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Minificción y Cuento Cubano de los 90

Este documento presenta una revisión de varios minicuentos cubanos de los años 90. Analiza obras de autores como Eduardo del Llano Rodríguez, Ernesto Santana, Jorge Ángel Pérez, Ángel Santiesteban Prats y Daniel Díaz Mantilla. Resalta características como la metatextualidad, la polifonía de voces, la intertextualidad y referencias al contexto sociocultural cubano reciente.

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Minificción y Cuento Cubano de los 90

Este documento presenta una revisión de varios minicuentos cubanos de los años 90. Analiza obras de autores como Eduardo del Llano Rodríguez, Ernesto Santana, Jorge Ángel Pérez, Ángel Santiesteban Prats y Daniel Díaz Mantilla. Resalta características como la metatextualidad, la polifonía de voces, la intertextualidad y referencias al contexto sociocultural cubano reciente.

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El cuento en red - Revista Electrnica de teora de la ficcin breve - - -

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Cuento y minificcin I
No. 7, Primavera 2003

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Contenido
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Artculos
Ensear a filosofar contando cuentos.
Pantoja Melndez, Josefina
[ ver artculo]
Cinco telas y cuatro hilos: El minicuento cubano de los
90.
Mrquez Arreaza, Dionisio
[ ver artculo]
Del amor y otras cosas que se gastan por el uso. Irona
y silencio como estrategias de interpretacin en
"Amor" de Clarice Lispector.
Ros Hernndez, Brenda
[ ver artculo]
El cuerpo como lmite, el espacio como vaco. Un
anlisis de la construccin del espacio en Paulo de
Graciliano Ramos.
Lpez Mrquez, Carlos Alberto
[ ver artculo]

No. 27, Primavera 2013


No. 26, Otoo 2012
No. 25, Primavera 2012
No. 24, Otoo 2011
No. 23, Primavera 2011
No. 22, Otoo 2010
No. 21, Primavera de 2010
No. 20, Otoo 2009
No. 19, Primavera de 2009
No. 18, Otoo 2008
ver ms...

Borges, el policial y la teora del cuento: La verdad


sobre el caso del corruptor de menores.
Brescia, Pablo
[ ver artculo]

Reseas
Despus apareci una nave. Recetas para nuevos
cuentistas por Guillermo Semperio.
Zavala, Lauro
[ ver artculo]
Los que estn ah por Leonardo Vieira de Almeida.
Pieiro, Jorge
[ ver artculo]

Dossier en memoria de Augusto Monterroso


Presentacin.
Zavala, Lauro
[ ver artculo]

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6/6/13 1:51 PM

Adis a un maestro.
Noguerol, Francisca
[ ver artculo]
Ac slo Tito lo saca: Algo sobre la muerte de Augusto
Monterroso.
Bravo, Roberto
[ ver artculo]
San Tito en el Reino de los Discretos.
Tena, Mara
[ ver artculo]
La oveja negra.
De Navascus, Javier
[ ver artculo]
Augusto Monterrosso: los poderes imaginarios.
Jimnez, Gabriel
[ ver artculo]
Muerto el dinosaurio, se acab la fbula? (notas sobre
el pensamiento crtico y la teora literaria de Augusto
Monterroso).
Bazn, Rodrigo
[ ver artculo]
Para leer la sonrisa de Monterroso.
Epple, Juan Armando
[ ver artculo]
Los juegos literarios: El Quixote como hiptexto en la
narrativa de Augusto Monterroso.
Noguerol, Francisca
[ ver artculo]
Propp, Star Trek, Augusto Monterroso.
Escobar, Octavio
[ ver artculo]

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revista electrnica de teora de la ficcin breve

Cinco telas y cuatro hilos: El minicuento cubano de los 90


Dionisio Mrquez Arreaza

Introduccin

El anlisis de la presente seleccin del minicuento cubano de los noventa seala un conjunto de cuatro caractersticas que atraviesan el tejido de los minitextos en mayor o menor medida segn cada caso: la metatextualidad
de lo narrativo (el cuento que habla sobre, debajo y al lado del cuento narrndolo); la polifona o multiplicidad de
voces textuales del relato hecho texto (el punto de vista como sujeto/s narrador/es la voz del discurso- o como
sujeto/s narrado/s la voz de los elementos constitutivos del relato-); la intertextualidad como caracterstica fundamental de la imagen minicuentstica que conjuga el horizonte de expectativa (la competencia) del lector con
el carcter mltiple de la forma y sentido del minicuento; y la lectura contextual, sociocultural cubana reciente,
como referentes posibles (ausente, alusivo o simblico) en el inventario de valores interpretativos de ese horizonte de lectura; todas ellas cuatro, figuran entre otras posibles caractersticas de este cuerpo minicuentstico.
Los autores estudiados son Eduardo del Llano Rodrguez (El elefantico verde, 1993), Ernesto Santana
(Fbula de ngeles en la antologa Fbula de ngeles-, 1994; Nudos en el pauelo en la antologa Doce
nudos en el pauelo-, 1995; y Mariposas nocturnas, 1999), Jorge ngel Prez (Lapsus calami, 1996), ngel
Santiesteban Prats (Sueo de un da de verano, 1998), y Daniel Daz Mantilla (de Un infinito punto de luz al final,
1999; y de Templos y turbulencias, indito an).
Santana presenta cuentos muy breves y ultracortos cuyos sujetos literarios (hombres o abejas, reyes o
escorpiones) no tienen ms referente real que su facticidad verbal. Estos sujetos se dimensionan en tanto entes
verbales ah su sustancia existencial- en (in)accin que se mueven en bsqueda de metas verbales (el olvido, la
memoria, la locura, la errancia, el no-ser absoluto).
En ngel Santiesteban Prats, cuya fuente de preescritura fue el testimonio del referente sociohistrico
de la guerra internacional angolana, lejos de textualizar una voz en yo testimonial, construye, en cuentos muy
cortos y ultracortos, un lenguaje pleno de situaciones narrativas desde el sustrato sociocultural. Renueva y ac-

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tualiza, as, una de las ms representativas tradiciones del cuento en Cuba: la pica de la Revolucin cubana en
el segundo lustro de los sesenta, en los cuentos de Eduardo Heras Len, Jess Daz, y Norberto Fuentes, entre
otros. Sin embargo, con Prats no se legitima un sentido crtico, aunque respetuoso, de los objetivos ideolgicos
de la Revolucin cubana, sino que se construye un sentido crtico y (re)constructivo ante esos objetivos desde el
tratamiento narrativo del imaginario sicolgico del soldado, donde cuestiona la guerra desde arriba (los jefes
dentro del saln de inteligencia) y la de desde abajo (los milicianos en el brutal campo de batalla) y en los que
predominan los gestos socioculturales del individuo cubano cotidiano y real.
La lectura de los minicuentos de Jorge ngel Prez exige el horizonte del hipotexto borgeano, entre otros
narradores claves de la modernidad. Minicuentos, que sustancian el lenguaje consciente de s (metalenguaje propiamente), desde una minuciosa lgica, a veces absurda, matemtica, o metafsica que torna la compresin de una
imagen literaria un constante cuestionamiento y dilogo con los presupuestos de lo que es el texto literario y la
tradicin del cuento clsico, esto ltimo ahora desde una estrategia intertextual, o mejor, hipertextual que retoma
la tradicin pardica e irnica, (pos)moderna, en lo metaliterario.

La imagen literaria en Daniel Daz Mantilla guarda relacin con los de J. A. Prez y los de Santana en tanto

construye sobre el escenario del lenguaje sujetos o entes verbales, a veces como mero relato o como dilogo entre
una situacin narrativa y los presupuestos de los logros y fracasos de la historia del sujeto literario desde la pica
hasta el antihroe; uno de cuyos hipotextos es la escritura nietzscheana. Entes verbales en bsqueda de metas o
situacin tambin verbales, pero que en su propio mrito hipertextan el amplio dilogo del dilema y laberinto
posmoderno, de la discontinuidad contingente pillada en los grandes metarrelatos del llamado sistema moderno y
el sentido negativo o escptico que caracteriza este discurso del desencanto total
Los minicuentos de Eduardo del Llano Rodrguez renuevan y actualizan la tradicin de la fbula y la
ancdota por las que son tan conocidos un Monterroso, un Arreola o un Galeano. Fbulas con animales dotados
de atributos humanos, al mismo tiempo que stiras o voces irnicas sobre la organizacin social del hombre. La
imagen literaria de estos minitextos guarda relacin con su referente ausente y alusivo del mundo real (el simbolismo del animal como cuestionamiento de los grandes y pequeos errores de lo social humano), usando el efecto
cmico como estrategia del final.

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La minificcin como gnero literario


No hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista (...) Y sin embargo
(...) tengo la certidumbre de que existen ciertas constantes.

Algunos aspectos del cuento


Julio Cortzar

Previa a la llegada del minicuento como el gnero literario breve que efectivamente (re)conocemos hoy, se observa gran cantidad de antecedentes de formas breves en literatura y otras tradiciones lingsticas cultas y librescas, como lo son la novela corta, las narraciones interpoladas en textos de por s ms extensos, el proverbio,
el resabio, el jaiku japons, la ancdota, la fbula, algunas estructuras en verso como el cuarteto, el soneto, la
dcima; y en formas no literarias como la entrada enciclopdica y del diccionario, el concepto cientfico; e incluso
formas breves del mundo contemporneo como el memo de oficina y el buzn telefnico automtico.
El sntoma ms visible del minicuento, como se ha dicho, es su extensin. El signo exterior de la extensin, al entender de Lauro Zavala, se puede subdividir en dos: el cuento muy corto y el cuento ultracorto. El
primero, contando entre 400 y 2000 palabras, y el segundo contando entre 200 y 400 palabras.
La teora y crtica de las formas breves del relato literario usualmente enuncian sus hallazgos dentro de
modelos generalizadores. Estos estudios adecan en amplios rasgos una serie de cuerpos textuales, en este caso,
el cuentstico y el minicuentstico hispanoamericanos. Tambin usual, primero se hace deslinde con la novela
(deslinde que inaugurara Julio Cortzar4 para luego reflexionar sobre los rasgos ms caractersticos de esta modalidad narrativa en ascendiente, entre los cuales se observa: la brevedad, la intensidad, la condensacin o concisin





Ver Juan Armando Epple. Introduccin en Revista Interamericana de Bibliografa. www.aicd.oas.org/template-spanish/rib96.


htm N. 1-4. OEA. 1996.
Caso del episodio sobre la justicia en El proceso de Kafka.
Que dan la sensacin de narracin.

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(lingstica y semntica) y la hibridez formal y semntica. Todas estas caractersticas, a nuestro juicio, funcionan
bajo el presupuesto de la extensin mnima, difcil de enmarcar como concepto general de la minificcin. Es decir, la explcita extensin domina la argumentacin ltima de la crtica sobre la unidad narrativa y discursiva del
minicuento hispanoamericano.
A ojos del lector, es evidente que el minicuento existe y, por ello precisamente, la conciencia crtica
debe dar razn de su existencia. Dolores Koch, quien inaugura el estudio sistemtico del gnero en 1986, funda
una diferenciacin entre minicuento y micro-relato sobre la base de la narratividad aristotlica, es decir, la
unidad de accin. Ciertamente, de lector en lector variar la certeza de si, en tan pocas palabras, en lo que viene
de leer ha ocurrido algo. Sin embargo, cuando la literatura (el cine y plstica tambin), desde Beckett, hace
narracin de lo no-narrable, legitima el valor de la duda no slo en la estructura de la obra, sino tambin en su
recepcin. Es decir, una accin, desde un ngulo, puede leerse como pensamiento, y de igual modo, una descripcin sin movimiento alguno puede detonar una accin en la imaginacin del lector. Otro punto de vista es el
de Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo, quienes abstraen en lo descriptivo, argumentativo y narrativo o
alguna forma mixta el soporte formal del contenido en el minicuento.
Otras lecturas como por ejemplo las de Juan Armando Epple, otras de Tomassini y Colombo, y Lauro
Zavala, entre otros, renen sus caracterizaciones alrededor de la convencin de la narratividad aristotlica, y
anclan en la extensin mnima el elemento cohesionador de todos los rasgos de la minificcin. Las cuatros carac-

Dolores Koch. El micro-relato en Mxico: Julio Torri, Juan Jos Arreola y Augusto Monterroso. The City University of New
York. (Tesis doctoral).

En el minicuento los hechos narrados, ms o menos realistas, llegan a una situacin que se resuelve por medio de un acontecimiento o accin concreta. Por el contrario, el verdadero desenlace del micro-relato no se basa en una accin sino en una idea, un
pensamiento. Esto es, el desenlace de un minicuento depende de algo que ocurre (sic) en el mundo narrativo, mientras que en el
micro-relato el desenlace depende de algo que se le ocurre (sic) al autor. Esta distincin no es siempre es fcil en Dolores Koch.
Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato en El Cuento en Red. www.cuentoenred.org/index.html, Primavera 2000.
pp. 1-2.

Graciella Tomassini y Stella Maris Colombo. La minificcin como clase textual transgenrica en Revista Interamericana de
Bibliografa. www.iacd.oas.org/template-spanish/rib96.htm N. 1-4. OEA. 1996.

Graciella Tomassini y Stella Maris Colombo. Ob. Cit.; Lauro Zavala. El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario, ambos
en Revista Interamericana de Bibliografa. www.iacd.oas.org/template-spanish/rib96.htm N. 1-4. OEA. 1996; y Lauro Zavala. Seis
propuestas para la minificcin en El Cuento en Red. www.cuentoenred.org/index.html, Primavera 2000. pp. 1-18.

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tersticas mencionadas, en todos estos y otros crticos, quienes han fundando, a nuestro juicio, de modo monumental el sistemtico estudio crtico de la minificcin hispanoamericana, se muestran como los hitos de lectura y
los ncleos de interpretacin de esta modalidad mininarrativa de lmites fronterizos, al decir de Lauro Zavala.
El lmite de extensin en la escritura aborda todos estos rasgos, pero la clave de funcionamiento de ellos se encuentra en los sentidos de cada lectura.
Sin embargo, no se ha definido desde el objetivo estructural y formal la complejidad que este joven gnero entraa, donde se suple con los postulados de la transtextualidad, por ejemplo, de los Palimpsestes de Gerard
Genette, tanto en la forma (donde los trminos operativo son hibridez e intertextualidad) y en el contenido
(donde los trminos operativos son parodia, metaliteratura, pastiche, e intertextualidad). Sin bien esto no
define estructuralmente, permite, ms bien, asumir la interpretacin del gnero exclusivamente desde la recepcin
activa. En este sentido, parece que trata de dar la lectura al mismo tiempo que se sustenta sobre la imaginacin
de cada lector.
La premisa aristotlica pone nfasis en el clmax de la estructura y discurso del relato (dispositivo
esttico-estructural) cuando el sujeto literario (personaje o margen de l) entra en el conflicto central (accin o
margen de ella), y se revelan los sentidos epifnicos del relato, al decir de Zavala. Y, cuando esta convencin
estructural aristotlica es tocada por el minimalismo expresivo, se contrae el texto en sus extensin y se expande
en la compresin e imaginacin del lector. Este mecanismo, que en nuestra lectura parte de los materiales citados,
es el ncleo de forma y de contenido de una extensin mnima que entraa la complejidad de lo breve, lo intenso,
lo conciso y lo hbrido. La sustanciacin definitiva, pues, de estos rasgos y mecanismos mnimos lo dar cada
lectura definitiva. En este sentido, resulta correlativo estudiar el final del cuento como aproximacin a la sntesis lectora de la mininarratividad en Hispanoamrica10.


De grueso los publicados en Revista Interamericana de Bibliografa. www.iacd.oas.org/template-spanish/rib96.htm N. 1-4. OEA.


1996 y El Cuento en Red. www.cuentoenred.org/index.html Los nmeros de primavera 2000 y otoo 2000, dedicados a la minificcin en Hispanoamrica.

Recordemos que para la visin de Aristteles, (...) la tragedia es representacin de una accin perfecta y completa y dotada de cierta
extensin, ya que algo puede estar completo y carecer de toda extensin en Aristteles. Ob. Cit. (a. 1450b) p. 9. O casi toda, como
lo es en el caso del minicuento.
10
As lo razona, por ejemplo, Lauro Zavala cuando correlaciona sus laberintos de realidad con las verdades epifnicas de la literatura. Ver Lauro Zavala. La verdad sobre la verdad: cmo construir y desconstruir la realidad en La precisin de la incertidumbre:
posmodernidad, vida cotidiana y escritura. UAM. Mxico. 1998. p. 14.

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Visto as, el concepto transtextual genetteano agudiza el entender sobre los mecanismos de este tipo
de discurso literario. A media que el lector decodifica e imagina las relaciones hbridas y semnticas del minicuento, se crea la primera instancia intertextual de esta experiencia de la comunicacin literaria cuyo sentido
aguarda ms all de las fronteras fuera del texto miniatura.
Como ejemplo terminal de la variabilidad lectora, slo se har mencin a la posibilidad de estudiar al
minicuento desde los mecanismos de aprendizaje del espaol como lengua extranjera, donde la condensacin del
texto se corresponde con la condensacin del tiempo para el desarrollo de un tema en una clase de lengua, segn
sugieren algunos estudios del experto mexicano Lauro Zavala.
En la calle de la narrativa hay varios edificios discursivos. En una modalidad de stos, el edificio de la
brevedad, cuya lectura el ascensor- ubica al lector en varios pisos textuales, es posible llegar, un piso anterior al
del cuento breve, y a dos del cuento convencional, al piso textual del minicuento, nico piso que tiene ventanas
particularmente pequeas, las que, as, piden del lector una exigente lectura imaginativa donde, a travs de la
reducida visin que emana del texto-ventanita, se debe leer y ver lo que no es tan evidente.

El minicuento en Cuba

Poco o brevsimo ha sido el trato de la crtica cubana reciente con la recepcin del cuerpo genrico o
tipolgico del minicuento. Salvador Redonet, acertadamente en dos ocasiones observa que la nueva cuentstica
cubana de los 80 y 90 manifiesta formas minimalistas11, cuya caracterizacin se debe a una condensacin a
11

En noviembre de 1992, Redonet observaba que: d) la acentuada reflexin tico-filosfica indaga en lo marcadamente individual
para estos tiempos, en que no pueden ser ajenos el cuestionamiento, la duda, la bsqueda del sentido de la existencia. Y todo ello, sin
empaar la naturaleza artstica de los textos que puede ser viabilizados tanto por el relato tradicionalmente aceptado (los de Rodrguez
Tosca, Amir Valle, Ulises Rodrguez, Vernica Prez), como las ms diversas expresiones de un minimalismo narrativo (Radams Molina), potico (Fernandez-Larrea) o marcadamente reflexivo (Carlos Deus) (...), donde la mencin crtica al gnero es compartida con
formas ms tradicionales del relato; luego, en 1995, a esta expresin mnima le fue dedicada un breve aparte exclusivo: b) La pasin
por un condensado minimalismo, atravesado bien por la textura potica del relato (en el caso de Ernesto Santana y Waldo Prez), por el
humor (ms o menos negro, preferido en ocasiones por Gustavo Fernndez Larrea y Radams Molina), pero siempre, y eso ocurre con la
mayora de los novsimos, preocupados por cuestiones ticas y en general filosficas, lo mismo al centrarse en la escritura y/o problemas
sociales ms inmediatos o ms generacionales (...); en Salvador Redonet Cook. Para ser lo ms breve posible, prlogo a Los ltimos
sern los primeros. Letras Cubanas. La Habana y Salvador Redonet Cook. A quien corresponda, prlogo a Doce nudos en el pauelo.
Ediciones Mucuglifo. Mrida (ven). 1995; pp. 28 y pp. 7, respectivamente.

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veces narrativa, otras poticas o reflexivas. Sin embargo, no hay incisos del negro Redonet en donde el valor
consciente de lo muy breve mueva la significacin central del minitexto. Otras miradas crticas, las de Heras
Len, Alberto Garrands (37), Margarita Mateo (93: levedad) Palmer y Amir Valle (vietas, frescos), se sirven del
lugar comn de la denominacin vietas o estampas, como se suele referir con Miguel Collazo, Eliseo Diego
o Ernest Hemingway, y en los noventa, a Ernesto Santana, ngel Santiesteban Prats o Ricardo Vialet.
Como a toda regla toca su excepcin, Jess Abascal, escritor, crtico, periodista, abogado y consiglieri
cubano, es un excepcional prueba de la consciente recepcin de esta modalidad narrativa en la isla. Antes de su
recepcin crtica12, Abascal ya haba publicado un libro entero de minificciones en Stacatto (1967), y unas pocas
en La gaceta de Cuba en 1983. Como crtico de la minificcin, encuentra entre sus orgenes a las greguera de don
Ramn Gmez de la Serna, en otros, tildando a la minificcin como sntesis de sntesis o una pequea gran
obra. Esta breve nota introductoria, lejos de un simple entusiasmo, constituye un condensado y valioso enfoque
a esta modalidad narrativa donde se hace mencin a formas breves del lejano oriente, y al los ms representativos
cultores del conceptualmente huidizo gnero en Mxico y Argentina.
La crtica cubana acierta, pues, en la recepcin formal, pero su transformacin a efectivo y sistemtico
discurso crtico no es concreto. Mas en los breves momentos en que la crtica utiliza su lupa para leer estas miniaturas, como por ejemplo, en el ensayo de Margarita Mateo sobre las Mariposas Nocturnas (1999) de Ernesto
Santana, su concepto de levedad aporta mucho a la lectura de estos minitextos huidizos en tanto una especie
de temtica de lo nocturno (el olvido, vigilia, errancia, el recuerdo, el desconcierto) huye por un colador (la lectura) que combina de modo inseparable lo muy breve y muy condensado (la forma y...) en la significacin textual
(...el contenido). Este ensayo, pues, pudiera considerarse la marca fundacional del trance crtico entre una forma
brevsima y un ideotema. En su ltimo prrafo, respecto a La moneda lisa, de Santana, nos dice Mateo que:
(...) en la ardua aventura de la vida, no hay cruces ni caras, sino slo el brevsimo vuelo de una moneda
sin rostro lanzada al aire, danzando fugazmente en el vaco, con una significacin tan enigmtica como la sonrisa
de la Gioconda.13 (nfasis mos).
12

Jess Abascal. Nota introductoria. (Edicin particular). La Habana. 1995.


Margarita Mateo Palmer. Hijas el sueo y de la noche: las leves fbulas de Mariposas Nocturas en Unin. (XII, 42). La Habana.
Enero-marzo 2001. pp. 93.
13

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Ciertamente, tambin encuentro la aventura que toda lectura emprende, y en este caso, por el reto lectotextual que supone la fugacidad de las palabras de estos vuelos brevsimos de los relatos de Santana, es decir, vuelos de
un lmite de estructura donde la extensin semnticamente condensada rige, a su vez, una significacin tan enigmtica;
es decir, lo que la teora y crtica minicuentistas entienden por trans o intertextualidad de este hbrido de manifestaciones
genricas. Cuando la presencia hipotextual se manifiesta, sea del clebre inventario de cinco transtextualidades genetteanas, sea por asociacin a las epifanas de la discursividad y lectura posmodernas segn Zavala, entre otras referencias, se
entraa la complejidad peculiar de esta particular modalidad mininarrativa.

La perspectiva autoral o quienes tejen telas

Los minicuentos cubanos aqu analizados en su signo sintomtico exterior se corresponden a lo que Lauro Zavala
comprende por y distingue entre cuento muy corto (o muy breve), entre 200-400 y 2000 palabras, y el ultracorto,
de menos de 200 palabras14. Dentro de estos dos lmites de estructura se realizan, pues, los minitextos seleccionados en la mirada de esta lectura.
Son dos las estrategias de lectura o anlisis en que se orienta el trabajo de este aparte. La primera agrupa
los minicuentos segn cada uno de los cinco autores, en lo particular y general de la voz discursiva de cada autor.
La segunda estrategia parte de un cuadro de cuatro principios caractersticos que atraviesa, desde la lectura, el
tejido narrativo de los minicuentos seleccionados de estos cinco autores.

a) El lenguaje como relato

La primera estrategia, la autoral, observa dos tendencias generales en la construccin del lenguaje literario. En la primera, Daniel Daz Mantilla, Jorge ngel Prez y Ernesto Santana someten al lenguaje hasta llevarlo al experimento narrativo, este entendido dentro de las convenciones, por un lado, aristotlicas, es decir, de los
14

Lauro Zavala. El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario en Revista Interamericana de Bibliografa. www.iacd.oas.org/
template-spanish/rib96.htm N. 1-4. OEA. 1996.

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elementos y unidades constitutivas, y por otro, de los movimientos pendulares del cuento cubano15, es decir, de los
personajes y asuntos que la nsula cubana supone. Lo experimental se entiende como una tcnica congnita a la
concienciacin de dichas convenciones siendo transformadas de premisas de construccin de cuento a elementos
narrables. Un personaje puede no tener nombre y, el texto exigente pregunta, qu es un personaje? Un relato
puedo no tener ancdota y, entonces, qu se entiende por unidad de accin? Un texto puede aparentar no tener
orgenes; dnde sus antecedentes o intertextos? Un texto se enmarca en un orden de sentido; cundo la lectura
(de)construye lo clsico, lo moderno o lo posmoderno? Cuestiona el texto? Homenajea o refuta el texto? Un
texto hace fronteriza las relaciones de dilogo entre la realidad y la ficcin, pero su referente real indaga an,
cul convencin de orden construye: la real o la textual? Usa y despierta el texto un hecho histrico? O es un
imaginario textual capaz de soar la realidad convencional? Estas, entre otras, no son sino las inquisiciones del
texto que se piensa y desde su autorreflexin reformula, desautomatiza y actualiza sus elementos constitutivos,
ahora como actantes narrativos, dentro de su tradicin particular.
En los cuentos muy breves y ultracortos de Santana, se narra unas veces en voz de observador, en otras
en voz de personaje tejiendo un lenguaje que se construye a partir de referentes verbales, esto es, estos sujetos
literarios se mueven, tienen vida a travs de un mundo verbal de acciones y dems sujetos. El olvido, el recuerdo, la errancia, la noche, el universo, animales y monstruos (abejas, murcilagos, mariposas (brujas), aves y
escorpiones), los seres cotidianos, los personajes arcaicos o clsicos (reyes, trovadores, soldados), las sectas,
las sociedades, los sitios rurales son entes verbales que mueven bsquedas de sentido igualmente verbales cuya
esencia es desconocida, enigmtica y absurda, sin propsito y sin fbula. Las limitaciones de la dimensin humana hacen del anhelo del ms all, de ciertos valores o smbolos tradicionales absolutos, como el sol o dios, una
conformacin de la ignorancia humana, y slo al saberse como hijo de ella, se conquista un espacio indeterminado
de dudosa libertad.
Los minicuentos de Daniel Daz Mantilla ofrece un lenguaje que se construye a partir de la razn expuesta en sus laberintos para cuestionar semejante concepto (la razn). Minada la expectativa de lectura con

15

Como ya se ha expuesto en el tercer aparte, punto 4.1.

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hipotextos de, por ejemplo, discursos cuestionadores, el matiz desencantador de la posmodernidad constituye un
referente posible en la significacin de estos minitextos. En el caso de Hroe, se intertexta con el metarrelato
del hroe clsico, desnudndolo de posibilidades narrativas, slo a partir de premisas descriptivas de su esencia (en
cuestin) a las que, an ms all, se le hacen preguntas sobre la sostenibilidad de su existencia textual y literaria.
Los cuentos ultracortos de Jorge ngel Prez se tejen con evidente grado de hipertextualidad sobre
los hipotextos borgeano y kafqueano, el modismo popular y la temtica de la forma o el metacuento; muchos
de estos temas adems sometidos al recurso cmico como estrategia final de significacin. Se ponen en grave
cuestionamiento los modelos totalizantes como razn de la realidad al mezclar varios rdenes lgicos, a veces
de rigor matemtico (por no decir de ciencia exacta), otras como discurso metafsico hasta el punto de llevar
dichos modelos a confesarse absurdos, pero al mismo tiempo con miras a resensibilizar u optimizar el alcance de
su verdad como modelo de una comunidad ms extensa.
De este modo, la significacin textual en estos tres autores, dado que de la imagen literaria lleva congnito un dispositivo autorreflexivo, se vuelca ntimamente dialgica con su sentido discursivo crtico; ese sentido
global que cada lector decodifica dentro de la posicin que asume el texto frente al mundo que lo lee.

b) El relato como lenguaje

En la segunda tendencia de la mirada autoral, se encuentran ngel Santiesteban Prats y Eduardo del Llano Rodrguez. Estos narradores llevan a la estructura del relato a peculiares complejidades narrativas. En el primero, por
la funcin tico-esttica del relato, al decir de Redonet16, donde la guerra angolana se lleva al ncleo de la unidad
de accin narrativo, nutrido de varios planos de voces narrativas (o puntos de vista) donde prevalece lo sicolgico del personaje traumatizado y desconcertado que se intensifica a travs de la forma del discurso y no sirve de
copista al yo testimonial. En el segundo narrador, la hiperbolizacin humana a travs de figuras animales recrea

16

Salvador Redonet Cook. Para ser lo ms breve posible, prlogo a Los ltimos sern los primeros. Letras Cubanas. La Habana. p.
25.

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conflictos y angustias humanas cuyo desenlace lo domina el efecto cmico. Imagen hiperbolizada de lo humano,
una recepcin cmica es la frmula de cuestionamiento en Del Llano. Son, as, minitextos cuyas complejidades
narrativas parten de una conciencia mnima del relato convencional, pero actualizan a este en los conflictos y
contradicciones de los sujetos narrados a travs de procedimientos tan aparentemente dismiles como lo son lo
trgico, en el primero, y lo cmico, en el segundo.

Una lectura cudruple: cuatro hilos sin coser

La segunda estrategia de anlisis, que parte de principios caracterizadores de lectura -que no propuestas de caractersticas cerradas o cannicas-, muestra cuatro zonas de convergencia, en similitud y/o diferencia textuales, que
atraviezan el tejido de la imagen literaria de los minicuentos seleccionados.

a) La metatextualidad

El principio primero, la metatextualidad de lo literario, dentro de la estructura del cuento brevsimo, posibilita
un texto que toma la discusin sobre su forma o tipo discursivo, y su contenido o sustancia temtico-semntica,
como elementos constitutivos de narrabilidad, de modo que pueda hacer representacin de s mismo (como categora textual) al mismo tiempo que ejerce la enunciacin y narratividad. Afn de la lectura posmoderna, esta
caracterstica permite que el presente espontneo del lector intervenga con su horizonte de expectativas tanto en la
imagen literaria del texto como en su espacio autorreflexivo, conducindolo (al lector) a (de)construir los valores,
presupuestos y conceptos de lo literario y su semblante tipolgico.

b) La polifona narrativa

El segundo principio caracterstico en esta lectura es la polifnica o mltiple composicin de los puntos de vistas
o voces narrativas. Esta visin panptica del concierto textual se desdobla en dos situaciones: por un lado, en

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estreo por lo multvoco, se construyen los ncleos de sentido en la imagen del texto, creando igualmente polifnicos y mltiples sentidos en la recepcin; por otro, desde el punto de vista del discurso, es decir, el orden o la
sintaxis de enunciacin, se muestra los quiebres de planos, las transpocisiones cronotpicas creadas a partir de
las mltiples situaciones de recepcin que en el caso del minicuento se condensa en un detalle del relato y ms
frecuentemente en su final estructural (o clmax de relato).

c) La intertextualidad

Los recursos trans e intertextuales constituyen el tercer principio de caracterizacin. Genette (Palimpsestes, 1982)
entiende por ello todas las relaciones no visibles dentro del texto visible que se lee. Elementos internos (el texto
mismo) o satelitales (ttulos, citas, pie de pginas, anexos, epgrafes o prlogos) entran en juego con los elementos
recogidos por la lectura competente, como el dilogo entre la realidad y la ficcin en lo local y general dentro de
su universalidad (parafraseando a Redonet de nuevo), los plagios (creativos, pobres), reescrituras, y, propio de la
escritura (pos)moderna, los hbridos de hiprbole semntica o las parodias, los pastiches y el kitsch. Daz Mantilla17, para su valoracin de los procedimientos en la narrativa breve cubana, se sirve de la palabra apropiacin
como episteme tipolgico y operativo que explora los imaginarios del cuento; apropiacin es tomar de fuera
para reinsertar en un dentro.

d) El referente ausente

El cuarto y ltimo principio es una posibilidad intertextual de por s. Aqu denominado el referente ausente, esta
caracterstica se propone la lectura del dilogo entre un posible referente hipotextuado de la realidad y la ficcin
en el reino verbal de lo narrado y narrable. Ahora, de la significacin de la imagen textual a su significacin discursiva, este referente acta como un dispositivo crtico en el horizonte de lectura, es decir, en tanto la literatura

17

Daniel Daz Mantilla. En los lmites de lo posible en Temas. N. 16-17 (extraordinario). La Habana. 1999. p. 199.

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se convierta en re-presentacin de la realidad, de las complejas relaciones de identidad (lo nacional y la dispora,
por ejemplo), el referente ausente es un silencioso dispositivo que explota en la recepcin atenta. Se hipotexta
un referente de la realidad y este se transforma en hipertexto dialgico entre la cara de la imagen del texto y la
cara de la del lector.

Tres casos de minicuentos metatextuales


La nocin de serie y una excusa (o el hilo que casi no se ve)

En Calle, de Daz Mantilla, se nos presenta tres personajes, como en cierto pasaje de Cien aos de soledad, cuya
amnesia les desvanece las pistas a un vago recuerdo de infancia o niez mutuas. El casual tropiezo les enciende la
dbil chispa de la memoria, se dirigen a buscar pruebas de su intuicin y acto seguido se les olvida qu cosa buscaban y, de hecho, ni saben por qu andan en la calle para empezar. El tema de este cuento supone una bsqueda,
no exactamente inconclusa, sino de planteo inacabado: no sabe qu es. Este minicuento, que recorre las calles de
su sustancia narrativa, parece que antes de contar su ancdota quiere aclarar las cosas, y en ese breve anhelo,
sin llegar a aclarar, suelta su minicuento.
Si bien hasta aqu se ha razonado el minicuento como si tuviera una personalidad de por s, baste decir
en lo muy objetivo que una lectura atenta percibe la amnesia del texto como una gran pregunta sobre el sentido
de estos personajes, dentro de un discurso minuciosamente atendido por anti-desenlaces de a lnea que dejan
en blanco cada paso del sentido anhelado por cada personaje; ninguno nunca se acord de nada. Qu es/busca
un personaje?
Sin anhelo alguno, en En el teatro, cuento ultracorto de Ernesto Santana, la pregunta del sentido textual se desplaza de la finalidad del rito del teatro (la obra escenificada) a un elemento constitutivo del rito: el teln.
Se desplaza tambin la expectativa del espectador, es decir, la obra como objeto del rito que sobre la planicie
horizontal de la gigantesca tela, ahora lejos de velar, deja electrizada la recepcin de su pblico.
Un cuento con tres reescrituras o tres esquemas de trasfondo en un cuento son la lectura de los tres
cuentos muy cortos de El cocodrilo, de Jorge ngel Prez. La tensin narrativa ltima contenida en el suspenso

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trilgico de un padre que sufre de indecisin por la adivinanza de un cocodrilo hambriento por su hijo, narracin
del tercer cuento, es luego, en el segundo cuento, transformado (el suspenso) en tensin cuasi-crtica desprovista
de personajes dramticos que, en el primer cuento, no son sino la racionalizacin logicista de un esquema trilgico
entre un texto, su autor y sus conflictos narrativos, donde la solucin del conflicto exige la inexistencia del texto,
y la inexistencia del texto implica la inexistencia del autor18.
Los minicuentos intercalados de Sueo de un da de verano de ngel Santiesteban Prats no son una gratuidad composicional. Al contrario, ellos nos permiten acceder a un ritmo, un matiz, una textura19 que permite
la respiracin entre cuentos breves y los muy cortos y ultracortos. Entraado este libro de cuentos de diversas
extensiones de lo breve y del referente blico angolano como tema, dos cuentos ultracortos, El primer descubrimiento y Dos pjaros de un slo tiro (II)20, ejemplifican el ritmo respiratorio, o mejor, la funcin de serie de
los relatos ultracortos frente a los breves21.
El relato ultracorto El primer descubrimiento se contrasta con el ritmo del ya varias veces antologado
cuento breve de Sur: Latitud 13, cuento clebre por tratar la dramtica y absurda realidad de un artista, Argelles, el violinista, en plena misin angolana. Este resulta vctima: su violn es canjeado por medicinas, comida
y aguardiente22, donde su contradiccin habra sido aceptar la guerra siendo artista. Este relato breve es, sbitamente contrastado por El primer descubrimiento, en el que vemos ya no el violn, sino el clido aunque terrible
pjaro negro sobrevolador del sueo de la infancia que se transforma, ya en la desconcertante y alucinante adultez
blica, en la misma bala sobrevoladora del helicptero que literalmente se desploma sobre l. De la contradiccin
breve al descubrimiento mnimo, se teje un brevsimo ritmo especfico.
Con Dos pjaros de un slo tiro (II), sbitamente se contrasta el escenario del sangriento y cruel del
campo de batalla, por la desesperada necesidad sexual de la biologa humana; slo que aquella no ser suplida por

18

Ibid.
Alberto Garrands.Sntomas. Ensayos crticos. Ediciones Unin. (Premio ensayo Enrique Jos Varona 1998). La Habana. 1999. p. 37.
20
ngel Santiesteban Prats. Sueo de un da de verano. Ediciones Unin. La Habana. 1998. pp. 35 y 38.
21
Brevedad de cierto sabor parablico, al menos por la especfica distancia conceptual que toman con respecto a aquellas narraciones
(las breves) para acceder a un ritmo, un matiz, una textura (...) en Alberto Garrands. Ob. Cit. p. 37.
22
La pelea cubana entre los ngeles y los demonios en Fbula de ngeles (ant.: Salvador Redonet Cook y Lpez Sacha, Francisco).
Ediciones Letras Cubanas. La Habana. 1994. p. 15.
19

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mujeres u hombres sino por animales. Con poqusimas palabras, diecisiete a exactitud, se demuestra lo muchsimo
que arde esta necesidad. El juego entre tensin y distensin (mnimo y sbito), entre dilatacin y contraccin (textuales o lectoras) de necesidades de contextos contrastivos (la muerte, el sexo) pero unificados una y la misma necesidad
humana, crean, nuevamente, el ritmo especfico que slo la respiracin en breve(simo) puede trasmitir.
En la medida es que se utiliza el recurso serial para contrastar las extensiones de lo breve y lo brevsimo, se plantea el ritmo de lectura en un plano consciente y, as, este libro pregunta por el ser de la lectura
(mini)narrativa.
No podemos forzar esta caracterstica a los minicuentos de Eduardo del Llano Rodrguez. Trados a
dialogar con la mejor de la tradicin del bestiario brevsimo, los cuentos ultracortos de Del Llano, lejos de suplir
con su ancdota una inquisicin metatextual, cumple con la lectura de las otras tres caractersticas.

Polifona y relato mnimos


Entre los contornos del hilo otro y la narrativa de un vestido

Entroncada en la singular caracterstica ms importante de la novsima cuentstica cubana de los noventa, la polifona nos sita en la butaca del concierto de los puntos de vista, constructores de las dimensiones, en estreo,
del otro desde el uno. Es decir, la visin de un sujeto es dramtica y drsticamente alterada por el filtro de la visin
de otro sujeto, ambos fundidos en un momento dentro de la ficcin textual de un tercer sujeto, el lector.
Este es el caso de los cuentos ultracortos Abeja y escorpin de Santana, Hermanos de Daz Mantilla, Sedicin de Prez, El primer contraste de Santiesteban Prats, y Vampiro de Eduardo del Llano23.
En el primer caso, los sujetos (la abeja, el escorpin) contemplan mutuamente sus realidades; la una,
desde el clido bosque, el otro, desde el helado submundo de piedra, lugares que filtran y visionan, para el

23

Ernesto Santana. Mariposas nocturas. Extramuros. La Habana. 1999. p. 4; Daniel Daz Mantilla. Templos y turbulencias. (Indito,
2002); Jorge ngel Prez. Lapsus Calami. Unin. La Habana. 1996. p. 35; ngel Santiesteban Prats. Sueo de un da de verano. Unin.
La Habana. 1998. p. 15; Eduardo del Llano Rodrguez. El elefantico verde. Casa Editorial Abril. La Habana. 1993. p. 23; respectivamente.

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uno, la extraa miel, y para la otra, el fantstico veneno.


En el segundo caso, el oficio adquirido es resultado de la mirada de cada hermano, hijos de los mismo
padres; donde, sobre la misma experiencia de mirar en xtasis el sol rebotar como un fuego divino contra el lomo
dorado de los libros, uno deviene escritor y el otro incendiario.
En el tercer caso, la libertad decide mostrar slo su perfil y los hombres, disgustados, la obligan a mostrarse de frente. A diferencia de los dos casos anteriores, aqu la polifona no sostiene la verdad polifnica o dual, sino
la verdad nica y monofnica por contraste, precisamente, con una visin polifnica que se sugiere al lector.
El primer contraste, cuarto ejemplo de polifona mnima, plantea dos contrastes: uno que emana de
la imagen del texto; otra que emana por contraste con el primer cuento del libro, Sueo de una da de verano,
en el que venimos de leer

Eso lo aprendiste aqu. Descubriste que todo tiene su olor caracterstico. Y mueves la cabeza, aprobando. La tierra, a veces
huele a mar; el aire, a cerveza, y aturde. Pero despus de un combate, la sangre se apodera de las entraas de la tierra y del
aire. Nunca pens que la sangre tuviera un olor tan fuerte. Tambin el alma del hombre se percibe ms cuando duerme, guarda aroma de mariposa y miel. La plvora, al principio sabe a desgracia; al rato, va adquiriendo un sabor dulzn que penetra
por las venas y se me sube a la lengua y aprieta como una liga y da por escupir. El hedor del silencio es repulsivo cuando
se impone a la fuerza, y si se desea, es un vino muy dulce. Los vivos, sudan agrio y con olor a hierba orinada; los muertos,
con esa carga de tristeza que les brota de cada poro, huelen a gloria y a flores. El miedo, aunque se esconda, siempre huele
a mierda24.

En El primer contraste se evidencia (se contrasta) la primera cosa que ven los soldados cubanos al
llegar a Angola. A la derecha, las hermosas mansiones blancas y rosadas que parecan smbolos de paz con,
luego, ya a la izquierda, los kimbos: casitas sucias y mal hechas. Por otro, este texto contrasta con el primer
cuento del libro en que, luego de una muy profunda inmersin en el campo de batalla y la vegetacin blica, se

24

ngel Santiesteban Prats. Ob. Cit. p 10.

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nos saca bruscamente de ello, como si, debido a un error en el orden de los cuentos, y ahora en segundo lugar, se
nos devolviera al tranquilo25 momento de llegada. Este primer choque, o contraste, viene a ser la mirara dual, o
polifnica, respecto a la guerra angolana.
En Vampiro, de Eduardo del Llano, el ciempis se toma la libertad de juzgar al vampiro desde su
esteriotipo victimizador y causador de muerte. Por sorpresa y comicidad, el vampiro le explica que l le lleva la
sangre a un elefante que agoniza en otro confn del mundo. Como en el caso tercero, la polifona aqu funciona
desde la suposicin contradictoria de la verdad nica y monofnica. Se cuestiona de esta manera la sensata suposicin de un valor convencional versus la particularidad de un caso; aqu, que este vampiro no ocasiona muerte,
sino ms bien preserva vidas.

Intertexturas, diversidad y colorido


Muchos hilos desde lejos y desde cerca o los parches preservados en la tela

La vspera de la muerte de Jess sirve de hipotexto para Getseman de Santana, hipertexto mnimo que hila el
sueo del maestro alternado con los sueos de los discpulos de manera que se construye, por presagio y profeca,
dos vsperas de su muerte.
La nocin de escritura moderna en Nietzsche, en el caso de Yugos de Daz Mantilla, es hipertextuada
no slo como tema sino de modo metatextual, donde una sensacin metafsica cartesiana (pienso luego existo),
a travs de varias instancias de construccin, se sustancia en un sujeto pensante y verbal cuyo uso de enunciados
de la posmodernidad se apega a la lgica tradicional del poder y desde donde el ser es un dios autnomo y soberano aunque fuera de sus lmites no visore sino abismo; todo ello autosuficiencias de la comprensin que al final de
la construccin y recorrido existenciales, finaliza, con miedo, preguntando Cmo saber, cuando lo haya olvidado, que sabr lo que soy. Unidad semntica llevada a cabo por una serie de cuatro relatos-monlogos mnimos,

25

Tranquilidad que rpidamente se transforma en fatiga: Siempre la misma fatiga, la que no repartieron en Cuba a la partida ni encontramos en todo el viaje en barco. Simplemente nos recibi cuando desembarcamos en esta tierra de magia negra; se nos ha metido dentro
del cuerpo como un virus, y hay en cada bolsillo para los perores momentos en ngel Santiestaban Prats. Ob. Cit. p. 29.

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Yugos es la voz de un sujeto que es su minuta celda de existencia (pos)moderna.


El rito de iniciacin como tema es el referente intertextual en Suerte que tienen algunos (I)26. Un
muchacho de dieciocho aos recin hecho soldado, quien ahora ocupa la cama de un muerto en guerra, es bautizado por la veterana escuadra como el mueco. Sobrenombre que desconcierta al muchacho y que la narracin,
consciente de la economa con que suministra la informacin al lector, dice se han equivocado, no se llama
as, y trata de aclararlo pero no lo escuchan y se lo repiten. Todo rito inicitico supone a lo menos una accin
dramtica, ms bien traumtica que de modo personal e intransferible ensea o inicia al iniciado hacia su nueva
realidad, aqu, las desdichas de la guerra. El hambre, elemento bsico de la vida en guerra, constituir la accin
traumtica concretada en la caza de gamusinos. Cuando la voz comienza a fallarle (...) y todo su cuerpo tiembla,
estremecido (...), de tanto correr, se percata de que est solo y comprende que al amanecer est sentado sobre
un tronco. Todava tiene fro.
Como toda accin de cambio definitivo, la nueva realidad, al ser vista en todos sus ngulos, supone la
aceptacin de la realidad sustituida, donde el minicuento termina cuando el mueco, en voz del narrador, asume
que de todas formas, tendr que seguirse jodiendo, como ha hecho desde que le propusieron la misin y quiso
negarse y un s de cabeza lo traicion. Pero eso no vale. Ya es tarde.
La muerte es uno de esos temas de temas cuyos textos se pierden en el origen enigmtico. En Suerte
que tienen algunos (3), la muerte coquetea, la muy puta, con un soldado cubano. Su inexplicable presencia
enloquece y su igualmente inexplicable desaparicin, experiencia a la vez comn y sobrenatural, nos devuelve a
la vida, tan perdida que la tenamos ya. El agotamiento y fatiga producidos con su cercana son la necesaria actualizacin de la vida, y en esa medida se intertexta, a travs de la atractiva belleza mortal de aquella, el valioso
presente del existir en el contexto de los terribles espacios de la guerra angolana. Del paratexto o ttulo debemos
leer, no sin poca irona, todos los cuentos sobre la suerte que tienen algunos.
La escritura como referente de autorrepresentacin es el tema intertextuado, claro est, metatextuando a
la vez, en Lugar solitario27, de Jorge ngel Prez. Una pgina en blanco, cuyo ttulo se adorna con un asterisco,

26
27

ngel Santiesteban Prats. Sueo de un da de verano. Unin. La Habana. 1998. pp. 18-19.
J. A. Prez. Ob. Cit. p. 46.

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nos aclara al final de la pgina que en este lugar parece no ocurrir nada, pero slo en apariencia. La recepcin es
nula y de ah ella y su aparente blancura emergen desde un intertexto autocuestionando la accin narrativa desde
el lugar de enunciacin literario, y as se intertexta y actualiza la discusin antigua y contempornea sobre la
esencia y objetivo de la obra literaria.
Desde otro matiz intertextual, en Jorge ngel Prez, autor de En el insomnio, varios mecanismos
de la transtextualidad28 se patentan. El hipotexto borgeano, en especfico su paratexto Pierre Menard, autor del
Quijote29, es hipertextuado sobre el motivo de la reescritura o la falsificacin literarias. La delirante argumentacin y dilucidacin de Pierre Menard en su misin de reescritura es tomada por el autor de este minicuento, pero a
diferencia del difano hipotexto, no ser para rescribir la obra de otro autor en tiempo y espacio, sino para rescribir la obra de s mismo como y desde otro sujeto y otra sustancia identitaria. Es decir, el nombre que firma el libro
Lapsus calami, se convierte en sujeto ajeno al autor ficcional de uno de los (este) minicuentos: este autor no slo
niega al nombre que firma el libro sino que el texto lo asume como otro30, y en ese desboblamiento definitivo del
sujeto en dos se tematiza e intertexta el hiposema borgeano con el hipersema de Prez. Fuera de la autora y del
sujeto en yo narrativo (quien rescribe) del texto primero del sujeto falsificador, inmediatamente despus, se nos
presenta la segunda narracin original? de En el insomnio, la que, desde su significacin, no es sino la historia
del insomnio de un hombre, acaso el autor? Autor falsificador?
El elefantico verde y La mariposa son dos minicuentos de Del Llano que, recogiendo las marcas
genricas de la fbula, que en Occidente se alfabetizan a travs de los esfuerzos de los Hermanos Grimm o un
Perrault, y, luego en Hispanoamrica, en gran parte de su narrativa breve del siglo veinte en textos tan diversos y
particulares como los de Horacio Quiroga, Augusto Monterroso, Julio Cortzar y Guillermo Cabrera Infante. La

28

Segn el concepto de Grard Genette. Ver bibligrafa, primer aparte, Genette 1982.
Jorge Luis Borges. Pierre Menard, autor del Quijote en Ficciones (1956). Oveja Negra. Buenos Aires. 1984. pp. 39-50.
30
Esto ltimo, adems, un claro indicio de otro mecanismo hipertextual como lo es tomar el concepto del otro en Borges y yo. En este
texto, vemos que al otro, a quien se le ocurren las cosas, es sujeto distinto del Borges narrador quien tiene gustos ms bien poco literarios, ya que ello pertenece a la sustancia del Borges aquel, que vee el nombre por el correo y lo conoce por referencia de una terna
de profesores o en un diccionario biogrfico, pero que, sobre estas y otras aseveraciones, queda bajo duda total al finalizar el texto con
no s cul de los dos escribe esta pgina. En Jorge Luis Borges. El hacedor (1960). Emec/Alianza. Buenos Aires. 1972. pp. 69-70.
29

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fbula como sntesis de principios cvicos, representados a travs de seres no humanos, constituye el hipotexto
genrico del libro El elefantico verde31.
En El elefantico verde, los valores humanos de la libertad, la aventura individual y los derechos
civiles universales son textualizados a travs del elefantico distinto a todos los dems: no era gris sino verde. El gris como color montono, comn e inspido se contrasta con este inslito verdor del elefantico
que, bajo las burlas de los dems, decide irse de su comunidad y as retar su destino particular y coloridamene distinto32. Facturado dentro de la fbula clsica de la literatura edificante y estructuralmente aristotlica (introduccin y problema, desarrollo, clmax y conclusin), la razn de su diferencia se revela como
secreto y, as, ello constituye el misterio que cada sujeto lleva por dentro y debe conquistar al encuentro
con su destino particular y diferente del de los dems.
Tambin de formato clsico, la epifana narrativa de La mariposa se nos presenta como un relato
circular. La vida de la mariposa azul, nica ejemplar viva de su especie en medio del desierto blanquiamarillo,
imagina un mundo desconocido del que se entera al ver otra mariposa azul entre las pginas de un libro. Su muerte
significa la vida en ese otro mundo, lleno de mariposas azules. Su enrgico vuelo la llev hasta morir a slo un
metro de las hierbas del bosque desconocidas. Un nio, que en el receso escolar la ve, la guarda entre las pginas
de un libro que, ya de regreso de una excursin al desierto, olvida en su planicie. Se edifica como valor la bsqueda de los objetivos sin importar la aparente ciclicidad de un mundo ms all de nuestro entender, dentro del
hipotexto genrico y semntico de la tradicin de fbula.

El referente ausente
Una historia que en el fondo de nosotros, quisiramos borrar33
31

Escrito con la funcin extraliteraria de ser ledos para y por Anita, la hija del escritor, en 1993, apenas una niita. Ver Conversacin
con Eduardo del Llano Rodrguez (ent. Dionisio Mrquez Arreaza). Cafetera 25/12. Calle 25 con 12. El Vedado. La Habana. 31 de
octubre de 2001.
32
Me voy! Andar por el mundo hasta que el mundo o yo cambiemos de color, o por lo menos hasta que yo sepa por qu razn soy
verde y no gris como el resto de los elefantes. Eduardo del Llano. Ob. Cit. p. 3.

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Los remaches que deja la mquina para hilar

El referente ausente como espacio dialgico entre la reciente realidad sociocultural y la ficcin cubanas tiene
fuerte asidero en Sueo de un da de verano (1998) de ngel Santiesteba Prats, entre otros textos ms adelante comentados. En Dos pjaros de un solo tiro (III), Suerte que tienen algunos (5) y Suerte que tiene algunos (6)
se presentan los distintos problemas nacidos de la experiencia angolana que empiezan a ser parte y a confundirse
con otros aspectos de la vida sociocultural cubana.
Como se ha dicho en el aparte anterior, la joven narrativa cubana se caracteriza por renovar y no meramente imitar asuntos tratados por otras generaciones de escritores, especficamente la narrativa de la violencia del
llamado quinquenio de oro (ver tercer aparte 4.1) en el segundo lustro de los aos 60. Al respecto, y en mencin
directa a Santiesteban Prats, Salvador Redonet apunta que

sin abandonar la accin pico-heroico-colectiva, se subraya el drama individual, las complejas y matizadas ondulaciones
-sobre todo, psicolgicas- de los personajes, que se estremecen ante la muerte, el miedo, la soledad, la lejana, ante las circunstancias, difciles en que se encuentran (...)34

Casi tres aos despus, y de modo ms general, Redonet afina la idea desde matices crticamente reveladores,
aplicables no slo al conflicto blico:

El internacionalismo blico y en general la guerra (...), la intolerancia, el abuso del poder, la rigidez, el dogmatismo y la oxidacin de las costumbres; el deterioro de las relaciones humanas. (...) La existencia traumtico-sexual del ser, las inhibiciones; las relaciones tambin traumticas (y en ocasiones violentas) entre el hombre, las instituciones y los organismo oficiales,
todo ello se convierte en asuntos obsesivos, con toda la razn del mundo para estos narradores, en cuyos temas no dejan de
recrearse de manera testimonialmente eficaz las manifestaciones culturales, y contraculturales (cul es cul?) de estos
33

Fragmento de la dedicatoria de nuestro ejemplar de ngel Santiesteban Prats. Sueo de un da de verano. Ediciones Unin. La Habana. 1998.
34
Salvador Redonet Cook. Para ser lo ms breve posible, prlogo a Los ltimos sern los primeros. Letras Cubanas. La Habana. p. 27.

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tiempos, y los personajes marginales y marginadores (cul es cul?), para ofrecer un dizque verdadero zoolgico nocturnal
desprovisto de bsquedas y, por supuesto, de verdaderos espacios de salvacin (...)35

Para Amir Valle, este libro de Santiesteban Prats, es un cuerpo total, diverso, matizado y profundamente humanizado36 de la guerra angolana hecha relato literario. Y lejos de un acopio testimonial o imitacin de la narrativa
de los 60, Sueo nos asoma a una importante dificultad donde

el sentido mismo del arte est en juego cuando nos planteamos la elucidacin del contenido realista: cules designios valdra
priorizar, la lealtad del hombre a su mente, a su percepcin del mundo colmada de alucinaciones y cotejos lunticos o, en
cambio, el registro del mundo mismo, como si de un inventario de medios bsicos se tratase? El arte ser poesa o un satlite
analgico a la realidad?37

y se nos pone, en Sueo, a modo de priorizar,

al margen, por ejemplo, de un concepto estrechamente poltico (sic) de hroe, y s cerca de la experiencia humana como
fuente insustituible de la verdad, y en contra de la perniciosa falsedad de la ilusin38

Lejos de un trabajo mimtico desustanciado, la lectura de Sueo muestra relatos cuya literariedad recae en un
lenguaje que construye la imagen de conflictos y aoranzas humanos sobre un referente posible (por contexto
ambiental o ausencia) en tanto este lenguaje hable no de este referente sino de la materia humana comn que une

35

Salvador Redonet Cook. A quien corresponda, prlogo a Doce nudos en el pauelo. Ediciones Mucuglifo. Mrida (ven). 1995. pp. 7-8.
Amir Valle Ojeda. Brevsimas demencias. Ediciones Extramuros. La Habana. 2001. pp. 86-87.
37
Rufo Caballero. Posibilidad irreal, finitud y modo de regresar a la tierra en El caimn barbudo (XXIX: 276), diciembre 1995. La
Habana. pp. 18. Citado en Daniel Daz Mantilla. En los lmites de lo posible en Temas. N. 16-17 (extraordinario). La Habana. 1999.
pp. 204.
38
Sntomas. Ensayos crticos. Ediciones Unin. (Premio ensayo Enrique Jos Varona 1998). La Habana. 1999. p. 36.
36

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todos sus personajes y todas sus terribles situaciones39. Segn Amir Valle40, la harta majestuosidad y universalidad de (sus) cuentos, se debe a que:
la perspectiva humanstica tambin ha variado desde aquellos lejanos aos 60 (narrativamente hablando, creemos) cuando
existi una profusin de obras sobre este tema, hoy amplindose, diversificndose. El referente circunstancial tampoco es
el mismo y las presiones tico-sociales del contexto han variado y lo siguen haciendo constantemente, lo cual convierte a
este libro (y a su autor) en algo mucho ms pleno y genuino que un simple mulo de la narrativa de la violencia41. (primer
parntesis nuestro).

De modo semejante, la lectura de Alberto Garrands observa que


segn la visin que de ella tenga el escritor, la manera -y, a veces, tambin la intencin- de la mirada realista, fuera de ese
campo queda un libro desacralizador y valeroso, un libro que se adentra en asunto de la participacin de las tropas cubanas
en la guerra de Angola.42

Luego de vistos estos comentarios crticos, los tres minicuentos citados cobran mayor rigor significativo, en tanto,
como ya se dijo, la imagen literaria sirva de arena dialgica a la realidad y ficcin cubanas. En Dos pjaros de
un solo tiro (III)43, sorprende al soldado narrador que otro exponga tanto su vida en las misiones ms peligrosas
siendo siempre el primero en ofrecerse como voluntario. Luego de revelar que la razn es que est vengando al
padre, el paratexto le da significacin plena a una verdad socioculturalmente dolorosa: mueren padre e hijo (los
dos pjaros) por la misma ajena causa, el tiro de la guerra.
39

Dice el mismo autor: Yo creo que mis cuentos coinciden en general en una palabra que es aoranza. Todos mis personajes de alguna
manera sienten aoranza. Y esa aoranza se transmite, esa aoranza a la patria, aoranza a una mujer, aoranza a los amigos, aoranza a
la casa, aoranza a las costumbres; y a partir de eso es que busco el sentimiento. Entonces yo creo que mis cuentos estn armados alrededor de ese sentimentalismo, esa angustia de alejarse de algo, de perder algo. Y creo que a partir de ah, yo entonces reflejo la cubana,
a travs de, por ejemplo, un cuento de balsero, o un cuento de prisin, o un cuento internacionalista... todos aoran lo mismo, coinciden
sus aoranzas. Es decir, el soldado esta pensando en regresar, est pensando en su casa, en su familia y en sobrevivir. El balsero, est
pensando en lo mismo, en sobrevivir tambin, y el hombre en la prisin est pensando en lo mismo, y quiere sobrevivir tambin. Es
decir, son tres experiencias, tres circunstancias, aparentemente tan distantes e intrnsicamente tan unidas; en el fondo son una misma
cosa. Casualmente yo pude palpar esos tres sentimientos, y al final dije, bueno, es una misma... es la misma angustia, el mismo deseo, la
misma aoranza, y qu cosa ms interesante me result para m descubrir eso... Y yo creo que a partir de eso se basa un poco la narrativa
ma, es decir, el hombre siempre ahnelando algo, tratando de volver (...); en Conversacin con ngel Santiesteban Prats (ent. Dionisio
Mrquez Arreaza). Entrada principal de la Unin de Escritores y Arstistas de Cuba (UNEAC).Calle 17 con H. El Vedado. La Habana.
21 de diciembre de 2001
40 Amir Valle Ojeda. Brevsimas demencias. Extramuros. La Habana. 2001. pp. 87.
41 Amir Valle Ojeda. Ob. Cit. pp. 87.
42 Sntomas. Ensayos crticos. Ediciones Unin. (Premio ensayo Enrique Jos Varona 1998). La Habana. 1999. p. 36.
43 Amir Valle Ojeda. Ob. Cit. p. 60.

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En Suerte que tienen algunos (5)44, las experiencias adquiridas en guerra, lejos de ser ganancia y de ms
bien generar prdidas sentimentales (la patria, la familia, la casa, los amigos, la vida), tambin generan, y con
frecuencia, prdidas fsicas. La brevsima narracin poco a poco va revelando la realidad de un soldado que ha
regresado haca dos aos. La descripcin de una pesadilla nos lleva a la explosin que le quit una pierna que,
al final de cuento, sigue sintiendo por el vaco que ocupa. Este minicuento, revela otra de las difciles verdades
socioculturales del internacionalismo blico cubano: la vuelta a la cotidianidad de las convenciones los ha convertido en seres traumatizadamente diferentes.
Con Suerte que tienen algunos (6)45, se resume la guerra a dos niveles de realidad; tiene alguno de ellos
ms suerte que la otra? La primera guerra es vista desde arriba, ubicada en las mentes de los jefes, la de
mapas simblicos, anlisis de datos y en un seguro saln lejos de los campos de batalla. La guerra vista desde
abajo, es la que est ms que en las mentes de los soldados y subalternos, est en el riesgo inminente de sus
cuerpos, medios de vida, y donde no es fcil arreglar los errores tcticos en el campo de batalla, cuando el soldado
corre peligro y ve cosas que, de contarlas46, nadie le creera47.
Estos tres minicuentos, junto con los anteriormente comentados, tienen una fuerte relacin intertextual con
el referente real de la guerra internacional angolana. La posicin de sus personajes, el tratamiento humanizado en
ellos, permiten una lectura donde
Por un lado, sus protagonistas aceptan (pues la comparten de algn modo) la fatalidad de tener que dedicar aos de su an
corta vida a defender un ideal que creen humano y justo. Por otro, el cuestionamiento tico hacia la validez de los ideales
defendidos a travs de un medio que creen inhumano, injusto, intil, prctica y socialmente. Y en otro, el choque que contra
estas dos verdades en conflicto tienen el instinto humano natural de supervivencia, los miedos y los egosmos propios de todo
ser humano con relacin a su destino, al rumbo que so dar a su vida cuando tuvo uso de razn y se crey libre, desconociendo esas ataduras que como ser social siempre amarran al individuo en cualquier sociedad.48

Ms all de la significacin narrativa de estos minicuentos, emerge el sentido crtico y la visin que de lo
sociocultural cubano reciente sostiene el relato dialgico.
En Cucaracha de Del Llano, Desde su ventana de Daz Mantilla, Ejercicio de Jorge ngel Prez,
y El rey y el inventor de Santana, el sentido crtico que la lectura arroja no se suscriben a un referente especfico sino a un referente no-especfico de la realidad real y, al no poder identificarse con nada en concreto de la
44
45
46

Amir Valle Ojeda. Ob. Cit. p. 53.


Amir Valle Ojeda. Ob. Cit. p. 61.
Si te la cuento dese abajo, me llamaras mentiroso, t, que casi seguro la viste desde arriba ngel Santiesteban Prats. Ob. Cit.

pp. 61.

47

En nuestro contacto personal con ex-militares o soldados cubanos ya retirados, esta era su percepcin respecto a la credibilidad
de sus historias de guerra dentro de su cotidianidad.
48
Amir Valle Ojeda. Ob. Cit. p. 83.

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realidad, depender, pues, ese sentido crtico del lugar de lectura. Es decir, si algunos de estos minicuentos tratan
de relaciones que jerarquizan rdenes de poder, ser el horizonte de expectativa del lector lo que sustancie un referente posible, ausente a travs del cual el minitexto cobre significacin textual, y de ah d el salto interpretativo
hacia su sentido crtico.
En el referido cuento ultracorto de Del Llano, las cucarachas, quienes deseaban obtener el dominio
del planeta, se declararon a favor de la guerra nuclear. Inmunes a las radiaciones, por la noche histerizaron a las
grandes potencias, consiguiendo su nuclear acometido. Celebran, y a la maana siguiente se cayeron mutuamente a zapatazos. En este texto, se observa la ingeniosa sustitucin de un orden por el otro. rdenes que siempre se
asumirn, dentro de la modernidad social contempornea, como diferentes, competitivas y opositivas entre s en
las propuestas y proyectos. Dependiendo del punto de vista bilateral, siempre una ser mejor que la otra, pero
desde el punto de vista del lector, como tercero, la valoracin no es unidimensional y vara de lector en lector.
La sucesin continua, como el mito de Ssifo, de un orden de poder por otro, es estrategia de sentido en
El rey y el inventor, donde un rey es desplazado por un inventor que lo derroca y se entrona un rey que a su vez
es desplazado... Cada inventor asegura, sin demostrarlo, haber inventado una mquina de cuyo producto (lo
invencible, el sueo y la nada) el rey de momento deconfa. Como un discurso, esta mquina a la vez que ofrece
sus virtudes, supone el peligro del orden de momento. Este esquema, infinitamente sucesivo, se repite con el logro
de la muerte del rey y la entronizacin del ex-inventor. El referente ausente, como en el minicuento comentado
antes, conlleva un silencioso dispositivo autorreflexivo que cuestiona, en una y otra entronizacin, la lgica
moderna de la organizacin social en su rgano gubernamental.
La indiferencia hacia lo cotidiano es el referente ausente presente en Desde su ventana de Daz Mantilla. El sudor de los transentes, su prisa entre latones y paredes de un domingo en el que por razones bastante
explicadas han cortado el fluido elctrico, redondean la monotona de una realidad matizada de carencias. La
imagen quieta, nula y muerta de los aparatos elctricos sin vida vistiendo de polvo sus plsticos muertos crea
el suspenso de una narracin sin accin heroica central. La accin del hroe, de haberlo, sera este hombre,
que pensando en el calorn que hace, mira, una y otra vez, desde su ventana. El esquema de sentido de este referente cae, pues, en las carencias de la cotidianidad. El sujeto sin misin, que se ve rodeado de inercia, considera

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cualquier esfuerzo (mirar por la ventana, encender un cigarrillo estrujado) una molestia: la perfecta razn por lo
que no hacerlo. Trazada muy lejanamente tal vez en la mirada del yo lrico que alguna vez triunfara en Heine,
por ejemplo, el sujeto narrativo contemporneo de este minicuento muestra su inventario de imperfecciones sin,
siquiera, persuadir hacia un sentido particular dentro del esquema ausente en el que est insertado.
En Ejercicio, de Jorge ngel Prez, desde la estrategia irnica y pardica, el discurso de (el ejercicio
de) la formulacin cuasi-matemtica, analiza, dentro del primer enunciado de la formulacin, tres valores (ley,
libertad y fuerza) sometidos a cuatro combinaciones diferentes. Y, al otro lado del signo de igualdad, se formulan
las sumatorias (anarqua, despotismo, barbarie, repblica). Ejercicio irnico a raz de llevar a una formulacin
analtica enunciados que ameritan argumentacin y contexto. Fuera de contexto, estos enunciados activan la
recepcin pardica. La respuesta, absurda y pardica a la vez, cierra el sinsentido preparado por el esquema de
sentido textual; finalmente se habla sobre el reconocimiento de la repblica del zapato. Conceptos tan caros a la
organizacin social de cualquier pueblo de occidente u occidentalizado, se convierten en la trivialidad de cualquier signo lingstico (el zapato) que ahora, dentro de la imagen literaria, cobra (el zapato) los valores de dichos
conceptos, como si pudieran corresponderse, por ejemplo, en la realidad.
Interconectividad de caracterstica cudruple o los cuatro hilos de una tela, y una breve reflexin realficcional
Se habr podido notar que las cuatro caractersticas colaboran, dentro del anlisis de cada minicuento,
en la exploracin mtua de sus cualidades, aunque en este estudio se haya intentando explorar cada una por separado. El salto metatextual, entre relato y su reflexin, es un procedimiento de naturaleza intertextual. La nocin
de un referente ausente, es hipotexto reinsertado en un caso textual particular. La multiplicidad de voces y sujetos
narrativos no es ms que una versin sincrnica de la diacrona del palimpsesto literario. La polifona, tambin,
en el roce entre sujetos, crea las estructuras y esquemas de cuestionamiento, de las que, se sujetan una buena parte
de la reflexin metatextual.
De mltiples formas, pues, se conforma la creacin de una matriz receptiva a la medida de las caractersticas formales o genricas y de los valores interpretativos que, desde esa forma genrica, se concretan en
esquemas de sentido y de persuasin en la imagen del texto literario.

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Respecto al referente blico, el sentido crtico del texto, publicado en 1993, hoy, 2002, dentro del
panorama internacional, podra bien tener resonancias sensibles (esto es, una posicin, un punto de vista) en el
lector/espectador frente a los mltiples hechos blicos del da presente. Fuera de sentido moralizante alguno en
estas lneas, quin sabe si fuera til dialogizar la relacin realidad y ficcin literarias a la relacin significado y
significante de los actuales tiempos violentos, en tanto, reconstruir la posicin ternaria del lector en el anlisis
objetivo del mundo actual pudiera arrojar visiones amplias, panpticas y desprejuiciadas (es decir, posiciones no
bilaterales) que, sin pretender ser ni la solucin ni la verdad ltimas, devolvieran a los soldados y subalternos,
que son el pueblo fuera de las esfera de las decisiones del poder, voz y voto en sus anhelos reales y cotidianos de
ellos mismos.

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