LENGUAJE/ 5 bsico
Eje: Lectura
Unidad: N1
Aprendizaje esperado: N0
Dificultad: avanzado
Palabras clave: mito griego, Hrcules, Mario Meunier
LECTURA: LOS TRABAJOS DE HRCULES
Nombre:...
Curso:..
Fecha:....
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LA HISTORIA DE HRCULES
(Mito griego) Versin de
Mario Meunier
Un da Zeus, el padre omnipotente de los dioses, compadecido ante los males que atormentaban a
los infortunados mortales, dijo luego de reflexionar: Voy a engendrar, para ventura de los
hombres y de los dioses, a un hroe magnfico, inigualado. El ser el protector de todos frente a
los
peligros que continuamente los amenazan. Su fuerza excepcional y sus heroicas virtudes sern la
salvaguardia del mundo.
Dicho esto, descendi Zeus una noche a la ciudad de Tebas. All, en magnfico palacio,
habitaba la reina Alcmena, que descollaba entre todas las mujeres frtiles por la belleza de sus
ojos y la nobleza de su elevada estatura. Su esposo, el rey Anfitrin, se encontraba entonces
ausente debido a la guerra. Entonces Zeus, para lograr acercarse a Alcmena sin despertar
sospechas, tom los rasgos del propio Anfitrin y como tal se present ante el portero de palacio.
Los criados, convencidos de que vean nuevamente a su amo, acudieron a recibirlo a toda prisa, lo
rodearon y sin demora le allanaron el camino hacia las habitaciones de su real esposa. Y en el
abrazo de esa misma noche la reina Alcmena concibi del soberano del Olimpo, y sin haberlo
reconocido, a quien sera el poderoso Hrcules.
Pero desde el instante mismo de su nacimiento el futuro hroe atrajo sobre s el odio de
Hera, la esposa de Zeus. En efecto, apenas el nio hubo salido de las entraas de su madre, la
reina de los dioses, aprovechando las tinieblas de una noche especialmente oscura, envi al
palacio de Alcmena a dos feroces serpientes. Todo el mundo se hallaba, al igual que el nio,
sumido en un profundo sueo. Penetraron los reptiles en silencio por la puerta abierta de la
habitacin y deslizaron sus formas horribles y sinuosas, a la luz del fuego de sus propios ojos,
hasta llegar al escudo que serva de cuna al divino infante. Los dos monstruos, silbando, se
disponan a clavar sus colmillos envenenados en el rostro del nio para luego ahogarlo con sus
anillos. Pero ste, despertndose de pronto, atrap con sus manos a las dos espantosas
serpientes, y con tal fuerza apret las gargantas henchidas de veneno, que las estrangul a am
bas a la vez.
Esa fue la primera hazaa de este hroe extraordinario. Considerado hijo de Anfitrin,
creca da a da el vstago de Zeus y de Alcmena, gracias a los cuidados amorosos de su madre,
como un hermoso rbol que se yergue saludable en medio del huerto florido.
Tambin Zeus, como un padre cuidadoso, velaba por l desde la cumbre del sagrado
monte Olimpo. Un da el padre de los dioses se propuso otorgarle a este hijo el don de la
inmortalidad y el vigor sin lmite propio de los dioses. Para ello tuvo la idea de obligar a una gran
diosa a amamantarlo, y con tal fin envi a Hermes, mensajero del Olimpo, a buscar a la criatura.
Cuando volvi con ella el dios alado, Zeus tom al nio y lo acerc sigilosamente a los pechos de
la propia Hera, que en aquel momento dorma. El recin nacido prendi su boca a los blancos
pechos de la diosa y mam abundantemente. Una vez saciado, se volvi y sonri a su padre. Pero
haba sorbido y chupado con tal fuerza, que la leche de Hera continu fluyendo: las blancas gotas
que salpicaron la superficie del cielo dieron lugar a la Va Lctea, y las que descendieron hasta la
tierra dieron origen a los grandes lirios.
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Extrado de Cuento contigo. Tomo III. 2006.
Cuando sus aos lo aconsejaron, su madre Alcmena se preocup de proporcionarle una
educacin esmerada y completa. Lino, hijo del hermoso Apolo, le ense la ciencia de las letras;
Eumolpo lo adiestr en el arte de modular la voz y de cantar paseando los dedos por las cuerdas
sonoras de la armoniosa lira; Eurito, en fin, le ense el arte de tender hbilmente el arco y de dar
en el blanco con una flecha certera. Pero fue durante tan magnfica educacin que el poderoso
Hrcules, cuyo nimo era intrpido y generoso, pero irascible en ocasiones, se hizo por primera
vez culpable de una muerte involuntaria. Un da Lino, su maestro de letras, decidi poner a prueba
la sabidura de su joven discpulo y lo conmin a escoger, entre un conjunto de volmenes, aquel
libro que prefiriese. Hrcules era un notable glotn desde su nacimiento, un gran comedor tan
voraz llegara a ser su apetito que, ya mayor, habra de engullir sin arrugarse bueyes enteros, y
por tanto eligi sin demora un tratado cuyo ttulo era El perfecto cocinero. Irritado por semejante
eleccin, Lino critic cidamente la desmedida voracidad que atormentaba a su discpulo, y lleg
incluso a amenazarlo alzando su mano por lo que consideraba una conducta grosera e indigna del
futuro hroe.
Hrcules, sintindose agredido y creyendo actuar en legtima defensa, y presa a la vez de
una clera tan sbita y violenta como incontrolable, tom una ctara el primer objeto que vio a
mano y rompi el instrumento en la cabeza de su maestro, causndole una muerte instantnea.
Para castigarlo por semejante crimen, Anfitrin envi a Hrcules a vivir entre los pastores que
guardaban sus numerosos rebaos en lo alto de las montaas. All, los continuos ejercicios de la
caza desarrollaron su cuerpo adolescente y les confirieron a sus flexibles miembros una fuerza an
ms prodigiosa. Es as como con tan slo dieciocho aos de edad, Hrcules mat con sus propias
manos a un len que asolaba la comarca.
Al volver de su gloriosa cacera, Hrcules se encontr con los heraldos que, procedentes
de Orcmenes, venan a reclamar de los tebanos un tributo de cien bueyes, instituido como
reparacin por un antiguo delito. Sin vacilar, los atac el hijo de Alcmena. Les cort la nariz y
orejas, les at las manos a la espalda y los envi de vuelta a su pas, no sin antes decirles que ese
era el pago del tributo. Ergino, rey de Orcmenes, al enterarse de lo sucedido, arm un ejrcito y
march contra Tebas. Pero Hrcules, vistiendo la armadura que le regalara la diosa Atenea, se
puso a la cabeza del ardoroso grupo de guerreros tebanos y, desviando el curso de un ro, ahog
en una llanura a la caballera enemiga, y luego persigui a Ergino hasta matarlo a flechazos.
LOS DOCE TRABAJOS
Para recompensar al autor de tan importante victoria, el rey de Tebas concedi al hroe la mano
de su propia hija, Megara. De esta unin nacieron muchos hijos, pero todos habran de morir antes
de tiempo, a manos de su propio padre. En efecto, en un acceso de locura, el desdichado Hrcules
mat a sus propios hijos, juntamente con la madre, asaetendolos sin piedad con sus ya clebres
flechas. Tras haberse manchado con la sangre de sus hijos, Hrcules se arrepinti amargamente
del crimen, y march a Delfos para consultar al orculo de Apolo de qu manera le sera posible
purificarse de tan horrendo delito. El orculo le orden que se dirigiera a la ciudad de Tirinto y all
se sometiera durante doce aos al servicio del rey Euristeo. Hrcules
obedeci.
Pero cuando Euristeo, un prncipe dbil y pusilnime, vio frente a s a ese hroe magnfico,
tembl ante la sola idea de que un da el valeroso semidis le arrebatara el trono. Para deshacerse
de tan importuno advenedizo, y con la secreta esperanza de que Hrcules no tardara en sucumbir,
Euristeo impuso al intrpido hijo de Alcmena, una tras otra, las tareas ms difciles que se pudiera
concebir. Pero Hrcules sali vencedor de todas las pruebas, y las altas gestas que llev a cabo en
aquel perodo y que narramos a continuacin son lo que se ha llamado los "Doce trabajos de
Hrcules":
Antes que nada, Euristeo solicit al hroe que le trajese la piel del len de Nemea. Esta
terrible fiera causaba espanto entre los habitantes de los bosques y valles de la Arglide. Tan
estruendosos eran sus rugidos, que cuando llegaban a odos de los labriegos y pastores, stos se
encerraban en sus casas y se agazapaban, plidos de terror, en los rincones ms ocultos. Pero
Hrcules, asi con una mano el arco y el carcaj repleto de flechas, y con la otra blandi la nudosa
maza, y sin vacilacin fue al encuentro de aquel temible devorador de rebaos.
Apenas lo vio, dispar contra l, una tras otra, todas sus flechas mortales. Pero el enorme
animal pareca invulnerable, pues su piel era tan dura que el agudo hierro no le haca apenas un
rasguo, y las flechas caan blandamente sobre la hierba, o bien rebotaban en el duro suelo.
Furioso ante el fracaso de su primer ataque, Hrcules agit su pesada maza y dando un alarido se
fue en persecucin de la fiera. El len, atemorizado, se refugi en una caverna que tena dos
entradas. El hijo de Alcmena tap una y penetr por la otra.
El monstruo entonces, con la melena erizada y rugientes las fauces, se aprest al asalto.
Hrcules, envuelto en su rojo manto, se defendi disparando con una mano su flecha ms filosa, y
levantando con la otra la terrible maza, la descarg contra el broncneo crneo de la indomable
fiera.
Fue tan violento el golpe que la maza se parti en dos pedazos. El len, aturdido, se tambaleaba.
Tirando entonces las armas a un lado, Hrcules se enzarz en una peligrosa lucha cuerpo a cuerpo con la fiera. Con sus musculosos brazos enlaz el cuello del len, apretndolo con tal fuerza
contra su amplio pecho que logr arrancarle la vida. Cuando lo hubo ahogado, Hrcules desoll al
animal y se cubri con su piel leonada, como una coraza impenetrable al bronce y al hierro.
El segundo trabajo impuesto a Hrcules por el asombrado Euristeo consisti en matar a la
hidra de Lerna. Este enorme dragn, cuyo cuerpo de reptil ostentaba nueve incansables cabezas,
moraba en la fangosa y emponzoada laguna de Lerna. Cada vez que sala de su madriguera, la
hidra devastaba la campia y devoraba las reses. Su repugnante aliento estaba envenenado, y
cualquiera que tuviese la desgracia de respirarlo no tardaba en morir.
En la lucha contra este azote de la campia de Argos, Hrcules cont con la ayuda de su
fiel compaero Yolao. Este fue el auriga que en esta expedicin condujo con mano segura el carro
del hroe. Llegados ambos a las mrgenes de la laguna de Lerna, Hrcules dispar entre los
caaverales una nube de flechas, con el propsito de obligar a la hidra a salir de su guarida.
Luego, cuando por fin el monstruo se dej ver, erguidas todas sus sibilantes cabezas, el hroe se
aproxim y a mazazos intent aplastarlas; pero de la sangre de cada cabeza magullada renacan
otras dos, y de ese modo la lucha se haca interminable. Entonces, Hrcules apel a Yolao. Este
celoso servidor prendi enseguida fuego a un bosque contiguo, y armndose de teas fue
quemando cada una de las cabezas que renacan, impidiendo as que se desarrollaran. Cuando ya
la hidra no tuvo ms que una sola cabeza, Hrcules la cort de un solo mandoble de su espada y
la sepult bajo un peasco. El monstruo no era ya sino un inmenso cadver. Antes de marcharse,
el hijo de Alcmena empap sus flechas en la ponzoosa sangre de la terrible bestia, y as dispuso
de ah en adelante de flechas envenenadas.
Euristeo orden enseguida a Hrcules que le trajese viva a la cierva del monte Gerineo.
Esta prodigiosa cierva, consagrada a la diosa Artemisa, tena cuernos de oro y pies de bronce.
Nadie haba podido jams alcanzarla, por ser infatigable y velocsima en la carrera. Hrcules tuvo
que perseguirla durante un ao entero. Arrastrando al cazador tras ella, la cierva lleg de una sola
vez hasta la comarca de los Hiperbreos. All el animal, fatigado, volvi sobre sus pasos y anduvo
en sentido inverso el camino antes recorrido. En un momento de su carrera, titube la cierva ante
un ro crecido por las lluvias, sin decidirse a vadearlo. Hrcules gan terreno entonces y se
abalanz sobre ella. Cogindola por los cuernos, se la carg viva a la espalda y volvi a Tirinto
para entregarla a Euristeo.
Apenas hubo regresado Hrcules al palacio de su seor, recibi la orden de ir esta vez al
encuentro del jabal de Erimanto. Deba capturar y traer viva tambin a esta terrible alimaa, que
slo abandonaba su cubil para sembrar la ruina y la desolacin en los hermosos campos de la
idlica comarca de Arcadia. El hroe se puso en camino armado, como de costumbre, con su maza
y sus flechas. Tras dar una batida por toda la maleza y habiendo escrutado innumerables sotos
donde poda merodear el jabal, Hrcules lleg a descubrir al salvaje animal. Le dio entonces
despiadada cacera, persiguindolo sin descanso por altas montaas cubiertas de nieve, hasta
cansarlo y obligarlo, por fin exhausto, a guarecerse, jadeante, en un estrecho desfiladero sin
salida. Hrcules dio muerte al jabal y volvi trayndolo sobre su robusta espalda.
En las mrgenes de un lago llamado Estinfalo, en medio de una marisma cubierta de
zarzales y maleza, vivan unos pjaros monstruosos que, temidos por los mismos lobos, se
alimentaban de carne humana. Estos hijos de Ares, el dios feroz de la guerra, tenan el pico, las
garras y las alas de dursimo bronce. Sus plumas eran como dardos de acero, y les servan para
matar a los caminantes desprevenidos para luego devorar sus restos. Hrcules tom sobre s la
misin de ahuyentar de aquellos marjales a esa bandada voraz que, adems de aniquilar a
hombres y rebaos, devastaba los jardines y ensuciaba las cosechas. Para obligarlos a abandonar
su inexpugnable refugio, el hroe magnfico utiliz el sonido ensordecedor sus cmbalos. Apostado
en una montaa contigua, arm con estos instrumentos tal estrpito que los pjaros salieron
volando, y pudo as el hbil y valeroso arquero abatirlos y exterminarlos.
El sexto trabajo que Euristeo asign al valeroso hijo de Alcmena fue la lucha contra el toro
de Creta. Hrcules no deba matarlo, sino acosarlo, atraparlo y llevarlo vivo a Micenas. Minos, rey
de Creta, haba prometido un da consagrar al dios de los mares, Poseidn, lo que este mismo dios
hiciera surgir de las olas. Poseidn hizo emerger un toro, tan bello, que Minos, negndose a
sacrificarlo, crey cumplir su voto eligiendo en sustitucin otra vctima de menos valor. Irritado
Poseidn por semejante deslealtad, enfureci al animal, con lo que ste lleg a convertirse en el
verdadero terror del pas.
Hrcules, cumpliendo las rdenes de su amo, desembarc en Creta. En cuanto vio al toro,
se arroj sobre l, lo tom por los cuernos y lo oblig a doblar los corvejones; y luego, suj etndolo
con una fuerte red, se lo ech a la espalda y lo llev a travs del mar hasta depositarlo a los pies
de Euristeo.
A continuacin, Euristeo le impuso a Hrcules la repugnante tarea de limpiar en un solo da
los establos de Augas, rey de la lide. Este prncipe posea innumerables rebaos. Treinta aos
haca que no se limpiaban sus establos, en los que se aglomeraban ms de tres mil bueyes, y as
se extenda por los alrededores el nauseabundo olor del estircol all amontonado. Para llevar a
cabo esta tarea, Hrcules abri un boquete en el muro del establo, desvi luego el curso del ro
Alfeo e hizo pasar el torrente de sus ondas alborotadas y cristalinas a travs de las cuadras,
arrastrando la suciedad.
Diomedes, hijo del cruel Ares, reinaba sobre un pueblo de salvajes. Posea un rebao de
yeguas que vomitaban fuego y llamas por las fauces, y a las cuales daba como pasto a los
desdichados extranjeros que la tempestad arrojaba como nufragos a sus playas. Hrcules,
encargado por Euristeo de llevar esas yeguas a Micenas, se embarc con algunos amigos, arrib a
Tracia y se encamin a las cuadras de Diomedes. All, luego de derribar a los criados que cuidaban
de la caballeriza, el hijo de Alcmena cogi a Diomedes y lo ech en los pesebres de bronce para
que sirviera de alimento a sus propias yeguas carnvoras, suplicio igual al que hiciera sufrir a
tantos numerosos nufragos. En cuanto devoraron las carnes de su amo, Hrcules desat a los
caballos y los condujo al palacio de Euristeo.
Admeta, la hija de Euristeo, codiciaba el magnfico y soberbio cinturn que posea Hiplita,
la reina de las Amazonas. Estas eran mujeres guerreras que combatan a caballo, disparando el
arco o blandiendo un hacha, y que vivan, segn se dice, en las lejanas costas del mar Negro,
constituyendo un pueblo sin hombres. El prncipe, para complacer a su hija, encarg a Hrcules
que fuese a buscarlo. Cuando el hroe, con numerosa compaa, lleg al pas de las Amazonas,
Hiplita, su hermosa reina, lo recibi al principio muy bondadosamente y prometi entregarle su
cinturn. Pero la eterna enemiga de Hrcules, Hera, la diosa del trono de oro, se disfraz de
amazona y suscit la indignacin de aquellas vrgenes guerreras dicindoles que Hrcules vena
con la misin de secuestrar a su amada reina. Una lucha terrible se desat en contra del visitante,
y un gran nmero de amazonas hall la muerte en la refriega. La propia reina muri a manos de
Hrcules, y el hroe pudo as quitarle sin dificultades el precioso cinturn para ofrecrselo a
Admeta, la hija de su desptico seor.
Como dcima prueba, Euristeo exigi que Hrcules le trajese los toros rojos de Gerin.
Este gigante colosal, cuyos enormes flancos se ramificaban en tres cuerpos, habitaba en una isla
del remoto Occidente y era dueo de un rebao de toros rojos, que custodiaban un monstruoso
boyero y un perro de tres cabezas. Para obedecer la nueva orden, Hrcules parti hacia la regin
donde el sol se pone, bordeando la costa africana. Lleg al estrecho que separa a Europa de
frica
y erigi all dos columnas, una en el extremo de cada continente, para conmemorar su paso. Se las
llam despus las Columnas de Hrcules.
Como el Sol, demasiado ardiente, molestaba a Hrcules, el hroe tendi su arco y dispar
contra l dos flechas. Asombrado el Sol ante esta audacia, se dispuso a apaciguar al valiente hijo
de Alcmena. Para facilitarle la continuacin de su viaje, le prest la amplia copa de oro que,
cuando l desciende del cielo, lo transporta a travs del ocano y de la noche hasta la ribera desde
donde remonta otra vez al cielo para comenzar de nuevo a iluminar al mundo. Hrcules se
embarc en esta copa y lleg sin dificultad al trmino de su viaje. Ya en tierra, el hijo de Alcmena
pas la noche en la cima de una montaa para acechar el apetecido ganado; pero el perro
vigilante que defenda a los rojos toros lo olfate y, ladrando, se abalanz contra l para devorarlo.
El hroe lo mat de un mazazo. El boyero, que acudi de inmediato, sufri la misma suerte. En fin,
despus de rematar a flechazos al formidable Gerin, Hrcules volvi a embarcarse, con todo el
rebao, en la amplia copa que sirve de navo al Sol.
Para llegar a su punto de partida, Hrcules atraves mltiples comarcas. Cuando lleg a
orillas del Rdano, se vio atacado por los habitantes que poblaban aquellas riberas, envidiosos de
la belleza de sus bueyes. Fueron all tan resueltos y numerosos sus enemigos, que el hroe tuvo
necesidad de agotar las flechas de su aljaba, y fue incluso herido gravemente, vindose en una
situacin muy apurada. Implor entonces el socorro de su padre, y Zeus hizo llover sobre los
agresores de su hijo una granizada de piedras. Desde ese da la vasta planicie qued cubierta de
pedruscos, y se afirma que es ese el origen de los guijarros de la Crau.
Abandonando la Galia, Hrcules atraves Italia, Iliria y Tracia. Pero cuando ya crea haber
alcanzado el fin de sus penurias, un tbano enviado por Hera enloqueci al ganado rojo y lo
dispers por las altas montaas. El hijo de Alcmena logr trabajosamente reunir la mayor parte,
pero aquellos toros que no pudo recuperar y llevar a Micenas permanecieron en los bosques y se
hicieron salvajes.
No bien regres Hrcules de tan peligrosa expedicin, recibi de nuevo el encargo de
dirigirse hacia los parajes contiguos al punto donde desaparece el sol. Esta vez deba coger, para
traerlas a Micenas, las manzanas de oro del jardn de las Hesprides. Eran stas hijas de la
estrella de la tarde, y habitaban, en efecto, un parque maravilloso cuyos rboles estaban en todas
las estaciones cargados de frutos dorados. Dcil al mandato recibido, Hrcules tom una vez ms
el camino de Occidente, pero no saba dnde encontrar la misteriosa morada de las hijas de la
tarde. Despus de vagar por un largo tiempo, lleg cierto da a las mrgenes del Erdano.
All, unas graciosas ninfas le aconsejaron que fuese a ver a Nereo, el viejo profeta de los
mares, conocedor de tales secretos. Hrcules atendi al consejo, y cuando encontr a Nereo
dormido en la margen de las aguas, lo encaden y lo forz a revelarle el refugio en que se
ocultaban las bellas Hesprides. Para espantar a Hrcules, Nereo se transform sucesivamente en
len, en serpiente, en llamas, pero nada logr amedrentar al hroe. El hijo de Alcmena no solt su
presa sin antes tener la causa ganada. Cuando ya supo adonde tena que dirigirse, pas a frica,
lleg hasta los confines del mundo occidental y logr ver las ureas puertas del jardn afortunado.
All, no lejos de las armoniosas Hesprides, desterrado por dura ley en la extremidad de la tierra,
un formidable gigante llamado Atlas sostiene sobre su cabeza y con sus manos infatigables la
bveda inmensa del cielo.
Ahora bien: puesto que un dragn de color encendido guardaba la entrada del parque y a
nadie permita franquear las temibles puertas, Hrcules pregunt a Atlas cmo podra apoderarse
de las manzanas doradas. El sostenedor del cielo se ofreci a ir l mismo a recogerlas, siempre
que durante ese tiempo el hroe se aviniese a aguantar sobre su slida espalda el peso y el
equilibrio del firmamento. El hijo de Alcmena acept, y mientras Atlas se ocupaba de arrancar de
los manzanos los frutos dorados, Hrcules sostuvo sobre s todo el peso de la bveda celeste. Al
volver el gigante, manifest que deseaba llevar personalmente el preciado botn a Micenas.
Hrcules fingi estar de acuerdo con la idea del prfido Atlas.
Me parece muy bien que t lleves personalmente a Euristeo las manzanas de oro. Pero antes de
partir sujeta de nuevo un momento el cielo sobre tus hombros, pues yo tengo que hacerme un
rodete que proteja mi cabeza y amortige el peso de tan enorme carga.
Atlas, confiando, cay en la trampa y se ech de nuevo el cielo sobre sus hombros.
Hrcules, ya libre, tom las manzanas y se las llev sin perder ms tiempo a su amo Euristeo.
Por fin, y como ltima prueba, Euristeo orden a Hrcules que bajara a los infiernos y le
trajera a Cerbero, el can que montaba guardia en las puertas subterrneas. Descendi, pues,
acompaado de Hermes, al abismo donde habitan los muertos. Atraves grandes ros de fuego y
torrentes de cieno. Luego, cuando lleg a los pies del inflexible Hades, expuso al soberano de los
Infiernos el propsito de su viaje. Hades le permiti subir al feroz perro Cerbero a la luz del da,
pero con la condicin de aduearse del terrible guardin sin utilizar arma alguna. El Cerbero era un
perro con tres cabezas, cuyos flancos se estrechaban hasta formar una cola de dragn. Su voz,
similar a la del sonoro bronce, estremeca a todo aqul que osara aproximrsele. Hrcules,
desprovisto de armas y vestido tan slo con su piel de len a modo de coraza, se present ante el
monstruo. Este lo recibi dando pavorosos aullidos y abriendo sus horribles fauces. El hroe lo
agarr por el cuello, precisamente por el punto donde nacan las tres cabezas y, aunque sufri en
los brazos sus mordeduras, lo apret tan fuertemente que el perro, sintindose ahogado, se
resign a seguirlo. Hrcules entonces encaden al feroz animal, lo sac del abismo y fue a
mostrrselo a su amo Euristeo. Aterrorizado, el prncipe orden que aquel monstruo de espantosos
e incesantes ladridos fuese devuelto sin tardanza a las sombras del infierno.
Despus de haber empleado ocho aos y un mes en la ejecucin de los doce trabajos que
le impuso Euristeo, Hrcules fue liberado de aquella servidumbre. Entonces este ilustre guerrero se
lanz de nuevo a recorrer el mundo, no para combatir a monstruos esta vez, sino para luchar
contra la injusticia de los hombres. Por donde iba castigaba a los bandidos y prestaba el apoyo
generoso y siempre triunfante de su brazo a los pueblos humillados por la maldad de sus vecinos.
Elaborado por: Centro de Estudios Pblicos/ Coleccin Cuento contigo. Tomo III.