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El Duque

El documento cuenta la historia de Maroon, un joven que es capturado por los Lobos mientras intenta cazar para alimentar a su familia. Es llevado a las mazmorras del Duque, donde se encuentra encadenado junto a otros prisioneros. Teme que pronto será operado vivo por el Duque para sus experimentos.

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El Duque

El documento cuenta la historia de Maroon, un joven que es capturado por los Lobos mientras intenta cazar para alimentar a su familia. Es llevado a las mazmorras del Duque, donde se encuentra encadenado junto a otros prisioneros. Teme que pronto será operado vivo por el Duque para sus experimentos.

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El Duque

Concurso de Relatos 2015


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El Duque
Prlogo
Maroon corra por el bosque a toda velocidad. Las afiladas ramas de los
zarzales le araaban los brazos, las piernas y la cara, pero lo nico que le
importaba en ese momento era correr. Se ocupara de las heridas ms tarde.
Los Lobos le pisaban los talones.
Deba haber hecho caso a su padre, no deba haber salido del pequeo
palacete. Pero tena hambre. Y sus hermanas pequeas tambin. Y su madre,
y su padre, y los criados, incluso los pocos animales que quedaban estaban
famlicos.
Los Lobos haban arrasado sus cosechas y haban acuchillado a sus
campesinos, haban quemado aldeas y arrasado las tierras, lo haban
devastado todo.
No les quedaba nada que llevarse a la boca, y por eso Maroon haba
salido a cazar junto con los tres criados que haban tenido el valor de
acompaarle.
Ya estaban muertos. Y l no tardara en correr la misma suerte.
Escuch caballos a sus espaldas, e instantes despus fue derribado con
un potente golpe de alabarda. Oy risas y distingui el plido fulgor del acero
alzndose por encima de su cabeza. Levant la mano izquierda en un intento
desesperado de parar el golpe, y esta fue cercenada con un brutal golpe. La vi
caer a su lado, con el fino anillo que le reconoca como miembro de la familia
Greyhaer, de oro adornado con pequeos rubes. Pronto adornara la mano de
algn Lobo.
Escuch el crujir del cuero. Distingui una lanza descender hacia su
pecho.
Luego no pudo ver ni escuchar nada ms.

Ruidos sordos
La noche haba tendido su negro manto sobre el pueblo.
Eso era bueno.
La densa negrura la amparaba mientras cabalgaba sutilmente hacia La
Casa Roja, la nica taberna que quedaba abierta en Ferrawell y en kilmetros a
la redonda.
Por esa razn haba extendido sus servicios a hostal, burdel, sala de
juego y lugar de intercambio de artculos de dudosa procedencia.
Antes era un antro. Y ahora era diez veces peor. Pero no le quedaba
alternativa.
Ella era mercenaria, y aunque todo el mundo pensase que era ruda y
arisca como una amapola, en realidad era muy delicada.
No aceptaba trabajos comunes, como escoltar carros de trigo, o montar
guardia en la puerta de algn grasiento mercader, no. Ella era mercenaria, con
todas las letras, y, aunque rayase la vanidad, era de las mejores.
Ella haba provocado que el pobre Barn Rato se resbalase, causndole
una cada mortal, y que la duquesa Faerisa fuese ahorcada por un amante
despechado. Ella haba hecho desaparecer la Espada del Triunfo y haba
eliminado de un soplido a quince aspirantes a la corona de Atur.
Aunque, todo hay que decirlo, eran aspirantes muy remotos.
Por todo eso y mucho ms le asqueaba tener que hospedarse en un
simple burdel, pero, desgraciadamente, no tena alternativa.
Andaba corta de ahorros, y por esa zona seguro que haba trabajo para
ella.
Por qu?
Por el Duque de Gibea. Estaba armando mucho revuelo.
Haba contratado a un grupo de bandidos apodados Los Lobos, que se
encargaban de suministrarle las mercancas que requera para sus
experimentos. Adems, pagaba una moneda de plata por toda clase de
cuerpos frescos y una de cobre por cualquier cadver reciente. Eso estaba
atrayendo a un sinfn de ladrones y forajidos de tercera, adems de aumentar
el nmero de robos, asesinatos y violaciones.
La mayora de campesinos de los alrededores haban cado ya bajo las
zarpas de los Lobos y solo unos pocos haban conseguido huir, incluso algunas
muchachas haban decidido buscar trabajo y amparo en lugares como la Casa
Roja. Los precios haban bajado mucho.
Pronto acabaron con todo ser viviente que caminase a dos patas por los
alrededores, y tuvieron que irse a buscar ms lejos. Pero algunos no quisieron
hacer ese esfuerzo y empezaron a saquear las tierras y las gentes de los
nobles de baja alcurnia.
Eran Lobos, les daba igual los ttulos, la mercanca era mercanca.
Y ah es donde entraba ella.
Haba odo que muchos de esos noblecillos haban sobrevivido, y que
estaban furiosos.
Por esa razn, el Duque se estaba rodeando de los mejores mercenarios
que poda pagar con oro para que le sirviesen de escolta personal.
Ella era mercenaria. Se la poda pagar con oro. Y era de las mejores.
Se apart un fino y rizado pelo de la cara y sigui con su camino.

Un buen trago de vino


Ya llevaba all varios das.
Al principio el ambiente del lugar la haba repugnado, pero poco a poco
se haba ido acostumbrando, incluso haba llegado a considerarlo agradable. Si
se considera agradable el olor a humo, alcohol, denner y sexo, claro.
Estaba sentada en una mesa algo apartada, tomando una copa y
observando a las putas llevarse clientes a las habitaciones, y a estos salir
recolocndose los pantalones.
Haca unos minutos haba habido una pelea entre dos adictos por el
poco denner que les quedaba en los baos, pero cosas as no resultaban
extraas en aquel tipo de lugar, y en unos pocos segundos el dueo los ech y
nadie gir la cabeza interesado.
La mujer, acalorada por el vino, se quit la capa y la colg en la silla, se
levant y fue guardando en su macuto cada uno de los cuchillos que llevaba
con ella, menos el de la bota, ese siempre lo conservaba por si acaso, y volvi
a sentarse. Aunque en una lucha cuerpo a cuerpo le sera tan fcil ganar como
quitarle un caramelo a un nio, pues ella era Adem.
Conoca el Ketan, lo dominaba, lo llevaba dentro, corra por sus venas y
se mezclaba con su sangre.
Ella vala por cuatro hombres.
Dej el macuto junto a sus pies y se pein distradamente su sedoso
pelo, hacindose una trenza.
Cualquiera que la hubiera observado se habra fijado en que su ropa no
era propia de cualquier Adem que hubiera conseguido el rojo, pues ella no lo
vesta. Las manos con las que volvi a coger la copa eran elegantes, de largos
y rectos dedos, y su piel era blanca, suave y con el brillo nveo de una maana
de invierno. Su cara era menos inexpresiva que la de cualquiera de los suyos,
pero segua siendo impasible, como si nada de lo que ocurriera fuera con ella.
Despus de terminarse su quinta copa se levant, se colg la capa al
hombro y el macuto a la espalda, y se acerc a la barra.
Tras charlar tranquilamente con Otto durante un par de minutos, y entre
risas negar por sexta vez la compaa de alguna de sus chicas, pag slo por
una noche y un desayuno ms.
Llevaba all ya demasiado, y pese a las habladuras, an no haba
aparecido nadie que buscase buenos mercenarios. Esperara un da ms, y
despus se marchara.
Despus de darle las buenas noches a l y a sus chicas, con las que
haba hecho muy buenas migas, subi a la habitacin que tena reservada,
tendi su macuto en un rincn, guard el cuchillo bajo la almohada, se solt el
pelo y se quit las botas
Luego, se desplom sobre la cama.
Maana sera otro da.

A oscuras
Maroon despert en medio de la nada.
Tena fro.
Y hambre.
No recordaba nada de lo que haba ocurrido.
Intent abrir los ojos.
No, ya los tena abiertos, en donde quiera que estuviese no haba ni una
pizca de luz.
Estara muerto?
Pareca muy probable. Posiblemente los muertos se quedasen vagando
en esa inmensa negrura hasta el fin de sus das.
Pero no, el no poda estar muerto, pues senta el hambre y el fro
contraer sus entraas.
La mano.
Ya no estaba.
La haba perdido.
Y de repente se acord. Se la haban cercenado, los Lobos, el estaba
intentando conseguir algo de caza, su familia tena hambre, su padre se lo
haba advertido.
Sinti como un gran peso se instalaba en su estmago.
No estaba muerto. El hambre, el fro, y el suelo que notaba bajo sus pies
descartaban esa posibilidad.
La nica otra opcin que podra ser factible le aterraba.
Estaba prisionero en las mazmorras del Duque.
Lo iban a usar como conejillo de indias.
Le abriran en canal y le extirparan los rganos.
De repente, la posibilidad de estar muerto le resultaba mas tentadora
que nunca.
Intent incorporarse, pero unos firmes grilletes le mantenan sujeto a la
fra pared de piedra.
Abri la boca para decir algo, pero se contuvo. A lo mejor se haban
olvidado de l. Sera mejor estar en silencio, era ms seguro.
Y as se qued, tumbado contra las losas de la pared, agachado,
hundido.
Despus de lo que a l le parecieron das, se hizo la luz.
Una pesada puerta de roble reforzada con placas de acero se abri a
varios metros a su izquierda.
Parpade rpidamente para acostumbrarse a la claridad, y los ojos le
quemaron y lagrimearon.
Ahora que una dbil luz iluminaba la estancia, pudo observar que se
encontraba en medio de un largo corredor de piedra, esposado a la pared. La
estancia tena una leve inclinacin hacia el centro, donde un canaln se
encargaba de llevarse los desperdicios humanos. A ambos lados suyos y en el
muro que se encontraba frente a l, haba medio centenar de harapientos
hombres encadenados todos con grilletes de piedra. La mayora miraba
aturdidos alrededor, pero muchos no levantaban la cabeza. Probablemente sus
historias eran parecidas a la suya.

Aprovech ese instante de claridad para observar su mano, ahora


inexistente. Se la haban amputado hasta la mueca, donde el mun, mal
curado, estaba lleno de pus y despeda un apestoso olor acre.
Maroon sinti ganas de vomitar.
Y lo hizo. Inmediatamente, el canaln se lo llev lejos, cumpliendo su
tarea.
Unos guardias fuertemente armados entraron en la estancia. Les
miraron con arrogancia y con asco, y le abrieron paso al que pareca ser su
jefe.
-Muy bien, asquerosas ratas, escuchadme! Maroon gir la cabeza
hacia l, pese a que la claridad le segua cegando- Vamos a quitaros esos
bonitos grilletes, y vosotros no vais a intentar nada! Despus haris una fila en
medio de la estancia y nos seguiris de manera tranquila y ordenada! Me
habis odo?
Nadie respondi.
Maroon trag saliva, estaba seguro de que se acercaba su hora.
Despus de soltarles, les llevaran a que el Duque les operase vivos, y luego
tiraran sus cadveres a una fosa. Estaba seguro.
Los guardias empezaron a desencadenar presos. La mayora se
desplomaban sobre el suelo, y se masajeaban las muecas. Despus de
levantaban a duras penas y formaban en el centro. Pero otros caan y no se
levantaban. Esos reciban una patada de parte de los guardias, y si seguan sin
reaccionar, les cortaban el cuello. Las cabezas rodaban hasta el canaln y se
mezclaban con las heces, mientras los cuerpos se convulsionaban
aterradoramente. Otros ya estaban muertos, cuando les acuchillaban, no tenan
reaccin alguna.
Y le lleg el turno a Maroon. Cuando el guardia le quit los grilletes, se
qued tumbado sobre el spero suelo, hasta que recibi la patada. Estaba
decidido a seguir all inmvil, prefera que lo decapitasen a sucumbir a manos
de unos cientficos locos de manera atroz. Pero cuando el guardia desenvain
el arma dispuesto a seguir con el protocolo, un miedo tenaz se instal en las
entraas de Maroon, el miedo a morir. El no era un cobarde, nunca lo haba
sido, pero en ese lugar de pesadilla hasta los hombre mas fuertes decaan.
Aterrado se levant a duras penas, con el horror pintado en el rostro, y el
guardia le dedic una espantosa sonrisa irnica.
Luego, form fila junto a los otros.
Cuando hubieron terminado con todos, volvieron a abrir la puerta y les
sacaron a los pasillos. All haba una interminable lista de puertas iguales a la
suya, probablemente con salas llenas de presos dentro.
Estuvieron caminando durante media hora, durante la cual ninguno de
ellos opuso resistencia.
Y cuando termin el trayecto, vieron a donde se dirigan.
Al principio la luz del sol les ceg, pues era mas intensa que la de los
pasillos oscuros por los que haban estado caminando todo ese tiempo.
Cuando por fin se les enfoc la vista, contemplaron cual sera su tarea.
El Duque no les iba a utilizar como conejillos de indias por el momento, pues
tena reservada otra horrible labor para ellos.
Desolados, contemplaron un patio lleno de cadveres, apilados hasta
formas montones de varios metros de altura. Veinte carros y treinta palas
estaban colocados contra la pared, cerca de los cuerpos putrefactos.

Maroon ya se imaginaba cul iba a ser su cometido.


Y as termin el da, durante el cual cavaron veinte fosas en un
embarrado terreno, y trasportaron varios cientos de cuerpos mutilados. La
mitad de ellos no cumpli con las expectativas de los guardias, y fueron
llevados a otros lugares. No mataron a ninguno. Probablemente les esperaba
un final peor.
Maroon estuvo a punto de desmayarse unas cuantas veces, el mun
infectado le picaba y le dola a mares, pero apretaba los dientes y continuaba
con su trabajo. Por suerte para l le toc el trabajo de los carros, se los
enganchaban al torso con una especie de tiro modificado y tiraban hasta que el
carro empezaba a moverse, o moran en el intento. Al parecer ellos eran ms
baratos que las bestias de tiro.
Cuando termin la jornada, les llevaron a un barracn, en el que haba
doscientos presos ms, y les dieron un odre medio vaco de agua y un chusco
de pan duro a cada uno.
As fue el primer da de Maroon en los dominios del Duque, el primero de
los catorce que pas all. Cada noche, veinte presos menos volvan a los
barracones.

Reunin clandestina
-Calma, seores, calma, calma! dijo individuo alto y de aspecto
desgarbado.
-No me pidas que me calme, maldita sea Fergund! Has odo lo que ha
dicho, t lo has odo?
-Me has entendido mal, Skeiss se disculpo un hombre enjuto y con ojos
de ratn.- Yo no digo que no, yo no me opongo. Lo nico que digo es que
porqu es necesario liberarlos...
-Qu porqu?! Pero tu eres idiota?! el Conde Greyhaer era un
hombre poderoso, y no le cost nada derribar al seor con ojos de ratn.- Mi
hijo est ah dentro, y la mitad de los habitantes de este pueblo tambin!
Acaso se te ha olvidado?!
El hombre con ojos de ratn recogi los pequeos anteojos que se le
haban cado al suelo con la cada, se acomod las ropas y se levant.
-No se me ha olvidado, Skeiss habl con voz pausada.- Mi sobrina fue
humillada por esos cerdos, eso lo recuerdo, y tambin que luego la degollaron.
Pero liberarlos es un riesgo innecesario, si eliminamos primero al Duque, luego
podremos sacarlos sin necesidad de batallar.
Un hombre gordo y con pinta de posadero le habl al enjuto y con ojos
de ratn.
-El Duque es un hombre vengativo. Tiene muchos recursos a su alcance,
mientras que nuestra economa es muy limitada. Sin descontamos los
principales gastos, apenas nos quedan trescientas iotas con las que contratar
un mercenario. Este mercenario ser un hombre mortal, que puede fallar en
cualquier momento. Imagina que le Duque le descubre. Imagina que le ejecuta.
Imagina que consigue hacerle hablar antes de eso y suelta de parte de quin
va. Qu crees que es lo primero que hara?
El hombrecito de ojos de ratn se qued en silencio.
-Exacto, ejecutara a nuestros familiares. Tampoco son tantos, a l no le
importa perder unos cuantos hombres, tiene de sobra para sus experimentos.
Si eso ocurriese, te quedaras solo, y lo sabes bien, Marcus.
La estancia entera se sumi en el silencio.
-Gracias Otto, me parece que le has convencido dijo el hombre que
peda calma.- Estamos de acuerdo con el plan seores?
Todos asintieron.
-Un momento, un momento dijo un hombre flaco y nervioso.- Si he
entendido bien, en teora el mercenario se encargara de liquidar a nuestro
objetivo solt una risita despus de eso.- Cmo sabremos que el
mercenario cumple con su misin y no nos traiciona por un puado de
monedas de oro?
-Ese riesgo existe respondi el gordo.- Pero me parece que tengo a la
persona ideal. Confiad en m.
-Bien, bien respondi el nervioso.- Y quin se encargar de los
prisioneros, entonces?
-Hemos contactado con un hombre muy cercano al Duque, que est
horrorizado con los experimentos que all se llevan a cabo. l se encargar de
esa parte de el plan.
-Es de fiar?

-Casi tanto como t.


-En ese caso, vamos apaados el hombre nervioso sonrie.
Todos rieron, se intercambiaron despedidas, y salieron del lugar.

La calma antes de la tormenta


Los primeros rayos de sol la despertaron por la maana, da en el que,
vista la poca suerte que haba tenido, viajara al prximo pueblo que le
ofreciera el camino. Necesitaba un nuevo cliente, ya casi no le quedaba dinero
en la bolsa, pero visto lo visto ese no era su ciclo.
Despus de vestirse y colocarse todos los cuchillos, baj a desayunar:
salchichas y un huevo con pan recin hecho. Tambin pidi un scutten para
acompaarlo todo. Tena que aprovechar la buena comida cuanto pudiera,
pronto vendran tiempos peores.
Valeria y Ma le acompaaron en el desayuno, la primera an no tena
ningn cliente y la segunda era compaera de profesin, que haba llegado a
aquellos lares de la misma manera que ella, atrada por el rumor y el destello
del oro. Charlaron de temas sin importancia, y rieron a carcajadas escuchando
las historias que Valeria contaba sobre cosas que haba tenido que
hacer para cumplir fantasas sexuales y todos los hombres que haba visto
correr medio desnudos escapando de sus parientas o incluso los que saltaban
por las ventanas para huir de ellas, olvidndose la ropa en la habitacin.
A lo largo de la maana el local se fue atestando poco a poco, y las
conversaciones, murmullos, risas y el tintineo de las monedas comenzaron a
llenar la habitacin.
Emalee segua sentada, ahora solo con Ma, y juntas compartan el
silencio y la desesperacin, a la espera de que apareciera alguien que las
contratara. Normalmente no tena tanta paciencia, ayer mismo estaba segura
de que se iba a ir nada ms terminar de desayunar, pero senta del Lethani
quedarse unas horas ms.
Alz la mano y le pidi una vaso ms de cerveza a Otto. Despus se
marchara, lo haba decidido. Ma se mostr de acuerdo en su decisin, ella
tambin hara lo mismo.
Charlaron un rato.
Emalee mir apesadumbrada la jarra. No quedaba ni la mitad.
Y en ese momento, un destello rub capt la atencin de ambas.

Con las manos manchadas de sangre


Le dola la espalda de estar inclinado sobre la mesa de operaciones.
Pero era un mal menor.
No poda dejar ahora su trabajo.
-Tenazas -pidi.
Uno de sus ayudantes le pas un extrao instrumento de metal forjado,
parecido a unas tenazas, pero con mayor longitud.
El cuerpo grit y se convulsion sobre la mesa. Tir brutalmente de las
cinchas de cuero que le mantenan sujeto a la mesa, intentando soltarse en
vano. El Duque sostuvo las tenazas ante sus ojos, observando la muela
sangrante que acababa de extraer.
-Seor? -dijo un alto y estirado caballero desde la entrada del
laboratorio. El plido fulgor de las antorchas podra hacer pensar que estaba
plido como la porcelana, pero aunque pudiese aparentar lo contrario, por
dentro era impasible y fro como una estatua. El dolor ajeno le era
indiferente. Por eso era el capitn de la escolta del Duque.
-Un segundo, Boggar -respondi sereno el Duque.- Guardad la muela en
salmuera y almacenarla en el apartado 62. Etiquetarla con la siguiente
anotacin: Ejemplar joven, 34 aos de edad, sano, el diente presenta una
ligera picadura en la parte superior frontal, se intent una limpieza a base de
cido base y hierbas, sin resultado alguno. Se almacenar con la intencin
de observar el avance de la caries -dict a sus ayudantes. A continuacin, se
deshizo de los guantes empapados de sangre y se quit el delantal de cuero.Dime Boggar, que deseas?
-Dinero, seor. Ya se han agotado las tres sacas que me
proporcionasteis para que contratase a su escolta, seor, y
-Cuntos conseguiste? -le interrumpi seco el Duque.
-Diecisiete seor.
-Maldita sea! -el Duque agarr un frasco de cristal y lo estamp contra
la pared.- Son demasiados pocos Boggar, necesito ms, ms! Ya
escuchastes lo que me dijeron ellos, van a venir a por m, puede que no hoy, ni
maana, pero vendrn, seguro que vendrn! -Boggar asista a la escena
impasiblemente. El Duque se derrumb vencido sobre una silla.-Cunto ms
necesitas?
-Un par de sacas sern suficientes.
-Bien, pdeselas a Eskel, dile que te he dado mi consentimiento.
-Muy bien seor. Antes de que caiga la noche estar aqu con ms
mercenarios, seor.
-Bien Boggar, puedes retirarte.

Por cuatro hombres vale un Adem, sobre todo si es mujer


Emalee esquiv el puetazo.
Era el sptimo mercenario con el que peleaba, y el sptimo al que iba a
ganar, eso seguro.
Dio un paso atrs y se movi casi imperceptiblemente hacia la derecha,
ejecut Hoja que Gira y cuando encontr un espacio libre atac con Romper
Len. Listo.
-Alguien ms quiere morder el polvo? -exclam mofndose mientras
vea como el pobre hombre era ayudado a levantarse.
Haban visto cmo peleaba con cuatro hombres a la vez y como otros
tres ms por separado se haban atrevido a luchar contra ella.
Nadie pudo ganarla: eran lentos, pesados, y con pocos reflejos.
Mercenarios de poca monta.
No le gustaba hacer tanto espectculo, pero lo necesitaba para
conseguir impresionar al hombre que haba venido buscando alguien a quien
contratar.
-T! -la dijo este. Era alto, y mostraba un semblante serio y alicado.
Luca un anillo de oro con incrustaciones rub en la mano derecha.- Lo que
dicen de ti es cierto. Vente conmigo.
Emalee se ofendi. Nadie la hablaba de esa forma.
-Perdone, pero soy una mercenaria, no una simple ramera. Trteme con
respeto -le espet Emalee. Se dirigi hacia la barra y deposit all dos
monedas.- Siento todo el desastre, Otto. -Se disculp dirigiendo la mirada a las
sillas rotas y a la sangre del suelo.
-Tranquila hija, ahora le digo a la parienta que lo limpie, -le gui un ojo
y desliz las dos monedas de vuelta a Emalee- t vete a cerrar tu trato esto
ltimo lo dijo con una sonrisa.- Adems, tu no has roto todo eso, han sido esos
brutos por caerse encima -y tras decir eso estall en carcajadas.
-Gracias, eres el mejor -Emalee recogi las monedas y se volvi hacia la
salida.
Dirigi la mirada hacia Ma, que se haba mantenido apartada en un
rincn, no haba querido participar en la pelea. Le hizo un pequeo gesto con la
mano, a modo de despedida, y ella le correspondi con una sonrisa.
Despus, recogi el macuto que haba dejado apoyado en una silla
antes de la pelea, y fue con el espigado hombre que requera de sus servicios.
Este le abri la puerta y se intern en la fra maana invernal.
Tena un encargo que cumplir.
Aunque en ese momento no tena ni idea de que poda tratarse.

Apariencias
Ma observ a Emalee partir.
Ella saba quin era ese hombre.
Haba visto el brillo de las joyas en sus dedos, no le interesaba el trabajo
que l le pudiera ofrecer. Era demasiado arriesgado, y pagaban demasiado
poco. Adems, sospechaba que Emalee se acababa de unir al bando perdedor
de la partida. Sinti lstima por ella. Le caa bien.
Recogi su macuto, que estaba tirado junto al lugar en el que momentos
antes haba estado el de Emalee y mir distradamente por la ventana cmo
nevaba mientras se peinaba el fino pelo, costumbre de cuando era pequea, y
termin de un largo trago su cerveza. Tuvo la tentacin de eructar, pero
se contuvo, pues ella era una dama.
Pas el tiempo.
Deba irse.
Pero tena una corazonada.
Y por fin, el hombre al que estaba esperando, entr en la estancia
buscando mercenarios que se pudiesen pagar con oro.
Ella era mercenaria.
Y se le poda pagar con oro.
Esboz una leve sonrisa.

Necesario
Maroon tena el pecho en carne viva de tanto arrastrar carros.
No aguantara ms, lo saba. La herida del brazo se le haba
gangrenado, y despeda un fuerte olor podrido. Si no mora a causa de las
heridas del pecho o del esfuerzo sobrehumano que estaban llevando a cabo,
morira a causa de la infeccin.
De los doscientos que haba en el barracn, solo quedaban sesenta.
Cada da, sustituan a los cados por nuevos hombres trados de las
mazmorras. Muchos se suicidaban. Se golpeaban contra la pared hasta la
muerte. Si hubiese sbanas habran podido ahorcarse con ellas, pero no tenan
ni camas. En el barracn no haba nada, solo cuatro paredes de piedra y una
puerta. Ni una msera venta, ni una antorcha. Cuando cerraban el portn, la
estancia entera se suma en la penumbra.
La comida era siempre la misma. Pan seco y un odre de agua. Si
perdas el odre perdas el agua. Si perdas el agua perdas la vida.
Maroon estaba cansado. No saba que esperaba. Supona que lo nico
que quera era sobrevivir, era un impulso animal, pues era consciente de que
cuando ya no les fuese til, acabara en el laboratorio del Duque, al igual que
los otros.
Se haba planteado lanzarse de cabeza contra un guardia, esperando
que le matase. Pero era demasiado arriesgado, lo mas probable era que el
guardia le dejase tullido y luego le torturasen. Ya les haba visto antes hacerlo.
Si les pareca que la actitud de algn preso no era la correcta, le mataban.
Aunque antes de eso le cortaban los miembros, o les sacaban los ojos de las
cuencas, o simplemente les despellejaban y les arrojaban al foso. Dependa del
humor que tuviesen ese da.
Maroon sigui tirando del carro, apretando los dientes e intentando hacer
caso omiso al dolor.
En el campo reinaba el silencio. Solo se escuchaban las risas de los
guardias, y el andar de los carros llenos de cadveres. Ninguno de sus
compaeros de barracn hablaba nunca. l tampoco lo haca. Algunas veces
se cruzaban alguna mirada, una mirada llena de temor, horror, cansancio y
pena. O peor an, se miraban y no encontraban rastro de cordura en los ojos
del otro.
Por eso a Maroon no le cost escuchar la conversacin que mantuvo
aquel anciano con los guardias. Este iba bien vestido, se notaba que era de
dentro, no un objeto para experimentos. Probablemente fuera uno de los
ayudantes del Duque.
-T, s, t! le dijo el anciano a uno de los guardias.- Eres el
encargado de esta seccin?
-No respondi ese.- Jenkins est ah dentro, al lado de una botella de
vino y una hermosa muchacha ri.- Espera que le llamo, supongo que no
querrs ver lo que est pasando dentro de esa habitacin volvi a rer con
aquella risa gutural que Maroon haba escuchado tantas veces.
El guardia fue a buscar a ese tal Jenkins. Este volvi al cabo de un rato,
anudndose los pantalones.
-Qu quieres? pregunt seca y despectivamente, mientras miraba al
anciano de arriba a abajo.
-Mis ayudantes se mataron ayer por la noche. Necesito dos nuevos.

-Se mataron? Y como si puede saberse? Jenkins solt una sonora


carcajada.
-Al parecer se pusieron de acuerdo, encontramos a ambos con una de
mis plumas clavadas en la garganta.
Jenkins volvi a reir.
-A lo mejor discutieron por ver quin de ellos te la chupaba primero
exclam de improviso, volviendo a rer, mientras los dems guardias
prorrumpan en risas despectivas.
El anciano tom un tono carmes y exclam indignado:
-Yo no uso as a mis ayudantes.
-Pues a lo mejor deberas, estoy seguro de que no lo catas desde hace
al menos noventa aos! llegados a ese punto, no se escuchaba otra cosa en
el patio a parte de las risas.- Quieres que te preste a la muchacha, para que
te d un poco de alegra? Jenkins se dobl por la cintura, y tuvo que
sostenerse en uno de sus hombres para no caer. A muchos les pasaba igual, la
risa no les dejaba mantenerse en pie.
-Basta ya! Silencio! Soy el escriba del Duque, y vosotros solo unos
mseros cerdos sin rango! Como continuis con vuestras chanzas, os juro que
pagaris por ello, a l no le importa perder a seis mierdas de su zapato!
Las risas se acallaron inmediatamente.
-Qu has dicho, anciano? el tono de Jenkins era ahora venenoso.
Escupi a sus pies y se acerc lentamente.
-Me has odo bien respondi este, palideciendo.
Jenkins continu acercndose.
-Nos ha llamado mierdas, Jenkins dijo uno de sus hombres.
-S, hzselo pagar dijo otro.
-Maldito viejo, nos ha insultado core otro.
-Silencio bastardos, no os he pedido vuestra opinin! grit. Se volvi
hacia el anciano hasta quedar a pocos centmetros de su cara.- Sabes? Te
salvas porque s que si empalo tu bonito culo en una de esas asquerosas
lanzas me mandarn colgar. Aprecio demasiado a mi cuello, pero te lo aviso
anciano, la prxima vez que necesites algo, procura ir a otra seccin dicho
esto, se alej unos pasos.- Ahora dime a que has venido y lrgate.
El anciano trag saliva, y tartamude ligeramente al hablar.
-Dos hombres.
Jenkins se dirigi hacia dos de sus hombres.
-Gordo, Piesplanos, coged a dos presos y llevdselos a donde l os
indique. No pienso malgastaros a ninguno de vosotros en esa escoria cuando
termin de hablar, se march de vuelta con la muchacha. Al rato se escuch el
golpear de la carne contra la carne y unos quedos sollozos.
Dos de los guardias cogieron unos collares de hierro y se dirigieron
hacia ellos. Maroon vi como uno de los chicos de Jenkins se diriga hacia el.
-Qutate las correas le espet.
Maroon obedeci y se quit las gruesas correas de cuero que servan de
tiro del carromato. A continuacin, le pusieron uno de esos horribles collarines
de hierro y le arrastraron hasta el anciano. Este les gui a travs de varios
pasillos y corredores. Observ al otro preso elegido. Era de esos que tenan la
mirada vaca.
Cuando llegaron a su destino les ataron a una pared mediante grilletes.
Los guardias se marcharon y entraron un par de ayudantes.

-Bien dijo el anciano.- Lo primero es limpiarles las heridas, necesito que


estn sanos.
Inmediatamente sus ayudantes se pusieron manos a la obra. Haca poco
Maroon estaba convencido de que iba a morir, pero ahora dudaba. Supona
que no se tomaran la molestia de lavarlos y curarlos para luego abrirles en
canal, pero igualmente la duda segua all, y no estaba seguro de poder
conservar su integridad fsica.
Le limpiaron las quemaduras producidas por las bastas correas de
cuero. Luego, le ataron a una mesa y se pusieron con su brazo. Maroon estuvo
a punto de aliviarse encima cuando vi que sacaban un serrucho.
El anciano debi ver su cara de terror, y al parecer le quedaba algo de
humanidad, porque dijo:
-Lo siento hijo, pero es necesario. Tienes el mun gangrenado y lleno
de pus, adems de que se te ha infectado gran parte del antebrazo. Es
necesario volvi a repetir.
Maroon dirigi la mirada hacia su brazo. Es verdad, tena la mitad del
antebrazo morado, a parte de que la herida tena una pinta horrible. Durante
todos esos das, Maroon haba preferido ignorarla, pues saba que no poda
hacer nada.
En ese momento capt el brillo del serrucho. Apart la mirada. Y luego
grit y se revolvi en la mesa.
Despus, se desmay.
Cuando despert estaba en otra mesa distinta, limpia. El otro preso se
encontraba cerca suya, en otra mesa parecida, con una gran cicatriz que le
llegaba desde el hombro hasta el vientre. Al parecer le acababan de coser.
Dirigi la mirada al brazo. Ahora terminaba en el codo. Se lo haban
cosido bien, dejando una tira de carne suelta para doblarla sobre la herida.
Le dola mucho, pero ahora al menos tena posibilidad de sobrevivir.
El anciano vi que se despertaba. Tena unas tenazas en la mano. Uno
de sus ayudantes se acerc a Maroon, y el otro cogi unas largas tijeras.
-Mal momento para recuperar la conciencia hijo. Esto te doler, pero
tambin es necesario. No te preocupes, es solo un poco de dolor, luego saldrs
de aqu. Te vas a venir conmigo al ala este, necesito gente que me ayude con
mis transcripciones. ltimamente estoy muy viejo y necesito que alguien
encienda el fuego, limpie la estancia, cocine... No ser tan duro como el trabajo
de ah fuera, ni mucho menos. Pero esto es necesario, es necesario, l me
obliga, debo hacerlo.
Mientras hablaba se fue acercando poco a poco a Maroon. Este se
revolvi cuando uno de los ayudantes le oblig a abrir la boca, y grit cuando el
anciano le sujet la lengua con las tenazas.
-Es necesario.
Eso fue lo ltimo que escuch antes de que le cortaran la lengua.

La astucia de una mujer


Emalee se escondi entre los arbustos cercanos a las murallas para
cambiarse.
El vestido de criada era blanco y de prominente escote. Se lo haba
pedido prestado a Valeria, que al parecer tena todo tipo de ropajes en su
armario. Era ajustado, casi le costaba respirar de lo apretado que lo llevaba,
corto, y dejaba a la vista sus largas, tonificadas y nveas piernas. Hasta le
haba dejado unos bonitos zapatos negros algo gastados y con poco tacn,
necesitaba poder moverse con ligereza y se supona que era una simple criada
que no poda permitirse unos tacones como Telhu manda. Ella solo tena dos
pares de cmodas botas de cuero, que segn Valeria no pegaban para nada
con su escotado atuendo, as que accedi a ponrselos, aunque antes tuvo
que dar unos clasecillas de cmo caminar con ellos y despus practic por su
cuenta como correr, saltar, y pelear. Aunque lo ms seguro es que si tena que
pelear, se los quitara.
Se solt el pelo y se lo card todo lo que pudo, luego se baj el escote
dejando que sus tetas saludaran. Eso obnubilara a cualquiera que sospechara
de ella, ventaja de que los guardias fueran todos hombres.
El plan era sencillo: infiltrarse en la fortaleza vestida de criada, encontrar
el dormitorio del Duque, esconderse all y esperar a que entrase. Le haban
asegurado que a esas horas el Duque estaba en su laboratorio. Luego, solo
deba clavarle una daga en la garganta.
Nadie sospechara dnde la tena escondida.
Despus tendra que bajar al piso inferior, donde el escriba del Duque,
un hombre de confianza segn sus contratadores, le ayudara a escapar.
No tena ningn misterio. Haba hecho cosas ms difciles.
La seguridad de la fortaleza constaba de dos guardias apostados en las
puertas de entrada y grupos de aburridos arqueros que vigilaban desde las
almenas, ms todos los que habra dentro. Aunque eso no la asustaba, pues
ella poda ser silenciosa como el bho nveo en las largas noches de invierno,
pero la mejor forma de pasar desapercibida era que la tomaran por una criada
corriente que haba estado toda la tarde recogiendo comida para la cena.
Una criada buenorra a la que por accidente se le caera todo lo que
llevaba en la cesta y tendra que agacharse, vaya por Tehlu. Menuda suerte
iban a tener los guardias de la entrada, con dos buenos puntos de mira que
vigilar.
Listo. Estaba perfecta.
Recogi la cesta llena de borrajas que estaba en el suelo junto a ella y
camin erguida hacia el castillo.

Honor
Maroon caminaba silenciosamente por los corredores que llevaban a las
mazmorras.
Llevaba las llaves de las celdas escondidas debajo del jubn.
Y estaba muy nervioso.
Dobl una esquina y atraves cuatro corredores ms. Conforme se iba
internando en la tierra, el fro y la oscuridad aumentaban. Pero estaba decidido.
Eso no significaba que no tuviera miedo, no. Estaba aterrado, le
horrorizaba a tener que volver al lugar desde el cul haba comenzado la
pesadilla. Pero el anciano escriba era un hombre amable, y se lo deba. l le
haba sacado de aquel infierno.
Al principio le haba guardado rencor. Por su culpa le haban cortado la
lengua, a sangre fra, mientras estaba an consciente. Pero tambin le haban
curado el brazo, que haba sanado maravillosamente y por fin le haban
cicatrizado las tremendas laceraciones dejadas por las correas de cuero.
Tambin le haban dado ropa nueva, le haban lavado, y le daban de comer tres
veces al da. La comida segua siendo la misma, pero el pan no estaba duro y
la racin se haba multiplicado por tres. Al fin y al cabo, segua en el castillo del
Duque de Gibea.
El trabajo no era muy duro, en eso el anciano tena razn. Pero Maroon
saba leer, pues era de noble cuna, y no pudo resistir la tentacin de echar un
vistazo a los documentos que transcriba el anciano. Cogi una pgina al azar y
se encontr con un dibujo que no pudo identificar, pero tras leer la descripcin
le dieron arcadas. Prefera no imaginarse como haban calcado el bosquejo.
Su otro compaero era mudo. Bueno, el tambin era mudo, pero el otro
no haca ningn gesto. Solo trabajaba cuando deba trabajar, coma cuando
deba comer, y dorma cuando deba dormir. A fin de cuentas, era el esclavo
perfecto.
Despus de pasar varios das de servicio con el anciano, haban cogido
confianza. Maroon le confes que saba leer y escribir, y le cont su historia de
esa manera. A partir de ese da, ayud al anciano en sus documentos de
transcripcin, pero siempre que lo haca procuraba ignorar lo que estaba
copiando.
Y tambin pudo ver al Duque.
Maroon estaba barriendo el suelo de la alcoba del anciano, mientras
este estaba encorvado sobre su escritorio. Y l entr.
Estaba hecho una furia. Tir varios documentos al suelo, y le grit al
anciano. Le dijo que los necesitaba ya, ms rpido, mucho ms. Despus se
seren un poco y le dijo que le esperaba en su estudio. Al salir, el anciano le
dirigi una mirada triste. Y murmur que deban acabar con l, que ya no era el
mismo. Maroon lo escuch, y el anciano le mir como si le entendiera. Al da
siguiente le cont que deba ir a liberar a los presos. No se opuso, pero
tampoco se mostr entusiasmado. Saba que el anciano estaba cometiendo
alta traicin, y que si le pillaban acabaran todos mal. Pero l haba estado all
abajo, y haba visto aquella mirada en los ojos del anciano.
Baj unas escaleras y lleg a la primera puerta.
Esta daba a un primer grupo de celdas, y estaba custodiada por dos
guardias. Maroon se dirigi hacia ellos.
-Quin va? pregunt uno.

Maroon balbuce algo ininteligible.


-Quin es este imbcil? le pregunt el de la derecha al de la izquierda.
-Ni idea, pero como va vestido debe ser alguien de arriba volvi a mirar
a Maroon. Este le tendi una carta.
-Qu pone? pregunt el de la derecha.
-Ni idea respondi el de la izquierda.
-No sabes leer? inquiri el de la derecha.
-Acaso tu s? buf el de la izquierda.
-Anda, trae el guardia le quit la carta a su compaero.- Aqu dice: En...
hombre... Urkel... Dicea... ley lentamente.- Estamos prisioneros... d... dos.
Restregrselos... restregrselos? Al yudante. Qu mierda es un yudante?
-Me parece que quieren sacar a un par de las mazmorras, ya sabes,
para las cosas que hacen all arriba, verdad? pregunt dirigindose a
Maroon.
Este asinti. Le entregaron la carta y le abrieron la puerta.
Mientras Maroon se alejaba pudo escuchar al de la derecha:
-Yudante?
Tuvo que pasar tres veces por un protocolo similar.
Cuarenta y cinco minutos despus, hua de las celdas con un centenar
de presos a sus espaldas, dejando ocho cadveres tras de s.
Aun as, no pudieron evitar que el grito de alarma se propagase por todo
el castillo.
Maroon los haba liberado a todos, pero muchos de ellos no escaparon,
ni quisieron intentarlo. Se quedaron all, tirados sobre las heces. El resto le
segua, pero con aquella mirada vaca, solo una treintena parecan cuerdos y
dispuestos a luchar.
Junto con esos treinta, armados con el equipo de los guardias y de
cualquier cosa que poda servirles, Maroon se abri paso fuera de las
mazmorras. Pero al llegar al exterior se encontraron con un gran contingente
de guardias dirigindose hacia ellos.
Se replegaron hacia las puertas de las mazmorras, ya que all solo
podran atacarles de seis en seis. Maroon lider la lucha, mientras sus
compaeros caan, poco a poco, y el nmero de guardias no haca ms que
aumentar. Cuando ya lo crea todo perdido, los guardias empezaron a
retroceder. Eso les encendi el nimo, y consiguieron dejar de perder terreno. A
pesar de que por cada guardia cado caan seis prisioneros, ellos avanzaron
unos metros. Conforme avanzaba la escaramuza, mas presos despertaban de
ese estado de shock, y se unan a la contienda. Triplicaban en nmero a los
guardias.
Recogieron las espadas de los celadores cados, y dieron un envite final.
Maroon cercen un brazo de un certero golpe, y cort a zurdas varias caras
que se le pusieron por delante. A pesar de estar manco, haba sido educado en
el arte de la espada, y eso contaba. Acab con ms de catorce vidas.
Peg un grito de triunfo, y se sorprendi. Haca tiempo que no
escuchaba su propia voz. Varios de sus compaeros sonrieron y tambin
lanzaron exclamaciones al aire.
Maroon aprovech para tomar un respiro. Los guardias retrocedan.
Y en ese instante, supo el porqu.
Los guardias se abrieron en abanico, se alejaron rpidamente.
Y varios Lobos les tomaron el relevo, armados con ballestas.

A Maroon se le demudaron las facciones.


Gir presa de un ataque de pnico, y grit Corred, pero en vez de eso
le sali un aullido ronco.
Observ como varios de los prisioneros soltaban las armas y
retrocedan.
Todo transcurri a cmara lenta.
Los ballesteros tensaron las cuerdas.
Apuntaron.
Y dispararon.
Una de las saetas le impact en el hombro, otra, en el estmago, y una
ltima en la rodilla izquierda.
El dolor le ceg y call al suelo junto con medio centenar de presos
abatidos por la lluvia mortal. Los Lobos eran muchos, demasiados. El Duque
tena recursos.
La cabeza le explot en miles de luces cuando impact contra el suelo.
Notaba la vida escaprsele entre los dedos. El chasquido de las ballestas
volvi a sonar, junto con el caer de los cuerpos. Estaban siendo masacrados.
Y escuch otro sonido.
Algo parecido al caer de unas gigantescas puertas de roble y al de
cascos de caballos. Cuernos de guerra, eso tambin.
Luego, todo se volvi negro.

Tras el Biombo
Jodidos tacones, ya le dolan los pies. Y encima hacan mucho ruido al
andar.
Todo haba salido segn el plan, y ahora estaba en el dormitorio del
Duque, escondida tras lo que era, al parecer, un biombo. No estaba muy
segura qu haca ah, no era muy masculino por su parte, pero bueno, a ella le
vena de perlas.
Se quit los tacones y los tir debajo de la cama, bien podran ser de
alguna mujer con la que hubiera compartido el lecho, en el caso de que le
fueran las mujeres, claro.
Por Telhu, que bien se senta caminar por el fro y dulce suelo.
Suspir y afloj un poco el ajustado cors que la impeda respirar.
Mucho mejor. Ahora no morira asfixiada.
Al parecer el Duque iba a tardar lo suyo, pero no poda relajarse, por
mucho que estar constantemente alerta fuese muy cansado. Haba tendido una
gruesa manta sobre el biombo para que, al encender la luz, no la delatara su
sombra, y se mantena agachada en una posicin felina, desde la cual podra
saltar en segundos.
Reprimi un bostezo.
Qu aburrimiento.
Llevaba por lo menos media hora ah escondida y la estaba entrando
hambre. Maldijo por dejar la cesta con comida olvidada por ah en algn lugar
en vez de habrsela llevado, aunque poco podra hacer con los ruibarbos
crudos.
Se puso de pie, qu podra estar fallando? Todo el mundo necesita
dormir, incluso un chiflado como el Duque.
En medio de sus cavilaciones un grito de alarma comenz a extenderse
por todo el castillo, llenando el silencio que antes lo inundaba. De repente un
enorme estruendo comenz a sonar e hizo que se irritara an ms: alaridos,
gritos de dolor y de jbilo junto con choques de espadas.
Una maldita batalla. Eso no era lo que haban acordado. Iban a esperar
a que ella saliera.
Emalee se dispuso a salir de su escondrijo.
Si el Duque no iba a ella, ella ira al Duque, as de sencillo.
El mercenario busca y mata, en eso consiste su trabajo.
En el instante en el que iba a poner un pie fuera del biombo, escuch la
puerta abrirse suavemente, casi de manera imperceptible. Rpidamente, volvi
a su posicin y desenfund la daga.
Pero no era el Duque, eso estaba claro. Nadie entraba a su habitacin
con tanto sigilo y precaucin.
Ni siquiera haba encendido la luz.
Qu raro.
Otro mercenario al que haban pagado para matarle?
Se asom con cuidado y vio una negra figura aproximarse a una de las
estanteras que estaban al lado de la cama, frente a su biombo.
Pareci trastear un poco, y tras tirar varios libros al suelo, meti la mano dentro
de uno de los huecos que haban quedado vacos. Se escuch un largo y
quedo gemido y las dos altas estanteras que haba en la habitacin se

separaron y entre la penumbra pudo distinguir que una puerta haba aparecido
en la pared.
Toma ya. Qu ingenioso. Tendra que habrsele ocurrido a ella.
Se escondi de nuevo tras el biombo, mirando cautelosamente por una
esquina. Y cuando vi desaparecer a la figura a travs de la puerta, la sigui
con cautela y sigilo.
La ventaja de estar descalza es que no haca ni pizca de ruido. Podra
incluso adelantarse un poco y matarle, pero se lo pens mejor y esper a ver a
donde iba.
As que lo sigui por entre los numerosos pasadizos que se iban
abriendo a ambos lados del camino, al parecer haba una red secreta de
tneles rodeando el castillo. Se alegr de haber seguido al hombre en vez de
matarlo. de haberlo descubierto sola no habra llegado a ninguna parte, pero al
parecer l s saba muy bien qu direccin tomar.
Estaba que explotaba de curiosidad. Quera saber era quin era ese
misterioso individuo, porque no se mova como cualquier mercenario, por muy
diestro y seguro de s mismo que fuera. Ni siquiera se le escuchaba respirar.
Se acerc un poco ms.
Mierda. Apoy la espalda contra la pared y pasados unos segundos se
asom a mirar. Debera haber hecho menos ruido. La figura se haba girado,
menos mal que no la haba visto.
Intent acompasar su respiracin de nuevo. Camin sigilosamente y al rato le
vi. Volvi a ajustar su zancada a la de l, para no provocar ecos, y se centr
en respirar lentamente.
Al rato, la figura volvi a detenerse, pareci empujar algo y desapareci.
Esper durante el tiempo que se tarda en respirar tres veces y se acerc
con cuidado.
Una puerta.
El hombre la haba dejado abierta.
Se acuclill junto a ella y mir dentro.
Lo saba! El laboratorio secreto del Duque!
Estaba rodeado de paredes de fra piedra y hmedo musgo. Se
escuchaba el contnuo y meldico caer del agua. En todas partes haba mesas
llenas de instrumentos extraos, junto con batas blancas manchadas de sangre
y miembros y extremidades amputados esparcidos por el suelo. Un montn de
cadveres se apilaban en una esquina, junto a un carro. En la otra haba varios
presos encadenados a la pared, seguramente, despus de pasar por las
manos del Duque, acabaran en el lado opuesto de la sala. Una gran puerta de
roble decoraba la pared izquierda, deba ser la entrada principal, por la cual ira
y vendra el carro. En la pared opuesta, en una especie de oasis en medio de
todo ese caos de sangre y muerte, una gran mesa de oscura madera negra
junto con varias sillas y mesillas, todas ellas llenas de papeles y cuadernos,
rodeaban una gran chimenea de piedra. Y en el centro de la estancia, una gran
mesa de medicina bien iluminada con esposas y grilletes de acero sujetos a
ella. Aquella deba ser el centro de operaciones del Duque, en el sentido literal.
Contuvo la respiracin y abri un poco ms la puerta.
All, cerca de la chimenea, haba un hombre anciano tirado en el suelo, y
otro un poco ms joven erguido ante l. Por un segundo Emalee pens que era
el individuo al que haba estado siguiendo, que haba acorralado al Duque,
pero le pareca muy improbable. No le poda haber dado tiempo. En todo caso,

Emalee entr en la estancia y permaneci escondida, esperando a ver como se


desarrollaba la escena.
El anciano tena un estilete clavado en el pecho, y respiraba
entrecortadamente.
-Cuanto has cambiado, Adolf -dijo.
El otro respondi propinndole una patada.
-Silencio! Soy el maldito Duque de Gibea, y siempre lo he sido! Yo no
he cambiado, me oyes?! Yo no he cambiado!
El anciano tosi y se incorpor a duras penas.
-El chico que yo conoc nunca habra permitido esto, nunca habra
orquestado esta masacre.
-Es por el bien comn -respondi el otro, en un susurro.
-S, s, ya me lo has dicho un montn de veces. Esos caballeros errantes
te metieron esa idea en la cabeza solo para aprovecharse de ti. Te han estado
utilizando. -sentenci.
-A mi no me ha utilizado nadie! -el Duque volvi a tirar al anciano al
suelo.- No lo entiendes?! Que importan unos pocos campesinos
sacrificados, unas pocas tierras arrasadas? El mundo es amplio, y miles de
personas mueren a causa de enfermedades desconocidas, muchas ms que
las pocas que han perecido aqu! Yo las salvar a todas, gracias a mis
investigaciones podremos impedir epidemias y enfermedades mortales, la
fiebre nunca ms ser algo de lo que asustarse! -el Duque se apoy en su
escritorio.- Yo, yo he hecho todo esto, s, y pagar por ello, pero tambin
pagar por todas las vidas que voy a salvar en el futuro, las gentes me
alabarn agradecidos! Erigirn estatuas en mi honor, y miles de compendios
de medicina se basarn en mis teoras! Mi nombre ser repetido durante
decenios de aos!
-S, tienes razn. Repetirn tu nombre. Pero para maldecirte Adolf, nadie
te agradecer nada -respondi quedamente el anciano.
-Aaaaaaaaaaaah! -el Duque lo empuj contra la pared.- Mientes,
mientes estpido anciano! Mientes! -le agarr de la pechera y le golpe
repetidamente contra ella.- Mientes. -tras decir esto, agarr un bistur de una
mesa cercana.- A partir de este momento, quedas relegado de tus servicios
como escriba, Ghaer. Descansa en paz -y le clav el cuchillo en el cuello.
El anciano call al suelo con los ojos muy abiertos, sorprendido, entre
espasmos. Antes de morir, consigui murmurar unas palabras, y alargar la
mano hacia l. Una explosin de luz ceg a Emalee momentneamente, y
pudo observar como el Duque arda con llamas rojas.
-Has cambiado Adolf, has cambiado -dijo el anciano. Luego muri.
El Duque grit de dolor y rod por el suelo, incendiando varios
documentos a su paso. Luego corri despavorido y dando tumbos hacia su
mesa de operaciones, mientras su carne era devorada por las llamas.
Emalee estaba horrorizada. No saba como lo habra hecho, pero el caso
era que el anciano iba a llevarse al Duque por delante.
En ese momento, el extrao hombre al que haba estado siguiendo,
apareci junto al Duque. Pareca que llevase todo el tiempo ah, pero Emalee
estaba segura de que haca unos segundos no se encontraba junto a la mesa
de operaciones.

El individuo, que como pudo observar ella iba ataviado con una
armadura, camin tranquilamente hacia el Duque. De improviso, las llamas se
apagaron, y el Duque call al suelo humeando.
-Lo l saba. Saba que vendras. Oh, muchas gracias seor, sin ti
hubiera estado perdido, gracias, gracias -el Duque se arrastr hasta el
caballero.
-No he apagado las llamas por t Gibea, sino por los documentos
-desenfund la larga espada que llevaba colgada al cinto, y le decapit de un
limpio tajo.
Emalee reprimi un grito. Lo haba matado. El hombre que haba
causado tanto terror y orquestado todo aquello, quien haba matado a cientos
de personas sin que le temblaran las manos, el responsable de arrasar las
tierras y secuestrar a los campesinos, estaba muerto con un simple
movimiento. No haba opuesto resistencia. No haba gritado. No haba
suplicado clemencia. Nada. Muerto, as sin ms, gracias a un caballero que
haba entrado misteriosamente en escena.
Emalee no saba si alegrarse. Tcnicamente, ella ya haba cumplido su
trabajo, acabar con el Duque, aunque la mano ejecutora hubiese sido otra.
El caballero cogi varios documentos, se los guard bajo el jubn, y
volvi a susurrar una palabra. El fuego inund de nuevo el lugar. Despus se
dirigi a la salida.
Emalee agach la cabeza. Mierda. Tena que esconderse.
Volvi sobre sus pasos y se acurruc en una esquina en diagonal a la
puerta, amparada por la densa oscuridad. Esper a que el caballero
desapareciera de su vista y despus entr en el laboratorio.
Se dirigi hacia las llamas y cogi varios documentos al azar, si el
caballero quera quemarlos sera por algo. Luego, se dirigi hacia el cadver
del Duque y sin que la temblaran las manos, guard su cabeza en un saco de
arpillera. Ella era mercenaria, ese era su trabajo. Si queran pruebas del
asesinato, en el saco las encontraran.
Tosi.
El humo estaba inundando la estancia, se iba a asfixiar.
Corri hacia la salida, pero justo en el momento en el que iba a cerrar la
puerta tras de s, se acord de las personas encadenadas a la pared.
Joder. Iban a morir. Quemados. Sin poder liberarse.
Apret los dientes y volvi a la estancia.
Se acerc corriendo a ellas, y sacando la daga que haba mantenido
escondida, cort las cuerdas y los liber.
-Venga, vamos! Seguidme todos, os guiar hasta la salida. -Exclam
intentando aparentar seguridad, pues no estaba muy segura de poder recordar
el camino de vuelta a los aposentos del Duque.
Pero haba que intentarlo.
Derecha. Derecha. Izquierda. Derecha. Recto. Recto. Izquierda. Callejn
sin salida. Atrs. Derecha. Izquierda. Izquierda. Abajo. Abajo. Recto. Izquierda.
Derecha. Imposible pasar. Atrs. Izquierda.
Manos negras! Se puede saber por qu haca tanto calor?
El incendio, estaba segura de que se estaba extendiendo.
Siguieron la marcha de manera incansable, impulsados por el ferviente
deseo de salir del castillo de los horrores, aquel que seguro protagonizara sus
prximas pesadillas.

Por fin! De esto s que se acordaba!


Al principio haba bajado una empinada cuesta, siguiendo al caballero y
ahora estaban frente a ella, gracias Tehlu!
Casi corrieron de la emocin al subir por la cuesta, pero algo los detuvo:
haca muchsimo calor, tanto que incluso costaba respirar.
-Un segundo! -grit.
Subi lo que quedaba de cuesta y pudo ver a cierta distancia lo que
pasaba, a travs de la puerta que estaba entreabierta.
Fuego.
La habitacin del difunto Duque estaban ardiendo. Literalmente.
El caballero, el caballero la haba prendido fuego! Le maldijo a l y a
toda su familia.
Se acerc con cuidado y ech un vistazo, intentando valorar la situacin
de manera fra y positiva.
-Acercaos! -esper a terminaran de llegar todos y despus continu- Al
parecer la habitacin por la que se sale de aqu est ardiendo, as que tenis
dos opciones: quedaros o arriesgaros. Es decisin vuestra. -mir atentamente
a aquel grupo de desgraciados que solo queran que terminara su pesadilla de
una vez por todas y les dio la espalda- Yo me voy.
-Al menos ayuda al nio, l no podra conseguirlo solo. -escuch decir a
una mujer cuando ya haba abierto la puerta lo suficiente como para pasar.
Lo mir: haba perdido el brazo y tena la cara tan manchada que
apenas podan distinguirse sus facciones, salvo unos grandes ojos azules que
cuando los abri y la mir, no hubo parte de su cuerpo que no se estremeciera.
No era la mirada propia de un nio, los nios son inocentes, alegres y
despreocupados, la mirada de aquel nio, en cambio, pareca la de un soldado
tras ver todos los horrores de la guerra y la de una madre tras perder a su hijo.
Reflejaba cada atrocidad cometida y cada agona sufrida, el miedo y la
indefensin padecidos, los reflejaba a todos y cada uno de ellos.
Fue en ese momento cuando vio realmente al grupo al que haba estado
guiando: cinco mujeres, la ms pequea aparentaba unos 15 aos y la ms
mayor 70, cansadas, con las miradas perdidas y las ropas destrozadas,
sujetndose unas a otras, haba tambin tres hombres, un joven tullido al que
los otros dos le ayudaban a caminar, y el nio, que solo podra tener como
mucho 7 aos y que iba recargado en la espalda de una de las mujeres.
A la mercenaria se le conmovi el alma y no pudo ms que apartar la
mirada que no poda sostener.
Ahora s que deseaba poder haber matado al Duque con sus propias
manos.
-La puerta de salida est justo enfrente, -aconsej a media voz,
intentando que no se le quebrara- solo pasad corriendo y no os detengais,
aunque sintis que el fuego os quema. Y protegeros con las manos y los
brazos la cara. Yo pasar primero y dejar la puerta abierta, cuando me
escuchis gritar empezad a salir. -hizo una sea al nio para que se acercara,
instndole con una sonrisa que esperaba que no pareciera muy forzadaVamos, pequeo, te sacar vivo de aqu.
El nio baj de la espalda de la mujer y se acerc lentamente a ella,
mirndola con aquellos asombrosos ojos, que parecan examinarla muy
concienzudamente.

Se lo carg a la espalda y le dio instrucciones de mantener la cara


pegada a su cuello, y agarrarse cuanto pudiera a ella, y sin pensrselo dos
veces ech a correr.
El fuego quemaba en su piel, pero no se detuvo, las llamas y el humo
casi le impedan ver y respirar, pero deba seguir, por ella y por el nio.
Extendi un brazo y al segundo lleg a la puerta.
Gir el picaporte, pero la puerta no se abra.
Joder.
Empez a toser, se le estaba acabando el aire.
-Escchame un segundo. -el pequeo levant apenas la cabeza y la
mir- Te voy a bajar solo un momento para poder abrir la puerta y enseguida
salimos, de acuerdo? -el nio asinti, tosiendo- Tranquilo, pronto estaremos
fuera.
Lo baj al suelo y apartndolo un poco de la puerta, sac de nuevo la
daga y cogindola de manera que no se cortase, le dio un fuerte golpe al
picaporte con el mango.
Se escuch algo caer al suelo.
Listo.
Cogi al nio de la mano y juntos salieron de la habitacin del Duque.
-YA EST, YA PODIS SALIR! RPIDO!
Tras unos segundos en los que ambos no pararon de toser el primero de
ellos sali, seguido por un segundo, y despus un tercero.
-Necesitamos tu ayuda para llevar a Evan, con la pierna no puede
apenas andar, soy el nico que ahora mismo puede hacer algo, y no puedo
solo. -dijo uno de los hombres que acababa de salir.
Le mir a los ojos e intent respirar con normalidad.
-De acuerdo.
Volvi a entrar seguida del hombre, corrieron lo ms rpido que pudieron
y en apenas unos segundos ya estaban otra vez dentro de la puerta entre las
estanteras.
Cogieron entre los dos al tal Evan, cada uno de un costado, y cruzaron
de nuevo la habitacin, en la que ya no poda distinguirse nada por culpa del
humo.
Despus de salir lo sentaron en el suelo y recuperaron las fuerzas.
Fueron saliendo los que quedaban, los cont. Faltaba alguien.
-Quin queda dentro an? -pregunt a la mujer que acababa de salir
mientras cerraba la puerta de la habitacin del Duque.
-Mary, que no ha podido con todo esto. -agach la cabeza y tosi
compulsivamente- He cerrado la puerta para que el fuego no la tocara, al
menos.
Mary. Mir a su alrededor. La anciana.
Joder.
Pestae con fuerza.
-Bien, hay que salir de aqu ahora mismo, s que no estamos en las
mejores condiciones, pero apuesto que estis deseando salir de aqu.
Volvi a coger al nio de la mano, mantenindolo junto a ella, y visualiz
mentalmente su recorrido por el castillo, intentando invertirlo.
Empezaron a caminar, guiados por ella, depositando todas sus
esperanzas en Emalee.

Sangre y ceniza
Voces. Miles de voces. El chasquido de las ballestas y el retumbar de
cascos de caballos.
Gritos de horror y gritos de pnico. Gritos de muerte.
El olor a humo, a fuego, a madera quemada. El olor a sangre, el olor de
los cadveres recientes y el olor de sus tripas esparcindose sobre el suelo.
Una batalla.
l se ha muerto.
Aparentemente.
Pero no, no est muerto.
Los muertos no pueden or, no pueden oler, ni tampoco pueden sentir
dolor. O al menos eso cree.
Y entonces despierta y se disipan las dudas.
Maroon yace sobre un incmodo catre de madera. A su alrededor varios
hombres bien vestidos discuten acaloradamente. Tiene el estmago vendado,
le duele mucho.
-Dime la verdad, Skeiss, no me mientas dice una voz a su lado.Sobrevivir?
Un hombre enjuto y con ojos de ratn responde al que ha hablado
primero.
-Lo siento mucho Greyhaer, pero est perdido. La herida es demasiado
profunda.
El primer hombre calla.
-Lo saba. Gracias por tu sinceridad Skeiss, gracias -en ese momento
tres hombres ms entran en la tienda.- Cmo va la batalla? pregunta
lgubre.
-Seor, hemos tomado el patio y las caballerizas. Los presos se
encargaron de limpiar las mazmorras, tambin son nuestras. Gracias a su hijo
ms de la mitad sobrevivieron. El torren oeste est en llamas, y los hombres
del Duque se han hecho fuertes en el Torren principal.
-l sigue vivo?
-Segn nuestras fuentes, no, seor.
-Nuestras fuentes?
-La mercenaria que contrataste, seor. Dice que vi con sus propios ojos
como un caballero de armadura gris lo asesinaba. Estaban ambos en un
laboratorio secreto, contiguo a las alcobas del Duque.
-Hemos recuperado algn escrito?Algo que haya hecho que merezca
la pena esta masacre?
-Lo siento seor, pero la mercenaria dice que el caballero prendi fuego
a todo. Ella ha trado consigo unos cuantos documentos, pero la mayora son
ininteligibles. Tambin dice que consigui liberar a varios prisioneros que se
encontraron en el laboratorio, pero que murieron cuando les atacaron los
hombres de la escolta personal del Duque. Reclama el pago que le
prometieron, y pide tambin dos monturas y diez talentos mas, para la otra
mercenaria que la ayud.
-Muy bien, pagadla los treinta talentos que se la prometieron, y dadla las
dos monturas, pero decidla que no tenemos nada para la otra, ella no haba
hecho trato alguno con nosotros. Si reclama algo ms, decidla que no estoy
para bromas, y que har empalar su cabeza como siga quejando suspir.-

Con respecto al Torren Principal, prendedle fuego tambin, si el Duque ya ha


muerto, y no hay documentos de valor all, ya no hay nada que debamos
proteger.
-Los hombres del Duque estn ah dentro, seor. Y es posible que
queden algunos documentos ms escondidos.
-Me da igual, quemadlo todo y a todos. Y ahora, dejadme solo los tres
hombres salieron, despus del correspondiente saludo.- Incluido t Skeiss
aadi mirando al hombrecito enjuto y con ojos de ratn.
-Gre... Greyhaer, si me lo permite trag saliva.- Su hijo est sufriendo.
Esa herida en el vientre es mortal y muy dolorosa. En su caso, yo cortara su
agona y tras decir, esto, se march apresuradamente.
El Conde mir a Maroon.
-Ya lo has odo hijo mo. Lo siento. Todo esto es culpa ma, nunca deb
dejarle tomar tanto poder, debera haberle cortado cuando an poda. Lo siento
desenfunf la daga.- Adis hijo, estoy orgulloso.
Y tras decir esto, le clav la daga.
Negro.
Y silencio.

Otro camino, otro pueblo


Estaba destrozada y cansada, y no solo fsicamente.
La muerte de toda aquella gente por la que haba arriesgado su vida y se
haba molestado tanto en salvar, sobre todo aquel nio, la haba dejado
totalmente marcada.
Nadie se mereca todo aquello.
Jams olvidara la mirada confiada de aquel nio al que intent proteger.
l realmente confiaba en ella, crea que lo salvara, y lo peor de todo era que
ella misma se lo haba dicho.
Estaba cansada y se odiaba a s misma por aquello. Siempre cargara
con la muerte del nio de intensos ojos azules sobre su conciencia.
Todo iba bien. Se dirigan hacia la salida, Emalee no haba errado en
ninguna ocasin la direccin que haba que tomar. Pero cuando llegaron a una
de las puertas que daba a los patios, la encontraron cerrada. Volvieron sobre
sus pasos, y mientras atravesaban un largo corredor, un grupo de Lobos entr
en la Sala. Iban ataviados con capas y yelmos, adems de armaduras de
acero. Deban ser la guardia personal del Duque. Eran doce.
Emalee mat a seis, pero no pudo proteger a los presos. Ma estaba entre los
Lobos, a ella tambin la haban contratado, pero el bando contrario. Cuando se
enter de que el Duque haba muerto, se pas al lado de Emalee. Ellas dos
fueron las nicas que abandonaron el largo corredor. Todos los dems, presos
y Lobos, se quedaron tendidos sobre la moqueta.
Emalee cabalgaba en silencio.
Ya haba cobrado sus treinta talentos, les haba entregado la cabeza y
los documentos a los hombres que la haban contratado y les haba pedido dos
monturas, una para Ma y otra para ella. No poda quejarse.
Pero mientras se alejaba de aquel escenario intentaba no llorar, por
respeto a ellos, a los que haban credo en ella y haban sido defraudados.
No.
Por eso se aguantaba las lgrimas.
Por eso caminaba con la cabeza gacha, sin saber a dnde, solo hacia
delante, siguiendo el rumbo marcado por el sendero.
Ma haba decidido tomar otro camino, tena otros asuntos que atender
en otro lugar, as que solo se despidieron y se desearon buena suerte.
Le haba comentado la mala fama que tena un lugar llamado Tarbean, y
eso en su lenguaje significaba dinero, as que no se lo pens demasiado y
tom la direccin que le haba indicado.
Algo nuevo le esperaba all, as que decidi sepultar el pasado, guardar
aquella historia en lo ms profundo de su mente y corazn, y jams derramar
aquellas lgrimas, decidi mirar al futuro, comer y dormir bien, y seguir
ganando dinero.
En eso consista la vida del mercenario: en seguir sobreviviendo, a pesar
de todo.

Eplogo
El caballero cabalga hacia el sur.
Lleva los escritos del Duque guardados en las alforjas.
Badea un ro, y se desva hacia un concurrido camino.
Es de piedra.
Le llevar varios das llegar hasta su final, pero a l no le importa.
En ese camino hay gente nueva y piedra vieja. Ser entretenido.
Cuando llegu a su destino, le entregar los escritos a sus compaeros.
Ellos los guardaran bien.
No poda dejarlos a manos de los invasores, probablemente no veran su
potencial y acabaran en la hoguera.
Por eso lo hizo.
Por el bien comn.
El caballero pone al trote su caballo.
Los cascos producen una extraa cadencia sobre los adoquines.
La sombra de los viejo robles le acompaa en el camino.
El caballero se aleja.
El caballero de montura blanca, armadura gris, y una torre en llamas en
la pechera.

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