La vida divertida de un rano en la charca
La vida divertida de un rano en la charca
Antonio de Orbe
El Edén
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Siempre que bajo desde casa al centro por esta avenida y puedo
divisar la charca en toda su extensión me siento sobrecogido por
su belleza y orgulloso por vivir en la mejor charca de la ribera del
río. Es una charca moderna, vibrante, cosmopolita y llena de
vida. A la vez, no tenemos los problemas de aglomeraciones ni de
delincuencia de otras charcas. No está muy alejada del río,
muchos viajeros pasan por aquí y nos traen noticias de otros
sitios a la vez que admiran nuestra vida relajada y armoniosa. Pero
si alguno está pensando que no trabajamos está equivocado.
Cierto es que trabajar no es lo que más nos gusta, pero hay que
hacerlo. Yo mismo tengo dos o tres negocios de los que me
ocupo con regularidad, pero sin agobiarme. ¡No trabajes si esto
te impide correrte una juerga, ja ja! Y desde luego si percibo el
contoneo de las ancas de una rana hembra que se mueve cerca de
mí, ¡adiós trabajo, responsabilidades y sentido del deber! A decir
verdad, mi caso no es único aunque quizá sea un extremo. A
todos nos gusta la juerga y en cuanto llega el fin de semana, el
centro se puebla de ranos y ranas que no paran de bailar los
ritmos más exóticos y tropicales que pinchan nuestros
renombrados DJs como el verdoso, el ritmo líquido, el saltón, el
vegetal, el viscoso o el ritmo anfibio, a la vez que beben los
deliciosos néctares que se extraen de las decenas de plantas que
crecen en los alrededores de la charca. Suavemente alcohólicas y
bastante afrodisíacas, estas bebidas apenas producen
borracheras escandalosas y en todo caso los excesos son
siempre disculpados por los demás. Nosotros las llamamos tallos
ya que están servidas en pequeños tallos que hacen las veces de
vasos.
II
2
Charca Páradais en pleno está congregada en la playa. En lugar de
desviarme a la derecha, hacia el centro, continuo recto hasta el
final de Palm Avenue donde aparco. Me dirijo a la playa donde
las autoridades han instalado unas enormes gradas sobre la arena.
Enfrente, en la charca, a unos veinte saltos de distancia, una gran
plataforma alberga las distintas competiciones. Bueno amigos, va
a ser una mañana fantástica. Cuando llego, el partido de
waterpolo ya ha comenzado. Los rivales no son de nuestro nivel,
y nuestro equipo va venciendo con nitidez. La animación es
grande aunque el público se reserva para el concurso de saltos, el
plato fuerte de la mañana. He venido sin Penélope, mi novia, de
modo que recorro las gradas con la mirada y entre la
muchedumbre descubro a mi compinche, Nelson Belisario
Rodríguez, que me hace señas. Nelson es mi leal amigo que me
acompaña en todas las farras. Mudo como una tumba cuando es
preciso, tiene la palabra adecuada para sacarnos de un apuro y es
muy bragado. ¡Ay si Nelson hablara, lo que podría decir de mí!
Pero Nelson Belisario no hablará, soy su protector y me debe la
vida. Esta mañana lo veo acompañado de alguien desconocido
con un aspecto chulesco que no me agrada. ¿Quien será? El
partido está acabando y las cosas se han puesto difíciles en los
últimos minutos. La muchedumbre está expectante. Un gol
contrario empataría el partido. Afortunadamente, suena la sirena y
el partido concluye. La afición aclama a sus héroes con aplausos
y vítores. La mañana comienza bien. Tras el anuncio del
resultado, se escucha por megafonía música ambiental. Un ritmo
anfibio y vegetal indica que sigue una pausa. Mientras unas
exuberantes ranas hembra comienzan a bailar sobre un escenario,
me dirijo a la barra para pedir un tallo y encontrarme con Nelson.
- ¿Que tal Nelson?, te veo acompañado
- Os presentaré. Este es Roberto Wilson Batracio y este
caballero es Lorenzo Felipe Lambini, de la capital.
- Y bien Lorenzo Felipe, ¿que te parece Charca Páradais?
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- Tiene una gran fama, pero yo no la cambio por la capital.
El concurso de saltos va a ser muy reñido, aunque no creo que
vuestro héroe local tenga ninguna posibilidad.
- Ya lo veremos. ¿Alguien quiere un tallo?
El concurso de baile artístico por equipos ya ha
comenzado y nuestras ranas tienen grandes posibilidades de
alzarse con el triunfo. De momento tres equipos rivales se han
comportado como auténticos patos. Llegan las nuestras.
- Nuestras ranas son realmente hermosas, ¿no te parece
Lorenzo Felipe?
- Son ciertamente bellas. ¿Quien las tuviera entre sus
brazos? - dije el rano capitalino.
- Pregúntale a Roberto, conoce íntimamente a más de la
mitad del equipo. - dice Nelson sonriendo.
- El propio Nelson ha estado en varias sesiones de
entrenamiento. - Nelson y yo pasamos de la sonrisa a la franca
carcajada..
- Los ranos de Charca Páradais tenéis fama de
fanfarrones.- apostilla Lorenzo mientras en nuestros semblantes la
risa pasa a ser una mueca sin sentido.
- Veo que eres incrédulo. ¿Otra ronda de tallos?
Nuestras ranas realizan un ejercicio fantástico. Llega la hora
de las votaciones y... Ganamos de nuevo. Hurras y vítores se
suceden sin pausa. Miro de reojo a nuestro acompañante. No
tiene aspecto de afectarse por la derrota. Parece seguro de sí
mismo. ¿Amigos, sabéis lo que os digo? Pues que empieza a
caerme mal, bastante mal. Finalmente llega la competición más
esperada: el concurso acrobático de saltos de trampolín. Todas
las charcas del río han mandado a sus representantes. Nos
jugamos mucho. Los saltos clasificatorios se van sucediendo. La
música vegetal satura el ambiente. El nivel de la competición es
muy elevado. Los rivales van cayendo y nuestro representante
llega a la final. También el saltador de la capital. Nos toca el
turno. Nuestro rano se concentra. Cesa la música. ¡Ahí va! El
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salto inicial es prodigioso, se ve que el chaval ha guardado todas
sus energías para este momento. Ya en el ascenso da una pirueta.
En lo alto, un mortal. Comienza el descenso con otro mortal al
que le sigue un tirabuzón y otro mortal y otro más. Antes de caer
todavía tiene tiempo de hacer una última pirueta para entrar
limpiamente en el agua. ¡Bravo! La multitud estalla en
aclamaciones. ¿Como ha sido capaz de hacer eso? La victoria es
segura. El salto, insuperable. El concurso es nuestro. Bueno, hay
que dejar que el saltador de la capital realice su salto. La
expectación es máxima. El saltador parece bastante chulo. Es un
rasgo típico de los habitantes de la capital. Dirige una
despreciativa mirada a las gradas. Se coloca de espaldas. Será un
salto hacia atrás. Toma impulso y.. Ahí va. El salto es magnífico.
Mientras se eleva da un mortal con las manos y ancas abiertas.
Arriba, el consabido mortal. En el descenso, dos piruetas
encadenadas seguidas de un doble mortal y un tirabuzón. El
silencio se apodera de las gradas. Ya ha igualado el salto de
nuestro rano. Aún tiene tiempo de otro tirabuzón y una última
pirueta. La entrada en el agua no levanta ni una gota. Ha ganado.
El público atónito no sabe reaccionar. Finalmente un murmullo de
decepción recorre la grada.
- Ya os lo decía yo. Las cosas realmente buenas suceden
en la capital. No es que vuestra charca no tenga encanto, pero no
hay comparación. Y eso que vuestro pequeño héroe ha hecho un
buen trabajo. Logrará grandes cosas si persevera. ¿Alguien quiere
otro tallo? Esta vez invito yo. ¡Camarero! Otra ronda, y sírvenos
también unos pinchos de coleópteros con anchoas.
Escuchad amigos: ya sé que odiáis a ese tipo, pero yo lo
odio aún más que vosotros. Lo mataría. Pero os digo una cosa,
antes de que acabe el día, se arrepentirá de sus palabras. Miro a
mi alrededor y palpo la desilusión que flota en el ambiente. El
público se retira apesadumbrado. He bebido demasiados tallos y
creo que necesito una buena siesta antes de la noche.
5
III
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- Magnífico ambiente, ¿disfrutas Lorenzo?
- Ciertamente lo pasáis bien y la música es estupenda,
aunque algo pasada de moda.
- ¿También en la capital la música es mejor?
- No te ofendas, es otra cosa. Y ¿que hay de tu fama de
ligón de ranas?
- Se dicen muchas cosas de mí. Lo cierto es que no se me
dan mal los lances de amor.
- En la capital opinan que todo son habladurías.
- Son muchas tus dudas. Debo volver a mi mesa, el ritmo
saltón ya se acaba y mi prometida me espera. Si lo deseas,
Nelson te acompañará al Harris, un afterhours al que yo también
acudiré y donde estaremos cómodos. Allí daré cumplida
respuesta a tus preguntas y tras mis palabras sabrás que no hay
otra charca como la nuestra.
Estaréis conmigo, amigos, en que el tipo es realmente
odioso y que merece una lección. Me ha estropeado la noche y
varios tallos después, la bella Penélope María y yo abandonamos
Noches Tropicales. Noto que algo va a suceder, algo muy de
machos y deseo deshacerme de la compañía de Penélope cuanto
antes. La pobre es dulce y delicada, pero para algunas cosas es
un estorbo.
IV
7
- Y bien Lorenzo Felipe, de modo que no te crees lo que
se cuenta de nuestra charca.
- Quizá tus palabras sean un poco exageradas, pero no
deberíamos discutir esto con la garganta seca. !Camarera, unos
tallos bien cargaditos! Lo cierto es que en la capital tomamos los
tallos fuertes de verdad. Aquí parecen agua de la charca.
- Y ¿que te trae por esta humilde charca?
- Mi hermano, Héctor Fernando Lambini está casado con
una rana de esta charca, Támara, y muchas veces me ha pedido
que venga a visitarlos. De modo que aquí estoy.
- ¿Támara?, te refieres a Támara Desiré Gómez?
Conozco bien a Támara Desiré. Es una rana madura
deseada por toda la charca. Desde renacuajo la hemos visto
crecer y es de una belleza incomparable. A todos nos defraudó
que se casara con alguien de la capital. A pesar de ello yo he
seguido pretendiéndola y no veo el momento en que caiga en mis
brazos.
- Pues sí, Támara Desiré Gómez, veo que la conoces. Pero
dime, cuéntame las supuestas proezas amorosas de las que te
enorgulleces y compararemos con lo que yo te cuente. Aunque
antes de nada, ¡Camarera, otra ronda de tallos, esta vez que sean
dobles!
Comienzo mi relato de amores y pendencias. Lorenzo
alterna relatando sus audacias. No son pocas. Nelson me indica
por señas que no siga, que lo deje. Pero yo continúo con la
narración. Vaciamos los tallos apenas los han servido y ya
estamos pidiendo otros. Lorenzo pretende ser un crápula y cree
estar a mi par, pero yo ya lo he descubierto, no está a la altura de
un anfibio como yo. Finalmente se da por vencido.
- He de reconocer que tus proezas en el amor superan lo
que había pensado. Enhorabuena.
- Quedo contento de haberte convencido.
- Si todo lo dicho fuera cierto...
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- ¿No crees mis palabras? ¿Necesitas algún testimonio más,
acaso una prueba? Pues bien, sería el rano más despreciable de
esta charca si esta misma noche no cometiera la mayor tropelía
para probarlo.
- ¿Esta misma noche? y ¿que harías?
- Buscar una rana casada conocida por su belleza mas
también por su honor.
- Casada, mumm, y dime ¿quien es ella?
- Tu cuñada. Támara Desiré.
- ¡Ah canalla!, ¿serías capaz?
- Ni lo dudes.
- Mi hermano está fuera. Corro a avisarle.
- Ja ja. Sí, corre, corre. No lograrás evitarlo.
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-¿Quien eres? ¿No eres acaso Roberto Wilson?
- Támara, me has reconocido.
- Al principio te confundí con mi marido. Pero después te
reconocí, era tarde para ofrecer resistencia y me abandonaron las
fuerzas. Siempre te he deseado y nadie me había hecho el amor
como tú esta noche. Te amo Roberto.
- Yo también te he amado siempre.- No me cuesta
encontrar las palabras amables con las que tratar a una rana.
- Mi marido está al llegar. Debes marcharte, Roberto
Wilson. Adiós.
- Adiós mi bella Támara Desiré.
VI
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- No conoces a ese demonio. Támara no está segura si él
ronda cerca. ¡Oh!, mi coche está roto.
- Usemos el mío. Vaya, tampoco funciona.
- Corramos hermano, tu rana está perdida.
- Deja de decir estupideces. No te consiento que hables así
de Támara. Y para ya de gritar.>>
A la cama irás
como un bello rano
pero despertarás
transmutado en humano.
Te maldigo Roberto
por tus mil fechorías
el infierno se ha abierto
hasta el fin de tus días.
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- Que estupideces dices. Aparta de mí, vieja bruja.
- Recuerda lo que te he dicho. Pagarás por tus pecados
Roberto Wilson Batracio.
- Vámonos a dormir, Nelson. Se acabó la noche.
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El Averno
A la cama irás
como un bello rano
pero despertarás
transmutado en humano.
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Con un polvo. Y ha sido de los buenos. Por otra parte me
encuentro cómodo en mi nuevo cuerpo. Tengo mujer y trabajo y
por lo que puedo ver a mi alrededor, mi posición económica es
desahogada. Se equivocó la vieja rana. Sí amigos, continuaré la
juerga en esta peluda piel recién estrenada. Nadie va a reírse de
Roberto Wilson Batracio, o... ¿debo decir de David? David
Toledillo según dicen los documentos que encuentro sobre mi
mesilla. De cualquier modo salgo a la calle pleno de ánimo a
descubrir mi nuevo mundo.
II
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- Deja de hablar con ese tonillo refinado. Vuelve al
despacho y no levantes tu puto culo del asiento hasta que lo
arregles.
Amigos, esto es no va a ser tan placentero como esperaba.
Vuelvo al despacho apesadumbrado. Pregunto por un lugar
donde bañarme pero todos me miran asombrados. ¿Donde se
baña la gente? Llevo más de cuatro horas sin bañarme y no
parece que pueda arreglarlo. Por las respuestas que recibo colijo
que los humanos sólo se bañan una vez al día y algunos ni eso.
Las horas se van sucediendo y los papeles no dejan de
acumularse en mi mesa. Llamadas de vendedores irritados
esperan una respuesta de mi parte, pero con dificultad puedo
calmarles. ¡Es increíble, todos quieren saberlo todo y además
ahora mismo! ¿Se han vuelto locos?
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tobera de aire caliente del secamanos. Regreso a mi despacho
tras haberle prometido que no diré nada de lo ocurrido.
III
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- ¿Estás loco, que haces?
- ¿Pero es que no quieres echar un polvo? Te aseguro que
será estupendo, soy un maestro. Hay al fondo una sala de
reuniones de lo más adecuada.
- Si quisiera echar un polvo para promocionarme, sólo lo
haría con el gran jefe. ¿Como has pensado que me iba a liar con
un pringado como tú?
- ¿Promocionarte? No se de que hablas. Eres una mujer
bellísima y hago esto movido por el gran amor que te profeso.
- Deja de decir estupideces. Si me tocas una sola vez más,
te demando por acoso sexual.
- ¿Acoso sexual? Pero si estás a punto de caramelo. Puedo
olerte, deseas ansiosamente el sexo. Sólo trato de ayudarte y
pasar un buen rato. ¿Que hay de malo en echar un polvo en la
oficina?
- Estás completamente enfermo. Aparta de mí.
IV
17
- Juan es tu favorito, a mí no me quieres - llora la niña.
- Eso no es cierto, siempre le das la razón a ella - gime el
niño.
- Bueno, calma, pequeños. Seguro que podemos arreglarlo
sin llorar. Juan, ¿por qué te has reído de tu hermana?
- Laura se ha besado con su novio.
- Mentira, odio a los chicos, sois imbéciles. Además, tú te
has meado en la cartera de un niño más pequeño.
- Asquerosa, te vas a enterar.
Me desembarazo como puedo de mi deprimente progenie y
huyo hacia una salita en la que me encierro con llave. Para pasar
el rato decido servirme una copa. Desconozco los licores así es
que me sirvo uno cualquiera. ¡Puagg! Arde. Es increíble como
alguien puede beber este matarranas. La tarde va cayendo y
sospecho que mi mujer no va a venir. Creo que daré una vuelta
para conocer la vida nocturna de esta ciudad.
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Entonces la veo. A mi mujer. Está acompañada de otro
hombre. Voy a acercarme cuando veo que se besan.
Apasionadamente. ¡ Mi mujer está con otro! Se meten mano
descaradamente. Entonces... ¡Soy un cornudo! Un vil cornudo.
En el pasado era yo quien ponía los cuernos, pero ahora las
tornas han cambiado. Amigos, estoy desolado y recuerdo con
pesar el encantamiento de la vieja bruja.
Te maldigo Roberto
por tus mil fechorías
el infierno se ha abierto
hasta el fin de tus días.
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VI
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Vuelta a casa
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cerca de Dessert Road. ¿Como haré para hablar con mi amada
con esta forma humana? Escondido tras unos juncos para no
sembrar el pánico, observo lo que ocurre. Al poco aparece un
rano borrachín que no ha acabado con la farra de anoche. Es mi
oportunidad. En un rápido movimiento, lo atrapo con una mano.
El rano, en lugar de espantarse y gritar sigue en su particular
delirio alcohólico. Rano, le ordeno, ve a la charca rápidamente y
avisa a Nelson Belisario Rodríguez. Dile que le estoy esperando.
Soy Roberto Wilson Batracio.
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II
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maneras. Y... Era un cornudo. Un vil cornudo. Penélope, te amo.
Sabes que te amo con locura. Estoy totalmente arrepentido.
- Te creo, Roberto. Tu arrepentimiento es sincero y deseo
ayudarte. ¿Que debo hacer?, ¿besarte?
- ¿Serías capaz de besar a este ser deforme?
- Te amo Roberto, y pasaré por esa prueba. Smuac.
Un denso humo oscurece nuestros cuerpos, seguido de
una lluvia de brillantes estrellas en pleno día. Suena una música
celestial. Los violines dan paso a las trompetas y tambores. Una
súbita transformación se produce en mi cuerpo y... Amigos,
quiero llorar de alegría. Soy un rano, soy el mismo rano de
siempre. No creí que este momento pudiera llegar. Emocionados,
Penélope y yo nos abrazamos efusivamente. También se nos une
Nelson. Imposible no derramar las lágrimas tanto tiempo
contenidas.
III
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que la rana es en verdad hermosa. Dirige sus bellos ojos hacia mí
y me dedica una cálida sonrisa mientras cruza sus elegantes y
largas piernas. Sí amigos, es un pedazo de rana. Y está tan sola...
- Los tallos a solas no sientan tan bien como en compañía.
¿Puedo sentarme?
- Desde luego.
- Vaya mañana calurosa.
- Sí, hace un calor espantoso.
- Precisamente ahora iba a subir a casa para tomar un baño
de fango.
- Que suerte, quien pudiera.
- Acabo de instalar una bañera nueva. No se si caben dos
ranas juntas.
- Podemos probar.
- Excelente idea. Por cierto, mi nombre es Roberto,
Roberto Wilson Batracio.
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