Amanecer
Amanecer
El joven ruso corre por el sendero del bosque. Es una maana soleada de verano y hace
calor, mucho, pero las copas de los rboles le protegen de los intensos rayos del Sol. Toma
carrerilla para saltar un tronco en medio del camino. Asusta al ciervo que sorprendido
emprende la huida. Ambos corren en paralelo. El joven sprinta. Aumenta la respiracin y las
zancadas. Por un instante, adelanta al animal antes de saltar y cambiar la direccin de forma
brusca, desapareciendo en la frondosidad. Afloja el paso cuando llega al caudaloso ro. Con
paso firme y buen equilibrio camina el rbol cado que lo cruza. Emprende de nuevo la
carrera hasta que llega a la pared rocosa. Practica la escalada libre durante el resto de la
maana. Desde la altura, observa las fabulosas vistas del parque natural. Siente el aire
fresco de la montaa. El silencio de la naturaleza es quebrado por el chillido del guila. La
majestuosa ave, planea el cielo con elegancia.
El joven ahora cuelga del techo rocoso. Pende de una mano y mete la otra en el saco de
polvos. Repite la accin a la inversa. Se concentra en el prximo movimiento. Visualiza las
fisuras prximas. Respira mientras se balacea. Salta con el impulso del cuerpo y libera los
dedos del hueco, sin embargo, no alcanza el objetivo. Cae de espaldas al vaco, moviendo
tenemos una cita -record-. Dejar programado el robot de cocina para entonces.
Hoy quiero terminar de pintar el cuadro que empec hace una semana.
-De acuerdo
Ms tarde
Pelirroja. As la llamo. Su cabello, largo y rizado, cae por la plida piel de los hombros
desnudos. Ceida en el vestido rojo, Laura, mi mujer, cruza las piernas infinitas en el nico
asiento del espectador mientras yo estoy subido en el pequeo escenario, tocando el
saxofn. La inteligencia artificial de la nave interestelar gestiona la luminotecnia de la
pequea sala, as como el sonido y los msicos virtuales que me acompaan en la intimidad
del concierto. El foco estrella mi silueta en el suelo y otro de luz tenue la alumbra a ella.
Sumidos en la penumbra y colores cambiantes segn la msica, Laura, despus de soltar la
bocanada de humo del cigarrillo, sostiene de nuevo el tubo de bebida alcohlica y hace
tintinear los hielos que se deshacen lentos, moviendo el zapato de tacn de aguja del pie
inquieto, me invite a mirar.
Su tobillo blanquecino, con el delicado tatuaje de la flor, y las piernas de muslos firmes,
tambin. Si. Las uas rojas de los dedos finos, tamborilean en el vaso al tiempo que toca el
pianista hologrfico. El rojo carmes de los labios saborea el cigarrillo, ms tarde, con el
sonido del trompeta. Pero sus intensos ojos verdes, almendrados, no apartan la vista ni un
solo instante de m. Tampoco cuando descanso y sigo el ritmo del batera con el chasquido
de los dedos, ya con el nudo de la corbata aflojado y el sombrero echado hacia atrs.
En el espacio profundo, no hay da o noches. Seguimos el reloj biolgico programado en la
computadora de abordo. A altas horas de la madrugada, dejo el instrumento sobre la silla
alta, tras despedirme del grupo virtual, me arremango la camisa blanca y sujeta los tirantes
del pantaln chino, mientras la miro con descaro.
Laura acepta la invitacin y se levanta. No encontramos en mitad de la sala. La sujeto de la
cintura. Ella rodea mi cuello con sus brazos y apoya la cabeza en mi hombro. Y bailamos,
muy despacio.
Ms tarde, la sala de realidad virtual se transforma. Desaparecen las figuras proyectadas y
da paso al restaurante italiano, perfectamente digitalizada la ambientacin. No hay ms
clientes, slo nosotros, y el camarero, un brazo robot del suelo que en realidad se oculta en
la holografa, nos atiende con agrado. A la luz de las velas, saboreamos la buena pasta y
copas de vino, observando la nebulosa estrellada por el mirador de la nave. Celebramos dos
la nave que funcionan sin descanso por nosotros, de aquello ya se encargarn las otras
Agencias espaciales del Planeta cuando desarrollen la tecnologa necesaria. Prcticamente
todo est automatizado o controlado por la computadora, pero cuando falla algo y quiero
hacerla de rabiar, a Laura la llamomecanicucho. Procuro no pasarme con las bromas
porque me amenaza con drogar mi comida y despertar solo, vestido con el traje espacial,
flotando en el infinito vaco. Y s que lo har. Lo veo en sus ojos felinos.
Una vez que tomamos los postres y terminamos con las botellas de vino, al comps del
violinista virtual que ameniza la velada, nos comemos a besos por el estrecho corredor de
luces rojas y orondos ventanales de la nave al habitculo de matrimonio. Nos quitamos la
ropa de camino para llegar desnudos a la cama.
Laura est encima de m. El largo cabello, rizado y pelirrojo, esconde el rostro mientras la
seccin del techo se torna transparente. Detrs de ella, aparecen las estrellas y los
fastuosos colores de la espiral gigante. La galaxia de Andrmeda se agita. Tiembla. La
Teora de cuerdas vibra con ella. El Universo se comprime y explota de nuevo, dando
sentido a la existencia humana. A navegar en el espacio profundo sin perder la razn. Abro
los ojos y veo que Laura se ha echado el cabello a un lado. Su rostro ocupa ahora el centro
AMANECER
Algo llama la atencin del pequeo reptil de escamas cristalinas que est encima de la roca,
gira la cabeza afilada y mira al cielo. Aurora es una bola de fuego que se desintegra en la
atmsfera del planeta enano. Se fragmenta y dispersa en pedazos humeantes.
Dentro de la nave interestelar resuenan todas las alarmas. Hay incendios en los diferentes
compartimentos y cortocircuitos en los aparatos auxiliares. Las compuertas de acceso a la
cabina estn fundidas por el calor del interior. El humo se propaga en cada rincn, cada vez
ms denso. Aurora cae descontrolada mientras las nubes del horizonte amenazan tormenta.
Sbitamente, estalla el motor principal y se parte en dos.
Una seccin se volatiliza por completo, la otra, dnde duermen los tripulante en estado de
gracias al tren articulado, en busca del mejor asentamiento. Los peculiares robots aseguran
cada movimiento por la superficie resbaladiza, iluminados por la claridad lunar que se refleja
en la garganta vidriosa y sume en la ms absoluta negrura el ambiente. Dos horas ms
tarde, llegan a una cueva.
La exploran y deciden establecerse. Los contenedores enfrentados se desarman, uniendo
sus tiendas tipo tnel, crean un mdulo de supervivencia, hermtico, con las condiciones
idneas para la vida humana, pues la atmsfera apenas es respirable. Se abren las tapas de
las cpsulas. Los sistemas de reanimacin poco a poco despiertan a los humanos. Cuando
el joven ruso abre los ojos, Laura ya ha pasado por la cabina de ducha, viste el traje espacial
y a la pequea mesa del habitculo come la racin del da. Incluso ha encendido los
monitores que muestran toda la informacin recabada hasta el momento.
-Buenos das -saluda a Dmitry, sorbiendo de la taza de caf.
-Magnfico -balbucea mientras abandona la cpsula-, Laura, de verdad, no puede ser mejor.
Desnudo, camina torpe hasta que entra en la cabina de ducha y cierra la mampara. Poco
despus se dirige al armario metlico del contenedor, viste el traje con el soporte vital y
dems aparatos auxiliares. El arma de energa, tambin.
los casos, nos rescatarn dentro de unos aos. Quizs, encontremos un vergel escondido o
un pueblecito de acogedores marcianos Quin sabe? Entretanto esperamos, podramos
recuperar el tiempo perdido en la criogenia y acostarnos un rato no?
-Mejor preparar el material de escalada y hacer la puesta a punto del traje -sentenci.
Horas ms tarde, cuando amaina la tormenta del exterior, los astronautas salen del
campamento base con todo el equipo necesario.
Descienden el abrupto terreno de rocas afiladas, en busca de alguna entrada, ya que los
sistemas de rastreo son intiles en aquel lugar, alumbrando con las linternas y los focos de
los trajes. La inclinacin es cada vez ms pronunciada hasta que llega a ser vertical. Echan
mano del equipo de escalada. Despus de asegurar los sistemas de anclajes y sogas,
utilizan las pistolas de cuerda dinmica que van sujetas al arns. Ambos disparan los clavos
en la fisura y comienzan a caer por la resbaladiza lava fluida. En cada tramo, mientras
permanecen sujetos a la pared, las pistolas recogen las cuerdas en el tambor. Tras un da
terrestre de bajada, deciden establecer la tienda de campaa en un saliente del precipicio.
Horas ms tarde, continan la bsqueda.
Al sexto da, se agotan las raciones de comida. Al octavo, empiezan las discusiones y el
hambre hace mella, sin embargo, tienen agua potable gracia al sistema de depuracin de los
trajes.
-Me escuchas, Dmitry? -comunica por radio.
-Dime
-Creo que veo una entrada. A las tres en punto. Voy a comprobarlo -a continuacin, empu
otra pistola y dispar la bengala, con la buena puntera y suerte de que el proyectil luminoso
cayera en la boca del tubo volcnico.
-Excelente vista, pelirroja! -responda emocionado-. Creo que lo mejor sera balancearnos y
tomar carrerilla por la pared para alcanzar la cueva no te parece?
-De acuerdo. Hazlo t primero. As cuando ests all, me ayudars a m vale?
-Voy entonces
El astronauta empieza a caminar por la pared. El balanceo cada vez es ms intenso y la
carrera ms larga hasta que en un ltimo esfuerzo consigue alcanzar la entrada del tnel.
Laura hace lo mismo, pero algunas Leyes son universales. Como la Ley de Murphy. Justo en
el ltimo instante, antes de que Dmitry pueda agarrar el guante de la compaera, el anclaje
de seguridad cede y cae al vaco. Laura se despea por el precipicio acuoso. Finalmente,
stas le apresan y con hijo de seda es encerrado en un capullo plateado. Inmovilizado por
completo, la respiracin se le acelera y entrecorta, an ms, al ver la descomunal ua que
atraviesa despacio el cristal del casco. A punto est de pincharle el ojo. Al momento de
inocular la ponzoa en la mejilla, Dmitry pierde el conocimiento.
No sabe el tiempo que ha pasado.
Ni qu lugar es aquel. Despierta tendido en el fro suelo de secreciones orgnicas de la
cavidad, apenas iluminada por filones de mineral brillante. La bveda y paredes porosas son
ocupadas por infinidad de criaturas aliengenas. De todas las formas y tamaos imaginables.
Reconoce a algunas, idnticas a la que arrastr a Laura.
Rayan las paredes con sus garras. Jadean y emiten sonidos guturales, enseando los
afilados dientes de las fauces, cuando despierta. Dmitry se yergue a duras penas, vestido
nicamente con la prenda interior de celulosa. Para su sorpresa, descubre a Laura sentada
en la roca basltica con las piernas cruzadas, rodeada por los seres pigmeos que la suplican
con los huesudos brazos en alto, y flaqueada por dos horrendos monstruos de morfologa
arcnida.
Lleva puesta la ropa intima de celulosa. El abundante y rizado cabello rojizo cae sobre los
-Tu marido
-Marido? -pregunta, masticando al gusano vivo. Otra onda de energa invisible brota de la
frente y lo estrella de nuevo.
-Recuerdas el da que nos conocimos
-Es hora de que mis hijos coman
-La misin espacial
-Mis hermanos, tambin -hizo una seal para que todos se acercaran.
-El planeta Tierra nuestro hogar -los arcnidos, otras extraas criaturas y seres pigmeos le
rodean con las fauces abiertas. Sin embargo, a punto de abalanzarse sobre l, escucha una
palabra familiar.
-Dmitry -pronuncia Laura, previamente a desfallecer y caer al suelo.
El joven ruso se apresura a atenderla. La arranca las afiladas uas de la espalda. Supuran
lquido azulado por el suelo mientras las venas se recogen en los arcnidos que hay detrs
de l. La coge en brazos y mira alrededor, buscando una salida, ms all de los seres
albinos que estn paralizados.
Esta vez, te permitimos vivir -escuch la voz mental-. Debes saber que en cuanto te
olvide, dentro de veinticuatro horas, te devoraremos Depuramos la atmsfera para que sea
respirable durante la metamorfosis Eso te beneficia Aunque siempre tendrs la
oportunidad de saltar al precipicio por alguna salida.
-Nunca la dejar! Me oyes, maldito monstruo -dijo a viva voz-. Jams!
Ella te est abandonando El veneno ya fue inoculado y pronto se convertir en lo que
realmente es El regalo de los Dioses Por fin, ha regresado a nosotros -una de las patas
seal a la bveda. Dmitry descubra en aquel momento las pinturas de la pared. Un rostro
humanoide. El cabello y rasgos del rostro eran muy similares a Laura, incluyendo el mismo
ojo ensangrentado-. Quien nos guiar a Arcana, la tierra prometida.
-Regalo de los Dioses? Pero de qu demonios hablas? Es imposible! -responda-. Estis
equivocados.
Tus palabras vacas no nos confundirn Es nuestra -escucha en su mente.
-El parecido slo es fruto de la pura casualidad!
Sigue el tubo que hay debajo del Regalo de las Estrellas Tras la siguiente cavidad,
encontrars un lugar seguro y agua canalizada No abandones el camino o morirs al
instante -todas las criaturas desaparecieron por los agujeros y los dejaron solos en la
penumbra del fondo. No puede verlas, pero las escucha perfectamente. Antes de dar un
paso ms, una sombra se proyecta delante de l, al momento, un bulto se estrella contra el
suelo. Por un instante puede ver al peculiar astado de seis ojos como se agita, cayendo al
vaco. Entonces, los gritos ensordecedores de las criaturas se mezclan con los bramidos del
aterrorizado animal. Retornan los susurros. Dmitry transita el puente de obsidiana muy
pendiente de las alturas, pues los cazadores alados por los tubos tambin estn soltando a
las presas que capturan del exterior. Esquiva a los animales que caen vivos, a medio
camino, de repente, se eclipsa un tubo. Tiene un terrible presentimiento. Sin pensarlo dos
veces, echa a correr. Vuelve la claridad y distingue el enorme bulto, movindose en el aire.
Dmitry y el paquidermo de gran tonelaje se acercan al mismo tiempo al final del puente
natural. La arden las piernas y escupe saliva con cada respiracin, pero no suelta a Laura o
desiste en el empeo. Slo corre.
Salta a la boca del tnel en el preciso momento en que el animal se estrella detrs de l y
derrumba la estructura de piedra.
Jadea tendido en el suelo, junto a Laura.
Poco despus, el joven ruso encuentra la oquedad apartada de las dems. Tiene la
Se atraganta, dando bocanadas la falta el aire. Dmitry la levanta de medio cuerpo y presto la
sujeta contra el pecho hasta que rompe a toser, escupiendo saliva verdosa. Por un instante
abre los ojos y le mira, esbozando una sonrisa.
-Ya casi no te recuerdo -susurra-. La persona que conociste est desapareciendo. Pronto
me convertir en algo diferente, otro ser, otra cosa. Lo siento arder por dentro y quiere salir.
Me dieron a comer bichos asquerosos que estn cambiando mi ADN. De alguna manera,
tambin s que los gusanos deliciosos -sonre de nuevo-, desarrollan mi estructura
sea.
Laura junta las manos temblorosas y vomita bilis de color ambarina que rebosa por los
dedos finos.
-Aqu est mi alma Unta esta especie de resina en el pelo y base de la nuca. En el pecho,
delante del corazn. En la celulosa. Las palmas de las manos y en la planta de los pies. La
sustancia se convertir pronto en coraza orgnica, te proteger No pedo ofrecerte ms
cario mo
Dmitry, con los ojos inundados de lgrimas, as lo hace, sin rechistar, mientras de sus labios
escapa una cancin;
Oy Moroz
Oh moroz, moroz
Ni moroz menya
Ni moroz menya
Moyavo konya
Laura deja caer las manos temblorosas y con gran esfuerzo la ua afilada seala al suelo
antes de desfallecer.
-Volver por ti -se despide. Dmitry coge otro mineral brillante que encuentra de paso y con
una pieza en cada mano empieza a correr por el estrecho tubo. Inmerso en las tinieblas,
siempre busca las aberturas que descienden.
El joven ruso corre con determinacin la porosidad en forma de caracol. De los numerosos
intersticios empiezan a salir gigantescos engendros, semejante a ciempis, que le lanzan
dentelladas. Los evita con habilidad. Le persiguen. Pero no mira atrs. Su pensamiento est
con Laura. Cada momento con ella le viene a la memoria. Y su zancada es vigorosa, cada
vez ms rpida, al igual que la respiracin perfectamente controlada. Siente el roce de
alguna antena y escucha el sonido de las garras a un palmo de l.
No teme porque la voluntad humana es fuerte. El amor por ella hace vibrar cada clula y
corre ms. Muy rpido. Ahora, es una especie que compite con otras por sobrevivir.
Alcanza la salida de caracol para saltar con todas sus fuerzas al borde del abismo. Vuela.
Agita los brazos y piernas. Se estrella en la pared oscura. Resbala algunos metros hasta
que sus dedos dorados encuentran fisuras donde sujetarse. El torrente de criaturas
extraterrestres cae y desaparece en la negrura. El joven escala durante un tiempo indefinido,
en paralelo a la veta del mineral lumnico.
Alcanza el techo.
Pronto se da cuenta de que debe superarlo, pues la vista no alcanza a ver otro camino y las
fuerzas comienzan a flaquear. Se cuelga por las grietas hasta llegar cerca del final, sin
embargo, descubre la peor de sus pesadillas, ya que la prxima no est cerca. Respira
hondo y despacio, concentrndose en el movimiento. Se comienza a balancear.
Cada vez ms fuerte con ayuda de las piernas. Sin duda ni miedo, realiza el salto. El
explosivo impulso de piernas y brazos por un lapso de tiempo le deja suspendido en el
vaco. Una mano falla, slo golpea techo. La otra alcanza el objetivo, aunque no tiene fuerza
suficiente y nota que los dedos se escurren en la fisura. Pero no cae. El anillo de casado,
posterior de los ojos, cerca de las alas largas y delgadas que se mueven con rapidez. El
insecto nota el bulto, se agita, pero Dmitry no slo se agarra con fuerza al exoesqueleto,
aguantando los giros bruscos que pretenden hacerle caer, sino que empuja la cabeza de la
criatura y en seguida inicia el descenso. Vuela por la nube de seres alados que trabajan en
las colmenas. Una vez que est sobre el artefacto, distingue las celdas del suelo que lo
sujetan, y se libera del gran insecto para caer en la punta piramidal. La platilla de resina que
recubre los pies agarra bien en la superficie metlica y el joven ruso se puede desplazar sin
problemas.
Se dirige hacia otra figura polidrica. Camina la seccin del cubo que sobresale de la cara
hasta que llega a la pared de otro, formando un ngulo de noventa grados. Descubre
grabados en los crculos concntricos. Sin sentido e incomprensibles. Sin embargo, en el
centro slo existen cinco puntos.
Dmitry no sabe por qu, pero tiene un presentimiento. Pone las yemas de los dedos con
resina en cada uno de ellos. Sbitamente, los signos resplandecen y los crculos giran en la
pared de espejo oscuro. Se abren las cerraduras de las piezas circulares hasta despejar la
entrada. Camina despacio bajo el umbral de la puerta. Sumido en la oscuridad, se cierra de
Mensaje
Reconociendo especie
Aplicando el protocolo neuronal
Traduccin simultnea
Si eres capaz de escucharme -oye la voz mental de la gigantesca araa que hay enfrente
de l-, podrs respirar. Tranquilzate. Tampoco me tengas miedo, ser tu gua, porque
entonces el Regalo de las Estrellas, por fin, habr llegado a nosotros. Ahora, levntate y
presta atencin. Te contar lo ocurrido, desde el principio, ya que soy el primigenio de la
nueva especie y debo hacerlo. Hace varios milenio, la familia de viajeros de las estrellas
lleg a este pequeo planeta -una de las patas seala a la nave aliengena que est
aterrizando-. La hija menor, sufra una grave enfermedad. Se mora. Los humanoides
desconocan la cura. El cientfico -visualiza como la figura, delgada y alargada, que viste el
ceido traje espacial, con la pequea mochila de luces parpadeantes a espaldas, abandona
la nave y levita sobre el terreno-, fue a explorar el nuevo mundo mientras la esposa presta
atencin a la pequea en la cpsula mdica.
Durante lunas, experiment en el laboratorio con los distintos organismos que fue
encontrando hasta que hall la cura, en el veneno de la diminuta criatura arcnida. Aquella
formula, salv a su primognita de largos y rizados cabellos rojizos. Ensangrent uno de los
grandes ojos ovalados, mientras que el otro tuvo el iris verde. Le otorg el don de la
clarividencia. Asimismo, la capacidad de comunicacin con todos los seres vivos -Dmitry
ahora est presente en la sala mdica y puede ver a la pequea humanoide que sostiene en
la palma de la mano a la susodicha araa, acercar el odo para escuchar-. Como
agradecimiento por devolver la vida, suplic al padre el deseo de la minscula araa, a
travs de los ojos infantiles.
De esta manera, el cientfico gracias a la ingeniera gentica, me concedi la cualidad de la
inteligencia y la promesa del nuevo mundo. Durante toda la vida he procreado y mi
descendencia ha predicado la palabra de la Deidad. Nuestro veneno inocul mutgenos a
otras especies que aparte de la comprensin les hizo ms grandes, fuertes y resistentes. As
naci un nuevo orden jerrquico dentro de la naturaleza del planeta. Soy viejo. Muy viejo y
estoy a punto de morir, no ver el nuevo amanecer, pero si lo ests escuchando, todos los
milenios de evolucin, el regalo de los Dioses, habrn merecido la pena.
Porque los hijos de mis hijos, si lo vern -la gigantesca araa se arruga y encoge muy
despacio-. Una vez que regresaron a la nave nodriza, construyeron arcas romboidales que
dejaron ocultas por el planeta. Cada una de ellas tiene un propsito social para la invasin;
Reina. Soldados. Obreros y Polinizadores. -palidece, se consume, a la vez que el viento
la penumbra del vrtice se descuelgan los gigantescos arcnidos junto a ella, le miran con
los mltiple ojos verdosos mientras mueven las uas-. Mis hermanos te devoraran ahora
mismo, pues no recuerdo quin eres Sin embargo, debo respetar la ltima voluntad del
Regalo de las Estrellas y entregarte esto.
Dmitry, todava ms sorprendido, coge el arma de energa que le ofrece. La empua con las
dos manos para apuntar al rostro de belleza demonaca. El ojo sangriento le mira fijamente y
estremece. Aprieta el gatillo despacio. A punto de detonar el disparo de energa, encuentra el
otro humano, almendrado, color verde esmeralda, por un breve instante, cree ver a su mujer
y duda.
-Morirs de todas formas -la lengua bfida relame los carnosos labios morados-. Slo
guardo el recuerdo del planeta Tierra Arcana para m pueblo. Soy el Mesas que los
guiar al sueo prometido en la Va Lctea. Lo conquistaremos y los de tu especie nos
servirn de alimento todos sin excepcin. Pero el destino no est en manos del Regalo
de las Estrellas, nuestra Deidad. Las premoniciones y clarividencia de la pequea slo
llegan a este encuentro. Lo que suceda a partir de ahora, no ha sido soado.
-Te matar, monstruo -grita.
Sin dilaciones, encaona la frente despejada y la empuja hasta que se arrodilla en el suelo.
Dmitry comprende ahora que no le matarn antes de que tome una decisin, pues tambin
ha ocultado el otro requisito de la pequea clarividente aliengena, bien llamada, El regalo de
las Estrellas.
La criatura de ncar y color sangre no conoce el miedo o sentimiento alguno. No est en su
naturaleza. As, permanece inmvil al igual que los descomunales arcnidos que hay cerca.
Para mayor desconcierto de Dmitry, algo cambia en el rostro inmutable. Una lgrima rebosa
del ojo esmeralda y corre hasta que llega a los labios carnosos, entreabiertos.
-Qu sucede? -la criatura con voz temblorosa, recoge otra lgrima con la afilada ua. La
escudria con la mirada. Un ojo humano y otro demonaco. Por un lapso de tiempo, se
pierde en la ausencia. Las facciones duras del rostro extraterrestre en aquel momento se
relajan, mostrando la efmera humanidad que an conserva.
-Laura? -tartamudea.
-Yo no -ambos se ponen en pie, ya sin la amenaza del arma-. D Dmit Dmitry?
El joven ruso lanza el arma lejos de all. Ahora lo comprende todo. El destino est escrito, si,
desde hace mucho tiempo atrs en las estrellas. No fue casualidad que conociera a Laura.
cmaras de hibernacin han guardado la flora y fauna del planeta, dispuesto para la invasin
y reclamar la tierra prometida, Arcana, que un da vaticin el Regalo de las Estrellas. Como
so con Dmitry y Laura, transformados, rumbo a la Va Lctea.