El Tema Del Ciervo Herido en El Arte Parietal Paleolítico de La Región Cantábrica. Evaluación Iconográfica
El Tema Del Ciervo Herido en El Arte Parietal Paleolítico de La Región Cantábrica. Evaluación Iconográfica
. P
La publicacin reciente del pequeo conjunto rupestre paleoltico de la cueva de El Rincn (R.
Montes et al., 2005; Gonzlez Sainz y Garate, 2006) ofrece, entre otros motivos grabados o pintados, una representacin de ciervo herido similar a las conocidas en otros conjuntos rupestres de la
regin Cantbrica (Candamo, Buxu, Altamira y La Pasiega). Se trata de representaciones de machos
adultos con grandes astas, heridos con uno o varios venablos, y que con frecuencia muestran cierta
expresin de dolor: cuerpos arqueados, con cuello y cabeza alzada, y la boca abierta, aparentemente
berreando o gimiendo.
As pues, se trata de un grupo de guras con caracteres recurrentes ya relativamente amplio en la
regin Cantbrica, y susceptible de un tratamiento de conjunto. Con anterioridad, habamos abordado
marginalmente este asunto al publicar las manifestaciones parietales de un corredor lateral, muy poco
conocido, de la Galera B de La Pasiega (Balbn y Gonzlez Sainz, 1996), en donde, entre otras guras,
habamos localizado una de estas representaciones de ciervo adulto herido. La evaluacin del tema que
proponamos entonces puede ahora matizarse y ampliarse con la informacin procedente de El Rincn
que apunta a una cronologa ms extendida para este tema, y con alguna otra gura de la cueva de
La Pasiega que debe incorporarse al catlogo. El examen del conjunto de representaciones se justica
por ofrecer algunos elementos de inters en lo referido a la dispersin geogrca de este tema, a su evaluacin temporal, y a la interpretacin o lectura de un motivo iconogrco tan particular.
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En ese tercer aspecto, nuestro ensayo se vincula a una lnea de acercamiento a la grca paleoltica que prima el cruce de informaciones artsticas y zoolgicas, incluido el comportamiento animal,
y que inspir el coloquio de la Sociedad Suiza de Ciencias Humanas de 1979, editado por H.G.
Bandi et al. en 1984. Una lnea que, en la investigacin cantbrica, se prolong en trabajos como
el de I. Barandiaran (1984) sobre la expresin graca del sonido, o del aliento en otros casos, en las
representaciones parietales y muebles del Paleoltico superior. La revisin de las representaciones de
ciervos heridos a la luz del anlisis del comportamiento animal puede cruzarse, nalmente, con una
evaluacin del sentido econmico de la especie entre los cazadores cantbricos. Antes de encarar la
discusin, resumimos la informacin disponible sobre este tema de los ciervos heridos en las cuevas
indicadas, en el orden temporal en que se fueron localizando y publicando.
. C
Buena parte de las representaciones que examinaremos proceden de los grandes centros parietales de la regin que comenzaron a estudiarse en las dos primeras dcadas del siglo . En distintas
monografas se fueron detallando una serie de guras particulares, aunque sin precisar una relacin
explcita entre ellas ms all de los aspectos tcnicos y cronolgicos comunes que presentaban en
alguna de esas cuevas, ni abordarse una denicin del tema en el conjunto regional.
2.1. Altamira. El primer ejemplar que cabe vincular a este grupo fue el formidable venado bramando grabado en el techo de la zona derecha de la gran sala de Altamira, afrontado a una gura de
cabra ms sumaria1. Ciertamente no aparece herido por venablos, sino simplemente bramando, pero
comparte el resto de los caracteres del grupo de guras que valoramos aqu.
La documentacin grca publicada sobre esta gura es muy limitada, tanto en lo referido a
calcos como a fotografas. Hermilio Alcalde del Ro es el primero en ofrecer un mero croquis (1906:
[Link], n. 14), ampliamente superado por el calco realizado por H. Breuil (Cartailhac y Breuil,
1906: 51, gs.36 y 37). Eso s, con un estilo un tanto particular que lleg a identicarse con el de
los paleolticos, dada la amplitud y solvencia de la documentacin realizada, y la autoridad que alcanz este investigador. Ese calco se ha ido reproduciendo en los sucesivos trabajos sobre Altamira y
campa an, airoso, en la reproduccin de la Sala de los Polcromos del Museo Nacional y Centro de
Investigacin de Altamira. En realidad, de entre los abundantes grabados existentes en el techo de la
Sala original, este fue uno de los pocos seleccionados para la gurar en la reproduccin, a diferencia
de las pinturas, incluidas sistemticamente y, sobre todo las polcromas, mejor trabajadas a partir de
fotografas y de un anlisis crtico del procedimiento de realizacin, que esencialmente se debe a M.
Mzquiz (1988).
2.2. La Pasiega. Pocos aos despus, en la monografa sobre el conjunto rupestre de La Pasiega
(Breuil, Obermaier y Alcalde del Ro, 1913) se publicaba una nueva gura de ciervo herido, pintada
en trazo lineal de color negro en un corredor al fondo de la Galera B. Esta representacin es en
realidad la primera documentada que participa con toda propiedad del grupo que tratamos, aunque
1 La composicin es similar a la del panel principal
de la cueva Grande de Otaes, en la que un ciervo en
este caso herido con algn venablo, pero carente de una
expresin corporal acorde se afronta a una gura completa de cabra (Gonzlez Sainz et al., 1994).
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hasta ahora no la habamos vinculado al mismo. Se trata de una representacin de ciervo macho
herido con varios venablos en su zona ventral y cuarto trasero, pintado en negro sobre el lateral izquierdo de la parte profunda de la Galera B (Breuil, Obermaier y Alcalde 1913: 17, y g.2; n. 59
del plano; representacin B10/6 de la revisin de Balbn y Gonzlez Sainz).
En lo que aqu nos interesa, y aunque el pigmento no est demasiado bien conservado, se trata de
un ciervo adulto por el asta grande y ramicada, o por el pelaje que, efectivamente, parece indicado
en la zona pectoral mediante algunos tracitos oblicuos. Muestra el cuello y cabeza alzada, y un buen
nmero de trazos rectos que no forman parte del cuerpo del animal (no son interpretables como
pelaje ni como relleno), aparentemente venablos clavados en la zona ventral y en el cuarto trasero.
En origen la representacin era completa. Se traz en un resalte rocoso del corredor terminal de la
Galera B, en un punto ya muy prximo a la interseccin con las galeras A y D, sobre un plano
delimitado por fuertes inexiones de la pared, y ajustando el contorno entre esas irregularidades del
soporte. Conviene aadir que la gura aparece notablemente aislada de otras y que el emplazamiento
no es en absoluto escondido (est a 2,20 m sobre el suelo y es perfectamente visible desde el mismo
eje de trnsito).
El calco ensayado por Breuil es correcto, y solo matizable en algn detalle: creemos que son dos
las extremidades posteriores, indicadas en paralelo en su parte alta, y en lo que aqu nos interesa ms,
que conserva la lnea frontal de la cara y muestra una cabeza que tiende a triangular y apuntada
ms elevada que lo sugerido por el calco de 1913, como es usual en el grupo de representaciones que
evaluamos aqu (gs.3 y 4)2. En la misma Galera B de La Pasiega hay al menos otra gura que cabe
integrar en este grupo iconogrco, y que tratamos ms adelante.
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2.3. El Buxu. Cabe aadir una serie de guras de ciervo pintadas y casi siempre tambin grabadas
de la cueva del Buxu (Obermaier y Vega del Sella, 1918), situadas en un lateral y techo inmediato de
la ltima sala decorada de la cueva, o Galera D (g. 5). El fuerte deterioro de este conjunto rupestre
obliga a trabajar sobre los calcos y descripciones antiguas, aunque son tiles las reexiones sobre
el conjunto parietal de revisiones ms recientes (Menndez, 1984). Una gura completa de ciervo
grabado, pintado y raspado en el techo, participa plenamente del tema que tratamos, mostrando
la cabeza y el cuello alzados, la boca abierta y algunos trazos interpretables como venablos sobre la
zona pectoral (op. cit. 1918: 32, grupo XVI; Menndez 1984: 779). Esta gura est superpuesta a un
grabado de cabra realizado antes. En un lienzo inmediato, ms bajo, cabe asociar una representacin
de, al menos, la cabeza, astas, lnea crvico-dorsal y pecho de un gran crvido con la boca abierta,
aparentemente bramando. Estos rasgos son solidarios con la posicin alzada de la cabeza y unas astas
cadas sobre el lomo. En ocasiones esta gura se ha identicado como un gamo por la morfologa
del asta (desde la monografa original, y luego Hernndez Pacheco, 1919: 179 a, por ejemplo,
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Crmads 1993). Esta gura, pintada en negro, no muestra sin embargo venablos asociados (op. cit.,
1918: 31 grupo XV; Menndez, 1984: 778).
Es ms convencional una nueva gura completa de ciervo macho inmediata, pintado en negro
y grabado, con cuello y cabeza en posicin normal y aparentemente sin venablos asociados (op. cit.
1918: 29, grupo XV; Menndez, 1984: 776). A esta gura se aade, por ltimo, un grabado de ciervo macho con similar orientacin, pero de concepcin mucho ms abreviada. El caballo grabado en
medio de la agrupacin se infrapone a su vez tanto al posible gamo como al ciervo pintado y grabado
inferior (op. cit, 1918: 32), al igual que suceda con la cabra de la parte alta.
Ms all del tratamiento individual de cada gura, o de la discusin de si la intermedia reere un
gamo o un ciervo, conviene subrayar un par de aspectos. De un lado, la proximidad topogrca y
la relativa unidad tcnica y estilstica de las guras (que permita a los autores de la monografa atribuirlas a un mismo horizonte del Magdaleniense) parecen sucientes para pensar en una asociacin
sincrnica y signicativa en trminos de composicin. Una asociacin que tambin parece relevante
en trminos de comportamiento: los caracteres de varias de las guras de ciervos, unido a la ausencia
de ciervas en el panel, sugieren una agrupacin de machos, quiz en poca de berrea.
F . Conjunto de representaciones agrupadas con los nmeros XIV, XV y XVI de El Buxu (tomado de
Obermaier y Vega del Sella, 1918: [Link])
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F . Pea de Candamo. Cabeza de ciervo grabada y pintada en negro del Muro de los Grabados. Calco de
J. Cabr, en Hernndez Pacheco 1919: 58, figura n. 1
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F . Pea Candamo. Ciervo grabado y pintado en negro del Muro de los Grabados. Calco de J. Cabr, en
Hernndez Pacheco 1919: 61, figura n. 2
por un ciervo, varias ciervas y un cervatillo, representados a escala y caminando en una misma direccin, del Ker de Massat (Barriere, 1990), al grupo con un ciervo y tres ciervas grabados sobre un
piln estalagmtico en la sala 1e de La Garma, al rebao de uros de La Loja, etc.
Sin embargo, a pesar de la dispersin de los ciervos por el Muro de Pea Candamo, es perceptible
una unidad interna desde distintos puntos de vista. Aqu, y en base a las informaciones ofrecidas en
la monografa, restringiremos la agrupacin a las cuatro primeras guras de ciervo. Su carcter unitario es claro desde un punto de vista tcnico (alternando el negro con el grabado y el raspado sobre la
misma gura, o simplemente el grabado en algunas, como es frecuente en las composiciones magdalenienses), y tambin desde un punto de vista estilstico. De hecho las guras 1 a 4 fueron agrupadas
en un mismo tipo tcnico (grabados de contorno con haz de lneas, con modelados, y combinacin
ocasional con pintura negra), junto a otras guras de la cueva, y atribuidas a la segunda fase de
grabado, del Magdaleniense inferior y medio (op. cit., 1919: 143-144). Por el contrario, preferimos
dejar fuera de esa posible agrupacin sincrnica las representaciones n. 5 a 7, aunque comparten
algunos rasgos con las primeras. La n. 5 se sita entre las astas del gran ciervo n. 4, y se infrapone
a este. Adems es de tcnica diferente a la serie 1-4 por la lnea de contorno, ahora de trazos continuos nicos y fuertes frente a las lneas en haz de los anteriores ([Link]., 1919: 68). A su vez, las
representaciones n. 6 y 7 se sitan muy separadas de la serie n. 1 a 4, ya en la parte alta del extremo
izquierdo del Muro. Su ordenacin respecto a la secuencia de representaciones del Muro es menos
precisa que en la serie 1-4, y su exclusin permite adems dotar a la serie bsica, n. 1 a 4, de cierta
unidad tambin topogrca, en cuanto que parecen dispuestas en un friso horizontal en la base del
lienzo, en sus zonas izquierda y central.
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F . Pea Candamo. Representacin de ciervo grabada y raspada del Muro de los Grabados. Calco de J.
Cabr, en Hernndez Pacheco 1919: 62, figura n. 3
F . Pea de Candamo. Ciervo grabado y pintado en negro del Muro de los Grabados. Calco de J. Cabr,
en Hernndez Pacheco 1919: 64, figura n. 4
En lo que aqu nos interesa ms, se trata de representaciones con distinto grado de acabado
formal. Los ciervos n. 2 (op. cit, 1919: 61) y n. 4 (1919:64) se integran plenamente en el grupo
de ciervos heridos que nos ocupa: cabeza levantada y aparentemente bramando o gimiendo, vuelta
hacia atrs en el n. 4, y con un nmero variable de venablos clavados. Son las representaciones que
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F . Figura de ciervo herido de la Galera B, sector 7, de La Pasiega (Balbn y Gonzlez Sainz, 1996:
281)
Cabe destacar en la Galera B de la Pasiega, por tanto, la presencia de tres ciervos (o megacero
en un caso) heridos, notablemente heterogneos desde un punto de vista tcnico, estilstico, y en lo
referido al emplazamiento (uno integrado en un grupo de grandes guras pintadas en rojo sobre el
mismo vestbulo y yacimiento de habitacin de entrada, otro grabado en un corredor lateral, superpuesto a guras rojas anteriores y asociado a otras representaciones grabadas, incluyendo un grupo
de ciervas con bandas de estriado, y un tercer ejemplar en negro, aislado sobre el corredor terminal
de la misma galera). Desde un punto de vista espacial estamos en el extremo contrario a lo expresado
por las concentraciones sincrnicas de Candamo y El Buxu. En La Pasiega, tal diversidad de planteamientos tcnicos y estilsticos sobre un mismo tema iconogrco parece expresiva, entre otras cosas,
de la profundidad temporal del mismo.
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F . Megacero herido con un venablo en la parte anterior del vientre, afrontado a un caballo, en el techo
de la entrada a la galera B de La Pasiega (foto R. de Balbn)
Por su parte, el ejemplar de El Rincn (o Venta de la Perra A), es un ciervo completo orientado a la izquierda, con un nico venablo solapado sobre el cuerpo, a la altura de la ijada. Este venablo, aecado junto a la punta, es de un tipo desconocido hasta ahora en la regin Cantbrica, pero muy similar a las echas
asociadas a varios animales grabados de la cueva de Cosquer (Clottes, Courtin, Vanrell, 2005). El ciervo
de El Rincn repite muchas de las convenciones que venimos examinando: cabeza y cuello levemente
alzados, y la boca abierta, aqu por separacin de lneas, en una versin de estilo ms antiguo. Adems del
procedimiento tcnico grabado simple y nico bien remarcado, solo repetido en la cola corta y de la
presencia de un venablo de morfologa muy particular con referentes en Cosquer (en donde, a partir de
las dataciones de radiocarbono, se aprecian dos fases de frecuentacin y de construccin del dispositivo
grco, en torno a 27.000 y a 19.000 BP, respectivamente), nos ha parecido relevante cronolgicamente la
perspectiva de astas y extremidades, o la disposicin de las dos traseras (en doble Y) en un nico plano,
que tambin se repite en Cosquer y otros conjuntos rupestres arcaicos. Esta gura se traz sobre un lienzo
inclinado muy corrodo y alterado en la actualidad, en un estrecho pasaje ya muy cerca del fondo de la
cueva. Se yuxtapone en ese lienzo a una representacin de uro muy alterada, aunque de caracteres tcnicos
y estilsticos, en lo conservado, similares a los del ciervo. Fue publicado en el primer estudio sobre el conjunto rupestre de El Rincn (Montes et al., 2005: 42), y con algunas diferencias en el trazado, importantes
en la evaluacin cronolgica, en una revisin posterior (Gonzlez Sainz y Garate, 2006).
. D
Las representaciones parietales de ciervos heridos no son exclusivas de la regin Cantbrica. En
sentido estricto y con los caracteres discutidos ms arriba, las representaciones extra cantbricas son
raras, aunque existen algunos ejemplos cercanos. As, apunta a la misma idea alguna de las represenVELEIA, 2425, 2007
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F . Representacin de ciervo, herido con un venablo con flecos en su parte anterior, de la cueva de El
Rincn (segn C. Gonzlez Sainz y D. Garate Maidagan, 2006, en prensa)
taciones de ciervos concentradas en el bside de Lascaux (g. 13), o incluso de renos del arte parietal
y mobiliar pirenaico, como las reunidas por I. Barandiaran (1984: 9) en actitud de emitir su voz de
Le Portel o de Ms dAzil (en este caso con venablos asociados, adems de los rasgos de los crvidos
simplemente bramando). En la Pennsula cabe indicar el ciervo herido con la cabeza retrospicente de
la roca 1 de Vale de Cabres, en el grupo de conjuntos del ro Ca. Se trata de una gura (g. 14)
que muestra algunas diferencias en el procedimiento tcnico de piqueteado, y de orden estilstico,
respecto al grueso de grabados gurativos piqueteados del valle del Ca, lo que sugiere a algunos
investigadores una cronologa algo ms reciente (Baptista, 1999: 138).
En cualquier caso, la distribucin de este tema en las distintas regiones del occidente europeo dista de ser aleatoria. Cabe armar que se trata de un tema especialmente repetido en el arte parietal de
la regin Cantbrica, donde, al mismo tiempo, muestra unos caracteres expresivos ms recurrentes y
conforma un grupo ms cerrado. Al menos por el momento, tal incidencia en el arte parietal regional
no se reproduce en el porttil, acaso por las ms fuertes limitaciones de este a desplegar animales en
formatos completos y detallados, y por el tamao muy inferior del registro gurativo mobiliar.
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Esta concentracin regional de ciervos heridos parece, en principio, vinculada al importante papel que las representaciones de esa especie, Cervus elaphus, tienen en la grca parietal cantbrica, a
su vez relacionada con la abundancia de este ungulado en la regin, en la que encontr un adecuado
refugio durante el Pleistoceno superior, como se ha indicado desde los inicios de la investigacin. De
otro lado, va unida o se suma, a otras particularidades regionales en la representacin de ese animal,
que trataremos de subrayar.
Las diferencias regionales en el papel del ciervo en el arte parietal paleoltico son claras. Para ilustrar ese aspecto basta consultar los cmputos de G. Sauvet, sobre una base de 3981 representaciones
animales en Francia y Espaa (Sauvet y Wlodarczyk, 2000-2001: 227):
Cantbrico
Pyrnes
Quercy
RhneLanguedoc
Prigord
Arc.
magd.
Espaa
Centro
y Sur
Francia
Norte
Ciervo
86
10
14
10
16
17
19
20
203
Cierva
196 10
10
28
265
99
89
412 698
241
58
3981
107 753
478 13
A partir de esos valores se comprueba: 1, el componente ambiental de la distribucin de la especie, muy diferente segn regiones. Cervus (ciervos y ciervas) supone el 29,2% de los animales
representados en el arte parietal de la regin Cantbrica y el 19,9% en Espaa Centro y Sur, frente a
8,5% en Quercy, 5,2% en Francia Norte, 4,9% en Rdano-Languedoc, 3,9% en Prigord y 3,7% en
Pirineos. 2, la tendencia generalizada a que diacrnicamente descienda esa frecuencia de Cervus, que
es mayor en el arte premagdaleniense en todas las regiones con datos (en la regin Cantbrica se pasa
del 41,4% en el arte arcaico al 5,6 en el magdaleniense, en Pirineos, del 7,5 al 3,2%, en Quercy del
12,1 al 4,5%, en Prigord del 4,8 al 3,3% y en Rdano-Languedoc solo hay algunos ciervos 5,0%
de los animales en el arte arcaico), y 3, que la proporcin entre ciervos (con astas) y ciervas (sin
ellas) es diferente regionalmente. Lo normal es que dominen los primeros, salvo en la regin Cantbrica y, segn los datos de Sauvet, que revisamos parcialmente ms abajo, en Espaa centro y sur4.
Los cmputos de G. Sauvet y A. Wlodarczyk son los ms precisos disponibles para una aproximacin general a la distribucin de temas animales por las regiones del SO europeo, pero son mati4
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zables en lo referido a las regiones peninsulares. Partiendo del recuento crtico de R. Cacho (1999),
ampliado a nuevos conjuntos rupestres por nuestra parte, recientemente valorbamos (Gonzlez
Sainz, 2005) 282 ciervas y 72 ciervos en el arte arcaico cantbrico, frente a 123 ciervas y 62 ciervos
en el magdaleniense. La especie en su conjunto supone el 34,5% de las representaciones animales
parietales de la regin Cantbrica, y diacrnicamente se pasa de un 10,1% de ciervos y un 39, 7%
de ciervas en el arte arcaico a un 7,3% y 14,5%, respectivamente, en el arte parietal atribuible a la
poca Magdaleniense.
Con unos u otros datos la conclusin es la misma: el descenso diacrnico de la frecuencia de
representacin de la especie en todas las regiones consideradas, aunque con valores mucho ms altos
en el cantbrico que en las reas septentrionales. Lo que particulariza a la actividad grca cantbrica
es que ese descenso afecta muy especialmente a las ciervas y no tanto a las representaciones de ciervos
con astas, que mantienen un papel similar en el arte magdaleniense. Al menos, esa diferencia no es
apreciable en las otras regiones consideradas, aunque acaso se deba a la escasez de efectivos. De otro
lado, esa cada en las representaciones de cierva durante el Magdaleniense cantbrico corresponde
esencialmente a las fases centrales y avanzadas del mismo, en cuanto que la mayor parte de las guras
consideradas pertenecen a conjuntos rupestres anteriores al 14500 o 14000 BP, esto es, del Magdaleniense inicial e inferior cantbrico.
La matizacin a los cmputos de Sauvet es ms importante en el caso de las regiones peninsulares
extra cantbricas, donde la casustica parece variada. Esta no es de fcil precisin dado que en las publicaciones ms sintticas es frecuente que se ofrezcan recuentos indiferenciados para toda la especie,
e incluso para la familia (crvidos). El porcentaje global de la especie en la Meseta y Portugal es del
321
19,02% segn cmputos de Alcolea y Balbn (2003: 226), sobre un total de 750 representaciones
animales. Por sexos, las representaciones de ciervo son ms abundantes que las de cierva en La Meseta y en Portugal, como han subrayado esos autores en diferentes ocasiones (Balbn y Alcolea, 1994:
131; Alcolea y Balbn, 2003). Estos mismos autores indican sin embargo que la proporcin cambia
en el grupo de yacimientos meseteos ms meridionales (donde integran las cuevas de Maltravieso,
Mina de Ibor, El Nio y el conjunto al aire libre de Cheles o Molino Manznez (op. cit. 2003:
224). Lo que podra anticipar, aunque no conocemos recuentos diferenciando sexos, lo que sucede
en el grupo de conjuntos andaluces, donde parecen dominar de nuevo con claridad las representaciones de ciervas, a tenor del peso de estas en centros parietales mayores como el de la cueva de Ardales,
frente a ms escasas representaciones de ciervos con astas (vid. Cantalejo et al., 2006).
En relacin al tema que tratamos, lo que particulariza la actividad grca regional es la coincidencia del papel ms relevante del tema del ciervo herido (ms frecuente y con caracteres ms cerrados),
y de las representaciones de cierva respecto a lo usual en las regiones del SO europeo salvo el Sur
peninsular. No encontramos relacin entre esos dos aspectos, ms all de su probable vinculacin
con el importante papel econmico de la especie para las poblaciones cantbricas, ni una explicacin
de tipo ambientalista (que podra haberse ensayado caso de que todas las regiones peninsulares se
comportaran como la cantbrica en esa relacin ciervas /ciervos, por oposicin a las reas mas septentrionales). En el caso de la alta frecuencia de representaciones de ciervas, ms bien estamos ante
un patrn de orden estilstico, que se repite en el arte cantbrico desde los inicios del Paleoltico
superior hasta los del Magdaleniense reciente (cuando, en torno a 14.500 o 14.000 BP, se produce
una notable cada de este tema, al tiempo que se impone un arte de convenciones ms extendidas
geogrcamente, vid. Gonzlez Sainz, 2005). Tal patrn se acompaa de otras peculiaridades regionales, como la frecuencia de algunas convenciones de representacin, repetidas largamente segn
pocas (ciervas con cabeza trilineal, en trazo tamponado rojo, o de grabados con bandas de estriado
en maxilar y pecho) y, en algunas pocas del Paleoltico superior, una tendencia a ocupar espacios
importantes en la composicin de grandes paneles rupestres (as en El Pendo, o diferentes lienzos de
La Pasiega), en ocasiones yuxtapuestas a caballos, que no parece darse en otras regiones. La repeticin de ciervos machos adultos heridos y con expresin de dolor debe aadirse a esas peculiaridades
regionales.
. D
Buena parte de las representaciones de ciervo herido revisadas de la regin Cantbrica han sido
atribuidas tradicionalmente al periodo Magdaleniense, inferior o medio, en funcin de sus caracteres
estilsticos Altamira, El Buxu y de los paralelos posibles con el arte mobiliar, dada la presencia
de convenciones de relleno mediante bandas de estriado en varias de las guras de Pea Candamo, o
en otras guras asociadas topogrcamente al ciervo herido del sector B7 de La Pasiega. La datacin
absoluta de una de esas guras de ciervo herido, pintada en negro y grabada en Pea Candamo (la
n.2 de Hernndez Pacheco, 1919: CAN-9, GifA-98172: 13.870 120 BP segn Fortea, 2002: 9),
es bien acorde con el conocimiento tradicional de la cronologa artstica, al menos de poca Magdaleniense.
El tema mismo del ciervo herido era atribuido a esa poca Magdaleniense (Balbn y Gonzlez
Sainz, 1996: 292), en funcin de los ejemplares valorados entonces. Entre las representaciones que
ahora aadimos al grupo, es posible referir a esa misma poca los caracteres estilsticos del ciervo del
sector B10 de La Pasiega. Esta gura, y algn otro resto en negro del fondo de la Galera B, parecen
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vinculables tcnica y estilsticamente a las guras negras que en la inmediata Galera A se superponen
a las pinturas en rojo, de estilo y convenciones ms arcaicas. Por el contrario, el ciervo de El Rincn
parece realizado en un momento bastante ms antiguo, y tambin el probable megaceros o si se
preere, crvido con joroba herido de Pasiega B1, pintado en rojo y afrontado a un caballo tambin de estilo arcaico (que incluso muestra tamponado en alguna de sus lneas de contorno); en el
mismo sentido, el tren anterior de la representacin de megacero presenta un esquema cercano al de
la doble Y.
Los ejemplares de Rincn y Pasiega B1 retrotraen al menos hasta el Solutrense la cronologa de este
tema en la regin, que alcanzar su mayor desarrollo durante el Magdaleniense inferior y medio. La
larga vigencia entre los artistas cantbricos que proponemos para este tema particular, al menos del
Solutrense al Magdaleniense medio incluido, no es sorprendente habida cuenta la amplia continuidad
en la temtica animal del arte regional, y el mantenimiento, o incluso incremento diacrnico del papel
econmico de esa especie en la subsistencia de las poblaciones cantbricas durante aquel periodo.
La atribucin cronolgica de los diversos ciervos heridos, o grupos de ellos, es de carcter estilstico, salvo en el caso de una gura de Pea Candamo datada por radiocarbono. De manera que las
diferencias entre los ejemplares que suponemos arcaicos y los magdalenienses reproducen elmente
los rasgos diferenciales entre esas dos pocas mayores del arte parietal cantbrico, en lo referido a procedimientos tcnicos ms usuales, perspectiva de las extremidades y en menor medida de astas
y apndices superiores, y atencin al interior del cuerpo (lneas de articulacin, rellenos). Entre
esas diferencias es tambin notable el grado de coordinacin entre las diferentes partes corporales y,
en ltimo trmino, el grado de naturalismo de las representaciones. En este aspecto, los extremos se
sitan en el ciervo de El Rincn de un lado, y en las representaciones de Altamira y La Pasiega B7
con las astas desplazadas hacia abajo, casi rozando el lomo y el ciervo con la cabeza vuelta de
Candamo (n. 4 de 1919), de otro.
. E
1. En el tema que nos ocupa apreciamos una notable correlacin entre el hecho de tratarse de
animales heridos con presencia de venablos sobre el cuerpo y presentar una expresin corporal
acorde. Los venablos asociados a ciervos no solo aaden informacin iconogrca (como sucede en
muchos bisontes, u otros animales tambin heridos), sino que van unidos a una modicacin acorde
de la morfologa del animal, que muestra el cuello y la cabeza levantada, la boca abierta y el cuerpo
en general algo ms arqueado.
As pues, el tema del ciervo herido se destaca por un carcter narrativo ms marcado que lo usual
en el arte paleoltico. Es acorde con ello la tendencia a tratarse de representaciones completas, frente
a la frecuente simplicacin de la anatoma de muchas otras representaciones paleolticas; y tambin,
que en ocasiones se hayan realizado con un formato algo ms grande que el de otras guras animales
prximas en las cuevas indicadas.
Aunque el catlogo revisado no es extenso, ni muestra unos caracteres cerrados e igualmente
denidos en todos los casos, s es sucientemente amplio y preciso como para suponer que no es
casual la asociacin entre el tema animal ciervo macho y adulto, la presencia de venablos y la
expresin corporal acorde, sino que estamos ante un tema con el que los paleolticos trataron de expresar unas ideas o unos valores diferentes a los de otros animales heridos, o a los implicados en otras
representaciones ms convencionales de ciervos. As pues, cabe interrogarse sobre el porqu ciervos,
y reaccionando de una forma tan expresiva, y no o no tanto otros animales.
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La presencia de venablos asociados no es desde luego exclusiva del ciervo macho, sino que afecta a
otros animales e incluso a guras antropomorfas, como las muy conocidas de Cougnac y Pech-Merle. En La Pasiega (y a partir de la revisin que realizamos junto a de R. de Balbn) muestran venablos
asociados 19 guras de animales (7,4% de los 257 identicables, excluidos por tanto los cuadrpedos). La distribucin no es demasiado diferente segn especies. La cabra se sita por encima de la
media expresada (4 de 31: 12,9%), seguida de la cierva (6 de 72: 8,3%), el uro (1 de 13: 7,7%) y el
ciervo (2 de 27: 7,4%). Estos valores son superados, debido al escaso nmero de ejemplares, por el
megaceros (1 de 1) y el reno (1 de 2). Por ltimo, y ya con valores netamente ms bajos, aparecen
el bisonte (1 de 21: 4,8%) y el caballo (3 de 79: 3,8%), que en La Pasiega parecen comportarse de
forma diferente al resto de temas animales de representacin usual. No muestran venablos las escasas
representaciones de antropomorfos, carnvoros, rebeco, pjaro y pez de este conjunto rupestre.
Las diferencias en la proporcin de animales heridos apreciadas en La Pasiega segn temas o
grupos faunsticos, que de por s eran pequeas, no son relevantes a escala regional. Hemos podido
consultar la base de datos construida por R. Cacho y N. Glvez, con informacin actualizada hasta
1999. Las frecuencias de animales con venablos o heridas, en los temas de representacin usual, son
aun ms similares entre s que en La Pasiega, desapareciendo la diferencia apreciada en bisontes y
caballos. Los ndices de animales heridos, obtenidos en los distintos temas son los siguientes: uro
(5,74), cabra (5,73), bisonte (5,55%), caballo (5,32), ciervo (4,65), pez (4,34) y cierva (3,28). Otros
animales menos usuales alcanzan frecuencias superiores: reno (6,89), oso (28, 57) y megacero (50,0).
La frecuencia media de animales heridos, sobre un total de 1430 identicables, es de 4,68%.
El caso del ciervo es por tanto particular, no por ser el animal ms vinculado a venablos, sino por
la expresin acorde que presenta en un nmero de casos que consideramos relevante, especialmente
entre los de cronologa Magdaleniense. Ello contrasta con lo habitual en el resto de animales cuando aparecen heridos: los venablos son un aadido de informacin que no afecta esencialmente a la
forma del animal. La comparacin con las representaciones de cierva es ilustrativa. Aunque no es del
todo exacto que solo aparezcan heridos los ciervos y no las ciervas, s es correcta la apreciacin de
Utrilla y Martnez-Bea (2005-2006: 162), en cuanto que el carcter y la idea que trasmiten esos animales es distinta: agilidad, elegancia y cierta fragilidad en el caso de la cierva (independientemente
de estar herida o no), frente a la potencia herida del macho con grandes astas, que se arquea, berrea
o gime.
2. Encontrar un sentido a ese distinto carcter de las representaciones de ciervo herido que
proponemos no es sencillo, en cuanto que es difcil eludir una lectura actual, o realizada desde una
forma de entender las cosas y unos valores actuales. El tema iconogrco del ciervo tiene una gran
cantidad de lecturas y signicados en diferentes tradiciones culturales e iconogrcas (vid. Chevalier
y Gheerbrant, 1969). Algunas de ellas podran vincularse tentativamente a la mentalidad paleoltica,
o a lo que suponemos de ella. As, la renovacin anual de las astas se asocia en alguna de esas tradiciones a ideas de fecundidad, de renovacin cclica de la naturaleza; la vieja leyenda que entiende el
ciervo herido y largamente perseguido como agente de la transformacin del cazador, al que facilita
el acceso a otra realidad superior, podra vincularse a prcticas chamnicas, al igual que en su papel
como mediador entre cielo y tierra, smbolo del sol naciente, etc., de otras tradiciones. Hemos preferido, sin embargo, explorar en el contexto grco de las representaciones, en el comportamiento de
ese animal y en el papel econmico de la especie entre los cazadores cantbricos. Aun con tal despliege no cabe el [Link] al jugar con la linterna en una cueva, lo ms que alcanzaremos ser
iluminar uno u otro rincn de una sala cuya forma podremos imaginar, pero no ver en su totalidad
y de una sola vez.
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3. Las representaciones de ciervos que venimos revisando aparecen aisladas o asociadas con otros
animales diferentes, como es usual en los lienzos parietales del Paleoltico superior. Hemos destacado, sin embargo, las concentraciones de ciervos machos de Candamo y El Buxu, con varios ejemplares de similares procedimientos tcnicos y caracteres estilsticos en cada una de esas cuevas, y sin
presencia de ciervas en los alrededores (al menos con procedimientos tcnicos y recursos expresivos
que, por ser similares a los de los ciervos, permitiesen considerar su sincrona). Esta repeticin de
ciervos machos, sin otras representaciones de ciervas asociadas, es poco frecuente en el arte paleoltico cantbrico, aunque est presente tambin en el espacio terminal de Las Chimeneas, y en conjuntos ms alejados como Lascaux y Marcenac, y otros de la Pennsula Ibrica. Son ms frecuentes las
agrupaciones mixtas, que aparecen las ms veces como una mera yuxtaposicin de guras (Altamira,
Pasiega B7) y solo en ocasiones muestran un carcter narrativo (Ker de Massat- o semi-narrativo
piln estalagmtico de la sala 1e de la Garma, parejas de Ekain y Emboscados, etc.). E incluso, al
menos en la regin Cantbrica, son ms frecuentes las agrupaciones solo de ciervas, presentes en
varios conjuntos parietales. Los ciervos heridos y con expresin corporal acorde no suelen aparecen
en esas composiciones mixtas (en el caso de Pasiega B7 se aprecia una notable separacin espacial,
y en lo referido a formato y dimensiones, entre el ciervo herido y las cabezas de ciervas), sino, ms
frecuentemente, aislados o en agrupaciones de machos adultos. Teniendo en cuenta el comportamiento de estos ltimos, que deambulan aislados durante buena parte del ao, no parece descabellado pensar que las composiciones de Candamo y Buxu aludan a una situacin concreta, a caceras
coincidiendo con la concentracin durante la berrea (nales de septiembre en la actualidad), como
sugeramos ms arriba.
En la regin cantbrica Cervus elaphus fue una de las bases econmicas de las poblaciones del
Paleoltico superior y Epipaleoltico, seguramente la ms importante. En algunos periodos (Magdaleniense antiguo e inicios del reciente), la caza de rebaos de esta especie parece haber sido el
elemento clave en la organizacin de la movilidad y el aprovechamiento econmico de los grupos
cantbricos. Los recuentos a partir del nmero de restos indican que es el animal ms cazado, con
medias de frecuencias entre el 39,3 en el Paleoltico superior inicial, y 60,6 en el Aziliense, y un
mximo durante el Magdaleniense medio y superior inicial (62,3). Los valores con el NMI son similares, sobrepasando el 50% de los ungulados cazados durante casi todo el periodo Magdaleniense
(Gonzlez Sainz, 1992).
Los datos de edad y sexo de los individuos cazados apuntan a un porcentaje amplio de animales
jvenes e infantiles, y de hembras en menor medida. En el caso del ciervo y de la cabra las especies
que, en distintos entornos orogrcos, sufrieron una caza especializada la frecuencia de individuos
jvenes fue creciendo a lo largo del Tardiglaciar hasta alcanzar un mximo durante el Magdaleniense
superior-nal, estabilizndose despus, o con un ligero descenso, en episodios posteriores (Gonzlez
Sainz, 1989: 172). Como ya apuntaron distintos autores L.G. Freeman, J. Altuna, L.G. Straus
y otros la informacin sugiere una caza cooperativa de grupos de animales por acoso y batida de
laderas; una actividad que era especialmente rentable en las semanas posteriores a la cra (entre mayo
y junio), pero bien posible a lo largo de todo el ao. Acaso la dicultad mayor, en esa temporada de
inicio del verano, fuera la localizacin de estos rebaos. En todo caso, la abundancia de la especie en
la regin, y su movilidad estacional restringida, hacan la caza relativamente predecible, lo que explica que tales rebaos se convirtieran en objetivo primordial de los grupos cantbricos. Aunque cabe
suponer que las posibilidades de localizacin de estos grupos de hembras y cras fueron algo mejores
en la estacin ms fra (reduccin de la densidad de la masa de vegetacin y de las posibilidades de
ocultamiento, piso de nieve, mayor grado de concentracin del ms escaso alimento, etc.), debieron
compensarse con la mayor movilidad de las cras, las ms jvenes ya con varios meses.
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Por su parte, la caza de ciervos machos adultos debi presentar un carcter bastante distinto. El
hecho de que vivan ms aislados durante casi todo el ao desde los grandes machos dominantes,
o reproductores, que suelen deambular solos, a los grupetes de jvenes que acaban de abandonar
la disciplina materna supone una localizacin menos predecible por parte de los cazadores, incompatible con la especializacin cinegtica ejercida sobre la especie (que, como se ha apuntado, se
apoya esencialmente en los rebaos mixtos de hembras y cras) en la regin Cantbrica. Sobre todo
los machos adultos que viven ms aislados debieron ser un objetivo cinegtico inusual. Pero adems, su caza fue ms particular e individualizada en lo referido a la presa, y ms costosa en cuanto
que, con frecuencia, y una vez herido, debi exigir ms largas persecuciones que ciervas y cras. De
otro lado, es una caza factible todo el ao, pero no igualmente predecible: la localizacin y caza de
grandes machos es ms sencilla en la poca de berrea, a lo que pueden aludir algunas composiciones
parietales, como sugeramos.
Otros animales grandes como el caballo, el bisonte e incluso el uro, que son ms gregarios que el
ciervo adulto, fueron frecuentemente objetivos menos denidos por el cazador con anterioridad al
ataque. Al menos, el empleo del propulsor para cazar alguno de estos animales organizados en grupos
hace recomendable disparar al bulto del rebao, calculando el movimiento de huida de los animales.
De manera que tambin desde el punto de vista del cazador la caza del ciervo adulto pudo ser una
actividad algo ms particular o personalizada, que la de otros animales.
Acaso por estos rasgos diferenciales, en esas sociedades de cazadores que sobreviven en buena parte gracias a esa especie, Cervus elaphus, la caza del venado adulto pudo ser un objetivo especialmente
prestigioso y susceptible de celebracin grca. Es pues posible que el arte parietal cantbrico se haga
eco de esta diferencia entre ciervos machos adultos y el resto de la especie, celebrando unos valores
cinegticos que son relativamente contradictorios con el peso econmico de esos animales adultos
en la subsistencia de los grupos humanos, pero coherentes con las especicidades que suponemos a
su caza. De ah, segn creemos posible interpretar, esa especial recurrencia en la representacin de
unos caracteres de edad y sexo asociados a venablos y a una expresin corporal de dolor, que no se
da con similar insistencia en guras de otras especies de menor peso econmico, ni en grupos de
edad o sexo de esa misma especie que sufrieron un acoso ms colectivo que el ciervo adulto. Aun a
riesgo de realizar una lectura notablemente actual de ese tema paleoltico, nos resulta difcil obviar
una interpretacin basada en esos valores cinegticos y de prestigio, que en algunas cuevas parecen
haberse vinculado a la representacin de caceras de venados adultos concentrados durante la berrea
(grupos de Pea Candamo y El Buxu).
C G S
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