Sexualidad en el matrimonio
El lecho nupcial es, en cierto modo, un altar donde la
pareja consume y celebra, en el lenguaje poderoso de
los gestos, la decisin sagrada de dar todo por el bien
del otro.
Por Dora Tobar
En medio de la comunidad hispana hay todava adultos casados para los cuales la sexualidad, an
dentro del matrimonio, est de alguna manera relacionada con algo sucio, no muy bueno, y hasta
pecaminoso. Por eso no slo les avergenza hablar de estos temas sino que consideran que
quienes han optado por entregar su vida a Dios, abstenindose de relaciones sexuales, estn ms
cerca de Dios que ellos que han entregado su vida y han dispuesto sus cuerpos al bien y placer de
su cnyuge.
Sin embargo, la visin que la Iglesia tiene de la sexualidad es muy distinta y positiva:
La sexualidad, dice la Iglesia, no es slo un magnfico regalo de Dios gracias al cual
podemos experimentar el placer, la alegra y la santidad de la ntima
comunicacin entre una pareja (finalidad unitiva de la sexualidad), sino tambin el
extraordinario medio a travs del cual se transmite la vida a un nuevo ser humano
(finalidad procreadora de la sexualidad) (CIC, 2363).
Por eso, la sexualidad es una realidad que nos hace similares a Dios, o mejor, es la
realidad que claramente deja ver que hemos sido creados a imagen y semejanza de un
Dios Trinitario que, al crearnos en Cristo, comparti con nosotros su ntima capacidad de
expresar amor y darse totalmente a los otros (Catecismo de la Iglesia Catlica, 1604).
Dios nos dio la esencial vocacin a ser seres de relacin. As, cuando Dios dijo, que no es
bueno que el hombre est solo (Gen 2,18) afirm que el ser humano, aislado en su
individualidad, no puede realizarse completamente. El se realiza slo en la medida que
existe para alguien (vase Juan Pablo II, Teologa del Cuerpo. Coleccin de las
Audiencias Generales. En especial Audiencia General #15 del 16 de enero de 1980,
y www.vatican.va/AudienciasGenerales).
La vida sexual supone y realiza la entrega matrimonial:
Es claro entonces que todo gesto sexual es esencialmente generoso pues est ordenado a
expresar y realizar en la pareja esta vocacin a existir para el otro. En otras palabras, la
sexualidad es un acto de entrega y por eso es un gestoexclusivamente marital (CIC,
2361). Supone no slo el compromiso matrimonial previo sellado mediante el sacramento,
sino la decisin real de expresar y realizar, cada relacin sexual, como un acto de
verdadera entrega donde cada cnyugebusque primero y sobre todo el bien y la
satisfaccin del otro. Esto supone no poca paciencia, simpata y tiempo (Juan Pablo
II, Familiaris Consortio, 34).
El lecho nupcial es por eso, en cierto modo, un altar donde la pareja consuma y celebra,
en el lenguaje o liturgia poderosa de los gestos, la decisin sagrada de dar todo, por
el bien del otro. De ah que el sexo, en este contexto de entrega, no slo exprese sino
que produzca unin ntima que aumenta y sostiene el amor entre esposos (vase
Vaticano II, Gaudium Et Spes, 49).
Esta generosidad intrnseca supone igualmente que todo acto entre esposos
est abierto a la vida. Es decir, los esposos deben sentir que en su sexualidad Dios
mismo los invita a participar de su capacidad creadora. Por eso, ms que buscar en los
hijos una satisfaccin para ellos mismo, deben ver en su fertilidad una invitacin a
ser testigos del amor paternal de Dios por sus creaturas. Esto supondr tambin la
decisin generosa de, en vez de usar mtodos artificiales que destruyan o se cierren a la
vida, abstenerse de relaciones sexuales los das en que la mujer es frtil, con el
propsito de espaciar o engendrar slo los hijos de cuales se puede responder (Familiaris
Consortio, 28-29).
En conclusin, la sexualidad en el matrimonio debe ser vivida con castidad. Y ser castos significa
siempre buscar el bien de la pareja, practicar la fidelidad conyugal y estar abiertos al don de la
vida. Y, cuando las circunstancias lo requieran, los esposos pueden hacer uso de la continencia
sexual durante los das del ciclo menstrual cuando la mujer es frtil, como un mtodo de control
natal (mtodo natural). Este mtodo respeta el cuerpo de los esposos, promueve la ternura entre
ellos y favorece un crecimiento en la autntica libertad (CIC, 2370).
Vase tambin Las soluciones que buscas y Planificacin familiar natural.
Lecturas Complementarias: Pontificio Consejo para la Familia, Verdad y Significado de la
Sexualidad Humana ,12; Catecismo de la Iglesia Catlica, 2360-2379; Leticia Sobern
Mainero, Perlsa. Teologa del Cuerpo en Juan Pablo II. Ed. Edimurtra, Barcelona 2003.