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Comentario A Violencias Políticas, de Philippe Braud

Este documento resume el libro "Violencias políticas" de Philippe Braud. Braud analiza la violencia política desde cinco perspectivas: filosófica, de los actores, científica social, simbólica y formas de superarla. Define la violencia como cualquier sufrimiento subjetivo, ya sea físico o psicológico. Explora las justificaciones filosóficas de la violencia y cómo los actores la justifican por eficacia o legitimidad, dependiendo del tipo y grado de violencia.

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Comentario A Violencias Políticas, de Philippe Braud

Este documento resume el libro "Violencias políticas" de Philippe Braud. Braud analiza la violencia política desde cinco perspectivas: filosófica, de los actores, científica social, simbólica y formas de superarla. Define la violencia como cualquier sufrimiento subjetivo, ya sea físico o psicológico. Explora las justificaciones filosóficas de la violencia y cómo los actores la justifican por eficacia o legitimidad, dependiendo del tipo y grado de violencia.

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COMENTARIO a VIOLENCIAS POLTICAS, de PHILIPPE BRAUD

Philippe Braud estructura su libro1 en torno a cinco grandes vas de


acceso al tema de la violencia poltica: la violencia como objeto de la
filosofa; la violencia desde el punto de vista de los actores; la violencia
como objeto de las ciencias sociales; la violencia simblica; y los medios
para salir de ella. Su objetivo es abordar un estudio clnico 2 de la violencia
poltica que prescinda de criterios morales, con el fin de llegar una definicin
cientfica que logre distinguirla respecto de cualquier otro comportamiento
humano.
Su punto de partida es el anlisis de la condicin de vctima, cuyo
rasgo distintivo es el sufrimiento, en primera instancia fsico, pero tambin
psicolgico: la violencia fsica hace surgir un sentimiento de vulnerabilidad.
No obstante, el sufrimiento puede aparecer tambin sin que medie ataque
fsico alguno, y esto conduce a Braud a considerar que tanto la violencia
fsica como la simblica deben formar parte del mismo concepto 3. El nico
elemento que tienen en comn todas las formas de violencia es la vctima y
su punto de vista; en contraste, los responsables de la violencia pueden
negarla y, en otros casos, como en el de la violencia ejercida en el marco de
procesos sociales, apenas se les podr identificar. En conclusin, slo hay un
criterio para definir en trminos clnicos la violencia: la existencia de un
sufrimiento vivido subjetivamente4. Cualquier otro conlleva, a juicio de
Braud, la formulacin de juicios de valor acerca de si es o no aceptable
tanto moral como polticamente la violencia alegada por diferentes grupos
sociales.

La violencia como objeto de la filosofa


Segn Braud, existen tres puntos de vista filosficos fundamentales acerca
de la violencia poltica: el racionalista, que la juzga una aberracin 5; el que
aspira a regularla para alcanzar la seguridad de que el ser humano carece
1 Philippe Braud, Violencias polticas, Alianza Editorial, 2006. Todas las citas proceden de
esta edicin.

2 Ibd. Pg. 13
3 Es la dimensin psicolgica de la violencia fsica la que le confiere la sensacin de herida,
Ibd. Pg. 20

4 Ibd. Pg. 21
5 Ibd. Pg. 27

en estado natural (violento por definicin); y el que la ensalza como


liberadora de una energa primordial6.
La violencia, fenmeno irracional
Gran parte del pensamiento poltico occidental (Montaigne, Beccaria, Las
Casas, Kant) contempla la violencia como un comportamiento ms propio de
animales que de seres humanos. Sin embargo, la paradoja del racionalismo
es que difcilmente puede explicar cmo la racionalidad humana es
compatible con la realidad de la violencia extrema. Mientras que algunos
han tratado de resolver esta contradiccin distinguiendo entre una violencia
opresiva y una liberadora, otros han apostado por mitigar las pasiones
violentas oponindoles las pacficas.
La distincin entre violencia opresiva y liberadora ha servido
histricamente para justificar el tiranicidio y para legitimar algunas
revoluciones. La justificacin de esta violencia se hace sobre la base de su
racionalidad, toda vez que contribuye al nacimiento de un nuevo orden
social basado en el derecho natural, el consentimiento y la soberana
popular. Sin embargo, algunos de sus partidarios no dejaron de plantearse la
proporcionalidad entre los fines y los medios: Burke y Kant llegaron a la
conclusin de que la violencia desatada en la Revolucin francesa no era un
precio admisible. La revolucin bolchevique volver a plantear el mismo
dilema: mientras que algunos tericos revolucionarios (Kautsky, Guesde) se
muestran crticos con la violencia desatada contra los enemigos de la
revolucin, otros (Lukcs, Merleau-Ponty) la justifican en aras de la justicia
histrica de la causa.
Oponer las pasiones pacficas a las violentas para que el ser humano
alcance el autodominio es un planteamiento de Hume que se traducir, en
el mbito social y poltico, en la idea, corriente en la filosofa del siglo XVIII,
segn la cual el desarrollo del comercio conlleva una reduccin de la
violencia (Adam Smith, Montesquieu). Para Braud el factor decisivo, en el
orden interno, no consiste tanto en la supuesta virtud pacificadora de la
economa de mercado como en el grado de riqueza que permite a las
naciones apaciguar las insatisfacciones de sus ciudadanos 7; en el orden
externo, sin embargo, dado que la guerra moderna ya no precisa de la
movilizacin masiva de los ciudadanos, un nivel de vida elevado es un
factor menor en la reduccin de conflictos.
La regulacin de la violencia y la bsqueda de la seguridad
De acuerdo con Hobbes, en estado natural el hombre vive en guerra
permanente con sus semejantes. En una situacin en que cada ser humano
posee el derecho natural de autodefensa, la violencia no tiene fin y la nica
salida es que todos deleguen tal derecho en beneficio de una autoridad
6 Ibd.
7 Ibd. Pg. 36

soberana capaz de imponer la proteccin de una ley a que todos se


sometan. A Hobbes, sin embargo, no le preocupa que la violencia
desplegada por este poder soberano pueda, a su vez, hacer peligrar la
seguridad de los ciudadanos. En contraste, los tericos liberales como Locke
o Constant si temen que la arbitrariedad del poder poltico interfiera en las
libertades de opinin y expresin, pero, sobre todo, que amenace la
seguridad fsica y la propiedad de las personas.
La eficacia de esta violencia al servicio del derecho y la ley implica el
recurso a la fuerza contra los recalcitrantes 8. En la actualidad, sin embargo,
se tiende a minimizar el papel de la violencia como garanta del
cumplimiento del derecho. Las razones de ello son, segn Braud, tanto
psicolgicas como polticas: de una parte, el creer que el acatamiento de la
ley se debe al libre consentimiento es ms satisfactorio que admitir que se
hace por coaccin; de otra, en la teora poltica y jurdica se sobrevalora por
sistema el consentimiento por su virtud legitimadora. Lo cual no puede
ocultar el papel fundamental que, incluso en las democracias, sigue
desempeando la violencia: en los cambios de rgimen, en las relaciones de
fuerza que subyacen a la elaboracin de las leyes y, sobre todo, en el papel
que la amenaza de sanciones penales juega en la imposicin de las normas
jurdicas: la limitada importancia de la violencia ilegal se debe, en ltima
instancia, al crdito que se concede la efectividad de la violencia legal.
La reivindicacin de la violencia
El elogio de la violencia puede rastrearse desde la exaltacin tradicional de
las virtudes conferidas al guerrero (herosmo, desprecio de la muerte),
pasando por la alabanza de la guerra de autores tan dispares como De
Maistre o Proudhon, hasta llegar al darwinismo social de mitad del XIX, para
el que la guerra viene representar entre las naciones lo que la lucha por la
existencia en el reino animal. Para Nietzsche la violencia es patrimonio de
los seres superiores9, expresin de una moral que no reconoce otros
deberes que para con sus iguales. Este concepto dionisaco de la violencia
explica la atraccin por la guerra, por el furor desatado; y, si bien son pocos
los filsofos que hallen justificacin para la violencia orgistica, sta s
encontrar su elogio si se juzga que la inspira una causa noble. En el otro
extremo, George Sorel fue el primero en entonar las alabanzas de la
violencia proletaria concretada en la huelga general revolucionaria 10,
una violencia generosa y desinteresada frente a la desplegada por la
burguesa. Tambin Lenin revela una autntica fascinacin por la virilidad y
el instinto fsico del hombre del pueblo 11. Por ltimo, en su prlogo a Los
8 Ibd. Pg. 40
9 Ibd. Pg. 48
10 Ibd. Pg. 50
11 Ibd. Pg. 51

condenados de la Tierra, de Frantz Fanon, Sartre justifica la violencia de los


pueblos colonizados como catarsis de autoafirmacin y liberacin.

La violencia desde el punto de vista de los actores: la justificacin


El empleo de la violencia se justifica, bsicamente, por dos vas: bien por su
eficacia, bien por su legitimidad.
La justificacin por la eficacia
En las democracias modernas, las manifestaciones de protesta son un
medio a travs del cual los convocantes esperan influir en los resultados
polticos. Las formas de violencia que se ponen en prctica suelen ser, no
obstante, moderadas. La razn de ello es que, a menos que se mantenga
por debajo de cierto umbral, la violencia provoca un gran rechazo social,
que afecta por igual a los excesos eventualmente cometidos por las fuerzas
de orden pblico, que pueden comprometer gravemente el crdito de los
gobernantes democrticos. En otras palabras, la eficacia que se busca tiene
mayores posibilidades de xito con la prctica de violencias de baja
intensidad12.
En cuanto a las violencias de alta intensidad es preciso distinguir, a efectos
de su posible eficacia, entre los diversos agentes responsables. En el caso
de brutalidades callejeras o de violencia colrica13 el clculo de
costes/beneficios pasa a un segundo trmino (aunque, en ocasiones, puede
tratarse de una violencia instrumentalizada y que, por ende, s responde a
un clculo indirecto). En lo que se refiere a las violencias intensas del tipo
golpe de Estado que an tienen lugar en algunos pases de frica
Occidental, tampoco el clculo de utilidad sirve de explicacin para los
procesos de desplome de la autoridad estatal.
El criterio de eficacia es decisivo, sin embargo, para explicar el fenmeno
del terrorismo. En este caso, la utilidad es triple: en primer lugar, se deriva
del hecho de que el terrorismo ofrece una compensacin por la debilidad
militar en los enfrentamientos militares convencionales y asimismo por su
debilidad e impotencia poltica; en segundo lugar, logra mantener viva en la
agenda poltica la causa que asegura defender (para lo cual resulta
imprescindible la repercusin de sus acciones en los medios de
comunicacin); y, en tercer lugar, confa en imponer al menos la apertura
de negociaciones a un adversario decepcionado por una lucha sin resultados
en el plano estrictamente policial14.

12 Ibd. Pg. 59
13 Ibd. Pg. 60
14 Ibd. Pg. 66

Por ltimo, el clculo de utilidad respecto a la entrada en guerra conlleva


una complejidad mayor: por la movilizacin que se precisa en cuanto a
recursos humanos, econmicos y tecnolgicos; por el obstculo que en una
democracia supone una opinin pblica nada dispuesta a asumir prdidas; y
por el coste de las operaciones.
La justificacin por la legitimidad
La legalidad es el factor que mayor legitimidad confiere a cualquier
accin de fuerza, tanto a nivel interno, en los pases en los que impera el
Estado de derecho, como en el orden externo, con la creacin de
jurisdicciones internacionales especializadas en crmenes de guerra. Por su
parte, las organizaciones que impulsan estrategias violentas precisan
militantes que no alberguen dudas ni sobre la legitimidad de la causa ni
sobre los medios utilizados para promoverla.
Resulta difcil que en la actualidad se juzguen legtimas las violencias
de alta intensidad y ello, sobre todo, por causas sociolgicas: la ciudadana
es consciente de que la inseguridad generada por la violencia desestructura
tanto las economas nacionales como los intercambios internacionales; los
medios de comunicacin, por su parte, hacen a la opinin pblica testigo
tanto de los sufrimientos fsicos como de las secuelas psicolgicas que
padecen las vctimas; por ltimo, la deslegitimacin viene asimismo de la
mano de la decadencia de los valores asociados a la virilidad, debida a la
evolucin social y econmica, al cada vez mayor protagonismo de las
mujeres en las movilizaciones de protesta, que reduce su grado de
brutalidad, y a la evolucin de los ejrcitos, con la progresiva transformacin
de los soldados en tcnicos.
No obstante, el recurso a la violencia se sigue considerando legtimo
en dos casos: el derecho a la autodefensa y la promocin de una causa
justa.
En el mbito interno (democrtico), la legtima defensa es, en
principio, prerrogativa del Estado, que monopoliza la coaccin legtima, y
esgrime aqulla en cuanto derecho inalienable a garantizar la seguridad de
sus conciudadanos15. Esta legitimidad es objeto de controversia cuando se
producen graves tensiones sociales; pero cuando la cohesin social est
garantizada, no suele discutirse tal preeminencia siempre y cuando la
coaccin se ejerza dentro de los lmites marcados por la legalidad. En el
orden internacional, tambin se reconoce al poder poltico dicha
prerrogativa a la hora de garantizar la proteccin de sus habitantes y su
territorio. Hoy en da el recurso a la guerra en virtud del principio de
legtima defensa deriva fundamentalmente su legitimidad del aval que
brinde el Consejo de Seguridad de la ONU toda vez que la inmensa mayora
de los Estados son miembros de Naciones Unidas; de hecho la existencia o
no de una resolucin del Consejo condiciona en gran medida el eventual
visto bueno de la opinin pblica a una intervencin militar en el extranjero.
15 Ibd. Pg. 80

La justificacin de la violencia en virtud de una causa justa ha


solido encubrir las motivaciones reales de las actuaciones, ya sea la defensa
de intereses econmicos o la mera voluntad de poder. La utilidad poltica
que se deriva de la legitimacin de las acciones violentas con argumentos
idealistas explica el empleo de la religin como valor justificativo (e
idealizador) de todo tipo de violencias; de la emancipacin del proletariado
como excusa de la violencia revolucionaria; o, contemporneamente, de la
defensa de la democracia y los derechos humanos para enmascarar los
objetivos que realmente se persiguen (invasin de Irak en 2003). Dado que
en las democracias el umbral de legitimidad de la violencia en caso de
guerra es muy alto, en ellas se tiende a utilizar otro tipo de estrategias
legitimadoras, como la demonizacin del adversario, cuya intrnseca maldad
se pretende que justifique la justicia de la guerra; pero tambin se da el
caso de la legitimidad otorgada a una intervencin militar por intelectuales
y medios de comunicacin de muy diversa orientacin poltica, cuya
eficacia persuasiva [] puede ser muy grande 16 (intervenciones de la
OTAN en Bosnia y Kosovo).

La violencia desde el punto de vista de los actores: los procesos de


aceleracin, enquistamiento y erradicacin de la violencia
Las circunstancias favorables a la propagacin de la violencia son muchas:
atentados significativos, magnicidios, incidentes fronterizos; la represin
desmedida en caso de situaciones prerrevolucionarias; la violencia
gubernamental indiscriminada; las fluctuaciones en las polticas represivas,
cuyos altibajos pueden estimular la intensificacin de las revueltas (Gurr);
en el caso de manifestaciones protestatarias y movimientos revolucionarios,
la bsqueda de mrtires. En conflictos militares interestatales, la escalada
puede deberse a xitos iniciales, que condicionan la evaluacin objetiva de
situaciones posteriores; o al deseo de revancha de pases o pueblos
vencidos. La victoria puede de hecho contribuir al surgimiento de nuevos
conflictos, de resistencias violentas e incluso provocar que, ante el temor
que suscitan las pretensiones hegemnicas, personas neutrales se sumen a
coaliciones hostiles.
Dos son las dinmicas bsicas de enquistamiento de la violencia. En
primer lugar, en los pases asolados en guerra de larga duracin surgen
categoras de actores interesados directamente en su dilatacin 17
(mercenarios, seores de la guerra), que pueden convertirse en agentes
objetivos de la prolongacin del conflicto18 por el lucro que esperan seguir
obteniendo; por la amenaza de represalias o de condenas judiciales, que les
disuade del retorno a la vida civil; y por el escaso atractivo que ofrece la
16 Ibd. Pg. 87
17 Ibd. Pg. 96
18 Ibd. Pg. 97

perspectiva de reinsercin en circunstancias de nulo desarrollo econmico.


En segundo lugar, cuando los gobernantes democrticos se enfrentan a
rebeliones, insurrecciones o actos terroristas, vienen obligados a ejercer la
violencia estatal dentro del marco establecido por el Estado de derecho; la
limitacin de las libertades pblicas o de la aplicacin de medidas de
excepcin pueden llegar a fortalecer a las organizaciones que recurren a la
violencia; todo lo cual contribuye al estancamiento de la situacin, del que
slo puede salirse mediante decisiones polticas radicales difciles de tomar.
Cuando la violencia alcanza una intensidad extrema, puede llegar a
funcionar como medio para erradicar otras violencias que se le opongan. La
disuasin a travs del terror es un recurso empleado por los gobernantes de
todas las pocas, en particular por los estados dictatoriales. El objetivo
perseguido es simple: que el temor a la repeticin de los excesos sufridos
mantenga paralizadas a las poblaciones no sumisas.

La violencia desde el punto de vista de los actores: efectos de


reestructuracin poltica
Tres consecuencias fundamentales se derivan de las violencias de alta
intensidad, tanto en el mbito interno como en el internacional, en lo que se
refiere a los actores participantes: la radicalizacin de los antagonismos
polticos, la aparicin de nuevas fuerzas polticas y la activacin de
comunidades emocionales.
Las violencias de alta intensidad inciden directamente en la
racionalidad de los actores. En tales casos, los juicios polticos habituales
son reemplazados por categorizaciones morales radicales: el adversario es
definido en trminos de odio y desprecio. En el caso de los gobernantes
democrticos que han de enfrentar situaciones de insurreccin, terrorismo o
guerra este mecanismo psicolgico puede conducir a la tentacin de
responder en los mismos trminos, iniciando una espiral que incrementa el
riesgo de incurrir en errores de juicio ulteriores; los anlisis objetivos de la
situacin quedan en segundo plano. La plena asuncin de la violencia va de
la mano con la radicalizacin de los anlisis polticos y la descalificacin del
adversario (los excesos contra el cual quedan as legitimados). La dialctica
amigo-enemigo obliga, adems, a que los moderados deban tomar partido;
la demagogia poltica que hace acto de presencia en estas circunstancias
mina sus posiciones de partida: la intimidacin acalla la voces de la
razn19.
Nuevos actores polticos emergen en los procesos de violencia. Las
manifestaciones de protesta pueden dar lugar a la aparicin de lderes ms
radicales, con mayor capacidad para lograr que se incluyan las
reivindicaciones en la agenda poltica. Cuando los gobernantes no pueden
derrotar a las organizaciones que defienden la lucha armada, cobra fuerza la
19 Ibd. Pg. 108

opcin de aceptarlas como actores participantes en un eventual dilogo; lo


cual puede suscitar una oposicin enconada, en particular si en las
negociaciones se prescinde de actores electoralmente legitimados. En las
situaciones de posguerra, si por un lado surge la figura del ex combatiente,
que representa un poderoso llamamiento a la unidad por encima de las
discrepancias de los partidos, las clases o las religiones 20, por otro el
sufrimiento experimentado durante el conflicto promueve la opcin del
pacifismo.
Las comunidades emocionales brotan al calor de cualquier fenmeno
violento y se caracterizan por constituir un colectivo basado en afectos
compartidos21 relacionados con el hecho y sus consecuencias. Estas
comunidades ejercen una enorme presin sobre sus miembros que potencia
la cohesin del grupo. La experiencia en torno una violencia grave provoca
implicaciones emocionales de carcter identitario que pueden llegar a ser
muy poderosas desde el punto de vista poltico: pueden revelar
solidaridades de base social, comunitaria, religiosa o nacional 22
subyacentes; en casos de enfrentamientos, esta solidaridad se manifiesta
en la tendencia a minimizar, o incluso negar, los sufrimientos del enemigo y
a reconocer exclusivamente como tales a sus vctimas; incluso entre los
intelectuales la resonancia emocional de la violencia propicia un sesgo
irresistible en la construccin de sus anlisis 23.

La violencia como objeto de investigacin en las ciencias sociales:


anlisis sociolgicos
Los planteamientos de orden sociolgico tratan de identificar los factores
estructurales (econmicos, polticos) que motivan los actos violentos. Braud
menciona cuatro tipos: los que se centran en el problema de la escasez de
bienes; los que lo hacen en la desigualdad; el modelo de la privacin
relativa; y las teoras de la accin racional.
Violencia y escasez
Mientras que la abundancia de bienes potencia las relaciones sociales
pacficas en el orden interno como en el externo, la escasez lo hace con la
agresividad y la violencia. Es decir, la relacin entre el tamao de la
poblacin y los recursos disponibles explicara el estallido de conflictos
derivados de la demografa. La superpoblacin, no obstante, es un factor
relativo: mientras que una gestin incorrecta de los recursos puede hacer
surgir la escasez en pases autosuficientes, las innovaciones tecnolgicas, el
20 Ibd. Pg. 113
21 Ibd. Pg. 114
22 Ibd. Pg. 116
23 Ibd. Pg. 118

comercio, la industrializacin y la urbanizacin pueden ocasionar el efecto


contrario.
Otra explicacin de las violencias generadas por factores
demogrficos es la posible correlacin entre la tendencia a la violencia y la
baja esperanza de vida en una sociedad (Derriennic): la proporcin de
jvenes se ve reforzada, son ellos los que nutren los ejrcitos y milicias, y
estadsticamente los hombres jvenes son con mayor frecuencia agentes de
la violencia; tambin porque la baja esperanza de vida, que hace de sta un
bien precario, relativiza el coste humano de motines, represiones y guerras.
Hay otros bienes vitales cuya escasez deviene en factor de violencias:
la escasez de agua, los conflictos en torno a las fuentes de energa, la
proteccin de ecosistemas amenazados.
Mientras que en los pases econmicamente desarrollados la violencia
poltica es menor que en los pases ms pobres, que son los que sufren
mayores violencias, la existencia o no de una correlacin entre falta de
recursos, pobreza y nivel de violencia poltica en un pas parece depender
de la presencia/ausencia de otra variable: el grado de institucionalizacin
poltica. En efecto, donde el grado es bajo, la violencia se incrementa tanto
en la forma en que se transmite el poder como en el modo en que se
expresan las insatisfacciones. Por otro lado, en las sociedades tradicionales
cuyas estructuras polticas y econmicas se han occidentalizado, la
violencia poltica se intensifica si tales transformaciones no vienen
acompaadas de una elevacin sensible del nivel de vida general 24.
Violencia y desigualdad
Desde el punto de vista econmico, la pobreza relativa, es decir, el acceso
desigual a los recursos es fuente de violencias a nivel internacional. En
trminos histricos, la hegemona occidental sobre el planeta le he
permitido acceder a unos recursos cuya redistribucin interna ha facilitado
la pacificacin social y la consiguiente legitimacin del sistema. En la
poltica interna, las desigualdades en el acceso a la riqueza y al poder
pueden devenir en conflictos entre los gobiernos, sus oponentes y los
sectores excluidos. La activacin de esta violencia potencial depender, sin
embargo, del grado en que socialmente se haya interiorizado la legitimidad
de tales desigualdades. En este sentido, existen instancias ideolgicas y
culturales que desarrollan procesos de legitimacin de las desigualdades
econmicas y poltica, los cuales, si son eficaces, reducen en mucho la
probabilidad de estallidos violentos: la religin; en las sociedades liberales,
la promocin del espritu emprendedor; la prosperidad econmica misma de
las democracias occidentales.
Tambin el acceso al poder poltico es desigual, incluso en las
democracias, cuyas lites difcilmente son representativas de su poblacin
desde el punto de vista sociolgico. Los conflictos que de ello se derivan son
24 Ibd. Pg. 131

particularmente graves en las sociedades multitnicas 25. La desigualdad en


el acceso al poder poltico puede ser asimismo resultado de la conquista y
dominacin extranjeras (lo cual repercute en la violencia caracterstica de
los movimientos de descolonizacin).
El modelo de la privacin relativa
Esta teora, cuya formulacin se debe a Ted Gurr, trata de explicar todas las
formas de violencia poltica (exceptuando los conflictos internacionales) a
partir de la idea de frustracin relativa, de acuerdo con la cual la causa
ltima que explica el recurso a la violencia es la divergencia entre las
expectativas de acceso a bienes a que se cree tener derecho y la posibilidad
real de acceso, que se juzga indebidamente restringida. Ambas
percepciones estn socialmente condicionadas. La frustracin relativa
alcanza su punto lgido cuando la brecha entre expectativas y las
posibilidades de satisfaccin es mxima, pero ello no determina de modo
mecnico el surgimiento de la violencia. En su modelo, Gurr tiene en cuenta
una serie de variables que incrementan o disminuyen la probabilidad del
estallido: el potencial coercitivo del rgimen y el grado de legitimidad de
que disfrute; el potencial coercitivo de los grupos descontentos y los apoyos
que consigan; el historial de violencia de la sociedad de que se trate; el
xito obtenido en el pasado por movimientos similares.
Las teoras de la accin racional
De acuerdo con estas teoras los actores deciden recurrir a la
violencia si creen que est ser eficaz para lograr sus objetivos; este clculo
de utilidad est condicionado por el marco institucional en el que se
desenvuelven. El aprendizaje y la socializacin estn en la base de este tipo
de comportamientos. Asimismo, se postula que los actores son conscientes
del coste y los riesgos que la violencia comporta; en principio, slo optarn
por ella si juzgan insuficientes los medios polticos para lograr sus
propsitos.
Oberschall considera que el grado de estructuracin de la
conflictividad es un factor decisivo a la hora de explicar el recurso a la
violencia. En el aspecto poltico, la estructuracin es grande si existe un
liderazgo efectivo en cada uno de los campos 26; las disensiones, la
disciplina escasa son signos de una estructuracin baja. La probabilidad de
violencias es directamente proporcional al grado de estructuracin de la
conflictividad (es decir, es racional restringir su uso cuando se pueden
alcanzar los objetivos por otros medios). Un escaln superior lo constituye la
institucionalizacin de los conflictos: a los grupos de protesta se les
reconoce el derecho a la pblica expresin de sus puntos de vista y, en
25 All donde la toma de conciencia identitaria es fuerte, la infrarrepresentacin de una
minora y [] la de una mayora se transforman en un problema poltico de capital
importancia, Ibd. Pg. 137

26 Ibd. Pg. 147

segundo trmino, son aceptados como interlocutores por las autoridades


gubernamentales; por ltimo, se le concede a la oposicin un estatuto
jurdico protegido27.
Segn Braud, el punto dbil de este tipo de modelos es que al no tener en
cuenta las variables emocionales [] para centrarse en elementos
cuantificables y verificables28, no pueden explicar cabalmente aquellos
fenmenos de violencia que obedecen ms bien a delirios mimticos que a
clculos de utilidad29. La violencia, escribe Braud, puede llegar a ser un fin
en s misma y no un medio para la consecucin de fines ulteriores.

La violencia como objeto de investigacin en las ciencias sociales:


anlisis psicolgicos
Existen al respecto dos planteamientos antagnicos. De acuerdo con uno,
determinados tipos de personalidad muestran predisposicin a la violencia;
segn el otro, los individuos involucrados son personas corrientes a las que
circunstancias concretas convierten en agentes violentos.
Personalidades violentas
Braud menciona dos tipos de explicaciones. En primer lugar, de
acuerdo con Konrad Lorenz, la agresividad es una caracterstica que el ser
humano comparte con los animales y que desempea un papel
insustituible en la evolucin de las especies 30. Si los mecanismos
inhibidores no funcionan correctamente, los impulsos agresivos convierten a
determinados individuos en singularmente violentos. En segundo lugar, la
psicologa establece una conexin explicativa entre la violencia padecida en
la infancia temprana y la ejercida en la edad adulta; ms tarde, la
socializacin puede fomentar la aparicin de personalidades con elementos
sdicos o sadomasoquistas (Fromm, Adorno).
Muchos autores establecen un vnculo entre este tipo de personalidades
tendencialmente violentas y el empleo de la violencia poltica, y entre la
violencia caracterstica de determinados regmenes polticos y la deriva
patolgica de sus dirigentes31. Braud critica el reduccionismo de tal punto
de vista, que no tiene en cuenta la influencia del contexto (la desaparicin
de frenos polticos e institucionales) en el desarrollo de la personalidad
violenta de algunos gobernantes. Para l, la relevancia de los individuos
27 Ibd. Pg. 149
28 Ibd. Pg. 153
29 Ibd.
30 Ibd. Pg. 154
31 Ibd. Pg. 158

violentos como factor explicativo de la violencia poltica es muy reducida,


con dos salvedades: en primer lugar, hay actos concretos de psicpatas que
pueden ser polticamente relevantes, aunque, en cualquier caso, ser el
contexto sociopoltico en que se produzcan el que determine su impacto; en
segundo lugar, existe un vnculo entre determinados tipos de personalidad y
las organizaciones en que deciden insertarse (fuerzas policiales especiales,
partidos polticos extremistas), que puede contribuir a la deriva violenta de
aqullas.
Violencia y gente corriente
Segn el modelo pulsin/inhibicin de Berkowitz, la probabilidad de la
violencia aumenta cuando estmulos externos activan la agresividad al
tiempo que suprimen las inhibiciones. La violencia colrica, por tanto, da
salida a las tensiones psicolgicas. Este tipo de violencia suele aparecer en
el comportamiento colectivo de las masas y puede ser fcilmente
instrumentalizada. Este modelo caracterizado por la liberacin de las
inhibiciones y controles sociales se verifica, sobre todo, en la llamada
violencia orgistica, que tiende a surgir en contextos especficos: la fiesta,
donde la transgresin est permitida, pero que, en determinadas
circunstancias (celebracin de una victoria ardua o de la liberacin de un
rgimen odiado), puede derivar en estallidos incontrolables; la guerra y la
suspensin de las inhibiciones morales que en ocasiones conlleva; y las
situaciones de anomia social en que el desmoronamiento de la autoridad
estimula la comisin de todo tipo de excesos.
En otras ocasiones, determinados individuos son inducidos a cometer
actos violentos contra personas frente a las carecen de predisposicin hostil
alguna. Segn algunos anlisis, la razn parece residir en las rdenes
impartidas por una autoridad a la que se reconoce como legtima, el
sometimiento a la cual compensa por triple partida al agente que debe
enfrentar el dilema moral: es coherente con su funcin principal; lo exime
de responsabilidad en virtud de su carcter de mero ejecutante; y le ahorra
el castigo conexo con la indisciplina.
Otro tipo de anlisis resalta las dinmicas de grupo como mecanismos
activadores de la violencia. A nivel de la toma de decisiones (en particular
las que implican el uso de la fuerza), Irving Janis habla de groupthink
(pensar en grupo). En este caso, un grupo reducido de individuos toma
decisiones relevantes en un contexto de aislamiento y secretismo, y son
precisamente las condiciones en que se desarrolla el proceso de decisin
(minusvaloracin de la informacin incmoda o desestabilizadora,
autocensura y unanimidad, que devienen en refuerzo sin fundamento real,
de la conviccin dominante32) las que determinan el resultado. A nivel de
los ejecutantes, otro tipo de dinmicas de grupo inducen a cometer actos
de violencia en defensa propia sin que se pueda decir que se han visto

32 Ibd. Pg. 173

estrictamente obligados33, siendo factores determinantes de este


comportamiento el sentimiento corporativo [] el conformismo de grupo y
la presin de los colegas34 (Christopher Browning).

La violencia simblica
La utilidad del concepto de violencia simblica estriba en que permite incluir
cualquier tipo de violencia ejercida contra la identidad de las personas,
bien confiriendo a las violencias fsicas su autntico sentido poltico y
psicolgico, bien produciendo efectos dolorosos de manera independiente.
Desde el punto de vista de la vctima la violencia simblica puede referirse,
por un lado, a la idea de desvalorizacin y, por otro, a la
desestabilizacin por prdida de referencias 35.
La devaluacin de la identidad
Este gnero de violencia simblica se ejerce contra una caracterstica
distintivamente humana: la necesidad de sentirse reconocido y valorado.
Los ataques parecern ms violentos cunto ms importancia se otorgue a
la identidad, tal y como sucede en el mbito poltico y social, donde las
identidades se construyen en torno a determinadas caractersticas que, en
situaciones especficas, se sobrevaloran hasta definir de modo exclusivo al
individuo (identidades primordiales segn Clifford Geertz). Tres son, segn
Braud, los tipos de violencia simblica relacionados con la minusvaloracin
de la identidad propia: la heterofobia, la exhibicin de superioridad y la
negacin del sufrimiento experimentado.
La violencia de carcter heterfobo (xenofobia, antisemitismo,
anticlericalismo, machismo, ultrafeminismo, antagonismo de clase) se
centra en un atributo identitario a partir del cual todo un grupo resulta
designado y encasillado en representaciones peyorativas 36. Este fenmeno
resulta singularmente grave en segn qu circunstancias: en los casos de
depreciacin cruzada en que los ataques entre grupos de pertenencia se
retroalimentan; y en momentos en que el grupo se siente inseguro. En las
sociedades contemporneas, aunque los juicios heterfobos reciben un
rechazo generalizado, algunos polticos pueden albergar la tentacin de
instrumentalizar tales sentimientos si juzgan que ello puede brindarles
rdito electoral.

33 Ibd. Pg. 174


34 Ibd. Pg. 175
35 Ibd. Pg. 179
36 Ibd. Pg. 182

La exhibicin de superioridad resulta difcil de sobrellevar para los


miembros de los grupos reducidos a un rango inferior 37 cuando concurren
dos factores: la arrogancia no se percibe como legtima y, adems, deriva
en acciones ofensivas. En ocasiones, esta violencia simblica tiene
traduccin jurdico-poltica en los sistemas de apartheid y, actualmente, en
las reafirmaciones comunitaristas38. La disparidad entre niveles de vida
puede llegar a ser insoportable si se percibe como una exhibicin por
culturas que no pueden mostrar signos externos equivalentes de xito
material39. Del mismo modo, las ideologas basadas en ideas tales como la
de pueblo predilecto o nacin elegida pueden promover anlogo
sentimiento en aquellos para quienes los ttulos alegados son ilegtimos y,
adems, sufren las consecuencias. En las democracias contemporneas, la
violencia simblica de este tipo adquiere tintes ms sutiles: los estratos
sociales con escaso nivel educativo y sin acceso a los medios de
comunicacin difcilmente sabrn defender sus puntos de vista en pblico y,
en consecuencia, es probable que se autoperciban como socialmente
inferiores a aquellos sectores (periodistas, funcionarios) con recursos
culturales (dominio del lenguaje, capacidad persuasiva) y acceso
privilegiado a la informacin y a los medios de difusin. Por otro lado, la
hostilidad frente a los comunitarismos en las democracias pluralistas puede
ser interpretada tambin como exhibicin de una superioridad cultural que
pretende universalizar sus valores particulares.
La negacin del sufrimiento ajeno puede ser percibida como una violencia
insoportable para quien, en efecto, ha sufrido, y tambin para todos
aquellos que se identifiquen con el grupo-vctima. La herida es mayor en
aquellos casos en que el sufrimiento de las vctimas tiene escasa
repercusin social por desconfianza, indiferencia o incluso la nula eficacia a
la hora de hacerse or. La nocin de genocidio est, en consecuencia, sujeta
a controversia, tanto por el rencor que se suscita en aquellos grupos que se
sienten excluidos del concepto, como por el punto de vista de aquellos para
quienes resulta inaceptable equiparar niveles de sufrimiento que juzgan
incomparables.
Desestabilizacin de los puntos de referencia
La identidad personal y colectiva de los individuos adquiere su
sentido en relacin con el universo simblico configurado por sus
referencias en lo que concierne a normas, valores, modelos, tradiciones. Las
acciones, de hecho, adquieren significado en relacin con tales puntos de
referencia. Tres son los elementos fundamentales que lo conforman: en l
pueden identificarse los grupos ltimos de pertenencia; los valores ltimos
de referencia; y la historia y la memoria con relacin a la cual se construye
la identidad propia. La violencia aparece al desestabilizarse tales puntos de
37 Ibd. Pg. 186
38 Ibd. Pg. 187
39 Ibd.

apoyo y puede tener lugar de dos modos: cuando se oponen dos universos
simblicos irreductibles y cuando surgen desajustes entre los propios
valores y creencias, que los hacen ineficaces como recursos frente a los
dilemas vitales.
En muchos conflictos entre sistemas de referencias antagnicas las
confrontaciones devienen violentas cuando las acompaa el proselitismo
poltico o religioso; los grupos afectados han de optar entonces entre la
defensa a ultranza de las ntimas convicciones (con el peligro conexo de
empobrecimiento cultural) o asumir la prdida de la tradicin propia. Hoy,
este tipo de proselitismos opera con mayor discrecin pero con objetivos: en
el mbito internacional, la defensa de los derechos humanos y las
subsiguientes intervenciones humanitarias apenas disimulan la presin que
la cultura occidental ejerce sobre universos simblicos que le son muy
ajenos, empezando por el del islam40.
La desestabilizacin se produce asimismo cuando las convicciones
culturales y polticas ltimas resultan refutadas por los hechos: el declive de
los valores y normas propias es violento en la medida en que incrementa la
inseguridad ante la existencia (as, el impacto sobre la fe religiosa del
progreso cientfico y tcnico; el del genocidio judo sobre la fe en el
progreso; y el de la globalizacin sobre la defensa del Estado-nacin). El
impacto de la economa de mercado puede derivar en violencia simblica en
naciones del Tercer Mundo en las que las caractersticas de aqulla
colisionan con las tradiciones culturales autctonas. El crecimiento
econmico y la explotacin de recursos naturales que conlleva tambin
ejercen violencia simblica: no slo devastan ecosistemas sino tambin
espacios dotados de fuertes proyecciones afectivas en identitarias 41. La
inmigracin econmica, en la medida en que supone un cambio cultural
profundo, implica profundas crisis de identidad. Tambin los medios de
comunicacin pueden contribuir a la desestabilizacin de las creencias, por
dos razones: el equilibrio en la publicacin de puntos de vista
contrapuestos, en virtud de su carcter relativizador, genera incertidumbre
y precariedad en las propias convicciones; por otra parte, la informacin
sobre las prcticas de corrupcin poltica mina la confianza de los
ciudadanos en sus gobernantes.
De la violencia fsica a la violencia simblica
Braud menciona tres formas de extrema violencia fsica ntimamente
conectadas con un alto grado de violencia simblica: la crueldad, la lgica
del chivo expiatorio y la violencia iconoclasta.
La violencia qu busca maltratar y degradar, de cuyos ejemplos
rebosa la historia, ha sido atestiguada en la poca contempornea de dos
nuevas formas: la literatura sobre los campos de concentracin y los
40 Ibd. Pg. 201
41 Ibd. Pg. 204

testimonios de masacres recabados por algunas ONG. Tales crueldades no


se limitan al castigo fsico: en los campos de exterminio nazis se ha
documentado la imposicin de toda una serie de ritos sin sentido, salvo el
de quebrar los puntos de referencia de la dignidad humana 42, que
buscaban, por una parte, la completa destruccin de los universos
simblicos humanos, y, por otra, poner de manifiesto la supuesta
inferioridad identitaria de las vctimas; dado que la imposicin de
condiciones de vida indignas exhibe la indignidad de las vctimas, la
violencia fsica y la simblica se refuerzan entre s: el escarnio deviene en
ultraje fsico, el resultado del cual avala el escarnio. Tales mecanismos
afloran tambin durante las guerras, tanto en el trato que la soldadesca
inflige a personas desarmadas de las que se sospecha que simpatizan con el
enemigo, como cuando se procede a movilizar a los combatientes y se hace
entonces preciso limitar [] el efecto paralizador de la compasin 43, para
lo cual se procura que el sufrimiento del enemigo no origine los
sentimientos que suscita el del propio campo y se denigra al adversario,
violencia simblica que incrementa la probabilidad de crueldades y tratos
degradantes.
La idea de chivo expiatorio hace referencia a la bsqueda de una persona
que se designa como responsable de actos reprensibles o perjudiciales 44.
Las vctimas de la violencia, que sienten la necesidad imperiosa de
identificar a los responsables de su sufrimiento, propenden a designar como
tales a grupos previamente denostados (por causas raciales, culturales o de
clase), y si esto tiene lugar en circunstancias de violencia simblica intensa
puede derivar en persecuciones. De acuerdo con la tesis de Ren Girard, la
vctima elegida lo es por ser sacrificable y no porque su responsabilidad
haya quedado establecida. Actualmente siguen funcionando dos tipos de
retricas conectadas con la lgica del chivo expiatorio. De una parte, la
teora del complot en la sombra, que inventa un enemigo cuya peligrosidad
deriva de su carcter oculto. De otra, la demonizacin, que convierte al
adversario en el smmum de la maldad y la infamia; violencia simblica que
acaba por justificar la utilizacin de la violencia fsica contra el antagonista
denigrado.
La violencia iconoclasta, en el sentido poltico del trmino, busca, a travs
del ataque material contra objetos o monumentos, quebrar su influjo sobre
las mentalidades en cuanto constituyen el soporte fsico de las creencias y
emociones ms profundas. Los efectos emocionales que provoca la violencia
contra tales objetos pone de manifiesto la lealtad a distintos tipos de
valores: religiosos, polticos, culturales. La iconoclasia puede producirse
inadvertida o intencionadamente; en este segundo caso es cuando
aparecen los fines polticos: la destruccin agresiva de dolos, que pretende
42 Ibd. Pg. 207
43 Ibd. Pg. 209
44 Ibd. Pg. 212

erradicar el error religioso; el ataque contra objetos o edificios


depositarios de fuertes cargas emocionales; y la escenificacin, a travs de
la profanacin fsica de sus edificios y monumentos simblicos, del
derrocamiento irreversible de un rgimen derrotado.

La condicin de vctima de violencias fsicas y simblicas


La condicin de vctima es el resultado de una labor de construccin
social45; la visibilidad de la vctima en los rdenes poltico, simblico y
jurdico requiere una movilizacin eficaz propia y est condicionada por los
valores ticos y culturales vigentes en una sociedad dada.
La inocencia que se atribuye a las vctimas autnticas (en particular, las
que han sufrido violencias de alta intensidad) les confiere, por extensin,
rasgos morales virtuosos. Esta moralidad otorgada no responde
forzosamente a la realidad, pero las emociones que presiden el proceso
silencian cualquier posible reserva al respecto. Esta discrecin,
comprensible, puede sin embargo comportar inconvenientes a largo plazo:
no puede descartarse la posibilidad de que tal actitud sea explotada. Para
que la empata con las vctimas perdure es preciso, adems, que stas no
hayan recurrido por su parte alguna vez al uso de una violencia
desproporcionada.
En culturas polticas donde la exaltacin de la fuerza es un valor
destacado, la compasin suscitada por la condicin de vctima puede rayar
en la condescendencia. Las vctimas tambin pueden llegar a ser
molestas tanto por la intensidad misma del sufrimiento padecido como, en
determinadas circunstancias, por las dificultades que para identificarse con
ellas tienen otros grupos que consideran que los padecimientos propios
estn comparativamente minusvalorados. En fin, la constante difusin en
los medios de actos de extrema violencia provoca que el espectador idee
mecanismos de autodefensa para disociar sus percepciones de las
emociones conexas (Luc Boltanski).
La solidaridad despertada por el sufrimiento de las vctimas puede
llegar a constituir un recurso poltico de primer orden por medio del cual
obtener
compensaciones
materiales
(reparacin)
o
morales
46
(reconocimiento de una deuda colectiva ). El silencio, sin embargo,
adems de hacer desaparecer de la escena pblica a la vctima, le inflige un
sufrimiento suplementario. Si los recursos polticos son escasos el resultado
poltico ser limitado. Por otra parte, este reconocimiento de derechos no
est exento de polmica, por cuanto la sobredeterminacin de la condicin
de vctima puede formar parte de una estrategia destinada a obtener
ventajas (huelgas de hambre, reivindicaciones sociales basadas en la
45 Ibd. Pg. 225
46 Ibd. Pg. 233

exhibicin de desigualdades). Las vctimas pueden optar asimismo por


retribuir a los agresores con su misma moneda: buscan con ello una
reparacin simblica en tanto que la inversin de fuerzas borra el carcter
de inferioridad vinculado a su condicin.
Todas estas actitudes persiguen reafirmar la dignidad de la vctima.
Caben otros comportamientos: la huida, los desplazamientos de
poblaciones, el exilio interior. La prdida de identidad resultado de la
violencia fsica o simblica puede devenir en la total interiorizacin del
sentimiento de inferioridad que se traduzca en actitudes de pasividad y
sumisin. Algunas vctimas experimentan tales sentimientos de humillacin,
vergenza o desesperacin que recurren a actos colricos de violencia
fsica; este tipo de repuesta puede estar socialmente condicionado, siendo
ms probable, por ejemplo, en culturas caracterizadas por un alto sentido
de honor y de valores belicistas.
Por ltimo, la indignacin de las vctimas es, en ocasiones,
polticamente instrumentalizada por organizaciones extremistas, que ven
incrementada su eficacia cuando enrolan a individuos dispuestos a
autoinmolarse. La explicacin psicolgica de este comportamiento radica en
la autopercepcin de aqullos como vctimas absolutas y en el deseo
irremisible de trocar el estigma de inferioridad en manifiesta
superioridad47.

Salida de la violencia
Braud seala cuatro vas para regular, reducir e incluso erradicar la violencia
poltica: las polticas de disuasin y represin; la legitimacin de la violencia;
la ritualizacin; y las polticas de consideracin.
Disuasin y represin
A nivel estatal, dado su monopolio sobre la coaccin jurdicamente
legitimada, el Estado dispone de la capacidad de reprimir cualquier
expresin de violencia. En las democracias, el ideal de la aplicacin del
derecho sin que sea preciso recurrir a la fuerza conlleva, en ocasiones, el
riesgo de que, en virtud de un exceso de celo en la vigilancia sobre las
prerrogativas judiciales y policiales del Estado, resulte debilitada la lucha
contra determinadas formas de violencia 48. La tensin entre la obligacin
del Estado de velar por la seguridad, de una parte, y el respeto escrupuloso
de los derechos y libertades individuales, por otra, se vincula a la cuestin
del umbral de violencia que se juzgue tolerable en la lucha social y poltica.
En tanto que las violencias de alta intensidad son incompatibles con la
democracia, algunas violencias de baja intensidad estn ntimamente
47 Ibd. Pg. 240
48 Ibd. Pg. 245

vinculadas a la libertad de expresin49; incluso algunas violencias contra


bienes y personas requieren cierta moderacin en su sancin, bien para
evitar la reanudacin de un conflicto, bien para apaciguar el conflicto
mismo. La tensin es mxima cuando la eficacia de la lucha contra las
violencias de alta intensidad requerira aplicar medidas de excepcin
incompatibles con las libertades democrticas 50.
A nivel internacional, la terica igualdad soberana entre Estados se ha visto
superada, en la prctica, por la superioridad militar que ha permitido a
algunos imponer su ley sobre otros haciendo que, de este modo, callen las
armas. Para Braud el mayor incentivo para una poltica circunspecta es el
temor a prdidas excesivamente elevadas 51; y esto explica la paradoja
implcita en las polticas de desarme: si los adversarios debilitan sus medios
de respuesta, puede incrementarse el riesgo de conflicto. Actualmente, la
total superioridad militar de los Estados Unidos parece conferirle el papel de
polica del mundo, lo cual supone una carga difcil de sobrellevar tanto por
el coste econmico y humano derivado de la intervencin simultnea en
mltiples escenarios, como por las repercusiones que las eventuales
prdidas pueden tener en la opinin pblica norteamericana. De ah la
voluntad de poner en marcha un condominio desigual que, bajo liderazgo
estadounidense, permitira compartir con los aliados el coste militar y
econmico del mantenimiento del orden mundial; para su instauracin, este
sistema requiere la aceptacin de aquel liderazgo por los aliados europeos,
pero tambin por las dems potencias nucleares (Rusia, China, La India), lo
que se halla muy lejos de estar garantizado.
Legitimacin de la violencia estatal y en las relaciones internacionales
A nivel estatal, la legitimacin de la coaccin ejercida por el Estado a travs
de la imposicin de normas jurdicas se deriva del principio de la
representacin, que garantiza el carcter democrtico y representativo de
aqullas; la aceptacin del carcter imperativo de las normas se ve
facilitada, adems, por su proceso de elaboracin, que incluye la consulta
con grupos de inters; y, en tercer lugar, el hecho de que la norma no pueda
(no deba) quebrantar los valores fundamentales, compartidos por todos,
que fundamentan el Estado de Derecho, dificulta la oposicin violenta a la
ley. Sin embargo, estos elementos legitimadores son inoperantes frente al
terrorismo internacional y de eficacia limitada frente a poblaciones
insuficientemente integradas en la comunidad nacional.
A nivel internacional, histricamente la legitimidad de la dominacin
ha derivado del derecho del ms fuerte. Actualmente, sin embargo, la
existencia de la ONU plantea el tema de la legitimacin de la violencia en
49 Ibd. Pg. 246
50 cuando el desafo al Estado de derecho se agrava de forma duradera, se acaba siempre
por derogar el derecho comn, Ibd.

51 Ibd. Pg. 247

otros trminos. Aunque el Consejo de Seguridad suele intervenir en caso de


guerras civiles o interestatales, las fuerza relativa de los Estados sigue
siendo decisiva a la hora de determinar el sentido de la intervencin; en
particular, es impensable una intervencin sin el consentimiento, explcito o
tcito, de Estados Unidos. En otras palabras: la legalidad internacional est
condicionada a la realidad de las relaciones de fuerza. Son los intereses de
las grandes potencias los que en ltima instancia deciden cundo y cundo
no se interviene. Por otra parte, la justicia penal internacional independiente
tom carta de naturaleza con la creacin de los tribunales creados por el
Consejo de Seguridad para juzgar los crmenes de guerra cometidos durante
las guerras civiles en la ex Yugoslavia y Ruanda. Un paso ms fue la
creacin del Tribunal Penal Internacional por el tratado de Roma,
competente para castigar los crmenes contra la humanidad, bien que, por
un parte, su competencia es subsidiaria y, por otra, aunque por razones
diferentes, pases como Rusia y China, de un lado, y Estados Unidos, de
otro, se oponen a que sus ciudadanos se sometan a la jurisdiccin del
Tribunal.
Ritualizacin de la violencia
Por ritualizacin Braud entiende una codificacin rigurosa de los
comportamientos cuyo resultado es que parezcan en gran medida
previsibles52. Los mecanismos de ritualizacin de la violencia que l analiza
son: la juridificacin, la estructuracin institucional de la conflictividad y las
diversiones.
En el orden internacional, la juridificacin del recurso a la violencia nace a
finales del XIX con las convenciones de Ginebra sobre el derecho de guerra.
En el orden interno, los Estados de derecho ritualizan el ejercicio de la
coercin tanto en lo que se refiere a su funcin penal como en la coaccin
material. La justicia se aplica de acuerdo con un ritual en que destacan las
reglas formales y procedimentales cuyo objetivo es reglamentar los
conflictos codificando el papel asignado a cada una de las partes. La
coaccin fsica se ejerce sobre la base del principio de proporcionalidad; los
procedimientos de interpelacin, detencin y control son ejecutados por
personal habilitado de acuerdo con protocolos elaborados ad hoc. La
intervencin de la fuerza pblica est asimismo rigurosamente codificada;
como, por otra parte, los manifestantes recurren tambin a ritualizaciones
(servicio de orden, pancartas, eslganes, teatralizacin de violencias
marginales53), la violencia se mantiene en un nivel de baja intensidad.
La estructuracin institucional de la conflictividad es el medio a travs del
cual las democracias gestionan la inevitable oposicin de intereses y
creencias. Las estructuras de dilogo y concertacin, si se insertan en un
contexto de normas culturales y jurdicas consolidadas, contribuyen a
moderar la violencia trasladando el conflicto al orden de las palabras y de
52 Ibd. Pg. 261
53 Ibd. Pg. 264

los argumentos54. La mxima instancia de institucionalizacin de conflictos


en las democracias es la asamblea representativa, en cuyo seno los debates
se ritualizan al detalle. Existe una correlacin entre un bajo nivel de
violencia social y la correcta operatividad de las vas de expresin del
descontento (huelgas, manifestaciones, voto de protesta en elecciones).
Canalizando la violencia, las democracias ofrecen una salida institucional a
la conflictividad.
Las diversiones, en particular las competiciones deportivas, contribuyen a
moderar la violencia. Segn Norbert Elias, el deporte ritualiza la brutalidad
de tal modo que mantiene la excitacin emocional limitando el sufrimiento
infligido55. En efecto, deportes como el ftbol o el rugby permiten asistir a
un ejercicio de violencia limitada y regulada, es decir, ritualizada (lo que,
segn Braud, puede constituir un modo de socializacin ejemplar 56); por
otra parte, en cuanto medios para encauzar la agresividad social, pueden
llegar a reducir las tensiones polticas.
Polticas de consideracin
Este tipo de polticas tienen como objetivo combatir las manifestaciones de
violencia simblica. Por un lado, proceden a reconocer la realidad del
sufrimiento padecido por las vctimas; por otro, a reparar material y
simblicamente los daos; y ello a travs de la conservacin de la memoria
de lo sucedido, de las reparaciones y de los instrumentos de socializacin.
La importancia que hoy tienen las polticas de la memoria se debe
al enorme esfuerzo hecho en tal sentido respecto del exterminio judo, que
contrasta con el caso de los crmenes del estalinismo, en relacin con los
cuales no se ha producido nada parecido. En otros pases salidos de guerras
civiles o represiones militares (Lbano, Camboya, Centroamrica) la
invocacin de la reconciliacin nacional ha precedido a la promulgacin de
leyes de amnista para buena parte de los responsables de crmenes o a la
celebracin de juicios insuficientes. Cuando se trata de violencias de alta
intensidad, la ausencia de una genuina poltica de memoria conlleva efectos
polticos negativos: empuja a las vctimas y sus familiares al aislamiento y la
marginalidad (en contraste, los testimonios sobre el holocausto judo han
contribuido a la disminucin del antisemitismo; y la comisin de la Verdad
y Reconciliacin de Sudfrica ha tenido virtudes catrticas para las vctimas
del apartheid); por ltimo, la ocultacin pblica de las responsabilidades en
procesos de violencia promueve las estrategias de polticos populistas
dispuestos a explotar eficazmente los traumas histricos 57. La labor de la
memoria puede tener efectos negativos cuando ocupa todo el presente, se
54 Ibd. Pg. 265
55 Ibd. Pg. 268
56 Ibd. Pg. 268
57 Ibd. Pg. 278

proyecta sobre el futuro o es poltica o comercialmente explotada; pero


resulta positiva cuando pone las condiciones para que las vctimas logren ir
distancindose poco a poco de sus legtimas emociones. Como Braud indica,
la alternancia de recuerdos y olvidos [] constituye la va ms segura
hacia una pacificacin de las relaciones sociales y la ruptura del ciclo de
violencias58.
Las polticas de reparacin pueden adoptar varias formas. La sancin penal,
que no slo castiga a los culpables, sino que trata de compensar a las
vctimas. La concesin de reparaciones materiales, que conlleva el riesgo de
devaluar la causa, en particular en el caso de violencias irreparables (lo que
sobre todo cuenta es su valor simblico, en cuanto reconocimiento de una
deuda y un sufrimiento). La rehabilitacin moral y poltica de personas o
grupos perseguidos. Y la concesin de derechos compensatorios.
La labor de socializacin, particularmente la educacin, es importante
en la medida en que contribuya a la eliminacin de prejuicios y al fomento
del respeto y la tolerancia. Existen, segn Braud, dos interpretaciones
contradictorias al respecto. Segn la primera, es preciso evitar todo lo que
divide; la escuela, como lugar neutro, debe prescindir de cualquier signo
que remita a una especificidad cultural indentitaria. Como Braud seala,
estimular la desaprobacin de las particularidades contradice el ideal de
tolerancia que se pretende promover.
En virtud de la segunda, la
pertenencia identitaria es un valor fundamental cuyos signos deben poder
exhibirse; la escuela debe fomentar el aprendizaje de las particularidades
que definen a los grupos sociales. Braud objeta que la coexistencia de
culturas diferentes conlleva forzosamente la aparicin de conflictos, la
solucin de los cuales exige un principio de solucin razonable 59.

Conclusin. El anlisis clnico y la empata moral con


las vctimas
Dos ideas bsicas estructuran el libro de Braud: el anlisis de la violencia
poltica desde una perspectiva clnica, segn su propia terminologa; y, en
estrecha relacin con ello, la condicin de vctima como rasgo definitorio de
cualquier manifestacin de violencia. El entiende por clnico un anlisis
desprovisto de juicios de valor moral, pero asimismo distante de las
definiciones de carcter positivista que se centran en exclusiva en los
factores materiales y empricamente verificables.
Dada la relevancia que a lo largo del texto concede a los aspectos
psicolgicos que confluyen en cualquier tipo de conflicto y, muy en especial,
dada la importancia capital que para l reviste la violencia simblica, su
anlisis se halla muy lejos de cualquier forma de positivismo. Sin embargo,
58 Ibd. Pg. 283
59 Ibd. Pg. 291

resulta cuando menos dudoso que su perspectiva clnica est exenta de


algn tipo de resonancia tica. La eleccin de la vctima como piedra
angular de sus anlisis no parece moralmente neutra. De hecho, no lo es.
Sin nimo de incurrir en la parodia, un anlisis puramente clnico no
entendera de vctimas y agresores sino, en todo caso, de agentes y
pacientes. Si l elige como punto focal de su investigacin la experiencia
subjetiva de las vctimas es porque previamente ha formalizado una
eleccin moral: la de empatizar con el sufrimiento padecido por aqullas.
Aunque no se trata de llevar la cuestin tan lejos como para rozar el
problema mismo del alcance y sentido que puedan o deban tener las
ciencias sociales, la eleccin de Braud se antoja correcta en la medida en
que resulta difcil concebir una investigacin en torno a un tema como el de
la violencia poltica sin que se aborden las consecuencias de los actos
violentos como algo ms que efectos derivados de una patologa especfica.
Para Braud, la condicin de vctima, la autopercepcin de sta como tal,
constituye el factor que confiere su carcter distintivo al fenmeno. Tras
esta premisa explcita, no obstante, subyace otra, tcita: la de la solidaridad
tica con las vctimas de cualquier gnero de violencia. Y esta conviccin
latente confiere al texto su pleno sentido.

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