EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA
A propsito de Jn 7, 37-39
Bernardo Estrada
1. ESTUDIO DE LA PERCOPA
El texto que pretendemos analizar, en homenaje al prof. A.
Garca-Moreno, infatigable estudioso del Evangelio segn san Juan,
presenta una bibliografa abundante; nos limitaremos a sealar los ttulos ms significativos1. La percopa se encuadra en la fiesta de los
Tabernculos, en un pasaje que para algunos autores forma parte de
la segunda escena del cap. 7, teniendo en cuenta una divisin tripartita del mismo. La introduccin (Jn 7, 1-13) contiene la duda interrogativa en torno a la presencia de Jess en la Ciudad santa con motivo de la fiesta; despus se tiene la primera escena (7, 14-36) que se
desarrolla en torno a dos dilogos de Jess: el derecho a ensear, to1. J.-P. AUDET, De son ventre couleront des fleuves deau. La soif, leau et la parole,
RB 66 (1959) 379-386; M. BALAGU, Flumina de ventre credentis (Jn 7, 38), EstBib
26 (1967) 187-201; M.E. BOISMARD, De son ventre couleront des fleuves deau. La citation scripturaire in Jean vii, 38, RB 65 (1958) 523-546 y la ulterior precisacin en
De son ventre couleront des fleuves deau. Les citations targumiques dans le quatrime
vangile, RB 66 (1959) 374-378; F.-M. BRAUN, Leau et lEsprit, RT 49 (1949) 5-30;
J. CABA, Jn 7, 37-39 en la teologa del IV Evangelio sobre la oracin de peticin, Greg.
63 (1982) 647-675; J.B. CORTES, Torrentes de agua viva. Una nueva interpretacin de
Jn 7, 37-38, EstBib 16 (1957) 279-306; IDEM, Yet Another Look at John 7, 37-38,
CBQ 29 (1967) 75-86; J. DANILOU, Le symbolisme de leau vive, RSR 32 (1958)
335-346; P. GRELOT, De son ventre couleront des fleuves deau vive, RB 66 (1959) 369374 y la correccin posterior que hizo en A propos de Jean VII, 38, RB 67 (1960)
224-225; IDEM, Jean VII, 38: eau du rocher ou source du temple?, RB 70 (1963) 43-51;
Z.C. HODGES, Problem Passages in the Gospel of John. Part 7: Rivers of Living Water.
John 7, 37-39, BS 136 (1979) 239-248; M. MIGUENS, El agua y el Espritu en Jn 7,
37-39, EstBib 31 (1972) 369-398; A. PINTO DA SILVA, Giovanni 7, 37-39, Sal. 45
(1983) 575-592; una bibliografa ms detallada y actualizada se encuentra en la primera pgina del artculo di G. BIENAIM, Lannonce des fleuves deau vive in Jean 7,
37-39, RTL 21 (1990) 281-310; 417-454.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
mando ocasin de la curacin de un paraltico en sbado (cfr. Jn 5,
1-15), y el origen de Jess contemplado desde la perspectiva de su retorno al Padre. La segunda escena (7, 37-52) considera particularmente la enseanza sobre el agua viva. Al final, en el captulo siguiente,
Jess se manifestar como luz del mundo.
La fiesta juda de los Tabernculos constituye el teln de fondo de todo el captulo. En ella se conmemoraba el perodo durante el
cual el pueblo de Israel camin en el desierto y habit en tiendas.
Posteriormente, despus de la dedicacin del Templo por Salomn,
la fiesta adquiri una solemnidad especial (cfr. 1Re 8, 2)2.
La fiesta se relacionaba tambin con el da triunfal del Seor
que llega a Jerusaln como rey mesinico; en ese da Dios derramar
sobre la ciudad su espritu de compasin y de splica (cfr. Zac 12,
10) y har brotar una fuente purificadora para la casa de David que
no slo alcanza Jerusaln (cfr. Zac 13, 1) sino tambin el Mediterrneo y el mar Muerto (cfr. Zac 14, 8)3.
Cada uno de los siete das de fiesta se formaba a primera hora
una procesin en la fuente de Guijn, de donde un sacerdote sacaba
agua mientras el coro repeta la antfona: sacaris agua con gozo de
las fuentes de salvacin (Is 12, 3), regresando luego todos al Templo
pasando a travs de la Puerta del Agua, y derramndola alrededor del
altar4.
Se comprende entonces cmo la fiesta constituye un marco especialmente adecuado para las palabras de Jess, y en concreto para
aquellas del final del captulo. El texto que particularmente nos ocupa se coloca en el sptimo da5, el da ms grande (th`/ ejscavth/ hJmevra/
th`/ megavlh/) desde el punto de vista ritual y ceremonial:
2. Lgicamente la fiesta radicaba en las tradiciones agrcolas de Israel, en este caso
la cosecha de la uva y del olivo en otoo; por eso se podra decir que su origen es a la
vez sedentario y nmada; cfr. G.W. MACRAE, The Meaning and the Evolution of the
Feast of the Tabernacles, CBQ 22 (1960) 259s.
3. Cfr. R.E. BROWN, El Evangelio segn san Juan I-XII (Cristiandad, Madrid
1979), 559.
4. Cfr. G.R. BEASLEY-MURRAY, John (Word, Waco 1987), 113.
5. No es del todo claro si se trata del sptimo, como piensa G. BEASLEY-MURRAY,
John, 114, refirindose al da en el que se derramaba solemnemente el agua sobre el altar, o del octavo da como reafirma recientemente R. FABRIS, Giovanni (Borla, Roma
1992), 460, siguiendo la tradicin mishnaica. Cfr. C.K. BARRETT, The Gospel According to Saint John (SPCK, London 1978), 326.
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BERNARDO ESTRADA
37
El ltimo da de la fiesta, el ms solemne, Jess puesto en
pie, grit: Si alguno tiene sed, venga a m, y beba 38el que crea en
m, como dice la Escritura: De su seno corrern ros de agua viva.
39
Esto lo deca refirindose al Espritu que iban a recibir los que creyeran en l. Porque an no haba Espritu, pues todava Jess no haba sido glorificado.
En torno a las palabras que Jess proclama se presentan dos
interpretaciones; segn la tradicin occidental (Ireneo, Hiplito,
Tertuliano, Cipriano)6 y algunos Padres de la Siria oriental (Afraates,
Efrn)7, la fuente de agua viva es Jess mismo. A favor de esta interpretacin, que es la que aparece segn la puntuacin del texto elegido y que es apoyada por no pocos autores modernos (Boismard,
Brown, Bultmann, Dodd, Jeremias), se encuentra el sugestivo paralelismo que ofrece el texto: el sediento del 37b acude a Jess del mismo modo que el creyente en 38a, bebe de l8. Esta puntuacin evita
el uso del nominativus pendens, poco comn en Juan. En una segunda interpretacin Orgenes, seguido por algunos padres orientales9 y
corroborado ms tarde por Ambrosio, Jernimo y Agustn, propone
el creyente como aquel de quien brotan los ros de agua viva. La apoyan modernamente, entre otros, Barrett, Haenchen, Lightfoot, Michaelis. El papiro Bodmer p66 presenta una puntuacin acorde con
este sentido10, que por otra parte aparece en no pocas versiones, catlicas y protestantes. A favor de esta interpretacin est el inicio de la
frase con un participio, construccin frecuente en el cuarto Evangelio: Juan comienza de este modo los perodos sintcticos en 41 ocasiones11. Parece que entre los exegetas modernos pierde terreno la
aplicacin al creyente12, a favor de la interpretacin cristolgica.
6. Un estudio bastante completo sobre la interpretacin patrstica del pasaje es el
de H. RAHNER, Flumina de ventre Christi. Die patristische Auslegung von Joh. 7, 37-38,
Bib. 22 (1941) 269-302; 367-403.
7. Cfr. M.E. BOISMARD, De son ventre couleront des fleuves deau. La citation
scripturaire in Jean VII, 38, RB 65 (1958) 535, que en su artculo descubre la concordancia de visin de algunos autores de la Siria oriental con la interpretacin patrstica
occidental.
8. Cfr. J. BLENKINSOPP, The Quenching of Thirst. Reflections on the Utterance in
the Temple, John 7, 37-9, Scripture 12 (1960) 45-46.
9. Cfr. J.B. CORTS, Torrentes de agua viva, 287.
10. Cfr. G.D. KILPATRICK, The Punctuation of John 7, 37-38, JTS 11 (1960) 340-342.
11. Cfr. F.-M. BRAUN, Leau et lEsprit, RT 49 (1949) 5-30.
12. Cfr. R. SCHNACKENBURG, El Evangelio segn san Juan II (Herder, Barcelona
1980), 215.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
El texto que nos interesa presenta dos pasajes paralelos en el
mismo Evangelio; en el primero, el dilogo con la Samaritana, Jess
afirma: Todo el que beba de esta agua, volver a tener sed; pero el
que beba del agua que yo le d, no tendr sed jams, sino que el agua
que yo le d se convertir en l en fuente de agua que brota para vida
eterna (Jn 4, 13-14). Segn esto, se podra pensar en el creyente como
fuente del agua vivificante para las dems personas? Las palabras de
Jess parecen corroborarlo13. A primera vista el pasaje presenta las
mismas caractersticas de Jn 7, 37-39; el creyente llega a ser l mismo
una fuente. Pero en Jn 4, 14 aparece un detalle nico que no aparece
en Jn 7, 38: el agua salta con mpetu, con gran fuerza (nico lugar
del Nuevo Testamento donde el verbo a{llesqai se emplea para el
agua; los otros dos lugares en los que aparece, en Hechos 3, 8 y 14,
10, se refiere a enfermos de parlisis que, al ser curados, se alzan saltando).
Dos objeciones se hacen para que se pueda hablar de un paralelismo en sentido completo; en primer lugar, en Jn 4, 14 no se hace
mencin de las entraas (ejk th`~ koiliva~), de la interioridad de la
persona, de la cual manara el agua de la vida14, como sucede en 7,
38; sin embargo, esta expresin puede hacer referencia al hombre
como un todo. Adems en Jn 4, 14 Jess compara a quien acepta el
agua que l dona (y por tanto cree en l) como fuente que mana vigorosamente. Una segunda objecin sera que en Jn 4, 14 el receptor
llega a ser una fuente de agua, pero no para otros; se debe tener en
cuenta sin embargo que tampoco en Jn 7, 38b se habla de ser fuente
para los dems, an cuando manen de su interior los ros. En uno y
otro pasaje la imagen supone necesariamente la donacin y la comunicacin: un manantial o un torrente no se alimentan a s mismos,
estn para dar el agua a otros.
Existe otro pasaje que se puede poner en paralelo con Jn 7,
37-39 y que favorece la primera interpretacin, aquella que identifica a Jess con la fuente de agua viva. Se trata del momento en el que
el costado de Cristo viene perforado por la lanza del soldado romano. Cristo realiza en su persona, mediante el fluir de sangre y agua, la
figura de la roca golpeada por Moiss, segn Num 20, 11 donde se
13. Cfr. C.H. DODD, The Interpretation of the Fourth Gospel (Cambridge University Press, Cambridge 1968), 349, n. 2, piensa el contrario, porque segn su opinin
no se encuentra en la literatura jonica ningn paralelo a este respecto.
14. Esta es la objecin principal que hace M.E. BOISMARD, De son ventre, 538.
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BERNARDO ESTRADA
dice que Moiss la golpe dos veces15, lo que vendra a significar tpicamente el fluir de la sangre y del agua. Si en Jn 7, 39 se dice que el
agua simboliza el Espritu16, lo mismo se puede decir de esta escena:
el evangelista indica ahora a Jess como quien dona el Espritu,
fuente de vida an despus de su muerte. Es sta una imagen especialmente expresiva, teniendo en cuenta que en el Medio Oriente,
donde la escasez de agua es proverbial, se aprecia de modo particular
el ciclo vital que se genera mediante el agua en una sociedad eminentemente agrcola como era aquella de la antigedad.
Vistos los dos pasajes paralelos que parecen apoyar una u otra
interpretacin, no es fcil decidirse al buscar el sentido ms claro del
texto. No obstante, pensamos que se deba preferir la exgesis cristolgica, entre otras cosas porque no se podra decir que Jn 4, 14 favorezca exclusivamente la imagen del creyente como manantial de agua
viva. En efecto, la Samaritana saca agua del pozo del mismo modo
que lo haca el pueblo de la fuente de Silo; una y otra circunstancia
mueven a Cristo a hablar de un agua superior, de la que l es fuente
y manantial. La interpretacin cristolgica y aquella que presenta al
creyente come fuente de agua viva no parecen tan distantes y tan
opuestas como se podra pensar en un primer momento; al contrario, el hecho de que sea Jess el origen del agua de la vida implica
que la pueda comunicar a otros con tal abundancia, que ellos a su vez
llegan a ser un manantial de agua salvfica. Pero la fuente original es
siempre Jess17. Se pensara entonces en el creyente como una fuente intermedia un canal a travs del cual surgen las aguas vivificantes18. El sentido ms probable del pasaje es por tanto el cristolgico:
se tratara de una reflexin personal del evangelista sobre Jess, seguida de un comentario a sus palabras cuando el Seor cita al profeta Isaas19.
15. M.E. BOISMARD, De son ventre, 539, cita a propsito el Targum del Pseudo-Jonatn donde se dice: Moiss golpe la roca dos veces: la primera de ellas sali sangre,
la segunda, agua. Aunque la semejanza puede ser fortuita o puede reflejar una polmica anti-cristiana (el comentario no aparece en el ms antiguo Targum palestino) no deja
de ser interesante. En la fiesta de los tabernculos se colocaban junto al altar dos recipientes de plata, uno para el agua y otro para el vino, que el sacerdote de turno llenaba
y presentaba como ofrenda a Dios. Cfr. G.R. BEASLEY-MURRAY, John, 113.
16. Cfr. A. GARCA-MORENO, El Evangelio segn San Juan. Introduccin y Exgesis
(Badajoz-Pamplona 1996), 194.
17. Cfr. J.B. CORTS, Yet Another Look, 76.
18. Cfr. Z.C. HODGES, Rivers of Living Water, 242s.
19. Cfr. A. PINTO DA SILVA, Giovanni 7, 37-39, 591s.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
Igualmente interesante es la bsqueda del pasaje de la Escritura
que se encuentra detrs de Jn 7, 38. Comparando las palabras al agua
que surge de un manantial, se podra pensar en Pr 18, 14 o en Is 58,
11; en este ltimo Dios promete convertir a sus fieles en una fuente
cuyas aguas brotan incesantemente. Quiz el texto ms significativo
sea el de la roca, golpeada por Moiss, de la que man agua en abundancia (cfr. Ex 17, 6; Num 20, 11)20, especialmente si se tiene en
cuenta que Pablo considera la roca una figura de Cristo (cfr. 1Cor 10,
4). La interpretacin cristolgica del pasaje est en consonancia con la
tendencia del Evangelio de san Juan a privilegiar los smbolos que provienen del libro del xodo como el cordero (Ex 1, 29), la serpiente de
bronce (3, 14), el paso del mar Rojo (6, 16-21), el man (6, 31). Un
ltimo texto al cual parecen referirse las palabras de Jess es el del salmo 78, 15s.: abri la roca en el desierto y les dio a beber agua abundante; sac agua de la pea, hizo correr las aguas como ros21.
De todos modos no parece que exista en concreto un pasaje
nico que ofrezca una solucin satisfactoria. Boismard, estudiando
detalladamente el texto en tres targumim diferentes, lleg a la conclusin que la expresin de su seno (ejk th`~ koiliva~ aujtou`) se refiere probablemente a la palabra aramea wg (en estado enftico, awg)
que se traduce no pocas veces por vientre, correspondiente al trmino griego koiliva, que al mismo tiempo indicara un lugar de proveniencia cuando se usa unido a algunas preposiciones22. La frase de
su seno querra entonces decir de l, refirindose a la persona en
su totalidad23. De modo semejante ese autor estudia la expresin
agua viva que en hebreo tiene el significado originario de agua
corriente, en oposicin al agua estancada y llega a la conclusin
que el texto est formado posiblemente de dos citaciones targmi20. G. BIENAIM, Lannonce, 431, sostiene que el texto-base de la cita sea Ex 17, 6.
21. La tradicin rabnica ha fundido este texto con el de Hab 3, 9: T desnudas
tu arco, sacias su cuerda de saetas. De ros surcas t la tierra. Desde el punto de vista
histrico-crtico no se ve el motivo para una fusin de tradiciones de diversos episodios; de hecho el texto de Habacuc no tiene que ver directamente con la narracin de
la roca en el desierto. Cfr. G. BIENAIM, Lannonce, 440.
22. Cfr. M.E. BOISMARD, De son ventre, 543; P. GRELOT, De son ventre couleront
des fleuves deau vive, RB 66 (1959) 369, califica esta interpretacin de excelente.
Ilustrativo el estudio de M. MIGUENS, El agua y el Espritu, 384-386, que propone
una serie de pasajes de los libros sapienciales donde habra una identificacin de
vientre con corazn en cuanto sede de conocimientos y afectos.
23. Cfr. J.-P. AUDET, De son ventre couleront des fleuves deau. La soif, leau et la
parole, RB 66 (1959) 379-386.
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BERNARDO ESTRADA
cas24: del salmo 78, 16 (Y fluy agua de la roca, y descendieron torrentes de agua), y de Is 48, 21s (No padecieron sed en los sequedales a donde los llev; hizo brotar para ellos agua de la roca. Rompi
la roca y corrieron las aguas)25.
Despus de haber visto, aunque sea en modo somero, la doble
vertiente hermenutica del pasaje, y su posible inspiracin en la literatura veterotestamentaria, terminemos el anlisis de la percopa desde el punto de vista retrico y literario. A este propsito Caba ha individuado en Jn 7, 37-39 una estructura concntrica26:
A Jess puesto en pie, grit, diciendo:
B Si alguno tiene sed,
C venga a m,
B y beba
C el que crea en m;
B como dice la Escritura: De su seno corrern ros de agua viva
A Esto lo deca refirindose al Espritu que iban a recibir los
que creyeran en l.
El texto se abre y se cierra con la referencia a Jess que habla, y
contiene en el centro un paralelismo climctico (sed-beber-ros de
agua). Tambin aqu el razonamiento converge hacia Jess como figura central, como fuente que comunica las aguas de vida y permite
que ellas sean donadas a otros.
2. EL ESPRITU DE SABIDURA Y DE VIDA
La referencia que hace san Juan en 7, 39a encuentra algunas
correspondencias veterotestamentarias, especialmente si se piensa en
el Espritu como sabidura. En el libro de los Proverbios se dice:
Convertos por mis reprensiones: voy a derramar mi espritu para
vosotros, os voy a comunicar mis palabras (Pr 1, 23). Se trata de la
sabidura que alza la voz (cfr. Pr 1, 20), del mismo modo como lo
24. Cfr. M.E. BOISMARD, De son ventre, 545.
25. P. GRELOT, De son ventre, 372-374, ya no est tan de acuerdo como en el primer caso; cfr. la respuesta de M.E. BOISMARD, De son ventre couleront des fleuves
deau. Les citations targumiques dans le quatrime vangile, RB 66 (1959) 374-378.
26. Cfr. J. CABA, Jn 7, 37-39, 651; A. PINTO DA SILVA, Giovanni 7, 37-39, 579583 compara el pasaje con Is 55, 1-3a y despus desarrolla una serie de paralelos semejantes con otros textos del Evangelio de san Juan.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
hace Jess (e[kraxen, grit) en Jn 7, 37b. El verbo hebreo que usa
para indicar la efusin del espritu es [bn que indica fluir, brotar con
fuerza, tumultuosamente, en una figura similar a la de los torrentes,
pero todava ms a la del agua que salta en Jn 4, 14. Lo que se comunica son las palabras de sabidura, segn la forma clsica del paralelismo semtico; as el derramar el espritu y comunicar la sabidura
aparecen como expresiones equivalentes27.
Ahora bien, no es extraa a los libros sapienciales de Israel la
comparacin entre las palabras de sabidura y de vida. Ejemplos que
lo constatan se encuentran en la Biblia hebrea (cfr. Pr 10, 11, 13, 14;
14, 27; 16, 22; 18, 4; Job 26, 4; 32, 8; Is 40, 13s.) y en los LXX (cfr.
Sir 21, 13s.; 24; 47, 14s.), mientras que en la literatura de Qumrn
se habla del conocimiento y de la sabidura como fuente de abundancia (4Q286 f1ii:6). Estos textos proyectan una luz sobre el sentido de las palabras de Jess, y especialmente sobre la reflexin posterior
de Jn 7, 39a: Esto lo deca refirindose al Espritu que iban a recibir
los que creyeran en l. En concreto, se ve con ms claridad cmo el
Espritu, en la figura del agua que Jess hace brotar del creyente, aparece como portador de la enseanza que procede de Cristo.
Quien escucha sus palabras de modo autntico, con un escuchar cualificado, pone en ejercicio y de manifiesto su fe en l. Esto
viene confirmado en el versculo siguiente donde aparece el participio oiJ ajkouvsante~ referido a los que han odo sus palabras y han credo en l (cfr. Jn 7, 40). Una actitud de este estilo est ya implcita en
la locucin el que escucha mi palabra: parece que all se entiende el
escuchar como aceptar su palabra, y por tanto creer en ella, tener fe
en la misin de Jess. La estrecha unin entre escuchar y creer encuentra un fundamento en el texto jonico28.
La fe en las palabras de Jess supone dos etapas segn Jn 7,
37-39: en un primer momento se conoce y se acepta la invitacin (7,
37s); posteriormente tiene lugar la donacin del Espritu (7, 39)29.
Esa fe implica igualmente el pedir en nombre de Jess, no slo porque el Padre concede todas las cosas en su nombre, sino tambin
porque pedir a Jess significa tener amistad con l30.
27. Cfr. M. MIGUENS, El agua y el Espritu, 374.
28. Cfr. A. PINTO DA SILVA, Giovanni 7, 37-39, 582s. En su estudio el autor presenta tres pasajes ms del Evangelio de san Juan donde se confirma esta realidad, y seran: Jn 5, 24; 8, 47; 10, 26s.
29. Cfr. R. FABRIS, Giovanni, 436s.
30. Cfr. J. CABA, Jn 7, 37-39, 665.
158
BERNARDO ESTRADA
El primer estadio indica un conocimiento imperfecto, una revelacin si se la pudiera llamar de esa manera velada, en cuanto no se consigue en ese momento alcanzar la verdad de las palabras
de Jess. Despus de la glorificacin se llega al estado de plenitud,
del conocimiento y de la visin profunda de Jess mediante el Espritu. En esa etapa es posible pedir en su nombre (cfr. Jn 14, 14), sabiendo que al pedir se alcanza la alegra que proviene de Jess31, el
gozo pleno de conocerlo32.
El Espritu aparece entonces el soplo de la verdad a partir de la
gloria a la que Cristo ha vuelto muriendo por los suyos. Aquel soplo
no sera otra cosa que el continuo ir y volver al misterio de Cristo,
que con la cruz ha colocado definitivamente la verdad en el esplendor del Verbo originario33. En estas circunstancias el Espritu no slo
nos abre a la verdad misma, Jesucristo, sino que hace que su misin
se prolongue a travs de los siglos para actuar la salvacin universal.
En la persona, en la vida y en las obras de Jess el Espritu manifiesta la verdad plena despus de la pascua34.
El verbo doxavzein es el que expresa de modo ms claro en el
cuarto Evangelio la accin que da origen, en un segundo momento,
al envo del Espritu y por consiguiente quita el velo que impeda a
los discpulos captar en profundidad los dichos y hechos de Jess. En
la promesa de 7, 39 dice el evangelista que los discpulos non haban
recibido el Espritu, o{ti jIhsou`~ oujdevpw ejdoxavsqh, pues todava Jess no haba sido glorificado.
El testimonio del Espritu no slo mueve a penetrar en el anuncio de Jess sino tambin a contemplarlo como un don que, despus
de su muerte, nos entrega; en el texto se dice expresamente que todava no haba sido dado. Al final del Evangelio se habla de la sangre y
del agua que manaron del costado de Cristo (cfr. Jn 19, 34), hecho
que ha sido interpretado por no pocos estudiosos como la donacin
del Espritu a la Iglesia. Dos textos corroboran esta afirmacin; en
primer lugar Juan describe la muerte de Jess con una rica sobriedad:
E inclinando la cabeza entreg el espritu (Jn 19, 30); en segundo
31. Cfr. B. ESTRADA, Lieti nella speranza. La gioia nel Nuovo Testamento (Apollinare Studi, Roma 2001), 274.
32. Cfr. J. CABA, Jn 7, 37-39, 669.
33. Cfr. H. SCHLIER, Meditazioni sul concetto giovanneo di verit, en IDEM, Riflessioni sul Nuovo Testamento (Paideia, Brescia 1976), 355.
34. Z.C. HODGES, Rivers of Living Water, 243.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
trmino narra el evangelista que, aparecindose a sus discpulos sopl
sobre ellos y dijo: Recibid el Espritu Santo. A quienes perdonis los
pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengis, les quedan retenidos (Jn 20, 22b-23).
La recepcin del Espritu se realiza en una doble vertiente: por
una parte las palabras del Jess terreno slo descubren su contenido
despus de su glorificacin; por otra, sus promesas de salvacin se
hacen efectivas slo despus del misterio de la Cruz y de la Resurreccin. Ya lo hemos visto como Espritu que ilumina y hace comprender las enseanzas del Maestro; contemplmoslo ahora como Espritu de vida.
En el cuarto Evangelio la figura de Jess viene presentada casi
en estado glorioso; se trata de un Jess que viene mostrado como
quien tiene poder absoluto sobre su existencia da y retoma su vida
cuando quiere y que considera su muerte como glorificacin; es
ste un proceso que inicia con la cruz35. De modo similar, en comparacin con los sinpticos que son bastante discretos a la hora de
mencionar el Espritu, Juan tiene mucho que decir. El evangelista lo
preanuncia como Espritu del reino. Jesucristo manifiesta en su obrar
terreno, durante su ministerio y vida pblica, la incoacin del reino
de Dios; pero el estado crucial de la realizacin del dominio salvfico
se lleva a cabo al final, mediante su muerte y resurreccin36. En ese
momento se hace presente el Espritu comunicando la vida del reino
a los creyentes que el Padre le confi.
La imagen del Espritu como don y comunicador de la vida
est unida estrechamente al simbolismo del agua. Pero antes de profundizar en esta realidad debemos preguntarnos: podran hacer referencia estas aguas al bautismo? Brown se hace esta pregunta pensando en una velada alusin al simbolismo sacramental, considerando
algunos pasajes paralelos (y en especial Jn 3, 15) del cuarto Evangelio37. Barrett responde negativamente en cuanto que el evangelista,
no desconociendo el misterio bautismal, hace ver que en Jn 7, 37-39
las aguas son imagen del Espritu y no un medio a travs del cual ste
se comunica, como sucede en el bautismo38. Si a esto se aade la au-
35.
36.
37.
38.
160
Cfr. J. CABA, Jn 7, 37-39, 661.
Cfr. G.R. BEASLEY-MURRAY, John, 117.
Cfr. R.E. BROWN, Juan II, 563.
Cfr. C.K. BARRETT, John, 329.
BERNARDO ESTRADA
sencia total de cualquier trmino que haga referencia al bautismo, se
puede conocer la intencin de Juan al respecto.
En Is 55, 1, las aguas simbolizan los bienes de Yahweh. Se trata de aguas gratuitas donadas por Dios que en el texto proftico aparecen en contraste con el alimento obtenido mediante el esfuerzo humano, un alimento que se pretende a toda costa y que en boca del profeta
no tiene ningn valor, porque se obtiene a partir del intil esfuerzo
idoltrico39. As se entiende que la accin de beber venga a significar la
acogida de los bienes salvficos. En ese trasfondo las palabras de Jess,
encuadradas en el gran da de la fiesta, se revelan como lenguaje que
lleva consigo el cumplimiento de las esperanzas de salvacin40. En efecto, la expresin jonica el ltimo da se compara a aquella de mi
da con la que Jess indica el final de los tiempos, el da de su resurreccin y de la glorificacin de los creyentes41, dotado de una fuerte
resonancia escatolgica42. Las aguas vivas parecen hacer referencia a
Zac 14, 8, a propsito del combate final, del da de Yahweh en el
que Dios manifestar su realeza, har ver su poder salvfico.
La mencin del agua en Jn 7, 37 encuentra un paralelo en el
agua escatolgica paradisaca del Templo, enmarcada en la fiesta
de los Tabernculos43. Aunque el pasaje de Ex 17, 6 es un punto de referencia insoslayable en cuanto presenta una imagen clara de la libacin
del agua que el pueblo de Israel efectu durante su travesa en el desierto, la literatura rabnica la relaciona despus con la libacin de la fuente
que mana del Templo44. La primera imagen evoca el pasado; la segunda
el futuro. En la primera la tradicin rabnica se interesaba en la fiesta de
los Tabernculos, teniendo como punto de referencia la roca del xodo; en la segunda se piensa en el sentido del agua vivificante anunciada
por Zacaras. Las dos figuras estn en tensin interpretativa: la primera
se desarrolla en el mbito histrico, la segunda en el escatolgico45.
39. Cfr. E. FARFN NAVARRO, El desierto transformado (PIB, Roma 1992), 104s.
40. Cfr. R. FABRIS, Giovanni, 461.
41. Cfr. Z.C. HODGES, Rivers of Living Water, 247.
42. Cfr. G. FERRARO, Lo Spirito e Cristo nel vangelo di Giovanni (Paideia, Brescia
1984), 143.
43. No es improbable que el autor del evangelio haya tenido presente Ap 22, 1:
Luego me mostr el ro de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del
trono de Dios y del Cordero.
44. En efecto, en la tradicin juda coexisten las figuras de fuente y de roca, en
cuanto las dos pertenecen al ciclo relativo al xodo. Cfr. Tosefta Sukkah, 3, 3.
45. Cfr. G. BIENAIM, Lannonce, 445.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
A lo anterior se puede aadir el hecho de que el profeta Zacaras menciona explcitamente la fiesta de los Tabernculos (cfr. Zac
14, 16); de hecho el cap. 14 de Zac hace parte de las lecturas sinagogales para esta celebracin46. La cita de Zac 14, 8, es significativa; all
se dice: suceder aquel da que saldrn de Jerusaln aguas vivas, mitad
hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental; en la tradicin
rabnica Jerusaln es considerada el centro del mundo, y el monte
Sin el Templo, el centro de Jerusaln47. No pocos autores subrayan cmo el texto proftico se inspira en Ez 47, que simboliza
igualmente el juicio final en trminos apocalpticos y escatolgicos48.
El texto de Ez 47, 1-12 es, en efecto, apropiado porque representa el
Templo come una roca de la cual fluye un manantial, la fuente de la
vida. Aunque en Ezequiel no se habla de manera esplcita de aguas
vivas, la imagen es inequvoca: en el texto proftico se describe una
inundacin fluvial que se extiende a travs de la tierra desrtica y la
revive. Las aguas de Zac 14, 8 que brotan de Jerusaln surgen en definitiva del lugar de la presencia divina, de debajo del umbral de la
Casa (Ez 47, 1).
Como en el caso de la revelacin, el evangelista alude mediante una invitacin a acercarse y beber a una relacin de fe: se
acerca a Jess quien cree en l y de l recibe la vida, el don mesinico del Espritu. Jess invita a calmar, a saciar la sed mediante la fe en
l y en sus promesas; los dones que ofrece, o mejor an, el don del
Espritu se configura como agua que fluye a torrentes del corazn de
Cristo. Se trata sin duda de la vida sobrenatural, acompaada de los
bienes que Dios dona para alcanzarla y poseerla: basta slo pedirlo
en nombre de Jess (cfr. Jn 14, 14). La sed se calmar mediante el
Espritu que mana de su costado abierto, del mismo modo que de su
ser surgen los bienes para los necesitados. Es un mrito de Caba el
haber puesto de relieve la relacin entre el agua de la vida y la oracin de peticin, teniendo como punto focal el corazn de Cristo49.
A partir de estos textos aparece la persona de Jess como realidad plena de simbolismos, que ponen de relieve lo que realiza a favor
46. Cfr. C. PERROT, Le lecture de la Bible dans la synagogue. Les anciennes lectures
palestiniennes du shabbat et des ftes (Gerstenberg, Hildesheim 1973), 277.
47. Cfr. H.S.J. THACKERAY, The Septuagint and Jewish Worship (British Academy,
London 1923), 64-67.
48. Cfr. P. REYMOND, Leau vive et sa signification dans lAncien Testament (Brill,
Leiden 1958), 234-236.
49. Cfr. J. CABA, Jn 7, 37-39, 661.
162
BERNARDO ESTRADA
de los creyentes50. En el clmax de la fiesta juda el Hijo de Dios percibe la sed espiritual de todos aquellos que basaban su fe en el Dios
de Israel a travs del culto del Templo; ante ellos se presenta y los invita en un primer momento a recibir de l el agua de la vida; pero el
Seor va mucho ms all. En la fiesta Jess se configura como el santuario escatolgico del que proviene el agua viva, el Espritu. En el gran,
ltimo da, el creyente el que se acerca a Jess y bebe de l llegar a ser como el templo descrito por Ezequiel: una fuente abundante de agua que vivifica el mundo, un canal a travs del cual el Espritu de Dios puede obrar con profusin de dones51.
Llegados a este punto se impone una reflexin conclusiva. La
abundante bibliografa en torno a este pasaje, que puede ser calificado, sin ambages, de crux interpretum, ha presentado no pocos puntos
de vista, a veces divergentes, en cuanto a su sentido. Soy de la opinin que se deba sin embargo privilegiar la concepcin cristolgica,
contemplando Jess como aquel que dona el Espritu.
La imagen del Espritu como agua viva me parece que se
puede entender contemplando dos vertientes que manan de la misma fuente. Por medio de l y a travs de l brota el Espritu del creyente en la medida en que se identifique con Jesucristo, crea en sus
palabras y beba de su enseanza.
En primer lugar se debe considerar el Espritu como torrente
de sabidura y ciencia; en otra ocasin he tenido la oportunidad de
hacer ver con un poco ms de profundidad cmo la revelacin de Jess viene comprendida en plenitud segn el texto jonico gracias al Espritu que viene dado a los discpulos despus de la glorificacin del maestro52.
En segundo trmino el Espritu aparece como torrente de
vida. El texto de Jn 7, 37-39, adems de la referencia a Ex 17, 6 y a
otros textos veterotestamentarios, focaliza Zac 14, 8 y Ez 47, 1-12
donde el manantial de aguas vivas fluye del Templo de Jerusaln. Jess mismo, presentndose a su pueblo como templo de Dios (cfr. Jn
2, 21), se configura como fuente del Espritu que mana de su costado abierto y por tanto como prototipo de la presencia divina entre
50. Cfr. Y. SIMOENS, Selon Jean (Institut dtudes thologiques, Bruxelles 1997),
341.
51. Cfr. Z.C. HODGES, Rivers of Living Water, 248.
52. Cfr. B. ESTRADA, La missione dello Spirito di verit nel vangelo di Giovanni,
Annales theologici 12 (1998) 375-405.
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EL ESPRITU, AGUA DE LA VIDA. A propsito de Jn 7, 37-39
los hombres. El cristiano que se une a su Seor llega a ser otro templo, otro manantial, que no slo posee la vida pneumtica sino tambin la puede comunicar a otros. Para algunos esa unin e identificacin se obtiene mediante la oracin y la peticin, siguiendo el ejemplo
de cuanto dicho en Jn 14, 14. En mi opinin es la fe la que, segn el
discurso jonico, efecta esa transformacin en templos de Dios y en
donadores del Espritu Santo.
No pienso que se pueda llegar a pensar en un nuevo paraso53
como tema central de Jn 7, 37-39, aunque no se puede negar que la
referencia a Ez 47 permite una idea semejante, que de todos modos
no ocupara el lugar de privilegio en la interpretacin del texto. Es la
figura de Jess como templo de Dios por excelencia, de la que mana
el Espritu, la que constituye el ncleo interpretativo de este texto del
cuarto Evangelio.
53. Esta es la idea de G. BIENAIM, Lannonce, 454, al final de su estudio.
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