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Capítulo V Familia y Educación

Este documento describe la familia como la institución social fundamental. Define la familia como la unión entre un hombre y una mujer a través del matrimonio, que es indisoluble y abierto a la procreación y educación de los hijos. También describe a la familia como la célula básica y vital de la sociedad, y cómo promueve el crecimiento humano. Finalmente, contrasta la verdadera familia basada en el matrimonio con otras formas de unión que no cumplen con este propósito.
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Capítulo V Familia y Educación

Este documento describe la familia como la institución social fundamental. Define la familia como la unión entre un hombre y una mujer a través del matrimonio, que es indisoluble y abierto a la procreación y educación de los hijos. También describe a la familia como la célula básica y vital de la sociedad, y cómo promueve el crecimiento humano. Finalmente, contrasta la verdadera familia basada en el matrimonio con otras formas de unión que no cumplen con este propósito.
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Captulo V

FAMILIA Y EDUCACIN
La familia, encendida en sencido amplio, es una realidad social presente en
todas las sociedades conocidas, aunque en modalidades y formas distintas.
Alrededor de la alianza entre varn y mujer, y la comunidad de vida entre padres e
hijos, existen una gran variedad de valores, usos, costumbres, normas y leyes que
la configuran no slo como un grupo social caracterstico, sino como una
institucin social fundamental.
Como en las dems materias, la Iglesia, en sus enseanzas sobre la familia,
parte del conocimiento que posee por la Revelacin sobre el hombre y la familia, a
las que une los hallazgos de la razn sobre la naturaleza y las exigencias ticas
relativas a la vida familiar. Tiene tambin en cuenta las aportaciones de las
ciencias sociales 'sobre la familia como datos a considerar y, si acaso, a juzgar,
pero no como pauta de comportamiento. El que haya muchos divorcios y
bastantes uniones no matrimoniales, pongamos por caso, es una descripcin
social, pero esto no indica la norma a seguir. La situacin sociolgica de la familia
en un determinado pas y en un cierto momento histrico nicamente indica lo que
acontece, pero no lo que la familia est llamada a ser, lo que debe ser.
En estrecha unin con la familia est la educacin de los hijos y, de modo ms
amplio, la educacin en general. De ambos temas, familia y educacin, nos
ocuparemos en el presente captulo. El futuro de la sociedad depende, en gran
manera, de lo que sean la familia y la educacin. Estamos, pues, ante un tema
decisivo, de gran importancia prctica.
La familia como institucin social
A pesar de las dificultades que sufre la familia en casi todo el mundo y de los
repetidos intentos de considerar como familia variadas formas de convivencia
ntima, se impone la cuestin acerca de la verdadera naturaleza de la institucin
familiar. Contraponer lo que algunos llaman familia tradicional con otras formas
de familia es una trampa. Es ms correcto hablar de la verdadera familia,
fundada en el legtimo matrimonio.
La familia es expresin primera y fundamental de la naturaleza social del
hombre. En el matrimonio y la familia se constituyen un conjunto de relaciones
interpersonales relacin conyugal, paternidad-maternidad, filiacin, fraternidad
mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la familia
humana y en la familia de Dios que es la Iglesia 1.
La familia es objeto de ciencias como la antropologa, la sociologa y las
ciencias jurdicas, por citar unas pocas. Pero la familia es, ante todo, una realidad
1

FC 15.

humana con serias implicaciones ticas para el desarrollo humano y para el bien
comn de la sociedad.
La teologa aporta luces nuevas a la comprensin de la familia y su misin. El
matrimonio y la familia fundada sobre el matrimonio, no son una invencin
humana, sino que responden a los planes del Creador. Ya en las primeras pginas
de la Biblia, tras la narracin de la creacin, aparece el matrimonio y la institucin
familiar, en la bendicin de Dios a nuestros primeros padres para que crecieran y
se multiplicaran2.
Ms expresivas an son estas palabras: el hombre deja a su padre y a su
madre y se une a su mujer, y son los dos una sola carne 3. Expresan la grandeza
del matrimonio y sus propiedades esenciales: la unidad y la indisolubilidad. Jess
se refiere a ellas cuando explica la indisolubilidad del matrimonio y remite al
principio, esto es, a los planes del Creador 4.
En otros muchos lugares de la Sagrada Escritura se alude directa o
indirectamente al matrimonio y a la familia, a su significado y exigencias ericas.
San Pablo llega a comparar la unin entre los esposos a la que existe entre Cristo
y la Iglesia5.
En las enseanzas de la Iglesia se explcita qu define la verdadera institucin
matrimonial y familiar. De modo breve, pero muy claro, el Magisterio ensea que
segn el designio de Dios, el matrimonio es el fundamento de la comunidad ms
amplia que es la familia, ya que la institucin misma del matrimonio y el amor
conyugal estn ordenados a la procreacin y educacin de la prole, en la que
encuentran su coronacin6.
El matrimonio, ncleo y origen de la familia, surge del consentimiento personal
e irrevocable, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente. De ese
consentimiento nace, tambin ante la sociedad, una institucin confirmada por la
ley divina7. De aqu que pueda afirmarse que la familia es la sociedad natural
donde el hombre y la mujer son llamados al don de s en el amor y en el don de la
vida8. La familia es, por ello, una comunidad de personas, para las cuales el
modo propio de existir y vivir juncos es la comunin 9.
El ltimo Concilio, sintetizando la constante enseanza de la Iglesia, se refiere a
la unin entre marido y mujer, sealando que por ser una donacin mutua de dos
personas, y por el bien de los hijos, esta unin exige la plena fidelidad de los
2

Cf. Gn 1, 28.
Gn 2, 24.
4
Mt 19, 4-6.
5
Cf. Ef 5, 22-32.
6
FC 14.
7
GS 48.
8
CCE 2207.
9
CF 7.
3

esposos e impone su indisoluble unidad 10. La alianza matrimonial, consorcio de


toda la vida, ordenada por su misma ndole natural al bien de los cnyuges y a la
generacin y educacin de la prole, fue elevada por Cristo a la dignidad de
sacramento entre bautizados11 La institucin natural del matrimonio es, pues,
anterior al sacramento del matrimonio. Mientras que la institucin matrimonial
deriva de la naturaleza humana y sus exigencias ticas y sociales alcanzan a
rodos, el sacramento del matrimonio es el modo concreto de acceder a la
institucin matrimonial entre bautizados.
En la Carta de los derechos de la familia, de la Santa Sede, se resumen estas y
otras enseanzas del Magisterio con palabras muy precisas: La familia est
fundada sobre el matrimonio, esa unin ntima de vida, complemento entre un
hombre y una mujer, que est constituida por el vnculo indisoluble del matrimonio,
libremente contrado, pblicamente aceptado, y que est abierta a la transmisin
de la vida12.
El carcter de institucin social del matrimonio y la familia implica una realidad
anterior e independiente de quienes entran en ella. Una persona es libre para
casarse o no y de elegir cnyuge, pero al contraer matrimonio asume y entra a
formar parte de la institucin matrimonial y familiar tal como es. Como sealaba
Po XI, el matrimonio no ha sido instituido ni restaurado por obra humana, sino
divina, ha sido protegido con leyes, confirmado y elevado no por los hombres, sino
por el propio Dios, autor de la naturaleza, y por el restaurador de esta misma
naturaleza, Cristo nuestro Seor: leyes que, por consiguiente, no pueden estar
sujetas a ningn arbitrio humano, ni siquiera de los contrayentes 13.
Las denominadas uniones libres o tambin parejas de hecho no
corresponden al plan de Dios sobre el amor humano y son contrarias a la dignidad
personal que exige considerar al cnyuge como una persona a quien se debe un
amor total, fiel y exclusivo hasta la muerte, y abierto a la transmisin de la vida 14.
El verdadero amor supera en mucho la mera inclinacin ertica que, cultivada de
modo egosta, se desvanece rpida y lamentablemente. En las parejas de
hecho no hay dos personas que se aman generosamente con una mutua y total
donacin de s mismos. Por el contrario, con suma frecuencia, el cnyuge es
visto como un simple sujeto de intercambios y la unin como algo muy provisional.
Si son cristianos se privan, adems, de la gracia del sacramento y dan lugar a un
grave escndalo15.
Cuando la legislacin equipara las parejas de hecho al matrimonio,
contribuye a la destruccin del concepto de familia, disminuye la importancia social
de la institucin del matrimonio, es desconsiderada con los posibles hijos de tales
10

GS 48.
CIC c. 1055, 1.
12
CDF Prembulo, B.
13
CC5.
14
Cf. HV.
15
Ver FC 81 y tambin CC 8, GS 49 y HV 9.
11

uniones y su derecho a nacer en una familia estable y bien constituida, atena el


valor de fidelidad y afianza el sentido de egosmo en la vida social.
Junto con las uniones libres, la dignidad de la institucin matrimonial y familiar
est tambin obscurecida por la epidemia del divorcio y, en algunos pases,
incluso por la poligamia16. Tambin la legislacin divorcista, so pretexto de avalar
la libertad y poner remedio a situaciones difciles, ocasiona un grave dao social,
por diversos motivos: disminuye el reconocimiento social del matrimonio y de la
fidelidad, hace que muchsimas desavenencias familiares, solucionables con un
poco de espritu de sacrificio y generosidad, desemboquen fcilmente en una
ruptura definitiva; tiene muy poco en cuenta los derechos y la educacin de los
hijos y puede dejar a una de las partes en una situacin injusta en el aspecto
econmico, afectivo y espiritual.
La familia como clula y ncleo vital de la sociedad
El Magisterio de la Iglesia, con frecuencia ha utilizado analogas tomadas de la
biologa para expresar la relacin y la importancia de la familia en la sociedad. Po
XII denomin a la familia "clula vital" de la sociedad 17. En trminos parecidos
se expres Juan XXIII al considerarla como la semilla primera y natural de la
sociedad humana18. Posteriormente, el Concilio Vaticano II afirmara que la
familia ha recibido de Dios la misin de ser la clula primera y viral de la
sociedad19 al tiempo que proclamaba que constituye el fundamento de la
sociedad20. Pablo VI y Juan Pablo II han seguido utilizando esta analoga y
cambien el Catecismo de la Iglesia catlica, que califica a la familia como clula
original de la vida social21.
La comparacin de la familia con una clula resulta sugerente, ya que la familia,
como la clula en un organismo vivo, es el elemento ms simple, primario y
fundamental de la sociedad. Las clulas crecen, generan nuevas clulas y aportan
sus cualidades al organismo al que pertenecen. As tambin la familia est
llamada a facilitar el crecimiento humano de sus miembros, es el lugar adecuado
para generar nuevas vidas humanas y desarrollar su humanidad y, con su
existencia y actividad, contribuye al bien de la entera sociedad.
En la familia, los esposos se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren
conciencia de su unidad, y la logran cada vez ms plenamente 22. Y algo parecido
ocurre con los hijos. El amor a quienes forman parte de la familia exige entrega y
sacrificio, lo cual ayuda a crecer en humanidad y a desarrollar virtudes humanas.
Es en el seno de la familia donde el hombre recibe las primeras nociones sobre
16

Cf. GS 47.
LS 124.
18
PT 265.
19
AA 11.
20
GS 52.
21
CCE 2207.
22
GS 48.
17

la verdad y el bien; aprende qu quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente
qu quiere decir en concreto ser una persona 23. La familia es, en cierro modo,
una escuela de las mejores virtudes humanas 24. Es, adems, una encrucijada
de varias generaciones que se ayudan entre s para adquirir una sabidura ms
honda y para armonizar los derechos de las personas con las exigencias de la
vida social25.
La familia es el lugar adecuado para la transmisin de la vida y para la
educacin ms fundamental por cuanto ofrece un clima propicio de afecto,
estabilidad familiar, basada en un slido compromiso y en la comunin de
personas, junto a la complementariedad que ofrecen el padre y la madre. En la
familia cada uno es amado por lo que es y, de este modo, se aprende de un modo
prctico qu es el amor.
Favoreciendo el desarrollo humano por la dedicacin a los dems y, sobre
codo, por la formacin de ciudadanos en valores y virtudes, la familia contribuye
en gran medida al bien de la sociedad. La DSI remarca algo bien conocido: la
familia es escuela del ms rico humanismo26 y la primera escuela de virtudes
sociales, que todas las sociedades necesitan27 .
Son muchos los valores y las virtudes adquiridos en la vida familiar que
despus se manifiestan en la vida social. La autoridad, la estabilidad y la vida de
relacin en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la
seguridad y de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad
en la que, desde la infancia, se pueden aprender valores morales, se comienza a
honrar a Dios y a usar la libertad. La vida de familia es iniciacin a la vida en
sociedad28 y, tambin el mbito de educacin para el trabajo: Trabajo y
laboriosidad condicionan (...) todo el proceso educativo dentro de la familia 29.
Puede asegurarse que el bienestar de la persona y de la sociedad humana y
cristiana est estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y
familiar30. Ciertamente, en la familia encuentra la nacin la raz natural y
fecunda de su grandeza y potencia31. La calidad de las familias condiciona la
calidad moral de quienes forman un pas. De aqu que pueda afirmarse con Juan
Pablo II: El futuro de la humanidad se fragua en la familia! 32.
A pesar de la claridad de esta doctrina y de sus consecuencias prcticas, la
dignidad del matrimonio y de la familia y su condicin de clula y ncleo vital d-e la
23

CA 39.
GS 52.
25
GS 52.
26
GS 50.
27
GE 3.
28
CCE 2207.
29
LE 10.
30
Cf. GS 47.
31
LS 123.
32
FC 86.
24

sociedad est oscurecida en diversos lugares. Entre los motivos que contribuyen a
ello, adems de las prcticas que atentan contra ella directamente y a las que ya
nos hemos referido (divorcios, uniones libres. ..), hay que aadir ciertas
deformaciones del amor conyugal, consecuencia de actitudes egostas y
hedonistas, que llevan a prcticas anticonceptivas y, a veces, incluso abortistas.
Tambin contribuyen a ello, algunas dificultades prcticas en la transmisin de los
valores y en la educacin en las virtudes dentro de la familia y la influencia de
determinados medios de comunicacin social poco favorables a la institucin
familiar.
A todo lo anterior hay que aadir la actual influencia social de algunas
ideologas, como el feminismo radical y la homosexualidad, que difunden
concepciones y actitudes contrarias al matrimonio, a la familia o la cultura de la
vida. La Iglesia, que defiende con firmeza la dignidad de la mujer 33 y que se
esfuerza para que todos acojan y respeten a los homosexuales como personas 34,
expresa tambin con claridad que este respeto no debe llevar a justificar
reivindicaciones que no son verdaderos derechos, sino prcticas contrarias a un
recto sentido del matrimonio y de la sexualidad humana.
Otra ideologa de gran influencia es el individualismo. Como ya se ha
sealado35, el individualismo slo considera relevante al individuo y sus intereses.
La sociedad no estara formada por las personas y sus familias, sino nicamente
por individuos. La familia lejos de ser la clula vital de la sociedad, slo sera una
opcin del individuo equiparable a cualquier otro pacto o contrato social.
En la raz de muchos de los males que aquejan a la familia, como ha sealado
Juan Pablo II, hay una concepcin errnea de la libertad, a la que no se ve como
la capacidad de realizar el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino
una fuerza autnoma de autoafirmacin, no raramente contra los dems, en orden
al propio bienestar egosta36.
Deberes y derechos de la familia
La naturaleza del matrimonio y la familia y su misin en la sociedad y en la
Iglesia presenta un conjunto de deberes que han de ser asumidos por los diversos
miembros de la familia, cada uno segn su condicin. A estos deberes se
corresponden un conjunto de derechos de la familia que deben ser respetados y
promovidos en la vida social para que la familia pueda llevar a cabo sus
cometidos. A eso deberes y derechos nos referiremos a continuacin.
Deberes familiares

33

Cf. DM.
Cf. HP.
35
Ver Captulo III.
36
FC 6.
34

a) Servicio a la vida. Siguiendo la Sagrada Escritura37 y la Tradicin, la Iglesia


ensea que el cometido principal de la familia es el servicio a la vida, el realizar a
lo largo de la historia la bendicin original del Creador, transmitiendo en la
generacin la imagen divina del hombre al hombre 38. Se trata de una misin de
elevado valor moral: En el deber de transmitir la vida humana y de educar la
prole, lo cual han de considerar los esposos como su misin propia, saben ellos
que son coopera dores del amor de Dios creador y sus interpretes 39.
Con relacin al servicio a la vida, la Iglesia ensea la inseparable conexin
que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre
los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado
procreador40. Esto exige que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a
la transmisin de la vida41, siendo intrnsecamente mala toda accin que, o en
previsin del acto conyugal, o en su realizacin, o en el desarrollo de sus
consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la
procreacin42. Es, pues, ilcito el uso de anticonceptivos y el aborto voluntario. Se
excluye tambin la transmisin de la vida fuera del acto matrimonial (fecundacin
artificial)43.
b) Educacin de los hijos. Los padres son los primeros responsables de la
educacin de sus hijos. Puesto que los padres han dado la vida a sus hijos tienen
la gravsima obligacin de educarlos, y, por tanto, hay que reconocerlos como los
primeros y principales educadores de sus hijos 44.
Esta responsabilidad tiene varias implicaciones. Entre ellas, la educacin en la
fe, que debe empezar desde la ms tierna infancia 45, en la virtudes46 y a usar
rectamente su razn y su libertad47, elegir una escuela adecuada, de acuerdo con
sus convicciones48 y ayudarles con consejos juiciosos, especialmente en la
eleccin de profesin y estado de vida, respetando, al mismo tiempo, su libertad 49.
El Catecismo de la Iglesia catlica remarca algunos aspectos mediante los
cuales los padres llevan a cabo su responsabilidad de ser los primeros y
principales educadores50, ante todo por la creacin de un hogar, donde la ternura,
el perdn, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar
es un lugar apropiado para la educacin de las virtudes. Los padres han de
37

Gn 1, 28.
FC 28.
39
GS 50.
40
HV 12; CCE 2366.
41
HV 11; CCE 2366, cf. HV 12; CC 55.
42
HV 14; CCE 2370.
43
Cf. DVt; CCE 2376-2377.
44
GE 3.
45
Cf. CCE 2226.
46
Cf. CCE 2223.
47
Cf. CCE 2228.
48
Cf. CCE 2229.
49
Cf. CCE 2230.
50
Cf. CCE 2208, 2223 y 2224.
38

ensear a los hijos a subordinar las dimensiones "materiales e instintivas a las


interiores y espirituales" (CA 36) 51. En estrecha relacin con esta enseanza, el
Concilio Vaticano II aade: Es, pues, obligacin de los padres formar un
ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los
hombres, que favorezca la educacin ntegra personal y social de los hijos 52.
En esta tarea educativa, el ejemplo es fundamental. Como seala el Beato
Josemara Escriv, los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo
que los hijos e hijas buscan de su padre o de su madre no son slo unos
conocimientos ms amplios que los suyos o unos consejos ms o menos
acertados, sino algo de mayor categora: un testimonio del valor y del sentido de la
vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas
circunstancias o situaciones que se suceden a lo largo de los aos 53.
c) Respeto y responsabilidad paterno-filial. Los padres deben mirar a sus hijos
como hijos de Dios y respetarlos como personas humanas 54. Este respeto y
afecto de los padres tiene diversas manifestaciones. Durante la infancia, se
traduce, ante todo, en el cuidado y atencin con que han de educar a sus hijos y
velar por sus necesidades fsicas y espirituales55.
Por su parte, los hijos deben a sus padres respeto filial. Este respeto filial esta
hecho de gratitud hacia quienes deben la vida, su ayuda al crecimiento y
educacin, su amor y su trabajo. En muchas ocasiones los padres han sido
tambin los instrumentos para dones sobrenaturales ms valiosos: la fe, la gracia
del Bautismo y la vida de la Iglesia.
El respeto filial se expresa de diversos modos en las diversas etapas de la
.vida, pero permanece siempre. En la infancia exige sobre todo docilidad y
obediencia a los padres (en todo aquello que no se oponga a la ley moral), en la
edad adulta requiere responsabilidad 56, la cual ha de llevar a preocuparse de
modo efectivo por sus necesidades: En cuanto puedan deben prestarles ayuda
material y moral en los aos de vejez y durante los tiempos de enfermedad, de
soledad o de abatimiento57.
d) Contribucin a la ayuda recproca y a la armona familiar. Las relaciones en
el seno de la familia entraan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses
que provienen sobre todo el mundo respeto de las personas 58. La comunidad de
personas que es la familia requiere esfuerzo de rodos los que la integran por
reconocer, comprender y querer a cada uno de los miembros, empezando por los
padres. La familia para que pueda lograr la plenitud de su vida y de su misin
51

Cf. CCE 2223.


GE 3.
53
Beato Josemara Escriv de Balaguer, Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid 1973, n. 28.
54
CCE 2221.
55
Cf. CCE 2228.
56
Ver Captulo CCE 2214-2220.
57
CCE 2218.
58
CCE 2206.
52

requiere un tierno intercambio de afecto y una armona de criterio entre los


cnyuges, as como una cooperacin atenta en la educacin de los hijos 59. En
este sentido, la familia debe vivir de manera que sus miembros aprendan el
cuidado de los ms dbiles y necesitados, tambin ms all de la propia familia 60.
La vivencia del respeto filial contribuye en gran manera a la armona de cada la
vida familiar. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar 61 y
alcanza a las relaciones entre hermanos y hermanas 62.
Derechos de la familia en la sociedad
La familia, como sujeto social, tiene derechos porque tiene tambin deberes. La
primera responsabilidad social respecto a la familia es respetar esos derechos y la
intimidad que corresponde a las relaciones familiares.
El Catecismo de la Iglesia catlica seala que la importancia de la familia para
la vida y el bienestar de la sociedad (cf. GS47,1) entraa una responsabilidad
particular de sta en el sostn y fortalecimiento del matrimonio y de la familia. Y
recogiendo un texto del ltimo Concilio aade: el poder civil ha de considerar
como deber grave el reconocimiento de la autntica naturaleza del matrimonio y
de la familia, protegerla y fomentarla, asegurar la moralidad pblica y favorecer la
prosperidad domstica" (GS 52,2)63.
Muchas declaraciones internacionales de derechos humanos se han referido a
diversos derechos familiares, pero hasta ahora el nico texto internacional
dedicado con carcter monogrfico es la Carta de los derechos de la familia
publicada por la Santa Sede en 1983. Est inspirada en diversos textos de la DSI
y especialmente, en un listado de la Familiaris consortio64. El Catecismo de la
Iglesia catlica resume los derechos de la familia en el siguiente texto:
La comunidad poltica tiene el deber de honrar a la familia, asistirla, y
asegurarle especialmente:
La libertad de fundar un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo
con sus propias convicciones morales y religiosas;
La proteccin de la estabilidad del vnculo conyugal y de la institucin
familiar;
La libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con
los medios y las instituciones necesarios;
El derecho a la propiedad privada, la libertad de iniciativa, de tener un
trabajo, una vivienda, el derecho a migrar;
Conforme a las instituciones del pas, el derecho a la atencin mdica, a
la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares;
59

GS 52.
Cf. CCE 2208.
61
CCE 2219.
62
Cf. CCE 2219.
63
CCE 2210.
64
Cf. FC 46.
60

La proteccin de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se


refiere a peligros como la droga, la pornografa, el alcoholismo, etc.;
La libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar as
representadas ante las autoridades civiles 65.

La educacin de la infancia y de la juventud


El ser humano nace con capacidades que pueden desarrollarse y
perfeccionarse o, por el contrario, deteriorarse. La educacin se propone, ante
codo, ayudar al desarrollo humano. La educacin, en cierro sentido, contribuye a
que el sujeto que se educa sea ms hombre. El Concilio Vaticano II, en la
declaracin Gravissimum educationis, dedicada a la educacin cristiana de la
juventud, explica que: la verdadera educacin se propone la formacin de la
persona humana en orden a su fin ltimo y al bien de las varias sociedades, de las
que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deber tomar para una
vez llegado a la madurez66.
La educacin no puede, pues, limitarse a simple instruccin para ganarse la
vida, ni siquiera a una preparacin para injertarse en una sociedad y en una
cultura. Sin duda es necesario que la educacin prepare para trabajar en alguna
actividad que permita obtener los medios necesarios para vivir. Tambin debe
facilitar una adecuada asimilacin cultural y la integracin en una sociedad. Pero
eso no basta. La educacin ha de ser integral, abarcando los diversos aspectos de
la persona y armonizando su desarrollo. De otro modo, no sera verdadera
educacin de la persona. Hay que ayudar, pues, a los nios y a los adolescentes,
teniendo en cuanta el progreso de la psicologa, de la pedagoga y de la didctica,
para desarrollar armnicamente sus condiciones fsicas, morales e intelectuales, a
fin de que adquieran gradualmente un sentido ms perfecto de la responsabilidad
en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la bsqueda de la verdadera
libertad, superando los obstculos con valor y constancia de alma 67.
Una educacin integral y armonizada se opone a una educacin unilateral y
desequilibrada, excesivamente tcnica, orientada nicamente a la eficacia
productiva. A este respecto, Juan Pablo II, en un discurso ante la UNESCO, la
organizacin de las Naciones Unidas para la cultura y la educacin, denunciaba la
alienacin de una educacin que en lugar de trabajar en favor de lo que el
hombre debe "ser", trabaja nicamente en favor de lo que el hombre puede utilizar
en el campo del "tener", de la "posesin" 68.
Se trata, en definitiva, de procurar una educacin que integre armnicamente
los conocimientos cientficos y tcnicos con los conocimientos culturales,
humansticos y filosficos y el desarrollo de hbitos personales que incluyan
aprendizajes operativos (capacidad de hacer cosas), hbitos morales (capacidad
65

CCE 2211.
GE 1.
67
GE 1.
68
Discurso ante la UNESCO, Pars, 2. VI. 1980, n. 13. 69 DIM43.
66

10

de actuar bien) y hbitos intelectuales (disposicin habitual de buscar la verdad y


utilizar correctamente la razn).
El sujeto a educar
En la educacin hay que tener en cuenta, ante codo, que el sujeto a educar, es
una persona, con todo lo que esto significa. Nunca se debe perder de vista
escriba Po XI que el sujeto de la educacin cristiana es el hombre todo encero,
espritu unido al cuerpo en unidad de naturaleza, con todas sus facultades
naturales y sobrenaturales, cual nos lo hacen conocer la recta razn y la
revelacin: es decir, el hombre cado de su estado originario, pero redimido por
Cristo y reintegrado a la condicin sobrenatural de hijo adoptivo de Dios 69.
La educacin ha de respetar la condicin racional y libre del sujeto a educar.
Eso exige ayudar a hacer captar la verdad y a promover la verdadera libertad.
Pero, no se debe olvidar que, como consecuencia del pecado original, la
capacidad humana para conocer la verdad y hacer el bien est parcialmente
oscurecida y debilitada. De aqu la importancia de proporcionar apoyos con la
palabra, el ejemplo y el clima de convivencia para un efectivo desarrollo de las
virtudes humanas.
No es aceptable una pedagoga naturalista, de carcter permisivo, en la que
se acepten como buenas todas las tendencias naturales o espontneas del nio o
del adolescente, excluyendo todo criterio moral para orientarlas y encauzarlas. La
educacin exige fomentar un ejercicio responsable de la libertad, guiada por la
verdad moral. Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una
concepcin errnea de la libertad humana; para edificarse, sta necesita dejarse
educar previamente por la ley moral70.
La verdadera libertad requiere educar las virtudes humanas, lo cual se consigue
actuando bien, con sano juicio. Requiere tambin aprendizaje de la abnegacin y
dominio de s71. Las virtudes humanas adquiridas mediante la educacin,
mediante actos deliberados y una perseverancia, reanudada siempre en el
esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina 72. En este sentido, la
educacin cristiana contribuye a disponer al sujeto acrecer como hijo de Dios por
las virtudes teologales, las cuales son infundidas por Dios en el alma de los fieles
para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna 73.
Aspectos de la educacin
La DSI pone de relieve varios aspectos de la educacin que son hoy
especialmente destacables:
69

DIM 43.
CCE 2526.
71
Cf. CCE 1733-2223.
72
CCE 1810.
73
CCE 1813.
70

11

Educacin en los valores morales. La presentacin de verdaderos valores


morales ha de realizarse con claridad y vigor: los nios y los adolescentes tienen
derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales
y a aceptarlos con adhesin personal74.
Educacin en el conocimiento y el amor de Dios. Los nios y los
adolescentes tienen cambien derecho a que se les incite a conocer y amar ms a
Dios75. Sin la apertura a la trascendencia, la educacin carece de aquello que le
da el sentido definitivo. En palabras del Beato Josemara, puede afirmarse que la
religin es la mayor rebelin del hombre que no quiere vivir como una bestia, que
no se conforma que no se aquieta si no trata y conoce al creador: El estudio
de la religin es una necesidad fundamental. Un hombre que carezca de
formacin religiosa no est completamente formado 76.
La educacin cristiana no slo persigue la madurez humana, sino que, adems,
trata de fomentar la fe y la piedad de los alumnos. Como seala el ltimo Concilio,
la educacin cristiana ha de proponerse que los bautizados se hagan ms
conscientes cada da del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el
conocimiento del misterio de la salvacin; aprendan a adorar a Dios Padre en
espritu y en verdad, ante todo en la accin litrgica, adaptndose a vivir segn el
hombre nuevo en justicia y en santidad de vida, y as lleguen al hombre perfecto,
en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo
Mstico77.
Educacin sobre el amor humano. El amor es vocacin fundamental e innata
de todo ser humano. Segn la Revelacin cristiana la vocacin de la persona
humana al amor se puede realizar de dos modos: en el matrimonio o en la
virginidad78.
En el contexto de la educacin para el amor humano se en marca la educacin
sexual, que ha de darse de un modo progresivo y con la debida delicadeza. Es
necesario iniciar a los nios y adolescentes, conforme avanza su edad, en una
positiva y prudente educacin sexual79. Una correcta educacin para el amor
humano ha de proporcionar un conocimiento adecuado de la naturaleza e
importancia de la sexualidad en ordenar desarrollo y maduracin de la
personalidad. Sirve a este fin y adquiere verdadera calidad humana tan slo en la
medida en que es integrada en el amor de donacin. En este sentido, es necesario
tener en cuenta que la sexualidad no es algo puramente biolgico, sino que
afecta al ncleo ntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de
modo verdaderamente humano solamente cuando es parece integral del amor con
que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre s hasta la muerte 80.
74

GE 1.
GE 1.
76
Conversaciones con Mons. Escriv de Balaguer, Rialp, Madrid 1968, n. 73.
77
GE 2.
78
Cf. FC 11.
79
GE 1.
80
FC 11.
75

12

Esa visin humana de la sexualidad y del amor se opone a una educacin


sexual concebida como mera informacin de caractersticas y procesos biolgicos,
que trivialita la sexualidad o la separa de sus significados de donacin y
procreacin. Amor y fecundidad son significados y valores que se reclaman e
incluyen mutuamente; no pueden por eso ser considerados alternativos ni
opuestos81. Como coda educacin, la sexual corresponde principalmente a la
familia, aunque la apertura y la colaboracin de otros educadores puede ser
positiva si se realiza correctamente82.
Educacin en la participacin y la solidaridad. La educacin ha de incluir una
activa preocupacin por los dems y una adecuada formacin que lleve a ser
sensible y a participar en resolver los problemas sociales. El ltimo Concilio
exhorta a preparar a los jvenes para la participacin en la vida social, de forma,
que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar
activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estn dispuestos para
el dilogo con los otros y presten su fructuosa colaboracin gustosamente a la
consecucin del bien comn83.
Derecho a la educacin y solidaridad
El deber de crecer como persona, exige el derecho, inherente a su dignidad, de
recibir una educacin que ayude a la persona en su desarrollo humano,
respetando, al mismo tiempo, sus condiciones peculiares, individuales y sociales.
La Iglesia proclama que todos los hombres, de cualquier raza, condicin y edad,
en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable
de una educacin, que responda al propio fin, al propio carcter, al diferente sexo,
y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, est
abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la
verdadera unidad y la paz84.
El derecho a la educacin es un derecho ampliamente reconocido en
declaraciones internacionales de derechos humanos y en las constituciones de
muchos pases. Sin embargo, no siempre se llega a hacer efectivo con rodas las
exigencias sealadas en el texto anterior, ya sea por motivos ideolgicos, por no
disponer de suficientes recursos materiales o, sobre todo, por falta de educadores
debidamente preparados.
El ejercicio real y efectivo del derecho a la educacin exige solidaridad. En cada
pas ha de procurarse alcanzar los ms altos niveles posibles, segn la situacin y
los recursos disponibles en alfabetizacin, extensin y calidad de la escolarizacin
y capacitacin para participar en la vida profesional, cultural y social.
81

CF. OAH 1-47.


Cf. OAH 48-52.
83
GE 1.
84
GE 1.
82

13

Responsabilidades en la educacin de la infancia y de la juventud


La responsabilidad en la educacin de la infancia y la juventud recae en
diversas instituciones sociales, cada una en su mbito:
a) La Familia. Como ya ha sido dicho, el deber de la educacin pertenece, en
primer lugar, a la familia, aunque sta necesita de la ayuda de roda la sociedad. El
hogar es el lugar adecuado para la educacin en las virtudes y en la fe. En la
familia, los hijos sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de
la Iglesia. Por medio de la familia, por fin, se introducen fcilmente en la sociedad
civil y en el Pueblo de Dios85. El deber de la educacin familiar es de tanta
trascendencia que, cuando falta, difcilmente puede suplirse 86.
b) La Escuela. Es un mbito privilegiado de educacin que contina y facilita a
los padres su deber primario en la educacin de sus hijos. La escuela en virtud
de su misin, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales,
desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura
conquistado por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores,
prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de
diversa ndole y condicin, contribuyendo a la mutua comprensin; adems,
constituye como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben
participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que
promueven la vida cultural, cvica y religiosa, la sociedad civil y roda la comunidad
humana87.
La misin de la escuela es de apoyo, y no de sustitucin, al deber educativo
primordial de los padres. Por ello, la escuela ha de estar en estrecho contacto con
los padres y contar mucho con ellos. Los padres, directamente o travs de alguna
asociacin adecuada, han de seguir roda la labor de la escuela, especialmente en
la educacin moral y religiosa que en ella se imparte.
c) La Iglesia. Como Madre que es, la Iglesia est obligada a dar a sus hijos una
educacin que llene su vida del espritu de Cristo y a promover el bien de la
sociedad88. Lo hace en la catequesis, en instituciones educativas y a travs de sus
fieles.
De hecho, la Iglesia catlica ha sido la primera institucin social que se ha
preocupado de la educacin en la sociedad. En la Edad Media cre escuelas y
universidades y, partir del siglo XVI, numerosas congregaciones religiosas se han
dedicado a la educacin como misin especfica dentro de la Iglesia. En las
ltimas dcadas han surgido muchas instituciones educativas promovidas y
gestionadas por profesionales con orientacin cristiana, a veces con ayuda de
personas no catlicas pero en buena sintona con un proyecto educativo de
85

Cf. GE 3.
GE 3.
87
GE 5.
88
Cf. GE 3.
86

14

carcter cristiano. No son instituciones de la Iglesia, pero realizan los objetivos


bsicos de la educacin catlica: procuran la formacin de una comunidad
educativa favorable al desarrollo de las virtudes humanas y cristianas, imparten
formacin y enseanza religiosa y tratan de educar buscando una sntesis
coherente entre la fe, la cultura y la vida.
La Iglesia exige ante la sociedad su derecho a educar a travs de sus
instituciones educativas (escuelas y universidades catlicas) o impartiendo
docencia a los alumnos catlicos en instituciones pblicas, y en muchos pases as
se reconoce.
d) Sociedad civil y Estado. Adems de los derechos de los padres y de aqullos
a quienes confan parte en la educacin, ciertas obligaciones y derechos
corresponden tambin a la sociedad civil, en cuanto a ella pertenece disponer todo
lo que se requiere para el bien comn temporal. El Estado debe procurar que a
todos los ciudadanos sea accesible la conveniente participacin en la cultura y que
se preparen debidamente para el cumplimiento de sus obligaciones y derechos
civiles. Por consiguiente, el mismo Estado debe proteger el derecho de los nios a
una educacin escolar conveniente, vigilar la capacidad de los maestros y la
eficacia de los estudios, mirar por la salud de los alumnos y promover, en general,
toda la obra escolar89.
Libertad de eleccin de escuela y subsidiaridad
Una cuestin especialmente imprtame en la organizacin social de la
educacin es el reconocimiento efectivo de la libertad de los padres en la eleccin
de la escuela donde han de ser educados sus hijos. Ante posturas ideolgicas que
reclaman para el Estado el derecho a imponer escuela, la Iglesia defiende que
los padres, cuya primera e intransferible obligacin y derecho es el de educar a
los hijos, tengan absoluta libertad en la eleccin de las escuelas 90.
Este derecho puede verse dificultado de diversos modos. Uno de ellos es la
falta de apoyo estatal a la iniciativa social en tareas educativas. Otra, ms sutil, es
condicionar la ayuda econmica a los padres o a los centros educativos a
exigencias que no respeten el derecho primario de los padres a la educacin de
sus hijos. El problema es especialmente grave para niveles educativos que la
legislacin considera gratuitos, pero slo lo son realmente si los padres renuncian
a su derecho a elegir escuela. Esto, muchas veces, significa que los padres,
cuando no disponen de suficientes recursos econmicos, estn obligados a enviar
a sus hijos a una escuela cuyo ideario, clima de convivencia escolar, educacin
moral o formacin religiosa no responden a sus convicciones.
Ciertamente, de acuerdo con el principio de solidaridad, el Estado debe
garantizar la libertad de educacin y la igualdad de amparo jurdico y econmico
que haga posible la libertad educativa y el acceso de todos a la educacin. Sin
embargo, las acciones han de llevarse a cabo de acuerdo con el principio de
89
90

GE 6.
GE 6.

15

subsidiaridad, que exige al Estado o a cualquier otra estructura superior que no


absorba ni obstaculice la iniciativa creatividad y responsabilidad de las personas y
de los grupos sociales, apoyndoles en lo posible para un efectivo ejercicio de su
libertad en la creacin y gestin de instituciones educativas con miras al bien
comn.
Ha de excluirse, por tanto, cualquier monopolio de las escuelas, que se opone
a los derechos nativos de la persona humana, al progreso y a la divulgacin de la
misma cultura, a la convivencia pacfica de los ciudadanos y al pluralismo que hoy
predomina en muchas sociedades 91. Como norma positiva, puede afirmarse con
el ltimo Concilio que el poder pblico, a quien pertenece proteger y defender la
libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar
distribuir las ayudas pblicas de forma que los padres puedan escoger con libertad
absoluta, segn su propia conciencia, las escuelas para sus hijos 92.

91
92

GE 6.
GE 6.

16

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