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TEPP

El documento discute el alcance del trastorno de estrés postraumático (TEPT) como marco descriptivo del daño psicológico causado por la tortura. Señala que la experiencia en Chile muestra que la tortura produce efectos multiaxiales e interrelacionados que requieren un enfoque integrado desde diversas disciplinas. También destaca que la impunidad ha operado como un agente retraumatizador constante. Finalmente, presenta el enfoque con que CINTRAS aborda este tema, basado en su práctica cl
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El documento discute el alcance del trastorno de estrés postraumático (TEPT) como marco descriptivo del daño psicológico causado por la tortura. Señala que la experiencia en Chile muestra que la tortura produce efectos multiaxiales e interrelacionados que requieren un enfoque integrado desde diversas disciplinas. También destaca que la impunidad ha operado como un agente retraumatizador constante. Finalmente, presenta el enfoque con que CINTRAS aborda este tema, basado en su práctica cl
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Trauma Psicosocial, Trastorno de

Estrs Postraumtico y Tortura


Carlos Madariaga

Carlos Madariaga
Mdico psiquiatra y terapeuta familiar.
Miembro del Comit Directivo de CINTRAS
y encargado de su rea clnica; Jefe del
Servicio de Psiquiatra del Hospital Dr. E.
Torres G. de Iquique; miembro del Directorio de la Sociedad Chilena de Salud
Mental; consejero del International
Rehabilitation Council for Torture Victims;
miembro de la Comisin tica Contra la
Tortura de Chile.
E-mail: carlos 21@[Link]

CINTRAS
Centro de Salud Mental y
Derechos Humanos
Editores:
Beatriz Brinkmann
Carlos Madariaga
Arte portada:
Paola Meschi
Diagramacin:
Ins Becerra
Impresin:
Impresos Lpez
Editada en junio de 2002
Publicada en Santiago de Chile
CINTRAS
Mara Luisa Santander 545
Providencia, Santiago de Chile
Fono: (56-2) 269 97 62
Fax: (56-2) 209 45 74
E-Mail: cintras_docu@[Link]
La publicacin de esta monografa ha
sido posible gracias al financiamiento
otorgado por la Comisin Europea.

TRAUMA PSICOSOCIAL, TRASTORNO DE ESTRES


POSTRAUMATICO Y TORTURA
Carlos Madariaga

CINTRAS
Centro de Salud Mental y Derechos Humanos

Serie Monografas
2002

TRAUMA PSICOSOCIAL, TRASTORNO DE ESTRES


POSTRAUMATICO Y TORTURA

1. Introduccin: tortura y nosografa psiquitrica, problematizacin


Al interior de los equipos que trabajan en la asistencia mdico-psicolgica de las
personas afectadas por secuelas psquicas de la tortura en nuestro pas, en los ltimos aos ha sido una preocupacin constante la discusin en torno a ciertas categoras que surgen desde la nosografa psiquitrica -como la del trastorno de estrs
postraumtico (TEPT)- que han sido propuestas como modelo descriptivo o
interpretativo del conjunto de efectos que este acto de violencia produce en el funcionamiento psquico. El TEPT es, tal vez, la entidad nosogrfica que con ms frecuencia es postulada para cumplir esta funcin diagnstica, con la pretensin de
obtener con este marco conceptual un modelo que, fuera de operacionalizar este
aspecto de la prctica psiquitrica en el campo de la salud mental y los derechos
humanos, cumpla una funcin sistematizadora, abarcativa y generalizadora de las
perturbaciones que la tortura y otras formas de violaciones al derecho a la integridad fsica, psquica y moral producen en el psiquismo de los individuos. Se abre as
una interesante discusin acerca de la probable existencia, en la persona torturada,
de un conjunto de sntomas, procesos psquicos, perturbaciones mentales o como se
les quiera llamar, reconocible en la prctica mdica a la manera de un trastorno o
sndrome, adecuado para el ejercicio de la tarea diagnstica.
La experiencia chilena, desde el golpe militar de 1973 a la fecha, ha acumulado
un quehacer, por casi un cuarto de siglo, de profesionales independientes y equipos
de salud mental que han estado dando asistencia mdico-psicolgica a personas
torturadas e investigando constantemente sus efectos traumticos. Este ejercicio prctico-terico ha producido un cierto saber que nos parece puede aportar al debate
propuesto en este trabajo. Este saber est conformado por diversas -y muchas veces
contrapuestas- miradas, discursos, mtodos de trabajo, epistemologas, visiones poltico-ideolgicas, tcnicas de intervencin psicosocial, etc. Precisamente esta diversidad de planteamientos ha enriquecido una discusin que interpela, en su esencia, cuestiones tericas y de mtodo en relacin con la tortura como objeto particular de estudio de la psiquiatra, la psicologa, la psiquiatra social y la psicologa
social. Complejidad que surge del hecho que nos aproximamos al pathos tortura fenmeno esencialmente sociopoltico- desde los campos de las ciencias biomdicas,

psicolgicas y sociales, con la permanente preocupacin de evitar reduccionismos


en cualquier sentido. En un extremo, hegemonizado por los discursos propios del
modelo mdico, el reduccionismo ms temible es el que medicaliza la tortura, transformndola en una constelacin sintomtica del dominio exclusivo de la psiquiatra. En el otro extremo, aquel reduccionismo que surge desde ciertas prcticas polticas que sobreideologizan la experiencia personal y social de la tortura al punto de
subestimar o desconocer la especificidad y singularidad de los procesos mdicos,
psicolgicos y psicosociales que gatilla.
El asunto es cmo entendemos la prctica en el campo de la salud mental cuando
la experiencia humana en la que operamos desde nuestras diversas especialidades
personas y grupos de personas torturadas- corresponde a la representacin en el
drama social (tanto a nivel del sujeto individual como colectivo) de los conflictos
sociopolticos, los intereses clasistas, la voracidad del poder econmico, etc. Estamos connotando una inequvoca causalidad poltica tras el trauma psicosocial del
que pretendemos hacernos cargo. En Chile, el plan de exterminio del enemigo interno puesto en marcha por Pinochet fue causa directa del trauma psicosocial, enfermedades psiquitricas, disfunciones familiares, la prdida del puesto de trabajo y
el deterioro de la condicin de vida de miles de personas. El hecho poltico (la violencia poltica de Estado) adquiere aqu una dimensin primaria y determinante frente
a los desrdenes psquicos que genera en los grupos humanos destinatarios de dichos hechos polticos. Es esta relacin de causalidad entre el terrorismo de Estado y
el dao psquico, entre la represin poltica y los procesos traumticos a nivel del
psiquismo individual y colectivo, entre las polticas gubernamentales y la salud mental
de la ciudadana, lo que otorga a estos trastornos psiquitricos y psicolgicos una
singularidad especfica que no tiene ningn otro campo de la psiquiatra y la salud
mental. En este caso, el dao en el psiquismo humano no es otra cosa que la materializacin de una voluntad consciente y planificada del aparato del Estado en orden a
producir la destruccin de la persona humana, al amparo de una ideologa internacional de dominacin (doctrina de seguridad nacional, doctrina de los conflictos
regionales de baja intensidad, etc).
Por otro lado, el mismo 11 de septiembre de 1973 se instala la impunidad en
nuestro pas y se constituye en otro pathos que se ir nutriendo da a da durante los
17 aos de dictadura, con las sistemticas violaciones al derecho a la vida. La llamada Ley de Amnista dictada por Pinochet y la obsecuencia de los tribunales de justicia darn forma a un estilo permanente de convivencia ciudadana en un contexto de
casi absoluta falta de verdad y justicia para los crmenes cometidos por las fuerzas

armadas. Los afectados vivirn la impunidad durante todo este perodo como un
trauma constante que opera profundizando las perturbaciones psquicas generadas
por la violencia directa; se constituye en un nuevo y potente agente retraumatizador,
que acta a diario afectando a toda la sociedad chilena. En la perspectiva de las
explicaciones causales del trauma psicosocial, la impunidad adquiere, entonces, un
rol determinante. Por esta razn es que su persistencia durante el perodo
postdictatorial (fenmeno comn a todo el cono sur de Amrica Latina) no ha hecho
sino proyectar ms all de la dictadura uno de los instrumentos ms eficaces de
destruccin moral y psquica, no slo de las personas directamente afectadas sino
del conjunto de la sociedad. Con la impunidad, ahora en democracia, se perpeta en
el mundo social el modelo de causalidad poltico-social del trauma psicosocial de
los chilenos, fenmeno abiertamente violatorio de los derechos civiles y polticos,
razn por la cual arroja sobre la transicin una seria interrogante acerca del tipo de
sociedad que estamos construyendo.
De esta forma, a la hora de definir el o los eventos traumticos que dan cuenta del
dao psicosocial de nuestros consultantes, de analizar su temporalidad y espacialidad, sus conexiones con la historia personal y familiar, su relacin con la multifactica
y cambiante gama de perturbaciones psicoemocionales y sntomas psquicos; a la
hora de estudiar su impacto en el proyecto histrico-vital de los sujetos y en sus
condiciones concretas de vida; a la hora de analizar la experiencia traumtica desde
la dialctica sujeto individual-sujeto social, etc., ingresamos a un campo de fenmenos y procesos multiaxiales, fuertemente interrelacionados e intensamente dinmicos. Una correcta interpretacin de los mismos exige de una visin integrada desde
diversas disciplinas, de una relacin dialgica entre las ciencias sociales y las ciencias biomdicas.
CINTRAS, institucin que ha otorgado asistencia mdico-psicolgica a casi 3.000
personas afectadas en su salud mental por la dictadura militar, ha intentado elaborar
un enfoque terico frente a este tema, que se nutre tanto de su propia prctica
psicosocial como de la permanente discusin que realizamos con otros equipos afines, tanto nacionales como extranjeros. La discusin acerca del alcance del TEPT
como marco descriptivo del trauma producido por la tortura conduce al debate de
fondo planteado en esta introduccin, cual es la especificidad del dao, sus caractersticas esenciales y su historicidad. En el presente trabajo partiremos definiendo el
TEPT en la versin DSM-IV, haremos luego un recorrido histrico por el concepto
de trauma, posteriormente intentaremos un planteamiento crtico del TEPT y, finalmente, expondremos el enfoque con que CINTRAS trabaja en la actualidad.

2. El trastorno de estrs postraumtico, versin DSM-IV


En la grfica hemos sintetizado la ttrada sintomtica que caracteriza al TEPT,
intentando mostrar el evento traumtico (e.t.) y la perturbacin psquica del sujeto
(S) en una dimensin temporal. Sobre esta misma grfica iremos montando, en lo
sucesivo, algunos modelos del trauma propuesto por diversos autores a partir del
propio Freud. Simplificacin riesgosa, pero que estimamos puede ilustrar mejor los
contrastes que deseamos destacar.

Acontecimiento traumtico vivido como amenaza


vital que genera una intensa respuesta angustiosa
Reexperimentaci n del acontecimiento traumtico
Evitaci n de est mulos asociados al trauma
S ntomas de aumento de activaci n (arousal)
e.t

S
T.E.P.T.

Trasciende al concepto de TEPT la perspectiva neopositivista elegida por la


Asociacin Psiquitrica Americana (A.P.A.) para la elaboracin de su sistema clasificatorio de enfermedades mentales, DSM, enfoque que busca consensos en los
discursos psiquitricos mediante el expediente de soslayar posicionamientos de
escuela y marcos tericos referenciales. De acuerdo a este punto de vista, el diagnstico del trastorno exige de la preexistencia de un evento traumtico que sea
capaz de generar en el sujeto una intensa respuesta angustiosa y que haya sido
vivenciado por l como amenaza vital. En una clara relacin causal, este evento
debe ser capaz de producir a continuacin y por un perodo de tiempo mnimo
definido, una determinada constelacin sintomtica. La clasificacin del sujeto en
el eje II permite identificar trastornos en la estructura de personalidad; el eje III
pesquisa eventuales enfermedades mdicas acompaantes; el eje IV, finalmente,
seala la concomitancia de problemas psicosociales y ambientales. Los ejes establecen hechos empricos y no necesariamente relaciones. De esta forma, el DSM-

IV resuelve la tarea de observar la problemtica de salud del consultante sin excluir los factores de salud fsica y psicosociales.
El propio DSM-IV identifica a la tortura como uno de los eventos traumticos
que pueden causar un TEPT. Nuestra tarea consistir, entonces, en posicionar a un
sujeto torturado en el punto de mira del manual y verificar si el marco descriptor
del dao propuesto en los 4 ejes sealados logra dar cuenta de la esencia y peculiaridades del dao. Para la crtica del modelo nos posicionaremos, en primer trmino, en la lectura del proceso evolutivo hecho por el concepto de trauma a partir
de su fundador, pero con especial nfasis en los aportes surgidos desde la posguerra. En segundo trmino, nos posicionaremos en la prctica clnica y psicosocial
concreta realizada por el equipo CINTRAS, de forma que seremos hablantes a partir de una experiencia de trabajo que nos permite reconocer la eventual ocurrencia
del TEPT entre nuestros consultantes y el volumen real que ste ocupa en la
globalidad del trauma.
Fijaremos nuestra atencin en cuatro puntos del modelo que creemos pueden
ayudar a profundizar en la discusin. El primero de ellos se relaciona con el marco
temporal pretraumtico, especficamente, con la condicin socio histrica en la
que est inserto el sujeto y con la condicin pretraumtica del propio individuo.
El segundo punto de anlisis se sita en el sujeto mismo, en su historicidad, su
campo vincular y su relacin con el evento traumtico. El tercero aborda el evento
traumtico mismo, su cualidad, su especificidad, su relacin particular con la temporalidad. Finalmente, el punto cuarto aborda las manifestaciones concretas del
trauma en el sujeto.

e.t

S
T .E .P .T

?
8

3. Trauma: de Freud a Martn-Bar


3.1 Freud y el trauma psquico
En su primera aproximacin al concepto, Freud establece que el trauma psquico
es la consecuencia de un gran evento traumtico o de una secuencia temporal de
traumas parciales de menor envergadura que han operado sobre el psiquismo del
sujeto sobrepasando su barrera protectora. Por un lado, la atencin est puesta en
una cierta condicin de sobrecarga energtica impuesta, ya sea en forma inmediata o
acumulativa, por ciertas experiencias negativas vividas por el sujeto, de forma que
el hecho traumatizante interfiere abrupta o progresivamente sus procesos psquicos.
Por otro lado, el mecanismo por el cual el o los eventos desestabilizantes derivan
propiamente en un trauma sera la alteracin del llamado principio de constancia
que a nivel intrapsquico equilibrara esta carga energtica para permitir el normal
funcionamiento de los procesos mentales. Segn esta concepcin, la internalizacin
de las energas provenientes de la relacin del individuo con el exterior estara regulada por una suerte de barrera protectora con el fin de balancear el flujo energtico.
Esta barrera estara conformada por descargas emocionales peridicas. Esta explicacin apunta hacia una concepcin econmica del psiquismo, fiel reflejo de la fuerte
influencia de la fsica de la poca en la teora de Freud. El fundador del psicoanlisis
contina desarrollando su teora y en un momento posterior considera que la barrera
protectora utilizara el recurso de los procesos asociativos a los que el individuo
puede echar mano a la hora de internalizar los eventos potencialmente traumticos,
enfoque explicativo que configura ya una concepcin dinmica del psiquismo, propia de los fundamentos ms maduros y definitivos de la teora freudiana. El trauma
se establece como acontecimiento psquico slo cuando la barrera protectora ha sido
superada por la intensidad energtica del evento y se ha roto el principio de constancia; recin bajo estas condiciones internas del psiquismo emergen las manifestaciones propias del trauma.
Dos grandes mritos tiene esta teora, el primero de ellos es una genialidad: por
primera vez en la historia de la naciente ciencia psicolgica moderna se plantea el
tema de la causalidad psquica de los procesos mentales. Superando concepciones
vitalistas y organicistas dominantes en ese perodo, Freud releva los procesos psquicos a la categora de escenario primario del acontecer de la mente humana. El
segundo mrito es el de sealar que los mecanismos internos con los cuales el sujeto
procesa los eventos traumticos hacen de la actividad intrapsquica una condicionante
del trauma; es decir, en la configuracin final de este ltimo est la impronta particu-

lar, nica e irrepetible del sujeto, hecho que confiere unicidad a su condicin psquica postraumtica.

C onc epc i n
e con m ica

T R A U M A P SIQ U IC O

D e sc arg a
e m oc ion al

e.t.

S
P r oce sos
asocia tivos

T rau m as p arciales

C onc ep ci n
dinm ica
G ra n even to n ico
M ltip les even tos
m en ores
B arrera a n tiest m u lo

In ten sa a ctivid a d in trap s q u ica


B arrera p rotectora
P rin cip io d e con sta n cia
S u rea lid ad in tra p s q u ica
con d icion a la irru p ci n d el
trau m a

L a cau salidad ps qu ica


L a actividad
in traps qu ica com o
con dicion an te

Mucho ms adelante, en 1926 (en su trabajo Inhibicin, Sntoma y Angustia),


Freud profundiza en el evento traumtico agregando nuevas y definitorias interpretaciones del funcionamiento psquico. Esta vez se sita en las edades tempranas del
sujeto identificando en las fases primigenias de su existencia el impacto de experiencias asociadas a ciertas prdidas y duelos producidos a consecuencia de quiebres y disoluciones vinculares del nio con las figuras emocionalmente significativas, lo que genera tempranamente ciertos patrones resolutivos del duelo. Estos mecanismos de elaboracin de las prdidas pasarn a constituir, a partir de ese momento, un modelo distintivo de aproximacin a los nuevos eventos traumticos que se
producirn en la vida futura del sujeto. El trauma psquico nos develar, por tanto,
de manera indirecta aspectos relativos a los traumas bsicos de este individuo y
tambin nos mostrar los dinamismos psquicos que estn en la base de sus procesos elaborativos y estilos defensivos. Esta nueva perspectiva de Freud resalta, adems, el inmenso valor de la temporalidad en la gnesis del trauma psquico, entendi-

10

da sta como el continuum que va desde el nacimiento hasta el aqu y ahora del
sujeto traumatizado.

TRAUMA PSIQUICO

e.t.b.
e.t. e.t. e.t.

Prdidas
Duelos

Temporalidad
Trauma primigenio
Psicodinamismos

3.2 Masud Khan y el trauma acumulativo


Khan profundiza en los estadios iniciales de la vida del sujeto analizando la
relacin madre-hijo. En su concepcin, esta dada concentra la mayor cantidad de
eventos emocionalmente significativos para el nio, algunos de los cuales constituiran experiencias subtraumticas. La madre opera como un yo auxiliar de un
individuo que establece con ella un vnculo de dependencia para la satisfaccin
de sus necesidades bsicas, sean stas de carcter fisiolgico o psicoemocionales.
En la maduracin del vnculo madre-hijo se configura una ligazn interdependiente que se nutre internamente mediante un reforzamiento interactivo entre ambos. En estas condiciones de intenso intercambio emocional, resulta esperable que
se acumulen en el tiempo estas experiencias subtraumticas en forma de una silenciosa superposicin de conflictos vinculares no resueltos que sobrepasan los
mecanismos adaptativos del nio y terminan derivando, en algn momento del
ciclo vital, en el trauma psquico.
El planteamiento de Khan, fuera de insistir en la importancia de la temporalidad en la gestacin del trauma, llama la atencin hacia el campo relacional, toda
vez que destaca la dada materno-filial como escenario interaccional del trauma;
al situar los orgenes de la experiencia perturbadora en el conflicto con un otro,
abre una interesante perspectiva de anlisis del problema, que tiene que ver con
los lmites de ese otro, enfoque que ir profundizndose posteriormente con el
aporte de nuevos autores.

11

Relaci n
madre-hijo

e.

e.

e.

e.

S
Acumulaci n de experiencias
subtraumticas
Carcter relacional del
v nculo
Dependencia
Madre como yo auxiliar
Reforzamiento
interactivo

Sumatoria de
conflictos
Carcter silencioso
Desadaptaci n
progresiva del nio

Lo relacional
La temporalidad

3.3 Bruno Bettelheim y la traumatizacin extrema


Habitante del submundo de la segunda guerra mundial, Bettelheim elabora sus
discursos sobre el trauma impregnado de las dantescas vivencias de los campos de
concentracin, despus de haber sobrevivido entre musulmaners, agentes de la
GESTAPO y cmaras de gas. Privilegiado analista del trauma psquico, qu duda
cabe. Su perspectiva est impregnada de una determinada y concreta referencia al
marco histrico y sociopoltico en el que se desenvuelve su propia historia personal:
el escenario blico de mediados del siglo XX, la mayor catstrofe social que registra
la humanidad, cuyas consecuencias multifacticas se proyectan como subrepticia
amenaza para la sociedad humana y la cultura del tercer milenio.
La hiperblica trascendencia del trauma al que hace referencia la obra de
Bettelheim sirve, tal vez, para asentar una necesidad metodolgica, cual es la exigencia de contextualizar en su historicidad el evento traumtico. Y este es uno de
sus principales aportes a la conceptualizacin del trauma. El autor focaliza su anlisis en la cualidad del evento traumtico, aludiendo al hecho que este evento emerge
y se explica desde el contexto sociopoltico, lo que le otorga calidad de acontecimiento radicalmente especfico. El trauma del campo de concentracin obedece a
una lgica de confrontacin de intereses polticos y econmicos supranacionales
que explican y le dan sentido profundamente humano (aunque horrorosamente
deshumanizado) a la violencia all practicada. Con Bettelheim la causalidad poltica
del trauma se expresa descarnadamente en toda su trgica dimensin en cuanto a sus
efectos devastadores en los sujetos individuales.
El evento traumtico es descrito aqu como una constante sucesin de hechos
dolorosos destinados a producir la sensacin de amenaza vital. El exterminio dia-

12

rio de personas crea un clima psicosocial que llama situacin lmite y que se
caracteriza por la existencia de un escenario de extremo riesgo vital para todos los
individuos. De este espacio no es posible hacer abandono y en su interior casi no
existen posibilidades de respuestas defensivas o adaptativas. Alrededor de este
escenario, el autor desarrolla el tema de la vivencia del tiempo como otro plano en
el que se desenvuelve el sufrimiento humano; la temporalidad en el recinto carcelario aparece distorsionada severamente por las restricciones impuestas a las condiciones concretas de subsistencia, por la manipulacion de los horarios, las privaciones sensoriales, etc., de forma tal que la relacin del sujeto con el tiempo se
torna incierta y desestructurante.
En tales condiciones, la persistencia de la situacin lmite destruye todas las barreras psquicas y desemboca en lo que Bettelheim llama un estado de traumatizacin
extrema. Este estado ya no slo hace mencin a las particularidades psquicas del
trauma (las que describe -ms all de la desarticulacin del psiquismo- como un
deterioro psquico global) sino tambin a la pattica involucin fsica del individuo
-el musulmaner-, de manera tal que la muerte no necesariamente viene a ser la resultante del accionar de la cmara de gas sino el eplogo obligado de un organismo que
agoniza en su miseria fisiolgica. De esta forma, la muerte alcanza entre los sobrevivientes el estatus de fatalidad.
Bettelheim nos aporta desde su perspectiva del trauma dos nuevos elementos: la
particularizacin del evento traumtico en su referencia al contexto histrico y la
dimensin psicobiolgica del dao.
C o n texto
so cio -p ol tico

TR AU M ATIZACIO N E X TRE M A

e .t.

S
S itu aci n l m ite
R adicalm ente
espec fico
E xtrem o riesgo vital
T em p o ralid ad
incierta
Im po sibilidad
aband o no escenario
M nim a po sibilid ad
d e acci n d el su jeto

D eterio ro ps q uico
g lo bal
D eterio ro f sico
L a m uerte co m o

P a rticu la riza ci n
d el ev ento
tra u m tico:
referido a l con texto
h ist rico
D im en si n
p sico b iol g ica d el
d ao

13

3.4 Hans Keilson y la traumatizacin secuencial:


Tambin a partir de condiciones de guerra (la ocupacin de Holanda por los
alemanes), Keilson se posiciona en el contexto poltico para definir las caractersticas que adquiere el evento traumtico. Son las condiciones socio histricas concretas las que producen la descarga traumtica sobre el sujeto; los conflictos polticos alrededor de la cuestin del poder se resuelven mediante la produccin e
implementacin de estrategias de dominacin por parte de las fuerzas hegemnicas.
Estas estrategias, transformadas en polticas de Estado, se implementan al modo
de procesos violentistas que van modificndose peridicamente de acuerdo con
los resultados prcticos de esa implementacin. De esta forma, el tipo de recursos
estratgico-tcticos del terrorismo estatal, sus objetivos particulares, la seleccin
de grupos humanos focos de la accin represiva, la guerra psicolgica, los mtodos de tortura, el genocidio, etc., se van rediseando dinmicamente, en consonancia con el mayor o menor xito obtenido en la tarea de aplacar la respuesta
social al poder establecido.
Analizando las cambiantes particularidades del proceso desencadenado con las
violaciones sistemticas al derecho a la integridad fsica, psquica y moral en el
transcurso del tiempo, Keilson identifica tres secuencias traumticas, en directa alusin a la experiencia blica estudiada por l. La primera de ellas expresa el impacto
de la invasin militar y posterior ocupacin del territorio; la segunda, los hechos de
sangre, las masacres, persecuciones, deportaciones, destruccin de las familias, etc.
llevadas a cabo durante el perodo de dominacin; y la tercera, se sita en las consecuencias psicosociales de la posguerra. El evento traumtico queda ahora transformado en una situacin estructural de violencia global permanente en la cual ya no
es posible reconocer la existencia de eventos particulares que trasciendan en tanto
tales con una cierta significacin que no sea la de abonarse al contexto horrorizante.
Las secuencias propuestas por Keilson tienen el valor de identificar momentos histricos en los cuales se producen cambios en el nivel sociopoltico y en las estrategias represivas, y los consiguientes ajustes cualitativos en las respuestas psicosociales
al trauma colectivo.
El autor aporta el concepto de situacin traumtica extrema para identificar la
condicin psicopatognica que afecta a la poblacin en cada secuencia. El trauma
se desarrolla como un estrs continuo, de intensidad extrema, debido a la permanente situacin de amenaza vital que impera en el tejido social. En estas condiciones,
los trastornos psicolgicos individuales pueden potencialmente cronificarse y tambin proyectarse como dao transgeneracional a la descendencia. El hecho que la

14

experiencia traumtica siga operando una vez concluidos los eventos represivos
por muchos aos en la conciencia espontnea y en el inconsciente colectivo, es la
base de su transferencia a las nuevas generaciones. Los aportes tericos de Keilson,
a nuestro juicio, dicen relacin con la gran trascendencia que el autor otorga al anlisis de la causalidad socio-histrica del trauma y su contribucin a la caracterizacin del trauma psquico como un fenmeno procesual, reconocible en sus secuencias pero, a la vez, indeterminable en su finitud.

CONTEXTO

Primera
secuencia
traumtica

Situaci n

SOCIO

Segunda
secuencia
traumtica

Traumtica

El e.t.

El trauma

El contexto sociopol tico genera


situaci n
psicoemocional cr tica
Relevancia superlativa
del contexto
Carcter secuencial de
los e.t.

Estrs extremo
Riesgo de
cronicidad
Proyecci n a
nuevas
generaciones
La experiencia
traumtica
prosigue una vez
terminados los
eventos

POLITICO

Tercera
secuencia
traumtica

Extrema

La causalidad socio
hist rica
Su carcter procesual

3.5 Ignacio Martn-Bar y el trauma psicosocial


Con Martn-Bar la lectura del trauma psquico se traslada espacialmente a Amrica Latina y cronolgicamente a las ltimas dcadas del milenio. Analizando las
consecuencias psicosociales del prolongado conflicto armado de El Salvador, Martn-Bar elabora tericamente una propuesta de integracin conceptual a partir de

15

un nuevo marco de referencia sociopoltico y psicosocial. Su planteamiento conserva una visin procesual de la experiencia traumtica y reconoce tambin la
existencia de ciertas etapas en este proceso. El punto de mira respecto del evento
traumtico se sita, esta vez, en la estructura socioeconmica, la cual pasa a jugar
un papel de jerarqua relativa en la secuencia de causalidades del trauma psquico. Es la violencia estructural que emerge desde el seno de la formacin econmica propia de la sociedad salvadorea, la que constituye el punto de arranque de
una cadena de violencia social que expresa y da sentido, en ltima instancia, a la
guerra civil. Es esta condicin estructural la que genera, en un primer momento,
relaciones sociales perturbadas, que se expresan en conflictos polticos y sociales
agudos entre las clases y grupos sociales que se encuentran en una posicin antagnica. De estos conflictos surgen innumerables eventos traumticos. En un segundo momento, la agudizacin extrema del conflicto ya no puede canalizarse
bajo la forma de los mtodos pacficos y se abre camino a la confrontacin armada; la forma dominante de las relaciones sociales pasa ahora a ser relaciones de
guerra, etapa en la cual la violencia adquiere su expresin ms directamente
destructiva de la persona humana, en el sentido de su aniquilamiento fsico o psicolgico. Y en una ltima fase, tambin Martn-Bar otorga gran trascendencia a
las relaciones sociales posblicas, queriendo con ello destacar el hecho que el
trauma social sigue su curso en la fase de reflujo de la represin violenta.
Con la propuesta de Martn-Bar el evento traumtico es categorizado slidamente como un hecho socio histrico que reconoce en su gnesis un rol determinante de las relaciones sociales, especficamente aquellas que surgen desde la formacin econmico-social propia de la sociedad concreta en la que se produce el
drama social. Producto de ello es que el trauma es necesariamente un proceso en
el tiempo, que afecta globalmente a toda la sociedad, pero de manera diferenciada
de acuerdo a los grupos y clases sociales en pugna, de manera tal que es posible
advertir formas especficas del dao en correspondencia con esa pertenencia social. Esto ltimo da origen a una psicologa social diversificada y no uniforme
para todo el cuerpo social.
Con respecto al sujeto traumatizado, el autor lo identifica en la dialctica sujeto individual-sujeto social. No es posible reducir la relacin entre evento traumtico
y persona afectada a una figura didica en la que un individuo aislado sufre los
efectos de un hecho perturbador para su vida psquica, el cual tiene un significado
slo para s mismo. Reconociendo la singularidad de esta experiencia, en tanto
vivencia propia e irrepetible del sujeto individual, Martn-Bar la destaca ms

16

bien en tanto experiencia social, es decir, como acontecimiento abarcativo de toda


la subjetividad. El evento traumtico encuentra nicamente en el nivel del trauma
colectivo su explicacin plena, en cuanto recurso de dominacin y exterminio social con el fin de afirmar un determinado modelo de sociedad (es decir, en su condicin de mtodo y tcnica de control social) y en cuanto proceso especfico de
disrupcin del psiquismo humano que extiende sus mecanismos internos ms all
de la mente de individuos aislados, que se configura en toda su dimensin
fenomnica cuando materializa sus efectos en sus consecuencias psicosociales.
De aqu que el trauma psquico del que hemos estado hablando pase a llamarse, a
sugerencia de Martn-Bar, trauma psicosocial.
Otro importante aporte de este sacerdote y psiclogo social a la teora del trauma es su visin de la dinmica traumasujeto. A diferencia de lo revisado hasta
ahora, para el autor esta relacin no es pasiva, en el sentido de un cierto mecanicismo
en la forma en que el sujeto vivencia la experiencia traumtica: un agente externo
impacta su psiquismo produciendo determinados efectos que son procesados internamente por el afectado, cerrndose all el proceso. Se trata no de individuos
asociales, que viven el drama de la violencia en una suerte de soledad autista de su
campo intra psquico, sino de grupos o colectivos humanos en los que es posible
reconocer puentes interconectores entre sus propias vivencias. Cada sujeto elabora -de modo peculiar, pero siempre socialmente- la experiencia traumtica al interior de sus contextos resocializadores (familia, comunidad, organizaciones sociales, partidos polticos, etc.), ya sea consciente o inconscientemente, produciendo
asignaciones de causalidades, cosmovisiones, pautas sociales de conducta, estilos
de respuestas adaptativos, explicaciones poltico-ideolgicas, etc. que definen, finalmente, ciertas formas de conducta social. Esta conducta revierte hacia el contexto y hacia los propios eventos traumticos, ya sea potenciando la situacin preexistente o generando un campo de potencialidades para el cambio de la misma.
As, con Martn-Bar el trauma pasa a ser visto como causa y tambin como efecto
de la dinmica social.
Finalmente, consecuente con su visin histrica, el autor expresa su conviccin
de que el trauma se explica mucho mejor y ms en su esencia cuando lo analizamos
desde la perspectiva de los fenmenos psicosociales y sociopolticos; la causalidad
estructural de la violencia poltica posiciona esta problemtica mucho ms all de la
prctica biomdica, psiquitrica y psicolgica, de manera que una resolucin verdadera del trauma psicosocial se producir slo en los marcos de las relaciones sociales. Hay aqu una no lejana interpelacin al referente utpico del cambio social.

17

ESTRUCTURA

Relaciones sociales
perturbadas

e.t.

SOCIO

Relaciones sociales
de guerra

e.t.

e.t.
SUJETO INDIVIDUAL

ECONOMICA

Relaciones sociales
posblicas

e.t.

e.t.

e.t.

SUJETO SOCIAL

El trauma
El e.t.
Socio hist rico
Ubicado en las
relaciones sociales
Dialctica sujeto
individual-sujeto
social
Carcter procesal
Afecta globalmente a
la sociedad
Pero con diferencias
grupales y clasistas

Es causa y
consecuencia
La dialctica sujeto
individual-sujeto social
lo proyecta en el
tiempo
Origina diferentes
formas de psicolog a
social
Con sus propias
patolog as y
emergentes
psicosociales

Socio hist rico


Se explica mejor desde
los fen menos
psicosociales
No es posible resolverlo
sino en el marco de las
relaciones sociales

4. Hacia una crtica del TEPT


Inicialmente nos propusimos analizar en qu medida el TEPT puede ser una entidad nosogrfica que da adecuada cuenta de los aspectos esenciales del dao producido por la tortura. Tambin sealamos que tras esta interrogante se manifiesta toda
una problemtica acerca de las bases epistemolgicas en las que se sustentan las
diferentes visiones psiquitricas, psicolgicas y psicosociales cuando caracterizan

18

el trauma psquico que este evento produce. En el fondo de la cuestin est el problema de si la tortura u otras formas de represin poltica producen o no un dao
particularmente especfico en las personas; si la psicopatologa o los trastornos desencadenados por ella en el psiquismo estn contenidos o no en los paradigmas
nosolgicos y nosogrficos ya diseados por la clnica. Agregamos que nos ayudara a dilucidar esta interrogante tanto la experiencia concreta de asistencia a las vctimas como un breve recorrido histrico por la evolucin del concepto de trauma,
desde los clsicos hasta autores contemporneos que han desarrollado su quehacer
en un contexto similar al nuestro, esto es, la realidad latinoamericana.
Postergaremos para el captulo final nuestra visin institucional, aunque nos adelantaremos a sealar que no nos parece que el TEPT sea capaz de reflejar toda la
complejidad y magnitud de los procesos, tanto individuales como sociales
involucrados en las repercusiones humanas de la tortura. A la luz de lo aprendido en
nuestra propia prctica de asistencia clnica a las vctimas de la dictadura pinochetista
en Chile, hemos tenido la necesidad de examinar rigurosamente el real alcance de
este trastorno como intento de expresin de la psicopatologa del trauma de la tortura. Por otra parte, las diversas lecturas del trauma psquico que hemos revisado
someramente en este trabajo nos proveen de suficiente material terico como para
apoyar nuestra propuesta.
4.1. Respecto de la temporalidad pretraumtica
El DSM-IV no establece indicaciones especficas respecto de la historia previa,
tanto de la propia historia del sujeto como de aquella otra, de carcter general, en
la que adquiere sentido la anterior. Tal parece que este aspecto es indiferente para
la comprensin de los procesos que desencadenar en diferentes niveles el evento
traumtico. Por un lado, el desconocimiento de la condicin pretraumtica del sujeto posiciona en un plano secundario (o definitivamente desestima) cuestiones
bsicas para la comprensin de ciertos procesos psquicos que se gatillarn con la
experiencia traumtica. La configuracin final del psiquismo traumatizado a nivel
del sujeto individual -tanto en la forma como en el contenido, en la apariencia
como en la esencia- tendr que ver directamente con la estructura premrbida de
la personalidad, la biografa personal, la posicin social y de clase, el nivel de
desarrollo alcanzado por su conciencia, el proyecto histrico-vital, etc. Este conjunto de condiciones estar indudablemente en la base explicativa y comprensiva
de la singularidad total y absoluta con la que se expresar la respuesta del psiquismo
a la experiencia de tortura.

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Por otro lado, la nula referencia a la condicin socio histrica global en la que
se inscribe el sujeto antes de ser afectado por el evento traumtico impide conocer
las condicionantes ms generales que estn interviniendo desde el contexto social
en la configuracin del mundo de este individuo y en la creacin de aquellos conflictos sociales que generarn los hechos traumticos futuros. La ausencia de preocupacin por la caracterizacin de este escenario histrico lleva inevitablemente a una sobre simplificacin de la situacin traumtica; ello permite imaginar, por
ejemplo, un acto de tortura como emergiendo en el campo vivencial del sujeto
cual hecho aislado que se presenta sorpresivamente, sin conexin alguna con los
procesos sociales que le dan coherencia y racionalidad. Desde tal perspectiva resulta entendible que la tortura sea puesta en un mismo plano causal que un terremoto o un accidente de trnsito.
4.2. Respecto del sujeto
El TEPT identifica un sujeto ahistrico. El torturado aparece inserto en la experiencia represiva como una persona descontextualizada de todos sus campos
relacionales. En primer trmino, queda indefinido respecto de las relaciones sociales que caracterizan la formacin social a la que pertenece. El desconocimiento de
la posicin que ocupa en la estratificacin de clases de la sociedad nos impide, ya lo
sealaba Martn-Bar, identificar el campo de necesidades, intereses y motivaciones que lo condicionan socialmente y que dan cuenta, en buena medida, de sus aspiraciones, frustraciones, estilos de relacin y cosmovisiones. Igualmente, dificulta la
comprensin del rol que este sujeto est jugando en el conflicto social.
Del mismo modo, no aparece una preocupacin especfica por los vnculos
relacionales con las redes sociales secundarias (organizaciones comunitarias, sindicales, religiosas, culturales, poltico-ideolgicas, etc.) con las cuales esta persona
ha organizado su vida social. Aqu se materializa y se activa parte importante del
proyecto de vida del individuo; en estos espacios es donde se pone en juego una
determinada prctica social del sujeto y su posicionamiento frente al conflicto poltico. En el caso de la persona torturada, bien puede ser que se trate de un activo
luchador social que, dado su compromiso consciente con la causa poltica, tiene
integrado a su psiquismo la posibilidad de la tortura; pero tambin puede tratarse de
un ciudadano apoltico que es torturado con el fin de obtener informacin de inteligencia respecto de un vecino suyo. No cabe duda que en ambos casos, la experiencia de tortura adquirir ribetes traumticos claramente diferentes. De igual forma, la
respuesta de ambos frente al hecho ser muy distinta.

20

Finalmente, el TEPT, a consecuencia de las falencias sealadas, no est en condiciones de hacer un reconocimiento de los procesos dialcticos que se producen entre el sujeto y el evento traumtico. Participamos de la conviccin que sujeto y evento se condicionan mutuamente, de forma tal que la tortura acta sobre la persona
humana generando cambios internos que se transforman en nuevas conductas sociales de esta persona, conductas que van a potenciar o interferir el curso posterior
del evento traumtico. Como se trata de una intervencin planificada desde el Estado con el fin de perpetuar una determinada forma de control poltico, el sujeto identificado desde el poder para su destruccin no podra ser solamente un sujeto individual, la eficacia de la accin represiva estriba en la capacidad de involucrar al sujeto
social. Quien reacciona generando nuevas conductas sociales, entonces, no es ya
una persona especfica sino diversos subsistemas sociales, desde grupos humanos
no bien diferenciados hasta colectivos organizados y con objetivos transformadores definidos. La tortura, expresin clara de la violencia poltica ejercida por el aparato represivo del Estado, no nos permite visualizar a la vctima fuera del marco de
la dialctica sujeto individualsujeto social.
4.3 Respecto del evento traumtico
El TEPT propone como evento traumtico un acontecimiento inespecfico, para
lo cual abstrae su cualidad. El nico requisito que valida es la cuantificacin de la
descarga energtica, es decir, el evento debe ser capaz de producir una intensa reaccin psicoemocional. Como ya se ha dicho, el manual no establece diferencia alguna si se trata de una violacin de carcter delictual, un fenmeno natural o el acto
criminal planificado y concretado por agentes del Estado contra una persona que
discrepa polticamente. La diferencia ms radical entre el trauma producido por violaciones al derecho a la integridad fsica, psquica y moral, y todos los dems es,
precisamente, que es producido y accionado voluntariamente por fuerzas organizadas que aplican sobre la sociedad en su conjunto una tcnica de conculcacin de la
voluntad, cientficamente respaldada. El punto crtico est en el hecho que la
psicopatologa que deriva de este acto tiene su punto de arranque en la racionalidad
del poder; est preconcebida en ciertas estructuras del Estado, se aplica
discrecionalmente segn las necesidades polticas, se eligen las vctimas directas e
indirectas, se manipula su intensidad y duracin, etc. El evento traumtico es altamente calificado en su especificidad.
Al igual que con la ahistoricidad del sujeto, el TEPT privilegia tambin la
descontextualizacin del evento traumtico haciendo irrelevantes las diferencias

21

entre los hechos polticos y los que no lo son. La tortura pierde as todo sentido que
la liga con el campo ms global de las relaciones sociales existentes en un momento
concreto. El acto por medio del cual el o los torturadores doblegan los mecanismos
de adaptacin psquica al sufrimiento y al dolor moral, est lleno de significaciones
que dan cuenta de las graves repercusiones que produce en el largo plazo y en los
ms variados planos de la vida del individuo. Estas significaciones vinculan siempre al sujeto afectado con las contradicciones sociales y lo transforman en una versin singularizada y nica de un acontecer que se sita por encima de esa singularidad, aplastndolo de manera inapelable. En tales condiciones, el conflicto intra psquico resultante no es ms que un subproducto del conflicto poltico global. Toda la
riqueza explicativa que subyace a la experiencia de la tortura se pierde con la negacin que el TEPT hace de su historicidad.
Por ltimo, el manual separa mecnicamente entre un antes y un despus del
evento traumtico. Postula la idea de un evento nico que desencadena determinados procesos psquicos una vez producido. Como qued demostrado por los diversos autores estudiados, rara vez se trata de un limpio y singular evento traumtico;
se ha hablado de secuencias traumticas, de traumas acumulativos, de trauma cclico o recurrente, de retraumatizacin, etc. La experiencia de la impunidad en el cono
sur de Amrica Latina nos desafa con la permanente carga estresante que implica
para las vctimas y sus familiares la ausencia de verdad y justicia para los crmenes
de las dictaduras; sta es una especie de trauma continuo que se proyecta indefinidamente en el tiempo profundizando el deterioro psquico de estas personas. Los
criterios de K. Jaspers para definir los componentes cronolgicos, motivacionales y
comprensivos de una reaccin vivencial dada (implcitos en la perspectiva reactiva
del trauma propuesta por el manual de la A.P.A.) se debilitan notablemente cuando
se estudia la persona torturada.
4.4 Respecto del trastorno propiamente tal
Finalmente, la cuestin del resultado del trauma en el psiquismo se torna compleja desde su misma denominacin. Se trata de sntomas aislados?, de un trastorno, como sugiere el DSM IV, o de un sndrome?, o, a lo mejor, de procesos y
dinamismos psquicos peculiares no adscritos a la psicopatologa?, no ser que el
TEPT nos atrapa en una dimensin unilateral del dao, aquella que registra slo
aspectos parciales de ste, restringidos al campo del psiquismo individual?
No se puede negar la complejidad que tiene este problema, toda vez que de
nuevo est interpelada la visin epistemolgica y tambin la perspectiva poltico-

22

ideolgica del observador. Nuestra opinin es que el trastorno as definido por el


manual reduce el dao a una acotada constelacin de sntomas, cuya presencia se
constituye en exigencia diagnstica. El hallazgo de los sntomas define la existencia del trastorno, el cual ha quedado inequvocamente descrito, de forma que es
siempre el mismo y para todos los individuos que lo padecen. Obviamente, se trata
de un constructo orientado a facilitar las tareas del dilogo cientfico, de forma
que todos los psiquiatras y psiclogos del mundo estn hablando de la misma cosa
cuando diagnostiquen un TEPT, objetivo absolutamente legtimo y necesario para
la socializacin del conocimiento. El asunto es que lo que nosotros hemos visto en
la prctica clnica y psicosocial con personas torturadas es mucho ms complejo
que lo descrito en el manual; el variable impacto biopsicosocial que produce la
tortura en las personas no alcanza a ser reflejado en la serie de sntomas propuestos. Los ejes II, III y IV del manual, que permiten registrar otros hechos como la
personalidad del sujeto, la existencia de enfermedades fsicas y eventos
psicosociales estresantes, no alcanzan a develar sus relaciones interdependientes
ni sus vinculaciones causales, slo se limitan a captar hechos aislados. En los casos no frecuentes en que hemos logrado identificar los componentes sintomticos
exigidos para diagnosticar el trastorno, casi siempre coexiste una serie de otros
componentes de la conflictiva biopsicosocial del sujeto que proyectan el dao ms
all de lo meramente sintomtico. El tratamiento del TEPT beneficiar indiscutiblemente la sintomatologa descrita, pero dudosamente reparar el trauma
psicosocial de la tortura.
Comentario aparte merece la perspectiva terica global del DSM IV. Su concepcin positivista es indiscutiblemente coherente con el modelo mdico convencional
que lo caracteriza. El dilogo de las ciencias biomdicas con las ciencias sociales,
condicin metodolgica esencial para aproximarnos al tema de la tortura desde el
campo de la salud mental, no tiene espacio en los marcos de la nosografa sometida
a crtica. A lo ms, los aspectos psicosociales y socio histricos, reducidos a factores
secundarios, acompaan a los fenmenos psquicos de inters psiquitrico sin lograr su integracin en un marco conceptual que permita coger de manera global
todas sus conexiones internas y sus relaciones multiaxiales. Exigencia de mtodo
cuando se aproxima la psiquiatra a la poltica.
La caracterizacin del TEPT anteriormente descrita podra resumirse en el siguiente cuadro:

23

Propone evento inespec fico


No importa su cualidad
Solo valida cuantificaci n de la descarga energtica
Es evento ahist rico, desinserto del campo de las
relaciones sociales
Separa mecnicamente entre un antes y un despus

Reduce el dao a una constelaci n sintomtica


Esta constelaci n es singular y nica,
desconoce el impacto biopsicosocial
La mejor a se reduce a la recuperaci n
sintomtica
Desconoce que el e.t. muchas veces es muy
anterior a la aparici n de los s ntomas

e.t.

S
Desconoce la condici n sociohist rica pretraumtica
Desconoce la condici n
pretraumtica del sujeto:
Personalidad
Biograf a
Proyecto vital
Posici n social
Nivel de conciencia

T.E.P.T

Sujeto ahist rico


Desconoce el campo relacional
Desconoce el condicionamiento
mutuo S - e.t.

5. El trauma: nuestro enfoque institucional


CINTRAS ha elaborado su perspectiva terica del trauma a partir de su propia
prctica clnica y psicosocial, otorgando gran importancia al intercambio hecho a lo
largo de los aos con otros equipos que han estado laborando en la asistencia en
salud mental y derechos humanos. Nuestra visin parte de la aplicacin del enfoque
histrico-social y del aporte particular de la medicina social al campo de la psiquiatra y la psiquiatra social. Con este marco terico y metodolgico nos aproximamos
a una determinada percepcin de la persona humana, la sociedad, la violencia poltica y el trauma psicosocial.
Desde esta perspectiva, nos planteamos apoyando la idea que la psicopatologa y
los disturbios psicolgicos y psicosociales derivados de la tortura y de otras formas de
represin poltica poseen su propia especificidad, la que los hace esencialmente diferentes a los encontrados en la prctica psiquitrica y psicolgica general. Por consiguiente, estimamos que las formas de intervencin teraputicas y psicosociales deben
contener tambin ciertas particularidades. En este caso, el psiquismo individual y social est representando en sus perturbaciones, un fenmeno que no nace de la interioridad de los procesos mentales ni de conflictos intersubjetivos inmediatos, sino refleja
los acontecimientos polticos que se desarrollan fuera del individuo, en el contexto
social. El punto de arranque del trauma est en la sociedad misma, en la forma como
las clases y grupos sociales dirimen sus conflictos por el poder poltico. Los conflictos
intra psquicos propios de cada individuo, al igual que aquellos que nacen desde las

24

relaciones interpersonales al interior de sus variadas redes de pertenencia, no hacen


sino mediatizar este otro conflicto dndole al trauma individual una singularidad que
lo hace nico e inigualable. Pero es la violencia poltica lo que en definitiva hace a la
esencia de la experiencia traumtica.
Con la represin poltica estamos frente a polticas de Estado, a estrategias de
dominacin social que se sustentan en las ciencias polticas, sociales y psicolgicas.
Estamos frente a funcionarios de gobierno educados para la tortura, disciplinados
nacional e internacionalmente en la ideologa del enemigo interno, en el
anticomunismo, en una cierta moral que valida sus crmenes como actos patriticos;
muy lejos de aquellas interpretaciones que explican estos horrores a partir de una
dudosa patologa mental de los torturadores. El sufrimiento y la sintomatologa de
los consultantes nos remiten a un nuevo tipo de causalidad. Y qu hace un
psicoterapeuta que est siendo interpelado por el dolor de un sujeto a tomar en cuenta el conflicto poltico como la causa de ese padecer? En estas condiciones en qu
lmites circunscribe su accionar teraputico?, qu tipo de vnculo teraputico establece con el sujeto? Interrogantes que reflejan el desacomodo de los paradigmas
tradicionales de trabajo psicoteraputico ante esta clase de eventos traumticos, poniendo en evidencia lo nuevo y lo distinto que hay en ellos.
El conflicto poltico generado por las dictaduras del cono sur en los aos 70, al
igual que toda la problemtica social de nuestra Amrica Latina subdesarrollada, reconoce su origen en contradicciones en su base econmica. La brutal injusticia existente
en el reparto de la riqueza social, la necesidad de contener la ola de respuestas organizadas de los sectores ms afectados por esas condiciones econmicas y el esfuerzo por
imponer una nueva fase de modernizacin del capitalismo en el continente, el
neoliberalismo (fase de capitalismo salvaje, en opinin de Juan Pablo II), refuerzan
el planteamiento que, en ltima instancia, la violencia poltica encuentra su punto de
partida y apoyo en la confrontacin de intereses macroeconmicos. Esta es la especificidad del tema que nos ocupa; la causalidad estructural de esta psicopatologa.
El hecho que el origen del trauma est situado en el contexto macrosocial como
reflejo de contradicciones objetivas de la formacin econmica, posiciona a la persona afectada en una condicin de sujetoobjeto de la violencia poltica; es decir, su
conducta reactiva a la represin poltica puede permitirle, bien potenciar la dominacin de que es objeto (p. ej., si reacciona con conductas de temor o apata) o bien
intentar cambios en la situacin (p. ej., si resuelve integrarse activamente a un campo
de accin contrahegemnico). En este sentido, nos interpreta Martn-Bar cuando asevera que el evento traumtico pasa a ser causa y efecto en la dinmica social, ya que

25

rescata la dialctica individuosociedad en trminos que el sujeto nunca es absolutamente neutro frente al devenir histrico. La neutralidad poltica e ideolgica que profesaron muchos miles de personas durante la dictadura militar de Pinochet como mecanismo auto protector y contenedor de sus miedos, lejos de haber sido un componente anodino del proceso poltico, tuvo una activa incidencia en el retraso con el que se
obtuvo el retorno a la democracia y fue un factor de refuerzo del terrorismo de Estado.
El trauma que nos ocupa surge, entonces, desde condiciones objetivas preexistentes
en la base estructural de la sociedad, en su modelo socioeconmico, ms
especficamente en su modo de produccin. Las relaciones sociales que all se establecen son el meollo del conflicto, particularmente aquellas relaciones que ms directamente reflejan el carcter de este modelo, las relaciones de propiedad. En ltima
instancia, el conflicto est enmarcado en la confrontacin de intereses antagnicos
alrededor de la propiedad de los medios de produccin. La dictadura militar en Chile
tuvo sentido slo por la necesidad de ciertos grupos sociales de frenar un proceso de
transformacin social y econmica que pretenda cambios en el modo de produccin
social, y por su intencin de instaurar una nueva fase de desarrollo del capitalismo.
El conflicto de clases, sin embargo, se expresa en los sujetos concretos, en personas singulares. En cada persona se manifiesta en una sntesis dialctica la problemtica global del sistema, los conflictos del estamento social al que pertenece, y la
problemtica individual del sujeto. El trauma producido por la tortura, por tanto,
contiene todos estos niveles. En nuestro pas la represin poltica se implement
con una obvia perspectiva clasista, fuertemente ideolgica: se trataba de neutralizar
a aquellos sujetos que mejor representaban los intereses sociales antagnicos al modelo en curso. El gobierno de Salvador Allende tena una slida raigambre en los
sectores de trabajadores; su programa poltico contemplaba la reduccin drstica
del rea privada en favor de un rea social y otra mixta de la economa; el sustrato
poltico del gobierno estaba en la organizacin social y poltica del pueblo. Este
sector de la poblacin fue el objetivo estratgico del terrorismo de Estado, de aqu
sali la inmensa mayora de las vctimas, independientemente del hecho que en la
guerra sucia contra este enemigo interno fueron daados muchos miles de chilenos que estaban fuera del escenario crtico de confrontacin. En el trauma del sujeto
singular se refleja tanto el carcter social del conflicto (el proceso histrico) como
las particularidades especficas de su psiquismo (sus conflictos intra psquicos y
relacionales). La resultante en el dao psquico es una sntesis entre aquello que lo
determina desde lo ms general en el nivel macro sistmico (el conflicto social y la
posicin que ocupa en l) y sus caractersticas personales.

26

El carcter social del conflicto transforma a los protagonistas en sujetos sociales; hay una inevitable pertenencia a uno u otro estamento en pugna, el campo
represor y el campo reprimido. El psiquismo individual expresa en una versin
personalizada a este sujeto social. Visto en tanto sujeto individual, la experiencia
traumtica ser una manifestacin nica y diferente a cualquier otra, puesto que
no hay dos personas en el mundo que compartan exactamente la misma historia
individual. En esta persona concreta, sin embargo, ser posible esbozar aquellos
componentes ms generales del trauma, comunes a otros sujetos que han compartido aproximadamente los mismos hechos histricos; podrn advertirse ciertos
procesos supraindividuales susceptibles de reconocerlos en diferentes sujetos como
una constante psicosocial del trauma. Estas constantes estarn en cada caso
mediatizadas por las peculiaridades del psiquismo personal, lo que hace de toda
experiencia personal de tortura y represin poltica un hecho absolutamente nico. Es esta condicin tan propia de la dialctica de lo individual y lo social lo que
nos explica el que en nuestra prctica clnica no nos hallamos encontrado con
nada parecido a un sndrome de la tortura y que el TEPT haya sido pesquisado en
slo un pequeo porcentaje de personas torturadas.
Sin embargo, el hecho que este ltimo efectivamente fue observado en nuestra
prctica clnica, independientemente de su escasa proporcin, da fundamento a la
necesidad de reconocerlo como una forma vlida de representacin clnica del dao;
aunque muy probablemente este grupo de sntomas no dar cuenta de la totalidad
del trauma, s se requerir abordarlo teraputicamente para producir alivio sintomtico. El problema del TEPT en la persona torturada no es el reconocimiento o no de
su existencia sino la precisin de su alcance real en la totalidad del trauma.

Experiencia traumtica

Cronicidad
del dao
biopsicosocial

Como trauma
individual

Como trauma
psicosocial

Sujeto
individual

Sujeto
social

Trauma psicosocial
diferenciado por
grupos sociales

Contexto social

27

En la figura hemos esquematizado nuestra visin de la experiencia traumtica. El


marco de referencia causal es el contexto poltico, que es el que da sentido, racionalidad y coherencia lgica al trauma. Este ltimo tiene una doble manifestacin: como
trauma individual y como trauma psicosocial. El primero se materializa en el sujeto
individual afectando globalmente su unidad biopsicosocial. El dao resultante ser
propio de cada persona concreta; sern las caractersticas especficas de su psiquismo,
su corporalidad y su situacin social las que definirn en qu plano el trauma causa
mayores estragos, el grado de recurrencia o cronicidad de los mismos, sus posibilidades de sobrevida, etc. De esta forma, en el nivel de la sintomatologa psiquitrica ser
posible pesquisar todo tipo de trastornos, desde cuadros reactivos de breve duracin,
el propio TEPT, hasta enfermedades psiquitricas mayores como la esquizofrenia o
los trastornos afectivos. Lo mismo sucede con las enfermedades mdicas; la morbilidad
que irrumpa en esta persona concreta depender de mltiples condiciones: el tipo de
tortura, la condicin mdica anterior al trauma, la predisposicin gentica, el estado
de su sistema inmunolgico, etc. En el otro extremo de esta ilimitada gama de respuestas humanas a la tortura estn las personas que han salido de ella sin consecuencias
traumticas, aun despus de muchos aos; incluso algunas reconocen que dicha experiencia gatill procesos de fortalecimiento personal.
La segunda manifestacin de la experiencia traumtica es el trauma psicosocial,
nivel en el cual, a nuestro juicio, el fenmeno adquiere toda su dimensin como
acontecimiento histrico. Es aqu donde es posible establecer todas sus causalidades,
interconexiones y repercusiones ms generales. El protagonista es el sujeto social,
la representacin colectiva de los grupos sociales en conflicto. En este sentido tiene, por tanto, un peso especfico relativo mayor que el trauma individual. La psicologa social que se desprende del trauma est indudablemente diferenciada en concordancia con los diversos estamentos clasistas; si bien es cierto, el trauma de la
dictadura militar y el terrorismo de Estado afect a toda la sociedad chilena, no fue
lo mismo para todos. Hubo ciertos grupos humanos contra los cuales la violencia se
ensa en extremo, hubo otros que se cobijaron con sus temores e incertidumbres al
amparo del poder; tras estas diferentes vivencias se esconden relaciones sociales
que las explican, no se trata de casualidades. Algunos autores hablan de una psicologa social de los vencedores y una psicologa social de los vencidos.
Finalmente, hemos agregado un cuadro descriptivo del modelo interpretativo de
CINTRAS. Distinguimos cuatro niveles en los procesos sociales, que van desde los
ms estructurales, ligados a la base econmica de la sociedad, hasta los individuales, que comprometen integralmente la unidad biopsicosocial del sujeto. Hemos pro-

28

puesto la utilizacin de modelos tericos especficos para cada uno de estos niveles,
siendo nuestro enfoque interpretativo fundamental el histrico-social. En el campo
de la psiquiatra, la psicologa, la psiquiatra social y la psicologa social nos apoyamos en la riqueza del modelo de medicina social, en la sociologa mdica y en una
visin crtica y problematizadora de las ciencias biomdicas y de la conducta. El
modelo propone la integracin tanto de los niveles como de los enfoques, de forma
tal que las premisas tanto explicativas como de intervencin psicosocial queden, en
lo posible, cubiertas del riesgo de reduccionismos.

PERIODO DICTADURA MILITAR


1973-1990

NIVELES
PROCESOS
ESTRUCTURALES

NIVELES
PROCESOS
GENERALES

ENFOQUE
HISTORICO-SOCIAL
CIENCIAS POLITICAS
Y ECONOMICAS

ENFOQUE
HISTORICO-SOCIAL
CIENCIAS SOCIALES

NIVELES
PROCESOS
PARTICULARES

ENFOQUE
MEDICINA SOCIAL
PSIQUIATRIA SOCIALY
PSICOLOGIA SOCIAL

NIVELES
PROCESOS
INDIVIDUALES

CIENCIAS BIOMEDICAS
PSIQUIATRIA CLINICA
PSICOLOGIA CLINICA

PERIODO POSTDICTADURA
1990-2000

Quiebre proyecto popular anticapitalista Consolidacin modernizacin


Neoliberalismo
Modernizacin capitalista
Modelo neoliberal

Golpe de Estado
Dictadura militar
Terrorismo de Estado
Violaciones sistemticas [Link].
Impunidad

Transicin a la democracia. Impunidad. Fracaso reparacin.


Violaciones aisaldas derecho a
la vida. Violaciones derechos
econmicos, sociales, culturales
ecolgicos.

Salud pblica:
Cambios proceso salud enfermedad

Asociados a cambios
estructurales y el trauma
psicosocial

Salud mental:
Trauma psicosocial

Patrones adaptativos
Emergentes psicosociales

Enfermedades somticas graves.


Enfermedades fsicas
Dao
Trastornos mentales recurrentes,
Trastornos mentales
Global
Conflictos intrapsquicos cclicos o cronificados. Duelos
Biopsicono elaborados. Conflictos psicoConflictos realcionales
sociales
lgicos peridicos. Disfuncin
Conflictos sociales
familiar grave. Disfuncin sociolaboral

29

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de Estado. Derechos humanos y salud mental en Chile bajo la dictadura militar.
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VIDAL, Mario. 1989. Lo igual y lo distinto en los problemas psicopatolgicos ligados
a la represin poltica. En: Serie Monografas N 3. Santiago: Ediciones CINTRAS.

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SERIE MONOGRAFAS
N 1. Caso Mauricio Arenas Bejas un modelo de
manipulacin psicolgica?
Carlos Madariaga, Juan Pavn
N 2. La tortura en los casos arsenales y
atentado. Algunos aspectos psicolgicos,
psicosociales e histricos.
Carlos Madariaga
N 3. Lo igual y lo distinto en los problemas
psicopatolgicos ligados a la represin poltica.
Mario Vidal
N 4. Aspectos psicosociales de la represin
durante la dictadura.
Mara Teresa Almarza
N 5. Detenidos desaparecidos en una comunidad
rural: dao psicolgico y psicosocial.
Carlos Madariaga
N 6. Dao psicolgico y represin poltica; un
modelo de atencin integral.
Mario Vidal
N 7. Talleres de terapia ocupacional: una
experiencia con vctimas de la represin poltica.
Alejandro Guajardo
N 8. Exilio-retorno: aspectos psicosociales.
Yolanda, Muoz ... [et al.]
N 9. Terrorismo, poltica y sociedad.
Carlos Madariaga
N 10. Tercero ausente y familias con detenidos
desaparecidos.
Daniel Daz, Carlos Madariaga

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