En la década de los 30's, un fervoroso sentido de la pobreza abrazó a los Estados
Unidos y al mundo en general, cuando los valores mundiales se desplomaron desde sus
cimientos en Nueva York desestabilizando principalmente el aparato social -que de por si
ya sobrevivía con penas- de la clase obrera norteamericana. Las máquinas estaban
presentes por moda y por practicidad. La distinción de clases era abrumadora y toda la
economía mal planeada y casi al borde del colapso; hasta el punto de que los pudientes
acaparaban el exceso de producción que ellos mismos eran incapaces de consumir. Los
fabricantes producían mucho; los pobres carecían de todo y unos pocos tenían una
estabilidad imaginada, producto de sucumbir a los hilos de acero y vapor que usaba las
manos, ya sin espíritu, de unos pocos afortunados de comer y de vestir, a cambio de
pasar todos los días una jornada eterna, en algo muy parecido al infierno: las industrias
de modelo tayloriano y fordista.
El aparato social y su estructura, se encontraban entonces en plena construcción
adolescente, con el sentimiento puberto de la confusión improductiva y trasgresora del
capitalismo, que para entonces, alardeaba con la bandera de la modernidad. Entre todo
el alboroto inoportuno de no tener que comer, la clase trabajadora, y sufriente, gozaba
del cine mudo en su máximo esplendor y con el máximo representante de la época:
Charles Chaplin. Tenían al alcance películas con fuerte contenido social, y políticamente
incorrectas (donde lo políticamente incorrecto, se condenaba en cada lugar donde las
ideas pretendían ser de liberación) y un personaje con quien reflejar los miedos y las
angustias, que ya para 1936, estaban en el clímax del desorden mundial, en lo
económico y en lo socialmente igualitario.
He construido con mas o menos detalles, el escenario que todos nosotros conocemos,
(la gran depresión de los 30's). Me permitiré entonces, hasta donde mi razón lo
comprende, esgrimir un par de argumentos poco observados antaño y que darán sin
duda, el incentivo necesario para volver más irreconciliable la postura de los necesitados
de entonces, con los poderosos de siempre. Se presentaba en aquellos días una
producción cinematográfica muda, titulada "Tiempos modernos" (Charles Chaplin, 1936).
Y el carismático vagabundo que la protagonizaba, era el retrato casi (solo casi) grotesco,
de cualquier desempleado de aquellos días; hasta tenia por nombre el mas común de
todos, se llamaba Charlot. En el mas puro sentido de lo gráfico, este personaje se
convierte en entrañable, desde lo visual, hasta lo cognoscitivo; en el primer sentido, sólo
ostenta unos zapatos desgastados, ropa vieja, un sombrero de copa, un bigotito y un
inseparable bastón; elementos fáciles para reflejar la pobreza de todos los otros.
Pero eso no es todo; Charlot es uno de ellos. Trabaja en una fábrica, aprieta tuercas que
nadie sabe para que sirven, y forma parte de una cadena productiva delirante, donde el
arrogante dueño incrementa la velocidad de los engranes, haciéndolos girar a todos,
hombres y maquinas, al compás en un ambicioso desenfreno. Como segundo punto, el
personaje también tiene un arma letal: el lenguaje de los signos. Charlot es mudo por
principio, no requiere de la voz para expresar sus ideas puntiagudas, utiliza símbolos
para destrozar a todo el sistema, y su popularidad se torna peligrosa. ¿Porqué?, bueno;
el pueblo era ignorante (y aprendían poco a poco de su actitud), los empresarios no
salían en la pantalla grande, el presidente Roosvelt, hablaba inglés y era muy bien
entendido por los americanos... pero Charlote no hablaba, solo actuaba, así que era
entendido por todos, sin importar fronteras ni lenguas. Ahora bien, Chaplin era famoso,
visto de manera internacional, y la primera figura pública del cine como industria.
Conclusión: Charlot podía hacer quedar mal a la maquinaria de acero y carne, que por
entonces suponía un progreso que, a decir verdad, estaba injustamente impuesto con
hambre y necesidad.
Ahora que hablamos de signos, se nos presentan dos escenarios distintos. Símbolos que
se palpan, y símbolos que se sienten. Ejemplificaré algunos de los primeros como mera
referencia para los segundos.
** La máquina de comida. Representa la terquedad de la industria a seguir
automatizando a costa del sacrificio humano. La sopa, a flor de plato; los bocados, sin
cubiertos; la cabeza sujeta y las manos libres para seguir trabajando... Pero la sátira es
más aguda. La máquina se descompone y comienza a violentar al asustado Charlot que
solo aguanta la refriega mientras los técnicos la reparan. En un momento,
aparentemente se compone, y mientras Charlot casi desfallece, uno de ellos dice:
"probemos otra vez desde la sopa". Todo falla de nuevo, y resulta un caos más agresivo
aún para el lastimado personaje, mientras el dueño de la empresa, testigo de todo lo
ocurrido, únicamente decide no adquirir la máquina, con esta mordaz frase concluyente:
"la máquina no es práctica". Los trabajadores son, entonces, una pieza más de la
maquinaria; un simple engrane necesario, pero no indispensable.
** La locura de Charlot. Resulta, que el personaje, cuando le incrementan la velocidad y
la carga, tiene un episodio de nervios que resulta en caos. El movimiento repetitivo e
incomprensible de todas las jornadas, deviene en un tic nervioso incontrolable, donde el
obrero, enloquecido, trata de apretar todo lo que quepa en su llave de tuercas: los
botones de la secretaria y hasta las narices de sus compañeros. ¿Ustedes que piensan,
que los obreros se vuelven locos por la carga de trabajo? No. De nueva cuenta, la sátira
es más profunda. Cuando conviertes a un ser humano en una pieza más de una enorme
máquina, si lo fuerzas y lo sometes a las condiciones de lo mecánico… ¡zaz! se
descompone como se descomponen las máquinas. El obrero ya no era hombre, era un
pedazo de industria tan fácil de descomponer como sobrecalentar cualquiera de los
motores. ¿Y que sucede? Bueno, si en un sistema de producción en cadena, tenemos
mal un engrane, todo se va al carajo. Y así sucede. Charlot, como miembro
descompuesto de la maquinaria, en un arranque de divertido descontrol, termina
destruyendo todo aquello de lo que formaba parte diciendo con gritos mudos (signos),
que las máquinas, solo incrementan la producción, pero, siguen siendo los hombres,
quienes las accionan y las controlan. La modernidad pues, vista desde ese enfoque, se
ponía en contra de las mayorías.
** La bandera roja. Ya sé que me van a decir que en una película en blanco y negro las
banderas rojas no existen. Cierto. Ahora, sucumbamos ante el genio de Charles Chaplin.
La escena es la siguiente. Charlot camina por la calle, desempleado, cuando dobla la
esquina a gran velocidad, un camión cargado con materiales para construcción; el
exceso en la carga del vehiculo, provoca que unas vigas saquen las puntas excediendo
el largo de la parte trasera donde está depositada la carga; por ende, hay lo que parece
un trapo amarrado en la punta trasera, claro indicador, como es natural, de "precaución"
para los carros que vinieran detrás. Con la velocidad, este pedazo de tela cae a los pies
del personaje, mientras el camión se aleja. El sentido común nos habla de que un
indicador de precaución en la parte trasera de un vehiculo de carga, aquí, y en Estados
Unidos, ahora, y en 1930, es de color rojo. Charlote se ve entonces blandiendo una
bandera roja, cuando detrás viene una marcha protestando por el sistema... Ahí tenemos
a un acusado de comunista que dirige por casualidad una revuelta de obreros con
pancartas (hasta en español), que claman libertad, justicia y unidad. Chaplin se retrató
en esta escena, y retó al sistema que por esos años lo acusaba hasta de traidor, además
de comunista y amigo de rusos.
** La cárcel es mejor. Nuestro infortunado Charlot, acusado de ser líder comunista, se
encuentra tras los barrotes de prisión. Afuera, las turbas se arremolinan en cada pedazo
de calle para protestar su desgracia. Se ven panaderías con vidrios rotos, fabricas
cerradas, y es común que cualquiera muera asesinado en una revuelta con los policías.
Por ende, abundan los huérfanos. El contraste es aplastante; afuera, los pobres no
tienen comida, los huérfanos no tienen ni zapatos, y los demás son casi convertidos en
maquinas. Adentro, hay techo, comida y hasta ropa. El presidio, supone nuestro genio,
es mejor que la libertad. Pronto el buen Charlot se ve inmiscuido en un lío de reos;
algunos se amotinan, y nuestro vagabundo logra de manera muy oportuna evitar la fuga
y entregar a los alborotadores; eso si, después de haber consumido cocaína en el
comedor de la prisión. El tono divertido, casual y simpático del excelente mimo, pretende
herir a la sociedad mas conservadora, en el tono de las realidades incomodas de la
época (y de siempre). El sistema, también tiene fallos; hay drogas en la cárcel, y la
policía se muestra muy torpe en el control de los presos; son débiles, y basta que a algún
preso le de la gana, para iniciar una pelea. Y por cierto, a la esposa del ministro religioso,
también le rugen las tripas de hambre, disfrazada como gastritis. A todos les chillan las
tripas por igual; solo que hay quienes respingan la nariz y miran hacia abajo. Charlot
representa entonces al ciudadano común que esta a punto de iniciar el disturbio, donde
las autoridades son tan tontas, que no controlan a las mayorías y se les puede perjudicar
hasta en sus propios terrenos. Charlot es un héroe revolucionario caricaturizado. Señor
de los medios como pocos, y vagabundo como la mayoría, que puede, hasta sin usar
palabras, poner al pueblo en postura de ataque.
** El retrato de vida de los ricos. Fíjense bien en la parte donde Charlot, al salir de
prisión, consigue trabajo de cuidador nocturno en una tienda departamental. Por la noche
se encuentra patinando como niño en el departamento de juguetes, acompañado por su
amiga huérfana (a quien ha dejado entrar de contrabando), quien se prueba vestidos de
baño y pretende dormir en una cama de verdad. En la escenografía, hay un muñeco de
"mickey mouse", recordándonos el poderío norteamericano que ya por entonces
rellenaba de felicidad artificiosa las mentes de los niños ricos, futuros poderosos por
herencia. La tienda, significa todo lo que se vende y no se puede comprar; lo que los
ricos ostentan y los pobres anhelan; el más puro sentido del despilfarro descarado;
mientras en las puertas de la tienda departamental, varios huérfanos esperan por todo
aquello que sobre. También se nos retratan las casas de los pudientes. Ellos tienen una
vaca que todos los días les da leche fresca, directa de la ubre; un jardín grande con
naranjas y uvas al alcance de las manos, una esposa bonita que es la señora de su
casa, y un trabajo fácil que da tiempo para ir a comer, con la mujer, en el comedor de la
hermosa y bien decorada casa. Esto tiene dos sentidos. El primero, raya en la paradoja.
El mismo anhelo utópico de los pobres, deseosos de una vida prospera desconocida, les
alentaba a seguir luchando y trabajando en el mismo sistema sintético, y lastimero, con el
afán de lograr el sueño soñado por todos ellos: una casa, leche fresca, uvas y
tranquilidad. Por otro lado, también es una sátira del amor. Veremos al final de la
película, cómo un camino largo, frente a un amanecer esplendido, ofrece la visión del
optimismo, aun cuando detrás, todo sucumbe a las manos del sistema establecido con
engranes e injusticias. El obrero oprimido se sabe poseedor de su humanidad, y la lucha
es por el espíritu y la condición humana; para tener un poco de lo que los ricos gozan,
pero tratando de no pertenecer al imperio de las maquinas que los convirtió en meras
refacciones de una industria que se lo traga todo. Así pues, “empezar de nuevo”, es el
clímax de la obra cinematográfica, que no deja desprotegidos a los que en aquel
entonces, la abrazaron como bandera.
Vamos con los símbolos que se sienten. Si bien los que se palpan, ya han quedado
por demás muy claros. ¿Se preguntaron cual era el problema con Chaplin desde el punto
de vista del gobierno? ¿De qué fue acusado en 1947 para que se le exiliara? La
respuesta mas próxima, la oficial, la encontramos de manera textual en muchas fuentes
distintas: "pertenecer al Partido Comunista; así como de graves delitos contra la
moralidad, y de formular declaraciones que demuestran una actitud hostil, y de
menosprecio hacia el país, gracias a cuya hospitalidad se ha enriquecido". Mentiras.
Estados unidos tenía miedo y vergüenza. Se trataba de símbolos que nadie más
observaba. Los símbolos palpables estaban en la obra, y era la sátira más hiriente que
todos veían e interpretaban a su manera. Pero, los otros códigos, sólo les hacían mella a
algunos pocos poderosos conservadores, que se mostraban temerosos de sus posturas
frente a países ajenos.
Les planteo el contexto. Chaplin era Europeo. Ingles para ser exactos. Actor cómico,
defensor del cine mudo aún entre fuertes detractores. Repulsivo al sistema, alborotador
social, y políticamente incorrecto. Percusor de movimientos obreros y burlón de los
estilos de vida privados y pedantes de los ricos, a quienes hacia ver como manipuladores
ambiciosos que con sus maquinas terminaban con la frágil humanidad de los débiles.
Conquistador. Un Europeo venia desde el centro buscando en la periferia americana
una sociedad construida con la razón y con la bandera roja empuñada en pantallas de
blanco y negro.
Era muy peligroso dejar que los países enemigos, notaran el poco carácter de los
políticos de entonces, maniatados y manipulados por el modernismo mal entendido que
Chaplin se encargaba de echar en cara, de manera internacional. Chaplin trataba de
colonizar las mentes norteamericanas, creando un espíritu de resistencia social, pacifista
y silencioso; quería conquistar a los americanos, esta vez desde Hollywood; y aunque en
el sentido estricto, Charles Chaplin era un luchador social y pacifista, a los Americanos
no les agradaba del todo la idea de ser conquistados y colonizados esta vez, bajo los
reflectores de la pantalla grande.
Casi al final de la película, Charlot, el simpático mimo representante del pueblo, en un
alarde de extrema sátira y abofeteando con guante blanco la moral de los magnates, se
dispone a mostrarnos su voz, en una película muda. Por primera, y única, y ultima vez, el
vagabundo silencioso de los años 30's, usa el lenguaje oral, para ser escuchado por todo
el mundo... ¿Y qué es lo que dice? NADA. Lleva al extremo la farsa, y se burla de sí
mismo, profiriendo una deliciosa mezcla entre italiano y francés, que no es entendible,
pero sí sumamente genial, producto de un verdadero maestro. Un elegante conquistador
mediático, mudo.
Epílogo.
Dos décadas después del exilio, en 1971, se preparó una entrega especial de premios
Oscar para la comunidad cinematográfica. El invitado de honor, a quien el gobierno
americano traía de regreso, era el anciano Sir Charles Spencer Chaplin. La comunidad
Americana había decidido reparar sus errores y calumnias, como suele hacerlo, de
manera pública, y con regalos. Todos los ganadores estaban al final de la ceremonia
sobre el escenario. Hubo veinte minutos de recortes cinematográficos recordando los
mejores momentos del actor. Se le llamó al frente, y se le entregó su premio. Tomó el
micrófono, y en medio del silencio, el educado anciano, habló de nuevo para todos los
que hace veinte años no lo habían escuchado. Y en un alarde de genialidad y de flema
inglesa, el héroe de los mimos solo acertó a decir:
"Las palabras parecen tan insignificantes... tan inútiles... oh!, ustedes son gente
maravillosa y dulce. Gracias"
Luego, la ovación se prolongó de pié durante 7 minutos...
ENSAYISMO LATINOAMERICANO Y TRANSDISCIPLINARIEDAD
B. RODRIGO GARCIA RUIZ 05 – 003 - 3479
PROFESORA: ISABELA CORDUNEANU
EVALUACION FORMATIVA 1: TIEMPOS MODERNOS