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El Reino de Las Trevas

El protagonista, atrapado en un bunker, experimenta una serie de visiones perturbadoras y recuerdos traumáticos mientras lidia con su sordera y el frío de la noche. A través de una mezcla de terror y surrealismo, se enfrenta a sus demonios internos, incluyendo recuerdos de su infancia y una relación complicada con su abuela. La narrativa culmina en una pesadilla donde el protagonista se siente atrapado entre el deseo y el horror, antes de ser despertado por la alarma del reloj.
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El Reino de Las Trevas

El protagonista, atrapado en un bunker, experimenta una serie de visiones perturbadoras y recuerdos traumáticos mientras lidia con su sordera y el frío de la noche. A través de una mezcla de terror y surrealismo, se enfrenta a sus demonios internos, incluyendo recuerdos de su infancia y una relación complicada con su abuela. La narrativa culmina en una pesadilla donde el protagonista se siente atrapado entre el deseo y el horror, antes de ser despertado por la alarma del reloj.
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El reino de las Trevas

Una msica de carrusel me despert en la madrugada en medio del bunker, lo s porque la


luz del alba lo avisa por la ventana. Pero an, estn los dominios de la noche y por eso me
quedo perplejo. Ms particular resulta para m, recordar que soy algo sordo, y hace dcadas
que perd este don, y qu algo tan curioso como esa msica de campanitas zumbando en
mis odos active mis recuerdos de cuando se anunciaba que la feria, el circo o el heladero
haban llegado.
Ms dormido que despierto, y con el pelo como un punkero, desparramo todo lo que hay en
mi escritorio para buscar la hora y la data que da el reloj. Remuevo las piedras mudas de
mis ojos, las lagaas secas que alberga mi alma, para sentir que estoy vivo, que gane otra
partida en este ajedrez de muerte con el creador.
Encuentro el reloj, observo, y son las 00:00horas, creo que mi mente me ha hecho una
jugada. Ya en pie, me envuelvo en una toalla de bao, por el fro sdico que tiene la
estacin de invierno, y voy con linterna en mano para la cocina a tomar agua, a ver si al fin
me tranquilizo.
Todo est en silenci, el agua de la nevera esta al clima, y medio vaso en un copo metlico
transforma lo ardiente de mis carnes lisonjeras en una urgencia similar. Ahora, debo ir a
orinar.
Camino otros pasos hasta el bao, asegurando que las luces estn encendidas para que
pueda volver a salvo otra vez a la cama. Prendo la luz del bao, aseguro la puerta y tengo
cuidado de no mirarme en el espejo, hago una triquiuela para evitar esa imagen, slo
viendo la sombra de aqul punk cuasi geritrico.
Orino con la mano izquierda en la cintura, y con la derecha sosteniendo mi calzoncillo,
mientras pienso que no sufro de la prstata, porque como decan mis colegas, si el chorro
sale fuerte y suena, no hay necesidad de ir donde el enamorador urlogo. -Siempre era el
mismo pensamiento cuando acuda al bao, pero despus tal labor siempre sala aliviado-.
De vuelta para la puerta no se poda dejar de lado la esquizofrenia por los grmenes, as
fuera del propio bao, y tendra que lavarse las manos para acompaar a Carreo y, su
sentido estricto de la salud.
Abriendo la canilla del lavamanos, siempre se enfrentaba con temor a otro mundo uno
donde la esvstica siempre brillaba, aquel que reflejaba en el espejo. En esta ocasin
mientras se jabonaba las manos, no noto ms que la cresta impoluta que la almohada
causara a su cabello. Cerr los ojos unos instantes a ver si poda escuchar algo de nuevo, y
nada. Todo como en las ltimas cuatro dcadas cuando iniciara a perder su odo. -El
silencio era una tapia, un muro que se haba construido en torno de l, infranqueable-. Se

apur por el frio y devuelta a la cama, con la linterna encendida, reviso que todo estuviera
en su lugar.
Quiso mirar de nuevo el reloj para ver la hora, pero le dio pereza, al fin y al cabo, que
mirara ese aparato o no lo hiciera, no iba a aceleraba la llegada del da.
La cama estaba tibia y ms caliente las cobijas. Se fundi con las cobijas para que el frio de
la noche no se sintiera. Pasados unos instantes y tras repetir una oracin, redunda la osada
y vuelve a conciliar el sueo.
No pasaron ms que unos segundos cuando brinca de un salto, otra vez la msica
infrahumana la est escuchando. Alarga la mano bajo la almohada para encender la
lmpara. En esta ocasin, est seguro de que oye, y mientras ms escucha ms negra su piel
se tornaba. Sin duda, est de cara frente al miedo, y le da un ataque: una parlisis de sueo,
un ataque del ms all, con la muerte cabalgando sobre l, como una mujer bien ardiente
queriendo hacer el amor, o quiz partirle el pubis por sus movimientos grotescos, como
cuando asientas t pulgar sobre ese huevo hervido que se pasa de cocimiento. Cierro los
ojos fuertemente, porque mi cuerpo no lo puedo mover un pice, a duras penas la
respiracin agitada. Aprieto los ojos, porque quiero despertar, que alguien me saque, me
rescate o me despierte, que alguien me asesine, o me d un camino para empezar y terminar
en un horno crematorio, pero que alguien haga algo.
Un olor a almizcle me empapa, y siento la presencia de un scubo. Lascivos besos que
deslizan la lengua por la mejilla y por la boca, hicieron que abriera por unos instantes mis
ojos viendo a mi abuela encinta, cuando tena once aos, y no quiso abortar. Se sacude, se
menea; esta visin hizo de esa despedida una marca en mi alma, por el acto del incesto.
Record que mi abuela qued embarazada a los once aos de mi madre, y siendo tan joven
no quiso abortar, porque aunque no dijo quin era el (su) padre de la creatura, s les aclaro a
todos en su familia, que hizo el sexo con conciencia y con la fuerza de la pasin que a su
corta edad senta, porque ella quera.
Menee la cabeza fuertemente, y ah, pude ver el scubo sobre mi an. Curvas delicadas,
senos escurridos y carne podrida que caa sobre m cuando ella se mova en su pasividad.
Yo mientras segua paralizado. Sintiendo movimientos peristlticos, y record que por el
fro no me haba lavado bien las manos, cuando fui al bao. En un santiamn, una lombriz
emerge desde mi ano sin avisar. Ese pedazo de Taenia se ha extraviado de su curso habitual.
Como un relmpago siento en mi entrepierna algo pegajoso arrastrndose con ventosas que
me hieren, y emerge frente a m ese inquilino ingrato.
Pap siempre dijo que ese animal, en nuestra barriga meda metros de longitud. La lombriz
pareci estar leyendo mis pensamientos, y me miro, como se mira lo prohibido. Quise

tirarme por la ventana ante tal espectculo, slo deseaba en ese instante morir para que no
me pongan ms en lo oscuro de este sueo.
Unos ojos mate oscuro me miraban trepidantemente queriendo hablar. -Agradec que no
pudiera-, pero la naturaleza es traicionera. Me dijo con una dulce voz de mujer: eres la
mejor de las fiestas, sin poderse disfrutar. Yo ser la que lave los platos, y me coma las
migajas que salen de tu ano.
Mi cuerpo convulsiono, y vomit verde-amargo. Mi nariz no daba abasto. Nunca haba
sentido tanta repulsa por algo. Me ahogaba en ese pozo de vmito, y nadie haca nada, mi
menudo cuerpo ya de por s era una insignificancia. Todo por querer dormir bien, por un
buen techo bajo la cabeza, pues siempre haba dormido en la calle, ese era mi privilegio, lo
que uno hace por un plato de lentejas y una cama.
El fro, fue ms frio en ese instante, que se congelo mi pensamiento, cuando sent su mano
sobre mi espada. Esta vez se haba excedido, quera traspasarme mis testculos, aadir una
cadena que terminaba en piercing que pareca una pesa de 10 kilos. Pens que hubiera sido
bueno tener cltoris, para que fuera en ese instante ladino, no se dejara agarrar, y no cmo
estaba sucediendo en ese intervalo, una pata de perro muerto era lo que emerga. Con
movimientos constantes en mi miembro, ella sin parar en Duty Free, tom el autobs
especial, ese que estaba varado en mi cuerpo. Aquel que cruzaba el mar, as la gente creyera
que la lnea era por tierra. En fin, termine como un maniqu, imposible, alto, delgado, y con
un piercing que era una protuberancia a mi topologa. Ya esa pesa colgaba sobre m, ya no
era hierro era de carne, - lo curioso fue que no sent dolor-, slo alguna molestia cuando me
mova. Se convirti ese pedazo de metal, en una extensin de mi vida. Un quiste, un nuevo
miembro. El cncer que siempre me haba amenazado. Volv a salir de ese sueo.
Ahora le vi un lunar debajo del sobaco, y pens que era blanca como la luna descremada.
Aor que fuera de verdad y no un demonio, de esos que nos atormentan a los aburridos, de
esos que nos matan las ganas con el porno y con las manos. Por un instante disfrute su
contorsionar, por fin le segua el ritmo de la noche. Cosquillas de chocolate y deseos de
amargura fue lo que me consumi. Todo lo veo claro desde el techo. Ella ha pasado a ser la
enjalma, y yo quien cabalga con espuelas. Los papeles se invierten, ya no estoy ms
paralizado. Me agarro de sus cabellos, y siento que la estoy preando, mientras eyaculo un
lquido amarillo en la vagina. Me he vengado!
Ella llora sonrojada, pues la he orinado. Ya con mis aos ya no puedo hacer nada ms, as
sea en medio de una pesadilla, en medio del apocalipsis o en ste mstico accidente.
Record de nuevo que era el insecto con ms vida efmera, pues estaba luchando contra el
diablo, y record que ese viejo tonto era yo. O era el amor que me tena, que me haca ver
visiones.

La alarma del reloj ha sonado, el turno ha terminado. Me levanto, y salgo de esa cmara del
infierno, y paso para una ms caliente. All me espera otro demonio para que me torture,
pues el miedo que me generaba el cartero ha sido superado, era por las cartas que traan
malas noticias, sobre el precio que tena que pagar por lo que haba vivido tan bien.
Atnito-, siento una voz que me traspasa y dice: aprate Hitler, que an lo ms bueno no
ha comenzado, el amo reserva lo mejor a lo ltimo a sus ms afamados invitados.

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