Historia y ficcin en La otra raya del tigre de Pedro Gmez Valderrama
Qu le hace una raya ms a un tigre?
(Proverbio Santandereano)
James J. Alstrum
Illinois State University
Es bien sabido que la narrativa histrica y el relato ficticio tienen mucho en comn en
cuanto a su carcter secuencial y cmo logran captar el inters del lector. Por eso, en su nica
novela, La otra raya del tigre (1977), Pedro Gmez Valderrama (1923-1992), a quien le
fascinaba siempre la historia y la integraba a sus cuentos, juega con la secuencia narrativa e
intercala comentarios ensaysticos expresados por la voz narrativa llamada el abuelo juntos con
una serie de ancdotas entre reales e inverosmiles para contar la biografa imaginaria del
legendario inmigrante alemn Geo von Lengerke (1827-1882), aclamado por algunos como
impulsor dinmico del progreso regional o condenado por otros como explotador desalmado de
los ms vulnerables durante la segunda mitad del siglo XIX en el Estado Soberano de Santander.
El mismo Gmez Valderrama reconoci la deuda que tena con la historia como estmulo
principal de su creatividad literaria al declarar en una ocasin:
Lo que me pasa y me ha pasado siempre es que encuentro una fascinacin en la historia:
en los claros que quedan de la reconstruccin histrica, los vacos, entonces por ah es
por donde me meto, por donde encuentro un vaco, pues se es el punto donde se puede
construir algo con base en los elementos que da la historia, una escena, un encuentro, en
fin [] las cosas que sucedieron, o que si sucedieron no se contaron. (Garca Londoo,
Los vacos que deja la historia, para. 5).
As pues, para Gmez Valderrama, tanto en sus cuentos como en su nica novela, el papel
esencial del autor de ficciones consiste en llenar los vacos dejados por los historiadores.
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Ahora bien, Gmez Valderrama presenta a grandes rasgos en su novela todo lo conocido
sobre la vida del famoso empresario alemn Lengerke pero sin dejar de tomar muchas libertades
con la historia. Por ejemplo, en el primer captulo de la novela, el narrador describe con un lujo
de detalles la primera entrada al interior colombiano por Lengerke en 1852 navegando por el ro
Magdalena aunque no es nada cierto que el alemn haya llegado as primero a Bogot y luego
a Bucaramanga de esta manera. Lo que s es innegable es que a lo largo de la historia colombiana
desde la poca colonial, el ro Magdalena ha sido el puente geogrfico entre la costa atlntica y el
interior del pas y la via central de penetracin y transporte tanto por conquistadores como
colonizadores de la nacin. Despus de llegar a Bucaramanga, Lengerke va a asumir la doble
aura de conquistador y colonizador en los negocios y con las mujeres. Adems, en algunos
prrafos de comentarios entre parnteses del mismo captulo, se describe el ro como el reino del
caimn que consume carne humana mientras que la tierra prometida se evoca como si fuera la
zona sometida al dominio del tigre. Al final de un extenso comentario parenttico, el narrador
observa Hay el reino del caimn, el reino del tigre, y los hombres quieren construir en sus
ruinas el reino del hombre sobre el hombre, el reino del odio y la injusticia (Gmez Valderrama,
14).
De aqu en adelante, entre ms se identifica Lengerke con las tierras y el pueblo de
Santander lo asocia tambin en varias ocasiones con el dicho popular santandereano sobre el
tigre. Por ejemplo, a principios del cuarto captulo de la novela que se trata de la iniciativa
tomada por Lengerke al construir caminos de enlace entre el interior de Santander y la ruta
comercial al exterior por medio del ro Magdalena, el narrador alude al famoso proverbio
santandereano acerca del tigre al declarar:
El se ri y dijo que haba soado los caminos, que eran como rayas de tigre, como nuevas
rayas que se le iban sumando a su piel, y que por alguna razn misteriosa el senta como
era eso de los caminos, y el impulso de abrirlos, los vea antes de trazarlossaba de
alguna manera por donde deba orientarse sus rayas (Gmez Valderrama, 77).
Tal identificacin metafrica de Lengerke con el proverbial tigre santandereano le dota mayor
carcter legendario y mtico a este personaje histrico y se reitera en otras partes de la novela que
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coincide con algunos de los eventos cruciales en la vida del alemn despus de arraigarse en
Santander y aprovecharse de la ideologa liberal basada en el federalismo para consolidar su imperio feudal y comercial en este departamento con monopolios sobre la importacin de artculos
europeos de lujo y exportacin exclusiva del tabaco, los sombreros y ltimamente de la quina,
gracias al apoyo incondicional de su aliado poltico el caudillo liberal, el general Soln Wilches
(1835-1893). En el penltimo captulo de la novela (es decir el sptimo), se refiere de nuevo al
dicho popular sobre el tigre cuando Lengerke hace su esfuerzo final para conservar su imperio de
monopolios sobre los caminos contra la invasin de sus territorios exclusivos por su
rival
Manuel Cortissoz, el judo curazaleo, quien se haba hecho aliado poltico del Presidente Rafael
Nuez (1825-1894) y los conservadores. As leemos todos sonrieron, aliviados: qu le hace
una raya ms a un tigre? Se afrontara la guerra.Era la guerra, sera la guerra. Era el poder
federal contra el Estado Soberano (Gmez Valderrama, 254-55). Finalmente, en el ltimo
captulo de la novela que trata de la agona, la muerte y la derrota definitiva de Lengerke, quien
fallece en su castillo llamado Montebello en Zapatoca a causa de su alcoholismo y ruina
financiera con el desplome del valor de la quina en el mercado internacional, su amigo el Padre
Alameda lo llama un utopista y alude de nuevo al proverbio del tigre al resumir el sentido de su
vida diciendo Utopa. Pero quedaron vivos como arterias, como rayas de la piel del tigre, los
caminos que llevaron a l (Gmez Valderrama, 296).
Entonces, no nos debe sorprender que la biografa ms reciente de Lengerke del
historiador Alvaro Pablo Ortiz se titule Geo von Lengerke: constructor de caminos (2008) y
curiosamente l cita reiteradas veces la novela de Gmez Valderamma en el texto y las notas de
pi de su libro como una de sus fuentes principales de informacin. En su introduccin al libro
entero, Ortiz reconoce y alaba su deuda al autor de ficciones histricas al recalcar lo siguiente:
Gmez Valderrama logr un formidable equilibrio en su novela La otra raya del tigre
entre la historia y la ficcin, al punto que ambas, como si de hermanos siameses se
tratara, quedaron frreamente unidas. Esto para no hablar del poder descriptivo advertido
en cada pgina del texto de la recreacin que hace del protagonista central, Geo von
Lengerke ubicado, asumido, proyectado y perfilado desde un manejo circular del tiempo,
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en donde el pasado es un eterno presente, hasta hacerle sentir al lector sensible e
imaginativo, que Lengerke no ha muerto (19).
En sus conclusiones, Ortiz cita la novela de Gmez Valderrama para subrayar el hecho de que
fue Lengerke quien encabez y anim la emigracin masiva de los alemanes a Santander a mediados del siglo XIX despus de establecer sus almacenes comerciales en Bucaramanga y
Zapatoca:
El abuelo ve pasar la cabalgata de rubios tudescos, los ve rebasar las vegas de Girn y
comprometerse en el descenso hacia el Surez. El grupo canta, van todos con las
carabinas en bandolera, con revlveres al cinto, y algunos con instrumentos musicales.
Varios traen esas mujeres altas, de largos huesos, de cabello pajizo, de nostlgico mirar
azul, pero los ms se proveern de lo que da la tierra; no una sino muchas veces han y
corrern peligro por la mujer del prjimo (58).
El abuelo mencionado aqu, quien es al mismo tiempo la voz narrativa y fuente principal
de informacin histrica y testimonial sobre Lengerke a lo largo de la novela de Gmez
Valderrama, resulta ser el verdadero abuelo del autor. En una entrevista publicada despus de su
muerte, Gmez Valderrama reconfirm este parentesco, el cual ya se haba revelado en las
ltimas pginas de la novela. En la entrevista el escritor santandereano declar:
En realidad, el escritor es un coleccionista de recuerdos. Naturalmente, en el caso de La
otra raya del tigre, son vivencias, que quedaron muy impresas en m desde que era nio.
Yo oa a mi padre que contaba de todas esas cosas, y, naturalmente se refera mucho a mi
abuelo. Mi abuelo estuvo a punto de que lo fusilaran en Zapatoca, en una de las
invasiones de los conservadores. tambin desde luego, la tradicin oral; mi padre, mis
tas, las conversaciones de familia, todo eso iba aumentando el caudal y, naturalmente,
complet mis materiales con estudios y con una serie de investigaciones (Vidal, 125).
En la novela, Gmez Valderrama menciona que Lengerke le salv la vida al abuelo
escondindolo entre las cavas de vino de su castillo en Zapatoca lo mismo que cuenta que haba
hecho por igual a conservadores y liberales que le pedan socorro durante las guerras civiles
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incesantes. Luego, en las ltimas pginas de la novela, leemos lo siguiente con toques de
metaficcin:
Yo tengo, deca mi padre, que escribir esa novela; es una novela donde recoger lo que
fue Santander, lo que fue mi padre, todo lo que a l le o de Lengerke. El padre no pudo
escribirla, la vida no le dej, la muerte se encarg de impedrselo para siempre. Yo he
comenzado a escribir la novela heredada, he luchado para llevarla a trmino (Gmez
Valderrama, 306).
Es conveniente mencionar en este contexto que el padre del novelista fue Pedro Alejandro
Gmez Naranjo (1892-1959), un famoso jurista y exgobernador de Santander nacido en
Zapatoca.
Igual que su contemporneo y colaborador de la revista Mito, Gabriel Garca Mrquez
(1927) en varias de sus novelas tales como El coronel no tiene quien le escriba (1961), Cien
aos de soledad (1967) y Crnica de una muerte anunciada (1981), Gmez Valderrama mete en
su novela parientes y personas reales en contacto con personajes ficticios dentro de un marco
lleno de acontecimientos verdaderos de la historia colombiana. Asimismo, de una manera
parecida a lo que hizo Garca Mrquez en su descripcin hiperblica de la matanza de los
bananeros en 1927 que aparece en Cien aos de soledad, Gmez Valderrama incluye a su hroe
colombo-alemn en el incidente histrico del enfrentamiento sangriento entre los artesanos
bumangueses y los comerciantes alemanes acaecido entre el 7 y 8 de septiembre de 1879 y
llamado por el historiador Ortiz dos das que estremecieron a Bucaramanga (165-84). Como ha
anotado Ortiz, cuando ocurri este tiroteo violento entre los obreros pertenecientes a la culebra
pico de oro y los socios alemanes del Club de Comericio de Bucaramanga durante el velorio del
asesinado coronel conservador Obdulio Estvez,
Lengerke no estaba presente porque se
encontraba en su hacienda de Zapatoca. No obstante, el historiador comenta nos resistimos, sin
embargo, a aceptar que no estuvo de cuerpo presente en el lugar de los acontecimientos Y
luego agrega Pedro Gmez Valderrama, tampoco soporta que Geo von Lengerke haya
brillado por su ausencia, en un escenario que le permita acrecentar su leyenda, reafirmando una
vez ms su fama de arrecho, de cojonudo, de macho bien bragado (176-77). De nuevo, el his-
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toriador cita el texto del novelista para sostener la presencia herica de Lengerke como lder y
defensor de la colonia alemana amenazada por los artesanos envidiosos de la riqueza y el poder
de que disfrutaban ya los extranjeros recin llegados a Santander. En la descripcin dada por el
novelista que irnicamente parece ser ms verdadera aunque ficticia de lo que realmente pas,
leemos lo siguiente:
El abuelo ve cmo las balas rasantes van limpiando la ciudad, dejndola sola, con miedo
encerrado en los zaguanes. Lengerke est atrincherado en su almacn, acompaado de
Strauch, Muller y Manuel Otero. En la zarabanda de la iglesia, sali al atrio al or los
primeros disparos; sin apresurarse les dijo a los dems alemanes que hicieran otro tanto;
le pareca una locura combatir dentro de la iglesia, entre gritos de mujeres y revuelos de
faldas. En el atrio, le atacaron tres mozos desconocidos, dos tiros le rozaron la cabeza
roja. Alz la mano y framente los puso fuera de combate, cada uno con una bala en el
cuerpo. Alcanz luego a evitar dos o tres desmanes de los democrticos; vio luego cmo
ante la huda de los del Comercio, la pelea se desplazaba hacia las casas cercanas, y
resolvi organizar un contraataque eficaz. Con sus dos compaeros cabalg por las calles
aterrorizadas, y se atrincheraron en el almacn (Gmez Valderrama, 230).
Semejante confluencia entre lo histrico y lo ficticio ha llevado al crtico chileno, Luis
Correa-Diaz, quien ms ha profundizado en la cuentstica de Gmez Valderrama, a hacer
hincapi en el carcter hbrido de la narrativa del colombiano y calificarla como el arte de la
conjetura histrica en que narracin se combina con el ensayo para interpretar y desmitificar el
acontecer histrico (22, 24, 25). Correa-Diaz acierta tambin al observar que Gmez Valderrama
es un maestro del cuento histrico y que su nica novela comenz siendo un cuento, El dios
errante de la coleccin La procesin de los ardientes (1973) (17). De hecho, este cuento se
reproduce textual y completamente como el ncleo del cuarto captulo o sea el central de toda la
novela que relata cmo Lengerke inici la construccin de los caminos santandereanos de acceso
al ro Magdalena (90-96). Este cuento intercalado en el captulo cuatro de la novela describe el
largo viaje de un piano durante cinco aos desde el puerto alemn de Hamburgo hasta que llega
en 1857 al palacio de Lengerke llamado Montebello cerca de Zapatoca. Junto con el piano llega
el cosmopolitismo alemn a enriquecer el ethos santandereano y el instrumento se describe como
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si fuera una especie de buque fantasmal y peregrino-un reflejo alegrico de su dueo que crea cainos-el arquetipo universal de la vida y el destino. Antes de intercalar el cuento sobre el piano,
Gmez Valderrama lo personifica e identifica con su dueo el protagonista de la novela de esta
manera:
Dijo Lengerke, oyendo las primeras notas, en el amplio saln de Montebello, que aquel
viaje pareca haber sido el suyo propio En aquella cerrada tarde, volvi a vivir,
lentamente, el curso de su viaje desde Europa, con todos sus azares, con la irresistible
atraccin que le transportara hasta estos improbables confines (90).
Queda ms clara todava la identificacin de Lengerke con su piano en la descripcin dada del
instrumento musical en el cuento donde declaraEl piano estaba sobre la lancha como el protagonista insensible de una historia
maravillosa, en la cual desfilaban las mujeres a quienes haban estremecido sus notas,
aqullas que se las haban arrancado con un impulso sexual trunco, aqullas que haban
sido apretujadas, acariciadas, besadas, sofaldadas y an, caso inslito, aqulla que en una
noche helada alemana, entre el desconsuelo de la nieve, haba sido poseda y haba
gemido, y se haba desesperado de voluptuosidad sobre la tapa muda del piano (91)
Luego, al final de esta misma seccin del sobredicho captulo de la novela en otro comentario
ensaystico leemos:
Veinte hombres, llegan a la puerta trayendo en su lomo un piano, el primero que se
conoce en la regin, el instrumento prodigioso, la caja de msica de la civilizacin
occidental, Mozart, Beethoven, Haydn, Brahms, Berlioz, todo contenido en un cajn de
madera y unas manos. Sabemos de donde viene,cmo durante aos estuvo remontando
el Ro Magdalena, y sabemos que desde all estos hombres han venido transportndolo
durante aos para llegar por fin y permitir que sus notas acuticas se deslicen por el lomo
de la noche caliente (95).
Adems de ser la principal voz narrativa y fuente testimonial de datos histricos del
cuento intercalado en el cuarto captulo de la novela, el abuelo ofrece una serie de comentarios
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de ndole poltica en toda la obra que lo convierte, como lo ha anotado Daro Henao Restrepo, en
la portavoz de la utopa liberal o la ideologa radical del liberalismo colombiano del siglo XIX
que apoyaba la Constitucin de 1863, la cual, segn el novelista francs Victor Hugo (18021885), se hizo para ngeles en lugar de hombres. Resume el abuelo la utopa liberal de Lengerke
de esta manera en la novela:
Claro est, pensaba el abuelo acodado sobre una roca mirando a la distancia, para
Lengerke el paraso liberal, la libertad de comercio, la voluptuosidad de la iniciativa
privada, renovaban un sueo interrumpido en Alemania, vuelto a crear y transformado en
Santander, en los Estados Unidos de Colombia. De pronto, en estos aos surga la
revuelta, pero se trabajaba. Pareca a veces que el camino de la guerra y el del progreso
econmico no tuvieran que ver entre s (Gmez Valderrama, 199).
A su vez, otro emigrante alemn del siglo XX, el crtico Ernesto Volkening, observ en una de
las primeras reseas de La otra raya del tigre de Gmez Valderrama que es entre otras cosas
una novela poltica, quizs la ms lograda de un gnero literario escasamente cultivado en
Colombia (320). De todas maneras, a lo largo de la novela como probablemente lo hizo en su
vida, Lengerke supo aprovechar de las guerras civiles entre los liberales y los conservadores para
salir con la suya y avanzar continuamente sus intereses creados econmicos con el manejo
diestro del ajedrez poltico. Por eso el abuelo coment:
El alemn pas las revoluciones imaginando los caminos. Pero dentro del cuadro de la
guerra stos fueron volvindose parte del ajedrez. El alemn contemplaba el
tableroPero, piensa el abuelo, la mayor frustracin del alemn debi ser no ganar, l,
una batalla propia, no lograr, con el movimiento de su mano vehemente el jaque al rey, y
contemplar en cambio, cmo, a veces, los enemigos ponan en jaque a los reyes
extranjeros (Gmez Valderrama, 199-200).
Sin lugar a dudas, lo que llama la atencin al lector y unifica las ancdotas que podran
leerse a solas como cuentos autosuficientes, es la presencia de Lengerke, el protagonista central
de toda esta novela histrica. A diferencia del relato histrico, la secuencia de eventos y mejor
dicho aventuras en la vida azarosa del protagonista alemn en la novela no sigue un orden crono-
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lgico. El carcter atractivo de este tenorio romntico y aventurero alemn refleja no slamente
la turbulenta inestabilidad poltica de aquel tiempo en la historia de Colombia sino parece
adaptarse naturalmente al genio del santandereano de mediados del siglo XIX. As se presenta
una saga de arriesgadas inversiones econmicas alternadas con varios amoros, retos y luchas
violentas con antagonistas en los negocios e inclusive con los Yarigues-los indgenas que
emboscaban continuamente a los obreros y presos que construan el camino entre Zapatoca y
Barrancabermeja e hicieron que Lengerke no pudiera cumplir nunca su contrato con el Estado
Soberano de Santander. Entre las ancdotas de calidad cuentstica se destaca la historia de la
tercera esposa del cacique yarigue Carlos llamada Elisenda y apodada la Libertad que haba sido
raptada por los indgenas a los quince aos despus del asesinato de sus padres espaoles.
Elisenda representa una especie embrujada de femme fatale extica que combina como Lengerke
una mezcla del encanto europeo con la barbarie autctona americana. Despus de haberle
causado la muerte a varios trabajadores de Lengerke ocupados en la construccin de la va y el
puente a Barranca al seducirlos con los atractivos de su cuerpo desnudo, se encuentra sola en el
bosque con el alemn pero l le conquista a ella fascinada por el pelo rojo irresistible del
alemn. Elisenda promete volver a ver a su galn pelirrojo al da siguiente en el mismo claro del
bosque pero cuando Lengerke regresa encuentra su cadver porque el celoso caudillo yarigue no
poda soportar la traicin de su cnyuge y quera dejar una amenaza grfica del destino que les
esperaba al alemn y a sus trabajadores si siguieran construyendo el camino y los puentes que
cruzaban el territorio de los indgenas. En este momento el hijo del cacique Carlos y Elisenda le
grita a Lengerke una advertencia que sirve de presagio para el futuro del empresario dicindole:
_Carlos te dice que es tu enemigo, que no permitir que abras el camino al gran ro. Que la piel
del tigre tiene muchas manchas pero el hombre no puede agregarle ninguna. Que las extensiones
de la quina no sern tuyas, y que sufrirs_ (Gmez Valderrama, 156).
Se puede ver a claras luces que para Pedro Gmez Valderrama la literatura y la historia se
complementaban en la elaboracin de su nica novela y en realidad, a lo largo de sus escritos
este miembro de la Academia Colombiana de Historia no las distingua y en parte prueba de ello
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es que al ingresar a la Academia en 1986 su discurso de entrada se titulaba La historia como
novela y la novela como historia. En ese mismo discurso el escritor santandereano declar que
haba una zona de penumbra entre ficcin e historia, en la cual se cumple esa unin maravillosa
[de ambas](Correa-Daz, 20). En la seccin final del ltimo captulo de La otra raya del tigre,
que funciona como eplogo, el autor llama su obra la novela heredada y como un historiador
profesional menciona una larga lista de historiadores, polticos y literatos que contribuyeron a la
escritura del libro al decir muchos me ayudaron a hacerlo; los primeros, el abuelo y el padre
(306). Entre sus fuentes informativas en la lista se destacan por igual escritores de ficciones e
historias tales como Horacio Rodrguez Plata, el autor de La imnigracin alemana al Estado
Soberano de Santander, el novelista francs Henr Stendahl (1783-1842), el escritor espaol
Baltasar Gracin (1601-1658), el poeta y novelista cubano Jos Lezama Lima (1910-1976), el
refranero popular y su hijo Pedro Alejo Gmez Vila a quien cita por su observacin de que el
acto pasado es destino-una afirmacin que habra aprobado seguramente el abuelo porque traza
precisamente la relacin (y el camino) de abuelo a bisnieto (307). En fin, si consideramos a
Gmez Valderrama terico de la ficcin histrica, otro aporte singular suyo a la teora y la praxis
de la escritura histrica y ficticia se nota en la idea expresada en un ensayo de 1982 donde
asevera que indudablemente, uno de los procedimientos de autoexploracin, es la bsqueda de
la historia (Situacin de la narrativa actual en Colombia, 178). En su nica novela, Pedro
Gmez Valderrama emprendi una autntica bsqueda ontolgica en la cual historia y ficcin no
podan apartarse nunca ni siquiera en las oraciones finales de la obra cuando concluye diciendo
Bajo la noche primeriza me esperaba en el camino real la sombra del abuelo a caballo. Mont, y
segu a su lado; y empezamos as, el abuelo y yo, a contar el mito de Lengerke (309).
Lista de referencias
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Amrica. Revista de Estudios Colombianos, 19, 14-30.
Garca Londoo, A. (1997). Los vacos que deja la historia. Boletn Cultural y Bibliogrfico. 34
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Gmez Valderrama, P. (1982). Situacin de la narrativa actual en Colombia. En La literatura
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Gmez Valderrama, P. (1983). La otra raya del tigre. Bogot, Colombia: Editorial Oveja Negra.
[1977]
Henao Restrepo, D. ( 1999). Gmez Valderrama o la utopa liberal. Revista de Estudios
Literarios. 5, 90-98. Sacado de http://dariohenaorestrepo.com/gomez_valderrama.htm
Ortiz, A. P. (2008). Geo von Lengerke: Constructor de caminos. Bucaramanga, Colombia: Universidad Industrial de Santander.
Vidal, M. (1999). Entrevista a Pedro Gmez Valderrama. Entre Comillas. Bogot, Colombia:
Planeta Colombiana Editorial.
Volkening, E. (1977). Geo von Lengerke o la anarqua tropical sobre una novela de Pedro
Gmez Valderrama. Eco, 189, 308-326.