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Madurez PDF

El documento habla sobre la madurez emocional y cómo es esencial para el crecimiento psicológico y espiritual. La madurez emocional implica ser autónomo y estar anclado en uno mismo, pero muchas personas se aferran a la desdicha y confusión en lugar de abrirse a otras realidades. Vivimos en una sociedad que valora demasiado el éxito exterior en lugar de priorizar el desarrollo interior y la madurez emocional.

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El documento habla sobre la madurez emocional y cómo es esencial para el crecimiento psicológico y espiritual. La madurez emocional implica ser autónomo y estar anclado en uno mismo, pero muchas personas se aferran a la desdicha y confusión en lugar de abrirse a otras realidades. Vivimos en una sociedad que valora demasiado el éxito exterior en lugar de priorizar el desarrollo interior y la madurez emocional.

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El camino hacia la madurez

Por qu tantos seres humanos se aferran a su propia desdicha y confusin, cuando


podran abrirse a otras realidades? Madurar emocionalmente es la tarea esencial de
nuestra vida
ngela Sannuti
Buenos Aires - La madurez emocional es la base del crecimiento psicolgico y espiritual de
todo ser humano. La evolucin de cada persona arraiga en la propia madurez afectiva; no
existen personas evolucionadas espiritualmente si no son maduras emocionalmente.
La autonoma y la madurez emocional son dos caras de la misma moneda: una persona
madura es autnoma, ya que est anclada en el centro mismo de su ser desde donde llega a ser
autntica e ntegra.
Lo sepamos o no, nuestra bsqueda ms honda e ntima nos impulsa a la integracin. As
como a la vida la conocemos por fragmentos, tambin nuestro propio ser se nos revela en
pequeas porciones, si es que nuestra sensibilidad est abierta y dispuesta a percibirlo.
Qu significa madurar emocionalmente? Respuestas cargadas de prejuicios, ignorancia e
ingenuidad dan cuenta de que hay una mitologa muy arraigada en la psique que nos hace
creer que la madurez es alcanzar un estado ideal de perfeccin. Cuando intentamos
conseguir una determinada imagen, o ser alguien especial o perfecto que nunca se equivoca,
no somos realmente nosotros mismos, con honestidad y verdadera compasin.
Lamentablemente, lo que se nos ensea en la niez no es la coherencia sino el conformismo;
entre la voz de la apariencia y la del corazn, crecemos inseguros y sometidos a la tirana
avasallante de lo exterior. Cuanto ms descuidamos nuestro desarrollo interior, con mayor
rigidez tratamos los aspectos ms banales de la educacin.
Crecer es madurar e implica correr el riesgo de encontrarnos con aspectos luminosos y
oscuros de nuestro ser. Las personas inmaduras son las que se resisten a asumir su realidad
sombra y permanecen ciegas a sus carencias afectivas primarias.
Madurar es integrar, pero qu sucede cuando los deseos que albergamos se contraponen entre
s, cuando los anhelos y los pensamientos opuestos nos producen conflictos?
Entonces uno sufre y raramente se torna consciente de su fragmentacin que es lo que origina
el conflicto, ncleo del sufrimiento psicolgico.
Cul es la causa de esta fragmentacin? Las religiones, la filosofa y diversas disciplinas
cientficas han intentado, con mayor o menor profundidad, captar y responder a esta
interrogante esencial.
Pero lo cierto es que en la vida de cada persona hay divisin, hay conflicto y, detrs de todo
ello, acecha el desorden, la confusin, un afn y una ansiedad sin lmites. Es necesario vivir
atrapados en esta desdicha?
Nuestras propias contradicciones manejan los hilos invisibles de las decisiones vitales.
Atrevernos a develarlas, poder descubrir e integrar esas partes de nuestra alma que an

ignoramos, o bien no aceptamos o rechazamos, constituye la tarea ms honda y humana del


verdadero camino hacia la salud.
Para entregarnos a un encuentro profundo con nuestro ser esencial, son condiciones
indispensables la confianza, el respeto y el amor a uno mismo.
Vaco emocional
Todos estamos necesitados de escucha, de tiempo, de dedicacin y de contacto afectivo
sincero, pero sin un arraigo emocional genuino se hace difcil establecer vnculos saludables y
sostenidos.
En nuestra poca disociada y confusa estamos educados y adiestrados para el hacer, y
raramente sentimos lo que hacemos y cmo lo hacemos; pareciera que se vive en un
laboratorio mental en el que nuestro sentir ms profundo queda excluido. An hoy persiste
una sobrevaloracin de lo masculino que desconfa de los aspectos femeninos de nuestro ser:
el afuera, lo rpido, la pura lgica racional y lo lineal sofocan el adentro, lo lento, lo
introspectivo, lo intuitivo.
Nuestros sentimientos estn cada vez ms desnaturalizados: se los reprime, se los trivializa o
manipula, y a menudo nuestras costumbres y formas de vivir cotidianas se vuelven artificiales
(actitudes falsas, relaciones falsas y actividades falsas).
No permitimos que nuestros sentimientos se desarrollen completamente; actuamos para
domesticar nuestras emociones en lugar de observarlas con atencin, comprenderlas y as
madurar afectivamente.
Vivimos desarraigados emocionalmente, sin confianza, sin espontaneidad y sin un verdadero
contacto con esa cualidad sutil y llena de riquezas dentro del vnculo con los otros.
Sentimientos heridos, soledad, dolor, sensacin de inutilidad y una erosin de los valores y del
sentido de la vida nos hablan de que hemos empobrecido la dimensin ms preciosa de
nuestro existir y evidencian la lesin que sufre nuestra sensibilidad ms ntima.
Las emociones no son un lujo, sino un complejo recurso para la lucha por la existencia
(Antonio Damasio).
En una sociedad adictiva como la nuestra, en la que todos estamos muy pendientes de lo que
obtenemos, consumimos e incorporamos, creemos e intentamos ilusoriamente compensar con
tanta vorgine el vaco emocional con el que se vive.
A menudo, el exceso de objetos materiales, de actividades que tenemos en la vida nos quitan
la paz interior; pero el problema no est en las cosas o en lo que hacemos sino en nuestra
actitud, en nuestro engao interior.
Hemos llenado nuestros corazones con las cosas de la mente, con brillantes palabras y
elocuentes discursos, con ambiciones desmedidas, vanidades y lirismos desesperados, pero
nuestros corazones estn vacos.
El corazn es el guardin de nuestra verdad, es el que sabe con exactitud lo que nos falta, lo
que necesitamos; pero es posible descubrir esa verdad cuando sacrificamos la necesidad de

ser leales con nosotros mismos, de comunicacin sincera, de comprender y ser comprendidos,
de amar y ser amados?
Morir de xito
La verdadera profundidad se encuentra detrs de los espejos (Marguerite Yourcenar).
Cmo llegar a esas infinitas profundidades cuando la mayora de la gente vive prisionera de
la imagen que le devuelven los otros?
Indigentes de la mirada ajena, muchos se infligen la obligatoriedad del xito: casi todo es
clculo, habilidad y astucia para alcanzar objetivos y resultados. Cuntas veces se relegan los
sentimientos internos en aras de lo pragmtico?
Para esta mentalidad, basada puramente en lo externo, todo debe ser ms fcil, expeditivo y en
mayor cantidad. Cualquier cosa que requiera menos trabajo y mayores beneficios resulta
sumamente atractiva. Muchas veces en el da, se renuncia a algn valor de sentimiento a
cambio de una ventaja externa. Y nuestra sensibilidad paga el precio. Un precio que ms tarde
resultar insoportable a travs de un sinnmero de sntomas y sufrimientos. Cuntas personas
viven atrapadas en una vida mecanizada, artificial y jams llegan a saber que sa es la causa
de su llanto.
Ningn sustituto externo puede calmar la necesidad de contacto ntimo con la propia
interioridad y la de los otros.
La madurez pasa ineludiblemente por el aprendizaje, pero en esta cultura exitista hay una
tendencia a agilizar el proceso natural que tiene cada ser humano para aprender, no se respetan
los tiempos propios, los modos propios de recorrer el camino; se borran las diferencias y se
pierde singularidad en nuestro ser.
Cul es la diferencia entre el xito y el fracaso? Para una persona madura no hay
acontecimientos intiles, todo es aprendizaje y tanto el xito como el fracaso dejan de ser
meras distinciones creadas por la soberbia y la ignorancia humana.
El proceso de aprendizaje contina siempre, de una manera infinita y los cielos estn abiertos
para quienes aprenden.
La autntica fuerza de nuestra vitalidad irrumpe cuando somos capaces de aceptar e integrar
los aspectos ms frgiles y vulnerables de nuestra personalidad que, en general, suelen
manifestarse a travs de nuestras imposibilidades y errores. La exacerbacin del xito que
promueve nuestra sociedad actual no es ms que una huida constante del reconocernos
limitados.
Reivindico mi bsqueda constante, mis equivocaciones, mi asombro y no el atrincherarse por
miedo a vivir (Clarice Lispector).
Vivir es el mayor viaje de descubrimiento que puede realizar un ser humano y, como en todo
viaje, slo descubrimos cuando superamos los estrechos lmites de nuestros prejuicios y
mandatos, cuando estamos abiertos y atentos a lo que nos susurra la vida.

Morir de amor
Devenidos adultos, seguimos siendo emocionalmente nios malheridos, necesitados y
carentes; el problema es que la gran mayora lo ignora y permanece ciega a sus carencias
afectivas primarias. El miedo al dolor y los bloqueos enmascararon por aos el acceso a ese
nio que hay en nosotros y, de este modo, la propia realidad emocional se vuelve invisible
para la conciencia.
Cuanto ms tempranas son las carencias afectivas mayor es el estado de insatisfaccin, vaco y
hambre emocional. Pero mucha gente no quiere saber nada de su propia historia y, por
consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, se hallan constantemente determinados por ella
porque siguen viviendo en una situacin infantil no resuelta y reprimida.
Un hambriento emocional est dispuesto a todo para aplacar su hambre y sus conductas
suelen ser estrategias de supervivencia que provienen del desamparo y la soledad de la
infancia.
Hambrientos de una presencia maternante, de una mirada atenta y exclusiva, de contacto
clido e ntimo, de una fuerza nutritiva que nos despierte el deseo y la pasin por vivir,
buscamos sustitutos de toda ndole que, en tanto sucedneos, jams pueden conectarnos con la
verdadera necesidad.
El movimiento de la vida nos impulsa a una bsqueda permanente pero una cosa es la
bsqueda vital inherente al crecimiento y otra muy distinta es la bsqueda compulsiva en la
que, la necesidad de incorporar vorazmente lo que sea afecto, comida, trabajo, dinero,
posesiones, fama, son meros desplazamientos de necesidades primarias que no fueron
satisfechas. Por esto mismo la persona queda siempre hambrienta de algo que le falta
aunque no logre distinguir de qu se trata. Si no se adquiere conciencia de ello, se perpeta
ese circuito forzado del cual resultar cada vez ms difcil salir.
Reconocer esas heridas y detectar las necesidades vitales insatisfechas es el inicio del
verdadero viaje hacia la madurez. Los sentimientos de carencia, de abandono y de ira
provocan pnico, por eso, los desterramos, los rechazamos o los disociamos de nuestra
conciencia; pero no podemos vivir en esta alienacin de por vida porque todo lo que no
asumimos como propio emerge inevitablemente bajo la forma de sntomas, enfermedades y
trastornos.
Nos enfermamos y nos morimos por falta de amor aunque luego rotulemos ese sufrimiento
con diagnsticos mdico-psicolgicos.
Madurar es dejar de negar la verdad emocional que albergamos en nuestro corazn y en
nuestro cuerpo; es sentir esa verdad, integrar la propia historia y no tener que sacrificar ms
ningn aspecto de nuestra vitalidad. El amor que excluye la verdad no puede llamarse amor.
Slo la ms clida vitalidad que habita en nosotros puede nutrir el milagro, el equilibrio y la
sabidura en todas sus formas, esos dones que nos otorga la madurez.
Madurar es integrar

Cmo adquirir conciencia de nosotros mismos cuando la propia ceguera emocional nos
impide abrazar con amor esas partes sombras de nuestro ser, que alguna vez rechazamos o no
quisimos o cremos irredimibles y bloquearon nuestra capacidad para sentir y amar?
Reconocer nuestros dones es tan esencial como reconocer las heridas y, por ende, las propias
limitaciones.
Hay una brjula interna que nos orienta en este arduo reconocimiento y que puede hacer
accesible a nuestra vida consciente nuestra historia y nuestra verdad: nuestras emociones y
sentimientos que son complejos procesos psicobiolgicos.
No podemos querernos, respetarnos ni entendernos a nosotros mismos si ignoramos los
mensajes de nuestros sentimientos, sobre todo, de los sentimientos llamados negativos
como la rabia, el dolor y el miedo que tienen un origen real aunque, cuando persisten en el
tiempo, suelen ser casi siempre reacciones a heridas pasadas.
Cmo transformar las llamadas emociones negativas en sentimientos sensatos? Ningn
sentimiento es eterno si podemos vivirlo. Cuando lo comprendemos desde la propia historia
ya no se necesita temerlos. La ceguera forzada hacia estos sentimientos se paga con
enfermedades corporales o anmicas.
Y los sentimientos positivos fingidos no slo duran poco sino que tambin nos fuerzan a vivir
con mscaras y, tarde o temprano, habr que afrontar las consecuencias del autoengao.
Todo ser humano necesita la verdad a toda costa y los sentimientos autnticos son la puerta de
entrada; sin ellos se permanece atrapado en una crcel invisible de ilusiones, apariencias y de
compulsin al sufrimiento.
En nuestras vidas hay ms unidad de la que parece, pero si queremos ser adultos y vivir una
vida autntica, nueva y creativa es esencial la aceptacin e integracin de los distintos
aspectos de nuestro ser que se nos revelan, implacablemente, en cada etapa de nuestro
crecimiento personal.
Aceptacin que no es pasividad sino lucidez y limpidez en nuestra mirada para ver las cosas
tal como son, sin condenar ni justificar, sino integrndolas.
Esta comprensin profunda exige silencio y soledad; esa soledad y ese silencio que nada
tienen que ver con el aislamiento y que no requieren cualidades extraordinarias sino un estado
de alta sensibilidad. Sin la interferencia del pasado adviene una comprensin en la que hay
verdadero esclarecimiento y en la claridad hay dicha.
La integridad, la conciencia, la responsabilidad y la lealtad a uno mismo nos devuelven, sin
duda, la dignidad de ser.
ngela Sannuti
Miembro del Consejo de Redaccin de Revista Criterio, Buenos Aires

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