Orar, el fuego de la relacin
Ningn fuego ilumina sin arder. Ningn objeto arde si no hay una fuente de calor.
Antonio Mara Claret se sirvi de la fuerza del smbolo para expresar la dinmica de la vida
cristiana, y, ms concretamente, su dimensin misionera. El misionero no ilumina ni calienta si
no arde en caridad. Y no puede arder en caridad si no se deja abrasar por el amor de Dios.
Con su habitual estilo llano, lo cuenta as en su Autobiografa: La virtud ms necesaria
es el amor. S, lo digo y lo dir mil veces: la virtud que ms necesita un misionero apostlico es
el amor. Debe amar a Dios, a Jesucristo, a Mara Santsima y a los prjimos. Si no tiene este
amor, todas su bellas dotes sern intiles; pero, si tiene grande amor con las dotes naturales, lo
tiene todo. Hace el amor en el que predica la divina palabra como el fuego en un fusil. Si un
hombre tirara una bala con los dedos, bien poca mella hara; pero, si esta misma bala la tira
empujada con el fuego de la plvora, mata. As es la divina palabra. Si se dice naturalmente, bien
poco hace, pero, si se dice por un sacerdote lleno de fuego de caridad, de amor de Dios y del
prjimo, herir vicios, matar pecados, convertir a los pecadores, obrar prodigios (Aut, 438439).
No explica esto la ineficacia de muchas de nuestras acciones? Hacemos muchas cosas,
pero sin fuego, alimentados por otras energas menores: el deseo de agradar, un sentido difuso de
filantropa, el cumplimiento del deber, etc. Ahora bien, cmo se deja uno abrasar por el fuego
del amor? Dnde est el secreto? Esta pregunta nos la formulamos a menudo, sobre todo en
momentos en los que, cansados de propuestas voluntaristas (antiguas y modernas), percibimos
que nos falta energa para vivir y que no transmitimos vida.
La cultura democrtica y secular en la que vivimos es incurablemente voluntarista.
Considera que todo es resultado de la planificacin y del esfuerzo. Pasan a un segundo plano, o
desaparecen del todo, la gracia y la sabidura. Es una cultura que regula la vida social a base de
continuos hay que: hay que conducir a menos de 120 kms. por hora, hay que tirar la basura en
contenedores especficos, hay que hacer la declaracin de la renta, hay que salvar las ballenas,
respetar la capa de ozono, fumar lo menos posible, etc.
Tambin existe una espiritualidad del hay que, basada en el cumplimiento de objetivos y
prcticas: hay que aprender a respirar, hay que hacer una hora diaria de meditacin, hay que unir
accin y contemplacin, hay que integrar la experiencia de Dios en la trama de la vida ordinaria,
hay que descubrir a Dios en los pobres, hay que trabajar la integracin afectivo-sexual ...
Los santos son grandes expertos en el hay que. Se comprometen en serio con la realidad
de cada da. Pero, a diferencia de los voluntaristas, la energa, el fuego, les viene de una fuente
ms honda que una voluntad entrenada o una sensibilidad tica. A esta fuente que mana y
corre, o a este fuego interior que est ms ac y ms all de cualquier compromiso, se accede a
travs de la oracin. Este es el gran secreto! Claret, hombre apostlico, lo supo bien. Por eso, en
su gramtica evanglica, conjug siempre, desde muy nio, el verbo orar: Estimulado a trabajar
por la mayor gloria de Dios y salvacin de las almas, como he dicho hasta aqu, dir ahora de
qu medios me val para conseguir este fin, segn el Seor me dio a conocer como ms propios y
adecuados. El primer medio de que me he valido siempre y me valgo es la oracin. Este es el
medio mximo que he considerado se deba usar para obtener la conversin de los pecadores, la
perseverancia de los justos y el alivio de las almas del Purgatorio. Y por esto en la meditacin, en
la Misa, rezo y dems devociones que practicaba y jaculatorias que haca, siempre peda a Dios y
a la Santsima Virgen Mara estas tres cosas (Aut 264).
Para l la oracin no era solo un ejercicio personal, sino una experiencia comunitaria,
eclesial. Era consciente de la importancia de crear una red de orantes para que el fuego se hiciera
ms intenso: No slo oraba yo, sino que adems peda que orasen, a las Monjas, Hermanas de la
Caridad, Terciarias y a todas gentes virtuosas y celosas. A este fin peda que oyesen la santa Misa
y que recibiesen la sagrada Comunin, que durante la Misa y despus de haber comulgado
presentasen al Eterno Padre a su Santsimo Hijo y que en su nombre y por sus mritos le pidiesen
estas tres gracias que he dicho, a saber: la conversin de los pecadores, la perseverancia de los
justos y el alivio de las pobres nimas del Purgatorio. Tambin les deca que se valiesen de (la)
estacin del Santsimo Sacramento y de la estacin del Va Crucis (Aut 265).
El fuego de la oracin tiene un efecto evangelizador. Quien arde, abrasa e ilumina. Claret
establece una relacin estrecha entre su experiencia de oracin y el compromiso apostlico. A
raz de la experiencia mstica de la conservacin de las especies sacramentales, escribe: En el
da 26 de agosto de 1861, hallndome en oracin en la Iglesia del Rosario, en La Granja, a las 7
de la tarde, el Seor me concedi la gracia grande de la conservacin de las especies
sacramentales y tener siempre, da y noche, el Santsimo Sacramento en el pecho; por lo mismo,
yo siempre debo estar muy recogido y devoto interiormente; y adems debo orar y hacer frente a
todos los males de Espaa, como as me lo ha dicho el Seor (Aut 694).
Cmo conjugaba en la prctica el verbo orar? Un poco deformados por cierta literatura
elitista acerca de la oracin, uno imagina que los santos practican un tipo de oracin reservada
solo a unos pocos privilegiados. Para curarnos de estos prejuicios nos hace bien or el testimonio
de Claret: La oracin vocal a m me va quizs mejor que la pura mental, gracias a Dios. En cada
palabra del Padre nuestro, Avemara y Gloria veo un abismo de bondad y misericordia. Dios
nuestro Seor me concede la gracia de estar muy atento y fervoroso cuando rezo dichas
oraciones. En la oracin mental tambin me concede el Seor, por su bondad y misericordia,
muchas gracias; pero en la vocal lo conozco ms (Aut 766). Oraba como lo han hecho y lo
hacen millones de hombres y mujeres sencillos: usando la oracin de Jess y otras frmulas
simples legadas por nuestra tradicin. Eso s: en cada palabra vea un abismo de bondad y de
misericordia.
El Claret de la etapa final de Francia y Roma (1868-1870) intensifica el verbo que lo
acompa desde nio. Al trmino de su vida, orar significa la rendicin completa a Dios. Son los
aos del destierro y de la muerte.
Un verbo lleva a otro verbo. La oracin que Claret practica le impulsa al trabajo y al
sufrimiento por el evangelio: De algn tiempo a esta parte, Dios Nuestro Seor, por su infinita
bondad, me da muchos conocimientos cuando estoy en la oracin, con muchsimas ganas de
hacer y sufrir para su mayor honor y gloria y bien de las almas (Aut 761).