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Subjetividad Rebelde en Marcuse y Habermas

El documento discute la "subjetividad rebelde" en la filosofía de Marcuse según la interpretación de Habermas. Explica que Marcuse logró ver la necesidad de una "praxis política" para realizar visiones filosóficas y morales. También describe cómo Marcuse "historizó el concepto de razón" y la diferencia entre su enfoque y el de otros filósofos de la Escuela de Frankfurt. Finalmente, resume la transición de Marcuse desde Heidegger a desarrollar su propia concepción de la "subjetividad rebelde

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Subjetividad Rebelde en Marcuse y Habermas

El documento discute la "subjetividad rebelde" en la filosofía de Marcuse según la interpretación de Habermas. Explica que Marcuse logró ver la necesidad de una "praxis política" para realizar visiones filosóficas y morales. También describe cómo Marcuse "historizó el concepto de razón" y la diferencia entre su enfoque y el de otros filósofos de la Escuela de Frankfurt. Finalmente, resume la transición de Marcuse desde Heidegger a desarrollar su propia concepción de la "subjetividad rebelde

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El rescate de la subjetividad rebelde

en Marcuse segn Habermas


MA. DEL CARMEN CALDERN

Si hablamos de una subjetividad rebelde en Marcuse es porque


creemos que Marcuse logra con esta subjetividad lo que ni los
filsofos existencialistas ni positivistas lograron ver, esto es, el ser
capaces de apreciar la necesidad de una `praxis poltica' para realizar
cualquier visin filosfica, poltica, econmica o moral.
Pero esta praxis poltica est basada en lo que a mi juicio sera la
esencia misma de la subjetividad rebelde de Marcuse, y la explicacin
de su carcter subversivo en el 68 y, su desconcertante popularidad.
Por subversivo estoy entendiendo, siguiendo a Szasz, cuando lo
correcto es hacer lo que para otros est mal. Esta subversin tiene su
explicacin en el hecho de que Marcuse supo historizar el concepto de
razn. Lo importante es que baja a la tierra el concepto de razn. La
razn deja de escribirse con maysculas, la Razn con mayscula era
la razn represiva necesaria para una historia capitalista. La razn
marcusiana es diferente.
Creo que esta misma idea es la que motiva a Habermas a buscar el
comn denominador de la `subjetividad rebelde' de Marcuse y, de
algn modo su actualidad cultural.
Por eso, al tratar de acentuar la `subjetividad rebelde' de Marcuse
siguiendo el camino delineado por Habermas, no intentamos recordar
al Marcuse que denunciaba los males de nuestra poca (cuando
hablaba de esa lucha ciega, sorda , inexpugnable por la existencia, o
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MARCUSE Y LA CULTURA DEL 68

cuando hablaba de la competencia implacable o de esa cnica (ya en


nuestros das) brutalidad.
Esto hace que aun cuando sin ninguna duda podamos afirmar que
Marcuse denunciaba la negacin, la negacin marcusiana es la negacin de la contradiccin que rebasa los lmites de meras denuncias para
avocarse, de manera positiva a la realizacin de las necesidades
humanas, de la necesidad de la belleza, de la necesidad de la paz, de
la necesidad de la calma (que no lograron los neofreudianos por
ejemplo).
Por eso aqu tratamos de recuperar al pensador ms positivo de
todos los que predicaron lo negativo.
Al pensador que logra en ese pensamiento negativo retener la
confianza dialctica en la negacin, en la revelacin de alternativas
positivas.
Habermas denomina este aspecto de Marcuse como sus caractersticas afirmativas, caractersticas que se basan en el propio ronnanticismo confesado de Marcuse, romanticismo que est mucho ms
ausente en la obra de Adorno o de Horkheimer por ejemplo, ms no
de Habermas quien lo vuelve a asumir.
Lo importante es que Habermas muestra que este planteamiento
romntico, o esta caracterstica peculiar, no es parte de la personalidad
de Marcuse, sino que es debida a una posicin. terica que los separa
de los dems pensadores de la Escuela de Frankfurt.
Esto es, la diferencia no es una diferencia de estilo, sino que es una
diferencia terica que retomar Habermas como algo vital.
Segn Habermas, la diferencia terica que lo lleva a la subjetividad
rebelde se puede explicar mostrando el hilo conductor que va de la
transicin desde Heidegger a Horkheimer, a travs de la Teora Crtica
a mediados de los aos treinta y recuperando la ruta propiamente
marcusiana.
Cundo comienza a bajar la razn a la tierra? Cundo se presenta
su rebelda tan completamente actual? Es claro que Habermas tiene
que pasar por un periodo de transicin que comienza cuando aun
consciente del impacto que haba ejercido en su pensamiento la
ontologa de Heidegger se comienza a apartar de l.
Su subversin se empieza a gestar en 1929 en su trabajo Filosofa
Concreta en donde comienza a descubrir un concepto de historicidad
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EL RESCATE DE LA SUBJETIVIDAD REBELDE...

que subraya cmo el horizonte de la existencia humana es algo


determinado por la historia.
Aqu, anticipndose a la interpretacin humanista del joven Marx
ya comienza a advertir sobre los peligros de la absorcin del individuo
en la colectividad.
En este mismo ao cuando publica La ontologa de Hegel y la
f indacin de una Teora de la Historicidad, obra que es de hecho su
carta de presentacin al Instituto, ya vincula el dasein a los procesos
correctos y contingentes de la historia y la sociedad.
A decir de Habermas el nacimiento de la subjetividad rebelde ya est dado en tanto que ya se efectu el viraje de un ser a un ser en el mundo, de una ontologa fundamental a una filosofa de la historia, y sobre
todo el comienzo de una conceptualizacin diferente de la historia.
As, ya en 1933 Marcuse seala cmo las propiedades formales de
la historicidad ocultan en vez de mostrar la substancia misma de la
historia.
Citando a Marcuse:
"Se da o no el caso de que las situaciones contingentes y particulares puedan acabar destruyendo lo autntico de la existencia humana,
que puedan acabar con la libertad y transformarla en vana ilusin?
Ser cierto que la historicidad debe permanecer neutral y sin compromiso hasta que el anlisis se enfoque sobre la `situacin material
concreta'?""
El segundo nivel hacia la `subjetividad rebelde' marcusiana lo
encuentra Habermas, con quien coincido aqu plenamente, en los
aportes que hace Marcuse a la Teora Crtica a mediados de los aos
treinta, para ser ms especficos en 1937, ao de la publicacin tanto
de su ensayo El carcter afirmativo de la cultura como de su Filosofa
y Teora Crtica, el avance se hace patente al ya no referirse a
estructuras abstractas del mundo humano sino que ahora toma su lugar
una razn situada histricamente.
"La razn es la categora fundamental del pensamiento filosfico,
la nica que nos permite vincularnos al destino humano".2
1 Herbert Marcuse, Vossiche Zeitung, Nm. 339, Frankfurt, diciembre 1933.
2 Jrgen Habermas, Las respuestas a Marcuse, Barcelona, Edit. Anagrama, 1969,
p. 131.

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MARCUSE Y LA CULTURA DEL 68

Ya se denuncia cmo el concepto abstracto y no histrico de la


razn, concepto que se encuentra presente en todas las filosofas de
corte idealista, conduce a todas las formas de ideologa, se denuncian los ideales burgueses como falsos. Por su parte la Teora
Crtica marcusiana no erradica los ideales pero ya hace ver cmo los
ideales son exclusivos de la situacin social concreta , cmo adquieren importancia, en tanto que las cuestiones econmicas y polticas carguen el peso de las relaciones humanas en el proceso
productivo.
La demanda por una razn significa la creacin de una organizacin
social en la cual los individuos regulen de manera colectiva sus vidas
conforme a sus necesidades.
Si bien es cierto que todava en esta poca Marcuse no ha cuestionado completamente la dinmica revolucionaria de las fuerzas
productivas del capitalismo, ya se daba cuenta de lo que significaban
histricamente tanto el fascismo como el estalinismo . Es ms, ante la
totalizacin de la razn instrumental se pregunta si la productividad y
la prosperidad que van aparejadas con la tecnologa que est al servicio
de una de una poltica monopolista inmuniza , o parece inmunizar a la
sociedad industrial avanzada en su estructura establecida , entonces
ser todava dialctico el concepto de inmunidad? Su respuesta es un
contundente s. Habermas comenta al respecto:
"Para Marcuse , el concepto de la sociedad libre y racional slo tena
un error, no prometa demasiado , sino ms bien demasiado poco."3
El aterrizaje pleno a la subjetividad rebelde se da a partir de este
trampoln.
Es decir, Cmo puede creer en el renacimiento de la subjet ividad
en rebeldas si con la expansin del capitalismo el proyecto de la razn
instrumental modela la accin y el lenguaje?
A lo que Marcuse contesta:
"An si lo individual , la barrera ltima de la razn sea cada vez ms
tragada por una sociedad totalitaria, e incluso si este hundimiento del
ego no tuviera lmites, no obstante , todava podemos esperar el
renacimiento de la subjetividad en rebelda a partir de una natuiraleza

' R. Bernstein, Habermas mid modernity, Cambridge, Polity Press, 1985, p. 72.

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EL RESCATE DE LA SUBJETIVIDAD REBELDE...

que es ms vieja, y que surge desde abajo del nivel de la individualidad


y la racionalidad".4
Es decir, la explicacin de la totalidad social concreta se poda
encontrar ah donde haban fallado los neofreudianos, en el redescubrir a un Freud que destruye las ilusiones de la tica idealista a partir
de una teora de los instintos que posee una dinmica tal, que rompe
la historia dejndola atrs.
La dominacin social tiene una explicacin.
"La dinmica de la dominacin que comienza con la institucin del
despotismo conduce a la revolucin y termina despus del primer
intento de liberacin con el restablecimiento del padre tanto internacionalizado como generalizado, por ejemplo, la forma racional se
repite as misma durante toda la historia de la cultura y la civilizacin
aunque de forma diluida. Las insurrecciones triunfan y ciertas fuerzas
tratan de llevar la revolucin a su punto extremo, desde el cual la
transicin a nuevas y no slo cuantitativas sino diferentes condiciones
cualitativas puedan quizs llevarse a cabo. En este punto la revolucin
es generalmente vencida y la dominacin se externaliza, restablece y
contina en el nivel ms alto."5
Dicho en lenguaje ms sencillo, Marcuse se propone recapturar la
instancia histrica implcita en la historicidad de los contenidos
freudianos. Su propsito es explicitar las formas socio-histricas que
asume el concepto de represin en la sociedad industrial avanzada. La
civilizacin se inicia cuando el hombre posterga y reprime el principio
de placer por el de realidad, as los deseos del hombre no son ms suyos
sino que estn organizados por la sociedad. Bajo el principio de
realidad, el ser humano desarrolla la funcin de la razn. Es decir, la
represin no proviene de la naturaleza sino de la sociedad. Si bien el
motivo por el que la sociedad impone represin es econmico y Freud
lo lleva a admitir que la civilizacin no represiva es imposible,
Marcuse marca el carcter histrico preciso de la escasez, la organizacin implica racionalidad que adquiere en la actualidad la forma de
4

Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, Edit. Seix Barra, Barcelona, 1968,


P. 151.
Herbert Marcuse , Eros y civilizacin , Edit. Seix Barral , Barcelona , 1969, pp.
97-98.

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una `violencia absoluta' gracias a la perfeccin de los resortes administrativos.


Habermas hace ver como Marcuse no ve una oposicin final entre
Eros y Tanatos sino que, a pesar de sus antagonismos, ambas luchan
por la pacificacin. Por otro lado, si hay progreso en la civilizacin y
ste est basado en la modificacin represiva de los instintos, entonces
aumenta la existencia de una plusvala que no lleva a la gratificacin
sino que provoca una reaccin tanto en Eros como en Tanatos.
Una vez que la represin instintiva pierde su funcin debido a la
autopreservacin necesaria, los dos poderes forman una coalicin y
demandan la revolucin de las energas del trabajo enajenado.
Habermas hace ver como este argumento es poco plausible en tanto
que si la subjetividad en rebelda tuviera que deber su renacer a algo
que est ms all de la razn, cmo se explicara el porqu algunos de
nosotros debemos estar en una posicin para reconocer este hecho y
dar razones en defensa del mismo.
Quizs aqu se dibuje una caracterstica ms de la subjetividad
rebelde: el no caer en el derrotismo. Hay algo ms que una explicacin
instintiva , existe una intencin filosfica verdadera. Esto es lo mismo
que hace Habermas, sienten la obligacin de dar explicaciones tericas y por tanto, de asentar la accin en la razn.
Marcuse mismo se percat de lo peligroso del uso del lenguaje. De
este lenguaje que en la sociedad actual hace que se identifique la
reflexin con el hecho, que sustituye el concepto por imagen, ese
lenguaje que se convierte en un lenguaje anticrtico y antidialctico.
El 68 representa para Marcuse el confrontarse a s mismo con las
caractersticas positivas del subjetivismo rebelde, es decir, cori una
visin concreta no especulativa, con una nocin de la razn aqu en la
tierra que no pierde la nocin de contradiccin entre los peligros del
eclipse de la misma y el rescate del desarrollo de la conciencia como "una de las tareas capitales del materialismo", con una nocin
de represin escondida en las formas socio-histricas. La cultura del
68 representa el confrontar la dubitativa naturaleza de las justificaciones morales.
A mi manera de ver Habermas rescata estas mismas caractersticas
de subjetividad rebelde al considerar que la razn es intersubjetiva,
aun cuando trate de demostrar esa razn por medio del anlisis de los

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EL RESCATE DE LA SUBJETIVIDAD REBELDE...

presupuestos universales de la comunicacin o las condiciones universales que posibilitan la comprensin en la comunidad.
Si es posible y de hecho, se debe hacer ciencia social crtico
hermenutica con un mtodo que utilice tanto la interpretacin
verstehen como la explicacin por causas erklren orientada por el
inters emancipativo y dirigido a hacer una sociedad buena, humana
y racional, como lo plantea Habermas, entonces es el heredero de esta
subjetividad rebelde.
Si no, de qu otra manera se podra llamar a su intento de una
"filosofa orientada prcticamente para alcanzar una emancipacin."
Ambos pretenden ubicar la razn en el plano de lo concreto, ambos
creen en el hombre.
Ambos saben que la Razn es la razn represiva y as como Marcuse
cree en la desublimacin represiva si es posible, as Habermas hereda
el juego de una alternativa positiva. La puerta est abierta, es de
nosotros el camino.

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