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Minius VIII

Este documento presenta los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas en 1988 y 1990 en el túmulo M2 de la ermita de San Bieito en Lobios, Ourense. El túmulo data de la época megalítica y contenía restos óseos humanos y un variado ajuar. La excavación reveló estructuras de piedra en el centro que podrían corresponder a los cimientos de la cámara funeraria original. Se realizaron análisis palinológicos y de datación por carbono-14
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Minius VIII

Este documento presenta los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas en 1988 y 1990 en el túmulo M2 de la ermita de San Bieito en Lobios, Ourense. El túmulo data de la época megalítica y contenía restos óseos humanos y un variado ajuar. La excavación reveló estructuras de piedra en el centro que podrían corresponder a los cimientos de la cámara funeraria original. Se realizaron análisis palinológicos y de datación por carbono-14
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MINIUS
Revista do Departamento
de Historia, Arte e Xeografa
Universidade de Vigo

N VIII
2000

HISTORIA

MINIUS VIII, 2000, pp.11-45

Excavacin en el tmulo M2 de San Bieito (Lobios, Ourense. 1988 y 1990)

JOS M EGUILETA FRANCO


Universidade de Vigo. rea de Prehistoria

1. Introduccin.
Presentamos los resultados de una ya antigua excavacin arqueolgica que llevamos a cabo en
Lobios, uno de los municipios de la comarca orensana de la Baixa Limia. No queremos dejar de
sacar a la luz un monumento que cuenta, como veremos, con un singular y variado ajuar, con
anlisis palinolgicos y con una datacin de C14 [lvarez Fernndez, Daz Losada, Gonzlez Porto
& Saa Otero, 1998].
El monumento M2 de la Ermida de San Bieito (SBiM2), localizado en la parroquia de Grou y
en el trmino municipal de Lobios, fue sondeado (Campaa 1988) y posteriormente excavado
(Campaa 1990) durante las actividades desarrolladas en el proyecto de investigacin
"Arqueoloxa na Baxa Lma: o encoro de Lndoso e o seu entorno" y como siguiente paso a la
fase de prospeccin en el rea geogrfica que abarcamos en el citado proyecto [cfr. Eguileta
Franco, Rodrguez Cao & Xusto Rodrguez, 1991; Eguileta Franco & Xusto Rodrguez, 1995].
Durante esa prospeccin pudimos comprobar la laguna de informacin que exista sobre el
Megalitismo desde la dcada de los cincuenta. As, la ltima excavacin llevada a cabo en las
mmoas de la Baixa Limia haba sido realizada en Chan de Andr y Chaira de San Fiz, (Galez,
Entrimo) por F. Lpez Cuevillas y X. Lorenzo Fernndez [1958], aunque posteriormente se realiz
una excavacin de rescate en el megalito de Casia da Moura, en el Valle del Salas [Ferro
Couselo, 1972], con motivo de la construccin del embalse del mismo nombre.

11

La localizacin y caractersticas del monumento que nos ocupa son las que siguen:
-Localizacin: Provincia de Ourense, ayuntamiento de Lobios, parroquia de Grou (San Mamede),
lugar de San Bieito, concretamente a unos 600 m. en direccin SSW de la ermita con la advocacin
del citado santo. Se emplaza en la penillanura comprendida entre los altos de Santorgo y Ervededo,
en la divisoria de aguas de segundo orden entre los ros Grou e lila y a una altitud de 738 m.s.n.m.
(figs. 1 y 2).
-Coordenadas topogrficas: 41 57'12" N; 8 04'39" W (hoja del M.T.N. escala 1 :25.000 301-1,
"Entrimo")
-Dimensiones: dim. mayor (WE): 1700 cm.; dim. menor (NS): 1500 cm.; altura: 130 cm..
-Caractersticas del monumento: cmara: no reconocible; tmulo: tierra y piedras; n de ortostatos
en superficie: 2.
-Caractersticas del emplazamiento: orografa: llanura/divisoria de aguas; pendiente: 10%; suelo:
rnker gris distrfico; afloracin y sustrato geolgico: migmatita nebultica; drenaje: bueno;
dedicacin del entorno: monte bajo; distancia al cultivo actual ms prximo: 1000 m..

2. La excavacin.
Para sondear el monumento durante la Campaa 1988 empleamos un sistema de cuadrculas de
2m x 2m (4 m2) superpuestas a los cuadrantes da mmoa, cuadrantes formados a partir de los ejes
norte/sur y oeste/este del tmulo (fig. 3). Entre ellos seleccionamos el sector sureste por ser ste el
que, de existir, nos revelara de forma ms fcil las estructuras arquitectnicas y el acceso de la
construccin funeraria. Con este fin dispusimos las cuadrculas a modo de zanja que, desde el
centro del crter de violacin (Punto 0) hasta el exterior de la mmoa, nombramos a partir de Al (y
que excavamos hasta la cuadrcula A5; fig. 4), haciendo coincidir el ngulo NW de esta cuadrcula
Al con el punto de interseccin de los ejes del monumento (Punto 0). Formaron as las cuadrculas
Al, A2, A3, A4 y A5 una zanja continua que nos pudiese ofrecer la informacin estratigrfica seriada desde el centro de la mmoa hasta el exterior de la misma. Posteriormente, ampliamos las
cuadrculas A2 y A3 hacia el sur (A2S y A3S respectivamente).
Los sondeos de la Campaa de 1988 aconsejaron, como veremos, proseguir la excavacin del
monumento. Una de las causas principales deriv de la distribucin espacial del ajuar exhumado,
que no lleg a ofrecer contexto arqueolgico claro. Otro de los motivos, directamente relacionado
con el anterior, radic en la bsqueda de posibles indicios indicativos de la morfotipologa de la
cmara que alberg la mmoa. De este modo en la excavacin de la Campaa de 1990 continuamos
la misma metodologa aplicada en los sondeos de 1988. Pudimos constatar ahora la misma
secuencia estratigrfica registrada anteriormente (que vere-

12

mos en apartados siguientes), centrando ahora los trabajos en dos objetivos:


a) La excavacin del sector central del monumento, en un intento de buscar y delimitar el nivelo
niveles de enterramiento.
b) La bsqueda de indicios sobre la tipologa arquitectnica de la cmara destruida.
Bajo esas lneas directrices excavamos seis cuadrculas (denominadas B1, B2, B3, C1, D1 y
D2), distribuidas en los ejes cardinales del monumento de la forma siguiente (figs. 5):

Eje sur-norte

consistente en una zanja trazada desde el centro del crter de violacin (Punto
0)
hasta el exterior de la mmoa. Su fin era doble: durante los sondeos de 1988 la
cuadrcula A 1 se haba centrado en el rea de violacin, sector que podra
conservar algunos restos de la cmara. Ahora las cuadrculas B1, B2 Y B3
ampliaran la
excavacin en el sector central del monumento.

Eje oeste-este

excavamos una nica cuadrcula para completar la excavacin del rea de


violacin.

Eje norte-sur

conform una pequea zanja (formada por las cuadrculas D1 y D2) desde el
centro del crter de violacin (Punto 0) hasta el centro de la masa tumular.

Esta distribucin a lo largo de los ejes cardinales, pero de forma enfrentada o no coincidente, nos
permiti la ampliacin de la excavacin de una superficie de 16 m2 en el crter de violacin, zona
de localizacin de los restos de una posible cmara. Los restantes 12 m2 nos permitieron establecer
las comparaciones de la estratigrafa que forma la masa tumular.
Tanto el conjunto de cuadrculas excavadas durante los sondeos de 1988 como los trabajos
realizados durante la campaa de 1990, siguieron la metodologa de excavacin por medio de
zanjas enfrentadas en "L" propuesto, en un trabajo ya clsico, por Jorge, V.O. [1978]. Las
coordenadas de cada pieza exhumada hacen referencia individualizada a las cuadrculas de las que
proceden y no al Punto 0. La coordenada X se refiere a la distancia en cm. hasta el lmite norte de
cada cuadrcula; la coordenada Y indica esa misma distancia hasta el lmite oeste. Finalmente la
medida Z o profundidad, tambin en cm. tiene como referencia la Cota 0, localizada a 70 cm. sobre
el Punto 0, en la confluencia de la cuadrculas A1, 81, C1 y D1.
El rea de violacin: el sector central de la excavacin, ocupado por las cuadrculas 81, C1 y D1,
contena una deposicin ms o menos homognea de tierra marrn, orgnica y suelta que se
mezclaba, sobre todo en las cotas ms elevadas, con abundantes piedras de pequeo y mediano
tamao. A medida que a excavacin iba avanzando y ganaba en profundidad, el nmero de piedras
disminua.

13

Una vez excavado el manto vegetal pudimos comprobar que las piedras se amontonaban en el
centro de la cuadrcula C1 y, si bien en menor cantidad, por toda la cuadrcula Dl. Se asentaban
todas ellas alrededor de una gran mancha subcircular de tierra quemada que ya se adivinaba en los
ltimos centmetros de la capa vegetal (fig. 5A). Entre las piedras centrales de la cuadrcula Cl
aparecieron varios fragmentos de mbrice. Por otra parte, en el ngulo Noreste de la cuadrcula Bl y
en el Noroeste de la Cl, apareci enseguida el Estrato IV, que se corresponde con el segundo
amontonamiento de tierra para la construccin de la masa tumular. Tras la excavacin de la
mancha de tierra quemada nos encontramos ante una nueva concentracin de piedras que llenaban
uno de los agujeros resultantes de las remociones. Despus de ser retiradas las piedras de las
cuadrculas Bl, Cl y Dl, bajo aquellas proseguan nuevas concentraciones, progresivamente con
menor densidad. La excavacin de esta tierra orgnica y suelta ofreci un gran nmero de
concavidades irregulares, fruto de sucesivas destrucciones y rellenos de tierra muy similar a la
excavada, pero de textura ms suelta. Las destrucciones se prolongaron hasta la roca madre, donde
solamente las "fosas" de mayor magnitud quedaron reflejadas en ella. Sin embargo, los agujeros
finales solamente presentan un orden aparente en las cuadrculas Bl y Cl, razn por la que no
podemos asegurar que se correspondan con el "negativo" del lugar de asentamiento de los
ortostatos (fig. 5B).
Las cuadrculas de la masa tumular: las comprobaciones estratigrficas previstas en la campaa
de excavacin de 1990 se basaron en las cuadrculas B2, B3 (complementadas por la cuadrcula Bl)
y D2. Una vez excavado el Estrato I de la cuadrcula Bl, comprobamos la presencia del rea de
violacin; sta se apoyaba directamente sobre el Estrato IV. Las cuadrculas B2 y B3 tambin
fueron excavadas hasta el inicio de ese mismo Estrato IV. Entre los Estratos I y IV apareci, en
primer lugar, una estrecha franja de tierra griscea que identificamos con el Estrato 11; bajo ella,
una tierra marrn amarillenta, con mezcla de minsculos carbones y formativa del Estrato 111,
entra en contacto directo con la superficie del Estrato IV. En la cuadrcula D2, bajo una estrecha
capa vegetal, detectamos el estrato VIa. Bajo el Estrato I una gran concentracin de piedras de
pequeo y mediano tamao ocupaba el sector central de la cuadrcula. En el sector suroccidental el
Estrato IV aparece entre la roca madre y el Estrato 111. Entre los Estratos III y IV aparecen unas
placas de piedra relativamente ordenadas que responden a una funcin constructiva no aclarada.
Caractersticas arquitectnicas: la superficie excavada (44 m2 frente a los casi 200 m2 de
superficie total da monumento) no ofreci la posibilidad de definir la estructura funeraria central.
Pero lo que si pudimos comprobar es el lamentable estado de destruccin que sufra. Solamente un
fragmento de uno de los ortostatos que formaban la cmara se conservaba en el interior del crter
de violacin y en la cuadrcula Al. Dos fragmentos ms estaban partidos cerca de aquel y un cuarto
fragmento apareci a case 100 m. del tmulo1 Todos ellos haban sido ela-

1
Otro fragmento que localizado en el fondo de la cuadrcula A1, prcticamente sobre el sustrato migmtico
de la roca base, circunstancia que nos da idea del deterioro del monumento.

14

borados en granito. En las cuadrculas A2, A3 Y A4, se dibujaba una alineacin de piedras de
pequeo y mediano tamao que pudieran corresponderse con la estructura de contencin de un
posible corredor intratumular. Tal sospecha deriva de la relacin de la referida alineacin con la
ausencia del Estrato II en la estratigrafa del Testigo Norte (fig. 6), que si aparece en el Testigo Sur.
Pensamos que ese Estrato II respondera a una primera sedimentacin posterior el abandono de uso
del monumento. La cuadrcula A5 ofreci una gran concentracin de piedras de mediano tamao
asentadas directamente sobre el sbrego y localizadas desde el Estrato II. El deteriorado Estrato
VIII nos informa sobre la posible existencia de un lecho discontinuo de arena de ro que quiz
podramos relacionar con los restos del nivel de enterramiento, se bien tan slo se conservaba en
una pequea rea muy fragmentada y discontinua.
Estratigrafa: la excavacin revel la secuencia que describimos a continuacin (fig. 6):
Estrato I

Tierra vegetal, con una potencia muy variable a lo largo de toda la superficie, que
oscila entre los 10 cm. y los 40 cm., de textura suelta, con muchas races y de color
pardo oscuro.

Estrato II

Tierra griscea, ms compacta que la anterior, con poca potencia y trayectoria


ondulante. Contiene races de la vegetacin de superficie.

Estrato 1I1

Tierra marrn, algo ms suelta que la anterior y an con fuerte presencia de races.
Est mezclada con minsculos carbones que progresivamente acrecientan su
nmero hacia el estrato siguiente.

Estrato IV

Tierra amarillenta muy slida y compacta. Continan apareciendo gran cantidad de


pequeos carbones y manchas localizadas de tierra quemada.

Estrato V

Estrecha franja de tierra quemada que limita el rea de violacin, separndola de


los estratos que forman la masa tumular.

Estrato VI

VIa) rea de violacin, tierra muy suelta con alto contenido hmico y quemados
recientes. Acoga algunas piedras sueltas y fragmentos de teja (mbrice).
VIb) rea de violacin, tierra menos suelta que la anterior. Acoga piedras sueltas.

Estrato VII Pequea acumulacin de tierra clara y arenosa.


Estrato VIII Lecho de arena de ro.

15

3. Materiales.
Materiales y estratigrafa: durante los sondeos de 1988 fueron exhumados diferentes restos de
artefactos lticos y cermicos. Los atributos contextuales de estas piezas con los estratos detectados
muestran distintas relaciones con respecto a la estratigrafa. Las puntas de flecha de base cncava
(SBiM2:1) y recta (SBiM2:2) fueron encontradas en la cuadrcula A1, si bien en cotas y contextos
estratigrficos diferentes. La SBiM2:1 procede del Estrato I, casi a nivel superficial, y la SBiM2:2
fue descubierta en el rea de violacin y a 180 cm. de profundidad con respecto a la Cota 0. El
disco ptreo (SBiM2:3) y el dolo (SBiM2:4), procedentes de la cuadrcula B2, mantienen una
relacin directa con el Estrato I; el disco apareci sensiblemente ms cerca de la superficie. El
dudoso afilador de agujas hueso elaborado en arenisca (SBiM2:5) procede de la transicin entre
los estratos 11 V IV, es decir, entre la masa tumular y la estrecha sedimentacin que la cubra. Los
fragmentos cermicas SBiM2:6, SBiM2:7, SBiM2:8 y SBiM2:11 tambin fueron encontrados a
diferentes profundidades V todos ellos en el rea de violacin (Estrato Vlb). Los fragmentos
cermicas SBiM2:9 e SBiM2:10 proceden del Estrato III. A partir de estos datos, podemos
adelantar las siguientes valoraciones:
a) Las puntas de flecha SBiM2:1 y SBiM2:2, el disco (SBiM2:3), el dolo (SBiM2:4) y los
fragmentos cermicas SBiM2:6, SBiM2:7, SBiM2:8 V SBiM2:11, proceden del rea de violacin.
La variada distribucin espacial viene dada por las sucesivas remociones que sufri el sector
central del monumento, posiblemente arrastrando los referidos artefactos desde el sector central de
ste V, quiz, del interior de la destruida cmara.
b) El fragmento cermica SBiM2:10 V el de fusavola (SBiM2:9) proceden de la segunda camada
de tierra amontonada para la edificacin de la masa tumular (Estrato 111).
c) El dudoso afilador de arenisca (SBiM2:5) mantiene dos posibilidades: si est relacionado con el
Estrato IV se integrara en la primera camada de construccin. Por el contrario, si la relacin se
estableciese con el Estrato 11, pensamos que podra corresponderse con una deposicin en el nivel
de abandono de uso del monumento.
Sumados a los materiales recin citados, durante la excavacin de la Campaa 1990 fueron
exhumados los siguientes:
a) Cermica: 7 fragmentos cermicas pertenecientes a las panzas de distintos recipientes (SBiM2:
17, 18, 1920,21 22 V 23).
b) Industria ltica tallada: dos fragmentos de lminas de cuarzo con secciones triangulares
(SBiM2:14 y SBiM2:15) y un fragmento de trapecio (SBiM2:16).
c) Objetos simblico-ornamentales: un fragmento de un grueso disco de roca metamrfica rosada
decorado con acanaladuras horizontales y transversales (SBiM2:12) y 23 cuentas de collar
discoides de esquisto con perforacin central V de 3/4 mm. de dimetro (SBiM2:13).

16

Todos los restos fueron hallados en el rea de violacin, con la excepcin de dos fragmentos
cermicos, de los que uno de ellos procede de la cuadrcula B3 y Estrato III (SBiM2:19) y otro de
la cuadrcula D2, Estrato III (SBiM1:21). La diversidad espacial detectada en la distribucin de las
cuentas discoides, nos indican la magnitud de las remociones y destruccin del sector que en su
momento pudo ocupar la cmara. Todas esas cuentas se encontraron entre los -94 cm. y los -179
cm. de profundidad con respecto a la Cota ; as tambin se esparcan por las cuadrculas C1, D1
y D2. A estas observaciones sumamos el descubrimiento de varios fragmentos de hierro tambin
en el rea de violacin (fig. 5).
No queremos dejar de destacar la riqueza cuantitativa y cualitativa de los restos exhumados
frente a la nula informacin acerca de la arquitectura interior que guardaba la mmoa, debido a las
intensas destrucciones sufridas por este monumento funerario.
Microlitos geomtricos: los trapecios constituyen el grupo ms numeroso entre los microlitos
de las mmoas del Noroeste. Estn representados en megalitos con cmaras poligonales simples:
entre ellos los M1 de As Rozas [Patio Gmez, 1984a], M3 de Parxubeira [Rodrguez Casal,
1989], M2 da Abilleira [Bouza Brey, Carro Otero & Garca Martnez, 1973], M7 de Monte da
Mor [Lpez Cuevillas, Frguas & Lorenzana, 1930], M3 de Cha de Parada [Silva, P.FA, 1985],
Mmoa de Touta [Gonalvez, A.H.B., 1988], M1 de Outeiro de Ante [Jorge, V.O., 19801], M3 de
Meninas de Crasto [Jorge, V.O., Jorge, s.a. & Cleto, 1987], M2 de Fumas [Jorge, V.O. et al.,
1987], o la de Igrejinhas [Cleto & Faro, 1988].
Tambin fueron localizados en dlmenes de corredor: Chan de Arquia [Sobrino LorenzoRuza, 1956; Pea Santos & Rodrguez Casal, 1976], Mmoa do Rei [Pea Santos & Rodrguez
Casal, 1976], Dombate [Bello Diguez, 1991], M6 de Os Campios [Fbregas Valcarce & Fuente
Andrs, 1984 y 19912], o la M1 de Ch de Parada [Jorge, V.O. & Bettencourt, 1988]. Contamos,
adems, con otros paralelos en la mmoa M5 de Outeiro de Cavaladre, con una cmara cistoide
[cfr. Eguileta Franco, 1994, 1995 y 1999], en cmaras de tipologa arquitectnica no definida,
como la M1 de Chan da Cruz [Patio Gmez, 1984b], en mmoas sin estructura interna, como la
M1 de Vilafra [Fbregas Valcarce, 1992] o la M3 de Pena Mosqueira [Sanches, 1987] y en
monumentos como la M6 de Cruz do Bocelo, con una laja central imbricada en el centro de la
sepultura [Vaquero Lastres & Criado Boado, 1988; Criado Boado et al., 1991]. El actual estado de
la investigacin en el noroeste viene considerando los microlitos como representante de los ms
antiguos ajuares de las mmoas, consideracin apoyada en monumentos como Carapito I2, donde
los geomtricos parecen derivar del epipaleoltico tardenoisiense [V. Leisner, 1970]. Pese a todo,
vimos como estos artefactos parecen continuar utilizndose como parte de los ajuares en dlmenes
de tipologa diversa, y como ya indicamos, en las mmoas M5 de Outeiro de Cavaladre o M6 de
Cruz do

2
Monumento del que proceden numerosos microlitos, exhumados en el nivel basal datado por
radiocarbono en el 2900 : 40 a.C. [Leisner, V. & Ribeiro, 1968; Cruz & Vilaa, 1990].

17

Bocelo. Aunque formaron parte de los ajuares megalticos ms primitivos, continan


emplendose/elaborndose durante todo el IIIer milenio3.
Lminas: contamos con tres pequeas lminas en la Baixa Limia; tres proceden de la mmoa
M5 de Outeiro de Cava ladre y otra de la superficie de la M2 de A Lampaza [cfr. Eguileta Franco,
1994, 1995 Y 1999]. En el Noroeste Peninsular la presencia de lminas es un hecho frecuente,
como en la mmoa del km. 24 Ribadavia-Cea [Vzquez Nez, 1901], en una de las mmoas de
Vilamarn [Vzquez Nez, 1901; Fernndez Alonso, 1906], en otra de la Serra Marti [Lpez
Cuevillas & Lorenzo Fernndez, 1959], en las M1 de San Andrs de Lousada [BouzaBrey, Carro
Otero & Garca Martnez, 1973], M6 de Os Campios [Fbregas Valcarce & Fuente Andrs, 1984
& 19912, Fbregas Valcarce, 1992], Mina da Parxubeira [Rodrguez Casal, 1989], tmulo de
Mariaos [Vzquez Seijas, 1945], Chan de Armada [Pea Santos & Rodrguez Casal, 1976], M5
del Marco do Camballn [Sierra Rodrguez, 1981], M1 de As Rozas [Patio Gmez, 1984a],
Monte Campelos [Rodrguez Casal, 1983b], Dombate [Bello Diguez, 1991], M87 de Serra
Faladoira [Macieira, 1947] o M219 de Veiga de Vilavella [Macieira, 1941].
Los monumentos del Norte de Portugal tambin evidenciaron hallazgos de artefactos
semejantes: Dolmen da Barrosa [N unes de Castro, 1951; Jorge, V.O., 1987], Guilhabreu [Payo &
Pinto, 1961], M1 Y M3 de Cha de Parada [Jorge, V.O. & Bettencourt, 1988; Silva, P.F.A., 1985],
mmoa A de Perafita de Alij [Botelho, 1898], tmulo 4 de A Presa [Botelho 1896], tmulo Alto
de Catorino [Brenha, 1903], Antela 2 da Serra [Sarmento, 1933] o Monte Maninho [Cruz, 1987].
Vemos as como las lminas proceden de monumentos con tipologas y dataciones diversas,
aunque se detectan en los megalitos ms antiguos, segn se deduce de las dataciones que nos
ofrecen algunos monumentos que citamos4.
Puntas de flecha de base cncava y recta: las bases cncava y recta de puntas de flecha
halladas en el monumento que excavamos se diferencian de las de bases triangulares y
trapezoidales procedentes de la mayora de las mmoas gallegas y del noroeste, donde las bases
rectas y cncavas aparecen en contadas ocasiones, como en el posible ejemplar de la Mota Grande
de Monte Albn [Lpez Cuevillas, 1925b] o las de las mmoas de Serra Marti [Lpez Cuevillas
& Lorenzo Fernndez, 1959], M2 de Vilafra [Fbregas Valcarce, 1992], M5 de Lousada [Vzquez
Varela & Gabeiras Vrez, 19934] o en los abrigos de Pena Grande y O Carrizo [Pombo Mosquera,
1993-4]. El centro-sur de la Pennsula ofrece numerosos ejemplos en O Alentejo: Anta da Capela,
Anta Grande de Comenda da Igreja a Anta n 1 da Velada [cfr. Leisner, G. & Leisner V., 1959],
monumentos 1,3, 4, 5 Y 7 de El Pozuelo, sepulturas de falsa cpula de La Zarcita y de San
Bartolom de la Torre [Cerdn, Leisner, G. & Leisner, V., 1952; VV.AA, 1975; Pin Varela,

Algo similar parece ocurrir en la Meseta Norte [cfr. Delibes de Castro & Santonja, 1986: 164] o
en el Pas Vasco [cfr. Muoz Salvatierra, 1976 o Cava, 1984 y 1988].
4
Como es el caso de Monte Maninho (3855 40 a.C. y 3730 80 a.C.) o de M6 de Os Campios
(2350 60 a.C.).
18

1987], as como en los sepulcros de Valencia de Alcntara [Bueno Ramrez, 1988] o en los
dlmenes de Azutn y La Estrella [Bueno Ramrez, 1991]. En la Estremadura portuguesa se
hallaron, entre otros monumentos, en el tholos de Barro, en los dlmenes de Casainhos, As
Conchadas, Monte Abraao y Estra, en la necrpolis de Alapraia o en las grutas 1 y 3 de Palmela
[Leisner, G. & Leisner, V., 1959; Leisner, V., Zbyszewsky & Veiga Ferreira, 1961], adems de las
sepulturas de Alcalar, Pai Mogo o Marcela [Rodrguez Casal, 1992]. Contamos con otros ejemplos
ms prximos en las Beiras [Jorge, V.O., 1982; Kalb, 1987], Reguengos de Monsaraz [Leisner, G.
& Leisner, V., 1951; Gonalves, V.S., 1992], aunque con menor proporcin con respecto a las de
bases triangulares. Los paralelos citados, sin abarcar la numerosa representacin en la mitad
meridional peninsular, ofrecen un muestreo para la filiacin surea de estas puntas de flecha de
base cncava en los contextos megalticos5. Otro grupo de paralelos de inters para el tema que nos
ocupa lo constituyen los yacimientos calcolticos al aire libre como Crasto do Ferreiro o Illa de
Pazos en la Baixa Limia [Eguileta Franco, 1994, 1995 Y 1999], Lavaps [Pea Santos, 1984] o
Mesa de Montes6.
En la Meseta se localizan en Las Pozas [Martn Valls & Delibes de Castro, 1981; Delibes de
Castro, 1985; Delibes de Castro y Val Recio, 1990] y en el centro/sur de Portugal estas puntas de
flecha se reparten por los niveles calcolticos precampaniformes de Rotura [Gonalves, V.S., 1971;
Veiga Ferreira & Tavares da Silva, 1970] o de Vila Nova de Sao Pedro [Savory, 1970]. Ms hacia
el norte los ejemplos continan en asentamientos como Vinha da Soutilha, Pastoria [Jorge, s.a.,
1986] o Buraco da Pala [Sanches, 1997]. Las referencias citadas nos conducen a suponer varias
posibilidades para las puntas de flecha de la mmoa M2 de San Bieito; stas debemos considerarlas
posteriores al uso megaltico del monumento, segn la datacin de C14 de 2760 270 a.C7.
[lvarez Fernndez, 1993], o adquiridas de los poblados calcolticos precampaniformes prximos
[Eguileta Franco, 1997].
Cuentas discoides: fueron exhumadas 23 cuentas de esquisto dispersas por el rea de violacin
(Estratos VIa y VIb). La representacin de estos elementos en las mmoas del Noroeste nos remite
al norte de Portugal, como es el caso de Escariz [Jorge, V.O., 1982 y 1987; Silva, P.F.A., 1987],
Anta do Couto do Rigueirinho, en Paredes de Coura [Jorge, V.O., 1982], mmoa M3 de Pena
Mosqueira [Sanches, 1987], la M1 de Madorras [Gonalves, A.H.B., 1986] o Carapito I [Leisner,
V. &

El Sureste Peninsular encontramos una nutrida representacin de estos artefactos en la "Cultura de


los Millares", manifestndose con ms intensidad en su segunda fase, iniciada a principios del IIIer
milenio [Almagro & Arribas, 1963]
6
En el yacimiento, semejante a Lavaps y excavado por X. Surez Otero, se encontraron
recientemente 13 puntas de base cncava y recta [Fbregas Valcarce, 1992: 157].
7
Datacin, no obstante, que debemos tomar con cautela, por ser la nica con que contamos para el
monumento y por su elevada desviacin tpica.
19

Ribeiro, 1968]8, monumentos con contextos y cronologas diversas. Pero para la mmoa SBiM2
debemos contemplar la asociacin con las puntas de flecha de bases cncava y recta, artefactos
como vimos extraos en los monumentos megalticos del Noroeste y, quiz, tardos/serodios con
respecto al Fenmeno Megaltico. En los paralelos citados observamos arquitecturas megalticas
que incluyen entre sus ajuares artefactos calcolticos precampaniformes y posteriores, y en los que
aparecen las cuentas discoides asociadas con las referidas puntas de flecha. Ante tales
consideraciones las cuentas de la mmoa SBiM2 debieran responder, a juzgar por la datacin
absoluta ofrecida por la base del monumento, bien a una deposicin secundaria, bien a una
adquisicin procedente de contextos culturalmente diferenciados. Consideramos ms probable la
ltima de las explicaciones.
El dolo: incluimos el artefacto SbiM2:4 entre las posiblemente catalogables dentro de estos
elementos simblicos. El investigador R. Fbregas Valcarce nos ofrece una clasificacin tipolgica
provisional9 [Fbregas Valcarce, 1992: 170 y ss.] a la que no se adapta la pieza que ahora tratamos,
aunque mantiene en comn la forma general subpentagonal y los entalles o estrangulamientos
laterales como el "guijarro" de la mmoa M1 de A Moura y con la recogida en las inmediaciones
de Monte das Motas, en las proximidades de este grupo tumular10 [Eguileta Franco, 1994, 1995 y
1999]. Bien es cierto que por ahora contamos con escasa referencias y, quiz, demasiadas variantes
morfolgicas entre los denominados dolos, lo que nos puede poner en cuestin la interpretacin de
un criterio de unidad simblica (que no tipolgica). En Galicia los hallazgos de dolos son muy
escasos: Dombate [Bello Diguez, 1991], Cova da Moura [Agrafoxo Prez, 1986] o Mina da
Parxubeira [Rodrguez Casal, 1989]. En los tres casos esas piezas proceden de os atrios de las
cmaras, lo que parece reflejar una unidad de criterios microespaciales en relacin con las
sepulturas. Por su parte el dolo de San Bieito, aunque hallado en el estrato de tierra vegetal,
pareca haber sido arrastrado de la destruida cmara durante uno de los saqueos. Quiz
relacionados con esos materiales, referiramos otros procedentes de las mmoas del Noroeste,
como el de la mmoa de Rabo de Lobo [Fbregas Valcarce, 1992], y los de la M2 y M3 de Outeiro
de Gregos [Jorge, V.O., 1979].

En O Alentejo las cuentas discoides proceden de monumentos con cmaras de tipologas


diversas, como Cabeo de Arruda 1 y 2, acompaada de materiales calcolticos
predominantemente precampaniformes, en el dolmen de Casainhos, con puntas de flecha de bases
triangulares y cncavas, en la Cmara Occidental de Praia das Ma~as, en el dolmen de Monte
Abrao, en Alapraia 2, en la Gruta 1 de Cascais, o en las grutas de Palmela 1,2 Y 3, localizndose
en la Gruta 4 cuentas ms gruesas [Leisner, G. & Leisner, V., 1959]. Tambin en O Alentejo
contina su representacin en los tholos de Barranco da Nora Velha, en el dolmen de corredor de
Anta grande da Comenda da Igreja,en el de corredor indiferenciado de Anta de Cabeos, en los
tambin de corredor de Cebolinho 1, en Anta do Passo 1, Comenda 1, Santa Margarida o en la
Anta 2 de Monte Velho, de diferentes tipologas, y en los monumentos de Buo Preto 2, as como
en Palmeira 2 y 3 [Leisner, G. & Leisner, V., 1959].
9
I) Idolos "guijarro"; II) Tipo Argalo; III) Antropomrficos; IV) Betilos; V) Tipo Alij; VI) Placas
rectangulares y VII) Formas especiales.
10
La pieza nos fue entregada por los alumnos del Grupo Escolar de E.G.B. de Lobeira, a quienes,
desde estas lneas, queremos mostrar nuestro agradecimiento.
20

Discos: el registrado como SBiM2:3 cuenta con escasos paralelos conocidos en Galicia. Hasta el
momento fueron localizados, en las mmoas M5 de Outeiro de Cava ladre [Eguileta Franco, 1994,
1995 y 1999], M6 de Os Campias [Fbregas Valcarce & Fuente Andrs, 1991-211] y Chan de
Castieiras [Pea Santos & Rodrguez Casal, 1975]. El artefacto de San Bieito, procede del Estrato I
(tierra vegetal), por lo que no podemos considerarla con certeza como formativa del ajuar. Los
paralelos citados evidencian una gran variedad en las tipologas de las cmaras en las que se hallaron
estos discos, hecho que apuntaba R. Fbregas Valcarce [1992: 212].
El disco decorado: la pieza SbiM2:12, procedente del rea de violacin, comparte algunas
caractersticas con los denominados "Discos Rechaba", entre ellas la forma circular, la perforacin
central, el perfil aplanado y las acanaladuras [cfr. Fbregas Valcarce, 1992: 96 y 97] aunque posee
otros atributos, como las reducidas dimensiones o la ausencia de pulimento, que la diferencia de
aquellos. No obstante, quiz este discoide decorado pudiera ser una interpretacin local de los discos
tipo Rechaba12. Por el momento contamos con pocos paralelos en las mmoas del Noroeste, entre
ellos la mmoa de Rechaba [Vzquez Varela, 1979] y la de A Martona [Fbregas Valcarce, 1988],
ambos muy deteriorados; pero R. Fbregas Valcarce propone una cronologa circa finales del IIIer
milenio/principios del II milenio, segn los paralelos calcolticos (Mesa de Montes y Penha) y
campaniformes (Morcigueira) [Fbregas Valcarce, 1992: 99].
El incierto afilador de agujas de hueso: no podemos definir con exactitud la funcin de la pieza
SbiM2:5, aunque su materia prima (arenisca) y su acanaladura longitudinal nos conduce a suponer
que se trate de un afilador de agujas de hueso. No contamos con paralelos en las mmoas gallegas y
parece que un ejemplar del tipo "grano de caf" de la gruta-sepultura n 1 Cabeo de Arruda si
cumple esta funcin. Estos elementos aparecen con profusin en contextos del Paleoltico Superior de
la Cornisa Cantbrica, aunque con forma muy distinta a la pieza que tratamos. Pero el referido
ejemplar de Cabeo de Arruda se localiz junto a elementos calcolticos que forman un contexto que
podra ser similar a la pieza de San Bieito, tanto ms si tenemos en cuentas su asociacin con las
puntas de flecha de bases cncava y recta y las cuentas discoides.

11

En Portugal conocemos discos de diversos tamaos, factura y grosor de la seccin. As, en


diferentes monumentos del Alentejo se localizan en la Sepultura 3 o Anta Grande de Casa Branca, en
el sepulcro de corredor de Brissos 1, en Anta Grande de Entraguas o Entreaguas 1, en Adua 2, Caira 2
y Cabeos; todas las sepulturas incluyen cmaras con corredor. En la Estremadura portuguesa se
localiz un ejemplar en el tholos de Praia das Mayas. [Leisner, G. & Leisner, V., 1959]. En la Beira
Alta aparecen en arca dos Juncais y en arca do Tanque [Moita, 1966]. Tambin contamos con
ejemplos aislados en Huelva, como la sepultura N 8 de El Pozuelo [Leisner, G. & Leisner, V. 1959].
En la Meseta Oriental, los encontramos en el Dolmen de Las Arnillas, Burgos [Delibes, Rojo & Sanz,
1986].
12
Suposicin que apoyamos en la elaboracin con migmatita nebultica, la misma roca del sustrato
donde se emplaza el monumento.
21

La fusayola: para el fragmento de fusayola13 (SBiM2:9) tan slo contamos con un paralelo en un
contexto tumular en Galicia, en la mmoa M5 de Marco do Camballn [Sierra Rodrguez, 1981]. Para
F. de la Fuente Andrs [1988], quiz estos artefactos tuvieran relacin con las placas y los discos
perforados como los de San Cibrao [Lpez Cuevillas, 1925b] o Vilamarn [Lpez Cuevillas, 1973]
Tambin en Portugal los paralelos en mmoas son muy escasos, apareciendo fusayolas lticas en la
M1 de Madorras [Gonalves, A.H.B., 1986] o en la M4 da Aliviada [Silva, P.F.A., 1987]. Otras
proceden de la Herdade dos Galves y Belavista [Leisner, G. & Leisner, V., 1959], junto a puntas
Palmela. En contextos calcolticos precampaniformes del Norte se localizan en Vinha da Soutilha y
San Loureno [Jorge, S.O., 1986], contextos que nos conducen de nuevo a valorar gran parte del ajuar
de la mmoa SBiM2 como una posible adquisicin procedente de contextos habitacionales
calcolticos prximos por parte de los "usuarios" del monumento.

4. Primeras conclusiones.
El intenso esparcimiento detectado en la distribucin espacial y estratigrfica de los restos del
ajuar habla por si mismo de la destruccin de las estructuras arquitectnicas y del revuelto de los
restos con respecto a ellas. De momento, los elementos de anlisis con ms capacidad informativa
entre los artefactos descubiertos lo constituyen las puntas de flecha. Sus tipologas, con bases cncava
y recta, se diferencian de las puntas de bases triangulares, atribuidas tradicionalmente al Megalitismo
del noroeste Peninsular. As las procedentes de la excavacin que nos ocupa, pueden responder bien a
una deposicin intrusiva postmegaltica, dada la evidente presencia de estas puntas con base cncava
en contextos culturales postmegalticos (principalmente precampaniformes y campaniformes), bien a
una posible adquisicin procedente de contextos calcolticos habitacionales territorial mente
prximos14, siendo esta ltima explicacin la que consideramos ms factible. Este hecho pudiera tener
un parangn territorial mente muy prximo con el hallazgo de cermica Penha en la mmoa M7 de
Lobeira o M7 de Monte das Motas [cfr. Lpez Cuevillas, 1925a o Eguileta Franco 1994 y 1999].
Tambin en la comarca de la Baixa Limia fue hallada otra punta de flecha de base cncava en la
superficie de una pista forestal del paraje de Outeiro de Cavaladre (Maus de Salas y RequisGuntumil, Muos), donde se emplazan el grupo tumular del mismo nombre [Eguileta Franco, 1994,
1995 y 1999].
En la mmoa M2 de San Bieito fueron realizados anlisis polnicos y uno de C14 procedente de la
base de la masa tumular, datacin absoluta posiblemente correspondiente con la edificacin del
monumento: ICEN762: 4717 270 BP (2717

13

Aunque no descartamos la posibilidad de encontramos ante un fragmento de un asa de suspensin,


dada la suave tendencia curvada de su seccin.
14
Como los yacimientos al aire libre descubiertos en el embalse de As Conchas [Eguileta Franco,
1994, 1995, 1997 y 1999].
22

270 a.C.) C14 [lvarez Fernndez, Daz Losada, Gonzlez Porto & Saa Otero, 1998]. Esta fecha
sita la edificacin de la SBiM2 quiz en la primera mitad del IIIer milenio15, aunque algunos de los
materiales exhumados en ella se diferencian de los prototipos de ajuares de este momento y siendo
ms comunes en yacimientos cronolgico y culturalmente diferenciados.16
Con respecto a los resultados de las muestras polnicas de la mmoa M2 de San Bieito y segn los
datos facilitados por las citadas investigadoras (figs. 12 y 13), existe un predominio del polen arbreo
sobre el no arbreo. En los niveles superiores destacar el Quercus, que disminuye a medida que nos
acercamos a los niveles inferiores del tmulo, donde se incrementa progresivamente la Betula sp.
nicamente de los niveis superiores proceden muestras de Cerealia sp. El recuento total de muestras
revela una vegetacin caracterstica del perodo Atlntico. En combinacin con las muestras
procedentes de la turbera de O Vieiro, estas investigadoras, entre otros aspectos, destacan los
siguientes:
"La presencia de Quercus como componente ms abundante del bosque en la segunda mitad del
periodo Atlntico.
La presencia de Corylus, Btula y Alnus como elementos acompaantes en el bosque Atlntico y
Subatlntico.
La presencia puntual de Castanea en niveles polnicos cronolgicamente pertenecientes al perodo
Atlntico.
La existencia puntual de gramneas de cultivo en niveles Atlnticos y su mayor importancia en
niveles ms recientes" [lvarez Fernndez, Daz Losada, Gonzlez Porto & Saa Otero, 1998: 189].

15

Valoracin que debemos observar con cautela, ya que deriva de una nica datacin y de un
margen cronolgico muy amplio.
16
Entre los que podemos citar Vinha da Soutilha, Castelo de Aguiar [Jorge, O.S., 1986], Lavaps
[Pea Santos, 1984], etc..
23

Anexo: listado y descripcin de materiales.


SBiM2:1. Punta de flecha (fig. 7).
-Localizacin: cuadrcula A1; estrato I; coordenadas: X:080, Y:016, Z:-60.
-Dimensiones: longitud, 28 mm.; anchura: 25 mm.; grosor: 3 mm..
-Descripcin: bordes convergentes/rectilneos; base cncava; seccin biconvexa; ndice de
longitud, 1.1 (media); ndice de grosor, 8.3 (delgada).
-Material: esquistoso.
-Retoque: amplitud profunda; posicin bifacial; delineacin denticulada simple; modo plano y
cubriente.
SbiM2:2. Punta de flecha (fig. 7).
-Localizacin: cuadrcula A1; estrato VIb; coordenadas: X:134, Y:042, Z:-180.
-Dimensiones: longitud, 26 mm.; anchura: 26 mm.; grosor: 6 mm..
-Descripcin: bordes convergentes/rectilneos; base recta; seccin biconvexa; ndice de longitud,
(corta); ndice de grosor, 8.3 (delgada).
-Material: cuarzo.
-Retoque: amplitud profunda; posicin bifacial; delineacin denticulada simple; modo plano y
cubriente.
SBiM2:3. Disco ltico (fig. 8).
-Localizacin: cuadrcula A2; estrato I; coordenadas: X: 026, Y:059, Z:-28.
-Dimensiones: dimetro mayor, 66 mm.; dimetro menor: 61 mm.; grosor: 14 mm..
-Descripcin: presenta un grosero labrado en las caras laterales, adems de un entalle en una de
ellas.
-Material: esquisto.
SBiM2:4. dolo (fig. 9).
-Localizacin: cuadrcula A2S; estrato I; coordenadas: X: 070, Y:032, Z:-18.
-Dimensiones: longitud, 114 mm.; anchura, 84 mm.; grosor, 30 mm..
-Descripcin: placa subrectangular de granito; presenta los lados menores uniformemente
redondeados. Los lados mayores se truncan en su desarrollo, uno de ellos por un entalle, y por dos
el otro (si bien en este caso, menos pronunciados que en el anterior).
-Anverso: presenta en el centro de la pieza y longitudinalmente con respecto al eje mayor, un
canal con perfil en "U", con una anchura media de 7 mm. y una longitud de 25 mm. Desde aqu
continan, en la misma direccin, cuatro "covias" o cazoletas de desigual profundidad y tamao.
La primera, con un dimetro transversal de 18 mm.; la segunda con 40 mm.; la tercera con 20
mm. y la cuarta con 30 mm.; alrededor de esta composicin la pieza est pulimentada hasta el
inicio de los bordes.
-Reverso: mantiene un pulimento uniforme en toda la superficie de esta cara.
-Observaciones: uno de los lados menores sufre un "desconchado", aproximadamente en su rea
central.
SBiM2:5. Afilador de agujas de hueso? (fig. 8).
-Localizacin: cuadrcula A2; estrato II/IV.

24

-Dimensiones: longitud del fragmento, 28 mm.; anchura, 21 mm.; grosor, 12 mm.; anchura de la
acanaladura, 8 mm..
-Descripcin: seccin pseudotrapezoidal; forma de la acanaladura, rectilnea; seccin de la
acanaladura, en "u" abierta.
-Material: arenisca.
SBiM2:6. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula A2; estrato VIb; coordenadas: X:165, Y:074, 2:-77.
-Dimensiones: 38 mm. x 26 mm.; seccin: 6 mm..
-Descripcin: color marrn rojizo; superficie muy deteriorada y con fuerte presencia de mica;
pasta homognea y algo suelta; desgrasantes finos, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
-Decoracin: conserva una lnea incisa horizontal y los restos de un pequeo mamilo.
SBiM2:7. Fragmento cermico de borde y cuello (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula Al; estrato VIb; coordenadas: X:115, Y:083, 2:-118.
-Dimensiones: 21 mm. x 26 mm.; seccin: 6 mm..
-Descripcin: color rojizo; superficie muy alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos y medios, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:8. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula Al; estrato VIb; coordenadas: X:094, Y:138, 2:-125.
-Dimensiones: 32 mm. x 28 mm.; seccin: 6.5 mm..
-Descripcin: color rojizo; superficie grosera; pasta homognea y algo suelta; desgrasantes finos
y medios, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:9. Fragmento cermico de fusayola? (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula A2; estrato III; coordenadas: X:062, Y:l02, 2:-69.
-Dimensiones: 31 mm. x 20 mm.; seccin: 8 mm..
-Descripcin: color ocre-pardo; superficie espatulada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:10. Fragmento cermico de borde (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula A2; estrato III; coordenadas: X:120, Y:193, 2:-78.
-Dimensiones: 20 mm. x 20 mm.; seccin: 5 mm..
-Descripcin: color ocre rojizo; superficie alisada; pasta homognea y algo suelta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin oxidante; borde con labio ligeramente abultado.
SBiM2: 11. Fragmento cermico de borde (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula Al; estrato VIb; coordenadas: X:132, Y:076, 2:-140.
-Dimensiones: 25 mm. x 22 mm.; seccin: 8 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie porosa; pasta homognea y suelta; desgrasantes finos
y medios, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:12. Fragmento de esferoide ltico decorado (fig. 10).
-Localizacin: cuadrcula D2; estrato VIb; coordenadas: X:056, Y:170, 2:-180.
-Dimensiones: longitud del fragmento, 56 mm.; anchura del fragmento, 30 mm.; grosor, 35 mm.;
dimetro mayor de la reconstruccin, 57 mm.; dimetro menor de la reconstruccin, 55.5 mm..
-Descripcin: la reconstruccin ideal muestra una forma general circular.

25

Est decorada por medio de dos acanaladuras con una


profundidad de 2 mm., ambas con seccin en "U"
transversalmente la pieza en su eje menor (la otra cara
fragmentacin). La segunda acanaladura sigue el centro de
por todo el recorrido conservado.
-Material: migmatita nebultica.
SBiM2:13. Veintitrs cuentas discoides perforadas (fig. 10).
-Localizacin:
Nmeros

anchura media de 10 mm. y una


muy abierta. Una de ellas corta
no es perceptible por causa de su
la circunferencia exterior de la pieza

Cuadrcula/Estrato

13a

163

056 -095

D2/VIa

13b/13c/13e

146

070 -094

D2/VIa

13f/13g

090

136 -101

D2/VIa

13h

146

030 -113

D2/VIa

13i

119

112 -115

D1/VIa

13j

184

049 -095

D1/VIb

13k

175

067 -098

D1/VIb

13l/13m/13n 170

116 -124

D1/VIb

13o

121

142 -130

D1/VIb

13p

103

113 -130

D1/VIb

13q/13r

118

054 -134

D1/VIb

13s

073

130 -139

D1/VIb

13t

034

110 -161

D1/VIb

13u/13v

056

073 -166

D1/VIb

13w

184

119 -179

C1/VIb

-Dimensiones: muestran una gran uniformidad, con unos dimetros que oscilan entre los 4 mm.
y los 3 mm.; las secciones ms anchas nunca sobrepasan la medida de 1 mm. de grosor.
-Descripcin: todas las cuentas mantienen una morfologa discoidal circular con una perforacin
central. Entre esas perforaciones predominan las circulares, aunque son relativamente
abundantes las elpticas.
-Material: esquisto.
SBiM2:14. Fragmento de lasca laminar (fig.7).
-Localizacin: cuadrcula D2; estrato 11111; coordenadas: X:186, Y:036, Z;-65.
-Dimensiones: longitud del fragmento, 32 mm.; anchura, 21 mm.; grosor, 9 mm..

26

-Descripcin: seccin triangular; perfil recto; ndice <3 (la reconstruccin ideal la longitud nunca
supera los 40 mm.).
-Material: cuarzo.
-Retoque: carece.
SBiM2:15. Fragmento laminar (fig. 7).
-Localizacin: cuadrcula D1; estrato VIb; coordenadas: X:156, Y:188, Z:-178.
-Dimensiones: longitud del fragmento, 25 mm.; anchura, 26 mm.; grosor, 6 mm..
-Descripcin: seccin triangular; perfil recto?
-Material: cuarzo.
-Retoque: carece.
SBiM2:16. Fragmento de microlito (trapecio) (fig. 7).
-Localizacin: cuadrcula C1; estrato VIb; coordenadas: X:175, Y:130, Z:-183.
-Dimensiones: longitud del fragmento, 25 mm.; anchura, 26 mm.; grosor, 3 mm..
-Descripcin: seccin triangular; ndice de longitud: ?
-Material: slex blanco.
-Retoque: marginal y abrupto.
SBiM2:17. Fragmento cermico de panza (fig.11).
-Localizacin: cuadrcula D1; estrato VIa; coordenadas: X:056, Y:103, Z:-108.
-Dimensiones: 32 mm. x 22 mm.; seccin: 7 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:18. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula B1; estratoVla; coordenadas: X:168, Y:176, Z:-98.
-Dimensiones: 12 mm. x 20 mm.; seccin: 3 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin reductora?
SBiM2:19. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula B3; estrato 111; coordenadas: X:197, Y:143, Z-84.
-Dimensiones: 15 mm. x 19 mm.; seccin: 4 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin reductora?
SBiM2:20. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula C1; estrato Vlb; coordenadas: X:074, Y:045, Z:-11 O.
-Dimensiones: 21 mm. x 22 mm.; seccin: 6 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, de cuarzo y mica; coccin reductora?
SBiM2:21. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula D2; estrato 111; coordenadas: X:040, Y:076, Z:-142.
-Dimensiones: 41 mm. x 24 mm.; seccin: 4.5 mm..
-Descripcin: color marronceo; superficie alisada; pasta homognea y compacta; desgrasantes
finos, decuarzo y mica; coccin reductora?
SBiM2:22. Fragmento cermico de panza (fig. 11).

27

-Localizacin: cuadrcula Cl; estrato VIb; coordenadas: X:140, Y:l02, Z:-183.


-Dimensiones: 23 mm. x 22 mm.; seccin: 9 mm..
-Descripcin: color rojizo; superficie alisada; pasta homognea y porosa; desgrasantes finos, de
cuarzo y mica; coccin oxidante.
SBiM2:23. Fragmento cermico de panza (fig. 11).
-Localizacin: cuadrcula D1; estrato VIb; coordenadas: X:160, Y:070, Z:-204.
-Dimensiones: 23 mm. x 32 mm.; seccin: 6 mm..
-Descripcin: cor rojizo; superficie alisada; pasta homognea y porosa; desgrasantes finos, de
cuarzo y mica; coccin oxidante.
Junto con los materiais descritos fueron hallados varios fragmentos cermicos ms. Dos de color
rojizo y muy deteriorados, con caractersticas similares a los del fragmento SBiM2:8. Otro, de
seccin muy gruesa (12 mm.) e superficie bruida, con un color, pasta y desgrasantes prximos a la
descrita como SBiM2:6. A estas la acompaabans veintinueve fragmentos de desigual tamao (si
bien todos ellos muy pequeos) y con predominio de secciones en torno a los 4 mm.; sus pastas,
homogneas y compactas, y con desgrasantes muy finos, mantienen una cuidadosa elaboracin y el
predominio de colores pardos oscuros y negros, con paredes finas.
Agradecimientos.
Queremos expresar nuestro agradecimiento al Concello de Lobios, al I.N.E.M. de Ourense y la
Consellera de Cultura de la Xunta de Galicia, instituciones a las que hicieron posible y financiaron el
proyecto de investigacin "Arqueoloxa na Baixa Limia: o encoro de Lindoso e o seu entorno",
incluida esta intervencin arqueolgica.
As tambin, a la Dra. Ma del Pilar de S Otero, quien dirigi el proyecto de anlisis polnicos,
entre otros puntos y yacimientos, del tmulo M2 de San Bieito. A este equipo se debe la obtencin de
la datacin de C14 y de las grficas que incluimos en este trabajo.
Ourense, mayo de 2000

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MINIUS VIII, 2000, pp.47-59

O Fenmeno Tumular do Concello de Beariz

JORGE LAMAS BRTOLO


MANUEL GARCA VALDEIRAS
Universidade de Vigo

Resumo.
Presentamos neste traballo un estudio dos 17 monumentos megalticos distribuidos polo
concello de Beariz e a sa relacin co marco natural co fin de revelar cales foron os factores que
motivaron a sa construccin nos lugares nos que hoxe en da se ubican.

1. Introduccin.
Damos a conocer no presente artigo parte dos resultados dun traballo de catalogacin
arqueolxica, realizado no concello de Beariz (Ourense), no ano 1996, e subencionado polo Excmo.
Concello de Beariz1.
A evolucin histrica da comarca de Carballio abrangue un marco cronolxico bastante amplo
que arranca, a groso modo, dende o Paleoltico ata chegares a poca contempornea. Dentro destas
das coordenadas (espaciais e temporais) a interrelacin home-medio fsico foi evolucionando e
transformndose paulatinamente acadando o seu momento lxido nos sculos centrais da Idade
Media coa creacin dos cenobios do Cster, entre os que destaca, para a terra de Carballio, o
mosteiro de Oseira. Estes mosteiros trouxeron consigo un proceso colonizador de novas terras
utilizando novedosas tcnicas de cultivo e a implantacin de granxas para a explotacin desas terras
o que provocara a

47

creacin e expansin de novos asentamentos rurais dentro da comarca. Pero recentes estudios
arqueolxicos demostran que a prime ira modificacin antrpica destacable do medio fsico
produceuse en poca prehistrica, concretamente no neoltico. Foron estas sociedades neolticas as
que actuaron sobre o medio, "domesticandoo", xurdindo as un ha incipiente agricultura e
gandeira. Non outro o obxetivo deste traballo co de rastrexar a relacin entre o medio natural e
as 17 construccins tumulares localizadas no concello de Beariz co fin de intentar entresacar
algns dos factores potencialmente condicionantes que levaron a estas sociedades megalticas a
levantar os monumentos funerarios nos lugares nos que hoxe en da se ubican, xa que foron estas
sociedades as primeiras en transformar a paisaxe non s coa construccin dos anteditos
monumentos funerarios senn que tamn a modificaron gracias cultivo co sistema de roza e
queima e a creacin de pastizais provocando, as, un aumento da desforestacin. Esta
intensificacin na explotacin do territorio produciuse entre o IV e o III milenio a.C., o que queda
patente no aumento de evidencias de agricultura e pastoreo sin que con levase, un abandono das
prcticas recolectoras (Fbregas Valcarce, Fernndez Rodrguez e Ramil Rego, P., 1997: 463-484).
Para elo estructurmo-Io seguinte traballo nun primeiro apartado adicado estudio do espacio
fsico abordando as caractersticas orogrficas, edficas e xeolxicas onde se ubican os tmulos; no
apartado segundo trtanse as caractersticas constructivas das masas tumulares, fundamentalmente
as relacionadas coa monumentalidade (dimetros e volumes); no terceiro captulo establecemo-Ia
relacin entre os aspectos mis caractersticos do medio fsico e a distribucin tumular. Finalmente
no ltimo apartado presentamo-las principais valoracins arqueolxicas do traballo partindo dos
datos expostos nos apartados anteriores.
No que respeta a historiografa, as primeiras referencias sobre a existencia de mmoas no
concello de Beariz recollmolas dos traballos de Lpez Cuevillas realizados durante a primeira
metade do sculo XX2. Posteriormente, na dcada dos setenta, os investigadores Filgueira Valverde
e Garca Aln realizan un inventario dos monumentos megalticos da provincia de Pontevedra
constatando a presencia de tmulos no lugar de Santo Domingo, na parroquia de Xirazga3.
2. A Estratexia do Emprazamento.
o municipio de Beariz de Montes est situado no extremo noroccidental da provincia de
Ourense e conta cunha extensin aproximada de 50 Km2. Extrema coa provincia de Pontevedra,
pola parte norte cos montes do Testeiro e pola banda de occidente os montes do Sudo. Linda
norte cos municipios de Forcarei e Laln; sur con Avin, este con Bobors e O Irixo e oeste
coas terras dos municipios de A Lama e Forcarei.

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Dende o punto de vista administrativo e tendo en conta a reparticin espacial da poboacin, sta
at pase diseminada en 18 lugares agrupados, a sa vez, nas parroquias de Beariz (Santa Mara),
Lebozn (Santa Cruz) e Xirazga (San Salvador).
2.1. Orografa e pendentes topogrficas.
o relevo do concello vltase moi dinmico como consecuencia da rpida alternancia que se
produc~ entre os vales e as serras debido intensidade dos procesos tectnicos, principalmente
durante o terciario, que motivan a elevacin e o afundimento dos distintos bloques. No sector
septentrional coece un certo desenrolo a nivel dos 900 m., entre A Ermida e Beariz, tratndose dun
apndice da Serra do Candn. Sen dbida mantn unha presencia maior o nivel de 700-800 m.,
resaltando sobre as sas formas suaves e alombadas algns bloques levantados, caso do Marcofn
(937 m.) ou os Montes de Costoia (900 m.), que corresponden a relevos residuais de superficie de
aplanamento superior, indiviualizados en maior medida pola accin erosiva dos ros de Magros,
Beariz e Barcia que transcurren polos seus contornos, flundo finalmente no ro Doade que drena a
maior parte do concello.
Para a representacin cartogrfica das pendentes topogrficas utilizamos a caracterizacin
"macro" proposta pola F.A.O. (1977)4 que aplica-la a nosa zona de estudio deu como resultado o
seguinte: unha pequena zona na parte oriental onde predominan as pendentes inferiores 6%; outra
rea no sector suroccidental con predomio de pendentes entre o 6%-13%; na parte central do
concello predominan as pendentes entre o 13%-25% e finalmente atopmonos con pendentes entre
o 26%-55% en puntos localizados dos Montes de Costoia norte e en Magros, sur.
2.2. O Sustrato xeolxico.
Baseamos a anlise descriptiva do sustrato xeolxico do concello de Beariz na lectura
cartogrfica do Mapa Xeolxico de Espaa correspondente a folla N 186 a escala 1:50.000
(Instituto Geolgico y Minero de Espaa. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Industria).
Queremos salienta-Ia importancia da petroloxa como condicionante na formacin do modelado da
paisaxe (orografa, hidrografa, etc).
Partindo destas consideracins, a superficie do concello est representada por dous grandes
grupos:
- Rochas plutnicas: aparecen no sector suroriental, concretamente o granito de das micas de
gran fino a medio denominado granito de Beariz debido a sa formacin tarda.
- Rochas metamrficas: ocupan a maior extensin dentro da zona de estudio, distingundose a
siguiente litoloxa: xistos micceos e cuarcticos, localizados

49

p
o
rpor tdala xeografa do concello e componse fundamentalmente de cuarzo e moscovita xunto con
outros minerais como mica, biotita, albita ou estarolita; anfibolitas, afloran en estreitas bandas, con
tespesor variable de 25 m. a 150 m., en direccin dominante Norte-Sur en contacto co dominio
xistoso e localzanse no sector occidental dende os Montes de Costoia ata a localidade de Doade.
dOutra franxa de anfboles aparece no sector este, dende o alto de Albite ata o pobo de Garfin. Estn
acompostos por anfboles lixeiramente azulados acompaados de albita, ziosita e ou tros minerais;
-cuarcitas, extndense en bandas en direccin Norte-Sur, perto das bandas de anfibolitas.
lAcompaando s distintas rochas granticas, aparece un cortexo composto por vetas de pegmaplitas,
adiques de cuarzo e filns con casiterita e wolframita.
Finalmente destaca-la presencia de sedimentos aluviais na zona da Chancela, este, e no ro Doade,
x sur.
2.3. Edafoloxa e capacidade productiva dos solos.
En outras zonas de Galicia (Criado Boado, F., Aira Rodrguez, M.J. & Daz Fierros-Viqueira, F.,
1986; Bello Diguez, J.M., Criado Boado, F. & Vazquez Varela, J.M., 1987; Eguileta Franco, J.M.,
1994, 1999 entre outros) pxose de manifesto cmo as propiedades do solo puideron condicionalas
actividades humanas en pocas pretritas incidindo nas posibilidades do aproveitamento do medio
fsico onde se asentaron. Baseamos o noso estudio na clasificacin edafolxica realizada por Guitin
Ojea e Carballas (1982) advertindo a limitacin que supn o estares realizada sobre un mapa a escala
1:200.000 o que implica englobalas diferentes categoras en grandes reas de solo poden do acoller
no seu interior outros tipos con caractersticas distintas.
As no concello aparecen representados, bsicamente, 4 tipos de solos condicionados polo
sustrato xeolxico e a climatoloxa. Estes tipos de solos son os que siguen: rnker pardo, extndese
pola meirande parte do concello, asntanse sobre xistos e granitos ocupando os cumios rocosos e
ladeiras montaosas con pendentes acusadas. Sitanse en terreos con boas condicins de drenaxe
debido a impermeabilidade do sustrato. Con perfil A/C, de color pardo con cuberta de breixo. O seu
horizonte hmico aumenta de espesor a medida que dismine a pendente da ladeira, convertndose o
solo gradualmente en terra parda. Dentro desta clase evolucionase rnker gris distrfico,
localizndose este ltimo entorno o ro Magros, no sector suroriental do concello; terra parda
mesotrfica, localzase sur da zona de estudio, concretamente en torno o ro Doade e os seus
afluentes. Son solos humedecidos pero non encharcados. Asntanse sobre rochas metamrficas, con
grados de saturacin baixos e materia orgnica constituida por humus fino, boa aireacin e
permeabilidade nos seus horizontes superiores; solos gley, con maior cantidade de arxela que

50

aumenta coa profundidade, chegando incluso a formar braas con abundante vexetacin herbcea.
Localzase este tipo de solo na zona braosa da Chancela, no sector este do concello.
No que respeta a capacidade productiva dos solos, baseamos o noso estudio na obra de F. DazFierros & F. Gil Sotres (1984) que cartografiaron, dende un punto de vista clasificatorio, a
xeografa galega dende unha ptica agropecuaria e forestal. Dividen os solos, en potencialidade
decrecente, en sete categoras (dende a A a G), sendo as das primeiras (A e B) aptas para o cultivo,
a terceira e cuarta (C e D) con capacidade media para o cultivo tradicional, a quinta (E) onde sera
necesario unha forte inversin de medios para a obtencin de rendementos, finalmente a sexta e
sptima (F e G) caracterzanas como malas e moi malas. Completan a clasificacin con un segundo
dxito onde se matiza o periodo de risco de xeadas.
3. Na procura de Patrns Constructivos.
3.1. Introduccin.
As mmoas son monumentos funerarios erixidos, a groso modo, entre o 3.500 a.C. e o 2.000 a.C.
polos primeiros agricultores e pastores que poboaron esta zona. Polo xeral, estes monumentos
megalticos estn constitudos por unha cmara cuberta por un tmulo, en forma de casquete
esfrico, edificado con sucesivas capas de terra e pedras e protexido, na meirande parte dos casos,
por unha couraza de pedras de tamao medio (nalgns casos esas pedras eran seixos blancos para
resaltar a visibilidade). Para coece-Ia antigedade destas construccins tumulares contamos con
datacins de carbono 14 procedentes de xacementos do norte de Portugal e de Galicia. As, para os
investigadores Alonso Matthas e Bello Diguez (1997: 507-520) a partires do ltimo tercio do V
milenio cal BC cando aparecen claramente tmulos de tamao reducido que acochan no seu interior
cmaras poligonais simples de reducidas dimensins e alturas. Nun segundo momento (a comenzos
do IV milenio cal BC) prodcese unha diversidade formal xunto co incremento do tamao dos
tmulos e das cmaras. As combnanse tmulos con cmara simple e maior tamao cos primeiros
monumentos que acollen no seu interior cmaras con corredor. Para estes investigadores o terceiro
momento ira dende o 3.600 cal BC ata a segunda metade do III milenio cal BC, fase de eclosin do
megalitismo pleno, onde desaparecen os monumentos de cmara simple ou en fosa para dar paso s
monumentos de corredor (o mellor exemplo e o dolmen de Dombate no que un monumento con
cmara simple quedou oculto baixo un tmulo posterior de corredor). Tamn nesta etapa obsrvase
unha exteriorizacin dos contidos simblicos e rituais, antes limitados interior da cmara,
convertndose o megalito-tumba en megalito-templo, lugar de depsito de ofrendas e de realizacin
de ritos pblicos (Matthas Alonso, Bello Diguez, 1997: 515). Finalmente, a parti-

51

res da segunda metade do III milenio BC prodcense reutilizacins de tmulos por parte dos
portadores de vasos campaniformes pero tamn aparecen novos tipos de enterramento como cistas
megalticas sin tmulo como a Casota de Berdoias, cmaras rectangulares como a de Lousada con
axuar axeno mundo megaltico propiamente dito, tmulos trreos sin estructura interna como os
de Vilafra, deposicins secundarias en fosas abertas na superficie do tmulo como ocurre en
Monte Campelos, tmulos con ou sen pequena cmara ou a estructura circular da isla de Guidoiro
Areoso.
Con todo, na nosa zona de estudio s nos centrarmos en criterios relacionados coa
monumentalidade dos tmulos, fundamentalmente os dimetros e os volumes, xa que meirande
parte das mmoas deste concello non se lIes recoece a cmara a nivel de superficie a pesares de
que algunhas contn algn ortostato. Este factor da monumentalidade fai que as mmoas destaquen
na paisaxe convertindas en puntos de referencia tanto visuais como estratxicos-simblicos.
3.2. O tamao dos dimetros e os volumes.
Nunha primeira anlise comprobamos certa diversidade nas dimensins dos dimetros maiores
das mmoas do concello de Beariz, que oscilan entre os 1.160 cm. da mmoa da Portela da Cruz
(PCr) e os 3.470 cm. da mmoa M1 de Garfin. Xunto a esta diversidade tamn verdade que se
observa certa regularidade constructiva das masas tumulares como se aprecia na seguinte tboa:
MAMOAS

DIM. MAIOR DIM. MENOR

ALTURA

VOLUME

M1 de Garfin.

3.470 cm.

3.218 cm.

210 cm.

927 m3

M2 de Garfin.
M3 de Garfin.
M4 de Garfin.

2.050 cm.
2.560 cm
2.110 cm.

1.959 cm.
2.270 cm.
1.970 cm.

100 cm.
125 cm.
105 cm.

158 m3
287 m3
172 m3

M5 de Garfin.

1.320 cm.

1.130 cm.

55 cm.

32 m3

M1 de Xirazga.
M2 de Xirazga.
Mmoa da Portela da Cruz.
M1 de Lombao.
M2 de Lombao.
Mmoa do Toxal.
M1 da Bola.

1.900 cm.
Destruida.
1.160 cm.
2.830 cm.
Destruida.
2.380 cm.
2.500 cm.

1.800 cm.
Destruida.
1.111 cm.
2.650 cm.
Destruida.
2.260 cm.
2.400 cm.

190 cm.
Destruida.
80 cm.
140 cm.
Destruida.
147 cm.
175 cm.

258 m3
Destruida.
40 m3
399 m3
Destruida.
312 m3
415 m3

M2 da Bola.

2.630 cm.

Cortada.

165 cm

Cortada.

Mmoa da Chancela.
Mmoa de Os Liares.
Mmoa da Carrasqueira.
Mmoa do Marco e Pena.

2.860 cm.
2.230 cm.
1.823 cm.
1.250 cm.

2.470 cm.
2.050 cm.
1.800 cm.
1.200 cm.

195 cm.
125 cm.
135 cm.
65 cm.

547 m3
225 m3
175 m3
35 m3

52

As, por un lado, obsrvase que os tmulos con dimetros inferiores a 1.500 cm. representan unha
porcentaxe bastante baixo (3 mmoas das 15) igual cos superiores s 3.000 cm. (s 1 tmulo dos
15); por outro lado podemos ver certa tendencia hacia uns patrns constructivos entre os 2.000 cm. e
os 3.000 cm. (9 mmoas das 15). Convn sinala-Ia presencia de dous tmulos prcticamente
arrasados polo que non foron tomadas as sas correspondentes medidas.
No relativo a altura decir que as mmoas de dimetros maiores inferiores s 1.500 cm. non
superan os 100 cm. de alto, sen embargo as que oscilan entre os 2.000 cm. e 3.000 cm. posen unha
altura entorno s 160 cm. de media. Convn destaca-lo contrapunto entre a mmoa M1 de Garfin
con 210 cm. de altura e a mmoa M5 da mesma necrpole con 55 cm. Neste ltimo caso sinalar que a
sa reducida altra dbese as constantes accins antrpicas destructivas que sufriu o tmulo longo
do tempo.
Finalmente, no que respeta s volumes das mmoas vemos unha certa diversidade volumtrica que
oscila entre os 35 m2 da mmoa do Monte do Marco e Pena (MPe) e os 927 m2 da mmoa M1 de
Garfin, si ben se aprecia certa uniformidade entre os 150 m2 e os 400 m2 (9 das 15). Dentro do
concello de Beariz debemos considerar como tmulo excepcional o de M1 de Garfin con un volume
de 927 m2 e unha altura de 210 cm. Polo que respeta as mmoas de menor volume ( os 35 m2 da
mmoa do Marco e Pena ou os 40 m3 da mmoa da Portela da Cruz) sinalar que o seus tamaos
poden depender do grado de alteracin antrpica que sufriron o longo da historia.
4. O Aproveitamento Econmico e Estratxico-Simblico do Medio Fsico
Neste apartado abordaremo-la anlise dos factores potencialmente condicionantes que poideron
influir na seleccin dos lugares donde hoxe en da se emprazan os tmulos. Non s nos centraremos
naqueles que, polo seu carcter economicista, poderan relacionarse coa distribucin tumular, senn
que tamn nos centraremos naqueles factores que poideron influir hora de erixir ditos tmulos, tales
como os contructivos, estratxicos ou simblicos. As, centraremos o estudio na relacin entre os
tmulos e a orografa, pendentes topogrficas ou a xeoloxa, (Tabla 4.1), ademis de lugares de paso
ou camios.
Con respecto a relacin entre tmulos e orografa debemos observar, por un lado, a relacin entre
as mmoas e as grandes unidades orogrficas (divisorias de augas, vales, portelas, etc); por outro
lado, o emprazamento de tmulos en lugares concretos dentro das unidades orogrficas maiores
(chairas, cumios, ladeiras, etc). Tendo en conta as apreciacins precedentes podemos observar, dentro
do concello de Beariz, a preferencia por ubica-los tmulos nas divisorias de augas fronte a total
ausencia de mmoas nas zonas de val. Outro enclave orogrfico escollido a portela, lugar que
facilita un acesso mis doado en zonas difciles. Neste tipo de emprazamento ubcanse 8 dos 17
tmulos entre os

53

que destacan os dous tmulos de Lombao (LOm) na portela de Albite, os dous de Xirazga (Xlr) na
portela de Santo Domingo (Fig. 4) e os dous da Bola (BOI) na portela da Chancela. Finalmente
reflexar o emprazamento de das mmoas en sendos balcns ou rechns, con dominio visual hacia
pequenos vales mis ou menos encaixados.
Con respeto a relacin entre as pendentes topogrficas e mmoas debemos facer unha dobre
lectura: por un lado, analizar a relacin entre as pendentes topogrficas e os emprazamentos
tumulares. Para a realizacin deste estudio partiuse dunha cuadrcula de 500 m2. tendo como punto
de referencia central o tmulo. Segundo esto a meirande parte das mmoas sitanse en lugares con
pendentes entre o 6%-13% (clase 3); por outro lado, estudiar a relacin entre mmoas e a pendente
do contorno inmediato. Neste caso obsrvase que unha porcetaxe elevada de tmulos (11 dos 17))
localzanse en zonas achairadas con pendentes inferiores 3% (clases 1 e 2) fronte a aqueles que se
sitan a media ladeira (6 dos 17).
No referente a relacin entre os tmulos e o sustrato xeolxico convn sinalar que no concello
de Beariz o grupo de rochas dominante o metamrfico destacando os xistos micceos, cuarcticos
e as cuarcitas. Con esto temos que a case totalidade dos tmulos foro n erixidos nas proximidades
de afloramentos de xisto (15 dos 17) fronte a total ausencia de tmulos dentro da serie grantica que
aflora no sector suroriental do concello. Finalmente apuntar a presencia de
dous tmulos perto de afloramentos de cuarcitas, concretamente os tmulos de Xirazga (M1
conserva catro ortostatos deste material e M2 s conserva dous a nivel do solo).
Con respecto a relacin entre as mmoas e a edafoloxa debemos indicar, a nivel xeral, que un
nmero importante de mmoas asntanse sobre solos con profundidades medias comprendidas entre
os 20 cm. e os 50 cm. (13 mmoas das 17) e con caractersticas de drenaxe moi boas. Tamn
convn sinalar a presencia de tmulos ubicados sobre solos moi raquticos e pouco desenrolados,
como o caso da mmoa do Monte do Marco e Pena (MPe) que se asenta sobre a propia rocha. A
tenor dos datos podemos indicar que a meirande parte dos tmulos (15 dos 17) localzanse sobre o
predominio dos solos rnker pardo e rnker gris distrfico apesares de que ste acolle outras
categoras edafolxicas mis favorables para o aproveitamento agropecuario. O resto dos tmulos
(2 dos 17) emprzanse sobre terra parda mesotrfica con recursos hdricos moi perto da sa
ubicacin. No que respecta a relacin dos tmulos coa capacidade productiva dos solos apuntar que
un grupo importante de mmoas localzanse nas categoras definidas como C, D, adecuadas
cultivo tradicional de arado e con boas condicins agrcolas.

54

TABLA 4.1.
MAMOAS

PEND. ENT. PEND. MAM.

AFL. ROC.

EDAFOLOX.

EMPRAZ.

Ml de Garfin

11% (Clase 3) 5% (Clase 2)

Xistos a 30 m.

Rnker gris d.

Divisoria.

M2 de Garfin

11% (Clase 3) 4% (Clase 2)

Xistos a 50 m.

Rnker gris d.

Divisoria.

M3 de Garfin

11 % (Clase 3) 1% (Clase 1)

Xistos a 100 m Rnker gris d.

Divisoria.

M4 de Garfin

11% (Clase 3) 0% (Clase 1)

Xistos a 100 m Rnker gris d.

Divisoria.

M5 de Garfin

11% (Clase 3) 6% (Clase 2)

Xistos a 60 m.

Rnker gris d.

Divisoria.

Ml de Xirazga

16% (Clase 4) 6% (Clase 2)

Cuarcita 280m

Rnker pardo

Portela.

M2 de Xirazga

16% (Clase 4) 4% (Clase 2)

Cuarcita 280m

Rnker pardo

Portela.

Portela Cruz

10% (Clase 3) 2% (Clase 1)

Xistos a 300 m

Rnker pardo

Portela.

Ml Lombao

12% (Clase 3) 1% (Clase 1)

Xistos a 100 m

Rnker pardo

Portela.

M2 Lombao

12% (Clase 3) 1% (Clase 1)

Xistos a 150 m

Rnker pardo

Portela.

M. do Toxal

10% (Clase 3) 4% (Clase 2)

Xistos a 250 m

T. parda mes.

Rechn.

Ml da Bola

6% (Clase 2)

0% (Clase 1)

Xistos a 100 m

Rnker pardo

Portela.

M2 da Bola

6% (Clase 2)

1% (Clase 1)

Xistos a 100 m

Rnker pardo

Portela.

M. Chancela

4% (Clase 2)

1% (Clase 1)

Xistos a 50 m

Rnker pardo

Portela.

M. dos Liares

8% (Clase 3)

1% (Clase 1)

Xistos a 250 m

Rnker pardo

Rechn.

Carrasqueira

7% (Clase 3)

0% (Clase 1)

Xistos a 30 m

T. parda mes.

Divisoria.

Marco e Pena

16% (Clase 4)

3% (Clase2)

Xistos a 50 m.

Rnker pardo

Divisoria.

5. Conclusins.
A partires dos datos presetados nos apartados anteriores, expoemos, a continuacin, as
seguintes valoracins arqueolxicas:
- No referente as caractersticas constructivas da masa tumular, apuntar, por un lado, un ha
diversidade diametral que oscila entre os 1.160 cm e os 3.470 cm. Sen embargo, dentro desta
diversidade detectamos un ha tendencia hacia un patrn constructivo entre os 2.000 cm e os 2.600
cm. considerando como caso excepcional, dentro do concello de Beariz, o tmulo M1 de Garfin
(Fig. 3) con 3.740 cm.; por outro lado, co volume dos tmulos varia entre os 35 m2 e os 947 m2
(mbolos dous casos excepcionais) mantendo unha tendencia volumtrica entre os 170 m3 e os 300
m3 con alturas conservadas entorno s 130 cm. Finalmente sinalar que a meirande parte das masas
tumulares presentan, en planta, forma elipsoidal con predominio das medidas diametrais W-E
sobre as de N-S e restos de couraza composta por bloques de seixo blanco e xistos.

55

- Con respecto a relacin entre as construccins tumulares e o medio fsico destacar:


a)
A preferencia dos constructores pola ubicacin de tmulos nas divisorias de augas,
principais ou secundarias, fronte a ausencia, case total, nas zonas de val. Outra das
posicins orogrficas importantes elixidas para o emprazamento dos tmulos son as
portelas, lugares que facilitan o acceso entre cuncas fluviais (Fig.1). Por ltimo apuntar que
s 2 das 17 mmoas sitanse en balcn ou rechn o que leva a pensar en emprazamentos
espordicos con funcins puntuais difciles de precisar (Eguileta Franco, 1999:203).
b)
Na relacin sustrato xeolxico/mmoas (Fig.2), a case totalidade das mesmas asntanse
sobre sustrato xistoso. As distancias entre os tmulos e os afloramentos de rocha xistosa
(posibles canteiras de extraccin) oscilan entre os 100 m e os 250 m. ( a imposibilidade, en
moitas das mmoas, de recoecer os ortostatos e cmaras a nivel da superficie non nos
permite dictaminar si utilizaron ese tipo de rocha para a elaboracin das devanditas). S
contamos con dous casos (M1 e M2 de Xirazga) nos que se asentan sobre sustrato xistoso e
utilizaron rochas cuarcticas para a elaboracin da cmara.
c)
A case totalidade dos monumentos megalticos emprzanse sobre solos tipo rnker pardo e
rnker gris distrfico, sendo estes dous tipos de solos os dominantes dentro do concello de
Beariz. S dous tmulos se localizan en solo tipo terra parda mesotrfica, perto de zonas
baixas, ben drenadas e aptas para o cultivo con apeiros rudimentarios. A meirande parte das
mmoas localzanse xunto a pradeiras naturais con poucas posibilidades agrcolas o que nos
fai pensar en prcticas agrcolas, de pastoreo ou mixtas en funcin da localizacin dos
hbitats dentro dos nichos ecolxicos diferenciados dentro do concello.
Para rematar, agardamos que estes tmulos megalticos sexan protexidos e conservados polas
distintas institucins para facilitar futuras investigacins. As mesmo tamn propoemos a sa
posta e valora trama de diferentes actuacins como a creacin de rutas arqueolxicas
convintemente sinalizadas xa que cremos necesaria a revalorizacin socio-cultural destes
monumentos funerarios construidos hai 5.000 anos.

Hai que agradecer s persoas que colaboraron desinteresadamente na elaboracin deste traballo as
como s informantes que contriburon a realizacin do mesmo.
2
"u. en tierra de Cea, Maside y Carballio, que se alargan despus hacia el Testeiro y el Su ido por
la Xirazga, Xendive, As Antas, Vilach y Avin..." (Lpez Cuevillas, 1949: 6); "Xirazga, Beariz
(Orense): dunha mmoa de caractersticas ignoradas, procede un machado de pedra puda que
figura nas coleccins do Museo Arqueolxico de Ourense." (Lpez Cuevillas, 1973: 66).
3
Capilla de Sto Domingo: en la divisoria de las provincias de Pontevedra y Orense, a unos 30 m.
de la puerta principal de la capilla, hay una mmoa, asomando algo los ortostatos. Mide ms de 10
m. por 1.30 m. de alto. Hay ms mmoas, difciles de situar por la vegetacin". (Filgueira Valverde
e Garca Aln, 1977).
4
Clase 1, moi chairo (0%-2%); clase 2, suavemente inclinado (2%-6%); clase 3, inclinado (6%13%); clase 4, moderadamente escarpado (13%-25%); clase 5, escarpado (26%-55%); clase 6, moi
escarpado (> 55%).
56

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SCAR NEZ GARCA


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Resumen
A travs del estudio de los restos arqueolgicos de origen funerario tratamos de buscar
testimonios que nos ayuden a completar nuestra escasa informacin sobre la cristianizacin de
Gallaecia. Tambin pretendemos saber cul es la relacin entre los cambios en las costumbres
funerarias y en las estructuras mostradas por los enterramientos tardos y la expansin cristiana.
Abstract
Through the study of funerary archaeology remains we try to look for some testimonies which
help us to complete our few information about the Christianitation of Gallaecia. We also want to
know what is the relationship between the changes in the funerary customs and structures showed
by the late burials and the Christian expansion.


Del proceso de cristianizacin de Gallaecia no tenemos conocimiento directo de ningn tipo


hasta mediados del siglo III, momento al que pertenece la carta 67 de Cipriano de Cartago, que
contiene las primeras referencias a una comunidad cristiana galaica y cuya informacin viene a
completarse con los datos suministrados por las actas del concilio de Iliberris, celebrado aproximadamente medio siglo despus. Por lo tanto, los primeros datos que tenemos

* Becario predoctoral de la Xunta de Galicia. Facultade de Humanidades de Ourense, rea de


Historia Antigua.
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sobre el cristianismo en Gallaecia nos vienen dados a travs de fuentes escritas. No ser ms que a
partir del siglo IV, periodo en el que centraremos nuestro estudio, cuando los testimonios
arqueolgicos surjan de forma evidente como elementos de valoracin insustituibles para
determinados aspectos relacionados con el proceso de difusin cristiana. Una parte importante de
los contados restos arqueolgicos que tenemos pertenecen al mbito de lo funerario, factor que nos
ha hecho interesamos por los datos que este grupo de piezas pudiera aportar acerca del episodio de
la cristianizacin del Noroeste. La idea central que inspira este artculo va a ser el intento de
presentar el mundo funerario como una fuente importante para el conocimiento del fenmeno
cristianizador, en orden a dilucidar la validez de estos materiales como prueba de dicho proceso,
resaltando las realidades detectadas a partir de los restos que nos han llegado.
Como estructura bsica para ofrecer los resultados del estudio se ha optado por presentar una
elemental clasificacin entre los restos indiscutiblemente cristianos, que suelen aparecer de forma
aislada y en circunstancias muy concretas, de otros hallazgos que, como los variados ejemplos de
necrpolis, presentan una relacin dudosa con la implantacin cristiana, por lo que su anlisis ha de
establecerse en otros trminos.
A. Los Restos Funerarios Cristianos.
Los hallazgos de materiales o estructuras funerarias cristianas sorprenden en primer lugar por su
localizacin, pues, en contra de los que se podra esperar, no aparecen en ambientes urbanos, sino
en el campo. Atendiendo a la vinculacin urbana que el cristianismo haba mantenido
tradicionalmente a nivel general, y especialmente en Gallaecia, en donde las estructuras polticosociales hacan difcil que el nuevo credo rebasase este marco, era de esperar que los restos
materiales de ms claro significado cristiano se localizasen precisamente en las ciudades, hecho que
no se cumple en el Noroeste hispano. Evidentemente hay que tener muy en cuenta la aleatoriedad
de los hallazgos arqueolgicos, as como la dificultad de encontrar materiales tan antiguos en unos
solares de continua ocupacin. Si bien este hecho no vara en absoluto la idea de que la ciudad era
el espacio privilegiado de los grupos cristianos, s nos introduce en un tema de gran trascendencia,
como es la constatacin de la existencia de comunidades cristianas en el medio rural, hecho no
documentado en el Noroeste con anterioridad y al que hay que prestar especial atencin, pues
constituye sin ninguna duda una gran aportacin de la arqueologa funeraria cristiana.
Precisamente los dos hallazgos ms antiguos con que contamos en el Noroeste son dos
sarcfagos que datan del primer tercio del siglo IV: el de S. Justo de la Vega (Astorga) y el de Sta.
Mara de Temes (Carballedo, Lugo)1. Si

Hemos optado por no incluir el sarcfago hallado en Braga al no existir un criterio claro de
datacin, pues se han propuesto diferentes cronologas, desde el siglo IV al VI: SCHLUNK, H.:
"Los monumentos paleocristianos de Gallaecia, especialmente los de la provincia de Lugo", Actas
del Coloquio Internacional sobre el bimilenario de Lugo, Lugo, 1977, p. 197; FERREIRA DE
ALMEIDA, C. A.: "Arqueoloxa tardorromana e germnica no NW peninsular", Galicia: da
romanidade xermanizacin. Actas do encontro cientfico en homenaxe a Fermn Bouza Brey
(1901-1973), Santiago, 1992, p. 197.
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bien ambos estn enclavados en ambientes rurales no son ejemplos equiparables, pues S. Justo de la
Vega es un enclave muy prximo a Astorga, ciudad con una importante comunidad cristiana desde
antiguo, mientras que el lugar de Temes se encuentra alejado de los centros urbanos, en una
localizacin que slo puede justificarse por la presencia cercana del ro Mio, que al parecer era
navegable hasta las inmediaciones de ese punto2.
El de S. Justo es un sarcfago de mrmol trado desde Roma en las primeras dcadas del siglo
cuarto, con ciertas vinculaciones respecto a un grupo de sarcfagos de la iglesia de S. Flix , en
Gerona3. A travs de una estructura en friso y de una gran densidad de figuras se representan las
siguientes escenas: la resurreccin de Lzaro, el arresto de S. Pedro, el milagro de la fuente, Adn y
Eva, la multiplicacin de los panes y el sacrificio de Abraham4. El sarcfago de Temes (en realidad
slo se conserva la tapa) es igualmente obra de un taller romano, con una datacin aproximada
entre el 315-325. Se representan las siguientes escenas: adoracin de los magos, el pecado de Adn
y Eva y el ciclo de Jons. Junto a esta tapa de sarcfago tambin se han hallado varias piezas
arquitectnicas en mrmol: diversos capiteles, pilastras..., piezas que quizs fueron importadas
junto al sarcfago y que manifiestan la posibilidad de la existencia de un edificio sepulcral de rica
factura destinado a albergar los restos de un personaje principal5.
En ambos casos la conclusin es inmediata. Tenemos documentada la presencia del cristianismo
entre un grupo socialmente elevado, enclavado en el medio rural y que presenta un carcter
fuertemente romanizado. La asuncin de la fe cristiana por parte de los elementos socialmente
preponderantes implica una consecuencia muy importante de cara a la difusin del cristianismo,
pues haciendo valer su primaca social crean un efecto de seguimiento en las clases populares y
dependientes. Parece posible que en una sociedad crecientemente polarizada, que se articula en
torno a vnculos de colonato y patronazgo, las elites se convierten en referente para una poblacin
que, de forma consciente o inconsciente, tiende a seguir su ejemplo. Los restos encontrados en
Temes pueden considerarse como la expresin material de este fenmeno. As, la posible existencia
en este lugar de un mausoleo nos lleva a pensar en este edificio como expresin pblica de la fe de
un personaje poderoso, lo que, en definitiva, se traduce en un elemento de propaganda y atraccin
hacia las filas cristianas. Un mismo significado le podemos atribuir a la iglesia de Marialba (Len),
sin duda uno de los mejores ejemplos de edificio cristiano que encontramos a nivel peninsular, con
un carcter claramente funerario no slo por asentarse en un lugar destinado a enterramiento
previamente existente, sino tambin por albergar sepulturas en su interior. Su construccin se
realiz en dos etapas entre mediados y finales del siglo IV, destacando la utilizacin de ricos
materiales posiblemente en funcin de su finalidad como edificio martirial6.

Segn la informacin de Estrabn, GEOGRAFA, III, 3, 4.


SCHLUNK, H. Op. cit. (n. 1), pp. 193-194.
4
SOTO MAYOR, M.: Sarcfagos romano-cristianos de Espaa, Granada, 1975, pp 47-54.
5
DELGADO, J.: "O conxunto paleocristin de Temes", Galicia Terra nica. Galicia castrexa e
romana, Santiago, 1997, p. 198 ss.
6
HAUSCHILD, Th.: "La iglesia martirial de Marialba (Len)", Boletn de la Real Academia de la
Historia, 1966, pp. 143-149.
3

63

Desde este punto de vista cobra sentido la idea de que las elites han podido colaborar en la
difusin cristiana por los medios rurales, circunstancia no slo vislumbrada a travs de los
mencionados indicios arqueolgicos, sino que determinados testimonios escritos insisten tambin
en ello. Es obligada la referencia en este punto a algunos cnones del concilio de Iliberris7, de
principios del siglo IV, en los que parece percibirse cierta responsabilidad de los possesores sobre
la poblacin dependiente en cuanto a cuestiones morales o espirituales. El canon XL, Ne id quod
idolothytum est fideles accipiant, es muy ilustrativo a este respecto, pues en l se prohibe a los
propietarios recibir de sus renteros lo que fue ofrecido por stos a los dolos, con lo que la clase
propietaria aparece como un elemento de presin y transformacin de las costumbres religiosas de
los individuos dependientes. Todava hay otros cnones que evidencian el papel director y
privilegiado que el concilio atribuye a los propietarios. As, el canon XLI, Ut prohibeant domini
idola colere servis suis, considera responsabilidad de los seores nada menos que destruir los dolos
y evitar su culto entre sus siervos, en una lnea semejante a la mostrada en el canon XLIX, en donde
se puede leer: Admoneri placuit possessores ut non patiantur fructus suos (...) a iudaeis benedici...
Volvemos a ver a los propietarios como agentes que deben velar para que no se realicen rituales
nocivos, que en este caso tendran que ver con el colectivo judo.
Todas y cada una de estas disposiciones coinciden en sealar el reforzamiento moral y religioso
de la clase propietaria, lo que le confiere protagonismo en el proceso de difusin cristiana y en la
erradicacin de los cultos paganos. No hay que olvidar la tendencia clara por parte de la Iglesia a
reconstruir en el seno de la jerarqua los presupuestos sociales de la poca. Por ello las clases altas
se instalarn en las esferas de ms protagonismo, mientras que a la poblacin dependiente se le
niega el acceso a la jerarqua, obligndola a ser agente pasivo en el proceso de cristianizacin. La
verdadera importancia de este hecho es que en l encontramos una explicacin del modo en que el
credo cristiano pudo iniciar su expansin por el medio rural, al que se considera ajeno a los avatares
de esta religin, no slo por causas de tipo ideolgico como puede ser la permanencia de creencias
tradicionales, sino tambin por la propia estrategia seguida por la Iglesia en su expansin, que ha
obviado la existencia de estos grandes espacios sin cristianizar al buscar su entorno ms favorable
en las ciudades al estilo romano, nicas en las que podan constituirse episcopados.
Con todo, las pruebas aducidas slo sirven para advertimos que en Gallaecia ha tenido reflejo
un proceso bastante bien definido para otras provincias hispanas, pero no son suficientes como
parta justificar en virtud de ellas una realidad ms o menos generalizada. Se hace necesario, pues,
introducir una serie de matizaciones con la intencin de ajustar lo ms posible la magnitud adquirida por este proceso. En primer lugar se impone la alusin a las caractersticas de los asentamientos
rurales, que marcan la potencial expansin del cristianismo. Los datos disponibles sealan que la
red de villae no parece en condicio-

Edicin de VIVES, L.: Concilios visigticos e hispanorromanos, Barcelona, 1963, pp. 1- 15.
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nes de poder abrigar un proceso como el descrito en un sentido amplio. La existencia de


explotaciones modestas, con unas dimensiones bastante limitadas que en muchos casos
determinara que fueran explotadas nicamente por el grupo familiar, parecen matizar mucho ese
pretendido proceso de polarizacin de la sociedad rural, lo que repercutir en la valoracin del
propietario, que en la mayor parte de los casos no alcanzara la significacin requerida para
protagonizar el proceso que tratamos de describir, pues los episodios de concentracin de la tierra
son minoritarios8. Junto a esto cabe sealar otra realidad, definida por la falta de pruebas materiales
que nos indiquen que esta clase propietaria se encuentra en proceso de cristianizacin. En
prcticamente ninguna de las villae identificadas se ha encontrado ningn elemento, ni de tipo
decorativo ni de tipo estructural, que nos hable del cristianismo de sus habitantes, por lo que hay
que sospechar que este colectivo se encontrase inmerso en las creencias paganas, al menos de forma
mayoritaria.
La conclusin a todas estas realidades que hemos venido sealando debe destacar el papel que
ha jugado la clase propietaria galaica en la difusin del cristianismo por el medio rural, importante
en cuanto que define una va de entrada y difusin del nuevo credo por unos ambientes hasta ahora
ajenos a l, constituyendo quizs el nico medio de penetracin en el campo hasta la difusin de los
grupos priscilianistas, a los que hay que atribuir la responsabilidad de haber impulsado
decididamente la cristianizacin de la poblacin campesina. Sin embargo, hemos de decir que ha
sido un proceso de baja intensidad, a tenor de la escasez de las fuentes y de las caractersticas que
presentan las estructuras materiales conocidas, con un carcter espordico y minoritario al amparo
de iniciativas particulares.
B. Las Necrpolis Bajoimperiales y su Relacin con el Cristianismo.
Es patente que el mundo funerario aparece como un mbito de obligado estudio a la hora de
buscar datos complementarios para la determinacin lo ms exacta posible de la coyuntura
religiosa de una regin y de los cambios producidos en ella. La base hipottica de nuestro
planteamiento para este segundo apartado es identificar un uso funerario como cristiano para, as,
calibrar a travs de los posibles hallazgos el alcance de esta religin. Se tratara de identificar
comportamientos funerarios diferentes de los que tradicionalmente venan realizndose, cuyas
novedosas caractersticas pueden ser directamente relacionables con la asuncin por parte de la
poblacin de nuevos presupuestos religiosos.
En este sentido, el siglo IV ha de recibir toda la atencin, pues presenta importantes
transformaciones que refuerzan nuestro criterio de escogerlo como marco cronolgico, ya que
parecen cristalizar en l cambios evidentes en los

PREZ LOSADA, F.: "Hacia una definicin de los asentamientos rurales en la Gallaecia:
poblados (vici) y casas de campo (villae)", en Fernndez Ochoa, C.(Coor), Los finisterres
atlnticos en la Antigedad, Madrid, 1996, p 194 ss.
65

usos y prcticas funerarias que plantean la pregunta de si stas se pueden relacionar con una
influencia directa de la implantacin cristiana. As, se ha propuesto para este periodo el paso del
rito incinerador al inhumador, ms tardamente que en el resto de la pennsula, al mismo tiempo que
las estructuras de enterramiento se diversifican: las ms antiguas parecen haber sido las de fosa
simple, introducindose luego las de seccin triangular a base de tgulas, las de losas, y otras
variantes que mezclan los elementos anteriores.
El testimonio ciprianeo parece avalar el apriorismo que nos plantebamos cuando, entre las
diversas inculpaciones de simpatas paganas referidas a Marcial, se hace alusin a que enterr a sus
hijos "en sepulcros profanos, segn las costumbres de los no cristianos, y entre ellos"9. Segn estas
palabras, cristianismo y paganismo eran creencias diferenciadas en su tradicin funeraria, por lo
menos a nivel espacial (es de suponer la existencia de cementerios separados) y a nivel de
ceremonial o rito. Precisamente este ltimo punto es el que llama nuestra atencin, en orden a
advertir qu realidades puede haber detrs
de estas diferentes costumbres y si estas son o pueden ser rastreables arqueolgicamente. En plena
sintona con la expresin de Cipriano, a la implantacin cristiana se le han ido atribuyendo todos y
cada uno de los cambios importantes que se han registrado en el mundo funerario bajoimperial.
Algunas de estas vinculaciones se dan por definitivamente superadas, como la referente al paso de
la cremacin a la inhumacin10, mientras que otras todava cuentan con cierto vigor a la hora de
caracterizar una tumba o una necrpolis como cristiana, en ausencia de cualquier otro resto que la
califique directamente. Nos referimos a dos comportamientos bien documentados en las necrpolis
tardorromanas: la ausencia de ajuar y la orientacin de las tumbas con la cabecera hacia el Oeste.
Se trata de dos criterios meramente orientativos que suelen proponerse en ausencia de indicadores
ms directos y, por lo tanto, deben ser analizados en orden a especificar su supuesta relacin con el
fenmeno cristianizador para calibrar, en ltima instancia, su valor como testimonio de la
cristianizacin de una comunidad.
Una primera consideracin nos lleva a sealar una cosa importante, tal cual es la actitud de la
propia Iglesia ante las creencias y costumbres funerarias. Da la sensacin de que sta parece no
entrometerse en tales asuntos y su mxima debi haber sido el respeto11. De hecho, el concilio
iliberritano dedica al mundo funerario dos cnones, el XXXIV (Ne cerei in cimiteriis incendantur)
y el XXXV

Edicin de CAMPOS, J.: Cipriano. Tratados y cartas, Madrid, 1964, p. 631 ss.
En realidad, la inhumacin es una costumbre de origen oriental que se difundi en Occidente a
partir del siglo 11 en un contexto de cambio de las bases socio-econmicas, lo que provoc a su vez
transformaciones en la mentalidad. Su grado de implantacin ser directamente proporcional al de
la romanizacin, y el cristianismo lo adoptar y contribuir a su permanencia, aunque no ser la
causa de dicha transformacin: VOLLMER TORRUBIANO, A.; BORGOOZ, A: " Nuevas
consideraciones sobre las variaciones en el ritual funerario romano (ss. II-III d. C.)", Actas del XXII
Congreso Nacional de Arqueologa, Vigo, 1993, pp. 368-370; MORRIS, I.: Death-ritual and social
structure in classical antiquity, Cambridge, 1994, pp. 31-69; ABSOLO, J. A; PREZ, F.:
"Arqueologa funeraria en Hispania durante el Bajo Imperio y la poca visigoda", en Fbregas, R.;
Prez, F.; Fernndez, C.(eds), Arqueoloxia da morte na Pennsula Ibrica desde as orixes ata o
medievo, Xinzo, 1995, p. 294.
11
Se ha sealado como elemento significativo por parte de algunos autores la falta de intervencin
de la Iglesia en este apartado: PILET, CH.; ARMELLE, A(1987): "Les vivants et les morts en
Gaule romaine", en Hinard, F.(dir), La mort, les morts et au-del dans le monde roma in, Caen,
1987, p. 19; MARTINS, M.: "As necrpoles de Bracara Augusta: os dados arqueolgicos",
Cadernos de Arqueologa, 6-7, 1989-90, pp. 177-178.
10

66

(Ne feminae in cimiteriis pervigilent), que tratan de eliminar y reformar ciertas costumbres
relacionadas con el culto a los muertos, sin que haya ninguna referencia a las formas de deposicin
de los cadveres y ritos vinculados a ellas, por lo que se puede decir que desde los crculos
eclesisticos todava no existe un sentido reformista o transformador en cuanto a las formas
funerarias.
Este hecho nos introduce en otra reflexin, pues sucede que dos siglos y medio despus, los
Capitula Martini, la obra de recopilacin de Martn de Dumio12, sigue en una misma tnica de
prohibicin de ciertas costumbres mostradas por las gentes en su relacin con los difuntos. As, el
canon LXVIII, acerca de no celebrar las misas sobre las tumbas; y el LXIX, prohibiendo llevar alimento a las tumbas, suponen un buen ejemplo de posible pervivencia de unas costumbres
paganizantes que, en definitiva, la Iglesia lleva mucho tiempo intentando erradicar. Pues bien, si
sucede que en algunos aspectos relacionados con lo funerario se da una pervivencia- dificultad de
erradicacin, por qu suponer que en las formas de enterramiento, que no son otra cosa que un
aspecto ms del rito funerario, la influencia transformadora de la Iglesia es casi inmediata? En
efecto, entender como cristianas aquellas tumbas en las que el ajuar ha desaparecido o es exiguo y
cuya orientacin es W-E, significa considerar una influencia directa e inmediata del cristianismo
sobre las formas de enterramiento, puesto que estas caractersticas las encontramos desde inicios
del siglo IV y durante todo este siglo, poca en la que la expansin y capacidad de influencia de la
Iglesia era muy limitada, fundamentalmente en los ambientes campesinos, los cuales han
proporcionado muchos de estos ejemplos13.
Este argumento supone un primer elemento de sospecha sobre la relacin del cristianismo con
las nuevas formas de enterramiento, y debe servir de trasfondo a una serie de hechos ms concretos
que ponen en evidencia ciertas contradicciones. En primer lugar, la existencia en algunas tumbas de
ajuares, aunque muy pobres14, plantea problemas de interpretacin. Su escaso nmero y sus
reducidas dimensiones nos hablan de una costumbre en vas de desaparicin por influencia
cristiana? Se ha supuesto, en este sentido, que la pobreza y sencillez de los ajuares pudieran ser
indicativos de una comunidad ya cristianizada, pero que no ha abandonado de todo sus usos
paganos. Sin embargo, frente a esta idea existen datos que pueden sostener una interpretacin
distinta.

12

Edicin de DOMNGUEZ DEL VAL. U.: Martn de Braga. Obras completas, Madrid, 1990, pp. 117-132.
Del siglo IV contamos con algunos ejemplos, el ms temprano de los cuales parece provenir de fines del
III, tratndose de dos tumbas (una con una pequea vasija) en Parada de Outeiro, Ourense: VAZQUEZ
URTlAGA, X. A: "Navas restos romanos en Parada de Outeiro (A Limia, Ourense)", Boletn Auriense, VIII,
1978, pp. 327-331. Tambin parecen ser de esta antigedad algunas tumbas de la necrpolis de La Lanzada,
con las que parecen relacio,narseyarias necrpolis del Norte de Portugal (Vila Verde, A Lomba, etc.):
BLANCO FREIJEIRO, A; FUSTE ARA, M.; GARCIA ALEN, A: "La necrpolis galaico-romana de La
Lanzada", Cuaderno de Estudios Gallegos, XVI, 1961, pp. 141-158, y XXII, 1967, pp. 5-23, 129-155.
Igualmente del siglo IV (segunda mitad) parecen ser los sepulcros hallados en Coiro y A Hermida y las
tumbas de la necrpolis de O Grave: MONTEAGUDO, L.: "Sepulcro paleocristiano de Coiro (Corua)",
Archivo Espaol de Arqueologa, XXIII, 1950, pp.213-224; CARRO OTERO, J.: "Los esqueletos
bajorromanos de S. Vicente de O Grove", Cuadernos de Estudios Gallegos, XXVI, 1971, pp. 129-153. Junto
a estos contamos con otros ejemplos de los que no se ha podido proporcionar una cronologa precisa, aunque
su lmite inferior se sita en el IV, como los restos de Sto. Domingo, en Tui, o los de Trasiglesia: LLANA,
C.; BLANCO, M .P.; SUAREZ, R. M.: "Intervencin arqueolxica na rea de Sto. Domingo, Tui,
Pontevedra", Actas del XXII Congreso Nacional de Arqueologa, Vigo, 1993, pp. 325-330; CARRO OTERO,
J.: "Restos esquelticos de una tumba antigua de Trasiglesia", Cuadernos de Estudios Gallegos, XXXVIII,
1989, pp. 51-69; ver como sntesis GONZALEZ FERNANDEZ, M. A:"Las tumbas romanas de Galicia",
Pontevedra arqueolgica, II, 1985-86, pp. 209-228.
14
Generalmente se encuentran objetos cermicos y, en menor medida de vidrio. Ms raramente aparecen
tiles de adorno personal o de vestido, de diferente carcter, pues no tienen valor simblico, por lo que su
consideracin debe ser distinta.
13

67

Por un lado tenemos el caso de objetos de ajuar recogidos en dos tumbas de la necrpolis de
Marialba, de la segunda mitad del siglo IV15. El ambiente de este yacimiento es plenamente
cristiano (parece ser un lugar de enterramiento ad sanctos) y la propia situacin de las tumbas
dentro del edificio religioso hace difcil creer en pervivencias paganas, por lo que quizs sea ms
correcto pensar que en ambientes reconocida mente cristianos tambin es posible encontrar objetos
de ajuar. Adems, hay que recordar el renacimiento de esta costumbre, si bien con depsitos
modestos, en una etapa de cristianizacin ms difundida como fue la altomedieval (siglos VI- VII).
Tal vez el problema deba plantearse en otros trminos, es decir, podra haber una tradicin de
deposiciones de objetos de ajuar que se encuentra en vas de desaparicin, no necesariamente por
cambios en las creencias, y que afecta por igual al cristianismo y al paganismo, al ser un medio de
expresin religiosa comn. No hay que olvidar la posibilidad de que el ajuar pudiese haber
superado un supuesto caso de cambio religioso
mediante la consiguiente adaptacin simblica a las nuevas creencias, explicacin que se ha
propuesto para el caso andaluz, dado que ms de la mitad de las tumbas de poca tardorromana
presentan ajuar, cuando la Btica pasa por ser la regin ms intensamente cristianizada en el IV16.
Del mismo modo, relacionar falta o escasez de ajuar con el cristianismo se basa en la
consideracin de este ltimo como una filosofa de la austeridad y del igualitarismo, interpretacin
que se puede suponer sesgada, en cuanto no reconoce que tambin en el mundo romano tuvieron
vigencia estas ideas de igualdad ante la muerte, como bien demuestra la modestia de los testimonios
arqueolgicos17.
En este sentido, conviene recordar algunas conclusiones que se han establecido para el caso de
las necrpolis denominadas "tipo Duero", en las que la desaparicin de los ajuares no se relaciona
con la influencia cristiana, sino con un proceso de cambio de mentalidades que se plasmara
primeramente en las ciudades, en donde los ajuares son muy escasos, y de aqu se transmitira a los
medios rurales18. Esta interpretacin es muy sugerente en tanto en cuanto en la regin nuclear
galaica se observa igualmente un abandono de la deposicin de ajuares mucho ms decidido en las
ciudades, como demuestran los casos de Braga, Len y Lugo19. En la primera existe un
conocimiento bastante completo de sus necrpolis, en donde estn bien representados tanto el rito
de

15

ABSOLO, J. A; PREZ, E, Op. Cit. (n. 10), p. 299.


CARMONA, S.: "Las necrpolis tardorromanas y de poca visigoda de Andaluca en el mbito
rural", Congreso Internacional La Hispania de Teodosio, II, Salamanca, 1997, pp. 425-434.
17
GUERRA CAMPOS, J.: Exploraciones arqueolgicas en torno al sepulcro del Apstol Santiago,
Santiago, 1982, p. 506, en donde afirma que "estamos, sin duda, ante una ley constante de
austeridad intencional" vinculada a la tradicin cristiana. Sin embargo, las costumbres funerarias
romanas tambin se destacaban por su austeridad, no aportando datos precisos para el
establecimiento de una clasificacin social: TRANOY, A: "As necrpolis de Bracara Augusta. B:
Les inscriptions funeraires", Cadernos de Arqueologa, 6-7, 1989-90, p. 231; FOLGADO
LOBATO, M. L.: "A necrpole romana de Gulpilhares (Vila Nova da Gaia)", Portugalia, XVI,
1995, p.40.
18
ABSOLO, J. A; PREZ, E, Op. Cit., (n. 10), p. 299 ss.
19
MARTINS, M., Op. Cit., (n. 11), pp. 41-187; RODRGUEZ COLMENERO, A.: "Historia da arte
romana de Galicia", Galicia, Arte, I. Arte prehistrica e romana, A Corua, 1991, pp. 296-305; Id.:
"Cultura y mentalidad", en Villares, R.(dir), Historia de Galicia, v.I: De la Prehistoria a la Edad
Media, Faro de Vigo, Vigo, 1991, pp. 148-151, con datos genricos de las excavaciones en las
necrpolis de Lugo; LlZ GUIRAL, J., AMAR TAFALLA. M. T.: Necrpolis tardorromana del
Campus de Vegazana, Len, 1993.
68
16

cremacin como el de inhumacin, y entre ambos existe una diferenciacin muy importante: la
existencia de ajuares se reduce casi exclusivamente a las tumbas de cremacin, mientras que las de
inhumacin aparecen desprovistas de l. Esta realidad nos hace pensar que quizs el paso a un rito
inhumador debi de haber llevado consigo ciertas transformaciones paralelas en las que el ajuar
perdera el sentido que tradicionalmente tena en el rito de cremacin20.
En el medio rural, un ejemplo parangonable al brcaro viene dado por la necrpolis de La
Lanzada en donde, de nuevo, tenemos documentados ambos ritos funerarios. Sin embargo, en este
caso la realidad es distinta: el abandono de la cremacin no signific un abandono inmediato de la
deposicin de ajuares, lo que prueba la lentitud con la que se asumen los cambios, tal y como
parecen indicar los restos de ofrendas alimenticias o de banquetes funerarios en inhumaciones,
tradicin muy extendida en las cremaciones y que ir desapareciendo. Esto explicara la
irregularidad de la presencia de ajuares, pues sufren una tendencia clara a la desaparicin a lo largo
del siglo IV en lo que bien pudiera entenderse como una asuncin de los cambios que se haban
dado primeramente en las ciudades.
En cuanto a la otra variable, la orientacin W-E y su relacin con el cristianismo, es necesario
igualmente hacer algunas matizaciones. En primer lugar, si bien es innegable la simbologa que
desde las filas cristianas se construye a partir del naciente y del poniente, ejemplificada en Origenes
(De Oratione, cap. 32) y en Hiplito de Roma (De Antichristo, cap. 59)21, debemos reparar en que
estamos ante construcciones intelectuales de clases culturalmente elevadas, cuya aceptacin y
comprensin por las clases modestas, urbanas o campesinas, no es de esperar que haya sido
inmediata. Al contrario, nada contradice la posibilidad de que la simbologa y las creencias de este
tipo hayan podido surgir igualmente en ambientes paganos, de lo cual existen numerosos ejemplos
en espacios muy distintos (desde sarcfagos egipcios precristianos con idntica orientacin, hasta
toda la simbologa que la religin romana haba construido en torno al Sol, culto del que uno de los
mayores seguidores fue Constantino). Todo ello debe inscribirse a su vez en una falta de
reglamentacin eclesistica que perdurar hasta bien entrada la Edad Media, y que hace pensar de
nuevo que la orientacin W-E difcilmente se deba a un influjo directo y nico de la cristianizacin.
Es posible que en esto hayan intervenido otros grupos desligados del colectivo cristiano, o que
estemos ante una transformacin debida a una serie de cambios ideolgico- culturales que, al igual
que haba sucedido con la desaparicin de la cremacin o de los ajuares, son ajenos a la
implantacin del cristianismo.
En conclusin, empujados por la sospechosa filiacin cristiana que, segn los criterios de
orientacin y falta de ajuar, tendran prcticamente todas las

20

No se trata de considerar propio nicamente del rito crematorio la presencia de ajuar. Antes al
contrario, son muchos los ejemplos histricos en los que las inhumaciones se acompaan de objetos
ajuarsticos. Suponer tal cosa estara, adems, en franca contradiccin con la idea que planea sobre
esta argumentacin: la presencia o ausencia de ajuar y la existencia de rito crematorio o
inhumatorio no son vinculables ni entre s, ni con una poca, cultura o creencia determinada.
21
Orgenes expresa que todo acto de adoracin debe de dirigirse a Oriente, mientras que Hiplito
imagina a la Iglesia como un barco que navega hacia el Oriente; recogido en GUERRA CAMPOS,
J., Op. Cit., (n. 17), p. 506.
69

necrpolis galaicas conocidas del Bajo Imperio (fines del III en adelante), se ha intentado proponer
una reflexin que determine cul es la verdadera capacidad probatoria de estas realidades. Ello ha
llevado a considerar que, si bien existe una relacin entre el cristianismo y los enterramientos
orientados y sin ajuar, dicha relacin no presenta una cualidad causa- efecto, es decir, la
cristianizacin no tiene por qu ser el elemento desencadenante, desconociendo cundo se sumaron
sus aportaciones y en qu consistieron. La temprana fecha en la que se adoptaron estas costumbres,
incluso en los ambientes rurales, junto con otras contradicciones, hacen pensar que orientacin y
falta de ajuar no son elementos suficientes por s solos para determinar la cristianizacin de una
tumba. Es ms, a la luz de los datos se puede dar una lectura completamente distinta: esta
costumbre funeraria se pudo iniciar con anterioridad a la introduccin cristiana, por causas diversas
y con independencia de ella. Con posterioridad, los sectores eclesisticos, que no han dejado
constancia de ninguna prioridad en cuanto a formas de enterramiento, han permitido la
generalizacin de esta costumbre en los crculos cristianos, por lo que se convertir en una
constante en las necrpolis altomedievales, inscritas en un periodo de ms intensa cristianizacin.
En definitiva, no es posible hablar de ningn elemento que se destaque como propiamente
cristiano, por lo que realmente la caracterstica que mejor define a este conjunto de restos funerarios
es la neutralidad, referida a la ausencia total de elementos diferenciadores que permitan discernir las
creencias del ocupante de la tumba. Por ello, debe quedar claro que "no son datos concluyentes que
nos permitan identificar categricamente una creencia determinada. Todo ello es comn a ritos de
distintas religiones y se pueden repetir en momentos muy diferentes y responder a otras muchas
circunstancias"22. A tenor de esto, creemos invalidadas las aportaciones de la arqueologa funeraria
para el estudio del proceso de cristianizacin en su etapa ms temprana, siempre y cuando no
aparezca algn elemento que declare expresamente un origen cristiano. En los ajuares no tenemos
ninguna noticia de objetos que sealen el cristianismo del difunto, mientras que en otro tipo de
materiales funerarios, como las estelas, su cristianizacin se dar en una etapa posterior, a tenor de
lo que parecen indicar ejemplos como los de Castills (Lugo)23. Una mencin especial, por ser el
testimonio cristiano de este tipo que se considera ms antiguo, de fines del siglo IV, es el de la
estela antropomorfa de Tins (Vimianzo, A Corua), en la que se lee VICTORINVS IN PACE
ANNORVM CXX, aparecida en una gran necrpolis de diversos momentos, quizs dependiente en
una primera etapa de una villa romana24. A pesar de ser un material expresamente cristiano, y por lo
tanto equiparable a los incluidos en el primer apartado, su mencin aqu la hemos considerado ms
significativa, pues este mundo de las

22

VALDS, R.: "La necrpolis tardorromana de Guisande", Gallaecia, 14/15, 1996, p. 472.
La existencia de la necrpolis junto a la parte noble de la villa hace suponer que sera posterior a
ella, sin poder precisar una fecha aproximada: ARIAS VILAS, F.: "O xacemento galaicorromano de
Castills (Lugo)", en Acua Castroviejo, F.(coor), Finis Terrae. Estudios en lembranza do Prof. Dr.
Alberto Balil, Santiago, 1992, p. 240.
24
DAZ Y DAZ, M. C.: "La cristianizacin en Galicia", en A.A.V.V. La romanizacin de Galicia,
Sada (La Corua), 1976, p. 119 (nota 19); PEREIRA MENAUT, G.: Corpus de inscripcins
romanas de Galicia. Provincia de A Corua, Santiago, 1991, p. 181.
23

70

necrpolis bajoimperiales es su contexto natural. La frmula IN PACE parece ser de origen


cristiano, lo que revela la religin no slo del finado, sino de su grupo familiar que, a la postre, es el
responsable de la realizacin de la estela. La conclusin a un dato tan aislado no puede ser
definitoria, sirviendo solamente para justificar la presencia de un enclave cristiano en este lugar.
C. Conclusin.
Todo lo que hemos venido afirmando en estas pginas nos lleva a insistir en la importancia y
necesidad de atender a los materiales funerarios. Por un lado se presentan como una fuente de la
que recibimos informacin directa sobre aspectos que no podramos argumentar de otra forma, pues
no existen otro tipo de pruebas. Por el otro, a pesar de toda la problemtica que presentan este tipo
de materiales (y que les resta capacidad a la hora de detectar cambios en las creencias religiosas:
estado fragmentario, adscripcin cronolgica insegura, escasez de piezas y falta de definicin
ideolgica de las mismas), s permiten al menos advertir transformaciones en la concepcin y
simbologa de la muerte, aspecto que viene a constituir en s mismo una parte importante del
sentimiento religioso de estas gentes. De una u otra forma el mundo funerario completa nuestro
conocimiento acerca de la coyuntura religiosa de un espacio, ayudando a caracterizar los procesos y
circunstancias vividos por una determinada creencia.
Ourense, noviembre, 1999

71

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73

74

MINIUS VIII, 2000, pp.75-81

Los cotos de la Iglesia de Santiago en el Reino de Portugal (siglos XII-XIV)*

FRANCISCO JAVIER PREZ RODRGUEZ


Universidad de Vigo

La presencia de la Iglesia compostelana en territorio portugus data de poca altomedieval. Fue


Ordoo II quien cedi, en el ao 915, la villa de Cornelh, en las riberas del ro Limia, a la Iglesia
del Apstol1. Igualmente, el coto de Nogueira, en la orilla meridional del Mio, fue cedido a la
catedral jacobea en poca indeterminada, probablemente ya en el siglo IX2. Son estos dos enclaves,
junto a los de Mouquim y Gondulfi, ambos en las cercanas de Cornelh, los que constituyen las
ms importantes propiedades de la Iglesia jacobea en el reino portugus durante el resto de la Edad
Media, al menos hasta finales del siglo XIV.
Herederos de los antiguos reyes de Len, los monarcas portugueses se encontraron, una vez
consagrada la independencia lusa, con que sus antecesores haban cedido propiedades a la Iglesia
de Santiago en su territorio, circunstancia que debieron asumir. De hecho, en 1097, el conde don
Enrique de Borgoa confirmaba

* Este trabajo fue presentado en el VI Coloquio Galaico-Minhoto, celebrado en Ourense entre los
das 26 y 28 de septiembre de 1996.
1
LUCAS LVAREZ, M.- Tumbo A de la catedral de Santiago. Santiago de Compostela, 1988;
doc. n 27.
2
Es posible que la villa de Nogueira sea la misma que entre 866 y 883 aparece ligada al seoro
compostelano y que F. LOPEZ ALSINA localiza en la ribera portuguesa del Mio (La ciudad de
Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, Santiago de Compostela, 1988 p. 233).
75

a la sede compostelana la posesin de la villa de Cornelh4. Esta villa ser, sin sombra de duda, el
principal enclave que Santiago posey en tierras lusas. Junto a ella, Nogueira formaba parte del
seoro jacobeo desde poca altomedieval, mientras que de Mouquim y Gondulfi se desconoce la
fecha de incorporacin al patrimonio compostelano: la primera aparece documentada en manos de
Santiago en 12445, hacindolo Gondulfi en 12686. Los monarcas portugueses confirmaron estas
posesiones al tiempo que las protegan de los diferentes excesos de los recaudadores reales en los
lugares propios de Santiago7, El cabildo, a cambio de las do naciones antedichas, recordaba
todava a fines de la Edad Media a Ordoo II, qui donauit ecclesie compostellane villam cum cauto
qui vocatur Corneliana, as como a los regibus Portugalis et reginis el da dieciocho de abril8.
La independencia portuguesa no afect, pues, a las propiedades compostelanas en este reino. El
seoro de la sede no parece haber sufrido problema alguno, y ser a finales del siglo XII cuando
estos cotos pasen a adscribirse definitivamente al patrimonio propio de la mesa capitular. La
ascensin a la sede jacobea, en 1100, de don Diego Gelmrez supuso muchos cambios en la Iglesia
apostlica. Uno de los ms importantes fue la reforma del cabildo catedralicio, que supuso un
verdadero renacimiento en lo que a su existencia se refiere. Este nuevo cabildo seguir las lneas
que venan auspiciadas desde la sede pontificia y que se haban manifestado para todo el reino
castellano-leons en el Concilio de Palencia de 1100.
1102 es el ao en que tiene lugar el nacimiento del cabildo gelmiriano. Las nuevas corrientes
eclesisticas proponan que la corporacin catedralicia, esto es, el cabildo, tuviese una mayor
autonoma respecto al prelado diocesano, producindose as una divisin en "mesas"
independientes, la capitular y la episcopal. En consecuencia, una y otra institucin debera tener
una serie de bienes claramente delimitados y propios. No es el momento de observar esta divisin
de mesas en el caso de Santiago, sino que este tema interesa a causa de que, como se ha apuntado,
las propiedades portuguesas pasarn, a finales del siglo XII, a formar parte exclusivamente del
patrimonio capitular, al margen del poder del arzobispo compostelano.

LPEZ FERREIRO, A.- Historia de la S. A. M. Iglesia de Santiago de Compostela. Santiago de


Compostela, 1898-1909; vol. III; ap. 10 (H.S. en adelante). Aos antes, en 1061, Fernando I haba
autorizado al obispo Cresconio a poblar uestram uillam qua m uocitant Cornelianam, ripa Limie
(LPEZ FERREIRO, A.- H.S.II, ap. 93; LUCAS LVAREZ, M.- Tumbo A..., doc. n 97).
5
...et recipio in mea guarda et in mea comenda et sub mea defenssione quantum habet ipsa
ecclesia Sancti Iacobi in regno mea et specialiter Cornelianam et Mouquin et Nugariam...
(GONZALEZ BALASCH, M.T.- El Tumbo B de la Catedral de Santiago. Edicin y estudio. Tesis
doctoral indita. Granada, 1978; doc. 197. (Agradezco a la autora su amabilidad al dejarme
consultar este trabajo).
6
GONZALEZ BALASCH, M.T.- Op. cit.; doc. 252.
7
Las confirmaciones corresponden a Alfonso III (1248 Y 1268). Alfonso IV (1328) y Pedro I
(1362) (GONZALEZ BALASCH, M.T.- Op. cit.; docs. 197,204,252,347 Y 355). En lo que se
refiere a la proteccin real de estas villas pondr solamente dos ejemplos: en 1258, ante las quejas
del cabildo, Alfonso III prohiba a su portarius de Cerveira entrar en el coto de Nogueira
(GONZALEZ BALASCH, M.T.- Op. cit.; doc. 232); y, en 1280, Don Dens prohiba al castelleiro
y al porteiro de Monzn entrar a tomar anubda en los cuatro cotos compostelanos: Cornelh,
Mouquim, Nogueira y Gondulfe (GONZALEZ BALASCH, M.T.- Op. cit.; doc. 257).
8
LEIROS FERNANDEZ, E.- "Los tres libros de Aniversarios de la Catedral de Santiago de
Compostela"; Compostellanum, 15 (1970), pp. 179-254; p. 216 (L.A.S. en adelante). El 17 de
mayo se celebraba concretamente el aniversario de don Dens (p. 220).
76

Hacia 1175, el papa Alejandro III confirmaba una composicin entre arzobispo y cabildo
jacobeos que afectaba a las propiedades de la Iglesia de Santiago en el reino de Portugal y la
dicesis de Tuy. Desde entonces, lo que esos bienes produjesen sera destinado a la mesa de los
cannigos, concretamente para el pago de las cenas comunes de la congregacin9. Esta concordia
es el origen de la llamada posteriormente tenencia de las Cenas, en la cual estarn integrados todos
estos bienes durante el resto de la Edad Media. De hecho, es esta tenencia una de las primeras
conocidas en la catedral compostelana, inicindose con ella un sistema de explotacin del
patrimonio que ser definitorio del cabildo jacobeo durante todo el Antiguo Rgimen.
El sistema de tenencias catedralicio supona que una serie de bienes conformaba un lote de
propiedades de diverso tipo, denominado "tenencia", que era subastado en cabildo, quedndose con
l el capitular que ofreciese la suma superior. La cantidad establecida en esa puja sera pagada
anualmente por el cannigo, denominado "tenenciero", a la mesa capitular; este cannigo sera as
el encargado de gestionar todos los bienes de la tenencia, explotndolos, arrendando las diferentes
tierras, ampliando y cuidando sus posesiones, etc.
Dentro de las tenencias capitulares, la de las Cenas es, por su antigedad y dimensin, una de
las ms importantes de la catedral jacobea. En ella se encotraban reunidas todas las propiedades de
Santiago tanto en Portugal como en la dicesis de Tuy, as como otra serie de bienes que se fueron
integrando en ella en pocas posteriores. De hecho, es una de las pocas que incluyen ms de un
coto entre los bienes que la conforman. Ello supone que, si bien el cabildo es el seor titular de
estos cotos lusos y tudenses, ser el tenenciero de las Cenas la persona que ejercer efectivamente
el poder seorial en los espacios acotados. Entre todos estos cotos destacar el de Cornelh, cuya
importancia dentro de los bienes era tal que hizo que la tenencia de las Cenas acabase
conocindose con el nombre de "Tenencia de Cornelh" ya en el siglo XIV, hecho que habla por s
solo del destacado papel de esta villa.
Situada en una de las ms frtiles zonas del valle del ro Limia y cercana a la villa de Ponte de
Lima, la villa Corneliana fue adquirida en 915 por la Iglesia de Santiago10; en 1061 Fernando I
autorizaba su repoblacin11 y, hacia 1175, pasaba definitivamente a poder del cabildo en virtud de
la concordia con el arzobispo que constituy el acta de nacimiento de la Tenencia de las Cenas
capitulares. A partir de entonces el coto cornelianense estar regido por el tenenciero de turno.
Como seor del coto, el tenenciero ejerce su poder cobrando ciertos derechos
al tiempo que es el encargado de confirmar al juez elegido por el concejo12. Adems, la tenencia
posee tambin todos los derechos sobre la iglesia de Santo Tom. Los derechos propios del cabildo
sobre Cornelh aparecen especificados en

LOPEZ FERREIRO, A.- H.S. IV, ap. 51 y GONZLEZ BALASCH, M.T.- Op. cit.; doc. n 41.
LOPEZ ALSINA, F.- La ciudad de Santiago...; p. 340.
11
LO PEZ FERREIRO, A.- H.S. II; ap. 93.
12
Como se ver a continuacin, el concejo cornelianense posee una gran fuerza que mostrar en
los diferentes enfrentamientos con los tenencieros del cabildo. Su origen debe ponerse en relacin
con un posible fuero otorgado a la villa Corneliana posiblemente poco despus de 1061, ao en
que Fernando I confirmaba el derecho de la Iglesia a repoblarla.
10

77

el Tumbo de Tenencias n 1 de la catedral compostelana, elaborado en la segunda mitad del siglo


XIV, y son los siguientes13:
1) en razn del seoro, todos os que lauran en este cauto dam a quinta de quanto lauran a
esta teena.
2) por los derechos sobre la iglesia, el tenenciero ha hua colleyta ena dita igllesia de San
Thome cada anno de doze moravedis vellos de portugeses.
3) yantar: ha y huun jantar o teeneiro d'esta teena ena dita iglesia, et ea para si et para
quantos con el pasaren por lo porto da Alabruga, et euada para as bestas.
4) nombramiento de juez: ha de faser o teeneyro cada anno por dia de Sant Esteuoo juys
eno dito couto; et he quito este juis eno anno que for juis do quinto, pero paga este juis eno anno
que for juis dous moravedis vellos de portugueses. Como tendremos ocasin de comprobar, en esta
ocasin el tenenciero no es realmente quien elige al juez del coto, prerrogativa del concejo de ste,
sino que se limita a confirmarlo.
5) otros derechos, como fogatas et fauas et lino et os moynnos, que no se especifican
exactamente pero que, al menos en el caso de los molinos, parecen dar a entender la completa
posesin de stos por parte del cabildo.
El seor tiene tambin ciertos derechos sobre los moradores de las comarcas vecinas que vienen
a labrar a Cornelh: item ha ena igllesia de Breteandos et das outras figlesias que y veem laurar et
dos outros que y moran, d'alguuns tera et d'outros quarta et d'outros quinta. As pues, toda
persona que labre heredades en la tierra cornelianense ha de pagar -tal y como lo hacen los
couteiros- un quinto al seor del coto, al tenenciero. Al margen de esto, los pagos de otros
porcentajes como renta podran estar en relacin con la propiedad de la tierra que se labra; es decir,
que la norma general para todo labrador de Cornelh es pagar un quinto al seor,
independientemente de quin sea el titular de la propiedad de la tierra; en caso de que, adems, la
tierra que se labre sea propiedad del mismo cabildo, lgicamente, el porcentaje a pagar ser mayor:
de un tercio (en tierras de via?) o de un cuarto (en tierras de cereal?).
El cabildo parece, adems, haber mantenido una cierta explotacin ligada a l directamente y
que sera trabajada por los mayordomos nombrados en Cornelh. Esta impresin viene dada por la
relacin del Tumbo de Tenencias n 1, donde se dice que en vespera de Santiago do mes de juyo
ha de vinir o clerigo da dita iglesia de San Thome aa hermida de Santiago, que esta dentro enas
casas da dita teena, et ha de diser y as vesperas et as oras, et em outro dia a misa et as oras. La
presencia de unas casas propias de la tenencia acompaadas de una ermita parecen hablar de una
explotacin de cierta importancia directamente ligada al tenenciero. Por otra parte, los tenencieros
parecen haber visitado Cornelh de forma regular para hacerse cargo de lo que all les perteneca14.
La importancia de Cornelh queda de nuevo reflejada cuando se observa que en

13

Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela (A.C.S. en adelante). Tumbo de Tenencias n


1 (T.T.-1 en adelante), ff. 40v-41 r.
14
Por ejemplo, en 1293 el cannigo Pedro Estvez, tenenciero de las Cenas, estaba en Comelh y
orden la reparacin de la ermita de Santiago de Saa, corriendo a su cargo la madera y a pegadura
do ferro que ouuer mester enna dita iglesia etennas portas della, pagando tambin la madera
necesaria para esas mismas puertas (A.C.S. Tumbo C, f. 170v). Inmediatamente veremos las
razones alegadas por el presbtero comelianense, que exige la presencia fsica del tenenciero para
hacer efectivo el pago de la colleita, alegando la costumbre de sus antecesores.
78

la segunda mitad del XIV es el nico de los cotos portugueses que no est arrendado, sino que el
tenenciero parece hacerse cargo directamente de lo que allposee. Lo que acaba de referirse en las
lneas anteriores demuestra el inters del tenenciero, que anota cuidadosamente sus rentas en
Cornelh. Frente a ello, las noticias de los otros cotos son escuetas: el de Nogueira suya de render
ante da mortaldade em libras de portugeeses; Mouquim soya estar arrendado por incoeenta et
inquo moravedis vellos de portugeeses; y el de Gondulfi -cercano a Cornelh- sola arrendarse por
slo doze libras de portugeeses. Apuntemos, para recalcar la diferencia, que solamente el producto
de las quintas pagadas por los couteiros de Cornelh se estima en seiscientas libras portuguesas, es
decir, seis veces ms que lo producido por Nogueira. Razn evidente del inters mostrado por los
cannigos en conservar su dominio directo sobre el coto del Limia.
La nica cesin de Cornelh que se conserva data de 1174. En esa fecha, Gonzalo Cornelius y
Juan de Cornelh arrendaban por cinco aos al cabildo el honorem uestrum de Corneliana por
doscientos sesenta maravedes bonos et legitimas. Este arrendamiento parece avalar la presencia de
una explotacin directa por parte de los tenencieros de las Cenas en la feligresa; los dos
arrendadores se comprometen a predictus honorem amplificemus et senras atque quintas et omnes
directuras abstrahamus et pro posse queramus ita quod nichil inde alienetur ... aditimus quod
construamus illum uestrum molendinum donego de Cornela, ita quod ab hos die Pasche usque ad
annum plenum sit factum, quem per annos teneamus cun reditu su o finitis VIII annis accipiatis
uestrum molendinum15. El inters del cabildo en tal arriendo parece ser la mejora de sus bienes en
Cornelh, especialmente en el molino. La presencia de sernas, por otra parte, atestigua la existencia
de una explotacin importante directamente ligada al cabildo.
Esta cesin confirma asimismo el pago del quinto realizado al tenenciero y que los arrendadores
han de abstrahere a los couteiros cornelianenses. V, en cuanto a la explotacin que el cabildo y su
tenenciero poseen en el coto, se trata del lugar de Saa, donde se encuentra la ermita de Santiago y
que se constituye en el lugar al cual han de acudir los jueces de Cornelh para recibir la investidura
como tales por el tenenciero o sus vicarios mediante la entrega a aqul de huun ramo de
larangeira16. Este lugar de Saa parece haber posedo una considerable extensin y fue aforado al
menos una vez, en 1235, a un tal maestro Laurentius, organista, durante su vida, tali pacto quod
plantem ibi vineas et arbores et deuesas por un cuarto de lo producido anualmente17. Saa aparece,
pues, como el centro de una explotacin que debi ser especialmente rentable a los tenencieros de
las Cenas.
Otra de las caractersticas de Cornelh, aparte de su importancia econmica, es el permanente
conflicto que los moradores de la feligresa mantuvieron con el cabildo al menos desde los aos
treinta del siglo XIII. Para lograr sus objetivos, los cornelianenses no dudaron en apoyarse en el
vecino arzobispo de Braga as como recurrir contnuamente al rey de Portugal, poniendo en tela de
juicio los derechos de la sede apostlica sobre ellos. El enfrentamiento fue contnuo durante los
siglos

15

A.C.S. Tumbo C, f. 173rv.


A.C.S. Tumbo C, ff. 344v-345r.
17
A.C.S. Tumbo C, ff. 172v y 176rv.
16

79

XIII y XIV y sus deseos de libertad fueron coronados gracias al cisma de 1378, al menos en lo que
respecta a la congregacin catedralicia compostelana.
Hacia 1236, el cabildo delegaba al cannigo Juan Eanes para llevar el pleito entablado con la
Iglesia de Braga a causa de que sta haba interferido en el nombramiento del clrigo de Cornelh18.
Al parecer, el mismo concejo cornelianense se haba arrogado el derecho de presentacin y, por
supuesto, lo haban llevado a efecto en Braga, en lugar de hacerlo en Compostela.
El cabildo protest ante el Papa, quien dio como jueces a un arcediano, un cannigo y el tesorero
de Len, donde tuvo lugar el juicio en 1237 y que fue fallado a favor de Santiago. En funcin de
ello, varios miembros del concejo y el presbtero de Cornelh se presentaron en Compostela el once
de noviembre de ese ao, pidiendo perdn y comprometindose a no volver a poner en duda los
derechos del cabildo jacobeo. El presbtero fue confirmado en su cargo y, simultneamente, su
hermano recibi el nombramiento de juez del coto19. Este derecho de presentacin parece haber sido
contnuamente usurpado, pues en el repertorio de las Tenencias n 1 se lee que es el tenenciero
quien ha de realizarlo segundo se conteen enos priuillegios da Igllesia de Santiago, pero non esta
en posysom de presentar, que presentan os da fiigllesia20.
En ciertos momentos, la conflictividad parece haber sido especialmente violenta: a finales del
doscientos, en 1295, el procurador del tenenciero exiga al presbtero del coto la colleita debida al
tenenciero, as como a colleyta de VI annos traspasados ante este anno sobre dito que ende o dito
coengo ouuera d'auer. El clrigo se neg en redondo y dijo que no dara el jantar a no ser que el
mismo cannigo viniese a recibirlo, tal y como haban hecho sus antecesores y l mismo. Es
entonces cuando el procurador relata que esse coengo non ousaua viir comer aa dita yglesia aquella
colleyta ou procuraon que lIe ende auiaa a dar por tenenia, que dizia ca auia por razon que
veera ia hy outra uez e le fezeran y mal et desonra et uicana, de guissa que a non podera comer
nen reeber assi commo deuia, hecho que, por suspuesto, neg el clrigo21. Al ao siguiente, el
tenenciero se present en el coto y lleg a cobrar doce libras por razom da dita colleita, pero tuvo
que olvidarse del cobro de las que se le deban de los siete aos pasados ante el argumento que ya el
ao anterior haba esgrimido el clrigo: slo pagara la colleita al tenenciero en persona22.
En 1324, el cabildo acudi a don Dens de Portugal ante el hecho de que los couteiros, una vez
elegido su juez, no se preocupaban de obtener la confirmacin de sus seores compostelanos. El rey
orden que un miembro del concejo de

18

AC.S. Tumbo C, f. 177r.


Citacin de los jueces de Len en Tumbo C, f. 177r; renuncia del concejo en f. 176v;
reconocimiento por parte del presbtero Juan Lorenzo y renuncia a la apelacin del juicio de Len
ante el papa en ff. 171r y 176v; y confirmacin de este mismo presbtero en su cargo y de su
hermano Pedro como juez de Cornelh en ff. 176v-177r (tambin en Tumbo B, f. 151v.
GONZLEZ SALASCH, M.T.- Op. cit.; doc. 190).
20
AC.S. T.T.-1, f. 40v.
21
AC.S. Tumbo C, f. 173v.
22
A.C.S. Tumbo C, f. 174v. El documento aparece fechado en la era de 1339, es decir, 1301, si bien
la alusin a que se deben al tenenciero siete aos -uno ms que lo exigido en el documento anteriory que la ltima mencin, aparte de sta, del tenenciero y cannigo Pedro Estvez date de 1297 me
hace pensar que realmente el documento corresponde a 1296, habiendo cometido un error el copista
del tumbo.
80
19

Cornelh acompaase a un notario de Valenga que comprobase los documentos originales que
otorgaban el coto a Santiago. Los problemas de este nombramiento debieron continuar si juzgamos
la serie de documentos que sobre ello concedieron Alfonso IV y Pedro I sobre el tema. El primero
de ellos concedi, en 1335, que tanto el juez como el mayordomo jurasen su cargo en el mismo
Cornelh y no en Santiago23.
La prctica de este nombramiento se muestra en un documento de 1363: el concejo del coto se
reune en el lugar de Sisto y, en primer lugar, fezeron fronta a Lopo Affonso, escudeyro, que non
esteuesse enna enlion con os moradores do dito cauto, porque Santiago auia priuylegios
gaanados et conffirmados por los reys de Portugal que ninhuun fidalgo non morasse enno dito
couto de Cornelhaa, nen esteuese aa enlion que hi se fezesse. Una vez que el escudero se marcha,
los couteiros eligen a su juez y, a continuacin, todos ellos van a Saa a encontrarse con los
procuradores del cabildo. Una vez all, los procuradores demandan al notario si el elegido lo haba
sido en concordia para en seguida tomar juramento al nuevo juez y, tras ello, uno de los enviados
del cabildo Ihi meteu huun ramo de larangeira enna mao, confirmndolo en su puesto. Despus, los
mismos procuradores eligieron al mayordomo capitular24.
Es sta la ltima vez que Cornelh aparece en la documentacin conservada en el Archivo
Capitular de Santiago. El cisma de la Iglesia abierto en 1378 y la obediencia de Portugal al Papa de
Roma frente a la obediencia avionense mantenida por Castilla supuso la confiscacin de los bienes
que la Iglesia compostelana posea en el reino vecino: et quando foron as guerras et cisma, el Rey
de Purtugal tomou todo quanto d'este reyno achou enno seu, et tomou todo o de Santiago. Et esteuo
asy por grande espaio de tempo...25, tras lo que el cabildo, ya a mediados del XV, logr recuperar
algunas de esas propiedades confiscadas casi un siglo antes.
Segn J. Carro Garca, el coto capitular de las riberas del Limia fue vendido en 1426 a don
Alfonso, conde de Barcelos y despus primer duque de Braganza, por dos mil coronas de oro do
cunho de Frana, cifra que no parece precisamente despreciable26. Segn este autor, fue el
arzobispo don Lope de Mendoza quien llev a cabo la transaccin, en la cual no parece que el
cabildo haya intervenido. Visto esto, la nica hiptesis posible es que, a principios del XV, la Mitra
ha recuperado en su beneficio la feligresa cornelianense por medios que desconocemos. De una
forma u otra, el cisma de la Iglesia puso fin prcticamente a fines del XIV a casi quinientos aos de
presencia de la glesia jacobea en las riberas del Limia.

23

AC.S. Tumbo C, f. 343rv; publica FERNANDEZ DE VIANA, J.I.- "La feligresa portuguesa de
Cornelh"; Compostellanum, 15 (1970); doc. 15. Los documentos de Alfonso IV y Pedro I
corresponden a los docs. 14, 16, 17, 18, 19 y 20.
24
AC.S. Tumbo C, ff. 344v-345r.
25
AC.S. Tumbo de Tenencias n 3, f. 10r.
26
CARRO GARCIA, J.- "Venta de la villa de Cornell (Cornelh) en el ao 1426"; en S.C.M.O.,20
(1959-1960), pp. 153-160.
81

MINIUS VIII, 2000, pp.83-89

Azcar y Fidelidad Colonial en Las Antillas

ALEJANDRO GARCA LVAREZ


Universidad de La Habana

El tema que deber ocupar la atencin de este trabajo tiene que ver con la vida de algunas de
aquellas colonias espaolas que han sido catalogadas con mucha frecuencia como "restos del
imperio colonial espaol", al ser transferida su soberana a los Estados Unidos de Norteamrica en
1898. Como es ampliamente conocido, los tales "restos" estuvieron integrados no solo por los
archipilagos antillanos de Cuba y Puerto Rico, sino tambin por los de Filipinas y parte de Las
Marianas, en el ocano Pacfico. Estos, en su conjunto, comprendieron algo ms de 420 000 Kms.
cuadrados de superficie, colocados en puntos muy estratgicos del Planeta, y con una poblacin
superior a los diez millones de habitantes en aquel momento, los cuales se haban mantenido fieles
a la Corona durante las guerras por la Independencia de Hispanoamrica.
El ms extenso y poblado de aquellos territorios coloniales, el de las Islas Filipinas, con 300 000
Kms. cuadrados y casi ocho millones de habitantes en 1898, se caracteriza por la dispersin
geogrfica de su territorio y adems, por la pluralidad tnica y por la diversificacin de sus cultivos.
Estos estuvieron dedicados durante las primeras pocas a productos de subsistencia, como el arroz;
sin embargo, algunos otros como la caa de azcar, el tabaco y el abac, se convirtieron
posteriormente en componentes importantes del sector externo de la economa filipinao La funcin
desempeada por Las Filipinas en el contexto del sistema colonial espaol no rebas durante ms
de tres siglos la casi exclusiva funcin de servir de puente mercantil entre el virreinato de la NLmva
Espaa y otros puntos de Asia,

83

especialmente con China. Esta situacin apart la economa filipina de los avatares que la
dependencia del azcar impuso a la Mayor de Las Antillas desde finales del siglo XVIII hasta la
actualidad, y a Puerto Rico por lo menos hasta casi el ltimo tercio del siglo XIX, para emerger
nuevamente en el XX.
No obstante el hecho de haber sido regida por las mismas disposiciones coloniales que el resto
de las posesiones insulares, las colonias espaolas del Pacfico, tuvieron una organizacin diferente
basada en la conservacin de algunas de las unidades territoriales y polticas tradicionales de
aquellas islas. Por otra parte, de manera similar a los virreinatos del Continente, las rdenes
religiosas gozaron en dichos territorios de prerrogativas y poderes que las hicieron especialmente
poderosas con respecto a su influencia sobre la poblacin. Por consiguiente, sus condiciones
poblacionales, adems de su trayectoria histrica diferenciaron sustancialmente a Las Filipinas y
tambin Las Marianas, de las colonias que conservara Espaa en Las Antillas hasta 1898.
Una historia casi comn.
A diferencia de las antiguas posesiones asiticas del Imperio, dependientes durante mucho
tiempo de las determinaciones emanadas del virreinato de Nueva Espaa, un destino comn unific
durante ms de tres siglos el curso seguido por las Antillas espaolas, incluyendo la parte oriental
de Saint Domingue o Quisqueya1. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII se conform en ellas una
similar estructura agraria basada en la explotacin de grandes extensiones de tierra, dedicadas
fundamentalmente a la ganadera. Esta economa de tipo patriarcal fue practicada por los
inmigrantes espaoles que comenzaron a poblar estas colonias con el apoyo de pequeas partidas
de esclavos. Apartadas geogrfica mente del puerto de escala de las flotas que conformaban el
monopolio mercantil instrumentado por el imperio espaol, fue el comercio de contrabando, o "de
rescate", el medio disponible para la incorporacin de las economas locales al mercado europeo. A
partir de este tipo de economas incipientes y en cierta medida marginales, se conformaron las
sociedades criollas en los primeros tiempos de la colonizacin. En este sentido, Cuba, y
particularmente La Habana, pudo gozar de los privilegios que en el orden econmico le haba
concedido su condicin de puerto de concentracin de las flotas, para el desarrollo de actividades
tales como la construccin y reparacin naval, los servicios de alojamiento y recreacin destinados
a los viajeros y a la marinera, sin descontar el hecho de que los recursos econmicos que
ingresaron en el pas procedentes del virreinato de Mxico con el fin de fortificar adecuadamente la
calificada como "Llave del Nuevo Mundo", propiciaron el desarrollo de una verdadera industria de
materiales de construccin2.

Desde el siglo XVII y hasta 1821, solo la parte oriental de esta isla se mantuvo como colonia
espaola, a causa de la ocupacin de la zona occidental por parte de Francia. Posteriormente, en
1862, fue restaurada su condicin de colonia de Espaa durante tres aos ms.
2
Ibarra, J "Cultura e identidad nacional en el Caribe hispnico". En: C. Naranjo, M.A. Puig-Samper
y L.M. Garca Mora, La Nacin Soada. Cuba Puerto Rico y Filipinas. Aranjuez, Editorial Doce
Calles, 1996, pp. 85-95. Ver tambin tesis doctoral de F. Prez Guzmn, acerca de Las
construcciones militares en Cuba. La Habana, 1997.
84

Un conjunto de hechos acontecidos en la segunda mitad del siglo XVIII afectaron de forma
determinante el rumbo seguido por Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo en el marco del sistema
colonial establecido por Espaa en Amrica, modificando a mayor plazo el curso de sus respectivas
historias nacionales. Uno de estos hechos fue el relativo a la poltica reformista instrumentada por
el rey Carlos III a partir de la dcada de los sesenta del siglo XVIII, con el propsito de modernizar
el sistema de explotacin de las colonias.
Es innegable que las reformas de Carlos III favorecieron la flexibilizacin de las frmulas
utilizadas para la explotacin colonial, y que sto incidi favorablemente sobre las islas, las cuales
transitaron desde un sistema de monopolio comercial que para entonces y en el caso particular de
Cuba fue detentado por la Real Compaa de Comercio de La Habana3, hacia un sistema en el cual
los aranceles se encargaron de regular y gravar los productos de importacin segn su procedencia,
al margen de aquellas otras cargas y tributos que Espaa utilizaba para extraer una parte de la
plusvala generada por las economas insulares. Hasta aquellas dcadas finales del Siglo de Las
Luces, la inconformidad o rebelda de los criollos y nativos espaoles residentes en las islas
antillanas, ante las injusticias o extralimitaciones del poder en materia mercantil o fiscal, sola
expresarse mediante sediciones y motines dirigidos por lo regular contra las autoridades locales y
tambin, y sto fue siempre lo ms frecuente, con la simple evasin de los controles fiscales
establecidos por el monopolio, mediante el ejercicio del ya tradicional comercio de contrabando o
de rescate, especialmente en productos tales como los propios de la ganadera y el tabaco. Fue
aquella una poca en la cual la Revolucin Burguesa, aunque ya se haba manifestado
tempranamente en los Pases Bajos y comenzada a consolidarse en Inglaterra, todava no haba
alcanzado madurez ideolgica que lograra con las revoluciones norteamericana y francesa. Por
consiguiente, las nociones de Independencia y de Repblica no haban sido aun aceptados como
smbolos de modernidad, o esperanza de cambio, para las clases y grupos sociales oprimidos por las
relaciones coloniales.
Las reformas borbnicas crearon una base tcnica a partir de la cual se hizo ms viable la
introduccin de cambios cualitativos en los instrumentos de control mercantil y fiscal, favoreciendo
medidas o matizando su aplicacin, segn el caso y la coyuntura especfica. En este sentido pueden
considerarse algunos aspectos de las reformas al reglamento de comercio, tales como el permiso
para comerciar con varios puertos espaoles o a la legalizacin del comercio intercolonial, sin dejar
de mencionar las medidas dirigidas a favorecer la importacin de brazos esclavos, cuestiones todas
ellas muy apreciadas por los hacendados de Las Antillas para la expansin azucarera que tendra
lugar a finales del siglo XVIII. Enmarcado en este proceso liberalizador, se produjo un
acontecimiento histrico de mucha relevancia para la historia de Cuba: el asalto y toma de La
Habana por un enorme contingente militar y naval britnico4. La accin realizada por los hijos de
Albin, si bien no

Para una informacin ms amplia sobre el funcionamiento de la Real Compaa de Comercio de


La Habana, , ver: Comercio Ultramarino e Ilustracin. La Real Compaa de La Habana, de
Monserrat
Grate Ojanguren. ( Donostia-San Sebastin, Coleccin Ilustracin Vasca, 1993.)
4
Similar hecho de armas fue realizado por Inglaterra en Las Filipinas, mediante la ocupacin
temporal de algunos enclaves en estas islas.
85

fue absoluta desde el punto de vista de la ocupacin del espacio insular y solo se mantuvo durante
once meses, sin embargo, esta situacin provisional contribuy a la reapertura y profundizacin de
una relacin ya antigua con los territorios y la poblacin de Norteamrica, haciendo predominar en
ella el carcter mercantil. No se trataba entonces de la antigua relacin administrativa o eclesistica
que haba existido tradicionalmente entre La Habana y una parte de aquellos territorios, los
correspondientes a Las Floridas, sino ms bien de una vinculacin independiente y a la vez de
proyeccin ms estable, con los comerciantes de Charleston, Baltimore o Bastan, y tambin con los
plantadores esclavistas de los estados sureos.
Fue precisamente en medio de condiciones como estas que se produjo la lucha de las Trece
Colonias Inglesas de Norteamrica por alcanzar el dominio pleno de sus destinos como incipiente
nacin, en 1774. Esta lucha anticolonial cont con el apoyo de la metrpolis espaola como una
forma de oposicin a la presencia britnica en el subcontinente. Dicha circunstancia convirti a La
Habana en base de operaciones militares contra Inglaterra, propicindose contradictoriamente la
incorporacin de las colonias espaolas de Las Antillas a la lucha por la independencia de Amrica,
con respecto al dominio colonial de una potencia europea sobre una parte de dicho territorio.
Los efectos de la Revolucin Francesa en relacin con las Antillas resultaron tambin muy
influyentes sobre el curso de los acontecimientos en las Antillas Hispanas; estos se proyectaron en
dos direcciones distintas. Una de ellas tiene que ver con la valoracin pragmtica realizada sobre
todo, por parte de las lites criollas de La Mayor de las Antillas y de Puerto Rico, al tomar en
cuenta sus efectos indirectos como hecho generador de una coyuntura muy favorable para los intereses econmicos del pas. La otra consisti en poco menos que la satanizacin del hecho mismo, a
causa de las amenazantes espectativas que uno de los efectos secundarios de la Revolucin
Francesa - el levantamiento esclavo de la colonia francesa de Saint Domingue-, cre en el
imaginario poltico y social de dichos sectores sociales.
El hecho de que Espaa hubiera compartido de facto con Francia desde el siglo XVII la isla de
Quisqueya o La Espaola, involucr a la colonia espaola de Santo Domingo en los avatares que
siguieron a la insurreccin de los esclavos ocurrida en la parte francesa de la Isla. Una de las
consecuencias ms importantes para aquella colonia fue la proclamacin de su Independencia en
1821. Las invasiones y ataques realizados reiteradamente por los haitianos, empeados en extender
su revolucin antiesclavista hacia los dominios espaoles y, por otra parte, la participacin armada
de las potencias europeas en el conflicto, terminaron por arruinar casi completamente al pas,
sustrayndolo del sistema colonial espaol5.
Sin embargo, esta circunstancia coloc al resto de los territorios insulares del rea en
condiciones muy favorables para asumir a corto plazo el abastecimiento de los mercados europeo y
norteamericano, en productos tales como el azcar y el caf. La llegada de muchos colonos
franceses que huan desde la sublevada

Moya Pons, F. Historia colonial de Santo Domingo. Santo Domingo. Universidad Catlica Madre
y Maestra, 1977. Pp. 365-367 y 401- 423.
86

excolonia, y su posterior establecimiento como productores cafetaleros y azucareros en algunas


regiones de Cuba y Puerto Rico, constituy un hecho favorable a causa de que los mismos eran
portadores de una gran experiencia en la explotacin de determinados productos agrcolas. Sin
embargo, el ejemplo insurreccional de Hait llen de pavor a los blancos, no solo por lo que el
hecho poda significar desde el punto de vista de las ideas de independencia para una colonia
americana con respecto a la dominacin europea, sino por el ejemplo estimulante que la rebelin
de Saint Domingue o Hait, poda constituir para las dotaciones de esclavos en las plantaciones de
caa de azcar y de caf, al ser vista sta como un medio viable para alcanzar la libertad
individual.
El contradictorio conjunto de circunstancias que llenaron la dcada final del siglo XVIII, gener
amplias espectativas para las restantes colonias espaolas del Caribe. Su materializacin se llev a
cabo en dos lneas fundamentales, una de ellas, quizs la ms importante y trascendente para el
futuro, fue el despegue de la plantacin esclavista azucarera6, con su correspondiente incremento
del poder y la riqueza para los sectores lites de la sociedad colonial, a lo cual se unieron los
beneficios recibidos directamente por el fisco metropolitano. La otra cuestin est conectada con la
anterior, pero su futuro fue de imposible prediccin en aquel momento. Ella se relaciona con el
rpido y sostenido crecimiento de la esclavitud africana en las islas. Este asunto de naturaleza tan
contradictoria, se convirti en poco tiempo en un problema fundamental para la vida de estas
posesiones insulares, a causa de su importancia para el crecimiento del fundamental rengln productivo y de exportacin del pas y, a la vez por el peligro potencial que para la estabilidad de las
islas poda encerrar la rebelda de los cada da ms numerosos esclavos africanos. Por esta razn,
es en gran medida comprensible el compromiso de fidelidad que se estableci entre las oligarquas
criollas de Cuba y Puerto Rico y los poderes coloniales, durante los aos en que se produjeron los
hechos fundamentales relacionados con el movimiento independentista en los pases de la Amrica
Espaola. A tenor con las circunstancias y en inters de los grupos vinculados al mercado mundial,
el pacto entre la metrpolis y las lites coloniales devenidas en azucareras, qued implcito. De
este modo, las aspiraciones separatistas debieron quedar en suspenso, supeditadas a una bonanza
econmica que descansaba en la explotacin de seres humanos sometidos a un rgimen de cautividad cuyo garante, en ltima instancia, result ser el estado espaol. El aprovechamiento de la
favorable coyuntura de mercado constituy a largo plazo una opcin en favor del desarrollo de la
plantacin azucarera, en un camino ascendente cuyo remate apuntaba hacia la monoproduccin y
la dependencia, como despus la experiencia histrica se encargara de demostrar. Al mismo
tiempo, la opcin del desarrollo azucarero basado en el trabajo esclavo fue superpuesta a cualquier
otra va de desarrollo econmico, social o poltico que hubiera podido existir en aquel momento7.
En trminos de aspiracin independentista, esta opcin conllev en s

6
Desde Cuba, la Real Compaa de Filipinas llev tcnicos a aquel archipilago con el objeto de
desarrollar la agromanufactura del azcar, logrando xitos, sobre todo en la regin de Pampanga.
Borrn Soto, M. C. "La Real Compaa de Filipinas". En: El Galen de Manila. Mxico, JGH
Editores, 1997, pp. 82-83.
7
Se trata de contraponer a la opcin esclavista-azucarera impulsada por el habanero Francisco de
Arango, a la que contemplaba la diversificacin unida a la inmigracin blanca, defendida por
Ramn de La Sagra y Wenceslao Ramrez de Villa-Urrutia. Ver: Historia Econmica de Cuba de
H.E. Friedlaender, (Quinta parte). La Habana, Jess Montera, Editor, 1944.

87

misma un compromiso que signific la prdida de la que quizs hubiera podido constituir una
primera oportunidad para alcanzar la soberana junto al resto de las naciones iberoamericanas. Fue
precisamente en aquella coyuntura que Santo Domingo opt por seguir el ejemplo de la Amrica
Continental, declarando su independencia de Espaa, mientras que las lites de Cuba y Puerto Rico
mantuvieron su adhesin a la Corona.
Solo en la medida en que los precios del azcar en los mercados internacionales comenzaron su
persistente tendencia a la baja, a causa de la creciente concurrencia del azcar de remolacha a los
mismos y, por otra parte, los criterios fiscales de la hacienda espaola se fueron haciendo ms
arbitrarios e impositivos, fue dibujndose entre los lderes y pensadores avanzados de los distintos
grupos sociales, la necesidad de introducir nuevas reformas en las islas que permitieran mantener
cierto grado de equilibrio entre los intereses de los insulares, criollos o no, y aquellos otros que
predominaban en la Pennsula, incluyendo los de la propia Corona. En este sentido pueden ser
comprendidas las aspiraciones de las lites criollas con respecto a su representatividad en el
gobierno y el acceso a los cargos pblicos. Esta necesidad o propsito favoreci la continuidad de
aquella corriente de pensamiento surgida a finales del siglo XVIII, cuyo objetivo fundamental haba
estado encaminado desde entonces a la introduccin de reformas al rgimen colonial, casi siempre
en coincidencia con las etapas constitucionales que como resultado de distintos movimientos
revolucionarios tuvieron lugar en la metrpolis a lo largo del siglo XIX. En su desarrollo puede
encontrarse ms de un proyecto para el establecimiento de formas autonmicas de gobierno y otras
reformas para las islas de Cuba y Puerto Rico. Sin embargo, junto a este tipo de aspiraciones,
tambin aparecieron otras opciones que por diferentes vas fueron capaces de expresar un
rechazo ms radical a la dominacin colonial espaola.
Conspiraciones de inspiracin bolivariana no faltaron en Cuba y Puerto Rico durante la segunda
dcada del siglo XIX, mientras que una corriente favorable a la anexin de ambas islas a los
Estados Unidos de Norteamrica, hizo irrupcin pocos aos despus. Debe sealarse que, tanto la
opcin reformista como la que propugnaba la anexin a EE.UU., tuvieron una especial fuerza
durante toda la primera mitad del siglo XIX. Fue precisamente el fracaso continuado de las
aspiraciones de una y otra corriente, lo que finalmente determin el que algunos sectores de las
sociedades cubana y puertorriquea se plantearan en la segunda mitad de la dcada de los sesenta,
como nica posibilidad para cambiar la situacin del pas, la de optar por la separacin definitiva de
su destinacin colonial, mediante la lucha armada.
En la agudizacin de este proceso de contradicciones entre la metrpolis y la colonia, tambin
tuvo mucho que ver la percepcin que sobre la sociedad criolla se haba elaborado desde la ptica
del colonialismo espaol, sobre todo despus de la derrota sufrida en Ayacucho por las tropas
espaolas. El establecimiento de una drstica diferenciacin administrativa entre los nativos
espaoles y los criollos, y la segregacin de estos ltimos de las responsabilidades y empleos
pblicos, se convirti en una poltica definida, especialmente despus de 18378. Mientras que la Isla
de Cuba y la de

Guerra Snchez, R. Manual de Historia de Cuba. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1962,
Cap. XVI y Prez de la Riva, J. Correspondencia reservada del Capitn General D. Miguel Tacn.
La Habana, Biblioteca Nacional Jos Mart, 1963.
88
Puerto Rico eran consideradas como territorio espaol para algunos propsitos formales, stas

quedaron a la vez excluidas de muchos de los beneficios y efectos positivos establecidos por las
constituciones espaolas. El titulado por el historiador espaol J. G. Cayuela como estado
ultramarino o estado transocenico, fue confirmado en tal condicin, sobre todo a partir de la
creacin del Ministerio de Ultramar en 1861. Esto permiti la instrumentacin de una frmula
definitiva para que dichos territorios fueran considerados como espaoles pero con status de
excepcionalidad, con lo cual quedaron excluidos permanentemente de los que hubieran podido ser
los beneficios polticos o administrativos planteados por cada rgimen constitucional,
especialmente en materia de autonoma, descentralizacin, fiscalidad, etc., al mismo tiempo que los
nativos de la Isla eran definitivamente privados del derecho a acceder a los cargos burocrticos de
la administracin pblica9. El Ministerio de Ultramar no hizo con ello otra cosa que dar mayor
cobertura jurdica a la condicin colonial de los territorios espaoles fuera de la Pennsula, con la
exclusin desde luego, de los archipilagos de Canarias y Baleares, que fueron asumidos como
parte del territorio metropolitano. Por otra parte, las siempre anunciadas y nunca aprobadas leyes
especiales que debieron ofrecer el marco apropiado para normar jurdicamente la vida de las
tituladas desde entonces provincias de Ultramar, nunca llegaron a aprobarse, por lo que las
decisiones en materia colonial continuaron sujetas al ms absoluto arbitrio por parte de los
gobiernos de turno desde Madrid, y la voluntad de los capitanes generales o del Segundo Cabo, en
La Habana o en San Juan10.
De lo expresado se desprende una realidad contundente: a diferencia de los aos finales del siglo
XVIII y las dos primeras dcadas del XIX, el marco de posibilidades para que los sectores ms
avanzados polticamente en el seno de la poblacin de las colonias antillanas pudieran influir
decisivamente sobre lo que podan entender como progreso de la Nacin, fue particularmente
restringido a partir de los aos finales de la dcada del 30. Al mismo tiempo, estos sectores
continuaron arrastrando tras de s el pesado lastre de un sistema de explotacin que haba sido
condenado por las naciones ms civilizadas. Esta situacin plagada de contradicciones se mantuvo
hasta 1868, cuando se inici la primera confrontacin blica entre cubanos y espaoles.
La constitucin de la entidad jurdica nombrada por los cubanos como Gobierno de la Repblica
en Armas, reflej la decisin de los patriotas independentistas por lograr la aplicacin de una
frmula de gobierno independiente cuyo contenido democrtico se asimilara al paradigma
republicano que haba sido proclamado desde el siglo anterior por las revoluciones francesa y
norteamericana y adoptado, al menos formalmente, por la mayor parte de los pases independientes
de la Amrica continental11.

Cayuela, J.G., "Formacin y quiebra de un Estado a ambos lados del Ocano. Del descubrimiento
a los acontecimientos del desastre." Yer tambin detalles de esta relacin en Bahamonde, A. "Cuba,
corazn de Ultramar. Poltica y economa en las relaciones de las lites hispano-antillanas con
Espaa (18301868), ambos en Un siglo de Espaa. Centenario 1898-1998. Ediciones Universidad
de Castilla-La Mancha, 1998, pp. 205-213 ). Algunas otras ideas sobre esta misma cuestin en
Fradera, J.M. "Quiebra imperial y reorganizacin poltica en las Antillas Espaolas, 1810-1868"
(Revista Op. Cit. Universidad de Puerto Rico, Facultad de Humanidades, Num. 9, 1997, pp. 290317.)
10
Piqueras, J.A."Sociedad Civil, poltica y dominio colonial en Cuba (1878-1895)". En: revista
Historia
Contempornea. Ediciones Universidad de Salamanca, Vo. 15,1997, pp. 98 -114.
11
Instituto de Historia de Cuba. Las luchas por la independencia nacional y las transformaciones
estructurales. 1868-1898. La Habana, Editora Poltica. Captulo I.
89

Desde antes de la Guerra de los Diez Aos, ya las economas de ambas nsulas se haban
convertido en un modelo hipertrfico en el cual la industria azucarera predominaba. Defendiendo
su rentabilidad ante la competencia de la subsidiada industria remolachera europea y cargando con
el lastre de una produccin esclavista cada vez ms cara y dependiente del sector comercialrefaccionista, las condiciones de reproduccin mercantil de los hacendados azucareros de las islas
resultaron cada da ms gravadas por la esquilmadora poltica fiscal metropolitana. Sin embargo, la
plantacin azucarera esclavista todava di seales de vitalidad en Cuba durante los diez aos de
guerra, y se mantuvo en condiciones de aprovechar las ventajas comparativas que el clima y los
suelos podan ofrecer a las inversiones en caaverales e ingenios azucareros. Es por ello que las
fundamentales reas productoras de azcar de Cuba en aquella poca, las de la regin de Occidente,
fueron preservadas a todo trance por las armas espaolas, en muchos casos con la cooperacin de
los propios hacendados, ante los intentos de las guerrillas independentistas por penetrar en dicha
regin durante el transcurso de la guerra.. No obstante el dficit fiscal que se registraba en las
relaciones con la hacienda colonial, los ingresos procedentes del as protegido emporio productivo,
fueron todava en aquel momento lo suficientemente importantes como para que la metrpolis
estuviera en condiciones de financiar los gastos militares que le ocasionaba la guerra contra los
independentistas cubanos en las regiones central y oriental. A causa de esta contradiccin, Cuba
qued durante los aos de la confrontacin armada, prcticamente dividida en dos regiones: una de
ellas, la centro oriental, se mantuvo en un permanente estado de guerra rural, donde solo las
ciudades pudieron mantenerse bajo el control del pabelln de Espaa gracias a la fuerza
concentrada de sus nutridas guarniciones, La otra regin, la occidental, diferenciada por la
opulencia de su industria azucarera y su importancia para el fisco colonial, qued controlada
militarmente por la fuerza de una tenaz represin interna organizada, tanto en las reas urbanas
como en las rurales, siendo instrumentada en todo el territorio de la Isla una frmula represiva que
incluy, desde el fusilamiento y el encarcelamiento hasta el embargo de bienes y la deportacin.
Durante la coyuntura marcada por la Guerra de los Diez Aos tuvo lugar en Puerto Rico un
proceso inverso al de Cuba. El fracaso del grito de independencia en Lares, puso en evidencia que
las condiciones en la menor antilla espaola haban seguido un rumbo distinto. Con una
disponibilidad de tierras infinitamente menor que la llamada Perla de Las Antillas, y una poblacin
libre proporcionalmente mayor, la expansin azucarera basada en el trabajo esclavo se haba hecho
poco prometedora desde la dcada de los sesenta. Comparativamente, la poblacin esclava de
Puerto Rico solo alcanzaba un 7% de la poblacin total en 1870, mientras que en Cuba constitua
un 27,1 %. Lejos de crecer en nmero, como haba sucedido en Cuba, el monto total de esclavos de
Puerto Rico haba estado descendiendo contnuamente desde 1846 y con ello las perspectivas de
desarrollo de la industria del azcar basada en la explotacin de brazos esclavos. En lugar del
azcar , el caf haba pasado a convertirse gradualmente en la opcin ms importante para la
economa insular12. En estas condiciones socio-econmicas, la defensa

12

Astrid Cubano, en El hilo del laberinto. Claves de la lucha poltica en Puerto Rico (siglo XIX).
Ro Piedras, Puerto Rico, 1990. pp. 39-48, explica detalles de este proceso a escala local.
90

del sistema de explotacin esclavista realizada por los hacendados de las costas, puso en evidencia
la debilidad de los mismos frente a la corriente abolicionista que se desarroll en el resto pas en la
segunda mitad de la dcada del 60. Dicho proceso continu con la aplicacin de la Ley de Vientres
Libres en ambas islas en 1870, y concluy con la abolicin total de la esclavitud en la de Puerto
Rico en 1873, es decir, trece aos antes que en Cuba y en un momento en apenas cesaba el trfico
clandestino de esclavos hacia La Mayor de Las Antillas.
El papel de Norteamrica.
A virtud de un agresivo proceso de expansin territorial seguido de una guerra unificadora y a la
vez abolicionista, las antiguas Trece Colonias Inglesas de Norteamrica se haban convertido al
finalizar la dcada de los sesenta, en un pas involucrado en un poderoso proceso de desarrollo
capitalista en cuyo seno la esclavitud ya no desempeaba funcin alguna.En conexin con dicho
proceso, los puertos de la costa oriental de los EE:UU. haban acrecentado considerablemente su
importancia como mercado de destino para los azcares cubanos, sobrepasando en una proporcin
apreciable a los mercados europeos13. Para muchos cubanos, la importancia econmica de los
EE.UU. para Cuba haba quedado asociada a la imagen democrtica que mostraba la llamada Gran
Repblica Americana. Esta doble perspectiva permiti la conformacin de una visin no solo
mltiple, sino tambin paradigmtica de la nacin vecina.Es por ello que la guerra iniciada por los
cubanos independentistas en 1868 estuvo, en trminos generales, exenta de aquellas
manifestaciones de anexionismo que haban estado vinculadas dos dcadas antes al propsito de
conservar la esclavitud en las Antillas Espaolas, en alianza con los esclavistas del Sur de los
Estados Unidos.
Las proclamaciones independentistas de Vara y Lares, en 1868, elevaron el rango de la
contradiccin metrpolis-colonia al nivel de una confrontacin armada de carcter radical, en la
cual qued definida tajantemente la aspiracin mxima de cubanos y puertorriqueos por obtener la
absoluta independencia de sus islas. El fracaso del Grito de Lares y la conclusin de la Guerra de
los Diez Aos sin haber sido alcanzado su objetivo fundamental, signific la prdida de una
segunda oportunidad para lograr la creacin de sendos estados soberanos. En aquella ocasin se
haba hecho un descomunal esfuerzo, especialamente por parte de la poblacin cubana. Del
sacrificio personal y el herosmo demostrado por los combatientes y sus familias durante la confrontacin armada, surgi la tradicin heroica que alimentara la historia nacional de Cuba en los
aos futuros. Sin embargo, los espacios econmicos fundamentales de ambas islas quedaron, no
solo preservados, sino fortalecidos por las medidas represivas aplicadas por la Metrpolis. A partir
de esta situacin, Espaa pudo afrontar sin dificultad los gastos militares en que debi incurrir
durante el curso de la guerra14.

13

A partir de 1866 la exportacin de azcar de Cuba a los EE.UU. se coloc por encima del 50%
del total exportado, mientras que las proporciones correspondientes a Espaa, Francia y Alemania
se haban reducido. De los pases europeos, solo Inglaterra se mantuvo con una participacin
superior al 20% de las exportaciones hasta 1870. Moreno Fraginals, M. El Ingenio, La Habana,
Editorial
de Ciencias Sociales, 1978. T. III, cuadro VII, p. 76.
14
Maluquer de Motes, J. "La financiacin de la guerra de Cuba y sus consecuencias sobre la
economa espaola." En: C. Naranjo, M.A. Puig-Samper y L.M. Garca Mora, La Nacin Soada.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Aranjuez, Editorial Doce Calles, 1996. p. 317.
91

Al agotamiento generalizado de las fuerzas insurgentes despus de 10 aos de combates y a las


manifestaciones de indisciplina que tuvieron lugar entre los mandos del Ejrcito Libertador, sigui
una ofensiva de paz lidereada por el Gral. Arsenio Martnez Campos. Todo ello tuvo como
conclusin el fin de la Guerra. El agotamiento y la indisciplina hicieron fracasar el prolongado
enfrentamiento entre cubanos y espaoles, obrando en contra de la extensin de las operaciones
militares a la totalidad del territorio de la Isla, condicin sin la cual el enfrentamiento no poda
considerarse exitoso. La presencia de la industria azucarera en el Occidente de Cuba, constituy un
factor determinante para que el teatro de la guerra no pudiera ser trasladado a los llanos azucareros
de esta regin. Una vez ms, el peso ejercido por los intereses de dicha industria traz las pautas
seguidas por los acontecimientos en la Isla. Ellos obraron nuevamente como un muro de contencin
con respecto a la lucha por la independencia; no solamente a causa de los recursos financieros
voluntaria o involuntariamente aportados por la misma en favor del bando espaol, sino tambin
por el poder paralizante que todava estuvo en condiciones de generar entre las lites y otros grupos
sociales blancos, el antiguo y an no superado temor a una incorporacin masiva de los esclavos a
las fuerzas insurgentes, precisamente en aquellas provincias donde stos eran ms numerosos.
La terminacin de la Guerra de los Diez Aos en 1878, sin haber concluido sta con el logro de
la independencia, dio inicio a una nueva etapa en la historia de las colonias espaolas de Las
Antillas15. La relativa etapa de paz inaugurada en aquel ao, abri un comps de espera con
respecto a los propsitos independentistas de los cubanos, pero a la vez cre nuevas espectativas
entre algunos sectores de la poblacin con respecto a las posibilidades de introducir reformas
importantes en el orden econmico y jurdico, sobre todo aquellas relacionadas con los derechos
civiles, bajo el presunto amparo del espritu y la letra de la Constitucin de la Monarqua Espaola
proclamada en 1876. Una parte de dichas reformas ya haba sido aplicada en el caso de Puerto Rico,
a partir de un fuerte movimiento autonomista interno, incluyendo la que haba constituido uno de
los reclamos de la insurgencia cubana en el 68: la abolicin de la esclavitud mediante
indemnizacin.

Ante una nueva coyuntura histrica, Cuba y Puerto Rico se disocian:


Cuando faltaban todava veinte aos para que se produjeran los hechos que involucraron
militarmente a Espaa, Cuba y EE.UU. en una guerra cuyo mvil inicial result ser de nuevo la
independencia de La Mayor de Las Antillas, la isla de Cuba se encontraba completamente inmersa
en un proceso de desarrollo azucarero

15
Esta etapa ha sido llamada por los historiadores cubanos indistintamente como de Tregua fecunda
o Reposo turbulento. Para una visin mltiple sobre esta etapa, ver: Varios Autores, La turbulencia
del reposo. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1998. Un esclarecedor anlisis de los
factores que vincularon el proceso poltico de Espaa con la realidad antillana ha sido realizado por
J.A. Piqueras Arenas en "Grupos econmicos y poltica colonial. La determinacin de las relaciones
hispano-cubanas despus del Zanjn". En. C. Naranjo, M. A. Puig-Samper y L.M. Garca Mora: La
Nacin Soada. Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98. Aranjuez, Editorial Doce Calles, 1996,
pp. 339-345.
92

en torno al cual se plantearon diversas frmulas destinadas a un reajuste de la situacin colonial.


Sin embargo, en esta nueva coyuntura, la relacin mercantil de Cuba con los Estados Unidos de
Norteamrica sobre la base del azcar,se haba convertido en un factor de la mayor importancia
para la estabilidad econmica de la Isla, a diferencia del caso de Puerto Rico, que pas a depender
fundamentalmente del caf que exportaba a Espaa y otros pases europeos, y tambin a Cuba. En
esta coyuntura reaparecieran en la palestra poltica cubana, tanto la frmula autonomista como el
anexionismo, disputndole espacio al independentismo militante que momentneamente pareci
eclipsarse como resultado de la firma de los acuerdos del Zanjn. Finalizada la Guerra, la
pacificacin total de la Isla pudo lograrse finalmente, tal y como se haba propuesto el gobierno
espaol. La insatisfaccin con los resultados de una paz sin independencia, sirvi como punto de
partida para que grupos de combatientes se movilizaran en algn momento en dicha direccin.
Algunas conspiraciones e intentos armados sirvieron para reiterar la voluntad independentista de
los cubanos. Sin embargo, todava Espaa pudo disponer de una carta de triunfo destinada a la
rehabilitacin de la esperanza reformista que haba parecido perderse definitivamente en Cuba en
el ao de 1868. Esta carta de triunfo fue la Constitucin de 1876. La extensin de los principios
constitucionales enunciados para las esferas poltica y social, ya haban sido aplicados de algn
modo en Puerto Rico y, una vez firmada la paz, se introdujeron tambin en Cuba. As se cre un
marco de legalidad para el asociacionismo, que fue aprovechado entre otras cosas, para la
organizacin de dos partidos polticos que surgieron a su amparo. Tambin se propici la apertura
de un discreto margen de garantas que sirvi para formalizar la expresin pblica de los mismos16.
El rgimen constitucional cumpliment el encargo de favorecer la alternancia en el poder de dos
partidos polticos en la Metrpolis. Sin embargo, los mecanismos creados a partir de dicho
instrumento para ser aplicados a la totalidad del territorio espaol, permitieron reservar a los
partidos ms representativos de los intereses polticos y econmicos metropolitanos, como el
titulado como de la Unin Constitucional de Cuba y el Partido Incondicional de Puerto Rico, la
posibilidad de mantener su supremaca mediante la utilizacin de los mecanismos del voto
limitado.

La herencia colonial.
No obstante el reconocimiento que la tradicin independentista ha tenido en la formacin
nacional de Cuba y Puerto Rico, especialmente a partir de los gritos de independencia de Vara y de
Lares, ambas islas fueron durante cuatro siglos colonias de Espaa. Durante ellos se estructuraron
entre los habitantes de ambas islas,

16
Para mayores precisiones sobre estos temas, ver: Casanovas Codina, J. "El asociacionismo
burgus y proletario en Cuba de los aos 7870 a inicios de los 7880", (En: Cuba, algunos
problemas de su historia. Universidad Carolina, Praga, 1995, pp.97-115); Garca Mora, L.M. "Tras
la revolucin, las reformas: el Partido Liberal Cubano y los proyectos reformistas tras la paz del
Zanjn", (En: C. Naranjo, MA PuigSamper y L.M. Garca Mora, Cuba la perla de Las Antillas,
Aranjuez, Editorial Doce Calles, 1996, pp.197-212.

93

formas de pensamiento y de actuacin identificadas culturalmente con lo espaol; pero al mismo


tiempo se crearon y afianzaron intereses econmicos de diverso tipo, y se modelaron instituciones
que de una forma u otra prestaron su concurso al funcionamiento del sistema colonial. Gracias a las
premisas establecidas por el usufructo de ventajas y privilegios, y tambin a partir de compromisos
establecidos con la administracin colonial, una parte importante de los medios fundamentales de
produccin y de los servicios organizados en ambas islas hasta 1898, haban llegado a colocarse
firmemente bajo el control de un sector numeroso de nativos de la Pennsula y de otros europeos
que se haban asentado de manera temporal o permanente. Estos grupos conformaron con el tiempo
verdaderos ncleos oligrquicos que radicaban en las ms importantes ciudades, suplantando en
unos casos y entremezclndose en otras, con el antiguo sector criollo histricamente responsable de
la fidelidad a la Corona de Espaa durante las guerras por la independencia de la Amrica
continental. El entrelaza miento y la identificacin de los intereses del antes mencionado grupo
oligrquico de origen peninsular con la burocracia administrativa y militar metropolitanas, y
tambin con las instituciones representativas de lo espaol en las colonias, favoreci con el tiempo
la creacin de un denso tejido social en el que el inters econmico de cada grupo, qued de algn
modo comprometido con una posicin de intransigente fidelidad a los designios polticos de la
metrpolis espaola. Desde esta militante posicin qued implcita la idea de una Unin o Unidad
Nacional concebida sobre la base de un estado que poda transgredir los lmites naturales
impuestos por la geografa. Sin embargo, la posibilidad de subsistencia de una entidad de este tipo
no resisti la prueba del tiempo no obstante la experiencia histrica acumulada por el propio
Imperio Espaol en Amrica, o por el Imperio Britnico con respecto a sus antiguas Trece
Colonias americanas. Es fcil percibir que hubo un profundo desfase entre la idea o propsito
integrista espaol en su versin correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX, con respecto a la
realidad vivida por el Mundo en aquella poca Tanto los gobiernos de turno de la Pennsula, como
los espaoles integristas asentados en la Isla, se aprestaron adefender un imaginario poltico cuyo
propsito fue, en ltima instancia, el de retener a todo trance el control sobre lo que restaba del
antiguo imperio colonial espaol, sin hacer concesiones que pudiesen limitarlo.

Naturaleza de las opciones.


Gracias a los mecanismos de regulacin encargados de moderar el juego de las fuerzas
polticas que quedaron institucionalizadas al amparo de la Constitucin Espaola, la oposicin
representada por el partido Liberal o Autonomista en Cuba lleg a desempear en la prctica un
fundamental papel como conciencia crtica dentro de un marco de expresin convenientemente
restringido. En ltima instancia, sto abri una posibilidad para que dicho partido sirviera como un
instrumento til en el sealamiento de las deficiencias y arbitrariedades en que incurra la gestin
de Espaa en Cuba, desde el punto de vista de los intereses de amplios sectores medios de la
sociedad cubana. Sin embargo, la actuacin del Partido

94

Liberal Autonomista se desempe al mismo tiempo como un factor coadyudante en el propsito


de mantener viva la esperanza de que, tanto las reformas como la supuesta concesin de un estatuto
poltico autonmico en un momento no definido previamente, podan ser las soluciones ms
adecuadas para el futuro del Pas, sin que por ello se quebrasen los
marcos
institucionales
establecidos por la monarqua constitucional17. El nfasis de la labor crtica realizada por el Partido
Liberal Autonomista estuvo puesto en la defensa de los intereses econmicos insulares, sobre la
base de publicitar la necesidad de que el gobierno espaol concediera un paquete de reformas de
carcter liberal que flexibilizaran en alguna medida el cerco de intereses fiscales y financieros,
mercantiles y burocrticos que la dominacin espaola mantena alrededor de la Perla de Las
Antillas, y que dificultaban la fluidez de las relaciones con el devenido principal socio comercial
de la Isla18.
No obstante los innegables avances que supuso la extensin de las reformas resultantes del
constitucionalismo espaol a las colonias de Ultramar, el marco de limitaciones que aquel impuso a
la aplicacin de las mismas en estos territorios las hizo insuficientes en relacin con las
espectativas en materia de reforma y descentralizacin administrativa que las islas de Cuba y
Puerto Rico demandaban para su desarrollo econmico, poltico y social. A causa de ello, las
verdaderas reformas a que aspiraban los intereses econmicos insulares continuaron formando
parte de una asignatura pendiente, tal y como continuaron sindolo las llamadas leyes especiales
que supuestamente debieron haber regido en algn momento en los territorios coloniales, tomando
en cuenta las particularidades propias de los mismos. Por ello es que las aspiraciones de una parte
importante de la poblacin cubana se mantuvieron en un casi permanente clima de tensin desde
los primeros aos de la dcada del 90, agravndose, a causa de las dificultades que constantemente
se crearon como consecuencia de las contradicciones ente las polticas mercantil y fiscal seguidas
por Espaa con respecto a Cuba, y las medidas tomadas por los EEUU. en defensa de sus intereses
en expansin.

La industria azucarera en la ltima dcada del siglo XIX.


Tradicionalmente insatisfechas las aspiraciones polticas y econmicas de amplios sectores de
la poblacin insular, compuestos parcialmente por criollos que se desempeaban principalmente
como hacendados pequeos y medios, profesionales y otros, poco poda esperarse en el futuro
acerca de concesiones en materia de representacin o descentralizacin del estado espaol en favor
de las provincias de Ultramar, sobre todo despus del fracaso del proyecto de Antonio Maura en
189319. Sin embargo, fue en la esfera especfica de la economa y sobre

17

Para apreciar matices distintos sobre el Partido Liberal Autonomista de Cuba, ver: L. M. Garca
Mora en "La autonoma en el discurso poltico de la Restauracin", en: C. Naranjo, MA PuigSampery L.M. Garca Mora, La Nacin Soada. Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Aranjuez.
Editorial Doce Calles, 1997. P. 347 Y para una visin desde Cuba, Mildred de La Torre, en El
Autonomismo en Cuba. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1998.
18
Para la ltima dcada del siglo XIX ya los Estados Unidos de Norteamrica se haban
convertido en el destinatario de entre el 80% y el 90% del azcar exportado por Cuba. Ver Moreno
Fraginals. Op. Cit., al mismo tiempo proceda de dicho pas ms del 35% de las importaciones.
Ministerio de Ultramar. Direccin General de Hacienda. Estadstica General del Comercio
Exterior
de la Isla de Cuba. 1894-1895. Madrid, 1897.
19
Roldn de Montaud, I. "Cuba entre Romero Robledo y Maura (1891-1894)", (En: C. Naranjo,
M.A. PuigSamper y L.M. Garca Mora, La Nacin Soada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el
98. Aranjuez, Editorial Doce Calles, 1996, pp. 377-390.
95

todo en las finanzas, donde la crisis de relaciones entre los intereses econmicos propios de la Isla
de Cuba y los de la Metrpolis, revistieron una naturaleza particularmente enconada. No se trat en
este caso de problema generado por una relacin mercantil asimtrica entre metrpolis y colonia. El
problema estuvo dado sobretodo, en que se trataba de una relacin caracterizada por la interferencia
ejercida por Espaa con relacin a los vnculos de Cuba con un tercer pas, los Etados Unidos de
Norteamrica. El considerado entonces como emblema del Nuevo Mundo en materias de soberana
y democracia, se haba convertido despus de la Guerra de los Diez Aos, en el mercado
fundamental de destino del azcar y el tabaco de Cuba. Se haba creado a partir de ello, una gran
dependencia con respecto al sector externo de la economa, favorecido por una posicin geogrfica
favorable en relacin con el principal mercado. Estas circunstancias contribuyeron al
establecimiento de un vnculo mercantil y financiero entre Cuba y EE.UU., que haba sido muy
ventajoso para la Isla desde aos atrs. De manera contraria, la imposibilidad de que el mercado
espaol pudiera desempear una alternativa de importancia como lugar de destino de los productos
exportados por Cuba, -cuestin que era especialmente aguda en el caso del azcar-, supuso la permanencia de una relacin mercantil con la Pennsula caracterizada ms bien por un desigual
intercambio. A favor de dicha desigualdad fueron ejercidas continuas presiones por parte de los
intereses peninsulares sobre el gobierno de Madrid, especialmente con el propsito de hacer
efectiva la defensa de un espacio significativo para sus productos en el mercado interior de la Isla,
frente a la competencia de otros intereses tambin espaoles cuyos centros de produccin o
servicios estaban asentados en la Isla, y tambin frente a los productos procedentes de la agricultura
e industria de EE.UU., cuya colocacin en el mercado cubano constitua un objetivo para el
expansionismo mercantil norteamericano. En este sentido pudiera hablarse de una contraposicin
absoluta entre las llamadas leyes del cabotaje, de gradual aplicacin por parte de Espaa, y la
poltica de reciprocidad defendida por los gobiernos norteamericanos.
A la anterior cuestin debe agregarse un factor de carcter fiscal relacionado con la sobrecarga
de impuestos establecidos por Espaa sobre las principales actividades productivas, y de otras que
gravaban directamente al consumo, cuyo origen debe ser buscado en la amortizacin y pago del
servicio de la deuda que sobre la economa cubana haba acumulado Espaa como consecuencia de
las campaas militares llevadas a cabo contra algunos pases americanos en la dcada de los
sesenta, entre ellas, la sostenida contra los propios independentistas cubanos entre 1868 y 1878. La
llamada deuda de Cuba, distribuida entre influyentes tenedores individuales y bancos de la
Metrpolis, constituy un singular instrumento de presin sobre el gobierno de Espaa. La
proteccin a todo trance de dichos intereses financieros, contribuy con mucho al agravamiento de
la situacin colonial con respecto a Cuba20.

20
Roldn de Montaud, I. Notas en torno a las relaciones financieras entre Cuba y Espaa hasta
1898. CSIC, (s/f) , ha realizado un cuidadoso trabajo sobre esta cuestin. Por otra parte, Martn
Rodrigo Alharilla, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, en su trabajo titulado El Banco
Hispano Colonial y Cuba 1876-1898, ofrece aspectos sumamente interesantes de dichas relaciones.

96
En la particular coyuntura que se inici a partir de la dcada de los noventa, se desarroll

aceleradamente una tendencia sin retroceso para la economa cubana. Lo que haba originado a
principios de la dcada de los ochenta un primer conflicto entre Espaa y los EE.UU. en relacin
con la aplicacin de los aranceles de Aduana a los productos importados y exportados por Cuba,
desde y hasta este ltimo pas, haba concluido entonces con la firma de un primer acuerdo
comercial entre ambos gobiernos, el conocido por la literatura histrica cubana como el tratado
"modus vivendi" de 1882. El mismo hubo de garantizar temporalmente un cierto acceso de los
productos norteamericanos al mercado cubano, a cambio de la concesin de rebajas en los
derechos del azcar y el tabaco. Simultneamente, Espaa haba concedido rebajas arancelarias a
algunos productos norteamericanos y franquicias a ciertas empresas mineras estadounidenses, con
el fin de explotar los yacimientos de hierro y manganeso del Oriente cubano. Con estas ltimas
concesiones se abri un nuevo espacio en el territorio de la Isla a la franca expansin monopolista
de los EE.UU., mediante la inversin directa de capitales.
La relacin mercantil entre Cuba y los EE.UU. estuvo regida casi desde los inicios de aquella
dcada final del siglo, por la aplicacin del arancel resultante de la Ley McKinley de l890. Se trat
entonces de una nueva medida proteccionista por parte de Norteamrica, destinada a restringir el
ingreso de productos forneos al territorio de la Unin, y facilitar al mismo tiempo el acceso al
mercado nacional de aquellas materias primas que procedieran de territorios extranjeros que
otorgaran concesiones recprocas a las importaciones desde los Estados Unidos de Norteamrica.
La presin ejercida por la aplicacin de dicho arancel sobre Cuba puede medirse por la importancia
y magnitud que tuvo el conocido como "movimiento econmico"21 organizado en defensa de sus
intereses por las clases interesadas en las exportaciones hacia el mercado norteamericano, frente a
los los fabricantes de la Pennsula que pretendan retener al mercado cubano como un espacio
reservado para sus productos. Este conflicto condujo finalmente a la firma del tratado FosterCnovas de 1891, cuya vigencia apenas lleg a completar los dos aos. La anulacin casi completa
de los efectos de este tratado por la parte norteamericana en 1894, cre una nueva crisis en las
relaciones mercantiles de Cuba con los EE.UU y, por consiguiente, tambin de la colonia con su
metrpolis Esto sent una base antecedente de importancia en materia de incertidumbre sobre el
futuro de la Isla que contribuy, como un elemento ms, a la creacin de condiciones propicias
para el reinicio de la lucha armada por la Independencia.
Otro aspecto de las relaciones coloniales que tambin contribuy la precipitacin de la crisis en
que se vi envuelta Cuba en la segunda mitad de la dcada de los noventa y que concluy con la
supresin del dominio colonial espaol sobre la Isla, tiene que ver con las condiciones en que
debi operar la industria azucarera de Cuba, no solo desde el punto de vista de la inseguridad de su
mercado fundamental, dependiente de decisiones emanadas de los gobiernos de EE.UU. y de
Espaa, sino a causa de las condiciones a se vieron sometidas las colonias desde el punto de vista
fiscal, en medio de un proceso de reduccin de los precios del azcar,

21
Strade, P. "A dnde se encaminaba el movimiento econmico (1890-1893)?" En: Cuba.
Algunos problemas de su historia. Praga, Universidad Carolina, 1995, pp.117-140.

97

cuestin sumamente sensible a causa de la necesidad de que la industria pudiera operar con un
mnimo de rentabilidad. Esta situacin puso en evidencia la necesidad de llevar a cabo una
renovacin tecnolgica y una ampliacin de la escala en la produccin de las unidades azucareras
en activo, con el fin de reducir los costos de produccin y aumentar la rentabilidad. Contra tal
propsito conspir constantemente la naturaleza del sistema fiscal impuesto por Espaa y,
coyunturalmente, la crisis financiera de 1893. La naturaleza de la fiscalidad aplicada por Espaa a
las islas obedeci en gran medida al peso de las deudas de guerra que el Estado Espaol haba
acumulado. Los valores correspondientes a dicha deuda estaban en poder de un influyente grupo
vinculado al poder metropolitano, el cual gener una presin constante sobre el gobierno espaol
para que que dicha deuda y su servicio quedaran debidamente garantizados. En esta misma
direccin puede ser considerado el desbalance que sistemticamente exhiba el presupuesto de
gastos aprobado en Madrid para la Isla de Cuba, con lo cual el problema presupuestario result
tambin un punto generador de gran malestar para los insulares22.
La Guerra iniciada por los cubanos el 24 de febrero de 1895 tuvo el objetivo fundamental
arrancar a la Isla de la dominacin colonial espaola, como parte inicial de un proceso destinado al
establecimiento de un estado nacional soberano. El momento elegido por el Hroe Nacional
Cubano para el levantamiento respondi a una decisin tctica relacionada con la gravedad de una
situacin interna para la cual no se presentaban en aquel momento otras opciones viables. Para
entonces era evidente que Cuba contaba con dos metrpolis: una poltica, Espaa, con la cual
exista una casi completa crisis de relaciones, y otra de carcter econmico: EE.UU., cuyo mercado
se haba convertido en uno de los asuntos de mayor importancia estratgica para el futuro de la Isla.
La guerra tuvo la propiedad de agravar desde su inicio la crisis interna y escindir los campos de
actuacin poltica entre cubanos y espaoles residentes en la Isla. El obstculo que haban
constituido los intereses azucareros en relacin con la Independencia desde el anterior siglo, se
haba convertido en su contrario al finalizar el siglo XIX, cuando coincidieron entre s, la aspiracin
de desarrollar las potencialidades azucareras de la Isla y la impostergable necesidad de alcanzar la
independencia con respecto a Espaa. Si desde finales del siglo XVIII y hasta la dcada de los
sesenta del XIX, los intereses azucareros haban prevalecido sobre cualquier otro inters portador
de modernidad y, entre 1868 y 1878, la resistencia organizada por Espaa con el concurso de los
hacendados de Occidente evitque la Guerra pudiera destruir el emporio azucarero de occidente
provocando de paso la insurreccin de los esclavos; en la nueva contienda que se inici el 24 de
febrero de 1895, los efectos de las campaas militares sobre la industria azucarera, ms que
significar la destruccin definitiva de la poderosa industria azucarera occidental, favorecieron su
concentracin y posterior modernizacin, al eliminar en un brevsimo plazo a los productores
financieramente ms dbiles y faltos de proteccin militar23.

22
Ver nuevamente los trabajos de l. Roldn de Montaud y M. Rodrigo Alharilla referidos en la nota
W.
20.
23
Los detalles de este hecho han sido expuestos por la historiadora cubana Fe Iglesias Garca, en su
trabajo titulado Del ingenio al central. Publicado por la Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras,
1998.

98

Aunque el gobierno interventor norteamericano no se plante mejorar de inmediato el


tratamiento arancelario del azcar cubano por parte de los EE.UU., sin embargo, elimin las cargas
coloniales y sobre todo, suprimi los recargos destinados a afrontar los gastos de la guerra colonial,
para crear con ello un marco ms favorable al futuro desarrollo azucarero del pas. Despus de
haber estado formando parte de un proceso de casi cien aos de conflictiva permanencia, el tringulo integrado por la dominacin colonial y su contrario: la independencia, teniendo como base en
el caso de Cuba a la industria azucarera, la coyuntura histrica del cambio de siglo marc un punto
de inflexin para el futuro de las antiguas colonias espaolas de Las Antillas que finalmente las
condujo a la modernidad de la mano del neocolonialismo. Mantenida al margen del movimiento
independentista cubano en 1895, a partir de una aceptacin temprana de las frmulas del
reformismo autonmico, Puerto Rico pas a la postre a manos de los EE.UU. como un botn de
guerra resultante de los acuerdos firmados entre Espaa y los Estados Unidos de Amrica el 1 de
enero de 1899. Superada finalmente la repudiada condicin colonial de ambas Islas, el azcar
continu sin embargo, ejerciendo su determinante influencia sobre el destino de las excolonias en
un nuevo marco de dominacin fornea.

99

MINIUS VIII, 2000, pp.83-89

Organizacin y movilizacin campesina en el Ribeiro ourensano,


1880-19361.

RAL SOUTELO VZQUEZ

Resumen:
En este trabajo realizamos una aproximacin cualitativa a los escenarios econmicos y actores
sociopolticos que explican la formacin de las organizaciones campesinas en la comarca
vitivincola ms emblemtica de Galicia, desde que la crisis finisecular, coincidi con la epidemia
de la filoxera, que determin el incremento de la emigracin como estrategia alternativa o
complementaria de reproduccin social del campesinado local. Prestaremos especial atencin a la
capacidad de respuesta de los vitivinicultores organizados en las sociedades agrarias que resisten a
las imposiciones fiscales de las elites locales que representaban al Estado, se adaptan a las nuevas
exigencias del mercado, que orientaron los objetivos de sus movilizaciones de protesta la
introduccin del vino 'matute' para comercializarlo como Ribeiro. Tambin se abordar la lucha
contra las rentas forales y la competencia con el sindicalismo catlico controlado por los grandes
propietarios. Utilizaremos para ello, adems de las fuentes escritas convencionales (especialmente
las hemerogrficas), las transcripciones de entrevistas realizadas a cosecheros que conservan la
memoria de las movilizaciones agrarias y de las dificultades para acceder a los mercados de trabajo
confrontndose con las clientelas polticas de los propietarios y arrendatarios que controlaban las
redes microsociales locales.

El presente texto es una versin revisada de la comunicacin presentada al Seminario La vid, el


vino y el cambio tcnico en Espaa, 1850-1936, organizado por los profesores Carmona Pidal, Pan
Montojo y J. Colom en Vilafranca del Penedes (17/19-VI-1999), y pertenece al proyecto de
investigacin "Asociacionismo, identidades colectivas e mobilizacin socio poltica na emigracin
transocenica. O caso galego en perspectiva comparada, 1880-1960" (XUGA 21004B97), que
dirige el profesor X. M. Nez Seixas de la U.S.C. Agradecemos a D. Jos Carlos Sierra, director
del Museo Etnolxico de Ribadavia, las facilidades para utilizar la documentacin oral y escrita de
los diferentes fondos de esa institucin en cuyo Archivo Oral estn depositadas todas las memorias
de vida que citamos. Y al profesor Domnguez Castro sus comentarios tras la paciente lectura de
sucesivos borradores, que han contribuido a mejorar esta versin definitiva.
101

Abstract:
In this article, an attempt is made to approach the economic scenarios and sociopolitical actors
which gave rise to the emergence of farmer unions in the most representative wineyard region of
Galicia, from a qualitative point of view. The point of departure was the agricultural crisis of the
end of the 19th century, which was paralIel to the expansion offiloxera. This implied the increasing
overseas migration as an alternative strategy put in practice by local peasantry in order to preserve
its social reproduction. In this sense, special attention is paid to the peasants' organised response in
the form of farmer unions, which fiercely opposed the taxes imposed upon them by local elites
representing the State, and which put in practice active mobilisation against the introduction of
adulterated wine (matute) which was sold out as being original Ribeiro. Mobilisation against foral
taxes and concurrence with catholic-oriented peasant unions will be also dealed with. The sources
employed were conventional written sources (particularly newspapers), as well as oral eyewittness
accounts of ancient wineyard labourers who keep in their memory the echoes of past peasant
mobilisations. This source proves also to be particularly useful when approaching the topic ofthe
increasing peasants' difficulties in getting access to the labour market, as they had to confront the
social networks implemented by locallandlords by making use of abusive methods of political
clientelism.
PALABRAS CLAVE: vitivinicultura gallega, matute, organizaciones campesinas,
emigrantes retornados, comercio del vino.
KEY WORDS: Galician wineyard, adulterated wine, farmer unions, return migrants, wine
commerce.
RAL SOUTELO VZOUEZ es Licenciado en Geografa e Historia con la especialidad de W.
Contempornea por la U. de de Santiago de Compostela, ejerce como Profesor de Enseanza
Secundaria en el I.E.S. Julio Prieto Nespereira de Ourense ([email protected]) y realiza
su tesis doctoral sobre movilizacin campesina, clientelismo poltico y emigracin de retorno en la
Galicia rural (1890-1936), en el rea de Ha, Contempornea de la U. de Vigo: Facultad de
Humanidades, Campus de Ourense, As Lagoas, 988 387156, Fax 988 387159 y e-mail:
[email protected].
1. Introduccin.
Las tierras, las cepas y el hombre en el Ribeiro ourensano.
La vitivinicultura gallega se ha caracterizado durante el siglo XX por su disposicin asimtrica
ya que un 85% de su produccin y la mayora de las denominaciones de origen estn repartidas
entre Ourense y Pontevedra, y por un proceso de modernizacin inducida o sincopada de las
explotaciones que pretenden recuperar ahora las variedades autctonas abandonadas tras las crisis
fitopatolgicas de las dcadas finales del s. XIX que forzaron algunos cambios tcnicos mnimos y
limitados al mbito de la viticultura hasta los aos sesenta de nuestro siglo. El oidium, el mildew y
la filoxera explican la introduccin del sulfato de cobre, el replante con variedades alctonas sobre
patrones americanos o el alambrado de

102

las vias. Pero se mantuvieron las prcticas de cultivo tradicionales sin apenas maquinizacin hasta
la introduccin de motocultores, pulverizadores mecnicos y tractores en los aos sesenta.
Tampoco se registran transformaciones significativas en la vinificacin hasta la difusin del
embotellado por la Cooperativa Vitivincola del Ribeiro y los grandes almacenistas como
Cosecheros del Ribeiro en las mismas fechas, o de las modernas tcnicas de cmaras de fro y
control de cidos voltiles y tcninos debido a la instalacin de la deseada Estacin Enolgica a
comienzos de la pasada dcada de los ochenta (Domnguez Castro, 1996), ya que la sustitucin de
los lagares por la prensa vertical o el destilado de aguardiente de orujo pertenecen a mediados del
siglo XIX.
Las condiciones socioeconmicas imperantes y la falta de un mercado consolidado por la
prctica inexistencia de una red de comunicaciones, obligaron a replantar en las primeras dcadas
del s. XX con un complejo varietal mediterrneo en el que predominaba el Palomino/Jerez en
blancas y la Garnacha Tintorera/Alicante Bouschet en tintas, acordes con los paladares de la
Galicia costera que solicitaban vinos bastos que 'manchasen la taza' (Hernez Maas, 1993: 131 y
141)2. La actual denominacin de origen del Ribeiro ourensano comprende a la comarca
vitivincola ms antigua e importante de Galicia pues concentra el 43,6% de la superficie de viedo
y el 71,44% de la produccin (Domnguez Castro, 1992: 15) y sus orgenes se remontan a la Plena
Edad Media3. La diversidad microclimtica fruto de la interaccin atlntica y mediterrnea4, y una
complicada orografa de mltiples orientaciones en las laderas de los ros Ava y Mio forman un
nicho ecolgico idneo para que maduren uvas de mxima calidad en suelos de sustratos granticos
de las laderas (geolgicamente antiguos y originados por la accin de la tectognesis) y en los
feraces depsitos al uviales no consolidados de las veigas fluviales (Hernez Maas, 1993: 129).
Este agrosistema tradicional desarroll una compleja simbiosis de la vid que era el producto
comercial dominante en las veigas sedimentarias creadas por los aportes anuales de limo durante
las crecidas invernales del Avia y del Mio y en los socalcos de las laderas con otros cultivos de
autoconsumo (maz, trigo y centeno, habas,

El replante alcanz tal importancia que en la relacin de viveristas de cepas americanas publicada
por el Servicio Agronmico Provincial de Ourense en 1928 encontramos dos en Ribadavia y otros
dos en Carballio segn el Boletn Oficial de la Provincia de Orense (n. 275, 10-XII-1928, p. 1).
Esta presencia contribuy a abaratar los costes de una operacin que se realizaba al mismo tiempo
que las inversiones en productos fitosanitarios, mquinas para aplicar el caldo bordels con sulfato
de cobre, fuelles para el azufre o en prensas metlicas de fundicin que sustituyesen a los
primitivos lagares de piedra. El resultado de todo este complejo y costoso proceso fue que las
5.180 Has. de viedo que se cultivaban en el Ribeiro ourensano a mediados de los aos veinte
segn V. Risco (1926), producan 278.684 kg. de uva y 171.665 litros de mosto de las diferentes
variedades de tinto (Cao, Brancellao, Verdello, Ferrol, Sousn, lintilla agria y dulce) y blanco
(Treixadura
y Torronts), lo que supone unas medias de 53,80 kg/Ha. y 0,33 HVHa.
3
Los monjes cistercienses de S. Clodio extendieron la cultura del vino en los valles de los ros
Mio y Avia desde la Plena Edad Media y sus caldos alcanzaron gran fama en Europa desde los
albores de la Modernidad, hasta que las confrontaciones polticas desviaron la demanda inglesa
hacia O Porto y Jerez. El Ribeiro se llen de mltiples prioratos y casas solariegas durante la poca
moderna a pesar de que la competencia de otros vinos gallegos como los de Amandi, Valdeorras,
Monterrei o Bibei (Gonzlez de Ulloa, 1777; Meijide Pardo, 1961) y con los Ribera del Duero,
junto con malas cosechas como las de 1768/69 o el aumento de las cargas impositivas y de las
levas de soldados, empobrecieron estas tierras durante los siglos siguientes. Fueron varios los
apellidos fidalgos que mantuvieron la explotacin directa de los mejores viedos del Ribeiro en los
pazos de los Pardo de Casaldereito, los Ulloa de Esposende, los Ojea de Beade, los Lpez Alejos
de Sampaio o los Temes de la Casa Grande de Rioboo en Cenlle (Domnguez Castro, 1992 y
1995).
4
Esta interaccin le confiere una delicada banda de ecotona con temperaturas medias anuales
superiores a los 14 y penetraciones de las borrascas atlnticas con un rgimen regular de
precipitaciones entre los 700 y 800 mm.
103

patatas, lino), mltiples frutales y todo tipo de ganado casi siempre estabulado (Madoz, 1854, 1:
127 y 272-273; Risco, 1926: 668-669) y con el monte que desempeaba una complementariedad
econmica determinante para la estabilidad del agrosistema vitivincola puesto que abasteca a las
vias de esquilmos como abono y de madera para testigos y espaldares, lo que explica la prctica
desaparicin de los bosques autctonos en estas tierras (Domnguez, 1992:241-246)5.
El Ribeiro se configur durante los ss. XIX y XX como un espacio agrario diferenciado tanto
por su especfica estructura socioeconmica como por las consecuencias de las crisis que atraviesa
desde la 'dcada da fame' de 1853-1863 (pedrolo, clera y oidium) y las que comienzan a detectarse
a partir de 1880 (mildew, filoxera) que aceleraron esa modernizacin inducida de la viticultura a la
que antes aludamos e intensificaron una mercantilizacin que vena ya de antiguo segn apreciaban
los observadores coetneos (Padn, 1861; Casares Teijeiro, 1878; Montenegro, 1917) y han
demostrado los estudios posteriores (Rodrguez Galdo y Dopico, 1978; Domnguez, 1992: 218 y
ss.; Fernndez Prieto, 1993: 200).
La consecuencia directa de las sucesivas crisis fue la intensificacin de las labores vitcolas y el
fuerte incremento de las inversiones en infraestructuras imprescindibles para mantener la
rentabilidad de las explotaciones, sobre todo por la expansin de la filoxera que provoc una fuerte
regresin general de la produccin vincola con caractersticas mas o menos similares en toda la
Pennsula y que completla malfica labor que venan desarrollando el oidium y el mildew desde
mediados del siglo en regiones tan apartadas como el Ribeiro ourensano o el Alentejo portugus
(Domnguez, 1992: 199 y ss.; Fonseca, 1995: 26-30)6. La especializacin vitivincola de la comarca
fue incrementndose a lo largo del siglo XX llegando a ocupar el 97% del labrado de Beade (54%
del total del suelo a fines de los aos 80) debido en buena parte, a la notable mejora que
experiment la comercializacin con el embotellado y la agilizacin de los transportes dende los
aos sesenta (Doval, 1993: 137140), siendo los aspectos mas alabados por los coetneos la
autosuficiencia econmica de sus muchos moradores y la feracidad del terreno7.

Debido tambin a la plaga de la tinta ya las talas incontroladas que diezmaron los soutos de
castaos desde fines del XIX de modo que los viticultores hubieron de recurrir a las abundantes
acacia s o mimosas y a los ocasionales pinos para reponer las estacas y varas.
6
Abundan las impresiones de los coetneos sobre las consecuencias catastrficas de la filoxera en
los viedos de Galicia (Villaamil y Castro, 1901; Nez, 1903; Pramo, 1903; Hernndez Robredo,
1904; y Fernndez, 1906). La cita de V. Risco que reproducimos y subrayamos en la nota siguiente
apuntando la existencia de cepa prefiloxrica en el Ribeiro a mediados de los aos veinte, y la
ausencia de recuerdos dramticos entre los coetneos sobre el paso de esta plaga que no dej
plantas
supervivientes en otras partes de la Pennsula, indicara su benignidad en estas vias.
7
Vicente Risco (1926: 630-631) defina estas tierras como "un pas extraordinariamente verde, de
vigorosa yesplndida vegetacin, de admirables paisajes sembrados de pintorescos y hermossimos
pueblos y muy productivo, con exquisito vino en parte an de cepa vieia. riqusimos frutos como las
naranjas, limones, manzanas, cerezas y ciruelas... Las afamadas cao y brencellau componan el
tinto del Ribeiro y la treixadura que daba el blanco tuvieron que ser substituidas por variedades
nuevas... Adelantan los mtodos de cultivo y mejora la elaboracin... Es tierra de cultivos y
productos finos como el riqusimo vino tostado o las enormes y perfumadas pavas... El clima es
muy caluroso en verano y hmedo y nublado en invierno, pero dulce y de incomparable hermosura
en la primavera yen otoo... Gente de buena disposicin corporal, predominando la tez sonrosada
y los ojos claros, con cierta elegancia y gentileza natural... Las mozas tienen fama de ser muy
hermosas y de bailar muy bien, con una voz dulce y musical como si cantasen... Todos los
domingos se hace trullada en las aldeas al sonido de la banda, la gaita, el acorden, el pandeiro o
simplemente con conchas de vieira... Los ribereos son los primeros en hacerle honor a sus
exquisitos vinos, que corren abundantemente en sus fiestas, tantas veces comparadas con las
kermesses flamencas.. .".
104

2.- Sindicatos confesionales, sociedades agrarias y movilizacin sociopoltica en el Ribeiro


ourensano: dos modelos de actuacin para una sola realidad?
La reciente historiografa rural ha demostrado que tanto la poltica econmica del Estado
durante la Restauracin como la actuacin de la sociedad civil desde las dcadas finales del siglo
XIX hasta los aos treinta estaban orientadas a la transformacin en sentido tcnico-productivista
de nuestras agriculturas sin afectar por igual a todo el territorio ni plantear los mismos objetivos
para los diferentes sectores del campo espaol (Snchez Albornoz, 1979; Carnero Arbat, 1980; PanMontojo, 1994 y 1994b). En el caso de Galicia se trataba de convertirla en la reserva que
abasteciese de ganado bovino a los mercados urbanos espaoles, marginando indirectamente a las
comarcas vitcolas de Ourense y Pontevedra8.
La sociedad gallega de la Restauracin y la Segunda Repblica posea an una marcada
impronta rural pero estaba experimentando tambin, un proceso de relativa modernizacin
econmica y movilizacin sociopoltica que fueron decapitados por la guerra civil y el primer
franquismo. La propietarizacin campesina, la mercantilizacin de las explotaciones domsticas
que abastecan de carne de vacuno y de emigrantes a las ciudades espaolas y ultramarinas y el
movimiento campesino conocido como agrarismo que luch contra los foros y los caciques
constituyeron los fenmenos de mayor calado social de este perodo. Estas dinmicas sociopolticas
estuvieron muy infludas por la accin individual y colectiva de los organizaciones agrarias
parroquia les y municipales, por los intermediarios polticos locales y sobre todo, por las sociedades
tnicas de emigrados y por los americanos retornados que contribuyeron a modernizar las
mentalidades e identidades colectivas y cuya actuacin nos ayuda a explicar la competencia y el
relevo en el poder local, descubriendo las estrategias reproductivas de los diversos actores que
intentaban optimizar su situacin central o marginal y su densidad de relaciones en las redes
microsociales.
Las investigaciones realizadas por Lus Domnguez, ya en el escenario concreto del Ribeiro,
mantienen estas coordenadas pero apuntan varios elementos nuevos, muy interesantes para el
anlisis de la conflictividad social en la comarca. De una parte la presencia de americanos
retornados que se benefician de su status socioeconmico para redimir las rentas forales mediante
acuerdos privados con los perceptores en un contexto de fuerte confrontacin social con las
organizaciones campesinas que a veces lideraban estos retornados tal como veremos ms adelante.
Y por otra, el arraigo de posturas abolicionistas entre las sociedades agrarias locales que conllevaba
el impago de las rentas forales en vino lo que supona una amenaza econmica de cierta
envergadura para los patrimonios rentistas que se haban comprometido en el replante de sus vie-

8
Valga como ejemplo de este particular, el hecho de que Ribadavia no dispuso hasta bien entrada la
dcada de los ochenta de este siglo de la Estacin Enolgica que ya prometa el diputado Estvez
Carrera a comienzos de los aos veinte y que reivindicaban los vitivinicultores desde fines del XIX
(Fernndez Prieto, 1993: 198).
105

dos y la adquisicin de costosos insumos, constituyendo adems un desafo social explcito que
deslegitimaba a la elite local de propietarios encastillados en la representacin municipal y
provincial de los partidos dinsticos.
Nos planteamos aqu tres hiptesis de trabajo. Abordar el estudio en perspectiva comparada de
la implantacin y actuacin de los sindicatos catlicos y de las sociedades agrarias afines al
populismo agrario de Basilio lvarez al socialismo respetuoso con la pequea propiedad que
imperaba entre los lideres socialistas gallegos de la poca. Comprobar si existe una relacin directa
entre la movilizacin sociopoltica del campesinado vitivinicultor y su integracin econmica en el
mercado como oferente de fuerza de trabajo para las grandes explotaciones locales y de un producto
muy amenazado por la competencia de vinos forneos que llegan masivamente a Galicia para
compensar la prdida de los mercados franceses tras su recuperacin de la crisis filoxrica y el fin
del ventajoso Tratado comercial con Francia de 1892. Y constatar finalmente, si el modelo
socialcatlico de sindicato corporativista y productivista se adaptaba mejor que las sociedades
agrarias 'de clase' a los intereses econmicos del vitivinicultor ya que las organizaciones
confesionales concentraban sus esfuerzos en la modernizacin de las pequeas explotaciones
domsticas que en este caso, estaban plenamente integradas en el mercado, mientras que aquellas
priorizaban la confrontacin sociopoltica contra las elites locales y los perceptores de foros.
Las recientes investigaciones sobre la conflictividad sociopoltica y los repertorios de
movilizacin en el mundo rural apuntan a una superposicin de las formas de organizacin
modernas o proactivas a la mentalidad tradicional de las comunidades rurales que siempre haban
ritual izado ciertas formas y dosis de violencia desplegada en conflictos interparroquiales o en clara
competencia por el acceso a los recursos comunales o al poder local. No es pues tan novedoso el
empleo de la violencia con fines polticos ya que tanto las redes clientela res de los partidos
turnantes como las organizaciones agrarias desplegaron a favor suyo y contra los indecisos y
oponentes un amplo repertorio de agresiones y coacciones contra las propiedades y sus dueos que
pretenda en ltima instancia, cohesionar a la organizacin y afianzar los objetivos e identidades
compartidos que le permitan representar a la comunidad. La celebracin de las fiestas patronales
constitua en este sentido, una excelente oportunidad de lucimiento o revancha frente al competidor
de otra parroquia u organizacin sociopoltica tal como han demostrado estudios recientes (Cabo,
1998; Vaquinhas, 1993):
"Os de Castrelo case todos os anos vian a Ventosela pala festa dispostas a
pelear, nada mais ca por desfacer a festa... Era a caprichada de que a nasa
festa fora mellar ca deles e trataban de desfacela para que non valera. Xa
vian dispostos e chegaren, escondan os paus, despois armaban o lo e
iban polos pais. Nunha ocasin un vecio meu que estaba traballando vunos
e escondeulles os paus. Despois armaron a pelexa e cando marcharon
buscar os paus so encontraron o sitio... ".

106

"Cando era da Repblica o Constantino de Trasdorro e uns fulanos que


eran xornaleiros ou obreros facan reunins e a contrasea que tian salir
era Fuera marcos! porque queran quitarlle os capitales s ricos...
Peleabanse mesmo nas festas polas mozas pero tamn era polo traballo ou
pola Poltica, porque haba dous partidos e cando ganaban aquiles
mandbanlle os consumos s outros e cando ganaban os outros
mandbanllo a estes e xa haba lo... Cando vian eses de fora marcos!
que eran unha pandilla de pobres inocentes e botaban s outros das festas...
Non tian nada porque daquela ramos todos pobres pero cara a Ribeira
eran anda mais pobres porque hai catro pazos e todo era murado deles.
Haba moita xente pobre e un tal Basilio de Merz que voltara de Amrica
meteulles na cabeza que o comunismo lles iba quitar aquelo para repartirllo
s pobres e que haba que golpear s ricos. E despois facan cousas que non
estaban ben porque eu recordo que meu abuelo que era un dos ricos da
Madalena, un ha noite pelronlle os castieiros e tirronlle as paredes
todas"9
Desconocemos el funcionamiento interno de estas organizaciones ya que hemos de limitamos a
las noticias cualitativas y puntuales que nos ofrece la prensa afn o contraria, aunque se haya
destacado la presencia slida y temprana de organizaciones campesinas en las zonas ribereas de la
provincia e incluso que el Ribeiro fue el segundo ncleo provincial en cuanto a la cantidad de
sociedades agrarias (Domnguez, 1992: 90, 92 y 97; Cabo, 1998: 99, 106 Y notas 77 y 78). Pero
sabemos que la comarca del Ribeiro formaba parte del tringulo ms conflictivo del movimiento
campesino en la Galicia rural de anteguerra, junto con las tierras del Condado-Bajo Mio y las del
N-O. de Ourense y Sur de Lugo (especialmente el eje A Peroxa-Chantada), combinando la
reivindicacin del abolicionismo con la tradicional y eficaz tctica de resistencia colectiva al pago
de las rentas forales durante los primeros aos veinte (Domnguez Castro, 1992: 98). Los estatutos
de las sociedades agrarias locales reflejan estas posturas maximalistas ya que contemplan como
'programa mnimo' la redencin fraccionando el pago en cuatro plazos. Y advierten al mismo
tiempo a los foristas que rechazasen estas condiciones que "se les reventar por todos los medios en
uso: aislamiento, boicotage y si fuera preciso, se llegar hasta la dinamita" (Barreiro Fernndez,
1984: 290)10.

9
Fragmentos extrados respectivamente, de las memorias de vida de Jacinto Soto de Sampaio de
Ventosela (p. 6 de la transcripcin fontica) y de Bieito Iglesias de Vilarchao-Coles (pp. 2-3 Y 13
de la transcripcin fontica). Las exhibiciones ms o menos violentas por parte de los mozos
estaban rituralizadas en la cultura popular y cumplan incluso la funcin social de una sancin
comunitaria contra quienes no cumplan los rituales de sociabilidad establecidos. Podan implicar a
este nivel, tanto una deslegitimacin simblica como un perjuicio material para el miembro que
actuaba como un free-rider ocasional, as por ejemplo, los mozos de Meln tocan las campanas a
las dos de la madrugada y queman varias medas de maz de los desafectos a la sociedad agraria sin
que las autoridades locales reaccionen (La Regin, 28-X-1922) y la Benemrita disuelve a culatazos
una cencerrada de los mozos de Bern dedicada a otro por no invitarles a su boda (La Repblica, 2V-1931).
10
Ramn Villares demostr en su da que el abolicionismo constitua una va revolucionaria de
propietarizacin campesina por que resolva el problema de la reforma agraria que se arrastraba
desde la instauracin del Estado liberal en sentido favorable al pequeo productor campesino,
evitando su descapitalizacin en la redencin foral, de modo que poda invertir el capital acumulado
por la venta de vino, ganado vacuno, madera, o por la emigracin latinoamericana, en insumos con
los que modernizar en sentido capitalista su explotacin familiar (Villares, 1982b: 236).

107

La dinmica asociativa del Ribeiro vendra definida por la evolucin desde unas
organizaciones de vitivinicultores que priorizan la defensa del mercado gallego frente a la venta de
caldos forneos y que estuvieron dirigidas por los propietarios ms innovadores como Silvio
Fernndez y por profesionales liberales prximos, en general, al partido liberal que controlaba el
distrito, hacia otras de tendencia abolicionista y con mayor presencia de jornaleros agrcolas que
intentaron regular el mercado de trabajo local frente a los grandes cosecheros. Queremos subrayar
tambin la fortaleza y combatividad de estas organizaciones campesinas pues las parroquias de
mayor autoorganizacin y movilizacin sociopoltica del campesinado coinciden con las reas de
'ribeira' de los ayuntamientos de la periferia rural de la ciudad de Ourense o de la montaa
circundante del Ribeiro propiamente dicho11.
La primera organizacin campesina de tendencia republicano-socialista en la comarca fue la
Sociedad de Trabajadores y Agricultores de Ribadavia que intent organizar a los viticultores
desde 1905. La sigui el Sindicato Agrcola de Castrelo de Mio que se adhiri tempranamente a
la campaa antiforista del Directorio de Teis, apoyada tambin por la de San Payo de Ventosela
aunque todas ellas estuviesen dirigidas entonces por propietarios afectos al partido liberal que le
imprimieron una orientacin dominada por las cuestiones comerciales y centrada especialmente en
la lucha contra el matute. La presin social creada por el movimiento campesino fue determinante
para acelerar los acuerdos privados de redencin de las abundantes rentas que existan en la comarca, mxime cuando el control de las sociedades agrarias pas de los propietarios de tendencia
liberal -ms preocupados por el mbito de la comercializacin y la lucha contra el fraude del
matute-, a los pequeos viticultores de orientacin ideolgica filosocialista que defendan posturas
abolicionistas. Tenemos un buen ejemplo que ilustra esta tendencia en el caso de la sociedad de
San Payo de Ventosela. Fundada en su finca por un propietario liberal en 1908 con un reglamento
practica mente similar al de los sindicatos catlicos, se adhiri al abolicionismo a fines de la
dcada siguiente y durante la Segunda Repblica puso en prctica tcticas de control del trabajo
asalariado de los jornaleros agrcolas tpicamente obreras, obligando a los propietarios a contratar
en el domicilio social de la organizacin a los peones que precisasen (Domnguez Castro: 1992:
125). Acto del mismo modo que sus homlogas en las zonas donde se estaba construyendo la va
del ferrocarril Zamora-Ourense-A Corua que impedan que se emplease en dichas obras a
personal no asociado, contribuyendo a incrementar la agitacin social del perodo (Cabo
Villaverde, 1998: 221 y nota 75):

11

Conocemos a travs de los censos electorales del IRS y de las actas del II Congreso Provincial
Agrario (feb.-1922), la existencia de agrarias en las parroquias de Sta. Cruz de Arrabaldo, As
Caldas, Untes y 4 en la de Cudeiro del ayuntamiento de A Ponte-Canedo, 3 en Punxn, 8 en Coles,
9 en A Peroxa, 11 en Nogueira de Ramun, 16 en Pereiro de Aguiar y 11 en Ton. Asistieron a ese
II Congreso Provincial Agrario 98 delegados de 55 sociedades que representaban a 5.498
campesinos de los 8.569 y 93 sociedades pertenecientes a la federacin provincial en febrero de
1922. El agrarismo ourensano cont adems con importantes lderes de mbito local provincial
muy vinculados con estas zonas como Castor Snchez en Amoeiro, los Moure en Coles o Manuel
Picouto en el barrio urbano de A Ponte.
108

"s ricos non lles con via esa sociedade que haba en Valdepereira porque
puxeran as oito horas para o traballo do campo, de cavar e abrir para
abonar as cepas, podar ou rodrigar e repartanlle o traballo s xornaleiros
para que todos tuveran pan. Pero eles queran xornaleiros contratados
doutra maneira que lles traballasen de sol a sol e non queran ese control da
sociedade e houbo unha lucha grande porque despois cando queran
contratar xornaleiros tian que ir sociedade e xa non poda collelos por
amistade si non estaban asociados. Ises que non estaban asociados no
sindicato xa non podan traballar de xornaleiro e tampouco queran porque
tian que pagar un tanto mais para soster ise sindicato... s que a
organizaran fusilronos a todos no Movimiento "12
La presencia de estos propietarios innovadores en las organizaciones campesinas se ha detectado
tambin en la vitivinicultura catalana con el comn objetivo de promover la modernizacin tcnica
y la comercializacin de la produccin a travs del cooperativismo interclasista que renovaba las
solidaridades verticales garantizando as la hegemona sociopoltica de aquellos sobre las clases
subalternas (Planas i Maresma, 1998: 110 y 115)13. Esto explica que tanto las sociedades agrarias
como el sindicalismo catlico centrasen su actuacin en la defensa del mercado hasta la invasin de
la filoxera que coincidi con la difusin del republicanismo y del socialismo que impulsaron el
sindicalismo de resistencia.
El sindicalismo confesional comienza en el Ribeiro con el Centro de Agricultores de Arnoia
presidido por un prito socialcatlico e inspirado por el prroco y consiliario en 1912, pero su
expansin responde al modelo clsico de formacin de los sindicatos en el fragor de una campaa
de propaganda con oradores de la ACNP. El detonante fue en este caso, la campaa del P. Nevares
y de Antonio Monedero en 1915 el detonante que hizo proliferar las organizaciones confesionales
en los ayuntamientos de Ribadavia, Castrelo de Mio, Cenlle, Leiro y Punxn tal como puede verse
en el anexo. Podemos seguir el discurso oficial de los socialcatlicos ribeireos a travs del
semanario Noticiera del Avia que difunde fielmente los postulados sociopolticos de la ACNP ata

12

Extrado de la memoria de vida de Antonio Vidal Iglesias de A Grova (Ribadavia). En la


memoria popular aparece reiteradamente la imagen de un habitante del pazo que arroja al amanecer
y desde el balcn, unos azadones contados a los numerosos campesinos que acudan con la ftil
pretensin de ganar un jornal, aunque Luis Dornnguez considera que esto "mais semella unha
estampa de cortijo andaluz... unha lenda que reflicte a urxencia dos xornais para os labregos"
(Domnguez Castro, 1992: 190).
13
No hemos encontrado en el caso del Ribeiro ensayos prcticos de cooperativismo con la
excepcin de la adquisicin de azufre y sulfato por el S.A.C de Cenlle o de 60 Tm. por la
Federacin C.A provincial (La Regin, 16-IV-1920 y 10-V-1921), ni formulaciones tericas al
respecto salvo los deseos del P. Eijn que recogemos textualmente en la nota 15. Sabemos por los
Censos electorales deI I.R.S. del M. de Trabajo publicados en el Boletn Oficial de la Provincia de
Ourense, que las experiencias de tipo cooperativo en el resto de la provincia se limitan a cuatro
casos: la Sociedad Cooperativa Agrcola de Cudeiro en la periferia rural de Ourense que contaba
con viveros de cepa americana entre 1909 y 1913, y tres en la comarca vitivincola del Barco de
Valdeorras (el Sindicato Profesional Vitivincola de Valdeorras fundado en 1907, una Bodega
Destilera Cooperativa existente en a Ra desde 1909 y el Sindicato Agrcola y Cooperativa de
Consumo de Sta. M. do Monte fundado en 1917 y que contaba con 82 socios en 1930).
109

cando a las organizaciones de clase y manteniendo una lnea editorial de firme defensa de la
viticultura y del asociacionismo campesino. Denuncia explcitamente cualquier actuacin externa a
los propios campesinos que pretenda dirigir sus organizaciones u orientar polticamente sus
aspiraciones y por supuesto, los efectos negativos de la omnipresente trada de explotacin formada
por el caciquismo, los consumos y como ltima salida, la emigracin siempre dificultada por la
poltica estatal:
"La asociacin agrcola combate la desorganizacin para la produccin y el
desamparo ante las malas cosechas del atrasado campesino gallego que
paga 'rentas de sangre', hipoteca tierras y pide prstamos a intereses
usurarios que paga con la runa econmica y el vilipendio poltico... La
asociacin y el seguro de ganados, las compras y ventas en comn son las
ventajas que librarn al campesino en lo econmico y en lo poltico14
"No hagais caso de muchos falsos protectores que ambicionan ser el centro
de este movimiento sano y vigorizador. Ellos van conseguir sus fines con una
mentira en los labios... Las sociedades agrarias realizan operaciones en
comn para aumentar los ingresos de sus asociados y terminar con su
explotacin inicua... A la par que atienden a la divulgacin de prcticas de
cultivo modernas, son algo as como sociedades de resistencia que defienden
con la fuerza colectiva los derechos de cada uno de los asociados. Este
carcter inicial subsiste y de el pueden aguardarse an muchos beneficios
para la mejora de las clases campesinas hoy sobradas de razn pero faltas
de fuerza debido al abandono en que se tiene al problema agrcola en
Galicia. Sabe el Gobierno que las granjas Agrcolas son organizaciones
ficticias que justifican unicamente el deseo de favorecer a algn
patrocinado?.. La emigracin es una consecuencia de la crisis que
sufrimos... Crisis de autoridad, de honradez, de

14
Extrado del artculo de L. Pea Novo: "Asociacin agrcola", Noticiero del Avia, 200-V: 18VIII-1914. Este semanario recoga habitualmente artculos de propagandistas socialcatlicos de
renombre estatal que atacaban al Socialismo como disolvente del orden social, entre ellos destaca
uno de S. Aznar titulado "El obrero catlico y las sociedades de resistencia" (Noticiero del Avia,
22-II: 11-III-1911) que reproducimos parcialmente a continuacin: "Los dos grandes principios que
informan la ley de sindicacin en el mundo son 'la lucha de clases' y la 'fraternidad cristiana'... La
lucha de Clases es un principio socialista de origen darwinista aplicando el evolucionismo a la
esfera de las clases sociales... Los socialistas quieren que la clase triunfante sea la obrera y buscan
la fuerza en la sindicacin que en sus manos es una mquina de guerra. Por eso cada sindicato, cada
sociedad de resistencia fundada sobre la lucha de clases como principio es una perturbacin... La
fraternidad cristiana es el polo opuesto a la lucha de clases... la admite como una consecuencia de la
infraccin de una lei moral... como un mal funesto que es preciso evitar... La sociedad obrera o
sindicato que tiene como principio vital la fraternidad cristiana no busca el inters de una clase sino
la justicia para todos... Lucha tenazmente y con frecuencia contra el capital para obligarle a
arrodillarse ante la justicia... El capital resbala hacia el Capitalismo que es substancialmente
explotacin, tirana... Queremos nosotros la fuerza de la sindicacin para obligar al capital a ser
justo, no para exterminarlo. Ese sentido de justicia solo puede darlo la conciencia de que todos
somos hermanos".
110

nobles intenciones. Si a este pueblo famlico le cerrais las puertas de salida,


le abrs las de la sepultura pues no es ya bastante desgracia tener que
emigrar sino que an ponen leyes que impiden un derecho tan legtimo"15
En el Ribeiro no surgieron organizaciones de productores que impulsasen las cooperativas de
vinificacin imitando a las sociedades ganaderas del norte del pas que eliminaron as a los
tratantes, o lo acontecido en Catalunya con la poderosa Uni de Vinyaters que aglutin a los
grandes propietarios vitivincolas desde 1911 para proteger los mercados y orientar al mbito
econmico las reivindicaciones de los dems vitivinicultores (Planas i Maresma, 1998: 115). Se
mantuvo el tradicional sistema de comercializacin intermediada por los corredores locales
(Domnguez, 1992: 134 y 269) que nos remite a los intereses concretos de los diferentes actores
sociales vinculados a la produccin y venta del vino pues no en vano muchos de los actuales
almacenistas y bodegueros son descendientes de aquellos corredores de otrora.
2.1.- Una aproximacin cualitativa a la sociologa de los actores del movimiento agrarista en
el Ribeiro ourensano.
las crisis vitcolas del cambio de siglo aceleraron la diferenciacin interna de la sociedad rural
del Ribeiro al reforzar la preeminencia socioeconmica de los grandes propietarios con capacidad
para ofrecer prstamos y jornales a sus vecinos y para arriesgarse experimentando con los nuevos
mtodos de cultivo. los viticultores ribeireos con explotaciones insuficientes reaccionaron intensificando las estrategias propias del repertorio de 'adaptacin' del campesinado a los nuevos
escenarios econmicos de mbito ms global: la proletarizacin a tiempo parcial como jornaleros
en las grandes propiedades de la zona, la cra de ganado en rgimen de aparcera, el recurso a la
pluriactividad estacional para complementar los ingresos que le produca la comercializacin del
vino y finalmente, la emigracin a latinoamrica. Debemos tener presente con respecto a la cuestin
de la pluriactividad que en el Ribeiro exista desde antiguo una variada gama de oficios vinculados
a la comercializacin del vino (tonele-

15

Vid. el artculo de Santiago Carro "El problema agrario de Galicia", Noticiero del Avia, 1-I: 15X-1910. En idnticos trminos se manifestaba el P. Eijn (1920: 366-367) al analizar la situacin
socioeconmica del Ribeiro, condenada por la falta de vas de comunicacin que dificultaban el
comercio e impedan la mejora de la msera vida del vitivinicultor campesino que ni siquiera poda
esperar a que sus vinos estuviesen en ptimas condiciones para venderlos. La solucin idnea
resida desde luego, en el modelo corporativo y productivista de sindicato socialcatlico:
"...Necesitan una organizacin superior que represente el esfuerzo colectivo de todas las clases
sociales. Podra obtenerse este resultado por medio de los sindicatos catlicos agrcolas que
principian a tomar arraigo en el pas... Vmosles hacer en junto sus compras de cereales, azufre,
sulfato, aceite, bacalao, jabn... El labrador acosado por los apremios del prestamista tiene que
vender pronto y mal un vino hecho en psimas condiciones porque ni los recursos ni los conocimientos rutinarios de los cosecheros permiten otra cosa... Los sindicatos favorecern
enormemente nuestra industria vincola mediante la instruccin de cooperativas... al tiempo que se
afanan por librar al labrador de las garras del prestamista adelantndoles el dinero que necesiten
y redimiendoles de la taberna y el juego".
111

ros, cesteros, poteros, carreteros y corredores), o a la venta ambulante de productos de consumo


como las populares sardinas o el clebre estraperlo de la posguerra16. Pero fueron muchas tambin
las pequeas explotaciones vitcolas que divididas hasta el microfundio por el sistema de herencia
igualitaria que hacia inviable la reproduccin familiar y ante la necesidad de realizar fuertes
inversiones en el mantenimiento y mejora de los viedos, prefirieron insertar a los miembros ms
jvenes de la familia en los mercados de trabajo de Latinoamrica hasta la crisis de 1929 en los de
Europa occidental a partir de los aos cincuenta17.
Las informaciones puntuales de que disponemos apuntan a una fuerte presencia de los
pequeos productores, mayoritaria en trminos cuantitativos y que contrasta con el reducido
nmero de los grandes cosecheros que controlaban los mercados de trabajo agrcola y de
comercializacin del vino as como el asociacionismo agrario, al menos en su vertiente
socialcatlica. Podramos encuadrar a los primeros en esa categora de campesinos insuficientes
que se proletarizan estacionalmente en las grandes propiedades y que son vctimas de la maldicin
bhaduriana del recurso forzado al mercado para conseguir un numerario con el que satisfacer el
pago de los impuestos estatales y de las deudas contra idas a lo largo del ao. Veamoslo en el caso
concreto de los 47 cosecheros de A Costeira (Leiro) que producan 89.856 litros de vino a
comienzos de los aos treinta

16
Tuvieron especial importancia los carreteros y arrieros que posibilitaban la salida de los caldos
desde las bodegas de los cosecheros hasta las tabernas de la Galicia costera y de las zonas de
montaa circundantes. Conocemos por el testimonio oral de Benigno R. S. la peripecia personal de
Antonio P. de Vide que lleg como criado a las tierras cerealeras de Os Chaos de Amoeiro siendo
an un nio, ejerciendo luego de arriero entre ambas zonas para intercambiar vino por cereal. Se
cas en el pueblo de O Xen (Vilamarn) y acumul uno de los patrimonios mas cuantiosos del
lugar.
17
Los gastos principales se dedicaban a caldo bordels y al replante con patrones americanos
inmunes a la filoxera y sobre los que se injertaban vinferas forneas de mayor produccin que las
castes autctonas. La sustitucin del tradicional sistema de estacas y espaldares de varas por postes
de piedra y alambre se ha dilatado hasta nuestros das, afectando de modo preferente a las mayores
propiedades lo mismo que la contratacin de jornaleros (Domnguez Castro, 1995b y 1996). Estas
fuertes inversiones coincidieron en el tiempo con la prdida de varias cosechas y con la terrible
gripe de 1919 que afect a ms de 600 personas solo en Arnoia (La Regin, 26-X-1918) y que
empujaron a cientos de campesinos ribeiraos hacia las ciudades de Amrica (Eijn, 1920: 639).

112

CUADRO 1: CLASIFICACIN PRODUCTIVA de los MIEMBROS del S.A.C de A COSTEIRA, LEIRO.


Tipificacin de los cosecheros
Produccin

Afiliacin

Produccin

Comercializacin

Cantid.

% mximo

perodo

Hasta 10 moios (=1280 litros)

20

42,55

151 m.

21,51

70

De 11 a 20 m. (14081. a 2560 l.)

20

42,55

323 m.

46

50

10 meses:
precios
bajos

De 21 a 30 m. (26881. a 3840 l.)

8,51

103 m.

14,67

+ 50

Ms de 31 m. (=3968 l.)

6,38

125 m.

17,8

+ 70

TOTAL

47

99,99

702

100

Menos de la prod. media de


14,38 m.

28

60

253 m.

36

todo el ao
hasta la
soldadura

FUENTE: Elaboracin propia a partir del Noticiero del Avia (1128-XXII: l1-XII-1932) y Domnguez Castro (1992).
NOTA: 1 moio equivale a 8 olas que lo hace a 16 litros, de donde aquel contiene 128 l.

Hemos tenido en cuenta la variable especfica del consumo familiar y la detraccin de rentas
forales en vino que recortaban sensiblemente los excedentes disponibles para ese acceso forzoso al
mercado al que antes nos referamos. Por ejemplo, una familia de 5 miembros que cosechase 10
moios de vino tericamente no podra vender nada puesto que necesitaba esa cantidad para el
consumo familiar. Pero la necesidad de comercializar urgentemente todo el porcentaje posible de su
produccin para amortizar las deudas contradas en la tienda/taberna del pueblo en la que se haban
abastecido fiado" a lo largo del ao obligaba a las familias campesinas de la comarca a
solucionar el captulo del autoabastecimiento con un mximo de 3 moios de vino al que aadan
abundante agua y algo de aguardiente para elaborar unos 10 moios de xoana, un producto muy
popular tambin en las grandes explotaciones para saciar la sed de los jornaleros. Esta
mercantilizacin forzada provocaba un exceso de oferta en los meses posteriores a la cosecha con la
consiguiente cada de precios que mantena a las pequeas explotaciones domsticas en un crculo
vicioso de miseria, dependencia y sobreexplotacin de sus escasos recursos que nos remite al
modelo de agricultura atrasada estudiado por A. Bhaduri (1987).
Resulta evidente el contraste entre la situacin del numeroso sector de pequeos viticultores (un
42,55% que obtienen el 46% de la produccin) y el selecto grupo de los siete propietarios que
aporta el 32,47% de la produccin y que pueden aguardar la coyuntura favorable de precios para
colocar en el mercado hasta el 70 % de su cosecha. Son estos quienes controlan las estrategias
econmicas y sociopolticas del propio sindicato ya que cotizaban al mismo a razn de 0,10
cts./moyo. Esto explicara que las organizaciones campesinas del

113

Ribeiro concentrasen sus esfuerzos en la defensa de la produccin y comercializacin del vino ya


fuese combatiendo la introduccin del matute o coordinando las acciones de guardera rural de las
vias porque estuvieron dirigidas por los grandes propietarios al menos hasta mediados de la
segunda dcada de nuestro siglo.
El perfil poltico del dirigente agrario del Ribeiro durante este perodo responde en general, a
posicionamientos antisistema (republicano, carlista, regionalista...) o a liberales apartados del
mercado poltico por el gobierno largo de Maura que ya est debidamente estudiado por la
historiografa. Etelvino G. Sieiro que represent a Sociedad Agraria de Ribadavia en la Asamblea
Agraria de Monforte y que form parte de la Comisin organizadora de la IV Asamblea diriga el
colegio pblico y era de filiacin masnica y republicana lo mismo que Vicente Domnguez, otro
miembro de la misma comisin. Y Jess Snchez que desempeaba la secretara de dicha sociedad
era un abogado tradicionalista muy conocido en la comarca.
CUADRO 2: EXTRACCiN SOCIOPROFESIONAL DE LOS LDERES AGRARIOS DEL
RIBEIRO
RESTO DE LA DIRECTIVA
ORGANIZACIN

FUND.

PRESIDENTE
PROFS. LIB.

PROP.

OTROS

Soco Agraria de
San
Pavo de Ventosela

8-7-1908

Silvio Fernndez:
propietario y liberal

Centro de
Agricult.
de Arnoya

1912:

Juan Novoa: prito


agrcola;
socialcatlico

1 mdico

11

1 industrial

Ernilio Grnez Arias:


abogado y jefe local
del P. Liberal

1 cura, 1
rndico, 3
abogados
(**)

4(**)

5 comerciantes
(**)

Sociedad de
Agricultores de
Ribadavia

Soco Agraria de
Leiro

27-4-1913

Vicente G. Losada:
rnaestro

Sind. Catlico
Agrario de
Ribadavia

1-VIII-1918

Manuel Alonso:
abogado y notario

Sindicato
Agrcola
20-X-1919
Catlico de Cenlle

Eulogio lvarez
Rodrguez: abogado

Sind. A. Catlico
Cornarcal del
Ribero
de Avia y Mio

Ernilio lvarez
Falcn: propietario y
rnilitar retirado

5-V-1926

11(*)

FUENTE: Elaboracin propia a partir de La Regin (17-VIII-1918, 12-IX-1918 y 16-IV-1920), Reglamento de la


Sociedad de Agricultores de San Payo de Ventosela (Fondo Merundano, caja 19, M.E.R.) y de Dornnguez Castro
(1992: 89, 93-94).
NOTAS: *2 de ellos an perciban rentas en 1924; ** Cornprornisarios elegidos para la IV Asarnblea Agraria celebrada
en Ribadavia en 1912, eran de tendencia rnayoritariarnente conservadora y cinco de ellos

114

2.1.1.- Las races econmicas del poder social: propietarios, xornaleiros y caseiros.
Abunda la literatura social que estudia la importancia del mercado de trabajo local para
diversificar las estrategias de reproduccin social de los diferentes estratos de la poblacin rural y
la eficiencia de los diversos sistemas de gestin de la propiedad (Contreras, 1997: 22 y 27). Hemos
analizado en otro lugar la capacidad de intermediacin social que posean aquellos individuos y
grupos domsticos que disfrutaban un contrato de aparcera de lugar acasarado en una gran
explotacin cuando el dueo estaba ausente en la ciudad y el caseiro se converta en su
representante e intermediario de facto con la comunidad de vecinos a los que poda ofrecer los
recursos productivos de una explotacin que acostumbraba a ser la mejor equipada de la localidad
as como la posibilidad de ganar un jornal e incluso, la expectativa de obtener los favores del amo
(Soutelo Vzquez, 1998). Estos arrendatarios se beneficiaron de las diversas prcticas de
reciprocidad laboral y lealtades microsociales que le ofreca y esperaba obtener la vecindad, dentro
de un sistema tradicional de optimizacin de la mano de obra a nivel comunitario, cuyo resultado
es siempre desigual ya que se prestan en proporcin a las necesidades de cada familia para aquellas
tareas de cultivo o recoleccin que sus miembros no podan afrontar individualmente (Domnguez
Martn, 1996: 181-190).
El aspecto que aqu ms nos interesa a los efectos de la capacidad movilizadora de estos
caseiros de los pazos es su actuacin como principal contratador de jornaleros del lugar, ofreciendo
adems frmulas complementarias de intercambio de trabajo por comida o recursos excedentarios
y marginales de su explotacin que facilitaban la supervivencia de los sectores mas desfavorecidos
del campesinado (Domnguez Castro, 1992: 31 y 121). La posicin central que ocupan estos
propietarios e intermediarios en las redes microsociales de la comunidad les permita establecer un
slido clientelismo sobre bases tradicionales ya fuese limitndose a la apropiacin del trabajo
excedentario de las familias vecinas o aprovechndola para garantizar el respaldo de sus vecinos y
clientes a los proyectos sociopolticos que el emprendiese por que la coaccin moral actuaba a su
favor (Gonzlez de Molina: 1993, 10-11; Carrasco, 1995: 66), tal como demuestran los recuerdos
del caseiro Gonzalo R. P. de Alongos (Ton) y del propietario Andrs L. A. de Sampaio de
Ventosela que inclumos en el anexo o los fragmentos que siguen:
Ha xente arreglbase como poda ganando un xornalcio. Cavando xornal
para os ricos que haba en moitos pueblos e que os chamaban. Coma ise
deiqu que lle chaman Don Andrs que traia mulleres e homes. Casi todo o
pueblo de Sampaio, porque tia moito millo e tia moita vendima e casi lla
facan de balde pola comida... banlle traballar de balde pola comida... Aquil
que ten a casa al arriba onda a cooperativa de Ventosela, tamn era moi
rico,

115

eran os de Silvio Fernndez, os de Boente que despois meteron unhos


caseiros nise capital e os caseiros eran os amos
Ise Falcn que era capitn do Ejrcito e o Silvio Fernndez de Bimieiros e
o D. Andrs contrataban xente todo o ano e ademais xa tian caseiros...
Habaos que xa estaban fixos todos os das... Haba moitos xornaleiros
porque haba moita fame e entonces salan ganar os fillos, a mulller ou o
home... As mulleres tamn iban xornal e mesmo os rapacios xa iban co
gando18
El otro actor social que nos vamos a encontrar son los grandes propietarios como las familias de
los Merundano y los Pardo de Casaldereito (Cenlle) o Silvio Fernndez de Ventosela (Ribadavia)
que contaban en general, con una buena formacin intelectual y slidas relaciones en la nueva
sociedad urbana y liberal que les capacitaba para participar activamente en la poltica local y para
gestionar directamente sus patrimonios actuando como ejemplares 'agricultores a la moderna' que
modernizaron sus explotaciones vitivincolas y se convirtieron en referente y modelo para sus
vecinos de patrimonios mas reducidos. La familia de los Merundano que adquiri bienes
nacionales y mantuvo sus posesiones en Beade constituye un buen ejemplo de adaptacin a los
nuevos escenarios socioprofesionales y polticos que va configurando la formacin del Estado
liberal espaol. Sus miembros desempearon profesiones liberales y militaron sucesivamente, en el
Liberalismo durante el Trienio, en el bando moderado durante el perodo isabelino y en la Unin
liberal despus, llegando a desempear la presidencia de la Diputacin Provincial y la alcalda de
Ourense. y Manuel Merundano que presidi el consistorio de Ribadavia desde la Dictadura de
Primo de Rivera y actuaba como valedor del calvosotelismo en la comarca, gan las elecciones
municipales de 1931 (Domnguez Castro, 1992:16, 28 y 33). Con respecto a las iniciativas
emprendidas por Silvio Fernndez para modernizar la vitivinicultura y fomentar el asociacionismo
de los viticultores solo hemos de bucear en la memoria de los coetneos:
"Eiqu houbo un sr. que se que chamaba D. Silvio Fernndez Bastos que fixo
a sociedade agraria el en Ventosela, era ingeniero agrnomo e tia un
viveiro na finca de Bimbieiros que ahora un monte con pieiros... Daba
clases de como coidar o vio sin cobrar nada, pero eiqu daquela eso non se
apreciaba e nadie iba a elas...

14

Fragmentos extrados de las respectivas transcripciones fonticas de las memorias de vida de


Jacinto S. y Mara G.P., vecinos de Sampaio de Ventosela (Ribadavia). Aunque es necesaria una
aproximacin ms sistemtica a este fenmeno lo hemos encontrado en todos los ayuntamientos
ribereos del Mio en la periferia rural de Ourense. Uno de los ms paradigmticos es el de
Francisco Moure que retorna de Cuba a su Coles natal a comienzos del siglo, encargndose de
dirigir la casa grande de Soutullo y convirtindose en destacado empresario politico local que activa su posicin central en las redes microsociales para garantizar el respaldo popular a las iniciativas
sociopolticas en las que el participaba, primero como lder agrario de las sociedades agrarias y
como concejal republicano desde 1931 segn El Mio (1-IX-1903), La Voz Pblica (13-1-1916), La
Zarpa (21-XI-1923; 12-1-1924; 14-11-1924; 4-11-1925; 19-11926), e informaciones orales de B.
Iglesias y de su nieto Eladio P. Moure.
116

Ensebanos toda clase de enxertes: enxerte de pa, enxerte de escudete,


enxerte de traspaso "19
Silvio Fernndez es un autntico paradigma de propietario innovador que compagina esa labor
divulgadora de tipo tcnico con el activismo social. Funda la Sociedad de Agricultores de San Pavo
de Ventosela, participa en el mitin antiforal de Prado de Mio (octubre de 1910) y en la comisin
para extender la Liga de Accin Gallega por la comarca en 1912. Una de sus actuaciones ms
destacadas fue la organizacin de una asamblea convocada en Ribadavia en 1910 para coordinar la
actuacin de las sociedades agrarias locales en el mbito de la comercializacin del vino y
especialmente, en la lucha contra el matute para defender los mercados gallegos de la competencia
de los vinos meseteos que llegaban por ferrocarril:
"... Habl Silvio Fernndez, iniciador del mitin y alma del movimiento
agrario en el Ribeiro. Su discurso, concreto, substancioso y muy elocuente
gust de modo extraordinario... A continuacin ocuparon la tribuna dos
discpulos de Alfredo Braas, Jess Snchez y Emilio Gmez Arias que
disertaron sobre las ventajas de la asociacin en un sentido cristiano... El
acto termin siendo aprobadas por aclamacin las siguientes conclusiones:
1. Que se modifique la Ley del 27-VII-7905 y el R.O. del 23-XII del mismo
en el sentido de conceder intervencin directa a las sociedades de
labradores y sindicatos agrcolas en todo lo relativo a la persecucin del
delito de fabricacin de vinos artificiales y anlisis de los mismos; 2.
Prohibir la introduccin y el consumo de vinos en la regin gallega...
interviniendo en la fiscalizacin las sociedades de labradores y sindicatos
agrcolas; 3. Que se haga un llamamiento a todas las sociedades de
labradores de Galicia para que acudan en defensa y se hagan solidarias de
las del medioda de la regin, arruinadas por la fabricacin de vinos
artificiales... A pesar de que el mitin fue convocado para protestar contra la
fabricacin de vinos artificiales que result un mitin anticaciquil,
eminentemente regionalista y socialista como ocurre siempre en Galicia en
actos de esta clase... "20
Antonio Bujn fue la anttesis a este discreto buen hacer. Hijo del juez Gumersindo Bujn, un
eminente jurista autor de varios libros sobre la Compaa Familiar Gallega y los Foros, y de una
acaudalada propietaria local,

19
Extrado de la memoria de vida de Ricardo G. F. de Ventosela, p. 2 y 35 de la transcripcin
fontica. El propio Silvio Femndez dej constancia escrita de estas experiencias realizadas en su
finca de Bimieiros en un libro publicado en 1906.
20 Vid. el artculo de Joaqun de la Amoya titulado "El mitin de Ribadavia", Accin Gallega, I, n
3,15-II-1910. Silvio Femndez se desmarc claramente del populismo basilista desde enero de 1914
al no asistir al mitin de Accin Gallega y abandonar la presidencia de la agraria que el mismo haba
creado en enero de 1914, simbolizando el divorcio de los viejos agraristas interesados por las
cuestiones econmicas frente al radicalismo verbal de Basilio lvarez.

117

dilapid la fortuna familiar en un vivir de bohemio impenitente que atrajo a otros intelectuales del
agrarismo como Juan Carid o Basilio lvarez y que refleja bien las contradicciones y circunstancias
de la gente de aquella poca. Antonio Bujn se integr en la organizacin populista Liga de Accin
Gallega que diriga el cura Basilio lvarez y desarroll importantes campaas de movilizacin
campesina contra el caciquismo y las rentas forales entre 1910 y 1914. Presidi el Comit
Provincial Agrario desde 1916 y la beligerante Sociedad de Agricultores de Ribadavia al tiempo
que era el vigsimo tercer perceptor de rentas forales entre los 329 que haba censados en el
Ribeiro, proclam la Repblica en Ribadavia en 1917 y se convirti en el lder local del radicalismo
agrario de Basilio lvarez difundiendo el abolicionismo en alianza con la izquierda obrera y
socialista desde 1919. En 1921 organiza la Federacin Provincial de Sociedades Agrarias y preside
su Comit consiguiendo el ingreso en la UGT e imponiendo una estrategia poltica de objetivos
aparentemente revolucionarios ya que pretendan "conseguir la total emancipacin de la clase
trabajadora campesina y cuando las circunstancias lo aconsejen, la inmediata socializacin de la
tierra"21. Antonio Bujn fue uno de los actores polticos ms importantes del lerrouxista Partido
Republicano Radical durante el perodo republicano debido a la capacidad de arrastre electoral que
mantenan estos viejos lderes agraristas entre las organizaciones campesinas de la provincia
(Valcrcel, 1993: 335 y 1997: 230-231) aunque su modo de vida se asemejase bien poco al de
aquellos campesinos del Ribeiro cuyos inters deca defender y representar.22

2.1.2.- Y que hacen los retornados?: bastantes americanos y muy pocos indianos.
Se ha comprobado sobradamente para toda Galicia la importancia tanto de las remesas de dinero
americano como de las nuevas ideas individualistas que traan los retornados y que chocaban a
veces, con las tradicionales solidaridades mancomunadas de las aldeas y parroquias rurales. Vimos
ya el caso del retornado que antepone la consecucin de su inters particular al esfuerzo colectivo
de sus vecinos e incluso se comporta como un autntico free-rider que

21

Vid. el Reglamento de la Federacin Provincial de Sociedades Agrcolas, 1-VI-1920. El propio


Antonio Bujn anunciaba triunfalmente el ingreso agrario en la UGT: "Una comisin de UGT ha
visitado al M. de Gobernacin para exponerle los atropellos de que son victimas los agrarios en
Galicia... Ya no estamos solos en la pelea contra las grandes injusticias, nos ayuda una legin de
trabajadores y los labradores gallegos, mrtires del caciquismo desde su nacimiento, tendrn
defensores
en el Parlamento", vid. "No estamos solos" (La Zarpa, 30-XI-1921).
22
La memoria popular cuenta que Antonio Bujn enviaba a su perrita a la tienda con la lista de la
compra en una cesta colgada del cuello del fiel animal que retornaba cargada junto a su estoico
amo. Y Ricardo G. F. lo recuerda como "un vividor que foi morrer hospital e a nai tamn morreu
de fame no hospital. Era un mangante xa desde novo... O pai era deiqu tamn, don Gumersindo
Bujn que cando casou xa daquela dronlle a ela medio milln de dote e o pai l dotouno con outro
medio milln de pts. Era un bo principio para ter un bo fin e non fixo nada. E foron morrer
hospital a nai llel... Gastouno todo, queimou todo l. Eu a esa xente xa non lIe fada moito caso
porque eran xente depravada".
118

optimiza en su exclusivo beneficio la estructura de oportunidades creada por la movilizacin agraria


para conseguir una redencin en condiciones favorables, pero nos consta tambin la presencia de
retornados dirigiendo las agrarias locales. Los datos de que disponemos indican que los emigrantes
que retornaban lo hacan imbudos de ese afn de emulacin de las viejas lites locales, que les
llevaba a comportarse como ricos indianos que se apresuraban a adquirir bienes races que
certificasen su conversin en nuevos seores da terra claramente diferenciados del grupo social
mayoritario de los merdentos campesinos, al que antes pertenecan y de los que ahora queran
distinguirse23. Los retornados se convierten as en el modelo de self-made man que constituye un
referente envidiado por los campesinos y observado con recelo por los rancios propietarios que le
vean como un potencial competidor en la hegemona social pues incluso acaban relevndoles en la
titularidad de las grandes vias del Ribeiro. Es este un proceso de cierta envergadura que est
perfectamente registrado en la correspondencia particular, en las impresiones escritas y en la
memoria oral de los coetneos. Estas fuentes apuntan constantemente la presencia de emigrantes
retornados que disponan de algn dinero para consolidar la propiedad de sus pequeas
explotaciones o que seguan proletarizndose como jornaleros en las grandes propiedades de la
comarca. Estos americanos se convierten en ambos casos, en actores fundamentales para explicar la
mobilizacin socio poltica en el Ribeiro ourensano, caracterizada por creciente radicalizacin en la
lucha contra el caciquismo, el matute y los foros:
Os emigrantes que volvan de Cuba ou Argentina si traian vinte mil pesos
que non eran nada, xa fumaban en pipa, andaban cun bastn e iban as feiras
de Ribadavia. Despois cando esto empezou a subir un chisquio tuveron que
ir a pedir limosna... Algns traan novas ideas e algo foise mellorando
porque todo foi medrando... Meu pai tia un pazo en S. Esteban e pouco
antes de morrer vendeullo a un fulano que era del e volvera de Estados
Unidos. Despois caso use cunha fulana que chamaba a atencin. Que
fulana, eu cada vez que a va coo!, porque daquela el estaba en Estados
Unidos e eiqu os cartos non os haba24
Resulta notoria la falta de obra social de los americanos en estas tierras si exceptuamos contadas
excepciones como las escuelas creadas por el filntropo

23
As lo indica el comportamiento inversor de los hermanos Cendn Prez de Meln o del indiano
Higinio Abad Carreiro de Barciamedelle (Leiro), Este adquiri importantes fincas a su regreso de la
aventura americana y los Cendn que se haban enriquecido con negocios bancarios y comerciales
en Ro de Janeiro, regresan a Meln con el claro propsito de integrarse en las elites locales:
adquieren rentas en grano, abren una imprenta para participar en la poltica local y acaban
ocupando
la alcalda (Domnguez Castro, 1992: 108 y 115).
24
Extrado de la memoria de vida de Andrs Lpez Alejos, propietario de Sampaio de Ventosela
(Ribadavia), pp. 6, 23 y 26 de la transcripcin fontica. L. Domnguez (1992: 117) cita un
fragmento de una carta de D. Cesa reo Ribera Abraldes a D. Joaqun Pardo fechada en 1897,
manifestndole sus deseos de vender la finca de A Quinza y que "puede ser que algn americano
de los muchos que regresan de Cuba, se atreva a comprarla" lo que apunta ya la presencia
cualitativa al menos, de los retornados en el mercado fundiario del Ribeiro desde el cambio de
siglo.

119

Gillermo lvarez en Cortegada o alguna colecta organizada para aliviar situaciones de especial
gravedad como la provocada por el virus gripal de la primera postguerra. Incluso un observador
coetneo tan avisado como el Padre Eijn que aceptaba la emigracin como un remedio necesario
para el desequilibrio malthusiano entre la poblacin y los limitados recursos, insista en la
necesidad de superar la ignorancia mutua entre el Ribeiro y sus emigrados que manifestaban un
absoluto desinters por aquellos de sus convecinos que permanecan en las parroquias de origen
(Eijn, 1920: 638-639):
"Baste observar el n. de pueblos y habitantes del Ribeiro y ponerlos en
relacin con el terreno cultivado para reconocer que es poca la tierra para
tanta gente... Y hcese de todo punto necesaria la emigracin, que en otras
partes resulta un mal y que aqu, sostenida en sus debidos trminos sera
hasta beneficiosa en caso de ser debidamente orientada y organizada... En
las actuales circunstancias y dado el excesivo n. de habitantes con relacin
al Ribeiro la emigracin es una sangra curativa y an pudiera sernos
doblemente beneficios si las energas sobrantes de que nos desprendemos en
beneficio de Amrica refluyeran luego sobre el pas en positivas ventajas,
procurando los emigrantes convertirse en protectores y amparadores de sus
familias y de sus pueblos. Esto que es general en otras regiones de Galicia lo
es aqu en proporciones casi microscpicas... Si queremos que nuestro pas
llegue a ser rico y prspero es necesario que consideremos los intereses de
los emigrantes como no extraos a nosotros segn lo hace Italia con
respecto a los suyos "25
El retorno de emigrantes con un alto grado de concienciacin sociopoltica y sin grandes
capitales que les permitiesen integrarse en las lites locales haciendo ostentacin de la riqueza y el
comportamiento sociopoltico conservador tpico de los indianos se aument a consecuencia directa
de la crisis econmica internacional de los aos treinta (Nez Seixas, 1998 y 1988b). Este grupo
tuvo que reinsertarse por abajo en los escenarios sociolaborales de las riberas del Avia y del Mio
recurriendo al trabajo a jornal para poder subsistir y convirtindose en la masa crtica de las
organizaciones campesinas que reivindicaban mejores condiciones de trabajo durante los primeros
aos treinta:
"ramos nove irmaus, tres homes e seis mulleres... lles marcharon de novos
pras Amricas. Os dous maiores foron a Cuba e o Jos foi a Buenos Aires
que total como di il "Fun por ver Buenos Aires e fun como vien!". Non
trouxeron, ou non o ganaron ou non sei.. Vieron como foron, sin cartos,
claro. Casronse e despois xa arre-

25
La Asociacin Ribadavia y su partido organiza un festival con la finalidad de recaudar fondos
para aliviar la penosa situacin econmica de sus coterrneos que haban perdido la cosecha
(Correo de Galicia, XII, 691, 6-VII-1919).

120

glaron por eiqu ganando un xornalcio cavando xornal para os ricos que
os chamaban".
"As familias eran grandsimas, tian a oito e a dez fillos e banse para Cuba
ou para Argentina, senn non caban eiqu porque haba moita xente e haba
moita miseria. Os mais diles eran xornaleiros, traballaban darredor cavando
nas vias dos ricos. Haba un fulano e que dixo un da que comera mais de
ochenta moios de leite mazado e via dos prensas no pazo... Dos que
emigraban a Cuba volveron moitos e algns con dieiro e traan ideas laicas
que esta casa e a escala de Pena fixrona os emigrantes de Cuba. Da
Argentina non veu casi nadie, porque esto era unha miseria e al viviron
mellar... Eiqu chegaban os argentinos feitos uns presumidos e decan "Hui
chico, esto es una miseria, all sobra la carne!"... Esto era un ha miseria, as
mulleres sempre cheas de fillos, os nenas deixaban a escuela para ir de
criados pronda o cura, ou pronda don fulano de tal coidndolle as vacas...
Foi polo que apareceu esta xente que queran salir como fora daquelo e
cando chegou a guerra civil, foron por iles sin mais... Os mismos falangistas
despois anduveron xornal ou xa traballaban antes pros terratenientes que
haba por eiqu... Coma o 'chato' que era un matn e anduvo xornal toda a
puta vida "26
La crisis econmica desatada en 1929 cort la afluencia de dinero americano que haba
financiado muchas redenciones forales y replantes de vias al tiempo que increment el retorno de
los desfavorecidos por la fortuna y cercen los tmidos intentos realizados para difundir los vinos
del Ribeiro en el mercado americano que ya chocaran con dificultades de todo tipo. Comerciales
por la estrechez de la demanda y la competencia de los caldos catalanes que haban abastecido
tradicionalmente los mercados ultramarinos, fiscales por las elevadas tasas aduaneras y enolgicas
por la no difusin de la onerosa prctica del embotellado inadecuada al sistema tradicional de
comercializacin y por la constante amenaza del fraude del matute con vino del norte de Portugal
que se venda como Ribeiro (Nez Seixas, 1998: 65-67). Las fuentes coetneas indican que los
caldos del Ribeiro iban consiguiendo bastante aceptacin entre los emigrados en Buenos Aires o en
la Habana y abriendo un mercado que ofreca interesantes perspectivas para los cosecheros. Las
Conclusiones de la IV Asamblea Agraria Gallega celebrada en Ribadavia en noviembre de 1912
apuntan en este sentido aunque subrayan que los principales mercados que tenan estos vinos
seguan siendo los gallegos:

26
Fragmentos extrados respectivamente, de las memorias de vida de Mara G. P. de Sampaio de
Ventosela (Ribadavia) y de Benito Iglesias de Vilarchao (Coles), pp. 6 y 13 de la transcripcin
fontica. Los recuerdos de Angelina Cao de Pausada (Coles), sobre su primo Ral Castro Cao 'o
arxentino' (guerrillero antifranquista muerto en 19149) apuntan en el mismo sentido: "II e os irmaus
volveran coa nai de Argentina e traballaban na casa da condesa de Lagarios xornal dende que
eran rapaces... A Julta estaba servindo, botando nas vacas monte, sa nai estaba traballando
tamn e o Tito e eu estabamos na casa porque ramos os mais navas... Despois cando famas
maiores, o Ral xa foi pro taller e foi cando pasaron esas causas porque veu a guerra e xa se
escondeu porque eles botaran s seoritos de Fuentefiz dunha fest a do Sto. Cristo porque eran moi
ricos".

121

L
o
s
v
i
n

... Los vinos gallegos comienzan a solicitarse en la Habana, Argentina,


Costa Rica, Brasil y Mjico, donde la multitud de emigrantes gallegos los
demanda con afn... para impulsar al exportacin al extranjero debe
interesarse de los centros y sociedades gallegas all establecidas que se
nombren comisiones para ejercer escrupulosa vigilancia sobre los
certificados de anlisis y origen de los vinos que all se importan para evitar
que los de otras regiones se introduzcan usurpando nuestra marca o
procedencia... Encarecer al M. de Fomento que en justa reciprocidad de la
supresin de derechos de Aduanas del maz de las Amricas, se solicite... la
total desgravacin o la rebaja arancelaria equivalente para los vinos
gallegas... "27

La menor duracin del viaje hasta la perla de las Antillas facilitaba la llegada del preciado vino
tostado embotellado en Vigo y de otros caldos del Ribeiro importados por almacenes como Os
Riveiraos, Constantino Ael representante de la marca Tres Ros (Alianza de Vilamarn, 1912: 7) y
Cepas Gallegas de Jos Canitrot. Es este un personaje muy vinculado tambin al asociacionismo
campesino y a la poltica local ya que dirige la sociedad agraria de Ventosela y desempea una
concejala en Ribadavia cuando preside el homenaje al diputado conservador Estvez Carrera en
abril de 1915 (Domnguez Castro, 1992: 89 y 97). La vinculacin entre comercializacin del vino y
asociacionismo agrario reaparece as en la Galicia de aln mar a travs de estas iniciativas que
debieron ser mas frecuentes e importantes de lo que sabemos a juzgar por su nmero y por los
recuerdos de los coetneos:
"Ise Juan Garca Mguez era labrador e tian un bo capital eiqu en
Ventosela pero il xa non labraba que labraban os fillos... Emigrou l e dous
ou tres fillos e foron a Cuba poer un almacn de vias, pero fracasou
porque o via no mar baixa moito que xa se queda pequeno nos puertos
coma Vigo, as que como iba embarcado desde Vigo hasta Cuba, chegaba
al coma auga... Entn volveu prac e meteuse na Sociedad Agraria que xa
a haba e foi cando trouxo dar un mitin cura ese de Beiro... "28

27
Vid. Conclusiones..., XI: 1 a 3, p. 12. Fue precisamente un retornado de Cuba asociado con un
enlogo y con el banquero Pedro Romero quien introdujo el embotellado en la vinicultura
ourensana instalando la clebre bodega Las Gallegas en Os Pea res (Domnguez, 1992: 262). El
selecto vino tostado deba ser muy apreciado entre los emigrados pues las noticias de sociedad de
la prensa gallega en Amrica registra varios casos como el de Antonio Vzquez Estvez que
regresa de Ribadavia a Buenos Aires con una caja del afamado elixir (Correo de Galicia, XII, 691,
6-VII-1919).
28
Transcripcin fontica de la memoria de vida de Ricardo Gmez Freire, de Sampaio de
Ventosela, Ribadavia. Otro buen ejemplo de esta doble actuacin es el caso de Manuel Picouto,
cosechero y comerciante de vinos en el barrio comercial de A Ponte-Canedo que fue una de las
figuras agrariosocialistas de mayor reputacin popular y tesorero de la Federacin Agraria
Provincial de Ourense que no dud en apoyar a la Dictadura de Primo de Rivera e ingresar en la
Unin Ciudadana de Orense argumentando que se trataba de una oportunidad histrica para
superar el estado de atraso de la agricultura y de la escolarizacin rural, tradicionalmente olvidados
por los notables de los caducos partidos dinsticos. Desde enero de 1924 fue diputado provincial
por Ribadavia (Cabo Villaverde, 1998: 152).

122

2.2.- Objetivos y actuacin del asociacionismo campesino en el Ribeiro.


La movilizacin sociopoltica de las organizaciones agrarias se desarroll en esta comarca para
evitar la venta fraudulenta de vinos forneos llamados popularmente de matute, un tema especfico
de la economa vitivincola, y a otros dos elementos comunes a las restantes comarcas de Galicia: la
lucha contra el caciquismo y los foros.
La comercializacin de vinos alctonos amparndose en el prestigio del Ribeiro est constatada
desde los albores de la Modernidad29, pero la falsificacin se intensific con la llegada del
ferrocarril Monforte-Ourense-Vigo a fines de los aos 1880 que convirti a la ciudad olvica en
reexpendedora de aquellos caldos trados de allende el Padornelo. La lucha contra el matute centr
los esfuerzos de los cosecheros durante las dos primeras dcadas del siglo, ya fuesen simples
vitivinicultores o propietarios innovadores que dirigan las nacientes organizaciones agrarias e
insistan en la necesidad de unirse para defender sus caldos ante la venta fraudulenta de vinos que
ya competan con ventaja en los mercados tradicionales del Ribeiro. Constituy as el principal
vector de movilizacin de la poblacin local yorigin las organizaciones agrarias ms seeras de la
comarca pues tanto las sociedades agrarias 'de clase' como los sindicatos catlicos se volcaron en la
erradicacin del matute que constitua la principal amenaza econmica para la comarca.
No es casual que sean los grandes propietarios como Silvio Fernndez o Emilio lvarez Falcn
(militar retirado y presidente del Sindicato Agrario Catlico Comarcal del Ribero de Avia y Mio)
quienes dirigan la accin colectiva de las organizaciones agrarias contra el matute, ya que ellos eran
los ms perjudicados por esa competencia desleal en el mercado gallego que ellos controlaban por
su situacin central en las redes tradicionales de comercializacin desde las bodegas del Ribeiro
hasta las tabernas costeras. La prdida parcial de esos mercados daaba la rentabilidad de las
grandes explotaciones cuando estaban realizando cuantiosas inversiones para mantener su
viabilidad frente a las fitopatologas ya analizadas, pero amenazaba tambin en statu quo
socioeconmico y poltico de la comarca si aquellas prescindan de la cuantiosa mano de obra que
empleaban a jornal. Se entiende as que lvarez Falcn denunciase el peligro potencial que supona
el matute e insistiese en la urgencia de que las diferentes organizaciones campesinas coordinasen
sus esfuerzos para erradicar dicho fraude porque era "el

29

El Procurador General de Ribadavia, D. Gregario de Seoane protestaba ante la Real Audiencia en


1557 porque: "Los mercaderes de este reino y de fuera del compran y sacan vinos del concejo de la
Arnoya, del coto de Castrelo y Ribero del Mio y lo llevan a vender a algunas ciudades, villas y
lugares, de dentro y de fuera de Galicia. Por venderlo mejor ya ms precio decan y publicaban ser
vino de Ribadavia y su Ribero, sin que lo fuese, con lo cual se da lugar a gran dao y perjuicio del
dicho Ribero, los vecinos del y gran abatimiento de sus vinos". El Regente de la Audiencia, D.
Pedro Portocarreiro, y los Oidores D. Francisco de Ribera y D. Fernando de Quiones dictaron
sentencia prohibiendo "vender vinos algunos por de Ribadavia sin que lleven testimonio pblico
con autoridad de Justicia de como eran del dicho Ribero de Avia, para que cesen los engaos que
hai en la venta de los dichos vinos". Citamos por el trabajo de Rubn Garca titulado Ms sobre el
Ribeiro y sus vinos (nada nuevo pero muy de actualidad), pr.ms. Fondo R. Garca, carp. 162,
M.E.R.
123

momento en que debemos unimos todos como un solo hombre, para defendernos contra el
intrusismo de vinos exticos que al ser expendidos como procedentes de esta comarca originarn
nuestro descrdito y runa. "30
Las reacciones ms o menos espontneas que se producan al descubrir la llegada de vinos
castellanos concluan indefectiblemente con el vertido del lquido ya fuese en trnsito al almacn
(Leiro, 1913) o en la propia estacin ferroviaria (Barbantes, 1915) tal como ha estudiado con detalle
L. Domnguez Castro (1992:137-145) y podemos registrar an en la memoria oral de los coetneos:
"Unha vez enterouse a Sociedad Agraria de que haba en Barbantes un
vagn de via matute e famas al. bamos cincuenta e tres rapaces... Xa os
da agraria romperan todos os bocois e iba unha cuneta chea de via,
bebemos el de fucios na cuneta que eso xa era unha boa diversin! "31
El antiforismo estuvo tambin presente desde muy temprano en las organizaciones campesinas
del Ribeiro debido al fuerte impacto econmico que tenan las rentas en esta comarca32. El
Sindicato Agrcola de Castrelo de Mio se adhiri a la campaa antiforista del Directorio de Teis y
la Sociedad de Astariz lo hizo a la Liga Agrario-Redencionista de Basilio lvarez y convoc un
mitin antiforal en Prado de Mio en octubre de 1910 en el que condenaron a los foros y el matute
como enemigos principales del pequeo productor campesino (Domnguez Castro, 1992: 90). Dos
caractersticas que convertan al Ribeiro en escenario microsocial idneo para ensayar el modelo
conflictual y poltico de agrarismo diseado por el cura Basilio lvarez y el ncleo de jvenes
intelectuales que dirigan Accin Gallega. Estos consiguieron controlar la Sociedad de Agricultores
de Ribadavia con la dimisin de Gmez Arias en 1914, pero esta organizacin languideci al
anteponer los objetivos polticos de Accin Gallega secundarizando la defensa de los especficos
intereses de los viticultores ribeiraos. El Ribeiro se convirti en un feudo del abolicionismo desde
1919 coincidiendo con la expansin del socialismo en la comarca desde los mitines de Ribadavia
(13-V-1920) y Gomarz (X-1920) que haban marcado el comienzo de una campaa de resistencia
al pago y coaccin sobre los foristas tal como reflejan las diversas fuentes cualitativas a las que
hemos accedido:
"Los vecinos de la parroquia de Sampaio de Ventosela se niegan
sistemticamente al pago de toda clase de rentas forales, oponindose
incluso por los medios ilcitos... los dueos del dominio directo demandan a
los del til ante los tribunales de justicia para obtener el pago, unas veces
sin xito por la facilidad de encontrar testigos que declaren en contra de
aquellos y otras con xito pero inu-

30
31
32

Vid. Noticiero del Avia, 1055-XIX: 1-XII-1929.


Extrado de la memoria de vida de Ricardo Gmez Freire, de Sampaio de Ventosela, Ribadavia.
Predominaban an en 1924 la rentas pagaderas en vino que privaban al viticultor de buena parte
de la produccin que podra comercializar en el mercado (Domnguez Castro, 1992: 76-77).
124

tilmente, porque los acreedores no se deciden a pedir la ejecucin de la


instancia dictada a su favor debido a que los procuradores V funcionarios
judiciales no se atreven a practicar las diligencias correspondientes por el
temor que les inspira la actitud hostil de los vecinos de dicha parroquia... La
ejecucin se hace imposible bien por no haber postores que quieran adquirir
los bienes embargados en dicha parroquia... bien por negarse los
depositarios de tales bienes a entregarlos a los adjudicatarios... Para
impedir a los dueos del dominio directo el cobro de las rentas forales que
legitimamente les pertenecen, se les amenaza por intentar cobrar lo mismo
que a los pagadores que quieren cumplir voluntariamente su obligacin
llegndose al extremo de haber talado casi todas las cepas de una via
propiedad de Emilio lvarez Falcn por demandar a unos renteros morosos
exigindoles el pago de la pensin33
El informe es tajante en lo referente al xito de la tctica abolicionista del impago de rentas y
coincide con las impresiones de B. de Quirs (1923: 36 y 83) que enumera 13 sociedades agrarias
en la comarca que imitan la resistencia antiforal de la sociedad de San Pavo de Ventosela con la
finalidad expresa de liberar la tierra aquellas pensiones. La confrontacin estaba coordinada por la
sociedad agraria que fundamenta su fuerza en las solidaridades vecinales de mbito parroquial y en
la coaccin o accin violenta contra los bienes de los perceptores. La combinacin de resistencia en
el mbito legal con la actuacin directa de los vecinos identificados con 'su' agraria explica en parte
el xito de la movilizacin, evaluable en este caso por el convencimiento de los rentistas de la
irreversibilidad de la redencin en beneficio de los cultivadores y la bsqueda de acuerdos privados
que unas veces, favorecen a la comunidad y en otra rompen esas solidaridades tradicionales que
conferan el poder de movilizacin a las organizaciones agrarias.
Esta conflictividad social aceler la consecucin de acuerdos privados de redencin, sobre todo
con los perceptores que residan fuera de la comarca ya que los que an mantenan la explotacin
directa activaron el capital relacional derivado de su posicin central en las redes microsociales
como oferentes de trabajo para contrarrestar la presin antiforal de las organizaciones agrarias34.
Domnguez Castro recoge el ejemplo de Da. M. C. Miranda y Armada que reside en la lejana
Santiago y redime a precio mdico y en cmodas condiciones de pago contrasta poderosamente con
el proceder de los gestores de Casaldereito que actan hbilmente para capear con xito la ofensiva
abolicionista del agrarismo local tal como nos explica D. Manuel Pardo en 1921:
"Las razones que me movieron a fraccionar el foral redimiendo

33
Extrado del oficio firmado por el juez de Primera Instancia de Ribadavia (VI-1920) recogido por
L.
Domnguez (1992: 99-100), el subrayado es nuestro.
34
Los perodos de mayor actividad redencionista en el Ribeiro se explican por la radicalizacin del
movimiento agrario y el aumento de la resistencia campesina al pago de rentas debido a las
campaas antiforistas del Directorio de Teis y de Accin Gallega (1906/1910 y 1911/1915) y
(1917/1921-1925, coincidiendo con la invasin filoxrica del Ribeiro ya la expansin del
abolicionismo desde 1919 (Domnguez, 1992: 111-112).

125

p
a
r
t
e

parte son: decisin terminante de los colonos a no seguir pagando...


resistencia de los solventes a ser fianza de los insolventes... Jess Ribera,
pagador de la mitad del foral, cabezalero, con dinero fresco de Amrica y
con deseos locos de echar fuera la pensin propuso redimir la suya a 500 pts.
con tal de que no se hiciera responsable como fiador de los dems que no en
el momento disponan de dinero para redimir sus cuotas, comprometindose
a convencer a estos a hacer un documento de reconocimiento de la
pensin...36

Se desarroll un conflicto semejante en Armarz y S. Amaro (Cenlle) durante 1921, cuando los
propietarios y el alcalde rompieron la solidaridad vecinalactivada en la resistencia antiforal
coordinada por la sociedad agraria-, atrayndose a parte de la directiva y denunciando por impago
de rentas a los restantes con el objetivo de disuadirles y arruinarles. Los demandados acudieron al
tribunal defendidos por el abogado Juan Carid de la Federacin Agraria provincial y arropados por
sus vecinos que reivindican la redencin de aquellos foros y gritan consignas contra los caciques,
los foros y por la liberacin de Galicia. A partir de ah el conflicto se traslada a la actuacin
directa, violenta y annima, para forzar la negociacin con el bando contrario: las autoridades
detuvieron a 9 vecinos de S. Lorenzo da Pena, Pazos y Roucos por posesin de propaganda
agrarista y la sociedad responde con una bomba contra la casa del cacique y cortndole varias
docenas de cepas a un vecino que acta como freerider para advertir las consecuencias de una
desercin de la obediencia agraria.36
El conflicto antiforal implica un desafo, ms o menos explcito segn la coyuntura, contra las
elites polticas que utilizaban su monopolio de las instituciones para discriminar en sentido
positivo a sus clientes frente a los indiferen

35

Deban ser muy estrechas las relaciones de los Pardo con sus convecinos emigrados porque el
propio D. Manuel Pardo apuntaba en el libro de redenciones en 1940 que un campesino que haba
redimido su renta "me gir desde Buenos Aires" (Domnguez, 1992: 103-104 y 121). La situacin
era altamente conflictiva segn el informe de los observadores que enva el Instituto de Reformas
Sociales a Galicia en 1923 presenta al Ribeiro como paradigma del agrarismo ms radical izado en
la lucha contra el caciquismo y los foros, cuyas organizaciones apoyaban fervientemente
soluciones de tipo abolicionista que amenazaban con una transformacin revolucionaria de la
propiedad (B. de Quirs y Rivera Pastor, 1923: 36-37 y 82-83), aunque pronto se tornaran
inviables a consecuencia de la llegada de la primera Dictadura: "Abundan en la provincia los foros
caros que gravitan sobre los viedos... La agitacin social es bastante intensa en algunos partidos,
singularmente en el de la capital yen el de Ribadavia, que se distingue por su radicalismo, siendo
la de San Payo la organizacin de resistencia agraria ms antigua y caracterizada... Aqu [el
agrarismoJ tiene fuerza y organizacin. Se distingue por su radicalismo, siendo la ms significada
la de San Payo, que preconiz, desde su fundacin, como procedimiento nico, la resistencia al
pago. Esta asociacin se constituy durante el primer movimiento agrario de la provincia. Adems
de la citada de San Payo, las hay en las siguientes localidades: Serantes, Vieites, A Costeira, A
Veiga, Puga, Gomariz, Razoamento, Ribadavia, Presigueiro, S. Lourenzo da Pena, y dos en
Castrelo
de Mio".
36
Vid. La Regin (2-III-1921) y La Zarpa (19-X-1921, 29-X-1921, 25-XI-1921 y 3-XII-1921). A
finales del ao anterior haban sido encarcelados en Ribadavia los lideres agrarios provinciales
Manuel Surez, Aser Docampo y el omnipresente Antonio Bujn junto con varios miembros de la
directiva de la Sociedad Agraria de Gomariz a consecuencia de la explosin de una bomba en casa
del boicoteado propietario Cesar Pereira luego del mitin agrario que haban pronunciado los tres
primeros (La Regin, 6-XII-1920). La Sociedad Agraria de lintores (Vern) emple el mismo
procedimiento conflictual de disuasin quemando el pajar de Celedonio R.D. que se negaba a
secundar la huelga de vendimiadores declarada por aquella (La Regin, 25-IX-1922).
126

tes o para sancionar a los desafectos, de modo que el anticaciquismo acab convirtindose en un
vector de movilizacin sociopoltica ms tardo pero no por ello menos poderoso. El reparto de los
consumos era en este sentido, uno de los recursos coactivos ms poderosos de que disponan los
caciques locales para disuadir a los agrarios que osaban desafiar su poder intermediario entre la
comunidad rural y las instituciones del lejano Estado. La reaccin de las organizaciones agrarias
combinaba tambin aqu, la actuacin normativizada dentro del marco legal de las instituciones por
la va judicial con la accin directa que incorporaba, casi siempre, determinadas dosis de violencia:
"Dunha vez fixronlle un embargo a un de Ventosela que se chamaba Juan
Garca Mguez que daquela era o presidente da Sociedad Agraria, porque se
negou a pagar ises consumos e prenderan a catro ou a seis dos cabecillas da
Sociedad e a noite, mulleres, rapaces e homes marchamos pral e
plantronse diante da casa do xuz en Ribadavia. Fixemos unha
manifestacin grandsima caquelas varas de aguillada que eran unhos paus
largos por si haba que mallar... E deca un deses gallitos que sempre hai:
'iE dos consumos moito temas que falar, si os quitaran xa era o tal!. iPorque
libres deles habemos de quedar e arriba as varas do gando!'... O xuz era
andaluz e a sa muller colleu tanto medo porque os da sociedad ameazaban
con que iban voar a casa, que lIe dixo: 'iVete a soltarlos automticamente!.
Vete a soltarlos!'. E xa vieron connosco aquela noite para a casa... "37
La prensa coetnea y la memoria oral nos ofrecen abundantes casos de conflictos provocados
por un reparto arbitrario de los consumos. Este problema se haba agudizado a consecuencia de la
crisis agraria de los ochenta segn se desprende de la prensa local y de una carta enviada por los
diputados gallegos a la Asamblea de la liga Agraria Espaola38. Pero alcanz especial virulencia
desde la segunda dcada del siglo XX, coincidiendo con la radicalizacin del movimiento agrario
guiado por el populismo agrario de Basilio lvarez y con la represin institucional que desataron
los gobernadores civiles y las redes clientelares locales de los partidos dinsticos contra la
organizacin Accin Gallega tras el asesinato de J. Canalejas39.

37
38

Extrado de la memoria de vida de Ricardo G. F. de Sampaio de Ventosela, Ribadavia.


El documento firmado entre otros por Espada Guntn, diputado conservador por Ourense,
propona una serie de "Remedios a la crisis agrcola" (El Avia, 16-1: 18-XII-1887), que incidan en
el papel de los consumos como descapitalizador de las economas domsticas: "...Constituda la
propiedad en Galicia de modo que solo produce para el campesino, arrendatario o colono, lo
estrictamente necesario para pagar el arriendo o la pensin foral y para su escaso alimento...
Paralizadas las ventas de ganado vienen siendo una carga para sus dueos imposibilitados de
pagar no ya la arbitraria y abrumadora contribucin de consumos sino incluso la territorial...
Considerando que por el malestar general de la agricultura, la vida del cultivador se hace
insoportable y se produce una pavorosa emiaracin le rogamos a la Asamblea que para remediar
los males indicados, se sirva pedirle al Gobierno ya las Cortes... Supresin total del derecho de
consumos sobre la carne vacuna como artculo de primera necesidad... Que para el transporte de
ganado, vino y dems producciones se abaraten las tarifas de los ferrocarriles... ", el subrayado es
nuestro. Puede verse una argumentacin similar en "La cuestin de los consumos", El Obrero, VII304: 1-VI-1897.
39
El alcalde de Leiro lleg al extremo de publicar un bando prohibiendo entonar el beligerante
himno de Accin Gallega que haba creado el poeta Ramn Cabanillas (Domnguez, 1992: 97).
127

Veremos a continuacin dos ejemplos de reaccin institucional y directa de los agrarios del
Ribeiro contra estas elites locales que esgriman los consumos como principal arma de su poder
tal como denunciaban los intelectuales del agrarismo en la prensa local40. El reparto de consumos
del ayuntamiento de Arnoya correspondiente al ejercicio de 1913 provoc las iras del pueblo que
protest ante el gobernador civil, efectu las oportunas reclamaciones y se moviliz contra este
desafuero, indignado cuando el secretario municipal celebr la aprobacin de dicho reparto con
fuegos de artificio y amenaz a los miembros de la sociedad de agricultores que dirigan la
protesta popular. Al ao siguiente son los setenta miembros de la Sociedad Agraria de Beiro
(Carballeda de Avia) quienes protestan el reparto manipulado por el cacique local y su presidente
Vicente lvarez acta como defensor de los encausados en el juicio de agravios que se resuelve
favorablemente, demostrando as que a las sociedades agrcolas bien organizadas no hay
cacique que se les resista41:
Os mitins dbanos e desde un balcn. Falaba un que era cura. Basilio
lvarez que era o demo aquil cura, era un comunista dos collns. Os curas
deiqu decan que eso non quedaba ben nun sacerdote, que se puxese nun
balcn axitando os brazos e criticando os consumos e as rentas... Deca que
haba que negarse a pagar as rentas e o consumo que era imposto municipal
que se faca por reparto e o que case mal estaba jodido porque facan un
reparto injusto".
Otras informaciones apuntan sin embargo, la existencia de una clara amistad instrumental entre
las diferentes sociedades agrarias y diputados del distrito que estuviesen bien relacionados y
solidamente integrados en alguna familia de los partidos turnantes. Esto les acreditaba como
empresarios polticos competentes para actuar como intermediario a la hora de gestionar en
Madrid las reivindicaciones de los viticultores ribeiraos ante el poder central42. Estamos ante una
relacin de intercambio de recursos pblicos por lealtades polticas traducibles a votos que
constituye el eje del clientelismo poltico clsico y que podemos encontrar de nuevo en

40

Santiago Carro denunciaba en su artculo "El problema agrario de Galicia" (Noticiero del Avia,
1-I: 15-X-1910) que "los arbitrarios repartos de consumos son un instrumento del odioso
caciquismo, yugo opresor de las conciencias campesinas, que no contento con movilizar a su antojo
a las fuerzas electorales, realiza las mayores atrocidades administrativas bajo el manto protector de
los que desde arriba gobiernan al pueblo... Las sociedades agrarias abordaron de frente esta
cuestin
poltica con la decisiva valenta que da la unificacin de voluntades y aspiraciones".
41
Vid. respectivamente, "Reparto caciquil de consumos en Arnoya" (Noticiero del Avia, 26-IV: 8III-1913) y el artculo de Evaristo Surez Alberte en el Noticiero del Avia (174-V: 17-1-1914). El
fragmento que sigue pertenece a la transcripcin de la memoria de vida de Ricardo Gmez Freire,
de Sampaio de Ventosela, Ribadavia. Los repartos de utilidades siguieron siendo utilizados como
sancin contra los desafectos durante la dictadura de Primo de Rivera segn La Repblica (9-VIII1930).
42
Sabemos por ejemplo, que la sociedad agraria de Ribadavia contaba con el apoyo del diputado
liberal Adolfo Merelles; que al conservador J. Estvez Carrera le falt tiempo para presentar en la
Cmara Baja su propio proyecto de redencin de foros as como medidas para combatir el matute
por las cuales fue homenajeado por la Sociedad Agraria de Ventosela en abril de 1915- y que lleg
a anunciar la consecucin de la ansiada estacin enolgica del Ribeiro en 1920 (Domnguez
Castro, 1992:97 y 143-145); y que el Sindicato Vitcola Comarcal fue el bastin calvosotelista en el
Ribeiro durante todo el quinquenio republicano porque el ministro de Hacienda de la Dictadura
haba visitado la comarca en 1924, concedindoles en 1929 una R.O. autorizando la exportacin de
aguardientes gallegas de menos e 65 (La Regin, 29-IV-1924; Domnguez Castro, 1992: 256).
128

la descripcin pormenorizada de un pucherazo que inclumos en el anexo porque resulta muy


ilustrativa sobre la cultura poltica predominante en la poca y debido a que la falsificacin
electoral era una prctica poltica 'normalizada' a juzgar por los recuerdos de los coetneos y por
las protestas de los afectados43.
Los notables de los partidos dinsticos procuraban demostrar su eficacia en el acceso y la
gestin de los recursos pblicos del Estado en beneficio particularizado de la comunidad que
haba depositado en el su confianza electoral y ms estrictamente, de sus clientes y de los
caciques que integraban su red a nivel local, como una estrategias polticas que les permita
reforzar las lealtades internas dentro de su red clientelar y frenar la competencia de los lideres
agrarios por el poder local al ofrecer incentivos concretos para no apoyarles. Contamos con
excelentes ejemplos de estos comportamientos polticos en las frecuentes noticias de prensa que
resean los beneficios conseguidos por los diputados del distrito poco despus de su eleccin
antes de terminar su gestin poltica. Analizamos detenidamente en el cuadro 5 del anexo la
naturaleza y beneficiarios de los recursos pblicos y favores particularizados conseguidos por
Estvez Carrera, diputado conservador que presentaba como credenciales de su eficaz labor al
cabo del primer ao de representacin poltica del distrito de Ribadavia. Se trataba de un distrito
enfeudado del partido liberal durante toda la Restauracin pues el monopolio de la familia
Merelles solo se haba roto en una ocasin para dar cabida a un miembro de la poderosa dinasta
de los Bugallal en cuyo bufete trabajaba el abogado Estvez Carrera. Cuando este recupera el
distrito para los conservadores desarrolla una febril actividad creadora y renovadora de empleos
pblicos ya existentes para crear una red clientelar que erosione los apoyos liberales.
Se explica la especial preocupacin de nuestro flamante poltical midlemen por mejorar los
servicios postales creando o renovando las plazas de cartero y peatn rural (suman ms del 64 %
de los beneficios obtenidos), por que estos eran una pieza clave del entramado socioelectoral en
la Galicia rural ya que de ellos dependa que llegasen o se cambiasen las actas de escrutinio en el
trayecto del distrito a la capital provincial. Estvez garantizaba as la fidelidad inmediata de
aquellos amigos polticos a los que favoreca con un empleo pblico no muy bien remunerado
pero estable y con el premio final de una jubilacin. Y eliminaba al mismo tiempo, la
competencia de los carteros y peatones indiferentes u oponentes que perteneciesen a la red de los
liberales, asegurndose el xito en futuros manejos electorales que estaban normativizados en la
cultura poltica de la poca44.

43

La memoria de vida de J. Amorn contiene una descripcin de un pucherazo -efectuado


tambin por las fuerzas del Frente Popular en el ayuntamiento de Vilamarn (Ourense) en las
mismas elecciones de febrero de 1936-, casi idntico a la crnica de Gonzalo R. P. de Alongos
(Ton) y a la protesta que present D. Braulio Merundano Arias en representacin de Adolfo
Merelles
Caula candidato a diputado en 1891 (vid. carp. 5., leg. 3, Fondo Merundano, M.E.R.).
44
El control de las carteras rurales fue una de las mximas prioridades de los notables locales
desde la implantacin misma del sufragio universal pues aquellos eran los encargados de
conducir las actas electorales de cada mesa a la estafeta ms prxima a fin de sellar los sobres
que las contenan y enviarlas a Madrid. Los sobres podan ser violentados durante el trayecto y
las actas sustitudas por otras previamente cubiertas de acuerdo con los intereses del candidato.
Una prctica que se mantuvo constante en la provincia de Ourense durante la Segunda Repblica
segn los datos que nos ha ofrecido generosamente Julio Prada: los carteros de Renovacin
Espaola efectuaron un fraude de proporciones gigantescas y los de la CEDA encargados de
conducir las actas previamente cubiertas con los resultados idneos para las mesas de Paderne de
Allariz olvidaron poder el sello correspondiente de la cartera y esto oblig a la Junta Electoral
provincial a desestimarlas sin extraerlas siquiera de los sobres. As las encontr Julio Prada en el
Archivo Histrico Provincial de Ourense investigando para su tesis de doctorado "Ourense,
1936-1939: alzamento, guerra e represin".
129

La fuerte presencia porcentual y cuantitativa de las inversiones en la construccin y mejora de


los caminos vecinales y carreteras se explica principalmente, por la capital importancia que tenan
para facilitar la comercializacin de los vinos que redundaba en el beneficio general de todos los
vecinos y potenciales electores, ya fuesen cosecheros, jornaleros, arrieros o corredores cuyas
economas domsticas dependan principalmente de la venta del bquico fludo. Esas mismas vas
resultaban imprescindibles tambin para que los campesinos accediesen facilmente al ganado,
insumos varios, comestibles y ropa que le ofreca la burguesa comercial en las ferias locales y a
los mercados de Ourense o Ribadavia. Encontraremos la misma estrategia poltica al aproximarnos
a las inversiones realizadas en los diferentes ayuntamientos de la comarca durante la Dictadura de
Primo de Rivera lo que nos invita a plantearnos la permanencia de una misma cultura y hbitos
polticos incluso cuando se produce un recambio en los actores que controlan el poder.
La dcada de los veinte coincidi con la mayor expansin econmica de la Galicia de
anteguerra que se tradujo en una modernizacin tcnico-productivista de las explotaciones
domsticas introduciendo insumos, mercantilizando su produccin y financiando este esfuerzo con
las remesas de la exportacin de ganado, madera, vino y emigrantes. Las investigaciones de L.
Fernndez indican que la comarca del Ribeiro fue la nica excepcin a la dinmica de aumento
ms tardo y limitado en consumo de abonos qumicos que imper en la provincia de Ourense con
relacin a la media gallega, quedando fuera de la dinmica innovadora y tecnificadora que aceler
la mercantilizacin de la agricultura gallega del perodo, pues se detecta un sensible incremento
tanto en la cantidad de ferreteras existentes en la villa como en el consumo de fertilizantes
(Fernndez Prieto, 1991: 843; y 1992: 231 y 346-347)45.
Podemos valorar el compromiso de los poderes pblicos con el cambio tcnico en la viticultura
analizando su actuacin directa ante las catstrofes productivas o crisis fitopatolgicas y el fomento
de las actividades de divulgacin tcnica, o por el impacto indirecto de las polticas comerciales,
fiscales y sectoriales que en este caso, no se preocuparon en absoluto de favorecer la produccin y
venta del vino del Ribeiro. Las escasas noticias de que disponemos indican sin embargo, que el
esfuerzo desarrollado en este sentido tanto por las instituciones agronmicas provinciales como por
la iniciativa privada de los propietarios fue considerable. El ingeniero agrnomo provincial J.
Gonzlez explicaba en las conferencias que pronunciaba por los pueblos de la comarca, como
deban emplearse adecuadamente los abonos minerales en la viticultura y los tcnicos de la ctedra
ambulante de la Seccin Agronmica Provincial realizaban visitas peridicas al Ribeiro para
divulgar in situ los modernos mtodos de cultivo, reconocer los viedos y controlar las operaciones
de replantado e injer-

45

En 1924 estaban inscritos en el Libro de Registro de la Seccin Agronmica de Ourense, 16


vendedores de abonos qumicos, sulfato de cobre y azufre en la comarca (10 en Ribadavia, 1 en
Beade, 1 en Avin, 2 en Leiro, y 2 en Arnoya). Se cornercializaron en toda la provincia 294.259
kg. de sulfato de cobre y 295.819 kg. de azufre segn consta en el Boletln Oficial de la ProvIncIa
de Orense, n. 96, 1-V-1925, p. 3.
130

tado sobre patrones americanos inmunes a la temida filoxera, detectando en el curso de las mismas
abundantes fitopatologas en los viedos como piral y barrenillo46. El cuadro siguiente demuestra
que los esfuerzos modernizado res de las autoridades locales y provinciales afines al Directorio no
se limitaron a la agronoma sino que se extendieron a la mejora de las infraestructuras pblicas que
mejoraran las condiciones de vida de la poblacin ribeirea y especialmente, la mercantilizacin de
las economas domsticas.
CUADRO 3: MEJORAS EN INFRAESTRUCTURAS REALIZADAS EN EL RIBEIRO DURANTE LA
DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA: 1923-1929

AYTO.

Carreteras Fuentes y
caminos y lavaderos

Arnoia

Beade

Alcantarillado

Escuelas

Alumbrado
elctrico
1

Creada

Solicitada

Edificios
pblicos

Feria
mens.

consitorio

matadero

Carballeda 4 calzadas y
de Avia
3 puentes

Castrelo de 3 caminos y
Mio
1 puente

Cenlle

Cortegada

Leiro

Punxn

Ribadavia

escuela

1
5

3
escuela

consistorio
y plaza de
abastos

FUENTE: Elaboracin propia a partir del Avance de la Provincia de Ourense, 1929: 227-257

La riqueza agraria determinaba la elevada densidad demogrfica de la comarca y explica que


esta dispusiese de una red escolar sensiblemente superior a la media provincial de la poca. Los
ayuntamientos de Beade y Castrelo de Mio contaban respectivamente, con 4 y 8 escuelas rurales
para alfabetizar a su poblacin ms joven segn la crnica de Vicente Risco (1926: 192), aunque la
memoria oral de los coetneos disea un panorama educativo ms pesimista47.

46
Vid, respectivamente, La Zarpa (9-XII-1921) y los informes de Vicente Rivadeneira (1929: 114115),
ingeniero jefe de la S.A.P.O.
47
"Eu acordo a primeira escola que houbo no meu pueblo porque fun facendo de mestre... Antes
deso, a escuela estaba en Valdepereira para toda a parroquia... O maestro era un nugallau. Eu non
sei o que ganaba pero por pouco que ganase anda mereca menos porque non nos ensinaba nada e
s faca cigarros... Era xastre polo visto pero haba un rico que estaba de alcalde e marchou al
para que lle fixese un traxe. O outro non lle cobrou nada e entn fxoo maestro... Case que non
saba nada. Chegaba a escuela, sentbase, colla a maquinia de facer cigarros e vea facer
cigarros...". Entrevista a Jacinto S. de Sampaio de Ventosela, p. 11 de la transcripcin fontica.

131

Los datos empricos de que disponemos indican que la elite poltica formada al amparo de la
gestin del poder local durante la Dictadura de Primo de Rivera no fue capaz de consolidarse en el
Ribeiro y sobrevivir mas all de 1931, pero debemos tener presente tambin que los viejos lderes
liberales y agrarios anteriores a 1923 que reaparecen ahora en la escena poltica local, lo hacen apoyando a los candidatos del ex-ministro Calvo Sote1048. Estos firman un manifiesto de la Unin
Monrquica Nacional HA los electores del municipio de Ribadavia" en el que recuerdan los
'favores recibidos' por cada parroquia, lamentan que el republicanismo se apodere del Ribeiro y
piden el apoyo electoral para el candidato calvosotelista Jos Meirs Otero. Estre los firmantes
figuraban Jess Pousa y Manuel Merundano que haba sido alcaldes de Ribadavia durante la
Dictadura y mantenan una fuerte influencia sociopoltica en la comarca49. El segundo fue el lder
local de Renovacin Espaola durante todo el quinquenio republicano y gan comodamente las
elecciones municipales del 12 de abril aunque luego fuese despose ido por el lerrouxista Antonio
Bujn que encabezaba a los republicanos que pedan la crcel para los viejos caciques50.
Las organizaciones agrarias superaron con desigual fortuna la travesa del desierto de silencio y
desmovilizacin impuesto por la dictadura y apenas fenecida denunciaron sus manejos. La
Agrupacin Socialista de Ribadavia lo hace con las privatizaciones de espacios pblicos realizadas
por el cacique Daniel Pea en tiempos del Directorio y la perpetuacin de la prctica del boicoteo
que seguan sufriendo los fieles del 'abuelo' en las sesiones plenarias del ayuntamiento
republicano51. Los socialistas ya haban conseguido por aquel entonces, una cierta presencia en las
organizaciones campesinas de la comarca, sobre todo a travs de la Sociedad Agraria Socialista de
A Veiga (Carballeda de Avia) que estaba presidida por Antoln Marqus y cuyo secretario Ignacio
Gmez mantena el contacto con los emigrantes afiliados a la Asociacin Ribadavia y su partido52.

48

La Unin Ciudadana de Ourense creada en 1924 como germen de la U.P. provincial, no realiz
ningn acto de propaganda en la comarca a lo largo de su ao fundacional mientras que multiplic
sus mtines por el resto da las capitales de partido judicial de la provincia y en Somatn comarcal
an no contaba con bandera propia en 1929 (Avance, 1929: 272-274 y 297), lo que nos incita a
dudar
de su existencia real en el Ribeiro por aquellas datas.
49
Los restantes firmantes de dicho manifiesto eran E. Garcs, M. Babilla, M. Padrn, L. Villario,
Antonio Armada de Castrelo de Mio y Emilio Gmez Arias que figuraba como jefe del distrito de
Ribadavia en la Junta Provincial de la Unin Monrquica Nacional de Ourense que presida el
propio Calvo Sotelo (Unin Patritica, 96, 18-IX-1930). Renovacin Espaola alcanz una
implantacin considerable en Ourense que fue la provincia en la que cosech mayores xitos
electorales durante la Segunda Repblica por que recuper a muchos prohombres locales de la vieja
poltica y recicl a ex-upetistas agradecidos a las gestiones del futuro protomartir. Los manifiestos
aludidos
se conservan en el M.E.R. (Fondo Rubn Garca, c. 27).
50
Vid. La Repblica (5-V-1930, 19-VII-1930, 27-IX-1930 y 23-V-1931). El Partido Republicano
Radical se benefici del capital simblico que an conservaban en la provincia los veteranos lideres
campesinos como Basilio lvarez o el propio Antonio Bujn en el caso concreto del Ribeiro. Aqu
contaba con comits radicales en las localidades de Arnoia, Avin, Beade, Castrelo de Mio,
Carballeda de Avia, Cenlle, S. Amaro, Santiago de Barbantes, Sta. Cruz de Arrabaldo y Vieite
(Leiro) segn los datos contenidos en el Libro de Oro del Partido Republicano Radical (18641934) que nos ha cedido generosamente Miguel Cabo Villaverde.
51
Vid. los artculos del secretario de la A.S. de R, Fidel Tovar titulados "Desde Ribadavia. Para el
seor Gobernador" (La Lucha, n. 6, 3-X-1931, p. 6) y "Ante una injusticia" (La Lucha, n. 17, 19XII-1931,
p. 11).
52
Vid. El Ribadaviense, n 1952, 14-XI-1931.
132

Las duras crticas realizadas por el Noticiero del Avia al modus operandi de la Dictadura indican
que las organizaciones catlicas que ya haban desafiado con xito al viejo caciquismo de los
partidos turnantes tambin podan criticar la gestin e incluso la propia legitimidad de los
gobernantes locales impuestos por el Directorio. Disponan para ello de una capacidad potencial de
movilizacin y respuesta partiendo de posturas 'de orden' que nadie podra confundir con etiquetas
revolucionarias. Los socialcatlicos se limitaban a la defensa estricta de los intereses econmicos
del campesinado identificados casi siempre, con un mbito parroquial que era el referente bsico
del campesinado gallego (Barreiro, 1996: 52-53), frente al carcter municipal y por lo tanto
artificial de los intermediarios polticos oficiales:
...La Dictadura tuvo sus aciertos, algunas cosas dignas de encomio y an
del agradecimiento de todos... En cuanto al caciquismo, nada hay
comparable al de la fenecida Dictadura. Caciquismo dictatorial,
despiadado, brutal, sin el pudor siquiera de las apariencias, sin apelacin,
desptico que ni el derecho de pataleo consenta... En 1924 el poncio D.
Salustiano Muoz nos suspendi el peridico con todos los nmeros
aprobados por la censura. Orden al abad de Ribadavia D. Leandro R.
Arcos comparecer ante el en un caf pblico para celebrar una conferencia
en lugar de citarlo en el ayuntamiento y convirti en cementerio parroquial
en municipal53
Si a esto le aadimos la difcil coyuntura que atravesaba la viticultura del Ribeiro debido a la
drstica reduccin de las exportaciones de vino espaol durante el perodo 1930/1935, a menos del
50% con respecto al quinquenio anterior (Pujol, 1986: 325), tendremos un escenario en el que se
agudizaba la competencia por el mercado gallego con los vinos bastardos de matute y la
conflictividad social. Los cosecheros y tcnicos vinculados al sector propusieron varias medidas
para frenar la superproduccin y favorecer a los vinos del pas ya fuese prohibiendo nuevas
plantaciones o eximindoles de impuestos municipales, pero la debilidad y desorganizacin de las
asociaciones de viticultores conjugada con el nulo peso poltico del sector no consiguieron
resultado alguno y los precios siguieron cayendo durante todo el perodo tal como puede deducirse
de los datos que ofrecemos en el anexo54. La situacin alcanz tal gravedad que todas las
instituciones se interesaron por la situacin del Ribeiro y ofrecieron soluciones. El director de la
Estacin de Fitopatologa Urquijo Landaluce, propuso difundir el cultivo del tabaco en la comarca
para amortiguar las consecuencias de la crisis puesto que el Ribeiro se haba convertido en claro

53
54

Vid. "El caciquismo en la Dictadura", Noticiero del Avia, 1090-XX: 3-VIII-1930.


El semanario Noticiero del Avia, rgano del Sindicato Catlico Vitivincola comarcal, transmite
una sensacin de alarma entre los cosecheros que estaba sobradamente fundamentada por la cada
del precio del vino desde las 52,55 pts./HI. de 1929 al mnimo de 27,1 pts./HI. en 1934 y el mx.
de 44,05 en 1935 (Beiras, 967: 191). Vase al respecto, el editorial "VITICULTORES: El vino no
se vende, la miseria ronda nuestros hogares, el Ribero se hunde" con el que les convocan a una
asamblea en abril de 1934.
133

ejemplo de los riesgos que comportaba el monocultivo de un producto comercial para las
economas domsticas, otrora protegidas de los vaivenes del mercado en el refugio seguro del
policultivo tradicional:
"Leccin terrible! No es Amrica, no son los grandes centros y emporios de
la industria los que ms nos deben atraer. La tierra, el campo, la
agricultura, es siempre donde la vida descansa ms segura... iEI coloso
pareca todo de oro, con sus ureos fulgores fascinaba al mundo y ahora se
le van viendo los pies de barro!".
"Por encima de todo, Galicia es el pas tpico del policultivo, es decir, de la
mayor variedad posible en las producciones... cuya prctica constituye el
mejor modo de luchar contra la crisis que sufre el campo "55
Las corporaciones de los municipios rurales se pronunciaron oficialmente contra la poltica
econmica de los gobiernos republicanos, especialmente frente a los acuerdos comerciales con
Uruguay, a la suspensin de las obras del ferrocarril Zamora-Ourense-Corua ya determinadas
clusulas del Estatuto del Vino que lesionaban claramente los intereses de la pequea produccin
familiar hegemnica en Galicia. Esto provoc la reaccin parlamentaria de Basilio lvarez, excura y lder campesino de las primeras dcadas del siglo que haba tejido una slida red clientelar a
partir de las directivas agrarias de la provincia y que ahora era el empresario poltico oficial del
Partido Republicano Radical de A. Lerroux en Ourense. La actuacin parlamentaria de Basilio
lvarez como diputado radical en las Cortes republicanas se caracteriz por la prudencia poltica
propia de un lder populista que sabe que el futuro no est escrito y pretende conservar el escao
que disfruta representando a un partido estatal sin enemistarse con las elites locales ni mucho
menos con sus clientelas rurales de la provincia. El viejo lder agrario abandon temporalmente el
ejercicio de la abogaca y el desempeo de su vocala en el Tribunal de Garantas
Constitucionales, para presentar sendas iniciativas parlamentarias defendiendo

55
Vid. Galicia Social Agraria, n.5 de nov. de 1930 y n. 60 de junio de 1935. El jefe de la Seccin
Agronmica de Ourense citaba el ejemplo del caf en S,o Paulo y del azcar cubano para persuadir
a los viticultores de los peligros de la excesiva especializacin productiva en aquel contexto de
crisis econmica mundial. La solucin propuesta pasa. ba por reducir la superficie cultivada
dedicando las tierras de las veigas o valles a otros cultivos, restringiendo de nuevo, el de la vid a
las soleadas laderas que haba sido su locus tradicional hasta fines del siglo XIX. Vid. El Noticiero
del Avia, 20-V-1934. Este semanario es an ms explcito a la hora de explicar la causa de la crisis
mundial aduciendo que "la sociedad contempornea se hunde en el cenagoso abismo de un
materialismo asfixiante" (Noticiero del Avia, 12-III-1933) y propone medidas de recuperacin
econmica y moral en la lnea corporativista del socialcatolicismo. Los coetneos como Andrs
L.A. conservan an la memoria de las transformaciones del paisaje agrario en la veigas de la
comarca: "Antes haba millo e lameiros na veiga, en todo aquelo que est ahora embalsado en
Sampaio... Viera moita cepa de afora cando foi a filoxera e empezaron a porlle via as veigas
porque era moito mais rentable co millo... Puxeran castes de mais produccin na veiga: o jerez foi
o primeiro que se empezou a poer porque daba o triple do treixadura e daquela a xente o que
queira era encher os pipotes e que estuvera ben de paladar porque levaban todo... E despois en
tinto a garnacha que tamn lIe chaman Alacante... Entre as vias collase herba e non se abonaba
casi nada porque chegaba co limo que deixaban as crecidas do ro que casi todos os anos cubra a
veiga. Eu cheguei a facer a poda e a rodriga nunhas barcaletas porque non acababa de baixar a
auga".
134

la necesidad de reforzar la vigilancia del ganado vacuno en las estaciones de ferroviarias, la


reanudacin de las obras del ferrocarril y de las carreteras interiores para facilitar la exportacin de
la produccin y aliviar la crisis laboral que tantos conflictos sociales alimentaba y especialmente, la
urgencia de modificar el Estatuto del Vino que prohiba la comercializacin de caldos con una
graduacin etlica inferior a los 8 grados de alcohol lesionando los intereses de los cosecheros
ourensanos del Ribeiro, Valdeorras y Monterrei.

3.- Eplogo.
Hemos visto que las bases sociales, dirigentes y objetivos de las organizaciones campesinas no
se diferenciaban sustancial mente por su ideologa socialcatlica o 'de clase', pues aquellas se
movilizaban y protestaban contra el fraude del matute, las arbitrariedades caciquiles e incluso
contra los foros junto con las agrarias que tambin estaban dirigidas al principio por el mismo
sector de propietarios acomodados. La preponderancia cuantitativa al menos, del sindicalismo
catlico que puede verse en el cuadro 6 del anexo confirma que el monocultivo de un producto
para el mercado obliga a sus productores a priorizar la defensa de las condiciones de acceso a ese
mercado, secundarizando las reivindicaciones polticas y haciendo ms atractivo por lo tanto, el
modelo corporativo de sindicato socialcatlico. Disponemos tambin de evidencias sobre el
compromiso sociopoltico de todas estas organizaciones para conseguir en definitiva, un lugar
digno bajo el sol que haca madurar las preciadas uvas:
"Al presentar esta proposicin-proyecto de redencin de foros aprobado por
las colectividades Amoeiro no pretendemos arrebatar el derecho que a cada
seoro le corresponde ni mantener una resistencia pasiva y caprichosa...
Los aos son tambin de miserias, cuando se concibe la esperanza de
recoger el fruto, las heladas, las lluvias o la falta y exceso de estas y el calor
lo arrebatan, quedando la nica solucin de la emigracin, separndose de
los seres queridos que sin poder trabajar las tierras y solo vendindolas
sobreviven... Perdimos toda esperanza en los gobiernos... Solo los seoros y
nosotros podemos llevar a cabo obra de tanta trascendencia social con el
espritu de fraternidad en que la convivencia social se inspira y debe presidir
la sociedad...56
Los vitivinicultores del Ribeiro hubieron de enfrentarse a partir de 1936 y durante la longa
noite de pedra de la postguerra a la escasez de insumos recurriendo a las redes del mercado negro
para conseguir el sulfato que las

56
Extrado de la Carta de la Sociedad Agraria Accin Gallega de Amoeiro firmada por Jos
Gonzlez Conde y el abogado Juan Carid en calidad de presidente y secretario a la familia Lpez
Pardo, recogida por L. Domnguez (1992: 86 y 87) y conservada en el Archivo del Pazo de
Casaldereito, armario 1, libro 44.

135

Hermandades Sindicales de Labradores no repartan y desviaban al estraperlo y a comienzos de


los aos sesenta surgieron iniciativas de tipo cooperativista en el mbito de la comercializacin del
vino y otras alternativas agroindustriales cuando el embalse de Castrelo de Mio aneg el valle
mas frtil de la comarca empujando a sus habitantes a la emigracin a Vigo, Ourense o Europa.
durante el primer franquismo. Las dos aproximaciones de L. Domnguez (1995b y 1996) a los
avances del cooperativismo en la comercializacin del vino durante ese perodo concuerdan con la
hiptesis de que la debilidad del cooperativismo redujo tanto la capacidad productiva de las
explotaciones domsticas como de accin sociopoltica de las organizaciones campesinas
afectando negativamente a la eficiencia global del sistema agrario (Simpson, 1997: 303-307) y
expulsando a la postre a los hijos de aquellos labriegos que fueron capaces de crear una cultura del
vino en simbiosis con la naturaleza que hoya duras penas podemos conservar. Contamos tambin
con una abundante literatura social tanto coetnea como posterior, que denuncia la destruccin del
paisaje agrario del Ribeiro a consecuencia de las transformaciones desarrollistas de los sesenta.
Veamos como ejemplo, la descripcin realizada en su da por B. Casal (1984: 144-145), nostlgica
del pasado y pesimista respecto a un presente que se proyectaba hacia el futuro, que contrasta con
los recuerdos de uno de los ms destacados protagonistas de las aventuras cooperativistas que los
ribeiraos emprendieron en aquella poca:
Os solos da veiga baixa, nos que o Mio sedimenta limos e terras de
grande fertilidade, non precisan adubos e a sa productividade
extraordinaria con cultivos intercalados entre as ringleiras de cepas, sobre
todo millo, patacas, verduras e legumes, o que aumenta notablemente a sa
rendibilidade... A industria est vencellada produccin de vio, base
fundamental do bo nivel de vida deste concello. No 1966, denantes de que o
embalse asulagara o val, a renda per cpita de Castrelo era de 25.250 pts.
fronte a media provincial de 7.893 pts. e a produccin de vio acadaba cara
1966 os 25 millns de litros... Esta situacin privilexiada onde a emigracin
era practicamente nula, mudou radicalmente a consecuencia da
construccin do salto que asulagou as mellores terras... Ningunha industria
tan vella como a da elaboracin do vio, o peso do tradicional segue a
xogar un papel destacado. a modernizacin de mtodos tcnicos e trebellos
tarda en coallar pola resistencia a desbotar o modo de face-lo vio 'como se
fixo sempre na casa'. Tdolos productores teen o seu vio polo de mellor
calidade e meirande sona e coidan que non hai razn para muda-lo mtodo
de elaboracin que en cada adega familiar se vai transmitindo de pais a
fillos. Nestas pequenas adegas o traballo faise aman ou moi pouco
mecanizado, a produccin ben cativa e a vinificacin rudimentaria,
consecuencia dun descoecemento e mesmo des-

136

precio da Enoloxa, que se alcuma de 'qumica' acusndoa de ser a causa e


orixe de todolos males do vio... Os resultados das cooperativas, pola
necesaria tipificacin non son moi aleccionadores"57
La puesta en marcha del Consejo Regulador y de la Denominacin de Origen del Ribeiro
impuls la mejora de la calidad de los caldos homogeneizando sus caractersticas enolgicas,
favoreci la modernizacin de las explotaciones replantando con variedades autctonas y el
proceso de autoorganizacin cooperativa de los campesinos de la comarca en dos mbitos
econmicos tan diferentes como la vinificacin y las granjas avcolas de Coren que introdujeron en
la comarca un grupo de arriesgados empresarios acaudillados por Eulogio Gmez Franqueira en
los aos sesenta (Romn Daz, 1993: 303, Domnguez Castro, 1996). La produccin de uva
disminuye actualmente debido al envejecimiento demogrfico combinado con la falta de relevo
generacional en la gestin de unas explotaciones de escasa rentabilidad. El 30% de los viticultores
tienen ms de 60 anos y un alto porcentaje ejercen la pluriactividad como viticultores de fin de
semana. Se estn difundiendo sin embargo, los cultivos en clima artificial que constituyen junto
con la explotacin forestal una fuente complementaria de ingresos. El Ribeiro produce desde
entonces, excelentes blancos plurivarietales de Treixadura-Torronts-Loureira e interesantes tintos
en los que actualmente predomina la uva garnacha Tintorera frente a la trada clsica integrada por
el Brancellao, el Cao y el Sousn (Hernez Maas, 1993: 143-144). Vinos que desmienten el
extendido tpico que presenta a los caldos gallegos como flojos y cidos y ello a pesar de recientes
aventuras empresariales con un tufillo mafioso que han afectado a la credibilidad de los vinos del
Ribeiro en los mercados y al futuro de las explotaciones familiares que constituyen por el
momento, la nica garanta de futuro de esta denominacin de origen ya que la cooperativa de
viticultores no ha asumido an la produccin vitcola y mantiene restringidas sus actividades al
mbito de la vinificacin.

57

Andrs L. A. recuerda por el contrario, el aspecto positivo de este proceso de cambio acelerado:
"Fixemos a Cooperativa Vitivinicola para vender mellor o vio, porque vendamosllo s
corredores por olas e levbano en bocois ou en pipas... Despoixa coa Cooperativa xa non haba
corredores por que llo venda a cooperativa direitamente s clientes. E embotellado que era o
que se buscaba!. O gran cambio foi o embotellado... Cando empezamos coa Cooperativa e co de
Coren os paisanos apuntbanse dificilmente... Anduvemos polas tabernas dndolles explicacins,
despois unhos queran e outros non. Foi difcil e tuvemos moitos atrancos porque aquelo non
estaba pago que se fixo todo sin un can e houberamos ido polo ro abaixo se non foran os cartos
que estaban chegando da emigracin a Europa e que se repartiron moito. "
137

Fuentes y Bibliografa.
l.-Fuentes documentales y hemerogrficas.
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141

Anexos Documentales:
La importancia de las redes microsociales de dependencia personal para la mobilizacin
sociopoltica del campesinado insuficiente en el Ribeiro:
1.- "En Bimieiros ou nas fincas de D. Andrs o Ramiranes ou de D. Emilio Vzquez que viera
de Chile e comprou unha finca grande, andaban sete ou oito homes diarios todo o ano. Eiqu na de
Bimieiros o D. Silvio tia polo visto un encargado que era un cabrn. A ma levantbanse e iban
dez homes pral, pero se cadra solo haba oito aixadas ou seis e tirballas por unha ventana, o que a
colla poda ganar o da e o que non a colla xa se poda volver para a casa. Aquelo era unha boa
esclavitude!... O que tian de bo esas casas era que os que tian fixos non perdan un da no ano,
mais cos que lIe fixeran falta para eles. Eiqu na de Ramiranes catro andaban diarios, ises xa eran
fixos chovese ou nebase, porque poaos a picar lea ou a facer madeira que xa a tian cortada
acolleito na casa, ou sacar unha corte de esterco, ou estrumarlle gando... Nas outras casas si
chova xa non te queren e eses catro tian que facer sempre"58.
2.- "Antes meu pai andaba xornal pero despois estbamos nunha posicin moi boa cando
entramos de caseiros naquela casa que era a mais rica do municipio e a nos o pueblo queranos
moito porque dbamoslle que facer diario a cinco ou seis homes. O que non dbamos traballado
nos, facamolo a xornales e vanse ofrecer a traballar que empezaron a ganar 2 pts. e eu
aumenteilles a 4 e logo ltimo xa era a duro... A xente iba xornal e non cobraba para que logo
os ricos lIes deixaran cartos ou por si haba que ir a un xuzgado ou a unha xusticia, que volvesen
por eles. iHaba aquelo de estarlle sumisos rico e daquelas tian que votar todos dereita, hasta
que se foi mentalizando a xente e coas agrarias foise abrindo camio... Eu sempre lIe subn s
obreros porque antes a rompida do dia estaban el sete ou oito homes para cavar, dbaselle a copa e
despois coman o almorzo... Dbamoslle de comer a case todo o pueblo porque tiamos uns vecios
que valan para axudar. Todo iba moi ben porque so se pagaba mau de obra nas cavas, sachas e para
sulfatar. Xa tamos obreros fixos que sempre andaban nunha cousa ou noutra porque a cava duraba
unhos quince ou vinte dias, terminbase e xa empezaba a colleita da herba e despois vian as
sulfatas e a vendima... Tamos el tres ou catro criados que eran xente nova para ir co gando... As
mulleres vian axudarnos sega e sacha pola comida que nadie as chamaba e botaban seis ou sete
das na casa...

58

Memoria de vida de Ricardo Gmez Freire de Ventosela, p. 34 de la trancripcin fontica. Otros


informantes insisten en la cuestin de las azadas como recurso del encargado para subrayar
simblicamente la distincin social con los campesinos que competan para ganar un jornal: "Nesa
casa de Bimieiros e noutros es grandes que collan a 500 moios de vio e traan 7 ou 8
xornaleiros, mellor presentbanse 9 ou 10 para traballar e entonces tirbanlles as aixadas, a
ferramenta para traballar. O que non a colla xa non poda traballar... Eso facano casi todos os
ricos, porque a fame era moita que si un fulano quera casar cunha rapaza, tia que ir pedir
traballo antes onda un seor dises e decalle: 'Xa me veen por 2 pts., si ti me ves por 5 res
entonces si'. Es era a fame e esas casas daban moito xornal todo o ano". Extrado de la memoria
de vida de Antonio V. I. de A Grava, Ribadavia, pp. 2 y 3 de la transcripcin fontica.
142
Na vendima xa era mais caro porque traamos sete mulleres de Quelle, de Mugares ou de Untes que

botaban oito das e dorman na casa... Todos pedan traballo porque era moita a fame e cando era a
hora de comer sempre haba vinte na finca... Non se Ile pagaba a nadie, toda a xente via escascar
por levar o casulo para facer o colchn da cama, vannos axudar a escasca polo casulo e mismo
para cavar que era o traballo mais duro para que Ile deixasen levar a herba de entre as cepas porque
moita xente non a tia. A xente iba traballar pala comida hasta que empezou a emigracin que
entonces a mau de obra empezou a escasear...
...Cando eu era rapaz e anda viva o Rei haba unhos ricos que facan as eleucins e despois
dbanlle pan e vio s que votaban pra dereita. Vea pan e vio hasta emborracharse e panse a
cantar... Pero fomos os rapaces dos de izquierdas porque os pais decannos: "Vos vide connosco e
al xuntades pedras para despois cando fgamos a batalla!"... Formouse o folln e empezaron coas
pedras para que non fosen votar. Como venganza porque a aqueles mantanos polo voto aquil da e
s que luchaban por Basilio lvarez non, que o don Basilio non estaba presente pero daba
instruccins... E ademais haba censura na votacin que facan iles o que queran porque poan o
presidente e despois vaciaba n o censo e xa tanto tia que votaras s dereitas ou s izquierdas
porque daban o pucherazo... Lago as agrarias foron crecendo e en Alongos batallamos contra desto
e fixmoslle unha angueira as dereitas moi grande no ano trinta e seis que entonces xa haba
Repblica e eu fun o organizador do grupo galeguista eiqu no municipio de Ton cando fixemos
unha sociedade que se denominaba Hermandade Galeguista co que antes xa era un sindicato laboral
e anque non rezaba, tamos unha certa ideologa todos os traballadores. Despoixa no ano 1934
cando se empezou a revolver pola Autonoma a seccin agraria pasou a fomar parte do grupo
galeguista, porque os sindicatos daquelas estaban na mau da cacicada das dereitas e porque o
Partido Galeguista quera dar un salto a Poltica e cumprianlle as forzas agrarias dos paisanos... O
aiuntamiento ou o xuzgado tia poderes para nombrar s presidentes das mesas e nombraban mais
vello de cada sitio para que lle asistisen eleucin e que lle houbese ise respeto que se lle tia. Pero
non lles pasou eso porque entre un que era de Izquierda Republicana e eu que era do Partido
Galeguista pero bamos todos nunha papeleta polo Frente Popular, organizamos a eleucin pondo a
tdolos adjuntos e interventores de izquierdas, menos o presidente da mesa que o elexiu o xuzgado
e nombraron a un vellio que tia a idea das izquierdas e xa non tia moito espritu... Chegou o da
de xuntarse para constitur a mesa electoral e cada un nombraba s apoderados e interventores que
tian poder notarial para ir ver as outras mesas. Xuntronse o cura de Alongos e dous adjuntos dos
mais ricos e fxose a mesa e o presidente levou os papeles para a casa del.. Eu chameino, saqueille a
chave da mesa, dinlle o xantar e dxenlle: "Vamos a ver: Vde. de Izquierdas ou de Dereitas?,
Vde. que ?". "iEu vou convosco que eu son de Izquierdas!". Entonces prepareille un

143

paquete de escrituras vellas, dinlle unha chave vella dunha porta e dxenlle: "Vde. ahora vaise con
iste paquete para a sa casa!. Estoutra chave qudame a min e cando vea de volta colle a chave
onda min e brese a eleucin". Pero a cousa non foi es porque no camio xa o esperaban os de
dereitas co cura de Xestosa e co carteiro de Alongos para facer a misma angueira e despois eles
engaaron presidente cando faltaban tres ou catro das para a eleucin e metrono nunha cuba
pensando que tian el o porvenir... Nos o sbado fomos a Ourense onda os polticos das Izquierdas.
Levamos as cousas pral e vaciamos o censo ante un notario que se prestaba para lle roubar a firma
s adjuntos e presidente, porque xa levbamos as actas selladas da mesa cando fixemos a
constitucin e por aquelas o notario sacounas igual e dixo: "Imos facer a eleucin e despois estas
son as que se van remitir Gobierno Civil"... O domingo xa era a eleucin e veu o coche do Pieiro
cargado de xente e xa trouxeron presidente que xa o fixeran cantar porque iban ca misma mira...
Aclarouse que eles tamn fixeran o pucheirazo igual ca ns e dxenlle a dous mozos que eran de
izquierdas: "Hai que raptar presidente: colledelo, levdelo a casa do Indalecio, deixdelo al
encerrado e que non se sepa nin il onde queda"... Collrono lombo neste medio tempo que nos
estbamos co barullo de abrir ou non abrir a porta da escuela... Cando vieron de volta dixemos:
"Ahora como non hai presidente, non hai eleucin!"... Quedouse es unha hora e xente facaselle
tarde e queran comer e eles traan o pan no ltimo coche da Empresa Pieiro que levaba s
electores que tian as dereitas... Haba un camio que non suban os coches porque era moi
pendiente e entonces eu dixen "cando vean podesvos s lados do camio e empezades a pedras
co que traia o pan, hasta que o fagades escapar"... Colleron o pan e trouxrono para onde tiamos
presidente escondido e al comemos e fixemos cantar presidente... Fomos falar co presidente de
Izquierda Republicana que era o que representaba a Orense e entonces recibiunos o Gobernador
Civil e dxonos "Bueno, pues vayan Vdes. buscar al presidente!"... Levmolo el cantou coma unha
rata: "A min levronme, metronme nunha cuba, tivronme el pechado en canto non veu a eleucin
e tuven que lles firmar os papeles outra vez. Cando veu a eleucin, cambironme de roupa,
dronme iste rel e istes pantalns e metronme no coche do Pieiro". Con estas cousas dxonos o
Gobernador: "Ahora van Vdes. abren el colegio y se celebra la eleccin que yo estoy sabedor de
todo esto!"... Volvemos pra casa, comemos e despois fomos abrir a eleucin, pero xa bamos todos
calientes. Haba un home moi fuerte que colla a dous homes e bataos es, pxose na porta, abruse
a eleucin e solo votbamos os de izquierdas. Os outros facan o que podan: un tiraba pedras por
el, outro via cun angazo e outros con forcados, pero aquel home quereren entrar a porta facalles
a zancadilla e al non entraba nadie. Nos fixemos a eleucin, escurecer marchamos a Orense con
ela, presentmoslla Gobernador Civil, estvoa examinando e dixo: "No s lo que puede pasar,
pero si esto est bien le daremos curso al colegio electoral!". Non soubemos si llo deu ou si non,
salimos del e na calle os altavoces xa deron a noticia que ganara as eleucins

144

por moita maiora o Frente Popular... Despois perseguronme e queimei os papeis para salvar s
vecios... Cando volvn da crcel elexronme para a Hermandade"59.
3.- "Os de S. Andrs e Esposende era mais pobres cos de Sampaio. Del vian moitos
xornaleiros traballar a mia casa... Andaban todos a pedincha, porque meu pai dballes traballo...
Moitos tian vacas ou tian bois e dedicbanos que lIe chamaban "os carretas" que era levar o
via a estacin de Ribadavia en bocois... Vian as noites as mulleres que suban gratis a esfollar e
dbaselle a merenda... Despois chegamos a non coller ningn millo porque esa terra pxose de
viedo... Co millo facan o pan porque coman bica de pan de millo e repartana bn con pescado
cando via unha sardieira cunha tina a cabeza... Haba quen podia comer unha sardia enteira e
haba quen tia que partir unha medio para dous... Ns traballabamos o de Sampaio con
xornaleiros e tiamos caseiros na casa da Cua e nunhos pazos que tiamos en Castrelo... En
Sampaio traballbamos con xornaleiros que vian a man dez ou doce ou quince homes e seis ou
sete mulleres cando era a poda, a cava ou a sacha... Na vendima xa vian de fora que traa eu unhas
trinta personas de Cubelo, encima de Meln e traia polo menos quince mulleres... E haba que ir coa
xente porque os de Sampaio sempre me axudaban a vendimar as vias e si chovia facalles un lume
no patio para quentrense e traallles unha gaita para que bailaran e non se marcharan, porque
despoixa para xuntalos mandaba... Para dar o sulfato traa cinco homes con cinco mquinas e cinco
mulleres carrexndolles e outras das mulleres xuntando auga na pipa e facendo o sulfato. A nasa
casa cabo do ano, daba un montn de xornales para a xente darredor. Eu era coma quen di o pai
dos pobres"60.

59
60

Extrado de la memoria de vida de Gonzalo R. P. de Alongos (Ton, Ourense).


Extrado de la transcripcin fontica de la memoria de vida de Andrs L.A. de Sampaio de
Ventosela.
145

CUADRO 4: ASOCIACIONISMO CAMPESINO EN EL RIBEIRO OURENSANO: 1900 - 1936


Fecha de fundacin
y de la ltima
n de socios y funcin en estatutos
mencin

Nombre de la organizacin

Parroquia y
ayuntamiento

Sindicato Agrario Catlico

A Grova

F.: 27-VII-1919
Ex.: 24-1-1923

34

S.A.C. de S. Cristbal de
Regodeign

Beade

F.: 13-VII-1919
Ex.: 14-1-1930

107

S.A.C. de Sta. Mara de


Beade

Beade

F.: 27-XI-1919
EX.14-1-1930

S.A.C. de S. Mauro de
Regadas

Beade

F.: 24-11-1919
Ex.: 14-1-1930

Soco Republicana Radical


Agraria

Beade

F.: ?
Ex: 1932

Sind. A. Comarcal de Beade

Beade

Caja Rural Catlica

Sta. Cruz de
Arrabaldo, Canedo

S.A.C. de S. Esteban de
Novoa

S. Esteban de Novoa,
Carballeda de Avia

F.: 14-VII-1919
Ex.: 14-1-1930

18

Sindicato Agrcola de S.
Miguel de C.

Carballeda de Avia

F.: 9-6-1919
Ex.: 14-1-1930

70

S.A.C. de Vilar de Condes

Carballeda de Avia

F.: 24-XI-1919
Ex.: 14-1-1930

S.A.C. de S. Pedro de Beiro

Beiro, Carballeda de
Avia

F.: 24-XI-1919
EX.:14-1-1930

Sind. Prof. Agrcola de


Castrelo de Mio

Cortias, Castrelo de
Mio

F.: 13-XII-1907
Ex.: 14-1-1930

Sociedad Agrcola

Castrelo de Mio

Ex.: 25-2-1908
y 28-7-1909

Soco de Agricultores

Cenlle

Ex.: 28-7-1909

S.A.C. de S. Lorenzo da Pena

Cenlle

F.: 16-XI-1920
Ex.: 14-1-1930

F.: ?
Ex: 1932
F.: 1903
Ex.: 25-2-1908 y
28-7-1909

146

S.A.C. de Laza
S.A.C. de Cenlle

Cenlle

F.: 23-VI-1921
Ex.: 14-1-1930

Xubn, Cenlle

F.: 20-X-1919
Ex.: 14-1-1930

Guardera Rural

Lebosende, Leiro

Ex.: 28-7-1909

Guardera Rural

Vern, Leiro

Ex.: 28-7-1909

Soc. de Guardera

Vieite, Leiro

Ex.: 28-7-1909

S.A.C. de S. Versimo de
Vern

Vern, Leiro

F.: 11-VI-1919
Ex.: 14-1-1930

Leiro

F.: 14-111-1916
Ex.: 14-1-1930

Sind. Agre. de S. Clodio


Sindicato Agrcola de
S. Adrin de Vieite
Trabajadores y Agricultores
S.C.A. de Quines
S.A.C. de S. Versimo
De Pontedeva
Sind. Prol. Agrcola
Sind. 'Liga de Campes. y
Ganaderos'
Soc. de Agricultores
o Agrcola de S. de
Sindicato CatlicoAgrario de Ribadavia
S.A.C. local de Ribadavia

S.A.C. Comarcal de Ribeiro


De Avia y Mio
Soc. de Agricultores
De S. Amaro

Vieite, Leiro

F.: 13-VI-1919
Ex.: 14-1-1930

Meln

Ex.: 28-7-1909

Quines, Meln

F.: 1-VIII-1918.
Ex.: 25-12-1924

Pontedeva

F.: 23-VI-1921
Ex.: 14-1-1930

Punxn

F.: 22-V-1907
Ex.: 14-1-1930

Barbantes, Punxn
Sampaio de
Ventosela,
Ribadavia
Teatro de Sto.
Domingo,
Ribadavia
Ribadavia

Ribadavia
Cruceiro de Montes,
S. Amaro

40

60

60; Proteccin mutua

F.: 31-1-1928
Ex.: 14-1-1930
F.: 1904 - 1908
V.Ex.: 25-12-1924

90; Resistencia

F.: 1-VIII-1918
Ex.: 25-12-1924

256; Mutuo auxilio

F.: 31-111-1920
Ex.: 14-1-1930
F.: 5-V-1926
Ex: 14-1-1930
F.: 27-VII-1915
Ex.: 25-12-1924

147

200; Mejora
vida moral y material

Soc. de Agricultores
Alongos, Ton
y OO. W. de Alongos
S.A.C.
S.A.C.
S.A.C. de S. Pedro de
Moreiras
S.A.C.

F.: 24-VIII-1920

120; Fomento
Ex.: 24-1-1923

Alongos, Ton

F.: 23-VII-1919
Ex.: 14-1-1930

Mugares, Ton

F.: 22-VII-1919
Ex.: 14-1-1930

40

Moreiras, Ton

F.: 27-VII-1919
Ex.: 14-1-1930

54

F.: 10-VIII-1919
Ex.: 24-1-1923

53

Vide

de la agricultura
40

Soc. Agraria de Punxn

Punxn

(*)

126

Soc. Agraria de Puga

Puga, T on

(*)

50

(*)

40

Soc. Agraria de Sta. Cruz de


Arrrabaldo, Canedo
A.

FUENTE: Censos electorales del Instituto de Reformas Sociales del M. de Trabajo, publicados en el
Boletn Ofcal de la Provincia de Orense; Actas de las sesiones del II Congreso Provincial Agrario,
celebrado en Ourense, 19 y 20 de febrero de 1922(*); y Anuarios Bailly Bailliere de 1932.
SMBOLOS: F.: fecha de fundacin; Ex.: fechas en la que an existen y funcionan segn el BOP.
CUADRO 5: BENEFICIOS OBTENIDOS PARA SU DISTRITO ELECTORAL DE RIBADAVIA POR El
DIPUTADO CONSERVADOR ESTVEZ CARRERA ENTRE 1914 Y 1915
BENEFICIARIO
GESTIN REALIZADA
N.
% DEL TOTAL
DIRECTO
Resolucin favorable Exptes. de Quintas

Particularizado

4,76

Remocin de peatones y carteros nombrando a


otros

Particularizado

9,52

Creacin de carteras nombrando titulares

Particularizado

10

23,80

Nombramientos y ascensos de pen y capataz


de Camineros
Traslados de destino y reposiciones en Correos
y Telgrafos
Remocin expendedores de tabacos nombrando
a otros

Particularizado

7,14

Particularizado

9,52

Particularizado

4,76

Creacin de estancos nombrando titulares

Particularizado

4,76

Pblico

11

26,20

Pblico

9,52

TOTAL BENEFICIOS PARTICULARIZADOS

27

64,26

TOTAL BENEFICIOS PBLICOS

15

35,72

TOTAL

42

100

Obras pblicas: carreteras, caminos,


abrevaderos, aceras...
Otros beneficios de utilidad pblica

FUENTE: Elaboracin propia a partir de El Noticiero del Avia, 324-V: 13-III-1915

148

CUADRO 6: PRECIOS DE MERCADO DE LOS PRODUCTOS AGROPECUARIOS EN LAS FERIAS


LOCALES DEL RIBEIRO: 1894-1933
YUNTA DE
BUEYES

PRODUCTO
FECHA

Trabajo

VACAS

Cebo

Leche con cra Preadas

7-VI-1894 400 a 510


VI-1908

250 a 375 375 a 450

15-X-1910

600

1.500

CERDOS
Secas

Cra

225 a 300

200 a 275 150a225

70 a 125

20 a 40

260 a 325

200 a 260

70 a 130

70 a 75

250

120

100

50

2,05/Kg.

17-VI-1933

Terneras

1,66/Kg

VINO(1)

Cebo Aejo Joven Tostado

130

70

4/Kg

55

60

70

FUENTE: Elaboracin propia a partir de El Derecho. Diario Democrtico de Orense IV, 918: 26-VI-1894), Galicia. Revista
Ilustrada (III, 11: 1-VI-1908), Noticiero del Avia (I, 1. 15-X-19101 y El Ribadaviense (XXXIX, 2034: 17-VI-1933).
NOTA: El precio del vino viene dado por 1 moya (128 l.) para el aejo y el joven y por 1 olla (16,5 l.) para el tostado.
CUADRO 7: POBLACiN EN LOS AYUNTAMIENTOS RURALES DEL RIBEIRO: 1922-1944
POBLACIN EN 1922
POBLACIN EN 1932
POBLACIN EN 1944
AYUNTO

De hecho Drcho.

Ausentes%

De hecho

Drcho.

Ausentes%

De hecho Drcho.

Ausentes%

BEADE

1793

1797

0,2%

1699

1893

194

10,24%

1.212

1.391

179

12,8%

CENLLE

4292

4738

446

9.41

4646

5174

528

10,20

5.115

5.530

415

7,5

LEIRO

4933

5405

472

8.7

5111

5419

308

5,68

4.380

4.714

334

MELN

3465

3901

436

11,17

1395

1739

444

25,53

3.408

4.174

766

18,35

FUENTE: elaboracin propia a partir de los Anuarios Bailly Bailliere de 1922 y 1932, y del Anuario Riera de 1944.

149

MINIUS VIII, 2000, pp.151-163

O anarcosindicalismo no sector pesqueiro: orixe e desenvolvemento da Federacin


Nacional de Industria Pesquera

SCAR FREN HERNNDEZ


Universidade de Vigo

Resumo:
scar Fren Hernndez: O anarcosindicalismo no sector pesqueiro: orixe e
desenvolvemento da Federacin Nacional de Industria Pesquera.
O presente traballo pretende facer un achegamento s federacins de indusrtria no sector
pesqueiro, unha das experiencias de mis xito desenvolvidas por parte do anarcosindicalismo
galego entre 1925 e 1936. O mis salientable deste proxecto foi o seu carcter innovador,
adiantndose aprobacin por parte da CNT do modelo sindical en federacins de industria, e a
consolidacin do mesmo entre o operariado galego ocupado no sector pesqueiro.
Abstract:
scar Fren Hernndez: The anarcho-syndicalism in the fishing sector: origin and
development of the National Federation of the Fishing Industry.
The present work tries to approach to the industry federations in the fishing sector, one of the
most successfull experiences developed by the galician anarcho-syndicalism between 1925 and
1936. The most important of this project was his innovatory kind, improving to the CNT approval
of the syndical model in industry federations, and to his consolidation between the galician fishing
workers.

151

No perodo comprendido entre a segunda metade do sculo XIX e as primeiras dcadas do XX,
o sector pesqueiro galego experimenta un proceso de modernizacin vencellado a unha serie de
circunstancias favorables como o aumento do volume de negocios, o incremento da produccin ou
o crecemento da poboacin ocupada no sector que van a convertir a esta actividade no grande
referente do proceso de industrializacin galego. Este proceso modernizador inciase a partir dos
anos oitenta do sculo XIX, e nel van xogar un destacado papel o desenvolvemento da industria
conserveira e a conexin ferroviaria do litoral galego co resto da pennsula, aspecto este que vai
facilitar o aumento da comercializacin do peixe fresco en Espaa. Como factores mis inmediatos
de esta transformacin podemos citar a superacin de vellas artes de pesca por outras mis
modernas e o incremento dos barcos de vapor1. Outro aspecto de importancia ser a ampliacin
dos caladoiros en terras do norte de frica, nas Canarias e no Atlntico Norte, gracias, en parte,
lexislacin favorable desenvolvida polo Estado durante a primeira dcada do sculo XX2.
O crecemento da fabricacin de conservas en Galicia vaise producir a partir dos anos oitenta do
sculo XIX. A iniciativa dos industriais catalns e a chegada de tecnoloxa francesa froito do
investimento realizado por mor da crise sardieira na Bretaa, van ser os elementos mis
salientables deste proceso que ten na industria do salgado a sa referencia mis prxima3.
Rapidamente Galicia vai liderar a produccin conserveira dentro do Estado espaol e Vigo se vai
convertir no porto pesqueiro mis importante da pennsula. A consolidacin ter lugar no primeiro
tercio do sculo XX cando a produccin da industria conserveira se multiplique por sete,
constitundose as na principal exportacin de productos manufacturados do conxunto do Estado, tal
e como xa ten apuntado o profesor Xon Carmona4. O sector pesqueiro era pois a punta de lanza da
industrializacin galega, e ademais do volume de negocio e de capital que mova, era tamn unha
actividade que demandaba, directa e indirectamente, unha considerable man de obra. Nos
traballadores deste sector , precisamente, no que queremos reparar neste artigo, e mis
concretamente no artellamento dun sindicalismo de clase vencellado ideoloxa anarcosindicalista
que tivo como entidade mis salientable Federacin Nacional de Industria Pesquera adherida
Confederacin Nacional del Trabajo (CNT).
A sindicacin no medio pesqueiro ten lugar dende finais dos anos noventa do sculo XIX
coincidindo co conflicto entre as artes do xeito e a traa. Sern os socialistas os que capitalicen o
asociacionismo pesqueiro en Vigo e no con-

Unha anlise polo mido deste proceso en BREY, Grard: conomie et mouvement syndical en
Galice, 1848-1911, Lille, Atelier National de Rprographie des Theses, 1990, pp. 470-501 e
GIRLDEZ RIVERa, Jess: Crecimiento y transformacin del sector pesquero gallego (18801936), Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentacin, 1996, pp. 221-25
2
GIRLDEZ RIVERa, Jess: Op. cit., pp. 209-213.
3
CARMONA BADA, Xon: "Crisis y transformacin de la base industrial gallega, 1850-1936",
Jordi NADAL e Albert CARRERAS (Coord.), Pautas regionales de la industrializacin espaola
(Siglos
XIX y XX), Barcelona, Ariel, 1990, pp. 23-48.
4
Ibidem, p. 39.
152

xunto das Ras Baixas, mestras que en A Corua ser o operariado local o que atraia cara aos
principios sindicalistas aos traballadores do sector. Neste caso hai un pronunciamento de diversas
sociedades obreiras apoiando s traas, no conflicto que mantian cos xeitos, fundado en que
aquela arte proporcionaba mis postos de traballo e un prezo mis asequible ao peixe. Pola sa
banda, os socialistas vigueses tentan a atraccin cara UGT dos pescadores de ambas as das
artes5, Na primeira dcada do sculo XX aparecen as primeiras sociedades de pescadores en A
Corua como La Humanidad Libre, fundada no mes de xullo de 1902, e La Unin Martima, en
marzo de 19066. Seguindo en A Corua, nos primeiros anos dez constitese o sindicato de
pescadores El Despertar Martimo que, a partires deste momento, se vai a convertir no mis
importante do sector na cidade herculina.
Pero teremos que agardar ata a dcada dos vinte para que se produza o proceso de articulacin
dunha federacin de industria pesqueira da CNT galega, dndose os primeiros pasos neste senso
nos ltimos anos da Restauracin e consolidndose en plena dictadura primorriverista. Na
primavera do ano 1921, mis concretamente a finais do mes de maio, constatamos os primeiros
contactos formais para a constitucin de un sindicato de traballadores do mar na cidade de Vigo no
que participaran traballadores de diferentes oficios, algns deles non vencellados directamente co
sector pesqueiro. Estara integrado por camareiros e cocieiros martimos, maquinistas e fogueiros,
manipuladores, pescadores e marieiros, contando entre os promotores desta iniciativa co
sindicalista Jos Villaverde7.
Nesta primeira metade da dcada, e a partir dos sindicatos locais, se vai a intentar a reunin das
diferentes sociedades pesqueiras nun s organismo con implantacin en todo o mbito galego. As
negociacins neste sentido fructificaron en 1925 cando sindicalistas de varias localidades acordaron
o agrupamento dos sindicatos pesqueiros das sas respectivas vilas e cidades nunha federacin de
industria. As, o da 6 de decembro ten lugar unha asemblea en Compostela na que participan
delegacins dos sindicatos de fogueiros, enfermeiros, maquinistas e marieiros de A Corua;
maquinistas e marieiros de Vigo; as como representantes de Ferrol e de Marn baixo a presidencia
do Secretario Xeral da Confederacin Regional Galaica (CRG) Manuel Fandio e do director do
seu rgano periodstico Solidaridad Obrera Ezequiel Rey8.
Na asemblea aprbase a constitucin da Federacin Regional de Industria Pesquera (FRIP)
vencellada CRG, se ben coa expectativa de transformala

5
BREY.
6
Ibidem,
7

Grard: Op. cit., pp. 492-501.


pp. 559-560, 666-667.
ARCHIVO HISTRICO NACIONAL (AHN), Fondos Contemporneos, Ministerio del Interior,
Serie A, leg. 51, exp. 5, "Telegrama do Gobernador Civil de Pontevedra ao Ministerio de
Gobernacin", Pontevedra, 12 de maio de 1921; "Telegrama do Ministerio de Gobernacin ao
Gobernador Civil de Pontevedra", Madrid, 12 de maio de 1921; "Telegrama do Gobernador Civil
de
Pontevedra ao Ministerio de Gobernacin", Pontevedra, 23 de maio de 1921.
8
As referencias sobre as reunins e a constitucin da FRIP en ARQUIVO DO REINO DE
GALlCIA (ARG), Fondo Goberno Civil de A Corua, leg. 2657.
153

nunha federacin nacional que agrupase aos sindicatos pesqueiros de todo o Estado. A nova
entidade non vai limitar a asociacin exclusivamente aos sindicatos de pescadores, senn que
posibilitar a integracin de todas as sociedades relacionadas coa actividad e pesqueira, dende a
pesca propiamente dita ata as industrias transformadoras do peixe para a sa posterior venda e
distribucin. En febreiro de 1926 constitese definitivamente a FRIP, sendo elixidos de xeito
interino para a sa direccin os corueses Emilio Garca como presidente, Manuel Montes como
secretario, Julio Sanjurjo vicesecretario, ngel Castro tesoureiro-contador e Ricardo Surez e
Eugenio Prez como vocais.
Anda que a estructuracin da CNT en federacins de industria non se vai a aprobar ata o seu III
Congreso en xuo de 1931, non resulta sorprendente o artellamento da FRIP con case seis anos de
antelacin, pois xa no II Congreso, en decembro de 1919, o tema da organizacin de federacins de
industria sara discusin como un dos mis importantes polo debate suscitado. En aquel momento
a Confederacin rexeitara a posibilidade de estructurarse de este xeito e aprobara a organizacin en
sindicatos nicos e en federacins locais e rexionais. De todos os xeitos, durante o debate quedou
constatada a existencia dunha corrente favorable organizacin federativa industrial que pretenda
que a nova organizacin cenetista en sindicatos nicos de rama ou industria se completase coas
federacins nacionais respectivas, tendo en conta ademais que, neste mesmo congreso, se aprobara
a desaparicin das federacins de oficio que ata o de agora vian funcionando dentro da CNT9.
No anarcosindicalismo galego se reproducan as mesmas tendencias que convivan no seo da
CNT no mbito estatal. Por unha banda estaban os anarcosindicalistas como Jess Arenas ou
Ricardo Garca Lago representando a tendencia mis ortodoxa do movemento libertario, e por outra
Jos Villaverde ou Manuel Fandio que se decantaban por un sindicalismo revolucionario de matiz
mis moderado. Ser precisamente dende as filas destes ltimos de ande vai partir a idea da
organizacin dunha federacin industrial no sector pesqueiro. Non debemos esquecer que neste
momento Manuel Fandio o Secretario Xeral da CRG e Jos Villaverde est desenvolvendo unha
intensa actividade na zona das Ras Baixas, algo que, de certo, vai facilitar o desenvolvemento
orgnico da nova entidade.
Non doado ofrecer unha aproximacin cuantitativa dos efectivos cos que podera contar a
FRIP no momento da sa constitucin; xunto coa s dificultades que supn a falla de documentacin
axeitada para unha reconstruccin deste tipo, temos que considerar a coxuntura que estaba a
atravesar o movemento anarcosindicalista galego no perodo da dictadura de Primo de Rivera, que
anda que non era clandestino como en moitas outras rexionais, a sa actividade estaba fortemente
limitada polas dificultades e trabas legais que lle impuan

CONFEDERACIN NACIONAL DEL TRABAJO: Memoria del Congreso celebrado en el


Teatro de la Comedia de Madrid, los das 10 al 18 de diciembre de 1919, Barcelona, Tipografa
Cosmos, 1932, pp. 262-274.
154

as autoridades para o seu normal desenvolvemento. Se queremos atopar un punto de referencia


mnimo tmonos que remontar a decembro de 1919 para contabilizar os afiliados cos que contan os
sindicatos vencellados industria pesqueira representados no II Congreso da CNT10. Neste
momento, na cidade de A Corua habera algo mis de 1.300 afiliados, mentres que en Ferrol non
chegaran aos 200; a estes sumaranse os efectivos dos sindicatos de Mera e de Pontedeume para
unhas cifras totais ao redor dos 2.000 traballadores. Cara o ano 1925 estas cifras estaran
modificadas pola integracin dos sindicatos de Vigo e de Marn, anda que habera que descontar os
efectivos das sociedades de Mera e Pontedeume que non participan no proceso constitunte da
FRIP. En xuo de 1931 as cifras aproximadas de traballadores sindicados CNT no sector
pesqueiro galego estaran ao redor dos 3.000 afiliados, contndose entre os mesmo os 1.500 que
integraban os Sindicato de Industria Pesqueira (SIP) de Vigo, os 700 do sindicato de pescadores El
Despertar Martimo de A Corua e os 500 da Unin de Pescadores de Marn, ademais de un cento
correspondente aos pescadores de Ferrol e algns traballadores de A Corua integrados en
sociedades vencelladas a este sector11.
Vemos logo que, nos seus primeiros anos de existencia a FRIP mantn a sa estructura nas
localidades que participaran na sa constitucin. O aporte de Ferrol mnimo, Marn aporta unha
importante cifra de medio millar de afiliados e os sindicatos de A Corua agrupan
aproximadamente a uns mil traballadores. ande mis se tia avanzado era en Vigo, non s polo feito
de asociar a mil cincocentos traballadores senn por dispor de unha estructura sindical
perfectamente definida a partir do SIP, entidade que representa a clula bsica do entramado
estructural da organizacin sindical de base industrial.
A partir de este momento, e coa coxuntura poltica favorable para o desenvolvemento sindical
que supua o rxime republicano, o sindicalismo cenetista no mbito pesqueiro vai experimentar un
crece mento no nmero de sindicatos e de adherentes e vai conseguir a sa implantacin en
localidades nas que, ata o de agora, non contaba con estructura. Pero o desenvolvemento da FRIP
tamn se vai producir dende a perspectiva orgnica do conxunto da CNT dende o momento en que
se acorda, en 1931, a organizacin da Federacin Nacional de Industria Pesquera (FNIP). Na
creacin de esta nava entidade evidente a influencia dos galegos. Por unha banda porque contaban
cunha federacin de industria dentro da sa rexional que serva de punto de partida para o artellamento do novo organismo, e por outra porque os comits directivos da FNIP van ter a sa sede en
Galicia e os cargos de direccin van estar desempeados por sindicalistas galegos vencellados
FRIP. Ademais, non podemos pasar por alto o destacado papel que xoga Jos Villaverde no
conxunto do anarcosindica-

10
11

Ibidem, pp. 9-34.


Datos ofrecidos pola lista de participantes no III Congreso da CNT. Cfr. CONFEDERACIN
NACIONAL DEL TRABAJO: Memoria del Congreso Extraordinario celebrado en Madrid los
das 11 al 16 de julio de 1931, Barcelona, Tipografa Cosmos, 1932, pp. 11-21.

155

lismo estatal durante estes primeiros anos de Repblica, un labor no que incide grandemente a sa
estreita relacin co Secretario Xeral da CNT ngel Pestaa, a quen o une, ademais da relacin
persoal, unha notoria afinidade ideolxica na maneira de entender a accin sindicalista. As, o
sindicalista galego, do mesmo xeito que foi un dos promotores da FRIP nos anos vinte, agora,
aproveitando as circunstancias favorables e antes de pasar a ocupar un segundo plano do
movemento anarcosindicalista, promove o artellamento da FNIP.
No que respecta Galicia, o perodo da Segunda Repblica supn a expansin do sindicalismo
pesqueiro por numerosas localidades do litoral. No primeiro ano de novo rxime, a CNT galega
consigue a organizacin de sindicatos marieiros en varios portos do pas. As, s sociedades
fundadoras da FRIP se van sumar La Solidaridad Marinera de Moaa en agosto de 193112 e La
Alianza Marinera de Cangas un mes despois,13 as das procedentes da UGT. En xaneiro de 1932
ser o sindicato La Alianza Marinera de Chapela o que acorde o ingreso na entidade confederal14.
Ata o mes de agosto iranse producindo as incorporacins das sociedades de Fene, Mugardos, Porto
do Son, Bueu, Cesantes, Panxn, Baiona e O Grove. En agosto de 1932 o nmero de afiliados
estara ao redor dos once mil, o que representa algo mis de un tercio da afiliacin total da CRG15.
Se o comparamos co total de traballadores ocupados no sector pesqueiro -que en 1930 estara en
torno aos 35.000-16 obteriamos que perto de unha terceira parte de estes estara afiliados a
sindicatos cenetistas.
Unhas cifras semellantes se repiten un ano despois, en outubro de 1933, nun Pleno Nacional da
FNIP celebrado en Madrid. Al, os traballadores galegos representados e adheridos suman un total
de 8.432, anda que non participan os sindicatos de Ferrol, Fene, Mugardos, Baiona e O Grove que
si o tian feito no Pleno Rexional de agosto de 193217. En setembro de 1934 mantense os
mesmos sindicatos e se lIes suman o de Cario, aportando 1.200 afiliados, e o de Celeiro que se
integrara na primavera de 193318. Posteriormente iranse integrando tamn as

12

Ingresa na Confederacin con 1.200 afiliados. Solidaridad Obrera, A Corua, n36, 15 de agosto
de
1931, p. 1.
13
Solidaridad Obrera, A Corua, n40, 12 de setembro de 1931, p. 4.
14
Solidaridad Obrera, A Corua, n58, 16 de xaneiro de 1932, p. 4.
15
As cifras corresponden participacin no Pleno Rexional da CRG celebrado en agosto de 1932
en
Ferrol. Cfr. Solidaridad Obrera, A Corua, n 87, 3 de setembro de 1932, p. 7.
16
Os datos foron extrados do Censo de Poblacin de 1930, considerando os apartados de pesca
(nmero de orde 1), navegacin martima e fluvial (89) e conservas (20). Do mesmo xeito que o
profesor Jos Luis Gutirrez Molina fai para o caso gaditano por el estudiado, tamn nos
contabilizamos o apartado navegacin martima e fluvial, tendo en conta que no mesmo se
contabilizaran os traballadores ocupados na pesca de altura. Vid. GUTIRREZ MOLlNA, Jos
Luis: Crisis burguesa y unidad obrera. El sindicalismo en Cdiz durante la Segunda Repblica,
Madrid, Ediciones Madre Tierra, 1994, p. 121.
17
Os sindicatos galegos participantes son: SIP de Vigo (2.000 afiliados); SIP de Marn (700);
Alianza Marinera, de Cangas (1.400); Solidaridad Marinera, de Moaa (1.200); El Adelanto
Marinero, de Bueu (600); Alianza Marinera, de Chapela (175); Centro Marinero, de Cesantes (200);
Pescadores El Despertar del Valle, de Panxn (300); Pescadores Proteccin Obrera, Porto do Son
(200); Despertar Martimo, de A Corua (700); Carboneros El Primero de Mayo, A Corua (70);
Chaboleras y Mozos de Campo, A Corua (170). Os adheridos: Lancheros y Chalaneros, A Corua
(40); Fbricas de Salazn, A Corua (500) e Picadores de Calderas, A Corua (27). Cfr. CNT,
Madrid,
n269, 12 de outubro de 1933, p. 3.
18
Mar y Tierra, Vigo, n13, 10 de xuo de 1933, p. 3.
156

sociedades de Ares, Mera e Campelo,19 e nas ltimas semanas de goberno republicano os sindicatos
de O Pindo (Carnota) e Barqueiro (Man).20
Facendo un balance da implantacin da FRIP vemos como se asenta en zonas moi determinadas,
especialmente nas ras de Vigo, Pontevedra, A Corua e Ferrol. No resto de comarcas a
organizacin sindical pesqueira resulta menos significativa, especialmente dende o punto de vista
cuantitativo. A distribucin xeogrfica da FRIP non , en absoluto, casual, e se corresponde cos
portos mis importantes do pas e as zonas mis industrializadas do sector pesqueiro. Vigo e A
Corua eran os mis importantes portos tanto pola cantidade dos desembarcos como polo valor dos
mesmos, as como pola influencia que exercan sobre as sas respectivas comarcas. Seguanlle en
importancia os portos de Marn, Ferrol e Vilagarca de Arousa cun volume comercial moito
menor.21
Vencellada FRIP vaise artellar unha entidade que, baixo a denominacin de Comit Rexional
de Defensa da Pesca no Litoral Galego, se vai a ocupar do control da produccin e da
comercializacin da pesca para evitar a especulacin e a accin dos intermediarios, as como da
proteccjn dos recursos por uso indebido de mtodos e tcnicas de pesca pouco axeitados.22 A
existencia de esta entidade supn un aspecto novidoso na prctica sindical cenetista en Galicia,
porque se trata da actuacin nun mbito marxe do estrictamente sindical e con vistas vixilancia e
a intervencin no proceso productivo. Este modo de actuacin por parte das federacins de
industria aparece esbozado na ponencia presentada sobre o tema da organizacin da CNT no
congreso de xuo de 1931, anda que aqu se defenda a intervencin no proceso de produccin co
obxectivo da sa posible implantacin unha vez triunfante a revolucin social, tendo en conta que a
situacin da loita de clases que neste momento se estaba a producir limitaba enormemente o papel a
desempear nos mbitos econmico e profesional.23
A partir da base que supua a FRIP se vai desenvolver o proxecto da Federacin Nacional de
Industria Pesqueira aglutinando a todos os sindicatos cenetistas do mbito marieiro do conxunto
do Estado espaol. Xa dende a constitucin da FRIP se plantexara a posibilidade de estender a
entidade para que englobase ao conxunto de sindicatos do sector pesqueiro adheridos CNT. Neste
plantexamento volve a insistir Jos Villaverde a finais de 1930 ao apuntar FRIP como o punto de
partida da nova organizacin.24 Os contactos para a celebracin de unha asemblea de este sector xa
se vian producindo dende a primavera de 193125 e no mes de maio estableceuse en A Corua un
comit de

19
20
21
22
23
24

Solidaridad, A Corua, n48, 23 de maio de 1936, p. 2.


ARG, Fondo Goberno Civil, leg. 1817 e 1834.
GIRLDEZ RIVERO, Jess: Op. cit., pp. 100-106.
Os estatutos do comit en Mar y Tierra, Vigo, n11, 19 de abril de 1933, p. 2.
CONFEDERACIN NACIONAL DEL TRABAJO: Op. cit. (n. 11), pp. 121-124.
Recensin dunha conferencia de Jos Villaverde en Marn. Solidaridad Obrera, A Corua, n1,
15 de novembro de 1930, p. 2.
25
La Tierra, Madrid, n266, 29 de outubro de 1931, p. 3.
157

relacins provisional encargado de xestionar a constitucin da Federacin Nacional de Industria


Pesquera.26 Un aspecto decisivo no artellamento final da FNIP ser a aprobacin, no congreso
confederal do mes de xuo, da estructuracin da CNT en federacins de industria. Haber que
esperar ata o mes de outubro para que se produza a organizacin definitiva nun congreso de constitucin celebrado en Madrid no que estiveron representados ao redor de 16.000 afiliados.27
As profesins que poderan integrarse na nova entidade aparecen recollidas nos estatutos
aprobados. Estas seran capitns e pilotos, patrns de cabotaxe, contramestres, maquinistas,
fogueiros, marieiros, empacadores e obreiros da preparacin de pescado, atadeiras, operarios das
fbricas de xeo, redeiros e chaboleiras, obreiros das fbricas de conservas e salgado de pescados e
mariscos, chalaneiros, carrexadores de pescado, empregados da lonxa, vendedores de pescado,
patrns de pesca,28 carboeiros,29 picadores de caldeiras e demais oficios afns ao sector pesqueiro.
Como sede do Comit Nacional da FNIP foi elixida a cidade de A Corua e como Secretario Xeral
o corus Manuel Montes. Outro dos acordos foi o de publicar un rgano periodstico da nova
entidade, o seu ttulo ser Mar y Tierra e o seu lugar de publicacin Vigo, tendo como primeiro
director a Jos Villaverde.30
Entre os temas de debate neste congreso de constitucin da FNIP xurdiron unha serie de
reivindicacins mnimas a plantexar relacionadas coa regulacin do descanso, a contratacin, a
hixiene e a seguridade nos buques e a unificacin de salarios.31 Un dos temas que mis interese
espertou foi o da pesca parte, a ponencia presentada ao respecto foi defendida por Balbino Costas
de Moaa, Leandro Helne de Xixn e Nores de Cangas.32 A conclusin que se chegou foi que os
traballadores parte se enfrontaban a uns salarios moi baixos e a un perodo de actividade de
escasamente medio ano, tendo ademais que facer fronte cantidade proporcional que se leva o
armador e aos gastos do material de pesca. Para paliar esta situacin, o congreso da FNIP plantexou
a necesidade de creacin de cooperativas de produccin para a venda directa e o traballo en
comn,33 cooperativas das que non temos novas sobre a sa constitucin a partir destes anos.
Outros temas debatidos foron as problemticas que afectaban pesca de arrastre, s industrias
derivadas en terra e s tripulacins.34

26
27
28
29
30

Solidaridad Obrera, A Corua, n24, 23 de maio de 1931, p. 2.


La Tierra, Madrid, n263, 26 de outubro de 1931, p. 3.
Sen ningn tipo de relacin nin interese cos armadores.
Suministradores exclusivamente de buques de pesca.
La Tierra, Madrid, n264, 27 de outubro de 1931, p. 4 e Solidaridad Obrera, A Corua, n48, 7
de novembro de 1931, p. 2.
31
La Tierra, Madrid, n266, 29 de outubro de 1931, p. 3.
32
La Tierra, Madrid, n264, 27 de outubro, de 1931, p. 4.
33
La Tierra, Madrid, n266, 29 de outubro de 1931, p. 3.
34
La Tierra, Madrid, n264, 27 de outubro de 1931, p. 4 e n267, 30 de outubro de 1931, p. 4.
158

No que respecta aos adherentes FNIP temos que apuntar que a sa maiora pertenca aos
sindicatos galegos. Fora de Galicia debemos destacar a implantacin no Cantbrico con
representacin, como mnimo, nos portos asturianos de Avils, Xixn e Cands e no vasco de
Pasaia. En Andaluca haba certa presencia en Huelva e Cdiz, e no Mediterrneo practicamente
non exista organizacin. En outubro de 1933 a FNIP reivindica perto de doce mil obreiros
afiliados.35 De estes, 8.432 pertencan rexional galega -que, como xa apuntamos, contara anda
con mis afiliacin- 2.425 a Asturias -Xixn, Avils e Cands- 599 a Pasaia e 500 a Cdiz. Unha
simple ollada aos datos amosa que mis dun 70% da afiliacin FNIP corresponda aos sindicatos
galegos. En Andaluca a organizacin vrase debilitada por algns fracasos folgusticos en Cdiz e
Huelva a finais de 1931 e principios de 1932, un momento especialmente crtico, pois a Federacin
Nacional de Industria Pesquera estaba a dar os seus primeiros pasos tras a fundacin no mes de
outubro. A presencia de organizacin sindical cenetista no sector pesqueiro en Andaluca reviste
especial importancia para os galegas no caso gaditano se temos en conta que este porto era a base
da flota galega que desenvolva o seu labor nos bancos africanos.36 O establecemento de empresas
galegas no litoral andaluz remntase aos anos dez do presente sculo, momento no que a sociedade
Pescaderas Coruesas inaugurou unha sucursal na capital gaditana e desprazou al a parte da sa
flota nun momento de expansin para a compaa que tia como obxectivo o abastecemento do
mercado madrileo que se tia convertido nun dos seus principais clientes.37
No litoral mediterrneo, a baixa presencia da FNIP non debido tanto inexistencia de
sindicatos pesqueiros, senn a que estes non estaban adheridos a esta federacin. Este afastamento
da FNIP ben indicativo da falta de apoio de unha boa parte da CNT organizacin en federacins
de industria, moito mis dende o momento en que a tendencia anarquista ortodoxa da
Confederacin se fai cargo da direccin da central sindical despois de desprazar aos moderados que
a lideraran na transicin da dictadura de Primo Repblica. Unha mostra de esta falta de apoio a
que nos ofrece o SIP de Barcelona e os problemas que tivo que afrontar no seu perodo organizativo
polas discrepancias con algns sectores da Federacin Local barcelonesa e o Sindicato de
Transporte da mesma cidade. As discrepancias foron obxecto de debate no Pleno da FNIP de
outubro de 1933.38 Mentres os do Sindicato de Transporte acusaban a catro cargos de
responsabilidade39 do recentemente creado sindicato pesqueiro de inten-

35

No Pleno Nacinal da FNIP de outubro de1933 as delegacins participantes representan a 10.189


traballadores e se reciben as adhesins de 1.767 mis. Xunto cos sindicatos galegos, supra n. 17,
participan as seguintes entidades: Obreros del Mar de Avils (325 afiliados); SIP de Xixn (900);
SIP El Avance Maarino de Pasaia (599) e SIP de Cdiz (500) e envan a sa adhesin o Sindicato
de Pescadores de Cands (1.200) e o de Pescadores La Fraternidad de Valencia. Cfr. CNT, Madrid,
n
269, 12 de outubro de 1933, p. 3 e n 274, 18 de outubro de 1933, p. 3.
36
GUTIRREZ
MOLlNA, Jos Luis: Op. cit., p. 121.
37
GIRLDEZ RIVERA, Jess: Op. cit., p. 302.
38
As actas do congreso foron reproducidas pola prensa confederal. Cfr. CNT, Madrid, n 269, 12 de
outubro de 1933, p. 3; n 270, 13 de outubro de 1933, p. 3; n 274, 18 de outubro de 1933, p. 3; n
275, 19 de outubro de 1933, p. 3; n 277, 21 de outubro de 1933, p. 2; n 279, 24 de outubro de
1933,
p. 2; n 281, 26 de outubro de 1933, p. 2.
39
Entre eles a Francisco Arn e a Camilo Pin.
159

tar conducir nova sociedade cara aos Sindicatos de Oposicin, os do SIP argumentaban que a
Federacin Local barcelonesa non lles aprobara o seu ingreso na CNT debido a que os dirixentes
locais40 non queran que a organizacin en base a sindicatos e federacins de industria tivese
arraigo dentro da Confederacin. Unha resistencia similar organizacin de un sindicato de
industria parece que tivo lugar en A Corua, pois ao longo do perodo republicano non se conseguiu
artellar o SIP na cidade a pesar das voces que demandaban a sa organizacin.41 moi posible que
detrs de esta falta de organizacin estea a oposicin de sectores anarquistas ortodoxos que
rexeitaron tal posibilidade e se decantaron por manter os sindicatos artellados por oficios.
En calquera caso, a FNIP comeza a sa andadura e xa no mes de maio de 1932 participaba nas
negociacins que as organizacins obreiras mantian en Madrid cos armadores para alcanzar unhas
bases de traballo para o conxunto do Estado, alcanzando un acordo mnimo despois de unha longa
negociacin.42 As e todo, o arraigo da Federacin Nacional de Industria Pesqueira fora de Galicia
foi sempre bastante deficitario, e as o expn Claro Jos Sendn en xullo de 1934 cando afirma que
era necesaria unha campaa propagandstica no mbito pesqueiro para atraer cara a organizacin
aos numerosos pobos do litoral que anda permanecen marxe da Federacin.43 A situacin de crise
chegou ao seu peor momento a finais de 1935, data na que a completa desorganizacin en que se
atopaba a Federacin denunciada dende as pxinas da Solidaridad galega en un artigo firmado
polo sindicalista corus ngel Castro.44 A mesma situacin fora apuntada uns das antes no
mesmo peridico nun artigo non asinado no que o autor falaba da apata dos traballadores e da sa
falta de resposta ante os traballos de reorganizacin dos sindicatos pesqueiros que se estaban a
desenvolver en A Corua.45 Esta situacin non resulta, en absoluto, sorprendente porque o conxunto
da Confederacin se atopaba nunha situacin semellante de abandono e desconcerto. As causas van
cambiar a partir da victoria da Fronte Popular nas eleccins de febreiro de 1936. Neste contexto
no que temas que situar o proceso reorganizativo que experimenta a FNIP; unha proba do mesmo
o congreso previsto para a primavera en Cdiz,46 congreso do que non temas constancia da sa
celebracin.
Nas semanas previas ao golpe de Estado do 1936, unha nava entidade no mbito pesqueiro
esbozada por parte de Jos Grande, do sindicato de Vilanova de Arousa. Trtase de un ha
Federacin Nacional de Industrias Marisqueiras que tia por obxecto ocuparse de xeito especfico
dos problemas

40
Pertencentes ao sector mis radical da CNT.
41
Solidaridad Obrera, A Corua, n82, 23 de xullo
42

de 1932, p. 1.
Solidaridad Obrera, A Corua, n72, 7 de maio de 1932, p. 2; n"73, 14 de maio de 1932, p. 1 e
n74,
21 de maio de 1932, p. 1.
43
Solidaridad Obrera, A Corua, n166, 14 de xullo de 1934, p. 3.
44
CASTRO, ngel: "Urge reorganizar la Federacin Nacional de Industria Pesquera", Solidaridad,
A
Corua, n22, 23 de novembro de 1935, p. 2.
45
Solidaridad, A Corua, n19, 2 de novembro de 1935, p. 3.
46
Solidaridad, A Corua, n43, 18 de abril de 1936, p. 3.
160

do sector marisqueiro, apuntando entre as primeiras medidas a adoptar o establecemento duns


acordos sobre cra e veda e a estipulacin dun prezo mnimo por caixa e dun mximo de mercanca
a recoller por persoa.47 Non debemos de desdear o valor da actividade marisqueira galega, porque
a pesar de representar unha porcentaxe moi baixa dentro do sector pesqueiro, supua mis do 40%
da produccin marisqueira total do conxunto do Estado.48
No que respecta conflictividade temos que dicir que especialmente intensa durante o
primeiro bienio republicano. A pesar da precariedade das fontes documentais para facer unha
reconstruccin fidedigna da conflictivade no mbito galego, constatamos, polo menos, oito
conflictos en 1931 e doce en 1932. O nmero de folgas descende lixeiramente no seguinte bienio
ata nove conflictos en 1933 e seis en 1934. O nivel mnimo alcnzase en 1935 no que s
contabilizamos dous, e a partir de 1936, aumenta novamente a actividade folgustica, rexistrndose
ata o mes de xullo catro conflictos. Esta evolucin da conflictividade no sector pesqueiro galego
semellante que se experimenta no conxunto da CRG. Os motivos que inciden nestes altibaixos no
nmero de folgas son varios, entre eles a coxuntura poltica concreta mis ou menos favorable para
o desenvolvemento das organizacins obreiras, o nivel de organizacin sindical en determinadas
industrias, e a ausencia ou a existencia de perodos de represin gobernamental despois de
conflictos folgusticos e revolucionarios.
Dos conflictos plantexados temos que destacar algns dos mis significativos pola sa
transcendencia. De certo, o mis importante foi o desenvolvido en Vigo entre os meses de xullo e
decembro de 1932, que foi especialmente grave debido ao lock out declarado pola patronal.49
Segundo os sindicalistas, unha medida tan extrema agochaba o desexo dos armadores vigueses de
crebar a organizacin cenetista dentro do mbito pesqueiro debido a sa forte implantacin na
comarca. A resposta operaria ao lock out patronal foi a convocatoria dunha folga xeral para o
conxunto da flota pesqueira. A alternativa ofrecida polos patrns para rematar co conflicto foi a
renegociacin das bases de traballo establecidas en xuo do ano anterior tras unha conversas que se
estenderan ao longo da primavera. O enfrontamento dilatouse no tempo mentres se desenvolva a
negociacin coa mediacin do Gobernador Civil ngel del Castillo e se sucedan os altercados en
forma de petardos e explosins de bombas.
O punto lxido da disputa alcanzouse o un de outubro, data na que dous sindicalistas do SIP
foron tiroteados por elementos da patronal na porta da sede

47
48
49

Solidaridad, A Corua, n54, 4 de xullo de 1936, p. 3.


GIRLDEZ RIVERO, Jess: Op. cit., pp. 106-108.
A versin cenetista do desenvolvemento do conflicto pdese ver en BRAGADO, Dalmacio:
Derivaciones y consecuencias del locaut pesquero de Vigo, Vigo, Juventud Libertaria de Vigo,
1933. O tema foi obxecto de anlise pormenorizada por parte do Colectivo Xerminal. Cfr.
COLECTIVO XERMINAL (Xavier Castro, Alberte Martnez, Dionsio Pereira e Manuel Gonzlez
Probados): "Crise econmica e loitas sociais na Galicia republicana: o conflicto pesqueiro vigus en
1932", VV.AA., O movemento obreiro en Galicia. Catro ensaios, Vigo, Xerais, 1990, pp. 139-312.
161

de este ltimos. Era unha nova mostra de que as posturas de sindicalistas e patrns se atopaban
nunha situacin irreconciliable. Tamn altura desta data prodcese a chegada a Vigo de Prxedes
Zancada dende Madrid, como delegado do Ministerio de Traballo, para atopar unha arbitraxe ao
conflicto que corra o risco de se estender porque os armadores, altura do mes de novembro,
estaban dispostos a declarar un lock out pesqueiro no conxunto da pennsula.50 Nese mesmo mes, o
avogado e asesor da patronal viguesa Valentn Paz Andrade obxecto dun atentado perpetrado
polos cenetistas Vicente Lorenzo Vales -Secretario da Federacin Local viguesa- e Emilio Costa
Fernndez.51 Para aumentar a crispacin, ao longo deste tempo se estaba a realizar o recrutamento
de esquirois por parte da recentemente creada Agrupacin de Traballadores da Industria Pesqueira
que, en ocasin s, da lugar a enfrontamentos entre os obreiros en paro e os amarelos crebafolgas.52
O conflicto chega ao seu fin no mes de decembro coa sinatura dun acordo auspiciado polo
delegado do Ministerio de Traballo ante as presins do seu propio ministerio e do de
Gobernacin.53 O compromiso non deixa nin vencedores nin vencidos, os sindicalistas deben
renunciar a algn dos puntos establecidos nas bases de 1931, mentres que a patronal tampouco
satisfaca todas as sas pretensins, entre elas o debilitamento do SIP. A longa folga desgastara en
exceso ao sindicato vigus, se ben a solucin final podase considerar en certo sentido positiva polo
feito de ter resistido os ataques de unha patronal especialmente radical izada. Ternos tamn que
destacar o apoio prestado polo conxunto da CRG, non s abrindo unha subscricin de axuda aos
folguistas -segundo os seus clculos eran necesarias doce mil pesetas semanais-54 senn tamn
organizando a acollida dos fillos e das fillas das familias afectadas polo paro.
Outra mostra destacable da conflictividade no sector ten lugar na localidade de Moaa, onde un
lock out patronal seguido por un ha folga dos traballadores determina a paralizacin da actividade
entre abril de 1933 e abril de 1934. Este conflicto, que afecta a 1.500 obreiros, ten a sa orixe na
pretensin dos armadores de que sexan os propios empregados os que satisfagan a cota preceptiva
correspondente Lei de Accidentes de Traballo.55 Atopamos varios paralelismos entre este
conflicto e o anterior de Vigo, por unha banda o posicionamento extremo e intransixente da
patronal e dos obreiros; por outra, o labor das autoridades intentando arbitrar unha solucin entre as
partes, aspecto que finalmente conseguiron; e por ltimo o recurso violencia, especialmente a
partir do mes de agosto, e a espiral de accin-represin-accin que da lugar a

50
51
52
53
54
55

COLECTIVO XERMINAL: Op. cit., p. 288.


CNT, Madrid, n9, 23 de novembro de 1932, p. 1.
CNT, Madrid, n11, 25 de novembro de 1932, p. 2 e n012, 26 de novembro de 1932, p. 4.
COLECTIVO XERMINAL: Op. cit., p. 292.
Solidaridad Obrera, A Corua, n94, 22 de octubre de 1932, p. 2.
Solidaridad Obrera, A Corua, n151, 2 de decembro de 1933, p. 3. Un achegamento a este
conflicto en GONZLEZ FERNNDEZ, Xon Miguel e VILLAVERDE ROMN, Xos Carlos:
Moaa nos anos vermellos. Conflictividade social e poltica nun concello agrario e marieiro
(1930-1937), Sada, Edicis do Castro, 1999, pp. 106-110.
162

sucesivos actos como explosin s contra intereses do armadores e as posteriores detencins de


obreiros por parte das forzas de orde.56
Para rematar, no aspecto propagandstico e divulgativo as federacins rexional e nacional
pesqueira promoveron e sostiveron varios rganos periodsticos. O primeiro rgano de prensa
corresponde aos anos vinte e leva por ttulo El Despertar Martimo, senda o portavoz da FRIP e
tendo o seu lugar de publicacin en Vigo entre decembro de 1926 e xullo de 1927. Despois da sa
clausura a organizacin pesqueira galega responde sacando ra Despertad!, un peridico que vai
xogar un destacadsimo papel no debate ideolxico que se estaba a librar dentro da CNT nos
ltimos anos da Dictadura de Primo de Rivera. O nmero un deste peridico publicouse en marzo
de 1928, deixndose de editar en novembro de 1930 cando a CRG decide centrar os esforzos
editoriais na publicacin de Solidaridad Obrera, rgano representativo do conxunto da rexional e
non s dos sindicatos do mbito pesqueiro. Durante o segundo semestre de 1931 publcase en Vigo,
por parte do SIp, o seu portavoz Redencin Martima que, a partir de xaneiro de 1932, se
transforma en Mar y Tierra, semanario rgano da FNIP que se edita cumprindo os acordos do seu
congreso de constitucin.
Como vemos, o anarcosindicalismo galego foi quen de abrirse un espacio entre a clase
traballadora do sector pesqueiro galego e atraer cara s sas organizacins un importante nmero de
operarios que se integraron nos diferentes sindicatos includos no conxunto da industria pesqueira.
A sa fortaleza pxose de manifesto tamn no sostemento dunha serie de conflictos que enfrontaron
s sociedades obreiras coa patronal e que nalgn caso, como os de Vigo e Moaa que vimos, se
alongaron no tempo cunha intensa radicalidade das posturas das partes enfrontadas.
A organizacin da Federacin Regional de Industria Pesquera supuxo, dende a perspectiva da
CNT, a adopcin dun modelo sindical moderno que tentaba a superacin da organizacin por
oficios que ata ese momento se mantia no anarcosindicalismo do Estado espaol e supua a
adaptacin do sindicato ao deseo industrial que se estaba a consolidar no sector productivo. A
novidosa experiencia desenvolvida polos galegos consolidouse coa organizacin da Federacin
Nacional de Industria Pesquera liderada polos sindicalistas galegos e que pretenda a unificacin
nunha soa entidade de todos os sindicatos do sector pesqueiro do conxunto do Estado. O xito desta
ltima foi relativo, pois algunhas sociedades rexeitaron a integracin nunha federacin de industria
e se decantaron pala frmula de manterse organizados por oficios, seguindo as as teses defendidas
polo sector mis radical da Confederacin. De todos os xeitos, en Galicia si que podemos dicir que
a aplicacin do modelo de federacins de industria no mbito pesqueiro resultou un xito e que
conseguiu a sa plena adaptacin s necesidades e demandas dos traballadores e das traba liado ras
deste sector.

56

Ibidem.
163

MINIUS VIII, 2000, pp.165-187

... en defensa de su Dios y su Patria.


A milicia ourens dos Caballeros de Santiago*

JULIO PRADA RODRGUEZ


Universidade de Vigo

Nos das inmediatos triunfo do Alzamento, creouse en A Corua unha milicia civil popularmente
coecida como Caballeros de La Corua, que tia como principal responsable tenente coronel da
Garda Civil Benito de Haro Lumbreras. Estaba integrada por persoas maduras que xa non se
atopaban en condicins de combater nas frontes de guerra, pero que dalgn xeito queran contribur
"causa nacional" desempeando un papel mis activo na retagarda c de simples adheridos. Os
seus estatutos non deixaban lugar a dbidas sobre cal era a sa verdadeira natureza e finalidades:
"colaborar co exrcito na represin e pacificacin das zonas da provincia atacadas por elementos
subversivos". Dende as filas republicanas se os acusou frecuentemente de dedicarse a provocar
situacins de violencia para xustificar as matanzas nos pobos e na cidade herculina1. Segundo C.
Fernndez en Pontevedra tamn se constituu un ha Garda Cvica de carcter paramilitar que tia a
sa sede no cuartel da Garda Civil2, proliferando daquela estas milicias por todo o pas que, no
esencial, respondan todas a idnticos parmetros e tian os mesmos obxectivos.

1
Nun documento do Sindicato Nacional do Transporte Martimo da CNT escrito por "un evadido
del campo faccioso" se di textualmente referndose s asasinados "(...) que han sido inmolados por
la barbarie fascista encuadrada en los falangistas y los caballeros de la Corua, organizacin que se
dedica a buscar a los ciudadanos y sus familias para saciar sus intentos (sic) criminales y probocar
(sic) situaciones de violencia para justificar las matanzas de los pueblos y de la ciudad Herculina"
(Arquivo Histrico Nacional -Seccin Guerra Civil -AHN-Secc.-G.C.-., PS Bilbao, Carp. 259, exp.
21; subliado no orixinal).
* Esta investigacin forma parte do proxecto Representacin e poder poltico na Galicia
contempornea
PGIATOOPXI 38201 PR)
2
O seu primeiro xefe foi o tenente Patio, pero pronto o comandante Velarde nomeou como tal
deputado de Renovacin Espaola (RE) Vctor Lis (FERNNDEZ, C., El Alzamiento de 1936 en
Galicia. Sada-A Corua, Edicis do Castro, 1983, p. 258).

165

A imitacin dos primeiros e con parecidos cometidos creronse en Ourense os denominados


Caballeros de Santiago3, A idea xurdiu a principios do mes de agosto do director do Banco Pastor
na cidade das Burgas, Fabriciano Iglesias, e dun empregado de oficinas militares chamado Fabio
Estvez, que expuxeron gobernador militar o seu proxecto conseguindo a sa inmediata
aprobacin4. O militar designado para dar forma iniciativa foi o comandante de Infantera Antonio
Casar Olavarrieta, quen se atopaba na capital ourens en situacin de dispoible forzoso dende o
da 2 de xuo, presidindo xa a primeira xuntanza celebrada a tal efecto. Nesta toma de contacto
inicial se deixou claro que se trataba de encadrar a todos os que sen estar en condicins de ingresar
no Exrcito nin nas milicias de primeira lia pola sa idade ou condicins fsicas, e sendo persoas
de probados antecedentes desexasen axudar en los servicios de seguridad y vigilancia dentro de la
capital a las fuerzas que actualmente cubren aquellos con todo su entusiasmo y abnegacin5.
En realidade o seu nacemento debe ser interpretado como un ha res posta de urxencia unha vez
que, fracasado o golpe e eliminados os principais focos de resistencia na provincia, era perentorio
incorporar soldados para a fronte, facilitando as o traslado dos milicianos mis novos que se
inscribiran nas milicias para permanecer na retagarda e eludir o combate en campo aberto6. Este
feito, unido obrigacin de manter un elevado continxente policial que garantise o sometemento da
poboacin, favoreca a incorporacin de civs s tarefas de vixilancia e control da orde, mesmo
cando se trataba de operacins de certa envergadura durante as que aparecan reforzando s
efectivos das forzas de seguridade. Como exemplo das sas numerosas intervencins podemos lembrar o servicio practicado na noite do 3 4 de abril de 1937 na ra da Liberdade cando un
continxente de sete gardas civs e oito caballeros mando do cabo da Garda Civil Carlos Gonzlez
Cartn practicaron numerosos rexistros en varias

No interior do carn que se lIes entregaba s Caballeros de Santiago ourensns figuraban entre as
abrigas dos milicianos as seguintes.
1. Defender el orden pblico, ejerciendo funciones de la Polica en todo momento.
2. a) Auxiliar a la fuerza pblica cuando sta lo necesite, como tambin para ser defendido por sta
cuando sea necesario.
b) Sustituirla en todos los servicios que sta tenga que prestar cuando lo ordene el Mando,
siempre dentro de la poblacin.
3. Si por cualquier circunstancia el Mando lo creyese necesario, estas Milicias se desplazarn a
donde se le ordene en defensa de su Dios y de su Patria.
4. Ser obligatorio usar en todo momento la insignia de este Cuerpo, lIevndola siempre en sitio
visible, pues con esto se consigue siempre no slo el mtuo (sic) auxilio, sino tambin el que dicha
insignia haga recordar a su poseedor su compromiso ineludible de ser un ciudadano honorable y
disciplinado.
4
Unha sucinta referencia organizacin dos Caballeros non exenta dalgunhas das imprecisins que
caracterizan autor pode atoparse en SILVA FERREIRO, M., Galicia y el Movimiento Nacional.
Pginas Histricas. Santiago, Imprenta y Enc. del Seminario Conciliar, 1938, p. 447.
5
La Regin, 8-VIII-1936, p. 3.
6
As se recoece implicitamente nun artigo do daquela recentemente nomeado Inspector de
Requets para a provincia de Ourense B. Prez de Cabo publicado en La Regin, 18-VIII-1936, p.
2. Este curioso personaxe xa aludira nun artigo anterior, non exento de irona, desexo dalgns
milicianos de combater nalgunha fronte que non podan satisfacer "por pesar sobre ellos el molesto
deber de las atenciones oficinescas o de vigilancia de la ciudad y de los pueblos", citando s
centenares de cidadns de mis de trinta e cinco anos dispostos a substitulos nestes mesteres (La
Regin, 7-VIII-1936).
166

casas nun despregue de medios desproporcionado. Como resultado dos mesmos se descubriron no
nmero 31 a varios agochados, entre os que estaba o dirixente da Sociedade de Oficios Varios de
Ousende (Paderne de Allariz) Jos Gonzlez Tesouro, 'Machadia', posteriormente condenado a
morte. Na operacin resultaron catro detidos e dous mortos despois dunha persecucin polos
tellados de varias casas entre a conseguinte alarma da vecianza7.
Agora ben, o nacemento dos Caballeros, como acontece coas restantes milicias, non pode
explicarse atendendo unicamente a estes factores de carcter inmediato. Son, tamn, expresin
dunha determinada concepcin do Estado e da poltica na que a uniformizacin do corpo social se
impn sobre a idea liberal do individuo como ser libre e autodeterminado. Nun contexto no que a
mobilizacin a prol do bando sublevado era unha necesidade ineludible para atender as necesidades
blicas e posibilitar a institucionalizacin do rxime, preciso apostar por experiencias de carcter
integrador nas que as masas participen a travs de estructuras organizativas disciplinadas que
faciliten o seu control. A favorable resposta que a sublevacin tivo nun segmento importante da
sociedade ourens tia que ser canalizado para provocar un efecto aluvin sobre outros sectores da
poboacin mis reticentes a comprometerse activamente. Os que se movan nos confusos lindeiros
da indiferencia sentanse impelidos, pola suxestin que sobre as sas conciencias exerca a
multitudemasa, a participar neste ensaio de encadrar baixo unha mesma bandeira a todos os que se
identificaban cos postulados da nova cruzada:
Aquelo foi un vorxine, unha cousa desmedida. Al estaba medio Ourense
para facerse Caballero de Santiago. Unha cousa nunca vista. Os haba que
non podan levantar un fusil, pero todos se van arrastrados por un
entusiasmo fora de toda lxica. Se pensaba que a guerra era cousa de das e
todos queran contribur dun xeito ou outro, incluso os que sempre estiveran
afastados da poltica deixaban atrs calquera dbida e entraban naquela
tolemia8.
O entusiasmo espertado pola iniciativa foi certamente indescriptible. A afiliacin principiou na
tarde do da sete de agosto de xeito paralelo organizacin dunha mnima infraestructura
equipacional para a que se utilizou parte do mobiliario usufructuado a las entidades polticas del
fenecido Frente Popular9, S seis das despois se publicaban os nomes da primeira compaa do
futuro batalln e se anunciaba a formacin doutras das entre os das 14 e 15 de agosto. Se
pretenda organizar na capital un total de oito compaas s que habera que sumar as que se
formasen en cada unhas das restantes dez cabezas de par-

7
Archivo General Militar de Ourense (AGMO), causa 485/1937, fols. 3 e ss.
8
Testemuo de J.F.O.V., vecio de Ourense, recollido en febreiro de 1999.
9

Arquivo da antiga Comisara de Investigacin e Vixilancia de Ourense -ACO-, expediente


102.693 correspondente Partido Agrario Espaol; resposta do responsable accidental dos
Caballeros xuz de 1 instancia e instruccin de Ourense.
167

tido, anda que pronto as solicitudes acabaran superando a terica dispoibilidade de prazas, pos
xa no mes de febreiro de 1937 se chegara s 800 inscritos s na capital. A idade terica fixada para
inscribirse nos Caballeros estaba comprendida entre os trinta e os sesenta anos e a sede da bandeira
de alistamento fixouse no n 58 da ra do Progreso.
A sa organizacin era tipicamente militar, funcionando a base de escuadras, pelotns, seccins
e compaas segundo pode verse no organigrama adxunto, que recolle a estructura das das
primeiras compaas. As unidades mis grandes -compaas, seccins e pelotns- estaban, ags en
casos moi contados, dirixidas por militares retirados, pero mando das escuadras atopamos
frecuentemente a milicianos s que se lIes confera o rango de cabos. Os seus membros reciban
instruccin terica en forma de conferencias impartidas
a partires das 19,30 horas no paraninfo do Instituto polo propio Casar Olavarrieta, disertacins que
versaban sobre os mis variados aspectos da guerra, organizacin das tropas, armamento, etc. A
rudimentaria instruccin prctica se realizaba nuns terreos s aforas da vila e tia como misin
preparar s maduros milicianos para o correcto desenvolvemento dos seus cometidos, consistindo
esencialmente na realizacin de exercicios de tiro, instruccin tctica e teora militar.

168

Ademais, e esto resulta esencial, os seus integrantes estaban sometidos disciplina do Cdigo
Militar durante os actos de servicio, e como tal tian a consideracin de forza armada unha vez que
o decreto de 20 de decembro de 1936 ordenou a militarizacin de todas milicias. Esto significaba
que calquer acto de resistencia ou agresin contra eles daba lugar inmediata incoacin dun
sumario suxeito s regras inspiradoras do procedemento militar. Naturalmente estaban facultados
para proceder inmediata detencin de calquera persoa sospeitosa, fose ou non sorprendida no
intre da comisin dun presunto delicto ou falta, ou cando, simplemente, se atopaba nunha das
circunstancias que a lexislacin vixente consideraba como susceptibles de correccin
gobernativa10.
A finais de agosto se ultiman os derradeiros pasos para a sa definitiva configuracin: o da 26
Casar viaxou cidade herculina a entrevistarse con de Haro, daquela Inspector das Milicias
Galegas e xefe dos seus homnimos de A Corua. Na entrevista se trataron cuestins relativas
uniforme que empregaran as milicias, decidindo adoptar para os ourensns a cruz de Santiago
vermella no peito como smbolo identificativo11. Logo de recibir a formacin prctica e terica
aludida durante aproximadamente medio mes, o da 31 de agosto tivo lugar o primeiro sinalamento
oficial de servicio de garda para as diferentes escuadras implicadas. En adiante teran seu cargo
cuestins como servicios de vixilancia nocturna, custodia de edificios oficiais, escolta e proteccin
de persoeiros e convois, patrulla de estradas, asistencia a misas de campaa, desfiles oficiais e
demais actos de propaganda, recepcin, despacho, conduccin e entrega de paquetes, encargos e
correspondencia para os ourensns nas frontes blicas, etc. En condicins normais cada da
operaban a un tempo catro escuadras -practicamente sempre cos nmeros correlativos-, mandadas
por un cabo, e compostas por seis caballeros. Ese mismo da a 3 Compaa, recentemente
organizada, asista por primeira vez s conferencias de Casar e s un da mis tarde a prensa
publicaba un anuncio para que s seus integrantes se presentasen no xardn do Poso para recibir
instruccins relacionadas cos exercicios de carcter prctico12. O da 3 de setembro os Caballeros
de Santiago pasaban a depender do xefe provincial de Falanxe T Fernndez Rogina unha vez que,
en teora, todas as milicias quedaban encadradas nesta organizacin por mis que mantivesen a sa
independencia orgnica anda outros dez meses. O que fora o seu comandante, saa da seguinte
como voluntario fronte da que non tardar en regresar, facndose cargo da xefatura accidental do
batalln o capitn Isidoro Lpez Vzquez.
A creacin desta milicia constituu un indubidable acerto dende a ptica dos sublevados, non s
polo seu valor militar -practica mente nulo-, policial -moi

10

Por exemplo, o 25 de febreiro de 1937 os caballeros Jos Ramn Gonzlez Deir e Argimiro
lvarez Fernndez deteen a A.R.de la C. cando se atopaba exercendo a mendicidade en Cabeza
de Vaca, sendo inmediatamente presentado na Comisara de Investigacin e Vixilancia (ACO,
Expediente 101.169).
11
La Regin, 19 e 28-VIII-1936, p. 1 e 3, respectivamente.
12
La Regin, 30-VIII-1936, p. 4 e 1-IX-36, p. 2. O 2 de setembro dbase a coecer o nome dos
integrantes da 3 Compaa, como a precedente formada por doce escuadras. O seu principal
responsable era o capitn Jos Parada Carballo mentres que as sas seccins primeira e segunda
estaban, respectivamente, cargo do tenente da Garda Civil retirado Delfn Seijo Salgado e do
suboficial Virgilio Fernndez Gonzlez (La Regin, 2-IX.1936, p. 2).
169

importante como factor de disuasin- e de control -integracin e vixilancia do corpo social- senn
polo seu efecto propagandstico. O elevado nmero de persoas que conseguiu atraer faca que cada
acto no que intervian os Caballeros se convertese nun acontecemento social que,
convenientemente amplificado polos servicios de prensa e propaganda, chegaba a cada curruncho
da capital ourens e das aldeas nas que funcionaban grupos organizados numerosos. Vela o que
representou o acto de entrega da Bandeira Batalln celebrado na Alameda o 12 de outubro, no
que estiveron presentes, ademais de todas as autoridades de rigor, efectivos das restantes milicias e
forzas de seguridade. O estandarte foi un agasallo dos socios do selecto Club ourensn que "por
razones de sus cargos, de su edad o salud" non pertencan organizacin, e foi entregada despois do
protocolario discurso do seu presidente, Diguez Amoeiro, pola sa madria, a dona do
comandante Casar, Elena Fernndez Rego13. Cada misa de campaa organizada por toda a
xeografa provincial se transformaba nun acto de afirmacin do rxime no que as milicias, coa sa
ostentacin de todo tipo de smbolos visuais, a sa marcada ritualidade e o impacto psicolxico dos
seus desfiles, xogaban un papel esencial. A exhibicin de todo este aparato posibilitaba a creacin
dunha atmosfera de exaltacin mstica na que os participantes se sentan psicoloxicamente
impelidos a unha comunin transcendental, a unha adhesin case hinptica que atopaba na
"empresa de salvacin nacional" protagonizada polo Exrcito -do que eles, en certa medida, se
sentan parte- a sa mellor expresin:
"Estaba en su perodo lgido el Movimiento Nacional. La Espaa autntica y
tradicional se haba levantado en armas contra la Antiespaa adueada del
poder. Los buenos espaoles se agrupan alrededor de la figura de Franco,
condensados en dos ideologas paralelas, que alcanzan su mxima
simbolizacin en la camisa azul y en la boina roja. Se celebran misas de
Campaa, desfilan correctamente organizaciones infantiles presididas por
sus profesores, forman todos los hombres del pueblo capaces de empuar las
armas, y todo el pueblo vibra de entusiasmo y de ardor blico por la causa
Nacional (...). El da de autos se celebra una fiesta religiosa en Sobrado (...)
a la que han sido invitados los caballeros de Santiago de Orense y otras
organizaciones, La muchedumbre, arrebatada en su patriotismo, contesta
con igual entusiasmo a los gritos de iArriba Espaa! y iViva Espaa!14.

13
Facendo un paralelismo coa orde fundada polo coengo Pedro Fernndez coa misin de protexer
s peregrinos de camio cidade do Apstolo, lIe atribua a misin de defender "(...) a los que con
fin santo lleguen a este pueblo a postrarse de hinojos ante la imagen de nuestro Santsimo Cristo y
luchar, si es preciso, con los infieles y traidores que no son fieles ni leales, aqullos que han
pretendido esclavizar a nuestra Espaa; esas hordas marxistas que al servicio de Rusia han robado,
han saqueado y han destrozado en su furor vandlico nuestros mejores monumentos, nuestras joyas
y14 todas nuestras riquezas" (La Regin, 14-X-1936, p. 3).
Descricin do ambiente que rodeaba a un destes actos de afirmacin nos que participaban os
Caballeros de Santiago que culminou nun enfrontamento entre milicianos e antigos esquerdistas no
que resultou morto un destes ltimos (AGMO, causa 1.401/1936, fol. 210).

170

Ademais, moi posible que a distribucin dos efectivos nas diferentes escuadras se convertise
nun mecanismo mis de control sobre os seus integrantes. Resulta imposible determinar se esta foi
unha prctica xeneralizada e sistemtica ou s ocasional, se formaba parte dunha estratexia
perfectamente meditada ou responda s a supostos excepcionais de carcter individual. O que non
ofrece dbidas o feito de que certos responsables de seccin e de pelotn empregaron a cabos e a
milicianos da sa confianza para vixiar a conducta dos caballeros sospeitosos dun pasado "pouco
edificante" que formaban parte da sa escuadra. Estas observacins, transmitidas de xeito verbal s
oficiais responsables do servicio, eran utilizadas por estes para elaborar informes de conducta que
an a parar a diversas instancias encargadas de fiscalizar a conducta pblica e privada do cidadn en
cuestin:
"En su escrito del prximo pasado da 9, el oficial-inspector de las milicias
de segunda lnea Caballeros de Santiago me dice lo siguiente: 'Encargado
(sic) por este oficial-inspector la atenta vigilancia de la conducta observada
por el miliciano de segunda linea (sic) D. F.M.G., resulta que se muestra en
sus manifestaciones entusiasta partidario del G.M.N., aplaudiendo las
victorias del invicto Ejrcito espaol. Cumple con puntualidad el servicio a
su cargo y nada hay en su conducta pblica o privada que desmerezca el
buen concepto en que lo tienen sus jefes. Perteneca como simple socio al
Partido de Azaa del que se apart despus de las pasadas elecciones. Se le
considera de orden y afecto al actual Movimiento, para el que ha
contribuido generosamente en todas las suscriciones (sic) abiertas (...)'. Lo
que tengo a bien trasladar a S.E. para los efectos oportunos "15.
O destino final destes informes era moi variado. Posiblemente a sa maiora tivesen un carcter
esencialmente interno, dicir, estivesen destinados unicamente a garantir que no Batalln de
Caballeros de Santiago figurasen s elementos de probada fidelidade rxime. As, no caso
anterior, non nos consta que contra a persoa informada se incoase causa algunha, figurase entre o
catlogo dos presos gobernativos ou tivese ou solicitase emprego oficial algn, razns que
xustificaran a elaboracin dun documento como o citado. Noutros casos, sen embargo, o resultado
destes informes, ademais de determinar unha sancin de carcter interno, acababan por producir
efectos sobre os procedementos abertos pola xurisdiccin militar. Vexamos o seguinte exemplo:
"Segn me informa el oficial al mando D. O.C.S., de los informes
transmitidos por el cabo responsable, resulta que el caballero D. D.F.F.
vecino del barrio de La Rabaza, es pblico y notorio que per-

15

Informe de conducta remitido Comisario de Investigacin e Vixilancia polo Inspector-xefe do


mesmo carpo o13-I-1937 (ACO, expediente s/n).
171

t
e
n
e
c
i

teneci al Partido Socialista y que con sus hermanos era el principal agitador
de las mansas obreras, haciendo entusiasta propaganda del Frente Popular
entre sus convecinos. En sus manifestaciones sobre la marcha del actual
Movimiento observa una gran reserva, apartndose (sic) de las conversaciones
en que se tratan cuestiones relacionadas con la marcha de la guerra, razn
por la cual le parece sospechosa su actitud y sus intenciones hacia el G.M.N.
En la presentacin del servcio no se muestra reticente, sus compaeros creen
observar falta de entusiasmo inherente a los miembros de esta sagrada milicia
que tiene por ensea la Cruz del glorioso Santiago. De rumor pblico se dice
que cuando regres del frente se hizo Caballero para eludir la accin de la
justicia, razn por la cual no se le considera afecto16.

a
l
Neste suposto, como no caso anterior, a orixe do informe parece estar neste proceso de
depuracin interna que logo nos referiremos con meirande profundidade. Avala esta
interpretacin o feito de que, a traveso das fontes militares, sabemos que o miliciano en cuestin foi
expulsado da organizacin o da 24 de febreiro dese mesmo ano, s once das despois da data de
emisin do repetido informe. Tres semanas mis tarde era detido e inculpado nunha causa incoada
pola xurisdiccin castrense durante a que saron a relucir os seus antecedentes, includa a sa
expulsin das milicias de segunda lia, o que ven a confirmar a estreita relacin e a fluda
comunicacin existente entre as diferentes instancias represivas17.
Pero, quen eran realmente os Caballeros de Santiago? Un achegamento sa estructura
socioprofesional e sa procedencia xeogrfica pode proporcionarmos algunhas claves que nos
axuden a profundar nesta direccin. Empregamos como fontes os listados de milicianos e os
informes de conducta atopados no arquivo da antiga Comisara de Investigacin e Vixilancia -s
que nos referiremos en profundidade mis adiante-, os que aparecen nas diferentes causas incoadas
pola xurisdiccin de guerra -neste caso a maiora se refiren a detencins ou servicios practicados
por estas forzas- e, finalmente, os listados que aparecen no xornal La Regin que deu conta
detallada do seu proceso organizativo as como dos servicios de garda que diariamente deban
prestas os caballeros. Do cruce destas fontes nos atopamos con 1.204 milicianos e aspirantes
radicados no concello de Ourense dos que coecemos en todos os casos o nome e os apelidos e a
data de solicitude de ingreso ou de informe de conducta, pero os datos referidos profesin, a
idade, estado civil e domicilio aparecen en porcentaxes moi variables. Para corrixir, na medida
do posible, esta disfuncin os cruzamos cos datos do censo electoral de 1934 -traballo mprobo si se
ten en conta que o concello ourensn estaba dividido en 23 seccins e que os listados se atopaban
ordenados alfabeticamente por seccins e

16
Informe
17

remitido polo axente de Vixilancia J.R. con data do 13-I-1937 (ACO, expediente s/n).
Vid. AGMO, causa 239/1937.
172

non en conxunto- realizando as necesarias correccins para emendar a diferencia temporal. Como
resultado puidemos coecer a profesin de 642 caballeros (53,32%), a idade de 864 (71,76%) e o
domicilio de 1.018 (84,55%), o que nos permite obter resultados bastante aproximados.
A estructura por idades demostra que as esixencias de ter cumpridos os trinta anos para poder
ingresar no batalln foron tericas xa que documentamos un total de 26 rexistros (3,01%) nos que a
ida de do miliciano era inferior a esta cifra. Nalgns destes
casos se trata de xoves que foron declarados exentos do
servicio militar por algunha deficiencia fsica que, non
obstante, foron admitidos como milicianos de segunda lia
sen ningn problema. O grupo mis numeroso o de 31 a
35 anos (232 casos e 26,85% do total coecido), seguido
do de 36 a 40 anos (209 casos e 24,19%), que no seu
conxunto abranguen mis da metade do total. Lles segue o
grupo dos de 41 a 45 anos (177 casos e 20,49% do total),
para caer significativamente a partires dos corenta e seis
anos. Pola cima da pirmide de idades rexistramos oito
casos (0,93%) que superaban a barreira terica dos sesenta
anos establecida como lmite mximo para formar parte desta milicia.
A extraccin profesional reflicte con claridade o carcter marcadamente urbano da milicia dos
Caballeros de Santiago. S o 14,80% do total son
labradores, xornaleiros ou braceiros, e mesmo esta cifra
debera ser corrixida baixa tendo en conta que
inclumos neste grupo a todos os que declaran ser
xornaleiros e non s s que nos consta que traballaban
no agro, polo que posible que unha parte deles o
fixesen a xornal na construccin ou noutras profesins
non agrcolas. Precisamente os traballos relacionados
coa industria e a construccin (albaneis, mozos,

173

canteiros, obreiros e capataces) aportan en conxunto un 4,83%, cifra tamn moi reducida mesmo
para unha cidade das caractersticas do Ourense da segunda metade dos anos trinta. Consideradas
no seu conxunto as profesins urbanas relacionadas coa prestacin de servicios e a alimentacin
(pintores, carpinteiros, electricistas, mecnicos, ferreiros e similares; reloxeiros; xastres e
zapateiros; choferes, barbeiros, camareiros, panadeiros, taberneiros e similares) representan o
22,74% (146 rexistros), mentres que as mis directamente relacionadas co comercio (dependentes e
empregados cun 12,15% e comisionistas, vi axantes, representantes e axentes comerciais cun
3,43%) se elevan a 100 casos (15,58%). A elite local formada por comerciantes, industriais,
almacenistas, propietarios e contratistas son, con 122 casos (19%), o segundo grupo mis
numeroso, cifra moi elevada se temas en conta a participacin dos mesmos na estructura
ocupacional do conxunto da poboacin ourens. As profesins liberais, os tipgrafos e os
enxeeiros se sitan no 6,23% (40 rexistros), mentres que os empregados pblicos e funcionarios ags os mestres, profesores e catedrticos que representan o 1,87% do total coecido- se elevan
9,19%. Estudiantes, militares e membros das forzas de seguridade e o grupo de "outros" aportan
cantidades moi inferiores.
Xa que lago resulta evidente o peso dos sectores urbanos na composicin dos Caballeros de
Santiago, e dentro destes daqueles mis representativos das denominadas "xentes de orde": a elite
local e aqueles individuos que por razns laborais dependen destes. Tamn cmpre chamar a
atencin sobre a importancia do conxunto do sector pblico -tendo en canta a sa reducida
participacin no global da estructura ocupacional-, o que, en parte, est relacionado coa necesidade
de acreditar unha conducta sen tacha que lIes permita manter o pasto diante das depuracins
practicadas polos sublevados ou, cando se trata de funcionarios de nava incorporacin, co desexo
de amasar o seu agradecemento co rxime contribundo conservacin da arde.
Esta interpretacin se ve confirmada cando descendemos anlise da procedencia domiciliaria
dos seus integrantes. A partires do plano urbano do concello de Ourense realizamos unha divisin
en oito zonas ben diferenciadas. Na primeira, que se corresponde co que na actualidade o centro
histrico da cidade, se concentran o 41,06% dos Caballeros, cifra que se corresponde tanto coa
meirande concentracin demogrfica como coas caractersticas socioprofesionais antes analizadas.
O primeiro ensanche, daquela en pleno proceso de crecemento pero cunha superficie edificada
anda reducida e onde se concentra unha parte significativa do comercio local, da cabida 28,68%
dos milicianos. A partires deste ncleo o nmero de inscritos se reduce significativamente a medida
que nos separamos do ncleo anterior: a zona III, de ande procede o 6,97% destes, abarca un arco
de crculo limitado este pala va frrea (actual barriada de San Francisco) sur polo Poso e os
primeiros tramos da estrada de Celanova e oeste por Ponte Pelamios). Cifras moi semellantes
anterior se rexistran nas zonas IV (abarca os arrabaldes situados mis sur do concello en direccin
vecio de San Cibrao das Vias, onde as actividades agrcolas son

174

absolutamente dominantes) e V (situada noroeste da cidade, abarcando o popular barrio do Couto,


Vista Fermosa, o Campo dos Remedios e a zona do Seminario). A zona VI (Portovello, As Lagoas,
Loa, Rabaza, Tras Hospital e Cruz Alta) colle unha franxa onde se localiza unha parte moi
significativa do proletariado ourensn, particularmente obreiros da construccin, que segue a
cultivar as sas parcelas buscando completar os seus ingresos co traballo a xornal nas obras que se
realizan na capital. Representa unha zona intermedia dentro deste grupo, xa que dela proceden o
5,30% dos Caballeros. Por ltimo, as zonas VII (ncleos situados mis oeste da capital, prximos
xa vecio concello de Barbads) e VIII (barrios localizados este da va frrea) non chegan 3%
dos inscritos.
Outro dos aspectos mis significativos relacionados con estes milicianos de segunda lia o
relativo procedencia ideolxica dos seus membros, s causas que motivaban a afiliacin e s
filtros aplicados polos responsables da organizacin no proceso de seleccin dos mesmos. Para
analizar esta problemtica empregamos como fonte principal unha serie de informes de conductaexactamente mil dezaoito- remitidos pola Comisara de Investigacin e Vixilancia de
Estructura socioprofesional e procedencia dos Caballeros de Santiago
Rexistros totais

Descoecidos
Profesins
Idades

1204
N
562
340

Total
46,68%
28,24%

Profesin

N % conoc.

Labradores, xornaleiros e braceiros


Albaneis
Canteiros
Obreiros e mozos

95
8
14
8

14,80%
1,25%
2,18%
1,25%

Zonificacin urbana 186


Idades
N
18 a 25
1

15,45% Capataces
% conoc. Pintores, carpinteiros, electricistas, mecnicos, ferreiros e sim.
0,12%
Reloxeiros

1 0,16%
56 8,72%
3 0,47%

26 a 30
31 a 35
36 a 40
41 a 45
46 a 50
51 a 55

65
232
209
177
119
32

7,52%
26,85%
24,19%
20,49%
13,77%
3,70%

Xastres e zapateiros
Choferes, barbeiros, camareiros, panadeiros, taberneiros e sim.
Dependentes e empregados
Comerciantes
Industrias, almacenistas e propietarios
Contratistas

25
62
78
67
53
2

3,89%
9,66%
12,15%
10,44%
8,26%
0,31%

+ de 55
Zonificacin urbana
Zona (I)
Zona (II)
Zona (III)

29
N
418
292
71

3,36%
% conoc.
41,06%
28,68%
6,97%

Comisionistas, viaxantes, represent. e axent. ciais. e de seguros


Profesins relacionadas co Dereito
Profesins relacionadas coa Medicia
Enxeeiros
Tipgrafos

22
12
16
3
9

3,43%
1,87%
2,49%
0,47%
1,40%

Zona (IV)
Zona (V)
Zona (VI)
Zona (VII)

69
64
54
29

6,78%
6,29%
5,30%
2,85%

Estudiantes
Mestres, profesores e catedrticos
Empregados pblicos e funcionarios
Militares e membros das forzas de Seguridade

7
12
59
8

1,09%
1,87%
9,19%
1,25%

Zona (VIII)

21

2,06%

Outros

22 3,43%

Fonte: Elaboracin propia a partires de ACO, AGMO e La Regin.


Ourense comandancia do Batalln e Goberno civil, dos que podemos extraer unha serie de
interesantes conclusins en relacin s aspectos antes apuntados.
En primeiro termo cmpre referirse brevemente problemtica metodolxica que plantexa este
tipo de fonte. Trtase, como queda dito, de informes de conducta elaborados pola Comisara de
Ourense e, xa que logo, referidos s a

175

vecios deste concello, nicos dos que se tia informacin nas dependencias policiais,
correspondendo Garda Civil a elaboracin dos relativos a residentes nos restantes concellos da
provincia. Os informes conteen informacin de aspectos moi variados que cobren dende a
actuacin poltica e social (pertenza a partidos polticos e organizacins sindicais, participacin en
manifestacins, asistencia a mitins, conducta relixiosa...) vida econmica, familiar e privada
(actividade profesional, estado civil, relacins coa sa dona e os fillos, comportamento pblico,
lugares de ocio...) dos interesados18. Naturalmente os informes son de moi desigual extensin: a
maiora se despachan de xeito xenrico en das lias -particularmente os relativos s "persoas de
orde"-, pero os hai que ocupan unha cuartilla por persoa no caso de elementos significados polo seu
compromiso republicano ou obreiro.
Sen dbida o aspecto mis problemtico desta fonte o da sa fiabilidade para deducir a
filiacin poltica dos informados, tendo en canta amis ca acusada tendencia das diversas instancias
represivas do rxime a identificar a todos os colectivos integrantes da Fronte Popular co marxismo
e mesmo co comunismo. A este respecto cmpre ter en canta o proceso seguido para elaborar estes
informes: a instancia solicitante remita un listado cos suxeitos dos que se demandaba informacin;
esas listas -das que, puidemos acceder amis das tres cuartas partes das enviadas- adoitaban seren
utilizadas polos funcionarios para anotar o nmero de expediente que figuraba no ficheiro
alfabtico -ou, para ser mis exactos, fontico-, que era o que permita atopar a informacin da que
se dispua na Comisara do individuo en cuestin. De seguido se contrastaba o nome co listado de
afiliados das diferentes organizacins integrantes da Fronte Popular tomando como base o libro
daquela custodiado nas sas dependencias, filiacin que algns funcionarios anotaban directamente
sobre o listado e que lago se trasladaba informe. Esto significa que, cando consta especifica
mente, a filiacin poltica resulta mis fiable ca remitida, por exemplo, polos postas da Garda Civil,
que non sempre tian acceso a estes rexistros polo que adoitan ser moito mis xenricos neste
punto.
O nmero de informes conservados supera os mil dezaoito que figuran no nasa estudio toda vez
que algns foron solicitados e remitidos en mis dunha

18

O gobernador civil, Manuel Quiroga, ordenaba comisario-xefe que deban contar "los
antecedentes religiosos, morales y polticos (...), debiendo alcanzar dicho informe a la vida privada,
comercio, trfico o industria a que se dedican, concepto pblico que merecen y si pertenecen o han
pertenecido a alguna secta masnica o desempearon cargos polticos o sociales del llamado frente
popular, ya de carcter permanente, ya transitorio o accidental, como candidatos, apoderados,
interventores o propagandistas activos en las elecciones ltimas". Remataba recomendando que "En
la investigacin para admitir (sic) tal informe procurar guardar la ms abso. luta reserva, con el
objeto de que ni los interesados ni otras personas puedan conocer el fin de aquella" (ACO,
Expediente 102.784), As filtracins, sen embargo, deban ser bastante frecuentes e as a partires de
1938 frecuente que sexan os propios mandos do Tercio de segunda lia os que se personen na
Comisara portando un oficio dos seus superiores para encargarse directamente da investigacin, o
que provocara non poucos enfrontamentos entre ambas instancias (ibidem).
176

ocasin, sendo nestes casos idntico o texto de ambos os dous. Neste suposto optamos por eliminar
da nosa base de datos o informe mis tardo, figurando s a data do primeiro para evitar
duplicidades que aqu carecen doutro significado que non sexa o do extravo ou a necesidade de
confirmacin do mesmo. Por ltimo, salientar que o nmero de solicitudes de informes non
coincide exactamente co nmero de solicitudes de inscricin, sendo inferior en algo menos dun
cento os primeiros. Esto se explica porque non se peda informacin dos militares cargo das
diferentes unidades, senn que esta constaba directamente nos expedientes custodiados no Goberno
militar e tampouco se faca no caso de persoas de notoria militancia no bando das dereitas.
No grfico anexo, que resume os datos do cadro que aparece final do trabailo, podemos ver o
ritmo de solicitude e remisin de informes entre setembro de 1936 e febreiro de 1938, destacando
en primeiro lugar o escaso nmero dos que se confesa non ter informes: s sete en dezaoito meses
e sobre un total de mis de mil informes.
Moito mis interesante resulta a constatacin de algo que era facilmente imaxinable en funcin
da rapidez coa que foron organizadas as tres primeiras compaas de Caballeros: a primaca dos
aspectos propagandsticos e da necesidade de salvagarda da orde fronte filtrado ideolxico e
depuracin social e poltica dos seus membros. De feito a iniciativa de realizar unha investigacin
sobre os navas solicitantes foi unha consecuencia das instruccins recibidas

177

dende o alto mando da VIII Divisin na segunda quincena do mes de setembro polo temor
infiltracin de elementos de lealdade non probada novo rxime19. A tal efecto se constituu unha
Comisin depuradora encargada de centralizar os traballos de investigacin que, en teora, traba
liaba dentro da mis absoluta reserva. Dela formaron parte persoas de probada lealdade
Movemento, anda que tamn o fixeron outras que non tardaran en seren sometidas a investigacin
pola sa pasada militancia, caso do avogado J. Fernndez Borrajo, antes vencellado PG. Os
escasos informes remitidos durante os meses de setembro a novembro de 1936 -un total de
cincuenta e unconfirman os temores das autoridades: vinteseis deles, dicir, o 50,98% versan sobre
solicitudes formuladas por individuos que se caracterizaran por ter un compromiso poltico anterior
coa Repblica. Destes os de filiacin republicana representaban o 42,31%, seguidos dos socialistas
e dos considerados como "acomodaticios" cun 19,23% cadanseu, de comunistas (11,54%) e
galeguistas (7,69%). Os vintecinco restantes inclen s considerados xenericamente de "boa
conducta", dos que o 76% son identificados como afectos e non militantes en ningunha
organizacin da Fronte Popular e o outro 24% xentes que adoptaron unha actitude pasiva pero son
de probada solvencia moral e non se lIes coecen simpatas con elementos esquerdistas. Insistimos
en que estes datos se refiren s solicitudes formuladas durante os meses de setembro a novembro e
que, por tanto, non afectan s preto de 350 caballeros e mandos que integraban as tres primeiras
compaas.
Estes ltimos comezan a seren investigados a partires do mes de decembro, que cando se
realiza unha pescuda sobre algo menos da quinta parte de todos os efectivos, remitindo a Comisara
de Investigacin e Vixilancia un total de 104 informes que representan o 10,22% do total dos
realizados en todo o perodo; daquela cando comezan a producirse as primeiras expulsins de
elementos cun pasado pouco acorde cos postulados do novo Estado ou que tian amasado un
comportamento pblico inmoral. O outro gran pico corresponde s meses de agosto e setembro de
1937, cando se solicitan un total de 414 informes, o 40,67% de todos os emitidos. Este meirande
afn inquisitorial ten unha fcil explicacin: o decreto de unificacin das milicias do 19 de abril non
ser realmente efectivo en Ourense ata o mes de xullo, que cando se completa a fusin na
denominada 2 lia de FET y de las JONS das milicias que prestaban os seus servicios na retagarda.
Daquela, coincidindo co empeo depurador dos mandos da antiga Falanxe diante da invasin de
milicianos procedentes doutras organizacins coas que as relacins non sempre foran doadas, se
solicitan ducias de informes en listas de mis de sesenta individuos nos que figuran mesmo
caballeros das primeiras fornadas.

19

O escrito leva data do da vinten, anda que da comandancia de Ourense non se solicitaron os
devanditos informes ata o da vintenove; nel se faca referencia s "(...) condiciones que ha (sic) de
reunir todos los Srs. que formen parte de las Milicias Ciudadanas armadas para cuyo ingreso han de
tenerse en cuenta los antecedentes poltico-sociales, conducta -vicios-, tendencias, concepto que
merece en el pueblo y si est emparentado con personas que hayan tenido actividades polticas de
carcter extremista" (ACO, Exp. 102.784).
178

Unha interpretacin global de todos estes datos permite subliar como aspecto mis significativo
o carcter de milicia-refuxio que as organizacins de segunda lia tiveron para numerosos
comprometidos con organizacins obreiras e republicanas en postos de simple militancia e, incluso,
na direccin dalgunha das organizacins polticas e sindicais pertencentes Casa do Pobo. Entre
estes ltimos casos podemos citar os de Jos lvarez Diguez -vicesecretario da Sociedade de
Tipgrafos-UGT-, Edmundo Sarmiento Tabars -membro da directiva do Sindicato de
Traballadores do Crdito e as Finanzas-, Jos Varela Varela -vocal do Sindicato de Aseo do
Calzado-, Carlos Gonzlez Prez -secretario da Federacin Republicana-, Antonio Len -vocal da
Agrupacin Mercantil e Bancaria, etc20. En efecto, nada menos que un 22,59% dos aspirantes a
caballeros e milicianos de segunda lia en Ourense tiveron un compromiso poltico anterior coa
Repblica en postos que an da simple militancia pertenza a algunha directiva das organizacins
menos radicais. Esta cifra adquire a sa verdadeira significacin se temas en conta que os
responsables mis significados xa foran condenados a morte en consello de guerra ou asasinados
nas gabias, se atopaban no crcere ou conseguiran fuxir da furia represiva.
Deles os republicanos constiten o grupo mis numeroso cun total de 90 casos, que representan
o 8,84% do conxunto das solicitudes de ingreso. De seguido estn os considerados como
acomodaticios cun 5,80% e 59 casos e moi preto destes os socialistas (5,01% e 51 casos). A moita
distancia estn os individuos de filiacin comunista (17 casos e 1,67%) e galeguista (11 casos e
1,08%); os afiliados CNT representan un simblico 0,20% (dous casos). A estes habera que
engadir o nico masn coecido encartado na causa 155/1937 pola sa militancia na loxia
Constancia n 1321, do que non temos referencia de informe algn, pero que si aparece no listado
publicado polo xornal La Regin. O feito de que a abundante documentacin atopaba no domicilio
do "venerable mestre" Abdn Vide Villanueva, non tardase en facerse pblica co correspondente
listado de afiliados, puido actuar como elemento disuasorio para que os hiramitas ourensns non
tentasen sequera solicitar a sa admisin na milicia. De todos os xeitos esta consideracin non
resulta de todo convincente a xulgar pala actitude de coecidos militantes de esquerda de
compromiso moito mis notorio c destes hiramitas. Se cadra o prurito de negarse a figurar nas
listas dos colaboradores do rxime clerical-fascista que con tanta saa persegua todo o que soase a
democracia e librepensamento? Quizais o ter optado por agocharse ou, simplemente, desexando
pasar por completo desapercibidos coa vana esperanza de no ser alcanzados pola furia represora? O
que resulta inne-

20
Moi significativo resulta, asemade, o caso dos irmns Feijo Fernndez que durante a Repblica
repartan a sa militancia entre o PSOE e o Radio Comunista local. producirse a sublevacin o
mis destacado deles, Belisario, fuxiu mentres os seus irmns volvan a repartirse entre o Exrcito,
a JAP, a Falanxe e os Caballeros -un deles, Delmiro, foi expulsado en febreiro de 1937 desta ltima
organizacin. S dous meses despois acompaaban a aquel a facer a sa presentacin diante das
autoridades,
enfundndose seguidamente a camisa azul (AGMO, causa 239/1937, fols. 2-4 e 11).
21
AHN-Secc GC, Fondo Tribunal Especial de Represin de la Masonera y el Comunismo
(TERMC)-1264.

179

gable, en todo caso, que os masns ourensns non foron tan proclives como os seus irmns
pontevedreses e corueses hora de procurar co seu ingreso nas milicias de segunda lia unha
frmula de salvacin para a sas persoas e as sas facendas22.
Poderiamos considerar que estas cifras gardan, en xeral, bastante relacin co nivel de militancia
das diferentes organizacins na capital, pero tamn son coherentes co grao de compromiso
ideolxico de cada un dos sectores. As republicanos procedentes do PR ou do Centro portelista
podan agardar facilmente lavar o seu pasado comprometndose activamente coas milicias, moito
mis cando o propio comandante do Batalln, Antonio Casar, figurou nas candidaturas lerrouxistas
a carn dalgn dos solicitantes. Non o tian tan doado os militantes de IR e UR, pero sempre que se
figurase como simple afiliado, non se tivese destacado en manifestacins nin intervido en debates e
mitins era posible argumentar que a militancia se deba a unha necesidade laboral mis ca un
compromiso ideolxico sentido. De feito este o argumento recorrente dos considerados como
acomodaticios, que inclen a un amplo abano de individuos dos que se di que simpatizaban con tal
ou cal partido republicano por agradar a un dirixente determinado, manter un posto de traballo,
acadar un favor ou desempear un cargo concreto. Anda que os informes policiais consideran
pouco "recomendables" a estes suxeitos, de todos se sinala a sa boa ou regular conducta pblica e
privada e, na sa maiora, o satisfactorio cumprimento das sas obrigas relixiosas e familiares e a
nula perigosidade que representaban para o rxime.
Socialistas, comunistas e cenetistas non tian tan doado escapar a algn tipo de sancin
econmica ou social -particularmente a expulsin do posta de traballo- co simple ingreso nunha das
milicias. Ademais, canto mis elevado fose o seu compromiso, maiores eran as posibilidades de que
os seus membros se atopasen reclamados, fuxidos ou agochados, polo que non era conveniente
chamar a atencin sobre a sa situacin tentando sorte cunha solicitude que implicaba a posta en
marcha de toda un ha serie de organismos inquisitoriais destinados a informar sobre a sa conducta.
O escaso nmero dos galeguistas coidamos que est en relacin tanto co seu cativo nivel de
militancia como coa escisin padecida nas vsperas das eleccins de febreiro de 1936: o sector
"esquerdista" que formou parte da candidatura da Fronte Popular foi tan saudamente perseguido
como os restantes partidos obreiros, mentres o grupo catlico-dereitista optaba por un prudente
silencio ou polo nada disimulado compromiso co rxime como demostra, sen ir mis lonxe, a
presencia do propio Vicente Risco no xa aludido acto de entrega da bandeira Batalln na sa
calidade de director da Normal.
Un caso especial o representan os trinta e cinco individuos (3,44% do total) considerados como
"indesexables". Trtase dun grupo relativamente impor-

22

Sobre o papel da masonera ourens durante a Segunda Repblica e a persecucin s hiramitas


pode verse VALN FERNNDEZ, A.J.V., Laicismo, educacin y represin en la Espaa del siglo
XX. (Ourense, 1909-1936/39). Sada-A Corua, Edicis do Castro, 1993.
180

tante no que se inclen toda unha serie de casos que teen en comn o seren persoas dunha
conducta social viciada (carteiristas, malfeitores, delincuentes, proxenetas...) e que, a un tempo,
carecan dun compromiso poltico anterior. Respecto a este conxunto cmpre matizar que o
cualificativo que caracteriza grupo era empregado con certa frecuencia polas autoridades para
referirse a determinados militantes ou simpatizantes de esquerda ou a persoas que, simplemente,
non cumpran coas "obrigas" relixiosas; naturalmente este s casos non figuran neste apartado senn
no anterior. Semella que neste caso a milicia contemplada, fundamentalmente, como un
mecanismo para acceder a unha serie de elementos diferenciadores -uniforme, arma...- que noutro
caso lles estaran vedados e mesmo para poder subsistir os das de prestacin de servicio xa que, en
ocasins, se lle entregaban s milicianos vales para a cea ou a comida23.
Finalmente hai que referirse grupo dos clasificados como de "boa conducta". Dentro destes
sorprende o escaso nmero dos militantes en partidos de dereitas durante a Repblica: un cativo
2,36% do total e vintecatro casos computados. Coidamos que este feito est relacionado coa
notoriedade pblica dalgns individuos que ingresaron nas milicias dos que os mandos militares xa
non solicitaban informes. De feito contabilizamos preto dun centenar de individuos de coecida
militancia en APA -o grupo que proporciona o maior nmero de adheridos dentro dos afiliados de
dereitas-, nas JAP -sen ir mis lonxe a totalidade da sa cpula directiva: J. Prez vila, N.
Rodrguez, W. Vargas e en RE e s dunha cuarta parte deles se piden informes. A maiora, en
efecto, foron despachados co lacnico "no pertenecan a ninguna de las organizaciones ni partidos
afectos al Frente Popular y estn considerados como afectos al Movimiento", que no seu conxunto
supoen o 44,20% do total (450 casos rexistrados). Naturalmente neste segmento se atopan os que,
levados polo fervor patritico desatado pola guerra e polas sas conviccins ideolxicas anteriores,
se suman en masa s milicias desexando facer ostensible o seu compromiso cos principios que
inspiran novo rxime e colaborar na persecucin dos disidentes.
O grupo dos clasificados como "pasivos" incle a aqueles individuos que nos informes aparecen
baixo expresins do seguinte tenor: "al iniciarse el G.M.N. mantuvo una actitud pasiva", "est
considerado como apoltico", "en poltica se mostr siempre indiferente", e aqueles para os que se
empregan os cualificativos de "neutro" e "tibio". Cuantitativa mente o seu peso moi elevado: o
26,72% do total (272 casos) e mesmo coidamos que se atopa infravalorado en beneficio dos
considerados como "afectos", a xulgar polo feito de que listas que conteen varias ducias de
individuos son pechadas coa expresin antes

23
Nunha nota informativa que consta no expediente persoal dun individuo que formou parte das
milicias de segunda lia figura que: (...) el tal M.F. despus del servicio no devolvi el arma
reglamentaria, y en das sucesivos quiso hacer uso del vale para que le sirbieran (sic) en un
conocido establecimiento de esta capital, donde fue capturado por el agente afecto a esta plantilla,
Sr. Vence" (ACO, Expediente s/n correspondente 5 de agosto de 1937).

181

sinalada mentres que os informes relativos sector que nos ocupa son moito mis individualizados.
En todo caso este o grupo no que resulta mis difcil de interpretar a decisin de comprometerse
coas milicias pola confluencia de mltiples factores que se relacionan tanto coa situacin persoal ou
coas expectativas individuais de cada individuo como co ambiente opresivo creado polo franquismo
onde pasivos e indiferentes eran nun principio dificil mente tolerados. A fonte oral nos axuda a
desvelar algunha das incgnitas plantexadas:
"Eu estaba a gusto coa Repblica, ou sexa, que eu votara pola Repblica
pero non tia predileccin por este ou estoutro porque non me gustaba ese
ambiente... Vamos, na nosa casa vian dous ou tres peridicos porque como
tiamos tenda e servas bebidas via a xente a lelos e al se falaba... Pero
despois haba que inscribirse [nas milicias] porque se non estabas ben visto
a xente tia medo e ata pareca que non te compraban de boa gana... Eu fun
cubrir a ficha cun dos M., que eran almacenistas, que para o caso era coma
min solo que mis grande... Haba que cumprir o expediente, non sabes?,
porque eu anda lle levei de comer a varios que estaban no Montealegre...
Mandaba rapaza pequena porque dela non sospeitaban, pero de portas
para afora haba que aparentar porque che era as a vida, que eu non sei se
fara o servicio das ou tres veces, que na casa nin os fillos o saban "24.
Non se trata s de motivacins de ndole econmica ou social. Tanto ou mis importante
semella ser ese ambiente de medo que aluda o testemuo anterior, que acabou por provocar un
"efecto domin" en numerosas persoas carentes dun compromiso inicial co rxime:
"(...) porque te vas empuxado polos outros e non as quedar ti solo... Todo
che levaba a eso... Hoxe eran os desfiles, ma as camps que tocaban
porque tomaran Bilbao ou que sei eu. E tamn era o medo, porque sempre
estabas exposto a un ha denuncia, fixeses mal ou non. Se te queran sacar
cincuenta pesos, que entn ranlle moitos cuartos (...), non tian mis que
ameazarlle con porlle un ha denuncia e que xa se encargaran eles de parala
se os untaba... E entonces, claro, se un vesta uniforme e tia arma... Pois
eso... A cousa xa non lles era as, xa se tian que medir un pouco mis... Non
lle foi outra cousa "25.

24

Reconstruccin textual da conversa con M.R.P., vecio de Ourense e propietario dunha pequena
tenda de ultramarinos, mantida no Nadal de 1981. No informe policial a el referido figura que "no
se ha significado en cuestiones polticas, estando considerado como indiferente. Su conducta moral
al parecer es buena" (ACO, Expediente 102.784).
25
Entrevista con J.V.F., vecio de Ourense, realizada no Nadal de 1989. No seu informe policial se
sinala que "no aparece comprometido con ninguna organizacin de las que formaban el nefasto
Frente Popular y al iniciarse el Movimiento matuvo una actitud pasiva. Su conducta moral y
religiosa es buena" (ACO, Expediente 102.784).
182

As milicias de segunda lia non s serviron para que vellos comprometidos coa Repblica
atopasen unha tboa de salvacin que os puxese a salvo das persecucins. Asemade, tamn acharon
acougo nelas individuos desexosos de destacar no labor de delacin dalgns antigos esquerdistas
buscando congraciarse coas autoridades ou, simplemente, liquidar vellas contas que as
circunstancias lIes permitan cobrar. Sirva como exemplo o caso da parroquia de Beiro (Canedo),
onde se formou un numeroso grupo de milicianos que durante a Repblica estiveran prximos a RE
e a APA e que agora tomaron cumprida vinganza dos que durante a etapa da Fronte Popular lIes
requisaran as armas e lIes impuxeran multas por ter votado s dereitas:
"(...) botrannos unha multa e entonces despois fomos eu e outro coa arma
onde o individuo que era o presidente (...) e [dxmoslle]: 'hai que nos volver
os cartos que nos roubastes'. Porque chambanos carneiros, e entonces eu e
o outro fumos os dous e dxenlle: 'hai que visitar a fulano que chamounos
carneiros e agora ns somos os pastores e el era o carneiro'. (...) Primeiro
andaban... e despois como eramos nos os que tiamos as armas baixaban a
orella... Eran amigos todos e antes vian a roubar... "26.
A peculiar conxuntura que se viviu nos das inmediatos sublevacin na citada parroquia e na
sa vecia de Castro, cuns 400 homes formando parte de xeito mis ou menos voluntario de grupos
armados capitaneados polo dirixente comunista Ramn Lafuente Rodrguez, e esa persecucin que
acabamos de apuntar levou a outros a ingresar na milicia confiando en poder eludir as masivas
detencins realizadas -mis de medio cento de homes foron inculpados nalgn dos sumarios
abertos- ou, cando menos, obter un informe favorable da Garda Civil, como foi o caso de J.A.G., de
quen esta di que "era socio de la Agraria pero de tendencia derechista, no se sabe actuase en ningn
movimiento ni se destacase en las huelgas. Si bien acompa a la cuadrilla de Lafuente fue
obligado ante la amenaza de las armas, pero era un simple expectador (sic) (...)"27.
Noutros casos as insignias e o uniforme dos Caballeros foron utilizados para impoer un ha
verdadeira estructura de dominacin nas aldeas. V.L.V., un coecido propietario de Viloria (O
Barco de Valdeorras) obtivo o beneplcito do comandante militar para organizar s milicianos de
segunda lia. Unha vez conseguida a autorizacin para que os seus membros portasen armas as
repartiu entre os seus nove fillos cos que tia absolutamente controlada a parroquia, aproveitando
para saldar vellas retesas persoais e denunciando s que se manifestaban disconformes con este
proceder28. Non faltaron, en fin, casos nos

26

Entrevista realizada por R. Soutelo con S.G.G., de Beiro, p. 6. Vid., asemade, AGMO, causa
489/1937 instruda pola denuncia dos caballeros S.N.G. e J.F.D. contra os membros da directiva da
Sociedade de Campesios de Beiro.
27
AGMO, causa 1.365/1936, fol. 70a.
28
Con ocasin dun roubo perpetrado en outubro de 1939 nas tullas da Bandeira da Lexin destacada
en O Barco acusa de estar implicado no mesmo seu cuado, o comerciante G.R.F., de quen di,
asemade, que mantia relacins co lder comunista Blanco Pascual e cos restantes fuxidos. A gran
maiora dos vecios da parroquia responderon avalando coas sas sinatura a conducta de G.R.F.,
vctima propiciatoria das intrigas de V.L.V. co que mantia un litixio por unha herdanza da sa
muller (AGMO, causa 1.020/1939; en esp. fols. 24-25).
183

que estes homes se enfrontaron con falanxistas en diferentes ocasins e con resultado dispar: C.F.S.
recriminou a dous "camisas vellas" o feito de que estivesen a piques de atropelar a un ha rapaza,
sendo golpeado por un deles e salvado de ser detido gracias intervencin de varios industriais da
Praza do Ferro e da ra Luis Espada que se puxeron do seu lado29. E.V.O., acudiu acudiu a poer
orde nunha disputa entre falanxistas e requets nunha festa ameazando con detelos se persistan na
sa actitude, conseguindo despois de das intervencins "contenerles, mandando a cada sujeto por
su lado", malia que pouco despois un dos falanxistas asasinara a outro dos implicados no
altercado30. Un pequeno grupo de caballeros do concello de Canedo trataron de poer coto s
desmandos de certo matn falanxista da sa vecindade con certo xito malia que as sas
arbitrariedades s remataran cando finou a mans da que a ser un ha das sas vctimas31.
As milicias de segunda lia proliferaron, asemade, nas principais vilas e aldeas da provincia. No
caso de Vern os Caballeros estaban mando do notario Luis
Conde, eficaz colaborador dos militares nas tarefas de
pacificacin da zona e o principal impulsor da organizacin na
comarca do Tmega. No concello de Canedo, prximo da
capital, constituuse, como dixemos, outro activo ncleo -o
segundo en canto a nmero de militantes localizados- que
tamn practicaba servicios en Ourense. Outros grupos
importantes os localizamos en Pereiro de Aguiar, Carballio,
O Barco, Ribadavia, Xinzo de Limia, Allariz, Bentraces, A
Ra, San Cibrao das Vias, etc. A diferencia do caso de
Ourense resulta imposible cuantificar exactamente o nmero
dos seus integrantes non poder contar con listados
completos. Con todo, os 380 casos atopados permiten
aventurar algunhas diferencias significativas no tocante estructura socio profesional cos seus
homnimos da capital da provincia toda vez que a composicin por idades non ofrece contrastes
dignos de mencin como non sexa o dun maior peso dos gru-

29

Como resultado destes feitos se instruron unhas dilixencias a solicitude de A. Casar en aras "del
buen nombre del Batalln as como de la disciplina que debe ser gua primordial en todas las
milicias" que culminaron coa imposicin dun arresto polo instructor, medida que sera confirmada
por L. Soto (AGMO, dilixencias previas BE s/n/1936).
30
AGMO, causa 1.401/1936, fols. 28a, 32a e ss.
31
Vid. AGMO, causa 1216/1936.
184

pos intermedios, polo demais coherente co meirande avellentamento do agro como consecuencia
dos efectos a emigracin e o xodo rural.
No que atinxe a aquela os labradores e xornaleiros pasan a ocupar o primeiro posto cun 35,07%
fronte 14,80% que representaban no concello ourensn. Se incrementan, asemade, os procedentes
do sector da construccin (10,41% fronte a 4,83%), os mestres (2,46% fronte a 1,87%) e o grupo de
outros (6,30% fronte a 5,75%); descenden, pola contra, os grupos de servicios I e II (13,15% 22,74% e 8,22% - 15,58%), o de comerciantes e propietarios (17,81% - 19%), as profesins liberais
(2,19% - 6,23%) e os funcionarios (4,38% - 9,19%). Estas cifras veen a confirmar que o
campesiado se mostrou mis reticente a encadrarse nas
milicias de segunda lia toda vez que o considerable
incremento dos grupos vencellados sector primario
est moi lonxe do peso real que estes tian na economa
rural e vilega ourensn da segunda metade dos anos
trinta. O feito de que dentro de un mesmo concello sexan
maiora os que viven nos ncleos mis poboados e
particularmente na capital municipal- apuntan nesa
mesma direccin o que, por outra banda, resulta lxico
tendo en conta que nas meirandes concentracins
demogrficas onde, a priori caba agardar maiores
alteracins da orde. En todo caso nos concellos
prximos s serras e montes nos que haba importantes
concentracins de fuxidos as tarefas de control da orde tian que ampliarse a distancias bastante
afastadas, actuando neste caso como forzas auxiliares da Garda Civil e dos Carabineiros sen que
adoitasen prestar servicios de vixilancia en solitario.
O decreto unificador de abril de1937 supuxo tamn o principio da fin dos Caballeros de
Santiago como milicia autnoma. O xoves 8 de xuo a prensa publicaba a relacin dos derradeiros
caballeros que da seguinte deban prestar servicio de patrulla, imaxinaria e vixilancia na prisin,
o seminario e o hospital32. Ese mesmo da se os convocaba a unha xuntanza na explanada do cuartel
do batalln onde o xefe de milicias, comandante Luis Fernndez Espaa, daba conta da orde de
Franco de que todas as organizacins armadas que actuaban en territorio nacional quedasen
refundidas na milicia de FET y de las JONS. Interpretado o esprito de esta disposicin, Fernndez
Espaa estimaba

32

Rumbo, 8-VII-1937, p. 2.
185

que pretenda reforzar cada vez ms la unidad nacional, suprimiendo medios que con la existencia
de tantas organizaciones pudieran influir poderosamente en el nimo de algunos componentes,
llevando su pensamiento por derroteros equivocados'33. Despois de recoecer os servicios
prestados por esta milicia, lles peda s caballeros que "como un solo hombre" se integrasen na
nova milicia, dando conta, asemade, dun escrito do gobernador militar, coronel honorario do
batalln, en idntico senso. Naturalmente, as milicias de segunda lia, que accidentalmente pasaban
a estar baixo o mando do capitn de Infantera Eduardo Saavedra Caball, quedaban desligadas por
completo "de la parte poltica de la organizacin", condenadas a un ha posicin secundaria no
deseo da nava Espaa, pero coa honra de manter viva a sa divisa de acudir onde fosen chamados
"en defensa de su Dios y de su Patria".

33

Rumbo, 10-VII-1937, p. 2.
186

""

187

MINIUS VIII, 2000, pp.189-205

Formas de Disidencia y Actividad Poltica en las Prisiones Espaolas


de Posguerra (1939-1943)*

DOMINGO RODRGUEZ TEIJEIRO


JULIO PRADA RODRGUEZ
rea de Historia Contempornea.
Universidade de Vigo.

l. Introduccin.
Todo el sistema penitenciario que se disea en la posguerra civil tendr como destinatarios
nicos a los presos polticos; la existencia de presos de derecho comn prcticamente no es tenida
en cuenta por el legislador hasta la publicacin del nuevo Cdigo Penal en el ao 1944. La
desproporcionada ampliacin de la jurisdiccin de guerra a prcticamente todo tipo de delitos
realizada por la legislacin franquista -comenzando por los bandos en que se declaraba el estado de
guerra- acab por borrar, en la prctica, las ntidas lneas de separacin entre el delito comn y el de
naturaleza poltica al producirse una "contaminacin" del primero por el pasado poltico de los
sujetos pasivos y activos del delito. As, la solicitud y emisin de informes sobre la conducta
poltica observada por stos, realizada por las distintas instancias inquisitivas a lo largo de todo el
proceso castrense, condicionaba claramente la actitud del juzgador; de este modo, una protesta por
la actuacin de la Guardia Civil en una fiesta, un asesinato relacionado con disputas por la tierra o
una denuncia por tenencia de armas motivada por una servidumbre, poda convertirse en un
pretexto para enjuiciar la conducta poltica de los implicados, transformando al reo en un "preso
poltico"1. Lgicamente esta concepcin condicionaba de forma

* Esta investigacin forma parte del Proyecto de Investigacin Representacin e poder poltica na
Galicia contempornea. (PGIATOOPXI 38201 P R)
1
A modo de ejemplo vid. Archivo de la Delegacin de Defensa de Ourense (A.D.D.O.), Juzgado
Militar Eventual, causas 332/45, n leg. 58; causa 146/39, n leg. 34 y causa 1254/36, n leg. 14.
189

decisiva el diseo del sistema penitenciario y, as, en los sistemas de redencin de pena -por el
trabajo fsico o intelectual-, los destinos en las prisiones o los diferentes indultos, slo tienen
cabida los presos que son producto de la represin desencadenada durante y despus de la guerra
civil.
Una de las funciones ms destacadas que cumple la prisin en la posguerra consiste en la
posibilidad de llevar a cabo el adoctrinamiento ideolgico de aquellos sectores que resultaba
imprescindible desactivar polticamente para permitir la implantacin del nuevo rgimen. Se
pretende inculcar en el vencido los supuestos fundamentales de la ideologa dominante para
permitir su retorno al sistema social perfectamente adaptado y sin el menor asomo de actitud
crtica. Para llevar a cabo esta funcin, uno de los elementos ms importantes de que se vale el
sistema penitenciario es la labor propagandstica; propaganda que era definida cmo "toda accin
desplegada para facilitar el rescate moral y social del preso"2. Del "rescate moral" se encarga la
iglesia como institucin que no slo apoya, sino que participa e incluso disea la poltica
represiva, en la que encuentra una oportunidad para llevar a cabo una labor de evangelizacin
(forzada) sobre una parte importante de la sociedad que antes no controlaba: no slo los presos,
tambin sus familias se vern sometidas a este proceso adoctrinador; el "rescate social" es la
labor encomendada a la propaganda patritica que pretende "... formar la conciencia del recluso
en cuanto al conocimiento y comprensin de la labor poltico-social del Nuevo Estado"3.
En definitiva, el rgimen franquista recrea en el interior de las prisiones el estilo de vida y la
escala de valores que en esos momentos se estn implantando en toda la sociedad espaola. Sin
embargo, esa funcin de "redencin" moral y social del preso se llevar a cabo con muy escaso
convencimiento, prevaleciendo siempre la idea de la "irrecuperabilidad" de la mayor parte de los
vencidos4, lo que condena el intento al fracaso, hasta tal punto que el rgimen penitenciario ni
siquiera es capaz de erradicar actitudes de disidencia o actividades polticas que, en el interior de
las prisiones, ponen en cuestin la labor propagandstica desarrollada sobre los presos.

II. Formas de disidencia de los reclusos.


En este apartado nos centraremos en el estudio de algunas de las mltiples formas de disidencia
adoptadas por los presos como respuesta a la situacin de

PATRONATO PARA LA REDENCION DE PENAS: La obra de la redencin de penas. La


doctrina, la prctica, la legislacin. Memoria 1940. Alcal de Henares, Impr. Talleres
Penitenciarios, 1941, pg. 1.
3
PRISION ESCUELA DE MADRID: El trabajo y la escuela en el nuevo sistema penitenciario
espaol.
Memoria. Madrid, s.e., 1943, pg. 42.
4
Este concepto lo expone con absoluta claridad el falangista Alczar de Velasco: "Yo no he credo
nunca en la sinceridad del rojo, en sus propsitos de enmienda, y en ese supuesto fondo de bondad
que todo hombre tiene y que es susceptible de explotar. El rojo, el autntico rojo, no se enmendar
jams. Claro que hay excepciones; pero la generalidad sigue tan roja, con intenciones tan torvas y
siniestras como el 18 de julio de 1936. Bien est el perdn, entre otras cosas, porque responde a un
sentimiento de religiosidad, pero en la mayora de los casos lo considero estril". ALCAZAR DE
VELASCO, A.: Serrano Suer en la Falange. Madrid, 1940, pg. 154.
190

privacin de libertad y opresin en la que se encontraban. Todas ellas coinciden en tratarse de


"estategias de resistencia de bajo riesgo" -por utilizar la terminologa de J. Scott aplicada a
contextos bien diferentes5- que operan en un escenario particularmente desfavorable para cualquier
manifestancin de desacuerdo cual es el recinto carcelario.

A) OBTENCIN DE INFORMAClON DEL EXTERIOR.


Para que esa funcin propagandstica a la que aludamos pudiera alcanzar sus fines era
indispensable una total incomunicacin del penado con el exterior de la prisin, una ausencia
absoluta de cualquier tipo de informacin que pudiera contrarrestar la que, de manera sesgada y
unidireccional. se difunda a travs de diferentes mecanismos -escuela, semanario Redencin,
conferencias, actos religiosos...- entre los presos. Sin embargo, y desde los primeros momentos, los
reclusos van a intentar contrarrestar con todos los medios a su alcance esa labor de adoctrinamiento.
La necesidad de estar en contacto con el exterior de la crcel se hace evidente si tenemos en
cuenta que las nicas posibilidades oficiales y permitidas con que contaba el preso se reducan a la
de escribir una postal semanal y recibir una carta o postal tambin semanalmente6 -sometidas
ambas, invariablemente, a un frreo proceso de censura-, junto con las "comunicaciones" con
familares o amigos que en todas las prisiones se desarrollaban en condiciones similares de control y
fiscalizacin por parte de los funcionarios: en la Prisin de Santa Isabel de Santiago el locutorio era
una reja con tela de alambre, en frente, con una mesa por en medio, un mostrador donde se ponan
las visitas; en el mostrador dejaban los paquetes para que fueran revisados y un vigilante, en medio,
escuchaba la conversacin7. Sin embargo, pese a estas condiciones restrictivas, los reclusos intentan
ponerse en contacto con el exterior aprovechando las escasas posibilidades que ambos mecanismos
ofrecen.
Las comunicaciones personales brindan una posibilidad de recibir datos precisos sobre las
condiciones de vida en el exterior o acerca de la evolucin poltica interna y externa y, en algunos
casos, se consigue pasar notas o informes escritos al interior de la prisin8. Como veremos, la
censura de correspondencia

SCOTT, J.: The Moral Economy ofthe Peasant. Rebelion and Subsistance in South-east Asia. New
Haven, Yale University Press, 1976 y Weapons of the Weah. Everiday forms of Peasant Resistance.
New
Haven, Yale University Press, 1985.
6
Telegrama sin fecha (1939). Arquivo Histrico Provincial de Ourense (A.H.P.OU.) Fondo Prisin
Provincial. Celanova. Correspondencia Celanova 1919-1943. Caja 13.041.
7
Vid. DIAZ FERNANDEZ, X.: Os que non morreron. Sada (A Corua), Eds. do Castro, 1985. En
la Crcel Modelo de Madrid:" Una doble alambrada formando pasillo divida el patio en dos
mitades: familiares y reclusos. Tras un pitido, unos y otros corran en tropel a su lado de la
alambrada (...). Bajo la atenta mirada del guardin trataban de hacerse or en ensordecedor gritero
que duraba unos minutos y se renovaba con cada comunicacin", ARESTE, J.A.: "Madrid, 1939.
La
crcel por dentro", en Historia Internacional n 15, Madrid, 1976, pg. 70.
8
En noviembre de 1940 tres reclusos de la Prisin Central de Celanova sern castigados con
reclusin en celda por un periodo de 20 das porque "aprovechndose de las comunicaciones orales
que han tenido con sus familiares pretendieron, clandestinamente, entregar notas o escritos
burlando la vigilancia del funcionario encargado del servicio comunicacional". A.H.P.OU. Fondo
Prisin Provincial. Celanova. Libro n 2 Actas de la Junta Disciplinaria. Libro 10.720, Sesin del
20/11/40, pg. 33.
191

se intenta burlar atravs de una clave secreta en poder de presos pertenecientes a un mismo tipo de
organizacin poltica; otra forma de evitar la censura consista en sacar la correspondencia de forma
clandestina al exterior, lo que se consegua, en ocasiones a travs de funcionarios que, ya fuera por
afinidad ideolgica, porque los reclusos haban conseguido influir en su nimo, se prestaban a esta
labor de correo, an exponindose -en caso de ser descubiertos- a ser juzgados en consejo de guerra
y condenados a penas de prisin9, El soborno de los funcionarios que se prestaban a ello tambin
era uno de los mecanismos empleados por los reclusos en su pretensin de mantenerse en contacto
sin censuras con el exterior de la crcel10. En otras ocasiones sern los soldados de los
destacamentos encargados de la vigilancia de la prisin los que realizan esta labor, como
constatamos en la Prisin Central de Celanova cuando el Comandate Militar reclama el relevo del
soldado L.R. debido a la amistad mantenida con uno de los presos, al que sirve de intermediario en
la relacin que ste mantiene con una muchacha de la villa11. Cualquier oportunidad es buena y, as,
en ocasiones actan como correos presos que por algn motivo consulta mdica, traslados, trabajo,
etc.- salen de la prisin12, Cuando en las prisiones conviven presos polticos y presos comunes,
stos ltimos al ser puestos en libertad llevan al exterior cartas o escritos entregados por los
polticos, aunque el grado de confianza no suele ser muy elevado y algunos grupos -como ocurre
con las prostitutas en las crceles de mujeres- apenas se emplean para esta labor13.
Otra forma de enviar al exterior de la prisin y recibir en la misma escritos o cartas consiste en
utilizar el contacto indirecto que los reclusos tienen con algunas personas -en general mujeres- de la
localidad donde se encuentra enclavado el centro de reclusin. Sobre este sistema nos ofrece
abundante informacin la prisin Central de Celanova, ya que algunas jvenes de la villa se
prestaban -ya fuese por caridad o a cambio de una compensacin econmica- a lavar la ropa de
algunos reclusos o a confeccionarles y hacerles llegar la comida14. En este caso, la imaginacin de
los reclusos y sus contactos en el exterior se agudiza hasta lmites

Vid. AMBLARD, M.: Muerte despus de Reyes (Relatos de cautividad en Espaa). Madrid,
Forma, 1977, pg. 73. El autor seala cmo algunos funcionarios fueron efectivamente "condenados
a muchos aos por sacar cartas de la crcel y otros documentos importantes".
10
Vid. DIAZ FERNANDEZ, X.: A crueldade intil. Sada (A Corua), Edicis do Castro, 1985, pg.
67. El autor recuerda cmo un vigilante, mutilado de guerra, de la Prisin Provincial de La Corua
cobraba 5 ptas. por sacar una carta de la crcel y 10 por introducir un peridico aunque, en
ocasiones, tampoco tena reparos en denunciar a aquellos que utilizaban sus "servicios".
11
El comandante seala que dicho soldado "debe ser reemplazado por lo menos de este
destacamento, sin perjuicio de interesar de l los informes que sean al caso, por la labor que dicho
soldado pudiera muy bien hacer en favor de los presos con perjuicio para la causa Nacional,...".
AD.D.O.,
Juzgado Militar Eventual, causa 800/1939, n leg. 38.
12
Como se pone de manifiesto en la sesin de la Junta Disciplinaria de Celanova celebrada el1 de
febrero de 1942, cuando se informa que un mtodo para burlar la censura de correspondencia
consiste en entregar las cartas a un grupo de reclusos que es enviado al Hospital Provincial de
Ourense. A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Libro n3 Actas de la Junta Disciplinaria,
Libro
10.719, pg. 142.
13
SUAREZ, A-COLECTIVO 36: Libro blanco sobre las crceles franquistas. 1939-1976. Pars,
Ruedo
Ibrico, 1976, pg. 77.
14
A.D.D.O. Juzgado Militar Eventual. Causa 800/1939. N Leg. 38. Declaracin de C.R., de
cuarenta aos, vecina de Celanova, quien lava la ropa al recluso Amable Rodrguez "por habrselo
encomendado la esposa del referido recluso en ocasin de estar en esta Villa (...) que tambin le
dej cien pesetas para que cobrase su trabajo y le mandase al marido una comida cada semana".
192

insospechados, valindose de las etiquetas, los cuellos de las camisas, las bastillas de las sbanas y,
en general, de todas las dobleces que presenta la ropa -descosindolas pacientemente y volviendo a
coserlas despus- para enviar notas escritas15. Pero quiz el mecanismo ms llamativo sea el empleo
de las botellas de leche que se envan con la comida de los presos: se despegaba la etiqueta y se
proceda a escribir en el reverso de la misma que despus era fijada de nuevo a la botella, una vez
dentro de la prisin, y cuando se haba consumido el lquido de su interior, era perfectamente
posible leer lo escrito a travs del cristal transparente16.
B) RELACIONES DE CARACTER PERSONAL.
El intercambio de cartas entre algunos reclusos de la prisin de Celanova y muchachas de la
villa no se limita nicamente a esa funcin de transmisin de informacin que estamos sealando
en estas pginas. En ocasiones las relaciones que se establecen tienen un caracter ms personal, ms
humano -en el estricto sentido de la palabra-, y acaban por convertirse en relaciones sentimentales
consolidadas. Se puede citar ms de un caso de "noviazgo" en la distancia impuesta por las rejas, en
general estas relaciones comienzan cuando la muchacha se presta a lavar la ropa a algn recluso y,
a travs de los mecanismos citados anteriormente, se escriben cartas que les permiten un trato ms
personal, hasta que finalmente la relacin se hace oficial y la joven comienza a acudir tambin a las
"comunicaciones" que tiene autorizadas el preso.
Mantenter una relacin de este tipo lleva a los interesados a inventar nuevas formas de
comunicacin ms prximas y, si cabe, ms personales que el intercambio epistolar. A este respecto
el lugar de encuentro entre los "novios" de la prisin celanovense era la alameda de la villa, situada
en uno de los laterales del antiguo monasterio, a ella acudan a pasear las muchachas de Celanova y
los presos las observaban desde las ventanas; lleg incluso a crearse un autntico lenguaje de signos
para mantener "conversaciones": en unos casos muy simple -tocarse el cuello de la camisa para
indicar que en su interior ira escondida la prxima carta-, en otros ms complejo yenrevesado17.
No cabe duda de que la existencia de este tipo de comunicaciones era perfectamente conocido
por la direccin del centro e, incluso, si no permitido, cuando menos tolerado, aunque aquellos
presos sorprendidos en sus "conversaciones" por seas eran condenados a reclusin en celda de
castigo por periodos que oscilan entre los 15 y 20 das. Esta consideracin de la comunicacin con
el exterior como una simple falta leve parece deducirse de la informacin

15
16

Ibdem. Declaracin de J.C.R. y D.A.A


Ibd. Informe del Comandante Militar de Celanova, quien seala que al enviar las comidas a los
reclusos "pueden de este modo pasarles noticias que no deben saber", por lo que solicita que se
suspenda la recepcin de envos y que todos los reclusos se alimenten del rancho de la prisin.
17
Vid. LOPEZ SARASUA, C.: Celanova 42. Alicante, Ed. Clamo, 1993. Un relato novela do de
los recuerdos de la autora de cuando acuda a Celanova a visitar a su to preso, en el que habla de
las relaciones de ste y una joven de la villa y del lenguaje de seas inventando por ambos para
comunicarse en la distancia.
193

que aportan los libros de actas de la Junta Disciplinaria, pues, de las diferentes sanciones que se
imponen por hechos de este tipo, slo en una de ellas, producto de una denuncia, se abre una
investigacin informando al Gobernador Civil (para proceder contra la vecina) y al Jefe del servicio
de Prisiones y ello porque, al finalizar la conversacin, el recluso parece despedirse saludando con
el puo en alto18.
Que la existencia de estas relaciones era de dominio pblico en Celanova se puede deducir de la
reaccin que se produce entre los jvenes de Falange, los cuales llegan a amenazar -de viva voz y
en las proximidades de la prisin, con la intencin de que llegase a oidos de los presos- con cortar
el pelo a las muchachas que voluntariamente lavan la ropa a los reclusos. Esta amenaza sera escuchada por el recluso Carlos Ordez quien de inmediato intenta dar cuenta de ella en una carta a su
novia J.C.R., sin embargo, esta carta -junto con otras dossera descubierta por los funcionarios de la
prisin, dando lugar a una investigacin que pone al descubierto las relaciones entre varias mujeres
de la villa y reclusos de la prisin, as como los diferentes mecanismos y argucias empleadas para
comunicarse entre s19.
Esta documentacin tambin nos informa de la consideracin que estas jvenes tenan entre las
autoridades de la villa, a quienes se pide informacin sobre su conducta. Sistemticamente los
informes ms negativos son los del servicio de Informacin e Investigacin de Falange: en el caso
de J.C.R. sealaban que "antes del Glorioso Movimiento Nacional era simpatizante de izquierdas si
bien no intervino en poltica, y al estallar aqul demostr no tener afecto alguno al mismo,
manteniendo con preferencia amistades rojas y sustentando relaciones con los penados de la prisin
Central establecida en la villa", la conceptuacin de su vida privada merece el calificativo de buena,
pero respecto a la pblica y religiosa se hace una conceptuacin calculadamente ambigua al indicar
que se corresponde "con la que se desprende se su ideologa"20; sin embargo, el informe realizado
por el Brigada de la Guardia Civil de Celanova, indica que todas las jvenes "carecen de
antecedentes que les hagan desfavorecer, no habiendo tenido intervencin poltica en el funesto
Frente Popular, al inicio de G.M. Nacional, se adhirieron al mismo, en cuya posicin se mantienen
hasta hoy"21. Resulta curioso contrastar ambos informes: por su posicin el Brigada de la Guardia
Civil puede mantener una actitud ms neutral y objetiva, mientras que el informe de Falange parece
responder a las mismas causas que la amenaza vertida en las proximidades de la prisin: algunas
jvenes de la

18
Esta sancin es producto de la denuncia hecha al Director de la Prisin por el Alcalde de la Villa
-que fue testigo de la "conversacin" - y, en realidad, sobre lo que parece centrarse la denuncia es
sobre el hecho de que el recluso levantase el puo a modo de despedida, indicacin clara de una
postura contraria al rgimen, y no sobre la existencia de la comunicacin en s. A.H.P.OU. Fondo
Prisin Provincial. Celanova. Libro 1 Actas Junta Disciplinaria Celanova. Libro 10.719. Sesin
del
10 de julio de 1939, pg. 20.
19
A.D.D.O. Juzgado Militar Eventual. Causa 800/1939. N Leg. 38. Aunque oficialmente la causa
se abre por el delito de introducir correspondencia clandestina en la Prisin, en realidad lo que se
persigue es el esclarecimiento de la supuesta amenaza del recluso que parece contenerse en el
escrito
donde da cuenta de la conversacin escuchada a los falangistas.
20
Ibdem. Informe del Servicio de Informacin e Investigacin de la Delegacin Provincial de
Orense.
21
Ibid.

194

villa, en lugar de deslumbrarse ante los lustrosos uniformes de los vencedores prefieren a los
vencidos recluidos en el Monasterio; en definitiva, una cuestin de celos22.
Este tipo de relaciones no era privativo de la prisin de Celanova, ni se limitaban a las que se
establecan entre reclusos y mujeres del exterior. En las prisiones mixtas, aunque se encontraban
rigurosamente separados hombres y mujeres, se haca uso de todas las posibilidades para mantener
algn tipo de relacin, as la misa dominical o la participacin en el coro de la prisin daba ocasin
a contactos que en algunas ocasiones terminaban en matrimonio23.
C) DIFUSIN Y UTILlZACIN DE LA INFORMACIN. FORMAS DE ORGANIZACIN DE
LOS RECLUSOS.
Por los medios sealados ms arriba -y algunos otros- se reciban las noticias en el interior de la
prisin, algunos presos de esta poca han llegado a calificar la informacin disponible como buena
y actualizada, ya que se dispona no slo de informes orales o escritos, sino incluso de diferentes
peridicos cuyo acceso los presos tenan terminantemente prohibido, a pesar de lo cual algunos
reclusos se gastaban diariamente bastante dinero en la compra de varias publicaciones.
Las dificultades comenzaban a la hora de hacer circular esa informacin entre el resto de la
poblacin penal. La frmula ms frecuente era "boca a boca", aunque no estaba exenta de
problemas: se tomaban todo tipo de precauciones antes de hacer cualquier comentario,
desconfiando de la presencia de "espas" que informaban de todo al capelln o a los guardianes24.
En otras ocasiones con la informacin recibida se redactaban "peridicos" o boletines,
generalmente manuscritos, que se distribuan en el interior de la prisin; son muchas las referencias
a este tipo de publicaciones confeccionadas por los presos: en la Prisin de Alcal de Henares se
realizaba el Boletn de la Alianza Nacional de Fuerzas democrticas, "que se lee en voz alta en
todos los departamentos..."25; en la Prisin de Mujeres de Ventas (Madrid) las reclusas elaboraban
una publicacin con una periodicidad aproximadamente quincenal que utilizaban para la
comunicacin interna entre ellas26; en la Prisin de Barcelona puesta como modelo por el Padre
Torrent- se publicaba un peridico clandestino con el nombre de Treball compuesto por dos hojas y
con una tirada de aproximadamente cien ejemplares que, aunque impulsado por presos
pertenecientes al PSUC, estaba abierto a la colaboracin de todos los penados27; tambin en
Carabanchel (Madrid) jvenes anarquistas confeccionan un boletn manuscrito que circulaba por
todas las galeras de la prisin, en el que se recoga informa-

22

Y es que en ocasiones la relacin alcanzaba un carcter mucho ms ntimo y personal que la


comunicacin escrita o por seas. En este sentido, la jven D.A.A. declara cmo habindose hecho
novia de un recluso al que lavaba la ropa, y estando este de servicio en la puerta, le hizo el amor,
entregndole
despus una carta en mano. Ibdem.
23
SUAREZ, A.-COLECTIVO 36: Libro blanco op.cit. Pg. 75.
24
SUBIRATS PIANA, J.: Pilatos 1939-1941. Prisin de Tarragona. Madrid, Ed. Pablo Iglesias,
1993,
pg.85.
25
MOLlNA, J.M.: Noche sobre Espaa. Siete aos en las prisiones franquistas. Mxico, Libro
Mex, 1958, pg. 50.
26
SUAREZ, A-COLECTIVO 36: Libro... op. cit. pg.76.
27
VILAR, S.: Protagonistas de la Espaa democrtica. Pars, Ediciones Sociales, 1968. Entrevista
con Josep Sol Barber., pgs. 244-245.
195

cin cotidiana y sobre todo la referida a las actividades de la oposicin poltica28. Esta proliferacin
de prensa clandestina en las prisiones nos lleva a pensar que, en los aos cuarenta, en practica
mente todas ellas exista algn tipo de publicacin de este tenor.
Como podemos apreciar, la poblacin penal de posguerra se encuentra lejos de adoptar una
actitud sumisa o resignada ante su situacin sino que, por el contrario, intenta reorganizarse
polticamente, contrarrestar la propaganda y la labor de adoctrinamiento que sobre ellos pretende
ejercerse y, sobre todo, eludir la muerte social a la que el rgimen pretenda condenarlos29. Que los
partidos polticos se estaban reorganizando en el interior de las crceles y que llevan a cabo una
labor de propaganda poltica era una preocupacin, fundada, de las autoridades penitenciarias.
Cipriano Mera recuerda cmo a pesar de la situacin de reclusin la actividad anarquista se iba
hacendo cada vez ms intensa: reuniones o charlas siempre con las mximas precauciones para no
ser sorprendidos-, algunos compaeros "colocados" facilitaban el enlace con el exterior30, el
contacto con la Organizacin en la calle era regular,...31. Tambin M. Rodriguez seala la
reorganizacin del partido comunista aprovechando la agrupacin de los presos en el interior de la
prisin: por centurias que, a su vez se dividan en escuadras de cinco o seis hombres; los
comunistas aprovechan esta distribucin intentando coincidir en las escuadras y nombrar un jefe,
"lo cual permita un sistema de direcciones de galera directamente relacionadas con los camaradas
ms responsables de la prisin, quienes, a su vez, constituan el ncleo de la direccin central"32.
La agrupacin por afinidades ideolgicas resulta una constante -por otro
lado lgica- en el interior de las prisiones y, a partir de ella comienza la organizacin de todo tipo
de actividades entre los presos, desde las puramente polticas y partidistas hasta otras de carcter
cultural o educativo; en general, se constituyen grupos de trabajo abiertos a todos los que quisieran
tomar parte en las actividades programadas33. Pero tambin esta agrupacin por partidos tiene como
consecuencia que se traslade al interior de las prisiones el agrio debate y enfrentamiento- que se
produjo entre los componentes del bando republicano en los ltimos momentos de la guerra civil y
tambin debates de mayor actualidad, como la actitud a tomar ante el pacto nazi-sovitico y la
Segunda Guerra Mundial, o la necesidad de un frente nico de actuacin de la oposicin en el exilio
y la participacin -o no- de los comunistas en el mismo.
Pese a que esos debates en ocasiones alcanzan cotas de violencia elevadas,

28
MERA, C.: Guerra, exilio y crcel de un anarcosindicalista. Pars, Ruedo Ibrico, 1975. pg. 269
Y
ss.
29
X. Daz nos ofrece interesantes reflexiones sobre las condiciones de vida en las prisiones de las
que se infiere claramente el "plus" aadido de represin que significaba para los reclusos la
realizacin de actividades puramente cotididanas, caso de las relacionadas con los hbitos
higinicos, como seala este antiguo preso republicano, "Estbase escrivindo a historia e ns
estabamos asistindo inermes ao triunfo da iniquidades. Humillban-nos a coto (...) Era unha
crueldade
intile". DIAZ FERNANDEZ, X.: A crueldade... op. cit., pg. 58; vid., asimismo, pg. 23.
30
En este sentido eran muy apetecidos los" destinos" en las oficinas pues, aunque conllevaban una
mayor carga de trabajo, ofrecan mayores posibilidades de contacto con el exterior y mejor
informacin.
31
MERA, C.: Guerra... op. cit.
32
Cit. VARGAS, V.: La resistencia interior en la Espaa de Franco. Ediciones Istmo, Madrid,
1981.
pg. 77.
33
Idem.

196

finalmente parece imponerse el sentido comn y la conciencia de sufrir una situacin que requiere
la participacin y actuacin en comn de todos los reclusos. En ocasiones se llega a un reparto de
funciones, como ocurre en la prisin de Yeseras en 1942, donde socialistas y anarquistas se
reservan las actividades de carcter cultural, mientras que los comunistas realizan actividades de
preparacin ideolgica34.
En relacin con lo anterior, una constante en los diferentes centros penitenciarios ser la
organizacin de clases de alfabetizacin o cursos de diferente tipo entre los reclusos. No es ajeno a
este hecho el que uno de los colectivos sobre el que con mayor dureza recae la represin sean
precisamente los maestros de enseanza primaria, pero tambin cabe apuntar la experiencia vivida
con ocasin de la represin posterior a la "Revolucin de Octubre" de 1934, cuando la organizacin
de cursos o seminarios entre los presos se convierte en un importante mecanismo de
adoctrinamiento ideolgico utilizado por los partidos y sindicatos obreros35. Sin embargo, ahora, las
nuevas autoridades penitenciarias no van a permitir nada parecido y esta actividad ser rpidamente
controlada y dirigida, integrndose en el sistema de redencin de penas y convirtindose en un
mecanismo ms de adoctrinamiento poltico al servicio del nuevo Estado, que lo utilizar adems
como elemento fundamental en su labor propagandstica de cara al exterior para presentar las
"bondades" del sistema penitenciario implantado36.
La erradicacin de la actividad poltica y de las diferentes formas de organizacin entre los
reclusos ser la constante preocupacin de las autoridades penitenciarias, que castigarn con
especial dureza la ms mnima manifestacin o actividad individual que pueda poner de manifiesto
una actitud contraria a las directrices impuestas por el nuevo rgimen. En la Prisin Central de
Celanova sern este tipo de actos los reciban las sanciones ms duras impuestas por la Junta
Disciplinaria, en general: rgimen de aislamiento y reclusin en celda de castigo por tiempo
indefinido37; y para dar acogida a los presos que se consideran peligrosos se crear una brigada
especial en la Prisin Central de Surgos, significando el traslado a la misma la prdida de todos los
derechos que permiten obtener la libertad condicional o acceder al sistema de redencin de penas
por el trabajo38. Adems de cualquier tipo de manifestacin o actividad de carc;ter poltico,
actitudes como tararear el Hinmo de Riego o negarse a realizar el saludo brazo en alto, tambin
eran consideradas como indudables muestras de falta de adhesin al Nuevo rgimen y, por ello,
severamente reprimidas.

34
35

VARGAS, v.: La resistencia... op. cit. pg. 78.


En este sentido puede verse, PRADA RODRIGUEZ, J.: Violencia poltica, protesta social e arde
pblica no Ourense republicano (1934-1936), Tesis de Licenciatura defendida en la Universidad de
Vigo en enero de 2000, en especial pgs. 73-75.
36
Sobre la organizacin del sistema educativo en las prisiones espaolas de posguerra y sus
pretensiones de adoctrinamiento ideolgico vase RODRIGUEZ TEIJEIRO, D.: "Longa noite de
pedra" no Mosteiro de San Salvador. Represin e reclusin en Celanova (1936-1943). Va Lctea
Ed., A Corua, 1999. pgs. 73 y ss.
37
As ocurre en 1939, cuando se ordena la reclusin en celda por tiempo indefinido de cuatro
presos "por haber hecho en sus conversaciones particulares ciertas manifestaciones contra el
rgimen". Tambin se solicita el traslado de dos reclusos por realizar manifestaciones contrarias al
Nuevo Rgimen, a los que se unen otros nueve por causas similares que "se consideran peligrosos y
propicios para perturbar la buena marcha del rgimen del Establecimiento". Libro 10 Actas Junta
Disciplinaria Celanova. Libro 10.719. Sesiones del 1 y 10 de noviembre de 1939, pgs. 35 y 36.
38
SABIN, J.M.: Prisin y muerte en la Espaa de postguerra. Madrid, Anaya-Mario Muchnick,
1996, pg. 142.
197

III. La Actividad poltica en las prisiones desde la ptica de las Autoridades penitenciarias.
A pesar del clima de temor y de las difciles condiciones de vida existentes en el interior de las
prisiones espaolas de posguerra, hemos visto cmo los presos polticos de inmediato comienzan la
reconstitucin de sus organizaciones y se coordinan con vistas a una actuacin de carcter poltico.
Por ello no es de extraar que una de las preocupaciones fundamentales de las autoridades
penitenciarias sea frenar el desarrollo de la propaganda poltica que determinados presos llevan a
cabo entre sus compaeros de reclusin y desarticular la reorganizacin de los diferentes partidos
polticos que se intenta impulsar en el interior de las prisiones y, en muchos casos, valindose de
los contactos entre los presos y sus compaeros del exterior.
A travs de las cartas circulares y telegramas enviados desde la Direccin General de Prisiones
a la Direccin de la Prisin Central de Celanova, transmitiendo rdenes, decretando la adopcin de
medidas extraordinarias o enviando informacin diversa relacionada con este tema39 es posible
utilizar el ejemplo celanovs para obtener conclusiones de carcter general sobre la totalidad del
sistema penitenciario espaol ya que, en su mayora, estos escritos se reciban en todos los centros
de reclusin diseminados por el pas. A pesar de que se trata de una documentacin de carcter
fragmentario -es lgico suponer que los documentos conservados no agotan la totalidad de los
recibidos en la prisin-, sin embargo representan momentos puntuales en los que los rganos
directivos del sistema penitenciario muestran una especial inquietud o preocupacin, por ello es
posible establecer una relacin directa entre la adopcin de esas medidas de seguridad y la
evolucin de la coyuntura poltica -tanto interna como exterior- del rgimen y, tambin, con las
actividades que est desarrollando la oposicin al franquismo en el exilio o en el interior del pas.
Por debajo de todo ello, y trascendiendo esos momentos puntuales, esta insistencia en el
mantenimiento de la disciplina y el control sobre los presos responde -como ya queda apuntado- a
la preocupacin por perseguir y desarticular cualquier tipo de organizacin poltica entre los
reclusos.
La primera medida especial de seguridad que adopta la Direccin General de Prisiones -y de la
que tenemos noticia- se pone en marcha a comienzos del mes de enero de 1940. En esta fecha se
reciben en Celanova unas detalladas directrices en las que se ordena que la prisin sea sometida a
un rgimen de absoluto aislamiento acordando la "suspensin de comunicaciones, comida y
paquetes postales a los reclusos" al tiempo que, de acuerdo con el Gobernador Civil y Militar, se
procede a doblar los servicios de vigilancia y seguridad del establecimiento40. Aunque no se hace
explcito el por qu de semejantes medi-

39

Son, en total, ocho escritos fechados entre enero de 1940 y julio de 1943, que se encuentran en el
A.H.P.OU., recogidos en el Fondo Prisin Provincial. Celanova. Correspondencia, 1940/42. Caja
13.042 y Correspondencia, 1943. Caja 13.043.
40
Despus de una visita efectuada por el Gobemador Civil se toma la decisin de doblar el nmero
de centinelas emplazando tres nuevos puestos de ametralladora alrededor del edificio; al tiempo
tambin se solicita de los funcionarios de servicio en el interior que presten "una mayor atencin a
su cometido". Aunque se adoptan estas medidas de carcter excepcional, el Director del Centro no
duda en informar a sus superiores que la poblacin penal de la prisin viene observando buena
conducta "distinguindose siempre por su correccin y acatamiento del rgimen penitenciario".
A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Libro 2 Actas Junta Disciplinaria Celanova.
Libro 10.720, sesin del 10 de enero de 1940, pg. 2.
198

das, no resulta descabellado suponer que se encuentran en relacin con el clima de tensin y
protesta que se vive en el interior de las prisiones como consecuencia del ingente nmero de
ingresos que tienen lugar entre el final de la guerra y el mes de diciembre de 1939 y que
contribuyen a empeorar las ya de por s lamentables condiciones de vida en los atestados centros
de reclusin41, Tampoco se puede descartar que este endurecimiento en el rgimen interno y en
las medidas de seguridad en torno a las prisiones se encuentre en relacin con los sucesos
acaecidos en la Prisin de Ciudad Real donde -segn relata Harmut Heine- el 2 de enero de 1940
se habra producido un multitudinario motn que tendra como resultado final la muerte de un
oficial y varios guardianes de la prisin y que, para ser sofocado, requerira la presencia e
intervencin de un batalln del ejrcito42.
Aunque no disponemos de mayor informacin, la insurreccin que tiene lugar en la Prisin
de Ciudad Real no debi constituir un hecho aislado, y en otras prisiones se produjeron motines
o tentativas de fuga que seran la respuesta al incremento en el nmero de ejecuciones que se
vienen llevando a cabo desde el final de la guerra -en relacin con esto cabe sealar que el 80%
de las ejecuciones de posguerra tendran lugar entre los aos 1939, 1940 y 1941 y en este
sentido apunta el contenido de un telegrama del Director General de Prisiones, enviado a
Celanova a travs del Gobierno Civil y en el que se advierte que "habindose iniciado una
mayor actividad en el despacho de los enterados y conmutados por la superioridad [a la pena de
muerte] (..,) No sera extrao que los condenados ltima pena y aquellos para los que el fiscal la
ha solicitado" pudieran protagonizar algn plante o tentativa de evasin, por lo que se solicitaba
de la Direccin de la prisin que se extremasen las medidas de vigilancia43.
A comienzos del ao siguente volvemos a encontrar la adopcin de medidas similares
decretando la su pensin de las comunicaciones ordinarias o extraordinarias de los reclusos,
orden que ser revocada pocos das despus, sin que nos resulte posible relacionar la toma de
esta medida con ningn tipo de acontecimiento poltico -a nivel interno o externo- en los que se
ponga de manifiesto una intervencin decisiva de la oposicin y que pudieran alterar la vida en
el interior de las prisiones franquistas44. Por la excepcionalidad de la medida imposicin de un
severo rgimen de aislamiento de la prisin- y por el escaso plazo de vigencia de la misma unicamente dos das-, tan slo cabra explicarla como una medida preventiva para evitar
incidentes ante el conocimiento de la

41
Conviene recordar aqu que la poblacin reclusa casi se triplica entre los meses de marzo y
diciembre de 1939 -segn cifras oficiales- pasando de los 100.292 presos en el primer mes
citado a los 270.719 que recoge el Anuario Estadstico como cifra a 31 de diciembre de ese ao.
A este incremento en el nmero de penados tampoco es ajeno el retorno de exiliados que se
produce entre el final de la guerra y los primeros das de 1940 -que diferentes autores cifran en
un nmero superior a las 200.000 personas, muchas de las cuales acaban engrosando las cifras
de
penados.
42
HEINE, H.: La oposicin poltica al franquismo (de 1939 a 1952). Barcelona, Ed. Crtica,
1983. El relato de estos hechos lo toma Heine de un informe redactado por el viceagregado
naval britnico en Espaa y remitido al Ministerio de Asuntos Exteriores.
43
Telegrama con fecha 21 de abril de 1940. A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova.
Correspondencia
1940/42. Caja 13.042.
44
lbidem. Escrito con fecha 13 de febrero de 1941.

199

ausencia del Jefe del Estado que, por esas fechas se reune con Mussolini en Bordighera45.
En septiembre de ese mismo ao 1941 la Direccin General toma la decisin de prohibir de
manera absoluta las comunicaciones que hasta entonces tenan lugar entre presos de diferentes
centros penitenciarios, solicitando asimismo que le sean remitidas las cartas o tarjetas recibidas
desde otras prisiones para proceder a imponer las correspondientes sanciones a los remitentes46.
Esta medida mantendr, a lo largo de prcticamente un ao, en completo aislamiento a los
diferentes centros de reclusin -cuando menos a travs de la correspondencia que sigue el conducto
oficial, porque, como hemos visto, existen mltiples formas de comunicacin con el exterior que
son empleadas por los presos-, suavizndose un poco la situacin a partir de agosto de 1942,
despus de que se autorice el correo entre establecimientos aunque reducido a la comunicacin
entre familiares -esposos, padres, hijos o hermanos- que debera realizarse a travs de tarjeta postal
en la que "exclusivamente se den cuenta de su estado de salud"47.
Esta medida extrema de control, coincide -y parece una respuesta- con el sbito viraje que los
acontecimientos internacionales -la guerra mundial- sufren a lo largo del verano de 1941. Como es
sabido, el 22 de junio Hitler pone en marcha la operacin "Barbarroja", el ataque a la U.R.S.S. sin
previo aviso, hecho que de inmediato hace salir de su perplejidad a los comunistas espaoles -y de
todo el mundo- que se haban visto obligados a buscar las ms variadas explicaciones para justificar
su apoyo al pacto de no agresin nazi-sovitico y que, siguiendo las directrices de Mosc, hasta ese
momento haban mantenido una postura de distanciamiento ante la guerra que se libraba en
Europa48. Conviene recordar tambin el ambiente de fervor y exaltacin que se vive en esos
momentos en las filas falangistas y que llevar a la creacin de la Divisin Azul lo que, una vez
ms, parece indicar que la entrada de Espaa en la guerra al lado de las potencias del Eje es algo no
muy lejano. Como reaccin ante la invasin de la U.R.S.S. el Partido Comunista comienza a
presentar la guerra mundial como algo en lo que los espaoles estn directamente implicados, como
"una verdadera guerra nacional de los espaoles contra los nazis y sus lacayos falangistas"49, Poco
tiempo despus, en el mes de agosto, se hace pblico el primero de los manifiestos de la Unin
Nacional, preconizado por el Partido Comunista de Espaa en el exilio y en el que se llama a la
unidad de todas las fuerzas antifascistas del pas -de la burguesa, la clase obrera o los diferentes
nacionalismos,

45
Es de todos conocido que este viaje al exterior tiene lugar entre el10 y el14 de febrero,
realizndose en automvil a travs de la Francia no ocupada donde la comitiva de Franco se
encontrar con exiliados republicanos que lo reciben con no disimulada hostilidad. En concreto, la
reunin con Mussolini se lleva a cabo durante toda la jornada del da 12 y, en el viaje de regreso, al
da siguiente -la fecha en que se ponen en prctica estas medidas excepcionales en las prisiones-, la
legacin
espaola visita al mariscal Ptain en Montpellier.
46
A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Correspondencia, 1940/42. Caja 13.042. Escrito
con fecha 4 de septiembre de 1941.
47
Ibdem. Escrito con fecha 12 de agosto de 1942.
48
"Los comunistas poseamos una gran confianza en la U.R.S.S., pero no sabamos explicar el paso
dado de forma conviencente". RODRIGUEZ CHAOS, M.: 24 aos en la crcel. Madrid, Forma
Eds., 1977, pg. 51.
49
Cito ARASA, D.: Aos 40: Los maquis y el PCE. Barcelona, Argos Vergara S.A., 1984, pg. 28.

200

incluso a grupos monrquicos o descontentos en las filas del franquismo- para evitar la alineacin
del rgimen con el nazismo y su entrada en la guerra50.
y no cabe duda de que las vicisitudes polticas de la oposicin en el exilio y la marcha de la
guerra eran perfectamente conocidas en el interior de las prisiones espaolas, como ponen de
manifiesto diferentes las memorias de presos que hemos citado anteriormente llegando a afirmar
incluso que "u. hay ocasiones en que estamos tan bien informados como el hombre de la calle"51,
siendo las noticias ms esperadas las que aluden a la marcha de la guerra; de hecho la noticia del
Pacto Tripartito entre Italia, Alemania y Japn se conoce en el interior de la Prisin de Tarragona al
da siguiente de firmarse el mismo -27 de septiembre de 194052.
En funcin de lo anterior, se puede concluir que la decisin de las autoridades penitenciarias de
impedir cualquier tipo de comunicacin entre reclusos de diferentes centros penitenciarios
responde, en ltima instancia, a un intento por cortar cualquier tentativa de coordinacin entre ellos
y as evitar en lo posible la creacin de un ncleo slido de oposicin al rgimen en el interior de
las prisiones. De manera indirecta esta medida pone de manifiesto que las autoridades del Nuevo
Rgimen son plenamente conscientes de que en el interior de las crceles se est llevando a cabo un
proceso de reagrupamiento y reorganizacin de los presos en funcin de sus afinidades polticas y,
ms all de este posicionamiento, comienza a aparecer la posibilidad de un frente nico superador
de las diferencias que separaban -y enfrentaban- a los grupos republicanos desde el final de la
guerra civil53. Pero la anterior medida tambin deja traslucir que, pese al conocimiento de que ese
tipo de actividades viene desarrollndose, las autoridades penitenciarias se muestran completamente
ineficaces a la hora de controlarlas y ponerles fin.
Todas las disposiciones que se adoptan para impedir las comunicaciones entre reclusos de
diferentes centros penitenciarios y con el exterior no tardaran en ser burladas, obligando a que el
Director General de Prisiones enve un nuevo escrito -clasificado como "Confidencial y Secreto"- a
los Directores de los establecimientos penitenciarios en el que se informa de que, como
consecuencia de la detencin de Fermn J. de V. E. se incautaron unas cuartillas de la Internacional
Comunista en las que, adems de hacer un llamamiento a la unidad, se indicaba cmo un escrito de
propaganda comunista estaba circulado por las diferentes prisiones54 as como de los contactos que
llevaban a cabo diferentes presos perte-

50
51
52
53

HEINE, H.: op. cit., pgs. 104 y ss.


Vid. AMBLARD, M.: Muerte... op. cit.
SUBIRATS PIANA, J.: Pilatos... pg. 76.
Vctor Alba ha relatado cmo en las prisiones, despus de transcurrido un tiempo -y una vez que
los reclusos ya se conocen- comienzan a formarse grupos organizados que intentan coordinar y
ordenar la vida en reclusin: primero para controlar aquellos destinos que, ocupados por miembros
de estos grupos, puedan reportar ventajas y ayudas para los presos; despus, comienza a realizarse
la agrupacin con vistas al desarrollo de actividades de carcter poltico y as, "en el otoo de 1939,
en cada prisin y campo haba comits de prcticamente todas las organizaciones" que pronto
comienzan tambin a establecer contactos entre s con vistas a una actividad planificada en comn.
ALBA, V.: Historia de la resistencia antfranquista (1939-1945). Ed. Planeta, Barcelona, 1978. pg.
17.
54
No sera de extraar que este escrito al que se refieren las autoridades penitenciarias, fuese el
segundo manifiesto de la Unin Nacional que intenta impulsar el Partido Comunista de Espaa y
que se hace pblico en el mes de septiembre de 1942.
201

necientes a este partido y recluidos en prisiones muy alejadas geogrficamente; en la circular, el


Director General recrimina con dureza la falta de "celo desplegado por los Directores para evitar
estos manejos que tanto daan el rgimen de disciplina de las prisiones", y solicita encarecidamente
de los funcionarios que desplieguen una vigilancia especial sobre este tipo de actividades al tiempo
que los amenaza indicando que la "simple falta de diligencia sobre este extremo" ser entendida
como delito y acarrear la separacin fulminante del servicio55.
En relacin con lo que venimos comentando y para burlar la censura establecida en las prisiones
-ya hemos sealado cmo las cartas deban entregarse abiertas, cualquier frase dudosa hace que la
carta no salga o lo haga llena de tachaduras y cualquier alusin que pudiera entenderse contraria al
nuevo rgimen ocasionaba la puesta en prctica del proceso fiscalizador correspondiente56-, los
reclusos llegarn a inventar claves que permitan hacer pasar por escritos absolutamente intrascendentes lo que en realidad era la transmisin de noticias, rdenes o directrices con marcado carcter
poltico. De hecho una de estas claves, la perteneciente al comit de la C.N.T., se encontrara en
manos de un recluso de la Prisin Provincial de Jan y, de manera inmediata, ser remitida a todas
las prisiones poniendo en conocimiento de los Directores de los centros penitenciarios que en la
Direccin General de Prisiones se tiene noticia de "muchos reclusos de otros establecimientos
poseen esta misma clave, mediante la cual se han comunicado y se comunican..."57.
En noviembre de 1942 se recibe un nuevo escrito en la prisin celanovense en el que se solicita,
una vez ms, se extremen las medidas de seguridad. Este es el que presenta mayores facilidades
para entenderlo como una reaccin de los rganos directivos de las prisiones espaolas ante
acontecimientos externos al propio pas. De hecho, en la comunicacin -clasificada como
"Reservada"- se indica que" es posible que ante la extensin ltimamente adquirida por la guerra o
por alguna noticia deformada por elementos interesados en ello, intentasen alterar el normal
rgimen de los penados"58; y es que el viraje que por esas fechas comienza a tomar la guerra
mundial empieza a preocupar a las autoridades franquistas: en octubre de ese ao Montgomery
derrota a Rommel en la batalla de "El Alamein" en el Norte de Africa y de inmediato se
desencadena la ofensiva aliada sobre Libia; dos das antes de la fecha de este escrito, el 7 y 8 de
noviembre se produce el desembarco aliado en Marruecos y Argelia. Estos acontecimientos y el
desarrollo del conflicto en los meses finales de 1942 hacen que la guerra -adems de acercarse
peligrosamente al territorio espaol- se incline progresivamente en favor de los aliados, hacindose
evidente la cada del Eje en todos los frentes. La preocupacin del Director General ante la
posibilidad de que en las prisiones se puedan producir actos de carcter subversivo es tan
importante que solicita de los Directores que "la ms leve

55

A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Correspondencia, 1940/42. Caja 13.042. Escrito
con fecha 24 de octubre de 1942.
Vid. AMBLARO, M. Muerte... op. cit.
A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Correspondencia, 1943. Caja 13.043. Escrito
con
fecha 28 de junio de 1943.
58
Idem. Correspondencia, 1940/42. Caja 13.042. Escrito con fecha 10 de noviembre de 1942. El
subrayado es nuestro.
56
57

202

anormalidad en este sentido me sea comunicada por el medio ms rpido"; ordenando que se tomen
las medidas oportunas para reprimirlas sin la menor prdida de tiempo, para lo cual se recomienda
un contacto permanente con el Gobernador Civil y Militar de la provincia donde se halla ubicada
cada prisin, por si fuera precisa la intervencin de las fuerzas de orden pblico o del propio
ejrcito59.
Sin embargo, todas estas medidas no logran poner fin a las actividades polticas de los presos, la
ltima referencia a stas que encontramos en la Prisin de Celanova est fechada en agosto de
1943, a escasos das de que se produzca el cierre y desmantelamiento definitivo del centro
penitenciario -y cuando el nmero de reclusos se ha reducido ya de manera considerable
consecuencia de los traslados-. El Libro de Actas de la Junta Disciplinaria nos informa cmo en un
registro rutinario se descubren unas cuartillas que un recluso intentaba ocultar entregndoselas a
otro: "se comprob que eran de tendencia comunista", ordenndose acto seguido un cacheo general,
"recogindose toda la correspondencia, notas, cuadernos,..." para "una vez examinados con
detenimiento proceder a su destruccin y dar cuenta en su da a la superioridad si de la lectura de
indicados escritos apareca alguno relacionado con el ocupado o que por su texto fuese peligroso al
rgimen"60.
IV. A modo de conlusin.
Aunque en el comentario de las diferentes comunicaciones que sobre actividades polticas de los
presos y su prevencin -tambin represin- enviaba la Direccin General de Prisiones a los centros
penitenciarios de ella dependientes hemos seguido un orden cronolgico, dejamos a propsito para
el final un escrito fechado el 1 de septiembre de 1942 y que resulta suficientemente ilustrativo de
aquella "psicosis" de actividad poltica que sufran las autoridades penitenciarias, al tiempo que
constituye un excelente compendio de todos los citados con anterioridad y puede entenderse como
una clara admisin del fracaso en el intento por controlar este tipo de actividades en el interior de
las prisiones.
El escrito en cuestin es remitido por la Direccin General de Prisiones poco tiempo depus de
que sea levantado -aunque parcialmente- aqul rgimen de aislamiento entre prisiones impuesto
entre 1941 y 1942. En el mismo se pone en conocimiento de los centros penitenciarios la existencia
generalizada en las crceles de penados que "desvirtan el trabajo regenerador que se realiza, a
travs de la exposicin de doctrinas errneas" y que adems estaran llevando a

59

Esta estrecha relacin entre autoridades penitenciarias y de orden pblico es una constante a lo
largo de la posguerra -y cabra decir que de todo el franquismo- como ponen de manifiesto
disposiciones como la siguiente: "Los Gobernadores propondrn a la Direccin General de
Prisiones la limitacin de comunicaciones o visitas, la entrada de encargos o paquetes y la de
correspondencia en las prisiones, cuando las circunstancias, a su juicio, as lo aconsejen." Cit.
SUAREZ,
A. COLECTIVO 36: Libro blanco... op. cit., pg. 50.
60
A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Libro 3 Actas Junta Disciplinaria Celanova.
Libro 10.721. Sesin del 10 de agosto de 1943, pg. 381.
203

cabo una "campaa sistemtica para hacer la vida imposible a aquellos reclusos que llevan una vida
ms piadosa o estn desengaados de los ideales marxistas"; se solicita desde la Direccin General
que se extremen las medidas de vigilancia y control con el objetivo ltimo de descubrir quienes son
estos subversivos61, envindose de inmediato relacin nominal a la Direccin General para que se
orden su traslado a "una Brigada especial de peligrosos que a este efecto se ha dispuesto en la
Prisin Central de Burgos"62.
Lo anterior apenas s necesita mayor comentario, se hace evidente la preocupacin de la
Direccin General por los escasos xitos que se han conseguido -transcurridos ya tres aos del final
de la guerra- en la lucha contra la organizacin poltica entre los reclusos; del tono en que est
redactado incluso se puede deducir que, lejos de aminorar, la difusin de actitudes contrarias al
Nuevo Rgimen se ha incrementado hasta el punto de transformarse en un hecho generalizado en
todo el sistema penitenciario del pas. Se tratara de una autntica campaa, perfectamente
diseada, de subversin que atentara contra el objetivo prioritario que se persigue a travs de la
reclusin del enemigo poltico: su regeneracin -su redencin-, ya que se estn difundiendo entre
los presos "doctrinas errneas" que cabe entender de carcter democrtico o socialista, contrarias a
la ideologa que se intenta implantar.
El fenmeno represivo de posguerra, ms all de la simple eliminacin fsica del vencido objetivo que toma cuerpo en la mente de ms de uno de de los dirigentes del nuevo rgimen63pretende conseguir a travs de la reclusin una completa transformacin de los presupuestos
ideolgicos que en el pasado haban servido de gua a la actuacin poltica de los vencidos. Resulta
lgica la preocupacin de las autoridades penitenciarias por la difusin de actitudes crticas entre
aquellos reclusos ms politizados o concienciados, ya que podran ejercer una poderosa influencia
entre sus compaeros de reclusin que, por muy diversas razones, aparecan predispuestos64 y lo
suficientemente "maleables"- como para ser redimidos, es decir, aquellos sobre los que el rgimen
esperaba que las medidas de resocializacin en las nuevas bases ideolgicas que se estaban
imponiendo al pas tuviesen un mayor xito y, una vez desactivado su potencial peligro poltico
pudieran ser reintegrados a la sociedad de posguerra en el puesto que se les haba asignado.
De lo anterior se deriva esa constante insistencia acerca de la necesidad de poner fin a cualquier
tipo de actividad poltica en las prisiones; pero la reiteracin de las

61
Poco tiempo despus, el 25 de septiembre, una nueva circular ordena a los Directores de los
centros de reclusin, entre otras cosas, establecer "con gran reserva un buen servicio de confidentes
de absoluta confianza, reclamndolos, si no los tuviera que renan tales condiciones y en los casos
de absoluta necesidad, de la brigada social de Madrid". Cit. SABIN, J.M.: op. cit., pg. 143. Es decir,
en su obsesin por descubrir a estos elementos "subversivos", las autoridades penitenciarias llegan a
crear un autntico cuerpo de confidentes profesionales! que se trasladaban a cualquier prisin que
los reclamase para infiltrarse entre la poblacin reclusa y as descubrir y aislar a aquellos elementos
peligrosos
para la buena marcha de los centros.
62
A.H.P.OU. Fondo Prisin Provincial. Celanova. Correspondencia, 1940/42. Caja 13.042. Escrito
con fecha 1 de septiembre de 1942. El subrayado es nuestro.
63
De cualquier modo, las prisiones y destacamentos penales no dejaban de actuar, hasta cierto
punto, como autnticos "campos de exterminio" si tenemos en cuenta las condiciones materiales de
existencia en el interior de las mismas: hacinamiento, hambre, epidemias, falta de higiene,
violencia,... que tienen como consecuencia un elevado grado de mortalidad entre la poblacin
reclusa.
64
Por temor, por su escasa formacin poltica, por el "cansancio" producto de los tres aos de
guerra y las penalidades sufridas en el tiempo que haban pasado recluidos, etc....

204

rdenes en este sentido indica tambin el fracaso de las autoridades penitenciarias para conseguir su
objetivo65. El mejor exponente de la incapacidad de las autoridades del nuevo rgimen viene
sealado por las reiteradas actitudes individuales de contestacin que se producen entre los
reclusos, que no se resignan a ser los sujetos pasivos del pretendido proceso de adoctrinamiento.
A pesar de la manifiesta ineficacia de las autoridades penitenciarias en su pretensin de erradicar
la organizacin poltica de los presos y de su incapacidad para que stos interioricen los supuestos
bsicos de la ideologa del Nuevo Rgimen, sin embargo, la represin y, ms concretamente, la
crcel sern elementos fundamentales para explicar la ausencia de movilizacin poltica entre la
poblacin espaola de posguerra. Como ha sealado Sergio Vilar, "la presencia constante de la
muerte, el destierro, la tortura, la incultura, las denuncias, las arbitrariedades y discrecionalidades
de todo tipo, originaban diversas corrientes de miedos, racionales e irracionales, que a veces se
traducan en pnicos individualizados"66; la consecuencia de todo ello ser que la Espaa de
posguerra se constituya como una "sociedad atomizada", definida por la disolucin de los roles, la
crisis en las expectativas de conducta, un recelo indiferenciado contra el "otro" y la generalizacin
de la anomia social67. Las diferentes formas de represin que se ponen en marcha -desde las
ejecuciones y la prisin a las sanciones econmicas o formas diferentes de humillacin de los
vencidos- tendrn como consecuencia que la mayora de la poblacin se vea sumida en la apata y
la desmovilizacin.
El control poscarcelario que se ejerce sobre los presos contribuye de manera sustancial a la
creacin de ese clima de temor generalizado. Una vez puesto en libertad el preso no dejar de estar
continua y estrechamente vigilado: obligacin de presentarse peridicamente en cuartelillos,
juzgados o ayuntamientos, necesidad de "certificados de buena conducta" para acceder a puestos de
trabajo o emigrar al extranjero, etc. Pero sobre todo ser la peculiar forma en que se soluciona el
"problema penitenciario", el recurso a la libertad condicional-como consecuencia de la aplicacin
de las medidas legislativas en este sentido, de la revisin de penas o de la redencin de penas por el
trabajo- representa que el preso no a extinguido su condena y que su puesta en libertad se debe a
una "gracia" concedida por el poder68 y, en consecuencia, sobre el exrecluso pende constantemente
la amenaza de su reingreso en prisin ante la ms leve desviacin en su conducta poltica.

65

Como queda sealado hemos empleado para elaborar el presente trabajo la documentacin de la
prisin Central de Celanova que nos aporta informacin hasta el momento de su cierre, ocurrido en
1943. Jos Manuel Sabn ha puesto de manifiesto, a travs de los expedientes de la Prisin Central
de Talavera de la Reina, cmo esta preocupacin por las actividades polticas en el interior de las
prisiones contina a lo largo de toda la dcada de los cuarenta, a pesar de que progresivamente
disminuye el nmero de reciusos producto de la represin de posguerra. Vid. SABIN, J.M.: op. cit.,
pgs.
142-151.
66
VILAR, S.: Historia del Antifranquismo (1939-1975). Barcelona, Ed. Plaza y Jans, 1984. pg. 37.
67
Vid. JIMENEZ CAMPO, J.:"lntegracin simblica en el primer franquismo (1939-1945)" en
Revista de Estudios Polticos, n 14, 1980.
68
Esclarecedor del significado real de la libertad condicional es un editorial inserto en el semanario
Redencin: "Sin embargo, no est de ms que recordemos que se trata de libertad condicional
vigilada; es decir, que el liberado que no acierte a ajustar su conducta a esta buena disposicin
humanitaria volver a la crcel sin remisin posible, con prdida de todos los derechos que hubiere
adquirido, y en la triste y desgraciada condicin de delincuente comn. La insistencia en el tema no
estar nunca dems, por si entre tantos hubiera alguno olvidadizo. La ley se cumplir con la
serenidad y energa con que sabe aplicarla un Estado fuerte como es el nuestro". Redencin,
Organo del Patronato Central para la Redencin de las penas por el Trabajo, 28/8/43, pg. 1.
205

MINIUS VIII, 2000, pp.189-205

Una aproximacin a la situacin demogrfica, econmica y social, en los municipios


ourensanos fronterizos con Portugal,
durante los aos de la Postguerra (1939-1945).

LUIS LPEZ FERNNDEZ


Facultade de Humanidades.
Universidade de Vigo

Abstract
The approach to the understanding ofthe demographic, economic and social situation in the
municipalities of the province of Ourense (Spain), which share a border with Portugal, is suggested
in the present article.
It makes reference to the Spanish postwar period (1939-1945) in an impoverished backward
region together with the typical problems that the Spanish nation is going through elased here
parthy through smuggling and mining.
It's based on press data, official accounts and oral interviews

Rsum
Dans cet article on propose le rapprochement de la connaissance de la situation dmographique,
conomique et sociale dans les municipalits de Ourense, dpartement espagnol, qui font frontire
avec le Portugal.

207

Il traite les annes de l'aprs-guerre espagnole (1939-1945) dans une rgion dprime et retarde
auquel il faut ajouter les difficults propres la nation espagnole, adoncies en partie, ici, par la
contrabande et la minerie.
C'est fond sur des donnes de la presse, documentation officielle et l'entretien oral.
Resumen
En el presente artculo se propone el acercamiento al conocimiento de la situacin demogrfica,
econmica y social, en los municipios de la provincia de Ourense (Espaa), que hacen frontera con
Portugal.
Se refiere a los aos de la Postguerra Espaola (1339-1945), en una zona deprimida y atrasada a
lo que se unen las dificultades propias que vive la nacin espaola, suavizadas aqu, en parte, por el
contrabando y la minera.
Est basada en datos de prensa, documentacin oficial y entrevista oral.

1. Introduccin.
En la introduccin al "Nomenclator" de las ciudades, villas..." publicado por la Direccin
General de Estadstica en 1940, refirindose a la provincia de Ourense,(1) se lee:
FRONTERA: "En 1864, reinando Isabel II, fueron acordados los lmites de la frontera
portuguesa, habiendo sido confirmados en el ao 1896, y quedando definitivos en 1906 por el Acta
de Demarcacin entre Espaa y Portugal, quedando separada la provincia de Orense por los
ayuntamientos de La Mezquita, La Gudia, Ris, Villardevs, Vern, Oimbra, Monterrey, Cualedro,
Baltar, Calvos de Randn, Muios, Lovios, Entrimo, Lobera, Verea y Padrenda, siguiendo la
direccin de E. a O., abundando en esta frontera altas sierras y elevadas montaas con ondulaciones
bastante pronunciadas". El municipio de Quintela de Leirado no figura en esta relacin, quizs por
omisin involuntaria, aunque si figura en documentacin referida a estos aos.
Constituyen un total de 17 municipios, entre los 94 que comprende la provincia de Ourense.
Estn integrados en 4 Partidos Judiciales: Celanova, Bande, Vern y Viana do Bolo.
Aunque los ayuntamientos aqu citados predomina la morfologa de montaa si seguimos la
lnea fronteriza, tambin presentan pequeos y medianos valles con una importante produccin, tal
como veremos en la siguiente informacin estadstica(2)

1.

Se utiliza la denominacin de Orense y Ourense. Corresponden a la misma provincia. El cambio


de Orense por Ourense tuvo lugar hace unos aos. Aparece escrito uno u otro trmino segn el uso
oficial
del ao que corresponde.
2.
No es mi intencin hacer una descripcin de su morfologa.
208

2. Estudio demogrfico.
Para hacer este estudio he recurrido a 3 fuentes de informacin: "El Nomencltor de las...1940",
"OERGA. Estudio cuantitativo desde 1.900" y "Mapas nacionales de la provincia de Orense. Aos
1944-45". (3)
De la informacin que aqu se contiene, he seleccionado los datos siguientes:
458.272 habitantes.

Ao 1940: Poblacin de la Provincia de


Ourense...
Ao 1940: "de los municipios de la
"raia"
Ao 1944: Poblacin de la Provincia de
Ourense...
Ao 1944: Poblacin de los municipios
de la "raia"...
Extensin superficial de la provincia de
Ourense...
Extensin superficial de los municipios
de la "raia"

81.666

"

de derecho
y 74.000 de hecho.
470.130 habitantes
70.130
6979 Km. c.
1616,33 Km. c

Por lo que las densidades de poblacin seran las siguientes:


En 1940, la densidad de poblacin provincial sera de 65,66 habitantes y de la "raia" de 50,52
habitantes.
En 1944, la densidad de poblacin provincial sera de 67,36 habitantes y de la raia de 43,38
habitantes.
En este ltimo ao, los municipios de la "raia" tienen el 17,82 % de la poblacin provincial y
ocupan el 22,72% de la extensin provincial.
Dentro de la prudencia con que debemos de observar estos datos podemos sacar en conclusin,
la alta densidad que presentan estos municipios, a pesar de ser en su mayora zonas de montaa y
por lo tanto de clima duro y de bajas producciones agrcolas. Por otro lado la prdida de poblacin
durante estos aos, siguiendo la lnea contraria al resto de la provincia, debido posiblemente a la
miseria que se vive que lleva a la emigracin.

3. Estudio econmico.
Este estudio est basado en el "Mapa... del ao 1944". (4) Dentro de su amplitud de datos, tendr
en cuenta tres apartados: distribucin de su extensin superficial, riqueza agrcola y ganadera y
consumo de artculos.

. Las fuentes de informacin estn resumidas en el texto. Su denominacin completa puede verse
en la cita bibliogrfica.
Sobre la utilidad y problemas estadsticos que presenta el "Mapa de Abastecimientos", puede
verse en el artculo de Guitin Rivera, "Valoracin del Mapa de Abastecimienrtos...", cuya cita
completa est en el apartado dedicado a Bibliografa.
4

209

Distribucin de su extensin superficial


Bosque
Regado
Secano
Total terreno cultivado
Pastos
Yermo
Edificado

22,44 % del provincial


25,5 % del provincial
14,08 % del provincial
18,89 % del provincial
29,10 % del provincial
1,58 % del provincial
35 % del provincial

1.639,49 Has
6.596,91 Has
16.028 Has
26.028 Has
48.142,2 Has
37.620,36 Has
1.800 Has

En total, la extensin de los municipios de la "raia", representan el 22,72% del total de la


extensin provincial. Se supera a la media en regada y pastos como es lgico en zonas montaosas,
As como el terreno cultivado es inferior.
Riqueza agrcola y ganadera
En cuanto a su riqueza agrcola se ha tomado como referencia a ciertos productos
fundamentales, teniendo en cuenta su produccin en grano (trigo, centeno y maz), patatas, vino y
aceite de oliva.
Trigo
Centeno
Maz
Patatas
Vino
Aceite

5,33 Qm
100.387,4 Qm
59.022,47 Qm
388.413 Qm
99.519,89 Qm
0,92 Qm

14,92% de la produccin provincial


26,87%
20,07%
23,05%
9,01%
----

En cuanto a su riqueza ganadera, se ha tenido en cuenta por un lado el W de cabezas de ganado


caballar, mular, vacuno, lanar, cabro, porcino y asnal en su conjunto y por otro el consumo de
carnes y despojos comestibles.
N de cabezas de ganado
Consumo de carnes
Consumo de despojos comestibles

92.707
1.805.536,5
203.127,5

12,91 % del total provincial


16,92 % del total provincial
21,94 % del total provincial

Vemos aqu la importancia de las producciones de montaa: centeno y patatas. La produccin


ganadera no representa posiblemente la realidad, a pesar de que no se especifica el tipo de ganado.
Consumo de artculos
En el "Mapa", figura una informacin importante para conocer con detalle la alimentacin y el
vestido, referente al ao 1944, indicando "orden de preferencia".
De la alimentacin: centeno, mezcla de centeno y trigo, mezcla de centeno, maz y algo de
trigo.

210

Carnes y pescados: cerdo, vacuno, lanar, cabro, pescado


Legumbres secas y arroz: judas, garbanzos y arroz.
Grasas: tocino, manteca, mantequilla, aceite.
Otros: verduras, leche, huevos, patatas, frutas, alubias, guisantes, pimientos, tomates.
Del vestido y del calzado:
Prendas interiores: mezclas de lana, lino y algodn, seda, mezcla de algodn y lana.
Prendas exteriores y de abrigo: lana, algodn.
Calzado: el zueco de madera en invierno y la alpargata de goma y esparto en verano.
Buena parte de estas zonas formaban comunidades cerradas, los productos que no eran
autctonos se consuman en muy raras ocasiones, debido a su pobreza y muy malas
comunicaciones.

4. Informacin varia: entrevista, prensa e informes finales del" Mapa"


Entrevista.
Aqu se reproduce parte de la entrevista realizada a M. A., vecino de Ourense, de 61 aos de
edad, realizada en junio de 1996.
"Entre los aos 1942 a 1947-48, vive en Oimbra con su abuela en una casa "farta". Los de
"abastos" se llevaban aproximadamente una tercera parte de la cosecha, que era el cupo que tenan
que entregar las personas que tenan excedentes. La entrega era preferentemente en centeno y
patatas. Venan a recogerlo en unos camiones "oficiales" llamados "chatos", de preocuparse e la
recogida de este "cupo" se encargaban los "polticos" y falangistas locales.
Los vecinos escondan la cosecha, pues entraban en las viviendas a buscarla. Las patatas, en
sacos, se escondan en una parte oculta de la bodega. Debajo de la escalera que suba al balcn,
haba una trampa que habra a esta, donde se ocultaba parte de la cosecha, sobre todo centeno.
Encima se colocaban frutas para despistar. Esto era frecuente en las casas de Oimbra.
Su abuela le daba los domingos "un can" (moneda de 10 ctmos), con el cual entraba en la tienda
a comprar unas "bolas" formadas por almendras cubiertas de blanco azucarado.
Recuerda que en el ao 1946, pag en el "estraperlo", 40 pos por un litro de aceite ( el precio de
racionamiento era de 6 pos.).
En las casas de la aldea se haca jabn "casero", pero buena parte vena de Portugal, era en
forma de barras, de color blanco o claro con pintas de colores.
El pan se coca en el "horno comunal" por turnos de vecindario. Era pan centeno, en piezas
redondas de aproximadamente 5 Kgs de peso, reciban el nombre de "sembras". No haba dificultad
para pasar la frontera.
Iba con su abuela, la cual llevaba 5 "sembras": 3 en la cabeza y una en cada

211

brazo. En un pueblo de Portugal le estaban esperando para hacer el cambio por 2 Kg. de azcar
moreno o tambin por 4 o 5 barras de jabn.
Durante la poca de la recoleccin del centeno, que duraba poco ms de una semana, venan
segadores de otros lados, principalmente de Ginzo. Terminada la recoleccin, numerosos vecinos
de Oimbra se desplazaban a Castilla a la siega.
Entre los vendedores ambulantes, estaba "O xureleiro". Se desplazaba de un pueblo a otro en
bicicleta llevando el pescado en el "portapaquetes" situado en la parte trasera, dentro de cajas de
madera, tapando y separando las piezas con "fento", dando un aspecto sucio".
Esta entrevista corresponde al ayuntamiento de Oimbra, en su mayor extensin est encuadrado
en su mayora en el Valle de Monterrey que presenta un clima templado y con importante
produccin de vino. Nos vale sobre todo por la informacin en cuanto al contrabando y los
problemas con "abastos"(5)

Informacin de prensa
Aqu he seleccionado artculos de los que he hecho sus correspondientes resmenes y que tratan
los siguientes temas: explotacin minera del wolframio, "os fiadeiros", ruta de contrabandistas, el
racionamiento y por ltimo una orden del Gobernador Eclesistico de la Provincia.
Diario "La Regin" (7-4-96). Ttulo: "Antonio Tejada: la mina era una aventura" "En el paisaje del
Xurs, en Lovios, dirigi a 200 mineros y aventureros, como dueo de la mina de wolframio "Las
Sombras".
Nos recuerda el pintor Conde Corbal (que trabajaba en la administracin): "Ainda me lembro
cando se baixaba o material en sacos a cabeza ata Torneiros, e algunha vez fun coa expedicin a
Vilagarcia, onde o wolframio se venda a intermediarios e o comercializaban os ingleses e alemns,
era un oficio de tolos. Al no monte ramos como guerrilleiros"
Desde el lado portugus acudan las mujeres a lavar el mineral y de Torneiros iban las gallegas
"cantando al amanecer desde un lado y desde el otro", como aquella: "O wolframio e pedra escura/
que toda a xente percura/ dentro do noso pas/ pedra petra e relucente/ que ten feito actualmente/ a
moita xente felz/.
Los mineros y aventureros a la cada de la tarde bajaban a las tascas de Lovios, donde a veces se
dejaban toda la paga. Casi siempre comamos bacalao que preparaba una cocinera, y arroz feixon
con trozos de tocino y chorizos."
Diario "La Regin" (26-9-96). Ttulo: "La herencia de las minas de Wolframio" .
"Los vecinos de Vilar de Cervos recuerdan con nostalgia la poca de los aos 40, cuando
llegaron los alemanes al pueblo para explotar las minas de wolframio. Para poder trabajar en la
extraccin del mineral, sacar 5 ptas al da, los

. Sobre el funcionamiento a nivel provincial e la Comisaria General de Abastecimientos y


Transportes, pienso que est casi todo por hacer, y estoy en ello.
212

lugareos tuvieron que encomendar los rebaos del pueblo a un cabrero. Los alemanes introdujeron
la luz y el barril de cerveza, pero lo llevaron todo cuando la mina se agot."
Sobre el wolframio se puede hacer una amplia informacin oral. Constituy una aportacin
econmica complementaria a parte de la poblacin campesina. Su duracin fue efmera. Su funcin
fue sustituida en la segunda parte de la dcada de los 40, y en los aos 50 y 60 por los grandes
pantanos que se construyeron en la provincia.
Diario "La Regin" (16-6-96). Ttulo: "Antonio Villanueva. Los fiadeiros eran algo inmorales".
"La primera parroquia que tuve, en 1936, fue Castrelo da Cima, en Ris. El obispo Cervio me
dijo de manera jocosa. "Antonio ahora te vas a la zona de la raa, vas tener que ir a comprar a
Portugal los huevos y el bacalao".
Una vez un "cura" joven de Pentes (La Gudia), acudi a deshacer un "fiadeiro" en un exceso de
celo pastoral, "la verdad es que los fiadeiros eran algo inmorales, porque a veces se apagaban las
luces y se haca de todo". Al "cura", estuvieron a punto de liquidarlo los mozos."
El contrabando estaba en la boca de todos a la hora de solucionar los problemas de alimentacin,
hasta tal punto que se confundan contrabando y "estraperlo" .
Los "fiadeiros" eran reuniones nocturnas, durante el invierno, que realizaban los vecinos del
pueblo generalmente en una cuadra o establo. La vida social era la tpica de las aldeas desde
tiempos inmemoriales: ayudas comunitarias en los trabajos del campo y "mata do porco", fiesta
religiosa local y asistencia a las ferias.(6)
Diario "La Voz de Galicia" (10-4-96). Ttulo: " Vilardevs recupera la Ruta dos
Contrabandistas para o senderismo."
"Los caminos comunales de ambas zonas luso-galaicas, eran los mas utilizados antao por los
contrabandistas, desde Vilarello, pasando por Arzdegos y terminando en A Cidavella, y luego ya
pasaban a Portugal".
Vilardevs, fue posiblemente el ayuntamiento donde el porcentaje de vecinos dedicado al
contrabando fue mayoritario.
Diario "La Regin" (8-12-95). Ttulo: "La Regin hace 50 aos".
"El racionamiento de artculos correspondiente a la semana 50, que empieza el da 10 y termina
el 16, ambos inclusive, es el siguiente: adultos e infantiles, aceite l., precio de la racin 1,45 pta.,
mediante corte de la tira de cupones II de la semana 50. Azcar 200 gr., precio de la racin 1 pta,
mediante corte de la tira de cupones V de la mencionada semana. Patatas 2 kg., precio de la racin
1,70 ptas, mediante corte de la tira de cupones IV de la referida semana."
Como ya dije antes, est por hacer un estudio sobre el "racionamiento". De todas maneras era
distinto para la ciudad y para los pueblos, con notable disminucin para estos ltimos, inferior en
cantidad y que a veces no llegaba.

. Remito nuevamente a la Bibliografa. El libro "Antropologa de una parroquia rural" y otros mas,
nos dan una idea bastante aproximada de la vida en una parroquia rural de montaa.
213

Diario "La Regin" (15-8-96). Ttulo: "La Regin hace 50 aos".


"El gobernador eclesistico de la Dicesis de Orense, Dr. D. Martn Fernndez, y en vista de la
pertinaz sequa que tanto est 'perjudicando a la agricultura, dispone que en adelante se rece en las
misas la colecta "ad petendan pluviam" en vez de la "pro quacumque necesitate" que estaba
mandada."
Una de las justificaciones del fracaso econmico del franquismo. Aqu debi de influir poco.
Informes finales en los "Mapas"
Son resmenes de informes de carcter personal que al final de los "Mapas" firman los jefes
locales de "abastos", cargo que corresponde a los alcaldes de cada municipio. Son de los aos 1944
y 1945.
Verea: "Los platos tpicos de las comidas los constituyen los llamados "cachelos" y "caldo
gallego", condimentado el 2 a base de patatas, judias, verduras y carne de cerdo, y el 1 con carne
de esta ltima clase y patatas cocidas.
En los artculos de vestir tienen especial aceptacin y preferencia los gneros de pana para los
hombres y las telas de algodn y lino para las mujeres. En cuanto al calzado se usa preferentemente
los llamados "zuecos del pas" confeccionados de piel de becerro del pas con madera."
Padrenda: " ... con un censo de derecho de 5.270 habitantes, si bien el n que se seala es de
4.601... obedeciendo esta diferencia a que un crecido n de los que figuran en el censo, salen en
busca de trabajo para ganarse el sustento y por consiguiente son baja en el racionamiento del
distrito."
Bande: "... tanto los hombres como las mujeres, usan preferentemente el calzado tpico del pas
denominado "zuecos" durante la estacin de invierno, confeccionndolo con piel de becerro y piso
de madera, en que colocan unos clavos de hierro de cabeza ancha y gruesa para evitar el desgaste e
impedir el deslizamiento en el suelo. En las dems estaciones predomina el calzado de goma y
esparto."
Muios: " El territorio de este municipio es excesivamente quebrado y montouso (ms de 3.000
Has. De monte, surcado por pequeos valles y cortados por montaas elevadas). El suelo produce
patatas, maz y centeno, que constituyen la principal alimentacin humana, producindose tambin
pero en menor escala judas, cebollas, ajos, lino y verduras, siendo tambin digna de tenerse en
cuenta la produccin de forrajes destinada a la alimentacin del ganado. La principal riqueza de
este trmino municipal est constituida por la ganadera.
El clima por la interaccin y diferencia de altitud est sujeto a contrastes muy notables y
cambios bruscos de temperatura, siendo en general fro y hmedo en invierno de larga duracin,
permanentemente cubiertas de nieve las partes altas de las montaas, resultando muy elevado el
clculo de pluviosidad, mientras que en verano de perodo muy corto, se deja sentir en algunos aos
grandes calores con fuertes sequas, que perjudican acusada mente la riqueza ganadera y agrcola,
especialmente en las comarcas de secano.

214

El sistema de explotacin del suelo es bastante anticuado, emplendose medios primitivos sin la
menor innovacin... sus arados y dems aperos de labranza, son de los viejos modelos que usaban
en tiempos inmemoriales... salvo muy ligeras excepciones."
Entrimo: ... tendencia emigratoria de la gente joven a las grandes ciudades de Portugal y
Espaa."
Baltar: ... la pobreza de las gentes... pues el 30% de las viviendas se hallan todava cubiertas
de paja."
Monterrey: por haber perdido la cosecha en el ao anterior, la mayora de los agricultores
propietarios se convirtieron en obreros parados, con el agravante de que por carecer de trabaja han
tenido que acudir al crdito, venden fincas y pasan hambre.
Tal situacin se ha acentuado con tintes sombros en la parte de este municipio llamada
montaa... en tal estado de abandono que los pueblos parecen tribus de un pas sin civilizar... la
mitad de la poblacin son analfabetos... no hay telgrafo ni telfono... solo tienen energa elctrica
los pueblos de Albarellos y Villaza... el sistema de explotacin del suelo es el mismo de hace 50
aos.
Las viviendas, salvo raras excepciones... por su falta de limpieza, no parecen habitadas por
personas. Las casas en general sonde 2 plantas, en la baja estn las cuadras y en la otra la vivienda,
separada por la anterior por mal unidas tablas, recibe todas las emanaciones de las cuadras, y en las
que son de planta baja, animales y personas conviven bajo el mismo techo, en muchas sin
habitaciones separadas. Por los patios de las casas y en las calles, existe la fea y antihiginica
costumbre de curtir estircol."
Quintela de Leirado: Los brazos son suficientes para la agricultura y an en la Primavera se
desplazan varios a trabajar en las obras de construccin a Madrid y otros van a la siega...
No se preocupan del arbolado, debido al poco precio que tienen las maderas por la falta de vas
de comunicacin, solamente hay un aserradero y ni siquiera trabaja todo el ao, y cuando en otras
serraras se paga el palmo de tronco de pino a 6 pos., aqu se paga a 3,50 pos.
El plato tpico es de carne de cerdo y caldo en la comida de las 12 y pescado y caldo a la cena.
Los artculos que mas se consumen en la alimentacin por orden de preferencia son: pan (de mezcla
de maz y centeno o centeno y maz), carnes (de cerdo; el vacuno, lanar y cabro solo se consume en
fiestas), pescados (sardinas, jureles y cazn), grasas (tocino, aceite y manteca), legumbres (judas),
otros: verduras, leche, huevos, hortalizas y frutas.
No es necesario hacer comentarios: vivienda, alimentacin, emigracin... nos explican
claramente la tremenda miseria que se vive en estos aos.

5. Conclusiones.
Como se dice en el ttulo de este artculo, se trata de una aproximacin a la

215

situacin de los municipios ourensanos fronterizos con Portugal, durante los primeros aos de la
Postguerra, teniendo en cuenta determinados aspectos.
En un elemental estudio demogrfico se busca saber el N de habitantes, densidad y relacin
con el total de la Provincia, es de hacer notar el descenso de poblacin en estos aos.
En un estudio econmico se va por un camino similar. Es necesario especi. ficar con detalle la
importancia del ganado de cerda, tanto desde el punto de vista alimenticio como cultural..
Podemos comprender la limitada variedad en el consumo de productos de alimentacin y
vestido, causados por la pobreza y falta de comunicaciones.
En otro orden de informacin, se ofrece el resumen de una entrevista reali. zada a un vecino de
la zona que nos ocupa. Ofrece otros aspectos nuevos que la informacin oficial. Se hace necesario
ampliar este camino.
En cuanto a los artculos de prensa, se busca tocar diversos aspectos: utilizacin del tiempo
libre, dos fuentes de ingresos suplementarias como son el wolframio y el contrabando, el
problema de la sequa, y el racionamiento semanal cuya distribucin regular presenta dudas.
Por fin, los informes finales de los Mapas donde se atisba una cierta subjetividad con cierta
variedad informativa al no estar sujeta a esquemas. Aqu hay una rica y amplia variedad: orografa,
climatologa, alimentacin, urbanismo, movimientos de poblacin y otros.
Cuando todava viven protagonistas de estos aos difciles, a la hora de Ile. var a cabo tanto la
investigacin como la interpretacin de las fuentes, hay que intentar un equilibrio, de por si difcil,
entre la informacin escrita mas o menos mediatizada por la censura del Rgimen y el trabajo de
campo, donde la informacin se ampla, se modifica e incluso se desvirta.

216

6. Bibliografa.
ABELLA BERMEJO, RAFAEL, "La vida cotidiana bajo el rgimen de Franco". Planeta, Madrid
1996.
BARBANCHO A. G., "Las migraciones interiores espaolas. Estudio cuantitativo desde 1900".
Estudios del Instituto de Desarrollo Econmico. Madrid 1967.
CONSEJO ECONMICO SINDICAL DE ORENSE. Organizacin Sindical. "Programa para el
desarrollo econmico de Orense". Mayo 1964. Madrid.
DIARIOS "LA REGIN" Y "LA VOZ DE GALICIA"
FIDALGO SANTAMARIA ANTON, "Antropologa de una parroquia rural". Publicaciones Caja
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FONTANA JOSEP, ED.,"Espaa bajo el Franquismo". Crtica 1986.
GODINHO P., "O contrabando como estrategia integrada nas aldeias da raia trasmontana" in Trabe
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GONZLEZ, MANUEL JESS., "La economa poltica del franquismo (1940-1970). dirigismo,
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GUITIAN RIVERA, LUIS., "Valoracin del Mapa de Abastecimientos y Transportes, como fuente
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NADAL JORDI Y OTROS., "La economia espaola en el s. XX. Una perspectiva histrica". Ariel
1991
NOMENCLATOR DE LAS CIUDADES, VILLAS, LUGARES, ALDEAS Y DEMS
ENTIDADES DE POBLACIN DE ESPAA, FORMADO POR LA DIRECCIN
GENERAL DE ESTADSTICA CON REFERENCIA AL 31 DE DICIEMBRE DE 1940.
Provincia de Orense. Barranco, Madrid 1940.
PRESIDENCIA DEL GOBIERNO. INSTITUTO NACIONAL DE ESTADSTICA. Observatorio
Estadstico Regional (O.E.R.G.A). Madrid 1976.
"VEINTE AOS DE PAZ EN EL MOVIMIENTO NACIONAL, BAJO EL MANDO DE
FRANCO". Provincia de Orense, 1959

217

7. Informacin estadstica
EXTENSIN SUPERFICIAL EN HAS. - AO 1945
TERRENO CULTIVADO
MUNICIPIO

BOSQUE

REGADIO

SECANO

TOTAL

Verea
Baltar
C. de Randn
Cualedro
Monterrey
Ombra
Villardevs
Muos
Padrenda
Ris
La Gudia
La Mezquita
Q.de Leirado
Vern
Entrimo
Lobeira
Lovios
Total

9.076
896
1.000
11
10
3.206
12.368
3.140
3.000
3.257
4.000
3.894
728.49
12
2.638
3.733
660

812
30
20
109
23
23
100
615
210
995
100
458
330
123
350
694.91
512

1.043
1.72
2.000
1.495
188
1.138
872
196
715
1.300
2.100
1.287
5.5]
23
110.3
200
183

1.855
1.75
3020
1.615
1.510
1.161
972
811
925
2.295
2.200
1.7J7
38.51
1266
3.098,3
977.91
695

3.930
3.400
4.000
691
7.719
270
950
1.000
200
7.160
975
1.750
1.238
8.100
51.52
62
6.08

165
9.595
600
189
3
3.136
300
1.369
1.830
109
2.200
3.099
29.97
22
5.853.39
80
9.000

7
956
35
145
61
73
2
160
5
33
180
480
19.03
25
10.42
22.09
59

15.100
16.000
7.650
2.640
9.3
7.846
14.544
6.480
6.000
12.854
9.555
10.960
2.400
9.415
9.013,63
5.334
16.498

51.639

6.596.91

16.028.81

26.074.72

8.142.52

37.620.3

1.800.54

161.633,63

PASTOS YERMO EDIFICADO

,49
Provincia

TOTAL

230.053

24.159

113.837

137.988

165.430

174.253

3.439

711.163

22.44

27.3

14,08

18.89

29,10

21.58

52.35

22.72

% Provincial

RIQUEZA AGRCOLA EN QM. - 1944


MUNICIPIO HABITANTES
Verea
Baltar
C.de Randn
Cualedro
Monterrey
Ombra
Villardevs
Muos
Padrenda
Ris
La Gudia
La Mezquita
Q. de Leirado
Vern
Entrimo
Lobeira
Lobios
Total

3.794
3.287
3.662
4.205
5.143
3.457
6.127
4.331
4.601
4.755
1.901
2.156
2.205
9.169
3.353
3.100
4.906
70.152

Provincia

470.130

%Provincial

14,92

TRIGO

174

209

150
533
99.844
5,33

CENTENO

MAlZ (1)

PATATAS

VIEDO (2)

5.719
7.140
5.000
6.900
10.800
4.320
6.135
1.450
300
4.074
29.600
9.900
302,4
5.303
424
2.240
600
100.387,4

12.300
---200
15
180
---40
7.236
10.800
---------600
270
1.821,47
12.000
8.160
59.022,47

20.442
2.900
18.750
40.500
35.150
13.160
32.312
11.070
10.080
13.160
15.120
11.160
1.800
146.943
2.096
4.800
8.160
388.413

---------876,09
36.244
8.904
896
146
4.800
1.372,8
2.340
175
2.894
36.465
1.547
520
2.340
99.519,89

373.594,78

293.978

1.161.248

1.104.112,89

26,87

20,07

23,95

9,01

218

OLIVAR

0,80

0,12
0,92

RIQUEZA AGRCOLA EN QM. AO 1945.


MUNICIPIO

HABITANTES TRIGO CENTENO

MAIZ (1)

PATATAS

VIEDO
(2)

VEREA
3.794
---2.416
6.576
------BALTAR
3.094
---7.910
770
22.904
---C. DE RANDN
3.244
---302
16.187,5
---CUALEDRO
4.630
8.975
55
10.323
1.311.43
MONTERREY
6.071
2.076
90
743
3.619,82
OIMBRA
3.493
1943,37
---4.483,25
207,76
VILARDEVS
6.434
4.100
10
14.658
220
MUIOS
4.247
290
5.040
5.535
15,6
PADRENDA
4.567
72
6.400
900
2.400
RIS
4.679
3.212
---8.795,7
472,2
LA GUDIA
1.551
9.108
---35.600
2.100
LA MEZQUITA
2.080
6.150
---11.990
67,5
Q. DE LEIRADO
2.168
224
5.714,8
1.923,52
2.322
VERIN
9.407
3.261,84
294
290.677
18.700
ENTRIMO
2.732
31,2
1.196,78
1.005,55
555
LOBERA
2.918
1.520
5.100
4.000
400
LOVIOS
4.906
600
8.160
1.206,96
3.600
TOTAL
70.015
517.194
39.409.75
430.932,48
35.991,31
(1).Trigo, centeno y maz se refiere a la recoleccin en grano
(2).En la cosecha de viedo y olivar. se refiere a la cantidad obtenida de vino y aceite expresada en Hl

OLIVAR

0,5

0,12
0,62

RIQUEZA GANADERA - AOS 1944 1945


N CABEZAS DE GANADO

CONSUMO DE COMESTIBLES

DESPOJOS
CARNES
DESPOJOS CARNES
MUNICIPIO
AO 1944 AO 1945 AO 1944 AO 1944 AO 1945 AO 1945
Verea
17.880
9.537
1.404
73.795
2.356
120.590
Baltar
13.526
12.917
485
82.160
660
91.300
C. de Randn
12.046
11.746
---52.000
725
69.550
Cualedro
20.488
17.381
5.547
126.876
1.200
74.300
Monterrey
10.387
8.240
15.300
131.400
15.300
118.800
Ombra
11.575
8.812
14.053
57.182
4.072
53.800
Villardevs
15.407
11.789
64.665
288.520
2.150
279.349
Muos
10.381
10.426
790
55.510
1.122
135.060
Padrenda
4.750
3.486
34.120
85.040
10.360
75.795
Ris
10.111
12.596
18.550,5
198.845
6.090
6.900
La Gudia
10.608
14.667
---10.920
11.735
79.856
La Mezquita
13.280
15.258
---240.850
1.280
131.880
Q. de Leirado
4.492
4.255
31.573
69.815
---51.250
Vern
6.585
4.982
13.300
252.871
15.710
220.750
Entrimo
4.359
6.643
---3.065
2.550
46.816
Lobeira
15.053
12.420
1.956
62.860
2.569
75.715
Lovios
11.979
11.979
1.400
14.187,5
9.600
186.300
Total
92.707
177.134
203.127,5 1.805.536,5
91.239
1.928.011
Provincia
717.831
---925.763 10.658.998
------% Provincial
12,91
---21.94
16,93
------NOTA: los nmeros de cabezas de ganado se refieren a ganado caballar, mular, vacuno, lanar, cabro y
porcino.
FUENTE: Ministerio de Industria y Comercio. Comisaria General de Abaste-cimientos y Transportes. Mapa
Nacional de Abastecimientos. Provincia de Orense. Aos 1944- 1945. Elaboracin propia.

219

220

221

MINIUS VIII, 2000, pp.223-239

Los Orgenes del Asociacionismo gallego en Venezuela (1945-1960)

XOS RAMN CAMPOS LVAREZ


Universidade de Vigo

En la dcada de los cuarenta, a pesar del escaso nmero de espaoles residentes en Venezuela,
se desarroll una importante labor asociacionista1. Los gallegos, entonces un pequeo grupo de
exiliados republicanos, fundaron en Caracas el Lar Gallego en 1945, al que seguiran tres centros
ms en menos de diez aos: Centro Gallego (1948), Casa de Galicia (1956) y Amigos de Santiago
(1956). Su existencia se vi favorecida por la llegada masiva de emigrantes a principios de los aos
cincuenta2, cuando Venezuela se convierte en un pas receptor de inmigracin3, debido a la
profunda transformacin econmica que

1
Los primeros Centros Espaoles en Venezuela fueron:
- La Casa de Espaa: fundada a principios de la dcada de 1930, su adhesin a la repblica durante
la guerra la redujo a la mnima expresin, limitandose a prestar ayuda a los pocos exiliados que
iban llegando de Europa o de paises americanos.
- Centro Vasco: fue autorizado por el Ministerio de Relaciones Interiores el 8 de mayo de 1941 e
inaugurado el 7 de abril de1942.
- Centro Cataln: intentaron constituirse como entidad varias veces a partir de 1942, pero se les
neg la autorizacin hasta abril de 1945 (eran considerados como peligrosos extremistas en
algunos sectores), fijando como fecha simbolica para la inauguracin el14 de abril de 1945.
- Hogar Canario: fue autorizado a constituirse antes que el cataln, por considerarlos ms
inofensivos y menos politicos, funciona desde 1942.
- Lar Gallego autorizado a funcionar el9 de febrero de 1945: "Fue inaugurado el 15 de octubre, con
una fiesta en Casa de Espaa, en el curso de la cual Rmulo Gallegos record sus das de exilio en
la
regin". Victor Sanz (1995): El exilio espaol en Venezuela, Caracas, El Centauro, v.I, p.110
2
Segn Ramn Contia, "la mitad de todos los espaoles cedulados en Venezuela en 1955 eran
gallegos".
Ramn Contia (1982): Gallegos en Venezuela, Caracas, Ed. Logos, p. 113.
3
"El aporte mayor es de los europeos, que en 1961 eran el 68,2 % del total, y entre ellos son los
espaoles los que tienen una presencia mayor, seguidos muy de cerca por los italianos,
mientrasque los portugueses representan un grupo bastante ms pequeo que esos dos, pero cuya
participacin crecer y se prolongar en el tiempo". A. Pellegrino (1989) Historia de la
inmigracin en Venezuela. Siglos XIX y XX, Caracas, Academia Nacional de Ciencias econmicas,
p. 203.

223

est experimentando4 y a la poltica inmigratoria de "puertas abiertas" del gobierno del dictador
Marcos Prez Jimnez.
"El periodo de Prez Jmnez, fue sin lugar a dudas, de un rpido desarrollo
econmico, a travs de su poltica de concreto armado dio un tremendo auge
al proceso urbanstico en todo el pas, lo cual impuls la inmigracin
espontanea. Aparte de la gente que era traida del extranjero para cumplir
los proyectos previstos por el Instituto Agrario Nacional, haba muchisimas
personas que, atraidas por la propaganda de la Doctrina del Nuevo Ideal
Nacional, vean en Venezuela un pas prspero, estabilizado politicamente y,
sobre todo, con seguridad personar5.
"Haba trabajo para todos: venezolanos y extranjeros, que unidos iban
levantando edificios en diversos puntos de la ciudad (Caracas)"6.
La evolucin del asociacionismo gallego en estos primeros aos (1945-1960) estuvo
caracterizada por escisiones, disputas, enfrentamientos ideolgicos y personales entre los lideres de
los diferentes centros, intentos fallidos de unificacin..., hasta que finalmente, en 1960, se
consigui la unificacin de tres de los cuatro centros existentes en uno solo: la Hermandad Gallega
de Venezuela.

Lar Gallego (1945-1960):


La idea de fundacin de este centro surge a raiz de la visita a Caracas del entonces secretario
general del Centro Gallego de Buenos Aires, Rodolfo Prada. Este, hizo el planteamiento a un grupo
de gallegos residentes en Venezuela, que despues de varias reuniones se acordaron la creacin, en
abril de 1945, de la primera asociacin gallega en Venezuela, el LAR GALLEGO.
"A primeira casa galega que se funda aqu foi o LAR GALEGO, a una
proposta dunha vsita de RODOLFO PRADA, secretario do Centro Galego
de Bos Aires, que ven aqu a Venezuela. E enton viu que non haba ningunha
casa galega en Venezuela... Rodolfo Prada reune unhos cuantos, as nos
bares, e propnlles a creacin dunha asociacin galega como a de Buenos
Aires. Entn, pensaron en poerlle Centro Galego (segn me teen contado,
porque eu non estaba aqu en Venezuela), segn me contaron os fundadores,
como eran un grupo tan pequen o, pois dixeron vamos a poerlle

4
5

Impulsada por el boom petrolifero.


E. de Veracoechea (1986), El proceso de la Inmigracin en Venezuela, Caracas, Academia
Nacional
de la Historia, p. 272.
6
E. de Varaoechea (1993): Caracas, Grijalbo, Caracas, p. 249.
224

"A nosa casa", e puxeronlle o Lar Galego. Que se fundou na Candelaria (de
Manduco a Ferrenqun, Cruz de Candelaria), e ah estuvo hasta que se
mudou para Sabana Grande... "7.
En la constitucin de la sociedad participaron veintiocho personas y su primera directiva estuvo
constituida de la siguiente manera:
Presidente: JOS MOSQUEIRA MANSO
Vicepresidente: SILVIO SANTIAGO
Secretario: DAZ VILLAMIL
Vicesecretario: ISOLlNO LPEZ
Tesorero: FRANCISCO CALVIO
La creacin del Lar no se debi a la existencia de un grupo numeroso de gallegos establecidos
en el pas. La mayora de sus fundadores eran exiliados8, que en numero reducido haban ido
llegando a Venezuela9. Es necesario tener en cuenta, que este pas no ser un punto de destino
importante de la emigracin gallega hasta principios de los aos cincuenta.
El objetivo que perseguan al crear esta asociacin era el de protegerse y ayudarse mutuamente
en un pas y en una sociedad que an les eran ajenos10.
En este primer momento, por tanto, son los exiliados polticos los tienen un papel ms
destacado dentro de la asociacin. Debido a ello, el LAR GALLEGO va a tener un caracter
marcadamente poltico, con predominio de personas de ideologia de izquierdas, republicanoprogresistas y antifranquistas que por supuesto no mantuvieron relaciones con el gobierno espaol
ni con sus representantes en Venezuela, e incluso sus relaciones con el gobierno del dictador Prez
Jimnez fueron muy tensas (lo que fren su expansin).
La sede fundacional ocup un local situado entre las esquinas de Manduca a Ferrenqun, situada
en las proximidades de la plaza de la Candelaria. Posteriormente se trasladaron a otro local situado
en la misma calle, de Ferrenqun a Cruz de Candelaria, del que pasado algn tiempo tambien se
mar-

7
8

Entrevista n 8, Manuel Quiroga, Caracas, 2 de abril de 1995. (archivo del autor)


"Aqu el primero que se funda en Venezuela es el LAR GALLEGO..., De que nace el Lar
Gallego? El LAR GALLEGO nace de los exiliados practicamente en la guerra, unos vinieron
desde Francia, otros escaparon a Portugal y vinieron aqu, pero otros fueron por Cuba, despues
cayeron en Venezuela, otros fueron a Curacao, Aruba; segn la forma que ellos encontraban de
escaparse. As llegaron aqu a Venezuela". Entrevista n 2, Manuel Ramos, Caracas, 21 de marzo
de
1995. (archivo del autor)
9
Manuel Gallegos, natural de la provincia de Lugo: "Durante la Guerra Civil estuve del lado
republicano, pas a Franica en el mes de febreo de 1939. En enero del ao siguiente embarqu en
Burdeos rumbo a Amrica por medio del Servicio de Evacuacin Republicano Espaol (S.E.R.E.)
y arrib a Santo Domingo el 23 de febrero. Desde este ltimo pas me traslad a Venezuela, llegu
a Caracas en septiembre del mismo ao; de aqu me fui a Maracay, donde tena un tio establecido,
quien haba llegado a Venezuela procedente de la isla de Cuba en 1930, luego me estuve por all
varios
aos". Cfr. Contia (1982): Gallegos en Venezuela, Caracas, Ed. Logos, p. 109.
10
"El gallego establece con sus paisanos relaciones de solidaridad y ayuda mutua, creando
instituciones regionales, comarcales o locales con objetivos benficos, culturales o de
esparcimiento, que actuan de factor de cohesin y de vinculo afectivo entre el emigrante y Galicia,
haciendo posible una continuidad con la vida que deja atrs. Surgen como reaccin ante las nuevas
condicones con que el individuo se encuentra en el pas de destino". Cfr. Ramn Campos: "La
emigracin gallega a Amrica (1880-1930). Integracin y Retorno", en Minius, Ourense, n 23,1993-1994, p. 142.
225

charan para instalarse en el que sera su ltimo domicilio social, situado en la 3 Avenida de las
Delicias, n 8, en Las Acacias.
Durante su existencia (1945-1960) desarroll importantes actividades sociales, culturales,
recreativas y deportivas.
Uno de sus objetivos principales fue la Asistencia Social y la Beneficencia, orientadas hacia la
colonia gallega con una situacin economica (todava) precaria y que no contaba con una seguridad
medico-asistencial. En este sentido ofrecan un servicio mdico general y odontolgico a los socios.
En el aspecto cultural:
- Publicaban un boletn mensual, en el que no solo se recogan noticias concernientes a la
sociedad y a la comunidad gallega en Venezuela, sino que tambien se informaba sobre
temas de la actualidad y de la cultura gallegas a travs de la colaboracin de escritores
desde Galicia.
- Contaban con un programa de radio dominical: "La voz de Galicia, La Voz de la
Emigracin" (emitido por la emisora Radio Rumbos) del que fue director Jos Velo
Mosquera.
- "Coro Curros Enriquez"
- Organizaban periodicamente ciclos de conferencias y charlas culturales... - Desde 1951,
celebraban todos los aos un homenaje a Castelao en el aniversario de su muerte, alguno de
ellos organizado conjuntamente con el Centro Gallego.
- Financiaban academias gratuitas para socios.
- Tenan equipos de futbol, baloncesto y hockey (denominados todos "Celta del Lar
Gallego).
- Contaban con una pea de ajedrez, denominada" Alexandre Boveda" y por sus salones
pasaron los mejores ajedrecistas mundiales de la poca.
- Organizaban bailes los fines de samana.
En 1956 el Lar contaba con unos mil socios y era la sociedad gallega ms importante de
Venezuela. Pero solo un ao despues atraves una grave crisis debido a las presiones de la
embajada espaola ante el gobierno venezolano, que acusaba al Lar de ser una sociedad poltica que
acoga en su seno a comunistas11, lo que dio lugar a que casi dos tercios de los socios se dieran de
baja por temor a las represalias. Adems, las rencillas y disputas con las otras casas gallegas fueron
continuas, por lo que el Lar estuvo a punto de desaparecer. Finalmente la situacin cambi al caer
la dictadura de Prez Jimenez, en enero de 1958.

11

La embajada espaola argumentaba que las banderas gallega y republicana presidan el Centro,
que se haba negado en varias ocasiones el acceso al embajador espaol a su sede y que la pea de
ajedrez se denominaba Alexandre Boveda.
227

Despues de varios intentos fallidos de unin con el Centro Gallego de Caracas a lo largo de los
aos cincuenta, finalmente en 196012 se lleg a un acuerdo de fusin de tres de las cuatro
asociaciones gallegas existentes en Caracas (Lar Gallego, Centro Gallego y Casa de Galicia.
Amigos de Santiago declin el ofrecimiento), naciendo as, el 12 de octubre de 1960 la
HERMANDAD GALLEGA DE CARACAS.

Centro Gallego (1948-1960):


El Centro Gallego de Caracas se fund en 1948, como consecuencia de la escisin de un grupo
de socios del Lar Gallego, descontentos con la lnea poltica seguida por la sociedad. Este grupo
estaba encabezado por Silvio Santiago13.
Eduardo Meiln, directivo del Lar y expresidente de la Hermandad Gallega de Venezuela, vivi
directamente estos acontecimientos y sostiene que la ruptura se debi a discrepancias ideolgicas
entre los dirigentes del Lar:
Silvio Santiago fue uno de los lideres del Lar Gallego, junto con Manuel
Gallego... Aunque siendo ambos republicanos, en cierto modo haban traido
para el exilio los problemas de la guerra espaola, ya que, tengo entendido,
que durante la guerra los de la CNT no se llevaban muy bien con los del
Partido Comunista, pues aqu seguan la misma tnica. O sea, aun en el
exilio donde deban estar unidos haba esas diferencias. Silvio era de la
CNT, Manuel Gallego era del Partido Comunista. Ambos lideres y ambos
logicamante chocaban y en uno de esos encontronazos result expulsado Sil
vio Santiago. Junto con Silvio Santiago se fueron una cantidad de socios,
haciendo causa comn con l por parecerles injusta la sancin y entre ellos
mi padre... Y de ah de esa escisin naci el CENTRO GALLEGO, del cual
form parte en su fundacin y del cual tiempo despues me fu haciendo causa
comn con unos expulsados por Silvio Santiago muy injustamente Estas
luchas que haba! no? y que hicimos? Bueno pues, nos fuimos para el Lar
Gallego14.
Silvio Santiago fue un personaje muy controvertido, objeto de los mayores elogios y tambien de
gran nmero de crticas, sobre todo por su carcter auto-

12
La ltima directiva del Lar estaba compuesta por: Presidente: BALDOMERO GALLEGO
FIGUEIRAS. Otros directivos: AMADEO ESTVEZ RODRGUEZ, MANUEL GALLEGO
GONZLEZ, ANTONIO RODRGUEZ, JULIO FERNNDEZ CANDAMIO, ALFREDO
CAAMAO SUREZ, JOS TEMPRANO SANCHEZ, Lus NOVA DOMNGUEZ y JAIME
DURN SOTO (no constan los cargos). En Hermandad Gallega de Venezuela, Album
Conmemorativo
de la Constitucin de la Hermandad, Caracas, 1962.
13
SILVIO SANTIAGO: Sindicalista exiliado en Venezuela, donde trabaj como periodista. A su
regreso
a Galicia public dos libros: "Villardevs" (1960) y "O Silencio Redimido".
14
Entrevista n3, Manuel Meilan, Caracas, 22 marzo 1995. (archivo del autor)

227

ritario y por sus deseos de notoriedad. Su figura merecera un estudio en profundidad, ya que,
particip en la fundacin de las tres primeras asociaciones gallegas que se crearon en Venezuela y
tuvo una influencia muy destacada sobre la colonia gallega.
"Silvio despues tuvo problemas porque era un hombre muy polmico, a
pesar de que tena sus partes positivas. Sin duda era muy galleguista, fue un
hombre muy preocupado por la cultura gallega, as como tambien tena de
gallego el "esoiritu caciquil". Tenan que ser las cosas como l deca sino ya
uno se converta en enemigo de l. Pero sin duda se preocupaba mucho de
nuestra cultura, tanto que siendo el Centro Gallego una sociedad pequea,
al igual que lo era el Lar y viviendo bastante en precario economicamente,
Si/vio se permiti el lujo de traer grandes pesonalidades de la cultura
gallega a dar conferencias ac. Por lo que yo recuerdo trajo a Eduardo
Blanco Amor, a Rodolfo Prada (entonces de la Argentina), a Otero Pedrayo,
a Camilo Jos Cela. O sea, cada ao por lo menos traa a una personalidad
para dar unas conferencias aqu, de las cuales resultaban anecdotas muy
curiosas no? Porque Silvio a la vez que los traa les deca que no deban ir
al Lar Gallego "15.
Lo cierto es que a Venezuela comienzan a llegar emigrantes gallegos en un numero cada vez
mayor, con un caracter marcadamente econmico, que ya no van a compartir los planteamientos
polticos e ideolgicos que caracterizaban al Lar Gallego. Se trata de una emigracin despolitizada
y con unos objetivos economicos claros. Y en este sentido, el Centro Gallego les ofrece un cariz
ms popular y menos poltico. Los socios del Centro Gallego se recuerdan a s mismos como:
"...hombres antifranquistas, pero con una gran gama de colores. Lo que aqu
predominaba era un gran respeto... No tratabamos de sujetar a nadie con
disciplinas partidistas. Habiamos abierto las puertas a la nueva emigrracin
que llegaba, gente que no tena la menor idea de lo que haba sido la guerra.
Se les abrieron las puertas porque pensamos que la gente nueva que aqu
llegaba necesitaba un amparo. Esta es la misin que debe tener la gente
cuando est fuera de su tierra, agrupar a la mayor cantidad de gente
posible, para llevar a ellos el mayor beneficio "16.
La rivalidad entre el Lar y el Centro Gallego fue continua y se agudiz en algunos momentos17,
ya que para los del Lar el Centro era una sociedad de

15
16
17

Entrevista n3, Eduardo Meiln, op. cit.


Entrevista n12, Caracas, abril, 1995. (archivo autor)
"Silvio, era a matar con la gente del Lar, lo haban expulsado y no perdonaba y adems all
estaban los comunistas, que repito si haba algunos comunistas, pero la mayora ni..., posiblemente
haba de todas las tendencias hasta de derechas teniamos gente en el Lar. Y no pasaba nada no?"
Entrevista Eduardo Meiln, op. cit.
228

"seoritos pequeo-burgueses" y para estos, el Lar era una sociedad de "rojos testarudos"18.
Su primera sede estaba situada en el Conde, muy cerca del parque Carabobo19. De ah en el ao
1954 se trasladaron para la zona del Paraiso, donde compraron una "quinta", por la que pagaron
medio milln de bolivares20. Se trataba de una mansin de dos pisos, con 900 metros cuadrados de
edificacin (para salones y varias dependencias) y con 1.500 metros cuadrados de terrenos (para
pista de baile y piscina). En el momento de la fusin eran los nicos que contaban con instalaciones
de su propiedad.
Entre los objetivos del Centro Gallego estaba la beneficencia, el socorro mutuo y la asistencia al
inmigrante recien llegado al pas, normalmente sin familia y sin recursos econmicos21. En este
sentido subvencionaba a sus socios amplios servicios mdicos y odontolgicos22.
En el plano cultural:
- Editaron la revista "GALlCIA", en la que colaboraron intelectuales gallegos de la
emigracin en Amrica y de Galicia. Publicaron diez nmeros entre julio de 1952 y julio de
1954. Prestaba especial atencin a custiones de tipo cultural. social y deportivo. Eduardo
Blanco Amor dirigi la revista durante su estancia en Caracas (n3, 4, 5). En el resto de los
numeros editados figura como director Antonio Somoza y Silvio Santiago fue redactor de la
misma.

18
19

Entrevista n2, Manuel Ramos, op. cit.


"Funcion primeramente al Sur del Parque Carabobo. En un primer piso de una casa, era una
fonda, pero l alquil la parte de arriba completa y all funcion el Centro Gallego. Despues se
mud a dos calles ms abajo en el Conde, hasta que consigui real, que tambien funcion mucho en
base a la colaboracin que le daba la embajada de Espaa, muchisimo, aunque l se deca
antifranquista, se llamaba republicano, se autodenominaba republicano. Pero se dejaba llevar
mucho por la fotografa con el embajador y el cnsul de la poca. Entonces ah funcion el centro
gallego hasta que consigui dinero, no se sabe de donde, pero lo consigui, y compraron una casa
en El Paraiso. Claro, que despues de comprada la casa, pues ya entraron otras personas y ya la cosa
se le puso ms dificil, ya le sacaron el mando, le echaron de la junta directiva, porque l era
presidente vitalicio prcticamente... y fundaron la Casa de Galicia..." Entrevista con Manuel Ramos,
op.
cit.
20
En una circular a los socios del Centro Gallego se deca que la compra haba sido aprobada por la
Asamblea General del 18 de julio de 1954 "y pudo hacerse (la compra) porque unos 200 socios,
aproximadamente, suscribieron por su voluntad, una suma que se acerca a los 100.000 Bolvares.
Pero esta suma es insuficiente para el primer plazo de la compra y los gastos indispensables de
instalacin." Por lo que acordaron "establecer una cuota obligatoria de 150 bolivares para cada
socio no comprendido en las listas de suscripciones voluntarias. Es decir: para la mayora." Pago
que poda realizarse en cinco plazos (el primero de 50 bs. y los restantes de 20 bs.), aunque rogaban
a los socios que pudieran que no se acogieran a los plazos. Revista GALlCIA, Caracas, julioagosto,
1954, n10, p.21.
21
En la Editorial del n 2 de la revista Galicia de septiembre de 1952, p. 3, manifiestan que "Por
voto unnime de los concurrentes qued aprobado el Plan que ha de instaurar y regular los servicios
de Sanidad en nuestra institucin", y aaden que de esta manera se suma a los aspectos recreativos
y culturales del Centro, el "factor altamente prctico, de la ayuda mutua, de la solidadridad entre sus
asociados, en un terreno tan notoriamente importante como es el cuidado y remedio de la salud".
Con ello manifiestan su intencin de seguir los pasos de aquellos "... colectivos gallegos que
acreditan y honran, en todo el continente, la capacidad creadora y organizadora de los emigrados:
Centro Gallego de La Habana, Centro Gallego y Hospital Gallego de Buenos Aires, Casa de Galicia
de
Montevideo..." GALlCIA, Revista del Centro Gallego, n2, Caracas, noviembre de 1952, p. 3.
22
En este sentido, tenan acuerdos con diferentes mdicos que atendan en sus consultas a los socios
del Centro Gallego a precios inferiores a los habituales. Este servicio de sanidad en noviembre de
1952 inclua: Pediatra, dermatologa, medicina interna (pulmn y corazn), otorrinolaringologa,
oftalmologa, radiologa, ginecologa, traumatologa, ciruga general, odontologa y laboratorio
clnico. GALlCIA, Revista del Centro Gallego, n3, Caracas, noviembre de 1952, p. 2.
229

- Programa de Radio: Ecos de Galicia en la emisora Radio Caracas Radio - Conferencias,


charlas, conciertos...
- Coro Castelao
En el aspecto recreativo realizaban bailes todos los fines de semana23 y romeras de manera
peridica.
En el plano deportivo contaron con: equipos de futbol, baloncesto (Deportivo Centro Gallego) y
con una Pea de ajedrez: Jos Raul Capablanca.
El Lar Gallego V el Centro Gallego funcionaron como centros autnomos. Pero las tensiones,
descalificaciones V acusaciones mutuas sern una constante durante su existencia. A pesar de ello,
existi una comisin por la unidad gallega que llev a cabo varios intentos de acercamiento de
ambos centros encaminados hacia su fusin. Finalmente el 25 de marzo de 1956 se aprobaron los
Estatutos y el acta constitutiva del Lar y Centro Gallego, con lo que se consumaba por fin la
unidad, aunque precariamente24", tan precariamente, que de hecho solo existi sobre el papel.
Juan Nava fue nombrado presidente de la nueva asociacin, pero se encontr con grandes
problemas para sacarla adelante. Nava, ferviente defensor de la unidad de los centros gallegos, fue
advertido por la Direccin de Extranjera, para que no siguiese por ese camino, que era muy
peligroso va que el ministro del Interior venezolano y el embajador espaol estaban muy
interesados en que no prosperara la fusin porque consideraban al Lar una entidad procomunista.
Nava, incluso sostiene que Silvio Santiago y Antonio Somoza (a pesar de ser republicanos)
solicitaron la colaboracin del embajador espaol para impedir que el acuerdo de fusin se
materializara25.
Finalmente, la unin tan trabajosamente lograda, sin embargo, entre uno y otro, no dur
mucho, a causa de que el Lar no entreg al Centro el aporte monetario convenido26". Pero, a pesar
de este fracaso, no pasar mucho tiempo antes de que se logre la tan ansiada unidad27.

23
"Os domingos tian actos sociais amenizados por orquestas. Por al pasaron as mellores orquestas
de Venezuela e mis de afora, como as orquestas cubanas Riverside, Aragn ou Casino". Entrevista
Manuel
Quiroga, op. cit.
24
Victor Sanz (1995), op cit., p. 153.
25
Vid. Juan Noya (1996): Fuxidos, Vigo, Galaxia, pp. 334-335.
26
Vid. Victor Sanz (1995): op. cit., p. 154. El autor, adems afirma que "Las diferencias se
manifestaron de nuevo con motivo del banquete de fin de ao que proyect la Casa de Espaa como
acto de confraternizacin de las sociedades espaolas, y al que los dirigentes del Centro y de Casa
de Galicia se negaron a asistir, por incompatibilidad con los del Lar, que les acusaban,
particularmente el ya conocido Silvio Santiago, de haber hecho norma de la difamacin, y de la
calumnia,
habito".
27
En el momento de la unificacin (1960), la directiva del Centro Gallego estaba formada por:
Presidente: VICENTE BARCIA PORTELA
Otros directivos: JOS SOTO PREZ, GREGORIO SNCHEZ MARTNEZ, JOS VILLAR
ROMN, ALFONSO FERNNDEZ GUTIRREZ, GONZALO MACEIRAS FILGUEIRA,
MANUEL GARCA GONZLEZ, JESS PEREIRA DEIBE, HUMBERTO SUREZ
MOSQUERA, JACINTO PENA FONTAO, NGEL ESPIDO PAN e GONZALO GIL
RODRGUEZ. (No constan los cargos). En Hermandad Gallega de Venezuela. Album
conmemorativo, op. cit.

230

Casa de Galicia (1956-1960):


La unificacin del Lar Gallego y Centro Gallego en una sola entidad, no solo no di resultado,
sino que en ese mismo ao (1956) una escisin, esta vez del Centro Gallego encabezada (como no)
por Silvio Santiago, di lugar a la creacin de una nueva sociedad gallega: la Casa de Galicia.
Silvio Santiago fue su primer presidente. Su junta directiva estaba conformada unicamente por
dos miembros: Presidente y Secretario General28. Se establecieron en un local situado frente a la
Plaza Carabobo (en aquellas fechas punto de reunin de la mayor parte de la colonia gallega).
Posteriormente se trasladaron a una "quinta" situada en Los Caobas.
Su existencia fue corta, debido a que el deseo de agrupar a toda la comunidad gallega en un
solo centro estaba ya en el animo de los gallegos que vivan en Caracas.
Tuvo un elevado numero de socios (cerca de un millar) ya que las cuotas para sostenerla eran
muy reducidas (5 bolvares mensuales). En el momento de la fusin contaba con unos trescientos
socios29.
Sus fines fueron sobre todo culturales y recreativos (organizaban fiestas y bailes todos los fines
de semana). En su corta existencia la Casa de Galicia tuvo una importante actividad cultural y
desarroll iniciativas verdaderamente relevantes en apoyo de la cultura gallega:
- Patrocin la edicin del Diccionario Gallego-Espaol
- Tuvo un grupo teatral (Cuadro Escenico de la Casa de Galicia) de gran aceptacin entre
publico y crtica.
- Emitian un programa semanal de radio llamado "Sempre en Galiza30". En la actualidad sigue
emitiendose con este nombre el programa radial de la Hermandad Gallega de Venezuela.
A pesar de ser una sociedad legalmente constituda no aport sus libros de actas al archivo
general en el momento de su fusin con los otros centro. Tuvo sus propios estatutos pero sus
canales de comunicacin fueron bsicamente informales y espontaneos.

28

"La directiva estaba conformada solo por dos personas, ya que, tener muchos directivos resultaba
dificil,
porque ser directivo significaba trabajar y no figurar". Entrevista n 12, op. cito
29
La ltima directiva de la Casa de Galicia en el momento de la fusin estaba formada por:
Presidente: ANGEL FEIJOO GONZLEZ
Vocales: RAMN JCOME RODGUEZ, VICTORINO MATEO HUMBREIRO, EMILIO
VARELA VIDAL, ARTURO CES CHISCA y ALFONSO RODRGUEZ PAZO. En Hermandad
Gallega de Venezuela. Album conmemorativo, op. cit.
30
"A Casa de Galicia tia o programa SEMPRE EN GALlZA, que se mantn hoxe na Hermandad
Gallega de Venezuela (por Radio Suave), xa que na fusin os secretarios de cultura acordaron
quedar co programa Sempre en Galiza, polo nome e porque tian mellor hora de sintona e de
programacin. Entonces quedouse co programa de Sempre en Galicia hasta hoxe en da que vai
cumplir cuarenta anos... Estuvo casi sempre en RADIODIFUSORA VENEZUELA (que ainda
existe tamn), despois (por problemas cos horarios) mudouse a RADIO MILTRESCIENTOS
(1300) un tempo, e despois cambiou a donde esta hoxe (xa leva mais de doce ou catorce anos) en
RADIO SUAVE (diaL 12.60). E ah e donde continua o programa de radio Sempre en Galiza, hasta
a data de hoxe. E o nome do programa puxollo EDUARDO BLANCO AMOR cando visito u
Venezuela, que veu a dar a conferencia da inauguracin oficial da Casa Galicia; porque o programa
empezouse chamando PROGRAMA RADIAL CASA GALICIA, pero a Blanco Amor
entrevistarono no programa e propuxolles que se lle puxera o nome de Sempre en Galiza, e acabaou
chamandose as". Entrevista, Manuel Quiroga, op. cit.
231

Asociacin Civil Amigos de Santiago:


La Asociacin Civil Amigos de Santiago fue creada en Caracas el 23 de mayo de 1956, por un
pequeo grupo de emigrantes procedentes de Santiago de Compostela. Su idea era fundar una
asociacin en cuya sede social pudieran continuar con las tradicionales reuniones que venan
manteniendo los domingos despues de misa o los das laborables despues del trabajo31.
La primera sede de la asociacin estuvo en el n14 de Cuartel Viejo a Llaguno. Pero el rpido
aumento de socios plante la necesidad de mudarse a un local ms amplio y centrico, por lo que
alquilaron un local (de 1.580 metros cuadrados) en la inmediaciones de la Plaza de la Candelaria,
lugar de residencia de gran nmero de gallegos. Desde el ao 1968 recibieron varias ofertas por
parte de los propietarios del inmueble ofrecindoles la posibilidad de comprar el local, pero nunca
fueron capaces de hacer frente al importe, por lo que finalmente, a finales del ao 1988 fueron
desalojados, lo que supuso la rapida desaparicin de la sociedad.
Durante las negociaciones que llevaran a la fusin de los tres centros gallegos (Lar, Centro y
Casa de Galicia) de Caracas en la Hermandad Gallega de Venezuela (1960), Amigos de Santiago
fueron invitados a participar en ellas, pero su directiva rechaz la invitacin y desde ese momento
siempre funcionaron independientemente de la Hermandad Gallega.
La Asociacin tena finalidad social, cultural, benfica y recreativa. Se definan como apolticos,
pero este club tuvo tradicin espaolista, conservadora y simpatizante con el franquismo32. Despues
de la caida de Perez Jimenez y del establecimiento de la democracia en Venezuela, aqu fue donde
tuvieron mejor acogida las personas vinculadas al gobierno espaol de paso por Caracas.
En el aspecto benfico, prestaban ayuda a las personas necesitadas y con escasos recursos
econmicos, tambien ayudaban a los socios que tenan problemas econmicos para retornar.
Ayudaban a financiar atencin mdica, intervenciones quirrgicas...
Tenan bar y restaurante con precios asequibles (para aquellos socios que por cuestiones de
trabajo no pudieran volver a comer a sus casas). Realizaban

31
"Y as fue: el da 23 de mayo de 1956 se reune un grupo de amigos, todos gallegos, todos de
Santiago de Compostela, todos devotos del Apstol. Patrn de Espaa, Patrn de Galicia, Patrn de
Caracas, y acuerdan a travs de un Acta Constitutiva, dar el paso definitivo para la creacin de la
"ASOCIACIN CIVIL AMIGOS DE SANTIAGO". Una asociacin que recibir en su seno a
todas las personas nacidas en Santiago de Compostela, a sus hijos, a todas las personas nacidas en
Galicia, o en cualquier parte de Espaa o a todos los devotos de Santiago Apostol". En "Breve
estudio sobre las caractersticas ms importantes de la Asociacin Civil Amigos de Santiago desde
su fundacin hasta la presente fecha (enero 1985)". Arquivo Secretara Xeral de Relacins Coas
Comunidades
Galegas, Santiago de Compostela. (Mimeo).
32
De hecho, otorgaron a Franco la mxima condecoracin de la sociedad (que entregaban a
aquellas personas o instituciones que hubieran desempeado una labor destacada a favor del
bienestar de la comunidad espaola en Venezuela o Espaa). "Amigos de Santiago fue una sociedad
muy personal. Un seor que se apart de todo esto de la colonia y fund su refugio... Ese vivi
mucho bajo el rgimen de la Embajada de Espaa, era mantenido prcticamente por la Embajada de
Espaa... tena amistades en el gobierno y todas esas cosas, entonces lo seguan." Entrevista Manuel
Ramos, op. cit.

232

bailes los domingos, celebraban la festividad del Apostol Santiago, organizaban excursiones y
torneos de juegos de saln (cartas, domin...).
En el aspecto cultural:
- Realizaron exposiciones de pintura y escultura, organizaron consursos literarios.
- Biblioteca
- Contaban con grupo de gaitas y coro" Airios da Terra" y una Estudiantina, cuyo objetivo
era la difusin del folclore gallego por toda Venezuela.
- Emitan un progrma de radio semanal (en 1970: los domingos de 21.30 a 22.30 por Radio
Libertador) con informaciones dirigidas a la colonia espaola de Venezuela.
- Desde 1969 publicaron una revista, Compostela, que tena carcter mensual (a veces
trimestral). El fundador fue Ramn Pieiro Tez, tena una tirada de 15.000 ejemplares,
que se distribuan gratuitamente. En ella informaban sobre las actividades de la asociacin,
noticias de Espaa, deportes, ocio, humor...
En el aspecto deportivo contaron con varios equipos de futbol (infantiles, juveniles y amateurs) y
futbol sala.
En 1985 contaban con 1.045 socios activos "que sumados a los socios familiares dan un total
aproximado de cinco mil socios33". Ese ao la cuota mensual era de 30 bs.
Para ser presidente34 de la sociacin era indispensable "ser gallego por nacimiento", mayor de edad
y llevar un ao como socio35.
La evolucin de la sociedad estuvo marcada por algunos enfrentamientos con la Hermandad
Gallega y por no contar con una sede social en propiedad. Despues de ser desalojados a finales del
ao 1988, celebraron sus reuniones durante algunos meses en la sede de la Hermandad, pero la
sociedad qued herida de muerte y despareci a finales del ao 1989.

Hermandad Gallega de Venezuela


Como ha quedado reflejado, durante la decada de los aos cincuenta un grupo de gallegos
lucharon por la unificacin de las diferentes casas. Pero esos intentos no se concretaron
fundamentalmente por la oposicin de la embajada

33
En "Breve estudio sobre las caractersticas ms importantes de la Asociacin Civil Amigos de
Santiago
desde su fundacin hasta la presente fecha (enero 1985)", op. cit.
34
Presidentes de la asociacin (1956-1985); ENRIQUE IGLESIAS VILOUTA (1956-59), RAL
SNCHEZ GUERRA (1959-60), GERMN MANSO NEZ (1960-61), JOS CASTAO
VZQUEZ (1961-63), SABIDO SANTAMARA (1963-64) MANUEL BARBA MELLA (196465). MANUEL STVEZ (1965-66), JOS CASTAO VZOUEZ (1966-67), JOS FILLOY
(1967-68), RAMN PIEIRO TEZ (1969-70). FLlX NOVOA MARTNEZ (1971-75),
SERAFN GMEZ CAMPOS (197577). FLIX NOVOA MARTNEZ (1977-81), ANTONIO
PEREIRO
(1981-83), FLIX NOVOA MARTNEZ (1983-85). En "Breve Estudio..., op. cit.
35
ESTATUTOS de la Asociacin Civil Amigos de Santiago (Reformados en setiembre de 1965),
Caracas, Archuivo Secretaria Xeral de Relacins Coas Comunidades Galegas, Santiago de
Compostela.

233

de Espaa y del gobierno de la dictadura de Prez Jimenez (que consideraban al Lar y al Centro
Gallego como sociedades procomunistas) y por la oposicin de algunos directivos de las propias
sociedades gallegas (como Silvio Santiago o Antonio Somoza).
Sin embargo durante el ao 1959, caida ya la dictadura de Prez Jimnez (y con Silvio Santiago
de regreso a Espaa), la embajada espaola pierde influencia sobre el nuevo gobierno y no puede
impedir que se forme una Junta de Acercamiento para establecer nuevas negociaciones36.
Conscientes de la necesidad de crear una sociedad fuerte que aglutinara a toda la colonia gallega
(por aquel entonces bastante numerosa), los dirigentes de los diferentes centros dejaron a un lado
sus rencillas e intereses personales37 y comenzaron las gestiones para formalizar la unin, en la que
participaron representantes del Lar Gallego, Centro Gallego y Casa de Galicia. La cuarta sociedad
gallega existente en Caracas, la Asociacin Civil Amigos de Santiago fue invitada a participar en
estas primeras reuniones, pero declinaron el ofrecimiento y siguieron funcionando de manera
totalmente independiente.
EL 10 de mayo directivos y socios de los tres centros se reunieron en un cine de la Candelaria
donde decidieron formalizar la unin y acordaron como fecha para la inauguracin de la nueva
sociedad el 12 de octubre de 1960. Ese da en una Asamblea General38 celebrada en la sede del
Centro Gallego, en el Paraiso, con la asistencia de unos 150 socios, se aprobaron los nuevos
estatutos y a partir de ese momento, las tres casas, con todas sus propiedades, pasaban a constituir
en igualdad de condiciones una sola asociacin denominada HERMANDAD GALLEGA DE
VENEZUELA
"... a condicin que se puxo, era que cada casa entraba co que tia. O que
tia algo, tia algo, e o que non tia nada, non tia nada. O

36

"Entonces a lo largo del ao 59 se intent nuevamente la unidad, haba personalidades como


MANOLO GALLEGO, como AMADEO ESTVEZ, como BALDOMERO GALLEGO, como
CORTIAS, yo (MANUEL RAMOS) dentro de mi juventud tambien trataba de hacer un poco de
labor en ese sentido (en ese entonces tena 24 o 25 aos). Entonces se lleg a convencer a todos los
centros gallegos para que fundaran una sociedad comn. Y ah es donde nace la Hermandad
Gallega, que primero funcion en Lar Gallego y en el Centro Gallego, funcionaban las dos casas,
porque una estaba en la parte oeste de la ciudad y la otra estaba en la parte este. Y la mayor parte de
los gallegos estaban concentrados en la zona de la Candelaria, aunque des pues ya se dispersaron
hacia Chacao. Para que la gente tuviera facilidad para asistir a un lado y a otro pues se mantuvieron
las dos casas, mientras no se consegua un lugar centrico de fcil acceso para llegar. Ah fue donde
naci la Hermandad Gallega...EI proceso de unidad no fue complicado porque la primera directiva
de la Hermandad Gallega la componan las directivas de los tres centros, mientras no se convocaran
elecciones
yeso dur ms o menos un ao". Entrevista Manuel Ramos, op. cit.
37
"... y es aqu cuando verdaderamente se not que entre la colonia no haba ninguna separacin,
esta estaba solamente entre un grupo de dirigentes... Se impona entonces, que estos bajaran de su
pedestal y aceptaran... Comenzamos a funcionar como si fueramos uno, cada uno en su casa, cada
uno con su directiva, pero cuando se presentaba algn acto en honor de Galicia nos reunamos...
Esta
situacin dur meses". Entrevista n12, op. cit..
38
"En Caracas, a doce de octubre de mil novecientos sesenta, siendo la nueve horas,..., se reunieron
en el local social del Centro Gallego visto en la avenida Principal del Paraso "Quinta Valencia", en
Asamblea General conjunta y extraordinaria, los asociados del "Lar Gallego", "Centro Gallego" y
"Casa de Galicia", previamente citados, conjuntamente con sus respectivas Juntas Directivas. Abre
el acto, facultado por los dems directivos, el Presidente de la Casa de Galicia, seor Angel Feijoo,
quien expone el objeto de la Asamblea y estimula especialmente a la juventud gallega a que ponga
todo su empeo en conservar y fomentar la unidad de la colonia que hoy se va cristalizar por medio
de este acto". Hermandad Gallega de Venezuela. A.C. Libro de Actas de las Asambleas Generales.
Acta N1, Caracas, 1960.
234

Lar Galego tia unhos sesenta e pico mil Bs., a Casa Galicia tamn, pouco
mais tia. O Centro Galego non tia nada, pero tia a propiedade da sua
sede social, que a estaba pagando... E tamn se chamou a AMIGOS DE
SANTIAGO (que desapareceu fai pouco). Tamn puxeron unhas
condicins..., Pero as tres casas que estaban de acordo, que eran as mais
grandes, dixeron que cada un via co que tia. Pero era necesario que cada
n perdera esa nocin de propiedade da sa casa, indo a dos demais e
deixando entrar os demais na deles"39.
En esa misma Asamblea se nombr un Directorio que qued constituido por las juntas directivas
de las tres entidades40, y que administrara la Hermandad hasta el 25 de julio del ao siguiente,
fecha en la que se convocaran elecciones. El primer presidente fue Angel Feijoo Fernndez y el
nmero de socios nominales o fundadores fue de 800. La cuota mensual para los asociados se
estableci en diez bolvares.
Las finalidades de la asociacin son fundamentalmente de tres tipos, culturales, asistencia les y
deportivo-recreativas41:
- Culturales: Fomentar y defender el idioma y la cltura gallega, a la vez que promocionar
la cultura gallega en Venezuela.
- Asistenciales: Creacin de sevicios medico-asistenciales, de previsin y ayuda a los socios
y gallegos en general.
- Deportivo-recreativos: Fomentar y desarrollar actividades deportivas y recreativas entre
los asociados.
Una vez consolidada la unificacin, uno de los principales objetivos de la directiva va a ser
buscar un local apropiado. Los tres con los que cuentan estn repartidos por la ciudad, son
pequeos e incomodos para dar cabida a un nmero creciente de socios. Se nombra una comisin
"pro local nico" que plantea la posibilidad de adquirir el antiguo "Casa blanca Tennis Club" que
des-

39
40

Entrevista, Manuel Quiroga, op. cit.


Los miembros del Directorio eligieron en esa misma asamblea al consejo ejecutivo:
Consejo Ejecutivo: Formado por los presidentes de las tres asociaciones:
Presidente: ANGEL FEIJOO GONZLEZ (Casa de Galicia)
Secretario General: BALDOMERO GALLEGO FIGUEIRAS (Lar Gallego)
Tesorero: VICENTE BARCIA PORTELA (Centro Gallego)
Consejo Directivo: Formado por los directivos de las tres asociaciones (sin funciones especficas):
Vocales: RAMN JCOME RODGUEZ, VICTORINO MATEO HUMBREIRO, EMILIO
VARELA VIDAL, ARTURO CES CHISCA, ALFONSO RODRGUEZ PAZO (por la Casa de
Galicia); JOS SOTO PREZ, GREGORIO SNCHEZ MARTNEZ, JOS VILLAR ROMN,
ALFONSO FERNNDEZ GUTIRREZ, GONZALO MACEIRAS FILGUEIRA, MANUEL
GARCA GONZLEZ, JESS PEREIRA DEIBE, HUMBERTO SUREZ MOSQUERA,
JACINTO PENA FONTAO, NGEL ESPIDO PAN, GONZALO GIL RODRGUEZ (por el
Centro Galego); AMADEO ESTVEZ RODRGUEZ, MANUEL GALLEGO GONZLEZ,
ANTONIO RODRGUEZ, JULIO FERNNDEZ CANDAMIO, ALFREDO CAAMAO
SUREZ, JOS TEMPRANO SNCHEZ, LUS NOYA DOMNGUEZ e JAIME DURN SOTO
(por el Lar Galego). "Hermandad Gallega de Venezuela. A.c. Libro de Actas de las Asambleas
Generales. Acta N1, Caracas, 1960. A partir del ao siguiente (1961) la junta directiva qued
constituida por 20 miembros: Presidente, Vicepresidente, Secretario General, Secretario de
Realaciones Pblicas y Tesorero. Los otros 15 miembros no tenan cargos, ni funciones especificas.
41
Art.2 de los ESTATUTOS de la Hermandad Gallega de Venezuela, Caracas, 1980.
235

pues de graves problemas econmicos haba pasado a ser propiedad del Banco Unin (que ejecut
una hipoteca). Se trataba de un antiguo club deportivo que contaba con una serie de instalaciones
deportivas y recreativas que se ajustaban a las necesidades de la Hermandad.
El 15 de julio de 1961 se aprob la compra del club "Casablanca", que costaba unos 5 millones
de 8s., logrando que el banco Unin42 dejara la transaccin en 1 milln de Bs. de entrada y el resto
a pagar en cuotas mensuales43. Cinco meses despues, el 21 de diciembre de 1961, se inaugur la
nueva sede, situada en el centro de la ciudad y con unas instalaciones mediocres, pero amplias
(30.000 m. cuadrados)44.
Desde 1963, las directivas pasaron a tener una composicin cerrada, con los siguientes cargos
fijos: Presidente, vicepresidente, secretario general, tesorero, vicetesorero, secretario de relaciones
pblicas, seco de cultura, seco de beneficencia, seco de deportes, seco de fiestas, seco de
mantenimiento y seco de administracin y disciplina.
Durante los tres primeros aos de existencia de la HGC se puede hablar de un periodo de
transicin, en el que las posiciones polticas todava no estan bien perfiladas, pero a partir de 1963
se concreta un bipartidismo basado en la polarizacin de los socios en dos "planchas" o grupos
polticos que se irn alternando en el poder hasta la actualidad45.
- PLANCHA 1 (o GRUPO GALICIA, hoy llamada AGRUPACIN GALAICA): que aglutin
(y todava aglutina) a los simpatizantes de izquierda, incluidos socialistas, comunistas,
republicanos, galleguistas y nacionalistas.
- PLANCHA 2 (o GRUPO UNIN): formada por conservadores y simpatizantes del franquismo
durante la dictadura y proximos al Partido Popular en la actualidad.
Desde su fundacin y como marcan sus estatutos, la Hermandad Gallega de Venezuela realiza
actividades recreativas, culturales, educativas, mdicas... Cuenta en sus instalaciones con bares,
restaurantes, instalaciones deportivas (futbol sala, baloncesto, tenis, frontn, piscina, hockey sobre
patines, chave,), culturales (teatro, biblioteca, clases de pintura, musica, coro, grupos folclricos,
escuela de gaitas... Colegio Castelao, que existe desde 1965, impartiendo ense-

42
El banco Unin estaba muy interesado en captar a los ahorristas gallegos, ya que formaban una
colonia
numerosa y con un potencial econmico importante.
43
En
1968
consiguieron cancelar la hipoteca con el Banco Unin.
44
"Cando se comprou esta sede que era entonces o "Club Casablanca", nos s tiamos 120.000
Bolivares para facerlIe frente a un compromiso de 5 mills. Pero o banco, a xente do Banco Unin
que era a que se fixera coa propiedade embargando o Club Casablanca saba do potencial de unha
colonia tan numerosa. E entn deunos o creto, pero con fianzas. Houbo moita xente que puxo os
seus pequenos negocios, porque os grandes capitalistas non entraron na fundacin desto. Puxo os
seus pequenos negocios como aval ante o banco para responder por o compromiso da sociedade...
Por eso existe a Irmandade Galega, porque esto non se fixo de milagro, esto se fixo coa
colaboracin, co esforzo e coa solidariedade de moitos galegos". Entrevista, Eduardo Meiln, op.
cit.
45
Desde 1963-1967: gobern la Plancha 1; 1967-1971: Plancha 2; 1971-1972: Plancha 1;19721977: Plancha 2; 1977-1983: Plancha 1...

236

anza primaria a 450 nios. Programa dominical de Radio "Sempre en Galiza"). Servicio mdico46
(donde los socios pagan el 20% de lo que costara una consulta privada) y odontologco.
Resulta evidente que la fusin no solucion todos los problemas y discordias existentes entre los
diferentes sectores de la colonia gallega, pero a pesar de todo, a partir de este momento la
Hermandad Gallega de Venezuela fue creciendo en nmero de socios47 y aumentando su
patrimonio hasta convertirse en la asociacin sin fines de lucro ms imporante del pas y en uno de
los centros gallegos ms importantes del mundo48.

46

"Hai mais de 20 mdicos traballando nos servicios medicos da Irmandade. Para os socios da
Irmandade a precios moito ms econmicos que fora. A nasa idea era sempre ter un ha clnica de
hospitalizacin. A nasa idea mais adiante foi ter tamn un ancianato. Pero lamentablemente,
ultimamente a mentalid dos que estan gobernando ahora (grupo Unin, hasta mayo 1995) e non e
por critica a eles, sernpre foi outra mentalidad distinta: son dos que pensan que aqu todo o mundo e
rico, porque non queren mirar o seu redor. Entonces, xa esas causas foranse deixando un pouco,
pera siguen os servicios medicos non". Entrevista Eduardo Meiln, op. cit.
47
En menos de un ao triplic el nmera de socios, pasando de los ochocientos fundacionales a ms
de
dos mil.
48
A finales de los aos setenta lleg a contar con ms de 15.000 socios y unos cuarenta mil
beneficiaras. En 1995 contaba con 9.080 socios y 17. 268 beneficiarios. De los cuales 2034 no eran
gallegos: Espaoles: 638; Venezolanos: 709; Portugueses: 335; Italianos: 86; Colombianos: 67;
Uruguayos: 43; Peruanos: 30 y Chilenos: 20.
237

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239

MINIUS VIII, 2000, pp.241-253

Uruguay Indgena.
Reflexiones desde la ausencia.

DANIEL CIRIO.
GUSTAVO MISA.
*WILFREDO STEFFANO.

l. Introduccin.
Hacia finales de la colonia y comienzos de la vida independiente del Uruguay, los nicos
indgenas que an conservaban pautas culturales propias eran los de la etnia charra. Tanto
espaoles como criollos tuvieron como meta obligar a estos indios a abandonar el estilo de vida
nmada y sus actividades depredatorias, por depender de ello el xito de la actividad productiva en
el campo. Primero, se busc la conversin de los charras al cristianismo al mismo tiempo que su
transformacin en campesinos. Pero, ante el fracaso de esta poltica, se opt lisa y llanamente por
la eliminacin fsica de los indgenas. Tales razonamientos se basaban, amn de los aspectos
ideolgicos, en consideraciones de corte racistas "(...) puesto que la descalificacin de esos individuos valorados como 'otros' vena a apoyarse en caractersticas pretendidamente innatas"1. Las
guerras por la independencia impusieron una tregua a los intentos por exterminar a los indios,
volviendo a plantearse despus de ese perodo idnticas razones para reemprender contra ellos
acciones blicas. "Su exterminio fue entendido como una penosa consecuencia del inevitable
avance de la historia con lo que se llegaba a admitir una suerte de darwinismo social que
justificaba que el progreso - an no se deca desarrollo - triturara entre sus engranajes a los que no
podan adaptarse a los cambios que el mismo supona"2.

* Socilogos, de la Universidad de la Repblica de Uruguay.


Pi Hugarte, Renzo, LOS INDIOS DE URUGUAY, Editorial Mapfre, 1993, Madrid, Espaa,
p.162.
2
Pi Hugarte, Renzo, op.cit., p.217.
241
1

II. La Visin Tradicional.


Un pas cuyo nacimiento coincida con el ocaso de las etnias aborgenes, devino, por va de un
poblamiento inmigrante extracontinental, en un enclave blanco - europeo, que paut desde el inicio,
una diferencia decisiva con los dems pases americanos. Podemos afirmar entonces, que la historia
del Uruguay independiente implic "(...) a la vez un demorado proceso de sustitucin poblacional y
de aculturacin - en el que predominaron los elementos de la cultura ibrica de conquista
modificada por la adaptacin a este medio -(...)"3. Una historia carente de la memoria de un ayer
aborigen que otorgara sentido al pasado y transportara sus mitos y smbolos a un futuro inmediato4.
De lo que se desprende que los indios solamente pueden ser considerados como actores marginales
en el dramtico proceso de la formacin nacional. Sabemos que este proceso surgi como
instrumento y reflejo de la identidad del grupo social dominante, por lo que necesit definir una
autoimagen de la naciente nacin que integrara en la misma los importantes contingentes
inmigratorios que llegaban de Europa. La extincin de las etnias indgenas facilit la consolidacin
de la idea de que el Uruguay moderno era obra exclusiva de los europeos y sus descendientes.

III. Mitos Fundacionales del Uruguay Moderno.


Para erigir un Estado hay que construir tanto un sistema institucional, poltico y econmico,
como definir un sistema verbo - simblico que lo exprese y al mismo tiempo lo legitime. Los mitos
se caracterizan por su gran capacidad de dotar de sentido a la actividad de las personas que en l
creen. stos, permiten interpretar y definir el mundo de una cierta manera y no de otra.5.
Fueron los intelectuales de la denominada "generacin de 1879-80" (Juan Zorrilla de San
Martn, Francisco Bauz, Eduardo Acevedo Daz, Carlos Mara Ramrez, entre otros) quienes
construyeron el primer imaginario nacionalista uruguayo. A travs de una amplsima produccin
intelectual (obras histricas, manuales escolares, pintura, poesa, etc.) fundaron y difundieron una
mitologa nacional y una conciencia del pasado, funcionales a las necesidades de la sociedad
naciente.
En el Libro del Centenario, editado con carcter oficial por decreto del Consejo Nacional de
Administracin de fecha 18 de abril de 1923, se plasma el primer momento de apogeo de esa nueva
sntesis de identidad colectiva nacional. En ese libro se destacaba con nitidez una slida matriz
institucionalista y estatalista. Se afirmaba que Uruguay era la nica nacin de Amrica que poda
hacer la afirmacin categrica de que dentro de sus lmites territoriales no con-

3
4

Pi Hugarte, Renzo, op.cit., p.11


Vidart, Daniel, LA TRAMA DE LA IDENTIDAD NACIONAL (TOMO 1), p.42, Ediciones de la
Banda Oriental, 1997, Montevideo, Uruguay.
5
Arocena, Felipe, MUERTE Y RESURRECCIN DE FACUNDO QUIROGA. Historia de lo que
ha significado 'ser moderno' para los latinoamericanos, Ed. Trilce, 1992, Montevideo, Uruguay,
p.142.
242

tena un solo ncleo que recordara su poblacin aborigen. Asimismo, se destacaba el rol
obstruccionista de los indgenas en algunas reas poco desarrolladas del quehacer nacional. Este
antiindigenismo militante, resaltaba la inexistencia de aborgenes, lo que favoreca la cohesin
social y racial, a la que se reivindicaba como una de las principales ventajas comparativas del pas
en el contexto de Amrica Latina. A ello se agregaba la manifestacin reiterada de la debilidad de
la presencia social y cultural de los negros, quienes habran sufrido por circunstancias relativas al
mestizaje cultural y sanguneo con la poblacin de origen europeo, modificaciones sustanciales6.
En el imaginario social uruguayo - pautado por los prejuicios y el etnocentrismo - se fijaron
durante dcadas las imgenes estereotipadas de un mundo indgena salvaje, lejano y ajeno. El
"Uruguay sin indios" pas a ser as, nuestra tarjeta de presentacin en los vestbulos del mundo
civilizado.

IV. La Visin Romntica del Charra en el Tabar.


Las visiones sobre el indio han tenido en la literatura uruguaya un campo privilegiado para su
representacin. De este modo nos encontramos con el Tabar, escrito por Juan Zorrilla de San
Martn, en los comienzos del perodo de modernizacin poltica, social y econmica del Uruguay,
concomitantemente con los de la configuracin de su identidad nacional, hacia fines del siglo XIX7.
Este libro potico nos da una visin romntica, europeizante, blanco - cntrica del indio charra. El
"poeta de la patria", como se le bautiz en el Uruguay, form parte de una generacin gestadora de
los smbolos y mitos de la uruguayidad.
Este libro trata la historia de los primeros encuentros blicos entre charras y espaoles. En uno
de ellos, el cacique Carac toma como cautiva a la espaola Magdalena con quien compartir su
lecho. De esta relacin nacer el primer mestizo blanco - charra: Tabar. El poema versa sobre la
trgica vida de este indio de "ojos azules".
"Levantar la losa de una tumba;
e, internndome en ella,
encender en el fondo el pensamiento,
que alumbrar la soledad inmensa" 8.
Zorrilla de San Martn se pone aqu en el rol de un ser omnisciente, patriarcal, que va a dar luz
sobre acontecimientos pasados. Es la luz del mundo - su mundo - occidental, blanco y cristiano. El
autor define la gnesis de lo nacional en trminos providencialistas y metafsicos, cuyas ideas
fuerza son tanto el espacio geogrfico como la raza. La inmersin en el pasado indgena, ubicado

6
Caetano, Gerardo, IDENTIDAD NACIONAL E IMAGINARIO COLECTIVO EN URUGUAY.
LA SNTESIS PERDURABLE DEL CENTENARIO, p.88, en IDENTIDAD URUGUAYA:
MITO, CRISIS O AFIRMACIN?, Achugar, Hugo, Caetano, Gerardo compiladores, Ed. Trilce,
1992,
Montevideo.
7
El
Tabar
fue finalizado en el ao 1886.
8
Zorrilla de San Martn, Juan, TABAR, Editorial Kapelusz, 2da. Edicin, 1965, Buenos Aires,
p.23.
243

por el poeta en la regin de la muerte, tiene la calidad especfica de la inclinacin romntica por lo
sepulcral y las ruinas. De esta forma, satisface en el imaginario simblico nacional la necesidad de
races autctonas, aunque al mismo tiempo justifica, como veremos ms adelante, la desaparicin
de lo indgena del plano de la realidad histrica. Lo charra es presentado como un mito, como algo
que debe ser venerado pero sepultado definitivamente. Se pretende recrear aqu el origen de la raza
americana, dar luz a esa historia, con su misterio y su drama.
"Cruza el salvaje errante
la soledad de la llanura inmensa,
y el amarillo tigre, como l hosco,
como l fiero y desnudo, la atraviesa;" 9.
Si bien destaca el carcter indmito de la raza charra, su trgico destino est unido, de acuerdo
a la visin del autor, a la inexorable evolucin de la humanidad en la que no hay cabida para
salvajes. Zorrilla animal iza la condicin del indio a quien compara con el "amarillo tigre". En otros
trminos, podramos afirmar que el autor del Tabar justifica teolgicamente el exterminio del
pueblo charra.
"(...) Qu fue esa raza que pas sin huella?" 10.
En esta estrofa, se remarca que en el Uruguay moderno no quedaron rastros de lo indgena. Lo
salvaje dej su lugar a la modernizacin civilizadora blanca. Aunque cabe preguntarse si la historia
de los charras pas sin dejar huellas, o fueron los blancos los que no dejaron huellas de ella. La
barbarie indgena al no dar luz, a falta de "ideas", sucumbe ante la civilizacin occidental y
cristiana. Hay un designio divino. El Creador quiso que fuera as; hay una justificacin de la
conquista y evangelizacin en Amrica.
"Siempre llorar la vieron los charras;
siempre mirar al cielo,
y ms all... Miraba lo invisible,
con los ojos azules y serenos" 11.
Se muestra aqu la madre romnticamente considerada como imagen idealizada. La imagen pura
de la mujer blanca - la madre de Tabar -; es tan solo espiritualidad, no cuerpo y materia. Los ojos
azules de la blanca madre de Tabar estn cargados de sentimientos. Es la imagen pasiva de la
mujer propia de la sensibilidad disciplinadora de fines del siglo XIX. En el valor de la virtud de la
mujer radica la legitimidad y la propagacin de la familia, y en su pasividad, la autoridad del padre
de familia.

9
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.33.
10
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.34.
11

Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.41.


244

Siendo Zorrilla hurfano de madre desde muy pequeo, se aprecia aqu claramente que la
melancola y aoranza de su propia experiencia de vida tien este poema. La falsificacin del
carcter charra, as como la idealizacin de su figura y contorno, proviene de la autobiografia
potica del autor. En su omnipresencia, el autor se apropi del "cuerpo charra" de Tabar. La
madre de Tabar - Zorrilla, es la portadora del evangelio que hace conmover al desierto inhspito y
salvaje.
El indio, y con l su pasado, no han sido situados ni interpretados. "La imaginacin crea con el
pasado un mundo potico novelesco, cerrado en s mismo, con su propia coherencia... Zorrilla se ha
documentado, pero ha desechado los datos de la documentacin, convencido de que su verdad
potica tiene mayor realidad que la histrica. La fantasa configura los datos segn las formas del
alma del poeta"12.
En lugar de la imagen eterna del pasado propia del historicismo, W. Benjamin expresa que hay
que "poner en prctica un compromiso con la historia original para cada presente nuevo"13.
Benjamin rechaza la concepcin de que la historia se produce en un continuum temporal
homogneo y vaco. Para l esta concepcin es propia de la historia escrita por los vencedores.
Sostiene que hay que dar un "salto de tigre al pasado" para acabar con la ilusin del continuum
histrico, generando de esta forma, la imagen dialctica del pasado. Al excavar, podemos hacer
presentes las historias de los vencidos, ocultas, hasta ese entonces, en los laberintos.
"Slo Espaa, quin ms? Slo ella pudo,
con paso temerario
luchar con lo fatal desconocido,
despertar el abismo y provocarlo;"14
Para el autor, Espaa fue la abanderada de la civilizacin evangelizadora. La encargada de
"alumbrar" a estas tierras indmitas, de "despertar el abismo y provocarlo". Hay una idealizacin
romntica del conquistador, al que se lo describe como impulsado por los mviles de gloria y
religin.
"(...) Qu habis sido?
Hroes o tigres? Pensamiento o rabia?" 15.
Los salvajes no tienen redencin; los menos que hombres civilizados no tienen historia. La
condicin humana de los charras es puesta en duda por Zorrilla de San Martn: "Pensamiento o
rabia?". Pero igualmente, a pesar de las dudas sobre su condicin humana, la espiritualidad del
hombre cristiano se apiada de ellos. La belleza del indio, su valor, su carcter rebelde, son propios
de bestias salvajes, de tigres. Dada su condicin de salvajes errantes, los cha-

12
13
14
15

Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., ESTUDIO PRELIMINAR, Verdugo, ber H., p. XXI.
Citado en Frisby, David, FRAGMENTOS DE LA MODERNIDAD, p.392.
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.56.
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.64.
245

rras no tuvieron un hogar en la tierra, y dada su condicin de "infieles" no tuvieron un hogar en el


cielo. "Por eso se hace inexplicable para Zorrilla el destino del indio. Por eso no le queda ms
solucin que la de considerarlos bestias, indignos de ocupar la magnfica naturaleza que habitaban,
la cual no poda estar destinada por el sabio Creador a seres tan inferiores. Se pone a prejuzgar los
designios de Dios y condena a los charras en nombre de su perfeccin e inefabilidad... De esa
imposibilidad de explicar y comprender nace el canto, con que el espritu busca asir lo inasible"16.
"(...) negros ojos, como el odio negros" 17.
Aqu se da una clara contraposicin entre los ojos "como el odio negros" de los indgenas con
los ojos azules de los blancos, serenos, cargados de espiritualidad, y por ende, de humanidad.
"No es su pupila azul? Azul, no hay duda.
Qu hay en ella? Terror? Asombro? Miedo?" 18.
Pero hay una excepcin en Tabar: su pupila azul le confiere algn rasgo de espiritualidad, de
humanidad: "Ese mirar es tierno". Para tener sentimientos, Tabar tena que tener la pupila azul,
cargada de espiritualidad blanca.
La dedicatoria del libro Tabar a su esposa:
"No: tu idea era imposible. Blanca - tu raza, nuestra raza -, ha quedado viva
sobre el cadver del charra "19.
Tabar, nace para morir, para testimoniar con su muerte que su existencia mestiza era imposible,
que hay un mundo que tiene que desaparecer para que otro nazca en su lugar. En este libro,
"Zorrilla plasma la concepcin ideolgica del patriciado letrado que atenda a un proyecto histrico
superior: la consolidacin de la nacionalidad, y con ella, la de la fraccin letrada y universitaria del
patriciado como pater familiae velando por la Patria"20.
Citando a Benjamin podemos concluir que el Tabar como "(...) documento de la civilizacin es
un documento de la barbarie"21.

16
17
18
19

Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., ESTUDIO PRELIMINAR, Verdugo, ber, pp. XXI Y XXII.
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.71.
Zorrilla de San Martn, Juan, op.cit., p.73.
Cita de DEDICATORIA del TABAR en, de Torres, Mara Ins, UNA LECTURA DE
TABAR, Cuadernos del CLAEH, No.65-66, Montevideo, 2da. Serie, Ao 18, 1993/1,ISSN 07976062,
p.176.
20
de Torres, Mara Ins, UNA LECTURA DE TABAR, op.cit., pp.170 y 171.
21
Citado en Arocena, Felipe, op.cit., p.81.
246

V. Fin del Pas Solitario.


El Uruguay es un pas pequeo e histricamente ha sido un pas frontera entre intereses
contrapuestos (coloniales primero, nacionales despus). La consolidacin de ese imaginario del pas
solitario quizs estuviera explicada en la imperiosa necesidad de diferenciarse de sus vecinos, tanto
de las Provincias Unidas del Ro de la Plata (la actual Argentina, de la que form parte durante el
perodo de la lucha independentista); as como de Brasil, con sus aspiraciones "cisplatinas"22
siempre presentes23. El Estado uruguayo naci antes que la nacionalidad uruguaya, por lo que el
problema de la nacin pasaba por la "invencin" de un imaginario (relatos y mitos) que involucrara
a la sociedad en su conjunto.
Por tanto surgi un proyecto hegemnico macrocomunitario capaz de absorber y neutralizar las
microcomunidades, especialmente aquellas cuyas culturas resultaran ms antitticas con la suya: el
indio, el negro y el gaucho. Una vez neutralizadas estas microcomunidades ms "dscolas", y al
mismo tiempo que se absorba a las microcomunidades de inmigrantes, la sociedad uruguaya aspir
a conformar una comunidad homognea, entendida como "crisol de razas", bajo la gida de un
proyecto poltico unificante y democratizador.
El proyecto de principios del siglo XX apunt al pas pequeo, eficiente, agropecuario y culto.
El aparente xito de dicho modelo durante las primeras dcadas del siglo - con el desarrollo del
Estado de bienestar social, leyes sociales, educacin, etc. - contribuy a consolidar la creencia que
la solucin ofrecida por el modelo era la adecuada al pas.
Los pases resultan ser ms conservadores cuando tienen un pasado venturoso porque lo aoran.
Por esta razn, la mirada del Uruguay actual sigue apuntando a esa edad de oro perimida; pero el
modelo identitario de principios de siglo XX no brinda respuestas a la realidad de hoy.
Las races reales y profundas de la crisis actual de la identidad uruguaya "(...) provienen
fundamentalmente del agotamiento de nuestro viejo imaginario nacionalista y del fracaso recurrente
- que ya tiene varias dcadas - en los intentos para su resignificacin o su refundacin"24. En
sntesis, podramos sostener que el Uruguay se "Iatinoamericaniz" al perder el tren del progreso y
derrumbarse su mito de pas excepcional25.

VI. La Visin Contestataria.


A partir de los aos cincuenta, la crisis econmica, social y poltica - que tiene su cenit en la
dcada de los setenta con la dictadura militar -, comienza a

22
Provincia Cisplatina, fue el nombre que se le dio a la en ese entonces Provincia Oriental cuando
estuvo
bajo la dominacin luso - brasilea (1820 - 1828).
23
Methol Ferr, Alberto, URUGUAY COMO PROBLEMA, tomado de 'RELATORA', en Hugo
Achugar (coord.), CULTURA MERCOSUR. Polticas e industrias culturales, Montevideo, Logos Fesur,
1991, pp. 46-47.
24
Caetano, Gerardo, op.cit., p.78.
25
Arocena, Felipe, op.cit., p.146.

247

mostrar las debilidades y el agotamiento de la vieja sntesis identitaria uruguaya, anclada en la idea
de una predestinacin nacional de progreso y felicidad permanentes.
Al influjo de nuevos descubrimientos verificados en el campo de la arqueologa; una amplia
produccin histrica, literaria, pictrica y de otras disciplinas, gener una corriente de opinin
contestataria y cuestionadora de aquella visin tradicional, desnudando sus falencias y su carcter
ideolgico. Concomitantemente, y en general a horcajadas de los debates generados con motivo de
la conmemoracin del quinto centenario del "encuentro de dos mundos", un conjunto de
instituciones indigenistas y asociaciones denominadas de "descendientes de indgenas", vino a
tomar la palabra en esta controversia militando, naturalmente, del lado de las posiciones
revisionistas. Un cmulo importante de informaciones nuevas - o renovadas - se esgrimieron como
argumentos de contundencia en pro de la revisin del papel desempeado por el indio en la historia
uruguaya ya favor de una resignificacin y redefinicin de la identidad nacional.
As, al indio salvaje se opuso la existencia de una produccin cultural propia y rica; al indio
muerto por causas biolgicas, el indio exterminado como poltica de Estado; al indio marginal de la
Historia, un indio "oriental" y "artiguista"26; al Uruguay blanco, un Uruguay mestizo con altos
componentes de sangre india en su poblacin.
En el terreno de las reivindicaciones se propuso la revisin de los textos escolares, la
repatriacin de los restos de los indios charras existentes en el Museo del Hombre de Pars, la
declaracin del 11 de abril como "Da del Indio"27, etc. Se trata en definitiva, de revertir la imagen
tradicional del "Uruguay sin indios" por la imagen de un "Uruguay mestizo".

VII. Mito Versus Mito.


El Uruguay de hoy se "caracteriza por la falta de proyectos e ideales compartidos y por la
fragmentacin de la memoria"28. En este contexto de crisis, donde ningn relato ha venido a ocupar
el lugar del mito perimido, se ha producido, como lo seala la Prof. Teresa Porzecanski, el
surgimiento de "mitologas contemporneas"; construcciones narrativas que tienden a la
incorporacin o resignificacin de hechos, o acontecimientos del pasado o del presente. As, el
replanteamiento de la "indianidad" se integra a la emergencia de problemticas nuevas en las
mitologas de la identidad uruguaya, tales como el rescate de la "europeidad" (nfasis en las
particularidades especficas de las sub - culturas inmigratorias) y la "africanidad" de la poblacin
uruguaya (presencia y significacin del negro). Se trata, entonces, de "mitologas de ausencia", de"
construcciones ficcionales tendientes a hace notar un lugar vaco dentro de la elaboracin de una
identidad incompleta y no exenta de culpa"29.

26
La proto - nacin oriental de los siglos XVIII y XIX tiene sus orgenes en la rivalidad entre los
puertos de Buenos Aires y Montevideo. El Gral. Jos Artigas lider la revolucin independentista
en
la Banda Oriental en el perodo 1811-1820.
27
Fecha de la masacre de charras en Salsipuedes en el ao 1831.
28
Viar, Marcelo, MEMORIAS FRACTURADAS, Cuadernos del CLAEH.
29
Porzecanski, Teresa, URUGUAY A FINES DEL SIGLO XX: MITOLOGAS DE AUSENCIA Y
DE PRESENCIA, en IDENTIDAD URUGUAYA: MITO, CRISIS O AFIRMACIN?,
Compiladores: Achugar, Hugo, Caetano, Gerardo, Ediciones Trilce, 1992, Montevideo, Uruguay.

248

Resulta interesante observar, en este sentido, cmo al mito cuestionado del "Uruguay blanco" se
le opone ahora un "Uruguay indgena" cargado tambin de elementos mticos. Analicemos, a modo
de ejemplo, dos reivindicaciones tpicas de las organizaciones indigenistas: el "artiguismo" indgena
y la presencia de sangre india en la poblacin uruguaya.
Observemos primeramente la reivindicacin de tipo histrica de la condicin "artiguista" de los
pueblos indgenas. La misma se sustenta en torno a tres ejes argumentales: a) parentesco indgena
de Artigas, b) adhesin de los pueblos indgenas a las luchas independentistas lideradas por Artigas
y c) Artigas defensor de los indios.
El primer punto se sostiene a partir de estudios realizados por Luis Azarola Gil que revelan que
la abuela paterna de Artigas, Ignacia Javiera Carrasco, descenda lejanamente de una autntica
princesa inca, Beatriz Tupac Yupanki30. A este lejano antepasado se suma tambin la hiptesis,
nunca probada, de que el cacique guaran Andresito era hijo de Artigas31.
Con respecto a la participacin de los pueblos indgenas en las luchas independentistas no puede
interpretarse, desde luego, en trminos de una estricta adhesin poltica - ideolgica al programa de
Artigas, sino como adhesin a un lder carismtico y la existencia de coincidencias sobre objetivos
e intereses comunes o convergentes. Es conocido que los charras, cuando participaron en las
luchas revolucionarias a partir de 1811, mantuvieron sus tolderas a distancia de los campamentos
de los ejrcitos artiguistas.
El tercer argumento se apoya en la reivindicacin del indio que Artigas formul de manera
permanente y en muchos de sus documentos poltico - programticos, como el Reglamento
Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de su Campaa y Seguridad de sus Hacendados
de 181532. El argumento soslaya eventos significativos que hacen a la interpretacin de la relacin
histrica entre Artigas y los indios, y acerca de su concepcin de los mismos. Tngase presente que
Artigas realiz su carrera militar en el ejrcitp espaol teniendo entre sus principales funciones el
combate a los pueblos indgenas. Asimismo debe tenerse en cuenta que el "indio" que Artigas
deseaba incorporar a la sociedad, no era el indio respetado en su propia cultura, sino aquel indio
aculturado que se aviniese a las costumbres y valores propios de la cultura de base europea que se
pretenda implantar. "Los indios, aunque salvajes, no desconocen el bien y aunque con trabajo al fin
bendecirn la mano que los conduce al seno de la felicidad, mudando de religin y costumbres"33.
Analicemos ahora la afirmacin de existencia de sangre indgena en la poblacin actual del
Uruguay. Esta tiene relevancia en tres sentidos principales: a) como referencia a la existencia actual
de indios en el pas; b) como presuncin de la existencia de un nivel significativo de mestizaje
racial en la poblacin en general; y c) como idea de la existencia de una conexin indisoluble entre
raza y cultura.

30

Petit Muoz, Eugenio, ARTIGAS Y LOS INDIOS en ARTIGAS, El Pas, Montevideo, 1959,
Pg.
223.
31
Petit Muoz, Eugenio, op.cit., p. 226.
32
(...) En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, los indios: y los criollos pobres,
todos podrn ser agraciados en suertes de estancia (...)". Citado por Narancio, Edmundo en
ARTIGAS,
El Pas, Montevideo, 1959.
33
Carta de Artigas al Cabildo de Corrientes del9 de enero de 1816, citado por Petit Muoz,
Eugenio, op.cit., p. 231.
249

Es necesario establecer, que ningn criterio de identificacin del aborigen racial, cultural -,
permite sostener la existencia de indios en el Uruguay actual, lo que no implica desconocer la
existencia de descendientes. Digamos finalmente que la condicin de "indio" se hace socialmente
relevante, no por la mera existencia en los individuos de algunas caractersticas biolgicas distintivas respecto de otros grupos, sino cuando esa condicin se construye y expresa como diferencia
cultural significativa, que define los lmites siempre imprecisos, entre el "nosotros" y los" otros".

VIII. El Bernab, Bernab! y las Pupilas Multicolores.


Las nuevas visiones de lo indgena permearon tambin el campo de la creacin literaria. Un
ejemplo de ello lo constituye iBernab, Bernab!, una novela histrica escrita por Toms de
Mattos ms de un siglo despus que el Tabar. Este libro rescata, entre otras, las voces de los
vencidos. No solo vemos a la matanza de Salsipuedes, perpetrada contra los charras, a travs del
iris azul de los grupos dominantes, sino que tambin queda lugar para una mirada de color negro,
aborigen y luctuosa a la vez.
Esta novela apareci a la venta en el perodo posdictatorial34, poca signada por una marcada
crisis identitaria. Momento histrico, ste, en que el Uruguay europeo, blanco, culto, democrtico,
prdigo y mescrata, ya no brinda respuestas satisfactorias a los nuevos desafos que plantea el
mundo globalizado de fines del siglo XX.
En esta novela, usando la pluma e inspiracin de Toms de Mattos, Josefina Pguy "escribe"
una carta a Federico Silva, fechada el 5 de setiembre de 1885, en San Fructuoso (hoy llamada
Tacuaremb). En ella narra el acontecimiento conocido como "Encerrona de Salsipuedes" donde
los charras fueron emboscados y masacrados por el ejrcito uruguayo el 11 de abril de 1831.
"Despus de todo, Federico, esto que voy escribiendo se transformar con
los aos en quebradizo documento y, entonces s, quizs exista alguien que,
por tocar papel venerable como Toms la llaga, le otorgue el debido valor
de fuente"35.
As como no es posible comprender la fisonoma cultural del Uruguay contemporneo sin
considerar los aportes de los diversos grupos de inmigrantes que llegaron a sus costas, tampoco es
posible que ello se logre de manera apropiada sin tener en cuenta la incidencia del mundo indgena
en el extenso perodo de gestacin de esos aspectos culturales propios36.
De acuerdo a Benjamin, la modernidad debe ser entendida como la relacin dialctica de lo
nuevo y lo inmutable. "Lo eterno, lo natural y lo armnico, encubra lo transitorio, lo histrico y lo
contradictorio"37. Tanto temtica como

34
35

La dictadura militar se extendi en el perodo que va de junio de 1973 a febrero de 1985.


de Mattos, Toms, BERNAB, BERNAB!, p.28, Ediciones de la Banda Oriental - Grupo
Editor,
Cuarta edicin, Espaa.
36
Pi
Hugarte,
Renzo, op.cit., p.13.
37
Frisby, David, op.cit., p. 62.
250

metodolgicamente, Benjamin sealaba a la arquitectura como el testimonio ms importante de la


"mitologa" latente. Estableci una relacin dialctica de la antig.edad y la modernidad, y el
reconocimiento de que la antig.edad existe dentro de la propia modernidad. El anlisis de la
modernidad no parte de un objeto dado, cuya transparencia permita investigarlo inmediatamente.
Implica una actitud destructiva que arranca al fragmento histrico del continuum falso en que est
incrustado y lo reduce a escombros. Esta destruccin resulta necesaria para la creacin de la
imagen dialctica de la modernidad.
Los fragmentos excavados - en este caso, la "carta" - deben reunirse en una nueva constelacin.
Este procedimiento supera la caracterizacin del excavador y pasa a ser, por tanto, la del
coleccionista.
"A m an me abochorna darme cuenta de que nuestro Estado, tan liberal y
republicano, tard menos de dos aos en perpetrar una masacre que los
godos no osaron cometer en ms de tres siglos. Me hiere, adems, que el
instrumento haya sido la traicin ms prfida y premeditada "38.
"A quien tenga odos, le insisto que Pars o Montevideo (su avergonzado
reflejo) habr significado para todo charra, congnitamente enamorado de
la inmensidad del campo, un laberinto de piedra y gente, sin pasto y sin
cielo; una tumba precoz"39.
"Mi padre (...) me record varias veces que todo indio que acept nuestros
valores, 'fue respetado y tratado como uno ms de nosotros'. El que no los
comprendi, corri la suerte que siempre correr todo malevo que no respete
la propiedad ajena, sea cual fuere su raza "40.

Acerca de la hipottica redaccin, por parte de Josefina Pguy, de un epitafio en memoria de


Bernab Rivera41:
"Porque a cul Bernab hay que rememorar? (...) Al victimario o a la
vctima?" 42.
En la narratividad de la novela, existe la capacidad de moverse entre todas las descripciones
posibles del hecho. Segn Milan Kundera, "la novela es el territorio donde nadie posee la verdad
(...), donde todos tienen el derecho a ser entendidos"43. Bernab, Bernab!, es una novela donde la
verdad est reparti-

38
39
40
41

de Mattos, Toms, op.cit., p.54.


de Mattos, Toms, op.cit., p.55.
de Mattos, Toms, op.cit., pp.56 y 57.
Sobrino del presidente Fructuoso Rivera a quien se encomend la ejecucin de la emboscada de
Salsipuedes. Fue muerto poco despus por indios charras - sobrevivientes de Salsipuedes - en
Yacar-Curur
(1832).
42
de Mattos, Toms, op.cit., pp.164 y 165.
43
Citado en Porzecanski, Teresa, op.cit., p.51.
251

da en pupilas de diversos colores: la pupila civilizatoria y justificadora de la accin de Salsipuedes


como un hecho inexorable de la historia, la ptica crtica de Josefina Pguy, el rescate de las
cuencas vacas del pueblo desaparecido donde la autora de la "carta" a Federico Silva es la ms otra
de las otras, citando expresiones de Lvi-Strauss -. Por lo antes expuesto, surgen dudas en Josefina
Pguy acerca de cual Bernab rememorar, de cual historia contar.
IX. A Modo de Conclusin.
Al finalizar la dictadura militar, en los aos ochenta, comenz a abrirse el camino hacia una
nueva versin identitaria. Se pueden atisbar en los intentos, la bsqueda de elementos
particularistas, fragmentarios, con la intencin de configurar identidades grupales,
contraponindose as a la decimonnica versin homogeneizadora de la identidad nacional. La
aparicin de sociedades indigenistas y afro-uruguayas en estos ltimos aos muestran una intencin
en ese sentido.
Si embargo, no es posible establecer an las posibilidades de xito de las propuestas indigenistas
en su objetivo de transformacin de la autoimagen de la sociedad uruguaya. Quizs el ocaso de la
tradicional visin de la "uruguayidad", visible a la luz de la crisis identitaria instalada
definitivamente en el pas desde la dcada de los sesenta, aunada a los nuevos desafos de la
integracin poltica y econmica regional, permitan un lugar a los nuevos mitos en competencia.
Debe decirse finalmente que el debate de la "indianidad" uruguaya estmuy lejos de constituir una
cuestin de significacin nacional, ya que el mismo se circunscribe a los crculos intelectuales y
militantes. Para el grueso de los uruguayos, interpelados por problemticas ms concretas y
cotidianas, no deja de ser una temtica lejana y curiosa.
En este Uruguay finisecular - por lo menos todava -, la blonda cabellera, la mota parda y la
negra crencha hirsuta, viven y conviven sintindose parte de una nica, aunque malherida,
identidad.

252

Bibliografa:
Acosta y Lara, Eduardo F., LA GUERRA DE LOS CHARRAS, Talleres de Loreto Editores,
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Arocena, Felipe, MUERTE Y RESURRECCIN DE FACUNDO QUIROGA. Historia de lo que ha
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Caetano, Gerardo, IDENTIDAD NACIONAL E IMAGINARIO COLECTIVO EN EL URUGUAY. LA
SNTESIS PERDURABLE DEL CENTENARIO, en IDENTIDAD URUGUAYA:
MITO,CRISIS O AFIRMACIN?, Ediciones Trilce, 1992, Montevideo, Uruguay.
Cueva Jaramillo, Juan, ETNOCENTRISMO Y CONFLICTOS CULTURALES EN AMRICA
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PRESENCIA, en IDENTIDAD URUGUAYA: MITO, CRISIS O AFIRMACIN?, Ediciones
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Zorrilla de San Martn, Juan, TABAR, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 2da. Edicin, 1965.

253

MINIUS VIII, 2000, pp.255-267

Francisco Franco,
La Masonera y su Represin

ALBERTO J. V. VALN FERNNDEZ


Universidade de Vigo

Como ha expuesto recientemente el profesor de esta Universidad, Domingo Rodrguez


Teijeiro,1 a partir del mismo principio de la sublevacin militar del 18 de julio de 1936, la terrible
campaa represiva que se va a desatar en el territorio ocupado por el llamado bando nacional,
contendr, a pesar de la aparente espontaneidad de los crueles sucesos de retaguardia, una finalidad
poltica y estratgica previamente meditada y que, por otro lado, se va a arrastrar a lo largo de todo
el conflicto y la larga etapa posterior al mismo. Desarrollar una fuerte y exhaustiva campaa de
represin va a constituir uno de los objetivos primordiales del mismo levantamiento, hacindose
evidente ya en las instrucciones reservadas que el general Mala haba redactado en los meses
previos al Alzamiento y que este militar entenda como un mecanismo fundamental para poder
controlar -mediante el empleo del terror- una situacin cuya resolucin los militares alzados no
podan preveer, dada la presumible resistencia que una buena parte de la poblacin iba a presentar
a los gol pistas desde el primer da de la insurreccin anticonstitucional. Por ejemplo, la Base 5 de
la Instruccin Reservada n2 que dicho general redact en el mes de mayo de 1936 deca
textualmente: "se tendr en cuenta que la accin ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes
posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego sern encarcelados todos los
directivos de los partidos

RODRGUEZ TEIJEIRO, D. "Longa noite de pedra" no Mosteiro de San Salvador. Represin e


reclusin en Celanova (1936-1943). Perillo-Oleiros (Corua), Va Lctea, 1999.
255

polticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicndoles castigos ejemplares a


dichos individuos para estrangular los movimientos de rebelda o huelga".2
Esta estrategia del terror va a ser entendida por los militares sublevados como la tctica ms
eficaz para alcanzar un rpido triunfo de su insurreccin y, aunque en los primeros meses del
conflicto abundarn las ms o menos espontneas acciones llevadas a cabo por "grupos
incontrolados" compuestos por falangistas, carlistas o cualquier otro tipo de banda o somatn de
voluntarios de claras acciones de terror y represalias, en realidad, los dirigentes de la insurreccin
contarn siempre con todos los resortes y mecanismos que su propio Bando del 28 de julio de
1936, intitulado Declaracin del Estado de Guerra3 les ofreca para conocer y poner fin a este tipo
de actos. Sin embargo, como es conocido, los jefes de esta militarada no solo toleraron la locura
terrorista de aquellos grupos, sino que sus mismas declaraciones pblicas contribuyeron a
fomentarlos, llegando incluso a darles con sus propias palabras la correspondiente cobertura legal.
Los especialistas en esta lnea de investigacin histrica dividen el desarrollo de la represin en
diferentes etapas: de julio de 1936 a mayo de 1937, donde van a predominar las ejecuciones
ilegales, los "paseos", etc.; de mayo de 1937 a abril de 1939, cuando se va a institucionalizar la
represin en manos de los tribunales militares; y la correspondiente post-guerra.4 De todas formas,
todos estos estadios represivos van a tener un comn denominador que les va a otorgar una curiosa
homogeneidad: en todos va a dominar, constantemente, una declarada y autntica voluntad de
eliminar al enemigo que, por definicin, estaba constituido por todos aquellos que no estuvieran en
disposicin de demostrar una inequvoca adhesin al nuevo rgimen. As, a lo largo de la guerra
yen la inmediata post-guerra se ir constituyendo todo un complejo entramado jurdico-legislativo
que tendr por finalidad ltima fiscalizar la pasada actividad poltica y social de los espaoles.
La proclamacin del Estado de Guerra, generalizndolo a todo el territorio nacional por medio
de la promulgacin del Bando del 28 de julio, tendr como consecuencia un vuelco total en el
sistema penal: la jurisdiccin penal militar pasa a conocer todos los asuntos penales de una forma
automtica, decidiendo cules tenan que ser juzgados por la justicia penal militar y cules correspondan a la justicia penal ordinaria, pasando entonces sta ltima a ser subsidiaria de la militar.5
Esta primaca de la jurisdiccin militar que, por otro lado, tena ya una dilatada tradicin en la
historia reciente espaola, tendr como

REIG TAPIA, A. Ideologa e Historia. Sobre la represin franquista y la guerra civil. Madrid,
Akal, 1986, p.146.
Publicado el 30 de julio en el burgals Boletn Oficial de la Junta de Defensa Nacional de
Espaa.
4
Sobre este tema, vid.: VV.AA. (SANTOS JULI ed.). Vctimas de la Guerra Civil. Madrid,
Teoras de Hoy, 1999. 5 Sobre esta interesante cuestin, vase: LANERU TBOAS, M. Una
milicia de la justicia. La poltica judicial del franquismo. Madrid, Centro de Estudios
Constitucionales, 1996.
256
3

consecuencia que un importante nmero de actividades que se tipificaban como delitos en el


Cdigo Penal escapen ahora al control de la jurisdiccin ordinaria, declarndose competente y
prioritaria la castrense; entre stos se pueden destacar los delitos contra el orden pblico, contra la
propiedad y las personas, el insulto a militares, funcionarios o milicias, la tenencia de armas, etc. y,
adems, el citado Bando vena a atribuirse el conocimiento sobre actividades que, en el orden
constitucional vigente, no se consideraban de ninguna manera delictivas como, por ejemplo, las
actividades derivadas del ejercicio de derechos y libertades individuales (propaganda, reunin y
asociacin poltica, huelga, etc.). Todas estas actividades van a ser asimiladas, paradjicamente, al
delito de Rebelin Militar, extendiendo de manera abusiva los contenidos del mismo,
considerndolas como actos contrarios al nuevo rgimen poltico que se est implantando. As,
fueron condenados por adhesin a la rebelin todos aquellos que haban desempeado algn tipo de
cargo en la Espaa del Frente Popular,6 y quienes no haban desempeado cargos reciban penas
inferiores como culpables de auxilio a la rebelin. El instrumento del que se va a valer esta
jurisdiccin para llevar a cabo su tarea sern los Consejos de Guerra desarrollados conforme al
procedimiento de juicio sumarsimo, implantado a travs del Decreto n 79 de 31 de agosto de
1936, en el que se entenda como necesario "... para mayor eficiencia del movimiento militar y
ciudadano, que la norma en las actuaciones judiciales castrenses sea la rapidez ..." y, para evitar que
los miembros del ejrcito no pudieran cumplir con sus obligaciones militares al estar ocupados en la
tramitacin y resolucin de los sumarios judiciales, se acordaba que "todas las causas de que
conozcan las juridicciones de guerra y marina se instruirn por los trmites del juicio sumarsimo",
modificando algunas cuestiones de procedimiento para permitir su extensin a todos los delitos de
cualquier tipo que quedaban bajo esas juridicciones.
Reservado normalmente para los delitos flagrantes, este procedimiento se extiende en virtud de
la preocupacin de las autoridades nacionalistas por acelerar la rapidez de la justicia militar y, sobre
todo, por su impactante efecto de "ejemplaridad".
Adems del empleo de la juridiccin militar de forma directa, se pueden citar ms de un centenar
de disposiciones legales que tienen un marcado matiz represivo y que irn constituyendo una
complicada maraa jurdica que, a travs de delitos tipificados como de orden pblico, permitir
encausar al mayor nmero de personas mnimamente sospechosas de deslealtad al nuevo rgimen.
Indudablemente, las disposiciones ms importantes sern la Ley de Responsabilidades Polticas,
promulgada en 1939, y la Ley de Represin de la Masonera y el Comunismo, publicada al ao
siguiente. Estas dos leyes con el Bando de Guerra se van a convertir en el entramado bsico de lo
que se puede

Estas penas podan ser desde la de muerte a la de veinte aos de prisin.


257

denominar "la nueva legalidad represiva". De todas formas, a estos textos legales hay que aadirles
los procesos de depuracin a que se ven sometidos los funcionarios de todos los cuerpos y escalas
de la Administracin y la denominada "Causa General". Esta ltima se trata de una especie de
macroproceso a nivel nacional que cumplir una clara funcin de control represivo al recoger la
actuacin, durante la guerra y en el anterior periodo republicano, tanto de personas como de
organizaciones -partidos, sindicatos, asociaciones de diverso tipo, etc.- que, desde el punto de vista
de la nueva legalidad, adquiran la consideracin de delictivas; al mismo tiempo la "Causa General"
tambin constitua un complemento importante para la labor desarrollada por los tribunales
militares al proporcionar informacin detallada sobre la actuacin de los encausados, con lo que, en
realidad, contribua a crear una especie de gran lista negra donde aparecan todos aquellos que, por
su actuacin poltica pasada, deban comparecer ante los tribunales franquistas.
Como ya hemos dicho en otra ocasin7, aquella militarada iniciada el 18 de julio contra el
gobierno del Frente Popular y que, en un principio, no pareca sublevarse contra el rgimen
republicano, como atestigua aquella especie de premeditada o espontnea confusin de smbolos,
declaraciones, bandos, etc., y el hecho llamativo de que el presidente de la Junta de Defensa
Nacional fuese Miguel Cabanellas y Ferrer, militar que haba pertenecido al Partido Republicano
Radical y del cual era pblica y notoria su adscripcin de antiguo a la francmasonera espaola, no
pareca reflejar oficialmente por medio de su rgano publicstico oficial, el Boletn Oficial de la
Junta de Defensa Nacional, ms tarde Boletn Oficial del Estado, ninguna clara animadversin
contra la masonera, jugando, en un principio, con cierta ambigedad a la hora de compendiar a sus
enemigos, cuando el 16 de setiembre de 1936, publica su Decreto n 108 sobre Partidos Polticos,
declarando fuera de la ley a "todos los partidos y agrupaciones polticas o sociales que, desde la
convocatoria de las elecciones celebradas en fecha 16 de febrero del corriente ao, han integrado el
llamado Frente Popular, as como cuantas organizaciones han tomado parte en la oposicin hecha a
las fuerzas que cooperan al movimiento nacional".
Estamos entonces ante un tratamiento o, dicho de otra forma, un talante de aparente o ambigua
permisividad con respecto a la francmasonera por parte del alto mando de la sublevacin militar, a
pesar de que, desde un principio, estos militares alzados conocan sobradamente los hechos
resultantes de la fuerte y cruel campaa de persecucin que, en la zona dominada por su
insurgencia, se haba desarrollado contra esta particular forma de sociabilidad. Curiosamente,
tampoco se va a hacer notar a nivel institucional, por parte de la propia Junta de Defensa Nacional,
una clara intencin de incluir a la masonera entre los enemigos del movimiento nacionalista
cuando, un general de conoci-

7
VALlN FERNANDEZ, A. Laicismo, educacin y represin en la Espaa del siglo XX. (Ourense,
1909-1936/39). Sada (A Corua). Edicis do Castro, 1993, p.243 y ss.

258

das fobias antimasnicas como era Francisco Franco Bahamonde, se incorpore a ella. Aquel general
gallego que, ya en el ao 1935, cuando haba sido nombrado jefe del Estado Mayor Central del
Ejrcito, nada ms sentarse en su flamante y poderoso despacho, comenz a firmar los fulminantes
ceses de los generales que haban sido denunciados por masones ante las Cortes por el diputado
independiente Cano Lpez,8 y que, el 15 de septiembre de 1936, haba publicado por su cuenta,
como comandante en jefe de las Islas Canarias el primer edicto exclusivamente antimasnico de
toda la Espaa sublevada, sacrificando el contenido de sus cinco artculos para dirigirlos
directamente a condenar y perseguir a la citada sociedad secreta: "Ia francmasonera y otras
asociaciones clandestinas son declaradas contrarias a la ley. Todo activista que permanezca en ellas
tras la publicacin del presente edicto ser considerado como crimen de rebelin"9. Esta declarada
fobia antimasnica de Franco tendr que mantenerla controlada el general gallego una vez sea
elegido comandante en jefe de la Junta de Defensa Nacional a pesar de la directa oposicin de su
presidente, el viejo francmasn Miguel Cabanellas. A partir de este momento, y a pesar de poseer
una autntica mana persecutoria con relacin a la para l poderossima masonera que, segn
parece, el general crea ver en todas partes, controlar su profunda pulsin persecutoria por
exteriorizar pblicamente su monomana personal contra el hiramismo hasta que crea tener bien
asidas las riendas y el control del mando y sepa que ya no est rodeado de ningn compaero de
armas que hubiese pertenecido, en alguna circunstancia de su vida, a la Orden del Gran Arquitecto
del Universo.
La autntica monomana personal -rayana indudablemente en la paranoiaque tena el general
Franco era sin duda la masonera, esto lo singulariza de entre todos los dictadores antiliberales de la
primera mitad del siglo XX, dado que se tena por un autntico erudito en masonologa. No
olvidemos que con el pseudnimo de Jakin Boor public entre los aos 1946 y 1951 un conjunto de
artculos en el diario Arriba, recopilndolos ms tarde por medio de la publicacin de un libro, cuyo
tema dominante era el delirante antimasonismo de este "solitario" dictador. En estos textos, que
reflejan paradigmticamente el psictico imaginario histrico del autor, esta sociedad secreta viene
a ser el oculto facttum de todos los males de la historia contempornea espaola y universal:
"...son seales inequvocas de que por encima de la voluntad de los pueblos, de la conveniencia de
las naciones y de su propio prestigio, existe un poder internacional secreto mucho ms terrible que
todos los fascismos [sic] habidos y por haber, pues se mueve en la clandestinidad, maniobra y hace
y deshace a capricho de los que pomposa mente se titulan representantes de la democracia" (...)
"Demostrada en forma incontrovertible la filiacin masnica de los autores principales de nuestras
desgracias patrias, por haber constituido la masonera,

FERRER BENIMELI, J.A. El contubernio judeo-masnico-comunista. Madrid, Itsmo, 1982, pp.


287-293.
Citado por: FERRER BENIMELI, J.A. La masonera en Aragn Vol. III. Zaragoza, Librera
General, 1979. p. 107.
9

259

al correr del ltimo siglo, el arma que se esgrimi para lograr la desmembracin de nuestro
Imperio, la prdida ms tarde de los ltimos restos coloniales y la cada en tiempos contemporneos
de la Monarqua, bastara esta larga y fatdica historia para ser odiada y estigmatizada por todo buen
espaol" (...) "Al quebrantarse por la revolucin el poder absoluto de los monarcas, la masonera
asciende en su camino poltico y encabeza y propulsa los movimientos liberales en las naciones
para, superada esta primera etapa, discurrir por la pendiente del izquierdismo y de la demagogia. Al
extenderse as la masonera por las distintas naciones tropieza con un pueblo enquistado en la
sociedad en que vive, que ve en la secta un campo ideal para las maquinaciones a que un complejo
secular de inferioridad y de rencor desde la dispersin le viene arrastrando: son los judos del
mundo, el ejrcito de especuladores acostumbrados a quebrantar o bordear la ley, que se acoje a la
secta para considerarse poderosos. Judasmo, atesmo y disidencia catlica nutren desde entonces
las logias continentales"10
Este particular estilo discursivo antimasnico llegar a reflejarlo el propio dictador en el
prembulo de la ley fundamental para reprimir completamente a su odiado enemigo masnico, la
intitulada Ley para la Represin de la Masonera y el Comunismo que ms adelante se analizar.
Al parecer esta monomana personal de Franco con relacin al hiramismo lleg a trasmitirla a
los miembros de su gobierno como Serrano Ser y Martnez Anido cuando, en agosto de 1938,
llegaron a enviar a los delegados de Orden Pblico, como ha estudiado el profesor Tusell, sendas
circulares en relacin directa con la misma preocupacin: la represin de la masonera11. Fue
indudablemente esta personal preocupacin del general Franco la que determin la creacin de lo
que, popularmente, se conoca durante la dictadura como el Archivo Secreto de la Masonera; es
decir, constituir un archivo general donde centralizar toda la documentacin, libros y enseres
incautados a la masonera para as poder tener, por medio de los pormenorizados y exhaustivos
catlogos inventarios, la informacin ms completa sobre los individuos que haban pertenecido o
haban tenido relacin con la masonera, con el fin indudable de poder llevar a cabo la represin y
depuracin correspondientes. De esta forma, la Orden de 20 de abril de 1937, de la Secretara
General del Jefe del Estado, crea la Oficina de Investigacin y Propaganda Comunista, dependiente
directa y exclusivamente de la citada Secretara Greneral, con la misin de "recoger, analizar y
catalogar todo el material de propaganda de todas clases que el comunismo y sus organizaciones
adlteres hayan utilizado para sus campaas en nuestra patria, con el fin de organizar la
correspondiente contrapropaganda tanto en Espaa como en el extranjero (...), cuidar de recoger,

10

BOOR, J. Masonera. Madrid, Grficas Valera, 1952. Edicin facsmil: FRANCO


BAHAMONDE, F. (J. BOOR). Masonera. Madrid, Fundacin Nacional Francisco Franco, 1981,
pp. 12, 109,95-96.
11
TUSELL, J. Franco en la Guerra Civil. Una biografa poltica. Barcelona, Tusquets, 1992, p.
244.
260

tanto en la zona ocupada como en las que se vayan ocupando, la mayor cantidad de pruebas de las
actividades marxistas en Espaa, y en particular de las Sociedades Masnicas"12.
Ms tarde, el 29 de mayo del mismo ao, se crea, por medio de otra orden, la Delegacin de
Asuntos Especiales, con la nica funcin de recopilar toda la documentacin referente a las
actividades de las "Sectas Secretas". Posteriormente, se fue reforzando la estructura operativa y
legal de este servicio de informacin con el Decreto de 26 de abril del Ministerio del Interior, por el
que se constitua, con carcter transitorio, la Delegacin del Estado para la Recuperacin de
Documentos y cuyo prembulo justificativo de la citada orden ministerial vena a decir que "la
recuperacin de documentos susceptibles de suministrar informacin sobre las actividades de los
enemigos del Estado ha venido hacindose de un modo fragmentario. El carcter especial de esta
contienda, las intervenciones extranjeras en la misma, el desarrollo de la criminalidad en el campo
enemigo y las actuaciones ms o menos secretas, de ciertos partidos y sectas, han hecho pensar en
la necesidad de unificar e intensificar, tanto en la retaguardia como en las zonas que se vayan
ocupando, la recogida, custodia y clasificacin de todos aquellos documentos aptos para obtener
antecedentes sobre las actuaciones de los enemigos del Estado, as en el interior como en el
exterior, y suministrar datos tiles a todos los dems organismos encargados de su defensa"13
En la direccin de este centro14 Franco coloc a un requet de su total confianza,15 Marcelino de
Ulibarri y Eguilaz el cual, con un eficacsimo equipo de funcionarios, recopil, orden y catalog
un ingente y variadsimo fondo documental, llevando a cabo un excelente trabajo de informacin,
control, revisin y depuracin, siendo entonces este centro la base auxiliar fundamental para la
confeccin de los 48.000 sumarios que, a partir de la creacin del Tribunal Especial para la
Represin de la Masonera y el Comunismo, se fueron abriendo, adems de enviar la
correspondiente informacin a los diferentes tribunales y comisiones depuradoras, juzgados y
auditoras militares, ministerios y dems organismos que la precisaron. No sorprende comprobar
que para un monto aproximado de 4.500 masones activos en 1936, este centro llegase a
confeccionar un ndice de ms de 80.000 expedientes personales de masones y presuntos masones,
incluyendo en este curioso catlogo a miembros de la masonera epaola del siglo XIX, tanto de la
metrpoli como de sus colonias.

12
Citado en: DIEZ DE LOS RIOS SAN JUAN, M.T. "Fondos de la masonera en la seccin
"Guerra Civil" del Archivo Histrico Nacional Salamanca", en VV. AA. La masonera en la
historia
de Espaa. Zaragoza, iputacin General de Aragn, 1985, pp. 335-336.
13
Boletn
Oficial del Estado, nm. 553, 27 de abril de 1938.
14
Cuya sede, en un principio, se ubic en la recien tomada ciudad de Bilbao, pasando muy pronto a
ocupar un ala de la Clereca salmantina y, ms tarde, y por cuestiones de espacio, a situarse en el
antiguo
Hospital de San Jos.
15
Como, ms tarde, en 1940, har en Francia el mariscal Petain, encargando al historiador Bernard
Fay para un cometido similar.
261

Esta extraa espera por iniciar una obra legislativa directamente condenatoria de la masonera
se va alargar desde su, sin duda precipitado, edicto canario del 15 de septiembre de 1936, hasta el
primer aldabazo gubernamentel de la Espaa nacionalista de ndole claramente antimasnica que
corresponder al decreto del 21 de diciembre de 1938, por el que se ordenaba que todos los
smbolos de carcter masnico "fuesen destruidos y quitados de todos los cementerios de la zona
nacional en un plazo de dos meses".16
Desconocemos cul fue la causa de este extrao silencio condenatorio por parte de Franco,
aunque es posible que viniese motivado por una meditada cautela a la espera de poseer, por un
lado, la garanta de saberse ganador de la larga contienda y, por otro, tener mnimamente operativa
la Delegacin del Estado para la Recuperacin de Documentos, cara a que esta pudiese respaldar,
con su necesario soporte informativo, la correspondiente y generalizada campaa de represin.
Despus del "esttico" decreto de "desmasonizacin" de los cementerios que, por otro lado, no
se llev a cabo en todas las ciudades y villas con excesiva rigurosidad, el siguiente texto legal
directamente condenatorio de la masonera ser ya la Ley de Responsabilidades Polticas del 9 de
febrero de 1939, publicada en el Boletn Oficial del Estado del 13 de febrero de ese ao. Su
prembulo deca muy claramente qu quera llevar a cabo la Jefatura del Estado con esta ley:
"prxima la total liberacin de Espaa, el Gobierno, consciente de los deberes que le incumben
repecto a la reconstruccin espiritual y material de nuestra Patria, considera llegado el momento de
dictar una Ley de Responsabilidades Polticas, que sirva para liquidar las culpas de este orden
contradas por quienes contribuyeron con actos u omisiones graves a forjar la subversin roja, a
mantenerla viva durante ms de dos aos y a entorpecer el triunfo, providencial e histricamente
ineludible, del Movimiento Nacional", Ahora, en el captulo primero de este texto legal, se hablar
por fin de "Logias masnicas" a la hora de definir los partidos y agrupaciones que quedaban
prohibidos y perseguidos por esta ley. En su captulo II "De las causas de responsabilidad y de las
cirunstancias que la modifican", dentro del artculo 4 en el que define expresamente a las personas
que se hayan incursas en responsabilidad poltica y sujetas a las sanciones que se les impongan, en
su apartado h) dice textualmente: "Pertenecer o haber pertenecido a la Masonera, con excepcin
solamente de los que hayan salido de la secta antes del dieciocho de julio de mil novecientos treinta
y seis por baja voluntaria, por haber roto explcitamente con ella, o por expulsin de la misma
fundada por haber actuado en contra de los principios en que se inspira o de los fines que
persigue."
Esta Ley que tena efectos retroactivos, estableca cuatro grupos de sanciones no excluyentes
entre s: restrictivas de la actividad, limitativas de la libertad de residencia, econmicas y,
excepcionalmente, la prdida de la nacionalidad

16

Citado en: FERRER BENIMELI, J.A. El contubernio... Op. Cit., p. 294.


262

espaola. Las sanciones econmicas que se imponan siempre en toda condena, contemplaban un
escrupuloso procedimiento de cobro que llegaba al extremo de decir en el artculo 15 de dicha ley
que: "las sanciones econmicas se harn efectivas, aunque el reponsable falleciere antes de
iniciarse el procedimiento o durante su tramitacin, con cargo a su caudal hereditario y sern
transmisibles a los herederos que no hayan repudiado la herencia o no la hayan aceptado a
beneficio de inventario. No obstante la aceptacin de la herencia, si alguno de los herederos
hubiere prestado eminentes servicios al Movimiento Nacional, o demostrare su anterior y pblica
adhesin a los postulados del mismo, podr solicitar excepcin en cuanto a la parte de aqulla que
le correspondiera."
No contento Franco con incluir por fin a la masonera en esta ley, dicta una especial que, a
pesar de incluir en su ttulo al comunismo, ponindolo en alucinante contubernio con la masonera
-y al comunismo estalinista en aberrante contubernio tambin con el trotskismo y el anarquismo-,
recoga su personal mana antimasnica manifestada ya, pblicamente, en su edicto canario de
1936. La aplicacin procesal de esta ley demostrar que su intencin represiva iba dirigida
especialmente a la francmasonera. Nos estamos refiriendo a la Ley del1 de marzo de 1940 "para la
represin de la Masonera, comunismo y dems sociedades clandestinas que siembren ideas
disolventes contra la religin, la patria y sus instituciones fundamentales y contra la armona
social", publicada en el Boletn Oficial del Estado, n 62, de fecha 2 de marzo. Aqu, por fin,
Francisco Franco podr verter en el mismo prembulo de la ley un ejemplo de su particular visin
histrica sobre la masonera: "Acaso ningn factor de los muchos que han contribuido a la
decadencia de Espaa, influy tan perniciosamente en la misma y frustr con tanta frecuencia las
saludables reacciones populares y el herosmo de nuestras armas, como las sociedades secretas de
todo orden y las fuerzas internacionales de ndole clandestina. Entre las primeras, ocupa el puesto
ms principal la masonera, ...".
Esta ley pretende completar la Ley de Responsabilidades Polticas anterior, desarrollando, si
cabe todava ms la campaa de venganza y represin que caracterizar la postguerra. Encaminada
a reprimir con carcter retroactivo a
los individuos y organizaciones que el nuevo rgimen tena por sus tradicionales enemigos. A
partir de este momento, el Tribunal Especial para la Represin de la Masonera y el Comunismo
que se crear a partir de esta ley, ir instruyendo los ya citados 48.000 sumarios que, desde 1940 al
8 de febrero de 1964, fecha de la extincin de este tribunal, conformarn la exhaustiva persecucin
que el franquismo desarrollar con relacin a la masonera.
En su artculo primero, el texto franquista tipifica ya de una forma genrica el delito:
"pertenecer a la masonera y el comunismo y dems sociedades clandestinas a que se refieren los
artculos siguientes." En su artculo 4 define expresamente quines son masones a la hora de
aplicacin de las disposiciones de esta ley: "son masones todos los que han ingresado en la
masonera y

263

no han sido expulsados o no se han dado de baja en la misma o no han roto explcitamente toda
relacin con ella, y no dejan de serio aqullos a quienes la secta ha concedido autorizacin,
anuencia o conformidad, bajo cualquier forma o expediente, para aparentar alejamiento de la
misma." Con esta amplia regulacin deja la ley un amplio margen para encausar a cualquier
persona mnimamente sospechosa de acercamiento a la masonera ya que se exige una rotunda
contundencia en su desvinculacin, contundencia sta que puede ser desvirtuada por lo expresado
en la ltima parte de la definicin de masones del antecitado artculo 4. Se completa esta
tipificacin del delito con la ampliacin al supuesto de: "propaganda que exalte los principios o
pretendidos beneficios de la masonera"
Asimismo, la misma tipificacin del delito se completaba con las circunstancias agravantes que
ofreca el contenido del artculo 6: "dentro de la calificacin masnica el haber obtenido alguno de
los grados del 18 al 33, ambos inclusive, o el haber tomado parte en las asambleas de la asociacin
masnica internacional y similares o en las asambleas nacionales del gran oriente espaol, de la
gran logia espaola o de otras cualesquiera organizaciones masnicas residentes en Espaa o el
haber desempeado otro cargo o comisin que acredite una especial confianza de la secta hacia la
persona que la recibi." En los artculos 8 (ltimo prrafo) y 11, se menciona a las excusas
absolutorias de forma genrica para la masonera y el comunismo, sin especificar de forma
exhaustiva cmo quedaban observadas en la regulacin las circunstancias agravantes. Es destacable
dentro de estas excusas absolutorias la reflejada en el artculo 8 (ltimo prrafo): "Se considerar
circunstancia atenuante el suministrar informacin o datos interesantes sobre actividades de la
secta, sobre los que iniciaron o fueron jefes o compaeros en ella del declarante y, en general, sobre
otros extremos que puedan servir con eficacia al propsito de la presente Ley". Estas circunstancias
atenuantes se vern notablemente reducidas y constreidas de forma importante por la legislacin
posterior, como suceder, por ejemplo, en la Circular del 7 de enero de 1941 del Ministerio del Aire
en relacin a la actuacin de los Tribunales de Honor.
Se inicia la actuacin jurdico-represora con la confiscacin y puesta a disposicin de la
jurisdiccin de responsabilidades polticas de todos los bienes pertenecientes a las sociedades
mencionadas en el artculo primero.
Esta actuacin se completa con un variado catlogo de delitos y penas. El artculo 3 castiga el
delito de: "propaganda que exalte los principios o pretendidos beneficios de la masonera (...) con la
supresin de los peridicos o entidades que la patrocinasen e incautacin de sus bienes", adems de
estas penas de carcter econmico, se contemplan penas de "reclusin mayor17 para el principal o
principales culpables, y de reclusin menor18 para los cooperado-

17
De
18

20 aos y un da a 30 aos de crcel.


De 12 aos y un da a 20 aos de crcel.
264

res". En el artculo 5 se especifica: "a partir de la publicacin de esta Ley, los delitos de masonera
y comunismo definidos en el artculo cuarto, sern castigados con la pena de reclusin menor. Si
concurriera alguna de las circunstancias agravantes expresadas en el artculo sexto, la pena ser de
reclusin mayor."
Ms adelante, queda contemplada en el texto de esta ley la preocupacin que, constante y
obsesivamente, mantena el propio Franco por las correspondientes depuraciones de masones, tanto
en el relevante mbito de la Administracin del Estado como en el medio empresarial. Es en el
artculo 8, donde se establecen las penas de: separacin definitiva "de cualquier cargo del Estado,
Corporaciones pblicas u oficiales, entidades subvencionadas y empresas concesionarias, gerencias
y consejos de administracin de empresas privadas, as como cargos de confianza, mando o
direccin en las mismas", de:"inhabilitacin perpetua para los referidos empleos" y la de:
"confinamiento o expulsin". Sigue el mencionado artculo completando este aberrante sistema
punitivo con el "procedimiento para la sancin econmica", conforme a la Ley de
Responsabilidades Polticas en cuyo mbito se encontraban ya los masones.
Al mismo tiempo, esta ley antimasnica no exclua la aplicacin de otros textos penales por
delitos cometidos que no se hallasen tipificados expresamente en ella.
Otro punto relevante para ser utilizado como excelente herramienta represora y de control va a
ser la denominada "Declaracin-retractacin" que al historiador viene a recordarle viejos usos
inquisitoriales espaoles como las "delaciones espontneas". Esta obligacin viene contemplada en
el artculo 7, exigiendo a todos los masones y comunistas a formular ante los Gobiernos Civiles, en
el plazo de dos meses, una declaracin-retractacin conforme a un modelo que, ms tarde, se
estableci en un decreto de 30 de marzo de 1940 "Sobre normas para la aplicacin del artculo 7 de
la ley 1 del corriente". Curiosamente, este decreto slo desarrolla la declaracin-retractacin de los
masones, quedando una sintomtica vacatio legis en relacin a los comunistas. La no presentacin
o falseamiento del contenido de esta declaracin-retractacin, cuyos datos e informaciones
contrastara escrupulosamente el servicio de informacin de Marcelino de Ulibarri desde Sala
manca, daba lugar a la aplicacin de esta ley con toda su contundencia, sin permitir la aplicacin de
las excusas absolutorias contenidas en el artculo 10 y en el ltimo prrafo del artculo 8.
El complicado entramado de tribunales competentes para juzgar estos delitos se describe en los
artculos 11 y 12 de la Ley de 1 de marzo de 1940. Comienza el artculo 11 segregando, por
medio de una suerte de prurito clasista y corporativo, a las distintas clases del ejrcito, al referirse
en exclusiva a los "militares profesionales de categora igualo superior a la de oficial de los
Ejrcitos de Tierra, Mar o Aire", dado que slo para ellos "sern competentes para conocer de estas
causas los Tribunales de Honor, constituidos y funcio-

265

nando conforme a las normas de sus repectivos Institutos". Posteriormente, igual que sucedi con
la excusas absolutorias, se dictaron denes y circulares que restringan sobremanera la
independencia de estos Tribunales de Honor en aplicacin de la Ley de 1 de marzo. Asimismo se
inclua en este artculo la obligatoriedad de que las actas de estos Tribunales fuesen "elevadas al
Consejo Superior del Ejrcito para mentener la pureza de procedimiento y la necesaria unidad de
criterio en cuanto al fondo", contemplando adems la posibilidad de una segunda instancia, al darse
la posibilidad de que se sometiesen estos "fallos a la revisin de un Tribunal mixto compuesto por
representaciones de los tres ejrcitos".
Para los militares de inferior categora a la contemplada en el artculo 11, y para el resto de las
personas, el artculo 12 prev la creacin de un Tribunal especial presidido por una persona
libremente designada por el Jefe del Estado y otros miembros que se determinan en este mismo
artculo. De esta manera nacer para la historia el intitulado Tribunal Especial para la Represin de
la Masonera y el Comunismo que, como ya hemos dicho ms arriba, mantendr su funcionalidad
hasta el 8 de febrero de 1964, fecha del decreto de su supresin.
En cuanto a cmo se llev a cabo la represin de los francmasones espaoles desde el mismo
inicio de la sublevacin militar en las ciudades y zonas geogrficas que iba tomando, hay que decir
que aqulla no se realiz siguiendo una sistemtica definida y homognea, debido, muy
probablemente, al hecho ya estudiado del silencio que la normativa salida del mando sublevado
manifest con respecto a la masonera y a que, por ello, tanto las autoridades militares como las
judiciales, no entendieron por lo general a los masones como enemigos a perseguir o eliminar,
dirigiendo su cruel y expeditiva represin, en un principio, hacia los cargos polticos, tanto de la
Administracin estatal y local como de los distintos partidos, asociaciones y organizaciones
sindicales coaligados o simpatizantes con el Frente Popular.19 De todas formas, debido fundamentalmente a las acciones de la Falange, las llamadas milicias o somatenes espontneos, los
carlistas, la propia polica, y a la misma ambigedad de esos textos legales prohibitivos salidos de
Burgos, desde los primeros das del golpe de Estado, comenz una sauda persecucin de los
masones por el solo y terico delito de serio que, a niveles generales, qued cifrada, en un
principio, en el asalto de los templos masnicos con la correspondiente incautacin de sus
documentos y enseres, la detencin, interrogatorio, torturas, denuncia, por medio de la prensa, con
el fin de buscar el pblico escarnio, destitucin o abandono del empleo en la Administracin si lo
tuviere, y, en algunas ocasiones, el paseo o el fusilamiento.

19

Dndose el caso, en muchas ocasiones, de que estos individuos fusilados haban pertenecido o
seguan perteneciendo a la masonera espaola.
266

Por lo que se desprende de los estudios realizados hasta ahora por los historiadores20, esta
persecucin antimasnica, como ya hemos adelantado, no se realiz en todas las ciudades,
provincias y regiones por un igual hasta 1939, fecha en la que el victorioso "Nuevo Estado" decreta
su Ley de Responsabilidades Polticas, reforzando la maquinaria represiva antimasnica un ao
despus al publicar, como ya hemos visto, la Ley de Represin de la Masonera y el Comunismo.
De ah que tengamos un amplio y variado abanico de conductas represivas con respecto a la
masonera por parte de las autoridades franquistas durante los primeros aos de la guerra civil. As,
desde ejemplos de cierta permisividad como fue el caso en Galicia21, Canarias22 o Sevilla23, a otros,
como el aragons, donde la represin, segn parece desprenderse de los estudios realizados, fue
muchsimo ms contundente.24

20
Hay que sealar que en muchos de estos trabajos nos encontramos con el serio problema
metodolgico concerniente al hecho de que el autor de la investigacin ha cometido el error de no
haber sabido valorar la causa o delitos que ocasionan el fallo del juicio sumarsimo
correspondiente o la "aplicacin del bando de guerra"; es decir, el fusilamiento, confundiendo
entonces los motivos que determinaron a los sublevados a llevar a cabo estas crueles acciones de
represalia. Como muy bien explica el profesor lvarez Rey, "es bastante probable, adems, que en
la mayora de los casos estas personas no fueran fusiladas por su condicin de masones -dato que
probablemente desconocan sus ejecutores- sino por su relevancia poltica o sindical y la
importancia de los cargos que haban desempeado durante el quinquenio republicano". Cfr.:
LVAREZ REY, L. Aproximacin a un mito: masoneria y politica en la Sevilla del sigloXX.
Sevilla,Ayuntamiento
de Sevilla, 1996, p.158.
21
Vid.: VALlN FERNNDEZ, A. La masoneria y La Corua. Introduccin a la historia de la
masoneria gallega. Vigo (Pontevedra), Edicins Xerais de Galicia, 1984; del mismo autor,
Laicismo, educacin y represin... Op.cit.
22
Vid.: PAZ SANCHEZ, M. DE. Historia de la francmasoneria en Canarias (1739-1936). Santa
Cruz
de tenerife, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1984.
23
Vid.:LVAREZ REY, L. Aproximacin a un mito:... Op. cit.
24
Vid.: FERRER BENIMELI, J. A. La masoneria en Aragn. Vol. III. Zaragoza, Librera General.
1979.

267

XEOGRAFA

MINIUS VIII, 2000, pp.271-281

Patrones de Afluencia
y Carga Antropica en el Parque Natural
Baixa Limia-Xurs (Ourense, Galicia)

ELENA DE UA LVAREZ
Area de Geografa Fsica.
Facultad de Humanidades. Campus de Ourense (Universidad de Vigo).

Resumen
En el territorio fronterizo del sur de Galicia y norte de Portugal la coexistencia de dos
Espacios Naturales Protegidos (Parques Naturales Baixa Limia-Xurs y Peneda-Gres
respectivamente) presenta condiciones de particular relevancia para el estudio de la movilidad y
carga antrpica asociadas a la demanda recreativa. En este trabajo se presenta un anlisis sobre
tales aspectos, a partir de los datos generados por los registros oficiales en los puntos de
informacin del Parque Natural Baixa Limia-Xurs, durante la secuencia temporal de mxima
afluencia (verano 1999).

271

Abstract
Two Protected Natural Spaces coexist at the south of Galicia and the north of Portugal (NW
Iberian Peninsula), on frontier territory: the Baixa Limia-Xurs and Peneda-Geres Natural Parks.
This landscape present special and outstanding conditions for the study of mobility and human
loading related to recreative request. This work display the analysis about that subjects, starting
from the research of official dates collect at the Natural Park Baixa Limia-Xurs information places
during highest tourism flow in the time (summer 1999).

Introduccin
En la comarca de la Baixa Limia, el Parque Natural do Xurs (creado en 1992 y actualmente en
proceso de ampliacin) representa uno de los espacios ms intensamente afectados, en la provincia
de Ourense, por la reestructuracin funcional que supone la puesta en marcha de una poltica de
proteccin ambiental. Entre los municipios de Entrimo, Lovios, y Muios (Fig. 1), el territorio
sujeto a declaracin de Parque Natural (PN) ha sido objeto de una reordenacin territorial en que
las llamadas "Zonas de Reserva" (reas somitales, vertientes superiores, y barrancos de las Sierras
circundantes) y "Zonas Especiales de Medio Ambiente Natural" (sectores del valle de Salas,
formaciones vegetales autctonas dispersas) constituyen la base patrimonial de un espacio
destinado esencialmente a la oferta de actividades recreativas siempre compatibles con los objetivos
de conservacin y recuperacin del medio natural.
Presenta el PN do Xurs ciertas caractersticas que hacen especialmente delicada su gestin
efectiva como espacio natural (cfr. UA ALVAREZ, 1999): la intensa ocupacin de los fondos de
valle por sistemas productivos tradicionales de orientacin agraria, de la que se derivan algunos
conflictos de uso, y la ubicacin fronteriza en la raia (frontera) con el norte de Portugal, a la que se
asocia su naturaleza de territorio abierto al trnsito. Parte de las vertientes del arco montaoso que
limita territorialmente los dominios de la Baixa Limia, pasada la divisoria de aguas, se
corresponden, en tierras portuguesas, con el Parque Natural de las Serras da Peneda (en el sector
occidental) y do Geres (en el sector meridional); estos espacios no pueden considerarse, ya sea
desde el punto de vista natural o humano, sin tener en cuenta su dinmica integrada. Por otra parte,
y en el caso concreto del Xurs, una serie de condiciones ambientales previas relacionadas con
efectos sinrgicos de impactos antrpicos (explotacin hidralica, incendios forestales) se
mantienen actualmente en trminos de prevalencia y magnitud.

272

Con la finalidad de estructurar una oferta de usos controlados y favorecer la adecuada


planificacin de infraestructuras y servicios necesarios, la gestin del PN Baixa Limia-Xurs
mantiene durante el verano una serie de Puntos de Informacin abiertos en determinados pasos
fronterizos meridionales como A Madalena (AM) y Portela do Home (PH); en la sede del Parque
ubicada en Lovios (LV), y en la localidad de Muios (MU), que concentra la oferta de servicios de
apoyo recreativo. Si no hay objecciones, lo cual sucede habitualmente, en cada uno de estos puntos
se realiza una pequea encuesta al demadante de informacin; del filtrado y tratamiento de estos
datos registrados durante el verano de 1999 proceden los resultados que se presentan, una vez que
secuencias temporales anteriores han sido estudiadas en trabajos precedentes (BADAS
FERNANDEZ, UA ALVAREZ y GONZALEZ CAIA, 1999; UA ALVAREZ y GONZALEZ
CAIA, 1999). Dada la ubicacin espacial de los puntos, estos datos oficiales permiten considerar
de manera diferenciada, en trminos de valores estimados, la demanda asociada a dos grandes
grupos de visitantes (procedencia lusa y procedencia del resto del territorio peninsular).

Afluencia Global Estimada


El peso mayoritario de la afluencia total estimada por los registros informativos del PN se
concentra en el mes de Agosto (58%), con un incremento notable respecto a Julio (28%). Del tipo
de informacin solicitada y el origen durante el trimestre estival (julio a septiembre) se infiere la
importancia que posee el nmero de visitantes en trnsito (Tabla 1). La mayora de los solicitantes
de informacin general, por ejemplo, manifiestan su absoluto desconocimiento sobre la existencia
del Parque, y es elevada la demanda sobre localidades e infraestructuras viarias que conducen a
territorios extraparques; as pues, el grado de recurrencia es notablemente bajo. Por lo que respecta
a la demanda de informacin especfica, se focaliza de una forma clara sobre los elementos y
posibles actividades recreativas del medio natural (cascadas, termas, bao, senderismo...) muy
superior a la referida al patrimonio etnogrfico e histrico.
El grupo prevalente en el ndice de frecuentacin de visitantes segn los datos proporcionados
corresponde a los procedentes de Portugal, con un peso ligeramente inferior para la demanda de
origen galaico (sta se refleja inclinada favorablemente hacia las provincias meridionales de
Pontevedra y Ourense); la frecuentacin que corresponde al resto de la Pennsula Ibrica y al resto
de Europa incrementa en realidad las procedencias gallegas ya que los centros de origen registrados
suelen ser coincidentes con los destinos de emigracin histricamente conformados bien interior
(Madrid, Catalua, Pas Vasco) bien exterior (Francia, Alemania, Suiza). En conjunto, los pesos de
frecuentacin son similares a los registrados por otros mtodos (entrevista a la espera) en diversos
espacios naturales de uso recreativo pertenecientes a la comunidad de Madrid (MUGICA,
ZAMORA y DE LUCIO, 1992) catalogados, por lo que respec-

274

ta a niveles de afluencia en el espectro de uso recreativo de la pennsula, como de grado de


afluencia medio-alto.
Tabla 1. Naturaleza de la Demanda Estival*
PROCEDENCIA

Galicia
Portugal
Resto Pennsula
Resto Europa

INFORMACION SOLICITADA

30
36
25
9

Total

100

General
Patrimonio Natural
Patrimonio Histrico
Carreteras y Localidades
Otras Demandas

40
26
7
21
6

Total

100

*Valores Redondeados en % (Julio-Septiembre 1999)


Tabla 2. Registros de la Afluencia Estimada (Agosto 1999)*
VAR

AM

PH

MU

LV

PN

GL

11

38

28

23

100

PO
SO

59
41

47
53

53
47

42
58

49
51

MX
MD

36
8

49
25

72
19

40
15

114
68

PP
OP

57
44

75
25

5
95

18
82

40
60

*Valores Redondeados en % GL=Afluencia Total. PQ y SQ=Afluencia en Primera y Segunda


Quincena. MX y MD=Mximo Absoluto y Media del Mes en Personas/da. PP=Origen Portugal.
OP=Otras Procedencias.

Dentro de la secuencia temporal considerada el mximo absoluto de afluencia estimada se


registra durante el mes de Agosto en 114 personas/da coincidente, con otras puntas secundarias, en
sbado y domingo (Fig. 2); el valor medio de frecuentacin para dicho mes (68 personas/da) se
incrementa durante los fines de semana en 76 personas/da. El mnimo absoluto de afluencia
estimada (13 personas/da) y sus registros secundarios se localizan siempre en

275

lunes y martes. Desde una panormica global, el reparto de visitas por quincena es equilibrado.
Por lo que respecta a las vas de acceso preferente discriminadas, el visitante portugus se
centra en los puntos de AM y PH (86% de los registros con esta procedencia) mientras que los
utilizados mayoritaria mente por el visitante de otros orgenes son los puntos de MU y LV (75% de
los registros con estas procedencias). El cmputo global diferenciado (Tabla 2) muestra el grado de
control de trnsito que bascula siempre sobre el eje de la va PH, centro modal de afluencia del PN.
Sobre este centro modal se registra, lgicamente, el valor mximo medio de afluencia estimada;
pero los mximos absolutos diferenciados por puntos son muy superiores en MU, indicativos de
una mayor importancia de la presin antrpica, ya que cuenta con una oferta de servicios con
mayor capacidad cara a la permanencia, generndose en este sector un rea con mayor
potencialidad generativa de impactos ambientales.

Tipologas de Trnsito y Usos Recreativos


A partir de los registros de informacin demandada en el momento de mxima afluencia
(Agosto) ponderados con el origen de los visitantes (Demanda en Origen), podemos diferenciar dos
categoras principales de turistas en el PN. Por una parte, los usuarios en trnsito y, por otra, los
usuarios en destino.
Las demandas acerca de la ubicacin de pasos fronterizos as como de la direccin para acceder
a determinados lugares representan un grupo de usuarios sin intencin prefigurada de permanecer
en el Parque ms de media jornada. El grueso de esta modalidad de trnsito (Tabla 3) corresponde
a viajeros de

276

origen luso (85%). Los patrones de movilidad discriminados en esta categora siguen generalmente
rutas circulares intraparques Portugal-Espaa (56% del total), si bien es importante el flujo de
trnsito lineal hacia territorios extraparque del norte peninsular (35% del total); con una frecuencia
muy inferior (9%) se diferencia una tipologa de ruta circular que conecta con otros puntos
fronterizos alejados de los dominios del PN. En todo caso, el flujo de trnsito ocasiona una carga
antrpica derivada (de magnitud temporal breve) concentrada sobre todo en los sectores
meridionales del PN do Xurs.
Los itinerarios circulares de mayor frecuentacin corresponden a rutas que canalizan
fundamentalmente el desplazamiento entre las Serras portuguesas do Geres y Peneda, atravesando
los valles hispanos de los ros Caldo y Limia: desde PH hacia AM con destino al valle portugus
del Limia y desde AM hacia PH con destino a la ciudad de Braga y su entorno (carga recreativa
derivada en el ro Caldo y embalse de Lindoso); subsidiariamente, se dibuja una ruta que parte de
ambos puntos fronterizos hacia el paso septentrional de Ameixueira en las estribaciones de la Serra
de Queguas y Castro Leboreiro (carga recreativa derivada sobre el embalse de Lindoso, ro Caldo,
Montes do Quinxo y Serra de Queguas), La frecuentacin de esta modalidad circular de trnsito por
parte de otras procedencias es muy inferior a travs de itinerarios desde MU o LV hacia AM y PH
con destino a las tierras de Valdevez y Braga en Portugal. Los itinerarios de trnsito lineal
representan patrones de movilidad extraparques. En este caso, el flujo es casi totalmente de origen
portugus preferentemente a travs de PH; se dirige sobre todo a las provincias meridionales de
Galicia siendo subsidiarios los destinos hacia sus provincias septentrionales o el norte de la meseta
(carga recreativa derivada en el valle del Caldo y la periferia norte del PN do Xurs); procede,
fundamentalmente, de la regin norte de Portugal (62%) as como de los centros mayores del pas
vecino, Porto (24%) y Lisboa (14%).
Tabla 3. Patrones de Trnsito Estimados (Agosto 1999)
Direccin

Peso (%)

Direccin

Peso (%)

Gres-Xurs-Peneda
Peneda-Xurs-Gres
Peneda-Xurs-Peneda
Gres-Xurs-Peneda
Xurs-Gres-Xurs
Xurs-Peneda-Xurs

34
32
7
8
11
8

PH - Galicia meridional
PH - Galicia septentrional
PH - Meseta norte
AM - Galicia meridional

54
21
18
7

Total Frecuentacin

100

Total Frecuentacin

100

Las demandas de informacin especfica sobre los elementos codificados por el visitante del PN
do Xurs como recursos de esparcimiento (dnde se localizan, cmo acceder a ellos) con su
potencial de actividades representan los

277

intereses del grupo de usuarios con intencin prefigurada de destino en el territorio. Esta modalidad
de usuarios en destino incluye en las inferencias derivadas una parte de la demanda primaria junto
con la demanda recurrente, cuyas variaciones intramuestrales dependen sobre todo del proceso de
divulgacin personal ms que de la labor de promocin oficial del Parque.
En el momento identificado de mxima afluencia, a partir de dichas solicitudes efectuadas, la
carga global antrpica esperada puede categorizarse en una escala ordinal utilizando las medidas
numricas de posicin para establecer las categoras de demandas informativas en diversos rangos
asociados a los elementos perceptualmente primados (Fig. 3). Ello no hace sino reforzar la banda de
estipulada en el caso del trimestre veraniego siempre inclinada muy a favor de usos y actividades
relacionados con el llamado turismo verde.
En este sentido, cabe destacar la diferenciacin interna entre los dos grandes grupos de
procedencias consideradas, que constituyen los flujos de entrada septentrional y meridional al
parque (Tabla 4). Si bien el tipo de uso recreativo preferente se caracteriza siempre por una serie de
actividades no consuntivas, en el caso de la demanda lusa se inclina hacia el esparcimiento pasivo
con escasa prevalencia del inters hacia el patrimonio histrico y clara intencionalidad de visita
corta, mientras que en el caso del resto de procedencias consideradas la demanda se inclina hacia el
esparcimiento activo con mayor inters hacia los elementos histricos y un peso ligeramente mayor
en la intencionalidad de permanencia.

278

279

Tabla 4. Demanda Recreativa Especfica (Agosto 1999)


CATEGORIAS DERIVADAS

DP

DH

Contemplacin Patrimonio Natural


Contemplacin Patrimonio Histrico
Actividad de Bao en Riocaldo
Recreacin en el embalse de Lindoso
Rutas de Senderismo del PN do Xurs
Rutas de Automvil del PN do Xurs
Servicios bsicos de Restauracin
Servicios bsicos de Alojamiento
Otras Demandas Especficas

10
4
41
13
18
5
6
2
1

9
22
14
40
40
3
1
9
2

Total de las Demandas Especficas(%)

100

100

Consideraciones finales
Los resultados presentados sobre el anlisis de la afluencia y carga antrpica derivada en el PN
Baixa Limia-Xurs constituyen una base informativa de especial relevancia a la hora de gestionar
el uso recreativo de los elementos naturales y planificar los servicios de apoyo adecuados a su
potencial activo. La discriminacin de la procedencia y la naturaleza de los flujos de visitantes
representa un requisito fundamental para la articulacin de un programa de ofertas de
esparcimiento, sectorizado espacial y temporalmente, compatibles con la necesaria proteccin
derivada de la figura legal establecida.
En el PN objeto de estudio, la afluencia media es muy similar a otros espacios naturales de uso
recreativo que conforman reas de esparcimiento perifricas de grandes aglomeraciones urbanas.
Resulta una frecuentacin de carcter complejo ya que se estructura sobre diversas rutas de trnsito
(circulares y lineales) tan importantes en trminos de prevalencia como los desplazamientos con
destino final en el propio PN. Se trata, asimismo, de una frecuentacin diferenciada para el
espectro de visitantes diferenciado en virtud del lugar de origen; estos aspectos, sin duda, son muy
importantes cara al mantenimiento del territorio actualmente protegido y a la ordenacin de la
nueva configuracin territorial proyectada para el PN Baixa Limia-Xurs.

280

Biografa

BADAS FERNANDEZ, J.; UA ALVAREZ, E. De; GONZALEZ CAIA, J. (1999) "Demanda


de los Espacios Naturales: Primeros resultados sobre el Parque Natural Baixa Limia-Serra
do Xurs (Ourense, Galicia)". Actas del III Congreso de Ciencia del Paisaje: Paisaje y
Turismo. Universidad de Barcelona, Berga, pp. 225-235.
MUGICA, M.; ZAMORA, F.; DE LUCIO, J.V. (1992) Uso Recreativo de los Espacios Naturales
en la Comunidad de Madrid. Centro de Investigacin "F. Gonzlez Bernaldez", Madrid,
Serie Documentos, n 10, 32 pp.
UA ALVAREZ, E. De (1999) "As Paisaxes da Limia. Medio Natural e Transformacins
antrpicas". Lethes, Cadernos Culturais da Limia, n 1, pp. 32-43.
UA ALVAREZ, E. De y GONZALEZ CAIA, J. (1999) "Valoracin de la Demanda estival en el
Parque Baixa Limia-Serra do Xurs (Galicia, NO Peninsular)". Actas del VIII Coloquio
Ibrico de Geografa. Vol. I, Lisboa, pp. 369-374.

281

RECENSINS

MINIUS VIII, 2000, pp. 285-289

Pallares Mndez, M Carmen, Ilduara, una Aristcrata del Siglo X.


Seminario de Estudos Galegos, n 4. Edicis do Castro, A Corua, 1998, 161 pp.

MERCEDES DURANY CASTRILLO


Universidad de Vigo

La obra que presenta M Carmen Pallares Mndez sobre IIduara, una aristcrata del siglo X, es
un excelente trabajo de investigacin con el que obtuvo la Ctedra de Historia Medieval de Galicia
de la Universidad de Santiago en diciembre de 1998. Publicada por el Seminario de Estudos
Galegos, es el nmero "4" de la Coleccin "Galicia Medieval: Estudios", de gran inters y
reconocido prestigio entre los historiadores de la Edad Media gallega.
No es sta la primera vez que Ma Carmen Pallares aborda la historia de las mujeres. En el ao
1993 sala a la luz su obra titulada A vida das mulleres na Galicia medieval. 1100 - 1500 (vase
recensin en Minius, IV, 1995, pp.181-182), Y son varios los trabajos que ha publicado en estos
ltimos aos sobre diferentes aspectos de la vida social de las mujeres, teniendo siempre como
horizonte y como objetivo principal de su investigacin la relacin social entre hombres y mujeres,
es decir, la relacin social entre gneros.
Esta nueva obra de IIduara, una aristcrata del siglo X debe entenderse en esta trayectoria
personal de M Carmen Pallares por adentrarse en el tema de la mujer, en este caso el de una mujer
relevante del siglo X como es IIduara, la madre de S. Rosendo, el fundador de Celanova, pero
insertando su figura en el contexto de la sociedad y la poca en la que vive y no haciendo una mera
biografa de su persona. En efecto, el trabajo no es en absoluto una biografa personal. No se debe
buscar bajo este ttulo el desarrollo del gnero biogrfico en el sentido ms clsico del trmino.
Como muy bien expresa la autora en la Introduccin, "la accin del personaje no nos interesa en s
misma -dice-, sino en tanto en cuanto sea capaz de expresar la realidad social, es decir, la historia
de las mujeres en la Galicia del siglo X".

285

Estamos, en definitiva, ante un nuevo planteamiento y una nueva manera de hacer y entender la
historia de las mujeres que merece ser destacado. Porque novedoso es abordar y estudiar la poca
altomedieval a travs de un personaje, en este caso IIduara, que se relaciona con el medio, con su
entorno familiar, con la sociedad de su poca, explicando y ayudando a entender la ordenacin del
territorio, las relaciones familiares, las bases econmicas y de poder de la aristocracia, as como los
rasgos culturales y religiosos que determinan en gran parte las caractersticas de este perodo.
Por otra parte, la visin que tenamos hasta ahora del siglo X, de la dcima centuria, era una
visin pesimista, de una poca dominada por el milenarismo, el oscurantismo, la inseguridad, la
incomunicacin, etc., imagen que se revela muy diferente tras la lectura del libro que comentamos.
El siglo X se nos muestra aqu como una poca de intercambios culturales, de relaciones fluidas
entre el mundo cristiano y musulmn, de contactos con el mundo carolingio, que nos permiten ir
descartando esa imagen tan pesimista ofrecida hasta ahora por la historiografa e ir vislumbrando
esta poca con un mayor optimismo.
Las fuentes que han servido de base para el desarrollo de la investigacin han sido
principalmente las fuentes escritas: tanto los documentos del siglo X que componen la coleccin
diplomtica del monasterio de Celanova, como la obra narrativa del monje Ordoo titulada Vita
Rudesindi, compuesta en el siglo XII. A estas fuentes, ya publicadas, habra que aadir esa
percepcin del espacio objeto de estudio, desde una contemplacin actual del territorio, de los
restos y vestigios que han quedado del pasado, lo que, con ayuda de la cartografa y la fotografa
area, han permitido a su autora un conocimiento ms preciso de su configuracin y organizacin
en la poca altomedieval.
Este ha sido desde nuestro punto de vista uno de los logros ms destacados del primer captulo
del libro, el referido a IIduara y su paisaje. La organizacin social del espacio no parece haber
experimentado cambios trascendentales en el siglo X, sino que es heredero de viejas tradiciones.
"Los cambios percibidos en la casa propia, en el monasterio fundado, en la iglesia edificada, en el
nacimiento de un lugar habitado, no afectaron esencialmente -como nos dice la autora- a la idea de
una estructura -la de la villa y su espacio englobante- que, en sus lneas esenciales, no se alter en
el tiempo de IIduara". Por eso, an contemplando estos cambios en el paisaje de su entorno, no se
puede afirmar la idea de ruptura en la organizacin del territorio respecto a la poca precedente,
sino ms bien la idea de continuidad. Los documentos del siglo X permiten confirmar a su vez la
imagen de un espacio "profundamente humanizado e intensamente explotado" en algunas de las
villas estudiadas, principalmente la de Rabal, lo que invita a reflexionar sobre "los orgenes del
proceso de crecimiento demogrfico y econmico de los siglos centrales de la Edad Media".
En el segundo captulo del libro, titulado "lIduara y su gente", se analiza el mbito de la familia
y las relaciones familiares a travs de la estructura del parentesco y del matrimonio. Adems, como
novedad, se inicia el captulo con un estudio sobre antroponimia, es decir sobre los nombres de
persona documentados en el siglo X, indicio revelador de la estructura y el cambio social, lo que
aplicado por la autora a la historia de gnero, le permite comprobar que en estos momentos "el
peso de los hombres est bien asentado en la mentalidad y en la realidad social", pero tambin que
"la posicin real de las mujeres en la organizacin de la familia y en el sistema hereditario, parece
ms equilibrada de lo que de antemano poda pensarse".

286

En cuanto a la genealoga de IIduara, M Carmen Pallares da tambin un paso hacia adelante y


aporta nuevas reflexiones hasta lo ahora propuesto y admitido por los historiadores Emilio Sez y
Rubn Garca Alvarez. En el esquema genealgico del grupo familiar de IIduara se pueden
comprobar los resultados de su investigacin, cuyas novedades se refieren a la primogenitura,
matrimonio y descendencia de Munio, uno de los hijos varones de Gutier e IIduara.
Resulta tambin muy interesante la lectura e interpretacin que hace sobre la maternidad de
IIduara a travs de la Vita Rudesindi, en donde Ordoo de Celanova, fiel a la tradicin, presenta a
la protagonista "recurriendo a la intercesin divina, en tonos dramticos y hasta obsesivos, para
alcanzar la gloria de un embarazo y un parto que tardaban en hacerse realidad", Tras superar estas
dificultades el hijo nacido fue Rosendo y no se transmiten noticias de que hubiera un hermano
mayor, lo que le ha llevado a revisar la teora de la primogenitura de Munio. El vaciado sistemtico
de los datos antroponmicos a partir de los documentos del Tumbo de Celanova le permiten afirmar
tambin que el Munio que aparece como esposo de Elvira no es Munio Gutirrez, el hermano de
san Rosendo. En definitiva, presenta lecturas diferentes pero al mismo tiempo novedosas,
convincentes y bien argumentadas sobre el entorno familiar de IIduara.
Por ltimo, analiza las relaciones de parentesco, confirmando lo ya sabido por otros trabajos
sobre la estructura de la familia aristocrtica en la Galicia altomedieval. El principio cognaticio
implica un reparto equitativo del patrimonio entre todos los hermanos sin distincin de sexo o
edad, lo que supone para el grupo familiar de IIduara y para toda la aristocracia gallega una
situacin de permanente inestabilidad, que tratar de contrarrestarse por medio de la fundacin de
monasterios familiares, de las cartas de profiliacin y sobre todo de las alianzas matrimoniales.
En definitiva, plasmacin de una realidad social, en este caso el mundo de la familia, que la
autora analiza a travs de IIduara, de su concepcin del matrimonio, de su participacin activa en
la relacin personal, del ejercicio de la maternidad, de la crianza y educacin de los hijos, aspectos
todos que permiten un conocimiento ms profundo de la estructura de la familia y de las relaciones
familiares en la poca altomedieval.
El tercer captulo del libro gira en torno al tema de la propiedad y el poder. Con los documentos
disponibles la autora elabora unos mapas de los territorios donde IIduara adquiere bienes durante el
matrimonio y la viudedad, as como de los bienes que dona despus al monasterio de Celanova.
Todo ello viene a confirmar la gran envergadura del conjunto patrimonial de IIduara, base de su
poder econmico, y sobre todo su dispersin, no slo por el mbito de la Galicia actual, sino
tambin por las zonas limtrofes del Bierzo, Len, Asturias y Portugal.
En relacin con el patrimonio, es interesante conocer el sistema de explotacin de estas
propiedades. Ante lo poco que se sabe acerca de los sistemas de gestin de la propiedad en poca
altomedieval, y todo hay que decirlo, ante las propuestas diferentes, e incluso contradictorias, de
algunos historiadores sobre la pervivencia o no del sistema esclavista en los siglos IX y X, M
Carmen Pallares asegura que en la Galicia del siglo X perviven los dos tipos de servidumbre, tanto
la domstica como la rural, aunque con un mayor peso de esta ltima. "El trabajo de las tierras de
la aristocracia -aade la autora-, tanto en las explotaciones agrarias unitarias de mayor
envergadura, como en la serie de pequeas explotaciones enmarcadas en las villae, corre a cargo de
siervos y tambin de campesinos libres que entran progresivamen-

287

te en la dependencia seorial". Por eso, cree que no es fcil contestar si la sociedad del siglo X en
Galicia se puede caracterizar como una sociedad esclavista o de tipo feudal, parecindole ms bien
que se trata de "un siglo de transicin".
La cercana del poder es el ttulo del tercer apartado con el que M Carmen Pallares trata de
reflejar el papel de IIduara en el escenario poltico del momento. A pesar de las dificultades reales
que entraa el desarrollo de este tema, es posible conocer la participacin de IIduara en la funcin
directiva a travs de su papel de esposa y madre de condes.
En la Galicia anterior al siglo XI parece arraigada la tradicin de una monarqua sagrada de
origen divino y carcter pblico. Los reyes, para atender sus funciones, acuden a la colaboracin
de los aristcratas y esto se comprueba cuando Alfonso IV concede a Gutier Menndez, el esposo
de IIduara, los condados de Quiroga, Castilln, Saviao, Loseiro, Ortigueira y Lor para ejercer en
ellos por delegacin ad imperandum los poderes del rey. La autora precisa que una delegacin de
estas caractersticas poda ser usada por sus destinatarios en beneficio propio y particular, aunque
todava no se trate de un "seoro feudal".
IIduara participa de forma indirecta en este entramado, recibiendo de su marido donacin del
botn de guerra de la frontera, ofreciendo proteccin jurdica en las asambleas de justicia, y sobre
todo participando de forma directa en la cercana del poder, cuando Ramiro II concede en el 942 a
su hijo Froila el gobierno de distintos territorios. Se trataba de partes de condados o decanas, en
donde se observa un ejercicio compartido del poder y de los beneficios econmicos que la accin
poltica comporta y genera.
El ltimo captulo trata de la formacin cultural y religiosa de IIduara. Se insiste en la idea de
superar la imagen tradicional del siglo X como un siglo oscuro desde el punto de vista de la cultura
y la creacin intelectual. Y para demostrar que sta no es una poca de incomunicacin, sino de
contactos fluidos entre el mundo islmico y el cristiano, se trae a colacin la rpida transmisin del
texto de la "Pasin de S. Pelayo", un texto compuesto a mediados del siglo X en Crdoba sobre
este mrtir adolescente, y cuyo culto se difunde en el occidente de la pennsula muy pronto, como
prueba el hecho de que en la villa de Rabal se documente en el ao 959 un monasterio bajo la
advocacin de este santo.
An reconociendo las dificultades que entraa el desarrollo del tema de la cultura y vida
intelectual, parece ser que IIduara tuvo acceso a la misma por la importancia que concede a los
libros, instrumentos bsicos de la transmisin y de la formacin cultural. Los libros donados por
IIduara y su hijo Rosendo al monasterio de Celanova, en su mayora libros litrgicos y obras
doctrinales, pero tambin el Goticum, es decir la coleccin de leyes visigodas, demuestran el
conocimiento y el uso del cdigo legal, as como la amplia preparacin cultural de esta mujer,
aunque sin duda el signo ms inequvoco de que IIduara era una persona letrada, sea el hecho de
que suscriba de forma autgrafa en los documentos, es decir, que firme con su nombre en los actos
jurdicos en que participa. Es cierto que no disponemos de los documentos originales, pero "es
significativo -como dice la autora- que el copista del Tumbo de Celanova, elaborado en el siglo
XII, se haya preocupado de imitar el signo con que IIduara se identificaba".
Uno de los aspectos ms interesantes del libro quiz sea el de la proyeccin religiosa de IIduara,
analizado a travs de las fundaciones monsticas. La familia de IIduara y ella misma, han sido
protagonistas de varias fundaciones de monasterios

288

dplices. Ahora bien, la figura de IIduara aparece estrechamente vinculada a la "reforma


monstica" llevada a cabo por su hijo Rosendo, y es aqu donde se habla de "ruptura con la
tradicin que supone la inexistencia de comunidades dplices en los monasterios directamente
vinculados a San Rosendo e IIduara".
Como es sabido, el rgimen de gobierno de los monasterios con comunidades dplices se
caracteriza por su falta de uniformidad. Hubo monasterios presididos por un abad, por una abadesa
y otros por ambos a la vez. Es con respecto a estos ltimos, los presididos o copresididos por una
abadesa, contra los que se rebelan los clrigos carolingios proponiendo un cambio radical de
participacin de las mujeres en la vida cenobtica. En efecto, los principios de la reforma iban
encaminados a la estricta clausura, la gestin de los bienes se encomendaban a personas de fuera y
se propona la austeridad de vida y la separacin tajante de ambos sexos. Los clrigos de los siglos
IX y X proponan una reduccin muy drstica de la actividad de las mujeres en la iglesia, y en
consecuencia, tambin en la sociedad del momento.
En Galicia, desde el grupo familiar de IIduara se hacen crticas contra los monasterios dplices.
La raz de todos los males est en la relacin y convivencia entre hombres y mujeres, y la reforma
debe asentarse por tanto en su estricta separacin. De ah que el monasterio de Loio acabe siendo
solo un monasterio de hombres, mientras las mujeres apartadas llevarn vida monstica en el de
Sta. Marina de Portomarn, que ser solo de monjas sometidas a clausura y dependientes
econmicamente del monasterio masculino. Los principios de la reforma parecan ya plenamente
aceptados.
Sta. Comba de Bande se integrar definitivamente en el monasterio de Celanova fundado por S.
Rosendo, que se trata -segn afirma M Carmen Pallares- de un monasterio familiar, pero no
dplice. Aunque IIduara particip en la fundacin de Celanova, no pudo participar en su vida
monstica y recurri, ya en la etapa de viudedad, a una nueva fundacin, el monasterio de Sta.
Mara de Vilanova, un cenobio de mujeres en el que ella misma se acogi al final de sus das.
IIduara fue enterrada en Celanova, el monasterio que haba sido fundado por su hijo Rosendo y
bajo su amparo, pero al que no pudo entrar sino despus de muerta. La aceptacin de los principios
de la reforma y las innovaciones que, en el seno de la Iglesia, anuncian la mujer de poca feudal,
llevan a la autora a reconocer que el camino que IIduara recorre es sin duda el camino que en su
tiempo tena un largo futuro.
En definitiva, IIduara, una aristcrata del siglo X es una obra de gran inters para los
historiadores medievalistas, y sobre todo, una gran aportacin para el conocimiento de la Galicia
de la dcima centuria.

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MINIUS VIII, 2000, pp. 291-293

Bads Fernndez, X. (Co.), Lethes: Cadernos Culturais do Limia.


Centro Popular do Limia. Outono de 1999. N. 1

EDUARDO BREOGN NIETO MUIZ


NATALIA ESTVEZ CRUZ

Lethes, con este nome coecase ro Limia nos seus tempos mis lendarios, cando as lexins
romanas anda non puxeran p no que logo florecera como Gallaecia. Con este nome tamn se
denominou a estes cadernos culturais, que recollen artigos e traballos adicados s rexins limis,
tanto desta beira da raia coma da beira portuguesa. Se por algo se caracteriza esta zona pola sa
riqueza histrica e cultural. Esta riqueza a que fixo posible a publicacin de Lethes. Neste
primeiro nmero recllense doce aportacins moi interesantes que nos acercan a zona da Limia,
vexamos cales son:
Como non pode ra ser doutra maneira no primeiro artigo de Antonio Balboa Salgado aparece o
mito do ro Lethes. Este ro coecase co nome de ro do "esquecemento" xa que segundo a lenda o
que o cruzaba non recordaba nada. Este feito levou a que a expedicin romana de Bruto se negase
a cruzar o ro. Ser ste o primeiro que cruce o ro amosndolle s soldados que o mito do ro do
esquecemento falso.
Menos coecido o tema do Galo na cidade asolagada da lagoa de Antela. Este simbolismo
estudiado por Castro Prez e Garca Valdeiras. stes fan un percorrido pola historia para explicar a
simboloxa do galo e a sa introduccin no mbito europeo. O feito de que o galo sexa importante
na zona confrmase coa presencia de veletas con forma de galo nos tellados, sobre todo na

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Limia e Norte de Portugal. Os autores conclen que o galo o animal solar por excelencia.
Ademais o galo amosarsenos coma unha ave festiva xa que est presente en tdalas festas do ano.
Como sabemos hoxe en da o galo forma parte do escudo municipal de Xinzo de Limia.
Moi interesante a aportacin que nos fai Martnez-Risco Davia titulada "Identidade cultural e
memoria colectiva na Limia". Neste artigo recllese o significado dos chamados "pelouros" de
Nocelo da Pena que tian para os habitantes propiedades mxico relixiosas e protexan os cultivos
da saraiba.
O autor fai unha denuncia ante a desaparicin destes "pelouros" pois a Comisin Provincial de
Monumentos de Ourense ordeara o seu traslado museo a pesar da oposicin dos vecios. Esto
un ataque contra o patrimonio cultural e un ataque espiritual. Sabemos que a pedra non ten valor
mxico pero recolle as crenzas colectivas do noso pasado. a modernidade contra a tradicin,
parece que non vale o progreso se non se destre o antigo, o tradicional, o que nos deu a nosa
personalidade.
Dennciase tamn a desaparicin do patrimonio cultural e ecolxico da comarca como
consecuencia da desecacin da lagoa da Antela. un dos artigos mis reivindicativos do libro.
Outro artigo que segue esta la reivindicativa o de Manuel Rivero Prez que nos fala do
impacto que causou a construccin do encoro das Conchas nas relacins sociais dunha serie de
aldeas. O ro pasou a convertirse nunha barreira entre aldeas que convivan xuntas nun espacio de
gran valor como era o de San Benito. Coa destruccin deste espacio, anda que a igrexa se trasladou
a outro emprazamento, destruiuse tamn unha fe sta que serva de unin entre tdolos habitantes da
zona e marcaba o tempo e a vida do lugar.
Para coecer as caractersticas da Paisaxe da Limia temos os artigos de Elena de Ua lvarez
que recolle as caractersticas do solo e do clima e o artigo de Jos Manuel Guedes, que fai un
estudio profundo das augas da zona. Son dous artigos que nos axudan a coecer a zona de forma
mis cientfica.
Rei Granha fainos un percorrido histrico do territorio portugus de Arcos de Valdevez.
Outro dos campos que se tocan neste primeiro caderno o de arqueoloxa, que tanto proveito
nos deu nestas comarcas e que tanto nos ten que ensinar anda con respecto s vestixios do noso
pasado.
As destaca a zona do Val do Salas polos seus megalitos. Nesta publicacin aparece un artigo do
arquelogo que levou a cabo a excavacin desta zona, trtase de Eguileta Franco. O mesmo
arquelogo mstranos como se levaron a cabo estas excavacin s e cales foron os seus resultados.
O arquelogo propn lector unha visita alternativa destacando os megalitos de Outeiro de
Cavaladre, Casia da Moura e Casola do Foxo.
Coecida tamn a mansin viaria de "Aquis Querquernis", p do encoro das Conchas. Neste
caso o artigo de Toms Vega Avelaira, quen nesta aportacin fai un estudio profundo dos restos
atopados e danos un avance das ltimas investigacins sobre o tema.

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En relacin coa arqueoloxa est o campo da recuperacin ou mis ben da posta en valor de
elementos da nosa tradicin, como poden ser vellos oficios e antigas estructuras. As temos
estupendos artigos sobre os oficios, xa casi perdidos, dos telleiros, escrito por ngel Cerrato, ou dos
canteiros, escrito por Pepe Calleja. Pero non por perdidos temos que esquecelos xa que reflexan
moitos dos valores da nosa propia personalidade coma pobo.
Para por en valor os elementos do noso pasado necesario un profundo coecemento desas
estructuras tanto fsicamente coma na sa influencia social no tempo. Esto precisamente o que fai
Manuel Seoane Feijoo amosndonos o funciona mento do muio que tanta importancia tivo na nosa
terra. O funcionamento do muio queda perfectamente explicado con axuda de boas
representacins grficas que son de moita utilidade lector. O remate do artigo faise un
chamamento para que os muios sexan conservados e formen parte da paisaxe.
En definitiva podemos apuntar que unha publicacin enfocada dende a seriedade e cunha boa
base cientfica pero non por eso dirixida a unha elite intelectual senn destinada a todo tipo de
lectores. Se ben pode resultar dun inters especial s "limaos" non deixa de interesar tamn a
calquera persoa preocupada polo coecemento das tradicins e da cultura do noso pobo. Esta
publicacin unha reflexin para que valoremos o que nos rodea e o que forma parte da nosa
cultura. un precioso exercicio de fusin de diferentes aspectos do coecemento dunha comarca
concreta, por eso sera interesante ampliar este tipo de publicacins a outras comarcas.

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