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La vida divertida de un rano en la charca

El documento cuenta la historia de Roberto, una rana macho que vive en Charca Páradais. Describe las actividades y eventos que tienen lugar en la charca, incluyendo competiciones deportivas. También presenta a otros personajes de la charca como Nelson y Lorenzo. El relato continúa describiendo los acontecimientos del día en la charca.

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La vida divertida de un rano en la charca

El documento cuenta la historia de Roberto, una rana macho que vive en Charca Páradais. Describe las actividades y eventos que tienen lugar en la charca, incluyendo competiciones deportivas. También presenta a otros personajes de la charca como Nelson y Lorenzo. El relato continúa describiendo los acontecimientos del día en la charca.

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La charca

Antonio de Orbe
El Edén

Hola amigos!, soy Roberto, Roberto Wilson Batracio, y


habéis tenido la enorme suerte de conocerme. Soy una rana
macho. Un rano. En realidad soy el rano más divertido,
simpático, burlón, admirado y apuesto de toda la charca. Todos
los ranos quieren ser mis amigos y no es extraño ya que a mi lado
no falta la diversión. El que viene conmigo sabe que tiene la juerga
asegurada. Sé como gastar el dinero, en todos los locales me
reciben con reverencias, nunca falta la alegría a mi lado. Nuestras
farras son memorables. Y todos saben que pueden encontrar
ranas hembra a mi alrededor, que revolotean en torno a mí. Sí
amigos, porque si alguna debilidad tengo, son las hembras de
rana. No me puedo contener, y además ¿para que hacerlo? Esas
hembras de rana me vuelven loco, con sus grandes ojos siempre
abiertos para mí, con sus largas, muy largas piernas delicadas y
poderosas que me estremecen, por no hablar de su boca, esa
boca sensual, sugerente y enorme donde se pueden encontrar los
mayores placeres entre ellos una larga delgada y envolvente
lengua capaz de hacer las maravillas del rano más desesperado y
¿que decir de su piel? Su piel suave y desnuda de pelos me
electriza. En fin amigos, ya lo veis, yo amo a las ranas y las ranas
me aman a mí ¿existe felicidad mayor?

Quizá debería contaros algo sobre Charca Páradais, mi


charca. Aprovecharé ahora que tengo tiempo. Voy conduciendo
mi descapotable por Palm Avenue que discurre pegada al borde
de la charca. Es nuestra calle más famosa. Va desde los altos
barrios residenciales donde yo vivo hasta las calles que
conforman el centro de la ciudad y luego sigue hasta la playa.

1
Siempre que bajo desde casa al centro por esta avenida y puedo
divisar la charca en toda su extensión me siento sobrecogido por
su belleza y orgulloso por vivir en la mejor charca de la ribera del
río. Es una charca moderna, vibrante, cosmopolita y llena de
vida. A la vez, no tenemos los problemas de aglomeraciones ni de
delincuencia de otras charcas. No está muy alejada del río,
muchos viajeros pasan por aquí y nos traen noticias de otros
sitios a la vez que admiran nuestra vida relajada y armoniosa. Pero
si alguno está pensando que no trabajamos está equivocado.
Cierto es que trabajar no es lo que más nos gusta, pero hay que
hacerlo. Yo mismo tengo dos o tres negocios de los que me
ocupo con regularidad, pero sin agobiarme. ¡No trabajes si esto
te impide correrte una juerga, ja ja! Y desde luego si percibo el
contoneo de las ancas de una rana hembra que se mueve cerca de
mí, ¡adiós trabajo, responsabilidades y sentido del deber! A decir
verdad, mi caso no es único aunque quizá sea un extremo. A
todos nos gusta la juerga y en cuanto llega el fin de semana, el
centro se puebla de ranos y ranas que no paran de bailar los
ritmos más exóticos y tropicales que pinchan nuestros
renombrados DJs como el verdoso, el ritmo líquido, el saltón, el
vegetal, el viscoso o el ritmo anfibio, a la vez que beben los
deliciosos néctares que se extraen de las decenas de plantas que
crecen en los alrededores de la charca. Suavemente alcohólicas y
bastante afrodisíacas, estas bebidas apenas producen
borracheras escandalosas y en todo caso los excesos son
siempre disculpados por los demás. Nosotros las llamamos tallos
ya que están servidas en pequeños tallos que hacen las veces de
vasos.

II

La mañana es radiante y hoy es un día muy especial.


Celebramos el concurso anual de saltos y deportes acuáticos.

2
Charca Páradais en pleno está congregada en la playa. En lugar de
desviarme a la derecha, hacia el centro, continuo recto hasta el
final de Palm Avenue donde aparco. Me dirijo a la playa donde
las autoridades han instalado unas enormes gradas sobre la arena.
Enfrente, en la charca, a unos veinte saltos de distancia, una gran
plataforma alberga las distintas competiciones. Bueno amigos, va
a ser una mañana fantástica. Cuando llego, el partido de
waterpolo ya ha comenzado. Los rivales no son de nuestro nivel,
y nuestro equipo va venciendo con nitidez. La animación es
grande aunque el público se reserva para el concurso de saltos, el
plato fuerte de la mañana. He venido sin Penélope, mi novia, de
modo que recorro las gradas con la mirada y entre la
muchedumbre descubro a mi compinche, Nelson Belisario
Rodríguez, que me hace señas. Nelson es mi leal amigo que me
acompaña en todas las farras. Mudo como una tumba cuando es
preciso, tiene la palabra adecuada para sacarnos de un apuro y es
muy bragado. ¡Ay si Nelson hablara, lo que podría decir de mí!
Pero Nelson Belisario no hablará, soy su protector y me debe la
vida. Esta mañana lo veo acompañado de alguien desconocido
con un aspecto chulesco que no me agrada. ¿Quien será? El
partido está acabando y las cosas se han puesto difíciles en los
últimos minutos. La muchedumbre está expectante. Un gol
contrario empataría el partido. Afortunadamente, suena la sirena y
el partido concluye. La afición aclama a sus héroes con aplausos
y vítores. La mañana comienza bien. Tras el anuncio del
resultado, se escucha por megafonía música ambiental. Un ritmo
anfibio y vegetal indica que sigue una pausa. Mientras unas
exuberantes ranas hembra comienzan a bailar sobre un escenario,
me dirijo a la barra para pedir un tallo y encontrarme con Nelson.
- ¿Que tal Nelson?, te veo acompañado
- Os presentaré. Este es Roberto Wilson Batracio y este
caballero es Lorenzo Felipe Lambini, de la capital.
- Y bien Lorenzo Felipe, ¿que te parece Charca Páradais?

3
- Tiene una gran fama, pero yo no la cambio por la capital.
El concurso de saltos va a ser muy reñido, aunque no creo que
vuestro héroe local tenga ninguna posibilidad.
- Ya lo veremos. ¿Alguien quiere un tallo?
El concurso de baile artístico por equipos ya ha
comenzado y nuestras ranas tienen grandes posibilidades de
alzarse con el triunfo. De momento tres equipos rivales se han
comportado como auténticos patos. Llegan las nuestras.
- Nuestras ranas son realmente hermosas, ¿no te parece
Lorenzo Felipe?
- Son ciertamente bellas. ¿Quien las tuviera entre sus
brazos? - dije el rano capitalino.
- Pregúntale a Roberto, conoce íntimamente a más de la
mitad del equipo. - dice Nelson sonriendo.
- El propio Nelson ha estado en varias sesiones de
entrenamiento. - Nelson y yo pasamos de la sonrisa a la franca
carcajada..
- Los ranos de Charca Páradais tenéis fama de
fanfarrones.- apostilla Lorenzo mientras en nuestros semblantes la
risa pasa a ser una mueca sin sentido.
- Veo que eres incrédulo. ¿Otra ronda de tallos?
Nuestras ranas realizan un ejercicio fantástico. Llega la hora
de las votaciones y... Ganamos de nuevo. Hurras y vítores se
suceden sin pausa. Miro de reojo a nuestro acompañante. No
tiene aspecto de afectarse por la derrota. Parece seguro de sí
mismo. ¿Amigos, sabéis lo que os digo? Pues que empieza a
caerme mal, bastante mal. Finalmente llega la competición más
esperada: el concurso acrobático de saltos de trampolín. Todas
las charcas del río han mandado a sus representantes. Nos
jugamos mucho. Los saltos clasificatorios se van sucediendo. La
música vegetal satura el ambiente. El nivel de la competición es
muy elevado. Los rivales van cayendo y nuestro representante
llega a la final. También el saltador de la capital. Nos toca el
turno. Nuestro rano se concentra. Cesa la música. ¡Ahí va! El

4
salto inicial es prodigioso, se ve que el chaval ha guardado todas
sus energías para este momento. Ya en el ascenso da una pirueta.
En lo alto, un mortal. Comienza el descenso con otro mortal al
que le sigue un tirabuzón y otro mortal y otro más. Antes de caer
todavía tiene tiempo de hacer una última pirueta para entrar
limpiamente en el agua. ¡Bravo! La multitud estalla en
aclamaciones. ¿Como ha sido capaz de hacer eso? La victoria es
segura. El salto, insuperable. El concurso es nuestro. Bueno, hay
que dejar que el saltador de la capital realice su salto. La
expectación es máxima. El saltador parece bastante chulo. Es un
rasgo típico de los habitantes de la capital. Dirige una
despreciativa mirada a las gradas. Se coloca de espaldas. Será un
salto hacia atrás. Toma impulso y.. Ahí va. El salto es magnífico.
Mientras se eleva da un mortal con las manos y ancas abiertas.
Arriba, el consabido mortal. En el descenso, dos piruetas
encadenadas seguidas de un doble mortal y un tirabuzón. El
silencio se apodera de las gradas. Ya ha igualado el salto de
nuestro rano. Aún tiene tiempo de otro tirabuzón y una última
pirueta. La entrada en el agua no levanta ni una gota. Ha ganado.
El público atónito no sabe reaccionar. Finalmente un murmullo de
decepción recorre la grada.
- Ya os lo decía yo. Las cosas realmente buenas suceden
en la capital. No es que vuestra charca no tenga encanto, pero no
hay comparación. Y eso que vuestro pequeño héroe ha hecho un
buen trabajo. Logrará grandes cosas si persevera. ¿Alguien quiere
otro tallo? Esta vez invito yo. ¡Camarero! Otra ronda, y sírvenos
también unos pinchos de coleópteros con anchoas.
Escuchad amigos: ya sé que odiáis a ese tipo, pero yo lo
odio aún más que vosotros. Lo mataría. Pero os digo una cosa,
antes de que acabe el día, se arrepentirá de sus palabras. Miro a
mi alrededor y palpo la desilusión que flota en el ambiente. El
público se retira apesadumbrado. He bebido demasiados tallos y
creo que necesito una buena siesta antes de la noche.

5
III

Esta noche tengo cita con Penélope María Bermúdez, mi


prometida. Voy a pasar por su casa a recogerla para ir a Noches
Tropicales, local de moda en la ciudad. Penélope es la rana más
hermosa, delicada y distinguida de la charca. Desde que nos
vimos, nos enamoramos apasionadamente y nos comprometimos
en matrimonio. Cierto es que precedido de mi fama tuvimos
alguna dificultad, pero la superamos. Ella sabe que soy un rano
alegre y que aunque me corra alguna juerga de vez en cuando, mi
corazón está con ella. Además, la bella Penélope es también casta
y pura y nadie puede esperar que me refrene hasta que nos
casemos. Por otra parte, la bella Penélope ignora los detalles de
mis correrías, nadie osaría ir a contarle chismes sobre mí; soy
amable, pero también pendenciero y temible si hace falta.

Entramos en Noches Tropicales y todos se vuelven a


nuestro paso, somos la pareja de moda. La música de la orquesta
entona ritmos líquidos, clásicos de otros tiempos. Ocupamos una
mesa cercana a la pista y tras ojear la carta pedimos una ensalada
de ortigas, pastel de lombriz y una selección de dípteros.
Tambien unos tallos. Somos el centro de las miradas. Todas las
ranas quisieran ocupar el lugar de Penélope María, y en cuanto a
los ranos... prefiero no pensarlo porque tendría que romperles la
cabeza a todos. La orquesta interpreta un ritmo viscoso y salimos
a bailar agarrados. Bailamos muy pegaditos, nuestras pieles se
han fundido. Amigos, ¿os he dicho como amo a esta rana?
Después de bailar unas sensuales y contoneantes piezas volvemos
a nuestra mesa. El ritmo viscoso aún continúa y nos besamos
largamente poniendo nuestras lenguas y salivas en contacto. La
orquesta da paso a un frenético ritmo saltón y la pista se puebla
de ranas y ranos desenfrenados. Una rana amiga de Penélope se
acerca a la mesa y aprovecho la ocasión para ir a la barra y pedir
unos tallos. Llegando, diviso a Nelson acompañado de Lorenzo
Felipe.

6
- Magnífico ambiente, ¿disfrutas Lorenzo?
- Ciertamente lo pasáis bien y la música es estupenda,
aunque algo pasada de moda.
- ¿También en la capital la música es mejor?
- No te ofendas, es otra cosa. Y ¿que hay de tu fama de
ligón de ranas?
- Se dicen muchas cosas de mí. Lo cierto es que no se me
dan mal los lances de amor.
- En la capital opinan que todo son habladurías.
- Son muchas tus dudas. Debo volver a mi mesa, el ritmo
saltón ya se acaba y mi prometida me espera. Si lo deseas,
Nelson te acompañará al Harris, un afterhours al que yo también
acudiré y donde estaremos cómodos. Allí daré cumplida
respuesta a tus preguntas y tras mis palabras sabrás que no hay
otra charca como la nuestra.
Estaréis conmigo, amigos, en que el tipo es realmente
odioso y que merece una lección. Me ha estropeado la noche y
varios tallos después, la bella Penélope María y yo abandonamos
Noches Tropicales. Noto que algo va a suceder, algo muy de
machos y deseo deshacerme de la compañía de Penélope cuanto
antes. La pobre es dulce y delicada, pero para algunas cosas es
un estorbo.

IV

Acompaño a Penélope María a su casa y tras ver el brillo


de mis ojos, me pide que tenga cuidado, no podría vivir sin mí.
No te preocupes, mi amor. Pero sus motivos son fundados. Ese
petulante, presuntuoso y arrogante batracio de la capital me ha
puesto a cien. Y me creo capaz de cualquier cosa con tal de
demostrarle su bajeza. Ya llego al Harris. Estoy encendido.

7
- Y bien Lorenzo Felipe, de modo que no te crees lo que
se cuenta de nuestra charca.
- Quizá tus palabras sean un poco exageradas, pero no
deberíamos discutir esto con la garganta seca. !Camarera, unos
tallos bien cargaditos! Lo cierto es que en la capital tomamos los
tallos fuertes de verdad. Aquí parecen agua de la charca.
- Y ¿que te trae por esta humilde charca?
- Mi hermano, Héctor Fernando Lambini está casado con
una rana de esta charca, Támara, y muchas veces me ha pedido
que venga a visitarlos. De modo que aquí estoy.
- ¿Támara?, te refieres a Támara Desiré Gómez?
Conozco bien a Támara Desiré. Es una rana madura
deseada por toda la charca. Desde renacuajo la hemos visto
crecer y es de una belleza incomparable. A todos nos defraudó
que se casara con alguien de la capital. A pesar de ello yo he
seguido pretendiéndola y no veo el momento en que caiga en mis
brazos.
- Pues sí, Támara Desiré Gómez, veo que la conoces. Pero
dime, cuéntame las supuestas proezas amorosas de las que te
enorgulleces y compararemos con lo que yo te cuente. Aunque
antes de nada, ¡Camarera, otra ronda de tallos, esta vez que sean
dobles!
Comienzo mi relato de amores y pendencias. Lorenzo
alterna relatando sus audacias. No son pocas. Nelson me indica
por señas que no siga, que lo deje. Pero yo continúo con la
narración. Vaciamos los tallos apenas los han servido y ya
estamos pidiendo otros. Lorenzo pretende ser un crápula y cree
estar a mi par, pero yo ya lo he descubierto, no está a la altura de
un anfibio como yo. Finalmente se da por vencido.
- He de reconocer que tus proezas en el amor superan lo
que había pensado. Enhorabuena.
- Quedo contento de haberte convencido.
- Si todo lo dicho fuera cierto...

8
- ¿No crees mis palabras? ¿Necesitas algún testimonio más,
acaso una prueba? Pues bien, sería el rano más despreciable de
esta charca si esta misma noche no cometiera la mayor tropelía
para probarlo.
- ¿Esta misma noche? y ¿que harías?
- Buscar una rana casada conocida por su belleza mas
también por su honor.
- Casada, mumm, y dime ¿quien es ella?
- Tu cuñada. Támara Desiré.
- ¡Ah canalla!, ¿serías capaz?
- Ni lo dudes.
- Mi hermano está fuera. Corro a avisarle.
- Ja ja. Sí, corre, corre. No lograrás evitarlo.

La noche está cuajada de estrellas, el aroma de las flores


embarga mis sentidos. Desde lejos se oye el croar de las ranas y
ranos en plena fiesta. Aparco a distancia de la casa de Támara
Desiré y embozado me aproximo andando. No hay motivo de
preocupación por su marido. Nelson, siguiendo mis instrucciones
ha estropeado su coche y los dos hermanos tardarán en regresar
a casa. Támara Desiré está sentada en la terraza. En un momento
en que va al interior, me encaramo de un salto en la terraza. Todo
está a oscuras a excepción de una luz interior que Támara apaga
al salir de nuevo. Sólo una menguante luna ilumina la noche.
- Héctor Fernando, ¿ya estás de vuelta? No te he oído
entrar.
Mi corazón palpita con fuerza. Callo para no ser
reconocido. Sin dudarlo la abrazo entre mis brazos. Ella se
entrega a mí. Nos besamos apasionadamente y entramos en su
dormitorio. Támara Desiré es una rana hermosa y apasionada.
Hacemos el amor dulce y largamente hasta acabar exhaustos.

9
-¿Quien eres? ¿No eres acaso Roberto Wilson?
- Támara, me has reconocido.
- Al principio te confundí con mi marido. Pero después te
reconocí, era tarde para ofrecer resistencia y me abandonaron las
fuerzas. Siempre te he deseado y nadie me había hecho el amor
como tú esta noche. Te amo Roberto.
- Yo también te he amado siempre.- No me cuesta
encontrar las palabras amables con las que tratar a una rana.
- Mi marido está al llegar. Debes marcharte, Roberto
Wilson. Adiós.
- Adiós mi bella Támara Desiré.

VI

Ha sido una noche espléndida. Sentados en un bar de mala


muerte a las afueras de la charca, cerca de Dessert Road, relato a
Nelson Belisario los pormenores de la cita entre sonoras
carcajadas.
- Támara cayó como fruta madura.
- ¿No te reconoció?
- Al principio me confundió con su marido y cuando supo
quien era yo, no quiso separarse de mí. Pero cuéntame que pasó
con los hermanos.
- Te lo contaré tal como pasó:

<<- Héctor, te roban a Támara.- Lorenzo Felipe llegó


dando gritos.
- No grites tanto, Lorenzo, ¿de que estás hablando?- dijo
su hermano.
- Ese canalla de Roberto Wilson se dirige a tu casa para
robarte a tu rana. Vámonos antes de que sea tarde.- dijo Lorenzo.
- Ja, ja, que tontería. Támara me quiere y me será fiel hasta
la muerte, pero vamos, si tan preocupado estás.

10
- No conoces a ese demonio. Támara no está segura si él
ronda cerca. ¡Oh!, mi coche está roto.
- Usemos el mío. Vaya, tampoco funciona.
- Corramos hermano, tu rana está perdida.
- Deja de decir estupideces. No te consiento que hables así
de Támara. Y para ya de gritar.>>

- Ese presuntuoso de la capital ha recibido su merecido.


Támara no dirá nada y su marido, loco de amor el infeliz, no
creerá lo que dice su hermano, pero este sí sufrirá la deshonra
que ha caído sobre su familia. Dije que se arrepentiría antes de
acabar el día y así ha sido. Le está bien empleado, por chulo.
Trasegamos varios tallos más hasta que me doy cuenta de
que una rana vieja me mira desde la mesa de al lado.
- Roberto Wilson, ¿cuando te arrepentirás de tus pecados?
- No será ante ti, vieja rana.
- Deberías tener más cuidado con como tratas a esta pobre
vieja. Mereces un gran castigo por tus felonías. Escucha mi
encantamiento, Roberto Wilson Batracio:

A la cama irás
como un bello rano
pero despertarás
transmutado en humano.

Te maldigo Roberto
por tus mil fechorías
el infierno se ha abierto
hasta el fin de tus días.

Sólo el sincero beso


de amor de una rana
te quitará el peso
de tu forma humana.

11
- Que estupideces dices. Aparta de mí, vieja bruja.
- Recuerda lo que te he dicho. Pagarás por tus pecados
Roberto Wilson Batracio.
- Vámonos a dormir, Nelson. Se acabó la noche.

12
El Averno

Tengo la boca seca y unas terribles ganas de orinar. Es


medianoche y debo ir al baño. De vuelta me miro en el espejo.
Hay algo anormal en mí que no sé descubrir en este momento.
Vuelvo a la cama y duermo hasta el amanecer. Cuando despierto
veo a mi mujer a mi lado. Me asalta un irrefrenable deseo y me
abalanzo sobre ella que aún medio dormida me rechaza. Sin
embargo ataco de nuevo venciendo su débil resistencia. Entre las
sábanas cabalgamos con ahínco. Al terminar se levanta mientras
yo me desperezo. Sale del baño ya arreglada y me interpela:
- Que raro David, hacía meses que no echábamos un
polvo. No lo tomes en consideración, esto no cambia nada. Por
cierto, deberías levantarte o llegarás tarde.
Cuando ella ha abandonado la habitación, me dirijo de
nuevo al baño inmerso en una sensación de extrañeza. Algo me
pasa. De nuevo ante el espejo no logro adivinar lo que me ocurre
hasta que... ¡Puagg! ¡Soy un humano! Ahora recuerdo a aquella
vieja rana y su hechizo:

A la cama irás
como un bello rano
pero despertarás
transmutado en humano.

¡Me he convertido en un hombre! Mil males han de


sucederme. Los humanos representan lo peor del reino animal.
Nada es comparable a ellos. Sin embargo no empiezo tan mal.

13
Con un polvo. Y ha sido de los buenos. Por otra parte me
encuentro cómodo en mi nuevo cuerpo. Tengo mujer y trabajo y
por lo que puedo ver a mi alrededor, mi posición económica es
desahogada. Se equivocó la vieja rana. Sí amigos, continuaré la
juerga en esta peluda piel recién estrenada. Nadie va a reírse de
Roberto Wilson Batracio, o... ¿debo decir de David? David
Toledillo según dicen los documentos que encuentro sobre mi
mesilla. De cualquier modo salgo a la calle pleno de ánimo a
descubrir mi nuevo mundo.

II

El bullicio del tráfico me sorprende. Conduzco con


precaución entre un mar de coches. Al final de una gran avenida
diviso el imponente edificio donde trabajo. Tiene más pisos de
los que hubiera podido imaginar. Ya en la oficina, entro en mi
despacho. Cielos, es estupendo. Soy uno de los jefes. Pero
siempre hay un jefe más jefe que tú. El gran jefe me llama a su
despacho para revisar el plan de ventas. Es un impresionante
ejemplar de dos metros de estatura, gordo y sudoroso. Siempre
está enfadado.
- David, ¿que pasa con el plan de ventas?
- Todo va bien, ¿algún problema?
- ¿Que cojones estás diciendo? Todo va mal y no hay más
que problemas.- El tipo está realmente enfadado y agita
violentamente sus manazas en el aire.
- Tranquilo, todo se arreglará.- No sé que decir, soy un
hombre desde hace apenas unas horas. Me mira con detenimiento
y cara de sorpresa.
- A ti te pasa algo. Estás agilipollado.
- No sé si son las palabras más adecuadas.

14
- Deja de hablar con ese tonillo refinado. Vuelve al
despacho y no levantes tu puto culo del asiento hasta que lo
arregles.
Amigos, esto es no va a ser tan placentero como esperaba.
Vuelvo al despacho apesadumbrado. Pregunto por un lugar
donde bañarme pero todos me miran asombrados. ¿Donde se
baña la gente? Llevo más de cuatro horas sin bañarme y no
parece que pueda arreglarlo. Por las respuestas que recibo colijo
que los humanos sólo se bañan una vez al día y algunos ni eso.
Las horas se van sucediendo y los papeles no dejan de
acumularse en mi mesa. Llamadas de vendedores irritados
esperan una respuesta de mi parte, pero con dificultad puedo
calmarles. ¡Es increíble, todos quieren saberlo todo y además
ahora mismo! ¿Se han vuelto locos?

En realidad mi mente está en otra cosa. Desde hace horas


sigo con la vista a una de las chicas de la limpieza. Es soberbia.
Nunca hubiera podido imaginar que las hembras humanas me iban
a gustar tanto. Ella no puede evitar darse cuenta de que la miro.
Hemos ligado y cuando veo que se dirige al baño de hombres me
doy cuenta de que es mi ocasión, tácitamente me está pidiendo
que la siga. Si no, ¿por qué iba a entrar allí mientras me sonríe?
De modo que hombre o rano yo soy un caballero y estoy listo
siempre que una dama me llama. Entro con decisión en el baño y
ante la atónita mirada de la chica la abrazo con pasión. Ella se
resiste tanto al principio que pienso que quizá me haya
equivocado. Caballero, murmura, por favor. Mi amor, cielo mío,
eres la mujer más hermosa que he conocido jamás, le digo y tras
cerrar la puerta, abandona paulatinamente su resistencia y
echamos un fantástico y apasionado polvo. También incómodo
ya que aparte de lo inadecuado del lugar y de la escasez de
superficies horizontales limpias capaces de ubicar a dos humanos
tendidos a lo largo, a sugerencia de la chica, debemos accionar
periódicamente los distintos sanitarios con objeto de disimular y
así nos acompañan el grifo, la cisterna en dos ocasiones y la

15
tobera de aire caliente del secamanos. Regreso a mi despacho
tras haberle prometido que no diré nada de lo ocurrido.

III

La jornada laboral se me está haciendo eterna. Nuevas


llamadas de vendedores aumentan mi irritación. Veo salir al jefe y
dirigirse hacia mí, por lo que cojo el teléfono y doy gritos
aparentando estar enfadado aunque no hay nadie en el otro lado,
no me vaya a decir que estoy atontado. Por fin llega la hora de la
comida. Salimos a la calle donde el ruido reaparece de forma aún
más agresiva que por la mañana. En dos ocasiones me salvo de
morir atropellado gracias a la ayuda de un compañero. Mi
desilusión aumenta cuando veo la comida. Vulgar y anodina, lejos
de cualquier ritual, sólo sirve para alimentarse. Las
conversaciones que escucho me dejan completamente frío.
Versan sobre absurdos deportes y mediocres héroes televisivos.
Aprovecho el momento para intercalar preguntas que me permitan
informarme sobre la vida de humano que me ha tocado vivir y las
respuestas son aterradoras. Resulta increíble que se pueda vivir
de este modo y empiezo a pensar que esto es un auténtico
castigo.

De vuelta a la oficina, busco a la bellísima chica de la


limpieza, pero ella ha desaparecido y no sé donde fijar mi
atención. Debo tener un aliciente para pasar la tarde. Observo el
personal femenino cualificado y sin cualificar. Muchas mujeres
vienen a echar polvos a la oficina. Se les nota. Visto lo cual, me
decido por una vendedora que me reporta. Es un bombón y viste
de forma muy llamativa. Sus andares contoneantes son una
invitación a la concupiscencia. En un momento en que estamos a
solas la abordo con decisión, pero, ante mi sorpresa, recibo
como respuesta una sonora bofetada.

16
- ¿Estás loco, que haces?
- ¿Pero es que no quieres echar un polvo? Te aseguro que
será estupendo, soy un maestro. Hay al fondo una sala de
reuniones de lo más adecuada.
- Si quisiera echar un polvo para promocionarme, sólo lo
haría con el gran jefe. ¿Como has pensado que me iba a liar con
un pringado como tú?
- ¿Promocionarte? No se de que hablas. Eres una mujer
bellísima y hago esto movido por el gran amor que te profeso.
- Deja de decir estupideces. Si me tocas una sola vez más,
te demando por acoso sexual.
- ¿Acoso sexual? Pero si estás a punto de caramelo. Puedo
olerte, deseas ansiosamente el sexo. Sólo trato de ayudarte y
pasar un buen rato. ¿Que hay de malo en echar un polvo en la
oficina?
- Estás completamente enfermo. Aparta de mí.

IV

La suerte de sinsabores laborales que me ha tocado vivir


llega a su fin. Aunque los jefes permanecen en sus despachos,
aprovecho el movimiento general para marcharme. Veo al gran
jefe que se dirige hacia mí como un paquidermo, así es que
aprieto el paso y abandono el edificio. Tras sortear de nuevo el
peligroso tráfico, vuelvo a casa esperando encontrar a mi mujer,
pero ella no está en casa aún. Deambulo aburrido por el salón
cuando oigo unos ruidos demoníacos de intensidad creciente,
que avanzan amenazadores en mi dirección. La puerta se abre
violentamente y aparecen ante mí dos vociferantes engendros.
- Papá, Juan se ha reído de mí - grita un monstruo con
aspecto de niña de siete años.
- Es culpa de Laura. Es una cursi y una idiota - responde a
voces un energúmeno de ocho años.

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- Juan es tu favorito, a mí no me quieres - llora la niña.
- Eso no es cierto, siempre le das la razón a ella - gime el
niño.
- Bueno, calma, pequeños. Seguro que podemos arreglarlo
sin llorar. Juan, ¿por qué te has reído de tu hermana?
- Laura se ha besado con su novio.
- Mentira, odio a los chicos, sois imbéciles. Además, tú te
has meado en la cartera de un niño más pequeño.
- Asquerosa, te vas a enterar.
Me desembarazo como puedo de mi deprimente progenie y
huyo hacia una salita en la que me encierro con llave. Para pasar
el rato decido servirme una copa. Desconozco los licores así es
que me sirvo uno cualquiera. ¡Puagg! Arde. Es increíble como
alguien puede beber este matarranas. La tarde va cayendo y
sospecho que mi mujer no va a venir. Creo que daré una vuelta
para conocer la vida nocturna de esta ciudad.

Con el ánimo decaído, recorro la ciudad sin rumbo fijo. La


gente parece pasarlo bien, pero yo no me contagio de su alegría.
El tiempo transcurre sin pausa. Entro en distintos locales y en
todos encuentro lo mismo. Para beber, descarto el matarranas y
me decido por la cerveza, que aunque amarga y fuertemente
alcohólica, es lo único que soporto. Hay bares donde el ambiente
está cargado de una pestilente humareda y en otros un congelador
aire acondicionado paraliza mis movimientos. La música resulta
infernal con ritmos machacones que parecen indicarte la salida e
inducen en el personal toda clase de movimientos espasmódicos.
Las mujeres despiden intensos olores sexuales, pero también
huelen a represión. Para ocultarlo se ponen turbadores perfumes
que me marean.

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Entonces la veo. A mi mujer. Está acompañada de otro
hombre. Voy a acercarme cuando veo que se besan.
Apasionadamente. ¡ Mi mujer está con otro! Se meten mano
descaradamente. Entonces... ¡Soy un cornudo! Un vil cornudo.
En el pasado era yo quien ponía los cuernos, pero ahora las
tornas han cambiado. Amigos, estoy desolado y recuerdo con
pesar el encantamiento de la vieja bruja.

Te maldigo Roberto
por tus mil fechorías
el infierno se ha abierto
hasta el fin de tus días.

Hasta el fin de mis días. ¿Como voy a soportarlo si soy


humano desde hace apenas un día y ya no puedo más? Salgo del
local y cojo el coche. Tras tres cervezas conduzco ebrio sin
poner atención al resto de vehículos hasta que al poco veo unas
luces detrás de mí acompañadas de una sirena. Es la policía. Mi
sinuosa trayectoria ha llamado su atención. El agente me mira a
los ojos y decide someterme a la prueba de alcohol. Doy positivo
y me llevan a comisaría. Una hora después, cuando mil alergias
amenazan mi delicada piel, mil neurosis serpentean mi frágil
cerebro y mil ojos me atraviesan acompañados de obscenas
verbalizaciones, mi mujer me saca del apestoso antro. Ya en el
coche la miro avergonzado.
- Ya has tenido que meter la pata de nuevo.
- Perdona, no se que me ha pasado. Cariño, te he visto
acompañada de otro hombre. Dime, ¿ no somos felices?
- ¿A que viene esa majadería? Pues claro que no lo somos.
Hace años que nos llevamos fatal y meses que sabes que estoy
con otro. ¿Por qué esa sorpresa?
- Entonces... Lo de esta mañana...
- Te dije que lo olvidaras. ¿Donde te dejo?
- Da igual. Aquí mismo.

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VI

Salgo del coche y ella se marcha sin despedirse. Camino


unos metros hasta el puente sobre el río. Estoy completamente
abatido. Miro al río. La corriente discurre veloz. Siniestros
pensamientos pasan por mi mente. Voy a tirarme y a acabar con
mi vida. Moriré ahogado y daré fin a este infierno. El río. Pensar
que sólo unos kilómetros más abajo está mi amada charca. El
edén donde viví felices días. ¡Oh Penélope María Bermúdez!
como te he amado y cuanto te añoro. Aquella vieja bruja destrozó
mi vida con su maldición. No soporto más. Adiós amigos, me
arrojo.

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Vuelta a casa

El sol recién salido calienta tibiamente mi cuerpo. Me


despierto tumbado en la arena. Trato de recordar. Me arrojé al río
con la intención de acabar con mi vida, pero me he salvado. La
corriente me arrastró hasta la orilla donde me ha sorprendido el
amanecer. Sucio, maloliente y demacrado mi aspecto es indigno,
pero algo ha cambiado, ya no deseo morir y, aunque confuso,
noto una creciente fuerza en mí. Abandono el río y llego a un
camino que discurre próximo desde donde observo el paisaje.
Atrás he dejado los deteriorados paisajes industriales que rodean
la ciudad, la cual adivino en la distancia. ¿Que puedo hacer?
Recuerdo nuevamente las palabras de la bruja.

Sólo el sincero beso


de amor de una rana
te quitará el peso
de tu forma humana.

¡Claro, un beso de amor! Penélope, tú puedes salvarme. Te


encontraré y suplicaré tu perdón. Hacia ti voy. En algún lugar
próximo debe hallarse mi charca. Mis pasos van acompañados de
persistentes dudas: ¿Aceptará Penélope mi arrepentimiento?
¿Desaparecerá el maleficio de la bruja? ¿Abandonaré esta
repugnante forma humana? ¿Volveré a ser feliz en mi charca?
Pronto lo sabré.

En un recodo del camino, diviso una ribera que me parece


conocida. En efecto, son las afueras de mi charca. Me encuentro

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cerca de Dessert Road. ¿Como haré para hablar con mi amada
con esta forma humana? Escondido tras unos juncos para no
sembrar el pánico, observo lo que ocurre. Al poco aparece un
rano borrachín que no ha acabado con la farra de anoche. Es mi
oportunidad. En un rápido movimiento, lo atrapo con una mano.
El rano, en lugar de espantarse y gritar sigue en su particular
delirio alcohólico. Rano, le ordeno, ve a la charca rápidamente y
avisa a Nelson Belisario Rodríguez. Dile que le estoy esperando.
Soy Roberto Wilson Batracio.

Deposito al embriagado rano en el suelo y le veo avanzar


sinuosamente por la carretera. Albergo grandes dudas sobre el
comportamiento del rano, pero no tengo otra opción que esperar.
Agazapado de nuevo en mi escondite veo con gran alegría venir a
Nelson por el camino. Nelson, mi leal amigo Nelson.
- Nelson
- ¡Aggg! Un asqueroso humano. No debí de fiarme de ese
rano borrachín.
- Nelson, no huyas. Soy Roberto Wilson Batracio, tu
amigo. - digo mientras lo cojo entre mis enormes manazas.
- Roberto, ¿eres tú?, ¿un humano? Tienes el aspecto más
repugnante que hubiera podido imaginar.
- Nelson, debes ayudarme - sollozo amargamente - Aquella
vieja bruja me hechizó. ¿No lo recuerdas? Sólo un beso de amor
me convertirá en rano. Tienes que encontrar a Penélope María y
convencerla para que venga y me libere. Soy enormemente
desgraciado. Dependo de ti.
- Lo recuerdo todo. Tu estado es lastimoso. No te
preocupes, Roberto. Buscaré a Penélope y la traeré aquí. El resto
corre de tu cuenta.
- No le digas nada de mi aspecto. Yo se lo contaré. Adiós
Nelson, no te demores.
- Adiós Roberto.

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II

Desde que desperté en la orilla, he estado cavilando que le


diría a Penélope. Creí haberlo tenido claro, pero ahora que se
acerca el momento, me asaltan las dudas de nuevo. ¿Querrá
verme? ¿Querrá escucharme? ¿Querrá besarme? Pronto despejaré
mis dudas, pues ya los veo aparecer. Nelson se detiene a
distancia y permite a Penélope avanzar sola. Temeroso, continúo
agazapado.
- Roberto, ¿estás ahí? No te veo.
- Sí, Penélope. Aquí estoy.
- ¿Es que temes algo? Abandona tu escondite de modo que
pueda verte.
- De acuerdo, ya puedes verme. - avanzo unos pasos y
salgo de mi escondite.
- ¡Aggg! Un asqueroso humano. Nelson, ayúdame.
- Penélope, no temas. Soy Roberto.
- Roberto, ¿que te ha ocurrido?
- He sido hechizado. Una rana bruja me maldijo. Mantendré
esta forma humana hasta que, una vez arrepentido de mis
fechorías, un beso de amor me libere. Tienes que ayudarme.
- Tus pecados son muchos, Roberto. Dime, ¿te has
arrepentido?
- Sí Penélope. He hecho mucho daño en este mundo.
También a ti, el ser que más amo. Pero créeme, he sufrido mucho
y estoy arrepentido. Mi vida como humano ha sido un calvario.
Los humanos son seres despreciables. Todo en ellos es malo.
Comen alimentos asquerosos. Beben matarranas abrasivos.
Trabajan interminables horas. Sus niños son odiosos y maltratan
a los animales. Apenas hacen el amor, siendo afortunados los que
consiguen hacerlo una vez por semana. Y la mayoría ni eso. Su
música es odiosa. No se lavan y huelen de forma deleznable. Se
odian los unos a los otros. No existe la gentileza ni las buenas

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maneras. Y... Era un cornudo. Un vil cornudo. Penélope, te amo.
Sabes que te amo con locura. Estoy totalmente arrepentido.
- Te creo, Roberto. Tu arrepentimiento es sincero y deseo
ayudarte. ¿Que debo hacer?, ¿besarte?
- ¿Serías capaz de besar a este ser deforme?
- Te amo Roberto, y pasaré por esa prueba. Smuac.
Un denso humo oscurece nuestros cuerpos, seguido de
una lluvia de brillantes estrellas en pleno día. Suena una música
celestial. Los violines dan paso a las trompetas y tambores. Una
súbita transformación se produce en mi cuerpo y... Amigos,
quiero llorar de alegría. Soy un rano, soy el mismo rano de
siempre. No creí que este momento pudiera llegar. Emocionados,
Penélope y yo nos abrazamos efusivamente. También se nos une
Nelson. Imposible no derramar las lágrimas tanto tiempo
contenidas.

III

Nelson Belisario conduce el coche camino de la casa de


Penélope María Bermúdez. Todos estamos locuaces y relatamos
brillantes ocurrencias que nos hacen reír. Me despido de
Penélope hasta la tarde. Recorremos Palm Avenue y Charca
Páradais me parece más hermosa que nunca. Nelson me deja en
casa para que pueda descansar y bañarme. Humm, un delicioso
baño de fango es lo que necesito.

Antes de subir a casa, decido tomar un tallo. Después de lo


ocurrido, creo que lo he merecido. Entro en el local que se
encuentra frente a mi casa. Un inocente tallo, ¿que hay de malo en
ello? A estas horas el local esta medio vacío. La música verdosa
ayuda a relajarse. En la barra, junto a mí, hay una bella rana. ¡Ah
no!, amigos. Ni lo penséis. Soy un rano nuevo. Estoy arrepentido
y no volveré a cometer los mismos errores de nuevo. A pesar de

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que la rana es en verdad hermosa. Dirige sus bellos ojos hacia mí
y me dedica una cálida sonrisa mientras cruza sus elegantes y
largas piernas. Sí amigos, es un pedazo de rana. Y está tan sola...
- Los tallos a solas no sientan tan bien como en compañía.
¿Puedo sentarme?
- Desde luego.
- Vaya mañana calurosa.
- Sí, hace un calor espantoso.
- Precisamente ahora iba a subir a casa para tomar un baño
de fango.
- Que suerte, quien pudiera.
- Acabo de instalar una bañera nueva. No se si caben dos
ranas juntas.
- Podemos probar.
- Excelente idea. Por cierto, mi nombre es Roberto,
Roberto Wilson Batracio.

Madrid, veintitrés de Febrero de 2.002

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