingencia
de graves riesgos y peligros.
Las obras hasta aqu enumeradas forman parte de
la literatura religiosa
ctica
como una
espaola que consider a
ta corriente, surgi la literatura
mo
la as-
teora o ciencia. Paralelamente a es-
sobre las asctica co-
prctica y vida, es decir: la hagiografa.
La
biblio-
grafa hagiogrfica hispana es abundante, casi torrencial;
pero son
literario.
muy
escasos los libros de autntico valor
Entre stos
se
cuentan:
el
Tratado de
versin de la Magdalena (i^p2), de fray Pedro
de Chaide;
(i)
la
la
con-
Maln
Vida de san Jernimo (i^^^), de fray
Miguel Herrera Garda, Op.
cit.,
vol. III, p. 55.
Estudio Liminar
Jos de Sigenza;
Vida de santa Teresa de Jess del
la
Jernimo Diego de
fraile
23
Francisco de Rivera y
la
Yepes (i6i^),
va, cura de San Vicente de Avila,
nacio, de
Pedro de Rivadeneyra,
Sor Francisca fue
como
santos,
de fray
la
de Pablo Verdugo de
muy dada
la
la
Cue-
Vida de san Ig-
etc.
a la lectura de vidas de
en un pasaje de su autobiografa,,
lo dice
y no seria extrao que entre esos libros de su predileccin, se contaran algunos de los anteriormente ci-
tados, quizs el de
Maln de Chaide, en cuyas
nas intercal
ste, poesas,
y otros temas
muy
ja del
pgi-
traducciones de los salmos
del gusto y aficin de nuestra
mon-
Real Convento de Santa Clara, de Tunja.
La literatura mstica
Quedan enunciadas sucintamente
las diversas
obras
representativas de las distintas tendencias filiales de
la asctica
como gnero
adscrito a la literatura reli-
giosa espaola, durante los siglos xvi y xvii, con la
venial intencin de que algn da
ma
explorar
la
sefa
densa selva de
la
en busca de
tica,
en
pueda
servir de gua al curioso o al osado
mente y en
de
la
la
este esque-
que intente
literatura mstica-asc-
las
obras que en realidad influyeron
la
sensibilidad de sor Francisca Jo-
Concepcin, para escribir
las suyas.
Esio,.
por una parte, y por otra, que diputamos de no menor importancia, que tal esbozo pueda contribuir a
hacer viable
la
empresa de
clasificar
exactamente
aquellas obras en el cuadro de la literatura religiosa
hispanoamericana. Es decir: comprobar
la
madre de
si las
obras de
Castillo pertenecen a la literatura ase-
Daro Achurv Valenzui.la
24:
ica o a la mstica, y a cul de sus rdenes o subrde-
asunto en
el
cual no se ha detenido,
quiera pasajeramente,
la
atencin de nuestra crtica
nes
filiales,
si-
literaria.
Pasamos ahora, guiados siempre por
la
docta expe-
riencia del profesor Herrera Garca, a tantear y ex-
plorar
an ms intrincado
el
considerada como gnero
En
la
territorio de la mstica
literario.
vida mstica, Dios infunde, por medio de
la
gracia, a los sentidos corporales y a las potencias del
<ilma sensaciones y afectos extraordinarios de orden
anglico o divino.
de
De
esta
manera
la
funcin normal
vida intelectual y afectiva se ve inhibida tranla inactividad, sino para
la
sitoriamente, no para caer en
entrar en una etapa de actividades, extraordinaria y
sobrenatural.
Los estados contemplativos suelen venir acompaados de fenmenos cuya esencia escapa a
sin
humana,
tales
como
nes, xtasis, etc., en
compren-
la
raptos, deliquios, levitacio-
modo alguno
tica ni explicables siempre
como
esenciales a la misefectos del estado
pueden producirse con
mstico, ya que ellos
llo ejercicio intensivo de las virtudes y los
el senci-
dones
di-
vinos.
Lo que un
mente,
la
mstico siente y conoce
misma vida
la asctica,
es,
substancial-
integral de la gracia
que
se
da
pero potenciada por un conocimienio
xperimental, en
lo cual radica
esencialmente
el mis-
ticismo.
Dos observaciones
-el
finidaincntalcs se
particular: la primera,
que
iin^jyojioi
sobre
las intervejiciones extra-
Estudio Limi.nar
ordinarias de
divinidad no constituyen por
la
la xna mstica, sino
que
de
la gracia,
de
las
solas
fundamento
se precisa el
por consiguiente,
tegral de la vida asctica, y,
cicio
25
in-
el ejer-
virtudes y dones del Espritu
Santo. Sin estos supuestos, la mstica 7io puede existir,
alma
ni el
beneficiada con carismas msticos pue-
de prescindir de
ya que los carismas no son do-
ellos,
nes permanentes o habituales, sino transitorios y casi
siempre exclusivos de
la
oracin.
La segunda: que
la mstica
no basta que una o varias
gracias infusas acten en el
alma en forma intermiten-
para determinar
te e
modo
incoordinada sino de un
tual, sea constante, reiterado y
De
lo
mo
es,
coordinado.
antedicho se deduce que
camino abierto a todas
las
que, sin ser habi-
la
mstica
no
un
es
almas, porque siendo co-
un carisma que Dios dispensa
a las criaturas
de
su eleccin, conforme a los inescrutables designios do
su voluntad, y en
ra,
no puede
el
el
grado de perfeccin que El quie-
hombre
forzar a la divinidad a que le
abra esa va mstica, porque
ni procurar.
La
en
la
An
ms, no
es
ella ni se
puede merecer
bueno apetecerla.
que
diferencia entre asctica y mstica reside en
primera,
el
alma, sostenida por
fuerza en elevarse a
quien invade
otra cosa
que
el
Dios, y en
la
la gracia, se es-
segunda,
Dios
es
alma, sin que sta tenga que hacer
recibir y gozar del
don divino.
Unidad de la mstica
Don Marcelino Menndez
y Pelayo clasific la
ratura asctica y mstica espaola por escuelas:
wAnica,
la
la
lite-
do-
franciscana, la carmelita, la agustina y la
Daro Achurv Valenzuela
26
pero
jesuta,
posterior sostiene que tal cla-
la critica
sificacin es inadmisible tericamente, y
tricamente contraria a
los
hechos.
En
por
ser his-
efecto, la con-
cepcin mstica ortodoxa, por una parte, dada su n-
tima y vigorosa unidad, excluye de la literatura mscualquier diversidad en el modo de concebir ge-
tica
neralmente
la
vida cristiana; y por otra parte,
la des-
cripcin de estados msticos es casi imiforme, dada la
humanos de
limitacin de los medios
ms,
medios de
los
mente por
lenguaje.
Ade-
vida interior aceptados general-
la
los escritores msticos
son
los
mismos:
literatura espiritual, la meditacin y la oracin.
caben, pues, los distingos establecidos por
la
No
Menndez
y Pelayo para hacer su clasificacin arbitraria, segn
predominan
la cual,
los
elementos intelectuales en
escuela dominicana, los de orden afectivo en
la
la
fran-
ciscana, etc.
En
presenta bajo
ca, se
bajo
ce
la
una
car,
mismo que
la ascti-
forma de ciencia o
teora y
la literatura, la ynstica, lo
la
forma de experiencia. En
serie
en
la
el
primer
caso, ofre-
de tratados teolgicos, cuyo fin
medida de
lo posible, las
es expli-
experiencias de
la
un sistema y trazndoles una
pauta de evolucin. En el segundo caso, o sea en el
mstica, sometindolas a
de
la
mstica
como
experiencia, la literatura del g-
nero nos brinda aquellas obras, comunmente de carcter autobiogrfico, en las cuales los msticos
los estados
de su alma y
los
exponen
contenidos de su
con-
ciencia.
En
como
el
desarrollo de
experiencia
se
la
mstica
dan
los
ya
co'mo ciencia o
misinos tres grados de
LiMIXAR
KSTI'DIO
27
ascensin que se anotaron al hablar de
saber: el de purificacin, el
unin.
Aunque
que
la catarsis
la asctica
el
de
nominalmente, dichos
identificados
estados o perodos difieren
la asctica,
de iluminacin y
un tanto en
modo, por-
su
cuando
o purificacin mstica se inicia
tiende a su culminacin. Por otra parte, los
perodos ascticos se caracteriza?! por una continui-
dad de que carece }i
ordinariamente
los actos
alma
que
transita
se
los
puramente
contraen
al
msticos, los cuales
tiempo de oracin y a
acompaan. Fuera de
la
por
los
este
tiempo,
el
caminos del ascetismo.
La mstica como experiencia vital
Las obras de santa Teresa de Jess constituyen
paradigma
literario
travs de ellas,
de
la
mstica
exceptuando
el
como
experiencia.
el
Libro de su Vida en
cuanto tiene de episdico y accidental, puede trazarse
claramente el esquema vivo de los tres ciclos de la vi-
da mstica:
el purificativo, el
iluminativo y
el
unitivo.
Purificacin mstica
Tomemos
de Las Moradas de
el libro
la
doctora de
Avila y penetramos con ella a la cuarta morada de su
simblico castillo interior. All vemos cmo el alma
da su primer paso en
mediante
la
el
camino de
lo
sobrenatural
contemplacin infusa, que
es
"una
in-
fluencia especial de Dios en el alma".
El concepto de
citos:
una
causa,
la
contemplacin infusa
que
es la influencia especial
y dos efectos, que son
amor
pasivo.
lleva impl-
el
de Dios,
conocimiento intuitivo y
el
Daro Achury Valenzu.la
28
Tres son
las
propiedades de
contemplacin
la
in-
fusa : ser gratuita, inefable y santificante. Su objeto o
materia son, de preferencia,
y los misterios de la
cuando asume
la
humanidad de Cristo
mxime
la
Breve
el carcter
Los grados de
ples,
je.
es su duracin,
de xtasis o arrobamiento.
contemplacin infusa son mlti-
pero pueden reducirse a
tres:
Contemplacin pin ga tiva,
contemplacin iluminativa y
contemplacin unitiva.
Cada uno de
esos grados es susceptible de dividirse
y subdividirse en muchos. El primer grado de contem-
placin infusa implica tres experiencias distintas:
oracin de recogimiento infuso,
la
oracin de quietud
la
infusa y el sueo de las potencias.
La
actitud y conducta del alma en los primeros gra-
dos de
oracin infusa debe tender a evitar
la
pensif sbita e integral lo
ejercicio activo
cerlo todo sino
la
sa.
el
la sus.
exceso del
de sus potencias. El alma no debe ha-
que debe permitir,
sin esfuerzo,
que
obra o intervencin divina sea cada vez ms inten-
En
el
grado culminante de
Dios, cuando ste
debe
six'a
la
mismo que
ella limitar
de
la
le
suspende
la
unin del alma con
al
alma sus potencias,
toda su actividad a
influencia divina.
Llaman
la
recepcin pa-
los
maestros de
mstica a esta operacin pasiva el haberse el
alma
pasivamente. Tal pasividad no elimina los actos que
la
divina infusin provoca, sino slo aquellos que son
afecto de las potencias del alma.
cia
de
la
quietistas.
En
esto se diferen-
pasi\idad preconizada por los iluminados y
Estudio Liminar
La duracin de
la
sil
vara segn
purificacin pasiva
las condiciones del sujeto:
de
29
mayor
menor perfeccin
vida activa espiritual, y segn los designios de la
cada uno
voluntad divina de elevar a
unin mstica que
ella
al
grado de
estime necesario.
Iluminacin mstica
Al igual que
la purificativa,
la
contemplacin
ilu-
minativa implica diversas maneras y suhgrados, caracsegundo perodo mstico, Santa Teresa
tersticos del
de Jess experiment, en su orden, los siguientes:
Unin plena, grado en el que no slo quedan sus.
pensas todas
el
las
potencias del alma, cual acontece en
perodo purgativo, sino tambin
la
Extasis, arrobamientos, visiones, etc.,
tejo frecuente de este
imaginacin.
forman
el
cor-
grado de contemplacin o unin
plena. Fuera del xtasis, que siempre y seguramente
es obra de Dios, los dems pueden tambin producirse
por intervencin del demonio. En
das'' (captulos III y iv), santa
saber distinguir
las
las
"Sextas Mora-
Teresa trae avisos para
"hablas" de Dios de aquellas que
puede hacer escuchar
en sueos.
el
demonio, ya en
la
oracin, ya
Subsiguiente a las ddivas y comunicaciones extraordinarias antes mencionadas, es el estado de unin
exttica o de desposorio espiritual, que es el grado de
unin mstica "en el cual Dios se comunica al alma
en una inteligencia y amor que implican la promesa
del matrimonio espiritual y que, enriquecindola con
virtudes, causan en el espritu satisfaccin, deleite
y
paz"
(t)
(I).
Miguel Herrera Garca, Op.
cit.,
p. 65.
Daro Aciujry Valenzuela
30
un
Este desposorio espiritual tiene lugar durante
xtasis,
ordinariamente de
He
muy
espiritual^
aqu cmo describe santa Teresa esta duracin
esos soberanos efectos indecibles: "Esto
un
paci, digo para estar en
ser;
dura poco
torja algo
mayor vida
gran
al
cuerpo
mucho
alma, y con todo, no dura
Mas
xtasis.
el
si y alienta, para tornarse a morir, y
en
voluntad tan
acaece,
aunque
embebida, y
es-
porque, quitndose
gran suspensin un poco, parece que
esta
la
duracin, al
breve
una inefable sensacin de paz
cual sigue
se quita,
dar
este
quedarse
entendimiento tan
el
enajenado, y durar asi da, y an das, que parece no
es
capaz para entender en cosa que no sea para des-
pertar la voluntad a amar, y ella se est harto despierta
para esto y dormida para arrostrar a
guna
asirse a nin-
criatura." (i).
Unin mstica
Conviene aclarar aqu algo de suma importancia,
con
el fin
de evitar equvocos lamentables. Esencial-
mente, toda
una de
la va
mstica es unin con
dos de intensidad de esta unin.
de este camino,
en Dios, por
va.
Cada
el
alma
lo cual se le
En
la
ltima etapa
transforma ntegramente
se
da
el
nombre de
va uniti-
El primer descanso de esta sublime jornada pudie-
ra llamarse
unin incipiente;
na, y el tercero, unin
(i) Sajita
eaf>.
Dios.
sus jornadas se define por los difererites gra-
II',
el
segundo, unin ple-
transformante.
esta
etapa
Teresa de Jess. OI)ras Completas. i\k)radas Sextas,
p. ^j.V, ed.
M.
Aij^uilar,
Madrid,
i<j^5.
Estudio Liminar
culminante denominanla
31
los msticos
Matrimonio
Es-
piritual.
La supremaca de
modo, o
side en el
este
grado sobre
sea la
los anteriores re-
comunicacin
ideas a la inteligencia; en el
directa de
nicacin al alma de los sublimes misterios de
nidad en
misma, y de
comu-
objeto, o sea la
la divi-
en relacin al homb)c
sta
orden natural; y finalmente, en los efectos, o sea
que al alma se le hace partcipe de las divinas propieen
el
dades por
ella
contempladas;
macin del alma en Dios, a
la
es la
paz y sosiego inefables. Cesan
las
autntica transfor-
cual sigue
un estado de
los arrobos, los xtasis,
locuciones divinas, todas las manifestaciones ex-
ternas del misticismo para dar paso a las obras heroicas y fructuosas.
La faena del prologuista se ha limitado hasta aJioun simple acarreo de materiales con el propsito
ra a
de que stos puedan servir de fujidamento a quien o
a quienes posteriormente intentaren un estudio ms a
fondo y de carcter
crtico-analtico de las obras de
sor Francisca Josefa de la Concepcin, sobre las cuales hasta ahora se han pronunciado juicios de notoria
vaguedad y que apenas son el desarrollo de frmulas
tradicionales, que tienen mucho de lugares comunes
y
en las cuales no apunta siquiera el destello de un
concepto analtico o de un juicio crtico profundo,
concienzudo, sagaz y original. As que por muy bien
servidos nos daremos
si
este acopio
de materiales en
bruto pudiera algn da servir de punto de partida a
quien ose aventurarse por
literaria
de
la
las
escolleras de
la
obra
venerable madre Josefa de Castillo.
Daro Achury Valenzuei.a
AFECTOS ESPIRITUALES
DE
SOR FRANCISCA JOSEFA DE LA CONCEPCION
AFECTO
1<?
EL ALMA ATRIBULADA BUSCA EL CONSUELO,
Y LO INVOCA
(i)
Olvdeme de comer mi pan de dolor
tud
se sec
como
teja,
(2), y
a las fauces se peg
mi
mi
vir-
len-
gua, y fui reducida a polvo de muerte. Sub al celo estribando en pes de barro, y dando en ellos tu
verdad, descend hasta el abismo de mi confusin y
"Los
(1)
i)
R.
ttulos
no son obra de
fray
P.
puesto a los Afectos
la
Francisco
(que integran
el
tomo
autora, sino de varios, especialmente del
Antonio
Merchn,
del
orden
serfico,
predicador general y definidor, actual visitador gneral, presi
dente de Captulo y comisario de la Tercera Orden de Penitencia."
tillo
(2)
(Nota del primer editor, seor Antonio Mara de Cas-
y Alarcn.)
Ps.,
101,
5.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
34
El Seor deduce al infierno (1) y saca de
cuando humilla al alma que se ensalza, para ensalzarla despus que se conozca, porque ^ e su humil
dad y su trabajo, y considera su trabajo y su dolor
para traerla en sus manos. Desamparado est el hombre, pero el Seor es ayudador del hurfano (2); por
eso es bueno para m que me humillaras (3), porque en esto me consuela tu palabra, que llama a los
sedientos, y dice: bebed de la doctrina de mi vida
miseria.
y ejemplo, qitia mitis siim et humilis corde (4). V
as, de vuestras entraas, secas y sin jugo de devo-
manarn
cin,
aquellas fuentes de devocin viva y
que cuanto ms profundare en el abismo de tu
miseria y tierra, ms saltarn hasta la vida eterna. En
la amargura amargusima tendr paz (5), y en la amar-
eficaz,
gura morar; har de ella un nido de descanso, y
en este nido propio mo, morir a m para vivir y
revivir con tu calor, que a ninguno se niega, que
mira lo humilde, y resucita del estircol al pobre; y
el desprecio que antes no quera tocar, porque a mi
alma era manjar sin gusto, desabrido y sin sal, ya
por la angustia que sent, padece cuando vanamente
se
quiere ensalzar. Porque la otra era angustia del
engaoso; pero esta angustia de mi alma,
sentido
que
la penetra y divide, tendr al desprecio y la humillacin, la pobreza y oprobios por dulce y sabroso
manjar.
Qu madre amorosa
mano
tierna, dej
llegar
su
por quitar el temor
al nio pequeo que lo necesita? Copiosa fue. Seor,
mi redencin, pues no slo con vuestra muerte gansteis mi vida, si tambin me redimisteis del temor
de mis enemigos; enviaste las saetas de vuestras pa-
(1)
118, 71
ilesa el rigor del cauterio
I.
Rcg.,
(j)
2.
f).
Matth.,
(2)
l>s..
11, 2().
10 juxla Hirl)., v. fi.
(5)
Isaia-, 38,
17.
(3)
Ps..
Afectos Espirituales
35
labras, y los disipaste (1); multiplicaste la luz de tus
ejemplos, y los conturbaste; y cuando por tus hijos
no dudaste subir
al
tormento de
la cruz,
tomando en
tu inocencia los oprobios y afrentas, quitaste el
te-
asombro que pudiera causar en mi alma el recibirlos. Con dejar escurecer tu hermosura y majestad, diste luz a mi alma; y cuando multiplicaste tu
luz, en tempestad de penas y asombro de la naturale-
mor
careciendo del refrigerio a tu sed, aparecieron las
fuentes de las aguas en la doctrina y ejemplo de tu
desamparo, humildad, y pobreza. Entonces se halla
za,
y descubre sus fundamentos,
Dios altsimo, qu3 caminas sobre las
los vientos, humillado al improperio de
la Cruz; esta es la inspiracin del espritu de tu ira
contra la elacin y soberbia. La voz del Seor sobre
muchas aguas (2) resonar, y se oir en virtud y en
magnificencia, y siendo para los humildes, que te
aman y temen, luz, camino y gua que les manifieste: quin como Dios en peder
y grandeza?; quin
como Dios, que ha de vivir eterno?, etc., ser para
tus enemigos terror, espanto y confusin; y a la voz
de tu trueno tendrn temor y espanto formidable.
Tu voz quebrantar los cedros (3) que ms se levantan, tanto con mayor furor, cuanto ms resistiere su
reprendida
la
euando te
plumas de
ve^
tierra,
soberbia; t los confundirs, y poniendo tu voz como nube que los sigue, irn de abismo en abismo,
porque tu ciencia infinita, a aquel se opone que no
ve su ignorancia. Oh Dios infinito, que slo en los
clarsimos ojos de tu ciencia no hay engao ni sombra que pueda oscurecer tu vista, enva tus saetas
que claven con tu temor mis apetitos de carne, para
que as tenga el principio de tu sabidura! IVIultiplica tus relmpagos, para que creciendo con tu temor
la luz, vea ella los fundamentos de la tierra estril
de mi malicia y miserable ser, y no pueda decir: Oh
(i)
Ps.,
17,
15.
(2)
Ps.,
28, 3.
(3)
Ibid., 5.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
36
de tierra que
porque aunque esto
mi naturaleza, estando mi alma delante de
padre amado, que
te (1)
no
la parte
tiene regado;
tierra sin agua,
me
sea
ti
dis-
por
como
me
ensear, y traer las
fuentes de las aguas, y en ellas hallar el espritu de
tu amor!
el
tu gracia
Llama mi alma al desierto del corazn, mustrale
campo (2) adonde conozca los huesos ridos en que
todo el ser de la carne, cuya carrera, aun
antes de acabarse, se corrompe. Dame que conozca
ser ms tuya, que ma, mi alma, porque t quitars
el espritu de ellos, y descaecern, y se reducirn a
polvo. Dame que mire como tuya mi alma, pues me
la has de quitar cuando quisieres. Dame que no la
se resuelve
haga servir en los convites de mi naturaleza y pecado, porque cuando la pidas, no la halles profanada,,
y la quiebres. Dame que la aborrezca, no permitindole la embriaguez y maldad, porque no me pierda,,
y la pierda con odio eterno. No gane, ni quiera para ella, lo grande y levantado del mundo, porque
al rebelarse los fundamentos de la tierra, no padezca
en tus saetas, y voz, su detrimento.
AFECTO
29
ASPIRACIONES FUNDADAS EN LA FE DEL SACRAMENTO.-PIDE ESTE PAN A LA VIRGEN SANTISIMA,
DIS-
CURRIENDO POR LAS OBRAS DE MISERICORDIA.
Se me represent a los
mundo como un diluvio
ojos de mi alma todo este
de penas y culpas; deseaba
entrar y que entrramos todos en esta arca de Nuestro Seor Sacramentado, fabricada siempre por el
amor del que es nuestro verdadero descanso. "Yo soy
(i)
Judie,
1.
15.
(2)
Ezech., 37,
1.
Afectos Espirituales
37
puerta, el que entrare por m, hallar un campo flo^
rido y abundante en que se apaciente." Oh, alma
ma!, si el Seor te rige, qu te faltar? Colocada
en este lugar de pastos dulces, suaves, sobresustanciales, pan de vida y de entendimiento, cogers aguas
con gozo de las fuentes del Salvador. Super aquam
educavit me, et aqua sapientice salutaris.
refeciionis
potavit
Ulum
(1).
Este
Qu puedes buscar en
no lo halles aqu? Esta
Gloria
s.
divitice
et
alma ma,
es,
nueva, que
tierra
la
el
el
cielo nuevo,,
ofrece tu divino amante.
te
cielo, ni
en
la
tierra,
que
casa edific la sabidura para
in
domo
ejiis
(2).
Qu puedes
mira
desear o querer? Entra sus atrios en confesin:
fundada sobre la firme piedra del desierto^
de donde vino este Cordero al monte de la hija de
esta casa
si fueras tan dichosa que meCordero a dondequiera que vaya! En caminos de justicia anda, en sus pastos sers
apacentada, si lo siguieres en sus caminos. No vino a
Sin.
Oh, alma ma,
recieras seguir a este
ser
servido,
sino
servir;
fue
obediente
hasta
la
muerte de cruz (3); no respondi en sus injurias, como Cordero sufri sus oprobios. ''Yo as como sordo
no oa, y como mudo no abra mis labios". No entr por sus odos, a su dulce y abrasado corazn, alteracin en sus injurias, as como que no las oyera.
Como hombre que no oa, no tuvo en su boca respuesta; todo se ofreci a s mismo como Cordera
llevado al sacrificio, su pursima piel en la columna;
todo en la cruz abrasado en amor y dolor; como fuego y llamas alumbr su caridad. Cordero enviado a
dominar pacfico (4); Cordero de Dios que quita los
pecados del mundo, en quien tiene el Padre toda ^u
complacencia. Vara es de su virtud, enviada a Sin;
vara florida, en quien descansa el espritu de ai
(l)
(4)
Ps.,
22,
Isaia?.
16,
2.
1.
(2)
PS.,
111, 3.
(3)
Ad
Philipp.,
2,
9.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
38
amor, espritu de ciencia y fortaleza, etc. Vara que
a los que reinan en la tierra, a los pueblos de vanidad y mentira, contrarios a Ti en sus consejos, es
vara de hierro que tanquam vas figuli conjringes
eos (i). Oh, cmo te cantan, Seor, todas tus obras
misericordia y juicio! Bculo en que sustentada el alma, slo puede subir; bculo amado, vara que la corriges y la enseas; tu vara y tu bculo oh mesa y
Cordero, oh piedra y panal! ipsa me consola ta
sunt
(2).
Oh
dulce, claro y suave laberinto de amor, prado
florido, casa de la sabidura, tesoro de las riquezas
Cmo
*de Dios!
acierta el
alma
a salir
cuando entra
en Ti? Oh, cmo yerra saliendo de la vida, slo hallar la muerte. Una sola cosa codicia el alma (3),
esta sola juzga necesaria, esta sola, oh dulce amor,
te pide: que habite en esta casa todos los das de mi
vida, no slo exteriormente. Cor meum et caro mea]Oh Dios escondido, si el alma te hallara! Todo lo
tjue no es Cristo reputar por estircol. Sin Dios,
^qu puedo desear ni qu puedo apetecer? Sin Dios,
qu puedo querer, fuera de Dios, qu he de hallar?
Algunas veces pienso que est mi vida tan pendiente de Nuestro Seor Sacramentado, que si El se acabara, se acabara ella. Esto no s cmo es, porque en
esto tiene vista el amor: siente sin conocer.
De
hijos
birla,
este
que
pan son sustentados con
satisfaccin
los
lo son
de la luz; mas, preparados a reciqu ser su dulzura y sustancia? Si las miga-
de l, repartidas a los prvulos, dan refeccin a las
entraas de los pobrecitos; si mi alma, hecha como
el animalito pequeo en las lluvias, huyendo de ellas
con sus pocas o ningimas fuerzas, con sus pecjueas
y casi ningunas obras (como con las manos de la lagartija) (4), asindose de las tuyas, unindolas con
ellas, procura introducirse a los atrios de tu palacio.
jas
(1)
30,
28.
I'S.,
2,
9.
(2)
PS.,
22, 4.
(3)
Ps,,
26^,
4.
(4)
PlOV.,
Afectos Espirituales
39
Rey de gloria! Codicindolo, desfallece, Seor, porque a la entrada halla tanta salud, y en Ti, Jess,
miel a
la
garganta, jbilos al corazn, suave cntico
a los odos, nctar celeste al paladar, fragancia
de
to-
dos los olores, gloria de todos los sentidos, dulzura
inefable. Descaece en tu salud mi alma? Qu ser
lo que sobre todo espera en tu palabra? Qu hallarn los que entran, o T, mi bien, los entras al retiro de tu amor, a la celda de tus vinos? (1). Qu hay
para m en el Cielo, y qu puedo querer fuera de Ti
en
Jess Sacramentado?
la tierra,
conmigo cuando en m
Mi amado para m
es,
Todas
las cosas lle-
te llevo.
y todo deseable: quin es
oh alma? Quin es este amado? Dios y
hombre, Cordero candidsimo, teido en su sangre,
abrasado en el fuego de amor; y todo se te da, alma
ma! Oh, qu locura es desear otra cosa, pues fuera de El slo hay males y muerte, y todo te das. Seor mo, centro de mi corazn! A quin te das?
Aprtate, Seor, de m, que soy mentira y pecado (2).
Todo te me das Cielo y tierra, pero qu no hay en
Ti?, no habr muerte, ni llanto, ni clamor; no habr dolor que primero lo pasaste por m, y dices ya
asentado en tu trono (3): Ecce nova jacio omnia,
porque tu amor hace maravillas, y nuevos cnticos te
canta la tierra del corazn humano, cuando conviertes sus espinas en flores, y ella tiene por bienaventuranza andar en tu temor santo los caminos de tu
cruz. Bienaventurados todos los que temen al Seor
y andan en sus caminos (4), comern de la labor de
sus manos y les ir bien, desposados con la caridad,
que como vid los adorna y sustenta en los lados de
su casa, dando ser y vida a las obras exteriores y intu amado,
teriores, respecto de Dios y de las criaturas, y estas
obras son como hijos renuevos de la oliva de la gracia y misericordia en el circuito de esta mesa suya (5). Visitasti terram, el inehriasti eam. Entonces coCant.,
2,
Ps., 127,
1.
(i)
<4)
4.
(2)
(5)
Ps., 64, 10.
Lucas, 5,
8.
(3)
Apocalyp., 21,
5.
Sor Francisca Josefa de la CoxcErciN
40
noc ser las obras como los renuevos de las olivas,
llenas de paz y hermosura, y deseaba esta unin de
caridad, porque sin ella est el alma como tierra sin
agua, estril, que slo lleva espinas de dolor. Alma
ma, as es bendito el que teme a Dios, dndole el
roco del cielo para que la tierra d su fruto. Dnte
bendicin y alabanza, himnos y loores en Sin, a Ti,,
que
hiciste el cielo y la tierra.
Hall consuelo y que se recoga mi pensamiento,,
y se alentaba el corazn en tiempo de trabajo. Pidindole a la Virgen Santsima este pan, le deca:
Madre de misericordia, mirad que desfallece mi alma de cansancio y hambre en el camino de esta vida;
dadme de aquel pan de vida de vuestras entraas,
que creci con vuestra leche. Por el fruto dulcsima
de vuestro vientre, dad, piadossima Seora ma, de
comer al hambriento, compadeceos de mi necesidad
y miseria. Mirad, Seora, que mi alma sedienta est
a vuestras puertas velando, y pidindoos de aquella
fuente de vida que estuvo en vuestras entraas, y os
subi hasta la vida eterna; dad, amorossima Madre,,
de beber al sediento. Mirad, Seora, mi desnudez,,
con las manchas de mis culpas he afeado las vestiduras de mi alma; dadme que me vista de Cristo, v
de su caridad, para cjue con ella se borre y quite la
multitud de mis pecados, etc. As discurra por las
obras de misericordia, pidiendo la usase conmigo.
AFECTO
EN ESTA VIDA
SE
39
HA DE PADECER
Acompaando
la consideracin a la fe, en todo haalma refugio, y sin ella no alumbra multiplicar palabras; por eso, alma ma, est a la puerta clamando, y si no puedes clamar, est a la puerta, que
lla
el
ya san Jess,
amor
divino, al
mundo
sordo y ciego.
al
Afectos Espirituales
41
paraltico y al endemoniado, al
que vio en un tiempo.
que nunca vido
al
Post tenebras spero lucem (1). Cuanto ms penosa
ms dulce y amable gozars el da;
ms larga parece la noche al que ms desea que se
pase. Sufre pues los tormentos, arrjate al padecer,
ten por lecho las penas, tierra y podre eres; culpas
cometiste por lo cual mereciste el infierno; aunque
el Seor te mate, espera en El; pero esta esperanza
sea reposada en tu seno, y reposa con ella.
Muchos bienes, y grandes, he perdido, por no sufrir y padecer; el padecer es limitado, y perdida la
ocasin que Dios me da, justamente me negar las
otras, y mayor gracia para llevarlas. En el cielo no
se podr padecer; ni en esta vida quieras, alma ma,
gozar; atiende, mira, no trueques las manos; advierte a la eterna penitencia que hacen casi infinitos por
un corto gozar; trocaron las manos, cayeron a la siniestra, y all estarn para siempre.
te fuere la noche,
AFECTO
4^
AFECTOS A JESUS SACRAMENTADO, DEDUCIDOS
DE VARIOS SALMOS DE DAVID
Oh
Seor mo Sacramentado, cuando el alma te
qu puede desear, sino es tenerte y no dejarte? No te busque en lo estrecho de la tierra, no en
las plazas del cielo, no en los espritus veladores de
la ciudad santa, pues slo es de Ti participada su
hermosura. Qu busca en el cielo el alma que tiene fe de que ests en el Sacramento? Pida todo lo
que quisiere, que en Ti lo recibir; busque todo lo
que quisiere, que en Ti lo hallar; llme, pues, eres
casa de la sabidura, puerta para entrar al Padre, 11ahalla,
(i)
Job.,
17,
12.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
42
ve que slo abres lo que otro ninguno (1). Cun
amables son tus moradas (2), Seor de las virtudesT
Mi alma las codicia, pero aun en sus atrios descaece;
T le dars la mano, y con tu voluntad la llevars,,
y la recibirs con gloria.
Conoc ser nuestro Seor la escala que teniendo su
principio en los resplandores del pecho de su Padre,
el espritu de su amor y comunicacin hizo bajar a
la tierra y humanarse. Baj cubriendo su gloria con
la naturaleza humana, no con las pasiones brutalesde ella, s como ngel del gran consejo, para que los
hombres dormidos en
la
bieran la salud, teniendo
subir como ngeles.
!Oh
pasos!
sombra de
hombre que
la
muerte
los
reci-
enseara a
casa de la sabidura, cun hermosos son tus
Oh humanidad santsima! Oh verdad eter-
na, camino, y vida, cun suave es tu voz a los odos
de tu Padre!, cun hermoso tu rostro, aunque entre
sombras! Arca de refugio en quien estn todas las
cosas con un modo dulce, nuevo, y escondido; casa
de tu Padre en quien hay muchas mansiones (3); no
desprecias al pobrecito, no confundes ni te confundes con el ignorante. En Ti hallan guarida las aves
del cielo, los animales de la tierra; no das una mes-
ma morada
a las guilas reales, y a las avecicas pe-
queas, ni deja de hallar en Ti la trtola su nido,
el pjaro su casa. El Icn fuerte y el cordero simple,
hallan en Ti morada igual, aunque distinta. El
ciervo ligero, el jumento paciente, hallan en Ti lugar sin confundirse. La paloma serena, el erizo afligido; al uno eres reposo, al otro eres refugio; a
ste le das descanso en el refugio, al otro das
defensa en el descanso. Padre nuestro, en Ti todos
se alegran. Lcctabuntiir in cubilibus suis (4). Pero,
oh Dios, cuantos fueron los perdidos, no entraron
en Ti, no te buscaron, por esto hallaron tribulacin
(i)
Apoc.
3.
7.
{'>)
I>s.,
83.
(3)
Juan,
1.1.
2.
(4)
Ps.,
Afectos
Esr;:\r!UALF.s
43:.
y dolor; no buscaron la vida, y los hall la muerte,
tribulacin y angustia! Tengan pues, los que te
hallaron, exaltationes Dei in gutture eorum, como
sustento para ellos cerca de la boca para llamar a
los otros, no en la boca sola y sin tiempo, ni slo en
el corazn con avaricia o pereza; en la garganta, como quien dice lo que come y come lo que dice. Inclina mi corazn a tus testimonios, no a la avaricia
slo de saber, ni de mostrar que s. En esto he tenido muchos conocimientos, que no apunto, por parecerme no son para m; en especial en lo que dije
de aquellos rboles dorados, me pareca ser los sermones, cuando no se atrae el espritu, abrindose para eso slo los labios, se sube con trabajo, y su fir^
la
es el aire.
Alma, en el mar de este mundo, en el diluvio de
vida humana, slo hallars seguridad en esta arca,
slo podrs pasar en esta nave que trajo el pan d-1
cielo. Si vas con tu Dios, no temas; si llevas a tu
amor, no te entristezcas. El dominar el mar. Si durmiere, dle voces (1), que sosiegue la tempestad. Su
corazn vela cuando El duerme (2). Tu Jess, csguarda de Israel. Si caminares en medio de la tribulacin. El te vivificar. Sobre la ira de tus enemigos
extender su mano, su diestra te har salva. No temas la horrible fiereza del dragn de este mar, que
El lo form ad illudendum ei. Oh, mi Jess queri-
la
do,
pnme junto
Ti,
mano
la
de-
cualquiera
pelee contra m!
AFECTO
5^
EXTRAORDINARIOS TRANSPORTES AMOROSOS
Estando
ver a
(i)
afligida,
porque
mi confesor cuando
Lucac., 8, 24.
(2)
me
falt el consuelo
lo esperaba,
Cant., 5, 2.
de
entend esto.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
44
Alma:
tibi
ciir fies? et
afligido
est
tu
quare non comeds? (i); por qu
corazn? Niinquid non ego melior
sum qua?n decem
filii?
Oh
gloria ma, Padre
mo y Seor mo, amor, descanso, centro y
mi alma, hermoso Nazareno, lumbre de mis
vida de
ojos (no
qu iba diciendo), mira, gloria ma, ya no quiero
qu hay para m en l? T eres mi alma y
mi vida. No quiero corazn ya, no quiero ojos, cirralos, Rey eterno, que fura de Ti cuanto miro es
sanidad; mejor eres que todos los hijos de los hombres, escogido entre millares; hermosa tu presencia,
s
cielo,
(2); tu habla infunde gracia, tu
mirar vida, y todo te me das. Qu te dar. Seor
mo? Por ventura, podr criar un cielo empreo para
Ti? Me pondr en una cruz por darte vida? Podr
-acrecentar tu liermosura o hacer a mi alma hermosa a tus ojos? No, Seor, ni un cabello de mi cabeza podr hacer crecer, ni llamarte Jess, ni respirar.
.Pues, qu har? Ests mi Dios enfermo, para que
te cure? Tienes hambre o sed, ests desnudo, te falta alguna cosa, de qu careces? Ests triste, para qu
me quieres, para qu me buscas? Oh prodigio de
amori Qu te faltar si me pierdo? Qu te importar si no te gano? Qu viste en el alma, querido
Seor mo: no es villana y traidora, no es engaosa
gracioso sobre todos
vil,
no quiso
Por qu la buscas, paOh prodigio de amor! Asmbrese
ella perderse?
ra qu la llamas?
estremzcase la tierra, y todas las criaturas
al alma. "Concete, que gran tesoro tie-
el
cielo,
le
den voces
nes en vaso de barro; capaz eres de que Dios
no"
(1)
(3);
I.
te
ame
hermosura que codicie el Rey eterpero, oh, con cuntos riesgos en ti misma!
para poner en
Reg.,
1,
ti
8.
(2)
Ps..
11.
3.
(3)
Ps.,
44.
.2.
45
Afectos Esi'irituales
AFECTO
69
nAGEX ALEGORICA DE LA MORTIFICACION,
V AFECTOS AL SACRAMENTO
Esto conoc con la semejanza de una persona que
con hbito de religin caminaba por el mar sobre
una cruz hecha de dos espadas. Entonces pens ira
slo en la obediencia segura; y ahora conozco significarse en las espadas las dos pasiones y principio
de todas, que creo llaman irascible o concupiscible,
hechas cruz para la mortificacin, navega el alma en
la cruz, que abrazndolas fueran muerte y perdicin.
Oh Jess mo! Quin podr librar en tantos riesgos? T solo, que reposas en la cruz como en navecica pequea; no hay riesgo donde T ests, gloria
del cielo; pequea es la fe del que duda podrs librar de la tempestad, dar bonanza y llevar al puerto.
Si el alma camina en fe, la hars semejante a Ti,
la que hars que te imite; sobre la fiime piedra edificaste tu casa, la Iglesia; sobre la firme fe que te
confiesa Cristo, Hijo de Dios vivo. Dios y hombre.
Esta es la casa en que el alma se resiste, fuerte en la
fe, a sus enemigos (1); esta es la torre con muchos
escudos y segura defensa
Qu me pueden
(2).
todas las criaturas? Qu
revelacin hay para el alma, tan tierna y regalada,
como creer, mi Dios, que T ests en el Sacramento? Qu cosa ms cierta y dulce que creer que entras en mi pecho, que te haces una cosa con el que
te recibe? En sabiendo esto, callen todos mis deseos,
y slo desee disponerme para recibirte. Si el alma
desde lo alto del mundo viere todas las riquezas, segura las despreciar cuando diga: a mi Dios y Seor
adorar, a El solo servir (3); a mi Dios que se da
en sustento para que viva el hombre con la palabra
que procede de Dios.
M)
I.
Petri.
9.
decir
(2)
Ps., 60, 4.
(3)
MiUL,
4,
10.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
46
Sin ninguna consideracin, slo con ver a Nuestro
Seor Sacramentado, se halla el alma tan llena de
gozo, de satisfaccin y consuelo, como los polluelos
debajo de las alas de su madre; o ms propio, como
los gusanos, a cjuienes despus del agua y ro, baa
piadoso el Sol.
Todo mi consuelo es haber ofrecido una vida sola
que tengo, alma, y cuerpo, por esclava de Nuestro
Seor Sacramentado; ste fue mi intento el da cjue
profes. Mi consuelo en la clausura es decirle: no las
cadenas de fierro. Seor mo, s las de Cristo. En la
obediencia pienso que es su voz la que oigo, y con
esto se alienta mi tibieza y flojedad. Algunas \eces
esta consideracin trae estos afectos: deseo de obe~
decer,
no slo
a los superiores e iguales, sino a los
inferiores; y si pudiera, hasta a las criaturas irracionales, no slo en lo que mandan, sino en lo que se
juzga que quieren; y esto da deseo de hacerlo lo mejor que se pueda, y se hace con gusto, con facilidad
y suavidad.
Me parece, segn lo que debo a mi Seor y el conocimiento que da, si fuera un serafn con la hermosura y pureza de todos juntos, y hubiera de estar
hasta el fin del mundo clavada en una cruz por su
amor, y por darle gusto, no hara nada. Mire qu
har quien en el todo es tan despreciable, y ve que
no hace nada, ni puede, ni tiene, ni es? Apenas he
experimentado deseo, consuelo, conocimiento o luz,
que no proceda de Nuestro Seor Sacramentado, o
refirindose a Su Majestad o teniendo all su principio, o rezando en su presencia el oficio divino, o comulgando, o vindolo descubierto.
AFECTO
ELOGIOS DE LA
FE,
79
ESPERANZA V CARIDAD
Representbase a los ojos de mi alma la fe como
un campo de incomprehensible grandeza y hermosura,
de cuyas
flores,
frutos, pastos,
aguas pursimas, aires
Afectos Espirituales
47
suaves que dan vida, me pareca ser participados los
sentimientos, luz, y afectos que digo. Conoca estar
Nuestro Seor all como pastor apacentando a las
almas, ya en el valle de la humildad, ya en lo alto de
la contemplacin, ya a la sombra del que deseaban,
ya al sol del medio da, ya llamndolas con su dulce silbo, ya ocultndose a su vista, ya mostrndose
afable y amoroso. Despus de las tinieblas esperan la
mas en la luz no dejan de aguardar la sombra,
porque slo en el cielo ser perpetua la luz. Conoc estar tan cercado este campo, que el demonio lo
que poda era dar vueltas buscando a quien tra-
luz;
gar (]), acechando, llamando, y levantando polvaredas para hacer presa en la ovejita que dejando a su
dueo saliere de su casa. Conoc que cada alma es
juntamente oveja y pastor de sus afectos; que dejando de velar sobre ellos, saldran de Dios, y llevaran al alma a la boca del len. Acordme de lo que
dijo Nuestro Seor: si me amas, apacienta mis ovejas.
dan
Es verdad que conoc ser grande el trabajo que
al alma, cuando se alborotan, las pasiones; mas
como
cuidado de otra guarda superior, fiada
velando, se resiste fuerte en la fe, que al mayor aprieto su majestad acude, y est con ella en la
de
est a
El, y
tribulacin; que ha estado como escondido, gustando de ver trabajar por su amor y fe, al alma, su querida. Cunta lstima es ver. Seor Jess, que alguno va ya a vencer, y faltando poco para la victoria,
se deje ser vencido,
se
entregue.
Mayor
trabajo
que le parece que excusa; por ventura.
Seor, faltaba poco para que T acudieras a su so-
halla,
que
el
corro, y le dieras el descanso en tu pecho,
ovejuela tuya, herida y fatigada.
Qu hacen mis ojos, Seor, cuando no
Grandes son
las lstimas
como
lloran?
que no vemos. Ay de m,
miserable! Justo eres en tus disposiciones, y miseri(i)
I.
Petri,
5,
8.
Sor Francisca Josefa de
48
Concepcin
i.a
cordioso en tus justicias; todava si te oyere, aunel lobo la trague, la sacars de su boca. Oh apacible Jess, hijo de David, Nazareno fuerte en tus
pensamientos, Sansn en las peleas! Conoc que como los pastores con particular cuidado y amor cuidan, miran y guardan al corderito sin madre; as al
desamparado y pobrecito, que no busca ni tiene amparos de la tierra. Escog ser despreciado en la casa
de mi Dios, porque a cpiin miran sus ojos, sino al
que
pobrecito y hurfano? Ahora (sin dilatarlo para lueme levantar (i), (dice el Seor). Oh, si el alma
go),
entendiera esta palabra: dice
Seor. Sin levantar-
el
Seor, lo dijiste, y fueron hechos los cielos, y fueron criadas todas las cosas; y ahora te levantas por las
te.
miserias del pobre, tnto te
^Tan de
mueven
sus
cera es tu corazn a sus voces?
gemidos?
Tan suave
y blando a sus quejas, que puede ser herido, y queda traspasado con un cabello? Con ms amor que
su madre lo regalas, que tienen que ver carios de
Dios!
y tienen ms fuerte, ms tier,
y regalado amor a Nuestro Seor, como cjuien no
tuvo otra madre; comi el pan de su boca, recibi
Estas almas cobran
no
de su pecho; envidien
el calor
cha; no
-eso
son
los serafines esta
di-
ellos all te tienen, y por
y viven; envidenla los poderosos del mundo,
s
qu
digo,
que
que escogen por parte
yos espritus, como las
(2) el
olas
cliz
del
de Babilon'a, cumar, son lazo y
tormento. Envidenla las almas que todava peregrinan en la vida mortal, con santa emulacin, deseando y pretendiendo cada una ser la ms despreciada,
para ser la ms favorecida. Olvide y aborrezca la
naturaleza su madre, la casa de su padre, con el pueblo de sus pasiones y quereres, etc., para que pueda
decir:
(i)
uno
Ps.,
6.
solo es
(2)
mi Padre que
Apoc,
17.
4.
csi
en
el cielo,
sea
4^
Afectos Espirituales
hecha extraa a sus hermanos (1), peregrina a los
hijos de su madre, para tenerte por compaero y
hermano, hijo de Dios vivo; hgala el amor que se
<iespose con tu imitacin, hijo de la Virgen, sin padre en lo terreno, en cuanto hombre, sin madre en
cuanto Dios. Envidie yo, miserable, la dicha del alma cjue as te busca, cuando, conociendo tu camino,
me voy por el de la culpa y miseria, escogiendo por
mi parte la t'erra, como hija de ella, viviendo contenta en el lodo como animal inmundo.
Conozco que si todo el mundo estuviera sembrado
de espinas, y en noche oscura hubiera el alma de rodearlo todo, por llegar a tus pies, fuera corto trabajo, comparado con el premio. Miserable de m,
que me parece que escribo mi juicio en esto, pues
lo conozco, y vivo en mis pasiones. Cuando vengas
a juzgar no me condenes, no hagas conmigo juicio,
si usa en l de misericordia; no desampares a mi alma, porque como triste Babilonia no quiso sanar (2); quema, abrasa, castiga en esta vida, mi Dio^>;
cuando me arrojares a un muladar, y se acabare para m todo, dme que conozca que es tu dedo el que
me toca, y te bendiga por que lo haces con misericordia.
En Nuestro Seor Sacramentado
registro
veo
que no tengo ninguna virtud, ni el ejercicio de ellas.
De la fe, que o no la tengo, o soy ms insensible que
las piedras, y peor que los demonios, que ellos tiemincomprensible majestad de Dios;
obedecen, y todas las
criaturas reconocen a su Criador (3). Yo me acuerdo que con alguna luz que dio Nuestro Seor de su
presencia en el Sacramento, faltaron los sentidos, cayendo desmayada la persona que la recibi. Pues,
<:cmo yo no lloro mi poca fe? Verdaderamente, alma
ma, ;no es este el hijo de David cuanto apacible y
amable, terrible y poderoso en las batallas? No es
blan delante de
y
ellos,
(i)
aimque
Ps.,
68, 9.
la
forzados, lo
(2)
Jeiem., 51,
9.
(3)
Jacob.,
2,
19.
1.-3
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
50
ste el hijo
llia?
de David, de quo canehant in choro
Sal percussit
cen tes:
(1).
No
es
mille,
et
David
decem
di-
mi-
de quien los salmos cuentan tantas
maravillas? Oh, Seor, haga yo en tu presencia
mealumbra mis ojos para que
no duerman en la oscuridad y sombra de muerte;
tiemble en la presencia que hace temblar las columnas del cielo. Si tuviera e, tuviera firme en Ti mi esperanza, conociendo en mi visita mi salud, y las cosas
que son para m paz. O si yo te preguntara y entendiera: Qiiis es tu qui venisti ad me curare vulnera
mea? Oh, cmo en nada dudara, oh, como te bendijera y diera gracias. Padre de mi seor Jesucristo, que
no ya por tu Apstol, s por tu mesmo hijo, igual a
moria de
tus maravillas;
Ti, Dios mo, te dignaras curar mis enfermedades!
Tu
Oh
hecha
est tu salud y tu remedio. Aprende de la hormiga:
antes que vengan las lluvias, busca el grano con que
te sustentes; por qu agravas tu corazn? Busca a
alma ma, ten
fe y sanars!
je te hizo salva,
tu Dios, dilata tus labios pidindole misericordias,
pues ya tiene prometido que los llenar. Oh, si lo
oyeras: (2) non erit in te deus recens, eque adorahis
deum alienum! Mira que los dolos en quien confas
son sin odos para orte, sin manos para favorecerte,
sin pies para levantarse en tu favor, sin voz para lla-
cuando confas en ellos, sin ojos,
manos, tenindolas como estatua cuando vuelves a ver lo que debieras dejar.
Oh Dios, que te levantas del solio de tu gloria pa-
marte; y
as eres t
sin odos, sin pies, sin
ra bajar a la tierra, por las miserias del necesitado,
y los gemidos del pobre, te traes tu gloria contigo
Oh alma ma!, si preguntaras a los ngeles (3), quis
est
hic et laudabimus
su compaa, fecit
(i)
I.
Rcg.
iS,
7.
eum? Oh, cmo
enim
(2)
lo alabaras
niirabilia in vita sua!
IN.. So,
M).
(3)
Kccil..
[).
cu
Afectos Espirituales
Hagamos memoria en
51
su presencia de las maravi-
que hizo en su vida, como sol alumbrando con
su luz, dando vida a todas las cosas, guiando nuestros pasos por el camino de la paz a lo sumo del cielo, llevando con la virtud de su amor todas las cosas tras s, mostrando caminos de pureza y de vida
llas
a los que,
como
Oh
brutos, seguan los contrarios.
Dios!, quien te ve en el pesebre entre brutos, en la
ladrones, ya negado, ya escupido, injuazotado como esclavo, reputado por ignomi-
cruz entre
riado,
nia y desprecio: tamquam vas perditum
dir? Fecit enjn rnirabilia in vita sua (2).
qu
(1),
Aqu tam-
bin haces memoria aun ms maravillosa, mil veces
eres misericordioso,
queriendo volver
al
mundo
a su-
ms crueles cuanto caen
sobre mayores beneficios. Oh, si me dieras un corazn de fuego, que, aunque fuera ardiendo en doloestos
frir
agravios,
res, te sirviera
tanto
de custodia, pero, o
si
lo arrojaras al
con
ahora como cordero tus agravios, recibiendo en tu casa, y permitiendo que te reciban
los que hacen maldad. Oh, cmo el da de tu ira
dars voces para vomitarlos, como mujer que est
de parto! (3). Menos mal ser, y a dicha tendr que
me escondas en el infierno (4) de penas, aunque sean
de infierno, porque tendrs tiempo en que pase el
furor de tu ira, te acuerdes de m, me llames; y esta
voz vivificadora har que yo te responda y te llame:
Maestro de mi vida, consuelo de mi llanto.
infierno, pues l fragu tus ofensas, y te recibi
injurias. Callas
modo
registro en este espejo de pureza, las
no tengo, especialmente me falta amor,
amara y creyera, etc., ninguna dej lo que
este
virtudes que
que
si
ama por
donde
(i)
(4)
buscar otra cosa;
all
son todas sus delicias
est el tesoro de su corazn.
Ps.
30,
Job., 24,
13.
13.
(2)
Eccli.,
31, 9.
(3)
Isai.
42,
14.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
52
AFECTO
89
NECESIDAD DE TRABAJAR EN TIEMPO, PARA GOZAR
EN LA ETERNIDAD. MUERTE AMOROSA
Y RESURRECCIOxN ESPIRITUAL.
Para siempre caern en la tierra tenebrosa, donde
habita sempiterno horror, los que no cayeron en tierra a ser muertos como granos, cuyos frutos de penitencia fueran fructuosos; harn eterna penitencia y
sin fruto, y permanecern solos,
favor, arrojados de tu presencia
desamparados de tu
el llagado que
duerme en el sepulcro, de quien no hay memoria.
Tu disciplina me corrija en esta vida para que no
caiga sobre m el golpe de tu ira; corrjame, ensendome el fin amargo de la culpa breve y de la
mala vida, para quien ser amarga la muerte. La
muerte, como la de tus santos, ser preciosa en tu
presencia (1), en cuya eterna memoria sern los justos, y los servicios que te hicieron, llevando contigo
la carga ligera y yugo suave de tu amor y ley, caminando en tu seguimiento los caminos que les pusiste. A donde mandaste a tus
ngeles (2) que los
guardarn en todo, que los llevarn en palmas, y
T les fuiste descanso en el trabajo, consuelo en el
llanto, compaero en las penas, refrigerio en el esto, recreacin en las tristezas, maestro y luz de sus
caminos, allanando los que eran speros, T los lle-
como
vaste, y envindoles tu luz (3) y tu verdad, los trajiste a tu santo monte y a tu tabernculo, donde, descaeciendo el da de esta vida, te quedars con ellos,
pan de
la cena a que los conviperegrino con disfraces, les
hablaba en el camino de esta vida (4).
Una consideracin se me acuerda: proponaseme
los das pasados una casa, cuya hechura o planta no
serva por ser mucha su grandeza. A la puerta es-
y partindoles el
das, conocern al
(i)
(1)
Ps.,
Luc,
115,
24,
15.
35.
que,
(2)
Ps.,
90,
11.
(3)
~Ps.,
42,
3.
Afectos Espirituales
53
una persona llamando a los que pasaban, y
un poco de pan dorado. En llegando los pasajeros, les mostraba un campo o huerta que estaba
taba
tena
a un lado de aquella plaza o atrio, y les deca l:
*'Amigos, quin quiere trabajar? Veis all el campo,
que lugo entraris en esta casa, adonde hallaris
tanto descanso y premio, que por mucho que yo os
diga ahora, y vosotros podis pensar, no ser ni
sombra de lo que habis de hallar; pero el que quisiere comer primero, ha de ir despus a trabajar."
Apenas haba dicho esto, cuando de tropel, todos con
desatinada prisa se arrojaron al dorado pan que all
tenan presente, y por tomarlo cada uno ms aprisa,
unos a otros se heran y maltrataban; unos alcanzaban una parte poca, y sa se volva cenizas, o mostraba que lo era, y slo tena aquello dorado por encima; otros quedaban heridos y llorando, el que
llegaba a comer algo de l (i), * quedaba con una
hambre insaciable, y trabajaba por quitar a los otros
el que del suelo haban recogido, que ya era tierra
y ceniza todo. Todos lloraban y geman con amargura y confusin, los unos, porque se lo quitaban,
habiendo ellos trabajado en buscarlo; los otros, porque empezaban ya a gustar su amargor; unos, por
que no lo hallaban; otros, porque no se hartaban, todos geman con dolor. Cuando ellos pasaban en esto,
venan ya los pocos que haban ido a trabajar, alegres corran a la corona de la justicia que les esperaba; * cuando a los otros se lleg el tiempo de empezar su trabajo, no s qu hicieron * (2). Pensaban
unos ir, despus de comer, a trabajar; pero les acord con amarga memoria la muerte, que ya se cerr
el plazo, y se acab el tiempo. Inclina, Seor, mi corazn a tus verdades, vivifcame en tus caminos, corrigindome tu disciplina, y ensendome el fin,
para que corra con dilatados pasos, y no enfermen
las plantas de mis pies, echando races en la tierra
mis deseos, con desordenada avaricia de lo que na
(1)
1^
ed.
(2)
Los pasajes que aqu van entre **, faltan en
(Bogot,
1843)
Ja
Sor Francisca Joslfa de la Concepcin
54
T, porque no se conozca por sus frutos, que
fueron plantados en la tierra estril, no cerca de las
corrientes de las aguas (1), sino como impos, as como el polvo que es esparcido del viento sobre la
tierra, como higuera loca quedarn sin fruto, y contra sus hojas, que rapar el viento, mostrars tu potencia, y perseguirs la paja seca para que, como
maldita de Ti, no halle en la tierra lugar: el aire la
esparza, el agua se le niegue, en tu ira la conturbes, y el fuego la trague; todas las cosas peleen contra su insensibilidad, y T borres su nombre en eterno, y en los siglos de los siglos. Ea, pues, alma ma!,
preprate a los azotes, y slo te juzga digna de ellos;
mira que tu vestidura manchada no est para las
bodas, no es digna del convite; llora, gime como
trtola, porque tenas nido y lo dejaste; hiere tu corazn con dolor como el pelcano de la solodad (2); huye a llorar sola lo que perdiste riyendo;
est siempre tu dolor en tu presencia, pues, como el
pjaro, volviste a los lazos, y tu culpa est siempre
contra ti! y fuera de tu refugio, a dnde iras? De
las criaturas en cualesquiera parte te puedes esconder, pero de Dios a dnde? Subirs al cielo, bajars al abismo (3), entrars en ti misma, saldrs fue
ra de ti; pero en ti lo hallars. El seguir, te llevar, y te esperar, te tendr entre sus manos, entender tus caminos, escudriar tus pensamientos, sus
ojos vern las ms nn'nimas culpas, y como en libro
impreso todo estar en su memoria. Sufre, pues, y
espera los golpes con que te lava, y, aunque tem
blando de temor, andes vagueando por toda la tierra, temiendo en cada criatura la pena de tu pecado, no digas que no puede lavarte, ni busques otro
eres
lugar donde esconderte, sino gime
como la trtola;
y tu dolor, siempre en tu presencia, suspire por los
agujeros de la piedra, refugio de los erizos. Levanta tus ojos al que habita en el cielo, con la atencin
y
humildad que
seora
(i)
(4)
(4),
Ps.,
Ps.,
1,
con
3.
122, 2.
la
la
esclava mira a las
manos de su
el eschno
confusin y temor que
(2)
Rs.,
100.
7.
(3)
ls.,
138,
8.
Afectos Espirituales
espera ser desatado de
las
prisiones en
55
que estaba
preso, esperando el castigo; con el deseo y esperanza que el perrillo est a la mesa de su seor, espe-
rando de su mano el mantenimiento que le da en
tiempo oportuno, porque, abriendo su mano, lo llena de bendiciones; con el amor, ternura y esperanza
que el hijo, que saliendo de la casa de su padre, gast su hacienda, empobreci y vuelve a ella desnudo,
pobre, hambriento y flaco; y llegando en la oscuridad de la noche lluviosa y triste, acompaa con lgrimas la lluvia, y con lastimosa voz los golpes que
da llamando; no pide, no, entrar, no ser vuelto al
cario y amor de su padre, no mandar los criados, ni
poseer la hacienda: un pedazo de pan pide como pobre. Llama una vez y no le responden, hiere su corazn con dolor, calla y vuelve a llamar, y en tan-
mi padre, esta era mi casa, reviencorazn por los ojos (aun al escribirlo); vuelve
a llamar: Padre mo, dice en el silencio, de Ti es
desamparado el pobre, siendo T ayudador del hurfano? (1). Oh, alma ma, ya oyes las cuerdas del
salterio y de la ctara que suena arriba en casa de
tu padre! Canten tus lgrimas desde la puerta, al son
del salterio: Padre, por qu me desamparaste? , ayudador del hurfano. Mira mi humildad y mi trabajo,
y perdona la universidad de mis delitos. Mi alma te desea en la noche; pero, oh dulcsimo Jess,
hijo primognito de mi Padre, hermano mo querido!, salterio que te levantas en la maana de mi redencin, haz que haga consonancia la voz triste con
que canto mi locura, a la mijsica que das a tu Padre, y a mi Padre, cuando como cuerda que se aprieta con las clavijas de los clavos, suena agradable
y
dulce. Decid vos slo. Seor, que vuestro Padre os
atiende: Padre mo, por qu me desamparaste? ; porque yo no me atrevo a llamar Padre al vustro, ni
ignoro la causa de mi desamparo, antes dudo cul
ser mayor, siendo todas tales; porque injustas coto piensa: este es
ta el
(i)
Ps.,
lO,
14.
56
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
de que son testigos el cielo y la tierra. Delante de uno y otro dis la satisfaccin, y queris que digamos: mi Padre y vuestro
sas obl, iniquidades hice,
Padre, mi Dios y vuestro Dios. Oh salterio y maestro mo, proseguir yo sola, lejos est mi salud de la
palabra de mis delitos! Vos tambin lo cantis, salterio mo, porque no se oir mi voz, si no la acompais con la vustra. No alcanzar yo la bendicin
de vuestro Padre, si no tomis vos por m la imagen
del pecador. Oh hermano Jess mo! qu dir,
cuando vos hablis mi amado? Tan dulce es a mi
garganta vuestra voz, que ya no quiero, hacecico de
mirra, ms cielo que teneros conmigo. Suban los
amigos de vuestro padre, beban y embriguense sus
queridos, que a s me basta el teneros conmigo; vayan al collado del incienso que yo quiero coger de
esta mirra escogida, y haciendo un hacecico, meterlo
en mi corazn, abrigarlo en mi pecho (1).
Qu importa mi desnudez, si trocis ropas conmigo? Qu importa el fro de la noche, si esta mirra
es fuego que me abrasa el corazn, y me da calor de
vida, y me preserva de muerte? Qu importan las
tinieblas de la noche, cuando vos sois gloria ma, mi
luz en mis tinieblas? Esta noche es mi iluminacin.
En mis delicias, cuando estoy con descanso a la sombra del que deseaba, gustando sus palabras como
frutas suaves a mi paladar, no me aflige ya el ham
bre, no el cansancio. El aliento falta para proseguu",
porque en ti, salud ma, descaece mi alma; y sobre
todo otro gusto o deseo espero en tus palabras; descaecen mis ojos en tus palabras, porque no miraran
las aves nocturnas al sol, y descaecen cuando quieren otro consuelo o luz que estar a la sombra del
rbol de vida de tu cruz. No s, mi amor, qu te diga: si tu Padre ahora me llamara, qu me hiciera?
Porque ahora ])icnso que no hay otro cielo para m,
que no deseo ms gloria, que no hay ms (jue querer. Oh salterio y citara ma, dichosa el ahiia que a
(i)
Cant.,
1,
12
Afectos Espiriiualfs
57
tu msica se duerme! Qu hace mi corazn, Seor
mo, que no se deshace? Qu vida tengo cuando no
la pierdo? Para qu quiero mi vida cuando hall
que amaba? (i); pues, si perdindola lo tengo, no
por mi alma, no lo soltar por mi vida, no
lo trocar por mi corazn. Desampreme ste, si en
su lugar he de tener a mi querido; ya no quiero coal
lo dejar
razn:
si
viviere sin amarte, perder la vida;
si
mu-
amor, hallar al que ama mi alma. Este
sentimiento (o no s yo qu) tuve habiendo comulgado, y lugo el mismo me hizo escribir esta letra,
como ahora dir:
riere por su
Fnix,
alma
el
abrasa
se
Sacramento
del
ardor,
al
para que muriendo
as,
reviva a tan dulce sol.
Cante
la gloria
si
muere,
pues en tan dulce dolor
descansa en paz, en quien es
centro ya del corazn.
Publique
su
silencio
el
muerte
al
mundo
de su voz,
para que viva en olvido
la
memoria que muri.
Cerr
los ojos el
alma
a los rayos de este sol,
y ya vive a mejor luz
despus que desfalleci.
Hacen clamor
sentidos
los
sentidos,
de su dolor,
porque ellos pierden la vida
que ella muriendo gan.
(i)
Can.,
3,
4.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
58
En este sentimiento conozco lo que dice: todo el
hombre, o todo hombre es ignorancia; y la mucha
que en l tiene el alma, pues ya olvida que es camino en el que est, y ya quisiera decir: "Seor, bueno es que nos estemos aqu" (i), y no advierte que
ha de aprender la msica que le ensea el amor divino, sino que se queda oyendo, al modo que los
que aprenden se embelesan en or tocar, y pierden
la atencin a aprender, no miran adonde pone las
manos el maestro, porque no quieren el trabajo de
aprender, sino el gusto que de or. Dice, no quiere
el cielo cuando est gustando; y lloraba, y llamaba
cuando estaba padeciendo; pierde las consonancias
de
la
msica, y disuena del salterio; pues a
que
oye
desamparado, clavado, atormentado,
herido, padeciendo; y ella responde con buscar su
descanso propio; pero tu disciplina, que consol el
alma de su desamparo, ahora la ensea y corrige en
el fin que debe tener en su consuelo. Oh amor didecir,
vino, a
no
est
a Ti sin m, vivir sin Ti
conmigo no puedo. Hye, pues.
mo; hye a los montes, pero llvame, hye
dnde
te hallar
quisiera, tenerte
Amado
de m, pero llvate el alma, arrastra el corazn, llvate mis afectos. Viva el alma donde ama, slo quede en m padeciendo, viva slo en Ti amando!
Los mismos afectos que hicieron dormir al alma,
son ya temores que la despiertan, porque los ligeros
pasos del amor divino, y el poco aliento de ella para
seguirlo, la hacen descaecer; porque, al paso que lo
ve correr ligero, ella se halla pesada para seguirlo.
Va descaeciendo el da que la iluminaba en sus tinieblas, y van cayendo sobre el alma sombras, con
que conoce y halla luz de su ignorancia y miseria;
tiembla al ver que se aleja el sol que la alumbraba,
y con profundos gemidos del corazn repite: "que
ser de m, si me desamparas?" Descaecieron mis ojos
(i)
Math..
17,
4.
Afectos Espirituales
59
en tus palabras (1), justo eres, y recto tu juicio; y
pues as me arrojas de Ti, no debieran mis ojos de
guardar tu ley; salgan de ellos avenidas de lgrimas,
salga por los ojos el corazn deshecho, porcpie no
guard tu ley, que con justicia mandaste guardar tus
testimonios, y con grande cuidado observar los pices de tus verdades. Temblar y temer me hace mi
celo, que hecha yo de m misma contraria (porque
me
pusiste contraria a Ti)
(2),
han olvidado
tu ley
mis pasiones, afectos y sentidos; mira que soy pequea y despreciada, y casi consumida en la tierra; pero no dejo de mi deseo y memoria tus mandatos,
aunque las sogas y lazos de mis pasiones me cercan,
y mis enemigos me han dicho, y dicen sin callar,
inicuas fbulas; pero no esto. Seor, sino tu ley (3).
Segn tu misericordia, vulveme a dar vida, mrame, y ten misericordia de m. Cundo me consolars? que soy hecha como el animalito pequeo en
la lluvia. Tus justificaciones no he olvidado, cundo es el da que has de hacer juicio d2 mis perseguidores? Muchos son los que me persiguen y atribulan. Porque braman mis pasiones, y mis sentidos
y afectos meditan vanidades (4), aparta mis ojos de
lla para que no la vea; vuelve a vivificarme en tus
caminos, pues est lejos la salud de los que no buscan tus justificaciones. Multiplicado se han las enfermedades de mis pasiones, y despus se aceleran
congregndose en uno; y como reyes y prncipes que
ya reinan en la tierra de mi naturaleza, se ponen y
me ponen adversa a Ti, Seor, y a los caminos del
que ungiste, poniendo en su nombre mi salud. Sea
mi ayuda en tu nombre. T que hiciste el cielo y
la tierra (5), y quebremos sus lazos
y arrojemos su
yugo. T, que habitas en el cielo, haz irrisin de
ellos, haciendo que sean comprehendidos sus pies en
l lazo que con cautela pona a los mos; quiebra. Seor, el lazo, y ser libre.
(1)
<4)
Ps.,
Ps.,
2.
118, 82.
5)
Ps.,
(2)
123,
Job.,
8.
7,
20.
(3)
Ps.,
118,
83.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
60
Parece que
el
alma
se
levanta a la media noche de
la tribulacin a confesar al Seor, y se levanta
conocimiento de que sobre todos
los juicios
con
que
el
ella,
y todas las criaturas posibles pueden hacer, son las
divinas, y que para conocer (lo que
en su capacidad cabe) estas justificaciones, y andar
este camino, es bueno para ella que el Seor la humillara; conoce que no conoce los incomprensibles
juicios del Seor y sus investigables caminos, y se
contenta con su humillacin, porque conoce que esta luz luce en las tinieblas, y ellas no la comprehenden; pero esta noche es buena para ella, y es su iluminacin y sus delicias. Gzate en tener parte con
los que temen al Seor, porque quiere volver a el
principio de esta sabidura, que no tiene fin y halla su fin en este principio; y as como en el crculo,
no halla principio ni fin en el que es fin y principio; pero no ha de parar en esto el que busca cl
fin, porque empezar a parar en este principio, es emjustificaciones
pezar a perder
el fin.
Chiquito y despreciado es en el camino de Dios, el
que quiere ser grande, y se seca el corazn (1) del
que se olvida de comer su pan como chiquito, esperando como prvulo las migajas que caen de la mesa, y el pan que le parte otra mano. Como el nio,.
ha de pedir su pan de cada da.
ignorante es el propio saber, porque regrandes en su estimacin (2), la sabidura
que presta su gracia a los humildes y a los despre-
Ciego
siste a los
ciados mira, poniendo en ellos sus ojos, dndoles en-
tendimiento, e instruyndolos en este camino que
han de caminar, pone con atencin y fija en ellos su
vista, porque mira la humildad el que mir la de
Mara Santsima. Pues oh. Seor mo y mi Dios?,
(1)
Ps.,
loi,
5.
(2)
Jacob., 4, 6.
Ct
Afectos Espirituales
sta es tu disciplina,
que consuela y ensea cuando
fin ni principio tu sabidura, y enel principio. En medio de las tinie-
no tiene
corrige;
seas su fin en
alma y te confiesa
"que escondiste
a los sapientes y prudentes, lo que enseaste a los
prvulos" (1). Fijaste sobre ellos tus ojos, no sern
hechos como los mulos y caballos, como los que conde la noche, se levanta
cantando en el salterio y la
blas
el
ctara:
fiaron en sus carros (2), y son hechos semejantes a
sus dioses los que los hacen, y todos los que confan en ellos sern hechos sus semejantes: tendrn
odos (3), y no oirn tus palabras; tendrn pies, y
no andarn por tus caminos, porque no obran con
manos sino iniquidades. No tendrn manos ino-
sus
en sus carros, en sus caballos, en
en sus prncipes, que yo slo quisiera esperar en el nombre del Seor, que es admirable en toda la tierra, en la grandeza del mar, en la firmeza
de la tierra, en la sutileza del aire, en la actividad
del fuego, en los rboles, plantas y flores, en los animales, aves y peces; pero ms se levanta y ensalza su
grandeza sobre los cielos en la boca de los nios, y
de los que estn al pecho, perfecciona sus palabras.
centes. Ellos esperan
sus dioses, y
Veo
propios de tu grandeza, obra de tus
las estrellas, a quienes diste casa en
el firmamento (4); pero ms me admira que engrandezcas al hombre, y que al hijo dzl hombre lo vilos cielos
dedos; la luna y
sites
(5).
Matt.,
(i)
(4)
Ps.,
8,
11,
25.
(2)
Jiidith.,
9,
6.
(3)
Ps..
113,
5.
4.
Al llegar a
el ms. Gmez Restrepa
que dice: "Para su confesor. P. m.
hasta aqu haba escrito cuando V. P. vino, y entre los motivos
que he tenido para no enviar, no han sido los menores la mu
cha vergenza y amargura de mi corazn; por amor de Dios
me perdone la molestia que le doy, y me avise la ltima lesolucin de lo que har."
(5)
una nota de
este
punto, hay en
sor Francisca
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
''62
AFECTO
99
AMAR A LOS
PERSEGUIDORES PARA IMITARLE. HAZTE AMIGA
DESEOS DE PADECER POR CRISTO, Y
DE LAS EXTRAAS, V EXTRAA DE LAS AMIGAS.
Por las palabras de tus labios guardar caminos
duros, porque no vino al mundo tu palabra a poner
paz en la tierra, sino espada de separacin entre lo
que estaba unido (1). Espada de dos filos sala de su
boca cuando apartaba la naturaleza, del espritu (2). Oh, Seor, cmo pruebas y miras el corazn,
examinando preguntas para que te responda y vea
que conoces sus caminos!, ms amas al alma cuando
la pruebas; ningn hombre cuerdo barri la casa ajena, ni limpi la vestidura que arroj al muladar, ni
pod la via que no era suya. Prubame, pues. Seor, y mira mi corazn (3), pregntame y yo te responder, no a uno, a mil cargos que me hagas, sino
slo que no desprecies la obra de tus manos, no
quiebres con ira el vaso que de barro formaste. Bien
veo que el veneno mortal de la culpa lo inficion,
de modo que ha menester lo visites en la noche, sanando con las sombras de la tribulacin las huellas
de la culpa; con fuego lo examinas para que no se
halle en l maldad.
El alma que sigue al amado ceida de su fortaleza, con la cual lleva en pos de su querido la cruz,
con el amor que le da esfuerzo, se la hace tan lige-
que le parece no camina; y as le pide ir a lo
excelso del padecer; subamos al monte de la mirra (4); el amor le da alas, y l se apacienta entre los
lirios de estos afectos cercados de espinas. Pero va
cayendo el da e inclinndose las sombras; el temor
la cerca y le pide: mane nobisciim, Domine, quoniam advesperascit (5); pero ya haba pasado cuanra,
(1)
(4)
Luc,
Cant., 4,
12,
6.
49.
(5)
Apoc, 1.,
(2)
Luc, 24, 29.
26.
(3>
Ps.,
25,
2.
Afectos Esi'irituales
63
do conoci quin era el cjue le daba aliento en el camino, que como a nio le daba partido el pan que
poda comer. Cuando Nuestro Seor parece t^ue niega al alma los deseos, es cuando se los concede; por
donde quisiera conocer que no s nada, nada puedo,
nada acierto, sino es cuando me dejo en las manos
de Dios, como ciega e inhbil. Conocido he muchas
veces cmo en este modo de tribulacin, que parece es lo sumo del padecer, quiere Nuestro Seor que
el alma lo imite, y as corra y vuele en llegando al
monte en que su amado subi a lo sumo de las pe
as, y fue anegado en tribulaciones; lugo se halla
sin las vestiduras, esto es, sin aquella fortaleza con
que caminaba, y se renuevan las llagas de sus dolores, etc. Vos, Seor, dijisteis: "sobre las llagas de
mis dolores aadieron, etc." (1). Lugo empieza a
sentir el fro y yelo que traspasa el espritu, teme
las penas que han de venir, y ya le espanta y hace
temblar aun los amagos de la cruz que antes peda;
y lugo, a golpes de tribulaciones interiores y extequeda clavada su memoria para no acordarse
de cosa que la alivie, ni aliente, antes como quien
pende de un clavo que la traspasa, cuanto a ella
ocurre es dolor. Igual, y an mayor pena halla en su
entendimiento, cuyos discursos, penetrndola, la dejan inmvil para toda operacin de donde le pueda
venir luz, alivio, etc. La voluntad y los afectos quedan clavados con una tibieza que casi llega a imposibilidad de moverse. All es la grita del pueblo y
los baldones: "t que queras edificar el templo de
Dios, ubi est timor tuus, fortitudo tua, patientia
tua et perfectio viarum tuarum?, etc. (2). A otros
aleataste para que no descaecieran, pero t ya descaeciste, por tanto bja de la cruz, dja ya esta vida, etc." (3). Hllase levantada de la tierra con dolor,
cuando mira lo que dej de ella, y se le hace intolerable el haberlo dejado, y le parece que sin ello
vivir muriendo; clama al cielo por quien se aparriores,
(1)
Ps.,
68, 27.
(2)
Job., 4, 6.
(3)
Marci., 15, 30.
Sor Francisca Josefa
64
di:
la Coxcei'cin
t de la tierra, y se halla desamparada, y olvidadct
de Dios.
Se abren los sepulcros, y se revuelven las confec-
ciones; tiembla la tierra, y
amenaza
el
infierno a tra-
circumdederunt me, prceocupalaquei mortis (1); se abrasa en tribulacio-
garla. Dolores inferni
verunt me
nes, pide consuelo talvez a las criaturas, y le dan
amarguras por refrigerio; sus pensamientos la cercan, porque tiene clavada la memoria y el entendimiento para desecharlos, y no puede resistirlos.
Ellos
la
me
runt
aprietan
por
todas
partes,
circumdede-
sicut apes, et exarserunt sicut ignis in spi-
Siente el dolor de apartarse de lo que es
(2).
conforme a su naturaleza, que el nio a quien apartan con violencia de los pechos de su madre. Si el
alma que as es hecha como el pjaro solitario en
nis
atender a la consonancia
de su ctara y salterio, cuya suave e ntima armona
ser medicina de sus llagas, aliento en sus penas, vida
en su muerte. Oir que an el nombre de madre excusa cuando canta ms alto y dulce para espirar, con
ms alta voz se entrega a su Padre, de quien se queja desamparado. Oh suave Jess, bien pudiera esta
msica vustra suspender los sentidos, robar las atenel techo, callare y sufriere,
ciones, traer tras
los
peascosi
O (sin proseguir lo que iba diciendo), entend la
que dir, y me parece hace a un intento: estaba
pensando cmo se portar cjuien vive en comunidad
con las otras personas que en algn tiempo la injuriaron, para agradar ms a Nuestro Seor, y conoc:
como el lirio entre las espinas no les es nocivo a
y ellas lo traspasan y hieren, l las beneficia
talvez abrigndolas, etc., y recibe sin huir las inju-
ellas,
rias;
con
est para
l,
con
ellas
blando y suave; ellas para
alma se poseer en pacienhiciere lo que le di por la
speras, etc. As, el
mi amiga, si
mayor caridad. "Mi alma puse en las manos del Padre, cuando le ped por los que me daban muerte
cia, y ser
(i)
Ps.,
17,
6.
(2)
Ps.,
117,
12.
Afectos Espirituales
65
porque yo fui aquel hombre que dio la sustancia de
su casa por la caridad, y entonces levantando ms la
llama el fuego que arda en mi pecho, alc ms li
voz para entregar y enviar mi espritu al Padre, como cambindolo por el perdn de mis enemigos".
^'Cmo dir que me ama, quien no me corresponde,
y en lo que puede me imita? Sin semejanza no habr amor". Por tener a Jess por amigo, bien se puede poner el alma. Fineza es no buscar de las criaturas, sino las espinas; pero as es toda para su amado, y El todo para ella (1); as se conserva lirio entre
espinas,
no entre halagos.
Despus entend la particular merced y amor de
Jess para con el alma que as lo hiciere. Como el
que coge lirios de entre las espinas, y con ellas quedan lastimados sus dedos, as recibe por suyas las
penas de los que lo aman; y el alma, que tal dicha
tiene, logra la vestidura de prpura, y queda adornada y vestida con la sangre del que se llam gusano por su amor. As, aunque por la naturaleza es dbil, queda hecha fuerte, y podr apretar el trabajo
y la amargura con sus deseos, porque el Seor corrobor su brazo, y la hizo asemejarse a El-, cuando la
vestidura que le dio blanqueada con su sangre, con
ella la duplic, dndole la caridad, que la adorne.
Ahora entiendo un
afecto
que
se siente,
en que
si
se hallaran dos personas a quien yo hubiera de ha-
un
beneficio a la una, se lo hiciera de mejor
que me haba injuriado; como el que da
a ganancia su caudal, all se inclina a darlo adonde ve que ms logra, suponiendo que no hubiera
otra razn por donde lo contrario fuera ms agrado
de Dios. El hacer bien a quien no me ha hecho mal,
puede llevar otros motivos; pero el hacerlo a quien
yo no quisiera, es slo porque quiere Dios, y esto
hace el alma con seguridad y alegra. Un consejo
son siempre en los odos de mi alma, no s cuyo
cer
gana a
(i)
la
Cant.,
2,
i6.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
66
sera:
"hazte amiga de las extraas, y extraa de las
amigas."'
regrino
Extrao fui hecho
hermanos, y
a jnis
pe^
(i).
TROZO AISLADO
2);
MUNDO
DESPEGO DEL
;Xo echa de ver que es lstima gastar el tiempo err
pensamientos intiles? ^Qiie se puede en l amar a
Dios? Cunto piensa que ha de vivir? Cristo dijo:
Mdico, et iterum mdico. San Juan: jam ultima ho*
ra est. San Pablo: prceterit enim figura hujus mundi;
qui hahent, tamquam non habentes sint: et qui
flent, tamquam non flentes; et qui gaudent, tam-
quam non ganden tes,
No
pusieron
la
etc. (3).
aqu
para
consuelos, sino
para
amar
y padecer: y ;por qu ha de temer la muerte?,,
pues antes la ha de desear, porque mientras ms viviere,
ms ha de aumentar
dava vive en
qucr
sursum
sus miserias y culpas; to-
la tierra: si consurrexistis
sun
quT super terram,
qucrrite,
etc.
(4).
ubi
Ubi
cum
Christus
est
Deus
Christo:
est,
non
tuus, quis
quo dilectus declinavit. Santa Tereque hacen o tienen los bienaventurados
viendo la esencia divina, hemos nosotros en el Sacramento. San Pablo: nostra comersatio in ccclis
est dilectus tuus,
sa:
que
lo
est (5).
(1)
Ps.. 68,
9.
(2)
Sota del
copista, seor A.
M. de
Castillo
y Alarcn: "Parece produccin ajena, copiada jx)r la V. M. La
foja 16 del original contiene un trozo de materias msticas en
15 renglones,
que no traslado aqu por
Tambin contiene
ser
de otra
letra, y estar
que copio. f>or
que aclara diversos puntos'": De su confesor. "Jess S. F. de
la C. He visto el papel, y cada da me alegro ms de la determinacin que tom: pero dir que esto es a costa de sus temores
truncado.
y vergenza.
as lo
No
la
siguiente cana,
impKjrta. ofrezca a N.
S.
este holocausto, pues,
promete en su papel, amando, padeciendo, y obedeciendo.
Afectos Espirituales
A dnde halla a su Dios? Procure no perder la
paz y recogimiento interior en las ocupaciones de
obediencia y exteriores; ste es beneficio especial que
hace Dios Nuestro Seor, El sea bendito infinita^
mente. Amn.
No
malo que
es
se
venza y hable por Dios.
;De que es mala?, si no lo pue;De qu
de remediar, humllese; si puede enmendarse, no sese aflige?
aflija.
Las mortificaciones exteriores tanto son buenas^
cuanto el motivo que las precede o acompaa; bastaba el querer estar afligidos con dolores, etc., porque lo estuvo Cristo Nuestro Seor, y el quitar con
esto los bros a la carne.
En
es
este
traslado,
que en
la
que envo ahora, tengo dos dudas:
tercera hoja,
corresponde en
el
margen una
una
la
que
mitad, en un rengln a
la
cruz, dice estas palabras:
por-
que empezaba ya a amanecer; y deseo saber, si esto es advertir el tiempo en que tuvo el sentimiento, y dijo las palabras
del Salmo: Lex'ntate Psalterio y Cithara; o
si
acaso tiene otro
La otra es, que en los ltimos renglones del Sentimiento dice que X. S. con su Divinidad ampara, y con su
sentido.
Humanidad perdona;
porque aunque
S.
es
y esto ltimo es menester explicarlo ms,
verdad que
la
pero propiamente quien perdona
el
humanidad de
Jesucristo
N\
fue la que con su pasin y muerte nos mereci el perdn,,
es Dios, y
de aqu
es
que en
Evangelio se refiere la admiracin de aquellos que se
candalizaron de or a Jess decir:
porque como
"remittuntur
tibi
es-
pecata"^
"Qui potest nisi Deus pecata diporque como ciegos no conocaii
que Cristo era Dios. Tambin pueden tener otro sentido, entendiendo por humanidad, la misericordia. Envo el librito^
que promet, de los Sentimientos del V. P. Puente: no poique pretenda que se ajuste en el escrebir al estilo y orden del
Padre, sino para que tenga el gusto de leerlos. Dios le asisia
ellos
decan:
mitiere", y se escandalizaban,
con su divina luz y gracia. Su siervo."
Ad Colos..
(3) I. ad Corinth., 7, 30. - (4)
Philipp..
3,
20.
3.
i.
(5)
A(^
^8
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
AFECTO
10.
RESIGNACION HUMILDE Y CONFIADA, NORTE SEGURO EN LAS TEMPESTADES. EL ETERNO PADRE QUIE
RE HACER A LAS ALMAS CONFORMES A LA IMAGEN
DE SU HIJO.
En el nombre de Dios y de la Virgen Mara, prodigo con mi obediencia ciega, porque no quiero atender a otra cosa que a hacer la voluntad de Dios en
obedecer.
Habiendo padecido horrorosos tormentos ocasionados del enemigo, que me falt poco para salir
dando voces por la casa, a la maana, en la oracin,
quejndome con Nuestro Seor le deca: Cmo, vida de mi alma y Seor mo, consentiste que con tanto rigor de tentaciones y espantos fuera mi alma hollada y pisada de sus enemigos? Al instante se present a los ojos del alma mi Seor Jesucristo, cuando cado en el suelo, desnudo y llagado, fue pisado
de los pecadores, y entend: Las tinieblas me hollaron, y yo me quej a mi Padre, pidiendo en mi persona misericordia para todos los que por mi amor,
y por conformarse con la imagen de su hijo, fueren
hollados y cruelmente tratados del poder de las tinieblas. El Eterno Padre quiere hacer a las almas
conformes a la imagen de su hijo, que es el primognito de sus hermanos (1). Mira, pues, cules y
cuntas cosas convenga sufrir, y cules y cuntas sufrieron los santos e hijos de Dios, coherederos con su hijo, el cual dio poder a las tinieblas
sobre su cuerpo inocente y santo. Mas es poder de
una hora corta y breve cual es el espacio de la vida
mortal; y no por eso comprchenden las tinieblas a los
hijos de la luz, antes los purifican y son como instrumentos de su exaltacin y corona; y esta noche,
(i)
Ad Romn.,
8,
29.
Afectos Espirituali
69
cercada de temores, convierte Dios en su iluminacin
y delicias, porque, pasando por este fuego y agua,
los lleva al refrigerio. El Seor es el que libra al alma en su proteccin, de las juntas de los malignos
y de la multitud de los obradores de maldad que,
afilando sus lenguas como cuchillos, tienden sus arcos
en cosas amargas, queriendo asaetear en lo oscuro el
corazn limpio que slo desea a su Dios. Mas mira
cmo enferman contra ellos sus lenguas, y sus plagas son como saetas de prvulos tiradas al aire sin
vigor ni fuerza; contra ellos enferman sus lenguas,
porque queriendo arrojar al alma tempestad de confusin en el espritu de pusilanimidad, zahirindola y turbndola con las mismas culpas, a que ellos
la incitaron, ah triunfa, resplandece y vence el brazo misericordioso que hace potencia para derribar al
soberbio y levantar al pobre, humilde y bajo.
En
la
media noche
l esposo (i).
Muchas
se
oy
el
clamor de que vena
veces la turbacin, temor, dolor
y oscuridad, son anuncios de que vendr el esposo a tener sus delicias, y celebrar sus desposorios con
las que le salieren a recebir, porque estaban prevenidas velando, sin dejar que el horror de la noche
les cerrara los ojos, ni rindiera las fuerzas, ni que el
olvido del amor de su esposo apagara su luz, ni extinguiera la esperanza con que vive y s? alienta el
amor. As, pues, no sabes si a la primera o segunda
vigilia de la noche ha de venir, esprale siempre con
la luz del amor y la esperanza, porque viniendo viene, y no tarda.
En
el
desierto de la tribulacin, sabe Dios minis-
trar sustento al
zado a
la tierra
gigantes que
bres,
ni
tarden
le
verdadero israelita que camina esforprometida, sin dejarse vencer de los
anuncian que han de tragar los hom-
sacrificar
dolos
dioses
de su Dios y su
danzar y jugar con el pueblo vano,
(i)
las noticias
Matth., 25,
6.
s,
porque
no quiere
vanos,
ley; y
espera en pa-
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
70
ciencia su venida. Entonces estar la ley santa escrita como en piedra, y resplandecer su rostro para el
buen ejemplo; siendo esta luz ante los hombres, para que santifiquen en nombre de Dios y glorifiquen
a su Padre celestial (1).
Mira, todas
las cosas
tienen su tiempo. Si todo fue-
ra primavera, no se cuajaran las flores en frutos; si
no llegara el rigor del invierno, no se lograra la la-
bor de
los
campos;
no apurara
si
el
fuego en
el cri-
no
saliera el oro limpio y acendrado.
los das
suceden las noches, y despus de las tinieblas se essol,
la luz; el sol cada da nace y muere; y los rboles y plantas ya estn floridas, ya parecen ridas,
ya echan sus hojas, y ya dan sus frutos; y aun los
mismos frutos con la variedad de los tiempos se sazonan? No ves que las artes no las entiende sino es el
que las practica y las aprende, no el que slo las
oye relatar? No sabes que es un abismo el corazn
pera
humano, que slo Dios entiende sus caminos, pues
deja al sabio artfice que lo fabric que lo enderece y
gobierne? El sabe el tiempo en que lo ha de sembrar,^
en que lo ha de podar, en que lo ha de edificar y
en que lo ha de perfeccionar; pues si totalmente
ignoras esta ciencia, cmo ciega quieres gobernar estos pasos;
La
no
ves
que
cayeras, y lo echabas a la hoya?
ciencia provechosa, segura y clara, es
amar
el
gobierno de Dios, Padre de luces, que siendo Padre
para el amor y providencia, es luz su ciencia, su gobierno y caminos. Antes haz como el ciego, que puesta en el camino, slo clames, ms, y ms (2). Jess, luz
que iluminas, Jess, hijo de David, manso y piadoso,
ten misericordia de m, que puesta en el camino no
s guiar mis pasos, ni puedo mover mis pies. T slo
eres el que puedes ponerlos en un lugar espacioso, y
que se muevan como con alas, dilatndose mis pasos en tu seguimiento, como el que corre y como el
que vuela. No quiero quedarme echando races en
O)
Mauh.,
5,
i6.
(2)
Maic,
10, 48.
Afectos Espirituales
71
porque ya tu luz me ha mostrado que los
hombres son como rboles caidizos, dbiles e inconstantes, y que slo dan fruto los que estn plantados
la tierra,
cerca de tus corrientes
de firmeza.
(1),
fuente de vida, de luz
AFECTO
11?
DESTEMPLANZA DEL AL^L\ FUERA DEL SENO
DE SU DIOS.
Sintiendo en mi alma una fuerza dulce y poderoamor de su Dios, sin que otra cosa alguna me
llenara, ni pudiera emplearme ni aun en actos de
otras virtudes, pensaba preguntar esto, y si sera Dios
el que mova as el alma, y entend: Cuando tena
muchos das David (2), no le calentaban los vestidos,
hasta que se busc de los fines, o hasta los fines de
Israel, la virgen ms hermosa que le calentara en sU
seno. Pues mira, este oficio hace la caridad con el
alma, despus que ha recibido muchos das de los
que hace el Seor y gozdose y exultado en ellos, y
tejido de varios actos de virtudes la vestidura con
que se cubra su desnudez, viene a tiempo que slo
la fuerte y hermosa caridad, cuyo precio es de los
ltimos fines, le da la vestidura doblada para que
no tema el rigor de las nieves, y slo en su seno
duerme y descansa; porque esta castsima esposa
lleva en su seno, y abriga en su calor hasta la mayor edad al alma. Y mira que la caridad y amor se
necesita desde el principio hasta el fin; ella es la
sa al
que da leche
al pequeuelo, y la que da calor al
cano, y como hermosa vid (3) ha de abundar por
todos los lados del edificio, para que sus hijos, esto
es, sus obras y afectos, estn al circuito de su mesa,
como los renuevos de la oliva abundantes en el leo
de la misericordia.
(i)
Ps.,
1,
3.
(2)
III Reg., L, 2.
(3)
Ps.,
127, 3.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
72
AFECTO
12<?
ANIQUILADA EL ALMA EN SU PROPIO SER, TODO LO
GUSTA ALLMENTADA EN DIOS: MISERIA DEL ALMA
SIN EL, Y SEGURIDAD DE LA OBEDIENCIA
PARA HALLARLE.
Pues como pasara algo
la
grande tribulacin que
llegando a recebir a Nuestro
Seor Sacramentado, se hallaba el alma en una inefable dicha, que es parecerle estaba sola de todo
lo criado, y sola con su Dios, sin tenerse a s misma, y entenda: Esta aniquilacin del propio ser, es
el desierto donde el alma goza las glorias del Lbano, las hermosuras del Carmelo y Sarn, All percibe las fragancias inefables de su Dios, aqu se ale
^ra la que est desierta, y la sola exulta y alaba con
verdad a la fuente de todo el bien; aqu produce el
clamo, y la juncia, y da su olor el lirio y azucenas. Si el alma llega a esta soledad donde slo Dios
vive, ser como un huerto de riego de la fuente viva de Dios poderoso, y llegndose a su origen, la
-que estaba rida ser como un estanque de aguas
puras, y la sedienta ser como las fuentes de las
aguas. All habitarn pacficos el cordero y el len,
estos das he pasado,
y comern a una mesa
ms
porque
las
cosas
ms
speras, y las
amor, la regin de la paz, el monte santo, monte amasado como de leche, monte pinge, monte en quien es beneplcito del Seor habitar en l. Oh dichosa soledad, oh feliz muerte, que tal compaa y tal vida causa! No seas, pues, alma ma, perezosa para
procurar tanto bien; anda a la hormiga y mira cmo trabaja en el verano para lograr su labor en el
invierno; considera sus caminos, y trabaja para lledulces,
.gar a este
monte
este es el reino del
santo, a este feliz y florido desierto.
Tambin me pareca que el santo ngel mostraba
a mi alma una cosa asombrosa, (juc no s si sabic
Afectos Espirituales
explicar: mostrbale, a la
mano
izquierda,
73
un mula-
dar tan feo y espantoso, que pareca semejanza del
infierno, como hecho de cuerpos podridos, deshechos y espantosos; tan grande y profundo, que no se
le va fin, y que de lo alto caan sobre l nubes, rayos y tinieblas, y entenda como si le dijera: mira,
esta es el alma sin Dios. Y al otro lado va una alteza de claridad, resplandor, firmeza y valor infinito,
y entenda: esta es el alma con Dios. Parecame que
andaba por all el santo ngel con rostro apacible y
semblante y modo cuidadoso y solcito, como los pastores que guan a buenos pastos sus ganados, y cuidan no se desbarranquen.
Pues como se ofreciera hacerle a V. P. aquella pregunta, o escribirle aquellas palabras que me pareci
haba entendido, empezaron a venir sobre m temores; y estndome levantando, me vala (1) del favor
de la Virgen Santsima Mara, y de mi santo ngel,
y entend estas cosas: El camino para Dios es descubierto, claro y llano, y a luz que se te da no se
aparta de lo que ha revelado a su santa Iglesia, antes es para confirmarte y aclararte ms sus verdades.
Ni has de poner tanto en que esto se te muestre por
un modo o por otro. Mira, si la fuente que regara
un huerto, tuviera varios caos o arcaduces, el sabio
hortelano la encaminara por el que ms conviniera,
y la tierra sedienta la admitiera en sus entraas sin
hacer diferencia que venga por el un arcaduz o por
el otro; pues as es, no te pares a temer o mirar si
esto es por modo extraordinario, admite el agua que
te haga dar fruto en paciencia y amor; pues por
los frutos se conoce el rbol. El que est hambriento, no mira tanto al plato en que se le da el manjar, cuanto a comer y satisfacer su hambre; pues
est cierta que no puede el espino dar uvas, ni los
abrojos higos. Todo lo que lleva a Dios, viene de
(i)
ren de
La redaccin de
la del
estas cuatro lneas del ms. G.
R.
difie-
texto de la primera edicin, impresa en Bogot,
1843.
1-4
74
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
Dios, y todo lo
que
se ajusta
con su
ley santa, cla-
limpia e inmaculada, desciende del Padre de Jas
lumbres, que es slo quien puede convertir las almas, y prestar su sabidura a los pequeitos. El rey
tiene varias oficinas donde se labran sus telas, pues
si l quiere vestir tu desnudez, no mires tanto cmo
se labr, cuanto si se ajusta al cumplimiento de tus
obligaciones y a su santa ley y perfeccin cristiana.
De varios y muchos modos habl Dios desde el principio y hasta ahora; a todos alumbra, porque es luz
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Los santos son los que siguen su luz, ajustando
sus obras a la ley santa que les ensea; porque poco
hace decir que el Seor es Seor, si no se obedece
a lo que manda; tambin los espritus malos creen
y tiemblan, y se estremecen (1); mas no aman ni
confan, ni obedecen, y as son como los rboles
siempre en otoo, sin fruto, y como los que yerran
en las olas del mar, que slo les convida con espumas y naufragios, y confusin. El fiel siervo y ministro que recibe el mandamiento de su rey, todo su
conato pone en la ejecucin puntual: pues, mira
si viendo su firma y sello en el exmen y obediencia del confesor, todava dudars? La obediencia es
firma de Dios que no puede el espritu malo contrahacer, pues est dicho por la suma verdad: "ei
que os oye, me oye", etc. (2). Ni quita su valor a la
obra el que las cosas que mandan no sean de provecho, antes mereci ms el que reg un palo seco
muchos aos por obedecer, que el que cogiera grandes frutos por su voluntad, porque los que hacen la
voluntad del Padre celestial labran y hacen un manjar que no perece, porque no lo que nace de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del varn, s
los que nacen de Dios, son hijos de Dios, y se llaman hijos de Dios. Si hay bienaventuranza en la tierra, los obedientes la gozan, porque cierto hacen lo
ms precioso que hay en el cielo, que es cumplir la
ra,
(\)
Jacob.,
i>,
19.
(2)
Liic,
10,
if).
Afectos Espirituales
75
voluntad del sumo bien, santo en su Ser inefable,
santo en su querer rectsimo y provechossimo, y
santo en su obrar poderossimo y sapientsimo. La
mano de Dios lleva, y su diestra tiene al que se gua
y camina por la obediencia.
Los espritus malos quieren echar tinieblas y hacer lbregos los caminos; mas el ngel del Seor los
persigue y coarta, y como espritu bueno lleva al al-
ma
a la tierra recta, dndole confianza en el
el lugar espacioso donde
bre del Seor, que es
nompone
sus pies. Por tu nombre. Seor, dice, sers propicio
perdonando mis pecados, porque son muchos, ser
nombre de perdonador, de
de misericorconocido
y glorificado, y perdonando a tu pueblo, no dars tu
heredad a la perdicin (1).
tu
dioso (de que tanto
te
liberal y
precias), ensalzado,
AFECTO
13^
EL CUERPO CON SUS SENTIDOS Y PASIONES SE HA
DE TRABAJAR COMO EL CAMPO. APLICA LA PARABOLA DE LA MUJER FUERTE A LA MORTIFICACION
EXTERIOR,
Pues como yo quisiese poner por obra con
mucho
consuelo la licencia que V. P. me dio de los cilicios,
entend sto: el cuerpo es aquel campo que consider la mujer fuerte y prudente, y lo apreci y compr para plantar en l una via de la labor de sus
manos. Esta tierra del cuerpo es campo que se le da
al alma para que ella lo trate como esclavo comprado, sirvindose de l como seora, y como quien labra su tierra para coger frutos de vida eterna, arrancando con valor, con el trabajo de sus manos, y con
la fortaleza de sus brazos, sus abrojos, espinas y ma(i)
Joel., 2,
17.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
76
que siempre produce; no dejndolo coque se cargue de cardos y espinas, ni como aquella via que se pobl de boigas. Considere sus caminos, y no permita a sus sentidos que estn baldos, ni que lleven malas yerbas,
pues pueden dar frutos dignos de penitencia. Mire
que esta heredad se le da por tiempo limitado en
que pueda merecer; ablndela con el cilicio, disciplina, y aspereza; no le permita descanso vicioso, porque siempre produce malas yerbas. Considere su
campo, mire qu fruto dan sus ojos, su lengua y sus
manos, etc., por dnde van sus pies, y no permita
que crezca yerba intil. Siembre cuanto pudiere de
lgrimas y penitencia, para que lleve abundantes colas yerbas,
mo
a la tiena viciosa
vida eterna, de gozos perdurables.
Reciba ios tiempos que le enva el Padre celestial,
de fro, calor y lluvias, de dolor y quebranto, con
gozo, por ver que as labra su heredad, y que todas
las cosas contrarias le pueden ser amigas y favorables al llegar la cosecha. Abrace ms, y no perdone
aquella penitencia, que es andar puntual en cualquiera observancia, sin que para esto le excusen dolores, ni los muestre mucho, ni quiera vivir segn la
carne, porque no muera su fruto y su cosecha; mas
mortifquela con la fuerza del espritu, para que reflorezca y viva; y el cuerpo, vestido de la mortificacin de Cristo, sea participante de su claridad, y
sea reformado el cuerpo de nuestra humillacin; y
cuando el Seor visite esta heredad suya, embriagndola de penas y dolores, goce y exulte, porque sta
es la lluvia voluntaria con que segrega y aparta el
Seor su heredad, y la preserva de la corrupcin del
vicio y de la culpa; y cuando la enferma, la perfecciona (1). Pues as reciba las lluvias del cielo, como
la tierra sedienta y agradecida, y cuando le falte el
sechas para la
(i)
II
ad Coiiiith..
11!.
9.
Afectos Espirituales
dolor y penitencia,
qujese a su Padre
la
77
mortificacin y incomodidad,
diciendo: Oh Padre
celestial,
mo (1), la parte de tierra que me diste, no tiene regado superior ni inferior. Mas considere el campo,
y advierta que talvez conviene que descanse la tierra para que vuelva a su labor con ms sustancia;
mas
esto sea
como
muy
considerado, porque es fcil vol-
via del perezoso; y aun cuando descanse del rigor exterior, ocpese en recoger motivos
para su dolor, arrime a su via el estircol de su
verse
la
propio conocimiento, de su barro y su nada, de las
infinitas miserias que abriga su tierra, para gemir
con el peso de ella. As pues, cuando amanece la luz,
sale el hombre a sus trabajos y labores, con alegra,
diciendo: este es el da que ha hecho el Seor, gocmonos y alegrmonos en l (2); y as, cumpliendo
sus operaciones hasta las vsperas, se recoge a morar en su llanto, porque se ve desterrado de aquella
regin de paz, donde nunca anochece; de aquella
luz y lmpara del cordero, que alumbra la ciudad
santa, donde no se necesita de este sol que cada da
echado del Paraso por su desobedienda la tierra espinas y abrojos, y que
come su pan con el sudor de su rostro. As, pues,
pase en las vsperas en la penitencia y dolor interior,
levantndose en su oscuridad a confesar al Seor, y
a prevenir sus domsticos, para que a los maitines
vuelvan con alegra a proseguir su labor, hasta que
se acabe el tiempo de su mayordoma, y d cuenta de
ella a su Seor y dueo, donde, si fuere fiel, se le
dir: "y decid al justo, que bien; que l comer del
fruto de sus trabajos" (3).
se ausenta; y
cia,
(i)
ve que
le
Josu, 15,
19.
(2)
Ps.,
117, 24.
(3)
Ps.,
127, 2.
Sor Francisca Josefa de la Concei'CIn
78
AFECTO
149
DESCANSANDO EL ALMA BAJO LA PROTECCION
DE DIOS, TODO LO GOZA Y APRENDE
EN LA PRESENCLA. DEL MISMO DIOS.
Habiendo comulgado, entend
esto:
qu esposa
lado de su esposo fiel, poderoso y amante?
Qu hijo teme en los brazos de su padre? Oh alma! Conoces mi poder inmenso; sabes cmo o cundo puse los fundamentos de la tierra (1); viste de
qu fabric mi sabidura los astros del cielo; oste
cmo, en concertados coros, me alaban las estrellas
matutinas, cuando salieron en la maana de su origen? Sabes cmo hago pasar las aguas por medio de
los montes (2) para regar los valles?; y extendiendo
los cielos como pieles, tocando lo superior de sus
aguas, no olvido ni dejo de tener providencia de
que beban las bestias de los campos. Y teniendo mi
poder firme la mquina del orbe, y poniendo trmino a las vastsimas aguas de los mares, entienda
en cuidar de los hijos de los cuervos, y de los cachorrillos de los leones, proveyendo a todos de susten-
teme
al
to; y cuando anegu el mundo con las aguas, me
acord y tuve misericordia de los jumentos que estaban en el arca; y cuando planto los rboles del Lbano, aii a los pajarillos les prevengo nido y casa,
y al erizo en la piedra le prevengo refugio. Pues
cmo mi poder inmenso faltar al alma que ama
y me desea, ni mi doble condicin y pecho amoroso
dejar de cuidar de quien amare, ni de corresponder
a los deseos que nacen de mi amor? Con tal amante,
con tan fino esposo, con tan poderoso dueo, con
tan piadoso padre qu teme el alma, qu busca, qu
ms quiere? Puse en los brutos amor para con sus
hijos, para que los cren y sustenten, y ellos braman y gimen por dar a sus hijuelos alimento; y yo
Afectos Espirituales
79
centro de amor, fuente y origen de todo bien, dejar perecer a mis hijos, me olvidar del alma que
mi esposa? Mira, si caminaras o volaras en un espacio inmenso e infinito donde no descubrieras ms
que fuego a todos lados y por todas partes, pues esto fuera cortedad y frialdad comparado con el fue-
es
go de mi amor.
No puede
medir
el
hombre
ni
cl
ngel todo el espacio de mi caridad. En llegando a
m el alma, entrar en el gozo de su Seor como en
un mar inmenso, como en un centro infinito de todo bien, como en la esfera del fuego del amor. Sentado el Seor sobre los querubines, que son las in-
ms altas del cielo, mueve la tierra y la
gobierna; pues qu teme el alma con gobierno tan
sabio, superior y amante? Si el Seor es protector de
su vida de quin ha de haber miedo, aunque airados los pueblos se congreguen como para tragarla?
Si anduviere en medio de las sombras de la muerte,
no temer los males, porque t ests conmigo.
Pues como a la noche me recogiera a dar algn
descanso al cuerpo, por hallarme con grande fatiga
y dolores, sin perder ni dejar el alma de anhelar por
su Dios; lugo senta su presencia como cuando andaba en el mundo, con tal benignidad, majestad, y
amor, cual no se puede decir. Senta el alma sus palabras tan suaves, dulces y amorosas como de un
amantsimo esposo, y como con su presencia la haca arder, ella se deshaca dicindole mil ternuras,
sin acordarse entonces de temores. Entre otras cosas
le pareci que le oa decir: cmeme, yo soy sustento, y que se entraba en su alma y corazn, y le deca: cmo no ha de arder tu corazn, si est unido
al mo que es todo fuego?, etc. Infunda una pureza
y deseos de ella en el alma, que me acordaba de la
bendita santa Ins cuando deca: "llegando a El ser
ms pura, y tocndole ser ms casta", etc. Entend,
que cuando se da algn descanso racional y necesario al cuerpo para que prosiga su camino, como cl
caminante da a su jumentico algn alivio, la benignidad de este Seor lo recibe por suyo, como si se le
teligencias
80
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
diera a su cuerpo cansado y trabajado, tnta es su
dulzura y mansedumbre, tnto su amor y misericordia, tan dulce y amigable su trato y conversacin,
que aunque no tuviera cielo, cualesquiera trabajos
quedaban ac bien premiados con sola su presencia; y as es, que en tenindolo presente el alma, no
acuerda de cielo, ni de gloria, ni de muerte, ni
de vida. As es que desea y apetece padecer, por dar
gusto a su Seor, como sea sin riesgo de ofenderle.
Mas advierte, alma ma, que con todas las cosas camines a tu Dios, y que slo el amor de tu esposo
sea siempre tu descanso, y su alabanza est siempre
en tus labios; si duermes, descansa en El, que es el
que da sueo a tus ojos, y hace dormitar tus prpados, dividiendo el da de la noche para el trabajo y para el alivio. El es, si dispiertas, el que te dispierta y excita, y El hace caer y soltarse las cadenas
y prisiones de los sentidos, para que te levantes con
se
velocidad, o a alabarlo a la media noche, o a velar a
El cuando sale la luz. Bendcelo cuando te da inteligencia, y cuando fueres como el jumentillo, no te
apartes de El; recibe de su mano el sustento cuando comes, pues abrindola misericordioso, llena a todo animal de su beneficencia, y cuando ayunas, ayuna
en obsequio suyo. No seas como el siervo que siempre
dice en su corazn, sufro y trabajo; mas antes di,
con humilde agradecimiento, siempre debo y recibo.
Si t deseaste darte siempre a m toda, y ser toda
ma, y que admita de ti lo mismo que te he dado,
no conocers que mi corazn liberalsimo quiere
darte dones, pues abunda de ellos, y quiere que los
recibas, agradezcas y estimes por prendas de mi
amor, aunque sea el ms pequeo beneficio o alivio? No sabes que es una mutua correspondencia,
donde el amar es ser amado, y el dar
que recibiendo los dones del amado se
recibe el amor, y dndolos se corresponde? Y no ves
que el que da, recibe en amoroso cambio, y con la
y estrecho lazo,
es recebir;
fuerza de quien roba
cido?; luego
ms
se
el corazn, el corazn agradeda recibiendo con amor, y por
Afectos Espiritualts
81
Y no esconde brasas en el pecho (1), y las echa
sobre la cabeza del amado, el amante, cuando le da
y l recibe?; pues qu ha de dar a Dios el alma
sino es el corazn, recibiendo en l el fuego con que
lo roba, y volvindole a dar lo que le ha dado? Aun
los que son bienes o alivios del cuerpo que sirve al
alma, se deben recebar con amor y agradecimiento,
y como soplos que aviven el fuego del amor. Si ua
gran seor enva su criado a su servicio, y provee
hasta el jumentillo en que hace su camino, no son
todas gi'andezas de su Seor? Y el fiel criado no lo
recibe todo agradecido, poniendo slo la mira en el
servicio y gusto de su fiel amo? Si se recibe de mano del Seor la nieve, tambin la lana, pues El esparce como la ceniza la niebla (2), y hace del cristal su pan, porque todo lo sazona y mide el fuego
de su amor. No has visto los pobres cmo besan
una y muchas veces la limosna, al paso que conocen
su necesidad; y no ves cmo la esclava espera slo
de las manos de su seora el sustento, y a all slo
mira, humilde y sujeta? Fuera, pues, buena esclava
la que no recibiera con agradecimiento grande, cualquiera cosa de mano de su ama, aunque estuviera o
quisiera ocuparse en su servicio?
Claro est que no se ha de servir por inters, mas
no se ha de dejar de poner sobre todo el agradecimiento. Se ha de sentir, saber y decir: siervo soy
l.
intil,
no
servir y
hacer, sino decir a
mi
(2)
temo
el
recebir.
Qu he de
Seor, tn paciencia conmigo
que todo lo que recibo te lo volver en amor, en
agradecimiento y alabanza, que ha de estar en todo
tiempo en tu boca? Piensas t que pudieran venir
a cuentas con el poderoso?, aun cuando lleva a la
amargura a tu nima, siempre has de estar deudora
infinitamente, y siempre te has de mostrar agradecida. Cuando estoy presente, ese es el amor de mi
pecho, y cuando me ausento ese es el valor de mi
(i)
Prov., 25, 22.
Ps.,
147,
16.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
82
cuando en ella dispongo
que llegues con valor
al calvario. Yo dispuse que se diera vino a los que
haban de crucificar; mira, pues, que la malicia es
la que mezcla ese vino con hil. Oh cmo habito
siempre en el humilde, y cun dulce es la libertad
de los hijos de Dios, que andan siempre en la casa
de su Padre con amor y confianza! El que anda ca
simplicidad, anda confiado; y todas las cosas le son
limpias al que tiene limpio el corazn de todo otro
amor o respeto que no sea el de Dios. Si te quieres
cruz,
que
cual no te quito
lo
te
alivien,
contentar a
ti
antes es para
o a
las otras,
jams, o pocas veces lo
el corazn humano;
mar, lo alteran varias olas, lo mueven
vientos. Trae las ruedas del carro con diferentes rostros y duplicadas alas para cada movimiento: ya quiere volar al aire como guila, ya cavar la
tierra como bruto, ya se muestra racional como
hombre, y ya se arroja y entrega a la ferocidad y
crueldad como len (1). Dnde, pues, hallars la
conseguirs, porque es variable
como
muchos
al
firmeza, sino es en aquel suave, poderoso y sabio gobierno que todas las cosas las hizo en sapiencia, en
peso y en medida, y de cuya posesin est llena la
tierra? El lleva al que corre. El levanta al que cae,
endereza al torcido, alumbra al ciego, y ama al justo. Pues si amas el bien, si deseas el bien, bscalo
en su origen, en su fuente y causa, y en el bien mismo; y de su mano recibe todo, y slo lo que El quiera darte; mira que El slo sabe pesar, medir y di-
que
da, a quien da, y cundo lo da; recide su mano el beneficio, paga el servicio
en agradecimiento y amor, y huye el suplicio de la
ingratitud. Recibe como beneficio lo dulce y lo
amargo, pues all se esconde la dulzura en lo fuer-
vidir lo
be, pues,
(i)
Ezech.,
lo,
13.
Afectos Espirituales
te (1); y
te
si
83
come
hallaste la miel en su panal,
basta para proseguir tu jornada; paga lo
cebiste, labrando,
gor de
la
aun entre
la
misma
tribulacin, el panal para tu
lo
que
que
re-
aspereza y
ri-
amado, pues
se-
r la tribulacin como len muerto, pues el Seor
hace salud de nuestros enemigos; pero huye el suplicio, no quieras saber en qu consisten sus fuerzas (2) para atar sus manos, ni investigar sus pensamientos, para oponeros hacindoos al bando de sus
contrarios; que entonces a t te atars, a t te defraudars, y a t te perders, pues quitars los ojos
con que te mira, apagars el amor de su pecho, y te
privars de tu esposo y defensa, derribando su fuerza poderosa las columnas del templo. No quedes,
pues, manchada con la fea ingratitud y deslealtad a
tu querido esposo, que tntas veces por amarte, y
mostrarte el amor, ha dejado atar su fortaleza y ha
ceido su grandeza, poder y majestad.
AFECTO
^MANSEDUMBRE
15^
HUMILDAD,
PUERTAS
POR DONDE EL AL^L\ ENTRA AL RETRETE DE DIOS,
Y DIOS PONE DENTRO DE ELLA SU REINO,
Y EN EL TODAS LAS COSAS.
Y
Otro da entend
ser
como
la
SON
LAS
resplandecer
esto:
centella en
el
el justo (3), y
caaveral, discurriendo
con su consideracin por
l, para despreciar y deshacer de su afecto y corazn todas las cosas que no
son Dios, pues as son como la caa vana y vaca.
(1)
Judie,
14.
14.
(2)
Judie,
16, 5.
(3)
Sap., 3, 7.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
8-i
Increpar a las fieras que all se esconden (1), como
fuego que abrasando las caas, en que se anidan,
hace huir los animales fieros y nocivos. Caer la
vanidad, y la fiera infernal huir del alma; la congiegacin de los toros y novillos (2) que la queran
herir y la cercaban como leones hambrientos, queriendo deshacer sus pasos y sus obras, y contar sus
huesos, sern descjuijarados y deshechos por el humilde y manso. As pues, nima ma, si quieres ser
como el justo, discurre por todas las cosas que no
son Dios, como la centella por el caaveral, deshacindolas, separndolas y dividindolas, rumindolas
con la consideracin, dejndolas con el afecto, aniquilndolas en la estimacin, para que as puedas
edificar para ti soledades, como los prncipes y cnsules que tienen seoro y consejo, pues est entre ti el reino de Dios tu Padre, y te manda que
hagas juicio verdadero de las cosas y que peses fielmente. Mira que los cielos como el vestimento, se
podrn envejecer (3), y los cielos y la tierra podrn
faltar, mas su palabra no podr perecer; el mar, y
el Jordn, podrn huir, mas El que es fuente de vida corre en una vida eterna. Los poderosos gigantes
del siglo, varones famosos que obtuvieron riquezas,
as como el humo pasaron y cayeron, sin que descendiera con ellos su gloria, y todo el siglo se disolvi en pavesas. Toc los montes el Seor, y los convirti en humo (4), y la vida del hombre nunca permanece en un estado: a la maana florece, a la taide cae y se seca; quin es el hombre que vive y no
haya de ver la muerte? (5), quin fue que as no
el
haya
sido,
quin ser que
tal
no
sea?
solo.
Se-
or, ests siempre vivo, y tus aos no descaecen;
abrasa, pues, y quema todo el afecto de lo que no
es Dios, para que en estas cenizas revivas, y tengas
una vida verdadera. No temas las fieras infernales^
que hacen ruido en las caas para espantarte, y no
(i)
(4)
Ps..
Ps..
G;,
.43. 5.
31.
(r,)
(2)
Ps..
l's..
88,
i.
.10.
13,
(3)
l's..
101.
27.
Afectos Espirituales
85.
podrn morderte, porque el Seor de todos, atar
bocas inicuas; y cuando te quieran contar fabulaciones inicuas, di: no esto. Seor, sino tu ley, que
ellos no podrn quitar sin voluntad de su dueo un
cabello de tu cabeza; pues no los temas, ni esperes
en los prncipes, ni en los hijos de los hombres, porque no hay en ellos salud; cmo, pues, los que no la.
tienen podrn darla?; ;cmo, pues, los pobres podrn enriquecer, los enfermos podrn curar, ni los
ciegos podrn akimbrar? Como todo hombre se.x
vanidad y engao. Dios es el que alumbra la lucerna, y da ciencia a los sabios, ensendola a los hombres, y en su luz vemos la luz (1), porque cerca de
El est la fuente de la vida; pues no esperes en
ellos, ni los ames, ni te ames, si no es en la fuente
del bien, en la causa y origen de todo el bien, en
las
Dios, cuyo nombre es dar, cuya mano reparte los
bienes que son bienes, cuyo limpsimo, anchurossimo y encendidsimo corazn, como un inmenso mar,
vierte de s los ros que vuelven a El, y los que no,
son charcos de aguas turbias. Pues no los ames, fuera de su limpia corriente, ni te alegren sus vanas
alabanzas, que son yelo que seca y marchita la virtud del alma, y es pueblo que aun a su Seor honra
con los labios, y el corazn est lejos (2), porque
siempre anda rodeando la tierra y cercando la ciudad, como los canes hambrientos, a ver qu podrn
tragar, ladrar o morder; aun cuando parezca entre
los hijos de Dios, y considere a sus siervos, si no halla otro dolo, querr probarlos, cercarlos, asombrarlos y llagarlos; y talvez har con ellos oficio de Satans. Pues no te alegren sus aceptaciones, ni te entristezcan sus desprecios, pues, qu precio puede
dar quien no lo tiene fuera de Dios, pues se vuelven como las hojas del rbol que a cada paso las lleva el viento, y al que hoy defienden, maana acusan, y aun de una hora a otra le derriban la casa que
(i)
Ps.,
35,
10.
(2)
Math.,
15,
8.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
36
haban edificado, y
le
la
mentos, porque fueron,
deshacen hasta los fundaarena de sus opiniones
la
vana, y fciles sus quereres?; no apetezcas, pues, sus
guisados, que muchas veces est la muerte en Ja
olla (1). Ofrece a Dios un corazn limpio y vacio
de otro afecto, para que lo llene del leo de su gray camina a la tierra prometida por el desierto
y soledad de todo lo criado, porque all te llover el
cielo el sustancial man, porque en tu Dios, traspasars el muro (2) y los muros de contradicciones caern
al sonido de su voz, y llegars a la tierra prometid t,
que mana miel y leche.
cia;
AFECTO
16<?
FELICIDADES DEL BIEN SUMO, Y HORRORES
DEL MAL SEMPITERNO.
Otro da entend esto: yo te hice el bien, y te
apart del mal, pesa, pues, qu bien, y qu mal?
Sube con las alas de la consideracin a los espaciossimos alczares del cielo; mira con los ojos de la
fe,
el
bien que
te
previene mi amor; mide,
si
pue-
des, las estrellas; cuntalas y llmalas, si puedes; camina por sus calles y sus plazas, no de oro oscuro,
y muertas; mira sus
de graciosas y bellas flores
ni de margaritas corruptibles
montes
excelsos, vestidos
inmortales; percibe sus olores, no como la confeccin de todos los aromas que suben del desierto de
la tierra, s como la que ofrecen los ms altos perfumes en los sagrados incensarios de la caridad; oye
sus dulcsimas msicas, suaves y concertadas, no como las que hacan los israelitas, de lgrimas y lloros, sobre las corrientes de la gran Babilonia (v^), suspendiendo sus instrumentos, porcjue en la tierra aje-
na no suenan
(i)
mi
Rcg.,
los
4,
.10.
cnticos
(2)
del
Ps..
17,
Seor como en los
30.
(3)
Ps..
136.
Afectos Espirituales
87
tabernculos de los justos, donde sus voces
son de alegra y salud, y siempre son cantares nuevos, donde jams se ve el cansancio ni el fastidio:
son voces que dan salud y vida siempre a la alegra
y al gozo, aplaciendo al Seor.
eternos
En aquella regin de
cantan en
magnificencia de sus
obras; all se alaba a Dios con todo el corazn en el
concilio de los justos, y en su congregacin; con todo el corazn, porque ya en el alma ni en sus potencias no cabe mancha, dolo, engao, envidia ni
pasin. Mas aquella amabilsima congregacin es
toda llamas, que unas a otras encienden el fuego del
divino amor, unidas con el inmenso incendio de la
caridad entre s, y, transformadas en Dios, resplandecen y estn como lucidas antorchas ante el trono
de Dios y del cordero, ms Cndidos que la nieve,
ms blancos que la leche, ms hermosos que el mareterno
sus
los
misericordias,
vivos, all se
la
fil y que el zafiro, bellos y agraciados, andando de
claridad en claridad, y viendo y amando al Dios de
los dioses, y al Seor de los seores. Yo dije: dioses
e hijos del excelso, y cielos de los cielos para
Seor que tiene su asiento en las almas de los
justos, como en cielos ms hermosos y capaces por
su gracia que los cielos materiales.
sois,
Pues mira, ahora que te apart del mal; y qu
mal! En la mitad de este da, o en la claridad de
sta consideracin,
tra a especular
anda a
con
las
la vista
puertas inferiores, y enla fe y la considera-
de
cin, aquel lugar de horrores, donde sombras de
muerte, y ningn concierto, sino un sempiterno horror habita. Mira las llamas de aquel horno de confusin, y piensa si pudieras habitar con el fuego tragador. Aquel es el ro de amargura y llanto, sobre
que sentados para siempre los desterrados de la santa Sin, sobrepujarn las corrientes de su llanto, pesar y amargura, a todo el grande mar de penas, dolor y tormento. All dicen los insipientes que no
quisieron en el breve espacio de la vida temporal
Sor Francisca Josefa de la Concei-cin
88
labores de los hombres, ni ser enseados
azote del castigo y trabajo temporal: ya somos azotados con los demonios, y nos tiene la soberbia atados al remo infernal. Y ms dicen en su
corazn los insipientes (1): ya no hay Dios, ya no
ser
en
con
las
el
hay Dios! Ya
acab para nosotros, y con El todos
espada de dos filos, como tempestad
de rayos, est cayendo siempre en el volcn de sus
corazones, y les est diciendo eternamente: no hay
Dios! As son hechos corruptos y podridos como el
estircol, abominables en su fealdad, y en sus estuse
los bienes. Esta
dios,
porque imaginando siempre, y dando vueltas
como
serpientes, y desentrandose
como
las araas,
no sacan ningn bien, aunque conocen el bien que perdieron, el mal en que cayeron,,
el tiempo y la eternidad, etc. Mas sus bocas estn
llenos de veneno,
llenas de maldicin y de amargura, sin poderse apartar de su malicia, ni salir de la crcel, ni entrarles
alivio. Oh Seor, oh Seor!, y
que nuestras justicias son como el
do (2) y manchado; pues qu es lo
por la vida eterna? Qu es lo que se
qu cierto es
pao inmunque se trabaja
all
cusarse de la eterna muerte?
etc.
ces?, etc.
si
sufre para ex-
falta leve
una palabra injuriosa que
alivio,
to,
Una
la
de algn
lleva el vien-
esto es tan insufrible, qu ser enton-
Oh,
cmo
el
da produce palabras del da,
y la noche da ciencia de la noche! (3). Oh alma
ma!, si amas y te alegras en el da de la consolala que es eternoche de cualquiera adversidad temporal y leve, por qu no temes y hus de todos los caminos de la noche eterna? Si carecer de un
bien leve y momentneo te aflige, cmo no te
asombra la contingencia de carecer de Dios, bien de
los bienes? Pues mira que sin su compaa, todo es
horrorosa soledad, y que si el grano cayendo en la
c'n temporal, por qu no aspiras a
na?
(1)
si
l's..
te
r,2.
aflige la
2.
(2)
Isai..
0.1.
6.
(3)
Ps..
i8.
3.
Afectos Espirituales
89
tierra no fuere muerto (i) por la mortificacin, humildad, y retiro de todo afecto vano, l solo se quedar. Ellos cayeron, no donde pudieran fructificar,
s en las cavernas ms profundas, y all enfermaron;
mira pues y considera, qu enfermedad!, cun doloorsa!, cun penosa!, cun irremediable!, cun grave! No quisieron el remedio, no apetecieron la salud que se hizo de sangre y vida de Dios, y enfermaron, y cayeron. Mira pues, que te apart del mal en
que ya pudieras haber cado, y te prevengo el bien
que puedes lograr con pequeo y temporal trabajo.
Mira que el Seor conoce los caminos de los limpios, y la eterna heredad que les previene; no la
vendas por saciar tu apetito con un vil gusto, ni dejes de trabajar un breve tiempo al sol y al sereno,
en el trabajo del da, y vigilias de la noche, por llegar al reposo de la feliz y hermosa posesin de Dios;
que si lo amaras por la grandeza slo del amor, te
pareciera poco todo trabajo y esperanza.
AFECTO
NOTICIAS,
VISION
DE COSAS CELESTIALES, QUE
HALLA EL ALMA, POR EL CONTINUO Y POSITIVO
DESEO DE AMAR A DIOS.
Hoy en comulgando, como yo hubiera cado en
faltas, y me fuera a mi Dios por el remedio,
peda con grande alegra y consuelo, me quitara
muchas
le
mi corazn tan mal inclinado, y pusiera en lul, una brasa de su divino amor; y luego senta la paz y quietud que me haba sido en todos
estos das como imposible conseguir, por hallarme
este
gar de
por todos lados atribulada,
(i)
Joann.
12, 24.
etc.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
90
Estando oyendo misa, se me represent la Serensima y Pursima Virgen Mara, con una hermosura
tan grande, y tan sobre todo pensamiento, que no
creo se pueda imaginar o decir, porque es sobre todo
entendimiento; con una tnica, ms que la nieve ni
el sol de cndida y resplandeciente, y manto azul
hermossimo, y que tena all su Nio, cerca, coma
de cuatro aos, con una tuniquita de color tan encendido y agraciado, cual por ac me parece no se
ve jams.
cmo
ma,
lo
etc.
Todo
como espiritualizado, o yo no s
una cosa que se entra por el alEntend que el santo Angel formaba
diga;
(1).
es
es
aquellas especies, por voluntad de Dios, en la imaginacin, para dar alguna noticia de las cosas celestiales, y levantar y encender el corazn cado y fro, etc.
AFECTO
189
LAS MISMAS TRES CAUSAS QUE ATORMENTAN
EL ALMA EN LAS AGUAS DE LA CONTRICION, LA ELEVAN A LA ADMIRACION DE LAS PERFECCIONES
DIVINAS Y A DISFRUTAR LAS ANSIAS DE UNION
CON
JESUS,
MARIA Y JOSEF
Sintiendo y padeciendo unos desmayos o ansias en
alma y en el cuerpo, que parece que ella se afana y trabaja por acabarse de despedir del cuerpo y
corazn, y l se turba, y casi se aniquila, etc., entend esto: de tres principios, como de tres caudalosos
ros se levantan en el alma estas olas, que unas la
abaten hasta lo profundo, y otras la suben a las alturas, y de aqu nace la tormenta que no entiende,
y el cmo acabar y morir. La una es el encendido
deseo de hallar su sakid en Jess y Mara, y en las.
virtudes, hermosuras y purezas que aqu ha conocido, en aquel da claro de su Salvador y su salud, y
en la Madre de la luz y de la gracia; y con una an-
el
(i)
Este pasaje
explicativa del
fue suprimido,
editor, en
la
sustituido por
primera edicin
una nota
(Bogot,
iH jg)
Afectos Kspirul ales
sia
y sed
como inextinguible desea caminar,
91
correr
o volar a estas fuentes de vida, de gracia y de limpieza, de rectitud, hermosura y santidad. Ya quisiera.
anegarse en aquel mar de su dolor y su amor, y parece que dice un escondido y grande deseo del nima: ir al monte de la mirra. Oh, quin te me die-
hermano mo, criado a los pechos de mi madre,,
tomando su leche, que yo te hallara fuera ya de
m, y de todas las cosas que me pueden estorbar el
llegar a ti! Que ya te hallara mi alma, y te hallara en los pechos de mi madre, para que de sus misericordias fuera mi alma alimentada, para que en
su proteccin tuviera mi refugio; en su doctrina y
ejemplo, mi alimento y seguridad!, pues los pechos
de su enseanza son como torres de defensa. Oh,
Madre ma, y madre de la vida, tus pechos son como el vino que conforta y alegra el corazn del homra,
bre; y el olor de tus virtudes, gracias, y hermosura,
como
la fragancia de los mejores ungentos! Oh
oh esposo, oh hermano, oh vida! Defecit in salutare tuum anima mea. Oh, quin me dar que te
halle, y me introduzca al amparo y refugio de tu
madre!, como a una bodega de preciossimos vinos,
donde el alma, tomada de sus dulzuras, embriagada de la caridad, viviera en Dios y muriera en s, y
fuera bien ordenada en todas las virtudes, pues es tu
amada madre el modelo y ejemplar de todas las ms
Dios,
excelentes, amables y preciosas.
Oh
oh Jess, Seor de las virtudes! cundo
alma al olor de ellas, cundo te hallar
en aquel tu lecho florido de tu bendita madre, cundo, despus de la noche triste de tan amargas penas,,
correr
Dios,
el
vendr
la aurora y se acabarn las guerras,
y persecuciones de mi alma; cundo amanecer el da y
saldr el sol de su patrocinio
y amparo? Cundo saldrs t, sol de justicia, nacido de su vientre para
que
salga el alma a santas obras hasta la vspera de
eterna luz, que ser el da de la muerte? Cundo
amaneciendo en las regiones del alma aquellos piala
92
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
dosos ojos que dan vida, se ahuyentarn las sombras
de la muerte? Cundo aquellos labios piadossimos,
y encendidos en caridad, como una cinta de grana,
unirn y atarn mi alma contigo? oh dulcsimo
Dios y Salvador Jess!
En mi lecho por las noches busqu al que ama
mi alma, busqule y no le hall, porque noche, osculas cosas que estn debajo del sol, y todas las hallo vanas y que afligen el
espritu. Levantarme con todo mi corazn, con la
ridad y tinieblas, son todas
consideracin y deseos, a cercar toda la ciudad santa de Jerusaln, y subiendo o pasando por todos
aquellos espritus dichosos, en la que es sobre todos,
y ms que todos^ en los dones, gracia y perfeccin,
hallar al que ama mi alma; aqu le tendr, y slo
-con su proteccin y amparo me asegurar de no dejarlo, antes ms y ms de introducirme con l, o que
l me ntre a la mansin de mi madre, a la sombra de
sus alas, a su abrigo y amparo, porque all tendr seguro mi tesoro, y en este campo anchurossimo de
sus misericordias lo hallar. Oh mi Seor!, si tu beatsima madre te dio el ser humano, o la humanidad
^n que fuiste rey coronado de espinas por las almas,
y derramando sangre en la cruz, le acordaste el ser
madre nustra, a vista de lo que te costamos: algrese mi corazn, que aunque tan vil y mala esclava como soy, ha de mirarme por la sangre, dolores
y muerte de su hijo, y su Dios tan amado; y ha de
levantarse en mi favor, terrible para disipar y hacer
huir mis contrarios, como los ejrcitos bien ordenados, contra las huestes infernales.
Oh, pues. Seor, Dios y Salvador Jess, levantaos
favor, dicindole a mi alma: "Yo soy
tu salud: mira, mi madre es tu madre"! (1). As pues,
este deseo, esta ansia, es una de las causas de desfallecer el alma, porque toda quisiera anegarse en estas fuentes de vida, y fuera de Jess y de Mara, to-
mi Dios en mi
(i)
Joann.,
19,
27.
Afectos Espirituales
93
das las cosas le parecen inspidas; y parece que pregunta o se queja diciendo: quin puede gustar lo
insulso, que no est sazonado con sal? Pero aunque
'Cl alma no quisiera ni aun tocar cosa que de Jess
y Mara se apartara, o no fuera su presencia y amor,
puede decir: aquellas cosas que no quera tocar, ahoson mi manjar.
ra, por la angustia de mi nima,
Psome el Seor desolada todo el da, confeccionada y consumida con amargura (1), porque todas las
cosas me son amargas. Qu puede tener sin ti cl
alma, oh Jess, oh Afara? Oh Jess, rey en la grandeza admirable, en los triunfos nobilsimos, en las
dulzuras inefables, y todo para desear! Oh, si visitaras mi triste corazn, cmo luciera lugo all la
verdad, cun vanas y viles me parecieran las cosas
del mundo, y cmo ardiera lo ntimo de mi alma en
tu amor! Oh, cun dulce quedara mi corazn con
Jess, fuente de vida, lumbre del alma, gozo sobre
todo gozo, y sobre todo deseo!
Oh, pues, alma ma, en las ondas procelosas de
mar grande, en las corrientes tristes de esta
gran Babilonia (2), donde lloras, suspensos los instrumentos de tu msica; donde no oyes las canciones
de la santa Sin, ni suena la ctara, ni el salterio de
tu alegra, donde slo oyes voces de lamentaciones
al sn de las cadenas que arrastras cautiva; en esta
noche oscura, donde no puedes tener gozo, pues no
ves la luz del cielo, bsca la estrella de la maana,
llama a Mara, m"ra que es estrella y norte para salir a puerto. Pues te cercan las angustias, los peligros, las tentaciones, las dudas, las fatigas, el cansancio, no apartes los ojos llorosos de tu estrella, y madre piadosa, no la dejes del corazn ni de los labios,
y no temas ni te fatigues, que es madre de la vida,
de la luz, y de la misericordia.
este
Pensando en mi corazn, y diciendo: Oh, Seora,
madre de la verdadera luz, verdad y vida, refugio
(i)
Jerem., Thren.,
I,
13.
(2)
Ps.,
136.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
94
de
los
te?, se
pecadores! qu podr yo hacer para agradaracord lo que dijo a los que servan al con-
me
de las bodas de Can: "Haced lo que os mandare mi hijo" (i). Como si dijera: "Oh alma!, si
quieres que la frialdad del corazn se convierta eu
vino de caridad, mira las palabras y doctrina del
vite
maestro, que es tu salud, y sigue sus consejos y
ejemplos, que ste ser mi gusto, y mi servicio.
La segunda causa de desfallecer el alma y corazn
en aquel desmayo y ansia mortal, me pareci ser un
conocimiento que Dios da de s mismo, de manera
que el alma, conociendo algo de aquel ser inmenso,
lo que ms conoce es que no conoce; y muere y arde
por conocer y amar a su ltimo fin y sumo bien. Defeceriint ociili
mei
in
tuum (2), porque
como una palacomo la que se arcomo el roco, o co-
eloquium
parece que aquel conocimiento
bra, o una habla escondida, no
ticula o forma con la voz, mas
es
mo
las gotas que destilan en la tierra, que despiertan su sed de conocer y amar un bien que es sobre
todo bien, a vista de lo que
sin conocer;
refulgente, la
ta.
Todo
alma siente, o conoce
aun cuando est ms
ve como una luz pintada, o luz muermundo y todas las cosas que en l hay
esta luz del
este
el
sol,
son como paja, o como cuerpos sin alma, y me parece queda o est el alma en tanta soledad, que sin
aquel bien que desea, no bastarn todas las criaturas
a hacerle compaa; parece que anda sin corazn y
que a todas las cosas les ha faltado la viDesea amar y conocer, y llegarse a su
principio y origen, y conoce algo de que es una oinnipotencia sapientsima y amabilsima, una estabilidad hermossima, una vida vivificadora, una etei'nidad firmsima, una verdad santsima, y una santidad
verdadersima, una afabilidad y misericordia altsima, y una majestad suavsima, una justicia amabilsin vida, y
da y
(i)
el
ser.
Joann.,
2,
5.
(2)
Ps.,
118,
82.
Afectos Espirituales
95
una inmensidad poderossima, etc. Y mas conoce que no conoce nada. Querra volar, y llegar a
su centro, y se halla detenida de fuertes cadenas; desea un bien infinito, para cuya dichosa posesin fue
criada, y sabe que es su centro, y se ve lejos y desterrada en la regin de la sombra y del olvido.
sima, y
Ay de m!, ay de m!, que mi destierro se va alargando, y aun una hora de l pareciera prolongada (1). Ay de m! que habito con los habitadores
de las tinieblas. Parece que realmente se halla en
una casa despoblada y espantosa, y que entrando y
saliendo en sus piezas todas, las halla despobladas y
tristes, pavorosas y oscuras. Oh, Seor altsimo!, si
el cielo y los cielos de los cielos no son nada en presencia de vuestra altsima majestad, ay de m. Seor Dios mo!, cmo dais a un tan pequeito y vil
gusano de la tierra sed y deseo de Vos, fuente de
vida? Quin es la tierra y el polvo para que desee
y tenga hambre y sed del Altsimo? Huid, amado
mo, a la manera que la cabra monts y los hijos de
los ciervos, alejndoos de mi conocimiento, cuando
ms lo arrastras tras vos. Dios mo. Oh, quin fuera corriendo y volando, al olor suavsimo que siente
el alma, a los montes de los aromas, al collado del
incienso! Quin llegara ya a su origen y principio,,
a su altsimo fin, a su deseado centro! Todos los
das que aqu en mi destierro milito, slo me mantiene el estar esperando cundo vendr mi mudanza (2); y como el mercenario, pas el da de la vida,
mezclando el manjar con lgrimas, o siendo el llanto mi pan de da y de noche; antes mis das parecen vacos de todo bien, y antes parecen noches llenas de trabajos; para qu fue dada la luz al miserable, sino para que vea su dolor, y el bien de que
carece? Oh, Dios mo!, quin puede sufrir esta
muerte viva, o esta vida muerta? Oh, con la prisa.
(i)
Ps., 119. 5.
(2)
Job., 14, 14.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
-96
que
esto,
os alejis volved. Dios mo!: Reverter; sijnilis
dilecte mi, caprcc, etc. (i). Verdaderamente
siente el alma arrancarse de s misma, y ciertamente
ve todas las cosas como pena y dolor; est como la
lechuza en las noches (2) y en las ruinas, y como el
pjaro en el techo solitario; anda y vive muriendo
como extraa a sus hermanos y como peregrino ca-
de su madre, porque ninguna criatura
puede consolar. Aqu s que se sienta solitaria y
calla, porque no tiene palabras en su boca, slo son
tre los hijos
la
lengua sus ojos; y las tristes corrientes de la Babilonia de este mundo y vida mortal slo le son instrumentos para el llanto; y si se levanta, le son su mismo dolor, slo es a ver si halla noticias del bien que
desea; anda buscando su corazn sin corazn, porque
cuando se fue se lo llev. Su vida busca sin alma, porque no anima donde atormenta y desmaya,
sino donde desea y ama. Defecit caro mea et cor
ineum, Deus coris mei, et pars mea Deus in ceternum (3). Sin aquella luz viva, hermosa, poderosa y
firme que desea, tan triste y escuro le es el da como la noche; tan pavorosa la luz como las tinieblas;
tan amarga la vida como la muerte, antes la vida que
anima es su ms cruel muerte, porque la mira como impedimento para hallar la verdadera vida que
desea. El amor es fuerte como la muerte (4), que lo
deshace,
aniquila
todo, y slo prevalece;
mas
la
que estorba a la unin del bien que se ama,
es como la emulacin dura del infierno, que vive
para morir, y anima para el dolor y la pena. La luz
que queda en lo escondido del alma, es como lmpara de fuego y de llamas. Admirable es el Seor
en las elaciones del mar, y viniendo el alma por
vida,
algn conocimiento a rastrear algo de la alteza de
aquel mar, se halla sumergida de la tempestad, y
(i)
(\)
Cantic.
Cantic.
H.
17.
2,
i\.
(2)
Ps.,
101.
li.
f3)
Ps..
72. 2G.
Afectos Espirituales
97
cualquiera voz con que pueda o quiera clamar, es
voz ronca, y no dice nada. Un conocimiento, me parece, me dio Nuestro Seor como si dijera: (no digo
yo c|ue me habla; mas as me explico) mira, esta luz
del sol material que t ves como muerta o pintada,
como semejanza de la luz que deseas, puede ensear
al alma la ms alta perfeccin. Mira la obediencia
incansable con que est andando su carrera por la
voluntad de su criador, sin parar, perseverando en
cumplir el fin para que fue criado. Cuntos aos
y siglos ha que est dando vueltas con veloz carrera, alumbrando tan varias regiones, y tnta diversidad de criaturas como contiene el globo de la tierra? El reparte su luz y calor con igual movimienningunas impresiones; mas
to, y no recibe en
s
siempre va rendido y sujeto a la voluntad de su
criador. No est en s turbado ni mudado, por pasar por montes o por valles, por el mar grande o
arroyos pequeos; ni se altera cuando pasa por cosas duras, speras o blandas, por espinas o flores,
poblados o desiertos, fieras, aves o peces; porque el
Seor, que puso en l su tabernculo, es el fin de su
jornada (1). Mira, pues, su veloz movimiento y su
igualdad, su ardor, su luz y su beneficencia con que
obedece, su presteza, sin parar un punto.
Las nimas de los justos estn en la mano de
Dios (2), que es su poder, amor y providencia, y no
Ies tocarn los tormentos aunque sean como tormentos de muerte, porque todo su amor, deseo y conato de su intencin, y parte superior del alma, est
fija en el Sumo Bien, corre y vuela a su centro; y
as todo lo que esto no es, no les toca ni hace impresin, antes en las penas y tormentos se esfuerzan
como gigantes para correr alegres su carrera, porque es a lo sumo del cielo su subida. A los ojos de
los insipientes estn como muertos, mas ellos son enpaz, andando su carrera sin que los detengan o tur(i)
Ps.,
i8,
6.
(2)
Sap., 3.
1-5
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
98
se ponen sobre la tierra, as de
acaecimientos exteriores cuanto de las mudanzas, que como vientos y nubes se levantan en la
parte inferior del alma; y as anda el sol sin dete-
ben
las
nubes que
los varios
huyendo unas,
deshaciendo otras
quien no pueden extinguir las muchas aguas (1), ni oprimir sus
grandes avenidas. Ni andar el sol por eso ms banerse en
con
ni
jo,
ellas,
los rayos y calor
ni el
ms
alma
alto del
se
de
la caridad, a
camino que
le
seal su autor,
levantar en soberbia, porque
diere
si
hombre toda la sustancia de su casa, la despreciar como nada por la caridad.
Oh Dios mo!, pues pusiste en el sol tu tabernculo, haciendo a tu santsima Madre nica escogida como l, y sola ella camin sin tardanza, sin
el
imperfeccin ni sombra de culpa ni ignorancia; slo
a su favor, a su luz y a su calor podr andar el alen tu seguimiento, pues en su tabernculo pur-
ma
nos dio y mostr el que es camino verdadeMadre de la luz y de la vida: Et in
velamento alarnm tiiarum exsultabo. Adhccsit anima
simo
se
ro y vivfico. Oh
mea post te: me suscepit dextera tiia (2).
La tercera causa de aquel desfallecimiento o
bacin del alma,
es
por
la
tur-
persecucin de los espri-
Mi nima me ha conturbado por los ejrde Aminadab: Defectio tenuit me, pro peccato.
ribus derelinquentibus legem tiiam (3). Aquellos, Seor, que desde el principio dejaron tu ley, y glorindose en su malicia son poderosos para la iniquidad;
aquellos que como potestades de las tinieblas arrojan al alma confusin y espanto; aquellos que como
huracanes arrancados de su asiento, con su mismo
furor quisieran levantar al alma, a despedazarla en las
tus malos.
citos
peas ms tajadas, y arrojarla
(1)
Cant., 8,
7.
(2)
Ps., G2, 8.
al
(3)
abismo de
Ps.,
118. 53.
la
de-
Afectos Espirituales
99
sesperacin. Sus dientes son como dientes de leones (1), y sus ojos como armas y saetas; su anhlito,
como el centro del veneno y corrupcin, inficiona y
corrompe al que no librare la proteccin del Altsimo, al que no se escondiere debajo de sus alas. Debajo de sus lenguas est el veneno de spides; aquellos cuyos pies ligersimos para el mal andan siem-
pre rodeando la tierra (2), para perecer entre los hijos de Dios; aquellos que habiendo tenido tanta capacidad para el bien (si no hubieran dejado a su Seor Dios, y olvidado los beneficios, poder y majestad de su criador), tienen ahora tan profundos senos para el mal. Aquellos poderosos para la iniquidad, que turbando el cielo cayeron al abismo y llenaron la tierra de horror; que habiendo sido prncipes tan sublimes, de jerarquas tan levantadas, andan ahora como ladroncillos por los caminos a ver
si pueden robar la gloria de su Seor, poniendo lazos y armando trampas a los hijos de Dios. Los que
como verdaderos estultos trabajan siempre en su
mayor confusin, edificando, ms y ms levantada en
su malicia, la Babilonia de su mayor tormento y confusin. Los que habiendo sido vestidos de prpura
y grana en su creacin, ahora comen y se sustentan
con el estircol de los vicios, y inmundicias que abrazan (3). Aquellos infelices que habiendo tenida
asiento entre los tronos, principados, potestades, que-
rubines y serafines, ahora se asientan como moscas
sucias en las llagas y corrupcin; y no teniendo poder, sin licencia de su Seor, de matar una hor-
aun
tienen esperanza de sorberse el JorAquellos de locura tan desatinada, que quisieron medir sus fuerzas con el omnipotente, y son
vencidos con la mosca y gusano. Estos ejrcitos llenos de furor y malicia, que como langostas salen de
las cavernas infernales, como saeteros voladores en
miga,
dn
(4).
(i)
(4)
Eccle.,
Job., 40,
21,
18.
2.
(2)
Job.,
I,
7.
(3)
Thren.,
4,
5.
Sor Francisca Josefa de la Concei'cin
100
como negociadores de fuegos y tinieblas, de
y confusin, que slo se alistan y congregan
para quitarle al alma el Sumo Bien, la turban de
el da,
humo
manera que con ninguna comparacin se podr exporque como Nuestro Seor le ha dado aquel
conocimiento y deseo de s mismo, que es bien so-
plicar;
bre todo bien, y de la hermosura, limpieza y rectitud de las virtudes que conoce y ama en Jess y Mara, y ve juntamente el desvelo y furor con que las
potestades d^ las tinieblas anhelan a desposeerla
de tanto bien, y ve en s tanta debilidad, teme y
tiembla. Aunque no sea ms que ver sus iniquidades y maldades, es una pena al alma, parecida, si no
misma que
las penas del infierno; y cuando
despierta o como puesta en atalaya, ve a una
parte todo el bien, y a otra todo el mal, y su causa
dudosa, porque ninguno sabe si es hijo de odio o
es
la
como
de amor (1), teme y tiembla con mayor temor o
temblor que puede caber naturalmente en pensamiento humano. Oh Dios mo, deca uno: "temblar
me hace mi celo, porque olvidaron tus palabras mis
enemigos, vi a los prevaricadores y tembl, porque
ellos no guardan ley ni respeto." El celo de tu
casa (2), que es mi alma, y el deseo de tenerla limpia para la majestad de tan gran Seor, me comi,
porque los oprobios que caen sobre m son oprobios
contra Ti; aquel su veneno es tan mortfero que
bastara a inficionar todo el orbe de la tierra. Ay
Dios, si en lugar del Sumo Bien ser mi parte el
sumo mal? No slo teme el alma el despojo de todos los bienes, como de palio que la cubre, mas ios
golpes y llagas de todos los males que se encierran
en la culpa. Oh tiempo de guerra y de batalla,
cun largo y prolongado parece cada instante! Oh,
Seor Dios mo, toma las armas y el escudo (3), y levntate en mi ayuda, saca la espada de tu justicia
en mi defensa, y dle a mi alma: "yo soy su salud,
vulvanse confusos y avergonzados para atrs, los
(1)
Ecclc,
9.
I.
(2)
ls.,
68.
10.
(3)
Ps.,
34.
Afectos Espirituales
101
tantos males pensaron para matar mi alma; sean
hechos como polvo ante la cara del viento; que contra todos sus ejrcitos y ardides bastar uno de tus
santos ngeles a coartarlos y deshacerlos. Sea hecho
5u camino de tinieblas, y de lobreguez sus eternos calabozos, y tu santo ngel, Seor Dios mo, los persiga hasta encerrarlos en ellos; vngales aquel mal que
queran a mi alma, y caigan en aquellos lazos que
haban armado; y mi alma, con una alegra inefable se alegre en su Seor, y se goce, recree y exulte
en su salud, pues el Seor es hecho su salud jOh,
Seor Dios mo, pnme junto a Ti, y la mano de
cualquiera pelee contra m! Eripiens inopem de
manu fortiorum ejus, egenum et pauperem a diripientihus eum. Oh alma ma!, cmo te atreves a
desviarte un punto de tu Dios, a disgustar en algo a
tu defensor? Cmo no te humillas en el ayuno, abstenindote de todo aquello que puede agravarte
con soberbia y vanidad; y cmo no clamas con ms
que
profunda oracin? Cmo duermes entre tantos contrarios, y cmo no despiertas para advertir tus riesgos, con la viva consideracin de tu nada, de tu miseria y vileza, y de lo que te importa ganar a Dios
para siempre y no pederlo? Los prncipes de las tinieblas se sentaron como en concilio, y adversos a ti,
hablaron unos con otros fabricando tu mal; pues
qu has de hacer? Senms autem exercehatur in justi.
ficationibus tuis (1). De balde me persiguen, porque
el verdadero temor no es de ellos. Dios mo, que sin
Ti no pueden nada, sin tu licencia no podrn mo-
A verhis tuis formidavit cor meum. De tu enoDios mo, de tus palabras he de temblar y temer, porque nada harn los verdugos sin el mandato del juez, y como amas la justicia y equidad, des-
verse.
iio.
decir de tu gusto, y hacerse a tus ojos aborrecible,
y ofender a Ti, suma bondad y santidad, es lo que
(i)
Ps.,
118,
23.
102
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
debe hacer al alma temblar. Oh Dios mo, alumbra
mi alma con tu rostro benignsimo, y ensame a
andar justamente delante de Ti, para que no me
entregues a los que me calumnian; y pues aborreces
la soberbia, aborrzcala y hyala tu sierva, pegndose al pavimento, juntndose y reputndose con el
polvo, unindose a lo ms bajo de su nada, para que
la vivifiques segn tu palabra; pues dijistes: a quin
mirar, o en quin pondr mis ojos, sino en el humilde y pobre? Vengan pues, Seor mo, a m tus
miseraciones, aquellas piedades que a cada paso
ejercitas para que en cada cosa y ocasin, libres a
tu esclava de las manos del cruel, y viva mi nima
meditando tu ley, conociendo y considerando en Ti
todos Jos bienes, y en m todos los males; y pues descansas en el humilde como en quien anda en verdad, y pusiste tu tabernculo, tu lecho y tu descanso en aquella altsima y pursima madre tuya, Mara
Santsima, que fue la ms humilde de todas las criaturas, y la que quebr, pis, y holl la soberbia cabeza de la antigua serpiente, suplicte por su amor
y reverencia, Dios mo, me concedas el amparo y defensa de este lecho florido del pacfico Salomn,
Pues en l tendr el alma todos los fortsimos de
Israel para su defensa (1), doctsimos en las peleas,
teniendo las espadas del poder inmenso, en cuyo
nombre vencieron la primer batalla, teniendo cada
uno su espada ceida sobre su muslo para defender
a los que se acogen a este divino lecho y torre de
David, de los temores nocturnos.
Oh pues. Madre de Dios
Madre ma, am})aro y
defensa de mi corazn; pues eres
la
especiosa y her-
mosa puerta del templo de la celestial Jerusaln,
ruego humildemente a los espritus soberanos que
son siervos tuyos, me pongan a tus pies, como a
aquel pobre cojo y tullido, para que mirando mis
trabajos, piadosa, por el amor y nombre de Jess, le
(i)
Cant.,
3.
7.
Afectos Espirituales
mi nima:
digas a
ello la
mano de
103
levntate y anda,
tu favor!
dndole para
Oye, Madre de misericordia, mis tristes voces y
continuos ruegos, scame ya de lacu miseria', et de
luto jcEcis!
(i).
AFECTO
199
CONSUELASE EL ALMA DESPUES DE LA TEMPESTAD
DE ESPIRITU, CON LAS PALABRAS DE VIDA ETERNA
QUE SUENAN EN SU INTERIOR, EN PONDERACION
DE SUS VIRTUDES.
Pobrecilla, combatida de la tempestad, sin ninguna
consolacin, no temas; yo soy el Seor Dios tuyo, que
te saqu de Egipto, dilata tu boca y tus labios coa
la confianza, y la llenar, y tu boca ser medida. Es-
pera en el Seor y haz bondad, y sers apacentada
de sus riquezas; habitars en la ayuda del Altsi
mo (2), y morars con El en su proteccin. El Seor
es mi amparo, y mi refugio, mi Dios: en El he de esperar hasta que decline el da, y se abatan las sombras, todo el da de la vida mortal cercado de sombras, hasta que llame al alma a coronara en las alturas, de donde cayeron los leones y leopardos. Est fuerte en la batalla con la antigua serpiente, que
el reino que recibirs es reino que no tiene fin. Confrtese tu corazn y haz varonilmente (3), no temas
sus ladridos y amenazas, que el Altsimo que form
a este dragn para burlarlo, es tu ayudador; el Seor es tu escudo y tu fortaleza, y la torre de tu refugio, el que ensear tus manos a la batalla y tus
dedos a la pelea (4), no dejando de tener cuidado
y providencia aun de las cosas ms menudas. Ir como lucerna alumbrando los pasos del alma, y como
(i)
143-
Ps.,
39, 3.
(2)
Ps.,
90.
(3)
Ps.,
26,
14.
(4)
Ps,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
104
fidelsima guarda, no dejar perder aun un cabello
de su cabeza. El te librar de los lazos de los cazadores, y de las palabras de los malos; el escudo de
su verdad te cercar, y su verdad y la firmeza de sus
promesas te ser escudo para que no temas los temores nocturnos. Enviar sus ngeles, mandndoles
que te guarden en todos tus caminos; y estos fortsimos de Israel te librarn de los temores y espantos
de la noche. Oh alma tmida y flacal, que no es
tu Dios tronco y sin manos, como el Dios Dagn de
los gentiles, ni est cado al pavimento, ni reducido
a polvo (1). Yo vivo, dice el Seor, yo me vengar
de mis enemigos. Se levantar el Seor en tu ayuda, y disipar a sus enemigos, y huirn de su presencia los que le aborrecen. Juzga, Seor, mi causa,
defensor de mi vida. Seor Dios mo, pues mis enemigos son enemigos tuyos. As debes pelear, alegre
y confiada, las peleas de tu Seor, y no temas
mientras no te haces al bando de su enemigo; que
este spid y basilisco se mantiene de paja, y el alma
cuya fortaleza es el Altsimo, andar sobre el spid
y basilisco, para llegar a Dios, y pisar al len y al
dragn (2), y dirs: librsteme. Seor Dios mo, de
los que bramaban como leones preparados para comerme y devorarme; y segn la muchedumbre de las
misericordias de tu nombre, de las manos de los
que buscaban mi nima para perderla, y de las puertas de la tribulacin que me cercaba, porque espantado con terrores y maldades, como spides y basiliscos, t. Dios mo, los cogers en sus trampas co-
mo
a zorrillas
pequeas que pretenden demoler tu
via, y secar y malograr las flores de sus deseos y
afectos (3). Mas tu via. Dios mo, que es el alma,
est delante
de Ti, y tus guardas y soldados de tu
que pusiste para su guarda, la mantendrn
paz de su Seor, y quebrantarn los arcos y fle-
milicia,
en la
chas de
(i)
I.
los
Rcg.,
contrarios, y despedazarn sus armas, y
5,
3.
(2)
Ps.,
90,
13.
(3)
CaiiL,
i.',
ir,.
Afectos Espirituales
105
quemarn con fuego sus escudos (1). Oh alma
ma, cun contenta cantars las victorias de tu amado, y convidars a todas las criaturas, y a todas
tus potencias y sentidos! Todas las gentes (2) aplaudid con las manos de santas obras al Seor, y dadle
gloria con las voces de loores y alabanzas como a rey
excelso, terrible, y rey grande sobre todo. Venid y
ved una obra como del Seor que hizo una cosa
prodigiosa sobre la tierra, quitando las guerras hasta el fin de la tierra, haciedo su lugar en paz, y su
habitacin en la Sin santa. Oh alma!, no quieras
ser incrdula sino fiel (3); estas son palabras y promesas de Dios, si guardares su ley en todo tu corazn, y, alentada con el premio de la corona prometida, corrieres al certamen. Como el que dijo: el cales
mino de
mandamientos
tus
corr
cuando
dilataste
mi
palabras y promesas
ms dulces que la miel, a mi garganta; y en el camino de estos testimonios autnticos de tus fidelsimas promesas, me deleit como en muchas riquezas
ya posedas.
corazn
(4)
con aquellas
tus
Oh alma ma, mira que aunque fuera muy dura
la guerra, y el certamen o lucha es curso limitado,
y tiempo que se ha de acabar; sacude el polvo de tus
pies, levntate y corre,
y tu corona,
que
el
porque no
es otro tu
premio
Seor Dios tuyo.
Dios es suma santidad y verdad, es la santidad,
rectitud y verdad misma, y as le es contraria y aborrecible la soberbia, y la vanidad y mentira, que to-
do
es
como
uno; y
as,
heno de
el
todo lo que no es Dios, es nada, es
los techos (5), que antes de crecer
no llenar su mano el que lo coge,
ni su seno el que lo junta en manojos. Tan vaca,
tan trabajada, y tan seca se quedar el alma con todo aquello que no es Dios, como con el heno de lu
techos, aunque ms alta le parezca la estimacin hu-
se seca, del cual
(i)
(4)
Ps.,
Ps.,
45,
lo.
113, 32.
(5)
(2)
Ps.,
Ps.,
46.
128, 6.
(3)
Joann., 20, 27.
106
Sor Francisca Josefa de la Concei-cin
mana, y todo lo que a los amadores del siglo y de
la vanidad les parece sementera digna de segarse y
de guardarse en el seno, ni lo llevarn, ni llenarn
su mano, ni dirn los que pasan a la patria verdadera: la bendicin de Dios est sobre stos; porque todo
lo que no se fabrica en el nombre del Seor es heno, mentira, y vanidad todo lo que es soberbia de la
vida, codicia de los ojos, y codicia de la carne. Esto
me pareci que poda decir el alma: empezaron a
perseguirme. Seor Dios mo, mis enemigos desde
mi juventud, no slo entendindolo del tiempo de la
vida, ms de aquellos principios en que el alma comienza a desear y procurar el verdadero bien.
"Hijo, si quieres llegarte al servicio de Dios, pre
para tu nima para la tentacin", dice Dios. Y el
santo ngel le dijo a Tobas: "fue necesario que la
tentacin te probara"; mas aquella hil es til para
curar y desterrar al dragn y ballena que se esconde
entre las aguas de las pasiones y tentaciones. Los pecadores, que son ios espritus malos, fabrican maldades, y alargan y prolongan sus iniquidades, levantndose como testigos inicuos a hacerle cargos en lo
que el alma ignora y queriendo cargarle sobre sus espaldas el mal de ellos; mas el Seor Dios, justo y
misericordioso, librar al alma de sus calumnias, y
responder por ella, quebrantar la soberbia ceniz
del demonio, y har que sus estudios sean vanos, y
que queden confundidos y avergonzados como el que
coge aquel pequeo y dbil heno, que antes de levantarse se seca, y hallarn vacas sus manos con que
perseguan al alma, y el seno de su furor con que
intentaron destruirla; porque ellos son enemigos de
Dios, que no alcanzaron la bendicin, ni caer sobre
ellos, sino es la
maldicin que buscaron.
As que el alma desfallece con el gran deseo de
virtudes limpias, puras, hermosas, bellas y preciosas, sobre el oro y el topacio; y con su olor suavsimo, de que algo percibe el alma, quisiera correr en
las
Afectos Espirituales
107
pos de Jess y Mara, como en quienes
bren con tantas ventajas a todo sentido.
Y como
se le descu-
caminos puros, santos, limpios, sua-
estos
hermosos, tienen por trmino el mar inmenso del ltimo fin. y Sumo Bien, desfallece el alma con vehementsimos deseos de llegar a su centro;
y as est como pendiente en el aire, anhelando a su
principio, y desfallece cuando a vista de tanto bien,
que conoce, desea y espera, teme el perderlo, y desmaya y desfallece con el horror del mal: iniquitatem
odio habui, et abominatus sum (i), Oh, cun aborrecibles y abominables son. Seor Dios mo, las cosas que apartan de tu santa y amable ley; y aquellos
ves, altos y
infelices espritus que se vistieron la maldicin y la
abominacin, porque no guardaron tu ley, y, prevaricando, huyeron la bendicin!
Oh, cun amable
es
tu ley,
cun amables
tus ta-
cmo
los co-
bernculos. Seor de las virtudes! Oh,
dicia
mi alma,
no llegando
ni
aun
a los atrios con
la consideracin, o el conocimiento, descaece y desfallece
con
el
deseo
el
conocimiento;
desfallece,
porque conoce que no puede llegar ni aun a los
atrios! Oh, cundo, cundo el corazn y la carne se
alegrarn llenamente en Dios vivo, pues aun en el
lugar del destierro tanto deleita su memoria! Oh
alma ma, no quieras en este lugar de tu destierro y
prisin tener otras voces que las del llanto, como la
trtola, ni ms compaa que la que tiene el pjaro solitario, hasta que halles en el Seor tu casa y
tu nido! Canta solo, y entiende en el camino inmaculado de sus justificaciones, hasta que venga a ti y
te lleve a El, sacndote del lugar de tu peregrinacin.
(i)
Ps.,
118,
163.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
108
AFECTO
209
DETESTACION DE LA PROPIA VOLUNTAD, Y UTIL
SOMETIMIENTO A LA DIVINA, DE POCO TE APROVECHARA OIR, Y APRENDER MUCHO, SI NO
EJECUTAS NADA.
Seor Dios, refugio y virtud de mi alma, resplandezca la luz (i) de vuestro amable y benignsimo rostro sobre m, miserable y cada en el camino de esta
vida mortal, para que me ensee vuestros caminos,
y no sea guiada de mi propia voluntad y juicio, poique si un ciego gua a otro, entrambos caern en la
hoya y en el lazo. Oh, qu razn de tanto temor es
sta! No me dejis. Dios mo, seguir mi voluntad y
porque no me lleven y guen al abismo de
culpa, y de la muerte eterna. Siempre est clamando mi alma, con todas las entraas y afectos interiores: Seor, qu queris que haga? (2). Alumbrad, iluminad vuestro rostro sobre nosotros, y te-
juicio,
la
ned misericordia de nosotros. Mas, oh. Seor mo, y
mi descanso, y mi vida, y mi ser, qu llanos y qu
claros pusiste, Dios mo, los caminos de la vida, enviando a vuestros ministros, as al que haba de ser
vaso de eleccin, como al que habas limpiado de la
lepra! Y qu mayor consuelo que saber, porque vo;>
lo dijiste, que quien los oye, os oye a vos, Dios mo,
y quien los obedece, os obedece? Qu mayor bien
que tener vuestra voz y voluntad tan clara y cierta?
Pero, oh, qu temor, Dios mo, cuando me acuerdo
que teniendo presente vuestra misma santsima per
sona, y a vos, que sois el maestro de los maestros,
pregunt el mal juez: qu cosa es la verdad? Y no
aguard ni recibi la respuesta. Tena cerrados los
senos, y los odos de su corazn tapados con la malicia c intencin depravada, y as no cogi el fruta
(i)
Ps., G6.
(2)
Act., 9. 6.
Afectos Espirituales
10>
que de su pregunta pudiera haberle resultado.
alma ma!, no seas como el que considera su
Ali,
ros-
lugo vuelve las espaldas y se
va (1); qu importar que preguntes el camino y
que lo sepas, si no lo andas? Qu te aprovecharn
las armas, si no puedes aun andar con ellas? Comiste mucho, y quedaste hambriento; os veststes, y no
os calentastcs. Bendito sea el Seor, Dios mo, dice
el salmo, que ense mis manos a la batalla, y mis
tro
en
el espejo,
dedos a
as en
la pela,
hacindome
ejercitar la obediencia^,
como en
las pequeas, y
abrir los odos del corazn al amado, aunque las manos destilen mirra al quitar el cerrojo de las difilas
cosas
grandes,
En obedecer
entonces, dirs, confiada y
de mi querido, esta es la voz:
de mi amado; pues cuando tocando el pestillo, y quitando con su favor las dificultades de obedecer, toda el alma se derriti, se abland y suaviz, y todas
las entraas, todo el interior del alma se conmovi.
Mas no as cuando slo oyes su voz, y te ests echada, y no te levantas para obedecerla, aunque sea con
buenos pretextos; pues si es solo al amado a quien
quieres agradar, slo de su voz has de estar pendiente para ver lo que manda, y no has de guardar otra
cosa en tu corazn que su palabra, In corde meo
ahscondi eloquia tua, como una piedra preciossima,
como todo el tesoro del alma; y tan gran tesoro, que
no deja lugar en el corazn para otra cosa, porque
cultades
alegre:
(2).
esta es la voz
no pueden juntos habitar dos contrarios. Ni sers
verdadera obediente, si del todo no destierras del corazn tu propia voluntad y juicio, porque si ste
prevalece, ahogar la palabra de
Dios
esta
cizaa,,
que siembra el enemigo del hombre. Si quieres estribar en tu prudeicia, sers como aquel fuerte armado, que no deja estar su atrio en paz; has de hacer
como el ciego que aunque le parezca a cada pasoque va a despearse con los temores de su ceguedad^
(i)
Jacob.,
1,
23.
(2)
Cant., 5, 5.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
110
aquello sirve de agarrarse ms de su gua en quien
se fa todo.
En mi corazn escond tu palabra para no ofenderte con la desconfianza, pues es palabra de rey
grande y Dios grande, y as la creo, la aprecio y la
guardo en el corazn de mi memoria, de mi voluntad, y de mi fe? No ves que es de nimos viles el
ser desconfiados, y de grande ignorancia el andar te-
miendo
se fa, y
como el que no sabe de quin
como que ignora que el Seor es Dios, y su
Y claudicando,
palabra firme, verdadeia y estable, y que los cielos
podrn caer y deshacerse, antes que de sus palabras
falte una jota? Cmo has de andar ligera este camino, si andas cojeando, no ves que iba a hundirse en
las ondas al que se le dijo: de poca fe, de poca confianza, por qu dudaste? El demasiado temor, con
propio juicio y amor y apego a su descanso, no ]e
cost al alma lgrimas, fatigas y cuidados, y lo que
ms es, carecer de la presencia de todo su bien,
cuando dio por excusa para no or su voz (que es no
obedecerla), que ya se haba desnudado la tnica, y
no fuera que se mancharan sus pies, que la haba lavado? Pues un verdadero y fuerte amor ha de estar
pendiente ms que de los labios de su Seor, para
saber su voluntad y ejecutarla, ni ha de buscar razones para contradecirla, no ves que aqu se esconde una secreta confianza de ti misma y de tu propio
juicio y parecer?
Hermosos sern
los
ojos del alma, y sus odos se
rn adornados con arracadas de oro (1), con gusanillos de plata: cuando totalmente, enteramente y nicamente mirare a m, se arrojare en mi fidelsima
providencia, sin tener otra cosa escondida en lo oculto, y me obedeciere, as en lo poco, cual es el gusanillo de plata, como en lo mucho, cual es el oro
precioso. Sed ejecutores de las palabras, y no solamente las oigis, engandoos a vosotros mismos.
(i)
Cant.,
1,
10.
Afectos Espirituales
111
pues de poco te aprovechar or mucho, y aprender
mucho, si no ejecutas nada; antes has de decir, en
hallando a Dios en las palabras y enseanza de tus
maestros, que son sus ministros y guardas de la ciudad: tngole, y no le dejar con el olvido o desconfianza. Sabes qu es hallar a Dios?: or los preceptos de la obediencia; y qu es tenerlo?: abrazarlos
con fe, confianza y amor; y no dejarle?: ejecutarlos
con
diligencia, fortaleza y perseverancia.
AFECTO
21^
REPOSANDO EL ALMA EN EL CONVENCIMIENTO
DE SU NADA, Y VELANDO EL CORAZON CON
EL AMOR, VUELA AL DESEO ALTISIMO
DE LA UNION CON DIOS.
Como
cualquiera obra de la gracia excede tanto a
la naturaleza; y como la hermosura espiritual, el sabor, la armona, la suavidad, etc., ex-
la
mayor de
cede tanto a lo corporal y exterior, cuanto excede
cl
sentir y entender con los ngeles, al sentir y conocer
con los brutos, no es mucho que oyendo o leyendo
grandes cosas de la gloria de los bienaventurados,
no halles en tu alma la llenura que deseas, porque
aqullas ordinariamente por la mayor parte van di~
chas o explicadas con semejanzas de cosas corporales, y que perciben
los sentidos exteriores de los
hombres, comunes con los brutos; aquellos son los
atrios adonde ha de poner el alma los pies para subir de lo corporal a lo espiritual; por eso dice: Je.
rusaln, que se edific como ciudad (1), y dijeron los
otros: hechos somos como consolados.
As, en sintiendo el alma algn conocimiento de
cosas
aunque
sea corto y oscuro, la
fragancia de sus ungentos,
que es la hermosura de las virtudes como de muchas
espirituales,
voz de su amado, o
(i)
Ps.,
121,
3.
et ps.,
la
125.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
112
flores, y campo lleno de ellas cual las vestiduras de
Jacob, parece que se quisiera levantar, o la levantan sobre s, y exulta, deseando y anhelando a correr
su carrera como gigante (1) a lo sumo del cielo, que
es a abrasarse por amor con el Sumo Bien, que es
fuego; y as est sobre los atrios, que es todo lo que
puede llevar al centro, no queriendo ya conocer ni
entender ms que al bien que ama, abrazndolo con
los brazos del amor y deseo, y no queriendo escudriar lo que siente; porque ya se le dijo al alma:
aparta de m tus ojos, qiiia ipsi me avolare fecerunt (2). As que durmiendo el alma al conocimiento de lo que no puede alcanzar, y descansando
en la sombra del que desea, ha de velar el corazn
amando, que all se le darn a gustar los frutos suaves, no slo al paladar, mas a la garganta; porque el
decir de Dios es hacer, y all le entraar el deseo
de las virtudes por el aprecio del Sumo Bien. Gustar verdaderamente lo que dice el salmo:
bienaventurados los limpios que andan con prisa, y con
anhelo y cuidado en el camino del Seor, all saldr de lo ms ntimo del corazn aquel deseo y suspiro. Utinam dirigantur vice mece, ad custodiendas
justificationes tuas (3). All el verse desterrado y pobre, mientras no posee al Sumo Bien, aunque poseyera todos los orbes de la tierra, y slo consolarse
en desear sus justificaciones en todo tiempo. All e
descubrirse los fundamentos de la tierra, la nada, la
abominacin, y
la
el
horror que
es
el
alma
sin
Dios;
nobleza, y excelencia de su ltimo fin.
recostada entre medio de esos trminos tan
alteza,
Aqu
asombrosos, del
como
Sumo
Bien, o del
sumo mal,
se
le
paloma, ms preciosas que el oro y
la plata, para desear volar en seguimiento de su bien,,
y en fuga de su mal. All conoce especialmente que
Dios aborrece y increpa a los soberbios, y que son
malditos los (|ue declinan de sus mandamientos, y
dan
(\)
alas
l*s..
iS.
().
a la
(2)
C:ant.,
().
.\.
(3)
1^- "S,
5.
Afectos Espirituales
118
abate y afianza cuanto puede, deshacindose,
y pegndose con el polvo, y con el deseo de acertar
a dar gusto a su bien sumo y ltimo fin: Adhcesit
pavimento anima mea: vivifica me seciindum verbum tuum. Adhcesit testimoniis tuis Domine: noli
me confundere, para que no me confundas, si no corriere por el camino de tus mandamientos, cuando
tan misericordiosamente dilataste mi corazn (1).
Quin ha visto que aquel Seor, criador de los
cielos y la tierra, fuerte y poderoso, as sea como vencido de los ojos humildes del alma, que diga que
sale de s, con su mirar?; y que el que gobierna los
cielos y la tierra, y tiene las llaves de los abismos,
se entregue en los brazos de un verdadero y humilde afecto, cual un nio tierno y delicado; cual un
dulce y apacible suspiro y viento suave, que soplando amoroso y pacfico en las eras de flores para vivificarlas, las haga arder, y levantarse para correr ai
centro y a la esfera del fuego, que es su amor sagrado? Quin ha gustado y visto cun suave es el
Seor, cuyos pensamientos son ms profundos que
lo ms oscuro, y ms levantados que lo ms levantado de la palma, mirar al alma con tan apacibles y
blandos ojos como los de la paloma (2), baados en
leche de dulzuras, junto a las corrientes de las aguas
y a las avenidas plensimas de dulzuras y gracias para el alma?
all se
AFECTO
229
I.AS DELICIAS QUE CAUSA EN EL ALMA LA PRESENCIA DIVINA. NUNCA LA PERMITEN SUSPIRAR SINO
POR LA UNION CON SU DIOS.
hablare no descansar mi dolor, y si callare no
m (3); quin puede retener lo que
concibe en su corazn?, y cun difcil es explicar con
palabras, y encerrar en trminos humanos y comunes
Si
se apartar de
(i)
Ps., ii8, 25, 31, 32.
(2)
Cant., 5,
12..
(3)
Job.. 16, 7.
Sor Francisca Josefa de la CoxcErciN
114
el
Aunque
concepto del corazn.
la
lengua escriba
del veloz escribiente, ;quin podr
encerrar en las voces,
o abrir con ellas el conocimiento de lo que entiende que es Dios, Sumo Bien
como
la
pluma
para el alma? Y qu es el alma sin Dios?, sumo mal
para s misma: un bien sin trmino, o un mal sin trmino. ;Quin puede tener descanso, ni entrar con
afecto en el tabernculo de la casa de todo este mundo exterior y visible, ni a la parte que en l le hn
cabido para su habitacin, ni subir a su estrado, ni
a su lecho a buscar descanso en alguna cosa? Quin
puede dar sueo a sus ojos, ni que dormiten siquiera sus prpados, hasta que halle el lugar del Seor,
el lugar que tiene en el alma en gracia, poseyendo
en paz su habitacin? (1). Hecho sea su lugar en paz,,
y su habitacin en la Sin santa. Quin, pues, puede tener reposo, descanso, o alegra, hasta llegar al
tabernculo del Dios de Jacob, donde ya poseda del
Sumo Bien, sea posesora en paz de su feliz principio, y dichossimo fin; donde ya vea que las vestiduras que la adornan son como la nieve, y ms limpias con la sangre del cordero (2); donde est cierta
que no ha de manchar su tnica, ni enlodar sus
donde aquella suerte tan temida, ya sepa que
cupo buena; donde no se ha de romper ni turbar
pies;
le
aquel pacto y lazo estrecho de confederacin y amisel Sumo Bien; donde, acabadas las tormentas del mar grande y profundo de su navegacin, llegue a besar las mrgenes de la ciudad santa y tierra
tad con
prometida, y Cristo la salga a recebir festivo y alegre,
y a ponerle de su mano la corona y palma del triunfo; donde siga al Cordero limpio y puro para ya no
dejarlo por ninguna culpa, entre aquel candidsimo
rebao de pursimas vrgenes, y de la madre y ejem-
Madre de Jess; cuando como
ocano ntre en el gozo de su Seor
plar de todas, Mara,
una gota en
(O
I*s..
el
75. 3-
(2)
Apoc.
7.
13.
Afectos Espirituales
115
de perderlo y de perderse, y de los lazos y
trampas de los cazadores? Oh alma ma, qu dars
por ver el rostro de Cristo, apacible y benigno! Esto
desea, esto procura, a esto anhela, todo lo dems reputa por estircol; slo por esto llora, y sean tus lgrimas tu sustento de da, y de noche, y salgan como avenidas de tus ojos y de tu corazn; sean como
el torrente de donde slo bebas en el camino de
libre ya
que se te diga "levanta la cacerca
redencin
mira
tu
de este duro y amar(1),
go cautiverio". Oh alma ma, si sers tan dichosa
que de la boca de tu Seor te oigas llamar sierva
fiel!
Oh, trabaja por esto, y da por ello toda la
esta vida mortal, hasta
beza
substancia de tu casa, todo tu descanso, gusto y
opinin; todo lo que pueden ver tus ojos, or tus
odos, y gustar tu corazn; date a ti misma toda para ser abrasada en el fuego de la tribulacin! Oh
loca y insensata! Oh hija de la culpa y del engao!, cmo no sufres un pequeo desprecio por
aquella grande honra? Oh, cmo no aprecias cualquiera humillacin temporal por lograr la estimacin y aprobacin de Cristo!
AFCTO
23^
EX EL CONOCnriENTO INTERIOR QUE TIENE EL AL
MA DE SU DIOS, HALLA NUEVOS MOTIVOS DE HUMILLACION V CONFIANZA.
Como
que el alma entiende en un instanpuede decir puntualmente como las conoce o le pasan, temo yo dar a entender una cosa por
otra diferente, porque algunas veces parece que dice
el alma locuras, o las siente, como lo que dir: Parceme que le deca a Nuestro Seor: "Oh Seor, s
te,
no
las cosas
las
yo pudiera como vos podis, ;qu cosas hiciera por(i)
Luciee, 21, 28.
Sor Francisca Josefa de
116
Concepcin
agradable a tus ojos, y darte gusto?"; y entend
si dijera (no porque nuestro Seor me habla;
mas as me explico algo): "Qu hicieras por m, si
fueras Dios? Tomaras por ventura la naturaleza humana, y el nacer, y morir, y ser crucificada? Esta fue
la mayor fineza; ahora t recibe por mi amor y lleva por El, las miserias de la vida, y la cruz de la tribulacin.
"ser
como
La serpiente antigua hizo caer al hombre, prometindole falsa, vana y mentirosa, que sera como
Dios; y en su cada, soberbia, ambiciosa, inobediente,
ignorante con la ceguedad que trae al alma el gusto desordenado de los sentidos, qued envilecido y
hecho como los jumentos (i); porque no entendi
el honor en que estaba puesto, sujeto, humilde y
rendido, a su Criador y Seor. Esta cada levant el
hijo de Dios bajando a hacerse hombre, y a vivir como ellos, para ensearles el modo de subir a ser dioses, porque yo dije (2): dioses sois, hijos todos del
Excelso. Y el Eterno Padre envi a su Unignito a la
tierra (3), para que los predestinados fueran conformes a la imagen de su Hijo, y supieran por adonde
ciertamente podran subir a ser sus coherederos.
Cules y cuntas cosas padeci de los pecadores? No
conoca con sabidura y ciencia infinita la malicia
la culpa, su abominacin y maldad?; y no vivi y convers en el mundo lleno de culpas, anegado en pecados?; y no sufri esta pena y tormento,
aquella santsima y pursima humanidad? Mira
que David, hablando en persona de Cristo dice (4): "acurdate Seor de David, y de todas sus mansedumbres"; no dice de otra cosa, ni de las victorias
que tuvo de filisteos y gigantes, ni de las canciones
^ue en su loor cantaban las hijas de Israel; ni aun
de la composicin y ejercicio de los salmos, y oracin tan continua, etc. Mas dice: "acurdate Seor de
de
sus
mansedumbres",
(i)
^. 29.
Ps.,
48.
(4)
V.
Ps.,
13,
131.
21.
como aquel Seor mismo
-
(2)
Ps.,
81, 6.
(3)
di-
Ad. Rom.,
Afectos Espirituales
jo
"aprended de m, que soy manso y humilde";
(i):
y no
117
a hacer grandes obras, ni grandes mila-
dijo:
gros, etc.
As que, alma ma, sustine sustentationes Dei: con.
et sustine (2) para que crezca a lo ltipara que empieces a vivir la vida verdadera y vital, cuando llegue el fin de la vida morel
camino, que
tal. Cristo Dios, hecho hombre, es
como fuese rico se hizo pobre, obediente, manso y
jungere Deo,
mo
tu vida,
humilde. Estos son sus triunfos, as entr en Jerusaln, por aqu fue a la gloria de su Padre, porque convino que Cristo padeciese. Anda este camino,
y andars en verdad, y tendrs vida: iit crescat in novissmo vita tu a.
Todo
aquello que
te fuese aplicado recbelo, y
duela sfrelo, y en tu humildad ten paciencia, porque si en el fuego se prueba el oro y la
aunque
te
alma se purifica, se hace acepta y agradacamino de la humillacin. Los que temis
al Seor creed a El, y no se evacuar ni se disminuir vuestra merced y premio. Los que temis al Seor
plata, el
ble en el
esperad en El, y en vuestro rendimiento y confianza
os vendr la misericordia. Los que temis al Seor
mnadlo
a El, y ser iluminado vuestro corazn.
con cuidado a
las
naciones de los hombres
(3),
Mira
y ad-
que ninguno esper en el Seor y qued confuso. Quin permaneci en sus mandamientos y en
la guarda de ellos, y fue desamparado? Quin lo invoc en sus necesidades, quien lo llam en su ayuda (4), que fuera desamparado, que fuera despreciavierte,
do de
m)
(|)
El?
Matt.,
Ps.,
144,
11.
18.
29.
(2)
Eccli.,
2,
3.
(3)
Ps.,
21,
6.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
118
AFECTO
249
SUJETA LA PARTE INFERIOR DEL ALMA A LA SUPEEN SU TRIBULACION
RIOR, ADQUIERE FORTALEZA
CON LA PONDERACION DE LOS BENEFICIOS DIVINOS.
Conoc que
la razn y parte superior del alma,,
su cabeza y caudillo, quiere y desea por mandado del Seor (que slo es el que es) sacar todas
las facultades, potencias inferiores, y todo el resto
de sus operaciones y pasiones, del cautiverio de las
tinieblas, etc. y para esto trabaja, por esto llora y
como
por sacar a su pueblo del cautiverio y sombras de muerte, que ya ha conocido (y como tocada
con las manos) que es todo lo que no es Dios; y que
aunque el Faran infernal le dice (i) o intenta que
se afana,
queden
los
ganados de
los
israelitas,
esto es,
de los
luchadores, encaminando su estrago a la imaginativa y fantasa, tiranizndolas en las tinieblas, y amarga servidumbre, etc. Mas siempre la parte superior
est firme y responde: neququam, de ninguna manera, ni una ua, todo se ha de sacar a sacrificar al
Seor en el desierto de toda criatura, porque su brazo poderoso, y su diestra har virtud, y libertar al
pueblo cautivo (2), y pondr paz en sus fines.
En una grande desolacin y aprietos del alma, a
donde todo su estrado se revolvi en su enfermedad,
donde todas las cosas interiores y exteriores que Je
servan como de estrado (aunque lecho lavado con
lgrimas todas las noches de la ausencia de su amado) se volvieron dolor y trabajo, inquietud y turbacin por los ejrcitos del tirano Aminadab; saliendode aquel poco descanso y cercando, andando y trajinando todas las cosas criadas, entrando en s misma, saliendo fuera, rodeando las calles y las plazas (3), buscando con mortales ansias a- su querido^
(1)
E\()(l.,
10, 21.
(2)
Ps..
,17.
,.
(3)
CaiU.,
3, 2
Afectos Espirituales
no encontr ni aun seas de El; antes monstruos,
azotes y dolores, hasta dividirle el alma del alma, y
Preguntando, inquiriendo
el corazn del corazn.
con mortal dolor, dnde lo hallara?, slo le respondan con otra pregunta, que como rayo le traspasaba el alma, y todas las cosas le decan: a dnde est tu Dios? (1); pues por ninguna vereda, camino o
senda le has de hallar, todo est cerrado con piedras
cuadradas. A dnde est tu Dios?, pues cada paso
que das es para alejarte de El; ese camino de tan extrao tormento, donde cada paso que das exhalas
el alma; esas sendas cercadas de espinas te alejan de
tu salud. Non est salus ipsi in Deo ejus, etc. (2); mas,
expectans expectavi Dominum (3), no slo has de
esperar alma, sino esperar esperando, esperar sobre
la esperanza; esperar sobre todo lo que se puede esperar, porque es al Seor a quien esperas; porque es
el Seor en quien esperas; porque es bueno (4); por-
que en todos
los siglos
son
sus
misericordias
sobre
que es en s mismo; porque
su omnipotencia es bondad, y su sabidura es comunicacin de bienes; porque sus misericordias son riquezas inmensas; porque es Dios que ha dado a todos los que tienen que dar; porque es Seor sobre
todas sus obras; por lo
todos los poderos, y Seor sobre todos los seores;
porque el Seor slo sabe y puede, y ha hecho grandes maravillas; El que fund los cielos, no slo
mas
teriales,
las
ma-
virtudes de ellos, por sus rdenes
maravillosos, y innumerables, en admirable sabidura comunicadora de sus riquezas; El que supo, pudo, y quiso firmar el pesado cuerpo de la tierra sobre las aguas, porque nada es difcil para su poder;
El que fund la tierra sobre su estabilidad, y no se
inclina en el siglo ni en los siglos (5); El que dio
para el da la clara lumbrera del sol, que velozmen(l)
(5)
PS.,
Ps.,
113.
103, 5.
(2)
PS., 3,
3.
(3)
PS.,
39.
(4)
PS.,
117..
Sor Francisca Josi-fa de la CoxcrpciN'
120
ardientemente, infatigable est andando su cacon potestad en el da, alumbrando a buenos
y malos, porque las misericordias del Seor son cumplidas, llenas y permanentes.
Y si en todas las obras de la creacin debes considerar profundamente la grandeza, majestad, sabidura y bondad del Seor en quien te fas; mucho ms
en la obra de la redencin, la cual hizo con brazo
extendido (1) y mano fuerte, hiriendo al Faran infernal, y a sus primognitos, para sacar al alma de
su cautiverio. Pues heridas de la indignacin justsima de Dios la tercera parte de las estrellas con su
caudillo, cayendo como plomo fueron sepultados en
el profundo, cuando el alma pas libre por el mar
rojo del padecer, y de la sangre de su libertador;
preparndole mesa en el desierto de este camino,
proveyndola de fuentes de pursima agua donde se
lave y no est sedienta, hacindole sombra para su
defensa en los ardores del da, y sindole luz en las
tinieblas de la noche, alumbrndola con su doctrina
y ejemplos en el padecer, y defendindola de los rigores de la divina justicia, en los ardores del sol.
Como guila, que para ensear a volar a sus polluelos (2) los abriga debajo de sus alas, aunque ella
aguante los rigores del da, as cay sobre las espaldas de nuestro libertador la disciplina de nuestra paz,
porque en eterno son sus misericordias (3). Esta misericordia de hacerse Dios hombre para libertar al
hombre, no te anima, no te alienta, no te da esperanza? que quien hizo una maravilla (4) grande, solus, slo por su bondad, slo por su misericordia; y
maravilla tan grande, que dijo uno: consider Seor tu obra, y qued espantado! Dios humanado!
Dios nio! Dios hecho hombre! Dios azotado! Dios
crucificado!, y Dios encubierto debajo de los accidentes de un poco de pan, por que el alma viva eternamente, por darle prendas, y drsele en prendas de
te,
rrera,
(i)
<0
DeiJter., 5.
Ps..
7.
15.
(2)
Dcutei., 32.
11.
(3)
Ps..
135. 4.
Afectos Espirituales
121
Oh brazo extendido y mano fueren hacer maravillas por amor del alma! Oh firmsimo fundamento de su esperanza! Oh pilago de
maravillas, y maravilla grande, que slo Dios pudo
la
gloria futura!
te
hacer!
(ui facit
jnim misericordia
mirabilia solus,
quoniam
in
ceter-
ejiis!
Este es, alma ma, el movimiento circular, donde,
entrares bien, no podrs salir! Oh, a qu suenan
estas cosas en los odos del alma? Dios hombre, Dios
nio. Dios en las entraas de una doncella. Dios
mantenindose de la leche de sus virginales pechos,
Dios llorando, Dios al fro. Dios desterrado de su
patria!, Dios en manos de pecadores, Dios azotado
como esclavo, y como mal esclavo!, Dios saciado de
oprobios, clavado de pies y manos en un madero!
Oh alteza! oh bajeza! oh esperanza! oh amor! Oh
Dios, cuanto por m envilecido, tanto de m ms
si
amado!
AFECTO
259
APRECIO DE LA REDENCION, POR LA FORTALEZA
QUE SE ADQUIERE CON EL ALIMENTO DIVINO.
Qu
dijeras,
alma ma,
si
estando una pobre
es-
clava en un rincn de la tierra, enferma de unas llagas psimas, que le ocasion su mismo desorden en
comer de las frutas venenosas, dijeran los mdicos:
enfermedad no sanar, si no es con sangre de
venas del hijo del rey". Oh, qu proposicin pareciera esta! Sangre de las venas del hijo del rey?
Y qu rey ha de haber tan excesivamente misericordioso, que quiera dar a su unignito, no para que
derrame sangre, mas ni aun para que visite a esta
pobre esclava? Y qu hijo heredero del rey ha de
querer ponerse en camino a parte tan distante de su
grandeza, para que viva y sane una tan pobre
y vil;
y ms si esta sangre hubiese de sacarse a fuerza de
azotes, de penas y tormentos? Quin tal pudiera pre"esta
las
I.-t)
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
122
tender ni aun imaginar? Mas si venido este prncipe
y Seor, y ya derramada su sangre, y hecha la medicnia a tanta costa, ella, ciega, insensata y loca, no quisiera tomarla, ni aplicarla a su dolencia y enlermedad, por proseguir comiendo aquellas frutas, al parecer de su estragado paladar, dulces, mas con una
amargura de muerte en sus entraas, iqu sintieras
de la fineza de este amante y benignsimo rey? ^Q^^^
de la locura de la esclava? Cmo se espantaran los
cielos, y sus puertas se desolaran con estrpito vehemente, de estos dos males que haca esta esclava, dejando la medicina de la vida por comer los frutos de
la muerte?, etc.
Oh, pues, alma ma, todava vive tu esposo, tu pamedicina y tu remedio; muerto para vivificarte, sacramentado para enriquecerte; qu amor le
debes, qu agradecimiento, qu contianza! Qu lgrimas y dolor de las veces que despreciastes su sangre y finezas! No consideras los caminos que hizo, los
pasos que dio para sanarte; mira que vino saltando
montes (i), y traspasando collados, y te llama para
que te levantes del lecho de tu enfermedad, fortalecida con el sustento y medicina de humildes accidentes, y sazonado con el fuego del amor. Levntate
y come (2), que te resta gran camino, grande por lo
que te importa, pues no anhelas menos que a la misma bienaventuranza, con que Dios es bienaventuradre, tu
do, a la gloria eterna y visin beatfica. Levntate
y come, levntate con la esperanza de que eres y sers amiga,
si cumplieres las leyes de la amistad,
prsperamente, viniendo como mi paloma a las
irs
lla-
que para sanarte abri el amor en mi pecho, en
mis pies y manos. Oh cun hermosa sers en llegangando a ver la hermosura de Dios, pues vindola
se transforma el alma en su claridad que es hermosura!; y en aquellas mansiones eternas, como en un
gas
(1)
Caiit.,
2,
8.
(2)
3.
Reg.,
19,
7.
Afectos Espirituales
cercado o
un
crculo de
123
inmortalidad, y eternidad
inmensa y firme, con la estabilidad de Dios, tendrs
en ella morada, pasado ya el invierno, y vencida la
persecucin de tus contrarios.
el monte de Dios, pues
de Dios, a cuya visin y truicin caminas! Levntate, pues, y cme una comida, un pan tai,
que te fortalezca para tan gran jornada. Tma plumas como el guila (1), mirando al sol de justicia
y a la regin de luz para donde caminas; vula con
la consideracin, y no descaezcas; vula como la paloma, y alejndote y huyendo de todo lo que alcanzan los sentidos. Cuando te sentares (2) descansando
en la soledad, cuando te sentares solitaria, an levntate a t sobre t, sobre toda consideracin y
comprensin, a volar al bien que deseas, y al fin altsimo de esta gran jornada; mira que te resta gran
camino, no slo por el fin, mas por los medios.
Oh qu gran camino hasta
es a la alteza
Tu
como los montes (3) de Dios. Mira
montes excelsos de las virtudes de los santos por donde llegaron al fin de esta jornada; mira
cunto te resta para seguir sus huellas. Oh, cunta
distancia hay de sus pasos a los tuyos! Oh, si durmieras con la profunda consideracin entre estos trminos, cmo te fueran dadas alas y plumas como de
paloma para volar, a su imitacin, con fortaleza,
justicia
pues, los
mansedumbre y tolerancia; y cmo fuera tu sufrimiento (4), como espaldas doradas, como el reclinatorio de oro, asiento del rey pacfico, y descanso
tus
de
hermanos!
Si ests a la
y de su casa,
puerta espaciosa del templo de Dios,
tullida y coja, viendo ascender y
como
subir a los amigos de Dios, pdeles continuamente
li-
y caridad, con que puedas aliviar tu pobreza,
remediar
tu necesidad. Mrate como tullida, pobre
y
mosna
(i)
(4)
Isaiie,
Ps.,
67.
4,
14.
31.
(2)
Thien.,
3,
28.
(3)
Ps.,
35, 7.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
124
y necesitada, y levnta tus ojos a los montes (1) de
donde te venga el auxilio, y oirs que te dicen: rs-
pice in nos
(2).
Considera nuestros caminos, atindc
a nuestras obras, mira nuestros rostros, y te daremos
la mano del avor para la imitacin, teniendo con la
nustra la de tu cooperacin y diligencia. Y en el
Jesucristo Nazareno, y en virtud suya, te
levantars y andars, y se consolidarn tus pies; y el
cojo correr como el ciervo; y las manos que no tenan fuerza, sern confortadas; y las rodillas dbiles, corroboradas; y corrers con sed, y sers dirigida en tus caminos. Dles la mano diestra, poniendo
toda tu intencin y todo tu conato en imitar sus
obras en cuanto pudieres, y ms principalmente por
el altsimo fin que ellos se movan. Si me olvidare
de ti, Jerusaln (3), y no te pusiere por principio de
mi alegra, al olvido se d mi diestra como cosa que
del todo no sirve.
nombre de
AFECTO
26^
CONFORMIDAD CON CRISTO CRUCIFICADO; FRUTO
DE LA PRACTICA DE LAS VIRTUDES TEOLOGALES
V MORALES.
Levanta tus ojos a los montes, y mira que te resgran camino. Oh, cundo podr tu torcimiento
adecuar su rectitud! Mira la viveza y ejercicio de su
fe, la firmeza de su esperanza, el ardor de su caridad,
la longanimidad de su paciencia, la grande profundidad de su humildad, los ejemplos de obediencia, puta
reza y castidad, la caridad fraterna, la penitencia rgida, el silencio continuo, el retiro y desprecio del
mundo, la continua, humilde y fervorosa oracin, la
grandeza de sus trabajos, persecuciones y tormentos,
sufridos por amor del Sumo Bien. Las grandes batallas que les present el infierno, y com las vencie((1)
Ps.,
ii.
(2)
Act., 3.
.j.
(3)
Ps.,
136, 5.
Afectos Espirituales
125
ron humildes en s, confiados en Dios; y mira si has
dado algn paso donde pusieron los pies. Cun
grandes, cun dilatados son estos caminos que te restan por andar! Oh, pues, levnta ms los ojos a
aquellos montes excelsos de Jess y Mara! Oh, qu
alturas tan eminentes; oh, qu valles de humildad tan
floridos; oh, qu ejemplar (i) que se nos dio en el
monte! Venid y ascendamos (2) al monte del Seor,
donde dio la vida clavado en una cruz por la caridad, y veremos la casa que tuvo all el Dios de Jacob,
fuerte y poderoso en las batallas; y nos ensear sus
caminos, y andaremos por sus sendas. Oh, qu casa;
oh, qu pobreza; oh, qu desnudez; oh, qu obediencia; oh, qu invencible paciencia; oh, qu prodigio
de amor y dolor! Oh, si a los predestinados (3) quiere hacer el Eterno Padre conformes a la imagen de
su Hijo! Oh, qu gran camino te resta, si has de
conformarte con Cristo crucificado! No digas, pues,
no hay para m camino, pues esta luz grande fue enviada a la tierra, y desde que se encerr en la tierra
virgen, en el vientre de una pura doncella, te mostr caminos de vida, y fue palabra viva y eficaz para
dirigir tus pies como lucerna, por el camino de la
paz, hasta el monte de la gloria.
AFECTO
COMO SON VARIOS LOS CAMINOS PARA
SON VARIOS LOS MODOS DE ANDAR POR
IR A DIOS,
ELLOS, VA-
RIOS LOS AFECTOS, Y VARIAS LAS TRIBULACIONES.
Estando grandemente fatigada y afligida, rezando
horas, entend en todo el salmo 118, los varios
modos por donde camina el alma a Dios, y que no
debe turbarse ni descaecer con la variedad de afectos; pues ya se alienta
y anima, viendo cun dichosos
las
(1)
8, 29-
Ad
Hebr.,
8,
5.
(2)
Isaiae,
2,
3.
(3)
Ad Rom.,
126
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
son y bienaventurados los que andan en la ley del
Seor el camino de la vida mortal, los que escudrian, para buscarlos y guardarlos en todo el corazn,
sus testimonios. Cmo no es camino para Dios el hacer ningn mal; porque El mand que sus mandatos
se guardaran grandemente. Ya se enciende en el deseo de seguir stos: ojal dirijas mi camino por la
guarda de tus justificaciones, para que no sea con
fimdida cuando me ejercitare en tus mandamientos.
Entonces te confesar con debida confesin, cuando
dirigieres mi corazn en aquellas cosas en que he de
aprender el juicio y rectitud de tu justicia, en querer lo bueno, y aborrecer lo malo; en premiar al justo, y castigar al pecador; en dar a cada uno lo que
le es debido. En todo mi corazn. Seor, te busco,
no me arrojes de Ti, etc. Ya dice que su alma dormit por el tedio; mas le pido a Dios que lo confirme en el seguimiento de sus palabras; que lo aparte del camino de la iniquidad; y que tenga misericordia hacindole guardar su santa ley. Yo, Seoi,
eleg el camino de la verdad, y aunque mi alma se
halla triste con lasitud y cansancio, no estoy olvidada de tu ley, antes me llego y me arrimo a tus verdades, no permitas que sea confundida, etc. Ya parece que se halla con grande aliento para caminar y
correr por el camino del Seor con un corazn dilatado. Ya le pide que le d la retribucin, vivificndolo, para que guarde sus palabras; que alumbre sus
ojos para que considere las maravillas de su ley;
y
ya vuelve a lamentarse desterrado
y peregrino en la
cuando
Padre suyo y su patria es en el cieno omite, ni deja el fin y los medios de su camino: no escondas de m tus mandatos.
Unas veces se deleita en el camino como en muchas
riquezas; otras, se pega al pavimento, pidiendo aliento al que puede darlo. Ya hablan contra l los prncipes; ya los inicuos le cuentan tabulaciones; ya los
soberbios hacan iniquidad contra l; ya lo tena
tierra,
lo.
el
Mas no
el
suelta,
descaecimiento; ya lo cercaban
las
cabuyas o lazos
Afectos EsriRiruALES
127
de los pecadores; ya descaece su nima; ya sus ojos;
ya se halla como el animalito pequeo en las lluvias,
o como el pellejo en las nevadas; ya lo persiguen los
inicuos, y l se halla
poco menos que consumido en
ya esperan los pecadores perderlo del todo.
Unas veces lo hace temblar su celo, y otras est
como el nio, y despreciado; unas veces lo halla la
tribulacin y la angustia, que lo buscaban; y otras,
los demonios, que son los perseguidores, le allegan
toda iniquidad; y estando ellos lejos de la ley del
Seor, quieren acercarle sus maldades. Ya se lamenta de la multitud de los que lo persiguen y atribula tierra;
lan, etc. y as con varios afectos es movido, con muchas tribulaciones probado, de varios modos afligido,
etc. Mas entre tantas mudanzas, va su camino, aunque de varias partes soplen vientos. Tus misericordias Seor, tu ley, tus testimonios, tus promesas, tus
verdades, tus palabras, tus retribuciones: prope es tu
Domine: et omnes vice tuce veritas (1). Aunque yerre
como ovejuela flaca, dbil y ciega, y que est ya co
mo para perecer. T buscars a tu siervo que aun no
ha olvidado tus mandatos, porque eres aquel piadoso pastor que por buscar a la ovejuela perdida, bajaste de las alturas, y no has de desconocer a las que
conocen y dan balidos por su Dios y su Bien; y si
el mercenario la dejara perder, y el ladrn la quiere hurtar. T, como su propio dueo, la has de defender y guardar.
AFECTO
289
LA PERFECTA OBEDIENCIA TODO LO EJECUTA SEGUN LA VOLUNTAD DE DIOS. SUBLIMES CONOCI
MIENTOS DEL VERDADERO HUMILDE.
Tan
decida
(i)
contenta, tan quieta y tan pacfica, tan agraSumo Bien, debes estar en la ocupacin
al
Ps ii8, 151.
Sor Francisca
128
Josi.i
a de la Concepcin
y ms penosa, como en la ms alta y ms
suave. Los ngeles, espritus sublimes, toda su aten-
ms baja
cin ponen en ejecutar la voluntad de su Seor, y
tan contentos, diligentes y gloriosos estn aquellos a
quienes se les encarga de las naturalezas ms nfimas, como los que son destinados a grandes ministerios. De todos ellos se dice (por su grande
y magnfico
blasn):
rninistri
ejus,
qiii
facitis
voluntatem
ejiis (1).
La principal y substancial ocupacin de la criatura
racional, es la sujecin amorosa, rendida y humilde
a su Criador y Seor; y como aquellos espritus ceno altercan, dudan, ni tardan, sobre la ejecucin de la voluntad de su Seor, porque eso fue lo
que a los que cayeron hizo hijos de ira, as, en la
ejecucin de la obediencia has de ser presta, ligera,
fcil y pacfica, sin dudar nada, procurando y deseando imitar la humildad, la obediencia y el amor de
aquellos espritus que siempre ven la faz del Padre
celestial. Pues para amar, alabar y desear la unin
del Sumo Bien, todo lugar y toda ocupacin es a propsito. Ninguno, deca el apstol (2), me podr apartar de la caridad de Dios que est en Cristo Jess,
rey y cabeza de los mrtires; y como a ellos ni el fuelestes
go, ni las fieras, leones, tigres y serpientes,
pudieron
caridad de Dios, cuyo ejemplar tenan
en Cristo Jess, as ninguna cosa es poderosa para
separar el alma del Sumo Bien, sino es la culpa, cuya raz son las pasiones no mortificadas. Esto slo has
de saber, y esto slo has de entender: que la ira est
en su indignacin, y la vida en su voluntad. La verdadera ira est en la indignacin de Dios, contra el
que contradice y no ejecuta su voluntad, cuando es
tan justo, tan debido, tan santo y conveniente, c|ue
apartar de
la
se sujete a su criador. La mayor demostracin de su ira divina, es alzar la mano del gobierno especial de su criatura, y dejarla correr tras sus
apetitos y libre voluntad; porque as, alejndose de
la criatura
(l)
I*S.,
102,
21.
(2)
Ad Rom.,
8,
35.
Afectos Espirituales
129
medioda, ir de abismo en abismo, y no
tendr aquella luz, aquel entendimiento que peda
el profeta para vivir ]a vida verdadera, til, deleitable y honrosa, que slo est en la voluntad de Dios,
y en el unirse y ajustarse la criatura a ella.
la luz del
Cmo habr verdadero y puro amor de Dios, en
quien slo tiene el ojo a sus propios intereses y comodidades, a su honra vana, a su descanso y gusto?
Entonces t sers el objeto de tu amor, cuando todas las lneas las tiras, a tu propio inters. Si tu ojo
fuere limpio y claro, todo el cuerpo ser claro y
limpio. Si tu amor y tu deseo fuere slo dar gusto a
Dios en todas las cosas que El ordena de ti, hallars
paz y contento, y todas tus obras sern claras y limpias. Cual es la raz, tal es el rbol y sus frutos.
Has de juntar con
la simplicidad de la paloslo
ocupa
en el amor de su consor(que
se
(1)
te, y aun de sus propios hijos no cuida, con el ahinco que las otras aves y animales), la prudencia de la
serpiente, que por guardar la cabeza, todo el cuerpo
expone al peligro y a los golpes. As, la parte de tu
herencia que es el Seor, ha de ser el todo de tus
cuidados; darle gusto y amarlo, el fin de tus deseos.
Deseando, o diciendo: oh Seor, quin tuviera infinitos brazos para unirse el alma a Ti, su bien y su
ma
centro! Entend
como
si
dijera: todas tus obras, pa-
labras y pensamientos, con pura intencin de la gloria y agrado del Sumo Bien, con abrasado amor de
tu bien, tu Seor y tu Dios, pueden ser lazos estrechos, y brazos para abrazarlo, y unirte a El, etc.
Pensando los diferentes
siente en el trato con
ma
d:
unas veces
se
afectos o efectos
la
manifiesta
que
el al-
divina majestad, entenel
Seor
al
alma como
esposo dulce, apacible y amante, y as, todo lo que
siente es amor y deseo de su agrado; otras, se muestra
como Seor grande
(i)
Matt., lo, 16.
y rey grande, y
as,
junto con
Sor Francisca Josefa de la Concepc
130
amor, la ocupa an ms el temor, reverencia y
admiracin, aunque estos afectos nunca le faltan,
mas aqu prevalecen ms. Y parece que ha de hacer
lo que dice el salmo (1): ofreced o traed al Seor hijos de Dios, ofreced los hijos de los carneros, esto es,
corderos de santas obras, simples, limpias, pacficas,
inocentes; y esto para gloria y honor de su santo
nombre. Ofreced sacrificios, y hostias pacficas y de
alabanza en sus atrios, porque a su santo tabernculo y unin inadmisible entrar el alma cuando fuere al cielo; mas en el atrio santo, que es toda ciencia de Dios que se comunica por medio de la fe y
oracin en esta vida, ha de adorar al Seor en su
santo atrio.
el
Vive sin vida propia, porque su voluntad la tiene
anegada en el Sumo Bien, sin querer ni apetecer ms
que morir en s y vivir en El, transformada por amor;
no halla diferencia ni mayor inclinacin a los descansos que a los trabajos de la vida; slo desea y
apetece ms, lo que ms la puede llevar a Dios, y lo
que ms la dispusiere y preparare a que arda ms
en el fuego de su amor.
Ponase a los ojos de su alma, un alma en forma
de una doncella, que conoc ser hermossima, aun-
que no
le va el rostro, porque estaba vuelta hacia
Nuestro Seor. Estaba con una tnica ms cndida
y resplandeciente que la nieve y que el sol; tena un
manto azul, bellsimo, echado por las espaldas a mo-
do de caminante; tena guirnalda de unas flores encarnadas, puramente hermosas; parece que Nuestro
Seor estaba con las mismas vestiduras y corona.
Es indecible el temor y horror que le quedaba a
todo lo que puede manchar aquella blanca vestidura
del alma; a toda culpa por mnima que sea. As
mismo deseaba, sobre cuanto se puede decir, aquella
pureza que se adpiiere ajustndose en lodo a la vo(i)
Ps.,
28.
Afectos Espiritals
131
lntad de Dios. Lo tercero, deseaba gastar la vida slo en llorar sus culpas y manchas, y rogar al Seor ia
riegue y limpie con aquel hisopo de su sangre vivfica, para que as est a sus divinos ojos ms limpia
que la nieve ms alba. Todo lo puede hacer el Seor
y
Sumo
Bien.
Esto entenda: que no ha de querer ms vida que
el amor, ni ms reposo que el amor, ni ms cuidado
que el amor. En el da, en la noche, en la ocupacin,
en el descanso, en la conversacin, en el silencio,
amor meus, pondus meum, Deiis meus, et omnia; dilectus meus mihi, et ego illi.
Esto claramente conozco, veo, s y experimento. Soy,
por lo que tengo de m, como un pozo de cieno de
donde estn continuamente brotando malos olores,
saliendo asquerosas sabandijas: qu otra cosa son
mis pasiones, faltas, culpas, imperfecciones? Soy como un leproso, con todas las facciones del rostro,
con todos los miembros del cuerpo manchados, inmundos, llagados y carcomidos: qu otra cosa son mis
imperfecciones, tibieza, negligencias, faltas de pureza
de intencin? Soy como el ciego desde su nacimiento, por mis grandes tinieblas, y ignorancias. Soy como el leproso, justamente separado del comercio de
los buenos, y echado fuera de la ciudad al campo del
olvido, soledad y desconsuelo. Mas, la soberbia es
como una raz de maldad, profundada en lo ms ntimo del corazn, de donde siempre brotan renuevos
de iniquidad, pues si el Seor, misericordiosamente
tocando con el dedo de su omnipotencia esta lepra
y estas llagas encanceradas, las sana, lugo brota la soberbia y ceguedad del corazn sus renuevos, atribuyendo a s su sanidad; y de diez leprosos que sane el
Seor apenas uno vuelve a darle gracias.
Soy como aquella tierra que siendo muladar inmundo, llena de cardos y espinas, si lugo beneficia-
da por la mano piadosa y poderosa del soberano labrador, da algn fruto, o pone en ellas alguna rama
o flor saludable, lugo se olvida de que es tierra y
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
132
muladar, y quiere atribuirse a s el bien, y alzarse
con todo. Soy como una noche escura y tenebrosa, que
si T, oh Dios, centro y principio del bien, y todo el
bien, maravillosamente no la iluminas desde los montes eternos de tu beneficencia, slo est poblada de
todas las bestias de la selva, traspasada y trajinada
de los vicios y pasiones; y cuando tu piadosa luz ia
ilumina, aun se turba por la insipiencia de su corazn, queriendo confundir la luz con sus tinieblas, y
talvez besando su mano con vana complacencia cuando ve la luz como si fuera suya. As es dada su diestra a olvido porque no te puso por el principio de
su alegra.
Fuente de luz, del bien y vida; si abres mis ojos,
y me diste luz, por qu los he de emplear en otra
cosa que en mirarte? oh Sumo Bien! Si me diste las
manos, y me desataste, por qu no se han de ocupar
en tu servicio? Si desataste de mis pies los grillos,
por qu no han de dar pasos en tu agrado? Oh
Dios, oh Seor, oh Padre, oh Mdico, oh Libertador,
oh Autor de mi naturaleza! Oh dador maravilloso
de la luz y gracia!, T eres una fuente perenne de
bien y de vida; yo un manantial continuo de muerte
y de mal; cerca de Ti est la fuente de la vida, y
slo en tu luz podemos ver la luz (1).
AFECTO
299
ANIQUILADA EL ALMA DELANTE DE DIOS, RECIBE
DE SU DIESTRA NUEVO SER ESPIRITUAL.
El justo traer su corazn a velar en la maa(2), en el dilculo del da prevendr a la luz, an
ticipar a sus ojos las vigilias, para meditar en el Seor; y en la maana, meditar en el que es su ayudador, y levantndose sobre todo lo criado, postrado y humillado en la presencia del Altsimo, rogar,
na
(i)
Ps.,
35,
lo.
(2)
Ps.,
11 8,
1^8.
Afectos Espirituales
133
clamar y pedir. Si el Seor quisiere llenar al alde un grande espritu de inteligencia, lo har,
as como el roco llena los campos; y enviar el habla de su sabrosa ciencia, y el alma exultar (1), tn
Delamento alarum tuarum. Ver que aquella suma
alteza es toda pureza, limpieza y equidad, y que lo
es Dios que quiere la iniquidad, por lo cual aborrecer ella todo desorden y huir de toda mancha, porque no habitar juxta te malignus, ni permanecer
ma
el
injusto ante sus ojos, si no deja la injusticia, anarrojar de su presencia.
Y su voz ser como la voz del trueno, que lo llene
tes lo
de terror y espanto, a voce tonitrui tui foruiidabunt (2); mas el alma del justo se ir al Seor, y su
diestra lo recibir, para que pueda decir: adhcesit
anima mea post te; me suscepit dextera tua. Ser lieno del espritu de inteligencia porque podr decir:
mane astabo tibi et videbo. Tendr presente los das
antiguos, y el volar y deshacerse de todo lo temporal,
y los aos eternos, con un grande concepto de lo que
es eternidad.
AFECTO
30?
VUELVE EL ALMA A SU
DIOS, CON AFECTOS DE AGRADECIMIENTO, CUANTO HA RECIBIDO DE SU MANO.
AUSENTE EL ESPOSO, TODA LA CASA SE DESORDENA;
VOLVIENDO, SE ARREGLA.
Oh sapientsimo escudriador de los corazones,
criados de las almas y de lo ms levantado de los
cielos, ante cuyos ojos todo est patente y ninguna
cosa se te oculta escondida! Bien s Seor que slo de
culpa y del pecado apartas tu rostro, y que el pecador envuelto en la abominacin de la culpa, te
provoca a ira, y apartan tus ojos del asco de su lepra infernal. Pon pues, Seor, mis lgrimas en tu
la
(i)
Ps., 62, 8.
(2)
Ps.,
103, 7.
134
Sor Francisca Josefa Ce la Concepcij
presencia, y
vierta a Ti,
dame que con todo mi corazn me conmirando lo que tu corazn ama para
amarlo, y lo que aborrece para aborrecerlo; esto es,
querer lo que vos queris, amar lo que vos amis,
aborrecer lo que aborrecis, y despreciar lo que vos
despreciis.
Oh alma ma!, si as te convirtieras (1) a tu Dios,
El se convertir a ti con un lazo indisoluble de perpetua amistad. Aborrece la culpa, por lo que Dios
la aborrece, y desea unir y conformar este afecto de
tu corazn con el corazn de Dios, y con su recio y
santo sentir, y querer. Asimismo ma la bondad, limpieza y rectitud, uniendo tu querer y tu sentir al
querer y sentir de tu Dios y Seor; esto ser vivir
en su corazn, y unirte con El; este ser el nido
compuesto de aromas, donde en su dulce y poderoso
fuego seas abrasada, batiendo las alas de tus deseos;
este, el lecho florido donde no quepa otra cosa que
Dios.
Oh Seor, Dios mo, esto slo deseo, esto slo te
pido: que recibas Seor lo que me diste, porque slo
tomando T, Dios mo, mis potencias y sentidos, mi
alma, corazn y voluntad, podrn ser regidos bien y
provechosamente, convenible y santamente. Fuera de
Ti, Dios mo, no hallo ms en m, que espantosos
despeaderos; sin tu gobierno, Dios mo, mi memoria, mi entendimiento y voluntad slo sern abismos
de males, llenos de tinieblas y torcimientos, y de
monstruosidades, que quiten la vida del alma; y el
entendimiento lleno de las tinieblas que estn sobre
la cara del abismo, llamar a otro abismo, induciendo
al mal y al torcimiento la voluntad. Oh! cuntos
males cabrn. Dios mo, en mi memoria, sin Ti, sin
tu gobierno y defensa?; sta sera un infierno de males, y el entendimiento, sin tu luz
y gobierno, aquellas tinieblas palpables de ms duro cautiverio que
el de Egipto. Oh Seor mo!, que erci luz de las
(i)
Thieii., 5, 21.
135
Afectos spiritles
sendas del alma, porque sin Ti, sus caminos fueran
a dar a la eterna perdicin; y eres lucerna para los pasos de sus pies, porque aun un paso sin tu luz no
puede dar. Tu suavsima providencia, luz y amor
me gobierne, pues tienes observadas las sendas del alma, y consideras hasta los vestigios que dejan sus
pies, numerando todos sus pasos tu poder inmnso,
sabidura infinita, bondad sin medida, que as atien
des a los ms pequeos movimientos del alma; que
alumbras y cuentas los pasos de sus pies, y consideras las seales que dejan sus plantas; que enseas
sus manos a la batalla, y hasta sus dedos gobiernas
para la pelea. Oh! dichosa el alma que logra tan
til, tan piadosa, tan suave, sabia
y poderosa enseanza. Oh alma ma!, bueno es para ti llegarte a tu
Dios, y poner en El solo toda tu confianza. Si el Seor te rige, no te faltar nada.
As como una pobre y delicada esposa a la ausencia de su amantsimo dueo, no slo sintiera el carecer de su presencia,
el
desconcierto de
la
que
es
toda y slo su vida, mas
familia, y
ms
si
se
compona
de multitud. Oh Seor!, sin tu presencia, qu ser
de m?, quin podr gobernar este entendimiento
ciego, esta
voluntad antojadiza y inconstante, tan ex-
puesta a abrazar
el
bien; esta memoria,
mayor mal, como a
como una via sin
hastiarse del
cercar, adon-
de crecen y suben las ortigas y zarzas; esta fantasa,
como el polvo de las calles, que a todos vientos con
ligereza se mueve, y el pie de cualquiera pasajero lo
hace volar? Estos sentidos, cuyas puertas es necesario
estar continuamente cerrando con trabajo y dolor,
porque no entre por ellas la muerte del alma. Quin
se librar del pie de la soberbia, cuando lo pone sobre lo ms guardado? Quin atajar el furioso huracn de la ira, que todo lo derriba y atropella?
Quin se preservar de la sutil carcoma de la envidia, que se cra en lo ms escondido del corazn?
Quin ha de esconderse del sutilsimo aire de la va-
Sor Francisca Josefa De la Concepcin
136
nidad, que se entra por las rendijas ms ajustadas, y
se fomenta entre ellas mismas? Quin ha de
tener el freno y la rienda a tntas desbocadas bestias de sus pasiones? Oh Seor!, menester es que
tengas misericordia de m, segn una grande misericordia tuya, y segn la multitud de tus miseraciones xde humilitatem meam (1). Mira, mi Bien y mi
Seor, que soy nada; pobre soy, y en trabajos desde
aun
mi juventud
mira mi pequeez y mi trabajo,
(2);
vide humilitatem meam, et laborem meum. T que
consideras el trabajo y dolor, y no se te esconde nada, antes traes como en las manos todo el dolor y
trabajo del pobre, para ser tutor y ayudador del miserable. As como volviendo aquel amantsimo esposo, padre y Seor, toda la casa se pone en orden:
los hijos se alegran, los esclavos temen, los enemigos
y contrarios tiemblan, los daos se remedian; y lo
que la pobre alma lloraba como viuda y sola, se le
convierte en gozo y alegra (3). Convertisti planctum
meiifn in gaudium mihi: conscidisti saccum meum,
circumdedisti
et
me
As
Icetitia.
lgrimas en gozo^ y parece que
con sus manos quita y rompe
del alma.
convierten
se
sus
amantsimo Seor
el
las
alma ma, dja ya
tristes
vestiduras
llanto y luto,
vstete de alegra, y da de fiesta, porque por todas
cualquiera parte que
partes te cercar de alegra.
Ea,
el
vuelvas los ojos de la consideracin, vers motivos
de alegra y consuelo. Con la presencia de tu amado
esposo, ya florecern las vias, ya darn su olor, y
los pobres sern saciados de pan. Viduam ejus bene-
Ya pas
dicentes, paiiperes ejus saturabuntur.
vierno,
amado
y se
y
acerc la primavera
(4),
amantsimo bien, limpia
ya
y quita
el
el
las
lgri-
mas de tus ojos; mira que ya hace nuevas todas
cosas. Gaude el Uetare filia Sion, exulta satis filia
(i)
(4)
Ps.,
Cant.,
21,
2,
i8.
11.
(2)
Ps.,
87,
lO.
(3)
Ps..
in-
mismo
29.
\t.
las
fe-
Afecios Espirituales
rusalem
(1);
si
preguntas
1:^.7
la causa;
ecce
rex
tuiis
con El todos los
bienes. El rey grande, Seor grande sobre todos los
grandes, viene para ti, y viene mansuetsimo, amorossimo, y todo deseable; y viene para ti, en el secreto ms escondido de tu corazn, como en la mitad
de su cielo el sol de medio da, para ahuyentar desde all las tinieblas de toda la tierra, y poner en orden toda la repblica del alma, comunicando vida y
calor, y desterrando la muerte y la frialdad.
venit
tibij
tu rey viene para
ti,
es, alma ma, alguna semejanza del bien que
en Dios el alma fiel; sin El, est pobre, lbrega,
triste y amarga; con El, dichosa, abundante y rica.
Suspira, pues, por su presencia, y no callen las nias
de tus ojos hasta que vuelva a verte, cuando se au-
Esta
tiene
Y dle: oh Seor, amor y vida eterna, cunms bien fuera para m quedar sin vida, que quedar sin Ti! Oh alma ma, mira cunto te importa-
senta.
to
fiel al Seor fidelsimo, llorar tus culpas, conocer tu nada!
r ser
AFECTO
319
FUEGO QUE DEVORA A LA ALMA DELANTE
DE SU DIOS, POR PADECER Y A^L\RLE.
Amantsimo amor, amado, amabilsimo del alma,
cualquiera cosa que me das, o pudieras revelarme de
Ti, sin Ti no me satisface; ni codicia mi alma ms
que desear tus justificaciones (2) en todo tiempo, esto es: ser regida y gobernada por T, amantsimo Seor. Codicia mi alma y desfallece (3) en los atrios del
Seor, codicia llegar a Ti por tus dones, como atrios
o puertas para tu amable comunicacin, y dulce y
acertado gobierno de tu santa y recta voluntad; pero
si se parare en tus dones o en tus atrios, descaecer,
(i)
Zach., 9,
9.
(2)
Ps.,
118, 20.
(3)
Ps.,
83.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
138
si
no pasa
ligera
por
ellos,
para llegar
al
amado de
su alma.
As como la pobre y dbil esposa, en la ausencia
de su seor, padre y esposo, no apetecera joyas o
adornos, porque temiera su vileza, y quedar hecha
guarda del honor y tesoros de su esposo; as el alma
ninguna cosa quiere, sino es la presencia, gobierno
y disposicin de su querido esposo; sin El, todas las
cosas pueden serle despeo y prdida; con El, todas,
aun las ms adversas, se le convertirn en bien. Cuando aquel rey que hace salud, aun en las cosas enemigas y contrarias, est en su casa, y en su lecho, los
nardos dan su propio olor, las virtudes, son virtudes.
Cuando el sapientsimo Maestro tiempla y toca el
instrumento, suena dulce, apacible y concertado; y
aun de las que parecen disonancias, sabe hacer suave msica. As que. Seor mo, esto slo te pido, esto slo deseo, y recibe todo lo que me diste en el alma y en el cuerpo, en la tierra y en el cielo, con tal
que tenga yo a Ti mismo por la parte segursima de
mi herencia. Desee slo tus justificaciones en todo
tiempo, en el da de la consolacin, y en la noche
de la adversidad.
En la alteza del da temer, porque no me deslumhren los resplandores de la prosperidad, me sequen y consuman los ardores, me levanten los vientos, me detengan las cosas que se apetecen. En la noche me cercarn los temores nocturnos; mas si en todo tiempo deseare slo tus justificaciones, y no me
faltare tu suave gobierno, aunque suba al cielo de
la consolacin (i), all ests T. Si descendiere al
infierno de penas y congojas,
amanecer de
all
tambin
ests.
Si
consolacin tomare alas para volar, como habito
en el mar inconstante de la vida
mortal, aun cuando vea y sienta sus mudanzas, y las
de mi corazn, mar ms tempestuoso que ningn
otro mar, all me llevar tu mano, y me tendr tu
al
(i)
Ps.,
138,
8.
la
139
Afectos Espirituales
diestra; y dir, viendo el furor de las olas, y la espesura de las tinieblas: acaso stas me han de pisar,
conculcar y hollar? No, que estando en tu mano, en
lu gobierno, en tu proteccin. Dios mo, padre mo,
ser mi iluminacin
y esposo amantsimo, la noche
estar en la noche,
delicias
En
mis
delicias.
mis
en
si T ests conmigo, y si en todo tiempo slo deseo
tus
justificaciones,
porque
las
tinieblas
no
escure-
rn acerca de Ti, antes la noche por T ser alumbrada como un claro da, y no descaecer el alma en
los atrios, ni de la consolacin, ni de la adversidad,
que igualmente pueden ser atrios y puertas para entrar y llegar al lugar de tu tabernculo admirable,
pasando hasta llegar a la casa del gran Dios, en voz
de exultacin y confesin, y sonido alegre de los que
estn satisfechos.
Oh, cete tu espada sobre tu fortaleza (i), sobie
vestido poderossimo! Oh bien mo. Seor mo
y amor mo. Seor que reinas vestido de honor decoroso, y cuando te vistes, de fortaleza te cies! Ea,
Seor mo, bien eterno y esperanza firmsima del alma, defensor y ayudador oportuno en la tribulacin,
tma las armas y el escudo, et exsurge in adjutoriuin
mili i! Ea, mi Seor, effunde f ramea m (2), sca la espada en mi defensa, y desbarata, aniquila y disipa mis
adversarios, que no slo son los espritus malos, mas
todo aquello que en m puede ser contrario a Ti. No
perdones Oh Seor mo! en el da de la venganza,
tu
ninguna cosa que en m te d disgusto; si mi mismo
corazn no est por Ti, es contra m, mi ms cruel
contrario, y el que en materia ms dolorosa y grave
me persigue: Effunde framearn, et conclude adversus
eos, qui persequuntur me: dile a mi alma: "yo soy tu
salud". Disipa (3), Seor, las gentes que quieren guerras, quema mi corazn, y mis carnes con aquel amabilsimo fuego que purifica y limpia, para que as sea
apta, y capaz de ir a Ti. A ninguna cosa que me sepa(1)
Ps., 44, 4.
(2)
Ps., 34, 2-3.
(3)
Ps., 67, 31.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
140
o impide ir a Ti, Dios mo, Bien sumo y
nico, puedo ni quiero mirar como a ma, como a
grata o amiga; pues me impide el mayor bien, claro
ra, aparta,
que
est
mi mayor mal.
es
Si la vida no me lleva a Ti, esa es la muerte ms
aborrecible. Si la salud me divierte o retarda en el
camino para
ir
fermedad.
la
Si
mi
centro, esa es la
estimacin
ms
humana me
triste en-
detiene, ese
mi mayor desprecio. Si mi corazn me entorpece,
mayor mal. Si mis ojos, manos y pies no sir-
es
l es el
de caminar a Ti, para nada los quieson mis contrarios; y as mi entendimienmemoria y voluntad, etc.
ven para
el fin
ro, y ellos
to,
Disipa, pues, Seor Dios mo, las gentes que buscan guerras; pues eres rey pacfico, quma los escudos (1) y las armas de los contrarios, y pn
paz (2) hasta los fines de la tierra, aunque sea necesario llevarlo a fuego y sangre, quemando y destruyendo, hasta que todo se te sujete y rinda. Divide
con tu espada cortadora mi corazn de s mismo, y
llegue su corte poderoso y saludable hasta el alma
y el espritu (3), slo quede aquella parte que ha
de estar unida a Ti, Sumo Bien y Dios mo, y todo
dems destruyelo, abrsalo, qutalo. Oh Seor!
aniquila en m todo lo que te desagrada a Ti; y esta sea mi consolacin, que afligindome con los dolores non parcas, no me perdones. No est abreviada tu mano poderosa para hacer liberal muchos bie-
lo
nes,
eres,
aun
por
es tal como yo; mas por quien T
amor eterno con que te amas, por tu
quien
el
Madre Virgen, por
la intecesin
de todos
los
Santos
y Angeles, concdeme una vida que sea todo padecer, y amar. Date a conocer a mi alma, para que tu
amor. Dios mo, sea el cuchillo que la divida de s,
para unirla contigo; sea el fuego que la purifique,
y la haga digna de tu aceptacin. Sea el dolor de
haberte ofendido un continuo fuego de dolor, que
(i)
Ps,, 45,
lo.
(2)
Ps.,
147,
14.
(3)
Ad
Hcbr.,
4,
12.
Afectos Espirituales
141
atormentando consuma y purifique todo lo ms secreto de mi alma, para que desterradas de ellas las
manchas aborrecibles de la culpa, pueda ser ntimamente unida a Ti, Dios mo; y T, como fuego vivfico, como vida verdadera, entres y te apoderes de
toda esta pobre criatura tuya, hasta lo ms ntimo
de su ser y entraas de su corazn.
Descaezca (1) mi virtud (esto es, todo mi ser y substancia) en dolor, y mis aos se acaben en gemidos,
desfallzcame el dolor de lo que me apart de Ti,
y pase mis aos gimiendo; o la fuerza de los gemidos
por llegar a Ti, d fin a los aos de mi vida temporal. Dios, mi corazn, y mi escogida parte. Dios en
eterno. Ea, pues, defensor de mi vida, de aquella
vida que slo es vivir en Ti, sin quien todo es muer
te; lbrame ya del cuerpo de esta muerte, pues todo
lo que hay en m sin Ti, es como un cuerpo de ejrcito, de guerra, y muerte. T solo. Dios mo, puedes librarme (2) del cuerpo de esta muerte: complaceat (3) tib iit eruas me; Domine (4) ad adjuvandum me festina; rspice Domine, que entonces cuando T mirares mi pobreza, trabajo y dolor, sea presta tu ayuda misericordiosa: rspice en me, et miserere mei (5), que una pobre y sola soy.
AFECTO
329
RIESGOS HORRIBLES DE ANTEPONER LA PROPIA
VOLUNTAD A LA
DIVINA.
Oh espessimas tinieblas del corazn humano!
Dorma oprimido (6) de un grave y pesado sueo en
de
lo profundo de la nave, el que hua de la cara
levanbramaba
alteraba,
y
Dios, y cuando el mar se
taba sus entumecidas olas hasta las nubes, El dorma,
aquella tempestad.
y ms sabiendo que por El era
(i)
(4)
Ps., 70, 9.
Ps.,
69.
(5)
(2)
Ps.,
Ad Rom.,
24.
16.
7,
(6)
24.
]onx,
(3)
1,
Ps.,
5.
39,
14.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
142
Oh cunto trabaja Dios (si se puede decir as) para
rendir la voluntad humana, y ajustara a la suya divina; todas las criaturas obedecen a Dios prontamente, aun las ms indmitas, slo la voluntad del hombre le resiste, aunque con tan grave dao suyol Y,
oh cunto Dios, para reducirle, llamarle y atraerle
hace, revolviendo talvez los elementos, alterando ioo
mares, domesticando las fieras, hacindole guarida
en las entraas, y pasaje seguro por los dientes que
podan aniquilarle!
No
trata
le
como
a esclavo re-
belde, hacindole obedecer orzado, ni quiere quitar-
libertad que le dio; mas le cerca, le amenaza,
llama, le azota, le halaga, produciendo criaturas
que le sirvan, y aniquilndolas para reducule y convencerle. Oh Dios grande, Seor grande, y rey grande! Para que un hombrecillo ejecute el mandato de
su Seor, tntas muestras de poder, de majestad, de
amor, de halagos, de amenazas, de favores; era ms,
Seor, que mandarlo y hacerlo obedecer, al polvo y
a la tierra? Pues de los cielos y de todas las cosas se
le la
le
dice
(1):
El lo mand. El lo dijo y fueron hechas y
en un precepto que
criadas, y este decir fue ponerlas
eternamente en
Slo
el
los siglos
hombre, slo
de
el
los siglos
no traspasarn.
corazn del hombre, slo
su propia voluntad se resiste, se rebela, se endurece
para no ver
como
blas
la luz y la
verdad, y se ponen sus
tinie-
sobre la cara del abismo, inducindolo a
un abismo de males, que
se encierra
en seguir su pro-
pia voluntad, apartndose de la de su Seor. All
oprimen
le
los
riesgos
confusin,
la
castigos,
el
la
tristeza,
las
tinieblas
ser
tragado
de
las
olas,
un
combatido de las tempestades,
alas,
No
profundo.
mar de angustias, tragado del
de
Dios
Jacob.
cara
de
ma, no as los que buscan la
La generacin de los que lo buscan en el cumplimiento de su ^oluntad, resplandecern sus caras dansepultado
(1)
Ps..
148.
5-
en
Afectos Espirituales
143
de justicia, y sern los
ajustan a la voluntad de su Seor,
como la centella que resplandece en el caaveral (i), por la hermosura y excelencia que tendrn
entre las dems cosas criadas y sobre todas ellas; y
porque as como las caas secas no podrn resistir a
la centella encendida, ni le sern impedimento para
hacer su obra, as todas las criaturas, ni sus acaecimientos y mudanzas, ni avasallarn al que tiene su
voluntad unida y sujeta a la de su Seor y Dios.
do en
ellas los rayos del sol
justos los
que
se
Conocer el alma que la ira verdadera slo est en
su indignacin, y la verdadera vida en su voluntad,
y ver que slo la voluntad propia puede traerle
aquella na grande, y apartarla de aquella vida vital
y viviticadora. Har juicio de todas las cosas humanas, que son como la caa vaca agitada del viento,
sujeta a sus continuas mudanzas, y har justicia, reducindolas a ceniza en su estimacin, discurriendo
por ellas para conocerlas y abandonarlas; entonces
slo temers y dirs con el salmo (2): a judiciis enim
tuis timui. Slo tu temor ser, si ve el Seor en m
cosa que
me
aparte del cumplimiento
voiuntad; que juicio har
Con
y de mis obras?
dir el templo
caa de oro
se
su
santa
mi corazn
ha de me-
casa y la ciudad de Dios; as
hecha su tabernculo y propiciatorio; iis
(3),
la
alma
miran una a otra
es el
se
esta
de
Seor, de
el
estas dos voluntades; el
alma
tie-
ne su voluntad como su rostro todo vuelto al Seor;
y el Seor que se human por el alma, se conviera mirarla, y
te
no
le
aparta
el rostro,
antes est aten-
voluntad de los que le buscan para hacerla
(conorme dice la escritura) (4), y mira las peticiones
de su corazn para cumplirlas. As se miran Dios y
el alma, conforme est escrito: convertios a m, y yo
me convertir a vosotros (5); dejad los caminos torto a la
(1)
(4)
Sapent.,
Sapient.,
3,
16,
7.
21.
(2)
(5)
Ps.,
n8,
Zach.,
1,
120.
3.
(3)
Apoc.
21,
15.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
144
cidos, y no huyis de la luz de mi rostro;
estar esclarecido vuestro rostro, si volvis
no puede
a la luz
las espaldas.
En quin pondr yo mis ojos, sino en el pobrecique desnudo de toda propia voluntad, y hambriento de la justicia de cumplir la ma, anda pere-
to,
la tierra, sin tener en ella ni en sus afectos,
asiento ni reposo? El que no edifica de adobes y pajas en el Egipto de su destierro; mas con los prncipes y cnsules (1) (que son los que tienen dominadas sus pasiones, y los que con sabio consejo diciernen lo verdadero de lo falso) edifican soledades, destruyendo todo lo que es heno y barro, para morar
y morir en el nido de su propia nada, haciendo su
sepulcro glorioso, encerrada (2) como en un escudo
en la voluntad de Dios, as como la palma se multiplicarn sus das, recibiendo del rostro del Seor
y de su voluntad ms y ms claridad, y irn de virtud en virtud, de claridad en claridad hasta ver al
Dios de los dioses y al Seor de las virtudes en la
Sin santa. As que slo has de aborrecer tu propia
voluntad, y amar la de Dios.
grino en
AFECTO
33^
ATADURAS FUERTES PARA UNIR EL CORAZON CON
DIOS, HALLADAS EN EL OFICIO DIVINO.
Da de la translacin de santa Isabel, reina de
Hungra, acordndose de lo que le dijo Nuestro Seor a esta santa: si tu ins esse mecum, ego ero teciirn,
et a te niullatenus separabor, senta unas grandes ansias de unir su corazn a Dios, y no apartarse de El.
Y estando para rezar las horas, entendi, con grande
consuelo, cjue en todo aquel salmo, que est repartido por ellas, y es el 118, y en cada uno de sus ver(1)
Jos.,
3,
14.
(2)
Ps..
5.
13.
Afectos Espirituales
145
sos hallara afectos y motivos muy fuertes para llegar, unir y atar su corazn con Dios, y con el corazn de Cristo Jess. Acordndose de aquellas palabras: quis nos separahit?, le pareca cada verso o afecto de ellos como una fuerte atadura, lazo o clavo
con que poda ms y ms quedar atada, unida y cla-
vada.
Qu ms fuerte lazo, y atadura unirte por ua
abrasado amor al Sumo Bien, cuya limpieza es tanta que hace limpios, cuya riqueza, cuyo poder es
tanto que hace limpios, que hace inmaculados, que
hace bienaventurados, aun en el camino, a los que
andan en su ley santa! Oh, cun amable y cun
provechosa ley! Oh, qu dador de la ley, tan digno
de ser amado! Oh, cul ser en s de limpio, de inmaculado, de santo, de bienaventurado, aquel Seor,
cuya ley, al que anda en ella hace limpio y bienaventurado, dichoso y feliz! Oh, nima ma (1): mihi
autem adhcerere Deo boniim est! Oh, estrchate
ms y ms con El, y en todo tu corazn escudria,
medita y piensa sus testimonios y verdades! Oh,
cun bienaventurada sers, si en todo tu corazn lo
buscares! No dejes, pues, ninguna partecita de l, no
tengas corazn partido, que no podr retener el licor de la gracia, que ser despreciable al Seor. Jun
ta todas las fuerzas de tu corazn para abrazar al
Sumo Bien, cuyos testimonios son tan verdaderos,
cuyo amor es tan fino que quiere ser buscado en todo el corazn, sin permitir se d a amor o cuidado
ajeno ninguna partec.ta de l, como celoso del amor
de su esposa. Oh nima ma: mihi autem adhcerere
Deo honum
est!
Llgate ms y ms a una tan suma limpieza y santidad, deseando con ardiente sed ser limpia y santa,
para unirse al santo y limpio, y aplacer a su limpia y
santa voluntad. Mira que el que hiciere iniquidad
no andar por sus caminos; ama la ley santa, lim(i)
Ps.,
72,
28.
1-7
Sor Francisca Josefa de la Concei*cio.\
146
inmaculada, para que as te abraces y lleguesdador de la ley. Aborrece el camino inmundo y
abominable en sus pasos, y infelicsimo en su fin; y
para huir de l, allgate a tu Dios, nima ma: mih
pa, y
al
autem adhcerere Deo bonum
Oh nima
ma: mira que
est.
el
la sua custodire nimis, y que
te honrados sus amigos:
tu
mand mnda-
Seor
han de
grandemenmndala tua
ser
mandasti
custodire nimis (i), nimis honorati sunt amici tui^.
Deus. Inch'na tu corazn a guardar sus mandatos y
consejos por la retribucin, pues la corona de tu honor y gloria ser el mismo Seor, en aquel da que
slo ser verdadero y claro da, cuando te amanezca
el da de la eterna luz. Oh Seor, aunque ahora
camine por en medio de las sombras de la muerte, si
T estuvieres conmigo, no temer los males! Oh^
pues, alma ma: para pasar (2) el monte como pjaro, llgate ms y ms a aquel Seor que te llevar
en sus alas como el guila a sus polluelos. Oh Seor Dios mo: mihi autem adhcerere Deo bonum
est!
Porque los pecadores, que son los espritus malos,,
tienen tendido el arco, y preparadas muchas saetas^
en la aljaba de la naturaleza corrompida por el pecado, con las inclinaciones a los vicios, para asaetear,
en lo oscuro de las turbaciones y persecuciones que
levantan el corazn del alma que derechamente te desea a Ti, Dios mo. Slo T, acerca de cuya luz nohay mudanza, ni en tu vista sombras; slo T puedes dirigir mis caminos con acierto, y librarme de las
saetas, lazos y redes que yo por mi ignorancia na
veo, y por mi debilidad no venzo. Oh, utinam dL
rigantur vice mece, ad custodiendas justificationes
tuas! (3). As clama el alma en el camino peligroso
del destierro a la patria, pobre, sola, peregrina y solitaria, entre tantos riesgos, engaos y sombras. Oh,,
alma ma: mira cunto
(1)
Ps.,
118, 4.
(2)
Ps.,
te
importa allegarte ms y
10, 2.
(3)
Ps.,
118, 5.
Afectos Espirituales
ms
ai
147
Seor: tnihi autem adhterere Deo bonum esi,
el camino limpia, y ser bienaventurada!
para andar
Entonces no sers confundida cuando te ejercitaen todos sus mandatos, no sers confundida eternamente. Oh, mira de cunta confusin te librars
llevando por gua la ley de tu Dios, que da fiel sabidura a los prvulos, como prestada, para que siempre la reconozcan en su dueo, y siempre el acierto
se atribuya a su origen, que es origen y causa de la
luz, de quien desciende toda ddiva buena y todo don
res
perfecto!
AFECTO
34^
EPITALAMIO DEL DIVINO ESPOSO, CON QUE
SABOREA EL ALMA.
SE
Mira cmo el esposo del alma quiere como emplear los sentidos en la esposa (1): mustrame tu rostro para agrado de mi vista, porque tu rostro es grandemente hermoso y majestuoso. Suene tu voz para
mis odos, porque tu voz me es como una msica
suave. Tus vestiduras a mi olfato, son como el olor
de todos los aromas. Cun suave eres y cun hermosa, carsima!, dulce a mi sabor y a mi garganta como un panal de miel, tus labios destilan un panal, etc. Pues la habla del esposo en lo ms superior del alma, es un toque suave sobre toda suavidad, fuerte sobre toda fortaleza, limpio y puro sobre toda pureza. Y a la manera que la mano hiriendo blandamente la vihuela, hace en ella las consonancias que quiere, as aquellos amores castos, dulces y fuertes, se difunden en el alma. Y ella gus~
ta, ve, oye, toca y percibe un bien sobre todo bien;
una hermosura, que no est sujeta a formas; un sabor, un olor, una voz penetrativa como el leo, sua(i)
Cant., 2,
14.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
148
ve y delicada
go,
como
que prende
el
silbo,
poderosa como
el
fue-
y abrasa toda materia cornl;)ustible,
y hasta el fien o transforma en
s.
Ama el alma, y siente ser amada, porque por aquel
tiempo no siente el justo temor de si est en gracia
o no; y viendo que aun en lo sensible perciba aquel
bien, porque aunque su amado parece estar como
en un solio (i) excelso y elevado: et ea, quce sub ipso
erant, replebanl templum, se llenan todas las facultades del alma como templo que es del Seor. Mas
temiendo algo, de lo que participaba lo sensible, entendi
como
si
dijera: a
summo
ccelo egresio ejus.
Aquel gran Seor que gobierna
las alturas
inmen-
de los cielos, se abate por el amor, desde su altura, para que como el pjaro halla en l casa, la trtola halle nido para s. Esto es, como la parte superior del alma, como el pjaro que se remonta a edificar en la altura de los cedros, halla casa para s,
capaz y extendida; as, la parte inferior como la trtola, que con arrullos muestra que tambin est sedienta del Sumo Bien, como dice el salmo: (2) sitivit
in te anima mea, quam multipliciter tibi caro mea,
halla nido para s, donde ponga sus polluelos. Esto
es, para que fortalecida y abrigada en las concavidasas
la piedra, en las cuevas del cercado, que es
ayuda del Altsimo, morando en su proteccin,
pueda ser fecunda de santas obras, y ayudar a su hermana, para que unidas apacenten al Seor y sean
apacentadas de su doctrina, reducindola a las obras.
des de
en
La paloma, llamada con
consorte a los agujeros de
los tiernos arrullos
de ^u
anida en
ellos;
la piedra,
mas
trabaja cargando las pajas con sus cortas fuerzas, en que van al partir con su palomo; y en la produccin y crianza de sus polluelo$ observan la misma hermandad; donde vers la cooperacin y unin
del alma con su Dios esposo. As como es alabada del
(1)
Isaiif,
6,
1.
(2)
Ps., 62,
2.
Afectos Espirituales
149
sabio la pequea (1) lagartija, que con sus dbiles
manos se introduce a los palacios de los reyes, Dios,
como firme piedra de refugio, ofrece amoroso al alma
lugar donde anide, crezca y viva; y el alma, como palas dbiles pajas de sus obras, dbiles en
fructuosas en Dios, cooperando con su corto trabajo' para que sus obras sean hijas de la luz.
loma, junta
s,
Lleno estaba de gozo el corazn del que contemplaba los desposorios de la hija del rey; rebosaba
su entendimiento de admiraciones, y su voluntad de
meum ver(2): eructavit cor
yo digo mis obras al rey, y viendo tanto en El que alabar, tanto que amar, no cabiendo en
mi corazn, ser mi lengua como la pluma de un
veloz escribiente que por ms que se d prisa, ms
queda que decir. Y qu dir yo?, dirn mis obras
al esposo, rey especioso, hermoso, majestuoso, elegante en su forma sobre todos los hijos de los homafectos,
cuando deca
bum bonum:
bres: electo entre millares como el manzano florido,
fructuoso, hermoso y suave, entre los rboles silvestres (3), ridos y secos; como el manzano entre los
leos de
las selvas.
Derramada
est la gracia en tus labios, porque se
difunde de la miel y leche que est en tu boca, sobre que se mueve tu lengua: Difusa est gratia in labiis tuis, mel et lac sub lingua ejus; porque tu doctrina es sustancial como la leche, suave como la miel,
dulce y suave hasta para los prvulos, que mandaste ir a Ti. Porque a quin miraste, oh Dios, esposo de la naturaleza humana?, sobre quin pusiste los
ojos de tu piedad, sino sobre el pequeito y humide,
que se hizo como prvulo para entrar en este reino
tuyo, que es paz y gozo en el Espritu Santo? Porque T, oh Cristo Jess, esposo carsimo del alma,
eres el ungido de Dios con aquella bendicin eterna en que eres uno con tu Eterno Padre. Tu nombre es aceite derramado, es leo de alegra, es sani-
(1)
Proverb., 30, 88.
(2)
Ps., 44, 2.
(3)
Cant.,
2, 3.
Sor Francisca Josefa de la CoNcti'cioN
150
dad de las gentes, y su salud para todo creyente,
que acompaa, con la fe no fingida, las obras recobras limpias: innocens manibus, et mundo
Para stos eres salud, para stos bendicin,
para stos alegra, y para el alma, as limpia, esposo amado. Mas sobre estos vestidos de tu humanidad, amor y dulzura, sobre estos vestidos perfumados de mirra, y de los mejores olores de la casia, tras
que correremos al olor de tus ungentos, desde los
palacios ms labrados hasta las hijas de los reyes, deleitndose en ser despojos de tu honor y amor, y eligiendo abatirse por Ti, en tu casa. Seor, antes que
habitar en los tabernculos ms vistosos, ms soberbios y levantados de los pecadores; sobre estos vestidos, pues, que as atraen, que as enamoran, que
as se perciben suaves, cete tu espada sobre tu vestas,
las
corde.
tido poderossimo.
AFECTO
DULCES Y DELICADAS SON LAS CONSOLACIONES
DEL ESPIRITU; PERO EL APEGO A ELLAS
SIEMPRE LE ALEJA DE DIOS.
Entend que el comparar el alma a un instrumento de flautas muy delgadas, se entenda por todo lo
que llevo escrito; porque como el aire o aliento del
que
es el que se oye en aquel instrumento,
que que aqu hubiere de Dios, slo es lo que
toca,
as lo
su majestad enva de su espritu, por un instrumento de caa, sin virtud para nada, etc. Y que el decir
que eran delgadas, es por la doctrina o enseanza
que contiene, que ha menester, para entenderla y
gustarla, tener el rostro cubierto a todos los afectos
desordenados, y los odos del alma muy desembarazados y atentos, porque no es voz que viene en torbellino, sino en aire y silbo blando; no se gusta en ti
Afectos Espirituales
sonido de
los labios,
del corazn,
Tambin
tanto
como en
151
los
movimientos
etc.
conoc cul debe ser la gua y padre
es-
que el alma busque y siga, y con qu intencin y modo, etc., en aquel amigo fiel, a quien el rey
encomendara aquella vil y dichosa esclava a quien
amaba, y de quien quera ser amado, etc. Slo tratan
del amor de su Seor, y se me acordaban aquellas palabras (i): ccmulor enim vos Dei cemulatione. Despondi enim vos uni vivo virginem castam exhibere
piritual
Christo.
Entend el premio y amor grande que se granjear para con su rey aquel fiel siervo que atiende al gusto de su Seor. Lo cual es para m un consuelo grande, por conocer sern premiados los trabajos, etc.
Habiendo tenido estos das el alma, como metida
en una caja de plomo, ahogada, escura, y a mi parecer, fra, pesada, impedida para tomar su alimento en
el amor de su Seor, ni andar con estas alas, que slo
son sus pies y manos, y con un ahogo y dolor en el
corazn, que parece estaba aun exteriormente atravesada y llena de temores, y varios pensamientos, que
no poda apartar de m con fuerza, ni con industria,
entend esto: El amor ausente de la cosa amada, todo
las prendas de su esposo, los
memorias, el discurso, la voluntad, todo
padece y hace padecer; lo que se ve, lo que se oye, todo excita a amor y dolor, a deseo y ansia del bien
ausente; por lo cual el alma es para su esposo como
una paloma gemidora, como la voz de la trtola, que
es llanto. No ves que el anoyuelo en la soledad, siempre anhelando a llegar a su centro, que es el mar de
es lgrimas,
dolor y pena;
regalos, las
sali, y a donde vuelve; y aunque su dueo y
seor beba de l, en el camino, lo guste y vea, etc.,.
l no hace sino anhelar al centro, y no parar en la's
coyisolaciones, ni querer asiento y casa en el Tabor;
donde
(i)
II.
ad Corinth.,
ii, 2.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
152
que su dueo tome de l lo
pasando por en medio de los montes, y
traspasando por las amarguras del Calvario, por las
espinas, aprietos y congojas, con todo camina al cenantes con prisa, dejando
que
quisiere,
tro?
Y no ves cmo le ayudan a pasar con ms facilidad, y prisa, los otros arroyos que se unen con l, llevando los mismos pasos de caminar al centro; mas no
ves cmo si fuere a los charcos y lagunas, quedar
empantanado y hecho cieno, cueva de sabandijas y
animales, etc.? Pues mira: el Seor deduce y lleva las
aguas al desierto (1), y las hace pasar por en medio
de
de
los
montes
los valles,
ellas;
(2), y que no se detengan en la hondura
aun cuando quiere que sean regados de
sabe congregarlas y encerrarlas en su cauce, por-
que no se derramen y dejen de crecer; y as las guarda
hasta que las conduce y lleva al centro, donde ser cl
descanso y el raposo en la voz y (3) unin de muchas
aguas, en cuya alteza es admirable el Seor.
No ves que enviando al alma, y lloviendo en su corazn y centro, aquellas pequeas, Cndidas y olorosas
flores, en tocando en ellas se volvan fuego y volvan
a mi pecho, donde aparecan como lucidas rosas de
color encendido, vistoso y agraciado? Pues no entiendes que cualquiera deseo que procede de m, con que
regalo, visito y enriquezco al alma, lo vuelve a m el
amor que yo prend en su pecho; y en el mo halla reposo, se muestra y aparece mejorado, y est guardado
all
como una prenda y joya que el rey estima, y la
No ves que el alma no da cosa que
trae al corazn?
no haya
queda con lo que recibe, en
por darlo queda pobre, antes se
enriquece y se mejora? No ves cmo la que haba llorado y sido despreciada por estril, ofreci lugo ni
Seor con vestiduras blancas, para el servicio del temrecibido, ni se
amando de
(i)
veras; ni
Nahum., 1,4.
(2)
l*s..
103. 10.
(3)
Ps., 92, 4.
Afectos Espirituales
po
(1),
el
mismo
hijo,
que como don haba recibido
del Seor, llorando y rogando en el mismo templo;
y no ves cmo no lo visti para ofrecerlo de cosa que
fuera de animales muertos, sino de lino, que es trabajo de las manos? Y no ves cmo el Seor lo llam
muchas veces, lo admiti y acept la ddiva, y el don
que El haba dado?, etc.
AFECTO
36^
CONSUMIDAS LAS PROPIAS INCLINACIONES CON EL
FUEGO DEL AMOR DIVINO, VIVE EN EL ALMA
EL ESPIRITU SANTO.
Pensando el alma de qu podra servir al Seor,
siendo ella una intil y pobre criatura, despreciada
an a los ojos humanos, que todos conocen, y ms las
que la han experimentado y vivido en una casa, que
no sirve de nada, ni es para cosa buena, y con tntas
luces y conocimientos como Nuestro Seor le da, etc.
Se va a s misma, como atadas las manos, baja la cabeza, con una guirnalda de flores, y puesta sobre un
grande fuego; y entenda: que estaba puesta all como
solan ponerse algunos sacrificios; y que el Seor quera que su vida fuera toda en amor,
y que as la receba como holocausto. Despus pensando cmo, Dios
mo, estaba all tan atada, que me pareca de pies y
manos, padeciendo aquellas ansias de no poder servirte en nada^ ni ser de provecho para criatura alguna,
que slo soy un estorbo y estropiezo cargoso; porque
hasta mi vista me parece que enfada, y muchas veces
aun mis palabras se han vuelto como veneno^ hasts^
reducirme a un total silencio y retiro; porque esto m
dicen tus siervos, que es tu gusto, y la experiencia me
ha mostrado que slo as hay paz, y dejan de ser mis
palabras y obras de molestia, etc.
(1)
I.
Reg.,
2,
i8.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
154
No se dice, Seor mo (1): que el que busca tus
mandamientos anda en latitud, y que hablando en la
presencia de los reyes en tus testimonios y verdades,
ser confundido?, etc. Entend: la latitud y magnanimidad de corazn, es un don mo, que lo doy en
no
lo exterior,
cmo y cundo
conviene, segn mis
al-
tsimas disposiciones y sabidura, que pesa y conoce
todas las cosas y corazones, y hasta dnde y hasta
cundo he de guiar, llevar y tener las almas de un
modo
o de otro. No te acuerdas que se le dijo a san
Pedro (2): cuando eras mozo, t te ceas y andabas
por donde queras; mas cuando mayor, otro te ceir
y llevar donde t no quieras? Mas mira: el fuego de
mi amor, atando desata, enmudeciendo hace elocuentes, ardiendo en lo escondido prende
mejor, consu-
miendo
cra y fomenta, aniquilando hace crecer;
y
entonces, consumidas las propias inclinaciones, y co-
mo
extinguido
el espritu
propio, vive y reina, y ven-
que es don de Dios, y dador de
lengua que mueve la de los prvulos,
ce el Espritu Santo,
los dones, y es
es
fuego cuyo obrar
es
poderoso.
has amado, y deseado intenssimamente la cruz
oprobios;
pues no es regalo y misericordia ma
los
y
condescender a darte alguna parte de ella?, y que si
me llamaron endemoniado, a ti te hayan tenido
en algunos tiempos, y publicado por endemoniada?, y
que si a m me vistieron como a loco, t siempre tuvieras este nombre? Y que si yo no tuve (3) en la vida mortal dnde reclinar la cabeza, haya dispuesto
.que muchas veces carecieras de todo alivio, y vivieras
como el pjaro solitario (4); y que si a mi corazn lo
cercaron angustias y dolores, haya dispuesto que tu
corazn siempre pase dolores y angustias, que te paa m
(1)
20.
I's.,
118, V. 45 et 46.
(4) Ps.,
101, 8.
(2)
Joann., 21,
18.
(3)
Matth.,
8..
Afectos Espirituales
155
recen de muerte, y que no tenga contento, ni lo halle en ninguna cosa criada? Porque siempre (1) cerqu
caminos de espinas, y dispuse que slo en m haen algn siervo mo, que te llevara a
m; pues este no es favor? No es misericordia, no es
bien y dulce regalo? No se estima y guarda por preciosa reliquia un pedacito del palo de mi cruz; no se
hace fiesta a las cadenas de san Pedro? Oh cmo es
el mayor don que te he dadol Oh cmo es el mayor
bien que te he hecho! Ea, alienta tu corazn en cl
mo, que nunca en la vida has tenido descanso, ni lo
quieres, ni deseas en ninguna cosa que no sea el ir a
m; y aunque tibia, flaca y fcil muchas veces me
tus
llaras reposo, o
aun ese es tu mayor tormento, y el ms espantoso padecer aquella amarga memoria de la culpa, y de los disgustos que a m, tu amantsimo esposo,
diste, y fealdades con que te manchaste. Siempre el
alma est traspasada y pendiente en una cruz de tres
clavos que la atraviesan: el primero es dolor de las
culpas pasadas, que no puedes negar y conoces; el segundo, recelo en lo presente, de si vas bien o me
ofendes, si te mueve tu espritu o el mo, si tienes
oculta soberbia; el tercero clavo es un temor en lo
ofendiste,
que piensas
te resta
vers a las culpas,
si
de
vivir, si
dejars de
me
ofenders,
amarme,
si
vol-
etc.
Consuela, pues, esta tu cruz, y alivala y acompala con la ma, que en ella hallars tu descanso y
consuelo, en mis dolores y penas; mira que yo no me
aparto de quien no quiere apartarse de m; mira que
para eso estoy clavado; y mira que no me acuerdo de
las desgracias pasadas y lloradas; y mira las cinco fuentes que dej abiertas en mi cuerpo para lavar tus
manchas con infinito amor y caridad; mira que tienes compaero en tus penas, dolores y soledades, no
me ves padecer como hombre, llorar como hombre, y
(i)
Oseae.,
2-,
6.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
156
sentir como hombre? No estoy aqu en el sacramento
hacindote compaa en tu destierro? Puedo yo faltarte, puedo dejar de ser el que soy, podr olvidar los
suspiros de los que me aman, y desean poner en m
todo su corazn, todos sus pensamientos, toda su nima, todas sus fuerzas? Si tengo contados todos los
cabellos de sus cabezas, cunto ms los deseos de amar-
me
darme agrado?
Llegando aqu, como estuviera oyendo la misa de
una persona que no conoc, y me pareci pasajero; al
levantar la santsima hostia va con los ojos del alma,
que con desdn, y como desprecio, levantaba de los
cabellos a Nuestro Seor, y entend la infinita paciencia con que permanece entre nosotros en el Santsimo
Sacramento. Cuntos olvidos e irreverencias, descortesas y desprecios sufre aquella infinita majestad y
grandeza, de unos tan viles y asquerosos gusanos, que
se cuenta por mucho los que le dan honra, y tratan
con veneracin a aquel Dios escondido, en cuya presencia soberana tiemblan las columnas del cielo! (1).
Y con un conocimiento o vista muy clara entend, cmo cada da recibe mil injurias, y en algn modo se
renuevan las que padeci en su pasin. All parece
que lo tratamos como que tiene los ojos cubiertos, y
pueden herirle a su salvo; alli clavan sus pies y sus
manos, impidiendo cuanto es de nuestra parte, y atajando los bienes que desea hacernos; all talvez se
hiere y traspasa su pecho y corazn con las lenguas,
que son como lanzas y cuchillos; all se trata como a
rey de burlas, hincndole la rodilla, cuando se escupe
su divino rostro, con desprecios y olvidos; all muchas
veces lo recibe y come en un plato con Su Majestad
el que le tiene fraguada la muerte, y la prisin, esio
es, el
(i)
que no deja
Job., 26,
11,
la culpa.
Afkctos Espirituales
157
AFECTO
QUE COSA SEA EL ALMA ENDIOSADA, Y CUAL SU CONTENTO EN DIOS. EN EL CIELO ES LO MEJOR CUMPLIRSE LA VOLUNTAD DE DIOS; PUES SI AHORA AQUI SE
CUMPLE, QUE MAS CIELO?
el alma en Dios es hermosa y graciosa, como
nubecilla a quien alumbra el sol; mas apenas se
aparta, cuando queda fea, triste, y obscura. El alma
en Dios es como el hierro, o leo a quien embiste y
y transforma en s el fuego, dndole luz y calor; mas
apartada, queda triste, oscura, fra, y llena de humo.
Mira,
la
las manos de Dios es como el instrumento
en manos de un diestro y sapientsimo msico, que
lo toca dulce y suavemente y sabe templarlo; mas
apartada de Dios, es como un instrumento destem-
El alma en
plado, y arrojado al suelo, que cualquiera muchacho
lo pisa, o hace con l sonidos que no slo no dan gusto, mas disgusto y fatiga desagiadable.
El alma en la soledad de las cosas criadas, es para
su dueo como un arroyuelo de agua clara, que sali
del mar del inmenso Dios, y vuelve a l; y su Seor
gusta de ella as como un caminante fatigado tiene
sus delicias con la paz y quietud con que corre a su
centro, y satisface su sed. As como buscando la salud
de las almas, que por ser voluntad del Padre es sustento mo, me sent fatigado (1), en los ardores del
da de mi caridad y visitacin, al brocal del pozo, a
pedir agua, esto es, a buscar un corazn, que dejando
embarazos de culpas y criaturas, reciba en s la fuente de la vida, y vida eterna. El alma es para m como
una paloma gemidora por su amado consorte, que
slo en su pecho y en su amor y correspondencias halla descanso; mas apartada de l, mira con qu gemidos, con
(1)
qu arrullos y
Joann., 4,
6.
suspiros, lo busca hasta
que
158
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
lo halla; y aunque halle la tierra ya pacfica, vuelve
a su arca y reposo, con su oliva, porque slo en l
quiere y halla seguridad en su paz, y lo que halla
bueno en la tierra lo trae a su querido centro, porque slo en l vive y reposa. Mas apartada de l, es expuesta a ser despedazada de las aves de rapia, y como
el cuervo a cebarse en cuerpos muertos, los cuales
nunca podrn satisfacerla, porque no son su comida
y sustento natural, antes, mientras ms a ellos se llegue, quedar ms enlodada y ensangrentada, cayendo
en esta corrupcin, y descendiendo del alto lugar de
su refugio, de la guarda, amor y delicias de su querido esposo; pero jams sin l tendr sosiego, ni hallar descanso.
Mira, pues, cmo enternecen, y con qu poderosa
fuerza traen los gemidos de la paloma a su querido
amante, a que la busque y corresponda al llanto que
hace por su ausencia. Cmo podr no abrirle su co-
razn y su pecho, si no se han secado las fuentes de
abismo de amor y bondad, antes aparecen las
fuentes de las aguas, y se muestran los fundamentos
del sagrado orbe de la caridad en Dios humanado por
amor del alma? No ves cmo llor el fuerte y luchador al abrazar junto al pozo a su querida Raquel? (1),
porque es lo mayor y ms fuerte de su pecho el amor
y caridad en que se abrasa, y subiendo su incendio, echa fuera el agua por los ojos. No ves cuntas
veces llor por el alma, ya muerta y sepultada en ausencia ma, por la culpa; ya desconocida y ingrata en
el da de su visitacin; ya al morir por su amor,
y
mostrarle la ltima fineza, exhalando y enviando mi
espritu, porque yo conoca, y ella no, los bienes que
pierde apartndose de m?
este
El alma que se ajusta y deja a mi voluntad y amor,
como un anillo que el rey trae en su mano y en su
dedo, que ninguno podr daarle, empaarle, ni que-
es
(i)
Genes., 29,
11.
Afectos Espirituales
159
brarle; ni el rey y esposo suyo podr olvidarle, ni
sepultarle en el camino (1), como hizo el ms amante;
mas as, ajustndose y entregndose del todo, sin reservar nada, en la voluntad y manos de su Dios, es-
memoria eterna, y no temer or los males.
que se dice (2) de las almas de los justos: que
estn en las manos de Dios, y que no les tocarn los
tormentos de la muerte; porque aun cuando su salida
-de este mundo les parezca a los que viven, que es acatar en la
No
ves
barse,
lias se
salir de los trminos de
poseern en paz, cuando a
la
vida, entonces
los ojos
de
los in-
sipientes mueren.
En pocas cosas (cuales son, la salud del cuerpo, los
bienes terrenos, la opinin de los hombres, etc.) sern
vejadas, menoscabadas y humilladas; mas en lo mucho, como son los bienes de gracia y gloria eterna,
para siempre, para siempre se dispondrn bien sus
cosas; y aquel morir, es dejar la muerte, y pasar a la
vida; y as su esperanza est llena de inmortalidad;
llena, porque est en las manos del Todopoderoso
amante Dios, que no pueden descaecer sus manos por
flaqueza, pobreza ni ignorancia como las de los hombres. No son pobres sus manos, porque el Seor es
en misericordias, y slo en abrirlas llena a toda
(3), (como ella no busque y quiera la maldicin). No son flacas ni dbiles las manos
que tienen los orbes de la tierra, y cuyas obras son los
orbes celestiales. No nos ignoran las manos que nos
hicieron y conocen de qu nos amasaron. As que Jas
nimas de los justos, que estn en las manos de Dios,
rico
nima de bendicin
aun cuando mueren
a la vida temporal, est su esperanza llena de inmortalidad: llena, porque pasan por
la muerte temporal, a una inmortalidad, que no ha
de morir ya (4), ni ha de gustar la muerte, donde ser
inmortal la vida, y llena de Dios, que es vida que la
vivifica.
(1)
(4)
Genes.,
Apoc,
48, 8.
21, 4.
(2)
Sap.,
3,
1.
(3)
Ps.,
103, 28
160
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
Ser inmortal la riqueza, y llena de todos los verdaderos bienes y seguras posesiones. Ser inmortal el
gusto, y lleno de todos los gustos verdaderos y firmes.
Ser inmortal la honra, y llena, no como las cosasmenguadas y viles de este camino, que slo se le dia
al alma por destierro; mas all su esperanza estar ya
cumplida y llena con la visin, fruicin y comprensin de Dios. Esto es lo mucho en que se dispondrn
bien los negocios y cosas del alma, que est en las manos de Dios.
Y si en la muerte, que es el mayor de los ciudades
de la vida, as ser dichosa, cuando a los ojos humanos pareciere digna de llorarse: en los trabajos cortos
de la vida, por qu ha de temer estando en las manos
de Dios? Quin podr sacarle al rey el anillo de su
dedo? Quin podr hacrselo olvidar? No sabr
Dios dnde pone su mano? No estar seguro el anillo en su dedo, aun cuando lo pruebe y purifique
como al oro en el crisol, para hacerlo digno de su
dedo y de su mano? As que el alma totalmente resignada est en las manos de Dios como anillo de honor, de memoria, amor y cuidado; mas, ay de ellos
cuando se apartare de ellos! Ay, qu ser un alma
arrojada de las manos de Dios, y dejada de ellas? Ser
como la margarita en las bocas de los puercos; ser
como un vaso de ignominia y horror; ser como un
rbol cortado para echarlo
al
fuego; ser
como un
ins-
trumento quebrado, destemplado y arrojado al suelo;
ser como un charco de aguas turbias en los caminos
de Egipto, que no son aptas para beber, pisada y hollada de los caminantes, sucia y enturbiada de los caballos y sus caballeros.
Oh, alma ma, loca, insensata y necia, por qu no
quieres estar en las manos de Dios? Por qu escoges
por tu propia voluntad lo alto, ni lo bajo, lo triste,
ni lo alegre, lo estril, ni lo abundante? No ves que
en la abundancia que escogi Lot crecieron los vicios,
hasta que baj fuego del cielo
engordando y estando pinge y
que
que era ama-
a consumirlos; y
lleno, el
Afectos Espirituales
161
do, recalcitr y cay? (1). No ves tambin, que los
que no quisieron por temor entrar en la tierra abundante y prometida, murieron en el desierto? Por qu
por qu apeteces, por qu deseas ms que esmanos de Dios? No ves que unos erraron
en la soledad y otros en el poblado? No oyes a uno
decir: lbrame de mis necesidades, de los lazos y palabras speras; y no ves cmo tiene por cuchillo las palabras blandas y por lazo las riquezas? Pues no esco-
escoges,
tar
en
las
jas, no quieras nada. No ves que diciendo uno (2):
^cundo me levantar y dejar el peso y horror de la
noche?, hall tanto trabajo en el da que volvi a esperar las sombras, como alivio a su labor? Pues no
quieras nada, no busques nada, no apetezcas nada ms
que estar en las manos de Dios, sin ms movimiento,
o voluntad propia, que el que tiene el anillo en ma-
nos de su dueo.
En
tus manos, Seor, estn mis suertes. Oh, si fuesubiendo a la cumbre de este sagrado Olimpo, por
aquel camino anchurossimo de la nada para llegar al
todo! Mira cmo los navios que por alguna hendedura les entra el agua, siempre y a toda prisa ndanla
sacando para que no se llenen y se hundan. As habas de navegar el mar de la vida para llegar al puerto, y el camino de la perfeccin para llegar a Dios,
sacando, arrojando, vaciando toda propia voluntad,
todo querer. As habas de estar en las manos de tu
Dios, como un instrumento que se tocara como qui-
ras
siera, y hiciera las
consonancias, a su gusto, saber y
poder del dueo y maestro que le tiene en sus manes.
As he conocido muchas veces, y entendido, que en
-cualquiera lugar, ejercicio u ocupacin que Dios disponga de m, poco o mucho, triste o alegre, penoso o
:on descanso, con alivio o dolor, debo estar en tnta
paz y gusto, como si estuviera en el cielo; pues esto
por ahora es lo que Dios quiere, y esto que Dios quie(i)
Deuter., 32, 15.
(2)
Job.,
7,
4.
162
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
re es lo mejor para m, porque Dios lo quiere, y
mon-
ta ms su voluntad que la ma. En el cielo, lo mejor
es cumplirse la voluntad del Sumo Bien; pues si ahora aqu se cumple, qu ms cielo? Dios no ignora
nada de lo que me sucede, y as lo permite, y as la
dispone; pues yo por qu no he de estar contenta?
Este contento y gusto, conoc que poda ejercitar
aun en las acciones ms leves, aunque sea el abrir o
cerrar un libro a sus horas, o el hacer labor, el hablar^
Esto es lo que Dios dispone ahoia
que yo he de escoger, y hacer con paz y consuelo, porque Dios gusta de ello;
mejor es para m que otra ninguna cosa ni riqueza;
o responder,
etc.
que haga, pues
esto es lo
pues esto es de lo que Dios gusta, esto es lo mejor.
Dios quiere ahora que est con trabajo, dolor y fatiga;
pues yo no quiero otra cosa que este mi dolor, fatiga
y trabajo. Dios quiere ahora que sta su criatura me
haga bien, alivie o consuele; pues yo lo quiero porque
Dios lo quiere y gusta de ello. Dios dispone que esta
criatura suya me fatigue y trabaje; pues yo quiero
esto, porque Dios lo quiere. As que cada instante, conoc, poda volver sobre m y gozarme y alegrarme de
que esto que ahora me pasa, es lo que Dios quiere y
dispone como de criatura suya, pues sea as. Yo noquiero otra cosa hasta que Dios la quiera, etc.
Padre mo: esto que est escrito, conoc despus de
que me pas en aquel sueo, aunque en lo ms.
estaba ya despierta. Ah va el papel suelto, por si le
pareciere quemarlo; a m me parece que ser bic)
quemarlo.
lo
Afectos Espirituales
AFECTO
389
163
(i)
POR LOS DE MUERTE
NATURAL. MOTIVOS DE CONFIANZA PARA LA
UNION CON DIOS.
DESEOS DE
MUERTE
MISTICA,
Padre mo, muy estimado en Nuestro Seor: Su Divina Majestad le pague el bien que me hace, y el
aliento con que me dejaron ayer sus palabras; y as
en los maitines de mi padre san Francisco Javier, me
parece senta en mi alma la presencia de Nuestro Seor, sosegados aquellos deseos o ansias de la muerte,
como si entendiera o sintiera: "Este es el tiempo (2)
aceptable, este es el da de la salud, la hora presente
en que puedes vivir sola con el Sumo Bien, caminando a El con confianza, por los pasos o afectos que
debes actuar en su presencia, detestando y aborreciendo la culpa, y todo aquello que puede desagradarle.
Con paz del nimo, pues no puede ser ofendido de
quien no le quiere ofender, y que si la causa de mis
deseos de morir, es el salir de las cosas con que me
parece le ofendo, ensanchara o dilatara la confianza,
con la consideracin de su suma piedad, procurando
llegarme cada hora ms y ms a El; con el dolor de
con el amor de su bondad comunicadora
de bienes; con la confianza de su omnipotencia, que
puede hacer mi alma agradable a sus ojos, y librarla
de sus enemigos; con entregarme a su providencia
amorosa, con una total resignacin, aniquilndome y
deshacindome en su presencia; y que no cuidara de
otra cosa, ni de tiempos pasados, ni por venir." Y el
entender esto, era sentir y hallar estos afectos en mi
alma, o ella toda embebida en ellos, donde no se descubra otra cosa que D^os. Habiendo recibido a
las culpas;
(1)
Casi todo este Afecto fue transcrito por la autora en el
libro de Su
(2)
2.
Vida.
(Cap. xxxiv, pgs. 128-131, ed., 1942.)
ad Corinth.,
6,
164
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
Nuestro Seor Sacramentado, entenda como
si
dijera:
todo el mundo fuera oro pursimo, perlas y
piedras de inestimable valor, y pudieras, con desearlo
y suspirar por l, adquirirlo y traerlo a ti, no te pudieras transformar en l; mas en M que soy verdadera riqueza inefable, puede transformarte el amor.
Y Yo, suma riqueza inefable, comunicadora de bienes, me entrar y unir a ti, liberalsimamente. Yo soy
suma bondad, y busco an a los que quieren apartarse
de M. Cmo dejar frustrados los buenos deseos de
los pobrecitos, de llegarse a su centro y a su Dios, no
*'I\ra, si
teniendo ni pretendiendo otra consolacin de
la vida,
que hacer mi voluntad? Si para borrar o torcer esta
buena voluntad en el alma, se levantan los enemigos
invisibles, las pasiones
las
contradicciones, poderoso
mucho, y muy profunmi bondad y omnipoten-
soy para librarte. Considera
damente,
los
atributos de
cia. Es posible que, anegndose el alma en aquel mar
de inmensas aguas, podi perecer sedienta? ;Es posible que, arrojndose con toda su intencin en aquel
fuego inmenso, podr quedar helada? El gusanito
vil y miserable, que se esconde en su Dios, podr perderse? Aquella medicina, que se hizo de sangre y carne de Dios, no ser suficiente a sanar cualquiera enfermedad o llaga? El mdico de infinita sabidura,
no sabr curarte? Cuando te envi por los caminos
de la tribulacin, no te saqu? Cundo te dej que
perecieras? Si caste no te levant? No te dej mi
cuerpo para tu remedio? No te he dado a mis siervos
para tu consuelo? No te abrigo debajo de mis alas?
<jNo enciendo tus deseos ms y ms por llegarte a M,
sin dejarte consolar en ninguna cosa que de M te
aparte? No te sufro? No te espero? No te llamo con
voces, con pasos, con golpes a tus puertas? Cuando
te envi pobre y peregrina, te falt alguna cosa? Respira en aquellos aires suavsimos de mi inefable bondad, que quien por sola ella te dio lo que tienes, no
Afectos Espirituales
165
te negar lo que te falta. Oh, tibia y flaca de corazn!
por qu no caminas por aquellos espaciossimos cam-
pos de mis misericordias, que all se inclinan, donde
es mayor la miseria y necesidad?
El tiempo de la partida llegar, ahora trabaja en
prevenirte para esta gran jornada, que por larga que
sea la vida, para esta prevencin ser corta. As
como
no puedes comprehender mi hermosura y grandeza,
mi amabilidad y omnipotencia, as no puedes comprehender el premio que se dar al humilde que, con
pul a intencin de agradarme, se sacrifica a m cada
hora, y cada instante, en el fuego de la tribulacin.
Cuntos aos ha que caminas por noches, por nieves,
por hielos, por asombros y espantos, por despoblados
y por soledades; y aunque cobarde y tmida^ te descaminastes?, no te llam muchas veces, no te ataje,
no te her? No has muerto, pues todava deseas y puedes confesar a Dios, y llegarte a El. Quin es tu bien
y tu consuelo, sino el Seor Dios tuyo? Si ahora gusto de estar en tu destierro contigo, est contenta, que
no te dejar; pues no falto a los que esperan en M.
No me
perders como no quieras, que es infinito el
peso de amor con que me inclino al alma que me
desea y ama. Yo soy el Seor Dios tuyo, y si fueres
fiel, no tardar el da en que ponga paz, con tu fin,
a tus peleas, y el alma, hecha Israel vencedor, saldr
del Egipto de sus pasiones, y tinieblas; y entonces el
'dragn grande, como mar, huir de ella; y entonces
los montes y collados de los ngeles y santos exultarn, viendo a la presencia del Dios de Jacob, que mo-
mudada, o deshecha la tierra del cuerpo, se convirtieron las piedras, sin ofender a los pies del alma,
en estanques, y fuentes de agua de vida, porque la
diestra del Seor hizo virtud (1).
:vida,
(i)
Ps.,
117, 16.
Sor Francisca Josefa de la Concei'cin
166
AFECTO
AFECTOS A LA PASION DE CRISTO, Y DESEOS DE
PARTICIPAR EN ELLA. SI SE ESTIMARA LA IMPRESION
DE LAS LLAGAS, POR QUE NO LAS ANGUSTIAS?
El da de la santa Cruz, leyendo
cmo Nuestro Seor ofreci su santsimo cuerpo y sangie, para entrar
en su pasin, se deshaca mi alma en vivos deseos de
que mi cuerpo,
se
si
quilase en padecer y
puede
amar
El da de las llagas de
consumiese y aniSu Divina Majestad.
decir, se
mi padre san
Francisco,
le-
alma santsima de
yendo
Nuestro Seor en el huerto, conoca estas cosas, como
si dijera: por qu aquel favor de comunicar mis llalas angustias y tristezas del
gas slo has de admirar; y siendo parte tan principal
de mi pasin, las angustias y dolores interiores que
yo padec, no se reciben con resignacin, consuelo y
hacimiento de gracias? Como el que deca (1): "yo llevo en mi cuerpo las llagas del Seor Jess": se gozaba
de padecer por
el
nombre de
Jess, contumelias, an-
gustias, dolores, destierros (hasta llegar a tener tedio
miraba como coheredero con
Cristo; y as deca (2): si tamem compatimur, ut el
conglorificemiir, teniendo por seal de la pasin de
al
vivir),
porque
se
Cristo cualquiera cosa de las que
el
Seor padeci en
su santsimo cuerpo y en su benditsima alma, se glo-
riaba en la cruz y en la tribulacin.
(j)
Ad
Galat., 6,
17.
(2)
Ad Rom.,
8,
17.
Afectos Espirituales
AFECTO
AVENIDAS DE
AMOR
167
409
DIVINO,
QUE ARREBATAN
EL ALMA.
Muchas
veces
me han
consolado, y llenado
mi alma
de inefable gozo, unas palabras, que no entiendo bien,
y son stas
((1):
Nec
coneris contra icturn fluvii, pa-
recindome en la oracin, que se le decan a mi alma,
con infinito amor, y salan de un mar inmenso, que
vena sobre ella del divino amor; como si dijera: Oii
alma ma, no resistas la fuerza de mi amor, etc. Va
que eran ningunas mis fuerzas, y conoca la malicia,
de la propia voluntad; va a m misma en medio de
aquellas inmensas avenidas del poderoso mar, y deseaba ser anegada en ellas, sin vivir ya en m, toda f -ada en aquel mar de bondad, en que conoca el atributo de su omnipotencia ser uno con su infinita sabidura y amor, y lo nada que es la criatura para nodejarse regir, llevar, y arrebatar de estas infinitas
fuerzas, Oh, qu quieto y contentsimo queda all el
gusanito, anegado en aquel mar amabilsimo! Nada,
quiere, nada desea fuera de esto. Nada teme, parece
que entra en los trminos de la paz y del descanso.
Otro da, en la oracin, representndole a NuestroSeor las infinitas miserias de mi alma, y representndome a sus divinos ojos llena de manchas y lepras,
de culpas y vicios, pobre y miserable, me consol y
confortaron las mismas palabras: A^ec conei'is contra
ictum jluvii, representndoseme unas avenidas de
aguas pursimas, que lavaran mi alma, la purificaran,
y haran capaz de su Dios, o de llegarse a El, como si
dijera: No resistas, ni huyas de aquel mar amoroso,
que puede, sabe y quiere purificarte, limpiarte y lle(i)
Eccl., 4, 32.
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
168
garte a
No
dudes que
har; llgate a l, sin
manchas y culpas, ni
cualquiera miseria que temas o conozcas.
Hllase con esto, mi alma fiada en Nuestro Seor,
quieta y segura, con deseos de anegarse ms y ms en
su Dios, y no hallarse a s misma.
que
te
l.
as lo
retraiga el temor de tus
AFECTO
ASIDA EL
41^
ALMA DE SU DIOS, EN LA TRIBULACION
NUNCA TEME NAUFRAGIO.
Estando con una tribulacin interior, que yo misma
no entenda, ni poda explicar, ni me entenda, parecindome que ya acababa, me volvieron en m estas
palabras que le acaso (1): Bonus Dominus, et confor.
tans in die tribulationis: et sciens sperantes in se:
cogitatis contra Dominum? consurmnationem
ipse faciet: non consurget dplex tribiilatio. Aquel Seor poderoso de quien se dice: increpans mare et exs-
quid
omnia flumina ad desertum dcducens,
apiada y conforta el alma en el da de la
tribulacin. Aquel Seor grande y poderoso, que es
jimtamente, Dominus patiens, et magnus fortitudine,
viene talvez en la tempestad de la tribulacin. Dominus in tempestate et turbine vice ejus, et nebulce pulvis pedum ejus. Oh grandezas de Dios! Visita al alma.
Seor, y vistala como quisieres; que como te ame,
que como te tema, que como espere en Ti: bonus Dominus et confortans in die tribulationis, aquel missicans illud, et
es el
que
se
mo
Seor, que es tan terrible a sus contrarios, Deus
^mulator et ulciscens Dominus, et habens furorem:
Dominus
in hostes suos, et irascens ipse
Este mismo Seor, grande y poderoso,
se pone en defensa del alma, y el que increpando al
soberbio, y hinchado como el mar, lo hace secar y
iilciscens
iniynicis suis.
(i)
Nahum.,
i,
7.
et scq.
169
Afectos Espirituales
que gua y deduce
abatir, es el
las
aguas
al
que
est
desierto, solo, seco, y rido.
Oh Seor, en qu fa el que no fa slo en Ti?
Pues las virtudes, si no son slo fundadas en esperar
en tu gran bondad, enferman y descaecen, como las
flores del Lbano y Carmelo; y los ms altos montes
commoti sunt ab eo, et colles esolati sunt. No hay
nada que pueda subsistir en tu presencia, sino es
aquello que conserva y mantiene tu misericordia y
gracia; pues en qu fiarn los habitadores del orbe,
amadores de la tierra?; pues ella se estremece a tu
presencia, cul grandeza estar en pie ante la cara de
su indignacin?; quin resistir a la ira de su furor?
Su indignacin se derramar como fuego, que disolver y deshar las piedras ms fuertes. Y despus de
esto escuche el alma que lo ama y que lo busca esperando en El: bonus Dominus, et confortans in die
tribulationis, etc.
Todo
toda esta grandeza, toda esa mano tema, pues, las tempestades
de las tribulaciones, pues el Seor hace camino en
ellas; no la obscuridad y niebla, que es el polvo que
huellan sus pies. No la atemorice el mar hinchado de
los espritus soberbios, que el Seor, reprehendindoeste poder,
jestad es en su favor,
No la sequedad y soledad del deSeor llevar y guiar a El las fuentes
de las aguas. No la demasiada tribulacin, que el Seor la pesar y contendr, para que no se levante
doblada. No a los hijos de los hombres, ni a todos los
habitadores del orbe, que la mayor potencia se deshace a la presencia de su ayudador. No las dificultades
de los montes y piedras, que el Seor los mover y
disolver. Slo tema perder la amistad y gracia de su
Seor, porque entonces no fe en los montes del Lbano y Carmelo, que sus flores enfermarn y enflaquecern. No en el alto mar de ninguna prosperidad,
que increpndolo el Seor lo har huir. No en las
avenidas de suavidades y consolaciones, que el Seor
los, los
sierto,
har
que
secar.
el
I.-8
Francisca Josefa de la Concepcin
170
esconder a sus ojos. No en
que el Seor las deshar
con fuego. No en los que habitan los orbes de la tierra, que la indignacin del Seor los har temblar.
No en los altos collados, pues el Seor los desolar.
echar
las
al desierto, y
la fortaleza
de
las piedras,
Oh temor, oh temblor! Seor Dios mo, que eres
bueno y confortas en el da de la tribulacin. Da de
tribulacin y angustia es el tiempo de mi vida, confrtame en este temeroso da para que no te pierda.
Dios de la majestad, no te apartes de m, no me dejes
conmigo, no me dejes sin Ti! Oh fuente, oh centro
del bien! Oh todo el bien! Oh nico y slo bien! S
toda mi esperanza, que as vivo entre mi miseria, y
entre mi no ser, ms contenta, cuanto ms conozco mi
pobreza y no ser. Sea todo mi ser y mi riqueza slo
esperar en Ti.
As que. Seor mo, grande y terrible, paciente y
amoroso, no te desagrada la tempestad, pues en ella
caminas; no la obscuridad y niebla, pues all estn
no te enamora la hermosura y capacidel mar, pues lo reprehendes y haces secar; no
te pagas de las corrientes de las aguas, pues las echas
tus huellas;
dad
no de la alteza de los montes, pues los con.
mueves; no de los collados, pues los desuelas; no de
la hermosura de las flores, pues las dejas enflaquecer
y marchitarse; no de la tierra, pues la haces estremecer; ni de sus poderosos poseedores, pues les muestras tu indignacin; ni de la fortaleza de las piedras,
pues las deshaces. Pues qu. Seor, te agrada, qu te
inclina? El que espera en Ti, el corazn humilde, que
no confa en s mismo; el que todo su ser resigna y
deja en tus poderosas y amorosas manos, en tu sapientsima providencia; el amarte y temerte (1).
al desierto;
(i)
te
El
manuscrito original
nota de
la
trae,
en este punto,
la
siguien-
V. M. de Castillo para su confesor:
"Padre de mi alma, y todo mi amparo en esta vida: No s cle diga en el tormento (|uc est mi cuerpo y mi alma, y
mo
Afectos Espirituales
AFECTO
171
429
SEPULTADA EN LOS HIELOS DE LA OBEDIEXCL\ ACTUAL, EL SOL DE JUSTICIA LA ILUMINA PARA QUE
ESCRIBA LOS GOCES Y PENAS DE LA VIDA ESPIRITUAL.
Trayendo muy presente
la
humanidad
santsima
de Nuestro Seor, y considerando como estos das le
han mandado comulgar tan continuamente, senta
unos deseos de servirlo y amarlo, que casi le consuman las fuerzas exteriores, y hacan desfallecer, como
que se estaba su alma ardiendo; y le pareca que aquella santsima humanidad se transformaba en un sol
lucidsimo, claro y ardiente, y se entraba en lo ms ntimo del alma. Entenda que de all adelante gustara
mucho menos de las criaturas; o se hallara ms lejos
de tener gusto en cosa de esta vida.
con que he escrito
eso.
Parceme que estoy gastando
en escrebir disparates, y locuras, y deshonras,
noche,
como que me dispertaba
diciendo:
etc.
'Ya
tiempo
el
Y
l
toda
la
va
se
cuidar de la Guaviva?, y t quedars aqu, muriendo y reventando; para qu ha sido esta nueva inventiva de escrebir tus
locuras y sueos, por slo darle gusto?
y buscar por otro
que
camino
tu remedio,
Lo ms seguro
pues ves
el
era huir
sentimiento
estas cosas; y as, aqu no buscas a Dios. Mejor
Lugo de contado, entr una persona a contarme
los presentes que le traan, los olanes en que vena envuelto el
cacao, los encargos que V. P. haca, etc. Y con esto, sin saber yo
dnde meterme o huir de m misma, segn la confusin, tristeza y horror de que se llena mi corazn, parecindome que no
tena otro remedio y que todos mis tormentos y lo que ahora
paso, me ha venido de sto, y estoy perdida, sin hallar camino
ni remedio. Y con esto me aprieta tnto el mal del cuerpo, que
estoy como para expirar. Esto es darle cuenta de lo que me
pasa, para que vea si ser bueno quemar estos papeles; pues,
mientras ms me esfuerzo a tomar sus consejos, es ms la gue-
tienes
en
es huir, etc.'
rra."
Es muy posible que
Juan Romero. (N. del
el
E.)
destinatario de esta carta sea
el
R. P.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
172
Pensando en su muerte, entendi: "tu muerte ser
para pasar a M, porque mi infinita caridad (1) cubrir la multitud de tus culpas."
trnsito
Pensando, en la oracin, cmo se llegara a Nuestro
Seor, entendi: "dejad a los pequeueios venir a
m." (2). Entendiendo, que como el nio llega con seguridad, con gusto, con prisa a su padre, y se arroja a
sus brazos, extendiendo los suyos para estrecharse y
unirse cuanto puede con el que le dio el ser; as deba
el alma hacerlo con su Dios; y como el nio no gasia
mucho tiempo en hacer consideraciones, mas lo mueve el amor, etc.
Estando con muchas tribulaciones
interiores,
slo
hallaba gusto y consuelo grande en pensar que Dios
la humillaba; y senta en esto grande complacencia
en que la humillara y mortificara, y si fuera su gusto,
la deshiciera. Oh, Seor, que pones tu subida sobre
las nubes; que subes sobre el ocasol Triunfa y vence,
y s glorificado en mi humillacin y abatimiento. Ea,
Seor, entra en el lodo, y psalo, acaba de aniquilar
mi vansima presuncin (3); increpa a las fieras del
caaveral, y ahuyenta a las pasiones, que como fieras
bramando se congregan a hacer ruido entre las caas
vanas, y vacas; quma mis entraas, y mi corazn,
para que lo cres nuevo, y hagas recto mi espritu, renovndolo y limpindolo, porque toda carne corrompe su carrera; echa de l aquel gusano que roe, y come
el corazn de la yedra (4), para que no caiga seca y
marchita, sin ser apta para m, ni para otros, no sea
echada en el fuego como intil!
Despus de grandes trabajos exteriores, oy en lo
mame por mi bondad, teniendo
grande luz en la bondad de Dios (5).
interior de su alma:
Maici.,
(i)
I.
Peni,
4,
{4)
Jonr, 4,
7.
(5)
Al margen dice: "Esto fue
na.
Ao
del 14."
8.
(2)
la
lo,
14.
(3)
Ps..
noche que muri
67.
la
31.
Cha-
Afectos Espirituales
173
Estando cercada de grandes congojas interiores y
en lo humano, me
mi padre san Fran-
exteriores, y sin ningn consuelo
postr a los pies de una imagen de
no s cmo se represent a mi alma que
santo la consolaba, y alentaba, dicindole las palabras de la doctrina cristiana: el hombre fue criado
para amar y servir a Dios en la vida mortal y verle y
gozarle en la eterna. No hay lengua criada que pue-
cisco Javier, y
el
da explicar lo que entend o sent, de la grandeza del
para que fuimos criados; de la brevedad de la vida y trabajos temporales; de la grandeza de la gloria
que por ellos se alcanza; de la hermosura y amabilidad del Sumo Bien a que aspiramos; de la flaqueza y
vileza de todo lo que no es Dios, y de la poca consistencia de las criaturas; del inmenso poder del Seor
a quien servimos, para tornarnos en bien todas las
cosas; manifestndose todo esto a los ojos del alma,
no por discursos, s por un modo de vista, como quien
la extiende por amenos y dilatados campos.
fin
Estando muy atribulada interior y exteriormente,
a algunas personas decir que me dejaba lleoyendo
y
var de melancola, entend (como yo me afliga de
esto, pensando si iban perdidos todos mis trabajos):
que diera gracias a Nuestro Seor porque me haba
llevado siempre por el camino de la soledad y silencio y retiro de criaturas (que es lo que ellas llaman
melancola); que con esto me haba librado de muchas culpas; que la santa Iglesia, pidiendo por los difuntos, dice les perdon aquellas culpas que en la
Alimaa conversacin cometieron; que el trato de las
criaturas, si no es por caridad, obediencia, o necesies un semillero de culpas e imperfecciones, y es
donde se fomentan las pasiones. Porque si yo no tengo amor desordenado a unas cosas, no tendr envidia
de que las posean otras; si para siempre jams no
deseo el trato humano, para siempre jams no querr
ser estimada; si no amo la vida presente, np temer la
dad,
muerte;
si
amo
la
vida eterna, aborrecer lo temporal.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
174
Entend tambin:
que
el
tiempo
es corto,
los
negocios
se tratan gravsimos, cual es la eterna salvacin,
el tener a Dios omnipotente por amigo; el ganarlo,
o perderlo para siempre; el tiempo de negociar las
riquezas y reino eterno, es temporal, corto y limitado:
;pues, cmo ste se ha de perder con las criaturas, que
por ltimo
hemos de
las
retiro o silencio,
dejar? Entend:
slo naciera de
que
melancola,
si mi
como
tema yo, y otras han dicho, fuera imposible en tantos
los deseos de
servir a Dios, y de agradarlo, que cada da crecen.
aos haber perseverado en mi corazn
el
Entend: que deba llegar a su centro, y a su Dios
alma, desnuda y despojada de toda propia estima-
cin, y que sta es slo como las hojarascas, o telas
de viento, que la estafan y le quitan la verdad del espritu, y la privan de la luz que participa de la ver
dad eterna. Muchas veces se levanta en s misma como
una grande estatua (1), con la cabeza de oro por la
de sus pensamientos, juzgando sus brazos code plata, poderosos para obrar con fortaleza; y lo
restante de bronce y hierro en su duracin; mas T,
poder divino, eterno y fuerte, con un pequefo toque
das en sus pies de barro, y cayendo postrada, all levantas con tu poder un monte. Esta es la verdadera
confianza, la que estriba en su propia aniquilacin,
y en tu brazo fuerte. Esta es la verdadera humildad,
la que no descaece por la vileza propia, antes all levanta en tu bondad sus vuelos, porque T resucitas
de la tierra al pobre, y levantas del estircol al necesialtivez
mo
as, que
sombra de
tado:
los hijos
la
tus alas
Este da entend lo
meditaba en
las
Dan.,
2, 32.
los
hombres, slo debajo de
esperar.
que dice
obras de las
cindose presente a
(i)
de
pueden
el
la vista del
(2)
Ps.,
142, 5.
santo rey
manos
alma
(2):
que
del Seor, hala
grandeza de
Afectos Espirituales
175
mares, fuentes y ros; la hermosura de los prados,
los
aves y flores; la variedad de todas las criaturas visibles, hallando all noticia de su criador, y deseando
alma ir a El, como a su centro y descanso. Conoc
tambin la grandeza, hermosura y poder del santo ngel de mi guarda, su continua asistencia, y ardiente
deseo y solicitud, por que el alma ame, adore y alabe al Sumo Bien, y se d prisa a caminar a la patria,
venciendo los estorbos y tropiezos del camino de la
vida mortal. Conoc estar ac desterrada entre bultos
de tierra, que a cada paso se van deshaciendo y volviendo a su polvo. Slo lo que hay apreciable son las
almas. Se me represent todo el camino de mi vida,
el
la niez, y las personas que ya se deshicieron,
con quienes comenc a correr mi carrera, esperando
yo deshacerme a cada paso de ella. ;Y esto no asusta?
;Y no entra en cuidado, y se pierde el tiempo, y se
aprecian las criaturas?
desde
Oh alma ma,
loca y insensata! Esta es
ms
infeliz
que siempre que te hallas inquieta y turbada, si buscas la raz, pende de no tener
bien limpios los ojos de estas cosas humanas, y los
afectos varios que de ellas nacen qu otra cosa es
correr tras la vanidad? Es posible que hasta que con
locura; pues advierte
violencia te dejen las criaturas, las dejaras, y entonces no por que quieres. Ay dolor! Ay amor, cami-
nad al centro! Ay esperanza! tantos tiempos casi insensiblemente estribando en pies de barro; por qu
no en la firmeza de Dios vivo? Ay temor como el de
los nios, que tiemblan de espantajos, y tocan las serpientes; por qu no temes al que puede echar en
el
las
infierno
lleva
el
nima, y te
viento, y las
el
asombran palabras que se
compuso l mismo? Qu
firmeza pueden tener en sus pareceres
las
criaturas,
que todas son mudanzas? Y cuando siempre
ben o te estimen, qu te quitan de males, qu
de verdaderos bienes?
te
ala-
te
dan
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
176
Quin, pues, Dios mo, nos mostrar los bienes
verdaderos? Esta es una luz tuya, que procede de ta
amable presencia; este es un mirar con misericordia
tus claros ojos, al alma, y darle luz, para que vea
los
hombres como
rboles,
que
caminan a
su
no
ser (1), y siempre son mudables, plantados en esta
tierra y sombra de muerte; mas tu luz apacible les
que no puede
mundo. En esta paz, que es en Ti mismo,
duermen y descansan (2) como en seguro puerto, libres del mar de sus fatigas, habitando en la compaa y ayuda del Altsimo (3), y morando en la proteccin del Dios del cielo, y en el cielo, como en
casa de su Padre que est en El. All es donde no
dirige los pies por la va de la paz,
dar
el
llega el
mal de culpa,
nculo no
ni de pena;
y a este taber-
porque
est lejos de
toda pena y dolor. All cogen en gozos, que exceden todo sentido, lo que en el camino sembraron de
lgrimas y dolor (4).
Conoc tambin los tropiezos de mi vida pasada,
o del camino de esta vida; estas culpas fueron la lepra que manch el alma; stas las que la despojaron de inmensas riquezas que posea en Dios; stas
las que le echaron en el rostro el fierro afrentoso de
Satans; stas las que la ataron de pies y manos, para no andar el camino para Dios, ni obrar obras de
luz. Estas, las criaturas (5) con que qued obligada a
pagar duras penas para siempre sin fin, si no lo remediara la misericordia del mismo Seor a quien ofendi; stas las que la pusieron fea y asquerosa a los
ojos de Dios y de sus ngeles; stas, con las que inse
acerca
el
azote,
suma bondad, suma sabidura, suma
omnipotencia y santidad, suma limpieza, hermosura,
juri a Dios,
y amabilidad. Con estas culpas crucific (6), abofete y escupi a Jess, hijo de Mara Santsima, y caus los dolores y penas de esta amabilsima Madre;
con
stas se hizo
(1)
125, 5.
Marci,
(5)
8,
24.
Ad
enemiga de Dios,
(2)
Ps.,
Coloss., 2,
4. 9.
14.
(6)
etc.
(3)
Ad
Ps..
90.
(4)
Hebrae., 6, 6,
Ps.,
Afectos Esprituales
177
Y por qu tntos males, y por qu tntas prdipor qu tan grandes daos? Desaparecieron las
cosas viles que ocasionaron la culpa, y qued el alma cargada de tan pesados hierros, de tan afrentoso cautiverio, de tan horribles daos. Esto dgalo el
silencio, pues no cabe en los trminos humanos. O
dgalo un continuo y amargo llanto, pues no puede
decirlo una vida que durara siglos, gastada en amarga penitencia, y en acerbo dolor.
das,
AFECTO
43*?
DESNUDA EL ALMA DE AFECCIONES PROPL\S, EN EL
RETRETE DE LA CONTRADICCION, ES ADORNADA
DE LAS RIQUEZAS DESTINADAS
A LOS QUE TEMEN A DIOS.
Padre de mi alma: habiendo llegado hasta aqu,
que iba diciendo las cosas que conoc, se otreci la
ocasin de mortificacin, que le escrib ayer, y ha
Dndome con ella turbada y confusa, con la guerra
que se levant en mi corazn, por mi poca mortificacin, y asimiento a las criaturas, y a m misma, estuve todo el da en mucha escuridad y congoja, pensando: si mi oracin fuera verdadera, o las luces que
en ella recibo fueran de Dios, o me guiara buen espritu, no me hallara con tanta turbacin en esta
ocasin, etc.
As pas el da en esta guerra, clamando a la Santsima Virgen, y procurando convencerme a m misma, y que no ^saliera a lo exterior mi poca paciencia.
la noche empec a sentir en mi alma como si la
dijeran: "mientras ms desnuda llegares, ms te ves-
cuanto ms pobre, ms te enriquecern; cuanms hambrienta, ms te hartarn; cuanto ms vaca, ms te llenarn", etc.
tirn;
to
A
las
la hora de levantarme a la oracin, que seran
dos de la maana, me haUaba tan rendida de do-
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
178
lores
en
el
cuerpo, espantos y horrores en
el
alma,
que me pareca imposible estar para nada; mas como
no poda dormir, y hacindome fuerza, entr a donde Nuestro Seor Sacramentado; y lugo me pareci
que la benignidad de Dios quera dar a m, pobre, y
desnuda, sus dones, y que se hallaba el alma con tres
vestiduras, tan hermosas y agraciadas, que la primera pareca de una blancura peregrina, sobre todo
pensamiento. La segunda de color encendido, y la
tercera de color verde; acordndoseme que esto mismo entend lugo que entr en la religin.
Ahora
pues, entend,
como
si
dijera:
"puede mi
po-
der inmenso, inclinado a enriquecer al pobre, cubrir
tu desnudez con la inocencia de mi hijo; y esta vestidura ser de mayor fortaleza para el alma, cuanto ms limpia y libre estuviere de los afectos humanos, y bienes de la tierra; y sta la encender en el
amor divino, y el amor en esperanza de los bienes
eternos y divinos; y esta esperanza acrecentar ms
la fortaleza para padecer las contradicciones, que de
todas partes siente el alma, hasta que salga de su destierro y peregrinacin", etc.
Pareca tambin que se daba una guirnalda de
piedras preciosas, de color verde, muy resplandecienentenda: "al alma
tes, hechas a modo de flores, y
que venciere,
se le dar la corona de justicia de eternos laureles por penas temporales." Parecale tambin ponrsele en el pecho, al lado del hombro derecho, una cruz hermossima de piedras preciosas y
resplandecientes del color de sangre; y que en sus dedos tena anillos de varios colores, y de tnto precio
y valor, que se reconoca ser ms de lo que cabe en
lo humano. Bien veo yo que si esto fue de Dios, sera para levantar mi corazn cado, pobre y triste, a
la consideracin de las riquezas que Dios tiene preparadas para los que le temen. No porque mi alma
sea digna, o est dispuesta para riquezas tales; pues
las manos y los ojos, que conoca tener mayor hermosura, si significan las obras buenas, o la pureza
Afectos Espirituales
179
de intencin, en ninguna cosa reconozco en m, ms
continuas faltas de toda virtud. Tambin me pareci entender: "el alma es para m, arca donde encierro mis dones, y aunque tenga el oro de la caridad,
yo la mando cubrir, en el tiempo de esta peregrinacin, de cilicio, de oscuridad, desprecios y congojas", etc. Senta que el alma no se saciaba con aquellas riquezas y le deca a su santo ngel (a quien
siempre recurre): Oh santo ngel mo, yo slo deseara estar asida y abrazada con mi Seor Jesucristo!
Parecindole ser as, y que le va en la cabeza una
guirnalda de grande hermosura, al modo de diamaiites, y que le deca: "mira, mi corona es eterna, porque consiste en mi divinidad, en su ser simplsimo
y permanente."
que el santo ngel de su guar"mira, yo tambin estoy de fiesta, y de
gala, porque se acerca el tiempo de llegarte al Seor." y deseando saber si sera muriendo, o por la
santa cruz, no lo entendi.
Acordndose de la hermana que muri, le parece
la consolaba el Seor del desconsuelo que por ella
Parecale, tambin,
da
le deca:
ha tenido, como si le dijera: "yo la coron de rosas,
porque la previne con santos y fervorosos deseos, antes de tareria a M, la purifiqu con grandes trabajos
y adversidades, y desembarac su corazn, que ya slo
Yo lo llenaba", etc.
Lo que el alma siente en
estas cosas, la paz y lux
con que queda, cun viles le parecen las cosas de la
tierra, cunta hambre le queda de la limpieza y santidad, que es toda justicia, no hay cmo decirlo. Como tambin el amor que se le entraa a su Seor y
el deseo de padecer por agradarlo. Y es cierto, que
representndose aquellas galas y ornato al alma, slo
se alegraba de ellas por estar as agradable a los ojos
de su Seor con los mismos bienes que El le pona.
Fuera de
de
jos estoy
esto^
las
padre mo, he conocido cun levirtudes; y que toda
verdaderas
180
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
muy asida a m misma; y as, pues Nuestro
Seor me ha hecho escribir esto (contra toda la vergenza natural que me causa) con tanta prisa que no
he podido detenerme, ni dejarlo de hacer (como otras
muchas cosas en que me vence el temor) para que
V. P. lo vea, sirva esto de algo para conmigo, no me
permita mis faltas, examnelas, rame y reprehndame; descbrame los caminos torcidos de mi corazn, y de mi intencin, para que se enderecen.
va estoy
AFECTO
LAS RIQUEZAS QUE HALLA EL ALMA EN LA COXSL
DERACIOX DE LAS GRANDEZAS DE DIOS SON PRO
PORCIONADAS A LO QUE SE PROFUNDIZA
EN LA PROPIA VILEZA.
He
entendido, oh Dios y Seor mo, lo que deb
Divina Majestad desde los primeros pasos de
mi niez en muchas cosas particulares; y lloro con
a su
que me parte el corazn, los bienes que per"Yo te cri para m solo; y as, slo en las almas que de veras me aman puse amor
para contigo, y ste ha nacido del mo. Y tu descontento y amargura en todo lo criado, no ha nacido
tanto de los trabajos, como de no hallar cosa que te
dolor,
d por mis culpas:
llene ni alivie fuera de m; antes, los dolores, enfer-
medades y contradicciones, han sido como alivio a
la ansia de tu corazn por arder en mi fuego, y ser
toda ma. Yo hice contigo como un amante esposo
en tanto que llega el ver a su esposa, y tenerla consigo, le enva dones y prendas de su amor, y mas
aquellas con que ha de parecerse en el traje a su querido, son las que ella ms precia. Siempre habl a
tus odos,
por mis siervos, doctrina verdadera; y ya
he dado mis siervos para tu consuelo'
te dije: 'yo te
Afectos Espirituales
181
veces he entendido: que no me queje de
saber qu hacer; pues para llorar mis culpas, es
corto espacio el del tiempo. Acurdaseme aquello que
dice: dimitte ergo me, ut plangam paiduhim dolo-
Muchas
lo
rem
meum
(1).
Parecame que mi santo ngel me enseaba dos
minas en que poda ahondar, y cavar siempre; una
de mi propia vileza, etc., y otra de la grandeza y majestad de Dios: y que le mostraba al alma, campos
extenssimos, donde podra explayarse y sacar inmensas riquezas.
Para
el
trato necesario
ada muchas
deracin en
veces:
las
con
las
que pusiera
almas; y
criaturas fui ensela vista,
la
cmo habita Dios en
consiellas,
hermosura y majestad de las que estn en gracia. Y en cuanto a los cuerpos, cmo se han de volver en tierra, y apartarse unos de otros; y las almas
cmo van viadoras a dar cuenta en el rectsimo trir
bunal de Dios; y lo que all se aprecia, que slo son
virtudes. Otras veces poda atender a los ngeles que
las guardan, y a lo que son estos santos espritus, y
a lo que son para con ellas, cmo las guardan, etc.
y la
AFECTO
DELIQUIOS DEL DIVINO AMOR EN EL CORAZON
DE LA CRIATURA, Y EN LAS AGONIAS DEL HUERTO.
El habla delicada
Del amante que estimo,
Miel y leche destila
Entre rosas y
lirios.
Su meliflua palabra
Corta como roco,
Y con
ella
florece
El corazn marchito.
(1)
Job.,
10,
20.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
82
Tan
suave se introduce
Su delicado
Que duda
Si
corazn,
corazn mismo.
el
es
silbo,
el
Tan eficaz persuade.
Que cual fuego encendido
como
Derrite
cera
Los montes y
Tan
los
fuerte
riscos.
tan
sonoro
Es su aliento divino.
Que resucita muertos,
Y despierta dormidos.
Tan
dulce y tan suave
Se percibe al odo.
Que
Aun
alegra
de
los
Al monte de
He de
mirra
la
hacer mi camino,
Con tan
Que
huesos
ms escondido.
lo
pasos,
ligeros
iguale al cervatillo.
Mas, ay! Dios, que mi amado
Al huerto ha descendido,
Y como
rbol de mirra
Suda
licor
el
ms primo.
De blsamo
mi amado,
es
(i)
Apretado racimo
De
El
las
vias de Engadi,
amor
De su
Aunque
le
ha cogido.
cabeza
ella
es
el
pelo,
oro fino,
Difusamente baja
De penas
(i)
al
En
el
fecit
un abismo.
manuscrito original hay. segn
margen, que
dice:
dice:
salutcin
de
el copista,
una noia
"Este da 25 de A., experiment lo que
ininiiriis
jwstris,
no
dijo:
de amigos."
Afectos Espirituales
El
rigor
de
183
noche
la
Le da el color sombro,
Y gotas de su hielo
Le llenan de roco.
Quin pudo hacer, ay! Cielo,
Temer a mi querido?
Que huye el aliento y queda
En un mortal deliquio.
Rojas
De
sus
las
azucenas
marchitos.
labios
Mirra amarga destilan
En
su
marchitos.
color
Huye, aquilo, ven, austro,
Sopla en
huerto mo,
el
Las eras de
Den
su
flores
las
olor
escogido.
Sopla ms favorable,
Amado
Den
su
ventecillo,
olor las
Las rosas y
aromas.
los lirios.
Mas ay! que si sus luces
De fuego y llamas hizo.
Har dejar su
aliento
El corazn herido.
AFECTO
EL
AMOR
469
DIVINO NO RESPIRA EN COSAS CRIADAS
SINO EN EL CRIADOR DE TODAS. Y TRECE
PRINCIPIOS DEL
AMOR
PROPIO.
Este da conoc, con una grande y fortsima luz,
casi deshaca el corazn en el pecho, cun fcil le es a Dios Nuestro Seor destruir, disipar, perder y aniquilar, cualquiera trazas, consejos y invenciones de los hijos de los hombres; y cun fcil plan-
que
184
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
tar y edificar, para sustento, honra y provecho, alivio y refugio de los hijos de Dios.
Conoc cunta locura y vanidad es amar, temer o
desear otra cosa que lo que Dios quiere y dispo-
ne, etc.
Senta con esta luz tales y tantas cosas, que senta
halla por dnde respirar su fuego; parecanme intiles todas las
cosas y ocupaciones, etc., sino porque Dios las quiere, y en cuanto Dios las quiere.
Por algunos tiempos siento a m misma, como
una figura de mujer hecha de paja, sin que sienta,
mi corazn como un volcn que no
ni sepa, ni pueda nada; y que el aire la lleva y trae
por donde quiere. As me pareci ser guiada de la
voluntad de Dios; y en sintiendo algn querer, o alecto propio, me lleno de congoja y peso, y me voy a
pique.
De tener cosas por donde puedan los hombres alabar o estimar, conoc, que nacen muchos males para
el alma, y crecen sus guerras. Lo 19 la propia estimacin con que una hace gran concepto de s misma. Lo 2^ quiere que correspondan todos en los obsequios y estimacin al concepto que ya ha cobrado
o hecho de s misma. 3*? Se aflige y congoja en faltndole en algo. 4^ Se tiene en ms que la otras.
5*? Se enoja fcilmente,
y menosprecia en palabras y
acciones, a las que cree no ser para tanto. 6^ Se cree
a s misma, como de quien tiene satisfaccin y seguridad, por lo que hizo, o dijo bien, etc. De aqu nace. 7^ La ferocidad de nimo para con los menores. 8^ Juzgarlos a todos por tales. 9^ Igualarse a los
mayores. 10^ Se pierde o menoscaba la caridad para
con el prjimo, la llaneza, la afabilidad, la piedad
del bajo concepto, que de ellos se hace. 11^ Se enoja
fcilmente, se aplaca dificultosamente. 12^ Se hiere
a ojos cerrados sin compasin, ni consideracin. 13'^
Se enfra y aleja el amor de Dios, y talvez se muere.
As dice: contemptus mundi: "por gran bien tengo, no tener cosas por donde sea alabado de los
hombres."
Afectos Espirituales
Este da
encomendado
al
guel, y al santo apstol san
185
santo prncipe San MiJuan Evangelista, con to-
santa compaa que se hall en el Calvario, enir sus afectos y deseos a la Madre de la vida
y de la misericordia, en formas corporales, como nios o nias coronadas de rosas, tocando instrumentos de alabanzas de la gran Madre.
Acordse de aquellas palabras: "quin te me dar,
da
la
tendi:
hermano mo (1), mamando los pechos de mi madre,
que yo te halle fuera, y te d sculo, y ya nadie me
desprecie." (Entenda por estos desprecios las tentaciones y persecuciones de los tres enemigos del alma).
Peda a la Santsima Virgen que de aquel mar inmenso de gracia y amor, y de dolor de la pasin de
su Santsimo Hijo, enviara a su corazn una gota
de amor para encenderlo, de dolor para anegarlo, y
de su santsima leche para curarlo y sanarlo (2).
A la tarde hallaron dos novicias a la Santsima Virgen de Beln, que de la garganta y pecho haba manado dos gotas, que corriendo por el cuerpo del Nio,
no se enjugaron en da y medio, hasta cjue un sacerdote las limpi (3).
AFECTO
479
SIEMPRE BUSCA DIOS AL ALMA, Y ES HALLADO
SI ELLA LE BUSCA. ESTO SE LE REPRESENTO
EN UN REVOLOTEO DE PALOMAS QUE VIO
EN EL SOLAR DE SU CONVENTO.
Este da
dedicado
santo prncipe Rafael, y a
los santos y santas
pareca en la oracin, despus de la
al
mi padre san Francisco con todos
de
la
(1)
(2)
713,
(3)
de
orden,
Cant.,
En
el
le
8.
manuscrii.o original, se lee al
por ocUibre."
Suprimido
la 3^ ed.)
(Nota del copista)
este aparte
en
la
margen: "Ao de
1^ edicin
de 1843.
(ola
Sor Francisca Josefa di la Concepcin
186
santa comunin; que el ahna andaba buscando a su
Dios: y que el Seor andaba con tanta velocidad como el pensamiento, que fuera de oriente a ponien-
que
te.
el
alma
as lo segua.
Espantndose de esto, le acord lo que le haba
pasado das antes, esto es: que bajando a la cuadra
del ro, padeca all indecibles congojas, que ya pareca acabar y morir: cuando vio dos palomitas como azucenas, y ms blancas que la nieve, porque no
hay ningn gnero de blancura con que se puedan
comparar: ni menos la ligereza con que andaban haciendo tornos v como cortejos la una a la otra; ya
luia se esconda v se dejaba buscar, andando la
la
otra sin sosiego, hasta que la hallaba; va andaban
juntas un breve espacio; ya se dividan; ya se llegaban, como lo suele hacer cada una al torno de la
luz:
mas aquello pareca
ello la
cosa de ms sentido, y con
consol Nuestro Seor, entendiendo lo que
pas (1).
Misericordias Domini,
in
rternum cantabo
AFECTO
(2).
48^
^lACIMIKNTO DE GRACIAS POR ESPECIALES MISERI
CORDIAS CONSEGUIDAS POR RUEGOS
DE N. P. SANTO DOMINGO.
principios de septiembre de 1717 empez a senunos deseos grandes de Dios, y de amarle, y padecer por su Di\"ina Majestad, y cada vez que levantaba los ojos del alma a mirar a Nuestro Seor crucificado, le pareca ser recibida en sus divinos brazos,
y en su pecho, como desmayada y sin aliento. Pedale
de todo corazn le concediera sentir y padecer dolores, a imitacin de los que Su Divina Majestad padeci en su pasin; y morir de su divino amor (3).
tir
(1)
Este pasaje fue suprimido en la
(2)
Ps.,
to 4^,
en
88,
1.
la ed.
(3)
etl.
de 1843.
Este pasaje fue incorporado al ec-
de 1843, omitindose
el
resto.
Afectos Espiriiuales
mediado septiembre
le
187
dio un fuerte tabardillo,
y estando oleada, y ayudndola a bien morir, le pareca ver al padre santo Domingo, que, arrodillado
Santsima Virgen, le peda por ella, dicindoel rosario de los misterios dolorosos, y as lo
hizo, aun con la fuerza de la calentura y dolores. Pa-
ante
le
la
rezara
recale
le decan: "Encomindate mucho
Domingo, que es tan amado de la
Angeles, que cuando naci tuvo los pa-
tambin que
a ese glorioso santo
Reina de
los
este
ales en sus santsimas manos, y los bendijo."
mismo tiempo empez a sudar copiosamente una imagen de santo Domingo, que estaba arrodillada ante
la Santsima Virgen, en un aposento inmediato a donde pedan las religiosas por la enferma.
Empezando a convalecer de la enfermedad, le pareci ver a Nuestro Seor Jesucristo, en la edad de
joven, con una tnica toda compuesta de unas flores
del modo y color de las violetas de la tierra. Y pensando: Por qu. Seor mo, tenis unas flores tan
despreciables y tristes, tan cerca de Vos?, entendi
estas palabras: "por sii buen olor, para convidar a los
Le pareci que aquellas flores significaban
que haba padecido en aquella enfermedad. Despus o predicar que las violetas significaban la humildad, y Nuestro Seor, flor del campo.
amigos.'*
lo
AFECTO
49<? (1)
TEMOR DE
SER MEDIDA CON LA VARA DE DIOS: UN
RASGO DE LA PRUEBA DE LOS FUERTES,
Y UN ANUNCIO FUTURO.
En una espantosa tribulacin en que entend le
pasaba a mi alma en algn modo lo que dice Jeremas (2): "Yo soy el varn que veo mi pobreza en la
vara de su indignacin", parece que como el varn
(1)
Afecto
(2)
^S*?,
en
la
de este Afecto.
Thren., 3, 1.
a partir
1^ ed.
La numeracin
se corre
en
ella,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
188
que tiene uso de razn, a diferencia del nio o del
prvulo, infunde Nuestro Seor un conocimiento al
alma, una clara vista de lo que tiene fuera de Dios, de
lo que sabe y puede sin El; y esta suma, total y espantosa pobreza, parece que la ve con los ojos, y la siente
y padece con el corazn. Y la ve en la vara de la indignacin de Dios, porque se conoce manchada, rea, y
convencida de atroces crmenes, cual es cualquiera
ofensa, disgusto o desagrado del Sumo Bien, aun
aquellas culpas que los hombres llaman leves, y la ignorancia nustra tiene por tan nada.
Y espantada el alma, y asombrada, vindose desnuda de todo bien, poderosa slo para
la
iniquidad de
representa Dios airado, y con la vara
de su justa indignacin en la mano. No es este conocimiento de su nada, aquel en que reposa el alma,
porque se muestra Dios su Sumo Bien, propicio, o
le da algunas vislumbres de ello; mas antes siente la
pobre alma aquel: quare posuisti me contrarium tib? (1). Slo ve profundidades de sus miserias, y como
un hervidero de sus malas inclinaciones, flaquezas y
obscuridades. No es ste aquel conocimiento propio
en que el alma se quieta y duerme en paz: in pace in
idipsum dormiam, et requiescam (2); es aqul me
minavit, et addiixit in tenebras, et non in lucem (3).
Es una confusin, trabajo, y tribulacin del alma,
la culpa, se le
como cuando en un camino
trabajoso
todas partes que se
tropieza, y en todas las operaciones de
])otencias, ve, a su parecer, precipicios
luz, y la gua, y a
mo
se esconde la
quiera mover
sus sentidos y
o estorbos, co
muros.
/Edificavit in gyro meo, et circumdedit
me
jelle, et
labore (4). No deja de clamar y rogar, mas parece que
Dios excluye su oracin, agrava sus prisiones, cierra
sus caminos con piedras cuadradas (5) que por ningn lado se pueden mover; desbarata sus sendas, por-
que aquellos caminos por donde haba empezado
(i)
Job., 7, 2o.
(4)
Ibi., V. 5.
(2)
(5)
Ps., 4, 9.
Ib., V.
9 et 11.
(3)
Jerem. Thr.,
3,
2,
Afectos Espirituales
hallar senda, las halla
bada, pierde
el
nimo
189
como
desbaratadas; y toda tury el consejo. Mas, oh cunto
ensea el Sumo Bien en esta prueba de fuertes; y
cunto alumbrar con esta noche y tinieblas! Dichosas las almas que as fueren fieles.
Estando, pues, as mi alma encomendndose mucho a mi padre san Francisco, aunque el clamar en
este estado es como quien clama debajo la tierra, o en
el profundo del mar, que nadie lo oye. Mas este da
me pareci orme mi santo padre y darme a entender,
aunque no con palabras expresas, mas como si dijera:
"No tenemos abandonado el cuidado de tu alma, no
es negocio como el que tienen los hombres de un nido
de hormigas, que no hay ms que dejarlas andar. Es
negocio de Dios y de criaturas suyas, es negocio de
alma y de vida eterna", etc. Parecame que esto lo
entenda de todos mis santos abogados; respir un rato, y despus, yendo con grandes tormentos a or misa,
me pareci que deca el enemigo: "muy bien la tengo apretada y cercada, porque en las cosas espirituales que ms ama, y sin quien no puede vivir, le pongo
mayores horrores, que la atemoricen y atierren; y para
su confesor le tengo cerrado el camino, y sembrado
de espinas y abrojos." Yo no he tenido ms consuelo
que clamar a Nuestro Seor, fijarme como poda en
la fe y confianza, aunque la batera por todos lados
aprieta con furor en estas ocasiones (1).
Habanme dicho algunas personas buscara confesor en San Francisco, pues se impeda el tenerlo en la
Compaa. Yo estuve mucha parte de la noche clamndole a mi santo padre me guiara a lo que fuera
agrado de Nuestro Seor, y al antes de romper el da,
queriendo recogerme ms en la oracin, me qued
dormida, y me hall entre muchos padres misioneros
de la Compaa, que iban con palmas en las manos,
como las que se reparten el da de Ramos, y slo en
sotanas ceidas; yo los segua caminando de rodillas
con grande prisa, y tnta ternura, que dos horas estu(i)
Omitido
este pasaje
en
la
ed.
de 1843. {N. del
E.)
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
190
ve llorando a grandes sollozos, hasta que uno de los
que se iban, me dej una linternita pequea; y conmigo quedaban otros padres, que estaban como mantenindome, porque los grandes sollozos y llantos que
yo tena, me quitaba las fuerzas, y desmayaba. Al cabo de dos horas, volv en m confortada, sosegada y
admirada de la fidelidad que all se me descubri de
mi Seor Dios, a quien alaben todas las criaturas posibles. Qued con nimo para padecer por tan buen
Seor.
Esto fue mircoles al amanecer, da de mi padre san
Francisco y da que tengo encomendado a mi grande
y querido padre san Ignacio, y a todos los santos de
la Compaa, con el santo prncipe san Miguel.
AFECTO
509
BREVE EL TIEMPO DE PADECER, E INTERMINABLE
EL DE GOZAR. VISION CONSOLATORIA.
ES
Despus de algunos das entend
esto (1):
"Mi
tiem-
po no ha venido, el vustro est presente." Entend y
sent, cmo el tiempo de mi alma, para hacer y padepor Nuestro Seor, es el de la vida mortal; tiem
y limitado en que el alma muestra sus finezas para con Dios amantsimo, esposo suyo; y el tiempo del Seor es el de la vida eterna en el reino que
nos tiene prometido, donde mostrar sus finezas, y
desempear su palabra. Por tanto, alma ma (2):
cer
po corto
expecta
Dominum,
viriliter
age:
et
confortetiir cor
tuum, et sustine Dominum.
Espera al Seor que no tardar; parzcate corto
todo el tiempo, para servir a un Seor que eternamente ha de premiar. Mustra en el tiempo de la vida mortal el amor que tienes al Seor, que El eternamente te ha de mostrar el amor que te tiene. Espera,
(i)
Ps., 26,
14.
(2)
Joan.,
7, 6.
Afectos Espirituales
191
que si esperas es al Seor grande, y grandemente digno de ser loado y alabado en la ciudad de nuestro
Dios, en su santo monte. Espera, que esperas al Seor,
que es la suma verdad y fidelidad, y no faltar su palabra; el cielo y la tierra faltarn (1), mas una jota de
sus palabras no se perder. Espera al Seor en tu
tiempo con fidelidad, pues quiz ya te dice (2): ''tempus meum prope est; ya se acerca mi tiempo." Alma,
trabaja varonilmente que se acaba tu tiempo de servir y merecer, y llegar mi tiempo de mostrar mi magnificencia y largueza en premiar. Confrtese tu corazn, para correr al premio y a la corona; pues esperas al Seor que ser conocido en su casa con nuevos
loores, cuando te recibiere y mostrare su magnificencia y misericordia. Haz varonilmente y sufre las pruebas que de ti hiciere el Seor: sustine Dominum.
En
tiempo convida al Seor y hazle banque
en tu tierra, amando, sirviendo y sufriendo; buscando de noche, con trabajo, estos tres
panes a las puertas de su misma misericordia, para
mantener en tu casa al que en ella quiere ser conocido y hospedado; pide, llama y ruega con instante perseverancia, que lo puedas servir, amar, y padecer por
El, en tu casa, esto es, en el tiempo de la vida mortal,
haciendo varonilmente confortado tu corazn y sufriendo; para que cuando se acabe tu tiempo, el Seor
sea conocido en su casa, llamndote a las bodas y gran
cena de la vida que no tiene fin.
te
este tu
en tu
casa, y
Cuida t de m en tu tiempo, esto es, de servir y
cumplir mi voluntad en el tiempo que te resta de la
vida mortal; que yo cuidar de ti en mi tiempo, te
consolar en la eternidad.
Oh alma ma!, t misma, y no otra (3) por ti, has
de ver a tu Redentor; y puede ser que bien breve, o
(i)
Matth., 24, 25.
25 et 27.
(2)
Matth., 26,
i8.
(3)
Job., 19, v.
192
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
benigno, amoroso y apacible, o terrible y enojado;
pues cmo duermes, cmo descansas, cmo sosiegas?
Con este gran cuidado cmo res, o gastas alguna
partecita de tiempo, aun muy pequea, en cosa que
no sea procurar contentarlo?
El tiempo del Seor va viniendo, y tu tiempo se
va acabando. Mira que no habr ms tiempo; por el
que vive en los siglos de los siglos, que no habr ms
tiempo (1). Oh, vive de manera que ponga el Seor
paz en tus fines, y sean tus fines en paz (2), y quedes
saciada con aquel manjar escogido, sustancial y sabroso de su vista, fruicin y
comprehensin!
Pasados cuatro meses, y que ya tena esto olvidado,
el da de ceniza, habiendo comulgado, va a la Santsima Virgen con el rostro lleno de lgrimas, pareca
impetrndole de Nuestro Seor consuelo en sus grandes trabajos, y que Nuestro Seor Jesucristo le responda: "quid tib (3), et mihi est?; nondum venit hora
mea." Como si dijera: no hay causa de verdadera pena (que slo es la culpa) y de consolar a esta alma;
no ha venido todava mi tiempo, que ser el de la
eternidad, etc. Entonces se acord de lo que est escrito arriba: tempiis
meum
jiondiun advenit.
AFECTO
519
PARA NO ATURDIRSE CON EL RUIDO DE LAS PASIO
NES, EL GRANDE ANTIDOTO ES HUIR
DE SUS TINIEBLAS.
Sent
taciones
una grande tribulacin
y
persecuciones
dar odos a
diar
(i)
el
7,
la
las criaturas, y
querer entender o reme
incjuietud interior y penas
ApocaL,
6.
y confusin, con teninteriores y exteriores de
lo,
G.
(')
Ps.,
147,
que
14.
traa, y extra-
(9)
Joann.,
2,
Afectos Espirituales
iaila
193
mucho en mi
engaada por
lo
alma, tenindome por perdida y
que en m experimentaba.
Habiendo comulgado entend estas palabras:
los habitadores del pas, como si me dieran
son
estos
a en-
alma anda peregrinando en la tiede ellas;
mas as como el peregrino que va por un pas de ruines moradores, lo que hace es huir de habitar entre
tender: mientras
iTa,
no han de
el
faltar estas guerras y efectos
dar prisa a su camino, para alejarse de aqueregin penosa, as el alma, mientras mayores guerras sintiere y afectos de tierra, ms prisa se ha de dar
a volverles las espaldas quietamente, sin turbarse ni
cargar el juicio en decidir ni entender su confusin,
porque las pasiones irritadas de los demonios, levantan aquellas voces de confusin, y hablan en aquella
lengua, que no se conoce por su turbacin; mas has
de correr, abandonndolas y huyndolas, caminando
hacia la luz por que no te comprehendan las tinieblas.
ellos, y
lla
No
clames a
las criaturas
que no podrn
librarte;
mas
tu voz sea al Seor, diciendo lo del salmo (1): mi
voz clam al Seor, mi voz a Dios, y El me entendi:
en el da de mi tribulacin busqu a mi Dios, levantando a El mis manos, como quien en la noche busca
con las manos y el tiento: exquisivi, inanihus meis
7iocte. As que muda con las criaturas en lo que te
perturba y aflige, has de clamar a tu Dios, y proseguir
en las obras y ejercicios santos, que no sers engaada ni menoscabada.
Tu
alma rehusar
ser consolada,
mas acordndote
de
tu Dios vivo y verdadero, en El te deleitars, y te
ejercitars hasta que descaezca tu espritu, para que
de Dios. Anticpense tus ojos a
tenindolos abiertos para cuando venga
la luz; as no hablars en tu turbacin; pensars en
los das antiguos, cuntas cosas fueron, y ya no son;
de cuntos trabajos y penas sac Dios a los suyos;
viva en
ti
el espritu
las vigilias,
(i)
Ps., 76.
1-9
Francisca Josefa de la Concepcin
194
cuntas cosas se han revuelto sobre la tierra, y ya no
son; que poca o ninguna sustancia tiene lo que no es
Dios; y que sabe Su Majestad hacer camino por en
medio del mar,
y por muchas aguas; que no olvida
ni contiene en su enojo sus misericordias,
pues cuando parece airado, se acuerda de ellas.
hasta
el fin,
AFECTO
529
PIDE REFRIGERAR LA SED DE
AMOR EN
LAS
TRIBULACIONES DE AMOR.
Seor mo, bien mo, amor y esperanza ma: cmo
te compadecis de tnta miseria, de tnta pobreza, de tnta ceguedad y desnudez, de tnta necesidad
y afliccin como es la ma? No dice. Seor, vuestro
no
(1): xde Domine afflictionem meam, porque
ha levantado mi enemigo; y el otro: vide humilitatem meam, et laborem meum, como que en viendo
profeta
se
tus piadosos ojos la afliccin, la humillacin, el trala multitud de
no pueden contenerse en
remediar al afligido, consolar al pobre, perdonar al
culpado? Cmo es esto, luz inmensa, que entrando
tntas veces dentro de m, me quede ciega, me quede
bajo y dolor,
la
necesidad y pobreza,
tus misericordiosas entraas
a oscuras? Tan invencibles son mis tinieblas, tan tibios mis clamores, que estando dentro de mi pecho
no los os? Aun cuando ibas transente, clam el cie-
Oh Seor mo, Jess, mi alma te
clama, magis, ac magis, aunque increpada de mis enemigos para que calle. Oh Jess, hijo de David, manssimo perdonador, acurdate de tus mansedumbres,
y ten misericordia de m! (2). Multitudo viscenun tuorum, et miserationum tuarum? super me continuerunt se (3).
go, y le diste vista.
(i)
Thr., Jer.,
1,9.
(2)
Maic,
10.
17.
(3)
Isaix.. 0^.
15.
Afectos Espirituales
195
Si lo que ms mueve a un pecho piadoso es la mayor miseria, cul miseria como la ma. Dios mo, ni
cul piedad como la tuya? Mirad, Seor, que muero
y perezco de sed. Cmo puede ser esto. Dios mo, entrando tantas veces vos en mi pecho, que sois fuente
de aguas vivas?
Cmo tan desnuda, cmo tan pobre, teniendo dentro de m la misma caridad que sois vos, la misma riqueza? (1): visitasti terram, et inehriasti eam: multiplicasti locupletare eam. Oh Dios, quin dar agua
a mi cabeza, y a mis ojos fuentes de lgrimas, para
llorar, da y noche, tnta desdicha ma; que en medio de la luz, y recibiendo dentro de m la fuente
de la luz, est ciega; que en medio del fuego permanezca helada; que con la misma riqueza dentro de
mi pecho, est tan pobre? Oh Jess, dadme que vea
para que ame, quin sois vos para morirme por vos.
Dios-hombre, despedazado por m. Dadme que vea
quin soy yo para aborrecerme, la hermosura de la
virtud para seguirla. Vea vuestros pasos, Seor, para
andar en vuestro seguimiento; consolidad las plantas
de mis pies para que camine, y para que corra siguien
do vuestros pasos. Cristo Jess, hijo de Mara, mi salud y esperanza. Seor (2), ut mideam la vileza y falsedad de la codicia, de la vanidad, del inters humano, de la vana estimacin, para huirla y despreciarla.
Domine, ut videam la abominacin, y infinita malicia del vicio y de la culpa, para aborrecerla y morir
mil veces antes que cometerla. Domine, ut videam la
grandeza de las cosas eternas, y de los bienes que nos
estn prometidos, para desearlos y pretenderlos, per
hallarte en ellos, y poseerte Sumo y Eterno Bien, porque esta es tu voluntad, nuestra santificacin. Dadme
Seor que vea quin eres y quin soy; qu es tu gra-
qu es la culpa; qu es el cielo y qu es el inqu es el tiempo y que es la eternidad; qu es
el criador
y qu son las criaturas; qu es la estimacin
humana y qu es la aceptacin divina.
cia y
fierno;
(1)
Ps., 64,
10.
(2)
Marc,
10, 51.
196
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
AFECTO
PEQUEAS IMPERFECCIONES RETARDAN CON SU PESO
LOS VUELOS DEL DIVINO AMOR: LO QUE SE LE
MANIFIESTA EX UNA VISION.
En diciembre a 29 antecedente, habiendo cado en
algunas faltas, cuando me recog, me hall en sueos
en la portera del convento, a donde llegaba una vistossima procesin con mucha msica; y en abriendo
yo la puerta, me encontr con ella, y lo primero que
vena, o me recibi, fue el padre que nos da la comunin; traa el Santsimo Sacramento en las manos,
y vena acompaado de muchos ngeles, como ac los
pintan, muy hermosos, con vestiduras verdes. Toda
la procesin y msica entr, y pasaba derecho por el
claustro; yo me hallaba con unos ardentsimos deseos
de seguirla, e irme con ella; mas me hallaba atada, y
como impedida, con una vestidura vieja; senta gran
de agona y congoja, viendo que la procesin y el Seor pasaban, y yo no me hallaba ligera y suelta para
seguirlo.
faltas, amor propio, etc., me de
mi Dios como deseo; como si Su
a mi alma: ya querras t estar en la
mas an es tiempo de guerra, de exa-
Conozco que mis
tienen para no
ir
Majestad dijera
patria celestial;
men y de trabajo, prubate, cete, purifcate, y vncete siete veces, y siete veces siete; procura entrar
cada da en el bao de la contricin y dolor, para que
ms y ms te limpies de la lepra de las pasiones humanas y afectos de tierra.
Oh alma ma! A cun alta, cun magnfica, cun
santa posesin aspiras! Oh cmo es as verdad, que
j)or larga que sea la vida, para esta prevencin sei
corta! En aquella ciudad santa, no entrar cosa inmunda ni manchada (1); all el Cordero inmaculado
es su luz, y con ella se han de ver limpias las que lo
siguen.
Afectos Espirituales
197
Lava, por cada noche de las escuridades de la vida
mortal, tu lecho, en que yaces como enferma; y con
lgrimas riega tu estrado, rogando al Seor Dios tuyo:
amplius, Domine, amplius lava me, munda me; miserere mei (2), segn la multitud de tus miseraciones,
con que tntas veces perdonas y sanas; borra mis iniquidades, y vuelve a lavarme y limpiar mi alma de la
culpa, que ya mi Dios conozco que siempre hay qu
perdonar, qu lavar y qu limpiar en esta alma; mas
si
T, Seor, me
lavares,
quedar ms limpia que
la
nieve.
AFECTO
CUANDO POR CAUSA DEL DIVINO AMOR PENA EL
CUERPO, AGONIZA TAMBIEN EL ALMA; Y SE
LLENA DE
DIOS,
CUANTO MAS MUERE A
SI.
Padre mo muy amado en Nuestro Seor: porque
diga qu tengo de hacer, y quedar advertida en
todo, porque yo estoy en que no hallar en mi destierro otra ocasin como sta, digo que aquellas ansias
que padece el corazn, me parece son unas ansias de
unirse con el Sumo Bien, tan fuertes, que desmayan
el cuerpo y quitan las fuerzas, y causan un dolor sensible en el corazn, que duele el pecho, brazos, y espaldas, con un modo de ahogo que quita el aliento;
y el alma est tal que slo me parece se explica con
aquel: concupiscit et dficit anima mea; y como el
impedimento para esto es el propio amor, o estimacin, y igualmente anhela por dejarse a s, y as se
alivia con desear aniquilarse, y deshacerse delante de
Dios en aquel abismo de su nada, y en un total entrego de su voluntad. Y para con las criaturas desea
me
(i)
Apocal., 21, 27.
(2)
Ps., 50, 4.
Sor Francisca
198
Josi:i a
de
Concepcin
i.a
ponerse tan llana y baja, que cualquiera perrillo pueda hollarla, sin que se le permita el ms leve movi-
miento de sentimiento o alteracin, antes dejarse gobernar de cualquiera voluntad, aunque sea contraria
a la suya,
como un
aunque para
ello sea
menester
ser tratada
estropajo en la opinin o intereses,
como na
en cosas contra el gusto de Dios, hallando su descanso en el desprecio y humillacin.
Conoca que cualquiera que le ayudare a morir a
s misma, le ayuda a su mayor bien, como aquellos va
sos (i) que, para ser llenos de aceite, fue necesaria
que estuviesen vacos de otra cosa; as el alma de Dios
y de su gracia, cuanto ms muriese a s misma.
sea
AFECTO
55*?
SERMON DEL MONTE, PARAFRASEADO CON EL SALMO XIIL DIXIT INSIPIENS, CON EL DECALOGO V CON
LA ORACION DOMINICAL.
Habiendo padecido un
perturban
la
da de estos varias cosas
que
paz interior, con ocasiones ya exterio-
ya interiores, gema y clamaba a Nuestro Seor
por mi destierro, no porque me librara de padecer,
sino por las contingencias en que me veo de perderla
y ofenderle: porque haba sido grande mi turbacin y
congoja interior, con una guerra, y oscuridad grande,
fui a buscar mi consuelo (porque me va ya casi perdida) en aquella doctrina de Nuestro Seor y querida
maestro, en quien siempre hall la medicina de mi
alma, Bienaventurados los pobres de espritu, etc.
res,
(.)
IV. Rcg..
(.
3.
Afectos Espirituales
199
Considerando aquel sermn que hizo (1), se representaba a mi consideracin en una soledad apacible, desde donde yo va esta mquina del mundo, tan llena
de confusin y oscuridad, cual no sabr decir. Va
todas las cosas en un continuo movimiento, el sol, la
mar, los ros, etc., y una grande multitud de criaturas
racionales, llenas de confusin y desorden. Entenda
aquel salmo que dice (2): dijo el insipiente en su corazn: no hay Dios, y de este olvido y ignorancia le
naci el no amar al Seor Dios suyo; y cegado este
principio y fuente de la vida, que es acerca de Dios,
y en cuya luz se ve la luz (3), se corrompieron sus caminos, y fue hecho abominable en sus estudios, tomando en vano su santo nombre, jurndolo en cosas
lianas y falsas. No habiendo quien haga bien santi^
ficando sus fiestas y Santo nombre: perdiendo el respeto a la ley y razn natural, siendo veloces sus pies
para derramar la sangre de sus hermanos, sembrando
corrupcin y cogiendo infelicidad y dolor en sus caminos, no conociendo los caminos de la paz, usurpndose los bienes, con dolos, ambiciones y engaos. No
temor de Dios ante sus ojos, hablando dolos,
est el
mentiras y engaos con sus lenguas, devorando y traa los pobres, como quien come el pan; siendo
gando
sus gargantas sepulcros abiertos, no hartos con los
huesos muertos que encierran, sino codiciando, y aparejados siempre para tragar otros.
Dios del cielo!, mira sobre los hijos de los hombres,
hay quien entienda y busque el bien, pero es infinito el nmero de los necios: todos declinaron, y fuesi
ron hechos como
Todo
intiles, etc.
todos los vicios se representaban con
figuras espantosas y tristes entre aquella confusin
que haba en el mundo; y para remedio de todos estos
males, receba el alma aquellas palabras que dijo el
Divino Maestro abriendo su santsima boca, y levan(i)
esto, y
Matth.,
5.
(2)
Ps.,
13.
(3)
Ps.,
35,
10.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
200
tando sus ojos al cielo: Bienaventurados los pobres de
Aquellos que teniendo el corazn en el celo,
son hijos de la luz, y del Padre celestial, diciendo con
las obras y afectos: Padre nuestro que ests en los cie-
espritu.
los,
tienen all su conversacin, y viven
amando
al
Seor Dios suyo, con todas su fuerzas, con toda su
mente; viven ms donde aman que donde animan.
As, se tienen en la tierra como peregrinos y extraos,
no apreciando en su destierro bienes que se han de
quedar; desnudando el afecto y espritu de todo lo
que no es Sumo Bien.
As, son bienaventurados los pacficos, que santificando el nombre de su Padre celestial, sern llamados hijos de Dios, y en la ciencia de paz con que viven, ser glorificado su Padre Dios, cuya habitacin y
morada (i), cuyo lugar de descanso es hecho de paz,
stos son los fuertes (2), cuya guerra contra los vicios
es paz dichosa para con Dios, guardando su atrio en
paz. Estos son los que no traen discordias (3) entre sus
hermanos, porque todo su vencimiento lo pusieron
en sus pasiones. Estos son los que suben (4) con manos
inocentes al monte de Dios, como hijos suyos, honrando a su amado Padre. Estos son de la generacin
de los que lo buscan, buscando la faz y presencia del
Dios de Jacob; los que hacindose violencia a s mismos, conquistaron, y arrebataron el reino de Dios,
que est dentro de ellos. Estos son los que no abrigaron en su pecho la serpiente por ocuparse en perseguir las moscas del aire.
Bienaventurados, pues, son los mansos y humildes
de corazn, y a ellos ha venido el reino de Dios, en
esta vida por gracia, siendo humildes jumentillos (5)
en que entra triunfante su Seor, aunque en lo exterior humillados, teniendo toda su gloria en lo in
terior; stos poseen la tierra de sus corazones, sin los
vientos de la vanidad y soberbia, y como en reino de
Dios, y heredad suya, se hallan muros y ejrcitos de
(i)
Ps., 75, 3.
(0
I's.,
23. 3 ct
(2)
.4.
Lucir., 11, 21.
(5)
(3)
/.acliar., 9. 9.
Prov., 6, 19.
Afectos Espirituales
201
defensa; fuentes y ros de doctrina; ciudades y torres
de refugio y amparo; mantenimientos substanciales y
suavsimos.
stos, acabada su peregrinacin por el
desierto de las criaturas, est prometida la tierra de
donde
los vivos,
se establecer el
reino por todos los
siglos.
Pues, bienaventurados son os limpios de corazn,
que limpios de su propia voluntad, piden y desean
que se haga la de Dios, as en la tierra del cuerpo
como en
como en
el cielo del
alma; as en la vida temporal
son los que, uniendo su vo-
la eterna. Estos
luntad a la divina, suben, como llamas y hachas, a
buscar su centro; y purificados sus afectos, como el oro
en el crisol, en aquel divino fuego, gustarn y vern
cun suave es el Seor; y sabemos que cuando aparezca su gloria, lo veremos como es (1). Estos son los que
limpios en el bautismo, otra y otra vez se lavan en el
bautismo de la penitencia, porque conviene cumplir
toda justicia; otra y otra vez blanquean sus vestiduras
en la sangre del Cordero (2).
Oh, pues, bienaventurados los que tieyien
hambre
y sed de justicia, y cuyas bocas siempre estn abiertas
esperando de su Padre celestial el sustento, y pidin-
dole cada da:
panem nostrum quotidianum da nobis
como el ciervo sediento, an-
hodie! Estos son los que,
helan por
las
fuentes de las aguas, teniendo sed y hamel pan de dolor, o sea las
bre de toda justicia; o sea
el pan mezhumillacin y peniten-
aguas de tribulacin, todo lo beben, o sea
clado con la ceniza
cia,
o s.an
las
(3)
de
la
lgrimas en la medida que
les
da
la
causa de su dolor; siempre estn sedientos, siempre
tendrn hambre de
ms
ms
la justicia y santidad, para unirse
bebiendo de la doctrina y amor
bien;
a su
de Jess, fuente de vida, tendrn ms sed; y comiendo de su corazn y de su carne, en el pan sacramen(i) I.
Joann.,
3, 2.
(2)
Apocal.,
7,
14.
(3)
Ps., 101, 10.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
202
lado, tendrn ms hambre. Mas ellos sern saciados,
aqu con dones de su gracia, que no est abreviada la
mano de su Seor, y despus satisfechos y llenos, cuando apareciere su gloria, a los hambrientos llenar de
bienes.
Pues, bienaventurados los misericordiosos, porque
misericordia, y podrn pedir con
confianza: perdnanos nuestras deudas, as como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Estos son los
que toman el ejemplar que se les dio en el monte. Estos son los que hacen todo bien; stos los que sufren
todo mal. Esta es la caridad que no se hincha, que no
emula (1), que no envidia. Esta es la caridad benigna,
paciente y humilde. Esta es la ley del amor, que se
atreve a decir a su Seor y amado: Padre, as como yo
perdonare, perdname Vos.
ellos conseguirn
echado en la crcel el siervo malo y iniporque no perdon a su consiervo, perdonndolo a l su Seor. Esta es la caridad que sufre paciente al semivivo en sus flaquezas; sta es la que cubre
la multitud de huesos muertos; sta la que aplica el
vino y aceite a las heridas (3) del que cay en el camino; sta la que ata lo que el cuchillo de la crueldad
cuo
as ser
(2),
y discordia, dividi y derram, etc.
Este es don que desciende del Padre de las lumbres,
y de cuya satisfaccin se har cargo en el da que juzgue, diciendo (4): Lo que por uno de ?nis pequeue-
por M lo hicisteis. Porque ste es certaque les dio, para que vencindose a s
mismos, sepan que es sobre todo poderosa la sabidura, pues de las miserias de que tanto abunda la tielos Jiicsieis,
men
fuerte
hace sacar tesoros de inmortales riquezas pa-
rra, le
ra
el cielo,
qtie
dando por esta margarita preciosa todo lo
comprando con las cosas bajas las
tiene suyo,
muy
(1)
10, 30.
altas.
I.
ad Coiiiuli..
(1)
13, 4.
Matth., 25, 40.
(2)
Mauh.,
18, 23.
(3)
Luac,
Afectos Espiruuales
AFECTO
203
569
PREGUNTAS SIMBOLICAS DEL AMADO; Y RESPUESTAS
GRANDIOSAS DE LA AMADA.
t gobernar la nave, en la variedad
riesgos y suertes que la combaten en el mar de la
vida, lleno de varias olas, tempestades y borrascas,
de tntos bajos, escollos, y vientos, de tntos corsa-
Como podrs
de
rios y piratas? Mira,
cmo
fuera
un pequeo
infan-
brazos de su
padre, quieto y confiado; y cun segura fuera una
querida esposa, al lado de su seor y esposo, sin cuidar de otra cosa que de no apartarse de l, y entregarse toda a su voluntad, y a darle gusto y hacerle
te
embarcado en
el
mar, slo en
los
querer ms estar en la mar que en la
por un rumbo que por otro, porque todo
su rumbo, su norte, y su descanso, y toda la proa
de su intencin endeieza y entrega a su Dios, y su
amor, cierta de su inefable amor, sabidura y poder.
Oh Seor, todas mis cosas son tuyas, y en tenindote unido a mi corazn, todas mis cosas llevo conmigo. Si subiere al cielo, all ests T (1); si bajare
hasta el infierno, y hasta lo profundo del mar, all
ests T, y contigo todos mis bienes. Si tomare plumas para volar la nave de mi alma al amanecer tu
luz, y me llevare a los extremos de mar, tu mano es
placer,
tierra,
sin
ir
la que me lleva; y si habitare all como que no prodigo mi navegacin, all me tiene tu diestra; y si viniere la tempestad en el espritu de pusilanimidad,
y dijere; por ventura las tinieblas me hollarn?, tu
amor y tu bondad har que estas tinieblas y esta noche sean mi iluminacin en mis delicias, porque a
donde T ests, no escurecen las tinieblas, antes la
noche alumbra como un claro da; y para el Cjue de
veras ama, como no se aparte de su amado, como
la luz
(i)
son
Ps.,
las
tinieblas.
138, 8 et sequent.
Sor Francisca Josefa de la CoNCErcioN
204
As que la esposa que de veras ama, no conoce
la de su Seor y esposo; y si el
le preguntara: ;dnde
quieres que vamos, dnde
quieres que estemos?, slo respondiera: yo qu se.
Seor, yo qu s, llevadme donde quisieres. Y uo
tengo ms patria que a vos, yo olvid mi pueblo y
la casa de mi padre, yo no busco en el campo otro
tesoro, pues todas mis cosas y a m misma di por
vos. Yo no aspiro a otro reino que a vos, que sois
mi reino y mi riqueza, y estis dentro de mi corazn. Yo no busco seguridad en la firmeza de la tierra, ni temo riesgos en el mar, estando contigo, porque si me tienes junto a ti, la mano de cualquicia
pelee contra m (1).
ms voluntad que
AFECTO
579
LA ALMA QUE PERMUTA LA PROPL\ VOLUNTAD
POR LA DIVINA, MEJORA DE DUEO
V DE FORTUNA.
En una
ocasin gozaba mi alma una inefable ditan ajena de m, como la heredad que se vendi a otro dueo, y l dispone y
hace de ella lo que quiere. Y algunas veces me suceda viendo buenos afectos y determinaciones en mi
alma, lo que le sucediera a una pobre viuda, o a un
intil labrador, que por hallarse del todo incapaz de
cultivar su via, la hubiera dado con fijas y pblicas escrituras a un gran seor, y que despus viera
las obras que aquel seor haca en aquella casa o tierra, que dijera con admiracin: mirad, cmo aquella
tierra que por mi inutilidad y malicia era una cueva de serpientes y escorpiones, cmo est ya con flores y con frutos. Mirad cmo aquel seor edific en
ellas los muros que yo hice caer. Mirad cmo corre,
cha, parecame estar
clara y limpia, el
(1)
Job..
17,
3.
agua que en mi poder era un
cie-
Afectos Espirituales
205>
no y un charco. Mirad cmo le edific una torre,
donde slo haba piedras y ruinas. Oh, qu inan<>
tan poderosa! Oh, qu dichosa heredad, que as mejor de dueo y de fortuna! Que el que era muladar en mi poder, est hecho un palacio! Oh, si )o
all, cmo
cmo brotaran
volviera todo a destruirse y
otra vez asquerosas sabandijas!
dichosa, el tiempo que fueres de
volviera a
caer;
Oh heredad muy
dueo! Oh desdichado y infeliz tiempo paui
vos, el tiempo que fuiste ma! Oh cmo temo que
an el veneno de mis ojos os pudiera hacer mal y
destruir, si no os guardara tan poderoso dueo! Oh
Seor, convirtete a mirarme misericordioso, y libra^
mi nima de m misma, porque en las manos de mi
este
propia voluntad, volviendo esta heredad a ellas, le
dar a todo muerte; y en esta muerte no quedar
memoria de ti, en lo que habas edificado en ella!
No quedar piedra sobre piedra, sern disipados sus
muros, obscurecida su luz, cegada su fuente, cubierto de cieno el pozo de sus aguas, y vuelto agua pesada su fuego (2). Crecern las yerbas por sus paredes, se caern stas, y quedar expuesta a los caminantes. Mira Seor, y considera que ser hecha vi.
i'Oh, si aquella tierra supiera de dnde le vino el
bien, y de dnde poda venirle el mal, cmo se allegara a lo uno, y huyera de lo otro! Cmo por todas
sus bocas, como sedienta de su amor, clamaras: mihr
autem
adcerere
Deo bonum
est (2).
Oh, pues, tierra dichosa el tiempo que te gobernare la voluntad de tu Seor, algrate, la que eres
desierta; exulta y alaba, la que estabas sola y rida (3), porque tendrs estanques de pursimas agu^iS.
de su gracia, y saciars tu sed con las fuentes de
las aguas de vida. Adonde crecan las hortigas y las
zarzas, nacer el clamo y la juncia, y darn su olor
lirio
el
res,
(i)
ser
II.
y azucenas. Aquella
un jardn ameno,
Machal).,
I,
20.
(2)
sentina de malos oloadonde sople el cfira
Ps.,
72, 28.
(3)
Isaiae.,
54.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
206
suave del Espritu Santo, y den su olor y fragancia
las eras de las flores.
Aquella tu triste oscuridad en que vestas tu paredes de luto, como viuda, se volver en luz tan
graciosa como los adornos de una bella desposada.
Pues, qu quieres hacer? Querrs, loca insensata,
mudar de seor y dueo? Oh triste, si tal hicieras,
y tomaras las llaves de tu propia voluntad, vinieran
los asirios y caldeos como guilas, leones y caballos
veloces, y te pisaran, hollaran y destruyeran los vicios feroces, llevndote cautiva, desolando tus muros, derribando tu templo, robando tus riquezas; y
fueras hecha cueva de ladrones, vil y abominable!
Oh Seor, Dios mo, y bien verdadero de mi alma: cun ajena de m quisiera verme a m en Ti!
jOh, cmo no quisiera que hubiera en m una respiracin, que no fuera pasarme a Ti, darme, entregarme y traspasarme a Ti, centro del amor! Oh,
cmo lloro el triste cautiverio que padezco en tenerme a m! Cundo, Seor, me arrebatars a Ti, y
me sacars de m, con una fuerza y dominio tan poderoso, que no pueda volver a tomarme? Cundo
cortars las manos de mi propia voluntad? Cundo
atars tan del todo mis pies con tus grillos y cadenas, que no pueda moverme, si no es adonde qui-
Cundo secars en mi corazn la vena, fueno cieno del propio querer, que es odio de m
misma? Oh, cmo slo en Ti se halla el alma, y en
s misma se pierde! Oh, cundo te pondrs como
seal (1) sobre mi corazn, y sobre mi brazo, para
que en todo se sepa que soy tuya, como trae el esclavo herrado las seales de su amo! Oh, cundo se
leer en todas las puertas y ventanas de la casa de
mi alma aquel letrero de tus armas reales, que diga: siempre slo Jess, nico amor, solo amor!
Cundo, oh Dios, no habr memoria de m, siendo
^lo T el alma de mi vida? Oh desdichado movisieres?
te,
(i)
Cant.,
8,
C.
Afectos Espirituales
207
miento, accin o intencin, la que no gobernare tu
santa voluntad y espritu! Oh aos de mi vida, dignos de ser llorados!
AFECTO
58^
COMO LA NAVE ASEGURA EN EL LASTRE SU
GACION, ASI EL ALMA SU VUELO
NAVE-
EN LA RESIGNACION DIVINA.
As que, alma ma, no remes contra el viento del
Espritu Santo y voluntad amable de tu Dios, que
suave y fuerte sopla. Anda en tranquila paz, dando
las velas a este dulce reposo y viento suave; as cuan-
do una suave marea
te recrea,
fuerte inspiracin te
mueve y
que calmado, talvez
que impedida de los
te
como cuando con
lleva veloz;
su
mas mira
ir a remo, con
hallars puerto, y tai-
ser forzoso
riscos
no
vez ser necesario bajar, recoger y amainar las velas,
los vientos que contrarios soplan; porque a veces se ausentar Dios; a veces te perseguirn las criaturas; ya sers tentada de fuertes tentaciones; ya
sentirs hasto, ya cansancio; ya querrs volar mucho, y has menester el lastre; ya te abrumar el peso,
y es necesario echar de ti las cosas que te oprimen,
y en todo mirar a tu norte y a tu estrella, y no mirar de dnde sopla el viento de la mudanza, ni seguirlo; mas proseguir el rumbo que te ensea tu sabio conductor, que es la voluntad y providencia de
tu dueo, manifiesta en la voz de la obediencia y
sujecin de tu propia voluntad, con firme y alentado corazn en el que gobierna y mitiga la potestad
del mar, al que obedecen las lluvias y los vientos, el
que te lleva y gua como esposo poderoso y amante,
como padre prvido y sapientsimo, que sabe sacar
miel de la piedra, olio del peasco dursimo, y de
las espinas flores.
Mira y considera, que mientras ms cargada fuere
tu nave de dolores, desprecios, pobreza y trabajos.
por
208
Sor Francisca Josefa
df.
la Concepcin
con pura intencin de agradar a tu Seor, tanto sems dichosa en llegando a la patria y trmino de
tu navegacin. Oh, cun alegres y festivos parabienes rccebirs en el dichoso puerto, libre ya de las
fatigas, temores y borrascas! Y mira que la nave an~
da al paso del viento, tanta es su velocidad con qtie
no pra, y da y noche camina, como la saeta que
vuela por el viento, como el ave que rompe los aires,
como el segador que corta la mies. As pasarn tus
das, como sombra que mengua al salir del sol; y
las lgrimas, penas y trabajos del tiempo limitado,
corto, y breve, sern triunfos, palmas y coronas, por
rs
una eternidad que no
se acaba.
AFECTO
59^
CUANDO CON EL EJERCICIO PRACTICO DE LAS VIRTUDES, POBREZA, OBEDIENCIA Y CASTIDAD, QUEDA
DESNUDA EL ALMA DE LOS BIENES TERRENOS,
Y AUN ESPIRITUALES, VUELA A DIOS CON
ALAS DE
AMOR
Y ESPERANZA.
Entenda en la oracin, o tena una gran luz de
caminos por donde mi santo padre fue en seguimiento de Nuestro Seor Jesucristo; parecame ser el
camino de la nada, o total desnudez de todo lo criado, entrando y engolfndose por este camino, mns
y ms en Dios, y en su ser inmenso; y esto entenda ms con afectos del alma, que con discursos que
se puedan expresar. Mas conoca cmo la humildad y profundo conocimiento propio, desnuda al alma de la lepra pesada, de toda estimacin, de quererla o apetecerla. Cmo el andar por el camino de
la santa pobreza^ con efecto y afecto, desnuda y descarga de todo el peso, y grillos de las cosas humanas. Cmo la amabilsima virtud de la castidad y
pureza, ayudada de la mortificacin, descarga al alma del peso abominable de la carne. Y cmo la sanlos
Afectos Espirituales
209
ia obediencia descarga y libra al alma del riesgo y
peso de su propia voluntad, amor y juicio. Y cmo
la caridad fraterna, y amor en Dios a las criaturas de
su Divina Majestad, nos descarga de nosotros mismos, de nuestras conveniencias y afectos desordenados. Y cmo el alma, as libre y desprendida de todo con el ejercicio verdadero, y no slo imaginario,
de
estas virtudes, no le resta sino es volar a su Dios,
entrar y explayarse ms y ms en aquellos inmensos
espacios de la caridad y amor de su Dios. Por donde
conoc claramente no haber unin con Dios, camina
de la nada, o despego de lo criado, volar al centro,
y no parar hasta llegar a l, ms que por el ejercicio prctico de estas santas virtudes; y ms y ms vo-
lar a Dios, el que ms y ms tuviere de ellas; pues
el alma, as desasida de lo terreno, vuela a lo eterno, y as limpia y desembarazada de las cosas criadas, est capaz de que venga Dios a ella, y habite en
ella,
como en
su templo y casa.
Conoc que
estas alas del
alma con que
se levan-
ta de la tierra, son la esperanza fija, segura y firme
en su Dios, de los bienes eternos, y del mismo que
s el bien de los bienes; y que as como las alas dilatan, ensanchan, y alegran los caminos, as es pro-
pio efecto de
levantar
el
la
santa esperanza dilatar y alegrar y
el santo rey deca (1): "el ca.
alma. As
mino de tus mandamientos corr, cuando
mi corazn." Y como el labrador que labra
y esperar
el
dilataste
la tierra,
precioso fruto de su trabajo se lo hace
mi corazn a hacer en todo
jegn tus justificaciones, por la retribucin." Y como
el alma espera, y vuela con la esperanza, a aquel objeto amablismo de su Dios, no tiene trmino su vuelo, o su camino; vuela alegre, diltase y corre tras
la retribucin, y pasando por los inmensos bienes de
gracia y gloria, como por altsimos, hermossimos, y
ligero, as dice: ''inclin
(i)
Ps.,
ii8, vs. 32, et 112.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
210
riqusimos montes de bienes inefables, entra en aquti
espacio inmenso de su Dios en s mismo, traspasando y trascendiendo el monte, y los montes, como pjaro, no parando en los bienes, no ya terrenos, que
sos eran grillos, tierra y lodo, mas aun en los bienes espirituales, como quien pasa por los montes para llegar al centro, que es el mismo Dios, cuyo reino
est prometido a la dichosa pobreza del espritu
con que el alma ha soltado todas las cosas que le
eran impedimento, peso y estorbo. Mas qu bienes
halla en aquella regin de paz, de vida y de salud?
es dado a ningn hombre el decirlo. Vuela
alegre y diltase ms y ms en su Dios, y por todas
partes (1) suena voz de alegra y salud, y de inmortalidad llena y perfecta de todo el bien. Y volando
Eso no
estas alas de oro y plata, rica y dichosa del amor
y esperanza, se recuesta y descansa en los trminos,,
viendo que es sin trmino el fin que ama, y su vuelo es descanso, y su reposo es vuelo, porque tomando plumas como guila, vuela, y no descaece, porque el objeto a que aspira, y adonde anda con la
confianza y amor, es infinito. Y anegada en una
inefable admiracin, corre tan olvidada de s mis-
con
ma, que a s misma pierde de vista, y slo est anegada en el bien que ama. Mas mira que este man
escondido slo se da al vencedor, al que ha quebrado los grillos y cadenas, y arrojado los lazos y los yu
gos con que araba la tierra, hecha cautiva la hija
de Sin, trabajando en fabricar casa a los seores
crueles que la dominaban, y hacan ahogar sus primognitos, y todos
los afectos y deseos,
que,
como
va-
rones, podan llegar a ser fuertes, y a librarse de los
crueles egipcios, y tierra de tinieblas.
Mas al vencedor se dar un nombre nuevo, y andar en la verdadera libertad de los hijos de Dios, gustando, y sustentados como fuertes luchadores, y ver(i)
Ps.,
117,
15.
Afectos Espirituales
211
man escondido a los ojos
de este siglo. As a Jacob rogando, llorando, y luchando, se le dio un nombre nuevo (1), y
dareros israelitas, de este
de
los hijos
vio venir la aurora, y claridad del da.
Tambin conoc cmo el temor demasiado, y pusilanimidad, encoge y detiene al alma, y la hace flaquear en la esperanza; como si a una ave le quitaran
las alas, caera en tierra intil e inhbil, as el temor,
y descaecer en la esperanza, de donde se ve cmo el
principio de la magnanimidad y su raz, es la santa
humildad, pobreza,
etc.
AFECTO
TANTO AYUDAN PARA
609
A DIOS POR DISTINTAS
VIAS LA VARIEDAD DE AFECTOS DE AMOR, COMO
LA VARIEDAD DE SENTIMIENTOS
IR
DE PROPIA HUMILLACION.
En aquel salmo que
sus santos, y en el
dice
(2):
alabe?! al
Seor ni
firmamento de su virtud; en
nido de la trompeta, en
cuerdas y en el rgano,
el salterio y la ctara;
el so-
en
las
conoc con gran consuelo y recreacin del alma cmo todas las cosas alaban
a su soberano autor, cmo no hemos de querer que
todos vayan por un camino, aunque todos caminan a
un fin. Diferente es el sonido de las campanas al del
rgano, y ste es diferente a la ctara y a la trompeta; mas todo espritu alaba al Seor. As no slo en varias naciones, desde el oriente al ocaso, es
alabado su nombre. Ni slo en todas las rdenes,
etc., mas en cada alma, como instrumento formadc^
de sus divinas manos. No porque todas no sean rganos o ctaras; no porque todas no vayan por un
camino, hemos de inquietarnos, ni inquietarlos, nt
hacer bajo concepto de ninguna, pues no sabemos.
(i)
Genes., 32, 28.
(2)
etc.,
Ps.,
150.
Francisca Josefa de
212
i.a
Concepcin
cul place ms al Seor, cuya gracia perfecciona, y
no destruye la naturaleza.
Mas cada uno en
su camino, y en la justificacin
pone, se justifique; mas no queriendo que todos sean de un modo, mas que cada uno
perfeccione su obra. Y mira, aun en un instrumento solo hay varias voces, como las tiene el arpa y el
rgano: unas suenan bajas y roncas, otras ms altas,
y otras ms; y de esta variedad se compone la armona y consonancia de la msica. Pues as la hija del
rey, que es su Iglesia santa, est adornada de variedad; y as la vestidura del hijo ms amado de su
padre, y as pasa en el alma sintiendo en s varios
afectos; mas, dichosa si todos van templados con la
noluntad de su dueo en la consolacin y desolacin,
en la prosperidad y adversidad, como en varias voces, siempre est templada, y agradable a su Seor,
y con todo le alaba, bendicindole en todo tiempo,
y no descaeciendo su alabanza en los labios del alma.
cjue el
En
mano
Seor
le
salud y en la enfermedad recibiendo de su
como los bienes, los males; pues tanto
ayudan al instrumento msico, y lo componen, las
voces altas como las bajas, las delgadas como las
gruesas; y tanto ayuda subir con los afectos de amor
y gozo, etc., como bajar con cualquiera humillacin
y trabajo. Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, es loable el nombre del Seor; y si en el da
mandan sus misericordias, en la noche dispone sus
cnticos. Siendo as que con el silencio de la noche,
y recogida la vista con su obscuridad, suele atenderse mejor el sonido de la msica, y ser ms agradable. As, recogida el alma con el sufrimiento en la
tribulacin y contradiccin, por el gusto de su Seor, le da suave msica; como subi a sus odos,
desde la tierra de su prisin y trabajo, el clamor de
los hijos de Israel (2); y como es agradable a sus odos
la voz de la trtola, que es de llanto y lloro (3).
(i)
la
(1),
Job.,
2,
lo.
(2)
Exod.,
2,
23.
(3)
Cant.
2,
12.
Afectos Espiritualfs
213
As pues, no te desprecies en tu humillacin, pues
tu Seor no te desprecia, antes teje de variedad tu
vestidura, y ordena tu msica de varias voces. Mira
que son inefables los caminos de Dios, y que embarcada con tu dueo y Seor, en esta nave, para
pasar el golfo de la vida mortal, no debes tener atencin al mar, pues el Seor lo gobierna, y vas cov
tu dueo y esposo; ni quieras gobernar la nave por
tu saber, ni quieras desembarcar, ni hacer ms largo el viaje, ni turbarte en muchas cosas; mas estte
quieta, amando y o\endo a tu Seor a sus pies, con
confianza, que esto slo te es necesario
(1).
No
esi
a tu cuidado y providencia gobernar la nave, refrenar las ondas; mas el ^eor Dios tuyo mandar a la
tempestad, y habr bonanza. El es el que aunque parece que reduce hasta el infierno, deduce y saca. El es
l que mortifica y vivifica (2).
AFECTO
61^
DESCUADERNADO EX QUE LEE
EL ALMA A LA LUZ DEL AMOR; LAMENTACIONES,
CANTICOS V AVES (3)
JESUS ES EL LIBRO
Jess, esposo y esperanza ma, alegra ma y mi consuelo: vos sois aquel hombre que fue pospuesto a
Barrabs; pues cmo quiero yo preferirme a ninguna criatura? Cmo no me gozo y alegio de ser desechada de las criaturas? Cmo no anhelo al ltimo lugar y abrazo los desprecios, si Vos, riqueza ma, fuisteis despreciado, y sois aquel hermossimo ejemplar de
los predestinados? Qu es mi Dios lo que estimo, qu
que aprecio? Cuando me entristecen los desprehumanos querr yo mi parte con Barrabs, y
que por m se menosprecie, o d sentencia a algn jus-
es lo
cios
(1)
Luar.,
(3)
En
el
10,
39.
(2)
1.
manuscrito original,
por octubre."
Regum.,
se lee al
(Nota del copista.)
2.
6.
margen: "Ao de
71^^
Sor Francisca Josefa de la Concei'cin
214
Oh miserable engao, que ms quiero la librea
la de Jesucristol Oh pobre corazn, y
alma, que ms aprecia las vanas y falsas estimaciones
de los hombres (que cuando dicen bien, estn sintiendo mal), que los aprecios de Dios, cuyo bien decir, esbien hacer! ;Que ms lleven y arrebaten los juicios
to?
del
mundo que
errados, para querer, y gastar el tiempo en satisfacer
a sus engaos, que en buscar el tesoro escondido de
los aprecios de Dios todopoderoso, en el campo de los
desprecios de los
hombres, que son
mentira y en-
gao?
No
fue Jess puesto entre ladrones; no fue repulos malos; no fue abominado de sacerdotes,
de reyes, de letrados; no fue perseguido del pueblo;
no fue desamparado de los amigos; negado y vendido
de los discpulos-' Xo vivi con gran pobreza; no
muri con gran dolor, afrenta y desamparo? Qu paite de su cuerpo santsimo no padeci, y cunto de su
santsima nima no se afligi, y llen de angustias?
Qu cosas se dijeron contra su honra? Qu hacienda
posey en la tierra? Qu salud le c|ued, a quien
quitaron la vida en una cruz a fuerza de dolores?
El fue el varn que supo de enfermedades (1), no
teniendo sanidad desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Este es el espejo en que la esposa
fiel ha de mirarse, y en esta imagen ha de componer
su hermosura la hija del rey; est abatida, dolorida, y
desolada, que su hermosura es ante su esposo en su
interior secreto; secreto a los ojos humanos, y aun a
los suyos propios. Pues oh Dios mo, cunta es mi
ceguedad, cunta mi locura, cuando no estimo, amo
y adoro este rico tesoro de tu imitacin en el padecer!
Amado esposo mo. T misericordiosamente pusiste en mi corazn deseos de tu santsima cruz, y como
flaca, vil y cobarde, no la s agradecer ni apreciar,
tado con
cuando me la das, Dios mo. Cmo quiero la humildad sin la humillacin; el dolor sin el sentimiento;
la pobreza sin la incomodidad? Esto es querer la car(i)
Isaia-.,
53, 3.
Afectos Espirituales
215
amar la carne, que ha de pasar y morir en la brevedad del tiempo, y no amar y apreciar los tesoros
del alma que han de ser eternos.
Oh tiempo! Oh tiempo de merecer en lo breve de
la vida! Oh tiempo preciossimo para la eternidad,
perdido y mal empleado en estimar las cosas temporales! Oh mi Jess, libro en quien lee el alma lamentaciones, cnticos, y ayes! Oh, cunto dolor, viendo
que no aprecia tus dolores, que no pone los pies en.
las huellas de tus pasos, para subir al monte de la
ne,
perfeccin! All lee lamentaciones de tus dolores y
de sus ingratitudes. All los cnticos de mis padres, y
tu via, que te tributaron espinas y dolores, pisando
slo el torcular
(1),
y apretado en
el lagar,
como uva
que engendra vrgenes, limpias de los afectos terrenos, y de
las manchas de la carne y naturaleza envilecida, cjue
subiendo al monte santo de tu imitacin, victoriosas
cantarn a su querido, en el cantar de los salmos.
All mira las huellas de tu excelentsima obediencia hasta la muerte, y muerte de cruz. All tu invicta
paciencia, para sustentar un inmenso peso de dolores,
afrentas, y angustias. Esta es la gua de su camino;
sta la luz que alumbra sus tinieblas; ste el espejo
en que compone su hermosura; ste el compaero de
su soledad, angustias y dolores; ste el consuelo de
su destierro; la nave en que pasa el mar de esta vida;,
el lecho florido y estrecho en que reposa.
que
se
exprime para dar
el
vino generoso
AFECT O
(2),
629
MODOS VARIOS DE DIRIGIRSE A DIOS, POR EL
UNICO CAMINO QUE LLEVA A DIOS.
Oyendo
misa, entend con una especial luz: Pienque el Seor no tiene cuidado de ti, que no dispone con amor tus cosas? No te dio especial atencin.
sas
(i)
Isakc, 63,
3.
(2)
Zachar.,
9,
17.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
216
a aquel verso del salmo: yo soy mendigo y pobre,
Seor es solcito de m? (i).
el
Considerando en la gloria, y cmo est all la multitud de santos, que tnto amaron a Dios, y tan grandes servicios le hicieron, y cruces padecieron; estaba
llena de confusin de m misma, acordndome de mis
grandes miserias, y entend: sera especial honra de
la piedad de Dios, salvar una pobrecita tal como yo,
y llevarla a su reino y a su corte; y que por esto le alabaran, y engrandeceran su piedad los bienaventurados, con aquel salmo (2), que lo ented todo, a este
propsito: Ladate pueri Dominum, en particulai
aquel suscitans a trra inopem, et de stercore erigens
pauperem: Ut collocet cum cum principihus; pues
5on prncipes y reyes todos los bienaventurados.
Tuvo un conocimiento
clarsimo del bien que Dios
hizo en llevarla siempre por el camino del abatimiento; y se deshaca su corazn en agradecimiento y
le
alegra.
Conoca cuntas gracias le deba dar a Dios, y el
gran beneficio que le hizo en traerla al estado religioso, y no permitir que tomara esposo humano, y que
slo Su Majestad fuera su esposo pursimo; y cun
mal lo ha sabido corresponder y agradecer. Estando
con grande afliccin^ le pareci entender esto: ay alma, cunto me cuestas! como palabras dichas con
grande amor; y le representaba lo que haba hecho,
y sufrido por ella, su amantsimo esposo.
Sintiendo aquellas ansias de darle el alma y el coraa Nuestro Seor, entenda: qu tuve yo que no
te diera? cuantas veces te entrego mi cuerpo, mi pecho, y mi corazn, no es tuyo cuando lo comes? No
lo tienes en tu mismo pecho y corazn? No qued
todo unido a ti? No bebes all mi sangre? No tienes
mi alma? Ahora, qu resta? S constante y fiel que
puedas decir: ecce nos reliqxiimus omnia, etc. (3).
zn
(i)
Ps.,
39,
i8.
(2)
Ps.,
112.
(3)
Malth.,
19.
27.
Afectos Espirituales
217
Hallndose en un sumo desamparo, y con cosas que
daban mucha congoja, entendi:
memoria cabe olvido;
le
or, ni en su
tibieza; ni
manos
el Se-
en su voluntad,
en su sabidura, ignorancia.
No
tiene las
atadas, ni sus criados son descuidados, pues los
como fuego abrasador
hizo espritus diligentes
En grandes
nave en
la
(1).
congojas que tena, entendi esto: que
su camino para Dios haba de ser
la
No duerme
ni
mar, fiada en
como
el
que hace
la santsima providencia,
slo con el gobierno de su piloto,
mirando
norte y
al
Santsima Virgen Nuestra Seora, en
de la
tempestades y mutabilidad de
estrella
las
las ondas y olas de este
borrascas y tranquilidades; apartndose siempre de la tierra, hasta tomar la de los
mar
mundo, con
del
vivos en la celestial J'erusaln.
Que
camino ha de
su
para Dios como
ser
el
que ha-
mancebo en
su juventud, pasando y arrancando
todos los tropiezos, con fortaleza para no ser vencida
ce el
de
las dificultades, atravesando montes, sierras, y ros
con nimo y prisa; sufriendo con invencible tolerancia el yelo y el calor, las hambres y temores; no parando en las cosas que encuentra, ni satisfacindose de
andar
ms andar, hasta
llegar al centro.
No
repara
va desnudo o descalzo.
si
Que
su camino hasta llegar a Dios ha de ser, como
que hace la culebra en la piedra, con humildad y
el
humillacin, arrastrndose y escondindose a los ojos
humanos, pasando por
deje
el pellejo,
Que
las
rendijas estrechas,
y sea renovada, vistindose
donde
de Cristo.
camino para Dios ha de ser como el que hapor el viento, que no estriba en sus fuerzas,
aleja de la tierra, que se extiende
y explaya
su
ce la saeta
que
en
se
la
(i)
extendidsima regin del
Ps.,
aire; as
en
la miseri-
103, 4.
I.-IO
218
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
cordia divina, hasta llegar al descanso del cielo, y ciu-
dad de Dios.
Hasta aqu es el papel que haba escrito ahora ha
ao y medio; y una de las cosas que ms he conocido,
en este aprieto y tribulacin de estos das, que ha sido
interior y exterior, es la dificultad de andar rectamente delante de Dios, por los muchos contrarios que
tenemos en nosotros mismos, que nos obscurecen los
caminos de la verdad; y unas cosas halagando, otras
asombrando, otras como agarrando de nosotros, nos
tiran y sacan del camino recto y derecho, de llevar los
ojos en todo, siempre en el Seor, que slo con esta
mira, y intencin del alma se libran sus pies; esto es,
sus caminos y las cosas en que se ejercita, de los lazos
tntos, y tan ocultos, como estn armndonos continuamente nuestros enemigos.
AFECTO
63^
CONOCIMIENTO PROPIO: ANONADAMIENTO
TUAL. Y MOTIVOS DE CONFIANZA.
ESPIRI
Pues como hubiese odo y experimentado algunos
desprecios, y estuviese muy abatida interiormente y
confusa, por ver que nunca llego a cosa de virtud, y
siempre estn brotando en mi alma (y no s si
creciendo mucho en ella) las pasiones, y que siempre
soy mala, y malsima, como lo ven y dicen las que me
experimentan, y yo lo conozco y confieso delante del
cielo y de la tierra, y en la presencia de Dios, que es
luz inmensa, a cjuien nadie puede engaar, y acerca
de quien no hay doblez, ni cosa escondida, porque no
hay obscuridad en su vista, y quien sabe, y yo lo confieso en su divina presencia, que jams hice obra buena; y si algunas lo parecieren, todas fueron manchadas
con mil imperfecciones, amor propio, propia estimacin y conveniencia, vanos temores, etc., y que todas
c^ue
Afectos Espirituales
219
conozco han tenido el corazn manchado o podrido;
estado, como aquellas many que en muchas cosas he
zanas, que por fuera parecen hermosas, y si las parten
se halla que son ceniza y gusanos; y en otras muchas
me
hallo, que hasta la piel se ennegrece, y sale luera
a la vista ae las criaturas el desorden de las acciones,
y el mal que brota denao. Bien conozco que soy fcil
en olvidar los beneficios que recibo de Dios y de sus
criaturas; y que, como la araa, me abrazo de la ponzoa, tomando con sentimiento las injurias, etc. ien
veo la avenida del mai' inmenso de beneficios de Dios,
que ha venido siempre sobre mi alma, y que siempre
se queda seca, aun unindose y recibiendo en si 1h
fuente de la vida en el Santsimo Sacramento tntas
veces. Bien conozco las continuas voces que Dios ha
dado siempre a mi alma, previnindola de personas
que con grande candad la ensearan y advirtieran lo mejor; y de otras que, contradicindoia
y
notndola, siempre estuvieran hechas ojos sobre mis
santas,
dando con
defectos, sacndolos a luz, y
fuera la que debo,
esto
camino a
me enmendara
y quedara
agradecida al freno, al azote, y al cautiverio; mas co-
que,
si
mo
unos defectos he querido enmendar con
cuando me humillan y morquejndome y enojndome de que descubran
loca,
otros, entristecindome
tifican,
mis llagas y las refrieguen, lo cual deba agradecer
como un gran bien, y entender aquella palabra del
Seor, que dice
ma
(1):
"Oh pueblo mo!,
bienaventurado, se
te disipa y
el
que
te lla-
engaa."
de tntos beneficios de
Dios, y ingratitudes, y culpas mas (2), est hecha mayor mi maldad, que el pecado de aquellas infelices
ciudades, que frtiles y abundantes de beneficios del
cielo, crecieron tnto en ellas las abominaciones, que
merecieron que bajara fuego del cielo a consumirlas;
mas no quiero, Dios mo, hacer mayor mi maldad con
Bien conozco que a
(i)
Isaiae,
3,
12.
(2)
vista
Thren,
Jer.,
4,
6.
220
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
"mayor
la desesperacin, antes dir (i):
cordia, y
da",
mejor para
m que
es tu miseri-
y sobre la vi-
la vida,
etc.
llegando aqu entend aquellas palabras (2): "cazad, o coged las pequeuelas zorras que demuelen la
via", como si dijera: no quiero que demuelas la via
de tu alma con el descaecimiento, mas que cojas y quites los defectos que la daan; no que descaezcas a vista
de tnto mal, sino que conozcas cunto necesitas de
mi ayuda, y favor para quitarlo, y cunta es mi misericordia, y cunta tu ingratitud, etc. Mira que todas
las cosas tienen trmino. Del mar borrascoso y amargo se dice: trmino le pusiste que no traspasar (3); y
a los das del
tados, y a su
puede pasar.
hombre
numerables, y son con-
los hice
camino le constitu trmino, de que n )
Cada da que vive se le quita del nmero de sus das, en que medita (4) como la araa, sino
como las obras que teje y saca de sus entraas;
pues mil aos ante mis
que ya pas
(5).
aos eternos
los
ojos,
despearon,
el
da de ayer,
de mi ser inmenso, y piensa qu
(6)
hicieron los dan antiguos:
se
como
son
Ponte, pues, con la consideracin, en
se
como
las olas del ro
pasaron, y desaparecieron
se
que
como
la
sombra. Contadas tengo todas las cosas, los cabellos
de la cabeza, esto es, los pensamientos; dinumerados
los pasos,
medidas
noches, pesadas
est escrito
las
lgrimas, contados los das y las
las tribulaciones, y
como en memoria
en mi libro
tod<j
eterna.
Mira, pues, cun dichosos son los das en que puedas hacer bienes, y padecer males, pues todo esto obra
un peso eterno de gloria, y el tiempo de padecer es
tan contado, medido, y limitado.
estima
la vida, antes la
no
quieras privarte de este da
(1)
5.
Ps., 62, 4.
(4)
Ps., 89, 9.
(2)
Cant.,
(5)
2,
No
desprecies el da
como un gran
de
15.
que
Ibid., V. 4.
(3)
es
ti,
103. 9: Job..
14.
Ps.,
(6)
beneficio, y
bueno para
Ps., 76. 6.
Afectos Espirituales
221
Seor. Agradece la vida, y cada hoemplear bien, atesorando tesoros
para el cielo; no como las araas, meditando vanas
telas, ni dando tu corazn a cosas extraas del fin que
pretendes, como las telas de las araas, vanas, viles, y
enmaraadas. Cuantas veces puede decir (1): abri el
en que
te visita el
ra de ella procura
pozo sobre m su boca, pues le come quien es un pozo
profundo de inmundicias y oscuridad, metido como
en el limo profundo; y su santsima nima entrando
en el pecho que est en pecado, se halla como cercada
de angustias (si en ella pudieran caber) como atada
y presa con las cadenas de los pecadores, tan fuertes,
que cuanto es de su parte, detienen aquel ro y mar
inmenso de su divina piedad, con la inmensa propensin que tiene a comunicarse al alma.
Cuntas veces, an los que beben el vino de su
como juego y burla de un tan sagrado
convite! Cuntas veces abren (2) sobre l su boca, los
que son como tigres, osos y leones; y cuntas, an las
almas de sus esposas, ponen en el templo de su corazn, junto a esta arca sagrada (3), el dolo vano y
maldito, clamando con el pueblo de sus vanos deseos,
amores, y cuidados: no a ste, sino a Barrabs (4). Y
cuntas, con olvidos culpables de su amor y finezas,
cerrando los ojos a la luz, no quieren ver al Dios que
padeci como hombre, ni advertir su humildad, desprecio y pobreza. Y por falta de consideracin (5), perdida la tierra, no le reciben los suyos hecho hombre,
y hecho pan, y con las obras y negligencia, claman
con un doloroso y culpable retiro: qutalo, qutalo!
Cuntas a su sed se ofrece hil, y de sus palabras se
burla y mofa, sembrando sobre sus santas inspiraciosangre, hacen
nes, que son voces que da al alma, la cizaa que
rrama el enemigo de vanos cuidados, etc.
de-
Y a todo calla (6), como el cordero a quien quitan
su velln, y quieren despojarlo de su hermosura, lie(i)
(4)
Ps 68,
i6.
Lucas., 23, 18.
(2)
(5)
Ps.,
21,
Jerem.,
14.
12,
ii.
(3)
(6)
I.
Regum.,
5,
Isais, 53,
7.
2.
Francisca Josefa de la Concepcin
222
pecho, y rasgar sus manos y sus pies, tejiendo a
este sapientsimo rey, en el da que viene a desposarse
rir su
con
alma,
el
la
corona con espinas, y dndole por
ce-
una caa vana y vaca, como si pudiera ignorar Jo
que pasa, o no viera lo que se hace sobre la tierra del
corazn humano, y tuviera presente los ms profundos senos el que mira y mide los abismos (i), para
decir cuando juzgare: "si yo soy vuestro Padre, a dnde est el amor y honor que se me debe? Si vuestro
tro
esposo, dnde la fidelidad y reverencia?"
AFECTO
649
DOLOROSA DE LO QUE PADECE CRISTO POR
MANOS RELAJADAS, QUE DEBIERAN SER PERFECTAS.
VISION
ocasin vi en sueos una cosa que muchas
hallado como incitada y movida a escribirla. Parecame en sueos que andaba buscando a
Nuestro Seor, con una ansia y deseo grande, y entra-
En una
veces
me he
ba en un zagun de cierta comunidad religiosa, donde encontraba a Nuestro Seor desnudo, cado en el
suelo, con un rostro y semblante tan apacible y humilde, que
me
atravesaba
el
corazn. All estaban
al-
gunas personas descargando azotes sobre su cuerpo
cado y herido; y decan con burla y rabia: "no lo mataremos, mas le hemos de dar." Yo senta lui dolor tan
sin comparacin, que como atravesada de cuchillos,
sala de all a toda prisa llorando amargamente, como
a buscar favor, y entrando en otra sala de la misma
parte, hallaba tambin all a Nuestro Seor cado,
desnudo y azotndole, donde era tan amargo mi dolor
y pena, que sala de all como fuera de m, dando dolorosos y amargos gemidos, y, apretando fuertemente
mis manos, clamaba diciendo: "Tengan misericordia
(i)
Eccli.,
23,
28.
Afectos Espirituales
223
de m, tengan misericordia de m." Fue tnto mi dolor
y mi llanto que dispertaron las novicias, y llegndose
a m, procuraban por mucho rato sosegarme; mas yo
no poda,
ni les dije nada.
en catorce aos que ha que
Ni he podido olvidar
me
aquello era, aunque no cosas de
mas
esto
me
parece que
pecados mortales,
pas; y
relajaciones en cosas perjudiciales a la religin,
Notaba que en el un lugar de aqullos, estaba
ms oscurecida la hermosura de Nuestro Seor.
etc.
En
otra ocasin, en
que
se
hacan unas
fiestas,
in
terviniendo algunas cosas que desagradaban a Nuestro Seor, entend estas palabras: "mira, esas luces
son hachas con que lastiman y queman mi costado."
;Pues, quin. Dios mo, querr vivir en una vida,
donde yo no hallo haber hecho ningua cosa buena,
que no vaya mezclada con culpas, imperfecciones, o
en el modo, o en la intencin, o en los medios, o en el
fin? Verdaderamente nuestras justicias son como los
paos inmundos, y si no nos previene, sigue y acompaa tu misericordia y gracia, nada hay bueno ni
acepto.
AFECTO
65^
ETERNA PARA SU
HERMANA, Y LA PREPARADA PARA ELLA.
INDICIOS DE LA FELICIDAD
Con
entrada en la religin de la hermana, que
apuntar algunas cosas de las que me
pasaron, por mandrmelo V. P.
est
en
la
el cielo,
Habiendo la primera vez propuesto su venida, y
embarazndose por algunas cosas que se ofrecieron,
de modo que qued deshecha del todo su entrada, me
hall una noche en sueos con Nuestro Seor crucificado en el aire, sin estar clavado en cruz, de modo
que yo con mis brazos extendidos tena y sustentaba
Sor Francisca Josn a de la CoNCEPaN
224
con mis manos las suyas, con mucha fatiga y cansancio, aunque con grande nimo y consuelo, porque
me pareca que aliviaba la fatiga y trabajo con que
se mostraba Nuestro Seor hasta que el cabo de algn
tiempo me hallaba sentada, y que el Seor caa muerto en mi regazo, y yo lo cubra con mi mantellina, y
encubra de las religiosas. Conoc que todo esto se
entenda de la hermana, y lo experiment despus en
la rigorosa enfermedad que le quit la vida, en los
muchos trabajos que las dos pasamos, y en lo que me
pas en su muerte. Tres das antes de ella, estando
mirando con los ojos de mi alma a Nuestro Seor crucificado, me pareca que su cuerpo difunto caa sobre
mi alma, y la dejaba toda baada en su sangie. Lugo entend morira breve; y todo el tiempo que dur
su rigorosa enfermedad, cuantas veces llegaba a alzarla, se me representaba Nuestro Seor o en la cruz, o
en el sepulcro (1).
* Despus que muri, el da de la Ascensin de
Nuestro Seor, me pareci verla con los ojos del alma,
debajo del brazo derecho de Nuestro Seor, y otra
vez, de Nuestra Seora, puesta de rodillas, y cubierto
el rostro con su velo, y me pareci entender muchas
palabras de consuelo de Nuestro Seor con que me
quitaba la pena y confusin en que me dej su
muerte.
Tambin la vi en sueos que iba haciendo camino
con nuestra madre (que tambin muri aqu), y que
la guiaba un nio muy hermoso, coronado de flores.
La vspera de la Asuncin de Nuestra Seora, estando rezando maitines, y habiendo aquel da estado
con mucha pena y tristeza, me qued, no s si dormida, lo que hace una avemaria, y la vi que se iba con
mucha hermosura y alegra, y con la eficacia y veras
con que hablaba en vida, me convidaba a que nos
furamos. Fue tanta hi alegra de mi corazn, que sal(i)
(cd.
primera
Esta
autora en
1942)
el
,
j)artc
del
Afecto
Captulo xxxvii de
Sii
^*^
fue
incluida
por
Vida, pgs. 137, 138 y
con algunas pequeas variantes. (N. del
E.)
la
139
Afectos spirituales
225
tndome en el pecho, me hizo volver en m. Y dentro
de breve espacio me qued como la primera vez, y la
volv a ver que con grande hermosura y alegra, y con
mucha msica, se embarcaba en un dichossimo y
hermossimo mar; y no me acuerdo si volvi a llamarme, mas la alegra que tuve hizo dar tales latidos a mi
corazn, que
me
volvi en m.
Ese mismo da, por la maana, de la Asuncin de
Nuestra Seora, la vi en sueos a la misma hermana
que se suba por la regin del aire con grande hermosura, y
un manto
me
bin
azul
muy
lindo;
parceme que tam-
llam a que nos furamos.
De ah a ocho das,
mucha hermosura, con
la vi
el
tambin en sueos, con
velo blanco echado por la
cabeza, y cogido en la garganta, y que estaba bordando con mucha gracia y alegra una vestidura blanca, con los lazos de oro, y entre los lazos iban entretejidos
unos versos como octavas, de la Pasin y Vida
de admirables miste-
de Nuestro Seor Jesucristo,
rios
y consonancias;
y ella deca
que aquella
vesti-
dura la estaba acabando para cierta persona, a quieri
la haba debido favores en su enfermedad, y que haba de servirle en la fiesta de san Bartolom.
En otra ocasin, asimismo -me pareca que nos hallbamos juntas en el aposento en que muri, y que
desde all vamos, muy cerca, una hermossima y alegrsima ciudad, llena de muchos y muy gustosos moradores.
Despus me pareci estar con ella conversando ya
fuera de la vida mortal, y que con mucha eficacia,
y palabras y acciones muy significativas, me ponderaba y deca el sueo que fue la vida mortal, repitiendo muchas veces: Qu fue aqullo, qu fue aqullo? Qu fue lo qu tuvimos, qu fue lo que hicimos,
qu fue lo que padecimos? Nada, nada, sueo, sueo.
qu
Y con un modo de admiracin repeta: qu
fue? Y esto que su vida fue de muy varias
fue,
for-
Sor Francisca Josefa de la Concepci
26
tunas, prsperas y adversas; y todo lo reputaba sue-
o y nada
(*).
Antes de entrar religiosa, conoc con mucha claridad que se acababa el tiempo, y que si no enentrar.
esto conoc di-
ciendo unas lecciones que estn en
el
breviario.
traba breve, no lograra
el
AFECTO
66^
TRABAJOS Y DOLORES DEL ALMA Y CUERPO, NECESARIOS PARA LAS VIRTUDES CON QUE SE SIGUEN
LAS HUELLAS DE CRISTO. TENTACIONES HORRIBLES
DE SATANAS. CONSUELOS DEL ANGEL DE GUARDA.
Diciendo aquellas palabras (1): Traedme tras Ti,
y correremos, conoc cunta fortaleza pide y muesaqu
tra
el
alma habiendo de
correr,
imitando
los
pasos del Seor que dio en la vida mortal. Cunto
padecer de un Dios y esposo crucificado! Cunta
humildad, cunta paciencia, cuntos dolores, cunto
sufrimiento, cunta pobreza, cunta caridad, cunta
obediencia! Estos son los pasos que pretende imitar,
y que pide seguir el alma santa, los que dio Nuestro Seor Jesucristo en su santsima vida,
y amargusima pasin. Entend que esta santsima pasin del
Seor haba de ser todo el consuelo de mi alma,
y
su compaa, amparo y pensamiento en el tiempo de
este destierro;
nes que
en
desamparos y aflicciocausndome un grande
afrentas que Nuestro Seor
los dolores,
acompaan mi
vida,
espanto los tormentos y
El
(*)
salvo
pasaje encerrado
algunas
pequeas
Captulo XXXVIII de
ed.
cit.
(O
(N. del E.)
Cani.,
1,
3.
la
entre asteriscos
modificaciones
Vida de
la
V.
M. de
de
se
halla
tambin,
redaccin,
en
el
Castillo, pp. 1.12-1 13,
227
Afectos Espirituales
padeci en su pasin, que ni aun puedo considerar;
mas quedarme como pasmada (*).
Ha permitido su Divina Majestad que pase en el
alma y en el cuerpo extraordinarios tormentos de
enfermedades, dolores y fatigas, despierta y dormida, con espantos del enemigo, y por medio de otras
personas. El martes de la Pascua del Espritu Santo,
estando a mi parecer despierta, aunque embarazados
los sentidos, que no me poda mover, se echaba sobre
m un bulto como un indio muy feroz, renegrido, y
con la cara muy ancha, la boca y los dientes disformes, y el cabello como cerdas de caballo, y oprimin-
dome
causndome muchas
tentaciones.
Haciendo
yo fuerza para echarlo de m, le preguntaba quin
era, a que me responda diciendo o preguntndome:
y vos quin sois? Yo le deca mi nombre, y l responda, pues yo me llamo (no s cmo, que no se
acordar). Mas a m me pareca que
metiendo mis manos en su boca, y asindole de los
cabellos, hice tal fuerza, que pude volver en m (i).
Despus, a principios de octubre, cerca de la elec-
me ha podido
cin, volvi de la
aunque
misma suerte a cargarse sobre m,
como de un mulato muy feo y
la figura era
ardiente, y sintiendo yo aquel peso, le preguntaba:
quin eres?
que me respondi: yo soy Crecer
bulto.
m me daba tanto coraje, que me pareca
tiraba a morderlo y despedazarlo. Y as volv en m,
aunque sintiendo muy grandes tentaciones.
De hoy a un mes, poco ms, volvi a ponerse junto a m, con una figura pequea
y agarrndome por
manos, me apretaba con los dedos pequeos, pero con tnta fuerza, que me hizo volvei
en m con tanto dolor en los brazos, como si me hubieran dado tormentos. Despus me dorm y lo vi en
los pulsos las
(*)
otro,
A
el
partir
pasaje
(X. del E.)
(1)
este
asterisco
omitido
hasta
tambin en
donde
la
se
cierra
de
ed.
con
1843.
Refiere
lo XXXVIII
de
fue
tambin
de Su Vida,
la
autora este episodio en
p. 144, ed. cit.
el
Captu-
228
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
sueos con una lengua muy larga y muy aguda, code una cuarta de largo, y que la mova a todas
partes. Esta vez no sent tentaciones lugo, de contado, como las veces pasadas; pero los das siguientes
son indecibles los modos de inquietudes, cuentos y
penalidades que ha movido por medio de otras, que
apenas doy paso en que no me arme algn lazo,
hasta tratarme mal de palabra algunas personas.
De hoy a pocos das, se par junto a la cama (estando yo recogida), con una figura de negro, tan
feo, tan grande y ancho, que me caus ms horror
esta vez, que todas las otras. Parecime estaba todo
penetrado de fuego; mas quiso Nuestro Seor que
no se allegara a m.
Desde ha cuatro o seis das, habindome trado entre sueos cuantas pesadumbres grandes me han sucedido, y cuantas me pudieran suceder, con muy vivas y penosas circunstancias, al dispertar, me amenaz que se me metera en el cuerpo. No es decible el
miedo, pavor y espanto que esto me caus, slo tuve
el remedio de abrazarme con la imagen de la Santsima Virgen y de mi padre san Ignacio.
Padre mo: Esto hasta aqu haba escrito, ahora dos
meses y medio, y en este tiempo sabe V. P. alguna
parte de lo que he pasado, las horribles tentaciones
en que me he visto como anegada y perdida, que a
veces faltaba casi nada para salir por las calles dando voces; y tomando por alivio de los horrorosos tormentos que he padecido, el que me despedazaran y
aniquilaran. Con tanto olvido de Dios, a mi parecer, y tanta ceguedad, y obscuridad, como si estuviera experimentando las penas del infierno; pues, an
acordarme de las luces que en otro tiempo haba recebido de Dios, me serva de gran tormento; y slo
me pareca alivio quemar los papeles en que las he
apuntado. No me parece que ha quedado tentacin,
por fuerte y vehemente que sea, que no haya padecido; y todo esto, sin tener siquiera el conocimiento
de que lo eran, pasando a ser sus efectos en el cuerpo, con (ales tormentos (pie casi me senta levan.'
mo
Afectos spiritals
22^
todo lo que le dije en el confesonario;
esto, con todos los chismes que ha habido en todo este tiempo, y testimonios que me han
levantado (*), sirvindome de gran tormento el ver,
con un modo extraordinario, cunto es ofendido
Nuestro Seor de m y de todas sus criaturas, y ti
grande olvido que traemos de su Divina Majestad
y de las eternas verdades; y que no se trata de esto,
que si del todo lo ignoramos, o no creyramos; parecindome que andamos ocupados en mascar paja o
espinas, y en hilar telas como las araas, desentra-
en
el
aire, y
y adems de
ndonos sin fruto y con dolor.
Y vindome a m en este miserable estado,
sin po-
der cerrar los odos a estas cosas, ni huirles el cuerpo,
por la ocupacin en que me pusieron (1), antes permitiendo Nuestro Seor que lleguen a mis odos graves ofensas que en el siglo se cometen contra su Divina Majestad (*), y hallando yo en todo este tiempo
tan cerrada la puerta para la oracin, como si fuera
un bruto sin alma, permitiendo su Divina Majestad
que en este tiempo no pudiera venir V. P. por la
enfermedad que le dio, y que no quedara persona
humana de las de casa del convento y de la celda,
que, por uno o por otro modo, no me fueran de fatiga y inquietud, etc. Mas estando luchando con estas congojas, como el que ha cado en las olas del
mar, * entend: que esto fue lo que significaba el haberme hallado los das pasados con tan grande fatiga entre muchos crucificados, que estaban clavados,
no en cruces, sino en palos mal formados y quebrados; y que sto significaba las pasiones con que vivimos atormentadas, crucificadas, no en la cruz de Cristo, ni por El, sino por el tormento que nos dan las
mismas pasiones que abrigamos en nuestros corazo(*)
Los pasajes encerrados entre **, fueron omitidos en
la
1^ ed.
(i)
Se refiere la autora al cargo de sacristana que
asignado, recin entrada al convento, posiblemente en
de 1694.
le
el
fue
ao
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
nes; y estando en nuestro tormento, disformes y feSj
a los ojos de Dios, no conformes a la imagen de su
De donde en la calamidad y apretura que mi
alma ha padecido, ha estado como atravesada de un
cuchillo de dos filos, o de una lanza, que por entrambos lados corta, con la vista clara de lo que a Dios se
ofende, y de lo que padecen de males y pierden de
bienes las criaturas, en lo mismo que lo ofenden (*).
Me parece ha estado mi alma como anegada en
Hijo,
un mar de
dolor, o cercada de unas espesas y tristes
que por todas partes la cercan, y no descubre luz por ninguna, porque en su interior slo halla pasiones y tribulaciones, yelos y ataduras que la
cercan y impiden, no hallando a mi parecer ningn
tinieblas,
fruto en tantos trabajos y congojas, como si oyera
en mi interior unas voces que dijeran: oh miserable,
todo lo has perdido!; qu enmienda esperas en ade-
cuando en tanto tiempo no la has tenido?, etc.
Siendo estas voces, con que el enemigo ha tirado a
aniquilarme del todo, unos cuchillos muy agudos,
que atraviesan por la mitad de mi alma, etc. *.
Pues estando as, entend como si el santo ngel
dijera a mi alma (i): despierta y come, que te resta
camino. Esto es, despierta a las cosas verdaderas )
eternas, dejando estos sueos de las cosas transitorias, que son como las fantasas de los que duermen.
Despierta a la consideracin, y abre los ojos del alma
a las verdades que conoces y confiesas, entrega a ellas
lante,
el discurso y la conversacin,
y nigalo a las conversaciones y discursos de las criaturas. Sal fura del sepulcro donde duermes, con la consideracin y el
afecto, negndolo a las criaturas y dilatndolo en tu
Dios, y en su ser inmutable y verdadero. Despierta
de estos sueos pesados y disvariados, y abre los ojos
a la consideracin y vista de las cosas y verdades
eternas. Despierta de este embarazo de los sentidos
del alma,
dejando
estas
(*)
Pasaje giialinciuc
(1)
III.
Rcg..
19,
7.
soadas pesadillas, y come
oiiiititlo
cu
la
ed.
de 1913.
Afectos spirituales
231
contemplando los
y gustando, meditando y
divinos misterios; que as como el manjar se transforma en la sustancia del que lo come, y se convierte en ella, y mantiene la vida, as vivir el alma, y
rumiando
confortar y mantendr de lo que contempla y
medita; y teniendo su discurso manjar y meditacin
en los cielos, y cosas divinas y celestiales, ser en algn modo, aun en el camino, hecha como celestial
y divina, y podr proseguir, andar y vencer las dificultades del camino que le resta por andar, hasta
el monte de Dios.
Mas come tu pan, que es amasado de la ms preciosa semilla, que es el trigo cocido debajo o en la
ceniza del propio conocimiento y menosprecio, la
cual hay siempre en el alma que hay brasas del divino amor, para que juntando tu propio conocimiento con el conocimiento de Dios, puedas caminar con fortaleza a su santo monte, saliendo del sepulcro (1) y sueo en que duermes atada, y aligadas
las potencias para no entender, libres y despiertas,
en las cosas divinas; pues mira que el que durmi
cuatro das en este triste sepulcro, ya daba de s mal
olor; porque allegndote al Seor sers iluminada;
mas andando (2) con lo perverso, te pervertirs. Si te
dejas dormir este sueo, al despertar (3) nada hallars en tus manos, aunque hubieras sido como los varones de las riquezas, en fortaleza y riquezas de dones, y de mritos; porque con facilidad se pierde lo
que se gan con trabajo. Y porque confa en la fortaleza de su brazo, ser desbaratado por el Seor, que
hace salvo al pueblo (4) humilde, y humilla los ojos
de los soberbios, haciendo que den de ojos en las culpas de que no se recataron con santo temor. As que
tratando o discurriendo en cosas vanas, sers vana,
y
atendiendo a cosas intiles sers intil, y amando
se
terrenas sers terrena; mas si te allegares ai
Seor, sers iluminada con su luz, y El participar
su luz a tu lucerna (5), y aun tu Dios alumbrar tus
cosas
tinieblas, y las
(1)
(4)
Joann.,
Ps.,
17.
iluminar como un hermoso da.
11, 44.
28.
(5)
Ps.,
(2)
Ib.,
V.
29.
17,
27.
(3)
Ps.,
75, 6.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
el miserable estado del que dormia en
sepulcro. Ya hedia, estaba atado y ligado, y debajo de piedras. Estos efectos trae al alma, no alzar los
ojos, y abrirlos a las cosas eternas, y entregar el dis-
Mira, pues,
el
curso a las terrenas, como a las fantasas de un sueo; y a tal estado puede llegar, que haya de ser el
despertarla el Seor con gemidos y lgrimas, y una
grande voz; y que entonces despierte tan atada, que
apenas pueda salir fuera para andar su jornada.
AFECTO
679
EL VENCIMIENTO EN LAS TRIBULACIONES ES TAN
NECESARIO AL ALMA PARA LLEGAR A DIOS, COMO
LO ES AL AVE ROMPER EL VIENTO PARA VOLAR.
Hallndose afligida y turbada por algunas pasiones que se levantaron en el corazn, con la causa de
alguna mortificacin que se ofreci, y no supo vencerse, entendi esto. El motivo mayor que el alma
debe tener para desear salir de su destierro, y del peso de la carne que agrava al alma, es el ver su fla-
queza para
ment
resistir a los vicios.
un hombre
Como
racional, o a
sera grave tor
una hermosa don-
si por la fuerza de algn maleficio, se viera
transformar, ya en len, ya en vbora, o en otros animales y fieras; sta sera vida ms amarga y cruel
que la muerte, y ms si ella deseaba agradar a su esposo, y reconoca aquella fealdad en s misma, y se
hallaba sin fuerza para salir de aquella trabajosa
fealdad. No hara entonces ms que clamar a su sapientsimo Seor: Slvame Seor y lbrame de esta
tribulacin (1), porque vana es la salud del hombre.
Haz que se cierren mis odos al silbo de la serpien-
cella,
te infernal,
que por medio de las pasiones, y con suhombres en brutos. Haz
gestiones, as transforma los
que estn mis odos abiertos al beneficio del encantador sapieiue (2), que venciendo y convirtiendo en
(1)
Ps.,
59,
13.
(2)
Ps..
57, 6.
Afectos Espirituales
283
alma de la boca del loque son confusin y
Haz que cayendo en tierra (1), y echada en
triaca los venenos,
saque
al
bo, y del Egipto de las pasiones,
tinieblas.
propio conocimiento y abatimieny dbil para el bien, vuelta en
serpiente, trague (2), devore y aniquile las serpientes
de los vanos encantadores, que son mis vicios y pasiones. Y dame que conozca que lo que es en tu mano
vara de justicia (3), justificacin, correccin y gobierno, fura de ella es serpiente, horror y espanto; y que
queriendo subir, si no es por Ti, el alma es hecha
como del heno (4) de los techos, que antes de cogerlo
el
suelo
por
to
de mi
ser
el
mudable
cual no llenar su mano el que lo coge,
que lo hace manojillos; ni dirn los que
pasan por el camino: la bendicin de Dios est aqu,
porque no ser bendito, con bendicin del Seor, el
i[uc se levanta como el heno, dbil, flaco y vano.
se seca, del
ni su seno el
AFECTO
68^
MAYOR HUMILDAD, DESEANDO EL PREMIO
DE LA MAYOR DIGNIDAD. ASEGURACIONES
DEL DIVINO AMOR.
ANSIAS DE
Proponaseme que V. P., padre mo, presentaba a
Nuestro Seor mi alma, y ella pareca en su divina
presencia, como me parece andara una cautiva que
trajeran a un gran rey, aprisionada, y con vestidos
muy ordinarios. Senta una grande alegra en mi alma de estar en la presencia de Nuestro Seor como
esclava, y que no se entendan conmigo los lugares altos; mas aquel gran Seor
y rey de majestad suprema, me pareca me miraba con agrado y compasin,
aunque yo no me atreva a levantar los ojos, y me estaba as en pie, y muy contenta, etc. Mas despus conoca esto: si aquel gran rey y Seor quisiera levantar
aquella pobre esclava a la dicha de su dulce amor,
y
(i)
(3)
Ps., 44,
Exod,
7.
7,
9.
(2)
(4)
Ps.,
128, 6.
Ibd,, V. 12.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
234
tomarla por esposa, aunque fueran secretsimas sus
palabras, ;qu pudiera sentir ella; qu dijera; qu
efectos hallara en su corazn? qu confusin, qu
admiracin! Aun oyendo a su Seor, le pareciera so-
ada su dicha, nada pudiera decir, ni responder ms
Vos Seor, vos Seor?.
que a m seor, a m?.
Y aun esto no dijera: Cmo la asombrara la majestad, y cmo le robara y hiriera el pobre corazn el
.
su rey. Mas le dijera: oh, Seor!, si los grandes de vuestra corte, si los nobles y seores, si las almas hermosas y limpias de vuestra casa, ven que a m
me amis, qu dirn, Seor, qu dirn? Mas ni aun
amor de
esto dijera, slo quedara muda, con una grande admiracin y asombro. Mas no pudiera pensar, entender, ni mirar otra cosa que a su Seor y rey, etc.
Y si este rey y Seor encomendara a un fiel amigo
el cuidado de aquella esclava, y l le dijera: mira que
el rey te ama, ella no hiciera ms que preguntarle:
^pues, decidme, seor, enseadme cmo tengo de
agradarle, en qu le dar gusto, cmo he de vivir en
su casa, en qu quiere que me ocupe? Qu palabras
pudiera decir a su rey, que llegaran a lo que debe?
decirle que lo ama? qu hace en eso? Decid, que es
mi Seor, y que soy su esclava; que adoro las cadenas
con que muestro serlo; que ellas son mi libertad, y mi
gloria.
Mas mire que siempre se porte como esclava en la
casa de su rey y seor, y mire no quiera igualarse en
su estimacin con las hijas y esposas de su rey, que
son reinas. No levante sus ojos en soberbia, porque
no pierda el amor de su esposo, cpie los ojos hiuiiildes
roban su corazn; y no quiera mandar como seora,
pues es esclava, ni alzar la voz con arrogancia, pues
la voz (1) humilde de la trtola es dulce a su seor.
Esta esclava as dichosa, no quisera ms que el
amor de su rey y seor, y a sus dones dijera: Oh yo
los amo j)or de mi Rey y Seor, mas a m su amor me
basta. Si es su ^usto, yo (piiero repartir estos dones
(i)
Caiit.,
2,
12,
Afectos Espirituales
235
que mi Seor los d a mis hermanos, y
que los emplearn bien, o a los que se quedaron
en mi tierra, y son hijos y siervos suyos, que yo estar
y presentes, o
a los
abundante, dichosa y
rica
vinos ojos, y no perderla.
Esta esclava no hablara
de su seor, con ligereza;
el secreto del rey (1); mas
amigo a quien su seor la
velarlo fuera honor para
crecer en
con hallar gracia en sus
di-
en los favores que reciba
porque es bueno esconder
slo tratara con aquel fiel
encomend, y entonces reel
amor de
su esposo, y
l.
algunos (2) que algn tiempo fueron grandes
cayeron de la gracia del rey, cuales son
los ngeles malos, aborrecieran aquella esclava, porque su rey la amaba, y la pusieran lazos, y la persiguieran y atribularan, pretendiendo apartarla del
amor de su esposo; ella no tema, guarde fiel su corazn, y resgistre sus acciones ante aquel amigo del se
or, y ande con confianza, que a su seor nadie puede engaar porque sus ojos son luz, y su poder grande
para defenderla, y fe mucho en la fiel guarda y custodia de su santo ngel, que la guarda como a esclava
de su rey y Seor.
Mas conoc que aquella esclava jams quisiera andar con adornos de reina, ni sentarse en trono, pues
su rey la amaba pobre, humilde y esclava; y este amor
es para ella su trono, su corona y su gloria, y slo
aprecia aquellas cosas que la han de hacer ms agradable a los ojos de su seor; pues si stas son sus cadenas, su pobreza y dolor, el andar humillada y abatida, sa es su gloria, se es su trono, sa su corona
y
su cielo, el amor de su esposo.
Slo un temor tuviera, si lo he de disgustar, si lo
he de perder, si he de dar causa a ser aborrecida, y a
perder el amor de su pecho, a salir de su casa con slo
el poco de vino de un amor limitado y sensible, y a
que el fruto (3) de mis deseos se vea muriendo de sed,
arrojado a la raz de algn rbol contemptible de las
de
si
la corte, y
(i)
TobicT, 12,
7.
(2)
Apocal., 12,
7.
(3)
Genes., 21, 14.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
236
cosas
fieras,
humanas; y si creciendo ser hecho cazador de
andando con fatigas, desvelos y cuidados, tras
sus pasiones brutales y ligeras; y fura de la casa de
su padre ser hecho pueblo reprobado. Este slo es
temor
Mas habiendo
como si
amor de mi pecho,
memoria que desde los
escrito hasta aqu, entend
dijera: debes estar confiada en el
que es poderoso, y tener en la
primeros pasos tuyos, sonaba siempre en tu corazn y
alma esta voz ma: quis nos separavit? (1). Ni la industria de los contrarios; ni la fuerza arrebatada de
la tribulacin; ni la oscuridad de la angustia; ni la
profundidad del desconsuelo; ni la alteza ma y bajeza tuya; porque el amor todo lo vence, todo lo ata,
todo lo allana, todo lo cierra, y abre. Y mira cuntas
veces alegr tu alma, y alent tu corazn y confianza,
con aquellas palabras que dije a mi esposa, santa Isabel: si tu vis esse meciim, ego ero tecum, et a te nullatenus separahor. Si t quieres estar conmigo, yo quiero estar contigo, y de ti ninguno ser poderoso a
apartarme, slo una cosa, que es la malicia, y voluntad propia, cuando se aparta ella.
AFECTO
699
EJEMPLO DE LO QUE DEBE HACER UN ALMA AMANTE
PARA TRANSFORMARSE EN SU AMADO SEOR.
MUERTE DEL JUSTO, Y DEL PECADOR.
Oyendo que la santa Magdalena quebr el
alabastro en que estaba el precioso licor con
ba ungido los pies del Seor, entend: esta
alma totalmente resignada, y transformada en
vaso de
que haes una
su Dios
por amor, que no dejando ni reservando ningn afecto ni cosa suya, hasta el vaso quiebra, despreciando
por el mayor obsequio y gusto de su Seor, la salud,
la vida y la honra, ofreciendo para la muerte, cuando
y como el Seor gustare, el vaso del cuerpo, para que
(i)
A(I
Rom.,
8,
35.
Afectos Espirituales
sea
do
237
quebrado y deshecho. Y despus de haber ofreciSeor una alma con todas sus operaciones y afec-
al
tos, est
alegre y pronta para ofrecer el vaso del cuer
que se encerraba este precioso licor, para que
quebrado y convertido en tierra, cuando y como
po, en
sea
Y como
el llegar a esta prontitud y
slo anhele pasar y vivir en
el amado, por respeto y obsequio suyo, requiere una
gran pureza de afectos; as se dice: que aquel vaso era
de alabastro, y el licor que encerraba tan precioso,
el
Seor quisiere.
amor en que
amante
el
la espiga de nardo, y que se llen
de su fragancia la casa. Esta es la imagen de una verdadera amante, y de una verdadera y total resignacin, y transformacin en el amado; y as fue alabada (1) o predicada del mismo Seor, de que amaba
que era hecho de
mucho.
Esta es la muerte (2) de los hijos de Dios, y esta es
muerte preciosa en su acatamiento, esto es (3) ser
buen olor de Cristo. Mas mira, la muerte de los pecadores es psima (4), por que quebrado el vaso ponzooso y de barro, con rigor y violencia, como se dice
la
en
el salmo (5): regirlos has con vara de hierro, y los
quebrars como a vasos de barro. Entonces, con dolor
y clamor derramarn el alma y sus operaciones, como
un asqueroso veneno que all se encerraba, slo para
derramado al muladar del infierno; porque la vara
veladora de la justicia divina los echar entonces en
aquella olla encendida (6), porque qu se ha de ha
cer del madero que no es apto para edificar, ni da
frutos, sino echarlo al fuego?
cmo cada uno carga
Mira, pues,
que quieren
su juicio y por-
hacen vasos de ira, de enojo y venganza. Cmo (7) han de sentarse a la mesa con vestiduras manchadas? Cmo han de subir al monte (8) del
Seor, sin tener las manos limpias, ni el corazn puro
se
y limpio?
(i)
Lucae,
7,
14.
Ps.,
2,
(7)
(4)
Matth., 22.
47.
12.
Ps.,
(2)
33, 22.
(8)
(5)
115,
Ps..
Ps., 23, 3.
15.
2,
9.
(3)
(6)
II
ad Corinth.,
Jerem.,
I,
13.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
238
As que todo tu cuidado sea limpiar y purificar tu
alma, tocando cada da, cada hora, y cada instante el
corazn con un dolor intrnseco y penetrante de haber ofendido a tu Dios, y sido vaso de ignominia, con
el asco y horror de la culpa; y herida una y muchas
veces de este dolor, deshecha en llanto, lava y purifica ms y ms tu corazn, para que limpio y encendido en su divino amor, pueda salir al encuentro del
esposo, recibiendo con alegra al juez (1), cuando to
que a la puerta, abrindola con prontitud, como a
quien ms mueve la esperanza que el temor; y as ms
vela con alegra, que no dormita y duerme con sopor
y tristeza, como el que esperaba (2) despus de la
tormenta y tempestad grande, ser echado a lo profundo del mar, porque le acusaba su conciencia que haba huido de la cara del Seor; y l mismo da su sentencia, en despertando del sueo que le tena oprimido en lo bajo de la nave, y dice: echadme al mar.
As sucede al pecador, en abriendo los ojos del
sueo de la vida, que con culpas le oprime y escurece:
que l conoce la culpa, aunque ya sin provecho, antes
toma la pena reventando sus entraas (3), y difundindolas como vasos del veneno que encerraba; l se
suspende del lazo, y quita la respiracin; l se echa
sobre el hierro de su lanza (5), y pide que le opriman
y acaben, con el horroroso hasto de su veneno y
culpa.
AFECTO
709
LA RECTITUD DE INTENCIOiN EN EL CAMINO DEL ES
ANONADA LOS ESI ORBOS QUE PARA ANDAR
POR EL OPONEN LOS ENEMIGOS DEL ALMA.
PIRITU,
Este da de san Jernimo, habiendo comulgado, me
pareca hacerse presente a mi alma mi padre san
Francisco, no porque le viera con los ojos del cuerpo,
ni con la imaginacin, mas me parece que mi alma
(i)
(4)
Matlh., 25,
Matth., 27,
5.
6.
(5)
(2)
]onx,
1,
5.
Regiini., 31. 4.
(3)
Act..
1,
18.
230
Afectos Espirituales
tena presente; y
le
padre,
le
como
si
fuera llamada del santo
responda con grandes ansias: vamos, padre
mo, vamos! Pareca que
guiaba por unos caminos,
la
sobre todo entendimiento, que yo no poda percebir
que significaban, ni por dnde haba de ir; y aun
que conoca ser una cosa apreciable, inestimable,
no perciba la imaginacin cmo eran, aunque me
parece * el mundo, el demonio, y la carne, y para
lo que el uno no logra, tiende el otro la red. Oh
Seor, Dios mo (1), cun bienaventurado es el que
con limpia intencin anda en el camino de esta vida! Y cul ser ste, que sus pasos, sus palabras, y
sus obras sean limpias y inmaculadas? En tanto no
tendr mancha, en cuanto fueren enderezadas enteramente a darte gusto. Seor grande. Rey grande, y
Dios grande. Aquel ser el limpio, y el feliz, dichoso y
bienaventurado, que por cumplir tu voluntad anda
siempre por tu santa ley, y se mira en el espejo de tus
mandamientos, de los votos y reglas que te prometi.
Dichoso el que en todo su corazn busca y escudria
tus verdades, y como el que halla un precioso tesoro,
da por l todas las cosas (2).
lo
Oh cuntas
cosas nos
hacen torcer tu santo cami-
no, y cuntas nos impiden hallar el reino de Dios,
que padece (3) fuerza y lo llevarn los esforzados! Tu
inmaculada
ley es limpia,
(*)
(4),
el
apartarse
aun en
Esta introduccin del Afecto 70^ aparece omitida en la
1^ edicin
de 1843. En este punto,
el
copista del ms. original,
seor Castillo y Alarcn, pone esta anotacin: "Aqu pasa a la
foja 86 del original,
mas no he hallado
discurso,
el
(1)
(4)
Ps.,
Ps.,
que parece ms coordinada, pues trunca
118,
18,
8.
1.
(2)
Matth.,
dnde corresponda."
13, 44.
(3)
Matth.,
11,
12.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
240
lo ms mnimo de ella, es mancha del alma; y as no
andar por tus caminos el que hiciere esta iniquidad;
mas el que resbalare y cayere, como lleve su intencin
recta y firme a ir su camino a Ti, Seor, cuando cayere
no se lastimar, porque pondrs tu mano (1). Y si fuere cado
ceder
el
en grandes tribulaciones y angustias, le subien que diste ahora a atender a mi alma:
emittet, enviar de lo alto (2), y lo recebirs y lo levantars y librars de las muchas aguas de tentaciones, turbaciones y contradicciones, que levanta el
mundo,
el
demonio
y la carne.
AFECTO
719
LA JUSTICIA QUE LLENA LA DIESTRA DE DIOS, ES
PERMITIR AL CORAZON QUE VIVA SEGUN LA CARNE
Tambin
bras
(3):
tuve luia grande
justitia
plena
est
luz
en aquellas
dextera tua,
las
pala-
cuales
no
sabr explicar; slo que conoc algo de la grandeza de
la justicia divina,
pues su
mano
diestra del gran Dios
y Seor, est llena de ella. V como su divina ciencia
ve lo ms oculto de las intenciones y corazones, ay
de aquel que espera el golpe de la diestra de Dios, tan
poderosa y tan llena de justicia! Oh, que no faltar
justicia para todos! Oh Dios de mi alma, cmo quisiera sumirme y aniquilarme debajo de la tierral Oii
Dios grande! Oh Seor giande! Qu profundos son
los senos del corazn humano; mas para todos hay
justicia
en tu diestra! Oh Dios mo, lvame una y
otra vez, revuelve lo profundo de mis entraas, que-
(1)
Ps.,
36. 24.
(2)
Ps..
i.}3.
7.
(3)
Ps., 47,
11.
Afectos EsriRiTUAiTS
ma
241
(1) y mis huesos, para que
a tus ojos, y salga la maldad de mi corazn y intencin! Oh, cmo es lo ms temible de tu
justicia permitir caer en vicios y en culpas! Oh Dios
con fuego mi corazn
quede limpia
mo, qu justicia tan vengadora es permitir al corazn humano el volcn de la ira, de la soberbia y envidia! Oh, cuntos viboreznos pre esta vbora! Oh,
cmo
roen,
oh cmo muerden, oh cmo acaban y
ani-
quilan todo lo bueno y precioso del alma! Oh, cmo
la dejan fea, pobre y desnuda de bien y llena de mal!
Oh, cmo la muerte psima es vivir segn la carne!
]Oh, pues. Dios mo y Seor mo, lvame una y otra
limpame de esta lepra de m misma! Oh mano
diestra de Dios, llena de justicia, quin no te teme?
vez, y
As entend, o se dijo a mi alma aquel verso del
salmo que dice (2): misit de summo, et accepit me,
t assumpsit me, etc. Envi su mano de lo alto, envi
su favor y me tom y levant, y me libr y sac de
muchas aguas del mar de las criaturas y olas que levantan; y de las ondas y aguas de las pasiones en que
parece se hunde el alma, y me libr de mis enemigos
fortsimos, cuales son los espritus malos, que ya decan: "cay
(3),
cay, pereci, elegrmonos, alegrmo-
nos"; y me libr de los que
ban fortalecido sobre m,
me
tuvieron odio, y se hasobre vencida y ca-
como
da; mas la diestra del Seor est llena de justicia, y
sacar salud (para el pobrecito que se humilla y acoge debajo de sus alas) de nuestros enemigos (4), y de
la mano de todos los que nos aborrecen; y sern bien-
aventurados los pobres, los que lloran, los que padecen persecucin por la justicia, los que han hambre y
sed, no de cosas de la tierra, que sta mata, hincha y
ahoga, mas de aquellas que son vida, salud, y bien.
(1)
C.T.,
1,
PS., 25, 2.
(2)
PS., 17, 17,
(3)
IsaicT., 21, 9.
(4)
Lu-
71.
I.-ll
Sor Francisca Josefa df la Concepcin
242
AFECTO
NO
SE HA DE PEGAR EL CORAZON, NI A LA HERMO
SURA DE LA VIRTUD, NI A SUS PREMIOS, SINO
AL SUPREMO DADOR DE TODO.
Ni el conocer en tus hermanas, y en todos, ms virtudes y buenas obras, ha de desanimarte, ni hacerte
huir de la luz que te doy. Yo soy el Seor de la via,^
y repartir a mis trabajadores de mis tesoros, sin hacer a ninguno injuria (i). Mralas, pues, y estmalas
por los tesoros mos que en ellas consideras; y no
quieras tener t el peso del santuario, ni medir coa
tu peso y medida. Al Seor pertenece el medir, pesar
y dividir, y el Seor es el que pone (2) sus tesoros como en abismos. T est siempre y permanece en lo
ms bajo (3), sintate siempre en el ltimo lugar, y
deja lo dems al seor del convite. Trabaja con valor
y constancia en su via, y slo quiere a l por galardn, y que no te eche de s. Ni te arrimes, ni pagues
de los dones, ni trabajes como mercenaria por el jornal; trabaja fielmente por el dador, como esclava fiel
y como hija, por no salir de la casa y presencia de tu
padre, por no apartarte de tu querido esposo, por
llegarte
ms
ms
l.
Mira y atiende, no te enamores de sus dones, no te
acaezca aquel mal de decirte: toma lo que es tuyo, y
anda, que a ninguno hago injuria; ni te suceda aquella gran desdicha, que se diga por ti: ya recibi su
premio (4). Oh, pues, alma ma, no te contentes con
nada; no quieras nada; no desees nada; no bus(]ucs
nada fuera de tu Dios! Slo di: qu hay para m en
el cielo?
sin Ti, (iqn quiero
mi corazn,
para siempre.
(\)
(i)
Matth.,
Matth.,
(),
mi parle
No
lo,
1.
estribes en
1'}.
(5),
(r,)
(2)
Ps.,
ir,.
Ps..
5.
yo en
la tierra?
Dios,
y mi posesin, ahora, y
tus cabellos (6), auncjue
32.
7.
((i)
II.
(3)
Luc.r..
Rcgimi..
|.
|.
-(i.
S.
Afectos Espirituales
243
parezcan de oro, y se aprecien como l; ni confes en
los carros, ni en los caballos, que pasando stos, queda el que estriba en ellos, colgado y pendiente en el
aire, de los mismos cabellos que lo hacan hermoso.
Arrmate al inmutable, estriba en la eterna firmeza,
y ntrate ms y ms en tu centro, que l te esconder
en lo escondido de su rostro, para que no te mude la
contradiccin de las lenguas, ni la conturbacin de
los hombres te turbe; antes, estando firme en el Altsimo, tendrs en santa paz tu asiento y morada, y en
tu Dios dormirs y descansars.
Este fin y pureza de intencin con que se han de
recebir los dones del altsimo Padre de las lumbres,
entend de esta manera: si un seor poderoso tiene
una hija, a quien ama tiernamente, y ella ama mucho
a su padre, ocupada en su servicio y obsequio, no
repara en andar slo con los vestidos ordinarios por-
que no tiene el amor en s misma, slo mira el rostro
de su padre, y lo que es necesario para darle gusto;
y bien puede su padre traerla a s, porque las galas,
joyas y aderezos se los guarda para el da de las bodas; mas si en tanto que llegan, quiere darle algunas,
ella, si es hija fiel, las toma slo por el gusto y placer
de su padre, que tambin se sirve de tener a sus hijos ricos y honrados.
Qu
fuera, pues,
si
esta hija tn-
enamorara de los adornos, que pusiera el gusto
en ellos y en s misma, y ya no estuviera tan atenta
a cualquiera ocupacin del gusto y servicio de su padre, ni se empleara en las obras bajas y humildes de
to se
su casa?
No
estaba expuesta a horrorosos yerros, y a
que oyendo alabanzas de su alio, buscara amadores
de su hermosura? Y no poda llegar a tal precipicio
y lamentable mal, que atropellara la honra de su pa
dre, y la que vesta holandas, prpuras y granas, se
abrazara con el estircol? (i). Y que el color de oro,
(i)
Thren.,
4.
5.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
244
se
mudara en
tinieblas?
\'
que arrojara
excelso, y de las grandezas de su
tierra a la que antes era estrado
el Seor de lo
amor, y echara a la
de sus pies? Y que
que deban servirla como a seora, ya la
dominaran como a esclava vil, seores crueles? Y que
el agua suya bebiera pagando, y su lea comprara
por precio, faltndole todas las cosas que podan
las criaturas
mantenerla, volvindose su heredad a los ajenos, su
casa a los extraos, y que su pan lo comiera con angustias?
As que, hija, slo debes mirar
el
gusto de tu pa-
dre, para librarte de males tan horrendos. Est
l
quisiere tenerte, con gusto,
como
como
veas que slo a
amas y deseas; y sus dones estmalos como ddivas
de tu querido padre, de cuya mano todo se ha de recebir con igual agradecimiento, como su luz (1), as
sus tinieblas; porque si l te las enva, si su amor las
dispone, su poder las manda, y su sabidura las gobierna, sern tu iluminacin y tus delicias. Si deseas
darle gusto, igualmente recebirs de su mano los bienes y los males, porque l lo quiere; y las tinieblas no
te escurecern, ni hollarn, antes la noche a su lado,
y a su vista, te iluminar como un claro da. Mira que
cuando la luna parece ms menguada, entonces la
iliniiina por lo alto el sol.
l
No
quieras, pues, tu luz para los hombres, ni apeporque no se apague tu luz,
tezcas lucir en la tierra,
lucir ante el Seor, para que permanezca
en perpetuas eternidades. No apetezcas ser como las
hijas (2) de los gentiles, adornadas a semejanza de los
templos, que dentro esconden la abominacin de dioses fingidos, falsos, y vanos. Qu utilidad (3) hay en
la sangre cuando desciende a la corrupcin, pues si
que debe
la sustancia
de
la
intencin y
el
interior cora/n del
alma se corrompe, qu importa tener la piel dorada?
Ni qu provecho halla el enfermo con que los otros
(1)
I's.,
138,
,2.
(<.)
I's..
113.
12.
(3)
Ps.,
29,
10.
Afectos Espirituales
245
digan que est sano? Qu sabor halla su dueo en la
fruta, por hermosa que parezca, y sea alabada, si tiene el corazn daado y vano? Ni el rico por ser llamado pobre perder sus riquezas. Ni el pobre dejar
de serlo, aunque lo alaben por rico. Antes alaba,
desea, procura, y estima ser contemptible y despreciada entre los hombres, para que puedas mejor guardar
tti tesoro. Huye como de la cara de la culebra, de toda
sombra de estimacin o alabanza, porque soplando
blandamente muerde y mata. Guardas tu vestido de
la polilla, y los sembrados de la langosta, y se guarda
el cuerpo de malos aires; pues, por qu no el alma?
jOh, si apreciaras a Dios, y sus riquezas, y preciaras
tu alma, y la amaras con juicio verdadero!, cmo quisieras perderla en esta breve vida, muriendo en la
estimacin humana, para ganarla en la eterna vida?
Oh Seor, Dios mo, para Ti guarde yo mi fortaleza!
i
No des, pues, alma ma, tu fortaleza a los ajenos, ni
tu honor a los extraos (1).
Ti levant yo mi nima, Dios mo, en Ti puse los tesoros de la confianza,
no ser avergonzada como los que son tenidos por
varones de riqueza (2), y en dispertando del sueo de
la vida mortal, no hallan nada en sus manos. Enton-
ces callan, y ponen silencio en los bienes que pareca
tener, y slo tienen males, cubriendo su rostro de con-
qu obras han de resplandecer delante
hombres (3), para que glorifiquen a tu padre
celestial? El cumplimiento de su ley santa, y de las
obligaciones de tu estado; y aquellas virtudes con que
seas buen olor de Cristo, la paciencia, la humildad,
fusin. Sabes
de
los
l silencio.
Ponte como piedra dursima (4), para que pasando
todos sobre ti, y hollndote, no te puedan mellar. Esta lucerna ha de arder en esta casa tenebrosa del mundo, en este lugar caliginoso, donde todos quieren que
les sufran, y
(1)
(4)
ninguno
Pioveib.,
5,
IsaicT., 50, 7.
9.
sufrir; todos
(2)
Ps.,
75, 6.
mandar, y raro gus-
(3)
Matth,
5,
16.
Sor Francisca Joslfa de la Concepcin
246
ta obedecer, etc. Pues enciende y conserva esta luz,
poseyendo tu alma en la paciencia (1), que para esta lmpara tan necesaria, todas las cosas te ministrarn aceite con que se cebe, y materia para arder y lucir. Pacientes, pues, estad hermanos (2), confirmad
vuestros corazones, para que cuando el esposo venga a
bodas, cojis el fruto, y recibis el premio; y que(3) el vaso de barro, arda la luz, y resplandezca
sin estorbos; y aterrados los contrarios del alma, se toque a victoria, y sea toda la casa llena del olor del ungento que se rindi a los pies de Cristo, ofrecindose
toda a su imitacin y amor.
las
brado
AFECTO
739
NO HALLARA LA ALMA DESCANSO EN SUS PADECIMIENTOS, SINO CONFORMANDOLOS CON LOS DE
CRISTO.
Estando grandemente fatigada de dolores y angusentend esto. Mira, y haz segn el ejemplar (4),
que se te mostr en el monte: esto es el Hijo de Dios
clavado en la cruz; estos son los excelsos pensamientos de los hijos de Dios; y si se te dio por ejemplar el
hijo unignito, no debes extraar con ignorancia que
se te ponga por ejemplo la esposa y mujer fuerte,
pues ya est dicho (5): Todas las cosas que estn escri^
tas, para nuestra doctrina estn escritas; para que por
la paciencia, y consolacin de las Escrituras, tengamos
tias,
esperanza.
Mira, pues, este aUsimo ejemplar, que se te puso
en el monte excelso, de los santos (juc lo fueron, subiendo a su imitacin. Mralo bien, y profundamente considera cul y cunta caridad nos dio tal cjcm(i)
(4)
Liiae., 21,
Ad
Ilcbnv.,
ic).
(2) Jacol)., 5, 7.
- (5) Ad Rom., 15,
8, 5.
(')
1.
JiuHciim.,
7,
ni.
Al ECTOs EsriRiTUAi rs
247
piar y tal ddiva; cules y cuntas cosas padeci de
Entra ms y ms al mar de sus dolo-
los pecadores.
res y tormentos, y
viniendo a
la alteza del
mar, dja
amorosa y dolorosa tempestad de penas, te
hunda entre sus aguas. Clama (1) hasta que se sequen
tus fauces para no apetecer otro sustento: y clama
hasta quedar ronca para hablar con los hombres. En-
que
esta
tren tus voces a tu interior, y clama: Dios crucificado!
Dios muerto! Dios saciado de injurias y de oprobios,
de afrentas y de agravios! Mira este ejemplar, y mira
cmo has de hacer padeciendo. Mira (2), desde la
coronilla de la cabeza, hasta la planta del pie, si hay
en l alivio, ni descanso. Anda una y otra vez, y con
cuidado mira sus sentidos y potencias. Mira, y haz
conforme
Mira lo que le tribiuan las
que El da por ellas. Mira cmo hacen
a este ejemplar.
criaturas, y lo
eco sus penas y dolores en el corazn de su Madre y
tu Seora, y mira cmo bebe todo este mar de penas.
Mira este ejemplar que se te dio en el monte. Qu
ms alto ejemplar? Qu ms hermosa muestra de la
caridad de Dios? Qu ms excelsa cumbre del monre
santo? Estos son los excelsos pensamientos de los hijos
de Dios.
Aquel pecho
medula del ms
abierto, aquel corazn herido, es la
adonde se remontan las gemanos heridas y clavadas, te
da el amor por esposas; aquellos pies clavados a un
madero, son grillos del amor del alma. Mira si tiene
descanso. Anda como oficiosa abeja por aquel cuerpo
inocente, herido tntas veces, paraso del amor y doalto cedro,
nerosas guilas. Aquellas
lor; y de sus suaves, dulces y divinas flores, saca miel
con que labres en lo intimo de tu corazn un panal,
con que convides a tu querido bien. Mira sus ojos escurec dcs con lgrimas y llanto, su hermosura afeada,
su luz oscurecida. Mira, y haz segn este ejemplar.
(i)
Ps., 68, 4.
(2)
Isai.T.,
1.
6.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
248
Entra en este santuario sacrosanto del fuego del
amor, y mira lo que hay dentro, hasta donde alcance,
con su favor, tu vista. Mira y atiende a los afectos de
su querida alma, y conoce que no conoces. Reverencia la altsima divinidad de Dios oculta en aquel
cuerpo, herido, afrentado y menospreciado, y aprende
a no creer, seguir, ni estimar los juicios de los hombres. Ama estas prendas y compaeras de tu Seor y
el dolor, el desprecio, la pobreza. En esta caestrecha de la cruz descansa; en este misterioso
libro estudia lamentaciones, cnticos y ayes. Siibe se-
Esposo:
ma
gura por esta
escala.
AFECTO
AUN LOS DONES DE
NI
DIOS SATISFACEN AL
ALMA
QUE SERA A LOS REPROBOS PERDIENDO A DIOS PARA SIEMPRE?
SIN SU DIOS MISMO. PUES,
no he hallado modo para dequ explicar o que den a entender
en alguna parte algo de lo que siente, es en los
deseos y ansias que el alma siente de llegar a su centro, y la necesidad que conoce tener de Dios. No se
dice nada: con la tierra sedienta del agua; con los
peces fuera de su centro; con los pesados cuerpos de
los montes, si estuvieran suspensos en el aire, etc. Al
go me parece a lo que sucediera, si el cuerpo, apartado del alma, pudiera tener conocimiento de lo que la
Una
cir,
de
las cosas t|ue
ni trminos con
necesita para su ser, y se viera sin ella sujeto a horrorosa corrupcin, privado de todo bien, y con una como inmensa propensin a recibirla; y si cuando el
alma glorificada venga a entrar en l, y del polvo en
que est convertido lo resucite y vivifique, tuviera el
conocimiento, y temiera volver a quedar sin el alma,
i\uc sustos y dolor sintiera?
No s yo si digo algo. Oh pena sobre toda j)ena!
Oh dolor sobre todo dolor! Cuando levantndose el
Afectos Espirituales
alma
al
249
conocimiento de un bien infinito, que
es
Dios, y bajando al profundo de sus necesidades y pobreza sin el Sumo Bien, siente abrasarse con un inmenso deseo de llegar a su centro, todas las cosas le
dicen: "no somos tu Dios"; y entrando dentro de s
la dejan reposar sus entraas y sus ansias,
preguntndole: "dnde est tu Dios?"
1 oda la casa se revolva (1) por buscar una dracma.
Todo su estrado se revuelve en su enfermedad, no
hay sanidad en su carne (2), no hay paz en sus hue-
misma no
sos,
mo
no pide entonces manzanas
(3) y
mas
flores;
co-
sean molestas, se viste el cilicio,
se humilla en el ayuno, se convierte a su seno; y haciendo penitencia en pavesa y ceniza, se reprende,
porque toda en s misma se aniquila y consume.
No hay quien la consuele (4) de todas las cosas que
todas las cosas
le
amaba, ni aun los dones de Dios la satisfacen, sin su
Dios mismo. Quisiera hartarse de llorar, y aun sus
lgrimas se le dan en medida, y si llorara ros, no se
hartara, porque es su sed de Dios, fuente de vida.
Muchas veces conoc ser sta como las penas que pasan las nimas en purgatorio (pues qu ser de los
rprobos, perdiendo a Dios para siempre?) Ay de
m (5), que mi destierro se ha prolongado! Ay de
m, que habito entre tinieblas! Mucho tiempo ha estado mi alma en su destierro.
AFECTO
75^
SUMERGIRSE EL ALMA EN EL AMOR DIVINO,
ENGOLFADA EN SUS DELEITES.
ES VIVIR
Padre mo: diferentsimo sonido me parece harn
en quien las lee, tjue el que tienen en quien
las siente o las escribe, ya porque la incapacidad
y
ignorancia no halla trminos para explicarlas, o ya
la cosas
(i)
Luac.
(4)
Thren.,
8. 1,2
15,
(2)
(5)
Ps.,
Ps.,
37,
4.
119, 5.
(3)
Cant.,
2,
5.
Sor Francisca Josefa de la Concei'cin
250
porque
los
trminos o palabras no adecan a lo que
se concibe y entiende, y ya, tambin, porque la memoria, conserxando las especies de unas cosas, olvida
no las puede retener todas por ser muchas. A
manera que la luz del sol y la potencia del ver
pueden poner patentes innumerables objetos, per'>
no por eso necesitarn a un rstico a ponerlos en orden para referirlos y contarlos; una cosa ser el mosotras, o
la
trrselos, y otra, darle
capacidad para decirlos.
Parecame ponerse patente al alma (con un modo
de entender que es sentir y gustar) que as como de
Dios, fuente de vida, salen todas las criaturas, y vuelven a El, como los ros (1) al mar, as del centro del
alma, donde ha de estar como mar el amor, vivo, an
diente, eficaz, y actuado del Sumo Bien, quiere que
salgan y tengan su principio todas las acciones, operaciones, intenciones y palabras, y que vuelvan a El. De
donde va claro el desorden y perdimiento de mi vida,
y cun lejos he andado de la verdadera vida del espritu, pues muchas veces el fin y nacimiento de mis
obras, palabras, etc., han sido, no el agua y fuente
pura, limpia y vital del amor del Sumo Bien (2), mas
antes los charcos y pantanos cenagosos del amor propio, de las criaturas, y de las pasiones. Y esto pide la
santa Iglesia en una oracin, diciendo: actiones nostras, quccsumiis, Domine, aspirando prceveni, et adjuvando prosequere: ut cuneta nostra oratio, et operatio, a te semper incipiat, et per te coepta finiatur.
Conoca cun dulce, cun provechoso, cun justo
en el amor, por el amor, y con el amor del
Sumo Bien. Cun amargo, desabrido y infructuoso
todo lo contrario! Oh alma ma, delitate en el Seor, y te dar las peticiones de tu corazn; y volved
es vivir
prevaricadores
de
l, el
(i)
que
Kalc,
es
7.
corazn, y sea el corazn, y
fuente de la vida!
al
(2)
Jeicm.,
2,
13.
la
vida
Afectos Espirituales
251
Este amor actual, y que nazcan de l y vuelvan a l
todas las acciones y operaciones, interiores y exteriores, es don del padre de las lumbres, que da (1) a
todos abundantemente, cooperando la criatura racional a sus voces, llamamientos e inspiraciones, y dejando todas las cosas por comprar esta preciosa margarita, y este reino de Dios, que est dentro de nosotros.
Y as temblaba de descontentar a este Seor que
tal bien me puede dar. Oh cunto me importa agradarlo! (2). Novit Dominus dies immaculatorum , con
un conocimiento de afeccin, y esta su heredad ser
in (cternum.
AFECTO
769
(3)
MODO DE ABISMARSE EL ALMA EX
DIOS.
El modo que el alma siente de ir a Dios, se me explic hoy, de esta manera. As como el que mirando
un gran abismo de agua, se dice, que no pudindolo
comprehender, se arroj en l, diciendo: Oh abismo!,
pues yo no puedo comprehenderte, t me recibes. As
el alma se arroja toda en Dios, como en un abismo
incomprehensible de todos los bienes. Sumo Bien y
todo l bien. En l se arroja, sin reservar nada de s.
AFECTO
RECIPROCIDAD DE LOS DOS ABISMOS DEL ALMA.
Esto sent habiendo recebido a Nuestro Seor: pareca anegar a mi alma dos grandes abismos: el uno
de
de
flaqueza, malicia y ignorancia de ella; el otro
suma, infinita, inmensa grandeza, limpieza, sabidura y omnipotencia de Dios. El un abismo llama
la
la
(1)
Jacob.,
(3)
En
I,
5.
la 1^ ed.,
reunidos en uno
(2)
Ps., 36,
18.
de 1843, aparecen,
solo;
ambos bajo
el
este Afecto y el siguiente,
nmero
75^.
(N. del E.)
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
252
otro (1); el abismo del bien al abismo del mal
para remediarlo; y el abismo del mal al abismo del
bien para que lo remedie. En el da (2) manda el Seor sus misericordias, y en la noche sus cnticos. T,
Seor, como da claro, muestras al alma tus misericordias, querindote comunicar a ella con la avenida llensima de tus bienes; y mi alma como noche
escura, triste y fra, te ofrece sus cnticos en lamentos, as como la trtola, que toda es tristes arrullos
cuando le falta su dulce compaa. Mas la voz de
la trtola es oda de Ti, como un cntico tuyo, pues
nace, oh bien mo!, de tu amor y deseo. El clamor de
los hijos de Israel (3) subi a Ti desde la tierra de
al
las tinieblas, del trabajo
y cautiverio.
AFECTO
789
SEIS PRIMEROS VERSOS
DEL SALMO SESENTA Y DOS.
PARAFRASIS DE LOS
Dios (4), Dios mo: a Ti velo desde la luz. Dios
en tu ser inmenso, infinito, inmutable, eterno Sumo
Bien. Dios en Ti mismo, y de Ti mismo, abismo insondable de todo bien, pureza, santidad, hermosura,
etc. Dios y Dios mo, pues por tantos modos has querido darte y ser Dios mo: como Padre y autor dj
mi ser; como fin ltimo y rica herencia de mi alma;
como hermano de mi naturaleza; como sustento y
compaero de mi peregrinacin; como maestro y redentor; como amigo y esposo del alma; como guarda
y defensor; como refugio y asilo. Desde esta luz que
das, velo a Ti; y como el que en una noche escura, triste y trabajosa, ve algn rayo de luz ])ara
venir la aurora, as el alma vela a Ti, por la luz que
le das, y tiene de Ti una sed insaciable. Sed tiene de
me
(i)
(1)
Ps.,
Ps..
.ji.
02.
8.
(2)
Ps.,
(I,
9.
(3)
Exod.,
2,
23.
Afectos Espirituales
253
la luz inmensa que apetece. Y oh
multiplica mi corazn, deseando dejar las
prisiones y volar a la libertad, dejar las tinieblas y
llegar a la luz! Oh Dios!, cuanto se multiplican los
que me atribulan, tanto crece la sed de llegar a Ti,
verdadero descanso, seguridad y libertad. Ser saciada (1), cuando apareciere tu gloria, y ya no habr
ms muerte (2), ms llanto, ni clamor. Ahora cami-
Ti mi alma, por
cunto
la
el alma por la tierra desierta, sin camino y sin
agua, mas acompaada de una bienaventurada esperanza de que as ha de aparecer en tu lugar santo,
y ha de ver tu virtud y tu gloria.
As como el que anda por un triste y espantoso desierto, no tiene consuelo hasta llegar al trmino y
fin de su jornada, y slo le acompaan temores y
desconsuelos, que hacen crecer los deseos y ansie)
de llegar a su fin; as mi corazn y mi alma in trra
deserta desea a Ti, Dios mo. Como el que se halla
sin camino, andando por la soledad, desea con grandes ansias salir al puerto, y llegar a saludar la dulce patria, libre de horribles temores y sustos; as ni
corazn y mi alma, desea a Ti, Dios mo,
trra ch'serta, et ima. Y as como el que en un dilatado desierto, soledad, y aspereza, pasando montes, atravesando por espinas y abrojos, en tierra spera, seca^
sin camino y sin agua, con el cansancio, con los ardores de la tribulacin, con el polvo y la sequedad,
apetece mucho, y muchas veces desea el agua; as
mi alma desea a Ti, Dios mo, in trra deserta, et invia, et inaqiiosa (3). Y as como mis males son como un
abismo, as llamo, deseo y tengo sed del abismo inmenso del Sumo Bien para que fui criada. Nada llenar la capacidad del alma, sino es el Sumo Bien;
y as el abismo de mi corazn, la tierra sedienta hecha toda bocas, llama con una como inmensa
sed, y invoca al abismo del bien, al centro su-
na
(4)-
Ci)
(4)
Quin
Ps.,
16,
Ps., 41, 8.
15.
(5)
(5)
dar agua a mi cabeza, y har a
(2)
Apocal., 21,
Jerem.,
9,
1.
4.
(3)
Ps.,
62, 3.
Sor Francisca Josefa de
254
,a
C)\cei'cion
mis ojos fuentes de lgrimas; porque qu cautivo no
llora su cautiverio?, qu desterrado no suspira por la
patria?, qu sediento no apetece la fuente de la vida? Secas estn mis entraas: sitivit in te anima mea,
qnam m^ultipliciter tibi caro mea.
El abismo de mi ignorancia, sin camino, de mi
necesidad, sin agua de mi miseria, en la tierra de
sierta de todo bien, llama y invoca al abismo de la
misericordia, de la satisfaccin y riqueza, porque mejor es tu misericordia, sobre la vida. Oh!, cundo
se rompern las cataratas del cielo, y se har aquel
gran diluvio que, anegando al alma, la absuerba, la
transforme y la anegue toda en s? Mas aun en la
tierra desierta se han hecho cantables tus misericordias (i), en el lugar de mi peregrinacin, y mis labios te alabarn, porque tu misericordia, mejor que
la vida, hace venir sobre m tus cosas excelsas, y las
avenidas de tu consolacin sobre m, y sobre toda mi
capacidad transente en el lugar de mi peregrinacin. Excelsa tua (2), et fluctus tui super me trari-
sierunt. As bendice el
nombre
como
su
tuosas,
do
que
el
alma a Dios en su
vida, y
en
manos
a obras santas y frucdijo: toda la noche trabajan-
levanta las
mas en tu virtud, en tu nommanos, y se llenarn nuestras
almas de fruto pinge y escogido, y con palabras de
alegra, que rebosan de las entraas, del corazn y del
(3),
nihil cepimus;
bre, levantaremos las
espritu, te alabar
mi
boca.
si
sobre aquel
mi
es-
(4) y miseria en que estoy, y que bao con las
lgrimas por mi miseria y destrierro, y que he regado
trado
con llanto de mis
bulaciones;
amanecer
ojos,
si all
la luz,
me
turbados con
el
furor de las
acordare de Ti, en
el
meditar en Ti, que fuiste mi ayudaalma que adjuvabit
dor, de quien se dice y siente el
(1)
Ps..
(4)
Ps.. 6, 7.
118, 54.
tri-
empezar a
(2)
Ps., 41, 8.
(3)
Luar,
5. 5.
Afectos Espritu .vlzs
255
diluculo (i), y que estando en medio
en su centio, en su corazn, como dueo, seor
V poseedor, no ser conmovida: antes, en la sombra
de tus alas exultar con grande alegra, y toda se ir
en pos de Ti, sin resear parte para s. Triunfar
de aquellos tres ejrcitos que la buscan para darie
la muerte eterna, queriendo quitarla de Tj, que eres
su vida, V tu diestra me recebir, para que as quede
anegada la muerte en tu victoria: y del mundo, el
demonio y la carne se diga: ellos verdaderamente en
vano buscaron mi nima, entrarn en lo inferior de
la tierra, unos desten-ados con tu poder, y otros aniquilados con la luz de tu gracia.
Conocer el alma (2) que no hav utilidad en la
sangre cuando desciende a la corrupcin, y que es
corrupcin todo lo que aparta de Ti. Sern entregados a la espada de la mortificacin las pasiones, y a la
del castigo, los demonios, porque tu diestra me favoreci recibindome, y ser la parte de ellos con las
raposas, como de ladroncillos despreciables. Mas aquella alma que reinare por Ti, de verdad se alegrar
en Ti, oh Dios, y sern loables todos los que le siguen, porque t tapaste, refrenaste, y apartaste; porque viste, Seor mo, mi desnudez y pobreza, y tuviste misericordia, vistindome piadoso con los de-
eam Deus mane
de
ella,
seos, afectos y luces
que
me
diste.
Pero lugo me cercaron los efectos de mi naturaleza (3): circumdederunt me canes multi, que con sus
ladridos confundieron la paz de mi alma. Crecieron
mis pasiones, y dividan entre s las vestiduras que
diste a mi alma. La soberbia se atribua tus dones y
hurtaba. La relajacin quiso torcer la confianza en tu misericordia. La aspereza y celo para con
los
ouas, quiso vestirse de tu justicia. Y la vana cuLa pereza y conveniencia propia
quisieron semejarse al retiro y quietud. La disolucin
y liviandad, a la humildad y afabilidad. La soberbia
las
riosidad, de tu luz.
n)
17,.
et
Ps.,
seq.
45.
6.
(2)
Ps.,
(2)
Ps.,
29.
10.
.3)
Ps.,
21,
Sor Francisca Josefa
256
df.
la Concetcin
y estimacin propia, a la modestia y retiro.
Fodenint
rnamis mea (1), (y no dejaron que las levantara y
extendiera limpias, para bendecirte en aquel lugar
santo donde se te ofrece el sacrificio de la maana)
et pedes meos, porque funes peccatorum circumplexi
sunt me (2), y con ellos no poda huir a Ti, sino que
enredada y detenida, gema por mis prisiones.
Cundo volvers a m los ojos, y sacars mi alma
la crcel, para que te bendiga? Mira, Seor mo,
que mis vicios echan suertes sobre aquella vestidura
principal, y espritu de tu caridad con que vestiste al
alma en su niez; pues si siempre en tu presencia fue
pobre (3), y criada entre trabajos, no la desprecies
cuando se envejece. Pues la provocaste (4) a volar
como guila, renuvala piadoso samaritano (5), y
guarda suya, no la dejes en el camino semiviva, porque no llegue a los extremos del mar de este mundo,,
sino encamina sus pasos a curar sus heridas, pues
aquel tu pacientsimo cuerpo las ha cargado ya, para que el alma sane y tenga paz. Si tu voz (6) llamade
re a los huesos ridos, tendrn espritu de vida, ricit
pax
in rrtute iia (7).
AFECTO
799
(8)
CELESTIAL HERMOSURA DE LA HUMILDAD, FEALDAD
INCOMPARABLE DE LA SOBERBIA; DOCTRINA
ALTISIMA PARA ADQUIRIR AQUELLA.
Y DETESTAR ESTA.
En
nombre de Dios
el
y de la
Virgen Mara m
Seora, quiero hacer lo que se me manda, yo abismo de todos los males, porcjue en ninguna ocasin,
(i)
(4)
37, 4 ct 5.
(H)
(a
21,
I's.,
Dcutcr.,
Nota
saber
el
17.
32,
(7)
(le
(2)
11.
l>s..
(3)
118,
I.iic;',
Gi.
(3)
10.
33.
Ps..
39,
(6)
18.
Ezcchicl,
.21,7.
(()j)ista
de 1714)
Ps.,
."
C.
A.:
"Dice
al
niaigcn. ao do
AiECTOs Espirituales
257
liiL;ar, ni tiempo supe aprovecharme de la gracia del
amabilsimo Seor, ni trabaj en el ejercicio de las
virtudes, que es el camino para Dios. En particular
la santa humildad, de la cual hoy he conocido tantas grandezas, cuantas jams podr declarar. Proponase a los ojos de mi alma como una piedra preciossima de inestimable valor, con tan extraa y peregrina hermosura, que encerraba en s toda la hermosura de las dems virtudes; y as estaba compuesta
de varios y agraciadsimos y divinos colores, cuales
por ac jams se ven, sin confundirse los unos con
los otros, ni estorbar su hermosura, antes unos dando ms valor y gracia a los otros. As, entend, cmo el humilde no estriba en su prudencia, y as xve en la ]e, porque quitada la escura y pesada sombra de la sombra de la soberbia, ve mejor la divina
verdades divinas, y sube estribando en Dios con
montes eternos de la suma verdad, sin el peso y cadenas de la soberbia, c[ue, es
mentira, y por eso aborrecida de Dios, que es luz,
y es verdad. As, que all vive la esperanza segura,
porque no estriba en sus fuerzas, poder, y caudal, y
cuando ms miserias y faltas ve en s, entonces confa ms puramente en el favor y piedad divina, que
ve su enfermedad, y como mdico sapientsimo, que
juntamente es padre, y padre de infinito amor, ha
de curar y remediar al hijo pobre y enfermo.
luz, y
ligersimas alas a los
mi
eres
mis bienes.
porque no necesitas de
que me libras de mis
tiene un continuo y frecuente re-
Dios,
eres
necesidades; y as
le
mi
dice,
Dios,
mano est pendiente todo su
bien y remedio; y tanto ms lo ama, cuanto conoce
por experiencia, que sin l no tiene nada: y cuanto
ms y ms se aniquila y conoce, tanto ms anhela a
curso a Dios, de cuya
su Dios y Sumo Bien. Entonces el agua fra (1) y hese vuelve el mejor vino de la caridad y amor,
lada
que
(i)
es
el
fin del convite,
Joann.,
2,
7.
cuando conoce que de
Francisca Josefa de la Concepcin
258
no
puede tener. En mi Dios (1) traspamuro con un corazn confiado, alegre y
lo tiene, ni
sar yo el
alentado, porque no mi flaqueza y pies de barro, de
asco y lodo, mas la diestra del Seor har la virtud,
y me levantar. No se tejer mi tela del asco y veneno de mis entraas, que la pueda cortar no slo
el tejedor, mas cualquiera paja que le llegue; antes
el Seor, con brazo extendido y poderoso, har que
edifique en la soledad, y har los muros como de hierro y de bronce. Aqu, pues, vive el santo temor de
perder el bien, que slo es bien de quien depende
el ser, y todo el bien. El humilde conoce que todo el
bien viene de Dios, y que de s, slo tiene mentira
y pecado; y con esta verdad, que siempre trae presente, siempre ama a Dios, por dignsimo solo del
amor, y mientras ms conoce, ms y ms lo ama, y
se anega en aquel mar inmenso de todo bien, y ms
y ms desea aborrecerse a s, mortificarse, pisarse y
humillarse.
Agradecimiento- En el corazn humilde resplandece la nobilsima virtud del agradecimiento hasta
del ms pequeo beneficio, porque cierto conoce, y
claramente entiende que todo se le da de gracia, y
que todo es sobre su merecimiento. A todas las criaturas se reconoce obligada, porque de todas necesita, y todas de algn modo le sirven; y as reconociendo la mano de donde viene todo, cada hora y cada
instante halla ms motivos de amor y alabanza a sic
Dios, de sumisin y de rendimiento.
Paz, tranquilidad. As en el humilde corazn se
halla la verdadera paz, y tranquilidad, porque ha
puesto su esperanza y amor en Dios todopoderoso,,
y descansa en su providencia, y siempre ve que tiene
lo que merece. Como la verdadera humildad
muerte del amor propio, para s nada apetece, s-
ms de
es
lo desea ser
para Dios sujeta,
fiel
alegra, goza, y est contenta en el
(i)
Ps.,
17,
30.
y rendida; y as se
ms bajo lugar.
Afectos Esi'rituales
259
todas las criaturas da las ventajas, porque de verdad
y sin fingimiento conoce que todas en algo le exceden; y como slo en Dios conoce est su bien, con El
slo contenta, todo lo dems deja y huye de buena,
gana.
La santa humildad no quiere regirse a
Sujecin.
s misma, antes, todo su descanso es arrojarse en las.
manos del sabio y amante gobernador.
Caridad paterna. La humildad no conoce, rii seinquieta por faltas de los otros, porque tiene puestos>
siempre los ojos en las suyas, y en lo que puede ser,,
y tiembla y teme; y con el conocimiento de lo que
ha sido, no se levanta vanamente en su pensamiento, antes la humillan aun las faltas ajenas, porque conoce lo que tiene de s su naturaleza, y ante todas
las cosas se humilla. Si el aire no me diera respiracin, si la tierra no me sufriera, si el fuego no me
calentara, si el agua no me diera refrigerio, qu fuera de m? Verdaderamente slo soy una criatura necesitada y pobre. Si unos no se ocuparan en labrar la
tierra, otros en sembrar, etc. Si no trabajaran los
unos en tejer, y en navegar, etc. Si el labrador, el
gan y el oficial faltaran, etc. De todos necesitas, de
los animales, y de toda criatura, etc.
Pues levanta los ojos a los cielos espaciosos, claros,
y altsimos; y al cielo del cielo, que es el Seor, y
mira la grandeza de tu pretensin, y que est en manos del Omnipotente. Levntate a su dichosa posesin, y mira que de ti puedes perderla, trocar y enajenar esta dichosa herencia por un deleite vil; y humllate y tiembla, y hallars motivos de una continua y rendida sujecin al gobierno divino, de Jiiimiarte y amarlo.
Mira, pues, aquel desierto de tinieblas de Egipto,,
donde atados, son desterrados y enviados los soberbios, con eterna confusin; y el infierno del infierno, que es la culpa; y mira si hay aqu motivos de
humillarte y aniquilarte, y de estar slo pendiente de
tu Dios, que sac del infierno tu alma, y te salv de
los que descendan a las hoyas y lazos.
260
Sor
kANCisCA Josi.fa de la CoNCErciON
Mira, pues, que no hay cosa en
el cielo ni en la
encima del cielo, que
no te ensee esta sabidura de la humildad. La perdicin y la muerte dicen (1): omos su fama; no hay
cosa escrita en los salmos y escrituras, que no enseen al hombre esta ciencia de que slo Dios es, y
que el hombre no es nada.
tierra,
ni debajo la tierra, ni
En cualquiera cosa, si bien lo miras, leers las
grandezas de Dios, y la vileza propia; y en esta verdad, y en amarla y seguirla, no hay bien que no se
encierre. Ella es la na\e en que se pasa el pilago
del mar de este mundo, y se aporta a la patria. "Ella
s el claro espejo en que se mira y se hermosea el
alma. Ella es la cama y lecho florido en que se descansa y se halla al esposo divino. Ella es la triaca
contra todo veneno. Ella es la medicina de toda enfermedad. Esta hermosa htuiiildad, que conoce en
Dios todos los bienes, y aborrece en s todos los males, es el alivio de todo dolor; es la escala (2) que
halla en su cumbre a Dios, por donde bajan sus luces, y suben los afectos y deseos. Esta despierta al aljua para que camine y para que vuele en alas del
amor, y alejndose y huyendo de s misma, deseanse y habite como la paloma en la soledad. Esta corrobora al flaco, haciendo caer la lepra de la propia
estimacin: quitando las vestiduras de vanidad en
que se abriga, y revolviendo las aguas (3), hace entrar
en ellas al que estaba tullido, y que salga con fuerzas para cargar el peso en que yaca oprimido, y quitado el temor del len y el oso que asecha en las calles y en las esquinas, le dice a su alma: en el Seor (I)
confo, pasar el monte como pjaro, atmque los demonios tiendan sus arcos y preparen sus saetas. PorC]uc, oh Seor, lo que Tti perfeccionares nadie lo po
dr destruir en el alma, nadie, sino es la propia voluntad que es soberbia. Podrn los reinos adversos a
los reinos, destruirse luios a otros:
(2)
Genes.. 28,
podrn dcsbaratar-
12.
(3)
Joann..
5,
4.
261
Afectos Espirituales
se las ciudades, y caer y aniquilarse los castillos, torres, y fortalezas; mas lo que Dios edificare en el corazn humilde, que vaco de su propia confianza slo
confa en su Dios, nadie podr destruir; porque los
el cielo, y est en su
templo santo, que es el corazn humilde y limpio,
estos ojos del Seor (1) estn cuidadosos, mirando al
pobre, que no sabe ni t^ene riquezas de s mismo.
ojos del que tiene su asiento en
el menear de sus prpados,
abre y cierra, sm dormitar (2), el que es
guarda de Israel est interrogando y preguntando a
los hijos de los hombres. El Seor pregunta y examina
al justo y al impo, y como suma santidad y justicia,
ama la justicia y santidad, que puso en el que no est
lleno de s mismo; mas el impo se aborrece cuando
ama la maldad, y aborrece su nima cuando dice eu
su corazn: no hay ciencia en lo excelso (.3); no nos
miran los ojos de Dios, no estn abiertos sobre nuestros pensamientos, acciones y intenciones; por eso el
poder de nuestro brazo nos ganar los bienes, y alegi'es (4) nos coronaremos de rosas y de flores.
con estos ojos y con
como que
los
As se hacen con esta soberbia, que es ignorancia y
impiedad, veloces (5) sus pies para derramar la sangre; y teniendo la infelicidad y dolor en sus caminos
corruptos, no conocen la paz, porque el corazn soberbio es un mar alterado, y el Seor llueve (6) sobre
ellos lazos de fuego, y espritus de tempestades, hasia
que al fin conocen que (7) erraron el camino de la
verdad, y que como insensatos anduvieron por caminos trabajosos, no para ser llevados al refrigerio, s
para topar en su fin la muerte, y muerte eterna.
que no hay mal que no tenga su princisoberbia y propia estimacin, que es injusy ignorancia; ella es el verdugo que continua-
As, pues,
pio en
ticia
ii)
la
Fs.,
l, 5.
pient., 2, 8.
5' 6.
(j)
(2)
Ps.,
Ps., 120, 4.
13, 3.
(6)
(3)
Ps.,
Ps., 72,
10, 7.
II.
(7)
(4)
Sa
Sapient.-
262
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
mente les da garrote a
porque es aquella vena
sus corazones,
(1)
?n
que siempre
entras viven,
est diciendo:
daca, daca, y jams se harta, antes con lo que recibe
hace avivar la sed, y arder el fuego, para querer
le
ms y ms, y tragando el aire, siempre se
brienta.
el
queda ham-
La soberbia es aquella vbora que siempre muerde
corazn donde nace, y despus que lo ha trado en
echa al infierno. Ella es la que
bien de los bienes,
que es Dios, y lo hace huir del alma. La soberbia es
aquella locura que esparce al aire y echa al mar los
tesoros verdaderos, y siempre se arde con furor por
recoger basura y estircol, y anda siempre fundando
casas y torres sobre el viento. Ella es la que come el
veneno como manjar; como loca y como ciega, no sabe distinguir el mal del bien. Ella es lince para descubrir las faltas ajenas, y haciendo baja estima de los
otros, est siempre como la mosca inmunda buscando
los malos olores y las cosas podridas, para asentarse
y hartarse de ellas, con el vicio de la murmuracin;
}}orcjue se alegra de los descaecimientos ajenos, y slo
ama y desea su propia excelencia; mas cuando muerde y gusta de defectos ajenos, le queda el veneno y la
ponzoa debajo de sus labios. Esta soberbia es madre
del vicio vil de la adulacin y la lisonja, porque cjuiere, mintiendo, que mientan y la alaben; y ciega y loca, no duda por conseguir un poco de aire, abatirse a
duros tormentos,
despoja de todos
lo
los bienes, y del
vilezas, y aunque el soberbio sabe que lo engaan y que mienten, y que saben que l miente y los
mil
engaa, con todo eso lo recibe, lo apetece y procura.
Oh vileza del corazn humano!, que trabajar da
sudar y reventar por una vana alaban/a
noche,
y
que el aire se lleva. Cmo, pues, ahiia ma, no te humilla y te mete en el centro de la tierra y de la nada,
esta ciega locura, este mal de los males a que ests
sujeta, y de que tantas veces te dejaste llevar? Maldi(i)
rrovcrb., 30,
15.
Afectos Espirituales
ta soberbia,
que toda
la
26$
hermosura del alma
la des-
lustras y vuelves fealdad, que la derribas de la alteza
para que fue criada^ y la echas a lo profundo del abis-
de luz le comes sus
su hermosura, halos gusanos! Oh,
ces
que aun a las estrellas del cielo derrib tu veneno, y
al que sala como el lucero de la maana (1), ennegreciste como a tizn del infierno! Oh, que has derribado los cedros del Lbano y enturbiado y revuelta
los ros y los mares! Oh, que has asolado las torres y
edificios con tu aire sutil, inficionado! Oh huracn
furioso para arrancar, secar y marchitar las ms bellas
flores de las virtudes! Oh langosta (2), que saliendo
del infierno con cara de hombre, al parecer apacible,
destruyes y desuelas los sembrados! Oh espada cortadora, que divides al alma de su alma y hieres las
estrellas ms sublimes! Oh nima ma, cuando no hubiera otro mal, otra miseria, otro llanto, otro dolor en
la tierra; por este solo la habas de tener por crcel,
por galeras y destierro; si no es que la ames para humillarte con sus infinitas miserias.
mo! Oh, que
al
que
se vesta
como la polilla, y afeada
que aun su cadver le coman
adornos,
Que pueda el hombre ensoberbecerse, que pueda
que pueda esperar en sus fuerzas! No es
aquel desterrado del paraso, condenado a muerte y
trabajo? No es aquel viandante, pasajero que anda
su camino al paso del da y de la noche, que compone la velocidad del tiempo y el andar del sol en cl
cielo? ;No es aquel (3) que tiene constituido tiempo
para acabar su jornada en trmino de que no podr
pasar? No es el que nace como flor y se cae coma
sombra? No es el que del sepulcro del vientre sali
para el sepulcro de la tierra, donde deshecho en polvo, y vuelto en corrupcin, ser espanto a los unos,
levantarse,
dolor a
(i)
et seq.
los otros, y
IsaicT.,
14,
12.
olvido para todos con
(2)
Apocal.,
9,
7,
(3)
el
tiempo?
Job.,
14,
Sor
26-i
rancisca Josefa de la Co.\CErci\
Xo es el hombre aquel que todo lo ignora, y no
sabe (1) si es hijo de odio o de amor; pues de qu se
envanece? ;No es el que no sabe si ha de llegar al lu^ar santo del Seor y entrar en la santa Sin, o ha de
ir
cautivo
(2) a la
manos
infernal Babilonia,
donde
sin ojos,
siempre cautivo entre rabia
dolor?
Pues
qu
;No es el hombve
;de
se
envanece?
y
aquel siervo que debe toda la hacienda de su seor
hasta la vida de su mismo hijo, y el que ha pecado sobre las arenas del mar; pues cmo puede ensoberbecerse? So es aquel reo, cuya causa est pendiente, y
<:uya sentencia ser de vida o de muerte eterna, y no
sabe cul ser; pues cmo puede engrerse, cmo
quiere que lo estimen, y estimarse? Y estos estima
sin
y sin pies est
no son hombres sujetos a las mismas miserias, y
mortales pasajeros por el camino de este mundo, su
jetos a ignorancia, a pasin y a engao? ;Qu sabes,
alma ma, s ests cada o en pie? Y aunque ests en
pie (3), mira no caigas como tntas veces has cado. El
camino es difcil, tus pies flacos, la importancia del
dores,
como ciega, como pobre y desnuda, como cansada, hambrienta y menesterosa, llgate siempre al rico, poderoso y amoroso Padre, que
acierto es infinita. Pues
slo puede, sabe y quiere hacer el bien; y pdele confiada en su poder. Lbrame Seor de mis necesidades,
tales y tantas como me cercan; cubre mi desnudez;
dme sustento; lava mis manchas; sana mis llagas;
cina mi enfermedad; perdona mis deudas; desata mis
prisiones; endereza mis pasos en tus caminos; ensea
mis manos (4) a la pelea, y mis dedos a la batalla;
alumbra mis ojos; dame (5) un corazn limpio; dame
<^sprtu recto; mostradme el camino; llevadme y tencdme; enviad vuestra luz y vuestra verdad para mi>
caminos, y vuestras palabras que como lucerna guen
mis pies j)or la estrecha senda que gua a la vida, y a
vuestro santo monte y tabernculo.
(\)
lo.
12.
Ecclcs., 9.
])
1.
l's..
(2)
13. I.
Jcreni., 39.
(3)
7.
Ps.. 50.
(3)
I.
ad C.orimb.,
265
Afectos Espirituales
As, conoc que en todas las cosas poda buscar este
descanso de la ajiiabilisima humildad, y morar muy
de asiento en esta heredad del Seor, y que siempre
poda con su divina gracia procurar que toda la casa
del alma se llenara de este suavsimo olor y nardo
precioso, que se derram en los pies y en la cabeza del
Seor, con cuya presencia y asistencia da su olor, y
respira ms suave la humildad en el alma, y sta es
cierta seal de que el re}' de las virtudes descansa y
vive en ella, etc.
Debe el alma tener la luz en la mano para examinar sus afectos a ver si son hijos de la generosa humildad, y enderezarlos a ella, que si la busca, siempre le
saldr al encuentro,
Busque con
cosas, el
como una madie
llena de honor.
discurso y entendimiento en todas las
conocimiento propio, y el de Dios, que si su
el
alumbra a su lucerna, lugo conocer los hijos
que miran al sol, y los que son de la miserable hija
de Babilonia. Los tomar y arrojar a la piedra (1),
prvulos, lugo que nacen; y cuando se incline a consultar en sus pasiones a su naturaleza, pregntese a
s misma, con celo y furor santo: por ventura (2) no
hay Dios en Israel, fuerte, sabio y grande, para que
vayas a consultar a la abominacin?
luz le
mira que del lecho en que
antes morirs muerte que
sea despojo de todos los bienes, porque as como los
justos que siguen la luz con que los gua Dios, van de
virtud (4) en virtud; as los que siguen las tinieblas,
y van por ellas, un abismo (5) llama a otro. Quin
pues, te podr discernir entre el bien y el mal, sino
los labios de Dios, que separan lo precioso de lo vil,
atribuyendo y volviendo a Dios, lo que es de Dios,
y
a ti lo que es tuyo; y con los bienes que recebiste
(6),
Pues
si
subistes
(1)
(4)
as lo hicieres,
no descenders
Ps.,
136, 9.
Ps., 83, 8.
(5)
(2)
(3),
IV. Reg.,
Ps., 41, 8.
I,
(6)
3.
I.
(3)
Ibid., V. 4. -
ad Corinth.,
4,
7.
I.-18
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
266
por qu has de gloriarte como si no los
rPues qu tienes que no hayas recebido?
recibieras?
habiendo dividido con la luz de Dios lo que
tuyo y lo que es suyo, pesa lo que se debe a cada
uno: a Dios la alabanza, el honor y la gloria; a ti la
confusin, el desprecio y dolor; y as abraza con la
voluntad en cualquiera cosa y ocasin lo que te toca,
y en todas ama en Dios, la justicia, el honor y la gloria. Mide, pues, alma ma, lo que mereces, con lo que
ha de retribuir tu infinita pobreza, y si piensas que
eres algo, siendo nada, t misma te engaas. Mira no
se te diga (1): pensastes que eras rica, y eres .obre,
porque tienes pequeita caridad; porque siempre
descaeces del primer fervor; porque comunicas con
un pueblo de labios manchados, esto es con tus pasiones, apetitos y quereres, y habitas en medio de ellos.
O puede ser que entrando la mano en tu pecho (2), la
As,
es
porque donde juzgas calor vital, haqueriendo poner por obra los afectos
buenos, te halles llena de afectos malos. Ponte, pues,
en el ltimo lugar (3) y a todos te sujeta, hasta a la
ms vil criatura irracional o insensible, porque puedas as cumplir toda justicia. Justo es que bajes ms
y ms en tu estimacin, en tu afecto y consideracin;
y si toda la vida gastaras en ahondar, bajar, y cavar
en el abismo de tu nada, en tu menosprecio y aniquisacaras leprosa,
llars lepra; y
lacin,
aun no acabaras, ni llegaras al entero
lo que es el hombre sin Dios.
conoci-
miento de
Una
vez habl Dios diciendo: hgase la luz, y fue
para el da y la noche: produzca la tierra yerbas, etc., y con una rendida y puntual obedien-
hecha
la luz
cia estn todas las cosas
como anhelando
a ejecutar
puntuales la voluntad y obediencia de su Criador.
Hiere la piedra y da agua; toca (4) los montes y dan
fuego; manda al mar que se dividan sus pesadas aguas,
y al viento
(i)
(4)
que no
Apocal..
Ps.,
3.
103, 32.
17.
sople, y lo ejecutan;
(2)
E\()(l..
1.
().
mas
(3)
la
piedra,
Luc;r.
14,
8.
Afec'os Espirituales
267
el monte, el mar, el viento del corazn y voluntad del
hombre, ni tocado, ni herido, ni mandado, se rinde
ni sujeta.
Este es aquel monstruo de varios rostros, que con
se levanta en soberbia; con los azotes
cae desalentado; halagado es ms feroz, y tratado con
rigor se enfurece y desconfa. Escrita la ley en piedra,
la olvida y borra; y herido, da veneno en lugar de
agua. Este es el ms furioso huracn, ciego y sordo a
los beneficios
las voces de su dueo. Este es el mar alterado con las
continuas borrascas de sus pasiones. Para reducirlo,
no bastaron espaldas de Dios heridas con azotes, rostro de Dios abofeteado, manos y pies clavados a un
Dios-nio hecho hombre, llorando entre
dos animales, en unas pobres pajas; ni Dios hecho
hombre y muerto entre ladrones; ni tntos dones de
madero;
amor, cuales son el cielo y la tierra, con todo lo que
en ellos se comprende para el servicio, y por amor
del hombre, que todo lo olvida, y en faltndole algn
pequeo bien, se queja, como si se le debiera de justicia.
AFECTO
809
PINTURA BRILLANTE DEL HOMBRE CORROMPIDO
POR EL PECADO, Y APARTADO DE LA GRACIA.
Siendo el hombre por s, sin la gracia, aquella vbora que rompe las entraas en que se cra, y aquella hidra venenosa que corta una cabeza,
y quitada
una ocasin y raz de vicios, le nacen muchas; aquel
len que se esconde en su cueva para herir a su salvo;
aquella araa ponzoosa, que la miel de las flores la
convierte en veneno; aquella serpiente sagaz y astuta,
que se finge dormida y se hace mortecina para dis-
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
268
pertar con rabias y furores; aquella sanguijuela, que
siempre quiere chupar y tragar la mejor sangre,
nunca dice
basta!; aquel
dragn que, con nisaciablc
codicia, quiere sorber el ro; aquel topo que, cavan-
do en
ms y ms se aleja de la luz; aquel tique siempre se mantiene de cruelensangrentando las manos y la boca contra ci
la tierra,
gre, oso, y pardo,
dades,
indefenso pobre y descuidado; aquel mongivelo que,
mostrando la nieve por fuera, oculta en sus entraas
el volcn y el incendio; aquel hielo que marchita los
campos
nube que, opuesta al sol,
hombre es el que hecho de baformado de tierra, pretendiendo ser como Dios,
y las flores; aquella
oscurece la tierra. El
rro y
le desobedece, y es hecho semejante a los jumentos.
El es aquel hermano envidioso que, oprimiendo a su
hermano, quiere borrar su nombre de la tierra; aquel
vano que, edificando a la gian Babilonia, quiere subir al cielo y eternizar su fama; aquel que es carne, y
corrompiendo sus caminos, abrasa la tierra en fuego
de lujuria, hasta que a su fuego apague el gran diluvio; aquel que, negando al verdadero Dios y Seor
suyo la justa adoracin, ha levantado, sacriticado y
adorado a las piedras y palos; aquel que, burlando de
su padre, hace escarnio de su naturaleza; l es aquel
que al dormido traspasa las sienes, y
que abraza con amistad fingida, le en-
traidor y cruel,
las clava; y ai
tra al
pecho
el
pual.
Blandas son sus palabras como el olio para adulacin, lisonja y engao, y ellas son cuchillo tan cruel,
que al que est pendiente entre los riesgos le atraviesa el corazn con tres lanzas (1); y al que agoniza y se
angustia en su dolor, cargando sobre l, le oprime y
acaba (2). Este es el mal siervo, que perdonndole a
l su seor, l ejecuta y echa preso a su consiervo
y
hermano (3). El es aquel abundante y glotn, que
(i)
II.
Reg., i8,
14.
(2)
Ibid.,
I,
9.
(3)
Matih.,
18. 23.
269
Afectos Espirituales
aun las migajas niega al pobre y llagado (1). El es
aquel ladrn, que en el camino de la vida mortal,
siempre asecha para despojar y herir al que camina
descuidado, y dejndole herido, ni tiene compasin,
ni misericordia (2).
los hombres sobre el haz de ia
en todas las edades y siglos, sino destruirse, arderse y quemarse con guerras, odios, codicias y venganzas; cada uno procurando tener, subir y crecer,
abatiendo, mintiendo y robando a los otros. Cuntos
mares de sangre derramada claman de la tierra, y atesoran ira para el da de las venganzas? Cuntas violencias de guerras, con fuegos, hierros, ardides y trazas, inventa el corazn humano? Vengativo, codicioso
y feroz, cunta infidelidad a su criador y Seor que
le dio el ser, y los bienes temporales, y le promete los
eternos, y a s mismo porque guarden su ley, que slo
mira a remediar sus daos. Pues esta ley santa les
prohibe y manda: no os matis; no os hurtis; no os
mintis; no os dais en las honras, haciendas ni vidas; no amis los bienes que os esconden veneno en
vuestros desrdenes. Amad al Seor Dios vustro que
os dio los bienes que tenis, y os dar los que os faltan. No os faltis al respeto y obligacin unos a
Mira qu han hecho
tierra,
otros, etc.
Pues de qu amor de padre y entraas de madre
pueden proceder para con sus queridos hijos, mandatos y leyes tas convenientes y santas? Por
piadosa,
manda que
los honren sus hijos, etc. Para
cuidado y enseanza de los padres.
Para los que tienen, que no les hurtes, y para los pobres, aconseja, recibe y premia la limosna, etc. Mas
mira cmo todos declinaron (3) y fueron hechos como intiles para el fin altsimo que fueron criados; y
como jumentos se pudrieron en su estircol; y, en medio de los das que tenan por suyos, se les quit el
alma, y descendieron en la vida que amaban al infiei"los padres,
los hijos,
(i)
quiere
Lucap, i6, 21.
el
(2)
Lucae, 10, 30.
(3)
Ps., 13,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
270
No hay quien haga el bien ni uno tan slo, en
comparacin del infinito nmero de los necios. Pues
mira lo que es el hombre por su naturaleza corrompida con la culpa, y apartado de la gracia, a que l
tnto resiste. Mira lo que es el mundo, y mira qu
no.
apartas de Dios, fuente del bien, y fuente
mira si tienes en qu estribar, o hallars
dnde poner los pies con limpieza y seguridad, fuera
del arca de tu refugio.
sers
de
si
te
la vida; y
no eres como el cuervo, voraz y carnicero, huye
mundo; mas huye de ti misma, porque son ms
enemigos del hombre sus domsticos (1), y es ms inSi
del
Teme
la postema que se
daoso el veneno escondido, y tanto ms peligrosos, cuanto ms interiores y
escondidos los males. No escondas el gusano en tus
entraas. Clama siempre a tu Dios y tu refugio, desde
este profundo de males que conoces. Oh Seor, Dios
mo, preparado est mi corazn para que lo limpies y
examines, aunque sea con fuego! Oh, pues, Seor
Dios mo, prubame (2) y mira mi corazn, pregntame, y conoce mis caminos, para que me libres en
el da malo, y me alegre por los das que me humillaste, y por los aos en que vi los males, dolores, y desprecios! Haz que yo conozca mis caminos. T que ves
mis imperfecciones, y estn todas escritas en tu libro.
Haz que enderece mis sendas a Ti, sin cesar, mi intencin, mi amor, y mi deseo.
evitable el ladrn de casa.
cra dentro,
mira cunto
Mira, alma ma,
si
en
es
el
pequeo mundo que en
se encierra, tienes guerras,
envidias y discordias,
codicias y soberbias? Y mira que como tierra maldita
por tu culpa siempre produce cardos, espinas y abroti
jos.
Est siempre cuidadosa,
porque de ti misma no
cando tu semilla, cizaa
temerosa
tienes otra cosa;
humillada,
mas
arran-
y mala yerba, no arranques
ni desprecies la semilla que en ti sembrase el labrador divino, antes est la guarda en tus entraas, por(i)
Matth.,
l,
3G.
(2)
Ps.,
138, 23.
Afectos Espirituales
que quedando sin cubrirse, no
aire con la vanidad.
Huye
pio,
la
271
coman
las aves del
al retiro, crcate del silencio y desprecio prosea hollada de los caminantes pasaje-
porque no
Mas recurre continuo, y siempre llama a tu Seor y dueo de la heredad, porque
El solo da el crecimiento (1) a lo que siembra y riega; y El solo sabe cmo se ha de arrancar la cizaa
ros de esta vida mortal.
que sembr
el
contrario y enemigo, y
separar del trigo
cmo
se
ha de
(2).
AFECTO
819
COLOQUIO SUBLIME DEL ALALV PEREGRINA,
HUMILDE Y AMOROSA.
Oh
Dios de mi alma, riqusima heredad de
los jus-
parte de su herencia, y su dichosa posesin. A
dnde ir sin Ti, que no sean caminos de muerte y
de perdicin? Qu consuelo, qu paz, o qu descanso hallar en ningn bien de la tierra? Odo he que
tus amigos fueron siempre trabajados en este mundo,
humillados y afligidos. Pues en qu tendr consuelo,
ni adonde pensar que te hallo, si no es en tu santa
cruz, en el desprecio y humildad, en el olvido de todo
lo criado? Oh Dios mo, que siempre probaste a tus
amigos para hacerlos ricos de los verdaderos bienes
qu mayor padecer, que mi no padecer, y mi inutilidad para tu santo servicio que es amar, buscar y apreciar tu santa cruz? Qu mayor tormento que verme
sin valor y aliento para ningn tormento, conociendo
que sta s la seal de tus escogidos? Qu mayor causa de humillacin, y de esconderme en el centro de
la tierra que ver nacer en mi corazn la soberbia
y
vanidad? Pues qu otra cosa as envilece y hace destos,
(i)
I.
ad Corinth.,
3,
7.
(2)
Matth.,
13,
29.
Sor Francisca Josi fa de la Concepcin
272
preciable al alma delante de su Dios, de los ngeles
y santos, que la soberbia?; y aun a la vista de los mismos demonios, padres de la soberbia, pues ellos bien
conocen las miserias de la naturaleza humana, y lo
que
es sin la gracia, lo que encierra el cuerpo y el
alma, y ver que se envanece, les ser causa de irrisin.
Pues qu cosa, Dios mo, ms desproporcionada y
disforme que una mujercilla vil, asquerosa como un
muladar podrido, viciosa, y fcil para la ira, tntas
veces cada en tan grandes culpas, pueda o quiera estimarse, o que la estimen? Qu ms justa causa de deshacerse, aniquilarse, y conocerse por ciega y loca, pues
quiere cubrir su desnudez, su sambenito y afrenta,
con las plumas de la estimacin humana, y cubrir y
vestir con ellas su verdadera pobreza; con estas plumas de tan varios colores y tan dbiles, que se las lleva el viento? Oh Dios mo, y gran Seor: escudriad
mi corazn, enderezad mis caminos! Oh cun bueno
es para m, que me humillen (1), para conocer tus
santas justificaciones!
Oh alma ma, ya oste la paciencia de Job! Oh
Dios mo, qu cosa ms dichosa que aquel muladar
donde fue probado, y se conoci ser amigo vustro;
ste excedi en grandeza a los palacios ms suntuosos,
pues all se vuelven los hombres enemigos de su criador (2), y aqu se prob y fij la amistad con tu Dios!
Oh, cmo se debe escoger ser en la casa de Dios lo
ms despreciado, antes que habitar en los tabernculos de los pecadores! Pues Dios de mi salud, mirad
mi ceguedad, y dadme vista para escoger lo que se
debe escoger. Mejor es que arrojada por puertas, y
slo cubierta de cilicio y ceniza, llorara siempre, y el
soberbio Amn me prepara horcas, estando en tu
amistad y gracia, que no sin ella comer en los banquetes del rey y reina, como el soberbio y entronizado. Mejor ser vendida como esclava, y atada con
cadenas, ser echada en
(i)
Ps.,
ii8, 71.
(2)
la
crcel
Ps., 83,
11.
por mis hermanos,
Afectos Espirituales
273
furor. Mejor es haun escuro lago por tu volun-
que no mandar con soberbia y
bitar entre leones, en
tad, y en amistad tuya, que tener el trono y el solio
ms levantado. Mejor es estar cubierta de lepra, esperando las migajas y sombras de las otras, que vestir
prpuras y holandas, y comer en esplndidos banquetes. Mejor es salir peregrinando a tierras extraas,
dejando
la
casa de mis padres,
y sacrificndote lo
ms amado de mi voluntad por amarte y temerte,
que sin temor y amor poseer el cielo; pues de su
asiento, si T no las tienes, caern las estrellas. Mejor y ms seguro es caer a lo profundo del mar por
tu obediencia, que huyendo de tu rostro poseer la
tierra. Mejor y ms amable es estar ciega, sin gusto
alguno de la vida, en tu amistad y gracia, que ver
la
vanidad,
etc.
Pues, ;oh Seor Dios mo, almbra mis tinieblas,
para que slo amarte, temerte y honrarte, desprecindome, padeciendo y humillndome, sea la parte
de mi herencia y posesin! Mira el profundo de mi
miseria, a que yo jams podr conocer enteramente,
y este abismo llame al abismo de tu misericordia,
slo poderosa a remediar mis males. No pueden las
comprender
tinieblas
la
luz,
y as
no puede mi
ce-
guedad
y ignorancia tener ni adquirir el resplandor
amable, y altsimo don de la santa humidad. Esta luz
es tuya.
Padre y Dios de
la luz.
AFECTO
82*?
(1)
DESEOS DE HEROICA HUMILDAD, POBREZA Y
PENITENCIA. LOCUCIONES DIVINAS.
Despus de una grande tribulacin, que en lo inhaba Nuestro Seor soltado sobre m
un mar de amarguras, y en lo exterior me hallaba
cercada de cosas y trabajos, al parecer intolerables;
terior parece
(i)
Dice
al
margen: Ao de 714.
274
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
mi alma en paz y quietud con estos deseos
que Dios envi a mi corazn. Deseaba en lo exterior
pasar el plazo que me queda de vida, en un muladar
se hall
estn los perros desechados; como las piedras
o palos intiles, descansando en mi abatimiento y
aniquilacin, y en el olvido de toda criatura. Senta
unas vivsimas ansias de llegar el alma a su centro,
como una sed o calentura ardiente, y de llegar tan sola, como las cosas que abrasa el fuego, que no tienen
ms ser que el del mismo fuego. As se deshaca la
pobre alma por pasarse a su centro, y no ser, sentir
ni entender, ni poder ya ser ms que en aquel fuego poderoso; o que este sagrado fuego se apoderara
de ella, consumindose all, y deshacindose toda.
Conoca, o va las manos del Seor de un modo
que no puede comprenderse, llenas de inmensas, divinas y admirables riquezas, innumerables, altsimas
y soberanas, que abrindose sobre sus criaturas, derramaban dones con ms abundancia que las nubes
del cielo agua; y con ms que si quitadas las prisiones del mar, inundara la tierra. As conoca algo de
su infinita inclinacin a comunicacarse (sin ms estorbo que aquel monstruo del pecado) y senta estas voces: Es posible que en medio de estas inmensas lluvias y avenidas de misericordia y liberalidad,
podrs quedar sedienta, pobre y seca? La pobrecilla
que desea desnudarse de s misma, no le llegarn y
llenarn las corrientes de esta liberalidad inmensa?
Ea! no midas por el gusanillo, vil, pobre y miserable, al Seor inmenso, grande y poderoso, cuyo ser
es liberalidad, comunicacin, amor, bondad.
Lugo entend esto, acordndome cun atribulada
ha sido mi vida, etc. Si una vil criatura, por el deseo aunque tibio y remiso de su Dios y su bien, ha
atropellado con sus conveniencias terrenas, y pasado
la vida en lgrimas, soledad, pobreza y dolor qu
har por ella mi amor infinito? Ea! alma, entien-
como
des que no
te
amo?
Conoc, o me pareci que ha sido especial providencia de Dios el permitir tantos temores y dudas
Afectos Espirituales
275
si lo amo, o no, de si lo ofendo, aun hasta el tiempo presente; entre otras cosas, porque el mpetu de
de
amor, alegra y deseo de su Dios, me parece hubiera
acabado la vida, o roto el corazn. De parte ma, mis
pasiones y falta de mortificacin, s cierto ser el impedimento para para no arder en este divino fuego
y centro mo. Mas a esto ay Dios! qu remedio, sino llamar y pedir, llorando y rogando?
Tambin se renov en mi alma, con indecible consuelo, un afecto que tena desde nia, aunque conozco hay en l mucho de mi ignorancia; y es que
deseaba, si Dios por su grandeza me lleva a su cielo, que estuviera en El tan oculta, que slo su majestad me viera; de la manera que si un grande rey
llevara una pobrecita, vil y desechada a su palacio,
y la pusiera en algn rinconcito, que slo l lo supiera, y dijera: quiero hacerle esta misericordia, por-
que quiero.
Entend que en
la
amarga pasin de mi Seor ha-
compaa
y consuelo para los trabajos de
peregrinacin, y que su sangre ser el blsamo
sane mis heridas.
llara
mi
que
Tena grandes deseos de penitencia, y de toda morconsuelo en las enfermedades y dolores, y
ms ansias de ms y ms pobreza. Estos me parece
son las flores y frutos que desea y apetece el alma
enferma del deseo de su amor y centro; y esto, porque ve que le han de hacer crecer el amor, porque slo su ansia es por acabar de arder, que parece
que muere por morir de su dolor.
tificacin,
AFECTO
83<?
LA DISCIPLINA DEL SEOR ES DE AMOR.
Hallndome confusa
y fatigada interiormente, por
variedad de pareceres que en algunas cosas haba
odo, y deseando acertar, me pareci que llegndome
la
Francisca Josefa de la Concepcin
276
a Nuestro Seor,
como
a maestro, ira segura y con-
nunca me faltara qu aprender. Que su
majestad tena en una mano la vara de la correccin
y castigo cuando ensea, corrigiendo con la tribulacin, como al aprendiz indmito, hasta que entre
solada, y
por camino, y talvez dice: envi fuego en mis huey me ense (1).
sos,
Esta es la disciplina que ensea ciencia, y ciencia
los santos. El temor del Seor es la sapiencia; y
apartarse de lo malo, la inteligencia. Esta es la disciplina de nuestra paz, que cayendo sobre el inocente
de
Jess nos ensea, que
do por ajenos yerros,
si
fue herido
debemos
el
Hijo tan ama-
aceptar, para apren-
der, el castigo, el azote, la tribulacin y dolor, etc.
Y que el mostrar la vara de su correccin, es amor
que salga bien enseado el discOh Seor y maestro sapientsimo! lvame una
del maestro para
pulo.
y otra vez
tia y dolor,
con
los
golpes de la tribulacin, angus-
hasta que quede
ms blanca que
la nie-
que entonces
a mis odos dars gozo y alegra, y
exultarn hasta mis huesos, si hasta los huesos ms
ve,
interiores
me
hubieres humillado. Dars gozo a mis
odos con llamarme, cuando est ya limpia, a que entre en el gozo de mi Seor. Entonces cantar y entender en tus caminos limpios, y entonces vendrs
a m, cuando estn rectamente preparados (2) para el
Seor; cuando como voz que clama en el desierto
de todo afecto humano, oigas la voz de la trtola que
clama a su querido. Pues en tanto que vienes a m,
cantar y entender en estos caminos limpios con la
voz de la trtola, y mis cantares sern lamentaciones,
y ayes por mi bien.
(i)
Tlucn.,
1,
13.
(2)
Mallh.,
3.
3.
Afectos Espirituales
AFECTO
277
849
IMITACION DE CRISTO, ESCALA PARA
DESCANSAR EN
EL.
Recibiendo a Nuestro Seor Sacramentado, entend esto: cantar y entender en los caminos inmaculados, cuando viene a m. Senta y conoca estos caminos de las virtudes de Nuestro Seor, y que el an-
dar por ellos ha de ser toda la msica, y el entender
del alma esta dulcsima imitacin de las virtudes del
Seor Jess, su invencible paciencia, su humildad,
su obediencia. Estos son los montes excelsos adonde
deduce al alma victoriosa en el cantar de los salmos.
Esta imitacin es la ciencia dulce y sabrosa para el
alma, que, subiendo a esta palma, aprehender sus
frutos, dulces a su garganta, cuando cante en su ctara y salterio.
Muchas veces se
me
donde ha de andar
el
representan estos caminos por
alma en la imitacin de Je-
con semejanzas de cosas hermosas y agraciadas;
ya de suavsimas flores de colores vistossimos y graciosos, por donde le parece al alma anda y corre alegre, ligera, y contenta en pos de su querido.
Y en una ocasin le pareca llegar a un valle y
prado apacible y hermoso, y que all el divino amor
la convidaba a reposar en su regazo; pensaba ser
aquel prado la humildad donde se apacienta el lirio de los valles. Ese otro da, acordndose de esto, le
parece entendi esta pregunta: quieres t reposar
en m, o que yo repose en ti? Y aunque no entendi
bien lo que encerraba esta pregunta, se inclinaba a
que su Seor reposara en el alma. Despus le envi
ss,
algunos trabajos,
etc.
Algunas veces recibiendo a Nuestro Seor Sacramentado, le pareca que el alma se dilataba y extenda, estrechaba y una con El, al modo que los rboles, o plantas dbiles, crecen y suben arrimados o unidos con los fuertes y grandes; y as conoca su vida
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
278
pender de Cristo, y senta
lo
in innocentia coris mei^ in
que dice: Peramhulahani
medio domus mece (1).
Oh Jess, T eres mi corazn limpio y puro, eti
quien he de caminar abrazndote en medio de mis
entraas. Dios, mi corazn, y la parte de mi herencia, Dios para siempre (2). Oh pues, alma ma, si ta
divino maestro con una mano muestra el castigo, que
es favor, en su disciplina, que ensea y consuela; en
su diestra tiene este cliz de salud que es libro de
doctrina, de vida y de regalo, que es ley inmaculada
que convierte las almas (3)! Estos son los testimonios
y verdades del Seor, firmados con su sangre, que ensean fiel sabidura a los prvulos.
Me pareca que ya para siempre todo mi vivir haba de ser psallam et intelligam in vid immaciilnta (4), hasta que el Seor venga a m, o llame mi alma para s; y conoca algo de la inefable alegra con
que el alma cantar delante de los ngeles las misericordias del Seor, y la inteligencia y sabidura que
all se le dar de las grandezas de Dios, y de la mag-
nificencia de sus obras, y los tesoros que para ella se
encerraron en la humillacin, pobreza y dolor, que
fueron los compaeros de Jess en la vida mortal,
y en el tiempo de su amargusima pasin. Muchas
veces conoc el beneficio grande que me hizo en llevarme por el camino de su cruz.
AFECTO
859
COMPASION POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO, V
POR VARIAS CLASES DE PECADORES. ASEGURACION
DEL CUIDADO QUE EL ESPOSO TIENE
DE LOS PARIENTES DE LA ESPOSA.
Este da entendi: este esposo del alma es Seor
grande, y tiene copiosa familia en esta su gran casa
Ps.,
(1)
lo,
y 2.
lO,
2.
(2)
Ps.,
15, 5.
(3)
Ps.,
18, 8.
(4X Ps..
Afectos Espirituales
La
universo.
del
esposa,
pues,
279
que fuere advertida
y quisiere dar gusto a su Seor, de los tesoros de su
querido esposo repartir a sus hermanos y a los cria-
dos de su Seor. Cuidar a los enfermos, que son las
santas nimas del purgatorio. Y es as que muchas
veces, y casi siempre, se me representaron, y me parece vi algunas entre sueos con estas semejanzas de
enfermas, y muchas del amor de su esposo, esperando ser saciadas del hambre que padecen cuando apareciere su gloria (1). Rico es y poderoso el Seor de
la casa, y bien puede El, alma de los tesoros, extender
las manos a los pobres, que son los que se hallan desposedos del tesoro de la gracia, y piden a su Seor,
llorando y rogando, que sean socorridos y remediados de los tesoros de su misericordia, de su sangre y
mritos, y de la intercesin poderosa de su santsi-
ma
madre, santos y ngeles.
Hacasele presente un nmero innumerable de pobres llagados, desnudos, ciegos, cojos, y mancos (2); y
por otra parte, va o conoca algo de aquellos inmensos tesoros, bienes, y riquezas de las dispensas del Seor, que slo quiere que le pidan para dar, que busquen para hallar, que llamen para abrirles. Conoca que muchos, como locos, estaban contentos con
su pobreza y desnudez, con sus llagas y horribles males, y va que sta es la mayor desdicha, pues ni aun
piden, ni buscan su remedio, antes andan tras sus
miserias,
amando
no quieren
la
sus
maldicin, y se
la
mismos precipicios y fealdades:
bendicin, y se alejan de
la
sin (3). Cmo, pues,
llorar estas prdidas?
ella; buscan
queriendo su confualma es fiel a su Seor,
visten,
si
el
Que
estn llenos y francos los
Padre celestial. Padre universal. Padre
nustro, y que sus hijos, aun de la comida de animales inmundos no se harten (4), por habitar en aquella
regin de muerte y sombras de infierno y de horror,
alejndose de la casa de su padre.
tesoros
(i)
(4)
Ps.,
del
i6,
15.
Lucae, 15, 16.
(2)
Joan,
5,
3.
(3)
Ps.,
108,
18.
280
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
Llore, pues, llorando en la noche de esta ignorannunca sus mejillas se vean enjutas de
lgrimas (1), llorando y pidiendo a su Seor por estos pobrsimos pobres que aun su salud no quieren.
cia y locura, y
Mas por aquellos que conociendo sus males, talvcz
suspiran por el remedio, pida y clame a las puertas
de la misericordia, para que perseverando en pedir,
reciban. Y por aquellos que buscan el reino de su
Padre, para que lo hallen. Y por los que juntamente trabajan pulsando a las puertas, para que se les
abran, porque no descaezcan; y ella pida, busque y
llame por s, y por sus hermanos, extendiendo sus
manos, esto es, ofreciendo sus pequeas obras como
palmas extendidas, con los tesoros de su querido esposo.
Mas habitando en
los huertos de este Seor y espohgale or su voz por los amigos que estn ocultos, por los que se esconden a la luz de la mayor
perfeccin a que los llama, impedidos de la sombia
de los afectos de tierra, de la tibieza y tardanza, para
que cuando a la luz se les convida, crean en la luz, y
sean hijos de ella, creciendo hasta el perfecto da
de la plenitud de Cristo, sol que alumbra a los que
vienen, con su doctrina y ejemplo.
Queriendo yo entonces pedir por mis padres y hermanos, entend esto: Cree cierto que el esposo amantsimo tiene cuidado de las cosas que tocan a su esposa, si ella fuere fiel. Claro est que su querido Seor mirar como cosas muy suyas las que a ella le
tocan. Ella debe mirar por su Seor, serle fiel y oficiosa, y estar cierta de su amoroso pecho, y de su
gran poder para librar del mal de la culpa, que es
la muerte del alma, a un pueblo de cautivos, por
una alma a quien ame, y sea su fiel esposa. Esto cabe
aun en el amor humano y terreno, que se miran con
especial cario y amor las cosas de la persona amada.
En esto, pues, vers si amas a tu dueo, si miras
con amor sus cosas, sus hermanos, sus hijos, sus sierso,
(i)
Thren.,
I,
2.
Afectos Espirituales
vos,
que
sus pobres, sus enfermos,
281
la
ciencia sabro-
a todos llama, y quiere compeler a que
entren al convite, clamando en las plazas. Anda pues
a tu retiro, sbe y sl a las plazas (1) de la inmensa
sa del
amor
all da voces por todos, para que todos envengan al convite. Llora y gime como la trtola, para que tu voz se oiga en nuestra tierra (2), y la
higuera d frutos a su Seor, cuando tiene hambre y
sed de las almas, sus queridas.
piedad, y
tren y
AFECTO
869
DOCTRINA CELESTIAL PARA USAR BIEN DEL TIEMPO.
DE ESTE USO PENDE EL GANAR O PERDER
A DIOS, BIEN INFINITO E INMENSO.
Estando muy turbada interiormente, por algunos
acaecimientos, entend esto. Todas las cosas tienen su
tiempo, y pasan en espacio debajo del cielo; no estimes, pues, como eternas las cosas que pasan; no te
abraces de la corriente del ro. El tiempo de nacer
pasa, y el tiempo de morir pasa tambin; pasa el
tiempo de rer, y el tiempo de llorar. No te arrimes,
pues, a la rueda del tiempo, que a cada paso caers,
porque a cada paso se muda la figura de este mundo (3). Est firme, pues, en la proteccin del Altsimo, mirando correr este gran ro de las cosas humanas. No te mueva la risa de la lisonja, o alabanza humana, porque pasar su espacio, y llegar el
tiempo en que se repute por error. No te enamore
ni aficione lo que nace y crece en la estimacin humana, pues pasa su espacio, y llega el tiempo de morir y acabar. No te espante ni arredre lo que se edifica en esta gran Babilonia, porque pasa su espacio,
y llegar su tiempo en que se destruya lo que se Ic(i)
7'
31-
Lucae, 14, 21.
(2)
Cant.,
2,
12.
(3)
ad Corinth.,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
282
vant en soberbia, cayendo en confusin. No te entretenga ni divierta lo que se planta en el campo de
la vida mortal, pues pasando su espacio limitado debajo del cielo, llegar el tiempo de arrancar lo quo
estaba plantado. Yo dije (1): "haced vuestros tesoros
donde ni la polilla ni el orugo los demuela." Mira que
el necio se muda como la luna, porque se arrima a
todas las cosas sujetas a mudanzas, cuales son las que
estn debajo del cielo, en este mundo exterior y visible; y como anda al paso de las cosas que ama,
nunca permanece en un estado. Mas el sabio edifica
El que es de tierra,
mas sobre todo est el que tiene su
conversacin en el cielo. As, que no te lleven tras
su casa sobre la piedra-Cristo.
de
tierra habla;
los halagos de las criaturas, pues pasa el tiempo
en que abrazan con amor, y llega el tiempo de alejarse de sus caricias. Ni te asuste el tiempo de dividir y romper, pues llegar el tiempo de juntar lo
s
que
est dividido.
Ten
tus tiempos,
que todos
se
encaminen a
la eter-
na vida. Sea tu tiempo de nacer cada instante, renovndote en la hora presente en el sagrado fuego
del amor. Muda como el guila las plumas (2), sin
descaecer para volar a tu centro, renovando la fo)taleza del corazn en el vino que alegra el corazn
del hombre, y en el pan que confirma su fortaleza (3). Entra siempre en el horno de la contricin y
dolor, donde puedas renovarte, y sea tu tiempo de
morir cada hora y cada instante, dejndote a ti, y
pasando a tu Dios, muriendo a tus quereres en todo
tiempo, de modo cjue puedas decir siempre: este es
el tiempo aceptable, este es el da de la salud; ahora, sin esperar ms tiempo, arrojar de m toda obra
de tinieblas (4), y ahora me vestir de las armas de
la luz, andando como en un continuo da para abrazar el
(i)
(4)
bien honesto,
Matth.,
Ad Rom,,
6,
20.
13,
12,
til
(2)
Ps.,
deleitable,
102, 5.
(3)
que
se
Ps.,
103,
halla
14.
Afectos Espirituales
slo en Dios; pues
si
en
el
283
da de la consolacin le
alma con alabanzas, himnos y loores, la noche est delante de l con un silencio, a veces ms
elocuente, porque bien sube a Dios la voz del afli-
clama
el
gido.
Recibe, pues, bien el tiempo de dividirte y apartarde cualquiera consolacin, pues llegar el tiempo
en que entres en el gozo grande, lleno y perfecto.
Mira, pues, no vayas tras el odio o amor de las criaturas, que uno y otro tiene su tiempo limitado debajo del sol; mas ten tu tiempo de odio, para que llegue el tiempo de la perfecta dileccin. Aborrece tu
nima en esta breve vida, para que la ames en la
eterna vida. Aborrece los lazos de tu naturaleza, que
te detienen el volar a tu centro, y te estorban el amor,
te
para
que
go de
la
tifica
llegue el tiempo de arder en el fuesagrada dileccin, y ste sea tu tiempo. Mortu carne, para que reflorezca, y de tu volun
tad confieses a tu Dios.
No
tiempos que tienen las criaporque pasa el tiempo,
y a veces se pone en' la cabeza del edificio el ms
reprobado (1). Doce horas tiene el da, y cada hora
se muda el corazn humano que no est firme en
Dios. Sea pues tu tiempo de arrojar las piedras, que
tu enemigo te ofrece como pan (2), todo el tiempo
de la vida mortal, no admitiendo sus engaos, cuando te ofrece por consolacin las criaturas duras, sete
asombren
los
turas de arrojar las piedras,
cas
ritu
y fras, que no podrn hartarte, ni darte espde vida, ni son manjar del alma. Mas sea tu
tiempo de recoger piedras todo el tiempo de la vida mortal, abrazando y recibiendo golpes de traba
jos y dolores, de ingratitudes y desconsuelos, para
que edifiques un templo pacfico a tu Dios, y habiendo ac recibido los golpes, seas piedra labrada
para el temple de su eterna gloria. Atiende, pues, oh
alma!, en el tiempo de este camino breve, o cmo se
(i)
Ps.,
117,
22.
(2)
Matth.,
4,
3.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
284
acaban el tiempo de todas las cosas, cmo todas se
acaban con el tiempo. Sintate solitaria sobre el tejado (1), levntate sobre ti misma, callando, y con
profunda atencin considerando lo que se acaba y
lo que permanece, para hacer cuerda eleccin de
lo que has de escoger. Mira que a los que ren se
acabar este tiempo, y vendr el tiempo de llorar.
Mira que a los que siembran en la carne, se acabar el tiempo, y llegar el tiempo de arrancarla, cayendo en corrupcin. Mira que a los que saltan con placeres vanos se acabar este tiempo, y caern, siendo plantados como rboles, donde no puedan moverse del lado que cayeren (2). Mira que los
que abrazan el amor desordenado de las criaturas en
tiempo, sern divididos, apartados y alejados de
con dolor y tormento, en un espacio eterno.
Ten, pues, aqu tu tiempo de llorar, para que llegue
el tiempo de rer, entrando en el gozo de tu Seoi
donde no habr ms muerte, ni llanto, ni dolor (3).
Mira el valor o dao del tiempo limitado; y mira que lo que se llor y sembr en lgrimas (4) en el
breve camino del tiempo, se coger en gozo en el espacio inmenso de la eternidad; y que lo que ac se
riy en el momento del tiempo, se pagar con eterno llanto. Y mira ms, que el ganar o perder a Dios
bien infinito, inmenso, incomprehensible, pende del
empleo que hiciera del tiempo: en un momento
del tiempo puedes ganarlo o perderlo. Pues no pierdas momento en que no procures ms, y ms ganarlo. Arroja cada instante tanta saetas de dolor y de
amor, que no sientas despus no haber ms y ms
arrojado, porque no yerres el blanco, ni dejes muchas veces de vencer tus contrarios.
el
ellas
Oh, si pudieras, alma ma, beber hasta embriagarte del torrente, en este camino breve de trabajos y penas, de dolor y de amor, para que oyeras:
levantad vuestra cabeza, mirad que se acerca vucs(i)
(4)
Ps.,
Ps..
loi, 8.
125,
5.
(2)
Ecdes.,
u,
3.
(3)
Apocal., 21,
4.
Afectos Espirituales
285
donde bebieras del torrente de los gode aquel ro que alegra la ciudad de
Dios. Bebed pues, y embriagaos carsimos, cargad de
riquezas verdaderas, de llantos provechosos, de dolores y penas, que es lo que da eterno peso de gloria en la ciudad de Dios y reino eterno.
tra redencin,
zos eternos
AFECTO
87^
CONOCIMIENTO DE VARIOS PELIGROS EN LA VIDA
MISTICA, Y CUANTO MAS EN LA DEL SIGLO,
ADQUIRIDOS EN LA ESCUELA
DE LA HUMILDAD.
Para mayor confusin ma, y por ver si el escrique conozco sirve de algn freno
al bruto ms digno de castigo, que me parece ha nacido jams, que soy yo: digo que con estas tribulaciones y grande sequedad y calamidad que he padecido estos tiempos, me ha dado Nuestro Seor a
conocer estas cosas:
Lo primero, el profundsimo abismo de mi miseria,
y males en que caera, a no mantenerme graciosamente la mano misericordiosa de Dios. Y es tal lo que
conozco, y he experimentado de m, que creo si ms
me aclara Nuestro Seor esta vista de quien soy yo
y puedo ser por m, muriera o desfalleciera del todo.
bir aqu las cosas
Lo segundo, he visto claramente cun lejos estoy
de tener ninguna virtud.
Lo tercero, cunto necesito de la gracia y favor
de Dios, pues me he hallado como una caa dbil,
vana y vaca, en medio de furiosos vientos, que a
todas partes se mueve y doblega sin consistencia, ni
ser para nada.
Lo cuarto, he conocido que slo en el amor del
Sumo Bien halla descanso el alma, y que slo este
ejercicio satisface sus
slo en El descansa.
ansias, y
la
tiene segura,
que
286
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
He conocido cmo no conviene dar odos a cosa
que no sea por Dios o para Dios, ni hablar en cosa
que salga de esto; y que de aqu me vino esta grande sequedad y tormento que he pasado, estando el
alma todo este tiempo como fuera de su centro, y el
grande dao que hace aquel parecer que dicen esto
no es malo, esto no es pecado, pues todo lo que no es
aspirar a lo mejor, es caminar a lo peor. Fuera de
que quien tanto ha debido a Dios, no cumpla con
slo excusar lo que es pecado, ni con ningn ajustamiento a lo ms perfecto, por grande que fuera;
pues he conocido tambin con claridad, que si mi
vida fuera de mil aos, y sta la gastara en grandes
obras, y en continuas alabanzas de Dios, y en darle
gracias por sus beneficios, aun no corresponda al
menor de ellos, aunque todos los huesos, venas y
arterias de mi cuerpo se convirtieran en corazones y
lenguas.
Siento una gran compasin de las criaturas de
Dios; pues veo, por experiencia, nuestra gran miseria, y lo que se padece en este destierro, y as qui-
clamando
a Nuestro Seor continuamenpues si con tantas ayudas, luces, inspiraciones que he recibido de Nuestro Seor me hallo tal, cunta es la necesidad que tenemos de ms
y ms socorros de la divina gracia, pues llegamos a
unos estrechos tales de tentaciones, riesgos y peli
gros, que no cesan mientras dura la vida. Y qu tales se hallarn los que estn metidos en el mar del
siglo entre tantas cosas que avivan las pasiones, y
no dejan sosiego al alma para nada bueno? Por lo
cual quisiera no perder instante de tiempo en que
no estuviera clamando a Nuestro Seor de lo ms
ntimo de mis entraas, por sus criaturas, para que
nos conceda el remedio de tantos males.
Cada da conozco ms y ms cunto me importa
huir el trato y conversacin de las criaturas, si no
es en lo muy preciso y necesario, de obediencia, caridad, o necesidad precisa, de manera cpie el hablar
o tratar sea slo porque Dios lo quiere, y para ms
siera estar
te
por
ellas,
Afectos Espirituales
287
llegarse a su Divina Majestad y a su amor, con pureza de intencin; y he visto cmo del descuido en
esto nace
tambin
la
sequedad.
AFECTO
889
PREVENCION DIVINA PARA GRANDES PADECIMIENTOS, Y FORTALEZA PARA ELLOS, NUEVO MOTIVO
PARA AMAR A DIOS.
Una de las cosas por que deba amar y alabar a
Nuestro .Seor con todo mi corazn es porque siempre me ha prevenido cundo ha de ser el padecer
grande, para que no caiga del todo, y desmaye;
unas veces mostrndome al enemigo que solicita las
cosas para mi dao; otras con sus palabras al alma, etc.
En una ocasin que haba das que receba de
Nuestro Seor muchas piedades, y entre ellas una,
que era no faltarme la oracin, ni la paz interior,
que aun durmiendo me parece senta ms vivos los
afectos de la oracin; una noche en sueos, va al
Nio Jess muy hermoso, y que yndose de prisa
me deca: hermana, por qu te turbas? Empez en
mi alma una turbacin y tormento tan grande, que
dur por mucho tiempo, sin poder por ningn camino hallar remedio.
Y en este tiempo la persona que me confesaba,
me mortificaba de muchos modos, con todo rigor y
crueldad, al parecer, de modo que le decan algunas
personas: que mirara que podra yo morir, o darme
alguna enfermedad de alguna pesadumbre de aqullas; mas el enseado de Nuestro Seor me apuraba hasta lo ltimo, y dejaba en un sumo padecer;
mas era de modo que con aquello me alentaba ms
a buscar puramente a Nuestro Seor y atropellar
por mis tormentos, que padeca de modo que a veces me faltaban las fuerzas corporales. Algunas veces
me hallaba en sueos siguiendo a Nuestro Seor en
288
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
su pasin por unas calles con extremo speras, y de
unas subidas tan altas, que caminaba con gran fatiga; y ms, que una luz que llevaba en mis manos,
tena dentro una pequea pajita, que muchas veces
la
apagaba, y
me
lleg a tanto
dejaba a escuras.
mi padecer, que me parece me
lo
mostr Nuestro Seor en esta forma: Va en sueos un pedazo de tierra, tan seca y dura como si
fuera de pedernal, tan rida y yerma como si del todo fuera incapaz de producir ni una hojita de yerba verde, y que tres o cuatro trabajadores, con sudor y fatiga, andaban por all cavando y echando
tierra buena, que traan de otra parte, y en dando
con la herramienta que tenan, en lugar de ablandarse saltaba fuego; mas, al cabo de haber trabajado as algn espacio, se alentaban diciendo: eal que
tierra es, y no piedra, y en regndola se ablandar
y dar fruto. Parceme que le encaminaban un copioso ro. Yo entend esto de m, y del estado en
que me hallaba,
trabajo, y
me
y dispert alentada a proseguir mi
sent con nuevo esfuerzo para pade-
y no desconfiar, ni desmayar. As, Dios mo, en
todas ocasiones me ha avisado y prevenido tu largusima piedad, por lo cual quisiera que en aquellos
senos ms interiores de mi corazn, estuvieras vos,
Dios mo, y mi alma no saliera de all a lo exterior,
sino que all siempre te alabara y amara, y postracer,
da como un polvo de la tierra, pobre y vil, adorara
siempre sin cesar tu altsima majestad y sus adorables juicios y misericordias.
As que slo deseo poder
continuamente llorar
mis culpas, si fuera posible con lgrimas de sangre,
pues no se cansa para conmigo la Divina Majestad,
mas siempre vuelve sobre mis ofensas mayores beneficios. De donde dos cosas conozco ms cada da, que
es: su infinita misericordia y mi gran malicia. Oh
Dios mo y Seor mo, nica parte de mi herencia,
y mi gran tesoro!, qu ms tiene la pobrcrita, vil y
miserable, si no es arrojarse a vuestros sagrados pies;
y pues vuestra majestad y grandeza llena los cielos
Afectos Espirituales
289
en cualquiera parte de ella postrada, y humillada, reconociendo mis culpas, y loando
y alabando vuestra inmensa bondad, grandeza y misericordia, y sujetando mi grande ignorancia y ce-
la tierra, estar
guedad
Una
a vuestra altsima sabidura y ciencia.
de las cosas porque ms alaba mi alma
a
considerando
varios
Nuestro Seor es
los
modos y
caminos de mi padecer, y de mi vida, y que en todos ha provedo su Divina Majestad con su ayuda y
misericordia, por modos muy particulares, y siempre
misericordiosos.
AFECTO
89^
(1)
HORNO DE TRIBULACIONES MIXTAS PARA DISPONER
AL ALMA A SOBERANOS BENEFICIOS; Y PARTICULAR
INTELIGENCIA DE LA PRECIOSIDAD DE LOS SENTI
MIENTOS QUE DIOS LE HA HECHO ESCRIBIR.
Como se
me pareca
fuera llegando el tiempo de Cuaresma,
ver con los ojos del alma un mar de
aguas, tan turbias y oscuras, que causaba el verlas
una gran congoja, amargura y aprieto interior. Parecame que Nuestro Seor Jesucristo andaba en
medio de aquel mar, y entend significaba algn
grande padecer interior, que me quera enviar, y
qued con grande temor a esta Cuaresma, aunque
entregndome de todo mi corazn en manos de
Nuestro Seor y en su santsima voluntad. Lugo
empez a entrar mi alma en unos desconsuelos y temores tan espantosos, que parecan los calabozos ms
lbregos de la tierra; lugo a padecer tan fuertes y
horribles tentaciones, que casi me sacaban de m, sin
quedarme recurso a ninguna cosa, pues el de llegar
al confesor, que en tales ocasiones es el nico, no lo
tena, porque en llegando all a buscar remedio, parece que los huesos se me despedazaban unos con
(i)
Dice
al
margen: ao de
14,
(Nota del copista.)
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
290
que me metan puales por el alma, o me
tenan toda atada con cadenas, sin acertar ni poder
concertar razn, ni saber de m; pues mi alma parece que andaba con sus potencias como una pelota
por los vientos arrojada de todas partes con violentsimos impulsos, sin saber en qu hacer pie, ni poderlo hacer en nada; con un peso y apretura en el
corazn, como si tuviera sobre l todo el mundo.
El cuerpo tan estropeado, que a cada paso me pareca iba a expirar y fenecer, sin poder dejar de estar
en un casi continuo llanto y temblor. Parecame que
me desgarraban las entraas, o el alma, con peines
ardiendo, o que todos mis huesos se haban vuelto
de fuego. Junto con esto, llevando muchas pesadumbres y contradicciones exteriores en las cosas ms
sensibles; y padeciendo tambin la persecucin del
enemigo malo, no slo en las tentaciones gravsimas
y continuas, sino tambin con espantos malos y aborrecibles, en llegando la noche, etc., llegndose y cargndose sobre m.
otros, y
Hoy, tercer domingo de Cuaresma, habiendo comulgado, y pensando cmo en el Santsimo Sacramento, junto con la persona de Nuestro Seor Jesucristo, por la unin inseparable de la divinidad en las
tres divinas personas, est all el Espritu Santo, me
pareca hallarse cercada mi alma de aquel fuego divino, llena y embebecida en l, como en un inmenso
mar, o globo de luz y de amor, ms grande que todos los orbes de la tierra; y tan presente, vivo y eficaz al alma, como si todo se embebiera en ella, y estuviera todo en toda, abrigndola y defendindola.
Entonces va que de los dedos de mi mano derecha
destilaba
una
riqueza,
como
perlas
preciosas y res-
j^landecientes, y como oro; mas era de un modo que
corra, y se liquidaba, como el blsamo, sin perder
su resplandor, antes me pareca que se mezclaba con
la. hermosura de todas las piedras preciosas. Pues co-
mo
yo
me
admirara de
esto,
no sabiendo qu
signi-
ficaba, entend y se me acord lo que el padre rector me haba mandado. Porque como los das antes
Afectos Espirituales
291
mi tribulacin, que como el que cae
profundo del mar, slo ve riesgos y perdicin;
entre otras cosas me pareca que ya estaba perdida y condenada, y que esto me suceda por haber
escrito algunos sentimientos que han pasado por mi
alma en el discurso de mi vida; (los cuales papeles he
escrito por muchos y repetidos mandatos de mis confesores, y los han visto y registrado). Pensando, pues,
que por no ser esto espritu de Dios, me va en tnta perdicin, angustia y tribulacin, rogu al padre
rector otra vez, sobre muchas que se lo haba prollegara a tanto
en
lo
puesto, si le pareca darme licencia para quemar todos aquellos papeles, parecindome que con eso quedara yo libre de muchas congojas; y importunado
de m, me mand le pidiera a Nuestro Seor me
alumbrara en esto, y le diera luz de lo que haba de
ios tres das me pas
hacer, o mandarme en eso.
esto que he dicho, y entend: que en lo que en los
papeles est escrito, no es nacido de mi, ni del espritu malo, sino de Dios, y de su luz, que por sus in-
me
ha hecho escribir (1).
verme yo en aquel sueaquellas columnas doradas
de aquella iglesia, era este temor y congoja, con que
quera destruir aquellas memorias de los beneficios
de Dios, de los deseos, luces y conocimientos que le
ha dado a mi alma. Y que el ver que lugo se armaba el cielo de nubes, fue para que entendiera que
no se quitaran, con quemar los papeles, mis tribu-
comprehensibles juicios
Tambin entend que
o ayudando a quemar
lo
el
antes poda entonces temer el castigo por
rebelde a la luz, por desagradecida a los beneficios
de Nuestro Seor, que todo naca de pereza y tibieza, para no vencerme
y ajustarme a la doctrina y
avisos que contienen los papeles; y que el demonio
haca en esto, como el cazador, que echa tierra a los
ojos de los ciervos, para que se despeen, y quera
laciones,
Cmparese
(i)
que
ella
XLII,
p.
este testimonio personal
misma narra sobre
el
de
la
autora con lo
particular en Su
160 de la 2^ ed. Bogot 1942)
Vida
(Cap.
(Nota del editor)
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
292
mi alma, y cortarle
que poda poner Dios su fortaleza (1);
sacar los ojos de
los cabellos
en
que mi amor
propio quera excusar la gran confusin que me causan mis faltas y culpas, a vista de lo que Dios me
ha dado a conocer, y de los beneficios que me
ha hecho. Que en mostrarme aquella semejanza de
perlas, oro y piedras preciosas, me daba Nuestro Seor a entender cunto se deben amar, guardar y
y
apreciar sus palabras e inspiraciones.
AFECTO
909
MODO DE ATRAER EL
ESPIRITU RECTO PARA INVESTIGAR UTILMENTE LAS MARAVILLAS DE DIOS.
Esto
me
haba dado a entender en
el
salmo de
maravillas de tus testimonios y verdades
diste a escudriar a mi alma, no con curiosidad vana, no con soberbia o avaricia de saber, s porque la
declaracin de tus palabras ilumina y da entendimiento a los pequeuelos (2). Por esto confesaste a
nona:
las
Eterno Padre
Jess maestro y Seor mo;
escondi a los sapientes y prudentes, y las hizo saber a los prvulos. Por esto abr
mi boca, y hablando en ellas como t quieres, y a
quien quieres, atraje el espritu, porque deseaba tus
mandatos. Abr mi boca dando cuenta de mi alma
a tus ministros, que como guardas pueden darle noticias ciertas de su Dios, y con esto atraje el espritu, hall al amado de mi alma a quien buscaba. Mrame, pues, y ten misericordia de m, segn el juicio de los aman tu nombre; pues dijiste: que quien
los oye, te oye, y cjuicn los desprecia te desprecia.
Pues abr mi boca para atraer el espritu, porque
deseaba tus mandatos, deseaba saber tu voluntad,
para ejecutarla; deseaba tener ciertos y expresos
mandatos tuyos (en las palabras de tus ministros por
tu
porque
(i)
(3),
estas cosas las
Judie,
17.
(2)
Ps.,
118,
129.
(3)
Matth.,
11, 25.
Afectos Espirituales
293
quien nos hablas cierta y claramente) para ejercitarme en ellos. Deseaba tus palabras y mandatos, deseables sobre el oro y piedras preciosas, y mucho ms
la miel y el panal (1). Dirige, pues, mis
dulces que
pasos,
segn esta habla tuya, para que no
me
do-
mine la injusticia.
Tambin entend
la correspondencia que puede
alma tener a su Seor, como si dijera: mira, el
5ol sale y hace su camino a lo sumo del cielo, y su
carrera hasta lo sumo de l; y de la hormiga quiere el sabio (2) que se escudrien los caminos. Dios
camina como sol con infinitas ventajas beneficiando, pues no hay quien se esconda de su calor alumbrando y vivificando, etc., y el alma sale y camina
como la hormiga, de aquellos pequeos escondrijos
de la tierra, con pasos y pies tan dbiles, que apenas los percibe la vista, y hace su camino hasta la
tierra; l camina dando luz, ella camina recibin-
dola, l vivificando, ella recibiendo calor y vida; l
n lo sumo del cielo, ella en lo nfimo de la tierra, etc.
Mas
si
vieras abatir al sol sobre nido de esta
hormiga para transformarla en
qu asombro te causar? Y ms,
y subirla al cielo,
l
si
vieras
que
el sol se
encoga y transformaba en hormiga, o que se daba
por comida de ella? Qu es lo que puede hacer el
alma por Dios? Slo recebir, slo admirarse, slo
agradecer, slo buscar en l su vida, su salud y su
sustento, ayudndose para esto de aquellas leves manos y pies con que camina. Qu le pagar al Seor
por todo lo que me ha pagado? (3). Volver a recebir el cliz saludable, y esto ser como brindar a sa
amor y a su nombre, para recebir nuevos bienes, gracias y mercedes.
Ps.,
i8,
u.
(2)
Prov., 6, 6.
(3)
Ps.,
115,
12..
294
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
AFECTO
91^
PUSILANIMIDAD DEMOSTRADA Y DISIPADA; QUEJAS
AMISTOSAS: FAVOR SINGULAR PARA UN
ENCOMENDADO.
Como estuviera turbada con muchos temores por
varias cosas de tentaciones y trabajos, temiendo en
ellas el que mis desconsuelos llegaran a tnto, que
sea vencida de las tentaciones, entend estas palabras,
como reprehensin dicha con grande amor, y con algn modo de queja: Qu es lo que t fias de mi?
Como
si dijera: lo que hace la amistad verdadera, es
confianza grande, aun entre los hombres, que todos son mentira y engao; y se confa de los amigos
la hacienda, la vida y la honra, y descansa uno y
duerme seguro fiando sus cuidados en un fiel amigo;
y fuera bastante causa de acabarse la amistad entre
los hombres el hallar poca satisfaccin y confianza en
los amigos, y ver que no fiaban de ellos con entero y
abierto corazn; pues qu cosas has fiado de m, si
todo lo temes? Temes el da y la noche, la sombra y
la luz, la muerte y la vida, pues qu es lo que fas
de m? Esto es conocerme por Dios, por fiel y poderoso amigo? Esto es tener tus negocios, tus cruces y
la
consuelos, tu muerte y tu vida, tu alma y tu cuerpo
fiado todo en mis manos? Quin es el que da la lu/,
y enva las tinieblas; quin tiene en su mano los corazones de los hombres; quin el que puede refrenar
al demonio, y quin el que le da la licencia limitada
para bien y sanidad del alma? (1). Todas estas cosas
no estn escondidas para m solo y selladas en mis tesoros?
Pues si le permito que asombre, que espante y pruebe, es tenindole el freno a su furor y malicia, y asistiendo yo presente, como el sabio mdico a la cura de
(i) Job.,
2,
6.
Afectos Espirituales
295
su hijo enfermo, que no permite al cirujano que saque ms sangre que la que importa que salga, ni abra
ms herida que la que conviene.
No fiars de m, como de fiel amigo? Quin es
el que hasta aqu ha tenido providencia de ti? Cuntas veces has sido desamparada de aquellos en quien
ms confiabas, y siempre recebida en mis manos paia
que no te lastimara la cada? (1). En quin, di, hallaste entera fidelidad y consuelo, que alguna vez na
te faltara o te fuera contrario? Todo esto entend encerrarse en solas aquellas palabras: anda, qu es lo
fas de m? Y estas las entendi mi alma estando ejercitndose en amar a Nuestro Seor y dicindole que El solo es el centro de mi alma, a quien amo
y deseo amar con todo mi corazn, como que el verdadero amor trae mucha confianza.
que t
Como
sintiera unas grandes ansias pidiendo a NuesSeor por una persona que me haba mandada
lo hiciera, y yo, ponindolo en ejecucin, no poda
tener descanso con las grandes ansias de que Nuestro
Seor le hiciera todo bien, y a mi alma por su medio; me pareci mostrrmelo Nuestro Seor junto a
S, preguntndome: ests contenta?
Y con aquello,
aunque qued en mis ruegos, mas con grande paz y
satisfaccin de mi alma, etc.
tro
AFECTO
929
LA PAZ DEL ESPIRITU SANTO ASISTE AL ALMA CON
SUS DONES, TANTO EN LA CONSOLACION COMO EN
LA TRIBULACION.
Como
estuviera pensando la paz
los frutos del Espritu Santo,
que traen al alma
y entendiendo en esto
ms de lo que se puede jams explicar, se me ofreci como mi alma senta tnta guerra de pasiones
y
(1)
Ps., 36, 24.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
296
otros trabajos, interiores y exteriores, que da ni hora
no senta descanso, dndome esto temor si estara
apartada de Dios, entend estas palabras. No tenan
descanso en el da ni en la noche; esto se dice de
aquellos animales (1) que estaban ante el trono de la
gloria de Dios, aunque con diferentes rostros estaban
siempre diciendo: Santo, Santo, Santo, porque en todo tiempo alababan a Dios y lo confesaban Santo en
todas sus disposiciones; si como el hombre padeciendo, si como el guila volando, si como el buey trabajando, o si como el len sujetando su condicin al
yugo, siempre, y en todo tiempo, bendecan al Seor,
no menos en la consolacin que en la tribulacin; y
caminaban sin volver atrs, teniendo siempre la
alabanza de Dios en su boca, caminando a Dios con
todo, y en todo atribuyndole el honor y la gloria de
ser santo en todo lo que dispone y hace de sus criaas
turas;
confesando, alabando y aplaudiendo su acer-
tadsimo gobierno.
No
ponan a dudar, ni a inquirir por qu yo no
como el guila? Ni sta deca: por qu no camino como buey? Ni uno y otro preguntaban por
c|u no eran hombres o leones? Mas a donde los llese
vuelo
vaba y mova el espritu, all caminaban, bendiciendo
a Dios, y confesndolo justo y recto en sus juicios.
Recibiendo lo que les daba, con alabanza y sujecin;
y caminando, con rectitud y fortaleza, en su servicio.
As que la verdadera paz no consiste en que falten
tribulaciones, porque de ese modo ni en la vida de
Jess y Mara hubiera habido paz, ni en la de ningn
predestinado, pues todos pasaron por grandes tribulaciones para entrar en el reino de la paz eterna, y
de ellos se dijo (de los predestinados): Estos son los
que vinieron de la tribulacin grande (2), porque toda la vida les fue una continuada tribulacin, y una
tela tejida de trabajos; unos que les venan de arriba,
en que bendecan a Dios, como el que dijo: la tribii(i)
Apotal.,
.\,
7.
(2)
Ajx)cal.,
7,
}.
Afectos Isi'iruuaus
297
angustia me hallaron (1); y otros que buscaban llevados del espritu y el amor a su dueo, como cuando se dijo: hall tribulacin y dolor, y quien
halla, cierto es que ha buscado, y quien busca, es cierto que ama y desea lo que pretende hallar. Pues as
los esforzados (2), se arrebatan el reino de los cielos,
amando y abrazando la tribulacin, bendiciendo y
alabando a Dios en su gobierno y providencia. Pei o
mientras andan en el camino de esta vida, no puede
haber descanso en el da, ni en la noche; porque ya
que no hubiera otro dolor, el amor del Sumo Bien
ausente es un fuerte dolor que divide el alma del
alma; y bien sabes que algunas veces bastara a sacarla del cuerpo, y cubrir y anegar su tierra con sus avenidas, si Dios no le pusiera trmino como al mar:
pues ya est dicho: que la dileccin y amor es fuerte
como la muerte (3). Pues cmo ha de ser que el amor
sin la presencia de la cosa amada puede vivir ni tener descanso, pues aun el amor humano, que es tsigo y veneno, no descansa, siendo tan viles y vanos los
objetos que ama? Cierto es que el alma mientras ms
amare, ms ha de padecer.
lac.'n y la
AFECTO
93^
(4)
COMO
DAVID, SE HA DE ALEGRAR EL ALMA QUE BUSCA A DIOS EN LAS OCASIONES DE HUMILLACION
Y DE TRABAJO.
Como estuviera atribulada por algunas cosas exteriores de desprecios, etc., y no hallarme en ellas con
aliento, por la grande escuridad de mi alma, y muchas tentaciones, y tambin quebrantos del cuerpo,
(i)
(3)
Ps.,
Cant.,
(4)
ii8,
8,
143
et
Ps.,
114, 3.
Matth.,
(2)
11,
12.
6.
"Este Afecto corre ya impreso en la Vida de la V.
el captulo 42, foja 173."
1942, pgs. 158-160.
(Nota del copista)
M. en
Cf. 2^ ed., Bogot,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
298
entend estas palabras: Bienaventurado el varn
deseos, de ellos no ser confundido cuansus enemigos en la puerta (1). Como si
dijera: dichosa sers, feliz y bienaventurada, si el
Seor llenare tus deseos, dndote ocasiones en que
etc.,
que llena sus
do hablaren
pongas por obra, que casi sern deseos llenos, y no
quedarn huecos y vacos. Yo puse mis deseos en tu
los
corazn, de padecer, de humillarte, de obedecer y imitarme; pues, por qu has de querer que estos deseos
tuyos porque te los di, y mos porque de M tienen
su ser, queden vacos, y casi sin vida, como hijos
abortivos sin salir a luz, ni tener vida con las obras?
Por qu has de querer que se marchiten en flor, y no
pasen a ser frutos? Mira que slo de las obras se dice:
vean vuestras obras para que glorifiquen al Padre
celestial (2); ya las obras es lo que se ha de creer.
Qu piensas que es el alma llena de buenos deseos,
sin darlos a luz en las ocasiones de injurias y menosprecios, de trabajos interiores y exteriores? Es como
la que ha concebido en sus entraas, y siente en ellas
la guerra (3) de aquellos deseos, que o se han de poner por obra saliendo a luz, o han de morir y matar
a la madre; y ella padece dolores, y angustias mortales, porque anda en su interior un espritu vehemente que la compele a obrar lo bueno, y tales angustias
causa
le
que
el espritu
contrario y
humano,
y diablico,
bueno, que a veces con gemidos dice lo que la otra madre con la guerra que senta en sus entraas: oh!, si tal me haba de acaecer,
^qu necesidad haba de concebir?
resiste al espritu
Pues mira, si la ausencia del mozo Tobas lloraba
su madre con lgrimas irremediables (4), cul ser la
contristacin, turbacin y caimiento que el alma sentir con la muerte de tntos buenos deseos, que como
los hijos nicos a su madre, le podan dar al alma ho(i)
(4)
Ps.,
126, 5.
Tobic,
10, 4.
(2)
Matth.,
5,
16.
(3)
Gen., 25, 22.
Afectos Espirituales
299
or, alegra y contento? Los deseos de su corazn le
pagaste, o le cumpliste, dice el salmo (1), y no le defraudaste la voluntad de sus labios. Esta es, pues,
el alma una bienaventuranza, cuando el Seor
pone en ocasiones de que cumpla la voluntad de
sus labios, en lo que propuso en su presencia, y los
para
la
de su corazn, llegando a la ejecucin y a la
obra; y as se dice, alabndolo: El es el que llena en
los bienes sus deseos. As no ser el alma confundida, cuando en aquella temerosa puerta de la eternidad que es la muerte, y el juicio, hablen sus enemigos, y se hable en sus cargos, hacindoselos de las inspiraciones santas, de los buenos deseos, y de los propsitos hechos a la majestad del juez, como palabras
dadas a su Dios y Seor.
deseos
Por dichoso se tuviera el hombre que cuando deseara tener de hacienda, hallara ocasiones para conseguirlo; pues esto has de hacer agradeciendo y alegrndote, cuando se te ofrece la humillac.n, el trabajo,
y dolor. Rey era poderoso, rico y abundante el que
"alegrado nos hemos por los das en que nos
por los aos en que vimos males." (2).
Y no se alegraba por los das prsperos, ni por los
aos ricos y abundantes; porque como hombre a medida del corazn de Dios, amaba las verdaderas riquezas, queriendo ser de verdad rico, llenando en los bienes sus deseos, y as dice: "bueno es para m que me
humillaras." (3). Pues como son muchos los buenos
deseos que en todo el tiempo de la vida has recibido
del Seor, bienaventurada sers, si aprovechando con
la gracia ayudadora las ocasiones de ejecutarlos, stas fueren muchas. Mira que se aadir gracia a tu
cabeza, y que cuanto abundaren las pasiones, o los
padeceres, abundarn por Cristo las consolaciones.
<:Querrs t, dime, llegar a la estrecha puerta de la
muerte, donde se cierra el plazo y acaba el tiempo de
merecer, cargada slo de deseos no cumplidos, que
hagan mayor la cuenta para el cargo, y te llenen de
dijo:
hinnillaste, y
(i)
Ps., 77, 29.
(2)
Ps., 89,
15.
(3)
Ps.,
118, 71.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
300
confusin
bienes
ser
(1),
ms
que
tal,
mi
digas: yo call y
glorioso para
zos y presencia de su
rro y
obras,
enmudec en
rostro se cubri de confusin?
alma, que al llegar a los bra-
el
Padre Dios, despus del
larga ausencia,
le
como
la
que
los
Ko
destie-
pequeiielas
presente sus
honren, y diga: stos son>
donaste y diste en la tierra de mi destierro y prisin, y en el Egipto de mi
hijos
Seor, los prvulos que
cautvero?
me
(2).
AFECTO
949
CONFORTADA EL ALMA CON EL CALOR QUE LE
COMUNICA EL DIVINO SACRAMENTO: CUANTOS SON
LOS BIENES QUE PIERDE QUIEN DEJA ESTE
VIVE
DIVINO ABRIGO.
Como
estuviera con grandes dolores en el cuerpo,
y aflicciones en el alma, me pareca imposible esperar ms para recibir la santa comunin, por los gran-
des desmayos que senta.
con aquellas palabras
el
Me
pareca ser confortada
"estad constantes, y veris
auxilio del Seor sobre vosotros." Luego, en re i-
biendo a
fuerza,
Nuestro
(3):
Seor, sent
como dada de
su
mano,
una
me
confortacin y
pareca estar
mi
alma abrigada del calor de su divino pecho, sintiendo los efectos de su amor, y conociendo algo de su
inmensidad, y cmo llena
pecial
modo como
los cielos y la tierra, y el es-
abriga y recoge a las almas que lo
Con aquella semejanza que dijo
buscan y desean.
Nuestro Seor Jesucristo, de
(i)
Ps.. 38. 3.
(2)
Genes.,
-48, 5.
la
gallina
(3)
II.
que quera
Paralip.. 20, 17.
Afectos Espirituales
301
congregar sus pollos debajo de sus alas (1), entend
con modo muy especial y suavsimo cmo las vivifica
con el calor de su divino pecho, las abriga y defiende;
y por el contrario, cuntos son los bienes que pierde, y
males en que incurre quien deja este divino abrigo,,
calor y amparo. Quedaron al alma unas ansias por
Dios, tales,
imposible
que
si
El
mismo no
las
apaciguara, fuera
durara.
vivir, ni sufrirse la vida, si
veces he conocido cmo el amor verdadero
personas que en Dios se aman, es slo desear ir
a Dios, y estar en Dios; y lo dems es paja y heno. Esto era un conocimiento como de experiencia.
Muchas veces me ha consolado Nuestro Seor con
darme luz de que uno de los motivos que puedo representar a su Divina Majestad para conseguir sus
misericordias, es mi suma miseria, pobreza y densudcz
de todo bien; y que as no tengo por qu desmayar
con mis faltas y culpas, pues mis mayores necesidades,
son ms reclamo de su divina misericordia; al modo
que un seor rico y piadoso, ms se compadece del
ms necesitado. Y que de parte ma, slo poda alegar miserias y males, llagas y pobreza; y de parte de
Dios, bienes, riquezas, misericordias, grandezas, comoel que deca: "mira en m, y ten misericordia de m,,
que uno pobre, y solo soy (2): mira mi humillacin y
mi trabajo, y perdona todos mis delitos. No hay sanidad en mi carne, no hay paz en mis huesos (3); m
alma est como tierra sin agua, etc.", y para rogar y
hablar a Dios (4), "hablar a mi Seor, porque soy
polvo y ceniza."
Oh pues, alma ma, si las propias miserias, necesidades y enfermedades, pobreza y escuridad del alma,,
son ttulos y causas para hablar y rogar a tu Seor y
para mover su piadoso corazn y entraas, a manos
llenas tienes que alegar de parte tuya, tu ignorancia,,
tu flaqueza, etc., y de parte de tu Dios, sus grandezas,
piedades, misericordias, poder, sabidura, bondad! Y
Muchas
de
las
(i)
(4)
Matth., 23, 37.
Genes., 18, 27.
(2)
Ps.,
39,
18.
(3)
Ps.,
37, 4.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
302
todo lo que alegas y pides por Cristo Nuestro Seor,
por sus mritos, de su madre santsima y de sus escogidos.
No tienes, pues, que desmayar ni desconfiar por las
miserias propias, pues nunca podrs representar mritos tuyos para conseguir las divinas gracias.
Muchos das traa mi alma estas palabras con uria
gran confianza en Nuestro Seor: tu es Deus qui facis mirabilia solus (1).
Algunas veces siente el alma tal consuelo en todas
las cosas, vindose en las manos y voluntad de tan
buen Seor, tan sabio y poderoso, que tnto la consuela la muerte como la vida, la salud como la enfermedad, la soledad como la compaa; y parece que si
alguna cosa pidiera a Dios, slo es lo que el mismo
Seor hace. Oh Seor Dios mo, haz lo que quieres
hacer, dame lo que quieres darme!, etc.
Estos das se
me ha
representado mi misma alma de
diferentes ocasiones. El primero, como
si estuviera sobre todo este mundo con los ojos y brazos levantados al cielo, representndose ma la intres
modos en
mensidad de Dios que todo
lo llena.
En segundo, como metida en un grande fuego, en
una soledad tan grande, que no la puede percibir el
conocimiento.
El tercero,
como un gran fuego
cubierto con algu-
na paja algo hmeda y pesada.
Una cosa he experimentado cierta, y es, que ms
paz, luz y consuelo queda al alma con vencerse en
alguna cosa que mucho repugna, que con tener muchas horas de oracin, sin vencer aquella repugna ncia; y vencindose por amor de Dios, luego se halla
en oracin, y con paz y consuelo; y hace con facilidad
y gusto lo que ms rehusaba y tema. Parece que halla el panal en la boca del len, o que aquello que
(i)
Ps.,
magnus
85,
10.
El texto exacto de
esta
es tu, et jacicns mirabilia: tu es
la 3* ed.)
cita
Deus
es:
solus."
"(uoniam
(Nota de
Afectos Espirituales
lnto
amedrenta son
le
espantajos
303
que
le
pone
el
enemigo.
De
esto tengo
cas las veces
que
mucha
me
experiencia,
aunque son po-
he vencido por Dios a m misma.
AFECTO
AMOR DE
LOS MAYORES QUILATES DE
DIOS MANI
riESTAN A LA ALMA LOS DEFECTOS DE
PONDENCIA. CONDICIONES DEL
SU CORRES-
AMOR VERDADERO.
Otra condicin del verdadero amor,
conformar
amado, amar
Mira si amas
es
los quereres y dictmenes propios con el
lo que ama, y aborrecer lo que aborrece.
aborreces lo que El aborreci;
lo
que Jess am, y
si
apruebas lo que aprob, y repruebas lo que repro-
si
si amas la virtud, y aborreces el vicio; si deseas
y
amas la mansedumbre y humildad, porque el Seor
fue manso y humilde (1); si ejercitas y amas la obe-
b;
diencia, porque el Seor fue obediente hasta morir en
una cruz (2); si eres pobre en el deseo y en la ejecucin; si eres pacfica, porque este Rey pacfico no tuvo
dnde reclinar la cabeza (3); si amas la pureza de alma
y cuerpo, porque este hijo de la Virgen sin mancha, se
apacienta entre lirios (4), y como Cndido cordero
gua a las vrgenes, siendo su lucerna para que en su
luz
vean
^'ida
la luz
de
temporal, en
perfeccin, para
la divinidad. Si gastas
en llanto
la
hambre
que
y sed de la justicia y mayor
en la eterna seas consolada, har-
ta y satisfecha; y si para conseguir y no descaecer en
esta justicia, padeces y sufres la persecucin y tenta-
mundo
cin del demonio, del
mando plumas como
Matth,, 11, 29.
(1)
S, 20.
(4)
Cant.,
2,
el
17.
y de la naturaleza, toguila para volar en pos de tu
(2)
Ad
Philipp,,
2, 8.
(3)
Matth.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
304
Seor, y no descaecer hasta que venga su reino y sea
reino tuyo la tierra de los vivos, pues sta donde ahora ests verdaderamente es tierra de muertos, unos
que ya llegaron al sepulcro, y otros que van a toda
prisa caminando a l.
Otra condicin del amor verdadero es referir todas
amado. Si se habla, es del objeto que se
ama; si se oye hablar con gusto, es de l o por l. Tolas cosas al
do
dems cansa y es molesto. Lo que
que es, lo que vale, lo que puede,
lo
dijo, lo
lo
que
tiene, su condicin, su
hizo, lo
lo
que
que
sabe,,
hermosura, su nobleza,
ms su amor,
y las muestras de l. Cmo se saborea el alma, y el corazn, y el tiempo se
hace corto para referir y contar sus finezas! Nada quiere el verdadero amor atribuirse a s mismo, antes di-
su fidelidad, y
ce: como yo fuera pobre, despreciada y vil, me am>
y se entreg a la muerte por m. No repara en ningn
costo ni trabajo por hacer bien a una tan pobre y de-
mi Padre, cuando yo verdaderamente
manos me hicieron y me formaron. E
me sac de mi tierra y de mi lodo, y puso en un lugar
espacioso mis pies para que pueda andar por sus caminos. Yo estaba como sierva o esclava de crueles tiranos, y El dio por mi rescate la sangre de sus venas,
su vida y su honra. El, como mi salterio y mi ctara, se
levant en la maana de mi vida, y con dulcsimr<s
voces me llam a la soledad, donde pudiera hablar a
mi corazn (1), y dar leche de doctrina y suavidad a
sechada. El es
soy barro. Sus
su esclava. El solo es mdico que cura mis enferme-
dades con
mano
poderosa y acertada, con fortaleza y
como maestro alumbra mis tinieblas,
y ensea mi ignorancia. El me lav de la mancha horrible de la culpa con la sangre y agua que man de
su pecho abierto al rigor de una lanza, y dej este bao continuo, esta fuente saludable y perenne pani
suavidad. El solo
(i)
Osee,
2.
I.}.
Afectos Espirituales
305
que cada da me lave y limpie en la confesin. Y para
mi camino por el desierto de la vida temporal, me
dej a s mismo por vitico, cordero inmaculado, panal suavsimo, vino que engendra vrgenes (1), pan
de los ngeles, comida de escogidos, leo, uncin y
vino con que se alegra y goza el corazn y cara del
hombre (2), y pan con que se fortalece y conforta. Con
l fruto de esta comida,
con su leo y su vino, crece
para andar de vir-
el alma, se multiplican sus fuerzas
tud en virtud (3), y en paz. En lo mismo duerme y
descansa constituida en una singular esperanza; porque en prendas de la gloria futura se le da de presente el Dueo y Seor de la gloria misma.
Otra condicin del amor verdadero es anhelar siempre al amor, presencia y unin del amado, como las
cosas a su centro, que fuera de l estn violentas, y no
pueden tener reposo; como el sediento, que todo
cuanto piensa y desea es la fuente; y parece que llegando a ella la bebiera toda, segn su deseo, o se anegara en ella. Por qu piensas que se compara (4) este deseo al ciervo sediento? Porque es el que con ms
hgereza, mpetu y velocidad corre arrojndose por
zanjas y asperezas por llegar a la fuente a satisfacer y
saciar su sed. As el alma que ama, tiene sed de Dios
fuerte y vivo, y slo se aprecia por llegar a beber, y
slo siente, piensa, y dice: cundo vendr y aparecer
ante la faz del Seor?, porque all slo ser saciada,
cuando apareciere para m su gloria (5).
El amor no deja al amante
do de aquel a quien ama. Si
de su
casa, esto es,
ser
nada suyo, sino
to-
diere toda la sustancia
de su cuerpo y alma, por
el
amor,
como nada lo reputara. El amor es como el fuego, que
apoderado de la materia combustible, toda la transforma en s, y slo l vive, luce y arde en ella. El al(i)
Zachar.,
Ps., 4, 9.
(4)
9,
17.
Ps., 41,
(2)
1.
Ps.,
103,
(5)
Ps.,
15.
16,
15.
(3)
Ps.,
83,
et
306
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
ma vive ms donde ama, que donde anima. La memoria amada y buscada, slo es la de su amado que
le trae recados, o recuerdos de l. El entendimiento
le busca hasta que en l sosiega. La voluntad le abrasa, y quiere ms y ms transformarse y rendirse a la
suya, entrarse y entraarse en l, y slo apetece por
paga del amor, amor; por premio de la sujecin, la
dominio que su amado tiene en ella; mirarse y tenerse como a cosa suya, y que as la admita y
tenga l, no teniendo ya nada en s, de s, sino es a su
amado; y as lo llama y ama como a su virtud, como
a su fortaleza, que es su ser y sustancia.
Aun el amor humano siempre ratero y vil, por sus
gloria del
falacias y engaos,
ms
apetece,
ama
y aprecia pade-
amado, y con l, que gozar y holgar ausente
del objeto amado. Mira cuntas esposas delicadas y
tiernas dejan con valor y fortaleza sus casas, y padecen con ellos cosas intolerables a quien no amara; y
si esto se hace por el hombre, que todo es mentira y
engao, qu har el amor divino cuando prende en
el corazn humano? Mira lo que hizo en tntos.
cer por el
Los apstoles iban con gozo a padecer por el nombre de Jess (1). Doncellas tiernas y delicadas se ofrecan con gozo a los fuegos, catastas, ecleos y cuchillos, por el amor de Jess. Los nios aun balbucientes,
corran al martirio, y se ofrecan al cuchillo y tormento, por el amor de Jesiis. Los hombres amantes de sus
cuerpos, los ofrecan al fuego, a los Icones, por el
amor de Jess. Qu cosa, pues, era sta, que tnta
fuerza hace en el alma, que tan fcil desprecia la vida
del cuerpo, tan amada, sino el amor de Jess, ms dulce
que
la
amor que
vida, y
ms
fuerte
que
la
muerte?
este
urga y abrasaba, mataba y daba vida, slo era una centella enviada de aquel fuego inmenso del amor de Dios para con el hombre, el cual
lo hizo humillarse a tomar su misma naturaleza y
(i)
as los
Act., 5, 41.
AfECIOS ESPIRirUALES
307
forma de siervo (1), y en ella padecer tntos dolores,,
afrentas e ignominias, de mano de los pecadores.
Con razn el amor se compara al elemento del fuego, tan activo, fuerte y eficaz, tan dueo y seor de lo
que emprende, que a donde l reina no deja perma-
necer otra cosa sin consumirla, y transformarla en s,
y no deja de arder mientras halla materia en que emprenderse; y como en Dios, fuego vivo, y amor increado y inmenso, nunca puede faltar, siempre vive y
siempre arde este fuego de amor como en su centro.
Todas las cosas en Dios son amor. Oh, cul fuego^
de amor tendra aquella virgen Madre en cuyas entraas tom carne aquel fuego inmenso del amor!
A sus ngeles hizo espritus veloces (2) y sus ministros del fuego abrasador. Este fuego vino l mismoa prender en la tiena (3); y qu quiere, sino que
arda? El fuego trujo por delante para inflamar cii
circuito hasta a los que eran sus enemigos (4), y enemigos de su luz y de su fuego, por la ignorancia, y
frialdad
(5).
AFECTO
969
EL CONOCIMIENTO DEL CRIADOR Y DE LA CRIATURA^.
ES CAMINO LLANO PARA IR A DIOS, Y TIERNISIMASCONSIDERACIONES PARA LA COMUNION.
Leyendo ayer un libro que trata de oracin, y de
engaos que han tenido algunas personas espirituales (o que parecan serlo), qued llena de confusin y angustia. Y estando oyendo misa, entend esto^
El camino llano y seguro para Dios, es conocer a Dios,,
los
(i)
49.
(5)
Ad. Phillipp.,
(4)
Nota
del copista
del original, y
pues
lo
2,
7.
(2)
Ps.,
103, 4.
(3)
Lucac,
Ps., 96, 3.
que sigue
no
es
M.
C. y A.:
se halla la
"Hasta aqu concluye
la foja,
continuacin de este tratado,,
nota distinta."
308
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
y conocerse a s misma. El alma encerrada y presa en
la carne mortal, conociendo el Sumo Bien, lo amar,
y apreciar; y conociendo sus propios males, miserias,
vilezas y culpas, se despreciar y temer; mas no por
esto desfallecer,
porque
doctrina de Cristo, que
camino que le muestra la
camino, verdad, y vida (1).
el
es
Cuando has de recibir al Seor Dios tuyo en el sacramento, considera: si andando por el spero desierto, donde ayun cuarenta das, en una noche oscura
y lbrega, atemorizada con los bramidos de las fieras,
con la oscuridad de la noche, etc. Por ltimo, amaneciendo con la luz que su presencia daba, encontraras all al Seor de la majestad, con aquella amable y
venerable presencia, y que piadoso y amoroso te admita, y quera que escucharas su doctrina de vida, y
estuvieras en su compaa, con qu consuelo, con
qu agradecimiento, con qu atencin estuvieras! Ol
si se te permitiera abrazarte estrechamente con sus
sagrados pies, con cunta fuerza los apretaras entre ta
pecho y corazn! Pues qu fuera, si fijando amorosamente los ojos en tu alma te dijera: oh alma, que
deseo seas alma ma, cunto me cuestas! Mira que
por ti he peregrinado, ayunado, velado, orado, y me
preparo para mayores trabajos y muerte de cruz, para
borrar con mi sangre, y pagar con mi vida aqullas, y
aquellas culpas que cometiste en ofensa ma. Y por
librarte de la muerte eterna, y hacer las amistades, y
darte mi reino, me pondr a todo trabajo.
Yo ser despojado de mis vestiduras, y desnudo y
atado fuertemente a una columna ser azotado cruelmente. Oh, si oyendo esto querras proseguir con tus
culpas y pasiones! Oh, si no querras deshacerte en
llanto, y ayudar con la penitencia y mortificacin, a
la satisfaccin de su Seor y Esposo! Oh, cunto aborreceras las culpas! Oh da, diras, infelicsimo en el
^ue tal mal comet! Oh da indignsimo de nombrar(
i)
Joaiin.,
j,
G.
Afectos Espirituales
309
Oh da aborrecible, escurecido con
de mis culpas! Oh da de tinieblas, ms
aborrecibles que la muerte! Oh cmo no tengo cara,
Dios mo, para mirar tu rostro, aunque tan humano
y piadoso, con los resplandores de divino, con la penitencia y palidez de hombre, con la majestad y hermosura de Dios, con el ayuno, con el desvelo, con la
oracin y lgrimas de aquel desierto! Oh!, qu diras, y qu haras? Pues este es, alma, el Seor que
recibes verdaderamente, ciertamente, el mismo es, y
se entre los das!
las tinieblas
no
otro.
compadecido de tus lgrimas,
si
y instado del fuego de su mismo amor, te dijera:
ea, alma pobre y afligida, ya estn acabados los enojos!; en la hora que gemiste y lloraste, se borraron
de mi memoria, porque no me acordar ms de
ellos (1); llgate a m. Y si diciendo esto, te echara
sus amorossimos brazos al cuello, y enjugara con sus
Pues mira ms:
santsimas manos tus lgrimas, oh, cmo no pudiera el corazn dejar de romper la crcel del pecho,
o rompieras los aires a gemidos, subiendo entonces
ms las corrientes del dolor con las llamas del amor,
y del agradecimiento!
Pues mira: no es ms entrarse en tu pecho, abraapretadamente con tu alma, entrarla en s, y
entrarse en ella? No son firmes sus palabras y pro
mesas; "que en la hora que gimiere el pecador, no
se acordar ms de sus culpas"? Pues, alma, o eres
de bronce, o eres incrdula; o pues, si hechas aquellas paces y amistades te admitiera el
Seor a su
compaa, no s cmo quisieras volverle las espaldas y dejarlo.
zarse
Si esto as te
pasara visible y corporalmente, de-
jaras aquel Seor, dejaras aquel amor, dejaras aquel
favor?
cio y
(i)
No
permanecieras en aquella soledad, silenms contenta que en los placeres
penitencia
Ezech., 18, 22.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
310
el mundo puede ofrecer? Quin, amndolo, y amndote aquel Seor rey de la gloria, pacientsimo y amorossimo Jess, haba de ser pode-
mayores que
roso para apartar o separar aquella dulce, pura y
amigable unin? Pues por qu no suplir la fe el
defecto de los sentidos? Aqu lo tienes en el sacra-
mento,
all te ven sus ojos, all te oyen sus odos,,
da su sacratsima mano, all se une tu corazn al suyo, all el que reverencian y adoran las potestades del cielo, all al que asisten millares de mi-
all
te
de santsimos, poderossimos y altsimos espcriados y ministros suyos, se estrecha, y
se te entrega en una pequea partcula de pan, para darte vida, para ensearte, para unirse contigo, y
para que le hagas compaa.
Mira y considera, alma ma, si andando por los
campos de Beln, tu buena suerte, o tu santo ngel
te condujeran a aquella pobre y humilde cueva donde el unignito de Dios, de una misma esencia y naturaleza divina con el Eterno Padre y Espritu Santo, habiendo tomado carne humana en las puras
entraas de su Madre Virgen, naci al mundo para
redimirlo. Si habiendo entrado all la misma sagrada Virgen, tomndolo en sus manos nio tierno, desnudo, blanco y hermoso, te dijera: mira, este Nio
ha nacido para ti. Tmalo alma, abrgale en tu pecho, abrzalo, gurdalo en tu corazn, apritalo como a un man ojito de mirra; y mira que es de m irra, enjuga sus lgrimas, y acompale en ellas. De
mis entraas naci este Nio para ti; mira que en
tu corazn le hagas limpia morada, no lo pongas enllares
ritus,
como
tre espinas
de culpas y pasiones, no abrigues saban-
dijas en el lecho
za misma.
No
que
le
previenes, que es
tenga inmu7idicias
la
la
cama de
limpietu pe-
se apacienta entre lirios. Crcalo de
rosas y azucenas, de santos y puros deseos de agradarlo, y mortificarte. Mira lo que me dijo en na-
cho, mira que
ciendo, y lo entend as:
"Madre ma, imtame."
Afectos Espirituales
Mira si quieres tenerlo, y que crezca en tu alma
por la imitacin. Como fue creciendo su santsimo,
cuerpo creci la tnica con que se cubra, y en trabajos desde su juventud, como vestidura que por
todas partes lo cercaba, fu su vida
una
tela tejida
de trabajos, aumentndose de cada da, hasta llegar
al patbulo de la cruz, etc. Mira, alma ma, si tal
te pasara, cmo recibieras aquel tierno nio y Dios.
\erdadero, hijo de Mara Virgen? Cmo lo abrazaras, lo halagaras, y guardaras en lo ntimo de tu corazn, sin cuidar de otra cosa? Circuncidado, lloraras; desterrado y huyendo, lo acompaaras; perdido y ausente, lo buscaras con ntimo dolor; obediente, humilde y en silencio, lo imitaras; predicando y
enseando, lo oyeras, y guardaras sus palabras en tu
corazn. Mas en el mar grande y amargo de su pasin, te anegaras. Pues mira, alma ma, el mismo
hijo de Dios y de la Virgen Mara es el que recibes
en el Sacramento, porque no atiendes a lo que dice
nobis datus, nohis natus, ex intacta
est nobis (1), et filiis
nobis. Mira que su principado lo carg so-
la santa Iglesia:
Virgule.
Parvulus enirn natus
datus est
bre sus hombros, cuando andando entre los hombres,
esparci la semilla vivfica de su doctrina y palabras,,
alistando en sus banderas a los mansos, pacientes,
pobres, perseguidos, pacficos y limpios de corazn,
a los sedientos y hambrientos de su doctrina y ejemplos, que llegarn a saciarse en la vida eterna conla perfecta caridad y dileccin.
Oh Nio mo, y Dios mo, criado a los pechos de
mi madre! (2), quin te me dar que te halle solo,,
y te abrace con lo ntimo de mi corazn, y tan fuertemente, que ninguna cosa sea poderosa para separarte de El? Quin te me dar amado y dulce Nio,
tierno y delicado, sino es aquella dulce y amorosa
Madre que te pari para mi remedio?
Oh Madre Virgen, y centro de la vida! mirad Madre de mi Dios verdadero, que su dulce Padre as.
(i;
Isaiie, g. 6.
(2)
Caiit., S.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
312
am al mundo, que le dio a su Unignito
TOS a mi alma, Seora y Madre ma.
AFECTO
(1);
dadlo
97^
SEALES Y FRUTOS MORTIFEROS DEL ESPIRITU
MALO. SE LE RECUERDA LA INTELIGENCIA DADA
DEL LATIN, Y DIVINAS ESCRITURAS.
Estando temiendo por lo que le: que el espritu
del Seor entr en Sal (2), y empez a pro-
malo
fetizar,
entend:
etc.,
espritu
el
malo
le
sugera y
anunciaba a Sal dichas de David a quien aborreca, y as era castigado con su misma envidia, ambicin y soberbia; y lo vers en los efectos, pues luego tir su lanza al manso y humilde, que tena por
contrario, y la clav en la pared. Pues mira las seas del espritu malo; hace crecer las pasiones, y es
un huracn furioso que sopla el fuego del infierno.
La parte de
este cliz del soberbio y envidioso es esde tempestad; y sobre el corazn rebelde y
duro llueven lazos de fuego (3), y con su misma envidia y soberbia se consume y mata, y stos son los
verdugos del Seor con que castiga y mata a los
pritu
rebeldes.
En viendo el pecador las dichas del humilde, se
llena de ira, y rechinando y crujiendo los dientes est como frentico (4), temiendo y bramando. Aprtate, pues, siempre de la ira,
y desampara el furor;
no
parezcas para no ser mala; por los frutos
los conoceris, dice el Seor (5). Pues mira qu frutos te trae el espritu que te mueve, y no quieras
ser rebelde a la luz, ni quieras no entender por no
hacer bien. Oh, si siempre me hubieras odo y ante les
dado
(i)
caminos que mi luz te ha mostrado, uis
enemigos se hubieran humillado, y hubiera enviado
mi mano sobre los que te han atribulado.
<i)
los
Joanii.,
Ps.,
34,
3.
16.
if).
(5)
(2)
I.
Matth.,
Rcg.,
7.
18.
lO.
10.
I's..
10.
7.
Afectos Espirituales
313
Yo te di inteligencia de una lengua no estudiada,
te abr el sentido para entender las misterioms,
y
sas y profundsimas palabras suyas, pronunciadas de
mi espritu vivfico (1).
Mira en todo y atiende cmo el impedimento para
que el corazn reciba la luz divina, que cra y fomenta las virtudes, efectos de esta luz, son las pasiones;
mira,
el
corazn de Sal ya posedo del
alecto de las cosas terrenas creci en las pasiones, y
no foment en s la virtud del agradecimiento, antes
creci su ingratitud hasta ahogarlo, y queriendo matar al que aborreca, creci su furor y sus angustias
mortales, hasta matarse l mismo, y tener por menor
mal la muerte, que el tormento de su mala conciencia. Estos son los frutos, los gusanos o espinas
del espritu malo, y por aqu has de conocer de lo
que debes huir, pues esta voz de Babilonia trae en
un abismo tras otro. No tienen
mas los que aman la ley tienen
su furor y turbacin
paz los malos
mucha
paz, y
(2);
no hay para
ponme
ellos escndalo. As, pues,
Seor, en el camino de
camino y justificacin, todas
que guan, que ensean y cien, apartanmalo, haciendo obrar lo bueno, buscando
pide a Dios
(3):
ley.
tus justificaciones; ley,
son cosas
do de lo
la paz, y
siguindola.
AFECTO
989
EL ALMA CUANDO DESFALLECE ESPERA, SANARA
HALLANDO SU CENTRO. SE LE EXHORTA A NO
SI
DESECHAR LAS VISIONES. ESTRECHOS ABRAZOS
DEL DIVINO AMANTE.
Estando fatigada de acerbsimos dolores, que le paque expiraba, entendi: que le agradeciera a
Nuestro Seor este beneficio como una joya recibida de su divina mano; y que esta era la cruz de pie-
reca
(1)
(3)
Cfr.
Ps.,
V'uhi,
VIII,
22
Lii,
195.
(2)
Isaia-,
48,
22.
118, 33.
1.-14
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
314
dras preciosas y encendidas que conoca ponerse en
su pecho el da de la Santsima Trinidad, Queriendo yo por el grande temor y miedo que tengo a todo
lo que puede entenderse visin, etc., huir el pensa-
miento, entend: no debes dejar de apreciar aquellas semejanzas de cosas con que el amor divino te
muestra sus dones, pues son seas de su liberalidad,
que levanta al pobre y lo enriquece, dndole a entender con cosas corporales, las espirituales, de que
l es incapaz. No ves que esto nace de la fuente de
su piedad, levantndolo, por las cosas que entiende,
al amor de las que no entiende, y le son ocultas,
para que el nimo cado y fro se levante y encienda en el amor de las cosas celestiales y eternas? No
ves que subiendo por ellas, como por escala, se halla en lo superior a Dios; as como bajando de las
cosas espirituales a las corporales y terrenas, al fin de
esta escala se halla el
hombre dormido?
que cualquiera cosa que
te lleve a
(1).
No
ves
tu centro es casa
de santidad y puerta del cielo, y que t lo ignoras?
Ni debes extraar con temor cobarde las palabras
suaves, dulces y regaladas que el alma recibe, en lo
escondido de su Dios y su centro. Si el amor humano, fingido y terreno, cuyo fin es la muerte, ha hecho cosas increbles; qu har mi amor inmenso?
Dime, alguna vez viste el fuego de mi pecho? Sabe, pues, que es infinito el fuego de mi amor, y con
avenidas inmensas alegra la ciudad de Dios (2), y se
pobrecitos. Sabe, pues, que es mi
djate arder en este inmenso fuego.
a tu amor ratero para conmigo, y no dudes
comunica a
amor
los
infinito,
Culpa
del mo: fino, fuerte, eficaz, inmenso.
Dme: todo el universo no arde en llamas del
amor que tengo al alma? Qu son los cielos, sus
astros y sus luces? Qu son las nubes, sus lluvias y
sus aguas? Qu es la tierra, el mar y los ros, y todo cuanto en ellos nace y vive? No son voces que
da mi amor al hombre? Entiendes que alguna cosa
(i)
Genes., 2H,
12.
(2)
Ps.,
45, 5.
Afectos Espirituales
315
hice sin amor?; pues no lo entiendas, que no pueden separarse entre s mis perfecciones. An tus
mismas culpas, ingratitudes, y males, qu otra cosa son que voces que te da mi amor? Pues, quin
mejor sufre, espera y perdona, que el que mucho
ama? No es ms fuerte muestra de amor mi pala-
bra hecha carne, y hecha pan? Y Cristo puesto en
una cruz, no pareci a unos estulticia, y a otros escndalo? (1). Y esto no fue por la ignorancia y malicia del corazn del hombre? Los unos por adorar
dioses de piedra, no admitieron ni creyeron mi ddiva, grande, inmensa, infinita. No vino al mundo como luz inefable, y los suyos no le recibieron (2), porque amaron y quisieron ms las tinieblas
que
la luz?
AFECTO
999
EL FIEL AMIGO QUE PARA LLEVARNOS HASTA VER
A DIOS, DEFIENDE DEL MAL ESPIRITU. ESTE SE RE
PRESENTA EN VARIAS FIGURAS Y MANIFIESTA
SU RABIA CONTRA ESTOS ESCRITOS.
Cundo vendr y aparecer ante la faz del Seor? (3). Tambin entend: por qu has de extraar que el nombre del ngel se diga admirable, aund ese nombre al Seor mismo?; pues las
manos son admirables; y cmo no se
har su ciencia admirable en las luces del cielo, siendo admirable en el mar y en la tierra? Admirables
son los espritus que enva a la guarda del hombre,
en su grandeza, hermosura y nobleza; y admirables
en sus ocupaciones, obras y fortaleza; y admirable ha
sido para ti esta guarda y custodio tuyo, desde los
primeros pasos de la vida mortal, etc.
que
se le
obras de sus
(i)
41. 3-
I.
Ad. Corinth.,
i,
23.
(2)
Joann,
1,
11.
(^)
Ps.,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
316
hombre a este gran
conoce el descuido que tiene
de su salvacin, y el poco caso que hace de ganar o
perder el reino eterno, pues a su maestro, custodio
y gua, tan poco atiende en el camino que hace para
la eternidad. Tan poco le escucha, tan poco le obliga, tan poco le consulta, ni agradece; y vindose en
el camino peligroso, y grande contingencia de errarlo,
y no aportar a la patria, con riesgo de caer en el barranco del infierno y en su despeadero, no sigue ni
mira a su gua, no le clama ni ruega, antes le ofende
y destierra con el hedor de las culpas. Y cuando tnto necesita del poder y valor de su santo compaero
para no ser tragado del dragn grande que se desvela
en su perdicin, antes da odos a su contrario, que a
su fiel amigo y poderoso custodio.
Pondera y agradece la perseverancia, paciencia y
humildad que te ensea en ejecutar la voluntad del
Altsimo, y llora tu olvido y desperdicio de este tesoro; y ms las veces que ofendiste su presencia con tus
culpas. Consuela con l tu destierro y ofrcele tus lgrimas y afectos para que los ponga en la presencia
del Seor, y cobra aliento para proseguir tu camino
y salir bien de tu destierro con tan poderosa guarda,
y fiel amigo. Con l llora, con l habla, y a l descubre tu corazn, y a l escucha y sigue, que es amigo
fiel del esposo, y te ama y cuida como a esposa de su
Seor y esclava suya. El curar cuando convenga tus
enfermedades; l remediar tus necesidades; l te
acompaar en tus soledades, y siendo excelentsimo
prncipe de la corte de Dios, cuidar y atender al
espantable
beneficio, por
es la
ingratitud del
donde
se
vil,
y nnijer despreciada. Est, pues, alma
ma contenta con este favor.
Conoc ser grande el furor del enemigo contra mi
alma, y extraordinario el desvelo que ha puesto en
procurar mi mal de todos modos, solicitando que ms
y ms cayera en culpas; que no conociera los beneficios del Seor y atormentndome con espantos interiores y exteriores, armndome lazos en todo. Y cierto
veo yo que si en algo pudiera hacer bien es en abo-
gusanillo
Afectos Espirituales
317
rrecerme, pues ve a una criatura vil, mala, asquerosa
y viciosa, y que con todo eso el gran Seor y Dios no
me desampara, ni la proteccin de mi seora y madre
Mara Santsima, y as son indecibles los modos y
tormentos interiores y exteriores con que por espacio
de treinta aos me ha fatigado y afligido, embarazado y turbado. Conoc tiene mucha rabia de que diga
estas cosas, porque si en algn tiempo pudieran venir
a noticia de alguna alma, pudiera alentarse a amar a
tan benignsimo Dios, que no deja de enviar sus santas inspiraciones a ninguna criatura, por vil y desechada que sea, ni se niega en ningn tiempo ni lugar,
sea el que fuere. Muchas veces la amenaz en sueos,
ponindose en la figura de alguna persona, y sealando el da y lugar, en que deca se haba de vengar;
y llegando aquel da, mova por la misma persona
cuya figura haba tomado, alguna tribulacin extraordinaria (1).
Mas he entendido que el santo ngel de la guarda
le haca que se mostrara, para que el alma se halle
prevenida y vea de dnde nace que las criaturas taivez causen trabajos y penas, y no las culpe a ellas, y
se acoja al amparo y favor del Todopoderoso, de la
Virgen Mara Nuestra Seora, y vea lo que necesita de
Dios para que esta bestia infernal y len hambriento
no le pueda empecer o daar; y est sobria el alma,
no apeteciendo desordenadamente los bienes de esta
vida, que es por donde este adversario tiene entrada;
ni se duerma, pues vela y se desvela su contrario.
Y pues es su guerra con el que mueve las tinieblas,
llguese continuo, ms y ms al Seor, que la ilumine para que su rostro no sea confundido. Y pues l
pelea desnudo, no haga el alma su lucha vestida de
afectos terrenos,
porque agarrando de
all,
no
la
haa
Unas
veces se muestra feroz, como armado de
bronce, otras se finge dbil y sin fuerzas, otras se dis-
caer.
(i)
Se omiten algunos espantos del demonio, que ya est.ln
referidos en la Vida de la V.
Alarcn.)
M.
(Nota del copista
Castillo y
318
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
fraza con hbito y capa de religin, y siempre arma
Cmo pues se librar el dormi-
redes y tiende lazos.
y descuidado? Mas estas sus redes en vano las tiende ante los ojos de los que toman plumas para volar y
no descaecer a vista del sol de justicia, fiando slo en
la sombra de sus alas, hasta cjue pase la iniquidad,
do
que tendr
fin
cuando muera
la carne, y el
alma en-
en el gozo de su Seor.
Y mientras dura su peregrinacin, no le tema, teniendo el amparo y proteccin del Altsimo; y que
estos esclavos rebeldes, este Leviatn y ballena grande,
aunque parezca tragar con trabajos, tentaciones y
asombros, sobre sus mismos lazos, y pisando al spid
y al basilisco, y hollando al len y al dragn (1), sacar el Seor al alma a la playa, y se gloriar de que el
pobrecito vence en su virtud; y que con moscas y cosas pequeas triunfa su brazo poderoso del soberbio
Faran endurecido, y en el mar de tribulaciones con
que pensaba anegar el alma, quedar l sumergido, y
tre
sus ejrcitos.
AFECTO
lOO'?
VISION IMELECTUAL DE LA PERFECCION EMPAADA
CON PASIONES. Y OTRA DE SUS AFECTOS EXHALADOS
AL CIELO: ARRULLOS DEL ESPOSO.
El da del triunfo de la santa cruz, se hallaba en
sueos en una profundsima y vivsima oracin, cpie
pareca deshacrsele todas las entraas y los huesos,
conociendo muchas verdades del ser de Dios, poderoso, amable, fiel, etc.; de su ser propio, vil, oscuro, inconstante, etc., de la brevedad
y preciosidad
del tiempo, etc.; del valor y peso de la eternidad, etc.
Hallse en un templo dorado precioso y adornado;
pero va (jue haba all algunos hornos que continuamente echaban Iiumo oscuro; y lugo vio que lo ms
(i)
Ps., 9.
13.
Afec'os Espirituales
319
de aquel templo estaba denegrido, sin cubierta y lleno de holln, etc. Haban precedido en aquella parte
muchas inquietudes, culpas, y faltas de caridad, etc.
Despus de haber recebido a Nuestro Seor Sacramentado, el mismo da del triunfo de la santa cruz,
sinti su real presencia, tan amable, amorosa y dulce,
como suele el palomo, que es smbolo del amor arrullar a su querida paloma, tierna y dulcemente. Luego
vio que de s misma salan unas llamas que suban en
alto, al modo que cuando se quema algn poco de
olor y llega al cielo. Entendi: que cuando se acabara
de consumir con aquel fuego, morir y subir al Se-
or
(1).
Oh
Seor, quin tuviera unas palabras en lo ntimo de su corazn, alma y entraas, tan vivas, tan
verdaderas, tan eficaces, tan comprehensivas de tu
grandeza, y mi vileza propia, que en cada respiracin
te enviara el alma, el corazn, las entraas, abrasada
toda en tu divino amor, y con l te diera todas las
alabanzas, gusto y agrado, que se comprehenden en
todas las cosas posibles con que eres eternamente alabado, amado, y conocido, servido y adorado; y que
fueran tales que deshacindome a m misma, que soy
abismo de todos los males, me llevaran a Ti, centro
de todos los bienes, y penetraran tu dulcsimo corazn, movindolo a compasin de mi miseria, y el de
tu pursima Madre para interceder por esta vil criatura; y asimismo el de su pursimo esposo, mi seor
san Jos
(1)
(2).
ice
al
margen.
Fel^ro.
de
22.
(Xota del copista, seor de
Castillo y Alarcn.)
(2)
En
la
Alarcn, en
copia hecha por don Antonio Mara de Castillo y
al final del Afecto 100 la si-
1816, se encuentra
guiente anotacin: "En
la foja
17, se
halla de otra letra la car-
que copio por no omitir cosa, y por lo que pueda
importar: 'J. M. J. H. m. El Nio Dios te d felices Pascuas
con muchos aumentos de gracia, virtudes y amor suyo, y te haga profundamente humilde de corazn, purificndolo de toda
falta y de todo lo que desagrada,
y despegue de todo lo que no
ta siguiente,
320
^^^^
ConcepoN
kANcisciA Josefa de la
AFECTO
1019
LECCION QUE LE DA N. P. S. FRANCISCO PARA NO IR
AL INFIERNO. NOTICIA DE FELIZ ARRIBADA AL PUERTO. SUAVIDAD V AMOR EN LAS FALTAS AJENAS.
Estando en
ejercicios
pensando en
pareca que N. P.
las
penas del
in-
cubra
con su manto, y as sinti gran alivio en la congoja
con que meditaba aquellas penas. Despus conoci
que haba sido ensearla, cjue el camino para no ir
fierno,
le
S.
Francisco
la
humildad y gurela de la regla. Meditando
juicio final, le pareca encontrarse con aquella
all es la
en
el
lega pobre, simple y despreciada,
es Dios.
ton
el
cielo y
Envo
afecto
en
al
Nio
que
se
la tierra
la
la
con
que muri aqu,
corona. Dgnese
el
Seor de recebirla
ofrezco, y dgnese de coronarlo en
la
corona
y crculo
el
de su divina volun-
paia cjue no salgamos un punto de ella, si siempre hagamos
que nicamente fuere de su agrado. Y si toda la voluntad de
tad,
lo
Dios
es
hacernos humildsimos de corazn, dgnese de concedei-
humilde, H. m., humilde, y venga lo
que al humilde nada le daa, nada le altera, nada
le sobresalta, nada le hace novedad, porque son muy dilatados
los campos que abraza la humildad e inmensa profundidad; y
por mucho que suceda, aiin le parece al humilde que todo es
poco para lo que merece, y se admira de que no le venga ms.
Cmplase en todo su voluntad.
'Yo quedo bueno, gracias a Dios. Ya recebira la petaquita y
nos esta divina virtud:
que
viniere,
piedrecitas.
una
Si
la
corona estuviera ancha para
cabellerita o casquito se
puede
ajustar.
cabeza,
con
Yo me holgar
est
la
buena. Es cuanto se ofrece. El Seor te haga suya. Santaf.
ciembre 26 de 716. Va un cajoncito aforrado, t. p. f.'
"Al margen de esta carta, dice en letra de
hiciere y padeciere, todo (ulero
la
di-
V. M.: 'Cuanto
que
sea en servicio y obsequio
de la pureza virginal de la Santsima \'irgen Madre de Dios, y
seora y reina de todos los bienaventurados, ngeles
porque
es
Madre de
Dios,
hombres,
santsima, pursima, piadossima
poderosa; y todo sea por la salvacin de las almas, para que no
pierdan a Dios, y descanso de las (jue estn en el purgatorio.' "
Afectos Espirituales
321
que con inefable alegra la abrazaba, como cuando
despus de mucho tiempo se ven dos que salieron
bien de un gran trabajo a puerto feliz y se dan los
parabienes. Sinti grandsimo consuelo.
Esto entend: no seas lince para ver los defectos de
tus hermanas, porque de la caridad se dice que cubre
multitud de pecados (1); antes debes ser como el toro,
que ciega para las acciones ajenas (que no te tocan),
slo cabes en tu tierra, y propia vileza y culpas; y
cuando te tocare remediar las ajenas, o el curar las
llagas de tus hermanas (que llagas son del alma las
culpas), lo has de hacer con aquel amor y tiento que
cura la madre a su tierno y querido hijo, aplicando
la medicina, ms para la sanidad que para el dolor.
Antes, en cuanto puede, tomar en s el dolor para
no causarlo a quien ama, mas el que no puede excusar, lo aplica con compasin y cuidado, y toma en s
la mayor parte, y, si pudiera, todo. Cunto ms cuidado se ha de tener con el alma y sus enfermedades
que con el cuerpo y las suyas; cunto se estima ms,
cunto vale ms, cunto se arriesga ms.
Cuando enfermo, entonces soy poderoso, deca el
Apstol (2), porque las enfermedades del cuerpo no
quitan, antes suelen dar valor al espritu y perfeccionarse en ellas la virtud; mas las enfermedades del alma pesan tnto, que por ellas y por nuestra salud, se
hizo Dios hombre, y derram toda su sangre, y dio su
vida, y se qued en comida y manjar. As pues, que
Con
este Afecto
puso
termina
la siguiente nota:
han incluido en
mir ms de la mitad de
nal, se
de
la
la
edicin de los Sentimientos Eseste punto
que contiene
hecha en Bogot, en 1843, y en
pirituales,
"De
las 251
fojas
esta edicin 116, y as resta
los escritos
el
editor
el origi-
por impri-
de la V. M. Francisca Josefa
Concepcin." Esta parte indita
es la
que
se
publica en
pginas siguientes de este volumen y en el tomo II de las
Obras Completas de la ilustre monja clarisa de Tunja. Vase
las
la
nota con que termina este primer volinnen de los Afectos Es-
pirituales.
(1)
I.
(Nota de
Petr., 4, 8.
la
presente edicin.)
(2)
Ad. Corinth.,
12,
10.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
22
la soberbia humana hacer a fuerzas lo que
sabidura divina hizo con tnta costa suya, suavidad y amor, y despus de eso se mueren muchos con
la muerte eterna. Teme, pues, y tiembla oh polvo v
lodol
no imagine
la
AFECTO
1029
FORTIFICADA EL ALMA CON EL ROCIO DE GRACIA
EN EL SANTISIMO SACRAMENTO, SALEN DE ELLA
MISTICAMENTE LOS CUATRO RIOS DEL PARAISO. SEIS
DOCUMENTOS PARA VIVIR CON NUESTROS HERMANOS
EN ESTA CASA DEL SEOR DEL UNIVERSO.
Este da se le represent, o conoci estar su alma en
pacfica ante la humanidad de Nuestro
Seor, en el Santsimo Sacramento, el cual le enviaba
sus influencias como un cielo hermoso y lleno de lcidas estrellas, en una noche serena y apacible; y que
ella, como la tierra, receba el roco en alguas llorecitas, que le pareca ver, y entendi: En el tiempo de
esta vida mortal, est el alma como en noche, y aun-
una quietud
iluminada y goza de delicias, es como de noque le amanezca el da claro y calor del sol
increado. Esto preguntaba mi Esposa, y quera gustar,
dnde me apaciento en el medioda; y recibi mi respuesta: que es todava tiempo de andar en la peregrinacin, conocindose a s misma, siguiendo las pisadas y huellas de los rebaos que apacenian los pastores, y apacentando ella sus sentidos y potencias en
santas y pas consideraciones, siguiendo mis ejemplos
y doctrinas, como de verdadero pastor, y las que enseo por mis siervos y ministros; no saliendo tras sus
pasiones a apacentarlas como los hijos del siglo, que
cuanto ms las engordan y dejan pacer en los vicios,
que
es
che, hasta
estn ms contentos, hasta que ellas les cpiitan la vida del alma, y los echan a ser cebo y pasio del fuego
eterno, etc.
Afectos Espirituales
52
Tambin conoc en el Santsimo Sacramento aquel
sagrado y divino paraso, de donde salen, para el alma,
cuatro caudalosos y copiosos ros en que le comunica
sus divinas grandezas. Y entend encerrarse esto en
aquella antfona, que dice: Oh Sagrado convite en
que se recibe Cristo (1). Y este es el primer ro, o mar
inmenso, pues recibe el alma la humanidad y divinidad, la sangre, el cuerpo, el alma de Cristo, la sangre
y leche de Mara Santsima, etc. Oh mar inmenso,
cmo viniendo a m me quedo seca!, etc.
En que se Jiace memoria de su pasin (2). Este segundo ro, es mar de sangre, mar Rojo, en que quedan ahogados los contrarios, y el alma pase victorioOh, cunto puede extenderse y anegarse en los
tormentos y dolores de su amado, en sus injurias,
afrentas y desprecios, y dolores de Mara Santsisa.
ma,
etc.!
El alma se llena de gracia (3). Este tercero ro es
mar inmenso, donde la omnipotencia de Dios, por
los mritos de su Unignito, puede engolfar ms y
ms al alma, etc.
Y de
la futura gloria se nos dan prendas (-i). Este es
cuarto y mar ocano, donde ser el alma saciada y llena, viendo a Dios en su gloria.
el ro
Conoc que con las criaturas de Dios, que habitan
Seor del universo, y ms con sus esposas en la casa de la religin, deba portarme y estimarme como una pobrecita, vil y desnuda, a quien un
gran seor, por pura piedad, entr a su casa, a que
morase en la compaa de sus hijos y siervos: 1^ Atendera solcita y diligente a hacer lo que le mandaban
y a dar gusto, en lo que alcanzaba, a los hijos y siervos de su Seor. 2 No se entrometera en los negoesta casa del
cios ni querra
adular ni sobresalir. 3 Se contentara
con cualquiera cosa que le dieran, sin quejarse de olvidos o desprecios. 4^? Mirara a todos con estimacin;
(1)
(3)
Antfona ad Magnficat. Corpus Christi
Ib.
(4)
Ib.
(2)
Ibidem.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
324
slo a
rias sin
misma
cuidado
lo
que
hallara despreciable. 5^ Hara con
le mandaba. 6 Sufrira las inju-
se
dar ocasin a
ellas,
pues todo pasa a vista de
su Seor.
Oyendo
leer de los dotes de gloria que Dios da a
cuerpos gloriosos, los deseaba el alma, si pudiera,
para andar por este universo mundo, diciendo a todos las verdades eternas, y clamando y pregonando la
santa ley de Dios, y procurando ayudar a sus criaturas en las necesidades de alma y cuerpo. Mas ya que
yo no puedo nada, porque soy gusano podrido y vil,
poda pedir a mi Seor y a sus santos ngeles, esos
bienes para sus criaturas.
los
AFECTO
1039
SED DEL ALAA, SACIABLE SOLO EN LOS TABERNACU
LOS DE DIOS. I\TELIGEXCL\ Y ASPIRACIONES
SUBLIMES AL SACRAMENTO.
Habiendo cado en algunas
faltas por mi tibieza, y
yo barro y lodo, pesado, asqueroso y desabrido,
hallaba en mi alma una grande congoja y turbacin
c]ue no poda entenderme ni entrar en razn. Viendo
a Nuestro Seor Sacramentado, entend esto: Si basta la presencia del Seor, padre y esposo, o amigo verdadero, para serenar el corazn turbado y alegrar el
corazn triste del siervo, amigo, hijo o esposa; por
qti no basta mi presencia para alegrar, alentar
y que
respire el alma? Si ella me amara, si fiara en m de
veras, si tuviera una fe viva y actuada de mi amor
y
poder, y de mi condicin, dulce, apacible y amorosa,
se hallara entonces alentada y firme, sosegada y alegre
en mi presencia, etc.
Luego empez a arder el alma y el corazn, sintiendo unas ansias tales de hallar a su bien y darle gusto,
que pareca expirar y arrancarse del cuerpo, aun con
dolores sensibles, etc. Entend todo el salmo que cm-
ser
Afectos Espirituales
S25
Del modo que desea el ciemo las fuentes de las
aguas, etc. (1). Entendalo de modo que nunca lo
sabr explicar, porque me pareca que era experimentar en m aquellas cosas, de tal suerte que no cabe en
pieza:
trminos humanos. Parecame que
el
alma, buscando
su Dios con aquella sed y ansia, se suba y hallaba sobre todas las cosas criadas, y se le mostraba la gran-
deza de los
cielos, sol, luna, estrellas,
elementos,
etc.;
pasando estos tabernculos admirables, an no llegaba a la admiracin de su Dios, donde senta un gemido, un ay!, un desfallecer, haec recordatus sum,
y
effudi in me animam meam (2). Todas las cosas
pareca le daban a entender: no somos nosotras a
quien buscas, ms alto sube, ms escondido est. Con
voces mudas, y en su silencio ms vivas y eficaces
que toda la elocuencia, le decan el sol y el cielo: ms
et
le
grande es, ms claro, ms hermoso, ms alto, ms firme. Las fragancias, las flores, las fuentes: ms dulce
es, ms amable, ms amoroso, ms suave. El fuego en
su esfera: ms poderoso es, ms eficaz, ms activo, etc.
Pues, a
dnde
se halla esa
dulce sabidura? El
mar
en nosotros. Rodeando
las calles y las plazas de todo lo criado, no se encuentra. Un abismo llama a otro en la voz de su obscuridad (3). Oh Dios escondido no decs vos, Dios mo:
y los abismos dijeron:
no
est
yo estoy a la puerta y llamo? (4). No sois aquella
sabidura que hallan los que la buscan, y que les sale
alegre al encuentro? No sois el dulce esposo que llama a las puertas del alma, y que espera en los rigores
de la noche, a que entre la amada, y hace estremecer
sus entraas? Cmo as declinis, pasis y te escondis? Por qu, mi bien, llamis y hacis arder, y hers?
Y por qu no rompis las velas y los lazos que dividen y apartan el alma de su alma? A dnde te escondis, a dnde te ocultis? Dejis para m todo el
mundo hecho crcel, destierro, horror y sombra?
Oculto, escondido y declinando, dejis una vida
(i)
3, 20.
Ps., 41, 2.
(2)
Ib., V. 5.
(3)
II).,
V. 8.
(4)
Apoc,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
326
est muriendo todo el tiempo que vive,
alma? Dejis una alma sin vida, presa en las
sombras de la muerte? Dejis un corazn herido, slo con el consuelo de su dolor, porque la mano que
muerta que
sin su
Oh Dios!, oh amor!, oh centro!
heno, y hallis un corazn seco como paja.
A dnde estis Vos, fuente de la vida? Oh, todos los
que pasis por el camino de la vida mortal, atended
y ved si hay dolor como mi dolor! (1). De qu bien
carecis, y por qu bien lloris, que pueda compararse
al bien por quien yo lloro?
lo hiri es su vida?
Hers
al
Entre otras muchas cosas con que hallaba
cin a sus quejas, entenda
como
si
satisfac-
dijera: Esta alteza
que buscas, el amor la allan, y abrevi tnto, que
anda por las puertas llamando al alma, para darla
aliento y alentar su esperanza; y an, debajo los pies
los hijos de las tinieblas, estuvo hecho gusano y
de
no hombre, oprobio de los hombres y desecho del
pueblo, clavado en un madero, desnudo y afrentado,
anegado en dolores y desprecios, y el amor que as lo
hiri y hizo bajar, le hace que levante al alma a buscar la alteza de su conocimiento, cuando para esto la
llama y
la hiere.
Y que no
descanse en ninguna cosa criada, sino que,
trascendiendo y pasando esta gran mquina, busque,
sobre todo, al amado de su corazn, y arda con una
llama ms superior que la que habita en las esferas
del fuego, despus que haya estado sentada comiendo
pan de dolor, a la sombra del rbol de la cruz, donde,
hacindole sombra El que deseaba, guste en su garganta los frutos del amar y padecer (2).
Qu piensas que
es andar la Esposa del monte de
collado del incienso? No es andar de los
dolores y desprecios del calvario a la alteza de la
contemplacin del ser inmenso, infinito, de su Dios?
V este Esposo que llama a sus puertas para buscarla
la
mirra
(i)
al
Jeiem.,
Ihicn.,
i,
12.
(2)
Ps.,
21.
7.
Afectos Espirituales
327
que lo busque, qu otra cosa es que convidarla a
que ande de los montes a los collados, donde El se
manifiesta a veces con la ligereza de los hijos de los
ciervos?
Mas
estos pasos del alma los ha de dar la imitacin,
obediencia, el amor, el dolor, el deseo, la esperanza, estribando en su amado, cuando suba desierta de
s misma y de todo lo criado. As que la voz de su
querido es amor, dolor, obediencia y imitacin, deseo,
esperanza, despojo y olvido de todo, de todo lo criado;
y en cualquier cosa de estas, bien puede decir al alma, si no es tibia, floja y cobarde, ni fa en sus flacas fuerzas: x'ox di le di mei, ecce iste venit (1).
la
AFECTO
1049
QUERER Vn iR PADECIENDO Y AMANDO, ES QUERER
SEGUIR CAMINANDO CON CRISTO. DELIQUIOS DE
AMOR.
COMPELIDA Y DESTINADA A ESCREBIR
LAS MISERICORDIAS DEL SEOR.
ES
Padre mo (2); no s lo que son las cosas que en
mi alma pasan, y as, por hacer lo que me manda,
venciendo mi temor, repugnancia y desvergenza,
porque entiendo que as conviene, etc., y que as lo
quiere Nuestro Seor, que me parece lo he entendido as muchas veces, en particular hoy, rezando las
horas, y estando pensando en esto y en mi muerte en aquel non moriar, sed narrabo opera Domini (3), me parece entend: que antes de morirme,
quera Nuestro Seor que dijera sus misericordias
que usa con la ms asquerosa y mala criatura. Pues
habiendo pasado con la turbacin que le escreb, por
las cosas que se ofrecieron, que se me hacan muy
pesadas de llevar, y llegando a Nuestro Seor con
mucha confusin por las faltas en que haba cado.
(i)
(3)
Cant.,
Ps.,
2,
117. 17.
8.
(2)
Dice
al
margen: "Ao de
16.".
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
328
despus que lo receb sacramentado,
derse
entre
s,
me
pareca arrevolvan toda
y se deshaca con la presencia del divino
mi alma con unas
ansias
que
la
amor.
Pensaba yo cmo otras veces esta presencia socomo quien descansa y duerme; y otras, se arde con una ansia que no trae consigo aquel sosiego, y entend: como la esposa, que
estaba al lado de su querido esposo, y con el mirar
de sus amorosos ojos, es herida de la saeta de su
amor, arde y se abrasa, deseando ms y ms estrecharse y unirse con l, y arrojarse en su pecho y en
sus brazos, y entrarse a su corazn, as te pasa. Mas,
cuando el Seor y esposo, vencido de su amor, la
llega a s, la recoge en su pecho, entonces descansa
y no hay cosa que le d cuidado. Senta aquel abrazo ntimo y estrecho del fuego del amor tan fuerte
y poderoso, que la haca desfallecer, etc. Y despus
de una hora que pas as, dudaba: Cmo, Dios mo,
esto ser posible en una criatura tan mala y vil, que
slo Vos lo sabis, cuando tntas te sirven con virtudes verdaderas, y que lo vemos en sus obras, y no
escriben ni..., etc.? Entend: Ya est respondido a esa
duda, que tanto tiempo y siempre te ha confundido,
con lo que respond a mi apstol, cuando le deca
su camino y fin de l; y cuando me pregunt por
el otro, que le respond: qu te va a ti?, sgneme t
siega al alma, y la tiene
Mi
(i).
Muchas veces te di a entender que en la variedad
de mis criaturas, aun irracionales, cri a cada una
para ciertos fines, y tienen su ocupacin propia;
unas aves slo cantan, otras sirven al gusto, etc. Pues
ya tu camino te lo manifest de muchos modos: con
palabras, con castigos, con voces sensibles, con hala
gos, por medio de mis siervos muchas veces, porque
as no dudaras con timidez.
(i)
Joann., 21, 22.
Afectos Espirituales
329
Acordme de todos los consejos y direcciones, en
particular de V. P. p. m., del Padre Francisco de
Herrera, del Padre Juan de Tovar, Juan Martnez
y del Padre Juan Romero, que todos haban dcho-
me una misma
que dispuso
el
cosa, y los modos casi milagrosos con
cjue comunicara a algunos de estos
padres. Tambin me hizo presente cuanto escrib,
desde que el Padre Francisco de Herrera me lo mand, y cuanto hasta la hora presente pone en mi corazn, que todo se encamina a un mismo fin; y que
quera pasara mi vida amando, padeciendo, obedediendo, en retiro y olvido de todo lo criado, sin negarle parte de mi corazn, etc.
Despus senta como si dijera: Hasta cundo has
de estar dudando? Hasta cundo has de querer ocultar, con la tierra y lodo de tu vileza
y culpas, el oro
de mi amor y misericordias? Cuando caes, esa eres
t; cuando te levanto y andas, ese soy Yo. No sabrs separar lo precioso de lo vil? Y esas cadas tuyas
no harn crecer mi amor, viendo que
la
bon-
slo es ma, y el andar, y estar en pie? No te
har conocer para amar mi poder y misericordia,
dad
que levanto de
tierra al
la
pobre y del
estircol al
misericordioso?, etc.
Estando
as el
alma con su querido Bien y Seor,
pareca que se pona en pie, y cea sus vestiduras
como para caminar, y le preguntaba: Francisca,
le
quieres venir conmigo?
Y como
el
fortalecida con el amor, responda:
or y Bien mo,
ir
donde
alma estaba tan
s
Seor,
fueres, y estar
donde
Sees-
que slo eso quiero y deseo, etc. Entonces,
con aquella brevedad que pasan en el entendimiento
tuvieres,
estas cosas,
se le
haca presente
un
dilatado
campo
en que no va ningn camino, antes estaba compuesto de alguna variedad de altos y bajos, hacia todos
lados cubierto de rboles y yerbas, y no distingua si
haba flores, espinas, piedras o ros.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
330
AFECTO
1059
SEALES POR DONDE CONOCE EL ALMA SI SIGUE O
DECLINA DEL CAMINO DE CRISTO.
Con una ocasin de mortificacin, que se ofreci
otro da, entend: quires ver si sigues los pasos del
manssimo Cordero Jess? Mira si en tus acciones y
afectos resplandece la benignidad y mansedumbre; y
todas las veces que hallares en ti cosa contraria a esto, sabe que declinas del camino y no sigues sus pasos. La esposa le pide la
atraiga con el olor de sus
ungentos, para andar y correr (1), y no hay cosa
que as atraiga el corazn como la blandura y misericordia. Lejos est del espritu de Dios la aspereza, ferocidad de nimo y rigor. El que ha de dominar la tierra es cordero manso y humilde, y sus ojos
son como de paloma (2), baados en leche de suavidad y blandura, que dulcemente miran las corrieii'
tes de las aguas. El es el pastor que carga a la oveja pesada, cura a la flaca, sustenta al corderillo, en
su seno abriga lo necesitado de calor y esfuerzo; y
El es el que no quiebra la caa cascada, ni el vino
que humea.
La condicin de manssimo
ni tendr
por esposa a
la
Jess no vendr bien,
que fuere contraria a su
dulce y amorosa condicin. La vid, la higuera ni el
olivo, que tienen sus frutos dulces y comunicativos,
no querrn mandar ni dominar en nada; mas el esj)ritu spero y cruel se vestir de codicia y ambicin,
an en cosas muy menudas. El viento suave del Espritu Santo se muestra
y percibe como silbo suave,
blando y amoroso, y as penetra an los peascos dursimos, hacindoles dar leo de caridad y amor. El
Espritu Santo es benigno, bueno, manso, suave y
dulce.
Mas has de entender que el Seor que mand principalmente honrar padre y madre, ese mismo dijo:
(i)
Cant.,
1,
3.
(2)
Ib.,
14.
Afectos Espirituales
331
que no aborrece a su padre y madre, no puede
mi discpulo (1), esto es, cuando nos son de estorbo para los caminos del Seor, si en ellos fueren
el
ser
nuestros adversarios, si nos impidieren el llegar al
Seor, aborreciendo y huyendo, los desconozcamos.
Pues esto se ha de entender y ha de observar con
todas las dems criaturas racionales: malas, sfrelas,
ajstate a sus condiciones, mortificando y quebranser buen olor de Cristo, y no
tando la tuya para
seas de escndalo ni
al ms pequeuelo; considerando que un prncipe soberano de la corte del gran
rey es tu ayo y custodio. Quiebra, para no faltar a
la mansedumbre y humildad, tu condicin; y psala,
aztala, para que produzca rosas de fragancia. Psala
como a la uva, para que d su vino de calidad, que
cubre
los defectos.
Gcela con
el
fuego de
la morti-
que sea suave manjar al gusto de Dios
vivo. Golpala una y otra vez, para que parezca ms
blanca que la nieve a los ojos de tu esposo celestial.
Qumala en el fuego del sufrimiento, para que pueda servir como humo oloroso a la presencia de Dios
vivo, donde el santo ngel tuyo la ofrezca en el in
ficacin, para
censario de la caridad.
Mas
advierte que peses fielmente cules criaturas
son adversas para el camino de Dios.
No llames amiga a la honra vana, a la adulacin o
lisonja, que ste es el peso injusto con que son necios en sus pesos los hijos de los hombres. Esto es
lo que has de huir de las criaturas: la que te alaba,
y cules cosas te
la
que
la
to,
que te hace perder tiempo. Mas
que te ejercita, la que te humilla,
Enemigos son de la cruz de Gris-
te lisonjea, la
ten por amigas, la
que
los
te advierte.
que tienen por Dios al vientre, a las deli
Los amigos y compaeros de
cias, a los placeres, etc.
Gristo
son
los
dolores,
afrentas
pobrezas.
Pues,
mira lugo para amar, admitir y abrazar en cualquiera cosa y ocasin, lo que trae seas de tu querido esposo, y cmo en cualquiera cosa puedas seguir
(i)
Luc,
14,
26,
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
332
sus pasos, pues no hay cosa que no pueda llevarte
a tu fin, y con que no puedas caminar a Dios, o ha-
ciendo o padeciendo (1).
Si se estima el cirujano, aunque corte, porque sana; y se agradece al que quita las manchas del vestido, por qu no se recibe y se aprecia al que trabaja y mortifica? Si tuvieras culebras en el cuerpo, o
gusanos, no estimaras que te las quitaran, y sacaran
con dolor?; pues por qu no estimas que mortifiquen y te adviertan las faltas y manchas del alma?
Si el cuerpo tuviera un ojo menos, fuera de grande agradecimiento si por imposible alguno pudier:i
restituirlo; pues mira que si t quisieres, cualquiera
ocasin o persona que te mortifique, le aadir grande hermosura a tu alma. Por ventura, no es sta la
que deseas para agradar a tu divino amante?, pu(:S
no huyas los medios.
Las piedras preciosas las labra el lapidario, y as
ponen en las coronas de los reyes; mas los maderos que se han de echar al fuego, no se repara que
estn comidos de carcoma. Ayuda, pues, a mortificarte, consiente con tu adversario en el camino de
esta vida mortal, que es camino y es breve, y se va
se
a la patria,
donde ms feliz llega el que
que no las ha de comer la
yores riquezas,
han de tener
ma-
fin.
AFECTO
EN LA
lleva
polilla ni
106^
ARIEDAD DULCE DE TRABAJOS DE AMOR,
CONSISTE EL AGRADO DE DIOS.
Teniendo duda por los varios accidentes y afectos
que el alma siente en s misma, entend esto. La esposa que est y vive en la casa de su querido esposo, unas veces se emplea en componer las joyas
con que ha de agradar a su querido; otras, en corregir y
(i)
gobernar sus domsticos;
Santa Teresa, Moradas.
otras,
en regalar a su
Afectos Espirituales
333
esposo; y otras es regalada y acariciada de l, y taivez reposa y duerme descuidando de todo, porque de
esto gusta su querido esposo, y l
mismo
le
guarda
reposo y sueo, gustando ms, talvez, de verla dormir y descansar que de que se ocupe, con turbada
solicitud, en otras ocupaciones, aunque santas.
Del labrador es trabajar siempre en la misma tierra;
mas talvez llega su tiempo de reposar con
quietud.
el
Todo
aquel coloquio entre
la
esposa y su queri-
do esposo, en aquel cantar de amor, no ves cmo
est tejido de admirable variedad? Ya vela y busca
a su amado; ya duerme y es buscada de su querido:
ya padece desmayos y siente derretirse su alma como
cera a la voz de mi dueo; ya le halla, y animosa
promete no dejarle ms hasta la bienaventuranza;
ya se le esconde, y se halla como la noche en sus
sombras; ya pregunta por l; ya da sus seas; ya el
amor
y pide el sagrado sculo; ya quieama y considera como el hermoso lirio de los valles; ya le quiere seguir
como al cabritillo y ciervo de los campos; ya atiende a sus adornos que le ha dado su esposo; ya se
ocupa toda en amar y ponderar las perfecciones de
su querido dueo; ya ve los cedros y cipreses de que
la saca
de
re correr tras su querido; ya le
es
hecha su
vias y
casa; ya lo
morar en
convida
al
campo, y
a ver las
las villas.
Y no ves cmo, sin entenderlo ella, se halla a veconturbada por s misma, por los ejrcitos de
Aminadab, porque con ella se porta su querido ejercitndola en varias cosas, mezclando la mirra con
aromas, y dndole talvez a gustar el panal con la
miel? Y no ves cmo, abrigado en sus pechos, talvez,
se muestra manojito de mirra; y otras veces hace que,
ejercitndose su esposa en el trabajo y sus dedos
apretando el huso, destilen mirra escogida a sus
manos? No la ves herida de las guardas, despojada
de sus vestiduras; y otras veces no ves cmo la predican por bienaventurada, vindola estribar en su
querido, etc.? Mas en todo esto no hay ms que aquel
ces
Sor Francisca Josefa de la CoNCEPaN
334
amor y dolor por su querido, aquel yo soy suya
es mi, mi amado para mi y yo para l (1).
y l
Ausente, lo llora; presente, lo abraza; caminando,
descuidada; despierta en la noche, lo busca; en el da lo considera; su amor la enferma, la hiere y la sana, la alienta y la desmaya, y la derrite.
lo sigue
Por
l vela y por l reposa. Y
y dulce esposo la llama, la
tando su fe, fortaleciendo su
haciendo arder la llama de su
no
ves
cmo
su
aman-
ronda, la vela, ejerciesperanza, soplando y
pecho, en el lecho, en
los montes, en los collados, en las puertas, en los
canceles y ventanas, en las vias y villas, en los
campos y huertas, en las corrientes de las aguas, en
te
ios rboles
y frutos, etc.?
da y su calor, en la noche y su nieve, el
amor no descansa, y en todo se ejercita. Y quiere
ejercitar a su querida esposa, y llamarla paloma, por
la mansedumbre; hermana, por la imitacin; amiga;
por la fidelidad en sus ausencias, etc. Y no ves que
ella no quiere otra cosa que a su amado; y si guarda
sus frutas nuevas o antiguas, son para su querido?
No ves cmo da todas las cosas por la dileccin, y
las reputa en nada, por hallar su tesoro?
En
el
Si habla,
es
preguntando por su amado; si camisi reposa, es porque l le guarda
vela, es porque l la despierta tocan-
na, es a buscarlo;
sueo; y si
sus entraas. Si gusta, son los frutos de su amor
dulces a su garganta; y si percibe olores y fragancias,
son las de su querido. No ves cmo el amor la diel
do
lata por los campos, la cierra como fuente, y como
huerto cerrado y sellado? No ves cmo la fortalece
como muro; y cmo sobre ella pone torres; y para
su silencio puertas y cerraduras? Cmo la cerca de esjuinas como lirio, y en todo esto slo tiene: ;/?/ amado para mi y yo para l; l es todo mi y yo soy toda suya? (2).
Pues mira cmo con dolorosa ansiedad se le castiga la tardanza en responder a su amor, aun cuando
(j)
Canl.,
2,
i6.
(2)
Cant, 2
et
i.
Afectos Espirituales
335
limpieza de sus pies, y este extremado cuinegligencia en levantarse, y el reparo en la
tnica, lo halla culpable el amor poderoso; porque el
amor es presto, eficaz, ardiente, no repara en estorbos,
no admite tardanzas, todas las cosas deja, todo lo superfino consume como el fuego, y su condicin es
transformar en s todo lo que encuentra, y hacer de
dos cosas una.
Pues mira, este igualarse el cielo con el suelo, Dios
con la criatura, el Altsimo con el polvo, el Creador
con la hechura de sus manos. Y mira, qu dars por
este bien que te parezca mucho? Advierte la firme/a
de aquella promesa: vosotros que dejsteis todas las
cosas, y me segusteis, recibiris cien doblado, y poseeris la vida eterna (1). Oh, alma!, mame! Amas-
miraba
la
dado, y
la
me? Amasme?
AFECTO
1079
EL PANAL DE VIRTUDES QUE SE LABRA ESCONDIDO,
TAMBIEN SE HA DE OCULTAR COMO EL SECRETO
DEL REY. SIETE MOTIVOS DE CALLAR, OTROS TANTOS
DE ANDAR, SEIS DE HABLAR, Y SEIS DE ALEGRARSE.
esto: Yo alab las perfecciones de
mas sobre todo me enamor el mirar sus
Otro da entend
mi
esposa;
ms
escondido valor de sus obras. Pues mpueden tener ms y ms perfeccin en
su ejercicio; si en todas las cosas entrares a lo interior, y como solcita abeja labrares tu panal en lo es
condido para que tu dueo lo coma con su miel. En
las cosas bajas y despreciables, suelen estar escondidas
las altas y preciosas. Muchas veces te mostr cmo con
pequeas acciones, podas ganar mucho, y andar mucho camino.
Hermosos son los labios de mi esposa cuando tienen la ley de mi caridad y clemencia; mas al silencio
ojos; y
a, las
(i)
el
virtudes
Matth.,
19, 27.
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
336
atan y cien, puede aadirles valor la incon que se calla. Calla por imitar a
tu esposo, de quien se dice: no abri sus labios. Calla
por un interior conocimiento de tu bajeza e indignidad para alzar la voz, ni abrir los labios en la casa
del gran rey, y entre sus criaturas y esposas. Calla
por una adversin y divorcio que hayas hecho con la
vida temporal y sus negocios no necesarios. Calla
por tener ms tiempo para hablar y tratar con tu
seor y esposo. Calla por castigar las faltas y culpas
que cometiste hablando. Calla, porque el Seor gusta
de ello, pues muchas veces oste y leste cunto le
agrada el silencio. Y calla para ejercitar la paciencia,
no volviendo por ti la candad, no dando ruido, etc.
Estos son los tiempos de callar, porque quien de veras ama, slo gusta le hablen en su amor y amando.
Mas tus tiempos de hablar sean por el amor con humildad, por el amor con gusto y sosiego, y por el amor
con ansia de arder ms y ms en l. Habla cuando sea
necesario ejercitar la caridad, humillndote a toda
criatura, procurando aliviar o servir, aunque sea en
cosas muy leves, a las criaturas de Dios hasta la ms
mnima, viendo en ellas a Cristo, y el santo Angel
con que
se
terior intencin
que
guarda y acompaa.
Cuando el cuerpo padece, est contenta, pues
deseando la cruz la hallaste cerca. Gzate, que padece
tu enemigo que te estorba el llegar a tu bien. Algrate, que el que se goz en lo injusto, justamente es
atormentado y afligido. Gzate de que todo cuanto
tu Seor dispone, lo hace con suma tranquilidad
y
gusto; y pues El gusta de tu dolor, qu mayor gusto,
qu mayor descanso? Estate contenta y consolada cu
la cruz de tu esposo, lecho pequeo y florido de tu
querido amante. Alintate en la esperanza de que en
las
carne y huesos humillados, vers al fin a tu
y Salvador, y es bien que vaya labrada con
ci fuego de la enfermedad y tribulacin.
Si anduvieres puntual a las obligaciones de tu estado, gue tus pasos cl amor y sern hermosos. Anda
por obedecer, anda por humillarte, anda por alabar
esta
Redentor
Afectos Espirituales
337
a tu Seor, anda por mortificar el cuerpo, anda por
dar buen ejemplo, anda por ejercitar la caridad, y
anda porque no descaezca por tu lado la religin y
observancia. As, en toda cosa y ocasin, ntra a lo
interior; mas gurdate de la demasiada solicitud y
congoja. No quieras turbarte a ti misma, pues aunque
pueda uno tocar varios instrumentos, no ha de querer taerlos todos juntos.
Pues sta sea tu regla: que no te halle el da ociosa
ni turbada; suene tu voz en los odos de tu amado:
5uave, quieta y sosegada; y cuando su gracia, su soplo
y su roco, hicieren aparecer estas flores en la tierra,
ofrcelas, con un suave mirar, a tu querido. Poda y
limpia tu via para tu amado, llmalo siempre con
los gemidos de la trtola: ven austro dulce, apacible,
amoroso, amigable, sopla en el huertecillo tuyo. Haz
ausentar los vientos de la turbacin y congoja, enva
tu roco vivfico para que no me quede seca y estril.
Haz que en el desierto de todo lo criado, crezcan los
frutos de que t gustas. Crcame con tu amor y temor, porque no me quede como aquella via, sin cerca y llena de hortigas, que no fue podada, ni se criaron sus plantas, ni sus frutos. Ven, amor vivfico, cra,
conserva y guarda para Ti los frutos del corazn, y
clama: ven amoroso bien, suave, dulce, apacible!
AFECTO
1089
LA ALMA CON ORACION, SEORA; SIN ELLA, ESCLAVA.
ORACION ILUMINATIVA, INTELECTUAL,
DEPRECIATIVA V CONFIADA.
Despus de unas grandes tribulaciones de alma y
cuerpo, que no podra explicar, tuvo luz en aquellas
palabras que dicen: Bendito el Seor Dios mo que
no apart de m mi oracin, ni su misericordia (1).
Y entendi cun grave es la tribulacin, trabajo y caPs.,
27, 6 et 30, 22.
I.-15
Sor
338
Fr-a,n
lamidad que
el
cisca Josefa de la
CoNCzrciN
alma pasa cuando
ella la oracin, y
el
Seor aparta de
cmo entonces parece
misericordia. De esto
se
halla
como
apartada de la
se quejaba el
que deca: por qu, Seor, te pusiste lejos, y desprecias en la oportunidad de la tribulacin; por qu, Sror, repeles o arrojas mi oracin, y vuelves de m tu
rostro?, etc. (1).
Es el alma con oracin, como una ciudad llena de
riquezas y de pueblos, que domina las gentes, porque
como seora gobierna las pasiones y apetitos, y aun
se sirve de todas las cosas que estn fuera de ella, tributndole todas: la tribulacin, mrito; el consuelo,
aliento; la enfermedad, virtud; la salud, vigor para
el ejercicio de obras buenas; la soledad, tiempo para
la
contemplacin;
ridad; y todo
para
la
le
la
compaa, ejercicio para
sirve,
fortaleza y
hasta las faltas y
humildad,
Mas desamparada de
la ca-
tentaciones
etc.
y de aquella luz
misericordiosa que luca sobre su cabeza, queda sola
y desolada, y a todas las cosas parece que les paga tributo: la alegi a (si acaso la puede tener) o la mscara
de ella, la distrae; la tristeza, la turba; la soledad, la
hasta; la conversacin, la ocupa intil y daosamenlas faltas, la hacen
te: las tentaciones, la derriban;
cobarde, etc. V todas las cosas la seorean, y cobran
de ella su tributo, como dejada a que la azoten con
dao y infamia. Sus prncipes van cautivos, porque la
razn se obscurece y ata; sus afectos se lamentan,
desnudos dj la hermosura antigua; los pequeuelos
deseos piden y mueren de hambre, porque no hay
quin les parta el pan, etc.
Es la oracin para el alma como el sol para ti
mundo: con l se ven los colores, las plantas crecen,
dan sus flores y frutos; las aves cantan y se alegran,
los hombres comercian y trabajan, y no hay quin se
esconda a su calor, etc. As, en rayando en el alma la
comunica la misericordia,
luz, que por la oracin
toda est alegre, vi\e en su calor y se mantiene. To(1)
Ps.. 87.
15.
la oracin,
Afectos Espirituales
339
das sus potencias y facultades florecen y dan frutos.
En todos sus afectos y sentidos de ella, se oye voz de
alegra y salud: los arroyos alegran, las flores dan fragancia; y con la compaa de su sol y esposo, ve y
goza de unos campos frtiles y abundantes, de vias
florecidas, de manzanos y rboles frutales, etc. Mas,
escondindose este sol, apartando de ella esta su misericordia en la oracin, queda como la noche, robado
el calor que el sol le daba, queda triste y escura,
fra y helada. Todo para ella se viste de luto, y la vista ms hermosa que con l le daba contento, ya es
sombra que la aflige y espanta. Pusiste las tinieblas, y
se hizo la noche, en ella pasaron todas las bestias de
las selvas (1). Las pasiones como bestias braman a
sombras de la escuridad, y los demonios, bestias crueles, atormentan con los temores nocturnos, etc. (2).
Pues esta es la tribulacin del alma.
oracin para
el alma, en cuanto es meditaentendimiento que la alumbra, como
la luz de los ojos. Mira, pues, cunta calamidad y miseria sera para un hombre, si en camino dilatado y
Es
cin,
la
como
el
spero le faltase la luz y cegaren sus ojos: cuntos desconsuelos y asombros, cuntos miedos y tristes temores
cercarn su corazn. Y si de la falta de la vista corpo
ral, deca el otro: ({qu gusto puedo tener, si estoy en
tinieblas y no veo la luz del cielo? Cunta ser la confusin y pena que el alma siente sin esta lumbre de
sus ojos? Deca uno:
"desamparado me ha mi virtud,
y la lumbre de mis ojos, y El no est conmigo; parece
que ha apartado de m mi oracin y su misericordia."
(3).
Semejante, pues, y sin comparacin,
es
ma-
yor la calamidad y pena que el alma siente cuando se
ponen estas tinieblas sobre la cara del abismo, porque
ella
toda
queda como hecha un abismo de confusiones, y
la tierra la cubre en tinieblas, porque por nin-
gn lado ve luz, y hasta la esperanza de verla se
y esconde como en un seno secreto y cerrado.
(i)
Ps.,
103, 20.
(2)
Ps., 90, 5.
(3)
Ps., 23,
9.
aleja
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciON
340
Es la oracin para el alma, en cuanto es depreca^
cin que entiende o siente ser oda, como la lengua
y la voz que explica y dice sus necesidades y menesteres a aquel Padre piadoso, que manda que llamen,
busquen, y pidan (1). Y cuando tantas necesidades
combaten al alma, tntos trabajos la cercan, qu congoja, pena y dolor; y hallarse como sin lengua y sin
\oz para ser oda. Y parece que se aparta de ella su
oracin, porque aun no puede clamar; y la misericordia, porque no entiende ser oda. As rogaba el que
deca: "Percibe, Seor, mis palabras en tus odos. Seor, oye mi oracin, entiende mi clamor (2). Yo enmudec y call en los bienes, y mi rostro se cubri de
confusin." (3). Pero en esta calamidad y miseria del
alma, pone en el polvo su boca, por si acaso hay esperanza. Pues si fuera gran calamidad y trabajo para
un hombre, verse desnudo, dolorido y necesitado, y
no poder llamar y rogar con voz libre y confiada:
cunto trabajo y tribulacin es para el alma, en medio de tantos riesgos y necesidades que la cercan, hallarse como sin voz para pedir remedio, y como secas
sus fauces y enronquecida de clamar, porque est como metida en un limo o barro profundo. Y no hay en
ella substancia, porque parece que se apart de ella
la oracin y la misericordia.
Es la oracin una llave que abre los tesoros de Dios^
y cuanto ms confiada y humilde, llega hasta su divino pecho, y saca de l tesoros divinos, y riquezas inefables, con que remedia su pobreza, sana sus enfermedades, y se viste de honor y hermosura. Pues cuando se aparta de ella esta oracin y misericordia, se halla pobre, desnuda y enferma, falta de bienes, y abundante de males, que la cercan como muchos novillos
y toros gruesos que por todas partes la amenazan y
combaten. Sobre m se confirm su furor, y todas sus
avenidas enviaste sobre m. Yo clam, y no me oste.
Y en esta noche se ha hecho una ignorancia para m
(i)
(j.
Matth.,
(3)
I*s.,
7,
.'13,
7;
16.
Liic.r, 9, 9 ct
Maic,
11.
(2)
Ts..
S-,,
Afectos Espirituales
341
que como una nube negra, escura y pesada, se me
ha cerrado el cielo; y mis caminos, como con piedras
-cuadradas estn cerrados; aquellos caminos mos, porque en algn tiempo me los disteis y franquesteis, y
los andaba como corriendo; porque dilataste mi corazn, estn cerrados, y desbaratados en mi desolacin,
angustia y trabajo (1).
En
(i)
la
primera copia del manuscrito de
dre Francisca Josefa de
la
don Antonio Mara de Castillo y
de don Antonio Gmez Restrepo
ia
presente edicin, aparecen
Dice
(a)
de
al
la
Venerable Ma-
Concepcin, hecha por su sobrino
Alarcn, copia de propiedad
y sobre la cual se
siguientes
las
margen: "'Hasta aqu
ao de
el
ha hecho
anotaciones:
16,
ahora
es el
24."
(b)
"Divido aqu, en seguida, parte de estos Sentimientos
Espirituales,
que
se
pues
exactamente
es
contienen en 251
compone
la
mitad de
los
originales
y hasta aqu van copiadas
fojas,
125,
volumen exactamente necesario para que.
impresa esta primera parte, forme un tomo igual al de la Vida
<le la autora, impreso en Filadelfia, en agosto del ao de 1817."
y tambin
(c)
el
"En 26 de diciembre de
seora santa Clara, de
primera parte de
folio,
Mache
los
que consta de
la
1837, envi a las religisoas
de
la
ciudad de Tunja, una copia de esta
Sentimientos Espirituales, en un libro en
132
fojas,
siendo
abadesa
Feliciana de San Jos, sobrina, en el
yo, de la autora de estos escritos."
FIN DEL
la
Reverenda
mismo grado que
TOMO PRIMERO
APENDICE DEL
VOLUMEN DE LOS AFECTOS
A MI HIJA
Bogot, junio de 1843.
Amada
asociar tu
mi corazn: me es muy halagea la idea de
nombre y memoria al de nuestra venerable ta, Fran-
hija de
cisca Josefa
de
razn,
Concepcin
la
heroica suya. Por
el
me he tomado
mi
estos objetos tan gratos a
agradable
el
tu virtud naciente, a la
Castillo;
honor de
trabajo de
co-
dar a luz los
Afectos Espirituales que van en este volumen trasuntados
fiel
y exactamente, compuestos de sentencias, aspiraciones, visiones
y documentos importantes, que en abundancia contienen los co
piosos escritos que de
nuestra venerable
cuyo trabajo compondr
la
segunda,
si
sta
tiene
esta
ta
primera parte; y
poseo originales,
me prometo
aceptacin, y a Dios place.
lectura reflexiva hallars, hija ma,
rumbo
seguro en
En
el
dar
esta
curso
escabroso y dudoso de esta vida; depretela la providencia,
tranquila o borrascosa; para todo caso encontrars norte, direccin, gua y auxilio en estos sabios documentos,
mente
se
ta verdad, sencillez y
afectos,
que
difcil-
hallarn reunidos en otra parte tan copiosos, con tn-
sublimidad expresados; tntos fervientes
que elevan y encienden
el
corazn;
tntos
conceptos
tan adecuados y persuasivos consuelos, y
direccin para los lances ms crticos y aflictivos que puedan
sublimes, exquisitos;
ms angustiada y trabajosa; y tnto acopio
de luces y desengaos para mirar y apreciar, bajo el verdadero
punto de vista, las vanidades transitorias, y formar concepto de
acaecer en la vida
la solidez e
importancia de lo eterno.
brirs y disfrutars, hija querida,
si
Todo
lo
este tesoro descu-
cavas, meditas y reco-
con atencin, codicia y constancia; pues sin esto, es infructuosa toda lectura, y por eso est desolada toda la tierra,
poique no hay quien escogite con el corazn. T, como tan
gitas
inmediata a aquella fuente,
si
cultivas las facultades
que
te
ha
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
.:344
dado
el
ele estas
estableciendo tu mansin cerca de las corrientes
cielo,
aguas puras, dars frutos sazonados a su tiempo, bajo
la direccin y tutela
de tu
ta
venerable, a quien te recomien-
do para que te dirija e impetre toda felicidad, fomentando tu
inocencia y virtudes, como tambin alcance del cielo proteccin
para toda esta su parentela y paisanaje.
Acaso las virtudes monsticas te intimidarn, o no convendrn a tu estado, hija ma; mas tienes modelos recientes de
virtudes seculares que imitar en tus abuelos paterno y materno;
D. Joaqun de Castillo y Santamara
el Sr.
y el Sr. D. Pan-
(i)
pero, sobre todo, el ms antalen Gutirrez y Quijano (2)
logo a tu sexo y circunstancias, que tienes a la vista y obser;
vas con respeto y amor, es tu honorable progenitora, que lleva
el mismo nombre de tu ta Francisca y los apellidos de Moreno
Isabella
(3)
en quien hallars todas
civiles y religiosas
que
las virtudes domsticas,
imitar, con toda la beneficencia de vues-
tros abuelos.
Dios
te
guarde en su santa gracia como desea tu amante
padre.
A.
Muri en Tunja
(1)
71
el
M. de
C. y
A.
da 7 de junio de 1824, a la edad de
aos, 8 meses y 18 das.
(2)
Muri en
la
hacienda de La Herrera,
el
da 8 de diciem-
bre de 1827, a la edad de 71 aos, 9 meses y once das.
(3) Cumple el da 27 de septiembre de este ao 79 aos, y
gozando de toda robustez fsica e intelectual, y de la vista de
una lucida y numerosa posteridad, hasta la 3^ generacin, resi-
de en su hacienda de La Herrera, ejercitando
ta y
Mara, con
Surrexeruut
-31. 28.)
la
filii
providencia de
ejus
et
la
mujer
las
obras de Mal-
fuerte, etc.
beatissiniam prccdicaverunt.
(Prov.,
EL EDITOR
Eos que no tengan paladar para gustar
lo espiritual, enrgico,,
pattico y sublime, acaso tomarn inters en esta lectura por
lo flido, elegante y correcto del idioma en que se expresa unri.
que existi hace siglo y medio; y que dice en
Su Vida, que corre impresa (hoja 194) que a la edad de 45.
aos en que la hicieron abadesa en su convento, "se hallaba
hija de este pas,
ignorante del todo, ni aun
saba, porque, sacado
el estilo
sus aflicciones, y sus hermanos,
entr monja, otras personas".
que
obstante, sus primeras pro-
viva en el
marcan
fecha del ao
la
autora 19 aos, y aunque haca uno>
convento, aun no haba vestido el hbito reli-
cuando slo tena
gioso, y ya le
los seglares
no haba tratado, desde que se
No
ducciones, contenidas en este libro,
1690,
de hablar con
de sus confesores para buscar remedio en
la
orden su director que
escribiese,
porque ya
eir
tan tierna edad tena ilustraciones y suficiencia para ello, comolo
patentizan
Aun
bien
dichas primeras
los espritus orgullosos
interpretar a su
escritos
tal
modo
producciones.
que presumen de suficiencia pani.
Sagradas, hallarn en estos
las Escrituras
verdad, naturalidad y coherencia en la inteligencia
e interpretacin de tantos textos sagrados,
tora,
que sern compelidos
teligencia
de
Iglesia
la
como aduce
a conformarse con
Catlica;
ms,
si
el
la
au-
espritu e in-
profundizando un
poco, se convencen de que una mujer simple y sin estudios no
habla por
como
dice
s,
el
sino iluminada por espritu
cap.
8*?
de Su Vida:
to religioso, asistiendo
al
"Aun
coro, all
me
superior:
pues
que
antes de tomar el hbi-
hizo Nuestro Seor el
que entendiera el latn como si lo hubiera estudiado, aunque ni an lo saba leer bien; mas eran tan a medida'
de las aflicciones y desconsuelos que padeca, las cosas que entenda en los salmos, y las impriman tan dentro de mi alma,
que no poda cerrar los ojos a ellas, aunque quisiera." En e
beneficio de
mismo impreso
eminentes en
se hallan las cartas
la direccin
de
de sus confesores, varones,
espritus, los
que unnimes
alri-
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
346
Madre
biiven estas producciones de la \enerable
mismo
divina; y lo
juzga
por esta curia metropolitana,
estos esciitos;
ella
a inspiracin
comisin de telogos, nombrada
la
el
cuyo parecer est
al
ao de 1816, para examinar
principio de dicha Vida. De
podran deducir aqu varios comprobantes
se
pero slo lo har de lo que dice
"Puso patentes
la
al
mi alma muchos salmos
a los ojos de
objeto;
venerable madre al cap. \i
cunstancias angustiadas que refiere)
y versos
que dice (David)
de
(en cir-
ellos a este
pro-
ayuda y favor que Diosle dio en todo, y cmo fue su refugio en todas las tribulaciones que la cercaban; de manera que pareca tener ante los ojos
psito, y otros en
la
de mi alma mucha parte del
un
lienzo
en
tanto que lo
salterio, como cuando descubren
que estn dibujadas vivamente muchas cosa^;
que en aquel rato entend, tardara mucho en es-
cribirlo."
No
es
dado a todos
contienen estos
entender
el
escritos;
lo
y distintamente, en
concisa
que
las
que
la
venerable raadre^
Afecto 55^, diciendo:
el
que
doctrinas y enseanza
descifra
"Enten-
un instrinnento de flautas nniy
delgadas, se entenda por todo lo que llevo escrito; porque como el aire o aliento del que toca, es el que se oye en aquel instrumento, as lo que ah hubiere de Dios, slo es lo que Su
Majestad enva de su espritu, por un instrumento de caa sin
virtud para nada. Y que el decir que eran delgadas, es por la\
doctrinas o enseanzas que contiene, que ha menester, para en-
d,
el
comparar
el
alma
tenderla y gustarla, tener
el
rostro cubierto a todos los afectos,
desordenados, y los odos del alma muy desembarazados y atentos, porque no es voz que viene en torbellino, sino en aire y
silbo blando;
en
los
no
se gusta
en
el
Desde que tuve
positara en
la
mi poder
<
los preciosos
ellos,
ima para
i)
ui uso,
el
cielo de-
manuscritos de mi veneratlai
que hace 30 aos, no he omitido
ta,
la
etc."
no merecida fortuna de que
gasto, para hacerlos ostensibles.
ja,
sonido de los labios, tanto como-
movimientos del corazn,
trabajo,
V he sacado
diligencia,
3 copias
otra para las religiosas clarisas de
y la tercera para esta impresin,
ni
de todos,
que quiz dispondr
TunDios,
complete, pues aun cuando ha decado mi vigor, salud y facul-
(1)
Afectos
Espirituales.
\<)1.
i.
pg.
i2j.
cd.
1942.
Afectos Espirituales
ha excitado fuerte y suavemente a que promulgue
que me arredren los obstculos (i)
me
tadcs.
parte, sin
1^
esta
Lo
una "palabra de
que va aqu trasuntado lo
de
tra
347
es
literalmente, sin alterar ni
los escritos originales
que poseo, de puo
y le-
venerable madre Francisca Josefa de la Concepcin,
la
religiosa del monasterio de seora santa Clara, de la ciudad
Tunja, en
su citada
tome
repblica
esta
ile
neogranadina de Smamrica; y en
que apetezca el que
que he dividido en pe-
hallar todas las noticias
J'ida
algi'm inters en esta lectura. Slo
rodos cortos, lo que la autora puso en discursos seguidos; y
al principio me propuse entresacar algunas sentencias,
auncjue
aspiraciones,
etc.,
lleganto a la prctica,
he
visto
que todo
es
sentencioso y espirituoso, por lo que slo he excluido algo d.e
la parte histrica; todo lo dems va ntegro; si algunas pocas
palabras he suplido para
este signo
(*
*)
(2)
la inteligencia del
las
contexto, van entre
proposiciones cjue se hallan expic-
sadas en tercera persona como: se lo dio a entei\der; comprendi,
etc.,
plica
as.
son originales de
Las
la venerable
etcs.,
qi:e
se
la
ai:tora,
que por modestia
se ex-
hallan a menudo, son tambin de
madre. Y como slo escriba para sus directores,
y por su oiden, se hallan algunos discursos encabezados con
la expresin: padre wio. Los ttulos con que se compendian los
(1)
Xo
obstante que solicit a varias personas, para que con
utilidad propia
en
el
me ayudaran
al
gasto de esta impresin, slo
seor Bruno Espinosa de los Monteros hall cooperacin.
No quedar defraudada, lo mismo que la que me han prestado
con su influjo el seoi don Andrs Aguilar, como conocedor
del mrito de estos escritos, y
(2)
^I.
los
Las palabras que
el
el
seor Jos
Manuel Groot.
copista de los manuscritos de la V.
de Castillo, y primer editor de la Vida y primera parte de
Afectos Espirituales, supli para mejor entendimiento del
texto, segi'in l,
han
sido omitidas en esta edicin, por
no
ser
siempre ellas necesarias, y para conservar en su integridad los
escritos originales, conforme a la copia, que se dice fiel, hecha
por
el
mismo seor
Castillo y Alarcn, copia
que celosamente
de don Antonio Gmez Restrepo, y
a cuyo texto nos hemos ceido estrictamente para hacer esta
edicin de las Obras Completas de la
M. de Ca- tillo. (Noia
se conserva
en
la Ijiblioteca
<le la
presente edicin.)
Sor Francisca Josefa de la CoxcErciN
348
Afectos, son obra del R. P. Fr. Francisco Antonio Merchn. de
grata memoria, que nuui en
provincial,
de su
etc.,
marginales son puestas por
el
ao prximo pasado, siendo
el
orden
de
franciscanos
Dr. Miguel
Sr.
(i)
Tovar
Las
citas
y S:rate.
ministro que ha sido de los tribunales de la repblica, el que
con su notoria suficiencia, perspicacia y devocin a la veneraljle
autora, las ha realizado, lo mismo que la correccin tipogrfica
toda esta obra.
tle
Que
todo sea para mayor gloria de Dios, provecho del pr-
jimo, honor de su sierva y del monasterio y pas donde floreci; que en promover estos objetos, ser su allegado, y nutrir
su alma, espritu y corazn con
el
pasto de esta doctrina,
sli-
do, suculento, delicioso, tiene su felicidad y recompensa el editor, que a todos desea disfruten estos bienes. .4. M. C. y A.
(i)
Hace cinco aos
cjue
siendo Comisario de
la
\'eneral)lc
Orden
Tercera, movido de su gran celo, actividad y poltica, puso en movimiento el conato y disposicin que le manifest un
su hijo de confesin, para emprender la obra de casa para ejer-
cuyo efecto promovi en el Discretorio de
Orden se le comisionase para que pusiese inmediatamente
manos a la obra, con los fondos que pudiese erogar de su caudal, los que pi:diera dar la Orden, y colectando del pblico
cicios espirituales, a
la
los
fondos necesarios, dirigiera y activara
la
obra hasta su con-
clusin; autorizndolo con la eleccin de Ministro de la
por
concluir
el
hubo
han tenido lugar ms de 30 reuniones de
ltima, que coste el seor Ignacio Moraen la que promovi la seora Jacoba Urisarri,
edificio,
ejercitantes; y
les,
Orden
perodos seguidos. As es que a la fecha, aunque sin
tres
en
111, v
la
entraron 129 mujeres; la costeada en mucha parte por la l)enefactora de la casa, seora Sixta Pontn de Santander, fue nu
merosa. Suscitando
res,
al efecto la
providencia divina para directo-
por bito del nunca bien alabado seor doctor Francisco
Margallo, los fervorosos e ilustrados espritus de nuestro celoso
prelado,
arzobispo
Manuel Jos
de
esta
Mosquera,
dicesis,
de
los
Ilustrsimo
seores
rrn, Riao, Saavedra y otros. El comisionado
llar
en
la
De
las
doctor
Ht-
no desconfa ha-
piedad de estos heroicos ciudadanos,
faltan para perfeccionar la obra.
seor
prebendados
los
fondos (juc
limosnas colectadas, su
inversin y benefactores que han contribuido, se dar a su liemj)o
noticia circunstanciada al respetable pblico.
EPITOME
DE VIDA DE LA VENERABLE MADRE FRANCISCA
JOSEFA, QUE SE HALLA AL PIE DE SU RETRATO,
QUE POSEO HECHO AL OLEO Y DEL TAMAO
NATURAL
Dice
as:
La V. M. Francisca Josefa de la Concepcin, hija legtima de
don Francisco Ventura de Castillo y Toledo y doa Mara de
Guevara Nio y Rojas, naci el ao de 1671, en la ciudad de
Tunja: su nacimiento fue acompaado de circunstancias que
indicaban en alto grado su perfeccin a que haba de llegar en
el curso de su vida. Pudese considerar como un prodigio en
su puericia, pues lejos de las frivolidades e inconstancias de su
edad, se le vio a los
seis
aos emplear
tres
horas diarias en los
de oracin y las ms rgidas austeridades. El Seor,
destinaba para modelo de religiosas, le dio a conocer en
ejercicios
que
la
esta
misma edad, por una
visin, los
tormentos que estn des-
tinados a los que en el siglo corren por
Reno\ por entonces
vicios.
el
ancho camino de
los
su fervor, pero llegando a los doce
aos, se dio incautamente a la lectura de novelas y comedias; y
bajo de honestos motivos, pretendi
cir
el
amor profano introdu-
en su corazn este mortal veneno. Nuevos auxilios
vol-
la
vieron de esta distraccin perniciosa, y venciendo interiores re-
pugnancias, con todos los obstculos de la carne y de
entr en
Tunja,
Es
de
ma
el
ao de
el
difcil
este
1689.
expresar los interiores y exteriores combates que des-
punto tuvo que
visible,
escrpulos,
la sangre,
monasterio de Santa Clara de la misma ciudad de
sufrir:
sugestiones del enemigo en for-
contradicciones horribles de sus prjimos, molestos
ideas
tristes
de reprobacin, enfermedades agudas
Tal es el cuadro
v dolorosas, desamparos y desolacin interior.
que presenta, por una parte su vida
otra,
en
ella,
humildad,
los
religiosa,
vindose por
admirables efectos de la gracia, su profunda
heroica
resignacin,
abstraccin
de
criaturas.
El
I.-16
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
350
hambre de
austeridades era insaciable, continuas sus lgrimas,
encendidsimo su amor a
los
prjimos, prodigiosa su pobreza y
desprendimiento de todos bienes terrenos, singular su obediencia,
pursima y fragante su castidad. Generoso el Dios por cu)0
ejercitaba estas virtudes, la enriqueci de ciencia tan su-
amor
blime y divina, como
El libro de su vida,
se
ve en sus Sentimientos Espirituales y
escritos
donde ms largamente
de orden de sus sabios confesores,
se contiene todo lo dicho.
Por elecciones conocidamente milagrosas, y contra la intencin de las electoras, fue tres veces abadesa en el citado monasterio, al
que, sindolo, enriqueci en lo temporal, y en lo
es-
ms con su ejemplo material que con la
autoridad de superiora. Muri en opinin de santidad el ao
de 1742. As lo afirman graves documentos que se hallan al fin
piritual hizo florecer,
de sus Sentimientos
Espirituales.
mitad del
hall su cuerpo incorrupto, y se le dio
Escribilo su sobrino Jos
ao de
Presbtero,
siglo
ms decente
Manuel de
pasado
se
lugar.
Castillo y Santamara,
1813.
Igualmente estn
las cuatro
escritas,
en una tarjeta de dicho retrato,
dcimas siguientes, que hizo
Juan Manuel Garca de Tejada y
grado de la venerable madre (1)
el
presbtero doctor
Castillo,
don
sobrino en tercer
De
la
razn a los aos
Francisca apenas lleg.
Cuando reconoci
Del
A
(1)
su
mundo
alma
vil
los engaos.
terribles
daos
Naci en esta ciudad, y fue educado en Espaa, bien
conocido aqu por su brillante ingenio potico y vasta erudicin sagrada y profana. Obtuvo varios beneficios eclesisticos.
Su prdica
dems producciones fueron
disensiones polticas de este pas, emigr
paa,
fij
suficiente,
lucidsimas.
Por
las
ao de 1819 a Essu residencia en Madrid, donde gozaba una renta
mas por trastornos acaecidos qued a perecer. Aqu
el
remedi muchas necesidades generosamente, y le hemos enviado socorros hasta el ao de 1840, que ignoramos si ha recibido.
Afectos Espirituales
Por una incauta leccin,
El cielo anuncia en visin,
Huye de
ella, y la
verdad
Sola busca en soledad,
puerto de salvacin.
el
De
Magdalena
Pazis a
Se propone por modelo,
en
camino del
el
cielo
De penas se encuentra
Una trabada cadena
De
llena;
sufrimiento es su vida;
Mas por Dios
fortalecida.
No lleg a desfallecer,
Y hall siempre en padecer
Toda
su
escondida.
gloria
Nuestra mstica doctora
Obtuvo ciencia eminente,
Y como aquella obediente
En
escritos atesora.
Por
tres veces
Fue de
Y con
superiora
las hijas
de Clara,
prudencia rsuy rara
Las conduce
al
santo templo
De la virtud, no con
Mas con luz de buen
Por
los pasos
Y camino
vara.
ejemplo.
de humildad
de amargura.
Llegar supo esta alma pura
la
No
unin de caridad;
a fuerza de
Terrena perdi
De
santo
enfermedad
la vida.
amor encendida
Vctima se consumi,
para siempre parti
vivir
con Dios unida.
351
CONCESION DE INDULGENCIAS
Bogot, 29 de marzo de 1843.
Habiendo examinado de nuestra orden,
de hacerse de
de
cisca Josefa
la
la edicin
Sentimientos Espirituales de
los
la
que acaba
R. M. Fran-
Concepcin, religiosa del Monasterio de Sania
Clara, de Tunja, resulta en todo conforme con el manuscrito
autgrafo, que por
qiddicesis
fue
mandato
revisado
Gobernador de
del seor
por
DD.
la
Ar-
Cuervo, y
Jos Antonio Toires y Pea, en 2G de noviembre de 1816, y en
su dictamen, no slo fueron calificados sanos los escritos de
dicha religiosa, sino que
virtud,
la
editicativos,
cruz". Este es
las
SS.
se
como contienen
Nicols
juzgaron "llenos del buen olor de
que endulzan
tambin nuestro
almas piadosas a que
ble doctrina
los
los
juicio;
las
amarguras de
la
y deseando estimular a
aprovechen de tan buena y saludalos
Sentimientos Espirituales, con-
cedemos ochenta das por cada Afecto que leyeren atentamente,
y cuando sea en los das de fiesta, por cada perodo.
El
ARZOBISPO.
ORDOEZ,
Serio.
El seor Obispo de Calidonia, auxiliar de este Arzobispado,
concetle
las
siguientes
los C|ue leyeren
obra, y lo
El
indulgencias:
40 das de indulgencia a
atentamente cada uno de
mismo por cada uno de
los
los
perodos de esta
Afectos que ella contiene.
seor delegado apostlico de la Santa Sede concede 100
uno y otro sexo, que leyeren
das de indulgencia a los fieles de
dicha obrita por un cuarto de hora en
El
en
seor provisor del
los das
festivos.
Arzobispado, doctor Antonio Hcrrn,
virtud de las facultades que se
le
han delegado por la Silla
que atenta y devota-
Apostlica, concede una cuarentena a los
mente leyeren cada uno de
los Afectos.
CONCEPTOS SOBRE ESTA OBRA
Bogot, julio 20 de 18^3.
Seor Antonio Castillo.
Muy
seor mo de mi aprecio. Insiste usted en creerme apto
para abrir concepto sobre
mrito de
el
las
producciones msti-
cas de su venerable ta Francisca Josefa de la Concepcin, y sin
que
entienda que rae erijo en censor en esta materia, dir a
se
usted lo que siento en
el
particular.
Verdaderamente hallo tntas
bellezas en ellas,
que me asom-
bran, as de erudicin sagrada y profana, como de doctrina,
conceptos elevados, y diccin pura, elegante y aun potica. Se
me
figuran
un mosaico formado de
Sagrada Biblia, en cuyo dibujo
la
con
brillantes trozos
de
venerable madre emplea
mayor propiedad para
su intento las nociones peculia-
No
conozco produccin literaria del
la
de
res
ms
los
la
las ciencias y artes.
tiempo en que escribi
la
Venerable Madre que se asemeje a
cmulo de cualidades que admiro; y si no viera y
escritos autgrafos que remueven toda sospecha
de suposicin, atribuyera esta obra a otra pluma de poca ms
culta y libre de los resabios que afearon la habla castellana, en
sta
en
palpara
la
de
la
el
sus
Venerable Madre.
No
teniendo sta a quin copiar, la
cuestin queda reducida a la autenticidad del manuscrito, cuya
inspeccin arranca
el
convencimiento del ms escptico.
Creo que para sabios e ignorantes la lectura de los Sentimientos Espirituales de la Venerable Madre, es deliciosa, instructiva
y edificante. Por tanto
me
complazco en que esta produccin
de nuestro suelo no quede sepultada y relegada al olvido como
tntas que han corrido tal suerte, no s si por incuria o por
falta
de espritu nacional en
Queda de
esta lnea.
usted su ms afecto y reverente servidor,
MIGUEL TOVAR
Sor Francisca Josefa de la CoNCErciN
354
II
Bogot, 18 de julio de 18^3.
Honorable seor Antonio de
Seor:
que bajo
Castillo.
Con sumo placer he ledo los bellsimos opsculos
el nombre de Afectos de la seora Mara Francisca
Josefa de la Concepcin Castillo, religiosa de Santa Clara de
Tunja
se
ha dignado enviarme,
los
que habiendo sucesivamen-
mismo orden, me he sentido penetrado de una admiracin que la lectura de muchas obras ascticas
no haban excitado en mi alma: aqu he visto reunidas, como
en un escogido eptome, todas las obras de la clebre doctora
Santa Teresa de Jess, lo que me parece suficiente para dar a
te recibido y visto
estos escritos
por
el
una completa aprobacin.
ora Castillo ha hecho de
como
je propio, y
que
textos
ra
Castillo
ejuivaler,
las
natural, y
No
es esto slo,
escrituras cannicas
si
se pretendiera
la
se-
un lengua-
citar
todos los
hallan esparcidos, y que pronunciaba la seoadvertir, se adelantaran los volmenes hasta
all se
sin
con
muy
poca diferencia, a
los
que componen sus
Afectos.
No
que en este siglo tan severo contra
que pertenecen a nuestra santa religin, y tan pagado al mismo tiempo de toda especie de frivolidad, sin que tenga por todo esto menos ignorancia de lo
mismo que juzga; no creo, repito, que los escritos de la venerable seora Castillo permanezcan siempre libres de los tiros de
la orgullosa y siempre imprudente ignorancia; mas desde hoy
debe mirarse todo esto con el ms alto desprecio, porque nosjuzgo, sin embargo,
cada uno de
otros
los objetos
no apreciamos menos
la
pureza y
la
dignidad de nuestra
santsima religin cuando apreciamos las producciones inocentes
de
las
almas puras, mortificadas y adornadas con
la
luz
porque sabemos con san Gregorio el Grande que todo
instrumento, por dbil y despreciable que paiezca en s mismo,
es poderoso y grande en las manos de Dios. Sabemos tambin,
que no faltarn "falsos profetas que vestidos con la piel de
celestial,
"
oveja para engaar a los que no han levantado el edificio de su
virtud sobre la firme piedra de una piedad ilustrada y puia,
falsas doctrinas, figurarn milagros, y anunciarn unos futuros incontingentes, que llamarn "profecas"; pe o
pronunciarn
Afectos Espirituales
de nada de
355
esto fue capaz la venerable religiosa Castillo, por-
que para fraguar
de patraas no
este crculo
es
una
necesaria
toda prueba, un sufrimiento generoso y sumo, ni
una inocencia de paloma, caracteres propios de esta seora, sino
fidelidad a
todo lo contrario. Ninguno
ha tenido mayor
inters
por
la
pureza de nuestra religin que su divino fundador, y El nos
dej dicho en su Evangelio: "Estad siempre en vela porque
vendrn despus de m
La
Iglesia
su esposa,
y siempre viva,
dormitado sobre este importante encargo.
nunca ha
profetas."
falsos
avisada por esta voz omnipotente
La
diferencia
que hay entre
incrdulos y nosotros
los
es,
que
verdaderas reglas de un examen serio y slido
para discernir la luz verdadera cjue ilumina a todo hombre que
ellos
ignoran
las
viene a este mundo, de la que no es sino aparente; y este examen compone una parte de nuestro estudio, como tambin de
nuestra
Vimos en
obligacin.
primeros
los
testimonio de san Atanasio, que san Antonio
los solitarios sus discpulos el
los
buenos ngeles de
la
modo de
que hacen
segn
siglos,
Abad enseaba
,a
discernir la aparicin de
demonios para engaar
los
a los santos. Estn llenos de estas sapientsimas reglas los
tos
el
de san Basilio, de san Agustn, de san Gregorio
el
escri-
Grande,
de Teodoreto, de Caciano, y de otros muchos sabios antiguos
y modernos que comjDl el clebre Gersn en el tratado que
en el concilio de Constanza, con motivo de
que hizo este concilio de santa Brgida, famosa
por sus revelaciones. Sabemos tambin que cuando se preteur
escribi, hallndose
la canonizacin
di dar a luz pblica
pleg
el
doctsimo
saber para
descubrir
de
la coleccin
cardenal
si
esta
escritos
de esta santa, des-
Torquemada todo
su
especie de locuciones
talento
venan de
Dios, o del espritu de tinieblas: fij para desenvolver toda esta
materia cinco reglas que sirvieron entonces con buen xito, y
sirven hoy para nivelar los escritos de la
Teresa granadina, y
honor inmortal de la provincia de Tunja, que aunque no hubiera producido ms que este divino Cisne mereciera ser siempre tan distinguida y recomendable como todas las provincias
que dieron a luz las nueve Sibilas.
Ni debe intimidarnos para
esos clebres
mento muy
aquella
escritos
su
la
publicacin y programacin de
este reparo es ya un argu-
novedad:
viejo, y tan atrevido
inextinguible
que
lumbrera de
se
la
present a los ojos de
Francia,
el
Ilustrsimo
Sor Francisca Josefa de la Concepcin
356
seor Bossuet, y este grande hombre lo rindi a sus pies, y a
los nuestros, diciendo: Dios es Seor de disponer de sus criaturas,
ya sea para tenerlas sujetas a las leyes universales que ha
^establecido,
ya sea para darles otras
leyes,
cuando juzga que
es
necesario despertar con algn suceso prodigioso al gnero hu-
mano dormido
a
(Disc. sobre la Hist. Univ., p. 2^.)
Ni
se
ocult
perspicacia del sabio Teodoreto, Obispo de Ciro,
cuando
escriba la admirable vida del extraordinario varn san Simn
Estilita: "Todo el mundo es testigo de los prodigios que voy a
referir, dice, y no obstante recelo escribirlos, temiendo entregar
la verdad a la crtica de los hombres incrdulos. Estos acostumbran medirlo todo segn el curso ordinario de las cosas ctel
mundo, y miran como Una fbula lo que les parece exceder
los lmites de las leyes comunes de la naturaleza." {Hist. Rela
lig.,
cap. 26.)
"Verdad
que
ellas
el
es,
dice en otra parte de sus obras
mundo no aprueba
estas cosas, y
asunto para sus diversiones. Trata a
el
gran Bossuet,
comunmente hace de
los
contemplativos de
cerebros dbiles y daados; los raptos, xtasis, y santas delicadezas del amor divino, de sueos y visiones vanas. El hombre
animal,
como
ravillas
de Dios,
dice san Pablo,
se
que no quiere entender
escandaliza de
ellas.
las
ma-
Las admirables ope-
raciones del Espritu Santo en las almas, las dichosas comunicaciones, y aquella dulce familiaridad de la sabidura eterna
que pone sus delicias en conversar con los hombres, son un se-
creto profundsimo de
que
se
pretende discurrir segn
la
fan-
forman
sobre esta materia en todos los espritus, cmo podr impedir
la profanacin del misterio de la piedad que el mundo no
tasa
de cada uno. Entre tntos pensamientos que
se
quiere aprobar? Dios lo sabe, y sabe tambin el uso que yo debo hacer de las contradicciones que se hallan en su camino
sobre una materia en que todo
Mas, qu importan
el
mundo
estas oposiciones a
quiere ser maestro.
quien busca
la
verdad?
Dios conoce a aquellos a quienes quiere hablar: sabe hallarlos,
y sabe, a pesar de todos los embarazos, hacer en sus corazones
con nuestros
dl)iles discursos, las
nado." (Estad, de
impresiones que ha determi-
la orac.)
Nada nos importan,
pues, las nurl)atiidadcs de la
ignoran-
mofas del orgullo siempre descomedido, ni los sangrientos criterios que puedan en estos, o en los posteriores sicia,
ni
las
Afectos Espirituales
glos, atreverse
357
contra la verdad, pureza y santidad de los lu-
minosos y devotsimos escritos de la seora Francisca Josefa de
la Concepcin Castillo, religiosa clarisa del Monasterio de Tunja, a
cuya provincia tiene
de capelln y
fiel
el
honor de pertenecer su ms humil-
amigo.
Dr.
^Cannigo magistral de
Santaf de Bogot.)
esta
MARCELINO DE CASTRO
santa iglesia metropolitana de
INDICE
DE LO QUE CONTIENE ESTE VOLUMEN
Pgs.
Estudio liminar, por Daro Achury Valenzuela
AFECTOS
i9 El alma atribulada busca consuelo y
2"? Aspiraciones
este
pan
fundadas en
la fe del
lo invoca
53
Sacramento. Pide
a la Virgen Santsima, discurriendo por las
obras de misericordia
36
-39 En esta vida se ha de padecer
4*? Afectos
a Jess
40
Sacramentado, deducidos de varios
salmos de David
5*? Extraordinarios
69 Imagen
41
transportes
alegrica
de
la
amorosos
43
mortificacin,
afectos
al
Sacramento
45
7"? Elogios de la fe, esperanza y caridad
8<? Necesidad de trabajar en
eternidad.
46
tiempo, para gozar en la
Muerte amorosoa y resurreccin
99 Deseos de padecer por
Cristo, y
amar
espiritual
52
a los persegui-
dores para imitarle. Hazte amiga de las extraas, y
extraa de
Trozo
las
aislado:
amigas
62
Despego del
mundo
io9 Resignacin humilde y confiada. Norte seguro en
tempestades.
El
Eterno
almas conformes a
la
Padre quiere hacer a
63
las
las
imagen de su hijo
ii9-Destemplanza del alma fuera del seno de su Dios
08
71
Indice
360
AFECTOS
Pgs.
12*? Aniquilada el
alma en su propio
todo lo gusta
ser,
alimentada de Dios: Miseria del alma sin El, y seguridad de la obediencia para hallarle
72
cuerpo con sus sentidos y pasiones
13^* El
como
bajar
campo. Aplica
el
la
han de
se
parbola de
la
tra-
mujer
fuerte a la mortificacin exterior
149 Descansando
lo
el
alma bajo
goza y aprende en
i59~Mansedumbre
de
humildad, son
alma entra
el
proteccin de Dios, todo
la
la presencia del
dentro de ella su reino, y en
1
69 Felicidades
mismo Dios
todas las cosas ....
del bien sumo, y horrores del
86
y visin
alma, por
de cosas
que halla
celestiales,
el
continuo y positivo deseo de amar a
el
Dios
89
89 Las mismas
tres
las
aguas de
de
las
la contricin, la
de unin con
ritu,
elevan a la admiracin
con
der mucho,
90
y Josef
la
tempestad de
esp-
en ponderacin de sus virtudes
to a la divina.
9 Reposando
Mara
palabras de vida eterna que suenan en
las
interior,
Jess,
alma despus de
el
2o9 Detestacin de
2-1
causas que atormentan la alma en
perfecciones divinas, y a disfrutar las ansias
199 Consulase
su
si
el
la
propia voluntad, y
De poco
103
sometimien-
til
aprovechar
te
or, y
apren-
no ejecutas nada
alma en
el
i8
convencimiento de su na-
da, y velando el corazn con
el
amor, vuela
al
deseo
altsimo de la unin con Dios
22^ Las
delicias
nunca
su
83
mal sempi-
terno
17^ Noticias,
78
puertas por don-
de Dios; y Dios pone
retrete
al
las
la
Dios
que causa
cii
el
alma
111
la
presencia divina
permiten suspirar sino por
la
unin con
113
Indice
361
AFECTOS
23^ En
el
Pgs.
conocimiento interior que tiene
alma de su
el
nuevos motivos de humillacin y con-
Dios, halla
fianza
24^ Sujeta
115
la
parte inferior del alma a la superior, ad-
quiere fortaleza en su tribulacin con
de
los
ponderacin
la
beneficios divinos
118
259 Aprecio de
la
redencin, por la ortaleza cjue se ad-
quiere con
el
alimento divino
269 Conformidad con
Cristo
121
Crucificado;
fruto
de
la
prctica de las virtudes teologales y morales
27*? Como son varios los caminos para
modos de andar por
rios los
ir
124
a Dios, son va-
ellos, varios los afectos,
tribulaciones
y varias las
125
28<? La perfecta obediencia todo lo ejecuta segn la vo-
luntad de Dios. Sublimes conocimientos del verdadero
humilde
29^ Aniquilada
diestra
30^ Vuelve
127
alma delante de Dios, recibe de su
el
nuevo
ser espiritual
132
alma a su Dios con
el
afectos de agradeci-
miento cuanto ha recibido de su mano. Ausente
el
esposo, toda la casa se desordena; volviendo, se arregla
133
3 19 Fuego que devora a
el
alma delante de Dios, por pa-
decer y amarle
137
32 Riesgos horribles de anteponer
la
la
propia voluntad a
divina
33^ Ataduras
141
fuertes para unir el corazn con Dios, ha-
lladas en el ofido divino
144
34> Epitalamio del divino esposo, con
que
se
saborea
el
alma
147
35^ Dulces y delicadas son
tu;
pero
el
apego a
ellas
las
consolaciones del espri-
siempre
le aleja
de Dios
150
Indice
362
AFECTOS
Pgs.
269 Consumidas
amor
del
divino, vive en el
379 Qu cosa
el
alma
fuego
el
Espritu Santo
el
153
alma endiosada, y cul su contento
sea el
En
en Dios.
propias inclinaciones con
las
cielo es lo
tad de Dios, pues
si
mejor cumplirse
ahora aqu
la
volun-
cumple, qu ms
se
cielo?
157
289 Deseos de muerte mstica por
Motivos de confianza para
399 Afectos
de
la
de muerte natural.
los
unin con Dios
estimara la impresin de
ella. Si se
qu no
las
las llagas
166
alma de su Dios en
el
por
angustias?
49 Avenidas de amor divino que arrebatan
41^Asida
163
a la pasin de Cristo, y deseos de participar
el
alma
tribulacin,
la
....
167
nunca
teme naufragio-
i&S
42*? Sepultada en los hielos de la obediencia actual, el
de justicia
sol
la
ilumina para que escriba
los goces,
y penas de la vida espiritual
439 Desnuda
te
de
la
171
alma de afecciones propias, en
el
el
retre-
contradiccin, es adornada de las riquezas
destinadas a los que temen a Dios
44^ Las
de
que
riquezas
las
que
halla el
177
la
consideracin
grandezas de Dios, son proporcionadas a lo
se profundiza en la propia vileza
459 Deliquios
tura, y
en
criador
i?!
del divino amor, en el corazn de la crialas
agonas del huerto
469 El amor divino no
el
alma en
de
181
respira en cosas criadas, sino
todas.
trece
principios
del
en
amor
propio
1S3
479 Siempre busca Dios
bu^ca. Esto se
le
lomas que vio en
al
alma, y
es
hallado
si
ella
le
represent en un revoloteo de pael
solar de su convento
l89 Haciniiento de gracias por especiales
conseguidas por ruego de N. P. santo
185
misericordias
Domingo
18G
Indice
363
AFECTOS
Pgs.
499 Temor de
go de
ser
medida con
prueba de
la
50^ Es breve
el
los fuertes, y
tiempo de padecer
un anuncio futuro
interminable
el
5i9 Para no aturdirse con
grande antdoto
u)0
ruido de
el
pasiones, el
las
huir de sus tinieblas
es
187
de
Visin consolatoria
gozar.
529 Pide
vara de Dios: un ras-
la
amor en
refrigerar la sed de
192
tribulaciones
las
de amor
194
539 Pequeas imperfecciones retardan con su peso
los
vuelos del divino amor, lo que se le manifiesta en
una
visin
196
54^ Cuando por causa del divino amor pena
agoniza tambin
ms muere
55^ Sermn
del
cuerpo,
el
alma; y se llena de Dios cuanto
el
197
monte, parafraseado con
Dixit insi'piens, con
el
el
salmo
xiii,
declogo y con la oracin do-
minical
19S
569 Preguntas
de
diosas
amada
la
203
579 La alma que permuta
divina, mejora de
589 Como
as
el
la
amado, y respuestas gran-
siml>licas del
la
nave asegura en
alma su vuelo en
599 Cuando con
propia voluntad, por la
dueo y de fortuna
el
terrenos
Dios con alas
de amor
6o9 Tanto ayudan para
ir
204
navegacin,
divina
207
prctico de las virtudes, po-
el ejercicio
bienes
los
su
la resignacin
breza, obediencia y castidad,
de
lastre
queda desnuda
aun
el
alma
vuela
espirituales
208
y esperanza
a
Dios por distintas
variedad de afectos de amor,
como
la
vas,
la
variedad de
sentimientos de propia humillacin
61 9Jess es libro descuadernado en
;
luz del
que
211
lee el
alma a
amor; lamentaciones, cnticos y ayes
la
213
INDICE
364
AFECTOS
Pgs.
62^? Modos varios de dirigirse a Dios por
nico camino
Dios
cjue lleva
el
Conocimiento
215.
anonadamiento
propio:
espiritual
motivos de confianza
649 Visin dolorosa de
218-
que padece Cristo por ma-
lo
nos relajadas que debieran ser perfectas
hermana, y
65<? Indicios de la felicidad eterna de su
para
preparada
66^ Trabajos
para
las
Cristo.
'22
la
225
ella
dolores
del
virtudes con
alma y cuerpo, necesarios
que
se siguen
las
huellas de
Tentaciones horribles de Satans. Consuelos
220
del ngel de guarda
67*? El vencimiento en las tribulaciones es tan necesario
al
alma para
per
el
viento para
68<? Ansias de
la
como
llegar a Dios
lo es al ave
volar
232
mayor humildad, deseando
mayor dignidad. Aseguraciones
69^ Ejemplo de
lo cjue
rom-
del
el
premio de
divino amor
debe hacer una alma amante para
transformarse en su
amado
Seor. Muerte del justo
y del pecador
236
70^ La rectitud de intencin en
anonada
los
233
los estorbos
el
camino del
que para andar por
espritu,
oponen
enemigos del alma
2.38
yi^Li justicia que llena la diestra de Dios, es permitir
al
coiazn que viva segn
la
carne
240
72*? No se ha de pegar el corazn, ni a la
la
de
virtud, ni a sus premios, sino al
hermosura de
supremo dador
ellos
739 No hallar
242
la
alma descanso en
sus padecimientos,
sino conformndolos con Jos de Cristo
246
Indice
3G
AFECTOS
Pgs.
74^ Ni aun
los
dones de Dios satisfacen
al
alma
sin su
Dios mismo: pues qu ser a los reprobos perdien-
do a Dios para siempre?
75*? Sumergirse el
alma en
el
218
amor
divino, es vivir en-
en sus deleites
golfada
76*? Modo de abismarse el
77*? Reciprocidad
de
78*? Parfrasis de
los
los
alma en Dios
251
dos abismos del alma
seis
251
primeros versos del salmo 62
hermosura de
79<? Celestial
24 )
la
252'
humildad, fealdad incom-
parable de la soberbia, doctrina altsima para adquirir aqulla y detestar sta
So*? Pintura
brillante
del
pecado, y apartado de
sublime del
;8i<? Coloquio
256
hombre corrompido por
la
el
gracia
267
alma peregrina,
humilde y
amorosa
271
82^ Deseos de heroica humildad, pobreza y penitencia.
Locuciones
divinas
273
83"? La disciplina del Seor es
de Cristo, escala
84*? Imitacin
85^ Compasin por
rias
que
clases
el
este uso
e
para
275
descansar
en
El
277
almas del purgatorio y por va-
las
de pecadores. Aseguracin del cuidado
esposo tiene de los parientes de la esposa ...
;869 Doctrina
nito
de amor
celestial
pende
el
para
usar
bien
del
ganar o perder a Dios, bien
27S
De
tiempo.
infi-
inmenso
281
87*? Conocimiento de varios peligros en la vida mstica,
y ciinto ms en la del siglo, adquiridos en la
cuela de la
iS*? Prevencin
es-
humildad
divina
fortaleza para ellos.
para
285
grandes
padecimientos,
Nuevo motivo para amar
a Dios
287
NDICE
366
AFECTOS
Pgs.
8ri" Horno de tribulaciones mixtas para disponer al al-
ma
de
a soberanos beneficios; y particular inteligencia
preciosidad de los sentimientos que Dios le ha
la
hecho
escribir
28(>
90*? Modo de atraer el espritu recto para investigar til-
mente
9
las
maravillas de Dios
292
Pusilanimidad demostrada, y disipada; quejas amis-
un encomendado
favor singular para
tosas:
92*? La
paz del Espritu Santo asiste
dones, tanto en
294
alma con sus
como en
consolacin
la
al
tribula-
la
cin
295.
93<? Como David, se
Dios en
ha de alegrar
las ocasiones
nica
divino
el
sacramento:
que pierde quien deja
95P Los mayores
alma
a la
cuntos
que
le
llano para
para
297
comu-
son los bienes
300
amor de Dios manifiestan
de su correspondencia. Con303
del Criador y de la criatura, es ca-
96^ El conocimiento
mino
calor
este divino abrigo
quilates del
los defectos
el
de amor verdadero
diciones
ciones
alma que busca a
de humillacin y de trabajo
alma con
94*? Vive confortada el
el
a Dios, y tiernsimas considera-
ir
comunin
la
307
97^ Seales y frutos mortferos del espritu malo. Se le
recuerda
la
inteligencia
dada del
latn y divinas es-
312
crituras
98'? Si
alma cuando
el
do su centro. Se
nes.
999 El
le
desfallece, espera; sanar, hallan-
exhorta a no desechar
las visio-
Estrechos abrazos del divino amante
fiel
amigo que para llevarnos hasta ver
313
a
Dios,
defiende del mal espritu. Este se representa en varias
figuras,
critos
manifiesta su
rabia
contra estos
es-
315
Indice
367
AFECTOS
Pgs.
loo*? Visin
de
intelectual
empaada con
perfeccin
y otra de sus afectos exhalados al cielo.
pasiones;
Favores
3i3
esposo
del
loi^ Leccin que
le
da N. P.
Noticia de
infierno.
vidad y amor en
loa*? Fortificada el
tsimo
la
Francisco para no
S.
feliz
arribada
al
puerto.
ir
al
Sua-
las faltas ajenas
alma con
el
Sacramento, salen
320
roco de gracia, en el San-
de
msticamente los
ella
cuatro ros del Paraso. Seis documentos para vivir
con nuestros hermanos en esta casa del Seor del
Universo
322
log^Sed del alma, saciable slo en
tabernculos de
los
Dios. Inteligencias y aspiraciones sublimes al Sacra-
mento
324
104^ Querer
vivir
padeciendo y amando,
caminando con
guir
io69 En
te
se-
las
misericordias
Seor
327
105^ Seales por donde conoce
del
querer
Deliquio de amor. Es
Cristo.
compelida y destinada a escrebir
del
es
alma
el
si
sigue o declina
camino de Cristo
la
el
330
variedad dulce de trabajos de amor, consis-
agrado de Dios
1079 El panal de virtudes que
332-
se
bin se ha de ocultar como
motivos de
hablar y
seis
callar,
otros
el
labra escondido,
tam-
secreto del rey. Siete
tantos
de andar,
seis
de
de alegrarse
335
io89 La alma con oracin, seora;
sin ella, esclava.
Ora-
cin iluminativa, intelectual, deprecativa y confiada
Apndice del
1er.
Volumen de
los
Afectos
337
343
Se
imprimi este libro siendo
Ministro de Educacin Nacional
El Dr. Gabriel Betancur Meja,
BAJO la direccin DE LA REVISTA
"Bolvar".