TEPP
TEPP
Carlos Madariaga
Mdico psiquiatra y terapeuta familiar.
Miembro del Comit Directivo de CINTRAS
y encargado de su rea clnica; Jefe del
Servicio de Psiquiatra del Hospital Dr. E.
Torres G. de Iquique; miembro del Directorio de la Sociedad Chilena de Salud
Mental; consejero del International
Rehabilitation Council for Torture Victims;
miembro de la Comisin tica Contra la
Tortura de Chile.
E-mail: carlos 21@[Link]
CINTRAS
Centro de Salud Mental y
Derechos Humanos
Editores:
Beatriz Brinkmann
Carlos Madariaga
Arte portada:
Paola Meschi
Diagramacin:
Ins Becerra
Impresin:
Impresos Lpez
Editada en junio de 2002
Publicada en Santiago de Chile
CINTRAS
Mara Luisa Santander 545
Providencia, Santiago de Chile
Fono: (56-2) 269 97 62
Fax: (56-2) 209 45 74
E-Mail: cintras_docu@[Link]
La publicacin de esta monografa ha
sido posible gracias al financiamiento
otorgado por la Comisin Europea.
CINTRAS
Centro de Salud Mental y Derechos Humanos
Serie Monografas
2002
armadas. Los afectados vivirn la impunidad durante todo este perodo como un
trauma constante que opera profundizando las perturbaciones psquicas generadas
por la violencia directa; se constituye en un nuevo y potente agente retraumatizador,
que acta a diario afectando a toda la sociedad chilena. En la perspectiva de las
explicaciones causales del trauma psicosocial, la impunidad adquiere, entonces, un
rol determinante. Por esta razn es que su persistencia durante el perodo
postdictatorial (fenmeno comn a todo el cono sur de Amrica Latina) no ha hecho
sino proyectar ms all de la dictadura uno de los instrumentos ms eficaces de
destruccin moral y psquica, no slo de las personas directamente afectadas sino
del conjunto de la sociedad. Con la impunidad, ahora en democracia, se perpeta en
el mundo social el modelo de causalidad poltico-social del trauma psicosocial de
los chilenos, fenmeno abiertamente violatorio de los derechos civiles y polticos,
razn por la cual arroja sobre la transicin una seria interrogante acerca del tipo de
sociedad que estamos construyendo.
De esta forma, a la hora de definir el o los eventos traumticos que dan cuenta del
dao psicosocial de nuestros consultantes, de analizar su temporalidad y espacialidad, sus conexiones con la historia personal y familiar, su relacin con la multifactica
y cambiante gama de perturbaciones psicoemocionales y sntomas psquicos; a la
hora de estudiar su impacto en el proyecto histrico-vital de los sujetos y en sus
condiciones concretas de vida; a la hora de analizar la experiencia traumtica desde
la dialctica sujeto individual-sujeto social, etc., ingresamos a un campo de fenmenos y procesos multiaxiales, fuertemente interrelacionados e intensamente dinmicos. Una correcta interpretacin de los mismos exige de una visin integrada desde
diversas disciplinas, de una relacin dialgica entre las ciencias sociales y las ciencias biomdicas.
CINTRAS, institucin que ha otorgado asistencia mdico-psicolgica a casi 3.000
personas afectadas en su salud mental por la dictadura militar, ha intentado elaborar
un enfoque terico frente a este tema, que se nutre tanto de su propia prctica
psicosocial como de la permanente discusin que realizamos con otros equipos afines, tanto nacionales como extranjeros. La discusin acerca del alcance del TEPT
como marco descriptivo del trauma producido por la tortura conduce al debate de
fondo planteado en esta introduccin, cual es la especificidad del dao, sus caractersticas esenciales y su historicidad. En el presente trabajo partiremos definiendo el
TEPT en la versin DSM-IV, haremos luego un recorrido histrico por el concepto
de trauma, posteriormente intentaremos un planteamiento crtico del TEPT y, finalmente, expondremos el enfoque con que CINTRAS trabaja en la actualidad.
S
T.E.P.T.
IV resuelve la tarea de observar la problemtica de salud del consultante sin excluir los factores de salud fsica y psicosociales.
El propio DSM-IV identifica a la tortura como uno de los eventos traumticos
que pueden causar un TEPT. Nuestra tarea consistir, entonces, en posicionar a un
sujeto torturado en el punto de mira del manual y verificar si el marco descriptor
del dao propuesto en los 4 ejes sealados logra dar cuenta de la esencia y peculiaridades del dao. Para la crtica del modelo nos posicionaremos, en primer trmino, en la lectura del proceso evolutivo hecho por el concepto de trauma a partir
de su fundador, pero con especial nfasis en los aportes surgidos desde la posguerra. En segundo trmino, nos posicionaremos en la prctica clnica y psicosocial
concreta realizada por el equipo CINTRAS, de forma que seremos hablantes a partir de una experiencia de trabajo que nos permite reconocer la eventual ocurrencia
del TEPT entre nuestros consultantes y el volumen real que ste ocupa en la
globalidad del trauma.
Fijaremos nuestra atencin en cuatro puntos del modelo que creemos pueden
ayudar a profundizar en la discusin. El primero de ellos se relaciona con el marco
temporal pretraumtico, especficamente, con la condicin socio histrica en la
que est inserto el sujeto y con la condicin pretraumtica del propio individuo.
El segundo punto de anlisis se sita en el sujeto mismo, en su historicidad, su
campo vincular y su relacin con el evento traumtico. El tercero aborda el evento
traumtico mismo, su cualidad, su especificidad, su relacin particular con la temporalidad. Finalmente, el punto cuarto aborda las manifestaciones concretas del
trauma en el sujeto.
e.t
S
T .E .P .T
?
8
lar, nica e irrepetible del sujeto, hecho que confiere unicidad a su condicin psquica postraumtica.
C onc epc i n
e con m ica
T R A U M A P SIQ U IC O
D e sc arg a
e m oc ion al
e.t.
S
P r oce sos
asocia tivos
T rau m as p arciales
C onc ep ci n
dinm ica
G ra n even to n ico
M ltip les even tos
m en ores
B arrera a n tiest m u lo
10
da sta como el continuum que va desde el nacimiento hasta el aqu y ahora del
sujeto traumatizado.
TRAUMA PSIQUICO
e.t.b.
e.t. e.t. e.t.
Prdidas
Duelos
Temporalidad
Trauma primigenio
Psicodinamismos
11
Relaci n
madre-hijo
e.
e.
e.
e.
S
Acumulaci n de experiencias
subtraumticas
Carcter relacional del
v nculo
Dependencia
Madre como yo auxiliar
Reforzamiento
interactivo
Sumatoria de
conflictos
Carcter silencioso
Desadaptaci n
progresiva del nio
Lo relacional
La temporalidad
12
rio de personas crea un clima psicosocial que llama situacin lmite y que se
caracteriza por la existencia de un escenario de extremo riesgo vital para todos los
individuos. De este espacio no es posible hacer abandono y en su interior casi no
existen posibilidades de respuestas defensivas o adaptativas. Alrededor de este
escenario, el autor desarrolla el tema de la vivencia del tiempo como otro plano en
el que se desenvuelve el sufrimiento humano; la temporalidad en el recinto carcelario aparece distorsionada severamente por las restricciones impuestas a las condiciones concretas de subsistencia, por la manipulacion de los horarios, las privaciones sensoriales, etc., de forma tal que la relacin del sujeto con el tiempo se
torna incierta y desestructurante.
En tales condiciones, la persistencia de la situacin lmite destruye todas las barreras psquicas y desemboca en lo que Bettelheim llama un estado de traumatizacin
extrema. Este estado ya no slo hace mencin a las particularidades psquicas del
trauma (las que describe -ms all de la desarticulacin del psiquismo- como un
deterioro psquico global) sino tambin a la pattica involucin fsica del individuo
-el musulmaner-, de manera tal que la muerte no necesariamente viene a ser la resultante del accionar de la cmara de gas sino el eplogo obligado de un organismo que
agoniza en su miseria fisiolgica. De esta forma, la muerte alcanza entre los sobrevivientes el estatus de fatalidad.
Bettelheim nos aporta desde su perspectiva del trauma dos nuevos elementos: la
particularizacin del evento traumtico en su referencia al contexto histrico y la
dimensin psicobiolgica del dao.
C o n texto
so cio -p ol tico
TR AU M ATIZACIO N E X TRE M A
e .t.
S
S itu aci n l m ite
R adicalm ente
espec fico
E xtrem o riesgo vital
T em p o ralid ad
incierta
Im po sibilidad
aband o no escenario
M nim a po sibilid ad
d e acci n d el su jeto
D eterio ro ps q uico
g lo bal
D eterio ro f sico
L a m uerte co m o
P a rticu la riza ci n
d el ev ento
tra u m tico:
referido a l con texto
h ist rico
D im en si n
p sico b iol g ica d el
d ao
13
14
experiencia traumtica siga operando una vez concluidos los eventos represivos
por muchos aos en la conciencia espontnea y en el inconsciente colectivo, es la
base de su transferencia a las nuevas generaciones. Los aportes tericos de Keilson,
a nuestro juicio, dicen relacin con la gran trascendencia que el autor otorga al anlisis de la causalidad socio-histrica del trauma y su contribucin a la caracterizacin del trauma psquico como un fenmeno procesual, reconocible en sus secuencias pero, a la vez, indeterminable en su finitud.
CONTEXTO
Primera
secuencia
traumtica
Situaci n
SOCIO
Segunda
secuencia
traumtica
Traumtica
El e.t.
El trauma
Estrs extremo
Riesgo de
cronicidad
Proyecci n a
nuevas
generaciones
La experiencia
traumtica
prosigue una vez
terminados los
eventos
POLITICO
Tercera
secuencia
traumtica
Extrema
La causalidad socio
hist rica
Su carcter procesual
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un nuevo marco de referencia sociopoltico y psicosocial. Su planteamiento conserva una visin procesual de la experiencia traumtica y reconoce tambin la
existencia de ciertas etapas en este proceso. El punto de mira respecto del evento
traumtico se sita, esta vez, en la estructura socioeconmica, la cual pasa a jugar
un papel de jerarqua relativa en la secuencia de causalidades del trauma psquico. Es la violencia estructural que emerge desde el seno de la formacin econmica propia de la sociedad salvadorea, la que constituye el punto de arranque de
una cadena de violencia social que expresa y da sentido, en ltima instancia, a la
guerra civil. Es esta condicin estructural la que genera, en un primer momento,
relaciones sociales perturbadas, que se expresan en conflictos polticos y sociales
agudos entre las clases y grupos sociales que se encuentran en una posicin antagnica. De estos conflictos surgen innumerables eventos traumticos. En un segundo momento, la agudizacin extrema del conflicto ya no puede canalizarse
bajo la forma de los mtodos pacficos y se abre camino a la confrontacin armada; la forma dominante de las relaciones sociales pasa ahora a ser relaciones de
guerra, etapa en la cual la violencia adquiere su expresin ms directamente
destructiva de la persona humana, en el sentido de su aniquilamiento fsico o psicolgico. Y en una ltima fase, tambin Martn-Bar otorga gran trascendencia a
las relaciones sociales posblicas, queriendo con ello destacar el hecho que el
trauma social sigue su curso en la fase de reflujo de la represin violenta.
Con la propuesta de Martn-Bar el evento traumtico es categorizado slidamente como un hecho socio histrico que reconoce en su gnesis un rol determinante de las relaciones sociales, especficamente aquellas que surgen desde la formacin econmico-social propia de la sociedad concreta en la que se produce el
drama social. Producto de ello es que el trauma es necesariamente un proceso en
el tiempo, que afecta globalmente a toda la sociedad, pero de manera diferenciada
de acuerdo a los grupos y clases sociales en pugna, de manera tal que es posible
advertir formas especficas del dao en correspondencia con esa pertenencia social. Esto ltimo da origen a una psicologa social diversificada y no uniforme
para todo el cuerpo social.
Con respecto al sujeto traumatizado, el autor lo identifica en la dialctica sujeto individual-sujeto social. No es posible reducir la relacin entre evento traumtico
y persona afectada a una figura didica en la que un individuo aislado sufre los
efectos de un hecho perturbador para su vida psquica, el cual tiene un significado
slo para s mismo. Reconociendo la singularidad de esta experiencia, en tanto
vivencia propia e irrepetible del sujeto individual, Martn-Bar la destaca ms
16
17
ESTRUCTURA
Relaciones sociales
perturbadas
e.t.
SOCIO
Relaciones sociales
de guerra
e.t.
e.t.
SUJETO INDIVIDUAL
ECONOMICA
Relaciones sociales
posblicas
e.t.
e.t.
e.t.
SUJETO SOCIAL
El trauma
El e.t.
Socio hist rico
Ubicado en las
relaciones sociales
Dialctica sujeto
individual-sujeto
social
Carcter procesal
Afecta globalmente a
la sociedad
Pero con diferencias
grupales y clasistas
Es causa y
consecuencia
La dialctica sujeto
individual-sujeto social
lo proyecta en el
tiempo
Origina diferentes
formas de psicolog a
social
Con sus propias
patolog as y
emergentes
psicosociales
18
el trauma psquico que este evento produce. En el fondo de la cuestin est el problema de si la tortura u otras formas de represin poltica producen o no un dao
particularmente especfico en las personas; si la psicopatologa o los trastornos desencadenados por ella en el psiquismo estn contenidos o no en los paradigmas
nosolgicos y nosogrficos ya diseados por la clnica. Agregamos que nos ayudara a dilucidar esta interrogante tanto la experiencia concreta de asistencia a las vctimas como un breve recorrido histrico por la evolucin del concepto de trauma,
desde los clsicos hasta autores contemporneos que han desarrollado su quehacer
en un contexto similar al nuestro, esto es, la realidad latinoamericana.
Postergaremos para el captulo final nuestra visin institucional, aunque nos adelantaremos a sealar que no nos parece que el TEPT sea capaz de reflejar toda la
complejidad y magnitud de los procesos, tanto individuales como sociales
involucrados en las repercusiones humanas de la tortura. A la luz de lo aprendido en
nuestra propia prctica de asistencia clnica a las vctimas de la dictadura pinochetista
en Chile, hemos tenido la necesidad de examinar rigurosamente el real alcance de
este trastorno como intento de expresin de la psicopatologa del trauma de la tortura. Por otra parte, las diversas lecturas del trauma psquico que hemos revisado
someramente en este trabajo nos proveen de suficiente material terico como para
apoyar nuestra propuesta.
4.1. Respecto de la temporalidad pretraumtica
El DSM-IV no establece indicaciones especficas respecto de la historia previa,
tanto de la propia historia del sujeto como de aquella otra, de carcter general, en
la que adquiere sentido la anterior. Tal parece que este aspecto es indiferente para
la comprensin de los procesos que desencadenar en diferentes niveles el evento
traumtico. Por un lado, el desconocimiento de la condicin pretraumtica del sujeto posiciona en un plano secundario (o definitivamente desestima) cuestiones
bsicas para la comprensin de ciertos procesos psquicos que se gatillarn con la
experiencia traumtica. La configuracin final del psiquismo traumatizado a nivel
del sujeto individual -tanto en la forma como en el contenido, en la apariencia
como en la esencia- tendr que ver directamente con la estructura premrbida de
la personalidad, la biografa personal, la posicin social y de clase, el nivel de
desarrollo alcanzado por su conciencia, el proyecto histrico-vital, etc. Este conjunto de condiciones estar indudablemente en la base explicativa y comprensiva
de la singularidad total y absoluta con la que se expresar la respuesta del psiquismo
a la experiencia de tortura.
19
Por otro lado, la nula referencia a la condicin socio histrica global en la que
se inscribe el sujeto antes de ser afectado por el evento traumtico impide conocer
las condicionantes ms generales que estn interviniendo desde el contexto social
en la configuracin del mundo de este individuo y en la creacin de aquellos conflictos sociales que generarn los hechos traumticos futuros. La ausencia de preocupacin por la caracterizacin de este escenario histrico lleva inevitablemente a una sobre simplificacin de la situacin traumtica; ello permite imaginar, por
ejemplo, un acto de tortura como emergiendo en el campo vivencial del sujeto
cual hecho aislado que se presenta sorpresivamente, sin conexin alguna con los
procesos sociales que le dan coherencia y racionalidad. Desde tal perspectiva resulta entendible que la tortura sea puesta en un mismo plano causal que un terremoto o un accidente de trnsito.
4.2. Respecto del sujeto
El TEPT identifica un sujeto ahistrico. El torturado aparece inserto en la experiencia represiva como una persona descontextualizada de todos sus campos
relacionales. En primer trmino, queda indefinido respecto de las relaciones sociales que caracterizan la formacin social a la que pertenece. El desconocimiento de
la posicin que ocupa en la estratificacin de clases de la sociedad nos impide, ya lo
sealaba Martn-Bar, identificar el campo de necesidades, intereses y motivaciones que lo condicionan socialmente y que dan cuenta, en buena medida, de sus aspiraciones, frustraciones, estilos de relacin y cosmovisiones. Igualmente, dificulta la
comprensin del rol que este sujeto est jugando en el conflicto social.
Del mismo modo, no aparece una preocupacin especfica por los vnculos
relacionales con las redes sociales secundarias (organizaciones comunitarias, sindicales, religiosas, culturales, poltico-ideolgicas, etc.) con las cuales esta persona
ha organizado su vida social. Aqu se materializa y se activa parte importante del
proyecto de vida del individuo; en estos espacios es donde se pone en juego una
determinada prctica social del sujeto y su posicionamiento frente al conflicto poltico. En el caso de la persona torturada, bien puede ser que se trate de un activo
luchador social que, dado su compromiso consciente con la causa poltica, tiene
integrado a su psiquismo la posibilidad de la tortura; pero tambin puede tratarse de
un ciudadano apoltico que es torturado con el fin de obtener informacin de inteligencia respecto de un vecino suyo. No cabe duda que en ambos casos, la experiencia de tortura adquirir ribetes traumticos claramente diferentes. De igual forma, la
respuesta de ambos frente al hecho ser muy distinta.
20
Finalmente, el TEPT, a consecuencia de las falencias sealadas, no est en condiciones de hacer un reconocimiento de los procesos dialcticos que se producen entre el sujeto y el evento traumtico. Participamos de la conviccin que sujeto y evento se condicionan mutuamente, de forma tal que la tortura acta sobre la persona
humana generando cambios internos que se transforman en nuevas conductas sociales de esta persona, conductas que van a potenciar o interferir el curso posterior
del evento traumtico. Como se trata de una intervencin planificada desde el Estado con el fin de perpetuar una determinada forma de control poltico, el sujeto identificado desde el poder para su destruccin no podra ser solamente un sujeto individual, la eficacia de la accin represiva estriba en la capacidad de involucrar al sujeto
social. Quien reacciona generando nuevas conductas sociales, entonces, no es ya
una persona especfica sino diversos subsistemas sociales, desde grupos humanos
no bien diferenciados hasta colectivos organizados y con objetivos transformadores definidos. La tortura, expresin clara de la violencia poltica ejercida por el aparato represivo del Estado, no nos permite visualizar a la vctima fuera del marco de
la dialctica sujeto individualsujeto social.
4.3 Respecto del evento traumtico
El TEPT propone como evento traumtico un acontecimiento inespecfico, para
lo cual abstrae su cualidad. El nico requisito que valida es la cuantificacin de la
descarga energtica, es decir, el evento debe ser capaz de producir una intensa reaccin psicoemocional. Como ya se ha dicho, el manual no establece diferencia alguna si se trata de una violacin de carcter delictual, un fenmeno natural o el acto
criminal planificado y concretado por agentes del Estado contra una persona que
discrepa polticamente. La diferencia ms radical entre el trauma producido por violaciones al derecho a la integridad fsica, psquica y moral, y todos los dems es,
precisamente, que es producido y accionado voluntariamente por fuerzas organizadas que aplican sobre la sociedad en su conjunto una tcnica de conculcacin de la
voluntad, cientficamente respaldada. El punto crtico est en el hecho que la
psicopatologa que deriva de este acto tiene su punto de arranque en la racionalidad
del poder; est preconcebida en ciertas estructuras del Estado, se aplica
discrecionalmente segn las necesidades polticas, se eligen las vctimas directas e
indirectas, se manipula su intensidad y duracin, etc. El evento traumtico es altamente calificado en su especificidad.
Al igual que con la ahistoricidad del sujeto, el TEPT privilegia tambin la
descontextualizacin del evento traumtico haciendo irrelevantes las diferencias
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entre los hechos polticos y los que no lo son. La tortura pierde as todo sentido que
la liga con el campo ms global de las relaciones sociales existentes en un momento
concreto. El acto por medio del cual el o los torturadores doblegan los mecanismos
de adaptacin psquica al sufrimiento y al dolor moral, est lleno de significaciones
que dan cuenta de las graves repercusiones que produce en el largo plazo y en los
ms variados planos de la vida del individuo. Estas significaciones vinculan siempre al sujeto afectado con las contradicciones sociales y lo transforman en una versin singularizada y nica de un acontecer que se sita por encima de esa singularidad, aplastndolo de manera inapelable. En tales condiciones, el conflicto intra psquico resultante no es ms que un subproducto del conflicto poltico global. Toda la
riqueza explicativa que subyace a la experiencia de la tortura se pierde con la negacin que el TEPT hace de su historicidad.
Por ltimo, el manual separa mecnicamente entre un antes y un despus del
evento traumtico. Postula la idea de un evento nico que desencadena determinados procesos psquicos una vez producido. Como qued demostrado por los diversos autores estudiados, rara vez se trata de un limpio y singular evento traumtico;
se ha hablado de secuencias traumticas, de traumas acumulativos, de trauma cclico o recurrente, de retraumatizacin, etc. La experiencia de la impunidad en el cono
sur de Amrica Latina nos desafa con la permanente carga estresante que implica
para las vctimas y sus familiares la ausencia de verdad y justicia para los crmenes
de las dictaduras; sta es una especie de trauma continuo que se proyecta indefinidamente en el tiempo profundizando el deterioro psquico de estas personas. Los
criterios de K. Jaspers para definir los componentes cronolgicos, motivacionales y
comprensivos de una reaccin vivencial dada (implcitos en la perspectiva reactiva
del trauma propuesta por el manual de la A.P.A.) se debilitan notablemente cuando
se estudia la persona torturada.
4.4 Respecto del trastorno propiamente tal
Finalmente, la cuestin del resultado del trauma en el psiquismo se torna compleja desde su misma denominacin. Se trata de sntomas aislados?, de un trastorno, como sugiere el DSM IV, o de un sndrome?, o, a lo mejor, de procesos y
dinamismos psquicos peculiares no adscritos a la psicopatologa?, no ser que el
TEPT nos atrapa en una dimensin unilateral del dao, aquella que registra slo
aspectos parciales de ste, restringidos al campo del psiquismo individual?
No se puede negar la complejidad que tiene este problema, toda vez que de
nuevo est interpelada la visin epistemolgica y tambin la perspectiva poltico-
22
23
e.t.
S
Desconoce la condici n sociohist rica pretraumtica
Desconoce la condici n
pretraumtica del sujeto:
Personalidad
Biograf a
Proyecto vital
Posici n social
Nivel de conciencia
T.E.P.T
24
25
rescata la dialctica individuosociedad en trminos que el sujeto nunca es absolutamente neutro frente al devenir histrico. La neutralidad poltica e ideolgica que profesaron muchos miles de personas durante la dictadura militar de Pinochet como mecanismo auto protector y contenedor de sus miedos, lejos de haber sido un componente anodino del proceso poltico, tuvo una activa incidencia en el retraso con el que se
obtuvo el retorno a la democracia y fue un factor de refuerzo del terrorismo de Estado.
El trauma que nos ocupa surge, entonces, desde condiciones objetivas preexistentes
en la base estructural de la sociedad, en su modelo socioeconmico, ms
especficamente en su modo de produccin. Las relaciones sociales que all se establecen son el meollo del conflicto, particularmente aquellas relaciones que ms directamente reflejan el carcter de este modelo, las relaciones de propiedad. En ltima
instancia, el conflicto est enmarcado en la confrontacin de intereses antagnicos
alrededor de la propiedad de los medios de produccin. La dictadura militar en Chile
tuvo sentido slo por la necesidad de ciertos grupos sociales de frenar un proceso de
transformacin social y econmica que pretenda cambios en el modo de produccin
social, y por su intencin de instaurar una nueva fase de desarrollo del capitalismo.
El conflicto de clases, sin embargo, se expresa en los sujetos concretos, en personas singulares. En cada persona se manifiesta en una sntesis dialctica la problemtica global del sistema, los conflictos del estamento social al que pertenece, y la
problemtica individual del sujeto. El trauma producido por la tortura, por tanto,
contiene todos estos niveles. En nuestro pas la represin poltica se implement
con una obvia perspectiva clasista, fuertemente ideolgica: se trataba de neutralizar
a aquellos sujetos que mejor representaban los intereses sociales antagnicos al modelo en curso. El gobierno de Salvador Allende tena una slida raigambre en los
sectores de trabajadores; su programa poltico contemplaba la reduccin drstica
del rea privada en favor de un rea social y otra mixta de la economa; el sustrato
poltico del gobierno estaba en la organizacin social y poltica del pueblo. Este
sector de la poblacin fue el objetivo estratgico del terrorismo de Estado, de aqu
sali la inmensa mayora de las vctimas, independientemente del hecho que en la
guerra sucia contra este enemigo interno fueron daados muchos miles de chilenos que estaban fuera del escenario crtico de confrontacin. En el trauma del sujeto
singular se refleja tanto el carcter social del conflicto (el proceso histrico) como
las particularidades especficas de su psiquismo (sus conflictos intra psquicos y
relacionales). La resultante en el dao psquico es una sntesis entre aquello que lo
determina desde lo ms general en el nivel macro sistmico (el conflicto social y la
posicin que ocupa en l) y sus caractersticas personales.
26
El carcter social del conflicto transforma a los protagonistas en sujetos sociales; hay una inevitable pertenencia a uno u otro estamento en pugna, el campo
represor y el campo reprimido. El psiquismo individual expresa en una versin
personalizada a este sujeto social. Visto en tanto sujeto individual, la experiencia
traumtica ser una manifestacin nica y diferente a cualquier otra, puesto que
no hay dos personas en el mundo que compartan exactamente la misma historia
individual. En esta persona concreta, sin embargo, ser posible esbozar aquellos
componentes ms generales del trauma, comunes a otros sujetos que han compartido aproximadamente los mismos hechos histricos; podrn advertirse ciertos
procesos supraindividuales susceptibles de reconocerlos en diferentes sujetos como
una constante psicosocial del trauma. Estas constantes estarn en cada caso
mediatizadas por las peculiaridades del psiquismo personal, lo que hace de toda
experiencia personal de tortura y represin poltica un hecho absolutamente nico. Es esta condicin tan propia de la dialctica de lo individual y lo social lo que
nos explica el que en nuestra prctica clnica no nos hallamos encontrado con
nada parecido a un sndrome de la tortura y que el TEPT haya sido pesquisado en
slo un pequeo porcentaje de personas torturadas.
Sin embargo, el hecho que este ltimo efectivamente fue observado en nuestra
prctica clnica, independientemente de su escasa proporcin, da fundamento a la
necesidad de reconocerlo como una forma vlida de representacin clnica del dao;
aunque muy probablemente este grupo de sntomas no dar cuenta de la totalidad
del trauma, s se requerir abordarlo teraputicamente para producir alivio sintomtico. El problema del TEPT en la persona torturada no es el reconocimiento o no de
su existencia sino la precisin de su alcance real en la totalidad del trauma.
Experiencia traumtica
Cronicidad
del dao
biopsicosocial
Como trauma
individual
Como trauma
psicosocial
Sujeto
individual
Sujeto
social
Trauma psicosocial
diferenciado por
grupos sociales
Contexto social
27
28
puesto la utilizacin de modelos tericos especficos para cada uno de estos niveles,
siendo nuestro enfoque interpretativo fundamental el histrico-social. En el campo
de la psiquiatra, la psicologa, la psiquiatra social y la psicologa social nos apoyamos en la riqueza del modelo de medicina social, en la sociologa mdica y en una
visin crtica y problematizadora de las ciencias biomdicas y de la conducta. El
modelo propone la integracin tanto de los niveles como de los enfoques, de forma
tal que las premisas tanto explicativas como de intervencin psicosocial queden, en
lo posible, cubiertas del riesgo de reduccionismos.
NIVELES
PROCESOS
ESTRUCTURALES
NIVELES
PROCESOS
GENERALES
ENFOQUE
HISTORICO-SOCIAL
CIENCIAS POLITICAS
Y ECONOMICAS
ENFOQUE
HISTORICO-SOCIAL
CIENCIAS SOCIALES
NIVELES
PROCESOS
PARTICULARES
ENFOQUE
MEDICINA SOCIAL
PSIQUIATRIA SOCIALY
PSICOLOGIA SOCIAL
NIVELES
PROCESOS
INDIVIDUALES
CIENCIAS BIOMEDICAS
PSIQUIATRIA CLINICA
PSICOLOGIA CLINICA
PERIODO POSTDICTADURA
1990-2000
Golpe de Estado
Dictadura militar
Terrorismo de Estado
Violaciones sistemticas [Link].
Impunidad
Salud pblica:
Cambios proceso salud enfermedad
Asociados a cambios
estructurales y el trauma
psicosocial
Salud mental:
Trauma psicosocial
Patrones adaptativos
Emergentes psicosociales
29
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a la represin poltica. En: Serie Monografas N 3. Santiago: Ediciones CINTRAS.
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SERIE MONOGRAFAS
N 1. Caso Mauricio Arenas Bejas un modelo de
manipulacin psicolgica?
Carlos Madariaga, Juan Pavn
N 2. La tortura en los casos arsenales y
atentado. Algunos aspectos psicolgicos,
psicosociales e histricos.
Carlos Madariaga
N 3. Lo igual y lo distinto en los problemas
psicopatolgicos ligados a la represin poltica.
Mario Vidal
N 4. Aspectos psicosociales de la represin
durante la dictadura.
Mara Teresa Almarza
N 5. Detenidos desaparecidos en una comunidad
rural: dao psicolgico y psicosocial.
Carlos Madariaga
N 6. Dao psicolgico y represin poltica; un
modelo de atencin integral.
Mario Vidal
N 7. Talleres de terapia ocupacional: una
experiencia con vctimas de la represin poltica.
Alejandro Guajardo
N 8. Exilio-retorno: aspectos psicosociales.
Yolanda, Muoz ... [et al.]
N 9. Terrorismo, poltica y sociedad.
Carlos Madariaga
N 10. Tercero ausente y familias con detenidos
desaparecidos.
Daniel Daz, Carlos Madariaga
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