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La Iglesia como hospital de campaña

El Papa Francisco ve a la Iglesia como un "hospital de campaña" que debe curar las heridas de los fieles mediante la misericordia y la cercanía. Desea una Iglesia que sea madre y pastora, cuyos ministros acompañen a la gente como el buen samaritano. Las reformas organizativas son secundarias; lo primero es cambiar las actitudes para encontrar nuevos caminos y salir a buscar a los que se alejaron de la Iglesia.
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La Iglesia como hospital de campaña

El Papa Francisco ve a la Iglesia como un "hospital de campaña" que debe curar las heridas de los fieles mediante la misericordia y la cercanía. Desea una Iglesia que sea madre y pastora, cuyos ministros acompañen a la gente como el buen samaritano. Las reformas organizativas son secundarias; lo primero es cambiar las actitudes para encontrar nuevos caminos y salir a buscar a los que se alejaron de la Iglesia.
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Entrevista del Papa Francisco a La Civilt Cattolica (Antonio Spadaro, s.j.

)
19 de agosto de 2013
Es la Iglesia un hospital de campaa?
El Papa Benedicto XVI, al anunciar su renuncia al pontificado, describa un mundo
actual sometido a rpidos cambios y agitado por unas cuestiones de enorme importan
cia para la vida de fe, que reclaman gran vigor de cuerpo y alma. Pregunto al Pa
pa, tambin a la luz de lo que acaba de decir: De qu tiene la Iglesia mayor necesidad
en este momento histrico? Hacen falta reformas? Cules seran sus deseos para la Igles
ia de los prximos aos? Qu Iglesia suea ?.
El Papa Francisco, refirindose al comienzo de mi pregunta, comienza diciendo: El P
apa Benedicto realiz un acto de santidad, de grandeza y de humildad. Es un hombre
de Dios. Mostrando as un gran afecto y gran estima por su predecesor.
Veo con claridad prosigue que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es
una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercana
, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaa tras una batalla. Qu intil
es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azcar! Hay que cura
rle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas...
Y hay que comenzar por lo ms elemental.
La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeas cosas, en pequeos preceptos. Cu
ando lo ms importante es el anuncio primero: Jesucristo te ha salvado! . Y los minist
ros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. Por ejemplo,
el confesor corre siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo.
Ninguno de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de verd
ad cargo de la persona. El rigorista se lava las manos y lo remite a lo que est m
andado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente esto no es pecado o algo se
mejante. A las personas hay que acompaarlas, las heridas necesitan curacin.
Cmo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueo con una Iglesia Madre y Pastora. Los
ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las pe
rsonas, acompandolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prjim
o. Esto es Evangelio puro. Dios es ms grande que el pecado. Las reformas organiza
tivas y estructurales son secundarias, es decir, vienen despus. La primera reform
a debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas c
apaces de caldear el corazn de las personas, de caminar con ellas en la noche, de
saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El p
ueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios clrigos de despacho. Los obispo
s, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos d
e Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrs, as como de acompaar al rebao, con
su olfato para encontrar veredas nuevas.
En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas
abiertas, busquemos ms bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz
de salir de s misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se march de e
lla, hacia el indiferente. El que abandon la Iglesia a veces lo hizo por razones
que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es
necesario tener audacia y valor.
Recojo lo que est diciendo el Santo Padre para hablar de aquellos cristianos que
viven situaciones irregulares para la Iglesia, o diversas situaciones complejas;
cristianos que, de un modo o de otro, mantienen heridas abiertas. Pienso en los
divorciados vueltos a casar, en parejas homosexuales y en otras situaciones difc
iles. Cmo hacer pastoral misionera en estos casos? Dnde encontrar un punto de apoyo?
El Papa da a entender con un gesto que ha comprendido lo que quiero decirle y m
e responde. Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buen

a noticia del Reino y curando, tambin con nuestra predicacin, todo tipo de herida
y cualquier enfermedad. En Buenos Aires reciba cartas de personas homosexuales qu
e son verdaderos heridos sociales , porque me dicen que sienten que la Iglesia siem
pre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en q
ue regresaba de Ro de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena volu
ntad y busca a Dios, yo no soy quin para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que
dice el Catecismo. La religin tiene derecho de expresar sus propias opiniones al
servicio de las personas, pero Dios en la creacin nos ha hecho libres: no es posi
ble una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para pro
vocarme, me pregunt si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respond con o
tra pregunta: Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, aprueba su existen
cia con afecto o la rechaza y la condena? . Hay que tener siempre en cuenta a la p
ersona. Y aqu entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaa a
las personas y es nuestro deber acompaarlas a partir de su condicin. Hay que acomp
aar con misericordia. Cuando sucede as, el Espritu Santo inspira al sacerdote la pa
labra oportuna.
Esta es la grandeza de la confesin: que se evala caso a caso, que se puede discerni
r qu es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia. El confesionario
no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Seor nos
empuja a hacer lo mejor que podamos. Estoy pensando en la situacin de una mujer
que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio tambin un a
borto. Despus de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con
cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y est sinceramente arrepentida. Le enc
antara retomar la vida cristiana. Qu hace el confesor?.
No podemos seguir insistiendo slo en cuestiones referentes al aborto, al matrimoni
o homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho d
e estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas c
osas hay que hacerlo en un contexto. Por lo dems, ya conocemos la opinin de la Igl
esia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas c
osas sin cesar.
Las enseanzas de la Iglesia, sean dogmticas o morales, no son todas equivalentes. U
na pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un
conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se c
oncentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que ms apasio
na y atrae, es lo que hace arder el corazn, como a los discpulos de Emas. Tenemos, po
r tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio mo
ral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la
frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evanglica debe ser ms sencilla,
ms profunda e irradiante. Slo de esta propuesta surgen luego las consecuencias mo
rales.
Digo esto pensando tambin en la predicacin y en los contenidos de nuestra predicacin
. Una buena homila, una verdadera homila, debe comenzar con el primer anuncio, con
el anuncio de la salvacin. No hay nada ms slido, profundo y seguro que este anunci
o. Despus vendr una catequesis. Despus se podr extraer alguna consecuencia moral. Pe
ro el anuncio del amor salvfico de Dios es previo a la obligacin moral y religiosa
. Hoy parece a veces que prevalece el orden inverso. La homila es la piedra de to
que si se quiere medir la capacidad de encuentro de un pastor con su pueblo, por
que el que predica tiene que reconocer el corazn de su comunidad para buscar dnde
permanece vivo y ardiente el deseo de Dios. Por eso el mensaje evanglico no puede
quedar reducido a algunos aspectos que, aun siendo importantes, no manifiestan
ellos solos el corazn de la enseanza de Jess.

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