Colaboradores y Contenido de Onomatopeya
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Colaboradores
Aleqs Garrigz
lvaro Troncoso Vargas
Arizbeth Chvez Chacn
Diana Velzquez Vera
Estefany Maya Valdz
Francisco Rangel Hernndez
Gabriela del Carmen Cano Lpez
Gabriela Trejo Valencia
Gerardo Alonso Hernndez Contreras
Gisela Garca Ortega
Ilse Stephanie De los Santos
Dharma Gallardo
Jos Alberto Castaeda Gutirrez
Jos Antonio Manzanilla Madrid
Jos Sebastin Lpez Rodrguez
Juan Martn Anda Lpez
Karenina Romez
Luis Mauricio Martnez
Mara de Lourdes Becerra Zavala
Mara del Carmen Altagracia Rocha Matnez
Mara Graciela Parra Domnguez
Mario Betancourt Campos
Miguel ngel Moncada Rueda
Pablo Cerezal
Rodrigo Ramrez Bravo
Rui Caverta
Sandra Patricia Lamas Barajas
Asesora
Carlos Ulises Mata Lucio
Agradecimientos
Luis Garca Amzquita
Miguel Santana Gonzlez
Sonia K. Aguirre Flores
Rector General
Secretario General
Secretaria Acadmica
Director de la DCSH
Directorio de Onomatopeya
Arizbeth Chvez Chacn
Director
Comit Editorial
Comit Tcnico
Diseo Editorial
Diseo de portada
Andrs Luna
Diseo de logotipo
Cada texto e imagen es responsabilidad de su autor. Onomatopeya no coincide forzosamente con la opinin de
sus colaboradores. El formato de la revista y el diseo grfico son propiedad de sus autores. Prohibida la reproduccin total o parcial por cualquier medio, sin autorizacin previa. Esta es una publicacin gratuita y queda
prohibida su venta.
Se termin de imprimir en agosto de 2012 en los talleres de imprenta Selecta. Malecn del Ro No. 1808, Col.
Hroes de Chapultepec, C.P. 37190, Len, Gto., Mxico.
Artculo 5
Editorial
Se es consciente de lo perdido. Se planean los actos conforme las
ausencias y omisiones que se presentan en nuestros pasados y amena
zan los futuros. La llamada del recuerdo es una necesidad propia de
nuestra naturaleza, pero bien sabemos que no llegar. Porque el recuer
do trae consigo a la verdad y sus primas incmodas: justicia y realidad,
los ingredientes de la utopa. Vivir en la utopa no es una opcin, y por
eso olvidamos.
Entre estos conceptos imposibles persisten otros ms amables:
la rabia, el pesar y el perdn. Al final el olvido es una instancia reden
tora: el testimonio del rencor fatigado, o la innecesaria permanencia
de imgenes desechables. El olvido es muerte, esa es palabra de poeta,
pero para nosotros es mera comodidad.
La realidad dicta que se debe seguir un canon al momento de
enunciarnos como creadores: uno de los componentes de este canon es
aquel que habla sobre la consistencia en el discurso del que nos valemos
para expresar nuestra creacin.
El discurso del olvido no tiene consistencia porque no la necesi
ta. Hablar desde la ausencia es el placer del que supone conocer algo
que pronto habr de perder, si es que no lo ha hecho ya. Por ello tam
bin se trata de una pausa inadvertida, un inagotable caminar sobre
los pasos ya recorridos, sin regresar ni partir. La ausencia es estatismo,
pero tambin tenacidad.
La presencia que el olvido configura es el espacio ideal para la
expresin de los orgenes; sus historias se cuentan en la eternidad de un
espacio definido por la huida, espacio que se expande en las orillas de
la memoria abandonada. El inmenso mar del subconsciente, ese donde
navegan las historias de inicios infinitos, libres de cualquier final.
Este es uno ms de esos inicios.
NDICE
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Narrativa
Los santos leos
Jos Alberto Castaeda Gutirrez
Por ejemplo
Gabriela del Carmen Cano Lpez
Historia cuntica de una mnima partcula
Gisela Garca Ortega
Todo ese jazz
Mario Betancourt Campos
El general
Rui Caverta
Los abuelos de antes
Luis Mauricio Martnez
El grito de las cosas
Sandra Patricia Lamas Barajas
Poesa
El corazn emerge de noche/ Sin ttulo/ Sin ttulo
Miguel ngel Moncada Rueda
Observacin de aves
Aleqs Garrigz
Sin ttulo
Mara Graciela Parra Domnguez
Desgajamiento/ Amnesia
Juan Martn Anda Lpez
Ensayo
Artculo
Artculo 7
Resea
57
62
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71
73
75
Artes Visuales
En el cuarto 508
Rosario entre regadera y tapete/ Anillo sobre suelo y puerta/ Enchinador y botiqun
Estefany Maya Valdz
Serie sin ttulo
El beso/ Lujuria/ Desesperacin
Dharma Gallardo
El olvido
Latente/ Autorretrato mental
Karenina Romez
Serie sin ttulo
y el pajarito?/ Se me olvid cerrar el gas!!
Gerardo Alonso Hernndez Contreras
80
94
84
87
89
Entrevista
Narrativa
10
Perfil psicolgico:
Primer viaje dentro de la cabeza:
Duele al principio, como todo, como el sexo (una
risa nerviosa se escapa de alguna parte de mi cuer
po), luego el cuerpo como que se suelta y todo son
luces. No lo sabra describir. Son como esas cosas
que suceden. Solo sientes que el alma cuelga de un
hilo y se te escapa si abres la boca.
Es un periodo muy corto y no te das cuentas cuan
do ya ests envuelto en tu propia mierda. Te sientes
atrapado en ti mismo como una cinta de Moebius
que no encuentra el fin porque esta enlazada en s
misma sin poder encontrar el principio y el final.
Y ah sucede: error de cmputo: lo que usted
crea no existe, todo fue una farsa para que su vida
tuviera sentido.
Formateando......
1%...
15%...
30%...
50%...
75%...
90%...
100% Formateado con xito.
Y ah fue cuando empez todo.
Traman algo:
Llevo ya casi 5 meses sin saber qu es un mes...
No duermo bien desde el formateo y an me cos
quillean algunas zonas de mi cuerpo que no saba
que existan. Ahora he dejado todo lo que me cau
saba satisfaccin y no encuentro en qu agarrarme
para no tropezar con la maraa de cosas volando
sin sentido. Vinieron varios sacerdotes esta sema
na; aunque no lo crean, ayudaron mucho.
Primero un sacerdote que exaltaba la sangre y el sacri
ficio mostrndome la muerte en un colguije. Hablan
do del amor y la sangre. Del corazn y la latencia viva.
Narrativa 11
Not que mi sangre corra y ahora era real, era viva.
Ver a ese hombre sangrando me traslad a otro
lugar donde no haba estado. Me encontraba en do
minio de algo y poda llamarlo cuerpo. El sacerdote
mova su boca y se empeaba con su discurso. Para
m solo ejercitaba la boca. La imagen que tena col
gando de su cuello me pareci ms atractiva. Me
implicaba vida donde no saba que exista. Eso vi
braba en m y no poda controlar los susurros ex
traos que se suscitaban en mi vara que existe entre
mis piernas. Las piernas se convulsionaban como
un perro hurao que intenta ser tocado, y mi pecho
se mova como si algo quisiera salir de mi trax.
La nueva noticia de que mi cuerpo estaba vivo me
cay como un balde de agua fra. Sangrar! Necesi
taba sangrar, ver el lquido que me haca funcionar,
que me daba la capacidad de romper con todo y
volverlo a armar. Me incitaba a todo. A ser... un
Dios!
No dud ms. Mi excitacin estaba a punto de
romper mi cuerpo por los movimientos groseros
y abruptos que colocaban a todo mi cuerpo como
un receptculo de todo lo que tiene animacin. No
dud ms y tom mi vara con las manos y la co
menc a frotar. Ah, ah mismo me encontr al tope
de toda realidad, todo era vivo y mis ojos podan
ver, mi nariz poda oler, mis odos escuchar, mi
boca poda saber y mi cuerpo poda, poda tomar lo
ms delicioso y hacerlo suyo en cada fibra.
Mis ojos podan oler, mis odos podan ver, mi cuerpo
poda oler y mi nariz poda sentir.
mis ojos po @ @
@@
@
@ @
....
El apestado:
Y la noche se hizo...
Despus del vrtice y la vorgine de sensaciones
12
Una voz rasposa y fra contesta a mis pensamientos
y no puedo hacer ms que levantarme de golpe y
buscar a la criatura inmunda que me busca.
Un hocico se asoma de la oscuridad de la esquina de
mi cuarto. Un hocico de caballo negro, una cabeza
de caballo impasible a cualquier emocin. Con sus
ojos negros e infinitos vindome, desnudndome
con la mirada. Luego una mano sale de la oscuri
dad para intentar tocarme, un asqueroso hombre
con cabeza de caballo. Con una tnica de fraile me
busca en la oscuridad.
--DESNUHUHUHUDATEHEEHEMMMM MAL
DITO APESTAHAHAHDO-Sus intentos de hablar espaol con su boca de ca
ballo produjeron un asco increble en mi estmago.
Solo quera dejar de ver esa terrible imagen pero mi
cuello no quera voltearse, mis prpados no queran
cerrarse, los pasos del hombre-caballo resonaron en
la piedra fra del cuarto. Rechinidos y baba salan
de la boca del engendro.
--HAZZZZZZZMEE CAHAHAHASO JODIDO
APEHEHEHESSTADO, APREHEHEHENDE A
RESPETARRRRRRRRR-El miedo corra en mi cuerpo y dejaba un agrio sa
bor en mi lengua. El asco y el miedo eran uno, pero
mi cuerpo dej de obedecer al miedo y sigui la or
den del asqueroso esperpento. El hombre se acerc
a m a menos de un palmo de distancia. Acerc su
hmedo hocico a mi odo y me abraz.
--TUHUHUHUHU SANGREEEE QUE COR
REEHEHEHE
ME
PERTENECEHEHEHE.
TUS
HERIDAS
SERHAHAHAHAHAN
MIASSSSSSS,TUS BESOS SON UNA PROPIHI
HIHIHEDAD EXCLUSIVA DE ESTOHOHOHOH
QUE VESSSSSS. HAZZZZZ DE SABERLO
HOHOHOHO QUE SOOHOHOHOYYY TU PA
DREHEHEHE.--
Narrativa 13
Me da no s qu saber que siempre incurro en expe
riencias disfrazadas, extraas a las originales. Pue
do contarlas pero al cabo de un rato (justo al inicio)
se tratan de un todo inventado, continuo y produc
to de mis imaginaciones igual que el sentido de una
palabra oda al azar. A veces con los ojos cerra
dos me digo que se trata de una superposicin
de recuerdos y olvidos anacrnicos: los ms antig
uos, algunas atmsferas; los ms recientes, algunas
imgenes casi corpusculares. Piernas, rostros, das,
aos y Nombres (siempre, Nombres). Por ejemplo,
hoy es 1849 de Abril 2012.
Por ejemplo
Gabriela del Carmen Cano Lpez
14
Historia cuntica de
una mnima partcula
Gisela Garca Ortega
Narrativa 15
Lo nico que ha entendido la mnima partcula
de todo esto, es que el olvidar la sombra provoca
lgrimas, mareos y hemorragia de protones. Por lo
cual ella concluye estar moribunda y condenada al
abismo, ya que sin sombra no hay Cielo; al abis
mo pertenecen los sin sombra. La sola idea le ha
generado el ms enorme mareo, que no consigue
sostenerse en pie, suspendindose inmediatamente
entre espacios y materia vaca.
Los elementos y compuestos qumicos no pueden
sentir miedo a la muerte, pues no es algo que se
repita dos veces, una falta ms para aadir a sus
omisiones al cdigo.
Qu pasara si ella y su sombra muriesen al mis
mo tiempo? se preguntan entre s los carbonos.
(Las sombras nunca mueren, solo se desvanecen; la
luz las convierte en invisibles, pero cada la noche
siempre regresan; aplicando una cierta lgica dis
curriramos que no hay luz sin noche, ni sombra
sin luna y que las sombras son sombras de s, con
virtindolas, precisamente, en dueas de los cielos
e inmortales vagabundas.)
A cada cual se le designa una sombra al momento
de hacer aparicin en el mundo, sta se nos propor
ciona para determinadas funciones, todo suped
itado a las propiedades qumicas albergadas en el
ser. Cada sombra ejerce una accin compensatoria,
sobre el cuerpo en que es proyectada. En la histo
ria de las sombras las ha habido guardadoras de
almas, pitonisas de mundos inicuos, sobresalientes
sombras de smbolos cosmopolitas e inclusive sal
vaguardas de lunas llenas. Convirtindose de esta
forma en unidades necesarias dentro de la vida lin
ftica de las cosas.
La mnima partcula de amonio haba nacido con los
sentimientos enfermos, brotaba de ellos una masa
musgosa de sensaciones sumamente difusas, que se
le aglutinaba en la cabeza, concentrndose en el hi
potlamo y el cerebelo, distorsionando sus percep
ciones; la sombra atraa al musgo hacia ella todas
16
grura transparente del abismo, solamente por un
olvido?
No, an no comprende cmo es que uno olvida las
cosas, ni mucho menos cmo es que uno extrava
por dejadez lo que ms ama, lo que ms necesita;
si arrojarse a la nada fuese la solucin piensa la
mnima partcula, pero para su desdn el ahogo que
le provocara el mercurio no bastara para pagar la
deuda adquirida con el Consejo Qumico, mucho
menos para desvanecer la pesadumbre de ser una
mnima partcula de amonio sin sombra animada.
La desesperacin angustiosa que le invade el ncleo
la tiene a tope, su respirar a cada momento se inten
sifica, el sofoco es ya inmenso, comienza a conden
sarse, a no saber de s. Moribunda completamente,
desfallece sin alivio, sin reparo de nada ms. Ni su
anmica alma tiene atisbos de efervescencia, mucho
menos deseos de ser un quitapesares.
Todo en conjuncin presagia un desenlace molecular
Quien no ha visto jams a una mnima partcula de
amonio agonizar por falta de sombra, no sabe lo
que es sentir la desolacin qumica del otro, lo que
es palpar la muerte intransitable de un elemento
qumico, que pasa de la quimicidad viva a ser uni
dad modular de lo inerte.
El delirio protnico que desprende la mnima
partcula ha provocado en los tomos de carbono
sentimientos compasivos, cosa inexistente en to
mos de este tipo, por lo que comienzan a palidecer.
Ahora no solo tenemos a un elemento qumico do
liente, sino a tres, moqueando y moqueando bajo
la farola del puente de la avenida de los ismeros,
en una noche glida y rumiante. No existen ya es
peranzas, solo ansias rotas transitando por calles
apagadas.
Todo dolor suspendido entre eternidades y
acontecimientos inesperados es enteramente conta
giable se justifican entre s los carbonos.
Narrativa 17
fueron disminuyendo los pesares que las embarga
ban tanto a una como a otra.
Escena qumica ms conmovedora no haban visto
en ningn tiempo los tomos de carbono, y ver a es
tos tomos enternecidos por algo era cosa inaudita.
Ya las dos ms sosegadas, tomaron asiento en una
banca bajo de la farola, entonces la sombra cues
tion a la mnima partcula de amonio:
Por qu me has dejado olvidada, sabes que no
te es permitido abandonarme? dijo la sombra
rodndole una lgrima por la mejilla.
La mnima partcula no saba que responder, ella
jams haba concebido cmo es que su composicin
interna era esencialmente dispersa; la sombra,
aunque saba esto, nunca haba sido vctima de
tal dispersin. La mnima partcula trag saliva y
habl:
No tengo explicacin para mi falta, solo puedo
decirte que hacerlo me ha provocado la ms enorme
tristeza en mi existencia peridica, a tal grado que
sin ti no quera ya mi condicin de elemento qumi
co, hasta mi alma enferm de anemia y quiso morir
conmigo; fue tal mi pesar que incluso estos dos fis
gones tomos de carbono lloraron por mi padecer.
Ahora lo nico que puedo hacer es prometerte que
nunca jams volver mi bifurcacin mental a olvi
darse de ti, te traer engrapada a mis piececitos.
La sinceridad de la mnima partcula fue captada
enteramente por la sombra, decidiendo volver a
confiar en ella, as es que, enjugando sus lamentos
se entregaron a un vagabundeo nocturno, acompa
adas por los carbonos
Ah iban los elementos qumicos y la sombra recuper
ada, caminando hasta perderse a la vista por la ave
nida de los ismeros, esperando la presencia de la au
rora boreal del ao bisiesto. Finalizando con esto, una
historia cuntica de una olvidadiza y mnima partcu
la de amonio que crey morir por falta de sombra.
18
Narrativa 19
Las piernas le pesan tanto; qu molestia. Debera poder
dejarlas tiradas, ah junto al portafolio lleno de apuntes
eruditos y su arrugado saco. Sera mucho ms fcil. Al
menos se arrastrara como un gusano. Cosa parecida a
su estado anmico en ese momento. Odiaba a sus estudiantes.
Se sent en su silln y mir su casa. Nada chica, nada pobre. Era un poderoso doctor adems de un investigador
de primer nivel; haba conocido a personalidades polticas y se haba codeado con varios premios Nobel. Por
qu, entonces, no era respetado? Malditos sean todos, ir
al extremo de ponerle un apodo. Debera expulsarlos a
todosdebera, si pudiera.
Movi su mano para buscar algo al lado del silln.
Despus de tantear durante varios minutos sin dignarse
a ver, lo encontr. Tomo la espada de plstico en su
mano y enfil hacia una habitacin de su casa. La puerta
se abri con un rechinido y lo vio ah adentro. Inmvil
como siempre. Imperturbable. Su caballito mecedor. Casi
suelta una lgrima al verlo. Un caballo triunfador.
Los ejrcitos se acercaban intempestivamente destruyendo todo a su paso y consumiendo como si fueran un
vendaval de cenizo fuego arrasando la biblioteca de Alejandra. Nada poda pararlos excepto l, poderoso general napolenico al frente de su invencible armada. Todos
sus soldados esperaron su llamado, su grito de guerra.
Saban que l era un maestro de toda arte militar. En el
segundo exacto en que ordenara el ataque, ganaran; de
otra manera, todo se ira al diablo y la sangre se esparcira
por todo el mundo. Ni siquiera se atrevan a respirar. Estos silencios eran divinamente dados a su general. Todos
esperaban su decisin.
El general elev su mano e hizo al caballo pararse en dos
patas, levantndose por encima de toda su armada. Estaba listo para salvar su ciudad, la civilizacin y al mundo civilizado. Estir su boca lo ms que pudo para soltar
el salvaje grito mientras se inclinaba todava ms. Sin
anunciar, el caballo de guerra se venci bajo su propio
peso y se colaps sobre el general. Las piezas de madera
golpearon su cabeza y la espada de goma fue a volar al
otro extremo de la habitacin. El gordo hombre se qued
ah, debajo del caballo destrozado, sin poderse levantar
mientras agitabas sus manos en el aire y chillaba como
un recin nacido.
El general
Rui Caverta
20
Narrativa 21
Cmo?
Cuando es mucho tiempo es porque hubo traba
jo, fjese, hasta mi seor me llev a comprar un par
de aretes y una blusa, pa que los estrene un da de
estos. Es hora de pagar esas bondades.
Pues s, tiene razn.
Se sientan cerca de Parcata que no deja de tallar
mientras platica. Se teje un ritmo suave compuesto
por las notas del arrastre de la ropa con la piedra, la
voz del agua y las palabras compartidas.
Y en qu trabajan sus hombres? pregunta el
chico.
Mi seor es pescador, estos das surti la cocina
de varias fondas y pint la casa de unos turistas,
as como ustedes; y mi muchacho, Eduardo se lla
ma, da clases a los chamacos del pueblo vecino, es
maestro, acaba de terminar su carrera.
Entonces ya trabaja, pdale una lavadora!
No seorita, cmo cree!, ver que es un mucha
cho de letras y nmeros y que no se olvida de su
pueblo es el mejor regalo. Y con una lavadora no
podra venir al lago, no dice usted misma que hace
buena tarde, mire noms qu vista!
Al decir esto deja por un momento la tarea, de nue
vo se limpia el sudor de la frente y se pone de pie.
Su cuerpo se tie de negro con el fondo dorado por
el sol. Los jvenes roban ese momento. Al escuchar
el disparo de la cmara voltea de inmediato.
Ay muchachos, ustedes tambin!, al menos
triganme una para ver cmo salgo y tenerla de
recuerdo.
La pareja, apenada, guarda la cmara.
De pronto las palabras ya no quieren salir, se ocul
tan como el sol, poco a poco. La pareja, al no saber
qu ms platicar, permanece callada, Parcata se
siente a sus anchas en la pltica.
Cuando estaba chamaca, mis padres nunca me
dejaron venir a lavar sola, ya de grande me con
taron que los abuelos de mis abuelos, los de antes
22
Una cuchara insurrecta decret que todo objeto, sin importar lo comn, corriente o barato que fuese tena el
derecho de convertirse en obra de arte.
Todos comenzaron a enloquecer!
Un orinal fue el primero en posar ante las cmaras, inmediatamente todos los objetos de la cocina, la sala y el
jardn buscaron ser descubiertos por artistas. Las sandalias no tardaron en salir del closet y lucir su fastuoso
atuendo hecho de csped (dicen que plagiaron la idea a
una taza que dej crecer su pelo para captar la atencin
del pblico).
Tanta fue el ansia de fama de algunos objetos que olvidaron sus diferencias y se fusionaron en collages o en
nuevos objetos cada vez ms intiles. Como el famoso
caso de la plancha que fue capaz de implantarse pas a
fin de ser fotografiada por un tal Mr. Ray, o el desdichado
lipstick que se disfraz de dedo para que cierto fotgrafo
madrileo lo descubriera.
La locura lleg a tal grado que ocurrieron actos por
dems inslitos y violentos. Cuentan por ah que una
demente cabra de plstico irrumpi en el estudio de
un pintor durante una noche de otoo, el resultado fue
catastrfico: el mueco atraves una llanta y qued atorado justo en el centro de sta; histrico, destruy todo
lo que tena a su paso hasta tumbarse sobre una de las
obras del artista. Al pintor le pareci bastante innovadora aquella escena, por lo que hizo un casting para que
todo tipo de muecos y muebles tuvieran la oportunidad de participar en sus obras. La crtica especializada
aplaudi al artista y calific su obra como: una mordaz
stira al exceso de metafsica del paradigma anterior.
Pero todos sabemos que se trata solo de un accidente
provocado por el exhibicionismo de los objetos.
No se sabe hasta qu punto llegar esta locura, se dice
que actualmente los objetos cotidianos han olvidado su
funcin utilitaria, todos apelan a su carcter artstico y
buscan el estrellato. Quin cumplir su funcin ahora?
Narrativa 23
Poesa
26
Tres poemas
Miguel ngel Moncada Rueda
Poesa 27
Sin ttulo
Slo puedo escribirle a la mujer ausente,
aquella que llora cuando el da termina y la noche no renace,
porque de ella es la gloria de la rosa exterminada.
Las fuentes de agua turbia lavan su dulzura,
la luz insomne y violeta la rodea
como una corona que rodea la cabeza anciana gobernante.
Hay momentos en que incluso siento su cuerpo
y percibo vagamente en el aire su perfume marchito, incestuoso.
Por ella, quien ha esperado a todos los hroes tocar en su ventana,
atravesando ciudades y mares para verla suspirar.
Por ella, que an desea ser descubierta como un relmpago en la lluvia,
e insiste, firme hasta el anonimato de la tumba, en ser la ausente.
Por ella escribo este poema, a quien las huestes,
los ejrcitos de la belleza abandonan mutilada,
dejndola intocada bajo la verde luz de lo que muere.
Sin Ttulo
Palabra feroz,
tigre de porcelana.
Tu paso deja
una estela de cenizas
en el papel vaco
del que imagina.
Cantar lleno de certezas
y legumbres.
Te llevo a mi lado
para nutrir el paisaje azul
de un cielo que muere
si no ests t.
28
Observacin de aves
Aleqs Garrigz
Poesa 29
Sin ttulo
Mara Graciela Parra Domnguez
Olvido:
donde se refugian mis miedos a la espera de la sombra y el descontento,
donde padecen las aberraciones una censura permanente,
donde intento ocultar el padecimiento de los aos,
donde pretendo desterrar el nerviosismo de los actos ridculos y el cuestionamiento,
pero no lo logro.
Firmemente considero el olvido instante de la conciencia ntima,
pero su sntoma es orgnico, doliente y no me acosa en la reflexin sino en mis manos que buscan refugio.
Olvido poseedor de las llaves de la certeza, de las oportunidades y de los pasos de frente
pero se padece donde comienza lo sensorial hasta las vsceras.
Falto de argumentos me detengo y rindo cuentas a puntos pretritos,
a la interminable ansiedad de poseer lo distante, de acelerar y correr tras el tiempo.
Lejano de un simple no-recordar adviene en remembranzas: valiente analepsis de las decisiones violentas.
Olvido:
la disyuntiva de tolerar la violentacin de mi cuerpo.
El olvido es ese Rey que destierra la mentira verbal,
olvido que no olvida,
olvido que acosa,
que se anuncia con un escalofro largo donde el tropiezo encuentra letana.
Olvido que recuerda el perfume de la niez y los rboles.
No olvido.
No nos olvidamos.
El olvido es la cercana de un Yo indeseable e indeseado.
30
Dos poemas
Juan Martn Anda Lpez
Desgajamiento Amnesia
El suelo se derrama en mi cabeza
cuando lo miro de frente
entonces
caigo.
De pronto
sucede una montaa
que parece nueva,
que comienza a nacer
y
llego al centro;
sus races van
a donde voy,
as se mueven las montaas.
Tiembla la tierra
me encuentro en el desasimiento
y
me descubro:
soy de barro!
Poesa 31
Ensayo
34
El nombre de dialctica comienza diciendo slo que los objetos son ms que su
concepto, que contradicen la forma tradicional de la adaequatio. La contradiccin no es una necesidad heracltea, por ms que el idealismo absoluto de Hegel
tuviera inevitablemente que transfigurarse en ese sentido. Es ndice de lo que
hay de falso en la identidad, en la adecuacin de lo concebido con el concepto.
Theodor W. Adorno
En el presente texto trataremos de exponer algunas ideas acerca de la nece
sidad y del cmo es posible superar al concepto, pues segn Adorno, ste, en su
pretensin de totalidad, deja al margen y al olvido todo aquello que no se identifica
con l. Los objetos no se dejan atrapar fcilmente por la lgica o adaequatio del con
cepto y de la totalidad que pretende abarcar, porque aquellos no son idnticos a s
mismos ni al concepto que los pretende contener. Sin embargo, y paradjicamente,
el pensamiento mismo lleva marcada la apariencia de la identidad. Pensar quiere
decir identificar, refiere Adorno (1975), as entonces, apariencia y verdad son di
alcticamente inseparables.
Mientras la conciencia tenga que tender por su forma a la unidad, es decir,
mientras mida lo que no le es idntico con su pretensin de totalidad, lo dis
tinto tendr que parecer divergente, disonante, negativo. Esto es lo que la di
alctica reprocha a la conciencia como una contradiccin. La esencia inman
ente de la misma conciencia comunica a la contradiccin el carcter de una ley
ineludible y funesta. Identidad y contradiccin del pensamiento estn solda
das la una a la otra. (Adorno, 1975: 14)
El principio de identidad, caracterstico del concepto, no permite ir ms all
de l, y de lo que se trata es precisamente de superarlo, hablar de aquello que no
es conceptual, aunque, extraamente, conceptualizndolo. Cabe hacer una aclara
cin, grosso modo, de lo que entenderemos por superacin, hemos de entender, de
manera dialctica, que el concepto solo se supera cuando ste rebasa sus lmites,
cuando le es posible hablar de aquello de lo que prescinda y que sin embargo
incluye cada uno de sus momentos anteriores. Es decir, es idntico y no idntico:
idntico a su momento anterior, en el supuesto de que conserva aquello que abar
Ensayo 35
Lo que se refleja y deviene de todo esto es una gran tautologa, esa que no
descubre ms que su propia imagen, reflejada en la superficie de las cosas que pre
tende conocer. En el fondo puede decirse y se traduce que el principio de identidad
es una suerte de idealismo, ese que solo es la conclusin ltima del principio de
identidad. Todas las grandes construcciones conceptuales de la modernidad y por
las cuales cualquier espritu cercano a la filosofa siente gran admiracin, o en su
defecto, respeto, pagaron un alto precio por su construccin, el precio del olvido
de lo diferente, lo contingente, lo cambiante, lo casual, es decir, de todo aquello noidntico con s mismo. Fue necesaria su relegacin en pos de un principio de sim
plicidad, su olvido para su seguridad, esa seguridad que engaosamente le ofreca
el principio de identidad.
Tomar el principio de no contradiccin, la coherencia y la claridad como los
ideales del conocimiento implica haber decidido por adelantado que lo real re
sponde a tales ideales racionales, cuando eso es algo que slo podra ser com
probado por la experiencia. Y la experiencia muestra lo contrario. (Tafalla: 73)
As pues, contradiccin es no-identidad, que por supuesto afecta tambin
a lo no-idntico. Es decir, a la conciencia subjetiva, lo que la hace no una ley del
pensamiento, sino efectivamente una ley real. Hay otro aspecto que el concepto
debe salvar, es decir, no solo el olvido tiene cabida en el conocimiento basado en
el principio de identidad, sino tambin la proyeccin del mismo concepto, al que
llamaremos utopa del concepto o del lenguaje.
Quizs el concepto de utopa no sea muy bien visto dentro del pensamien
to crtico, dado que ste reflexiona que el contexto y los sujetos, no como binomio,
sino como una sola cosa, son los constructores de su realidad y de sus posibili
dades para la transformacin del mundo, algo que sin duda hace recordar a Marx.
A sabiendas de que Adorno no construye parasos terrenales, sino que hace lo que
puede con lo que tiene (es decir, no crea utopismos, ni trabaja para hacer lo que
debe ser), nos hemos tomado la libertad de aproximarnos a manera de interro
gantes a la otra cara del concepto, so pena de caer en repeticiones o formulaciones
antes planteadas, discutidas y solventadas o, en todo caso, caer en formulaciones
totalmente fuera de la temtica.
36
1
Cabe sealar que
esto no trata de quitar
mrito al gran trabajo
llevado a cabo por parte
de Descartes, ms bien
habra que sealarlo
como un autntico
hroe del pensamiento,
pues en su pensamiento, gestacin del
pensamiento moderno,
se le iba la vida literalmente. Tratando, en
todo caso, de copiar un
poco el procedimiento
adorniano, intentamos
hacer colisionar dos
conceptos que se
contraponen para hacer
saltar en este choque
las divergencias y
deficiencias que los
dos puntos tratados
conllevan.
La ilusin cartesiana de la distincin y la claridad es ejemplo1 de la tau
tologa en que cae el conocimiento y el solipsismo que envuelve una pretensin de
conocimiento basada en el principio de identidad, al que adems le otorga el funda
mento de la verdad, ste paga el precio por adelantado y pone las cualidades que ha
de cumplir aquello que pretende conocer. Cmo? Hacindolo idntico a l. Sin em
bargo, el hecho de que lo existente no coincida con su concepto general, no quiere
decir que sea indescifrable como algn tipo de instancia ltima o como el nomeno
kantiano, sino que ms bien habra que aceptar que lo universal mora en el seno de
lo individual. Que ningn objeto aparece como mera facticidad, esa inmediatez del
objeto est mediada por los conceptos pero tampoco se diluye en ellos.
Pues bien, si la herramienta de la filosofa es el concepto y es a travs de ste
que aqulla puede llegar a conocer los objetos materiales y, si consideramos que no
es lo nico que puede lograr, a saber: justo cuando el concepto desborda el objeto,
cuando ste dice algo ms de lo que el concepto trata de atrapar en su pretensin de
totalidad y la pierde, no solo tiene lugar una prdida. Es decir, en el reproche que
hace el concepto a la realidad operante, dado que como concepto idea o imagen
llega a ser ms que la cosa concreta, al desbordarla y excederla no nombra el con
cepto algo que en la cosa concreta todava no existe pero que deseamos que exista?
Pues en cuanto no se limita a decir lo que existe ahora, ese concepto dice algo
ms de lo que dice en lo profundo, de la totalidad que se nombra como entidad
lingstica, como concepto acaso no late el anhelo de que lo fuera? Y en todo caso
a este algo ms podramos llamarlo acaso utopa?
Por ejemplo, y solo como hiptesis de trabajo: si buscramos en la historia
un momento particular de socialismo como referente especfico de dicho concepto
(socialismo) y lo dijramos tal y como es, no sera un concepto de socialismo pobre
y casi insignificante? Pero si en lugar de ste fuera posible proponer un concepto
abstracto de socialismo, cierto es que se pierde aquel momento especfico entre mu
chas otras cosas, pero tambin es cierto que ese concepto abstracto de socialismo
podra nombrar junto con lo que es ahora, la posibilidad de un socialismo ms
completo. En este sentido, la razn del concepto sera la crtica sin atenuantes de
la realidad operante, justamente, trascendindola. En ella se albergan esperanzas
de futuro y un elemento de promesa, en todo caso, el lenguaje en tanto conceptual
vendra a ser la utopa de la materia. Tal vez el socialismo no est muerto, y solo
haya que removerlo, reinventarlo, rememorarlo. Una rememoracin del concepto
de socialismo tal vez sea necesaria si tomamos en cuenta la vida interior de los
conceptos, si es que en la capacidad humana an hay atisbos de imaginacin, que
no es sino la capacidad de hacerse imgenes, a la que tambin podramos entender
como un smil de esperanza que a su vez podramos entender como la capacidad
de hacerse imgenes, de creer que este mundo puede ser transformado.
Un pensamiento negativo como el que propone Adorno es capaz de resistir
cualquier forma de dominio, pues en sus procesos de conocimiento es fundamental la
denuncia de lo evidente, la imposicin de lo uno sobre el todo, de lo abstracto sobre lo
concreto, de lo universal sobre lo individual. Una filosofa de la identidad entre razn y
realidad deja poco espacio, si acaso ninguno, para la crtica, se legitima a s misma. Todo
la real es racional y, todo lo racional es real. Sentencia ltima del idealismo alemn.
Ensayo 37
Pero cuando la filosofa se asume como crtica, hay un peligro que debe sortear.
El peligro consiste en que su actitud crtica se derive de la falsa seguridad
de creer haber encontrado una supuesta verdad desde la cual se denuncia la
falsedad del presente. (Tafalla: 77)
Es decir, como si esa crtica se desprendiera desde una posicin superior y
privilegiada, que devendra ms bien en una crtica trascendente, luego entonces
en dogmatismo. La crtica no cuenta con la verdad, y hasta podramos decir que ni
siquiera la busca, y no lo hace precisamente porque no existen siquiera posiciones
superiores, miradores con el privilegio de ver eso que se escapa cotidianamente. Lo
que es posible, es un crtico situado dentro de un movimiento dialctico, es decir,
un crtico inmanente y trascendente a la vez, que pueda asumirse dentro y fuera
de la situacin que critica, conocerla y saberse implicado y a la vez resistirse y liberarse con la mirada puesta en lo posible, en lo distante, aunque sea negativamente.
Si la filosofa verdaderamente pretende salvar lo no-conceptual para el conocimien
to y dado que el instrumento para el conocimiento en la filosofa es el concepto,
entonces ha de ser el concepto mismo el que suprima la opresin con la que pierde
los objetos.
A la filosofa le es imprescindible por discutible que ello sea- confiar en que
el concepto puede superar al concepto, al instrumento que es su lmite; esta
confianza en poder alcanzar lo supraconceptual es as una parte necesaria de
la ingenuidad de que adolece. (Adorno: 18)
Y si es que es cierto que lo que el concepto alcanza de verdad es a merced
de aquello que oprime, rechaza y desprecia, la ingenuidad consiste entonces en
penetrar con conceptos aquello que no es conceptual, pero siempre con el cuidado
de no acomodar estos a aquellos. Incluso el concepto mismo puede ser objeto de
conceptualizacin.
Los conceptos no slo no llegan a los objetos, sino que a la vez remiten al olvi
do todo lo que pierden, de tal modo que sin ningn reparo se concentran en la
construccin de gigantescos edificios conceptuales cada vez ms autnomos y
autrquicos, que acaban por perder todo contacto con la realidad que presun
tamente describen. Los conceptos tienden a olvidar los objetos y convertirse
ellos mismos en los objetos del conocimiento, en encerrar la filosofa dentro
de s misma bien lejos de la realidad. El rigor del trabajo conceptual dificulta
reconocer que esas grandes construcciones no son ms que la cosificacin de
un olvido. (Tafalla: 83)
Encontrar lo no-conceptual en los conceptos y hacerlos resaltar es la tarea.
De lo que se trata entonces es de una transformacin de los conceptos, han de
renunciar a ser idnticos a s mismos, inmutables, con una definicin nica y de
finitiva, han de ser dinmicos, pues solo as lograrn acercarse a las cosas y dar pie
a la determinacin que de ellas reciben. Dejarse guiar precisamente por aquello
no-idntico en ellos, por los objetos siempre cambiantes, y esto ha de lograrse po
38
En esa bsqueda de la identidad en la no identidad habra que oponer la
no identidad en la identidad, es decir, todo principio para ser pensado necesita de
lo que excluye, porque todo lo singular depende de una totalidad en el seno de la
cual ocupa su puesto y valor. En este primer caso la filosofa de la memoria que
propone Tafalla a partir de Adorno es ilustradora. En el segundo caso, encontramos
que en el reproche de que la cosa no es idntica al concepto vive el anhelo de que lo
fuera, est la exigencia de mayor racionalidad, no de menos; de una racionalidad
que tome en cuenta lo rechazado por la dominacin de la naturaleza y de los hom
bres, algo que nos recuerda el arte sin conceptos, la msica atonal o el componente
retrico que la filosofa negativa trata de iluminar.
Una filosofa tal deja sin privilegios al espritu analtico, es decir, la divisin
de la dificultad, la parcelacin del problema ya no es suficiente para alcanzarlo. Este
mtodo, que identifica la verdad con la idea clara y distinta, tiende a entenderse o
se encamina hacia su relegacin en tanto es considerada falsa. Hace ya un tiempo,
Marx haba hecho alusin a la complejidad con la que se nos presenta la realidad,
problema que trasciende por supuesto la metodologa analtica, la claridad y la
distincin, pero no por ello los suprime, los olvida o los abandona, recordemos que
el pensamiento analtico tiende a la identidad,
La ruptura dialctica de Schnberg respecto de la msica tonal o burguesa,
esa que liberaba a la msica de sus intimsimas leyes tonales y armnicas, de al
guna manera reincida en aquello mismo que pretenda su dominacin, una nueva
lgica de control, un sistema cerrado y leyes establecidas que acompaaban a la
composicin dodecafnica. Esto no debe tomarse por algo extrao, es propio de la
Ensayo 39
Bibliografa:
Adorno, Theodor W. (1975) Dialctica Negativa. Trad. Jos Mara Ripal
da. Taurus; Madrid.
Aguilera, Antonio (1991) Introduccin a Actualidad de la filosofa, de Theodor W. Adorno, (trad.) Jos Luis Arantegui Tamayo, Paids, Barcelona.
Tafalla, Marta (2003) Theodor W. Adorno. Una filosofa de la memoria, Herd
er, Barcelona.
40
Ser hombre es serlo todos los das para todos los das, estar recin llegado.
Hugo Zemelman
En el presente ensayo abordar la cuestin de la conciencia histrica y
la investigacin social y humanstica. Fundamentalmente me interesa llamar la
atencin sobre la relacin activa que tenemos con el pasado a partir de nuestro
presente, en tanto personas involucradas en la produccin de conocimiento social
y humanstico.
1. Individuo e historia
Podemos estar en la historia o tener una historia, podemos solo pertenecer
a la historia o bien construir la historia. Si hablamos de una historia personal, nos
reconocemos como parte de una familia, de una comunidad, de una regin, iden
tificndonos con personas que nos antecedieron en el tiempo y en los diferentes
espacios que habitamos. Nos apropiamos del tiempo pasado a partir de los ava
tares de nuestro presente, en el mismo sentido que la Historia no es la historia del
pasado, sino la del pasado de nuestro presente y, por tanto, de nuestro presente (Heller,
1986: 234 nfasis original)
El presente es el primer referente para pensar el pasado; ste se transfor
ma en la misma medida que se transforma el presente, se amolda y responde a
los temores, necesidades, utopas que cada generacin se plantea. As, la primera
condicin para reflexionar sobre el tiempo es delimitar la extensin de mi presente:
mis actividades, mis relaciones sociales, mis intereses, mis ilusiones, mis repul
siones. Si no pienso sobre mi propia vida, no puedo pensar sobre la vida de otros,
podr hacer comentarios, juicios, pero no se generan condiciones para el recono
cimiento de la conciencia histrica.
Nuestro presente, la historia, no es solo personal, tambin es colectiva en
el mismo sentido que nuestra vida es colectiva a partir de las trayectorias cotidianas construidas a lo largo de la existencia en el mundo. Estamos inmersos en
un juego de reciprocidades sociales que se constituye y configura desde un cdigo,
un campo instrumental del que disponemos para producir/consumir el conjunto
de objetos prcticos que sirven para nuestra reproduccin (Echeverra, 2001).
Ensayo 41
De lo anterior se podra afirmar que las trayectorias cotidianas de mi vida
son nicas, y no estn agotadas por el cdigo (todas las maneras que tengo para
comunicarme con otras personas), el conjunto de objetos prcticos (la materiali
dad que media mis actividades diarias, ya establecida desde antes que naciera),
ni las normas sociales explcitas e implcitas para poder vivir entre los hombres. Y
eso vale para cada ser humano, pues es en la medida que desarrollamos nuestra
existencia (la reproduccin social) que se crea esa posibilidad nica de habitar el
mundo desde mi presente, desde mi pasado.
Estamos determinados histricamente por la manera en que hemos apren
dido a relacionamos con los objetos (naturales o creados por el hombre) y las per
sonas. Pero esas determinaciones no existen por s mismas, sino solo en la medida
que cada uno de nosotros las realiza da con da. La historia no nos condena, no
prescribe de antemano cmo ser el futuro porque siempre existe la posibilidad
de las elecciones humanas, nicas en sus trayectorias, seres humanos que ejercen
su voluntad-accin y asumen los compromisos ticos de las elecciones realizadas.
Esto es la conciencia histrica y genera condiciones para la libertad.
2. La conciencia histrica
La transnaturalizacin, esto es, el paso de la animalidad a la vida humana,
consiste en un trauma o salto de la mera determinacin como especie biolgica a
la deformacin o perversin en el cumplimiento de las funciones vitales. La sim
bolizacin de los ritmos naturales y sociales, el horror ante el vaco de la muerte,
la consideracin de finitud de la existencia de un solo hombre frente al horizonte
temporal de los que nos sucedern, seran algunos ejemplos de dicho trauma. Las
pinturas y petroglifos rupestres, as como los vestigios de los ms antiguos rituales
funerarios seran la prueba de esa deformacin como especie animal.
Esas son las primeras evidencias de que nuestra especie ya no fue solo ani
mal, estaba pensando en el tiempo. Creo que ese rasgo es lo que nos hace verdaderamente humanos: pensar sobre los hombres que estuvieron antes de nosotros,
con nosotros y los que vendrn. Hasta donde s, ninguna otra especie genera y
preserva una memoria ms all de la gentica. Nuestra memoria gentica no es
suficiente para la preservacin de la especie, es necesario generar una memoria
humana, una no natural, en una variedad de soportes que van desde una piedra
hasta el mismo cuerpo. La forma en que cada grupo humano ha creado su memoria
es una eleccin civilizatoria.
Cada eleccin civilizatoria es excluyente, de lo que deriva que cada historia
es excluyente y puede considerarse a s misma como la ms sensata, la ms acabada
y la mejor, a pesar de que ningn hombre sea superior a su propia especie. El sen
timiento de superioridad y las consecuencias de ello no es una cuestin de natura
leza humana, sino de elecciones sociales en el tiempo.
En este punto convergen las trayectorias cotidianas personales, individu
ales, con las trayectorias colectivas. Un solo mundo y una sola historia mantienen
una relacin dialctica con las historias y mundos que lo constituyen. Aceptar que
soy una historia, formo parte de historias, y construyo una historia significa aceptar
mi historicidad, y la conciencia histrica de mi existencia. La conciencia histrica
42
Ensayo 43
Al involucrarnos en la produccin de conocimiento de la realidad humana,
tenemos el compromiso tico de trascender el lmite de nuestra propia individuali
dad, para reconocernos en las integraciones sociales de las que formamos parte a
partir de nuestro propio conocimiento.
Por ltimo, no creo que la conciencia histrica est reservada solo a las activi
dades intelectuales particulares del quehacer acadmico o artstico. Sin bien aqullas
son la expresin contundente de la necesidad de hacer mundo, de posibilidades de
construccin de sentidos diversos desde el conocimiento, actividades mucho ms
mundanas y ociosamente placenteras como escuchar msica, jugar en un parque,
platicar sobre lo que nos gusta, nos emociona, nos produce tristeza, son asuntos co
munes a toda la especie humana y fundamentales para nuestra existencia.
Un gran reto para los que gozamos de este sentido humanista, es reunir los
aspectos ldicos, ociosos, imaginativos con la actividad intelectual y entre otros
placeres, el de crear conocimiento por el puro placer de hacerlo, como dira Cor
neluis Castoriadis: cuando no existe el peligro de morirse de hambre, qu es
vivir?
Bibliografa:
Castoriadis, Cornelius (1977) Transformacin social y creacin cultural.
Consultado en [Link]
[Link], el 7 de julio de 2012.
Heller, Agnes (1986) Teora de la Historia, Fontamara, Mxico, D.F.
Echeverra, Bolvar (2001) Definicin de la cultura. Curso de Filosofa y
Economa 1981-1982, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, Mxi
co, D.F.
Lvi-Strauss, Claude (1975) Las tres fuentes de la reflexin etnolgica
en Jos R. Llobera (comp.) La Antropologa como ciencia, Anagrama, Bar
celona.
Zemelman, Hugo (2002) Necesidad de conciencia: un modo de construir conocimiento, Anthropos, Barcelona.
44
Las visin positivista de la historiografa nos ha hecho creer que en la his
toria solo es vlido aquello que es comprobable mediante los documentos de ar
chivo. Afortunadamente, son muchas las tendencias que, a partir de los fundamen
tos tericos formulados por Lucien Febvre y Marc Bloch para el desarrollo de la
Escuela de los Annales, nos permiten ampliar el campo de fuentes de informacin
a las que el historiador recurrir para explicar el pasado. De igual forma, los temas
de investigacin se multiplican abriendo un abanico de exploraciones para conocer
al hombre en todas sus facetas.
Desde la apertura a nuevos objetos de estudio, como la economa, las men
talidades colectivas y el gnero femenino, hasta objetos especficos, la historia
elaborada con arraigo a la tradicin de los Annales es una historia vigente que
sigue en la bsqueda de fuentes y mtodos que den cuenta de los acontecimientos
y de las formas de vida de las sociedades.
Una de estas tendencias la constituye la historia oral, cuya fuente, a decir
por Sandoval Pierres:
es la memoria, ese conjunto de recuerdos y olvidos que van conformando las
experiencias que nuestros sujetos de estudio reconstruyen y nos comunican
de manera oral, experiencias que son recuperadas y registradas por el inves
tigador a travs de la entrevista de Historia Oral, para despus someterlas a
un proceso de transcripcin y, posteriormente, a su interpretacin. (Sandoval
Pierres, 2010: 7)
Ms que una corriente historiogrfica, la historia oral se presenta ms bien
como una metodologa para el tratamiento de las fuentes orales, pese a que con
tiene un marco conceptual para definir la memoria y todo lo que deriva de ella,
as como su comunicacin con miras a la transmisin del conocimiento histrico.
Dentro del contexto de la nueva historia heredada de los Annales, la historia oral
busca hacerse de informacin nueva a travs de nuevos sujetos, de documentos
vivos, con herramientas prestadas de otras ciencias sociales, en un juego interdisci
plinario donde la psicologa, la antropologa, la sociologa, la semitica y la historia
entablan un dilogo que deriva en la exposicin de los recuerdos, los sentimientos
y las interpretaciones que sobre los hechos realiza la persona entrevistada, el sujeto
de la historia oral.
Ensayo 45
Dentro del proceso de bsqueda, exploracin y crtica de las fuentes que
proporcionarn la informacin requerida para la construccin de una historia, el
historiador debe ser capaz de observar los detalles que los documentos consultados
contienen. Ntese que cuando se habla de documentos no solo se hace referencia a
los papeles de archivos institucionales, tambin se contemplan libros, cartas y otro
tipo de testimonios, como edificios, expresiones artsticas, propaganda, entre otros,
que el historiador debe estar dispuesto a cuestionar, interrogar y exprimir a partir
de preguntas lanzadas desde diferentes perspectivas, con la finalidad de obtener la
mayor cantidad de informacin posible.
En este sentido, el documento vivo, la persona entrevistada, se equipara al
documento en papel, inerte, de quien se obtendr la informacin solo si el inves
tigador tiene la habilidad de realizar las preguntas adecuadas y de interpretar las
respuestas recibidas.
El proceso de interpretacin al que el historiador se adentrar es un proceso
que deber atender a dos tipos de informacin: la revelada y la que se qued con
la persona entrevistada pero dio visos de existencia. Sirva para esto la analoga
con el documento: si nos hallamos ante un documento donde se hace constar el
nombramiento poltico de una persona durante el siglo XIX, no nicamente nos en
focaremos en leer el contenido del texto, tambin observaremos el tipo de papel en
que est escrito, si tiene sellos, la tinta, la letra usada, si tiene enmendaduras, pen
saremos alrededor de qu circunstancias materiales fue creado el documento, si
tiene tachaduras, rayones, borrones, cualquier detalle que nos haga pensar, no sin
algo de malicia, que el documento pudo ser alterado o pudo haber sufrido algn
percance estrechamente relacionado con su momento histrico, y que en ltima
instancia nos proporcionar ms informacin aparte de la contenida en el texto.
Regresando a la informacin que proporciona el individuo entrevistado, su
jeto de nuestra historia, intentaremos distinguir las tachaduras, borrones y enmenda
duras en su discurso que darn la pauta para encontrar ms cosas que trasciendan la
informacin, generalmente sesgada, proporcionada por un individuo, el cual vio los
acontecimientos desde su propia perspectiva, bajo sus parmetros y enmarcado en
estructuras mentales muy ntimas, ya a nivel social o a nivel personal.
Las irregularidades observadas se manifestarn comnmente como olvidos
y lagunas mentales que, si bien pueden ser explicados con mayor precisin por
la psicologa, no son intiles para el historiador, quien a partir de un olvido o un
cambio de versin de los acontecimientos por la misma persona est en la libertad
de redirigir su investigacin para plantearse nuevas preguntas y descubrir sende
ros que lleven a las respuestas, quizs muy diferentes a las que en un principio se
vislumbraban.
Visto superficialmente, el olvido proporciona muchas pistas para hacer
nos sospechar de la existencia de otras rutas para llegar a describir verazmente
un acontecimiento o un proceso histrico. Sin embargo, cuando recurrimos a
la nocin de indicio y al paradigma indicial en la investigacin, es notable que
se puede sistematizar esa serie de olvidos, lagunas y cambios para crear un
complejo modelo que oriente las investigaciones a base de entrevistas de histo
ria oral, y esto bajo la advertencia que el ser humano, aunque posea constantes
46
Ensayo 47
Bibliografa:
Ginzburg, Carlo (1989). Mitos, emblemas e indicios. Morfologa e historia,
Editorial Gedisa, Espaa.
Lara Meza, Ada Marina, Felipe Macas Gloria y Mario Camarena Oc
ampo (2010). Los oficios del historiador: taller y prcticas de la historia oral,
Divisin de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de
Guanajuato/ Departamento de Estudios de Cultura y Sociedad/ Labora
torio de Historia Oral, Guanajuato.
Teora de la historia. Para pensar el pasado (26 de noviembre de 2004).
El historiador y los documentos [en lnea]. Mxico. Recuperado el 5 de
abril de 2012, de [Link]
miguel-a-guzmc3a1n_el-[Link]
Artculo
50
Duele comprobar cmo los que, a da de hoy, se han hecho due
os de la traicionera tarea de proporcionarnos informacin, ignoran con
tremenda celeridad aquello que tan solo ayer fue flamante y novedosa
noticia. Intentamos retomar el hilo de un acontecimiento, un apunte
televisivo, una escueta cuestin que nos resulta interesante, y nos per
demos irremediablemente en una marea insomne de datos, cifras y es
tadsticas en que, muy a duras penas, y con notable esfuerzo, daremos
con la continuidad del hecho que nos importa. Ya caduc la primicia, la
noticia ha dejado de serlo, la informacin ha sido por siempre olvidada
por los voceros de la informacin. Que la vida va deprisa, parece.
En noctmbulas charlas y espaciadas comidas opinamos sobre
este hecho de la fugacidad informativa, y acabamos resumiendo que es
tamos manipulados. Nos manipulan los medios informativos, nos ma
nipulan los gerifaltes de la noticia, nos manipulan los gobiernos y los
mercados, nos manipulan quienes damos en llamar los amos del mundo
y, ay!, son muy otros de aquellos a quienes ste legtimamente pertenece.
De esta manera consiguen que cualquier hecho, por mnimo o
grave que sea, que pueda llamarnos la atencin, comience a borrarse en
nuestra memoria ante la ausencia de continuidad. La tragedia de ayer
(devastadora inundacin en una recndita provincia china, por ejem
plo) es hoy ignorada y no podemos, a pesar de intentarlo, recordar la
magnitud de la misma, el vendaval de llanto y sufrimiento que produ
jo. Solo queda, flotando como el envoltorio maltratado de un caramelo
ya deglutido, el recuerdo inexacto de que ocurri una terrible catstrofe
en algn rincn perdido del mapamundi. No ms.
Regresado al hogar, acomodado ya en el silencio de las horas
venideras, las que sibilinamente anteceden al sueo, reflexiono y me
pregunto si no ser que la informacin, simplemente, es fiel reflejo de
nuestros das.
Es muy probable que se trate solo de una burda copia, s, lo
que escuchamos en televisin, lo que leemos en la prensa, de nuestras
propias y esforzadas vidas. Tal vez solo un esttico reflejo pixelado de
esa marcial y glida calendarizacin en la que hemos decidido, hace ya
demasiado tiempo, transformar los latidos de nuestros corazones.
Acaso recuerdas el rostro de aquella persona que abrazaste
una noche, al amparo tibio de la madrugada?
Artculo 51
S, haz un esfuerzo!, recuerda!
Me refiero a esa romntica aventura, aquel fugaz encuen
tro aderezado de alcohol y promesas de goce insensato y oblicuo.
Aquella suave caricia de piel de luna, aquel lbrico suspiro de eter
nidad coagulada al amparo de una noche a la que no deseabas, por
nada del mundo, engalanar con la diadema obtusa del amanecer.
Recuerdas, cmo no?, que fue aterciopeladamente bello, dolo
rosamente intenso, sucio quizs, y sabroso sin duda. Pero, por ms que
lo lamentes, te descubres ya incapaz de recordar su rostro, e incluso du
das si no ser la malvola intencin de la memoria trocar en plena dicha
algo que no fue ms que un momentneo desorden de los sentidos, un
encuentro no esperado, un atropellado desahogo del deseo.
El caso es que, aunque lo pretendas, has perdido ya la capaci
dad para, al menos, recordar su rostro y, mientras miras las noticias,
anestesiado por la montona y hueca sonoridad de el/la presentador/a
de turno, tomas conciencia de que maana habrs olvidado, tambin,
la feroz hambruna africana, o el imprevisto terremoto que, en un lejano
pas de ignorada geografa, ha cauterizado miles de futuros, dejndolos
inservibles, rotos.
Las noticias, en fin, como las primicias y crnicas con que vamos
esculpiendo nuestra existencia sern, tarde o temprano, abandonadas
al albur del olvido e incluso la indiferencia.
Es la fugacidad que se nos instala en la vida, como ese vecino al
que no hemos invitado pero an as se interna en nuestra cocina para
husmear las fragancias del guiso con que pretendemos alimentarnos.
Y al fin y al cabo, los noticiarios solo son reflejo de nuestra pro
pia existencia: fugaz e inconsciente, por mucho que esto nos duela y
pretendamos negarlo en reuniones e intimidades, por mucho que haga
mos pblica exhibicin de nuestra preocupacin por la paz mundial y
la extincin del hambre en el tercer mundo.
Como ocurre con aquella persona que vino a enredarnos el de
seo una noche en que los vampiros ocultaban su dulce mordisco de
dao y soledad, pretendemos pensar que prestamos atencin a los
sucesos que, a diario, sacuden las vidas ajenas: las noticias.
Quizs solo lo hagamos por evitar que nos ahonden la cicatriz
de nuestra despreocupacin y nuestro olvido.
Y as transcurre la vida como una sinfona rara que pasa de la
tocata a la fuga y se nos escabulle en las rendijas oxidadas de la memoria.
Sera bueno intentar retener la meloda. Llegar un da en que nos har
mucho bien rememorar los acordes perdidos, las disonantes armonas a
cuyo son danzaron un da nuestros pies y los de la Humanidad toda.
52
Memoria virtual,
olvido potencial
Gabriela Trejo Valencia
No estoy completamente segura si esto es una reflexin sobre la
memoria o sobre el olvido. Idee este texto con la consigna de trabajar
acerca de la prdida de los recuerdos, pero debo admitir que pensar
sobre este asunto me llev a ponderar que hoy ms que nunca vivimos
un entorno especialmente configurado para no olvidar. Me explico: la
tecnologa ha puesto a nuestro alcance el mayor nmero de medios
para que siempre tengamos presentes eventos, cumpleaos, reuniones
(de trabajo o ldicas), fechas lmites, prrrogas a entregas importantes,
clases, el inicio de nuestro programa favorito, y un largo etctera.
Todos esos aspectos con frecuencia eran pasados por alto porque
no siempre venan a nuestra memoria a la hora buena. De tal modo,
era comn que terminramos ofreciendo disculpas por nuestra mala
cabeza y nuestra memoria de tefln; sin embargo, aun as nos acostum
brbamos a memorizar ciertas fechas y a ejercitar nuestra capacidad
de retencin para evitar -en la medida de lo posible- olvidar tal o cual
cosa importante. En fin, se buscaba tener memoria de elefante y acordarse
puntualmente de varias cosas a la vez; no obstante, ltimamente las co
sas han cambiado porque ya no es necesario amarrarse un hilito rojo en
el dedo para tener presente tal o cual cosa, es ms, ahora se nos anuncia
con una anticipacin programada (15 minutos, una hora, un da) que
lleg determinado momento o que a las 7 nos veremos con Perenganita.
Y es que en la actualidad ciertos artilugios tecnolgicos como los tel
fonos inteligentes, los reproductores multimedia de ltima generacin,
las minicomputadoras o los dispositivos de comunicacin por inter
net (estos medios pueden trabajar por separado o bien, conjuntarse en
un mismo super artefacto costoso, estilizado y multifuncional que mi
abuela suele denominar cosa del diablo) nos hacen fcil la tarea de
recordar e incluso pueden programar nuestros das al fungir como una
agenda capaz de condicionar nuestro quehacer. As pues, ya no envidi
amos a quien tiene memoria de elefante sino al que tiene la mejor me
moria artificial.
En vista de ello, me di cuenta que mis reflexiones sobre el tema
del olvido apuntaban ms bien a ensalzar la memoria representada en los
dispositivos y ordenadores. Fue por eso que estuve a punto de dar por
terminado este texto; no obstante, reflexion que en realidad mi enfoque
s reflejaba el hecho de que cada vez es ms notoria la paulatina prdida
de la capacidad de recordar. Es ms, ya no es tan necesario guardar en
la memoria aquello que debamos tener en cuenta por ser relevante en
nuestra cotidianeidad, y eso gracias a que hemos delegado esas preo
cupaciones a mltiples artificios, sitios web y herramientas de software
Artculo 53
54
Artculo 55
Estamos ante un fenmeno propio de las nuevas tecnologas
en el que el caralibro se apodera de nuestra informacin y no est
dispuesto a dejarla de lado, al ms puro estilo de las historias de cien
cia ficcin donde un mega cerebro poderossimo aprehenda cualquier
cantidad de informacin y luego se propona realizar diversos planes
malignos con ella. No soy yo la ms indicada para decir si el proyecto
de las redes sociales est encaminado a salvar al mundo, a apoderarse
de l, a destruirlo o simplemente a enriquecer a sus creadores (apunto
ms a este aspecto), lo cierto es que su incuestionable naturaleza del
todo opuesta a la desmemoria es significativa hoy da.
Con lo que hasta aqu va dicho, me permito insistir en que hay
una notable paradoja en las redes sociales, las cuales, como hemos
descrito en estas lneas, son francamente memoriosas, pero a la par
suelen promover el olvido en el usuario. Esto sucede cuando al facili
tar continuas actualizaciones le abre la posibilidad de estar enterado
del acontecer minuto a minuto, por lo tanto, no le permite tomar con
ciencia de que por s mismo debera ser capaz de recodar eventos y
hechos importantes en su da a da. El fin de las redes sociales es traer
a la memoria aquello que el usuario debera tener presente pero que
decide pasar de largo porque se ha acostumbrado a que una mquina
o un software recuerden por l.
Las nuevas tecnologas traen a la mente del usuario eventos que
ni siquiera haba considerado o tenido previamente en la cabeza, por
eso creo que se est minando la capacidad del hombre de acordarse por
s mismo de los eventos de las prximas horas o de la semana en curso.
De tal manera, los millones de individuos que usamos estas tecnologas
estamos entrando a una zona de confort en la que no necesitamos es
forzarnos por pensar o recordar gracias a que otro lo hace por nosotros.
Muchas personas dependemos de las memorias artificiales y
cuando no podemos acceder a la red porque el celular no tiene cober
tura o hay un apagn en la colonia nos sentimos perdidos, estamos an
siosos por saber qu pasa en el mundo, a qu hora es la reunin con los
amigos, a quin tienes que felicitar; en fin, nuestra memoria se ha visto
reducida a un micro chip que es tan poderoso y capaz que cada vez
tenemos que usar menos nuestra capacidad de evocar por nosotros
mismos el pasado para rememorarlo en el presente. Es ms, la eficacia
de la memoria artificial acenta la falibilidad de nuestra memoria, por
consiguiente, cada vez confiamos menos en ella. Ahora la red social y
los artilugios ms innovadores te recuerdan tu quehacer cotidiano con
mltiples actualizaciones automticas y alarmas varias, as es como te
56
En esta sociedad tan llena de eptetos despreciativos en la que
vivimos, es sorprendente ver que todas las personas dan siempre el
mismo valor a una cosa: la vida. Claro, no vemos ni a polticos ni a per
sonalidades televisivas entregar su vida por un ideal, aunque existen
esas contadas historias mediticas infladas, pero son otra historia. La
realidad es que en Occidente existe una idea muy arraigada: la vida es
para mantenerla. Y la nica definicin de la vida es el respirar, el con
tinuar andando en este mundo sin importar qu, fuera de eso lo dems
es nimio.
Sus excepciones habr, por supuesto. Mas en este momento nos
referimos al mass-media, a la basura consumida por la gente en medios
ya tan distintos como son la televisin, el internet e incluso el radio. Para
la gente de nuestra poca, la vida lo es todo. Y al final, el desastre es
completo pues ven que el fin de su vida es el apagarse, no ser nada ms.
Claro, est el otro mundo que vara dependiendo de las creencias o re
ligin de la gente pero, a juicio del espectador claro, no se va mucho ms
all del habr algo despus de esto aunque no se abraza totalmente.
A fin de cuentas, este trabajo no es una crtica al Occidente, de
eso ya se pueden encontrar gruesos volmenes en todos lados. No, la
idea tan parca de muerte en Occidente es una simple excusa para poder
entrar al Oriente. A una tierra donde la transitoriedad es ley y el dolor
es un motor que mueve el universo. La influencia de diferentes religio
nes como el budismo Zen, el taosmo y el sintosmo (tambin conocido
como shinto) han dotado al otro mundo y a la muerte japonesa de ma
tices inslitos para los que no fueron criados en esa cultura. Conceptos
como el crculo de las reencarnaciones, la transitoriedad y lo efmero
como algo hermoso contrapuesto al eterno sufrimiento son solo uno de
los pocos conceptos que se pueden encontrar en esta sociedad. No es
necesario ir tan lejos para mostrar lo novedoso que resulta este aspecto
para nosotros. Hace poca cosa, dos o tres aos, fue premiada con el
Oscar la pelcula Okuribito, la cual trata de manera extensa los rituales
funerarios de los japoneses.
Si bien un trabajo sobre la muerte en todas sus modalidades en
el Oriente sera de gran valor, sera imposible cubrirlo en un solo tra
bajo, probablemente se necesitara todo un curso para poder estudiarlo.
Es por ello que el intento aqu ser no develar todos los aspectos de la
muerte japonesa sino simplemente estudiar los tipos de muerte en una
obra en concreto: el Genji Monogatari, piedra angular e incluso funda
cional de la literatura japonesa.
Artculo 57
58
1
Silabario que se alejaba de la
escritura con caracteres chinos
destinada solo a los hombres.
2
Vid. K. Gillespie, John (2004)
A bilingual handbook on japanese
culture. Natsume, Japn.
Una obra situada al mismo tiempo en composicin y transcurso
dentro de la narracin, en una de las pocas ms tranquilas de Japn,
la Era Heian, que data de finales del siglo VIII hasta el fin del siglo XII,
durante los cuales la nacin del sol sufri pocos percances relativos a
la guerra o hambrunas. Hasta cierto punto se podra hablar de una era
de paz duradera en la que las artes tuvieron un gran auge, sobre todo
el arte de las mujeres autoras. Textos tan exquisitos como El diario de la
liblula, El libro de la almohada y otros, mostraron que las mujeres de la
nobleza japonesa podan y estaban logrando dar una significativa apor
tacin a la literatura de su pas. No solo con la preponderancia del sila
bario Kana1, destinando al uso exclusivo de las mujeres en ese tiempo,
sino con la descripcin de su tiempo y la introduccin de novedosos
tpicos. En este ambiente fecundo para la literatura es donde el Genji
Monogatari ve su gnesis de manos de Murasaki Shikibu, mujer rela
cionada en varios modos con la nobleza. Aunque ha sido llamada por
muchos la primera novela psicolgica en forma y por otros la primera
novela escrita, lo que se debe resaltar es la capital importancia de este
texto, que versa sobre la vida en la corte de un prncipe extraordinario
en todos los sentidos, y sobre la construccin de muchos aspectos de la
sensibilidad y de las categoras estticas japonesas.
As, ser vlido resaltar lo que llamaremos tipos de muerte en
el Genji Monogatari para mostrar cmo en Oriente la vida no siempre
tiene que terminar con la muerte. Difcil de explicar a primera vista, se
ir aclarando a lo largo del trabajo.
Para poder seguir el trabajo, sin embargo, se deben aclarar unos
cuantos conceptos, a saber: Aware, Muj y Haji. Ahorrndonos citas,
como haremos en la mayor parte de este trabajo, definiremos Aware
como la categora de la belleza de lo efmero y de lo que no permanece,
conexin directa con la transitoriedad; Muj como lo transitivo, la nula
permanencia de las cosas2. En acuerdo con las creencias budistas, el
crculo de las reencarnaciones es eterno y todos los seres pasan por l;
es por eso que en Oriente la vida no tiene tanto valor como se le da en
Occidente. Simplemente todo pasa y se pierde en el tiempo, nada dura.
Cuando a la vida se le da valor, al hablar de esto intento elevar el valor
de la vida al ideal occidental, es la vida como lo efmero, dando el sen
timiento del Aware.
Finalmente tenemos el Haji que es la pena y muchos argumen
tan como piedra fundamental de la sociedad japonesa. Ciertamente, el
Haji es algo complejo desde fuera, es como intentar explicar el cdigo
de la caballera a una persona totalmente ajena a l. La manera ms fcil
Artculo 59
Ms adelante, Genji se libra de la desgracia y regresa a la
corte imperial, alcanzado un puesto ms alto que antes, pero nos ha
mostrado el primer tipo de muerte que se conecta con el sentimiento
de vergenza al ser influido por ste. El segundo tipo de muerte to
dava toca lentamente la vergenza japonesa pero se conecta ms con
lo que podramos llamar transitoriedad (Aware). Nos referimos a un
fenmeno encontrado varias veces a lo largo del Genji Monogatari: el
abandono de la vida pblica para convertirse en monje, en abrazar la
vida religiosa, sea un movimiento voluntario o no. Este segundo tipo
de muerte podra verse como un reflejo de la ya descrita, pero aqu la
muerte no vive en el que abandona la vida sino el que se queda en ella.
60
Cerrando, encontramos la muerte ms poderosa. La del olvido.
El destierro de la corte ya mencionada es doloroso, pero en el caso de
Genji, es reversible. Ser olvidado en el mundo de la nobleza es, por
ende, ms doloroso, pues el olvido es un cesar de existir. Es la salida del
crculo de las reencarnaciones. Es eludir las tres categoras ya dadas, es
el aislamiento efectivo del universo. La nica manera de evadirlo es por
el reconocimiento de la situacin, como pasa cuando Genji retorna a la
casa de una amante despus de varios aos de haberla abandonado,
y aun as no se nulifica el olvido sino que se encuentre el Aware, lo
efmero, en la situacin. De nuevo, el lirismo surge en la obra:
veo que demasiado pronto la mansin casi se ha desvanecido en
una jungla de hierbajos, y las nieves de numerosos aos pesan
sobre la valla del jardn. (Shikibu: 454)
El olvido y el efectivo abandono de la transitoriedad, de su ex
clusin, es lo ms doloroso. El tpico del olvido y la exclusin del cr
culo de la transitoriedad, es una muerte tan potente que ha sido un
tpico revisado por Marguerite Yourcenar en sus Cuentos orientales, y
en otra obra que se puede considerar a la altura del Genji Monogatari,
y con la que me gustara cerrar este trabajo, el Ise Monogatari. Hay que
perder al apego a la vida y encontrarnos con nosotros mismos en este
juego de la vida y la muerte. Encontraremos cosas ms valiosas o dolo
rosas que en la jornada, que al final no es nada ms que un trnsito.
Artculo 61
No ha llegado la luna,
y la vieja primavera?
Solo yo permanezco.
(en [Link]
[Link])
Bibliografa:
K. Gillespie, John (2004) A bilingual handbook on japanese culture. Natsume, Japn.
Shikibu, Murasaki (2005) La historia de Genji, (trad.) Jordi
Fibla, Ediciones Atalanta, Vilahur.
[Link]
[Link]
62
Siempre que escucho esta cancin de Reggie Watts, me tron
cho de risa ante su apariencia de teora sobre el arte actual. Y por
extrao que parezca, as la pieza obtiene su espacio entre la crtica y el
objeto de arte.
Pero empec por atrs o mejor dicho, puse el resultado mucho
antes de dar el problema: qu entiendo por arte? Primero: asumo que
es un espacio de comunicacin, por ello funciona como texto (cualquier
cosa que pueda interpretarse, est compuesta de cdigos). Segundo
lugar: sea cual sea su naturaleza, el objeto de arte posee una actividad
potica: es un poema. Tercero: es la comprensin de su actividad po
tica que le transfigura ante nuestros ojos, a travs del uso de tcnicas
por parte del autor. Por tanto puedo concluir que el objeto de arte es el
contenedor de un mensaje y que el mensaje slo es percibido cuando
estoy dentro de su contexto.
As que se ajusta a la definicin que propone Josu Landa de
poema: es un texto, que tiene un contenido transtextual y slo funciona dentro de un contexto (Landa, 1998). Partiendo de aqu, puedo entender o
contemplar el objeto de arte. Y tambin, comprender a los que hablan
de arte; lo mismo el artista, el curador, el crtico y el acadmico. Cada
uno de ellos tiene una idea diferente de lo que es el arte. Yo aqu hablo
como mero espectador y lector de esta cuestin, es decir, yo no soy una
autoridad sobre el tema; por el contrario. Mas me interesa tener una
idea clara y esa es la que compartir.
Me causa risa y pena ajena cuando voy a una exposicin y es
cucho las frases: cualquiera lo puede hacer, mi sobrino de tres aos
Artculo 63
pinta igualito, es una marihuanada. Esto me hace pensar que el espectador no est entendiendo. Y por tanto, nos plantea varios problemas:
1) El espectador-lector en verdad no conoce los cdigos o 2) el autor no
supo usar las tcnicas para que el usuario decodifique la pieza, o 3) la
pieza fue realizada para un pblico determinado, con un conjunto de
cdigos muy precisos. Cualquiera que sea la opcin que identifiquemos
nos deja cerca las siguientes y con ello, nuevos problemas. No consigo
dejar de pensar como lo propone Max Tegmark:
Como la luz solamente puede desplazarse a una velocidad fini
ta, si toda la realidad tiene nicamente 13.700 millones de aos,
entonces no podemos ver las cosas que estn demasiado lejos,
porque la luz necesitara cien mil millones de aos para llegar
hacia nosotros, as que no la vemos todava! De ah se desprende,
pues, una imagen en la que el espacio discurre para siempre, pero
nosotros solamente podemos ver la regin que denominamos
nuestro universo. Por tanto, hay un nmero infinito de regio
nes igual de grandes, que a m me gusta llamar universos para
lelos. Parece una idea descabellada, pero no deja de ser lo que en
realidad predice la teora ms simple. (Tegmark y Punset, 2011)
De la misma manera en que vemos el universo, nos sucede a los
seres humanos cuando nos enfrentamos a la locucin de otro: nos pa
rece irreal que alguien piense tan distinto a m. Principalmente porque
considero que yo tengo algn tipo de conocimiento y ello me da la po
sibilidad de afirmar lo contrario a lo que ve, o establezco que ve. Es
fascinante: siempre que analizamos cualquier aspecto de la naturaleza
con mucho detenimiento nos damos cuenta de que la realidad es ms
extraa de lo que pensbamos.(Tegmark y Punset, 2011) Por ejemplo:
estoy expresndome en espaol; supongo que quien me lee, me en
tiende por ese mero hecho; sin embargo, tengo que buscar la manera
ms clara y eficiente para que esto suceda. En caso contrario, la pifia
ser enorme: ser visto como alguien que no sabe lo que dice. Otro
ejemplo nos lo plantea Slavoj Zizek en su texto Matrix, dos caras de la
perversin:
Mis amigos lacanianos me aseguran que los autores del guin de
ben haber ledo a Lacan; los defensores de la Escuela de Frankfurt
ven en la pelcula una encarnacin extrapolada de la Kulturin
dustrie, con el dominio directo de la Sustancia social (del Capital)
alienada-reificada que coloniza nuestra vida interior y nos utiliza
64
Est de acuerdo o no con Zizek, nos presenta la compara
cin como modelo para la observacin de la realidad. Accin que no
podemos dejar de hacer como humanos: compararnos. Y la solucin
ms sencilla es asumir que tenemos una posicin clara y absoluta: una
certeza. Pocas veces nos movemos entre el tal vez, el depende y el qu
s yo. Mi preferencia siempre ser sta. Pues me ayuda considerar que
no tengo razn y que puedo establecer una autocrtica permanente.
La inseguridad me permite observar por lo menos cuatro posiciones:
el que se parece a m (de alguna manera), el que es contrario a m (y
puedo percibirlo como tal), el que no se comporta como yo o como mi
nmesis y el que, simple y llanamente, no es humano. Cada uno de
ellos me exige cdigos para convivir con l. Son las caractersticas de
sus cdigos las que tengo que aprehender, para entender a esos que
contemplo fuera de m.
Asumido esto, me lanzo nuevamente a tratar de ver el arte.
Me parece fascinante que haya dos maneras muy distintas de pensar
en la realidad. Puedo plantermela desde la perspectiva del pjaro,
como matemtico que estudia las ecuaciones y se pregunta: en qu
consiste la realidad completa? cmo funciona? O bien estudiarla des
de la perspectiva del sapo, desde mi posicin, preguntndome: qu
siento subjetivamente? Percibo olores, oigo sonidos, noto el calor y
en realidad es bastante difcil conectar ambas imgenes. Si adoptas
la perspectiva del pjaro y miras toda la realidad con ecuaciones
matemticas, entonces es muy simple; solamente se complica subje
tivamente, en nuestra percepcin.(Tegmark y Punset, 2011) El arte
busca tener las dos miradas en un mismo instante: por ello me emo
Artculo 65
66
Bibliografa y discografa:
Bravo, Pony (Compositor) (2010). La rave de Dios [P.
Bravo, Intrprete] de Un gramo de Fe. Sevilla, Espaa.
Landa, Josu (1998) Potica, Fondo de Cultura Econmica,
Mxico D.F..
Tegmark, Max y Punset, E. (2011). En busca de otros universos emisin 98 (05/06/2011) temporada 15. Recuperado
el 15 de abril de 2012, de [Link]
com/5543/redes/2011/redes-98-en-busca-de-otros-univer
[Link]
Zizek, Slavoj (2006). Accin Paralela - Nmero Cinco. Recu
perado en el 2012, de Accin Paralela: [Link]
org/numero5/[Link]
Resea
70
Zas, sta es la historia. Verdadera o
falsa, cualquiera sabe. Pero como es una vieja
historia, debes escucharla creyndola verdadera,
aunque sea falsa. De acuerdo?
S!.
Tras repetir esta frmula, el pequeo
Kenzaburo pasaba largas horas escuchando las
leyendas de la aldea que le contaba su abuela.
El vnculo mgico de un hombre con su tierra na
tal, representado a travs de los mitos y leyendas
de su aldea, las viejas historias, M/T y la historia
de las maravillas del bosque es, ultimadamente, un
libro sobre lo que no debe ser olvidado.
Kenzaburo narra las leyendas que su
abuela se encarg de transmitirle, a la vez que
habla de su infancia y cmo l perciba la tarea
de ser elegido como aquel que deba continuar
con la tarea de preservar los mitos en la memo
ria, mientras se iba designando, poco a poco, la
misin de plasmarlas por escrito a fin de que no
cayeran en el olvido y la indiferencia, enemigos
siempre de la transmisin oral.
A lo largo de cinco captulos, hilados por
la dupla de M/T, Kenzaburo aborda primero tres
mitos, que van desde la fundacin de la aldea en
una escondida regin de la montaa, hasta el fin
de la poca de la libertad, en la segunda mitad
del siglo XIX, durante la restauracin Meiji, para
luego hablar de una historia ms cercana a l en
Un vuelo de lechuza: el
lenguaje del olvido en
Verde Shanghai
Resea 71
Intentar explicar de manera breve los
acontecimientos que se relatan en Verde Shanghai sera no solo una necedad sino una traicin al
texto mismo. Sin embargo, apegndome a la fun
cin clsica de un reseista, bastar con apuntar
levemente, algunas de las lneas que sigue esta
digesis fragmentada. La historia de Marina y la
de Xian, si es que se le puede dar el nombre de
historia, se abre bajo un flujo discursivo inex
acto. Como en todo relato, hay un detonante, en
este caso un accidente automovilstico mueve la
ficcin y a partir de ese hecho Marina decide ex
plorar su propio olvido: la lechuza vuela. En al
gunos de sus libros, la escritora nos hablaba de la
memoria como posibilidad de redimir e invocar
la progresin interrumpida del pasado olvidado.
Ahora se apuesta por el olvido como deconstruc
cin del conocimiento y para mostrarlo el nar
rador inserta una cita de Margaret Atwood: So
mos, preponderantemente, lo que olvidamos.
En esta novela, Rivera Garza pone sobre
el tablero una de sus fichas ms trabajadas, como
lo es la intertextualidad entre sus obras. La auto
ra ha tejido una constelacin con los personajes,
72
Por si acaso
En el film Everything is illuminated (2005),
dirigida por Liev Schreiber y basado en el libro
escrito por Jonathan Safran Foer que lleva el
mismo ttulo, el tema de la memoria sobresale
no como el nico eje o el ms importante, sino
por la fuerza con que es tratado y el nivel de im
portancia que cada personaje le otorga conforme
se va desarrollando la historia. Desde un inicio,
la cinta es pintoresca y atrae la atencin del es
pectador gracias a la msica presentada la cual
constituye en un primer momento una oportuni
dad de exaltacin del sentimiento de pertenen
cia. La msica tradicional motiva al espectador
a sentirse parte de la historia e incluso a identi
ficarse con cada uno de los personajes como si
fuera su propia realidad y contexto. Se trata de
msica tradicional, estruendosa, confusa pero
Resea 73
74
Okuribito
(El que despide)
La nica cosa reconfortante de saber que
algn da morirs es que los recuerdos que prev
alecern en la mente de tus seres queridos sern
los buenos. Es en ese momento cuando obtienes el
autntico perdn por todos tus errores y por dao
que en vida pudiste causar a quienes amabas.
Una de las premisas centrales en el
film Okuribito (2008) del director Yojiro Taki
ta, adems de la constante reminiscencia de
lo que deja la muerte de un ser querido en
quienes le sobreviven, es que, muy a pesar de
que los seres humanos tenemos la capacidad
de olvidar tantas experiencias y personas a lo
largo de nuestra vida, las buenas y malas situaciones se hacen presentes para recordarnos
Resea 75
76
Artes Visuales
80
En el cuarto 508
Estefany Maya Valdz
A continuacin presento un proyecto fotogrfico en donde se re
copila un registro de objetos o pertenencias que oscilan entre dos
significados: el olvido y el hallazgo. Estos objetos dan pauta a his
torias de movilizacin entre seres sociales, que viven e interactan
entre s dentro de una constante frontera que divide Estados Uni
dos de Amrica y Mxico, situada en la ciudad de Tijuana.
Tomando la idea del socilogo Michel Foucault, el cual menciona
que toda representacin social es la representacin de un cuerpo
legalizado, normalizado (Michel Foucault, La inscripcin de la ley de
los cuerpos: 26), me atrevo entonces a recrear memorias posibles a
travs de lecturas que me dan estos objetos encontrados en un hotel
de paso y que a la vez, dan pauta a lo imaginario.
Narraciones posibles de personajes imaginables que pueden vaci
lar entre haber sido, el condn de un nini, el rosario de una sexoservidora, el anillo oxidado de un narcotraficante, los aretes de una
empresaria, el jabn de algn obrero, la pipa de crack de algn fot
grafo, as como la tanga de algn travesti. As pues, las historias que
estos objetos olvidados nos ofrecen pueden ser infinitas y posibles
a la vez.
Artes Visuales 81
82
Artes Visuales 83
Enchinador y botiqun
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El beso
Artes Visuales 85
Lujuria
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Desesperacin
Artes Visuales 87
El olvido
Karenina Romez
Quiero ver al comps de mi pensar.
Intentar olvidar, concepcin bastante difcil de asimilar, no decido
olvidar, olvido cosas que no tienen la importancia de ser recordadas,
invocando perspectivas.
/Tiempo/Acciones/
Puedo negar y distorsionar imgenes a travs del tiempo pero no
vivencias, las acciones pasadas siguen siendo intocables.
El arte como necesidad de asimilar y distorsionar para comprender
realidades, un auto engao latente de representacin en bsqueda
de salir de trampas de sucesos.
Latente
88
Autorretrato mental
Artes Visuales 89
y el pajarito?
90
Artes Visuales 91
Entrevista
94
y Sustentabilidad. La visin de
proponer acciones ambiental
mente responsables, como el
acopio de residuos, y la sensibi
lizacin de la comunidad estu
diantil fue, hace 5 aos, la semi
lla de este grupo. Actualmente
refuerzan constantemente tres
reas importantes: la difusin
para lograr una sensibilizacin,
el cine-debate que promueve
la discusin, el intercambio de
informacin y la configuracin
de propuestas, y otras activi
dades de impacto directo en el
entorno, como el acopio de los
residuos de la Sede, el reciclaje,
la reforestacin y la imparticin
de talleres y conferencias.
Como toda iniciativa similar, sus
integrantes se han encontrado
con obstculos para la efectiva
realizacin de sus actividades,
entre ellas el tiempo que ocupa
realizar todos los trmites, la
impuntualidad en la publicidad
de las sesiones del cine-debate y
Entrevista 95
la imposibilidad de tener seguro
un espacio para las proyeccio
nes ocasionando incluso su can
celacin. Internamente se han
enfrentado con la problemtica
de lograr un compromiso uni
forme ya que algunos se han in
scrito en el programa como sim
ple trmite de cumplimiento de
Servicio Social Universitario, as
como con diferencias de enfoque
que devienen de una estructura
organizacional meramente estu
diantil trae, que consigo la im
posibilidad de dedicarse exclu
sivamente al SMA. Si bien cada
integrante mantiene una pos
tura, el grupo no pretende una
homogenizacin sino la puesta
en accin de propuestas.
96
Entrevista 97
98
Entrevista 99