El poder del falo
El falo es smbolo de poder, de deseo o de placer para muchas culturas.
Si este est levantado en el centro de la ciudad (si la sociedad es siempre
una sociedad de hombres) es por consiguiente por que es el nico sexo
susceptible de ser exhibido pblicamente y, en tal calidad, comunicado,
simbolizado.1
Pero sobre todo el falo es smbolo no slo del poder en una sociedad
falocntrista, tambin es smbolo del deseo, es la contrasea universal del
deseo nos dice Borch-Jacobsen, pero este que vemos es un objeto velado, se
trata de una representacin que personifica al objeto del deseo en su ausencia
y sobre todo se vela en su develamiento, es decir si lo representa y lo significa
pero este es velado cuando se muestra.
Este deseo que representa no es el deseo de ese uno, es el deseo del otro, es
decir se desea el deseo del otro, Lacan dice, es el deseo de ser deseado por el
otro.
Ahora bien el falo en cuanto a su representacin del poder masculino, se
expresa en tanto poder simblico, es decir no es sexuado; al ser smbolo del
deseo y de poder Lacan lo vincula con el significante de amo.
El hombre hace del falo un objeto de culto, por lo tanto la ereccin deviene en
un significante, la ereccin de la estatua flica es por consiguiente lo propio del
hombre. Y lo que predispone al falo a funcionar como significante del poder o
de amo, es el hecho de estar erguido, puesto de pie como el cuerpo humano o
la estatua de piedra.2
Borch-Jacobsen, Mikkel. El deseo atrapado por la cola : Lacan. El Amo absoluto. Buenos
Aires. Argentina. Amorrortu editores, 1995. p. 238.
2
Ibid. p. 237.
Esto lo podemos ver ms claramente en muchas de las representaciones
flicas que se realizan en la antigua Grecia y Roma, no slo se colocaban a las
afueras de las ciudades, decoraban tambin pisos, las paredes, es decir eran
parte de la cotidianidad de estos hombres, se les atribua el poder de
proteccin.
Por lo anterior el falo se convierte en el objeto de deseo y por supuesto en el
poder masculino que indica las normas y convenciones sociales.
El falo erecto, erguido, nos habla de poder, de deseo. Siguiendo a Lacan y su
discurso del amo dice que el deseo humano debe recaer sobre otro deseo,
esta dialctica del deseo de deseo desemboca inevitablemente en una
dialctica de la dominacin y la servidumbre 3, por lo tanto, el deseo se
organiza en fantasmas, en escenarios imaginarios en los que se representa un
objeto, en este caso el falo y en este falo el objeto de deseo metonimizado, es
decir el falo, lo real, y el deseo, el objeto, el falo y lo real, el poder, por lo tanto
smbolo del amo.
Ibid. p. 104.