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TZVETAN, Todorov - La Literatura en Peligro (Introducción)

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PROLOGO 4g Hasta donde soy capaz de recordar, me veo rodeado de libros. Tanto mi padre como mi madre eran biblio- tecarios, de modo que en casa siempre habia libros de sobra. Constantemente estaban haciendo planes para colocar nuevas estanterfas que pudieran absorberlos, y mientras tanto los libros se acumulaban en las habi- taciones y los pasillos formando frégiles pilas entre las que yo me deslizaba. Tardé poco en aprender a leer y empecé a devorar relatos clésicos adaptados para j6- venes: Las mil y una noches, los cuentos de Grimm y de Andersen, Tom Sawyer, Oliver Twist y Los misera- bles. Un dia, cuando tenfa ocho aiios, lei una novela entera. Seguramente me senti muy orgulloso de mi mismo, porque escribi en mi diario: «jHoy he leido Sur les genoux de grand-pére, un libro de 224 pagi- nas, en una hora y media!>. En mi época de estudiante en la escuela y en el ins- tituto segui amando la literatura. Entrar en el universo de los escritores, clasicos o contempordneos, biilgaros © extranjeros, cuyos textos ahora lefa integramente, ro LA LITERATURA EN PELIGRO siempre me hacia estremecer de placer. Podfa satisfa- cer mi curiosidad, vivir aventuras y sentir miedos y alegrias sin sufrir las frustraciones que acechaban mis relaciones con los nifios y las nifias de mi edad entre los que vivia. No sabia lo que queria hacer en la vida, pero estaba seguro de que tendria que ver con la litera- tura. ¢Escribir? Lo intenté, escribi poemas malisimos, una obra de teatro en tres actos que trataba sobre la vida de los enanos y los gigantes, ¢ incluso empecé una novela, pero no pasé de la primera pagina. No tardé en intuir que no era ése mi camino. Aunque todavia no sabia en qué acabaria la cosa, terminado el instituto no dudé al elegir mi carrera universitaria: estudiarfa Letras. En 1956 ingresé en la Universidad de Sofia. Hablar de libros se convertirfa en mi profesién. Bulgaria formaba entonces parte del bloque comu- nista, de modo que el estudio de las humanidades esta- ba muy influido por la ideologfa oficial. Las clases de literatura eran en un cincuenta por ciento erudicién y en el otro cincuenta, propaganda, ya que las obras tanto del pasado como del presente se valoraban en funcién de su conformidad con el dogma marxista-le- ninista. Habfa que mostrar en qué medida esos textos ilustraban la ideologia correcta, o en qué medida no lo hacfan. Como yo no compartia la fe comunista, pero tampoco era de talante contestatario, me refugiaba en la misma actitud que adoptaban muchos de mis com- patriotas: en ptiblico asentia en silencio o con reticen- cias ante los esldganes oficiales; en privado, una vida PROLOGO xr intensa de encuentros y de lecturas, orientadas sobre todo hacia autores de los que no se pudiera sospechar que fueran portavoces de la doctrina comunista, ya porque hubieran tenido la suerte de vivir antes de la legada del marxismo-leninismo, ya porque hubieran vivido en pafses donde eran libres de escribir los libros, que querian. Para obtener el titulo universitario, al concluir el quinto afio era obligatorio presentar un trabajo de fin de carrera. ¢Cémo hablar de literatura sin doblegarse ante las exigencias de la ideologia imperante? Opté por una de las escasas vias que permitian escapar del reclutamiento general: dedicarse a temas sin conteni- do ideolégico, es decir, en las obras literarias, los re- lativos a la propia materialidad del texto, a sus for- mas lingiifsticas. No era el tinico que se decidia por esta solucién, ya que desde los afios veinte del pasado siglo los formalistas rusos habjan abierto el camino, que después otros siguieron. En la universidad, el pro- fesor més interesante era, como no podia ser de otra manera, un especialista en versificacién. Asi, decidi dedicar mi trabajo de fin de carrera a comparar dos versiones de una larga novela de un autor biilgaro es- crita a principios del siglo xx, y me limité a analizar gramaticalmente las modificaciones que habia intro- ducido entre ambas versiones: los verbos transitivos sustituian a los intransitivos, el perfectivo se hacia més frecuente que el imperfectivo... Mis observacio- nes escapaban asi de toda censura, y actuando de este x2. LA LITERATURA EN PELIGRO modo no me arriesgaba a transgredir los tabties ideo- légicos del partido. ‘Nunca sabré cémo habria podido seguir jugando al gato y al ratén, y no necesariamente con ventaja para mi. Se me presenté la ocasién de ir un afio «a Europa», como deciamos en aquella época, es decir, al otro lado del «telén de acero» (imagen que para no- sotros nada tenia de excesiva, ya que era prdcticamen- te imposible cruzar aquella frontera). Elegi Paris, cuya fama ~ciudad de las artes y de las letras~ me deslum- braba. Un lugar donde mi amor a la literatura no co- noceria limites, donde podria unir con total libertad mis convicciones personales y mis ocupaciones pili cas, y escapar asi de la esquizofrenia colectiva impues- ta por el régimen totalitario biilgaro. Las cosas resultaron ser un poco més complicadas de lo que crefa. Mientras estudiaba en la universidad, me habia acostumbrado a prestar atencién a los ele- mentos de las obras literarias que quedaban al mar- gen de la ideologia: estilo, composicién, formas narra- tivas... En definitiva, a la técnica literaria. Como en un primer momento estaba convencido de que sélo me quedarfa un afio en Francia, pues ésa era la dura- cién del pasaporte que me habian expedido, queria aprovechar para aprenderlo todo sobre temas que, descuidados y marginados en Bulgaria, donde tenian el defecto de no servir a la causa comunista, sin duda se estudiaban en profundidad en un pais donde reina- ba la libertad. Pero me cost6é mucho encontrar este PROLOGO x3 tipo de ensefianza en las facultades parisinas. Las cla- ses de literatura se distribufan por paises y por siglos, de modo que no sabfa cémo localizar a profesores que prestaran cierta atencién a los temas que me inte- resaban. También debo decir que para un estudiante extranjero como yo no resultaba sencillo adentrarse en el laberinto de las instituciones académicas. El decano de la Facultad de Letras de Sofia me ha- bia recomendado a su homélogo en Paris. Un dia de mayo de 1963 Ilamé a la puerta de un despacho de la Sorbona (que entonces era la tinica universidad pari- sina), el del decano de la Facultad de Letras, el histo- riador André Aymard. Leyé la carta y me pregunté qué buscaba. Le contesté que queria seguir con mis es- tudios sobre estilo, lenguaje y teorfa literaria en gene- ral. «Pero jestas materias no pueden estudiarse en ge- neral! ¢En qué literatura le gustaria especializarse?» Senti que el suelo se abria bajo mis pies y farfullé de forma un poco lastimera que por qué no en literatura francesa. Y en esos momentos me di cuenta de que es- taba haciéndome un lio con mi francés, no muy séli- do en aquella época. El decano me miré con condes- cendencia y me sugirié que mejor estudiara literatura biilgara con algiin especialista, que no debian de fal- tar en Francia. Aunque me desanimé un poco, segui buscando y preguntando a las pocas personas a las que cono- cia. Y asi fue como un dia expliqué mis dificultades a un profesor de Psicologia, amigo de un amigo, y és- 14 LA LITERATURA EN PELIGRO te me comenté: «Conozco a alguien al que también le interesan estos temas un poco raros. Es ayudante en Ia Sorbona y se llama Gérard Genette». Nos conoci- mos en un oscuro pasadizo de la calle Serpente, don- de habia varias aulas, y enseguida nos caimos muy bien. Me explicé, entre otras cosas, que un profesor impartfa un seminario en la Ecole des Hautes Etudes, y que podriamos volver a vernos alli. El profesor se lamaba (nunca antes habia ofdo su nombre) Roland Barthes. El inicio de mi vida profesional en Francia estuvo vinculado a estos encuentros. Enseguida decid que un solo afio de estancia no bastarfa y que tenia que insta- larme en el pais durante mds tiempo. Me matriculé con Barthes para doctorarme, y presenté mi tesis en 1966. Poco después ingresé en el Centre National de la Re- cherche Scientifique (CNRS), donde he llevado a cabo toda mi carrera profesional. Entretanto, instigado por Genette, traduje al francés textos de los formalistas ru- sos, poco conocidos en Francia, en un volumen titu- lado Théorie de la littérature que se publicé en 1965. ‘Més adelante, también con Genette, dirigimos durante diez afios la revista Poétique, con el apoyo de una co- leccién de ensayos, e intentamos modificar la ensefian- za literaria en la universidad para liberarla de las casi- las de los paises y los siglos, y abrirla a lo que acerca las obras entre si. Los afios siguientes fueron para mi afios de inte- gracién progresiva en la sociedad francesa. Me casé, PROLOGO rs tuve hijos y me converti también en ciudadano fran- cés. Empecé a votar ya leer el periédico, y me intere- saba la vida piblica un poco més que en Bulgaria, ya que descubria que esa vida no estaba necesariamente sometida a los dogmas ideolégicos, como sucede en los paises totalitarios. Aunque nunca cai en la admira- cién devota, me alegraba constatar que Francia era una democracia pluralista que respetaba las libertades individuales. Y esta constataci6n influfa a su vez en el modo en que decidfa acercarme a Ia literatura: las ideas y los valores de las obras no estaban ya aprisio- nados en una argolla ideolégica preestablecida, ya no habia razones para dejarlos de lado y hacer como si no existieran. Las causas de que me interesara exclu- sivamente por la materia verbal de los textos habfan desaparecido. Desde ese momento, a mediados de los afios setenta, perdf también mi aficién por los méto- dos de anilisis literario y me dediqué al propio andli- sis, y por lo tanto a enfrentarme con los autores. A partir de ahi mi amor a la literatura dej6 de es- tar limitado por la educacién que habja recibido en mi pais totalitario. De repente tuve que intentar con- seguir nuevas herramientas de trabajo, senti la nece- sidad de conocer los contenidos y los conceptos de la psicologia, de la antropologia y de la historia. Como las ideas de los autores recuperaban toda su fuerza, para entenderlas mejor quise sumergirme en la histo- ria del pensamiento relativa al hombre y sus socieda- des, en la filosofia moral y politica. 16 LA LITERATURA EN PELIGRO Al hacerlo, el propio objeto de esa labor de cono- cimiento se ampli6. La literatura no surge en el vacio, sino en el seno de un conjunto de discursos vivos con los que comparte muchas caracteristicas. No es casua- lidad que a lo largo de la historia sus fronteras hayan sido cambiantes. Me senti atraido por esas otras for- mas de expresién, no en detrimento de la literatura, sino de forma paralela. Para saber como se encuen- tran culturas muy diferentes entre s{, en La Conquéte de I’Amérique lei tanto los relatos de los viajeros y conquistadores espafioles del siglo xvi como los de sus contemporaneos aztecas y mayas. Para reflexionar sobre nuestra vida moral, me sumergi en escritos de antiguos deportados de los campos rusos y alemanes, Jo que me Ilevé a escribir Face @ l’extréme. En Los aventureros del absoluto, la correspondencia de va~ rios escritores me permitié analizar un proyecto exis- tencial: el que consiste en poner la propia vida al servicio de la belleza. Los textos que lefa -relatos per- sonales, memorias, obras hist6ricas, testimonios, re- flexiones, cartas y textos folcléricos anénimos— no compartian con las obras literarias la categoria de fic- cién, ya que describian directamente los aconteci- mientos vividos, pero, como ellas, me permitian des- cubrir las dimensiones desconocidas del mundo, me conmocionaban y me daban que pensar. En otras pa- labras, el ambito de la literatura se ampliaba, dado que ahora incluia, junto con poemas, novelas, narra- ciones y obras de teatro, el vasto dominio de la escri- PROLOGO x7 tura narrativa destinado al uso piiblico o personal, el ensayo y la reflexion. Si hoy me pregunto por qué amo [a literatura, la respuesta que de forma esponténea me viene a la cabe- za es: porque me ayuda a vivir. Ya no le pido, como en la adolescencia, que me evite las heridas que podria sufrir en mis contactos con personas reales. Mas que excluir las experiencias vividas, me permite descubrir mundos que se sitdan en continuidad con ellas y en- tenderlas mejor. Creo que no soy el tinico que la ve asi. La literatura, més densa y més elocuente que la vida cotidiana, pero no radicalmente diferente, amplia nuestro universo, nos invita a imaginar otras maneras de concebirlo y de organizarlo. Todos nos conforma- mos a partir de lo que nos ofrecen otras personas: al principio nuestros padres, y luego los que nos rodean. La literatura abre hasta el infinito esta posibilidad de interaccién con los otros, y por lo tanto nos enriquece infinitamente. Nos ofrece sensaciones insustituibles que hacen que el mundo real tenga més sentido y sea més hermoso. No sélo no es un simple divertimento, una distracci6n reservada a las personas cultas, sino que permite que todos respondamos mejor a nuestra vocacién de seres humanos. La literatura reducida al absurdo | LA LITERATURA REDUCIDA AL ABSURDO ar Con el paso del tiempo me di cuenta con cierta sor- presa de que no todo el mundo era consciente de que la literatura tuviera el importante papel que yo le con- cedia. El primer lugar donde esta disparidad me im- pacté fue en la ensefianza escolar. Nunca he dado cla- se en un institut, y apenas en la universidad, pero como padre no podia quedarme indiferente ante las demandas de ayuda de mis hijos el dfa antes de un examen © cuando hacian los deberes. Y aunque es cierto que no le dedicaba todo el interés del mundo, empezaba a ofenderme un poco el hecho de descubrir que mis consejos o intervenciones tenian como resul- tado notas mas bien mediocres. Algo después adquiri una visién de conjunto de la ensefianza de la literatu- ra en las escuelas francesas, ya que entre 1994 y 2004 fui miembro del Consejo Nacional de Programas, una comisién consultiva multidisciplinar vinculada al Mi- nisterio de Educaci6n. Alli lo entendi: no s6lo la prac- tica de algunos profesores concretos, sino también la teoria de esta ensefianza y las instrucciones oficiales 22 LA LITERATURA EN PELIGRO que la enmarcan se apoyan en una idea de la literatu- ra totalmente diferente. Abro el Boletin Oficial del Ministerio de Educacién (ntim. 6, 31 de agosto de 2000), que contiene los pro- gramas de los institutos, en concreto el de Ia asignatu- ra de francés. En la primera pagina, bajo. el titulo de «Perspectivas de estudio», el programa dice: «El estu- dio de los textos contribuye a formar la reflexi6n sobre la historia literaria y cultural, los géneros y los regis- tros, la elaboracién del significado y la singularidad de los textos, la argumentacién de los efectos de cada dis- curso en sus destinatarios». El texto prosigue comen- tando estos epigrafes y explica en concreto que los gé- neros «se estudian metédicamente», que en el primer curso [equivalente al primero de bachillerato espaiiol] se profundiza en «los registros (por ejemplo, el trégico 0 el cémico)», que «la reflexién sobre la elaboracion y la recepcién de los textos constituye un estudio en sf mismo» o que ahora «los elementos de la argumenta- ci6n se plantearn de una forma més analitica». Asi pues, estas instrucciones se apoyan en conjun- to en una opcién: el objetivo primero de los estudios literarios es llegar a conocer las herramientas que uti- lizan. Leer poemas y novelas no Ileva a reflexionar sobre la condicién humana, sobre el individuo y la so- ciedad, el amor y el odio, la alegria y la desesperacién, sino a ideas criticas tradicionales 0 modernas. En la escuela no se aprende de qué hablan las obras, sino de qué hablan los criticos. LA LITERATURA REDUCIDA AL ABSURDO 23 En cualquier asignatura escolar el profesor se en- frenta a una eleccién tan fundamental que la mayorfa de las veces se le escapa. Simplificando un poco por exigencias del debate, podriamos formularla asi: gim- partimos un saber que trate de la disciplina en sf o de su objeto? Y por lo tanto, en el caso que nos ocupa: gestudiamos ante todo los métodos de anilisis, que ilustramos recurriendo a obras diversas? ¢O estudia- mos obras que se consideran bésicas, y para ello utili- zamos los métodos mas variados? ¢Qué es el objetivo y qué el medio? ¢Qué es obligatorio y qué opcional? En las demés asignaturas esta eleccién es mucho més clara. Se ensefia, por una parte, matematicas, fi- sica y biologia, es decir, disciplinas (ciencias), tenien- do més 0 menos en cuenta su evolucién. Por otra par- te, se ensefia historia, no un método de investigacién histérica entre tantos otros. Por ejemplo, en segun- do curso [equivalente al cuarto de ESO en Espafia] se considera importante que los alumnos revivan los grandes momentos de ruptura en la historia europea: la democracia griega, el surgimiento de los monoteis- mos, el humanismo renacentista, etcétera. No se opta por ensefiar la historia de las mentalidades, o la histo- ria econémica, militar, o diplomatica o religiosa, ni los métodos y las ideas de cada uno de estos enfoques, aunque se recurre a ellos cuando es necesario. Pero esta misma eleccién se presenta en la asignatu- ra de francés, y la orientacién actual de esta ensefian- za, por lo que dicen los programas, se decanta por el 24 LA LITERATURA EN PELIGRO «estudio de la disciplina» (como en fisica), cuando se podria preferir orientarla hacia el «estudio del objeto» (como en historia). Esto es lo que pone de manifiesto tanto el texto de presentacin general que acabo de citar como tantas otras instrucciones. Si soy alumno de segundo, lo que sobre todo debo conseguir es «do- minar los conceptos basicos de género y de registro» como «situaciones enunciativas». En otras palabras, debo tener nociones de semidtica y de pragmética, de retérica y de poética. No pretendo despreciar estas disciplinas, pero cabe preguntarse si es necesario hacer de ellas la principal materia a estudiar en la escuela. Todos estos objetos de conocimiento son construccio- nes abstractas, conceptos que el andlisis literario ha forjado para abordar las obras, y ninguno de ellos tie- ne que ver con aquello de lo que hablan las obras en si, su sentido y el mundo que evocan. La mayor parte de las veces el profesor de francés no puede limitarse a ensefiar en sus clases, como le exigen las instrucciones oficiales, los géneros y los re- gistros, los modos de significacién y los efectos de la argumentacién, la metafora y la metonimia, el enfo- que interno y externo, etc. También estudia las obras. Pero descubrimos aqui una segunda alteracin de la ensefianza de la literatura. Pondré un ejemplo de cé- mo se ensefia en 2005 Ia asignatura de letras en el il- timo curso, en la rama literaria, de un gran instituto parisino. Se estudian cuatro temas, sin duda amplios, como «Grandes modelos literarios» 0 «Lenguaje ver- LA LITERATURA REDUCIDA AL ABSURDO 25 bal e imagenes», a los que corresponden sendas obras, en este caso Perceval, de Chrétien de Troyes, y El proceso, de Kafka (relacionéndolo con la pelicula de Welles). No obstante, las preguntas a las que los alumnos tendran que responder tanto durante el cur- so como en el examen final son en su inmensa mayo- ria de un solo tipo, y se centran en la funcién de un elemento del libro respecto de su estructura general, no en el sentido de ese elemento, ni del libro entero respecto del momento en que se escribié o de nuestra época. Asi, se preguntard a los alumnos sobre el pa- pel de determinado personaje, de determinado episo- dio, de determinado detalle en la busqueda del Grial, no sobre el significado en si de esa busqueda. Se pre- guntaré si El proceso se inscribe en el registro cémico o en el del absurdo, en lugar de plantearse el lugar que ocupa Kafka en el pensamiento europeo. Entiendo que algunos profesores de instituto se alegren de que asi sean ahora los programas, porque en lugar de dudar ante una cantidad inabarcable de informacién sobre cada obra, saben que deben ense- fiar las «seis funciones de Jakobson» y las «seis actan- cias de Greimas», la analepsis y la prolepsis, etcétera. Y més adelante sera también mucho més facil verifi- car si los alumnos han aprendido bien la leccién. Pero grealmente hemos ganado con el cambio? Varios ar- gumentos hacen que me incline por una concepcién de los estudios literarios que siga el modelo de la his- toria, no el de la fisica, que tienda al conocimiento de 26 LA LITERATURA EN PELIGRO un objeto exterior, la literatura, en lugar de centrarse en los misterios de la propia disciplina. Ante todo, porque entre los profesores y los investigadores del Ambito literario no se ha Ilegado a un consenso sobre lo que deberia constituir el mticleo de su disciplina. Hoy en dia en la escuela se imponen los estructuralis- tas, como ayer lo hacian los historiadores y mafiana podrian hacerlo los politélogos, por lo que una elec- cidn de este tipo siempre tiene algo de arbitraria. Los que en la actualidad ejercen los estudios literarios no se ponen de acuerdo sobre la lista de los principales aregistros», ni siquiera sobre la necesidad de introdu- cir tal concepto en su ambito. Asi pues, estamos ante un abuso de poder. Por lo demas, es evidente que las situaciones no son simétricas: si en fisica es ignorante el que no co- noce la ley de gravitacion, en francés lo es quien no ha leido Las flores del mal. No cabe duda de que los lectores seguirén sabiendo quiénes son Rousseau, Stendhal y Proust mucho después de que hayan olvida- do los nombres de los te6ricos actuales y sus construc- ciones conceptuales, por lo que ensefiar nuestras pro- pias teorias sobre las obras en lugar de las obras en sf supone dar muestra de cierta falta de humildad. La mayor parte de las veces, nosotros —los especialistas, los criticos literarios y los profesores~ no somos més que enanos subidos a hombros de gigantes. Ademés, no tengo la menor duda de que volver a centrar la en- sefianza de las letras en los textos se ajustaria al deseo LA LITERATURA REDUCIDA AL ABSURDO 27 secreto de la mayorfa de los profesores, que eligieron su oficio porque aman la literatura, porque el sentido y la belleza de las obras les conmueven, y no hay ra- z6n para que repriman esta pulsién. Los responsables de que se hable de la literatura de esta manera ascéti- ca no son los profesores. Es cierto que el sentido de la obra no se reduce a la valoracién meramente subjetiva del alumno, sino que depende de un proceso de conocimiento. Asi, para lle- varlo a cabo al alumno puede serle util aprender datos de la historia literaria o algunos principios que surgen del andlisis estructural. No obstante, en ningiin caso el estudio de estos medios de acceso debe sustituir el del sentido, que es el fit. Para construir un edificio se pre- cisa un andamio, pero éste no deberfa sustituir al pri- mero, ya que una vez construido el edificio, el andamio esta destinado a desaparecer. Las innovaciones que ha aportado el enfoque estructural en las décadas anterio- res son bienvenidas a condicién de que mantengan esta funcién de herramientas y no se conviertan en el obje- tivo. No hay que creer a los maniqueos: no estamos obligados a elegir entre el regreso a la vieja escuela de pueblo, en la que todos los alumnos llevan bata gris, y la modernidad a ultranza. Podemos quedarnos con los buenos proyectos del pasado sin necesidad de abu- chear todo lo que ha tenido su origen en el mundo con- tempordneo. Los conocimientos del andlisis estructu- ral, junto con tantos otros, pueden ayudar a entender mejor el sentido de una obra. En s{ mismos no son més 28 LA LITERATURA EN PELIGRO inquietantes que los de la filologia, la vieja disciplina que dominé el estudio de las letras durante ciento cin cuenta afios. Se trata de herramientas que hoy en dia nadie pone en cuestién, pero que no por ello merecen que les dediquemos todo nuestro tiempo. Pero demos un paso mas. Si nos limitamos al estric- to andlisis interno, no sélo estudiamos mal el sentido deun texto, porque las obras siempre existen dentro de un contexto y en didlogo con él; no sélo los medios no deben convertirse en el fin, ni la técnica hacernos olvi- dar el objetivo del ejercicio. Es preciso también que nos interroguemos sobre la finalidad ultima de las obras que consideramos dignas de ser estudiadas. En general, tanto ayer como hoy, el lector no profesional lee estas, obras no para dominar mejor un método de lectura, ni para obtener informacién de la sociedad en la que se crearon, sino para encontrar en ellas un sentido que le permita entender mejor al hombre y el mundo, para descubrir en ellas una belleza que enriquezca su exis- tencia. Y cuando lo hace, se entiende mejor a si mismo. El conocimiento de la literatura no es un fin en sf, sino una de las grandes vias que llevan a la realizaci6n per- sonal. El camino por el que en la actualidad se ha aden- trado la ensefianza de la literatura, que da la espalda a este horizonte («esta semana hemos estudiado la meto- nimia, y la semana que viene pasaremos a la personifi- cacién»), corre el riesgo de conducirnos a un callején sin salida, por no decir que dificilmente podra desem- bocar en el amor a la literatura. Mas alla de la escuela

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